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Monikgv

Panchys

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Marie.Ang Christensen Majo_Smile

Luisa

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Melii

Tamis11

Chio ladypandora Max Escritora Solitaria Gely Meteor

Tamis11 Chio ladypandora Max Escritora Solitaria Gely Meteor Staff Moderadora: Andreani Traductoras: Mlle. Janusa

Staff

Moderadora:

Andreani

Traductoras:

Mlle. Janusa Madeleyn kass Annabelle LizC Juli_Arg Max Escritora Solitaria Jo

Correctoras:

Deeydra Ann' Nats Paoo βelle Marie.Ang Christensen Vericity

Deeydra Ann' macasolci Mery St. Clair Vero Andreani Liz Holland Mar Mar DaniO

Juli_Arg

Violet~

Itxi

Zafiro

Panchys

Elle87

Recopilación & Lectura Final:

Juli

Diseño:

Hanna Marl

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Página 4 Índice Sinopsis Capítulo 21 Capítulo 1 Capítulo 22 Capítulo 2 Capítulo 23 Capítulo 3

Índice

Sinopsis

Capítulo 21

Capítulo 1

Capítulo 22

Capítulo 2

Capítulo 23

Capítulo 3

Capítulo 24

Capítulo 4

Capítulo 25

Capítulo 5

Capítulo 26

Capítulo 6

Capítulo 27

Capítulo 7

Capítulo 28

Capítulo 8

Capítulo 29

Capítulo 9

Capítulo 30

Capítulo 10

Capítulo 31

Capítulo 11

Capítulo 32

Capítulo 12

Capítulo 33

Capítulo 13

Capítulo 34

Capítulo 14

Capítulo 35

Capítulo 15

Capítulo 36

Capítulo 16

Capítulo 37

Capítulo 17

Capítulo 38

Capítulo 18

Capítulo 39

Capítulo 19

Capítulo 40

Capítulo 20

Sobre el Autor

Sinopsis L a familia de Taylor podría no ser del tipo más cercano — todo

Sinopsis

L a familia de Taylor podría no ser del tipo más cercano todo el mundo está un poco demasiado ocupado y sobresaturadopero en su mayor parte, se las arreglan bien. Entonces, reciben noticias

que lo cambian todo: Su padre tiene cáncer de páncreas, y es etapa cuatro: lo que significa que básicamente no hay nada que hacer. Sus padres deciden que la familia pasará juntos sus últimos meses en la vieja casa de verano en las montañas de Pocono.

Apretujados en un lugar mucho más pequeño y más rústico del que están acostumbrados, comienzan a lograr conocerse de nuevo. Y Taylor descubre que

las personas que pensó que dejo atrás realmente no han ido a ningún lugar. Su antiguo mejor amigo de verano repentinamente aparece, como es su primer

novio

A medida que avanza el verano, los Edwards se convierten más en una familia y más cercanos de lo que nunca lo han sido antes. Pero todos son muy conscientes de que están luchando contra el tic-tac del reloj. A veces, sin embargo, hay suficiente tiempo para tener una segunda oportunidad: con la familia, con los amigos y con el amor.

y es mucho más lindo a los diecisiete años de lo que lo fue a los doce.

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Página 6 Capítulo 1 Traducido por Andreani Corregido por tamis11 A brí la puerta de mi

Capítulo 1

Traducido por Andreani

Corregido por tamis11

A brí la puerta de mi dormitorio para comprobar que el pasillo estaba vacío. Cuando me aseguré de que así era, colgué mi bolsa en mi hombro y cerré la puerta detrás de mí silenciosamente, luego bajé las

escaleras hasta la cocina, dos escalones a la vez. Eran las nueve a.m., nos iríamos a la

casa del lago en tres horas y yo me estaba escapando.

El mostrador de la cocina estaba cubierto con las grandes listas de tareas de mi madre, bolsas repletas de compras y suministros, y una caja llena de botellas naranjas

de las medicinas de mi padre. Traté de ignorar estas mientras atravesaba la cocina, con

el objetivo de llegar a la puerta de atrás. Aunque no me había escapado en años, tenía

la sensación de que sería como andar en bicicletalo que, me puse a pensar, tampoco lo había hecho en años. Pero había despertado esa mañana empapada de sudor frío, con mi corazón palpitando con mucha fuerza, y cada impulso que tuve me decía que me fuera, que las cosas estarían mejor si estuviera en algún lugaren cualquier otro lugar.

¿Taylor? Me congelé y volteé a ver a Gelsey, mi hermana de doce años, de pie en el otro extremo de la cocina. A pesar de que todavía llevaba su pijama, un viejo conjunto decorado con brillantes zapatos de ballet, su pelo estaba sujeto en un perfecto moño.

¿Qué? pregunté, dando un paso lejos de la puerta, tratando de verme tan impasible como fuera posible.

Ella frunció el ceño, sus ojos descansaron sobre mi bolsa antes de viajar hacia

mi cara. ¿Qué estás haciendo?

Nada. Me incliné contra la pared en lo que yo esperaba pareciera una forma casual, aunque no creo que jamás me hubiera recargado contra una pared en mi vida. ¿Qué quieres?

No puedo encontrar mi iPod. ¿Lo tomaste tú?

No. Fue todo lo que dije, resistiendo las ganas de decirle que no habría tocado su iPod, ya que estaba lleno exclusivamente con música de ballet y con la terrible banda con la que estaba obsesionado, The Bentley Boys, tres hermanos con

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flecos perfectamente azotadas por el viento y dudosos dones musicales. Pregúntale a mamá.

Está bien dijo lentamente, todavía mirándome sospechosamente. Entonces giró sobre los dedos de sus pies y salió dando fuertes pisadas fuera de la cocina y gritando: ¡Mamá!

Crucé el resto de la cocina y apenas alcancé a llegar a la puerta de atrás cuando esta se abrió, haciéndome saltar hacia atrás. Mi hermano mayor, Warren, luchaba por entrar a través de ella, cargado con una caja de pan y una bandeja de cafés para llevar. Buenos días dijo.

Hola murmuré, buscando ansiosamente pasarlo para salir, deseando haber intentado hacer mi escape cinco minutos antes, o mejor aún, sólo haber utilizado la puerta delantera.

Mamá me envió por café y bagels dijo, mientras los dejaba sobre la mesa. ¿Te gusta el sésamo, cierto?

De hecho, odiaba el sésamo, Warren era el único de nosotros que le gustaba, pero no iba a señalar eso ahora. Seguro dije rápidamente. Genial.

Warren eligió uno de los cafés y tomó un sorbo. Incluso con diecinueve años él era sólo dos años mayor que yo, estaba vestido como de costumbre, en kakis y una camisa de polo, como si pudiera ser llamado en cualquier momento para presidir una reunión o jugar golf. ¿Dónde está todo el mundo? preguntó después de un momento.

Ni idea dije, con la esperanza de que fuera a investigar por sí mismo. Él asintió y tomó otro sorbo, como si tuviera todo el tiempo en el mundo. Creo que he oído a mamá arriba dije después de que quedó claro que la intención de mi hermano era pasar la mañana bebiendo café y mirando al espacio.

Le diré que estoy de vuelta dijo, bajando su café, tal como esperé que lo hiciera. Warren se dirigió hacia la puerta, luego se detuvo y se volvió hacia mí. ¿Él ya se levantó?

Me encogí de hombros. No estoy segura dije tratando de mantener mi voz tranquila, como si esta fuera sólo una cuestión de rutina. Pero sólo hace unas semanas, la idea de que mi padre todavía estuviera dormido a esta hora, o de hecho, aún en casa hubiera sido impensable.

Warren asintió nuevamente y salió de la cocina. Tan pronto como él se fue, salí por la puerta.

Me apresuré hacia nuestra acera y, cuando llegué a la calle, dejé salir un largo suspiro. Empecé a caminar por el camino Greenleaf tan velozmente como me fue posible. Probablemente debería haber tomado el coche, pero algunas cosas eran sólo hábito, y la última vez que había tomado el coche sin permiso, quedé a años luz de obtener mi licencia.

Pude sentir que comenzaba a calmarme mientras más lejos caminaba. La parte racional de mi cerebro me decía que iba a tener que regresar en algún momento, pero

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no quería escuchar a la parte racional de mi cerebro ahora mismo. Sólo quería fingir

que este día este veranono iba a suceder, algo que era más fácil de conseguir mientras más distancia ponía entre la casa y yo. Estuve caminando por un rato y comencé a buscar mis gafas de sol en mi bolsa, cuando escuché un sonido de metal y levanté la vista.

Mi corazón se hundió un poco cuando vi a Connie de la casa blanca en la acera

de enfrente, paseando a su perro y saludándome. Ella tenía la edad de mis padres, y yo

había sabido su apellido en algún momento, pero no podía recordarlo ahora. Dejé caer

mi estuche para lentes en mi bolso junto a lo que veía ahora, era el iPod de Gelsey

(ups), el que debí haber tomado pensando que era el mío. No había manera de evitar a Connie sin ignorarla descaradamente o dar vuelta y correr hacia el bosque. Y tuve la sensación de cualquiera de estas opciones sería un comportamiento que podría llegar a

mi madre inmediatamente. Suspiré y me obligue a sonreírle mientras se acercaba.

¡Taylor, Hola! me llamó, con una amplia sonrisa. Su perro, un gran golden retriever, tensó su correa al intentar llegar a mí, jadeando y meneando su cola. Lo miré y retrocedí un pequeño paso. Nunca habíamos tenido un perro, así que aunque, en teoría, me gustaban, no había tenido mucha experiencia con ellos. Y aunque he visto el reality show Top Dog muchas más veces de las que alguien que no tenía un perro propio debería, esto no ayudaba cuando te enfrentas con uno en el mundo real.

Hola, Connie dije ya comenzado a alejarme, esperando que recibiría la indirecta. ¡Que gusto verte!

Igualmente respondió automáticamente, pero vi que su sonrisa cayó un

poco cuando sus ojos recorrieron mi rostro y mi vestimenta. Luces un poco diferente

hoy dijo. Muy

Ya que Connie normalmente me veía en mi uniforme de Stanwich Academy

(Una blusa blanca y falda a cuadros que producía picazón) no tenía duda de que lucía diferente ahora, ya que prácticamente sólo había rodado fuera de la cama, sin siquiera molestarme por mi cabello y llevaba chanclas, un pequeño short y una playera blanca percudida que decía EQUIPO DE NATACION LAKE PHOENIX. La camiseta técnicamente no era mía, pero yo me había apropiado de ella hacía tantos años que ahora sólo la consideraba de mi propiedad.

Supongo que sí le dije a Connie, asegurándome de mantener una sonrisa en mi cara. Bueno

¿Algún plan para el verano? preguntó alegremente, al parecer

completamente inconsciente de que trataba de poner fin a esta conversación. El perro,

tal vez dándose cuenta de que esto iba a tomar algún tiempo, dobló sus patas y se

recostó, descansando su cabeza sobre sus patas delanteras.

No realmente dije, con la esperanza de que pudiera ser el final. Pero ella

continuó mirándome, levantando sus cejas, así que sofoqué un suspiro y continúe:

De hecho vamos a pasar el verano en nuestra casa del lago.

relajada.

¡Oh, maravilloso! exclamó. Eso suena hermoso. ¿Dónde queda?

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Está en Pocono. Ella frunció el ceño, como si tratara de ubicar el nombre, y agregué: Las montañas de Pocono. En Pensilvania

Oh, cierto. Asintió con la cabeza, aunque pude notar por su expresión que todavía no tenía idea lo que hablaba, lo cual no era realmente tan inesperado. Algunas de las familias de mis amigos tenían casas de verano, pero tienden a estar en lugares como Nantucket o Cape Cod. Nadie sabía que tenía una casa de verano en las montañas del noreste de Pennsylvania.

Bien dijo Connie, todavía sonriendo alegremente. ¡Una casa del lago! Debería ser agradable.

Asentí, realmente no confiando en mí misma para responder, ya que no quería volver a Lake Phoenix. Así que no quería regresar, y aunque había escapado de la casa con prácticamente ningún plan y nada de suministros excepto el iPod de mi hermana, era preferible que enfrentarme a regresar allí.

Así que dijo Connie, tirando de la correa del perro, causando que se levantara. ¡No olvides saludar a tu madre y a tu padre de mi parte! Espero que ambos estén bien, y… —Se detuvo de repente, sus ojos se ampliaron y sus mejillas enrojecieron levemente. Reconocí los signos inmediatamente, a pesar de que sólo los había vistos durante tres semanas. Ella lo había recordado.

Era algo que no tenía idea de cómo manejar, si no como algo inesperado, era algo que parecía estar trabajando a mi favor. De alguna manera, durante la noche, todos en la escuela parecieron enterarse, y habían informados a mis maestros, aunque por qué y por quién, nunca estuve segura. Pero fue la única explicación del hecho de que había pasado todos mis finales, incluso en clases como trigonometría, que había estado peligrosamente cerca de obtener un seis. Y por si esto no fuera prueba suficiente, cuando mi profesora de inglés pasó nuestros exámenes, colocó el mío en mi escritorio y descansó su mano en él durante un minuto, causando que yo levantara mi mirada.

Sé que estudiar debe ser difícil para ti ahora mismo murmuró, como si toda la clase no estuviera escuchando, con todos los oídos esforzándose por obtener cada sílaba. Así que has tu mejor esfuerzo, ¿De acuerdo, Taylor?

Y mordí mi labio y asentí valientemente, consciente que todo el tiempo estaba fingiendo, actuando de la manera que yo sabía que ella esperaba que yo actuara. Y por supuesto, obtuve un diez en la prueba, a pesar de que sólo había leído superficialmente el final de The Great Gatsby.

Todo había cambiado. O, más exactamente, todo iba a cambiar. Pero nada había cambiado realmente todavía. Y esto hacía las condolencias extrañascomo si las personas estuvieran diciendo cuanto sentían que mi casa se hubiera quemado cuando todavía permanecía intacta pero con una brasa humeando cerca, esperando.

Lo haré dije rápidamente, evitando que Connie tuviera que tartamudear a través de uno de los discursos bien intencionados de los que ya estaba harta de escucharo peor aún, diciéndome acerca de algún amigo de un amigo que había sido milagrosamente curado por medio de acupuntura/meditación/tofu, y si nosotros habíamos considerado eso. Gracias.

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Cuídate dijo, poniendo más significado de esas palabras de lo que normalmente lo había hecho, mientras se acercaba y me daba unas palmaditas en el hombro. Pude ver la pena en sus ojos, pero también el miedo, ese leve distanciamiento, porque si algo como esto le pasaba a mi familia, podía ocurrirle a la suya.

Igualmente dije tratando de mantener una sonrisa en mi cara hasta que se despidió nuevamente y comenzó a caminar por la calle, con el perro liderando el camino. Continué en la dirección opuesta, pero mi escape ya no sentía como que fuera

a ser lo mejor. ¿Cuál era el punto de intentar huir si las personas iban a insistir en recordarte de lo que escapabas? Aunque no había sentido la necesidad de hacerlo desde hace un tiempo, escapar había sido algo que había hecho con mucha frecuencia cuando era más pequeña. Todo había comenzado cuando yo tenía cinco años, y me había molestado que mi madre le prestara atención sólo al bebé Gelsey, y Warren, como de costumbre, no me dejaba jugar con él. Había salido de la casa dando pisotones y luego había visto el camino hacia la acera y el resto del mundo, llamándome. Había comenzado caminar por la calle, principalmente preguntándome cuánto tiempo tomaría para que alguien pudiera darse cuenta que había desaparecido. Me encontraron pronto y me llevaron a casa, por supuesto, pero eso había comenzado

el patrón, y huir se convirtió en mi método preferido para tratar con cualquier cosa que

me molestaba. Llegó a ser tal una rutina que cuando solía anunciar desde la puerta, llorando, que me iba de la casa para siempre, mi madre simplemente asentiría con la cabeza, apenas mirándome, diciendo simplemente que me asegurara de poder regresar a tiempo para la cena.

Apenas había sacado el iPod de Gelsey disponiéndome a sufrir incluso con los Bentley Boy si significaba una distracción de mis pensamientoscuando escuché

el sonido de un coche deportivo detrás de mí.

Se me ocurrió que yo debía llevar desaparecida más de lo que me había dado cuenta cuando me giré, sabiendo lo que vería. Mi padre al volante de su coche plateado, sonriéndome. Hola, niña dijo a través de la ventanilla abierta del lado del pasajero. ¿Quieres dar una vuelta?

Sabiendo que ya no tenía sentido seguir fingiendo, tiré de la puerta del pasajero

y entré. Mi papá me observó detenidamente y levantó sus cejas. ¿Alguna novedad? preguntó, su saludo tradicional.

Me encogí de hombros y bajé la mirada hacía la alfombra gris, aún sin mancha alguna, a pesar de que él había tenido el coche durante un año. Simplemente, ya sabes, tenía ganas de dar un paseo.

Mi papá asintió. Por supuesto comentó con una voz muy seria, como si me creyera por completo. Pero ambos sabíamos lo que realmente había estado haciendo, generalmente había sido mi padre quien venía y me encontraba. Siempre parecía saber dónde estaría, y en lugar de traerme directo a casa, si no era demasiado tarde, salíamos por un helado, después de hacerme prometer que no le diría nada a mi madre.

Había abrochado mi cinturón, y para mi sorpresa, mi papá no dio vuelta para regresar, en cambio siguió conduciendo, girando hacia el camino que nos llevaría centro. ¿A dónde vamos? le pregunté.

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Pensé que podríamos ir a desayunar. Me dio una rápida mirada mientras se detenía en una luz roja. Por alguna razón, todos los bagels en la casa parecen ser de sésamo.

Sonreí por eso y cuando llegamos, seguí a mi papá a Stanwich Deli. Ya que eran paquetes, me hice hacia atrás y dejé que él ordenara. Mientras mis ojos recorrían en la tienda, noté a Amy Curry de pie en la parte delantera de la línea, tomada de la mano de un chico alto y guapo, vistiendo una camiseta de la Universidad de Colorado. No la conocía bien se mudó con su madre y su hermano por nuestra calle el verano pasadopero ella sonrió y me saludó y yo la saludé de vuelta.

Cuando mi papá llegó al frente de la línea, lo observé pedir nuestra orden, diciendo algo que hizo al tipo de contador reír. Al ver a mi padre, serías incapaz de decir que algo estaba verdaderamente mal. Estaba un poco delgado, su tono de piel era ligeramente amarillento. Pero intentaba no ver esto mientras lo veía dejar caer monedas en el tarro de las propinas. Yo trataba de no ver que tan cansado lucía, tratando de tragar el nudo en mi garganta. Pero sobre todo, intentaba no pensar en el hecho de que habíamos sido informados, por expertos que sabían de estas cosas, que tenía aproximadamente tres meses para vivir.

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Página 12 Capítulo 2 Traducido por Andreani Corregido por paoo ¿ Tenemos que escuchar esto? —

Capítulo 2

Traducido por Andreani

Corregido por paoo

¿ Tenemos que escuchar esto? lloriqueó Gelsey desde el asiento delantero por lo que pareció ser tercera vez en diez minutos.

Puedes aprender algo dijo Warren desde el lado del conductor. ¿Cierto, Taylor?

Desde donde estaba tendida en el asiento trasero, bajé mis gafas de sol y subí el volumen de mi iPod en lugar de responder. Lake Phoenix estaba a sólo tres horas en coche desde nuestra casa en Stanwich, Connecticut, pero sentía como si fuera el paseo en coche más largo de mi vida. Y ya que mi hermano manejaba como un jubilado (de hecho una vez había conseguido una multa por conducir muy despacio y ser un peligro de tráfico) nos tomó más de cuatro horas llegar hasta allí, así que estaba muy cerca de ser en realidad el paseo en coche más largo de mi vida.

Sólo estábamos nosotros tres en el viejo Land Cruiser con paneles de madera que Warren y yo compartíamos (mis padres iban adelante, el auto de mamá estaba lleno con todos los suministros que necesitaríamos para un verano entero fuera. Había pasado la mayor parte del viaje tratando de ignorar a mis hermanos mientras peleaban, principalmente sobre qué escuchar, Gelsey sólo quería The Bentley Boys; Warren insistió que escucháramos su Gran CD de Cursos. Warren había ganado la ronda final

y la voz que canturreaba en acento inglés me decía más de lo que nunca quise saber acerca de mecánica cuántica.

Aunque no había regresado en cinco años, aun era capaz de anticipar cada

vuelta que hacía el auto. Mis padres habían comprado la casa antes de que yo naciera,

y durante años pasamos cada verano allí, partiendo a principios de junio y volviendo a finales de agosto, mi padre permanecía en Connecticut sólo durante la semana laboral

y volvía los fines de semana. Los veranos solían ser el punto culminante de mi año y

toda la escuela me la pasaba haciendo una cuenta regresiva hasta junio y todo lo que prometía un verano de Lake Phoenix. Pero el verano que tenía doce años había terminado tan desastrosamente que había estado increíblemente aliviada de no tener que regresar el año siguiente. Ese fue el verano que Warren decidió que necesitaba comenzar a enfocarse en su transcripción e hizo un programa intensivo de preuniversitarios en Yale. Gelsey acababa de cambiar de maestro de ballet y no quería

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dejar las clases durante el verano. Y, sin querer regresar a Lake Phoenix y enfrentar el desorden que había hecho allí, había encontrado un campamento de Oceanografía (hubo un breve período que tenía ganas de ser una bióloga marina, el cual ya había pasado) y le rogué a mis padres que me dejaran ir. Y cada año desde entonces, parecía que siempre había algo que nos impedía pasar el verano ahí. Gelsey comenzó a ir a campamentos de ballet y Warren y yo comenzamos a hacer la cosa servicio- académico-programa-de-verano (él construyó un parque infantil en Grecia, yo pasé un verano intentando y fallandoaprender mandarín en una inmersión lingüística en Vermont). Mi madre comenzó a rentar nuestra casa cuando quedó claro que todos estábamos demasiado ocupados para ir todo el verano y pasarlo juntos en Pennsylvania.

