Está en la página 1de 2

Tema general: EL PERFIL BÍBLICO DE LA IGLESIA.

Tema específico: LA UNIDAD DE LA IGLESIA
Base Bíblica: Efesios 4:3-6 y 13-15
Corazón de la clase:
La unidad del Espíritu entre los creyentes es lo que permite
el avance del reino de Dios.
Objetivos de la clase: Se quiere que después que el alumno reciba esta lección discierna lo
siguiente
 El grado de importancia de la unidad.
 Cuál es el vínculo, la fuerza y la motivación correcta.
 Para que haya unidad debe haber el mismo fundamento
Introducción:
Hoy en día la iglesia enfrenta el problema de la desunión. Incluso muchos piensan
que la solución a otros problemas es aislarse. Tampoco hay un concepto claro de que es la
unidad de la que habla la palabra y hoy vemos cualquier cantidad de personas unidas por
vínculos que no son los que establece la palabra de Dios. Si queremos ser instrumentos en
las manos de Dios para el avance de su reino, debemos trabajar en la correcta unidad.

I. La necesidad de la unidad (Mateo 12:25)
En este verso Jesús parte de un ejemplo para ilustrar un principio que no solo aplica
en el mundo natural sino también en la esfera espiritual. Jesús no expreso un sentimiento ni
su opinión personal sino una verdad, una ley tan fuerte y universal como la ley de gravedad.
La gente que lo escuchaba entendía bien el ejemplo. En la época de Cristo la unidad no era
una opción para los reinos, era una necesidad imprescindible. Constantemente había
guerras y lo que marcaba la diferencia entre la independencia y la esclavitud, entre la
supervivencia y la muerte era entre otras cosas, la unidad. El mismo Alejandro Magno lo
experimentó cuando tuvo que volverse de sus conquistas porque su ejército no quería
continuar. Con ese dramatismo y ese grado de importancia Jesús enseña sobre la necesidad
de la unidad. De hecho el avance de imperios como el griego y el romano, en parte fueron
posibles gracias al uso de estrategias de combate basadas en la unidad: la falange griega y la
formación de tortuga romana. Entonces son dos las razones por las cuales la unidad es
necesaria: permite o garantiza la supervivencia de la iglesia y porque sin ella es imposible
su avance y crecimiento. Ciertamente cuando se ha tratado de librar a su pueblo, a Dios le
basta con usar a uno, pero cuando se trata de conquista, Él demanda que haya unidad
porque eso es expresión de su naturaleza (Juan 17:11,21); así como Él es uno en tres
personas y en esa unidad y armonía actúa, así espera que nosotros actuemos.
II. La unidad del Espíritu (Efesios 4:3,14,15)
Si bien debe haber unidad, también debemos revisar qué tipo de unidad debe haber.
Es decir, por revelación tenemos que discernir cual es el vínculo, cual es el sentir, cual es la
motivación que nos va a unir como iglesia. La unidad puede ser usada con diversos fines.
Los equipos deportivos la necesitan, una empresa, un grupo de estudiantes que van a hacer
un proyecto de investigación, una familia que se propone comprarse una casa; la unidad
está presente en todas las esferas con diferentes motivaciones y objetivos. Hoy en día hay
personas liderando iglesias y haciéndolas girar en torno a motivos personales, políticos y
financieros. El apóstol Pablo tuvo que batallar contra todo lo que intentaba menoscabar el
fundamento de la iglesia el cual es CRISTO. Hoy en día tenemos que entender que toda
nuestra vida tiene que girar en torno a Cristo. Cualquier cosa que no glorifique a Dios en
Cristo Jesús no tiene vínculo alguno con Dios. Pablo lo enseño en sus cartas a los corintios
(1°Corintios 3:11), a los gálatas (Gálatas 1:6-8) y a los efesios (Efesios 2:20). Entonces
estamos unidos no solo a Cristo sino EN CRISTO. ¿Y cómo es posible la unidad en Cristo? Es
posible cuando permitimos al Espíritu Santo establecerse en nuestras vidas porque somos
unidos a Cristo por medio de él (Romanos 8:9) y esa unión se evidencia en la unidad entre
hermanos (Hechos 2:44). Esa es la unidad del Espíritu.
III. La condición que permite la unidad (Efesios 4:3-6)
Para que exista unidad debe haber un vínculo. En el caso de la iglesia ya se ha dicho
que el vínculo es el Espíritu Santo. Las Sagradas Escrituras advierten que la iglesia debe ser
celosa cuando se trata de preservar la esencia del evangelio y que no puede haber ninguna
unidad ni comunión con aquellos que han pervertido la gracia de Dios (Gálatas 1:8,
2°Tesalonisenses 3:6, 2°Timoteo 3:5, Tito 1:10,11, Judas 3,4,17-19) Es interesante notar
que Judas enfatiza que hay personas que han caído en un estado tal que son guiados por si
mismos (él los llama “sensuales) y no tienen al Espíritu. Con tales personas es imposible
que se establezca unidad o comunión. Porque la unidad entre los creyentes no la establecen
los creyentes por sí mismos, la establece el Espíritu Santo; los creyentes lo que si deben
hacer es cultivarla, pero el vínculo no parte del esfuerzo humano, es una operación del
Espíritu. Entonces, ciertamente debe haber unidad pero esos lazos son posibles cuando
hemos creído en el mismo Dios, tenemos la misma doctrina y el mismo Espíritu. Este punto
es de suma importancia porque asegura que el mensaje y el fundamento del evangelio serán
preservados. Cuando establecemos lazos con otras personas que comparten una fe
diferente (porque tampoco es que vamos a aislarnos) debemos tener en cuenta que quien
tiene que prevalecer (y no por la fuerza) es el reino de Dios. Pero eso solo es posible cuando
entendemos la importancia de preservar la esencia y el fundamento de la fe, cuando
sabemos cómo defender la integridad del evangelio y sobre todo cuando mantenemos una
vida de comunión con Dios que permite que la gloria de Dios este sobre nuestras vidas y
opere en los que nos rodean.