Solidaridad Obrera

Y EL PERI ODI SMO DE RAÍ Z ÁCRATA
Francisco M a d r i d
e d i c i o n e s s o l i d a r i d a d o b r e r a
© Francisco Madrid
DE LA MESENTE EDICION:
Solidaridad Obrera
Solidaridad Obrera es el órgano de expresión
de ¡a Confederado Regional del Treball
de Catalunya i Balean
Periódico Solidaridad Obrera
Ptge. kiu Congost, n°5-l 1Babeos
08917 Badalona
w e b :
www.cnt.es/soliobrcra
ema i l :
soliobrera@cn t.es
D i seño ymaquetaci óN :
Enrique [,ópez Marín
DEtóSI TO LEGAL:
SE-4B61-2007
I SBN:
978-84-920698-6-6
I N D I C I
I NTRODUCCI ON 7
c a p í t u l o i 27
La cultura anarquista decimonónica
1.1. ¡¡¡Organización!!! 27
1.2. Las bases de !a cultura anarquista 39
1.3. Hacia nuevas formas de organización 42
c a p i t u l o i i 49
Los frentes de lucha del anarquismo
2 . !. £! íargo camino de la fecuperación 49
2.2. El desarrollo de los grupos de afinidad anarquista 55
2.3. Tierra y libertad. Un grifo de rebeldía 72
c a p í t u l o i i i s s
Nacimiento y desarrollo de Solidaridad Obrera
3. 1. Génesis de Solidaridad Obrera 85
3.2. La Federación Nacional de Agricultores 95
3.3. La nueva etapa de Solidaridad Obrera 100
CA PÍ T U L O I V
Anarquismo y pistolerismo
4 . ! . El germen fructifica: expansión de Solidaridad Obrera. La etapa valenciana del diario decano de la
Confederación 113
4.2. El periódico confederal se exfiende por España 128
4.3. El impado de la revolución rusa: la bokheviración de! anarquismo o la anarquía bolchevique 134
CA PI T U L O V l «7
La prensa anarquista y anarcosindicalista frente a
la Dictadura (1923- i931)
5.1. La espiral de Solidaridad Obrera. Clandestinidad o lug.ilid.nl una polémica sin sentido t 67
5-2. Soslayando la dictadura: Generación Consciente-Estudios y la Revista Blanca I ) 5
5.3. Revista Nueva: Una nueva dimensión filosófica del anarquismo 181
5.4. Anarquismo y sindicalismo Una vieja polémica 184
5.5. El anarquismo se reorganiza: Ética e Iniciales . 1.89
C A PI T U L O V I BS
La República de los trabajadores
6. t . l a prensa anarquista y anarcosindicalista de nuevo en ia brecha 195
6.2. La jauría: apuntes para una historiografía del anarquismo 207
6.3. La República contra tos Trabajadores 2 14
EPÍ L O GO 231
Hacia elfinal
los periódicos y revistas anarquistas al servicio de la guerra y la revolución 221
BIBLIOGRAFÍA
219
I NT RO DU CCI Ó N
Este ensayo se sustenta en un trabajo anterior sobre el periódico
Solidaridad Obrera) Traté entonces de llevar a cabo un mero
estudió descriptivo del fenómeno periodístico que supuso el na­
cimiento del semanario obrero que llegaría a convertirse en un
referente simbólico del anarcosindicalismo español.
L o que ahora me propongo es llevar a cabo un esbozo de lo que
podrían ser las líneas maestras de un estudio sobre el movimien­
to obrero español de tendencia anarquista y del propio movi­
miento anarquista, tomando como hilo conductor el diario
obrero, pero también todo el conglomerado cultural que el anar
quismo desplegó entonces y continúa desplegando en la ,u tuali
dad. No obstante, este trabajo abarcará únicamente los primeros
setenta años del desarrollo del anarquismo en España, es decir
de 1869 a 1939. La historia posterior al gran desastre tiene unas
connotaciones radicalmente diferentes y necesita de una meto
dología muy distinta. Me serviré también para realizar este tra­
bajo de algunas de las ideas que expuse en mi estudio sobre la
1 Madrid, Paco, «Solidaridad Obrera: símbolo y mito, de un periódico le 
gendario», en 80 Aniversario: Solidaridad Obrera, 1907-1987, Barcelona,
Ateneu Enciclopédic Popular y Centre de Documentado Histórica-Só'
cial, 1987, pp. 6-43.
i h i h o b u c c i o m ^ a l i i / a t i i i i i t l U / m i l i v n . .... ...................... .. i i aI / Ar i t ATA
prensa anarquista y anarcosindicalista2 , de r .t lortua no me veré
obligado a citarme reiteradamente.
Conviene señalar que ha habido ya otros intentos tío lijar la his­
toria del diario obrero en algunos puntos concretos de su trayec­
toria periodística, en algunos casos con una abundante informa­
ción sobre las vicisitudes del diario obrero.3
Quizá cause extrañeza mi afirmación de un estudio sobre el mo­
vimiento obrero, ya que se han llevado a cabo estudios muy mi­
nuciosos de las diferentes organizaciones obreras4; pero no me
refiero a ese tipo de historia, sino a rescatar del olvido las sec­
ciones, federaciones o uniones de oficio, que son en definitiva la
2 Madrid Santos, Francisco (1991), La prensa anarquista y anarcosindicalista
en España desde ¡a 1 Internacional hasta el final de la guerra civil. I: Análisis de
su evolución, 1869-1930. II: Catálogo cronológico, 1869-1939, Barcelona,
Universidad Central, tesis de doctorado dirigida por Josep Termes. Curso
1988-1989. Está publicada en microfichas, pero, para quien esté interesado
en su consulta, el Centro de Documentación Histórico-Social de Barcelo
dispone de una copia impresa y no hace mucho fiie publicada en Inter-
■ -tt y puede consultarse en la dirección: www.cedall.org/
3 Citaré en primer lugar la tesis de licenciatura de Dalmases y de Olabarría,
Pablo-Ignacio de (1982),passim y también el estudio pormenorizado de
Javera, Susana (1992),passim. Esta misma autora ya había publicado ante 
riormente dos artículos sobre esta misma temática. Recientemente y para
conmemorar el centenario de la «Solí», Solidaridad Obrera de Barcelona ha
editado un número extraordinario dedicado a glosar la historia de la publi 
cación desde sus comienzos hasta la actualidad. También puede consultar 
se la página de Solidaridad Obrera de Badalona: www.cnt.es/soliobrera/, la
cual incorpora algunos detalles interesantes en torno al diario obrero.
4 No es este el lugar para citar las obras que se han escrito sobre este tema,
ya que son innumerables, tanto las historias generales del movimiento
obrero, como las monografías dedicadas a algún período determinado o a
alguna región geográfica concreta. Con todo, a lo largo del estudio señalaré
aquellas que a mi juicio son las más importantes para el conocimiento del
período al que haga referencia.
, \ntid** idtiií OAmm i • rmmiiUMn nr i i aÍ í . A ch at a
I NTRODUCCI ÓN
liunr Milnr l.i qtir podremos apoyar nuestras afirmaciones sobre
he. Icnilcm iii de los obreros en cada uno de los oficios. Es cier­
to que ya se han hecho algunas incursiones en este sentido5, pe­
ro con escasos o nulos resultados; las dificultades para esta em­
presa son innumerables, ya que se carece, por lo general, de do­
cumentos de archivo generados por estas organizaciones y a lo
sumo podemos encontrar las actas de este o aquel congreso de
alguna federación o unión de oficio. L a principal fuente, por
tanto, es la prensa periódica, especialmente la prensa anarquista;
pero no deja de ser un trabajo muy laborioso y de dudosos resul­
tados. No obstante, pondré mi grano de arena en la edificación
de una hipotética historia del movimiento obrero a través de sus
Uniones o Federaciones de oficio.
No menos extrañeza causará seguramente la afirmación siguien­
te de elaborar una historia dei anarquismo español; pero al igual
que con el movimiento obrero, se han llevado a cabo interesan­
tes estudios de las organizaciones anarquistas y anarcosindicalis­
tas, desde la Primera I nternacional hasta la FA1, pasando por la
CNT6; pero, al igual que con el movimiento obrero, no conoce­
mos nada de la organización anarquista de base, es decir, del
grupo de afinidad anarquista y, en mi opinión, sería muy desea­
5 Véase, por ejemplo, Arnabat Mata, Ramón, «El sindicaüsme de sector
durant la restaurado. La Federación de Oficiales Toneleros de la Región
Española (1871-1904)», en Catalunya i ¡a Restaurado, Congrés Internacio 
nal d'História, Manresa, 1, 2 i 3 de maig de 1992, Mantesa, 1992, pp. 233
241. El estudio más sistemático hasta ahora de una unión de oficio, referi 
do al sector textil, es el de Izard, Miguel (1973), passim.
6 En este caso es igualmente imposible citar todas las obras que de forma
parcial o general lian abordado el tema del desarrollo del anarquismo en
este país, pero, al igual que para las obras dedicadas al movimiento obrero,
iré citando aquellas que a mi juicio constituyen buenos filones para aden 
trarse en las entrañas deí anarquismo o del anarcosindicalismo.
I 9 I
INTRODUCCIÓN <Solidaridad Obrera y el p e r i o d i s m o d r r a í z Ac h a t a
ble profundizar en el conocimiento de estos grupos, porque,
entre otras cosas, consiguieron establecer a lo largo y ancho del
país, una red de relaciones realmente asombrosa, especialmente
teniendo en cuenta que no había ningún centro directivo que
dirigiese o coordinase dichas relaciones. Este proceso de autoor-
ganización, como veremos con más detalle, es el que hizo posi­
ble que se diesen las condiciones más favorables para un desa­
rrollo revolucionario.
Esto se logró gracias a la gran proliferación de periódicos y re­
vistas anarquistas que suministraban un punto de referencia óp­
timo, no sólo en el lugar donde se editaba, sino en otras zonas
de influencia. Pese a la precariedad de muchas de estas publica­
ciones que difícilmente podían superar los primeros números,
lograron, en líneas generales, un resultado extraordinario, con­
virtiéndose en un foro de discusión publica y en un centro de
relaciones que abarcó a toda la geografía del país.
1)rhido a I aimportancia que los anarquistas concedieron a la
informac ión y a la propaganda, único vehículo disponible para
rnunlnu't la- relaciones con los diferentes grupos y organizacio­
nes, ya que negaban por principio los foros políticos, es decir, el
parlamento y sus instituciones afines, los grupos anarquistas que
se formaban se imponían como una de sus actividades principa­
les la edición de un periódico o, en su defecto, el apoyo a toda la
prensa anarquista que en ese momento se editaba. Esta es una
de las razones que explican esa extraordinaria proliferación de
periódicos y revistas que antes comentaba, pero también se con­
vierten en una inmensa cantera de información que puede ayu­
darnos a seguir el rastro de muchos de estos grupos.
Aún podría utilizarse otro método de análisis para elaborar una
aproximación a la historia y vicisitudes de los grupos anarquis­
tas. En efecto, en ausencia, casi total, de archivos policiales de la
época, podrían utilizarse con bastante provecho las noticias, artí-
• II # 4 I « 1
Solidaridad (Utrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a i n t r o d u c c i ó n
culos y comentarios que publicaban los periódicos de mlorma-
ción general o los de otras fuerzas políticas o religiosas. En las
catas que he llevado a cabo en algunos periódicos diarios, como
El Liberal de Barcelona o El Pueblo de Valencia he encontrado
comentarios muy jugosos y artículos que trataban de criticar el
anarquismo y lo único que conseguían era reforzarlo aún más, ya
que esas supuestas críticas se limitaban a ser, en la mayor parte
de los casos, meras descalificaciones, usando contra la acracia los
tópicos de siempre. Pero esta es una tarea aún más ingrata y se­
ría necesario movilizar a un numeroso grupo para acometer la
tarea.
El mismo K ropotkín -refiriéndose a los revolucionarios parisi­
nos durante el período crítico de la revolución trancesa- lo seña­
laba, comentando que el «día que se agotó el impulso revolucio­
nario del pueblo volvieron a la oscuridad y únicamente quedan
los iracundos escritos de sus adversarios para permitirnos reco­
nocer la inmensa obra revolucionaria por ellos realizada».7
Trataré ahora de describir, en líneas generales, Jas caractei isticii'.
específicas de los periódicos y revistas anarquistas, analizando
sus medios de financiación, los grupos que componían la rcdiu
ción, así como los colaboradores asiduos o esporádicos y tam 
bién los objetivos que perseguía este tipo de prensa.
Por lo que respecta a los medios financieros, la prensa obrera y
con ella la anarquista tanto si era órgano de expresión de un
grupo, sociedad o sindicato, debía procurarse sus propios medios
económicos para su supervivencia.
Aunque es difícil saber con precisión cuales eran las vías de re­
caudación de fóndós para mantener vivas las publicaciones
anarquistas o anarcosindicalistas, podemos establecer tres prin­
cipales fuentes de ingresos y algunas otras secundarias en orden
7 liro.pütkin, Pedro (1976), p. 263.
I NTRODUCCI ON Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
a su importancia. En ausencia de publicidad que era en definiti­
va el único ingreso verdaderamente saneado para la prensa en
general8, la principal fuente de ingresos eran las ventas a través
de corresponsales y paqueteros. L e seguía en orden de impor­
tancia las suscripciones a individuos, organizaciones y sindicatos
y por último los donativos y las ayudas solidarias que en muchos
casos salvaban a un periódico de su desaparición definitiva.9
Como ingresos secundarios figuraban las ventas directas a parti­
culares. En ocasiones también se editaban postales o folletos con
el fin de recaudar fondos, etc. Aunque en algunos momentos en
las publicaciones cenetistas se llegó a disponer que una parte de
la cuota del afiliado fuera destinada a enjugar el déficit de un
periódico o se creó una cuota extraordinaria con el mismo fin,
esto afectó casi exclusivamente al diario Solidaridad Obrera v se
j
llevó a cabo en casos excepcionales.10
La precariedad económica de los periódicos anarquistas era
constantemente señalada por sus redactores:
[...] Ya comprenderán nuestros compañeros que las publicaciones
obreras viven de escasos fondos, pues los trabajadores, faltos del
8 En E l Resumen, 18 julio 1885, analizando las posibles manipulaciones de
la estadística del timbre con vista a atraer a los anunciantes, se afirmaba
que «la prensa moderna vive del anuncio, único ingreso, verdaderamente
saneado que figura en nuestros presupuestos», citado por S. Castillo, «La
prensa diaria de Madrid, notas para el análisis de las estadísticas del timbre
(18731887)», en Prensa y sociedad en España (18201936), Madrid, 1975, p.
157.
9 El diario «CNT» tuvo dificultades económicas desde el mismo día que
apareció (1932). Debido a ello sus llamamientos a la solidaridad fueron
constantes {casi todos sus números los insertaban). Los comunistas critica 
ron acremente este método porque lo consideraban una petición de limos
na.
10 Tavera, Susana, (1978), p. 101.
dios metal que personifica á la sociedad no podemos darles la vida
que deseamos de todo corazón.11
Pero la necesidad de la lucha exigía su aparición a pesar de que
los obstáculos fueran muy grandes:
[,..] los obreros fundamos nuestros periódicos para combatir a
nuestros enemigos y patentizar nuestras aspiraciones. Estos nacen
siempre en lamentable estado de anemia [...]. Unos hombres de 
sinteresados lo cuidan con amorosa solicitud y según lo ven crecer,
así crece en ellos la voluntad de luchar y el deseo de vencer.12
O también:
Por tercera vez sale Fructidor, siempre con bríos y deseos de luchar.
Los que lo redactamos, somos obreros que no contamos más que
con nuestra buena voluntad. Materialmente no disponemos de más
dinero que el que nos pueden enviar los compañeros que compran
el periódico.1-1
Y al obrero precisamente como es lógico iba dirigida la prensa
obrera y anarquista. Se daba la circunstancia de que a su analfa­
betismo fuerte obstáculo para la adquisición de un periódico se
unía su escaso nivel de ingresos en ocasiones por debajo del mí­
nimo considerado vital. Estas eran las barreras más importantes
que se oponían a la expansión de la prensa obrera, Y también a
que su economía fuera saneada.
Solidaridad Obrera r el periodismo de raíz achata mrnoouccióM
11 E! Grito del Pueblo (San Martín de Proveníais), n.13 (30 septiembre 1886),
8.
12 «•Apología de nuestra prensa», por Manuel Moreno Massa, Fraternidad
(Madrid), n.37 (septiembre 1927), 3.
13 Fructidor (Reus), n.3 (24 agosto 1919), 1,
I NT RODUCCI ON
Solidaridad Obrera v c t p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
En lo que hace referencia al cuerpo de redacción y a sus cola­
boradores señalaré, que a pesar de que los anarquistas eran cons­
cientes de la inferioridad de condiciones en la que se encontra­
ban, en punto a propaganda, frente al volumen de la misma des­
plegada por la prensa no obrera54, estaban convencidos de que la
bondad y la justeza de los presupuestos de los cuales partían ha­
rían tambalear los edificios informativos que como murallas
protectoras se interponían entre ellos y el amplio sector del pú­
blico lector al que iban dirigidas las informaciones. Tenían pleno
convencimiento de que sus deficiencias podían ser sustituidas
con toda eficacia por la verdad y la justicia que acabaría por
triunfar en un mundo de falsedades alimentadas por los circuitos
informativos de las grandes cadenas y rotativos. L a anarquista
era, pues, una prensa «menor en cantidad, desgraciadamente*
pero la mayor en calidad, la de más valía, por la dignidad qüe
óslenla en su ruda y bril lante labor en pro de la verdad y la
justicia»,1'
Asi pues, los periódicos obreros, salvo rarísimas excepciones,
estaban redactados por un personal no especializado en su gran
mayoría obreros, que ejercían sus funciones de periodistas des­
14 Tavers, Susana (1978), p. 88 nota 10, señala que «la comparado amb el
nivell de deserivolupament assolit per la premsa obrera europea és altáment
ilustrativa. A Alemáriya i en els primers anys de segle, els 79 periódics
socialdemócrates, molts d’ells díáris.ja havien superatel milió de subscrip-
tors» (citando a G. Roth, The Sacia! Democrats in Imperial Germany. A
Study oj Working Class Isolation and National Integration). Igualmente para
el movimiento obrero inglés. Lo que demuestra tanto el escaso grado de
desarrollo del sindicalismo en nuestro país en esos años, como la diferente
trayectoria del movimiento obrero español en relación al alemán o al in 
glés,
15 Fraternidad(Gijón), 1], 1 (11 noviembre 1899), 1.
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d f r a í z á c r a t a I K TROOUCCI ÓM
pués de acabada su agotadora jornada laboral y siempre de for­
ma totalmente desinteresada.
El Grito del Pueblo de San M artín de Proveníais, advertía a sus
lectores:
Como los obreros que redactan nuestro humilde semanario se
llevan 10 o más horas en el taller, y en las de descanso han de es 
cribirle, no encuentren extraño los suscriptores el recibir este nú
mero con un día de retraso...16
Cultura Ferroviaria de Madrid, insiste en esta particularidad:
Camarada: los que escriben en este periódico son trabajadores
como tú. Conviven contigo en el taller, en la oficina, en la estación,
tienen las mismas necesidades que tú. Sienten el problema
ferroviario.17
Y La Huelga General de Madrid remacha el clavo tic sus m ili
dades:
La Huelga Genera! no pagará nada por Redacción y Administra
ción, cuyos trabajos efectuaremos los compañeros del grupo editor
después de terminada la jornada en nuestros respectivos talleres.18
Por otra parte, la prensa anarquista no era un coto cerrado don­
de expresaban sus opiniones los redactores y la empresa propie­
taria decidía la línea a seguir. Si partimos del supuesto de que el
nacimiento de un periódico anarquista, se decidía por cuestiones
de oportunidad y que generalmente iba ligado a una línea gene-
16 n.2 (15 julio 1886), 1.
17 n.l (1 octubre 1931), 1.
18 La Huelga General (Madrid), n.5 (9 marzo 1906), 2.
I NTRODUCCION ¿o l i du r i l i a i i O tl r/ H \ ti ri .................. nt I MI / Ai Ha i a
ral de actuación del anarquismo en el scctoi del cual surgía, de
pendía para su supervivencia de que dicho sector apoyase sus
iniciativas y de que el cuerpo de redacción lo interpretase co­
rrectamente. Dentro de esta trayectoria el periódico se convertía
en una plataforma de discusión en la cual podían intervenir
cuantos lo deseasen, con las limitaciones impuestas por el escaso
nivel cultural del proletariado que iría elevándose paulatinamen­
te a lo largo del siglo XX.
Esta cualidad que hacía que teóricamente todos fueran poten­
cialmente colaboradores imprimió a los periódicos anarquistas
una frescura que se desprende constantemente de estas colabo­
raciones espontáneas. Poetas y narradores anónimos; cronistas y
articulistas surgidos del taller y la fábrica llenaron las páginas de
estos periódicos con sus escritos19. Estos quizá carezcan, en ge­
neral, de las virtudes y la calidad de una buena literatura, pero
poseen, en cambio, la belleza de lo espontáneo. Esta interrela-
ción, que hacía del periódico una propiedad colectiva, tenía un
efecto beneficioso para el mismo, ya que en momentos de apuro,
podía contar siempre con la ayuda de quienes se sentían copartí­
cipes de su trayectoria. En resumen, el periódico contaba con un
cuerpo de redacción más o menos estable y un número de cola­
boradores ilimitado. Al estar sus páginas abiertas a todos, pro­
porcionaba la posibilidad de la identificación entre todos aque­
llos que a él se adscribían o a sus tendencias.
Los periodistas libertarios no desmayaron en líneas generales en
su tarea, a pesar de las dificultades que en su camino encontra­
ban. Estas fueron cualidades que compartieron todos ellos: ge­
nerosidad, desprendimiento, espíritu de sacrificio y sobre todo fe
19 Un estudio excelente sobre estas particularidades de la prensa anarquista lo
constituye ei trabajo de Litvak, LiJv (1981 ),passim.
I t6 I
, \ n l i i l i i n i l i i i t O b r tr a v t i r «moni >M i > nr h ai / Ai h am
M n O H I C C M «
t-ii sus ideales que en síntesis era el motor que movía sus corazo­
nes.
/ Icción Libertaria de Gijón, en su reaparición, después de tres
semanas de suspensión, afirmaba:
con la misma fe y pasión que entonces, reemprendemos hoy la
faena. No importa que cuanto hayamos presenciado en el fenecido
1915 fuera lo bastante para infundir en nuestro ánimo todo menos
el entusiasmo y la confianza. Peio, acostumbrados ya a los contra
tiempos y fracasos desde que actuamos en el periodismo libertario,
nada hay que nos descorazone ni debilite nuestras convicciones.
Así, mientras nos sea posible seguiremos adelante.20
Hay aún otra cuestión que lógicamente puede prestarse a con­
troversia; se trata del problema de la profesíonalización en el
ámbito del periodismo ácrata o anarcosindicalista. Las escasas
excepciones de empresas editoriales anarquistas más o menos
estables, como la de la familia Urales, en la cual colaboraron pe­
riodistas profesionales como J ulio Camba o Antonio Apolo, no
son en absoluto representativas de la tendencia general de la
prensa anarquista, que tuvo que depender siempre de colabora­
dores espontáneos y redactores formados al calor de las luchas
obreras, en las cuales el periódico era un arma más, como podía
serlo la huelga u otros métodos. El problema real se plantearía
cuando el semanario Solidaridad Obrera pasara a editarse dia­
riamente. De todos modos, creo que resulta abusivo inferir de
esto hecho una tendencia hacia la profesíonalización como hace
Susana Tavera, aunque matice sus afirmaciones:
Però, el que sí acceptaren niés obertament fins i tot els anarquistes
individualistes mes acèrrimi -darrera seu estava la seva tendencia
20 n. 46 (7 enero 1916).
I HTROOUCCI ON , \ i i l i i h i i t i l i i i l I l / ' i i >■> > i l c i m i i l i l t M i i i » maI / A c h a t a
real vers cl publicisnir vii r >i l i »| •11■ I• .....«|it/.u ni» del pcrio-
disme obrer confederai. Kl pap.mirili del duri un, inliictors i imi
pressori del diari era un pas tini veti una proli-.-ionalii/ació molt
pròpia i particular dcls mitjans miai i o siudu alisi rs, però, encara
que a l’estil anarquista, professionalit/ació a la ft,JI
Que las tareas requeridas por un periòdico diario no se podían
dejar al arbitrio militante, es algo que no hace falta argumentar,
que el personal que realizaba estas tareas tenía que recibir al me 
nos el producto íntegro de su trabajo es indiscutible, pero esto no
significa una tendencia a la profesíonalización, sino, en todo
caso, el reconocimiento de que determinadas tareas necesitan
una estabilidad que de otro modo sería difícil lograr. L o que se
trataba de evitar es la burocratización de las organizaciones
obreras, algo que ya había sido brillantemente señalado por Ri­
cardo Mella a principios del siglo XX.22
También, Miguel J iménez, en uno de sus muchos artículos sobre
la propaganda, defiende la tesis de que un diario de la organiza­
ción debe tener un cuerpo de redacción retribuido. Sin embargo
esto no debía hacerse extensivo al resto de publicaciones de la
misma. Este autor era de la opinión de que un semanario con un
director retribuido era innecesario y contraproducente, ya que
conducía al profesionalismo de la pluma.2*
Por último abordaré los objetivos que perseguía la propaganda
anarquista en general y su prensa periódica en particular. Los
anarquistas españoles se propusieron, entre otras muchas cosas,
¿1 I tvn a, Siman* ( 1992), p. 32.
)). I.os i argos retribuidos en las sociedades obreras», Tierra y IAbertad (Ma-
ilrid), V, 221 (2 agosto 1903), 2. Reproducido en Al Margen (Valencia),
n.S9 (otofto 2006), pp. 10-11.
23 «Ai laracioncs. La Propaganda», Acción Social Obrera (San Fcliü de
GuixoU), n.25 (29 diciembre 1928), 2.
S o l i d a r i d a d O b r e r a v i t p er i o d i sm o or. r a í z á c r a t a I NTRODUCCIÓN
aumentar el nivel cultural de los campesinos y trabajadores;
difundir al máximo las ideas y hacer de plataforma de coordina­
ción entre los diferentes grupos, así como servir de apoyo a la
lucha frontal contra el Estado y etCapital, dando cabida en sus
páginas a la información de las huelgas y las luchas obreras y
campesinas. De hecho, en determinadas circunstancias, la prensa
anarquista fue la única que mantuvo imperturbable la informa­
ción sobre las huelgas, cuando el resto de la prensa prefería mi­
rar hacia las poltronas del Parlamento o hacer cabriolas sobre el
desarrollo del capitalismo en el país.
En numerosas ocasiones se han señalado los grandes esfuerzos
que los anarquistas hicieron en favor de la enseñanza34, cuyo
motor principal fue la confianza que éstos tenían en que la revo­
lución debía ir estrechamente ligada a la instrucción y a la difu­
sión generalizada de las ideas25. L a prensa anarquista se dirigía,
pues, principalmente, a la clase menos favorecida socialmente en
todos sentidos. Como vehículo de instrucción, tanto como ti i
buna de preparación revolucionaria. Entre estos dos extremos,
24 AlvarezJunco, José (1976), pp. 515546; Boyd, Carolyn I’., «Els anarquistes
i l'educació a Espanya (18681909)», Recerques (Barcelona), n.7 (1978),
5781.
25 Hay que tener en cuenta que en aquellos años el índice de analfabetismo
en España era muy alto y además éste afectaba principalmente a la clase
trabajadora, pero sobre todo a los campesinos. En 1877, el 72% de la po 
blación era analfabeta. Treinta años más tarde, en 1910, la proporción to
davía superaba el 50 ó 59%. Había además grandes diferencias regionales
entre el norte industrializado y el sur agrícola; MaDolores Samaniego, «El
problema del analfabetismo en España (19001930)», Hispania (Madrid),
T.33, n.124 (mayo-agosto 1973), 375400; Boyd, art. cit., p. 62.
En el congreso comarcal de Andalucía del Este celebrado en Granada en
julio de 1883 el presidente cerró el acto con un discurso en el que entre
otras cosas dijo: «que la instrucción es la base de la transformación social»,
E¡Estandarte (Madrid), n.165 (20 julio 1883), 1.
119I
i n t r o d u c c i ó n Solidaridad Obrera y e l p er i o d i sm o de r a í z á c r a t a
que permanecieron invariables a lo largo de todo el período aquí
estudiado, oscilaron los diversos periódicos que nacieron y desa­
parecieron al calor de hechos o acontecimientos determinados.
Unos ponían el acento en el aspecto educativo:
Queremos la cultura del Pueblo, para que sea más consciente y
mejor. Queremos que el obrero no sea el eterno paria, manejado y
escarnecido, vilipendiado en sus intereses y rebajado en su digni 
dad. Deseamos que no sea esclavo del amo, ni del vicio; lo anhela 
mos libre, orgulloso de sí mismo, capaz de un gesto digno y gallar 
do; que lance al abismo para que no reaparezca más, la opresión y
la esclavitud, el fanatismo y la tiranía, que acabe para siempre con
la inhumana explotación del hombre por el hombre.26
Otros acentuaban su carácter revolucionario, naturalmente en
sentido anarquista;
Y porque somos anarquistas, combatiremos con entereza cualquier
forma de gobierno del hombre por el hombre, cualquier gerencia
social, monárquica o republicana, socialista o aristocrática, imbécil
o sabihonda [...]. Liberación viene a la palestra de la lucha por
cuanto signifique progreso, emancipación y engrandecimiento de
la vida...27
Aunque también había quienes intentaban armonizarlos:
Esta publicación, representación y eco de la F.L. de Martín de
Proveníais, a más de venir a defender los principios anárquicoco-
lectivistas, servirá de instrucción a los trabajadores, pues la mitad
26 Cultura y Acción (Elche), n.l (7 diciembre 1930), 1.
27 Liberación (Elche), n.l (1 mayo 1912), 1.
S o l i d a r i d a d Obrera y e l p er i o di smo de r aí z á c r a t a I HTR3DUCC1ÓH
de sus páginas son dedicadas a la colección de obras científico
filosófico sociales.28
En cuanto al método, aunque también había divergencias, éstas
eran casi inapreciables. Una buena síntesis del mismo nos la
proporciona Revista Social:
El periódico creando opinión unas veces, otras inspirándose en
ella. Contestando a la alusión ora; despejando las dudas luego;
asentando principios siempre y combatiendo, luchando en todo
tiempo sin escoger el sitio ni el enemigo, por el ideal querido, es
una buena y excelente arma de propaganda, que reúne la superior
condición de barata, por lo que está más al alcance de los
trabajadores.29
Considerándolo en su evolución histórica, si bien el periódico
anarquista mantuvo invariable su objetivo final de destrucción
del Estado y la sustitución de la sociedad de explotación por
otra más justa, sus métodos variarán en la medida que se modi­
ficaban o se diversificaban las condiciones sociales de las cuales
se partía.
Hasta la desaparición de la FTRE en el año 1888, prácticamen­
te todos los periódicos anarquistas eran partidarios de la organi­
zación de la I nternacional, y en su desarrollo confiaban para al­
canzar sus objetivos. L as diferencias eran de matiz, pero no
cuestionaban la necesidad de organizarse.
La introducción del anarcocomunismo en nuestro país, supuso
un cambio radical en la concepción de la organización. Ya no se
depositaba una confianza absoluta en una estructuración perfec­
28 Et Grito del Pueblo (San Martín de Proveníais), n.2 (15 julio 1886), repro 
ducido también en números siguientes.
29 «Biblioteca del Proletario», Revista Social (Madrid), n.18 (26 oct. ] 881), 3.
I NT RODUCCI ÓN S o h i h i i i t h i J ( ) f » r n i i v i i r u M i t o i i M o ur. m I i Ac r a t a
ta de la misma, defendiéndose con énfasis la organización es­
pontánea y desarrollando de esta forma la teoría de los grupos
efímeros30 . Con la evolución de un sector del anarcocomunismo
hacia posturas individualistas se rechaza por completo la organi­
zación, confiándose únicamente en la acción del individuo apo­
yado en actos ejemplares.
El descubrimiento del anarquismo sin adjetivos?1 con más pro­
piedad sin definición económica posibilitaría el desarrollo de
multitud de tendencias dentro del mismo, cuyo período de má­
ximo esplendor se sitúa en los años iniciales del presente siglo.
Desde el llamado «anarquismo literario»32, al que se adscribie­
ron con algunas excepciones la práctica totalidad de la genera­
ción del 98, hasta los grupos neomalthusianos33, pasando por
nietzchianos, cuyo órgano más representativo fue Juventud de
30 La Justicia Humana tic Barcelona sería la primera, a nuestro conocimiento,
que desarrollaría esta teoría, vid., «Organización y autoridad» (II), n.8 (25
nov. 1H86), 1. La primera parte de este artículo fue publicado en el n.7 que
no ha llegado hasta nosotros.
La Revolte del 2 ago. 1886 nos ha conservado algunos extractos del mismo,
cit., por Kaplan.Temma (1977), p. 230.
31 La lucha de tendencias que caracterizó los años ochenta se saldó con una
fórmula de compromiso que supondría en la práctica la desaparición pro 
gresiva de las ideas colectivistas y la supremacía del anarcocomunismo,
pero tendiendo a suprimir adjetivos. La Controversia de Valencia al dirigir 
se a sus lectores decía en el n.2 (17 junio 1893): «Entre los creadores del
periódico hay individualistas en mayoría, es verdad, comunistas y colecti 
vistas, pero todos son anarquistas afanosos de la discusión (...) Repetire 
mos: ¡Fuera dogmas! ¡Viva la libre discusión!»
32 Este aspecto ha sido muy bien expuesto entre otros por Clara E. Lida,
«Literatura anarquista y anarquismo literario», Nueva Revista de Filología
Hispánica (México), XIX, n.2 (1970), 360381
33 La publicación más importante de este grupo encabezado por Luis Bulffi,
fue Salud y Fuerza que apareció en Barcelona desde 1904 hasta 1914.
^oUdâridàd Obrera v k l p e r i o d i s m o d f . r a í z á c r a t a
INTRODUCCIÓN
Valencia14, o catalanistas de diverso corte, con órganos como
Avenir o Progrès, ambos de Barcelona. Sin olvidar, por supuesto,
las revistas de contenido filosóficocultural, como La Revista
Blanca de Madrid o Natura de Barcelona y también Ciencia So 
cial, en la última década del siglo XI X. O los periódicos de
combate, típicos de grupos anarquistas como E l Productor de
Barcelona en sus diversas etapas, Espartaco, en la misma ciudad
y sus sucesores, E l Mismo y Nuevo Espartaco, etc.35
Pero con el despertar del siglo comienza también a resurgir la
idea de organización. Comienzan a desarrollarse sociedades
obreras, editando algunas de ellas sus propios órganos en la
prensa. Se inicia de este modo un proceso organizativo que cul­
minará en 1910 con la creación de la CNT.
A partir de aquí los periódicos anarquistas se dividirán en dos
bloques. Por un lado aparecerán los órganos de] aparato sindical
cenetista y por otro los órganos netamente anarquistas, gene
raímente expresión de algún grupo, aunque en ocasiones la divi
sión no puede ser claramente señalada. Pero en cualquier i a-o
todos defendieron la necesidad de la organización. I .as di l nm
cias estribaban en todo caso en la mayor o menor implicación
con la CNT o en cuestiones de táctica.
34 Afirmaba este periódico en su primer número: «El periódico viene al
mundo a volcar todas las ideas que bullen por los cerebros, toda esa senti-
mentalidad pujante y refinada de la juventud moderna (...) Juventud será,
queremos qué lo sea, una protesta, un grito rebelde del pueblo (...) ¿Pro 
grama? jPara qué? Delante tenemos la Vida; detrás los cadáveres que no
puedan seguimos», «A! pueblo; a los jóvenes», por la redacción, n.l (4 ene.
1903), cit. por Arbeloa, Revista de Fomento Social (Madrid), XXV11I, 110
(1973), 207208.
35 Sobre estos aspectos del anarquismo ibérico pueden consultarse con prove 
cho las obras de Roselló, Josep María (2003) , passim y Masjuan Bracons,
Eduard (2000),/>a.í.«m.
I a3 I
I NTRODUCCIÓN Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
Pocos órganos anarquistas se opusieron de forma decidida al
desarrollo del anarcosindicalismo, sin embargo podemos señalar
que Regeneración de L érida afirmaba «que el sindicalismo ha
dado de sí todo lo que podía dar y ha muerto definitivamente
como instrumento de estado legal y de estabilidad en la sociedad
burguesa», añadiendo que este periódico «nació para ser instru­
mento del camino a seguir, esencialmente revolucionario y
anarquista».36
Pero eran fenómenos aislados y no tuvieron un gran eco en la
prensa anarquista. L a corriente principal se comprometió sin
reservas en el desarrollo del anarcosindicalismo.
En líneas generales he dispuesto el presente ensayo de la si­
guiente manera:
En el capítulo primero abordaré el análisis del desarrollo de la
cultura anarquista en el último tercio del siglo XIX.
En el capítulo segundo trataré de explicar el auge y desarrollo de
los grupos de afinidad anarquista en estos primeros años del
siglo XX, y trazaré una breve historia del periódico Tierra y Li 
bertad hasta su suspensión en 1919.
El capítulo tercero estará dedicado a analizar las vicisitudes del
periódico obrero Solidaridad Obrera, desde su génesis hasta su
suspensión en 1919. Al propio tiempo, además de analizar otros
órganos de prensa anarquistas y confederales, prestaré una espe­
cial atención a la Federación Nacional de Agricultores.
El período realmente crucial en el desenvolvimiento tanto del
anarquismo como del anarcosindicalismo fueron los años llama­
36 n.l (4 junio 1921), cit:., por Sol Clot, 150 años de prensa leridana, Lérida,
1964, p. 411.
S o l i d a r i d a d O b r r r a v n p r Ri o o i SMo m k a í í Ac r a t a
IMTRQDUCCIÓK
dos del pistolerismo. Por mi parte, sitúo esta época entre el
triunfo de la revolución rusa en octubre de 1917 y el ascenso al
poder de Miguel Primo de Rivera tras el golpe de Estado de
septiembre de 1923. Será el capítulo cuarto.
Los años de la dictadura de Primo fueron muy desiguales para la
propaganda anarquista, ya que si algunos periódicos y revistas
pudieron seguir sus publicaciones sin grandes problemas, otros
en cambio fueron radicalmente suspendidos. En este capítulo
-el quinto- analizaré, entre otras cosas, la evolución del movi­
miento anarquista, es decir, los grupos de afinidad, hasta desem­
bocar en la creación de la Federación Anarquista I bérica. Este
intento de centralizar los esfuerzos de los anarquistas en un ob­
jetivo común, el derrocamiento del Estado, tendrá su máximo
protagonismo en los años republicanos, especialmente en los
años revolucionarios.
Los años de la I I República, desde 1931 a 1936, que conforma­
rán el capítulo sexto, reflejan un aumento espectacular del mo­
vimiento anarquista en todas sus vertientes, cuyo barómetro más
seguro es la gran proliferación de la propaganda de carácter
anarquista, no sólo en periódicos y revistas, sino también en li­
bros y folletos.
L a revolución y la guerra lo he considerado un epílogo, ya que la
prensa, toda la prensa en general, pero también la anarquista,
iniciaron una nueva andadura y comienza ya a aparecer el fenó­
meno de la propaganda al servicio de la revolución en el caso de
los anarquistas y la propaganda belicista en prácticamente toda
la prensa.
Una última aclaración antes de terminar: en las referencias bi­
bliográficas utilizaré el sistema que me parece más sencillo y
INTRODUCCIÓN r j W / í / í í r iilmt O b u 'u i v 11 per i o di smo de r aí z á c r a t a
cómodo cuando se trata de confrontai est rilos ajenos. Este mé­
todo es el siguiente: en toda referencia bibliográfica se incluirá,
en nota a pie de página, el apellido o apellidos del autor o autora
seguido del nombre y a continuación, entre paréntesis, el año de
publicación del libro o el artículo en cuestión, seguido de la pá­
gina o páginas en que se halla la cita o la referencia, con estas
pistas es muy sencillo identificar los datos completos del libro en
el apartado correspondiente a la referencias bibliográficas que
situaré al final del libro. Si alguna referencia bibliográfica apare­
ce completa en las notas es debido a que únicamente se cita una
vez o con el fin de no sobrecargar inútilmente las referencias
bibliográficas.
Esto me permite aclarar que la bibliografía no será exhaustiva y
ni siquiera completa. Señalaré únicamente aquellos libros o fo­
lletos que haya utilizado para la elaboración de mi propio traba­
jo.
CA P Í T U L O I
£a cultura anarquista decimonónica
1.1. ¡¡¡Organización!!!
En líneas generales podemos afirmar que el último tercio del
sitólo XI X significó para el movimiento anarquista español un
laboratorio en el cual se experimentaron las diferentes formas
que iría después paulatinamente adquiriendo la Cultura anar­
quista en sus tres aspectos fundamentales: el revolucionario, el
educativo y el cultural. Estos tres frentes de lucha del anarquis
mo español le proporcionaron su peculiar característica y posibi
litaron que fuese asumiendo la hegemonía en el panorama revo
lucionario, llegando a ser, sin duda alguna, el único movimiento
que se propuso seriamente la transformación social, desde la
vertiente antiautoritaria.
No obstante, conviene señalar que uno de los primeros laborato
rios experimentales en el que fueron ensayadas diferentes formas
organizativas por parte de las diversas tendencias políticas im­
plicadas, fue la revolución francesa. De ésta, pocos autores han
subrayado el aspccto popular que comenzó a mostrar a partir de
1793. De entre éstos cabe destacar a Kropotkin y a Daniel Gue-
c a H t u l o i Solidaridad Obrera y f. l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
riní7 . Ambos, en sus análisis sobre la misma, han puesto el én­
fasis en el papel jugado por las masas de modo espontáneo.
El primero alude a los «anarquistas»38 «un partido de desorgani­
zadores que tiende a disolver la República desde su cuna», según
palabras de Brissot39, quien especifica en otro lugar que «los de­
sorganizadores son los que quieren nivelar todo: las propiedades,
el bienestar, el precio de los artículos de consumo, de los servi­
cios prestados a la sociedad, etc.; que quieren que el obrero del
campo reciba la paga del legislador; que quieren nivelar hasta los
talentos, los conocimientos, las virtudes, porque carecen de todo
ello».40
Para Kropotkin, «los anarquistas no constituían un partido [...].
Eran revolucionarios diseminados por toda la nación; hombres
completamente dedicados a la Revolución, que comprendían su
necesidad, que la amaban y trabajaban por ella».41
Pero lo que más nos interesa destacar es su modo de acción, su
forma de organizarse. «Muchos de ellos se agruparon alrededor
del Municipio de París, porque todavía era revolucionario; otros
37 Kropotkin, Pedro (1976). Este libro fue editado simultáneamente en fran 
cés e ingles en 1909. De inmediato se tradujo a otros idiomas. La versión
española corrió a cargo de Anselmo Lorenzo y fue publicada por las edi 
ciones de La Escuela Moderna de Barcelona en dos tomos, Guerin, Daniel
(1968). La primera versión de este libro, mucho más reducida, apareció en
1946. En 1974 se publicó en castellano una versión reducida con el título:
La lucha de clases en el apogeo de ¡a revolución francesa.
38 Este término fue acuñado por Brissot miembro de la Gironda en la Con 
vención en sus folletos: J.P. Brissot... á ses commettants..., s.d. [22593], B.N.,
Lb41/652 y A todos los republicanos de Francia, sobre la Sociedad de los
Jacobinos de París, s.d. [241092], cit., por Kropotkin (1976), 260 y sgs.
39 J.P Brissot... a ses conminantes, cit., por Kropotkin (1976), 261.
40 A todos los republicanos..., cit., por Kropotkin (1976), 262.
41 Kropotkin (1976), 263.
M I
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
CAPI TULO I
pertenecían al club de los Franciscanos; algunos habían ido al
club de los J acobinos; pero su verdadero terreno era la acción, y
sobre todo la calle. Veíaseles en las'tribunas públicas de la Con­
vención, desde donde dirigían los debates; su modo de acción
era la opinión del pueblo, no «la opinión pública» de la burgue­
sía; su verdadera arma, la insurrección y con ella ejercían in­
fluencia sobre los diputados y sobre el poder ejecutivo».42
Luego veremos con más detalle que los grupos anarquistas anar-
cocomunistas asumirán en parte consciente o inconscientemente
esta herencia, pero con la diferencia esencial de una toma de
conciencia en lo que se refiere a las posibilidades revolucionarias
de una organización no autoritaria.
Si existe alguna característica especial que nos permita identifi­
car a la I nternacional española, ésta sería indudablemente que
fue la única que logró encuadrar en sus filas a todo el movimien­
to obrero organizado. Efectivamente, entre 1869 -año de su
consti tuci ón oficial como Federación Regional Española
(FRE)- y 1H74 -año en el que Pavía dio su golpe de Estado-,
todos los esfuerzos que se hiñeron por organiza! a los trabaja
dores al margen de la I nternacional fracasaron C'.iivptlusamenie
El historiador J osep Termes lo recoge con estas palaluaa mi hih
que se observa una extraña tensión:
El prestigio y la fuerza de la Internacional forzaban a adherirse
incluso a las sociedades menos dispuestas a aceptar el apoliticismo
o el radicalismo social. El sodetarismo fracasó al no conseguir
crear una organización obrera independiente, y al no poder mante 
ner alejados de la Internacional a los grupos estrictamente
sindicalistas.43
42 Ibid.
43 Termes Ardévol, Josep (1977), 179.
S o l i d a r i d a d O hrertt v m. p er i o di smo de r aí z á c r a t a
Y un poco más adelante este mismo historiador remacha sus
opiniones:
Los grupos que fiaban la mejora de la sociedad en la difusión del
cooperativismo o en la aplicación de las leyes sociales dictadas por
el poder público, no llegaron a estructurar una organización gene 
ral distinta de la Internacional.4,1
No obstante, y a pesar del desconocimiento que tenemos de la
base obrera, como ya señalaba en la introducción y con bastante
poco criterio a mi juicio, ya que todavía se conoce muy poco
sobre las diferentes Federaciones o Uniones en que quedó es­
tructurado el movimiento obrero intemacionalista, desconoci­
miento aún mayor si tenemos en cuenta la época en que Manuel
Núñez de Arenas escribió sus notas sobre el movimiento obrero
español, éste afirma, sin embargo, que «durante el período que
pudiéramos llamar próspero de la I nternacional hubo en España
un movimiento de resistencia perfectamente caracterizado que o
no entró o si entró no arraigó en aquel organismo, y este movi­
miento radicaba principalmente en Cataluña».45
La otra peculiaridad que caracteriza a la I nternacional española
reviste una importancia aún mayor, porque proporcionará al
anarquismo español, en su desarrollo, una fuerza social sin pa
rangón. Proporcionó al movimiento obrero, cuyo desarrollo
arranca de la primera asociación obrera que se formó en 1840,
una estructura racional y le dotó de un programa sólido siguien­
do lus premisas del colectivismo bakuninista. El edificio organi 
zativo que la Internacional española intentó poner en pie -y en
4-1 Termes Ardévol, Josep (1977), 244-245.
45 Núñez de Arenas, Manuel (1916), 586, cit., porTermes Ardévol, Josep
(1977), 243, nota 114.
Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p í t u l o i
parte consiguió- resulta sorprendente. Definió las estructuras
políticas de la I nternacional y las estructuras sociales de la orga­
nización obrera con un rigor casi matemático, y esta estructura
sería la que debería ocupar el lugar de las instituciones caducas y
podridas de la injusta sociedad capitalista. Es decir, una vez
completada la organización social, cuando todos los trabajadores
se hallasen perfectamente encuadrados en sus respectivos pues­
tos, la revolución sería un hecho.46
No obstante, todos estos esfuerzos tenían sus limitaciones, y una
de las más importante sería el escaso grado de desarrollo del
proletariado español, unido a la represión que constantemente se
abatió sobre la organización internacional. El propio Anselmo
Lorenzo, en sus conocidas memorias, somete a una dura crítica
este entramado organizativo alegando que era difícil que fuera
comprendido por todos, máxime si tenemos en cuenta el grado
tan alto de analfabetismo que existía entre los obreros y que
además era imposible que «hubiera número suficiente de hom
bres y mujeres capaces de poner en actividad tantas comisione',
administrativas de estadística, de correspondencia, de propagan
da, ni el estado miserable del trabajador permitía coti/.n paia
soportar los gastos consiguientes a tal organismo».47
Pero esta crítica muy justa en muchos sentidos hecha a bastant es
años de distancia, no tiene en cuenta que a pesar de todas las
46 Véase el artículo «Las instituciones actuales de la Internacional, bajo el
punto de vista del porvenir», por L'Internationale de Bruxelles, La Solida 
ridad (Madrid), I, 8 (5 mar. 1870), 1, publicado por los intemacionalistas
belgas. Una explicación más detallada de estos importantes aspectos se
encuentra en la introducción que yo mismo preparé para \.\ Antología Do 
cumenta! de!Anarquismo Español. Volumen 1: Organización y revolución: De
¡a Primera Internacional al Proceso de Montju'ic (1868-1896) (2001), pp. 25
ysgs.
47 Lorenzo (1974), pp. 298299.
Solidaridad Obrera y f. l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
dificultades, no solo económicas o sociales, sino también repre­
sivas, la I nternacional española logró poner en pie un edificio
cuya solidez el tiempo se encargaría de poner a prueba. Pero
sobre todo parece ignorar el hecho de que contemporáneamente
muy pocas voces se alzaron eñ contra de la misma. Al contrario,
si pudo llevarse a efecto fue porque tácitamente todos estuvieron
de acuerdo con la estructura.48
En efecto, la estructura diseñada por los intemacionalistas ado­
lecía de una fuerte tendencia a la burocratización y este aspecto
se vería con mucha mayor claridad en la continuación de la I n­
ternacional española entre 1881 y 1888, tras siete años de dura
dictadura entre 1874 y 1881- y de forzosa clandestinidad; sin
embargo, a pesar de la misma, las estructuras organizativas del
movimiento obrero siguieron funcionando, con mayor o menor
dificultad, y esto permitió que en .1881, tras una tímida apertura
política, de nuevo se reorganizara la I nternacional española, en
esta ocasión adoptando el nombre de Federación de Trabajado­
res de la Región Española (FTRE). Su tendencia ideológica
seguiría siendo el colectivismo bakuninista y el programa que
48 Las críticas que podrían hacerse a una concepción organizativa de este
género son innumerables. Pero en mi opinión no son las más importantes
las apuntadas por Lorenzo; sino más bien las relacionadas con la consecu 
ción del objetivo revolucionario que perseguían los intemacionalistas. Los
anarquistas italianos, sobre todo Errico Malatesta, se encargarían de desa 
rrollarlas a tenor de la evolución del movimiento obrero (véanse las sesio 
nes del congreso de Berna de 1876, en La Première International (1962-
1971), IV, 494). En un sentido parecido se expresa la única opinión dis 
cordante que conozco: «Nosotros necesitamos menos modos de organiza 
ción, ó no necesitamos más que uno, por mejor decir, para llevar al hecho
nuestra idea; y aquel será el mejor que menos cierre el paso con su admi 
nistración exclusivista a la propaganda general de nuestros principios revo 
lucionarios». cfr. La Federación (Barcelona), 162 (21-9-72), 2-3.
