FUNDACIÓN

ANDREU
NIN
La represión y el proceso contra el
POUM
Ignacio Iglesias
Folleto publicado por Ediciones POUM en 1938 con la firma de Andrés Suárez,
seudónimo de Ignacio Iglesias. Volvió a ser editado por Ruedo Ibérico. También
se ha incluido en el libro Experiencias de la revolución española, que recopila
los trabajos más importantes de Ignacio Iglesias sobre la guerra civil y la
revolución.
«Las tormentas levantan siempre basura; las épocas revolucionarias no huelen
nunca a agua de rosas, y nadie puede librarse en ellas de verse salpicado de
lodo; es natural. No hay escape por lo demás, si se tienen en cuenta los
esfuerzos sobrehumanos desplegados contra nosotros por todo el mundo oficial,
y que, para aniquilarnos, vuelca sobre nosotros todo el Código penal; sí
paramos mientes en todas las injurias que sobre nosotros vierte el hocico de esa
democracia de la estupidez que no podrá nunca perdonar a nuestro partido el
tener más inteligencia y más carácter que ella; si nos detenemos a estudiar la
historia contemporánea de todos los demás partidos y, por último, nos
preguntamos qué es lo que en realidad se puede aducir contra el nuestro
llegaremos a la conclusión de que no hay ningún otro que se caracterice por su
pureza» (Marx; Carta a Freiligrath)
1.A MODO DE INTRODUCCIÓN
«...la vileza reptante de los sucios calumniadores» (de un poema de Freiligrath)
La represión contra el movimiento revolucionario no es de ahora ni siquiera de
años, sino de hace décadas y aun centurias. En todos los tiempos y en todas las
épocas, contra las fuerzas progresivas se han levantado siempre los intereses
creados, es decir, la reacción. Esto, lo mismo en el terreno político que en los
dominios del arte y de la ciencia. No hace falta sacar muchos ejemplos del gran
archivo de la historia. Por sus ansias renovadoras Tomás Moro fue decapitado,
Giordano Bruno quemado vivo, Campanella torturado; Jean Jaures, Matteotti y
otros pagaron con su vida su amor al socialismo. Si Galileo fue obligado por la
Inquisición a que abjurara de rodillas sus propias teorías, Alberto Einstein
deambula por el mundo arrojado de su cuarto de estudio por el fascismo
hitleriano. En la Unión Soviética, Zinoviev y Kamenev han sido fusilados
después de más de treinta años al servicio de la revolución y del socialismo;
Trotski rueda de uno a otro país por no haber querido entonar su mea culpa a
tiempo, por mostrarse ejemplarmente fiel al marxismo revolucionario. Así ha
sido siempre y así será mientras la sociedad esté dividida en clases y mientras
la defensa de intereses particulares o de grupo se imponga a todas las demás
consideraciones.
«La Historia de la Humanidad -escribieron Marx y Engels- es la historia de la
lucha de clases». Y la lucha de clases se ha desarrollado y se desarrolla a través
de pugnas inmensas, de luchas encarnizadas con vencedores y vencidos. El
vencedor ha tratado siempre de disponer del vencido; como Brennus, también
ha querido entonar el vae victis. ¡Ay de los vencidos! La frase sigue siendo de
palpitante actualidad en nuestro tiempo, aplicada con harta frecuencia. Como
siempre, el arma más utilizada por los vencedores del momento ha sido la
calumnia, la mentira, la injuria, la falsificación. En el mundo nunca han faltado
gentes suficientemente ignorantes para dar crédito a las más monstruosas
calumnias, ni tampoco individuos lo bastante envilecidos para ponerlas en
práctica. Sobre todo en la actual época histórica de grandes guerras y de
revoluciones cruentas, estos procedimientos han estado en todo momento a la
orden del día. Pero no siempre se han puesto en uso los mismos métodos,
aunque el objetivo propuesto fuera idéntico. Las luchas de la burguesía contra
la clase trabajadora forman una rica gama de matices. El capitalismo lanza
contra el proletariado y contra sus organizaciones revolucionarias no solo las
fuerzas tradicionales del Estado –el ejército, la policía, el peso de su
burocracia-, sino también otras nuevas que le proporcionan sus inmensas
posibilidades económicas y su situación política privilegiada: el cine, la prensa,
la radio, etc. Todos los medios y procedimientos científicos son puestos al
servicio del que manda. Periodistas y escritores venales, individuos sin
escrúpulos, son los encargados de envenenar ideológicamente a las masas
productoras para que éstas no logren ver la verdad. Y no solo esto. Cuando
todos estos procedimientos, que pudiéramos denominar normales -los que se
amparan en la legalidad burguesa-, fallan en sus propósitos, entonces se
falsifican textos, se inventan documentos y se montan procesos monstruosos
contra los sectores más avanzados de la clase trabajadora.
Hoy como ayer. Contra la I Internacional se vertieron las especies más
grotescas y calumniosas: se llegó a culparla de incendios, tormentas y altas
mareas. Los revolucionarios más representativos de la época no escaparon a lo
que el poeta revolucionario Freiligrath denominaba «vileza reptante de los
sucios calumniadores». Se quiso presentar a Marx como un vulgar agente de
Bismarck; a Bakunin como un aliado del zarismo. Federico Engels fue blanco de
los plumíferos reaccionarios por su origen burgués; lo propio aconteció a Bebel
y a muchos otros, pero éstos por su origen proletario. Contra Marx,
principalmente, se publicaron artículos y otros escritos tratando de presentarlo
como un estafador de los obreros; incluso un sabio como Vogt escribió un folleto
en este sentido. Más tarde se descubrió que el calumniador Vogt era un agente
a sueldo de Bonaparte. Pasaron los años y no por ello se aminoró esta
modalidad de lucha contra el movimiento revolucionario. Supieron bien lo que
era la calumnia los héroes espartaquistas, por haber luchado por la revolución y
por el socialismo. Entonces, la prensa de la nueva república alemana llamaba
locos y provocadores a los de la Liga Spartakus, a la par que pedía la cabeza de
Karl Liebknecht y de Rosa Luxemburgo. En uno de aquellos días de enero de
1919, Vorwarts, órgano central de la socialdemocracia alemana, publicó un
poema de Zickler que rezaba así: «Millares, millares de cadáveres en fila. Karl,
Rosa, Radek. Ninguno está entre ellos». Días después también Karl y Rosa
estaban en la fila, asesinados por la contrarrevolución que hablaba, obraba y
mataba en nombre de la democracia. Ni con su vida cesaron las calumnias.
¿Cómo no referirse a Lenin y a los bolcheviques? También sobre Lenin y los
bolcheviques la mentira, la falsificación y la calumnia hizo carne. Lo hizo antes
de la revolución de 1917, durante toda la revolución y después de la revolución.
Sobre todo durante los meses de julio y agosto de dicho año. Los partidarios
interesados o ilusos de la democracia nada tenían que oponer políticamente a
los bolcheviques, a sus consignas y puntos de vista. Y como nada podían hacer
en este terreno se utilizó contra ellos el arma más pérfida y la más envenenada:
la calumnia. Se sacó a relucir el viaje de Lenin a través de Alemania, se preparó
el medio ambiente y una feroz represión se desencadenó contra el partido
bolchevique. Lenin y Zinoviev hubieron de buscar refugio en Finlandia; Trotski
y otros fueron detenidos y encarcelados. La calumnia hizo su camino: ¡agentes
vendidos a Alemania! La prensa de todo el mundo denunció a los
revolucionarios rusos con pruebas, como agentes a sueldo del espionaje alemán.
¿Las pruebas? Las oficinas oficiales las fabrican a gusto en provecho de la
democracia burguesa. Se publicaron facsímiles de cartas, de recibos de
cantidades recibidas, de mensajes confidenciales que propagaban todas las
infamias, que era preciso probar...«¡Cuánta vileza hace falta -escribía Lenin por
aquel entonces- para confundir la lucha razonada e inteligente con la difusión
de calumnias!». Y luego, en un artículo destinado a responder a los
calumniadores, decía: «La burguesía mecha su cruzada política de provocación
contra los bolcheviques, contra el partido del proletariado revolucionario
internacional, con las más viles calumnias y abre en la prensa una campaña
muy parecida a aquella que desplegaron los clericales franceses y los periódicos
monárquicos de Francia cuando el asunto Dreyfus. ¡A todo trance hay que
acusar y conseguir que se condene a Dreyfus por espionaje!: tal era la consigna
entonces. ¡A todo trance hay que conseguir se acuse y se condene por espionaje
a cualquier bolchevique!: tal es hoy la consigna. Calumnias de la más vil
especie, escamoteos, mentiras grandes como el puño y el más refinado engaño
del lector: he ahí los métodos que emplea, desviviéndose en ello, la prensa
amarilla y toda la prensa burguesa en general. De sus columnas se eleva un
bramido salvaje, rayano en la locura, en el que, a veces, no solo no hay modo de
descubrir un principio de prueba, sino ni siquiera un sonido articulado».
La revolución de octubre abrió el camino a la verdad, barriendo toda aquella
inmundicia, poniendo la realidad al descubierto. La insurrección bolchevique
impidió que unos jueces sin escrúpulos condenaran e hicieran fusilar, con ayuda
de las pruebas amañadas, a los hombres más fieles al proletariado. Sin
embargo, los ataques de este género contra el partido bolchevique no cesaron.
En espléndidos salones y ante encopetadas damas y damiselas, el pobre diablo
de Kerenski continuó alimentando la torpe calumnia, quizá como único consuelo
para toda la reacción que había sido aventada del que fue imperio de los zares.
La burguesía de todos los países siguió fabricando documentos y más
documentos, supuestas pruebas comprometedoras y otras zarandajas por el
estilo. No hace mucho, una revista francesa -Mai 1936- reprodujo un texto
publicado en 1919 por toda la gran prensa internacional contra los
bolcheviques y que muestra en qué términos calumniaba la burguesía y sus
agentes a Lenin y Trotski, principalmente. Subrayemos algunos párrafos: «El
Comité de Información Pública -Committee of Public Information-, publica un
determinado número de cartas que han sido cambiadas entre el gobierno
imperial alemán y el gobierno ruso de los bolcheviques [...]. Estos documentos
establecen que los jefes actuales del gobierno bolchevique, Lenin, Trotski y
demás consortes, son agentes alemanes; que la revolución bolchevique ha sido
preparada por el Estado Mayor alemán y sostenida económicamente por la
Banca del Imperio -Reichsbank- y por las entidades financieras alemanas. [...]
En una palabra, estos documentos demuestran que el actual gobierno
bolchevique no es en manera alguna un gobierno ruso, sino un gobierno alemán
que trabaja exclusivamente en interés de Alemania y que engaña al pueblo ruso
de la misma manera que engaña a los aliados naturales de Rusia, en interés
único del gobierno imperial alemán. Existen alrededor de 70 documentos. Se
posee el original de muchos de ellos, con notas marginales procedentes de
funcionarios bolcheviques. Los demás son reproducciones fotográficas de los
originales y presentan, igualmente, notas marginales».
A diecinueve años de distancia, en dos países tan diferentes como son Rusia y
España, las mismas causas producen los mismos efectos. No nos extrañamos de
ello. En tanto que marxistas revolucionarios hemos estado y estamos siempre
dispuestos a aceptar por adelantado todas las pruebas que la historia nos quiera
imponer, incluso ésta. Con harta razón escribía Marx que las épocas
revolucionarias no huelen nunca a agua de rosas. En la revolución española, el
POUM se halla en situación parecida a la de los bolcheviques a fines del verano
de 1917. Todo se repite: hoy como ayer, la calumnia ha sido lanzada de boca en
boca, por la radio, en la prensa: «agentes de la Gestapo alemana», «espías al
servicio de Franco», etc. ¿Y qué es lo que se oculta detrás de todo esto? En
realidad, tras nuestros calumniadores están todas las fuerzas de la reacción y
todos los intereses creados. Los últimos defensores de la burguesía española, la
nueva casta burocrática de la URSS, las oligarquías financieras del extranjero:
tales son las fuerzas que han organizado y laboran esta campaña de descrédito
y de bajas calumnias. Estas fuerzas tan distintas y heterogéneas se hallan de
acuerdo en un punto fundamental: no quieren que en España triunfe la
democracia de los trabajadores y para los trabajadores. Nuestro partido estorba
por su espíritu revolucionario, por su intransigencia revolucionaria, por su
fidelidad revolucionaria. Les estorba sobre todo a los renegados y traidores, a
los ultraizquierdistas de ayer agarrados hoy a la cola de la democracia
burguesa. El POUM estorba al estalinismo porque le hace sombra, porque le
grita cotidianamente la verdad, porque le impide siga engañando
miserablemente a los trabajadores. Por esto y por intereses que tienen su sede
en Moscú, es por lo que el estalinismo se ha convertido en la fuerza de choque
contrarrevolucionaria y en el principal calumniador nuestro. En un acto
celebrado el pasado mes de julio en Barcelona, la conocida militante anarquista
Federica Montseny recordaba con muy buen acierto que en nuestro país
siempre se había obrado entre las distintas fracciones obreras con un poco de
decoro y de honradez. «Siempre luchamos con armas limpias -dijo-; nos
enfrentábamos unas organizaciones con otras, pero costaba mucho recurrir al
crimen, recurrir a la infamia, recurrir a la calumnia. Eso lo hacía la monarquía,
no lo habían hecho ni los republicanos, ni los socialistas, ni los anarquistas». En
efecto, eso lo hizo la monarquía. ¿No acusó a Ferrer Guardia de haber
organizado el regicidio del 31 de mayo de 1906? ¿No le acusó más tarde de
haber sido el organizador y jefe de la insurrección de julio de 1909 en
Barcelona, hasta que consiguió encontrar un tribunal lo suficientemente servil
para condenarle a muerte por delitos que no había cometido y un gobierno lo
bastante infame para hacer cumplir la monstruosa sentencia de muerte, a pesar
de la unánime protesta universal? ¿No hubo en 1912 un semanario de chantaje,
al que un turbio diario madrileño hizo coro, que acusó a Pablo Iglesias de haber
organizado el atentado contra Canalejas? ¿No se lanzó la leyenda del abrigo de
pieles para mejor desacreditar al mismo Iglesias? ¿No se acusó en 1917 a los
hombres que dirigieron la huelga del 13 de agosto de estar a sueldo de los
aliados? Y así sucesivamente. Esto lo hizo la monarquía, cierto. Pero esto lo
hace hoy el estalinismo con la complicidad más o menos manifiesta de otros
partidos y organizaciones. Lo único nuevo en la campaña que se desarrolla en
nuestros días contra nosotros son los cuantiosísimos recursos que se ponen a su
servicio y el cinismo insuperable que en ella ponen los que la realizan. Y
también esto: que en otros tiempos las campañas difamatorias sublevaron
siempre a las conciencias honradas. En defensa de Ferrer Guardia, de Pablo
Iglesias, de los hombres de 1917, se alzaron todas las voces honradas de
nuestro país, incluso las de muchos que estaban bien lejos de compartir las
concepciones políticas, sociales o filosóficas de los difamados. Lo que hay de
nuevo, sobre todo, en la campaña que se ha realizado y se viene realizando aún
contra el POUM, es un estado de cobardía colectiva que hace que, en privado,
desde los ministros hasta el último afiliado a cualquier partido antifascista u
organización sindical, se reconozca y proclame que esta campaña es pura y
simplemente una canallada, sin que -salvo raras y honrosas excepciones-
públicamente, oficialmente, se atreva nadie a salir por los fueros de la verdad y
a exigir que se demuestren las acusaciones o se castigue merecidamente al
difamador.
La calumnia política ha sido el arma de todos los tiempos y lo que ahora viene
sucediendo no es más que una lamentable y monótona repetición del pasado.
¿Por qué aparece tan indigente y uniforme la calumnia política? ¿No se observa
fácilmente que, pese al tiempo, siempre resulta un calco y una repetición?
Trotski, en su magna Historia de la revolución rusa, ofrece una contestación
justa y acertada: «Porque la sicología social es económica y conservadora. No
hace más esfuerzos que los que necesita para sus fines; prefiere tomar prestado
lo viejo cuando no se ha obligado a construir algo nuevo y aun, en este último
caso, combina los elementos de lo viejo. Las nuevas religiones no han creado
nunca mitología propia, sino que se han limitado a transformar las
supersticiones del pasado. De la misma manera se han creado los sistemas
filosóficos, las doctrinas del Derecho y de la moral. Los hombres, incluso los
más criminales, se desarrollan de un modo tan armónico como la sociedad que
los educa. La fantasía audaz convive dentro de un mismo cráneo con la
tendencia servil a las fórmulas hechas. Las audacias más insolentes se concilian
con los prejuicios más groseros. Shakespeare alimentaba su obra creadora con
argumentos que habían llegado hasta él desde la profundidad de los siglos.
Pascal demostraba la existencia de Dios con ayuda del cálculo de
probabilidades. Newton describió las leyes de la gravedad y creía en el
Apocalipsis. Desde que Marconi instaló la telefonía sin hilos en la residencia del
papa, el representante de Cristo difunde por medio de la radio la bendición
mística. En tiempos normales estas contradicciones no salen del estado latente.
Pero durante las catástrofes adquieren una fuerza explosiva. Cuando se trata de
una amenaza a los intereses materiales, las clases ilustradas ponen en
movimiento todos los prejuicios y extravíos que la Humanidad arrastra en pos
de sí».
En el Congreso celebrado por la I Internacional en La Haya, Carlos Marx
comentaba jocosamente la especie que culpaba a la organización obrera del
gran incendio de Chicago, extrañándose no atribuyeran a su demoníaca
intervención el ciclón que por aquel tiempo devastó las Antillas. Apenas hace
unos meses, el agente soviético Mijail Koltzov, tan mal escritor como pésimo
periodista, descubría en un sensacional articulo publicado en la Pravda las
pruebas inequívocas de la culpabilidad de los hombres del POUM: éstos eran los
responsables de diversos descarrilamientos de trenes, de los desbordamientos
de los ríos y puede que hasta de los cambios de luna. Como se ve, el arte del
gran embuste y de la calumnia no ha progresado mucho.
2.CÓMO SE PREPARÓ LA REPRESIÓN CONTRA NUESTRO PARTIDO
«El POUM debe ser eliminado de la vida política del país»
(José Díaz, en el Pleno del Comité central del Partido Comunista celebrado en
mayo de 1937)
Para explicarse no pocas cosas y conocer suficientemente ciertas actitudes, no
estará de más subrayar esto: desde la proclamación de la República hasta
después del movimiento insurreccional de octubre de 1934, toda la política del
llamado Partido Comunista se reduce a una detonante y estrepitosa campaña
extremista. La «línea» imponía un común denominador, según el cual todas las
demás fracciones del movimiento obrero eran meros servidores de la burguesía
y, por tanto, agentes directos o indirectos del fascismo: los socialistas, los
anarquistas, los de la UGT, los de la CNT, los grupos comunistas de oposición
cual la Izquierda Comunista y el Bloque Obrero y Campesino, fusionados
actualmente formando el POUM. Los hechos están demasiado cerca aún para
que necesiten ser recordados; a la interpretación política se substituía el
esquema que todo lo reducía a fascismo: social-fascismo, anarco-fascismo,
trotsqui-fascismo... Después del movimiento de octubre, mejor dicho, después
de la celebración del VII Congreso de la Internacional Comunista, Moscú
ordena cambiar de política y los epígonos de por acá obedecen cristianamente.
El estalinismo da un brusco viraje de 180 grados y donde ayer era negro hoy es
blanco, y viceversa. Desde entonces no hay mejor defensor de la democracia
burguesa que el Partido Comunista y el resto de las organizaciones obreras
sigue siendo combatido a sangre y fuego, ahora por no apoyar suficientemente a
la burguesía republicana.
Repasar en el presente toda la prensa del estalinismo correspondiente al
período señalado, es sumergirse en un verdadero lodazal de monstruosas
aberraciones políticas, de campañas escandalosas y sin sentido, de mentiras, de
calumnias y de injurias. Cuesta trabajo poner la vista sobre esta literatura de
apaches, carente de todo sentido de responsabilidad. De la difamación, el
estalinismo hizo un arma política; de la mentira, una escuela; de la calumnia,
uno de sus argumentos. No hay nadie –¡nadie!- que se haya escapado: ni
personas ni organizaciones. ¿A quién no le saltó alguna salpicadura de la sucia
política estalinista? Burgueses y proletarios, demócratas y revolucionarios,
liberales y librepensadores, todos ellos fueron en un tiempo determinado blanco
de los envenenados dardos que a diestro y siniestro arrojaba el Partido
Comunista. Podríamos reproducir artículos, sueltos y caricaturas que harían
sonrojar a sus autores, en el supuesto de que esos autores tuvieran el divino
don de sonrojarse. Pero preferimos dejarlos en el olvido a tener que
mancharnos las manos. Recordemos solo un hecho: los tristes acontecimientos
de Casas Viejas fueron aprovechados por el estalinismo, no para reforzar su
propaganda revolucionaria, sino para unir torpemente su voz al coro de la
reacción monárquica. Durante algún tiempo coincidieron perfectamente El
Debate y ABC con Mundo Obrero. Y si no coincidieron con los fascistas en
huelgas y movimientos -en Alemania si coincidieron: recuérdese el plebiscito
para la disolución de la Dieta prusiana y la huelga de transportes en Berlín,
donde hitlerianos y estalinistas se dieron el brazo para dar la puñalada a la
socialdemocracia- fue porque en nuestro país el fascismo no tenía base obrera.
