º

Edad febril Edad febril Edad febril Edad febril



Él nunca y siempre feliz,
Y QUE TIENE?
unos grandes tentáculos
que chupan sus manos,
impidiendo examinar al mundo...
y las moscas necrófagas
apuñalan su turbada cabeza,
llena de podridas
armonías y odas!

Edad febril!

Él nunca y siempre feliz,
Y QUE TIENE?
todos sus enemigos
le contagian el mal de ojo
irritando lo que sus manos
acaban de rasgar…
Su mamá le ha robado el mojo
durante la abisal siesta
antes de ver a su papá
muñecas tocar!

Edad febril!

Él nunca y siempre feliz,
Y QUE TIENE?
edad, carácter, idilios
que todos quisieran,
y que sin mayor trauma tendrías,
pero es un ejemplo inequívoco
de que si conocieras a tu MEDIA NARANJA
más que al mundo,
todo el mundo sería un circo!
todo este circo sería una familia....!
¡más que orgullosa! ¡completa! ¡unida!
¡e impotente!
en su:

Edad febril!





¡(ru?kO¬ ¡(ru?kO¬ ¡(ru?kO¬ ¡(ru?kO¬

El matrimonio de las viudas negras El matrimonio de las viudas negras El matrimonio de las viudas negras El matrimonio de las viudas negras


Algo ha pasado! en el ocaso de la luna,
los nuevos inquilinos en la casa de al lado
están gimiendo hasta altas horas.
Tocan a las paredes con moho, te ofrecen su brazo o tenaza
y escuchas ese ruido multiplicado por su Número de vellos...
es porque ahora un cambio de papeles hubo
entre medio de pactos de telaraña, y aberraciones
de sucios impulsos, acidez!
Los engendros de su falopancia suben por su pierna,
sus rodillas, engullen entre su humanidad, humanidad?
y una reunión octocerebral invoca al concúbito
de los pellejos necios y machos!.....¡?
¡u mU|.r 'ur ¡u mU|.r 'ur ¡u mU|.r 'ur ¡u mU|.r 'uru uu un'UIu n'UIu n'UIu n'UIu
}. u?urru Iu .O'u }. u?urru Iu .O'u }. u?urru Iu .O'u }. u?urru Iu .O'u


Porque algo ha pasado! en lo óseo de la envergadura
de las tijeras asesinas ¡¡Ya no eyacula!!
y su mácula queda como planta en los callejones
de sitios eriazos. En los baños salpica celoso,,,
entre medio del set de los maquillajes nocturnos
y te posee engullendo toda tu impotencia.
En una tercera forma de capullo, y de este amor imposible
e intravenoso, y algo comatoso, nosotros almacenaremos
la sangre que siempre les apeteció, y siempre despreció.
Porque ellas no se rigen por la glándula del tiempo,
no se rigen por el timbre de tu bestialidad,
no se infestan en el mundo de las pelotas,
y no se separan de sus "caminos de tierra" cortopunzante...
Solo, solo que ahora ella te invita implorando el festín,
teniéndote de rodillas, mirando tus y sus atributos,
un par de pestañeos y pierdes bajo la endogamia filosa
de su inferioridad.....
Así que sufre, pásate rollos, y échate una mano
y feliz digestión!!






Alma, corazón y pan
(como la canción)

(por Paloma)

Es raro esto de vivir sin alma
permanezco así toda la semana
mi cuerpo se mueve sin peso
como autómata del trabajo,
los ojos opacos,
por que mi alma se enraizó
en un puerto perdido,
debajo de adoquines
y entremedio de mis amigos
encima de la noche,
Afirmándose de la bohemia,
plantó sus raíces pivotantes
en la añil casa de mi niñez,
liviano hogar transformista con aroma a familia
(chueco y destartalado)
permanece inmóvil entre las canas de mi abuela
y se retuercen con cada lágrima de mi madre
se queda quieta disfrutando mis querencias,
mientras yo acá
sigo sin ella
¡que difícil es la vida cuando el cuerpo desea!
(volar)
volar, volar!
¡que difícil es la vida cuando el alma desea!
(profundizar)
penetrar, socavar!
mi corazón, sin embargo,
devoto compañero
y viajero de linaje
continúa junto a mí
en cada peregrinar,
en cada sonrisa de niño,
en cada agradecimiento humano
henchido de roja sangre satisfecha.
Por segundos logran eliminar el velo gris
de este cuerpo desalmado
y continúo mi día
jornada a jornada
hasta que por fin acaba,
el fin de semana, discrepa
(Como siempre)
y rebosa de alegría, brillo y color
estallan serpentinas dentro de mi espíritu
y mi cuerpo se llena de música,



sonidos de alegres pájaros,
verbena y carnaval
cuando ambos por fin se encuentran
los ojos adquieren brillo otra vez
vuelve la embriaguez natural
y el humo se torna dulce,
tan dulce como el vino
todo es maravilloso
y vuelvo a creer
en ti, en mí
y en todo lo que nos pasa
y vuelvo a creer
en la poesía, en la trova, en los sueños
y vuelvo a creer
en la lucha diaria, en el trabajo
y vuelvo a creer,
hasta en las solitarias noches de domingos
y vuelvo a creer,
vuelvo a creer
y como no decirlo
vuelvo a creer también
en mi (desalmada) y periódica geografía semanal.
'. ud·z '. ud·z '. ud·z '. ud·z
(desde casa azul)

Se tejen los árboles
Capa tras capa
en el ovillo de la noche
se tejen los árboles

el día con su olor de alba
descubre el tejido
mostrando sus hebras

ahí está
el verde pálido
el amarillo rojizo

perpendiculares a la extensión
de este cuerpo
tendido en la noche

Capa tras capa
como sábanas oscuras
coronan mi lecho
CASTIGO
(por Doctor Distimia)


L LL La noche está aquí adentro, no allá
afuera. Ricardo observa la llegada del
atardecer en la ventanilla del baño. Llueve. El
cuarto de baño está a oscuras. Sobre el cristal,
hilillos paralelos de agua brillan en la
penumbra y se deslizan oblicuamente hacia las
esquinas del cuadro. La noche esta aquí.
Ricardo toca con la palma de la mano la
ventana. Frío, mucho frío. El cuerpo de Ricardo
tiembla ostensiblemente. Una lágrima ilumina
su cara y se desliza sobre su mejilla, trazando un
recorrido vertical hasta perderse en la
curvatura de sus facciones. La noche está. La
humedad del vidrio se mezcla con sangre que
brota de la muñeca de Ricardo. Éste observa
como la sangre destiñe el cristal y grita: ¡Yo te
ofrezco lluvia púrpura, creador de este mundo
maldito! ¡Bebed las últimas gotas de mi vida, y
no digáis que soy mal agradecido por rechazar
tu funesto regalo! Ricardo retira el brazo del
vidrio y se toma la frente con ambas manos. Sus
dedos presionan piel y huesos. La sangre baña
sus cabellos, entra por sus pupilas, cae por su
cuello. Un grito destemplado extingue sus
últimas fuerzas. Sus piernas pierden estabilidad,
intenta afirmarse con ambas manos de la pared,
pero comienza a caer lenta e inexorablemente.
Su cuerpo es atraído por la fría baldosa, que
recibe su cuerpo inerte, para rodearlo de
silencio. La noche.

Oscuridad. Luz. Silencio. Despertar. La
criatura abre los ojos. Esta sentada en el suelo,
apoyada sobre una roca. Intenta levantarse,
pero no lo consigue. Parece estar debilitada.
Reflexiona. He aquí el final del Sendero de los
Mundos; luego de buscarlo durante tanto
tiempo, y resultó ser solo un mito; una simple
roca sobre la que me he quedado dormido y
sobre la que he soñado profusamente.
Sueños que he olvidado, sueños tristes, sueños
lúgubres que han influido en mi ánimo,
entristeciéndome y dejándome exhausto.
Debo volver a la ciudadela. Siento que no he
hecho bien al abandonarla por tanto tiempo
en busca de este lugar prohibido. Creo
también que los mayores nunca me
perdonarán por buscar los mundos grises, aún
sin haberlos encontrarlos. La criatura se
levanta lentamente del suelo, camina un
paso de forma normal, pero de pronto sus
delgadas extremidades inferiores le
flaquean. Con las tenazas que posee en lugar
de brazos se agarra el estomago, algo parece
estar carcomiendo su cuerpo desde el
interior. Sus ojos afilados primero expresan
horror, luego dolor, luego algo parecido a la
comprensión, al entendimiento, a la
resignación. Se afirma de la roca, pero
tropieza y cae bruscamente. Su cabeza
ovalada se estrella contra el duro mineral de
la roca y se abre en dos, desde su interior
brota abundante líquido azul cobalto que
comienza a caer por la superficie irregular de
la piedra, buscando llegar hasta la superficie
del suelo rojo.

Ricardo despierta en una cama de hospital.
Mira el cielo raso. Se sienta sobre la cama. Sus
ojos rodean la habitación. Sus manos
sostienen su cráneo por algunos segundos. Le
duele la cabeza. Se mira las muñecas. Ambas
están vendadas. Observa sus brazos; unas
agujas de suero lo proveen de la sustancia
nutricia. Retira las agujas de sus venas. Se
levanta de la cama. Camina en dirección a la
única ventana que hay en la habitación.
Descorre las cortinas. Afuera amanece. Es un
hermoso amanecer. Ricardo vuelve a la
cama. Mira el cielo raso y recuerda aa a.
Llueve esta tarde
y yo en mi pieza solitaria
vuelvo a las grandes preguntas.
Una y otra vez caigo dentro de mí
golpeándome la cabeza
y el lejano sonido al caer la lluvia
deletrea la necesidad universal
de plantearse las cuestiones abiertas
a la oscuridad de la noche fría.

La religión —me susurro a mí mismo—
no toca el tema del más acá.
Píldoras fáciles de digerir
resaca que nunca deja al mundo ajeno.
Y cuál es mi identidad bajo la lluvia.
Abril se pliega como otro atardecer.
La materia increpa al espíritu
que se envejece con los años
de su indeterminación, la deriva
en el cosmos del hombre periférico.
El esclavo de su marginalidad
lo material y los pálpitos foráneos
que escriben cartas para ellos
los cavernícolas extintos que duermen
en las bibliotecas, falsedad de los catálogos.
Yo no estoy aquí para demostrar nada.
El sonido al caer la lluvia
demuestra la falacia de esta tarde.

¿Y el sentido de la vida?
¿O el sentido del sin sentido?
Y no pienso en escuchar o mirar.
Recuerdo mis quince años
cuando negaba el sentido de lo que fuera.
Decía que las cosas cayeron aquí
como cuando se nos caen del bolsillo
descuidadamente porque estamos ocupados.
Puede que esto me deje indiferente
pero la negación es de por sí acción.

Creo que a la lluvia que cae sin fin
no le importa mi existencia
en esta pieza solitaria y sin juegos.
De cierta forma la lluvia consume
sus cartuchos desmedidamente
esperando agotarse en un sino sin causa.
Por suerte desconfié del sentido pleno
de cada día agobiado
de un galimatías metafísico y racional
sin un ser al cual asir.
Pero lo esotérico volvía a cada gota
una estrategia sin bitácora definida
que me ahoga en lo oculto de la sombra.
Y ese hombre moderno que se convenció
del orden del universo, orden inteligible
que propaga sobre la sociedad
lo único que poseemos, la difusa realidad
en donde me empeño y ajusticio.



Si existe un dios
que caiga la guillotina sobre la cultura.
Ese libro escrito en caracteres matemáticos.
O el marxismo que es la eterna promesa
de una sociedad donde el trono
es manejado sin mitos o ataduras
por la tiranía de una razón
garantía del derrumbe del futuro.

La lluvia cae y sigo aquí esperando.
Mi conciencia, a menudo dolorosa, respira
entre el abismo infranqueable de la lógica.
La muerte, una equis en la frente, asume
nuestros desgarros, el sin sentido y la culpa.
Los objetos abundantes le hablan a cada uno
al primero que llega y por separado.
Y el mundo se vuelve un cuento en fuga
al imaginar un baile giratorio
bajo esta lluvia que no pierde brío.

En resumidas cuentas
si algo es realmente valioso
trascendente de este hombre que esta solo

en la inmensidad indiferente del universo
donde no hay alianzas en medio del azar
del cual hemos emergido mil veces
es el caos de la lluvia
y el lejano sonido
al estrellar su infinidad de gotas.

Y los autores y sus libros
que se plantean tareas titánicas
para terminar sus pretensiones
en máximas y refranes
sobre una vida de percepciones prestadas.
Pienso en este universo ciego
donde el orden se me abre
como mera apariencia
un accidente efímero
que no puede estar subordinado
a ninguna voluntad, un todopoderoso
nunca atado a alguna estética engreída.

Y la lluvia resuena con fuerza.
Se oye como caballos desbocados
jauría de perros en estampida
que más parece están dentro de mi cabeza
interrumpiéndome a cada rato
empujándome a un nihilismo que me absorbe
y termino negando a la lluvia que me ignora.









La razón, mi pensamiento
lo que ilumina este mundo en tinieblas
emprende su labor opaca
al escuchar una voz que dice:
“El pensamiento no te pertenece
es tan sólo una cascada que juega contigo
parte del mundo también.
Tú eres
la delgada línea visual
que separa lo que ves
de tu negro interior:
eres tus parpados
una delgada línea curva.”
Y sé que de nuevo soy yo que me susurro

para no desplomarme en la desesperación
de las certezas fáciles, pero continúo
pisoteando un charco de teorías vanas
trato de ponerme de pie en la maraña.

La única verdad es que no hay verdad
sólo apariencias e ilusiones.
Por ejemplo
nunca existió la historia:
son millones de momentos aislados
en el gran segundo infinito del tiempo
del cual estamos condenados
a distinguir exclusivamente
un pequeño trozo diario.
O esa confianza acérrima en las palabras
que te traicionan en una carcajada fantasmal.
La palabra loco nos da miedo.
Y esa engreída ciencia
que nos lleva al abismo
con una adicción a lo empírico
y su florilegio de axiomas y leyes
que nunca se acercan ni un poco así
a lo que realmente amamos.
Pero para que me ignoren
porque la convicción es una pomada
que se rompe al primer soplido
digo:
Dentro de cada verdad
encontraremos su contraverdad.
El desafío está en encontrarla y desenredarla.
Frente a esto se discutirán los supuestos
lo subyacente a la evidencia
la verdad de que la verdad es inexpresable
inabarcable, para mí en esta pieza.

Y la lluvia para repentinamente.
Y la realidad se vuelve irreal.
Y me doy cuenta
de que ninguna cosa
tenía más importancia que otra.

El lejano sonido
al caer la lluvia
No somos nada que importe.
Nuestras pequeñas vanidades caen
como cataclismos en las lágrimas
y desaparecen con la noche.
Años muy antiguos
en donde tú eras polvo
ni a una fotografía te acercaste.

Te crees algo
estás vivo.
La desgracia
esperando algo más
una cosa para cuestionarse.
Disculpa, pero debo decirlo:
no hay nada más.

Te crees importante
porque tienes el mundo ante tus ojos.
Ja.
Se acabará
como ya antes ha pasado.

Y tú me respondiste:
No hay paz en el hastío
el milagro amargo y extraño de la vida
desaparece
junto con sus millones de instantes.

Sí, lo sé.
Nadie nos recordará
en un par de años
como no fue necesario que existiéramos
en un día perdido
completamente olvidado
del año mil.


Y cuando vuelvo a casa
me doy cuenta
que todo lo que hacemos es en vano
innecesario realmente.
Que entre una cosa y otra
media lo superficial
de nuestras pequeñas ganas de vivir.
Las ansias y proyectos que nos planteamos
sirven para reflejarnos
en el fondo de nuestra congelada caja negra.
El espejo rallado de nuestro rostro.

Pienso en lo que me dijiste:
Vivamos sin defendernos
esperando la patria negada
la angustia no da tregua
enmarañando, embruteciendo
dejando a su paso ruina y desvarío
un aire que susurra.
La realidad es una fosa.

Esta condena trágica
de miles de seres silenciosos
y sin voz.
Esta condena trágica
de ver esfumarse desgarrando
todo a lo que nos aferramos.

Y recuerdo lo último que dijiste
sobre la vida
sobre lo que fue la vida:
Lo fugitivo que ha burlado
por breves instantes
su ley inmutable.

Ya la sombra destruyó todo a su paso.
Sólo queda este suelo acogedor
donde seremos bienvenidos
al olvido que ya somos
que seremos
en la tierra.

carta
P r e f i e r o P r e f i e r o P r e f i e r o P r e f i e r o




Prefiero mirar el cielo
cuando oscurece
y dormir y soñar
o conversar de esta u otra vida.
A l g o A l g o A l g o A l g o

Vivir sin esperanza
saber que nada nos pertenece
que los viejos y los niños morirán.
Esto no es importante.

Vivir con esperanza

Vomito en mi pecho

Vivir
Llegadas Llegadas Llegadas Llegadas


Él se acerca.

Todo es una fiesta
Las preguntas se contagian

¿Todo es poesía?

No, dijo
y se apagó el sol.
C a b a l l o C a b a l l o C a b a l l o C a b a l l o


Durmiendo siete vamos estómago
regalo aparece traición sangre
vuelan cabeza extremos tierra
vencer mentira lágrimas dolor.

Fin debieron confío enemigo
brutal ira pueblos rojo
perece vil humano amor
guerra manos correr muerte.

Cincel olvidar pedazos caballo.
Subcomandante Carlos

(Por C. Avellaneda)


Sección Lácteos 1ª PARTE Sección Lácteos 1ª PARTE Sección Lácteos 1ª PARTE Sección Lácteos 1ª PARTE


A AA Así sucedieron las cosas. Resulta que cuando a Marta
le entregaron el arma, enloqueció. De víctima pasó a victimaria
y de la sección lácteos se fue derecho a la carne –viva-.
“Es que esta ciudad, mujer, esta ciudad no tiene vuelta
...y con estas autoridades ...” Argumentaba así, el hombre que
hace ya tres años la tenía trabajando en su lucrativa carnicería
-sección lácteos- la mañana de septiembre en que le entregó el
arma calibre 32 y de iguales características que las de los
demás empleados.
“Está loco, yo ni cagando uso la 32 pa` defender esta
weá. Ahora, si me quieren robar a mí a la salida, es distinto, ahí
habría que ver” Comentaba minutos después de la entrega
oficial otro de los empleados de la concurrida tienda de carnes.
Así lo adornaba ella cuando le preguntaban en qué trabajaba,
pero en el fondo lo hacía para reírse un rato; si en algo no caería
jamás era en el prejuicio.
“Yo le encuentro razón y no lo pensaría dos veces para
usarla en cualquier parte. Es necesario. Tú no sabes el terror
que me da cuando cerramos y después de bajarme de la micro
tengo que cruzar sola el peladero. Es un terror descomunal, me
paralizo si oigo una voz, un grito, si veo una sombra...tú no
sabes...” Tenía el don de la palabra Marta, pero con el juez no le
sirvió: una desgracia.
Les contaré algunos aspectos de su vida laboral, ya
que fue ésta, quien le brindó todas las herramientas para llevar
a cabo su plan V. Sí, porque ya lo había intentado antes.
“No hay un empleo en que se refleje mejor la praxis
humana que éste, mis muchachos” Les decía en tono de
consigna el viejo Horacio -dueño único del negocio- y ellos no
comprendían, claro, antes había que saber que mierda era
praxis y las palabras para con sus empleados no llegaban a
tales explicaciones. “El asunto es soltarles la verdad en alemán,
no vaya ser que se subleven estos obreros” pero esto último no
se los decía, claro está. Era bueno el viejo, pero con él mismo.
El asunto de las armas sucedió por su puro afán de
orden y disciplina: “que no vuele ni una hoja”. De todas formas
se lo agradecieron y sí, algo más seguros se sentían con aquello,
aunque sólo fuera algo mental, porque bien sabían que quizá
nunca saldría de los bolsos para otra cosa que no fuera presumir
con los amigos. Pero a Marta no le servía para eso y no porque
entre mujeres no se presuma la tenencia de una calibre 32, no,
el asunto era la escasez de amigas: ni una sola.
“Le Petite Morte” era el nombre de la carnicería, se le
había ocurrido a la hija del viejo Horacio, y nadie sabía qué
cresta significaba, pero era la hija del dueño, así que así no más
le pusieron.
La gente, cuando iba a comprar, decía voy a “al
lepetí”, marcando la voz en la segunda sílaba .Marta
trabajaba en la “lepeti”. Y el resto de los empleados,
incluido el cajero, que ya estaba viejo y confundía las
monedas, trabajaban en “la lepeti”. Destruíase así todo
intento de ilustrar el caserón de las carnes muertas.
No sé bien cuántas eran en total las personas
que trabajaban en “Le Petite Morte”, porque habían
turnos y trabajos part time, pero Marta estaba fija todos
los días, de lunes a sábado y desde las nueve de la
mañana hasta las nueve de la noche, tras el mostrador de
los quesitos y las leches encajadas “el puesto más sutil
del local”, en palabras del viejo. Aunque ella bien
podría haber estado cortando cabezas y él lo sabía.



