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Mi primer libro fue un duende calzón
flojo, camisa rayada, pies volteados, y
travieso por devoción. Ese fue el pri-
mer libro que me llevó mi madre con
sus cuentos orales en mi niñez. Eran
historias reales y ficciones diversas y
verdaderas que ella aprendió de niña
con una de sus tías que también apren-
dió las historias de su madre y de sus
tías en su niñez.
Yo tenía cinco años y miraba las co-
sas con inocencia y fantasía desmedi-
da. Mi madre llegó y contó la historia
de Felipita Martínez Velásquez, hija de
su pariente Jesús Velásquez y de Ro-
sendo Martínez, a quien se la había
llevado un duende por el bosque del
Cerro Agüero.
—La niña –dijo mi madre– fue en la
mañana a dejar las vacas a la huerta y
por la tarde no había regresado. Y la
esperaron la tarde y la noche y la mu-
chachita no regresó a la casa.
El padre y sus vecinos la buscaron
por la tarde, pero no la encontraron en
la montaña. Así lo hicieron durante una
semana y nada hallaron entre los árbo-
les. Pasaron los meses y los años y la
Felipita no regresó a su hogar. Felipita
nunca más volvió a la casa, porque el
duende se la llevó con engaños y sus
travesuras de chavalo bandido.
Dicen –agregó mi madre– que el
duende le llevaba flores por la mañana
y le lanzaba piedritas lisas y encantado-
ras por la tarde. Tal vez por eso se fue
con él y nunca volvió la muchachita.
Mi segundo libro se llamó La María
Sucia y La María Limpia, dos mucha-
chas hermanas de crianza de la litera-
tura oral. Una, sucia y fea, desgreñada,
la que hacía los oficios de la casa e iba
al río a lavar la ropa y traer agua para
los quehaceres. La otra, limpia y boni-
ta, pero no hacía nada en la casa, por-
que era la hija de mamita, haragana y
fresca como se les dice a las holgaza-
nas.
En una ocasión –relató mi madre–, la
María Sucia fue al río y allí encontró a
Carta Literaria 03
Amiga de la docencia
Pedro Alfonso Morales [Telica, León, Nicaragua, 13 de mayo, 1960] Poeta, narrador y
músico, abogado, máster en Lengua y Literatura Hispánica, UNAN-León, y Universidad
de Alcalá de Henares, UAH, España. Miembro del Foro Nicaragüense de Cultura y del
Centro Nicaragüense de Escritores. Ha recibido varios premios por sus composiciones
musicales y literarias: primer lugar en el XXXIX Festival de la Canción Nicaragüense
(2004), por su canción Mi Güegüense; primer premio del IV concurso de los Juegos
Florales Centroamericanos, Belice y Panamá (2005), con sede en León, en la rama de
cuento con el libro Apuntes sobre las últimas noticias del periódico.
Datos de la ensayista:
EL LIBRO QUE ME TOCÓ VIVIR
Por: Pedro Alfonso Morales
Email: azulcisne@ymail.com


Obras Publicadas: Cuentos: Serenito (1996); León es hoy a mí…
(1999); El duende y otros cuentos (2003); Apuntes sobre las
últimas noticias del periódico (2007); Poesía: Vino tinto (2005);
Palestina en los ojos de una niña (2011); Incrédula goza el
sueño del poeta (2012); La sal del azul del pan (2013); Libros
de textos para secundaria: Curso de Lengua y Literatura, 7º, 8º,
la viejita que lavaba sus tripitas en la
ribera. La anciana la mandó a la loma
donde estaba un rancho en el cual
debía entrar o salir, según cantara el
gallo o rebuznara el burro. Cuando el
burro rebuznó, la María Sucia, se metió
al rancho y nada pasó. Y cuando el ga-
llo cantó, ella salió del rancho y vean lo
que ocurrió. La estrella que se había
desprendido del cielo le cayó en la
frente. Así toda iluminada llegó feliz a
su casa.
La María Limpia se llenó de envidia,
cuando miró a su iluminada hermana.
Tomó dos recipientes y se fue al río a
traer agua para la casa, cosa que nunca
había hecho en su vida. Cuando llegó al
río, observó a la ancianita que lavaba
sus tripitas en la ribera. La señora la
mandó a la loma donde estaba el ran-
cho al que debía entrar o salir, según
cantara el gallo o rebuznara el burro.