El movimiento unitario iniciado en España después de las elecciones generales
de noviembre de 1933, tuvo un exponente: las Alianzas Obreras. Pues bien,
desde el primer momento el Partido Comunista se situó frente a ellas. Si más
tarde entró en las mismas fue para hacer todo lo posible e imposible al objeto
de liquidarlas. Y lo logró. Allí donde el estalinismo no desempeña un papel de
total hegemonía y de absoluta dirección, es siempre contrario seguro. Por eso
estaba contra las Alianzas Obreras. De todas formas, el Frente Popular creado
con vistas a las elecciones de febrero de 1936, se formó sin que el Partido
Comunista pasara de ser un componente más. Del mismo formó parte nuestro
Partido con carácter provisional y sentido condicionado; no se les ocurrió
entonces a los estalinistas denunciar nuestro papel «contrarrevolucionario». Se
limitaron a escuchar con rabia y en silencio los discursos parlamentarios de
nuestro camarada Maurín, mientras aplaudían jubilosos las oraciones de
cualquier demócrata del momento. Y sin embargo, es Maurín quien pone al
descubierto los planes de la reacción, el que acusa a los republicanos de su
indecisión, el que sienta la necesidad absoluta de aplastar al fascismo antes de
que sea demasiado tarde. En pleno idilio democrático no se escuchaba nada, ni
siquiera las voces del adversario cada vez más audaces. La Unión Militar
Española se organiza, conspira y prepara la sublevación. Algunas de sus
circulares son conocidas. En una de ellas se habla del exterminio de las
organizaciones siguientes: Unión Republicana, Izquierda Republicana, Esquerra
Catalana, Partido Socialista, Unión General de Trabajadores, Partido
Sindicalista, POUM, Confederación Nacional del Trabajo y Federación
Anarquista Ibérica. Se mencionan también estos nombres: Martínez Barrio,
Azaña, Companys, Largo Caballero, Andrés Nin, Maurín, Pestaña y Galán. No
está incluido en la lista negra el Partido Comunista, ni ninguno de sus
dirigentes aparte de Galán. Seria olvido o lo que se quiera, pero así es. La
terrible indecisión de los republicanos, con la manifiesta complicidad del
estalinismo, posibilita la sublevación militar del 18 de julio. En aquel 19 de julio
los hombres del POUM están los primeros en la lucha, en primera fila. Hombro
a hombro con los combatientes de otras organizaciones participan en el asalto
del Cuartel de la Montaña en Madrid, en el de Atarazanas en Barcelona; la
primera víctima antifascista en la ciudad barcelonesa es Germinal Vidal,
secretario de nuestra Juventud Comunista Ibérica. Cae con el arma en la mano
en la plaza de la Universidad. Otros muchos lugares quedan regados con la
sangre de nuestros mejores militantes. En todos los pueblos de Cataluña, en las
capitales de comarca, los del POUM dan el ejemplo; también en Madrid, en
Levante, en el Norte... En Galicia y en Extremadura nuestros camaradas
mueren a centenares, oponiendo dura resistencia a la bestia fascista. Pronto se
organizan las milicias del Partido y sus columnas parten hacia Huesca, hacia
Teruel, hacia todos los lugares donde se precisa un combatiente. Nos emociona
la epopeya de nuestros camaradas de Madrid en Sigüenza: allí, entre las ruinas
de la catedral, perecen ochenta militantes del POUM. Mueren muchos más en la
Moncloa, en Somosierra, en la Casa del Campo. En la heroica defensa de
Madrid nuestro Partido tiene una participación notable. Creemos recordar que
fue el diario Informaciones el que un día comentó elogiosamente el hecho de
que en aquel triste 1 de noviembre de 1936 fueron los dirigentes de nuestra
sección de Madrid de los pocos que no abandonaron la capital de la República.
Pudiéramos ir subrayando hechos y más hechos. Ínterin, muchos de los
antifascistas notorios en la hora actual esperaban agazapados poder pasar
desapercibidos en aquel remolino revolucionario que algunas cabezas absorbió.
El PSUC nada decía porque nada era ni nada representaba. El Partido
Comunista aguardaba angustiado tiempos mejores; no era entonces momento
oportuno para calumniar a ninguna fracción proletaria.
A partir del 19 de julio el estalinismo colabora a nuestro lado en multitud de
organismos oficiales u oficiosos. No pone el menor reparo, ni lo podía poner,
porque nadie le haría caso. Su prensa pone también sordina a sus aviesas
intenciones. Había que aguardar tiempos mejores; tal era su lema. Y los tiempos
mejores fueron llegando. Comenzaron con la preponderancia que fueron
adquiriendo merced a un hecho que merece ser anotado por su importancia: la
ayuda de la Unión Soviética a España. Durante tres largos meses, que pudieron
ser decisivos, la URSS se inhibió de nuestra guerra civil. Causas de índole
internacional, que ya han sido suficientemente explicadas, empujaron a la Unión
Soviética a prestarnos una ayuda que habría de resultarnos más que cara. En
efecto, especulando groseramente con la ayuda rusa, el estalinismo fue
apoderándose de todos los resortes del Estado, de la policía, de la burocracia,
de los mandos del ejército. Coincide este hecho con otro acontecimiento
igualmente destacado: el monstruoso proceso de Moscú y el fusilamiento de
dieciséis viejos bolcheviques, entre ellos Zinoviev y Kamenev. Para la prensa
soviética la señal está dada: la ocasión se aprovecha para comenzar la campaña
contra el POUM.
Pero la campaña que contra nosotros inicia internacionalmente la prensa
estalinista, aún no comienza en España. No estaba el fruto lo suficientemente
maduro y bien se sabía que la clase trabajadora española no comulgaba con
ruedas de molino. Lo sabia bien el Partido Comunista y su segundo el PSUC, los
cuales todavía no se sentían con suficientes fuerzas para comenzar. Durante
uno, dos, tres y más meses el estalinismo sigue colaborando a nuestro lado,
mientras su prensa del extranjero nos denigra e injuria. No dimos al hecho la
importancia debida y, si bien esto moralmente puede honrarnos, políticamente
resultó un error. En los medios revolucionarios, auténticamente revolucionarios,
existe una gran propensión a no hacer caso de las llamadas miserias humanas,
como si estas miserias no fueran un fruto humano y jugaran su papel en el
desarrollo de los acontecimientos. Mas insistamos en lo apuntado: durante ese
periodo el estalinismo hispano cierra la boca y contra nosotros no dice ni pío.
¡Bien habría de gritar el condenado más tarde!
Como siempre ocurre, la nota habría de darla el más despreciable de todos:
hemos nombrado al PSUC. El PSUC plantea la crisis de la Generalidad en el
mes de diciembre de 1936 con un solo objetivo: lograr nuestra eliminación del
gobierno. La maniobra se vio bien clara desde el primer momento y, por si fuera
poco, nosotros nos encargamos de denunciarla. Trabajo costó a los beduinos del
PSUC y al director de orquesta que era el consulado soviético obtener sus fines.
Pero lo lograron. Los medios de que se sirvieron y los procedimientos puestos
en práctica aún no son muy conocidos. De todas formas es lo mismo. Señalemos
el lamentable papel jugado por los representantes de la CNT. Cuesta trabajo
comprender cómo se les pudo hacer pasar por el tubo; desde luego, su miopía
política y su candidez tradicional tuvieron su parte. Para la CNT todo aquello,
que representaba el porvenir mismo de la revolución, no porque la revolución
hubiera de triunfar y consolidarse a través del gobierno de la Generalidad, sino
por lo que la crisis significaba, no eran más que disputas de grupos que no
tenían sentido alguno. Y dándonos caballerosamente el pésame colaboraron en
aquella maniobra que es el punto de arranque de la campaña que
posteriormente se llevó a cabo contra el POUM. También los anarquistas -¡ay!-
querían estar por encima de las miserias humanas, de esas mismas miserias que
amenazan hundirnos definitivamente a todos.
La maniobra de Cataluña fue combinada con otra asentada en Madrid. El
traslado del gobierno a Valencia dio como resultado la creación en la capital de
la República de una Junta de Defensa. Por causas que no viene al caso explicar
nació bajo el signo estalinista y también con la exclusión de la misma de nuestro
Partido. No se quiso tener en cuenta la gran labor y el gran esfuerzo realizados
por nuestra sección madrileña. Pero no era esto lo peor. Aprovechando su
influencia en esa Junta de Defensa, el Partido Comunista extendió su omnímodo
poder a la policía, a los mandos del ejército, a la nueva burocracia nacida al
calor de las necesidades nuevas. Hace algunos meses, los diarios confederales
de la capital denunciaban las andanzas de la Nelken por cuarteles y cuartelillos,
ofreciendo prebendas y ascensos a la par que el carnet de su partido. Todo esto
lo sabe muy bien la Confederación regional del Centro, que hubo de luchar con
dificultades mil para poder mantenerse firme en medio de tantos nuevos
intereses creados. Y también los obreros y campesinos que vieron surgir ante sí
al nuevo cacique, mejor dicho, al antiguo cacique; amparado ahora por el carnet
político del que se llamó «vanguardia de hierro de la revolución». Pues bien, de
la Junta de Defensa hicieron los estalinistas una ciudadela, de la cual dispararon
contra el movimiento revolucionario en general y contra nuestra organización
en particular. Para la Delegación de Orden público buscaron y encontraron un
hombre de paja o de mala hierba, el Cazorla, que meses después fue obligado a
dimitir por las monstruosidades cometidas en el desempeño de su cargo. El
Cazorla persiguió sañudamente a nuestros militantes, les acorraló y les
encarceló; con manifiesta ilegalidad se incautó de nuestra emisora de radio, de
nuestra prensa, de nuestros locales. De hecho, el POUM fue puesto en Madrid
fuera de la ley, aunque no hubo sentencia judicial alguna. Todo esto pudo
conseguirse con cierta facilidad por ser nuestra sección madrileña un tanto
joven, aprovechándose además hábilmente del ambiente creado por la guerra,
que en Madrid se vivía tan de cerca.
En Cataluña no resultaba posible hacer lo mismo con idéntica facilidad. Nuestro
Partido tenía, tiene y seguirá teniendo hondas raíces en la clase trabajadora
catalana. Un golpe policiaco no era bastante. Hacía falta preparar
sicológicamente el ambiente y se preparó. De ello se encargaron todos los
aventureros del periodismo, los que un día ponen una vela a Cristo y otra al
diablo, los que nadan a sus anchas en las aguas turbias del estalinismo. Existen
muchos Peruchos en este pícaro mundo. Treball, Las Noticias, La Rambla y
algún otro diario lanzaban día tras día, con perseverancia aldeana, calumnias y
falsedades contra el POUM. Apuntaron primero contra los Comités, luego
contra las Patrullas de Control; del ataque contra los órganos de la revolución
se pasó a la lucha contra las organizaciones revolucionarias. La nuestra fue el
blanco principal. Así cumplían el mandato que se les habla dado. Llegó un
momento en que la intensidad de la campaña alcanzó un limite insospechado.
Subrayemos la serenidad de nuestros militantes ante las provocaciones de un
Comorera, ese rico tipo de gitano de la baja política. Después de haber agotado
todos los recursos, el estalinismo y su hermano siamés el psuquismo pasaron de
la simple calumnia a la incitación al atentado personal. «¡Cuánta vileza hace
falta para confundir la lucha razonada e inteligente con la difusión de
calumnias!» La frase es de Lenin y bien vale la pena de repetirse, no porque sea
de Lenin, sino porque es justa. Ante esa campaña nuestro Comité ejecutivo
lanzó la propuesta siguiente: formación de una Comisión de encuesta
internacional que se pronuncie respecto a las acusaciones de que el POUM es
objeto. Así, cara al proletariado internacional, quería nuestro partido que fuera
juzgada toda su política y toda su actuación revolucionaria. Pero no era esto lo
que convenía a la pandilla de calumniadores.
La maniobra primera quedó desbaratada. No hay organismo, institución,
corporación municipal que no se pronuncie a favor de nuestros hombres. Todos
los Ayuntamientos de Cataluña se solidarizan con los representantes del POUM,
en algunos de ellos con los votos incluso de los miembros del PSUC. En el mes
de marzo, nuestra sección de Lérida plantea ante el Tribunal popular el hecho
de que nuestro Partido es acusado de fascista. Ante ese Tribunal se presentan
nuestros camaradas y el organismo judicial se inhibe aduciendo que se trata de
un pleito político que no es de su incumbencia, es decir, que implícitamente
reconoce que el POUM no es ni mucho menos fascista. Pero no amilana esto a
los calumniadores. La prensa estalinista sigue lanzando bulos y publicando
folletines sin par en la historia del periodismo español. Un buen día nos hablan
de una reunión celebrada en Friburgo por hombres del POUM y de la Gestapo
alemana. Sin embargo, Friburgo es ciudad por completo desconocida para todos
los camaradas del POUM; ninguno de nuestros militantes estuvo jamás allí. Que
así era resultaba bien fácil de comprobar, pero no era esto lo que les interesaba.
Lo que les interesaba era que la campaña fuera prendiendo poco a poco en las
mentes de las gentes impresionables y en las cabezas o calabazas de los
burócratas que sabiéndolo falso llegaban a creer que fuese verdad. Los diarios
psuquistas Treball y Las Noticias fueron llevados a los Tribunales por nosotros
para que respondieran de sus acusaciones.
Vinieron los hechos de mayo. El curso de los acontecimientos mismos, la lucha
implacable que desde las esferas gubernamentales se llevaba a cabo contra las
conquistas revolucionarias, la natural reacción que en un momento dado había
de producirse en las masas trabajadoras, todo esto hacía inevitable el estallido.
Sobre todo, en las semanas anteriores a mayo se agudizó la situación,
viviéndose en un ambiente sumamente enrarecido. Bien se vio que la campaña
contra el POUM no era más que una parte de la campaña contra el espíritu vivo
del 19 de julio, contra el movimiento revolucionario y contra la revolución. No
hubo institución, organismo cualquiera de los Comités surgidos al calor y en los
primeros días de la revolución que no sufriera los ataques del estalinismo, la
fuerza de choque de la contrarrevolución burguesa-democrática. Contra las
Patrullas de Control se desató una campaña de insultos y calumnias, después
que la UGT y el PSUC se hubieran retirado de las mismas. (Esta guardia obrera,
la máxima garantía del proletariado, fue más tarde disuelta y sus componentes
perseguidos y encarcelados. Luego se comenzó a explotar por la prensa
estalinista una consigna que era toda una maniobra política: las armas, todas
las armas, al frente. Pero al mismo tiempo, el PSUC se armaba y retiraba armas
del frente, realizó una substracción de doce tanques de guerra y empujaba al
gobierno de Valencia a que llenara la retaguardia catalana de guardias de
asalto, de carabineros y de guardias civiles. Resumiendo: lo que sobraban eran
las armas de los trabajadores. Poco a poco las fuerzas armadas de las antiguas
instituciones gubernamentales se fueron apoderando por la violencia de
diversos pueblos de Cataluña. Un día es Figueras, el otro Puigcerdá, luego
Molins de Rey... El plan estaba claro: se quería cercar a Barcelona, encerrarla
en un cinturón de fuerzas represivas dispuestas a dar el golpe sobre la capital
en el momento oportuno. Los asesinatos de obreros revolucionarios se suceden;
las comarcas comienzan a vivir una época de terror. Un dirigente de la UGT
catalana, Roldán Cortada, cae muerto sin que nadie sepa quién es el autor. Su
entierro es convertido por el PSUC en una verdadera manifestación en la cual
se alza el puño contra el movimiento revolucionario. El éxito de la misma parece
decidir a los autores del plan contrarrevolucionario. La señal parece dada. El
asalto a la Telefónica es la gran provocación que había de producir la chispa.
Sirviéndose de una parte de la fuerza pública, los Ayguadé y Rodríguez Salas,
agentes directos de los provocadores estalinistas, intentan dar un golpe de
mano y apoderarse de la Central telefónica, que estaba bajo el control de los
trabajadores del ramo. Se trataba de algo más que de una simple incautación.
La Telefónica era la piedra de toque y el elemento de prueba. El plan elaborado
en París o en Bruselas por los Comorera, Dencás y demás pescadores de río
revuelto era infinitamente más vasto. Pero desde el primer momento tropezaron
con la unánime oposición de todos los obreros. La clase trabajadora se lanzó a
la calle dispuesta a defender con las armas en la mano sus conquistas
revolucionarias. Pudo haber llevado el movimiento hacia adelante y llegar hasta
la misma Generalidad. Pero no lo hizo; no lo hizo por causas diversas, una de
ellas porque el movimiento nació con signo defensivo. No se trataba, como
luego se quiso propagar, de una lucha fraticida entre hermanos, entre los
obreros de la UGT y los de la CNT. Esto es totalmente falso. Muchos obreros de
la UGT estuvieron en las barricadas de mayo aliado de los demás trabajadores.
La única fuerza que se opuso a éstos fue la compuesta por los diversos cuerpos
de Orden público y Seguridad: asalto, guardia civil, mozos de escuadra, y entre
ellos algún que otro mozuelo de Estat Catalá, que se movían por móviles
verdaderamente inconfesables. No se vio por parte alguna a los 60.000
militantes del PSUC. La huelga fue unánimemente sostenida y a ninguna
organización se le ocurrió romperla. Y subrayemos igualmente este otro hecho:
en los primeros días del movimiento, cuando todavía aún no se sabía cuál habría
de ser el final, los discursos por radio de los hombres del PSUC resultaban en
extremo prudentes. Fue después, cuando la situación se aclaró, que
valientemente reanudaron su lenguaje insultante y provocador.
El POUM interviene en los hechos de mayo como tenía que intervenir, como
correspondía a su condición de partido revolucionario. Desde el primer
momento intentó dar al movimiento unos objetivos determinados y concretos.
Pero no llegó a tener la dirección efectiva del mismo. En realidad dirección no
hubo, ya que las más de las veces se obró con la misma espontaneidad que se
había comenzado. Es interesante establecer bien cuál ha sido la participación
efectiva del POUM en las jornadas de mayo, puesto que posteriormente se ha
intentado y se intenta encontrar en las mismas nuestro mayor delito. Todos los
documentos y resoluciones de la época determinan nuestra posición: apoyo
absoluto e incondicional a los trabajadores en armas. Este apoyo está
suficientemente justificado por nuestra propia trayectoria política. Lo está al
igual que lo estuvo el del partido bolchevique durante los hechos de abril y las
jornadas de julio de 1917 en Petrogrado. Explicando este movimiento, escribía
Lenin: «¿Tan difícil es comprender que ningún bolchevique del mundo sería
capaz de provocar un movimiento popular si no concurrieran causas
económicas y políticas profundas, que se encargan de poner en acción al
proletariado?» En el mismo sentido podríamos nosotros responder a los que
intentan acusarnos de ser los que provocaron los hechos de mayo en toda
Cataluña. Por otra parte, no solo en nuestra literatura, sino también -esto es lo
más interesante- en multitud de artículos y folletos editados por otras
fracciones obreras queda suficientemente aclarado todo. La CNT y su Comité
nacional han dado a la luz varias resoluciones y algunos estudios de carácter
oficial, en todos los cuales la verdad se pone una vez más al descubierto. La
participación del POUM queda aclarada en sus justos términos. Sin embargo, la
prensa estalinista aprovechó ese movimiento para intensificar su campaña de
calumnias contra nosotros. Se llegó a escribir -cuesta trabajo leer tales
mentecateces- que las jornadas de mayo fueron producidas por los agentes de
la Gestapo alemana, los elementos de la llamada quinta columna y los hombres
del POUM. Lo decía a voz en grito, uno y otro día, el estalinismo, que intentaba
y logró aprovechar dicho acontecimiento en beneficio de su política.
Las jornadas de mayo tienen, políticamente, una importancia fundamental. El
equilibrio del antifascismo gubernamental y del Frente Popular -dos cosas y una
sola verdadera- queda roto por completo. Igualmente desde mayo ya no existe
el menor equívoco sobre la verdadera naturaleza de la política
contrarrevolucionaria del bloque republicano-estalinista. Dichas jornadas
parten en dos mitades, quiérase o no se quiera, el llamado Frente antifascista: a
un lado los que tratan de liquidar por completo nuestra revolución, de borrar
las hondas huellas del 19 de julio; al otro, los trabajadores revolucionarios y las
organizaciones obreras que saben el peligro que nos amenaza y que estiman
que aún es tiempo de reconquistar lo perdido. Pero lo más fundamental es eso:
los grupos más avanzados, más conscientes, llegan a la conclusión de que ya no
hay salida posible mediante las simples fórmulas o combinaciones
gubernamentales, de que el problema es más hondo y terrible, y de que la clase
trabajadora solo podrá reconquistar su hegemonía mediante un golpe de fuerza,
mediante la violencia. De las jornadas de mayo la clase trabajadora sale
debilitada y no lo sale. Cierto que todo movimiento que no se lleva hasta sus
últimas consecuencias resulta las más de las veces de consecuencias funestas.