Sección Carnes 2ª PARTE Sección Carnes 2ª PARTE Sección Carnes 2ª PARTE Sección Carnes 2ª PARTE



U UU Un día normal en La Petite Morte comenzaba a
las nueve. Lo primero que había que hacer era revisar
que la temperatura de los frigoríficos estuviera en su
punto, luego se sacaban los carteles: lomo liso, pulpa,
escalopa, oferta, kilo... palabras así en los carteles. Los
muchachos se ponían los delantales y se iban unos tras el
mostrador y otros atrás al galpón a deshuesar y trozar.
Generalmente los cuerpos venían fraccionados y al
vacío, pero nunca es suficiente, se sabe que el público es
sofisticado y con suerte se lleva unas lonjas de algo.
Marta sentía una leve excitación cuando
miraba las vitrinas que la rodeaban. El rojo le ardía,
diríase que tenía una relación íntima con esos trozos -con
la muerte- con las vidas reducidas a carne molida, a
fiambre embutido totalmente desvirtuado.
La muerte y Marta, día a día se veían las caras y
nunca se dijeron nada.
Ahora voy a ordenar la cosa, quiero claridad
ante todo para contar esta historia que ya en su
preámbulo se torna oscura. Le prendo una vela y la hago
visible para usted que sigue atento el relato algo
confuso, lo siento.
Se hace imprescindible tras haber narrado
ciertas regularidades de la carnicería, relatar el
ambiente familiar que rodeaba a Marta cuando en mala
hora se apoderó del arma.
Dos viejos era todo lo que tenía. Omar, el
hermano de su madre y la esposa de éste, diez años
mayor. No tenían hijos, por lo que Marta llegó a
convertirse en algo así como la muñequita de la pareja,
la muñequita para educar y que tenía que comportarse.
A veces cuando almorzaban juntos algún domingo o se
topaban en el desayuno, ella levantaba las cejas,
disminuía los ojos y apretaba la boca haciendo un gesto
de dama educada pero idiota. A ellos les encantaba ese
gesto, así era como querían ver a Marta, como una niña
educada pero idiota que no se fuera nunca de su lado.
La carnicería
Vivir con ellos la ponía nerviosa, siempre fingiendo,
siempre asfixiada ante comportamientos grotescos de
conformidad y mentira. La historia sería sencilla si se hubiera
aguantado, la comida no le faltaban y el abrigo tampoco (lo que
no era menor en esos tiempos de hambre a granel) pero Horacio,
ay el viejo, ay: en el momento preciso a la mujer precisa venir a
entregarle la 32 como caída del cielo como el gran obsequio de
Dios. Ay.
Y ella, ¿habrá pensado en Dios alguna vez? Ante el
juez confesó ser creyente a duras penas, pero en la carnicería la
creían cristiana abnegada y hasta hacían bromas por eso. Aún
me confunden los testimonios reunidos.
De alguna forma su empleo le servía de escape eso sí,
aunque nunca la consideraran para rebanar la mortadela o
embolsar el pollo. Aunque le hayan dado el mismo rol de
siempre ligado a la leche “como en toda precaria cultura, ahí
con la leche, materna la leche, la madre sus pechos la leche...”
Entonces era escape, pero también era burla y “de Marta no se
ríe nadie”.
Sé, sin embargo, que trató de contenerse en numerosas
ocasiones: “El asesinato es un delito Marta, es un delito. No
puedes ir por la vida con esa soltura de gatillo” decíase para sí
una y otra vez aquel fatídico 17 en que se rebalsó para siempre
el vaso, pero no le funcionó.



Sección Especies: 3ª PARTE Sección Especies: 3ª PARTE Sección Especies: 3ª PARTE Sección Especies: 3ª PARTE




M MM Marta, muerte, fuerte, harta, corte, hartazgo...no es
casualidad. “No es casualidad mi nombre, Esteban, no es
casualidad que yo me llame así. Mi padre me condenó dos veces
en la misma vida. Primero con el nombre, después con su
ausencia” .
Tengo el recuerdo de Marta tan nítido diciéndome eso.
Con la chasquilla crecida tapándole los ojos, ojos vacíos.
Comisuras secas. Yo no le doy a nadie la cárcel. He ido apenas
dos veces y las dos veces he salido con náuseas del recinto,
sumada la sensación de acabar con este compromiso que tomé
(porque lo veo infructuoso, imposible, maldito). Sin embargo no
puedo aún, antes es necesario que termine de explicar dos
cuestiones fundamentales para comprender este caso: El asunto
de las armas y la víctima de Marta.
El asunto de las armas no es algo de lo que yo sepa
mucho; sé lo necesario, mas es preciso que en un segundo
informe ahonde en el tema. Sé, sin embargo, que el proveedor
del arma fue el viejo Horacio y que las consiguió
fraudulentamente, como se obtienen casi todas las cosas de este
tipo.
Horacio administra seis sucursales de “Le Petite Morte”
en la quinta región, pero solo a los trabajadores de la casa matriz
les proporcionó tales implementos. Marta aquel día sonreía
maliciosa y a pesar de que, según mi memoria, no tenía los labios
pintados, parecía tener la boca iluminada de un rojo sanguíneo
brillante.
Ese día, fue exactamente el 17 de septiembre
del año pasado. La carne había subido como en
cualquier otro Dieciocho, la gente andaba apurada, y
aunque estuviera caro se llevaba todo. Kilos y kilos de
asiento, bolsas y bolsas de pulpa, chuleta, pollo entero
y trozado. Y especies.
Ese día, extrañamente los carnívoros se
llevaron todo. No quedó ni siquiera una miserable
víscera de cerdo. Perros y dueños se asimilaban como
nunca ante la tentación de un fragmento de materia
roja enjuagándose en el lavadero, humeando en la
parrilla, internándose en los terceros molares...en fin, se
vendió hasta el último desperdicio animal.
A Marta no la dejaron irse sino hasta pasadas
las diez, aunque su mercancía –las cajitas de leche, el
queso y los quesillos- pasase desapercibida.
“Comercio de mierda”, susurrábale a su delantal. Le
dolían como nunca los pies, tenía hambre y un tanto de
calor, lo que hacía que el pelo se le pegara lacio a las
sienes humedecidas. “Comercio de mierda”,
nuevamente, una y otra vez, sabiendo que en realidad
el rencor iba para la gente, para ellos, las personas que
en todo el día no le habían comprado más que dos
litros de leche en bolsa para el cole`mono y unos
cuantos jugos cajita para los niños sedientos.
“Comercio de mierda-gente de mierda-
trabajo de mierda”. Estaba enardecida Marta.
Cuando dieron las diez y cuarto y el viejo
Horacio autorizó al fin el cierre de la carnicería, todos
se abrazaban y se deseaban un feliz fin de semana
largo. Algunos se invitaban a tal fonda y otros a la casa
de tal o cual primo, pero Marta no dijo nada. Se sacó el
delantal, revisó que el arma estuviera en su bolso, se
miró por última vez en una vitrina alta y su aspecto le
dio aún más ánimo para lo que inevitablemente se
venía.
En su casa tendrían que estar sus tíos y quizá
algunos sobrinos de la pareja que aprovechando la
amplitud de la casa se iban a pasar las fiestas allá.
No se equivocó: ahí estaban, instalados todos
en el patio, cada cual con su anticucho, choripán o
empanada de antesala. Anticucho de antesala, carne
de antesala, “carne, carne, carne de antesala” casi
gemía Marta, cuando vio a su tía en dirección suya,
sonriente y con un trozo de carne ensartado en el
tenedor...
El resto es simple y pura consecuencia. El
resto fue abrir el bolso, sacar el arma, apuntar y cerrar
los ojos. El resto, es el cuerpo de su tía desplomándose
bajo el parrón, los gritos, el coraje de Marta esparcido a
chorros humectando la carne a modo de vinagre, vino
y orégano.
El resto es especies: cuerpo humano
incomible.




U n a G o t e r a U n a G o t e r a U n a G o t e r a U n a G o t e r a



Hay una gotera
en tu pecho, hermano

por eso el suelo
está inundado

por eso la tierra
se cae como hilo de agua,

Por eso tú y yo
somos reflejo a veces
de una gotera
en un viejo techo
-de hace mucho tiempo-
es porque hay un agujero
en nuestro pecho.
R e c o l e t a R e c o l e t a R e c o l e t a R e c o l e t a

Hay que estar cerca del hogar a la hora
de perder el tiempo
hay que estar cerca cuando el barrio
se vuelva desierto
y los desocupados se hagan fantasmas,
fantasmas las botellas, fantasma la basura
del pasaje, fantasmas las conversaciones,
y los trabajos de los que están mirando la calle
los que están mirando la tierra
son igual.

Parece que tenemos el sol en la boca
parece que el sol se escondió del verano
y del sol se escapa la enfermedad
y los discursos y las imágenes.
Santiago se murió ayer para él,
ya no hay más solicitaciones
ni más empresas, ni más ventas
todavía ella cría un niño
todavía ellos juegan.

Él va a un lugar a vender, él va a vender
su trabajo, su espalda,
pero es el calor el que está aquí,
y él dice: ¿para qué son los huesos
sino para gastarlos?
¿para qué es la vida sino para trabajar o celebrar?
¿para qué es vivir sino para morir?
ellos nacen en Recoleta y ellos
celebran en sus pasajes,
silencio de lo que envejece y música de siempre,
no hay muerte a la cual huirle
y no hay riqueza que buscar.

Entre esa emoción ellos se besan
y hacen el amor
los borrachos juegan y lloran
los flaites roban en las tardes
los viejos duermen
y los niños se tocan.


(Mauro)
U n a n o c h e U n a n o c h e U n a n o c h e U n a n o c h e



Anoche
estaba oscuro y claro.
A él lo agarraron por detrás
y le enterraron un cuchillo en el
cuello.


Nosotros imaginamos
para estar tranquilos
que él sintió calor
antes de morir.
1

Todos vamos a desaparecer y seremos
menos recordados que una gota perdida en el
invierno. Fue lo primero que pensó ese lunes en la
mañana, mientras miraba el techo, esperando que
se le hiciese lo suficientemente tarde para
levantarse. Llegó al trabajo tan atrasado como
todos los días, sin que lo notase alguien.
Meses atrás, había ingresado a trabajar al
supermercado, periodo en que la tasa de robos
había subido como un ascensor. Salía a almorzar a
mediodía, tan puntual como la muerte, y regresaba
dos o tres horas retrasado. Cuando lo contrataron,
Paulina insistió en que un supervisor iría a
controlar sus horarios, pero en todos los meses no
había aparecido nunca y él dudaba que tal hombre
existiese, o se decía que si el supervisor no lo
supervisaba, la empresa asumiría que estaba
cumpliendo su labor cabalmente y por eso lo
dejaban en paz. A veces imaginaba que un día
vendría un superior a ofrecerle un ascenso y él no
sabría cómo rechazar sin parecer un inadaptado.
Adoraba su trabajo. Su primer día se sintió un
tanto desilusionado al pensar que terminaría de
vendedor de cloro para piscina, después de haber
leído a Fray Luís de León y Luís de Góngora en
sus ratos libres, pero no le duró nada, le divertía
atender a las clientas fingiendo ser un licenciado
en productos químicos para aseo de piscinas. En
verano las señoras millonarias compran cloro
como si fuese agua. Cada una compra tanto cloro,
como si fuese a almacenarlo en caso de golpe de
Estado, en que el dictador prohíba,
terminantemente, limpiar las piscinas. Pero no solo
damas millonarias, también empleadas más
coquetas que la primavera compran cloro,
decantador, clarificador, purificador, dependiendo
el color del pantano que les mandan a limpiar.
Generalmente el agua se pone verde, así que él
recomendaba alguicida y cloro en la medida
adecuada. La idea de la empresa era vender,
siempre, lo más caro. Pero no era su idea, su idea
era que nada puede ser tan importante, que vamos
a desaparecer todos y seremos menos recordados
que una gota perdida en el invierno.
2

Cuando escuchó que buscaban jamás
hubiese imaginado encontrarse con eso. Antes
hubiese imaginado que un grupo de ancianos
insomnes había decidido comúnmente salir a
tocar timbres y arrancar. Estaba acostado, en su
cama, tapado con una frazada en perfecto estado
y decidió ver quién buscaba, a pesar de no
hacerlo jamás.
Ahora, piensa que hubiese sucedido si
no se hubiese levantado. La respuesta es básica.
Estaría acostado mirando el techo de su cuarto.
Donde está se conoce como celda. El techo es
igual que cualquier techo en el mundo, pero no
logra verlo. Ha sido acusado de homicidio, su
mirada lo traspasa, alcanza las estrellas y la
luna.
Soy inocente, jamás le hubiese hecho
daño, alguien trata de culparme, pero no tengo
enemigos, aunque tampoco amigos y eso es
peor.
No duerme, algo nuevo en su vida se lo
impide, por primera vez no logra concentrarse
en que nada puede ser tan importante, es una
mosca hundiéndose en el océano y el mundo es
cualquier cosa, menos un lugar agradable para
dormir.
Me acusan injustamente, soy víctima de
alguien que planeó esto, un plan preciso como
el reloj de la muerte.

3

Ha sido derivado al psiquiatra. Por fin
conversará con alguien. Al capellán no le dirige
la palabra, aunque sospecha que si envían al
capellán es porque piensan matarlo. Debe
demostrar su inocencia antes de que la
civilización lo ahorque.
Es una psiquiatra de menos de treinta
años, más linda que el reflejo del sol en el mar.
Muy lista. La más lista de su clase en todos los
niveles escolares. Cree en Dios. Sabe que creer en
Dios es mejor que no creer, en todos los aspectos.
Nada puede ser casualidad. Si según la sabiduría,
Dios es el dueño del Universo y el hombre un
mono que aprendió a hablar por error (según los
propios lingüistas), lo conveniente, entonces, será
ser creyente. Ella lo sabe. Ella es más inteligente
que él, pero él tampoco es cualquiera, no
cualquiera lee a Fray Luís de León y Luís de
Góngora en sus ratos libres.
Como gotas perdidas
en el invierno


Me llamo Lucía, ¿cómo se llama usted? ¿No
lo sabe? Quiero conversar tranquilamente con usted.
Yo también.
Él una vez fue al psicólogo, literalmente.
Abandonó el tratamiento tras la primera sesión.
Darle su dinero a alguien tan psicológico lo
enfermaba más, además con el dinero hubiese
podido comer mejor, andar más animado y menos
drogado. Había probado más drogas que sabores de
helados, pero no era adicto a todas, nada más a la
efedrina y al tabaco. Su ocupación diaria era fumar
cigarros rojos, si hubiesen negros, hubiese fumado
negros. Su ocupación nocturna era tomar efedrinas y
salir a caminar como solo un efedrinado puede
hacerlo. Sientes que podrían balearte la cabeza un
par de veces y tú continuar caminando, un par de
cuadras, sin desplomarte. Por esto, en gran parte,
decidió visitar un psicólogo.
Ella le sonríe hasta a los ciegos callejeros. Si
hubiese sido sacerdote, tempranamente, la hubiesen
nombrado Papa. Pero algo tiene la chica. No mira el
techo. Prefiere pelar verduras, hablar de algo con
alguien, barrer un poco. Así, la ansiedad se va de
paseo por la tarde.
Perfecto, le diré una palabra y usted me dice que
significa para usted. Perfecto. Odio. Odio; odio a los
españoles, en general, pero más, a ese alevoso Rey que
mandaba presidiarios medievales a evangelizar
indígenas, también, odio a los ingleses que mataban
obreros chilenos, por un salitre que después valía menos
que las balas. Prójimo. A veces pienso que un día cortaré
definitivamente con el resto de las personas. ¿Con todas?
Todas de una vez, así evito irme enemistando con todos
uno por uno. Muerte. Todos vamos a desaparecer, como
gotas olvidadas en el invierno. ¿A quien más odia? A los
abogados, esos desgraciados mandarían preso a Dios si
el Diablo les ofreciera dinero. ¿A quien más? A nadie
más. ¿Seguro?

4


El día que la niña tocó el timbre, él
estaba acostado en su cama, tapado con una
frazada. Era domingo. Decidió abrir, a pesar de
no hacerlo jamás, pues era domingo.
La niña estaba parada bajo la lluvia de
Mayo, cuando él abrió la puerta. Ella le pidió
comida. Eso, a él, le sorprendió más que dos
ancianos jugando a esas horas a tocar timbres y
correr por la noche lluviosa. Tenía pan rallado,
té, una sopa, una leche y cigarros. Le sirvió un
té, le regaló la sopa y la leche. Si le hubiese
dicho no tengo nada para comer hubiese dicho
la verdad y según la moral hubiese actuado
correctamente, pero la niña le gustó locamente y
le sirvió un té. Ella dijo que había arrancado de
su casa días antes y vivía en la calle, pues su
papá estaba loco, realmente.
Él, trabajaba en un supermercado e
imaginaba ante sí un futuro largo y negro, como
un cable, como una piscina de soledad. Entre el
mundo y él se había interpuesto un vidrio, que
se iba ensuciando con los días. Esta niña
sentada con un té, parecía un milagro que la
noche olvidó bajo la lluvia.


5


No tiene Madre. No tiene Padre. No
tiene novia hace tres años. Está solo, como un
payaso sin gracia. No tiene amigos. No tiene
supervisor. No tiene amiga chica desde que lo
acusan de matarla. Solo puede ser Paulina.
Viene a comunicarle que lo han despedido por
homicidio, que no le pagarán momentáneamente
y que será demandado por la empresa, además.
Las empresas españolas, ya no quieren
asesinos.
Soy inocente. Yo te creo, incluso, vengo a
ayudarte a escapar. Él siente deseos de golpearle
la boca y morderle una oreja hasta sacarle el
pedazo. Van a matarte. ¿Quién? La gente está
pidiendo pena de muerte. Dónde estaba la gente
cuando la niña moría de hambre, yo le salvé la
vida, le regalé mi frazada. Yo no puedo hacer
nada, puedo creerte, pero eso no te hace inocente,
todos te acusan. No he dicho que me ayudes, no
me importa que me maten.
Paulina se marcha. Al salir del cuarto se da
cuenta que no lo volverá a ver y se enfría como un
fantasma. Avanza por la calle, como si viese las cosas
por primera vez, pero no sabrá que es la muerte, hasta
que el día del entierro deba volver a su casa, sin poder
llevarse al muerto.
6

¿Es usted Simón Espejo? Quién otro. Está
detenido por el homicidio de una niña ¿Qué niña?
¿No lo sabe?
Es llevado a la cárcel. La habitación en su
casa indudablemente era mejor, pero aquí le sirven
comida a la hora. El techo es como todos los techos,
se irá acostumbrando a él, pero por ahora no puede
mirarlo. No puede pensar que nada importa por
primera vez. Más adelante rechazará aceptar un
abogado, no le hablará al capellán, sólo aceptará
hablar con la psiquiatra, que lo visitará una sola vez.
La muerte se marcha. Solo la sigue el
silencio. Los hombres se olvidan, se hacen nada,
como un sueño, una mañana cualquiera.


7

Nada es más inevitable que la muerte, sin
embargo, es desconcertante, como un corte de luz
en un día muy nublado. Todos vamos a morir, si
llevamos el esqueleto puesto, somos un ordinario
estado de paso.
La niña amaneció muerta una mañana y al
mundo pareció dolerle. Fue como un autogol en la
final del Mundial. Tal vez, algo peor. No conocería
más lo que significa pararse bajo la displicencia de
la luna, como un milagro olvidado una noche
lluviosa.

8

Ha vuelto a soñar con Lucía. Ambos son
niños que juegan con otros niños a subirse a un
camión estacionado, frente a un precipicio. Abajo
está el mar, olas y rocas. Él, saca las piedras que
afirmaban las ruedas y el camión cae al agua. Entonces,
aparece un hombre vociferando, animadamente, ser el
dueño del camión y que debiesen pagar los culpables. Él,
comienza a tirarle piedras al hombre y los demás niños
lo imitan. Lucía, al verlos, lo mira con odio. Él,
desesperado, se disculpa, le dice que la quería hacer
feliz. Ella le grita con furia reproches hirientes, que se
pierden para siempre en la espesura del sueño.

Despierta. Tranquilo, como despierta la
muerte que no tiene amigos, sólo el silencio.
Mira el techo. Lucía no volverá a verme. Está
condenado a muerte, a nadie le importaría sanar
a un loco para después matarlo. Nadie más
volverá a verme. Le da risa, no permitirá que lo
maten, se matará él primero, de paso librará a la
sociedad de ejecutar a un inocente. Mira el
techo largas horas desde que no va a trabajar. El
suicidio me vendrá perfecto, como un café en la
mañana.
Más tarde comienza a llover, muy fuerte.
Siente ganas terribles de ver a Lucía,
preguntarle quien era el dueño del camión, ¿por
qué lo defendía? Pero es absurdo llamar a
Lucía, incluso es absurdo que ella supiese.
Ahora, ella estará trabajando en otro caso,
mientras afuera de su consulta psiquíatrica, la
tormenta sopla con todo para enfriar este
invierno.