Cuando el gallo cantó, la María Lim-
pia, se metió al rancho y nada pasó. Y
cuando el burro rebuznó, la María Lim-
pia salió del rancho y miren lo que ocu-
rrió… El moco que se había desprendi-
do del animal le cayó en la frente. Así
toda cochina llegó llorando a su casa.
Mi tercer libro se llamó El vapor de
tierra que trataba de tres hermanos
que debían construir un vapor de ma-
dera que nave-
gara en la tierra
y no en el mar ni
en los océanos.
Y el joven que lo
construyera se
casaría con la
preciosa hija del
rey.
El hermano ma-
yor –contó mi madre– cortó arboles y
se puso a construir el vapor pero no
pudo hacerlo. El segundo tampoco lo
pudo hacer, porque ambos tenían mal
corazón. El tercer hijo dispuso hacer el
vapor de tierra. Se fue al campo y cortó
árboles suficientes. Ahí se le aparecie-
ron dos ancianos pidiendo comida, tal
como lo hicieron con sus dos herma-
nos. El joven de buen corazón les dio
de comer y de beber a los ancianos,
cosa que no hicieron sus hermanos
mayores.
Después que comieron, los ancianos
le preguntaron qué hacía con tanta
madera cortada. El muchacho le res-
pondió que haría un vapor de tierra
para casarse con la hija del rey. Los dos
ancianos le ayudaron y terminaron
pronto la construcción del vapor de
tierra.
El muchacho después de sobrepasar
varias trampas que le puso el rey, se
casó con su hija. Una de las trampas
consistía en ir a traer al centro del mar
un vaso con agua. Si lo traía pronto
vencía a su adversario. El joven contó
con la ayuda del gigante que con dos
trancadas llegó al océano. Se embrocó
y agarró del centro del mar el agua y lo
llevó donde el joven. Así venció a su
suegro malévolo.
Mi cuarto libro se tituló La Puercatriz
y trataba sobre el rey que enviudó y
quiso casarse con la hija en un típico
caso de incesto. La muchacha fue don-
de el sacerdote a pedir ayuda. El reli-
gioso le dijo que aceptara casarse con
el papá si le cumplía tres condiciones:
—¡Que te consiga un vestido color
del sol, uno color de la luna y otro co-
lor de la mar!
El papá no se sabe cómo, consiguió y
llevó los tres vestidos, pero la joven
huyó con la ayuda del sacerdote. En un
río se bañó y antes de ponerse su ropa
Foro Nicaragüense de Cultura 04
Forjando el desarrollo cultural
Todos sabemos
historias y todos
podemos contarlas.
¡Y escribirlas
también para que
florezcan los
escritores!
casual se encontiló el rostro y quedó
totalmente negra, irreconocible. En la
noche pidió posada a una anciana y en
la mañana siguió su camino. Al rato
llegó a un castillo y consiguió trabajo
en una porqueriza.
Y como el rey quería casarse hizo
tres fiestas. Puercatriz asistió a las tres
y en cada una llevó un vestido nuevo
que le había dado su padre. Después
de la fiesta se quitaba sus hermosos
vestidos y se encontilaba otra vez. A
pesar de que bailaba con el rey y éste
se había enamorado de ella, nunca
pudo conquistarla porque antes de
terminar la fiesta se escapaba y se
escondía en la porqueriza. Luego se
encontilaba y nadie la reconocía en la
pocilga.
Al final el rey pidió que todas las
mujeres le hicieran un pastel para ca-
sarse con la que mejor lo hiciera. Puer-
catriz lo hizo pero además, introdujo
en el pastel el anillo que le había rega-
lado el rey. Así descubrió quién era la
joven que llegaba bien vestida a las
fiestas y luego se escapaba. Así se ca-
saron.
Mi quinto libro se nombró La Miqui-
ta y trataba sobre don Siserá, un ancia-
no que vivía en calzoncillos en su ran-
cho del campo. Un día llegó a su casa
La Miquita una joven muy haragana,
pero inteligente y bondadosa. Dormía
como un perro enrollada en el medio
de medir maíz. Don Siserá creyó resol-
ver el problema de hacer la comida en
su casa. Y cuando regresaba del traba-
jo La Miquita seguía durmiendo enro-
llada en el medio de medir maíz.
