CONFERENCIA RADIO FILARMONÍA

El Perú rumbo al Bicentenario
(Programa Charla Dominical del 27 de Julio de 2014. Transcripción libre de la Conferencia
emitida en dicho programa por el Ing. Juan Sheput)
Estimados oyentes de la radio Cultural del Perú, Filarmonía, los saludo afectuosamente. Acudo a
esta cita respondiendo una gentil invitación de esta emisora para reflexionar en voz alta sobre el
significado de nuestras fiestas patrias de cara al Bicentenario de la independencia de nuestro país.
Lo hago con espíritu responsable pues soy consciente de la altísima calidad de la audiencia que
siempre acompaña a Filarmonía. Naturalmente no pretendo dar una cátedra, pues la hi storia no es
mi oficio, sino simplemente algunos comentarios propios de mi meditación permanente sobre
nuestro país.
Tuve el privilegio de estar muy cerca de las narraciones históricas desde muy niño, no sólo
provenientes desde el ámbito familiar sino, especialmente, desde el colegio. Me eduqué en el
Colegio San Julián de Barranco promovido por el notable historiador tacneño el Dr. Gustavo Ponz
Musso quien hizo de las ceremonias en el patio del colegio una continua recordación de nuestra
efemérides. Es así que cada día y sobretodo en las circunstancias más especiales, el recuerdo de
las fechas más emblemáticas de nuestra trayectoria era recordada con erudición y pasión.
Las fiestas patrias siempre han sido para mí materia de profunda curiosidad, sobre todo porque
durante los últimos treinta años acudimos a ella con profunda indiferencia. Más allá de las
ceremonias protocolares, propias de actos oficiales, no ocurre en nuestra sociedad el júbilo que
acompaña a otras en sus respectivas conmemoraciones. Ello me parece un error que debe
corregirse. En tiempos como los actuales, en que la globalización y la sociedad altamente
informatizada nos convierten en países totalmente interdependientes, es cuando los países
requieren de mayor identidad, una identidad que nazca del conocimiento de nuestra historia y,
como consecuencia de ella se traduzca en un amor y respeto hacia la patria.
El Perú está a tan solo siete años de llegar al Bicentenario. Doscientos años que al separarnos del
día en que se declaró la independencia nos llevan a mirar con detenimiento en qué situación
llegaremos a tan emblemático número. Como es obvio una reflexión sobre ese rumbo nos debe
llevar a determinar nuestra situación en cuanto a aspectos sociales, políticos, económicos y
culturales, entre otros. Y para analizar ese derrotero un buen vehículo es la historia, a la cual
intentaremos abordar con el sano propósito de enmendar, corregir o persistir en determinados
rumbos.
Empezaremos señalando que sobre la fecha de nuestra independencia o de l os movimientos de
emancipación ha habido siempre en el Perú una gran discusión. El notable historiador Juan José
Vega gustaba de señalar que para él la fecha de nuestra celebración patria debería ser el 4 de
Noviembre. Lo hacía recordando a Túpac Amaru, cuyo verdadero nombre era José Gabriel
Condorcanqui quién, el 4 de Noviembre de 1780 hizo un pronunciamiento a la vez que un
alzamiento que lo llevó a capturar al corregidor de Tinta, coronel Antonio de Arriaga. Señala el
mismo Juan José Vega que lo hizo levantándose contra un Perú virreinal decadente cuya mejor
expresión se planteaba en el título de un libro escrito por Victorino Montero. Bueno, ¿cuál era el
título de ese libro? Lo detallo a continuación y apelo a una nota escrita pues es muy largo. El tí tulo
no puede ser más expresivo “Estado político del Reino del Perú, gobierno sin leyes, ministros
relajados, tesoros con pobreza, fertilidad sin cultivo, sabiduría desestimada, milicia sin honor,
ciudades sin amor patricio, la justicia sin templo, hurtos por comercio, integridad tenida por
locura”. No es mi intención llamar la atención de ustedes, distinguida audiencia, en el sentido de
preguntarles si el título que acabo de mencionar podría tener validez para los tiempos actuales. Se
trata de un libro de fines del siglo XVIII que, desde el momento que usted se pregunta sobre su
vigencia nos debe llevar a una reflexión, en el campo de la responsabilidad ¿Cuánto hemos hecho
para cambiar una situación que, de por sí, es preocupante? Y que de por sí nos debe afectar al
comprobar en la realidad su espeluznante actualidad.
