C10 l Entrevista


El Comercio

domingo24 de agostodel 2014
En tu ensayo de balance del IEP,
dices que estamos entre la idea
crítica de que el Perú es una su-
ma de fracasos y traiciones, y la
del Perú que avanza.
El Perú está cambiando en mu-
chos sentidos y hay esos dos
imaginarios en la gente, es un
magma que no está cristaliza-
do. Tenemos esa tradición don-
de todo es una porquería, nues-
tra historia es una vergüenza de
derrotas y traiciones. Y esta otra
mirada optimista que dice, "no,
el Perú está saliendo adelante".
Y tenemos que repensar el pasa-
do en esa clave optimista tam-
bién, encontrar motivos por los
cuales sentirnos orgullosos. Va-
mos a celebrar el bicentenario y
es un buen momento para pen-
sar qué hemos sido, qué quere-
mos ser.
Tu campo es la política, ¿real-
mente, como dices en tus tex-
tos, estamos ante lo que llamas
una tendencia plebiscitaria a de-
cir si o no y punto?
Sí, hemos estado acostumbra-
dos a pensar que la política de-
be funcionar de cierta manera
y los ciudadanos comportarse
de determinada manera. Y ya
está recontraclaro que las cosas
no funcionan como se esperaría
que funcionen.
Hablas de gente que no se orga-
niza como se espera y que mu-
cho depende de ‘brokers’
o intermediarios que
hacen impredecibles
las elecciones.
El enfrentamiento
entre Castañeda y
Villarán es elocuen-
te. Desde cierto án-
gulo es incomprensi-
ble que Castañeda con
el tipo de campaña que tiene
tenga tanta intención de voto.
¿Será una nueva revocación, sí o
no por Castañeda?
Y sí o no por Susana Villarán.
La gran lección es que tenemos
que asumir que ese es el punto
de partida. No basta con que-
jarse de que los ciudadanos son
irresponsables, hay que enten-
der por qué son como son y ha-
cerse cargo de lo que piensan y
de lo que esperan.
que fue ideólogo de la reforma
educativa, o Jorge Bravo Bresa-
ni. Pero el grupo que se quedó
aquí fue cada vez más crítico.
Julio Cotler fue deportado.
Y Heraclio Bonilla sacó “La in-
dependencia en el Perú”, que
chocó contra todo el ‘establish-
ment’ político e historiográfico.
Hubo hasta una amenaza de ce-
rrar el instituto.
Y luego vinieron el miedo y la crí-
tica a Sendero Luminoso.
Sobre todo a partir de los estu-
dios de Carlos Iván Degregori.
Y se construyó un muro alre-
dedor del instituto. El ILD (de
Hernando de Soto) tuvo un ca-
rro-bomba, se justificaban las
previsiones. Luego, en el 93 o
94, llegaron los investigadores
y encontraron todo revuelto.
Algunos interpretaron que ha-
bía sido el SIN.
En “50 años pensando el Perú”,
señalas que hemos pasado del
intelectual que se hace las gran-
des preguntas sobre el Perú al
experto en temas puntuales.
Eso tiene sus pros y contras. Te-
nemos que buscar un equilibrio.
En todas las ciencias sociales en
América Latina, se está discu-
tiendo esto. Tuvimos una etapa
pública, muy politizada. Como
respuesta a eso, nos metimos a
ser especializados. Ahora deci-
mos: "¡Un momento!, esa tra-
dición de la que veníamos tenía
cosas buenas". ¿Qué sentido
tiene hacer trabajos rigurosos
si no interesan a nadie en países
como el nuestro?
Se les abre otro horizonte, que
es la demanda de opiniones pun-
tuales en los medios.
Sí, es una obligación aportar a
los debates. Así lo entendemos
acá. Uno espera que lo que uno
investigó llegue a tener un im-
pacto en las personas.
Y esa obligación podría llevarlos
a un ‘media training’.
Hubo algo así.
¿Un taller de claun?
No tanto [ríe]. Un par de amigos
periodistas dieron un taller. Yo
me corrí, pero otros lo tomaron.
Es cierto que venimos de una
tradición de desconfianza con
el mundo del periodismo. Algu-
nos se resienten porque, claro,
quieren presentar un resumen
de su trabajo en 40 minutos y les
dan minuto y medio.
Hay una discrepancia más pro-
funda, ¿no será que los intelec-
tuales se sienten desplazados
por los medios?
Sí, también. Pero es cierto que
en otros países uno encuentra
que el periodismo da más espa-
cio a la discusión política e inte-
lectual. También está la idea de