Un día La Miquita fue donde el rey
vecino y se presentó como criada de
su amo, el rey don Siserá que era el
pobre viejo que vivía en calzoncillos
metido en la montaña como un ermita-
ño de las viejas
gener aci ones.
Allí se presentó
con las ínfulas
que el caso ame-
ritaba:
—¡Señor –dijo
La Miquita–,
dice mi amo que
le preste el me-
dio para medir
plata!
—¡Miquita, yo
no tengo medio para medir plata! ¡Si te
sirve el de medir maíz, llévatelo!
Así lo hizo con el medio de medir oro
y diamantes. Y el rey creyó que don
Siserá era un hombre rico. Y ella lo
tenía engañado con sus mentiras y
apariencias de bandida.
—¡Cuánta riqueza tiene tu amo y
señor! –decía el rey a La Miquita.
Un día –dice mi madre– se llevó al
viejo en calzoncillos a casa del rey.
Cuando llegaron al río se detuvieron y
armó su treta. La Miquita fue donde el
rey a prestarle un traje, porque su amo
se había caído en el río y estaba todo
mojado y sucio. Llevó el traje y don
Siserá se lo puso tranquilamente.
En otro viaje el rey le presentó a su
hija, porque don Siserá sería un buen
yerno. La Miquita hizo aparecer caba-
llos, trajes y riquezas y el rey aceptó
que su hija se casara con el viejo. Des-
pués de la boda fueron a la casa de
don Siserá, la cual era un pobre rancho
de palma.
La Miquita, sabiendo que la casa del
viejo era una desgracia, pidió a la araña
que el rey viera riquezas por todos
lados del camino y de la habitación del
hombre. Así le dijo:
Carta Literaria 05
Amiga de la docencia
Por eso los niños
deben leer siempre
y es uno de sus
derechos humanos.
El niño tiene
derecho a tener una
biblioteca con
libros, cuadernos y
lápices.
—¡Arañita, arañita, por el poder que
Dios te ha dado, haz que el rey mire
riquezas por todos lados! Y el rey vio
encantado, las riquezas que segura-
mente serían de su hija después.
Don Siserá durmió con su esposa,
pero La Miquita amaneció muerta al
día siguiente. Don Siserá la tiró al guin-
do para que se la comieran los perros,
pero al amanecer ahí estaba de regre-
so la muerta. La mandó más largo,
pero la muerta volvía a la casa en la
mañana. Entonces, la guardó en una
caja y la enterró en el patio de la casa.
Allí, tal vez La Miquita se sentiría a
gusto.
—¡Más te vale –le dijo La Miquita–,
si no ya estuvieras muerto!
Mi sexto libro se llamó El Cenizoso,
que trataba sobre la historia del rey
que quería casar a su hija con el mejor
partido e inteligente. El rey –me conta-
ba mi primo Armando– llamó a todos
los jóvenes del lugar y el que contesta-
ra bien las pre-
guntas de su
hija, con ése se
casaría la mu-
chacha. Las pre-
guntas que hac-
ía la princesa se
desconocían y
ninguno sabía
responderlas.
Todos los jóvenes fueron al castillo,
pero ninguno pudo contestar las pre-
guntas de la princesa. Sólo quedaba el
Cenizoso, que era un hombre que no
se bañaba, y vivía entre las cenizas,
todo sucio y desarreglado, maloliente
y descachimbado. Alguien lo animó y
decidió probar suerte en la casa del
rey. Y tomó el rumbo del castillo del
rey para ver a la princesa.
En el camino al castillo oyó que una
gallina salió del matorral, cacaraquean-
do. Buscó entre el monte y halló un par
de huevos blancos y hermosos, y se los
echó a la bolsa de su pantalón. Más
adelante le dio ganas de cacāre y se
metió entre el monte a evacuar el vien-
tre. Luego agarró la cochinada, la en-
volvió en una hoja, y se la echó a la
bolsa y siguió el camino al castillo.
Cuando llegó donde la princesa, ésta
dijo:
—¡Yo soy fuego! ¡Yo soy fuego!
—¡Cuézame este huevo! ¡Cuézame
este huevo!
—¡Váyase a la mierda! ¡Váyase a la
mierda!
—¡Aquí está la mierda! ¡Aquí está la
mierda!
La princesa llamó a su padre y le
presentó al yerno inteligente, que supo
responder sus babosadas y con quien
se casaría de inmediato para beneficio
del rey y su castillo.