Pero en mayo fue tal la exhibición de fuerzas que la clase obrera realizó, resultó
tan claro su espíritu de lucha y quedaron tan patentizadas las grandes
posibilidades que aún tenía por delante, que a pesar de haber terminado el
movimiento como terminó, pudo haber sido un triunfo resonante para los
trabajadores si las organizaciones mayoritarias de la clase trabajadora -la CNT
y la UGT- hubieran querido; pero éstas prefirieron gastar el tiempo justificando
su inhibición y dejar así que se recobraran los partidos que formaban el frente
del bloque republicano- estalinista. Hay una muestra evidente del miedo sufrido
por estos partidos: sus tendencias conciliadoras durante el movimiento y la
tregua que se impusieron después del mismo. Es evidente que el estalinismo
tenía preparado todo el plan y que los hechos que comentamos habrían de
servirle para dar su golpe definitivo sobre las organizaciones revolucionarias,
principalmente contra nosotros. Sin embargo, no se atrevió a darlo
inmediatamente después de finalizados los acontecimientos de mayo. Lo lógico
es que se aprovechara de la entrada en Barcelona de los diez mil jaramas para
dar la puntilla al movimiento revolucionario e iniciar la represión contra el
POUM. ¿Por qué no se hizo así? Ya queda dicho: porque la clase trabajadora
había mostrado cuáles eran sus intenciones, había enseñado bien claramente
sus dientes y sus uñas dispuesta a todo. Durante más de un mes -del 7 de mayo
al 16 de junio- tal parecía como si las aguas que se habían desbordado hubiesen
vuelto de nuevo a su cauce tranquilo. Solo las campañas alborotadoras y
chirriantes de la prensa estalinista eran un signo de que aún no se había
realizado la última jugada. En efecto, el 16 de junio habría de ser la
comprobación terrible de lo que apuntamos. Existió en la represión llevada a
cabo contra nosotros una causa política de gran importancia, que no hemos
visto señalada en lugar alguno. Es ésta: se necesitaba nuestra eliminación en
tanto que organización para impedir la formación de un Frente obrero
revolucionario y para fortalecer de rechazo el Frente Popular. Porque no solo el
Frente Popular y el bloque antifascista salieron fuertemente quebrantados de
las jornadas de mayo, sino que éstas señalaron inequívocamente cual era el
nuevo camino. Es decir, que después de mayo era y resultaba inevitable la
formación del Frente Obrero Revolucionario, el reagrupamiento sobre una base
común de todas las fuerzas fieles a la revolución socialista. Esto era lo que el
estalinismo necesitaba evitar; por eso dio el golpe de mano del 16 de junio. La
represión efectuada contra el POUM encogió a las demás organizaciones
obreras, de tal manera que el gobierno Negrín pudo sostenerse casi en el aire.
Más tarde la pérdida de Bilbao fue aprovechada muy hábilmente para desviar la
atención de los trabajadores de lo que se había hecho con nosotros y para
obligar a la CNT y a la UGT a prestar directa o indirectamente un apoyo
incondicional al gobierno.
La gran fuerza de los hechos de mayo no fue aprovechada por quien debía y
tenía la obligación de hacerlo. Ya hemos señalado el interés que hubo en
aparecer como chicos buenos ajenos a los actos callejeros. Y lo que otros no
hicieron lo hizo el estalinismo. Este maniobró bien y con suerte indudable,
logrando ganar terreno de forma sensible. La crisis del gobierno de Valencia,
provocada por el Partido Comunista para lograr la eliminación de la CNT y de
Largo Caballero, les vale un buen tanto. Un fiscal a sus órdenes suspende a
últimos de mayo nuestro órgano central La Batalla, por causa bien singular: «La
publicación en el número correspondiente al 1 de mayo de un manifiesto del
Comité ejecutivo del POUM, manifiesto que se considera delictivo». Se van
preparando poco a poco las condiciones precisas para dar el golpe final. Al fin
llega el día tan soñado y preparado por el estalinismo: el 16 de junio se
desencadena la represión más violenta que recuerda el movimiento obrero de
nuestro país.
3.EL GOLPE ESTALINISTA DEL 16 DE JUNIO CONTRA EL POUM
«Y no callaremos hasta ver eliminados de la vida política a las bandas del POUM
y exterminados sus dirigentes».
(Del diario estalinista Ahora).
El miércoles día 16 de junio, al mediodía, es detenido el camarada Andrés Nin,
cuando se encontraba en la secretaría general del POUM, en Barcelona. La
detención la efectuaron miembros de una policía especial del estalinismo, como
más tarde se pudo poner en claro; llevaban una orden firmada por el Jefe
superior de Policía, teniente coronel Burillo. En la noche del mismo día el
camarada Nin fue sacado de la Jefatura con dirección desconocida. Pocas horas
más tarde de la detención de Andrés Nin se hace lo propio con otros muchos
militantes del partido, entre ellos los miembros del Comité ejecutivo Juan
Andrade, Julián G. Gorkin, Jordi Arquer y Pedro Bonet. La policía realiza un
registro en el diario La Batalla y se lleva consigo al redactor-jefe José Escuder.
Días después se detiene a José Rovira, jefe de la 29 División, aprovechándose de
una orden de presentación ante el general jefe del Ejército del Este. En estos
días los presos del POUM suman centenares. Nuestros camaradas se ven
perseguidos, acorralados, incluso los milicianos que estaban en el frente y
habían venido a Barcelona con permiso. Jamás la historia del movimiento obrero
español conoció hecho semejante.
Los agentes estalinistas asaltan brutalmente las diversas dependencias del
Socorro Rojo, los locales del partido, sus sanatorios, sus bibliotecas, el Instituto
Maurín. Los domicilios particulares sufren igual procedimiento; se destroza, se
roba, se llevan hasta los objetos más insignificantes de uso particular. No se
trata de registros en regla, con el correspondiente mandamiento judicial. No; es
una banda de ladronzuelos que no busca el hecho delictivo, sino el objeto de
provecho. Nunca se vio tal cosa. Los insultos y las amenazas acompañan su
labor. No se detienen ante nada ni ante nadie. Se violan cajones, se rompen y
destrozan muebles, desaparecen entre sus manos objetos y valores. Así en todos
los locales del partido, en el edificio del diario La Batalla, en varios domicilios
particulares. No se detenía a tal o cual persona mediante mandato previo, sino
que se procedía a la caza despiadada de todo militante o simpatizante del
Partido Obrero de Unificación Marxista por el simple hecho de serlo. También
por el simple hecho de serlo se detuvo e incomunicó a las compañeras de
Andrade y Julián Gorkin. El Hotel Falcón, habilitado por nuestro partido para los
milicianos con permiso, es igualmente asaltado y detenidos sus ocupantes. De
todos los locales asaltados por la policía, ninguno fue sellado como
habitualmente se hacía. Por el contrario, la mayor parte de ellos fueron
habilitados inmediatamente, de manera extraoficial, como oficinas policiacas
donde se interrogaba y coaccionaba a los militantes que se iban presentando
ignorando lo que sucedía. Muchos de estos interrogatorios fueron hechos por
personas completamente ajenas a los organismos oficiales correspondientes,
siendo algunas de ellas extranjeras. Eran los «chekistas» soviéticos en acción.
Los camaradas Juan Andrade, Pedro Bonet, José Escuder, Julián G. Gorkin y
David Rey -seudónimo por el cual es conocido en el movimiento obrero Daniel
Rebull-, sobre los cuales pesa todo el proceso que se ha intentado montar
contra los dirigentes del POUM, fueron detenidos el día 16 y encerrados en los
locales de la Jefatura superior de Policía. Allí permanecieron hasta el 18, a las
seis de la mañana. A esa hora fueron sacados de los calabozos los cuatro
primeros. En el patio, en presencia de gran número de guardias y de agentes,
nuestros camaradas fueron esposados. A la puerta del edificio aguardaban cinco
coches. Se hizo subir a cada uno de nuestros camaradas en uno de ellos. Con
cada detenido montaron en los coches cuatro agentes. En el quinto vehículo
subieron cuatro personajes probablemente policías y, desde luego, extranjeros.
Nuestros compañeros no tienen la menor duda sobre este extremo. En total, a
los cuatro detenidos acompañan veinte agentes. La comitiva se puso
inmediatamente en marcha. Sin detenerse ni para desayunar ni comer, y
siempre esposados, llegaron los detenidos a las cuatro de la tarde a la Dirección
General de Seguridad, en Valencia. Cada uno de nuestros compañeros fue
encerrado, rigurosamente incomunicado, en un calabozo: Gorkin y Andrade en
dos del piso alto, Bonet y Escuder en dos de la planta baja. En el calabozo de
Bonet, en un momento en que eran numerosos los detenidos en calidad de
incomunicados, metieron a un teniente coronel de la Guardia civil, fascista.
Bonet protestó de que se le adjudicase tan desagradable compañía e
inmediatamente fue atendida su reclamación. Nuestros amigos permanecieron
cuatro días en la Dirección de Seguridad, sin ser interrogados ni fichados. El día
22, a primeras horas de la tarde fueron trasladados, en unión de nuestros
camaradas de la sección de Valencia detenidos dos días antes, a la Cárcel
modelo. En la cárcel ingresaron todos sin orden de incomunicación. Fue acaso
un olvido...
El día 23, a las tres de la tarde, se recibió en la cárcel la orden de poner en
libertad a Escuder, Bonet, Andrade y Gorkin. Esta libertad inesperada llenó de
asombro tanto a los que iban a ser liberados como a los restantes militantes del
POUM también detenidos. Nuestros compañeros quisieron cerciorarse de que,
efectivamente, se trataba de una orden de libertad. El personal de la prisión lo
confirmó. Cuando nuestros cuatro compañeros salieron a la calle se
encontraron con unos agentes de policía, que los hicieron montar en dos
coches. Los vehículos partieron rápidamente camino de Madrid.
Entre tanto, nuestros camaradas de Valencia hacían gestiones para averiguar el
paradero de los cuatro liberados. Por fin, un empleado de la prisión informó a
nuestros amigos que los detenidos habían sido conducidos a Madrid.
(Subrayemos la gravedad del hecho. ¿Qué es lo que se trataba de hacer con
nuestros camaradas? La interrogante se impone cuando se observa el interés
que ha puesto la policía en que no quedase en sitio alguno huellas del paso de
nuestros compañeros. El único centro oficial donde consta que han estado
detenidos era la prisión celular de Valencia. Para borrar esta huella, la policía
sacó de la cárcel a los detenidos simulando que habían sido puestos en libertad.
¿Por qué no comunicar a la dirección de la cárcel que entregase los detenidos, a
disposición de la Dirección general de Seguridad, a la policía, portadora de la
orden de su traslado a Madrid? ¿Qué interés había en ello? ¿No es más que
sospechoso? ¿Qué se fraguaba contra nuestros camaradas? ¿Se pensaba
fugarlos, cómo se ha hecho con Nin? ¿Se pensaba hacerlos desaparecer, sin que
quedase rastro de ellos?) En efecto, llegaron los detenidos a Madrid el día 24, a
las dos de la madrugada. Directamente fueron conducidos a las oficinas de la
Brigada especial, sitas en el Paseo de la Castellana. Allí fueron encerrados en
los sótanos, rigurosamente incomunicados. No se les hizo ficha, ni se les tomó
filiación alguna. La policía seguía sin dejar huella del paso de los detenidos por
los centros oficiales. Oficialmente, nuestros camaradas detenidos seguían sin
existir. En los sótanos de la Brigada especial permanecieron nuestros
camaradas cuatro días. El día 28, a las ocho de la noche, fueron conducidos a
una dependencia policiaca conocida en Madrid por la Checa de Atocha. A cada
uno de los detenidos se le encerró, rigurosamente incomunicado con el exterior,
en un calabozo en unión de un fascista, excepto Bonet, a quien se le puso en
compañía de un confidente de la policía. Nuestros camaradas protestaron
insistentemente contra esta vejación y, al fin, al cabo de cuatro días,
consiguieron se les diese satisfacción. Se encerró a Bonet y a Gorkin en una
celda y a Escuder y a Andrade en otra, siempre incomunicados con el exterior.
Así permanecieron hasta el día 20 de julio, día en que, por la tarde, fueron
trasladados a la Prisión de San Antón.
También nuestro camarada David Rey fue trasladado de Barcelona a Madrid, en
unión de los compañeros Francisco Gómez, Dositeo Iglesias y José Rodríguez
Arroyo, estos tres militantes de la sección madrileña, pero detenidos en
Barcelona, donde se hallaban para asistir al Congreso del partido anunciado
para el 18 de junio. Fueron conducidos en automóvil directamente a Madrid,
donde ingresaron en los calabozos de la llamada «Checa de Atocha». David Rey
fue incomunicado y siguió la misma suerte que los camaradas Bonet, Andrade,
Gorkin y Escuder. En cambio, los tres camaradas de la sección madrileña no
fueron incomunicados.
El día 13 de julio, casi al mes de efectuada la detención de los compañeros
Andrade, Bonet, Gorkin y Escuder, fueron interrogados por vez primera por un
agente de policía, miembro del Partido Comunista, joven de unos 23 o 25 años,
comunista de la última hornada, tan sectario como puede serlo un estalinista de
nuestros días e ignorando todo lo referente a la doctrina e historia del
movimiento comunista. El interrogatorio fue originalísimo. He aquí las
principales preguntas que formuló a nuestros camaradas: «¿Consideran ustedes
mejor camarada a Trotski que a Stalin?», «¿Solo consideran obreros
revolucionarios a los del POUM y a los de la FAI?», «¿Por qué consideran
pequeño-burgueses a los del PSUC y a los del Partido Comunista?», «¿Están
ustedes conformes con la política actual del Gobierno?», «¿Por qué no están de
acuerdo con Stalin?», «¿Qué críticas tienen que hacer sobre la URSS, que es el
país más democrático del mundo y el que tiene una ley electoral que concede
las más amplias garantías?». A estas preguntas fuera de lugar se redujo todo el
interrogatorio. Naturalmente, nuestros camaradas, después de hacerle observar
que esas preguntas nada tenían que ver con la Ley de Enjuiciamiento criminal,
respondieron cumplidamente al joven policía y neófito comunista.
La represión desencadenada contra el POUM en Cataluña y Levante se extendió
igualmente a Madrid. El día 21 de junio fueron detenidos en la capital de la
República y en los locales del partido los camaradas Víctor Berdejo, Francisco
Clavel, José Lorenzo, Manuel Borrero, José Docal, Absalom Infante y Enrique
Sanz. Algunos de ellos permanecieron incomunicados varios días. El 14 de julio
fueron interrogados por el mismo agente que había tomado declaración a los
camaradas citados anteriormente. Pero esta vez limitó sus preguntas a inquirir
desde qué fecha pertenecían al POUM y si estaban sindicados. (Destaquemos
por su importancia este otro hecho: a ninguno de nuestros camaradas detenidos
se le habló para nada de la acusación de espionaje, ni en los interrogatorios se
abordó esta cuestión.) A los pocos días, justamente el 19 del mismo mes, fueron
puestos en libertad José Lorenzo, Manuel Borrero, José Docal, Absalom Infante
y Enrique Sanz. Los policías les habían comunicado que serían liberados todos
los detenidos en Madrid. No obstante, Francisco Clavel, José Rodríguez Arroyo,
Dositeo Iglesias, Víctor Berdejo y Francisco Gómez continuaron y continúan
detenidos, puestos a disposición del Tribunal especial encargado de juzgar los
delitos de espionaje, en unión de los camaradas Juan Andrade, Pedro Bonet,
Julián Gorkin, David Rey y José Escuder.
El día 31 de julio, a las doce de la noche, salieron para Valencia diez camaradas
del POUM, puestos a disposición del Tribunal especial de Espionaje. Las
autoridades habían adoptado grandes precauciones con este motivo. La
emoción que en el movimiento obrero internacional ha provocado la
desaparición de Andrés Nin y la repulsa que ha producido en todos los
trabajadores y antifascistas de nuestro país este hecho, indujeron sin duda al
gobierno a adoptar las medidas de precaución necesarias para que no se
pudiera repetir con nuestros diez camaradas lo ocurrido con el camarada
Andrés Nin, secretario del POUM y ex consejero de la Generalidad. (Había más
de un motivo para temer por la vida de nuestros camaradas. No se olvide que el
traslado de Valencia a Madrid fue un verdadero secuestro; el deseo expreso de
la policía estalinista de que no figurara en lugar alguno rastro del paso de los
detenidos, es un signo y motivo alarmantes. Cuando después de varias e
inmediatas gestiones se supo el sitio donde estaban encerrados en Madrid y se
denunció públicamente, el estalinismo tuvo que parar el golpe que preparaba
contra ellos. El traslado a Valencia podía ser aprovechado para atentar contra la
vida de los diez camaradas, mediante la aplicación de la ley de fugas.) En el
momento de salir los presos de la cárcel de San Antón se hallaba presente el
Inspector general de Prisiones. Un capitán del Cuerpo de Asalto, persona de
confianza del gobierno, dirigía la conducción. Abría marcha un coche ocupado
por cinco agentes de la Brigada especial, precisamente los cinco que más se
han distinguido en la represión contra el POUM y que la dirigieron en
Barcelona los días 16 y siguientes de junio. seguía el coche celular con los diez
detenidos y a continuación iba un coche de turismo ocupado por el capitán, un
sargento y un cabo del Cuerpo de Asalto. Cerraba la marcha una camioneta con
fuerzas también de Asalto. Cada vez que el convoy hacia alto, el capitán y las
fuerzas de Asalto a sus órdenes descendían de sus vehículos y rodeaban el
coche celular. Era bien visible que las fuerzas de Asalto habían recibido
instrucciones severísimas para proteger la vida de nuestros camaradas. A su
llegada a Valencia fueron conducidos a la Dirección General de Seguridad,
permaneciendo allí breves horas, pasadas las cuales fueron trasladados a la
Cárcel Modelo, donde se encuentran en la galería llamada de antifascistas, por
serlo la casi totalidad de sus ocupantes. Allí permanecen alojados cuatro en
cada celda unipersonal.
La represión iniciada en Barcelona y extendida a Levante y Madrid tuvo
también sus repercusiones en las distintas comarcas de Cataluña, al menos en
algunas de ellas. Camaradas curtidos en la lucha revolucionaria, que habían
dirigido el 19 de julio la lucha contra las fuerzas armadas del fascismo, que
figuraban en puestos representativos y en Ayuntamientos, fueron encarcelados
sin motivo alguno por ser militantes del POUM. No había delito alguno, ni se les
acusaba de nada. Solo ser miembro de nuestro partido era motivo suficiente. Se
les detenía en grupos, a docenas. Expediciones de jaramas mandados por
policías estalinistas recorrían los distintos pueblos de las comarcas; los
reaccionarios emboscados en el PSUC se encargaban de ir señalando con el
dedo. Las cárceles de todos los sitios se llenaron con militantes del POUM; y sin
embargo, la bestia no estaba ahíta. El diario Treball copiaba a la Lliga y lanzaba
también públicamente su ¡Delateu! La delación fue una ocupación para
estalinistas y psuquistas.
En la madrugada del 9 de julio fue asesinado por esta gente el militante del
POUM José Navarro López. El camarada José Navarro había luchado el 19 de
julio contra el fascismo en las calles de Barcelona. A los pocos días marchó
hacia Aragón, formando parte de las primeras columnas. Fue herido en la
conquista de Monte Aragón. Apenas curado de sus heridas marchó nuevamente
al frente, siendo herido por segunda vez en la toma de Las Lomas de Arascués.
Regresó luego a Barcelona, a cumplir con sus deberes de militante
revolucionario. Los cobardes del PSUC emboscados en la retaguardia, lo
asesinaron. Presentaba en el cuello un terrible tajo que le seccionó la yugular y
ocho balazos en el vientre. Sus últimos alientos de vida fueron para balbucear el
nombre de su querido partido. Sobre una cama del Hospital general dio ejemplo
de cómo muere un revolucionario.
No pararon aquí los crímenes del estalinismo. El día 6 de agosto fue fusilado el
compañero Mena, cuyo caso relataremos más adelante; igual suerte corrió José
Cullarés, heroico combatiente que había sido herido tres veces en el frente. Se
montaron procesos y más procesos, todos bajo órdenes expresas del que fue
jefe de Policía, teniente coronel Burillo, verdadero sabueso del estalinismo. Los
sindicatos, las organizaciones antifascistas, las corporaciones municipales,
todos responden de nuestros compañeros; los juzgados y tribunales populares
comienzan a decretar libertades por falta de pruebas para condenar. Sin
embargo, casi todos ellos continúan detenidos gubernativamente o bien son
entregados a tribunales especiales que no existen. Jamás se conoció tanta
ruindad y tan mala fe. En una carta abierta de varios de nuestros presos en la
Cárcel Modelo de Barcelona, dirigida al citado Burillo, se le decía: «Cuando
todos los jueces “leales” le hayan fallado, no dude ni un momento: pónganos a
disposición del de Salamanca y, buen amigo suyo indudablemente, tendrá
mucho cuidado en no ponerle a Ud. en ridículo». En efecto, en Salamanca
encontrarían bien fácilmente las pruebas acusatorias del estalinismo contra el
POUM, pruebas que ningún juez digno de la España republicana ve por parte
alguna.
