i

UNIVERSIDAD CATÓLICA DE COSTA RICA
ANSELMO LLORENTE Y LAFUENTE




ESCUELA DE PSICOLOGÍA




EFECTOS CONDUCTUALES DEL ENRIQUECIMIENTO
FÍSICO Y SOCIAL, DEL EMPOBRECIMIENTO AMBIENTAL
Y LA FLUOXETINA EN MODELOS ANIMALES DE
ANSIEDAD Y DEPRESIÓN


TESIS PARA OPTAR POR EL GRADO DE LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA


SUSTENTANTE:
DIEGO QUIROS MORALES


DIRECTOR:
LIC. ALFONSO VILLALOBOS PÉREZ


SEDE CENTRAL
DICIEMBRE, 2005

ii
Esta tesis fue aprobada por el tribunal examinador de la Escuela de Psicología de la
Universidad Católica de Costa Rica Anselmo Llorente y Lafuente como requisito para
optar por el grado de licenciatura en psicología.



Miembros del tribunal examinador





Lic. Arnoldo Redondo Valle __________________________
Presidente Firma




Lic. Alfonso Villalobos Pérez __________________________
Director Firma




Lic. Juan Carlos Brenes Sáenz __________________________
Lector Firma




PhD. Jaime Fornaguera Trías __________________________
Lector Firma




Diego Quirós Morales __________________________
Sustentante Firma






Diciembre, 2005


iii
Dedicatoria



A Quique y San, por brindarme la oportunidad de estudiar, por darme todas las
facilidades necesarias para alcanzar esta meta. Este trabajo es TODO de ustedes, son los
principales promotores, MUCHAS GRACIAS.


A Paulo, por ser más que mi hermano, mi mejor amigo, ¡las que hemos pasado
juntos!, ES UN PLACER dedicarle mi proyecto a una persona tan entregada y
trabajadora. Además por ser la primera persona que me introdujo en la psicobiología.


A Papas, por que un ser una persona tan particular, por acompañarme en todos los
momentos, fáciles y difíciles, por permitirme participar se sus grandes logros, por
aconsejarme, por ser mi mejor amigo, su presencia fue incondicional y le agradezco
TODO este logro.
























iv
Agradecimientos


Muchas personas participaron en mi proceso de crecimiento, tanto personal como
académico. Este documento es un agradecimiento a todas ellas.

A mis mentores

A Juan Carlos Brenes, a quién le debo absolutamente todo lo que se sobre
animales de laboratorio, por ser más que un maestro, mi gran amigo, por depositar en mis
manos el laboratorio que él mismo construyó y corregir mis pasos en la academia,
además, por crear un camino único en la psicobiología costarricense actual y permitirme
participar de ello. Sin su compañía, este documento no hubiera sido escrito.


A Alfonso Villalobos, más que mi jefe, mi amigo, le agradezco, al igual que a
Juan, depositar toda la confianza en mi, por creer en este “flaco”, corregirme y ayudarme
a canalizar todo el “empuje” que he tenido en estos últimos años, si no fuera por su aval,
no hubiera concluido esta travesía.


A ambos les agradezco su presencia y apoyo tanto personal como académico.

A mis compañeros de trabajo

A Carlos Araya y Odir Rodríguez, por su incondicional disponibilidad en los
momentos que lo he requerido, su presencia es invaluable.

Al personal del CIPA, Norma Román, Alex de la O, Andrea Mora, Lisa Vargas,
Hellen Paniagua, Adriana Leal, Karla Fuentes y Mariam Gutierrez, por su esfuerzo
desinteresado, sin ustedes esto no sería posible.

A Jaime Fornaguera, Elvira Salas y todo el personal de Neurociencias, por todo el
conocimiento que compartieron conmigo, muchas gracias.


v

Contenido


CAPÍTULO I: INTRODUCCIÓN...………………………………………………………1
Planteamiento del problema……………………………………………………….5
Objetivos.........................................................................................................…….5
Objetivo general…………………………………………………………...5
Objetivos específicos………………………………………………………5
Hipótesis…………………………………………………………………...6
Justificación del estudio……………………………………………………….......6
Antecedentes……………………………………………………………………..10
Alcances…...……………………………………………………………………..12
Limitaciones….…………………………………………………………………..13
CAPÍTULO II: MARCO TEÓRICO…………………………………………………….13
Cambios Neurofisiológicos y conductuales……………………………………...13
Enriquecimiento ambiental………………………………………………15
Estrés y depresión………………………………………………………………..18
Alteraciones del eje hipotalámico- hipofisiario-suprarrenal……………..18
Argina vasopresina……………………………………………………….19
Factor liberador de corticotrofina………………………………………...20
Receptores de los glucocorticoides……………………………………....20
Aislamiento social y estrés…………………………………………………….....21
Modelos animales de ansiedad…….………………….…………………………..28
Modelos de ansiedad condicionada e incondicionada……………………...……28
Modelos condicionados…………………………………………………..28
Modelos no condicionados…………………………………….................29
Actividad locomotora espontánea………………………………………………..31
Prueba de campo abierto………………………………………………....31
Laberinto elevado en cruz………………………………………………..34
Modelos animales de depresión………………………………………………….35

vi
El modelo de desesperanza aprendida…………………………………....37
Nado forzado…………………………………………………..…38
Fármacos antidepresivos en la prueba de nado forzado……………….....41
Sistema serotoninérgico…………………………………………..41
Sistema noradrenérgico…………………………………………..41
Sistema dopaminérgico…………………………………………..42
Sistema GABAérgico………………………………………….....42
El factor derivado del encéfalo…………………………………...42
CAPÍTULO III: PROCEDIMIENTO METODOLÓGICO..…………………………….43
Tipo de estudio…………………………………………………………………...43
Sujetos…………………………………………………………………………....43
Condiciones de alojamiento……………………………………..……….44
Variables….……………………………………………………………………...47
Instrumentos……………………………………………………………………...47
Prueba de campo abierto………………………………………………....48
Prueba de laberinto elevado en cruz……………………………………...48
Fluoxetina.......................................................................................……....49
Prueba de nado forzado………………………………………………..…51
Recopilación de datos……………………………………………………………52
Experimento I…………………………………………………………….52
Experimento II……………………………………………………………54
Experimento III………………………………………………………......54

CAPÍTULO IV: ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN DE DATOS..…………………….56

CAPÍTULO V: CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES.………………………..71
Conclusiones…………..…………………………………………………………71
Recomendaciones…..….…………………………………………………………72
Referencias…………….…………………………………………………………73
Apéndice...…………….…………………………………………………………98

vii
Tablas


Tabla 1.
Criterios diagnósticos del DSM-IV-TR para el episodio de depresión mayor……3
Tabla 2.
Algunas drogas estudiadas en la prueba de campo abierto……………………....32
Tabla 3.
Cronograma de experimentación………………………………………………...52

Figuras


Figura 1.
Caja de Enriquecimiento ambiental (A), jaula para alojamiento grupal (B) y jaula
para alojamiento individual (C)……………………………………………...…..45
Figura 2.
Artefactos para Enriquecimiento ambiental……………………………………...46
Figura 3.
Ilustración del campo abierto ………………….………………………………...48
Figura 4.
Ilustración del laberinto elevado en cruz…….………………………………......49
Figura 5.
Ilustración de la administración del fármaco……………………..………………........50
Figura 6.
Ilustración de la prueba de nado forzado…..……………………..………………........51
Figura 7.
Ilustración de las conductas medidas en la prueba de campo abierto……………53
Figura 8.
Ilustración de las conductas medidas en la Prueba de Nado Forzado……………55



viii
Figura 9.
Tiempo promedio de acicalamiento de las pruebas realizadas en la sexta y
onceava semana, según las condiciones de alojamiento…………………………57
Figura 10.
Frecuencia promedio de cruces de las pruebas realizadas en la sexta y onceava
semana, según las condiciones de alojamiento………………………………….58
Figura 11.
Frecuencia promedio de exploración de las pruebas realizadas en la sexta y
onceava semana, según las condiciones de alojamiento...……………………….59
Figura 12.
Frecuencia promedio de entradas de las pruebas realizadas en la sexta y onceava
semana, según las condiciones de alojamiento…………………………………..60
Figura 13.
Porcentaje de tiempo en el brazo abierto de las pruebas realizadas en la sexta y
onceava semana, según las condiciones de alojamiento………………..………..60
Figura 14.
Frecuencia promedio de entradas de las pruebas realizadas en la sexta y onceava
semana, según las condiciones de alojamiento…………………………………..61
Figura 15.
Porcentaje de tiempo en el brazo cerrado de las pruebas realizadas en la sexta y
onceava semana, según las condiciones de alojamiento…………………………62
Figura 16.
Frecuencia promedio de cruces de las pruebas realizadas en la sexta y onceava
semana, según las condiciones de alojamiento…………………………………..63
Figura 17.
Tiempo promedio de inmovilidad en la prueba realizada en la doceava semana,
según las condiciones de alojamiento……………………………………………64





ix
Figura 18.
Tiempo promedio de nado en la prueba realizada en la doceava semana, según las
condiciones de alojamiento……………………………………………………...64
Figura 19.
Frecuencia promedio de buceo en la prueba realizada en la doceava semana,
según las condiciones de alojamiento……………………………………………65
Figura 20.
Tiempo promedio de escalamiento en la prueba realizada en la doceava semana,
según las condiciones de alojamiento……………………………………………65




1
CAPÍTULO I: INTRODUCCIÓN



La depresión es una enfermedad que afecta al 17% de la población mundial, con
efectos devastadores a nivel económico y social (Shirayama, Chen, Nakagawa, Russell y
Duman, 2002). Las conductas problemáticas que resultan de la depresión, disminuyen la
capacidad para afrontar y resolver las situaciones estresantes actuales y futuras. La
disminución -en el contacto social-, reduce algunas fuentes de reforzamiento que
contribuyen a la no resolución de los problemas, lo cual sume a la persona en una
retroalimentación negativa que intensifica los síntomas depresivos. Con el tiempo, la
respuesta del contexto empeora, de forma tal, que los problemas interpersonales se
agravan: la persona deprimida experimenta, progresivamente, menos control sobre su
estado de ánimo, también sobre sus circunstancias. Así aparece un estado de indefensión
que culmina en la desesperanza (Caballo, Buela-Casal, Carrobles, 1995).


El estrés ha sido propuesto como una de las principales hipótesis, en la etiología
de la depresión. Esta condición aparece ante el desequilibrio sustancial, entre las
demandas ambientales y la capacidad de respuesta de un organismo (McGrath, 1970 en
Buendía, 1993). El estrés es definido como un proceso normal que provoca un ajuste y
adaptación a las demandas del entorno, que se produce cuando situaciones típicas de la
vida cotidiana (o acontecimientos inesperados), produciendo una activación cuyo fin es
preparar al organismo para hacer frente a tales exigencias. Si los acontecimientos
estresantes desaparecen, o las estrategias de afrontamiento han sido eficaces, los niveles
de activación vuelven a un estado de reposo. Si los acontecimientos permanecen y las
estrategias de afrontamiento son ineficaces para disminuir, atenuar o resolver los
problemas, el organismo se mantiene en un estado de activación, que termina siendo
nocivo para la salud. Cuando los acontecimientos son poco predecibles y valorados como
amenazantes, el patrón emocional será de tipo ansioso; pero si son predecibles, aunque
también valorados como amenazantes, cundo el sujeto cree que tiene poco o ningún



2
control sobre los mismos, el patrón emocional será de tipo depresivo (Brenes y
Rodríguez, 2004). La duración, frecuencia e intensidad de los acontecimientos
estresantes, así como la ausencia de habilidades para enfrentar los mismos, condicionan
la aparición de un cuadro patológico (Salín-Pascual, 1997). Por lo tanto la ausencia de
predicción y control de los acontecimientos podría hacer emerger un patrón depresivo o
mixto (ansioso-depresivo).


Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su
cuarta edición revisada, editada por la Asociación Norteamericana de Psiquiatría (DSM-
IV-TR, APA, 2002; por sus siglas en inglés), la depresión se encuentra dentro de la
clasificación de los trastornos del estado de ánimo (TEA). Algunos autores afirman
(Friedman y Thase, 1995 en Vázquez, Muñoz y Becoña, 2000) que el estado de ánimo es
el estado emocional subjetivo de la persona y el afecto es lo observable del mismo. Los
TEA incluyen el trastorno depresivo mayor unipolar, el trastorno bipolar tipo I (manía-
eutimia), trastorno hipomaniaco (bipolar tipo II); o mixto (manía y depresión mayor);
además de otras variantes de desórdenes afectivos de menor intensidad y mayor duración,
como lo son las distimias y las ciclotimias. Para diagnosticar un episodio de depresión
mayor, el DSM-IV-TR (2002) describe los síntomas característicos de la depresión mayor
(ver tabla N. 1), de los cuales, el ánimo depresivo y la anhedonia (disminución del de la
capacidad para experimentar placer) son los síntomas cardinales para el diagnóstico del
trastorno, al punto que se requiere de al menos uno de ellos para sospechar de la
presencia de algún desorden depresivo. Los síntomas de la depresión pueden clasificarse
según su sistema de respuesta predominantes: 1) tipo cognitivo (por ejemplo:
pensamientos de suicidio, ideas de infravaloración y culpa, problemas de concentración e
indecisión); 2) tipo emocional (por ejemplo: sentimientos de tristeza, angustia y
desesperación); 3) tipo motor (agitación o enlentecimiento psicomotor); y 4) fisiológicos
(anorexia, alteraciones del sueño, fatiga y pérdida de energía).







3

Tabla 1. Criterios diagnósticos del DSM-IV-TR para el episodio de depresión mayor
A. Al menos cinco (o más) de los síntomas siguientes han estado presentes
durante un período de 2 semanas y representa un cambio con respecto a la
actividad previa; uno de los síntomas debe ser (1) estado de ánimo deprimido
o (2) pérdida de interés o de capacidad para el placer:
1. Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día.
2. Disminución acusada de interés o de la capacidad para el placer en todas,
o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día.
3. Pérdida significativa de peso, sin hacer régimen, o aumento de peso (por
ejemplo, un cambio de más del 5% del peso corporal en un mes) o aumento
o disminución del apetito casi cada día.
4. Insomnio o hipersomnia casi cada día.
5. Agitación o enlentecimiento psicomotores, casi cada día
6. Fatiga o pérdida de energía casi cada día
7. Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados casi cada
día
8. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi
cada día.
9. Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida recurrente sin un
plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para
suicidarse.
B. Los síntomas no cumplen los criterios para un episodio mixto
C. Los síntomas provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social,
laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
D. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una
sustancia o una enfermedad médica.
E. Los síntomas no se explican mejor por al presencia de un duelo (por ejemplo,
después de la pérdida de un ser querido), los síntomas persisten durante más
de dos meses o se caracterizan por ser una acusada incapacidad funcional,
preocupaciones mórbidas de inutilidad, ideación suicida, síntomas psicóticos o
enlentecimiento psicomotor.
Fuente: DSM-IV-TR 2002



4
En las últimas tres décadas, se han realizado progresos notables en el diagnóstico
y las intervenciones, tanto psicológicas como farmacológicas, para la depresión
(Vázquez, Muñoz y Becoña, 2000). Dentro de las intervenciones psicológicas más
importantes se encuentran las terapias de conducta, cognitiva de Beck y la interpersonal.
La mejora percentual para estas intervenciones es, de aproximadamente del 60% al 75%
(González, Lewinson y Clarke, 1985 en Vázquez, Muñoz y Becoña, 2000). Por otra
parte, el tratamiento farmacológico es uno de los más difundidos en la práctica clínica.
Existen una extensa variedad de fármacos con propiedades antidepresivas de mayor o
menor eficacia, su exposición escapa a los objetivos de esta discusión (para una revisión
detallada ver, Salín-Pascual, 1997). En un estudio reciente (1999) de la Agencia para
Cuidado y la Investigación en Salud (AHCPR, por sus siglas en inglés) se evaluó la
eficacia de distintos antidepresivos, incluyendo un total de 315 ensayos controlados para
el tratamiento de la depresión mayor llevados a cabo entre 1980 y 1998. Más del 90% de
los estudios se centraron en la depresión mayor y ese mismo porcentaje de ensayos
fueron de corta duración (6-8 semanas), utilizando doble ciego. Los nuevos
antidepresivos (inhibidores de la recaptura de serotonina –ISRS- y los de la monoamina
oxidasa A, e IMAO, respectivamente) son claramente eficaces para tratar los trastornos
depresivos en una diversidad de contextos.


En general, no hay diferencias entre los nuevos antidepresivos y los
antidepresivos tricíclicos de primera y segunda generación, ni entre las diferentes clases
de los nuevos antidepresivos. Los antidepresivos que actúan selectivamente sobre los
sistemas de neurotrasmisión, tienen menos abandonos y en general mejor adherencia al
tratamiento. En más de 80 de los estudios que utilizaron placebo quedó confirmada la
superioridad del fármaco con respecto a la sustancia inocua. Por otra parte en un
metaanálisis realizado por Steinbrueck, Maxwell y Howard (1983) donde se comparó la
eficacia de la farmacoterapia y la psicoterapia en 56 estudios controlados, los datos
indicaron una superioridad de la psicoterapia frente a la farmacoterapia, cuando ambas
fueron comparadas con un grupo control. Resultados simulares se han obtenido en otros
metaanálisis (Smith, Glass y Miller, 1980), por ejemplo, Conte, Plutchik, Wild y Karasu
(1986) encontraron que la psicoterapia combinada con la farmacoterapia presentaba


5
mejores resultados que cuando se combinan ambas terapias con placebo o cuando se
analizan sus efectos por separado.