9

Ha decidido dejar de comer. Morirá de
hambre como los hijos de Marx.

10

La niña terminó de tomarse el té. Se marchó
con una sopa, una leche y una frazada en perfecto
estado. Una semana después morirá. Sin ver a nadie,
sin que la muerte se presente y le conceda una simple
despedida.
La muerte se marcha. Solo la sigue el
silencio. Los hombres se quedan solos.

11

Seguro. ¿Se arrepiente? ¿De qué? De
matarla. La lluvia no conoce el arco iris. Esa no es
una buena respuesta. (Silencio). El silencio tampoco
es una buena respuesta. Es la mejor.

12

Cuando vayan a buscarlo para matarlo estará
muerto. Habrá desaparecido, como un sueño, como
un día que pasas viendo tele. En la mesa habrá una
nota suicida para Lucía.

13

Había decidido ir a misa el domingo. Quería
volver a sentir, un domingo en la mañana, la
experiencia inefable del mono frente al dueño del
Universo, sentirla, se conoce como un don llamado
Fe. Pero el domingo se levanta tarde y se emborracha
como un marinero, en fiestas patrias. Esa noche,
mientras camina a su casa, rompe los vidrios de una
catedral a camotazos. Luego, se enfrasca en una
pelea absurda trenzándose con un viejo personaje de
televisión.
Despierta ese lunes y mira el techo hasta que
es lo suficientemente tarde para levantarse, pensando
que todos vamos a desaparecer y seremos menos
recordados que una gota perdida en el invierno.
Llega al trabajo tan atrasado como todos los días, sin
que lo note alguien.
A las diez de la mañana, todo está calmado
en un supermercado, como una tarde de otoño. Por
primera vez se le acerca el gerente de la tienda,
donde la empresa que lo contrató arrienda un pasillo
para vender cloro, entre otros productos para aseo de
piscinas.
Lo buscan. ¿Quién? La Ley.
Él siente en su cara el estornudo de un
huracán.






















14

Cuando lo fueron a buscar tenía una
expresión contradictoria en el rostro, como un mal
actor, representando la vieja comedia de los seres
humanos. Desaparecen todos, como gotas en el
invierno, se pierden infinitamente como frutas
podridas caídas al suelo. En la mesa había una nota
suicida para Lucía que decía lo siguiente:


Son efímeros, como una alucinación de un drogadicto solitario. Son
un ordinario estado de paso, entre los monos y el polvo que levanta
el viento.
1 11 1

Esto es un sueño, uno monótono y vulgar al parecer. No obstante,
el rumbo de los acontecimientos anteriores es confuso. Solo sé
que en mi bolsillo hay una dirección arrugada, y que a mi
espalda quedaba una oscuridad dentro de otra oscuridad -
definitivamente esto tiene que ser un sueño-. Y a juzgar por la
dirección arrugada en mi bolsillo, sé que cuando cruce la puerta
y entré en el salón vendrá el bramido de un viejo conocido.
Aquella voz como una maquina de moler carne, como un
ladrido negro: ¿te sientes a veces vivir dentro del sueño de un
perro a punto de ser atropellado? Atrás, muy atrás te
encontrarás con el mismo silencio luchando por prevalecer.
Despierta necio. Toda ciudad no es más que apariencias ¿te
sientes a veces como un frívolo turista perdido, como el sujeto
más absurdo que pisa el planeta? En la última vocal del
incendio de tu escuela de la más remota infancia, encontrarás la
palabra que no quisiste decir cuando todo concluía. ¿Aquel
nombre sigue persiguiéndote? ¿No? En su última vocal no
encontrarás nada esta vez. Quédate tranquilo. La anestesia será
abundante. La aguja entrará en el lugar correcto induciéndote
a un ridículo sueño amarillo. Un sueño con el amarillo que sobra
de cada atardecer acumulado en corazones ciegos, torpes, sin
remedio. Que viven y mueren ejecutando un espectáculo de
poca categoría: una revista de gimnasia de un colegio de
fantasmas. Viejos muertos que vieron el desfile pipiolos en el
mismo lugar donde luego fracasaría el proyecto liberal. Un
penal perdido un poco antes de que comenzara la transición a la
dictadura inagotable. Despierta de una vez por todas, y escucha
atentamente lo siguiente: el filo de los instrumentos brillan al
lado de la sucia camilla que te espera. Caerás dentro de tus ojos
y todo finalizará con tus promesas trasnochadas y un cuento de
Chéjov. Ten paciencia. El sacrificio te espera. Tu carne y tu
sangre gritarán su último deseo hasta convertirse en ecos y
sombra. Ya es demasiado tarde para arrepentirse, después de la
risa viene el miedo y luego quizás resucites como un profesor
sustituto, como un equilibrista adicto a los barbitúricos, como un
viejo payaso sin lagrimas, o como el maestro de ceremonias de
este singular circo que algunos llaman Valparaíso quiltro.

Despierto de repente estirando los brazos y reconociendo
primero el lugar donde estaba y en seguida a mi colega, que
miraba fijamente hacia la salida. Automáticamente y aún un
poco dormido le pregunté después de terminarme el trago:
—¿Se fue el soperutano que hablaba y hablaba del
circo?
—Sí, hace un par de minutos.
—¿Y ahora dónde vamos?
—A la última parada —me contestó mientras se
levantaba—.
—Y pensar que lo que mueve al circo es la tensión
entre la risa y la angustia —dije sin pensar, como el muñeco de
un ventrílocuo improvisado—.
—Todos los días se aprende algo nuevo.


2 22 2
N NN Nuevamente nos encontrábamos en el peregrinaje inútil de bar
en bar. Cuando todo parece salido de una conversación de un
par de escolares aburridas. Tarde, demasiado tarde para un
lunes, te enfrascas en un sitio cada vez más incierto, y en
silencio, en el mismo silencio de una semana atrás, de un mes
atrás; te bebes el ron de mala calidad, de dudosa procedencia y
sólo con un par hielos, que flotan deshaciéndose como el
tiempo, y legitimando esa fría ambigüedad que sólo te otorga
el trasnoche en un día inadecuado. —La penúltima parada
caballeros—. Toda la gente (principalmente hombres) que se
hallaba en el sitio bebía como por una causa superior, reían y
sacaban más dinero para continuar. Unos se quejaban de las
mujeres, otros se rían de éstas y a los demás no les importaba el
motivo. Música de fondo: The air that I breath de los Hollies.
Invasión británica, contemporáneos a los Who, los Kinks, los
Animals, a Donovan, hasta de David Bowie. Continuaba
siendo algo insólito que el encargado de la música eligiera una
canción como esa, más ahora que todos estaban tan obstinados
en escuchar música de los ochentas, y que pronto lo estarán de
los noventas. El próximo tema también me sorprendió:
Anthem del primer Deep Purple (antes de la incorporación
Gillan y Glover, antes del In Rock), además coincide con la
llegada de una pareja que se instala cerca de nosotros,
excesivamente cerca. Él corrió con un ademán
desproporcionado la silla para que tomara asiento su
compañera. Queriendo presumir ante nosotros que no estaba
«solo», llamándonos la atención de que su acompañante era
un trofeo que alcanzaría pronto, y frente a nuestras narices. Mi
colega, por su parte, masculló que dormiría y acto seguido se
derrumbó sobre la mesa. De este modo me vi sometido a
escuchar el discurso de aquel individuo, que prendía un
cigarro tras otro, mirando fijamente a su amiga, parloteando
alto, para que lo escucharan y lo vieran sentado con un ángel.
Señalándome, en cada palabra que remarcaba, como un
espectador de segunda de su animada charla. Recordándome
que era yo el que estaba frente a un vaso de ron de mala
calidad y a un compañero caído. Mientras que en su mesa —
frente a él—, había una bonita mujer, que se limitaba por el
momento a escucharlo tomando lentamente de su trago.

«El otro día leí por casualidad que la danza está formada por
movimientos voluntariosos armoniosos ritmados que tienen un
fin en sí mismos, y que como práctica se inicia siempre desde lo
mágico religioso, pasa luego a ser una distracción y luego llega
hasta el espectáculo. Es realmente increíble. Magia, con eso
comienza todo, en todas partes. Es el inicio de un proceso que se
desarrolla en todas direcciones, como un rizoma. Magia»

—dijo el tipo rápidamente —casi sin respirar—, y luego de un
breve silencio prendió un cigarrillo y al lanzar un par de
volutas de humo continuó con su perorata.

«Tú sabias que en Roma, según Suétone, se ejecutaron
alrededor de nueve mil animales en los juegos del anfiteatro…
Es curioso que en el mismo lugar donde se descuartizaban
entre sí, luego sirviera para representar piezas teatrales… Es
que entre los diversos géneros de espectáculos siempre se
presentan confusiones, equívocos y asimilaciones, ya que
poseen un antepasado común, antes de la historia, en el rito, en
el mito, en el sueño… Esa es la razón, quizás, por la que nace la
polivalencia entre el sitio donde se desarrolla un espectáculo y
éste último propiamente tal. Por ejemplo, en la antigüedad,
había edificios que consistían en una superficie arenada,
contenida por gradas concéntricas que servían para presentar
diversos tipos de espectáculos o juegos. De este modo podía ser
S SS S S SS Si ii i i ii i m mm m m mm mu uu u u uu ul ll l l ll la aa a a aa ac cc c c cc cr rr r r rr ro oo o o oo o
1


un anfiteatro y albergar los sangrientos juegos de gladiadores:
combates entre hombres, y entre hombres y fieras salvajes.
También podían ser un teatro donde se representaban dramas y
variadas piezas; o, por último, podía ser un circo —pan y circo—».

La última palabra la dijo lentamente tomando una pausa
prolongada en cada sílaba, en seguida tomó su vaso y en silencio
esperó la reacción de su acompañante. La voz de ella fue lo
primero que me llamó la atención. Hablaba suavemente, pero con
total seguridad, respetando de forma correcta las pausas y
ordenando los enunciados de forma clara y precisa. Él también
puntualizó sobre esto, y echándose para atrás comenzó
nuevamente a conversar.

«Sabes, hay un concepto llamado euritmia, εύρυθµία, que
significa la cualidad de un movimiento que posee un ritmo
armonioso, ya sea en música, danza, poesía u oratoria, es decir, un
ritmo regular que se repite con mesura. Es entonces, dentro de las
artes del espacio y del tiempo: la armonía de las relaciones entre
el tiempo y el espacio, utilizando el mínimo de fuerza y de energía
física… y tú tienes una euritmia admirable, no lo dudes… pero
volviendo a lo que te mencionaba antes. El Circus Maximus de
Roma media unos 600 metros de longitud y tenía una capacidad
para 385.000 espectadores. No obstante, el circo moderno no
tiene ningún tipo de filiación con el antiguo. Aunque en ambos
había algo común y determinante: el ejercicio ecuestre, ya que los
juegos propios del antiguo son el hipódromo y las carreras de
carros. Y el moderno fue fundado por un destacado jinete llamado
Philip Astley (1768 en Londres y en 1774 en París). Este origen
explica quizás la forma circular del área donde se desarrollaban
los juegos como volteo, parada de pie sobre el lomo del caballo al
galope, dando una vuelta al alrededor del círculo perfecto de la
pista… Las gradas se escalonaban concéntricamente, ya sea de
forma permanente y sólidamente construidas; o bien ambulante y
erigido bajo una carpa, que como todos sabemos es la imagen que
el circo adopta universalmente… Así como también la dimensión
fija de la pista: 12 ó 13 metros de diámetro, lo que correspondería a
un giro periférico a catorce pasos de un caballo al galope. Éstas
son las medidas usuales, medidas que pueden y han sido
cambiadas si la envergadura del espectáculo lo requiere…»

El sujeto apoyaba su detallada explicación moviendo las manos,
haciendo circunferencias en el aire. Evidentemente manejaba la
materia, como si supiera que a ella de antemano le iba a interesar
ese tema en particular, y hubiera estudiado en alguna biblioteca
sobre este, revisando un diccionario especializado quizás. Sin
embargo ella se mostraba cada vez más dubitativa, mirándolo ya
con cierta desconfianza, sin caer en la trampa. Nuevamente el
encargado de la música me sorprende cuando comienza Nights in
white satin de los The Moody Blues, grupo precursor del rock
progresivo, estilo que se consolidará en bandas como King
Crimson y Genesis. Ella tomó la palabra y holgadamente habló de
sus intereses y planes. Puntualizando sobre lo que él le había ya
anunciado. Su voz y sus ademanes eran ligeros y, como
conjunto, te atrapaban como lo hace una canción que con
entusiasmo se decide repetir y repetir. Él, por su parte,
aspiraba profundas bocanadas a su cigarrillo, mientras
escuchaba con suma atención, asintiéndole todo lo que
decía. Apagó nerviosamente su pitillo y se aclaró la voz
indicando que era su turno para hablar.

«Es que además existen una gran cantidad de circos
famosos, pero los únicos que puedo recordar en este
momento son el Circo Alegría: instalado a fines del siglo
XIX en la barcelonesa plaza de Cataluña, fue dirigido
inicialmente por Gil Vicente Alegría, hasta su suicidio. Y el
Cirque Olympique francés, que fue creado en París 1816 por
los hermanos Franconi, mediante la restauración del antiguo
circo de Astley…»

En ese momento, entró un grupo de cinco tipos vociferando,
se sentaron atropellándose entre sí, gritando su pedido:
—UNA RONDA DE RON.
Cuando les dejaron a cada uno su vaso, los tomaron de un
solo trago. El mozo, un tipo enjuto y de lentes gruesos, quedó
pasmado. Ellos pidieron otra ronda y nuevamente se
tragaron el ron de un solo largo sorbo. Fue inevitable
escuchar su charla que era un eco de balbuceos cortados y
gemidos: ——me expulsaron de la universidad——
salud——no todos los días te echan de la u—— pidamos
otra ronda—— yo la quería——pidamos más alcohol——
yo la quería—— salud——si vamos a hacer perro
muerto—— perro muerto—— otra ronda cantinero. Uno
vestido rigurosamente de negro al pararse se desplomó en
las piernas de una muchacha. Llegaron todos los encargados
y les pidieron que cancelaran y se fueran, el más gordo abrió
su billetera y sacando unos billetes arrugados les dijo:
—¿No me hace un descuento? si me expulsaron de
la universidad.
—De ninguna forma, pueden ser tan amables de
pagar y retirarse—dijo severamente el jefe.
Sonaba Paint in Black de los Rolling Stones cuando los
cinco, como figuras desteñidas, se marcharon lentamente y
murmurando… pero uno de ellos volvió y parándose al centro
del bar aulló:
—¡Me han echado de weás mejores!…
Llegó a recogerlo el tipo más bajo del grupo y se alejaron
nuevamente gritando. Todos lo que estaban cuando vieron
irse al grupo de belitres siguieron como si nada hubiera
pasado, con total indiferencia. Nuestro personaje, en cambio,
condenó duramente lo sucedido, aclarándole a su
compañera del rol primigenio de las drogas y de cómo su uso
ha caído sólo en el afán hedonista. Pidió un nuevo trago y
continuó hablando.

«¿En que habíamos quedado? Mm... Ah, ya lo recordé: todo
programa de circo hace alternar las emociones de la risa y la
diversión de los payasos y la ansiedad, ante las temeridades
de los acróbatas. Los periodos de tensión, las fases de sosiego
y relajamiento se suceden en un clima de magia y hechizo,
de música estruendosa y súbitamente interrumpida por los
silencios en el transcurso de los juegos peligrosos, todo al
ritmo de los obstáculos superpuestos del vértigo y del temor,
de los triunfos de la fuerza, de las habilidades y de la ilusión.
La atmósfera tan característica del circo está constituida
sobre la base de las impresiones anteriores, que se dirigen
por un lado a la naturaleza del espectáculo y a su modo peculiar de evasión, y de
otro a su arquitectura… ¿no? La disposición circular, la proximidad humana en las
gradas, favorecen un contagio de las emociones, propicias para una participación
masiva sobre la pista. La actuación se desarrolla en las tres dimensiones,
integrando a los espectadores, que rodeando la pista, participan de un mismo
espacio vital. De este modo el circo sirve como entretenimiento a un vasto público,
funcionando con un sistema interpretativo contrario al principio ilusionista de la
escena de tipo italiana…»

Él —al terminar su parlamento— la miró de una forma que intentó ser sugerente
y acercándose lentamente al oído le dijo una par de frases que fueron
desaprobadas con disgusto. Cada vez más suspicaz ella se incorporó y con el seño
fruncido y en voz baja, sumamente baja, movió su fina boca. Él un poco espantado
se echó para atrás, luego miró el cenicero y prendió un cigarrillo con una mueca
que resumía su situación (un total desastre). Sin embargo volvió a insistir e intentó
impresionarla hablándole del Land Art y del Ecologic Art, y nombró a un par de
autores y sus obras como Walter de Maria, Lightning field, Nuevo México, 1977,
Nancy Holt, Sun Tunnels, Great Basin Desertl, Utah, 1973-1976. Y se detuvo
bastante rato en Christo & Jean Claude, ya que según él había visto una
exposición en Madrid hace un par de años. Finalmente con el alma en un hilo
nombró como última carta a Yves Klein, y su Monotone Symphony, 1962,
señalando que era cumbre del arte performático, junto a Gilbert & George, con su
Portrait of artist as a young man, 1970 y a María Abramovich con su Art must be
beautifull, de 1975. Sin embargo, ya era demasiado tarde. La muchacha
evidentemente aburrida miraba su reloj, su abrigo y su cartera, quizás entendiendo
que el tema fue demasiado forzado, como aprendido de memoria. Sardónicamente
en ese preciso instante habían puesto Conquistador de los Procol Harum, otra
banda de la invasión británica tardía.

Voy al baño y luego me acerco a pedir una canción a la barra. El encargado era un
tipo cincuentón con el pelo largo, y la barba cana; le pregunté si podía poner
Young Girl de los Union Gap. Él sonríe y señala parcamente que ellos eran
americanos, contemporáneos sí, pero en ese compilado tenía sólo grupos británicos.
—En un rato voy a poner a David Spencer Band, en ese grupo tocaba Steve
Windwood, el de Traffic y Blind Faith-, me indicó sin quitar la mirada del
computador. Levanté mis hombros y me devolví. En ese momento, cuando
regresaba a mi asiento, ella se paró ya un poco ofuscada ante la insistencia del
sujeto, diciéndole que había sido una agradable velada, pero que era demasiado
tarde y tenía que levantarse temprano. Y cuando dio el primer paso ya con su
bolso colgando de su hombro, por un segundo nos quedamos mirando frente a
frente. Un segundo recortado, multiplicado y luego hecho jirones. Su belleza era
singular. Una que nacía en sus ojos, el penúltimo espejo, el hilo de Adriadna. Unos
ojos encendidos como un árbol en llamas. Un segundo: Ebriedad. Parálisis.
Química, alineación de astros fantasmas, blancos imperturbables… Miedo y
temblores. Temblores y puntadas al vacío. Sin embargo con su sonrisa inequívoca
deshizo todos los maleficios y mezquindades. Y cuando pasó a mi lado, aclarándole
nuevamente a su compañero que tenía que levantarse temprano; comprendí que
ya era demasiado tarde para un lunes sin certezas, demasiado tarde para buscar
patrias desconocidas atrás de sombras ingratas. Tarde para el alivio desteñido de
un vaso siempre vacío. Divagaciones. Excesos de elocuencia. Demasiado tarde
para arrepentirse. El encargado de la música me levanta la cabeza señalando los
parlantes. Comenzaban los primeros acordes de White Room de los Cream. Y ella,
desaparecía por la puerta.

Mí colega se incorpora súbitamente, como si hubiera terminado un viaje agotador,
estira los brazos, toma un largo trago y exclama:

—¿Se fue el soperutano que hablaba y hablaba del circo?
—Sí, hace un par de minutos.
—¿Y ahora dónde vamos?
—A la última parada.
—Y pensar que lo que mueve al circo es la dialéctica entre la risa y la
angustia —apuntó mi colega cuando se levantaba—.
—Todos los días se aprende algo nuevo.

