Yuuki empujó los labios hacia adelante, exigiendo incluso caricias más

amorosas. "¿Quieres decir que lo quieren aquí?" Kamishiro sonrió,
acariciando las nalgas y los muslos de Yuuki. Su ronroneo bajó, sexy e hizo
estallar en piel de gallina a Yuuki.

"¡No!" Yuuki gritó, su cuerpo vibraba con mayor intensidad.







l autobús salió de la carretera principal y giró hacia el
camino rural de un solo carril. Las barandillas tenían las
marcas de innumerables accidentes, y las manchas de
óxido estaban moteadas de florecido moho en los lugares
donde la pintura se encontraba ausente.
Una comunidad dormitorio apareció, salpicada de
edificios antiguos, pero no había carteles. La escena parecía
una pintura de un paisaje bucólico: pintorescas casas, colinas,
montañas altas en la distancia.
Un cachorro durmiendo en su caseta añadía un toque de
realismo, junto con las copas de los árboles que se mecían con
la suave brisa. El perro, repentinamente, asomó la cabeza y
levantó las orejas. El autobús que recorría esta ruta cada pocas
horas iba por ese mismo camino, balanceándose de atrás hacia
adelante mientras se aproximaba, pero el perro no se molestó
en seguir buscando. El ruido lo había despertado, sin duda, pero
sabía que el autobús no se detendría ahí.
Pero hoy era diferente. Si el perro hubiese sido humano,
podría haber arqueado una ceja mostrando curiosidad.
El ruido del aire comprimido provocó un vago recuerdo
en la mente confusa del perro, remontándolo de vuelta a los
viejos tiempos donde su amo se bajaba del autobús y le daba
un pequeño regalito de dulce olor.






El perro golpeó la cola en espera anticipada,
esperanzado, mirando hacia la puerta de salida. Justo cuando
estaba a punto de raspar la puerta para dar la bienvenida, el
perro se dio cuenta de que algo estaba mal.
Este hombre no tenía el mismo andar de su amo, ni el
mismo agradable olor. El perro se desplomó en el suelo y olfateó
descontento, la cola caída. Cuando alzó la vista hacia el
hombre que estaba pagando su pasaje, el perro recordó cómo
su amo lo hubiera mirado. Este humano no encajaba en
absoluto, se dio cuenta de ello sintiendo un poco de miedo.
Por último, el hombre salió, meciéndose en el autobús con
cada paso que daba mientras bajaba. Una de sus piernas se
movía con normalidad, mientras que la otra cojeaba de
manera extraña. El perro giró la cabeza, mirando perplejo.
— ¿Es este el...?, —el hombre empezó a decir, mirando
por encima de su hombro.
Pero antes de que pudiera terminar la frase, la puerta del
autobús se cerró con un frio golpe. El conductor simplemente no
quería molestarse en hablar con una persona que no
perteneciera a la ciudad. Había llegado hasta aquí negándose
a discutir con los de personalidad citadina del tipo-A, que
siempre se quejaban de algo.
—Maldición. Sólo quería preguntarle dónde diablos estoy,
—murmuró el hombre, sacudiendo su cabeza. El movimiento
capturó la atención del perro, que miró hacia arriba con sus
brillantes ojos negros.
— ¿Eh? —el hombre dijo.
El perro meneó su cola, luchando con el impulso de volver
nuevamente a su caseta.





—Hey, aquí.





El perro respondió con un cortés wuff. Tenía catorce años,
y estaba cansado de dormir lejos en soledad durante el día.
Todas las tardes, cuando los niños del barrio iban a la escuela, el
perro saltaba sobre sus pies, con la esperanza de poder jugar un
poco, de manera que pudiera romper el aburrimiento. Ahora el
hombre que cojeaba iba hacia él.
Aunque era un animal doméstico criado en una ciudad
tranquila, el perro no había perdido del todo su cautela canina.
Los olores que agredían a su nariz no pertenecían a su amo,
aunque el hombre se movía de forma familiar a la de él. Sin
lugar a dudas, este hombre encontraba el caminar algo pesado
de hacer.
—Hey, tú, —dijo el hombre, agachándose para tener una
visión mejor. El sol entraba a raudales por la espalda del hombre
y brillaba en los ojos del perro, haciéndole parpadear.
— ¡Lo siento! Está muy brillante el sol en el día de hoy,
¿eh?
El hombre se levantó de nuevo, bloqueando la luz. Hacía
un calor ardiente ese día, pero se sentía muy agradable a la
sombra. Cualquier perro instantáneamente quería parecerse a
un humano que pudiera compadecerse con su suerte en la
vida. Movió su cola aún más rápido.
Durante décadas, Hokkaido había disfrutado de su
reputación como el lugar perfecto de vacaciones de verano.
Pero para un perro viejo como éste, una década era
prácticamente toda la vida.
En este valle, los veranos eran ardientemente calientes y
los inviernos muy fríos. Cuando llegaba el invierno, las
temperaturas caían hasta el punto de congelación. Poca gente





se quedaba en un lugar exigente durante esa época, pero los
perros no tenían voto acerca del lugar donde sus dueños
ponían sus estacas en el suelo.
—He oído que hay un café llamado Fuuka por aquí, —dijo
el hombre—. ¿Lo conoces? No tengo la dirección, y no he visto
ninguna señal. No hay nadie alrededor a quién preguntar.
¿Debo entrar para encontrar a tu dueño y preguntarle la
dirección? ¿O le dejaría una impresión equivocada?
El perro ladró en respuesta, feliz de mantener la
conversación.
— ¡Buen trabajo! —Dijo el hombre con aprecio—. El ruido
puede atraer a alguien que ande por los alrededores. ¿Hay
alguien en casa?
El perro ladró con un cierto matiz en esta ocasión, lo que
sugería que entendía que el hombre estaba haciendo una
pregunta. Con una sonrisa irónica, el hombre dio unas
palmaditas en la cabeza del perro. Su mano era más grande
que la de su amo y se sentía aún mejor.
Manteniendo la mano en la cabeza del perro, el hombre
miró su entorno. Las montañas se levantaban con valentía por
encima de los campos, donde el verde follaje se agitaba con la
brisa.
—Adorable, —suspiró, mirando el majestuoso cuadro.
El hombre estiró la mano para que el perro pudiera
lamerla. Su piel se sentía curtida en la lengua del perro, al igual
que la barbilla de su amo al final del día. Con la otra mano, el
hombre se rascaba su masa enmarañada de cabello negro
azabache, que parecía desentonar con su personalidad. Sus
fuertes brazos estaban cubiertos con costras y parches.





El perro no podía dejar de sentirse superior a este extraño
animal. El hombre, obviamente, no tenía a nadie que cuidara
de él. Al menos el perro tenía un buen cepillado todos los días, e
incluso había sido bañado la semana anterior.
El hecho de que el hombre no era una bestia salió
derecho sobre la cabeza del perro.
—Bien. Alguien se está acercando, —dijo el hombre,
mirando a través de su largo flequillo.
El conejo ha sido finalmente expulsado de los bosques
(1)
.
Hacía siglos que el perro había estado cazando
(2)
, y se dio la
vuelva para mirar.
—Por fin, —dijo el hombre, sonando aliviado.
El perro bajó la nariz y olfateó. El humano que se
aproximaba era una abuela que a menudo pasaba por allí. Ella
nunca, nunca le había dado al perro un tratamiento de ningún
tipo.
—Bueno, entonces, —dijo el hombre, asintiendo con la
cabeza al perro. El cachorro instantáneamente hundió sus
dientes en el costado de los andrajosos pantalones del hombre.
—Hey, hey, hey, —el hombre se echó a reír, empujando
suavemente la nariz del perro. El perro gimió, pero no lo soltó.
—Oh, bueno. De todos modos, parece que ella pasó de
largo. No hay daño, no hay castigo. ¿De verdad, tantas ganas
tienes de jugar?

(
1
) Es una metáfora y se refiere a que al fin alguien ha salido de sus casas ya que el lugar
parecía desierto.
(
2
) Se refiere a que el perro tiene buenos reflejos y se percató de la presencia de otra
persona de inmediato.





El perro movió la cola con energía, rogando que el
hombre no lo dejara.
—Lo siento, pero realmente no tengo tiempo hoy. ¿Tal vez
la próxima vez?
La próxima vez era un concepto demasiado abstracto
para el entendimiento de un perro, por lo que el hombre se
echó a reír y se agachó de nuevo. Su agradable voz hizo que el
perro se sintiera seguro, y abriera sus mandíbulas.
—Um, perdón.
La anciana les dirigió una mirada de perplejidad. Rara vez
se presentaba un extraño en ese sitio. ¿Era este hombre algún
hijo pródigo que había regresado a casa? Ella rebuscaba en su
cerebro, tratando de recordar quién podría ser.
—¿Podría usted decirme si hay un café llamado Fuuka por
aquí?— preguntó el hombre, irrumpiendo en sus pensamientos.
—¿Fuuka?
—Es de un joven que lo administra.
—¡Oh! Usted debe referirse al nieto de Sano-san, —dijo la
abuela, asintiendo vigorosamente.
—Sí, sí, así es.
Ella lo miró de arriba hacia abajo. Él le recordaba a un
pariente que no había visto en años. Punzadas de dolor
sacudían el corazón de la mujer, pero ni el hombre ni el perro
pudieron haber sabido que ella se sentía de esa manera.
—Por allá, —dijo en voz baja.
—¿Dónde?





La mujer señaló con su nudoso dedo más allá de la
caseta del perro, hacia un edificio con paredes de estuco
blanco cubierto de hiedra. Un camino hacia la puerta principal
se veía en una pequeña colina.
—Esa es la casa de Sano-san. Ellos lo llaman Fukka.
Supuestamente un juego de palabras.
—Oye, ¡gracias!, —Dijo el hombre, haciendo una cortés
reverencia. Como si compartiera la alegría del hombre, el perro
meneó feliz la cola hacia arriba y hacia abajo.
Ahora la opinión de la anciana había pasado de
“sospechoso” a “pato extraño”
(3)
. Dado que el perro no tenía
miedo de él, no debía ser peligroso. Su natural desconfianza
hacia los extranjeros disminuyó un poco.
—Lo siento, no hay más tiempo para la diversión y los
juegos en el día de hoy, —le dijo el hombre al perro—. Pero si
encuentro trabajo, voy a regresar.
La anciana se preguntó si el desconocido estaba
buscando un trabajo en el café. Ella le dirigió una última mirada
al hombre y se fijó en las extrañas huellas que dejaba el
forastero al cruzar la desierta carretera. Hizo otra nota mental:
“pierna lenta, habla con perros”; y siguió su camino, llevando consigo
un chisme bueno para contar en su próxima visita a la sala de
espera del hospital.
Pero si el perro pudiera hablar, le habría dicho: usted,
anciana miedosa. Yo imaginé todo eso hace mucho tiempo.


(
3
) Es como si dijera “bicho extraño”.






l mostrador de Fuuka contaba con solo cinco taburetes,
mientras que había tres puestos ante los grandes
ventanales. El café era muy pequeño, si uno daba dos o
tres pasos en cualquier dirección, se estrellaría de inmediato
contra uno de los muros.
El edificio no se encontraba rodeado de edificios, sino
que estaba ubicado en un barrio residencial a las afueras del
pueblo. El propietario era el chef, y en lo que a él concernía,
había espacio más que suficiente en el lugar.
A la luz del día, visto en retrospectiva, el contraste de la
construcción entre la casa original y el café era evidente. Pero
una vez que el sol se ponía, no se podía distinguir la diferencia.
Se acercaba la hora de cierre. Yuuki miraba a sus dos
últimos clientes y suspiraba. ¿Debería decirles que ya era hora
de que se fueran? Tomó una bandeja y se levantó de su silla en
la cocina.
—¡Hey, Yuuki-chan! ¿Me pondrías otro parfait en mi
cuenta? —Rogó una chica de secundaria con el rostro cubierto
de maquillaje.
—Sigue comiendo a este ritmo y vas a explotar como un
globo, espera a la cena y come algo sano en su lugar.
—Pero es taaaan bueeeeno.






—Sí que es taaan bueeeeno, ¿eh? —Yuuki bromeaba,
tocando con un dedo la frente de la muchacha. Las chicas no
mostraron señales de irse, pero siguió sonriendo.
—Vamos, siéntate —dijo la otra chica.
—Es hora de pagar su factura, —respondió con firmeza
Yuuki.
—Oh, no digas eso.
Sólo tenía dieciséis años, pero agitó sus pestañas como le
gustaba hacer a las mujeres mayores. Yuuki ahogó otro suspiro y
se sentó ante su mesa. Habían estado sentadas allí durante un
período mínimo de dos horas.
—Tu cabello está realmente largo, Yuuki-chan. Va camino
de estar más largo que el mío, —dijo la primera chica.
—Es molesto cortarlo. Es más fácil dejar que crezca, —
murmuró Yuuki.
—Yo podría trenzarlo, —ofreció ella.
—Es suficiente.
Ella extendió la mano y trató de agarrar su cola de
caballo, pero él se alejó y negó con la cabeza.
—Ahora piérdete, —le reprendió—, esto no es un club de
anfitriones, ya lo sabes.
—¡Oh, grosero! ¡Como si no lo supiera! Pero tu cabello es
tan....
De repente ella se quedó en silencio, pero su rostro decía
mucho mientras miraba dentro de los ojos de Yuuki. ¿Irías alguna
vez a cortarte el cabello?





—¿Qué? —Murmuró Yuuki.
—N-nada, —balbuceó ella, volviendo su atención a la
chica sentada a su lado.
—¡Mi piel ha estado horrible últimamente! —Ella gruñía,
rociando saliva—. Cada día tengo un grano nuevo.
—¡Yo también! ¿Conoces algo para combatirlos? Dicen
que no apoyes tu cara en la almohada, pero ¿cómo se supone
que debes dormir entonces?
“Si te la pasas comiendo helados, la grasa obviamente tiene que salir
por alguna parte”, quería decir Yuuki, pero se tragó sus palabras.
—Son casi las diez. Ya ha pasado demasiado tiempo para
que estén lejos de sus casas.
—No, está bien.
—No, no está bien. Se pone muy oscuro por aquí sin luces
de la calle. ¿Quién sabe lo que podría haber ahí fuera?
—¿Quieres venir con nosotras entonces? —preguntó la
primera chica.
—Estoy ocupado, —mintió Yuuki.
Las chicas gritaron cuando se rieron.
—Pero tú no tienes ningún otro cliente.
Ellas tenían toda la razón, pero Yuuki frunció el ceño y las
miró. Incluso después de que ellas se fueran y cerrara las
puertas, nunca lo entenderían.
Él ya había quitado el letrero de “Abierto” y retirado de la
acera el cartel del menú. Ninguno de sus habituales clientes de
los alrededor pasaba por el bar más allá de la hora de la cena.





Estas chicas de la escuela secundaria agotaban su paciencia,
pero él conocía a sus madres y abuelas, y nunca se quejaría
realmente con ellas.
—Hey, vi tu cartel en el exterior de “Se busca ayuda”, —
dijo de pronto una de las chicas—. ¿Podría hacerlo yo? Mi
mamá, probablemente estaría de acuerdo.
—Necesito a alguien para trabajar de día. El año escolar
acaba de empezar, ¿verdad?
—¿Y si trabajo después de la escuela? Necesito un
trabajo a tiempo parcial.
—Trata en la tienda de conveniencia. Tienen un cartel de
búsqueda de personal, también.
—¡Meanie! —la otra muchacha golpeó.
Yuuki entrecerró los ojos mirándola. No hacía mucho
tiempo que había estado en el mismo barco, queriendo ganar
dinero para complementar su mesada para comprar ropa. Pero
estas chicas necesitan mucho más, pagar sus cuentas de
teléfono celular, cosméticos y un millón de otras cosas.
La primera chica le dio una moneda de 500 para pagar
por el parfait que costaba 480 yenes.
—Quédate con el cambio, —dijo animadamente.
—No, gracias, —dijo con el ceño fruncido. Eran sólo 20
yenes, pero no le pertenecían. Él estaba tratando de decirle
que no malgastara el dinero de sus padres, pero ella no
entendió el mensaje.
—Eres tan lindo cuando estás enojado, —se rió—. Hasta
mañana.





Pretendiendo que se iba bajo una gran presión, miró por
encima del hombro en una imagen bastante deprimente de
coquetería.
Ella no movió la sangre de Yuuki en lo más mínimo, ni
siquiera los brazos curtidos o los muslos maduros que asomaban
de su traje corto de marinero. Su cara angelical anulaba el
encanto de su cuerpo maduro. Debajo de su espeso maquillaje
pudiera ser que hubiera algo lindo, pero todo esto sólo le servía
para recordarle la inmadurez de la chica.
—¿Así que finalmente se fueron? Qué amable de tu parte
el cuidar niños, —dijo el hombre sentado en el mostrador, que
miraba exasperado mientras fumaba su cigarrillo. La campana
que colgaba en la puerta giró hacia atrás y adelante, un
recuerdo persistente de los últimos clientes del día.
—Hey, Sano, ¿ella te ha llamado Yuuki-chan?
—Bueno, conozco a su familia desde que su abuela
estaba viva. Cuando los niños nacieron, mi abuela los
frecuentaba para ayudarlos.
El hombre que estaba en el mostrador frunció el ceño. Por
alguna razón, las chicas nunca le dirigían una mirada al pasar,
no importa cuántas veces se cruzasen sus caminos.
Por no hablar de su afirmación de que no había otros
clientes allí. ¿Cómo podrían perderse a ese gran hombre
sentado en el mostrador? Pero ellas apenas se habían reído.
Para ellas, no era un cliente real.
—Ellas aún tienen dientes de leche. No deberían de estar
tras los dulces todo el tiempo.





Al principio, Shin sólo iba una vez al mes. Luego, una vez
cada dos semanas. Después, cada fin de semana. Ahora los
únicos días en que Yuuki no lo veía era cuando estaba de viaje
por trabajo.
—Se los comen en lugar de la cena, —Yuuki se encogió
de hombros.
—¿Ellas llaman a eso cena?
“Si estás tan preocupado por su bienestar, ¿por qué no haces un
movimiento y ves qué pasa?”, Yuuki pensó, dirigiendo a su amigo una
mirada burlona.
De repente, sus ojos se encontraron. El corazón de Yuuki
golpeó de manera alarmante, y rápidamente desvió la mirada.
—Sí, es doloroso viviendo en el mismo barrio que ellas. Las
niñas de la escuela secundaria no andan en pantalones
vaqueros y camiseta. Hombre, esos eran días…
—Tal vez sea esa mirada de miedo en tus ojos, Shin, —dijo
Yuuki. Pero otra voz dentro de él estuvo en desacuerdo.
Shin violentamente apagó su cigarrillo, traicionándolo su
irritación, pero se las arregló para sonreír.
Él no había cambiado nada desde que habían ido a la
escuela juntos. Sólo que ahora trabajaba en una empresa de
construcción local, y había cambiado su uniforme por un par de
mamelucos. Con su cabello bien recortado, la piel bronceada,
y una apariencia malditamente bien tormentosa, Shin era un
tipo agradable, aunque a veces tenía una lengua afilada.
De regreso a la escuela, los estudiantes y profesores,
todos, le llamaban Shin, al igual que Yuuki. Shin había caído en
el hábito de llamar a Yuuki por su nombre, Sano.





Incluso ahora, muchos años después, Yuuki sólo podía
referirse a Shin como un amigo. Pero cuando sus ojos se
encontraban, Yuuki tenía que apartar la mirada. La mirada de
Shin se había vuelto una espada afilada que cortaba para abrir
viejas heridas.
—Tal vez debería dejar crecer mi cabello, también. Podría
mejorar mi suerte con las damas.
—No digas cosas como esas. No me gusta.
Yuuki no había cortado su cabello durante casi un año,
por lo que casi le llegaba a los hombros. Por razones de
simplicidad, lo recogía en una cola de caballo.
Pero él no estaba dejando crecer su cabello para ser
popular entre las damas, como Shin sugirió. De hecho, él
realmente no sabía por qué se había resistido a cortárselo. Por
suerte para Yuuki, su amigo nunca le comentó que se veía casi
afeminado.
—Tal vez sólo lo deje crecer un poco en la parte superior,
—dijo Shin de brazos cruzados—. Estoy muy lejos de convertirme
en una persona hermosa.
Yuuki sabía que su amigo no estaba siendo sarcástico,
pero Shin sonrió tímidamente. Erase una vez, él había sido una
de las “personas hermosas”, o eso era lo que las chicas decían.
Pero en realidad nunca fue elogiado por su apariencia. En
cambio, ellas lo decían en tono despectivo, en venganza por
todas las veces que él les restó importancia.
Yuuki era de altura media, pero había heredado de su
madre una estructura ósea delicada y una piel blanca. Incluso
ahora, a la edad de veinticinco años, no exhalaba
precisamente olor a masculinidad.





De vuelta a la realidad, Shin siempre le recordaba que la
belleza era “superficial” y se quejaba de que Yuuki era
demasiado tímido. Yuuki miraba la cara familiar a través del
mostrador.
“En cierto modo, somos los mismos ahora que éramos entonces”,
pensó.
Yuuki recordó sus días de escuela, cuando pensaba que
Shin era muy arrogante. La forma en que inclinaba la cabeza
mientras tomaba una caja de zumo, el sudor que goteaba de
su cara. Shin estaba en el equipo de fútbol y corría todos los días
alrededor del campo. Shin, no sólo tenía a la manager del
equipo femenino suspirando por él, sino que también tenía
siempre una chica a su entera disposición.
Una vez, Yuuki se había obsesionado secretamente por la
piel de bronce de Shin y su cuerpo tonificado. Pero en los siete
años que habían pasado desde su graduación, su amistad se
había convertido en algo cómodo.
—Has permanecido abierto más tarde que de costumbre,
¿no? —comentó Shin—. ¿Por qué no cerrar un poco antes?
—Lo que sea. No es como que tuviera algo mejor que
hacer.
—Hey, hey, no hay necesidad de ser un mártir por ello.
Yuuki había heredado Fuuka de sus abuelos.
El café hacía la mayor parte de su negocio en el
almuerzo y la cena. Dado que limpiaban las aceras bastante
temprano en el país, los clientes eran pocos y distantes entre sí
después de las ocho.





Después de que Yuuki se hizo cargo del lugar hace cuatro
años, los estudiantes de secundaria comenzaron a bajar por el
camino a casa desde la escuela. Antes de eso, sus abuelos
cerraban antes para que otros dueños de los negocios del
barrio se pudieran reunir allí para realizar sesiones nocturnas de
juego.
No era probable que viniera alguien a tocar a la puerta
para ser atendido una vez que colgaban el cartel de “cerrado”,
además la cocina ya estaba limpia. Sintiéndose de mal humor y
aburrido, Shin jugaba con su paquete de cigarrillos y miró a la
cara de Yuuki.
“Ella ya no está aquí. No hay nada más que puedas hacer”, quería
decirle Yuuki.
Pero en lugar de eso, dijo, —¿Tienes suficiente para
comer? Podría preparar un aperitivo. Te ves como si se te
hubieran subido algunos tragos a la cabeza.
—Está bien, ya estoy lleno. ¿Te importa si tomo un baño?
—No hay problema.
Bostezando, Shin caminó a través de la cocina entrando
a la casa. En contraste con la forma en que hurgaba los
pulgares en su cinturón como un anciano, el trabajo de sus
ágiles pies parecía que estaban en pleno funcionamiento en un
campo de fútbol.
Yuuki miró a Shin salir de la tienda. Tarareando cerró la
puerta de entrada, acomodó platos y colocó cubiertos sobre
las mesas. Después de recargar la coctelera de condimentos,
barrió rápidamente el suelo y acomodó las sillas situándolas
alrededor de las mesas.





Por último, comprobó el refrigerador para hacer una lista
de las cosas que necesitaba para la mañana siguiente.
Sintiéndose satisfecho de que finalmente todo estuviera hecho,
miró el reloj. Las diez y media.
Yuuki se asomó por la oscura ventana. Durante el día se
podían ver los picos del Monte Asahidake, pero en este
momento de la noche sólo había oscuridad. Yuuki sólo podía
imaginar la montaña en su mente.
Pero tal escenario, la obra sublime de la Madre
Naturaleza, no lo emocionaba tanto. Esta habitación con tan
magnífica vista, tenía un precio muy alto anexado, y Yuuki
había llegado a odiarla.
—Me siento fantástico, — murmuró, caminando por la
cocina y entrando a la casa.
A su derecha había un salón de estilo occidental. En los
viejos tiempos, sus abuelos bebían té después de haber cerrado
el café. En aquel entonces, Yuuki sólo trabajaba para ellos a
tiempo parcial, por lo que raramente le pedían que se les
uniera.
Ahora Shin se había dejado caer como si fuera el dueño
de la casa, tirando en el suelo su ropa interior. Sus mejillas
estaban de color rosa por su baño.
—Ponte algo o vas a agarrar frío, —advirtió Yuuki.
—Estoy bien. Es la única manera de lidiar con el calor.
Con una toalla alrededor del cuello y abanicándose el
rostro con las manos, Shin parecía que estaba en la escuela
secundaria. Él se daba una ducha después de la práctica de
fútbol, y luego paseaba por los pasillos, desnudo de cintura para





arriba. Podían perseguir a los maestros en medio del vapor,
jugando alegremente. Yuuki había sido testigo de sus travesuras
en varias ocasiones.
—¿Sano?
—¿Eh? —dijo Yuuki.
Miró a Shin, quien sostenía una lata de cerveza.
—¿Quieres una?
—No, está bien. Voy a tomar un baño.
Incluso desde que llegó a vivir aquí después de que sus
abuelos se alejaran, Yuuki aún buscaba el fantasma persistente
de un hombre que había tirado una vez en el suelo al igual que
Shin.
Había dos latas de cerveza en la mesa de café. Una ya
estaba vacía, así que Shin ya debía de estar en su segunda lata.
Yuuki no dormía bien con el alcohol en su sistema. Él solía
beber en lugar de utilizar pastillas para dormir, pero ya no.
Nunca sintió que tenía que beber para acompañar a Shin. No
era ese el tipo de relación que tenían.
Se quitó el delantal engrasado y deshizo su cola de
caballo, pasando los dedos por el fragante cabello. Después de
estar manipulando alimentos durante todo el día, una gran
variedad de aromas estaban impregnados en él, y Yuuki no
podía descansar hasta que los hubiera borrado de su cuerpo
por completo.
Pero lavar el cabello cada noche era un dolor. Tener el
cabello más corto sería mucho más fácil, pero Yuuki todavía no
tenía ninguna necesidad de cortarlo.





—Voy a estar en Shihoro a partir de mañana. —Shin le
dijo—.Cada vez tenemos que hacer más horas extraordinarias.
Puede ser que no pueda volver los fines de semana.
—¿Por cuánto tiempo?
—Probablemente un mes. Oh, mira, lo hiciste otra vez.
—¿Otra vez? —Preguntó Yuuki, mirando perplejo.
Shin, cansado, se puso de pie y agarró la muñeca de
Yuuki, haciéndole perder el equilibrio. —Oye, qué dem…
—Muéstrame tu mano, —dijo Shin, arrastrándolo a la mesa
de café.
Yuuki se sentó vacilante mientras Shin tendió la mano
agrietada. Justo cuando Yuuki estaba a punto de decirle que se
detuviera, Shin tocó suavemente sus mejillas, trazando el
contorno de su rostro. Los límites tácitos entre ellos comenzaron
a disolverse.
Shin estaba esperando más al final de la jornada de
trabajo. De alguna manera Yuuki lo sabía, sin embargo, estaba
preocupado de que pudiera ser sólo una ilusión por su parte. El
terreno psicológico aquí era peligroso, y ningún bien vendría si
perdía el equilibrio, aunque obtener caricias emocionales sería
un buen cambio.
Y sin embargo, cuando se trataba de cruzar esa línea
ondulante, Yuuki aún dudaba.
—Debes hacer algo al respecto, —dijo Shin fastidiado.
—Ah....
—Debes cuidar más de ti, —dijo en un tono imperativo.





—Ah….
—Siempre estás haciendo esto, —murmuró Shin, como un
odioso hermano político. Se acercó a una cabina baja y
encontró un tubo de crema de manos, extrajo algunos chorros
de crema, y luego la frotó en la mano de Yuuki.
—Deberías hacer esto después de lavar los platos, —dijo—
. Entonces no tendrías todas estas grietas.
—Oye, ¿qué estás haciendo? Se siente raro, —se rió Yuuki,
se retorcía un poco, pero no se resistió. El firme toque de Shin
hacía sentir a Yuuki inseguro, por lo que trató de fingir que no
eran más que tonterías.
Los dedos de Shin no eran muy hábiles, pero frotaron
tenazmente las cutículas de Yuuki… Yuuki comenzó a notarse un
poco sonrojado.
—Te lo dije, se siente raro. Basta ya. Voy a tomar un baño,
—dijo Yuuki. De pronto miró anhelante.
— ¿Qué? Basta con esto
—Ya te dije.
—Debes cuidarte más…
Sus palabras se mezclaron mientras Yuuki retiraba
suavemente su mano. Sabía cómo podían cambiar las cosas
rápidamente cuando un ser humano toca a otro.






—¿Esto se siente bien?, —Preguntó Shin.





—Voy a tomar un baño. Si quieres puedes ir a descansar.
—No, voy a esperar a que termines. Así podremos tomar
una copa juntos.
—Si estás todavía despierto…
Solían beber juntos cuando Shin salía del trabajo. Si no
estaba en condiciones de conducir, Shin se quedaría toda la
noche. Hace varios meses, comenzó a beber en el local de
Yuuki regularmente. Desde entonces Yuuki se aseguraba de
mantener su refrigerador lleno de cervezas.
Había espacio de sobra, después de todo. Y puesto que
vivía solo, no había miembros de la familia para quejarse
cuando un amigo se quedaba allí. Y Shin era sólo un amigo, por
supuesto.
Desde el punto de vista puramente lógico, la verdad es
que no era gran cosa que Shin a menudo pasara la noche allí, y
la hipotética verdad torcía las cuerdas alrededor del corazón
de Yuuki. El término “Amigo” le ayudaba a dar sentido a todo.
"Esta es la primera vez que he visto que se emociona de esta manera”.
Sólo una vez su relación fraternal vaciló.
“No llores ahora”. Consoladoras palabras repetidas una y
otra vez, expresadas con los brazos envueltos alrededor de los
hombros, gimiendo y llorando juntos, los labios cálidos borrando
las lágrimas que desbordaban...
“¿Qué dices, Yuuki? Sólo una vez, eso te ayudará a conciliar el
sueño”.
Yuuki se lo quedó mirando sin hablar. Su amigo enrojeció y
sonrió y dijo que todo era una broma. Tenía el rostro sonriente





tragándose las palabras que había que decir, las cosas podrían
ser totalmente diferentes ahora. Yuuki asintió y dijo que sí, algo
que tal vez pudiera haber sustituido lo que había perdido.
Desde el fondo de su corazón, Yuuki esperaba un fuerte
abrazo, un feroz afecto físico que lo dejara agotado y muerto
para el mundo. Pero una vez que cedió a ello, el alma mimada
se debilitó, por lo que no podía entregarse a la promesa de
dejarse caer en otros brazos otra vez.



Cinco años antes, Yuuki había conocido a un hombre
llamado Tsukada. Dos años después, empezaron a dormir juntos.
Los siguientes dos años se habían sentido como una luna de
miel, pero Tsukada había muerto hacía un año.
“Ya sabes, chico, que andes por los alrededores se siente como estar con
mi mamá. O mi abuela”.
La primera vez que Tsukada entró a Fuuka, Yuuki
acababa de cumplir veinte años. Tsukada había estado
comiendo en las tiendas de conveniencia, hasta que finalmente
su jefe lo llevó a este lugar.
Gracias a la abuela de Yuuki, la cocina japonesa nativa
era su especialidad, y a pesar de la mala ubicación, muchos
hombres en viaje de negocios hacían del café su segundo
hogar.
Yuuki ya se había graduado de la escuela secundaria,
pero no había logrado encontrar un buen trabajo. Trabajaba
como empleado temporal, viviendo de las recomendaciones





de sus trabajos, cuando comenzó a ayudar a sus abuelos. Fuuka
tenía el ambiente relajado de una empresa familiar, y al
principio Yuuki comenzó a trabajar allí sólo para divertirse. Dos
años más tarde, por fin permitieron que cocinara en el café.
—He dejado a mis hermanos en mi casa, pero nunca veo
a mis abuelos, —le había dicho Tsukada.
—Entonces, ¿por qué Fuuka te recuerda a tu abuela?
—Porque así es como me imagino que sería, —dijo
Tsukada feliz. Su sonrisa parecía tan despreocupada, era difícil
creer que era siete años mayor. Tsukada tenía cara de bebé y
de manera amable estaba en marcado contraste con su
cuerpo grande.
—Ya sabes, chico, mi hermano menor tiene más o menos
tu edad.
Incluso desde su primer encuentro, Tsukada siempre lo
había llamado “chico”. Y cuando no estaban juntos durante un
tiempo, venía directo a decirle a Yuuki que lo echaba de
menos, sin timidez alguna. Al principio Yuuki no sabía qué hacer
con un hombre que era tan honesto acerca de sus sentimientos,
pero pronto fue arrastrado fuera de sus pies por una oleada de
emoción.
—Me deshice de mi tonto trabajo y fui expulsado de casa.
Mis padres están muy enojados, —confesó Tsukada.
Durante sus años de universidad, él había estado
obsesionado con escalar montañas.
—Pero tan pronto como empecé a estudiar mi antigua
carrera, las vacaciones eran imposibles. Finalmente terminé en





busca de un cambio de carrera, —se rió Tsukada, rascándose la
cabeza.
Los escasos ingresos de su trabajo en una tienda de
equipo de escalada era más un pasatiempo que otra cosa.
Pero Tsukada tenía un fuerte deseo de hacer cualquier cosa
relacionada con el deporte. Y cuando lo hizo, sus ojos brillaban
como los de un niño.
—Me encanta la montaña tanto que perdí la paciencia
con la vida “normal”. Y así es como resultó. El gerente de mi
tienda está hecho del mismo material. Es un acierto, incluso
trabajando por maníes.
Según Tsukaga, haber reducido sus ingresos a la mitad, no
era gran cosa. Él no estaba hecho para ser un hombre
asalariado, y Yuuki ni siquiera podía imaginarlo en traje. El
uniforme que Tsukada vestía eran vaqueros andrajosos y un polo
descolorido, coronado por una camisa con el logotipo de la
tienda serigrafiado en colores de neón. Lo llevaban sin quejarse,
incluso en un clima sofocante.
Para un simple niño como Yuuki, Tsukada parecía en un
primer momento como un hermano mayor. Pero pronto sus
compañeros de clase de la edad de secundaria comenzaron a
parecer aburridos en comparación.
— ¡Qué desperdicio! —Tsukada exclamó, cuando los
abuelos de Yuuki decidieron cerrar el café—. ¿Por qué no
simplemente pasarlo a Yuuki?
—Pero yo no soy ni la mitad de bueno cocinando de lo
que era mi abuela, —había protestado Yuuki.
—Puedes ser bueno. ¡Toma un curso acelerado y
obtendrás las habilidades!