Problema de investigación


¿Cuáles son los efectos conductuales del enriquecimiento físico y social, el
empobrecimiento ambiental y la fluoxetina en ratas macho (SDN)?



Objetivos



Objetivo general


Determinar cuáles son los efectos conductuales del enriquecimiento físico y
social, el empobrecimiento ambiental y la fluoxetina en ratas macho (SDN)


Objetivos específicos


1. Determinar cual es el efecto de las condiciones de alojamiento (enriquecimiento
físico, contacto social y aislamiento social) sobre las pruebas conductuales de
ansiedad incondicionada.
2. Determinar si un inhibidor selectivo de la recaptura de serotonina (fluoxetina)
revierte el déficit conductual inducido por el aislamiento social en la prueba de
nado forzado.
3. Comparar si el tratamiento farmacológico con un inhibidor de selectivo de la
recaptura de serotonina (fluoxetina) es equivalente al menos al contacto social en
cuanto a la magnitud y dirección de sus efectos.





6
Hipótesis


Los niveles de desesperanza conductual y ansiedad incondicionada en el grupo de
enriquecimiento físico son menores con respecto a aislamiento social y al menos iguales
al contacto social.

El inhibidor selectivo de la recaptura de serotonina (fluoxetina) revierte los
déficits conductuales inducidos por el aislamiento social siendo al menos equivalente al
contacto social.


Justificación



Los modelos animales de la psicopatología han experimentado un creciente
desarrollo en los últimos 40 años, siendo la depresión y la ansiedad, los que han sufrido
una mayor diversificación y un notable refinamiento (Katz, 1981; Richardson, 1991). Al
hablar de un modelo animal se hace referencia al uso de una especie en particular, que
sustituye al ser humano en la aplicación de algún procedimiento experimental para un fin
científico. En un modelo animal se estudia: la biología, la conducta normativa o algún
proceso patológico inducido o espontáneo. El fenómeno en estudio debe parecerse, al
menos en un aspecto, a ese mismo fenómeno en el ser humano o en otra especie animal
(Van Zutphen, Baumans y Beynen, 1998). El uso de modelos animales ha comprendido
casi todas las ramas de las ciencias biológicas y de la salud.


¿Por qué un modelo de enriquecimiento físico y social?


La estimulación temprana es uno de los factores -que con mayor frecuencia- se
asocian con un adecuado desarrollo biológico y psicológico, pero una de las dificultades
al estudiarla es que la mayoría de las investigaciones en esta área han sido retrospectivos.
Además este tipo de estudios tienen el inconveniente de que las variables involucradas en
el proceso, ya han tenido sus efectos sobre los sujetos seleccionados, lo cual impide


7
construir relaciones causales poderosas. Otro aspecto importante, es que los efectos de
múltiples factores no pueden ser aislados, después de que los mismos han operado
conjuntamente, por lo que dificulta el esclarecer cuál variable ha sido realmente
significativa, en el desarrollo biológico o psicológico de los individuos. Los estudios
longitudinales, ofrecen una mejor alternativa que los estudios retrospectivos: permiten
observar el curso de una o más variables durante el desarrollo de los individuos, pero
tienen el inconveniente de ser demasiado costosos en dinero, recurso humano y
principalmente tienen la dificultad de que no se pueden manipular las variables en los
participantes. Los estudios experimentales, en humanos, tienen el inconveniente de que
no se puede lograr el control deseado (o no se pueden realizar) por consideraciones éticas
o legales. Por lo tanto, una de las posibilidades de hacer estudios sobre el impacto de
ciertas variables de aparición temprana, tanto en el desarrollo como en sus posibles
repercusiones en la etapa adulta, es simularlo en animales de laboratorio.


El modelo animal más reciente de enriquecimiento ambiental es el propuesto por
Brenes y Rodríguez (2004). En dicho estudio, se planteó como el contacto con otros
congéneres, en un ambiente rico en estímulos físicos, facilita la emisión de los
comportamientos típicos de la especie, disminuyendo la probabilidad de desarrollar
desesperanza conductual y ansiedad incondicionada, reduciendo el umbral de reactividad
de un organismo ante situaciones ansiógenas y de incertidumbre. Además, evidenció el
efecto parcial del contacto social (tres animales alojados en una caja de alojamiento)
sobre los parámetros conductuales en las pruebas realizadas a través del tiempo. Estos
animales se diferenciaron de los que estaban en aislamiento, principalmente en la prueba
de nado forzado, lo cual sugirie que la cantidad de congéneres por jaula podría ser un
factor importante en la prevención del estrés que provoca la prueba, disminuyendo los
comportamientos de tipo depresivo y aumentando comportamientos de evitación y
escape. A nivel de ansiedad incondicionada, el contacto social no fue un factor que
diferenció a estos animales de los que se encontraban aislados, sugiriendo que la
disminución de la ansiedad y el incremento en la capacidad de habituación se debe
exclusivamente al enriquecimiento ambiental.



8

Debido a estos efectos parciales del grupo control así como la evidencia existente
de que el contacto social puede emular algunos de los efectos del enriquecimiento
ambiental, -siempre y cuando, el contacto social se prolongue a través del tiempo (Elliott
y Grunberg, 2005)-, se decidió modificar el grupo de contacto social utilizado por Brenes
y Rodríguez (2004): se aumentó la cantidad de animales alojados de tres, a ocho,
suponiendo que el aumento en el contacto social podría acelerar los efectos de dicha
estimulación, sin aumentar la cantidad de tiempo necesario para observar los cambios
conductuales en las pruebas.


¿Por qué un modelo animal de depresión y ansiedad?


Las razones que justifican metodológicamente el estudio de la depresión, en
animales, son casi las mismas que justifican el por qué hacerlo en estimulación temprana.
A esto se añadiría, que los mecanismos fisiopatológicos de la depresión, no están bien
establecidos, y que la mayoría de las hipótesis son difíciles de reproducir en seres
humanos. Rosenzweig (2001), justifica que algunas de las ventajas al usar animales para
el estudio de la depresión, reside en el hecho de que muchos de los síntomas de la
depresión, son conductualmente evidentes, por ejemplo: una disminución del contacto
social, problemas de la conducta alimenticia o cambios en el nivel de actividad, lo cual es
fácilmente medible en animales. Un modelo animal para el estudio de la depresión, puede
brindar la posibilidad de evaluar mecanismos neurobiológicos propuestos, tratamientos
potenciales y la capacidad de explorar posibles causas con métodos experimentales.


Debido a los resultados obtenidos en el estudio de Brenes y Rodríguez (2004),
donde se muestra que el aislamiento social podría ser un modelo útil para reproducir
conductas de tipo depresivas, similares a las reportadas por otros modelos de depresión
basados en el estrés (Porsolt, Pichon y Jalfre, 1977, Katz, 1981, Willner, Muscat y Papp,
1992) se hace necesario determinar, si dichos comportamientos de tipo depresivo, son
revertidos por tratamientos farmacológicos que han sido clínicamente eficaces para el
tratamiento de la depresión (Vázquez, Muñoz y Becoña, 2000). Dentro de la gran


9
variedad de tratamientos farmacológicos disponibles hoy día, se ha elegido a la
fluoxetina, para ser administrada a animales sometidos a aislamiento social. Este fármaco
es de fácil acceso y es uno de los que goza de mayor eficacia, por lo tanto, es un fármaco
idóneo a nivel de investigación básica (Rodríguez-Landa y Contreras, 2000).


Dentro del contexto de la investigación en modelos animales, existen varios
criterios para determinar la validez del mismo. El término validez se refiere a la
capacidad de un modelo para reproducir al menos una de las características, tanto
normales como patológicas, en la especie a la cual se desea extrapolar (Escorihuela y
Fernández-Teruel, 1998). Dentro de los criterios de validez, la validez predictiva es uno
de los más importantes a los que aspira un modelo: este criterio se refiere a si un modelo
es sensible a los tratamientos utilizados en seres humanos, de forma tal que revierta las
alteraciones observadas en animales. En este caso, el objetivo principal, es si el
aislamiento social puede cumplir con el criterio administrando fluoxetina, el cual es un
Inhibidor Selectivo de la Recaptura de Serotonina (ISRS).


Por otra parte, en cuanto a la ansiedad, los síntomas conductuales evidenciados en
los humanos, dentro de los cuales se encuentran la hipervigilancia y las reacciones de
evitación y escape, han llevado a algunos investigadores a proponer que los estados de
ansiedad clínica reflejan la activación inapropiada, o la exageración de las respuestas de
defensa adaptativas normales (Kindman, 1989; Kalin, 1993). El primero que se refirió a
los trastornos de ansiedad como trastornos de defensa fue Darwin (1872), quién señaló
que mucho de lo conocido acerca del miedo humano y de las reacciones de ansiedad
podría aprenderse estudiando sus antecedentes evolutivos, es decir, los patrones de
defensa de otras especies (Mayer, 1993). En este sentido, File (1985) señaló que los
cambios neuroquímicos, implícitos en las formas normal/adaptativa y patológica/no-
adaptativa de la ansiedad, podrían diferir únicamente en términos cuantitativos. Además
el significado clínico potencial de la investigación farmacológica conductual, realizado al
estudiar la conducta defensiva normal, podría ser solo aparente.




10
En general, con esta investigación se pretende: primero, reproducir los hallazgos
del trabajo realizado por Brenes y Roriguez (2004); segundo: demostrar la importancia de
contacto social como factor dependiente de la cantidad de sujetos por jaula; tercero
explicar cuanto de los efectos del enriquecimiento ambiental pueden ser atribuibles a los
efectos del contacto social; cuarto, demostrar la validez predictiva del aislamiento social
utilizando ISRS; y quinto, utilizar una prueba conductual de ansiedad que permita
aumentar la validez concurrente de la prueba de campo abierto, en este caso el laberinto
elevado en cruz.


Antecedentes



El único documento de tesis que antecede al presente proyecto es el siguiente:


Tema de la investigación


Estimulación temprana como un factor de interferencia en el desarrollo de
desesperanza conductual medido a través de la prueba de nado forzado, en ratas SDN.
Año 2004. Escuela de Psicología. Universidad Católica de Costa Rica.


Autores


Juan Carlos Brenes Sáenz y Odir Rodríguez Villagra.







11
Objetivos de la investigación

Objetivo General


Determinar los efectos conductuales y neuroanatómicos provocados por el
aislamiento social y el enriquecimiento ambiental


Objetivos Específicos


1. Determinar si el aislamiento social y el enriquecimiento ambiental afectan la
probabilidad de presentar desesperanza conductual
2. Determinar si el aislamiento social y el enriquecimiento ambiental afectan la
probabilidad de presentar ansiedad incondicionada.
3. Determinar si el aislamiento social y el enriquecimiento ambiental afectan el peso
cerebral, el peso de la corteza prefrontal, el largo y ancho de la corteza cerebral


Conclusiones


1. El contacto con otros congéneres en un ambiente rico en estímulos físicos que
facilita la emisión de los comportamientos típicos de la especie, disminuye la
probabilidad de desarrollar desesperanza conductual y ansiedad incondicionada.
2. El enriquecimiento ambiental, actúa como un factor protector o de interferencia,
facilitando no sólo el desarrollo, sino la emergencia de estrategias eficaces para
afrontar el estrés.
3. El enriquecimiento ambiental aumenta el tamaño cortical, favoreciendo el
desarrollo de un área vinculada (funcional y neuroquímicamente) con el
afrontamiento del estrés, la ansiedad y la depresión, como lo es la corteza
prefrontal.


12
4. La ausencia de contacto social con miembros de la misma especie y la interacción
con ambientes pobres en estímulos durante etapas críticas del desarrollo, aumenta
la vulnerabilidad de presentar desesperanza conductual y disminuye la eficacia de
las estrategias de afrontamiento al estrés.
5. El contacto social, es una condición necesaria para un adecuado crecimiento
cerebral, su ausencia disminuye considerablemente el peso cerebral y el tamaño
cortical. Aun así, el contacto social no es una condición suficiente que garantice la
aparición de estrategias funcionales para enfrentar el estrés ni tampoco reducen la
capacidad del organismo para asimilar situaciones de riesgo e incertidumbre.
6. El enriquecimiento ambiental nunca podrá emular ni sustituir la rica gama de
situaciones que ofrece la vida real, fuera del laboratorio, que seguramente será
una combinación de factores protectores y de vulnerabilidad, que prepararan o no,
a los organismos para adaptarse a un ambiente, muchas veces inesperado, pero
siempre cambiante.



Alcances


- Fortalecimiento de la línea de investigación “Efectos conductuales,
neuroquímicos, neuroanatómicos y neurohistológicos del enriquecimiento
ambiental y el aislamiento social” misma que pertenece al Área de Psicobiología
del Centro de Investigaciones Psicológicas Avanzadas (CIPA).


- La inclusión de la variante farmacológica en un proyecto de predominancia
conductual, lo cual amplía el campo de trabajo en el que se desenvuelve la línea.


- Dar una continuidad al desarrollo de proyectos de tesis en la temática


- Ofrecer datos que permitan inferir de manera muy cuidadosa, los posibles efectos
del aislamiento social y el enriquecimiento ambiental.


13
Limitaciones


- La limitada cantidad de personal implicada en el desarrollo de proyectos de
psicobiología. Esto a partir de la limitada cantidad de cursos en el currículo
académico de la carrera de psicología que ofrezca información sobre el desarrollo
de esta línea de trabajo.


- El alto nivel de desconocimiento del área de psicobiología que impera en la
población de psicólogos de Costa Rica, lo cual no permite una mayor
retroalimentación en este tipo de trabajos.



CAPÍTULO II: MARCO TEÓRICO



Cambios Neurofisiológicos y Conductuales



Algunos de los factores que determinan el comportamiento adulto se configuran
durante la ontogenia, y por ello, uno de los objetivos principales al estudiar el desarrollo,
es establecer las pautas o principios básicos. Se presupone que todo lo que sucede en el
desarrollo individual -con repercusiones para la actividad posterior- es una síntesis de
múltiples interacciones, entre factores ambientales y genéticos (Brenes y Rodríguez,
2004). Esta pauta general nos sugiere, a su vez, otras cuestiones encaminadas a precisar
cómo se lleva a cabo esa interacción entre predisposiciones heredadas e influencias
ambientales. Así, por ejemplo, ha sido de interés para los investigadores considerar, si a
lo largo de la ontogenia, todo tipo de estimulación, a la que se exponen los organismos,
es igualmente importante: si la influencia es similar en todos los momentos del
desarrollo, o si sus efectos suponen variaciones estables e irreversibles en el
comportamiento. (véase, por ejemplo, Hinde, 1983; Klopfer, 1988; Bateson, 1991;


14
Brauth, Hall y Dooling, 1991). La investigación, en busca de respuestas a estas
preguntas. ha llevado a la formulación de pautas adicionales, para caracterizar el
desarrollo, como es el período crítico o período sensible. En un primer acercamiento,
puede considerarse un período crítico o periodo sensible: como un espacio de tiempo más
o menos delimitado, que aparece en una etapa concreta del desarrollo, y durante el cual,
un determinado aspecto de la conducta se ve influido de forma especialmente notable por
la acción de determinados factores de naturaleza interna o externa. Así, durante dicho
periodo, el curso del desarrollo se ve acelerado de manera singular, respecto a otros
momentos de la vida de los organismos, pudiendo, por ello, ser alterado de forma
apreciable por una estimulación nociva o la falta de estimulación adecuada (Brenes y
Rodríguez, 2004). En esta aproximación tentativa de los periodos sensibles, se ponen de
manifiestos dos componentes básicos: por una parte, el requisito de que determinados
agentes del ambiente externo o interno del sujeto actúen, y por otra, que esta actuación se
vea facilitada por una predisposición a recibir su influencia, en un momento determinado
de su desarrollo (Brenes y Rodríguez, 2004). Ambos factores propician lo que puede
considerarse como una tarea característica: la acción estimulante tiene unas
consecuencias apreciables y perdurables a lo largo de la vida de los organismos (Bateson,
1979; Immelman y Suomi, 1981).


La adopción del término: periodo crítico en el estudio del comportamiento, se lo
debemos a Konrad Lorenz (1950), con el descubrimiento del fenómeno impronta o
troquelado. Mediante su observación de la conducta de las aves (en concreto, gansos
recién nacidos). Lorenz comprobó que éstos desarrollaban una preferencia estable hacia
cualquier estímulo, que sólo se desencadenaba en momentos muy tempranos de la vida en
los animales, se mantenía de forma estable y alcanzaba un carácter aparentemente
irreversible, como si existiera en estas aves, una etapa crítica para la formación de un
vínculo con el objeto que se les mostraba.


Considerando -que en situaciones naturales- la primera forma de estimulación a la
que se expone el sujeto, es la madre o un miembro de su especie, se dedujo que en esta


15
etapa se definían las características fundamentales de la conducta social, recibiendo
posteriormente el nombre de impronta filial. Así, muchos autores han profundizado en el
conocimiento de los parámetros temporales, los límites de la impronta, las características
de los estímulos relevantes para desencadenarlo, el proceso o los procesos que involucra,
los mecanismos neurales implicados, la posibilidad de generalización en distintas
especies (Brenes y Rodríguez, 2004). El aporte de Lorenz fue un antecedente importante
para que en las décadas de 1960 y 1970 empezaran a estudiarse los efectos del ambiente
sobre el cerebro, como por ejemplo: el enriquecimiento ambiental, el aislamiento social
(Harlow y Harlow, 1966; Harlow y Suomi, 1971 y Hellemns, Benge y Olmstead, 2004)


Enriquecimiento ambiental


A principios de la década de 1960, junto con las investigaciones realizadas por
Lorenz (1950), dos programas experimentales anunciaban que podían probar la alteración
del cerebro, mediante entrenamiento o experiencia diferencial. Primero estuvo la
demostración, a cargo de un equipo interdisciplinario: el entrenamiento formal o la
experiencia informal, en entornos variados, dan lugar a cambios en la neuroquímica y la
neuroanatomía del cerebro de los roedores (Rosenzweig, Krech, Bennett, 1961; Bennett,
Diamond, Krech y Rosenzweig, 1964; Rosenzweig, 1984; Renner y Rosenzweig, 1987).
Poco después llegó el informe de Hübel y Wiesel (1959) de que la privación de luz,
iniciada a la edad en que los gatos abren los ojos reduce el número de células corticales
que responden a dicho estímulo (Hübel y Wiesel, 1959; Wiesel y Hübel, 1965).