Otros historiadores señalan a lo acontecido en la Casa y Balcón de Huaura, en horas de la mañana
del 27 de Noviembre de 1820 como la fecha nuclear de nuestra independencia. En efecto en esa
fecha y lugar, Don José de San Martín y Matorras proclamó por primera vez la independencia del
Perú. En la casa de Huaura, casa principal de la Hacienda Ingenio, Don José de san Martín
permaneció por más de 7 meses hasta partir a Lima. Sin embargo, a pesar que hay voces
minoritarias que indican que es el 9 de Diciembre el día que finalmente logramos la independencia
cuando en 1824 derrotamos al ejército español en Ayacucho, hay pleno consenso en que es el 28
de julio de 1821 el día de la proclamación de la Independencia en la Plaza de Armas de Lima.
Según el maestro Don Jorge Basadre no hay que confundir la fecha de la proclamación de la
independencia con la del nacimiento de la República. La historia de la República del Perú se abre
poco más de un año después de la ceremonia del 28 de julio de 1821 al instalarse el primer
Congreso Constituyente. Esa diferenciación es importante y no es motivo de esta charla el
explicarla.
Volviendo al maestro Basadre es preciso desmenuzar con él, para enriquecer su significado, las
palabras que mencionó el general Don José de San Martín en la Plaza de Armas de Lima: “El Perú
es, desde este momento, libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la
justicia de su causa que Dios defiende”. Al mencionar al Perú, desde el inicio de la frase, San
Martín quiere referirse a un país con una gran tradición histórica, que lo llevaron a convertirse en
el centro del virreinato y referente en España de lo que es el continente americano y, más antes,
en la aún más rica tradición incaica, andina, que es el cimiento de nuestra nación. Indicar que se es
“libre e independiente” es simbolizar que hay un nuevo momento, un nuevo estatus, que se debe
anunciar a todo el mundo y que se producía “desde este momento”. ¿Y en razón de qué y por qué
se producía esta transformación, esta nueva situación? La respuesta la encontramos en la
magnífica proclama “por la voluntad general de los pueblos” es decir por el consentimiento y el
deseo de los peruanos que son conscientes que quieren vivir en una nueva condición, la de la
libertad, decidiendo ellos solos por su destino. Y esa condición nueva de soberanía se podía
realizar “por la justicia de su causa” es decir por el valor honorable y justo del nuevo status que
reclamaban y que estaba de acuerdo a las leyes divinas “que Dios defiende”. Esto último es
meritorio y tiene que ver con el reconocimiento cultural a una religión que llegó con España y que
se interiorizó en una sociedad que ya en esos momentos había dado al catolicismo vidas beatas y
una santa, Santa Rosa de Lima. Es decir, el texto de la proclamación de la independencia, según
Basadre y con lo cual coincidimos plenamente tenía una base sólida, basada en el pasado noble
del Perú y apuntaba hacia el futuro, territorio por conqui star que requería de la libertad y la
justicia como elementos dinamizadores.
Tenemos pues, como partida de nacimiento, una magnífica proclama, sobre la cual podemos
construir nuestra nación que desde mi punto de vista se tiene que comenzar sobre lo cultural.
Todo lo demás, la economía, la guerra, el capital, la educación, son subordinaciones de las
manifestaciones culturales. No hay forma que un país enfrente una determinada situación sin un
patrón de usos y costumbres, es decir de su cultura, y en ese sentido coincido con el enfoque que
le da a la emancipación Fernando de Trazegnies cuando en un artículo publicado recientemente
en la página editorial de El Comercio hace mención a un te Deum, el correspondiente al 28 de julio
de 1846, en que Bartolomé Herrera, frente al presidente Ramón Castilla y sus ministros, de
manera muy expresiva pide que debemos ser agradecidos con España por “sus costumbres, sus
leyes, su ciencia, su sangre, su vida” así como la religión católica que llegó con ellos. De acuerdo,
no podemos negar que con España todo ello nos fue legado, pero ese es tan sólo uno de los
aspectos culturales que nos han conformado como Nación. Le faltó decir a Bartolomé Herrera que
también hay deberíamos ser agradecidos con nuestra nación incaica, con la expresión andina de
nuestro patrón cultural sin la cual no habríamos podido construir nuestra identidad patriótica, a
decir de Fernando de Trazegnies y con lo cual coincido plenamente.
