CONFERENCIA RADIO FILARMONÍA A CARGO DEL ING.

JUAN SHEPUT
La Gran Guerra (Paralelos con el mundo de hoy. A propósito de un texto de la historiadora
Margaret MacMillan)
(TRANSCRIPCIÓN LIBRE MUY SIMILAR A LA CONFERENCIA EMITIDA EN RADIO FILARMONIA)
Estimados oyentes de la radio Cultural del Perú, Filarmonía, los saludo afectuosamente. Acudo a
esta cita respondiendo una gentil invitación de esta emisora para poder compartir con ustedes
mis reflexiones en relación a un evento que, a pesar de su gran importancia, en cierta medida ha
pasado desapercibido en nuestro país. Me refiero a la conmemoración de los 100 años de lo que
se llamó inicialmente como la Gran Guerra y luego fue reconocida de manera más popular como la
Primera Guerra Mundial. Lo hago con aprecio y con sobrecogedora responsabilidad pues tengo
plena conciencia de la gran calidad de la audiencia que siempre acompaña a Filarmonía. Como es
natural, al no ser mi oficio la historia, mis pretensiones van por el lado de poder compartir con
ustedes diversos enfoques que se vienen dando sobre este acontecimiento histórico, cual fue la
Primera Guerra Mundial, siendo en este caso particular, el que nos convoca a esta conferencia, al
que tiene que ver con las grandes similitudes que hay en el mundo de hoy, el que vivimos en estos
días y lo que aconteció hace cien años. La verdad es que al hacer un ejercicio comparativo nos
damos cuenta que las similitudes son varias por lo tanto deberíamos ver con mayor seriedad los
acontecimientos mundiales pues, con otros actores y entornos, podríamos estar adportas de una
nueva conflagración mundial, obviamente con otras características. Lamentablemente un
acontecimiento de esta magnitud en cierta medida no ha sido tomado en cuenta en nuestro país
con el realce que se ameritaba. De repente porque coincidía con la conmemoración de nuestras
Fiestas Patria, pues en efecto si bien es cierto el asesinato del archiduque Francisco Fernando fue
el 28 de junio de 1914 fue un mes después el 28 de julio que empezaron a tronar los cañones con
los ataques iniciados por el Imperio Austrohúngaro contra Serbia.
Sir Winston Churchill decía que cuanto más lejos hacia atrás mires, más lejos hacia adelante verás.
Era una de sus frases favoritas. Al igual que Napoléon, sir Winston Churchill era un devoto de la
historia. Tenía entre sus libros de cabecera a grandes obras de historiadores que le permitían
entender al género humano. Tal vez por ello su gran capacidad para anticiparse a los eventos.
Hubo una época en que a Churchill le decían Casandra, pues vaticinaba hechos con claridad,
lamentablemente no le hacían caso con la debida anticipación, al igual que la diosa de la mitología
griega quien como sabemos tenía el don de la profecía pero como rechazó los requerimientos del
dios Apolo este la maldijo manteniéndola con el don pero con la maldición que nadie creería en lo
que pronosticara.
Señalo todo esto como preámbulo pues es necesario contextualizar la importancia de la historia
en la toma de decisiones o en la interpretación del mundo. Hoy, por todo el orbe, hay un
comportamiento de las potencias mundiales y de países en permanente conflicto similar a lo que
acontecía hace 100 años. Hoy al igual que ayer hay indiferencia en las poblaciones que se niegan a
reconocer que se puede dar un evento que afecte nuestra seguridad y la paz a gran escala. Hoy al
igual que ayer hay países en declive o que su aureola imperial está en descenso y hay otros con
grandes ambiciones o con ansias de querer ocupar espacios hasta ayer inimaginables o
simplemente negados.