Yuuki no tenía ganas de buscar otro trabajo, así que con
Tsukada estimulándolo, él tomó las riendas y se subió a la silla.
Fue idea de Tsukada mantener la comida tradicional japonesa
de su abuela en el menú, y más tarde pasar a platos más ligeros
como la pasta.
— ¡Vamos, Tsukada-san! Solo te preocupas por no
quedarte sin un lugar donde comer.
—No, no, no. ¡Eso no es cierto en absoluto! —insistió
Tsukada.
Para ser alguien que tenía un mal carácter, Tsukada
definitivamente tenía un paladar refinado. Cada noche
después del cierre, se sentaba en un taburete y bebía unos
tragos junto a Yuuki.
Volver a su apartamento barato se convirtió en una
molestia, por lo que Tsukada terminó pasando la mitad de la
semana en Fuuka.
— ¿Por qué no duermes en casa de tu novia? —Yuuki
preguntó un día, una pregunta inocente que cambió por
completo su relación.
Sin pestañear, Tsukada hizo evidente su orientación
sexual. También dejó claro que cualquier sentimiento expresado
en esa dirección no lo llevaría muy lejos. Desde que Tsukada
había sido tan honesto, Yuuki se sintió algo raro.
— ¿Por qué no me lo dijiste antes? —preguntó.
—La verdad sea dicha, tener sentimientos por un hombre
de la edad de mi hermano pequeño es un poco, digamos,
complicado.
— ¿Qué clase de sentimientos?





Tsukada dijo que lo amaba, pero Yuuki no podía
comprender el impacto de esas palabras; no, teniendo falta de
experiencia con el romance. Mientras tanto, empezaron a
dormir juntos de manera regular, envueltos uno en los brazos del
otro. Gimiendo, a merced de sus placeres, Tsukada dejó caer su
forma arrogante de costumbre. Esto convenció a Yuuki de que
Tsukada sentía verdadero amor y afecto por él.
Pero ahora nadie se sentaba en el mostrador mirando ese
paisaje a través de la ventana. El año había transcurrido en un
instante. En un día claro, Yuuki podía ver las cimas de las
montañas cubiertas de nieve. En algún lugar dentro de ese
majestuoso cuadro, una avalancha había llevado a Tsukada
lejos de él.
Cuando llegaron los informes del accidente por primera
vez, Yuuki se quedó sin habla. Tenía que ser una mentira. ¿Cómo
podría Tsukada estar muerto?
El pasado enero, marcó ese fatal aniversario en su nuevo
calendario.
“Como si yo pudiera olvidar alguna vez el día de su muerte”, pensó
con amargura para sí mismo.
Cuando el día se acercaba, Yuuki empezó a verse
afectado por el insomnio. Hasta el año pasado había vivido en
una neblina frenética. Ahora que no tenía tiempo de mirar
hacia atrás, el pasado pesaba sobre él.
A la hora de cierre en el último día de Abril, arrancó la
página de su calendario, arrojándola lejos, descubriendo ese
día que no quería pensar en ello. Pasó los dedos sobre la marca
que había hecho. Ese día se estaba acercando. En ese
momento Shin apareció en su camino a casa desde el trabajo.





— ¿Puedes preparar un poco de algo para mí?
—Shin...
A pesar de que estaba jugando el papel de cliente, Shin
parecía más deprimido de lo que Yuuki lo había visto antes.
Incluso su voz sonó plana.
—Me sentaré aquí, —murmuró Shin. Tomó el taburete que
Yuuki había guardado en la parte posterior para evitar que la
gente se sentara sobre él.
—No estás haciendo nada bueno ahí en la cocina, —dijo
Shin, despreocupado de la sombra del hombre que lo
perseguía.
Se dirigió al lugar favorito de Tsukada, al final de la barra,
luego se sentó.
—Ahí es donde...
—Lo sé, pero quiero sentarme aquí.
El espacio que había estado vacío durante tanto tiempo
estaba lleno ahora por su antiguo compañero. Yuuki sintió las
lágrimas en sus ojos.
—Esta es la primera vez que te he visto emocionarte de
esta forma.
Shin corrió detrás del mostrador y atrajo a Yuuki hacia él.
Antes de que Yuuki pudiera rechazarlo, la calidez del contacto
humano comenzó a derretir su helado corazón.
— ¿Por qué...?
Shin y Tsukada sin lugar a duda habían permanecido a su
lado, pero Shin nunca había hablado de ello.





Así que ¿por qué ahora? Se preguntaba Yuuki, mirando a
su amigo.
—Debido a que nos conocemos desde hace mucho
tiempo, —dijo Shin—. Al principio de mes cuando empecé a
pasar por aquí, aún tenías una sonrisa en tu cara. La semana
pasada tu estado de ánimo sin duda decayó. Ahora estás
llegando al fondo.
Trazó los círculos oscuros bajo los ojos de Yuuki con los
dedos.
—No has estado durmiendo, —dijo—. Voy a dejarme caer
por aquí todos los días a partir de ahora.
Eran viejos compañeros de clase que discutían y
peleaban todo el tiempo, y luego, de repente, Shin cambió. Él
golpeó a Yuuki firmemente sobre sus hombros.
— ¡Sano! — Ladró.
—Oye, eso duele, —Yuuki se rió entre dientes, sonriendo a
pesar de todo.
—Lo siento, —se disculpó Shin, envolviendo sus brazos
alrededor de él. Era la única manera que conocía para
consolar a alguien. Como un niño, abrazó a Yuuki más y más
fuerte.


— ¿Shin? —Yuuki gritó, saliendo de la bañera. Él se puso el
pijama sobre su cuerpo todavía caliente.
Shin había prometido esperarlo, pero estaba roncando en
el suelo.





— ¡Oh, santo cielo! —dijo Yuuki, girando sus ojos.
Desde que comenzó a trabajar cuando apenas estaba
amaneciendo, Shin generalmente se dormía temprano como
ahora en el suelo. No importa cuántas veces Yuuki le dijera que
se durmiera en una cama, sus quejas le entraban por un oído y
salían por el otro.
—Sigo diciendo que vas a tomar frío. ¿Cuándo me
escucharás? —Yuuki murmuró, dándole una suave patada.
—Umm, —murmuró Shin soñoliento.
—Shin —repitió Yuuki, en cuclillas junto a él—, Shin...
No hubo reacción. Yuuki tocó la boca de Shin. Parecía
que fue ayer cuando los labios de Shin habían tocado
accidentalmente su mejilla. Ese momento había sido enterrado
en el pensamiento de Yuuki, pero no podía recordar la memoria
sin recordar el dolor.
—Shin...
Carne tocando carne, no era gran cosa, excepto cuando
la otra persona era tu amigo. Pero Yuuki no estaba siendo
honesto, ni con Shin ni consigo mismo. Escondiéndose detrás de
un manto de razón, él nunca dio la bienvenida a Shin
completamente, ni lo empujó a él a que lo hiciera. Si trepar por
esa barrera era muy doloroso, él debería, en primer lugar,
terminar de cerrar la puerta.
Yuuki miró a Shin dormir y suspiró. Su relación continuaba
de esta manera porque no quería perder a alguien con el que
se sentía en casa, un amigo con el que podía hablar de
cualquier cosa.





¿Qué si ellos regresaran a la época de la secundaria?
¿Qué hubiera pasado si su relación se hubiera vuelto por este
camino antes de conocer a Tsukada? ¿Qué si Shin no hubiera
sido el amigo que había conocido siempre?
Sin embargo, después de meses de tratar de ignorar el
deseo, interrumpido por gestos inesperados, creció, cansado
después de un tiempo. Como Shin se convirtió en una gran
parte de su vida, el cuerpo afiebrado de Yuuki a menudo le
susurraba palabras de amor a sus sentidos. Si él realmente
escuchara a su cuerpo... Problema resuelto. En cualquier caso,
estar tan cerca de Shin y seguir conteniéndose era una dulce
tortura.
—Shin.
—Hmmm.
—Despierta y ve a la cama. Voy a conseguir un futón, —
dijo Yuuki, yendo al armario. Extendió el futón en el suelo, sin
molestarse en suavizar las arrugas. Shin era sólo un amigo,
después de todo...
—Ahí vamos, —dijo suavemente.
Shin entreabrió los ojos y se metió bajo las sábanas.
Agarrando las mantas a su alrededor, su respiración pronto se
relajó.
—No duermas con el estómago lleno, —resopló Yuuki—.
Buenas noches.
Shin ya estaba dormido, pero esto no molestó a Yuuki. Este
baile, sin duda, continuaría por algún tiempo.
La pasión de Shin simplemente no era lo suficientemente
fuerte como para superar los tabúes. Y Yuuki no era lo





suficientemente valiente como para superar las circunstancias
que habían definido su pérdida en la vida. Cuando el amor
fraternal y el amor erótico se colocan en las escalas de la vida,
estaba claro qué lado iba a ganar.
Pero si sus cálidos tiempos juntos continuaban de esta
manera, entonces podría pasar algo más.
Yuuki tomó la crema de manos y la puso de nuevo en la
cabina. El año pasado en esta época, una colección de
fotografías adornaban los estantes. Pero desde que Shin había
empezado a pasar más noches aquí, las imágenes le
recordaban demasiado a Yuuki sobre las fotos que se habían
tomado en el funeral de Tsukada.
Como para exorcizar el fantasma de Tsukada, Yuuki había
eliminado de la casa todo rastro de él. Los recordatorios
constantes eran simplemente demasiado dolorosos.
Él se odiaba cada vez que sentía los ojos de Shin fijos en
él. Incluso pensó tratar de sacarlo de su mente. Yuuki sabía que
su relación había ido cambiando poco a poco a otra cosa. Se
sentía culpable de que con tanta calma desechara el pasado
como una ráfaga de viento que sopla la arena en una playa.
—Buenas noches, —gritó una vez más, cerrando la puerta
detrás de él.
Él se dirigió a su dormitorio. Cuando se despertara a la
mañana siguiente, Shin volvería a demandar el desayuno, y
Yuuki volvería a sorprenderse por su apetito voraz. La suave
curva de sus emociones, lo sacudían un poco, siempre
devolviéndolo a la misma indiferente posición.
Cada día no era distinto del anterior. Todos los días eran,
simplemente más de lo mismo.






uuka estaba apartado de la calle principal y no tenía
mucha publicidad. Sería difícil encontrar un sitio peor
para un restaurante.
La cafetería era en sus orígenes la casa de los abuelos de
Yuuki y estaba lejos de la zona de shopping. Pocas veces se
veían caras nuevas entre los clientes regulares así que Yuuki se
sorprendió al ver a un cliente cuando extrañamente abrió la
puerta entre la hora del desayuno y la comida.
—Bienvenido a Fuuka —anunció Yuuki en voz alta.
El saludo tradicional se había convertido en una respuesta
pavloviana atada a la campanilla que había encima de la
puerta. Yuuki echó una mirada al cliente. No había entrado sólo
a preguntar indicaciones. El hombre miró el reloj que había en la
pared y entonces se sentó en un reservado. Yuuki le llevó un
vaso de agua.
—Bienvenido a Fuuka, —dijo otra vez, acercándose a la
mesa. “¿Comerá solo?” era normalmente la siguiente pregunta
pero dudó. Probablemente alguien del vecindario le había
recomendado este lugar y vendría pronto. De repente una
mochila de color amarillo chillón que estaba a los pies del
hombre llamó su atención. Era de una marca específica para
montañeros. Yuuki no se había dado cuenta cuando el hombre
había entrado. Tsukasa tenía una como esa.






—A -aquí tiene —dijo Yuuki dejando el vaso en la mesa con
manos temblorosas.
—Puedes ver este amarillo fosforito incluso en medio de un bosque,
—le había dicho una vez Tsukasa—. Tírala en un pantano y verás.
Recordar la charla con Tsukasa le puso a Yuuki los pelos de
punta.
Enganchada a su espalda, la mochila amarilla hacía
resaltar la bronceada piel de Tsukasa. Como era una mochila
pequeña para excusiones de un día no se había roto en la
avalancha. En la memoria de Yuuki parecía la misma que
estaba a los pies del hombre, pero la de Tsukasa les había sido
devuelta a sus padres como recuerdo.
—¿Tienen menú?
—¿Qué? Oh, sí. —dijo Yuuki rápidamente sacándose un
menú de debajo del brazo. Sus mejillas se sonrojaron pero el
cliente pareció no darse cuenta mientras miraba la lista de
platos.
Cuanto más lo miraba Yuuki, más fuera de lugar le parecía
que estaba el cliente. Fuuka estaba de camino a Asahidake así
que no era inusual que los montañeros pararan. Pero aunque el
hombre tenía una mochila, llevaba un tipo de ropa informal que
podías encontrar en cualquier tienda de barrio.
Incluso durante el verano las duras condiciones
meteorológicas del norte incluían bajas temperaturas y nadie
intentaría un ascenso sin una buena ropa de abrigo. La
camiseta sucia del hombre estaba manchada con polvo de la
carretera y sus desgastados vaqueros estaban rotos por las
rodillas. Definitivamente no tenía la pinta de haber estado





escalando montañas, no con esas viejas zapatillas de deporte, y
esa mochila cuyas costuras parecían a punto de reventar.
Ir sin afeitar y sin peinar le hacía parecer más sospechoso.
Podría pasar por uno de esos estudiantes que hacen autostop
de costa a cosa pero parecía que pasaba de los treinta años.
No había ningún automóvil en el aparcamiento de
enfrente. Seguramente, una vez que acabara de comer, el
hombre preguntaría por el próximo autobús a la estación. Yuuki
intentó recordar dónde había puesto los horarios del autobús.
—Cuando se haya decidido pégueme un grito, —dijo Yuuki
girándose para irse.
—Ah, sólo será un minuto.
—¿Sí?
Aunque no había muchas cosas en el menú, éste tenía
varias páginas.
“Este hombre sabe lo que quiere”, pensó Yuuki.
—¿Los postres los hacen ustedes?
—No, los hace en una pastelería de los alrededores.
—Oh, de acuerdo, bien entonces.
Su primera pregunta salida de la nada desconcertó a
Yuuki. El hombre empezó a pedir platos de cada página.
—Pasta con níspero de Japón y albahaca silvestre.
—Sí.
—Pasta a la boloñesa con peperoni. Risotto con
champiñones y ternera picada con arroz.





—S…sí.
—Un pilaf de gambas. Hamburguesa con rábano rallado. Y
el sándwich de pollo a la brasa.
—Ah, um…
De repente Yuuki se dio cuenta de que el hombre estaba
leyendo los nombres de todos los platos del menú uno por uno.
—No está pidiendo todo lo que hay en el menú, ¿verdad?
—Eso es exactamente lo que estoy haciendo. Quiero que
prepares todo lo que tengas.
¿Este hombre le estaba tomando el pelo? ¿O es que
pensaba marcharse sin pagar?
Yuuki estaba completamente perplejo. No estaban
exactamente en medio de la nada pero si había una pelea
nadie vendría corriendo. Por otra parte, podría llamar a la
policía desde la cocina.
Yuuki se vio a sí mismo detrás del mostrador, tomando
silenciosamente un cuchillo sin que el hombre se diera cuenta.
Como si le hubiera leído el pensamiento, el hombre
empezó a rebuscar por su mochila. ¿Estaba buscando un arma?
Cuando Yuuki estaba a punto de batirse en retirada, el hombre
sacó un fajo de diez mil yenes.
—Ey, no pasa nada. Tengo dinero. No voy a comer y huir,
así que cocina lo que he pedido. Si no te fías de mi, pagaré por
adelantado.
—¿Eh?





No importa lo increíble que fuera el apetito que este
hombre tuviera, no podía ser posible que se comiera todo eso
de una vez. Yuuki no sabía todavía qué estaba tramando pero
al menos no se iba a ir sin pagar.
Dándole vueltas a esto volvió a la cocina y puso una olla
de agua a hervir. Ya que normalmente trabajaba solo estaba
seguro de que podía cocinar todo eso una vez tomara el ritmo.
Sintió la mirada del hombre clavándose en su espalda mientras
iba hacia la cocina.












—Tómate tu tiempo. No tengo prisa, —le aseguró el
hombre.
Yuuki no había empezado el negocio ayer pero este
cliente estaba infravalorándolo. Yuuki se palmeó ligeramente sus
sonrojadas mejillas y rechinó los dientes con determinación.
“Está bien. Vamos allá.”
De la nevera sacó un envase de pasta y una balanza.
Siempre utilizaba fideos finos para la pasta con nísperos pero
quería algo más grueso para la boloñesa.
En cualquier caso, no podía cocinar todo a la vez. Empezó
añadiéndole hojas de perilla a los nísperos al estilo de las
ensaladas de pasta fría. La boloñesa fue cocida a fuego lento
desde el principio junto al parmesano, para sacarle ese sabor
dulce y umami
(4)
. Rehogó el ajo cortado en aceite de oliva para
el peperoni. Entonces le añadió algunos pimientos rojos, dando
la impresión de fuegos artificiales.
—Gracias por esperar.
Llevando tres platos a la vez, Yuuki de repente se dio
cuenta de que había olvidado poner los cubiertos. El hombre
sonrió burlonamente mientras él corría de un lado para otro
pero Yuuki no tenía tiempo para sentirse ofendido.
Mientras freía el arroz en la misma sartén usada para
rehogar el ajo, el sudor se le perlaba en las cejas. Pero se olvidó
de los champiñones y para cuando éstos estuvieron hechos el
arroz se había vuelto pastoso.

(
4
) Es uno de los cinco sabores básicos que reconocen los receptores especializados de la
lengua humana, además de dulce, salado, amargo y ácido. Es una palabra japonesa que
significa sabroso. El sabor umami fue descubierto por el químico japonés Kikunae Ikeda.





Llenó un bol con arroz blanco y añadió salsa de carne de
una bolsa. Sólo usaba un preparado precocinado para la salsa
de carne y el pilaf
(5)
de gambas. No era barato pero a la larga
se ahorraba dinero del Fuuka. Enjuagó la sartén del risotto y la
usó para freír la hamburguesa cubriéndola con un glaseado
caliente.
Mientras acababa el sándwich a la brasa, Yuuki se dio
cuenta de que estaba jadeando como un corredor de
maratón. Cada mañana hacía comida para varios clientes a la
vez, así que… ¿por qué ya estaba tan cansado? Sintió cómo el
sudor le resbalaba por el cuello.
—P…perdón por hacerle esperar.
—¿Por qué no te sientas? —le sugirió el hombre.
Una montaña de platos le esperaba en la cocina. El primer
impulso de Yuuki fue decir que no, pero todavía había tiempo
hasta la hora punta de la comida. Al parar para recuperar el
aliento sintió que iba a caerse, pero inclinó su cabeza para
aceptar la proposición del hombre y se sentó frente a él.
Sin decir una palabra, el hombre empezó a organizar los
platos por la mesa en lo que parecía ser un ranking de mejor a
peor. El hombre comió tan tranquilamente que a Yuuki le dieron
ganas de hacer pucheros.
—Huh —el hombre gruñía de vez en cuando.
—¿Huh?
Los ojos de Yuuki se abrieron aún más, temiendo que el
paladar del hombre hubiera encontrado algo desagradable. Su

(5) Modo tradicional típicamente hindú de cocinar el arroz.





corazón latía más deprisa. El cansancio estaba evaporándose,
pero sentarse ahí no era una experiencia agradable. Estaba a
punto de levantarse cuando el hombre se llevó un trozo de pollo
a la boca.
—¿Cuándo cortaste el limón?
—¿El limón? um, ah, anoche.
—¿Y lo guardaste en un recipiente de plástico, verdad?
—S… sí.
—Huele a plástico. Un recipiente de plástico no es lo mejor.
Deberías preparar limón fresco todas las mañanas.
—¿Sí?
Aunque parecía un vagabundo, el hombre tenía el aire de
un gourmet. Yuuki no tenía la suficiente confianza para
responderle. La forma en que miraba la comida de cada plato
era prueba suficiente de un paladar entrenado.
Se comió casi una tercera parte de la pasta y el risotto,
pero el pilaf y la ternera picada apenas tuvieron contacto con
sus papilas gustativas. Yuuki estaba seguro de que a estas
alturas debería estar ya lleno pero por la forma en la que estaba
engullendo la hamburguesa, parecía que aún le quedaba sitio.
Sin ninguna duda detectaría el preparado del plato.
El hombre olió la salsa de rábanos de la hamburguesa. Una
gran arruga apareció en su entrecejo.
—Has usado la misma sartén que para el risotto, ¿verdad?
—Sí, —admitió Yuuki.





—Esta salsa es japonesa. El aroma del aceite de oliva es
demasiado intrusivo. Deberías usar sartenes diferentes.
“Lo que tú digas”, pensó Yuuki.
El Fuuka no tenía tantos tarros y cacerolas. ¿Pero qué
demonios esperaba ese hombre? Estaba a punto de
preguntarle directamente cuando el hombre le pidió a Yuuki
que le contratara.
—¿Qué?
—Tienes un cartel de “se busca personal” colgado.
—Para buscar una camarera.
—Discúlpame por decirlo pero tus métodos son un
desastre. Y tu uso de los ingredientes es amateur.
—¡Hey!
¿Por qué este tipo que no había visto antes estaba
discutiendo con él? Si no hubiera sido un cliente le habría dado
un puñetazo. Yuuki no podía permitirse perder una cuenta de
unos miles de yenes pero este tipo había tirado por la ventana
la educación.
—Gracias pero no, gracias. Esta clase de lugar no necesita
un chef profesional, —dijo Yuuki educadamente.
“¿Quién demonios eres?”, quería preguntarle para bajarle un
poco los humos.
Pero al tipo parecía que le daba todo igual y lentamente
se puso en pie.
—Me gustaría usar tu baño —dijo.
—¿Mi baño?





—No estoy en condiciones para cocinar.
—¡Es… espera un minuto!
El hombre le ignoró y pasó por entre las mesas. Ahí fue
cuando Yuuki notó que había algo raro.
Este completo extraño arrastraba el pie derecho mientras
caminaba. Se movía enérgicamente porque sus piernas eran
largas pero se ladeaba ligeramente a la derecha con cada
paso. Un escalador no tendría una pierna inválida. ¿También
habría tenido un accidente en la montaña? El corazón de Yuuki
latió fuertemente en su pecho.
—¿Aquí? —Preguntó el hombre abriendo la puerta de la
casa. Encontró el cuarto de baño y empezó a quitarse la ropa
en el pasillo mismo.
—¡He… hey! —gritó Yuuki incrédulo con la boca abierta.
Quizás este chico no tramaba nada bueno en realidad. Un
escalofrío le recorrió la espalda y las rodillas le temblaron.
—Como he dicho, sólo quiero usar tu baño.
—¿Has dicho el baño?
—¿Te gusta mirar a hombres desnudos o algo así?
De repente, Yuuki se dio cuenta que estaba mirando a un
hombre completamente desnudo. Y no es que hubiera nada de
malo en eso, pero sus mejillas se sonrojaron.
—¡Eres tú el que está ahí de pie desnudo!
—No puedo tomar un baño con la ropa puesta, ¿verdad?
—Tú… —farfulló Yuuki. Se lanzó hacia delante para sacar el
patético culo de aquel chico fuera de la casa, pero este le





cerró la puerta en las narices. Lo único que hizo Yuuki fue
quedarse ahí durante un minuto, con la boca abierta lleno de
incredulidad. Finalmente su cerebro se puso en funcionamiento
y volvió en sí. ¡La policía! Estaba a punto de ir otra vez hacia la
tienda cuando la puerta se abrió detrás de él.
—El agua está fría. ¿Cómo se ajusta la temperatura?
—Ah, em, perdón. Es un calentador viejo. Es la válvula de
la derecha.
—Entendido, —dijo el hombre, cerrando la puerta con
fuerza otra vez.
Yuuki se deslizó por la pared hasta que acabó sentado en
cuclillas. Había una huella de pie mojado en el suelo hecha por
su pie derecho. Otras marcas alargadas cruzaban el suelo de
madera dura, como si una serpiente hubiera reptado por todo
el pasillo.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Yuuki. Las cicatrices
donde la piel del hombre había sido cosida tenían un brillo
escalofriante. ¿Tendría más heridas? ¿Cuántos efectos
secundarios acarrearía? ¿Todavía le dolería? Yuuki se quedó ahí
sentado, rumiando las posibilidades, incapaz de levantarse.
Unas sombras se distinguían a través de la mampara. Este
hombre salido de la nada había tomado control de su baño, y
de repente Yuuki se dio cuenta de lo absurdo que era todo eso.
—¡Ey, dame una toalla! —gritó el chico desde la puerta.
Yuuki se puso de pie, sacó una toalla del armario y se la
dio. El hombre se secó vigorosamente el cuerpo mientras su
cabello chorreaba. Entonces sacudió la cabeza como un perro,





lanzando gotas de agua hacia todos lados y, sin una pizca de
vergüenza, se enrolló la toalla a la cintura.
—¿Has visto alguna pieza de ropa interior limpia? —dijo el
hombre en tono casual.
¿Quería tomar prestado eso también? Debía estar
bromeando. Yuuki comparó su esbelta figura con el físico
musculoso del hombre y frunció el ceño. Ni tomes ni des
prestado, dice el dicho. Pero ahora que ya estaba en el viaje,
sin importar lo costoso que la tarifa pudiera ser, debía continuar.
—Oh, no importa, yo tengo algunas, —dijo el hombre
sacando unos calzoncillos blancos de la mochila. Eran de los
normales, de esos que ni los niños de instituto llevaban hoy en
día. Yuuki no pudo evitar sonreír, pero su sonrisa se borró
enseguida cuando vio que el hombre sacaba un delantal y
unos pantalones de chef.
—¿Eres tú un…? —jadeó Yuuki.
—¿Eh?
Sólo chefs con años de experiencia llevaban uniformes
como ese. Este hombre debía de ser muchísimo más respetable
que la sucia criatura que parecía ser. Mientras Yuuki se
preguntaba qué decir ahora, el hombre sacó un cilindro largo y
blanco.
—Puede ser que no pueda ponérmelo porque el techo de
tu cocina es muy bajo.
El sombrero de chef medía al menos veinte centímetros.
Aunque el techo de la cocina nunca había resultado ser un
problema para Yuuki o sus abuelos, si el chico se ponía al final
ese sombrero éste golpearía contra el ventilador del techo.





El hombre no estaba intentado ser desagradable pero a
Yuuki todavía le caía mal. Le había asustado colándose en su
casa y ahora el asunto del gorro lo estaba enojando.
—Pues no lo lleves.
—Pero entonces mi cabeza lo echará de menos.
“Ese estúpido gorro debería ser la última de tus preocupaciones”,
pensó Yuuki fulminándolo con la mirada. Estaba a punto de
darle una respuesta cortante cuando el hombre sacó una
bandana de su mochila y se la ató en la cabeza.
—Bueno, qué se le va a hacer, esto bastará.
Y así, su apariencia cambió de maestro chef a la de un
cocinero cualquiera.
—Voy a tomar prestada tu cocina.
—Haz lo que te apetezca, —contestó bruscamente Yuuki.
El hombre cruzó por delante de él y se dirigió hacia la
cafetería. Yuuki consideró el dejarlo hacer lo que quisiera, pero
si un cliente entraba estaría en problemas. Así que se apresuró a
seguirle.
—¿Puedo tomar prestadas un par de sandalias? —
preguntó el hombre.
—Claro, claro.
Las deportivas andrajosas del hombre y las zapatillas de
cocina de Yuuki estaban apoyadas en el genkan
(6)
situado
entre la casa y la cafetería. Las deportivas estaban cubiertas
completamente de polvo, pero las zapatillas de Yuuki no le

(
6
) Es el área de entrada tradicionales japonesas para una casa.





entrarían de ninguna forma al hombre. Yuuki le señaló unas
sandalias que estaban en el rincón y que parecían ser la única
opción.
—Cambiarás de opinión cuando pruebes mi comida, —
prometió el hombre.
—No importa, no voy a contratarte, —dijo Yuuki
calmadamente, pero en su interior estaba hirviendo de ira.
La intimidante diferencia de altura entre los dos hizo
sentirse a Yuuki incómodo. Miró al hombre, buscando fallos
pero, a pesar de todo, pronto empezó a mostrar interés.
—Para empezar vamos a ordenar todo esto —dijo el
hombre enérgicamente.
La cocina estaba organizada en torno a una isla central
pero era demasiado estrecha para un hombre tan grande. El
hombre murmuraba para sí mientras se preparaba para la
faena. Era fácil de ver que tenía muchos años de experiencia.
—¿No tienes una nevera estrecha? —Preguntó el hombre
inocentemente.
“Al menos no lo está diciendo con burla”, pensó Yuuki. Un
restaurante con dos neveras normales no podía llegar a nada.
—Tomaré este muslo de pollo.
—Está bien.
—¿Tomates frescos o puré?
—Hay de las dos cosas pero…
—Enséñamelo.





Yuuki le dio al hombre un paquete de tomates. El hombre
tomó una lata de puré de tomate de una estantería y lo estudió
con atención. Después puso una olla con agua a hervir.
—Estos tomates parecen bastante buenos. Si no te
importa…
—Para nada.
Yuuki podía decir que sabía lo que estaba haciendo
simplemente por la forma en la que cocinaba los tomates, pero
se mordió la lengua y miró.
—¿Tienes caldo? —preguntó el hombre
—¿Valdrá una pastilla de caldo?
Su largo suspiro sufrido hizo que Yuuki quisiera pegarle.
El hombre puso aceite de oliva y especies al lado del
fuego y de la sartén.
—¿Me puedes preparar la pastilla de caldo?
En un momento Yuuki había pasado de chef propietario a
estudiante. Como le había indicado, deshizo la pastilla de caldo
en la sartén y esperó instrucciones. El hombre cortó el ajo, lo
echó en el aceite y lo salteó cuidadosamente, asegurándose
de que no se quemaba. Deshuesó el muslo, lo puso en la sartén
y lo doró por ambos lados.
—¿Puedo usar este plato?
—Claro.
El hombre puso la carne estofada en un plato llano blanco
y después echó los tomates en la sartén, cortándolos
rápidamente con la espátula.





—Ahora echa el caldo, —dictó el hombre, subiendo el
fuego.
—Bien.
El hombre añadió sal y pimienta y echó la salsa encima del
pollo.
—Hora de probarlo —dijo, agarrando un cuchillo.
Cortó un trozo generoso del centro, lo pinchó con el
cuchillo y se lo puso a Yuuki en la boca. Por un momento Yuuki
se preguntó si debería agarrarlo con las manos o si debería
sacar un plato.
Al final lo que hizo fue abrir la boca. El hombre se rió entre
dientes, pero era demasiado tarde para preocuparse por eso.
La carne tierna se deslizó hasta su boca.
—Es delicioso. —Jadeó Yuuki.
Apenas podía creer que algo tan bueno hubiera salido de
su propia cocina. El rico sabor explotó intensamente en su boca,
un espectáculo que podría ser difícil de imaginar por el precio
del ticket.
—Como los tomates eran frescos no necesité añadirle
azúcar, —explicó el hombre.
—Los compré en un supermercado del vecindario esta
mañana.
Yuuki tomó con ansias un cuchillo y un tenedor y cortó el
pollo. Ahora que lo pensaba, no se había molestado en
desayunar hoy.





Con el estómago vacío cualquier comida parecía buena,
pero incluso con un estómago lleno este sabor sería insuperable.
Era difícil aceptarlo, pero el hombre era muy bueno.
—¿Te gusta?
—Sí.
—Bien, entonces contrátame.
—Um…
Su comida definitivamente era deliciosa pero contratarle
era una cosa totalmente distinta. La cosa era que Yuuki no
podía permitirse un cocinero como él, sin importar lo
pluriempleado que fuese.
—Lo siento mucho pero… —Yuuki se atoró intentando
pensar en una manera educada de rechazar al hombre.
Mirando su plato vacío, pensó en un montón de excusas.
Tus habilidades son demasiado para este sitio. No
perteneces a un antro como este.
Quizá Yuuki podría apelar al orgullo profesional del
hombre. Justo cuando iba a hacerlo éste dijo algo
completamente fuera de lugar.
—Trabajaré por el salario mínimo.
—¿Eh?
—Justo como dice el cartel. Cuatro horas al día, salario
mínimo. Me conformo con eso.
—Ah, pero… — balbuceó Yuuki buscando una
contestación.





¿El hombre sabía siquiera algo de matemáticas básicas? Ni
siquiera Yuuki trabajaría por esa miseria de salario. Mientras se
rascaba la barbilla el hombre lo agarró de la muñeca.
—Perdón. —Se disculpó el hombre, aunque no lo dejó ir—.
Parece que te muerdes las uñas.
Yuuki tenía algunos hábitos infantiles pero ahora no tenía
ganas de defenderse. El hombre lo miró de arriba hacia abajo.
—La montaña…—empezó a decir, pero enseguida cerró la
boca.
—¿La montaña?
—Puedes ver el monte Asahidake, ¿verdad?
Por supuesto. Quería estar en un lugar desde donde
pudiera ver la montaña. Yuuki miró por la ventana. La visión que
se desvanecía de noche era tan clara como el día, cuando el
tiempo era bueno.
—No puedo escalar con esta pierna pero me gustaría estar
cerca de la montaña.
El único lugar al que Yuuki nunca iría. Las montañas
estaban a su alcance pero él no las podía tocar. Estaba forzado
a tener esa vista, día tras día.
Mirando fijamente hacía afuera, el hombre soltó la
muñeca de Yuuki y sonrió.
Una ola de nostalgia azotó a Yuuki. Eran los mismos
sentimientos que tenía cada vez que pensaba en la avalancha.
La piel de Tsukada estaba moteada con manchas
marrones, las cuales decían que eran quemaduras de la nieve.





Yuuki siempre suspiraba cuando comparaba su brazo pálido
con el oscuro y firme de Tsukada.
—¿Te parece firme? Tú tampoco eres nada flojo. —había dicho
Tsukada.
—Pero quien es delgaducho es siempre delgaducho. No es lo mismo
que ser musculoso.
—Yo gané músculo sin hacer nada—. Dijo Tsukada encogiéndose de
hombros.
Los brazos delgados de Yuuki tenían muy poco músculo y
gritaba como una chica cada vez que Tsukada le pegaba un
pellizco. Unos minutos después, en su cama, esos gritos se
convertían en otros de placer.
Este hombre tenía el olor de Tsukada. Era de la misma
estatura y tenía la misma fortaleza. Poco a poco las piezas
sueltas de los recuerdos de Yuuki empezaron a encajar.
—Pero…
—¿Tienes una habitación de sobra? Si te sabe mal darme
solo el salario mínimo, podrías darme comida y alojamiento.
Dicho de esa manera el problema del dinero desaparecía,
aunque Yuuki todavía podía decir que necesitaba referencias.
Nadie le culparía por rechazar a alguien que se había
presentado sin avisar, que había criticado su comida y, por si
fuera poco, se había adueñado de su baño.
El hombre se quitó la bandana y su cabello húmedo se
quedó levantado en punta.
—Tu cabello, —dijo Yuuki intentado no sonreír.
—¿Es bastante gracioso?





De repente Yuuki empezó a reírse, lo que mandó sus
reservas al diablo.
—La casa es pequeña, pero tengo una habitación de
sobra —admitió Yuuki.
Ahora mismo la usaba como almacén. Después de que sus
abuelos se fueran a vivir con sus padres le dijeron que no les
importaba lo que hiciera con las cosas.
—Entonces trato hecho —dijo el hombre sonriendo
ampliamente. Extendió su mano derecha.
—Soy Kamishiro. Mi nombre es Keiichi. Este es mi currículo.
Yuuki leyó el meticuloso currículo con sorpresa. Este tipo
había sido chef durante más de diez años.
—No hay hoteles o ryokan por aquí —explicó Kamishiro—. Si
no hubiera encontrado nada hoy, estaba preparado para vivir
a la intemperie. Dejarme usar tu habitación me ha salvado la
vida.
Cualquiera que hubiera parecido tan desaliñado como
este chico sería llevado a la cárcel por vagabundear y, aunque
era verano, las temperaturas todavía eran menores de quince
grados por la noche.
¿Era estúpido…o heroico? A él definitivamente le
importaba un pepino lo que pareciera. Pero Kamishiro todavía
parecía estar un poco en guardia a pesar de su postura
relajada.
—¿Ese es todo tu equipaje?
—Me gusta viajar ligero.