Aunque ambas condiciones son distintas en el método, pues el experimento de Hübel
y Wiesel priva de estimulación específica a los animales, y en el experimento
Rosenzweig et al. (1961), exponen los animales a distintos grados de estimulación, en
los dos trabajos se presenta la manipulación de una variable ambiental que actúa sobre la
química y morfología del sistema nervioso. En el experimento de Rosenzweig (1961),
los animales disfrutan de oportunidades diferenciales para el aprendizaje informal, por


16
ejemplo, se destinó a miembros de la camada del mismo sexo a las siguientes
condiciones:


- La condición estándar: se mantiene a tres animales en una jaula estándar de
laboratorio proporcionándoles alimento y agua. Es el entorno típico para los animales
de laboratorio.
- La condición empobrecida (o aislada): Se aloja a un animal solo en una jaula de
tamaño estándar.
- La condición enriquecida: Se mantiene a un grupo de 10 ó 12 animales en una jaula
grande, que contiene una variedad de objetos estímulos, que se cambian cada día. Se
considera que este entorno es enriquecido, porque proporciona mayores
oportunidades para el aprendizaje informal que la condición estándar.


En los experimentos iniciales de esta serie, se asignó a las ratas, condiciones
diferentes, posterior al destete (unos 25 días después de nacer), y se mantuvieron durante
80 días. Al final del periodo de experiencia diferencial, examinaron cuidadosamente
cada cerebro, en muestras estándar para el análisis químico. En los primeros
experimentos se observó que los animales de la condición enriquecida, habían
desarrollado una actividad de la AchE (acetilcolinesterasa) en la corteza cerebral
significativamente mayor que la de sus compañeros de camada, en la condición
empobrecida. Experimentos control mostraron que este efecto no podía atribuirse a una
mayor manipulación de los animales, ni a una mayor actividad locomotora en la
situación. (Rosenzweig et al. 1961). Luego, el examen de los datos reveló que los grupos
experimentales diferían, no solo en cuanto a la actividad enzimática total, sino también en
lo referente al peso de las muestras corticales: los animales de la condición de
enriquecimiento, desarrollaron una corteza cerebral más pesada que sus compañeros en
condición empobrecida (Rosenzweig, Krech, Bennett, Diamond, 1962). Este resultado
fue una verdadera sorpresa, pues desde principios del siglo XX se había creído que el
peso cerebral era una característica muy estable, y no sujeta a influencias ambientales.
Por otra parte, esas diferencias no estaban distribuidas uniformemente por toda la corteza


17
cerebral: eran mayores en la corteza occipital y más pequeñas en la corteza
somatosensorial adyacente.


Experimentos posteriores demostraron que períodos más cortos podían provocar
cambios cerebrales, y que el cerebro de las ratas adultas también respondía a la
experiencia diferencial. Las desigualdades en pesos corticales, entre los grupos, se debían
a diferencias en grosor cortical: los animales expuestos al entorno enriquecido
desarrollaron cortezas cerebrales ligeras, pero significativamente más gruesas que sus
compañeros de camada, en los grupos condición estándar o condición empobrecida
(Diamond, Krech y Rosenzweig, 1964; Diamond, 1967). Luego se tomaron medidas
neuroanatómicas más refinadas, en las células piramidales de corteza occipital, entre las
que se incluían el tamaño del soma, recuento de espinas dendríticas, medida de las
ramificaciones dendríticas, el tamaño de los contactos sinápticos, pero la mayor
modificación es la referente a las células gliales, cuyo número es mucho mas abundante:
14% aproximadamente, en la corteza occipital de los animales previamente enriquecidos,
que los procedentes de un medio empobrecido.


Cada una de estas medidas mostraba efectos significativos de experiencia diferencial:
la del entorno enriquecido, favorece un mejor aprendizaje y una mayor capacidad de
solución de problemas, en una gran variedad de pruebas. Igualmente ayuda al animal
para recuperarse de lesiones cerebrales o compensarlas (Hamm, Temple, O Dell, Pike y
Lyeth, 1996; Johansson y Ohlsson, 1996; Galani, Jarrard, Will y Kelche, 1997). En
algunos casos, combinar un trasplante de células fetales con un enriquecimiento del
entorno, es significativamente más eficaz para el restablecimiento de la función de cada
tratamiento por separado. El enriquecimiento también parece proteger contra el deterioro
de la memoria, relacionadas con la edad, tanto en los animales de laboratorio como en los
seres humanos. Además, hay varios estudios que han señalado que un adiestramiento
entre las operaciones, o a una estimulación -sea mediante sustancias farmacológicas, o
mediante un entorno enriquecido, variado y cambiante- como posibles generadores de
beneficios, aun cuando este adiestramiento y esta estimulación no sean específicos, una


18
estimulación auditiva, por ejemplo, puede facilitar la recuperación de las funciones
visuales (Brailowsky, Stein y Will, 1998).


Por otra parte, los estudios que evalúan la sensibilidad que tienen los animales al
ambiente, durante el periodo postnatal, han encontrado que los animales expuestos a
cortos períodos de estimulación infantil, muestran una menor respuesta fisiológica ante el
estrés en la etapa adulta (Meaney et al. 1996) permitiendo una respuesta más adecuada
ante un evento estresante, lo que también sucede con animales no manipulados, si han
recibido una mejor atención maternal (Liu, Diorio et al. 1997).


Los modelos de manipulación postnatal producen efectos protectores, que persisten a
lo largo de la vida del animal e influyen en el envejecimiento (Meaney, Aitken,
Bhatnagar, Van Berkel, Sapolsky, 1988). Así, ciertas alteraciones asociadas con el
envejecimiento, como el aumento en los niveles de las hormonas del eje HPA, el
deterioro neural en el hipocampo y el deterioro cognitivo, se ven reducidos, en las ratas
que han sido expuestas previamente a estimulación infantil (Meaney, Diorio, Francis,
Widdowson, LaPlante, Caldji, Sharma, Seckl, Plotsky, 1996).



Estrés y Depresión


Alteraciones del eje Hipotalámico – hipofisiario – suprarrenal (HHS) en pacientes
depresivos


Una de las principales hipótesis de la etiología de la depresión es la
Hiperactividad del eje Hipotalámico – hipofisiario – suprarrenal (HHS). Según un estudio
realizado por Charles B. Nemeroff de la Universidad de Emory y sus colegas, las
experiencias aversivas en etapas tempranas de la vida, pueden alterar el funcionamiento
de las neuronas encargadas de controlar el factor liberador de corticotrofina (CRF), y en
consecuencia desequilibrar el eje HHS. Esta alteración temprana deja una especie de


19
huella bioquímica en el cerebro (por ejemplo la serotonina), que hace a las personas
propensas a reaccionar de forma exagerada al estrés en etapas posteriores de sus vidas y
por ende más vulnerables a la depresión.


La respuesta neuroendocrina a cualquier amenaza real o percibida (estímulo
aversivo inductor de estrés) está mediada por el eje hipotalámico – hipofisiario –
suprarrenal (HHS). Esta cascada es iniciada en el sistema nervioso central por el CRF en
el hipotálamo, con el fin de estimular los receptores de la adenohipófisis. Ésta responde
estimulando la producción de corticotrofina (ACTH), que a su vez estimula la liberación
de glucocorticoides (cortisol) por la corteza suprarrenal (Rozensweig, 2001, Hindmarch,
2001). Desde hace muchos años, se han llevado a cabo numerosos trabajos entre un eje
HHS anormal y la depresión, donde se ha encontrado que entre 1 y 2 tercios de los
pacientes deprimidos muestran una hiperactividad de dicho eje. La presencia de
hipercortisolemia, ha sido documentada en pacientes deprimidos.


Arginina vasopresina


Algunos trabajos recientes indican que los antagonistas de la vasopresina pueden
ejercer efectos antidepresivos. En un estudio de Dinan (1999) se observó que durante la
depresión la responsabilidad de la regulación del eje HHS pasaba del CRF al AVP, lo que
implica que es improbable que un antagonista del CRF corrija las anomalías del eje HHS
observadas en la depresión. El bloqueo del receptor de AVP representaría una estrategia
farmacológica más adecuada. Van Londen, Goekoop, Godfried y colaboradores (1997)
encontraron que en sujetos que presentaban una depresión mayor y en aquellos que
estaban sometidos a condiciones de estrés, los niveles de la arginina vasopresina y la
oxitocina en plasma, estaban significativamente más elevados en comparación con los
controles.






20
Factor liberador de corticotrofina


El CRF, administrado a nivel central en animales de laboratorio, produce cambios
fisiológicos y conductuales casi idénticos a los observados en respuesta al estrés, por
ejemplo: aumento en la frecuencia cardiaca y de la presión arterial media, inducción de
comportamiento de acicalamiento y reducción de los consumo de alimentos, así como
refuerzo de las respuestas motoras a los factores estresantes (Hindmarch, 2001). Estos
efectos se pueden corregir con un antagonista de los receptores CRF y son independientes
de la actividad del eje HHS (Scott y Dinan, 1998). Algunos antagonistas selectivos de los
receptores CRF ejercen una actividad ansiolítica y antidepresiva en modelos conductuales
animales. En seres humanos se han observado elevaciones de los niveles de CRF en el
LCR de pacientes deprimidos. En estudios de necropsia se han encontrado
concentraciones elevadas de CRF y una mayor expresión del ARNm de CRF en el
hipotálamo de personas con depresión (Ratana, Bonilla, Vásquez, Velazquez, 2001).


Receptores de los glucocorticoides


En el cerebro, existen al menos dos tipos de receptores de glucorticoides: los
receptores mineralocoticoides (RM, tipo I), localizados principalmente en las regiones
septales y del hipocampo, responsables de controlar la actividad basal del eje HHS, y los
receptores de glucocorticoides (RG, tipo II), situados en la adenohipófisis y ampliamente
difundidos por el sistema nervioso central, e implicados en la regulación del eje HHS
mediante mecanismos de retroacción negativa. Esta retroacción parece esencial para
atenuar la activación del eje HHS inducida por el estrés e interrumpir la secreción de más
glucorticoides. Por lo tanto, se ha insinuado que una alteración primaria del número y la
función RG o RM contribuirían a la fisiopatología de la depresión. Las investigaciones
iniciales han indicado que el tratamiento antiglucorticoideo puede se eficaz por sí mismo
o como complemento del tratamiento de la depresión mayor (Yadid, Nakash, Deri,
Tamar, Kinor, Gispan y Zangen, 2000; Hindmarch, 2001). Los resultados de estudios
preliminares también indican que el tratamiento con dexametasona en dosis bajas (Maes


21
et all, 1986), un antagonista de los glucocorticoides, puede tener efectos antidepresivos.
Otros estudios se están llevando a cabo para comprobar si los cambios neuroendocrinos y
del estado del ánimo -inducidos por la dexametasona- se mantienen a largo plazo (Dinan,
2001).


Aislamiento social y estrés


Considerando que el comportamiento de aproximación social es un fenómeno
adaptativo universal en los mamíferos (Insel y Winslow, 1998; Insel y Young, 2001), ha
sido posible diseñar modelos animales de negligencia materna (McKinney, 2001) con el
objeto de estudiar sus posibles consecuencias neurobiológicas. Como lo ha sugerido
Eisenberg, (1995), el proceso de apego social - "attachment" - no es exclusivo del ser
humano, sino que está presente en prácticamente todos los mamíferos sugiriendo, que sus
bases neurales pueden ser investigadas en modelos animales.


El paradigma empleado con mayor frecuencia es el aislamiento social temprano
en ratas (Hall, 1998), aproximación que goza de una importante validez, tanto predictiva
como de contenido (Koch, 2000). Este modelo es fácil de aplicar y más importante aún,
permite controlar una serie de variables difíciles de manejar en estudios clínicos.
Estudios que se han hecho con este tipo de modelos han arrojado datos consistentes,
apoyados en estudios, en donde la interrupción del vínculo materno-infantil, ocasiona
modificaciones en la expresión de receptores para vasopresina y oxitocina, en la corteza
prefrontal (Insel y Winslow, 1998; Insel y Young, 2001). Múltiples estudios han
demostrado, que el aislamiento social induce cambios relativamente duraderos, en el
metabolismo de algunos neurotransmisores (Hilakivi, Ota y Lister, 1989). Algunos de
esos estudios sugieren que la conducta agresiva, se asocia a una disminución de las
neuronas serotoninérgicas, proporcionando una visión de cómo interaccionan los factores
sociales y genéticos para modificar la conducta (Conrad, Kandel y Jessell, 2001). La
importancia de la transmisión serotoninérgica, en la conducta agresiva, se pone
claramente de manifiesto en estudios con ratones, en los que se ha practicado una


22
ablación del gen del receptor 1B de serotonina (5 HT
1B
), por deleción dirigida. Cuando se
aíslan ratones que carecen de este receptor durante cuatro semanas, y después se les
expone a un ratón control, son mucho más agresivos que los ratones control en
condiciones similares. Los ratones mutantes atacan mucho más rápidamente a los
intrusos, que los ratones control o aquellos que sólo carecen de una copia del gen receptor
1B de serotonina, y la frecuencia del número de ataques es significativamente superior
que el de los ratones control. Por lo tanto, el receptor 1B de la serotonina desempeña un
papel intermediario importante en la conducta agresiva de los ratones (Conrad, Kandel y
Jessell, 2001). Los monos macho, criados en aislamiento social, tienen niveles bajos de
serotonina en su cerebro, lo cual demuestra, que tanto los factores ambientales como los
genéticos pueden converger para influir en el metabolismo de la serotonina (Conrad,
Kandel y Jessell, 2001). Así, pues, el aislamiento social modifica la acción de sustancias
como la serotonina, al disminuir la sensibilidad a drogas depresoras, como los
barbitúricos, y al aumentar la sensibilidad de las drogas estimulantes, como las
anfetaminas y otras drogas epileptógenas (Brailowsky, Stein, y Will, 1998).


En primates no humanos los primeros resultados consistentes provienen de la
serie de estudios iniciada por Harlow y Harlow (1966), sobre la privación del contacto en
macacos rhesus con otros miembros de su especie. En ellos, se comprobó que la
estimulación social temprana, proporcionada mediante el contacto de la madre u otros
miembros de su especie, era necesaria para la emergencia de una conducta social normal.


En este caso, la privación de contacto, con otros individuos jóvenes en los
primeros seis meses de vida, produce efectos particularmente nocivos para los sujetos que
eran incapaces de establecer un contacto social normal. Estos autores comprobaron,
además, que periodos de privación similares o superiores, en otras etapas de la vida, no
tenían efectos comparables en la conducta social, lo que permite intuir la existencia de un
periodo de sensibilidad para el desarrollo de esta conducta, en estos primates.




23
Dado que la interacción social es una conducta de acercamiento muy compleja,
que abarca prácticamente todas las dimensiones del comportamiento, resulta difícil
establecer relaciones causales directas entre el aislamiento social y las alteraciones
neuronales. Sin embargo, se pueden adelantar algunas causas probables. Uno de los
efectos, que produce la interrupción del vínculo social temprano, es el incremento en la
actividad del eje HHS y que finalmente se traduce en una mayor secreción de
glucocorticoides suprarrenales, con la consiguiente hipercortisolemia (Rief y Auer,
2000). Esta sobreactivación neuroendocrina es consistente con estudios realizados en
hijos de madres negligentes (depresivas no tratadas), los cuales presentan niveles de
cortisol plasmático muy superiores a la media normal, en particular, cuando se enfrentan
a situaciones de estrés moderado (Field, Healy, Golsdtein et al. 1988). Los animales
sometidos a aislamiento social experimental, también muestran una hiperactividad del eje
HHS, cuya consecuencia es una disminución significativa de los receptores para
glucocorticoides en las neuronas hipocampales, atrofia dendrítica, muerte neuronal en
algunas subregiones del hipocampo (área CA
3
) (Watanabe, Gould y McEwen, 1992;
Stein-Behrens, Mattson, Chang, Yeh y Sapolsky, 1994; McKittrick, Magariños, McEwen
y Sakai, 2000) y bloquea la capacidad de los astrocitos para transportar (recaptar) el
glutamato, desde el espacio sináptico (Magariños y McEwen, 1995). Dado que este
aminoácido excitatorio se une a receptores N-metil-D-aspartato (NMDA), incrementando
la permeabilidad del Ca
2+
, es posible explicar el deterioro neuronal por esta vía ya que el
incremento anormal de este catión conduce a la activación de proteasas, lipasas y
endonucleasas intracelulares, produciendo proteólisis, lipólisis y fraccionamiento del
ADN nuclear, respectivamente (Mattson, 2000). Considerando que la función de estos
receptores es inhibir al sistema HHS (Herman y Cullinan, 1997), se produce una
verdadera sensibilización neuroendocrina frente a situaciones de estrés psicosocial
moderado (Vázquez, 1998). Esto concuerda con estudios donde se demuestra que el
aislamiento social produce una disminución significativa de calbindina-D28k, en la
corteza prefrontal, proteína que resulta clave en la homeostasis del Ca
2+
(Pascual, Verdú,
Valero y Navarro, 2001).