Bueno, volviendo al hilo conductor, El Perú marcha inexorablemente haci a el cumplimiento de su
Bicentenario y en ello nos damos cuenta, de manera dramática, que los problemas, vicios así como
también virtudes que nos caracterizaban cuando nos iniciamos en la vida republicana siguen
teniendo vigencia. De ello mucho se ha escri to, se ha señalado a diversos responsables que van
desde nuestros gobernantes hasta nuestras élites, no faltando los que piensan que ni siquiera
hemos desarrollado una burguesía responsable, con sentido patriótico capaz de conducir a
nuestro país hacia el desarrollo, entendiendo a éste no como el espacio que se constituye sólo
como consecuencia del crecimiento económico sino como el ámbito de la plenitud del ciudadano,
en el cual la tranquilidad que nace del respeto por el otro, el cumplimiento de los derechos y
deberes, y un Estado pendiente de los suyos nos conviertan en un país mejor. El sentido de estas
reflexiones es cómo hacemos, de cara al Bicentenario, para convertirnos en ese país, que no es
una utopía. Mi convicción es que es a través de la cultura, factor común en la plenitud de las
naciones que han llegado al pleno desarrollo.
La oportunidad de estar ad portas del Bicentenario nos debe llevar a fomentar un saludable
debate en nuestro país. A pesar de ser en esa época un niño, recuerdo cómo durante los años
1970 y 1971 había, a través de los medios de comunicación, todo un despliegue de temas en
relación al Sesquicentenario de la Independencia Nacional. Que la patria cumpla ciento cincuenta
años fue motivo para que academia, política y clase diri gente unieran esfuerzos para prodigarnos
de sesudos ensayos, sabrosas discusiones, textos y discursos, libros y expresiones artísticas todo
en relación a tan emblemático aniversario.
Encarar al Bicentenario nos debe llevar a lo mismo, poniendo énfasis en lo cultural. No hay
posibilidad de ser un país desarrollado si no entendemos que el subdesarrollo solo puede ser
derrotado a través de un serio esfuerzo cultural. Una fecha emblemática como el cumplimiento de
los 200 años de la proclama de independencia permite una gran movilización. La misma tiene que
ser amplia y abarcar a diversos sectores que permitan hacer no sólo un balance sino una
proyección de lo que puede y debe ser el Perú. A diferencia de hace cincuenta años en que hubo
una gran dinámica sobre todo en el ámbito de la Historia, los desafíos que tenemos como país no
nos deben circunscribir a ese ámbito, necesario pero no único, que es lo histórico sino ver cómo
nos va en materia de integración, economía, artes, educación, clima, ambiente, social, para lo cual
el aspecto cultural es fundamental, por su carácter transversal pues todo depende de nuestra
forma de pensar, de lo que Lawrence Harrison llamaba “el estado de la mente”.