A raíz del centenario de la Primera Guerra Mundial han salido a la luz una gran cantidad de
escritos, tanto en forma de libros, ensayos y artículos periodísticos. Lamentablemente a nuestro
país han llegado muy pocos de ellos, siendo físicamente imposible, a pesar de los esfuerzos de
algunos libreros, acceder a libros que reseñan con gran calidad lo que aconteció en la Humanidad
hace 100 años. En lo personal he tenido la oportunidad de leer los que tal vez están entre los
mejores libros publicados sobre el tema que nos convoca: 1914, de la paz a la guerra, de Editorial
Turner, escrito por la gran historiadora canadiense Margaret MacMillan y 1914-1918, Historia de
la Primera Guerra Mundial, de Editorial Debate, escrito por el historiador David Stevenson. Ambos
libros son la columna capital y el principal insumo sobre el cual desarrollo esta charla, a la cual
aportaré mis reflexiones sobre un tema que nos debe dejar lecciones más aún cuando estamos en
un mundo interdependiente y conectado.
Mark Twain tiene una frase genial para referirse a l os hechos que se suscitan en el acontecer de la
humanidad. Él dice que “la historia no se repite pero rima”. Y ese es el sentido inspirador que le
queremos dar a esta charla con ustedes. Cómo los acontecimientos parecen repetirse, una y otra
vez. No son iguales porque al pasar los siglos y los años, estamos hablando de diversos actores y
circunstancias. También entornos. Pero si son similares y nos permiten sacar lecciones para evitar
que se cometan los mismos errores.
Y este el sentido que le da Margaret Macmillan en su libro. A la abundancia de datos en un ensayo
muy bien escrito le agrega las “rimas de la historia”, explicándonos con saltos a la actualidad cómo
en algunos casos la lectura de la historia por parte de líderes mundiales ha evitado que estallen
nuevamente grandes conflictos.
En ese sentido vamos a poner en contexto cómo era el mundo en 1914. Siendo el foco de esta
charla determinar las similitudes existentes, no para entrar en un estado de preocupación sino de
alerta, es importante saber cuál era el macroentorno político, social, económico del mundo allá
por el año 1914.
Cuando el 28 de junio de 1914 es asesinado el archiduque austriaco Francisco Fernando en
Sarajevo por el anarquista serbio Gavrilo Princip, el mundo se debatía en un ambiente de cruce de
ambiciones, desmedidas algunas de carácter históricas otras, con ejércitos que querían ponerse
una vez más a prueba, con disputas comerciales, con países dispuestos a no ceder espacios en lo
que llamaban su territorio imperial lo que hoy es su grado de influencia. Había paí ses que se
encontraban emergiendo, lo que hoy se conoce como potencias emergentes y otros que estaban
en decadencia. La realeza o la monarquía, la aristocracia europea se encontraba pasando por
momentos apretados en lo económico por la sencilla razón que su riqueza dependía de la tierra,
de los productos agrícolas, y que gracias a la globalización, ahora se podía contar con productos
que venían de Nueva Zelanda o Australia y que se iba a complicar más con los productos más
baratos que iban a venir de América gracias a la eventual inauguración del Canal de Panamá que
empezó a operar el 15 de agosto de 1914. Es decir veían en peligro su hegemonía, la cual, desde
las guerras napoleónicas del siglo XIX no había estado tan evidentemente en peligro. He
mencionado la globalización, a la cual solemos dar un toque de actualidad de modernidad, por su
carácter de interdependencia y de comunicación. Sin embargo no es un fenómeno reciente. La
Globalización se manifestaba en todo su esplendor en 1914. Los buques a vapor y los ferrocarriles
de costa a costa o de punta a punta eran l os protagonistas de un intercambio comercial intenso
entre las naciones. Lo instantáneo de las comunicaciones lograda por el telégrafo, el teléfono o la
radio permitían estar al tanto de lo que acontecía. Eran el equivalente a los aviones de transporte
o los barcos cargueros de hoy y lo que sucede con el mundo de las telecomunicaciones. En esa
época se hablaba, al igual que hoy, de lo maravilloso que era el mundo moderno y sus inventos y
adelantos y lo oportuno que habían resultado como instrumentos que nos permitían acceder a
productos de ultramar o, como se decía en la época de “allende en los mares”. Algo similar
podríamos decir hoy, cuando gracias a la interconectividad y a la agi lidad de los despachos
modernos, sin movernos de casa, podemos aspirar a productos que vengan de cualquier parte del
mundo o sean lo último en materia cultural, tecnológica o de moda gracias a tiendas virtuales
como Amazon.