Y este año se suponía que no sería la excepción, Gelsey planeaba regresar al campamento de ballet en donde era la estrella en ascenso, Warren tenía prácticas de capacitación en el despacho de mi padre y yo tenía la intención de pasar mucho tiempo tomando el sol. En verdad, estaba realmente ansiosa de que llegara el final del año escolar. Mi ex novio, Evan, había roto conmigo un mes antes de que terminara la escuela, y todos mis amigos, no queriendo separar el grupo, estuvieron de su lado. Mi ausencia repentina de amigos y cualquier apariencia de vida social habrían hecho que la perspectiva de salir de la ciudad durante el verano fuera realmente atractiva en circunstancias normales. Pero no quería volver a Lake Phoenix. No había siguiera puesto un pie en el estado de Pensilvania en cinco años. Pasar el verano juntos era algo que nadie hubiera considerado hasta hace tres semanas. Y sin embargo, eso era exactamente lo que estaba sucediendo.

¡Llegamos! anunció Warren alegremente mientras sentí que el coche comenzaba a reducir su velocidad.

Abrí los ojos, me senté y miré alrededor. Lo primero que vi fue verde. Los árboles a ambos lados de la carretera eran de color verde brillante, al igual que la hierba debajo. Y estaban densamente juntos, dando sólo atisbos de las calzadas y las casas que estaban detrás. Miré hacia la pantalla de temperatura y vi que estábamos a diez grados más bajo que en Connecticut. Me gustara o no, estaba de regreso en las montañas.

Finalmente murmuró Gelsey desde el asiento delantero.

Estiré el cuello de la incomoda posición en la que había estado durmiendo, por una vez estuve totalmente de acuerdo con mi hermana. Warren disminuyó la velocidad aún más, puso la direccional y giró hacia nuestro camino de grava. Todos los caminos en Lake Phoenix eran de grava, y el nuestro siempre había sido la manera en que medía el verano. En junio, apenas podía llegar descalza del porche al coche, haciendo un gesto de dolor a cada paso ya que las rocas se encajaban en mis pies tiernos, pálidos y resguardados por un año de llevar zapatos. Pero por agosto, estaban más curtidos y de un marrón profundo, el blanco de las líneas de bronceado de mis sandalias destacándose y sería capaz de correr todo el camino descalza sin dudarlo ni un segundo.

Desabroché mi cinturón y me incliné entre los asientos delanteros para obtener una mejor vista. Y allí, justo delante, estaba nuestra casa de verano. Lo primero que

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noté fue que lucía exactamente igual, la misma madera oscura, techo de dos aguas, ventanas del piso al techo, porche envolvente.

La segunda cosa que noté fue el perro.

Se encontraba sentado en el porche, junto a la puerta. Mientras el coche se acercaba, no se levantó o se alejó, si no que permaneció en su lugar, meneando su cola, como si hubiera estado esperando por nosotros todo el tiempo.

¿Qué es eso? preguntó Gelsey cuando Warren apagó el motor.

¿Qué es qué? preguntó Warren.

Gelsey señaló, y él entornó los ojos a través del parabrisas.

Oh dijo un momento más tarde, y noté que no hizo ningún movimiento para salir del coche. Mi hermano lo negaba, pero les tenía miedo a los perros y así había sido desde que una niñera idiota lo dejó ver Cujo cuando tenía 7 años.

Abrí la puerta y salí hacia el camino de grava para ver más de cerca. Este no era el perro más atractivo del mundo. Era pequeño, pero no el tipo pequeño que uno podría llevar en su bolso o podría pisar accidentalmente. Era dorado con pelaje que parecía estar parado hacia afuera, dándole un aire de sorpresa. Parecía un perro mestizo, con orejas de pastor alemán y biggish, nariz corta y cola larga, como collie. Pude ver que tenía un collar con un colgante, así que claramente no era de la calle.

asiento

delantero y bajó un poco la ventana cuando me acerqué.

Yo sólo, um, me quedaré aquí encargándome de las bolsas murmuró mientras me pasaba las llaves.

¿En serio? pregunté, levantando las cejas. Warren enrojeció antes de subir rápidamente la ventana, como si este pequeño perro de alguna manera pudiera lanzarse por la ventana hasta el asiento delantero del Land Cruiser.

Caminé hasta los tres escalones en el porche de la casa. Esperaba que el perro se moviera tan pronto como comencé a acercarme, pero en cambio sólo movió su cola con mayor fuerza, haciendo un sonido de golpeteo en el piso de madera.

Vamos dije mientras cruzaba la puerta. Shoo. Pero en lugar de irse, se acercó a mí, como si tuviera toda la intención de seguirnos dentro. No dije firmemente, tratando de imitar a George Randolph, el presentador británico de Top Dog. Vete. Di un paso hacia él, y el perro pareció finalmente entender el mensaje, alejándose rápidamente y luego caminando hacia los escalones del porche y a través de la entrada, con lo que parecía una gran renuencia para un perro.

Una vez que había pasado el peligro del canino, Warren abrió su puerta y cuidadosamente salió del auto, para mirar alrededor de la entrada, que estaba vacía de otros coches.

Gelsey

salió

del

coche

también,

pero

Warren

permaneció

en

el

Mamá y papá realmente ya deberían de estar aquí.

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Saqué mi celular del bolsillo del pantalón y vi que tenía razón. Ellos habían salido un par de horas antes que nosotros y probablemente no habían conducido a 60 km/h todo el camino.

Gelsey, puedes llamar a… —Me volví a mi hermana, sólo para ver que estaba doblada casi por la mitad, con la nariz tocando sus rodillas. ¿Estás bien? pregunté, tratando de verla al revés.

Bien dijo, con voz amortiguada. Sólo me estiro un poco. Se enderezó lentamente, su cara de color rojo brillante. Mientras la miraba, su tez cambió de nuevo

a su tono pálido normal, con pecas que sólo aumentarían exponencialmente mientras

pasaba el verano. Levantó los brazos para reunirlos en un perfecto círculo por encima de la cabeza, luego los dejó caer y comenzó a hacer círculos con los hombros. En caso de que su moño o su forma de caminar no fueran suficientes para decirle al mundo que era una bailarina de ballet, Gelsey tenía el hábito de estirarse y a menudo en público.

Bueno, cuando termines con eso dije al mismo tiempo que ella comenzaba

a doblarse hacia atrás en un ángulo alarmante, ¿puedes llamar mamá? Sin esperar

respuesta, sobre todo porque tenía la sensación de que iba a ser algo así como, ¿Por qué no lo haces tú? Elegí una llave del llavero, la metí a la cerradura y entré en la casa por

primera vez en cinco años.

Cuando miré a mí alrededor, dejé salir un suspiro. Había estado preocupada, después de veranos de inquilinos, de que la casa hubiera cambiado drásticamente. Que los muebles hubieran sido cambiados de lugar, que hubiera más cosas, o sólo de que tuviera la sensación difícil de definir pero palpableque alguien había estado en casa. Los Tres Osos la conocían bien, y también la tuve yo el año que volví del campamento de Oceanografía y pude decir inmediatamente que mi madre había puesto a algunos invitados en mi habitación mientras había estado fuera. Pero mientras revisaba todo, no tenía esa sensación. Era la casa de verano, tal y como la recordaba, como si hubiera estado esperando por mí, todo este tiempo, para que finalmente regresara.

La planta baja no tenía divisiones, por lo que podías ver todas las habitaciones que no eran dormitorios y baños. El techo era alto, extendiéndose en pico hasta la parte superior, dejando que entraran rayos de sol sobre las alfombras cubriendo los pisos de madera. Estaba la rayada mesa de madera en la que nunca comimos, que siempre se convertía en el lugar para arrojar las toallas y el correo. La cocina pequeña en comparación con nuestra gran y moderna cocina en Connecticutestaba

a mi derecha. La puerta en la parte posterior de la misma llevaba a nuestro porche.

Tenía vista hacia el lago y era donde comíamos siempre, excepto en los casos raros de lluvias torrenciales. Y fuera del porche estaba el camino que llevaba hasta nuestro muelle y al propio Lake Phoenix. A través de las ventanas de la cocina, pude ver el destello de luz solar del final de la tarde golpeando el agua.

Pasado la cocina estaba un área de estar con dos sofás frente a la chimenea de piedra, el lugar donde mis padres terminaban siempre después de la cena, leyendo y trabajando. Más allá estaba la habitación familiar, con un sofá gastado de pana, donde Warren, Gelsey y yo casi siempre nos encontrábamos en la noche. Una sección de las estanterías estaba llena de juegos de mesa y rompecabezas, y generalmente tomábamos

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un juego o armábamos un rompecabezas durante todo el verano, aunque el juego de Risk había sido puesto en el estante más alto, fuera de alcance, después del verano cuando todos nos habíamos obsesionado con él, formando alianzas secretas y básicamente rehusándonos a salir mientras estamos jugando.

Nuestras habitaciones estaban al fondo del pasillo mis padres dormían en la suite principal arribalo que significaba que Warren, Gelsey y yo tendríamos que compartir el baño en la planta baja, algo que no esperaba con muchas ansias experimentar nuevamente, ya me había acostumbrado a tener mi propio cuarto de baño en Connecticut. Me dirigí por el pasillo hasta mi dormitorio, dando un vistazo al baño antes. Era más pequeño de lo que recordaba. Muchísimo más pequeño, de hecho, para que los tres lo compartiéramos sin matarnos.

Llegué a mi habitación, con el antiguo letrero de LUGAR DE TAYLOR que había olvidado totalmente y abrí la puerta, animándome a mí misma para hacer frente a la habitación que había visto por última vez hace cinco años y todos los recuerdos que la acompañaban.

Pero cuando entré, no me enfrenté a nada excepto una habitación agradable, algo genérica. Mi cama aún era la misma, con su antigua cabecera de bronce y colcha tejida con estampado rojo y blanco, la cama desplegable escondida debajo. El tocador con su espejo enmarcado de madera era el mismo, junto con el viejo baúl a los pies de la cama que siempre tenía mantas extras para las frías noches de las montañas, incluso en el verano. Pero no había nada de la habitación que fue mía por tanto tiempo. Los carteles vergonzosos del actor adolescente con el que había estado obsesionada entonces (ya había tenido varias temporadas muy publicitadas en rehabilitación) habían sido quitados de encima de mi cama. Mis cintas del equipo de natación (en su mayoría de tercer lugar) habían desaparecido, junto con la colección de brillo labial que había ido juntando durante varios años. Lo cual probablemente era algo bueno, traté de decirme a mí misma, ya que todos seguramente se habrían echado a perder a estas alturas. Pero aun así. Lancé mi bolsa a la cama y me senté sobre ella, mirando desde el armario vacío hasta la cómoda desnuda, buscando alguna evidencia del hecho de que yo había vivido aquí durante doce veranos, pero no vi ninguna.

Gelsey, ¿qué estás haciendo?

El sonido de la voz de mi hermano fue suficiente para sacarme de mis pensamientos y hacerme ir a investigar qué sucedía. Caminando por el pasillo, descubrí a mí hermana lanzado animales de peluche fuera de su habitación, estos aterrizando en la sala. Esquivé un elefante y me situé junto a Warren, quien observaba alarmado la pequeña pila acumulándose delante de su puerta.

¿Qué está sucediendo? pregunté.

Convirtieron mi habitación en el cuarto de un bebé dijo Gelsey, su voz cargada de desprecio mientras lanzaba otro animal, esta vez un caballo morado que reconocí vagamente, por la puerta. Por supuesto, su habitación había sido redecorada. Ahora había una cuna en la esquina, y una mesa para cambiar pañales y en su cama habían sido apilados los infractores animales de felpa.

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Probablemente los inquilinos tenían un bebé dije, inclinándome hacia un lado para evitar ser golpeada por un pato amarillo, ¿por qué no simplemente esperas hasta que mamá llegue?

Gelsey rodó los ojos, un lenguaje que se había vuelto muy frecuente este año. Ella podía expresar una amplia variedad de emociones sólo con rodar los ojos, tal vez porque lo practicaba constantemente. Y ahora, indicaba que tan “atrasada” estaba yo.

Mamá no va a estar aquí hasta dentro de una hora dijo. Bajó su mirada hacia el animal en sus manos, un pequeño canguro y le dio vueltas un par de veces. Acabo de hablar con ella. Ella y papá tenían que ir a Stroudsburg para reunirse con su nuevo oncólogo. Pronuncia la última palabra cuidadosamente, la manera en que todos lo hacemos. Era una palabra de la que no había sido consciente hasta hace unas semanas. Fue cuando pensé que mi padre sólo tenía dolores leves, de fácil arreglo en la espalda. En ese momento, no estaba aún totalmente segura de lo que era el páncreas, y definitivamente no sabía que el cáncer pancreático era casi siempre mortal, o que "etapa cuatro" eran las peores palabras que algún día escucharía.

Los médicos de mi padre en Connecticut le habían dado permiso para pasar el verano en Lake Phoenix bajo la condición de que fuera con un oncólogo dos veces al mes para verificar su progreso, y cuando llegara el momento, que trajera a una enfermera para que se encargara si no quería que lo internaran en un hospital. El cáncer había sido encontrado muy tarde y aparentemente no había nada que pudiera hacerse. No lo había tomado en serio al principio. En todos los dramas médicos que había visto, siempre había alguna solución, alguna cosa de último momento, un remedio milagrosamente descubierto. Nadie nunca se daba por vencido con un paciente. Pero parecía que en la vida real, lo hacían.

Me encontré con los ojos de Gelsey por un momento antes de bajar la mirada al piso y a la pila de peluches que había arrojado allí. Ninguno de nosotros dijo nada sobre el hospital y lo que significaba, pero no esperaba que lo hiciéramos. No habíamos hablado de lo que sucedía con papá. Tendíamos a evitar discutir lo emocional en nuestra familia y a veces al salir con mis amigos y ver la manera en que interactuaban con sus familias abrazándose, hablando de sus sentimientosno sentía tanta envidia como incomodidad.

Y ninguno de los tres habíamos sido cercanos. Probablemente no ayudó que fuéramos tan diferentes. Warren había sido inteligente desde preescolar, y no fue ninguna sorpresa para nadie que hubiera sido el alumno con el mejor promedio de la clase y el encargado de dar el discurso de graduación. Mi espacio de cinco años de edad con Gelsey sin mencionar el hecho de que era capaz de ser la niña más mimada del mundosignificaba que no teníamos una de esas súper cercanas relaciones de hermanas. Gelsey también pasaba tanto tiempo como fuera posible bailando, en el cual yo no tenía ningún interés. Y tampoco era como si Warren y Gelsey fueran cercanos entre sí. Nunca habíamos sido una unidad. Puede que alguna vez deseara que las cosas fueran diferentes, especialmente cuando era más chica y acababa de leer la serie de Narnia o The Boxcar Children, donde los hermanos y hermanas son los mejores amigos y se cuidan mutuamente. Pero yo había aceptado

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desde hace mucho tiempo que eso no iba a suceder. No es necesariamente malo, así es como eran las cosas y era algo que no iba a cambiar.

Al igual que no iba a cambiar que yo era la única que no era excepcional en la familia. Había sido así desde que podía recordar, Warren era inteligente y Gelsey era talentosa, y yo era sólo Taylor, no particularmente hábil en nada.

Gelsey volvió a arrojar los animales de peluche en el pasillo, y estaba a punto de entrar en mi habitación, sentía que había pasado demasiado tiempo con mis hermanos ese día, cuando un destello naranja llamó mi atención.

Oye dije, agachándome para recoger un animal de peluche que creí reconocer, creo que es mío. De hecho, era un animal de peluche que conocía muy bien, un pequeño pingüino de peluche, llevando una bufanda naranja con rayas blancas. No era el mejor animal de peluche alguna vez hecho, podría decir ahora que el fieltro era bastante barato, y el relleno amenazaba con salirse en varios lugares. Pero la noche de Carnaval cuando tenía doce, la noche que me habían dado mi primer beso, la noche que Henry Crosby lo había ganado para mí, había pensado que era la cosa más maravillosa del mundo.

Lo recuerdo dijo Warren, con una mirada en sus ojos que no me gustó ni un poco. ¿No fue el que conseguiste en el Carnaval? Mi hermano tenía una memoria fotográfica, pero suele memorizar hechos oscuros y no para atormentarme.

murmuré, comenzando a alejarme.

¿No es el que ganó Henry para ti? Warren puso un énfasis especial en su nombre. Tenía la sensación de que estaba siendo castigada por reírme del miedo de Warren hacia los pequeños e inofensivos perros. Le lancé una mirada asesina a mi hermano. Gelsey sólo nos observaba, interesada.

¿Cuál Henry? preguntó.

Ya sabes dijo Warren, una pequeña sonrisa comenzó a formarse en su rostro. Henry Crosby. Tenía un hermano menor, Derek o algo. Henry era el novio de Taylor.

Davy, corregí silenciosamente. Pude sentir como mis mejillas se ponían calientes, lo cual era ridículo, y me encontré buscando un escape. Si hubiera una manera en la que pudiera irme de la conversación sin que fuera totalmente obvio que estaba incómoda, lo habría hecho.

Oh, sí dijo Gelsey lentamente. Creo que lo recuerdo. Era agradable conmigo. Y conocía los nombres de todos los árboles.

—Y…

comenzó

Warren,

pero

lo

interrumpí

antes

de

que

continuara,

completamente segura de que no podía aguantar más.

Como sea, debes limpiar todo esto antes de que mamá llegue dije en voz alta, incluso sabiendo mientras lo decía que era altamente improbable que mi madre le gritara a Gelsey. Pero traté de fingir que era cierto a la vez que me retiraba con toda la dignidad que pude reunir sujetando un pingüino de peluche y me dirigí a la cocina sin ningún motivo.

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Henry Crosby. El nombre resonó en mi cabeza mientras puse el pingüino en la mesa de la cocina y abría y cerraba una de las puertas del armario. Era alguien en el que conscientemente había intentado no pensar en muchos años. Había quedado reducido, acortado a una anécdota en alguna pijamada cuando la inevitable pregunta:

¿Quien fue tu primer novio? Se planteaba. Tenía la historia de Henry controlada a la perfección ahora, por lo que apenas tenía que pensar en ello:

Oh, fue Henry. Éramos amigos, en mi casa de verano. Y el verano que teníamos doce,

empezamos a salir. Me dio mi primer beso en el Carnaval de verano

mundo suspiraba, y si alguien me pregunta qué sucedió, simplemente sonreía, me encogía de hombros y decía algo parecido a: “Bueno, teníamos doce años, así que quedó bastante claro que no había perspectivas a largo plazo exactamente.” Y todos se reían y yo asentía y sonreía, pero realmente no recordaba lo que acaba de decir. No era como si alguno de esos hechos hubiera sido técnicamente incorrecto. Pero ninguno de ellos especialmente el por qué no funcionóhabía sido verdad. Y empujaría los pensamientos de ese verano fuera de mi cabeza para unirme a la conversación, arrepintiéndome de lo que había sucedido con Henry y Lucy, y lo que había hechoposterior a la anécdota que fingía era toda la historia.

Aquí era cuando todo el

Warren entró en la cocina un momento después y colocó una caja de cartón grande sobre la mesa.

Perdón dijo después de un momento, abriéndola por la parte superior. Sólo bromeaba.

Me encogí de hombros, como si no pudiera haberme importado menos.

No pasa nada dije, es historia antigua. Lo cual era cierto. Pero tan pronto habíamos cruzado la línea que separaba a Lake Phoenix del resto del mundo, Henry había estado circulando en mis pensamientos, incluso cuando había intentado subir el volumen del iPod para ahogarlos. Inclusive me había sorprendido a mí misma mirando hacia su casa. Y había visto, para mi sorpresa, que la casa que había sido de un blanco suave ahora estaba pintada de un color azul brillante, y al frente el letrero que siempre había dicho CAMPAMENTO CROSBY, ahora decía LAS HORAS FELICES DE MARYANNE, decorado con la silueta de un vaso de Martini. Todas esas eran pruebas de que tenía nuevos propietarios. Henry ya no existía. Seguí observando la casa, dándome cuenta de que realmente podría ser que nunca lo volviera a ver, que la presencia de Maryanne, quien quiera que fuera, parecía enterrarlo. Esta revelación causó una extraña mezcla de sentimientos, nostalgia junto con decepción. Pero sobre todo había tenido la sensación fría, corazón-palpitante de alivio que viene cuando sabes que te has salido con la tuya.

Warren comenzó a desempacar su caja, alineando fila tras fila de botellas apachurrables de ketchup en el mostrador, en hileras perfectamente alineadas, como si pudiera haber algún tipo de guerra épica de condimentos avecinándose.

Las miré.

¿Pennsylvania está a punto de tener algún tipo de escasez de ketchup de la cual no estaba informada?

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Warren sacudió la cabeza sin dejar de ver su desempacado.

Sólo estoy tomando precauciones dijo. Recuerda lo que sucedió la última vez.