4.LA REPRESIÓN EN EL FRENTE Y LA DISOLUCIÓN DE NUESTRA
DIVISIÓN
El jefe de la circunscripción Norte del frente de Aragón, al camarada Rovira,
jefe de nuestra División: «Llegado a mi conocimiento brillante comportamiento
sus fuerzas, me complazco en felicitarle, rogándole transmita felicitación»
(De la prensa, 5-3-1937)
La represión desencadenada a instigación del Partido Comunista y por policías y
otras autoridades a sus órdenes contra el POUM, ha tenido también su
repercusión en el frente. No se ha detenido el odio africano que a los
estalinistas inspira nuestro partido ante los combatientes que desde la primera
hora empuñaron el fusil contra el fascismo. Ni siquiera se ha detenido, como
vamos a ver, ante aquellos militantes del POUM que habían derramado
repetidas veces su sangre en el curso de la guerra. No se ha detenido tampoco
ante aquellos hombres que sin ser miembros de nuestro partido, perteneciendo
incluso a otros partidos, convivieron en el frente con los hombres del POUM. No
se ha detenido ante nada ni ante nadie.
Se desencadenó la represión contra el POUM a mediados de junio.
Simultáneamente, los estalinistas -en Cataluña los llamados Socialistas
Unificados- emprendieron la ofensiva contra la División número 29, constituida
a base de las milicias antifascistas reclutadas por el POUM. El jefe de esta
División, nuestro camarada Rovira, fue detenido. Temiendo que se produjese
una violenta reacción entre los hombres que, bajo su mando, habían combatido
durante un año en el frente de Aragón, que conocían y estimaban su valor y su
valía, la policía no se atrevió a efectuar su detención en el frente. Rovira fue
llamado telegráficamente a Barcelona, al Cuartel general del Ejército del Este.
Acaso se esperaba verle llegar allí rodeado de una numerosa escolta. Rovira
llegó solo, presentándose inmediatamente al general Pozas. En el despacho de
éste hallábanse unos agentes de policía. El general Pozas advirtió a estos
funcionarios que él no podía permitir la detención del jefe de una de sus
Divisiones sin conocer los motivos. Los agentes, con aire misterioso,
respondieron al general que se trataba de un asunto grave de espionaje. Rovira
se echó a reír. Los agentes mostraron entonces a nuestro camarada un
documento burdamente escrito en clave, que según ellos era la prueba
abrumadora del delito de que se le acusaba. Rovira se echó a reír de nuevo. La
versión policiaca era demasiado infantil. El general Pozas recomendó a los
agentes tratasen a Rovira con las consideraciones debidas a su cargo y nuestro
camarada fue trasladado a la Comisaría General de Orden Público. De allí, a las
pocas horas, fue llevado en automóvil a Valencia, en unión de Jordi Arquer y de
María Teresa Andrade. En la cárcel de Valencia permaneció Rovira cerca de
veinte días, rigurosamente incomunicado. Al cabo de este tiempo, sin sufrir otro
interrogatorio que el realizado por dos agentes de policía y que consistió en
preguntarle si sabia por qué estaba detenido y si era persona afecta al régimen,
Rovira fue puesto en libertad. ¿Qué quedaba de las supuestas abrumadoras
pruebas de espionaje -los documentos escritos en clave-, cuando la policía ni
siquiera se atrevió a mostrárselos a un juez?
Inmediatamente después de la detención del camarada José Rovira, las
Divisiones 25, 28 y 29 que operaban en el frente de Aragón enviaron al
Ministerio de Defensa Nacional un extenso documento, en el cual respondían de
la personalidad de nuestro compañero, así como del magnífico comportamiento
de siempre de nuestra División. Interesa reproducir parte de este documento:
«Si de verdad el motivo de su detención es por ser jefe de una División que,
desde el primer momento, fue organizada por el POUM, entonces se llega a la
conclusión de que la detención obedece a un carácter político. Parece que a los
miembros de este partido se les tacha de dudosos en cuanto a su antifascismo.
No vamos a salir en defensa de los miembros que podíamos llamar políticos de
este partido, porque esto ya no entra en nuestra esfera. Pero sí que queremos
salir a la defensa de la actuación antifascista del jefe de la División 29 y
garantizar solemnemente su conducta revolucionaria, no de ahora, sino de
siempre, porque esto ya entra dentro de la esfera y la dignidad militares».
«José Rovira no es un militante del 19 de julio para acá. Su actuación es
conocida en Cataluña de mucho antes. Durante la Dictadura de Primo de
Rivera, tuvo que traspasar la frontera española y buscar refugio en el extranjero
para evitar la represión del dictador. Vino el movimiento de Prats de Molló y
Rovira fue el jefe técnico que utilizó el primer presidente de la Generalidad,
Francisco Maciá, para llevar a efecto su empresa. Ya sabemos que en aquellos
tiempos un gran sector de la juventud revolucionaria catalana estaba enrolado
en las filas que acaudillaba Maciá. Vino la República y con ella pudieron
regresar a su país todos los exilados. Rovira, tan pronto como se encontró en
Cataluña, ingresó totalmente en el movimiento proletario, como evolución moral
de su carácter revolucionario y progresivo. Pidió el ingreso en el Bloque Obrero
y Campesino (ahora el POUM es una continuación de este partido) y desde el
primer momento fue un militante destacado. Vino Octubre de 1934, y Rovira
formó parte del Comité Central de la Alianza Obrera, en donde tuvo una
participación preeminente, siendo perseguido nuevamente por el bienio negro.
Cuando las elecciones del 16 de febrero, él fue el propagandista incansable de
la candidatura única de izquierdas y movimiento obrero que se presentó en
Cataluña. Y llegamos al criminal movimiento faccioso de los militares traidores.
Rovira estuvo en su puesto de honor como lo ha estado siempre; con sus
camaradas, el 19 de julio luchó en Barcelona, en la Plaza de la Universidad,
donde vio caer a su lado a Germinal Vidal, destacado miembro de la Juventud
Comunista Ibérica, y muchos otros. Se constituye en Cataluña, como
consecuencia del movimiento, el Comité central de Milicias, en el cual han
participado los mejores militantes revolucionarios de Cataluña. Pues bien,
Rovira no podía faltar a este Comité. Fue él mismo un miembro activo, audaz e
inteligente. Los componentes de este inolvidable Comité central de Milicias
pueden dar fe de ello. Pero su temperamento inquieto no podía avenirse mucho
con la retaguardia, y muy pronto, al mes justo de la Revolución, Rovira se
marchó al frente de su Columna, después convertida en División. De allí ya no
se ha marchado, hasta que una pretendida orden de detención le ha arrancado
de su puesto de responsabilidad. Estos son los antecedentes políticos del jefe de
la División 29, que se supone ha sido detenido por dudoso en cuanto a su
condición de antifascista».
«Por su larga permanencia en el frente de Aragón, le conocen todos los jefes y
oficiales del Estado Mayor del frente de Aragón que han pasado por los
Cuarteles generales de Barbastro y Sariñena. Todos ellos pueden responder,
también, de su actuación. Sin haberlos consultado, como se comprenderá,
estamos convencidos de que todos ellos tienen un gran concepto de la
capacidad y la convicción antifascista de Rovira».
«Últimamente, en ocasión de las operaciones en el frente de Huesca, ha sido
como siempre, él personalmente, el que ha dirigido las operaciones que
correspondían ejecutar a la División 29. Fue a esta División 29 a la que le
correspondió tomar la Loma de los Milagros, haciéndolo con puntualidad y
cumpliendo los objetivos que se le señalaron. Esta actuación mereció
felicitaciones entusiastas del general Pozas, dirigidas personalmente al
camarada Rovira».
«Por lo que dejamos expuesto, se comprende claramente que nosotros estamos
convencidos de la inocencia del jefe de la División 29. Pero si se demostrase lo
contrario, desde luego, entonces procedería juzgarlo. Pero es que aparte de
esto, se ha seguido un falso procedimiento. José Rovira es militar, por el hecho
de ser el jefe de la División 29. Por consiguiente, la detención de este jefe no
podía hacerse por otro conducto que el militar, sin la intervención más mínima
de la policía gubernativa. Es una cuestión de procedimiento tan importante, que
estamos convencidos de que S. E. el Subsecretario de Tierra, coincidirá con
nosotros que esto procede remediarlo para dejar en su sitio a nuestro ejército».
«A los dos días de haberse producido la detención y cuando pudo convencerse
el Comisario de la División 29 que no se trataba de una detención
circunstancial, envió al Ministro de Defensa nacional el siguiente telegrama»:
«José Rovira, jefe División, ha sido detenido en Plana Mayor Ejército Barcelona
Stop Ignoramos los motivos concretos; suponemos trátase complicarlo plan
base urdido contra Partido que milita Stop Es paradójico quiérase acusar de
sospechoso quien como Rovira lucha en el frente desde el primer momento
mereciendo su actuación felicitaciones unánimes componentes Estado Mayor
Ejército del Este y anteriormente Consejería de Defensa Stop Recientemente
últimas operaciones Loma Milagros su conducta mereció felicitaciones
entusiastas general jefe Stop Confiando recto proceder usted agradeceré se
interese suerte Rovira y gestione su libertad por tratarse una lamentable
equivocación».
«Este telegrama fue contestado por el Sr. Ministro con el siguiente»:
«Pido telegráficamente informes detención José Rovira ignorada por mí».
«Este telegrama nos hace suponer todavía más que la detención se ha
producido sin el conocimiento del Ministro de Defensa Nacional o sus
organismos militares representativos en el Ejército, es decir, de los organismos
de guerra adecuados para el caso y facultados para ello. Y es por esto que
hacemos este informe, razonado, amplio, con abundantes explicaciones en la
confianza que no será estéril, sino que merecerá la atención de usted, a fin de
poder dar una solución satisfactoria al mismo y, de esta forma, enaltecer todavía
más los organismos militares que hoy día son el arma fundamental de nuestra
victoria sobre el fascismo».
«SOLICITAMOS, pues, de S.E. el Subsecretario de Tierra se sirva intervenir sin
dilación en este asunto y si de su información resulta, como se espera, la
inculpabilidad del jefe de la División 29, se sirva ordenar su inmediata libertad».
Este documento de las Divisiones 25, 28 y 29 es de gran importancia, no solo
porque en él se ve el concepto que de nuestros camaradas se tenía en el frente
de guerra, sino también porque subraya lo anómalo del procedimiento seguido
en la detención de José Rovira. Este solo podía ser detenido por las autoridades
correspondientes a su cargo y graduación, es decir, por las altas autoridades
militares. Sin embargo, éstas no intervinieron para nada, siendo la policía
estalinista la que usurpó atribuciones que no eran suyas. El telegrama de
Prieto, ministro de Defensa Nacional es suficientemente explícito: «Pido
telegráficamente informes detención José Rovira, ignorada por mí». Y como
consecuencia de esta intervención, nuestro compañero fue puesto
inmediatamente en libertad.
Pero no por eso estaba parada la ofensiva contra la División 29. No sabemos si
con orden del Ministro de Defensa Nacional o sin ella, esta División fue disuelta.
¿Por qué? ¿Se habían producido en la División actos de indisciplina?, ¿había
dejado de cumplir las misiones que se le habían confiado? ¿Se había
manifestado como pieza inútil en el engranaje del Ejército? Nada de eso. Todos
cuantos conocen la marcha de los frentes de Aragón desde el comienzo de la
guerra civil saben que las milicias del POUM, más tarde División Lenin y
finalmente División 29, han cumplido en todo momento con su deber; que han
superado a fuerza de valor y de sacrificios la carencia o escasez de elementos
de combate; que en ningún momento han perdido terreno, que fueron los que
conquistaron posiciones tan importantes como Monte Aragón y Estrecho
Quinto. Precisamente en el momento en que se detenía a Rovira, la División 29
actuaba. Setecientos hombres regaban con su sangre los campos de Aragón y,
entre ellos, sucumbía el camarada Cahué, jefe de una brigada, militante
conocidísimo en Tarrasa. Se disolvió la División 29 porque estaba constituida
por fuerzas reclutadas por el POUM; porque gran parte de sus mandos estaba
en manos de militantes de nuestro partido. No existía otro motivo. Se trataba,
por tanto, de una represalia y de una maniobra de marcado carácter político.
¿Qué se perseguía al disolver la División 29? ¿Se trataba, acaso, de empujar a
un acto de indisciplina a estos hombres que durante un año habían sufrido
penalidades sin cuento; habían visto caer a muchos de los suyos y habían puesto
toda su fe y toda su pasión de revolucionarios al servicio de la causa común?
Hay que pensar que si, que era eso lo que se buscaba. Hubiera sido tan bonito
para el Partido Comunista y para el PSUC el que la División 29 se hubiera
sublevado; que hubiera habido que reducirla por la fuerza, quizá empleando la
artillería y la aviación; que hubieran podido celebrarse algunos Consejos de
guerra sumarísimos y fusilado a unas docenas, a unos centenares de militantes
del POUM. Los hombres de la División 29 no se prestaron a este juego criminal.
Devorando en silencio su amargura, conteniendo penosamente su indignación,
los jefes, los oficiales y los soldados de la División 29 acataron la injusta y
vejatoria orden de disolución.
Pero fracasada la primera tentativa de impulsar a un acto de rebeldía a estos
combatientes, los estalinistas, las gentes del PSUC, sirviéndose de la División
27 -la antigua Carlos Marx, que está en sus manos-, acentuaron hasta el limite
extremo sus provocaciones. Se hizo el relevo de las fuerzas de la División 29
que estaban en las trincheras. Al día siguiente, cuando esas fuerzas no habían
tenido tiempo para descansar, se recibió orden del Cuartel general para que
enviasen dos batallones a Boltaña, donde el enemigo presionaba. A pesar de
que estaban agotadas por seis meses de permanencia en las trincheras, motivo
por el
cual se les relevaba, los dos batallones designados al efecto cumplieron la orden
y se trasladaron al lugar que se les había señalado. Entonces llegó la orden de
disolución. Estos dos batallones son desarmados por compañías. Las fuerzas
que realizan este triste cometido hacen sufrir a los soldados toda clase de
vejaciones tanto de tipo político como personal. Se insulta, por parte de los
hombres del PSUC, al POUM y a sus militantes. A los soldados se les despoja de
sus ropas, incluso de sus prendas interiores, de su dinero, de sus relojes, de sus
plumas estilográficas. Los milicianos del POUM aguantan estoicamente todas
estas canallescas provocaciones, porque saben lo que pretenden los que las
realizan. Estos hechos fueron denunciados al Cuartel General de Barbastro, y
posteriormente lo han sido al ministro de Defensa Nacional. Al mismo tiempo
que se realizaban estos actos de provocación y de robo, el jefe accidental de la
División 29, un comandante y varios oficiales y soldados fueron detenidos,
amenazándoles con ser fusilados sin previa formación de causa. Posteriormente
se les puso en libertad, lo cual indica que no existía contra ellos acusación
alguna.
Casi simultáneamente, las fuerzas estalinistas de la División 27 asaltaron el
Parque Móvil de Velillas. La orden que llevaban las fuerzas de la antigua
División Carlos Marx era incautarse de los 1.500 fusiles que se había
denunciado existían almacenados en el polvorín de Velillas. No se encontró allí
fusil alguno, por una razón muy sencilla: porque no existían ni habían existido
nunca. Y aunque hubieran existido, nada habría tenido de sorprendente,
tratándose de un polvorín dependiente de una División del ejército regular. El
propio general Pozas reconoció más tarde, ante camaradas nuestros, que le
habían hecho una falsa denuncia. Lo cierto es que, sin tratar de comprobar la
veracidad de la denuncia, se enviaron allí fuerzas para incautarse de los fusiles
por sorpresa, actitud que pudo haber provocado un conflicto violento, que solo
fue evitado gracias a la prudencia de que en todo momento han dado pruebas
los milicianos, oficiales y soldados del POUM. No encontrando los fusiles que
decían buscar, los asaltantes de la plaza de Velillas se llevaron todos los
vehículos que encontraron en el Parque Móvil. El mando de la División 29
protestó ante el general Pozas contra esta arbitrariedad. La protesta no surtió
efecto alguno.
No quedaron ahí las cosas. Los asaltantes detuvieron a varios jefes, oficiales y
soldados, entre ellos al camarada Rafael Bescós, comandante de la plaza de
Velillas; al camarada Francisco Ursul, capitán jefe del Parque móvil; a Francisco
Pelegri Garrigues y Juan Rocavert Guillén. Estos camaradas se hallan detenidos
en la cárcel de Lérida. Contra ellos se sigue proceso. ¿De qué se les acusa? Al
comandante Bescós se le detuvo por negarse a hacer entrega del mando de la
plaza. Al proceder así no hizo más que cumplir con su deber; habría merecido el
encarcelamiento y proceso si hubiera procedido de otro modo. El comandante
Bescós no podía hacer entrega del mando de la plaza a nadie sin una orden
expresa del jefe de la División 29 o del general jefe del Ejército del Este. La
orden que tenían las fuerzas que se presentaron en Velillas era exclusivamente
de incautarse de las armas que se decía ocultadas, o al menos almacenadas, en
el polvorín de Velillas. La orden en cuestión no decía que el comandante de la
plaza tuviera que resignar su mando. Al capitán Ursul se le detuvo porque se
opuso a que las fuerzas de la División 27 se llevaran los vehículos que se
hallaban en el Parque móvil bajo su custodia y de los cuales era responsable. La
orden, ya lo hemos dicho, solo autorizaba la incautación de los fusiles, no la de
los coches. Al proceder como lo hizo, el capitán Ursul se limitó a cumplir con su
deber. Ahora se le pretende acusar de preparar un cargamento de armas en un
camión. El chofer del camión que se señaló como el que debía hacer el
transporte de esas armas, detenido en un primer momento, al cabo dé pocos
días fue puesto en libertad. Esto indica la falsedad de las acusaciones.
Indicamos, de paso, que el capitán Ursul no es miembro del POUM; desde hace
mucho tiempo milita en el partido Acció Catalana Republicana. Y este detalle
indica también que la División 29 no era coto cerrado de los miembros del
POUM, sino que en ella se daban los puestos de mando y de responsabilidad a
los combatientes por sus merecimientos y su capacidad, y no por su filiación
política. Pelegri y Rocavert fueron enviados a Velillas por el jefe accidental de la
División para informarse de lo que sucedía, a causa de los rumores alarmantes
que llegaban al Cuartel general de la División señalando que, a unos cuantos
kilómetros de la carretera de Barbastro a Huesca, se detenía a todos los
vehículos de la División 29. Ahora se acusa a estos dos camaradas de haber ido
a Velillas para organizar la resistencia de la División a la orden de disolución de
la misma.
El llamado Partido Comunista y el PSUC no se han contentado con obtener la
disolución de una División que repetidas veces había merecido las felicitaciones
del Alto Mando por su actuación en el frente. Disuelta ya la 29 División, los
oficiales y soldados licenciados, que debían incorporarse a otras Divisiones o a
sus Cajas de recluta correspondientes, durante los breves días de permiso que
con este motivo disfrutaban en la retaguardia han sido objeto de continuas
molestias y vejaciones. En muchos casos ha bastado la simple presentación, a
requerimiento de cualquier guardia o agente de la autoridad, de la licencia de
los no comprendidos en las quintas actualmente en filas o del permiso de la
División 29, para que los soldados procedentes de esta unidad fueran detenidos
y encerrados en el castillo de Montjuich, en Barcelona, donde permanecen
encerrados en espera, según parece, de ser enviados a un batallón disciplinario.
Es de advertir que tanto las licencias como los permisos estaban avalados con el
sello del XII Cuerpo de Ejército, al que había pertenecido la División 29.
Y ahora viene la parte más terrible y sangrienta de esta represión. El día 7 de
agosto publicaba la prensa la noticia de haber sido fusilado en Lérida Marciano
Mena Pérez. ¿Quién era Marciano Mena? Un antiguo militante de nuestro
partido. En octubre de 1934 tuvo ya una participación en la insurrección.
Terminada la lucha hubo de refugiarse en el extranjero, para evitar la represión
de las derechas vaticanistas. El 19 de julio fue uno de los principales asaltantes
del Castillo de Lérida, cuya guarnición militar se había sublevado. Desde aquel
momento fue el comisario indiscutible del Castillo, que él había ayudado a
conquistar a los fascistas. Más tarde fue designado comisario de un batallón. Al
tomar posesión de su cargo de comisario del Ejército del Este, Virgilio Llanos,
miembro del PSUC, lo primero que hizo fue destituir a este auténtico
revolucionario de su cargo, reemplazándolo por un militante del PSUC. Ha sido
este mismo comisario del PSUC quien jugó el repugnante papel de acusador de
Marciano Mena ante el Consejo de guerra sumarísimo que lo condenó a muerte.