'Solidaridad Obrera y e l p er i o d i s mo df . r a í z á c r a t a
CAPI TUL O1I
adoptó sería casi idéntico al que se adscribió la organización
precedente.
La única diferencia quizá se encuentre en la paulatina burocrati-
zación de la organización que imperceptiblemente fue otorgan­
do a la Comisión Federal (CF) un peso específico mayor de lo
que teóricamente le correspondía. Se produjo de este modo una
mayor centralización, aunque en teoría se seguía manteniendo la
autonomía de las secciones y la independencia de sus resolucio­
nes. Este proceso de burocratización explica, en parte, que los
restos de la fracción marxista, constituidos en partido en 1879
con el nombre de Partido Democrático Socialista Obrero Espa­
ñol (PDSOE) a cuyo frente se situó Pablo Iglesias, no encontra­
ran su espacio social y mucho menos político. Su intento de
crear en 1882 «una especie de Federación Nacional de Obreros»
se vio abocada al fracaso49 , Tan sólo con la desaparición de la
FTRE en 1888, un nuevo intento de aquellos encontró tímidas
respuestas que dieron nacimiento a la Unión General de Traba­
jadores (UGT).
Es de todo punto lógico que la centralización excesiva de la
FT RE provocara recelos que se manifestaron casi enseguida.
Los primeros enfrentamientos que tuvieron lugar respondieron
principalmente a cuestiones de táctica. Se manifestaron tímida
mente en el congreso de Barcelona en 188 I ™ . Aunque sin que
podamos llegar a saber exactamente en que consistían, es de su
poner que se referían al tipo de organización que se intentaba
estructurar, considerada, en líneas generales, excesivamente au­
toritaria y centralista.
49 Se trata de la «Asociación .Nacional de los Trabajadores de España», cfr.,
Morato (1976), pp. 93-94.
50 La delegación andaluza de Arcos de la Frontera fue la que dio la nota dis 
cordante. Véase, Nettlau (1969), 406.
CAPÍ TULO I
S o l i d a r i d a d O b r e r a r * i . ph í i o d i sm p de r a í z á c r a t a
Se argumentaba tal como se puso de manifiesto en el desarrollo
posterior que la CF poseía atribuciones excesivas que suponían
una injerencia abusiva, cuestionando la autonomía de las seccio­
nes y federaciones locales.
La práctica de una organización pública y legal, pronto chocó
con las prácticas revolucionarias, profusamente empleadas por
los campesinos andaluces. Las tensiones latentes entre una con­
cepción legalista de la organización y la actuación secreta de la
misma, reminiscencia del período de clandestinidad, pronto se
evidenciaron, provocando a partir de 1883 una crisis interna que
se iría agudizando hasta desembocar en su disolución en 1888.
Aunque la práctica totalidad de los historiadores han venido
repitiendo, con mas o menos acierto, que las luchas entre comu­
nismo y colectivismo provocaron las crisis internas de la FTRE,
su decadencia y finalmente su desaparición en 1888, parece mu­
cho más probable que su lenta decadencia fuera consecuencia de
sus propias contradicciones internas, especialmente si tenemos
en cuenta que el anarco-comunismo no se introdujo en España
hasta mediados de la década de los ochenta, cuando ya la FTRE
se encontraba herida de muerte. Además, esta lenta decadencia
explicaría la virulencia que en nuestro país adquirió el enfrenta­
miento ideológico entre colectivismo y comunismo, que única­
mente finalizaría con la fórmula neutra del «anarquismo sin ad­
jetivos», aunque en la práctica significó la práctica desaparición
del colectivismo.
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
c a p í t u l o i
El primer órgano anarcocomunista en la prensa La Justicia Hu~
mana51decía textualmente:
Somos anarquistascomunistas y venimos por medio de la prensa a
propagar estas ideas [...]. No somos partidarios de organizar en
sentido positivo a las clases trabajadoras, aspiramos a una organi
zación negativa. Anarquistas en toda la extensión de la palabra sin
formar un cuerpo manejable, que lo mismo pueda servir en benefi 
cio que en prejuicio del objeto para que fue creado...52
Dejaba bien claras las diferencias que les separaban de sus opo­
nentes anarcocolectmstas:
Somos comunistas anárquicos y por consiguiente enemigos de la
propiedad individual que los colectivistas determinan en el produc 
to íntegro del trabajo de cada uno (...) De la escuela colectivista
nos separa el que santifica la propiedad individual que resulta del
trabajo de cada uno...53
Quizá la importancia de este periódico además de abrir bnvlia
en el camino de penetración del anarcocomunismo radique en la
elaboración por primera ve-/ en España de los planteamiento'.
51 Este periódico comenzó a publicarse en abril de l MHí j en llaivelun.i. Se
trasladó a Gracia en noviembre, desapareciendo casi inmediatamente. No
hay datos precisos de la intervención de Emilio 1lugas y Martín Horras en
su redacción, pero lo más probable es que así fuera. Emilio Mugas, sastre y
Martín Borrásjavé, zapatero, afiliados ambos a la Internacional desde su
primera época, tuvieron una participación muy destacada. Con toda pro-
habilidad fueron los impulsores y redactores de los primeros periódicos
anarco-comunistas: La Justicia Humana y Tierra y Libertad.
52 «Nuestros propósitos», 1 (18 abril 1886), l
53 «El hombre lo es todo», id., 12
135 I
teóricos de los «grupos de afinidad anarquista» que tanta impor­
tancia tendrían en el movimiento anarquista:
En el artículo anterior hemos visto que los individuos podían llegar
a agruparse y a entenderse en la organización que se originaría de
sus relaciones diarias, sin que fuese precisa entre ellos la existencia
de una autoridad, por el mero hecho de agrupamicnto y reunión de
las afinidades, de las mismas tendencias, del mismo objeto que se
quiere conseguir.54
El escaso apoyo y arraigo de esta ideología en España en esos
momentos, explicaría su corta duración: ocho números, con dos
meses de intervalo entre el último y el anterior.
C'.im ilos utos mas tarde, volvieron a editar un periódico que
alcanzó una más larga duración y al que pusieron por titulo de
cabecera un nombre ya mítico, el cual con el correr de los años
se convertiría en el órgano «oficioso» de los grupos anarquistas y
posteriormente sería el órgano de la FAI: Tierra y Libertad?5
En sus páginas los anarco-comunistas pusieron por primera vez
en España las bases teóricas de los grupos anarquistas que tanta
importancia tuvieron en las cuatro primeras décadas del siglo
XX.
c a p í t u l o i S o l i d a r i d a d y el per i o d i s mo de r aí z á c r a t a
54 «Organización y autoridad», La Justicia Humana (Barcelona), 8 (25 nov.
1886), 1. El número 7 de este periódico donde desarrollaban ampliamente
estas ideas no ha llegado hasta nosotros
55 Este periódico, desde el n.10 (6X1888), hasta su desaparición en el n.23
(8V111889), ocupó parte de sus columnas en explicar su concepción de la
organización con el título: «Anarquía y organización». En próximos capí 
tulos veremos con más detalle la evolución de este periódico que se con 
vertiría en un fuerte bastión de la lucha anarquista, flanqueando y refor 
zando la labor de Solidaridad Obrera y demás periódicos anarquistas o
anarco-sindiealistas.
é
I 36 |
Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
CAP I T U L O I
La base de toda organización no autoritaria debe ser necesaria­
mente el individuo, el interés nacido en éste de comunicar sus
ideas, sus necesidades, o sus impresiones a otros individuos le
acercará a aquellos que tengan sus mismos problemas y aspira­
ciones, es decir, aquellos que le sean afines.
Se habrá de este modo constituido el grupo, sin que para su
creación hayan sido precisas otras leyes que las naturales. Del
mismo modo, tampoco será necesario, en absoluto, establecer
otras para su conservación. El grupo permanecerá constituido
mientras subsistan las causas que le hicieron nacer y la fuerza de
repulsión de los individuos del grupo no sea mayor que su atrac­
ción.
Una de las principales características del grupo anarquista es que
cualquier individuo integrante del mismo se halla siempre en la
plenitud del derecho a desplegar todas sus facultades naturales
sin que sea necesario para ello estar sujeto a mayorías o mino­
rías. La libertad del individuo en el seno del grupo no puede ser
coartada bajo ningún concepto. Nadie debe dictarle leyes para
regular sus acciones. Su propia disposición a permanecer inte­
grado en el grupo será la que regule el trato con los demás. Par­
tiendo de esta teoría, la propensión de cualquier individuo a im­
ponerse a los demás por la fuerza se verá contrarrestada por la
fuerza de los que la rechazan, resultando de ello el equilibrio
orgánico del grupo.
El objetivo del grupo una vez constituido debe ser necesaria­
mente la extensión de la propaganda y contribuir con su esfuer­
zo al abatimiento de cuanto se oponga a la marcha de la revolu­
ción. Naturalmente procurará ponerse en contacto, no solo con
grupos de su localidad, si los hubiera, sino con los de otras loca­
lidades. En punto a propaganda, es lógico que se proponga la
creación de una biblioteca, de un periódico, hojas impresas o
bien la propaganda oral con el fin de promover la creación de
137 I
CAPI T U L O I Solidaridad Obrera v n . im m i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
nuevos grupos o simplemente como grupo de acción revolucio­
naria, procurándose además medios adecuados para el combate.
Si un grupo es pequeño es fácil entenderse. Las dificultades de
entendimiento aumentan en la medida en que el grupo se am­
plía y se hace más grande. Esta dificultad se resuelve haciendo
que todos los pensamientos y actividades tengan campo de ac­
ción. El individuo es libre de poner en acción sus pensamientos
sin tener que consultar a nadie, pero si decide comunicar sus
iniciativas será por propia voluntad y sin imposición de nadie.
En lo que se refiere al modo de reunirse y discutir, los anarco-
comunistas rechazan por completo la idea de que necesariamen­
te de cada reunión deban salir acuerdos y la mayoría debe impo­
nerse a la minoría por la sola razón de su número. En el caso de
que en una discusión sobre un proyecto cualquiera hubieran dos
0 más opiniones divergentes, la solución sería que cada una de
ellas la pusiera en práctica, de lo cual resultaría dado que todos
concurren al mismo fin un beneficio para todos.
En lo tocante al problema financiero, éste debe ser resuelto por
la aportación voluntaria de cada individuo, sin cuotas fijas.
Siendo la administración de los grupos competencia exclusiva
de cada uno de ellos.
Todo lo dicho sobre la relación entre individuos de un mismo
grupo, puede hacerse extensivo a la relación entre los grupos de
una misma localidad. L a necesidad de comunicarse, de ponerse
en relación unos con otros, les empujará a reunirse entre sí, sin
que para ello fuera necesario un comités de coordinación o cosa
parecida. Lo superfino de esc organismo era evidente para los
■ ni.uvot omimistav Si éste no tiene ningún tipo tic atribuciones
es absolutamente innecesario y si alguna se le concede se haría
en detrimento de la autonomía de los grupos. Igual ocurre si se
1rata de relaciones con grupos de distinta localidad. Son innece­
sarios comités de relación cuya única tarea teóricamente sea la
J38|
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d f . r a í z Ac r a t a c a p í tu l o i
f
elaboración de estadísticas, ya que éstas pueden ser llevadas a
cabo por cualquiera que lo desee. L os grupos son perfectamente
libres de mantener correspondenciaJcon cuantos grupos deseen y
su propia dinámica los llevará a ello.
Sin ningún género de dudas, es un programa sencillo, basado
fundamentalmente en la espontaneidad, pero demostrará una
extraordinaria eficacia -como veremos luego con más detalle- a
la hora de estructurar una organización sólida antiautoritaria.
La fractura de la FTRE en 1888 dará paso a dos organizaciones
netamente diferencias: una de carácter económico que se deno­
minará Pacto de Unión y Solidaridad y la otra de carácter políti­
co-social que tomará el nombre de Organización Anarquista de
la Región Española (OARE). El desarrollo de esta última nos es
completamente desconocido, aunque su actuación es indudable,
de otro modo sería inexplicable el resurgimiento del anarquismo
a partir del inicio del siglo XX; en cuento a la primera, participó
activamente en los primeros de mayo que se convocaron a partir
de 1890, en que se organizó el primero de ellos y aunque a partir
de 1893 desaparecen prácticamente las noticias que de esta or­
ganización nos han llegado, continuó funcionando, porque la
volveremos a encontrar en los albores del siglo XX.
1.2. Las bases de la cultura anarquista
En la primera etapa de la I nternacional española, la propaganda
anarquista se limitó casi exclusivamente a la prensa, editándose
diversos periódicos intemacionalistas. Entre ellos cabe destacar
La Federación que empezó a editarse en Barcelona en agosto de
1869 y, salvo un breve período de suspensión, cubrió todo el
período del sexenio hasta el golpe de Estado de enero de 1874;
La Emancipación, que comenzó a editarse en Madrid como ór­
c a p í t u l o i
Solidaridad Obrera v e l pe r i o d i s mo d e r a í z á c r a t a
gano «oficioso» de la I nternacional en 1871 y que, tras la llegada
de Paul L afargue a España, se decantó rápidamente del lado
marxista; El Condenado, también de M adrid, obra de Tomás
González Morago que pretendía contrarrestar las informaciones
tendenciosas del órgano marxista.
También se publicaron portavoces de las Uniones de oficio, pero
excepto ha Revista Social, órgano de la Unión Manufacturera,
con bastante poca fortuna.
Por lo que respecta a la educación, los intemacionalistas españo­
les la tuvieron siempre presente y le dedicaron todos los esfuer­
zos posibles para alcanzar lo que entonces se denominaba una
enseñanza integral. En el Congreso de Córdoba, celebrado a
finales de 1872, se recalcó la importancia de la enseñanza, acor­
dándose el establecimiento de escuelas intemacionalistas, cuyos
libros y maestros procedi eran de la Federación Regional
Española.56
Según el portavoz «oficioso» de la FTRE, uno de los principales
medios de educación y cultura es el libro, así lo reconoce la prác­
tica. El libro, sin embargo, es caro por barato que sea, a los que
no ganan lo suficiente para comer.
El periódico, creando opinión unas veces, otras inspirándose en
ella, contestando a la alusión ora; despejando las dudas luego;
asentando principios siempre; combatiendo, luchando en todo
tiempo sin escoger el sitio ni el enemigo, por el ideal querido, es
una buena y excelente arma de propaganda, que reúne la supe-
56 Efectivamente el Ateneo Catalán de la Clase Obrera editó en 1872 el libro
E l Ariete Socialista Internacional para sus escuelas y lo recomendó a las
Secciones de la Internacional. Está constituido por una colección de afo 
rismos, noticias y conocimientos útiles para la infancia; en él se intenta
poner de relieve las injusticias sociales al mismo tiempo que defendía eí
»politicismo y el colectivismo.
S o l i d a r i d a d O b r e r a y e l p er i o d i s mo d e r a í z á c r a t a c a p í t u l o i
I
rior condición de barato, por ló que está más al alcance de los
trabajadores.
Pero el libro y el periódico se complementan, y si el libro es a
precio de coste, sin duda alguna que uno y otro pueden producir
muchos y buenos resultados.57
Aunque la publicación de libros anarquistas no alcanzaría gran­
des proporciones hasta comienzos del siglo XX, en esta década
comienzan ya a crearse algunas editoriales modestas, general­
mente asociadas a algún periódico, como Revista Social o Tierra
y Libertad. Esto permitió que la difusión de las teorías anarquis­
tas fuera más amplia. No obstante, estos primeros intentos de
elaborar úna cultura anarquista a través del libro no pasaron de
hacer propaganda de las ideas anarco-colectivistas o anarco-co-
munistas.
Mucha mayor importancia en el aspecto cultural cobrarían los
dos Certámenes Socialistas que fueron celebrados en este perío­
do58. En ellos se recogería una amplia muestra de la elaboración
teórica del anarquismo, j unto a una selección de trabajos que
abarcaban diversos aspectos de interés sociológico, artístico o
literario.
57 Así se expresaba Revista Social (Madrid), 18 (6 octubre 1881), 3, al anun 
ciar la creación de «La Biblioteca del Proletario», que publicó libros como,
Estudios filosófico sociales de Josep Llunas o el Almanaque para 1883, con
«escritos útiles a los proletarios».
58 El primero se celebró en Reus en 1885, organizado por El Centro de Ami 
gos de Reus y el segundo en Barcelona los días 10 y 11 de noviembre de
1889 en honor de los mártires de Chicago, organizado por el grupo «11 de
noviembre». Ambos certámenes fueron editados en libro y reeditados pos 
teriormente. Primer certamen socialista, organizado por el Centro de Amigos
de Reus, Reus, Centro de amigos de Reus, 1885, XIl-t-576 páginas, y Se 
gando certamen socialista, celebrado en Barcelona el día 10 de noviembre de
1889 en el Palacio de Bellas Artes (¡Honor a los mártires de Chicago!, Grupo
•Once de Noviembre»), Barcelona, «La Academia», 1890, 440 páginas.
I 4»I
CAPÍ T U L O I
¿olidaridad Obrtrw >ri r r h i o u i s mo h e r a í z á c r a t a
En el tema de la educación, la FTRE siguió abogando por la
constitución de escuelas laicas, recoincndando a las Federaciones
Locales el establecimiento de las mismas.59
Pero el protagonista indiscutido siguió siendo el periódico. Su
proliferación en este período fue espectacular. Entre 1881 y
1888 se publicaron alrededor de 50 cabeceras diferentes, porta­
voces de algún grupo, órganos oficiales de alguna Unión de Ofi­
cio o simplemente instrumentos de propaganda anarquista.
1.3. Hacia nuevas formas de organización
Los últimos diez años del siglo XI X han sido calificados en la
historia del anarquismo como la «década terrorista». Nadie pue­
de poner en duda que existieron atentados efectuados por anar­
quistas, el más espectacular de los cuales fue sin duda el de San­
tiago Salvador60. Pero hacer de ello el eje de toda una década en
la historia del movimiento me parece tendencioso.
Resulta evidente que la práctica organizativa anterior había con­
vulsionado los medios anarquistas impulsándolos hacía prácticas
mucho más espontaneístas que golpeasen de forma contundente
la estructura de la sociedad capitalista. Se formaron numerosos
59 Por ejemplo en e! congreso de Sevilla (1882) se hacía especial hincapié en
esta cuestión, cfr. Nettlau (1969), p. 4<)0.
60 Kti la noche del 7 de noviembre de 1893 se inauguraba la temporada de
ópeiu del Liceo han rlonéfi, con l.i representación de Guillermo Tcll. Al
mu el segundo m ío fueron arrojadas dos bombas «Orsini» ,il patio de
b ti tu i .r , h ó I o una de ellas h i / . i t explosión, pero fue suficiente para causar
numerosa» víctimas. Santiago Salvador, autor del atentado, confesó i¡uc lo
había hecho como represalia al fusilamiento de Paulino Pallas un mes
antes. Este anarquista había atentado contra el general Martínez Campos
que salió ileso del mismo. Cfr., Núñcz Florencio (1983), pp. 53 y sgs.
I 42 I
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z A c r a t a CAPÍ TULO I
grupos de acción^' que, posiblemente, no excluyeran la práctica
del atentado, pero que no era el único objetivo, ya que conocían
sobradamente, por experiencias ajeaas, sus nefastos resultados.62
Se trataba en definitiva de combinar todas las formas de lucha
posible tratando de crear una estructura lo suficientemente fle­
xible para que pudiese hacer frente a la represión del Estado que
indefectiblemente llegaría en cuanto éste se viera amenazado.
Suponían de una ingenuidad rayana en la estupidez el esperar
algún resultado positivo por la vía de la legalidad como ya se
había demostrado en la década anterior.
De este modo los grupos anarco-comunistas más o menos acti­
vos se fueron formando por todo el país. Algunos de ellos con
sus propios órganos de prensa, los cuales por la precariedad de
las condiciones materiales en que se encontraban estos grupos,
generalmente aislados, eran indefectiblemente efímeros.63
Pero a pesar de su aparente escasa incidencia social, parece que
llegaron a adquirir una gran relevancia, porque los escasos aten
tados que se produjeron no pueden explicar la barbarie guber
namental. Sólo la preocupación causada por la proliferación de
61 Sempau (1900), passim, es casi la única fuente que tenemos para rastrear la
presencia de estos grupos, pero este autor, por razones obvias, lo distraza
de ficción y además de forma críptica. Véase, también, Núñez Florencio
(1983), p. 124.
62 Eli efecto, sobre los medios de acelerar la Revolución Social, el Congreso
Cosmopolita de Barcelona de 1885, tomó el acuerdo siguiente: «aconsejar
a todos los anarquistas del mundo actuar de forma que se armonicen y
asocien todos los esfuerzos de la propaganda científica con la clandestina y
de acción revolucionaria». Cfr., Nettlau (1969), p. 498.
63 Citaré algunos de entre todos ellos, El Combate de Bilbao, E l Porvenir
Anarquista de Barcelona, Ravachol de Sabadell, l.a Tribuna Libre de Sevi 
lla, etc.
CAP I T U L O I
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
estos grupos puede dar cuenta de la brutal represión que se aba­
tió sobre el anarquismo en estos años finiseculares.
L a progresiva desorganización del movimiento obrero español
de tendencia anarquista a partir de la disolución de la FTRE en
1888, fue momentáneamente detenida por la confluencia inter­
nacional en la celebración de los Primeros de mayo.
En España al igual que en el resto de Europa el primer Primero
de mayo se celebró en 1890, decidido en el congreso obrero in­
ternacional de París del año anterior64 . Las tácticas socialistas y
anarquistas se dividieron casi de inmediato. Mientras los prime­
ros abogaban por una masiva manifestación obrera, seguida de
un pliego de peticiones al gobierno, para apoyar la reducción de
la jornada de trabajo, los segundos apoyaron decididamente la
liuelga general, como único medio de conseguir la jornada de
ocho horas.
Todos los periódicos anarquistas que en ese momento se publi­
caban^5, se pusieron sin reservas del lado de la huelga, que al­
canzó especial virulencia en este primer I o de mayo.6f'
Como consecuencia E l Productor suírió una suspensión de dos
meseí’7. La Victima del Trabajo de Valencia, que había visto la
luz el año anterior, vio asaltada su redacción, siendo suspendido
64 Como es bien sabido se eligió esta fecha en recuerdo de las Luchas que los
obreros norteamericanos iniciaron el 1° de mayo de 1886 para conseguir
las: ocho horas, con las trágicas consecuencias de varios anarquistas ajusti 
ciados. A partir de entonces se conocerían como «Los mártires de Chica 
go». Véase, Ferrer (19752), pp. 27 y sgs.
65 El Productor, La Víctima del Trabajo, El Jornalero, La Alarma, Loa Deshereda 
dos, La Tramontana, E l Socialismo.
66 Pueden seguirse las vicisitudes de la misma en Ferrer (1V752), pp. 85 y sgs.
67 Entre mayo y julio. Véase, «La suspensión de El Productor», n.198 (4 julio
1890),!.'
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CA P I T U L O I
por más de tres mcse^8 . I gual suerte le cupo a El Jornalero de
Alcoy, nacido aquel mismo año.69
Et Pacto de Unión y Solidaridad celebró un congreso en 18917t)
y se conocen referencias del mismo hasta 1893. L a celebración
de los Primeros de mayo siguieron la misma tónica del primero
hasta ese mismo año, en que es visible la decadencia. Los espec­
taculares atentados de 1893 contribuyeron a destrozar en mil
pedazos estos tímidos intentos de reorganización que en esencia
significaron el fracaso de unas tácticas que se habían demostra­
do inoperantes.
Progresivamente fueron desapareciendo los periódicos que ha­
bían sido testigos directos de la lenta decadencia organizativa
del movimiento obrero y se vieron totalmente incapaces de su­
perar los viejos moldes.
68 «Los acontecimientos de mayo han forzado a suspender temporalmente mi s
publicaciones», El Productor (Barcelona), 200 (18 julio 1890), 2; «La redac
ción del periódico fue ocupada por los tribunales de justicia...», La Víctima
del Trabajo (Valencia), n.8 (26 julio 1890).
69 E l Productor (Barcelona), n.200 citado y La Víctima del Trabajo (Valencia),
n.8 citado.
70 «El congreso amplio» (propuesta de convocatoria con inclusión del orden
del día), E l Productor (Barcelona), 226 (8 enero 1891), 1. El congreso se
reunió el 22 de marzo desarrollándose en días posteriores. Entre sus reso 
luciones destaca la adhesión al Io de mayo, E l Poductor (Barcelona), 237
(26 marzo 1891), 1 y 4 y n.238 (2 abril), 1.
45
CAPÍ TULO 1
Solidaridad Obrera y r i . p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
flL P M IM IO
I I i m i i C I O X
L*
Ei, ( i i i w n t t l * i u « j i
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Li firn Sitili
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Cabeceras de periódicos del siglo X I X
La internacional, Anselmo Lorenzo, Bakunin y Fanelli
tf
I 46
Solidaridad Obrera V k l p e r i o d i s m o d e r a í z Ac r a t a
sí./.:' •’ «»Krt«»»^« í
'I'térra y Libertad de 1915
CAPI TUL O I
Solid ari liad Obrera y h p e r i o d i s m o d f . r a í z á c r a t a
■ B t l M t » F- A
P R O C L A M A ,sg á k
Tierra y Libertad, órgano de la Federación Anarquista Iberica
I 4®I
4
CA PÍ T U L O II
£osfrentes de lucha del anarquismo
2.1. El largo camino de la recuperación
A finales del siglo XI X concurrieron una serie de factores que
hicieron posible la recuperación del movimiento anarquista y del
movimiento obrero cercano a esta ideología. Uno de ellos -quizá
el más importante- fue la barbarie que supuso la apertura del
proceso de Monjuic. Como es bien sabido, la bomba que tue
lanzada al paso de la procesión del Corpus por la calle de Cam­
bios Nuevos de Barcelona, el 6 de junio de 189671, dio lugar a
una persecución sistemática de anarquistas en toda España y
especialmente en Cataluña. L os sótanos del tenebroso Castillo
de Montjuíc se llenaron de militantes ácratas, envueltos todos
ellos en el tristemente célebre proceso de Montjuíc. El celo re­
presivo alcanzó incluso a prestigiosos intelectuales como Pedro
Corominas, cuya conexión con el anarquismo era meramente
literaria. Como es lógico se dictaron leyes especiales de repre­
sión del anarquismo72y su prensa fue totalmente suprimida.
Faltos de medios de expresión propios en el interior, debieron
recurrir a la solidaridad internacional. Salvando las irregularida­
des en los procesos, las torturas y demás salvajadas que se perpe­
traron, escudadas en la impunidad, me interesa destacar el poco
71. Núñez Florencio, Ratacl (1983), pp. 58 y sgs.
72. Ley del 2 de septiembre de 1896.
c a p í t u l o p Solidaridad Obrera y ri. p e k w d i s m o d e r a í z á c r a t a
eco favorable que despertaron en los medios de información
cotidianos. Habría que esperar algún tiempo para que se alzaran
voces de protesta por las irregularidades que se cometían. Pero
ya era tarde. Muchos inocentes fueron pasados por las armas y
otros deportados.
La campaña que se inició por la revisión de este proceso prime­
ro desde las páginas de El Progreso y poco después seguida por
otras publicaciones73, creó la lógica efervescencia entre los traba­
jadores de todo el país y puso de manifiesto las arbitrariedades
de la justicia.
A partir de este momento las iniciativas se multiplicaron. La
familia Urales, al poco tiempo de empezar la publicación de La
Revista Blanca, inició la de su Suplemento para recoger la infini­
dad de noticias obreras que llegaban de todas partes y tres años
más tarde, para independizar ambas publicaciones, cambiarían la
cabecera del Suplemento por la de Tierra y Libertad', pero la con­
trovertida personalidad de Federico Urales no tardó en provocar
duras críticas desde diferentes sectores del anarquismo español.
No es este el lugar para hacer un estudio en profundidad de la
trayectoria intelectual del anarquista reusense, pero desde luego
valdría la pena hacerla, porque pocas figuras consiguieron
atraerse las iras de casi todo el anarquismo español. De todos
modos, es obligado reconocer que su esfuerzo y el de su familia
y colaboradores, contribuyó en an manera a extender la pro­
paganda por todo el paiv
7 ( t i / ’»«jif»!'!!', di,mu (Imi^kIh jhh Alq.ii»ln> l.rrnnu después «le que »bando
iiuiit l,i ■ Im'it it'm <l< I I l ’aii l.crroux incorporó a la redacción a Federico
I bale» v .milio* mu turón la ^umpaftn el I l de enero tic 1S*>H, cfr. Álvarc?,
)mn ii, Jum4{ 1‘í'íO), |i|). 1íi2 y Kg*. No tardaría mucho Urales en abandonar
i-l iliai i<>y fundai mi propia revista para continuar la campaña por su cucn
ttt. Asf nació l a Revista Manca.
I So t
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p í t u l o i i
A partir de 1900, la larvada actuación del Pacto de Unión en los
últimos años del siglo XI X culminó en la reconstrucción de la
Federación Regional Española de^Sociedades de Resistencia
(FSORE), con el explícito rechazo a las huelgas parciales y la
adhesión más entusiasta a la proclamación de la huelga general.
Sin embargo, esta organización estaba todavía excesivamente
anclada en los presupuestos organizativos anteriores y aunque
impulsó algunas huelgas generales, especialmente en Galicia y
Barcelona, su actuación, aparte de los congresos anuales que ce­
lebró hasta 1906, excepto el año 1902, no tuvo una relevante
significación y ya en 1906 eran visibles los síntomas de decaden­
cia, desapareciendo silenciosamente un año más tarde. El fraca­
so de las huelgas generales del bienio 1901-1902 la había dejado
herida de muerte, arrastrando a partir de entonces una vida lán­
guida.
No obstante, la experiencia de lucha de las huelgas generales,
unida a la difusión de las ideas del sindicalismo revolucionario,
especialmente en Barcelona, propiciaron los intentos de creación
de una organización estructurada de una manera visiblemente
distinta. En la ciudad condal se reemprendieron casi inmedia­
tamente los trabajos de reconstrucción. A principios de 1904 se
creó la Unión Local de Sociedades Obreras74 afiliada a la FSO­
RE. Como tal tomó parte en el I V Congreso celebrado en Sevi­
lla en aquel año, pero la desvinculación de este organismo fue la
74. Tierra y Libertad (Madrid), n.383 (2 junio 1904), 4; El Rebelde (Madrid),
n.15 (31 marzo 1904), 4, publicó el «Provecto de Reglamento para la
Unión Local de Sociedades Obreras de Barcelona». Este «Proyecto» puede
verse íntegro en Cuadrar, Xavier (1976), pp. 593594: Apéndice I.
CAP I T U L O II
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
tónica dominante75j en su evolución posterior. Esta Unión Local
participó activamente en la preparación de las luchas del I o de
mayo de 1906, intento de confluir de nuevo internacionalmente
para conseguir la jomada de ocho horas y de hecho fue, con to­
da probabilidad, el núcleo del que después surgiría la Federación
Local «Solidaridad Obrera» de la que trataré en el próximo ca-
pítido.
Cuando Ferrer y Guardia llegó a Barcelona en 1901 su proyecto
era, a juzgar por los resultados, muy similar al proyecto liberta-
rio. Efectivamente, abrió de inmediato los tres frentes aludidos.
En ese mismo año se funda la Escuela M oderna, al mismo
tiempo que comienza a publicarse, por iniciativa de Ferrer, el
periódico La Huelga General, el cual en sus dos años de existen­
cia contribuirá a propagar en España las teorías del sindicalismo
revolucionario, recién estrenado en Francia y proclamará como
sublime instrumento de lucha revolucionario la huelga general.
Por lo que respecta al proyecto pedagógico, la Escuela Moderna
tenía por delante un amplio cometido a cubrir, no sólo para
arrebatar la enseñanza de manos de la Iglesia, como tantas veces
se ha repetido, sino para suplir las deficiencias de la escuela pú­
blica que o era muy mala o inexistente76. Este hecho es algo que
nadie podría discutir; no obstante en ese mismo año de 1901,
75. Connelly Ullman, Joan (1972), p. 136, afirma: «No obstante, las sociedades
obreras barcelonesas, no consiguieron mantener contacto con la FTRE (se
refiere a la FSORE) o no deseaban hacerlo», apoyándose en e! testimonio
de Abad de Santillán, Contribución a la historia del movimiento obrero, 1,
490, cit. por Cuadrat, Xavier (1976), p, 63.
76. Lázaro Lorcnte, L. M., «Alcance y significado de la Escuela Moderna en
et País Valenciano», Educado i Historia. Revista d'historia de l ’educació, Bar 
celona, 1 (1994), 49.
I 52 I
4
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAP I T U L O II
Antonio Maura, uno de los políticos más siniestros y nefastos de
la Restauración, afirmaba:
**
[...] Sucede entre nosotros que nos parece que lo hemos hecho
todo habilitando a los más humildes y a los más ignorantes para
que deletreen, y luego se olvida que el único pasto que llega a su
espíritu son publicaciones anarquistas, publicaciones que encarnan
todos los odios y todas las pasiones.77
Como es lógico, se produjo simultáneamente un insólito au 
mento de la propaganda anarquista en forma de libros y folle 
tos78 . A esta profusión contribuyeron, además de las editoriales
propiamente anarquistas, como La Revista Blanca, El Productor,
La Huelga General, etc., muchas otras editoriales m> .marquislr,
como Sempere de Valencia o Maucci de Barcelona, sin olvidai
La España Moderna, Granada, Presa, Atlante, etc.
En este clima de efervescencia comenzaron a actuar los grupos
de afinidad anarquista, extendiéndose por todo el país. En el
siguiente apartado hablaremos extensamente sobre los misinos,
señalemos ahora algunas de las opiniones que se han vertido
sobre estos grupos y algunas de sus características más impor
tantes.
Repasemos primeramente las de Adolfo Bueso, un conocido
cenetista con una trayectoria política un tanto tortuosa, que así
nos los describe:
77 Cit. porMaeztu, Ramiro de (1977), p. 190.
78 Resulta elocuente el asombro que experimentó Ramiro de Maeztu ante esta
avalancha de la propaganda anarquista y que dejó reflejado en los artículos
que escribió para el periódico El Imparcial de Madrid en 1901. Pueden
consultarse en la recopilación, Maeztu, Ramiro de (1977), passim.
CAPI TULO li
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
[...] hombres que se llamaban de acción, que se reunían por grupos
que ellos llamaban de «afinidad», compuestos de media docena de
hombres y mujeres, animados muchos de ellos por un espíritu de
protesta ante las injusticias sociales, pero la mayoría sin cultura
alguna, sin estudios senos del problema, todo lo más, mal ahmeri-
lados cspiritualmente por media docena de folletos y la lectura, a
trompicones, del inevitable libro, La conquista ddpan.~<>
Gustavo La I glesia, un conocido intelectual de principios del
siglo XX, y además un plagiario de prestigio, también los analiza
someramente, vertiendo de ellos una opinión poco halagüeña.
Para este autor,
los fines prácticos que estos grupos realizan en todas partes es el
socorro pecunario y el auxilio desinteresado a los compañeros pre 
sos en la localidad o que por ella transitan, conducidos por la tuer 
za pública o en calidad de propagandistas, emigrantes o huidos de
su país natal.1*'1
En cuanto a sus características, Dolors Marín señala acertada­
mente, que el grupo anarquista es «un grupo que piensa y cono­
ce, al mismo tiempo que actúa de cara a la sociedad de acuerdo
con los ámbitos políticos y sohreestructurales. El grupo encarna
así la práctica cotidiana de ‘vivir en anarquía’ y luchar por el ad­
venimiento de una sociedad libertaria»81 . V es precisamente esta
7V Hurto Gurda, Adolfo (1976), tomo I, pp. 148149. Para una descripción del
Kiupo «Redención» ron mía fuerte car^a de hostilidad y frustración- del
que formó parte el autor, véanse pp, 154158.
H(l I ,i tul* M.t y ••mi u, ( ¡ustavo (1907J), pp. 292 y sgs. lín pp. 293295 en nota
puede verse una lista bastante amplia de los grupos anarquistas de que el
autor tenia conocimiento en diferentes ciudades españolas v también en el
extnnwm.
81 Marín i Silvestre, Dolors (1989-1990), pp. 406-407.
I 54 I
«
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d f . r a í z á c r a t a c a p i t u l o u
característica lo que confiere al grupo de afinidad anarquista una
relevancia en la práctica cotidiana de la transformación social
que por desgracia se ha soslayadó en aras de estudios menos
conflictivos y farragosos.
Por último, Alvarez J unco señalaba que en la constitución de la
CNT «la polémica anterior [entre partidarios de una organiza­
ción estructurada y aquellos que abogaban por una relación más
flexible] no podía por menos de estar presente en el anarcosin­
dicalismo, como lo prueba lo singular de su organización; su
flexibilidad y espontaneísmo como principios, el carácter subra­
yado constantemente de confederación entre individuos y socie-
J J
dades adheridas siempre de abajo a arriba; lo reducido de las
cuotas prácticamente voluntarias, la inexistencia de jerarquiza-
ción, de burocracia, de disciplina, ni de más obligación que la
solidaridad»82.Y esto era debido en buena parte a la influencia
de los grupos anarquistas y a su peculiar concepción tic la orga
nización.
2.2. El desarrollo de los grupos de afinidad anarquista
Con el final de siglo se manifiesta un creciente deterioro de la
situación material de la clase obrera española. L a crisis econó­
mica provocada por la pérdida de las últimas colonias agravó
aún más el problema.
Con el resurgir del movimiento obrero provocado en parte por
las causas antes apuntadas comienzan también a aumentar los
conflictos sociales. Las huelgas llegan a proporciones jamás al­
82 Álvarez Junco, José (1976), p. 397.
I 55
c a p i t u l o m
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
canzadas anteriormente. Generalmente se producían por au­
mentos de salarios o reducción de la jornada de trabajo.*3
El recurso a la huelga general como arma efectiva de combate
comenzaría a ponerse rápi damente en práctica. El bienio
19011902, fue pródigo en huelgas de estas características. La
Coruña, Sevilla, Gijón, Morón y Barcelona las experimentarán,
generalmente con resultado adverso.
Los grupos anarquistas se reorganizaron y extendieron por todo
el país, constituyendo un tactor importante en el nuevo renaci­
miento del asociacionismo obrero. Se fundaron Centros de Es­
tudios Sociales?4 en muchas localidades con una doble finalidad:
aglutina) al mayor número posible de trabajadores organizados
por secciones de oficio y servir de centros de enseñanza con ob­
jeto tic aumentar su nivel cultural.
Además de Barcelona y Madrid, la influencia anarquista se ex
tendió por Asturias, Levante y Murcia, La Coruña y gran parte
de Andalucía, con núcleos importantes en Valladolid, Gerona
(San Feliü de Guixols y Palamós), Badajoz y el País Vasco.
83 Timón de Lara, Manuel (1972), pp. 418 Vsgs.
84 Básicamente el Centro o Círculo de Estudios Sociales representaba en este
período el lugar de domiciliación de las sociedades obreras, grupos anar 
quistas y en algunos casos se implantaba una escuela laica. El Círculo de
Estudios Sociales de La Línea tuvo una importancia extraordinaria. Fue el
que dio cobertura al periódico La Protesta de Ernesto Alvarezy posibilitó
su continuidad. En Grazaléma se implantó una escuela laica que pasó a
regirla Juan José García, véase circular n.4 de este centró en E l Proletario
(Cádiz), n.l (1 abril 1902), 7 y también la circular n.5 en Id., n.2 (15 abril
1902), 5.
156 r
4
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPÍ TULO N
A medida que la propaganda anarquista se fue extendiendo por
toda España85 fue creciendo paralelamente el interés por su
ideario. Se fueron creando grupos-anarquistas en todas aquellas
localidades donde las inquietudes de los trabajadores y campesi­
nos por mejorar su situación, no solo económica, sino también
cultural, se evidenciaba con fuerza.
Señala Tuñón de Lara que «resulta difícil distinguir entre aso­
ciaciones que admiten netamente los principios anarquistas o
anarcosindicalistas y aquellas otras, de simple resistencia, im­
pregnadas de la influencia anarquista (que formaron luego bue­
na parte de la clientela de la C-NT)»86. Más adelante sigue insis
tiendo «en el hecho de que al tratar de esta corriente estarnos
obligados a mezclar los conceptos de organización y de grupo
político, es decir, anarquista».87
Creo que habría que hablar de distorsión, más que de confusión
Analizar los grupos anarquistas con los mismos métodos que si
de un partido político se tratase conduce necesariamente .1un
falseamiento de la realidad. Y si esto resulta cierto en casi toda la
historia del anarquismo español, lo es mucho más en el período
concreto que estamos analizando.
Los grupos anarquistas de principios de siglo, herederos de las
teorías anarco-comunistas de los grupos efímeros, no respondían
a estructuras definidas, porque no se dotaban de ninguna. Su
cualidad era precisamente su precariedad. Pero al mismo tiem­
po, estos grupos los formaban trabajadores o campesinos y su
85 Pedro Vallina, integrante del grupo anarquista «La Acción* de Madrid
proponía, en nombre del grupo, para activar la propaganda, la edición de
foiletos. Apuntaba además la posibilidad de unirse varios grupos para este
cometido, ya que entonces.la tirada sería mayor y se reducirían los costes,
El Proletario (Cádiz), n.3 (1 mayo 1902), 8.
86 Tuñón de Lara, Manuel (1972), p. 405.
87 Tuñón de Lara, Manuel (1972), p. 408.
c a p í t u l o h
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
flexibilidad les permitía crear asociaciones que eran inmediata­
mente impregnadas del ideario que nutría los grupos.
Si la Federación de Sociedades de Resistencia no llegó a cuajar,
la explicación hay que buscarla en su adscripción teórica y prác­
tica a formulaciones organizativas que habían ya demostrado su
fracaso en la década de los ochenta del siglo anterior. Por ello
creemos que es inútil buscar deslindes al menos en este período
entre el movimiento obrero de tendencia anarquista y los grupos
específicos que los integraban, precisamente porque no se bus­
caban esos deslindes como ocurrirá posteriormente con la CNT
ni se veía en esos momentos la necesidad de hacerlo.88
El primer periódico anarquista asturiano y el primero de este
período, apareció en Gijón en enero de 1899. Fraternidad surgió
88 A principio de los años cincuenta, el anarquista italiano M Mariani y B.
Rizzi, un marxista heterodoxo que colaboró ampliamente con los anarquis 
tas en esos años, lanzaron la propuesta de crear un organismo que fuera lo
contrario de un partido político y para ello habría que abolir «los cargos
fijos y pagados; esto tendrá además una función pedagógica porque le
proporcionará a la masa la posibilidad de ejercitarse en la gestión directa y
afirmar su voluntad y su genio [...). Si es cierto que las relaciones de pro 
ducción modifican las relaciones sociales imprimen carácter a la evolu 
ción, es neersítrio dejarlo» desarrollarse espontáneamente bajo el control de
la mana interesada y no errar una raza de organizadores que obstaculizan el
libre progreso forjándolo a medida de ximmenudos intereses particulares»,
('i l ., M. Mariani, B. Rizzi, «Circolare», «Anarchismo*, mayo 1950-marzo
1951, p. SO, cit., por Sciismi, Paolo, «Oltre il marxismo, l'anarchismo e il
liberalismo. Il percorso scientifico e rivoluzionario di Bruno Rizzi», Rivista
Storica dett'Anarchismo (Pisa), V i l i , 2 (16) (julio-diciembre 2001), p. 71.
Este proyecto es precisamente el que desarrollaron los anarquistas españo 
les en los primeros treinta años del siglo XX.
I 58 |
#
V EL PERI ODI SMO DE RAÍ Z ÁCRATA CA PÍ T U L O H
por iniciativa de I sidro Diez de la Torre «Alma Negra»89. A un­
que desapareció enseguida, volvería a reaparecer a finales del año
siguiente. Fue el núcleo alrededor dél cual se fueron desarrollan­
do los grupos asturianos90 . De igual manera se fue configurando
un potente movimiento obrero que llegó a contar con un
diario.91
En Andalucía, La Protesta, instalada en La Línea a partir de
1901, contribuyó de modo eficaz a extender la propaganda
anarquista. Pero ya otros periódicos habían empezado la labor
propagandística en Cádiz, donde la represión de las décadas an­
teriores había sido más intensa, pero al mismo tiempo los gru­
pos anarquistas eran más consistentes. El primer periódico apa­
recido en esa ciudad fue El Trabajo92 año y medio antes de que
La Protesta se trasladara a L a L ínea. Con una participación muy
destacada de los grupos anarquistas gaditanos y auspiciado por
89 Véase, Santullano, G., «La prensa obrera en Asturias en el siglo XIX
(18681899)», Boletín del Instituto de Estudios Asturianos (Oviedo), n. 88/89
(junio 1971), 531, quien ofrece en nota a pie de página una breve biografía
de este anarquista. Este autor añade que el director del periódico sería Juan
Fernández y García del que nada se.sabe.
90 En .1905 apareció, también en Gijón, la revista Tiempos Nuevos dirigida,
según Álvarez, Ramón (1973), p. 438, por José Suárez Duque, aunque
según La Huelga General (Madrid), n.5 (9 marzo 1906), 1, el director era
José Menéndez, que fue encarcelado por este motivo, Eleuterio Quintanil-
la, una de las figuras más importantes del anarquismo asturiano, inició sus
actividades propagandísticas en esta revista, véase, Alvarez, Ramón {1973),
pp. 2325.
91 Tuñón de Lara, Manuel (1972), p. 408, afirma que las organizaciones astu 
rianas de La Felguera contaban con 1.300 afiliados. El diario La Defensa
del Obrero apareció en Gijón en mayo de 1901, desapareciendo a finales de
ese mismo año. En enero del año siguiente le sucedió La Organización,
también diario, pero de vida muy efímera (apenas unos números),
92 El primer número data del 17 de diciembre de 1899.
I 59 !
CAPITULO II
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d f , r a í z á c r a t a
ellos, colaboraron un amplio plantel de escritores que iban desde
Salvochea, hasta la librepensadora Amalia Carvia. Fue El Traba 
jo un primer jalón en un proceso de desarrollo extraordinario de
la propaganda anarquista en Cádiz,
L e siguió La Razón Obrera en septiembre de 1901 que en la
práctica fue el portavoz de los fogoneros y marineros, poderosa
organización obrera de esa ciudad, la cual, salvo breves momen­
tos de recesión importante, dio muestras de gran vitalidad. Re­
organizados de nuevo en 1904, dieron vida a La Voz del Obrero
del Mar que desapareció cuando dicha sociedad quedó di-suelta
dos años después, en julio de 1906.93
En la primavera de 1902 apareció El Proletario, órgano y expre­
sión de los grupos anarquistas, aunque como afirmaba J osé To­
nal vo, es imposible ser anarquistas en el estado social presente,
pero sí «mártires de tan sublimes ideales»94. Este periódico se
refundió con La Voz del Campesino que se publicaba en J erez^
para sacar a la luz Germinad . Pero no pudo ir más allá del pri­
mer número; al igual que su antecesor tuvo que desaparecer por
falta de fondos96. También se mostrarían muy activos los grupos
anarquistas de la provincia. Algeciras, L a Línea y San Fernando,
participarían en la propaganda periódica con órganos general­
mente de vida muy efímera.
En Málaga se organizó una potente Federación de sociedades
de resistencia, cuyo órgano en la prensa Faro de Andalucía tomó
93 El Porvenir del Obrero (Mahón), n.263 (27 julio 1906), 4.
94 n . l l (1 septiembre 1902).
95 La Huelga General (Barcelona), n.l6(5 abril 1903), 8.
96 Tierra y Libertad (Madrid), 209 (14 mayo 1903), 3.
6o
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z A c r a t a c a p í t u l o II
el mismo nombre de la Federación97 . Este periódico apareció
probablemente el 1de mayo de 190298. A finales de año los edi­
tores se vieron precisados a suspenderlo por falta de fondos99 .
Coincidiendo con el mitin del I o de mayo del año siguiente
tendría una efímera reaparición. L a enfermedad de su director,
¡osé Mesa, unida a los problemas económicos fueron la causa de
su rápida desaparición100. Varios años después, los grupos anar­
quistas malagueños publicaron Nueva Aurora, auspiciado por los
nuevos vientos sindicalistas101 . Venía esta publicación a «resuci­
tar el floreciente tiempo de “El Faro de Andalucía”, potente Fe­
97 Según Tuñóti de L.ara, Manuel (1972), p. 408, esta Federación ct.iuvo dit i
gida por Belén Sárraga, conocida librepensadora y según painr llegó n
contar 20000 afiliados, con más de 20 sociedades. l'or su parte IMr/, del
Moral, Juan (1977), p. 185, nos dice: «Belén Sárraga, con ocasión de sus
viajes a Málaga, a cuyos trabajadores organizaba por entonces». I.a colaho
ración entre el republicanismo librepensador y el anarquismo fue muy
estrecha, no solo en Málaga, sino en muchísimas otras partes de Andalucía
y del resto de España. Añade Diaz del Moral, que «Belén alentaba y acón
sejaba a la Sociedad Libertaria cordobesa ‘Los Amigos del Progreso', que
organizó bastantes gremios». De todos modos hay que señalar que esta
colaboración práctica no significaba comunión de ideas; E l Corsario (Va 
lencia), n.26 (5 diciembre 1902), 3, comentando un mitin que tuvo lugar el
22 de noviembre de 1902 en Málaga decía que los argumentos anarquistas
a través de Chornichan y Velasco se impusieron a los de librepensadores,
políticos y radicales.
98 No se conocen ejemplares, véase Tierra y Libertad (Madrid), n.156 (10
mayo 1902), 4.
99 Tierra y Libertad (Madrid), n.186 (4 diciembre 1902), 3.
100 FJ Productor (Barcelona), n.25 (16 mayo 1903), 4 y Tierra y Libertad (Ma 
drid), n.212 (4 junio 1903), 2.
101 El primer número es del 16 de junio de 1909. Sólo se publicaron dos nú 
meros.