De hecho, lo hacía. Mi hermano no era en absoluto exigente con los alimentos, (a diferencia de Gelsey, quien parecía vivir de pasta y pizza y se negaba a comer cualquier cosa moderadamente picante) pero su única excepción era el ketchup. Warren se lo ponía a casi todo, comía sólo Heinz y preferiblemente fría que a temperatura ambiente. Él afirmaba que podría decir la diferencia entre las marcas, algo que había demostrado una vez en una muestra de comidas en el centro comercial cuando estábamos pequeños y muy aburridos. Así que se había traumatizado hace cinco años, cuando al principio llegamos a Lake Phoenix y a la tienda se le habían agotado el ketchup Heinz y sólo tenía una marca genérica. Warren se había negado incluso a probarla y había utilizado la tarjeta corporativa de mi padre para que le enviaran una caja de Heinz durante la noche, algo que mi padre sin mencionar el contador de la empresano había estado muy feliz de averiguar.

Ahora, fortificado contra tal tragedia, Warren colocó dos botellas en la nevera casi vacía y comenzó a transferir el resto en el gabinete.

¿Quieres que te diga cómo se inventó el ketchup? preguntó, con una expresión de que, lamentablemente, sabía todo. Warren estaba muy metido en hechos

y así había sido desde que era pequeño y un probablemente bien intencionado, pero

ahora despreciado por muchosfamiliar le dio ¡Descubierto Por Accidente! un libro sobre famosos inventos que habían sido descubiertos por accidente. Después de eso, no se podía tener una conversación con Warren sin que no dejara caer algún hecho u otro en esta. Esta búsqueda de conocimiento inútil (gracias a su igualmente divertido aplastante vocabulario, sabía que a esto también se le llama "arcana") sólo había crecido con el tiempo. Finalmente, nos habíamos quejado tanto que Warren ya no nos contaba más los hechos, ahora sólo nos decía que podría decirnos algún hecho relevante, lo cual no era, en mi opinión, mucho mejor.

Tal vez más tarde dije, aunque tenía que reconocer que estaba un poco curiosa sobre el origen accidental del ketchup, y esperaba que no fuera algo terriblemente asqueroso o inquietante, como la Coca-Cola, que resultó, haber sido el

resultado de un intento fallido de tomar aspirina. Miré alrededor en busca de un escape

y vi el lago a través de la ventana de la cocina. Y, de repente, supe que era el único lugar en el que quería estar.

Atravesé el porche, luego salí por la puerta lateral, rumbo al muelle. Cuando salí, giré la cara al sol. Cinco escalones de madera llevaban hasta una pequeña colina cubierta de hierba. A pesar de que estaba directamente detrás de nuestra casa, lo habíamos compartido siempre con las casas de al lado. El muelle no era particularmente largo o impresionante, pero siempre me había parecido de la longitud perfecta para tirarte de bala de cañón en el lago, y el agua era lo suficientemente profunda para que no tuvieras que preocuparte por tocar el fondo.

Había algunos kayaks y una canoa apilados sobre el césped al lado muelle, pero casi no los noté cuando me acercaba. No se permitía ninguna embarcación

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motorizada, por lo tanto no había ningún rugido de motores que perturbara la tranquila tarde, sólo un kayakista solitario remando en la distancia. Lake Phoenix era grande, con tres pequeñas islas esparcidas a través de él y rodeado de pinos por todos lados. A pesar del tamaño del lago, nuestro muelle ocupaba uno de los lados en un estrecho pasaje, al otro lado podías ver que los muelles estaban muy cerca del agua y había personas sobre ellos.

Miré a través del lago, hacia el dique frente a nosotros, que siempre había sido de la familia Marino. Lucy Marino había sido mi mejor amiga en Lake Phoenix por doce veranos, y hubo un tiempo en el que conocía su casa tan bien como la mía. Habíamos dormido en la casa de la otra casi cada noche, alternando, nuestras familias estaban tan acostumbradas que mi madre comenzó a tener el cereal favorito de Lucy. Generalmente intentaba no pensar en Lucy, pero no había pasado por alto, en especial recientemente, que había sido mi última mejor amiga a la que le podía contar todo. Nadie en la escuela parecía saber cómo reaccionar ante la noticia sobre mi padre, y durante la noche, era como si no supiera cómo hablar con alguien. Y ya que había sido echada de mi antiguo grupo de amigos por un bien mayor, me encontré, terminando el año escolar y preparándome para nuestro verano aquí, bastante sola, sin nadie con quien hablar. Pero hubo un tiempo en que le decía todo a Lucy, hasta que, como todo lo demás, se había venido abajo en el último verano.

Por costumbre, me encontré mirando las largas bases de su muelle. Con los años, Lucy y yo habíamos desarrollado un sistema muy intrincado de comunicación con nuestros respectivos muelles en el que participan linternas, nuestra propia versión de código Morse si estaba oscuro y un sistema de banderas de semáforo muy impreciso si había luz. Y si una de nosotras necesitaba hablar con la otra desesperadamente, atábamos un par de de pañuelos rosas a la base de nuestros muelles. Es cierto que no había sido el método más eficaz de comunicación, y generalmente acabaríamos hablando por teléfono antes de pudiéramos ver las luces, o banderas o pañuelos. Pero, por supuesto, las bases de su muelle ahora estaban libres de paliacates.

Me quité las sandalias y caminé descalza por los tablones calentados por el sol. El muelle había sido pisado tanto durante los años que nunca tenías que preocuparte por astillas, como a veces lo hacíamos en el porche. Empecé a caminar más rápido, casi trotando, queriendo llegar al final, respirar el olor del agua y árboles de pino, y encoger mis dedos al borde.

Pero cuando estaba casi al final, me detuve. Hubo un movimiento en la base del muelle. El kayak que había visto antes ahora estaba atado arriba y flotando en el agua, y pude ver a la persona que se encontraba en él un chicosubiendo la escalera con una sola mano, sosteniendo el kayak con la otra. El resplandor del sol que se reflejaba en el agua me impedía ver su rostro cuando subió al muelle, pero pensé que era probablemente sólo un vecino. Siguió avanzando, saliendo del resplandor, luego se detuvo, mirándome fijamente. Parpadeé varias veces por la sorpresa y de pronto me encontraba sosteniéndole la mirada.

De pie frente a mí, cinco años mayor y mucho más guapo de lo que recordaba, estaba Henry Crosby.

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Página 22 Capítulo 3 Traducido por Monikgv Corregido por Marie.Ang Christensen S entí mi mandíbula caer,

Capítulo 3

Traducido por Monikgv

Corregido por Marie.Ang Christensen

S entí mi mandíbula caer, no me había dado cuenta hasta ese momento que lo que ocurría realmente pasaba en la vida real. La cerré rápidamente, luego parpadeé de nuevo, tratando de reagrupar mientras mi cerebro

luchaba por comprender lo que Henry todo-un-adulto, hacía de pie frente a mí.

Dejó caer la pala en el muelle, luego dio un pequeño paso hacia mí y cruzó sus brazos sobre el pecho. Taylor Edwards dijo. No lo dijo como una pregunta.

¿Henry? pregunté, un poco débil, aunque por supuesto que era él. Por un lado, me reconoció, lo cual cualquier kayakista al azar probablemente no habría hecho. Y por otro lado, lucía igualexcepto que mucho, mucho mejor.

Él era alto, de espalda ancha, con el mismo pelo castaño, tan oscuro que casi parecía negro, y corto. No podía ver más las pecas que tenía cuando éramos niños, pero sus ojos eran del mismo color avellana, aunque ahora se ven más verdes que marrones. Su mandíbula también parecía de alguna manera más definida y sus brazos eran musculosos. No pude relacionar esto con la última vez que lo vi, cuando era más bajo que yo, y flaco, con sus codos y rodillas raspados. Con todo, Henry se veía muy lindo. Y no muy feliz de verme.

Hola dije, sólo por decir algo y tratar de ocultar el hecho de que había estado mirándolo fijamente.

Hola dijo, su voz fría. Su voz también era más profunda, y ya no se quebraba cada dos palabras, como lo había hecho la última vez que lo había oído. Sus ojos se encontraron con los míos, y de pronto me pregunté qué cambios él podía ver en mí, y qué pensaba de la forma en la que me veía ahora. Desafortunadamente, lucía muy parecida a cuando era niña, con ojos azules y cabello lacio y fino que estaba entre rubio y castaño. Era de estatura mediana, con estructura delgada pero fuerte, y desde luego no había ganado muchas de las curvas que había estado esperando desesperadamente cuando tenía doce años. Ahora deseaba haber tenido el tiempo de haber hecho algo con mi apariencia esa mañana, lo opuesto a sólo rodar fuera de la cama. Los ojos de Henry viajaron hacia mi ropa, y cuando me di cuenta de lo que estaba usando, me maldije interiormente. No sólo estaba frente a alguien que me odiaba, si no que usaba una camiseta que le había robado.

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Entonces dijo, y luego volvió el silencio. Mi corazón latía fuerte, y de pronto no quería nada más que darme la vuelta e irme, tomar el auto y no parar de manejar hasta estar de nuevo en Connecticut. ¿Qué estás haciendo aquí? preguntó finalmente, un rudo filo en su voz.

Podría hacerte la misma pregunta dije, pensando en unos pocos minutos antes, cuando le dije a Warren con tanta confianza que Henry era una historia antigua, segura de que nunca lo volvería a ver. Pensé que te habías ido.

¿Creías que me había ido? preguntó, con una risa breve y sin sentido del humor. De verdad.

dije, un poco irritada. Pasamos por tu casa hoy, y estaba diferente. Y aparentemente propiedad de alguna rica llamada Maryanne.

Bueno, mucho ha cambiado en cinco años, Taylor dijo, y noté que era la segunda vez que usaba mi nombre completo. Antes, Henry sólo me llamaba Edwards o Tay. Nos mudamos señaló hacia la casa que estaba junto a la mía, la única tan cercana que podía ver una línea de macetas en el umbral de la ventana. Justo ahí.

Sólo miré hacia donde señalaba por un momento. Esa era la casa de los Morrison, y sólo había asumido que aún vivían ahí, la Sra. y el Sr. Morrison y su malvado poddle. ¿Vives junto a mi casa?

Vivimos desde hace unos pocos años dijo. Pero desde siempre ha habido inquilinos en tu casa, no creí que vendrías de nuevo.

Yo tampoco admití, si quieres saber la verdad.

¿Entonces qué pasó? preguntó, mirándome fijamente y asombrándome con el verde de sus ojos. ¿Por qué volvieron, de repente?

Sentí mi respiración detenerse mientras la razón nunca lejos de mis pensamientosse estrellaba con la parte frontal de mi mente, pareciendo atenuar un poco la luz de la tarde.

Bueno dije lentamente, apartando mi mirada de él y hacia el agua, tratando de pensar en cómo explicarlo. Ni siquiera era como si fuera tan complicado. Todo lo que tenía que decir era algo como que Mi papá está enfermo. Así que estamos pasando el verano juntos aquí. Esa no era la parte difícil. La parte difícil eran las preguntas que venían después. ¿Qué tan enfermo? ¿De qué? ¿Es serio? Y la reacción inevitable cuando la gente se daba cuenta de lo serio que en realidad era. Y lo que yo quería decir, pero no lo decía, era que estábamos pasando nuestro último verano juntos.

No tenía una explicación practicada porque había evitado diligentemente tener esta conversación. Se había corrido la voz por toda la escuela muy rápido, evitándome tener que explicar la situación. Y si estaba con mi madre, y nos encontrábamos con un conocido en la tienda que preguntaba por mi padre, le dejaba la tarea de dar las noticias a ella. Yo miraría intencionalmente hacia otra dirección, o recorrería unos pocos pasos lejos, yendo hacia el inexorable pasillo de los cereales, pretendiendo que la difícil conversación que ella estaba teniendo no tenía nada que ver conmigo. No estaba del todo segura de que podría decir las palabras en voz alta o manejar las preguntas

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que vendríansin caer. No había llorado realmente aún, y no quería arriesgarme a que esto ocurriera delante de Henry Crosby.

Es una larga historia dije finalmente, manteniendo mis ojos en la tranquila superficie del lago.

dijo Henry sarcásticamente, estoy seguro.

Parpadeé ante su tono. Henry nunca me había hablado así antes. Cuando habíamos peleado, había sido una pelea en versión infantil golpes en los brazos, insultos, bromascualquier cosa para terminar de pelear y poder seguir siendo amigos. Escuchándolo ahora y la manera en la que nos atacábamos el uno al otrose sentía como hablar en un idioma extranjero con alguien que solamente había hablado inglés.

Entonces, ¿por qué se mudaron? pregunté, un poco más agresiva de lo que quería, mientras me volvía hacia él, cruzando los brazos sobre mi pecho. Mudanzas dentro del Phoenix Lake eran muy raras, en el camino había visto señales que reconocía en fachadas de casa tras casa, los mismos dueños seguían allí.

Esperando una respuesta inmediata, me sorprendí de ver a Henry ruborizarse ligeramente y meter las manos en los bolsillos de sus pantalones cortos, lo que había sido siempre la señal de que él no sabía que decir. Es una larga historia repitió, mirando hacia abajo. Por un momento, el único sonido era el débil thunk thunk del kayak de plástico chocando contra el pie del muelle. De todos modos dijo después de una pausa, vivimos ahí ahora.

Claro dije, sintiendo que ya habíamos establecido eso. Ya lo entendí.

Quiero decir, vivimos ahí cerca de un año aclaró. Me miró de nuevo y yo traté de cubrir mi expresión de sorpresa. A pesar de que podías vivir en el Phoenix Lake a tiempo completo, muy poca gente lo hacía, era principalmente una comunidad de verano. Y hace cinco años, Henry había vivido en Maryland. Su padre había hecho algo de finanzas en Washington DC, viniendo al Phoenix Lake con el resto de los padres en los fines de semana, y quedándose en la ciudad para trabajar el resto del tiempo.

Oh dije, asintiendo como si entendiera. No tenía idea de lo que eso significaba en términos del resto de su vida, pero él no parecía que estaba a punto de darme una explicación detallada, y yo no me sentía como que tenía el derecho de pedir más información. De pronto, me di cuenta de que había una distancia mucho mayor entre Henry y yo que sólo los pocos metros que nos separaban.

dijo Henry, y me pregunté si sentía lo mismo que yo, como si estuviera de pie en el muelle con un extraño, debería irme dijo breve, mientras se daba la vuelta para irse.

Se sentía mal terminar esto en tipo de nota sin resolver, así que, principalmente por querer ser educada, cuando pasó le dije: Me alegró verte de nuevo.

Se detuvo, a unos pocos pasos de mí, más cerca que nunca, tan cerca que podía ver que aún había algunas pecas dispersas en sus mejillas, pero tan tenues que casi podía ver cada una, y conectarlas, como constelaciones. Podía sentir mi pulso latir con

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más fuerza en la base de mi garganta, y de repente tuve un flashback a una de nuestras primeras, tentativas sesiones de besos cinco años antesuna que, de hecho, había tenido lugar en este muelle. El beso pasó por mi mente antes de que pudiera detenerlo.

Miré a Henry, aún tan cerca, preguntándome si tal vez recordaba lo mismo. Pero me miraba con una expresión plana, escéptico, y cuando comenzó a caminar de nuevo, me di cuenta de que, deliberadamente no me había devuelto mi “me alegro de verte”.

Tal vez, en un día distinto, lo habría dejado así. Pero estaba de mal humor y cansada y había pasado cuatro horas escuchando bandas de chicos y hechos sobre la energía de la luz, y podía sentir mi temperamento comenzar a estallar. Mira, no es como que yo quería volver dije, escuchando mi voz hacerse más fuerte y un poco más estridente.

Entonces, ¿por qué estás aquí? preguntó Henry, alzando también la voz.

No tuve otra opción en el asunto espeté, sabiendo que estaba a punto de ir más lejos, pero también sabiendo que no iba a ser capaz de detenerme. Nunca quise volver aquí nunca más.

Por un segundo, me pareció ver un destello de dolor pasar por su rostro, pero luego ya se había ido, y la misma expresión dura había regresado Bueno dijo. Tal vez no eres la única que quería eso.

Traté de no flaquear, aunque sabía que me lo merecía. Nos miramos el uno al otro, en un momentáneo callejón sin salida, y me di cuenta de que uno de los principales problemas de tener una discusión en un muelle es que no hay realmente ningún sitio al que ir si la otra persona está de pie entre tú y la tierra seca.

Entonces dije finalmente, rompiendo nuestro contacto visual y cruzando los brazos sobre mi pecho, tratando de indicar con mi tono de voz cuan poco me importaba. Nos vemos.

Henry se echó la pala del kayak sobre un hombro como una hacha. Creo que eso es inevitable Taylor dijo con tristeza. Me miró por un momento más antes de girar y alejarse y, no queriendo verlo irse, me acerqué al final del muelle.

Miré hacia el agua, y al sol que empezaba a ponerse, y dejé salir un largo suspiro. Así que, Henry vivía en la casa de al lado. Estaría bien. Podía lidiar con esto. Pasaría el verano entero dentro de la casa. De pronto, cansada por la idea de todo esto, me senté y dejé que mis pies rozaran la superficie del agua. En ese momento, vi algo en la esquina del muelle.

HENRY

+

TAYLOR PARA SIEMPRE

Lo habíamos grabado juntos, en el centro de un corazón torcido, hace cinco años. No podía creer que todavía estaba ahí después de todo este tiempo. Pasé mis dedos sobre el signo de más, preguntándome por qué, a los doce años, creía que tenía alguna idea del concepto de para siempre.

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Desde algún lugar detrás de mí, podía escuchar el sonido de los neumáticos crujiendo sobre la grava, luego las puertas del auto golpeando, y supe que mis padres finalmente habían llegado. Me empujé a mí misma y caminé a través del muelle, preguntándome cómo había llegado aquí.

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Página 27 Capítulo 4 Tres semanas atrás Traducido por Monikgv Corregido por LadyPandora O ficialmente, era

Capítulo 4

Tres semanas atrás

Traducido por Monikgv Corregido por LadyPandora

O ficialmente, era el peor cumpleaños de todos.

Estaba sentada en el sofá junto a Warren, mientras que Gelsey yacía recostada sobre su estómago en el suelo delante de a nosotros, con

las piernas levantadas como una rana y descansando sobre un rombo de la alfombra de detrás de ella, algo que nunca evitaba que me diera un respingo. Estábamos todos viendo una comedia que no nos había hecho reír ni una sola vez y tuve la sensación de que mis hermanos sólo estaban ahí porque creían que debían hacerlo. Podía ver a Warren lanzando miraditas a su portátil y podía adivinar que a Gelsey le gustaría estar arriba, en su habitación, la que se había convertido, para el caso, en un estudio de danza, trabajando en sus fouettes, o lo que fuera.

Mis hermanos habían tratado que pareciera una celebración tanto como pudieron, dadas las circunstancias, habían pedido una pizza de piña con pepperoni, mi favorita, le pusieron una vela en el centro y aplaudieron cuando la soplé. Había cerrado mis ojos con fuerza atenta a las expectativas, incluso aunque no podía recordar la última vez que había pedido un deseo de cumpleaños y realmente pensaba que nada saldría de esto. Pero este era un ferviente deseo, con los ojos más que cerrados, apretados, para que le fuera bien a papá, para que todo lo que pasaba fuera sólo un error, una falsa alarma, y yo estaba empapando este deseo de tantas esperanzas en los resultados que los deseos que había pedido cuando era pequeña, cuando todo lo que deseaba en el universo era un pony.

Las risas enlatadas de la serie explotaron a través de la habitación y miré hacia el reloj del reproductor de DVD.

¿A qué hora se supone que estarían en casa? pregunté.

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Mamá no estaba segura de si llegarían esta noche dijo Warren. Nos cruzamos las miradas durante un momento y luego miró de nuevo a la televisión. Dijo que llamaría.

Asentí y me centré en las payasadas que aparecían en la pantalla, aunque apenas podía seguirlas. Mis padres estaban en Sloan-Kettering, un hospital oncológico de Manhattan, donde le hacían las pruebas a mi padre. Han estado ahí durante los últimos tres días porque resultó que el dolor de espalda que le había estado molestando en los últimos meses, en realidad, no era un dolor de espalda. Nosotros tres habíamos sido abandonados a nuestra suerte y habíamos estado haciendo nuestras tareas sin quejarnos y llevándonos mucho mejor de lo normal, sin que ninguno de nosotros hablara sobre lo asustados que estábamos, como si el mencionarlo lo hiciera real.

Mamá había llamado esta mañana, disculpándose por perderse mi cumpleaños y mientras yo le aseguraba que no pasaba nada, sentí un fuerte nudo que comenzaba a formarse en mi estómago. Porque parecía como si, en cierto nivel, eso fuera lo que me merecía. Siempre he estado muy unida a papá, yo era la única que lo acompañaba a hacer recados, la que lo ayudaba a escoger los regalos de cumpleaños y de Navidad para mamá, la única que compartía su buen humor. Así que debía de haber sido yo quien se diera cuenta de que algo realmente iba mal. Pude ver las señales, después de todo, papá haciendo muecas de dolor cuando se acomodaba en el bajo asiento del conductor de su auto deportivo, esforzándose más de lo habitual para levantar cosas, moviéndose más cuidadosamente. Pero no quería que fuera real, había querido que fuera algo que se marchara en silencio, así que no dije nada. Mi padre odiaba a los médicos e incluso mamá, que presuntamente pudo haber visto lo mismo que yo, no insistió en que fuera a uno. Y había estado concentrada en mi propio drama escolar, convencida de que mi ruptura y sus consecuencias eran lo peor que me había pasado.

Estaba pensando en lo estúpida que había sido cuando las luces recortaron la oscuridad de fuera de la ventana, coronando la colina de nuestra entrada y un segundo después, oí el ruido de la puerta del garaje. Gelsey se sentó y Warren bajó el volumen. Durante un momento, nos miramos unos a otros en el repentino silencio.