24
La participación de la corteza prefrontal está relacionada con el comportamiento
de aproximación social, en estudios de animales con lesiones cinguladas, donde es
posible observar una evidente falta de cuidado materno, en particular cuando las crías
emiten vocalizaciones para atraer la atención de su madre (Slotnick, 1967).


Existe evidencia de investigaciones clínicas realizadas en pacientes con daño
orbitofrontal (Fuster, 1999), indicando que tanto la región prefrontal de la madre como la
de su hijo, participan de algún modo en el vínculo social temprano. Estudios clínicos y
preclínicos recientes han mostrado, que la separación maternal prolongada (Plotsky y
Meaney, 1993) y la negligencia o desatención materna, pueden interferir seriamente con
el desarrollo socioemocional del niño, tornándolo vulnerable a sufrir trastornos
psiquiátricos futuros (Poehlmann y Fiese, 2001).


Otro mecanismo probable, que puede contribuir al deterioro dendrítico, está
relacionado con la influencia trófica que ejerce la inervación aferente sobre las neuronas
piramidales prefrontales. El árbol dendrítico de estas células se encuentra inervado
profusamente por terminales axónicos extrínsecos (dopaminérgicos, serotonérgicos,
noradrenérgicos y glutamatérgicos) (Magariños y McEwen, 1995; Fuster, 1997) e
intrínsecos, principalmente de naturaleza GABAérgica y VIPérgica (Fuster, 1997), cuya
disfunción podría eventualmente ser una de las causas en la atrofia dendrítica. Además,
los animales privados de interacción social, presentan un marcado deterioro de la
inervación dopaminérgica mesocortical (Winterfeld, Teuchert-Nood y Dawirs, 1998;
Neddens, Brandenburg, Teuchert-Noodt y Dawirs, 2001). Considerando que la dopamina
puede regular el crecimiento dendrítico durante el desarrollo postnatal (Pellegri,
Magistretti y Martín, 1998), es probable que la menor ramificación sea ocasionada, en
parte, por una disfunción de este sistema neuroquímico. El árbol dendrítico de las
neuronas piramidales prefrontales presenta una abundante densidad de receptores
dopaminérgicos, principalmente del subtipo D1 (D
1
y D
5
), a través del cual la dopamina
puede ejercer sus efectos neurotróficos (Yang y Seamans, 1996; Goldman-Rakic, 1999;
Pascual, Verdú, Valero et al. 2001). Estos hallazgos son consistentes con estudios de


25
Reinoso, Undie y Levitt (1996), donde se ha observado que la administración de
agonistas específicos de los receptores D1 produce una significativa reorganización en la
ramificación dendrítica.


Recientemente, se han investigado los efectos del enriquecimiento ambiental
sobre la corteza prefrontal (principalmente orbitaria y cingulada anterior) (Davidson,
Putnam y Larson, 2000), cuyo período crítico se prolonga hasta el final de la adolescencia
(Chugani, Phelps, 1986; Huttenlocher y Dabholkar, 1997; Giedd, Blumenthal, Jeffries,
Castellanos, Liu, Zijdenbos, Paus, Evans y Rapaport, 2000). Al respecto, se ha postulado
que las experiencias tempranas -favorables o no- actuarían modulando el desarrollo
morfofuncional de esta zona cortical, cuya organización neural gravitará de manera
crítica sobre el comportamiento adaptativo (o desadaptativo) en el ser humano
especialmente en los niños. Esta hipótesis es consistente con alteraciones
electroencefalográficas descritas en la corteza prefrontal de niños criados por madres
depresivas, que muestran comportamientos negligentes con sus hijos (Dawson, Frey,
Self, Panagiotides, Hessl, Yamada y Rinaldi, 1999). A partir de estos hallazgos, han
surgido líneas de investigación que pretenden conocer la influencia y consecuencia de
distintos factores en otras etapas del desarrollo del sistema nervioso, y uno de los más
estudiados ha sido el estrés, tanto en animales como en humanos.


Los estudios del impacto de las situaciones estresantes, se ha centrado,
principalmente, en situaciones de estrés crónico, en las cuales se han expresado
importantes cambios a nivel comportamental, neuroquímico y neuroendocrino (Armario,
Castellanos y Balash, 1984; Armario, López - Calderon, Jolin, Balasch, 1986; Kant, Leu,
Anderson Mougey, 1987; De Boer, Koopmans, Slagen, Van der Gusten, 1990; Pitman,
Ottenweller y Natelson, 1990; Martí, Gavaldá, Jolin y Armario, 1993b; Martí, Gavaldá,
Jolin y Armario, 1993a). Sin embargo, los efectos de un estrés agudo se han estudiado
normalmente durante unas pocas horas, después de finalizada la situación, o a lo sumo,
hasta las 24-48 horas posteriores a la exposición (Katz, Roth y Carroll, 1981; Armario y
Jolin, 1989).


26


Los periodos, prenatal y postnatal, son etapas particularmente susceptibles a
manipulaciones ambientales como la exposición a diferentes clases de estímulos
estresantes o la separación maternal. En animales, la exposición a estímulos estresantes,
tanto en la etapa prenatal (in útero) como postnatal, induce cambios a nivel del sistema
nervioso central que pueden persistir en la etapa adulta, demostrando así, la existencia de
efectos a largo plazo (Meaney et al. 1996; Vallée, Mayo, Dellu, Le Moal, Simon,
Maccari, 1997). Entre los cambios observados, se da una reducción en la actividad
sexual y una mayor tendencia a la auto-administración de drogas (Maccari, Piazza,
Kabbaj, Barbazangus, Simon y Le Moal, 1995). A nivel neuroendocrino, el estrés
prenatal reduce la capacidad de habituación de las hormonas del eje HHS ante la
exposición repetida a un mismo estrés, en la etapa adulta (Fride, Dan, Feldon et al. 1986).


También se han hecho estudios que evalúan los efectos del estrés prenatal sobre la
corteza visual, en ratas neonatas (Granados, Martinez, Sicilia, Valenzuela y Pérez, 1997).
Se valoró el efecto del estrés -por inmovilización- aplicado a ratas gestantes, sobre la
morfología de la neuronas piramidales, en la corteza visual de machos descendientes de
dichas hembras, a los 14 y 21 días postnatales (Granados et al. 1997). Ratas hembra de la
cepa Wistar fueron sometidas a estrés por inmovilización forzada durante toda la
gestación, en periodos que variaron entre dos y seis horas por día. En neuronas del área
visual los resultados obtenidos fueron una disminución de ramificaciones dendríticas,
sobre todo en ratas de 21 días (Granados et al. 1997). Otros estudios han demostrado que
los niveles plasmáticos fetales de epinefrina, norepinefrina y dopamina aumentan
(Resnikov y Nosenko, 1996), así como los receptores a 5-HT en los neonatos (Peters,
1986). Desde el punto de vista conductual, el estrés prenatal modifica la conducta
materna (Kinsley y Bridges, 1988; Alonso, Arevalo, Alfonso y Rodríguez, 1991), de
nado (Weller, Glaubman, Yehuda, Capsy, Ben-Uria, 1988), de juego (Ward, 1972),
agresión entre machos (Alonso et al. 1991), la actividad locomotora (Peters, 1986;
Alonso et al. 1991), y ejerce efectos a largo plazo sobre los procesos de aprendizaje de la
descendencia (Alonso et al. 1991). Sin embargo, los efectos a largo plazo del estrés no


27
parecen restringirse a las etapas tempranas del desarrollo. Las experiencias estresantes de
gran magnitud pueden tener en humanos y en animales importantes consecuencias
emocionales y fisiológicas a largo plazo (Rianne, Bruijnzeel y Wiegant, 2000). Un caso
extremo de estas consecuencias a largo plazo es el síndrome de estrés postraumático en
humanos (Yehuda, 1997).


Actualmente, se han desarrollado numerosos modelos animales en los que una
sola experiencia con un estímulo estresante intenso (choque eléctrico, confrontación
social) producen alteraciones a largo plazo en respuestas comportamentales, autonómicas
y hormonales, cuando los sujetos son enfrentados nuevamente a la misma o a una nueva
experiencia estresante días o semanas más tarde (Domjam, 1999). Estos cambios en
animales mimetizan algunos de los cambios observados en el estrés postraumático en
humanos (Rianne, Bruijnzeel y Wiegant, 2000).


La exposición al estrés, en animales, arroja evidencias (como resultado de los
experimentos) sobre efectos a largo plazo, al exponerlos a situaciones estresantes siempre
relacionadas con efectos negativos de la exposición al estrés. Recientemente, se han
observado efectos a largo plazo sobre la respuesta del eje HPA. Por ejemplo, Antelman et
al (1988, 1992), observaron que una sola exposición al estrés, tanto físico como
psicológico, podía modificar -a largo plazo (desde semanas hasta meses)- los efectos de
diversos fármacos (v. g. cocaína, anfetamina, haloperidol, diazepam) sobre el organismo,
habiéndose sugerido que la intensidad del estímulo estresante era muy importante para
determinar la dirección de los cambios -aumento o disminución de los efectos-. Sin
embargo, los resultados de Antelman, Caggiula, Knopf, Tocan y Edwards, 1992;
Antelman, Caggiula, Knopf, Tocan y Edwards, 1988), siguen siendo confusos y difíciles
de interpretar a nivel teórico. Por otra parte, los individuos que han sido sometidos a
estrés son más susceptibles a presentar ansiedad en distintas situaciones, una alternativa
para evaluar ansiedad es por medio de la observación de la actividad locomotora, por lo
que se han desarrollado modelos que permiten el estudio de la ansiedad, a través de


28
múltiples estrategias. Entre los modelos más importantes están: los modelos de ansiedad
condicionada y ansiedad no condicionada (Cárdenas y Navarro, 2002).



Modelos animales de ansiedad


La intención de reproducir elementos de padecimientos psicológicos, en animales,
constituye un capítulo en sí, hoy en día, incuestionable en el ámbito de la investigación
en salud. Se estima que la investigación preclínica, en el área de la ansiedad, utiliza cerca
de 30 modelos animales que permiten observar y cuantificar conductas de diversa índole
(Gómez, Saldivar-Gonzaléz y Rodríguez, 2002). Estás conductas responden, de una
manera específica, al tratamiento con compuestos ansiolíticos o ansiógenos. Entre los
modelos de ansiedad más utilizados existen los modelos condicionados y los modelos
incondicionados


Modelos de Ansiedad Condicionada e Incondicionada


Modelos condicionados


Con base en los estudios de Skinner (1966), se desarrollaron un grupo de modelos
animales para el estudio de la ansiedad, en los que se utilizan conductas condicionadas. A
estos paradigmas, en los que se incluyen procedimientos de castigo, también se les
conoce como modelos de conflicto. El castigo consiste en un estímulo aversivo,
generalmente un choque eléctrico leve, aplicado a un animal entrenado o condicionado
para emitir una respuesta determinada. Un ejemplo de este tipo de modelo son las
pruebas de conflicto de Vogel (Vogel, Beer y Clody, 1971) y Géller-Selfter (Géller y
Selfter, 1960). En este tipo de modelos animales, el individuo se encuentra perturbado
por la confluencia de dos impulsos antagónicos; uno es la realización de una conducta y
el otro, un estímulo aversivo reconocido como tal mediante el aprendizaje. Los modelos
condicionados, permiten al experimentador, un control bastante preciso de los niveles de


29
conducta basal, pero casi invariablemente, requieren que los sujetos experimentales sean
entrenados, e incluidos en el diseño experimental varios grupos de sujetos control, para
descartar los efectos específicos del tratamiento sobre aspectos como aprendizaje, la
memoria, el apetito y las funciones motoras y perceptuales. En cuanto a su uso, los
modelos animales condicionados presentan limitaciones. Por un lado, los animales son
expuestos a estímulos no habituales, por lo que es necesario un entrenamiento previo,
con el fin de que el animal aprenda a emitir la respuesta deseada. Adicionalmente, los
fármacos administrados en estos modelos, son administrados en forma aguda, a
diferencia de lo que ocurre en la clínica, donde generalmente tanto el padecimiento como
el tratamiento son crónicos.


Modelos no condicionados


La identificación y clasificación del repertorio conductual de varias especies
permitió desarrollar un grupo de paradigmas conductuales para el estudio de la ansiedad.
En contraste con las pruebas de conflicto, estos utilizan conductas no condicionadas.
Aunque este tipo de paradigmas revela más variabilidad en los valores conductuales
basales, tienen un nivel más alto de validez neurobiológica, no requieren entrenamiento y
son menos susceptibles de procesos mnemónicos o motivacionales (Rodgers, 1997).
Algunos ejemplos incluyen entre otros, laberinto elevado en cruz (Pellow y File, 1986), la
conducta defensiva de enterramiento (Treit, Pinel y Fibiger, 1981) y el modelo de
interacción social (Géller y Selfter, 1960). Los paradigmas basales, en respuestas no
condicionadas, deben distinguirse, además, en términos de la emisión o supresión de la
respuesta medida (Handley, McBlane, Critchley y Njung, 1993). Las pruebas que
pertenecen a la primera categoría, incluyen a aquellas que inducen respuestas defensivas,
no condicionadas a estímulos perturbadores, que no necesariamente incluyen la
administración de estímulos dolorosos como, por ejemplo, la conducta defensiva de
enterramiento inducida por olores desagradables o por el brillo emitido por canicas (Treit,
Pinel y Fibiger, 1981) o por las vocalizaciones ultrasónicas inducidas por la separación
materna (Devry, 1995). Sin embargo, algunos modelos animales no condicionados
incluyen la inhibición de la conducta en situaciones potencialmente peligrosas. Por


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ejemplo, el modelo de interacción social se basa en la supresión de la conducta social, en
los pares de ratas colocados en un ambiente desconocido e iluminado. La inhibición de la
conducta social, en estas condiciones, parece estar relacionada con reacciones de
compentencia defensiva, tales como inmovilidad, tigmotaxis y conductas de
desplazamiento (Géller y Selfter, 1960). Otros modelos de este grupo incluyen el estudio
de patrones de actividad exploratoria espontánea en individuos expuestos a ambientes
desconocidos, que invariablemente, incluyen áreas de seguridad. Como ejemplos de este
tipo de paradigmas podemos citar: el campo abierto (Walsh y Cummins, 1976), las
transiciones luz-oscuridad (Crawley y Goodwin, 1980) y el laberinto elevado en cruz
(Pellow y File, 1986). En estos modelos, el análisis de la conducta emplea medidas
espacio – temporales, mientras que en el caso del laberinto elevado en cruz, se cuantifica
el tiempo de permanencia en el área expuesta, con respecto al tiempo de permanencia en
el área no expuesta, o con respecto al tiempo total de la prueba (Dawson y Tricklebank,
1995; Rodgers y Johnson, 1995; Hogg, 1996). La medida dependiente, en estos modelos,
se relaciona con la evitación de un peligro ambiental potencial. Sin embargo, aunque la
cuantificación de este parámetro espacio-temporal es importante, se ignoran otras
conductas defensivas, activas y pasivas (inmovilidad, huida, tigmotaxis y asimilación del
riesgo), a favor de un índice espacio temporal (Holmes y Rodgers, 1999). Aunque
aparentemente, son más fáciles de usar, los modelos no condicionados, son
conductualmente más complejos que los condicionados. No sólo difieren en el estímulo
que induce la respuesta, sino que todos producen una respuesta defensiva con una
expresión temporalmente ordenada. (Holmes y Rodgers, 1998). La variación natural en la
reactividad emocional, sumada a la variación en los parámetros de las pruebas, influye,
tanto en los valores absolutos de estas respuestas como en respuestas a la manipulación
farmacológica. Por lo tanto, aun cuando parece haber bastante similitud entre las
diferentes pruebas de este grupo, los modelos basados en respuestas no condicionadas no
deben ser considerados conductualmente equivalentes (Belzung y Lepape, 1994; Ramos,
Bretón, Mormede y Chauloff, 1997).






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Actividad locomotora espontánea



Prueba de Campo Abierto


La prueba de campo abierto fue descrita originalmente por Hall (1941), como una
arena circular para evaluar la emocionalidad de las ratas, en ambientes no familiares,
teniendo como indicador la defecación, la orina (Hall, 1934; Bindra y Thompson, 1953;
Broadhurst, 1957), la relación entre necesidad y emocionalidad (Hall, 1936) y la relación
entre emocionalidad y conducta ambulatoria (Hall, 1936). Se ha aceptado que la prueba
de campo abierto produce ansiedad y esta se evalúa por medio de los indicadores
anteriores (Hall, 1934; Bindra y Thompson, 1953; Broadhurst, 1957). Otros
investigadores han correlacionado las diferencias sexuales de la conducta emocional en
las ratas, con la defecación en el campo abierto y el temor activo (Gray y Lalljee, 1974).


Esta prueba ha sido estandarizada para medir la emocionalidad de los roedores
(Essman, 1967; Sherif, y Oreland, 1995), evaluando la conducta exploratoria
(locomoción, exploración y olfateo), acicalamiento, giros, orina y defecación. La forma
del instrumento ha variado y el que más se utiliza es una caja que tiene medidas de 70
cm×70 cm×40 cm de altura, con piso blanco y la superficie dividida en cuadrantes
(Cárdenas y Navarro, 2002; Brenes y Rodríguez, 2004). La simplicidad de la técnica
permite medir algunas conductas básicas con bastante facilidad, por lo que ha sido
utilizada desde hace muchos años, por la psicología, farmacología conductual y otras
disciplinas. Sin embargo, no está definida de forma precisa la naturaleza de las conductas
emitidas en esta prueba y lo que éstas representan. Una dificultad -presentada para
aceptar esta interpretación- es que éstas conductas difieren con respecto a su
funcionalidad, por ejemplo; en algunas especies, la defecación y la orina tienen como
objetivo marcar el territorio o simplemente dejar impregnado su olor en el lugar. No
obstante, la hipótesis de que estas conductas se relacionan con la emocionalidad ha sido
aceptada, ya que diversos estudios, en los que se utilizan fármacos (tabla 2) que


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modifican de algún modo los factores emocionales, operan sobre las conductas emitidas
en la prueba de campo abierto.