CA PI T U L O II Solidaridad Obrera v k l » m o d i s m o d e r a í z A c r a t a
deración de sociedades de resistencia que cobijaba en su seno a
casi todo el proletariado de Andalucía».102
Como órganos específicamente anarquistas surgió Aurora en
1905103 y un año más tarde, el grupo «Los I conoclastas» editó
La Aurora del Siglo™4 . En Granada se constituyó la Sociedad
Obrera «La Obra» que aglutinó a varios millares de trabajadores
del campo105. En 1903 apareció E l Rebelde de muy corta dura­
ción.
En Sevilla también comenzaron a publicarse, por parte de los
grupos anarquistas, periódicos como Los Tiempos Nuevos a fina­
les de 1902, rápidamente sustituido por La Sociedad Futura106.
Continuaron las labores propagandísticas en 1904 con la edición
de Trabajo, denunciado y obligado a desaparecer por apuros
económicos; Verdad, que también desapareció en seguida e igual
suerte correría Humanidad107 , publicado a partir de septiembre
de ese año y desaparecido antes de que finalizara.
102 Nueva Aurora (Málaga), p. 1 del n.l.
103 No se conocen ejemplares, véase Tierra y Libertad (Madrid), n.6 (7 octu 
bre 1904), 7. Al año siguiente se trasladó a Algeciras y más tarde a La
Línea.
104 Tampoco han llegado hasta nosotros ejemplares de esta publicación. El
grupo lo componían: Miguel López, José Mesa, Salvador Romero, Miguel
Martín, J osé Romero y R. Mordí, véase /■ .'/ Productor (Barcelona), n.35 (9
diciembre 1905), 4.
105 l imón de Lera, Manuel (1972), p. 408. A consecuencia de la huelga de
i ampesmnx de Granada, promovida por la Sociedad «La Obra», fueron
detenidos 29 obreros asociado« a aquella, véase El Corsario (Valencia), n.3
(28 junio 1902), 4.
106 De ninguno de los dos se conocen ejemplares.
107 El Rebelde (Madrid), n.40 (12 septiembre 1904), 3, lo califica de periódico
libertario. De ninguno de ellos nos han llegado ejemplares.
| 62 |
4
Solidar idad Obrera y f i p e r i o d i s m o d e r a íz á c r a t a CAPI TULO
I gualmente Almería y Huelva se sumaron a la propaganda anar­
quista108. Únicamente J aén y Córdoba quedaron al margen en
este período. El caso de Córdoba es sorprendente; como señala
Díaz del Moral, esta provincia no contó en el siglo XI X con un
poderoso movimiento obrero109. Con el inicio del siglo la situa­
ción cambió radicalmente. El autor antes citado nos relata con
minuciosidad, e! rápido despertar de la conciencia obrera y cam­
pesina en las tierras cordobesas, potenciada por los contactos
con los propagandistas de Madrid y Barcelona. Aunque iniciado
el movimiento con gran l enti tud en 1901 y 1902 (Córdoba
permaneció al margen de la conmoción del bienio 19011902),
pronto la extraordinaria difusión de las ideas daría sus frutos en
1903. Pero la sola presencia de los propagandistas no justificaría
«aquella rapidísima difusión de las enseñanzas ácratas ni la for­
midable explosión de 1903 (...). La verdad es que los sembrado­
res más eficaces fueron los periódicos y folletos y que a la fecun
didad del suelo y a su aptitud extraordinaria para la germinación
del anarquismo se debió, más que a nada, la cosecha maravillo
108 En Almería se publicó en 19041905, Unión Ferroviaria y un año más
Cardé durante un breve lapso de tiempo Vía Libre. En Huelva apareció E l
Obrero de Rio Tinto en 1900 y en 1902, El 4 de febrero.
109 Díaz del Moral, Juan (1977), pp. 182 y sgs.
C A P I T U L O I I
Solidaridad Odrera y e l p e r i o d i s m o d f . r a í z á c r a t a
sa»110. Quizá esto explique también que, a pesar de la agitación
que conmovió a la provincia, no apareciera en Córdoba ningún
periódico anarquista en este período. Se nutrían perfectamente
con los que de forma masiva íes llegaban de Madrid y Barcelo­
na. La crisis agraria de 1905 provocó una rápida decadencia del
antes poderoso movimiento.111
Un poco más al sur, en las Islas Canarias, la organización obrera
de carácter y tendencias anarquistas fue impulsada al despuntar
ei siglo por J osé Cabrera Díaz112. Con la ayuda de algunos nú­
cleos obreros de las islas se creó en Tenerife la Asociación Obre­
ra Canaria formada por la federación de los gremios de oficios.
Como impulsor del asociacionismo y del desarrollo de la organi­
zación apareció El Obrero el 8 de septiembre de 1900, «dirigido
110 Díaz del Moral, Juan (1977), pp. 186187. La campaña de propaganda, que
Teresa Claramunt y Leopoldo Bonafulla llevaron a cabo por tierras de
Andalucía, lúe seguida de cerca por El Corsario de Valencia. Véase sobre
todo, «A todos los anarquistas de Andalucía», por el grupo «Despertar»
(toda la correspondencia a Manuel Pérez, Fadrique, 11), Sevilla, 20 octu 
bre 1902: «El viaje de Teresa Claramunt y Leopoldo Bonafulla por esta
región viene dando provechosos resultados». A tenor de estos buenos re 
sultados, el grupo citado proyectó otra excursión de propaganda, para lo
cual recabaron fondos que no disponían. Se proyectaba que esa excursión
saliera de Sevilla el próximo enero, celebrando mítines y veladas de propa 
ganda en aquellos puntos donde los compañeros hubieran ayudado a lle 
varla a electo. Véase El Corsario (Valencia), n.22 (7 noviembre 1902), 4.
111 Díaz del Moral, Juan (1977), pp. 206 y sgs.
112 Brito, Oswaldo (1980), p. 80 (algunas notas biográficas en p. 78, nota
138). De todos modos el estudio más sistemático sobre el anarquismo
canario, en los diez primeros años del siglo XX, lo constituye el trabajo de
Pérez Brito, Raquel (2005), passim.
|64 I
*
Solidtit iiiíui Obrera v e l pk « i o di sm o de r a í z á c r a t a c a p í t u l o II
por el propio Cabrera Díaz, alma y motor de todo el incipiente
movimiento asociativo».113
El manifiesto de la citada asociación aparecido en el n.2 del 15
de septiembre no deja lugar a dudas en cuanto a su carácter,
apoliticismo y tendencias libertarias:
equivocadoslos juicios de aquellos que crecí i encontrar en la Aso 
ciación un medio para complacer las exigencias de bastardas pasio 
nes políticas.154
Esta organización desapareció a principios de 1904 por causas
muy diversas, entre las cuales la represión a los dirigentes y en
particular al periódico El Obrero, serían fundamentales.115
Este periódico impulsó al mismo tiempo la asociación en Gran
Canaria, una de cuyas primeras manifestaciones fue la aparición
113 Brito, Oswaldo (1980), p. 80: «El Obrero, será un importante semanario
obrero con claras influencias anarquistas y que desempeñará un papel fun 
damental en la organización y mentalización obrera durante la primera
década del siglo actual» (id. nota 147). O también: «Scrii, pites, este sema
nario obrero un instrumento fundamental en la labor de potenciar .il aso-
ciacionismo obrero en Canarias durante su primera etapa, para luego con
vertirse en defensor de las clases trabajadoras y paladín del utiarquismo
como alternativa emancipadora de la clase obrera», id., p. 110. I .ti Huelga
General (Barcelona), n.8 (25 enero 1902), 3, le dedicó algunos elogios y
transcribió algunos de sus artículos como «La Libertad», junto a un pen  
samiento de Quental, anarquista portugués: «Antes me inclinaré ante un
pobre que lucha para vivir y hacer vivir a sus hijos, que ante un Dios eterno
que deja sufrir a los suyos». Un análisis pormenorizado del mismo en Pé 
rez Brito, Raquel (2Q05), pp. 62 y sgs.
114 Brito, Oswaldo (1980), p. 81.
115 Como en todas partes las sanciones, procesamiento a sus redactores y
otras argucias contra el periódico fueron constantes. Brito, Oswaldo
(1980), p. 84 v nota 160. La Asociación contaba en 1901 con once gremios
y alrededor de 3242 asociados (id.).
|6s |
CAPÍ TULO II
Solidaridad Obrera y m p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
de El Trabajo en diciembre de 1900 y más tarde la creación de
«La Asociación Gremial de Obreros de Gran Canaria»116. El
carácter de estas primeras asociaciones, controladas y dirigidas
principalmente por intelectuales pequeñoburgueses117, hizo que
no se formaran líderes obreros capaces de continuar la tarea.
«Por otro lado, los grupos anarquistas gran canarios se margina­
ron de este intento y se orientaron a la creación de una organi­
zación propia, el Centro Obrero, creado a finales de 1902 y que
contará con su propi o órgano de expresi ón: El Rebelde
(19021903)»'18.
La orientación del Centro está claramente definida en el mani­
fiesto que su órgano E l Rebelde publicó:
[...] pero para que nuestra voz se dejara oír en muchas partes y que
nuestras doctrinas redentoras y libertarias se extendieran con ma 
yor facilidad [...] y tengan la amplitud necesaria [...] es [...] por lo
que se ha dado a luz este nuevo periódico, órgano de nuestra
asociación...119
De este modo se iría consolidando un activo movimiento anar­
quista en las islas que más tarde daría sus frutos. En 1905 los
116 Hrito, Oswaldo (1980), p. 85.
117 Kl periodista I .uis Suárez Qucsada fue el fundador, junto con varios obre­
ros, del periódico El Trabajo, Hrito, Oswaldo (1980), p. 85.
I IH Hrito, Oswald.. (1980), p. 8586.
11V /,'/ Rebelde, 15 noviembre 1902, cit. por Brito, Oswaldo (1980), p. 86.
I 66 |
*
Obrera y e l p e r i o d i s m o d f . r a í z á c r a t a c a p í t u l o u
grupos anarquistas tinerfeños editaron Luz y Vida120 y algunos
años más tarde En Marcha'21 en la misma ciudad.
Por tierras de L evante, la región murciana fue muy prolífica en
este período en cuanto a labor propagandística se refiere. El
Obrero Moderno de Murcia y La Fraternidad Obrera de Cartage­
na, nacieron casi simultáneamente en junio de 1901. Del prime­
ro era director J osé Rodríguez Romero y del segundo Alifa. La
evidente influencia anarquista en ambos los convirtieron, en la
práctica, en órganos aglutinantes de un poderoso movimiento
obrero de esta tendencia en la región murciana. Su vida fue bas­
tante dilatada en ambos casos, a pesar de las denuncias y secues­
tros que sufrían constantemente122, lo que prueba que contaban
con el apoyo de un núcleo considerable de trabajadores.
En la provincia de Murcia también aparecieron gran cantidad
de periódicos, pero en este caso, algunos con una vida muy bre­
ve: El Faro del Progreso de Mazarrón, en 1904, órgano de los
grupos anarquistas123. Al ser suspendido apareció Horizontes
Nuevos, en el otoño de ese año, con una vida aún más efímera.
La Luz del Obrero de Cieza, aparecido poco después .1finales de
120 Véase, «Los nuevos luchadores», E l Productor (Barcelona), ti. 16 ( lii di
cicmbrc 1905), 1. Un detallado análisis del grupo «I.«/ \ Vida», drl l Vn
tro de Estudios Sociales del mismo nombre y de mi urbano homónimo, en
Pérez. Brito, Raquel (2005), pp. 139 y sgs.
121Cfr. Pérez Brito, Raquel (2005), pp. 175 y sf^s.
122 La prensa anarquista de aquel periodo, Suplemento a / <; Revista Blanca, l.n
Huelga General, Tierra y Libertad, etc., está plagada de noticias de denun
cias y secuestros de estos periódicos. De todos modos, a pesar dr mi larga
existencia, no nos han llegado ejemplares, o al menos yo no cono/i o niti
guno.
123 Véase El Rebelde (Madrid), n.40 (22 septiembre 1904), 3, Subtendido en
un momento determinado, volvió a aparecer, véase La Revista Blanca (Ma
drid), n.162 (15 marzo 1905), 583.
C A H T U L O ■
S olidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
ese mismo año con una vida bastante amplia fue denunciado y
secuestrado igualmente en numerosas ocasiones124; Humanidad
Libre apareció en J umilla a mediados de 1905. El número 9 fue
denunciado y secuestrado y desapareció, pero más de un año
después en enero de 1907 volvió a aparecer en su 2a época:
Somos los mismos y nada prometemos; sabemos que rio venimos a
llenar un vacío [...] [pero] siempre estaremos al lado de la razón sin
importarnos que sea tuerte o débil el que la tenga.125
El movimiento obrero tendría más tarde un extraordinario desa­
rrollo en Cartagena y los pueblos de su cuenca minera, sobre
todo La Unión.
Subiendo por el litoral mediterráneo alcanzamos la ciudad del
Turia, donde un grupo de mujeres anarcofeministas, iniciaron
las actividades propagandísticas con el periódico órgano de la
sociedad femenina de Valencia126 La Humanidad Libre. Su pro­
pósito era ocuparse de la mujer a la cual «la verdad jamás le ha
sido dicha, la ciencia le ha sido negada, la luz de los conoci­
mientos reales de la vida se ha procurado siempre que no pene­
trase en su oscuro cerebro»127. Colaboradores de esta revista lo
fueron un amplio plantel de militantes anarquistas, Teresa Cla-
ramunt, Soledad Gustavo, Rosa L idón, María L osada, etc. Fi-
124 Véase, p.e., Tierra y Libertad (Madrid), n.57 (22 marzo 1906), 2.
125 «Nuestro saludo», n.l (27 enero 1907), 1. De todos estos periódicos que
he citado, excepto este último, no se conocen ejemplares. Sin embargo, se
tienen noticias de que José Alarcón tuvo una participación bastante desta 
cada en todos ellos.
126 La Razón Obrera (Cádiz), n.21 (8 febrero 1902), 4, inserta, además de
éste, noticias de los demás grupos feministas españoles.
127 «A lo que venimos», n.l (1 feb. 1902), 1.
168 |
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z Ac r a t a c a p í t u l o n
nal izó sus publicaciones casi enseguida12*1, aunque se propusie­
ron su continuación y de hecho así lo anunciaron:
3
Al paralizarse la publicación de La Humanidad Libre campeón que publicaban
queridas compañeras de esta localidad, creimos de necesidad algunos amantes
de la propaganda que reapareciese tan modesto como valiente defensor de la
emancipación de la mujer.129
Pero decidieron que no fuera exclusivamente órgano feminista,
sino defensor «de cuantos en esta sociedad sean atropellados,
explotados y escarnecidos, sin distinción alguna de sexo»130. Su
nombre se convirtió en E l Corsario, haciéndose cargo, como su­
cesor de aquella, de su administración131. En este periódico con­
tinuaron colaborando las militantes anarquistas a las que antes
nos hemos referido, junto a otros muchos. Su director fue J osé
Alarcón132. Mantuvo en ocasiones agrias polémicas con El Mer 
cantil Valenciano diario republicano «especie de letrina donde se
vierten todas las inmundicias del estercolero burgués»133. Dio
amplio espacio informativo también a comunicados y cartas de
los que todavía sufrían presidio por los crímenes de «La Mano
Negra» y a la campaña por la revisión del proceso en general.
Como era ya norma, fue frecuentemente denunciado y secues­
128 Sólo se conocen tres números, el último de fecha 8 marzo 1902.
129 Tierra y Libertad (Madrid), n.l 57 (17 mayo 1902), 3.
130 «Explicación a los compañeros», E l Corsario (Valencia), n.l (8 junio
1902), 1.
131 Véase p. 4 del n.l.
132 Yo no tengo ninguna constancia de ello, pero asi lo afirma Ramir Reig,
Obren i ciutadam, Valencia, 1982, p. 62, nota 51. Tierra y Libertad (Ma 
drid), n. 195 (5 febrero 1903), 3, da cuenta de la detención del director,
pero sin decir su nombre.
133 «Nuestra contestación», n.2 (21 junio 1902), 3.
CA PÍ T U L O II
SolidiU idtui Ohn'ttt > i i v i i i i o m s M u d e r a í z á c r a t a
trado y aún así logró superar la barrera psicológica del año de
publicación.134
En el ángulo noroccidental de la Península, en las tierras galle­
gas, pero básicamente en La Coruña13’ se fue configurando un
potente movimiento obrero a partir de finales del siglo pasado.
L a sociedad de carpinteros patrocinó la aparición del periódico
La Emancipación136, en mayo de 1900, que debió realizar una
excelente labor propagandística. L a huelga general de 1901 en
L a Coruña es prueba patente del desarrollo de la propaganda en
esa ciudad, pero al mismo tiempo desorganizó el movimiento e
hizo que desapareciera el periódico, denunciado por la autoridad
militar que había decretado el estado de guerra.137
Reagrupadas las fuerzas obreras en 1902 volvió a aparecer el
periódico, pero esta vez como órgano de las sociedades obre­
ras138. L a huelga de metalúrgicos en 1903 y la crisis de trabajo
que afectó profundamente a Galicia lo hicieron desaparecer en
marzo o abril de ese año, por falta de recursos económicos.139
Los activos grupos anarquistas de L a Coruña iniciaron en agos­
to de 1904 la publicación del órgano defensor de las ideas liber­
tarias, Germinal, y algunos años después en 1908 La Acción. Más
tarde con la fundación de la CNT, se produciría una revitaliza-
134 Véase Tierra y Libertad (Madrid), n.195 cit. El Productor (Barcelona), n.40
(29 agosto 1903), 1, anuncia que fue denunciado y secuestrado el n.62.
Nos han llegado muy pocos ejemplares y el último que conozco es el nú 
mero 27 (12 diciembre 1902).
135 Según Tuftón de Lara, Manuel (1972), p. 407, en esa ciudad, en los pri 
meros años del siglo, las organizaciones anarcosindicalistas contaban con
tnás ile 5000 afiliados.
136 Suplemento a La Revista Blanca (Madrid), n.56 (9 junio 1900), 1.
137 Id., n.109 (15 junio 1901), 4.
138 Tierra y Libertad (Madrid), n.165 (12 julio 1902), 4.
139 Id., n.213 (11 abril 1903), 4.
Solidaridad Obrera y f l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPÍ TUL O 19
ción del movimiento obrero de tendencia anarquista y también
de los grupos ácratas que se extendieron por gran parte de la
región gallega. j
I gualmente en Valladolid se mostraron activos los grupos anar­
quistas, herederos de las secciones de trabajadores de la I I nter­
nacional, así como también en Bilbao. Los núcleos de Santander
publicaron Adelante con un razonable éxito entre los trabajado­
res de la ciudad montañesa, llegando a traspasar sus límites loca­
les. Además de una publicación obrera, se propuso ser una revis­
ta culturalsociológica, con valiosas aportaciones teóricas.
No faltaron en este período publicaciones con rancio sabor vita-
lista heredado de la década anterior. El individualismo stirneria-
no o en ocasiones fuertes influencias de Nietzsche, impregnaron
las páginas de Juventud de Valencia:
El cretinismo, la renunciación cristiana de la juventud española nos
ahoga. Enseñarles a ser fuertes, a ser dignos de vivir, será nuestro
primer trabajo. ¿Programa? ¿Para que? Delante tenemos la Villa,
detrás los cadáveres que no puedan seguirnos.1411
El grupo anarquista «Andalucía Rebelde» de La Linca, lanzó en
el otoño de 1905 la idea de una publicación que vería la luz en
esa ciudad y apuntaban el título de Aurora (para seguir la trudi
ción de la publicación que allí había sido editada años atrás)141.
Algunos meses más tarde apareció con el título definitivo de
Anticristo. Desde un punto de vista ferozmente individualista
pretendían acabar con el aspecto místico del anarquismo’42. La
140 «Al pueblo; a los jóvenes», por La Redacción, n.l (4 enero 1903), 1.
141 «Una iniciativa», El Productor (Barcelona), n.26 (7 octubre 1906), 3. Véase
también, «A todos los anarquistas», Id., n.30 (4 noviembre 1905), 3.
142 Véanse los dos artículos de A. Herrero, «Barriendo errores...», en los nú­
meros 1 y 2 de 31 marzo y 19 mayo 1901 respectivamente.
CAPI TULO II
Solidar idad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e uaÍ?. á c r a t a
poderosa influencia de Nietzsche se incrustó en cada gota de
tinta:
Tampoco venimos a luchar por la Humanidad ni el Bien; éstos
como la Verdad y la Justicia únicamente son para nosotros restos
redivivos de los muertos fetiches religiosos; hueros fantasmas que
en todo tiempo han absorbido la personalidad humana. Para noso 
tros no hay más realidad que nosotros mismos; y el mundo que nos
rodea solamente es un atributo nuestro o el campo de nuestra acti 
vidad a la cual no reconocemos límite ni valla143.
Salvador Rodríguez fue uno de los responsables de la revista y
J osé Rodríguez Romero su director. El acoso de la justicia impi­
dió que fuera más allá de su segundo número.144
Publicaciones efímeras la mayor parte de ellas, órganos de gru­
pos anarquistas un buen número, alcanzaron, a pesar de todo, a
establecer una intrincada red de contactos que constantemente
se renovaban. En ningún otro momento se reprodujo este fenó­
meno. El movimiento anarquista evolucionará hacia formas or­
ganizativas cada vez más estructuradas, en un intento de facilitar
la consecución del objetivo común.
2.3. Tierra y Libertad. Un grito de rebeldía
Los orígenes de esta expresión, «Zemlia i Volia» [Tierra y L i­
bertad], que llegaría a convertirse en un grito de rebelión, hay
que buscarlos en la Rusia zarista, pero -como casi siempre- esos
orígenes están rodeados de misterio, no obstante «constituye el
primer eslabón de una tradición, crea un nombre que será reco-
143 «Hacia las cumbres», por La Redacción, n.l (31 marzo 1906), 1.
144 «¡Viva la democracia!», La Huelga General (Madrid), n.5 (9 marzo 1906),
1.
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p i t u l o n
gido quince años después, pero no resulta nada fácil captar la
real i dad si se qui ere i r más al l á de estos recuerdos y
referencias».145
Este nombre pronto cruzaría las fronteras rusas y se extendería
por muchos lugares, convirtiéndose en uno de los más impor­
tantes órganos de expresión de los grupos anarco-comunistas.
Terre et Liberté, se publicaría en París, por primera vez, en octu­
bre de 1884 y cuatro años después los anarco-comunistas de
Gracia (en aquellos momentos el actual barrio de Gracia de
Barcelona era todavía un municipio independiente) asumirían
esta ya mítica cabecera.
Aunque en esta primera etapa sólo pudo publicar 23 núme
ros146, Emilio Mugas y M artín Borras J avé, sus principales iv
dactores, supieron dotar a¡ periódico de un contenido esencial
en el proyecto anarco-comunista. Ya he señalado en el antriioi
capítulo sus reflexiones en torno a la organización de los grupos
anarquistas. En su primer número afirmaban:
Capital, propiedad, autoridad, este es el enemigo común; a él de
hen dirigirse todos nuestros ataques, enseñando al pueblo todos los
crímenes, perfidias y traiciones de que se ha valido para dominar el
mundo demostrar con los ojos claros de la razón que todos los
desheredados cenemos el deber de combatirlo sin tregua ni piedad,
pues 110 la ha tenido ni la tendrá nunca de nosotros,1,17
A pesar de su corta duración sirvió de base para relacionar a los
incipientes grupos de afinidad anarquista que comenzaban a
formarse en todo el país. Aunque esta cabecera no aparecería de
145 Venturi, Franco (1981), p. 445.
146 El primero salió el 12 de junio de 1888 y el último se publicó el 6 de ¡uíio
de 1889.
147 «Nuestro propósito», Tierra y Libertad (Gracia) A.l, n.l (2 junio 1888), 1.
CAPÍ TUL O li Solidar idad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
nuevo hasta los primeros años del siglo XX, otros órganos anar-
co-comunistas continuaría la labor iniciada por La Justicia Hu 
mana y Tierra y Libertad.
Ya señalaba en el primer apartado de este capítulo la labor edi­
torial llevada a cabo en M adrid por la familia Urales. Como
también indicaba, sustituyeron el Suplemento a la Revista Blanca
por la cabecera Tierra y Libertad, continuando éste la seriación
desde el número 141148. En el número 138 del Suplemento ya
anticipaban la noticia del cambio de cabecera, afirmado que lo
hacían para separar a La Revista Blanca del Suplemento y conver­
tirlos en plataformas independientes. Asimismo anunciaban que
la redacción estaría compuesta por Soledad Gustavo, Fermín
Salvochea, A ntonio Apolo y Federico Urales y afirmaban su
voluntad de que llegara a convertirse en diario; sin embargo, no
se hace alusión a las razones que les movieron a escoger este
nombre.
Files a sus propósitos y a pesar de las dificultades que ello entra­
ñaba, en agosto de 1903 se transformó en diario, incorporando a
su redacción a J ulio Camba149. El volumen de la información lo
hacía necesario. Salvando innumerables denuncias, secuestros y
otras dificultades entre las cuales las económicas no fueron las
148 Inició sus publicaciones el 25 de enero de 1902 y el último número publi 
cado lleva la fecha del 25 de agosto de 1904.
149 El semanario lo llevaban prácticamente cuatro personas: Urales, Soledad
Gustavo, una sobrina del primero y su cuñada, cfr., Urales, Federico (s.d.
11930]), II, p. 155. El diario recibió tan sólo 5.000 pts. de Francisco Ferrer
Guardia y otras 5.000 de Juan Greaghe, médico de Buenos Aires, cfr.,
Urales, Federico (s.d. [ 1930J), p. II, p. 153. En 1902, Tierra y Libertad
vendía un total de 15000 números. Véase también, Tavera, Susana (1978),
passim.
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
CAPÍ TUL O II
menos se publicó cotidianamente hasta finales de ese mismo
año.150
Seguiría todavía su trayectoria durante más de medio año hasta
su traspaso a las manos de los grupos anarquistas madrileños, los
cuales iniciaron una nueva etapa, mucho más ligada a la línea
que en esos momentos seguía el movimiento. Al suspender su
publicación diaria, Apolo y Camba iniciaron la edición de El
Rebelde, periódico anarquista de combate que se sumó casi in­
mediatamente ál sector de oposición a ia familia Urales,
Estos ataques que prácticamente recibía de todas partes, induje­
ron a Urales a abandonar los medios periodísticos anarquistas a
finales de' 1904151, La Revista Blanca la dejó en manos de A n­
selmo L orenzo y Tierra y Libertadla puso en las manos de Abe­
lardo Saavedra, regente de una escuela laica en Madrid y en las
de Francisco G. Sola, redactor de ambos periódicos.152
Estos constituyeron el grupo «4 de mayo», quien se encargó con
más o menos fortuna de este periódico. Dos épocas más apare
cieron en Madrid153. En manos de este grupo fue modificando
150 Urales, Federico (s.d. [1930]), II, p. 154 y sgs., presenta un nl.tru deull.tdn
de las. artimañas a que tuvo que recurrir para salvar dichui* driuirN i .i ■<v
secuestros.
151 Pasó á partir de entonces a formar parte de la mlm iuii <]< I Uan, l/rinvt
jté/, órgano del Conde de Romnnones, cfr., Uralc:,, IVdcni " (i. d 11'f titJ),
II, p, 245. De todos modos aún publicaría en Madrid otra u-vi i.i di mui
corta duración (cuatro números) con el título de /■ .'/ >( l'M I) ,<nh . di
ser desterrado de esa ciudad. Se trasladó entonces a Hi i i i t Io i u d.... . j i i «i
más tarde se sumaría de nuevo a las actividades prnpagandlMii .i1, mu l.i
edición de la 2* época de La Revisla Blanca,
152 Urales, Federico (s.d. (1930J), II, p. 243.
153 Una entre septiembre y noviembre de 1904 y otra entre diciembre de I904
y agosto de 1906. «Mientras se publicó Tierra y Libertad en Madrid se
substanciaron más de sesenta procesos», véase., «A los compañeros», n. 1
(15 noviembre 1906).
I 75 I
CAPI TULO II
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í 2 Ac r a t a
imperceptiblemente su estructura y sobre todo su trayectoria.
Nuevos grupos se sumaron para prestar su apoyo. En Barcelona
se constituyó uno de igual nombre al de M adrid, que pasó a
formar parte de la redacción.154
Cuando en Madrid la situación se hizo insostenible155, se tomó
la determinación de común acuerdo con el grupo de Barcelona
de trasladarla a la ciudad condal. Esta decisión tendría unas re­
percusiones imprevisibles en ese momento muy favorables a la
propaganda anarquista. En efecto, aunque con toda probabilidad
las causas del traslado del periódico a Barcelona fueron las seña­
ladas, no cube duda que fue un acierto, ya que contribuyó en
gran medida al desarrollo de la organización anarquista, desde
una plataforma privilegiada.
El traslado de Tierra y Libertad de Madrid a Barcelona en no­
viembre de 1906 cumplió dos funciones esenciales en el seno del
anarquismo barcelonés: por un lado, unificó los objetivos de los
grupos que se aglutinaron en su torno, y por otro sirvió de coor­
dinación y enlace entre los mismos. Desde el punto de vista
ácrata jugaría un papel parecido a Solidaridad Obrera con respec­
to al sindicalismo revolucionario. Su desarrollo polarizaría los
esfuerzos de los grupos anarquistas hacia un objetivo común.
154 Antonio Loredo formaba parte del grupo «4 de mayo»- de Madrid. Véase
ana cita suya en Romero Maura, Joaquín (1989), p. 7, extracto de una
carta que este envió a La Publicidad desde la cárcel de Tamisa el 30 de
agosto de 1909 (cotíservada en el Archivo Maura).
155 Todos los redactores fueron encarcelados. En noviembre de 1906 «siete
compañeros quedan aún en la cárcel modelo y las fichas antropométricas
de muchos más», «A los compañeros», n.l (15 noviembre 1906). «El go 
bierno MoretCanalejas ha emprendido una rabiosa persecución contra la
prensa anarquista...», «¡Viva la democracia!», La Huelga General (Madrid),
n.5 (9 marzo 1906), 1.
I I
4
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o o e r a í z á c r a t a C A P Í T U L O I I
Progresivamente se iría convirtiendo en el depositario de las
teorías anarquistas, consolidando de esta forma un prestigio co­
mo punto de referencia obligado. Aunque nunca llegó a conver­
tirse en diario, pese a los esfuerzos que se hicieron156, es induda­
ble que en cierto modo sirve de barómetro para medir el grado
de cohesión y fuerza alcanzado por el movimiento anarquista.
Su aparición en Barcelona fue saludada con estas palabras:
Falta hacía aquí un periódico de seriedad que contrarrestara brioso
los cínicos desplantes y la irrupción morbosa del noticierismo
políticomercantil...157
Sin embargo, su consolidación no se produciría de forma mine
diata. A un año de la aparición en la capital catalana, el grupo «4
de mayo» se lamentaba de las dificultades que encontraba para
su publicación. El déficit aumentaba a cada número y si nuevos
grupos no le prestaban su apoyo acabaría por desaparecer.158
El 24 de diciembre de 1910 inició sus publicaciones, en Barce­
lona, la cuarta época de Tierra y Libertad. En esta ocasión su
156 Salvo una corta etapa en julio de 1936
157 «Bien Venido», por Vitelabra, Tierra y Libertad (Barcelona), n.2 (22 no 
viembre 1906), 3.
158 «A los compañeros», n.42 (14 nov, 1907), 1.
C A P Í T U L O II
Solidar idad Obrtra v n r m i o n i s M o d i . r a í z á c r a t a
continuidad será bastante dilatada159, prolongándose hasta 1919.
Esto le permitió contribuir a la consolidación de la organización
anarquista por grupos, al tiempo que esta progresiva consolida­
ción de la estructura anarquista permitía la extensión de la pro­
paganda a través de los periódicos.
De vuelta de la cárcel y del destierro, venimos otra vez a ofrecer a
la anarquía el homenaje de nuestra actividad y de nuestro
entusiasmo.560
En su reaparición, este periódico se puso decididamente del lado
del sindicalismo, ya que por lo que hacía referencia a la Revolu­
ción, «se concede más trascendencia social en buena lógica a un
sencillo obrero sindicalista que al más teatral tribuno...»161 . Es­
casamente un año después de su vuelta al estadio de la prensa, el
éxito alcanzado por el semanario hizo que se concibieran ideas
de mejoras, entre las cuales figuraba la de aumentar su frecuen-
159 Se publicó basta la suspensión de garantías de enero de 1919. En total 415
números; el último Ríe publicado el 15 de enero de 1919. Volvió a publi 
carse en una fecha indeterminada no se conoce ningún ejemplar dado que
E l Liberal (Barcelona), n.7703 (7 enero 1920 edición de la noche), 1 y (8
enero 1920 edición de la mañana), 1, «anuncia por orden gubernativa la
suspensión de Tierra y Libertad. Esto no significa, sin embargo, que no
tuviera percances a lo largo de su dilatada existencia. Fue suspendido entre
el n.80 (13 septiembre 1911) y el n.81 (1 noviembre 1911), por causa de la
huelga funeral. l)c nuevo las suspende entre el n.359 (8 agosto 1917) y el
n.360 (17 octubre 1917) a causa de la huelga general revolucionaria de
aquel año. Nuevamente entre el n.374 (23 enero 1918) y el n.375 (10 abril
1918), por cauta de la represión (fue suspendido por orden gubernativa al
igual que Solidaridad Obrera).
160 «Otra vez a la tarea», Tierra y Libertad (Barcelona), n.l (24 febrero 1910),
1.
161 ibid.
i 78 I
*
Solidaridad Obrera y e l p er i o d i sm o de r a í z á c r a t a CAPÍ TULO II
cía a bisemanal, al tiempo que se aumentaba su. tamaño. Sin
embargo, Acracio Progreso consideró que se estaba en condicio­
nes de transformarlo en diario. A ludiendo a su anterior etapa
diaria con 24.000 suscriptores, señalaba varias acciones a reali­
zar, como el boicot a los establecimientos que no adquiriesen el
cotidiano o su venta a gritos por las calles.162
Tomás Herreros director del periódico en esos momentos, des­
pués del procesamiento a J osé Grau y su posterior huida a Fran­
cia apoyó enseguida la idea, afirmando que sus 10.000 lectores
se ampliarían a tenor de la precisión de los trabajadores por
mantenerse informados, necesidad que hoy cubren con la prensa
burguesa. Proponía además que se discutiera durante los meses
de mayo y junio y que de estar conformes empezara la etapa dia­
ria el I o de enero del año siguiente, suspendiendo de momento
las reformas que se tenían proyectadas163 . En septiembre el pro­
pio semanario difundía la noticia de que se habían empezado las
tareas para llevar adelante el proyecto.164
L a huelga general de ese mismo mes por un lado, el enc arcela
miento del director y administrador del periódico por otro y la
suspensión de casi dos meses que sufrió como consecuem ia dt
162 Tierra y Libertad (Barcelona), n.60 (26 abril 1911), 23.
163 «Sobre una proposición», Tierra y Libertad (Barcelona), n.61 (3 mayo
1911), 1. En números sucesivos continuaron las adhesiones al proyecto.
Francisco Miranda en el n.65 (31 mayo 1911), 4, abundando en la idea de
que los grupos sumaran fondos para ayudarlo y el grupo editor elaborase
un presupuesto de gastos; o también V. García en el n.66 (7 junio 1911),
34, con la iniciativa de hacer acciones de 5 pts., facilitándose por cotiza­
ciones de 1pta., etc,
164 Como p.e. la idea de una rifa, que había sido bien acogida, Tierra y Liber 
tad (Barcelona), n.80 (13 septiembre 1911), 2.
c a p í t u l o II
So lidar idad Obrera y e l p e r i o d i s m o p e r a í z Á c r a t a
aquella, impidieron que el proyecto del diario fuera llevado a la
práctica.165
En estos primeros años, la campaña más importante que em­
prendió fue la de propagar noticias sobre el desarrollo de la re­
volución mexicana, defendiendo a ultranza el carácter libertario
de la misma, representado por el Partido Liberal Mexicano que
lideraba Ricardo Flores Magón. Desde la inserción de editoria­
les en los que se glosaba la lucha revolucionaria contra Porfirio
Díaz y la labor de los libertarios en ella con alusión a Práxedes
G. Guerrero caído tempranamente en ella166, hasta la inclusión
de numerosos escritos del propio Flores Magón u otros tomados
del periódico Regeneración, órgano de expresión del Partido167, la
información y la propaganda fueron constantes.
No estuvo solo Tierra y Libertad en esta labor de ayuda a los
revolucionarios mexicanos. Toda la prensa anarquista y anarco­
sindicalista se hizo eco de la misma. Del mismo modo todo el
movimiento anarquista español contribuyó con sus aportaciones
165 Véase, «A todos los compañeros», Tierra y Libertad (Barcelona), n.81 (1
noviembre 1911), 1, dando noticia de estos hechos con la disolución de la
CNT.
166 «La revolución en Méjico», Tierra y Libertad (Barcelona), n.50 (15 febrero
1911), 1.
167 Véase p.e., «La Guerra Social», por Ricardo Flores Magón, Tierra y Liber 
tad (Barcelona), n.55 (22 marzo 1911), 2. Véase, también, el interesante
artículo de Guerra, Xavier, «De l'Espagne au Mexique: le milieu anarchiste
et la revolution méxicaine», Melanges de la Casa de Velazquez,, 9 (1973), pp.
667 y sgs.
Genetistas de Capellada e Igualada en una excursión a Corbeta de Iguaruda,
muestran un ejemplar del periódico^ ierra y Libertad, año 1935
Solidaridad Obrera v r p e r i o d i s m o .d e r a í z Ac r a t a c a p i tu l o ii
a las suscripciones abiertas por este semanario y por Solidaridad
Obrera para sufragar los gastos de la lucha.168
Los entusiasmos del periódico por aquella revolución crecieron
a medida que aumentaban las noticias sobre la misma169, no du­
dando un solo momento en defenderla cuando entre los anar­
168 Véase, p.e., «La revolución mexicana», por J .I .L., desde Buenos Aires, E l
Látigo (Baracaldo), n.l l (21 febrero 1.913), 3, con comentarios muy elo­
giosos hacia la misma. En Tierra y Libertad (Barcelona), n.65 (31 mayo
1911), 3, se informa que se han girado 1000 ptás. para el Partido Liberal
Mexicano, 500 de Soli y 500 de Tierra y Libertad, Xavier Guerra, art. cit.,
p. 668, afirma que la suscripción abierta por Tierra y Libertad en favor de
los revolucionarios mexicanos alcanzó varios miles de pesetas en algunos
meses, con aportaciones de 10 a 50 cts, por persona.
169 «Una revolución libertaria», Tierra y Libertad (Barcelona) , n.54 (15 marzo
1911), 1.
1
quistas comenzaron a surgir dudas sobre su carácter170. Estos
movimientos solidarios con los revolucionarios mejicanos cul­
minaron con la constitución en Sabadell, en 1914, por iniciativa
de Pascual Real, M ariano Guardiola, J uan Simeón, Alfredo
Martínez y J oaquín Struch, de la agencia «Regeneración», al
objeto de difundir en España el periódico del mismo nombre, el
cual simbolizaba la expresión máxima de las aspiraciones de la
revolución mexicana.171
Al año siguiente se fundó en la misma ciudad el periódico Reí
vindicación para defender la «Revolución expropiadora de Méji­
co»172. Sin embargo, las especiales condiciones económicosocia-
les que se abrieron en nuestro país con el estallido de la I ague­
rra mundial, condenaron al fracaso estas iniciativas. Tanto la
agencia como el periódico padecieron graves dificultades eco­
c a p í t u l o i i S 0hd&ridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
170 «Sobre la revolución mexicana», n.118 (17 jal. 1912), 1. En este editorial
se afirma que no se ajustan a razón las sospechas de algunos anarquistas.
Ya Kropotkin la había definido «lucha agraria» y había mostrado sus sim­
patías hacia ella. Para apoyar sus tesis insertó un pormenorizado relata del
encarcelamiento de. Flores Magón y algunos de sus partidarios en Los
Angeles, con los incidentes que provocaron los sucesivos aplazamientos de
su proceso. J ean Grave y los anarquistas de la revista Les Ternps Nouveaux
se negaron a considerar libertario a Flores Magón, reprochándole la mode­
ración del Programa Liberal de 1906, poniendo incluso en duda el carácter
social y económico de la revolución; véase, Xavier Guerra, art. cit., p. 675.
Ante esto e! periódico contraponía que si Kropotkin la calificó en su día de
«lucha agraria» para, evitar torcidas interpretaciones, yá se podía calificar en
esos momentos de revolución social. Para apoyar sus afirmaciones ofrecía
una detalLada historia de la misma y se refería a las declaraciones de Mon-
caleano de la Coruña, testigo presencial, Tierra y Libertad (Barcelona),
n.135 (11 diciembre 1912), 1.
171 Tierra y Libertad (Barcelona), n.236 (18 noviembre 1914), 4.
172 Apareció a principios de junio de 1915.
¡ 82 !
*
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d é r a í z á c r a t a
C A P Í T U L O II
nómicas573, que les impidieron cubrir sus objetivos. Reivindica 
ción desapareció en octubre de 1915, pero reapareció nuevamen­
te en SabadeU en enero del año siguiente, en la confianza abso­
luta de que se iba a «dedicar más atención que hasta aquí a la
Gran Revolución que desde cinco años conmueve y transforma
el suelo rico en Méjico»174. No obstante, poco más de un mes
después desaparecía definitivamente.
Progresivamente Tierra y Libertad fue asumiendo el papel de
depositario de la «ortodoxia» anarquista175. El incondicional
apoyo que recibía de todos los sectores libertarios españoles le
permitieron sentar las bases para un desarrollo de la organiza­
ción anarquista. Como punto de referencia obligado, fue la pla­
taforma de apoyo y estímulo en la creación de diferentes federa­
ciones anarquistas regionales, a las que prestó en todo momento
una exhaustiva cobertura informativa. Desde esta privilegiada
173 La «Agencia Regeneración» difundió una nota en la que comunicaba que
se hicieran pedidos de Regeneración, excepto aquellos que estaban ¡ti descu­
bierto por no pagar y que eran responsables de la larga suspensión que
había sufrido este periódico, Reivindicación (Barcelona), rs.16 (22 octubre
1916), 2. Por su parte Reivindicación tuvo que suspender en varias ocasio­
nes, después de haberse trasladado a Barcelona, al mes de haber aparecido
en Sabadell, véase, Tierra y Libertad (Barcelona), n.277 (13 octubre 1915),
3.
174 «¡Año Nuevo, vida nueva!», n. 1(5 enero 1916), 1,
175 En septiembre de 1912 llevaba.a cabo un balance optimista del resurgi­
miento del anarquismo en España, aprovechando la aparición de Cultura
Libertaria de El Ferrol. Con éste eran ya cuatro los periódicos netamente
anarquistas, entredós cuales incluía a El Libertario de Gijón, aunque en un
principio se habían mostrado en desacuerdo con él, por ciertas declaracio­
nes de su primer número. Pero éstas fueron justificadas posteriormente por
Pedro Sierra en carta enviada a la redacción de Tierra y Libertad y al pare­
cer satisfactoriamente. Véase, «Nuestro resurgi miento», Tierra y Libertad
(Barcelona), n.125 (4 septiembre 1912), 3.
I«3 i
CA PI T UL O II Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z Ac h a t a
posición, enarboló la bandera del internacionalismo, frente al
intervencionismo de algunos anarquistas que se pusieron al lado
de las potencias aliadas en la gran guerra, lo que de inmediato
fue considerado por el periódico, «peligrosa desviación»176.
Pronto el movimiento anarquista internacional se dividió en dos
bandos irreconciliables, esgrimiendo cada uno de ellos sus ar­
gumentos en defensa de sus posiciones. L a lógica de los anar­
quistas intervencionistas les llevó a suscribir en febrero de 1916,
un manifiesto en defensa de la libertad representada por la En 
tente y amenazada por el agresivo militarismo alemán177. Este
hecho hizo aún más profunda la brecha abierta entre los dos
sectores en que se dividió el movimiento anarquista.
Con la suspensión en 1919 de Tierra y Libertad y todos los de­
más periódicos anarquistas y anarco-sindicalistas, Barcelona se
quedó durante una temporada sin prensa anarquista. Tierra y
Libertad no volvería a aparecer en la Ciudad Condal hasta enero
de 1923.
176 «Peligrosa desviación», Tierra y Libertad (Barcelona), n.235 (11 noviembre
1914), 1 y sgs. Hondo estupor causó en los medios anarquistas internacio 
nales las declaraciones de Kropotkin situándose al lado de los aliados, fren 
te al militarismo alemán.
177 «Carta abierta a los firmantes del manifiesto guerrerista...», Tierra y Liber 
tad (Barcelona), n.295 (22 marzo 1916), 2.
1*4 I
4
CA P Í T U L O I I I
,j\(a cimiento y desarrollo de Solidaridad Obrera
3.1. Génesis de Solidaridad Obrera
Estos nuevos intentos de organización de los trabajadores afines
al anarquismo, a los que he hecho alusión en el capítulo prece­
dente, coincidieron con la entrada en España de las originales
ideas del sindicalismo revolucionario provenientes de Francia.
El hecho de que arraigaran en tan poco tiempo y con tanta fuer­
za, permite suponer que se encontraron con terreno suficiente­
mente abonado. Lo cierto es que el sindicalismo francés propor­
cionó las estructuras en que se apoyarían las viejas ideas de la
I nternacional española.
El día 3 de agosto de 1907 tras algunas reuniones preparatorias
los delegados de las sociedades obreras reunidos en el local de la
Dependencia Mercantil constituyeran la «Federación Local So­
lidaridad Obrera», embrión de la futura CNT.178
En la constitución de esta nueva Federación participaron socia­
listas y republicanos, junto a sindicalistas y anarquistas. Como
más adelante veremos con más detalle, los sucesos de julio de
1909, conocidos como «La Semana Trágica», hicieron que las
posiciones se radicalizaran y los pocos socialistas que quedaron
después de estos hechos, abandonaron la experiencia en sep­
178 Solidaridad Obrera (en adelante S.O.) (Barcelona) 1(19 octubre 1907), 2.
tiembre de 1910 por la transformación de aquella en «Confede­
ración Nacional del Trabajo».
Dos meses y medio después de constituida la Federación el 19
de octubre apareció el primer número de su órgano oficial que
recibió idéntico nombre: Solidaridad Obrera. Según parece su
publicación fue financiada por Francisco Ferrer17íl y se encargó
de la dirección del periódico J aime Bisbc, siendo secretario de
redacción Miguel V. Moreno y administrador A. Badía Mata-
mala; J osé Casasola, Colomé, Grau, Enrique Férrer y Tomás
Herreros fueron sus redactores. Anselmo Lorenzo, como direc­
tor literario, escribía «los trabajos editoriales de orientación re­
volucionaria»180. L a redacción se instaló en la calle Mendizábal,
17 y se imprimía en los talleres de J osé Ortega, en la calle San
Pablo, 96 de Barcelona.
Los primeros números del periódico llevaban un artístico gra­
bado alegórico, inteligentemente diseñado. El del número inicial
el más conocido representa a un obrero dormido bajo los efectos
de una pipa de opio. En sus sueños se dibujan dos escenas: una
opulenta matrona tocada con un gorro frigio distribuyendo a
manos llenas el dinero que se escapa de un cuerno de la abun­
dancia y otra con la barretina y enarbolando la senyera en la que
se lee: «Autonomía de Catalunya», alrededor de esta última se ve
a un grupo típico que baila la sardana. Fuera del sueño, una ter-
c a p i tu l o ni S ° ^daridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
179 Leroy, Constant (1913), pp. 217218, cit. por Cuadíat, Xavier (1976), p.
204.
180 Ibidem. Aunque este autor, conocido también como Miguel V(illalobos)
Moreno y cuyo verdadero nombre era José Sánchez González, antiguo
anarquista, introduce bastantes inexactitudes en su libro, en esta ocasión
sus informaciones son bastantes fiables, al menos según mis investigacio 
nes.
¡ 86 j
4
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPÍ TUL O III
cera figura femenina Solidaridad Obrera intenta despertar al
proletario inconsciente y atraerlo a sus filas.181
Las escasas fuerzas con las que contaba la Federación Local en
ei momento de su constitución, fueron aumentando a lo largo de
aquel año, siendo precisamente la extensión de la propaganda
una de las tareas esenciales del semanario, junto con la expan­
sión de la organización y la necesidad de la asociarse. En el artí­
culo «A todos»182, firmado por El Consejo, se presentaba un
balance muy optimista de lo actuado hasta entonces, apuntando
que para hacer del periódico lo que se propusieron en un princi­
pio debían suspenderlo por dos o tres semanas183. Su reaparición
coincidiría con un acto público en Barcelona y sería extraordina­
rio, con un magnífico grabado y texto escogido. En el editorial
«Otra vez a la lucha» en el número de la reaparición184- se afir­
ma:
Solidaridad Obrera reaparece. Cuando se acomete un» empresa
grande se necesitan descansos periódicos.135
Otra de las tareas fundamentales del semanario consistió en lan­
zar una «Campaña contra el proyecto de ley llamado de repre­
181 S.O. (Barcelona), n.l (19 octubre 1907), 1, cit. por Alvarez Junco, J., «Les
anarchistes face au nationalismé catalan (18681910)#, Le Mouvement So 
cial, París, 128 (julio-septiembre 1984), 43.
182 Id., n.7 (30 noviembre 1907), 2.
183 Se interrumpe su publicación entre el n.7 y el n.8 (13 teb. 1908), 1.
184 Id., 8 (13 febrero 1908), 2.
185 Según todos los indicios las causas de la suspensión fueron muy distintas
de las apuntadas, véase, El Trabajo (Sabadeil) 185 (15 febrero 1908), 8, con
noticias sobre actos contra la represión y por la reaparición de Solidaridad
Obrera.
I «7 I
CAPÍ TULO MI
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
sión del tcrrortsmo»,K6. En el primer congreso obrero regional
celebrado en Barcelona los días 6 al 8 de septiembre de 1908, en
el nuevo local de la organización, calle Nueva de San Francisco,
7187, la Federación Local se transformó en Confederación Re­
gional de Sociedades de Resistencia Solidaridad Obrera. El pe­
riódico publicó las actas188 y más tarde los estatutos189. En el
congreso estuvieron representadas alrededor de 109 agrupacio­
nes por 142 delegados. Como vemos la organización se hacia
extensiva a Cataluña y su ejemplo comenzaba a cundir en toda
España. El órgano obrero está repleto de noticias con la consti­
tución de sociedades «Solidaridad Obrera» por todo el país, so­
bre todo en la región valenciana y en Asturias.190
Pero a pesar de todos los esfuerzos, el periódico languidecía por
falta de recursos y apoyo. No tenemos datos precisos sobre su
tirada y distribución, aunque se puede apuntar que seria bastante
corta y se distribuiría principalmente en la capital y pueblos de
alrededor. A propósito de su precariedad, J osé Blasi, delegado de
los curtidores, apuntaba alguna iniciativa para ayudarlo191. Des-
186 S.O. (Barcelona), 19 (5 junio 1908),l-2y20 (12 junio 1908),12.
187 A este* nuevo local se trasladó también la redacción del periódico a partir
de! 31(18 septiembre 1908). Según parece este nuevo local mucho más
adecuado para las necesidades de !a organización, fue posible adquirirlo
gracias de nuevo a la ayuda financiera de Ferrer Guardia.