Han vuelto, así que es buena señal, ¿no? preguntó Gelsey. Por alguna razón me miró esperando una respuesta, y sólo miré a la televisión, donde las payasadas terminaban y todo era felizmente resuelto.

Escuché la puerta abrirse y cerrarse y entonces mi madre apareció en la puerta del salón de televisión, luciendo agotada.

¿Podemos hablar con ustedes en el comedor? preguntó. No esperó nuestra respuesta y abandonó de nuevo la sala.

Mientras me levantaba del sofá, pude sentir cómo crecía el nudo de mi estómago. Esto no parecía ser la buena señal de la que Gelsey hablaba, ni la que yo había deseado. Porque si fueran buenas noticias, imaginaba que mi madre tan sólo nos lo diría. No habría tenido que decírnoslo en el comedor, que de por sí ya parecía siniestro. Además de las pocas veces que lo usábamos cada año para tener elegantes cenas en platos más finos de lo normal, el comedor era el lugar donde las cosas se discutían.

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Seguí a Warren y a Gelsey por la cocina hacia el comedor, donde vi que papá se encontraba sentado en su lugar habitual, en la cabecera de la mesa, pareciendo de alguna manera más pequeño de lo que lo recordaba hace sólo unos días. Mamá estaba de pie, en la isleta de la cocina, con una caja blanca y me atrapó en un rápido e incómodo abrazo con solo un brazo. En realidad, en mi familia no solemos mostrar físicamente lo que sentimos, lo que convirtió eso en una señal tan preocupante como la necesidad de escuchar las noticias en el comedor.

Siento mucho lo de tu cumpleaños, Taylor dijo. Hizo un gesto hacia la caja blanca y vi que la etiqueta que mantenía la caja cerrada decía BILLY‟S, mi panadería favorita—. Te traje esto, pero tal vez… —Echó un vistazo hacia el comedor y se mordió el labio. Tal vez podamos guardarlo para después.

Quise preguntarle, ¿para después de qué? Pero también sentí, con cada minuto que pasaba, que ya sabía cuál era la respuesta. Mientras mi madre respiraba profundamente antes de ir y unirse a todos, miré hacia la puerta principal. Pude sentir ese impulso familiar golpeándome, ese que me decía que las cosas serían más fáciles si tan sólo me iba, sin tener que lidiar con todo esto, tan sólo agarrar los pastelitos y marcharme.

Pero por supuesto, no lo hice. Caminé detrás de mamá hacia el comedor, donde estrechaba la mano de mi padre, nos miraba a todos nosotros, tomaba aire y a continuación confirmaba lo que todos habíamos temido.

Mientras hablaba, era como si la estuviera escuchando bajo lo más profundo del agua. Había un zumbido en mis oídos y miré alrededor de la mesa, a Gelsey que ya lloraba, a papá, que lucía más pálido de lo que jamás lo había visto, a Warren frunciendo el ceño, de la manera que siempre lo hacía cuando no quería expresar ninguna emoción. Pellizqué el interior de mi brazo, fuerte, sólo por si acaso pudiera despertarme de esta pesadilla en la que había aterrizado y de la que parecía que no podía escapar. Pero el pellizco no ayudó, yo seguía en la mesa mientras mi madre decía más palabras terribles. Cáncer. Pancreático. Etapa cuatro. Cuatro meses, tal vez más. Tal vez menos.

Cuando hubo terminado y Gelsey estaba con hipo y Warren miraba fijamente hacia el techo, parpadeando más de lo habitual, papá habló por primera vez.

Creo que deberíamos hablar del verano dijo con la voz ronca. Lo miré y encontró mi mirada. De repente, me sentí avergonzada por no haber estallado en lágrimas como mi hermana menor, de que todo lo que sintiese fuera un terrible hueco entumecido. Como si con eso le estuviera fallando de alguna manera. Me gustaría pasar el verano con ustedes en la casa del lago dijo. Echó un vistazo a toda de la mesa. ¿Qué les parece?

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Página 30 Capítulo 5 Traducido por Panchys Corregido por LadyPandora T ienes que estar bromeando. —

Capítulo 5

Traducido por Panchys

Corregido por LadyPandora

T ienes que estar bromeando. Mi madre cerró una de las puertas del armario de la cocina un poco más fuerte de lo necesario y se giró hacia mí, moviendo la cabeza. Se llevaron todas mis especias. ¿Puedes

creerlo?

Mmm murmuré. Había sido reclutada para ayudar a mi madre a desempaquetar la cocina, pero sobre todo había estado organizando y reorganizando el cajón de los cubiertos, que parecía preferible que tratar con una de las cajas grandes que aún había que clasificar. Hasta el momento, mi madre no se había dado cuenta, ya que ella había estado haciendo inventario de lo que quedaba en la cocina. Parecía que los inquilinos del verano pasado se habían llevado casi todo lo que no había estado clavado, incluyendo productos de limpieza y todos los condimentos de la nevera. Aunque al contrario, también habían dejado atrás muchas de sus cosas, como la cuna que tenía tan ofendida a Gelsey.

No sé cómo esperan que cocine sin especias murmuró mientras abría uno de los armarios superiores, levantándose de puntillas para comprobar el contenido, con los pies hacia fuera en una primera posición perfecta. Mi madre era una ex bailarina de ballet profesional, y aunque una lesión en el tendón la había dejado a un lado a sus veinte años, todavía parecía que era capaz de volver a entrar en el estudio en cualquier momento. Taylor dijo un poco más bruscamente, haciendo que la mirara.

¿Qué? pregunté, oyendo cuanto a la defensiva sonaba, mientras enderezaba una cucharilla.

Mi madre suspiró.

¿Puedes parar de poner mala cara, por favor?

Si había una frase diseñada para hacer que pusiera aún más mala cara, no sabía cuál era. A pesar de que no quería, podía notar que tenía el ceño fruncido.

No estoy poniendo mala cara.

Mi madre echó un vistazo a través de la tela metálica del portón hacia el agua, y

a continuación me miró.

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Este

verano

va

a

ser

bastante

difícil

para

todos

nosotros

sin

este

comportamiento.

Cerré el cajón de los cubiertos más fuerte de lo que probablemente hacía falta, ahora sintiéndome tan culpable como molesta. Nunca había sido la favorita de mi madre, esa era Gelsey, pero siempre nos habíamos llevado bastante bien.

Sé que no querías venir aquí dijo, con el tono suavizado. Pero tenemos que intentarlo y esforzarnos. ¿De acuerdo?

Abrí el cajón, y luego lo empujé para cerrarlo. Había estado en esta casa durante unas horas, pero ya sentía claustrofobia. Y la presencia en la casa de al lado de un ex novio que me odiaba, con razón, no ayudaba.

Es sólo dije, un poco vacilante, que no sé que se supone que voy a hacer aquí todo el verano. Y…

cuna está todavía en mi

habitación. Y las luces no funcionan.

Probablemente, los Murphy también se llevaron las bombillas murmuró, sacudiendo la cabeza. Iré a mirar. Caminó detrás de Gelsey, con la mano apoyada en el hombro de mi hermana, pero se detuvo en el umbral de la cocina y se giró hacia mí. Taylor, podemos hablar de esto más tarde. Mientras tanto, ¿por qué no vas tú o Warren a recoger una pizza? Parece que esta noche no voy a cocinar nada aquí.

Se fue y me quedé en la cocina durante unos minutos más, mis ojos percibieron las botellas de plástico de color naranja con píldoras recetadas que se alineaban en el mostrador. Las miré durante un momento más largo y luego me dirigí en busca de mi padre, ya que sabía que dónde fuera que estuviera, Warren también estaría ahí.

Los encontré a ambos, no es que tuviera que buscar mucho en una casa así de pequeña; estaban sentados alrededor de la mesa del comedor, mi padre con las gafas puestas, una pila de papeles y su computadora portátil en frente de él, Warren con un enorme libro al que le fruncía el ceño, tomando notas en un cuaderno mientras leía. Warren ya había tomado la primera decisión de Penn, y ya tenía pensadas algunas leyes previas, pero viéndolo, se podría pensar que ya era un socio de capital, y que la escuela de derecho, sin mencionar la universidad, era sólo una formalidad.

Oye le dije, pinchando la espalda de mi hermano con un dedo mientras tomaba asiento al lado de mi papá, mamá dice que traigas una pizza.

¡Mamá! Gelsey

pisoteó a la cocina.

La

Warren frunció el ceño.

¿Yo? Mi padre le lanzó una mirada y él se puso en pie. Es decir, por supuesto. ¿Cómo se llama el sitio ese del centro?

Me giré hacia mi padre y Warren hizo lo mismo. Mi hermano podría haber tenido una memoria fotográfica, pero era mi padre quien siempre recordaba las cosas importantes, eventos, citas, nombres de pizzerías.

The Humble Pie dijo papá. Si todavía está ahí, es ese.

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Lo encontraré dijo Warren, enderezándose su camisa polo y caminando hacia la puerta. Se detuvo a los pocos pasos y se giró hacia nosotros. Saben que la pizza se ha desarrollado como una manera de utilizar las sobras, comenzando en Italia, en el siglo…

Hijo dijo mi padre, interrumpiéndolo, ¿Tal vez durante la cena?

Vale dijo Warren, sonrojándose ligeramente mientras salía. Un momento más tarde, oí cerrarse de golpe la puerta y el sonido del motor de un coche marchándose.

Mi padre me miró por encima de su pantalla de ordenador y levantó una ceja.

Así que, pequeña. ¿De verdad ha pedido tu madre que fuera tu hermano a por la pizza?

Traté de ocultar una sonrisa mientras tiraba de un hilo suelto al final de mi camiseta y me encogí de hombros.

Pudo haber sugerido que fura cualquiera de nosotros. Yo delegué.

Sacudió la cabeza, sonriendo ligeramente mientras miraba hacia sus papeles. No había dejado de trabajar cuando fue diagnosticado, alegando que estaba a punto de terminar algunos cabos sueltos, pero yo sabía que no hubiera sido feliz si no estuviera trabajando. Había sido socio en su bufete de abogados, especializado en apelaciones. Había ido a la oficina todos los sábados, y también la mayoría de los domingos. Era normal que sólo viniera a cenar una o dos noches a la semana, y trabajara el resto del tiempo. Me había acostumbrado al sonido del teléfono a altas horas de la noche o temprano por la mañana. Me había acostumbrado a oír el débil murmullo de la apertura y cierre de la puerta del garaje a las cuatro de la madrugada mientras se iba temprano a la oficina, la última esperanza de alguien en una segunda oportunidad.

¿En qué estás trabajando? pregunté, después de que él había estado escribiendo en silencio durante unos minutos.

Un breve informe dijo, mirándome. He estado trabajando en él desde

Dejó la frase colgando y supe

hace algunas semanas. Lo hubiera hecho antes, pero

lo que quiso decir. Hace unas semanas, tres para ser exactas, nos enteramos de lo que

le pasaba, que todo se había desbaratado durante un tiempo.

Eso no suena muy breve dije, tratando de aligerar el ambiente y fui recompensada cuando papá sonrió.

Bien dijo con aprobación. Mi padre amaba los juegos de palabras, contra

más malos fueran los significados, mejor y yo era la única que los toleraba, y, de

Miró la pantalla, moviendo la

hecho, trataba de responder del mismo modo. Yo

cabeza. Sólo quiero hacer esto bien. Podría ser mi legado.

Asentí con la cabeza, mirando los arañazos de la mesa de madera, totalmente insegura de cómo responder a eso. Todos sabíamos lo que le sucedía a papá, pero no habíamos hablado realmente sobre eso desde mi cumpleaños y no tenía ni idea de qué decir.

Bien dijo papá con la voz más baja, después de una pausa. Sigamos.

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Comenzó a escribir de nuevo y a pesar de que había tenido la intención de dejarlo y empezar a desempaquetar, de repente me sentí mal por dejar que papá trabajara solo en su último caso. Así que me senté junto a él, el silencio sólo interrumpido por el golpeteo del teclado, hasta que oímos el crujido de los neumáticos en la grava y la voz de mi madre pidiendo que fuéramos a cenar.

El baño no era lo bastante grande.

Esto se hizo evidente cuando, masivamente, todos terminamos tratando de ir a la cama, lo que Warren llamó sus “abluciones nocturnas”, al mismo tiempo.

No me dejas ningún espacio dije. Le di un codazo a Gelsey al pasar, estaba lavándose los dientes con una lentitud insoportable, para buscar en el botiquín. Había estado lleno de la parafernalia de las lentillas de Warren, la caja de la ortodoncia de Gelsey, bálsamos labiales y demasiados tubos de pasta de dientes para tener ningún sentido lógico.

Deberías haber llegado aquí antes dijo Warren desde la puerta, haciendo que el espacio ya pequeño, pareciera más pequeño aún. ¿Puedes darte prisa? preguntó a Gelsey, quién sólo le dio una sonrisa llena de pasta de dientes y comenzó a cepillarse aún más lentamente, lo que no hubiera creído que fuera posible sin verlo.

No sabía que tenía que pedir espacio en el armario espeté, mientras empujaba algunas de sus cajas de lentillas a un lado, tratando de hacer espacio para mi limpiador facial y mi desmaquillante.

Gelsey finalmente terminó de cepillarse los dientes y enjuagó el cepillo, colocándolo cuidadosamente en el soporte.

Puedes guardar tus cosas en la ducha si quieres dijo encogiéndose de hombros mientras tiraba de la cortina de la ducha a rayas y de color verde bosque que siempre había estado allí—. Estoy segura de que hay algo de espacio… —Gelsey dejó de hablar bruscamente y empezó a gritar.

Vi por qué un segundo más tarde, había una enorme araña agazapada en un rincón de la bañera. Se parecía a una “papá piernas largas”, las cuales, había aprendido hace mucho tiempo en algún paseo por la naturaleza, que realmente no eran peligrosas. Pero eso no significaba necesariamente que quisiera ver una araña del tamaño de mi cabeza simplemente pasando el rato en la bañera. Di un paso atrás y tropecé con Warren, que también luchaba para salir.

¡Papá! gritó Gelsey, atornillada a la puerta.

Cuando mi padre apareció un momento más tarde, con mi madre detrás de él, los tres nos encontrábamos apiñados alrededor de la puerta y estaba manteniendo mis ojos en la araña en caso de que se lanzara a por ella.

Araña dijo Warren, apuntando hacia la bañera. Pholcidae 1 . Mi padre asintió con la cabeza y dio un paso hacia el baño.

1 Pholcidae: La araña del sótano (Pholcidae) también llamada “papaíto de piernas largas” o “araña de patas largas”, tiene, como indican estos nombres comunes, las patas largas y delgadas. Construye

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¿Vas a

matarla?

preguntó

Gelsey

desde

donde

estaba,

prácticamente

escondida detrás de mi madre, lo cual parecía un poco melodramático para mí.

No dijo mi padre. Sólo necesito un pedazo de papel y un vaso.

Voy a traerlo dijo Warren, apresurándose hacia fuera y regresando con una de mis revistas y un vaso de agua. Se los entregó a papá en el umbral y luego el resto de todos nosotros se quedó atrás. No era sólo aracnofobia, mi padre ocupaba casi la totalidad del pequeño cuarto de baño. Había ido a la universidad con una beca de fútbol, jugador de apoyo, y aún era grande, a pesar de que recientemente había perdido algo de peso, alto, de hombros anchos y una voz atronadora, entrenada durante años para llegar a través de salas de audiencia a los oídos de los miembros del jurado.

Un momento más tarde, mi padre salió de detrás de la cortina de la ducha, con

el vaso pegado a la revista. La araña se revolvió frenéticamente de un extremo del vaso

hasta el otro, sobre las estrellas que adornaban la cubierta. Mi padre hizo una mueca mientras se enderezaba y mi madre de inmediato tomó la revista y la empujó hacia mí.

Taylor, tira esto fuera, ¿podrías? Dio un paso hacia mi padre y le preguntó, con voz más tranquila: ¿Estás bien, Robin?

Mientras que Robin era el nombre completo de mi padre, él respondía por Rob, y las únicas veces que oí que lo llamaran Robin fueron cuando mamá estaba enojada o preocupada, o mi abuelo estaba de visita.

Mi padre aún estaba estremeciéndose y no pensé en quedarme ahí de pie,

viendo algo que casi nunca había visto antes, a mi padre con dolor. Con la revista y la araña atrapada en la mano, me di la vuelta, contenta de tener una excusa para irme.

Me dirigí a la puerta principal y bajé los escalones a la entrada de gravilla, donde levanté el vaso. Esperando que la araña saliera de inmediato, me sorprendió cuando se quedó dónde estaba, congelada sobre Los 10 Mejores Consejos de Belleza para este Verano.

Muévete le dije mientras movía la revista y al final entendió el mensaje y se deslizó lejos. Sacudí la revista y estuve a punto de volver a entrar, pero la idea de la expresión en el rostro de mi padre me llevó a dejar la revista y el vaso en el porche y caminar por el sendero hacia la carretera.

Estaba descalza, y cada paso me hizo estremecer, me recordaba cuánto tiempo había pasado desde que había sido capaz de hacer esto sin zapatos, cuanto tiempo, de hecho, desde que había estado aquí. Cuando estaba a mitad de camino, llegué a nuestro bearbox, un artilugio de madera, diseñado para mantener a los osos lejos de que entren en la basura y tuve que parar y dar a mis pies un poco de descanso, al ver las luces de las luciérnagas, comenzando a parpadear dentro y fuera de la hierba. Entonces prácticamente fui saltando en mi camino hasta el final del camino de entrada, y salí a la carretera pavimentada.

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Aunque no quería, me encontré gravitando la casa de al lado. Las luces seguían encendidas en lo que ahora sabía era la casa de Henry, derramándose fuera de las ventanas en cuadrados sobre el camino de grava. Miré las ventanas iluminadas,

preguntándome si estaba en casa, y si era así, cuál sería su habitación, cuando me vi a

mí misma y me di cuenta de que estaba siendo ridícula. Aparté la vista y noté, por

primera vez, que había una tienda de campaña alzada junto a la casa, un campamento. Mientras miraba, la tienda se iluminó, lanzando la silueta de quien estuviera dentro.

Di media vuelta y rápidamente caminé unos pasos hasta la calle, despreocupadamente,

como si estuviera afuera sólo para mirar las estrellas por la noche.

Lo cual, decidí que en realidad parecía una buena idea, mientras tenía a la luna

por encima de mí, enorme en el cielo, enviando hojas de luz hacia abajo en la carretera. Tiré mi cabeza hacia atrás en busca de estrellas.

Me encantaban desde que era pequeña y mi abuelo, un oficial de la marina, me había enviado un libro sobre constelaciones. Nunca había sido buena identificándolas, pero las historias se me quedaron grabadas. Amantes desterrados a los confines del universo, diosas castigadas por vanidad y colgadas boca abajo. Cada vez que la noche era lo bastante clara, me gustaba mirar hacia arriba, tratando de distinguir patrones en

el cielo, tratando de ver lo que había causado que personas de hace mucho tiempo contaran historias sobre lo que vieron. Las estrellas eran siempre más fáciles de ver en el Phoenix Lake, y esta noche parecían hacerse cargo de todo el cielo. Las miré, hasta que sentí que podía respirar, tal vez por primera vez ese día. Tal vez por primera vez

en las últimas tres semanas.

Realmente no sabía cómo iba a pasar el verano. Sólo habían pasado unas horas, pero ya parecía más de lo que podía manejar. Era como si estuviéramos todos fingiendo que no pasaba nada. Ni siquiera hablábamos de la razón por la que se había esfumado todo. En vez de eso, pasamos la cena escuchando que Warren siguiera contando cómo se inventó la pizza.

Di la vuelta para regresar a casa cuando me detuve en seco. El perro de esa

tarde estaba sentado en el borde de nuestro camino, donde la grava se unía con el pavimento. Miré la calle, para ver si había un propietario viniendo, correa y bolsa de plástico en mano. Las calles del lago de Phoenix eran lo bastante seguras y por lo general bastante abandonadas, por lo que la gente paseaba a sus perros sin correa. La única vez que había oído hablar de esto como un problema fue cuando los Morrison paseaban a su poodle una noche y se encontraron con un oso, sin duda en una bearbox. El señor y la señora Morrison hicieron una rápida retirada, pero su poodle, por otro lado, quien, si añadimos al hecho de ser ruin el que aparentemente no fuera demasiado brillante, parecía pensar que el oso era un perro grande y trotó a decirle hola. En algún momento, el perro averiguó que había sido una terrible idea y salió corriendo, ileso. Después de eso, nunca he visto a los Morrison caminando sin correa, y una muy corta, por cierto.

Pero esa noche la calle se hallaba tranquila, sin caminantes nocturnos en busca

de un perro un poco irregular. Di otro paso, y el perro no se levantó ni movió, ni

siquiera se puso rígido. En cambio, su cola golpeó más duro, como si yo fuera la persona que había estado esperando ver. Vi que el collar era de un azul desteñido, lo

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que significaba que lo más probable es que fuera de un niño y eso estaba escrito en su etiqueta. Así que tenía una casa, sólo elegía evitarla. En ese momento, pude relacionarlo.

Sin embargo, dondequiera que viviera el perro, era obvio que vivía en algún lugar, y ese lugar, a pesar de lo que parecía pensar, no era nuestro patio. Caminé alrededor de él, y me dirigí a casa, pensando que el perro sería capaz de cuidar de sí mismo. Había avanzado unos pasos cuando oí un débil sonido tintineante detrás de mí. Me di la vuelta y vi que el perro me seguía. Se quedó inmóvil en su camino y se sentó a toda prisa, como si no se diera cuenta de que se había movido. Sintiéndome como si estuviera en un juego extraño de luz roja, luz verde, señalé de nuevo a la carretera.