¿De qué se ha acusado a Marciano Mena? Nada menos que de exaltación a la
rebelión. Según rezaba en el apuntamiento, en el mencionado castillo de Lérida
se produjeron algunos actos de indisciplina. Los soldados -siempre según el
apuntamiento del fiscal-, después de asistir a una reunión, que no se celebró ni
en el cuartel ni en ningún local militar, hicieron un pequeño plante. En su
primera declaración, algunos soldados afirmaron que a esa supuesta reunión
habían acudido Marciano Mena, ex comisario del batallón, miembro del POUM,
y Jaime de Paula, comisario de compañía en activo y militante de la CNT. En el
acto del juicio los soldados rectificaron su primera declaración y manifestaron
unánimemente que les había sido arrancada, pistola en mano, por el comisario
del PSUC que actuó de delator y acusador. En el juicio todas las pruebas fueron
favorables a los dos acusados. El abogado defensor hizo resaltar la falta
absoluta de pruebas y la poca consistencia jurídica de la acusación; demostró
que la reunión a que aludía la acusación se celebró legalmente, convocada por
la CNT, y nada tenía que ver el objeto de la misma con la apreciación que daba
el fiscal; hizo destacar el hecho anómalo de que el parte-denuncia no fue
firmado por los oficiales de guardia, sino cursado horas después de los hechos
supuestos por el comisario del batallón, es decir, por el hombre del PSUC, cuyo
nombre destacamos aquí: Narciso García Caballero.
La impresión general, visto el curso del Consejo de guerra, era que las penas
graves que pedía el fiscal no serian aplicadas. Al final, el Tribunal pidió a
nuestro camarada si tenía algo que alegar. Marciano Mena, que en todo
momento dio pruebas de gran entereza y serenidad, se levantó a hablar ante el
silencio
general. Para todos los que escucharon el breve parlamento será un recuerdo
inolvidable. Habló un revolucionario de verdad, un comunista. Habló con
serenidad sin temor al peligro, sin miedo al desenlace que él mismo preveía.
Quince minutos duró su oración, durante los cuales el Tribunal escuchó la vida
de un revolucionario y su ruego final: «Es una cobardía moral vuestra pretender
darme muerte junto a la tapia de un cementerio, lugar donde en cumplimiento
de sentencias del Tribunal popular tuve que presenciar el fusilamiento de
muchos fascistas. No podéis hacerlo; no debéis hacerlo. Los revolucionarios
hemos de morir como tales. Dando el pecho. Cara a cara con la muerte. No me
espanta el morir. Sé que he cumplido con mi deber de obrero revolucionario y si
la revolución precisa que yo muera, cúmplase el destino. Pero no en una tapia
del cementerio. Mandadme al frente, en primera línea, cara a cara con mi
enemigo de siempre, contra el fascismo. Que sea la bayoneta de un alemán, la
gumia de un moro o las balas de un italiano quienes me quiten la vida. Y nada
más». Al final, el público, tanto los militares como los paisanos, presa de una
fuerte emoción por las palabras de Mena, prorrumpió con una fuerte ovación
que duró varios minutos, sin que el Tribunal se atreviera a hacer objeción
alguna. Rígidos, pálidos, los miembros del mismo asistieron y presenciaron la
identificación espontánea del público con el acusado. Militares de significación
como García Miranda y otros varios de la plaza abrazaron emocionados a
Marciano Mena. Nadie pensaba en que su vida habría de terminar muy pronto
por imposición de la canalla estalinista.
A las dos de la mañana terminó el Consejo, que había comenzado a las cinco de
la tarde. El Tribunal se retiró a deliberar y el camarada Mena fue conducido de
nuevo a la cárcel. Momentos de angustia para todos sus compañeros. El
Tribunal deliberó horas y horas, con muchas consultas y llamadas telefónicas.
No hay duda: pugnaba el convencimiento de la inocencia de Mena con la fría
orden de ejecución, impuesta de antemano. Después de terminadas las
deliberaciones, hay una reserva impenetrable sobre el resultado final de las
mismas. Hasta la una y media de la tarde no conoció el abogado defensor del
acusado la confirmación de
la sentencia de muerte contra Mena, sentencia que habría de ejecutarse a las
cinco de la tarde del mismo día. No había tiempo que perder. Nuestro partido se
movilizó inmediatamente para obtener el indulto o al menos, de momento, el
aplazamiento de la sentencia. Apenas quedaban tres horas. La CNT, la FAI,
Esquerra Republicana de Cataluña, Acció Catalana, Izquierda Republicana, la
alcaldía de Lérida, numerosos sindicatos de la UGT, todos conjuntamente
enviaron telegramas urgentes al presidente del Consejo de ministros, en
Valencia, solicitando el indulto. Solo el PSUC y el Comité local de la UGT callan.
Todas las organizaciones citadas intentan comunicar con el ministro de Defensa
Nacional. Más tarde, una llamada telefónica de la Casa del Pueblo comunica al
alcalde que la UGT y el PSUC se adherían a la petición de indulto. Pero no
enviaron ninguna delegación para hacerla: se veía bien clara la venganza
partidista que representaba el proceso. Se intentan gestiones en Auditoría y en
otros centros militares. Media hora antes de la ejecución, los representantes de
todas las organizaciones antifascistas de Lérida hicieron una visita al general
Pozas para conseguir el aplazamiento. El citado general solo quiso recibir a un
representante. Fue el de la CNT y el general le dijo que no podía aplazarse el
cumplimiento de la sentencia, que no había nada a apelar, que no sería el último
fusilamiento y que le extrañaba fuesen las organizaciones antifascistas quienes
pidieran el indulto.
Nada podía hacerse. El camarada Mena fue sacado de su celda sin que se le
comunicara la sentencia de muerte, ni se le hiciera firmar documento alguno.
Tampoco se permitió el que pudiera despedirse de sus familiares y camaradas
más queridos. Mena, de pie en el camión que le conducía al cementerio, fue con
las
manos atadas, pero con los brazos en alto y los puños cerrados, despidiéndose
de los trabajadores de toda Lérida, que profundamente emocionados
presenciaron su paso. A las cinco en punto de la tarde, el camión llegó al lugar
de la ejecución, donde se habían tomado extraordinarias precauciones para
impedir el
acceso al público. Diversos pelotones de soldados y guardias vigilaban
intranquilos. No se aguardó la llegada del defensor ni la de los familiares. había
gran prisa en terminar. Nuestro camarada se dirigió a la tapia del cementerio,
mientras se formaba el pelotón que había de fusilarlo. En aquel momento
terriblemente difícil y dramático, les dijo: «Vais a ver cómo muere un
revolucionario. Desatadme y no me tapéis el rostro. Tirad sobre seguro». Y sus
últimas palabras fueron estas: «¡Abajo el fascismo!, ¡Viva el POUM!, ¡Viva la
revolución!». El cuerpo del camarada Marciano Mena se desplomó al suelo,
asesinado por los instrumentos del estalinismo.
Y aún otro crimen más: el cometido con José Cullarés, también del POUM. José
Cullarés Cabestany se incorporó desde las primeras semanas a las milicias del
POUM. Ha permanecido diez meses en el frente. Tres veces fue herido en
campaña. Encontrándose en la retaguardia convaleciente de su última herida, al
ordenar el gobierno la incorporación de su quinta a filas, se presentó en la Caja
de reclutas. Destinado al frente, al partir con un grupo de soldados se
produjeron en la estación algunos incidentes. A José Cullarés se le acusa
concretamente de haber proferido estas palabras: «También los enchufados
deberían ir al frente». Se le detuvo y pasó ante un Consejo de guerra
sumarísimo. Según nuestras noticias, el fiscal consideraba el delito tan leve que
"solicitó para el acusado un mes de arresto. El Tribunal lo condenó a muerte.
Fue conducido al cementerio, lugar señalado para el cumplimiento de la
sentencia. El propio Tribunal solicitó la conmutación de la pena. Ya se hallaba
Cullarés ante el pelotón de ejecución cuando se recibió la orden de aplazar el
cumplimiento de la sentencia. Cullarés fue devuelto a la cárcel y la sentencia
enviada al gobierno. Se discutió ampliamente en Consejo de ministros. Algún
ministro hizo destacar la refinada crueldad que representarla colocar por
segunda vez ante el pelotón de ejecución a ese hombre. Llegó la hora de votar.
Los votos se repartieron así: por la conmutación de la pena cuatro votos, los de
los ministros republicanos; por la ejecución, cinco votos, los de tres ministros
socialistas y, naturalmente, los de los dos estalinistas. Es triste, pero es así.
Otros procesos contra camaradas del frente se encuentran en puerta. Es una
ofensiva implacable que no se detiene ante nada. El partido estalinista y su filial
catalana, el PSUC, llevan al frente, sin escrúpulo alguno y sin temor a las graves
repercusiones que pueden tener, sus mezquindades de retaguardia, su afán de
anular política y físicamente al resto de las organizaciones obreras. Nada hay
sagrado para ellos. ¿Qué puede detener en su vesania a gentes capaces de
condenar a muerte a un revolucionario de siempre, a un voluntario de primera
hora, a un hombre que como Cullarés ha derramado tres veces su sangre? El
estalinismo convierte el Código Militar en un arma política más. Y con él el
resto de los partidos que se han doblegado, por intereses bastardos, a sus
imposiciones y a su política. Les tendremos en cuenta a todos, cuando hayan de
responder de tanto crimen.
5.LOS AUTORES MATERIALES DE LA REPRESIÓN Y EL TRATO DADO A
LOS DETENIDOS
«Pero no basta disolver al POUM y a la llamada JCI»
(Mundo Obrero, junio de 1937)
Toda la represión contra nuestro Partido, tanto en Barcelona como en Valencia y
Madrid, ha sido dirigida -y en parte realizada personalmente- por agentes de la
llamada Brigada especial, con residencia en la capital de la República. Todos
ellos eran miembros del Partido Comunista; no lo ocultaron en momento alguno.
El jefe, los inspectores y los agentes de más confianza del estalinismo se
trasladaron a Barcelona dos o tres días antes del 16 de junio, sin duda para
mejor preparar las «operaciones». En Barcelona ultimaron su plan y el día 16
comenzó la represión. La policía de la capital catalana no hizo, en realidad, más
que secundar órdenes; no creemos haya intervenido para nada; la que dependía
de la Generalidad; agentes de Madrid, es decir, agentes estalinistas, iban a la
cabeza de todos los grupos que practicaron las detenciones, registros y robos,
tanto en los locales del diario La Batalla como en el Instituto Maurín, en el
Hotel Falcón, en las dependencias del Comité local y Comité ejecutivo, en los
edificios de nuestro Socorro Rojo, en nuestros sanatorios, en los domicilios de
los camaradas... También fueron agentes de Madrid los que dirigieron la
represión en Lérida y otras capitales de las comarcas catalanas. El estalinismo
lanzó contra nosotros a sus hombres de más confianza. Esto demuestra dos
cosas: primera, que el Partido Comunista concedía a esta operación policiaca
para desembarazarse de nosotros la máxima importancia, y, segunda, que el
golpe lo realizaba el estalinismo al margen de las autoridades gubernamentales
y contando solo con su silencio o aprobación posteriores.
Todos nuestros camaradas detenidos fueron rigurosamente incomunicados y
encerrados en locales inmundos o en malas condiciones. Igualmente se les
despojó de su documentación y dinero, sin que los que más tarde fueron puestos
en libertad lograran recuperar los objetos y valores de su pertenencia. A los
más se les insultó de palabra y al mismo Gorkin se le amenazó con darle un
puñetazo en el rostro y pegarle un tiro. Asimismo fueron objeto de la vejación
que supone encerrar a nuestros camaradas con elementos fascistas. Mantenidos
en la más absoluta incomunicación, les fue prohibida la entrega de ropa interior,
de mantas y colchones, teniendo que dormir en el suelo días y días. Algunos de
los detenidos se encontraban enfermos y en mal estado físico; sin embargo, no
se les atendió lo más mínimo en sus justas peticiones. Incluso se siguió este
trato inhumano y criminal con compañeros que estaban heridos del frente y aún
no restablecidos por completo. Todo esto duró hasta que los detenidos pasaron
a las cárceles ordinarias, bajo jurisdicción de las autoridades del Estado.
Los domicilios de los detenidos fueron asaltados, literalmente asaltados. No se
realizó registro alguno en debida forma, con las normas y formalidades
señaladas por las leyes correspondientes. Así sucedió a los compañeros Gorkin
y Escuder, entre otros muchos, cuyas habitaciones fueron saqueadas por
completo, llevándose los agentes de policía hasta los más insignificantes objetos
de uso personal. No se levantó las más de las veces acta alguna; los policías que
realizaban el servicio se llevaban lo que les parecía y lo demás lo destrozaban.
Jamás se había visto hecho tan insólito, incluso en nuestro país, donde la
arbitrariedad policiaca es algo tradicional. El odio del estalinismo contra
nuestro partido, la pasión concentrada y torpemente puesta al uso por los
estalinistas contra nuestros camaradas revistió carácter insuperables. No se
paraban ante nada, cumplían al pie de la letra el encargo recibido: aplastar al
POUM. Y trataban de aplastarlo, creían aplastarlo mediante aquellos
procedimientos típicamente fascistas. Los muebles, los libros, los objetos de
arte, todos pagaban el pecado de sus dueños. Lo grotesco se confundía con lo
trágico.
Se llegó a algo aún mucho peor: cuando el camarada buscado no era
encontrado, la policía se llevaba como rehén a su compañera o algún familiar.
De esta manera ingresaron en prisión Maria Teresa Andrade y Luisa Gorkin,
siguiendo ésta todavía detenida a pesar de que su compañero también se
encuentra en la cárcel y procesado. Quizás haya sido la primera vez que el
procedimiento se ha puesto en práctica en nuestro país. Fue preciso que la
injerencia de los elementos de la GPU rusa alcanzara el grado que alcanzó para
que sus métodos se dejaran sentir entre nosotros. En ningún país civilizado del
mundo se ha seguido jamás procedimiento tal; los familiares de los perseguidos,
por el solo hecho de serlo, han merecido siempre el debido respeto. Solamente
los países fascistas y semifascistas han roto con esta tradición liberal,
descargando la represión contra todos los familiares. En los campos de
concentración y cárceles de Italia y Alemania existen aún como rehenes gran
número de familiares de los antifascistas que ya hace algún tiempo lograron
escapar y pasar la frontera. También la Unión Soviética de Stalin y el
estalinismo han escogido como norma policiaca este abominable y monstruoso
procedimiento. La influencia del estalinismo en los destinos de España se ha
dejado sentir en este mismo sentido. Por vez primera en nuestro país, las
compañeras y familiares de los revolucionarios perseguidos se han visto
arbitrariamente encarcelados. Esto ha sucedido a varios militantes del POUM.
Consignemos un caso entre otros muchos: después de estar detenido desde
hacia varios días el camarada Arquer, la policía fue a casa de su madre para
efectuar un registro. No llevaban orden alguna y tuvieron que ir a buscarla ante
la exigencia de los familiares de Arquer. El registro, naturalmente, no dio
resultado alguno, puesto que nada delictivo había en la casa. Sin embargo, los
policías se llevaron -más propio seria usar el verbo robar- numerosos objetos de
uso particular, libros y colecciones de prensa editada años atrás legalmente,
objetos y estampas religiosas propiedad de la anciana madre del camarada
Arquer y hasta un pijama de éste. El comportamiento de la mayoría de los
policías, que solo trataban con mujeres, fue en todo momento grosero y
reprobable. No tuvieron la menor atención ni delicadeza, entrando y saliendo
del domicilio como si estuviesen en su propia casa. Mientras unos registraban y
revolvían todo, los demás se dirigieron a la parte de la casa que mejor les
pareció para descansar de su faena; otro de ellos se sentó a sus anchas y sin
autorización alguna puso en marcha el aparato de radio, quizá para amenizar la
«operación» policiaca. Cuando los familiares de Arquer -repetimos que todos
eran mujeres- hablaban alguna palabra en catalán, se les replicaba
airadamente, tratando de obligarles a que usaran la lengua castellana. Por fin,
después de bastante tiempo, terminaron el registro llevándose los objetos que
hemos mencionado. Cuando el compañero Arquer fue puesto en libertad no
pudo lograr, a pesar de sus gestiones y denuncias presentadas ante quien
correspondía, se le devolviese lo que habían llevado del domicilio de su madre.
Todo esto y aún más se ha repetido exactamente en los distintos pueblos y
capitales de comarcas de Cataluña. No sabemos si los policías y guardias que
hacían los registros y detenciones tenían carta blanca para proceder como
mejor les viniera. Desde luego, lo que sí se veía claramente es que se sabían
bien respaldados y que su manera de obrar, a todas luces arbitraria e ilegal, no
les acarrearía responsabilidad alguna. Y así sucedió. Cuantas denuncias se
hicieron sobre el particular cayeron en el vacío. Algunas autoridades, bastantes,
se escandalizaron luego de ese procedimiento ignominioso de la policía, pero
dejaron hacer; sabían bien que ésta contaba con la mayor de las impunidades.
No hace mucho, el ministro de la Gobernación, el señor Zugazagoitia, trazó en
presencia de camaradas nuestros un perfecto diseño de la personalidad moral
del policía español. Según el ministro, la policía estaba compuesta en su mayor
parte de «gente sin la menor cultura ni moralidad, formada a base de sectarios
estalinistas llenos de odio contra todo y contra todos». No seremos nosotros
quienes pongamos en tela de juicio tales palabras. Sin embargo, el ministro de
la Gobernación, señor Zugazagoitia, sigue reclutando a su policía entre esa
gente «sin cultura ni moralidad».
El trato dado más tarde a los detenidos y procesados de nuestro partido varió
bastante. Quizás obedezca a haber pasado a un régimen carcelario y a depender
de funcionarios ajenos a la policía. También influyó no poco la gran protesta
internacional contra la represión estalinista y la presión de las organizaciones y
personalidades internacionales, que desde el primer momento se interesaron
cerca del gobierno Negrín por el estado de nuestros camaradas. Todo esto
detuvo la mano criminal de los agentes de la GPU y de los policías estalinistas
españoles que hubieran querido completar, de muy buena gana, las
instrucciones que diariamente les daba en público su prensa.
6.LA DESAPARICIÓN Y SECUESTRO DEL CAMARADA ANDRÉS NIN
«...Hay que exterminar a Nin y a su grupito de amigos...»
(Miguel Valdés: UHP, Lérida, 11-5-1937)
Como queda apuntado, el camarada Andrés Nin fue detenido el 16 de junio en
la secretaría general del POUM por varios agentes de policía o supuestos
agentes de policía -al menos presentaron la documentación que los acreditaba
como agentes de la autoridad-, los cuales llevaban una orden de detención
firmada por el que fue jefe superior de Policía en Barcelona, señor Burillo. El
camarada Nin fue conducido a los calabozos de Jefatura, según se hizo saber a
la prensa aquel mismo día. A las pocas horas, y ya cerrada la noche, fue
trasladado a Valencia con gran lujo de fuerzas y convenientemente esposado.
Cuantas gestiones se hicieron luego para conocer el paradero exacto del
camarada Nin resultaron infructuosas; los centros oficiales se habían encerrado
en el mutismo más absoluto. Hubo que ir atando hilos, siguiendo su pista,
investigando al margen de las autoridades y realizando cuantas pesquisas
resultaban posibles en medio de las inmensas dificultades de aquellos días.
Todos llegamos a creer que se encontraría en Madrid, encerrado en alguna de
las numerosas «checas» allí existentes. Sin embargo, cuando se supo con
justeza la situación del resto de los camaradas detenidos y llevados a Madrid
-Andrade, Bonet, David Rey, Gorkin, etc.- y que entre ellos no se encontraba
Andrés Nin, cundió la alarma. Nuestro abogado, don Benito Pabón, dirigió con
fecha 2 de julio un escrito al señor ministro de Justicia, en el cual se le decía:
«El día 16 del pasado junio, fue detenido Andrés Nin, secretario general del
POUM, por orden de la Dirección General de Seguridad y seguramente
obedeciendo acuerdos del Gobierno -otra cosa sería inadmisible cuando ninguna
variación se nota en dicha Dirección General- se procedió a la anulación
práctica del POUM». Más adelante, entre varios ruegos que hacia a dicho
ministro, señalaba el abogado Pabón: «4° Que se me comunique la situación
actual y lo ocurrido con Andrés Nin y con los demás detenidos, para
tranquilidad de sus familiares y satisfacción de la opinión pública».