188 5.0, (Barcelona), 32 (25 septiembre 1908),14.
189 A partir del 35 (16 octubre 1908) y en la cuarta página.
190 Véase por ejemplo la serie de artículos de Enrique Llobregat desde Alcu 
dia de Carlee sobre «La Solidaridad Obrera en la Ribera del Jucar». S.O.
(Barcelona), 24 (17 julio 1908), 3; 26 (31 julio 1908), 3 y 39 (20 noviembre
1908) y también e! manifiesto de la sociedad de obreros en madera de
Gi}ón: «A todos los trabajadores de Gijcm», Id., 38 (13 noviembre 1908),
1.
191 «A los obreros en general»,Id., 40 (13 noviembre 1908), 1.
¡ 88 |
4
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAP I T U L O Hl
pues de reconocer que el periódico no tenía vida y que la culpa
era de los trabajadores, argüía que si éstos exigieran que en la
taberna donde van a beber compraran Solidaridad Obrera la cosa
mejoraría. Con todos los problemas, derivados principalmente
de la falta de medios económicos, el periódico siguió publicán­
dose hasta que fue radicalmente suprimido a raíz de los sucesos
de julio de 1909.192
Ante la imposibilidad de seguir la publicación en Barcelona, los
obreros asturianos decidieron continuarla. El 13 de noviembre
de ese mismo año salía en Gijón el primer número que se ex­
tendió hasta el 24 de diciembre de 1910 en su número 32 en
que dejó de existir.193
En su primer número decían:
Solidaridad Obrera he aquí «n bello nombre. El es, la expresión
clara y terminan re de un grandioso poder, de los mayores y más
positivos resultados [...] [que] puede obtener [...] la clase obrera
organizada y consciente [...] [sale a la luz] para continuar propa 
gando la obra iniciada por su colega barcelonés, de igual título,
suspendido en su labor por sucesos que guardará memoria eterna
el proletariado consciente del mundo.
192 Aunque el último número que se conoce es el 60 de! 4 de junio de 1909,
todo hace suponer que siguió publicándose hasta los hechos de «La Sema 
na Trágica».
193 Tuvo que suspender las publicaciones por el déficit acumulado ya que
muchos paqueteros no pagaban, véase, Acción Libertaría (Gijón), 9 (13
enero 1911), 4. Este problema sería común a muchísimas publicaciones
anarquistas y anarcosindicalistas. Con todo, después de la suspensión aún
se continuaron publicando suplementos al periódico. Conocemos los su 
plementos al número 32, el primero de marzo de 1911 y el segundo de
abril.
I 89 I
CAPÍ TUL O III Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
Se declara heredero de la I I nternacional y hace profesión de fe
sindicalista revolucionaria «libres por entero de la perniciosa
influencia del parlamentarismo enervante ...»194
Era director Emilio Rendueles195 y la redacción se encontraba
en la calle Casimiro Vclasco, 25, sede de la Federación de Socie­
dades Obreras de la que era órgano, imprimiéndose en «La I n­
dustria», Linares Rivas, 11 y 13.
Si bien por una parte, la publicación de Solidaridad Obrera en
Gijón cubrió los objetivos de propaganda y aumentó los efecti­
vos de la asociación obrera, por otra tuvo que enfrentarse a las
agresiones cada vez más numerosas de los patronos que veían un
gran peligro para sus intereses en la continuación de su labor.
Las luchas se radicalizaron, como por ejemplo la huelga de los
metalúrgicos y pronto se llegó al enfrentamiento directo, menu­
deando los atentados personales a patronos, como el llevado a
cabo por Marcelino Suárez196, o el atentado que le costó la vida
al patrono en madera Celestino L antera por el que fueron en-
194 S.O. (Gijón), 1 (13 noviembre 1909), 1.
195 Alvarez, Ramón (1973), pp. 438439, añade que Pedro Sierra era redactor
jefe y administrador Jacinto Viñas. Sigue diciendo que a partir del núm. 9
(15 febrero 1910) se designó a Pedro Sierra para la dirección y para la
administración a Belarmino Canal. Sin embargo a raíz de la detención de
Emilio Rendueles, en agosto de ese mismo año, el periódico se refiere a él
como su director.
196 El 24 de junio de 1910, alrededor de las siete y media de la tarde Domin 
go Orueta, presidente de la Agremiación Patronal de Gijón, recibió un
disparo que le atravesó el brazo izquierdo. El agresor, Marcelino Suárez, se
lamentaba de haber errado el disparo, véase, Alvarez, Ramón (1973), pp.
56 y sgs. y el propio periódico de aquellas fechas.
|9° í
4
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p í t u l o i i i
carcelarios A ntonio Vega y el director del semanario Emilio
Rendueles.597
Cuando en febrero de 1910 apareció de nuevo Solidaridad Obre 
ra en Barcelona, los de Gijón apuntaron la idea de cambiar de
nombre a su periódico198, pero la iniciativa quedó sin efecto. En
esta publicación fue incluida la serie de artículos de J osé Prat
sobre Sindicalismo199 que ya habían sido publicados en su ho­
mónimo de Barcelona. Y a partir del n.13 (2 abril 1910), en
forma de folletín encuadernable, el «reglamento de la Federa­
ción gijonesa de sociedades de Resistencia titulada Solidaridad
Obrera»
Entretanto habla comenzado en Barcelona una 2a época. El 12
de febrero de 1910 apareció su primer número con estas signifi­
cativas palabras:
Al estruendo de los truenos, al fragor de los relámpagos, a los des 
trozos del rayo, a los estragos del huracán ha sucedido la relativa
calma [...] [el periódico] se dedicará preferentemente a consolidar
la organización de la solidaridad [...] y a luchar por el objetivo
principal del sindicalismo moderno.
En esta ocasión la redacción se instaló en la calle de la Merced,
19 pral.200 y continuó imprimiéndose en los mismos talleres. Su
director fue Andrés Cuadros y el gerente o administrador Ángel
Álvarez. La labor principal del periódico en esta etapa fue la de
197 «Campaña justiciera», S.O. (Gijón), 25 (16 septiembre 1910), 1. Puede
seguirse el desarrollo detallado de los hechos y el proceso que le siguió en
Alvarez, Ramón (1973), pp. 59 y sgs.
198 S.O. (Gijón), 10 (19 febrero 1910), 2.
199 A partir del 1 (13 noviembre 1909).
200 Desde el 64 (1 mayo 1911), la redacción se trasladó a la calle Poniente, 24,
2a.
I 9i I
CAPÍ TULO i i i ¿olidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
continuar la propaganda y preparar e impulsar el 2o Congreso de
la Confederación Regional que por la fuerza de los hechos y la
presión de las sociedades del resto del país, se convirtió en el
congreso constituyente de la Confederación Nacional del Traba­
jo201. Aunque debía haberse celebrado un año antes, los sucesos
de julio de 1909 justificaron el retraso, verificándose los días 30
y 31 de octubre y I o de noviembre de 1910 202
L a consecuencia inmediata, y una de las más importantes, fue la
rápida separación de los socialistas del organismo recién creado.
Un mes después de concluido el congreso apareció en el órgano
de las sociedades obreras un artículo203 en el que se arremetía
contra los socialistas sectarios que veían en el hecho de haber
elevado «Solidaridad Obrera» a Confederación Nacional una
maniobra anarquista para hacerle la competencia a la UGT. Los
republicanos y los socialistas se habían quedado en el camino,
por circunstancias y causas muy diversas. En la Confederación
solo restaban sindicalistas y anarquistas, y de éstos últimos, sólo
201 «Soiire la constitución en España de una Confederación General del Tra 
bajo», S.O. (Barcelona), 14 (13 mayo 1910), 1. En S.O. de Gijón había
sido ya publicado otro artículo con la misma temática, lo que dio lugar a
una tribuna libre en la que fueron expuestos los diferentes puntos de vista
en torno a la conveniencia de implantar una organización de esa naturaleza
en España.
202 Un estudio del importante Congreso, que tuvo su sede en el Palacio de
Bellas Artes de Barcelona, cae fuera de los límites de este ensayo. Puede
consultarse, sin embargo, «Congreso del Palacio de Bellas Artes (3031
octubre y 1 noviembre 1910)», Revista de Trabajo (Madrid), 47 (julio-sep 
tiembre 1974), pp, 335377.
203 «Después del Congreso/A los socialistas con sentido común», S.O. (Barce 
lona), 43 (2 diciembre 1910), 1.
Solidaridad Obrera v f . l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a C A P Í T U L O I I I
aquellos que veían en el sindicato un arma de lucha eficaz y un
campo fértil para hacer germinar las ideas.204
La tarea inmediata era, por supuesto, hacer realidad lo de nacio­
nal y extender la organización a todo el país. En Vigo, donde ya
funcionaba desde hacia algún tiempo una federación local «So­
lidaridad Obrera», comenzó a editarse un periódico de igual
título205 casi al mismo tiempo que se extinguía su homónimo de
Gijón. La necesidad de un primer congreso de la recién nacida
organización, para definir sus planteamientos y formas de orga­
nización y funcionamiento internos, se hizo evidente. De esta
forma se celebró en los días 8, 9 y 10 de septiembre de 1911, en
el palacio de Bellas A rtes de Barcelona, el I Congreso de la
CNT20*’ . De entre todos los acuerdos que se tomaron nos inte­
204 Ricardo Mella publicó en S.O. (Gijón), 14 (16 abr. 1910), 2, un artículo
titulado, «Sindicalismo y anarquismo» donde alude a las reticencias de los
anarquistas a adoptar las nuevas tácticas del sindicalismo revolucionario en
aras de un puritanismo excesivo.
205 Desgraciadamente no se conoce ningún ejemplar de esta serie. El órgano
obrero de Barcelona decía: «Hemos recibido el primer número de S O. de
Vigo que siguiendo el espíritu del Congreso obrero, viene al estadio de la
prensa obrera, animada en los mejores deseos en bien del proletariado. El
mayor elogio que podemos hacer del nuevo y querido colega es dar publi 
cidad a estas cuatro líneas en las que encierra todo su programa: Solidari 
dad Obrera, surge a la vida ansiosa de cooperar a esa gran obra comenzada
en el salón de Bellas Artes de Barcelona y que culminan necesariamente en
el triunfo del proletariado español», S.O. (Barcelona), 45 (16 diciembre
1910), 3. Tenía su sede en Núñez, 17, I o Vigo, véase Acción Libertaria
(Gijón), 9 (13 enero 1911), 4.
206 Los sindicatos adheridos a la Confederación en ese momento eran 140
con 26571 federados, véase, Cuadrat, Xavier (1976), p. 545. Las actas pue 
den consultarse en, «Primer congreso obrero de la CNT (8, 9 y 10 sep 
tiembre 1911)», Revista de Trabajo, (Madrid), 47 (julio-septiembre 1974),
pp. 421474 o en el n.84 (15 septiembre 1911), pp. 14 del semanario obre 
ro.
I 93 I
c a p í t u l o mi Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
resa destacar el que hace referencia a la propaganda y que con­
templa por primera vez la posibilidad de editar un órgano diario
de la Confederación. Después de ser aprobada esta propuesta se
iniciaron los trámites para su concreción. L a represión que si­
guió a la huelga general, impidió que la iniciativa fuera llevada a
feliz término.
I nmediatamente después de finalizado el Congreso se celebró
una reunión secreta con los delegados al mismo y se acordó la
huelga general en solidaridad con los obreros de Bilbao y como
protesta por la guerra de Marruecos?07 . Las consecuencias para
la joven organización fueron funestas. L os sindicatos fueron
clausurados y el periódico suspendido208 por orden directa del
gobernador civil de Barcelona, Manuel Pórtela.
Díaz del Moral afirma:
»El naciente sindicalismo se hundió, su prensa desapareció por
completo. La anarquista que continuaba, aunque cori desmayo, su
habitual labor de propaganda, acogía en sus columnas los trabajos
sindicalistas y Anselmo Lorenzo insistía, incansable, en la difusión
del nueva credo...»209
Efectivamente, con la huelga general de 1911 se cierra un capí­
tulo importante en la historia de la naciente CNT. La intensi­
dad de su corta experiencia no tardaría en dar resultados, aun-
207 Buenacasa, Manuel (1966), p. 40, cit. por Cuadrat, Xavier (1976), p. 556.
Para una descripción detallada de esa huelga, véase el último autor citado,
pp. 525 y sgs.
208 El último número que se conoce es el 84 de fecha 15 de septiembre de
1911 y según todos los indicios el último que fue publicado.
209 Díaz del Moral, Juan (1977), pag. 171, cit. por Cuadrat, Xavier (1976), p.
565.
V EL PERI ODI SMO DE RAÍ Z ÁCRATA c a p í t u l o i i i
que habrá que esperar más de un año y medio para que vuelva a
dar señales de vida.
•t
3.2. La Federación Nacional de Agricultores
Una de las muchas pruebas que podemos aportar a la afirmación
que hice sobre la importancia de las Uniones y Federaciones de
oficio lo constituye, como veremos con detalle, la constitución
de la Federación Nacional de Agricultores (FNA}210. Las orga­
nizaciones campesinas alcanzaron, durante las dos fases de la
I nternacional pública en España 1869/1874 y 1881/1888 un
desarrollo considerable. L a Unión de Trabajadores del Campo
(UTC) reunía en su seno un elevado número de sociedades
campesinas, en su mayor parte jornaleros andaluces211. La inten­
sa represión que conoció el campo andaluz en la década de los
ochenta, unida a la disolución de la FT RE en 1888, dejó desor­
ganizados a los campesinos. Con el comienzo del nuevo siglo y
coincidiendo con el resurgir del movimiento obrero, los campe­
sinos andaluces comienzan también un proceso de reorganiza­
ción de sus disueltas sociedades.
210 En esta ocasión su importancia radica en el hecho de que, al ser suspendi 
da la CNT, cubrió una buena parte de sus tareas, hasta el punto de que en
muchas ocasiones se han confundido los congresos de la FNA con los tic la
propia CNT.
211 El profesor Álvarez Junco, en una exasperada reseña al libro de Casanova,
Julián (1997), aparecida en Revista de Libros, 16 (abril 1998), .1-5, afirma
entre otras barbaridades similares: «Los anarquistas fueron incapat r-. de
elaborar un programa agrario durante la Segunda República (romo lo
habían sido a lo largo de su primer medio siglo de existencia, algo que y.i
me sorprendió a mí hace años, al estudiar esa época), y ni siquiera diseña
ron una estrategia frente a la reforma agraria republicana».
I 95 I
CAPI TUL O MI
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d f . r a í z á c r a t a
Empiezan a aparecer periódicos portavoces de esta o aquella
agrupación campesina. La Voz del Campesino de J erez apareció
en marzo de 1903; refundido con E l Proletario de Cádiz, auspi­
ció la aparición de Germinal en esta última ciudad. En mayo de
ese mismo año vio la luz El Despertar del Terruño en La Línea y
aproximadamente por las mismas fechas se dio vida en Morón a
La Voz del Terruño. Todos ellos tuvieron como característica co­
mún su corta vida.
El impulso definitivo para que la organización campesina fuese
un hecho lo suministró la constitución de la CNT. En este caso
la disolución de esta organización en 1911no afectó a los traba­
jos que se realizaban para convertir en realidad la Federación de
Agricultores. Efectivamente en 1913 se convocó a un congreso
de campesinos212 que tuvo lugar en Córdoba del 17 al 20 de
abril213. En él se creó la Federación Nacional de Agricultores
(FNA) y se hizo pública profesión de fe sindicalista. «Que den­
tro del seno de dichas Sociedades solo se puede hacer labor so­
cial o sindicalista»214 . En la sesión del día 19, «después de varias
proposiciones se acuerda hacer un periódico titulado La Voz del
Campesino» ‘La tierra es del que la trabaja’-, que sea impreso en
Barcelona, subvencionado por las Sociedades, según sus fondos
y socios».215
212 Los firmantes del manifiesto, fechado en febrero, convocando al congreso
fueron: Agricultores de Barcelona y su radio, Hospitalet de Llobregat, San
Feliu de Llobregar, Esplugas de Llobregat, San Justo Desvern y Badalona,
Díaz del Moral, Juan (1977), p. 243. nota 20.
213 Concurrieron delegados de 25 sociedades de campesinos que pertenecían
casi totalmente a Cataluña, Andalucía y Levante.
214 Actas..., en Díaz del Moral, Juan (1977), p. 393.
215 Actas..., en Díaz del Moral, Juan (1977), p. 394. Se acordó también que
los redactores fueran a sueldo y que éstos fueran designados por el Consejo
de la Federación y redactado por los obreros agricultores y no agricultores
Solidaridad Obrera y f .l per i o d i sm o df . r a í z á c r a t a
c"
CAPI TULO III
El periódico apareció el 15 de noviembre de ese año, editado en
Sants. A finales de julio del año siguiente fue trasladado a Valls,
donde siguió editándose hasta su desaparición en abril de
1916216. Coincidiendo con las iniciativas de J osé Sánchez Rosa
para la edición de un nuevo órgano de los campesinos, la sede
de la Federación Nacional de Agricultores se trasladó a J erez de
la Frontera, donde por iniciativa de Sebastián Oliva su secretario
comienza la 2aépoca de La Voz del Campesino.21/
Apenas reiniciadas sus publicaciones el 15 de noviembre, se reú­
ne el I V congreso de la Federación218. Uno de los temas a tratar
el 12° era el referente a la conveniencia de abolir La Voz del
Campesino, toda vez que Solidaridad Obrera salía diario y que
éste dedicara dos páginas semanales a ios trabajadores agrícolas.
Presentado el dictamen de la ponencia favorable a la abolición
216 Ei traslado del periódico fue decidido en et 11 congreso de la FNA cele 
brado en Valencia los días 1 a 3 de mayo de 1914, a propuesta de Juan
Figueras vante la imposibilidad de que fuera publicado en Barcelona.
Véase, Actas..,, en Díaz del Moral, Juan (1977), p. 407. Una vez suspendi 
do,José Sánchez Rosa publicó en S.O. (Barcelona), n.265 (18 julio 1916),
4, una «Circular» «A los obreros campesinos», en la cual argumentaba la
necesidad de la publicación de un periódico que fuera órgano de los cam 
pesinos. En Tierra y Libertad (Barcelona), n.313 (16 agosto 1916), 4, el
mismo Sánchez Rosa insistía en la necesidad de un nuevo periódico, anun 
ciando que se proponía dar a luz La Redención del Campesino,
217 Véase, en Tierra y Libertad (Barcelona), n.319 (27 septiembre 1916), 4, la
circular de Sebastián Oliva anunciando que iba a hacerse cargo de ia publi 
cación. Sánchez Rosa, por su parte, había comunicado en Tierra y Libertad
(Barcelona), n.317 (13 septiembre 1916), 3, su intención de desistir de la
publicación de un órgano de los campesinos al hacerse pública la reapari 
ción de Lm Voz del Campesino.
218 Se celebró en Viltanueva v Geltní los días 21 y 22 de noviembre de 1916.
¡97 1
CAPÍ TULO III
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
«a fin de dar más fuerza y vida al diario Solidaridad Obrera, éste
es aprobado después de larga discusión.219
Como afirmaba Diego M artínez, representante del Consejo
Federal, en la sesión inaugural del V congreso de la FNA, cele­
brado en Zaragoza220 , «cuando más marcado y rápido ha sido el
descenso en esta organización es a partir del congreso de Villa-
nueva y Geltrú y de la suspensión de su órgano La Voz del Cam 
pesino121 . Por ello se habían reiniciado sus publicaciones con
bastante fortuna. Arreciaba en esos momentos la actividad de
los intervencionistas para que España entrase en guerra al lado
de los aliados. Aprovechando el marco del congreso de Zarago­
za antes aludido, los campesinos, tras larga discusión acordaron
que La Voz del Campesino hiciera campaña en contra de la mis­
ma «y en caso de que las autoridades traten de impedir su publi­
cación, que se recurra a todos los medios posibles para que no se
interrumpa su salida, incluso a variarle el nombre; y si a pesar de
todo fuese perseguido en la localidad en que está, que se traslade
219 Actas..., Díaz del Moral, Juan (1977), p. 412, Se añadía que en caso de
que Solidaridad Obrera suspendiese sus publicaciones apareciera de nuevo
La Voz del Campesino y se apuntaba además que en caso necesario se desti 
nara como subvención a aquél la cantidad que se invertía para la publica 
ción de éste. Se acordó igualmente que el Comité de la Federación residie 
ra en San Feiiü de Guixols hasta el siguiente congreso.
220 Se celebró los días 22 al 24 de mayo de 1917. Estuvieron representadas SO
secciones con 13825 federados
221 Actas..., en Díaz del Moral, Juan (1977), p, 422. Debido a que de esta 2a
cpoca del periódico no nos han llegado ejemplares, es difícil saber en que
momento fue suspendido, pero se deduce que debió producirse a fines del
año 1916, una vez finalizada la publicación de las acras del referido con 
greso. A causa del lamentable estado de la Federación en ios primeros
meses de 1917, el consejo de Jerez, por insinuación de varias colectividades
y compañeros, se hizo cargo de la Federación y del periódico, hecho que
debió ocurrir a principios de marzo.
19S |
4
Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a C A P Í T U L O I I I
su residencia, encargándose, si llega ese extremo, de su redacción
provisionalmente El Baluarte Obrero122.
Aún celebró la FNA un último congreso el VI que tuvo lugar en
Valencia entre el 25 y el 27 de diciembre de 1918. Este congreso
niarcó el apogeo de la organización campesina; estuvieron repre­
sentadas 99 secciones con 25092 asociados, por 57 delegados223.
Entre sus acuerdos destaca por su importancia la adhesión en
bloque de la FNA a la CNT, aunque la Federación continuaría
funcionando en tanto no se celebrase el proyectado congreso de
la Confederación. Si en él se resolvía disolver las demás federa­
ciones de oficio, entonces se procedería a disolver la de agricul­
tores. A nte esto pasó a discutirse la conveniencia de seguir pu­
blicando La Voz del Campesino; tras larguísima discusión se
acordó que continuara, en tanto siguiera en funcionamiento la
FNA. Al mismo tiempo se decidió que tanto la Federación co­
mo su órgano continuaran en J erez hasta la celebración del con­
greso confederal y si en éste se acordaba que continuara exis­
tiendo la Federación, fuesen trasladados ésta y el periódico a
Pedralva.224
Aunque no podemos asegurarlo con toda certeza, es muy proba­
ble que La Voz del Campesino fuera suspendido a raíz de la polí­
tica represiva del gobierno a comienzos del año 1919. Sin em­
bargo volvería a reaparecer durante unos meses de ese año para
222 Actas..., en Díaz de! Moral, Juan (1977), p. 431.. El congreso acordó
igualmente que el domicilio de la Federación continuara siendo Jerez. El
periódico El Baluarte Obrero del cjue no nos han llegado ejemplares se
publicaba en Ja ciudad valenciana de Utiel, probablemente órgano de las
sociedades campesinas de esa localidad. Su primer número apareció alre 
dedor de Febrero de 1917.
223 Actas..., en Díaz del Moral, Juan (1977), pp, 435436.
224 Actas..., en Díaz del Moral, Juan (1977), pp. 437440 y 455.
CAPÍ TULO III Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
desaparecer definitivamente en septiembre225. Los campesinos
organizados en la CNT ya no volverían a tener órgano propio
hasta después de proclamada la I I República.226
Aunque el modelo de sindicalismo que auspiciaba la CNT era
contrario a la creación de Federaciones de I ndustria, por los
problemas de burocracia que pudieran acarrear, en el caso de la
Federación campesina, su integración en la estructura de la
CNT no sirvió para proporcionar mayor fuerza al movimiento
campesino, ya que en la práctica se demostró lo contrario y
además se deshacía la necesaria coherencia entre las diversas
secciones, la cuales, por sus especiales características estaban
necesitadas de una mayor cohesión.
3.3. La nueva etapa de Solidaridad Obrera
Aunque carecemos de datos fidedignos, es casi seguro que la
Confederación Regional del Trabajo (CRT) de Cataluña co­
menzó a emerger a la luz pública de nuevo en la primavera de
225 Díaz de! Moral, Juan (1977), p. 511, afirma que «murió a principios de
1919». Sin embargo este mismo autor en p. 344, notas 79 a 81, hace refe 
rencia a números de este periódico de marzo, julio y septiembre de ese
mismo año.
226 La Voz del Campesino, como órgano de la Federación de Trabajadores agrí 
colas de !a comarca de Cádiz y portavoz de la futura Federación de Agri 
cultores de España, apareció en su 3a época en septiembre de 1931 y se
publicó hasta los sucesos de Casas Viejas en enero de 1933. Posteriormen 
te aparecieron otros muchos portavoces de organizaciones campesinas,
como Despertar Campesino de Teruel, en junio de 1932; E l Explotado de
Amposta, en octubre de ese año; Tierra Libre de Sueca, en mayo de 1935;
¡Campo Libre! de Madrid, en junio de ese mismo año, etc.
I 100 !
4
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a C A P I T U L O I I I
1913. Su órgano oficia?27 reaparecía, en su 3aépoca, el primero
de mayo de ese mismo año.
L a redacción y administración y la-imprenta fueron las mismas
que en la etapa anterior y hasta su final en enero de 19 1 9228 se
sucedieron varios directores. No conocemos con precisión ni el
número de ellos, ni el tiempo que estuvieron al frente del perió­
dico en esta dilatada etapa.
J oaquín Bueso nos dice:
Solidaridad Obrera fue dirigida por Tomás Herreros, anarquista,
quien al mismo tiempo dirigía Tierra y Libertad y Tomás Herreros
no hizo de Solidaridad Obrera una tribuna de avisos ácratas como
hoy sucede; Solidaridad Obrera fue después dirigida por Andrés
Cuadros, y este compañero también supo eludir el carácter neta 
mente anárquico que hoy tiene el periódico; tomó más tarde la
dirección del periódico obrero aludido el tipógrafo Joaquín Bueso,
y al igual que los anteriores directores procuró que el periódico no
fuera sectario; volvió a la dirección Cuadros, y aunque en esta se 
gunda época de su dirección ya no fue tan imparcial como en la
primera, no por eso dejó que descaradamente fuera Solidaridad
Obrera un periódico anarquista; pero últimamente ha caído el pe 
riódico en manos de Manuel Andreu y desde entonces hace la
competencia a Tierra y Libertad en propaganda ácrata.329
227 Esta vez el subtítulo rezaba, «Organo de la Confederación Regional del
Trabajo de Cataluña», que conservaría hasta su desaparición en enero de
1939.
228 El último número conocido es el 1007 del 17 enero 1919. Después de la
huelga general de agosto de 1917 reaparecía como 41 época, pero siguien 
do la numeración anterior.
229 La Justicia Social, n.278 (13 noviembre 1915), 3, sección «La semana Bar 
celonesa», cit. por Cuadrat, Xavier (1976), p. 569.
C A P I T U L O Ul
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
A partir de mayo de 1916 se hizo cargo del órgano confederal
J osé Borobio230. Se ignora quien la dirigía en el momento del
«affaire» de la embajada alemana231, pero con motivo de estos
hechos en noviembre de 1917 se hizo cargo de la dirección Á n­
gel Pestaña232 . I gualmente se desconoce si éste continuó hasta el
final o fue sustituido, aunque la primera suposición es la más
probable.
En el número de su reaparición y en el editorial «Resurgimien­
to», proclamaba:
Henos aquí de nuevo compañeros. De nada han servido las perse 
cuciones, las prisiones injustificadas y las clausuras de sindicatos
con que la justicia burguesa [...] creyó anonadarnos y destruirnos
[...]. Nuestro anulamiento es imposible [...]. La prueba de lo que
anteriormente decimos, está en el resurgimiento de los sindicatos
obreros, que apenas venidos a la vida después de la draconiana
orden de suspensión dada por un gobernante inepto y venal se
aprestan a la lucha con mayor ahínco y decisión. Estamos pues en
el mismo sitio en donde nos hallábamos cuando la última suspen 
sión de Solidaridad Obrera. Nuestras posiciones no han variado un
ápice, vamos a la propaganda del sindicalismo sin traba alguna, sin
sofismas de ninguna especie.233
Sin embargo la CRT fue de nuevo suspendida a raíz de la huel­
ga del «Arte Fabril» de agosto de 1913 y el periódico sufrió una
230 Tierra y Libertad (Barcelona), 299 (3 mayo 1916), 4.
231 El diario fue acusado de recibir dinero de la embajada alemana por publi 
car artículos en contra de la emigración española a Francia. El escándalo
llegó al punto de que el sindicato del Arte de Imprimir que financiaba
entre otros el diario pidió, mediante pasquines en las calles, el boicot al
mismo, véase, Pestaña Núñez, Ángel (1973 ’), tomo 1, pp. 6669.
232 Pestaña Núñez, Angel (19733), tomo I, pp. 69 y sgs.
233 S.O. (Barcelona) 1 (1 mayo 1913), 1.
Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p í t u l o III
breve interrupción de dos semanas. L a organización catalana no
volverá a movilizarse hasta el año siguiente y la CNT, que con­
tinuaba prohibida, no lo hará hasta por lo menos finales del año
1915. Precisamente en abril del año anterior, la organización
asturiana publicó Solidaridad234, órgano de la «Federación Astu­
riana de Sociedades de Resistencia Solidaridad Obrera», es de­
cir, que seguía remitiéndose todavía a la antigua organización,
no haciendo ninguna mención a la CNT, lo cual solo podía sig­
nificar a que la Confederación no había llegado aún por aquellas
tierras o que seguía prohibida. Esta última explicación parece la
más plausible. Este periódico debió ser suspendido a raíz de la
I aguerra mundial.
Volviendo al órgano catalán, a parti r de la reorganización de
1914 se comenzó a estudiar la posibilidad de transformarlo de
semanal en diario, lo cual se hizo efectivo desde enero de 1916,
primeramente en forma de suplementos diarios y finalmente
convertido de manera definitiva en diario a partir del 1de mar­
234 Se descoi lote la fecha exacta del primer número. El primero que se conoce
es el 3 del 16 de mayo y el otro que se conoce y por ende el último es el 7
del 18 ¡uüo. La redacción estaba situada en la calle Cabrales, 88, bajo, sede
de las sociedades obreras y se imprimía en la tipografía de «El Noroeste»
de Gijón.
CAPI TULO III
Solidaridad Obrera v e l p er i o d i sm o i>i r a í z A chata
zo235. Con todo, la vida del órgano confederal fue siempre bas­
tante precaria por falta de fondos, a lo que venían a sumarse las
suspensiones periódicas que padecía por causa de la represión.
Se desconocen datos precisos de su tirada y distribución. Pesta­
ña nos suministra algunas datos indicativos del tiempo en que se
hizo cargo de la dirección:
Ya en funciones nos dimos cuenta de que el mal era mucho más
profundo de lo que visto de fuera parecía. La tirada estaba reducida
a unos tres mil quinientos ejemplares y muchos de ellos 110 se co 
braban. ;De que vivía, pues, el diario? De los donativos, de los
Sindicatos, y de los anuncios y de los ingresos inconfesables.2^
235 Existen bastantes lagunas en esta época dei periódico, como también en
las anteriores y posteriores. La conservación de la prensa anarquista y anar 
cosindicalista en nuestro país ha sido siempre bastante precaria y uno de
los motivos principales ha sido la represión a la que estuvo casi siempre
sometida la organización. No obstante, las fechas de inicio de los suple 
mentos diarios y la aparición diaria del propio periódico, nos las suminis 
tran dos fuentes complementarias. Por un lado, Pestaña Núñez, Angel
(197.'P), 53-54: «A principios de 1916, los Sindicatos de metalúrgicos y
albañiles y peones acordaron la huelga general en los respectivos oficios. Y
comprendiendo la importancia que tales conflictos tenían, y de hacer,
además una prueba, se discutió si no sería propicio el momento para inten 
tar la publicación diaria de un suplemento de Solidaridad Obrera, semanal.
Aceptada la propuesta por la organización, fui designado como redactor de
dicha hoja suplementaria». Y en pp. 54-55, añade: «Durante los tres meses
que duró mi encierro la organización había acordado que desde 1° de mar 
zo Solidaridad Obrera se convirtiese en diario, y en la propuesta de cargos
para el diario fue nombrado administrador». Por otro lado, Tierra y Liber 
tad (Barcelona), 293 (1 marzo 1916), 1, en un noticia titulada, «Solidaridad
Obrera diario», confirma la información de Pestaña relativa a las fechas.
236 Pestaña Núñez, Ángel (19733), tomo 1, pp. 7374
¡ 1 0 4 |
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
c a p í t u l o h i
La reconstrucción de la CNT fue muy desigual en toda España.
A los inconvenientes de partir de una situación bastante adversa,
se sumaban los derivados de la conflagración europea. Podemos
decir que, aunque Barcelona, y Cataluña en general, servían co­
mo punto de referencia, el despegue definitivo no se produjo
hasta después del Congreso de Sants de 1918 en el cual la CRT
catalana adopta el modelo de sindicatos únicos de industria y las
campañas de propaganda que le sucedieron.
Es lógico, por lo tanto, que en estos años sólo se editara Solida 
ridad Obrera en Barcelona, haciendo salvedad de la publicación
gijonense que antes hemos comentado.237
La huelga general revolucionaria de agosto de 1917 como cul­
minación de un proceso de lucha contra el encarecimiento de las
subsistencias, pero sobre todo contra el régimen político impe­
rante, tuvo su origen en el pacto CNT-UGT del año anterior y
una primera manifestación en la huelga de 24 horas de diciem­
bre de 1916. Por diversos motivos, los cuales no vamos a anali­
zar aquí, el fracaso de la huelga fue total238 . El comité de huelga
(socialista) fue detenido y en Barcelona, donde habla un comité
revolucionario distinto del de Madrid cenetista ésta tomó carac­
teres insurreccionales que debieron ser sofocados por el ejército.
237 Lambcret, Renée (1953), p. 121, incluye una Solidaridad Obrera de Gijón
de 1916, «organe de la Fédération ouvrière de Gijón, CNT. Rédacteurs: V.
Fernández y ¡VI. Suárez». Alvarez, Ramón (1973), p. 440, siguiendo a esra
autora afirma lo mismo y ambos insertan una tercera época de 1918 a
1926. No hubo tal S.O. de Gijón de 1916 v la que señalan como 3’ época
es la de Bilbao como luego se verá. En Gijón la 2a época se inicia en 1921
y la 3a en 1922 (véase más adelante). El error es explicable debido a los
pocos ejemplares que se conservan yen algunos casos a su difícil accesibi 
lidad. Y también a las confusiones que se generan al identificar S.O. de
Gijón y de Bilbao.
238 Para un análisis bastante interesante de todo el proceso de la huelga, véase
Meaker, Gerald H. (1978), pp. 110 y sgs.
CAPÍ TULO III Solidaridad Obrera y el . p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
Además de los muertos y heridos, se practicaron numerosas de­
tenciones y el órgano diario de la Confederación fue suspendi­
do, no volviendo a reaparecer hasta la segunda quincena de
octubre.239
A esta situación prerrevolucionaria en España vino a sumarse el
proceso de la revolución rusa que, aunque en un primer momen­
to l '“ga a España, como a los demás países, con noticias tamiza­
das por las agencias de prensa, despertó la natural curiosidad en
el elemento obrero, trocada casi inmediatamente en auténtico
entusiasmo. Todo esto quedó casi automáticamente reflejado en
las páginas del diario obrero240. Este entusiasmo llegaría hasta el
punto de dar la CNT su adhesión aunque provisional a la I I I
I nternacional fundada por los bolcheviques en el Congreso ex­
traordinario celebrado en el teatro de la Comedia de Madrid en
1919.
239 En su reaparición siguió conservando la numeración anterior, pero dando
paso a la 4a época. En enero de 1918 fue de nuevo suspendido por orden
gubernativa no reapareciendo hasta abril {día 14). En el primer caso decía
cuando empezó de nuevo: «Después de un largo silencio impuesto por la
fuerza, volvemos hoy a reanudarla interrumpida tarea [...]. En la lucha
pudimos comprobar la calidad proletaria, durante una semana tuvimos en
jaque a todas las fuerzas reaccionarias de la nación..., n.635 (25 octubre
1917), 1. Y en el segundo: «Ya estamos de nuevo aquí. Después de ochenta
días de suspensión impuesta por los acontecimientos Y volvemos con
más bríos, con más energía si cabe, que en la memorable mañana del 24 de
enero, en que el bando de declaración del estado de guerra El
movimiento proletario que las mujeres provocaron y que dio margen al
estado anormal que hemos padecido..., n.726 (14 abril 1918), 1,
240 Pueden consultarse, Termes, !., «Repercusions de la revolució d'octubre a
Catalunya», Serra d'Or, 12 (diciembre 1967), 37-43; Meaker, Gerald H.
(1978), pp. 140 y sgs. Y también Martínez Fraile, Raimundo, «Coménta 
nos a la Revolución rusa aparecidos en Solidaridad Obrera durante el año
1917», Cuadernos de historia económica de Cataluña (Barcelona), XII,
(1974), 145183.
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o p e r a í z á c r a t a CAPÍ TULO III
Viadiú escribía a finales de 1918:
Bolchevique es la nueva idea que anhelamos, es paz, es armonía,
justicia, equidad, es la vida que deseamos y que impondremos en el
mundo...2'"
Y Buenacasa, quizá uno de los más entusiastas de aquella revo­
lución, afirma:
Para muchos de nosotros para la mayoría el bolchevique ruso era
un semidiós, portador de la libertad y de la felicidad comunes.242
Cuando Pestaña se hizo cargo del diario en noviembre de 191 £ .
comenzó a arbitrar las medidas necesarias para enjugar el tre­
mendo déficit que padecía. Se editaron postales que eran vendi­
das en favor de aquél y se propusieron también pequeños sacrifi­
cios a los militantes, como el abstenerse de beber calé una vez en
el día y destinar el importe al diario243. Pero estas medidas, aun­
que pongan en juego la participación de los militantes en el sos­
tenimiento voluntario del órgano confederal, se revelaron insufi­
cientes y el Comité Regional tomó cartas en el asunto acordán­
dose la creación de una comisión consultiva, encargada de ela­
borar un proyecto para ser discutido por aquél cuando estuviera
redactado.
El Congreso de Sants, que tuvo lugar en la ciudad condal del 28
de junio al 1 de julio de 1918, propuso en el art. 5o de sus esta­
tutos: «cada sindicato satisfará la cuota mensual de diez cénti-
241 «Bolcheviqui!», S.O. (Barcelona) 976 (16 diciembre 1918), cit. porTavera,
Susana (1978), p. 99. n.56.
242 Buenacasa, Manuel (1966), p. 50.
243 S.O. (Barcelona), 703 (1 enero 1918); 743 (29 abril 1918), cit. porTavera,
Susana (1978), p. 101. n.77.
I io7 I
CAPI TULO MI
Solidaridad Obrera v F.i. per i o d i sm o d e k a í z á c r a t a
mos... (de ellos) dos para nuestro diario Solidaridad Obrera244.
Puestas ya las bases para su estabilidad económica el periódico
iba a entrar en una fase de expansión por lo menos hasta finales
de ese año en que los acontecimientos políticosociales se preci­
pitaron.
El catalanismo que, junto con el sindicalismo, estaba alcanzando
una influencia considerable, comenzó a manifestarse en no­
viembre en demanda de autonomía para Cataluña. L os hechos
revistieron una cierta gravedad, pero como afirma Meaker:
ambos (el rey y Cambó) estaban menos alarmados a causa del re 
gionalismo, cuyos hombres v motivos eran fáciles de comprender,
que por el sindicalismo, que apenas podía entenderse.245
L a campaña de propaganda cenetista que se había iniciado en
diciembre decidida en el Congreso de Sants y auspiciada por el
Comité de la Regional catalana principalmente por tierras de
Levante y Andalucía, contribuyó a aumentar el miedo de la bur­
guesía ante el espectro sindicalista y tomando como justificación
los alborotos producidos en Barcelona por los catalanistas, el
gobierno encabezado por Romanones, suspendió las garantías
constitucionales en Barcelona y provincia el 17 de enero de 1919
y en toda España a partir del 25 de marzo.246
244 «El Congreso de Sants», Revista de Trabajo (Madrid), 47(Julio-septiembre
1974), 478.
245 Meaker, Gerald H. (1978), p. 211.
246 José Antonio del Valle, « La censura gubernativa de prensa en España»,
Revista de Estudios Políticos, 21 (mayo-junio 1981), pp, 122123. Las garan 
tías ya no serían restablecidas hasta el 31 de marzo de 1922.
I 10®I
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPÍ TULO III
Muchos militantes cenetistas fueron encarcelados, entre ellos
Salvador Seguí, Manuel Buenacasa,Tomás Herreros, etc., y So 
lidaridad Obrera, sin causa que lo justificase, fue suspendida.247
El diario confederal ya no volvió a salir salvo un breve lapso de
varios días en noviembre de ese mismo año hasta marzo de
1923, más de cuatro años después. El periódico se seguiría pu­
blicando clandestinamente (sobre todo a raíz del conflicto de
«La Canadiense», que comenzó a principios de febrero), pero de
forma muy precaria.248
A nte esta situación, agravada más tarde con la huelga de la
compañía eléctrica y la huelga general, se estudió la posibilidad
de trasladar el diario a otra ciudad donde hubiera menos dificul­
tades. En una reuni ón se deci di ó que esta ciudad fuera
Valencia.249
No quiero finalizar este capítulo sin señalar un hecho que reviste
gran importancia: el fenómeno España Nueva de Madrid. Pero
antes veamos que nos dice Adolfo Bueso:
[...] por entonces (principios de 1919) la Confederación había
«comprado» una página del diario España Nueva, periódico que
editaba en Madrid el republicano Rodrigo Soriano, hombre de
moralidad muy dudosa. La cuarta página de España Nueva era
247 El último número conocido es el 1007 del 17 de enero.
248 Conocemos dos suplementos, uno del 29 de noviembre de 1919 y otro sin
fecha, pero probablemente de 1921. Vid., asimismo, Viadiú, José, «La
C.N.T. y el periodismo», S.O. (París), 751 (13 agosto 1959), 4. Lamberet,
Renée (1953), p. 123, sitúa un periódico titulado Solidaridad Proletaria de
Barcelona en el año 1921, pero esto es muy poco probable. El que se cono 
ce v del que luego hablaré es de 1924.
249 Díaz del Moral, Juan (1977), p. 253.
CAPÍ TULO III
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o de r aí z á c r a t a
dedicada, diariamente a la Confederación Nacional del Trabajo,
que pagaba por ella sus buenos dineros...250
Difícilmente podía la CNT comprar una página que estaba casi
exclusivamente dedicada a anuncios publicitarios. Este fenóme­
no que tiene precedentes en El Progreso de L erroux de finales
del siglo XI X es bastante sencillo de explicar. España Nueva,
fundado por Rodrigo Soriano, estaba atravesando en aquellos
momentos una situación muy delicada. L a mordaza impuesta a
la prensa anarcosindicalista, dejaba prácticamente sin medios de
propaganda a la Confederación y los que sobrevivían lo hacían a
duras penas. En estas condiciones el diario republicano madrile­
ño, dirigido por Mariano García Cortés, aprovechó la oportuni­
dad que se la presentaba y abrió sus páginas sin ningún tipo de
reserva a los cenetistas. A partir de mayo de 1919, los artículos
anarcosindicalistas comenzaron a inundar las páginas del perió­
dico. Escribían casi todos los militantes conocidos: Buenacasa,
Higinio Noja, Pestaña, Seguí, Gallego Crespo, Eusebio Carbó,
Domingo Torres y un largo etcétera. Además el diario daba un
amplio eco a cualquier manifestación de la CNT. En una pala­
bra: España Nueva se convirtió en el órgano oficioso de la orga­
nización confederal251. L os beneficios del rotativo madrileño
fueron inmediatos: aumento de la tirada y salida de la crisis, al
precio claro está de ser acusados sobre todo por los socialistas de
estar al servicio del anarcosindicalismo.
250 Bueso García, Adolfo (1976), p. 117.
251 Véase, Viadsú, J., art. cit., pp. 4 y 2.
I 110í
4
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d j s m o d e r a í z Ac r a t a
CAPÍ TULO III
José Negre, último secretario de la Confederación
Solidaridad Obrera y primer secretario de la CNT
Distintas portadas del Solidaridad Obrera
c a p ì t o l o III
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
4
CAPÍ T UL O I V
cAnarquismo y pistolerismo
4.1. El germen Iructilica: expansión de Solidaridad Obrera. La efapa valenciana
del diario decano de la Confederación
En Barcelona dejaron de aparecer periódicos anarquistas y anar­
cosindicalistas durante cuatro años252. Las garantías constitucio­
nales continuaron suspendidas hasta finales de marzo de 1922
salvo dos cortos períodos electorales en 1920. La CNT se vio
acosada por la represión de los gobernadores civiles y la policía.
Este estado de semiclandestinidad fue el caldo de cultivo de los
pistoleros al servicio de la patronal y de los sindicatos libres, los
cuales podían obrar casi impunemente en contra de los anarco­
252 Con algunas excepciones: la corta etapa de El Vidrio, que en 1920 se tras 
ladó de Badalona a Barcelona. La Bandera Roja aparecida en 1919, en
constante polémica con La Aurora Roja y el Boletín oficia1 del S. U. del ramo
de construcción, aparecido en 1920. El primer periódico que reapareció tue
Tierra y Libertad el 20 de enero de 1923.
CAPI TUL O IV
Solidaridad Obrera r b l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
sindicalistas. A su vez favoreció el surgimiento de grupos de ac­
ción cenetistas para oponerse a aquellos.253
En esas condiciones, la propaganda de las armas se impuso al
arma de la propaganda.
Esta situación que atravesaba la organización en Barcelona a
principios de 1919, con sus secuelas de represión y clandestini­
dad254, hicieron que se contemplara la posibilidad de editar el
diario en otra ciudad. Como ya se ha visto, se decidió finalmente
trasladarlo a Valencia, ciudad a la que se dirigió un grupo de
sindicalistas, los cuales puestos al habla con militantes valencia­
nos principalmente Domingo Torres y Eusebio Carbó, este úl­
timo editaba ya La Guerra Social pusieron manos a la obra. Des­
pués de anunciarlo por medio de pasquines pegados en las es­
quinas, el 25 de febrero se lanzaba el primer número del dia­
253 Un buen estudio del período k> constituye, Balcells, Albert (1968), passiin;
hacc unos años apareció el estudio muy documentado de Pradas Baena,
Muría Amalia (2003), aunque, en mi opinión, carga excesivamente las
tintas sobre la responsabilidad de los anarquistas en el inicio del terroris 
mo. Para un análisis de los grupos de acción anarquistas, centrado en «Los
Justicieros», «Los Solidarios» y «Crisol», véase Paz, Abel (1978), pp. 27 y
sgs. Véase, también, Gómez Casas, Juan (1977a), pp. 63 y sgs.
254 A pesar de la suspensión del diario, éste siguió imprimiéndose clandesti 
namente, aunque como puede suponerse de manera harto precaria. Salió
de nuevo a la luz pública el 15 de noviembre de 1919 (véase El Liberal
(Barcelona) cd. mañana 17 noviembre 1919,1), para ser de nuevo suspen 
dido el 22 del mismo mes (véase Id. ed. mañana (22 noviembre 1919), 1).
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPI TULO I V
rio255 con dos días de retraso sobre ia fecha prevista por dificul­
tades con la imprenta.256
La aparición de Solidaridad Obrera en Valencia tuvo repercusio­
nes inmediatas y fue el factor principal de la expansión de la
CN T en el país valenciano. Peleó en varios frentes, pero dos
fueron los principales: en favor de las huelgas y contra la repre­
sión, que adquirió tintes dramáticos con el gobernador civil Ra­
fael Duran, por un lado y por otro contra el paternalismo bur­
gués del populismo blasquista especie de lerrouxismo autóctono
encarnado en su órgano oficial E l Pueblo y en su director Félix
AzzatP57. En efecto, en vista de que la propaganda anarcosindi­
calista amenazaba con disminuir de forma significativa su clien­
tela electoral, este diario no dudó en lanzar campañas difamato­
rias contra el órgano cenetista o contra sus militantes.258
255 Lambéret, Renée (1953), pp. 122123, afirma que era bisemanal, al igual
queTaveía, Susana (1978), p. 99, que bebe en sus fuentes. Este periódico
fue diario desde sus inicios hasta octubre de 1922 en que pasó a ser bise 
manal por dificultades económicas. Sin embargo, es necesario señalar que
la vida del cotidiano en Valencia se vio constantemente sobresaltada por
suspensiones, asaltos a la sede de la redacción, encarcelamientos del direc 
tor y redactores, etc.
256 «Explicación necesaria», S.O. (Valencia), 1 (25 febrero 1.919),2.
257 Eusebio Carbó había acusado a Félix Azzati de ser uno de los causantes
del fracaso de la huelga general revolucionaria de 1917, lo cual éste no se
lo perdonó nunca,
258 En un amplio editorial titulado «Analicemos/Los obreros» publicado en
El Pueblo (Valencia), 9889 (9 junio 1919), haciendo repaso a las causas del
fracaso en fas elecciones pasadas, después de cantar las alabanzas a Blasco
Ibáñez por su labor en favor del obrero, gracias al cual se organizaron y
culturizaron, se pregunta qué es lo que ha pasado con ellos. Y por fin ta
fórmula mágica: «Es el sindicalismo es decir, el anarquismo al uso en Es 
paña, fanático e ignorante en sus directores, generoso e incauto en los diri-
gidos el que ha restado algunos votos al republicanismo.
CAPÍ TUCO I V Solidaridad Obrera y el p er i o di smo de r aí z á c r a t a
Sin embargo superando todas las dificultades, Solidaridad Obrera
de Valencia llegó a publicar entre 1919 y 1923,355 números259.
Con toda probabilidad se haría cargo de la dirección Eusebio
Carbó, figurando como redactores, entre otros, Gallego Crespo
y Domingo Torres. La redacción y administración se instaló en
la calle de los Angeles, 8, I o, sede del Centro Obrero y «punto
de atracción del nuevo movimiento empírico» y se imprimía en
la Tipografía Marco hermanos, calle del Mar, 10, que tenía los
talleres en Quevedo, 30. No obstante, Díaz del MoraP60 afirma
que el director fue Gallego Crespo, quien había dirigido hasta
entonces Acción Solidaria de Sevilla.
