Prólogo

El chaco es un enorme territorio que comparten Argentina, Bolivia y Paraguay. Un retazo
de esa geografía también es parte de Salta, un horizonte diferente dentro del territorio provincial.
Pero el chaco no es un simple paisaje, sino que, como lo hemos manifestado alguna vez,
constituye un espacio vital donde conviven una multiplicidad de pueblos y culturas, desde sus
habitantes originarios hasta los criollos e inmigrantes que llegaron desde distintos puntos de la
tierra a poblar sus lindes. Convivencia de lenguas y de culturas diferentes, comarca de gauchos y
de aborígenes buscando frutos en los laberintos del monte, territorio de ríos legendarios (el
Bermejo y el Pilcomayo) en cuyas márgenes se encienden las fogatas del mito y la leyenda,
memoria ancestral de América, registro doloroso de antiguas expediciones y de actuales
injusticias, grito en la conciencia, misterio profundo a develar. Todo eso es el chaco, frontera en sí
mismo.
Muchos son los estudiosos que se aventuraron en los laberintos arenosos de esta región
buscando una respuesta a sus indagaciones y llenaron decenas de volúmenes que siguen poblando
los anaqueles de remotas bibliotecas, sin lograr nunca una respuesta abarcadora y definitiva.
Porque el chaco es un hontanar de relatos de variada procedencia, un territorio repleto de
incógnitas, un desafío permanente en diferentes sentidos. También autores prestigiosos como
Manuel J. Castilla, Antonio Vilariño, Federico Gauffín, Néstor Saavedra, Sara Gallardo y Carlos
Müller, entre muchos otros, abordaron desde la poesía y ficción narrativa el singular universo
chaqueño.
Sin embargo, el chaco salteño todavía espera el florecimiento de voces propias que lo
expresen desde adentro, desde la plenitud y autenticidad de su ser. Por suerte, lentamente, desde
hace algún tiempo vienen surgiendo esas voces, emergiendo en diferentes expresiones del arte,
prefigurando modos diferentes de verse a sí mismo.
Gustavo Murillo, escritor oriundo de Mosconi (Salta), es una de las voces más jóvenes e
inéditas que emerge de ese mundo. Dueño de un proyecto literario propio, sin precedentes en el
norte salteño, el flamante narrador irrumpe silenciosamente en el panorama de las letras de Salta
con la entrega de un interesante volumen de relatos escritos desde esa región fronteriza.
Si bien sus textos se alimentan en lo esencial de la realidad social, del paisaje y del rico
fabulario del chaco histórico y ancestral, ellos superan largamente el mero regionalismo para
convertirse en historias originales y de proyección continental. Es América la que late en cada una
de sus narraciones, transfigurando el territorio geográfico en un espacio literario, en un imaginario
y sugerente pueblo de la frontera llamado “Bermejo”, lugar recurrente de la mayoría de sus
relatos, en línea concordante con algunos consagrados narradores latinoamericanos.
La lectura de estos relatos, que iluminan un costado casi desconocido de la realidad de
Salta, seguramente deparará la grata sorpresa de encontrarnos con un mundo literariamente
diferente propuesto por la voz inaugural de un vigoroso narrador del trópico salteño que merece
conocerse.
Santos Vergara
San Ramón de la Nueva Orán, octubre de 2011

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