A este escrito de Benito Pabón, contestó el ministro de Justicia con una carta de
la cual son estos párrafos: «Reitero a usted, para que pueda darlo a conocer con
el testimonio de esta carta, la disposición del Gobierno de la República a que el
proceso contra los señores Nin, Gorkin y demás asociados en el POUM se
desarrolle dentro de las normas del Derecho, con toda la garantía que las leyes
imponen para juzgar a los ciudadanos y con la defensa que éstos quieran
utilizar dentro de la ley». Y más adelante: «Puedo asegurarle que nadie de los
detenidos ha sufrido un rasguño, ni un mal trato, ni otra presión que la de su
propia conciencia». Esta carta está fechada en Valencia, el 7 de julio de 1937.
A partir de entonces se realizaron diversas gestiones para poder ver a Andrés
Nin. Una delegación internacional, compuesta por representantes de diversas
organizaciones obreras de varios países, vino a España para realizar una
encuesta respecto a la represión llevada a cabo contra nuestro partido,
investigar el verdadero carácter de las acusaciones que se lanzaban contra el
POUM y poder visitar a los detenidos. Estos se encontraban en Madrid, con
vistas a ser trasladados a Valencia, causa por la que no se complació por quien
correspondía a los componentes de la delegación. De todas formas, todos los
ministros que fueron visitados, particularmente el de Justicia, señor Irujo,
aseguraron una y otra vez que todos los dirigentes del POUM se encontraban
bien. Se hicieron mil promesas y la delegación regresó al extranjero en la
seguridad de que así sería. El secretario del Partido Laborista Independiente de
Inglaterra, Fenner Brockway, que había venido al frente de la misma, a su
marcha dirigió un escrito de despedida al Presidente del Consejo, al ministro de
la Gobernación y al ministro de Justicia. De este escrito son los párrafos
siguientes: «Por mi parte me marcho con la impresión de que la instrucción del
sumario se realizará por parte del gobierno dentro del respeto más absoluto a
las normas jurídicas y constitucionales en vigor, permitiendo a todos los
acusados el beneficio de un procedimiento normal, lo que les agradezco
profundamente en nombre de la opinión liberal y obrera de Inglaterra. Les
agradecería también que, en cuanto sea posible, los delegados franceses
puedan visitar a los acusados cuando éstoS sean trasladados de Madrid a
Valencia...». Bien pronto habría de comprobar el camarada inglés la realidad de
la seriedad española, mejor dicho, la seriedad de nuestros demócratas
republicanos y de un ministro cristiano, apostólico y romano, que vulneraba tan
abiertamente uno de los diez mandamientos de su Iglesia.
El día 28 de julio, el ministro de Justicia facilitó una nota por demás
sorprendente: «La Dirección General de Seguridad venía ocupándose de temas
interesantes derivados y en relación con actividades subversivas y de espionaje.
Han sido entregados a los tribunales de Espionaje y Alta traición los atestados
correspondientes a los encabezados que siguen: Juan Andrade, José Escuder
Poves, Pedro Bonet Cuito, Julián Gómez Gorkin, Daniel Rebull, Francisco Gómez
Palomo, José Rodríguez Arroyo, Dositeo Iglesias, Francisco Clavé Ruiz, Víctor
Berdejo Giménez y Javier Fernández Calver. Los diez primeros pertenecen al
POUM y el último a Falange Española...». Dejando de lado la mala fe y aviesos
designios que significa mezclar a un fascista con nuestros camaradas, interesa
esto: el nombre de Andrés Nin no figura en la relación de procesados. La
inquietud y el desasosiego prenden en todos, en toda la clase trabajadora
española, en los medios obreros internacionales. Algunos diarios de nuestro
país, movidos más por solidaridad proletaria y afán de justicia que por afinidad
ideológica, elevaron su voz de protesta a pesar de todos los impedimentos de la
censura puesta al servicio del estalinismo y del atropello. La pregunta que todo
el mundo se hacia era esta: ¿dónde está Andrés Nin? Sobre los muros y paredes
de toda Cataluña, sobre las fachadas de los edificios barceloneses se clavó en
gruesos caracteres imborrables esta interrogante: «¿Qué habéis hecho de
Nin?». La pregunta iba dirigida a un gobierno que no había logrado más que
cosechar derrotas en el frente militar, a un gobierno que se había convertido en
vulgar instrumento del estalinismo. Diversas personalidades y organismos
oficiales también se preocuparon por la suerte del que había sido Consejero de
la Generalidad de Cataluña y que, por este mismo hecho, tenía derecho a un
trato especial y a comparecer exclusivamente ante el Tribunal de Garantías
constitucionales. La conocida propagandista anarquista Federica Montseny,
ministro de Sanidad en el anterior gobierno presidido por Largo Caballero, en
un mitin celebrado en el teatro Olympia de Barcelona el día 21 de julio, dijo:
«Acaban de decirnos que han sido hallados en Madrid los cadáveres de Nin y
dos compañeros más. Esta noticia no ha sido aún confirmada, pero hasta tanto
el gobierno lo desmienta diciéndonos dónde está Nin, hemos de creer que es
cierto». Palabras acogidas con rabia e indignación por miles y miles de
proletarios, que allí mismo expresaron con gritos significativos todo su odio
hacia un gobierno que asesinaba o dejaba asesinar a los mejores militantes del
movimiento revolucionario.
Una ola de protestas se levantó contra el gobierno Negrín. De todo el país, de
todo el mundo llegaban enérgicas resoluciones. El gobierno, alcahuete del
estalinismo, encubridor del crimen, se vio en duro trance. El ministro de
Justicia, que había sido el que más se había distinguido en asegurar la buena
situación de todos los detenidos del POUM, se vio obligado a hablar; había
estado, naturalmente, al corriente de todo pero se calló por puras razones de
gobierno. Pero se calló hasta donde juzgó oportuno y hasta donde consideró no
deber comprometerse más. El 4 de agosto facilitó a la prensa una nota que
decía así:
«Al hacerse cargo esta jurisdicción de los varios atestados formados por la
policía a las órdenes de la Dirección General de Seguridad con respecto a los
sucesos subversivos ocurridos en Cataluña en mayo pasado, en relación con
denuncias, información y documentos de espionaje recogidos en Madrid, de los
que se ha dado nota pública anteriormente, se observó que entre los detenidos
puestos a disposición de los Tribunales de Justicia no aparecía don Andrés Nin,
ex consejero de Justicia de la Generalidad, dirigente de POUM.
Practicadas las necesarias informaciones, resulta que el señor Nin, en unión de
otros directivos del POUM, fue detenido por la policía de la Dirección General
de Seguridad, trasladado a Madrid y recluido en un preventorio habilitado al
efecto por el comisario de policía de Madrid, del cual desapareció, habiendo
resultado hasta la fecha infructuosas cuantas gestiones se han llevado a cabo
por la policía para rescatar al detenido y a su guardia.
El hecho ha sido puesto en conocimiento del Fiscal General de la República, con
orden de instar con la máxima urgencia del Tribunal de Espionaje que entiende
en el asunto, cuantas medidas se reputen adecuadas para averiguar el paradero
del señor Nin y la conducta de todos los elementos que han entendido en los
hechos, a partir de los documentos en que aparece insinuada la figura del señor
Nin, sobre los cuales, su contenido y autenticidad, el Tribunal está conociendo
ya. Todo ello sin perjuicio de la acción de la policía, que continúa realizando
pesquisas conducentes al rescate de aquel detenido para ser puesto a
disposición de los tribunales de Justicia de la República en las cárceles del
Estado».
Desde la fecha de su detención, nada se ha vuelto a saber en concreto de la
suerte corrida por el camarada Nin. A los cuarenta y nueve días -¡a los cuarenta
y nueve días!-, la comunicación del ministro de Justicia descubre la trágica
verdad y su desaparición toma ya estado oficial. Hasta entonces no se había
hablado por parte de los estalinistas de la desaparición de Andrés Nin. Su
prensa se había callado prudentemente; cumplía una consigna más. Cierto que
venía día tras día pidiendo nuestro exterminio físico, pero sin sacar a relucir
para nada el nombre de Nin; se hablaba solo de Andrade, de Gorkin, de Bonet,
del resto de los detenidos, pero de Nin, no. Mas después de hecha pública la
nota del Ministerio de Justicia, también los estalinistas rompieron el silencio.
Con rara y sospechosa unanimidad, los periódicos que reciben las inspiraciones
de Moscú o de los agentes directos de Moscú, tanto los que oficialmente
pertenecen al Partido Comunista y al PSUC como los que han sido sus
cómplices vergonzosos durante estos últimos tiempos, dieron una versión
extraordinaria: Andrés Nin, según ellos, se había evadido. Iban en su audacia
más allá que el propio Gobierno; se sentían más papistas que el Papa. En esta
innoble tarea colaboró un diario -Adelante, de Valencia- que el prietismo había
tenido que arrebatar a Largo Caballero con la ayuda decidida de los carabineros
y que dirigía un periodista -Cruz Salido- que en el Norte había sufrido los más
rudos ataques de los estalinistas desde Euzkadi Roja. Este borrón no lo quitará
de encima el citado periodista y el mencionado periódico.
La nota del señor Irujo merece un amplio comentario. En primer lugar, aunque
redactada en forma bastante equivoca, sienta un principio: no habla ni se
refiere para nada a una posible o probable evasión. Habla de desaparición,
habla después de rescate; dice, finalmente, que ha instado al Tribunal para que
adopte «cuantas medidas se reputen adecuadas para averiguar el paradero del
señor Nin y la conducta de todos los elementos que han intervenido en los
hechos». No es éste el tono que las autoridades suelen emplear, sobre todo en
circunstancias tan especiales, cuando dan a conocer a la opinión pública la fuga
de un detenido. Cuando un detenido se evade no se dice que ha desaparecido,
sino lisa y llanamente que se ha evadido; y no se habla de su rescate, sino de su
captura. Y si se trata de averiguar «la conducta de todos los elementos que han
intervenido en los hechos», eso quiere decir que en el Ministerio de Justicia
saben a qué atenerse respecto a la verdad de todo. Como lo sabemos nosotros,
como lo sabe toda la clase trabajadora española, como lo saben las
personalidades extranjeras que han visitado a los ministros del gobierno Negrín
en demanda de explicaciones sobre la desaparición de Nin. Por otra parte, es
claro como el agua pura que si los estalinistas hubieran sabido que Nin se había
fugado, no habrían aguardado a que el gobierno hiciera pública la noticia de la
desaparición. ¿Aguardaron quizá a que dictaminara la justicia o se pronunciara
el gobierno para cantar a los cuatro vientos la «existencia de documentos
comprometedores contra el POUM y sus dirigentes»? ¡Poco ruido habrían
armado los estalinistas si fuera cierto que Nin se había evadido para hurtarse a
la acción de los Tribunales! Después de haber leído los crepitantes editoriales
de la prensa estalinista, a nadie le cabe la menor duda sobre la suerte corrida
por Nin. Podrá dudarse si está muerto o si aún vive, pero nadie vacila en
afirmar que Andrés Nin ha sido secuestrado. Tanto el ministro de la
Gobernación como el de Justicia, no se han recatado en afirmarlo públicamente.
¿Por quién ha sido secuestrado? ¿A quién podía interesar la desaparición de
Nin? Solo y exclusivamente a los estalinistas. Ellos fueron los que prepararon el
golpe contra el POUM, los que lo llevaron a cabo, los que se proponían la
eliminación, la exterminación, para decirlo con palabras de un vulgar analfabeto
cuya cabeza no contiene más que odio y serrín -Miguel Valdés-, de los mejores
hombres de nuestro partido. Andrés Nin, el mejor de todos, era también el
primero en la lista. Hicieron con él lo que hubiesen querido hacer con todos;
pero con los demás el cálculo les salió mal.
Aún merece otras consideraciones la mentada nota del ministro de Justicia. En
ella reconoce que nuestro camarada Nin «fue detenido por la policía de la
Dirección General de Seguridad» -esto es de importancia capital, puesto que el
gobierno ha tratado luego de mostrarse ajeno a tal hecho y el ministro de la
Gobernación declaró repetidamente que la policía no había intervenido para
nada en la detención de Nin- y que su desaparición tuvo lugar en «un
preventorio habilitado al efecto por el Comisario de policía de Madrid». Es
decir, queda bien claro que tanto en la detención como en la desaparición de
nuestro camarada han intervenido necesariamente -a menos que se demuestre
que el rapto fue acompañado de un acto de fuerza, lo cual no se ha insinuado
hasta el presente- elementos que pertenecen a la policía oficial. Otro detalle que
interesa destacar es que con Nin ha desaparecido su guardia y que el ministro
confiesa «que han resultado hasta la fecha infructuosas cuantas gestiones se
han llevado a cabo por la misma para rescatar al detenido y a su guardia». Y
subrayemos la palabra gestiones, que emplea el ministro de Justicia en lugar de
«pesquisas», que es la expresión adecuada cuanto se trata de un caso de
evasión; esto lo sabe bien el señor Irujo, que es leguleyo de profesión. En
realidad, lo que se señala claramente es que los raptores son harto conocidos y
que con ellos se habían entablado negociaciones más o menos oficiales para
conseguir la entrega de todos los secuestrados, es decir, de Andrés Nin y de sus
guardianes.
Merced a nuestras averiguaciones hemos podido ir conociendo por dónde pasó
el camarada Nin, después de su detención en Barcelona. Como ya hemos dicho,
fue sacado en la noche del mismo día 16 de la Jefatura de policía y, fuertemente
esposado, trasladado a Valencia. Parece seguro que permaneció rigurosamente
incomunicado en los calabozos de la Dirección General de Seguridad durante
tres días. Desde Valencia fue conducido a Madrid. ¿Adónde? Eso no lo hemos
podido averiguar. Lo que sabemos es que estuvo detenido en los calabozos de la
Brigada Especial, sita en el Paseo de la Castellana. Un guardia de Asalto, de
servicio
en esta dependencia, preguntó a nuestro camarada Bonet, que había salido del
calabozo a evacuar una necesidad fisiológica: «¿Tú eres el del POUM que ha
venido hace unos días y sobre el cual nos dieron órdenes muy severas?». Bonet
respondió afirmativamente, dándose cuenta de que el guardia aludía a Nin,
pues él había ingresado con otros tres camaradas y no se le había aplicado
régimen distinto al de sus otros compañeros de detención. Bonet consiguió, al
mentir al guardia, lo que se proponía: hacerle hablar. El guardia habló. No es
prudente decir aquí lo que dijo. Nos basta su pregunta para poder afirmar que
Nin pasó por los calabozos de la Brigada especial del Paseo de la Castellana.
También tenemos la seguridad absoluta de que Nin pasó por los locales de la
llamada Checa de Atocha. Un camarada nuestro de Madrid lo vio allí. Pero hay
otro dato. Un día, nuestro camarada Andrade llamó a un agente de los que allí
prestaban servicio para hacerle una reclamación sobre la comida. El agente le
preguntó: ¿A qué partido pertenece? » Andrade le respondió que era miembro
del Comité ejecutivo del POUM. Entonces, espontáneamente, el agente le dijo:
«¡Ah!, ¿entonces tú perteneces al mismo partido que el ex consejero de la
Generalidad que está abajo?». Se refería a los calabozos de incomunicados que
se encuentran en la parte baja del edificio. Esta manifestación espontánea del
agente de policía es una prueba evidente de que Nin también estuvo en la
llamada Checa de Atocha.
Hay detalles que abonan la creencia de que desde este último lugar, Nin fue
trasladado de nuevo a la Brigada especial de la Castellana. Aquí ya perdemos su
pista. Pero tenemos indicios, facilitados por una persona que ha trabajado con
gran interés en averiguar el paradero de nuestro compañero o la suerte que ha
corrido, de que Nin, desde el Paseo de la Castellana -o desde otro sitio- fue
trasladado a Alcalá de Henares, donde la policía al servicio del Partido
Comunista tiene a su disposición, o al menos tenía en aquellos momentos,
determinados locales. El traslado de Nin a Alcalá de Henares obedecía a un
plan: el de hacerlo desaparecer, dando a entender que había sido raptado por la
Gestapo alemana. El plan fracasó porque ni la propia policía creyó esta
fantástica versión.
Agreguemos que la primera versión de la desaparición de Nin que dieron al
ministro de la Gobernación fue que el ex consejero de la Generalidad había sido
raptado por miembros del POUM. El ministro tardó muy poco tiempo en
desecharla y en orientar sus trabajos para rescatar a Nin en dirección
completamente opuesta a la de nuestro partido.
Un alto funcionario del Estado, que en funciones de su cargo tuvo ocasión de
hablar con nuestros camaradas del Comité ejecutivo, detenidos a la sazón en
Madrid, hablando del caso Nin les afirmó categóricamente: «Si el gobierno me
diera plenos poderes, estoy casi seguro de que ahora mismo montaría en el auto
y pararía a la puerta misma del sitio en que se encuentra Nin». Esto significa
que no solo se sabia que nuestro camarada había sido raptado y por quiénes,
sino también el lugar donde se le tenía recluido. No otra cosa se dejaba
traslucir a través de las palabras de los ministros, al responder a las preguntas
de la primera delegación obrera internacional que estuvo en nuestro país, en el
pasado mes de julio. Particularmente el ministro de Justicia insistió
repetidamente en que Nin vivía y que se hacia todo lo posible por lograr
rescatarlo. Asimismo, tanto el ministro de la Gobernación como el de Justicia,
rogaron a representantes nuestros que el POUM no diera publicidad al hecho,
ni se entrometiera en las gestiones que se realizaban, ya que entonces se corría
el peligro «de que nos devolvieran un cadáver», según afirmaron. En fin, no se
ha ocultado, ni en las palabras ni en los hechos, que Nin había sido víctima de
un secuestro llevado a cabo por los estalinistas. Sin embargo, estos ministros
son responsables de haber permitido el estalinismo que nos atacara y atacara
impunemente a nuestro camarada Andrés Nin, amparándose en una censura
facciosa puesta a su exclusivo servicio.
Tenemos en nuestro poder un documento autógrafo de la compañera de Nin.
Olga Tareeva Pavlova. En él se hace un resumen de las declaraciones hechas a
la citada compañera por el señor Irujo, ministro de Justicia. Este documento
dice así:
«Primera entrevista, el 22 de junio de 1937.
Que los ministros no sabían nada de lo sucedido. Que ignoraban por completo la
orden de detención contra Nin y demás camaradas, así como la clausura de los
locales del POUM.
Que hace gestiones para «encontrar» a los detenidos y que en tal sentido
trabaja la policía.
Él no cree que se hayan encontrado documentos comprometedores, ni que la
gente del POUM sea fascista y agentes de Hitler y de Mussolini. Que está muy
disgustado por lo que ocurría y promete hacer todo lo que pueda para hallar a
los desaparecidos y ponerlos en manos de la policía española».
«Segunda y tercera entrevistas.
Irujo declara que está completamente seguro de que Nin vive. El y el ministro
de la Gobernación tratan de «rescatarlo». No puede decir de manos de quién ni
con quién trata para tal rescate. El ministro de la Gobernación ha ido a Madrid
para rescatar a Nin pero ha vuelto sin él. Todo esto es muy desagradable, pero
él no puede hacer nada para remediarlo. Con todo manifiesta su confianza en
que pronto podrán tener a Nin en manos de la policía española».
«Otras entrevistas.
El señor Irujo continúa afirmando que Nin vive. A la pregunta: “¿Quién puede
saber lo que ha sucedido a Nin?”, responde: “Los confidentes”, y alude a los
ministros estalinistas.
El ministro de Justicia sabe por confidencias de su gente, correligionarios del
Partido Nacionalista Vasco, que Nin está en Madrid y vivo, pero que es muy
difícil encontrarlo. Él piensa que ahora los comunistas están arrepentidos y
quisieran entregar a Nin, pero no saben cómo hacerlo. La policía busca por todo
Madrid, pero aún no tiene una pista segura. A la pregunta de si su gente ha
visto a Nin, responde que no, pero que le han dicho que vive personas que lo
han visto.
El proceso contra los dirigentes del POUM lo será por los hechos de mayo y no
por espionaje. Todo esto del espionaje es falso; ese fascista llamado Golfin, que
querían complicarlo con ellos, ha declarado que no conoce a Nin ni a nadie del
POUM, y los documentos que el ministro ha visto son de Falange. Lo que en uno
de ellos se ha puesto sobre el POUM y una N... se ha comprobado que es todo
falso; dice que alguien sacó esos documentos de los archivos de la policía y
añadió todo eso que se refiere al POUM. El proceso no será a puerta cerrada y
él dará todas las facilidades para que puedan defenderse.
En entrevistas posteriores se ha limitado a afirmar que Nin vive, que todos los
días le dan nuevas pistas, pero que aún no sabe nada en concreto.
Firmado: Oiga Tareeva
Valencia, 9 de agosto de 1937».