Nota al texto: Este breve relato fue
encontrado entre los papeles de Francisco
“Depredador” Altamira, con muchas rayas,
múltiples borrones y una gran aclaración de
que faltaba una última corrección; además
con una segunda parte imposible de leer,
compuesta por delirios agramaticales
completamente tarjados y rasgados que
demostraban el estado de desequilibrio en que
se hallaba el autor antes de su desaparición.
De esta forma me vi forzado a excluir ese
tercer capitulo, ponerle todos los puntos y las
comas al primer capitulo, arreglar
indiscriminadamente algunos párrafos, y
quitar los epígrafes. Cosa curiosa es la
extraña dedicatoria que tenía el texto y que en
adelante pondré casi de forma textual:

“Sólo para ella, la prez y honor de los Volcos,
la que luchó contra Eneas, el héroe mítico
padre de la Roma que implantó un calendario
que como de forma oportuna señala Don
Alfonso Rivas Salmón: «un calendario que es
una tontería de arriba abajo porque inclusive
le quitaban meses para hacerlos más cortos
para poder cobrar más impuestos y tributos
para el gobierno, hasta que se dieron cuenta
que perdían más, posiblemente por llegar
tarde a la recolección de las cosechas.
Pompilio le agregó los dos primeros meses y
por esa razón tenemos nosotros un calendario
en que no corresponden las palabras a su
significado, ya que septiembre no es el
séptimo mes, ni octubre el octavo, ni
noviembre el noveno, ni diciembre el décimo.
Este calendario fue modificado por Julio César
que tuvo la necesidad de agregar el día que
llamamos bisiesto. Pero el mismo César tomó
el quintilio para ponerle su nombre al igual que
su sucesor que tomó el sextilio para llamarlo
agosto. Así tenemos nosotros los meses que
actualmente tenemos, siendo mucho muy
superior el calendario de los indígenas
americanos al igual que el de los viejos
griegos». Samsara, término utilizado tanto en
el budismo como en el hinduismo, que
significa a grandes rasgos «moverse
continuamente» «suceder una y otra vez»,
«renacer». Particularmente en el hinduismo es
el ciclo de la vida tanto humana como cósmica
teniendo como símbolo la rueda: el trueno
golpeó el alma del hombre y la rueda comenzó
a girar. No olvidar -por último- que un
anacoluto es un recurso en el que la frase se
nos presenta desprovista de coherencia
sintáctica, por adoptar el hablante -en el
desarrollo del discurso- una construcción
acorde con su cambio de pensamiento mejor
que con los usos gramaticales”.

Es menester señalar, la inestimable ayuda de
Carlos Lazo en la difícil y tediosa tarea de
editar este texto entre botellas, risotadas y
ceniceros.
Jonathan Murray
Trueno


A Mauricio Morales

¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?

Jhon Donne
"aunque suceda el tiempo
en superfluas
bocanadas de opio"


...decía el libro de teófilo
el Gatier de las flores


estas son mis bocanadas
de un humo ajeno


esta no es mi alma
ni es mi cuerpo


ni encuentro
un alimento mejor
para reparar mis soles
que ser
la lengua ancha
que surca el cosmos
que es un combo
involuntario
surcando fondo
en la llama
de un estúpido mechero


y no soy esto
ni soy lo otro
permanezco estupefacto
nada me designa


pretendo retirar en bruto
un par de diccionarios
al glosario
de la lengua

y ser común
con una bomba en el
brazo


hoy vi morir un
hombre
enfermo de
explosiones


lo vi retorcer
finito
y desparramar
sesos cuerdos
en la calzada
infinita


de los truenos
que no llegan
en las fechas
que llegaban


doble la última
esquina del sueño


la realidad
pendía
de un rayo
de bicicleta
Y de tan poca necesidad
lo necesitan todo
porque todo esta cubierto
y todo está dispuesto

Todo lo quieren
lo compran
lo botan

Mientras la vida fluye
en calles imperfectas
con tanto detalle
que pierdo el tiempo observando

no esto...
...lo otro

Aquí no se ve mucho
la amplitud del helicóptero
es aburrida

Igual los envidio
sana y malamente
desearía comprar
unas cuantas cosas

Alguna de las que ellos compran
o muchas de las que yo compro.
Pin Pas Pin Pas Pin Pas Pin Pass ss s


Date una vuelta
al barrio alto
tu mirada se encumbra
pero achurada
por códigos de barra

Hay profundidad de campo
hay más perspectiva
pero todo es más borroso

menos real
porque esto
es alejarse
de la realidad

yo he visto
monótonas calles
repletas de papeles

Pero veo el detalle
la arruga del tiempo
la grieta
la letra
la miga
las moscas

Somos testigos
de la enfermedad
que evoluciona más rápido
que cualquier nacimiento

Y nos emparentamos
más con la muerte
y somos más sórdidos
eso es inevitable

Veo la mirada de la gente
veo que no ven lo que yo veo

Porque frente a ellos
camina una proyección infinita
de ellos mismos

Ellos viven del deseo
lo quieres
lo tienes
lo tienen


Cisarro Cisarro Cisarro Cisarro



Es tan urgente
apretar pedal
y correr tan fuerte
para parar solo
solo cuando nada
es tan urgente
por llegar
a ningún lado
a frenar
para disparar
a correr
para seguir corriendo
se desangra
el que no llega
un cartel
no se respeta
¡ninguno!

nadie asalta
para ser desapercibido
tomo lo tuyo
lo tuyo es mío

no hay seguridad
todo se vulnera
en estos juegos
de infancia

porque escapamos
como locos
odiando policías

ricos, pobres
matones, ladrones
peatones, muchachos
chamacos
chiquillos
pendejos!!!
X Martin Tugas
El reloj sonó en punto a las cinco de la mañana
como era usual. Dante despertó y programó el despertador
para unos quince minutos más. Fue como en un pestañeo
que esos quince minutos pasaron. Ya resignado a otro día
de trabajo, Dante se puso de pie y se dirigió al baño para
ducharse y vestirse, y finalmente, partir al trabajo.
Aún estaba oscuro cuando cerró la escarchada
reja de acero de su casa. Hacía mucho frío y las calles
estaban mojadas por el sereno.
Caminando con las manos en sus bolsillos, llegó
finalmente al paradero a esperar alguna micro, y como era
habitual, se demoraban en pasar, o pasaban y no paraban,
o pasaban tan repletas que ni siquiera un microbio cabía
en ellas. A lo lejos pudo divisar una que parecía no tan
llena, y levantó su mano con el dedo índice erguido, la
micro entonces se dirigió peligrosamente donde él se
encontraba a una velocidad un poco menor que a la que
se movía antes de ser requerida, y, en un instante, Dante
alcanzó a evitar la punta de la micro y con su brazo
derecho se aferró a la baranda y logró subir, extrañamente
se sintió distinto, como más liviano. La micro volvió a su
velocidad típica y esquivaba autos, personas, perros, gatos
y lo que se le cruzara por delante sin disminuir la
velocidad. “¿Esta es una micro para humanos o monos?”,
pensó mientras que con una mano se afirmaba como
podía y con la otra buscaba el dinero para cancelar el
pasaje. Finalmente lo logró y el chofer le entregó un boleto
negro con un tipo de código indescifrable o un escrito en
otro idioma que parecía hebreo, muy nítido y de color rojo.
Caminando hacia algún asiento, miró el boleto y
pensó “¿Cambiaron el formato? bueno, que le vamos a
hacer” y se sentó sólo en un rincón.
La micro seguía andando a gran velocidad, Dante
miraba hacia fuera, pero no lograba ver nada, era como si
le hubiesen puesto una cortina negra gigante en la
ventana, esto le permitía ver el reflejo de las otras
personas sentadas en los demás asientos. “Qué raro” -
pensó – “Porque al menos debiera verse un rayo de sol a
lo lejos desde la cordillera. No creo que estos longis
tengan tan sucia la weá”
Luego de mirar nada, Dante dirigió su vista hacia
delante, a los pasajeros, algunos iban igual que él,
mirando a los otros como cuando en una prueba del
colegio el profesor pregunta algo que ninguno de los
alumnos sabe. Otros en cambio, estaban tranquilos y con
una leve satisfacción en su rostro, por lo general eran los
ancianos. Posteriormente miró hacia atrás y lo mismo se
daba. Entonces volvió a dirigir su mirada hacia la cortina
negra.
La micro volvió a disminuir su velocidad y una
mujer ingresó, su cabello le tapaba los ojos, se notaba una
cierta nostalgia en ella, se sentó al otro lado del pasillo, al
rincón del asiento. Lo mismo ocurrió al seguir avanzado, se
subía gente, pagaba su pasaje y tomaba asiento. El
vehículo no se llenaba como era lo usual.
Pasó un rato y Dante calculó que ya debieran de
estar cerca de las avenidas principales, pero esas partes de
la ciudad eran concurridas e iluminadas, y, sin embargo, la
cortina negra todavía se presentaba por las ventanas. Miró
entonces hacia la ventana del chofer y pudo notar por las
luces delanteras de la micro que atravesaban por una
neblina extremadamente espesa, como nunca había visto
en su vida. Y ahora pudo sentir que la micro aumentaba aún
más su velocidad. Comenzó a asustarse porque cómo podía
ser que el chofer viera algo a través de aquella neblina.
De pronto, la micro comenzó a disminuir su
velocidad hasta detenerse completamente, la neblina había
desaparecido, pero la cortina negra todavía estaba en las
ventanas aunque en menor grado, ya que Dante podía
divisar a duras penas siluetas. El chofer apagó el motor, se
levantó de su asiento y dijo en voz alta “¡Última parada!”, y
bajó del vehículo, los ancianos se levantaron y
descendieron tranquilamente. Algunos se bajaron
resignados con la cabeza gacha y otros como Dante se
miraron con una cara que decía “¿Qué mierda?”. Bajó
finalmente de la micro y pudo ver que una niebla espesa
permanecía en el suelo a la altura de las canillas, estaba
oscuro, pero igualmente se podía ver todo lo que allí había.
Habían varios grupos de al menos cinco personas
reunidas por aquí y allá, varias micros parecidas a la que él
había utilizado, los chóferes se reunían y bromeaban entre
ellos, algunos tipos de vestimenta negra estilo terno erguían
en sus brazos carteles con nombres de personas que
bajaban de las micros que seguían llegando, extrañamente
pudo notar que más a lo lejos habían micros de varios tipos
y formas, logró reconocer las inconfundibles inglesas rojas
de dos pisos, las estadounidenses típicas como sacadas de
la película “Máxima Velocidad” y más allá otras que no
alcanzaba divisar. A fin de cuentas parecía estar en un
terminal de buses, aviones, barcos, trenes etc. O la mezcla
de todos con un toque de surrealismo oscuro.
Dante vio que uno de los tipos de terno negro tenía
en sus brazos un cartel que decía: “Dante Ismael Rodríguez
Draven”, y en la siguiente línea decía: “Aldarivanian”. En ese
momento se asustó, “¿Qué es lo que ocurre aquí?” y el tipo
se le acercó:
- ¿Tú eres Dante Rodríguez? – le preguntó.
- Sí, ese soy yo – respondió tímidamente.
- Bien, sígueme, tenemos que ir a hacer tu trámite.

Dante ya no pudo más y le preguntó “¿Qué está
pasando?”, el tipo lo miró y apuntó a una oficina frente a
ellos que estaba entre otras dos oficinas más, y que a su
vez se encontraban entre miles de millones de oficinas
hacía uno y otro costado. “Allí te explicarán lo que quieres
saber… Y lo que no”
El viaje de Dante.
Dante se dirigió a la oficina lentamente, y dentro, lo
esperaba un hombre de vestimenta ploma detrás de un
escritorio que tenía encima una balanza de metal cromado
con la forma de una mujer con los ojos vendados junto a
otros objetos extraños, cerca del escritorio había un enorme
archivador de varios cajones. El hombre amablemente lo
hizo tomar asiento, Dante así lo hizo.
- Bienvenido Aldarivanian
- ¿Aldarivanian?
- Sí, ese es tu nombre real, pero bueno, tenemos
cosas más importantes de qué hablar. – hizo una pausa y
sacó del archivador dos carpetas, una blanca y una negra, y
prosiguió – La carpeta blanca son las cosas buenas que
hiciste en tu vida, y la negra, las malas

Dante quedó en estado de shock, “¿Cómo puede
ser que me haya muerto? ¿En qué momento?”.
- Cuando estabas en el paradero y la micro se
dirigió hacia ti, lo que pasó en realidad fue que te golpeó en
la cara partiéndotela y quedaste mutilado bajo ella con tus
tripas desparramadas por todas partes, incluso los restos de
tu cabeza quedaron impregnadas en el tapabarros de la
micro. Fue un verdadero espectáculo, tu alma salió tan
rápido de tu cuerpo que cuando te subiste al “Astralbus”,
creíste que era la micro anterior. Lo que le pagaste al chofer
fue lo que antes los griegos le pagaban al barquero a la orilla
del río, y el boleto que te entregó es la prueba de dicha
transacción, es tu certificado de entrada. Pero no estamos
aquí para hablar esas tonterías básicas. Lo que tenemos que
discutir es a dónde te vas a ir: al cielo, al infierno, al
purgatorio, a otra dimensión, a otro planeta, a otro tiempo, a
otro nivel, una reencarnación o la opción que más se te sea
justa. Por lo tanto, vamos a colocar tu carpeta blanca en este
lado de la balanza, y tu carpeta negra a este otro lado, y
hacia donde se incline la balanza, tomando en cuenta otros
cálculos a considerar, es a donde te irás.
Dante retornando de su estupor preguntó:
- Creí que solo estaba el cielo, el infierno o el
purgatorio
- ¿Cristiano cierto?
- Eh, supongo que si.
- Ese es el problema con la tierra – comenzó a
explicar el hombre mientras sacaba cálculos con extraños
aparatos y anotaba cosas en unas hojas que al parecer eran
de papiro, - La mentalidad es tan primitiva que las
autoridades, en especial las religiosas, cierran el
conocimiento total a aspectos que tengan que ver con el
dinero…
- ¿Pero lo que le pagué al chofer…?
Eso es una ofrenda, ¿Crees que ese dinero sirve para
mantener una economía en esta astralidad? ¿Acaso crees
que el bus que te trajo usa petróleo? Tienes que abrir más tu
mente, aunque es normal para los humanos no desarrollar
esa capacidad, de hecho los híbridos desperdician todo su
carnolapsus en lo que denominan “trabajo”. Se incentivan
solo en adquirir dinero. Un objeto que pasó a ser un
concepto tan sobrevalorado que los esclaviza, matan por él,
destruyen su mundo sin darse cuenta que contribuyen a
un suicidio global. De esta forma adquieren otros objetos
que van acumulando con el paso del tiempo y que
finalmente quedan todos tirados en la tierra, aportando a
un enorme basural. ¿De qué te sirve tu tan apreciado
Notebook ahora? De nada. Estas aquí sin comprender
nada, temeroso de tu siguiente camino, no te cultivaste.
“Por otro lado, hay personas que se incentivan
por medio del desarrollo de sus talentos: músicos,
escritores, pintores, bailarines, dibujantes, coreógrafos,
escultores, hay gente que crea nuevos tipos de arte
nunca antes vistos. ¿Qué pasa con ellos? Pasan de
inmediato a un nuevo nivel superior del cual estaban,
otros tienen el derecho de escoger su próximo camino,
aunque también hay algunos que comenten ciertas
atrocidades que se deben analizar. Debe de ser por lo
primitivo de sus mentes. Pero bueno…
El tipo de plomo luego de realizar todos los
cálculos y las respectivas anotaciones dijo:
- Muy bien, ya esta decidido, te irás a otra
dimensión, otra oportunidad, no la desaproveches.
Felicitaciones.

El tipo de plomo se levantó y Dante hizo lo
mismo. Lo llevó a otra salida de la oficina que estaba
detrás de ella, le dio la mano y le indicó que caminara
hacia un hombre de terno blanco que estaba junto a otros
igualmente vestidos conversando y riendo al igual que los
chóferes en el Termi-final.
El tipo de terno blanco se le acercó y le dijo “hola
soy Abdiel, uno de los ángeles que llevan a los recién
llegados a su nuevo destino, ¿cómo estás?”
Dante no decía nada pensando en lo brusco que
es la vida, o mejor dicho la muerte. Tenía tantas cosas
por hacer, planes a realizar y que nunca se concretarían,
amigos que jamás volvería a ver (por ahora, o quizá en
cuánto tiempo más, o derechamente, tal vez nunca). Se
suponía que era un día más, otro típico día de trabajo.
Que tomaría una micro que lo dejaría en el paradero
cerca de su trabajo, encendería un cigarrillo en el camino,
entraría a saludar a sus jefes y compañeros, realizaría
sus labores y que al terminar su jornada regresaría a su
casa para después comer algo frente al Notebook y
finalmente acostarse a dormir.
Pero qué se le va a hacer.

Fin.


(Seba)

A pedro, el negro del merecumbé, sospechosamente
real:
-¿y qué es un cadáver después de todo?
-Shhhh. Ningún cadáver, sólo duerme la siesta
Walt Whitman.
Sospechas Sospechas Sospechas Sospechas
Todo sospechosamente bien
Ceden el asiento los quiroprácticos
Los que jugaban en la esquina han
comprado bicicletas
La calle del espanto rebosa de asfalto
El perro alienta la rutina del cartero
Las ratas emigran a la cocina de enfrente
El que mataba resultó defenderse
Las cuentas impagas no impiden el agua ni
la luz ni el teléfono ni nada con cuentas
como todo lo demás
Las pulgas proponen una tregua
Noches sin sobresaltos
No es necesario despertador para despertar
Aparecen los cepillos de dientes olvidados tras el
fregadero
El dinero surge de la ropa del lavado

Todo sospechosamente ordenado
Los emblemas de la guerra reciben la paz
Ni bombas ni trenes ni agujeros
Las banderas flamean en perpetua
independencia
Los ovnis brillan por su ausencia
Las heridas se curan solas
Los reyes deponen sus castillos
La violencia incomprendida en su tiempo ajusta su
reloj
La policía multa todo transito motorizado
Ocho especies se incorporan a la tierra
El banco mundial contrae nupcias a nalgas por
doquier

Todo perfectamente atornillado
Todo lustroso
Todo de paquete
Todo calculado hasta la náusea
Todo resuena al ritmo de la goma de mascar

De pronto el fono grita
De su escucha surge el muere, el ataque, el hombre
escoltado por la acera y su pecho oprimido
No hay sangre en esta viñeta
Todo fluye en la más estricta de las calmas
Los noticiarios callaron la ocasión
El fono se cuelga como por arte de magia, ni lloros
ni desmayos a tierra
Otro diablo más a la ocurrencia
De morir
Del día de sus días
Sospechosamente parecido al resto

De pronto se disipa toda sospecha
Los triciclos son puestos de avanzada
Sus ocupantes ceden, anuncian el mar de la
derrota como faros parapléjicos dispuestos a
todo por un plato de comida
Los encargados de tapiar el entramado urbano son
cadáveres con disfraz de obrero
Los roedores caminan a dos piernas
La defensa alegó asesinato
Las corporaciones drenan nuestra sangre al pestañeo,
enemigo del trabajo, su contrato es introducido a
hurtadillas entre el campeonato de fútbol y la partida
de ping pong
Pero algo nos impedía pensarlo
Tiritamos, eso creímos, a costa del frío y la falta de
café
Los disparos se ocultaban tras la abundancia
de columpios y pasto fumigados con llanto de
virgen de nueve meses
Su entrepierna a borbotones no representa cadenas
para el niño espiritual, el espía tras la ventana que no
ajustician por temor a las reglas del juego, juego
sucio, a quien le importa un cuerpo arrojado al río
sin su cédula de identidad

Los negros celebran sus negros
Los blancos celebran sus blancos
Los amarillos amenazan con su vaporizador
nuclear
Como si el gramófono pregonara su extinción por los
cinco picos o las escondidas se delataran a sí mismas
Pero los mapas ajenos a la mirada tan bien diseñados
amenazan con tomar el control relegándonos al
patronazgo inconcluso de un páramo desierto
colmado de trastos infantiles
La sospecha resultó ser atroz
No calculamos los riesgos ni el tamaño de la sirena
Ni el temor a vivir que nos apena
Todo yace sospechosamente cubierto de mierda y
mortajas

Tal vez compongan tangos en el mas allá
Tal vez la rubia entre al baile ente un vaso de vino y
copiosos cigarrillos
Tal vez la convengas:

“Anoche
Anoche soñé contigo
Soñaba que te quería
Diciendo cosas bonitas
En tu oído Mirella, en tu sombra Mirella
Anoche es nosotros Mirella
La comparsita, nuestro armisticio”


Tal vez la lleves a la cama y departas con tus amigos su pelaje divino y su pubis angelical
Tal vez el seguro médico lo cubra todo
Tal vez ya no queda más que carne inerte en los pasillos de la posta central
Pero la victrola de las mil canciones, el paso eléctrico de cumbia y de baile
No muere ni se entrega a la memoria
Después de todo
El negro nunca negó una copa
Sólo anda de resaca
Sospechosamente parecido al resto.