Tabla 2. Algunas drogas estudiadas en la prueba de campo abierto.

Alucinógenos Antidepresivos Agonistas
Simpáticos
Antagonistas
Simpáticos
LSD Inhibidores de la
Mao
Norepinefrina Fanoxibenzamina
Mescalina Iproniazina Clonidina Pimozide
Estimulantes del
SNC
Tricíclicos Dopamina Agentes
Antiparkinsonianos
Anfetamina Imipramina Apomorfina L-Dopa
Metilfenidato Desipramina Benzotropina
Cafeína Amantadina
Fuente: adaptado de Kulkarni (1977) tomado de Brenes y Rodríguez (2004)


A nivel farmacológico se han realizado estudios, en los que el muscimol, decrece
significativamente el número de cruces y exploraciones (Oksztel, Car y Wisniewski,
2002), algunos fármacos antidepresivos como la imipramina, desipramina, nortriptalina
no afectan de forma significativa los cruces y exploraciones; la fluvoxamina aumenta
significativamente el levantamiento sobre las patas posteriores y el trazadone y
alprazolam suprimen la actividad en la prueba de campo abierto (Richelson, 1994), el
tratamiento con clorodiazepóxido elimina la neofobia, en particular si el animal debe
ingresar desde su entorno familiar (jaula-hogar) a un medio extraño (campo abierto)
(Einon y Tye, 1975). Asimismo, la administración de vigabatrina incrementa
significativamente la capacidad exploratoria de las ratas expuestas a aislamiento. A nivel
genético, el acicalamiento ha sido objeto de estudio. Koya (2000), por ejemplo, ha estado
investigando un gen de alto y bajo acicalamiento en ratas.


Los giros en la prueba de campo abierto han sido objeto de estudio cuando se
valora la asimetría de los hemisferios cerebrales, por ejemplo en los modelos de
Parkinson como el modelo de 6-hidroxidopamina (Schwarting, Goldenberg, Steiner,
Fornaguera y Huston, 1993) y las alteraciones motoras inducidas por la denervación
dopaminérgica selectiva del cuerpo estriado o el globo pálido en el modelo 6-


33
hidroxidopamina (Jiménez- Botello, L.C., Sierra-Camachio, Anaya-Martínez, Erlij, y
Aceves –Ruiz, 2001), además las vías dopaminérgicas han sido de gran interés en estos
modelos, consecuentemente los agonistas y antagonistas de dopamina (Bruhwyler,
Chleide, Liégeois, Delarge, Mercier, 1991). Se ha utilizado para valorar el efecto de
algunos fármacos sobre la locomoción, levantamiento sobre las patas posteriores y
acicalamiento (Schmitt, Dahmen, Fischer, Weigmann, Rao, Reuss y Hiemke, 1999;
Oksztel, Car y Wisniewski, 2002).


Por otra parte, el estudio de las condiciones ambientales sobre el efecto de las
conductas, presentadas en la prueba de campo abierto, el acicalamiento se ha tomado
como una conducta de aseo, o cuando han tenido una dolencia producto de un golpe, o en
otras ocasiones producto de estrés. Pascual (2002), que la exploración de los animales
expuestos a privación social disminuyó significativamente respecto a los animales
control. Así, cuando las ratas aisladas eran colocadas en la prueba de campo abierto,
mostraban una serie de círculos espacialmente restringidos, dirigiéndose rápidamente
hacia un rincón. Estos datos son consistentes con la gran mayoría de los estudios
realizados en otras especies de mamíferos sociales. Por ejemplo, los monos criados en
aislamiento exhiben una serie de comportamientos claramente patológicos como:
balanceo corporal repetitivo, giros cefálicos frecuentes, y una pobre exploración de su
entorno (Harlow, Dodsworth y Harlow, 1965). Resulta sorprendente la similitud
observada: entre los desórdenes conductuales registrados en monos socialmente aislados
y el comportamiento depresivo (y "cuasi-autista") descrito en niños criados bajo
condiciones de abandono social y psicoafectivo (Rutter, Andersen-Wood, Beckett,
Bredenkamp, Castle, Groothues, 1999; Spitz, 1946), hallazgo que en parte ha servido de
base para considerar al aislamiento social, en animales como un buen modelo predictivo
de la depresión humana (Moreau, 1997; Willner, 1991). Paralelamente, la menor
actividad exploratoria ha sido interpretada como un indicador de ansiedad en el animal,
cuando se enfrenta a un medio desconocido (Katz, 1981).




34
Al evaluar animales enriquecidos en la prueba de campo abierto mostraron dos
tipos de comportamiento: en una primera fase exhibían una conducta relativamente
cautelosa, seguida rápidamente de una intensa exploración; por el contrario, las ratas
aisladas se mantenían típicamente en la primera fase, describiendo un mínimo recorrido
exploratorio y girando frecuentemente sobre sí mismas. El comportamiento señalado
obedece probablemente a un estado de ansiedad extrema frente a un entorno realmente
inocuo, pero el sistema córtico-límbico del animal interpreta como potencialmente
peligroso (Hilakivi, Ota y Lister, 1989). Varios estudios han demostrado que ratas criadas
en ambientes enriquecidos posteriores al destete, tienen menos errores en el laberinto
Hebb-Williams que las alojadas en cajas estándar de Laboratorio (Hymovitch, 1952;
Woods, Ruckelshaus y Bowling, 1960; Browmn, 1968).


Laberinto elevado en cruz


El laberinto elevado en cruz es, probablemente, el más popular de los modelos de
ansiedad actualmente disponibles. Se encuadra dentro del grupo de pruebas basadas en el
estudio de conductas incondicionadas o espontáneas, y goza de una elevada validez
ecológica, dado que emplea estímulos “naturales” que podrían inducir ansiedad en
humanos (Cárdenas y Navarro, 2002). Se asume que en los brazos abiertos del laberinto
se produce una combinación de ansiedad: a) a un ambiente no familiar; b) a un espacio
abierto intensamente brillante, y c) a una situación de equilibrio en una superficie
relativamente angosta y situada a una considerable altura. Se ha hipotetizado que estas
conductas podrían ser similares a la agorafobia y al vértigo, respectivamente (Cárdenas y
Navarro, 2002).


Por el contrario, los brazos cerrados presentan altas paredes que ofrecen
protección ante posibles depredadores. A pesar de que estas consideraciones parecieran
en principio lógicas, es necesario que el test presente validez externa. En este sentido, se
pueden tomar los siguientes datos como indicadores de validación del laberinto elevado
en cruz: a) cuando a una rata o a un ratón se le coloca en el laberinto y se le deja explorar


35
libremente durante un tiempo prefijado, casi siempre de 5 min, éste pasa solamente entre
un 20 y un 25% del tiempo explorando los brazos abiertos; b) sustancias ansiolíticas,
producen un incremento dosis-dependiente en el tiempo de exploración y en el número de
veces que visita los brazos abiertos (Rodgers y Johnson, 1995; Dawson y Tricklebank,
1995, Colmes y Rodgers, 1998, Morato, Frenesda, Silveira, Lucía-Santos y Carneiro,
2003).


Los parámetros espaciotemporales, la conducta de Head-dipping protegido, Head-
dipping no protegido, la conducta de atención extendida protegida y no protegida, la
conducta exploratoria y el acicalamiento son los índices que permiten observar el posible
efecto ansiogénico o ansiolítico, ejercido por un fármaco administrado, con relación a las
características intrínsecas del modelo. Los efectos ansiolíticos vendrían indicados por: un
incremento de la frecuencia de entradas en los brazos abiertos y el tiempo que pasan los
animales en éstos; un aumento en la conducta de head-dip no protegido; un descenso en
conductas como: la de atención extendida no protegida, la de vuelta al brazo cerrado y
una reducción del tiempo transcurrido en el centro del laberinto y en los brazos cerrados
(Cárdenas y Navarro, 2002).


Se observan efectos ansiogénicos cuando se produce una reducción de las
entradas y tiempo en brazos abiertos. Por otra parte, los parámetros que indican el nivel
general de actividad son las entradas en brazos cerrados, la exploración, el acicalamiento
y la inmovilidad (Cárdenas y Navarro, 2002).



Modelos animales de depresión



Los modelos animales en depresión han sido utilizados dentro de dos contextos:
para medir la potencia y acción de los tratamientos antidepresivos y para investigar las
bases fisiopatológicas de la depresión (Willner, Muscat y Papp, 1992). Utilizando el


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modelo de derrota social (Hinde, 1977; Blanchard, Blanchard y Flannelly, 1985;
Koolhass, Hermann, Kemperman, Bohus, van der Hoofdakker y Beersma, 1990)
observaron en ratas que una sola sesión de estrés causaba, a largo plazo, un incremento
de la inmovilidad en la prueba de natación de Porsolt, efecto que se redujo después de la
administración de antidepresivos (Suomi, Seaman, Lewis, DeLizio y McKinney, 1978;
Koolhass et al. 1990). Entre algunos de los modelos para el estudio experimental de la
depresión se cuentan aquellos que involucran situaciones de estrés inevitable, como las
pruebas de desesperanza aprendida (Seligman y Maier, 1967); el estrés crónico
impredecible (Katz, 1981; Willner et al. 1992); la prueba de nado forzado (Porsolt,
Pichon y Jalfre, 1977); la separación de monos madre – infante (Harlow y Suomi, 1971)
o la suspensión por el rabo en el ratón (Steru, Chermat, Tierry y Simon, 1985), el modelo
de estrés social por derrota (Koolhaas, Hermann, Kemperman, Van Der Hoofdakker y
Beersma, 1990), entre otros. Otros modelos involucran procedimientos quirúrgicos tales
como la ablación del bulbo olfatorio (Leonard, 1984), que provoca en los animales un
deterioro caracterizado por cambios bioquímicos conductuales y motores que se
revierten, cuando se administran antidepresivos a los sujetos, durante un tiempo
prolongado (Richardson, 1991). Se hallan asimismo aquellos que manipulan
genéticamente cepas de ratas (Overstreet, 1993), con la finalidad de simular las
alteraciones conductuales y fisiopatológicas del cuadro clínico observado, en la depresión
endógena. En estos modelos, los animales despliegan conductas tales como inmovilidad
o pasividad, que sugieren un estado de desesperanza ante situaciones apremiantes, sobre
las cuales carece de control; empero, el esquema conductual de abatimiento se revierte
mediante la administración de tratamientos antidepresivos clínicamente eficaces
(Seligman y Maier, 1967; Porsolt et al. 1977). De esta manera, el investigador suele
obtener diversos indicadores que se toman como signos de depresión, en el animal de
laboratorio: falta de aseo, pérdida del interés por la actividad sexual, disminución de la
tasa de autoestimulación cerebral y pérdida de la conducta agresiva competitiva u
ofensiva, entre otras alteraciones (Richardson, 1991).






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El modelo de desesperanza aprendida


En el laboratorio dirigido por Richard Solomon en la Universidad de
Pennsylvania, los investigadores, descubrieron un efecto trágico de exposición a eventos
aversivos ineludibles (Lolordo, 1998). Un grupo de perros que había sido restringido con
dispositivos especiales, expuestos a dolorosos choques ineludibles en las patas, mostró
posteriormente un marcado deterioro en el aprendizaje de escape al choque en una nueva
situación, al día siguiente. Específicamente, cuando ellos eran colocados en una caja de
vaivén (cámara con dos compartimientos separados por una barrera a la altura del lomo)
y sometidos a choques eléctricos a través de las rejillas del piso – choques que eran
desconectados cuando los perros cruzaban de un lado a otro de la caja – la mayoría de
ellos fracasaban en el aprendizaje de escape. Este fue un efecto asombroso, teniendo en
cuenta que la mayor parte de los perros del grupo control, que solamente habían sido
restringidos con el dispositivo el día anterior, aprendieron a escapar con facilidad
(Overmier y Seligman, 1967). Overmier y Seligman propusieron que la inevitabilidad del
choque, en el dispositivo retenedor, era la responsable del fracaso, en el escape dentro de
la caja de vaivén sugirieron que debería hacerse un experimento para probar esta
hipótesis, comparando los efectos proactivos de choques eludibles e ineludibles, con el
posterior aprendizaje de escape. Seligman y Maier (1967) dirigieron tal experimento,
usando el diseño triádico, el cual se ha convertido en el estándar de la investigación en
esta área. Se colocaron paneles de plástico transparente, en ambos lados de la cabeza a
los perros cuando eran ubicados en el dispositivo retenedor. El grupo de perros -
sometidos a choques eludibles- podía poner término a los choques presionando una vez
cualquiera de los paneles. Los perros del grupo de choque ineludible no tenían paneles
funcionales; la duración de cada choque para un perro era igualada o encadenada a la de
otro perro del grupo de choque eludible, de tal manera, que ambos perros recibían el
mismo patrón de duración de choques a lo largo de los ensayos (Lolordo, 1998). Así,
operacionalmente, sólo la evitabilidad al choque distinguía los dos grupos. Los perros en
el tercer grupo simplemente fueron restringidos en el dispositivo. Cuando los perros
fueron probados, en la caja de vaivén al siguiente día, el aprendizaje de escape de los
perros, previamente sometidos a choques ineludibles se mostró profundamente


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deteriorado. Los más impedidos recibieron el choque completo de 30 segundos durante
nueve, diez o más ensayos. Este efecto de interferencia fue especialmente notable,
porque la respuesta de escape era rápidamente aprendida por casi todos los perros, de los
otros dos grupos, los cuales no diferían entre sí (Lolordo, 1998).


Nado Forzado


La prueba de nado forzado consiste en introducir a un animal (rata o ratón) a un
recipiente con agua, donde no existe la posibilidad de escapar. En una primera sesión (pre
- prueba), se introduce al animal al recipiente durante 15 minutos, donde después de un
periodo de vigorosa actividad, sólo realiza los movimientos necesarios para mantener la
cabeza por arriba del nivel del agua, pero sin desplazarse. Se acepta que en esta sesión el
animal “aprende” que la prueba no tiene solución; veinticuatro horas más tarde, el animal
es sometido a la prueba durante 5 minutos para evaluar la inmovilidad. En la segunda
sesión, la inmovilidad corresponde a un indicador de desesperanza o a un bajo estado de
ánimo del animal. Esta hipótesis es respaldada por el hecho que diversas terapias
antidepresivas eficaces clínicamente, tales como las farmacológicas (antidepresivos
tricíclicos, y atípicos, inhibidores de la enzima monoaminoxidasa y agonistas selectivos
serotonérgicos) y las no farmacológicas (privación de sueño y el electrochoque),
disminuyen la inmovilidad en esta prueba, sin afectar la actividad locomotora en un
campo abierto. Esta disminución en la inmovibilidad podría interpretarse como un
aumento en la motivación del animal para buscar alternativas de solución al problema e
intentar el escape (Porsolt, Pichon y Jalfre, 1977; Porsolt, Anton, Blavet y Jalife, 1978;
Lucki, Singh y Kreiss, 1994).


Cabe señalar, que para detectar la disminución de la inmovilidad provocada por
los antidepresivos, es necesario someter el animal a la pre – prueba, o bien, alguna otra
situación de apremio como la restricción de espacio o los choques eléctricos inescapables
en las patas. Este hecho indica que el efecto de los tratamientos antidepresivos eficaces
clínicamente se evidencia solo en los animales estresados, pero no en individuos


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normales (Borsini y Meli, 1988). La inmovilidad de los animales forzados a nadar,
también ha sido interpretada como una conducta adaptativa que le permite al animal
conservar su capacidad energética, ante la situación de apremio que representa la prueba,
más que como un indicador de desesperanza (Borsini y Meli, 1988). Así, se supone que
esta conducta es aprendida durante la sesión de pre - prueba, para la cual los
antidepresivos no permiten su consolidación; por lo que en la sesión de prueba, la
inmovilidad disminuye en los animales tratados con antidepresivos, pero no en los
animales control (De Pablo, Parra, Segovia y Guillamon, 1989). Por otro lado, se ha
sugerido que la disminución de la inmovilidad provocada por los antidepresivos podría
ser resultado de un incremento en la actividad motora del animal. Sin embargo, la
actividad motora de los animales se incrementa sólo con sustancias que son estimulantes
del sistema nervioso central, como las anfetaminas, pero no con los fármacos
antidepresivos (Wieland y Lucki, 1990), en contraparte, los depresores del sistema
nervioso disminuyen la actividad e incrementan la inmovilidad, durante la prueba de
nado forzado. Por lo anterior, se considera como un buen antidepresivo aquel que
disminuye la inmovilidad en el nado forzado, sin modificar la actividad locomotora del
animal. No obstante, la inmovilidad en la prueba de nado forzado puede ser influida por
factores como: la sustancia de alarma liberada por la rata o ratón, nivel de agua que
contiene el recipiente y temperatura del agua. En ciertos casos, la inmovilidad disminuye
en los animales introducidos al estanque, donde previamente nadó otra rata, lo que no
sucede en los animales forzados a nadar en agua limpia (Abel y Bilitzke, 1990) y al
parecer, esta disminución en la inmovilidad se relaciona con el incremento del animal, en
apariencia activado por la sustancia de alarma (Abel y Bilitzke, 1990), lo que pudiera
estar relacionado con el hecho de que los niveles de corticosterona se aumentan en
anímales forzados a nadar (Abel, 1991), sin embargo, la adrenalectomía no modifica la
inmovilidad en la prueba de nado forzado (Abel y Bilitzke, 1992). A su vez, entre las
diferentes cepas de ratas utilizadas, en la prueba de nado forzado, exhiben diferentes
grados de sensibilidad a la “sustancia de alarma”. Por ejemplo, las ratas de la cepa
Sprague Dawley, la Long-Evans y la Fisher 344, cuando son colocadas en un estanque,
donde con antelación nadó otra rata, efectivamente modifican la inmovilidad, un efecto
que no se observa en las ratas de la cepa Wistar , lo que sugiere que talvez las ratas de la


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cepa Wistar son menos sensibles a la sustancia de alarma o que liberan menos sustancia
de alarma (Abel y Bilitzke, 1992).