Como se ve, el ministro de Justicia no hace más que repetir a la compañera
Olga Tareeva lo mismo que dijo a la primera delegación internacional y a los
representantes de nuestro partido que le visitaron en aquellos días, es decir,
que Andrés Nin vivía, que había sido secuestrado y que se efectuaban gestiones
para rescatarlo. Estas eran las palabras no solo del ministro de Justicia, sino de
todos los ministros, excepto -naturalmente- los estalinistas. Y esas palabras
tienen una importancia fundamental ya que expresan oficialmente la realidad de
lo sucedido y rectifica por completo los argumentos que la prensa del Partido
Comunista intentó sacar a colación a tenor de la supuesta «fuga» de Nin. Sin
embargo, las gestiones del gobierno para «rescatar» a nuestro camarada no
debieron dar mucho resultado. Al menos no se avanzó un ápice en el
conocimiento exacto de la situación de Nin. La impresión que iba prendiendo en
todos, en la clase trabajadora en general y en los propios ministros, era la de
que Nin había sido asesinado. ¿Asesinado por quién? Asesinado por sus
raptores, que el mismo ministro de Justicia había señalado con el dedo: los
estalinistas. A esta conclusión se debió llegar en las altas esferas oficiales, lo
que cambió por completo su actitud. Desde entonces, ya no se habla ni se alude
para nada a «gestiones» ni a «rescate», sino que la única preocupación
ministerial es poner de manifiesto que el Gobierno nada había tenido que ver ni
con la detención ni con la desaparición de Andrés Nin. Se quiere -de nuevo la
complicidad más absoluta- cubrir este asunto con el manto del silencio y no
hablar más de él.
La camarada de Nin presentó, en el pasado mes de agosto, una denuncia ante el
Juzgado de Guardia, denuncia en la cual se pone claramente de manifiesto toda
la trama de la desaparición de nuestro compañero:
«Al Juzgado.
Olga Tareeva Pavlova, mayor de edad, con domicilio en esta capital, calle de
Rosellón, número 168, piso cuarto, ante el Juzgado comparezco y expongo:
Que en calidad de compañera de Andrés Nin he de denunciar al Juzgado
algunos hechos de los que ha sido víctima su esposo y que presentan la figura
de delitos, de los más gravemente sancionados por el Código penal.
“Nin detenido por orden de la Dirección General de Seguridad”.
Andrés Nin fue detenido el 16 del pasado mes de junio, cuando se hallaba en su
despacho del Comité Ejecutivo del Partido Obrero de Unificación Marxista,
instalado en la Rambla de los Estudios. Fue trasladado seguidamente a la
Comisaría general de Orden público, de donde, al cabo de unas horas, fue
sacado en automóvil, con destino y dirección desconocidos.
Quienes efectuaron la detención, acreditaron su condición de agentes el Cuerpo
de Investigación y Vigilancia, y exhibieron, además, una orden e detención
firmada por el jefe de policía de Barcelona, señor Burillo.
La noticia de la detención de Andrés Nin la publicó toda la prensa, la cual
publicó también la información de que dicha detención había sido efectuada por
agentes de la Dirección General de Seguridad, que se trasladaron a Barcelona
desde Madrid con el objeto de detener a Nin y a los demás dirigentes del
POUM, a los que se acusaba de espionaje.
“Nin detenido al margen del gobierno de Valencia”
Desde el momento mismo de la detención de Andrés Nin, se realizaron
gestiones para saber su paradero y aclarar el sentido y alcance de su detención.
A pesar de ello no ha sido posible localizar el paradero de Andrés Nin. Cuantas
gestiones han sido efectuadas cerca de los ministros del gobierno de la
República, han sido totalmente infructuosas. Los ministros del Gobierno de la
República no pudieron dar ningún dato sobre el paradero de Andrés Nin,
“porque ellos mismos lo ignoran”.
Nin, detenido en Barcelona en méritos de una orden firmada por el jefe de
policía señor Burillo, detenido por unos agentes de la Dirección General de
Seguridad, “había desaparecido, en calidad de detenido, del control del
Gobierno”.
“Andrés Nin fue secuestrado”.
Posteriormente, una nota hecha pública por el Ministerio de Justicia el día
cuatro de los corrientes, daba cuenta de que Andrés Nin había estado detenido
en Madrid, en un preventorio habilitado al efecto por el Comisario de policía de
aquella capital, del cual –sigue diciendo la referida nota- desapareció, habiendo
resultado “hasta la fecha infructuosas cuantas gestiones” se han llevado a cabo
para “rescatar al detenido y a su guardia”.
O sea que Andrés Nin y los que tenían confiada su vigilancia han sido
secuestrados, y se hacen gestiones para rescatarlos. Rescatarlos, ¿de quién?
“Liebknecht, Luxemburgo, Matteoti...”
Resumiendo: Andrés Nin es detenido por la Dirección General de Seguridad, a
través del jefe de policía de Barcelona, señor Burillo. Nin es trasladado a
Madrid, sin que el Gobierno conozca su paradero. Y al cabo de unas semanas, el
Ministerio de Justicia nos informa que se hacen gestiones para rescatar a
Andrés Nin.
En esta denuncia queremos hacer abstracción del aspecto político de la
cuestión, que en su día juzgará y sancionará el proletariado. Este aspecto
político nos llevaría sin duda a poner de relieve la monstruosidad de que un
partido, amparándose en los instrumentos de poder que están en sus manos,
detenga y haga desaparecer a un dirigente obrero, tal como se hizo con Karl
Liebknecht, Rosa Luxemburgo y Giaccomo Matteotti.
No es para exponer este aspecto del caso que comparecemos hoy ante el
Juzgado, sino porque entendemos que los hechos anteriormente reseñados
presentan claramente la figura de delitos, perseguibles de oficio, y previstos y
penados en el Código penal.
La orden de detención de Andrés Nin estaba firmada por el señor Burillo, jefe
de policía de Barcelona. ¿Dicha detención fue conocida y ordenada por sus
superiores jerárquicos, el Director General de Seguridad y el ministro de la
Gobernación?
Andrés Nin fue trasladado a Madrid. ¿Dicho traslado fue ordenado por el
Director General de Seguridad, señor Ortega, y fue conocido por el ministro de
la Gobernación?
Andrés Nin fue secuestrado del preventorio donde se hallaba detenido en
Madrid. ¿En qué circunstancias se realizó este secuestro? Podrán informar sin
duda sobre el caso los agentes de la autoridad encargados de su custodia, y
especialmente los agentes de la Brigada especial de Madrid Fernando Valentín,
Rosell, Ramallo e Iglesias, los cuales estuvieron en relación estrecha con Andrés
Nin.
Puede asimismo contribuir al esclarecimiento de los hechos a que puedan ser
aplicadas las oportunas sanciones penales, la declaración del director del diario
de Valencia “Frente Rojo”, afecto al Partido Comunista de España, por cuanto
en el articulo editorial del día 10 de los corrientes ha afirmado que «conoce y
sabe el paradero de Andrés Nin.
Por último, creemos que también puede facilitar datos sobre lo acaecido a
Andrés Nin, el comisario de Orden público de Madrid, David Vázquez, al cual se
le negó, a pesar de la naturaleza de su cargo, que Andrés Nin, detenido
gubernativo, quedase bajo su control y responsabilidad.
Por todo lo anteriormente expuesto, y estimando que de los hechos que quedan
reseñados aparecen indicios más que suficientes para suponer la comisión de
distintos delitos de los perseguibles de oficio, es por lo que los pongo en
conocimiento del Juzgado, a fin de que se disponga la instrucción del
correspondiente sumario.
Barcelona, veinte de agosto de mil novecientos treinta y siete.
Firmado: Oiga Tareeva Pavlova»
Como consecuencia de esta denuncia y de las protestas recibidas de todos los
países del mundo, el Ministerio de Justicia resolvió abrir una información,
nombrando juez especial encargado de la instrucción del sumario por el
secuestro y probable asesinato de Andrés Nin al señor Moreno Leguia y en
representación del Ministerio fiscal al señor De Juan. Ambos funcionarios
comenzaron su actuación y estuvieron en Madrid practicando diversas
diligencias. En el sumario instruido sabemos prestaron declaración cuatro
ministros, el de la Gobernación y el de Justicia entre ellos, siendo de suponer
que los otros dos habrán sido los representantes estalinistas. También prestó
declaración el ex Director General de Seguridad, señor Ortega, sobre quien
recae, en primer término, la responsabilidad mayor por la desaparición de Nin;
y el actual Director General interino, señor Morón. Igualmente fueron llamados
a declarar nuestros camaradas Andrade, David Rey, Gorkin, Bonet y José
Escuder. Se ignora hasta el presente el resultado de todas estas diligencias, así
como el estado del sumario. De todas formas, tanto la destitución del teniente
coronel Ortega de la Jefatura de la Dirección General de Seguridad como la del
señor Vázquez, comisario general de Orden Público en Madrid, pueden
relacionarse con la marcha de estas diligencias sumariales.
La denuncia de la compañera de Andrés Nin apunta claramente el
procedimiento a seguir para ir esclareciendo los hechos. El procedimiento es el
siguiente: 1) Averiguar quiénes lo detuvieron y por orden de quién; 2) A dónde
lo han llevado y por los lugares que ha pasado hasta recluirlo en el preventorio
que el comisario de policía de Madrid habilitó al efecto; 3) Quiénes custodiaban
a Nin el día que desapareció, cosa bastante fácil de averiguar si se tiene en
cuenta que en las Comisarlas se hace el recuento de los detenidos varias veces
al día; 4) Filiación política de sus guardianes del día que desapareció; 5)
Expresar las cárceles independientes del Estado y por las cuales ha pasado Nin;
así se verá quién tenía el control de las mismas y quién tenía interés en que el
detenido no estuviera bajo la protección de las autoridades gubernamentales; 6)
Los detalles más interesantes pueden y deben darlos los policías de la Brigada
especial de Madrid Valentín, Ramallo, Rosell e Iglesias, los cuatro en relación
directa con Nin durante su detención, así como el que fue comisario general de
Orden Público en Madrid señor Vázquez, al cual se le impidió, no obstante su
cargo, hacerse responsable del detenido.
Es en este sentido que debe orientarse el sumario abierto por orden del
ministro de Justicia. No sabemos si lo habrán hecho así o no. Pero lo que sí fue
de dominio público ha sido el suceso acaecido con motivo de las diligencias
practicadas. Parece ser que el juez especial que instruye o instruyó el sumario,
después de las primeras diligencias verificadas, ordenó la detención de dos
policías por su intervención directa en el asunto. Automáticamente, el director
general de Seguridad, señor Morón, ordenó la detención del juez mencionado.
Como se ve, existe la preocupación máxima de que no se esclarezca nada de
este affaire.
La prensa estalinista lanzó el bulo: según ellos, el camarada Nin había sido
liberado por gente del POUM, para ponerlo así a salvo. Como la patraña no
prendió, su rica imaginación detectivesca parió otra, no menos ridícula y falsa:
fueron agentes de la Gestapo alemana los que lo raptaron, para librarlo de la
justicia republicana y llevárselo a Salamanca o a Berlín. Fíjese el lector en este
hecho: tanto en una como en otra versión se habla de rapto por un simple grupo
armado, como si en el momento actual, de extrema vigilancia en todas las
prisiones y de las cuales no puede evadirse un vulgar raterillo, fuera posible a
cualquier grupo llegar hasta una prisión, no encontrar en ésta a nadie de
vigilancia, sacar al detenido y llevárselo tranquilamente sin que nadie viera
nada ni supiera nada, a pesar de los controles de carretera existentes y de que
no es posible dar un paso sin tropezar con fuerzas de vigilancia. La leyenda o
historieta es tan burda que moverla a risa si no se tratara de la vida de Andrés
Nin, incalculablemente valiosa.
En realidad, nadie se ha hecho eco de la leyenda estalinista, ni la clase
trabajadora de nuestro país, ni la del mundo entero, ni siquiera los
corresponsales de la prensa extranjera. Las versiones dadas en los diarios
extranjeros coinciden en afirmar categóricamente el asesinato de Nin a manos
de los estalinistas. El diario londinense Times, en un número del pasado mes de
agosto, escribió: «Según informes privados es falsa la huida de Nin, dirigente
del POUM. Este fue asesinado por sus enemigos políticos. Nin fue cogido una
noche por un grupo armado, hace ya algunas semanas, en la cárcel de Madrid, y
desde entonces su paradero ha quedado envuelto en el misterio. Se dice con
persistencia que su cadáver fue encontrado en los alrededores de Madrid». Otro
diario, L'OEuvre de París, comentaba el 7 de agosto el hecho de la manera
siguiente: «Según informes dignos de crédito, el fundador del POUM fue
víctima, al igual que sus acompañantes, de un accidente mortal durante su
traslado. Todo el grupo fue segado por la misma ametralladora que se cargó en
el auto durante su salida de la cárcel de Madrid donde Nin estaba detenido».
Los relatos de la demás prensa política y de información del extranjero no
difieren mucho de éstos. Las averiguaciones realizadas por camaradas de
nuestro partido -y por destacados militantes de la CNT, han permitido precisar
aún más lo ocurrido. En efecto, el camarada Nin fue trasladado a un preventorio
-en realidad se trataba de una «villa», habilitado para tal efecto en Alcalá de
Henares. Parece ser que allí se presentaron varios oficiales del Ejército
republicano, algunos de ellos de las Brigadas internacionales, llevando una
orden firmada por el comisario de policía señor Vázquez, en la cual se ordenaba
la entrega de Nin a los portadores de dicha orden. El jefe del preventorio que
casualmente conocía la escritura de Vázquez, observó que la firma era falsa, por
lo que se negó a la entrega del detenido. Los oficiales, con la complicidad de la
guardia y quizá de algún alto jefe militar se llevaron a la fuerza no solo a Nin,
sino también al jefe de la prisión y a un par de funcionarios. Como bien se ve,
no querían dejar tras de sí más que a gente comprometida y dispuesta al
silencio. ¿Adónde fueron trasladados los detenidos? Esto se ignora. Lo que sí se
sabe es la complicidad directa del general ruso Orlov, el cual en declaración
prestada incurrió en bastantes contradicciones.
Existe un informe hecho público por la segunda delegación internacional que
estuvo en España, compuesta por James Maxton, miembro de la Cámara de los
Comunes y presidente del Independent Labour Party; André Weil-Curiel,
abogado del Colegio de París; Pierre Foucaud, periodista y miembro del Consejo
nacional del Partido Frontista, delegado en el Buró del Frente Popular francés,
e Yves Levy, también periodista y militante del Partido Socialista de Francia. En
ese informe, amplio y detallado, se mencionan las diversas entrevistas que la
delegación tuvo con los ministros. Refiriéndose a la desaparición de Nin, el
informe dice: «Los señores Irujo, Zugazagoitia y Prieto han insistido mucho
sobre el hecho de que no se creyera que el gobierno estaba interesado en hacer
desaparecer a Nin; que, por el contrario, este asunto les incomodaba
enormemente y que habían hecho todo lo posible por encontrarlo. El señor Irujo
afirmó textualmente que Nin no ha estado nunca en una cárcel del gobierno...
que jamás puso los pies en una prisión del Estado. «Nin habrá sido secuestrado
-dijo Irujo- por elementos fascistas, hipótesis que no le parecía muy verosímil, o
por elementos de las Brigadas internacionales, hipótesis más cierta». Más
adelante, refiriéndose a la entrevista celebrada con Zugazagoitia, el informe
dice: «La delegación se despide del ministro, después que éste ha reafirmado su
parecer de que Nin vive, de que se le encontrará y que él desea vivamente
poder presentarlo a sus amigos como una prueba evidente de la tesis que
sostiene. Añade que es preciso llevar las gestiones con una extrema lentitud,
puesto que, si se precipitan las cosas, se corre el riesgo de no encontrar más
que un cadáver». El subsecretario de la Presidencia, señor Prat García, dijo a la
delegación: «No puede decirse si Nin vive o si está muerto. Si vive se le puede
hallar, sea en una embajada, sea en un lugar que no goce de protección
diplomática. En el primer caso sería extremadamente difícil poder
descubrirlo...». ¿De qué embajada podría tratarse? Señalemos que ni Alemania
ni Italia tienen embajada o consulado alguno. Solo podía tratarse de una: la de
la Unión Soviética. Así lo creen también destacadas personalidades y militantes
de relieve en el movimiento obrero de nuestro país.
Que el secuestro del camarada Nin ha sido fraguado y efectuado por elementos
estalinistas está ya fuera de toda duda. Como ha quedado comprobado por las
declaraciones mismas de los ministros, la detención de Nin fue un golpe de los
estalinistas: estalinistas lo detuvieron y estalinistas eran los que formaban su
escolta hasta su traslado a Madrid. Allí estuvo recluido en diversas «checas» y
preventorios que, según los ministros de la Gobernación y de Justicia, no son
del gobierno; es decir, que habían sido habilitados por los estalinistas. Por
último, el señor Irujo no oculta su parecer de que fue secuestrado por
elementos de la Columna internacional y el señor Prat García insinúa la
posibilidad de que se encuentre en una embajada, que no podía ser otra que la
soviética. Zugazagoitia hablaba a los camaradas extranjeros de «llevar las
gestiones con extrema lentitud, puesto que, si se precipitan las cosas, se corre
el riesgo de no encontrar más que un cadáver». La trama está, pues,
perfectamente al descubierto: las gestiones a que se refiere el ministro de la
Gobernación demuestran que el Gobierno conoce a los secuestradores y,
posiblemente, hasta el lugar donde estaba Nin. En una palabra: las gestiones se
llevaban a cabo con los estalinistas. Por lo que parece, no han dado el menor
resultado. ¿Qué ha sido del camarada Andrés Nin? Una de dos: o bien ha sido
conducido a la URSS o bien ha sido asesinado.
«Puedo asegurarle -escribía el ministro de Justicia a nuestro abogado señor
Pabón- que nadie de los detenidos ha sufrido un rasguño, ni un mal trato, ni otra
presión que la de su propia conciencia...».
7.¿QUIÉNES SON LOS HOMBRES DEL POUM?
"¿Cuáles son los méritos revolucionarios de los dirigentes del POUM?"
(Frente Rojo, julio de 1937)
Un diario estalinista -Frente Rojo, de Valencia-, con la procacidad del ignorante
o la falsa ingenuidad del tonto, se ha permitido preguntar públicamente por los
méritos revolucionarios de los camaradas dirigentes de nuestro Partido,
desaparecido uno, procesados otros y encarcelados los más, víctimas todos ellos
de la infame conjura tramada por el estalinismo moscovita, secundada por el
PSUC y por el llamado Partido Comunista de España y ejecutada harto
diligentemente por «chekistas» importados y por policías españoles a su
servicio.
¿Quiénes son los hombres del POUM? La interrogante hasta resulta baladí si se
tiene en cuenta que nuestros camaradas son todos ellos sobradamente
conocidos en los medios obreros, principalmente. Baste saber esto: han sido, en
su mayoría, los primeros defensores de la Unión Soviética, los que primero se
adhirieron a la revolución rusa, los fundadores del Partido Comunista en
España. Han estado, ya hace muchos años, en primera línea en la lucha contra
la monarquía, contra la dictadura militar de Primo de Rivera, contra el régimen
burgués que la República intentó e intenta estabilizar. Han sufrido
persecuciones, encarcelamientos, deportaciones, procesos... Cuentan con un
gran historial, con un pasado y un presente revolucionario que para sí quisieran
algunos de esos advenedizos del comunismo que garabatean en Frente Rojo y
en Mundo Obrero. Pero dejemos que hablen los hechos. He aquí un brevísimo
resumen de la vida de militantes revolucionarios de algunos de los dirigentes y
procesados del POUM:
Andrés Nin
Andrés Nin comenzó sus actividades políticas muy joven, siendo casi un niño.
Militó primero en el movimiento nacionalista catalán, pero pronto abandonó
voluntariamente sus filas para entregarse a la causa del proletariado. Ingresó
en la sección catalana del Partido Obrero Español. Muy pronto se distinguió por
sus magníficas dotes de propagandista y organizador; en la prensa y en la
tribuna ocupó un lugar preferente.
Fue uno de los organizadores del Sindicato de Profesiones liberales de
Barcelona y como delegado del mismo asistió al histórico Congreso de la CNT
celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid, en 1919. En este Congreso
tuvo una participación destacada y lucida, figurando en varias ponencias.
Aprovechó una de sus intervenciones para expresar su entera identificación con
la revolución rusa y sus hombres, a la vez que anunció su abandono de las filas
del Partido Socialista y su incorporación al movimiento sindicalista
revolucionario. De la Memoria de dicho Congreso, publicada por la CNT años
más tarde, recogemos algunos párrafos de su discurso: «Yo soy un fanático de la
acción, de la revolución; creo en los actos más que en las ideologías lejanas y
las cuestiones abstractas. Soy partidario de la Tercera Internacional porque ella
es otra realidad, porque por encima de las ideologías representa un principio de
acción, un principio de coexistencia de todas las fuerzas netamente
revolucionarias que aspiran a implantar el comunismo de manera inmediata.
Por esta razón, yo, que he pertenecido al Partido Socialista hasta el día en que
éste acordó en su Congreso permanecer en la II Internacional, os anuncio a
todos vosotros, compañeros de España, que sigo siendo revolucionario; que,
desde el día en que el Partido Socialista acordó persistir en sus normas
anticuadas, me he dado de baja en él para luchar incondicionalmente con
vosotros en el puro terreno de la lucha de clases» Así hablaba Andrés Nin en
1919, no después del 19 de julio de 1936, sino hace más de dieciocho años.