No dije lo más firme posible, tratando de recordar todas las lecciones de Top Dog. Vete.

Bajó una oreja, inclinando la cabeza y mirándome con lo que casi parecía una expresión esperanzada mientras su cola golpeaba en el suelo. Pero no se fue.

Al mirar más de cerca, me di cuenta de que parecía un poco sarnoso, parte de su pelaje estaba enmarañado. Pero pensé que tenía sentido, si sus propietarios realmente hubieran estado en el parque, probablemente no dejarían que su perro paseara por la noche por su cuenta.

Vete dije de nuevo, incluso con más fuerza esta vez. Ahora.

Seguí haciendo contacto visual, tal y como el programa siempre aconsejaba. El perro me miró durante un segundo, entonces bajó la otra oreja y pareció suspirar. Pero

se puso de pie, lo que en realidad no le hacía cambiar mucho en altura, ya que sus

piernas eran un poco cortas para su cuerpo. Me echó una mirada más larga, pero traté

de no mostrar ningún signo de vacilación. Y después de un momento más, dio media

vuelta y comenzó lentamente a bajar por el camino de entrada.

El perro se acercó al final de la grava, hizo una pausa, y luego giró a la izquierda y se dirigió por la calle. Y a pesar de que tenía la intención de entrar de inmediato, vi al perro hacerse cada vez más pequeño, oyendo el tintineo de su collar

cada vez más débil, hasta que finalmente rodeó la curva en el camino y desapareció de

mi vista.

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Página 37 Capítulo 6 Traducido por Amy Corregido por Max Escritora Solitaria L a mañana siguiente,

Capítulo 6

Traducido por Amy

Corregido por Max Escritora Solitaria

L a mañana siguiente, me desperté sobresaltada. Parpadeé cuando miré alrededor de la habitación, por un segundo no recordé donde estaba. Luego mis ojos cayeron en el pingüino en mi tocador, y todo volvió a

mí. Gemí y me di vuelta de nuevo, pero no iba a ser capaz de cerrar mis ojos, podría decir que no iba a ser capaz de volver a dormir.

Me senté y miré la luz del sol que se filtraba a través de mí ventana. Pareciera que iba a ser un día hermoso, por todo lo bueno que iba a hacer. Salí de la cama, y luego miré al pingüino por un momento, lo metí en el estante superior del armario y cerré la puerta, así no sería la primera cosa que vería al despertarme cada mañana.

Me dirigí por el pasillo, tirando mi cabello en una desordenada cola de caballo cuando me fui, notando que la casa estaba increíblemente tranquila. Miré al reloj del microondas cuando llegué a la cocina y me di cuenta por qué: eran las ocho de la mañana. En un pasado no-tan-lejano, mi padre hubiese estado despierto hace horas. Él habría preparado una taza de café y estaría a medio camino de contestar sus e-mails de la mañana, ya sentándose para hacer el trabajo. La vista de la cafetera vacía era suficiente para recordar que las cosas habían cambiado.

La normalidad que de alguna manera había esperado que volviera no iba a volver de nuevo. Podía hacerme una taza por mí misma, pero no tenía idea de cómo hacer café, esa siempre había sido la responsabilidad de mi papá, junto con recordar la información importante.

No esperaba realmente estar sola en una casa vacía, salí. Usualmente habría ido al muelle, pero después de encontrarme ayer con Henry, no estaba segura sobre ir al muelle otra vez. Así que en cambio, entré en mis sandalias y caminé por la entrada de autos, pensando que quizás esta vez en el momento que vuelva de mi paseo, otros miembros de mi familia podrían estar despiertos, y entonces podríamos…

Me detuve al medio del camino, dándome cuenta que no sabía cómo completar esa oración. No tenía idea que iba a hacer este verano, excepto ser testigo del fin del mundo que siempre conocí. El pensamiento era suficiente para impulsarme hacia delante, como si dejara a alguien detrás de mí, junto con la casa y la silenciosa cafetera.

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Deliberadamente me volví y comencé a caminar en la dirección opuesta de la casa de Henry y recordé la primera vez que tuvimos vecinos. De todos modos, había un Prius en la entrada con un letrero que no reconozco que decía: CORTAR A:

VERANO. 2

Dockside Terrace, nuestra calle, estaba vacía temprano en la mañana, excepto por un hombre de aspecto somnoliento caminando con un energético Golden retriever. Cuando caminaba, me encontré notando todos los letreros en el frente de las casas, y me di cuenta de cuántos de ellos recordaba. Casi todas las casas en el Phoenix Lake tenían nombres, no números. Pero nuestra casa nunca tuvo un nombre, ya que nunca llegábamos a un consenso sobre el nombre. Nosotros votábamos cada verano, pero nada parecía ajustar.

Había estado caminando quizás por unos veinte cuando me decidí a volver. Estaba comenzando a hacer calor, y había más corredores y paseadores de perros, todos saludándome alegremente, más consciente de que había literalmente sólo rodado de mi cama y no llevaba sujetador. Me daba la vuelta cuando noté una abertura en el bosque junto a la carretera. Mi memoria estaba un poco nublada en los detalles, pero estaba bastante segura que era un camino que daba casi directamente a mi casa.

Me detuve en el umbral del bosque antes de entrar por la abertura. Tan pronto como lo hice, sentí como que entraba a un mundo diferente. Era más tranquilo y más oscuro, con la luz del sol filtrándose en la tierra en ejes y pintando las hojas de los árboles. No había estado en los bosques por años, y cuando comencé a seguir el rastro, me di cuento de lo familiar que todo era, las gotas de rocío sobre los musgos, el aroma de los pinos, el chasquido de las ramas y las hojas debajo de mis sandalias. Era el mismo sentimiento cuando había vuelto a la casa, la comprensión de que sólo porque tú dejaste algo atrás no significa que te has ido alguna parte. Y cuando caminaba, me encontré, para mi sorpresa, que lo había extrañado.

Media hora más tarde, ya no estaba la sensación cálida y difusa en el bosque. Ya había perdido cualquier rastro que pensé que había estado. Mis piernas estaban raspadas por las ramas, mi cuello estaba infectado de mosquitos, y yo no quería ni pensar como lucía mi cabello. Pero sobre todo, me molesté conmigo misma, y un poco incrédula de haberme perdido tan cerca de casa.

No tenía mi teléfono, que, con su brújula, para no mencionar GPS, me habría venido muy bien en ese momento. No podía ver ninguna casa a mí alrededor, nada para orientarme, pero aún no entraba en pánico. Por ahora, seguía esperando que pudiera encontrar el camino de nuevo, encontrar el rastro de nuevo. No me preocupaba por el atajo, sólo quería ir a casa.

Algún lugar a lo lejos, oí el graznido de unas aves y luego, un segundo después, oí el sonido llamando de vuelta, pero lo oí mal, y no por otro pájaro. Un segundo después, el pájaro volvió a llamar, un poco mejor esta vez, y me dirigí a la dirección donde venía el sonido, caminando rápido. Si había observadores de aves en los bosques, significaba que quizás ellos pudieran decirme el camino de vuelta a la carretera, quizás no estaba perdida completamente.

2 Es un término cinematográfico, que es pasar de una escena a otra.

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Los encontré muy pronto ayudó que las llamadas de imitación de aves siguieran llegandodos chicos, uno alto, uno alrededor de la estatura Gelsey, ambos estaban de espaldas, ambos mirando fijamente a un árbol.

Hola llamé. Estaba más preocupada por avergonzarme a mí misma. Sólo quería ir a casa y conseguir un poco de desayuno y aplicar loción de calamina en mis picaduras—. Lo siento por molestarlos pero…

¡Shh! dijo el más alto, sin dejar de mirar el árbol, en un chillón susurro. Estamos intentando ver… —Se dio vuelta y se detuvo abruptamente. Era Henry, y se veía tan sorprendido de verme al igual que yo.

Sentí mi mandíbula caer otra vez, y rápidamente la cerré. No había ninguna duda en mi mente de que me sonrojé, y no estaba lo suficientemente bronceada aún para ocultarlo. Hola murmuré, cruzando los brazos con fuerza sobre mi pecho, preguntando por qué cada vez que lo veía, de alguna manera me vería peor que la anterior.

¿Qué estás haciendo aquí? preguntó en el mismo susurro chillón.

¿Qué, no se me permite estar en los bosques ahora? pregunté, no tan tranquila, haciendo que el chico al lado de él se diera vuelta.

¡Shh! dijo el chico, tenía un par de binoculares en sus ojos. Los bajó, y noté con sorpresa que era el hermano menor de Henry, Davyidentificable, pero apenas, tenía siete años la última vez que lo vi. Ahora se parecía mucho cuando Henry tenía esa edad, excepto que Davy lucía muy bronceado para estar recién empezando el verano y estaba, por alguna razón, usando un par de mocasines. Estamos tratando de localizar al azulejo.

Davy dijo Henry, empujándolo por la espalda. No seas grosero. Me miró otra vez, y dijo: Recuerdas a Taylor Edwards ¿cierto?

¿Taylor? preguntó Davy, sus ojos muy abiertos, mirando a Henry en alarma. ¿En serio?

Hola dije agitando mi mano, y luego crucé mis brazos otra vez.

¿Por qué ella está aquí? Davy medio susurró a Henry.

Te lo diré después respondió Henry, frunciendo el ceño a Davy.

Pero, ¿por qué estás hablando con ella? continuó Davy, no realmente susurrando.

De todos modos dije en voz alta—. Si sólo pudieras…

Hubo un batir de alas en el árbol donde los Crosbys miraban, y dos pájaros uno marrón, uno azulvolaron por los aires. Davy peleó por sus binoculares, pero hasta yo sabía que era muy tarde, los pájaros ya se habían ido. Sus hombros caídos, y dejó caer los binoculares en el cordón alrededor de su cuello.

Volveremos mañana, ¿está bien? dijo Henry tranquilamente a Davy, descansando su mano en el hombro de su hermano. Davy se encogió de hombros,

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mirando hacia el suelo. Debemos irnos dijo Henry, mirándome. Me dio un pequeño movimiento de cabeza antes de que él y Davy comenzaran a irse.

Um comencé, sabiendo que probablemente sería mejor sólo salir, en lugar de acosarlos a los dos por el bosque con la esperanza de poder llegar a casa, ¿y si ni siquiera iban a su casa, y termino siguiéndolos mientras persiguen otro pájaro aleatorio?—. ¿Vas a casa? Porque estoy un poco perdida, entonces si tú… —Mi voz se fue apagando, más que nada después de ver la expresión de Henry, que era un poco incrédula y otro poco molesta.

Él dejó escapar un suspiro y se inclinó ligeramente hacia abajo para hablar con Davy. Te veré en casa ¿está bien? preguntó. Davy me frunció el ceño, y luego salió del bosque corriendo.

¿Cómo sabe dónde va? pregunté, cuando lo vi desaparecer de vista. Él realmente parecía saber dónde iba, pero eso es lo que yo había pensado cuando entré como corriendo al bosque.

Henry parecía encontrarlo gracioso por alguna razón. Davy conoce el bosque como la palma de su mano dijo, la esquina de su boca levantándose en una media sonrisa. Sólo toma un atajo, que sólo Dios sabe cómo lo encontró. Nunca lo he visto, pero lo lleva a casa en mitad del tiempo. Entonces Henry pareció darse cuenta que hablaba. La sonrisa desapareció, y la expresión molesta volvió. Vamos dijo cortante, y se dirigió en una dirección totalmente diferente de donde estaba caminando.

Pisoteamos a través del bosque en silencio por algunos minutos, Henry no me miraba, con la cabeza recta hacia delante. Contaba los minutos para estar en casa y para que esto terminara.

Gracias dije finalmente después de que no podía soportar un silencio más grande.

No hay problema dijo Henry cortante, sin mirarme aún.

Yo sólo comencé, sin seguridad de dónde iba esto, pero sentía que necesitaba explicar algo, no quise que esto pasara, sólo trataba de encontrar el camino a casa.

Está bien dijo Henry, un poco menos brusco que antes. Vamos al mismo lugar. Después de todo. Y además dijo, mirándome directamente por un momento, el fantasma de una sonrisa volvió, te dije que sería inevitable.

Empecé a responder cuando noté que nuestro camino se encontraba bloqueado, había dos enormes árboles botados, ya con musgos creciendo en todo el tronco. Mezclado en torno a los árboles caídos había maderas cortadas, de diferentes tamaños. ¿Qué es eso? pregunté. Toda la cosa, los árboles caídos y las piezas desordenas de maderas creó un gran obstáculo, donde la pila era más grande, llegaba casi hasta mi cintura.

El mes pasado hubo una tormenta dijo Henry, ya caminando alrededor de ella. Hubo una casa del árbol allí, se vino abajo cuando los árboles se cayeron.

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Entonces eso explica la madera, y los ocasionales clavos que se sobresalen a través de las vigas. Comencé a seguirlo cuando mi memoria volvió, golpeándome con fuerza que dejé de caminar. ¿Todavía tienes la tuya? pregunté. Al segundo después de que dije eso, me acordé que ya no vivía en su antigua casa. Me refiero, ¿sigue aquí? ¿La casa del árbol? Henry y su padre la construyeron juntos, y había declarado una zona libre de hermanos menores, y pasaba horas allí arriba, especialmente cuando el tiempo era malo, y pasar todo el día en el lago no era una opción.

Todavía está aquí dijo. Puedes verla si sigues abajo el camino.

Estoy feliz dije, sin siquiera darme cuenta de que esto era lo que sentía hasta que lo dije.

Si dijo. Yo también.

Me quedé mirando los árboles caídos mientras caminaba alrededor de ellos, seguía un poco sorprendida por verlos en el suelo, lo opuesto de donde deberían estar. Parecían una locura tan grande, tan aparentemente terminante, que podían ser tirados con un poco de viento y de lluvia.

Henry ya empezaba a dar zancadas, y así, me apresuré para estar a su altura, comencé a trepar por los árboles caídos. Para entonces, ya había llegado a la cima del árbol, donde el tronco se había reducido, y parecía que iba a ser lo suficientemente simple. Ow murmuré en voz baja cuando otra ramita raspó mi pierna.

Henry volvió hacia atrás y entrecerró los ojos. ¿Qué estás haciendo? llamó, comenzando a caminar hacia mí.

Nada dije, oyendo la molestia en mi voz, yo sabía que no era exactamente justo ya que él me ayudaba a salir del bosque, pero todo lo que hacía en este momento era tratando de evitar que esperara por mí.

No dijo, y pude oír que sonaba igual de molesto. Esa madera está podrida, lo más probable es que…

Con un chasquido, el tronco que había quedado en pie colapsó, y me lancé hacia delante, preparándome para la inevitable caída, cuando justo, en un instante, Henry estaba allí, atrapándome.

Lo siento jadeé, sintiendo lo fuerte que mi corazón latía, la adrenalina bombeaba por mi cuerpo.

Ten cuidado dijo, cuando comenzaba a salir del tronco. Davy se torció su tobillo haciendo lo que hiciste el mes pasado.

Gracias. Me incliné hacia él por un poco de ayuda cuando levanté el pie hacia fuera, tratando de no pensar en qué tipo de horripilantes bichos vivían en el tronco del árbol podrido. No fue sino hasta que tenía los dos pies en el suelo del bosque, que me di cuenta que sus brazos aún seguían a mí alrededor. Podía sentir el calor de sus manos en mi espalda a través de mi delgada camiseta. Levanté la vista hacia él, todavía era extraño mirar a Henry, y miré cuan cerca estábamos, nuestros

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rostros a poco centímetros de distancia. Debió notar eso porque al mismo tiempo, dejó caer sus brazos de inmediato, y dio algunos pasos atrás.

¿Estás bien? preguntó, el brusco, tono serio de su voz regresó.

Bien dije. Me sacudí algunas de las hojas mojadas que se pegaron a mis tobillos, sobre todo porque no lo vería estando así de nerviosa.

Bien dijo. Comenzó a caminar nuevamente, y lo seguí detrás, con cuidado de ver dónde ponía mis pies, no quería otro accidente. En lo que se vio como sólo unos segundos después, seguí a Henry fuera de los bosques, parpadeando a la brillante luz del sol, y me di cuenta que estaba sólo a dos calles de mi casa. ¿Sabes el camino desde aquí? dijo.

Claro que lo hago dije, ligeramente insultada.

Henry sólo sacudió su cabeza y sonrió, la primera sonrisa verdadera que vi. No es como si tuvieras el mayor sentido de dirección dijo. Abrí mi boca para protestar y continuó: Yo sólo tenía que ayudarte a encontrar el camino fuera del bosque. Me miró por un momento y luego añadió: Y no fue la primera vez. Luego se dio vuelta, dejándome para tratar de averiguar lo que quería decir.

Un momento después, cuando estuvo fuera de vista, me di cuenta. La primera vez que nos conocimos fue en los mismos bosques. Mientras caminaba a casa, protegiéndome los ojos del sol, tan brillante después de la oscuridad del bosque. Me di cuenta de que había estado tan concentrada en pensar cómo las cosas con él habían terminado, que casi olvidé cómo había empezado.

Taylor, ¿dónde has estado? preguntó mi madre cuando regresé, sus ojos se abrieron cuando miró los arañazos en mis piernas. Había estado tratando de escabullirme a mi habitación en silencio, esperando que todos siguieran durmiendo, pero no tuve suerte. Mi mamá había estado desempacando en la cocina unas bolsas de PocoMart lo más parecido a una tienda en el Phoenix Lake. Había grandes supermercados, pero tomaba una media hora de distancia.

Sólo caminaba dije vagamente cuando miré alrededor de la cocina, sin mirar a sus ojos. Miré que la cafetera seguía vacía, mi madre tomaba sólo el té, lo que significaba, dos horas después de que me fui, mi padre seguía durmiendo.

Me encontré con Paul Crosby en el mercado dijo, refiriéndose al padre de Henry. Sentí que mi cara se comenzaba a poner caliente, y estaba agradecida de que ella se hubiera encontrado con él antes de que sus hijos tuvieran la oportunidad de decirle que me perdí en el bosque. En el pasillo de los lácteos. Dijo que están viviendo al lado de nosotros.

Oh dije. ¿Qué hay sobre eso? Pude sentir mis mejillas más calientes, y abrí el refrigerador y metí mi cabeza, intentado fingir que buscaba algo esencial.

Tienes que ir a saludar a Henry continuó mi madre, mientras me concentré en asegurarme que las fechas de caducidad de la leche estaban todas bien.

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Sólo hay un pequeño tiempo en que se puede tener la cabeza en el refrigerador, y ya superé ese tiempo. Además, mis oídos comenzaban a enfriarse. Mmm dije, cerrando la puerta y apoyando mi espalda en ella.

Y supongo que tengo que ir a saludar a Ellen continuó mi madre. Ella sonaba claramente menos emocionada con eso, y no podía culparla. La madre de Henry no parecía gustarle mucho los niños a menos que nos quedáramos quietos y fuera del camino. A pesar de que corríamos entre fuera y dentro de mi casa, algunas veces jugábamos a la guerra con pistolas de agua, cuando llegábamos a la puerta de Henry, nosotros inmediatamente nos calmábamos y nos quedábamos quietos, sin ni siquiera hablar de ello. Esa no era una casa donde podías hacer fuertes de frazadas. Y sin mi madre diciendo algo rotundo, yo siempre había sentido que a mi madre no le agradaba mucho la señora Crosby.

Saqué una manzana de una de las bolsas del mostrador, y mi madre me la quitó, la lavó rápidamente y la sacó, luego me la devolvió. Tú y Henry solían ser tan cercanos dijo.

Miré a través de la ventana de la cocina la casa de los Crosby, sobre todo para que mi madre no viera mi expresión. Eso creo dije. Pero eso fue hace mucho tiempo, mamá.

Empezó a doblar las bolsas, y podría haberla ayudado pero en cambio me apoyé en el mostrador y comencé a comer mi manzana. ¿Ya has llamado a Lucy? preguntó.

Mordí con fuerza mi manzana, preguntándome por qué mi madre siempre asumió que sabe lo que es mejor para mí. ¿Por qué no me pregunta si yo quiero llamar a Lucy, por ejemplo? Lo que absolutamente no quiero, por cierto. No dije, tratando de detenerme a mí misma de rodar los ojos. Y no creo que lo haga.

Me dio una mirada que me dijo claramente que pensaba que era un error mientras ponía las bolsas de papel donde siempre las habíamos guardado, bajo el fregadero. Tus amigos de la infancia son a los que tienes que aferrarte. Te conocen de una manera que nadie más lo hace.

Después del encuentro con Henry, no estaba convencida de que fuera algo bueno. Miré a mi madre cuando se acercó al refrigerador con un calendario de verano. La asociación del Phoenix Lake se hacía cada año, y un calendario había estado en el refrigerador cada año que pude recordar. Eran diseñados para colgarlos verticalmente, por lo que se podían ver los tres meses de verano, cada mes tenía al lado fotografías de niños sonrientes en barcos de vela, parejas relajadas en el lago, y personas mayores viendo el amanecer. Mi madre colocó en el refrigerador los imanes desiguales que siempre habíamos tenido y de repente estaba feliz de que los Murphy no los hubieran tenido y me acerqué más a mirarlo, todas los cuadrados vacíos que representaban los días de verano que quedaban.