El mundo se desenvolvía pues en un ambiente global y la aristocracia se sentía en peligro. Sin
embargo había algo que no se había movilizado. Los ejércitos, los cuáles seguían atados a
costumbres y tradiciones que se reflejaban en sus estrategias. Había recelo mutuo entre ellos y
este se manifestaba en que todos los ejércitos de Europa tenían planes de detalle para atacar a
países que consideraban peligrosos o que pudieran alterar su zona de confort.
Sin embargo tanto Margaret MacMillan como David Stevenson coinciden en lo siguiente, que un
factor que contribuyó al inicio de las acciones armadas fue el hecho que los acontecimientos que
la desencadenaron hayan ocurrido en verano. Esta situación, que puede parecer trivial, es
sumamente importante pues debemos colocarnos en el contexto de la época y en el continente
donde sucede, en que los eventos vacacionales suelen ser aislantes. El hecho que algunos líderes
se encuentren gozando de su descanso anual fue un factor que hoy se toma en cuenta para el
proceso de toma de decisiones. El descanso está bien pero el aislamiento no. En efecto el ministro
de relaciones exteriores de Gran Bretaña, Edward Grey, se encontraba observando pájaros; el
presidente de Francia de vacaciones en el Báltico. La opinión pública que ya empezaba a ser a
inicios del siglo pasado muy importante estaba en cierta manera distraída. En Inglaterra
preocupaba mucho la cuestión irlandesa. En el caso francés, estaban siguiendo los destapees que
se daban en torno al llamado “affaire Caillaux”, la mujer del ministro francés que asesinó al
director del diario Le Figaro.
Es decir no se esperaba una guerra, de ninguna manera. Lo dominante era que, con el asesinato
del 28 de junio del archiduque Francisco Fernando se asistía a una crisis balcánica más y
esperaban confiados que luego de los reclamos llegaría la época de las investigaciones y sanciones
y que esta se superaría. No se tomaba en cuenta el entramado que se había instalado a través de
una política de alianzas entre países que empezaba a presionar y muy fuertemente, básicamente
por posiciones personales. Teníamos a Alemania con el imperio Austro-húngaro por un lado junto
a Italia y Francia con Rusia y Gran Bretaña con otro. Esta última alianza era la que mortificaba a
Alemania, el hecho que para ellos la alianza entre Francia y Rusia era de manera defin itiva
considerada como una alianza contra Alemania. Como mencioné hace unos instantes cada uno de
estos países tenían ejércitos tradicionales con planes detallados de ataque, pero aun así, no había
el propósito de empezar una guerra, para la ciudadanía europea esta era impensable.
Es por ello, por la existencia de estos planes y de la situación de inestabilidad, que tal vez surgió la
necesidad de ir a la guerra. Y digo tal vez porque los historiadores de la Gran Guerra son
conscientes que, aparte del crimen de Sarajevo, no hay hasta ahora l a determinación de un claro
detonante del conflicto a gran escala. El hecho que todos los países tuvieran planes de ataque
detallados y en los ejércitos un culto a la guerra, fue un factor importante que unido a que
existiera una suerte de darwinismo social de la época, es decir que la guerra y la competencia
entre los estados formaba parte de lo que consideraban como el orden natural de las cosas
contribuyó al estallido del conflicto. En ese sentido, el de la presión de los ejércitos, dispuestos a
poner en marcha toda su maquinaria a la brevedad Margaret MacMillan cuenta cómo cuando el
Kaiser Guillermo le pregunta a su jefe de estado mayor Helmut Von Moltke si era posible sólo
atacar a Rusia y no a Francia, este responde que de ninguna manera. La idea es atacar a toda la
alianza sin pérdidas de tiempo. El factor tiempo jugaba en la época un papel fundamental en la
teoría de la guerra. Al zar Nicolás II le sucedió lo mismo cuando le preguntó a su estado mayor si
podía atacar sólo al imperio austro-húngaro y no a Alemania. Es decir la conflagración total estaba
garantizada.