En el primer número la redacción inserta un amplio editorial en
el que exponen cuales van a ser sus propósitos con la publicación
del periódico. Anuncian gran entusiasmo en la aparición a pesar
de las dificultades de los tiempos y con los siguientes objetivos:
I o) So/i solo defiende los intereses de los trabajadores.
2o) Que las informaciones tendenciosas que recoge la
prensa diaria se rechace por su internacionalismo.
3o) Que las declaraciones de elementos ajenos a la organi­
zación ofreciendo ésta a nuestras enemigos (y aquí incluye
a regionalistas, separatistas, etc.) se rechacen...261
259 El lu'mi. 355 el último que se conoce es de enero de 1923. Hay que señalar
que de estos 355 números solo se conservan, como mucho, una veintena.
Su estudio lo hemos tenido que realizar acudiendo a fuentes indirectas,
principalmente los diarios valencianos que se publicaban por aquellas fe 
chas, E l Pueblo, Las Provincias, E l Mercantil Valenciano, etc. La pérdida de
este diario imprescindible para el conocimiento de! movimiento obrero
valenciano ¡unto con la del semanario Solidaridad Obrera de La Coruña-
Santiago, también de esta época aproximadamente, como luego se verá, es
una de las más dolorosas que tenemos que lamentar.
260 Día/, del Moral, Juan (1977), p. 253.
261 «Nuestro propósito», S.O. (Valencia), 1 (25 febrero 1919), 1.
|n6|
4
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPÍ TUL O IV
La huelga general que estalló en Barcelona como consecuencia
de no haberse cumplido los acuerdos tomados a raíz de la nego­
ciación de la huelga de «La Canadiense», iba a tener en Valencia
trágicas consecuencias262 . En esta ciudad se recibió en el gobier­
no civil, el martes día 25 de marzo por la tarde, un telegrama
dando cuenta de la suspensión de garantías en toda España. I n­
mediatamente el gobernador ordenó la suspensión de todas las
reuniones obreras convocadas para aquel día y la clausura de los
centros obreros, incluso la Casa del Pueblo. Fueron detenidos y
encarcelados varios miembros pertenecientes a las directivas de
las sociedades obreras y se dio orden de practicar otras muchas
detenciones. Fue suspendida por orden gubernativa la publica­
ción de la prensa obrera. L a gran indignación que todos estos
hechos provocaron hizo que fuese declarada la huelga general.263
Los periódicos dejaron de aparecer ya el 26 y este día la huelga
general fue prácticamente absoluta, al mismo tiempo que se
producían algunos incidentes que desembocaron en un asalto
general a los comercios264. A las doce de la mañana de ese mis­
mo día el gobernador civil Rengifo se declaró impotente para
controlar la situación, conferenciando con el capitán general
Palancas, quien asumió el poder declarando el estado de guerra
y haciendo que se tomaran los puntos estratégicos. Continuaron
las detenciones en los días sucesivos. Después de ocho días de
huelga total en la ciudad de Valencia, el miércoles día 2 de abril
262 «Situación gravísima. Se anuncia la crisis y estalla la huelga general en
Barcelona», El Pueblo (Valencia), 9822 (25 marzo 1919), 1 y 3.
263 «Cómo empezó la huelga», Id. , 9823 (3 abril 1919), 1.
264 Ibidem. El periódico da noticias detalladas de estos asaltos y de los muer 
tos y heridos que se produjeron. Solidaridad Obrera fue naturalmente sus 
pendida durante todo el proceso de la huelga. Tanto este periódico como
los demás habían dejado de aparecer durante la huelga de tipógrafos que
tuvo lugar el último día de febrero y los dos primeros de marzo.
c a p í t u l o IV
Solidaridad Obrera r e l p e r i o d i s m o de r aí z á c r a t a
se acordó la vuelta al trabajo, pe.ro el estado de guerra no fue
levantado hasta el día siete. No obstante, las garantías siguieron
suspendi das y l a prensa someti da a la previ a censura
gubernativa.265
Las experiencias de la lucha desarrollada en esta cruenta huelga
intensificaron los trabajos encaminados a favorecer el desenvol­
vimiento del sindicalismo cenetista. La afiliación aumentó sin
cesar y en los llamados poblados marítimos se creó una potente
organización. De ella surgió el sindicato del Transporte, uno de
los más importantes de la CNT valenciana. Este desarrollo de la
organización confederal no pasó desapercibido para los atentos
vigilantes de la burguesía. Las Provincias lanzó casi inmediata­
mente la voz de alarma:
Todos cuantos tienen algún contacto o relación con la clase obrera
de Valencia habrán podido notar el gran movimiento societario
que h agita, especialmente desde primeros del año actual.2“
El mal venía de la Cataluña anárquica «debido a los elementos
sindicalistas, procedentes en su mayoría de Barcelona, que se
han instalado en nuestra ciudad para implantar la organización
obrera que tan magníficos resultados ha producido en la vecina
ciudad condal».267
Contra este inminente peligro la única solución era, sin duda, la
unión de la clase patronal recomendada insistentemente por el
articulista. «El Fomento I ndustrial y Mercantil, la Cámara de
Comercio y la Unión Gremial son las sociedades más indicadas
265 «Después de la huelga. Levantamiento del estado de guerra», Id., 9828 (8
abril 1919), 1.
266 «El sindicalismo en Valencia», Las Provincias (Valencia),
n.16335 (25 mayo 1919), 1.
267 Id.
| u 8 ¡
Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p í t u l o IV
por su respetabilidad e intereses que representan para evitar el
peligro que amenaza a nuestra industria».268
La alarma estaba fundada. Consolidado el sindicato del Trans­
porte, domiciliado en el Grao, presentó unas bases, que renova­
ban los contratos de trabajo existentes hasta entonces, a las fá­
bricas de abonos químicos. Todas las aceptaron menos la Unión
Española de Superfosfatos269. Su representante en Valencia, el
abogado Miguel Gálvez, rechazó de plano dichas condiciones,
despidiendo a todos los obreros sindicados. La respuesta fue
inmediata, declarándose la huelga en dicha fábrica el 13 de ma­
yo270. El encono de la dirección iba a someter al recién creado
sindicato de transportes y a la organización confederal valencia-
na a una intensa prueba de fuego. En esta lucha fueron emplea­
dos todos los procedimientos. Primeramente las huelgas solida­
rias en fábricas afines hasta llegar a la huelga general del trans­
porte. I nfluidos por la reciente huelga de «La Canadiense» en
Barcelona, se intentó la huelga general solidaria que paralizara
Valencia completamente, con el fin de reducir a la dirección de
la empresa. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos, la repre­
sión impidió que llegara a consumarse. La continuidad de la
huelga movió a Unión Española a contratar esquiroles recluta-
dos entre los sindicatos católicos, muy poderosos en el campo
valenciano. Como respuesta del sindicato se acordó la huelga
268 Id.
269 Tomás Cano Rui«, en Huenacasa, Manuel (1966), p. 131; España Nueva
(Madrid), 4952 (25 octubre 1919). Esta compañía se había fundado prin 
cipalmente con capital francés. Además de Valencia, tenia sedes en Alican 
te, Málaga, Reus y Sevilla y en todas partes tenía conflictos.
270 E. Torres, «La situación en Valencia» (desde la cárcel), España Nueva
(Madrid), 4958 (21 octubre 1919), 2.
CAPÍTULO t v Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
general del transporte271. Unas primeras bases de arreglo a me­
diados de junio fueron rechazadas por los obreros en la Asam­
blea del Teatro Serrano acordando la continuación de la huelga.
Como consecuencia la represión se intensificó, Solidaridad Obre 
ra fue suspendida a partir del 16 de junio y varios obreros fueron
deportados a Cuenca. Eusebio Carbó, director del periódico fue
encarcelado y deportado a Teruel272, además de producirse masi­
vas detenciones de sindicalistas.
El gobernador civil de Valencia en esos momentos era Rafael
Duran, más conocido por «el extremeño»273. Puso todo su em­
peño en impedir el crecimiento del sindicalismo cenetista y por
lo que hace referencia a la huelga de Unión Española, apoyó sin
reservas a la empresa.
Ante la imposibilidad de conseguir la huelga general en Valen­
cia, se entablaron negociaciones para resolver la huelga del puer­
to de Valencia que duraba ya varias semanas. Se concluyó un
principio de acuerdo en los primeros días de julio suscrito por
los principales representantes de la patronal del puerto y por
Vicente Maiques, presidente de la Cámara del Comercio. Las
bases de arreglo consistieron básicamente en: libertad inmediata
271 Hay que señalar que debido a la prohibición por el gobernador de insertar
noticias sobre la huelga en los diarios valencianos, es imposible seguirla a
través de ellos. He tenido que recurrir a España Nueva y otras fuentes.
Según Tomás Cano Ruiz, en Buenacasa, Manuel (1966), p. 131, esta huel 
ga puso en movimiento a 14.000 obreros.
272 España Nueva (Madrid), 9838 (3 julio 1919), 2.
273 Este gobernador, de la estirpe de Maestre Laborde, Regueral o Martínez
Anido, sembró, junto al jefe de policía Jesús Sáenz Sobrino, el terror en
Valencia. De la misma manera que el gobernador civil de Barcelona, Mar 
tínez Anido y el jefe de policía de esa ciudad, Arlegui, lo sembraron en la
ciudad condal.
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p í t u l o IV
de todos los detenidos, incluso de los dos expulsados a Cuenca
(Franco García y Francisco Domínguez, de la fábrica Unión
Española); no ejercer a la vuelta al tfabajo represalias; levantar la
clausura de la Casa del Pueblo; reanudar la publicación de Soli 
daridad Obrera y respetar el boicot a la Unión Española274. Los
acuerdos se cumplieron puntualmente, lo cual suponía un triun­
fo para la CNT valenciana y un aumento de su prestigio entre
los trabajadores valencianos. Pero al mismo tiempo implicaba un
aumento de la presión policial sobre la organización. Solidaridad
Obrera se tropezó siempre con numerosos obstáculos y la censu­
ra fue en todo momento una espada de Damocles suspendida
sobre su cabeza. El día 10 de julio al poco de su reaparición la
policía se personó en la imprenta donde se editaba e impidió
que fuera puesto a la venta, en tanto no viniera un permiso del
gobernador. Estos abusos estaban a la orden del día por parte de
las autoridades y como decía el periódico:
creemos que cuando la policía salta por encima de la ley nos enseña
el eairúno a comenzar;373
Las huelgas se multiplicaron en Valencia, como en el resto del
país, en aquel año 1919: panaderos, ebanistas, metalúrgicos y
también los trabajadores del campo se sumaron a la lucha auspi­
ciados por la CNT levantina. La situación en la fábrica Unión
Española de Superfosfatos, sometida a un estricto boicot por
parte de la clase obrera anarcosindicalista y los patronos, era a
duras penas sostenible. Las agresiones a los esquiroles que con­
tinuaban trabajando en ella se hicieron cada vez más frecuentes.
274 S.O. (Valencia), n.97 (5 julio 1919), 1 yTomás Cano Ruiz, en Buenacasa,
Manuel (1966), p. 131.
275 «;Quién gobierna en Valencia?», S.O. (Valencia), n. 103 (11 julio 1919), 2.
CAPÍ TULO I V Solidaridad Obrera v el pf.*i«uiSMo st raíz ácrata
Hasta desembocar en el atentado del 5 de agosto que costó la
vida a tres de ellos, hecho ocurrido en el antiguo camino del
grao. La CNT fue acusada del mismo y se practicaron numero­
sas detenciones.276
El diario fue también suspendido, aunque reapareció algunos
días después?'7, pero fue de nuevo suspendido arbitrariamente
por órdenes directas del gobernador civil a tíñales de ese mes;
Los redactores y simpatizantes del periódico obrero acordaron
que no apareciera ningún otro diario en tanto no se levantara la
suspensión de aquél. Recorriendo talleres e imprentas lograron
que el día 2 de septiembre amaneciera sin diarios, excepto Dia 
rio de Valencia, pero los esfuerzos se revelaron infructuosos y el
diario de la Confederación no volvería a aparecer hasta julio del
año siguiente.
En esta atmósfera represiva se celebró en los tres primeros días
del mes de diciembre el I Congreso de la recién constituida
276 Según un contable de la empresa, el artífice del atentado fue Juan Tormo
Artís, abogado y ciervista, véase España Nueva (.Madrid), 4952 (25 octubre
1919). Los asesinados fueron jorge Herran®, Serafín Sauz García y José
Pérez Ruiz. Fueron procesados, Miguel Cabo, Domingo Torres, Juan Rue 
da, Vicente Paredes, Pedro San Joaquín, Francisco Domínguez, Antonio
Ortega, Joaquín Vidal, Emilio Zacarías, Miguel San Joaquín, Vicente
Masip, Bernardo Medina, Vicente García, Andrés Casan y Cándido Ca 
bello, De ellos Antonio Ortega murió en la enfermería de la prisión, víc 
tima de un cáncer y Candido Cabello que se había presentado voluntaria 
mente a la policía convencido de su inocencia se suicidó arrojándose desde
una galería. El resto fue absuelto en la vista de la causa que se realizó en la
misma cárcel veinte meses después, cfr. Tomás Cano Ruiz, en Buenacasa,
Manuel (1966), pp. 127128.
277 El día 7 de agosto, la CNT lanzó un manifiesto protestando de las arbi 
trariedades cometidas y demostrando detalladamente que los encarcelados
no podían ser responsables del atentado. En este manifiesto se afirma que
el diario reaparecería al día siguiente 8 de agosto, véase Suplemento de S.O.
ai n.130 en forma de hoja volante.
¡ 1 2 2
Obrera y f . l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPÍ TULO IV
Confederación Regional Levantina, que incluía también a Mur­
cia y Albacete. Según Tomás Cano Ruiz, asistieron entre 65 y
70 delegados representando a 142.943 trabajadores, adoptándo­
se una línea similar a la trazada por el Congreso de Sants del
año anterior.278
En julio de 1920 reapareció Solidaridad Obrera, después de ha­
berse realizado intensos esfuerzos en su favor279 . Corta iba a ser,
sin embargo, esta nueva etapa del diario. El día 4 de agosto, el
tristemente célebre gobernador civil que fue de Sevilla y Barce­
lona, Maestre Laborde, conde de Salvatierra, fue abatido a tiros
en el cruce de la vía férrea de la Avenida del Puerto de la ciudad
delTuria, mientras paseaba en carruaje con su esposa y su cuña­
da. De resultas del atentado murió el propio Maestre Laborde y
su cuñada, quedando su esposa gravemente herida. De nuevo la
organización fue procesada, sus centros fueron clausurados y se
278 Este autor, en Buenacasa, Manuel (1966), pp. 125126, hace un somero
análisis de los temas tratados y las resoluciones que se tomaron. En página
126 da una lista de los delegados valencianos ijue asistieron al II Congreso
de la CNT celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid. Véase «Im 
presiones de un Congreso», por Germinal, La Guerra Social (Valencia),
n.51 (20 diciembre 1919), 23, quien lleva a cabo una valoración del Con 
greso.
279 «Y vuelta a empezar/ En nuestro puesto», S.O. (Valencia), n.153 (11 julio
1920), 1: «Aquí estamos otra vez. Trabajaremos como siempre lo hemos
hecho para acelerar el advenimiento de una sociedad sin odios, sin miserias
y sin cadenas».
CAPI TUL O IV Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
suspendió toda actividad sindical. Al propio tiempo el diario
confederal fue suprimido radicalmente.280
Eusebio Carbó había llegado a alcanzar tal significación y las
condiciones de represión eran tan violentas, que cuando los ár­
boles del Paseo de la Alameda movían sus ramajes, mecidos por
la suave brisa de la huerta valenciana, aquél era encarcelado. El
activo militante anarcosindicalista se había convertido en una
especie de bestia negra del gobernador civil. Esta nueva suspen­
sión del diario Solidaridad Obrera la más larga de todas se pro­
longó hasta el restablecimiento de las garantías constitucionales
a finales de marzo de 1922. En estas condiciones de total parali­
zación de la actividad confederal en Valencia, iban a tomar el
relevo de la propaganda cenetista los grupos anarquistas de una
de las ciudades más activas e industrializadas de la provincia de
Alicante: Alcoy.
Ante la situación de represión e incertidumbre que reinaba en
Valencia, el grupo «L abor Anarquista» de esta ciudad lanzó un
manifiesto en el que después de hacer una valoración del estado
de cosas en esos momentos, proponía: I o) Realizar la unión de
todos los grupos constituidos en la región para que lo antes po-
siblc fuera un hecho la «Federación de Grupos Anarquistas de
Levante»; 2o) L levar a cabo intensas campañas de propaganda
por todos los pueblos de la región y 3o) Prepararse de común
280 Tomás Cano Ruiz, en Bucnacasa, Manuel (1966), p. 128 129. En el pro 
ceso fueron encartados Diego Parra, Alejandro Esteve, Lorenzo Cantó,
Ramón Buireu (Román Cortés) y Eusebio Carbó. Los dos últimos, redac 
tor y director del diario Solidaridad Obrera. Se persiguió durante mucho
tiempo a José Conejos, considerado responsable material del atentado sin
que se lograra su detención. Cantó y Esteve fiieron liberados casi inmedia 
tamente y el resto fueron totalmente absueltos en la vista de la causa en
julio de 1922.
I 124
4
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o df . r a í z á c r a t a
c a p i t u l o i v
acuerdo para la celebración del proyectado Congreso Nacional
Anarquista.281
La Federación de Grupos de A lcoy aceptó la propuesta y se
acordó suspender la salida del semanario para favorecer el naci­
miento de un periódico que fuera la expresión del movimiento
confederal y anarquista. Este semanario fue Redención1*’2 . La
trayectoria que posteriormente se trazaron los componentes del
grupo «Redención» editor del periódico, estaba ya implícita en
su editorial inicial, «A todos los explotados»283. Se proponían
elevar el nivel cultural de los trabajadores; que el periódico «sirva
de Cátedra a todos los privados de medios por haber adquirido
una mediana educación v encuentren en él satisfecha esta indis­
pensable necesidad». Pero estos conocimientos son los aprendi­
dos en fábricas v talleres, nociones de esclavitud y miseria prin­
cipalmente son su bagaje inicial. «El sindicalismo revolucionario
como investidura, el comunismo como esencia, serán su lema».
En vista de la desorganización que existía en la región, la «Con­
federación Regional Levantina, previo acuerdo con la redacción,
lo declara su órgano oficial; todas las fuerzas sindicales, indivi­
duos y núcleos militantes de ramos e industrias, lo reciben y
propagan cual si se tratase de la misma Solidaridad Obreraw284.
Para ello se propuso el aumento de tamaño y la colaboración de
281 «A todos Los anarquistas de la Región Levantina», por el Grupo «Labor
anarquista», E l Comunista Libertaria (Alcoy), n.10 (21 enero 1921), 1.
282 Inició sus publicaciones el 26 de febrero de 1921, un mes después de la
desaparición de El Comunista Libertario.
283 n.l (26 febrero 1921), 1.
284 Tomás Cano Ruiz, en Buenacasa, Manuel (1966), p. 132. En enero de ese
año se había intentado editar Solidaridad Obrera en Cartagena, pero con
escaso éxito, ya que al parecer solo pudo editarse un número. No se conoce
ningún ejemplar, solo la referencia que nos suministra Cultura Obrera
(Palma de Mallorca), n.75 (15 enero 1921), 4.
i «5 !
c a p í t u l o IV Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
todos285. Consecuencia inmediata fue que a partir del número
33 del 8 de octubre la cuarta página se dedicó a una sección fija:
«De la vida sindical», que incluía todas aquellas informaciones y
noticias que interesaban a la CRT levantina. Desde luego este
semanario oireció una extraordinaria cobertura a los presos en la
cárcel de Valencia. Puntualmente se publicaban sus artículos;
entre otros, los de Rafael Vidiella, Alfredo C. Forel, Matías Ca-
labuig, J uan Gallego Crespo, L anzarote, Pepe Sanchis, J uan del
Arco, etc. Al mismo tiempo se facilitaban toda clase de noticias
sobre las condiciones de los citados presos.386
En la polémica abierta a raíz de la delegación a Rusia, elegida en
el pleno de Barcelona de 1921, fuertemente criticada por algu­
nos sectores de la CNT, mantuvo su línea anarquista y cubrió la
información que de una y otra parte se facilitaba387. En resu­
men, estuvo en todo momento a la altura de los objetivos que se
había propuesto.
Redención aún publicó un último número pocos días después de
la instauración de la dictadura. Con grandes blancos en sus pá­
ginas motivados por la censura, indicaban en el editorial que se
abstenían de juzgar la situación creada a raíz del golpe, cons­
cientes de que la censura no lo dejaría pasar. A cambio, optaron
por nutrir «las páginas del periódico con una selecta lectura de
gran valor cultural y científico, respondiendo así al carácter que
siempre distinguió a nuestro semanario en su labor educativa y
de formación de conciencias sanas, fuertes y libres, que es, en
síntesis, la gran obra a realizar, la que salvará a la humanidad de
285 Redención (Alcoy), n.32 (1 octubre 1921), 1.
286 «¿Qué ocurre en la cárcel celular de Valencia?», n.33 (8 octubre 1921), 1.
287 Entre otros, escribió J oaquín Maurín «La C.N. del T. y La Internacional
Sindical Roja», n.39 (18 noviembre 1921), 3, en defensa de la I SRy contra
el desviaciomsmo anarquista de ta CNT.
I izó I
i
Solidaridad Obrera y el per i o d i s mo de r a í z á c r a t a CA PÍ T U L O I V
este caos horrible...»288. Dadas las circunstancias, J osé J uan Pas­
tor y sus colaboradores decidieron dedicarse de lleno a estas ta­
reas educativas. En junio habían iniciado la publicación de la
revista Generación Co?isciente para potenciar esta línea y en ella se
volcaron suspendiendo el periódico de forma definitiva.289
Las garantías constitucionales fueron restablecidas en toda Es­
paña el 31 de marzo de 1922, sin embargo la CNT continuaba
estando en la ilegalidad. A pesar de ello se iniciaron las gestio­
nes para la reaparición del diario en Valencia que tuvo efecto el
I o de mayo290. Adolfo Bueso, con su habitual desprecio por la
exactitud de los hechos, habla de este periódico, en esta etapa,
como si fuera la primera vez que se publicaba en esa ciudad:
En mayo de 1922, Pedro FoLx y Viadiú se entrevistaron con Alfre 
do?91 . Como en Barcelona no era posible publicar Solidaridad
Obrera, se había pensado editar el periódico fuera y, en ese sentido,
se hicieron gestiones en Valencia, ya que habían dicho que el go 
bernador, un señor llamado Pérez Moso [el gobernador civil de
Valencia, por aquellas fechas, era García de Ormaechea], había
sido socialista y por lo visto estaba resentido, pues había dado su
conformidad a que apareciera la Soli en la ciudad levantina».292
288 n.131 (26 septiembre 1923), 1.
289 En 1930 apareció de nuevo este periódico en una breve etapa.
290 La fecha de reaparición la conocemos por noticias indirectas, véase Nueva
Senda (Madrid), 48 (18 mayo 1922), 1, que suministra una lista de los
redactores. El primer número conocido de esta reaparición es el 202 de 4
de mayo.
291 Alfredo es el nombre que el autor adopta en su autobiografía.
292 Bueso García, Adolfo (1976), p. 162; al hablar, p.e., del llamado Pleno de
Lérida de 1921, este autor lo sitúa en esa ciudad, a pesar de haberse repeti 
do hasta la saciedad que se celebró en realidad en Barcelona (p. 158).
También Tavera, Susana (1992), p. 42, siguiendo ciegamente esa fuente,
comete el mismo error de bulto.
1»7 I
CAPÍ TULO IV
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d f . r a í z á c r a t a
Se encargó de ta dirección Eusebio Carbó y tenía como princi­
pales redactores a J osé Viadiú, Aurelio Quílez, Felipe Alaiz y
J osc Pastor. La vida del diario valenciano se inició con gran en­
tusiasmo, pero la débil estructura de la organización, que se re­
ponía con grandes dificultades, pronto lo abocaron a una situa­
ción de emergencia que hacía temer por su continuidad. Como
solución, el Comité Nacional de LaCNT acordó suspender la
salida del diario en Valencia y transferirlo a Madrid a finales del
mes de septiembre, «población que cuenta con las mayores ga­
rantías para asegurar la vida a Solidaridad O b r e r a . Tal dispo­
sición nunca fue llevada a la práctica se ignoran las circunstan­
cias pero el diario valenciano hubo de transformarse en bisema­
nal a partir de principios de octubre, periodicidad que seguiría
conservando con algunas irregularidades hasta su desaparición
en enero de 1923, para ser nuevamente devuelto a Barcelona
después de más de cuatro años sin aparecer en aquella ciudad.
4.2. El periódico conlederal je extiende por España
La constante represión a que estuvieron sometidos los militantes
cenetistas en Barcelona a partir de 1919, tuvo como consecuen­
cia el desplazamiento de muchos de ellos a otras ciudades. Ya se
ha visto los resultados del traslado de Solidaridad Obrera diario a
Valencia, Del mismo modo, Bilbao se convirtió en lugar de re­
fugio de algunos que huían de la represión. Otros se desplazaron
voluntariamente y conjuntamente se dedicaron a intensificar la
propaganda anarcosindicalista en las comarcas del Norte.
En octubre apareció en la capital de Vizcaya el primer número
de Solidaridad Obrera como órgano de la Confederación Regio­
nal del Norte. En el editorial proclamaban:
293 Cultura y Acción (Zaragoza), n.3 (30 septiembre 1922), 2.
Solidaridad Obrera y f i . [>rn!i >ni sMo d e r a í z a c h a t a c a p í t u l o I V
Somos sindicalistas, somos los que predicamos la posibilidad de
una mejor convivencia humana [...] no podemos tolerar que conti 
nuemos arrastrados por la taifa política, por derroteros que condu 
cen a la anulación de la consciencia individual [...] v nosotros los
trabajadores, los hombres que vivimos de! mísero jornal, venimos a
la lucha, tranca v decididamente, para afirmar el derecho que te 
nemos a la vida...294
Buenacasa, por su parte, nos dice de él:
At periódico La Lucha [de Bilbao] le sustituyó Solidaridad Obrera
dirigido por Antonio Pena de Barcelona. Por entonces llegó al
Norte, huyendo de Levante y Cataluña, Emilio Mira (Antonio
Valor). Usando este último nombre se dedicó por completo a la
propaganda con resultados excelentes.295
A Antonio Pena le sucedió en la dirección el propio Manuel
Buenacasa, quien estuvo ocho meses al frente del mismo. Antes
de abandonarlo escribió un patético artículo de despedida titu­
lado: «A revoire (sic). A los sindicatos norteños», en el que decía
entre otras cosas:
Ayer fue Reguera! el que me echó de Bilbao. Hoy me marcho yo
porque me da la gana. Solidaridad Obrera cuya Redacción y Admi 
nistración estuvo en mis manos durante ocho meses [...]. Dos
meses he tenido que hacer el repugnante papel de insustituible
como si en España no hubiese periodistas obreros a docenas,
Y termina con estas significativas palabras:
294 «Nosotros...», S.O. (Bilbao), n.l (12 octubre 1919), 1,
295 Buenacasa, Manuel (1966), p. 107.
C A P Í T U L O I V
Solidaridad Obrera y e l pe r i o d i s m o d e r a í z Ac r a t a
Me tengo que ir por compromisos, pero estoy dispuesto a quedar-
me otros ocho meses si los Quemades, Pestaña, Seguí, etc., que no
abandonan «ni pa Cristo» sus lares se vienen a Vizcaya.396
Una semana después, un artículo de réplica?9' , hacía hincapié en
la realidad del Norte en la que no faltaban buenos militantes tal
como afirmaba Buenacasa y que estos eran mucho más necesa­
rios que los oradores o escritores. L a organización Confederal se
estaba desarrollando con buenos auspicios, pero había que con-
tinuar la lucha. Efectivamente la CNT del Norte estaba atrave­
sando como de hecho en toda España una situación crítica de­
bido a la represión. El gobernador civil Regueral la había some­
tido a una constante persecución policial. A esto había que aña­
dir que el País Vasco era un fuerte bastión socialista difícil de
penetrar y que requería de la organización un esfuerzo suple­
mentario de propaganda y de actividad sindicalista. I gnoramos
quien sustituyó a Buenacasa en la dirección del periódico quizá
Galo Diez pero su función acabó pronto, ya que en enero de
1921 fue suspendido298 y ya no volvería a aparecer hasta más de
un año después.
Esta es una de las pocas publicaciones que nos suministra datos
directos de su tirada y la distribución de la misma. Se editaban
7.000 ejemplares en total299, de los cuales el 79% aproximada­
mente se distribuía por la región y el resto se mandaba fuera.
Con toda probabilidad la tónica sería muy parecida para el resto
296 S.O. (Bilbao), 61 (17 septiembre 1920), 1.
297 «A los sindicaros norteños», Id., 62 (24 septiembre 1920), 1; el artículo no
lleva firma, pero es muy probable que fuera de Galo Diez.
298 Se ignoran las causas de la suspensión, pero es de suponer que. la represión
no fuera ajena.
299 S.O. (Bilbao), 33 (6 marzo 1920),1.
1 1 3 0 í
4
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d f . r a í z á c r a t a c a p í t u l o IV
de semanarios, ya que es de suponer que el diario tuviera en
tiempos normales una tirada bastante mayor.
Previamente la CNT había celebrado en los días 10 al 18 de
diciembre de 1919, un congreso extraordinario en el teatro de la
Comedia de Madrid. Este congreso marca el punto culminante
del apogeo anarcosindicalista en esta etapa. La Confederación
adoptó el modelo de sindicatos únicos aprobado en el Congreso
de Sants y expandirá sus ideas a lo largo y ancho del país.
Pocas semanas más tarde el 31 de enero de 1920 apareció el
primer número de Solidaridad Obrera de Sevilla100. Sustituyó al
anterior título Acción Solidaria y estableció la redacción en la
calle enladrillada, 18, imprimiéndose en los talleres tipográficos
Arte de I mprimir.
Buinacasa nos dice de ella:
La tendencia excesivamente sindicalista que se pretendió insuflar a
este ultimo órgano de la Federación Obrera Andaluza, originó
vivas discusiones hasta que los campesinos impusieron su criterio
libertario a la publicación, ante la amenaza de negarle su apoyo en
caso contrario,301
Y Díaz del Moral, por su parte, afirma:
Se publicaba los miércoles y los sábados. Organo de la Confedera 
ción Regional Andaluza y portavoz del proletariado internacional.
300 Meaker, Gcrald I I. (1978), p. 212, sitúa su aparición a raíz de las excur 
siones de propaganda de diciembre de 1918, pero Díaz del Moral, Juan
(1977), p. 512, la sitúa correctamente. Debido a ia expansión tan impre 
sionante ile] periódico Solidaridad Obrera por todo el país en aquellos críti 
cos años de 19191923, la confusión de los historiadores que los citan es
constante.
301 Buenacasa, Manuel (1966), p. 100.
■ \ v 1
C A P I T U L O tV Solidaridad Obrera y F.t. p e r i o d i s m o o e r a í z á c r a t a
El primer numero vio la luz c! 31 de enero de 1920. En mayo su 
frió un eclipse de más de un mes, y reapareció a fines de junio.302
A mediados de año comenzó a editarse Solidaridad Obrera en
Madrid303 y en el otoño en Gijón, en su 2aépoca304. La redac­
ción estaba situada, como anteriormente, en la calle Cabrales,
88, imprimiéndose en los talleres «La Victoria», calle L ibertad,
53. Se hizo cargo de la dirección Manuel Buenacasa, motivo por
el cual abandonó su cargo al trente del periódico bilbaíno, sien­
do administrador Carlos Senert en la calle Perú, 13,1° (L a Cal­
zada). Empezó a editarse como bisemanal, pero a finales de año
se contempló la posibilidad de transformarlo en diario con im­
prenta propia. Pero las dificultades sobre todo financieras y re­
presivas- hicieron que la empresa no se llevara a efecto, a pesar
de ios intensos esfuerzos que se realizaron en su favor.305
El lockout que la patronal asturiana habla iniciado contra los
trabajadores tuvo consecuencias desastrosas. El movimiento
obrero cenetista gijonés comenzó a disgregarse y es muy proba­
ble que en enero de 1921 desapareciese también el órgano con­
federal. Si el año 1920 habla sido todavía de desarrollo y auge de
la Confederación Nacional del Trabajo, en 1921 comenzó a ob­
servarse una lenta caída de actividad producida por el desgaste
de los años anteriores. Esta caída se iría agudizando a lo largo de
302 Díaz del Moral, Juan (1977), p. 512. Desgraciadamente solo se conoce el
núm. 5 del 14 de lebrero de 1920. Se ignora cuando cesó sus publicacio 
nes, pero no debió ser mucho más allá de junio o julio de aquel año.
303 No se conoce ni un solo ejemplar. Para detalles de la misma, véase Frucíi-
dor (Tarragona), 24 (10 julio 1920), 4 y 25 (17 julio 1920).
304 El primer número debió salir a principios de octubre. Sólo se conocen los
números 15 (22 marzo 1921), 16 del 25 y 17 del 29 del mismo mes.
305 «Una explicación a todos/Aplazamos la salida del diario», por la Comisión
prodiario, S.O. (Gijón) (2a época), 15 (22 enero 1921), 1.
I *3* I
4
Y EL PERI ODI SMO DE RAÍ Z ÁCRATA
c a p í t u l o (v
todo aquel año y su muestra más patente sería la desaparición de
la tradicional cabecera en todas las ciudades españolas, si excep­
tuamos el intento de los trabajadores de Cartagena que en enero
iniciaron su publicación en esta ciudad.306
El restablecimiento de las garantías constitucionales en toda
España a finales de marzo de 1922 propició una lenta recupera­
ción del anarcosindicalismo, que se apresuró a desprenderse de
la carga que había aceptado en 1919 con su adhesión a la I I I
I nternacional. L os informes negativos de Pestaña el único repre­
sentante de la primera delegación que consiguió llegar a Rusia y
la trayectoria que la Revolución había trazado en aquellos años,
diametralmente opuesta al espíritu que informaba a la CNT,
aconsejaban distanciarse de la I nternacional Comunista. En la
Conferencia de Zaragoza celebrada en junio de 1922 se decidió
por mayoría la separación de aquella entidad y el apoyo a la re­
construcción de la Asociación I nternacional de Trabajadores que
tenía proyectado su Congreso fundacional en Berlín para aquel
mismo mes.
En diciembre del año anterior la Confederación asturiana había
decidido reemprender la publicación de Solidaridad Obrera de
Gijón en su 3a época307. L a redacción y la imprenta fueron las
306 Estaría motivada seguramente por la desaparición de Solidaridad Obrera
de Valencia, pero la experiencia no tuvo gran éxito. No se conoce ningún
ejemplar, sólo la referencia que nos suministra Cultura Obrera de Palma de
Mallorca, 75 (15 enero 1921), 4, al recibo del primer número. El vacío
dejado por estas publicaciones de Valencia y Cartagena, en 1921, la cubri 
ría Redención de Alcoy, que empezó a editarse el 25 de febrero de ese mis 
mo año.
307 El primer número debió aparecer con toda probabilidad a mediados de
mes y atravesando grandes dificultades continuaría hasta el golpe de estado
de Primo de Rivera, aunque el último número que se conoce es eí 23 del
27 de julio de 1923.
I '33 I
CAPÍ TUL O IV Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
mismas de la etapa anterior, aunque se ignora quien se hizo car­
go de la dirección, si bien no es improbable que tuera Eleuterio
Quintanilla. La preocupación principal del semanario estuvo
centrada en dos aspectos. Por una parte, asegurar la vida del pe­
riódico arbitrando una serie de medidas como la de nombrar
responsables por los sindicatos en las diferentes localidades para
evita,, ios paqueteros desaprensivos3'*8, que era la más importante
íacra que padecían las publicaciones anarquistas y anarcosindica­
listas. Por otra, cooperar a la reorganización y orientación de la
Confederación planteando la necesidad de comicios locales y
regionales con miras a convocar un Congreso Nacional. E3 golpe
de Estado pondría fin a estos trabajos de reconstrucción.
4.3. El impacto <te la revolución rusa: La bolchevización del anarquismo o la
anarquía bolchevique
El impacto que supuso el inicio y desarrollo de la revolución
rusa en el movimiento anarquista español, trajo consecuencias
de diversa índole que afectaron profundamente a las estructuras
del mismo. Estas consecuencias se fueron escalonando a medida
que las informaciones que de ella se recibían en España se fue­
ron haciendo más precisas. Su secuencia a grandes rasgos sería:
tibia acogida en un primer momento, trocada en auténtico entu­
siasmo casi enseguida. Durante este primer período ausencia
casi absoluta de análisis críticos coherentes con los postulados
anarquistas. Todo ello quedaría reflejado en el I I Congreso de la
CNT, con la adhesión inteligentemente provisional a la I nterna­
cional Comunista con la sola oposición de la delegación asturia­
na (Eleuterio Quintanilla) y algún otro.
30.8 S.O. Gijóíi) (3a época) 17 (15 junio 1923), 4.
I 134I
4
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p í t u l o IV
Este primer período se tradujo también en una euforia organi­
zativa y revolucionaria que dio como resultado una expansión
sin precedentes de la CNT por todo el país y una mayor activi­
dad de los grupos anarquistas. L a propaganda alcanzaría un de­
sarrollo considerable y de ella los periódicos, tanto los órganos
de los sindicatos como de los grupos ácratas, conocería un au­
mento paralelo al desarrollo organizativo. Pasado el primer
momento de euforia, la represión por un lado y la presión de los
grupos bolcheviques minoritarios, pero muy activos unidos a las
noticias contradictorias que llegaban de Rusia, comenzaron a
perfilar un cambio sustancial en la trayectoria hasta entonces
seguida por los grupos anarquistas. L a «eficacia» revolucionaria
bolchevique «obligó» a dibujar una mínima estructura organiza­
tiva en aquellos, para poder oponerse con ciertas garantías de
éxito a esta presión. El resultado sería la convocatoria en 1923
después de haberse intentado sin éxito en innumerables ocasio­
nes de un congreso de grupos anarquistas en el que se propuso la
creación de una Federación Nacional de Grupos Anarquistas.
Con todo, había sido posible alejar, momentáneamente al me­
nos, el peligro de una fuerte infiltración bolchevique en la CNT.
En la Conferencia de junio de 1922 en Zaragoza, con la retirada
de la adhesión a la I I I I nternacional, este peligro fue conjurado.
A raíz del estallido de la Revolución rusa en lebrero de 1917,
Solidaridad Obrera procuró ofrecer una amplia información de la
misma, según sus posibilidades y a tenor de las fragmentarias y,
en algunos casos, distorsionadas noticias que ofrecían las agen­
cias de prensa309. Esta información se acrecentó a raíz de la re­
309 Martínez Fraile, Raimundo, «Comentarios a la revolución rusa aparecidos
en Solidaridad Obrera, 1917», Cuadernos de Historia Económica de Cataluña,
XII (1974), 145-183, ofrece un análisis detallado de estas informaciones y
de las opiniones y juicios del periódico a través de sus editoriales y artícu 
los de fondo.
CAPI TULO IV
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
volución de octubre y es posible detectar a través de sus páginas
una mayor vinculación a la misma. I gual podríamos decir del
resto de periódicos anarquistas o anarcosindicalistas que por
aquel entonces se publicaban, principalmente Tierra y Liber-
tacfiw . En los años siguientes las posiciones se irían precisando a
tenor de los acontecimientos políticosociales en Rusia y en
nuestro país.
j_,a estructuración de la CNT continuó con el desarrollo de las
diferentes Confederaciones Regionales, Después de la de Cata­
luña, la primera que formalizó una estructura organizativa re­
gional fue Andalucía, con la celebración de un Congreso los
primeros días dé mayo311 . En él se dotó de un órgano en la
prensa, Acción Solidaria de Sevilla’12, que sufriría las consecuen­
cias de ia represión de principios del año siguiente. Más tarde en
septiembre de ese año aparecería E l Productor en la misma ciu­
dad, que apenas llegaría al año de vida?13. L a agitación que
310 «La Revolución en Rusia», por Gomeri, n.364 (14 noviembre 1917), 2;
«AI margen de la revolución rusa», n.3fíl (22 mayo 1918), 23 y sgs., etc.
311 Se celebró en Sevilla del 1 al 4 de mayo de 1918. En él fue creada la Fede 
ración Regional Obrera Andaluza (FROA), equivalente a la Confedera 
ción Regional, véase, Díaz del Moral, Juan (1977), pp. 173 y 305. Asistie 
ron 52 delegados, con la representación de 30.000 trabajadores de Cádiz,
Sevilla, Córdoba, Málaga y Jaén. Véase, asimismo, Buenacasa, Manuel
(1966), p. 99 y Bar, Antonio (1981), p. 339.
312 Apareció pocos días después de celebrado el congreso. Fue dirigido por
Gallego Crespo, quien dejó su dirección para hacerse cargo de Solidaridad
Obrera de Valencia. Véase Díaz del Moral, Juan (1977), p. 253; véase, tam 
bién, la página 305.
313 Aunque en un principio fue francamente sindicalista, este periódico evo 
lucionó después hacia posiciones anarquistas, con ataques a la CN1, véase,
Díaz de! Moral, Juan (1977), pp. 511512.
I 13 6
4
era y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPI TULO IV
conmovió a la región andaluza en ese período514, dio lugar a una
desusada proliferación de órganos en la prensa, tanto anarquistas
como anarcosindicalistas, pero sin q.ue ninguno de ellos alcanza­
ra la estabilidad suficiente para disfrutar de una vida dilatada.315
La región valenciana, con Murcia y Albacete, se constituyó co­
mo Confederación Regional en el Congreso que tuvo lugar en
Valencia en los primeros días de diciembre de 1919316
Paulatinamente otras regiones harían lo propio. El País Vasco
formalizó su estructura regional en el Congreso de L ogroño
celebrado en febrero de 1920317. Aragón Rioja y Navarra, con
una estructura sindical muy precaria, decidió también constituir
su Regional. En Zaragoza, donde el movimiento obrero confe­
deral se desarrollaba en la más absoluta clandestinidad, se reu­
nieron el 29 de noviembre de 1921, delegados de las diferentes
regiones con el propósito arriba indicado. Presentado el Regla­
mento, que constaba de 25 puntos fue aprobado por unanimi­
dad. El Pleno del Comité quedó formado por las delegaciones
314 El llamado por Díaz del Moral trienio bolchevique, ya que estuvo muy
marcado por la influencia de la revolución rusa, véanse las pp. 265 y sgs. de
la obra ya citada de este autor
315 En Cádiz se publicaron entre 1919 y 1921, Bandera Libre y Rebelión. En
San Femando, La Razón, en 1920 y en Algeciras, en ese mismo año, Pro 
meteo- También en la provincia de Córdoba aparecieron Via Libre de Peña-
rrova, en 1918 y Nuevo Rumbo en Pueblonuevo del Terrible, en 1921. La
provincia de Jaén conoció también un floreciente despertar de la propa 
ganda anarquista y anarcosindicalista con Nueva Humanidad y E l Reflector,
en Linares, en 19191920; Nueva Humanidad, en Torredelcampo, en 1920 y
Rebelión Obrera, en La Carolina, también en 1920. En Sevilla se publica 
ron, además de las ya citadas, Páginas Libres, en 1920 y una segunda época
de esta revista en 1923 y La Anarquía, en 19201921, etc.
316 Para este congreso, véase más arriba el apartado dedicado a Solidaridad
Obrera de Valencia.
317 Véase más arriba e! apartado dedicado a Solidaridad Obrera de Bilbao.
CAPÍ TUL O IV
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
de Fraga, Gallur, Tudela, Binéfar, Huesca, Alean i z, Calatayud,
L ogroño y Zaragoza y se acordó que el comité administrativo
residiera en Zaragoza. Planteada la cuestión del periódico se
decidió, tras larga discusión, que continuara su publicación318 .
En el verano del año siguiente se reunió el I Congreso de esta
recién constituida Confederación Regional. Estuvieron repre­
sentados en él alrededor de 32.000 federados319. En Galicia se
constituyó la Confederación Regional en Vigo, en 1921.320
En este clima de auténtica euforia revolucionaria que planeó de
modo persistente a lo largo de todo el año 1919, a pesar del
318 Redención (Alcoy), n.44 (23 diciembre 1921), 3. Aproximadamente por
aquella época aparecía en Zaragoza El Libertario, órgano del Centro de
Estudios Sociales (clandestina), sucesor de E l Comunista, que se había
publicado en los años 19191920. E l Libertario (Zaragoza), n.2 (agosto
1921), 3, notifica que en el -verano de 1921 la actividad de la Federación
Local de Zaragoza en la clandestinidad era intensa. Habían «dos periódi 
cos, cosa que antes no teníamos más que uno y aún deficiente». Todos mis
esfuerzos para averiguar cuál era ese otro periódico ée han mostrado in 
fructuosos. Igualmente se ignora a qué periódico apoyaba la regional. Co 
mo es lógico, la clandestinidad a que se veía sometida la C-NT, limitaba
sobremanera las informaciones que transmitía o podía hacer públicas.
319 Buenacasa, Manuel (1966), pp. 119121; Bar, Antonio (1981), p. 563. En
este congreso se aCordó publicar un órgano en !a prensa que fuera portavoz
de la Confederación Regional de Aragón, Rioj a y Navarra. Pocas semanas
después en septiembre apareció Cultura y Acción, en su segunda época, en
Zaragoza. Para facilitar su salida, fue suspendida la aparición de Semilla
Roja que se publicaba en Logroño desde la primavera de ese año, (véase de
este periódico el n.25, 8 septiembre 1922, 2). Según Fernández Clemente,
Eloy, Forcadell, Carlos (s.a.), pp. 161163: «Cultura y Acción parece preten 
der integrar los dos elementos presentes en ía secuencia. £7 ComunistaVo-
Imitad, la teoría doctrinal y la práctica social...». Voluntad íue un periódico
editado por los grupos anarquistas de Zaragoza entre abril y octubre de
1922.
320 La Tierra (Madrid), (30 abril 1932), 3, cit., por Bar, Antonio (1981), p.
239.
I 138 |
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e k a í z á c r a t a c a p í t u l o I V
lockout decretado por la patronal en Barcelona y que fue pasi­
vamente aceptado por la organización, tuvo lugar el II Congreso
de la CNT, en los días 10 al 18 d§ diciembre de ese año331. Se
tomaron importantes acuerdos sobre temas muy diversos, entre
ellos la adopción de los sindicatos únicos de ramo e industria322 .
Pero, seguramente, de entre todos ellos, el que más expectación
despertó fue el debate sobre la revolución rusa y el problema de
la I nternacional. Como bien señaló Arlandis, delegado de la
Federación Local de Cullcra, había una evidente contradicción
entre el dictamen de las ponencias correspondientes a los temas
48 y 51. Por el primero se proponía la adhesión incondicional a
la revolución rusa, mientras que el segundo especificaba que «la
Tercera I nternacional, aún adoptando los métodos de lucha re­
volucionarios, los fines que persigue son fundamentalmente
opuestos al ideal antiautoritario...»323. Por ello se propugnaba la
convocatoria de un Congreso I nternacional en España para
constituir una I nternacional Sindicalista puramente revolucio­
naria cuyo fin fuera la implantación del comunismo libertario.
El citado Arlandis llevó a cabo una extensa y acalorada defensa
de la revolución rusa, intentando demostrar que ésta «adoptando
321 En este congreso estuvieron representados directamente alrededor de
600.000 trabajadores y 200.000 de forma indirecta. Véase la Memoria del
Congreso celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid los días 10 al 18 de
diciembre de 1919, Barcelona, 1932, 386 páginas; reproducida en Revista de
Trabajo (Madrid), n.4950 (enero-junio 1975), pp. 205506, con una nota
preliminar de Antonio Elorza (en este trabajo se ha usado esta última
edición). Véase, también, Bar, Antonio (1981), pp. 489 y sgs., etc. En todas
ellas puede consultarse una distribución por regiones de los efectivos obre 
ros cenetistas.
322 Memoria..., ob. cit., pp. 410 y sgs. El tema de la fusión con la UGT ocupó
también un lugar de importancia en los debates, sin que se llegara a nin 
gún resultado práctico, (id., pp. 285 y sgs.)
323 Id., p. 467.
c a H t u i o i v
Solidaridad Odrera y f . l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
desde el momento que se hizo la segunda revolución de octubre
una reforma completa de su programa socialista, está de acuerdo
con el ideal que encarna la Confederación Nacional del Trabajo
española».324
Quintanilla uno de los pocos que mostraron su desacuerdo ar­
gumentó que la revolución rusa no encarnaba, en principio, ios
ideales del sindicalismo revolucionario. Sin menoscabo de con­
siderarla «el hecho más fundamental, el hecho más trascenden­
tal de nuestros tiempos»3® . Carbó primero y más tarde Seguí
hablaron en apoyo de la revolución. Para el segundo la entrada
en la Tercera I nternacional «va a avalar nuestra conducta en el
llamamiento que la Confederación Nacional del Trabajo de Es­
paña va a hacer a las organizaciones sindicadas del mundo para
constituir la verdadera, la única, la genuina I nternacional de los
trabajadores».326
El resultado es de todos conocido: L a CNT «se adhiere, y provi­
sionalmente, a la Tercera I nternacional, por el carácter revolu­
cionario que la preside, mientras se organiza y celebra el Con­
greso I nternacional en España, que ha de sentar las bases por
que ha de regirse la verdadera I nternacional de los trabajadores
El Comité Federal»327 . De los delegados nombrados para asistir
al Congreso de la I nternacional en Rusia, solo Pestaña logró
llegar a su destino. Las vicisitudes de su regreso y su posterior
324 Id., p. 470.
325 Id., p. 476.
326 Id., p. 487.
327 Id., p. 488. Al mismo tiempo que se declaraba firme defensora de los
principios que informan a la Primera Internacional sostenidos por Baku 
nin, declarando además que la finalidad que perseguía era el Comunismo
Libertario.
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPI TULO fV
encarcelamiento, retrasaron la difusión de su informe v marca-
ron la posterior evolución de la CNT.328
El Congreso de la Comedia se pronunció también sobre la ne­
cesidad de un órgano sindicalista de ámbito nacional, mostrán­
dose contrario a la misma y abogando, al contrario, «por fundar
tantos cuantos diarios obreros, informados en las tácticas del
sindicalismo revolucionario sean posibles».329
Se optaba, por tanto, por la descentralización informativa. A
este respecto, el período que analizamos se caracterizó, precisa­
mente, por una gran profusión de periódicos sindicalistas. Algu­
nos de ellos, sobre todo en Andalucía, fueron bastante efímeros;
pero un gran porcentaje -alcanzaron una gran estabilidad.