Este calendario ha sido siempre un camino, especialmente comenzando la estación, para deleitarse con la cantidad de tiempo que quedaba de verano. En los años pasados, el verano parecía extenderse hasta el infinito, por lo que cuando agosto

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llegaba yo ya tenía mi ración de s‟mores 3 , helados y mordidas de mosquitos, y deseaba el otoño, un clima más fresco y la ropa de Halloween y Navidad.

Pero mientras miraba ahora, comencé a hacer cuentas, sentí un sentimiento de

pánico en mi pecho, uno de los que te hacía difícil respirar. En mi cumpleaños, tres semanas atrás, los doctores le dijeron a mi padre que tenía cuatro meses. Tal vez más… pero tal vez menos. Y tres semanas de esos meses ya habían pasado. Lo que significaba… me quedé mirando el calendario tan fuerte, que la vista se puso borrosa. Estábamos en mitad de mayo, por lo que quedaba el resto del mes y todo junio. Y además todo julio. Pero ¿luego qué? Miré a agosto, la foto de la pareja de ancianos tomados de las manos mirando el amanecer en el Phoenix Lake, y me di cuenta que

no

tenía idea que pasaría, si mi mundo se vería así. Si mi padre aún estaría vivo.

¿Taylor? preguntó mi mamá, su voz sonaba preocupada. ¿Estás bien?

No estaba bien, y estar normalmente sería irme por algún caminometida en

mi

auto y conducir a alguna parte, irme por un largo paseo, cualquier cosa para evitar

el problema. Pero como aprendí esta mañana, salir no parece ayudar a las cosasde

hecho, las hizo peor.

Estoy bien le espeté, a pesar de que había una parte de mí que sabía que ella no lo merecía. Pero quería que supiera que estaba mal sin tener que preguntar. Y lo que de verdad quería era que ella hiciera lo que no había hecho, ahora lo que era más importante era arreglarlo. Pero ella nunca lo arreglaba, y no sería capaz de hacerlo. Tiré mi manzana a medio comer y salí de la cocina.

Encontré el baño milagrosamente vacío, tome una larga, caliente ducha, para lavar la suciedad de los arañazos en mis piernas y permanecer allí hasta que el agua caliente de nuestro pequeño calentador de agua se acabara.

Cuando regresé a la cocina, estaba lleno de olor a café. La cafetera burbujeaba y silbaba y había una taza ya un poco preparada. Pude ver a mi padre sentado en el porche, con el computador delante de él, una taza humeante en la mano, riéndose de

algo que mi mamá dijo. Y a pesar de que sabía lo que el calendario de la nevera decía,

no podía tener sentido, no con mi papá sentado a la luz del sol, mirándose totalmente

sano, a menos que supieras lo contrario. Caminé hacia la puerta del porche, me apoyé

en el marco de la puerta y mi papá miró hacia mí.

Hola, niña dijo. ¿Qué hay de bueno? Y antes de que pudiera formar palabras en torno a la masa que se formó en mi garganta, para empezar a contestar, él miró hacía el lago y sonrió. ¿No es un hermoso día?

3 Es un postre hecho en una fogata, es un malvavisco tostado con capas de chocolate.

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Página 45 Capítulo 7 Traducido por Vane-1095 Corregido por Max Escritora Solitaria P alabra de doce

Capítulo 7

Traducido por Vane-1095 Corregido por Max Escritora Solitaria

P alabra de doce letras para “cambio”. Bajé la mirada al crucigrama y golpeé mi lápiz en las casillas vacías. Tratando de concentrarme, miré a través del porche de entrada hacia el lago. No tenía exactamente el

hábito de hacer crucigramas, pero estaba un poco desesperada por entretenimiento. Después de cinco días en el Phoenix Lake, estaba oficialmente aburrida de mi mente. Y lo peor de todo era que en esta situación, a diferencia de en unas vacaciones de familia o algún recital de baile de Gelsey, no podía quejarme a alguien de que estaba aburrida y saber que se sentía de la misma manera que yo. Porque no se suponía que pasaría este verano siendo entretenida. No se supone que yo fuera divertida. Pero no cambiaba el hecho de que estaba, de hecho, increíblemente

aburrida. Y mayormente sufriendo de claustrofobia.

Oí el ya familiar sonido de los neumáticos del camión de FedEx crujiendo en

nuestro camino y di un salto para interceptar el paquete del día, sólo para tener algo que hacer. Pero cuando salí, vi que mi padre ya estaba con la caja blanca en sus

manos, asintiendo con la cabeza al conductor, quien, después de las entregas diarias, estaba siendo muy familiar.

Estás manteniéndome ocupado en este cuello de bosques dijo el conductor, moviendo de un tirón hacia abajo sus gafas de sol. Eres la única entrega que tengo por aquí.

Lo creo dijo mi papá, abriendo la caja.

Y si tus chicos pudieran mantener su perro atado, se los agradecería enormemente dijo el conductor mientras se acomodaba en el asiento delantero. Casi lo atropello esta mañana. Puso en marcha el camión y puso reversa, pitó una vez y se volvió por el camino.

Mi padre se volvió hacia mí con las cejas enarcadas. ¿Perro?

Oh, Dios mío dije. Me incliné sobre la barandilla del porche delantero y, efectivamente, vi el mismo perro merodeando por el borde de nuestro camino. ¡Fuera! le grite. ¡Fuera de aquí! Me miró, luego pasó nuestro camino trotando y fuera de vista, pero yo tenía la sensación que estaría de vuelta en poco tiempo. Es

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sólo un perro dije, mientras el sonido de sus pasos se hacía más y más débil. El cree que vive aquí.

Ah dijo mi papá, sin dejar de mirar un poco perplejo, y me di cuenta de que realmente no había aclarado nada. Cruzó la calzada y subió las escaleras, inclinándose un poco sobre la barandilla. Bueno, no dejes que tu hermano lo vea.

Bien dije, y seguí a mi padre al cubierto porche, donde sacudió el contenido de la caja, un grueso fajo de papeles, muchos marcados con banderas de colores brillantes. Había obtenido una entrega similar de su bufete de abogados todos los días hasta hoy, todos aparentemente relacionados con el caso en el que había estado trabajando. Cuando pregunté por que su empresa no podía simplemente enviar por e-mail los documentos, en lugar de enviar un camión de FedEx a través de las montañas de Pennsylvania todos los días, dijo que era debido a problemas de seguridad.

Me dejé caer en la silla frente a él y suspiré, al mismo tiempo consciente de que no estaba incluso llegando a hacer lo que mi padre nos había pedido, es decir, dejar de estar en la casa.

En nuestro primer día completo, rápidamente se hizo evidente que Warren, y Gelsey, y yo no teníamos idea de qué hacer con nosotros mismos. Y así, nosotros tres nos pasamos los primeros días simplemente siguiendo a mi papá de cuarto en cuarto, en caso de que quisiera un esclavo o algo. Después del segundo día consecutivo de eso, nos habíamos sentado alrededor del porche cubierto con la mosquitera mientras mi padre trabajaba. Gelsey tenía su copia maltratada de Holding on de Air, autografiada por la bailarina Suzanne Farrell, yo mi revista, ahora con la cubierta manchada de araña removida, y Warren tenía un libro de texto frente a él. Todos estábamos en la lectura, una especie de excepción cada vez que papá levantaba la vista de su trabajo, miraríamos también, y Warren sonreiría extrañamente, todos nosotros, esperando alguna señal, alguien que nos dijera como actuar. Pero se volvía muy claro para mí que lo llamado tiempo de calidad por alguna razónpor definición, no significaba pasar cada minuto del día juntos.

Y los veranos pasados, nunca había pasado mucho tiempo adentro a menos que lloviera. Como su nombre lo implica, Phoenix Lake era la comunidad de verano en un lago, y el lago y su playaeran por mucho la atracción principal. También había una piscina, con un tobogán de agua en el que había pasado un montón de tiempo cuando era joven, además de pistas de tenis y un campo de golf. Era como una extraña combinación de un club de campo y un campamento, excepto que no era nada lujoso. No había casas de millones de dólares o fincas, pero tenías que comprar una membresía para poder ir a la playa y a la piscina. Y porque estaba tan lejos de todo, y una comunidad tan pequeña, Phoenix Lake era increíblemente segura, y yo básicamente había estado libre en el lugar cuando tenía unos siete años. Había un autobús para los niños, el transbordador, que iban desde Centro Recreacional alrededor de la piscina y la playa. Pero yo lo había tomado en muy pocas ocasiones. La mayoría del tiempo, montaba en bicicleta a todas partes.

Cuando habíamos estado aquí antes, mi madre se pasaba su tiempo ya sea en la

playa

o

jugando

tenis,

mi

padre

iba

a

trabajar

al

aire

libre

o

a

jugar

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golf, y mis hermanos y yo estábamos bien con las lecciones de tenis y golf que nuestros padres no habían forzado a tomar, o la playa o la piscina. Volveríamos para la cena y comeríamos juntos en el porche, cada uno un poco más moreno que como nos habían dejado en la mañana. Pero nunca acabábamos quedándonos en casa, todo el día, cuando estaba precioso y soleado afuera.

Ya es suficiente dijo mi padre, después de que alzara la mirada para encontrarnos a todos mirándolo, y a Warren aún sonriendo. Ustedes tres me están volviendo loco.

Miré a mi hermano quien me lanzó una mirada inquisitiva. Realmente no estaba segura de lo que mi papá decía, sobre todo desde que había sido tan cuidadosa de no hacer nada que lo volviera loco. Um dije finalmente después de un momento, cuando se hizo claro que mis hermanos no iban a saltar a la brecha. ¿Qué estamos haciendo?

No están haciendo nada dijo, sonando agravado. Y ese es el problema. No necesito que me estén vigilando todo el día. Me hace sentir como si estuviera en una especie de experimento científico. O aun peor, una especie de reality show.

Vi a Warren abrir la boca para responder, luego cerrarla de nuevo, además de que ninguno de nosotros actuábamos como normalmente lo hacíamos. Nunca había visto a Warren no tener nada que argumentar.

Miren dijo mi papá, suavizando su tono un poco. Aprecio lo que están tratando de hacer. Pero mientras podamos, me gustaría tener un verano tan normal como sea posible. ¿De acuerdo?

Asentí con la cabeza, aunque no estaba segura de lo que un verano “normal” era. En un verano normal, o al menos de acuerdo a los últimos años, no hubiéramos estado juntos.

Entonces dijo Gelsey, y me di cuenta de que se encontraba sentada un poco más erguida, con un brillo en sus ojos castaños. ¿Qué debemos hacer con nuestro tiempo?

Lo que quieran dijo, extendiendo las manos abiertas. Con tal de que no se trate simplemente de estar por la casa. Es verano. Diviértanse.

Eso parecía ser todo el ímpetu que mi hermana necesitaba. Saltó de la mesa y corrió hacia la casa, gritando a mamá, preguntando si podían hacer una barra. Mi padre la vio alejarse, sonriendo, y luego se volvió hacia mí y Warren, que aún seguíamos sin movernos.

Lo digo en serio dijo, ondeando sus manos hacia nosotros. Además de este caso, tengo que empezar a trabajar en un proyecto muy importante pronto, y me gustaría un poco de paz para hacerlo.

¿Proyecto? preguntó Warren. ¿De qué tipo?

Sólo un proyecto dijo mi papá vagamente, bajando la mirada a los papeles en sus manos.

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Entonces. Y me di cuenta de que trataba un poco demasiado duro en sonar casual, como siempre hacía cuando sus sentimientos estaban heridos y no quería mostrarlo. ¿No quieres que pasemos tiempo contigo?

No es eso dijo papá, viéndose afligido por un momento. Por supuesto que quiero pasar tiempo con ustedes. Pero esto es sólo raro. Vayan a disfrutar su verano. Warren tomó aliento, probablemente para preguntarle a papá qué, exactamente, significaba eso. Tal vez sintiendo eso, mi padre continuó: Pueden hacer lo que quieran. Sólo quiero que hagan algo. Consigan un trabajo. Lean las obras completas de Dickens. Aprendan a hacer malabares. No me importa. Sólo dejen de acechar, ¿sí?

Asentí con la cabeza, aunque ninguna de ellas parecían posibilidades reales de maneras para pasar el tiempo. Nunca había tenido un trabajo, no tenía ningún interés en hacer malabares, y prácticamente había descartado Dickens después del primer año en Ingles. Me había perdido desde la primera página de A Tale of Two Cities, cuando había sido incapaz de comprender como algo podría simultáneamente ser el mejor de los casos y el peor de los casos.

Warren y Gelsey, en cambio, no tenían problema averiguando que hacer. Gelsey iba a ser una barra con mi madre todos los días, trabajando en su técnica para que ella no se atrasara demasiado en ballet. Mi madre también había ido al Centro Recreacional de Phoenix Lake convenciendo de alguna manera a las personas de dejar

a Gelsey usar una de sus habitaciones cuando estaba vacío y los mayores no lo

usaban para yogapara que practicara unas veces a la semana. Y como compromiso con mi madre, Gelsey había accedido a tomar lecciones de tenis. Warren se había lanzado felizmente a la lectura de lo que parecía ser su curso entero de primer año, y

podría usualmente ser encontrado en el porche o el muelle, destacando alegremente a la distancia. Toda la situación era otro recordatorio de mis excepcionales hermanos, como siempre, tenían algo que hacer, lo que siempre había hecho, lo que parecían saber desde el momento de nacer. Lo que me deja, como es usual, sola y lejos mientras ellos perseguían su camino hacia la grandeza.

Así que por los pasados cinco días, había estado mayormente dando vueltas y tanteando el camino. Nunca había sido tan consiente de lo pequeña de la casa, y los pocos lugares que había para esconderse. Y desde los dos embarazosos encuentros con

Henry, evitaba a la vez el muelle y los bosques, y prácticamente había dejado de salir a

la calle, a excepción de mi excursión nocturna para sacar la basura a la bearbox (que se

había convertido de alguna manera en mi trabajo) y alejar al perro que parecía no tener

intención de irse. Mi mamá también había informado que cuando se había detenido a llevarle una maceta de geranios a la madre de Henry, ella no había estado, pero una chica rubia, de mi edad, le había abierto la puerta.

Había tratado duramente de no pensar en eso demasiado, y ciertamente no dejaba que me molestara. Después de todo ¿Qué me importaba que Henry tuviera una novia? Pero de algún modo, retroactivamente, hace esos dos encuentros con él mas humillantes, y había sido cuidadosa de evitar mirar a la casa de al lado, sin dejarme a mí misma preguntarme si estaba en casa.

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Ahora, mientras me encontraba sentada en la mesa y veía a mi papá hojear sus papeles, empecé a tener la sensación de claustrofobia que se aparecía más y más últimamente como que tenía que salir, pero no tenía absolutamente ningún sitio donde ir.

¿Cómo te va con eso? preguntó mi padre, y me di cuenta de que trataba de leer mi crucigrama al revés.

Estoy atascada en esta dije, golpeando mi dedo en las casillas vacías. Una palabra de doce letras para cambio.

Hmm dijo. Se echó hacia atrás en su silla, frunció el ceño y sacudió la cabeza. No tengo nada dijo. Pero tal vez venga a mí. Te mantendré informada. Se apartó de la mesa y se puso de pie. Voy a hacer algunos recados en la ciudad, niña. ¿Quieres venir?

Seguro dije, automáticamente. Definitivamente sonaba más divertido que inútilmente navegar por internet, que era lo que había sido más o menos mi agenda ahora que ir a la zaga de mi padre ya no era una opción aceptada. Me dirigí a dentro a buscar mis zapatos.

Cuando los encontré en la calzada, mi papá estaba de pie por el lado del conductor y lazando las llaves de Land Cruiser en la mano. Caminé por la grava, sintiendo las rocas a través de la fina goma de mis sandalias, y me detuve frente al capo.

¿Todo listo? preguntó mi padre.

Seguro dije lentamente, ajustando la bolsa de lona en mi hombro. No

podía dejar de pensar en los envases que había alineados en el mostrador de la cocina. No tenía idea para que era, o de los efectos secundarios que tenían. Mi padre no había conducido, hasta donde yo sabía, desde la mañana en la que partimos, cuando salió a buscarme y me llevo por bagels. ¿Quieres que conduzca yo? pregunté. Dándome cuenta de que no sabía cómo hacer la pregunta que quería hacer. Mi padre hizo un gesto a la distancia y empezó a abrir la puerta. Quiero decir… —comencé. Sentí que

mi corazón latía con fuerza. Criticar a mi padre, o cuestionar su juicio, era algo en lo

que no tenía absolutamente ninguna experiencia haciendo. ¿Está bien contigo conduciendo? dije rápidamente, sólo tratando de sacar las palabras.

La frase colgó entre nosotros por un momento y cuando mi padre miró sobre el capó hacia mí, su expresión me dijo que me había sobrepasado. Estoy bien dijo un poco secamente. Abrió la puerta del lado del conductor, y caminé alrededor del capó hacia el lado del pasajero, sintiendo mi cara caliente.

Conducimos en silencio por nuestra calle durante varios minutos antes de que me rompiera. Entonces, ¿que son esos recados? pregunté. Podía oír mi voz extrañamente alegre, en realidad no sonaba como yo, y me di cuenta de que probablemente era el equivalente vocal de la sonrisa forzada de Warren.

Bueno dijo mi padre, y me di cuenta por la forma en que me miró con una

rápida sonrisa antes de rodar hasta detenerse en una señal de alto, que había superado

mi comentario y quería salir adelante, tu madre ha requerido un poco de maíz fresco

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para cenar esta noche. Tengo que recoger el correo. Y… —Hizo una pausa por un momento y luego volvió a mirar la carretera. Creo que es posible que desees detenerte por la Casa Club. Quizá aplicar para un trabajo.

Oh dije. Un trabajo. Miré por la ventana, sintiendo vergüenza arrastrándose sobre mí. Así que se había dado cuenta que a diferencia de Warren o Gelsey, no tenía ningún talento para ocupar mi tiempo. Desafortunadamente, tampoco tenía experiencia laboral, me pasaba los veranos haciendo cosas como proyectos de servicio, inmersiones lingüísticas, y yendo a campamentos en los cuales tenía que analizar cosas.

Ciertamente no tienes que hacerlo dijo, mientras nos acercábamos a la calle principal de Phoenix Lake, llamada, creativamente, Calle Principal. Era sólo una idea.

Asentí, y mientras mi padre hacía un giro a la derecha en Principal y entraba al aparcamiento, le di vueltas a sus palabras en mi cabeza. Sabía que no podía seguir pasando el rato en casa sin nada que hacer. Y francamente, no veía muchas otras opciones. Está bien dije, poniéndome al hombro mi bolso mientras salíamos del auto. Cerré la puerta e incline la cabeza hacia el edificio de la Casa Club, donde se encontraban las oficinas administrativas de Phoenix Lake. Voy a darle una oportunidad.

Mi padre me sonrió. Esa es mi chica dijo. Le devolví la sonrisa, pero mientras lo hacía, podía sentir una inmediata, casi reacción de pánico. Quería congelar este momento, que no siguiera hacia delante, sumergirlo en ámbar de alguna manera. Pero justo cuando pensaba eso, mi papá ya miraba a otro lado, empezando a caminar por la calle. ¿Nos encontramos en treinta? preguntó.

Eche un vistazo a mi reloj. De vuelta a casa, casi nunca usé uno, porque siempre cargaba mi teléfono conmigo. Pero aparte de unos pocos intercambios de incómodos textos con conocidos, había recurrido a la soledad extrema, mi celular había estado tranquilo. Y como no había sentido la necesidad constante de alguien llamándome, lo había dejado en mi habitación, lo que significaba que necesitaba otra

manera de ver la hora. Treinta repetí. Claro. Papá me guiñó antes de caminar por la calle a Productos de Henson, sin duda en una misión para conseguir el maíz de

mi madre.

Di media vuelta y me dirigí al edificio de la Casa Club, deseando haberme arreglado un poco más por la mañana. Llevaba puesto lo que se había, después de unos pocos días, convertido en mi uniforme de veranoshorts de jeans y camisetas sin mangas. Estaba preocupada de que esta ropa, junto al hecho de que nunca había tenido un trabajo antes, pudiera perjudicar seriamente mis posibilidades de ser contratada. Pero cuando me detuve frente al edificio con paneles de madera, con el

diseño pintado de Phoenix Lake (un ave fénix que renace de un lago, el agua goteando

de sus alas mientras el sol sale detrás) en la ventana, me di cuenta de que no había

nada que hacer más que intentarlo. Así que enderecé los hombros y abrí la puerta.

***

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Quince minutos más tarde, tenía un trabajo. Di un paso hacia fuera a la luz del

sol, parpadeando antes de deslizarme mis gafas de sol, sintiéndome un poco mareada.

Ahora tenía tres blancas camisas de empleados de Phoenix Lake (cuyo costo saldría de

mi primer cheque de pago), un manual de empleado, y las instrucciones para

presentarme a trabajar en la playa en tres días. Jillian, la mujer que se hallaba a cargo de la contratación, me había dicho repetidas ocasiones, incluso mientras miraba por encima de mi solicitud y se desplazaba a través de las opciones de su computadora,

que yo estaba demasiado tarde para el proceso de aplicación para esperar algo bueno, o

para el caso, nada en absoluto.

Las oficinas administrativas del Phoenix Lake eran más grandes de lo que había esperadoNunca había pasado mucho tiempo en la Casa Club, excepto cuando de

vez

en cuando había ido para almuerzo de los domingos, Warren y yo no quedábamos

por

lo que parecían horas antes de obtener permiso para salir y correr por la playa.