Mi séptimo libro se llamó Tío Conejo
y trataba sobre la historia del día que
el conejo fue donde Papa Chu a pedirle
que lo hiciera más grande porque era
muy pequeño. Papa Chu le dijo:
—¡Si me traes un cuero de Tigre, uno
de Mono y otro de Cocodrilo, yo te
hago más grande! –Tío Conejo se fue a
la montaña y dijo:
—¡Viene un huracán con fuertes
vientos!
Pidió que lo amarraran a un palo
para que no se lo llevara el viento
huracanado. Le propuso al tigre que si
quería que lo amarrara y éste aceptó.
Allí nomás lo mató y lo peló vivo.
Luego puso una barbería y de-
cía:
—¡Rasuro bonito! ¡Rasuro bonito!
Todos los monos se rasuraron y el
Foro Nicaragüense de Cultura 06
Forjando el desarrollo cultural
El niño debe leer
por diversión y
juego de alegrías.
Nunca mande un
niño a la biblioteca
por castigo ni
premio.
último tenía un pelito en la garganta,
debajo del pescuezo. Le dijo que le
enseñara la garganta y le enterró la
tijera. Ahí nomás lo peló.
Después se fue al río a jugar con dos
chibolas que compró en una pulpería.
Le propuso al Cocodrilo que jugaran y
éste le aceptó con la condición que no
le diera en la nariz. Así jugaron un rato
y al final le dio en la nariz, lo mató y lo
peló de inmediato.
Y llevó los tres cueros para que Papá
Chu lo hiciera más grande. Papá Chu le
dijo:
—¡Si esto haces pequeño qué no
harás más grande!
Y le guiñó las orejas. Desde entonces
el conejo las tiene muy grandes. Así
oye todos los ruidos del mundo y
aprende las travesuras que luego eje-
cuta con el Tío Coyote.
Mi octavo libro se tituló Tío Coyote y
Tío Conejo en un sandillal.
—¡No se dice sandillal –me dijo el
profe– sino sandiar!
—¡Ah, pero es que las palabras son
como las frutas, cada quien agarra la
que quiere y se la come a como quie-
re! –le respondí.
Un día se metieron a comer sandías,
las más hermosas, y después le metían
las cochinadas dentro de la sandía.
Cuando la viejita le llevó una al padre-
cito, descubrió que le estaban comien-
do sus sandías. El padrecito se enojó,
porque cuando abrió la sandía halló las
cochinadas del coyote y del conejo
dentro de la sandía. Entonces le puso
un muñeco de cera en la puerta y allí
lo halló pegado al conejo. La viejita lo
agarró, lo encerró en un cuarto, y lo
apresó. Cuando pasó por allí el Coyote
le dijo:
—¡Entre, Tío Coyote, porque me
darán una comida sabrosa!
El Coyote aceptó, quitó el palo de la
puerta, y se metió, mientras el conejo
se salía. Cuando llegó la viejita, supo
que no había comida sabrosa. Ella lle-
vaba un asador
caliente que le
metió en el fon-
dillo y salió co-
rriendo el Tío
Coyote, con su
culito quemado.
Mi noveno
libro se llamó El
Sembrador y era
de papel, un
libro de verdad
dirán ustedes.
Me lo compró
mi madre en primer grado. Fue mi
primer libro con letras por descifrar.
Mi primer gran amigo sin saber que
era amigo del alma. Es el libro que más
veces he leído en mi vida. Mi padre
que no sabía leer se sentía orgulloso
de que yo sí leía en el libro. Y cuando
llegaba una de mis tías le decía:
—¡Ya Pedro sabe leer!.. ¡Andá traé el
libro y leele algo!
Y yo leía todo el libro de cabo a rabo,
hasta aprendérmelo de memoria, por-
que no había más libros. Después lle-
gaba otra tía y hacía lo mismo con el
libro. Luego llegaba un primo, un ami-
go, un vecino y cualquiera que llagara
a la casa, yo leía completo el libro otra
vez.
Y me parece increíble que mi padre,
Timoteo Morales Caballero [24/08/24–
02/01/91], que no sabía leer ni escri-
bir, me enseñó a leer con un solo libro.