En la provincia de Gerona, donde los corchotaponeros se habían
dotado de una potente organización, se inició en Palafrugell, en
1918, la publicación de Acción Social Obrera, órgano de los sindi­
catos obreros afectos a la CNT. Un año más tarde fue trasladado
a San Feliü de Guixols, por acuerdo de una asamblea general de
sindicatos de la industria corchotaponera a finales de febrero de
328 Los delegados elegidos para ir a Moscú fueron Salvador Quemades y
Eusebio Carbó. Pestaña sería elegido posteriormente en previsión de que a
los otros dos les ocurriera algún percance; casualmente sería el único en
llegar a su destino. Para una relación detallada de las gestiones de este
último en su viaje y a su llegada a Moscú, véase Meaker, Gerald H. (1978),
pp. 369 y sgs. A su regreso de Rusia fue encarcelado en Milán y los docu 
mentos de que era portador fueron incautados. Para una relación autobio 
gráfica de sus impresiones véanse, Pestaña, A., Setenta días en Rusia. Lo que
yo pienso y Setenta días en Rusia. Lo que yo vi, editados en Barcelona respec 
tivamente en 1925 y 1924. Existen reediciones de 1968.
329 Memoria... Congreso de la Comedia, ob. cit., p. 439. Se recomendaba, asi 
mismo, que por los sindicatos locales o regionales adheridos a la respectiva
Confederación Regional se procurara ir a la adquisición de imprentas para
también editar todos cuantos libros, revistas y folletos puedan servir para
elevar el nivel cultural del proletariado.
I 141I
CAPÍ TULO I V
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
19 1 9330. Salvo un pequeño tropiezo a raíz del triunfo de la dic­
tadura de Primo de Rivera disfrutó de una dilatada existencia
bajo ésta, lo cual le valió convertirse en órgano «oficioso» de la
Confederación.
En Palma de Mallorca inició sus publicaciones en agosto de
1919 Cultura Obrera, como órgano del Ateneo Sindicalista, fun­
dado en marzo de aquel año331. Tanto el Ateneo como el perió­
dico se volcaron en la propaganda y extensión del anarcosindica­
lismo en la isla. Se convirtió el periódico en órgano de la recién
creada Federación Regional del Trabajo de Baleares, en agosto
de 1920332. Cuando en octubre de 1922 se constituyó la Confe­
deración Regional del Trabajo de Baleares, Cultura Obrera se
convirtió en su portavoz oficial333. Aunque la instauración del
régimen de excepción no le reportó muchas dificultades inme­
diatas, algunos meses después desapareció definitivamente «por­
que no quería ceder a la dictadura de Primo de Rivera»334.
L a intensa actividad de los grupos anarquistas tarraconenses se
dejó sentir en este período de un modo muy especial. Hermoso
Plaja y Felipe Alaiz, j unto con otros muchos militantes, desple­
garon una amplia campaña propagandística por las ciudades y
330 De los 48 primeros números publicados en Palafrugell se carece de noti 
cias. El primero debió aparecer alrededor del 20 de abril de 1918. El n.49
el primero que se publicó en San Feliü data del 22 de marzo.
331 Gabriel, Pere (1973), p. 123.
332 Con la expulsión de tres albañiles, favorables a la CNT, de la Casa del
Pueblo de Palma, en febrero de 1920, el Ateneo Sindicalista se solidarizó
con ellos.y la abandonó también. A raíz de ello se creó la Federación Re 
gional, véase, Gabriel, Pere (1973), p. 132.
333 El congreso constituyente se celebró el 22 de octubre. Estuvieron repre 
sentados 1.113 afiliados, cfr., Gabriel, Pere (1973), p. 140.
334 El último número data del 28 de junio de 1924, véase, «Retorno», por La
Redacción, Cultura Obrera (Palma), n.l (12 septiembre 1931), 1.
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPÍ TUL O ¡V
los campos de Tarragona. En mayo de 1918, apareció Acracia en
la capital de la provincia. Tanto su título como sus objetivos eran
bastante explícitos: .■
Somos anarquistas y como la sublimidad del ideal que sustentamos
está reconocido, lo propagaremos y defenderemos con toda la fe y
el vigor de los hombres fuertes que están convencidos de poseer la
razón única...335
Debió ser víctima de la represión de principios del año 1919,
desapareciendo seguramente por esas fechas336. Con la actividad
de los grupos se intensificó igualmente la del movimiento obre­
ro de tendencia anarquista. En agosto de 1919 empezó a publi­
carse Fructidor, en Reus, portavoz de los obreros de la provincia,
declarándose «plenamente identificado con el criterio y orienta­
ción de la CNT»337. Le sucedió a principios de 1920 una segun­
da época de la misma publicación, editada esta vez en Tarrago­
na, como órgano de las sociedades obreras de la provincia. Des­
335 «¿A que venimos?», por el grupo de «Acracia», n.l (12 mayo 1918), 1.
336 El último número que conocemos es el 17 de fecha 25 de diciembre de
1918.
337 «Nosotros y la Confederación Nacional del Trabajo», n.l (10 jul. 1919), 1
CAWTU I O I V Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
de el se impulsaría la constitución de la Federación Provincial338.
Tampoco duró mucho; la represión no le dejó ir más allá de
agosto. Al año siguiente, Felipe Alaiz tomó la iniciativa de edi­
tar Los Galeotes, portavoz oficioso del Centro de Estudios Socia­
les de Tarragona y en principio mucho más dedicado a cuestio­
nes teóricas. Por último, Hermoso Plaja volvió de nuevo al ata­
que con Acracia, editada en esta ocasión en Reus, «después de
tres años de suspensión algo forzada, algo voluntaria [...] para
difundir, con más ahínco si cabe, el ideario que ha de hacer del
hombre un ser perfecto y racional».339
En Canarias el resurgir anarcosindicalista tendrá algunos puntos
de coincidencia con la reactivación económica. La actividad
portuaria se intensificó a partir de 1921 y comenzaron a plan­
tearse las primeras huelgas de este sector, como la de cargadores
y estibadores de carga general de Puerto L uz5^1. En septiembre
d. año anterior había empezado a publicarse E l Productor que
con incidencias de diversa índole (denuncias, encarcelamiento
del director, etc.) continuaría hasta principios de 1922. Es, sin
338 La Federación Local de Tarragona celebró un congreso los días 19 a 21 de
mar/o de 1920, véase «En vísperas del congreso local», por J. Vives, Fructi-
dor (Tarragona), n.7 (7 marzo 1920), 1; «Del congreso local», por J.V.,
resumen de las actividades del congreso, Id., n.9 (27 marzo 1920), 1. Entre
sus acuerdos figuraba la celebración de un congreso provincial. Este tuvo
lugar el 11 de abril, véase «Ante el Congreso», por El Comité de la Co 
marcal del Alto v Bajo Priorato, Id., n . l l (10 abril 1920), 1, en el que se
analiza su significación. En las páginas 23 se incluyen las Actas de! Primer
Congreso Provincial. Con estos comicios se pusieron las bases del futuro
desarrollo de la CNT en la provincia de Tarragona. Bar, Antonio (1981),
p. 578, afirma que fue en el Pleno Regional de Cataluña, celebrado en
Blanes en el verano de 1922, cuando por primera vez fueron introducidas
las federaciones provinciales.
339 «Salutación», n.l (28 enero 1923), 1.
340 Brito, Oswaldo (1980), p. 217.
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPÍ TUL O IV
embargo, el único órgano periodístico de tendencia anarquista
que he detectado en las islas en este período.
En Madrid, los grupos anarquistas^continuarían su intermitente
actividad. Esta vez espoleados por las influencias de los vientos
revolucionarios que soplaban desde las estepas rusas. En 1919
apareció Espartaco de efímera vida y dos años más tarde Nueva
Senda, en oposición a la tendencia bolchevique en el seno de la
CNT. Con poco más de un año de vida suspendió sus publica­
ciones por dificultades económicas, uniéndose al grupo editor
del periódico ¡¡¡Tierra!!! de L a Cor uña*41. Casi al mismo tiempo
que aquella desaparecía, el grupo «Los I ntransigentes» empezó a
editar 'Tierra Libre. El anarquista Moisés L ópez fue un destaca­
do redactor de ambas.342
Si bien es cierto que en este período una buena parte de los ór­
ganos de prensa, sustentados por la organización, llegaron a te­
ner una gran estabilidad y duración, resultado de una mejor base
de apoyo; otra parte no desdeñable seguía dependiendo de con­
diciones muy precarias y así se veían aparecer y desaparecer pe­
riódicos que eran órganos de sindicatos con bastante frecuencia.
Con el fin de evitar esta dolorosa sangría, las comarcales de L i­
ria, Chiva y Requena, reunidas en Cheste para analizar el estado
económico y la forma de desenvolverse de los campesinos de las
comarcas citadas, pusieron también sobre el tapete la imposibi­
lidad de atender a tantos periódicos sociales como se iniciaban,
llegando a las siguientes conclusiones:
341 Cultura y Acción (Zaragoza), d . 7 (28 octubre 1922), 3.
342 Semblanza de Moisés López, por Tomás de La Llave, ¡Desperttul! (Vigo),
n.26 (24 noviembre 1928), 4.
1145 1
CAPÍ TULO IV Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
I o) Que la Región que se encuentre en condiciones de sostener un
periódico de orientación e información para su Región que lo sos 
tenga.
2o) Que se forme un periódico revista nacional que abarque toda la
orientación e información nacional e internacional, Sociología,
Ciencias, Arte, Letras, etc.
3o) Que dado que la CNT va al Comunismo Libertario que las
orientaciones se ajusten todo lo posible con el fin de evitar confu 
siones.
4o) Una vez este estudio hecho se deja en manos del Comité Na 
cional (CN).3'43
Estas tendencias hacia la centralización informativa no solieron
menudear. El Congreso de la Comedia había abogado por la
descentralización, sin embargo el Congreso del Consevatorio de
1931 se mostró ya más favorable al órgano sindicalista de ámbi­
to i.Acional, decidiéndose la publicación del diario CNT (apare­
ció por primera vez en 1932). Pero a pesar de ello, esto no signi­
ficó al menos de forma inmediata una tendencia hacia la centra­
lización informativa; los órganos de los sindicatos o federaciones
siguieron apareciendo con la misma frecuencia e intensidad que
anteriormente. Esta propuesta al CN no gozaba, precisamente,
del don de la oportunidad. Otras cuestiones de mucha más im­
portancia que la mayor o menor duración de los periódicos re­
clamaban su atención en aquellos momentos.
Como ya indicábamos al principio del capítulo, en enero de
1919 fueron suspendidas las garantías constitucionales en Bar­
celona y la prensa anarquista y anarcosindicalista prohibida. Se
inició con ello un proceso represivo escalonado contra la CNT
en la capital catalana, que supuso una tremenda sangría de mili­
tantes y afiliados. Esta política represiva fue iniciada con cierto
343 Redención (Alcoy), n.38 (11 noviembre 1921), 4.
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o df. r a í z á c r a t a c a p í t u l o IV
éxito por el gobernador civil Maestre L aborde desde enero de
1920 a mayo de ese mismo año. Pero alcanzaría su máxima efi­
cacia con el gobernador civil M artínez Anido, a partir de no­
viembre de 1920, muy bien ayudado en esta labor por el jefe de
policía Arlegui. Ya Maestre Laborde había señalado el camino al
disolver la Confederación Regional de Cataluña el 23 de enero,
v aunque ésta volvió a una relativa normalidad a partir de mayo,
su reorganización se vio dificultada por la intensa represión su­
frida y por la competencia de los Sindicatos Libres fundados en
diciembre del año anterior y que gozaban del beneplácito y la
avuda de las autoridades. A ello vino a añadirse la crisis econó­
mica de posguerra que afectó de modo particular a la industria
catalana.
El pistolerismo, que ya había hecho su carta de presentación
años antes, iba a conocer en las actuales circunstancias un desa­
rrollado inusitado, teniendo como caldo de cultivo la represión
gubernamental y la clandestinidad a que se veía sometida la
CNT en Barcelona, falta del más mínimo órgano de expresión
periódica. Con el nombramiento de Martínez Anido como go­
bernador civil de Barcelona a principios de noviembre, el desa­
rrollo de esta política conoció su expresión máxima. El tándem
AnidoArlegui llevó a cabo la represión más sangrienta en la his­
toria de la CNT.344
Los comités confederales (tanto el nacional, como el regional o
local) debían actuar en la más absoluta clandestinidad y si algún
344 Balcells, Albert (1968), passim, suministra una buena síntesis de la repre 
sión en este período; Buenacasa, Manuel (1966), pp. 8081, suministra una
lista abundante, pero no exhaustiva, de los militantes cenetistas caídos en
la lucha. Para una cronología de los atentados puede consultarse, Sastre
Sanna, Miguel, La esclavitud moderna. Martirologio social (relación de los
atentados y actos de sabotaje cometidos en Barcelona y bombas y explosivos ba 
ilados desde junio 1910 hasta julio 1921), Barcelona, 1921.
CAPI TUL O IV Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
miembro era encarcelado era sustituido inmediatamente por
otro. Con la caída de los elementos más significativos, jóvenes
militantes accedieron a los puestos de máxima responsabilidad.
Cuando Evelio Boal a la sazón secretario del comité nacional
fue detenido en marzo de 1921*545 se eligió para sustituirle a
Andreu Nin. Por idénticos motivos J oaquín Maurín accedió al
Comité Regional de Cataluña346 . Ambos iniciaron a partir de
ese momento una política tendente a provocar un giro radical en
la trayectoria ideológica de la CNT.
Como en una especie de intuición premonitora, Rafael Vidiella
que algunos años después modificaría su trayectoria ideológica
escribió sobre los peligros que suponía la ideología autoritaria en
el campo abonado del sindicalismo, alimentado por la savia
anarquista que tanto había hecho para dotarlo de una orienta­
da espiritual adecuada con sus escuelas racionalistas, bibliote­
cas, prensa, etc. Aquellos con su disciplina uniformada, con su
indiscutible dictadura, amenazaban convertirlo en una fuerza
absorbente y tiránica, en donde el látigo ocuparía el lugar del
libro.
Presos y perseguidos los anarquistas; clausurados los sindicatos en
donde el verbo orientaba a la luz del día; suspendida la prensa en
cuyas columnas debatíamos principios morales y fdosóficos, se
presta a que cualquiera, desde cualquier cuchitril, ensarte y pro 
mulgue sus Ukases. Bien claro encarece El Comunista la necesidad
de que los pequeños calígulas invadan las organizaciones y hagan
sentir el influjo del partido y su dictadura proletaria. A los anar 
quistas toca, pues, defender su obra de este nuevo peligro, elevando
345 Pocas semanas más tarde sería asesinado en aplicación de la tristemente
célebre «ley de fugas», inmediatamente después de ser liberado de prisión.
346 Bar, Antonio (1981), p. 565.
Solidaridad Obrera y el p e r i o d i s m o d f . r a í z á c r a t a c a p í t u l o IV
la conducta libertaria de ios trabajadores, en contra de todas las
tiranías y dictaduras, vengan de donde vinieren.347
El recién constituido Comité Nacional, con Nin a la cabeza,
convocó para el 29 de abril un Pleno Nacional en Barcelona348,
con delegados directos de las organizaciones regionales de A stu­
rias, L eón y Palencia, Norte, Galicia, Castilla, Levante, Andalu­
cía, Aragón y Cataluña. A l reseñar la importante reunión Re 
dención informaba de que se habían tomado importantes acuer­
dos, que se llevarían inmediatamente a la práctica, sobre repre­
sión, la crisis de trabajo y el problema de la I nternacional. La
347 Desde ia cárcel modelo de Valencia en su sección habitual, «Linternazos»,
Redención (Alcoy), n.7 (9 abril 1921), 2.
348 Parece que no hay acuerdo sobre La ciudad en la cual se celebró este im 
portante Pleno. Buenácasa, Manuel (1966), p. 81, afirma que fue en Léri 
da. Joaquín Maurín en España Libre, (Toulouse), (6 noviembre 1960) (»La
CNT y la III Internacional»), sostiene que los delegados fueron convoca 
dos a Lérida y desde allí éste les notificaba que la reunión serta en Barce 
lona. Paz, Abel (1978), p. 560, nota 77, afirma que «primero se convocó en
Barcelona en el mes de abril, pero horas después se celebró en Lérida sin
prevenir a las delegaciones, dando como resultado que de todos los asisten 
tes (cinco en total), cuatro fueran filobolcbeviques y el otro, Arturo Parera,
representante por Aragón, quedara en minoría». De ser esto cierto, queda 
rían explicadas muchas cosas, pero el autor no señala la fuente de su in 
formación. Redención (Alcoy), n . l l (1 mayo 1921), 1, al informar sobre
esta reunión, señalaba Barcelona como el lugar de celebración. En el Pleno
Nacional de Barcelona de 15 y 16 de octubre se alude al Pleno Nacional
del 29 de abril diciendo que se celebró en Barcelona, véase Redención (Al 
coy), n.36 (29 octubre 1921), 1. Los delegados fueron Andrés Nin, Jesús
Ibáfíez (Asturias), Jesús Arenas (Galicia), ffilario Arlandis (Valencia),
Arturo Parera (Aragón) y Joaquín Maurín (Cataluña). Las regionales del
Norte, Centro y Andalucía, por diversas razones, no estaban representadas
(Maurin, cit., quien señala como fecha de las sesiones el 28 de abril).
I *49 I
CAPI TULO |V Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
impresión transmitida por los delegados fue sumamente opti­
mista, siguiendo fiel al sindicalismo revolucionario, concluía?49.
Efectivamente tuvo una gran importancia, ya que en él fueron
nombrados los delegados que habían de ir a Rusia para asistir al
I I I Congreso de la I nternacional (coincidiría, además, con la
constitución de la I SR), en representación de la CNT, según los
acuerdos del Congreso de la Comedia. Estos fueron Nin, Mau-
rín, I báñez y el valenciano Arlandis. Más tarde, a propuesta de
Arlandis que le fue aceptada, se dirigieron a la Federación de
grupos anarquistas de Cataluña para que nombrase un delegado
que los representase. Fue designado Gastón Lcvai.
Como bien ha dicho Antonio Bar350, el excesivo apasionamiento
de historiadores de la CNT, como Buenacasa o Pcirats, les llevó
a condenar la irregular actuación del Comité Nacional.
Todo parece indicar, no obstante, que la convocatoria del Pleno
fue regular. Así, al menos, lo dictaminó el Pleno Nacional de
octubre de forma explícita, saliendo al paso de la campaña que
desde diversos sectores de la CN T se había emprendido para
impugnar a los delegados que habían ido a Moscú551. Pero si la
convocatoria del Pleno fue regular, no lo fue tanto la elección de
los citados delegados. La Confederación Regional L evantina,
sumándose a la campaña de Nueva Senda, Redención y la Co­
marcal de Guipúzcoa contra el Comité Nacional quizá no en el
mejor momento, pero desde luego su utilidad no admitía discu­
sión, según su opinión lanzó un manifiesto con el objeto de pro­
bar la irregularidad del controvertido Pleno. La CRT de Levan­
te se reunió al recibirse la convocatoria de éste. Algunos propu­
sieron a Arlandis como delegado, pero otros, temiendo que fue­
349 n . l l , citado.
350 Bar, Antonio (1981), p. 566.
351 «Redención» (Akoy), ti.36 citado.
I lio
4
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p i t u l o i v
ra elegido para ir a Rusia y no estando preparado para ello, de­
signaron a otro. Ante esto dijo Arlandis: «De todos modos ten­
go que asistir al Pleno, porque soy juno de los nombrados para ir
a Rusia». De ello deducían los miembros de la Confederación
L evantina que el nombramiento de los delegados se hizo como
en familia y a espaldas de la organización y que el Pleno solo fue
una forma descarada de cubrir el expediente.352
Ante las informaciones que llegaban de Rusia referentes a la
I nternacional Sindical Roja y sus relaciones con la I I I I nterna­
cional553, las críticas contra la delegación cenetista arreciaron.
Con el fin de discutir estos puntos se convocó una reunión ex­
traordinaria en Madrid el 14 de agosto354 . Las delegaciones di­
rectas fueron: las provincias de la CRT levantina, cuatro delega­
dos; las de Cataluña, cinco; Aragón, Rioja y Navarra, seis; las
352 «Confederación Regional Levantina. Sin eufemismos». Redención (Alt oy,
n.44 (23 diciembre 1921), 12.
353 Las informaciones llegaron a España principalmente a través del periódico
La Vie Ouvrière, órgano de los «Comités Sindicalistas Revolucionarios
(CSR)» de Francia, que a su vez las tomaba del periódico Moscou. Y como
afirmaba Redención, las críticas estaban fundadas, porque lo que la delega 
ción dijo a su regreso ya se sabía a través de las informaciones citadas. Las
críticas se centraban, sobre todo, en que si un organismo como el CSR,
probolchevique, no se adhería a la Internacional Roja en tanto no admitie 
ra sin restricciones la independencia completa y la autonomía absoluta del
sindicalismo francés, resultaba paradójico que España, donde la influencia
del comunismo carecía en absoluto de arraigo e influencia, se hubiera ad 
herido a ella. Asimismo la Confederación portuguesa se había mostrado
en desacuerdo con su delegado y rechazaba las resoluciones del Congreso
Internacional, Redención (Alcoy), n.34 (15 octubre 1921), 12.
354 Redención (Alcoy), n.27 (27 agosto 1921), 1. Según Buenacasa, Manuel
(1966), p. 81, este Pleno se celebró en Logroño (agosto), organizado a
instancias de la comarca gutpuzcoana (a no ser que hubiese otro paralelo,
lo cual es bastante improbable, el lugar real parece ser Madrid).
CAPITULO IV
* * ..........................................................
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z A c r a t a
Vascongadas, A sturias, L eón y Palencia, Confederación del
Norte, siete; Galicia, uno; Andalucía y Extremadura, cuatro;
ambas Castillas, cinco; Baleares y provincias de África, dos. En
total 34 delegados. El debate se centró en el punto álgido de la
cuestión internacional, acordándose, tras breve discusión, ratifi­
car, en absoluto, todas las decisiones del Congreso de Madrid.
Se reafirmaba una vez más el carácter de independencia y auto­
nomía absoluta frente a todos los partidos, incluso los comunis­
tas. I gualmente se rechazaba todo pacto o alianza con los parti­
dos, dado que la Confederación se bastaba a si misma y declara­
ba que la finalidad perseguida era el comunismo libertario. Se
acordó, por último, reunir de nuevo al Pleno Confederal en
cuanto regresara la delegación que fue a Rusia para juzgar el
conjunto de las gestiones de dicha delegación y obrar en conse-
cu_ncia una vez oídas sus opiniones y juicios-355. Buenacasa, op­
timista como siempre, se apresuró a declarar en Nueva Senda
355 Redención (Alcoy), n.27 citado.
•52
Obrera y e l p e r i o d i s m o d r r a í z á c r a t a
c a p í t u l o IV
qu e por fortuna los delegados de la CN T en el Congreso de
Moscú habían sido desautorizados por el Comité Confederal.356
A su regreso a España, J oaquín Maurín se hizo cargo, como se­
cretario, del Comité Nacional, en sustitución de Nin, que se ha­
bía quedado en Rusia357. Con el fin de neutralizar a la oposi­
ción558, reunió un Pleno Confederal en Barcelona los días 14 y
15 de octubre. Asistieron delegados de toda Cataluña, Valencia,
Andalucía, Castilla, Aragón, Asturias y Vascongadas. Después
de reconocerse la regularidad del Pleno de abril, se dio paso a la
356 Redención (Alcoy), n.30 (17 septiembre 1921), 1. En su libro. Buenacasa,
Manuel (1966), p. 81, se reafirma en este sentido diciendo que el Pleno de
Logroño, «al que asistió la representación auténtica de toda la organiza 
ción española, desautorizó por unanimidad ia reunión de Lérida, sus
acuerdos y a la delegación que sin mandato de nadie acudió a Rusia». En
este número citado de Redención, Lanzarote apostillaba sus declaraciones
afirmando que por desgracia los delegados sólo habían sido desautorizados
a medias y de modo muy indirecto; debieron haberlo sido tajantemente y
no adoptar una actitud ambigua que a nada conduce. Finalizaba diciendo:
«La declaración de principios del II congreso, mientras otro congreso no lo
rectifique, debe ser el Evangelio de cuantos tengan que hablar en nombre
de la Confederación. Y ni el Comité, ni los delegados tienen derecho a
desconocerla e infringirla. Ha habido transgresiones. ¿Por parte de quién?
No lo Sabernos. Es esto precisamente lo que se desea averiguar. De todos
modos, es lo cierto que los conceptos federalistas en que se apoya el comu 
nismo libertario, han sido escarnecidos».
357 Bar, Antonio (1981), p. 566. Según éste, Nin se quedó en Rusia por temor
a represalias, ya que era el secretario del CN al producirse la muerte de
Dato a manos de los anarquistas. Aunque esto pueda ser cierto, el objetivo
era mantener un delegado permanente de la CNT en la ISR.
358 Como detalle anecdótico de dicha oposición, señalemos que en la colec 
ción de folletos «Renovación Proletaria», que dirigía Aquilino Medina en
Pueblonuevo delTerible, se había proyectado publicar en el volumen X, E l
Deber revolucionario de Andreu Nin. Siendo imposible hacerlo, por causas
ajenas a su voluntad, fue sustituido por Frente a la Dictadura de Rafael
Baliester, véase Redención (Alcov), n.31 (24 septiembre 1921), 4.
c a p í t u l o i v Solidaridad Obrera v e l ¡'K r i o d i sm o de r aí z á c r a t a
lectura del informe de la delegación que fue a Rusia. L uego de
oído, se convino que dado que la documentación de la I SR traí­
da por ésta era poco conocida se esperase un tiempo a que los
sindicatos estuvieran mejor informados y fueran éstos los que
decidieran. Se acordó también que la Confederación conservara
un delegado en la I SR, ratificándose la confianza en el actual
comi té de la C N T y qne éste conti nuara resi di endo en
Barcelona.359
La comarcal de Guipúzcoa volvió a la carga, reclamando que el
comité saliera de Barcelona y se instalase en el Norte?60 . Los
escasos periódicos anarcosindicalistas que en ese momento se
publicaban, hicieron causa común contra el CN. Nueva Senda de
Madrid, Redención, de Alcoy y Regeneración, de L érida361, se
hk.j ron eco de los escritos que informaban sobre el proceso de
la revolución rusa, haciendo especial hincapié en la represión al
movimiento anarquista de aquel país. Sólo un portavoz cenetista
permaneció más o menos fiel a las directrices emanadas del CN
liderado por J oaquín Maurín, Lucha Social de Lérida. Nació este
periódico como órgano de la Federación Local, pero a partir de
la detención de Maurín dejó de serlo para pasar a convertirse en
semanario sindicalista revolucionario. Dada la influencia y el
prestigio que Maurín tenía en aquella ciudad, pronto este órga­
no se convirtió en el portavoz «oficioso» de la regional catalana
359 Redención (Alcoy), n. 36 (29 octubre 1921), 1. Los acuerdos sobre la ISR
habían sido aprobados por doce votos contra seis, véase, Id., n.39 (18 no 
viembre 1921), 2.
360 Se pretendía con ello cambiar la composición del mismo, al tener que
formarse con miembros de los sindicatos donde éste residiera.
361 Este periódico apareció en junio de 1921, seguramente para oponerse a
Lucha Social, proclive a la delegación cenetista al congreso de Moscú. Des 
de sus inicios proclamaron sin reservas su adscripción al comunismo liber 
tario (»Vuelos Libres», n.1,4 junio 1921,1).
Solidaridad Obrera y e l pe r i o d i s m o d f . r a í z á c r a t a CAPI TULO I V
en ausencia de su órgano oficia! Solidaridad Obrera y, al mismo
tiempo, también del CN.Í62
Pocos días después del manifiesto de la comarcal de Guipúzcoa,
contraatacó el CN con otro en el que manifestaba su posición de
rechazo a aquellos que querían hacer de la Confederación una
agrupación de anarquistas. Por el contrario debía ser el gran
bloque de toda la clase obrera revolucionaria. Según el manifies­
to, la convivencia de anarquistas, sindicalistas revolucionarios y
comunistas era posible. Se argumentaba, por otro lado, que
aquellos que censuraban al Comité su falta de idealidad eran los
mismos que abandonaron la lucha en los momentos de peligro y
que querían llevar a la CNT por las vías del refórmismo.363
Estas desafortunadas declaraciones, en aquellos críticos momen­
tos, solo podían redundar en un aumento de la oposición. La
creciente tensión?64 entre los dos sectores se solucionó de la
misma manera que había sido provocada con la detención de
J oaquín Maurín el 22 de febrero de 1922. Esto precipitó la elec­
ción de un nuevo CN cuyo secretario general sería J uan PeirÓ*6S.
362 A partir de la Conferencia de Zaragoza, se destacó de la CNT acercando
se a las posiciones favorables a la ISR. Suspendió sus publicaciones a me 
diados de octubre de 1922. Dos ineses después, J. Maurín organizó, junto
con David Rey y otros, el grupo «La Batalla» dando vida a un órgano del
mismo nombre.
363 Redención (Alcoy), n.38 (18 noviembre 1921), 2. Inserto también en Lucha
Social (Lérida), (19 noviembre 1921), cit., por Bar, Antonio (1981), p. 567.
364 Se llegó a situaciones límite en las que planeó el fantasma de la escisión.
Véase «Para el Sindicato Unico de Pamplona. ¡Escisión, no!», firmado por
Hermoso Plaja y otros desde la cárcel de Pilatos en Tarragona, Redención
(Alcoy), n.52 (17 febrero 1922), 4.
365 Bar, Antonio (1981), p. 569. Nueva Senda (Madrid), n.50 (1 junio 1922),
2, saludaba al «actual secretario del CN de la CNT, Peyró (sic)», quien,
junto a Libertad Rodenas, se había desplazado hasta Madrid para gestio 
nar algunos asuntos relacionados con la organización.
'55 I
CAPÍ TULO ¡V Solidaridad Obrera y e l pe r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
Este nuevo Comité se apresuró a dar los pasos necesarios para
restablecer la coherencia ideológica de la CNT. Para ello hizo
público un manifiesto en el que explícitamente se reafirmaban
los principios anarquistas de la organización.366
El restablecimiento de las garantías constitucionales a finales de
marzo, propiciaron los trabajos de reconstrucción, pero para ello
era indispensable la convocatoria de un congreso. Dado que la
CNT se encontraba, a pesar de todo, en la ilegalidad, aunque
disfrutando de una relativa tolerancia, el congreso se convirtió
en una Conferencia Nacional que tuvo lugar en Zaragoza el 11
de junio. En ella se acordó, entre otras cosas, la separación de la
I I I I nternacional y la adhesión a la AI T, cuyo congreso de cons­
titución debía celebrarse poco después.367
L- ' sectores partidarios de la I nternacional Comunista, aunque
fueron puestos en minoría, no por ello se dieron por vencidos.
Hilario Arlandis, que gozaba de una relativa influencia en Va­
lencia, inició en esa ciudad la publicación de un periódico que
defendiera sus postulados, además de defender la necesidad «de
la unión de los revolucionarios sobre un terreno de coinciden­
cias»168. Acción Sindicalista se vio criticada, incluso antes de apa­
recer, por Solidaridad Obrera de Valencia369 . No es probable que
366 Este manifiesto fue publicado un Acción Social Obrera (San Feliú) (1 marzo
1922); Lucha Social (Lérida) (18 marzo 1922), 4 y parcialmente reproduci 
do en Bar, Antonio (1981), p. 569.
367 En esta Conferencia se produjo la lamosa «Declaración política» que tanta
tinta liaría correr. Para un extenso análisis de aquella, véase, Bar, Antonio
(1981), pp. 594 y sgs.
368 «Por que publicamos Acción Sindicalista»,/íca»« Sindicalista (Valencia),
n.l (10 agosto 1922), 1.
369 Solidaridad Obrera de Valencia comentó críticamente la circular que anun 
ciaba la aparición del periódico. Véase, «Antes de andar tropezamos», Id.
I156 |
*
Solidaridad Obrera v E l p er i o d j sm o un r a í z á c r a t a CAP I T U L O (V
el periódico contase con el apoyo suficiente, ya que no pudo pa­
sar del primer número.370
A finales de diciembre, después de algunos trabajos preparato­
rios, el sector probolchevique se reunió en una conferencia en
Bilbao en la cual fueron creados los «Comités Sindicalistas Re­
volucionarios (CSR)»371.J oaquín Maurín por su lado, después
de la desaparición de Lucha Social-a mediados de año, junto con
David Rey y otros colaboradores, formó el grupo de «La Batal­
la». Poco después iniciaron la publicación del periódico del
mismo nombre en Barcelona, el cual se convirtió en el portavoz
de los CSR3'2 . Con el fracaso de éstos, el periódico se transfor­
mó en portavoz de la Federación Comunista catalanobalear
fundada por el propio Maurín.
La CNT, que continuaba con bastantes dificultades su labor
reorganizadora, no podía dejar de pronunciarse sobre los Comi­
tés Sindicalistas Revolucionarios. A tal fin, se reunió en febrero
de 1923, en Barcelona, un Pleno Nacional en el que se acordó la
370 Al menos no se conocen más ejemplares. El número citado puede consul 
tarse en la Hemeroteca de Valencia.
371 Véase Bar, Antonio (1981), p. 573 y sgs., para un análisis de dichos Comi 
tés.
372 Pérez Baró, A., Els «felifos» anys vi?i/, Palma, 1974, pp. 165 y sgs., propor 
ciona una descripción detallada del periódico y de la reunión en un centro
radical de la calle Guardia con una asistencia de sesenta personas, en la
cual fue creado el grupo de «La Batalla». Bar, Antonio (1981), p. 573, nota
28, señala erróneamente que la publicación del periódico se acordó en la
citada conferencia de Bilbao. Difícilmente pudo suceder esto, ya que dicho
semanario había comenzado sus publicaciones tres días antes de que
aquella se celebrase. Con el fracaso de los CSR, el periódico se convirtió
en el órgano de la «Federación comunista catalanobalear». Los CSR fue 
ron partidarios de) frente único proletario «que por entonces promovía el
joven Partido Comunista de España», Bar, Antonio (1981), p. 575.
C A P Í T U L O I V Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
condena de los mismos373. Esta reorganización cenetista se tro­
pezó, algunos meses después, con el obstáculo impuesto por el
establecimiento de la dictadura.374
También entre los grupos anarquistas se dejó sentir de modo
apreciable el impacto de la revolución rusa. Quizá su manifesta­
ción más palpable sea la constitución en Madrid del grupo único
anarquista. Poco después de constituidos lanzaron un manifiesto
en el que exponían que para alcanzar sus objetivos debían antes
reñir una batalla para vencer y dar de lado los pequeños escrú­
pulos del anarquista del pasado. Los componentes del grupo se
comprometían a mantener y sostener su ideal anarquista, exi­
giendo y haciendo cumplir «a sus camaradas lo que en sus pe­
riódicas reuniones acuerde y concediendo toda la autoridad que
se preciso al Comité de dicho grupo, éste asumirá toda su re­
presentación». Dado que se declaraban asimismo acérrimos sin­
dicalistas, exigían al camarada que hubiera de pertenecer al gru­
po, su filiación al sindicato respectivo y que en el mismo su
orientación fuera clara y diáfana. Barriendo todo sectarismo se
mostraban dispuestos a colaborar accidentalmente con todos
aquellos grupos o partidos de franca acción revolucionaria,
siempre que éstos no estuvieran en pugna con los principios de
la ideología anarquista. Finalizaba el manifiesto con estas signi­
ficativas palabras:
Si eres hombre superior, si eres capaz de leer entrelineas, lo QUE
SE DEJA DE DECIR QUE ES EL TODO Y DE F.I. POR
373 Bar, Antonio (1981), p. 577.
374 Para una descripción detallada del proceso reorganizador de la CNT, des 
pués de la conferencia de Zaragoza, véase. Bar, Antonio (1981), pp. 577 y
sgs.
Solidaridad Obrera v k l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p í t u l o I V
QUÉ DE ESTAS LINEAS [...], ingresa en el clandestino grupo
cíe ‘Anarquistas de Madrid’...375
j
No tardaron en aparecer las críticas, fundamentadas en la falta
de espíritu anarquista del grupo. Danton uno de sus miembros
salía al paso de estas críticas de cafe, afirmando que ellos habían
comenzado por emanciparse moralmente para poder emancipar
a los demás y «en consecuencia creemos es tan necesaria la
‘Browing’ como el Libro» e incluso se mostraba partidario de la
dictadura, por supuesto teniendo en cuenta la ideología anar­
quista, caso de que hubiera necesidad de ella.176
Pero no todo Rieron críticas. Cuatro jóvenes anarquistas comen­
taron alborozados la decisión de los anarquistas madrileños de
formar el «Grupo Unico Anarquista» para «redoblar sus energías
y sus esfuerzos en la decidida y tenaz contienda por el triunfo de
nuestras humanas aspiraciones. ¡Este es el verdadero frente úni­
co!»17”
A principios de enero de 1922, la Federación Comunista Liber­
taria de Barcelona publicó un manifiesto en Cultura Obrera de
Palma, en el cual decían entre otras cosas:
Aceptamos un principio de dictadura transitoria, para el sosteni 
miento de la Revolución Social.
375 Decían pertenecer a la Federación Anarquista Española, !a cual formaba
parte de la Internacional Anarquista, véase E l Libertario (Zaragoza), n .2
(agosto 1921), 4. El manifiesto está firmado por El Comité y fechado el
día 15 de junio de 1921.
376 I d, pp. 23. El periódico se limitaba a apostillar estas últimas declaraciones
diciendo que el término dictadura repugna al ideal de libertad y que en
todo caso era necesaria una revolución purificadora y concluía diciendo
que si son anarquistas ya se verá.
377 Redención (Alcoy), n.27 (27 agosto 1921), 2.
I *59 !
CAPI TULO IV
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e s a í z á c r a t a
Salvador Seguí, Molins y Mauro Bajatierra
La réplica de E. Mira fue contundente; después de argumentar
ampliamente que la adscripción a la dictadura era tiranía, finali­
zaba diciendo:
»Si tanto os entusiasma ese principio, propagadlo, pero 110 os lla 
méis Comunistas Libertarios. Es lo menos que se puede pedir»378.
Es necesario señalar que esta Federación fue la que a propuesta
de los demás delegados eligió a Gastón Leval para que represen­
tase a los grupos anarquistas españoles en Rusia379 . Aunque no
siguiendo esa línea claramente bolchevique, lo cierto es que la
actividad de los grupos anarquistas se redobló en esos años críti­
cos de represión y clandestinidad. Primero los intentos del CN
378 E. Mira desde el castillo de Montjuic, I d , n.50 (3 febrero 1922), 1.
379 «Rectificaciones necesarias», í¡¿,n.67 (2 junio 1922), 4.
| r6o
*
Solidaridad Obrera y e l p er i o d i sm o de haí z Á c r ata c a p í t u l o rv
probolchevique de 1921 y más tarde la «declaración política» de
la Conferencia de Zaragoza580, suscitó, entre los grupos anar­
quistas, acalorados debates sobre el papel que éstos debían desa­
rrollar en el seno de los sindicatos. Los grupos de la región le­
vantina desplegaron una intensa labor de reorganización que
culminó en un congreso celebrado en el verano de 1922. En él
se constituyó la Federación de Grupos Acratas de L evante; se
declaró al periódico Redención órgano oficial de la misma y la
conveniencia de la actuación de los anarquistas en el seno de la
CNT, como los acuerdos más importantes381 . De esta forma
Redención, que había dejado de ser el portavoz oficial de la Con­
federación. Regional de Levante al reaparecer Solidaridad Obrera
el I o de mayo, pasó a ser el órgano de la Federación de Grupos
Anarquistas de Levante. Suprimido Nueva Senda de Madrid por
380 Véase el dictamen de la posición de la CNT ante la política en, Abad de
Santillán, Diego (1962-71), II, pp. 294295. Fue suscrito por Seguí, Pesta 
ña, Peiró y Viadiú y aprobado por unanimidad. A este propósito decía
Redención (Alcoy), n.73 (13 julio 1922), 1, en su editorial, que con ella se
reforzaba naturalmente la acción de los anarquistas en el seno de 1.a CNT,
ya que «pone una fuerte barrera inconfundible entre nuestra actitud y la de
los partidos políticos«, y para que esa barrera no fuera asaltada con menti 
ras y engaños sé debía mantener un criterio inmutable y firme. Anterior 
mente, en una nota, se invitaba a la reorganización anarquista: «A compás
del resurgimiento que ahora se observa en el campo sindical, es de impres 
cindible necesidad que los grupos ácratas, como verdaderas y positivas
fuerzas de vanguardia revolucionaria y educación ideal, inicien una extensa
reorganización y agrupación. Debemos hacer recuento de fuerzas...», Re 
dención (Alcoy), n.63 (5 mayo 1922), 2.
381 Consideraban el sindicalismo como un medio y no como fin. Eficaz para
la propaganda de la revolución y afianzamiento de la misma. Pero para ello
debía estar inoculado de la savia potente de los principios libertarios, Id.,
n.72 (6 julio 1922), 4.
CAPÍ TUL O IV
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z A c r a t a
decisión unilateral del que era su propietario legal382 , el sema­
nario alcoyano fue, j unto a ¡¡¡Tierra!!! de L a Coruña que había
comenzado a publicarse a principios de enero, Tierra Libre de
Madrid que empezó en junio y Voluntad de Zaragoza iniciado
en abril, un eficaz portavoz de los grupos anarquistas.
Con la formación de las regionales anarquistas de Aragón, Rioja
y Navarra y Andalucía, la de L evante llamaba a la necesidad de
convocar un congreso nacional383. Finalmente, fueron los anar­
quistas de Zaragoza quienes a principios de enero de 1923 lan­
zaron la circular con un extenso orden del día a discutir en el
próximo congreso384 . Este se reunió en Madrid el 18 de mar­
zo385, aunque no faltaron voces críticas que se alzaron en contra
del mismo, Gastón Leval y Mauro Bajatierra, principalmente.
El primero se remitía a la excesiva precipitación en su convoca­
toria y a la falta de preparación organizativa en las diferentes
382 Ante esto, el director literario Ángel Samblancat ei administrador Santo-
laria y los redactores entre ellos estaba Luis Lozano decidieron sacar a la
luz, Nuevos Rumbos, que lo más probable es que no llegara a publicarse
nunca. Véase Redención (Alcoy), n. 70 (22 junio 1922), 4.
383 Id., n.74 (20 julio 1922), 1. Poco después constataban que si la Confedera 
ción Nacional Anarquista todavía no se había constituido era porque la
indiferencia y la cobardía lo impedía, Id., n.80 (14 septiembre 1922), 1.
384 «Una proposición/ Hacia el Congreso Nacional Anarquista. A los liberta 
rios de España», Redención (Aicoy), n.96 (11 enero 1923), 4.
385 «Ante el Congreso Nacional Anarquista». La comisión organizadora esta 
ba formada por Nicasio Domingo, Francisco Soñi y Manuel Buenacasa,
Id., n.99 (1 febrero 1923), 4. Buenacasa, Manuel (1966), p. 88, quien erró 
neamente señala abril como fecha del citado congreso, indica que la inicia 
tiva corrió a cargo dei grupo «Vía Libre». En realidad todo el peso de la
organización corrió a cargo de Cultura y Acción, hasta que se decidió que e!
lugar del mismo fuera Madrid, haciéndose cargo entonces de la misma el
semanario de aquella ciudad Tierra Libre.
I rá2 I
Solidaridad Obrera v r.i p e r i o d i s m o d f . r a í z á c r a t a
c a p í t u l o IV
localidades españolas386. Bajatierra aducía la falta en el orden del
día de un punto sobre el carácter moral del anarquismo. Adver­
tía sobre el peligro que suponía pai*a el movimiento anarquista
que en el congreso prevaleciera el punto de vista de aquellos que
habían hecho de la violencia y del matonismo su norma de
conducta.387
La Solí anunciando la muerte de Salvador Seguí, 1923
386 Gastón Leval, «Alrededor del Congreso Nacional», Redención (Alcoy),
n.100 (8 febrero 1923), 3
387 Mauro Bajatierra, «El congreso anarquista nacional/Moral anarquista»,
Id., n.102 (22 febrero 1923), 1. En otro artículo del mismo tenor, señalaba
que es necesario «que se condene la acción que muchos de estos mucha 
chos realizan ensalzando las bajas pasiones y hasta solidarizándose con la
conducta hampona de ladrones profesionales», Id., n.104 (8 marzo 1923).
I l63 I
c a p í t u l o (V Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
Angel Pestaña, director del periódico de 1917
a 1919 y más tarde de 1923a 1924.
En la primera etapa levantó la mala economía
de la Solí, más tarde aumentó las tiradas (' calidad
El orza afirma que el congreso careció de importancia588. Mauro
Bajatierra comentó satisfecho que tal como preveía no se hubie­
ran tomado acuerdos*89 . Efectivamente se potenciaba la activi­
388 Elorza, Antonio (1972-74), III, p. 167: «Apenas hubo ecos del microcon-
greso libertario, cuyos propios patrocinadores de Cultura y Acción prácti 
camente ignoraron» (nota 4),
389 Bajatierra, «Del Congreso Nacional Anarquista/ Constitución de grupos»,
Redención (Alcoy), n.109 (12 abril 1923), 2. Hacía alusión este autor a la
meritoria labor llevada a cabo por el grupo anarquista madrileño «Los
Iguales», del cual era uno de sus miembros, sin que para ello les hubiera
hecho falta ninguna federación.
i l 6 4 |
4
Obrera y e l p e r i o d i s m o d k r a í z á c r a t a c a p í t u l o I V
dad de los grupos y no se llegó a constituir la Federación, al me­
nos formalmente, a pesar de que el punto primero del orden del
día apuntaba en esa dirección:
¿La Unión o Confederación anarquista española debe ser consti 
tuida a base de organismos regionales o puede constituirse sim 
plemente a base de comarcales o provinciales? Creación del orga 
nismo nacional.5,0
Se creó simplemente una comisión de relaciones entre los gru­
pos y se acordó la creación de un órgano que fuese expresión de
los mismos. Así nació Crisol de Barcelona391 . Pero en la práctica
se iba a marchas forzadas hacia la constitución del organismo
nacional y aunque el establecimiento de la dictadura seis meses
después impidió el desarrollo de esta tendencia, había sido pues­
to el primer jalón de un camino que llevaría algunos años más
390 Redención (Alcoy), n.96 citado. José Villaverde estaba en lo justo cuando
afirmó años más tarde que en este Congreso Anarquista no se creó ningu 
na Federación anarquista, sino solamente un Comité de Relaciones «por
responder ello al espíritu federativo y libertario», «Consideraciones sobre la
vida pasada y futura de la CNT», Sindicalismo (25 abril 1934), 2, cit. por
Bar, Antonio (1981), p. 587, nota 62.
391 Paz, Abel (1978), p. 41, señala una publicación del mismo título, fundada
(presumiblemente en 1922) por el grupo «Los Solidarios» formado por
miembros desgajados del grupo «Los Justicieros» (que habían formado el
grupo «Crisol», entre ellos Durruti y Ascaso) y otros de Barcelona. Ascaso
fue el administrador de este periódico. Yo carezco de noticias del mismo.
Señala también otra publicación, Fragua Social, pero según mis referencias
debía ser una revista monográfica dedicada a un solo autor en cada núme 
ro, auspiciada por Acrato Llull y Palmiro Avanti (grupo «Fecundidad»),
Sin embargo, es lo mas probable que nunca viera la luz, véase Redención
(Alcoy), n.117 (7 junio 1923), 4 y Cultura y Acción (Zaragoza), n.38 (2
junto 1923), 3.
I ' 6 S I
tarde a la fundación de la Federación A narquista I bérica
(FAI).30*
c a p i t u l o i v S°^daridad Obrera y eu p er i o d i sm o de r a í z á c r a t a
392 Paz, Abel (3978), p. 41, nos da cuenta de una conferencia anarquista cata-
lanobalear, convocada por el grupo «Los Solidarios», con gran asistencia de
grupos. Entre otras cosas se contempló la posibilidad de una penetración
en el ejército a través de la incorporación a filas de jóvenes antimilitaristas
que antes tomaban la determinación de desertar. «Para difundir entre las
tropas estas ideas se creó un boletín especial con el nombre de Hijos del
Pueblo. Se creó también una «Comisión Regional de Relaciones Anarquis 
tas», «embrión de lo que linos años más tarde sería la Federación Anar 
quista Ibérica (FAI)». Gómez Casas, Juan (1977a), p. 65, por su parte
(según datos aportados por J.M. Molina), señala que i.i reunión se celebró
en Montjuic, asistiendo una cincuentena de militantes significados entre
los que se hallaban Pestaña, Herreros, Picos, Urales yJ*M. Molina. Esta
comisión Nacional quedó formada por este último, como secretario provi 
sional y por Manuel Molet y Jeremías Roig. «Esta fue la comisión que con
diferentes alternativas sostuvo el movimiento organizado en España hasta
1927, año en que fue constituida la FAI».
| i 6 ó |
4
£a prensa anarquista y anarcosindicalista frente a la
Dictadura ( 1 9 2 J - 1 9 3 1 )
CA PÍ T UL O V
5.1. La espiral de Solidaridad Obrera. Clandestinidad o legalidad: una polémica
sin sentido
El restablecimiento de las garantías constitucionales en 1922
había encontrado a una CNT maltrecha y muy desorganizada,
como ya se ha visto. En Barcelona los trabajos de reorganización
estaban dando buenos resultados, pero era urgente la necesidad
de disponer de órganos de prensa y por tal motivo se decidió el
traslado de Solidaridad Obrera que continuaba publicándose en
Valencia con grandes dificultades. Después de más de cuatro
años sin prensa obrera confederal en Barcelona, el 6 de marzo
de 1923 volvía de nuevo a la luz pública el diario de los trabaja­
dores en su quinta época.393
Su redacción y administración se encontraba situada en la calle
Conde del Asalto, 56 y se imprimía en los talleres de Solidari­
dad Obrera de San Pablo, 95, cuyo propietario Martí Barrera
ejercía al mismo tiempo las funciones de administrador del dia­
rio.
Al parecer su primer director fue L iberto Callejas que fue susti­
tuido por Hermoso Plaja designado por la Asamblea de Grano-
393 El primer número conocido es el 3 del 8 de marzo.
CAPI TULO V Solidaridad Obrera y f .í . p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
Itcrs celebrada el 31 de diciembre para este cometido394. Dos
meses antes había iniciado Solidaridad Obrera sus publicaciones
en La Coruña como órgano de la Confederación Regional Ga­
laica. Ya se ha hecho antes alusión al hablar de la de Valencia de
la sensible pérdida del órgano oficial de los sindicatos gallegos.