El papel de las personalidades en el conflicto es una cosa que destaca MacMillan en su libro. Por
ejemplo, ella señala que con el asesinato del archiduque Francisco Fernando se mató al hombre de
paz que podría haber atenuado el inicio del conflicto pero considera como más importante el
hecho que si tal vez hubiera vivido más años el padre del Kaiser Guillermo II, Federico III quien
había fallecido a los 57 años, la situación habría sido distinta.
Otro elemento importante para analizar el entorno en el cual se desata la guerra es el papel de la
opinión pública. Las masas estaban convencidas que estaban siendo agredidas por otros países y
que por tanto era válido ir al conflicto. Por otro lado había una corriente nacionalista que recorría
desde ya el continente europeo, tanto así que las previsiones de no acudir al llamado de los
ejércitos era calculado por los franceses en un 20% sin embargo el porcentaje de jóvenes que no
acudió al llamado fue de tan sólo el uno por ciento.
Como decía hace unos instantes, las responsabilidades aún están difusas y no queda claro quien
empezó la guerra a tal punto que en el Tratado de Versalles, respecto a Alemania no se habla de
culpabilidad sino de responsabilidad. Hoy se sabe de lo peligroso que suelen ser las políticas de
alianzas cuando hay pedidos de parte de uno de los estados que los otros cumplan con sus
compromisos.
Determinado el contexto es bueno precisar ahora, a la luz de la historia, qué tipo de similitudes
hay que nos deben llevar a estar en un estado de prevención, de conciencia alerta, ante las señales
que se dan en el mundo. La opinión pública vale hoy mucho más que ayer y en ese sentido es
necesario estar informado. El mundo de hoy es mucho más vulnerable por razones que van desde
la demografía hasta el cambio climático. Por otra parte hay arsenales nucleares en países que no
tienen la madurez ni el talante democrático que los llevaría de manera muy fácil e irresponsable a
cometer desatinos. Es necesario pues saber cómo la hi storia una vez más está rimando, en estos
momentos que existe un descontrol de movimientos con gran poder de atemorizar a occidente tal
y como estamos viendo a raíz de la perversa y monstruosa ejecución de un periodista inocente,
James Foxley, por parte de extremistas islámicos.
Empezaremos este ejercicio de eventos paralelos recordando una pregunta que se hace Margaret
Macmillan: Si no podemos determinar cómo sucedió uno de los conflictos más trascendentales de
la historia ¿cómo podemos tener la esperanza de evitar una catástrofe parecida en el futuro?.
Miremos que sucede en el Medio Oriente. Estos países lograron sus fronteras como consecuencia
de la Primera Guerra Mundial. En estos momentos se encuentra en gran estado de convulsión.
Siria se debate en medio de una guerra civil que se expande hacia el mundo pues ha puesto en
enfrentamiento a grandes potencias. A raíz que Bashar al -Asad fuera acusado de usar gas
venenoso (al igual que se usó hace 100 años, por primera vez en la guerra de trincheras) casi
intervino la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. No lo hizo porque se opuso firmemente Rusia y en
segunda instancia la China.
Hoy como hace cien años se dice que la guerra no conviene a nadie pues el comercio está tan
globalizado que sería la ruina para todos. Hace cien años en Europa, banqueros y comerciantes
señalaban eso indicando que, en el peor de los casos, de suceder el conflicto sería focalizado y
sería sofocado rápidamente.
Pero lo que no pensaron dichas personas era que la interdependencia también tiene su lado malo.