Otro factor que puede modificar la inmovilidad, es el nivel del agua que contiene
el estanque. Las ratas forzadas a nadar en un recipiente con un nivel alto de agua,
despliegan menor inmovilidad que aquellas colocadas en el recipiente con un nivel bajo,
donde tienen la posibilidad de tocar el fondo (Borsini y Meli, 1988). Asimismo, el nivel
de agua puede facilitar la emisión de estrategias conductuales de búsqueda de salida, en
el estanque de prueba, particularmente en animales tratados con fármacos antidepresivos,
inhibidores de la recaptura de noradrenalina (Detke y Lucki, 1996).


La variación de la temperatura del agua, en el estanque, es otro factor modificador
de la inmovilidad de los animales forzados a nadar (Bruner y Vargas, 1994). En este
sentido, la intensidad de actividad de las ratas o los ratones durante la prueba de nado
frozado, se da en forma de “U”, es decir, cuando la temperatura esta por arriba de los 29
grados centígrados el tiempo empleado en el nado es mayor que en los animales
sometidos a nadar cuando la temperatura del agua está por debajo de los 20 grados
centígrados. Al parecer, el incremento de la actividad de los animales, a temperaturas
extremas, se relaciona con el incremento del estrés (Bruner y Vargas, 1994).


A pesar de que existe controversia al considerar la inmovilidad de los animales
forzados a nadar, como un indicador de desesperanza o como una conducta adaptativa, el
hecho de que los antidepresivos -clínicamente eficaces- disminuyan la inmovilidad,
apoyan la suposición de que esta prueba es un modelo útil, para predecir la potencia
antidepresiva de diversas sustancias (Borsini y Meli, 1988; De Pablo, Parra, Segovia y
Guillamon; West, 1990; Cryan, Valentino y Luki, 2005) y para explorar sus acciones
sobre los diferentes sistemas de neurotransmisión. Las investigaciones realizadas hasta la
fecha han permitido identificar algunos de los sistemas de neurotransmisión, implicados
en las acciones farmacológicas de los antidepresivos. (Rodríguez-Landa y Contreras,
2000). En la prueba de nado forzado se han ensayado diversos fármacos que actúan


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sobre receptores serotoninérgicos, noradreninérgicos, dopaminérgicos y GABAérgicos, a
los cuales se les implica tanto en las acciones farmacológicas de los antidepresivos como
en la fisiopatología de la depresión.


Fármacos antidepresivos en la Prueba de Nado Forzado


Sistema serotoninérgico


Los estudios experimentales y clínicos indican que el sistema serotoninérgico juega un
papel relevante, tanto en la fisiopatología de la depresión como en las acciones de los
antidepresivos (Owens y Nemeroff, 1994). En la prueba de nado forzado, se han
evaluado diversos fármacos antidepresivos que modifican la neurotransmisión
serotoninérgica, como lo son algunos tricíclicos (por ejemplo imipramina y
desipramina), otros agonistas serotonérgicos (por ejemplo sumatriptan y triptanos) y
algunos inhibidores de la recaptura de serotonina (Lucki, Singh y Kreiss. 1994). La
aplicación sistémica de inhibidores de la recaptura de serotonina: la fluoxetina, la
fluvoxamina, la paroxetina y la sertralina, disminuyen la inmovilidad de los animales
forzados a nadar (Sánchez y Meir, 1977; Cervo, Grignashi, Rossi y Samanin, 1991;
Lucki, Singh y Kreiss, 1994). Con respecto al sistema serotonérgico, existe evidencia de
que los receptores 5-HT
1
tienen una gran participación en la neurotransmisión que media
las conductas mostradas en la prueba de nado forzado.


Sistema noradrenérgico


El sistema noradrenérgico es otro sistema de neurotransmisión que al parecer está
involucrado en la depresión y en las acciones farmacológicas de algunos antidepresivos.
Los inhibidores de la recaptura de noradrenalina, como la imipramina y la
desmetilimipramina, son antidepresivos eficaces clínicamente (Baldessarani, 1991) y
disminuyen la inmovilidad en la prueba de nado forzado (Porsolt, Pichon y Jalfre, 1977;


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Borsini, Bendolti, Velkov, Rech y Samanin, 1981; Danys, Plaznick, Kostowski,
Mlatynska, Jarbe, Hiltunen, 1988; Renernc y Licki. 1998).


Sistema dopaminérgico


La dopamina es otro neurotransmisor del cual se tienen evidencias que esta
involucrado en algunos aspectos de la depresión (Randrup Munkvad, Fog, Gerlanch,
Molander, Kjelberg, 1975; Roy, Jong De y Linnolia, 1989) y en las acciones
farmacológicas de algunos antidepresivos (Brown y Gershen, 1993; Willner, 1997).
Mediante la prueba de nado forzado, se ha encontrado que los antagonistas
dopaminérgicos bloquean la disminución de la inmovilidad ejercida por algunos
antidepresivos (Borsini, Nowakowska y Samanin, 1987).


Sistema GABAérgico


El ácido gama-aminobutírico (GABA) está relacionado, en especial, con la
fisiopatología de los trastornos por ansiedad y con las acciones de los agentes ansiolíticos
como las benzodiazepinas (Petty, Kramer, Fulton, Moeller y Rush, 1993; Rodríguez-
Landa, Contreras, 1998). No obstante, algunos agentes GABAérgicos promueven una
disminución de la inmovilidad en los animales en la prueba de nado forzado de manera
semejante a lo que producen los antidepresivos (Porsolt, Pichon y Jalfre, 1977;
Fernández-Tourel, Bolx, Escorihuela, Yánez y Tobeña, 1988).


El Factor neurotrófico derivado del encéfalo (BNDF)


Otros estudios han demostrado que el tratamiento antidepresivo incrementa la
expresión de BDNF en el hipocampo de la rata. El estudio de Shirayama, Chen,
Nakagawa, Russel y Duman. (2002), conduce a evaluar la hipótesis de que el BNDF, en
el hipocampo, produce un efecto antidepresivo en los modelos conductuales de


43
depresión, en los paradigmas de la desesperanza aprendida y la prueba de nado forzado.
La infusión bilateral de BNDF, en el giro dentado del hipocampo, produce un efecto
antidepresivo en la desesperanza aprendida en la prueba de nado forzado y ha sido
comparado, en magnitud con los químicos antidepresivos. Estos efectos fueron
observados tempranamente, tres días después de la infusión de BDNF, sin embargo a los
diez días los efectos se presentaban en menor grado (Shirayama, Chen, Nakagawa et al.
2002).



CAPÍTULO III: PROCEDIMIENTO METODOLÓGICO



Tipo de estudio



Se clasifica la presente investigación como un estudio de tipo correlacional. Como
lo citan Hernández, Fernández y Batista (1998), los estudios de tipo correlacional tienen
como propósito medir el grado de relación entre dos o más conceptos o variables, tiene
como propósito saber como se puede comportar un concepto o variable conociendo el
concepto de otras variables relacionadas.


Sujetos



Para la realización del experimento se utilizaron 64 ratas machos (16 por grupo)
de la cepa Sprague Dawley Normotensas (SDN) provenientes de las subcepas del
Bioterio del Laboratorio de Ensayos Biológicos (Universidad de Costa Rica). Los
animales (22- 24 días de nacidos, con un peso promedio de 79 gramos), fueron
trasladados al Bioterio del Laboratorio de Conducta Animal (Universidad Católica de
Costa Rica). Aproximadamente cuarenta horas después del traslado, fueron marcados
(picrato) y pesados.


44
Se mantuvieron en condiciones estándar de laboratorio según la Ley Nacional
7451 de Bienestar de los Animales (1994) y la Guía del Ministerio de Ciencia y
Tecnología sobre el Cuidado y uso de los animales de Laboratorio (1996) con un ciclo de
luz-oscuridad 6:00 a.m. a 6:00 p.m.- 6:00 p.m. a 6:00 a.m.; con cambios de cama lunes,
miércoles y viernes; y aproximadamente 10 recambios de aire por hora. Los animales
fueron aclimatados durante una semana antes del inicio de las condiciones
experimentales con acceso libre a agua y a alimento peletizado Aguilar y Solís.


Condiciones de alojamiento


Después de la semana de aclimatación los 64 animales se asignaron
aleatoriamente a cada una de las condiciones experimentales (n = 16) según lo descrito
por el modelo de Diamond y Krech et al, (1964). Un primer grupo (enriquecimiento
físico y social) se alojó en una jaula de 120 cm x 70 cm x 100 cm, con paredes y techo de
malla de 2,54 cm de ancho y piso de acero inoxidable con desagüe (ver figura 1 A). Tres
pisos, a 40 cm uno del otro, en forma de herradura comunicados por gradas, cadenas y un
tubo colgante, constituyeron el área interna de la jaula. Se introdujeron dos tubos de PVC
(50 cm x 15 cm y 25 cm x 15 cm respectivamente) y artefactos para enriquecimiento: 1
bola giratoria, 3 fast track, 4 Crawl ball y 1 rueda de trabajo (ver figura 2). Todos los
artefactos y tubos fueron colocados en el piso de la jaula y se cambiaron de lugar al
menos tres veces por semana. Se colocaron entre tres y cinco comederos con capacidad
para 50 g de alimento aproximadamente y dos bebederos de 700 ml. Los, bebederos y
comederos, fueron colocados en sitios distintos y a diferentes alturas al menos tres veces
por semana.


Un segundo grupo de 16 animales (contacto social) se alojaron en dos jaulas de
policarbonato (8 animales por caja; con medida superior 38 cm. x 59 cm; medida inferior
33 cm x 55 cm; alto 20 cm y fondo 1815 cm²; Alphete, Alemania) con rejilla de acero
inoxidable, donde se mantuvo con acceso libre a agua y alimento durante todo el
experimento (ver figura 1B).


45
En el tercer grupo (aislamiento social) se alojaron 32 animales en jaulas
individuales (medida superior 26,5 cm. x 42 cm., medida inferior 22 cm x 37,5 cm, alto
18 cm y fondo 825 cm²; Alphete, Alemania) (ver figura 1C) con acceso libre al agua y
alimento, hasta la semana cinco. A partir de la semana seis los animales fueron divididos
en dos grupos. El primer grupo de 16 animales recibió un régimen sub-crónico de
fluoxetina (llamado grupo fluoxetina a partir de la semana 6) y el segundo grupo se
mantuvo en la misma condición de aislamiento social. Los dos grupos se mantuvieron en
la misma manera que en las primeras cinco semanas de experimentación.















Altura total: 120 cm

Ancho: 70 cm
Largo: 100 cm
Altura entre
pisos: 40 cm
A
Paredes y techo con
malla de 2,54 cm
Tubo colgante


46
















Bola
Giratoria
Rueda de Trabajo
Tubo PVC 25 cm x 15 cm Tubo PVC 50 cm x 15 cm
Crawl ball (madriguera)
Fast track (Plato giratorio con
madriguera para 1 animal)
Medida superior: 38 cm x 59 cm
Medida inferior: 33 cm x 55 cm
Altura: 20 cm
Fondo: 1815 cm²
Figura 2. Artefactos para Enriquecimiento ambiental. Fuente: Brenes y Rodríguez (2004)
C
Medida superior: 26,5cm x 42 cm
Medida inferior: 22 cm x 37,5 cm
Altura: 18 cm
Fondo: 825 cm²
B
Figura 1. Caja de Enriquecimiento ambiental (A), jaula para alojamiento grupal (B) y jaula
para alojamiento individual (C). Fuente: Modificado de Brenes y Rodríguez (2004).


47
Variables


Las variables independientes manipuladas en el presente proyecto son:
enriquecimiento ambiental -se mantiene a un grupo de 10 ó 12 animales en una jaula
grande, que contiene una variedad de estímulos-; contacto social- se mantiene a ocho
animales en una jaula estándar de laboratorio proporcionándoles alimento y agua-;
aislamiento social -se aloja a un animal solo en una jaula de tamaño estándar- y
administración de un antidepresivo a 16 animales aislados socialmente –de manera
intraesofágica durante 21 días ininterrumpidos-.



Instrumentos



Todas las sesiones conductuales fueron grabadas (audio y video) utilizando una
cámara de video (Allview OPCOM BR29 Kit Close Circuit) blanco y negro, con una
visibilidad infrarroja de 1m. La cámara estuvo conectada a un TV y VHS en un cubículo
independiente. La frecuencia y duración de la conducta se registró con el software
Programa de Registro Conductual versión 1.0.0 (Chuprine, Quirós, Brenes, 2004). Las
sesiones conductuales se observaron independientemente por dos observadores
entrenados. Se fijó como límite, un coeficiente de confiabilidad igual o superior al 90%
[Acuerdos en las ocurrencias: acuerdos / (acuerdos + desacuerdos) * 100 y (duración
menor / duración mayor) * 100, para las duraciones de respuesta]. Tanto los datos brutos,
como las conversiones (duración en segundos) y la confiabilidad, en una hoja de SPSS
(SPSS, 10.0), para su posterior análisis estadístico. Para las mediciones del peso corporal
de los animales, el alimento peletizado se utilizaron balanzas (OHAUS) mecánicas
(0,1/610g ± 0,1g) y para el fármaco se utilizó una balanza analítica ACCULAB modelo
VI-200 (0,01/200g ± 0,01g), calibradas por Labcal-Macnor (09/03).







48
Prueba de Campo Abierto


La prueba de campo abierto es una prueba conductual que ha sido diseñada y
estandarizada para evaluar respuestas motoras espontáneas y respuestas emocionales
asociadas al temor y a la exploración en roedores (Essman, 1967; Sherif y Oreland,
1995). El aparato (construido con láminas de madera, selladas y pintadas de gris) tiene un
área de 70 cm x 70 cm y 40 cm de altura. La superficie está divida en cuatro cuadrantes
de 35 cm x 35 cm, dibujados tenuemente con un lapicero negro sobre el campo abierto
(ver figura 3). El mismo se iluminó con una luz roja de 25 watts, colocada sobre el centro
del campo a 130 cm de altura. La luz reflejaba en dirección opuesta a la superficie. Se
colocó una cámara de video a 40 cm de altura sobre uno de los muros (40 cm de alto) de
la caja, con una inclinación de 45° grados, dirigida hacia el centro de la caja.









Prueba del Laberinto Elevado en Cruz


La prueba del Laberinto Elevado en Cruz tiene su origen en el trabajo pionero de
Montgomery en 1955, trabajando con laberintos en “Y” con diferente número de calles
abiertas y cerradas, observó que las ratas mostraban, consistentemente, una alta tasa de
Figura 3. Ilustración del campo abierto


49
exploración y/o preferencia por los brazos cerrados, ante lo cual concluyó que esto se
debía a que los brazos abiertos generaban elevados niveles de miedo. A principios de los
años ochenta se consolida como modelo animal para la ansiedad. (Cárdenas y Navarro,
2002).
El laberinto (construido con láminas de madera forrada con formica de color
negro) consta de cuatro brazos de 50 cm de largo por 10 cm de ancho, dos de los brazos
incorporan unas paredes de 40 cm de altura, los otros dos poseen una cejilla de 2mm de
altura en los bordes (ver figura 4). El área central es el espacio que hay entre los dos
brazos cerrados formando un cuadrado con los brazos abiertos.






Fluoxetina (Inhibidor Selectivo Recaptura Serotonina, ISRS)


El mecanismo común de un ISRS es bloquear la proteína acarreadora de
serotonina (que normalmente es eliminada de la sinapsis mediante la degradación por la
monoaminoxidasa o mediante transporte hacia el terminal presináptico) que se encuentra
10 cm ancho
PARED 40 cm
de ancho
BRAZO 50 cm
de largo
Figura 4. Ilustración del laberinto elevado en cruz
2 mm cejilla


50
en la membrana presináptica, provocando un aumento en la disponibilidad del
neurotransmisor a nivel de la hendidura sináptica. El principal receptor asociado a la
acción terapéutica de este tipo de fármacos antidepresivos es el 5-HT
1A

somatodendríticos y los autorreceptores (Salín-Pascual, 1997).

La fluoxetina (10 mg/kg en 1 ml de H
2
O destilada) se administró entre las
semanas siete y doce, durante 21 días de forma ininterrumpida en el grupo fluoxetina, el
grupo aislamiento social, recibió 10 ml de H
2
O destilada.

La sustancia fue administrada a la misma hora y en el mismo orden, empezando
por el grupo fluoxetina y finalizando con el grupo aislamiento social. Para este
procedimiento el animal fue inmovilizado de forma que la cabeza, el cuello y el tórax
formaran una línea recta, posteriormente se introduce la cánula por la boca del animal,
avanzando en línea recta por la faringe hasta el estómago (Zúñiga et al, 2001) (ver figura
5)










Figura 5. Ilustración de la administración del fármaco


51
Prueba de Nado Forzado (PNF)



Éste paradigma fue desarrollado y descrito previamente por Porsolt et al. (1977) y
ampliamente utilizado para probar el efecto de distintos compuestos antidepresivos.
Consta de una preprueba donde el animal es forzado a nadar en un cilindro durante 15
minutos (ver figura 6) y al día siguiente es reintroducido (prueba) 5 minutos de nuevo en
el cilindro.