Papaito papaito, no te vayas a Papaito papaito, no te vayas a Papaito papaito, no te vayas a Papaito papaito, no te vayas a
Chimbarongo papaito, vuélvete mejor… Chimbarongo papaito, vuélvete mejor… Chimbarongo papaito, vuélvete mejor… Chimbarongo papaito, vuélvete mejor…


Suena confusa la figura paterna a la deriva que
dejamos olvidada en alguno de los espacios inconclusos
decorados con los restos del hogar anterior.
Pero permanece allí en su rincón con la mirada asesina
del hijo pródigo que vuelve a casa por la mitad restante
En el mejor de los casos su rostro se vuelve a la primera
recriminación
Otros urge de comida, acerca sus pasos uno tras el otro a
nuestro bote de basura repleto a todas horas
De todas formas lo intenta por si se da el caso
Pero el caso lo cerramos mucho antes del fluido
amniótico
Lo tenemos presente como el invierno atómico y su
canto de sirenas
Nuestra Excalibur en medio de un océano de
NAPALM, salvavidas piroplástico
Padre, te hemos construido una guarida lejos de los
sicólogos
Caerás en la tentación – tentativa – de una primera
visita, tu primera visita desde el comienzo de los años.


(…)Recuerdo las manos llenas – he aquí el mundo, su
sangre tu sangre, comienza por el agua, eleva cometas,
numera a tu antojo e impone tus reglas, todo concluye
con el fin de la jornada, mañana hay mucho por hacer,
llévame contigo como los adornos que cuelgan de la
locomoción colectiva, honra la entrepierna de tu madre,
acoge a los extraños hasta que harten de conocidos,
mira atrás con la ayuda del espejo, ríe de cuanto no
sabes e inventa la certeza como beneficio hacia la duda,
no temas a la noche ni al puñal de tu hermano, ambos
aclararán y por sobre todo no llames de vuelta, la
existencia es un llamado por cobrar.

Evidentemente esperamos hasta el infinito.

Tómalo con calma, hemos distraído la atención de los
fotógrafos con imágenes de un acto inmoral: a los pies de
una montaña dos ratas juegan una partida de brisca, a
medio camino (la misma montaña) un par de castores
especulan sobre el curso de la partida (de pie, observan),
en medio de ellos, en la corteza del nombre un árbol
inscribe sus raíces.
La fotografía viene acompañada de pregunta: ¿Qué hora
marca el reloj de la cima?
Ello los mantendrá atados un resto.

De esta doble ausencia padre hijo que acabará con
nuestros días
En el nombre de tus salidas a terreno
De la mano de un hippie masoquista pasado de moda
Que a nadie convence
El bono marca su hora de salida
Todo lo que empieza como consulta médica termina con
las butacas vacías.

¿A dónde vas papaito? ....... ¿papaito?






Portada de revista “Paraíso” (Tomo número
único)

Instrucciones previas a la feria. (Fragmentos)


)… (Es por ello que las portadoras de la
luz visten retazos incoloros
Para no caer en la tentación bólida, para
no disimular el intento de sus sombras
por lo demás marcas de nacimiento.
Arrebatan el trigo para recordar que la
vida es una herida abierta, que las
palabras no sólo no bastan (…)
constituyen su propio sacrilegio,
demarcan el territorio de una naturaleza
profanada por el tamaño de sus senos
Sustancia al acecho del fotón retráctil
(…) las portadoras de la luz que no las
mismas, pedantería per se pero lamento
del termino en sí mismo
La vacuna infecta y viceversa
Esa necesidad de manos vacías, al parecer
inicio del poema
Inútil como todo lo que nace en los
relojes del espacio)…(

Por
San Casiano de Imola

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T E R M I T A S

I

Y a donde te fuiste a volar corazón / que te destrozaste solito
/Que te encerraste a llorar tranquilo / la escena más triste de
la noche de fiesta /Que te llenaste la boca de canciones
maracas/ de falsas penas de compañeros/y brindando por
esta soledad tan repetitiva/Que te quedaste cansado de
esperar abrir la puerta del taxi para salir disparado/ porque
no te dio el cuero/el cuero sintético del tapizado te quedó
más cómodo/más corta/Encender el televisor es el camino
más corto ahora también/hay un par de nombres que no
recuerda/ pero de los cuales conserva algunas manchas/en
su enagua vieja/lo único que queda es hacer caso del
calendario chino y dar por terminado este año de dragón que
a nadie dejó contento/cuando la ciudad está encendida/ es
como un helicóptero rondando/en cambio ahora/a mi cama
caen insistentes termitas /apareándose incluso en el breve
instante de la caída/ llegará entonces el final y no habrá
nada/ sólo el escenario de esta ciudad/que no alcanzó a
ver/la escena más lúcida de la jornada/

II

Y me rasco esta picada de termita/ sabes/ se incrustan en la
madera y lo destruyen todo/ como tú/ luego la madera
queda pulverizada y careada/ Y estoy careada por este mal
olor que atraen las carnicerías bajas /de este lugar
/Afuera/hay hombres acarreando sacos de harina a esta
hora de la mañana/ y si lo piensas bien/ el sonido de las
campanas no es más que producto de la fuerza del viento/ ni
pensar en un síntoma de mejoría/
Al parecer /y sólo me doy cuenta cuando llego de pronto a
mi habitación vacía/ en donde el televisor/ es lo único que
no ha dejado de funcionar en las últimas tres noches/el calor
que emana de él atrae a las termitas/ deben confundirlo con
el calor del nido que han formado en el entretecho de esta
misma habitación/Luego sólo dejan el rastro de sus pequeñas
alas de hadita madrina/Pequeñas/ pequeñas al fin/ que
caben / en unos de estos cuadraditos en los que escribo de
pronto.

III

Parece que ahora pasará algo mejor/ después de todo a lo
largo del año las termitas / pequeñas destructoras de mi
habitación/ me han dejado solo algunos montoncitos de
aserrín sobre la cama y el televisor/Pareciera que ahora ya
no comen/el calor de estos meses las ha puesto a volar /y a
dejar por todas partes estas pequeñas alas/ que se parecen
tanto a mis pestañas/ envueltas en jabón.
L O R C A



Lorca es un muchacho ciego
que trabaja en una fábrica de plásticos en Av. Matta
Lorca tenía las manos verdaderamente sucias
Lorca no sabía que una mosca estaba todo el tiempo
parada sobre su cabeza
La mosca está atrapada por el pelo de Lorca, la mosca
está pegada a este chico
como yo
que aprovecho el movimiento
para acercarme a el y su overol
y leer donde dice su nombre: Lorca
Acercarme para olerlo
bien debajo de la axila
donde los delgados vellos disfrutan de la humedad del
cuerpo de Lorca
este ciego con vista al piso
este ciego de 25 años
bello
como los chicos de santa rosa del recorrido hasta el
paradero 6 de esta calle tan larga
Lorca no se baja nunca
este recorrido a casa termina
cuando la calle pierde su nombre.

M A T E





Los perros se suicidan
arrojándose bajo los neumáticos de
los automóviles
realizan el mismo juego monótono
desde hace años
equivocándose por esta única vez

No es casualidad
tampoco la
poca luz de
este día en
pleno verano
Ni la disposición de los cerros de
la ciudad
que simplemente son una continuidad
de las paredes
ocultándonos el atardecer
que en cambio
en la ciudad vecina
se muestra entero
Nada de particular en la disposición
de estas calles
pensadas para el extravío
y el olvido de la misma ciudad
porque este lugar se olvida a la
vuelta de la esquina
En cambio el olor
el olor ha quedado impregnado en
todo el país


Son muertes inesperadas, es cierto
pero más necesarias aún
que el descanso de los ojos
que por demasiado tiempo
han estado sometidos
al reflejo de la luz del televisor
Porque esta ciudad nos cobija a
todos
aquí nadie muere de frío

el sitio perfecto para no tener
ningún lugar a donde ir
y quedarte en un banco
dando de comer a las palomas
o insistiendo en una ronda de
ajedrez
perdida desde el primer
movimiento.


(Priscilla Cajales)
(Por Tona)


jÉ=èìÉÇ~ê•å=äçë=êÉÅìÉêÇçë=


Me quedarán los recuerdos
esos inexistentes
que en su cúpula transgreden
toda racionalidad
me quedará la cara sugerente
del perro, señor, que miró provocante
con su lengua en el hocico andante
Me quedará la nostalgia
abrupto sentimiento insensible
también el segundo de pueril sentir
me quedará lo no robado
y que me pertenece
me quedará el hálito de orgullo
jamás conocido por mí
los pies no descansados en la arena
el mar furioso que a gritos te decía:
"ya hombre, de una vez por todas",
pero receloso volteabas...

en los ojos pesados
de tanto no llorar
se esconde la pluma
de lo que un día deseó volar
y es que este jardín
se cansó de ser de cristal
repasa cabizbajo cada acontecer,
pero no logra ni en sus sueños
un detalle especial que encontrar
¡dios! es esto lo que hace tiempo debí ver
¿esta inmunda realidad de la que quiero escapar?
por qué me has cegado ¡qué crueldad!

.


p祵=

Soñé, te soñó
soñó que gritabas al alba
que cerca te encontrabas
y que ya nada más importaba
soñó tus ojos despavoridos
que caían, caían...
bajo el cielo, bajo ella
te soñó furioso, desgastado
sediento de agua, de ese desliz
soñó de día y de noche
te soñó anunciante sobre ella
te soñó tranquilo, apacible
flotante en aire, flotante en ella
precavido e intenso

soñó desnuda, soñó en el creo
soñó en la desdicha de decir no
soñó con tus palabras cantadas
y las de ellas susurradas
oìêìêÄ~åç=
kçÅíìêåç=

(x Víctor)

El silencio perdido y escaso
vertido sobre el pensamiento nocturno
palpitando blancamente en la lejanía
auxilia el contorno de las cosas
en este tropezar avanzando
Dormido como la pulgada amarga y oscura
el valle vierte pequeños espejos plateados
de noche infinita y rural
como delfín salvaje en un mar huraño
La noche grilla los pensamientos escondidos
como nausea marina como constancia esquizoide
en un burdel barato
adentro una figura especial sobre la mesa
una rareza abriéndose lúbrica y borracha
invirtiéndote hacía la puerta
hacía la lejanía urbana y marchita
tras el borde dejo la casa, la acogida negociada
el adiós en la espalda
el adiós en la pérdida de la casa
los perros aúllan tras el alumbrado público
preparan el adiós de la manada
el contorno, y los gritos aviares, de los árboles
prologan una oscuridad susurrada
con una plaga de imágenes de la mitología arrancada
y puestas en la interpretación neuronal de una naturaleza violada

Avanza la noche en el territorio
el sueño duerme a la redonda
los pies recorren a tropezones en busca de la morada
el piso negro y lejano apenas sostiene la insensatez del cansancio

Los cuentos perdidos, la vieja abuela
la tertulia del té
imaginaciones corporalizándose en este trecho perdido
de luz urbana y humanamente servicial
ronda un temor de niño ingenuo
triste por la pérdida de un amuleto
la abuela perdida recobra la mirada
en los olores nocturnos, en el boldo oscuro
en el romero y el cedrón de un patio abierto en el destino

Amanece y no hay auxilio
el sol perturba el sacrilegio anochecido
el sol perturba el sueño que no le diste a tu noche
esa misma que no ofreció ningún sitio.

en el sentimiento, en los rincones
que desvían nuestras habitaciones.

Sólo tuve tus manos en el reloj
de mis ojos dormidos
la mirada dulce de tu mente
en mis harapos e ilusiones
la suavidad de unos labios
a aires de mi cuerpo
y una manzana gris
en el grito de mi silencio
el descontento del asustado
la palabra rota en el intento

(X nicolapso)

Las tropas estaban resguardadas por una serie de
pequeñas montañas. Al otro lado de ellas estaba la
llanura donde se realizaría el enfrentamiento.
Llevaban un mes de batallas y habían recorrido
diversos terrenos. Todos estaban muy cansados.
Miguel no había desayunado y en el almuerzo apenas
probó la poca comida que había. El alimento
empezaba a escasear entre las tropas de los dos
bandos, pero el hambre no significaba nada frente a
las ganas de que la guerra terminara de forma
definitiva. Poco quedaba para la batalla. Un soldado
del bando verde se preguntaba hasta cuando duraría
la guerra. Sabía que la guerra era mala, pero se sentía
obligado a ganarla. Súbitamente sintió que la mano
de Dios estaba sobre él. Se preguntó qué destino le
depararía para él y sus compañeros.
Afortunadamente era un hombre de fe.
-¡Miguel párate! Nos vamos pa la casa-. Miguel en
silencio. ¿No puedes darme cinco minutos? No, nos
vamos en seguida. ¿Qué te cuesta? El soldado verde
esperaba órdenes. La demora empezó a poner a todo
el batallón nervioso. Tenemos que ir a tomar once
donde la tía Ariadna. Pero Paty… No, nada. Recoge tus
cosas y nos vamos. Miguel para sus adentros: hueona.
Rápidamente se formó una tregua entre los plomos y
los verdes. No estaban las condiciones dadas para la
batalla.
El camino hacia casa fue rápido y en silencio. Paty
tomó la mano de Miguel para apurarlo. Miguel,
molesto por haber sido interrumpido caminaba lento
y era arrastrado por su hermana. Su enojo fue
creciendo a medida que avanzaba y el camino se
ponía cuesta arriba. Miguel arrugó su frente, apretó
sus dientes y se puso a pensar en cómo terminaría la
historia. Después de tratar de dar un final inesperado,
decidió que era mejor ponerles nombres a sus
soldados. Su personaje principal se llamaría
Samaniego, coronel Samaniego. Ese era el nombre de
una calle que quedaba muy cerca de su casa, en el
cerro Barón. Le pareció que ese nombre era poco
común, nunca antes lo había escuchado, quizás por eso
decidió utilizarlo, luego intentó imaginarse un
escenario. Pensó que el terreno debía ser fangoso y
para ello se le ocurrió que tendría que mojar algún
rincón del patio que tuviese bastante vegetación.
Apúrate, dijo ella. Por ahí no es el camino a la casa de
la tía Ariadna. No, es que tenemos que pasar a buscar a
mi mamá a la casa. ¿Puedo quedarme yo en el patio?
No creo que te dejen, parece que la once es para dar
una noticia importante, así que prepárate para estar
harto rato donde la tía. ¡Pero si no quiero! Ya déjate de
reclamarme a mí. Yo tampoco quería venir a buscarte
así que mejor no hablemos tonteras.
Ese día, la guerra terminaría con la sentencia a muerte
de Miguel.

Conocí a Miguel cuando la guerra ya había terminado.
Su cara era blanca, pálida, casi fantasmal. Su pelo y sus
ojos eran de un café intenso. Era más alto que yo. De él
solo sabía que vivía con mi tía. En esos tiempos, nunca
le pregunté dónde estaban sus padres, porque a esa
edad solo me interesaba jugar con él. Después de varios
años, cuando llegamos a la adolescencia me atreví a
preguntarle y ahí me contó cómo había terminado la
historia del coronel Samaniego con todos los pequeños
y escalofriantes detalles. La guerra es horrible pensé.
-Por eso me extrañaba que tuvieras tantos soldados y
nunca los ocuparas. Cada vez que te pedía que
jugáramos con ellos te negabas e inventabas otra cosa
que hacer.
-Sí, supongo que me hacía acordarme de todo.- dijo él.
Con el tiempo nos hicimos muy amigos. Pasábamos las
vacaciones juntos y me presentó a un montón de otras
personas de nuestra edad con las que ya dejé de tener
contacto. Lo mejor de todo es que gracias a él conocí
varias mujeres muy lindas. Era obvio que conociera
tantas niñas. Yo le tenía una envidia tremenda porque
era considerablemente más atractivo que yo. Tenía
mucho éxito con las mujeres y me lo enrostraba en la
cara como si fuera una competencia. Yo en cambio,
tenía poca habilidad para cortejar una mujer y por
supuesto él se daba cuenta de eso. A pesar de eso
siempre terminaba diciéndome con un tono profético: -
Tranquilo, a todos nos llega el momento, a todos-.
Había ciertos rasgos en él que no me coincidían con su
historia. Sabido es que a esa edad, digamos cuando
teníamos quince años, los muchachos con ciertos
problemas emocionales suelen recurrir al alcohol o
algún tipo de droga. Miguel no tenía ninguno de estos
vicios, al contrario yo era el que generalmente
terminaba ebrio, sin tener ningún motivo para estarlo.

El Fin de la Guerra El Fin de la Guerra El Fin de la Guerra El Fin de la Guerra

Él en cambio, solo preocupaba a nuestros tíos por sus
notas en el colegio, pero más allá de eso era una persona
bastante normal, muy agradable y sociable. Siempre
pensé que él era la antitesis de aquellas personas que
destruyen su vida aduciendo justificaciones a su
medioambiente, a su historia emocional. Fue cuando
supe su historia que me di cuenta de que estaba muerto.
Al principio su conducta no me cuadraba, pero luego
determiné que no había ninguna razón por la cual un
muerto debiese ser una persona apagada, traumada o
depresiva, pero sin duda en su rostro estaba la muerte
como gozosa de tomar vacaciones entre los vivos y
disfrutar conmigo algún carrete, alguna conversación o
una canción de algún músico que recién empezábamos
a descubrir.

Tras un breve conflicto interno decidió dejar al coronel
Samaniego con vida. Tampoco sería un héroe de guerra,
pues no creía en los héroes. Para él los héroes eran parte
del ramo de historia en el colegio, y esta guerra nada
tenía que ver con la historia, por lo tanto el coronel
Samaniego quedaría vivo solo por obra de la suerte. El
plan estaba trazado, llegaría a casa de su madre y se
llevaría a todos los soldados a su cargo con el fin de
librar la última batalla en un campo nuevo ubicado en
la cancha de tierra que queda a la salida de la casa de
la tía Ariadna.
–Mejor cambia la cara que apuesto a que mi mamá te
va a retar si te ve llegar así. Miguel no respondió. - Oye
se me había olvidado decirte que parece que va a
llegar un sobrino a quedarse donde la tía Ariadna y
tiene tu edad, parece que es del norte, ahí vai a tener un
amigo con quien jugar a los soldados.-Otro silencio
prolongado-. Puta que soy odioso, no sé pa qué trato de
ser simpática contigo si vas a ser así de pesado conmigo.
-Estoy pensando, déjame tranquilo.
-¿Y en qué estai pensando?
-¿Qué te importa?

Voy a hacer una especie de continuación. Sí. El hijo del
coronel Samaniego, o no mejor el nieto, que esté bien
viejo. ¡Ya sé! Van a ser enemigos. El coronel Samaniego
se volverá un traidor. Sería bueno hacer un escenario
con lluvia. Quizás colgar un balde con agujeros en la
base me pueda servir. Recuerdo con mucha atención las
historias complejas que se le ocurrían. A pesar de que
nunca jugábamos con los soldados, sí lo hacíamos con los
juguetes que yo llevaba de mi casa. Siempre le decía
que yo quería ser el bueno y él me respondía que no,
que acá todos son buenos o todos son malos, porque así
es más entretenido. –Con razón te gustaba jugar sin
buenos ni malos. Todos contra todos, parece que no has
perdido las costumbres pero ahora es con las minas.-
Obvio, si no es más fome, además ¿qué tiene?, si esa
mina es rica, y yo no estoy ni ahí con ella, así que
cómetela no más, pero acuérdate que tu maestro se la
comió primero. Aunque con lo hueón que eres para
jotear capaz que ni te pesque. Apúrate que estamos
atrasados. Puta justo ahora no encuentro la llave.
¡Qué! si siempre se te pierde. Mejor entremos por la
cocina mira que tengo cualquier hambre, son casi las
ocho y media y todavía no tomamos once, apuesto a
que nos van a retar por tu culpa.
Entraron a la casa por la puerta de la cocina que por
suerte estaba abierta. Todavía Paty lo sostenía de la
mano y al llegar a la sala se la apretó con fuerza.
¡Mamá!, ¿qué pasó? ¡No!, dijo con lágrimas en la cara.
¡No! volvió a gritar. Miguel miraba en silencio, su cara
era inexpresiva, como si siguiera pensando en el
coronel Samaniego. Paty se acercó a su madre que
colgaba de una soga fijada en la lámpara de la sala.
Estaba morada, muerta hacía ya varios minutos.
¡Mamá! ¿Qué te pasó? Sus manos le temblaban, de
pronto recordó que Miguel estaba en la entrada de
la sala mudo e inexpresivo. Se le ocurrió pedir ayuda,
pero no tenían teléfono. Después de unos segundos,
decidió ir a la casa de tía Ariadna. Miguel vamos,
tenemos que correr, apúrate. Miguel no reaccionaba.
Lo tomó de la mano para arrastrarlo pero esta vez
Miguel estaba fijo como una roca, mirando sin cesar a
su madre colgada. Paty intentó taparle la vista.
Tranquilo Miguel, si voy a buscar a mi tía, ella va a
llamar una ambulancia, tranquilo. Pero Miguel nada.
Escúchame, escúchame bien, tenemos que irnos a
buscar ayuda. Pero Miguel nada. Paty en su
desesperación no se le ocurrió nada más que dejar a
Miguel encerrado en la casa. Tenía miedo de que se
escapara e hiciese algo peor. Mira te voy a dejar aquí
un rato, quédate tranquilo yo vengo al tiro, tengo
que buscar a mi tía para que llame a una
ambulancia, si se va a poner bien no te preocupes.
Pero Miguel no se veía preocupado. Estaba absorto,
miraba a su madre fijamente, sin parpadear. ¿Y cómo
te fue? Mal. ¿Por qué? No me pescó. Se rió. Eso te
pasa por tímido. Mira, tienes que agarrarlas y
mirarlas fijamente como si fuesen lo único que
existieran y a la vez como si ya no fuesen a existir
más, eso las deja locas. Supongo que ya lo has hecho
antes. Obvio, desde chico Nico, desde chico.
Pasaron un poco más de veinte minutos antes de que
llegaran todos a la casa. Nunca le contó a nadie lo
que hizo en ese tiempo. Cuando volvió en sí le
empezaron a correr las lágrimas. Se acercó a su
madre y la tocó. Estaba fría. Tuvo tiempo suficiente
para grabarse en la memoria la forma del nudo de la
soga. Caminó alrededor de la sala no sabiendo qué
hacer. Le pareció eterno. Antes de morir decidió terminar
la historia del coronel Samaniego. Sacó los soldados de la
bolsa y se sentó en la sala junto a su madre colgando.
Sabía que tenía que improvisar un escenario.
Las tropas se formaron caóticamente, el desorden era
tremendo, el coronel Samaniego perdió la cabeza y
comenzó a disparar a sus compañeros del bando verde. Los
demás soldados no entendían lo que estaba pasando. Todo
el plan se había ido a la mierda. La gente del bando
plomo también empezó a disparar contra todos. El pánico
dominó a todos los soldados. Esto es el infierno dijo el
coronel Samaniego. Todos disparaban con el único
objetivo de eliminar a quien se moviera. En el horizonte,
una mujer muerta colgada de una soga miraba el fin de la
guerra. Miguel comenzó a llorar desconsoladamente. Las
lágrimas caían incesantemente sobre el campo de batalla.
El olor a cadáver se empezó a sentir. La lluvia comenzó a
caer en el nuevo escenario. Cuando el Coronel
Samaniego probó las gotas se dio cuenta de que el cielo
estaba mandando agua salada, como si la sal fuese la
ceniza de la lluvia. Esto es un claro indicio de que estamos
en el infierno, pensó el coronel Samaniego. Miguel apretó
su juguete, vio su mano sangrando. Empezó a tiritar. Al
Coronel Samaniego le dio un ataque de epilepsia en
medio de la batalla, luego vio la sangre correr por su
cuerpo. Antes de fallecer dijo para sus entrañas “bueno, al
parecer hoy nos tocó morir. Me llevo a mi dios conmigo”.