No somos el primer país que acude a la celebración de su Bicentenario. Hacia el año 2010, un
conjunto de países de América Latina celebraron su bicentenario. Estaban, en conjunto, Argentina,
México, Chile, Colombia y Venezuela. Un año antes, el 2009 fue el turno de Ecuador y Bolivia, es
decir un conjunto de países que tenían como elemento en común haber logrado la emancipación
de España. Para conmemorar tan magna fecha hicieron, desde inicios del siglo, una serie de foros y
conversatorios que permitió, a los respectivos países colocar una serie de temas en debate que de
otra forma de repente habrían sido o pasado por desapercibidos. Es que ese es uno de los sentidos
de los debates que se suscitan en los bicentenarios, tener la posibilidad de poder repensar al Perú,
en diversos temas, que tienen que ver con sus avances y también con sus desafíos. El Perú estuvo
muy cerca de los acontecimientos de los años de 1810 y 1811 en que se generaron gestas
libertarias en América Latina. Al respecto el notable historiador, del cual ya he hecho mención,
Don Gustavo Pons Muzzo señala lo sigui ente: La rebelión de Tacna es de verdadera dimensión
nacional e internacional. Tuvo mucha relación con la revolución argentina. Está fuera de toda
duda que el movimiento acaudillado por don Francisco Antonio de Zela, estuvo en vinculación
estrecha con la rebelión que estalló en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810. La documentación no
es muy abundante, pero la existente es lo suficientemente clara para demostrar la afectiva y
estrecha relación entre el movimiento de Tacna de 1811 con la primera expedición argentina
enviada al Alto Perú, al mando del doctor José Castelli y del General Balcarce. Por un lado, los
manifiestos de Castelli y otros documentos fueron dirigidos a los patriotas del Bajo Perú,
especialmente de Arequipa y Tacna. El manifiesto que Castell i dirigió a los pueblos de Arequipa y
Tacna desde la Paz el 13 de junio de 1811 llegó a manos de Zela y se sostiene que fue leído en la
memorable noche del 20 de junio en la casa del Prócer, ante los patriotas comprometidos en la
rebelión. Otro hecho que conviene destacar, es el sentido social y popular que tuvo el movimiento
de Tacna de 1811. Desmiento a los que dicen que la revolución de la independencia fue un
movimiento burgués de la elite social criolla, de que el verdadero pueblo estuvo alejado, el
movimiento de Zela nos dice claramente que esta revolución tuvo una base profunda en la clase
media, criolla y mestiza, así como en el pueblo indio y mestizo que empezó a sentir en su corazón,
el sagrado sentimiento del amor a la patria.

Como podrán notar los ímpetus de libertad estaban muy presentes en el Perú desde mucho antes
que Don José de San Martín hiciera su histórica proclama de libertad e independencia. De allí la
mayor importancia de recurrir aún con mayor ahinco a una discusión sobre el devenir de nuestro
país a raíz del próximo Bicentenario.
A los bicentenarios se les suele llamar momentos bisagra, es decir que representan un antes y
después que gracias a estas dinámicas movilizadoras permiten que se establezcan una serie de
jornadas de discusión.
En ese sentido es preciso indicar que en países como Colombia, Argentina, México y Chile, todos
ellos países con una densidad económica mayor que el Perú, estas conmemoraciones han
generado una suerte de nueva historiografía, es decir conjuntos de ensayos, conferencias, libros
que han enriquecido el cúmulo de eventos que cubren la historia del país. La historiografía es el
arte de escribir la historia, de plasmarla en el papel, para lo cual se requiere de investigación y
documentación y por supuesto dedicación y talento. En ese sentido es necesario precisar que
desde ya debería estimularse a través de concursos y foros la participación de académicos o
interesados en el forjamiento de esta nueva historiografía. Sin embargo, a pesar de la importancia
que tiene todo esto en el desarrollo del país no se logra encender los ánimos para que nuevas
generaciones de historiadores escriban e impriman los libros que nos ayudarán a conocer el
tiempo que pasó.
Desde que el gran maestro Jorge Basadre culminara la obra cumbre de la historiografía peruana
Historia general de la república, en 17 tomos allá por los años 1968-1969 no ha habido en nuestro
país otro intento monumental de escribir con carácter erudito y de profunda investigación una
nueva sucesión de hechos vinculados a la historia del Perú. Basadre en su obra monumental llegó
hasta el año 1930. Es decir sobre los últimos 84 años no ha habido nadie que escriba con detalle
un registro ordenado de los acontecimientos, salvo un esfuerzo editorial, de Enrique Chirinos Soto
quien en dos volúmenes narra la historia del Perú hasta el segundo gobierno de Alan García. Si
bien es cierto este esfuerzo de Enrique Chirinos Soto ha sido criticado por su falta de rigor,
cuestión que yo no podría suscribir pues no soy historiador, sí es cierto que la obra está escrita con
un lenguaje amigable propio del gran periodista que fue Enrique Chirinos Soto. Yo, en lo particular,
recomiendo con entusiasmo la lectura de esta obra por su carácter ameno, porque nos abre las
puertas de la Historia con amicalidad, y porque la obra está salpicada de sabrosas anécdotas, muy
en el estilo del gran periodista que fue Don Enrique Chirinos Soto.