Igual que Tsukada, este extraño había entrado a la
cafetería con una mochila amarilla. ¿Pero cómo reaccionaría
Shin cuando averiguara que estaban viviendo juntos? El hombre
obviamente necesitaba un lugar donde quedarse. La situación
preocupaba a Yuuki pero no podía echarlo ahora.
—Este sería un bueno momento para rehacer el menú —
sugirió Kamishiro.
Otro Dejá vu. Tsukada y él habían hecho el menú que tan
poco le gustaba a Kamishiro. Yuuki no le contestó al principio.
—¿Eso es un no?
—Ah, no. Quiero decir…lo que sea. Si quieres cambiarlo,
adelante.
Si cualquier otro lo hubiera sugerido Yuuki se hubiera
indignado. Pero si lo decía este chico debía saber lo que hacía.
—Tu menú es bueno. Lo podría hacer con los ojos cerrados
— dijo Kamishiro encogiéndose de hombros y pareciendo que
daba su brazo a torcer.
Yuuki lo miró. Acababa de contratar a un chef de cinco
estrellas y le había dejado quedarse en su casa también. Quizá
debería llamar a Shin y contarle el repentino cambio de
acontecimientos.
Mientras intentaba averiguar qué contarle, la expresión de
Yuuki se ensombreció. ¿Esto era algo que podía soltar de una
vez en una conversación por teléfono?
—Cuando haya desempacado, iré a la cocina. ¿Te
parece bien?
—¿Mis dotes culinarias son tan malas?





—Solo digamos que no eres tan bueno.
Esa tarde debería ponerse en contacto con Shin. Pero
mientras Kamishiro y él se conocían, Yuuki no podía parar de
pensar en esa llamada.








ómo va el trabajo? —Shin preguntaba por
teléfono.
Yuuki no había sabido nada de él desde hacía tiempo, y
no esperaba que lo llamara. Aproximadamente dos semanas
después de que Kamishiro entrara en la cafetería, el teléfono
sonó alrededor del mediodía, cuando la tienda estaba llena de
clientes.
Shin llamada porque estaba aburrido. No había ninguna
razón en particular, siempre hacía lo mismo.
Yuuki oía voces en el fondo, probablemente los
compañeros de trabajo de Shin. De vez en cuando, se
escuchaba el „clic‟ de las fichas del juego de mah-jong
(7)
.
—Estoy en un descanso, —explicó Shin.
“Así que no es sólo que estás haciendo girar los pulgares”, quiso
decir Yuuki, pero no tenía ganas de bromear en ese momento.

(
7
)mah-jong: Juego de mesa tradicional chino que guarda cierta similitud con el Rummy,
ya que su objetivo es formar grupos de fichas, como escaleras de números consecutivos
de un mismo palo o bien tres o cuatro fichas iguales. Aunque las reglas para jugar son casi
siempre las mismas, existen diferentes variantes. La principal diferencia entre ellas radica
en qué jugadas puntúan y cuál es su valor.






—¿Está lloviendo ahí? Aquí está nublado, pero no se
siente como que fuera a llover —dijo Shin.
Yuuki podía ver desde la ventana el cielo nublado,
probablemente había llegado a través de las montañas al lugar
de trabajo de Shin, pero la lluvia seguramente no lo obligaría a
dejar de trabajar. Repentinamente se sintió aliviado de que Shin
estuviera tan lejos. Era un sentimiento egoísta que lo hacía
odiarse a sí mismo.
—Oh, eer… Sí, bueno, nada especial. Igual que siempre.
Pero algo debió de haberle sonado diferente a Shin.
—¿Estás resfriado? —preguntó. Un escalofrío recorrió la
columna vertebral de Yuuki. Debería haber llamado a Shin
primero y explicárselo todo, pero conseguir una llamada de él
había sido difícil.
Cuanto más tardaba en traer a colación el tema, se le
hacía aún más difícil decirlo. Yuuki era muy consciente de eso,
pero la lengua le pesaba en la boca.
—Lo siento, tengo clientes. Hablaremos más tarde.
Sin embargo, a nadie le importaba si él recibía una
llamada personal durante las horas de trabajo. Yuuki miró en el
mostrador y sólo vio rostros amigos, asintiendo con la cabeza en
su dirección.
El hombre de mediana edad que estaba sentado con su
nieta, probablemente podría averiguar con quién estaba
hablando y la naturaleza de su relación. Con esto en mente,
Yuuki no se sentía inclinado a hablar en público.
—Bueno, nos vemos —dijo. Una despedida suave, Yuuki
dejó caer su teléfono celular en el bolsillo de su delantal.





—¿Está todo bien? —El hombre de mediana edad le
preguntó cortésmente. Era Takai, antiguo jefe de Tsukada.
—Nada que no pueda esperar.
Yuuki se disculpó por mantenerlos esperando. Luego puso
vasos de agua y vertió un poco de jugo de naranja en un vaso
para la niña.
—¿Qué pasa con él? —preguntó Takai, señalando a
Kamishiro.
—Bueno, eh, yo sólo lo contraté.
Incluso aunque se lo preguntó a quemarropa, no había
manera de que Yuuki pudiera explicar por qué había
contratado a Kamishiro en el acto.
Kamishiro vestía el mismo uniforme de chef que había
impresionado a Yuuki el día que se conocieron, además de un
par de pantalones vaqueros nuevos. Su cabeza estaba cubierta
con un pañuelo, y aunque parecía presentable, no tenía barba
en el mentón.
—Emite una vibración extraña. Al igual que un
vagabundo o algo así —murmuró Takai.
—¿Un vagabundo?
Takai casi puso el dedo en la cabeza, pero se quedó
corto de alguna manera señalando hacia la cocina.
“Vagabundo”, no era una palabra que Yuuki usaría para
describir a Kamishiro, pero no había nada que pudiera hacer al
respecto ahora. Echó un vistazo a la cocina. Yuuki le había
pedido que no se mostrara demasiado fastidioso ni quisquilloso.





En un café como este, donde todo el mundo conocía a
todo el mundo, Yuuki sabía que un pez gordo como chef podría
intimidar a los clientes regulares. Y aunque mantuvo un perfil
bajo, el tamaño de Kamishiro sólo podía causar un gran revuelo.
—Así que ¿de dónde es? —preguntó Takai —. Olvídalo, yo
se lo preguntaré.
Yuuki estaba demasiado ocupado para detenerlo. Takai
se acercó a la cocina e interrogó al chef, y luego corrió hacia
atrás y compartió el chisme como una colegiala.
—Wow. Empezó en un hotel de Tokyo. ¡Él estuvo allí
durante cinco años! Luego se transfirió a Sapporo hace seis
años. —Takai, obviamente, estaba impresionado.
—¿Qué estás diciendo? ¿Los cocineros pueden ser
transferidos? —preguntó otro hombre.
—Una cadena de hotel abrió las puertas de una nueva
sucursal. Él es oriundo de Ebetsu, por lo que lo enviaron allí sin
siquiera preguntarle.
—¿Le enviaron allí? Pero, es bueno volver a casa, ¿eh?
Takai tenía una de las tienda de equipamiento de la
ciudad para alpinistas. Una vez al mes iba a la cafetería con su
nieta de siete años de edad. Yuuki no lo llamaría exactamente
un cliente regular, sin embargo, era un cliente con quien había
compartido raíces profundas, y la única otra persona, además
de Shin, que sabía de su pasado con Tsukada.
—¿Has decidido, Sayaka? —Takai preguntó a la niña.
—Sí. ¿Qué comerás tú, abuelo?
—Hmmm, quizá carbonara con pasta dulce de maíz.





—¡Ni siquiera puedo decir eso! —Sayada rió—. Voy a
comer el arroz con pollo frito.
Takai no parecía lo suficientemente mayor para tener una
nieta. A pesar que su cabello tenía unas pocas hebras de plata,
su pequeño cuerpo y la manera tolerante, decían lo contrario.
Justo el otro día, Takai había estado quejándose de que estaba
llegando a los cincuenta. A Yuuki todavía le costaba creerlo.
Teniendo en cuenta la joven industria del lugar, la imagen
del rostro de un vejete que ahuyentaría a los clientes de su
escalada, había servido para hacer que se viera mucho más
joven que su verdadera edad.
—¿Carbonara y el arroz con pollo frito? —repitió Yuuki.
—Sí, pero no tengo prisa. Dejé a Hirasaka-san a cargo de
la tienda.
Yuuki habitualmente escuchaba hablar de Hirasaka-san a
través de Takai, pero nunca lo conoció. Había sido contratado
para reemplazar a Tsukada. Él estaba agradecido de que Takai
hubiera tenido cuidado de no obligarlos a conocerse. Yuuki se
sentía culpable de que Hirasaka permaneciera siempre
cuidando la tienda.
Tsukada le dijo una vez que su jefe tenía el viejo hábito de
desaparecer en los momentos más inoportunos, Y se había
preguntado a menudo si Takai iba donde él afirmaba que iría.
—Los precios han subido desde la última vez que estuve
aquí —señaló Takai, sorprendido por la gran multitud. Kamishiro
había comenzado a trabajar allí hacía sólo dos semanas, pero
su fama se había extendido como la pólvora.





La primera semana, los viejos amigos de Yuuki
concurrieron al café en masa, para conocer al nuevo tipo. La
semana siguiente comenzaron a traer a sus amigos.
La base de los clientes de Fuuka se había extendido
como un esquema de pirámide con éxito, uno le dice lo bien
que se come allí a otro, ese a otros más. El talento de Kamishiro
era mayor que la publicidad que se hacía de él, y pronto la
gente de fuera de la ciudad comenzó a venir.
—Gracias por esperar. Aquí está su pizza con aguacate.
El cliente parecía mirar dudosamente la corteza cubierta
con salsa de color verde oscuro, cubierto con pepperoni y
cebolla. Él había esperado sólo unas pocas rebanadas de
aguacate en la parte superior.
La mezcla, de nombre guacamole, no era conocía por la
mayoría de los japoneses, pero era muy popular en los EE.UU y
México. Yuuki había aprendido eso de Kamishiro.
—Empecé en un restaurante francés. Después de llegar a
Saporo, me convertí en un hombre orquesta, cocinando
katsudon
(8)
y pasta con camarones en chile. Incluso preparaba
el tradicional soba
(9)
de Año Nuevo. Con sólo mi propio ingenio,
sin conocer tales platos, no podía dejarme desviar fuera de lo
que me había enseñado mi experiencia previa

(
8
) El "katsudon" es uno de los platos populares que comemos en Japón. Encima del arroz
blanco se coloca la milanesa de cerdo o cerdo empanado, es fácil de preparar y
voluminoso.
(
9
) Soba: es la palabra japonesa para el trigo sarraceno (alforfón), sin embargo, se utiliza
más comúnmente para referirse a los fideos finos empleados en la cocina japonesa
elaborados con harina de alforfón. Se sirven fríos con una salsa o caldo en que se los
sumerge, o en caldo caliente como el ramen. Por otra parte, es muy común en Japón
referirse a los fideos finos como soba en contraste con los udon que son tallarines gruesos
elaborados de trigo.





Como Kamishiro respondió pacientemente a las
preguntas de Takai, la conversación se dirigió hacia el tema del
menú. De hecho, los elementos que Kamishiro había añadido
no se limitaban a un tipo de cocina, sino que fueron
consecuencia de las expectativas de un pueblo de campo.
En particular, mantuvo los ingredientes básicos y simples. Él
optó por no abastecerse de alimentos exóticos, prefiriendo
utilizar lo que podía encontrar localmente.
Los clientes que comían en Fuuka no eran aventureros.
Con ello hizo hincapié en los alimentos familiares que no
causaría que los clientes se rascaran la cabeza para descubrir
qué cosa era cada plato. Según la petición de Yuuki, las
adiciones de Kamishiro al menú eran aceptables para los
residentes de mediana edad y los niños, que eran típicos
clientes de la región.
Con su atención ocupada por Takai. Yuuki se encontró
descuidando sus funciones de maître. Desde que Kamishiro
había empezado a cocinar, Yuuki se había convertido en el jefe
de piso a tiempo completo. Una vez que Yuuki hubo probado la
cocina de Kamishiro, él no tenía ningún deseo de que se fuera.
Aunque sus abuelos hicieron todo lo posible, Yuuki nunca
había aprendido realmente sobre las artes culinarias más finas.
Él nunca estaría en la misma liga que Kamishiro.
—Muy bien. Aquí está el arroz con pollo frito.
—¿Es esto... un huevo? —exclamó la niña.
Una clara de huevo se encontraba en el centro del arroz
de colores, cocida apenas el tiempo suficiente para pelar la
cáscara. Se sacudía mientras Yuuki colocaba los platos sobre la
mesa.





—Puedes abrirlo para comerlo —explicó.
—Pero se mueve —se quejó ella.
Kamishiro le entregó un tenedor, y Sayaka
repentinamente era toda sonrisas. Aunque se mantuvo en
silencio, proyectaba una personalidad fuerte y musculosa que
parecía fascinar a los niños. La sonrisa de Sayaka era prueba de
ello.
—Itadakimasu
(10)
—exclamó ella, metiendo el tenedor
dentro del huevo.
La yema amarilla se derramó en el arroz. Ella mezcló todo
con una cuchara y le dio un mordisco.
—¡Es maravilloso!
—¿Te gusta? Eso es genial Sayaka.
—Sí.
—Estás a punto de reventar —advirtió su abuelo,
acariciando su mejilla, pero Sayaka dejó de sonreír. Obtener
una expresión alegre de la gente cuando comen bien, era algo
digno de contemplar. El resto del ruido del restaurante se
extinguió mientras Yuuki se encontraba en trance.
—Discúlpame.
—Lo siento. Lo siento.
—¿Podrías darme una dosis adicional de este café?
—Sólo un segundo.

(
10
) Itadakimasu : Esta frase a veces se traduce "comamos", "lo tomo con humildad y
agradecimiento", etc. Algunos dicen que es un formalismo dirigido al cocinero y a la
"naturaleza".





Aunque eran más de las dos, la cocina estaba
trabajando a toda velocidad. La cocina original, un aparato
electrodoméstico común, no había sido capaz de mantener el
ritmo. Hace unos días, lo sustituyeron por un modelo de cinco
quemadores comerciales. Estaban a finales de agosto, pero la
temperatura aún era elevada, y el lugar se sentía muy
congestionado. Pronto tendrían que sustituir también el antiguo
acondicionador de aire.
Desde que Kamishiro había llegado, sus gastos habían
aumentado en todos los ámbitos, pero Yuuki no estaba
preocupado. Las ventas también habían subido, además Yuuki
se sentía seguro al saber que alguien estaba con él desde la
apertura hasta el cierre.
—Kamishiro-san —gritó una voz desde las mesas—. Quiero
una pasta carbonara como esa.
—Lo tengo.
Kamishiro arrancó un mechón de pasta para comprobar
su firmeza. El aroma de maíz de la mazorca fresca seducía el
paladar de los otros clientes. Los que acababan de llegar se
sintieron atraídos por el mismo plato.
Yuuki estaba preocupado de que la cocina pudiera ser
muy limitada para Kamishiro, pero colocándose a sí mismo en el
medio, con la isla situada contra la pared, creaba un espacio
de trabajo ideal para él. Todo lo que necesitaba estaba sólo a
un paso o dos de distancia. —¡Orden para la mesa tres!
—Mesa tres.
Yuuki nunca le había preguntado a Kamishiro la razón por
la que arrastraba su pie derecho. Después de todo, no parecía
afectarlo en su trabajo. La cadencia única de sus pasos no se





oía dentro del café. Ninguno de los clientes se había dado
cuenta de que había algo diferente en él.
—Aquí vamos. Una pasta carbonara con maíz dulce.
—¡Mmmm! Parece tan delicioso como siempre.
Colocando su periódico sobre el mostrador, Takai tomó
una profunda bocanada. El olor atrajo la atención de Sakara.
—Huele bien —dijo, inclinándose hacia adelante.
—¿Quieres probar un poco?
—Estoy satisfecha ya. Sólo un poco.
Su comportamiento feliz hizo sonreír a Yuuki. Sayaka
agarró el tenedor de su abuelo y le dio un mordisco grande.
—Eso es sólo un poco, ¿eh? —Yuuki bromeó.
De pronto sintió la mirada de alguien en el costado de su
cara. Kamishiro había dejado de trabajar para mirarlos, pero
desvió rápidamente la mirada y volvió a agitar su bote.
—Discúlpame. Me gustaría pedir...
—Er. Perdón, ¡ya estoy allí!
Yuuki tomó el cuaderno de pedidos de su bolsillo y se
apresuró a las mesas nuevamente. En un restaurante pequeño
como este, el ahorro de unos segundos, apenas era una
diferencia, pero aceleró los pasos de todos modos.








—Entonces, ¿cómo debo llamarte como mi empleador?
¿Sano-san? ¿Jefe? ¿Presidente? —Preguntó Kamishiro un día. El
chico de pocas palabras también tenía un lado amable,
demasiado.
—¿Presidente? — se rió Yuuki—. No te preocupes por eso.
—Es importante hacer la distinción. —Kamishiro insistió
obstinadamente.
Mientras que Yuuki no tenía experiencia trabajando en un
restaurante grande, la antigüedad era la que mandaba en un
lugar como ese. Sólo imaginar a Kamishiro trabajando en un
entorno tan estricto, llevó una sonrisa a la cara de Yuuki.
—No tienes que utilizar ningún título honorífico conmigo —
le aseguró Yuuki—. De todos modos, Kamishiro-san, eres cinco
años mayor que yo.
—La edad no viene al caso. Tú firmas mi cheque de pago.
El respeto debe ser pagado.
—¿El respeto se debe pagar? ¿En qué siglo vives?
Al final, se decidieron por un simple “Sano-kun”, aunque
para Kamishiro fue difícil decirlo.
—No tienes que hacerlo —dijo Yuuki una y otra vez, pero
Kamishiro obstinadamente se mantuvo en su posición. A veces
lanzaba un “Oye, tú…” o “¡Tú!”
Pero él siempre tenía buenas intenciones, y Yuuki trató de
no reír. A Yuuki no le importaba si él lo llamaba por su apellido,
pero Kamishiro nunca lo hizo.
Tsukada siempre le había llamado “Yuuki”. Incluso ahora,
el sonido de su voz permanecía en la memoria de Yuuki. Su





corazón latía con fuerza sólo con preguntarse, si alguna vez,
Kamishiro lo llamaría así.
Sin embargo, Yuuki dudaba que eso llegara a suceder, y
se rió de su propia estupidez. ¿Desde hace cuánto tiempo
conocía a Kamishiro? Yuuki no podía esperar que lo llamara por
su primer nombre cuando apenas se conocían.
—Oye, ¿sabes algo? —Kamishiro gritó, mirando
tranquilamente por la ventana.
Yuuki miró sobre su hombro y le sonrió.
—¿Qué?
—Ya es hora de cerrar.
—Sí. Parece que así es.
Fuera, el ajetreo y el bullicio de la multitud habían muerto
hacía más de una hora. No podían esperar que vinieran más
clientes en un día de semana como este.
Ocultando su sonrisa para que Kamishiro no la viera, Yuuki
se deslizó del taburete en el mostrador. Para asegurarse de que
no llegaran clientes tan tarde, él colocó el cartel de “Cerrado” y
miró la puerta.
—¿Quieres algo para comer? —preguntó Kamishiro.
—No tengo mucha hambre. Udon Noodle
(11)
estaría más
que bien.
Aunque Yuuki se había ofrecido para cocinar después de
las horas, al nuevo amo de la cocina no le importaba compartir

(11)Udon Noodle: fideos japoneses generalmente preparados con sopa de miso.





su territorio. A Yuuki no le gustaba comer muy tarde en la noche,
y siempre elegía algo de su lista de aperitivos.
—Tenemos algunos fideos sōmen
(12)
. ¿Hervidos?
¿Calentados? ¿Fríos?
—Calentados está bien.
Con respecto al bienestar físico de Yuuki, estas cenas se
habían centrado en los platos japoneses.
—Un hombre no puede vivir sólo con fideos —Kamishiro-
san le dijo.
Yuuki se echó a reír y respondió que la digestión de un
hombre iba cuesta abajo sólo después de la mediana edad. A
pesar de que había pasado sus treinta años, Tsukada todavía
anhelaba alimentos fritos. Yuuki bromeando le advirtió de los
peligros de la obesidad, pero Tsukada demostró que estaba
equivocado al morir primero.
—Estamos fuera de la época de caballa. El único caldo
que tengo es de bonito
(13)
.
—Eso está bien.

(12) Sōmen: es una pasta muy fina empleada en la cocina japonesa elaborado con harina
de trigo. Estos fideos se sirven generalmente fríos y poseen menos de 1.3 mm de
diámetro. La distinción entre el sōmen y el siguiente fideo más grueso, el hiyamugi
(existiendo aún más grueso, el: udon) es que el sōmen es estirado mientras que el
hiyamugi y el udon son cortados. El sōmen se sirve generalmente frío ligeramente
condimentado con un caldo o tsuyu, y los fideos se sumergen en la salsa, no se vierten
encima como otros alimentos.
(
13
) Bonito: es un pez de aguas templadas y tropicales, muy codiciado y pescado como
alimento en la costa este del Pacífico, la zona tropical del Atlántico, la región del
Mediterráneo y en torno a Australia. Emparentado con el atún y la caballa, el cuerpo del
bonito tiene forma hidrodinámica y es de color azul plateado con diminutas escamas y dos
aletas dorsales. La aleta dorsal trasera y la aleta anal van seguidas de varias aletas
pequeñas. Puede pesar hasta 10 Kg. y alcanzar una longitud de más de 1 metro.





Kamishiro había surtido la cocina con ingredientes
japoneses, pero Yuuki no quería ser mimado. Sabía que ese tipo
de cosas podría dar lugar a malentendidos. Pero a pesar de
que Yuuki quisiera que mantuviera sus comidas lo más simple
posible, para Kashimiro la cena se había convertido en una
operación de gran envergadura.
—Voy a poner en orden el lugar —dijo Yuuki, empezando
a limpiar las mesas.
La cocina era el castillo de Kamishiro. Yuuki se preguntaba
si se podía llamar a este extraño el dueño real de Fuuka.
El pomo de la puerta se sacudió, y alguien se asomó por
la puerta de vidrio.
—¡Hey!
Yuuki levantó la vista y vio un rostro familiar.
—¿Shin?
—¿Otro de los clientes? —preguntó Kamishiro desde la
cocina.
—Ah, no.
Había pasado por lo menos un mes desde la última vez
que se vieran, Yuuki se frotó la parte posterior de su cuello por la
consternación. ¿Cómo podía hablarle a Shin sobre Kamishiro a
estas alturas? Abrió la puerta y forzó una sonrisa.
—Bienvenido nuevamente. Debiste haber llamado y
decirme que ibas a venir.
—Acabo de regresar del lugar donde he estado
trabajado. Me muero de hambre.





Si las cosas hubieran sido normales, Shin se hubiera
sentado en el mostrador. Pero Shin vio a Kamishiro y se detuvo
en la puerta.
—¿Quién es ese?
—Ah, bueno, este es Kamishiro-san.
Fue una introducción torpe. Yuuki hizo una mueca al oír su
propia voz y su torpeza al hablar.
—¿Un amigo?
—Ah....
Kamishiro vino al rescate. A pesar de que nunca antes
había visto a Shin, le dedicó una sonrisa tolerante.
—¿Te gusta el sōmen?—preguntó.
—¿Qué? Ah, claro...
—Siéntate. Se hará en un instante.
Con sus grandes manos, Kamishiro arrojó algunos trozos de
bonito seco en el agua hirviendo. El aroma salado llenó el café.
—Shin, siéntate —insistió Yuuki.
—¿Eh? Ah, bueno...
—Yo sólo estaba limpiando.
Habían tenido esta misma conversación muchas veces
antes, con una gran diferencia. Ahora Yuuki no le pidió a Shin ir
a su habitación y esperar por él. ¿Y quién era este tipo que
cocinaba?
—¿Te gusta el pollo? —preguntó Kamishiro.





—Uh, huh —dijo Shin, asintiendo con la cabeza.
—¿Y el honeywort
(14)
?
—Me gusta el honeywort.
Shin se dio cuenta de que Kamishiro era más viejo con
solo mirarlo. Pero en comparación con la charla relajada de
Kamishiro, las respuestas formales de Shin sonaban bastante
lindas.
—Sano-kun, esto es tuyo.
—Gracias.
Kamishiro colocó dos tazones humeantes sobre el
mostrador. Yuuki se metió en la cocina para lavarse las manos, y
luego se sentó junto a Shin.
—Dijiste que tenías hambre. Vamos a comer.
—Oh, está bien.
—Itadakimasu —Shin dijo en voz baja.
—Adelante —respondió Kamishiro alegremente.
Mientras sorbía sus fideos, Yuuki se preocupaba acerca
de cómo abordar el tema de Kamishiro, pero Shin le salvó de la
pena.
—Algo curioso sucede aquí —dijo Shin, apartando su
plato vacío. Encendió un cigarrillo y sonrió a Kamishiro.
—Me parece haber entrado en el café equivocado —
añadió—. ¿No es así?

(14) Honeywort :una planta, Cerinthe retorta, de Grecia, con hojas de verde azulado y
flores de color amarillo con punta de púrpura.





El corazón de Yuuki dio un vuelco.
—¿En serio? — Contestó inocentemente.
—Kamishiro-san, ¿verdad? Encantado de conocerte. Soy
Suzutani Shin. Fui a la escuela secundaria con Sano.
—Mi nombre es Kamishiro. He estado trabajando aquí
desde el mes pasado.
—¿Desde el mes pasado? —Jadeó Shin. ¿Y Yuuki nunca
se había molestado en decírselo? Yuuki fingió no darse cuenta.
—Tengo que decir que todo sabe bien —admitió Shin—.
Así que cambiaste el menú, ¿uh? ¿La cocina japonesa es tu
especialidad?
—En realidad, esto no está en el menú, pero tienes razón,
el menú ha cambiado. Debes pasar a almorzar en algún
momento.
—Voy a hacer eso. La semana que viene, mi lugar de
trabajo se moverá debido a que comenzaremos un proyecto
nacional de carreteras. ¿Qué dices tú, Sano?
—Uh, ¿verdad?
Ahora que el hielo se había roto, Shin volvió a ser él mismo
nuevamente. Dio una calada a su cigarrillo y continuó hablando
con Kamishiro.
—Sano me hacía la cena un par de veces a la semana.
Pero nada como esto, te lo aseguro.
—Es lo mismo para mí. Hacer tres porciones es lo mismo
que hacer dos.





—Es bueno saberlo. Ahorrar en el presupuesto de mi
comida me ayuda mucho. Por lo general termino en los
empalmes de comida rápida.
Shin solía comer aquí y quedarse a dormir, pero eso había
sido hacía más de un mes. No había vuelta atrás para retomar
esa vida ahora. Yuuki agitaba en silencio su copa con sus
palillos, incapaz de hablar.
—¿El sazón de sésamo está demasiado fuerte? —
Preguntó Kamishiro con preocupación.
—¿Eh? ¡Ah, no! Está bien. Sólo un poco caliente...
En la cocina, la estufa ya se había apagado. Era casi la
medianoche. A pesar de que afuera estaba fresco, la
temperatura dentro del café era perfecta.
Yuuki levantó la vista y se encontró con la mirada de
acero de Kamishiro.
—Si no te sientes bien, ve a casa. Voy a terminar de
limpiar.
—No, estoy bien. Sin embargo, tú deberías apresurarte, ya
es tarde.
—No es necesario —Kamishiro masculló, señalando hacia
la casa con las manos mojadas. Su trabajo del día ya había
terminado y Kamishiro se retiraba a limpiar la cocina.
—¿Así que también vives aquí, Kamishiro-san? —Shin
preguntó con sorpresa.
—Bueno, en realidad me he invitado a mí mismo. Cuando
me enteré de que Yuuki tenía una habitación libre, casi lo
obligué a ello.





—Tú no dices…
Hubo un fuerte sonido de salpicaduras de agua en el
fregadero, pero Yuuki oyó a Shin encender otro cigarrillo.
—Bueno, gracias por la comida. Ha sido la mejor que he
tomado desde hacía mucho tiempo —dijo Shin, poniéndose de
pie. Él apagó su cigarrillo de una manera un poco más ruda de
la que Yuuki recordaba haber visto antes.
—Shin, yo... —Yuuki empezó a decir.
—La vida te sonríe ¿eh? —Dijo Shin sinceramente,
agarrando el hombro de Yuuki. El cuerpo de Yuuki se hundió
bajo el peso del brazo de Shin. Tenía la sensación de que Shin lo
estaba utilizando como una muleta para sostener su cuerpo
vacilante.
—Vendré a comer la próxima vez —prometió Shin—.
Realmente tiene talento.
—Gracias.
—Bueno, ten cuidado, Kamishiro-san —dijo Shin,
alejándose.
Durante toda su visita, Yuuki no había mirado
directamente a Shin, incluso aunque estaban sentados uno al
lado del otro. A Yuuki le hubiera gustado hacer una broma
acerca de su comportamiento, pero carecía de la confianza
suficiente para hacerlo. Siguió a Shin hasta la puerta principal,
pero tuvo dificultades para conseguir que las palabras salieran
de su boca.
—Shin, puedes seguir viniendo a cenar cuando gustes. En
serio. No hay razón para que permanezcas alejado.





—¿Alejado? No te preocupes. Voy a seguir viniendo a
comer tu comida.
Pero no a quedarse con Yuuki después, también
significaba que no beberían juntos. Shin tiró juguetonamente de
la cola de caballo de Yuuki.
—Es mejor que vuelvas allí a ayudarlo. Se está haciendo
tarde.
—Sí, buenas noches.
—Buenas noches.
Mientras Shin caminaba en la noche, Yuuki se había dado
cuenta repentinamente de algo. Shin había terminado su
trabajo a través de las montañas y luego se había dirigido
directamente al café. No era de extrañar que pareciera
agotado.
Ahora, Yuuki se sentía más culpable por no haberle
recibido con una sonrisa. Incluso, aunque él no tenía nada por
qué pedir disculpas, su rudeza era inexcusable.
De pronto oyó fuera el sonido de los chirridos de
neumáticos.
—Sano-kun, ¿has terminado con el suelo? —preguntó
Kashimiro.
—Sí, ya casi termino.
—Vamos a cerrar y apagar las luces.
Con las luces apagadas, Yuuki podía ver claramente su
reflejo en las ventanas. Ahora se veía tan patético. ¿Se veía de
esa manera cuando Shin estaba aquí?





—¿Qué te parece si hago correr el agua del baño? —
ofreció Yuuki.
—Seguro —asintió Kamishiro, inspeccionando las
cacerolas.
A Shin le gustaban las hamburguesas chorreando con
salsa, al igual que a un niño pequeño. Tal vez fuera eso lo que
Yuuki prepararía para él la próxima vez.
Pero Shin no se presentó en Fuuka al día siguiente, ni el día
después de ese.











abía estado lloviendo desde por la mañana y el
negocio había estado vacío casi todo el día. Después
de que los dos últimos clientes habituales se
marcharan a las nueve, Yuuki y Kamishiro decidieron cerrar
temprano. Estaban discutiendo qué hacer con las sobras
cuando escucharon un crujido de neumáticos deslizándose por
la grava, seguido por el golpe de una puerta de coche
cerrándose.
—¡Buenas tardes! —dijo Shin irrumpiendo en la cafetería.
La campanilla que estaba encima de la puerta se movió
violentamente.
—¿Shin?
—¡Hola!
Iba más borracho que una cuba.
—¡Hey, mira, Sano está aquí! —Dijo arrastrando las
palabras.
—Espera un momento, Shin.
—He tomado una copa o dos y ahora necesito algo
sólido para acabar bien la tarde.






Seguro que no habían sido una o dos copas, más bien
unas once o doce más. El hedor a alcohol emanaba de Shin
como si fuera una colonia barata.
—Hey, Kamishiro-san. ¡Me alegra verte de nuevo! —gritó
Shin, dando un saludo de borracho que casi le hace caerse.
Shin no había vuelto a aparecer por aquí desde hacía
días y ¿está era su segunda aparición? Claramente
desconcertado, Kamishiro miraba tranquilamente desde el otro
lado de la barra.
—¿Has conducido hasta aquí Shin? —preguntó
amablemente Yuuki.
—¡Por supuesto! ¿Cómo demonios iba a venir? —Gritó
Shin, mirándolo con ojos vidriosos. Yuuki se quedó boquiabierto.
Ponerse al volante en ese estado era como si quisiera suicidarse.
—Hey, Shin, tranquilo.
El cuerpo de Shin se quedó sin energía, como una
marioneta a la que se le han cortado los hilos. Si Kamishiro no le
hubiera agarrado por detrás, ambos hubieran ido a parar al
suelo.
—¡Hey, amigo! Creo que le pasa algo a tu pierna —se rió
Shin.
—¡Shin! —le advirtió Yuuki.
—Es un buen hombre. Ya veo. Ya veo. Ya veo. Tiene una
pierna inútil, ¿eh?
Shin se había emborrachado casi hasta la inconsciencia,
pero todavía estaba algo lúcido.
—Shin, eso está fuera de lugar —dijo Yuuki firmemente.





—Perdón, perdón.
Yuuki no había visto tan mal a Shin nunca, y no tenía ni
idea de qué hacer.
—Ahora mismo no estás en condiciones de comer. Vamos
a llevarte a la cama. Ven, encontraremos algún sitio donde
puedas dejarte caer.
—¿Seguro que no hay ningún problema? No quiero
entrometerme.
—Sólo deja de portarte como un idiota.
Yuuki miró a Kamishiro.
“¿Qué hacemos con él?”, preguntó con la mirada.
Kamishiro no dijo nada.
—Kamishiro-san, no quisiera obligarte pero ¿podrías
ayudarme a llevarlo dentro?
—Bien. Pero está muy borracho —dijo Kamishiro
frunciendo el ceño. Estaba actuando como si no hubiera visto
uno antes.
“Supongo que nunca ha trabajado en un bar”, pensó Yuuki.
—Perdón por eso Kamishiro-san, pero ¿podrías agarrarle
por las piernas?
—No, lo haremos al contrario. Yo lo sujeto por arriba y tú
por abajo. —Kamishiro extendió el cuerpo de Shin en el suelo de
la cafetería—.Puede que tenga una pierna mal pero aún así soy
más fuerte que tú.
—Oh, perdón…





Kamishiro se inclinó por encima de la cabeza de Shin y
empezó a levantarlo. Bajo esa influencia el hombre empezó a
sentarse con los ojos medio cerrados.
—No está bien, nada bien. Mañana tengo que
levantarme temprano. Comeré algo y me iré.
—En ese caso llamaremos un taxi.
—No puedo volver al trabajo sin mi coche.
A Shin se le trababa tanto la lengua que parecía un niño
tozudo. Yuuki, confuso, miró a Kamishiro.
—¿Kamishiro-san, me ayudas a llevarlo al coche?
—Entonces, ¿le vas a llevar a casa?
—No se me ocurre otra cosa mejor.
La sonrisa paciente de Kamishiro parecía indicar que
estaba harto de toda esa situación.
—Si tan empeñado está en ir a casa puede llegar él solo
—murmuró poniendo bruscamente a Shin de pie—. Vamos, un
pie delante del otro.
—Hmm…
Poniendo un brazo alrededor de sus hombros como
apoyo, Kamishiro llevó a Shin a la puerta. Yuuki vio con
preocupación cómo Shin se tambaleaba precariamente, medio
agachado en el suelo. Kamishiro abrió la puerta y sacó a Shin.
—Ese sí que es un coche grande —exclamó Kamishiro.
El todoterreno deportivo estaba aparcado en frente de la
cafetería, pero al ser un coche tan alto era difícil meter a Shin
en el asiento del copiloto.