Supe de la muerte de Miguel un día que venía de vuelta
de un partido de fútbol. Mi cuerpo venía cansado, pero
con mucha adrenalina, pues habíamos ganado en el
último minuto. Tenía dieciséis años. Mi madre sintió
cuando venía entrando y me abrió la puerta llorando.
Estaba destrozada, a pesar de que ella no lo conocía tanto,
sabía que éramos muy buenos amigos. Miguel se suicidó
me dijo. Yo la abracé y le dije que se tranquilizara. Le
pregunté cómo. Se había ahorcado con una soga. Le volví
a repetir que se tranquilizara. Tras unos minutos me
preguntó cómo estaba yo. Le contesté que bien, pero que
necesitaba una ducha. Fue un baño muy largo. Dejé
escurrir el agua fría y luego hirviendo en mi cuerpo. Ella
cada tres minutos me golpeaba la puerta para saber cómo
estaba. Cuando viajé a su funeral fuimos al lugar donde
había sucedido su muerte. Se había ahorcado en el cuarto
de la lavadora. Era un espacio ínfimo, claustrofóbico.
Tenía una pared de ladrillos y el techo era muy bajo,
tanto así que uno tenía que agacharse levemente para
estar adentro. Me alivió el hecho de saber cómo había
sido todo. Miguel había hecho el mismo nudo que había
hecho su madre, pero para ahorcarse había tenido que
doblar las rodillas durante todo el tiempo que estuvo
colgado. Me alivió saber su total determinación. Me alivió
darme cuenta de que no se arrepintiera cuando haya sido
demasiado tarde, pues para evitarlo le hubiese
bastado apoyar sus pies en el suelo. Pensé que era
un gesto típico de él. Estuvimos un par de minutos
en ese cuarto. Todo era muy escalofriante. Nos
quedamos todos en silencio y mi tío se acercó a la
pared de ladrillos y le dio un beso.
Mi madre estuvo preocupada porque yo no me
sentí tan mal luego de su muerte, sobre todo
considerando lo cercano que éramos. Temía que mi
indiferencia escondiera una profunda pena que
me estuviese carcomiendo por dentro. Pero nada
de eso ocurría, pues ella era la que no sabía que
Miguel había muerto mucho tiempo antes, en una
guerra junto al coronel Samaniego, bajo una lluvia
salada y la mirada de una mujer colgada.


L a s h o j a s d e L i b e r t a d.



Las hojas de Libertad se mueven mientras paso por la orilla,
levantando el polvo veraniego
con mis zapatos altos;
y luego se recogen formando un tejido tumultuoso,
que guarda dentro un sinfín de voces, miradas y pasos.


Cada periplo parece mágico,
pues envuelve mi cuerpo en medio del viento y del caer de las
hojas,
haciéndome olvidar las bocinas del taco.


Este pasaje parece eterno
y así quisiera siempre caminar mis pasos
en un instante, sin embargo,
despierto y caigo
tropezándome con la vereda rota de la calle,
que, cavada artesanalmente,
me deja ver un bulto y unas manos que no alcanzo,
así que las dejo por miedo a algo.


Y en una tarde silenciosa, de invierno,
mientras iba caminando,
vi que las hojas se acumulaban en los márgenes con el peso de la
lluvia,
y las mismas manos aparecieron
y me pidieron ayuda.


Me agaché de cuclillas para alcanzarlas
y logré sacar medio cuerpo,
por un instante perdí el aliento
y no pude continuar tirando.


Por eso preferí dejarme resbalar por medio del agujero
y caí hasta el fondo.


Una vez abajo vi la vida del mundo:
las hojas de Libertad aspiran los sueños.

S i e n e s m e n d i g a s


Viendo a un mendigo de una calle X.


Tus sienes,
desde mis sienes sordas son
el despertar de la culpa
que al oído me susurra.


Hoy paso
y,
sienes mendigas me miran
con un iris Inmaculado:
cortan mi medio pulso
en un haz fatal de venas harpadas.


Sienes,
despojados surcos,
quebrajadas por el sol y la lluvia,
yo las estoy mirando,
y veo correr
el enjugado vinagre de la melancolía
cuya bilis embriaga los sueños.


¿A dónde irá ese cauce remoto?


Líneas membranas a punto del grito niño
decrepitud temprana del vacío
donde canta el eco de los sueños idos:
eco que sopla en mi oído acalambrado…


Extenderles mis manos es noria de niño
cuyas sordas sienes mustias sólo alcanzan
sus propios limbos.


Ya contemplo,
los vasos colmados de sal
que dejaron tus lágrimas,
y los elevo al sol
para transparentar mis manos,
cuyas líneas fragmentan
el roce de mis pestañas,
en una mirada paralizada.

X Flaneur of the sighs
(X Alejandra Láquesis)


La muchacha había nacido con una extrañísima y
perturbadora mutación genética: en lugar de poseer
genitales femeninos, su cuerpo había desarrollado un
remedo de boca a modo de vulva. Naturalmente, no se
trataba de una boca común como la que el resto de los
mortales tenía en el rostro, sino de una atrofiada. Así, se
podía identificar delgados y caídos labios, una micro
lengua que al menos conservaba todo el movimiento de
una normal, e incluso una hilera de pequeños dientes
desfigurados y amarillentos.

Al principio, la muchacha no había padecido
demasiado su deformación, pues siempre se podía
introducir papillas y comida de fácil deglución por entre sus
piernas, así que su alimentación no suponía un problema
mayor para su supervivencia. Respecto al aspecto
sicológico, como la joven había nacido además con un
severo retardo intelectual, apenas alcanzaba a percibir que
las personas que la rodeaban introducían las cucharas en
una abertura del rostro en lugar de la que ella poseía entre
sus piernas. Pero para ella esta diferencia tan curiosa
constituía una más de esas infinitas cosas ante las cuales
su comprensión no tenía acceso, ¿de qué valía detenerse
en ella?

Las cosas empezaron a complicarse cuando su
familia se vio imposibilitada económicamente. Tenían
muchos hijos, y aun cuando todos ellos sin excepción –
incluso nuestra muchacha en cuestión – poseían una boca
que alimentar, era natural suponer que optasen por
deshacerse de aquella que jamás podría articular un “Te
quiero” o un “Me han pagado el sueldo”.

Así fue como decidieron vender a la muchacha. El
problema era a quién, por supuesto. Tras buscar al
comprador, llegaron a la felicísima oferta de un prostíbulo
que albergaba entre sus filas sólo a putas periféricas.
¿Qué más periférico que una muchacha con una boca –sí,
una boca, tal como lo oye– entre las piernas? ¡Y qué más
perfecto para un cliente: sexo “vaginoral”, nada más ni
nada menos!

La muchacha se volvió la puta más cotizada del
lugar. Hombres de todas partes llegaban diciendo que
anhelaban ver al fenómeno, aunque en realidad todos
sabían que iban a meterle sus penes, como si se tratase
de esas vienesas largas que hasta hacía poco sus padres
le habían introducido para que chupeteara como práctica.
Pero nada de morder, ¿eh? Esa era la única advertencia. La
muchacha se preguntaba qué podría ser ese líquido
asqueroso que salía tras un rato de chupeteo, pero a la vez
sabía que no tenía caso preguntárselo.

Un día, su propio padre fue a visitarle. Como era de
esperarse, ella no lo reconoció. Como tantas veces, el
hombre se quedó mirando con estupor el engendro que
había observado. Sin embargo, a diferencia de esas veces,
ya no se echó a llorar desconsoladamente. Se limitó a
bajarse los pantalones y calzoncillos y a introducir su
miembro en la boca de su hija, a quien montó encima de su
cuerpo.

A lo mejor ya ni fuese su hija, pensó fugazmente
como una forma de descargarse del brote de culpa que le
iba naciendo a la par con el orgasmo. Era sólo un monstruo,
uno que poseía la boca entre las piernas y la vulva en el
sitio en donde que debería haber estado su boca. Una vulva
casi por completo sellada, por lo demás. Nadie había
explorado ese territorio ignoto, aun cuando era tan evidente
por ubicarse en su rostro. El hombre sólo sabía que, cada
cierto tiempo, por un orificio invisible, escurría un líquido que
debería ser orina. Pero esa era una de las pocas cosas que
la muchacha había terminado por comprender: ahora, tan
pronto como sentía que el líquido iba a salírsele, corría
hasta el baño e inclinaba la cabeza. Luego se lavaba
vehementemente el rostro. En realidad, se había convertido
en una puta muy limpia a fuerza de golpes. Estaba bien
entrenada.

Sin embargo, no había adiestramiento posible que
pudiese hacerle frente a los procesos de la naturaleza. Y de
esto se encargó de entenderlo su propio padre cuando, tras
el orgasmo, sintió que le caían unas gotas espesas en el
vientre. Al abrir los ojos, la visión fue desoladora: aquel
monstruo que él había engendrado estaba llorando por
primera vez en su vida. Pero no eran sus lágrimas lo que
había caído en su cuerpo, sino los coágulos de su
menarquia. La muchacha había empezado a menstruar.

B O C A
Tengo un nacimiento en la mano
que no es capaz de vivir
Y un silencio en la boca
Que me deja mudo y me mata.


Finalmente, cierro mi cuerpo,
Abotono los recuerdos,
Incinero los últimos deseos, los
insatisfechos,
Y me dejo explotar

por la vida
por la muerte
por el suicidio
por el miedo
por la inmovilidad
por el deseo
por la enfermedad
por el absurdo
por la mujer
por el hombre
por la humanidad
por la eternidad
por la gloria ficticia
por las sopaipillas frías
los cigarros cada vez más caros
por el pasaje de la micro y la cara
del
por el miedo a Cristo
por la niña linda que no mira
por los gatos del techo y mis
arañas
por el cadáver de mi lengua
y por el tiempo
por el tiempo
por el tiempo
y por mí.
Llevo a mi peor enemigo conmigo,
a todos lados, a toda hora.




Me voy quedando inmóvil ante el estallido de huesos que hay en mi interior.
Como una erupción sorpresiva que por mi boca escurre y chorrea dardos en
algún ojo,
estas palabras,
mudas
son un meteoro.

Las arañas que habitan la cresta de mis pulmones
aúllan por momentos repentinos
urdiendo mi cáncer en la juventud de mis pasiones.
Mi cáncer que es origen y final
secreto y promesa de todo cuanto ha sido en mí,
tras la persecución constante
de encontrar razón por cual vivir.

Me voy quedando inmóvil ante la explosión de mi cara
el desarreglo de mis facciones
ante la destrucción del que estoy obligado a ser
por la bomba que reside en estos pensamientos.

La cabeza es una gaviota que no puede volar.

La boca abre los ojos y revienta;
hay saliva por todos lados
y el cadáver de una lengua
ha quedado tirado bajo los sesos.

La mano abre las uñas y revienta;
hay nervio por todos lados
y un cadáver que no quiere morir
intenta mofarse de mí.

Oigo el clamor de las palabras
La agonía terrible del poeta.
Oigo los dedos que se arrastran por la hoja
Y las ideas que chorrean a montones.

Más aún, no encuentro nada que decir
Nada que hacer
Pues la mente estalla ahora y me toca morir

Muerto, estoy inmóvil
y soy el espectador más próximo de esta función.
De este asesinato que hago,
De este suicidio que hace una parte de mí en la otra,
De Este estallar por
en la tensión de vivir viviendo una vida y una muerte a la vez.








Escritos del hombre nuevo





1

Respiro por tantas partes a la vez
que sospecho de que en cada articulación de mi cuerpo
haya una nariz sorbeteando.
Y aun cuando el millón de silbidos,
producto de su ejercicio asmático y regurgitador,
me recuerde que aún sigo vivo,
la voz no me sale y se me enrollan las palabras
conjeturando uniforme e infructuosa
la mano con que escribo.

2

Respiro por tantas veces a la vez
que si me negase a hacerlo un segundo tan solo,
ni el sol seguiría respirando la luz,
y ni los hombres ni la noche le harían caso
pues el sol,
se volvería un estropajo que de vez en cuando tan solo,
se vendría haciendo día a la limpieza de mis pies.

3

Respiro con tanto miedo y con tanta hambre
que de esas mañanas cuando me despierto
y la luz se desarma sobre mi cama,
y mi cama se desarma,
me desarmo el cuerpo parte a parte,
lo embalsamo entero
y dejo de respirar.

Loto





Esto
No es más que una pasión desbordada por las palabras,
Un enamoramiento intenso por cada una de ellas,
Un acto o una condena
Que se abre en la punta de los dedos
O en la corriente de las venas.




Y cuando por cosa del destino
Se inventa o se oye una nueva,
El corazón salta jubiloso, divertido,
Golpeando el pecho desde dentro
dejando correr un cosquilleo silencioso
por cada uno de los huesos.




Esto,
No es más que una pasión desbordada por la palabra
Y un incontrolable temblor de manos
Que nos mantiene vivos
Y nos vuelve una derivación extraña
De aquel género humano al que estamos adheridos.

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EN EL HOSPITAL

Al bohemio argentino Manuel Rojas
A ti que sabes de la Vida, de la Belleza, que son la
Verdad, y que el Arte plástico expresa genésicamente
cuando un “yo” lo comprende.

En el escueto hospital yace la joven
Desgreñado el cabello… ya agoniza
Y su mirada lánguida se pierde
en algo ignoto que ve su pupila.

A su lado un aliento leve…leve
es el hijo querido que dormita
y en el sueño infantil de la inocencia
vaga en los labios la sutil sonrisa.

En el rostro del niño suavemente
se agita el soplo de una raudal de vida,
y en la frente arrugada de la madre
ha tendido la muerte su ala fría.

La sociedad en su tremendo enojo
a la madre infeliz ruda castiga…
y el fruto de un idilio fracasado
viene a ser responsable de sus iras.

¡Pobre mujer! Ha cometido un crimen
Porque su cuna no es de estirpe altiva…
¡Hijo infeliz! Es un esputo infame
Y para él será la suerte esquiva…

¿Por qué desde la cuna hay un destino?,
¿Cuál es la solución del cruel enigma?
Ella: irá a la tumba del olvido;
Él: será un infeliz toda la vida.

Para ella la vida ha sido triste
y el adiós será solo una sonrisa;
y a él la vida se abre toda incierta
y quizás morirá como un suicida…

¿Por qué la cuna nos dice la suerte?
¿por qué la suerte impera sin medida?
¿por qué desde la cuna hay diferencia?
¿por qué desde la cuna hay injusticia?

Habla el poeta y en su canto dice:
“¡Porque la Humanidad es corrompida!”
Grita el obrero dolorido y dice:
“¡Cuidad los grandes, oh, la dinamita…!”

Gime el esclavo de las urbes, dice:
“¡Cese la explotación que es plaga inicua!”
y de su trono Dios dice a los hombres:
“! Que para todos sea igual la vida...!”
Esta introducción lírica es una suerte de homenaje al
amigo de Manuel Rojas que lo incentivó y motivó a
entregar gran parte de su vida a las letras, este era José
Domingo Gómez Rojas, el poeta “cohete” lo apodaron sus
camaradas anarquistas del Centro de Estudios Sociales
Francisco Ferrer. Daniel Vasquez, lo llama Aniceto Hevia
en la novela que comentaremos aquí, debido al pseudónimo
que Gómez utilizaba al escribir sus poemas. Daniel, quien
dedicó el citado poema escrito a los 16 años, tenía la buena
o mala costumbre de aconsejar a sus amigos dedicarse a
desarrollar las artes, aunque estos no tuvieran ninguna
capacidad extraordinaria para ello, es decir, todos eran
según él, potenciales artistas, todos tenía dedos para el
piano, sin estos consejos, probablemente, este texto no
existiría.
José Domingo Gómez Rojas o simplemente Daniel
Vásquez, destacado personaje de la novela, fue un joven
libertario, al igual que la mayoría de los amigos de Manuel
Rojas o Aniceto Hevia. Murió misteriosamente de “Locura”
o una extraña hepatitis a los 24 años en la Casa de Orates,
después de haber sido brutalmente apaleado y torturado en
la Cárcel Pública por agentes del estado chileno,
simplemente, por participar en la primera convención
organizada por la Federación de estudiantes de la
universidad de Chile, años veinte, tiempos convulsivos
. Su destino funesto, lo convirtió en un mártir como
a Salvador Allende o Víctor Jara, pero ser mártir es algo que
hoy en día no convence a nadie.
Actualmente, en días de pragmatismo esclavizante,
diciplinamiento funcional, especialización profesional
burocrática, alienación exacerbada, enajenación agradable
y frustrante, diversidad administrada, estrés naturalizado,
neurosis, ansiedad y angustia colectiva,
farmacodependencia depresiva, inercia política, intelectual
y académica, egoísmo y egocentrismo galopantes, múltiple
evasión consumista, indiferencia, abulia, apatía,
insensibilidad, frialdad y miedo apabullantes, ahora que en
Chile a la dictadura se le llama democracia, se hace
necesario volver leer a Manuel Rojas.
La novela “Sombras contra el muro”, nos recuerda
que somos libres o que al menos debiéremos serlo, que la
libertad no es ni debe ser una estatua, inmóvil, pretenciosa,
hipócrita, sino la vibrante, inquieta y perspicaz encarnación
de un avatar, capaz de evolucionar, aprender y crear cultura
crítica y emancipadora, más allá de lo impuesto por
estructuras jerárquicas fijas y anquilosadas.



“Sombras contra el muro”:
Avatares anarco-libertarios en torno a una novela de Manuel Rojas.