El Perú que llega al bicentenario es muy distinto al Perú que vio la luz de la República allá por
1821. Sería fácil indicar que muchas cosas han cambiado. Lo distintivo es que las cosas y asuntos
que han cambiado son en realidad complejas. Para empezar la sociedad no es la misma. El sistema
de derechos y deberes y el marco legal es distinto. En lo concerniente a la economía y la forma de
generar riqueza se han transformado de manera tan radical que hoy hay pocos puntos en común.
Ya no tenemos el mismo tamaño de la economía, nuestro mapa se ha modificado dolorosamente
como consecuencia de varias guerras; la cantidad de la población se ha incrementado debiendo
dar techo, alimento y salud a millones de personas que aún se encuentran por debajo de la línea
de pobreza en situaciones de tal dificultad que, paradójicamente no se veían en nuestro país pues
como se sabe el Imperio de los incas tuvo, entre sus logros, la excelente capacidad organizativa
que tuvo entre sus logros alimentar, sin mayores problemas a 12 millones de peruanos. Ya por
estos años, podemos decir que el Perú es visto hoy con gran admiración en el mundo en lo que
consideran a una de las economías con mejor manejo macroeconómico lo cual constituye una
suerte de paradoja pues por un lado mejoran los indicadores macroeconómicos y por otro existen
índices preocupantes como el de la informalidad creciente o el que muchas personas estén en real
peligro de volver a la pobreza, cuestión que no se debe permitir. Una circunstancia tan especial
como la de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia Nacional debe servir para
alentar una gran discusión, como he señalado momentos antes. Pero no caer nuevamente en el
mecanismo del reduccionismo, ese que todo lo limita a un ámbito, ese que tiene que ver con
aspectos históricos o económi cos. El debate debe ser más amplio de tal forma que la nación
ingrese a su tercer centenario conociéndose mejor, con el énfasis adecuado en aquellos objetivos
que debemos cumplir entre otros aspectos importantes.
En ese sentido debemos de analizar los desafíos que tenemos por delante. No hay duda que en
pleno siglo XXI aún hay brechas que debemos cerrar. Nuestro país tiene problemas de
infraestructura, de educación, de salud, de integración. Queremos ser un país competitivo. Pero
olvidamos un papel clave, el que juega la cultura en todos estos procesos. Como decía líneas
antes, la cultura, de manera simplificada, es un sistema un patrón de usos y costumbres lo cual
resume lo que señala Naciones Unidas para definirla: sistema que tiene que ver con nuestras
actitudes y aptitudes, la forma como encaramos las cosas, siendo la cultura la que ofrece el
contexto, los valores, la subjetividad, las actitudes y las aptitudes sobre las que los procesos de
desarrollo han de tener lugar. Si bien es cierto los temas económicos y sectoriales son
importantes, el motivo de esta charla tiene como objetivo fundamental rescatar el papel de la
cultura como mecanismo promotor del desarrollo. No podemos soslayarlo.
Está demostrado que hay una correlación entre Desarrollo y valores. Esto se da a través de la
cultura. Nuestro país está descuidando esos aspectos lo cual nos genera problemas en términos de
identidad, valores, comportamiento ético y visión de largo plazo. Siendo el bicentenario un
momento adecuado para que haya una apertura general al tipo de país que queremos, se debe
fomentar el gran debate cultural. La cultura nos sensibiliza a través de sus diversas
manifestaciones. Sea a través de la música, la escultura, la escritura, la poesía o el teatro, la
cultura hace mejor a las sociedades. El placer fomenta una mejora que se traduce en una ciudad
con mayor calidad de vida. No entiendo el por qué no se debate sobre ello. En todo caso aún hay
tiempo. Los que pregonan el debate historiográfico o economicista, ignoran el papel que juega la
cultura. Hay sociedades que siendo respetuosas de sus manifestaciones culturales, de sus
expresiones artísticas, han desarrollado una agresiva industria creativa o cul tural. Son las
sociedades del sector quinario, esas que tienen en los servicios culturales a su mejor expresión.