La globalización es beneficiosa para algunos y perjudicial para otros. Los comerciantes y banqueros
que tenían el predominio y la exclusividad en sus territorios de repente empezaron a perde r
espacios por la llegada de productos y servicios de otras partes. Entonces los empresarios que
empezaban a perder riquezas se pusieron del lado de los movimientos nacionalistas que
detestaban lo foráneo. Hoy hay inquietantes paralelos. Vemos como se repele a los inmigrantes,
como hay un renacer de una derecha xenófoba y nacionalista que cada vez gana más escaños en
Francia,Alemania y países nórdicos. Lo mismo sucede en los Estados Unidos. Movimientos de
carácter radical como el Partido Nacional Británico o el llamado Tea Party en Norteamérica
ofrecen atajos y caminos para solucionar los problemas económicos y sociales que hay sus
respectivos territorios. Llegan a llamar, inclusive a los extranjeros como sus enemigos, teniendo a
los musulmanes permanentemente en la mira.
La globalización ayer como hoy también permite el intercambio masivo de ideologías. Antes que
estallara la Primera Guerra Mundial los jóvenes radicales anarquistas y socialistas de Europa y
Norteamérica se inspiraron en los libros recientes de Nietzsche y Bakunin, tal y como se comprobó
en el caso del asesino del archiduque Francisco Fernando. Hoy las plataformas tecnológicas que
abundan, Internet, las redes sociales permiten que las ideologías o los conceptos fanáticos se
difundan. Hoy, a fines de agosto del 2014, el primer ministro David Cameron se encuentra
literalmente horrorizado porque es probable que la persona que degolló al periodista James Foley
de 40 años haya sido un simpatizante yihadista de origen británico, concluyéndose esto por el
audio del video difundido, por el notorio acento británico de la persona que degolla al periodista.
Igualmente, como señalan los reportes europeos la causa yihadista, contra lo que pareciera, tiene
en cierto sector de la juventud europea a simpatizantes que se oponen a los bombardeos
selectivos y a la intervención norteamericana en Siria, Irak, Afganistán e Irak.
Otro elemento a tomar en cuenta es el que tiene que ver con la rivalidad existente entre los países
europeos. La preocupación de países que como Francia e Inglaterra ven en el rápido crecimiento
alemán a un país que se ha convertido en hegemónico, por su poder económico en Europa. Como
dice el libro de Margaret MacMillan los deseos de Alemania de ocupar su lugar “bajo el sol” se
remontan a fines del siglo XIX pero no podían porque la gran armada británica se lo impedía.
Inglaterra poseía la mejor fuerza naval del mundo mientras Alemania tenía el mejor ejército
terrestre del mundo. Los celos eran compartidos. Servicios de inteligencia estaban preocupados de
qué era lo que hacía el otro. Se estaba permanente al acecho vigilando si uno entrenaba más, si se
construían barcos, si se hacían maniobras así como el desarrollo tecnológico como de nuevas
armas. En ese sentido no resulta exagerado comparara dicha situación con lo que hoy sucede
entre la China y los Estados Unidos. Pareciera que la China, tan empeñada en vivir hacia adentro,
con su estilo, hoy está pensando seriamente en buscar su lugar bajo el sol . De hecho ha iniciado
una política exterior muy agresiva en cuanto continente existe en el mundo con el objeto de
garantizar las materias primas que necesita para su desarrollo sostenible. La inversión china en los
Estados Unidos no para de crecer sobretodo en sectores como la biotecnología y la electrónica, y
las legiones de estudiantes chinos en Norteamérica es cada vez más grande. Ello como es obvio
genera suspicacias y genera que crezca en la sociedad la sospecha de que los chinos en algún
momento afectarán la seguridad estadunidense. Por su parte los chinos se quejan en los foros
internacionales de que Estados Unidos los trata sin corresponder al nivel de potencia que tienen.