—¡Ale hop! —Dijo Kamishiro tirándolo en la parte trasera
como una maleta. Shin dejó salir un grito raro y perdió el
equilibrio. Pusieron sus piernas en el asiento como si fueran dos
maletas de mano.
—Considerando su estado, ¿qué probabilidades hay de
que pueda trabajar mañana? —preguntó Kamishiro.
—Es difícil saberlo.
Yuuki nunca había visto a Shin con resaca, pero también
era verdad que tampoco lo había visto borracho anteriormente.
—Una vez lo haya dejado en casa, probablemente ni
siquiera recordará que ha estado aquí.
—Ten cuidado cuando cierres la puerta —le dijo Kamishiro
educadamente, aunque Shin estaba en otro mundo.
Yuuki se sentó en el asiento del conductor. La llave aún
estaba puesta en el contacto.
—¿Estarás bien?
—¿Por qué?
—Oh, por nada. Es sólo que quizás te sea un poco difícil
subirlo hasta el apartamento —dijo Kamishiro tranquilamente.
—Me las apañaré —dijo Yuuki riendo—. Su apartamento
está en el primer piso. Sólo tengo que llevarlo hasta el genkon y
entonces llamaré a un taxi. ¿Puedes traerme diez mil yenes de la
caja registradora?
Mientras Kamishiro volvía a la cafetería, Yuuki miró a Shin y
suspiró. Era todo por su culpa, así que Yuuki no podía enojarse
mucho con su amigo.





—Aquí tienes —dijo Kamishiro dándole el dinero.
—Gracias.
Yuuki se metió el billete en el bolsillo de sus vaqueros
mientras Kamishiro los miraba ansiosamente.
—Entonces ten cuidado.
—Claro.
Al contrario que el del subcompacto de Yuuki, el volante
del coche de Shin era tan grande como un tronco. Y si eso no
era suficientemente malo, Yuuki se sentía totalmente cansado
después de haber metido a Shin en el coche. Yuuki fulminó a
Shin con la mirada por el espejo retrovisor. Su viejo amigo de
instituto dormía con la boca abierta. Yuuki gruñó y se dirigió al
apartamento de Shin, que se encontraba a veinte minutos.
—Necesitas cambiar los limpiaparabrisas. No seas vago y
hazlo —murmuró Yuuki.
La temprana lluvia de otoño se deslizaba por el
parabrisas, oscureciendo la visibilidad. Aunque sabía que Shin
estaba muerto para el mundo, Yuuki seguía descargando su ira
contra él. De todas formas, ¿dónde demonios estaba su
apartamento? Sólo había estado ahí una o dos veces.
—Sabe tan bien, delicioso —gemía Shin.
—¿Qué dices?
“Debe estar todavía soñando con la cafetería”, pensó Yuuki.
Se aseguraría de llamarlo mañana, después de que se le
pasara la borrachera. Shin le debía una disculpa a Kamishiro.
Yuuki se preguntaba si recordaría siquiera su desagradable





comportamiento. Visualizando la escena, Yuuki empezó a
tararear.
—¿Eh? —murmuró Shin desde la parte trasera.
—¿Ya estás despierto?
—¿Qué pasa Sano?
—¿Tan borracho estás? ¿No te acuerdas?
Shin miró por la ventana para saber dónde estaba y
entonces se inclinó hacia delante para mirar boquiabierto a
Yuuki. Sus ojos hinchados sólo estaban medio abiertos y su
cerebro parecía estar funcionando mejor.
—¿Es por aquí por donde se va a tu casa? —preguntó
Yuuki.
—Gira ahora a la izquierda. Y después a la derecha en la
siguiente calle.
—Mis servicios como chofer no son baratos, Shin.
Para cuando Yuuki llegó al frente del edificio de Shin ya se
había acostumbrado al volante. Se las apañó para meter el
enorme coche en la plaza de parking y apagó el motor.
—¿Puedes andar desde aquí?
—Es difícil de decir.
—Upi —gruñó Shin, saliendo tambaleándose del coche.
Inmediatamente se cayó al suelo mojado.
—Madre mía —murmuró Yuuki saliendo del coche.
Entonces levantó el manojo de llaves hacia la luz de la farola.
—Shin, ¿cuál es la llave de tu apartamento?





—La segunda más grande.
—Espera, deja que te ayude.
—Perdón.
E Igual que había hecho Kamishiro, Yuuki puso su brazo
alrededor de los hombros de Shin para sujetarle. Aunque
Kamishiro lo había hecho sin el menor esfuerzo, Yuuki puso mala
cara cuando tuvo que levantar el peso muerto de Shin.
—¿Podrías mover las piernas tú solo?
—No. No escucharán nada de lo que les diga —dijo
riéndose Shin. La parte superior de su cuerpo estaba igual de
floja que su parte inferior.
Yuuki abrió la puerta y buscó el interruptor de la luz.
Cuando la encendió pudo ver el desorganizado estudio de Shin
y su futón revuelto.
—Tu futón ya está en el suelo así que ya te puedes ir a
dormir.
—Sí.
—Bien. Tengo que irme.
Como estaban las cosas ahora, Shin al menos ya sabría
qué hacer. Yuuki decidió que mejor no hacerle la broma
pesada que había estado pensando aunque le desilusionó. Shin
se tropezó.
—¡Cuidado! —Jadeó Yuuki.
—¡Au!¡Duele! —Gritó Shin, quien debía haberse golpeado
las rodillas en el suelo.
—Sí, tus piernas son inútiles.





—Culpa mía.
—No puedes emborracharte hasta este punto.


A pesar de lo exasperado que Yuuki se sentía, no podía
abandonar de esa forma a Shin, así que se quitó los zapatos y
entró. Se recostó encima de Shin y le pasó los brazos por la
cintura.
—¡Pesas demasiado! ¿No puedes levantarte un poco?
—Lo estoy intentando, lo estoy intentando —protestó Shin,
empezando a reírse tontamente.
Cada vez que intentaba levantarse se caía de frente,
pero Yuuki ni siquiera intentó cargar con él.
—Bien. Entonces arrástrate hasta aquí.
—Lo estoy intentando, lo estoy intentando.
—¡Hijo de puta! —le soltó Yuuki, las venas de la frente
estaban a punto de estallarle, pero entonces él también
empezó a reírse tontamente.
Para cuando Shin llevó su cuerpo hasta la desecha cama,
Yuuki sentía que la extraña atmósfera que había entre ellos se
había esfumado.
—¿Quieres agua?
—Gracias.





Yuuki llenó un vaso que había en el fregadero, se agachó
y se lo dio a Shin, quien lo vació en un par de tragos. Ahora se
parecía a un borracho cualquiera.
—Oh, por cierto, ¿se puede tomar un taxi por aquí?
—Si no llamas primero no vienen.
—No me he traído mi teléfono. ¿Puedes llamar tú? —Le
preguntó Yuuki con una sonrisa.
Justo entonces notó que los ojos de Shin, empañados por
el alcohol, estaban clavados fijamente en él.
—Hey, pasa aquí la noche. Te llevaré mañana.
—Tienes que trabajar mañana por la mañana, ¿o te has
olvidado?
—Estaba bromeando.
Que él estaba ¿qué? La sonrisa de Yuuki se congeló. Shin
estaba hablando demasiado lúcidamente para un hombre que
estaba borracho como una cuba.
—Mañana tengo que reponer el almacén —dijo Yuuki.
—Nos iremos pronto.
—No le dije a Kamishiro-san que me quedaría. Él…
Pero antes de poder contestar, Shin se levantó y le puso
una mano en la boca.
—¡Shin! —gritó Yuuki con la voz amortiguada. ¿Qué
estaba pasando? Aunque Shin no estaba respirándole encima
podía oler el alcohol en él.





—¿Has olvidado a Tsukada-san? —le preguntó Shin con
tristeza apartando su mano. Yuuki, a pesar de eso, se vio
incapaz de contestar.
—Shin —susurró.
—¡Lo has olvidado! ¿Se lo has contado a ese tipo? Tiene
gracia porque a mí no me lo contaste.
—¡Shin! —Sollozó Yuuki.
De repente Shin se inclinó hacia delante y besó a Yuuki,
quien estaba demasiado sorprendido para resistirse.
—¡Sh…Shin!
Shin se puso a horcajadas encima de él, forzándolo a
recostarse. Con la refriega la cola de caballo del pelo de Yuuki
se enganchó, haciéndole respingar.
—Sano, Sano —gemía Shin una y otra vez devorando la
boca de Yuuki.
—No, no —suplicaba Yuuki.
Shin chupó con fuerza el labio inferior de Yuuki y le metió
la lengua a la fuerza. Una descarga atravesó la columna
vertebral de Yuuki con sorpresa. “Esto se supone que no debe pasar.
Este estúpido comportamiento debería parar, no hay nada más que hablar”.
Pero el placer sólo se intensificó. El cuerpo de Yuuki
empezó a expandirse desde su interior. Como un hombre
hambriento, Shin buscó la carne tierna en la boca de Yuuki. El
corazón de Yuuki latía tan rápido que pensaba que se le iba a
salir del pecho, golpeando como lo hacía contra sus costillas.
Mientras Shin le sujetaba el culo y amasaba sus glúteos,
las caderas de Yuuki empezaron a moverse. Él también tenía





ganas de hacerlo. No había estado con otro hombre desde
hacía mucho tiempo, por lo que el sexo era un recuerdo lejano.
De todos modos, eso no significaba que debiera dejarse llevar.
—No, Shin. No podemos —protestó Yuuki, apartando su
boca con gran esfuerzo.
Pero lo único que hizo Shin fue bajar hacia su cuello, sus
labios húmedos recorriendo su piel. Yuuki sintió un hormigueo en
la parte tierna de la cara interior de sus muslos.
Lo quería. De verdad que sí. Pero la lógica y la pasión
luchaban en su interior. Arqueó su espalda y miró hacia la
lámpara del techo, pero la luz parecía estar borrosa y
distorsionada. Su raciocinio estaba tan confuso como su borrosa
visión.
Suplicar y rogar no iban a servir de nada. Aunque pudiera
resistirse a Shin, su cuerpo todavía estaba ardiendo y Shin se
había dado cuenta. Le bajó la camiseta a Yuuki y empezó a
mordisquear su clavícula.
—¡Au! — Gritó Yuuki ahogadamente contrayéndose por el
dolor.
Shin coló una mano por debajo de la camiseta de Yuuki y
masajeó su pecho.
—¡Shin! —Gritó Yuuki pero lo único que hizo éste fue darle
una bofetada. Yuuki no podía creer que Shin le hubiera
levantado la mano.
Contrariamente a su tosco exterior, Shin nunca era
violento. Alguna vez se desahogaba después del trabajo, pero
en realidad nunca había le había pegado a nadie. Cuando
estaban en el instituto, Shin a menudo cargaba con la culpa





cuando sus amigos la liaban en el aula de audiovisuales, incluso
cuando no tenía nada que ver.
Más que la sorpresa por haber sido golpeado, Yuuki
estaba desolado por todo el enfado que Shin tenía contra él y
que había estado reprimiendo.
—S…Shin. No…
Pensaba que su amigo de buen corazón podría estar
inclinando la cabeza en señal de disculpa, culpando al alcohol
por su falta de control, pero lo que rezumó de los dientes
apretados de Shin fue pura amargura.
—Siempre he querido hacer esto —dijo—. Pero pensé que
era una causa perdida. Cada vez que fingía estar dormido y tú
venías a tocarme, mi corazón latía locamente. Debería haber
hecho algún movimiento pero quería esperar a que superaras lo
de Tsukada-san. Pero nunca dijiste nada.
—Shin, lo sé…
—Entonces, ¿por qué? ¿Qué pasa con ese maldito de
Kamishiro?
Yuuki miró a Shin con sorpresa. ¿Tenía los ojos rojos o
estaba llorando?
—¿Te has acostado con él?
—No, no lo he hecho.
—No mientas. ¿Entonces por qué no me hablaste de él?
Incluso estando borracho, Shin sabía qué teclas tocar.





—Demuéstralo. Demuestra que nunca te has acostado
con él —masculló Shin mientras su brazo izquierdo se enroscaba
alrededor de la cintura de Yuuki.
“¿Cómo se supone que voy a hacer eso?”, se preguntó Yuuki.
Shin le acercó aún más hacia él.
—Sano, Sano —dijo suavemente llamándolo por su
nombre. Yuuki sintió cómo su corazón se rompía mientras las
manos de Shin le acariciaban.
—Ahh… —gimió, sintiendo una lengua deslizándose por su
pecho desnudo. Su mandíbula tembló ligeramente pero se
reprimió de jadear fuertemente. Quizá podía olvidar que era
con Shin con quien estaba. Entonces estaría bien. Pero Yuuki no
podía olvidarlo. Esas manos, esa voz, no podían pertenecer a
nadie más que a su viejo amigo.
—Eso duele —dijo Yuuki poniendo mala cara mientras Shin
le mordía el pezón.
Las manos de Shin se movieron hacia abajo. De repente
se inclinó y puso su boca alrededor del pene de Yuuki.
Los dedos de los pies de Yuuki se retorcieron como hacían
siempre que estaba excitado. Esos recuerdos aún estaban en su
interior. Mirando inexpresivamente al techo, se sumergió en los
recuerdos que tenía del pasado. A pesar de que Shin chupaba
ávidamente, el miembro de Yuuki no respondía.
—¡Mierda! —Dijo Shin con brusquedad, separando las
piernas de Yuuki toscamente.
Yuuki estaba demasiado cansado para resistirse.





Levantando los ensalivados testículos de Yuuki, Shin metió
su grueso dedo en su agujero y lo movió furiosamente dentro y
fuera.
—¡Ah! —Jadeó Yuuki con dolor. Apretó los dientes,
ahogando un grito y entonces cerró los ojos y miró para otro
lado. No quería mirar a Shin, no cuando estaba rebuscando en
lo más profundo de su alma.
Los movimientos rudos de los dedos de Shin hacían que
Yuuki pusiera mala cara, pero él intentaba olvidar el dolor. La
tensión enfrió sus pies y sus manos mientras jadeaba entre sus
dientes apretados. El dedo de Shin seguía hurgando en su
interior.











—Mal… —gimió Yuuki.
—¿Eh?
De repente algo rozó su estómago. Yuuki abrió con
cautela los ojos para encontrar a Shin agarrado a su cintura y su
cabeza agachada. No importa lo divertida que a cualquiera le
pudiera parecer la posición en la que estaban, nadie se reía.
—¿Qué sentido tiene si vas a estar así? —Dijo Shin con
cansancio.
Yuuki no tenía nada que decir.
—Vete a casa —dijo Shin en voz baja sentándose en el
futón y llevándose las rodillas al pecho. Yuuki no respondió, sólo
se dirigió hacia la puerta.


Las calles estaban vacías a esa hora. Yuuki caminaba con
dificultad mientras la lluvia lo empapaba. Al final llegó a la calle
principal y vio las luces de las farolas, pero los primeros taxis
pasaron a toda velocidad delante de él.
—Probablemente cobrarán de más por ensuciar la
tapicería —murmuró Yuuki—. Shin me deberá esto.
Las posibilidades de que eso ocurriera eran remotas, pero
Yuuki continuó murmurando para sí mismo mientras andaba. Al
final consiguió convencer a un conductor con pinta sospechosa
para que le llevara y una hora después estaba en casa.
—Perdón por los inconvenientes —dijo Yuuki pidiéndole
disculpas al conductor. Entró y tomó diez mil de la caja
registradora para salir y dárselos al conductor más veinte de





propina. Esperaba que fuera suficiente para limpiar los asientos
porque Yuuki no tenía ganas de pelea.
Seguro que Kamishiro se habría acostado hacía horas.
Intentando hacer el menor ruido posible, Yuuki se dirigió hacia el
cuarto de baño.
Si Kamishiro se despertaba, Yuuki no sabría cómo explicar
por qué parecía una rata mojada. Quería hacer desaparecer
todo rastro de su encuentro con Shin.
Las ropas mojadas se le pegaban tozudamente al
cuerpo. Se mordió el labio, enfadándose cada vez más. De
repente el recuerdo del beso de Shin volvió a su mente y le hizo
estremecerse.
—¡Maldita sea!
Cuando se sacó de un tirón la camiseta, la tela le rozó el
cuello. Estaba tan asustado de mirarse en el espejo. Quién sabe
qué se encontraría. La tela rozando sus pezones escocidos hizo
que se le pusiera la carne de gallina y el agua caliente sólo lo
empeoraría. Con sólo pensarlo le temblaba la mano que estaba
encima del grifo.
—¡Au!
Yuuki se tocó con cuidado los pezones sólo con la yema
de los dedos. Estaban calientes, hinchados y manchados de
sangre. Apretó los dientes y lavó con cuidado las heridas
punzantes. Estaba en eso cuando escuchó la puerta abrirse y
saltó por la sorpresa.
—Has vuelto.
—Kamishiro-san.





Kamishiro se quedó de pie en la puerta del cuarto de
baño, vestido solamente con un pantalón de chándal. Debería
haber sabido que Kamishiro le esperaría hasta que volviera.
Probablemente había estado preocupado toda la noche.
Yuuki se emocionó por la preocupación de Kamishiro,
pero también se sentía mortificado. ¿Durante cuánto tiempo
había estado ahí? ¿Le había escuchado gimotear cuando se
había tocado sus hinchados pezones? Las mejillas de Yuuki se
tiñeron de escarlata.
—¿Qué es eso?
—Um…
—Ahí.
Yuuki pensó que debería estar preguntándose por qué
estaba acariciándose su propio pecho pero Kamishiro estaba
mirando su cuello.
—¡Hey! —Dijo Kamishiro, entrando de repente en el cuarto
de baño. Yuuki dio un paso hacia atrás, pero no había sitio para
esconderse.
—¿Qué es esto? ¿Fue él?
—No es… nada.
Para ser un chico tan grande, Kamishiro se movía con
bastante agilidad. Yuuki tembló cuando Kamishiro le tocó la
nuca.
—¿Es un chupetón? —Preguntó Kamishiro con confusión.
Sus dedos acariciaron con gentileza el área de alrededor.
Un calor sensual empezó a crecer en el interior de Yuuki y no
sólo porque se estuviera sintiendo tenso.





—¡Estás sangrando! —Gritó ahogadamente Kamishiro.
Apartó la mano de Yuuki y tocó su pezón. Él no pensaba
que estaba tan herido, pero al mencionar la sangre el dolor se
amplificó.
—Estás congelado. Date un baño caliente y cuando
salgas te curaré —dijo Kamishiro firmemente.
—Estoy bien.
—¡No estás bien! —Respondió bruscamente haciendo
que Yuuki tragara saliva.
El brillo en la mirada de Kamishiro y la forma en que le
tocaba lo asustaban. Aún así Yuuki tenía un deseo irrefrenable
de saltar a sus brazos.











—No es nada, de verdad —insistió Yuuki mirando a los ojos
a Kamishiro—. Sólo estaba caliente y el alcohol lo puso un poco
violento. Sólo me ha hecho algunos arañazos pero es bastante
raro que actúe así.
“Esto no tiene nada que ver contigo”, quería decir Yuuki. “No te
metas, ¿de acuerdo?”
¿Había entendido Kamishiro el mensaje o sólo se estaba
burlando de él? La garganta de Yuuki se cerró y se le secó la
boca.
—Oh. ¿Es eso? —Dijo al final Kamishiro.
Los ojos de Kamishiro reflejaban la misma tristeza y enfado
que los de Shin, y Yuuki se sentía culpable por ser la persona que
lo estaba causando.
—Buenas noches.
Yuuki pasó al lado de Kamishiro y salió del cuarto. Cuando
pisó la alfombrilla del baño sus piernas temblaron. El calor que
había sentido con el leve toque de Kamishiro consumía a Yuuki
con un deseo casi insaciable.
Se contuvo a sí mismo para no girarse.
—Sano-kun —dijo Kamishiro en voz baja.
—¿Qué?
—¿Es tu amante?
Si lo negaba Kamishiro pensaría que Shin le había dado
una paliza. Eso mismo es lo que sugerían las marcas de su
cuerpo. Pero, si Yuuki decía que sí, estaría traicionando a Shin.
Kamishiro no conocía su complicada historia y Yuuki no tenía
ganas de contársela. O más bien, no podía.





—No. Es sólo un amigo.
—En ese caso, ¿qué significa todo esto?
—¿Esto? Esto no tiene que ver con el afecto sino con el
sexo.
¿Kamishiro-san era tan puritano? ¿Nunca había
escuchado hablar de sexo gay? Quizá nunca se le había
ocurrido hacerlo con un chico.
—Pero no hay nada de eso entre nosotros, así que no
pasa nada —continuó diciendo Yuuki—. Llámalo romper si
quieres.
Pero desde luego, ellos no habían roto como amantes, y
probablemente ni siquiera como amigos.
—¿Así que es eso? —Dijo Kamishiro.
“¡No seas tan malditamente comprensivo!”, gritó Yuuki en su
interior.
La forma en que Kamishiro se tomaba todo en serio le
ponía los nervios de punta. Yuuki se moría por darle una paliza,
pero en lugar de eso apretó los puños.
—Si tú lo dices.
—Lo digo. Eso es por lo que no tiene nada que ver
contigo. Me voy a la cama, mañana tengo que levantarme
temprano.
—Bien. Entonces buenas noches.
—Buenas noches —contestó Yuuki sin girarse. No le
quedaba fuerza de voluntad suficiente para resistir la mirada de
Kamishiro.







oy a subir al Asahidake otra vez —se jactó Tsukada.
—¿Otra vez? —preguntó Takai, mirándolo
sorprendido.
—Un grupo de Sapporo necesita un escalador con experiencia para
ir con ellos.
Tsukada había sido un fanático del montañismo desde la
universidad. Pero Takai pensaba que Tsukada se había vuelto un poco
engreído después de su segundo ascenso al Asahidake.
Yuuki suspiró. Cuando llegó a las montañas, Tsukada lo abandonó
sin pensarlo dos veces, o eso creía Yuuki.
—Sólo será por un par de días —le aseguró Tsukada.
Pero ese “par de días” se había convertido en una eternidad.
—¿Cuándo te vas? —Le había preguntado Yuuki.
—Dentro de dos meses o el mes siguiente. La semana Dorada es la
única vez que las personas pueden tomarse un descanso de su trabajo.
La primavera había llegado tarde a las latitudes del norte de
Hokkaido, pero en mayo podían verse los árboles de cerezo en flor. La
temperatura subía y la capa de nieve invernal que cubría los caminos se
habría derretido para entonces.
Pero los últimos años fueron diferentes. Según Takai, aún seguía
siendo invierno en las cumbres, incluso en mayo. A pesar de que la






montaña era más que modesta con setenta mil quinientos pies de altura,
compartía las mismas condiciones climáticas que los diez mil metros más
al sur.
—Hey, cuando vuelvas, nos vamos a tomar unos días de descanso
e ir a alguna parte —Yuuki había sugerido. Pero Tsukada negó con la
cabeza.
—No puedo. Ya estoy tomando mis días libres para esta excursión.
—¿Quieres decir que no estás haciendo este trabajo para la
tienda?
—Es un trabajo que tomé por mi propia cuenta. Mi antiguo jefe me
pidió que les hiciera un favor a unos amigos suyos.
Tsukada también participaba en las expediciones de los clientes
regulares de la tienda Takai, y por lo general, se tomaba unos días antes y
después. La cara de Yuuki se tornó sombría.
—Lo siento. —Tsukada dijo en voz baja, pero las disculpas no
ayudaban en nada.
De mal humor, Yuuki le dio la espalda. Tsukada lo agarró por los
hombros y lo atrajo hacia sí.
Más tarde, tumbado en la cama, Yuuki hacía pucheros como un
niño mimado, mientras que Tsukada lo cubría de besos. Minutos más
tarde, todo estaba perdonado.
— ¡Vamos, sube conmigo! —Sugirió Tsukada.
—Eres persistente con ese pensamiento —se burló Yuuki
—¿En serio? Escalar es muy divertido.
—¿Más divertido que esto? —Yuuki objetó burlándose, empujando
sus caderas.





En represalia, Tsukada rápidamente penetró el agujero de Yuuki
con el dedo. Un torrente de sensaciones inundó a Yuuki con una
intensidad ardiente.
—No... ahhhh... por favor... —él gimió.
—¿Debo detenerme?
—Yo no he dicho eso.
Después de que sus abuelos se mudaran, la casa parecía muy
pequeña y solitaria. Tsukada dormía allí varias veces a la semana, pero
cuando Yuuki le pidió que se mudara, Tsukada se rió.
—Si yo hiciera eso, te descarrilarías.
—Podríamos hacerlo todas las noches si estuviéramos juntos.
—¡Oh! ¡En ese caso, cuenta conmigo!
—Tú, gran tonto.
Yuuki quería quedarse dormido en los brazos de Tsukada, aunque
lo hicieran tras hacerlo todas las noches. Incluso si eso lo rompiera en
pequeños pedazos, el cuerpo de Yuuki aún poseía la memoria de ser
sostenido en esos fuertes brazos.
—Hey. ¿Quieres apostar cuántas veces puedes correrte? —Yuuki
propuso.
—¿Tú o yo? —Tsukada preguntó con una sonrisa.
—Tsukada-san, por supuesto.
—Idiota. No es un desafío justo para un hombre de más de treinta
años.
—Pero tu cuerpo no parece el de un hombre de más de treinta.
Metiendo la mano bajo las sábanas, Yuuki se apoderó de la
hinchada erección de Tsukada. Éste hizo una mueca y contuvo su
respiración. Era demasiado lindo para decir alguna palabra.





Así que su última conversación fue acerca de cuántas veces
podían correrse. El sueño de Yuuki siempre se convertía en pesadillas
llenas de profundo pesar.
—¡Tsukada-kun fue sepultado bajo una avalancha!
La llamada de Takai se produjo mientras Yuuki cerraba el café por
la noche. Un escalofrío corrió por su espina dorsal, una sensación que
todavía recordaba. Se sumergió en la oscuridad y no sentía nada, sólo
desesperación. El equipo de rescate ni siquiera podría empezar a subir a
la montaña hasta la mañana. Tsukada tendría que pasar la noche bajo la
nieve.
—¡Takai-san, usted debe estar equivocado!
—Hubo una avalancha cerca de Kinko's Rock. El resto de la
expedición regresó poco antes del mediodía. Pero Tsukada-kun…
—Eso no puede ser verdad —dijo Yuuki una y otra vez—. Eso no
puede ser verdad. —No podía pensar en nada más que decir. Los últimos
clientes se dieron cuenta de que Yuuki estaba actuando de manera
extraña. Ellos le hablaron, pero él no contestó.
Yuuki pensó en lo que había estado haciendo al mediodía de ese
día. Sonreír a sus clientes. Cocinar los alimentos. Jugando al hombre
heterosexual con sus bromas. Mientras Tsukada estaba siendo sepultado
por una avalancha, Yuuki tenía su habitual cara feliz. De repente se sintió
avergonzado.
—¡Es una mentira! —Gritó.
¿Por qué no me lo dijeron antes? Él no paraba de gritar a Takai,
quien no lo merecía. El teléfono se resbaló de las manos de Yuuki,
chocando con fuerza en la caja registradora.
El sonido áspero arrancó a Yuuki de su pesadilla.







—Mentira.
Una y otra vez sus labios formaron la palabra de su
pesadilla. Miró hacia el techo. Por último, la pesadilla se fue y él
pudo relajarse.
—Tsukada-san...
En sus sueños, en esta cama, Tsukada lo sostenía en sus
brazos. Ahora que estaba solo, Yuuki no sabía qué hacer
consigo mismo.
—Ah...
El fuego que ardía en sus sueños aún brillaba en su interior.
Casi no podía soportar ni siquiera pensar en Tsukada.
Recordando sus suaves caricias, la mano de Yuuki se movió bajo
las sábanas encontrando a su propio cuerpo en su lugar.
—Hmm...
A medida que su mano se deslizaba bajo la chaqueta de
su pijama, Yuuki recordaba la cara risueña de Tsukada cada vez
que jugaba con sus pechos.
—Se siente como una taza súper triple A, —bromeó Tsukada. La
simulación causó que la excitación atrapase la ingle de Yuuki, llenando su
pene con el deseo.
—Te gusta esto, ¿eh? —Tsuakada susurró.
—Hmm…
Cuando Tsukada tocaba sus pezones, Yuuki se
encontraba de espaldas a él. Ellos se abrazaban como dos
cucharas en un cajón, y Tsukada siempre le susurraba al oído.
—Ahora no huyas de mí.





—¡Tsukada-san!
Tocarse sólo consiguió que Yuuki se sintiera miserable,
pero aún así continuó. Ahora él acariciaba sus muslos. Su
muñeca rozó la punta de su erección, lo que hizo a su cuerpo
temblar.
—Ahh... —Gimió, aunque la sensación no era del todo
satisfactoria. De repente Yuuki clamó por su amor perdido.
—Tsukada-san... tócame ahí...
—¿Aquí? —Tsukada preguntaba.
—No, aquí...
Recordando el toque de Tsukada, Yuuki agarró su propio
pene. La única vez que las grandes manos de Tsuakada se
movían con gracia, era cuando acariciaba el pene de Yuuki.
—¿Cómo puedes... hacer eso?
—Conozco todos los lugares que te hacen sentir bien.
Yuuki trabajó la punta de su erección con el pulgar,
mientras sus caderas empujaban hacia adelante sin control.
—Ahhh... ahh... ahh...
—Estás llegando, Yuuki. Te vas a correr...
Ahora Yuuki casi podía creer que Tsukada estaba
susurrando en su oído. Él respondió a esa voz, y se perdió en su
propio mundo de fantasía.
Recordó cómo el cuerpo Tsukada lo había cubierto como
una manta caliente. Cómo los músculos de sus brazos se
contraían. Cómo su piel brillaba con el agua cuando estaba en
la ducha.





—Ahh...
De repente, la fantasía cambió. La imagen del cuerpo
desnudo de Tsukada se convirtió en el cuerpo desnudo de
Kamishiro.
“¿Te gusta ver hombres desnudos?”
“Así es”, Yuuki confesó en su fantasía. “Me excité cuando te vi”.
Mientras Yuuki visualizaba a Kamishiro penetrando en él,
su cuerpo palpitaba.
De repente, todo había terminado. Yuuki cerró los ojos y
se rió de sí mismo. Qué idiota que era. No importaba cuánto
tiempo se hubiera abstenido de tener relaciones sexuales, no
iba a dormir con un hombre que acababa de conocer.
Pero aún podía soñar, ¿no es así?
—Ja... ja... ja...
Yuuki podía sentir el latido de su corazón, y se pellizcó la
erección de sus pezones. Todo su cuerpo temblaba mientras el
semen brotaba dentro de sus pantalones cortos.
—Ahhhhhhhhhhhhhhh...
Sus labios se entreabrieron en una leve sonrisa por un
momento, pero entonces apretó firmemente y cerró sus ojos
con vergüenza.


—Estoy de vuelta —dijo Yuuki, acarreando los víveres.
Todos los días iba al supermercado local para comprar las
provisiones necesarias del café, pero no estaba dispuesto a





revelar esto a sus curiosos clientes. Por lo general, colocaba sus
compras en una caja de cartón. Quería que ellos pensaran que
sus ingredientes provenían de una fuente exótica.
Pero hoy, Yuuki no estaba de humor para mantener las
apariencias. Cargaba las bolsas con el logotipo del almacén en
ellas.
—Oye, tanto tiempo, —dijo Takai, quien estaba sentado
en el mostrador.
—Bienvenido, —dijo Yuuki, pero tenía una sensación
extraña de que algo estaba pasando.


Por regla general, cerraba en torno a las dos de la tarde,
después del almuerzo. Más tarde, los estudiantes de la escuela
con frecuencia concurrían para comprar un bocadillo de
camino a sus casas. Kamishiro había enviado a Yuuki a la
tienda, mientras que había un respiro.
—¿No tenemos suficiente para que nos dure hasta
mañana por la mañana? —Yuuki había protestado, seguido de
un profundo suspiro. Kamishiro rodó sus ojos.
—Basta con los suspiros. Estás dando lástima a todo el
mundo
(15)
.
Desde aquella noche en el apartamento de Shin, Yuuki
había estado suspirando durante todo el día. Constantemente

(
15
) En esta parte la frase original dice algo como que él “está dando a todo el mundo el
blues”. Blues significa melancolía, tristeza, por lo que se infiere que le quiere decir que
está dando lástima.





preocupado de que Kamishiro-san no hubiera creído la excusa
de que Shin le había hecho daño en una borrachera.
—Mientras que vas de compras ¿podrías conseguir algo
para nuestra cena? —Kamishiro le pidió.
—¿Cómo qué?
—Quise decir algo que te gustase comer, y no me digas
otra vez que no tienes hambre —murmuró Kamishiro—. ¿Qué tal
gazpacho? La sopa fría siempre pasa con facilidad, incluso
cuando no tienes demasiado apetito.
—Gazpacho, ¿uh?
—Sólo compra lo que quieras —dijo Kamishiro
dulcemente, como un padre acariciando a un niño para que
sea un buen chico.
“Lo que sea”, Yuuki pensó. Es cierto, no tenía mucho apetito
últimamente. Pero él estaba empezando a odiar cómo
Kamishiro lo miraba con simpatía.
—Bueno, me voy —dijo Yuuki.
—Nos vemos.
Condujo al supermercado del barrio. Con excepción de
los productos frescos que compraba por la mañana en el
mercado del agricultor, todo lo que necesitaban estaba
disponible en las inmediaciones.
Yuuki miró el desorden de lista de la compra que había
hecho Kamishiro. Se veía como algo que se le daría a un niño
para mantenerlo ocupado. ¿El chef sólo le había dado algo
para hacer? ¿Y por qué Kamishiro se preocupaba por él? No





era como si Yuuki estuviera actuando extraño, ni nada
parecido.
—Sudachi, vinagre de vino tinto, leche condensada... —
murmuró para sí mismo.
La verdad sea dicha, Yuuki había estado muy disperso
desde aquella fatídica noche con Shin. Sólo en esa mañana,
rompió accidentalmente tres platos mientras lavaba la vajilla.
No era de extrañar que Kamishiro estuviera preocupado.
Una pequeña parte de Yuuki quería en realidad armar un
alboroto, pero una voz más fuerte en su cabeza le dijo que lo
dejara pasar. Miró a través del parabrisas hacia el cielo
nublado. Incluso aunque no quisiera, pondría una cara feliz al
volver a la cafetería.


—Parece que va a llover —dijo Yuuki inocentemente.
Kamishiro se limitó a sonreír. Algo le dijo a Yuuki que ellos
acababan de hablar de él. Tal vez Kamishiro había sacado
tema sobre Shin. A su vez, Takai probablemente había hablado
al chef de la relación entre Yuuki y Tsukada.
—Has salido de compras, ¿eh? —Takai preguntó
casualmente.
—Sí, algunas cosas se rompieron —dijo Kamishiro, las
palabras llegaron al corazón de Yuuki como si fueran veneno.
—¿Has venido para el almuerzo, Takai-san?
—No, sólo me he tomado un descanso. Sin embargo
podría tomar una taza más de café.