Pero para poder constituirlas primero tenemos que construir un Capital Social, uno que se base en
aspectos como la fiabilidad, la confianza, la verdad, los valores. No es una pretensión utópica.
Francis Fukuyama y Bernanrdo Kliksberg tienen varios tratados sobre ello y hablan
reiterativamente de su importancia. Tiene sentido “distraer tiempo” para reflexionar sobre la
cultura. La atención no debería estar sólo en los temas económicos duros. Creemos que si no
incluimos la cuestión de la cultura difícilmente comprenderemos qué es lo que ha pasado en
América Latina, y qué es lo que puede pasar. Es imprescindible introducirse en lo que ha sucedido
en las mentes de las personas, en sus valores, en sus actitudes. La UNESCO (1996) define la cultura
como “la manera de vivir juntos, que moldea nuestros pensamientos, nuestras imágenes y
nuestros valores”. Es muy difícil entender América Latina, un continente que a pesar de sus
enormes potencialidades económicas tiene cerca del 50% de toda la población debajo de la línea
de la pobreza y el 58% de los chicos menores de catorce años de edad en pobreza, sin añadir
dimensiones como la macroeconomía y la política, lo que pasó en las percepciones y visiones de la
realidad y en la manera de vivir juntos, y cómo todo ello incidió en la agenda pública, en el tipo de
debate que se produjo en la región. Nos volvemos a preguntar ¿Es este el mejor momento para
hacer este tipo de discusión? Pues creo que sí. Si seguimos haciendo lo mismo vamos a obtener lo
mismo. El Perú tiene la opción de empezar un proceso de cambios adecuados para empezar el
tercer centenario con nuevos bríos. Este es el Perú de la reconciliación, de los valores comunes,
del pensamiento de largo plazo y de los valores estratégicos, del afán por la cultura. No debemos
sentirnos mal. Las sociedades occidentales tienen 2.000 años de historia y las asiáticas 4.000.
Nosotros somos consecuencia de una fusión de culturas y tenemos aún una agenda pendiente de
construcción de nuestra identidad.Vivimos en un mundo que se está transformando de manera
muy rápida. Hasta ahora en el Perú hemos mirado mucho al pasado para tomar nuestras
decisiones. El pasado ha sido fuente de la mayoría de nuestras políticas públicas. Hoy debemos
cambiar. El Mundo de la sociedad de la información y de las telecomunicaciones es muy distinto.
Hoy debemos analizar las tendencias que van a generar un ante y un después para poder construir
escenarios de futuro. Para conquistarlos debemos de mejorar nuestro capital social. Este capital
social nos ayudará a modificar nuestra sociedad, todo en un marco cultural favorable que
promueva un desarrollo acorde a nuestros deseos y como decía hace poco a nuestra identidad. No
podemos vivir de espaldas a lo nuestro. Ese reconocimiento de nuestras raíces nos permitirá
desarrollar el tallo social y dar los frutos por los que conocerá el resto del mundo. Para ello
debemos construir confianza, reconocer lo que somos y prometernos reforzar o cambiar lo que
necesitemos de acuerdo a un profundo diagnóstico social.
Habrá quiénes digan que para el Bicentenario aún falta mucho. Creo lo contrario. Así como el 28
de Julio de 1821 Don José de San Martín señaló que eramos libres por nuestra voluntad, hoy
debemos de aprovechar la irrepetible circunstancia del Bicentenario para generar un debate, los
estudios, los foros, que nos permitan ser libres por centenas de años más. Y para ello debemos de
empezar por entender que es la cultura, con todos sus condicionamientos, el soporte que nos
permitirá desplegar las alas por un nuevo país, el Perú maravilloso que todos queremos. Muchas
gracias.
(Programa Charla Dominical del 27 de Julio de 2014. Transcripción libre de la Conferencia
emitida en dicho programa por el Ing. Juan Sheput)

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