Y en los años 80, mi padre aprendió a
escribir su nombre y su apellido en la
Gran Cruzada Nacional de Alfabetiza-
Carta Literaria 07
Amiga de la docencia
Silbe canciones,
acuéstese en el
piso, baile como
niño, juegue el cero
escondido, pele los
dientes, abra y
cierre los ojos, y
cuente cuentos con
drama y melodía y
gracia.
ción. En mi vida nunca he visto a un
hombre más feliz que a él escribiendo
su nombre y su
apellido con un
lápiz de grafito.
Entonces
empezó a gus-
tarme la lectura
por mi padre
que no sabía
leer, pero hizo
que me gustara la lectura de tanto leer
el mismo libro con la misma historia. El
único libro que tenía era El Sembrador
con sus pollos, aulas, alpiste, y sus
historias de gallinas. Fue un libro ma-
ravilloso.
Y he hablado de nueve libros, porque
cada cuento para mí fue un libro. Y el
número nueve resulta un número
mágico en mi vida. Tal vez por eso
siempre confundí el número 9 con la
letra e que es un 9 mirando para el
otro lado. El nueve estaba asociado a
mi existencia y a mi experiencia de
lector de cuentos que me contaba mi
madre. Y el nueve se relaciona íntima-
mente con mi vida en la lectura.
Resulta que yo aprendí a leer a los
nueve años de edad. Mala suerte
haber llegado tarde a la escuela. Por
poco no voy a la escuela y nada hubie-
ra aprendido. A esa edad fui a la es-
cuela por primera vez y me deslumbró
mi maestra con sus ojos y sus leccio-
nes. Era una gatita linda que enamora-
ba con su rostro y su proceder. Y me
quiso tanto que decía que yo era inte-
ligente. Y yo no era inteligente, sólo
cumplía mis deberes de estudiante.
Pero había leído nueve libros en los
cuentos de mi madre.
La escuela no fue nada especial an-
tes de los nueve años. No había nive-
les de Preescolar ni escuelitas públicas
ni mi madre me enseñó letras en la
casa. ¡Sólo me contaba cuentos! Mi
madre ya me había regalado varios
libros con sus cuentos orales que nos
contaba a todos sus hijos.
Y cuando mi maestra Cristina Arbizú
Arauz, me entregó la nota de primer
grado, yo sentí una gran aflicción en mi
existencia. Me puse muy triste, porque
revisé la nota de los otros chavalos y
ninguna marcó, sólo la mía. Ella, que
me mandaba a llamar cuando no iba a
clases, me marcó la nota.
—Y ¿por qué sólo a mí me marcó y a
ellos nada le puso? –me pregunté–.
¡Cuando llegue a la casa mi mamá me
va a regañar!
En el reverso del papel la maestra le
puso “Sobresaliente” y yo no sabía qué
era ser sobresaliente. Por eso estaba
afligido pensando en la regañada de mi
madre. Ahora sé que en primer grado
fui sobresaliente, porque mi madre me
regaló nueve libros desde el principio,
desde antes que fuera a la escuela. Y
mi maestra linda, no sólo me marcó mi
nota con la palabra “sobresaliente”,
sino que me enseñó a barrer la escue-
la, a hacer los embarrados para aplacar
el polvo en el piso de tierra, me enseñó
a recitar poemas, y a cantar en la es-
cuela los cantos de la novena.
Por eso creo que la primera lec-
tura de los niños debe ser el cuento
oral. Cuando el niño empieza, no inter-
esa que le guste leer. Más bien, que le
guste la literatura, el cuento en espe-
cial, o la poesía. Yo creo que no hemos
explotado el cuento oral como lo ex-
plotó mi madre sin querer, y sin ser
maestra de primaria. Allí está la peda-
gogía de las cosas sencillas para ena-
morarse de los libros.
Foro Nicaragüense de Cultura 08
Forjando el desarrollo cultural
La idea es contar y
contar para que el
niño después tenga
interés en lo que
cuentan los libros y
los adultos.
Creo que debemos recuperar el
cuentacuentos, la contadora de histo-
rias, el narrador de historias, como las
del Tío Coyote y Tío Conejo. Cada ma-
estra y cada maestro tienen que ser
una especie de Scherezada para contar
cuentos, uno tras otro. Si cada maestra
o cada maestro fueran una Schereza-
da, otros libros nos cantarían en las
escuelas. Esa debe ser la gran misión
del maestro: aprender cuentos y con-
tarlo a sus chavalos en las escuelas
para que se enamoren de la lectura.