De los 156 números que al menos se publicaron sólo han llega­
do hasta nosotros tres o cuatro y además dispersos en varios ar­
chivos. Es evidente que con este material poco se puede decir
del mismo, sin embargo sí se puede de asegurar que el primer
número vio la luz el 6 de enero de 1923395. La redacción y ad­
ministración se situó en la calle Cordelería, 32, imprimiéndose
en la tipografía obrera, Socorro, núm. 3, de La Coruña. Su pri­
mer director fue J osé Suárez Duque hasta su muerte ocurrida el
17 de septiembre de ese mismo año en que fue sustituido por
Ricardo García, siendo éste confirmado en un Pleno Regional
celebrado en La Coruña el 27 de enero de 1924.396
Esta fue una de las pocas publicaciones anarcosindicalistas que
pudo soslayar la dictadura, continuando su labor, aunque como
las demás que habían sobrevivido, sometida a la previa censura
militar que blanqueaba habitualmente sus columnas.
El 18 de enero del año siguiente un Pleno de la Regional gallega
celebrado también en La Coruña decidió el traslado del Comité
Regional a Santiago y con él se trasladó también Solidaridad
Obrera. Fue nombrado secretario del Comité Manuel Fandiño y
394 Plaja, Hermoso, «Mi paso por «Solidaridad Obrera» diario», S.O. (París),
719 (1 enero 1959), 1 y también, «Conversa amb Hermós Plaja» I.'Averif,
26 (junio 1980), 21.
395 Vino a sustituir a La Voz del Obrero que se había publicado en La Coruña
por lo menos hasta 1917.
396 Buenacasa, Manuel (1966), pp. 146 y 149.
¡ 1 6 8 |
4
Solidaridad Obrera y F.r. p e r i o d i s m o d e r a í z Ac h a t a CAPI TULO V
se designó a Ezequiel Rey para dirigir el periódico39’ . El n.88
(21 febrero 1925) fue el primer número que apareció en esta
ciudad, instalando su redacción yf administración en la calle
Conga, núm. 11, imprimiéndose en la tipografía «La Comer­
cial» de Santiago. En él decían:
Solidaridad Obrera consecuente conlos postulados de la Confede 
ración Nacional del Trabajo, seguirá sus tareas de constante lucha
en defensa del proletariado y de la Confederación Regional de
Galicia de la que viene a ser su órgano oficioso.398
Debió tener el mismo fin que E l Despertar Marítimo de Vigo y
Acción Social Obrera de San Feliü de Guixols. A partir de julio de
1927, Martínez Anido, que había sido nombrado por el dictador
subsecretario de Gobernación a los pocos días del Golpe de Es­
tado, decidió intervenir personalmente y suspendió, casi simul­
táneamente, los últimos voceros anarcosindicalistas que todavía
se publicaban.
También antes que en Barcelona apareció Solidaridad Obrera de
Sevilla en su 2a época399. Se editaba bisemanalmente y tenía su
redacción en la calle Traj ano, 16, imprimiéndose en los talleres
de la Revista de Tribunales, calle Francas, 36. Aunque no sabe­
mos la fecha exacta de su desaparición, se puede asegurar sin
temor a equivocarse que no resistió el Golpe de Estado.
397 S.O. (Santiago), 68 (21 febrero 1925), 1.
398 Id
399 El primer número debió aparecer a luíales de febrero. El único que cono-
cemos es el 11 del 31 de marzo. Es posible que también por estas fechas
apareciera Solidaridad Obrera en Guadalajara, aunque la única noticia que
se tiene es una alusión indirecta de Redención (Alcov), 111 (26 abril 1923),
4.
¡169[
c a p í t u l o V Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z Ac h a t a
El diario catalán, por el contrario, si pudo soslayar la dictadu­
ra400 , pero a costa de entrar en una vorágine que implicaría a la
organización catalana y al propio diario. No es este el lugar para
analizar si fue la dictadura la que acabó con la CNT o fue la
crisis interna que se desencadenó la que provocó, en última ins­
tancia, su disolución401 . La Federación Local de Barcelona en
vistas de la presión policial a que estaban sometidos los sindica­
tos, decidió por mayoría la autodisolución el 5 de octubre. A
esta decisión se opusieron algunos sindicatos, entablándose una
batalla dialéctica en favor o en contra de la misma.402
Enfocar este problema desde la óptica de la legalidad carece ab­
solutamente de sentido. Con las garantías constitucionales sus­
pendidas sitie die la única legalidad era el sometimiento a las
disposiciones dictatoriales, que tendían a establecer un estrecho
control sobre las organizaciones obreras, especialmente sobre la
CNT. El resultado era un restringido margen de actuación, pero
400 Muy pocas fueron las publicaciones anarquistas o confedérales que conti 
nuaron. La mayoría se quedaría en el camino. Elorza, Antonio (1972-74),
I, p. 113, nos suministra una lista abundante aunque no exhaustiva de las
que fueran suprimidas. Hay que señalar que Solidaridad Obrera de La Co 
rana que aparece como suprimida fue una de las que continuaron, como ya
se ha visto.
401 Elorza, Antonio (1972^74), I, pp. 123218 y II, pp. 315453, nos presenta
un estudio sólidamente apoyado en fuentes de primera mano, pero su tesis
de que fueron los anarquistas los que provocaron el paso de la CNT a la
clandestinidad es, cuando menos, discutible. La replica de Gómez Casas,
Juan (1977a), pp. 69 y sgs., tampoco logra dejar zanjada la cuestión, que se
presenta sumamente compleja,
402 En Elorza, Antonio (1972-74), I, pp. 131 y sgs. puede verse con detalle
este proceso, seguido a través de El Diluvio, diario de Barcelona.
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p i t u l o v
suficiente para ir eliminando progresivamente a los militantes
más destacados.403
Parece mucho más correcto enfocar el problema desde el punto
de vista de la lucha por el control ideológico de la CNT, plan­
teada desde la adhesión provisional de esta organización a la 111
I nternacional en 1919. La minoría comunista, mejor estructura­
da que los grupos anarquistas, podía desplegar un determinado
tipo de acción mucho más eficaz con vistas a controlar el apara­
to sindical. Si no cubrieron estos objetivos, al menos consiguie­
ron que ciertos presupuestos fueran asumidos por los grupos a
fin de contrarrestar la influencia comunista. Entre ellos el inten­
to de crear una Federación Nacional A narquista. A l mismo
tiempo, estos fallidos intentos comunistas de hacerse con el con­
trol ideológico de la CNT en los primeros meses de la dictadu­
ra, fueron el catalizador que precipitó la lucha ideológica poste­
rior entre anarquismo y sindicalismo, presente durante todo el
período y que llegaría a alcanzar durante la I I República carac­
teres dramáticos con la escisión trentista.
Pocos días después de que la Federación Local decidiera su au-
todisolución, el diario Solidaridad Obrera era suspendido404. Ya
403 Elorza, Antonio (1972-74), I, passi/n. A pesar de reconocer la realidad de
esta presión policial sobre los sindicatos, insiste en estas tesis de legalidad o
ilegalidad, lo que le lleva a incurrir en contradicciones
404 Klorza, Antonio (1972-74), I, p. 130, afirma que tanto el cierre de sindica 
tos como la suspensión de Solidaridad Obrera tuvieron lugar el 5 de octu 
bre. Dado que las lagunas en la conservación del diario son enormes en
esta etapa no nos es posible saber la fecha exacta de la suspensión de éste,
pero si nos atenemos a la secuencia de los números conservados, ésta debió
producirse alrededor del 13 de octubre. Por otra parte es lógico que asi
fuese, si tenemos en cuenta que el diario era portavoz del Comité Regional
y no de la Federación Local, de ahí et desfase entre uno y otra. Por otro
lado se ignora cómo se logró esta suspensión, aunque es de suponer que
respondiera a un acuerdo tácito en vista de las circunstancias.
f I
capitulo v ¿oiidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
no volvió a reaparecer hasta el 24 de noviembre. Se ignora quien
tomó la decisión de que apareciera de nuevo, pero el Comité
Regional debió influir en ella. Decía el periódico en este núme­
ro:
Cumpliendo un compromiso contraído con los trabajadores de la
región, compromiso sagrado para nosotros, aparecemos nuevamen 
te a la luz pública para defender los intereses de clase comunes a
todos los explotados. [—1. Nosotros desde aquí, bogaremos conti 
nuamente, sin cansarnos jamás porque la organización sea la que
fue, para que nuestra personalidad sea tenida en cuanta y se nos
respete por nuestra fuerza y cohesión.405
La fracción comunista se apresuró a contraatacar sacando a la
luz el diario Lucha Obrera el 4 de diciembre. Según Elorza, apa­
reció para «cubrir el vacío creado por la controversia sobre el
cierre y la actitud frente a la Dictadura»406. Este diario contó
con la colaboración de tres anarquistas: Antonio Amador, J osé
Viadiú y Felipe Alaiz. Estos dos últimos habían sido, hasta su
suspensión, redactores de Solidaridad Obrera407. Aproximada­
405 «El pasado y el presente», S.O., 188 (24 noviembre 1923), 1.
406 Elorza, Antonio (1972-74), 1, p. 134. Ningún vacío habían venido a cubrir
como no fuera el creado por la propia fracción comunista. El diario Solida 
ridad Obrera se editaba de nuevo y los sindicatos no tardarían en funcionar
nuevamente. Este mismo autor, a renglón seguido, afirma: «Ante la proxi 
midad de reuniones regionales que pudieran incidir sobre la línea de com 
portamiento de la Confederación, optaron por incrementar su propaganda
con la edición de un diario». Esto nos resulta contradictorio con las ante 
riores afirmaciones, pero desde luego es mucho más justo.
407 Elorza, Antonio (1972-74), I, p, 134. El diario lo redactaba también la
plana mayor de los teóricos comunistas: Joaquín Maurín e Hilario Arlan-
dis.
1172
*
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPI TULO V
mente un mes duró esta experiencia financiada casi totalmente
por el sindicato de la metalurgia.408
El 8 de diciembre se celebró un PI qiio en Mataró, en el cual se
ratificó la continuidad del diario Solidaridad Obrera y zanjó pro­
visionalmente la cuestión al acordar la reapertura de los sindica­
tos. La subsiguiente asamblea de Granollers designó al nuevo
equipo de redacción del periódico entre cuyas redactores figura­
ba Manuel Buenacasa. Sin embargo, su continuidad se vio trun­
cada el 29 de mayo de 1924. El ajusticiamiento del verdugo de
la audiencia de Barcelona sirvió de pretexto para clausurar los
sindicatos y suspender el diario. Hermoso Plaja que seguía sien­
do su director lo relata así:
Un día de julio (aquí la memoria falla), ya éramos objeto de perse 
cución por parte de la policía, y habíamos de confeccionar el perió 
dico sin acercarnos por la redacción, fue ajusticiado el «verdugo».
Cuando nos dirigíamos á la imprenta para presenciar fa final com 
paginación de! diario, el compañero Moreno, conserje de los talle 
res, nos avisó de que la policía estaba efectuando registro en la
imprenta. Tuvimos el tiempo escaso para evitar la «redada». Al día
siguiente el periódico no vio la luz. Su suspensión duró hasta
í m 409
Efectivamente esta cabecera tardaría más de seis años en reapa­
recer; sin embargo unas meses después, el Comité Regional de­
cidió modificarla y sacar a la luz un semanario con el título de
Solidaridad Proletaria, «porque hacía falta un órgano en la pren­
sa para sal i r al paso de i nj uri as y cal umni as de ci ertos
408 Elorza, Antonio (1972-74), I, p. 134. El último número es el 2S del Io de
enero de 1924.
409 Plaja, Hermoso, «Mi paso por Solidaridad Obrera diario», S O. (París), 719
(1 enero 1959), 1.
m
CAPI TULO V Solidaridad Obrera y f i . p e r i o d i s m o df . i i a í z á c r a t a
elementos...»410. En la lucha ideológica que se entabló en el seno
de la CNT bajo la dictadura, sobre todo en Barcelona, el perió­
dico jugó un papel fundamental y esta fue la misión principal de
este semanario. Su redacción se instaló en Mataró, en la calle
Carlos Padrós, núm.l l , I o; pero la imprenta siguió siendo la
misma, ‘Cosmos’, de Martí Barrera. Sus apuros económicos fue­
ron constantes y también los llamamientos a los trabajadores
para su sostenimiento, porque «la defensa de los trabajadores
está encomendada al periódico, ya que otras actividades les están
nrohibidas»411. Se ignora sí fueron éstas u otras las causas que
acabaron con él. El Comité Regional la suspendió con estas pa­
labras:
Por un cúmulo de anomalías de orden general creadas a este comi 
té, se ve en la forzosa necesidad de suspender nuestro semanario
«SOLIDARIDAD PROLETARIA», temporalmente; y a la mayor
brevedad, se pondrá en conocimiento de toda la organización de
Cataluña todas cuantas causas han influido a este Comité para
tomar tan seria determinación.412
En éste año 1925 hizo su aparición en Gijón la 4a época de la ya
mítica cabecera413.Tanto la redacción como la imprenta fueron
410 Solidaridad Proletaria (Barcelona), 1 (18 octubre 1924), 1: «A las organiza 
ciones sindicales de Cataluña y a todos los trabajadores», por e! Comité
Regional, Mataró, 14 octubre 1924.
411 «Por la vida de nuestro periódico», Id., 30 (7 mayo 1925), 4.
412 «A toda la organización», por la C.R. de C., el Comité, Mataró, 20 mayo
1925, Id., 32 (23 mayo 1925), 1.
413 El número inicial apareció a finales del mes de julio. El primero que se
conoce es el núm. 3 del 7 de agosto. La represión que ejerció la dictadura
sobre ia CNT, fue muy desigual en toda España. De ahí que nacieran pe 
riódicos en algunas poblaciones, cuando en otras no podían ni moverse.
I *74 |
4
Solidaridad Obrera v f u p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p í t u l o V
las mismas que ya he señalado en etapas anteriores. En este caso
como en tantos otros los problemas económicos no pudieron ser
superados. En el núm. 43 del 14 de mayo de 1926 -último que
se conoce se da un aviso a los paqueteros, ya que «el periódico
está en sus «postrimerías» solo por la contumacia de unos cuan­
tos [...j , que se empeñan en darl e gui l l oti na y a fe que lo
logran».'11''
A las dificultades propias de la prensa confederal y anarquista de
índole económica principalmente, pero no sólo vino a sumarse
el proceso de descomposición que vivió la organización por cau­
sa de la presión dictatorial. El periódico si llegaba a publicarse
podía convertirse como de hecho así fue en muchos casos- en
una trampa mortal para sus redactores o editores que general­
mente daban con sus huesos en la cárcel.
Sólo hubo dos publicaciones anarquistas que lograron sobrevivir
al período de la dictadura y ambas, curiosamente, nacieron al
mismo tiempo en junio de 1923: Generación Consciente, trans­
formada más tarde en Estudios y La Revista Blanca.
5.2. Soslayando la dictadura: Generación Conscienle-Esludios y La Revista Blanca
Como ya dijimos al hablar del semanario Redención de Alcoy415 ,
el grupo editor del periódico, cada vez más interesado por los
aspectos filosóficocul rurales del anarquismo, optó por diversifi­
car sus tareas, separando del semanario órgano de lucha y de
414 S.O. (Gijón) (4a época), 43 (14 julio 1926), 1. Se ignora si fue en éste o en
otro posterior cuando murió. La Revista Blanca (Barcelona), 79 (1 sep 
tiembre 1926), V, nos da cuanta de su «silenciosa desaparición».
415 Véase en el capítulo anterior el apartado 4.1: El germen fructifica: expan 
sión de Solidaridad Obrera. La etapa valenciana del diario decano de la
Confederación.
I 175 I
CAPÍ TULO v Solidaridad Obrera y f.i . p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
expresión del sindicalismo anarquista básicamente los aspectos
más propiamente culturales teoría sexual, higiene, filosofía, etc.
Para ello fundó, en junio de 1923, la revista mensual Generación
Consciente, destinada a adquirir con el tiempo y el esfuerzo de
sus redactores una importancia considerable en el movimiento
anarquista e incluso fuera de éste.
L a dictadura detuvo el camino de Redención, pero permitió que
la revista continuara, aunque no sin recibir sus «caricias». En
noviembre, las autoridades clausuraron el local donde estaban
instaladas la redacción y la biblioteca416. Desaparecidas las cau-
sas del cierre, la revista volvió a publicarse a partir de febrero417.
Nuevas medidas represivas adoptaría la Dictadura. En diciembre
de 1928 los redactores se vieron obligados a cambiar el nombre
de cabecera, transformándola en Estudios, «por un serio incon­
veniente, motivado por el período excepcional que atraviesa
España».418
Esto no significó, en absoluto, un cambio de orientación ideoló­
gica. Tan solo se había pretendido que la imagen fuera distinta.
Así lo señalaban los redactores:
Inútil creemos añadir que la significación moral de la Revista, su
ideología y su criterio eugénico, su obra de superación mental y
física seguirá siendo la misma [...]. Con uno u otro titulo [...] esta
Revista estará siempre consagrada a difundir entre el pueblo todas
las inquietudes del pensamiento renovador y fecundo, a la creación
de una generación sana y culta, pletórica de vitalidad y de entereza
ideal.419
416 S.O. (Barcelona), n.227 (22 enero 1924), 4.
417 Id., n.233 (29 enero 1924), 3. Se desconocen las causas de la clausura de
los locales y en consecuencia por qué éstas desaparecieron.
418 Hoja volante inserta en el número del 1“ de diciembre de 1928.
419 Ibid.
Solidaridad Obrera y el p er i o d i sm o d e r aí z á c r a t a CAPÍ TULO V
En estas sencillas frases se encierran los objetivos que funda­
mentalmente perseguían los redactores y que supieron cubrir
con creces420. Con todo, a pesar de los esfuerzos del grupo edi­
tor, las dificultades para llevar adelante el proyecto aumentaban
constantemente. Como siempre, el problema económico será su
principal enemigo, así como los paqueteros y corresponsales mo­
rosos. Con un déficit cada vez mayor, solo enjugado por la apor­
tación voluntaria de algunos entusiastas'121, en junio de 1925 se
trasladó a Valencia.422
Para paliar estas dificultades se fundó una biblioteca y se lleva­
ron a cabo esfuerzos suplementarios editando números especia­
les y almanaques. Los éxitos de venta alcanzados por éstos con­
tribuyeron parcialmente a seguir manteniendo la revista423. Isaac
Puente uno de sus principales redactores*24 se hizo eco de la
propuesta de Goñi tendente a la unificación de publicaciones en
los medios anarquistas como forma de solucionar los problemas
420 Navarro Monerris, José (1988), lleva a cabo un exhaustivo análisis de la
revista (capítulo 3o), además de realizar un balance de las opiniones de las
diferentes escuelas filosóficas en torno a diversos enfoques de la sexualidad
(capítulos 1 y 2).
421 El número de diciembre de 1924 estuvo a punto de no aparecer por estos
motivos.
422 Aunque se ignoran los motivos reales, es de suponer que el traslado res 
pondiera a razones de una mayor cobertura y posibilidad de distribución
de la revista.
423 Navarro Monerris, José (1988), pp. 3032 (capítulo 3“).
424 Éste y el doctor Roberto Remartínez abrieron un consultorio médico en la
revista desde el primer número. Mediante un cupón inserto en sus páginas,
los lectores podían dirigirles sus consultas personalmente o por correspon 
dencia con «la rebaja de cinco pesetas en la primera y de una peseta en las
consecutivas sobre precio de consulta ordinario». Véase Navarro Monerris,
José (1988), pp. 2526 (capítulo 3o). Este consultorio tuvo una gran acepta 
ción por parte de los lectores de la publicación.
I >77 I
CAPÍ TULO V
Solidaridad Obrera y r l p er i o d i sm o de r a í z á c r a t a
económicos. Sin embargo esta iniciativa fue mayoritariamente
rechazada por considerarla excesivamente centralizadora. En
este punto afu maba Puente:
Sospechar que el grupo director pueda imponer su criterio autori 
tario y cerril es dudar de la honradez ideológica de los camaradas, y
con esta desconfianza es claro que no se va a ninguna parte [...].
Las cuatro revistas que gozan del favor de los lectores, Revista
Blanca, Generación Consciente, Etica y El Libro Popular, representan
sectores distintos, tratan cuestiones diferentes, dentro de las cuales
cada editor podría gozar de plena autonomía. Los que hoy las ri 
gen son los más indicados para dirigir las respectivas secciones
dentro de la Revista Unificada, que cobraría así un valor inaprecia 
ble por lo completa y variada.423
A pesar de los esfuerzos de algunos sectores, la iniciativa quedó
sin efecto y Generación Consciente debió continuar su trayectoria
por sus propios medios, obligada a cambiar su cabecera por Es 
tudios en diciembre de 1928, por presiones de la dictadura.426
El tiempo que media entre las dos etapas de La Revista Blanca
18 años difícilmente pudo ser cubierto por otras experiencias
parecidas. Hubo intentos de editar una revista teórica anarquis­
ta, pero todos acabaron en fracaso. Para Federico Urales el se­
creto de que una revista tuviera éxito radicaba en sus aspectos de
actualidad, sinceridad y compromiso con la realidad circundan­
te. Tal como afirmaba:
425 Generación Consciente (Valencia), n.56 (abril 1927), cit., por Navarro Mo-
ncrris,José (1988), pp. 3233 (capítulo 3o).
426 Un buen trabajo sobre esta revista lo constituye el de Navarro Navarro,
Francisco Javier (1997), passim.
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPÍ TULO V
La Revista con sus escritos ha d e dar la impresión del momento en
í | u c se publica Es preciso sentir todos los problemas q u e
agitan al mundo c interesarse por ellos, interesarse vivamente, car-
nalmente; no pensando en el aplauso de amigos, sino en ia verdad
de lo que se dice, en el bien que con ello se hace...427
Por causa de sentencia de extrañamiento o destierro por sus cui­
tas con la Compañía Madrileña de Urbanización, Federico Ura­
les se vio precisado a trasladarse a Barcelona, retiñiéndosele su
familia poco después438. Muy pronto sus inquietudes editoriales
se manifestarían nuevamente. En junio de 1913 publicaron una
circular en la que exponían sus deseos de editar El Hombre Libre,
«que sería como un anticipo de La Revista Blanca en su segunda
época...»429 . Prematuro anticipo, ya que este periódico nunca vio
la luz y la revista aún tardaría diez años en aparecer. Surgió efec­
tivamente en las mismas fechas que Generación Consciente y, co­
mo ésta, llegaría a alcanzar una gran importancia en los medios
anarquistas, rememorando pasadas glorias. Sus propósitos eran
en todo similares a los de su antecesora:
Hacer de ella un eco internacional de la idealidad libertaria en sus
manifestaciones científicas, artísticas y filosóficas, y acrecentar la
expansión de aquel mismo ideal por medio de la novela, método
nuevo y de gran eficacia...430
427 Urales, Federico (s.d. [1930]), II, p. 248.
428 Urales, Federico (s.d. [1930]), III, pp. 121 y sgs.
429 La circular la firmaban Soledad Gustavo y Federico Urales y la dirección
era calle Campoamor, 8, Ilcrta, Barcelona. Véase El Porvenir del Obrero
(Mahón), n.360 (19 junio 1913),4 y E l Látigo (Baracaldo), n.18 (14 junio
1913), 4.
430 «Los propósitos de 'La Revista Blanca’, La Revista Blanca (Barcelona),
n.19 (1 marzo 1924), 1.
I 179 I
c a p í t u l o v Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d f . r a í z Ac r a t a
Esta nueva modalidad de propaganda que representó «La Nove­
la Ideal» o «La Novela Libre», dio resultados sorprendentes. Sus
amplias tiradas a precios muy reducidos las hicieron accesibles a
amplios sectores de trabajadores, con lo cual se conseguía exten­
der la propaganda anarquista y al mismo tiempo conseguir un
soporte financiero suficientemente sólido para que la revista
pudiera vivir sin problemas431 . Además de las colecciones de
novelas se editaron también libros que en algunos casos alcanza­
ron varias ediciones.
En esta ocasión el grupo editor, que como anteriormente lo
componía Federico Urales y Soledad Gustavo, se vio aumentado
con la hija de ambos, Federica Montseny. Pronto daría muestras
de sus excepcionales cualidades como propagandista y sus dotes
oratorias la convertirían en uno de los más caracterizados expo­
nentes del anarquismo militante.
La Revista Blanca al igual que Generación Consciente-Estudios,
contribuyeron cada una en su campo específico a difundir y a
mantener viva la idea anarquista bajo la dictadura, en condicio­
nes sumamente difíciles para el movimiento. Las razones que
tuvo esta para no importunar excesivamente sus tareas, salvo e!
consabido sometimiento a la previa censura militar, responden
quizá a las especiales características de la propia dictadura. Bajo
esta perspectiva, la labor cultural que llevaban a cabo ambas re­
431 La tirada de estas novelitas oscilaron entre 15.000 y 50.000 ejemplares.
De «La Novela Ideal* se llegaron a publicar 600 títulos. Véase el estudio
que le dedica Marisa Siguan Boehmer, Literatura popular libertaria
(19251938), Barcelona, 1981.
1 I
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p í t u l o
vistas no podía ser considerada subversiva para el régimen432 .
Este trataba de encuadrar al movimiento obrero dentro de unas
determinadas directrices. I mpedir por todos los medios las l u­
chas obreras y sobre todo las huelgas, potenciando la negocia­
ción a través de los Comités Paritarios.
Siempre que no abordara estos campos, considerados conflicti­
vos, la propaganda podía desarrollarse sin muchos problemas.
De ahí que mientras los periódicos y revistas eran frecuente­
mente censurados, se permitiera la circulación, sin demasiadas
trabas, de libros y folletos de propaganda radical.
Fueron las revistas de más larga duración en la órbita del perio­
dismo anarquista433 . La Revista Blanca suspendió sus publica­
ciones al iniciarse la guerra civil434 y si Estudios aún las continuó
no fue más allá de junio de 1937435
5.3. Revista Nueva: Una nueva dimensión filosófica del anarquismo
En un momento de grave crisis organizativa y de replantea­
miento de posiciones, surgió en Barcelona una revista con pro­
yectos de «revisión filosófica del anarquismo»436
432 Salvo contadas excepciones. La propaganda eugénicade Generación Cons 
ciente era evidente incluso en el títido de la propia revista. Esto fue la causa
de que se vieran obligados sus redactores a cambiar de título. Sin embargo
como va se ha tenido ocasión de comprobar no varió por ello su contenido
ideológico, ni su trayectoria propagandística.
433 Si exceptuamos el caso de Helios de Valencia que entraría en un sector
mucho más decantado hacia los aspectos naturovegetarianos.
434 El último número el 388 es del 15 de agosto de 1936.
435 Se ignoran las causas precisas de su desaparición, pero la carestía de papel
pudo haber influido de manera decisiva.
436 Elorza, Antonio (1972-74), I, p. 143.
c a p í t u l o V Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
Revista N u e v a , auspi ci ada por A ntoni o Garcí a Bi rl an
(T)ionysios’), afirmaba venir al campo de las letras con un crite­
rio de selección. Heredera de la vieja tradición de Acracia, Cien 
cia Social y Natura, entre otras, intentará nuevamente sentar las
bases teóricas de un anarquismo de carácter abierto, receptivo a
las nuevas ideas que explícita o soterradamente se manifestaban.
Con una concepción humanista amplia, se colocaba fuera de
toda secta y de todo partido.
Todos los movimientos sociales, artísticos y literarios; todas las
nuevas concepciones científicas, sociológicas y filosóficas, tendrán
en las páginas de esta revista su adecuada resonancia [...]. Libertad.
Selección. Nos colocamos bajo la amplitud de esas dos palabras al
comenzar nuestra obra. Dentro de las publicaciones de nuestro
país queremos ser algo nuevo [...]. Revista Nueva quiere ser una luz
para seguir ese camino (el de los cambios, movimientos fugaces y
casi imperceptibles).437
Ardua tarea que encontraría escaso eco en los medios anarquis­
tas o, cuando mucho, duras críticas438 . Al parecer otros proble­
mas más acuciantes reclamaban la atención del movimiento
anarquista en esos momentos.
Dentro de esta línea de revisión de las ideas ácratas jugó un pa­
pel importante en la revista Pío Ayala, En su artículo, «La nece­
sidad de las revisiones»439, trazaba un cuadro aproximado de la
forma de evolución de las ideas y en particular las anarquistas.
Era necesario entresacar del ideal las ideas que permanecen por­
437 «Al nacer», n.l (29 marzo 1924), 1.
438 Como la polémica que Pedro Esteve abriría en las páginas de Cultura
Obrera de Nueva York. Véase Elorza, Antonio (1972-74), I, p. 143 y II, p-
394.
439 n.4 (19 abril 1924), 35.
| l 8 2 |
*
Solidaridad Obrera v el p e r i o d i s m o de r a í z á c r a t a c a p í t u l o V
que son comprobables de aquellas otras que son meras declara­
ciones de principios, muy bellas y atrayentes en general, pero
faltas de consistencia, ¿
El anarquismo, si en muchos aspectos tiene horizontes de madu 
rez, en otros aún perdura la infancia; las cuatro paredes de los pri 
meros pasos. Este horizonte, ya lo hemos dicho varias veces, está
lleno de bellezas, dentro de su limitación, especialmente por la
apetencia de salir de él, como el niño que quiere saltar por el bal 
cón; de aquí su pasión y su ímpetu. Sin olvidarse de esta belleza
primeriza, tan lozana, gentil y gozosa, es necesario que todo el
horizonte se ensanche, porque ya es su edad madura y debe llegar a
plenitud"0
Se trataba, en definitiva, de expurgar las ideas sublimes, propias
de tiempos heroicos y asentar la concepción anarquista de la
evolución social sobre bases científicas, para que ésta adquiriese
la necesaria consistencia como para levantar un edificio crítico lo
suficientemente sólido. Llevó a cabo una buena labor en el esca­
so año y medio de vida443, reproduciendo textos clásicos de Gu-
yau y otros e insertando escritos de carácter filosófico, científico,
sociológico o artístico en la línea previamente trazada. Su in­
fluencia no se dejaría sentir hasta algunos años más tarde bajo la
2aRepública, donde surgirían renovados intentos dirigidos en el
mismo sentido.
I ndiferente a la competencia que representaba La Revista Blanca
por un lado y Revista Nueva por otro, Hermoso Plaja sacó a la
luz Vértice, poco antes de que desapareciera la última revista ci­
tada. De pretensiones modestas en un principio, se intentaba
440 Id., p. 5.
441 Su último número el 69 es del 25 de julio de 1925,
CAPI T U L O V Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
con ella alcanzar elevados objetivos en la propaganda del ideal
anarquista.
Sembrará ideas, porque hombres de ideas elevadas son quienes
iniciaron esta revista; tratará de arte y de ciencia, porque la vida no
tendría estímulo sin el conocimiento y la manifestación de estos
conceptos...442
Con un amplio contenido gráfico procedió a ensayar aspectos
nuevos en esta vertiente del periodismo, poco utilizada por la
propaganda anarquista, pero los tiempos no eran propicios. Su
primer número fue también el último; se ignora por qué razones
desapareció, pero las de tipo económico debieron tener una
fuerte influencia.
5.4. Anarquismo y sindicalismo: Una vieja polémica
Nuevamente va a suscitarse en el seno del anarquismo la vieja
polémica sobre organización y revolución, pero en esta ocasión
en el cenagoso terreno del sindicalismo.
La particular trayectoria seguida por el movimiento obrero ar­
gentino a través de la Federación Obrera Regional Argentina
(FORA ), con su adscripción precisa a la ideología anarquista,
tuvo una especial incidencia en el desarrollo y posterior evolu­
ción de la polémica en nuestro país. Sus portavoces, Diego Abad
de Santillán y L ópez Arango, desde la plataforma del diario
obrero argentino La Protesta y el suplemento semanal del mismo
nombre, de los que eran principales redactores, lanzaron un fue­
go graneado contra el «desviacionismo reformista» en el seno de
la CNT. Aunque los ataques iban dirigidos principalmente con­
442 «Advenimiento», n.l (15 julio 1925), 1.
Solidaridad Obrera y f .l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPÍ TULO V
tra Ángel Pestaña y J uan Peiró, los anarquistas italianos Errico
Malatesta y Luigi Fabbri fueron también objeto de sus críticas
por sus concepciones en torno al sindicalismo. Se les reprochaba
a estos últimos haber contribuido al aislamiento del movimiento
anarquista italiano, al separarse de las masas obreras y haber
creado un movimiento específico.443
En España, el régimen dictatorial había obligado a muchos mi­
litantes anarquistas a exiliarse a Francia. Desde allí continuarían
la labor reorganizadora de los grupos anarquistas y se dotarían
de órganos de expresión propios, como Prismas de Beziers o
Tiempos Nuevos de París.444
Poco margen quedaba en nuestro país, en estas condiciones, pa­
ra poder llevar adelante una polémica teórica de altura. Sin em­
443 D. Abad de Santillán, «Del anarquismo político a la ofensiva unitaria»,
Suplemento semanal de La Protesta (Buenos Aires), n.175 (1 junio 1925), 2-
3.
444 La labor propagandística de los exiliados anarquistas españoles en Francia
tue muv intensa. En 1924 se constituyó en París el Grupo Internacional de
ediciones anarquistas; se fundó la librería Internacional v comenzó a edi 
tarse la Revista Internacional anarquista, en castellano, francés e italiano.
Todo ello, al parecer, con dinero aportado por «Los Solidarios», véase,
Ricardo Sanz, El sindicalismo y la política, Toulouse, 1966 p, 128, cit., por
Elorza, Antonio (1972-74), II, p. 367, nota 92. La suspensión de esta re 
vista dio paso a Acción dedicado principalmente a los aspectos teóricos y
desde 1925 se editó con cierta regularidad Tiempos Nuevos en París, al
igual que las anteriores, la cual llegó a tener una continuidad aprcciable,
clr. Elorza, Antonio (1972-74), I, p- 143. En 192728 se publicó Prismas,
en Beziers, bajo la dirección del valenciano Francisco Morales, «órgano de
los anarquistas españoles en Francia», cfr. Elorza, Antonio (1972-74), II,
pp. 323325. El último intento de contar con un órgano propio en Francia
io constituyó, La Voz Libertaria, en marzo de 1929. Ante la imposibilidad
de su publicación en Francia, por la oposición de las autoridades, se trasla 
dó a Bruselas en septiembre de ese año, cfr. Elorza, Antonio (1972-74), II,
pp. 327329.
¡ * ® 5 1
CAPI T U L O V Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
bargo, el grupo «El Productor», con Buenacasa a la cabeza, ha­
ciéndose fiel intérprete de las teorías desarrolladas por San tillan
y Arango445 , sacó a la luz el semanario El Productor446 , Era su
principal objetivo defender a través de sus páginas la necesidad
del movimiento obrero anarquista, tesis fundamental del grupo
argentino.
No tardó el grupo Peiró Pestaña447 en contraatacar, publicando a
principios de 1926 el semanario Vida Sindical. Defendía este
periódico la necesidad de la legalización de Sos sindicatos, pero
como muy bien señala Gómez Casas448, esta legalización, en
última instancia, no dependía de éstos, sino de la dictadura.
En realidad se trataba de contrabalancear la influencia del anar­
quismo en el seno de la CNT y sin grandes variaciones reapare­
445 En 1925 lúe publicado en España,por la tipografía «Cosmos» de Martí
Barrera, el libro de ambos, El anarquismo en el movimiento obrero, que re 
sume sus concepciones en torno a la tan debatida cuestión Anarquismo y
Sindicalismo.
446 El grupo editor del periódico lo componían: Joaquín Adelantado, José
Alberola, Manuel Buenacasa, Ramón Suñéy Ramón Domínguez, véase,
«Lo que debe ser E l Productor», E l Productor (Barcelona), n.l (2 octubre
1925), I, cit., por Elorza, Antonio (1972-74), I, p. 183. En un principio se
pensó editarlo con el nombre de El Libertario, pero razones de tipo políti 
co aconsejaron el cambio de nombre. La redacción se encontraba situada
en Blanes, en la provincia de Gerona, pero se imprimía en Barcelona, des 
de donde se distribuía. A principios de 1926 su redacción se trasladó a
Barcelona, con algunos cambios significativos en la misma. Para estos
detalles y Otros referentes a la tirada del periódico, véase Elorza, Antonio
(1972-74), I, p. 183, quien lleva a cabo, en pp. 181 y sgs., un extenso análi 
sis de la polémica que este periódico sostuvo con Vida Sindical.
447 Aunque las concepciones de estos dos militantes cenetistas coincidían de
modo aproximado en ese momento, sus posiciones pronto se harían diver 
gentes, sobre todo a raíz del establecimiento, por parte de la dictadura, de
los comités paritarios
448 Gómez Casas, Juan (1977a), p. 95.
I 186I
*
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPI TULO V
ció de nuevo al producirse la caída de la dictadura, pero enton­
ces las condiciones ya eran otras.
Sin una base práctica en la que sustentar sus respectivas posicio­
nes teóricas, el debate estaba condenado a la esterilidad449. L a
policía, tomando como pretexto acciones conspirativas, suprimió
los periódicos en abril de 1926450 , zanjando radicalmente la po­
lémica.
Este debate iba a reproducirse a nivel internacional, aunque
desde un punto de vista diferente, con la publicación por parte
del grupo anarquista ruso «Dielo Truda» de la «Plataforma de
organización de la Unión General de Anarquistas Proyecto»451,
también conocida como Plataforma Archinoff, por atribuirse a
éste la redacción de la misma. En síntesis, este proyecto repre­
senta el impacto que la eficacia bolchevique, en la revolución
rusa, había supuesto para el movimiento anarquista ruso. Se tra­
taba de otorgar al anarquismo un papel dirigente en la prepara­
ción de las masas obreras y campesinas para la revolución y para
ello era preciso «homogeneizar» el movimiento a través de una
plataforma asumida por todos. Su influencia en España fue,
aparentemente, escasa, dadas las especiales condiciones políticas
449 Elorza, en su largamente citado estudio sobre ei anarcosindicalismo bajo
la dictadura, pp. 181 y sgs., elabora con materiales de primera mano por él
seleccionados y desde su particular punto de vista, un análisis minucioso de
esta polémica. Gómez Casas, Juan (1977a), pp. 69 y sgs., con buen juicio,
hace necesarias precisiones a dicho análisis.
450 Suprimió también Prometeo de Madrid, que había empezado a publicarse
poco antes.
451 Para un análisis de la citada Plataforma, véase, Gómez Casas, Juan
(1977a), pp. 108 y sgs.
CAPI TULO V Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
que se vivían. No así en los medios del exilio internacional que
se vio envuelto en una vasta polémica durante algunos años.452
Efectivamente, los anarquistas rusos exiliados en París, Pietro
Archinoff y Néstor Mackno entre otros, presentarían su particu­
lar visión de la organización anarquista internacional, tras sus
experiencias revolucionarias en Rusia. Este proyecto conocido
como Plataforma de Organización puede sintetizarse en tres
puntos principales: 1) Reconocer la lucha de clases como el fac­
tor más importante en el sistema anarquista. 2) Reconocer el
sindicalismo como uno de los métodos principales de la lucha y
3) Necesidad de una Unión General de los Anarquistas en cada
país, basándose en la unidad ideológica, táctica y en la responsa­
bilidad colectiva.
Pero, ¿cuál era el interés real de este derroche de energía teórico
sobre cuestiones que en principio parecían ya resueltas desde
tiempo atrás? En síntesis, me inclinaría por afirmar que lo único
resuelto en materia de organización es la que se basa en estruc­
turas jerarquizadas, más o menos matizadas por las necesarias
transformaciones en la forma, para adecuarse a los cambios en
las relaciones sociales. Encontrar una fórmula organizativa que
sirva para lograr tus objetivos, sin menoscabar el derecho que
tienen lo demás a hacer lo propio ya no es tan sencillo, pero los
anarquistas lo intentaron y honradamente convendría reconocer
que en ocasiones lo lograron. Porque si nos fijamos atentamente,
los muchos debates, polémicas, controversias y discusiones que
452 Conviene señalar, no obstante, que fue rápidamente traducida al castella 
no, primeramente publicada por capítulos en la revista de Buenos Aires
Suplemento a La Protesta, a partir del número correspondiente al 15 de
febrero de 1927 y en 1928 fue publicado como folleto en Beziers: Grupo
de anarquistas rusos en el extranjero, Plataforma de organización de la
Unión General de los Anarquistas (proyecto).
So/ic/aridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z Ac r a t a c a p í t u l o v
jalonaron los años veinte y treinta, apuntan a los aspectos fun­
damentales de la problemática con la que la ideología anarquista
tuvo que enfrentarse y a ía que los historiadores posteriores se
han agarrado como a un clavo ardiendo, en lugar de analizar sus
aspectos positivos.
5.5. El anarquismo se reorganiza; Ética e Iniciales
Con la fundación de la Federación Anarquista I bérica (FAI ), en
1927453, el anarquismo parecía haber llegado a un grado de es­
tructuración suficientemente sólido, después de un largo proceso
de intentos más o menos afortunados. No obstante, dado el crí­
tico momento que se atravesaba, sus manifestaciones debían ser
modestas, al igual que su influencia en los primeros años. Priva­
do de órganos de expresión propios, su propaganda, con miras a
una reorganización anarquista, debía apoyarse en manifiestos o
comunicados acogidos en diversos periódicos.
Gómez Casas apunta que la reorganización de los grupos anar­
quistas «se llevó a cabo a finales de 1925 a escala regional de
Cataluña y nacional. Puede decirse que el centro motor de esta
reorganización fue el grupo «Sol y Vida» que asumía la forma de
un grupo excursionista y tenía una dimensión regional; com­
prendía grupos anarquistas de Manresa, Sabadell, Tarrasa y del
Alto L lobregat, así como de Barcelona»454 . Estos primeros in­
tentos serían rápidamente abortados, pero continuarían con un
Pleno regional de grupos celebrado en Rubí, localidad próxima
a Tarrasa, constituyéndose un Comité Regional de Grupos
Anarquistas de Cataluña. Con la designación de Miguel J imé­
453 Sobre su fundación hay pocas cosas seguras. La explicación más completa
nos la ofrece Gómez Casas, Juan (1977a), pp. 117 y sgs.
454 Gómez Casas, Juan (1977a), pp. 78.
c a p í t u l o V Solidaridad Obrera v kl. p e r i o d i s m o h f . r a í z A c h a t a
nez y J - L loch para ponerse al frente del Comité Nacional de
GGAA, comenzó la reorganización de éstos por todo el país.455
Etica nacida en enero de 1927, en Barcelona fue utilizada como
trampolín perfecto para iniciar una campaña de propaganda
anarquista a través de las corrientes naturistas. Se trataba de
«dar un giro al naturismo estrictamente terapéutico que venían
predicando revistas como Naturismo y Pentalfa en Barcelona v
Helios en Valencia»4j6 . Pero se trataba también de encubrir, me-
diante actividades culturales, otro tipo de acciones tendentes a
estructurar un movimiento revolucionario anarquista. Con este
propósito el grupo «Sol y Vida» -impulsor de la revista íundó un
Ateneo Naturista Ecléctico, cuyos propósitos visibles eran la ex­
tensión de la propaganda naturista, al mismo tiempo que servía
de lugar de reunión y lectura457. La intensa actividad del Ateneo
a lo largo de 1928, uno de los principales promotores de la Fe­
deración Naturista458 , atrajo la atención de la policía, la cual en­
contró pruebas de las actividades conspirativas del centro. Su
455 Gómez Casas, Juan (1977a), p. 79. Para un estudio del desarrollo de los
grupos anarquistas españoles exilados en Francia y Los del interior, sobre
todo del Pleno Regional de la Federación de Grupos Anarquistas de Cata 
luña, que tuvo lugar el 20 de mareo de 1927, el antecedente más inmediato
de la Conferencia de Valencia donde fue creada la FAI, véase Elorza, An 
tonio (1972-74), I, pp. 202 y sgs. y Gómez Casas, Juan (1977a), p. 97 y
sgs. A raíz de este Pleno, comenzó a editarse en Barcelona, en mayo, El
Anarquista, «boletín mensual de movimiento y propaganda libertarios»,
véase Elorza, Antonio (1972-74), I, pp. 203204, quien añade que «la penu 
ria de medios está redactado a mano y tirado a multicopista con alcohol
informa sobre la precariedad de! movimiento en la clandestinidad».
456 Elorza, Antonio (1972-74), II, p. 398.
457 Elorza, Antonio (1972-74), II, p. 399.
458 Ibid.
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o p e r a í z á c r a t a c a p í t u l o V
director A lberto Fanón Rovira fue encarcelado459 y la revista
Ética suspendió sus publicaciones durante un mes. Sin embargo,
los problemas económicos no pudieron solucionarse y como
consecuencia dos meses después en enero de 1929 la revista fue
suspendida definitivamente.
Al menos en apariencia, ya que sin transición vino a ocupar la
vacante la revista Iniciales, la cual heredó el archivo de aquélla,
pero también sus problemas económicos que en ningún mo­
mento dejaron de pesar sobre ella460 . Sus interrupciones más
espectaculares se produjeron en julio de 1929, al ser encarcelado
todo el grupo editor; en 1934, como consecuencia del movi­
miento de octubre, por asalto a la redacción, durante la noche, a
cargo de los fascistas de «Acción Ciudadana», apoyados por la
guardia civil, saqueando y quemando todo el papel (revistas, fo­
lletos, etc.) y por último en julio de 1936.461
Tanto Etica como Iniciales estaban adscritas ideológicamente al
individualismo anarquista462, uno de cuyos principales exponen­
tes fue J osé Elizalde. Esta tendencia nunca tuvo en España es-
459 Elorza* Antonio (1972-74), II, p. 400.
46Q Véase «A los lectores de Etica, por la redacción, Iniciales (Barcelona), n.l
(febrero 1929), página 1 del suplemento y también, «De nuevo en la bre 
cha», I d , A.IX, n.l (1 abril 1937), 23, editorial de la reaparición, después
del paréntesis obligad® provocado por la insurrección fascista de 1936.
461 «De nuevo en la brecha», cit.
462 Después de las actividades de los grupos anarquistas individualistas a fina 
les del siglo XIX y principios del XX, éstos parecieron ser engullidos por la
frenética actividad organizativa de los grupos anarco-comunistas y del
anarcosindicalismo; sin embargo, vuelven a manifestarse en esta etapa con
un cierto vacío organizativo y seguirán activos en e) interior del país hasta
1939. Un buen trabajo sobre estas revistas los constituye el de Diez, Xavier
(2002b), passim y sobre el anarquismo individualista la tesis de este mismo
autor Diez, Xavier (2002a), passim, que pronto será publicada por la edito 
rial Virus de Barcelona.
I W 1
CÁPI TULO V
Jolidariáad Obrera y j ::1.pei i i uui smo d e raí z ác rai a
pecial importancia, pero en algunos momentos se manifestó Con
cierta fuerza sin que llegara a alcanzar un gran desarrollo. Am­
bas revistas se vieron muy influidas por el pensamiento de los
individualistas Han Ryner y André Lorulot.463
Hermoso Plaja, director en 1924 en la edición de Barcelona
463 Elorza, Antonio (1972-74), ll,p. 398.
Solidaridad Obrera, y íl per i o di sm o d i - r aí z - \ c r a ta
CÁpiTULO V
Joan Peiró, director en 1930
PUBLICACION tiSLU AKAL .
ORGANO D£ LA CONFEDERACION REGÍ OH AL DEL TRABAJ O DEL NORTE i
Año4 Bilbao|2dr ÚdufaTa* 151? fjdm»1
Distintas rabeceras de periódicos libertarios
Solidaridad Proletaria
I i R I : wu 1- T- ’ y C g y Mi. 1T J¡ WOF.r.m aiÜIlMl VQ1\ TTT J T~WD W _____________
1193 I
CAPÍ TULO V S olidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o o e r a í z á c r a t a
S O L I D A R I D A D O D R E R A
ttM tt fe J tftata & fcdB f u pró=j t ó r 11| Wi 'nók tntul li Lita:
« ü biliu'idu Irríte! üwBm « * f."K;i t U tuMcnu» I m ! k! irmft
1 9 4
CAPÍ T UL O VI
jTg República de los trabajadores
6.1. La prensa anarquista y anarcosindicalista de nuevo en la brecha
Al relativo silencio impuesto por la dictadura a las publicaciones
anarquistas y anarcosindicalistas, seguirá, después de la dimisión
de Primo de Rivera en enero de 1930, Una avalancha en cascada
de las mismas. Este fue un año de conspiraciones, huelgas, ma­
nifestaciones, sublevaciones. Da la impresión que la caída del
dictador abrió la espita de la efervescente oposición al régimen.
La situación de relativa tolerancia que inauguró el general Be-
renguer fue aprovechada por partidos, sindicatos y grupos, para
inclinar la balanza a su favor.
El anarcosindicalismo tenía una tarea urgente que realizar:
agrupar y reorganizar sus tuerzas. A ello se dedicó con entu­
siasmo. Y como base necesaria, una vez más, la extensión de la
propaganda y como consecuencia el surgimiento de periódicos
que facilitaran la tarea. Pero las fuerzas no eran homogéneas.
Dos grupos principales se disputaban el control ideológico de la
CNT. Por un lado los sindicalistas libertarios, en mejor posición,
fueron los primeros en abrir el fuego. Su órgano Acción llevó a
cabo una intensa campaña organizativa. Ayudado por otros gru­
pos y periódicos Acción Social Obrera y ¡Despertad! inició las ges­
tiones necesarias para hacer reaparecer el órgano decano de la
prensa confederal barcelonesa Solidaridad Obrera. El grupo «So­
lidaridad», animador del periódico Acción, consiguió, después de
CAPI TULO VI
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
casi dos años de sucesivos intentos, editar Revista Obrera, surgi­
da con el definitivo título de Mañana464. Revista teórica, cuyo
objetivo fundamental fue la armonización ideológica de la CNT
y la consolidación del proyecto sindicalista revolucionario. La
represión de octubre detuvo su camino durante dos meses;
cuando reapareció en enero de 1931, sus problemas se habían
multiplicado. El interés estaba fijo en problemas prácticos que
hacían inviable por el momento su proyecto. En junio desapare­
ció definitivamente. En 1932, siguiendo esta misma línea, apa­
reció en Valencia, Orto, dirigida por Marín Civera.
Los trabajos para la reaparición de Solidaridad Obren en Barce­
lona, comenzaron al poco tiempo de la caída del dictador. En un
Pleno celebrado el 17 de mayo se acordó agilizar las gestiones
para la pronta salida del diario; se nombró director a J oan Peiró
y administrador a Pedro Massoni465. El Comité Regional acordó
difundir 50.000 octavillas por toda la región, que en forma de
pasquín fueron enganchadas en pueblos, ciudades y aldeas,
anunciando la próxima aparición de Solidaridad Obrcn¿hb . La
Federación Local de Manresa a requisitoria del citado comité
cedió 15.000 pesetas reintegrables para ayudar a la salida del
464 La idea tomó cuerpo en junio de 1928, véase, ¡Despertad! (Vigo), n.9 (16
junio 1928), cit. por Elorza, Antonio (1972-74), 11, 401. Véase, también,
Acción Social Obrera (San Feliii), n.12 (29 septiembre 1928); «En torno a
Revista Obrera», por Roldan Cortada, id., n.17 (3 noviembre 1928), 1,
sucediéndose, a partir de ese momento, los artículos en apoyo de la idea.