Finalmente encontré la oficina de empleo, lo que coloca a los adolescentes de la comunidad de verano en empleos alrededor de Phoenix Lake, de salvavidas, trabajando en la playa o en el bar junto a la piscina, enseñando yoga a los mayores. La

mayoría de los chicos que conocía habían obtenido su primer empleo por lo general bajo el mando de los mayores, lo que parecía significar limpieza de bañosa los catorce años, y puestos de trabajo mejores mientras más viejos eran. En cambio, la experiencia laboralde mi solicitud había estado vergonzosamente vacía.

Pero Jillian había finalmente sugerido un trabajohabía una abertura en la playa. La descripción del trabajo había sido muy general, lo que fue un poco preocupante para mí, pero Jillian dijo que ya que no tenía entrenamiento como salvavidas o mucha experiencia en navegación, lo más probable sería el bar. Y como ella no había mencionado que los baños de limpieza fueran en modo alguno un

requisito de trabajo, había aceptado. Completé mi nómina y formularios de impuestos,

y había pasado de no tener planes para el verano a descubrir que el empleo viene con camisetas.

Ahora, de pie en el calor de la temprana tarde de la Calle Principal, me di cuenta que tenía que matar el tiempo antes de tener que encontrarme con mi papá. Me detuve en la pequeña biblioteca de Phoenix Lake, renové mi tarjeta, y me fui con tres misterios de bolsillo. Estuve tentada a pasar el rato allí un poco, disfrutando del aire acondicionado, pero también quería la oportunidad de pasear por la Calle Principal.

El distrito comercial de Phoenix Lake era bastante pequeño, sólo la longitud de

la calle. No había ni siquiera una sala de cine. Para ver películas, había que conducir veinte minutos a la siguiente ciudad, vistas a la montaña, y al Outpost, una combinación de un cine/golf de miniatura/galería que habíamos ido cuando llovía. Pero el Phoenix Lake tenía un solo semáforo, una gasolinera, y un puñado de tiendas. Allí estaba Humble Pie, y junto a ella, Productos de Henson. Ahí estaba Sweet Baby Jane‟s, la heladería donde Gelsey nunca había pedido nada, excepto un batido de fresa

y una ferretería. Allí estaba la cafetería Pocono, la cual todo el mundo siempre llamaba “la cena” y una tienda, Dame Un Signo, que se especializaba en signos personales para casas.

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A medida que caminaba por la calle, me encontré a mí misma automáticamente notando los nuevos locales, cada vez que uno no encajaba con lo que yo esperaba ver ahípero entonces yo tampoco podía recordar lo que había estado ahí antes. Una tienda/salón de aseo de mascotas, Doggone It!, era definitivamente nueva, pero parecía bastante vacío, a excepción de una chica pelirroja detrás del mostrador pasando las paginas a una revista. Había llegado casi hasta el final de la Calle Principal cuando me encontré delante de otra nueva tienda, Barrowed Thyme. Parecía una panaderíahabía hogazas de pan apiladas en una pantalla en una de las ventanas de vidrio, y un hermoso pastel de capa en la otra. Mi estómago rugió de sólo mirarlos, y yo miraba más allá de la torta en la tienda cuando me di cuenta de alguien aclarando su garganta detrás de mí. Me volví y vi un hombre mayor de aspecto furioso, que llevaba una demasiado grande gorra de béisbol de los Phillies y un ceño fruncido.

¿Vas a entrar? ladró, moviendo la cabeza en dirección a la puerta que ahora me di cuenta yo bloqueaba.

Oh dije, correcto. Tiré la puerta abierta, sujetándola para el hombre, que gruñó en respuesta mientras se abría camino en el interior. Estaba a punto de cerrar la puerta y regresar para encontrar a mi papá cuando la curiosidad pudo más que yo. Además, podía sentir el aire acondicionado en la puerta y el olor a maravilloso pan recién horneado y mantequilla congelándose. Entré, dejando a la puerta cerrarse de golpe detrás de mí.

Estaba más frío y oscuro en el interior, y necesité un momento para que mis ojos se acostumbraran después del brillo de la calle. Pude ver, cuando la situación entró en foco, dos mesitas de madera con sillas a juego por las ventanas, y un mostrador con tapa de cristal que corría casi el ancho de la tienda. Pasteles y galletas se mostraban debajo, y detrás del mostrador estaba un estante de panadero apilado con el pan que yo había sido capaz de oler desde la calle. Mi estómago gruñó de nuevo, y me puse a pensar que tal vez podría conseguir algo pequeño, sólo para aguantar hasta el almuerzo.

No había nadie detrás del mostrador, y el hombre de la gorra de los Phillies no parecía muy contento al respecto, mientras seguía golpeando la campanilla de plata sobre el mostrador, en medio de murmuraciones sobre la mala calidad del servicio. Di un paso más cerca para ver lo que parecía un pastel de café y frambuesa, cuando me di cuenta, tendido en el mostrador de cristal, un lápiz sobre él, el Pocono Record de esa mañana, la sección de crucigrama doblada. Di un paso más, tratando de ver si esta persona había tenido más suerte que yo. Mientras me inclinaba, el hombre golpeó la campana una vez más, fuertemente, y vino una voz desde atrás.

¡Un momento! llamó la voz. En un momento estaré con usted.

No voy a aguantar la respiración murmuró el hombre, volviéndose hacia mí por un asentimiento de mi parte. Pero yo me había congelado en mi lugar. Era una voz que reconocí. Eché un vistazo a la puerta, preguntándome si tenía suficiente tiempo para irme sin ser vista. Estaba pensando que podría, cuando la puerta de metal detrás del mostrador se abrió y Henry salió.

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Página 53 Capítulo 8 Traducido por Marie.Ang Christensen Corregido por Max Escritora Solitaria H enry se

Capítulo 8

Traducido por Marie.Ang Christensen Corregido por Max Escritora Solitaria

H enry se quedó mirándome, y miré de nuevo sus ojos verdes, sintiendo la repentina urgencia de romper en una risa histérica, porque comenzaba a parecer como si no pudiera dar una vuelta en el Phoenix

Lake sin tropezar con él. El hombre miró entre nosotros, frunció el ceño de nuevo, y golpeó la campana una vez más.

Esto pareció ajustar a Henry en acción. Lo siento por eso dijo rápidamente, mientras el hombre carraspeaba. ¿Qué puedo ofrecerle?

He estado esperando aquí afuera se quejó el hombre. Ahora que tenía a alguien para esperarlo, en lugar de ordenando, parecía querer utilizar su tiempo para quejarse sobre la falta de servicio.

Lo siento repitió Henry, con exactamente la misma inflexión, y pude sentir como empezaba a sonreír. Para ocultar esto, me agaché para mirar en la caja, donde había hileras de pequeñas galletas de helado, cannoli y brownies. Pero solamente la mitad de mi atención estaba en los (reconocidamente de delicioso aspecto) postres. Eché un vistazo a Henry mientras él asentía, pareciendo escuchar mientras el hombre ventilaba a él. Estaba usando una camiseta verde ligero con sus vaqueros. Este tenía el logo de Borrowed Thyme en negro en la parte delantera y una capa de harina en su hombro. Me di cuenta de que estaba sorprendida viéndolo trabajar allí, lo cual era bastante ridículo, ya que claramente no sabía nada acerca de él ahora. Pero cuando lo había conocido antes y verlo en el bosque había confirmado estoHenry siempre había parecido más cómodo afuera. Y en las raras ocasiones en los pocos últimos años cuando dejé mis pensamientos a la deriva de nuevo en el Phoenix Lake y en la gente que había dejado allí, siempre había imaginado a Henry haciendo algo al aire libre.

El ding de la registradora me trajo de vuelta al presente, mientras Henry extendía al hombre su mano con el cambio y deslizaba una caja verde de pastelería al otro lado de la barra. Gracias dijo, su tono aún suavemente profesional. Que tenga un buen día.

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se quejó el hombre, tomando la caja y saliendo de la tienda. No fue hasta que di la vuelta al mostrador que me di cuenta de que éramos sólo yo y Henry, solos en la pastelería.

Lo miré, luego hacia abajo a mi traje, deseando por segunda vez ese día que me hubiera esforzado un poco más. Pero luego deseché ese pensamiento. Él ya me había visto directamente salir de la cama, arañada en el bosque. Y de todos modos, parecía que Henry tenía una novia rubia. No es que me preocupara por eso.

Entonces dijo Henry, sacudiendo la cabeza, creo que deberíamos dejar de vernos así.

¿Trabajas aquí? pregunté, entonces inmediatamente me maldije por mi estupidez. Por supuesto que trabajaba aquí. De lo contrario, no estaría de pie detrás del mostrador, esperando irascibles fanáticos de los Phillies. Quiero decir corregí inmediatamente, tratando de hacer que sonara tan poco como una pregunta como fuera posible, trabajas aquí.

dijo Henry, y pude ver una sonrisa jugando en la comisura de su boca. Era evidente que mis intentos de corregir mi síndrome de metedura de pata no habían tenido éxito. Es la pastelería de mi papá.

Oh dije, no del todo capaz de ocultar mi sorpresa a tiempo. El padre de Henry, de lo que recordaba, había sido como el mío, uno de los muchos padres en traje consiguiendo uno de los autobuses en los viernes por la noche, maletín en mano. Eché un vistazo alrededor de la pastelería, tratando de conciliar esas dos cosas, y fallando. Pero empecé después de un momento, ¿pensé que solía hacer algo con el banco?

Lo hizo dijo Henry, su tono cortante y final, e inmediatamente me arrepentí de hacer mi pregunta. Su padre probablemente había perdido su trabajo, y Henry no me necesitaba para señalárselo. Él dice que es el mismo principio agregó Henry después de un momento, suavizando un poco su tono de voz. Aún tratando de que la masa suba. Gemí ante eso, era la clase de broma que mi padre haría, y Henry me dio una pequeña sonrisa a cambio.

El silencio cayó entre nosotros, y entonces Henry metió las manos en sus bolsillos y se aclaró la garganta. Entonces, ¿qué puedo ofrecerte? preguntó, volviendo a sonar distante y profesional.

Bien dije rápidamente, dándome cuenta de que yo era un cliente en una tienda, y el hecho de que tenía que saber qué quería no debería haber sido una sorpresa para mí—, um… —Vi la bandeja de pasteles con glaseado multicolor, e inmediatamente aparté la vista de ellos. Los pasteles me recordaban todo demasiado a mi cumpleaños, la celebración descuidada, las noticias sobre mi papá. En busca de algo, cualquier cosa, toqué la vitrina frente a la siguiente cosa que vi. Una docena de estas. Miré más cerca y vi que lo que justamente había apuntado eran, desafortunadamente, galletas de avena con pasas. Odiaba la avena en todas sus formas, pero especialmente cuando la gente trataba de vestirla como un postre; Gelsey se negó a comer pasas, y nadie del resto de la familia había sido un gran fan. Había ordenado justo un postre que nadie en nuestra casa probablemente comería.

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En serio Henry no hizo exactamente la frase como una pregunta, y me alzó las cejas. ¿Avena?

Lo miré fijo por un momento. No había forma de que Henry recordara que, hace cinco años atrás, odiaba las galletas de avena. Simplemente no era posible. dije lentamente. Avena. ¿Por qué?

Ninguna razón dijo mientras tomaba otra caja verde de pastelería del estante de atrás de él y comenzó a transferir las galletas de dos a la vez. Sólo pensaba que no te gustaban.

No puedo creer que recuerdes eso dije, mientras observaba la caja de pastelería lentamente llenarse con las Peores Galletas del Mundo.

Mi papá me llama el elefante. Sólo lo miré, no del todo segura de qué decir a esto, cuando explicó: Se supone que ellos tienen una memoria muy buena. Llegó a la parte delantera de la bandeja para obtener las dos galletas restantes. Realmente no olvido mucho añadió rápidamente.

Estaba a punto de asentir cuando el doble significado de esto me golpeó. Henry no había olvidado el tipo de galletas que odiaba hace cinco años atrás, pero eso también quería decir que no había olvidado las otras cosas que había hecho.

Había puesto todas las galletas de avena en la caja, y se enderezó y me miró. Sólo hay once dijo. ¿Puedo darte una con chispas de chocolate en su lugar?

¡Sí! dije, probablemente un poco demasiado entusiasta. Pensé que lo vi sonreír cuando se agachó de nuevo y colocaba la única galleta con chispas de chocolate en la caja, escondida en la tapa, y la empujaba hacia mí a través del mostrador. Me llamó, y me di cuenta cuando me devolvió el cambio, que él mantenía los billetes en el extremo y dejaba caer las monedas en mi mano, como si estuviera tratando de asegurarse de que no tuviéramos ningún contacto accidental. Bien dije, cuando me di cuenta de que no había nada que hacer excepto tomar la caja de pastelería e irme, gracias.

Claro dijo. Sus ojos se centraron en mi hombro, y frunció el ceño ligeramente. ¿Qué pasa con la camisa? preguntó, y vi que miraba mi bolsa de lona, la que tenía una de mis nuevas camisetas de empleado asomándose por la parte superior.

Oh dije, empujándola hacia abajo un poco más lejos, acabo de conseguir un trabajo. El bar de la playa.

una

pregunta en esta ocasión.

dije, un poco a la defensiva, hasta que me di cuenta de que él no iba a tener ni idea de que nunca había tenido un trabajo antes y por lo tanto sería de alguna manera incondicional. ¿Por qué?

¿En

serio?

preguntó,

sonando

sorprendido.

Definitivamente

era

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Henry tomó aire, a punto de contestar, cuando la puerta de la tienda se abrió y dos mujeres que lucían alrededor de la edad de mi madre entraron, ambas usando Caftan 4 y sandalias. Nada dijo, sacudiendo su cabeza. No importa.

Las mujeres estaban ahora de pie detrás de mí, mirando en las vitrinas de la pastelería, y sabía que era hora de irme. Nos vemos dije, tomando la caja verde.

Mantente fuera de los bosques respondió, sonriendo débilmente.

Miré sus ojos por un momento, y me pregunté si esta era una oportunidad, si debería sólo morder la bala y disculparme por lo que había hecho. No es que alguna vez volviéramos a ser amigos, pero éramos vecinos. Y podría hacer las cosas un poco menos tensaso al menos permitirme sentir que podía aventurarme a salir al muelle de nuevo.

¿Hay algo más? preguntó Henry, pero no sin amabilidad. Podía sentir los ojos de las mujeres en mí, esperando por mi respuesta. Pero había sido una cobarde entonces, era lo que había causado el lío entero, y parecía que era una cobarde aún.

No dije, mientras me hacía a un lado para dejar que las mujeres ordenaran la torta de café de la que habían estado debatiendo. Nada más. Me aparté del mostrador y me fui, caminando de regreso al calor de la tarde.

Mi padre estaba apoyado en el Land Cruiser cuando llegué, una bolsa de papel

de Productos Henson entre sus pies y una bolsa de plástico de trocitos de regaliz 5 en su

mano. Estaban a la venta por el registro, y siempre que mi padre estaba a cargo de recoger algunos productos o capaz de interceptar uno de nosotros antes de irnosponía en su bolsa de pedido, el regaliz negro solamente. Su particular punto de vista sobre esto sólo había llegado a ser más profundamente estrecho cuando Warren le había contado el hecho de que el regaliz rojo no es técnicamente regaliz del todo, ya que no está hecho de la planta de regaliz.

Hola, niña dijo mientras me acercaba, sonriéndome. ¿Qué hay de nuevo? Sus ojos aterrizaron en la caja de pastelería, y sonrió más amplio. ¿Y qué conseguiste?

Suspiré y abrí la caja. Galletas de avena dije un poco sombría.

Oh. Bajó la mirada a la caja, frunciendo el ceño. ¿Por qué?

Es una larga historia dije, no queriendo admitir que era porque mi ex novio me había aturdido. Pero la noticia es que conseguí un trabajo. Comienzo mañana en el bar de la playa.

La sonrisa de mi padre volvió, real y genuina y feliz. Eso es genial, niña

dijo. ¡Tu primer trabajo! Es un hito. Puedo recordar. Se detuvo en seco, apretando los ojos cerrados mientras un espasmo de dolor cruzaba su rostro.

4 Caftan: en el texto como caftanlike cover-ups. Los Caftan son originarios de Egipto, y eran una vestimenta típica de sultanes. Es similar a un vestido, con mangas largas y un cincho a la cintura. 5 Regaliz: una especie de caramelo con textura similar a la goma que se saboriza con los extractos de la planta del mismo nombre, así como también con aceite de anís.

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¿Papá? pregunté, poniéndome más cerca, escuchando el miedo en mi voz. ¿Papá?

El rostro de mi padre se retorció de nuevo, y agarró su espalda con una mano, la bolsa de pedacitos de regaliz cayendo y derramándose por el suelo. Estoy bien dijo con los dientes apretados. No le creí, sus ojos estaban aún bien cerrados y pude ver el sudor en el borde de su frente—. Sólo… necesito un segundo.

Está bien dije. Agarré la caja de pastelería con fuerza, mirando alrededor

de la calle por alguien que pudiera ayudarnos de alguna manera o decirme lo que

debería hacer. Pude sentir mi corazón latiendo con fuerza, y deseé que mi madre estuviera aquí, que no estuviera sola con esto.

¿Estás bien? La pelirroja que había visto a través de la ventana estaba de pie en la puerta de Doggone It! viendo a mi padre, con expresión preocupada. Llevaba

un teléfono inalámbrico en su mano. ¿Necesitas que llame a alguien?

No dijo mi padre, con la voz un poco tensa. Abrió sus ojos y tomó un pañuelo blanco que estaba doblado en su bolsillo trasero, pasándolo rápidamente por

su frente. Mi padre nunca estaba sin uno; eran lavados con el resto de su ropa, y

cuando estaba realmente confundida para ideas de regalo, o realmente quebrada, ellos eran lo que le daba para el Día del Padre. Devolvió el pañuelo a su bolsillo y le dio una sonrisa a la chica que no alcanzó sus ojos. Estoy bien.

Bueno dijo la chica, asintiendo. Pero no se movió de donde estaba parada, aun manteniendo sus ojos en mi padre.

Mi padre se volvió a mí, y me di cuenta de que se veía mucho más pálido que

hace unos pocos momentos atrás, y su respiración era esforzada. No quise asustarte, niña dijo.

Asentí con la cabeza, y tragué saliva con fuerza, no segura de lo que exactamente había sucedido, o cómo hacerle frente. Estás comencé, luego escuché

mi voz vacilar—, quiero decir…

Estoy bien dijo mi padre de nuevo. Se agachó para tomar la bolsa de Henson, y me di cuenta de que sus manos estaban temblorosas. Sacó el llavero y se dirigió al lado del conductor, las llaves tintineando contra su mano temblorosa sin darme cuenta de lo que hacía, di un paso más cerca y tomé las llaves. Me miró, y una terrible y resignada tristeza se apoderó de su rostro antes de desviar la mirada.

Me dejó tomar las llaves de su mano, luego caminó hacia el lado del pasajero

del auto sin una palabra. Mientras desbloqueaba el auto, bajé la mirada y vi pedacitos

de regaliz dispersos en mis pies, la bolsa de plástico atrapada bajo el neumático de una

minivan dos estacionamientos más allá. Subí al auto y me acerqué a abrir la puerta del

pasajero. Alcancé a ver a la chica, aún de pie en la puerta de la tienda de mascotas. Levantó una mano en un saludo, y yo asentí de vuelta, tratando de no notar que ella aún miraba preocupada.

Mi padre se acomodó en el asiento un poco más cauteloso de lo que lo había

hecho hace una hora atrás. Dejé caer la caja de pastelería y mi bolso en el asiento de atrás y moví mi asiento hacia arribaa pesar de que sabía que mi padre era alto, esto

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nunca me pareció tan claro como cuando trataba de conducir un auto en el que él había estado antes que yo, y mis pies incluso no podían alcanzar los pedales. Arranqué el auto, y manejamos en silencio la mayor parte del camino a casa, su cabeza vuelta hacia la ventana. No sabía si estaba aún con dolor. Pero por alguna razón, parecía que no podía formar las palabras para preguntarle. Después de que tuvimos la conversación en el comedor en mi cumpleaños, habíamos hablado muy poco sobre las realidades de su enfermedad. Y no lo había intentado realmente. Era evidente que quería fingir que las cosas eran simplemente normales él hubiera dicho lo mismopero en momentos como este, todo lo que no habíamos dicho parecía impedirme decir nada en absoluto.

¿Viste el nombre de la tienda de mascotas? pregunté después de conducir en silencio durante todo el tiempo que pude soportar. Miré y vi la esquina de la boca de mi padre temblar en una pequeña sonrisa.

Lo hice dijo, volviéndose a mí. Pensé que era poco gorguera 6 gemí, lo que sabía que él esperaba, pero también estaba sintiendo una ola de alivio. Parecía que el aire en el auto se había puesto menos pesado, y era un poco más fácil de respirar.

Vaya dije mientras giraba en Dockside, viniste con eso sin tener unas patas. Mi padre soltó una breve carcajada ante eso, y me dio una sonrisa.

Lindo dijo, lo que era el cumplido más grande que dio, juego de palabras- aconsejable.

Aparqué el auto al lado del de mi madre y apagué el motor, pero ninguno de nosotros hizo ademán de salir del coche.

Realmente es una buena noticia lo de tu trabajo dijo mi padre, su voz sonando cansada. Lo siento si eso se perdió en… —se detuvo, luego aclaró su garganta, todo.

Asentí, y pasé mi dedo por un punto en el volante donde el cuero estaba roto y probablemente podría ser inducido a salir, si trabajaba lo suficiente en ello. Así que comencé, vacilante, ¿Deberíamos… ya sabes… hablar de ello?