El Tío Coyote y el Tío Conejo son dos
personajes que deben andar entre los
niños como amigos y vecinos, con sus
travesuras que despiertan la imagina-
ción infantil. A ellos les encantan las
pasadas de los dos animales más fa-
mosos de Centroamérica. Y yo como
maestro debo saber que en Tío Coyote
y Tío Conejo tengo a dos cómplices en
la formación y educación de los niños.
A mis nietos de 3 y 5 años les
encantan las historias y travesuras de
Tío Coyote y Tío Conejo. Ellos ya saben
que el coyote debajo del zapote abre
la boca para que le caigan los madu-
ros. Pero el tercer zapote viene verde
y le rompe los dientes a zapotazos.
Ya saben que en el río quieren co-
merse el queso de la luna, pero hay
que chuparse toda el agua del río. Y
beben agua sin malicia y sin miedo,
hasta reventar. ¡El coyote bebe, pero
el conejo hace la mueca que bebe! Y
cuando el agua les sale por la nariz,
por la boca y por los oídos, se le pone
un tapón para que sigan bebiendo. Y
cuando le sale agua por los orines,
también los tapa.
Por eso los grandes aliados de los
directores, maestros y bibliotecarios
deben ser las madres y los padres de
familia contándoles cuentos orales a
sus hijos en sus hogares. Todos sabe-
mos historias y todos podemos contar-
las. ¡Y escribirlas también para que
florezcan los escritores!
Los padres deben llenar de cuentos la
vida de los niños. Y ver qué padre
cuenta más cuentos… para premiarlo y
reconocerle esa labor importante de
contar para ser lector. Y que los niños
cuenten sus propios cuentos y los que
les han contado sus padres y madres.
De ese modo llegarán a amar los libros
y la lectura toda la vida.
Los adultos debemos darle valor a la
lectura y a los libros. La lectura enri-
quece el afecto, la intimidad y la emo-
ción del niño. Lo acerca al arte, apren-
de lenguaje, disfruta la fantasía y las
aventuras, abre sus sueños, la magia
de la vida, y sueña, ríe y se divierte, le
quita miedos y complejos, potencia su
imaginación, desarrolla su espíritu críti-
co y estético, aprecia lo bello, lo acerca
a los adultos, aprende la escucha y el
idioma, desarrolla su autonomía espiri-
tual, descubre sus sentimientos y se
prepara para la creación de su mundo
personal y familiar y universal. Y sobre
todo, desarrolla su personalidad y
aprecia la vida en toda su extensión y
maravilla.
Por eso los niños deben leer siempre
y es uno de sus derechos humanos. El
niño tiene derecho a tener una biblio-
teca con libros, cuadernos y lápices. Y a
la par que los
padres le com-
pran camisas y
calcetines deben
comprarle libros
y lápices para
que lean y escriban. Y si no hay libros
tiene derecho a que un adulto le cuen-
Carta Literaria 09
Amiga de la docencia
escriba con los
niños y publique
con ellos un libro
hecho a mano.
te cuentos con gracia y entusiasmo. Y
así aprender de la literatura que es
como una madre adorable que todo lo
da sin esperar nada a cambio.
Ahora bien, si queremos que el niño
odie la lectura, hagamos lo que sigue.
Apaguémosle el televisor y démosle
un libro o una cartilla. No, el niño debe
lidiar y valerse de la televisión y de los
libros a la vez. No antepongamos co-
mics ni muñequitos frente a los libros.
Si les contamos un cuento se olvidan
de la televisión y de los juegos y se
quedan embelesados con las historias
bonitas.
El niño debe leer por diversión y jue-
go de alegrías. Nunca mande un niño a
la biblioteca por castigo ni premio. No
se lee por casti-
go y por alabar-
le su conducta,
pues odiará el
libro, la lectura
y usted no será
su maestra pre-
ferida. He escu-
chado a hombres que dicen:
—¡Esa maestra nunca me mandó a
leer en mi niñez!
No cometa ese pecado que le co-
brarán con el tiempo. Usted mande a
leer con entusiasmo y diversión. Nun-
ca ordene leer, mientras no prepare el
ambiente para leer. Y no imponga sus
gustos y deje que el niño escoja su
libro y sus historias preferidas. Des-
pués, dele las suyas.
—¿Y cómo animo la lectura del ni-
ño? ¿Qué técnicas aplico en la lectura
—me preguntó una maestra.
—¡Pues no aplique ninguna! —le dije
yo.