En tanto los dos países compiten por recursos e influencia en América, Europa, el Caribe y el Asia
Central. Las inversiones chinas en armamento sobretodo en aspectos navales cada vez es mayor y
eso obviamente preocupa a occidente. Es una potencia que en algún momento iba a despertar
señalaba Henry Kissinger. El peligro real acá es que en Estados Unidos hay plena conciencia que la
China en algún momento va a retar la hegemonía norteamericana en el Pacífico. Así como hace
100 años habían planes detallados de invasión y de guerra en cada uno de los países europeos, el
Wall Street Journal señaló hace unos meses que el Pentágono había diseñado escenarios de
conflicto y planes concretos de intervención en la China Continental considerando sus alianzas con
países tiranos como Corea del Norte. De atacar Estados Unidos a la China es un hecho que esta
respondería atacando a Taiwan y Japón, teniendo que hacer lo propio Estados Unidos con Corea
del Norte ante lo que surgiría Rusia. De atacar Rusia pues la Unión Europea tendría que poner en
marcha los compromisos que le exigen sus aliados. Todo igual que hace 100 años, con distintos
actores, algunos nuevos, pero en circunstancias que se asemejan.
Igualmente hay un nacionalismo creciente que se manifiesta en la forma como se vienen
conduciendo los políticos en algunos países. Hemos visto al inicio de esta charla como los
nacionalismo configuraron las oleadas de información que movilizó a ciudadanos en contra de
algunos sectores. Desde fines del siglo pasado, en los años 90, el Partido Comunista Chino empezó
una campaña para desacreditar a los japoneses, de manera indirecta, apelando al nacionalismo de
los chinos y pensando en los efectos de la guerra sino-japonesa de inicios del siglo XX. Pero las
autoridades chinas perdieron el control y empezó una ola de saqueos contra negocios japoneses.
En estos días, la actitud japonesa no parece ser la misma de la que tuvo en los años 90. Se parece
más bien a la que tuvo hace 100 años a inicios del siglo XX. El primer ministro japonés Shinzo Abe
cada vez habla más del renacimiento nacionalista japonés, ha anunciado que pretende cambios
constitucionales para iniciar un proceso de rearme y visita islas que están en disputa con la China
en clara actitud de provocación.
Hace 100 años Rusia se declaró protectora de un estado llamado menor Serbia. Lo hacía porque le
garantizaba una posición geoestratégica que le permitía extender su influencia hasta Turquía y
tener acceso al Mar Negro. Cuando el imperio austrohúngaro declaró la guerra a Serbia, Alemania
pensó que tenía que neutralizar a Rusia, aliado de Serbia, ya que a su vez era aliada del imperio. En
favor de Rusia acudió de inmediato Francia y en ayuda de Francia acudió Inglaterra.
Como he señalado con anterioridad la historia rima, mas no se repite de manera exacta. La actual
situación en el Oriente Medio y en Ucrania puede asemejar a lo que sucedió en los Balcanes hace
un siglo. Tanto Estados Unidos como Irán, Rusia y Siria tienen situaciones conflictivas. Rusia de
manera explícita ha manifestado que acudiría en ayuda de Siria tal y como antes lo hizo en ayuda
de Serbia ante el ataque del imperio austro húngaro. El que se derribe un avión, el de Malasya
Airlines con cerca de 200 inocentes holandeses, la indiferencia de Rusia para ayudar a conocer la
verdad del derribamiento y la ausencia de dientes, por el momento, de los países occidentales
están, según señalan algunos medios periodísticos calentando la cabeza de los halcones que hay
en todos los ejércitos.
Esto último es consecuencia de un debilitamiento del orden internacional. Al igual que hace 100
años, ya no hay un policía del mundo, el cual se debate entre situaciones conflictivas o
desordenadas. En el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, China y Rusia votan de manera
sostenida en contra de decisiones de Estados Unidos, la Unión Europea que tiene que ver con
intervenciones directas en zonas de conflicto. Utilizan su poder de veto permitiendo que se
susciten escenarios de alto riesgo.