Mi padre asintió, así como hizo una mueca ligeramente. Por supuesto dijo. Si tú quieres.

Sentí una llamarada de ira entonces, tan repentina e inesperada como si alguien hubiera encendido un petardo. No es que yo quiera dije, oyendo la agudeza de mi tono, lamentándolo incluso cuando las palabras estaban saliendo de mí. Es que estamos todos aquí, y no estamos hablando, o… —Parecía quedarme sin palabras y rabia al mismo tiempo, y sólo con la sensación de hundimiento en mi estómago, ya que sabía que la última cosa que debería hacer era gritarle a mi padre. Empecé a respirar, para disculparme, cuando mi padre asintió.

Hablaremos dijo. Apartó la vista de mí, proyectándola directamente en el pórtico, como si pudiera ver el tiempo en el futuro cuando esto estaría sucediendo. Diremos… todas las cosas que necesitamos decir. De repente me encontré tragando

6 Gorguera: especie de pañuelo fino ya en desuso que solía usarse para cubrir el cuello o escote.

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pesado, luchando contra la sensación que estaba al borde de las lágrimas. Pero por ahora, mientras aún podamos, sólo quiero tener un poco de un verano normal con todos ustedes. ¿Suena bien? Asentí. Bien. La defensa descansa.

Sonreí ante eso él usaba la expresión legal cada vez que quería declarar un tema por cerradopero no podía apartar la pregunta que había tenido desde que lo habían diagnosticado, la pregunta que de alguna manera nunca sentía que podía preguntar. —Sólo…

Mi padre levantó las cejas, y pude ver que ya tenía mejor aspecto que hace unos pocos minutos antes. Y si no lo hubiera sabido, si no lo hubiera visto, habría sido capaz de fingir que no había pasado nada, que todavía estaba bien. ¿Qué pasa, niña?

Me sentí sonreír ante eso, aunque todavía sentía como si pudiera comenzar a llorar. Este era el nombre de mi papá para mí, y solamente para mí. Gelsey siempre fue “princesa”, Warren era “hijo”. Y yo siempre había sido su niña.

Mientras lo miraba de vuelta, no estaba segura de poder preguntarle, la cosa que había estado preguntando más desde que nos había contado, sentado en la cabecera de

la mesa del comedor. Porque era una pregunta que iba en contra de todo lo que

siempre había creído sobre mi padre. Él era el único que registraba por ladrones cuando mi madre estaba segura de que había escuchado un ruido afuera, al único que le gritábamos para cuando enfrentábamos una araña. El único que solía cargarme y llevarme cuando estaba muy cansada de caminar. El único en el que yo había creído que podía vencer a los dragones y monstruos que habitan en el armario. Pero tenía que saber, y no estaba segura de tener otra oportunidad para preguntar. ¿Estás asustado? pregunté, mi voz apenas en un susurro. Pero podía decir por la forma en que su rostro pareció arrugarse un poco que me había escuchado.

No dijo nada, sólo asintió, arriba y abajo una vez.

Asentí también. Yo también dije. Me dio otra sonrisa triste, y nos sentamos

en silencio.

El autobús retumbó en la calle y pasó por nuestra calzada, deteniéndose en frente de la casa de al lado de la nuestra, el CORTAR: CASA DE VERANO. Una

chica de pelo oscuro en un traje de tenis totalmente blanco salió, luciendo, incluso desde esta distancia, bastante contrariada cuando puso un pie fuera del autobús y hasta

su calzada, pronto oscurecida por los árboles que separaban nuestras casas.

¿Qué fue eso? preguntó, después de que la chica había desaparecido de la vista y el autobús se había ido.

Eso es todo dije. Entonces él extendió la mano y revolvió mi cabello, apoyando su mano en el tope de mi cabeza. Y aunque ciertamente no éramos una familia sentimental, sin siquiera pensar en ello, me incliné más cerca de mi padre, y envolvió sus brazos alrededor de mis hombros, tirándome en un abrazo. Y nos quedamos así durante un momento antes de que ambos nos separáramos, casi al mismo tiempo, como si lo hubiésemos acordado de antemano. Me deslicé fuera del

lado del conductor, abriendo la puerta de atrás para recuperar mi bolso, la caja de pastelería llena desafortunadamente de galletas, y la bolsa de Productos Henson, la que

mi padre me dejó tomar.

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Estábamos subiendo las escaleras de la casa, mi padre apoyado en la barandilla cuando se detuvo y se giró hacia mí, con una sonrisa comenzando a formarse que le hacía lucir menos cansado. Metamorfosis dijo. Fruncí el ceño, tratando de hacerle a esto sentido. Una palabra de doce letras para cambio continuó. Me levantó sus cejas, satisfecho de sí mismo.

Tal vez dije. Vi el crucigrama abandonado sobre la mesa, y quise correr hacia él, ver si era la respuesta que había estado buscando. Vamos a ver.

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Página 61 Capítulo 9 Traducido por Majo_Smile ♥ Corregido por paoo ¡ Gelsey! — grité en

Capítulo 9

Traducido por Majo_Smile

Corregido por paoo

¡

Gelsey! grité en dirección a la casa. ¡Vamos!

Yo estaba parada en la entrada, llaves en mano, donde había estado durante los últimos diez minutos. Miré el reloj y vi que realmente debería haberla

dejado. Aunque no tenía ninguna experiencia real de trabajo, tuve la sensación de que llegar tarde en tu primer día estaba probablemente mal visto. El plan había sido que Gelsey anduviera en bicicleta a su primera clase de tenis esta mañana. Pero su bicicleta (técnicamente, mi vieja bicicleta que era demasiado pequeña ahora) resultó tener un pinchazo, y luego Gelsey tuvo algún tipo de crisis, por lo que se redujo a mí para llevarla.

La puerta principal se cerró de golpe y ella salió al porche, mi madre detrás. Me

di cuenta de que se quedó delante de la puerta, casi como si la estuviera bloqueando,

no sea que Gelsey intentara hacer una pausa y correr hacia el interior. Finalmente

le

dije. Voy a llegar tarde.

Vas a estar bien dijo mi madre.

Gelsey sólo me miró fijamente, como si yo de alguna manera fuera responsable

de

todo esto. Mi madre alisó el pelo de Gelsey y enderezó las mangas de su vestido de

tenis blanco, que había sido mío cuando tenía su edad.

¿Estás lista? preguntó Gelsey, como si hubiera sido yo quien la hubiera hecho esperar. Se separó de mi madre y pisoteó hasta el camino de entrada.

Mi padre, protegiéndose los ojos, se adelantó unos pasos del garaje donde había estado arreglando nuestras bicicletas, ya que la mayoría de ellas no habían estado en condición para montar. Que tengan un buen primer día, ustedes dos gritó. Y cuando vuelvan, voy a tener las bicicletas todas listas. Por lo que ambas deben ser capaces de montar mañana.

Genial dije, tratando de parecer entusiasmada con esto al mismo tiempo que trataba de recordar cuántos años habían pasado desde que monté una bicicleta.

Que se diviertan grito. Hagan cosas grandes.

Me

di la vuelta para saludar, pero él

ya se

dirigía a su mesa de

trabajo,

buscando una bomba de aire, canturreando desafinadamente para sí mismo.

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¿Podemos salir ya? preguntó Gelsey, su voz cargada de desprecio.

Estaba a punto de lanzarle unas palabras de desprecio, tal vez combinadas con una charla sobre cómo era su culpa que no estuviéramos saliendo hasta ahora, cuando me di cuenta de que probablemente no tenía tiempo.

Buena suerte llamó mi madre desde la puerta, sonriendo. No estaba segura de si hablaba de mi primer día de trabajo, o sobre Gelsey llegando en una sola pieza, pero le sonreí poco entusiasta de nuevo, y luego abrí la puerta del conductor y me subí al coche.

Encendí el motor, tratando de no entrar en pánico cuando vi que tenía sólo siete minutos para dejar a mi hermana fuera del Centro Rec y dirigirme hacia la playa, por no hablar de que había recibido sólo una vaga instrucción de Jillian en cuanto a con quien debía hablar cuando llegara allí. Así que tan pronto como llegué al final del camino y perdí de vista a mis padres, pisé duro en el gas, ahora conduciendo mucho

más rápido de lo que los “¡AMAMOS A NUESTROS HIJOS MANEJE LENTO!signos que salpicaban el camino recomendaban.

Gelsey volteó de donde había estado mirando por la ventana y echó un vistazo al velocímetro. ¿Demasiado rápido? preguntó, enarcando las cejas.

Yo no tendría que hacerlo si hubieras estado lista a tiempo le dije, abrazando una de las curvas como un cañón, hacia abajo por Dockside Terrace. Estaba a punto de salir sin ti.

Me gustaría que lo hubieras hecho dijo Gelsey mientras se desplomaba en su asiento. Llegué a una parada brusca que nos sacudió hacia adelante y luego aceleré de nuevo mientras me dirigía hacia lo que siempre había llamado Devil's Dip. Era una colina enorme que descendía drásticamente, luego volvía a subir igual de brusco al otro lado, creando una forma de U gigante. La pendiente había sido mi Waterloo cuando había estado aprendiendo a montar en bicicleta, y no se había hecho menos empinada con el tiempo. Realmente pensé que mamá se estaba echando un farol. No puedo creer que ella me esté haciendo hacer esto.

POR FAVOR

El tenis no es tan malo dije mientras nos deslizábamos colina abajo y luego subíamos del otro lado, mientras trataba de recordar mis propias lecciones de hace mucho tiempo. Nunca lo había amado como mi padre y Warren, y no había estado colgada alrededor del centro de tenis, trabajando en mi revés en la pared de práctica de la manera que otros niños lo hacían.

Realmente dijo Gelsey rotundamente.

Realmente le dije, recordando cómo Lucy y yo habíamos pasado muy poco tiempo jugando al tenis, y hablando la mayor parte del tiempo. Es más que nada salir con tus amigos, con un poco de tenis mezclado.

Amigos repitió en voz baja, mirando por la ventana. Así es.

Miré a mi hermana antes de mirar a la carretera, lamentando mi elección de palabras. Gelsey nunca había hecho amigos con facilidad, y nunca había tenido una mejor amiga que yo supiera. Probablemente no ayudó que gastara todas sus horas de

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vigilia, hasta ahora, en el estudio de baile. Pero Gelsey tampoco se hace ningún favor, sobre todo porque cada vez que se pone nerviosa, lo oculta con arrogancia o desdén.

Mira comencé, un poco vacilante, mirándola. Sé que puede ser difícil al principio, pero…

¡Taylor! La voz de Gelsey de repente aguda. Miré de nuevo a la carretera y luego pisé el freno, duro, haciendo un ruido chirriante en voz alta.

Había una chica en una bicicleta directamente en el medio de la carretera. Manejaba rápido, dirigiendo con una mano y con la otra sosteniendo un teléfono en la oreja.

Jesús murmuré, mi pulso latía con fuerza, mientras comprobaba el otro carril, luego le di un gran rodeo. A medida que pasé a su lado, Gelsey se inclinó e hizo sonar el claxon. ¡Hola! dije, apartando su mano.

La muchacha se desvió, su bicicleta tambaleándose peligrosamente por un segundo antes de que se enderezara y miró al coche. En un movimiento impresionante, trasladó el teléfono a su oído y agarró el manillar con la mano opuesta, de modo que la mano más cercana al coche estaba libre para sacarnos el dedo. Su rostro estaba oculto por una cortina de cabello oscuro, pero no había duda en cuanto a cómo se sentía acerca de nosotras en ese momento. A medida que pasábamos, la vi en el espejo retrovisor, reducida cada vez más a un punto púrpura por su camiseta.

No hagas eso le dije, mientras giraba en el lote de aparcamiento recreativo.

Ella estaba ocupando todo el camino dijo Gelsey. Pero su voz no sonaba tan segura mientras me detuve frente a la entrada principal. El edificio era exactamente el mismo, una estructura alta de madera con PHOENIX LAKE CENTRO RECREATIVO tallado en el toldo. Más allá de la entrada, tendrías que mostrar tu tarjeta de identificación al empleado para acceder a la piscina y cancha de tenis.

Miré a mi hermana y vi que sus manos agarraban las correas de su bolso con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Me miró y me di cuenta de que estaba asustada. Sabía que era probable que dependiera de mí decir algo, algo grande, alentador y fraternal, pero no tenía ni idea de que decir.

Debería irme dijo Gelsey después de un momento, respirando hondo y empujando la puerta. Voy a llamar a mamá para ir a casa, o caminar, o algo así.

Está bien le dije. Diviértete.

Gelsey puso los ojos enormemente a eso, salió del coche y se acercó a la entrada con rigidez, como si estuviera frente a un pelotón de fusilamiento y no a una clase de tenis. Miré el reloj, maldije, y puse el coche en marcha. Peleé fuera de la zona de aparcamiento, ahora oficialmente cinco minutos tarde a mi primer día de trabajo.

***

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Yo no había ido a la playa desde que volví, pero cuando bajé del coche, pude ver que no había cambiado mucho. Había mesas de picnic y bancos en la zona de césped cercana a la playa de estacionamiento. Una pequeña pendiente (había una serie de escaleras si no querías rodar por la colina, yo había sido aficionada a hacerlo cuando tenía alrededor de ocho) bajaba a la arena. La playa no estaba muy llena, había sólo un puñado de toallas y mantas extendidas, con algunas familias y bañistas apostando sus demandas. Unos niños eran un poco ambiciosos ya a mediados de sus castillos de arena en construcción, pero el agua estaba libre de nadadores. Cuando vi la alta silla de salvavidas blanca encaramada en el borde del agua estaba vacía, ya que no había nadie nadando, el socorrista no estaba de servicio todavía. El extremo derecho de la playa era la zona del puerto, con barcos de vela y kayaks y canoas apiladas en la estructura de madera. El lago era la característica principal, que se extendía casi hasta donde alcanzaba la vista. Una balsa de madera grande, completa con escalera, estaba anclada más allá de la sección de natación acordonada para que los niños no fueran más allá, y las boyas amarillas flotando de ella marcaba donde los adultos tenían que parar. El lago estaba rodeado por todos lados de árboles de pino, y las tres islas esparcidas a través de él también estaban cubiertas de ellos. El cielo sobre el lago era claro y de un azul brillante, con nubes tenues. Mirando hacia atrás, a veces parecía que había pasado todos los veranos de mi infancia en esta playa. La piscina nunca había tenido tanto encanto para mí, con su hormigón en bruto y el olor a cloro. La playa se había sentido siempre como en casa.

¿Eres Taylor? Me di la vuelta y vi a un hombre bajito con la cara muy roja,

de unos cuarenta años más o menos, que llevaba una camisa de polo de Lake Phoenix

y entrecerraba los ojos hacia mí.

Hola le dije, corriendo hacia él, tratando de suavizar al mismo tiempo mi cabello y llegar a una excusa de por qué llegué tarde a mi primer día de trabajo. Quiero decir, sí. Le tendí la mano para estrechársela, anoche, Warren me había dado un tutorial sobre cómo presentar una buena primera impresión, y parecía clasificar un fuerte apretón de manos muy alto, pero el hombre se estaba volviendo ya

y caminaba por las escaleras hacia la cafetería, haciendo un gesto para que lo siguiera.

Fred Lefevre dijo por encima del hombro. Por aquí. La cafetera se encontraba en el edificio que se encontraba junto a la Casa Club, donde estaban los baños, salas de máquinas y oficinas administrativas, y Fred se dirigió a través de la puerta abierta del edificio y a una oficina marcada DIRECTOR PLAYA. Él abrió la puerta y me hizo señas, pero tan pronto como crucé el umbral, me detuve en seco.

Había peces en todas partes. Ninguno vivo, pero peces disecados estaban puestos en la mayor parte del espacio de pared disponible, y un calendario de pesca colgaba detrás del escritorio, cuya superficie estaba cubierta con fotografías enmarcadas de Fred levantando enormes peces de trofeo. Había cajas de aparejos de pesca y postes repartidos por todas partes, y mientras Fred se sentaba frente a mí, detrás de su escritorio, me di cuenta de que tenía la apariencia permanentemente quemada por el sol de una persona que pasa la mayor parte de su tiempo al aire libre. Fred se reclinó en la silla de cuero reluciente, de esas con ruedas, y miró hacia mí. De inmediato me enderecé en la silla plegable de metal que estaba fría contra la parte posterior de mis piernas. Entonces dijo. Usted es nuestra contratación retrasada.

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No estaba segura de si quería decir que había sido contratada tarde, o si hablaba del hecho de que yo había llegado tarde al trabajo hoy, así que asentí. Fred tomó el marco más cercano a él y lo miró por un momento antes de volver a mirarme a la cara. En la imagen, Fred sostenía un pez que parecía casi tan alto como él.

¿Sabes lo que es esto? preguntó. Mi conocimiento de pescado era prácticamente limitado a lo que conseguí en los menús de mariscos, así que me limite a sacudir la cabeza. Es un espinoso pino triple dijo con nostalgia. ¿No es una belleza?

Mmm le dije con tanto entusiasmo como era posible.

Eso fue hace dos años dijo, poniendo la imagen hacia abajo, sin dejar de mirarla. No he cogido uno tan grande desde entonces. Y es por eso que estamos aquí.

Parpadeé por un momento, luego miré a la gran variedad de peces, como si de alguna manera me ayudaran aquí. Um, ¿qué? le pregunté.

Me gusta el pescado dijo Fred, arrancando sus ojos lejos del espinoso y mirándome. Y junio y julio son mis meses de apogeo de pesca. Y no puedo pasar mi tiempo en los lagos si tengo que ser el encargado de este lugar.

Está bien le dije, a la espera de una explicación de cómo encajo yo en todo

esto.

Así que me puse una solicitud con Jillian para un empleado más dijo. Alguien de aquí que pueda hacer lo que hay que hacer. Sobre todo la cafetería, pero también necesito a alguien para ayudar a poner la película en-las-noches-de-playa. El

año pasado, fue

finalmente. Básicamente, tengo que ser capaz de estar lejos de este lugar y saber que

todo va a estar cubierto. Así que voy a ofrecértelo. ¿Suena bien?

Bueno dije, girando más de mí trabajo en mi cabeza. No era que sonaba mal, era sólo que yo no estaba segura de que estaba calificada para hacer nada de eso—. Es justo…

¡Bien! dijo Fred, de pie, al parecer, esta reunión había terminado en lo que a él concernía. Digamos que cuatro días a la semana. Voy a dejar de trabajar fuera del horario con los demás, saber dónde están los agujeros.

Me puse de pie, por instinto, ya que se cernía sobre mí y claramente quería que me fuera de su oficina adornada con peces. —Pero…

El trabajo es muy sencillo, Taylor dijo, rodeando su escritorio para acompañarme, y luego abriendo la puerta para mí, en caso de que todavía no estuviera recibiendo la señal de que tenía que salir. Haz que mi vida sea simple. Quiero pescar. Y quiero pescar sin ser molestado. Así que si me puedes ayudar a hacer que eso suceda, estarás haciendo un gran trabajo. ¿De acuerdo?

Está bien le dije, dando un paso fuera de su oficina, y luego otro, mientras comenzaba a cerrar la puerta—. Pero, ¿dónde debo…?

Hizo una pausa por un momento. No un éxito concluyó

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Empieza en la cafetería dijo. Ve lo que hay que hacer. ¡Bienvenida a bordo! Con eso, cerró la puerta con firmeza en mi cara.

Miré a mí alrededor y no viendo otra opción, me dirigí a la cafetería. Sólo había venido unas pocas veces, después de mendigar cuartos y monedas de un centavo, o encontrar un billete de dólar arrugado, arenoso en mi bolsa de playa, por lo general para obtener un Cherry Coke o compartir el helado cremoso con Lucy. Pero al final del pasillo de la oficina de Fred había una puerta marcando claramente:

SOLAMENTE EMPLEADOS DE LA CAFETERÍA, así que tomé un respiro y la abrí, esperando que alguien de allí pudiera decirme exactamente lo que se suponía que debía hacer, preferiblemente sin anécdotas de peces.

Desde el otro lado del mostrador, la barra también era bastante pequeña y estrecha. La fuente de soda alineada en una pared, junto con un refrigerador grande plateado y dos congeladores. Detrás de eso estaba una parrilla y una freidora. Había estantes que mostraban las opciones de chips y carteles con las barras de helado disponibles, y allí estaban caramelos envueltos individualmente, a la venta por un cuarto, en el mostrador.

No lo hagas. No te muevas dijo una voz detrás de mí. Me di la vuelta y vi a un chico sentado en la mesa, inmóvil, un periódico enrollado elevado por encima de su cabeza.

Yo había pensado que me encontraba sola en el bar, y el corazón me latía con fuerza de la impresión. Hola tartamudeé cuando conseguí un poco de compostura—. Yo soy…

Shh susurró, su voz baja y estable, todavía sin mirarme. No la asustes.

Me quedé inmóvil, y traté de ver a lo que levantaba el periódico, pero sólo podía ver el contador vacío. De repente tuve un miedo horrible que hizo que no sólo quisiera moverme y rápido, sino también saltar sobre el mostrador con él. ¿Es un ratón? susurré, sintiendo mi piel comenzar a sudar. Si lo fuera, no me importa lo que dijera iba a salir de allí lo antes posible.

No murmuró el chico, concentrado aún en el mostrador. Es una mosca. Ha estado burlándose de mí toda la mañana. Pero voy a tener mi victoria.

Oh dije en voz baja. Me cambié de un pie al otro, preguntándome cuánto tiempo iba a pasar, y también lo que se supone que haga si algún cliente llega. En el silencio que pr