Takai rara vez se detenía en la tarde sin traer a su nieta.
¿Le habría pedido Kamishiro que viniera? La imaginación de
Yuuki estaba corriendo salvajemente.
—¿Le preparo una taza? —Kamishiro ofreció.
—Realmente tengo que irme —suspiró Takai—. ¿Me
puedes preparar una taza para llevar?
Fuuka no era conocido particularmente como una casa
de café, pero su café no era del todo malo. Su abuelo, que
nunca había cocinado nada, insistió en que Yuuki debía seguir
sirviendo buen café después de haber heredado la cafetería.
Yuuki se obligó a sonreírle a Takai mientras pasaba por la
puerta. Ahora que el lugar estaba vacío, podía soltar todos los
cañones.
—¿De qué quería hablar Takai-san contigo? —Yuuki
preguntó puntualmente.
—Nada. Estaba en el barrio y pasó a saludar.
—¿En serio?
Kamishiro y él se apegaban a sus mentiras, sus suaves
expresiones congeladas en sus rostros. Sin tener nada más que
decir, Yuuki le dio la espalda e hizo una mueca. Había sentido
un escalofrío tan pronto como entró, y no por el aire
acondicionado.
Kamishiro miró hacia las bolsas de comestibles y revolvió
en ellas buscando la leche condensada. Yuuki se había
preguntado para qué la quería, pero no se molestó en
preguntar.





—Entonces, ¿qué quieres comer hoy? —Kamishiro
preguntó en un tono maternal. Cada vez que él hacía esa
pregunta, los nervios de Yuuki crecían aún más.
Así que Kamishiro había enviado a Yuuki lejos por su
propio bien, y luego fue a una “expedición de pesca” de
información en su ausencia. Cuanto más se cuestionaba Yuuki
los ocultos motivos de Kamishiro, más ansioso y frustrado se
sentía.
—Las cosas se ven muertas ahora mismo. Voy a ir a
descansar en la trastienda un rato —dijo Yuuki.
Trató de actuar indiferente, pero se sentía un poco
culpable por dejar a Kamishiro solo en el café.
—Te ves un poco pálido. Ve a recostarte —dijo el chef.
¿Era Kamishiro una presa fácil? ¿Un verdadero
blandengue? Nunca se burlaba de Yuuki por preocuparse
tanto. Yuuki se deslizó al lado del él y tomó un sudachi
(16)
de la
bolsa.
“He encontrado algunos más maduros”, pensó, rodando el
pequeño fruto verde en sus manos.
Kamishiro levantó la leche condensada, con los ojos
brillantes como los de un niño.
—Tengo grandes planes para esto —dijo alegremente. De
seguro que se le había ocurrido un nuevo elemento para el

(
16
) El sudachi (Citrus sudachi) es un tipo de cítrico verde. Redondo y pequeño, es
exclusivo de Japón, donde es el símbolo de la Prefectura de Tokushima, en la que la
mayoría de las frutas son cultivadas. Tiene un sabor y aroma parecidos a los de los limones
y las limas, pero posee más calcio y ácido ascórbico (Vitamina C) que los primeros.





menú, pero Yuuki no tenía ganas de preguntar por él. Algo más
estaba en su mente.
—Si te pregunto algo, ¿me vas a dar una respuesta
honesta? —Dijo sin rodeos
—¿Qué?
—¿Qué estabas hablando con Takai-san?—Kamishiro de
repente lo miró desconcertado. Yuuki tomó la lata de leche
condensada de la mano de Kamishiro y la puso cerca del
Sudachi.
—¿Estabas chismorreando sobre Shin? —Insistió Yuuki.
—No, nada de eso —dijo Kamishiro sinceramente.
—Ah, ya veo. Entonces debes haber estado hablando de
Tsukada y en la criatura patética en la que me he convertido
después de su muerte.
Por alguna razón, Kamishiro sonrió. Un rubor repentino
calentó las frías mejillas de Yuuki, y se encontró incapaz de
contener su furia.
—Por eso no me importa si Shin quiere dormir conmigo. No
pasa nada si tú quieres dormir conmigo también, aunque es
probable que no lo hagas con hombres.
—¡Sano-kun, ya basta! —Kamishiro dijo con firmeza,
aunque en sus ojos todavía se veía tristeza. “No te subestimes tanto”,
parecía estar diciendo.
Yuuki no podía callarse. Quería que lo deseara, no que le
tuviera lástima. “¡Y deja de llamarme Sano-kun!” No importaba
cuánta simpatía le mostraba Kamishiro, Yuuki todavía se sentía
molesto por ello.





—¡Si crees que soy tan patético, entonces duerme
conmigo ya! —Yuuki se quebró, mirando directamente a
Kamishiro a los ojos.
Los ojos oscuros de Kamishiro lo miraron fijo, sin un atisbo
de duda. Yuuki sentía que si él miraba hacia otro lado, o si
nunca movía una pestaña, el ambiente de tensión en la sala se
rompería en mil pequeños pedazos.
Pasaron varios segundos dolorosos pero ninguno de los
dos se movió. Finalmente Kamishiro rompió la tensión.
—Bien, entonces. Vamos —le espetó, agarrando la
muñeca de Yuuki. Con la otra mano, Kamishiro tranquilamente
apagó la estufa. Pero ¿quién era el verdadero Kamishiro?
¿Cómo podría pasar la fina línea entre la ira y la compasión tan
abruptamente?
Kamishiro arrastró fuera de la cafetería a Yuuki y lo lanzó
hacia la puerta de atrás.
—K-Kashimiro-san —Yuuki tartamudeó nerviosamente.
—Me pediste que me acueste contigo. Así que vamos a
hacerlo.
—E-Espera un minuto. No puedes hablar en serio...
—No perdamos el tiempo. —Kamishiro dijo. Cojeó hacia la
puerta y le echó la cerradura.
“Es uno de los clientes”, Yuuki pensó.
Kamishiro miró por encima del hombro con lágrimas en los
ojos. Yuuki había estado tratando de hacerle enojar, pero ahora
la cara de Kamishiro se contraía por verdadero dolor. Yuuki sintió
una aguda punzada en el corazón.





—Vamos —repitió Kamishiro.
—¡K-Kamishiro-san!
—Cállate y date prisa. Tú eres el que sugirió que me
acostara contigo.
Pronto estuvieron en la habitación de Yuuki. La cama,
todavía sin hacer, conservaba los daños colaterales de su
masturbación de la noche anterior, pero Yuuki no tuvo tiempo
de sentirse avergonzado.
—Hey, owwwwww —exclamó él, mientras Kamishiro
descuidadamente lo arrojó sobre la cama.
—Quiero hacerte saber que no tengo absolutamente
ninguna experiencia con esto, así que no te quejes si dejo
algunas contusiones —ladró Kamishiro.
¿Dejar algunas contusiones?
Todo el cuerpo de Yuuki se estremeció. Nunca antes
había tenido relaciones sexuales rudas. Desde el principio,
Tsukada había tratado a Yuuki con nada más que ternura.
—Rápido y desvístete —ordenó Kamishiro.
—¡De ninguna manera! —Yuuki protestó, pero Kamishiro lo
agarró del cuello. Yuuki instantáneamente levantó sus puños.
—¡Ya basta! —Exclamó, rasguñando la mejilla de
Kamishiro.
Pero eso no fue suficiente para detenerlo en lo más
mínimo, Kamishirio pudo colocar fácilmente ambos brazos de
Yuuki detrás de su espalda.
—Idiota —murmuró sombríamente.





De repente, todo cambió. Kamishiro soltó las muñecas de
Yuuki y le dirigió una mirada suave.
—¿Kamishiro-san? —Yuuki susurró.
¿Qué había sucedido? ¿El chef repentinamente se había
dado cuenta de lo asustado que Yuuki estaba? ¿O es que Yuuki
no lo encendía en absoluto? Por otra parte, tal vez Kamishiro
pensaba que la rutina de policía malo haría que Yuuki se
rindiese inmediatamente.
De repente Yuuki se puso pálido.
—¿Qué estás haciendo? —Jadeó.
—Quitarme la ropa. Deberías hacerlo también —Kamishiro
dijo, dándole una rápida mirada.
Ahora Yuuki se sintió aliviado por alguna razón, pero sus
manos todavía temblaban mientras, poco a poco, se
desabotonaba la camisa.
—Si sólo quieres tener sexo, puedes hacerlo de la misma
manera con un hombre —explicó Yuuki, deshaciendo su cola
de caballo—. No necesitas detenerte. Cierra los ojos si quieres.
Él dejó caer el cabello húmedo en su cara y miró
detenidamente a Kamishiro.
—Pero hay otra cosa —dijo Yuuki tanteándolo.
—¿Y qué es eso?
—¿No se supone que debes besarme?
—Oh, Sano-san —Kamishiro suspiró.
—¿Qué? ¿Tener que besar a un chico es demasiado para
ti?





Yuuki lo desafiaba para que Kamishiro se atreviera a
hacerlo. Definitivamente moriría tratando de que lo hiciera.
Yuuki era muy consciente de sus perversiones ocultas, y
sabía que Kamishiro las había sentido, también. Para mantener
a Kamishiro en el juego, Yuuki rápidamente lo miró a los ojos.
—Vamos, de seguro que en el colegio lo has intentado.
Dame un beso —instó Yuuki.
Sabía que era un descarado por pedirlo, pero no le
importaba. En cualquier caso, él ya se había arrastrado por el
barro. ¿Por qué no debía pedirle lo que tanto quería? Yuuki
esperaba que Kamishiro tomara la oferta. Y esperó un poco
más. Estaba a punto de tirar la toalla, cuando Kamishiro
finalmente hizo su movimiento.
—¿Huh? —Yuuki jadeó, mientras Kamishiro envolvió sus
brazos alrededor de él. Con tanta fuerza que era casi doloroso,
le faltaba el aire, su pecho jadeaba. La saliva goteaba por las
comisuras de sus labios, mezclándose con sus lágrimas.
—Ahh... Ahhh... suficiente... —Yuuki gimió.
En ese momento la lengua caliente de Kamishiro se
hundió en su boca. Todo el cuerpo de Yuuki se estremeció con
el placer. Temblaba tan fuerte que ni siquiera podía deshacer el
resto de sus botones, y lo único que pudo hacer fue aferrarse a
él.
—Uhhhhh...— Gimió Yuuki, mientras la lengua de Kamishiro
rozaba el techo de su boca. Su saliva tenía un sabor como a un
rico postre. Mientras sus lenguas se entrelazaban juntas, los
labios ásperos de Kamishiro mordisqueaban suavemente los
blandos de Yuuki.





La cara de Yuuki ya se había transformado en la de un ser
vivo, de exquisita sensibilidad.
Una y otra vez, Yuuki sacó la lengua y lamió la cara sin
afeitar de Kamishiro.
De repente, la lengua de Kamishiro se deslizó hacia abajo
de la mandíbula de Yuuki recorriendo el camino hacia su
garganta, y luego se trasladó más al sur. Sin molestarse en
deshacer los botones, Kamishiro arrancó la camisa de Yuuki.
—¡Ahhh! —Jadeó Yuuki nuevamente. A pesar de que sólo
se habían besado uno al otro hasta ese momento, se sintió
abrumado por una ola de placer que generalmente sentía justo
antes de llegar a su clímax.
Las heridas dejadas por Shin ya habían sanado a estas
alturas. Kamishiro miró sus pezones.
—¿Cuál? —Susurró, pero él no esperó una respuesta.
Atacó con su boca al pezón derecho de Yuuki y lo chupó con
todas sus fuerzas.
—¡Uhnnnnn! —Gimió Yuuki nuevamente.
Como era de esperar de un hombre que decía ser
heterosexual, Kamishiro chupaba el pezón de Yuuki como si
perteneciera a una mujer. De seguro echaba de menos tener
un suave pecho femenino que pudiera tomar en la palma de su
mano. El pecho de Yuuki era plano como una tabla.
Kamishiro probablemente no tenía un amante, aunque a
su edad podría tener una esposa y un niño escondidos en algún
lugar. Yuuki se preguntó sobre el pasado que Kamishiro no
mencionó en su currículum. Debía haber alguien que lo
anhelara en la forma en que Yuuki había anhelado a Tsukada.





—¡Ah! —Exclamó Yuuki, mientras la lengua de Kamishiro se
arremolinaba alrededor de su pezón. El pene que se había
quedado inerte con Shin, comenzó a palpitar dentro de sus
bóxers.
—Por favor. Quítame la ropa —Yuuki imploró.
A este ritmo, la lengua de Kamishiro por sí sola lo haría
correrse. Preso de una sensación abrumadora, Yuuki se
estremeció mientras Kamishiro chupaba su pezón una y otra vez.
De repente, Yuuki levantó sus caderas mientras eyaculó.
—Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh…
¡Increíble! ¡Kamishiro ni siquiera había tocado su pene! El
líquido caliente lo empapó a través de su ropa interior.
Presintiendo que algo había sucedido, Kamishiro metió las
manos en los pantalones vaqueros de Yuuki. Mientras Kamishiro
escarbaba a través del vello púbico, el pene empapado de
esperma de Yuuki volvió a la vida.
—Estás tan fuera de control —Yuuki jadeó, su rostro
enrojecido—. Vamos a quitarte la ropa, también.
Besó a Kamishiro quien con impaciencia bajó
rápidamente los bóxers empapados de Yuuki.
Kamishiro parecía estar sonriendo mientras su pene crecía
más erguido. ¿Pero estaba sonriendo de alegría, o burlándose
de sí mismo? En este punto, a Yuuki no le importaba. La única
cosa en su mente era satisfacer el deseo feroz que llenó solitario
su cuerpo.
—¿Está bien si te penetro? —Preguntó Kamishiro.





Para alguien que supuestamente nunca había dormido
con un hombre, Kamishiro parecía saber mucho sobre el sexo
gay.
—Está bien —susurró Yuuki.
La última vez que Yuuki había tenido relaciones sexuales,
había sido hacía más de un año. Toda la tensión acumulada en
su cuerpo estaba a punto de estallar. No quería dulzura. Quería
sacar fuera todo, lo suficiente como para superar el dolor de
perder a Tsukada. Quería que Kamishiro lo penetrara con su
dura erección y que las palabras desapareciesen.
Pero Kamishiro insertó un dedo en el agujero de Yuuki.
—Eso es bueno —se quejó Yuuki, envolviendo sus piernas
alrededor de la cintura de Kamishiro. Agarró el pene de
Kamishiro y comenzó a jugar con él.
—Espera —Kamishiro susurró—, todavía no.
Ahora Yuuki lo miró como un perro pidiendo una golosina.
Kamishiro agregó otro dedo en el interior y se mantuvo
besándolo.
—Ahhhhh....—Yuuki se estremeció, respirando con
dificultad. En ese momento, ni siquiera le importaba si podía
respirar o no. Kamishiro rápidamente puso una almohada bajo
las caderas de Yuuki, haciéndole sentir como si estuviera
flotando en la cama.





Yuuki se limitó a asentir.





—Estoy entrando en ti.
El caliente y duro pene de Kamishiro entró poco a poco
en el agujero de Yuuki.
—Ahhh... ahhh... ahhhh... —Yuuki jadeaba instintivamente,
tirando la cabeza hacia atrás. Después de una larga espera, su
carne se estremeció con electricidad.
A punto de llorar de dolor, Yuuki mordió su labio inferior, lo
suficiente para extraer sangre. La punta del engrosado pene de
Kasmishiro presionó en la estrecha abertura, expandiéndolo a
sus límites. Las piernas de Yuuki habían perdido su control
alrededor de la cintura de Kamishiro y flotaban en el aire.
Era un espectáculo cómico, pero Yuuki no se rió. Ahora los
dedos de sus pies se curvaban mientras Kamishiro se introducía
aún más profundo en su interior, y luego se retiró un poco.
—¿Demasiado duro?
—Yo… estoy bien —Yuuki le susurró con una voz
empapada de deseo—. Sigue adelante.
Tomando todo lo que Kamishiro tenía que ofrecer, Yuuki
sentía que sus brazos se debilitan. Él se había aferrado
fuertemente a la espalda de Kamishiro, cubriéndolo
probablemente con rasguños. Yuuki estaba a punto de pedir
disculpas, pero fue interrumpido por un impulso poderoso que lo
dejó sin habla.
—Ahhh... —Él se quejó de nuevo.
Ni siquiera Yuuki encontró ningún sentido en los sonidos
que surgieron de su boca. Rechinó los dientes contra el dolor,
elevándose hacia un paraíso de placer. Mientras Kamishiro
empujaba más y más profundamente dentro de él, la saliva





goteaba de sus labios. Kamishiro lo lamió con su lengua,
enviando escalofríos por la espina dorsal de Yuuki.
Yuuki se corrió otra vez, salpicando borbotones de su
semilla en el estómago de Kamishiro y el dobladillo de su
camisa. Retorciéndose de puro éxtasis, Yuuki se redujo a una
criatura de sus deseos.
—Más... —Le rogó—. Más...
Todo lo que podía hacer era repetir las palabras una y
otra vez. De repente Kamishiro agarró sus nalgas y se sumergió
más profundo en él. Mientras Kamishiro se mantenía empujando
dentro de los vibrantes y carnosos pliegues, los ojos de Yuuki se
abrieron.
Ahora era el turno de Kamishiro. Sus gemidos se hicieron
eco alrededor de la pequeña habitación de madera.
—¡HAH! ¡HAH! ¡HAH! —Jadeó Kamishiro, en busca de su
orgasmo.
De repente, la cama dejó de crujir mientras el deseo
caliente se derramaba de su pene. Mientras escupía la última
gota, el cuerpo de Kamishiro se estremeció con un pequeño
temblor. Después de un largo suspiro, finalmente se retiró de
Yuuki.
Pero los espasmos continuaban furiosos a través del
cuerpo de Yuuki, sudoroso y jadeante, con piel de gallina, dejó
que su cascada blanca se derramara nuevamente.
—Lo siento —susurró Yuuki.
“¿Por qué te disculpas?”, quiso decir Kamishiro, pero ni
siquiera tuvo la fuerza suficiente para hacer la pregunta.







arece que se te están rizando las puntas —observó
Yuuki.
—Supongo —dijo refunfuñando Kamishiro.
—Tendrás más frío, pero ¿qué tal si lo cortamos un poco?
Yuuki tomó las tijeras y se inclinó. Estaba esperando una
respuesta afirmativa pero ésta no llegó.
Una simple silla estaba puesta enfrente del espejo del
cuarto de baño y había periódicos esparcidos por debajo. Era
obvio que Kamishiro tenía otra cosa en mente cuando Yuuki le
pidió que se quitara la ropa.
—¿Vas a usar eso? —Preguntó Kamishiro estremeciéndose
y mirando fijamente las afiladas tijeras plateadas. Estaba
claramente azorado e incluso un poco asustado.
—Oh, por favor. Siempre estás jugando con cuchillos en la
cocina —le recordó Yuuki.
—Son dos cosas distintas —dijo Kamishiro decididamente.
—Vamos, quítate la ropa.
—¿No puedes cortármelo con la ropa puesta?
-






—Es muy difícil de limpiar luego. El pelo se pega a la ropa
y no sale ni lavándola.
Cuando Kamishiro se siguió resistiendo, Yuuki le dijo que un
hombre que se había desnudado el primer día que se habían
conocido no tenía por qué estar avergonzado.
Al final, Kamishiro se sacó la camiseta y Yuuki le
mordisqueó los hombros.
—Quizá primero deberíamos hacer lo que a ti te gusta
hacer cuando te desnudas —le arrulló Yuuki.
Puso sus brazos alrededor de la cintura de Kamishiro y
lamió el sudor que se estaba perlando en su piel. Kamishiro se
sacudió un poco, lo que era una incitación más que suficiente.
Yuuki se agachó y empezó a chuparle un pezón.
—Ahh… —jadeó Kamishiro.
“¿Continúo?” preguntó Yuuki con la mirada.
—Lo que quieras. Sólo no te dejes llevar mucho.
En lugar de música de fondo, la televisión se escuchaba
alta desde la sala de estar. El sol de la mañana entraba por la
claraboya y la ahogada risa de Yuuki se añadió al ambiente.
Mientras habían estado desayunando esa mañana Yuuki
se había ofrecido para cortarle el pelo a Kamishiro.
—¿Ahora mismo? —Había gemido Kamishiro. Verle
quitarse los pantalones de mala gana había sido tan divertido
que Yuuki apenas pudo resistirse.
—¿Cómo debería cortármelo? —Preguntó Kamishiro.





Yuuki se rió tan fuerte que se le llenaron los ojos de
lágrimas mientras Kamishiro estaba ahí, de pie, sólo con sus
calzoncillos blancos inmaculados.
—Está bien. Adelante, córtalo —suspiró Kamishiro, sin
embargo las manos de Yuuki empezaron a temblar.
—No… no te preocupes —le aseguró Yuuki
nerviosamente—. Soy un profesional. Le he cortado el cabello a
mi abuelo alguna que otra vez.
—Sólo no me cortes una oreja o la garganta, ¿de
acuerdo?
Con una expresión dócil en la cara, Kamishiro se sentó
tranquilamente en la silla con una toalla alrededor de su cuello.
—Tengo que mojártelo —dijo Yuuki.
—Lo que sea —aceptó Kamishiro con resignación, se
podría decir que tirando la toalla.
Yuuki pasó un peine por los mechones mojados, agarraba
un trozo y lo cortaba. Trozos de cabello negro caían y
moteaban la toalla blanca.
—Hace cosquillas —gruñó Kamishiro.
—Perdón.
Conforme Yuuki iba cortando, trozos de cabello fueron
cayendo al suelo.


—Me gustaría que el menú cambiase según la estación —dijo Yuuki.





Ahora que había puesto sus manos en un chef prestigioso, el
propietario del Fuuka estaba ansioso por hacer buen uso de él. Yuuki hizo
la sugerencia mientras veía por la ventana las inequívocas señales del
otoño.
Durante el día eran empleado y jefe pero tan pronto como la hora
de cerrar llegaba, buscaban el placer en el cuerpo del otro.
Cada noche, en la cama que una vez había parecido tan solitaria,
Yuuki disfrutaba teniendo sexo con Kamishiro. Pero durante el día,
decidieron que sólo hablarían de negocios. Si no lo hacían, cada mirada o
gesto inocente levantaría su pasión mucho más.
—Porque ya no es época de vegetales de verano —continuó Yuuki.
—¿Quieres decir que cambiemos los vegetales de hoja por raíces y
tubérculos? —Preguntó Kamishiro. Sacó los alimentos diarios de Yuuki de
la caja de cartón: coliflor, patata, boniato, repollo, rábano daikon. De
repente Kamishiro frunció el ceño.
—Necesitas pensar mucho esas cosas, lo sabes.
—Oh, demonios —se quejó Yuuki, acercándose a darle un manotazo
al chef—. No importa lo que sugiera, tú siempre dices que es mala idea.
—¡Hey, tú! —Rió Kamishiro, agachándose rápidamente.
Simplemente no podían tocarse, ni siquiera cuando estaban bromeando,
porque una cosa llevaba a otra y pronto acabarían en la cama en vez de
abrir la cafetería.
Los días pasaron. Una mañana Yuuki escuchó un fuerte ladrido
fuera y cuando miró para ver qué era, vio a Kamishiro con un chucho.
—¡No puedes ir en serio! ¿Vas a meter esa cosa aquí dentro? —
Protestó Yuuki. El perro miró a Kamishiro con una expresión alicaída, y
Kamishiro le respondió con una sonrisa amable.
—Perdón, amigo, pero dice que no. Supongo que asustas bastante.





Con más experiencia que Yuuki, Kamishiro debería haberse
preocupado por las condiciones de salubridad de la cocina. Aun así
parecía totalmente abatido por el hecho de dejar al perro fuera.
—Bueno, vámonos, Jonko —suspiró Kamishiro.
Un nombre extraño para un can que pensó que era un macho.
Mientras escuchaba como Kamishiro le murmuraba cosas al perro, Yuuki
se dio cuenta que quizá había sido un poco duro. Quizá era hora de bajar
las defensas y arriesgarse un poco.
Sonriendo para sí mismo, Yuuki miró al humano y a su amigo de
cuatro patas descender la colina torpemente.
—Tengo que estar bromeando —murmuró Yuuki. Nada increíble
había pasado. Era la misma historia, la misma vieja historia de antes, o
eso quería creer.
Yuuki quería que ellos fueran como una pareja normal, pero sabía
que eso nunca sería posible. No podía soportar pensar en perder la
pasión que despertaba la forma torpe y ardiente de hacer el amor que
tenía Kamishiro.
Esa pasión le había costado su relación con Shin. Pero después de
encontrar esa preciosa paz con Kamishiro, Yuuki encontró fácil alejarse
de todo lo demás. Todavía se sentía culpable, así que buscaba a
Kamishiro cada noche y se ahogaba en el placer.


—Este lado es demasiado corto —se quejó Kamishiro.
—Oh, vamos. No está exactamente rapado.
—Lo sé, lo sé. Cállate ya.





Yuuki igualó los lados con una mirada escrupulosa.
Aunque Yuuki había dicho que sólo sería un corte pequeño, el
cabello de Kamishiro era ahora casi 3 centímetros más corto.
Apartó el flequillo de Kamishiro a un lado y echó hacia
atrás los mechones que le cubrían las orejas. El cabello
desordenado de Kamishiro estaba normalmente cubierto por
una bandana pero cuando estaba peinado parecía un hombre
totalmente diferente.
Yuuki retrocedió y le dio un buen vistazo a Kamishiro,
repasando sus duras facciones.
—¿Qué te parece un afeitado? —Preguntó Yuuki. Se quitó
el pelo de las manos y sonrió. Era una completa vuelta de
tuerca a la situación de hace un mes, cuando se conocieron.
Ahora la voz de Yuuki estaba llena de afecto y preocupación.
—Kamishiro-san, todo en tu vida excepto la cocina es un
desastre. Siempre llevas algo de barba.
—Puedo afeitarme solo, muchas gracias. Cuando se trata
de cuchillas…
—Todavía no confías en mí —dijo Yuuki sorbiéndose la
nariz—. Entonces veamos tu cara.
Tomó una cuchilla y espuma de afeitar de la estantería y
se puso a trabajar. Sorprendentemente, Kamishiro no protestó.
—Tu barba raspa. Una cosa mala cuando no te afeitas,
¿sabes? —se quejó Yuuki.
—No. Se siente como el paraíso.
No se equivocaba, pero la forma en que lo dijo molestó a
Yuuki un poco. Justo esa mañana se había despertado con la





cabeza de Kamishiro en su pecho. La ligera estimulación había
hecho arder sus mejillas. Cuando Kamishiro hundía la cabeza
entre sus piernas, Yuuki sentía sin ninguna duda su áspera barba
raspando sus piernas.
—Calla y sube la barbilla —indicó Yuuki como lo haría un
adulto con un niño.
—De acuerdo, de acuerdo —suspiró Kamishiro y entonces
apretó los labios.
Yuuki extendió espuma de afeitar por toda la cara de
Kamishiro y entonces se quedó mirándole la coronilla durante
algunos segundos mientras se armaba de valor.
—¿Qué pasa? Me sienta bien llevar un poco de barba,
¿no? Esta cara es demasiado buena para echarla a perder,
¿verdad?
—Esta cara ordinaria y sin afeitar es un desperdicio de
verdad —dijo Yuuki chasqueando la lengua.
Se inclinó y pasó la cuchilla por la espuma. El trozo de piel
pulida que apareció tras el paso de la cuchilla brilló con la luz.
—Tu piel es verdaderamente suave —dijo Yuuki.
—No tanto como la tuya —sonrió Kamishiro estirando el
brazo para tocar a Yuuki.
Yuuki creyó que Kamishiro iba a abrazarle pero en vez de
eso le pellizcó las mejillas.
—¡Au! ¡Duele! No son juguetes, ¿sabes? —Refunfuñó Yuuki.
—Pero tus mejillas parecen tan exquisitas —dijo Kamishiro.
—Ya basta. Vuelve a cerrar la boca.





—Sí, doctor —contestó Kamishiro sumisamente.
Yuuki sonrió a pesar de todo mientras le daba los toques
finales a la cara de Kamishiro. Sentía el aliento de Kamishiro tan
cerca de su cara, que Yuuki sintió el deseo creciendo en su
interior.
—¡Au! — Gritó de repente Kamishiro.
Justo en la punta de su barbilla, de un pequeño corte
empezó a brotar sangre. Yuuki sacó la lengua y lamió la herida.
—Agg —murmuró y Kamishiro le fulminó con la mirada.
—¿Qué? ¿No te gusta el sabor de mi sangre?
—Es la espuma la que sabe mal —explicó Yuuki—. Tu
sangre es un poco salada.
Se agachó y le dio un ligero beso en sus labios fruncidos.
—Pero no la odio —susurró con voz ronca.
Después de dos o tres besos más en su barbilla, Yuuki llevó
su lengua hasta la nuca de Kamishiro. La cuchilla se le cayó al
suelo. Limpió los últimos rastros de espuma con su dedo gordo y
echó el cabello de Kamishiro hacia atrás.
Yuuki retrocedió un paso para admirar su trabajo. Era la
familiar cara de Kamishiro pero un poco diferente a lo normal.
“Me recuerda un poco a Tsukada”, pensó Yuuki tristemente.
Habían pasado un par de horas desde el amanecer pero
su cuerpo, todavía albergando recuerdos de la noche anterior,
empezó a palpitar por cuenta propia.
—Todavía tenemos tiempo, ¿sabes? —Le dijo
suavemente.





—Ah.
Poniéndose de espaldas al espejo, Yuuki se sentó a
horcajadas en el regazo de Kamishiro, lamió un pegote de
espuma que tenía Kamishiro en la nariz y sacó los labios.
—Mmm… —gimió Yuuki mientras juntaban los labios.
Yuuki metió la lengua en la boca de Kamishiro y tomó su
temperatura, a lo que Kamishiro respondió rápidamente con un
gemido.
De repente sus bocas se abrieron y un soplo de aire
escapó. Entonces Kamishiro sacó sólo la punta de la lengua. En
la habitación inundada por la luz de la mañana, sus lenguas se
entrelazaron mientras sus cuerpos explotaban por las
sensaciones.
Entonces Yuuki movió las caderas hacia delante pidiendo
más caricias.
—¿Quieres decir que la quieres aquí? —Dijo Kamishiro
sonriendo mientras acariciaba los muslos y las nalgas de Yuuki.
Su grave y sexy ronroneo, hizo que la piel de Yuuki se pusiera de
gallina.
—¡No! —Gritó Yuuki, su interior retorciéndose con
intensidad aumentada.
Pero no se había excitado de esa forma para irse
corriendo. Con su entrepierna pulsando casi más allá de su
control, Yuuki se bajó del regazo de Kamishiro.
—No eres una persona madrugadora, ¿eh? —Le picó
Kamishiro.





—No tiene nada que ver con madrugar. Quiero hacer lo
que deseo —dijo Yuuki firmemente, arrodillándose entre las
piernas de Kamishiro.
Por lo general, los pelos escampados en el suelo le darían
asco, pero ni siquiera se dio cuenta. Poniéndose a cuatro patas
como un perro, Yuuki recorrió con su lengua la cicatriz de la
pierna derecha de Kamishiro.
Kamishiro tembló y empezó a levantarse, pero Yuuki lo
agarró rápidamente por los tobillos y lamió la cicatriz otra vez.
Todo el cuerpo de Kamishiro se tensó como si hubiera acabado
de tener un orgasmo.
—Yuuki… —jadeó Kamishiro.
Después de varios días durmiendo juntos, Yuuki había
conseguido que Kamishiro dejara de llamarle Sano-san, pero
hasta ahora sólo le llamaba Yuuki como un tipo de chiste.
—Ey, eso es territorio peligroso —jadeó Kamishiro de
nuevo.
Por alguna razón, los jadeos de Kamishiro estaban
poniendo a Yuuki caliente. Sólo estaba lamiendo las viejas
heridas de Kamishiro y aún así, el interior de Yuuki empezó a
calentarse.
—¿Territorio peligroso? Vamos a probar en uno aún más
peligroso —dijo Yuuki seductoramente, deslizando sus manos por
el interior de los calzoncillos de Kamishiro.
—¡Aahhh! —Jadeó Kamishiro azorado, pero Yuuki lo
ignoró.





Separó la oscura maraña de vello púbico, tomó el pene
erecto de Kamishiro y, sin dudarlo un momento, se lo metió en la
boca.
Cuando Yuuki empezó a succionar, su cabello le cayó en
la cara. Impacientemente se lo echó hacia atrás y siguió
chupando, dándose el gusto de saborear la dulcísima carne de
Kamishiro. Cuando las mejillas de Yuuki se hundieron por la
succión, la erección de Kamishiro rozó un lado de su boca,
dejando tras de sí un rastro salado.
Sin levantar la cabeza, Yuuki puso su mano derecha bajo
el miembro de Kamishiro y lo acarició con su izquierda. El resto
del pene, desde la mitad hasta la punta, fue cubierto por la
boca de Yuuki, avivando las llamas del deseo de Kamishiro.
—¡Tú! —Gritó Kamishiro mientras su cintura se movía de
atrás hacia delante.
Definitivamente estaba sucumbiendo al placer. Yuuki
deslizó su dedo por detrás de la polla de Kamishiro y masajeó su
escroto. Los muslos de Kamishiro atraparon de repente la
muñeca de Yuuki, mandando una placentera ola de calor por
todo su brazo.
—¡Hijo de puta! —Gritó Kamishiro levantándose.
De pronto Yuuki se encontró siendo alzado como una
pluma, seguido de lo que sonaba muy parecido a un niño
soltando una piruleta. Se lamió la saliva de los labios y sonrió de
oreja a oreja.
—Si quieres hacerlo vamos a la cama —gimió Kamishiro
mientras su pene asomaba por la apertura de su ropa interior.
—¿Por qué? Aquí se está muy bien —ronroneó Yuuki.





Se aclaró la garganta de una manera poco caballerosa y
entonces, tomó el bote de crema de afeitar.
—No puedes hablar en serio —dijo Kamishiro
ahogadamente, pareciendo asustado de repente—. No vas a
afeitarme ahí abajo.
—Nunca haría algo tan estúpido como eso —insistió Yuuki,
a pesar de no poder reprimir sonreír ante la sola idea. En vez de
eso, echó un chorro de crema en el estómago de Kamishiro.
Una sensación completamente diferente a la del tacto
humano, hizo que el culo de Kamishiro se contrajera por
completo.
—¿Demasiado frío? —dijo Yuuki mojado de lujuria.
—¡Para! —Soltó Kamishiro.
—¡Pero no voy a cortar ni un pelo, lo prometo!
Lo que Yuuki iba a hacer era mucho más excitante. Se
puso de espaldas a Kamishiro, se bajó los pantalones y
entonces, muy despacio, fue bajando hacia el pene de
Kamishiro.
—Ahhh… —suspiró Yuuki cuando el duro miembro de
Kamishiro lo penetró con un sonido húmedo. El sonido inusual
cuando Kamishiro le penetró hizo preguntarse a Yuuki si la
crema de afeitar era una buena idea. Pero estando a la mitad,
ya era muy tarde para echarse atrás.
—Ahh… ahh… Kamishiro-san…
Yuuki jadeó pidiendo a Kamishiro que le metiera el resto,
hasta el fondo. Bajó sus caderas, pero el miembro de Kamishiro
no llegaba al tope.