Se interpreta que la actividad motora vigorosa exhibida en los primeros minutos
del sumergimiento (preprueba) es una respuesta de estrés típica de la especie ante tal
situación. Cuando el animal en la fase de prueba disminuye su actividad, se interpreta que
éste ha aprendido que la situación estresante es ineludible y por lo tanto, las respuestas de
nado se extinguen por su poca eficacia para escapar. Dicho descenso en la actividad
(inmovilidad) es interpretado como un estado de anhedonia o una disminución en la
motivación del animal por buscar una solución efectiva al problema.










Figura 6. Ilustración de la prueba de nado forzado


52
Recopilación de datos



Todas las pruebas conductuales se realizaron durante el ciclo de oscuridad, entre
7:00 p.m. y 1:00 a.m. Todos los grupos se mantuvieron en sus condiciones de alojamiento
durante doce semanas (Ver tabla 3).


Tabla 3. Cronograma de experimentación

¹Pruebas

Semanas


AC PCA/PLEC AF AF AF AF AF/PCA/PLEC AF/PNF
| | | | | | | |
1 6 7 8 9 10 11 12

¹ AC: Acondicionamiento PLEC: prueba de laberinto elevado en cruz PCA: Prueba de campo
abierto AF: administración de fluoxetina PNF: Prueba de nado forzado



Experimento I: Prueba de Campo Abierto


La prueba de campo abierto se llevó a cabo durante las semanas seis y once. Para
cada medición se tomó un animal de cada grupo (enriquecimiento, control estándar,
empobrecimiento 1, empobrecimiento 2) hasta completar veinte animales por día. Al día
siguiente se repitió el procedimiento hasta completar toda la muestra. El periodo de
observación fue de 10:30 minutos. Se tomaron los primeros 30 segundos para adaptación
del animal y no se registró ninguna conducta. Cada animal se situó en el centro de la
prueba, y se registraron las siguientes conductas: 1) conducta exploratoria, entendida
como elevaciones sobre las dos patas traseras (al aire o apoyadas sobre los muros) igual o
superior a un ángulo de 45°, siempre y cuando fuese distinta del olfateo o de la elevación
de la cabeza sin levantar el tronco; 2) locomoción, entendida como la frecuencia de
cruces, considerando un cruce cuando el animal pase con sus cuatro patas a otro
cuadrante; 3) área central, entendida como el tiempo en el que el animal permanece con
sus cuatro patas dentro del cuadrante central, 4) área periférica, la cual resulta de la resta
entre la medida anterior y el tiempo total en que el animal permanece en el campo; 5)


53
acicalamiento, entendida como lamerse directamente alguna parte del cuerpo, o pasar sus
patas repetidamente por el hocico, cabeza, tronco y extremidades, siendo distinta de
rascarse (ver figura 7).


Este procedimiento se llevó a cabo bajo condiciones ambientales controladas:
cubículo color negro para evitar señalizaciones en el cuarto y el reflejo de la luz,
iluminación tenue (luz roja de 25 watts), con aproximadamente 10 recambios de aire por
hora, ruido blanco (del inyector y extractor de aire) y temperatura ambiente de 20 °C ± 1
°C. Para evitar que las señales olfatorias (orina y defecación) dejadas en paredes y pisos
alteraran el comportamiento de los animales, entre cada ensayo, se limpió el campo
abierto cuidadosamente con alcohol al 95%.










Cruces
Exploración Acicalamiento
Figura 7: Ilustración de las conductas medidas en la prueba de campo abierto.
Fuente: Brenes y Rodríguez (2004)


54
Experimento II: Prueba de Laberinto Elevado en Cruz


La prueba del Laberinto Elevado en Cruz (PLEC) se llevó a cabo durante la
semana seis y once. Para cada medición se tomó un animal de cada grupo
(enriquecimiento físico, contacto social, fluoxetina y aislamiento social) hasta completar
veinte animales por día. Al día siguiente se repitió el procedimiento hasta completar toda
la muestra. La duración de la sesión fue de 5 min. En su inicio, se coloca al animal en el
centro del laberinto, de cara a uno de los dos brazos cerrados. Se registraron los
siguientes parámetros espaciotemporales: 1) Número de entradas en los brazos abiertos,
2) número de entradas en los brazos cerrados, 3) tiempo que permanece el animal en los
brazos abiertos, 5) tiempo que permanece en los brazos cerrados y 6) número total de
cruces en los distintos brazos (un cruce es considerado cuando el animal pase con sus
cuatro patas a otro brazo o al área central). El procedimiento de esta prueba se llevó a
cabo bajo las mismas condiciones ambientales que el experimento I.



Experimento III: Nado Forzado


La prueba de nado forzado (PNF) se llevó a cabo durante la semana doce,
tomando tres animales de cada grupo (enriquecimiento, control estándar,
empobrecimiento 1 y empobrecimiento 2) hasta completar quince animales por día. En
los días siguientes se repitió el procedimiento hasta completar toda la muestra. Los
animales fueron forzados a nadar durante quince minutos, en un cilindro de plexiglás (47
cm de profundidad y 34 cm de diámetro) con agua (24 °C ± 0,5 °C) entre 35 cm y 37 cm
de profundidad (sin que pudieran apoyarse en el fondo con la cola o las patas) (ver figura
6).


Veinticuatro horas después, los animales fueron reintroducidos en el cilindro y
durante cinco minutos se registraron las siguientes conductas: 1) escalamiento, entendida
como la duración de los movimientos que hace el animal sobre las paredes del cilindro en
posición vertical con las cuatro patas, incluidos los chapoteos de frente a las paredes; 2)


55
buceo, entendida como la frecuencia de los sumergimientos de todo el cuerpo, con la
cabeza en dirección al fondo del cilindro, incluye el presionar con la nariz el fondo del
estanque, así como el impulsarse con las patas traseras desde el fondo hasta la superficie,
para tratar de salir del cilindro; 3) nado, entendido como los movimientos de las cuatro
patas en posición horizontal, en dirección circular pero no hacia las paredes del cilindro y
4) inmovilidad, como la ausencia de buceo, escalamiento y nado (ver figura 8). Los
movimientos necesarios para asegurar que la cabeza se mantuviera sobre el nivel del
agua, no fueron considerados como nado. El escalamiento y el buceo se consideraron
conductas de escape, equivalentes al nado, opuestas a la inmovilidad.


Todos los ensayos fueron grabados (cámara a 80 cm. sobre el cilindro) bajo
condiciones ambientales controladas de iluminación (fluorescente, 40 watts), con
aproximadamente 10 recambios de aire por hora, ruido blanco (del inyector y extractor de
aire) y temperatura ambiente de 20 °C ±1 °C. El agua se cambió en cada ensayo y se
ajustó la temperatura, para evitar señalizaciones que alteraran la conducta de los
animales. Al finalizar el tiempo de prueba, los animales fueron colocados en una jaula
con burucha y sobre ella un bombillo de 100 watts a 25 cm, durante 20 minutos para
facilitar el secado.



Figura 8. Ilustración de las conductas medidas en la Prueba de Nado Forzado. Fuente:
Modificado de Brenes y Rodríguez (2004)


56
CAPITULO IV: ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN DE DATOS



Los datos son presentados como promedios con sus errores estándar de la media
(Media ± EEM). Los errores superiores (α ≥ 0,05) al nivel preestablecido fueron omitidos
en algunos análisis. Para contrastar la hipótesis de diferencias entre grupo para todas las
pruebas conductuales se utilizó un análisis multivariado de varianza (MANOVA),
seguido de la prueba post hoc de la Diferencia Menos Significativa (DMS). La magnitud
del efecto multivariado fue calculado mediante el estadístico Lamba (Λ) de Wilks.
Cuando las variables no cumplieron con los supuestos de homogeneidad de la varianza
y/o normalidad se utilizó como ANOVA no paramétrico la prueba de Kruskal-Wallis (H).
La que fue comparada con el análisis de varianza de un factor (ANOVA) para descartar
que las diferencias obedecieran a violaciones de dichos supuestos. La prueba de t de
Student (t) para grupos correlacionados o su equivalente no paramétrico (Wilcoxon)
fueron utilizadas para comparar las pruebas conductuales entre las semanas 6 y 11.


Para el análisis de los parámetros de tiempo en el Laberinto Elevado en Cruz, se
construyo un índice del tiempo en el brazo abierto (tiempo en el brazo abierto * 100 /
300) y en el brazo cerrado (tiempo en el brazo cerrado * 100 / 300).



Análisis de datos


Campo abierto


Semana seis


El análisis multivariado de varianza (Λ = 0,37; p < 0,0001) reveló que a cuatro
semanas del inicio de las condiciones de alojamiento, el acicalamiento fue
significativamente mayor (F (2,61) = 4,53; p < 0,01) en los animales enriquecidos con
respecto a los animales aislados socialmente (DMS; p < 0,004), mientras que el grupo de


57
contacto social no se diferenció de los anteriores (ver figura 9). Por otra parte, los
animales enriquecidos presentaron menores frecuencias de cruces (F (2,61) = 8,83; p <
0,0001) (ver figura 10) y mayores frecuencias de exploración (F (2,61) = 8,83; p < 0,0001)
(ver figura 11) que los animales del grupo contacto social (DMS; p < 0,009) (DMS; p <
0,06) y del grupo de empobrecimiento (DMS; p < 0,0001), sin diferir, éstos últimos entre
sí.


Acicalamiento
0
20
40
60
80
100
120
140
Enriquecimiento Contacto social Aislamiento Social
(fluoxetina)
Aislamiento Social
Figura 9. Tiempo promedio de acicalamiento de las pruebas realizadas en la sexta y onceava
semana, según las condiciones de alojamiento. Para el análisis de la semana seis se tomaron los
32 animales de empobrecimiento como un grupo.
D
u
r
a
c
i
ó
n

S
e
g
u
n
d
o
s
Sexta Semana
Onceava Semana


Semana once


A partir de la semana 6 el grupo de asilamiento social fue divido en dos grupos de
16 animales. A uno de los grupos se le administró durante cuatro semanas el
antidepresivo Fluoxetina (10mg/kg, intragástrica). El otro grupo permaneció, al igual que
los restantes grupos, en sus respectivas condiciones de alojamiento. El análisis
multivariado de varianza (Λ = 0,34; p < 0,0001) (F (3,60) = 4,73; p < 0,05) reveló que los
niveles de acicalamiento, al igual que en la semana 6, fueron significativamente mayores
en los animales enriquecidos con respecto a los animales aislados socialmente (DMS; p <
0,001), así como sobre aquellos a quienes se les administró el antidepresivo (grupo
fluoxetina) (DMS; p < 0,026) (ver figura 9). A diferencia de la semana 6, en esta ocasión
el grupo de enriquecimiento fue significativamente mayor que el grupo de contacto social
(DMS; p < 0,008). Tanto los grupos de empobrecimiento, así como el grupo de control


58
no fueron significativamente distintos entre sí. Cuando fue comparado el acicalamiento
entre la semana seis y once no se observaron diferencias entre ninguno de los grupos (ver
figura 9).


Por otra parte, en la semana once los niveles de locomoción (cruces) fueron
menores en los animales enriquecidos comparados con los animales aislados socialmente
(F (3,60) = 4,40; p < 0,0002) (DMS; p < 0,04), incluidos los tratados con fluoxetina (DMS;
p < 0,03) (ver figura 10). En los grupos de enriquecimiento (t
(15)
= 2,32; p < 0,03) y
contacto social (t
(15)
= 2,30; p < 0,03) los niveles de cruces disminuyeron
significativamente con respecto a sus valores en la semana 6, reduciéndose las diferencias
entre estos grupos en la semana once, al punto que dejaron de ser significativas. Contrario
a los observado en los grupos de enriquecimiento y contacto social, los grupos de
aislamiento social (t
(15)
= 1,13; p < 0,27) y fluoxetina (t
(15)
= 0,16; p < 0,87), no mostraron
un cambio significativo en los niveles de cruces entre las semanas seis y once (ver figura
10).

Cruces
0
10
20
30
40
50
60
70
80
Enriquecimiento Contacto social Aislamiento Social
(fluoxetina)
Aislamiento Social
Figura 10. Frecuencia promedio de cruces de las pruebas realizadas en la sexta y onceava
semana, según las condiciones de alojamiento. Para el análisis de la semana seis se
tomaron los 32 animales de empobrecimiento como un grupo.
F
r
e
c
u
e
n
c
i
a
Sexta Semana
Onceava Semana


A diferencia del acicalamiento y los cruces, los niveles de exploración no fueron
significativamente distintos entre los grupos en la semana once. Dicha reducción en las


59
diferencias se debió a una disminución significativa en la frecuencia de exploración entre
el primer y segundo campo abierto (t
(15)
= 2,06; p < 0,05) en el grupo de enriquecimiento,
quien había mostrado mayores niveles que los demás grupos durante la semana seis (ver
figura 11).

Exploración
0
10
20
30
40
50
60
70
Enriquecimiento Contacto social Aislamiento Social
(fluoxetina)
Aislamiento Social
Figura 11. Frecuencia promedio de exploración de las pruebas realizadas en
la sexta y onceava semana, según las condiciones de alojamiento. Para el
análisis de la semana seis se tomaron los 32 animales de empobrecimiento
como un grupo.
F
r
e
c
u
e
n
c
i
a




















Sexta Semana
Onceava Semana



Laberinto elevado en cruz


Semana seis


El ANOVA (F (2,61) = 3, 38; p < 0,04) como su equivalente no paramétrico (H
(2) =
6,21; p < 0,04), coinciden en detectar diferencias significativas tanto en las entradas al
brazo abierto como en el tiempo de permanencia en el mismo (F
(2,61)
= 6,52; p < 0,003)
(H
(2)=
7,74; p < 0,02), siendo el grupo de enriquecimiento superior al grupo aislamiento
social (DMS; p < 0,01) en estos dos parámetros conductuales (DMS; p < 0,001). Los
animales de contacto social no se diferenciaron de los restantes grupos (DMS; p < 0,11)
(DMS; p < 0,46) (ver figuras 12 y 13). Por otra parte, el MANOVA (Λ = 0,51; p < 0,04),
reveló una mayor frecuencia de entradas al brazo cerrado (F
(2,61)
= 5,22; p < 0.008) por
parte de los animales enriquecidos en comparación con los animales de contacto social


60
(DMS; p < 0,01) y aislados socialmente (DMS; p < 0,003) sin haber diferencias
significativas entre estos últimos grupos (DMS; p < 0,76). A pesar de las diferencias
detectadas en la frecuencia de entradas al brazo cerrado, ninguno de los grupos se
distinguió con respecto al tiempo de permanecía en el mismo (F (2,61) = 0,64; p < 0,52)
(ver figuras 14 y 15). En cuanto a la frecuencia de cruces entre los brazos, los animales
enriquecidos mostraron frecuencias significativamente superiores (F (2,61) = 6,23; p <
0,03) comparados con el grupo contacto social (DMS; p < 0,01) y aislamiento (DMS; p <
0,001), sin diferencias entre estos dos últimos grupos (ver figura 16).
Entradas al brazo abierto
0
0.1
0.2
0.3
0.4
0.5
0.6
0.7
0.8
Enriquecimiento Contacto social Aislamiento Social
(fluoxetina)
Aislamiento Social
Figura 12. Frecuencia promedio de entradas de las pruebas realizadas en la sexta
y onceava semana, según las condiciones de alojamiento. Para el análisis de la
semana seis se tomaron los 32 animales de empobrecimiento como un grupo.
F
r
e
c
u
e
n
c
i
a










Sexta Semana
Onceava Semana
Tiempo en el brazo abierto
0
0.5
1
1.5
2
2.5
3
Enriquecimiento Contacto social Aislamiento Social
(fluoxetina)
Aislamiento Social
Figura 13. Porcentaje de tiempo en el brazo abierto de las pruebas realizadas en
la sexta y onceava semana, según las condiciones de alojamiento. Para el
análisis de la semana seis se tomaron los 32 animales de empobrecimiento
como un grupo.
%






Sexta Semana
Onceava Semana



61
Semana once


En la semana once desaparecieron las diferencias observadas en la semana seis
con respecto a las entradas y al tiempo de permanencia en el brazo abierto, producto de
una disminución en ambos parámetros conductuales entre ambas semanas en todos los
grupos, siendo significativos sólo en el grupo contacto social (t
(15)
= 2,17; p < 0,04). A
pesar de la ausencia de diferencias en la semana once, el grupo que recibió fluoxetina
igualó al grupo de enriquecimiento en el tiempo y frecuencia de entradas al brazo abierto
siendo ambos grupos superiores al grupo aislamiento social (DMS; p < 0,57) y control
(DMS; p < 0,57) (ver figuras 12 y 13).

Entradas al brazo cerrado
0
2
4
6
8
10
12
14
16
Enriquecimiento Contacto social Aislamiento Social
(fluoxetina)
Aislamiento Social
Figura 14. Frecuencia promedio de entradas de las pruebas realizadas en la sexta y onceava
semana, según las condiciones de alojamiento. Para el análisis de la semana seis se tomaron
los 32 animales de empobrecimiento como un grupo.
F
r
e
c
u
e
n
c
i
a




















Sexta Semana
Onceava Semana

Por otra parte, la disminución en la frecuencia de entradas al brazo cerrado, entre
la semana seis y once en los grupos de contacto social (t
(15)
= -5,81; p < 0,0001) y
aislamiento social (t
(15)
= -3,73; p < 0,002), permitió (Λ = 0,31; p < 0,04; F
(3, 60)
= 6,66;
p < 0,001), a éstos dos grupos superar significativamente los valores del grupo
enriquecimiento (DMS; p < 0,008 y DMS; p < 0,006) sin diferir con el grupo fluoxetina
(ver figura 14). Los grupos de enriquecimiento y fluoxetina presentaron un incremento
significativo en cuanto al tiempo de permanencia en el brazo cerrado con respecto a los


62
grupos de contacto social (DMS; p < 0,01) y aislamiento social (DMS; p < 0,006) (ver
figura 15).