Por Leo

La novela de formación, aprendizaje,
educación, iniciación o crecimiento, la Bildungsroman
o Zeitroman como la llamaron los alemanes (Goethe,
Thomas Mann, Herman Hesse, etc.), la picaresca
española, la novela inglesa realista psicológica y de
aventuras , escocesa, irlandesa y francesa (Dickens,
Lawrence, Carlyle, Joyce ,Flaubert, Stendhal, etc), son
algunas las principales formas o modelos que elige
Rojas para narrar la evolución espiritual o psicológica
de un adolescente que se transforma en adulto, este
joven personaje es su alterego Aniceto Hevia.
Dicha evolución, se caracteriza por el hambre y
la insaciable disconformidad del protagonista por
ejercer los más diversas ocupaciones u oficios entre los
cuales podemos enumerar solo algunos, entre ellos
están: pintor de brocha gorda, electricista, apuntador de
teatro, peón en la cordillera, vendimiador, artista
circense, obrero en la construcción del ferrocarril
trasandino, estibador, aprendiz de sastre, linotipista,
redactor de revistas, profesor universitario, etc. (la lista
parece interminable).
Las vicisitudes de Aniceto, desarrolladas en
una tetralogía novelística, constituida sucesivamente
por: Hijo de ladrón (1951), Mejor que el Vino (1958),
Sombras contra el muro (1964), La oscura vida
radiante (1971), no se presentan orden cronológico,
por el contrario, el tiempo se presenta oblicuo,
fragmentario y disperso, diseminado a través de
flashback, corrientes de conciencia, monólogos
interiores, pausas disgresivas, bruscos giros y cambios
de perspectivas. Dichos rasgos enumerados, son
propios de una vanguardia narrativa aún no reconocida
de manera oficial y unánime por parte la crítica
literaria nacional, lo que resulta ser un fenómeno digno
de ser investigado a fondo.
La búsqueda existencial del héroe en cuestión,
posee marcados rasgos existencialistas, entre ellos: la
soledad, la actitud silenciosa y taciturna, la
introspección e introversión, el continuo autoanálisis y
la duda de sus supuestas certezas, la sospecha de la
inautenticidad y absurdo del ser, el subjetivismo
metafísico y la exaltación de la libertad como el valor
central en el ser humano.
Sin duda, el anarquismo, es el tema
fundamental de Sombras contra el Muro, sin embargo,
la complejidad e incertidumbre se manifiesta en las
múltiples formas en la que éste se presenta, al ser la
exacerbación de la libertad el rasgo central de esta
ideología, la diversidad de tipos de libertarios ácratas
resulta ser prácticamente inabarcable, es decir, cada
uno de los personajes comprende y vive el anarquía a
su modo particular. La interpretación de la “Idea” se
vuelve tan variada y heterogénea, que el establecimiento
de categorías o tipologías se vuelve un tanto absurdo.
Describir, explicar, analizar, discutir y
criticar el anarquismo es asunto para construir un
tratado, pero no por ello abandonaremos todo tipo
de comentario, dentro de lo posible, en este
espacio textual, cabe decir que Manuel Rojas
escribe autobiográficamente, al igual muchos
otros autores (quizá la mayoría), y su estrecha
relación con el anarquismo está probada
empíricamente. En diversas entrevistas el autor
declara que su vinculación e identificación con los
ideales anarco-libertarios se manifestaron
fuertemente durante casi toda su vida, inclusive
sus amistades más cercanas lo confirman en sus
biografías, entre ellos su gran amigo el anarquista
y premio nacional de literatura José Santos
González Vera.
La relación entre Literatura y Vida en
Rojas es de fusión, en su obra estos conceptos no
son antagónicos, la ficción no solo es alimentada
por la imaginación del autor, sino nutrida
principalmente por las vivencias de éste, lo que no
significa que todo lo narrado haya ocurrido
concretamente tal como aparece descrito en sus
libros. El mismo recuerda en una entrevista que
sus amigos le decían: “No le cuentes nada a
Manuel porque enseguida hace un cuento”.
Las descripciones del anarquismo en la
novela son abundantes, a continuación recuerdo y
cito solo las más claras y específicas:

"Aniceto tiene del anarquismo una idea casi
poética: es un ideal, algo que uno quisiera que
sucediese o existiera, un mundo en que todo fuese de
todos, en que no existiese propiedad privada de la
tierra ni de los bienes; por eso lo primero que hay que
hacer cuando llegue la revolución es quemar el
Registro de Bienes Raíces; en que el amor sea libre,
no limitado por leyes; sin ejercito porque no habrá
guerras, destruyendo la propiedad se acaba las
guerras; sin iglesias porque el amor entre los seres
humanos habrá ya efectivamente nacido y todos
seremos uno. Algo más también pero esto es lo
esencial. Sobre cómo realizar eso no tiene ni la menor
idea ni se preocupa de ello; ha oído hablar de la huelga
general, la gran huelga general revolucionaria y hay
que organizar sindicatos y crear escuelas que impartan
una enseñanza científica y moral, en forma tal que el
bien y el amor resulten ser el fin de toda aspiración
humana; hay algo de griego y algo de romántico en
todo eso, también algo de cristiano, de amor al prójimo,
pero sin cielo, en la tierra; hay un poderoso mundo real
que está en contra y además se necesita mucho
dinero, hay que publicar periódicos, manifiestos, dar
conferencias, recorrer el país, agitar y ¿de dónde sacar
la plata? los trabajadores no pueden dar tanto y
entonces algunos se han preguntado: ¿por qué no
robar?, el burgués, el industrial, , el comerciante
roban al pueblo, robémosles, es cierto que lo hacen
de un modo legal, han legalizado su robo y su
explotación y si uno se lanza a robar y a expropiar
lo meterán a la cárcel y hasta lo matarán, pero es
cuestión de decidirse, ¿le gusta?, échele para
adelante, ¿no le gusta?, quédese en su casa y haga
lo que pueda.”

“Inaugurar policlínicos, poner bombas,
échele para adelante. Unos miran y saben donde
empujan, a otros no les importa para donde sea,
con tal de empujar, mientras uno empuje está vivo"

"El deseo de libertad y tal vez amor que
sale de la soledad del corazón humano, por
enfermo que esté y a veces por eso mismo, y eso
será lo que busca y eso o algo como eso debe de
ser también el anarquismo. Yo lo siento pero no
puedo decirlo bien"

“Guillermo se encontró cara a cara con el
anarquismo, el ideal y el sueño de los hombres
libres, sin gobierno, sin ejercito, sin religión, sin
policía, el apoyo mutuo, la conquista del pan, así
hablaba Zaratustra, la sociedad futura, oh hermano,
antes que esclavo prefiere morir, ¿de dónde venían
esas voces, quién había escrito o pronunciado
primero esas palabras, creado esos sueños?; salían
de todas partes, de todas las ciudades rusas y
alemanas, italianas y francesas, inglesas y
españolas; cruzaban los continentes llevadas por
humildes hombres, atravesaban los mares,
enseñaban, ¿qué enseñaban?, muchos eran
tipógrafos o profesores o carpinteros ¿por qué no?,
sí, ¿por qué no?, el ser humano el hombre, la
mujer, el niño, ni más arriba ni más abajo, iguales
siempre, el primero entre sus iguales, ¿cómo
hacerlo?, ¿cómo llegar a ello?, no hay más que un
medio: la revolución, sí, la Revolución, la huelga
general, la Grande, Abolición de la propiedad,
socialización de los medios de producción, el amor
libre, el libre acuerdo, parecía un sueño, tal vez o
seguramente era un sueño, pero quién sabe si
alguna vez todo fue un sueño y todo fue, no
obstante realizado, o se realizará, ¿quién soñó con
la rueda, quién con la luz eléctrica, quién con el
teléfono?...”




Estas extensas citas, expresan detalladamente
gran parte de lo que podemos leer a través de diversas
situaciones a lo largo de la novela, los anarquistas
individualistas, los colectivistas o comunistas, lo
violentistas o de acción directa, lo pacifistas o
contemplativos, los intelectuales, los intuitivos, etc.
Aniceto parece ser un contemplativo e intuitivo, no un
teórico ni menos aún un violentista, pese a haber
participado en más de alguna acción directa, parece no
confiar en ellas. También se encuentran quienes
aprovechando el ideal libertario, robaban sin fines
revolucionarios, sino solo con un afán desvergonzado,
ambicioso y avaro de poseer, sin embargo, se pone de
manifiesto que su necia corrupción no es natural sino
provocada por el ambiente de injusticia en el que se
desenvuelven.
La novela pone en cuestión el uso de la
violencia revolucionaria para combatir el capitalismo,
la legitimidad violencia de masas versus la violencia
de pequeños grupos vanguardia ejemplarizadora, la
rebelión producto de la ira de los pobres oprimidos
desempleados o la organización social de los
trabajadores explotados.
Cabe resaltar la ingenuidad e inclusive la
inocencia de muchos de sus personajes anarquistas,
cuya rebeldía no solo los hace fuertes sino también
contradictoriamente frágiles, rasgo muy propio de los
adolescentes, cuyo ímpetu y vitalidad pende de
ilusiones y sueños revolucionarios prácticamente
inalcanzables por su condición de utópicos, por esto se
le compara con gran escritor ruso Máximo Gorki, autor
“Cuentos de rebeldes y vagabundos”, quien luego de
apoyar activamente la revolución Rusa fue condenado
a muerte por Stalin.
No cabe duda que al anarquismo en la novela
de Rojas aún le falta mayor madurez y lucidez, no solo
al de Aniceto, también al del resto de los personajes,
que se reunían a desarrollar sus ideas en el Centro de
Estudios Sociales. Casi al final de la novela se presenta
la crítica más dura por parte del narrador a estos
personajes, este expresa:
“En el Centro de Estudios Sociales, los
anarquistas, seguían hablando sin sacar nada en limpio:
todo era para el futuro, nada para el presente; la amenazas
y las profecías pegaban contra los muros y caían al suelo
inocuas…Carecían de método, de control, no se fijaban
tema alguno o el tema era inabarcable y lo mismo podían
hablar durante tres horas que durante seis. Aniceto
sospechó que algunos padecían de algo como una
enfermedad… ¿No terminarían nunca de hablar? ¿No
llegaría el momento en que pudiesen hace lo que querían?
¿Qué era necesario? ¿Matar, robar, disparar revólveres,
pedir perdón? Pero ¿qué hablaba él? Era como los otros.
Pensaba cosas imaginaba cosas y de ahí no salía. Se
imaginó que un muro muy alto, como el de los lamentos o el de
Jericó, se erguía delante de todos ellos, un muro que no se
podía penetrar ni subir y ante el cual no hacían más que hablar,
gritar llorar y morir; detrás del muro existía una posibilidad de
amor, de justicia, de abundancia, de paz, pero miles de
individuos, acompañados de sus sirvientes, , estaban en lo alto,
y aunque no disfrutaban sino guiñapos de aquella posibilidad,
guiñapos que se disputaban con dientes y uñas, impedían que
nadie entrara o subiera. Había que buscar y encontrar armas
más finas y más poderosas que las palabras y el llanto para
subir o penetrar el muro.”
En definitiva, la formación y aprendizaje de
Aniceto es un largo camino cuyo ciclo se cierra solo
textualmente con la cuarta parte de esta odisea, de la cual
aquí se ha comentado solo la tercera. Del movimiento
libertario, y su avatares actuales o futuros, creo que la
mayoría de los ciudadanos comunes y corrientes
conocemos muy poco, nuestros juicios críticos al respecto
en general tienden a ser muy irresponsables y carentes de
bases sólidas. A mi parecer no basta con saber que
Chomsky dejó la lingüística y la gramática para convertirse
en anarquista, o que Ernesto Sábato, Milán Kundera y
Antonin Artaud abandonaron el autoritarismo burocrático
totalitario soviético para abrazar el anarquismo, o que
Borges se autodefinía anarquista tal como su padre. No
basta con los prejuicios que nos hacemos sobre lo punks, el
movimiento okupa, los vagabundos, mendigos o
ermitaños. No basta con saber que la guerra fría terminó,
que cayó el muro de Berlín, que los malos se rindieron y
arrodillaron en la Perestroika y estamos en el fin la
Historia. No basta con haber visto la película de los
anarquistas italianos Saco y Vanzetti condenados
injustamente a la silla eléctrica por una conspiración
norteamericana. No basta con saber qué plantearon sus
teóricos en el siglo XIX, Bakunin, Proudhon, Kropotkin, a
través de Wikipedia y ver en las noticias la muerte de un
tal Mauricio Morales.
La novela y los avatares expuestos en este escrito
se cierran las siguientes sentencias: “Hay que dignificar al
Hombre. El hombre solo está jodido, compañero ¿Tú crees que
todo se ha arreglado? No, no se ha arreglado nada.”

"El deseo de
libertad y tal vez amor
que sale de la soledad
del corazón humano, por
enfermo que esté y a
veces por eso mismo, y
eso será lo que busca y
eso o algo como eso
debe de ser también el
anarquismo. Yo lo
siento pero no puedo
decirlo bien"

asimetr asimetr asimetr asimetrí íí ía aa a
a daniela, mi única testigo.

(por Leo)

una balanza midiendo el amor que creaban
que creían o querían crear
una voluntad definida casi matemáticamente
alimentando el fundamento existencial
de ambos
un brote espontáneo dado en su mínima expresión
-propendiendo al sado-más-o-quismo-
fantasmas femeninos merodeando a menudo su cotidianidad
sumados al desequilibrio propio
de suyo, tendencial y exponencial
equivalen o dan como resultado
ciertas Relaciones asimétricas
"relaciones más reales que los sujetos que se relacionan" *
entonces,
¿cuánto puede aguantar algo así?
segundos, minutos, horas, días, noches,
sobretodo noches, sobretodo noches
y amaneceres,
meses,
¿años?
(sí... puede que sea posible, es el poder de la voluntad quien
dictamina)
acaso es posible soportarlo
siempre dentro de la medida de lo posible
la hipótesis amorosa es la Simetría
o su búsqueda
mas esto supone un factor psicosociobiofisicoquímico
que debe ser espontáneo no voluntario,
que es necesario
como un principio sintético a priori
que no debe ser contingente
Pretendo afirmar:
que hay cierta magia
razonable o no
misteriosa o no
entiéndase magia en sentido de la alquimia
no esotérico ni menos supersticioso
más bien metafísico, óntico, espistémico
que si no es parte fundamental
del equilibrio de la balanza
todo está perdido o no tiene futuro
la proyección del sueño o mito amoroso
es baladí
Conclusión:
nos amamos de forma inversamente proporcional
pero igual nos amamos
sin embargo un amigo decía
en el Amor ambos suman cien
ahora qué ficción de equivalencia
representan esos cien vaya a saber uno.



*Es algo asi como la dialéctica
que decía Hegel
(véase "Fenomenología del espíritu")
The Night Owl The Night Owl The Night Owl The Night Owl

Quién comprenda el infierno, comprenderá el corazón
humano. (Yojan Delagente)
(por Leo)

Invocación:

¡Escucha Palas Atenea!
Tal como si te apaleara:

El ridículo borderline
El enfermosano.

El querer morir sin matarse
El onanismo inmolatorio.

El varón neurastenia
El dr. distimia.

La imposibilidad de querer querer
algo que no sea solo morir.

La máquina de moler carne
o hacer de tripas corazón.

Los ojos de la Luna cada vez más grandes
que la misma,

reducen el Cosmos al electrón
aumentan el Caos a la hecatombe,

te dejan con la soga al cuello
te dejan mirando el curso del río…

y cruzas la línea.

.
L o s e n c e r r a d o s

(escrito en una toma)

los encerrados salen del polvo
y entre puertas nunca abiertas
de los rincones fangosos
gotean de lápidas mohosas.

los encerrados
recuerdan a sus muertos y su camino
han hecho de cada candado
una habitación abierta
de las salas de clase
una mesa redonda
de cada acantilado
un río claro bajo la luna.

los encerrados hacen un último fuego
con los escombros de oficinas arrasadas por el viento

la universidad ocupada
es la última caverna
donde todos olvidan de una vez por todas
la matemática de la vida
y quienes han sido.

y en la mirilla de la cerradura
del otro lado del candado
llegan como aviones derribados
aullidos sin forma
de otros encerrados
y de otras cadenas
que nadie ha roto

pero el sol nos alcanza
aun entre los balazos a ciegas
y vemos danzar nuestros rostros
barridos por noches delicadas
como pequeñas llamas inextinguibles.

los encerrados tienen el aroma de los golpes
y de las carreras entre la niebla del gas lacrimógeno
y tienen los ojos perlados
por las lágrimas
y por la locura

las manos negras por el fuego
y una sonrisa que les parte el rostro.

en los ocasos temblorosos
mirando desde el cielo
a la sombra de una bandera negra
los encerrados vuelven a creer en la Libertad.
F O R E S T A L

(a mi viejo)


las polillas se pelean furiosamente los hoyos de tus camisas
por los bolsillos rotos de tus pantalones caen
como pasajes de micro extraviados
tus viejos consejos sin filo
que no te cases nunca,
que las minas son panales de abejas asesinas
que lárgate cuanto antes de este cerro de mierda.
tus viejos consejos sin filo
caen como culebras azules del terno con el que fuiste a tu entierro,
caen como ciempiés aprendiendo a volar
como poemas escritos por alguien que piensa que tiene frío
y que no logra recordar el funeral de su viejo.
yo lavo tus trapos sucios en la cocina
y el fantasma del perro a quien más he amado
me ladra y me menea la cola perdido aún en un río.

me preguntas como está el cerro,

está tal cual lo abandonaste
la maleza llena de espinas
llena el jardín
y tiene ese aroma venenoso a libertad y a las 3 de la mañana,
mucho más que las flores que murieron cuando terminó el verano.

desde mi cerro, que parece un cometa averiado,
un pedazo de tierra desprendido del planeta
lleno de casas tontas y hechas a la rápida,
como las letras en la carta de un suicida.
veo la esmeralda reposar en su lecho de sangre hirviente,
allá en ese horizonte vagabundo de los forasteros
las plazas sin otoños llenas de hijos sin padres
los ridículos edificios de la ciudad
a la que bajábamos como ladrones de ganado
que jamás se llenarán de campanarios
y que además me tapan la vista al mar
.
desde acá no veo tu tumba
y de ella no conservo ni una sola fotografía,
aunque me decías
que tu tumba sería el mar
yo te guardo en los bolsillos de las chaquetas que usabas
cuando aún no nos conocíamos
ni sabíamos que tendríamos que despedirnos.
R e b a ñ o N e g r o



…me acosté la noche pasada, intenté descansar
mi mente estaba muy alborotada, como un ganso salvaje del oeste

Skip James - Devil Got My Woman




vi el rebaño negro
a través de sus camisas rotas
y sus ojos eran animales derramados
en sonrisas transparentes.


estrecharon mis manos en trenes disueltos,
y a mi oído confesaban
secretos de trincheras y sacrificios a la luz del alba.


venían helados de un viento ciego
un viento cargado de alacranes y cigarros,
de cerveza amarga y cicuta barata
un viento hecho de noches atadas por el pescuezo
en árboles de plazas detenidos en la historia.


lloramos el vapor de alegrías delicadas
envueltos en el resplandor de cielos intactos
como espejos temblorosos
haciéndose añicos en cuartos cerrados.


algunos parecían niños heridos profundamente,
y profundamente perdidos en bosques en llamas
otros parecían niños condenados a muerte


vi ayer
atentamente con ellos
las lejanas luces
que caían del cielo.


guardamos las estrellas y la esperanza
en bolsillos desgastados por cigarros malos
recogidos de patíbulos y paredones en desuso.
contábamos las horas y los días
que mediaban entre nuestras manos secas
y el regreso de la marea.


algunos lanzaban desamores como piedras
contra viejas putas retiradas,
contra casas embrujadas,
habitadas solo por estudiantes desventurados.
otros subían y bajaban las escaleras de Valparaíso
arrastrando un corazón lleno de balas
pero luminoso, casi intacto
y siempre deseando ver
en la noche opaca de ojos opacos
ojos húmedos y entreabiertos por la risa
de botillerías que solo trae la niebla.


algunos se besaban furiosamente,
en un vano intento de iluminar los rincones
que se ocultan del sol.


otros abrían sus brazos oponiéndose a la tempestad
y corrían por las praderas de la memoria
recordando cuando eran niños sin miedo a nada
saltaban al vacío de la sangre, de la vida
de las banderas que arden en la primera línea de fuego.


de vez en cuando, encontraba a uno con quien ver de cerca
los cerros difuminándose en el mar,
lentamente, sin prisa
y hablábamos del café, de la pereza, de robos,
de suicidios y asesinatos frustrados
de revólveres brillando a la luz de los faroles,
hablábamos de hijos que jamás tendríamos
leía los poemas que me dejaba su sombra
y luego partían con el alba.


vi el rebaño negro
caminar por abismos y cementerios y parques que jamás
superarían al otoño,
y mis niños sabían perfectamente
que no hay forma de guardar estos días;
el fuego cruzado vaciará todas las balas,
el camino a la tumba de tus padres arderá de maleza salvaje y
plantas carnívoras
el río traerá agua que no limpiará tu rostro.


cuando la jornada acabe
nuestra sangre y nuestra risa
serán luces que solo oirán
los que enloquecieron
mirando el río
que corre bajo los puentes.
encanto del tizne encanto del tizne encanto del tizne encanto del tizne



una pintita ha nacido sobre tu gorda pierna,
niña sucia. me miras y suplicas. descubres ya
sin risa, hasta las friegas hoy te irritan, tanto
o más que moler tabaco bajo la lengua, se
amarga hasta el habla con tu desdicha. pues
dibujar pececito en tu pierna no fue buena
idea, sé que destila sangre, lastima y marca,
nunca más lo juro, niña tatuada
mariposas de miedo mariposas de miedo mariposas de miedo mariposas de miedo



míralas huir ataviadas
desnudas quemando
gemidos tan ardientes
otro inmenso día breve
piensa en poemas piensa en poemas piensa en poemas piensa en poemas
no fechas muertas no fechas muertas no fechas muertas no fechas muertas



ahora que todavía respira nuestra conversación por
veredas vacías de ambulantes. la noche propicia otras
revelaciones: apostamos todo al perdedor y aún así
ganamos al tiempo.

se repetirá este flujo continuo de gentilezas y rivalidades,
pues la cruda luz concebirá su numerito final. aunque no
cabe otro alfiler, raza de ángeles podrida hasta los
huesos, sigan tirando!

cadáveres exquisitos por siempre consagrados a su
propio rito funerario. ¡ey, poesía! arrojaste tu boomerang
a sabiendas que nunca regresaría al punto de partida.