—He dicho que lo hagamos en la habitación —gruñó
Kamishiro poniéndose de pie. Perdiendo el equilibrio, Yuuki cayó
hacia delante y tuvo que agarrarse al lavabo.
—Ahhh… ahhh…
—Necesito una toalla —dijo Kamishiro tranquilamente.
—¿Una qué?
—Necesito secarme la cara y ponerme aftershave o me
saldrá una erupción.
Kamishiro silbaba alegremente mientras rebuscaba en la
estantería que estaba arriba del lavabo, ignorando totalmente
los deseos animales de Yuuki.
—¿Dónde demonios hay una toalla? —Murmuró.
—No… va… a… estar… ahí… arriba —jadeó Yuuki aún
sujeto al lavabo.
—El sexo puede esperar, mi sensible piel no.
“¡Qué pedazo de estúpido!” , pensó Yuuki mientras las lágrimas
empezaban a brotar de sus ojos. Agarró una toalla de otra
estantería y se la lanzó a Kamishiro.
—Te iba a limpiar, de verdad —se disculpó Yuuki.
—Quiero una toalla caliente y humeante. ¿La ponemos
en el microondas? —Sugirió Kamishiro.
—¿Estás bromeando?
—Claro, sólo bromeo —resopló Kamishiro dándole una
palmada en el culo a Yuuki.
—Malo —dijo Yuuki con un puchero.





—Sí, pero tienes que esperar un minuto, ¿de acuerdo?
Yuuki vio por el espejo cómo Kamishiro se limpiaba la cara
y después la palmeaba con el aftershave. Entonces se puso
detrás de Yuuki y le mordisqueó la oreja.
—Gracias por esperar —susurró.
—Sin problema —suspiró Yuuki, preguntándose qué
vendría después.
Ahora un aroma completamente diferente salía de
Kamishiro mientras chupaba la nuca de Yuuki. Este sacó el culo,
permitiendo que Kamishiro entrara. Al ver su unión en el espejo
cerró los ojos.
—Ahh… ahh… ahhhhh…
¿Quién le estaba penetrando como un pistón desde
atrás? Cuando Kamishiro le acarició el pene con la mano, Yuuki
empezó a gemir. Pero, comparadas con los recuerdos de
Tsukada, estas dulces caricias tenían un tinte amargo.
—Abre más las piernas —ordenó Kamishiro.
—No puedo… —jadeó Yuuki.
Rápidamente, Kamishiro le bajó aún más los pantalones
vaqueros. Yuuki sacó su pierna derecha y abrió las piernas como
le habían pedido.
—Ah… ahh… ohhh…
Los dedos de Yuuki estaban del mismo color que el
lavabo beige al que se sujetaba como un salvavidas,
apoyándose contra los violentos empujes que sacudían su
cuerpo. Una vez con los ojos cerrados, parecía que no los podía





volver a abrir. Por un momento, no sabía qué hombre estaba
violando su interior.
—Ahh… ahhh… ahhhhh…
Sin esperar a que Kamishiro se corriera, Yuuki eyaculó
primero, salpicando las estanterías que tenía a sus pies.
Kamishiro sujetó la cintura de Yuuki para evitar que se cayera.
Demasiado débil para aguantar las constantes estocadas, Yuuki
cayó encima del lavabo.
—Así que te has puesto avaricioso y te has corrido tú solo,
¿eh? —Murmuró Kamishiro con voz apagada. Todos los rastros
de afecto habían desaparecido totalmente.
Yuuki quería creer que Kamishiro estaba simplemente
cansado por el energético sexo. No recordaba si había dicho el
nombre de Tsukada en el calor del momento, pero Kamishiro
debía haber sentido a quién quería Yuuki tener de verdad en su
interior.
“¿Por qué no debería estar disgustado?”, pensó Yuuki. Nadie
quería ser el sustituto de nadie. Yuuki lo entendería
perfectamente si Kamishiro le apartara. De repente, Kamishiro
metió un dedo entre los dientes apretados de Yuuki.
—Acabarás con un diente torcido —le advirtió Kamishiro—
. Si necesitas tomarte un respiro, chupa esto. Muérdelo un poco,
si quieres.
—Uhh… —habló Yuuki entre dientes.
La alineación de sus dientes era la última cosa en su
mente ahora mismo, pero hizo lo que le había dicho y chupó el
dedo de Kamishiro. A Kamishiro le importaba una mierda
afeitarse o cortarse el cabello, pero sus uñas siempre estaban





cortadas perfectamente. Eso era crucial para la gente que
cocinaba, decía.
Cuando Kamishiro exploró cuidadosamente el interior de
su boca, el flácido miembro de Yuuki empezó a endurecerse
otra vez.
“Más”, pensó salvajemente mientras Kamishiro le
acariciaba la mejilla por dentro.
De repente Kamishiro sacó sus dedos y agarró la barbilla
de Yuuki. En ese momento los labios de Kamishiro trazaron un
camino desde el lóbulo de la oreja de Yuuki hasta la comisura
de su boca, pasando por su mejilla.
Yuuki empezó a gemir. Girando su cuello, respondió con
un beso.
Sus lenguas se entrelazaron de nuevo con vigor. Una ola
de deseo golpeó en las entrañas de Yuuki. Sintió que su
temperatura se elevaba y eyaculó por segunda vez.
—Ahhhhh… ahhhh… ahhh…
¿Fue él quien suspiró o Kamishiro? Yuuki abrió los ojos, pero
rápidamente apartó la mirada de la imagen del espejo.


—¡Ey, Kamishiro-san! ¡Bonito corte de cabello! —Decía
una chica.
—¿Fue idea tuya, o alguien tuvo que torcerte el brazo? —
Preguntó la otra chica.
—Me gustaba más antes. ¿Por qué te lo cortaste?





—¡Que va! ¡Este le queda más guay!
Se sentaron en la barra y picaron a Kamishiro diciendo lo
lindo que era. Este sonrió irónicamente y sirvió el helado. Sabía
que no tenía ni un pelo de “lindo” en todo su alto y robusto
cuerpo.
Después de la hora de la cena, sus únicos clientes eran el
par de colegialas de siempre. Como no pedían nada más que
helado, Kamishiro no tenía que quedarse. Yuuki inclinó la
cabeza señalando la casa, indicando a Kamishiro que podía
irse, pero el rey de la cocina se quedó tozudamente donde
estaba.
Cuando Kamishiro estaba en la cocina las chicas siempre
se sentaban en la barra. Esa noche llevaban el uniforme de
marinero de invierno, con las faldas aún más subidas que las de
su uniforme de verano.
Cada vez que cruzaban las piernas, jugaban a „cu-cu‟
con sus muslos, pero Kamishiro ni siquiera se molestaba en mirar.
Yuuki se preguntó si debería llevarlas a los asientos de siempre.
Pero si ellas querían enseñar un poco de bota, les dejaría que se
la enseñaran a Kamishiro y lo dejaran en paz.
—Kamishiro-san, ¿tienes novia? —Preguntó una de ellas.
Al contrario que Yuuki, al que ella conocía desde que era
un niño con una mochila, este extraño tenía una atracción
instantánea.
Kamishiro sonrió y se encogió de hombros.
—Claro —dijo.
—¡Que mal! ¿De verdad? —Gimió ella.





—¿Hay algo de malo?
—¿Dónde está ella? ¿En Sapporo?
Perplejo por la intromisión, Kamishiro optó por guiñarle un
ojo a Yuuki.
“Esa es la misma pregunta que he querido hacerle”, pensó Yuuki,
sintiéndose defraudado.
—No está en Sapporo. Se presentó aquí después de que
yo llegara —dijo Kamishiro.
—¿De verdad? —Gritaron, desinfladas.
Ahora estaban empeñadas en sacarle información. Yuuki
se sentía incómodo, pero Kamishiro se reía y parecía que se lo
tomaba con calma.
“No estás aquí para entretener a los clientes”, pensó Yuuki. Puso
dos grandes copas de helados en frente de las chicas y fulminó
con la mirada a Kamishiro.
—Yuuki-chan lo sabría —dijo la chica grande.
—No. Quiero decir, esas cosas son asunto de Kamishiro —
dijo Yuuki débilmente.
—Dínoslo. ¿Quién es? —Insistió.
No sabiendo qué contestar, Yuuki maldijo silenciosamente
a Kamishiro, quien estaba en la cocina fingiendo ser inocente.
“¡Ahora sólo espera hasta más tarde!”, pensó Yuuki. Habría
venganza después de cerrar. De repente la puerta se abrió.
—¡Qué demonios…! —Jadeó Yuuki, pero el resto de la
frase no pudo salir de su boca. La última persona que esperaba
ver otra vez en Fuuka estaba mirándole.





—¿Shin?
—Cuánto tiempo sin verte —dijo Shin casualmente y él se
veía como si nada estuviera fuera de lo normal. Paseó su mirada
por la cafetería y caminó tranquilamente a la barra.
—¿Puedo sentarme aquí? —Preguntó cortésmente.
—Eh, claro.
Shin se dirigió a un taburete que había al final de la barra,
ese que solía pertenecerle a Tsukada. Yuuki no tenía el valor de
decirle que se moviera.
La hora de siempre y el lugar de siempre. ¿Esta farsa que
llamaban amistad iba a continuar como si nada? Lo que pasó
esa noche lluviosa había acabado su relación con Shin. Ahora
estaba con Kamishiro, pero Yuuki no podía evitar sentir que
nada de eso era real.
—¿Así que por fin te has dejado caer para comer algo? —
Gritó Kamishiro desde la cocina.
—Sí.
Kamishiro sabía lo que Shin le había hecho a Yuuki, pero
aún así se presentó frente al hombre con una sonrisa. Cierto,
estaba un poco sorprendido de verle, pero desde luego no
hasta el punto en que Yuuki lo estaba.
—Bien, eso es —murmuró Yuuki para sí. Ignoró la mirada
de Kamishiro y le puso un vaso a Shin.
Había tantas cosas que quería decir, pero ¿por dónde
empezar? Cuanto Yuuki más lo pensaba, más confundido
estaba. ¿Qué debería decirle a Shin ahora? Sintiéndose
agobiado, Yuuki se dirigió a la cocina.





—Sano, un segundo —llamó Shin.
Sorprendido, Yuuki paró de inmediato. Entonces, Shin lo
tomó de la muñeca y le acercó.
—Shin —protestó Yuuki.
Shin se puso de puntillas y miró a Yuuki. Su mirada se posó
en las marcas aún visibles en la nuca de Yuuki. Yuuki empezó a
sudar.
—¿Qué pasó con…? —Jadeó Shin.
—Estoy bien. Olvídalo —dijo Yuuki titubeando.
Parecía que Shin no quería seguir hablando del tema, así
que empezó a hablar con Kamishiro y, de vez en cuando,
bromeaba con las chicas.
Habían coincidido en la cafetería en numerosas
ocasiones, pero esta era la primera vez que Shin se había
dirigido a ellas directamente. Yuuki frunció el ceño mientas
intentaba escuchar furtivamente lo que decían.
—Tenemos un besugo bastante bueno, ¿lo quieres al estilo
poeler? —Sugirió Kamishiro.
—¿Po… qué? —Gruñó Shin desconcertado.
—Cocinado con mantequilla.
—Bueno, ¿por qué no dijiste eso desde el principio? —Dijo
Shin sonriendo burlonamente.
Yuuki explotó en risas, después de que algo de la tensión
que tenía se evaporase.
—Olvida el maldito pescado. Me gusta más la carne roja
—dijo Shin con descaro.





¿Estaba intentado olvidar esa horrible noche? De repente
Yuuki sintió como si se hubiera quitado un gran peso de encima.
Se puso una mano en el pecho y suspiró profundamente.
—También tomaré una cerveza —dijo Shin.
—¿Has venido en coche? —Le preguntó Kamishiro con
seriedad.
—Nah, lo dejé en casa.
“Perdón por la última vez”, parecía decir su cara de disculpa.
—Dime, ¿si me emborracho mucho puedo quedarme
aquí esta noche? —Preguntó Shin con una sonrisa—. Encontrar
un taxi a estas horas de la noche es un infierno. Si tengo que
acampar en el suelo, me parece bien.
—Um, bueno… —murmuró Yuuki, varándose un poco.
Yuuki y Kamishiro intercambiaron una mirada. Bueno, se
acabó. Si Shin se quedaba a pasar la noche tendrían que
aplazar sus otros “planes”.
—Vaya. Esto es bueno —dijo Shin sonriendo mientras
pinchaba su bistec perfectamente hecho.
Como siempre, había llegado al Fuuka con el estómago
vacío. Se metía la carne en la boca con hambre y sus ojos
brillaban como los de un niño.
—Nada puede superar a una cerveza fría después del
trabajo —declaró Shin, pero su efusiva sonrisa parecía no ser
verdadera.
Se comió lo que le había hecho Kamishiro y al acabar, se
encendió el cigarrillo de después de comer. El humo se extendió
por la barra y lo succionó el extractor.





—Vaya, me ha sentado de maravilla —dijo Shin
apartando su plato.
Después de dar otra calada, aplastó el cigarrillo en el
cenicero mientras Yuuki miraba. Shin parecía contento, pero la
forma en la que había apagado el cigarro indicaba que había
emociones más oscuras y profundas.
—¿Sabes una cosa? —Le preguntó a Kamishiro.
—¿Qué? —Preguntó el chef con pereza.
—Menudo par que son —murmuró justo cuando la música
clásica que sonaba paró.
Los ojos de las chicas sentadas a su lado se abrieron
como platos.
“Oh, ¡vamos!”, parecía decir su expresión, mientras miraban
alternativamente a Yuuki y Kamishiro.
—No —le advirtió Yuuki pero Shin no había hecho más
que empezar.
—Veo unos cuantos chupetones. Debes ser muy bueno
en la cama, ¿verdad? —Dijo astutamente.
—Shin.
—A mí me rechazas y a él lo aceptas. Debe haber alguna
razón.
—Shin, tú…
Shin indicó con el pulgar a Kamishiro, que todavía estaba
en la cocina.
—Así que este tipo ha llegado hasta el final por la comida,
¿eh? Menuda mierda, yo sólo llegué a la segunda base.





Kamishiro se había estado mordiendo la lengua todo el
rato y ahora estaba fulminando a Shin con la mirada.
—Eh, nosotras pagamos y nos vamos —dijo una de las
chicas tirando un billete de cien yens en la barra. Salieron como
una flecha de la cafetería antes que Yuuki pudiera darles el
cambio.
—Es porque tú eres jodidamente fácil —continuó diciendo
Shin con una sonrisa torcida—. Estaba esperando mi momento,
manteniendo las manos quietas, y entonces, un tipo, delante de
mis narices, llega y consigue jugar contigo todos los días a todas
horas. Me tomaste por un idiota, Yuuki.
—¡Para, Shin! —Le espetó Yuuki.
No podía aguantar la mirada herida de Shin mientras
abusaba verbalmente de él. Sus gritos retumbaban por la
cafetería vacía.
¿Quién era esta persona? En todos los años que hacía
que se conocían, ni una vez Shin le había tratado así.
“Le empujé a esto”, pensó Yuuki con culpabilidad. “Yo soy
quien le empuja a decir estas horribles cosas”.
—Si hubiera sabido que era tan fácil, habría recorrido
todas las bases contigo esa noche.
—¡Shin, por favor! ¡Te lo suplico!
Estando cara a cara con Kamishiro, Shin seguía asaltando
a Yuuki con palabras, pero la forma en que sus manos
temblaban encima de la barra sugería que eso no era lo que
Shin sentía de verdad.





Después de la muerte de Tsukada, Shin ayudó a llenar el
vacío que había dejado tras de sí a pesar de no haber contacto
físico entre ellos. Incluso ahora, Yuuki pensaba que Shin había
hecho un enorme esfuerzo por él.
“Debería haber saltado a sus brazos entonces”, pensó Yuuki. Ese
arrepentimiento estaba mezclado con el arrepentimiento de
perder a un querido amigo.
Yuuki miró fijamente el perfil de Shin, una combinación de
tristeza y resignación. Estaba ahí de pie como un palo, sin mover
ni un músculo. ¿Por qué actuaba así Shin ahora? Yuuki sabía la
respuesta, pero no quería admitirlo. La triste verdad era que
había rechazado a Shin y había buscado consuelo en los brazos
de Kamishiro. ¿Pero cómo podía encontrar ahora las palabras
para disculparse?
—Aún siendo este el tipo que lo mató —dijo Shin clavando
la mirada en Kamishiro.
—¿Ma… mató?
—Ibas a esconder ese suceso para siempre, ¿verdad?
Pero tú mataste a Tsukada.
“¿Kamishiro mató a Tsukada?”
Yuuki notó un leve temblor en la voz de Shin, pero
Kamishiro no dijo nada en su defensa. No corrió. No huyó. Sólo
se quedó mirando fijamente a Shin sin ni siquiera mover una
ceja.
—¿Kamishiro-san? —Jadeó Yuuki intentando sonreír a
pesar de estar llorando.





La mirada llena de compasión de Kamishiro, le dijo todo lo
que necesitaba saber. Yuuki de pronto se tocó la cara. Su
mejilla estaba congelada y un frío le envolvió todo el cuerpo.
Shin se apoyó en la barra para acercarse a Kamishiro.
—¿Estás aquí para enmendar tus pecados, o es que Sano
era tan patético que le tenías lástima? ¿Es eso? ¿Es por eso que
le meneaste el culo enfrente de su cara?
—¡Shin! —Le gritó Yuuki pegándole un guantazo.
Shin se estaba saliendo de control y Yuuki quería pararle.
O quizá no quería oír lo que Kamishiro tenía que decir.
—¿Quieres decir que lo sabías, Yuuki? ¿Lo sabías y aún así
te acostaste con él? —Escupió Shin mientras se sujetaba la
enrojecida mejilla con la mano.
—¿Qué quieres decir con que lo sabía? —Dijo Yuuki
desesperadamente.
Tsukada había muerto en un accidente, pero Shin estaba
afirmando ahora que Kamishiro lo había matado. Tenía que ser
una mentira. Yuuki miró con ansiedad a Kamishiro. “¡Dime que no
es verdad! ¡Sólo dilo!”
—Tienes razón. Yo lo maté —dijo Kamishiro mirando
directamente a Shin—. Es culpa mía que Tsukada esté muerto.
—¡Kamishiro-san! —Jadeó Yuuki.
“¿Podía ser verdad? ¿Podía ser que el hombre cuyo calor había
buscado y devorado, el hombre que hacía que su piel temblara de gozo…?”
—Siento no habértelo contado nunca, Yuuki —dijo
Kamishiro en voz baja.





“Es como si estuviera aliviado”, pensó Yuuki. Ahora el pasado
de Kamishiro estaba expuesto para que cualquiera lo pudiera
ver.
Kamishiro no tenía por qué disculparse, y, vagamente, se
le ocurrió a Yuuki que debía decírselo. Sabía que había otros
que habían resultado heridos en la avalancha pero nunca se le
había ocurrido a Yuuki que Kamishiro podría haber sido uno de
ellos.
Apareciendo de la nada, insistiendo en trabajar por un
mísero sueldo, sin ninguna historial excepto su currículo… todo
tenía sentido ahora. Solo era que Yuuki nunca había atado los
cabos.
—Si no hubiera perdido mi soporte ese día, él no habría
muerto.
Yuuki no respondió, no tenía nada que decir. De todos los
miembros de la expedición, ¿por qué Tsukada tuvo que sufrir las
crueles vicisitudes del destino?
—Así que olvidaste la muerte de Tsukada y te fuiste a la
cama con su asesino —acusó Shin.
Aunque había sido tachado de asesino, Kamishiro seguía
mirando fijamente a Yuuki.
—No le ha olvidado —insistió.
No parecía que estaba diciendo eso para conseguir que
Yuuki estuviera de acuerdo con él. No estaba criticando a Shin.
Quizá sólo estaba intentando convencerse a sí mismo.
—No ha olvidado, en absoluto —repitió Kamishiro.





No, Yuuki no lo había olvidado. Al fin y al cabo estaba
intentando convertir a Kamishiro en un substituto de Tsukada.
—Menudo pieza estás hecho —dijo Shin poniendo mala
cara.
—No es del tipo de persona que olvida el pasado como si
nada —dijo Kamishiro firmemente.
Shin paró abruptamente de hablar. Shin sintió que
Kamishiro estaba sugiriendo que Yuuki todavía podía amarle
aún si no podía olvidar a Tsukada. “Que el primero sin pecado
tire la primera piedra”, decía el proverbio. Era lo que estaba
intentado que Shin entendiera.
Shin podía haber refutado eso, pero lo que hizo fue mirar
a Kamishiro con la boca abierta.
—¿Qué sandeces de mierda estás soltando? —Preguntó
bruscamente.
—Creo que eso vale para ambos.
—Supongo —murmuró Shin para sí.
Yuuki casi creyó que estaba escuchando cosas porque la
voz de Shin era tan difícil de oír.
—Un amigo como tú es importante para Yuuki. Si lo que
pasó esa noche lluviosa no hubiera ocurrido, lo que tenemos
nosotros tampoco.
—Entonces soy el más idiota de los tres —gimió Shin y
abandonó rápidamente la cafetería con los hombros caídos.
Yuuki no se molestó en ir tras él, nada podía cambiar el hecho
de que había rechazado a Shin.
—Lo siento, Yuuki —dijo Kamishiro de repente.





“¿Por qué se disculpa ahora?”, se preguntaba Yuuki. “¿Por la
muerte de Tsukada? ¿Por decepcionar a Yuuki? ¿O lamentaba que hubieran
dormido juntos?”
Yuuki no podía estar seguro y Kamishiro no lo explicó.








o sabías todo? —Exclamó de repente.
Kamishiro no contestó. Le estaba dando la
espalda así que Yuuki no podía ver la expresión en su cara pero
podía imaginársela, y sólo con eso se le partía el corazón.
Aunque cerrara los ojos podía ver a Kamishiro.
“¡Duerme conmigo ya!”
Cuando Yuuki le había gritado ese día, Kamishiro le había
mirado con esos mismos ojos tristes. Incluso cuando Kamishiro le
hacía el amor, parecía que apretaba los dientes para aguantar
el dolor.
Pero, ¿no era cierto que Yuuki también había cerrado los
ojos? Cada vez que Kamishiro lo abrazaba debía hacer que sus
pecados resurgieran en su mente. Quizá se había acostado con
él en un principio para expirar su crimen.
Y si lo había hecho por eso, era lo más triste que había
visto en su vida. Yuuki frunció el ceño al recordar lo estúpido que
había sido.
—¿Por qué no me lo contaste antes?
—Si lo hubiera hecho no me habrías contratado nunca.
Quería ser el hombro en que te pudieras apoyar en lugar de
Tsukada.






—¿Qué te hace pensar que necesitaba un hombro en el
que apoyarme? —Respondió Yuuki con brusquedad,
desagradándole la respuesta directa de Kamishiro—. ¡No sabía
nada sobre ti! ¡No pedí tu ayuda y no deberías haberte metido
donde no te llamaban!
Yuuki no podía insultarle de esa forma a la cara. De
espaldas, su rabia se veía en el temblor de sus hombros. El
enfado contaminaba el aire con malicia y Yuuki se alegraba
que no fuera uno de esos momentos del día en que entraban
clientes.
—Pensaba que me lo habían pedido —insistió Kamishiro.
—¿Quién? ¿Yo?
—Tsukada-san.
Yuuki no quería mirar a Kamishiro pero no pudo evitar
girarse. La cara de Kamishiro estaba borrosa por las lágrimas
agolpadas en los ojos de Yuuki. Aunque su vista estaba nublada
pudo ver cómo Kamishro agachaba la cabeza.
—¿Qué quieres decir con que Tsukada-san dijo…?
—Le conocí hace tres años en la montaña Asahidake. Me
habló mucho de ti. Muchas veces le dije que te trajera pero
decía que eras muy casero. A Tsukada le gustaba saber que
había alguien en casa esperándole, así que no podía morir
nunca, nada malo le podría pasar.
—Pero si pasa algo, cuídalo por mí. —¿Era una broma o Tsukada
estaba hablando en serio? Instantes antes de que la avalancha les
tragara, la mirada de Tsukada decía: No lo olvides.





O eso pensaba Kamishiro. Pero con la avalancha sepultándolos
quién sabe qué estaría pensando Tsukada. En ese momento sería
imposible tener un pensamiento racional.
—¿Por qué has venido ahora?
—Yuuki…
—Si querías pedir disculpas tendrías que haber ido a ver a
sus padres no a mí.
—Lo hice antes de venir aquí. Allí fue donde escuché
mencionar tu nombre.
—¿Mi nombre? ¿En casa de los padres de Tsukada?
Esa mirada de Kamishiro le transmitió a Yuuki el perdón
por el retraso. Por su culpa, recuerdos que habían desaparecido
con el tiempo habían vuelto al presente dolorosamente.
—Sin ti podría haber olvidado todo esto en unos años —
murmuró Yuuki—. Si no este año, el próximo, o quizá tardaría diez
años, ¿quién sabe? Pero habría conseguido que esos fantasmas
desaparecieran al fin…Las cicatrices de tu pierna.
—Ah.
Kamishiro aún arrastraba la pierna. ¿Había sufrido su
pierna una seria fractura al ser arrollada por la dura nieve? Yuuki
había escuchado que el cuerpo de Tsukada no mostraba
cicatrices visibles. ¿Había marcado la sangre de Kamishiro el
lugar donde estaba enterrado? ¿Había gemido de dolor,
gritándole a sus compañeros mientras la vida de Tsukada se
escapaba antes de poder hacer algo?
—¿Estuviste en el hospital mucho tiempo?
—Tres meses y otros seis meses de rehabilitación.





Pero todavía estaba vivo. Estaba todavía vivo, no como el
pobre Tsukada.
Yuuki debería odiarlo por eso. Miró fijamente la pierna
derecha de Kamishiro, pero no importa lo mucho que lo
intentara, no podía culparle por sobrevivir.
—Tú no mataste a Tsukada-san. Y no estoy enfadado por
el accidente de hace un año. Es la verdad. No sé suficiente
sobre las montañas para llegar a la conclusión de que le
mataste.
Yuuki miró a Kamishiro a los ojos y continuó.
—Cuando Tsukada-san murió, asistí al funeral como
amigo. No como familia, y desde luego no como amante.
Incluso la noche que los restos fueron devueltos, sus padres no se
molestaron en contactar conmigo. Eso era lo poco que
significaba para ellos. Y francamente, no me parece que seas
del tipo buen samaritano tampoco.
Mientras Yuuki exponía los fríos y duros hechos, de alguna
forma sentía que estaban hablando de un extraño.
El día después de la muerte de Tsukada, Yuuki se había
lanzado a los pies de Takai y le confesó todo lo que llevaba
dentro. Después de eso, la enorme bola de sufrimiento en su
corazón empezó a disminuir, pero solo ligeramente. Sabiendo
que no desaparecería totalmente, Yuuki dejó de enfurecerse
ante la muerte de la luz e intentó que las cosas se pusieran solas
en su lugar. Pero olvidar a Tsukada, y perdonar a Kamishiro, era
probablemente imposible ahora.
—¿Así que los padres de Tsukada saben quién soy?





¿Qué les habría dicho Kamishiro? Aunque ellos sabían
vagamente lo de la orientación sexual de su hijo, Yuuki nunca
había pensado que su existencia les importara. Era por eso que
no se había molestado tan siquiera en hablar con ellos en el
funeral. Kamishiro estaba sacando la parte débil de Yuuki a la
luz. Se giró hacia él y forzó una sonrisa.
—Has hecho suficiente, Kamishiro-san.
—¿Eh?
—Perdón por haber sido un jefe así. No pretendo seguir
aprovechándome de ti. Ahora puedes irte.
—Yuuki.
“No me llames así”, quería decir Yuuki, pero temía que si
alzaba la voz su garganta se desgarraría.
—Mientras estés por aquí no seré capaz de olvidar. No
traería más que dolor y miseria —dijo lo más calmadamente
posible.
—Yuuki…
—¡No me llames así! ¡Sal! ¡Vete ya!
Si le llamaba por su nombre otra vez, Yuuki no podría
contener las lágrimas. ¿Por qué Kamishiro tenía que haberle
contado lo de Tsukada? Quería que se fuera antes de que
pudiera asumir todo.
Tsukada había muerto y Kamishiro se había culpado por
ello. Un hombre que no había visto nunca había venido a
echarle una mano en lugar de Tsukada. No importaba lo qué,
físicamente o espiritualmente, Kamishiro había entendido por
“estar ahí para él.”





Se había escondido de él cada vez que se habían ido
juntos a la cama. Yuuki era incapaz de perdonarle. De repente
recordó su primer encuentro, cuando Kamishiro había entrado
con esa mochila amarilla. Había hecho como que apenas tenía
dinero y Yuuki le había creído totalmente.
Ciertamente, Kamishiro no podría haber abandonado su
anterior trabajo de buena manera. Aunque Kamishiro insistía
que podía vivir con una paga mínima, Yuuki dudaba que
estuviera nadando en dinero. Las facturas médicas debían
haber sido inmensas después del accidente.
—Dime algo antes…
Si pudiera volver atrás en el tiempo hasta ese día de
verano, Yuuki desearía haber hecho más preguntas.
—No necesito tu simpatía.
—No es eso —dijo Kamishiro aunque las negativas
verbales eran difíciles de creer o, más bien, era que Yuuki no
quería creer en ellas.
A Kamishiro le habría parecido que él era muy gracioso.
Una estúpida reina del drama.
—Lo siento —dijo de nuevo Kamishiro.
Su voz sonaba lejos, muy lejos. Esos pasos torpes a los que
los oídos de Yuuki se habían acostumbrado, parecían más
pesados que de costumbre. Yuuki cerró los ojos y escuchó el
ritmo raro de los andares de Kamishiro. Los abrió para verlo de
pie con su mochila a la espalda, su única pieza de equipaje.
Llevaba las mismas zapatillas de deporte, todavía
manchadas con el polvo de la carretera. Se había quitado la
bandana pero aún llevaba su ropa de chef. Si tomaba el





autobús o hacía autoestop, no podría evitar parecer un niño
grande disfrazado, que se había perdido Halloween.
Sobra decir que, a esas horas de la noche, ningún tren
pararía en la estación. Después de echarlo fuera, Kamishiro no
tendría otro lugar a donde ir. Mirando por la ventana el paisaje
oscuro, Yuuki se sintió de repente inquieto.
—Bueno, entonces —dijo Kamishiro.
—Ah.
“¿Se iba de verdad?” Yuuki se moría por preguntar pero se
tragó sus palabras. Si le dejaba quedarse hasta mañana, su
determinación desaparecería.
Yuuki se quedó como congelado en el sitio mientras
Kamishiro pasó por su lado. Escuchó sus pies arrastrarse por la
gravilla de fuera, tal vez por última vez.
—Kamishiro-san…
Yuuki miró por la ventana pero el mundo estaba engullido
por la oscuridad. Ni siquiera la sombra de Kamishiro se
apreciaba en el resplandor de las farolas.












Cuando se conocieron por primera vez, Kamishiro le dijo a
Yuuki que estaba preparado para acampar bajo las estrellas,
pero eso era en verano. Ahora Kamishiro se congelaría hasta la
muerte, si intentaba hacer algo así de estúpido.
Yuuki puso un incierto pie delante del otro y se dirigió
finalmente a la puerta. Kamishiro podría estar aún cerca pero
parecía que Yuuki no era capaz de agarrar el pomo de la
puerta.
Respiró profundamente varias veces pero sus latidos no
mostraban signos de querer menguar. Exasperado, se cacareó
a sí mismo. No había nadie que le mirara y aún así se regañó a sí
mismo por mostrar tan poca clase al enfrentar una derrota.
Yuuki apartó la mirada del mundo sombrío de afuera. No
quería mirar al lugar por donde Kamishiro había desaparecido.
Cerró la puerta con llave y se metió en la casa, asegurándose
de no mirar a la todavía desordenada cocina.
Permanecían rastros de Kamishiro en la sala de estar, en
su dormitorio y en el cuarto de baño. Cada vez que la imagen
de Kamishiro le venía a la cabeza, Yuuki la sacudía para
espantar los fantasmas.
—Quizá debería cerrar esto y volver a casa —murmuró
Yuuki.
Nunca había considerado esa opción, ni cuando Tsukada
murió. Yuuki cerró los ojos. Reconocía la cara que se le aparecía
en frente, pero no se atrevía a decir su nombre.








—Creía que lo sabías. De alguna forma se me había
pasado. Lo siento mucho —dijo Yuuki, agachando la cabeza
ante Takai. Le acababa de decir por qué Kamishiro se había
ido.
—Parece que tienes mucho tiempo libre —dijo Takai
riendo aunque su cara se ensombreció enseguida. Era doloroso
verlo.
Una semana después de que Yuuki cerrara la cafetería sin
una nota de explicación, Takai había escuchado que Kamishiro
tenía gripe. Una mañana se había pasado temprano para
expresar su preocupación.
Cuando Yuuki le había dicho que Kamishiro había
renunciado, la sonrisa se congeló en la cara de Takai.
—Pero, ¿por qué…? —Empezó a decir. Parecía tan
perplejo que Yuuki casi se ríe.
Una semana no era tiempo suficiente para curarse, pero,
de alguna forma, se las había arreglado. Estaba tratando de
animarse y llevar la cafetería como siempre lo había hecho
antes de que Kamishiro apareciera en escena, pero su sombría
cara reflejaba la verdad.
Como si se regañara por olvidar sonreír, Yuuki se dio una
bofetada.
—¿Por qué lo has hecho? —Preguntó Takai sorprendido.
—Perdón. Sólo me estaba despejando.
Justo como había pensado, había olvidado cómo sonreír.
La alegría artificial de su propia cara se reflejaba en la expresión
tensa y superpuesta de Takai.





—Su nombre me llegó mucho tiempo después del suceso.
No puedo recordar ningún otro miembro de la expedición, pero
la gravedad de sus heridas…
—Yo también debería haber reconocido su nombre —dijo
Yuuki en voz baja.
El nombre de Kamishiro había estado en el itinerario de
Tsukada. Antes del ascenso le había dado una copia a Takai y a
Yuuki. Takai todavía tenía la suya. Yuuki la había quemado. No
quería tocar nada conectado a la muerte de Tsukada.
—Cuando lo pienso ahora, no puedo recordar que él te
diera una copia de ningún otro itinerario. Debía tener algún tipo
de premonición —dijo Takai.
—No es eso. Sugerí ir juntos algún día, así que pensaría
que yo tenía algún interés.
Muchos escaladores improvisaban sobre la marcha, pero
Tsukada siempre le daba un itinerario detallado a la policía.
Takai, al ser un proveedor de material de alpinismo, también era
informado. A veces, Tsukada se lo decía incluso a sus padres.
—Lo hizo así para que no te preocuparas, Sano-kun.
—¿Eh?
—Listas de gente con las que ponerse en contacto en
caso de emergencia y cosas así, te mantendrían despierto toda
la noche, ¿verdad?
—Supongo…
El itinerario incluía nombres y direcciones de los miembros
de la expedición, además del horario de escalada. Tareas,
equipamiento y gastos también se incluían. Según la situación,





Takai estaba como contacto en caso de emergencia. Como
jefe de Kamishiro, eso tenía sentido y ahora que Yuuki lo
pensaba bien, se alegraba de que su nombre no hubiera sido
incluido.
Si la policía o el equipo de rescate le hubieran llamado
alguna vez, el corazón de Yuuki se hubiera parado en ese
momento. Yuuki se imaginaba agarrando fuertemente el
teléfono mientras el sudor le resbalaba por la cara. Había
pasado los días y los meses después del accidente de Tsukada
con pánico. Recordarlo ahora le hacía sonreír cínicamente.
—Esa vez en que estabas fuera de compras, le pregunté a
Kamishiro al respecto. Él sólo confirmó mis sospechas y no dijo
nada más. De eso, deduje que no te había informado.
—Ha sido igual conmigo —admitió Yuuki. Cuando le
presionó para sacar más información—, sólo dice que es
verdad, eso es todo.
“Dice”. Yuuki no podía siquiera obligarse a usar el tiempo
pasado. Remordimientos persistentes se le clavaban en el
corazón cada vez que veía la cocina vacía.
—A propósito, he oído hablar de tu amigo Suzutani —dijo
Takai cambiando de tema—. Estaba en una obra cerca de aquí
y entró a comprar una lona de plástico. Juro que el tema salió
sin más, pero Kamishiro sí que sufrió de verdad una fractura
múltiple en la pierna aunque afirma que se ha curado bastante
bien.
—Está bien. De verdad. Al fin y al cabo ya no está por
aquí.
Takai se inclinó varias veces y Yuuki se sintió mal por él.