Para una explicación del cimbio de nombre de la revista, a cargo de Ra 
món Acín, véase, Mañana (Barcelona), n.l (mayo 1930), 16.
465 Pou, Bernardo, Magriñá,J.R. (1933), p. 53.
466 El texto de la octavilla en Pou, Bernardo, Magriñá, J.R. (1933), pp. 5556,
con una larga lista de colaboradores. Además de Peiró, figuraban como
redactores, Eusebio C. Carbó, Sebastián Clara, Pedro Foix (»Delaville»),
Ramón Magre.
I * 9 6 I
4
Solidaridad Obrera y el per i o di smo d e r a í z Ác r a t a c a p í t u l o VI
diario, después de que una asamblea de los trabajadores de
aquella ciudad así lo decidiera.467
Con el fin de tomar acuerdos en torno a la salida del diario, j un­
to a otros temas, el Comité catalán en funciones convocó a toda
prisa una Conferencia Regional que tuvo lugar el 6 de julio. En
ella se confirmó a los redactores previamente elegidos por el di­
rector y se dio lectura al «Dictamen de la Ponencia» sobre admi­
nistración. Básicamente se trataba del contenido del diario; el
personal lo formarían cinco redactores, incluido el director y
cuatro en la administración, incluido el administrador general;
nombramiento además de un Consejo Consultivo que realizaría
desde ese momento todos los trabajos preparatorios, publicidad,
presupuestos, personal y recaudación. Se contemplaba la posibi­
lidad de adquirir imprenta propia a medida que mejorase el es­
tado económico, así como el aumento de páginas, etc.468
Los esfuerzos se vieron coronados por el éxito y el 31 de agosto
apareció el primer número del diario. En la Conferencia Regio­
nal primeramente suspendida en vista de la convocatoria nacio­
nal y más tarde convocada de nuevo a petición de algunos sindi­
catos que tuvo lugar el 5 y 6 de octubre, la discusión en torno a
la marcha del diario ocupó un lugar importante en un orden del
día bastante apretado469 . Massoni, su administrador, hizo una
detallada exposición de las vicisitudes para encontrar imprenta y
el déficit diario de 350 pesetas que representaba el no disponer
de una propia. Después de muchas intervenciones en pro y en
contra, se acordó hacer las gestiones necesarias para su adquisi­
ción y al efecto se nombró una ponencia compuesta por Santia­
467 Para una descripción detallada del desarrollo de dicha asamblea, véase,
Pou, Bernardo, Magriñá, J.R. (1933), pp, 5658.
468 Pou, Bernardo, Magriñá, j.R. (1933), pp. 7677.
469 Ei orden del día en Pou, Bernardo, Magriñá, J.R. (1933), p. 127.
1197 i
CAPI TULO V» Solidaridad Obrera y e l p er i o d i sm o de r a í z Ac h a t a
go Fernández, Pedro Massoni, J oan Peiró, Bernardo Pou, Saña y
Bueso470 . Cuando esta presentó el presupuesto, se acordó, luego
dé muchas discusiones, entregar íntegras las cotizaciones de las
semanas 43 y 44 para cubrirlo.471
En la otra vertiente ideológica de la CNT, los grupos anarquis­
tas integrados en la FAI comenzaron a editar de nuevo Tierra y
Libertad que trabajó tanto en la reorganización de los grupos
como en el de la Confederación. Organos locales y regionales se
sucedieron sin interrupción, como una avalancha en cascada.
Pero incluso antes que en Barcelona, la cabecera Solidaridad
Obrera manifestó su presencia de inmediato en diversas locali­
dades. El primer periódico de este título apareció en Huelva
alrededor de mayo, como órgano de los sindicatos de esa ciudad
y su provincia4'2, Con toda seguridad se editó allí lo que resulta­
ba insólito por tos problemas que atravesaba la Confederación
Regional Andaluza en la ciudad de Sevilla, debido a la escisión
comunista. Peiró y Clara se vieron obligados a confesar su fraca­
so en la solución de los mismos473. A pesar de las dificultades y
de «ciertos sujetos»474 pudo llegar hasta el Congreso Regional,
470 Pou, Bernardo, Magriñá, J.R. (1933), pp. 133 y sgs.
471 Pou, Bernardo, Magriñá, J.R. (1933), pp. 142143. Después de intensos
esfuerzos económicos pudo adquirirse la rotativa del periódico madrileño
La Libertad.
472 El primer numero que se conoce es el 2 del 17 de mayo, siendo su admi 
nistrador Manuel Pórtela.
473 Peiró, J. y Clara, S,, «Desde Sevilla/Lo que estaba previsto», Sevilla y junio
1930, S.O. (Huelva), n.5 (14 junio 1930), 2. Para una descripción del pro 
ceso de esta escisión protagonizada por Manuel Adame, véase, Elorza,
Antonio (1972-74), II, pp. 416 y sgs.
474 Cornejo, I., «Alto y Claro», S.O. (Huelva), n.lü (13 septiembre 1930), 4.
Solidaridad Obrera v 11 p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPÍ TULO VI
pero le fue imposible ir más allá. El 14 de octubre fueron dete^
nidos sus redactores y los sindicatos clausurados4'5. El comité
regional tomó entonces el acuerdo de que reapareciera en
Sevilla.476
L a trayectoria de Solidaridad Obrera de Valencia fue también
muy accidentada y pasó por diversas fases. En la primera de la
que no se conoce ningún ejemplar comenzó a publicarse a fina­
les de mayo de ese año y fue suspendida probablemente en no­
viembre. Reapareció en marzo del año siguiente con el nombre
de Solidaridad477 y en un número no determinado, pero anterior
al 30 (17 octubre 1931), cambió la cabecera por Solidaridad
Obrera, continuando la numeración.
El diario catalán fue el tercer periódico de esta cabecera que ini­
ció sus publicaciones el año 1930, concretamente el 31 de agos­
to, en su 6a época. Dos meses y medio después lo hizo Solidari 
dad Obrera de La Coruña en su 3aépoca.478
También comenzaron a aparecer las tradicionales cabeceras de
los grupos anarquistas: E l Productor en Barcelona, en junio, re­
novando su propaganda en favor del movimiento obrero anar­
quista (M OA ), Redención de Alcoy, en abril, En Marcha, en
Santa Cruz de Tenerife, en junio, etc. I gualmente se multiplica­
ron los portavoces de los sindicatos: El Sembrador de I gualada,
475 La Revista Blanca (Barcelona), n_183 (1 enero 1931), 149, E! último nú 
mero que se conoce es e! 10 ya citado.
476 Efectivamente reapareció en Sevilla, pero un año después y con el titulo
de Solidaridad Proletaria.
477 El primer ejemplar es del 28 de marzo y el último conocido el 17 es del 18
de julio.
478 El primer número es del 15 de noviembre. Se ignora porque se le asignó
3a época, va que no se conoce ninguna referencia de la 2a.
c a p í t u l o VI Solidaridad Obrera y é l p e r i o d i s m o df . r a í z á c r a t a
problemas ideológicos derivados de la escisión frentista487 y los
ataques recíprocos de que fue objeto por parte de la Federación
Sindicalista L ibertaría y sus órganos de prensa Cultura Liberta 
ria y Sindicalismo 488
Al reaparecer instaló la redacción en la calle Nueva de San
Francisco, 3, imprimiéndose en los talleres de Publicaciones
Gráficas, Muntaner, 49489. Su cuerpo de redacción lo compo­
nían: J uan Peiró, director, Eusebio C. Carbó, Ramón Magre, P.
Foix (Delaville) y Sebastiá Clara, redactores y como administra­
dor Pedro Massonr490. Este equipo se modificó en varias ocasio­
nes a lo largo de su trayectoria491. El 8 de junio de 1931 entró en
funciones el cuerpo de redacción elegido en la Conferencia Re­
gional, compuesto por; Peiró, director, Clara, secretario de re­
487 Un excelente trabajo sobre el trentismo en Cataluña lo constituye el estu 
dio de Vega, Eulalia (1980), passim.
488 «Problemas confederales/¿A quién representa Solidaridad Obrera}», Cultu 
ra Libertaria (Barcelona), 49 (21 octubre 1932), 3; «¡Leed trabajadores!,
Solidaridad Obrera regentada por déspotas», Sindicalismo (Barcelona), 23
(21 julio 1933), 1.
489 En esta imprenta se editaban E l Día Gráfico y La Noche. Como ya se ha
visto, para evitar la sangría económica de la imprenta, se compró poco más
tarde una rotativa y se instaló en la calle Consejo de Ciento, 241, donde se
ubicó también la redacción.
490 Massoni fue uno de los firmantes del manifiesto de los treinta y esto le
acarreó no pocos problemas cuando el diario pasó a manos de la facción
contraria. En el Pleno Regional de marzo de 1933 fue duramente atacado
por su gestión, más por cuestiones ideológicas que por competencia admi 
nistrativa. La consecuencia fxie su dimisión irrevocable, véase, Peirats Valls,
José (1978), pp. 7784.
491 Para una descripción detallada de estos primeros meses de vida del perió 
dico, véase, Peirats Valls, José (1978), pp. 36 y sgs.
Solidaridad Obrera y p.l. p er i o d i sm o df . r a í z á c r a t a c a p í t u l o v i
dacción; Felipe Alaiz, Ramón Magre, Ricardo Fornells, Agustín
Gibanel y Progreso Alfarache, redactores492.
La tirada media osciló entre los 20,000 y los 40.000 ejemplares
que conocería un aumento sin precedentes a partir de julio de
1936.
En el primer número de esta 6a época decía refiriéndose a la
campaña de agitación a favor de los presos por cuestiones socia­
les:
Solidaridad Obrera portavoz elevado y genuino de las organizacio 
nes y de los ideales de emancipación económica, moral v política,
en cuya defensa cayeron nuestros presos, al publicar su primer
número después de seis años de suspensión y de mutismo impues 
tos por la violencia, cumple gustosa el deber moral ineludible y
sagrado de incorporarse a su santa cruzada cuyo epílogo no puede
ser otro que la reintegración de nuestros hermanos a la vida relati 
vamente libre y al afecto de los suyos.4''1
L a primera suspensión grave la tuvo a solo dos meses de su sali­
da. El día 2 de noviembre fueron suspendidos los voceros anar­
cosindicalistas, por orden judicial, durante un mes*9'1. Cuando el
4 de diciembre reapareció había incorporado, como redactor-co-
rresponsal de Madrid, a Ramón J . Sender.
En La Coruña apareció el órgano confederal de Galicia preci­
samente en este intervalo de suspensión de los demás, teniendo
su redacción en la calle Federico Tapia, 26 e imprimiéndose en
la tipografía obrera, Socorro, 3.
En su número inicial declaraba:
492 El Luchador (Barcelona), 23 (12 junio 1931), 2,
493 «Al reaparecer», S.O. (Barcelona) (6a época), 1 (31 agosto 1930), 1.
494 En esta suspensión debió estar incluida Solidaridad Obrera de Valencia,
junto con otros periódicos.
b° 3 I
CAPI TULO VI Solidaridad Obrera v f, l p e k i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
Aparecemos o reaparecemos en estas lides periodísticas para seguir
una trayectoria trazada ya por otros precursores del movimiento
emancipador [...]. Nuestra posición será clara y diáfana.495
Continuó publicándose hasta 1934, siendo suspendido segura­
mente a raíz de la revolución de octubre en Asturias. En esta
región no apareció el periódico confederal hasta julio de 1931,
como siempre en Gijón, pero en esta ocasión con el título Soli 
daridad y como órgano de la CRT de Asturias, L eón y Palen-
cia496. La redacción y administración se instaló en la Casa del
Pueblo de Gijón, pero pronto a partir del 22 de agosto se trasla­
dó al edificio de la imprenta que era como siempre «La Victo­
ria», calle Libertad, 53. Estuvo dirigido indistintamente por Se­
gundo Blanco, J osé María Martínez o Aerado Bartolomé.497
En su reaparición afirmaba:
Después de larga suspensión vuelve el órgano de la Confederación
Regional del Trabajo de Asturias, León y Palencia, a ponerse en
contacto con el proletariado de la Región, Como mandatario de
los trabajadores afectos a la CNT este semanario no puede tener
otra orientación que la marcada por los Congresos confederales sin
otros intereses que defender que los de la clase explotada. Hablar
de propósitos nos parece inútil: Solidaridad será como sepamos y
como podamos hacerla los trabajadores que la redactamos, por
designación del Pleno Regional. El periódico debe tener seis pági 
nas y ello será un hecho cuando la tirada alcance, por la menos,
495 S.O. (La Coruña), 1 (15 noviembre 1930), 1, en este número y en los si 
guientes se incluyen las sesiones del Pleno Regional celebrado en La Co 
ruña los días 21 a 24 de septiembre de 1930.
496 El primer número es del 16 de julio de 1931 y el último conocido el 36
del 19 marzo 1932.
497 Álvarcz, Ramón (1973), p. 441.
! 204 I
Solidaridad Obrera v el v e r i o d i s m o d£ r a í z á c r a t a c a p í t u l o VI
finco mil ejemplares, a los que esperamos ha de llegar rápidamen 
te. Queremos que Solidaridad tenga vida propia y se desenvuelva
sin necesitar la ayuda de las cuotas sindicales, por eso comienza
con las cuatro páginas, para empezar con plena autonomía econó 
mica. El formato no puede ser mayor porque la máquina de nues 
tra imprenta no da para más.498
Y este mismo año, en septiembre, reapareció en Sevilla el órga­
no confederal con el título de Solidaridad. Proletaria y portavoz
de la CRT de Andalucía y Extremadura.499
Volviendo al diario de Barcelona, la crisis interna provocada por
las posiciones frentistas enfrentadas a las faístas, precipitó un
cambio en la redacción, pasando Felipe Alaiz a sustituir a Peiró
al frente del mismo, por decisión del Pleno Regional iniciado el
11 de octubre de 1931, después de acalorada discusión.500
Sería excesivamente monótono citar cada una de las suspensio­
nes que sufrió: como norma era suprimido cada vez que se pro­
ducía algún acontecimiento de cierta gravedad (insurrecciones,
motines, huelga general, etc.).
A raíz del levantamiento anarquista de diciembre de 1933, que
acabó fracasando como los anteriores, fue de nuevo suspendida
498 S.O. (Gijón), 1 (18 julio 1931}, 1. He incluido tan larga cita porque con 
tiene datos interesantes sobre el periódico. Más (arde aumentó a ocho las
páginas reduciendo aún más el formato.
499 Debió aparecer el 19 septiembre. El primer número que se conoce es el 9
del 14 noviembre 1931 y el 26, el último, del 30 abril 1932. Aunque no me
consta, tanto este periódico como Solidaridad de Gijón debieron interrum 
pir sus publicaciones para ayudar a la aparición del diario C N T en Madrid,
órgano nacional de la Confederación, decidido en el Congreso del Con 
servatorio del año 1931. El primer número de este periódico apareció el 14
noviembre 1932.
500 Véase El Luchador (Barcelona), 42 (23 octubre 1931), cit. por Elorza, An 
tonio (1973), p. 353.
I 2°5
CAPI TUL O VI
Solidaridad Obrera v r.i. p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
la aparición del diario. Esta vez fue más larga que las anteriores
y para llenar el vacío apareció en febrero del año siguiente Soli 
daridad que tenía como subtítulo: «Diario de los trabajado­
res»501. Tanto la redacción y administración como la imprenta
estaban situadas en los talleres de Solidaridad Obrera, en la calle
Consejo de Ciento.
AJ salir decían:
Un nuevo vocero sale a la luz pública en Barcelona. V iene a susti 
tuir, modestamente, un vacío insustituible [...]. Salimos en un
momento difícil para la vida de las organizaciones obreras que nos
son caras...502
Su corta vida dio paso al tradicional órgano catalán que reapare­
ció en abril. Su equipo de redacción estaba compuesto por Ma­
nuel Villar (director), Felipe Alaiz, Alejandro G. Gilabart y Eu-
sebio C. Carbó, a los cuales se sumó J osé Peirats en agosto503.
Es bien conocida la represión que siguió a la insurrección de
octubre; sin embargo el diario confederal catalán no sufrió nin­
guna consecuencia. Como la situación era en extremo bochor­
nosa, los redactores decidieron cargar las tintas y una semana
después de los hechos del 6 de octubre apareció en letras de
molde un editorial con el título: «¡Abajo la pena de muerte!. La
suspensión hie inmediata.504
Solidaridad Obrera de Valencia, que continuaba publicándose,
fue igualmente; suspendido a raíz de estos acontecimientos.
501 El primer número es del 13 febrero 1934 y el último el 22 del 11 marzo.
502 Solidaridad (Barcelona), n.l (13 febrero 1934), 1.
503 Peirats Valls, José (1978), p. 43.
504 Peirats Valls, José (1978), p. 45 y sgs.; este autor hace un vivido relato de
aquellos acontecimientos de los que fue protagonista directo.
Solidaridad Obrera v el rBRtooisMo or. r a í z á c r a t a c a p í t u l o v i
Ambos periódicos reaparecieron en enero del año siguiente,
pero el órgano valenciano se trasladó pocó después a Alcoy505.
Al empezar a publicarse en aquella ciudad declaraban:
Quizá reaparece nuestro semanario con un poco de retardo [...].El
paréntesis ha sido largo Sepamos todos estar a la altura de los
momentos. La situación es grave. Las izquierdas en el poder no
harán otra casa que repetir la nefanda labor de! primer bienio...506
Este periódico desapareció en su número 127 del 17 de julio de
1936, un día antes de la rebelión militar en la península. Solida 
ridad Obrera de Barcelona siguió publicándose ya sin interrup­
ciones hasta el desenlace final de enero de 1939. El desaparecido
órgano de la regional galaica volvió a la palestra también en
1935 en junio pero esta vez con el título de Solidaridad cpoca 1.
Su redacción, administración e imprenta siguieron siendo las
mismas que anteriormente. Fue bruscamente interrumpido por
causa de la rebelión militar triunfante en Galicia.507
6 .2 . la jauría: apuntes para una historiografía del anarquismo
Comentaba en la introducción a este ensayo, que un detenido
análisis de lo que algunos escritores han expresado en tomo a!
anarquismo nos desvelaría algunos de los rasgos más destacados
505 Se ignoran las causas del traslado a Alcoy de la publicación, pero entre el
último numero publicado en Valencia el 114 del 14 febrero 1936 y el pri
mero publicado en Alcoy el 115 del 23 de abril, transcurrieron más de dos
meses.
506 «Editorial/Coincidiendo con el prometente (sic) resurgir sindical de la
Región reaparece Solidaridad Obrera», S.O. (Alcoy) 115 (23 abril 1936), 1.
507 El primer número debió aparecer el 29 de junio de 1935. El primero que
conocemos es el 4 del 20 julio y el último el 56 del 18 julio 1936.
■I »7 1
c a p í t u l o v i Solidaridad Obrera y f .l pe r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
de la acción de los anarquistas y las bases sociales de la represión
contra los mismos508. Asimismo, los escritos de los historiadores
pueden desvelarnos el lado oscuro de la historia, porque si es
importante la investigación del desarrollo histórico, pienso que
es aún más importante investigar la evolución que de la inter­
pretación histórica hacen los propios historiadores, ya que esto
nos permite observar la evolución de la propia sociedad en la
que estas interpretaciones históricas se llevan a cabo y nos sirve
de barómetro para calibrar su categoría ética.
Muy pocos historiadores han estudiado el anarquismo con un
mínimo de imparcialidad, porque la inmensa mayoría parte de
un prejuicio fuertemente arraigado en ellos. Por un lado, ha sido
considerado siempre como una ideología sin un programa polí­
tico claro, con una fuerte tendencia a resolver los problemas so­
ciales medíante la violencia, y por otro, se tiende a legitimar al
Estado y a sus instituciones, así como a las instituciones econó­
micas, aunque éstas se basen en la razón de la fuerza, siempre
justificando los hechos con el consagrado tópico del mal menor
y consecuentemente se incrimina cualquier tipo de acción que
tienda a combatir ese estado de cosas.
Obviamente no es mi intención llevar a cabo una historiografía
del anarquismo, pero sí quisiera mostrar algunos casos que pue­
den ilustrar lo que he dicho hasta ahora.
A principios del siglo XX, un intelectual de cierto prestigio,
Gustavo la I glesia, no dudó un solo momento en plagiar el libro
de un sociólogo alemán sobre la ideología anarquista. Su objeti­
508 Ha habido ya algún intento en este sentido, p.e., Álvárez Junco, José, «La
literatura sobre la cuestión social y el anarquismo», en Estudios sobre histo 
ria de España (Homenaje a Tunón de Lara), Madrid, 1981, tomo I, pp. 391-
398.
[ 2 0 8 !
*
Solidaridad Obrera y f,l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPI TULO VI
vo explícito, demoler los fundamentos teóricos del anarquismo.
A la Academia de Ciencias Morales y Políticas debió parecerle
un plagio excelente, porque le concedió el premio que otorgaba
anualmente. Un correligionario suyo, bastante más honesto, pu­
so de relieve el fraude, señalando con perplejidad que la parte
del libro que era de su cosecha y que trataba de acabar para
siempre con el anarquismo, parecía dar la razón a los anarquis­
tas. «Lo que tiene de investigación, poco es de primera mano y
mucho copiado literalmente. L o que tiene de refutación es
blando, elemental, pobre; casi compromete las doctrinas que
defiende; casi convence de que son exactas las doctrinas que
combate».509
En otro orden de cosas, la historiografía ha considerado siempre
la actuación del anarquismo bajo la I I República como inconse­
cuente, falta de un programa concreto que posibilitase la cons­
trucción de una alternativa real, etc. Así se expresaba, por ejem­
plo, el historiador norteamericano BrademasP10, aunque con re­
lativa moderación, pero siguiendo su estela y cada vez con ma­
yor furor, otros historiadores han tratado el anarquismo bajo la
I I República como si se tratase de una feroz jauría acosando a
una inocente gacela. Siguiendo en esta línea, el historiador ara­
gonés J ulián Casanova presentó hace unos años su particular
visión del tema511 , pero «pese a la dureza con que les trata en
ocasiones, Casanova tiene una cierta tendencia, pues, a exculpar
509 El libro plagiado, Eltzbacher, Paul, El anarquismo según sus más ilustres
representantes, Madrid, s.a. El plagio, La Iglesia Gustavo, Caracteres del
anarquismo en la actualidad, Barcelona, 1907 (2a, revisada y puesta al día);
456 páginas. La edición premiada por la Academia es de 1905. La reseña
crítica en Nuestro Tiempo, 25 enero 1907, por Severino Aznar.
510 Brademas, John (1974),^>ai(im.
511 Casanova,Julián ( \ l)97),passim.
2 0 9
CAPÍ TULO VI Solidaridad Obrera y f. l p e r i o d i s m o i j e r a í z á c r a t a
a los anarquistas». Estas afirmaciones respecto a las tesis mante­
nidas por Casanova fueron escritas por el historiador Alvarez
J unco al hacer la reseña del libro citado, lo que equivale a afir­
mar que, a pesar de todo, aun no se ha incriminado suficiente­
mente la actuación de los anarquistas en ese periodo. Y así es
efectivamente, ya que el profesor J unco, basándose en un ruin
neoliberalismo, afirma:
Describe también los mecanismos insurreccionales, tan ensayados
en 19321933: en ocasiones raras-, lúe la propia dirección confede­
ral la que aprobó llamamientos a huelgas generales en coda Espa­
ña, que casi nadie siguió; en otras, la mayoría, fueron «grupos anar­
quistas iluminados por visiones catastrofistas» quienes se presenta­
ron en los pueblos y se lanzaron a aventuras que la dirección se veía
obligada después á avalar. Luego, con los derrotados en la cárcel, la
fuerza de los radicales contra los moderados residía en los comités
de presos, que explotaban la mala conciencia de los sindicalistas.
En muchos de estos rasgos, el mundo confcderal recuerda al del
radicalismo abertzale actual.513
De este modo se sitúa junto a la tónica neoliberal del método
comparativo mezquino y falto de sentido, como cuando un con­
trovertido periodista comparó a K ropotkin con Ben Laden513 o
como el hispanista Hugh Thomas, quien declaró sin sonrojarse
que los talibanes siguen hoy las mismas tácticas que seguían los
anarquistas:
512 Alvarez J unco, J osé, «La CNT en los años treinta», Revista de Libros, 16.
(abril 1998), 3-5.
513 Cfr. Pedro J . Ramírez, «Recordad a Polifemo», E l Mundo (Madrid) (16
septiembre 2001).
I 210 t
*
Solidaridad Obrera y f.l p b k i o d i s m q d e k a í z Ac r a t a
c a p í t u l o v i
Las frases que levantaban y animaban a los activistas anarquistas
en los años treinta contra la burguesía son iguales a las que sirven
hoy a los fundamentalistas islámicos para cometer crímenes, según
el historiador.514
Pero el profesor J unco no se detiene aquí, continúa sus sistemá­
tica labor de descalificación y así afirma refiriéndose a la situa­
ción creada en julio de 1936:
Pero que la CNT ejerciera poder no significa que hubiera, en la
España republicana de 19361937, una situación de «doble poder».
Contra la interpretación dcTrotski y contra los BrouéTémime a
los que antaño leimos fervorosamente, no había una pugna entre
un poder popular, constituido por milicias, tribunales populares y
comités espontáneos, y otro gubernamental debilitado que intenta 
ba encauzar el desbordado torrente revolucionario. Lo que bahía era
CÜOS.515
Existen otras muchas perlas del mismo fulgor en esta significa­
tiva recensión de Alvarez J unco, a la cual remito a quien esté
interesado en la evolución de la historiografía neoliberal. No
obstante, este prestigioso historiador afirmó, hace ya algunos
años, al reseñar la obra de Temma Kaplan516:
Nada hay más peligroso para un investigador de los fenómenos sociales que
creerse con fe obstinada su propio esquema interpretativo. Peligro agravado, en
los medios académicos, por la casi universal exigencia de producir y defender
estudios novedosos y resonantes. Uno de los excesos a que frecuentemente
514 Cfr. El País (Madrid) (9 octubre 2001).
515 Alvarez Junco, José, art. cit. El subrayado es mío.
516 Kaplan, Temma (1977).
CAPI TUL O VI
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
lleva esta necesidad consiste en distorsionar algún dato que otro para lograr
que ajuste en el brillante preconcebido.517
L o cierto es que el período republicano propició un extraordina­
rio desarrollo de los grupos anarquistas, siguiendo el modelo
anterior, pero mucho más extendido y profundo518 . Todo este
entramado organizativo de grupos y ateneos ya existía antes de
que fuera proclamada la república, pero en las historias al uso
parece como si hubieran desaparecido y en su lugar se hubiera
entronizado la FAI , como una especie de bestia negra, dispuesta
a devorar la república.519
Los ateneos libertarios se multiplicaron y contribuyeron sin du­
da alguna a potenciar ese fermento cultural, característico de
este período y que será muy difícil que pueda volver a repetirse.
Y del mismo modo que hubiera sido muy difícil la pervivencia
de la CNT, sometida a una dura represión desde su mismo na­
cimiento, sin el apoyo de los grupos anarquistas, muchos de ellos
en el más absoluto anonimato, también resulta difícil explicar la
agitación popular bajo la I I república, sin tener en cuenta la ac­
tuación de los grupos anarquistas o de los ateneos libertarios.
I gualmente este espíritu fue el que impregnó a la época que ana­
lizamos. Hubieron huelgas e insurrecciones contra el Estado,
claro, pero en las condiciones en que vivían los trabajadores y ya
desengañados de las promesas de los políticos, hubiera sido difí­
cil que no se produjeran, aunque no hubiera existido la Federa­
ción Anarquista Ibérica.
517 Alvarez Junco, José, «Sobre el anarquismo y el movimiento obrero anda 
luz», Estudios de Historia Social, III, 10-11 (abril-junio 1979), p. 275.
518 Véase, para el caso de Valencia, el estudio de Navarro Navarro, Francisco
Javier (2002), passim.
519 Un brillante análisis de esta cuestión, para el caso de Andalucía, en Gutié
rrez Molina, José Luis (1993), pp. 103 y sgs.
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPÍ TULO VI
Sin embargo, aunque no deja de ser cierto que muchos grupos
se encuadraron en la FAI , ésta no tuvo una importancia efectiva
hasta por lo menos 1933 y aun entonces, la federación de los
grupos, al margen de comités fue muy importante. Pero es que
además hubieron muchos grupos que nunca se integraron en la
organización faista y lógicamente desaparecen del horizonte
histórico.
Para concluir quiero señalar, tal como escribe Dolors Marín
«que de no haber existido una amplia y desconocida base huma­
na con una clara conciencia, preparada ideológicamente y que
podía fácilmente identificarse con los actores de un proceso de
cambio social, difícilmente se hubiera producido un fenómeno
como el de la revolución española del 36-39. Es decir, que fe­
nómenos como el de las colectivizaciones, la larga tradición de
escuelas racionalistas y el autodidactismo obrero o parte de la
formación de milicias, etc., no se pueden explicar si no tenemos
en cuenta que durante años, hombres y mujeres en grupos, dis­
cutían sobre la posibilidad real de este cambio».520
Por ello, en mi opinión, lo que se trata en realidad al despresti­
giar o minimizar la acción social del anarquismo, lo que yo he
dado en llamar «cultura anarquista», es ocultar el hecho, me-
diante la elaboración de brillantes y complicadas teorías históri­
cas, por los general faltas de consistencia, de que la lucha contra
el Capital y el Estado, por medio de la autoorganización, es po­
sible.
520 Marín i Silvestre, Dolors (1989-1990), p. 401.
2I J
CAPÍ TULO VI
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z Ac r a t a
6.3. La República contra tos trabajadores
L o que durante la I I república se produjo en el movimiento
anarquista fue una continua tensión entre dos concepciones
diametralmente opuestas del desarrollo de la revolución, por un
lado aquellos que confiaban en una insurrección apoyada por
una gran parte, de los trabajadores y aquella otra que pretendía
un cambio ideológico en profundidad en la conciencia del indi­
viduo.
Esta era la situación del movimiento anarquista cuando el 14 de
abril de 1931, por la fuerza de la presión popular, especialmente
en las ciudades, era proclamada la segunda república. En contra
de las críticas que se han hecho a la oposición larvada de los
anarquistas a la proclamación de la misma, existen pruebas sufi­
cientes que demuestran que si no estaban de acuerdo con la
misma, tampoco se plantearon una oposición frontal en los pri­
meros momentos. Como alguien ha afirmado, se limitaron a
quedarse a la expectativa, aun a sabiendas que el gobierno repu­
blicano sería incapaz de resolver los problemas que el país arras­
traba desde siempre, especialmente en lo que hacía referencia a
la cuestión campesina.
El viejo anarquista italiano Malatesta, desde su confinamiento
en Roma escribía a su amigo y correligionario Borghi, entre
otras cosas,: «soy de la opinión que los anarquistas y sindicalistas
españoles no supieron aprovechar la ocasión que les ofrecía la
revolución del 14 de abril con el consiguiente entusiasmo popu­
lar»521. Mientras Nettlau se dejaba llevar por el entusiasmo del
momento, hasta el punto de llegar a creer en una hipotética co­
laboración entre los anarquistas y un gobierno para contribuir a
prolongar un estado de libertad relativa que permitiese la propa­
521 Malatesta, Errico, Epistolario, lettere edite e inedite, 1873-1952, a cura dì
Rosaria Bertolucci, Avenza, 19842, p. 352.
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d i : r a í z á c r a t a
c a p í t u l o VI
ganda y la organización de las fuerzas revolucionarias. Parecía de
pronto olvidar, siempre en palabras de Malatesta, que quien to­
ma el poder hace todo lo posible por disminuir y suprimir cual­
quier clase de libertad y únicamente la efectiva y temida resis­
tencia popular puede ser capaz de frenar estas tendencias liberti­
cidas.
Los hechos ya se habían encargado de dar la razón al viejo revo­
lucionario (las noticias le llegaban con extraordinario retraso y la
carta que hemos citado fue escrita en marzo de 1932). Efecti­
vamente, la coalición republicano-socialista en el gobierno du­
rante el llamado bienio constitucional se dedicó sistemática­
mente a debilitar al anarquismo. Las leyes que se promulgaron
en estos dos años estaban dirigidas a coartar la acción sindical
de la CNT y a impedir el desarrollo de los grupos anarquistas.
A nte la imposibilidad de llevar a cabo su programa, el gobierno
se dedicaba a solucionar los conflictos mediante la represión.
Las masacres llevadas a cabo por la guardia civil en diferentes
puntos del país son buena prueba de ello.
No deja de ser significativo que en las dos ocasiones que se ha
promulgado la república en España lo haya hecho sin traumas,
como si de una transición lógica se tratara, pero al mismo tiem­
po también sin demasiada fuerza, quizá por este mismo motivo;
pero en cualquier caso su hipotética fortaleza sólo la podía con­
seguir de aquellos a los que sistemáticamente reprimió.
En su estudio sobre la revolución francesa, el historiador francés
Daniel Guerin llegaba a conclusiones parecidas al hablar de la
posición del virtuoso Robespierre después de haberse deshecho
de Danton y de los hebertistas:
La doble liquidación de los hebertistas y de los dantonistas, lo que
se ha llamado la «caída de las facciones», había reforzado al go-
C a H T U L O VI
^otidaridad Obrera v f i . prmoD i s.M O d e r a í z á c r a t a
hicrno de salud pública sólo en apariencia. En realidad, salía peli 
grosamente debilitado de aquella operación sangrienta. E l mismo
había aserrado ¡a rama que lo sujetaba}22
Pasemos ahora a analizar lo que en mi opinión sería el principal
cometido de la República y las posibles causas de su fracaso: En
esencia lo que la burguesía progresista perseguía era la revolu­
ción urbana definitiva, es decir, la liquidación de las viejas es­
tructuras agrarias en favor de una completa revolución industrial
que permitiera la concentración del capital que propiciara el ne­
cesario despegue económico. En la coyuntura económica inter­
nacional de los años treinta este intento era, sino imposible, su­
mamente difícil, sobre todo sin contar con una clase política
cohesionada y unos sindicatos proclives a aceptar determinados
sacrificios en aras de una hipotética mejora en las condiciones
de vida de los trabajadores y campesinos. La Reforma Agraria
:c trató de impulsar la República era deficiente y estaba mal
planteada, una versión caricaturizada de la desamortización de
Mendizábal y aún en el caso de que se hubiera podido llevar a
cabo, lo único que en esencia pretendía era liberar mano de obra
agrícola en beneficio de la industria, lo cual, con el alto nivel de
desempleo existente, era una quimera. Paradójicamente sería el
régimen franquista el que llevaría a cabo este proyecto, una vez
eliminado cualquier tipo de oposición, aunque probablemente
sin proponérselo y a costa de grandes migraciones hasta enton­
ces desconocidas.
Por contra, los anarquistas pretendieron desde siempre lograr un
equilibrio estructural entre la ciudad y el campo. Ésta era, en su
concepción, lá única vía posible de superación del secular en­
frentamiento entre el campo y la ciudad y también la única for-
522 Guerin, Daniel, La lucha de clases en el apogeo de la revolución francesa, Ma 
drid, 1974, pp. 252-253. Las cursivas son mías.
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Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a c a p í t u l o VI
mu, a su entender, de poner freno a la centralización defendida
por el Capital y también por el Estado. Camillo Berneri, el
anarquista italiano que posiblemente más se comprometió con la
revolución española pagándolo con su vida, escribió en 1928 un
artículo que fue reelaborando posteriormente y en el que señala­
ba, analizando el fenómeno ruso de las requisiciones forzadas,
esta particularidad de la revolución.
El señor Casanova en el estudio que hemos citado antes afirma:
«Que el anarcosindicalismo no tenía en esos años, ni la había
tenido antes, una base social en el medio agrario resulta una ase­
veración fuera de toda duda», mientras J unco remacha: «los
anarquistas fueron incapaces de elaborar un programa agrario
durante la Segunda República (como lo había sido a lo largo de
su primer medio siglo de existencia, algo que ya me sorprendió a
mí hace años, al estudiar esa época)». Para una ideología que
muchos investigadores han calificado de agrarista resulta como
mínimo sorprendente. Pero ninguna de estas afirmaciones tan
rotundas resulta totalmente cierta.
Por otro lado, tampoco es totalmente cierto que los anarquistas
no tuvieran una alternativa a la Reforma Agraria o no dispusie­
ran de un programa; como antes ya he apuntado su propósito
era integrar en su proyecto revolucionario al conjunto de la so­
ciedad y buscar un equilibrio, sumamente necesario, entre el
medio urbano y el rural523. L as sucesivas resoluciones de los
congresos, asambleas y plenos celebrados en aquellos años así lo
atestiguan.
523 Un contundente desmentido de las afirmaciones de los profesores men 
cionados nos k suministra, para el caso concreto de Cádiz, Gutiérrez Mo 
lina, José Luis (1993), pp. 141 y sgs.: «la cuestión de la tierra».
CAPÍ TULO VI
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
Pero me da la impresión que la intención es cargarse la obra de
la revolución: las colectividades, las cuales, bajo esta interpreta­
ción, serían impuestas por la fuerza de las armas de los milicia­
nos. Si esto se lograra, el objetivo se habría cumplido totalmen­
te. Ya sólo quedaría la imagen de unos exaltados que querían
imponerse al conjunto de la sociedad por medio de la violencia.
Pero no voy a entrar en este tema de las colectividades; existen
numerosas obras que analizan exhaustivamente las realizaciones
llevadas a cabo en este campo y a ellas me remito.
Felipe A/áiz, director en 1931 de la edición de Valencia
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4
Solidaridad Obrera v e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a CAPI TULO V|
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Solí del 14 de abril de 19.31
CAPI TULO VI
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z Ac r a t a
[cti rresT i i i D o i l a s .i ®tas i ssi pi o sas o n a * un
Revuelta en Figols, 1932
Manuel Villar; director entre 1933y 1935,
en las oficinas de la CNT-FA1 en vía Laietana
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4
EPÍ LOGO
Chíacia el final
Los periódicos y revistas anarquistas al servicio de la guerra y la revolución
La sublevación militar del 18 de julio de 1936 y el subsiguiente
estallido revolucionario precipitado por la misma, cambiaron
radicalmente el panorama sociopolítico y económico. Como es
lógico también sufrió un vuelco sin precedentes el mundo pe­
riodístico. En las zonas que cayeron en poder de los sublevados
desapareció instantáneamente toda la prensa sospechosa de iz-
quierdismo. En aquellas otras zonas que permanecieron en ma­
nos de la República o de los obreros en armas, las rotativas de
los periódicos de tendencias o simpatías derechistas fueron i n­
cautados por éstos y rápidamente transformados.
El aumento de diarios, semanarios y revistas anarquistas y anar­
cosindicalistas fue espectacular524. Pero hay que señalar como
dato que quizá revista una cierta importancia que la cabecera
Solidaridad Obrera solo se mantuvo en Barcelona, donde como
se ha visto seguía publicándose desde 1930. Unicamente se pue­
de señalar un caso de muy corta duración, ya que solo se pudo
editar un número en I biza, donde se publicó esta cabecera. I n­
mediatamente después de recuperar la isla de manos de los su­
blevados, apareció el primer y último número el 12 de septiem­
524 Fue un fenómeno compartido por las demás fuerzas políticas, especial 
mente por e! Parrido Comunista.
ep í l o c o Solidaridad Obrera y e l p er i o d i sm o d e r a í z á c r a t a
bre de 1936. Pocos días después el 20 la isla volvía a caer en ma­
nos de los militares.525
Casi rodas las ciudades importantes de la zona republicana te­
nían al menos un diario confederal y en algunas como Barcelo­
na- hasta tres y cuatro. Pero, salvo Acracia o CNTwa se repetía
la cabecera. Liberación en Alicante, Fragua Social en Valencia,
Emancipación en Almería, Confederación en Murcia, etc., son
algunos de los títulos.
El contenido, como es de suponer, también sufrió una transfor­
mación radical. No se trata aquí de hacer un análisis profundo
del fenómeno, sino tan solo señalar que las vicisitudes de la gue­
rra y el desarrollo de la Revolución pasaron a ocupar una parte
importante del periódico. Esto cambiaría también de manera
significativa a raíz de los hechos de mayo de 1937 en Barcelona,
sobre todo por lo que se refiere a Solidaridad Obretrrlh . En estos
años se encargó de la dirección J acinto Toryho527 con un amplio
plantel de redactores y corresponsales de guerra. Sometido a una
censura cada vez más férrea y a la carestía de papel que se agudi­
zó a medida que se acercaba el desenlace final, continuó su tra-
vectoria hasta el 25 de enero de 1939, en su número 2.105. El
día anterior los rebeldes habían hecho su entrada en Barcelona.
A partir de este momento la próxima Solidaridad Obrera que
saliera debería hacerlo en la más absoluta clandestinidad.
525 Serra, S. y Sitges, A., «El periode república a Ejvissa i Formentera durant
la guerra civil», Randa (Palma Mallorca) 12 (1981), 185221.
526 En cuanto a la tirada, ésta aumentó en una gran proporción y a partir de
octubre de 1937 se empezaron a publicar tres ediciones diarias.
527 Toryho sustituyó a Liberto Callejas pocas semanas después del comienzo
de la revolución. Puede seguirse la evolución del diario catalán, en esos
dramáticos años, en dos excelentes estudios encarados desde ópticas dis 
tintas, Peirats Valls, José {19712) y Amorós, Miquel (2003).
Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a e p í l o g o
En algunos casos, el diario anarquista surgía como resultado de
la incautación de las rotativas ligadas directa o indirectamente
con la sublevación militar; en otrqs era el resultado de uña in­
tensificación de la acción de una determinada tendencia en el
seno del movimiento anarquista; pero, en cualquier caso, tanto la
lucha contra la sublevación militar, como el apoyo al proceso
revolucionario contó con un apoyo incondicional en las páginas
de los periódicos y revistas anarquistas.
Por el contrario aquellas que se publicaban con anterioridad al
18 de julio en las zonas donde triunfó la revolución por regla
general continuaron sus publicaciones, como la revista Estudios
de Valencia, de una gran calidad; pero hubieron algunas excep­
ciones, la más sobresaliente de las cuales fue, sin duda, el cese de
La Revista Blanca de Barcelona -su último número, el 388, data
del 15 de agosto de 1936- una de las mejores revistas anarquis­
tas españolas y que desde principios de siglo, en sus dos épocas
-M adrid y Barcelona- había contribuido de modo extraordina­
rio a la propaganda y a la extensión del movimiento anarquista a
lo largo y ancho del país.
Todas las tendencias anarquistas tuvieron sus órganos de expre­
sión en esos agitados años revolucionarios; incluso el individua­
lismo, que en este país no había tenido una importancia muy
grande, publicó sus periódicos. Entre ellos A l Margen de Barce­
lona -transferido posteriormente a Elda, en Alicante- e Ideas de
Hospitalet. L a Agrupación Mujeres L ibres fue fundada -tras
varios meses de intensos trabajos- en abril de 1936 yen ese
mismo mes comenzaron en Madrid la publicación de la revista
que sería su portavoz Mujeres Libres; unos meses después de ju­
lio fue transferida a Barcelona, donde se encontraba el núcleo
más compacto e importante de esta organización. Sin embargo,
se veía con desconfianza la existencia de una organización anar­
quista integrada exclusivamente por mujeres. De hecho Mujeres
EPlLOCO Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
labres se encontró desde su creación con numerosas dificultades
en el seno del movimiento anarquista. Las razones que se alu­
dían respondían a la desunión y desigualdad que dentro del mo­
vimiento libertario supondría la existencia de una organización
específicamente femenina, lo cual -se suponía- repercutiría ne­
gativamente en el desarrollo de la clase obrera. Esta fue, en lí­
neas generales, la respuesta que se les dio cuando pretendieron
que se les reconociera como rama autónoma del movimiento
libertario, junto a la CNT, la FAI y la FI J L . Aunque su portavoz
siguió publicándose, tuvieron que enfrentarse a numerosos pro­
blemas que hacían su aparición extraordinariamente irregular;
pero esto no impidió.que llevaran a cabo en la retaguardia y en
los trentes un trabajo silencioso, pero sumamente efectivo, ocu­
pándose de los heridos, empleándose en las fábricas, cuidando
de los niños c incluso luchando en el frente.
L a Federación Anarquista I bérica (FAI ), también desarrolló una
intensa actividad propagandística. En Valencia inició la publica­
ción del diario Nosotros y varios semanarios en otros puntos del
país; sin embargo, la tradicional cabecera Tierra y Libertad, aun­
que continuó sus publicaciones, en ningún momento se convir­
tió en diario.
También la Federación I bérica de J uventudes Libertarías (FIJ L)
desplegó una gran actividad en el campo de la propaganda; esta
organización había surgido en los primeros años de la república,
por la necesidad de integrar a las nuevas generaciones en un
movimiento específico que no podía ser cubierto ni por la CNT,
ni por la FAI; siendo los Ateneos L ibertarios demasiado genéri­
cos para cumplir esta tunción.
No fue fácil que esta nueva forma de organización fuese recono­
cida por el resto de organizaciones anarquistas y más tarde inte­
grada como organización autónoma en lo que se denominó M o­
vimiento Libertario: CNT, FAI , FI J L; quizá sea ese el factor que
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Solidaridad Obrera y e l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a e pi l o c o
explique los pocos periódicos juveniles surgidos antes de julio de
1936. Tan sólo Fructidor de Mahón o Vida Nueva de Vilanova y
alguno más de los que se tienen escasas noticias.
Tras la sublevación militar, este desolado panorama propagan­
dístico de las organizaciones juveniles daría un giro espectacular;
fueron editados alrededor de veinte periódicos y revistas, dos de
los cuales fueron diarios; el primero, Juventud Libre/FIJL, vio la
luz en M adrid y el otro, también denominado Juventud Libre,
apareció en Valencia, siendo más tarde transferido a Barcelona.
Algunas columnas de milicianos confederales se dotaron, así
mismo, de sus propios órganos de expresión; L a Columna de
Hierro que salió de Valencia y combatió en el frente de Teruel,
editó Línea de Fuego, la columna Ascaso, publicó Más Allá y las
columnas confederales del centro, publicaron el diario Frente
Libertario, con una edición en castellano y otra en italiano.
Como era previsible los voluntarios anarquistas de otros países
que vinieron a integrarse en la lucha revolucionaria contaron
también con sus propios órganos de expresión. Guerra di C/asse,
editada en Barcelona por el anarquista italiano Camillo Berneri,
junto con Virgilio Gozzoli y otros, portavoz de los voluntarios
italianos; L'EspagneAntifasciste, también de Barcelona, portavoz
de los anarquistas franceses y Die Soziale Revolution, en la mis­
ma localidad, era órgano de los anarcosindicalistas alemanes
(DAS).
No faltaron revistas y periódicos culturales dedicados al análisis
de los diferentes aspectos del anarquismo y su papel en la revo­
lución o la crítica a las relaciones sociales, algunas de ellas de
una extraordinaria altura, como Cultura y Porvenir, de Seo de
Urgel; o en otro aspecto, dedicadas a temas misceláneos de una
gran calidad, no sólo por su contenido, sino también por su pre­
sentación, ilustración y grafismo, como La Ilustración Ibérica, de
Barcelona, en la que colaboraron las mejores plumas del anar­
EPÌLOGO Solidaridad Obrera v f .l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
quismo español y Umbral de Valencia. Con todo, el grueso de la
propaganda lo constituían los órganos de la CNT, portavoces de
sindicatos y federaciones.
Redacción en 1936: Arturo Purera (fusilado en Sevilla en julio de 1936), Fernando
Pintado, Muñoz (corrector de pruebas), Liberto Callejas —Juan Perelló-
(director de la SoliJ , Manuel Ribas (secretario del CNde CNT), Fontaura,
Miguel Terrén
L a escasez de papel fue una amenaza constante para la conti­
nuidad de la propaganda. Muchas publicaciones se vieron en la
necesidad de cesar en algún momento debido a esta causa e in­
cluso hubo que llegar al acuerdo de suprimir de forma definitiva
algunas de ellas cuando la crisis de papel se agudizó.
Este aumento de la propaganda por las especiales circunstancias
de guerra civil prolongada que se generaron, dieron lugar al sur­
gimiento de corresponsales y cronistas en número bastante des­
tacado, aunque esta ligura periodística no fue nunca en la prensa
anarquista muy numerosa por razones obvias. Se formaron co­
rresponsales de guerra, algunos de ellos, como Mauro Bajatierra,
muy conocidos. Este anarquista madrileño recopiló en un libro
sus crónicas del frente de Madrid. Las colectividades, tanto in­
Solidaridad Obrera v kl periodismo df. raíz ácrata e p í l o g o
dustriales como campesinas, fueron también otro campo fructí­
fero, sin olvidar las crónicas de la retaguardia, en todos sus as­
pectos. j
S O U D á i i M E l O i R I R Á
i A B A J O EL F A S C I S M O !
Camilas: H ay pe aduar a fon do. EI - p l un n asa ü b ü s íEY an tarss u n i i
salo M D re S ara fiarrer al l asci si : F pi e a la H tlamez ís las t a a s m i B -
n arias: i l t e a e í M s i i I j " Í S l at <LltaI£l“’j *•*■•■■*» <*uicJ íracl*a Scani a! del rr*fca|*
---------- I m i r r i l e ‘ o aun ** w r*«- j _ c , I J l * *
• in ^'iPpeolo de Catalafla;
>¡sr ^r ?J ^£.j gj »<■■«!* ét c#rtc«¡al erta y en p i e de
s, . ; ! j f vr r r — ^ — [ g n e r r a !
Solí del 19 de julio de 1936
S O L I D Á M D A D O B M t A
MUamM U tnmumi Uoeui MI TtiáMH CUiU»á■®®íl Ncfjv-n h u cwmmiiw i mi u k. i w w m««Sa
AHO Vil . 1X5CA » 1 __________________ Binili «s pM n * *• t* l*M N I M H Í371
Cabecera de ¡a Solí
I M tO C O
Solidaridad Obrera y l l p e r i o d i s m o d e r a í z á c r a t a
Soli a! Frente y milicianos leyendo
I 22^ í
*
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7
Este libro trata de ser un esbozo de lo
que podrían ser las lineas maestras de
un estudio sobre el movimiento obrero
español de tendencia anarquista y del
propio movimiento anarquista,
tomando como hilo conductor el diario
obrero, pero también todo el
conglomerado cultural que. el
anarquismo desplegó entonces y
continúa desplegando en la actualidad.
Ediciones
SOLIDARIDAD OBRERA

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