Marcelo Novoa
liliputa en pulgarcity liliputa en pulgarcity liliputa en pulgarcity liliputa en pulgarcity


¿no eres acaso/ la maldición de todos los
muertos vivientes/ este domingo de rotativo
porno?

con apenas la sombra de animal agazapado por
vestuario subes a escena, alicia-solo-para-adultos.
aunque te dibujen una falsa boca, no mientas,
nadie sabrá tu verdadero nombre, hecho trizas,
la sonrisa de una arruinada esfinge.

devuélveme tus zapatos rojos bajo la cama,
dorothy triple equis o treparé el acantilado de
cartón piedra, frente al mar fuera de quicio, i
juro, acabarás al fondo de mi lengua muerta.

kerouac & teillier eran amigos
en lejanos parajes


porque sus nombres serán olvidados como las momias que
yacen olvidadas de la luz, en las vasijas insepultas de los
museos, tristes en verdad.

"dale con tu pie a la luna-balón" aullaste a la noche americana,
"trenes en el polvo derrotados por el tedio" murmuran las aspas
de un molino. señas i contraseñas para ahuyentar al sobrio
guardián del centeno.

sus sombras borrachas orinan la pared de una catedral, con la
dignidad de un mandarín ejercitando su caligrafía: placer i
necedad, nada más.

"no hay más barrios" sentencian, lo mismo que alumnos
nuevos huyendo de la escuela hostil, la botella de sabio licor
necio cae de sus manos i les empuja fuera de la felicidad.
líneas muertas


el terrible tedio de la fiesta al día siguiente / bostezos de viejo
frente a una demolición / irónicamente llamaremos desarrollo
sustentable / pomposos palos de ciego


es la historia de un hombre sin personalidad / obligado a vivir
de perfil / frente a un vacío azul amoratado / pues nada hay allí
de vida reciente / salvo estos muertos mal parados


hacia el amanecer se eleva el volumen de sus gritos / cuando
ya no distingo voces ni melodías / tal como un pariente antaño
aludido en un confuso incidente / feroz crónica roja familiar /


emergiendo en medio de la resaca / guardaré mi voz en la caja
sin sorpresas / mi desmemoria / inesperadas palabras
soplando a través tuyo / nada rompe el encanto de esta fuente
de malentendidos

¿Cuál es su postura cómo mujer frente al
machismo que aún perdura en los diversos espacios
culturales de la sociedad chilena actual?
¿Considera más efectivo defender un
humanismo que un feminismo?


Creo que tanto el tema del humanismo o el enfoque
humanista y el enfoque feminista pecan de una cierta
homogenización de las categorías. Sea la categoría de ser
humano en el humanismo o sea la categoría mujer en el caso
del feminismo, por lo tanto yo optaría más por la categoría de
género como una marca de la construcción cultural del
género, más que una categoría propiamente de
reivindicación política, como una categoría de análisis, que
además permitiría abordar no sólo una minoría genérica o
sexual, sino otro tipo de minorías también. En este sentido, yo
no me considero feminista porque no estoy luchando por los
derechos de la mujer, pero sí me interesa la categoría de
género como la que pude develar ciertas construcciones
culturales.


¿Cualquier tipo de universalización sería como
homogeneizar?


Exacto.


¿No podría existir un universal que sea
heterogéneo?


No, yo creo que eso sería una contradicción en sí, o
sea, una universalización implica justamente un
pensamiento identificador y de un denominador común que
te permite universalizar.


¿Cree posible que en Chile pueda llegar a
ser elegido un presidente abiertamente homosexual
en el siglo 21?



Por el momento, lo dudo mucho, o sea creo que a
Bachelet se le criticó bastante por su categoría de mujer y
muchas de sus críticas iban enfocadas al tema del género.
Chile es un país homofóbico, está lleno de espacios
homofóbicos. Dudo que alguien abiertamente gay pueda
llegar a cumplir ese papel de representación política



¿Considera necesarios los aportes teóricos del
estructuralismo en la enseñanza-aprendizaje de
la literatura en las aulas de educación media?


No, en absoluto. Me parece que es solo un
enfoque de la teoría literaria. Se ha historizado bastante,
de hecho. Y no veo la necesidad de hacer ese enfoque más
idóneo para enseñar algo de literatura a alumnos de
enseñanza media en desmedro de otros. Yo creo que
incluso puede funcionar un poco como algo que asusta o
puede llegar a ser rechazado por los alumnos. Además me
parece que sería más fácil tratar de llevar a un grupo que
no está leyendo mucho, donde el tema de la literatura es
difícil cuando se busca motivar y tratar de hacer
atractivo algo que de por si no parece serlo. Me parece
más fácil hacerlo con estudiantes enfocados a vincular la
literatura con la cultura, y no abiertamente aislarlo.
Yo no sé si necesariamente habría que escoger
un enfoque teórico como para decir: desde acá voy a ver
la literatura. Sino más bien habría que ver qué obra y
cómo hacer atractivas esas obras para los alumnos y
puede ser que distintas obras merezcan otros tipos de
aproximaciones. Por lo difícil que resulta, incluso a nivel
universitario, que los estudiantes estén dispuestos a leer
las obras con teoría, me parece que con alumnos más
jóvenes puede ser más complicado aún. Yo veo mucho
rechazo a la teoría.


¿Y respecto a los textos del ministerio?


También es una cosa generacional. Uno tiende a
pensar que la gente que hace esos textos, se formó en un
momento en la universidad donde el estructuralismo era
el enfoque dominante y eso tiene mucho que ver con el
tema de la dictadura. O sea un enfoque estructuralista
que despolitiza, justamente porque dice: “miremos el
texto, veamos la estructura del texto, dejemos fuera el
contexto político social cultural”. Era un enfoque que no
entraba en choque en la época de la dictadura.








Literatura + Enfermedad=
¿Qué hay detrás de la ventana?
Andrea Kotow. Entrevista

¿Le parece útil y válido abordar los fenómenos
literarios desde las escuelas marxistas? ¿Cuáles son
los aportes más destacados de la escuela de Frankfort
a los estudios literarios?


Yo creo que el marxismo es un enfoque que
evidentemente sirve para una serie de cosas, si no se ideologiza
en demasía y si no se privilegia la clase por encima de
cualquier otra categoría, puede alumbrar problemas
importantes de las obras. La teoría de Frankfort propiamente
tal no está preocupada de la literatura, por lo tanto habría que
ver cómo se interpreta esa vinculación. Adorno, sí, en su época
más tardía se dedicó mucho a la estética, y uno podría
preguntar justamente cuáles son las propiedades del discurso
estético que otros discursos no tienen. Qué es lo que el arte
tiene que otros discursos no pueden rendir.
Algo que a Adorno le preocupaba mucho con
relación a la filosofía; mientras que la filosofía sería un
discurso identificador, conceptual y por lo tanto también
siempre algo universalizante. Adorno estaba preocupado por
ver como se puede pensar la diferencia, y el arte sería el
espacio por excelencia donde esa diferencia se manifiesta.
Una idea que aparece en muchos otros filósofos, algo que
también aparece en Heidegger, algo que también aparece en
Nietzsche, algo que aparece posteriormente en Derrida, etc.
Entonces, creo que quizás si uno gira un poco el tema
hacia la estética y no lo reduce solo a los estudios literarios,
esta idea del arte como un espacio privilegiado para dar
cuenta de un pensamiento de la diferencia, de lo no idéntico,
de lo otro, de la huella de algo que nunca podemos traducir,
de algún modo a otra categoría, habría siempre algo que se
escaparía ahí, y eso me parece una idea importante que
podríamos aplicar de algún modo a la literatura; aunque yo no
creo que la escuela de Frankfort sea una teoría que se pueda
aplicar a la literatura. Yo no puedo decir: “voy a hacer un
análisis frankfurtiano de tal novela”. Por otro lado está toda la
crítica de la escuela de Frankfort a la modernidad, que sí caló
muy hondo en otros discursos teóricos, desde la
postmodernidad hasta los estudios culturales que sí se utilizan
dentro de los estudios literarios.
¿Qué podría decir acerca de escritores enfermos
como Dostoievski y Kafka?


Bueno, Dostoievski era epiléptico, y la epilepsia
tiene la tradición de ser considerada una enfermedad
sagrada o divina. Hay un texto de Freud sobre
Dostoievski que se llama “Dostoievski y el parricidio”,
donde Freud interpreta la epilepsia en Dostoievski como
la culpa por haber matado a su padre.
Dostoievski venía de una familia campesina, el
padre era muy borracho, muy alcohólico. Trataba muy
mal a sus trabajadores y pareciera que fue asesinado en
alguna de estas riñas por ellos. No sé bien cuantos
hermanos tenía Dostoievski, no sé si era él y otro más, pero
ellos tenían una relación bien conflictiva con este padre,
totalmente violenta. Entonces pareciera que Dostoievski
siempre pensó que de algún modo el haber deseado a su
padre muerto de alguna forma lo había matado. Este
pensamiento proyectivo que toma Freud para decir que
la epilepsia es como la autoinmolación de esta culpa que
en Dostoievski se produce después de pensar que su deseo
habría matado a su padre. Esto es una enfermedad, esto es
un cuadro que Dostoievski hace aparecer en sus
personajes. En “El Idiota”, por ejemplo, está toda esta idea
de la epilepsia como la enfermedad sagrada, cuyos
ataques producen un momento de suspensión, del cual el
enfermo no sabe decir dónde estuvo, y pareciera estar
conectado con un mundo distinto.
Mientras que Kafka era tuberculoso y murió
muy joven, y escribe mucho de la tuberculosis en sus
diarios de vida, donde interpreta claramente a la
tuberculosis al estilo romántico: Es la enfermedad del
alma, su incapacidad de vivir, su incapacidad de
comprometerse, de amar, dejar botadas a las mujeres.
Aunque es un ejemplo bastante tardío, esta es la
interpretación romántica de la contraposición vida y arte.
Entonces si yo escribo “estoy dedicado a la escritura, no
puedo vivir”. La tuberculosis no es sino otra cosa que el
signo de su incapacidad de vivir.


¿Cuáles han sido sus tesis en cada uno de sus
grados académicos? ¿Qué la motivó a seguir esta
línea de investigación?


La tesis de licenciatura la hice de modo similar
al de acá, por un seminario de graduación que era en
géneros referenciales: diarios de vida, cartas, memorias,
autobiografías.
Yo lo hice sobre un diario íntimo de un filósofo
chileno que se llama Luis Oyarzún, que escribió un diario
de vida más o menos contundente, siendo éste una especie
de neo existencialista cristiano, muy en la línea de
Kierkegaard.
Fue un poco por casualidad, por las ofertas que
había en ese momento, pero sí me gustó mucho trabajar con
este texto. Después hice el Magíster, y me empecé a interesar
en este tema, el que me ha perseguido, que es el tema de la
enfermedad. Me cuesta mucho situar el origen de este interés.
Yo creo que tiene que ver algo con que mi papá es médico y
muy interesado en la filosofía. Se ha dedicado a la bioética, y
ahí hay una vinculación; de algún modo una familiaridad con
estos temas, y eso me llevó a hacer la tesis de magíster en un
estudio comparado sobre Horacio Quiroga y Thomas Mann ,
trabajando justamente con los temas de la enfermedad y la
muerte.
La representación de dos escritores que escribieron a
fin de siglo en Latinoamérica y en Alemania. Y eso me llevó a
seguir un doctorado en historia de la medicina que suena un
poco pomposo sin serlo en absoluto, sino que fue por una
casualidad. En Alemania los doctorados solo consisten en la
escritura de la tesis, es decir, uno no cursa seminarios, uno
simplemente inscribe la tesis con un profesor en un instituto. Se
entrega un proyecto de tesis que tiene que ser aprobado en
una comisión, y luego se inscribe la tesis. Y yo, como me fui con
una beca, y esa beca comprometía tener que tener a alguien
que me aceptara en su programa, finalmente por contactos
diversos, llegué a un profesor que era historiador de la
medicina. Esta tesis podría haber sido perfectamente
entregable en un departamento de literatura, en un
departamento de estudios culturales, es decir, una tesis
transdisciplinar, que recoge diferentes discursos, y que por lo
tanto es entregable en diferentes departamentos, y de hecho
fue publicada en una línea de medicina y humanidades. Es un
poco eso el cruce. Y eso es algo que me sigue dando vueltas, y
es algo donde de alguna forma vuelvo, porque me interesa
mucho el tema de la enfermedad y la salud, como un polo
estructurante de la sociedad burguesa, partiendo un poco de
la idea de que la salud es el bien más preciado que tenemos, y
que tenemos que cuidarla en pos de la conservación de la vida,
por lo tanto la enfermedad es algo que molesta a este discurso.
Entonces, se hace depositario de otras cosas que son molestas,
sean morales, culpabilidades morales, psicologizaciones de la
enfermedad, sean miedo a las infecciones, etc. Finalmente se
hacen dispositivos discursivos de una serie de otros discursos,
que parecen cristalizar también otras problemáticas de la
modernidad.


¿Y las enfermedades respectivas de los escritores?


Thomas Mann tiene varias: La Montaña Mágica que
gira en torno a la tuberculosis, tiene La Muerte en Venecia,
donde el personaje muere de cólera, tiene personajes
neurasténicos, es decir, esta enfermedad poco definible, una
especie de histeria masculina, algo como el estrés moderno. Y
Quiroga deposita una serie de, quizás más que enfermedad,
orígenes mórbidos en el tema de la naturaleza. En todos los
cuentos que escribió en misiones, donde la naturaleza aparece
como algo que puede traer la enfermedad consigo, que es
peligroso, que es más fuerte que el hombre, etc.
Y tiene esta otra línea más de sus cuentos que escribió
cuando se fue a París, que son cuentos escritos más en la
decadencia finisecular, donde también aparecen desde
enfermedades indefinibles, como el Monstruo de la
Almohada, hasta estas enfermedades de poca definición
que justamente denotan el carácter simbólico de la
enfermedad, donde no interesa marcar al personaje con
una enfermedad específica, sino que interesa marcarlo
como alguien enfermo. Justamente por esto no puede
participar de la vida Burguesa.
En el caso de la tesis de doctorado trabajé solo
con textos alemanes. La muerte en Venecia de Tomas
Mann es el más conocido. Trabajé con una novela de
Heinrich Mann, el hermano de Thomas Mann, que ni
siquiera está traducida al español, es muy mala esa
novela, pero me servía mucho para mostrar lo que quería
mostrar. Se llama “Por la caza tras el amor”. Y trabajé con
un texto de crítica cultural de un húngaro, de origen judío
que escribió en París al final del siglo XIX. Escribió una
obra en dos tomos que se llama Degeneración. Él era
médico, trata desde el instrumentario del médico de
analizar todas las manifestaciones culturales de la
segunda mitad del siglo XIX desde pintura, filosofía,
música, literatura, para demostrar que sería solo arte
enfermo. Entonces habría que cuidarse de este arte,
porque este arte nos estaría enfermando. Y aparece todo,
desde, Ibsen, Wagner, Nietzsche, o sea todo lo que hoy en
día es el canon del arte decimonónico. Toda la obra está
estructurada como un tratado médico: etiología, síntoma,
diagnóstico, terapia.




¿Cómo llegó a este autor?


Es relativamente conocido si uno se introduce en
el tema del fin del siglo XIX. Es una obra no muy estudiada
porque es muy larga, es protofascista, si uno quiere
también, pero es complicado decir eso, ya que se llama
Südfeld (originalmente Max Siman). Era un judío que se
había convertido al catolicismo, y luego formó el
movimiento sionista, como resultado justamente del
fracaso de la asimilación judía en Europa a finales del
siglo XIX. Pero en el fondo las ideas se parecen muchísimo
a las del “arte degenerado” de los nazis.
Entonces, me interesaba mucho que un médico
escribiera con el indumentario de un médico, con el
vocabulario de un médico, una obra para desprestigiar y
rechazar obras de arte. Esto mostraba muy bien la
dominancia que tenía el discurso médico a finales del siglo
XIX, que era un discurso muy autoritario y que tiene una
fuerza normativa muy grande. Y sigue siendo un poco así,
ya que lo que el médico dice es lo que vale, el médico dice:
esto está mal, y nosotros le creemos y tratamos de evitarlo.
A fines del siglo XIX, con mucho mayor prestigio, porque
la medicina recién se había vuelto científica, recién se
había convertido en la medicina tal cual la conocemos
ahora.
Y el otro autor que me faltó, uno último, que es
uno de los suicidas que se me había ocurrido, es un autor de
Viena del siglo XIX, que se llama Otto Weininger. Había
estudiado filosofía, biología; había hecho un estudio en
varias disciplinas, y se doctoró con una tesis que se llama
“Sexo y carácter", donde trata con instrumentarios
mezclados de la filosofía y la biología, de analizar el
problema de lo que él llama sexo, y de lo que hoy
llamaríamos género. Trata de demostrar, en el fondo, que la
única salvación de la sociedad sería la reinstauración de
una nueva masculinidad, y el desplazamiento absoluto de
lo femenino. Algo muy reiterativo a fines de siglo XIX: la
idea de lo femenino como lo judío, el judío eterno es la
mujer.
Es un texto absolutamente misógino y
absolutamente antisemita, que es un discurso que está
absolutamente entrelazado al final del siglo XIX. Él era
judío y terminó suicidándose en la casa de nacimiento de
Beethoven. Fue un suicidio muy espectacular. Tenía 23
años, y lo hizo rápidamente llegar a la fama absoluta, con
este texto totalmente desfachatado, exagerado, muy
admirado por autores de gran inteligencia como
Wittgenstein que lo admiraba mucho, Karl Krauss lo
admiraba mucho, Ciorán lo admiraba mucho; con una
cierta culpa de admirar un texto que en el fondo no es
defendible por la radicalidad, por lo misógino y por lo
antisemita; pero muy bien construido y atractivo por lo
absolutamente hiperbólico que es en sus opiniones.





Entonces trabajé con estos cuatro textos para ver
cómo sexualidad y salud se convierten en dispositivos
discursivos en diferentes ámbitos discursivos, y ver cómo
funcionan. Están estas dos líneas: por un lado hay que volver
de algún modo a una salud y rechazar esto patológico que
pareciera estar infectando a la sociedad; y por otro lado,
quizás más desde la literatura, el cuestionamiento de este
discurso productivo burgués saludable, con figuras literarias
que parecieran quebrar esto, ponerlo en duda, cuestionarlo.
El típico enfermo del siglo XIX, en la literatura a
finales del siglo XIX, es la figura sensible, artística, más
atractiva, v/s el burgués, vano, aburrido, aunque más exitoso.
En Thomas Mann, siempre está la aceptación del enfermo de
“yo se que tú tienes razón, pero por otro lado, yo soy mucho
más interesante que tú”.





Aderezo

Creyendo que tus palabras no eran una herejía
delimitando la materia a tal punto de reducirla
a una palabra una palabra una palabra una palabra

Estás confundido y no sabes de mi humanidad
Algo se disloca entre tuercas y complejos sistemas
intentas emular el frenesí de lo invisible
[Yo soy cuerpo en el espejo [Yo soy cuerpo en el espejo [Yo soy cuerpo en el espejo [Yo soy cuerpo en el espejo
robot quirúrgico hecho por robot quirúrgico hecho por robot quirúrgico hecho por robot quirúrgico hecho por
alguien] alguien] alguien] alguien] que compone la palabra
tu herejía es parte la dramática representación del ritual
anomalía orbital
cortopunzante
amenazas
Me convierto en en Me convierto en en Me convierto en en Me convierto en ensalada salada salada salada



Ser - estar


Antes de que pronuncie vocablo [verde tejido estelar] [verde tejido estelar] [verde tejido estelar] [verde tejido estelar]
Ligero y levitante [Tu apareces en tiempo sin tiempo] [Tu apareces en tiempo sin tiempo] [Tu apareces en tiempo sin tiempo] [Tu apareces en tiempo sin tiempo]
Innato mutas el significado de la soledad
Te conviertes en música y eres mar
Otredad del movimiento silabario [eres verbo y [eres verbo y [eres verbo y [eres verbo y sustrato] sustrato] sustrato] sustrato]

(Kurtteim Guafftum)