—¿Qué tal si te sirvo otro? —Preguntó sujetando la jarra
de café. Con una ligera sonrisa, Yuuki tomó su taza vacía.
—Tu café es bueno de verdad, Sano-kun.
—Es la única cosa que puedo hacer bien.
—Oh, no sé yo pero el café java de Kamishiro es bastante
malo y ese día no era mejor. Cuando Kamishiro me ofreció una
taza no sabía lo que decir. Afortunadamente, justo en ese
momento volviste.
—¿De verdad?
¿Así que Takai odiaba el café de Kamishiro? Yuuki no
pudo evitar sonreír por lo absurdo de la situación.
—¿Sano-kun?
—Oh, perdona. No es nada.
Sin embargo, tenía gracia. Kamishiro había estudiado las
artes culinarias durante más de diez años, su paladar y su
técnica refinados hasta el máximo y, aún así, todavía no podía
hacer una taza de café decente. Bueno, Kamishiro no fumaba
así que probablemente no estaba interesado en el café
tampoco. Yuuki se preguntaba si Kamishiro se había privado de
tales tentaciones porque entorpecían sus papilas gustativas.
Yuuki no había sonreído en mucho tiempo. Cuando
Kamishiro todavía estaba ahí, sonreía constantemente, ya
estuvieran trabajando los dos juntos durante el día, o
abrazándose por la noche.
Kamishiro le preguntaba a menudo a Yuuki qué comida le
gustaba, pero Yuuki nunca le había preguntado a él. No salieron





a beber juntos y Kamishiro nunca había dado ninguna
información sobre su familia o su pasado.
Descubrir las diferencias entre Kamishiro y Tsukada estaba
asustando a Yuuki. Esto es diferente. Aquello es diferente. Se
había dado cuenta de esas cosas pero aún así se había sentido
tan en paz en los brazos de Kamishiro.
Sus suposiciones le habían cegado ante el real Tsukada.
“No vi lo que estaba buscando”, murmuró para sí mismo
mientras una sonrisa le asomaba a los labios. Las lágrimas se le
agolparon en los ojos, pero las aplacó riéndose. Takai hizo lo
posible por no notarlo.
—Bueno, será mejor que me vaya —dijo levantándose.
—Perdona por no haberte hecho nada de comer —se
disculpó Yuuki.
—Está bien. Cuando Kamishiro vuelva, me presentaré
esperando un banquete. Sayaka se muere por comer más de
ese pollo frito con arroz y el huevo encima. Cuando lo intento
hacer, el huevo siempre acaba medio hervido.
Yuuki le dijo adiós con la mano a Takai cuando se fue. Le
había dicho la verdad acerca de la partida de Kamishiro. ¿Pero
qué le parecería todo a Takai?
Yuuki se quitó la coleta de la nuca y suspiró. El dinero de
Takai, el que Yuuki había intentado rechazar, estaba encima de
la barra.
“Perdón, Sayaka-san. El chico que hace el pollo frito con arroz ya no
está aquí”.





El cabello de Yuuki había crecido un poco desde que
Kamishiro se fue, pero podía crecerle hasta las rodillas y seguiría
estando solo. Siempre estaría solo. Yuuki sabía que tenía que
córtaselo por todas esas puntas abiertas, pero no pudo hacerlo.
No estaba seguro de por qué tenía que conservar su melena
con él. “¿Es que era un sentimental?”
—Me lo cortaré mañana —se juró a sí mismo.
Dijo lo mismo ayer y, probablemente, diría lo mismo
mañana. Se agarró un mechón de pelo y lo olió. Olía como el
pelo de Kamishiro, por supuesto. Usaban el mismo champú.








uuki pasaba la mayor parte del día sentado en el
taburete al final de la barra, principalmente
mirando el periódico local. Sintiéndose
completamente apático, ni siquiera se molestaba en encender
el fuego de la cocina. La cafetería parecía fría y oscura. Incluso
con la calefacción encendida, tenía que llevar una chaqueta.
Miró por la ventana y suspiró. Otra cosa más con la que
tenía que vivir. La tercera semana de octubre había empezado
a nevar y había casi medio metro de nieve. Cuando Yuuki
pensó en el largo invierno que vendría, la cafetería pareció
enfriarse aún más.
El año pasado por esas fechas, Yuuki había estado solo
también. Shin se dejaba caer regularmente pero sólo para
comer y quedarse a dormir por la noche.
Incluso si Shin se dejara caer ahora, lo que era bastante
improbable, Yuuki no podría ponerle gran cosa. Hizo un rápido
repaso mental del inventario de la nevera y suspiró. Si no había
suficiente para alimentar a las personas de una casa,
difícilmente podría abastecer a una cafetería. Cuando
Kamishiro se fue, el menú del Fuuka se fue con él.
Después de tener la cocina de Kamishiro, Yuuki se sentía
inclinado a tomar su lugar. Cuando se lo explicó a los clientes
ellos, sin dudarlo, estuvieron de acuerdo con él.






El hecho era, que en el fondo de su corazón, Yuuki no se
sentía inclinado a hacer muchas cosas. Quería decir que
Kamishiro había sido una presencia curativa para él, pero de
todas las veces que se habían acostado juntos, Yuuki sólo
estaba intentando olvidar el pasado. Vagamente consciente
de cómo estaba usando a Kamishiro, se había dejado mimar y
consentir durante meses.
¿Cómo podría Yuuki haber sabido entonces que
acabaría odiándole? Todo lo que quedaba de su relación, era
un poco apetecible sabor a remordimiento, una espina clavada
eternamente en su costado. No era un simple problema de
corazón. Su negocio había caído en picado. Abrir la cafetería
cada mañana se había convertido en un verdadero suplicio.
Necesitaba ganar dinero, pero sus gastos continuaban
incrementándose. Incluso se estaba atrasando en los pagos de
la cocina que había comprado con Kamishiro.
—Menos mal que no compré la nevera estrecha.
La nevera en medio de la cocina era la misma nevera
que su abuela había tenido en casa. Estaba cansado del trasto
y se había propuesto cambiarlo un día de estos. Ahora se
alegraba de no haber hecho esa inversión.
Quizá debería venderlo todo, pero encontrar una tienda
de segunda mano en ese lugar, donde la apertura de nuevos
negocios era tan raro como encontrar una aguja en un pajar,
sería increíblemente difícil.
Mejores tiempos, peores tiempos. Seis de unos, media
docena de los otros. Todo se reducía a eso. Yuuki se sentía
deprimido cada vez que pensaba en el tiempo que había
pasado con Kamishiro.





Pasó una página del periódico y vio un artículo sobre otro
accidente en la montaña. Cada año, esos accidentes
ocupaban un lugar en las columnas del periódico local.
Normalmente eran de escaladores que se habían puesto
enfermos durante la escalada o de los que habían perdido el
rastro y habían muerto congelados. El caso de Tsukada fue un
poco distinto. “Morir en una avalancha era muy poco común”, había
dicho Takai.
Yuuki repasó el artículo, recordando esos tres días de
agonía cuando había estado suplicando para que Tsukada
apareciera vivo. Por aquel entonces, Yuuki no se atrevía a
encender el televisor o a abrir un periódico. Sólo esperaba
noticias de Takai.
Pero no valía la pena recordar eso. Contratar a alguien
que quería unas vistas a esas montañas había sido su primer
error. Yuuki paseó su mirada por la cafetería hasta que dio con
la cocina, pero lo que estaba buscando no se encontraba ahí.
—Otra vez sin clientes —murmuró—. Supongo que tendré
que cerrar.
Fuera, el mundo resplandecía con la nieve caída. El sol
hacía que las gotas pegadas a los cristales brillaran como
diamantes. Yuuki sólo se quedó ahí, desperezándose y mirando
el paisaje. No había visto a sus padres desde hacía un tiempo
quizá debería aparcar todo y hacerles una visita. Justo cuando
estaba planeando los detalles en su cabeza, una larga sombra
apareció en el umbral de la puerta.
Yuuki se estremeció. ¿Era Kamishiro?





La campanilla que había encima de la puerta sonó
cuando ésta se abrió. La larga sombra resultó ser una chica
llevando una chaqueta acolchada.
—Bi… bienvenida —chilló Yuuki con una voz aguda que le
sorprendió.
“¿Por qué esas chicas del vecindario lo ponían tan tenso?”. No
ayudó el hecho de haber creído que era Kamishiro, pero es que
iba un poco rara, con la bufanda enrollada en el cuello y
tapando su boca.
Le miró las piernas y sonrió. Aunque la temperatura era
suficientemente baja para que su nariz se pusiera roja, llevaba
las piernas completamente al descubierto. Yuuki empezó a
hacer un comentario gracioso pero se lo pensó mejor. Podría
acusarle de acoso sexual, así que se mordió la lengua.
—Cuanto tiempo sin verte —dijo él al final—. ¿Qué haces
fuera del colegio a esta hora?
—Teníamos examen así que he salido antes —contestó.
Le sonrió amablemente y subió el termostato. Ella asintió y
se sentó en la barra.
—Me tomaré un sundae de fresa —dijo.
—Hoy hace frío. Sería mejor que tomaras algo caliente
antes —instó Yuuki—. Corre a mi cuenta.
—Está bien. Michiko quiere el sundae —dijo, refiriéndose a
sí misma en tercera persona.
Yuuki había olvidado completamente que su nombre era
Michiko. Era una buena clienta y una residente de hace tiempo





del vecindario. Y aún así, Yuuki no se sabía su nombre, aunque
se veían lo suficiente para llamarse por su nombre de pila.
—Michiko-san, hoy no llevas maquillaje.
—Nope. Mi base siempre deja manchas en esta bufanda.
Suspiró profundamente y se desenrolló la bufanda
lentamente. La cara que apareció tenía la nariz roja y las
mejillas coloradas.
“No ha cambiado nada”, pensó Yuuki, recordando cuando
ella solía a hacer iglús en el aparcamiento libre de al lado.
—Date prisa con el sundae —lloriqueó Michiko. Parecía
que estaba deprimida por algo así que Yuuki empezó con su
frase habitual para dar conversación:
—Así que, ¿hoy has venido tú sola?
Como no llevaba guantes, se frotó sus heladas manos
contra sus muslos helados, intentando calentarse.
Yuuki puso la tetera en el fuego.
—He dicho que quiero un sundae —dijo lentamente.
—Me estoy haciendo algo para beber antes. ¿Te
apetece una buena taza de chocolate?
—Bueno.
El extraño sonido de piel frotándose entre sí continuó.
Yuuki se encontró a sí mismo, para su gran sorpresa, atraído
hacia la fuente del sonido. Ella notó cómo él le miraba las
piernas.
—¿Qué? —Espetó ella.





—Nada, es sólo que pareces estar congelada.
—Estoy bien. ¿Ves? —dijo ella, levantándose la falda.
Yuuki apartó rápidamente la mirada pero una imagen de tela
azul marino pasó como un relámpago frente a sus ojos.
—Cuando hace tanto frio llevo un haramaki enrollado en
la cintura.
—Oh, por supuesto —dijo Yuuki asintiendo.
“Que chica tan excéntrica”, pensó Yuuki con una sonrisa. En
realidad no importaba lo que llevaba a la cintura, sus piernas al
descubierto se helarían igualmente con este tiempo tan frío.
Preparó dos tazas grandes de chocolate y puso una
enfrente de ella.
—Gracias —dijo ella haciendo un puchero con sus labios
rosas.
Aunque había asegurado que no llevaba maquillaje,
Michiko se había puesto una cantidad generosa de pintalabios
duradero. Sin embargo, Yuuki no tenía ganas de meterse con
ella por eso.
Ella agarró la taza con las dos manos y tomó un sorbo. El
líquido caliente le hizo poner mala cara al principio, pero sopló
un poco y se lo bebió con ansias. Continuó sujetando la taza
caliente con ambas manos, incluso cuando ya no le quedaba
chocolate. Sí que tenía frío.
—¿Todavía quieres ese sundae?
—Nah, estoy bien —dijo ella con alegría.
Por un momento, pareció que era la de siempre pero de
repente volvió a quedarse callada. Yuuki recordó algo en ese





momento y fue a la caja registradora. De allí tomó cuarenta
yens y se los puso al lado.
—Al final no te llevaste el cambio aquella noche, ni tu
amiga tampoco.
Michiko se puso un poco pálida.
“Oh, no tendrías que haberlo hecho”, esperaba Yuuki que dijera.
Pero cuando al final habló, su voz era casi un susurro.
—Eh, ¿Yuuki-chan? —empezó a decir incómodamente.
—¿Sí?
—¿Tú y Kamishiro-san eh, están saliendo?
El san al final del nombre de Kamishiro parecía muy
formal, como si se estuviera forzando a sí misma a decirlo. Esa
noche la visión que tenía de él debió haber empeorado y Yuuki
sintió que tenía la necesidad de defender su reputación.
—Supongo que es una forma de decirlo —dijo en voz
baja.
—Pero ya no está aquí. ¿Ha renunciado?
—Sí.
Por supuesto. Eso era. A ella le gustaba Kamishiro. Era de
imaginar que eso era por lo que se había presentado allí tan
tensa. En ese momento, la mente de Yuuki se llenó de
momentos agridulces pasados con Kamishiro.
—Perdón, Michiko-chan, pero Kamishiro probablemente
no va a volver, así que…
Ahora todo tenía sentido. La pobre Michiko estaba
sufriendo por un amor no correspondido.





“Y tú también”, se dijo a sí mismo Yuuki, sintiéndose
confundido de nuevo.
—No, no es eso —dijo Michiko como si le hubiera leído el
pensamiento.
Si ella no le hubiera interrumpido, su confusión se hubiera
evaporado al final, junto con su frase inacabada. Ahora los
sentimientos ocultos de Yuuki habían resurgido otra vez.
—¡La persona de quien he estado enamorada siempre
eres tú! —Dijo Michiko dramáticamente.
—¿Qué? —Jadeó Yuuki.
¿Se había sentido ella así cuando Kamishiro estaba ahí?
¿O estaba cambiando a su segunda opción ahora que el chef
se había marchado? Aunque Michiko parecía sincera, a Yuuki le
costaba trabajo tomarla en serio.
—Te lo estoy diciendo ¡no es eso! —Insistió ella. Se bajó de
la banqueta y golpeó el suelo con el pie como una niña
pequeña, mientras que Yuuki sólo podía mirarla.
—Sí, es verdad, Kamishiro-san es lindo —admitió ella—.
Pero yo siempre he sentido algo por ti, y ahora todo parece raro
entre nosotros. Es por eso que no he venido hasta ahora.
Así que Michiko estaba totalmente enterada de la versión
de los hechos según Shin. Si él quisiera podría hacer parecer que
todo era una broma.
—Lo siento —dijo él agarrando su taza—. ¿Más
chocolate?
Ella negó y le miró con simpatía.





—No te preocupes, Yuuki-chan. No se lo he contado a
nadie, ni a mis amigos, así que…
“Así que di que saldrás conmigo”. ¿Era eso lo que estaba
intentando decirle? Dejar sin maquillar su cara no la había
hecho parecer más niña pero sí que parecía un poco
desesperada.
—¿Así que ahora lo entiendes? ¿A que sí? —Gritó de
repente mientras las lágrimas le corrían por la cara.
Yuuki quería gritar con ella. En ese mismo momento
hubiera apartado felizmente a un lado su tozudo orgullo y le
hubiera pedido a Kamishiro que volviera.
—Lo siento Michiko-chan. También es culpa mía.
—¿Culpa tuya?
—Yo lo eché y ahora estoy tan solo. No sé qué hacer.
Nada me importa ya.
“Y esa es la razón por la que no puedo salir contigo”. Se sentía mal
por dar una respuesta tan fría. ¿Se sentía tan solo que no sabía
qué hacer consigo mismo? ¿Cómo podía ser tan zalamero?
Secretamente, ansiaba que Kamishiro volviera, aunque
probablemente nunca lo haría.
—Yuuki-chan…
Él apartó la mirada incapaz de ver su cara llena de
lágrimas. Entonces el teléfono sonó. Pensando si agarrarlo o no,
al final Yuuki lo hizo.
—¡Sano-kun! —Se escuchó a Takai decir en voz alta al otro
lado de la línea.





El sonido de una voz tensa le recordó a Yuuki aquel día de
pesadilla cuando escuchó las noticias de lo de Tsukada. Sus
piernas empezaron a temblar.
Takai no estaba rebosante de buenas noticias, pero Yuuki
detectó ecos de entusiasmo e incluso alegría.
—¡He escuchado que Kamishiro va a escalar el Asahidake
solo!
—¿Qué?
—Mi mujer se ha estado ocupando de la tienda
últimamente. Según ella, un chico que se ajusta a la descripción
de Kamishiro vino a comprar carburante. Estuvo allí como hace
una hora, ¡así que tal vez lo alcances!
Yuuki miró por la ventana. “¿Kamishiro estaba por el vecindario?
¿Y va a subir la montaña ahora, a media mañana?”
Tsukada siempre se había puesto en marcha antes del
alba, no a media mañana antes de la comida. Él habría
despertado a Yuuki y le habría dicho: —Sólo quería ver tu cara antes
de irme.
Y entonces habría bañado al gruñón de Yuuki con besos y
se habría marchado.
Era sentido común empezar a escalar temprano. ¿Qué
intentaba hacer Kamishiro a estas horas? Incluso Takai tenía sus
dudas acerca de los aparentes planes de Kamishiro. Ir a la sierra
Daisetsu a esa hora del día, era simplemente estúpido.
Yuuki no tenía tiempo que perder, así que salió volando
de la cafetería.





—¡Yuuki-chan! —Gritó Michiko, sin embargo él no miró
atrás.
No podía cerrar la cafetería cuando había clientes aún
dentro, pero no tenía tiempo de preocuparse por eso ahora. Se
subió en su coche y le dio al contacto con la mano
temblándole, entonces apretó el acelerador y se alejó.
—¡Takai-san!
—Ah, aquí estás.
Takai había estado esperando a Yuuki con inquietud.
Estaba al lado de un todoterreno que tenía el logo de su tienda
en un lado. La nieve a sus pies estaba aplastada de tanto andar
de un lado para otro con sus zapatillas de escalar. En esos
momentos se parecía a un corredor justo antes de empezar la
carrera.
—Iremos en mi coche —dijo Takai con energía—. El tuyo
se quedaría atascado antes de llegar a la montaña.
Yuuki aparcó el coche en el aparcamiento de la tienda y
se sentó en el asiento del copiloto derl auto de Takai.
—¡No me lo puedo creer! —Dijo Yuuki con lo que era
decepción—. Tu mujer se dio cuenta de que el chico tenía una
pierna mal. ¿Por qué no me llamó?
La cálida sonrisa de Takai fue rápidamente sustituida por
una expresión furiosa. Maldiciendo a su mujer en voz baja, hizo
sonar en el claxon cuando el coche de delante aminoró la
velocidad.
—Ta…Takai-san. Ten cuidado —le advirtió Yuuki nervioso
al ver la carretera helada.










—Si no llegamos a tiempo, ¿entonces qué? —Preguntó
Takai.
La muerte de Tsukada también le había marcado y
agarraba el volante con tanta fuerza que sus nudillos estaban
blancos. Yuuki sabía que Takai se culpaba a sí mismo por
permitir que Tsukada subiera la montaña aquel día y ahora los
recuerdos de aquella vida perdida estaban rodeados de
remordimientos.
—¿Takai-san? —Dijo Yuuki suavemente.
—¿Hmm?
—Kamishiro-san se parece un montón a Tsukada-san,
¿verdad?
Aunque nadie tenía la culpa, Yuuki se la echaba al buen
tiempo, que había inspirado a Tsukada para subir la montaña.
¿Por qué no le paró? ¿Y por qué no fue con él?
Yuuki nunca tuvo la ocasión de ver el cuerpo congelado
de Tsukada enterrado en la nieve. Nunca tuvo la oportunidad
de decir las cosas que necesitaba decir. Yuuki quería
desesperadamente que Tsukada volviera y curara sus heridas.
Todavía quería encontrar la salvación en los brazos de Tsukada.
Había buscado la sombra de Tsukada en el alma de Kamishiro y
entonces se había aferrado a esos estúpidos deseos.
Takai también estaba persiguiendo el fantasma de
Tsukada mientras seguía conduciendo. Tenía que evitar que
Kamishiro escalase la montaña, pero ¿llegarían tarde?
—Tienes razón, Sano-kun. Kamishiro se parece un montón
a Tsukada —admitió Takai.
—Cómo sonríe y cómo habla —señaló Yuuki.





“Y cómo me abraza”, pensó Yuuki. No tenía ganas de que la
historia se volviera a repetir, tenían que llegar a tiempo de
pararle. Yuuki apretó los puños encima de sus rodillas y rezó en
silencio.



De repente el semáforo se puso en rojo y Takai pisó a
fondo los frenos. Entonces se giró hacia Yuuki y respiró
profundamente.
—Pero, Sano-kun. ¿Has olvidado cómo era Tsukada? —
preguntó con gentileza.
—Por supuesto que no, Takai-san.
—Quizá su altura y color de cabello es similar, pero eso es
todo —declaró Takai.
—¿Qué quieres decir? —Preguntó Yuuki intentando
entender lo que quería decir.
Takai recostó la cabeza en el volante y lo miró perplejo.
—¿Te enamoraste de él porque se parecía a Tsukada-
san? —Le preguntó amablemente.
—¿En… enamorarme? —Jadeó Yuuki al tiempo que la
sangre le subía a las mejillas.
Así que Takai se había dado cuenta. ¿Había sido Yuuki
tan obvio?
—Pero, eh, quiero decir, ¿no crees que se parecen? —
Balbuceó Yuuki.





—No tanto. ¿Por qué no enumeras las similitudes? —Sugirió
Takai con una sonrisa. La tensión en su voz había empezado a
desaparecer.
De repente, el chico que tenían atrás tocó el claxon.
—Está bien, ya voy —masculló dándole al acelerador.
Ahora Takai empezó a conducir con más cuidado.
“¿Qué ha pasado con toda la adrenalina?”, se preguntó Yuuki. A
este paso no iban a llegar nunca. Takai le dio a Yuuki su móvil.
—El centro de información para visitantes está en
marcación rápida. Tenía tantas cosas en la cabeza que se me
había olvidado completamente.
—¿Se pasará por allí? —Preguntó Yuuki.
—Se supone que tiene que firmar una declaración antes
de subir la montaña. Diles que le hagan esperar si se pasa por
allí.
—De acuerdo —dijo Yuuki intentando manejar el
desconocido teléfono. Por alguna estúpida razón siempre iba a
parar a la lista de contactos. El primer número en la “T” era
Tsukada.
No estaba su nombre completo sólo Tsukada-kun, que era
como Takai siempre le llamaba. Yuuki se preguntaba si Tsukada
había visto su nombre en esta lista, pero no era probable.
—O mi primer nombre o mi apellido, ¿de acuerdo? —
decía siempre Tsukada normalmente con una expresión de
molestia.
—¿Entonces crees que no se parecen? —Preguntó Yuuki.
—Nop —dijo Takai negando con la cabeza.





Yuuki cerró los ojos y visualizó a los dos hombres en su
mente. Los dos tenían la piel morena, saludables y rosadas
mejillas y blanquísimos dientes que les hacían parecer mucho
más jóvenes.
De hecho, en ocasiones la cara de niño de Tsukada le
hacía parecer tan joven como Yuuki, con lo que lo fastidiaba sin
parar. Incluso Tsukada admitía que había un marcado contraste
entre su musculoso cuerpo y la parte del cuello para arriba.
Verdaderamente no se parecía a Kamishiro. ¿O sí?
Después de todo a los dos se les arrugaba el rabillo del ojo
cuando sonreían.
—Sano-kun, ¿qué haces? ¡Date prisa y llama! —Le urgió
Takai.
Pero Yuuki seguía con los ojos cerrados, soñando con
Kamishiro. Su cabello rebelde que enmarcaba sus fuertes
facciones. Si alguien preguntara, cualquiera podría decir que
era un hombre cerca de los cuarenta. Los dedos largos y finos
de Kamishiro y sus bien cuidadas uñas no eran para nada
parecidos a los de Yuuki.
“¿Qué demonios estoy haciendo?”, pensó de repente Yuuki.
Ahora lo entendía. No se enamoró de Kamishiro porque se
pareciera a Tsukada. Se enamoró de Kamishiro… porque se
parecía a Kamishiro. ¿O era otra de sus convenientes excusas?
¿Le abrazaba Kamishiro sintiéndose culpable?
De repente, un pensamiento se iluminó en la cabeza de
Yuuki como una bombilla. Si fuera Kamishiro, ¿dónde iría? Yuuki
creía que sabía la respuesta, aunque no podía estar seguro.
—¡Takai-san! —Gritó.





—¿Si? —Murmuró Takai preocupado por la carretera
helada.
—¡El templo Risshou!
—¿El templo Risshou? ¿Quieres decir dónde Tsukada…?
—Sip. Hacia allí es donde se ha dirigido —declaró Yuuki
mirando hacia delante. No había mucha gente que visitara
cementerios en esta época del año, cuando los terrenos del
templo estaban cubiertos de nieve. Era muy difícil andar por ahí.
Pero eso no detendría a Kamishiro. No escalaría la
montaña hasta que le hubiera presentado sus respetos a
Tsukada.
—De acuerdo. Lo entiendo —dijo Takai. En ese momento
hizo un cambio de sentido brusco, el cual fue recibido con un
coro de cláxones sonando. Takai bajó la ventanilla, inclinó la
cabeza respetuosamente hacia los enfurecidos conductores y
se marchó.
—¡Ese idiota! —Gritó, refiriéndose a Kamishiro.
Pero Yuuki se preguntó en su interior quién era el idiota de
los dos. Echando un vistazo al móvil vio que la pantalla se había
puesto en negro y el nombre de Tsukada había desparecido.










cabaron yendo en dirección contraria a la base
de la Sierra Daisetsu. El nuevo cementerio
ocupaba una amplia franja de tierra a las afueras
de la ciudad. Un día poco después de que lo hubieran
acabado, Yuuki y Tsukada pasaron a verlo.
—Se parece a una ciudad dormitorio —había bufado
Tsukada.
Ciertamente no se imaginaba que un día estaría
descansando ahí.
En aquel momento era verano y las parcelas estaban
situadas formando una pequeña ciudad. Ahora la ciudad en
miniatura parecía abandonada.
Los caminos que separaban los bloques de las parcelas del
cementerio habían sido limpiados pero las lápidas aún estaban
blancas por la nieve. En realidad no importaba ya que la gente
no iba allí en invierno.
Takai fue de un lado de la carretera a otro y otra vez de
vuelta, sin ser capaz de encontrar una señal. Su conducción se
volvió más errática pero Yuuki no se preocupaba mientras el
coche daba bandazos de un lado a otro, él mantenía su mirada
atenta, buscando alguna señal de Kamishiro, apenas notando






cuando el coche patinó hacia un lado o cuando Takai se subió
al bordillo.
—¡Maldita sea! Tiene que estar por aquí cerca.
De repente las ruedas se quedaron atascadas y sólo
daban vueltas, haciendo que chirriasen. Takai puso la marcha
atrás y consiguió salir. Estaba suspirando de alivio cuando Yuuki
señaló hacia algo que había en el lado contrario.
—¡Takai-san!
Takai se giró para mirar. Un hombre con una chaqueta azul
claro estaba caminando entre las lápidas. Yuuki salió de un salto
del coche, ni siquiera se esperó a que Takai lo parara.
—¡Sano-kun! —Jadeó Takai.
Yuuki se resbaló y se cayó al suelo pero la nieve amortiguó
la caída. Se sacudió los brazos y las piernas y se dirigió corriendo
hacia Kamishiro.
—¡Kamishiro-san! ¡Kamishiro-san! —Gritó Yuuki mientras
seguía los pasos que se dirigían a la tumba de Tsukada. La nieve
estaba más blanda de lo que Yuuki pensaba y sus piernas se
hundieron hasta la pantorrilla. Inmediatamente sintió sus zapatos
fríos y mojados pero en realidad no le importaba.
—¡Kamishiro-san!
Basándose en lo que llevaba puesto, el hombre podría
haber pasado por un turista a pesar de no llevar ni skis ni tabla
de snowboard. A sus pies tenía una mochila grande de la cual
colgaban dos crampones.





¿El idiota estaba pensando en pasa la noche en esa
montaña, con esa pierna y en pleno invierno? La postura
relajada de Kamishiro por alguna razón molestó a Yuuki.
—¡Tú! ¡Maldito imbécil! —Chilló. Entonces agarró un
puñado de nieve, hizo una bola y se la tiró a Kamishiro.
—¡Ey! —Gritó el chef.
—¡Maldito estúpido! —Le gritó Yuuki.
Caminó con pesadez hacia Kamishiro, lanzándole bolas de
nieves mientras tanto. Kamishiro ni siquiera intentó esquivarlas.
Las bolas de nieve rebotaban en su impermeable, se deshacían
y caían al suelo.
—¿Qué demonios estabas pensando? —Le siseó Yuuki.
Sus pisadas se desvanecerían con la próxima nevada pero
¿qué pasaba con las duras palabras que seguía lanzándole a
Kamishiro? De repente Yuuki paró y agachó la cabeza, mirando
hacia el suelo. El enfadado tono de su voz era como si estuviera
manchando la nieve de negro pero parecía no ser capaz de
detenerse.
—Idiota —murmuró mientras el frío le atravesaba el cuerpo.
Ni siquiera podía mover sus congelados dedos. Cada
respiración irregular dejaba escapar una columna de humo
blanco que rápidamente era arrastrada por el viento.
—¡Kamishiro-san!
Mientras Yuuki gritaba su nombre se preguntaba si en
realidad tenía derecho a decirle que no fuera. ¿Tenía derecho
a suplicarle que volviera a casa?
—Yu…Yuuki-san —dijo al final Kamishiro con una voz débil.





Yuuki tembló cuando escuchó su nombre. Cuando la
blanca furia abandonó su cuerpo, el frío del invierno penetró,
poniéndole la carne de gallina.
—Así que te imaginaste que estaría aquí —dijo Kamishiro
casual como si estuviera hablando del tiempo—. La oficina del
templo me dijo dónde encontrar la tumba de Tsukada pero
toda esta nieve es un obstáculo.
La figura mirando fijamente el cielo no parecía que se
fuera a enfrentar a lo desconocido. Yuuki se dio cuenta que él y
Takai se habían preocupado por nada. De repente vio un sobre
dispuesto como una ofrenda enfrente de la lápida.
—Pero eso es… —empezó a decir.
—Sí —afirmó Kamishiro.
Los tobillos congelados de Yuuki crujieron cuando corrió al
lado de Kamishiro. Kamishiro intentó detenerle pero Yuuki se
deshizo de él y agarró la carta.
“¿Qué tenía que escribirle Kamishiro a un hombre muerto?”, se
preguntó Yuuki mientras sacaba la hoja de papel del sobre.
—Kamishiro-san, ¿qué es esto?
—Léelo y lo entenderás.
Yuuki la leyó y rápidamente lo entendió. No era una carta
a un hombre muerto, era el itinerario oficial de la escalada de
Kamishiro. Había apuntado la cafetería de Yuuki como su
residencia actual y el número de emergencia.
—De verdad que eres idiota —siseó Yuuki.
—¿Por qué? —Preguntó Kamishiro con calma.





—¿Por qué has dejado esto aquí donde la nieve la
cubriría? ¡No la encontrarían hasta la primavera! ¿Y si tuvieras un
accidente?
—No planeaba morir ahí arriba —dijo Kamishiro con
seriedad—. Pero si hubiera pasado algo, quería que te llamaran
a ti primero.
Yuuki estaba a punto de llamarlo idiota otra vez pero su
enfado se le quedó atascado en la garganta. Agarraba el
papel con tanta fuerza que sus dedos se pusieron rojos.
—¡No! ¡De ninguna forma! —Soltó a la vez que rompía el
papel en dos.
Quería hacerlo una bola y enterrarlo en la nieve. En vez de
eso, se abalanzó hacia Kamishiro apretando fuertemente los
pedazos que estaban en su mano.
¿Qué le había enfadado tanto? ¿Qué le había puesto tan
triste? Aunque continuaba diciéndose a sí mismo que Kamishiro
era un mero sustituto de Tsukada, si Yuuki perdía a Kamishiro no
le quedaría nada. No le importaba si Kamishiro estaba
escalando la montaña en un acto de redención. Yuuki
simplemente no quería que se fuera y haría lo que hiciera falta
para convencer a Kamishiro de abandonar su cruzada. Pegaría
patadas, lloraría, incluso gritaría como un niño hasta que al final
Kamishiro accediera a volver a casa.
—Tu cabello está un poco más largo —dijo Kamishiro,
rozándolo con la mano.
Yuuki pretendió que la sensación cálida encima de su
cabeza provenía de los labios de Kamishiro. Dirigió su vista hacia
el suelo y se envolvió con los brazos de Kamishiro.





—Fue todo mi culpa —dijo Kamishiro en voz baja y llena de
dolor—. Si no me hubiera adelantado Tsukada-san nunca habría
venido a buscarme. Me dijo que me estaba desviando pero no
le escuché…
—Es suficiente —susurró Yuuki.
—De verdad necesito hacer esto. Es una obligación que
tengo con Tsukada.
El cuerpo de Yuuki se puso rígido pero la honestidad de
Kamishiro estaba finalmente calentando el frío nudo de
testarudez que había en su corazón.
—Detestaba sentirme como un sustituto cada vez que te
tenía en mis brazos —admitió Kamishiro—. Cada vez que te veía
buscando a Tuskada en mí, me iba dando más y más cuenta de
que me estaba haciendo igual que Shin.
—¿Haciendo igual que Shin? —Jadeó Yuuki sorprendido.
Kamishiro acunó la cara de Yuuki con sus manos y le
levantó la cabeza. Así, ambos estaban mirándose el uno al otro
a los ojos.
—No tenía derecho a pedirte que olvidaras a Tsukada —
dijo Kamishiro—. Y aún así, cada vez que nos acostábamos, oía
esa palabra en mi cabeza una y otra vez. Olvídale, olvídale.
—Te equivocas, Kamishiro-san —susurró Yuuki poniéndose
de puntillas y rodeando con sus brazos el cuello de Kamishiro.
Sus labios fríos se juntaron y pronto sus lenguas estaban
entrelazándose en una danza febril. Aire caliente salía de los
pulmones de Yuuki e iba a parar a la boca de Kamishiro.
Las mejillas de Kamishiro estaban totalmente congeladas.
¿Cuánto tiempo había estado fuera? De repente Yuuki sonrió.





—Sano-kun —gimió Kamishiro.
—Llámame Yuuki. Y, por cierto, tu voz no suena como la de
Tsukada para nada. Es imposible confundiros a los dos.
—Yuuki…
Yuuki tuvo un repentino y preocupante pensamiento. Si
Yuuki olvidaba finalmente a Tsukada, ¿lo abandonaría
Kamishiro? Mientras las lágrimas se le agolpaban en los ojos le
dio a Kamishiro un largo y profundo beso. Su respiración se
volvió entrecortada y su cuerpo se puso caliente.
Aunque la temperatura normalmente era superior a los
cero grados durante el día, una vez que el sol se ponía, bajaba
drásticamente varios grados. Estar fuera durante más de un par
de minutos era casi como un suicidio.