Haga todo aquello que le guste al
niño para acercarse al libro y sus histo-
rias. Sea niño y niña, felices y conten-
tos, sin malicia, sin daño, sin protocolo,
pero con travesura, locura y emoción.
Imite animales: cante como gallo, brin-
que como perro, haga como cerdo,
rebuzne, ladre, maúlle, croe y berree
como una cabra piquetona, que eso a
todos nos divierte.
Silbe canciones, acuéstese en el piso,
baile como niño, juegue el cero escon-
dido, pele los dientes, abra y cierre los
ojos, y cuente cuentos con drama y
melodía y gracia. Busque una sábana
negra y conviértase en bruja con una
escoba mocha, y vuele con los niños.
Vístase con un pantalón roto y una
camisa vieja y sea espantapájaros por
un día y hable con ellos del entusiasmo
de la vida.
Póngase una máscara y actúe como
loca y grite y salte y cuénteles cuentos
por doquier a los niños. Y sobre todo,
tenga paciencia, prudencia, rigor, con-
fianza, creatividad, respeto, persua-
sión, sensibilidad y sicología al hablar
con los niños. Verá cómo la querrán a
usted y a los libros toda la vida. ¡Y us-
ted será su maestra o su maestro pre-
ferido! ¡Y nunca se olvidarán de usted!
Los adultos debemos estimular la
imaginación del niño. Por ejemplo,
podemos viajar en un libro, visitar el
país de las letras, la tierra de las voca-
les, las ciudades azules, la biblioteca de
los pájaros, la casa de los colores, la
nube que bebía agua en el río, el vien-
to que dormía en una cueva, el niño
que inventó la luna, la niña que convir-
tió en guitara un caracol.
Además, pueden inventar trabalen-
guas, juegos, palabras y misterios. El
niño cree que todas las palabras ya
fueron inventadas y que ya no hay na-
da más qué inventar. Pero sé que si
Foro Nicaragüense de Cultura 10
Forjando el desarrollo cultural
Y esos libros que
eran cuentos que
me contó mi madre,
me cambiaron la
vida
digo Macuepa es una palabra que in-
venté a partir de las palabras maestra,
escuela y padres que sería la mejor
manera de ayudar al niño para que lea
y aprenda. Y si digo Hijo de la Macue-
pa me refiero al fruto que nace de la
buena relación de las maestras, la es-
cuela y los padres de familia para que
los niños lean sus libros y amen la lec-
tura. Así florecerá el idioma con nue-
vas palabras creadas por los niños.
Enseñemos al niño a cambiar la his-
toria de un cuento. La Caperucita pue-
de ser azul o negra, qué importa, si se
puede trasgredir la historia y los perso-
najes. El fardo no mató al hijo del tío
Lucas sino que lo asustó y el chavalo,
desde entonces, decidió estudiar y ser
un gran contador de cuentos para la
amenidad de los niños en la escuela.
Los niños deben abrir la imaginación
con esmero.
Se pueden mezclar historias y perso-
najes diversos: el rey burgués puede
aparecer montado en el bote de Fer-
nando Silva o montado en el camión
de Cooper en el cuento Los monos de
San Telmo de Lisandro Chávez, o bus-
cando El Chechereque de Juan Aburto.
Y sobre todo, invente y cuente que
todo es posible en literatura. Nadie se
lo prohíbe. ¡Haga que el niño cuente y
escriba sus historias personales que
después las otras las inventará!
El niño puede recoger palabras
raras y hacer un diccionario, pintar o
dibujar un cuento, hacer una canción
de un poema o de una historia, inven-
tar un aparato del futuro, recoger los
insultos de animales, escribir metáfo-
ras y aliteraciones, jitanjáforas y cali-
gramas.
El niño puede platicar con el libro o
representarlo y hacer las veces del
libro. Puede hacer un cuento sobre una
fotografía o un cuadro, una fruta, un
viejo feo, una vieja bonita. Debemos
enseñar al niño a contar historias y que
luego las escriba. Primero, de forma
oral, después que las escriba. Cuente,
después cuente más cuentos al niño
para que se enamore de la literatura.
El niño que se enamore de la literatura,
tendrá asegurada su felicidad y su ima-
ginación. ¡Yo soy un hombre feliz en la
alegría y en la tristeza! ¡Por los cuentos
de mi madre! ¡De otro modo, estuviera
muerto en vida! ¡Gracias, mamá!