que los medios tienen agendas
propias e instrumentalizan a los
expertos para justificar sus posi-
ciones políticas.
Diré, conciliadoramente, que
es cierto que esos espacios son
muy reducidos, pero los intelec-
tuales deben tomarlos.
Sí. He oído a algún colega decir,
"mi trabajo termina con la publi-
cación, no voy a hablar más, que
lean el libro". Esa es nuestra tra-
dición. Tenemos que cambiar.
E
l IEP me hizo ver que
el Perú no era lo que
aprendí en el cole-
gio. Pero tampoco
era, necesariamen-
te, lo que decían sus libros como
“Clases, Estado y nación”, de Ju-
lio Cotler, o “La independencia
en el Perú”, de Heraclio Bonilla
y Karen Spalding, que causaron
un ‘shock’ a mi generación (a mí
me convencieron de estudiar
Sociología). Porque el Perú era
y es, para el IEP, discusión abier-
ta, país en construcción, idea
crítica; jerga que saldrá a tallar
al conversar con Martín Tanaka,
pródigo politólogo que fue di-
rector del instituto entre el 2005
y el 2006. Hoy, su presidenta es
Roxana Barrantes.
Tienes casi la edad del IEP (49),
¿cuál fue tu primer contacto con
el instituto?
En la universidad me encontré
con los libros de María Rostwo-
rowski, John Murra, Cotler. En
el colegio tuve una formación
muy tradicionalista.
¿Tenías la vocación de las cien-
cias sociales o te reconvertiste?
Me reconvertí. Para mí, con una
formación tradicional, solo ha-
bía tres carreras: Medicina, De-
recho e Ingeniería. En la univer-
sidad descubrí la Sociología.
¿Te interesaba más la reflexión
que la acción?
En esos años universitarios las
dos cosas estaban juntas, pero
nunca fui un activista en senti-
do estricto.
Los religiosos de izquierda de-
cían: "No hay fe sin obra".
Sí, pues, para poder hacer mejor
obra, requieres un buen diag-
nóstico y para eso necesitas un
ejercicio de distancia, de frial-
dad, que es la mejor manera de
servir a una causa.
El IEP no ha pecado de activista
ni de estar en una torre de marfil.
Reivindico eso. Había institu-
ciones vinculadas con partidos
políticos y eso hacía que fue-
ran instrumentalizadas por la
lógica política. Si bien muchos
investigadores tenían compro-
misos políticos, lo académico
pesaba más.
Sin embargo, la reflexión no se
hace por gusto, sino para con-
tribuir a la sociedad. ¿El IEP se ha
sentido un ‘think tank’?
Creo que sí. En dos dimensio-
nes, una no muy visible, que es
la de haber funcionado como
lugar de reunión. El IEP no des-
pierta recelos y la gente viene a
las mesas verdes.
¿Se llaman así por ecologismo?
No, por el color del paño [ríe].
El caviar no es verde, ¿te molesta
esa palabra?
Lo tomamos con humor. Es una
institución que viene de una
tradición progresista y si temas
como los derechos humanos, la
igualdad, la valoración de la di-
versidad son considerados así,
pues así será.
Hay hitos interesantísimos en el
IEP, hubo un evento en el que par-
ticipó Velasco.
Fue el Congreso Internacional
de Americanistas. José Matos
Mar tenía una relación casi de
amistad con Velasco y muchos
de los fundadores terminaron
vinculados al gobierno militar,
como Augusto Salazar Bondy,
HUGOPÉREZ
Cuando
el Perú
nos da
vueltas
Martín Tanaka ha compilado el volumen “50
años pensando el Perú”, en que el Instituto
de Estudios Peruanos revisa su medio siglo de
aporte a los grandes debates nacionales.
COMPILADOR.
Martín Tanaka,
sociólogo
experto en
política, ha
compilado
ensayos
críticos sobre el
IEP en "50 años
pensando el
Perú".
Fernando Vivas
DE CASA. Efraín
Gonzales de
Olarte, Julio
Cotler, Carolina
Trivelli, Carlos Iván
Degregori (ex
directores del IEP)
y Manuel Glave.
INVITADO.
Fernando
Cardoso, ex
presidente
de Brasil, en
coloquio del IEP.
ILUSTRES.
Julio Cot-
ler y María
Rostwo-
rowski en
los primeros
tiempos del
IEP.

"Ahora decimos:
'¡Un momento!,
esa tradición de la
que veníamos tenía
cosas buenas'".
ANIVERSARIO DEL IEP
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El Instituto de Estudios
Peruanos celebra
50 años de vida y
publicaciones.
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