Así que cuando Yuuki dijo: —Hace frío, vamos a casa.
Kamishiro debería haber estado de acuerdo pero
resultaba que tenía otros planes.
—No. Volveré mañana por la noche.
—¿Mañana? —Dijo Yuuki con el ceño fruncido.
¿Debería sospechar de la rapidez con la que había
contestado Kamishiro o del retraso de la vuelta? Yuuki miró la
pesada chaqueta de Kamishiro y su mochila, preguntándose
qué estaría planeando. De repente se dio cuenta. ¡Kamishiro
todavía iba a escalar la montaña!
—¡Tienes que estar bromeando! —Gritó Yuuki.
—No llegamos a la cima ese día, ¿recuerdas? —Dijo
Kamishiro con calma—. No puedo volver a la cafetería hasta
que llegue yo solo a la cima.
—¡Pero tu pierna! —Protestó Yuuki.
—Fui a ver al doctor y me dio el visto bueno.
Y para probarlo, de repente Kamishiro soltó a Yuuki y
marchó en el sitio. Sus piernas parecía de verdad que estaban
más equilibradas ahora que cuando habían estado viviendo
juntos. Día a día su progreso había sido demasiado ligero para
notarlo pero ahora, un mes después, la diferencia era
claramente visible. Yuuki apenas podía creer que fuera el mismo
hombre. ¿Cómo lo había hecho Kamishiro para recuperarse tan
rápido?
—Kamishiro-san, ¿en serio te dijo el doctor que podías venir
a escalar? —Preguntó Yuuki con cautela.
—Dijo que hacer senderismo no sería ningún problema.





—Escalar el monte Asahidake en pleno inverno no es
exactamente hacer senderismo —se mofó Yuuki.
Pero sabía que Kamishiro ya había tomado la decisión.
Después de todo, Kamishiro había abandonado un buen
trabajo para ir a buscar a Yuuki y trabajar en su cafetería. No
abandonaría su propósito ahora. Intentando ignorar sus propios
defectos, Yuuki miró a Kamishiro preguntándose cómo hablar
con él.
En ese momento, escucharon un crujido proveniente de la
nieve que había tras ellos. Takai se aclaró la garganta de una
manera obvia.
—¡Ejem! Sólo quería asegurarme que no se habían
olvidado de mí.
Yuuki se giró con sorpresa. Takai estaba ahí de pie,
mirándose a los pies. Yuuki se había olvidado completamente
de él.
—Ah, em, perdón —se disculpó mientras sus mejillas se
ponían totalmente rojas y no debido sólo al frío.
—Ya. A mi edad ya nada me sorprende —dijo Takai
encogiéndose de hombros.
Kamishiro sólo asintió. Aunque Yuuki había estado de
espaldas a Takai, Kamishiro lo había visto llegar y no se sentía
para nada avergonzado.
“¿Nunca tenía vergüenza?” pensó Yuuki recordando cómo
Kamishiro se había desnudado casi completamente enfrente de
él el primer día. Aparte de cocinar el hombre podía ser un poco
espeso.





Incluso más que su testarudez, lo que había molestado más
a Yuuki era la indiferencia de Kamishiro. Se apartó de repente
de Kamishiro, no sin antes darle un duro codazo en el estómago.
—¡Ooff! —Gimió Kamishiro mientras se doblaba.
—¿Así que planeas escalar esa montaña a cualquier
precio, eh? —Preguntó Takai.
—Sí —dijo Kamishiro con resolución.
—¡Tienes que pararle, Takai-san! —Suplicó Yuuki.
—No puedo hacer entrar en razón a alguien que está
deseando escalar esa montaña —dijo Takai suspirando. Él
mismo era un verdadero escalador estúpido. Una vez Tsukada
dijo que Takai había abierto la tienda para alimentar su
adicción.
Yuuki estaba allí de pie con el corazón latiéndole
fuertemente y esperando que Takai lo reconsiderara, pero Takai
sólo estaba ahí, con los brazos cruzados, mirando al infinito. De
repente dirigió la mirada a la pierna afectada de Kamishiro y,
entonces, revisó visualmente el equipo que llevaba atado a la
mochila.
—Takai —dijo Yuuki ansiosamente sin estar seguro de qué
decir después.
—Dame un minuto —dijo Takai sacando su móvil.
Rápidamente hizo una llamada y recibió respuesta.
—Hola, ¿Hirasaka-san? ¿Estás libre mañana? Fantástico.
Considérate ocupado, tengo a un chico que va a subir y bajar
del Asahidake. Llama al servicio meteorológico y que te den un
parte.





Entonces Takai colgó, pareciendo complacido consigo
mismo. No iba a intentar parar a Kamishiro y Yuuki lo sabía, pero
al menos podía haber ido a hacerle compañía mientras subía.
—Ya que estamos preparando esto, será mejor que
volvamos y nos preparemos —sugirió Takai empezando a andar
hacia el coche.
—¿Volver dónde? —Preguntó Kamishiro confundido.
—El tour incluye un guía —dijo Takai en tono de negocios
—. Pueden quedarse en mi casa, nos haremos cargo del resto
de las cosas esta noche.
—Pero todo lo que necesito está aquí —protestó Kamishiro
señalando su mochila.
—Puede que tú estés preparado para escalar la montaña,
pero nosotros no.
—¿Nosotros?
Yuuki y Kamishiro intercambiaron miradas. ¿Qué era lo que
Takai tenía en mente?
—Hirasaka-kun y yo seremos tu equipo de apoyo. Podemos
hacerlo en un día entero si tomamos el camino de Sugatami
primero y volver mientras sigue accesible. Demonios, incluso
puede que lleguemos a casa antes de la cena.
Pero a pesar de este arreglo, el camino sería extenuante,
explicó Takai. Definitivamente necesitaban comida con muchas
calorías en sus mochilas.
Mientras Yuuki y Kamishiro le miraban con las bocas
abiertas, Takia estiró su mano.





—Si podemos arreglarlo rápido podemos pasar la noche
en los baños termales de Asahidake. Dicen que bañarte allí es
bueno para los huesos.
Obviamente Takai veía este viaje como un fresco paseo en
un día de invierno. Parecía tan totalmente relajado que Yuuki se
dio rápidamente cuenta que debía ir detrás.
—¡Takai-san!¡Cuenta conmigo!
—¿Qué?
—¡Vamos a escalar la montaña juntos! —Dijo Yuuki
sonriendo ampliamente.
Aunque Tsukada le había invitado a ir muchas veces, Yuuki
en realidad nunca había escalado. Él siempre había esperado a
Tsukada, nunca dudando de su regreso. Pero Yuuki no iba por la
diversión.
Desde ese fatídico día, esa montaña siempre había estado
en su pensamiento. Tan cerca y aún así tan lejos. Aunque a
menudo había leído sobre accidentes en la montaña, nunca le
habían parecido reales a Yuuki hasta la muerte de Tsukada.
Ahora no podría esperar ni un solo día a que Kamishiro
regresara.
—El camino va hasta la mitad de la montaña, ¿verdad?
Debería ser capaz de hacerlo. Llévenme con ustedes —suplicó
Yuuki.
—Sano-kun, no puedes menospreciar una montaña,
especialmente en invierno.
Takai sonrió débilmente pero la sonrisa no le llegaba a los
ojos. Sonaba como un hombre con un gran conocimiento de las
montañas, cosa que lo era, por supuesto.





—El tiempo puede ponerse mal en un instante —siguió—.
En ese caso, este montón de nieve podría hacer el camino
difícil. Escalar una montaña es arriesgado y tú no eres
exactamente un experto, Sano-kun. Kamishiro es un escalador
experimentado pero aún así necesitará un montón de ayuda.
Añade un amateur como tú a la mezcla y las cosas podrían
ponerse muy arriesgadas.
Aunque el tono de Takai era gentil, claramente no quería
llevar ninguna carga más a la montaña. Yuuki no tenía nada
que decir, después de todo Takai tenía razón. Si iba con ellos
sólo sería una pesada carga.
—Bien, vámonos —dijo Takai.
Kamishiro se echó su pesada mochila al hombro. Sólo el
equipamiento que había que llevar para escalar una montaña
en invierno era mucho más de lo que Yuuki podía cargar.
Miró cada paso que Kamishiro daba, intentando
convencerse de que todo saldría bien, pero no podía evitar
notar que Kamishiro todavía se desviaba un poco a la derecha.
—No te preocupes tanto —dijo Takai palmeándole
ligeramente en la espalda—. Puedes ver por ti mismo que su
pierna está bien.
Yuuki se sintió un poco más calmado pero no mucho.
—Aprecio todo lo que estás haciendo por él —dijo en un
tono débil, sintiéndose un poco avergonzado.
Takai asintió y le tocó la mano a Yuuki.
—Déjame que vea eso —dijo Takai.





Yuuki se dio cuenta que todavía estaba sujetando el
itinerario roto de Kamishiro. Le dio las dos partes a Takai.
—Sí, desde luego —dijo Takai mientras repasaba la
información.
—¿Hay algo raro? —Preguntó Yuuki sintiéndose un poco
nervioso. Su nombre, después de todo, estaba en la lista de los
contactos de emergencia de Kamishiro. ¿Qué diría Takai de
eso? Evidentemente ni se dio cuenta.
—No, nada —dijo Takai—. Es un itinerario normal.
Pero de repente frunció el ceño.
—¿Takai-san? —Preguntó Yuuki con preocupación.
—Es que yo también tengo parte de culpa en esto. A
veces pierdo la cuenta de las cosas y se atrasan.
Yuuki finalmente se dio cuenta de que se refería al
accidente de Tsukada. La expedición salió muy temprano y se
encontró con el desastre cuando aún era de día, pero Takai no
llamó a Yuuki hasta que no se había hecho de noche.
Pero Takai parecía entender ahora cómo Yuuki se había
sentido. Aunque no había sabido nada de la muerte de Tsukada
hasta la noche, Yuuki todavía se culpaba por haber pasado el
día en la feliz ignorancia.
—Decidir a quién llamar antes es una difícil decisión —
siguió Takai.
“Especialmente si tu amante es un hombre”, pensó Yuuki.
Takai cruzó los brazos y parecía pensativo.
—¿Qué piensa tu mujer? —Preguntó Yuuki.





—¿Qué?
—¿No le preocupa toda esta espera?
—Para nada —admitió Takai—. Le es bastante indiferente.
—No puede ser verdad —dijo Yuuki en voz muy baja.
—Quizá no —concordó Takai—. Antes, me llamaba el dios
de la cordillera Daisetsu. Es por eso que he decidido apuntarme
esta vez.
—Perdóname por decir esto, Takai-san —dijo Yuuki con una
sonrisa de oreja a oreja—. Pero Tsukada solía llamarte el mono
de la cordillera Daisetsu.
—Oh, ¿de verdad? —Bufó Takai.
Agradecido por su charla sincera, Yuuki fue tras Kamishiro,
quien se dirigía rápidamente hacia el coche. A pesar de la
pesada mochila, se movía por el montón de nieve como un
perro de trineo.
—¡Por el amor de Dios!¿se mueven? —Les gritó a los otros.
—Será mejor que no fanfarronee de esa forma cuando
estemos en la montaña —refunfuñó Takai.
Y Yuuki sólo rió.








edido para la mesa dos.
—Lo tengo.
Cuando Kamishiro le pasó el humeante plato a Yuuki, sus
dedos se tocaron por un momento y el corazón de Yuuki saltó
en un latido.
“Cálmate”, se dijo. “Tenemos trabajo que hacer”.
Aunque habían pasado dos meses desde que Kamishiro
volviera, Yuuki todavía se excitaba cada vez que lo miraba.
Apenas era capaz de controlar su sonrojo mientras se
encargaban de la cafetería.
Fiel a su palabra, Kamishiro había escalado la montaña y
vuelto a la cafetería. El día del ascenso, Yuuki había ido a la
tienda de Takai a despedirse de los tres para después pasarse
todo el día preocupándose. Cuando el sol empezó a ponerse,
Yuuki escuchó a alguien al otro lado de la puerta.
—¿Yuuki? He vuelto —dijo Kamishiro con sus mejillas
sonrojadas por el aire frío. Yuuki nunca olvidaría ese momento.
Ahora estaba grabado para siempre en su memoria.
Yuuki quería envolverlo en sus brazos, cubrirlo de besos,
buscar el calor de su piel, pero, aunque Kamishiro había cerrado






una parte dolorosa de su pasado, él simplemente no estaba
preparado para reanudar su relación más profundamente.
Año nuevo había llegado y había pasado. Aunque la
escalada había sido tan sólo dos meses atrás, a Yuuki le
parecían años. Pronto, sus antiguos clientes empezaron a volver
en manadas y sus días se volvieron más ajetreados.
De vez en cuando, como un avión que pasaba por una
bolsa de aire, el negocio recaía por un tiempo. Entonces, Yuuki
subía la música de fondo para llenar el silencio, o se iba de
compras aunque no tuviera que comprar nada. Sus esfuerzos
desesperados por hacer frente a la situación, deberían
parecerle graciosos a Kamishiro.
Pero a pesar de todo, Yuuki se alegraba de que estuvieran
viviendo juntos de nuevo. Ya no era un prisionero del pasado,
de hecho sus días nunca habían sido tan felices y pacíficos
como lo eran ahora.
Excepto por una cosa. Parecía que no podía controlar su
lujuria por Kamishiro. No hacía falta mucho para que se
encendiera. Sus miradas se encontraban en los momentos más
raros, o sus manos se rozaban. Casi instantáneamente, el
corazón de Yuuki palpitaba con la angustia de un primer amor.
—Yuuki, la mesa uno necesita la cuenta.
—Bien.
Yuuki estaba a punto de servirse una taza de té, pero fue
rápidamente hacia la caja registradora. Otro cliente satisfecho
estaba esperando a pagar la cuenta. Yuuki sonrió de oreja a
oreja, compartiendo el logro de Kamishiro como si fuera propio.





—¡Gracias por venir! —Dijo con entusiasmo.
La muestra de buenos ánimos hizo sonreír al hombre. Cada
día Kamishiro bromeaba con el buen humor de Yuuki.
“Tú podrías ponerme incluso de mejor humor”, pensó Yuuki
tontamente, aunque no se atrevió a decírselo a Kamishiro.
Volvió a llenar su taza, pero accidentalmente vertió
demasiada agua caliente. Mirando a Kamishiro, Yuuki echó la
que sobraba en el fregadero.
—Será mejor que tengas cuidado o te quemarás —bromeó
Kamishiro.
Yuuki suspiró. Su ardiente deseo por Kamishiro no
desaparecía nunca, aunque “se hacía cargo” cada noche con
su propia mano. ¿Por qué no podían volver a dormir juntos?
¿Kamishiro también lo estaba pasando mal?
Esta vez los pies de ambos parecían haberse pegado al
suelo. Liberarse sería difícil a pesar de su relación previa.
Desde que Kamishiro había vuelto de la montaña, Yuuki no
había dormido entre sus brazos ni una sola vez. Aunque
Kamishiro se había redimido por Tsukada, todavía no era capaz
de compartir los sentimientos que tenía por haber dormido con
Yuuki.
A pesar de su impaciencia, Yuuki sentía que Kamishiro
disfrutaba viviendo en medio de la nada. Cada noche, después
de darse un largo baño, se iba directamente a su habitación, y
cada mañana se levantaba al amanecer para jugar en la nieve
con el perro del vecino.





A simple vista parecía que ahora eran sólo compañeros de
piso. Los “buenos días” y “buenas noches” que se daban
ciertamente sugerían eso.
Pero Yuuki todavía deseaba que pudieran pasar más
tiempo juntos después del trabajo. Quizá podría sugerir que
tuvieran sexo sólo por tener algo más que hacer. Para
calentarse uno al otro, etc, etc. Se había pasado los últimos dos
meses fantaseando con qué decir o cómo romper el hielo, pero
nunca se atrevía a nada. Justo en ese momento, la puerta
principal se abrió.
—Bienvenido —dijo Kamishiro en voz alta—. ¿Te gustaría
sentarte en la barra?
Yuuki se giró y vio a su viejo amigo Shin.
—Así que al final te has cortado el cabello —comentó Shin.
—Sí. Voy a dejármelo como lo tenía antes —admitió Yuuki
agachando la cabeza.
No se habían visto desde hacía siglos. Shin siguió mirando
el nuevo corte de Yuuki, haciendo que se sintiera cohibido.
—Me transfieren a Honshu —dijo de repente—.
Aparentemente al contratista general de allí parece ser que le
gusté.
Aún había mucha historia entre los dos pero Yuuki se
alegraba de que Shin hubiera ido personalmente a contarle
que se iba. No debía haberle sido fácil.
—Eh, perdón por lo de antes —dijo Shin con una tímida
sonrisa. Yuuki le miró de arriba abajo. “¿Shin había engordado?”





Continuaron con la extraña conversación intentado al
máximo posible ser educados el uno con el otro. Cuando Shin se
levantó finalmente para irse, Yuuki se sintió aliviado.
—Estaré de vuelta para el Obon. Quedamos para tomar
algo —dijo Shin con gentileza mientras se dirigía a la puerta. De
repente se giró para mirar a Yuuki.
—Fue bueno que no nos acostáramos —dijo en voz baja—.
Las relaciones a distancia nunca funcionan.
Se conocían desde hacía diez años. ¿Las cosas habrían
sido distintas entre ellos si Kamishiro no hubiera aparecido? Hubo
un tiempo en que Yuuki se había preocupado por las
posibilidades, pero ahora sabía que nunca hubieran sido más
que amigos.
—Voy a ganar el doble de lo que gano aquí. Supongo que
tengo suerte —dijo Shin encogiéndose de hombros.
“No es sólo suerte. Tú eres un buen hombre”, quería decir Yuuki,
pero eso sería muy parecido a un padre dándole una
palmadita en la espalda a su hijo. De repente sintió su cara
caliente e inconfortable. Cuando Yuuki no contestó, el rostro de
Shin se ensombreció.
—Perdón. No debería haber venido —suspiró.
—¡No digas eso! —Protestó Yuuki— ¡Me alegra que lo
hicieras!
Shin sonrió y extendió su mano. Mientras Yuuki la agarraba
gentilmente, se miraron a los ojos por un breve instante. Las
sonrisas que intercambiaron fueron verdaderas.





—Nos vemos —dijo Shin para después irse.
Siempre decía adiós de esa forma. Yuuki casi podría creer
que volvería a pasarse por allí mañana o pasado. A pesar de
todo lo que había pasado entre ellos, quizá llegaría un día en
que podrían quedar juntos sin sentirse extraños, o eso esperaba
Yuuki. Habían sido amigos tanto tiempo que sería una lástima
que se acabara.
Y en la cocina, Kamishiro seguramente estaría dándole
vueltas a la visita de Shin, pensó Yuuki. Pero en vez de eso, su
insociable cocinero estaba preparándose para el próximo día.
—¿A qué ha venido todo eso? —Preguntó Kamishiro
casualmente.
—Nada —murmuró Yuuki. Hablar de ello no cambiaría
nada.
—¿Eh?
—No es nada importante.
Yuuki llevaba puesta una máscara de indiferencia mientras
empezaba a limpiar la cafetería. Consiguieron acabar el día sin
cruzarse ni una palabra.


—Aquí está tu pedido.
Una avalancha repentina de clientes cerca de la hora del
cierre había tenido la cafetería abierta hasta las diez. La
semana anterior Yuuki había hablado sobre tomar los últimos





pedidos sobre las ocho, ya que ellos en especial no vendían
alcohol.
—¿Por qué limitarnos nosotros mismos con reglas y
restricciones? —Protestó Kamishiro. Ya que no llegaron a un
acuerdo, Yuuki se estaba acostumbrando a hacer horas extras,
aunque no le gustaba.
—Después que termines, adelántate y descansa —le sugirió
Kamishiro.
—Lo sé. No tienes que decírmelo —bufó Yuuki.
Definitivamente, Yuuki no poseía la infinita energía de
Kamishiro, y se lo había hecho ver a menudo en las
“discusiones” que tenían. Sus condiciones de trabajo también
eran diferentes. “¿Por qué no habría de estar cansado si estaba todo el día
corriendo de allá para acá?” Yuuki le lanzó a Kamishiro una mirada
dura pero el chef siguió ordenando las ollas y las sartenes.
Todavía se negaba a aceptar ni un miserable salario. Una
vez que se había extendido la noticia de que Kamishiro estaba
de vuelta, sus ventas se habían duplicado.
—No puedo pagarte lo que vales —le imploró Yuuki—, pero
al menos déjame pagarte algo.
—No trabajo aquí por dinero —dijo Kamishiro tozudamente.
Yuuki ofreció pagarle suficiente para llegar al salario
mínimo pero Kamishiro siguió negándose.
—Realmente no estoy buscando una recompensa
monetaria —repitió.







Mientras el agua caliente le caía en la cabeza, Yuuki
estaba de pie en la ducha y suspiró. Estiró los brazos por encima
de la cabeza intentando aliviar la tensión de sus hombros. Había
pasado demasiado tiempo arrastrando el pasado, quizá era
hora de cortar cabos y seguir adelante.
—Ahhhh —dijo mientras el agua caliente hacía su magia.
En realidad había querido tomar un baño pero estaba
demasiado impaciente para llenar la bañera.
Sus pantorrillas estaban tan tensas como cuerdas de violín.
Como se había pasado todo el día de pie, sus piernas eran una
constante fuente de irritación. Levantó una pierna y se masajeó
los cansados músculos.
—Dios, qué tenso —murmuró.
“Me pregunto cómo se sentirán los grandes dedos de Kamishiro”. El
pensamiento apareció en su cabeza encendiendo una llama
en su cuerpo.
—Ahhh…
Giró el teléfono de la ducha hacia un lado y se acarició el
interior de los muslos mientras fantaseaba con los brazos gruesos
y fuertes de Kamishiro.
“Aquí… así… tócame… despacio…”





Yuuki subió su mano hasta meterla en medio de sus nalgas,
y se tocó esa parte que palpitaba. Su esfínter se contrajo y
tembló. “¿Cuándo volvería Kamishiro a entrar en él?”
El agua de la ducha golpeaba los azulejos mientras sus
gemidos reprimidos resonaban en las paredes.
—Hmmmm —gimió Yuuki agarrando su dura polla con la
otra mano.
Esas noches de sexo apasionado parecían muy lejanas.
Yuuki sintió punzadas de hambre en su corazón, pero no podía
compartirlas de ninguna manera con Kamishiro.
—Ah… ahhh… ahhh… —jadeó.
Su ano todavía estaba demasiado estrecho para aceptar
un solo dedo. Meneando impacientemente su culo, Yuuki
masajeó sus testículos, esperando así acelerar las cosas.
—Maldita sea —soltó, impaciente por terminar.
Estaba de pie y con una mejilla pegada a la pared de la
ducha. Una postura rara, eso seguro, pero no quería dejar de
acariciarse para cambiar de posición.
—Más… más —gimió con los dientes apretados.
De repente la puerta del cuarto de baño se abrió.
—¡Oh, perdón! —Dijo Kamishiro cuando escuchó el agua
de la ducha caer.
—¿Qué? —Jadeó Yuuki.





Kamishiro miró desde la puerta y rápidamente se giró
cuando vio lo que Yuuki estaba haciendo.
—¡Perdón! —Dijo otra vez, para después cerrar con un
golpe la puerta.
A Yuuki se le subió la sangre a la cabeza. Kamishiro le
había visto así y había huido.
—¡Espera! —Le gritó Yuuki corriendo desnudo por el pasillo.
El agua salpicaba en el suelo, pero a él no le importaba. Estaba
casi en un estado de shock pero seguía moviéndose.
—¡Kamishiro-san! —Dijo Yuuki cuando finalmente lo
alcanzó. El chef se giró despacio.
—¿Qué? —Preguntó serenamente aunque sus ojos
miraban hacia todos los lados.
Ambos se aclararon la garganta al mismo tiempo. Yuuki
sintió que la sangre le subía a la cabeza cuando sus miradas se
encontraron.
Y, de repente, ocurrió. Sin pensarlo Yuuki se abalanzó con
su cuerpo desnudo hacia Kamishiro, quien todavía llevaba
puesto su delantal de chef.
—No escuché el agua caer así que yo… —empezó a decir
Kamishiro, pero los oídos de Yuuki no escuchaban las excusas.
—Oh, Yuuki… —suspiró Kamishiro.
—Kamishiro-san.





Yuuki no podía aguantarlo más y cubrió la húmeda boca
de Kamishiro con la suya, luchando contra el poderoso deseo
de correrse ahí mismo.
Yuuki empujó a Kamishiro contra la pared y se apretó
contra su cuerpo. La saliva caía desde la comisura de la boca
de Kamishiro hasta su barbilla, y Yuuki la recogió ansiosamente
con su lengua.
De repente, sin previo aviso, el pene de Yuuki explotó
como un geiser aunque Kamishiro ni siquiera lo había tocado.
“No puedo creerlo”, pensó Yuuki mientras sus caderas se
agitaban y temblaban.
—Tú… —gimió agarrándose a los brazos de Kamishiro.
Kamishiro agarró las manos de Yuuki y las sujetó con fuerza. Un
chorro de semen manchaba su delantal y se escurría hacia sus
pantalones vaqueros pero no le importaba.
—Tómame—suplicó Yuuki—. Tómame.
No le importaba si Kamishiro lo hacía como un favor,
porque sería más que suficiente para Yuuki. Quería a Kamishiro
más que a nada en este mundo, pero todavía tenía demasiado
miedo a descubrir si el sentimiento era mutuo.
La primera vez que Kamishiro se metió en su interior, Yuuki
pretendió que era Tsukada. En ese momento eso era lo que él
creía que quería sentir. Mirando ahora a Kamishiro, lo
suficientemente cerca como para sentir su aliento, Yuuki
todavía era incapaz de decir su nombre. Su cuerpo temblaba
con miedo y confusión, anhelando el contacto que se llevaría
todo consigo.





Mientras Yuuki mordisqueaba el cuello de Kamishiro podía
sentir el latido de su corazón. Apretó sus labios contra la piel
como si fuera un vampiro chupando sangre.
—¡Hijo de puta! —Jadeó Kamishiro tomando en sus brazos
a Yuuki. Yuuki enredó sus piernas alrededor de su cintura,
colgándose de Kamishiro como un niño.
—¡Hijo de puta! —Volvió a jadear Kamishiro.
Su voz áspera encendía el interior de Yuuki. Había
eyaculado tan sólo hacía unos minutos pero sentir la erección
de Kamishiro contra la suya hacía que la polla de Yuuki se
levantara.
Kamishiro llevó a Yuuki por el pasillo hasta su habitación y
de una patada abrió la puerta. Entonces lo tiró al futón como un
saco de patatas. El dolor repentino hizo a Yuuki aullar pero
pronto se convirtió en un dulce dolor cuando Kamishiro se puso
encima de él.
—Kamishiro-san —dijo Yuuki mirándole directamente a los
ojos—. ¿Por qué me has estado ignorando desde que volviste?
Yuuki tampoco se había lanzado encima de Kamishiro
exactamente, pero al menos había mostrado que estaba
interesado.
—Te he querido todo este tiempo —susurró Yuuki mientras
mordisqueaba el lóbulo de Kamishiro.
Entonces sintió la lengua de Kamishiro en su nuca.
—Yuuki… —gimió Kamishiro mientras jugaba con el cabello
de Yuuki. De repente paró y le dio una mirada ardiente.





—¿Soy al que tú quieres? —Preguntó sin rodeos.
—Sí, sííííí—jadeó Yuuki, mientras sus caderas temblaban, y le
desabrochó el delantal a Kamishiro con dedos temblorosos.
—Estaba preocupado por si te arrepentías de que nos
volviéramos a acostar juntos —explicó Kamishiro.
“¿Entonces por qué no lo dijiste y lo dejaste claro?”, pensó Yuuki de
manera salvaje.
En cambio sólo mostró una irónica sonrisa. A decir verdad,
ambos se habían sentido demasiado intimidados para dar el
primer paso.
Mientras gemían sus nombres una y otra vez, sus
erecciones se endurecían aún más. Yuuki desabrochó los
vaqueros de Kamishiro y se los bajó junto a sus calzoncillos.
Acarició el culo desnudo de Kamishiro por un momento, y
entonces agarró su hinchado miembro.
—¡Ey! —Gritó Kamishiro, aunque no se estaba quejando.
Yuuki masajeó la sensible punta del miembro de Kamishiro
con la yema de su pulgar. Kamishiro frunció el entrecejo y
apretó los dientes intentando contenerse. De repente Yuuki se
arrodilló en el futón y levantó su culo.
—¡Deprisa! ¡Entra! —Le suplicó mientras su trasero ondulaba
con deseo—. Te necesito taaaaanto, Kamishiro-san…
Kamishiro agarró los muslos de Yuuki, los levantó y metió su
erección en su interior.





—¡Ahhh! —Gritó Yuuki, sintiendo finalmente esa sensación
tan deseada. Su ano pulsó hambrientamente intentando
tragarse a Kamishiro.
—Ahhh… ahhh… ahhhhh… —jadeó Kamishiro mientras
metía su mástil profundamente en Yuuki. Las caderas de Yuuki se
sacudieron con una especie de dulce agonía.
La polla de Kamishiro seguía explorando, enterrándose más
y más profundamente mientras Yuuki gritaba y gruñía.
—Kamishiro-san —gimió—, no pares, no pares…
Justo en ese momento, Yuuki sintió que algo hacía
erupción en su interior.
—¡Perdón! —Jadeó Kamishiro con vergüenza,













Pero Yuuki sólo sonrió ampliamente. Sus músculos anales se
apretaron con fuerza alrededor del goteante miembro de
Kamishiro como si estuvieran tristes de verlo partir. De pronto, el
pene volvió a la vida.
—Eres como un niño que no tiene suficiente —le picó
Kamishiro.
—Bueno, tantas veces como…
Pero antes que Yuuki pudiera acabar la frase, la dura polla
en su interior comenzó a moverse otra vez, encendiendo su
carne.
Mientras Kamishiro lo penetraba profundamente, Yuuki
sintió que sus ojos se le llenaban de lágrimas. Kamishiro había
descubierto las profundidades de su corazón, haciendo que su
deseo se desbordara. Quería temblar de placer toda la noche.
—Ahh… ah... ahhhh… —gimió Yuuki moviendo sus caderas
de un lado a otro.
Extendió sus brazos hacia Kamishiro como diciendo:
“Pruébame, devórame, no me dejes nunca”. De repente todo el cuerpo
de Kamishiro se tensó.
—¡Kamishiro-san! —Gritó Yuuki mientras Kamishiro lo llenaba
una segunda vez. Jadeaba tan fuerte que sentía que estaba a
punto de desmayarse. Entonces Kamishiro se salió y giró a Yuuki.
—Yuuki —susurró Kamishiro metiendo su lengua en la boca.
Sus lenguas calientes danzaron juntas un rato hasta que se
separaron para respirar. Aunque el cuerpo de Yuuki brillaba con
placer, su lujuria no estaba saciada.





—¡Vamos a hacerlo otra vez! —Gritó.
“Y otra y otra, hasta que amanezca”.
Kamishiro le agarro la polla con su enorme mano. Yuuki
respondió minutos después con una húmeda emisión.
—¿Ves? Esto es lo mucho que te deseo…
“Vine, vi y conquisté”. Kamishiro había dicho esas palabras
cuando alcanzó la cúspide de la montaña.
Vino, vio y conquistó, y ahora Yuuki quería experimentar
ese sentimiento por sí mismo.
—Quizá deberíamos tomarnos el día de mañana libre —
sugirió Yuuki perezosamente. Todavía sentía todo lo de debajo
de su cintura deliciosamente entumecido.
—Si hablas en serio sobre lo de escalar esa montaña será
mejor que te pongas en forma —le aconsejó Kamishiro.
—¿Eh?
—Oh, nada.
Yuuki le robó felizmente otro beso. Iban a levantarse tarde
otra vez.





¡Un saludo grande a todos! Mi nombre es Raica Sakuragi y
estoy enormemente honrada de que hayan leído esta novela.
Este es mi primer volumen en tapa blanda para Prism
Publishers y, en realidad, el primero en esta edición que he
escrito. Una novela, para ser más precisos, un poco más corta
que una “novela ilustrada”. Todavía estoy sorprendida de haber
sido capaz de hacerlo.
Esta historia tiene lugar en el campo, ese enorme mundo
que hay justo fuera de la ventana. Hay muy poca gente por allí.
¿Cómo puede alguien trabajar en un sitio como ese? En este
escenario salpicado con color regional, tenemos una historia
sobre un afligido chef y un propietario de una cafetería con el
corazón roto. Oso grande conoce a un sasoi-uke de cabello
largo.
Después de ver otras ilustraciones de Katsumi Asanami,
me enamoré en el acto. ¡Quiero que ella dibuje a mi uke de
cabello largo!, pensé. Esos deseos dieron un fruto exquisito y me
encantaron sus primeros bocetos. ¿Este?¿O este? ¿O este otro?
Prácticamente me desmayé con la agonía, ¡era tan difícil
escoger!
Asanami-sama, gracias desde el fondo de mi corazón. Tu
exquisito regalo del boceto de “¡Hey, dame una toalla!” se
aprecia enormemente.
Hablando de regalos exquisitos, el tema de la alta cocina
era una pequeña parte de la historia al principio. Me gusta la





cocina, pero normalmente sólo hago cosas que se puedan
hacer en un par de minutos.
Pero a medio camino de mi primer borrador, Kamishiro de
repente se convirtió en un chef profesional y no podía imitar ese
tipo de recetas. Tras mucho agonizar, al final le pedí ayuda a un
amigo. Mi amigo, que trabaja como chef, creó amablemente
algunas recetas para mí.
Si están interesados en el menú de Fuuka, por favor,
háganmelo saber para que pueda mandarles las recetas.
Mi amigo también me habló sobre las licencias necesarias
para abrir una cafetería. Cuando me preguntó: ¿Tu chef tiene
licencia?, ¡yo empecé a sudar frío! Al final resultó que no era tan
importante.
La historia empieza a finales de verano y concluye en ese
mismo invierno. “Fuuka” puede leerse también como
“kazahana”, un término usado cuando el viento arrastra la nieve
por el aire como si fueran pétalos de flores. Me haría feliz si esto
recordara a la nieve blanca danzando mientras el viento la
arrastra desde los helados picos montañosos.
El largo invierno ya ha empezado en Hokkaido. Aunque
parece muy pintoresco, es la temporada más dura para la
gente que vive allí.
Desgraciadamente, no tengo un chef al cual incitar para
que haga comida caliente que cure lo que me aqueja. Mis
gatos comparten su calor mientras yo contemplo las largas
noches de invierno que están por llegar, ¡no otra vez! Suspiro.
Pero no piensen que estoy a punto de caer muerta bajo una
tormenta de nieve. ¡Tomen esto como prueba de que estoy
vivita y coleando!





Mi web “gato en mi regazo”:
http://sakuragi.skr.jp/neko/
¡Déjenme un comentario o cuéntenme cómo les va!
Hasta que nos volvamos a ver…
Diciembre del 2006

Raica Sakuragi








Si quieres leer más de nuestros proyectos, no olvides
pasarte por:
www.thedreamofdesire.com

¡Y no olvides comprar a los autores, sin ellos no podríamos
disfrutar de todas estas historias!

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