La idea es contar y contar para que el
niño después
tenga interés en
lo que cuentan
los libros y los
adultos.
Además, pueda
inventar sus
propias historias
en sus cuentos.
Puede contar
anécdotas de su
casa y de su
familia. Inventar
una historia de su perro o de su gato.
Inventar cuentos donde participe el
niño, su papá, su mamá y sus herma-
nos. La casa puede salir a pasear con
ellos un día.
Escribir un cuento sobre Rubén o
enviarle una carta y contarle su historia
amorosa, o sus sueños de alcanzarlo
un día. Inventar un cuento sobre
números, colores, pájaros, animales,
nubes, árboles y libros, y casas embru-
jadas, gigantes, enanos, gordos y fla-
cos.
Yo puedo empezar diciendo que
Amarrillo iba por la calle cuando se
encontró con Rojo y Celeste. Rojo lo
Carta Literaria 11
Amiga de la docencia
quiero fundar una
fábrica de cuentos
y de libros para que
todos los niños
tengan sus cuentos
a manos y gocen
como yo he gozado
la vida de los
cuentos.
invitó a tomar un café en el barcito de
la esquina, donde vendían libros boni-
tos. En eso estaban cuando llegó Azul…
de Rubén Darío y les contó la historia
de El Rey Burgués.
Podemos escribir historias de magos,
títeres, marionetas y de personajes
feos, horripilantes y que causen risa y
gracia. Recuerden que el cuento busca
divertir y hacer reír al lector. Recrear
nuestra historia mitológica con histo-
rias basadas en carreta nagua, ceguas,
padres sin cabeza o con cabeza, gigan-
tonas, sirenas, hadas, duendes, brujos,
monos. Haga cosas inverosímiles que a
los niños les encanta, y les divierte con
alegría infantil. ¡Enséñeles a reír con la
alegría de los libros!
Y por último, escriba con los niños y
publique con ellos un libro hecho a
mano. Póngale una portada de cartuli-
na con un dibujo, un título y el nombre
del niño que es el autor. Eso le da un
gran valor y sentido de responsabilidad
frente a la vida.
Debe ilustrarlo con dibujos que se
relacionen con el texto o con las ideas
de sus historias. Presente el libro a sus
compañeros y lea sus cuentos en el
aula a los padres de familia. De los
cuentos pueden realizar sociodramas y
proyectar escenas de la obra para que
todos gocen con el teatro basado en
sus historias. ¡Hay tanto trabajo con los
niños que usted querrá que el día ten-
ga 30 horas! ¡Pues haga que los días
tengan 30 horas en las historias de los
niños!
Un día de estos, mire un árbol y
póngale camisa y pantalón y hágalo
caminar por el parque y que hable y
cante sus virtudes y necesidades.
Llévelo al parque y siéntelo en una
banca a comer un helado o un mango
maduro. Todo dependerá de su imagi-
nación y de las cosas que le hayan con-
tado sus padres en la niñez y las que
usted les cuenta en la escuela. ¡Las
escuelas son los inventos más hermo-
sos de la humanidad, sólo comparables
con los inventos de los libros!
Ahora entiendo por qué me gusta
leer y por qué me gusta escribir y por
qué me gusta contar cuentos que me
contaron en mi niñez los cuentos que
le contó a mi madre su tía Francisca
después que a ella se los contaron
también en su vida de niña. Y esos li-
bros que eran cuentos que me contó
mi madre, me cambiaron la vida y,
desde entonces, cada mañana al salir
el sol, veo cuentos que me vuelan por
la cabeza y por las manos y por mis
pies. Y siento que es imposible vivir sin
cuentos y sin libros en esta vida y en la
otra y en todas las que existan en la
tierra y en el cielo.
Por eso, quiero fundar una fábrica de
cuentos y de libros para que todos los
niños tengan sus cuentos a manos y
gocen como yo he gozado la vida de los
cuentos. ¡Pero necesito tu ayuda en
esta empresa de cuentos! ¡Aquí está
un lápiz, un cuaderno, una historia, un
cuento, una sábana rota, una camisa
de rayas y un pantalón con frutas para
que nos vistamos de cuentos y salga-
mos al mundo a sembrar semillas y
esperanzas en la humanidad!

Telica, León.
24 de septiembre / 19 de octubre,
2011.
Foro Nicaragüense de Cultura 12
Forjando el desarrollo cultural