Tiempo en el brazo cerrado
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
Enriquecimiento Contacto social Aislamiento Social
(fluoxetina)
Aislamiento Social
Figura 15. Porcentaje de tiempo en el brazo cerrado de las pruebas realizadas en
la sexta y onceava semana, según las condiciones de alojamiento. Para el
análisis de la semana seis se tomaron los 32 animales de empobrecimiento
como un grupo.
%




Sexta Semana
Onceava Semana


Los aumentos significativos en la cantidad de cruces por parte de los grupos
fluoxetina (t
(15)
= -2,68, p < 0,01), contacto social (t
(15)
= -5,70; p < 0,0001) y aislamiento
(t
(15)
= -3,66; p < 0,002), entre la semana seis y once, hicieron que los últimos dos grupos
presentaran diferencias significativamente superiores (DMS; p < 0,006; DMS; p < 0,007)
que los animales enriquecidos (Λ = 0,31; p < 0,004; F (3,60) = 6,54; p < 0,001). Por otra
parte los animales que recibieron tratamiento farmacológico no presentaron diferencias
significativas con respecto al grupo enriquecimiento (DMS; p < 0,55), pero si cruzaron en
menos ocasiones que el grupo contacto social (DMS; p < 0,001) y aislamiento (DMS; p <
0,001) (ver figura 16).







63
Cruces
0
5
10
15
20
25
30
Enriquecimiento Contacto social Aislamiento Social
(fluoxetina)
Aislamiento Social
Figura 16. Frecuencia promedio de cruces de las pruebas realizadas en la sexta y
onceava semana, según las condiciones de alojamiento. Para el análisis de la semana
seis se tomaron los 32 animales de empobrecimiento como un grupo.
F
r
e
c
u
e
n
c
i
a










Sexta Semana
Onceava Semana



Nado Forzado


Semana doce


El análisis multivariado de varianza (Λ = 0,54; p < 0,0001) reveló que las
condiciones de alojamiento tuvieron un efecto significativo sobre el tiempo de
inmovilidad (F (3,58) = 3,72; p < 0,01) (ver figura 17), nado (F (3,58) = 4,53; p < 0,006) (ver
figura 18) y buceo (F (3,58) = 6,56; p < 0,001) (ver figura 19) en la prueba de nado forzado.
Específicamente, los animales enriquecidos presentaron significativamente menos
inmovilidad en comparación con todos los grupos, producto de un aumento en el tiempo
de nado y de buceo, el cual fue significativo sólo con respecto a asilamiento social (DMS;
p < 0,002). Por otra parte, la frecuencia de buceo en los animales de enriquecimiento fue
superior a la frecuencia mostrada por los restantes grupos.




64
Inmovilidad
0
50
100
150
200
250
Enriquecimiento Contacto social Aislamiento
social (fluoxetina)
Aislamiento
social
Figura 17. Tiempo promedio de inmovilidad en la prueba realizada en la
doceava semana, según las condiciones de alojamiento.

D
u
r
a
c
i
ó
n

s
e
g
u
n
d
o
s

















Doceava Semana



Nado
0
10
20
30
40
50
60
70
80
90
Enriquecimiento Contacto social Aislamiento social
(fluoxetina)
Aislamiento social
Figura 18. Tiempo promedio de nado en la prueba realizada en la doceava semana,
según las condiciones de alojamiento.
D
u
r
a
c
i
ó
n

s
e
g
u
n
d
o
s
































Doceava Semana


Por otra parte, los animales que recibieron fluoxetina, presentaron niveles
significativamente superiores de nado con respecto a control (DMS; p < 0,03) y
empobrecimiento (DMS; p< 0,001), los cuales a su vez no difirieron significativamente
entre sí. A pesar de que no se presentaron diferencias significativas entre los tres grupos
antes mencionados en la conducta de buceo, los animales que recibieron el antidepresivo
fueron los únicos además del grupo enriquecimiento, que presentaron dicha conducta, sin
embargo, la frecuencia promedio de este grupo fue menor a un buceo.



65
Buceo
0
0.5
1
1.5
2
2.5
Enriquecimiento Contacto social Aislamiento social
(fluoxetina)
Aislamiento social
Figura 19. Frecuencia promedio de buceo en la prueba realizada en la doceava
semana, según las condiciones de alojamiento.
F
r
e
c
u
e
n
c
i
a
Doceava Semana



A pesar de que la conducta de escalamiento (F (3,58) = 0,94; p < 0,42) (ver figura
20) no presentó variaciones significativas entre los grupos de estudio, es importante
mencionar que los grupos de contacto social y enriquecimiento escalaron más que los
grupos empobrecimiento y fluoxetina, siendo este último el que presentó los niveles más
bajos.



Escalamiento
0
10
20
30
40
50
60
Enriquecimiento Contacto social Aislamiento social
(fluoxetina)
Aislamiento social
Figura 20. Tiempo promedio de escalamiento en la prueba realizada en la
doceava semana, según las condiciones de alojamiento.

D
u
r
a
c
i
ó
n

s
e
g
u
n
d
o
s
Doceava Semana




66
Interpretación de datos


Campo Abierto


Menores niveles de locomoción y mayores niveles de acicalamiento, sugieren un
una habituación más rápida y más eficiente ante la exposición a un ambiente novedoso
(Elliott y Grunberg, 2005). Por lo tanto, después de cuatro semanas de condiciones de
alojamiento, los bajos niveles de locomoción con respecto a todos los grupos
experimentales y los altos niveles de acicalamiento, con respecto a aislamiento social, en
los animales enriquecidos, sugiere que la condición de alojamiento podría ser un factor
determinante en cuanto a la velocidad en la el animal se habitúa a un ambiente novedoso,
acelerando el reconocimiento de una situación potencialmente peligrosa.


El síndrome de aislamiento social (Heidbreder, Weiss, Domeney, Pryce,
Homberg, Hedou, Feldon, Moran y Nelson, 2000), se caracteriza por una constante
hiperactividad que incluye altos niveles de locomoción, hiperesponsividad en ambientes
novedosos e incremento de las conductas de alerta propias de la especie. A partir de lo
mencionado, se sugiere que los altos niveles de actividad que presentaron los animales
aislados socialmente durante la semana once, son parte del síndrome generado por la
condición de alojamiento.


Es importante mencionar que, a pesar de que los animales contacto social
presentaron niveles significativamente menores en la locomoción en relación con el
grupo enriquecimiento durante la semana seis, estas diferencias desaparecieron durante la
semana once. En el estudio de Brenes y Rodríguez, (2004), los animales control
(equivalente al grupo contacto social en el presente trabajo) se encontraban alojados en
tríos y se les realizaron cuatro pruebas de campo abierto, dos de las cuales se realizaron a
la semana seis y otra a la semana diez, presentando al igual que el presente trabajo, un
incremento en los cruces de una semana a la otra, desapareciendo las diferencias con
enriquecimiento en la semana diez. Pero, en la conducta de acicalamiento, las diferencias


67
se mantuvieron entre la semana seis y diez, lo cual no se repitió en este proyecto, ya que
el acicalamiento aumentó entre la semana seis y once. Por lo tanto, si en el grupo
contacto social de ocho animales hubo un incremento en la conducta de acicalamiento de
la semana seis a la once, igualando al grupo enriquecimiento; y los animales alojados en
tríos mantuvieron las diferencias entre la semana seis y diez, se sugiere que la cantidad de
contacto social tiene un efecto determinante sobre el proceso de habituación, evidenciado
en el acicalamiento (Hellemans, Benge y Olmstead, 2004), el cual puede ser equivalente
al obtenido por un ambiente enriquecido, solo que podría requerir de mayor tiempo
(Elliott y Grunberg, 2005).


La ausencia de diferencias entre los animales aislados socialmente y los que
fueron sometidos a un régimen de fluoxetina, podría ser debido a que la facilitación de la
transmisión serotoninérgica a estas dosis no tiene efectos evidentes en los parámetros
conductuales medidos en el campo abierto, es decir el modelo conductual no detecta
efecto del fármaco (Sánchez y Meier, 2004).



Elevado en Cruz


Un mes de enriquecimiento y de contacto social aumentó tanto la frecuencia de
entradas como el tiempo de permanencia en el brazo abierto, sugiriendo que dichas
condiciones podrían tener un efecto de tipo ansiolítico (Morato, Frenesda, Silveira,
Lúcia-Santos y Carneiro, 2003). Por otra parte, el enriquecimiento físico no produce un
beneficio conductual sobre los animales que solo fueron sometidos a contacto social.


La menor cantidad de entradas y tiempo en el brazo abierto, por parte de los
animales empobrecidos en relación con los enriquecidos y controles, sugiere que la
ausencia de contacto social podría facilitar la presencia comportamientos de evitación
ante un ambiente novedoso (Domjam, 1999).


68
Tradicionalmente una mayor cantidad de cruces es interpretada como altos niveles
de ansiedad (Pellow y File, 1986). A pesar de ello, se ha interpretado en otros estudios
realizados en animales enriquecidos (Friske y Gammie, 2005), que la alta cantidad de
cruces en dicha condición, es el resultado de una gran motivación por explorar ambientes
novedosos. En este experimento los datos son consistentes con tal afirmación.

Después de diez semanas de alojamiento, los animales enriquecidos y controles
disminuyeron significativamente tanto el tiempo como las entradas al brazo abierto, lo
cual redujo las diferencias entre los grupos observados durante la semana seis, haciendo
que las mismas dejaran de ser significativas. A pesar de ello el grupo de enriquecimiento
ambiental mostró los valores más altos de entradas y tiempo en el brazo abierto junto con
los animales que fueron sometidos a tratamiento farmacológico. Esto sugiere que, a pesar
de que no hubo diferencias significativas, la administración de un inhibidor selectivo de
la recaptura de serotonina en los animales aislados socialmente revirtió levemente el
patrón observado durante la semana seis (Sánchez y Meier, 1997), haciendo que esos
animales mostraran un comportamiento equivalente al de los animales enriquecidos.
Tomando en consideración el que ambos grupos sean similares, sugiere que el efecto del
enriquecimiento podría actuar sobre el sistema serotoninérgico.

La permanencia por más tiempo, así como la menor cantidad de entradas en el
brazo cerrado, por parte de los animales enriquecidos y los que recibieron fluoxetina en
comparación con los demás grupos experimentales, podría sugerir que tanto el contacto
social (Friske y Gammie, 2005) como el inhibidor selectivo de la recaptura de serotonina
(Naughton, Mulrooney y Leonard, 2000) facilitan el proceso de evaluación de una
situación novedosa.

La mayor cantidad de cruces y entradas al brazo cerrado por parte del grupo
contacto social, se interpreta, al igual que en el grupo enriquecimiento, como una
motivación por explorar un ambiente novedoso. En el estudio de Elliot y Grunberg
(2005), fueron comparados animales enriquecidos, tanto ambiental como físicamente
alojados en tríos, con animales control alojados en tríos, resultando que los segundos


69
pueden llegar a comportarse de manera equivalente a los primeros, únicamente que
tardan más tiempo en alcanzar esos niveles. Por lo tanto, la equivalencia en la respuesta
de los parámetros antes mencionados por parte de los animales controles y enriquecidos
podría depender únicamente del tiempo de condiciones de alojamiento, donde la
estimulación física sería un factor acelerador de los efectos propios del contacto social.


Nado Forzado


El enriquecimiento ambiental, pero no el contacto social, reduce
significativamente la inmovilidad en la prueba de nado forzado, comparado con los
animales aislados socialmente. Los animales sometidos a contacto social no se
diferenciaron de aquellos que se encontraban en un ambiente enriquecido, contrario a lo
reportado por Brenes y Rodríguez (2004), donde, los animales del grupo control
presentaron mayores niveles de inmovilidad que los enriquecidos. Dicha variación podría
atribuirse a la diferencia de tres a ocho animales por jaula, sugiriendo que la cantidad de
contacto social hizo desaparecer las diferencias entre enriquecimiento y control.

En los animales aislados socialmente los altos niveles de inmovilidad en la prueba
de nado forzado sugieren que un estrés crónico inducido por el aislamiento, (Porsolt,
Pichon y Jalfre, 1977) interfiere con las habilidades de afrontamiento, a partir de la
imposibilidad de escapar de un acontecimiento aversivo (Cryan, Valentino, Lucki, 2005).
Esto sugiere que el aislamiento social podría tener una participación importante en la
desesperanza conductual y confirma a su vez la participación del contacto físico y social
como un factor protector de dicho fenómeno.

Los mayores niveles de nado por parte de los animales enriquecidos, sugieren que
esta condición de alojamiento promueve las habilidades para escapar de un estrés
ineludible. Por otra parte, el aumento en los niveles de nado por parte de los animales que
recibieron un régimen sub-crónico de fluoxetina concuerda con lo reportado en estudios
previos, donde la administración de un inhibidor de la recaptura de serotonina en la


70
prueba de nado forzado participa, específicamente, reduciendo la inmovilidad y
aumentando el nado (Page, Detke, Dalvi, Kirby y Luky, 1999), incrementando la
motivación del animal para buscar una solución a la situación de apremio que representa
el nado forzado (Rodríguez-Landa y Contreras, 2000). Las similitudes observadas entre
los animales que recibieron fluoxetina y los enriquecidos, sugiere que en los segundos, la
condición de alojamiento podría facilitar la transmisión serotoninérgica.

La conducta de escalamiento puede interpretarse como una respuesta más eficaz
de escape que el nado (Cryan, Valentino, Lucki, 2005), y como indicador de un menor
aprendizaje de indefensión, entre la sesión de pre-prueba y prueba (Brenes y Rodríguez,
2004). Tanto en el grupo enriquecimiento como en el grupo control, se presentaron
niveles equivalentes entre sí y superiores en relación a las otras dos condiciones,
sugiriendo que entre la estimulación física y social, el tiempo es un factor determinante
para el desarrollo de esta conducta, más allá de la inclusión de objetos y amplitud del
espacio físico en el grupo enriquecimiento. Por otra parte, es importante mencionar, que a
pesar de que los niveles de escalamiento son similares entre los enriquecidos y controles,
son insuficientes para reducir la inmovilidad en los segundos.

El buceo es probablemente la conducta de escape más eficaz y la que requiere de
una mayor elaboración en cuanto a la complejidad de sus componentes (sumergirse –lo
cual implica un control voluntario de la respiración-, voltearse e impulsarse hacia la
superficie) (Brenes y Rodríguez, 2004). Los mayores niveles de buceo en los animales
enriquecidos, en comparación con las condiciones control y aislamiento social (en los
cuales no se presentó dicho parámetro), sugiere que la condición de enriquecimiento
favorece la emisión de mayores conductas de escape (Brenes y Rodríguez, 2004). A pesar
de que la frecuencia de buceo presentada por los animales aislados socialmente que
recibieron un régimen de fluoxetina fue muy pequeña, la presencia de este parámetro
sugiere que el mismo podría estar controlado por el sistema serotoninérgico.






71
CAPITULO V: CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES



Conclusiones



- El enriquecimiento ambiental tiene un efecto protector -superior al presentado por
el enriquecimiento social y la fluoxetina- ante el desarrollo de desesperanza
conductual y ansiedad incondicionada, además facilita el desarrollo de estrategias
de afrontamiento ante situaciones novedosas y potencialmente peligrosas.


- El contacto social de ocho animales, podría desarrollar efectos equivalentes al
enriquecimiento ambiental. Solamente que requiere de mayor tiempo en la
condición de alojamiento.


- La condición de aislamiento social tiene una participación importante en la
desesperanza conductual, confirmando, a su vez, al contacto físico y social como
factores protectores de dicho fenómeno.


- La fluoxetina (inhibidor selectivo de la recaptura de serotonina), revierte el déficit
conductual inducido por la condición de aislamiento social, siendo equivalente al
efecto de los animales de contacto social, principalmente en la prueba de nado
forzado.


- Los efectos de la condición de enriquecimiento ambiental tienen la misma
dirección de los beneficios obtenidos a partir de la administración de la
fluoxetina, únicamente que su magnitud fue mayor. Esto sugiere que dicha
condición podría facilitar la transmisión serotoninérgica, sin descartar la
participación de otros mecanismos



72
- La prueba de campo abierto fue mas sensible ante los tratamientos realizados en
comparación con la prueba de laberinto elevado en cruz, a pesar de que ambos
procedimientos se clasifican como pruebas de ansiedad incondicionada



Recomendaciones



- Manipular nuevas variables con el fin de fortalecer los datos que se han obtenido
en la línea de investigación.


- Fortalecer los contactos con el Programa de Neurociencias y Laboratorio de
Ensayos Biológicos (LEBi) en trabajos que se deriven del presente y futuros
proyectos en animales de laboratorio.


- Difundir los resultados en congresos, simposios científicos nacionales e
internacionales.


- Publicar los resultados en revistas científicas.


- Fortalecer el equipo de trabajo en el área de psicobiología en el Centro de
Investigaciones Psicológicas Avanzadas (CIPA) con el fin de mantener la calidad
y ampliar la colaboración interinstitucional (Universidad Católica – Universidad
de Costa Rica).


- Promover la producción de trabajos finales de graduación en proyectos coherentes
con esta línea de trabajo (humanos y animales de laboratorio)






73
Referencias




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