La política de alianzas se puede repetir en lo que sucede en estos momentos en Israel. Si bien es
cierto lo que acontece en la franja de Ghaza no es una lucha contra estados si los compromete. Las
amenazas que recibe Israel de países del medio oriente algunos de los cuáles posee la bomba
atómica hace que se movilice una vez más una red de alianzas. A Israel que apoya Estados Unidos
y países como Inglaterra y Francia, aunque esta última con reticencias, y a los países del oriente
medio que apoya China y Rusia, por intereses muy particulares que tienen que ver con la provisión
de mercados, capitales y materias primas. Hay nueve países con material nuclear, entre los cuáles
está Pakistán que está a un paso de ser declarado un estado fallido. Esto configura un mundo
peligroso en extremo que recuerda a la situación de los Balcanes de hace un siglo.
En este sentido el papel de los líderes es muy importante. En 1914 Europa necesitaba de un
Bismarck o un Winston Churchill con la capacidad de no dejarse llevar por las presiones ni las
circunstancias sino de tener una visión más amplia de los hechos, con sentido estratégico. La
guerra con líderes de esa magnitud y peso político se habría evitado. Sin embargo había líderes
ambiciosos o rencorosos con sus familiares como otros que como el Kaiser Guillermo por no haber
cedido ante los desafíos militares que le planteaban sus estrategas había sido llamado por estos
como Guillermo el Tímido. No querer parecerlo en las circunstancias de 1914 lo llevaron a una
actuación precipitada. El caso del zar Nicolás II era similar, un gobernante débil con mucho poder y
un miedo a parecer débil. Los otros liderazgos son penosos. El primer ministro británico Herbert
Asquith estaba distraído por un nuevo romance y permitió que la inercia lo llevara a la guerra.
Comparemos este comportamiento con el que tuvo John F. Kennedy cincuenta años más tarde en
la llamada Crisis de los misiles. No cedió ante los embates de sus generales por más halcones que
estos sean. De haber invadido Cuba podría haber respondido Rusia con su arsenal nuclear. El fin
del mundo estaba garantizado. El joven Kennedy les plantó cara, los enfrentó y decidió negociar.
De repente influenció su accionar la lectura reciente de Los cañones de Agosto de Bárbara
Tuchman en el sentido que podía equivocarse y llevar a su país a la guerra.
Estados Unidos es la Gran Bretaña de hace un siglo, una superpotencia en decandencia incapaz de
garantizar el orden mundial. Su principal socio comercial, la China juega el papel de Alemania un
nuevo poder económico capaz de plantear cuáles son las reglas de juego. El moderno Japon es
Francia un aliado del decadente poder hegemónico y un poder regional en declive y que desea
colocarse nuevamente adelante. Rusia es Rusia, con ganas nuevamente de ser potencia aunque
sin infraestructura, economía ni tecnología. Y los Balcanes es el Medio oriente, un entramado de
países en permanente conflicto rel igioso o cultural.
Mientras tanto se ha vuelto a jugar al nacionalismo pues hay líderes que están apelando a él cada
vez más. Como señala The Economist en reciente artículo es necesario que la política
estadunidense sea más activa. El papel que juega Estados Unidos es fundamental tanto por sus
fuerzas armadas, su poder económico y tecnológico. Lamentablemente no se comporta como un
líder y un garante del orden mundial. Hay en eso una falta de ambición y una ignorancia de la
historia que se trasluce.
En ese sentido escritos como los que hemos visto, de Margaret MacMillan, David Stevenson y
notables medios escritos como The Economist pueden hacer reaccionar a los líderes mundiales
recordándoles que la historia no se repite pero rima, y que está en ellos evitar que vuelv a suceder
los mismo reflexionando sobre las lecciones que nos dejó la Gran Guerra Mundial de hace un siglo.
La humanidad que desea vivir en paz así se los reclama. Muchas gracias.



Conferencia a cargo del Ing. Juan Sheput transmitida en el programa Charla Dominical de la
radio cultural Filarmonía el domingo 24 de agosto del 2014.

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