En el año 1920, en plena represión de Martínez Anido y de Arlegui, fue
nombrado secretario del Comité nacional de la CNT, para sustituir a Avelio Boal
que acababa de ser asesinado. En aquel periodo, los mejores militantes de la
organización confederal caían asesinados en las calles de Barcelona por las
bandas armadas de la reacción. Una represión terrible se había desencadenado
contra la CNT; en estas condiciones Nin pasó a ser el secretario general de
dicha central sindical. Los pistoleros del Sindicato Libre lo buscan con
tenacidad. Una noche, estando Nin junto con Canela en el bar El Ciclista, llegan
los del Libre, que al fin creían poder satisfacer sus deseos. Una lluvia de tiros se
descarga sobre los dos y Canela cae al suelo, muerto; Nin puede librarse del
atentado y huir por la parte trasera del edificio. Las bandas de pistoleros no
logran dar con él. Durante los años 1920 y 1921 se ve obligado a hacer una vida
completamente ilegal y clandestina. Y a pesar de todas las dificultades y
enormes peligros, Andrés Nin continúa firme en su puesto de máxima
responsabilidad.
En 1921 la CNT designó una comisión para que se trasladara a Rusia con objeto
de informar a la organización confederal sobre el desarrollo de la revolución en
aquel país. Forman parte de la delegación Andrés Nin, Joaquín Maurín,
Arlandís, Jesús Ibáñez y Gastón Leval. A su regreso de Rusia todos los
delegados, con excepción de Leval, dieron su adhesión a la Internacional
Comunista. Andrés Nin asistió al I Congreso de la Internacional Sindical Roja,
siendo designado secretario de la misma, en unión de Losovski, cargo que
desempeñó durante unos años.
Intervino Nin muy activamente en poner a salvo a los autores de la muerte de
Dato, presidente del Consejo de ministros de la monarquía. En Berlín fue
detenido por la policía alemana, al mismo tiempo que Nicolau y su compañera.
El gobierno monárquico español puso gran empeño en conseguir la extradición
de los tres detenidos, pero solo obtuvo la de los dos últimos. Nuestro camarada
fue insistentemente reclamado por la Unión Soviética, que al fin logró salvarle.
Andrés Nin fue expulsado de Alemania.
Además de sus cargos en la Internacional Sindical Roja, fue nombrado
igualmente miembro del soviet de Moscú. Ha sido varias veces delegado de la
Internacional Comunista y de la Internacional Sindical Roja en los países
orientales, en América latina y en varios países de Europa. Representando a la
Tercera Internacional asistió a diversos congresos en Holanda, Francia, etc. En
1923-1924 permaneció varios meses en Italia, de cuyo país fue expulsado. En
1926, en plena dictadura fascista, volvió a entrar clandestinamente en Italia, al
objeto de orientar al Partido Comunista italiano y concurrir a la reunión de su
Comité central. Allí permaneció durante algunas semanas, hasta terminar su
misión.
Se ha visto expulsado de diversos países, siempre por motivos puramente
políticos. Lo fue de Italia, de Alemania, de Inglaterra y de Francia. Organizó la
Conferencia Sindical Panamericana y todo el movimiento sindical revolucionario
de América latina y de los Balcanes. A estos problemas dedicó la máxima
atención y sobre ellos escribió numerosos artículos y folletos. Durante todos
esos años colaboró en lugar preferente en las principales publicaciones de la
Internacional Comunista y de la Internacional Sindical Roja, en revistas
soviéticas y en las de diversos países. Más tarde, cuando se produjeron las
luchas de tendencias en el seno del Partido Comunista ruso, Nin se puso
resueltamente al lado de la Oposición de izquierda. Es de los que reclaman en el
partido de Lenin el derecho a pensar, el derecho a hablar, a pronunciarse
libremente, y también una reforma capital del régimen, con vistas a un retorno
a la democracia obrera. Por esta causa fue expulsado del partido, de sus
puestos en la Internacional y del soviet de Moscú. Tuvo que sufrir las mismas
persecuciones que el resto de los componentes de la oposición. Se le deportó
oficialmente a Kazakstán; sin embargo, la medida no se cumplió a causa del
renombre de Nin en el extranjero. Pero la GPU no le dejó tranquilo; atravesó
momentos verdaderamente difíciles, pues se le cierran todas las posibilidades
de ganarse la vida cOn su trabajo.
Nin intenta salir de la URSS y no le dejan. Escribe entonces una violenta carta
al Comité central y otra, verdadera requisitoria, a Stalin: exige le dejen partir
para España y poder ocupar un puesto de lucha en nuestro país. Después de
varios forcejeos, consigue sus propósitos; le dan un plazo de unos breves
minutos para que abandone la Unión Soviética y acompañado de varios
chequistas sale hacia la frontera letona. Allí surgen nuevas dificultades, ya que
como no tiene documentación no le dejan entrar en Letonia. Así pasan unos días
de tiras y aflojas; mientras tanto llega su mujer y las dos niñas. Por fin logran
llegar todos a Riga.
En España pasó a organizar la Oposición Comunista de Izquierda, de la cual fue
uno de sus principales dirigentes; esta organización se transformó luego en la
Izquierda Comunista, de la cual fue su secretario general hasta su fusión con el
Bloque Obrero y Campesino, dando nacimiento al actual POUM. En 1932 dirigió
en Barcelona el semanario El Soviet, siendo varias veces detenido y procesado;
en diciembre del mismo año fue nuevamente encarcelado y trasladado a
Algeciras, donde hubo de permanecer más de tres meses, procesado por
rebelión militar.
Formó parte, desde su constitución, del Comité regional de la Alianza Obrera de
Cataluña, interviniendo desde este organismo en la insurrección de octubre de
1934 en la región autónoma catalana. Finalizado el movimiento, se vio obligado
a vivir durante algún tiempo en la clandestinidad, para escapar a la persecución
policiaca. Después, desde la tribuna y la prensa ataca duramente al régimen
vaticanista que se había apoderado de la República. En Valencia tomó parte en
un grandioso acto en memoria del periodista Luis de Sirval, asesinado por los
legionarios en Asturias; su discurso fue una magistral pieza de acusación.
Al crearse el POUM como consecuencia de la fusión de la Izquierda Comunista
y del Bloque Obrero y Campesino, fue nombrado miembro del Comité ejecutivo
y director de la revista Nueva Era, órgano teórico del partido; más tarde, por
ausencia del camarada Maurín, ocupó la secretaría general, cargo que
desempeñaba hasta el momento de su última detención.
Poco después de la sublevación militar-fascista fue designado miembro del
Consejo de Economía de Cataluña y en el mes de septiembre pasó a ocupar la
Consejería de Justicia del gobierno de la Generalidad. Desde allí legalizó la
revolución en el Derecho, simplificó de modo revolucionario los procesos, creó
los Tribunales populares, dictó una ley de divorcio y concedió los derechos
políticos a la juventud a partir de los 18 años. El ejemplo de su labor
revolucionaria realizada en la Consejería de Justicia perdura y perdurará
durante mucho tiempo.
Andrés Nin es autor de dos obras fundamentales en la bibliografía marxista de
nuestro país: Las dictaduras de nuestro tiempo y Los movimientos de
emancipación nacional. En la primera analiza y pone al desnudo la realidad del
fascismo, siendo al mismo tiempo una viva réplica al libro de Cambó Las
dictaduras; sobre el valor de la segunda puede leerse una cálida y entusiasta
alabanza que de la misma hizo el señor Vidiella -actual Consejero en nombre del
PSUC, presidente de la UGT catalana y coparticipe en la desaparición de Nin
hasta que no se nos demuestre lo contrario- desde la revista madrileña
Leviatán. Ha publicado asimismo Nin Las organizaciones obreras
internacionales y numerosos folletos en español, catalán, francés, inglés y ruso,
entre otros varios los siguientes: El proletariado ante la revolución española,
Qué son los soviets, Manchuria y el imperialismo, Revolución y
contrarrevolución en España, La huelga general de enero y sus enseñanzas, Los
soviets: Su origen, desarrollo y funciones, etc. Desde hacia algún tiempo estaba
trabajando en una obra sobre Salvador Seguí y el movimiento obrero catalán,
obra que no llegó a terminar por impedírselo sus actividades revolucionarias.
Ha traducido al catalán y al castellano numerosas obras rusas y francesas de
teoría marxista, de critica y de literatura, obras publicadas por las más
importantes editoriales de España: Proa, Juventud, Atenea, Apolo, Aguilar,
España, Espasa Calpe, Cenit, Ediciones Hoy, etc. Igualmente ha colaborado
asiduamente en diversos diarios y revistas de carácter político y literario. En
nuestro país publicaron estudios suyos Leviatán, Orto, Comunismo, Nueva Era,
Revista de Catalunya, etc.
Explicó importantes cursos de marxismo y de economía política en el Ateneo
Enciclopédico Popular y en el Ateneo Politécnico de Barcelona; ocupó la tribuna
del Ateneo de Madrid y otros centros culturales de importancia; dio
conferencias en numerosas regiones de toda España. Además, pasaba Andrés
Nin por ser uno de los mejores estilistas del idioma catalán.
Tal es el hombre detenido el 16 de junio y desaparecido más tarde. Esta es la
vida revolucionaria de uno de los teóricos más eminentes del marxismo, de
quien sabia hermanar la teoría y la práctica, el estudio y la acción. Serviría este
ejemplo maravilloso de fidelidad constante a la causa suprema del proletariado
y del socialismo para dar por contestada la aviesa interrogante del diario
estalinista Frente Rojo.
Daniel Rebull (David Rey)
Daniel Rebull, más conocido en el movimiento obrero por el seudónimo de
David Rey, comenzó su actuación de militante obrero en 1904, a los quince años
de edad, ingresando en la Sociedad de Resistencia de Mecánicos de Barcelona.
En 1905, en su pueblo natal, donde residía por temporadas, fundó el grupo
anarquista «Los trece». Con motivo de los acontecimientos revolucionarios de
julio de 1909, este grupo trató de interceptar las comunicaciones telefónicas de
la Estación de Guiamets, por lo que sus miembros fueron objeto de persecución.
Durante la prolongada represión que siguió a aquella insurrección, vivió en
continua y estrecha relación con los grupos de militantes anarquistas de
Barcelona, participando en cuantas huelgas generales se plantearon.
A principios de 1914 se trasladó a Alemania y trabajó como mecánico en
Mannheim hasta 1917, año en que regresó a España. A su llegada, se incorporó
inmediatamente al Sindicato de Mecánicos, que tenía su local en la calle de
Ataulfo. Por su constancia y actividad fue nombrado vicesecretario del mismo.
Participó en la huelga general revolucionaria que se produjo con motivo de la
Asamblea de Parlamentarios, actuando en ella con Seguí, Miranda, Barrera,
España, Buenacasa, Viadiu y otros militantes. En ese mismo año fue nombrado
por los metalúrgicos delegado a la Federación Local de Barcelona, donde actuó
con Emilio Mira, que representaba al Sindicato de la Madera; Ricardo Fornells,
representante del Sindicato de Vidrieros, etc. En ese Comité se encargó de la
tesorería y organización.
Asistió como delegado al Congreso regional de 1918 (Congreso de Sans), uno de
cuyos más importantes acuerdos fue ir a la constitución de los sindicatos únicos
de industria. Asistió también, como delegado de la Federación local de
Barcelona, al Congreso nacional celebrado en Madrid, en el Teatro de la
Comedia, en 1919. No hay militante de esa época, ni de las anteriores, que no
conozca las actividades de David Rey. Galo Diez, Mauro Bajatierra, Paulino Díaz
y otros muchos las recordarán aún.
Durante el periodo que va de 1917 a 1919 fue cuando su actividad y sus dotes
de organizador se emplearon a fondo. El Comité local de Barcelona le encargó
la organización del Sindicato Único Tranviario; los tranviarios, desde época
lejana, se hallaban bajo la férula militar de Foronda. Le acompañaron en esta
labor el compañero Melé, del Sindicato de la Madera, y dos ex tranviarios. El
éxito, a pesar de las dificultades, fue tan completo que sus resultados pudieron
comprobarse pocos meses después, en la declaración de la huelga general
originada por el conflicto de La Canadiense; los tranviarios dieron ese día el
ejemplo de disciplina mayor que registra nuestro movimiento obrero.
Delegado por el Comité local, formó parte del comité de huelga de camareros y
cocineros, junto con Boix, Moliné, Torcal y otros. Fue esta la primera huelga de
conjunto que plantearon unidas las dos secciones de Alimentación. En esta
huelga, dirigido y aconsejado por David Rey, hizo sus primeras armas, como
muchacho de valor y valía, el compañero García Oliver, y con él otros que más
tarde dieron su vida o su juventud por el enaltecimiento de la CNT. Durante la
huelga de La Canadiense, suspendida Solidaridad Obrera y clausurados los
sindicatos, perseguidos sus militantes, por acuerdo unánime del Comité
nacional, del regional de Cataluña y del local de Barcelona, se delegó a David
Rey para que organizase la publicación y reparto de la Soli clandestina.
En Villafranca del Penedés, en una pobre imprenta de un modesto impresor,
David Rey imprimió la Soli. Colaboraron en ella Pestaña, Nin, Canela, Peronas,
Mira, Paulino Díaz y otros. Se trabajaba día y noche. Salía dos veces por semana
y de cada número se hacía la tirada máxima que permitía la imprenta.
El 6 de febrero, en plena actividad, fue detenido y trasladado al Cuartel de
Caballería de Numancia, en calidad de incomunicado y a disposición de la
autoridad militar. Se estaba en estado de guerra y la Soli era un panfleto
antimilitarista. Se le instruyó proceso por insultos e incitación a la rebelión,
condenándolo luego a seis años de prisión correccional. Paralelamente a este
proceso y también por la jurisdicción de guerra se le instruyó otro por
asociación ilegal -el Sindicato de Tranviarios-, condenándolo asimismo a seis
años, más seis meses por empleo de nombre supuesto.
Con motivo del atentado contra el conde de Salvatierra, en Valencia, David Rey
fue de nuevo procesado. Se le acusaba de haber inspirado aquel acto. Durante
todo el periodo en que las bandas terroristas de la patronal y de Martínez Anido
asesinaban diariamente a militantes obreros, David Rey permaneció en su
puesto, desplegando una infatigable actividad.
En 1920 fue deportado al Castillo de la Mola, en unión de Companys, Seguí,
Viadíu, Botella, Barrera, Amador, Salvadoret, Piñón, Arín, los hermanos Vidal y
otros más, hasta treinta y seis.
En 1921, estando en la cárcel, deriva sus actividades hacia el comunismo y se
incorpora al grupo que, dirigido por Maurín, se reunía en torno al semanario
Lucha Social de Lérida.
Con motivo de un indulto general, fue puesto en libertad a últimos de 1924,
incorporándose inmediatamente, de manera activa, al movimiento comunista,
siendo nombrado secretario general de la Federación Comunista Catalano-
Balear.
Asistió a la reunión del Comité central ampliado que se celebró en Bilbao,
donde se le eligió para formar parte del Comité ejecutivo del Partido Comunista.
Este Comité acordó la publicación de un semanario ilegal, La Vanguardia,
contra la guerra de Marruecos, del que se publicaron varios números. Detenido
al principio de 1925 solo gozó de cinco meses de libertad. Se le siguió proceso
por incitación a la rebelión e insultos a Primo de Rivera, siendo condenado a
seis años de prisión por publicación clandestina e insultos, a otros seis años por
incitación a la rebelión y a tres años más por reincidencia. Paralelamente a este
proceso se le siguió otro en Bilbao, por reunión clandestina, en el que figuraron
Maurín y otros camaradas, condenándosele a tres años y medio de cárcel. Sus
mayores actividades en la prensa obrera se han desarrollado desde la prisión.
En 1929 salió del penal de Burgos, gracias también a un indulto general, para
ocupar inmediatamente su puesto de combate. Estableció su residencia en
Sabadell. Se incorporó al sindicato y al advenimiento de la República, el 14 de
abril de 1931, en plena reunión del pueblo con las nuevas autoridades
municipales, exigió el desarme inmediato del somatén y el armamento del
pueblo, lo cual fue llevado a cabo en menos de veinticuatro horas. Formaron el
Comité revolucionario nombrado por dicha asamblea Beltrán, Rosos y otro, por
la CNT, y David Rey, junto con Molins, por el Bloque Obrero y Campesino.
Desde 1918 a 1929, aparte de los encarcelamientos derivados de procesos ha
sufrido numerosas detenciones de carácter gubernativo. Durante este largo
período ha disfrutado de pocos y breves meses de libertad.
Ha formado parte del Comité central del Bloque Obrero y Campesino hasta su
fusión con la Izquierda Comunista para crear el POUM, habiendo figurado
repetidas veces en las candidaturas de aquella organización.
Colaboró activamente, en 1934, en las actividades de la Alianza Obrera.
Durante las jornadas del 6 y 7 de octubre actuó valientemente en la calle.
El 19 de julio ocupó su puesto en las barricadas, oponiéndose al alzamiento
militar. Inmediatamente después fue puesto al frente de las oficinas de
alistamiento para la formación de las milicias del POUM. En octubre de 1936
marchó, al frente de una comisión, a México, de donde regresó en el mes de
febrero siguiente, habiendo realizado durante su estancia en la República
mejicana 130 mítines de propaganda en favor de la causa del proletariado
español.
Juan Andrade
Después de haber militado desde los catorce años de edad en las Juventudes
Radicales y haber sido redactor-jefe de su órgano en Madrid, Los Bárbaros,
ingresó en 1916, a los 18 años, en el grupo de estudiantes socialistas. Al
triunfar la revolución rusa intervino activamente en su defensa y en dar a
conocer sus principios políticos a los trabajadores y a los medios estudiantiles y
ateneísticos. Colaboró en 1918-1919 en el semanario madrileño Nuestra
Palabra, primer semanario que defendió en España a la III Internacional. Al
llegar a España, en 1919, Borodín y Roy como delegados de la Internacional
Comunista, con el objeto de fundar la sección española, Andrade se puso en
relación con ellos en nombre del Grupo de Estudiantes Socialistas. De hecho,
dirigió Andrade el semanario Renovación, órgano de la Federación Nacional de
Juventudes Socialistas, durante los últimos meses de 1919 y primeros de 1920.
El 15 de abril de 1920, al transformarse las Juventudes Socialistas en Partido
Comunista Español, pasó a ser miembro del Comité ejecutivo de la sección
española de la III Internacional y director de su órgano central El Comunista,
cargos que desempeñó asta septiembre de 1921, en que al fusionarse los dos
partidos comunistas existentes fue nombrado también miembro del Ejecutivo y
director del órgano central La Antorcha, puestos que ocupó hasta 1927. Ha
sido, pues, miembro del Comité ejecutivo del Partido Comunista y director de su
portavoz principal, ininterrumpidamente, desde 1920 hasta 1927.
En esta fecha fue excluido del Partido Comunista por haber manifestado
francamente su simpatía por la oposición rusa y su hostilidad hacia la política
de la dirección estalinista española. En 1930 constituyó con otros camaradas la
Oposición Comunista española, que luego se transformó, en 1932, en Izquierda
Comunista. Dirigió la revista mensual Comunismo, de la que fue director desde
su fundación en 1931 hasta octubre de 1934, en que fue suspendida por las
autoridades militares del bienio negro. Al constituirse en 1935 el POUM, como
consecuencia de la fusión del Bloque Obrero y Campesino y de la Izquierda
Comunista, fue designado miembro del Comité central. En la actualidad es
miembro del Comité ejecutivo y director de la Editorial Marxista.
Persecuciones. En total, ha estado encarcelado 11 veces. En 1920 fue detenido
en Puertollano, cuando iba a intervenir en un mitin y conducido a pie hasta la
cárcel de Córdoba. Cuando el asesinato de Dato fue deportado a Soria. Al
producirse el desastre de Annual, se le procesó por la jurisdicción militar a
causa de la campaña llevada a cabo contra la guerra de Marruecos. En 1926,
cuando el llamado complot de la noche de San Juan, fue encarcelado en unión
de Fermín Galán y del comandante Perea, por formar parte con ellos del Comité
de enlace revolucionario. Su último encarcelamiento fue motivado por la
revolución de octubre de 1934. Ha estado procesado numerosas veces por
artículos publicados en la prensa comunista.
Andrade fue funcionario del Ministerio de Hacienda, de cuyo cargo fue
declarado cesante en 1924 por Martínez Anido y en el que no reingresó hasta
1931, al advenimiento de la República. Ha sido redactor de El Sol de 1927 a
1930, año en que abandonó el periódico en compañía del equipo de redactores
que se negaron a someterse a la nueva dirección monárquica. En 1929 formó
parte de la dirección de la revista comunista Postguerra.
Actividades literarias. Fue Andrade fundador y director de la Editorial Cenit,
hasta que se vio obligado a abandonar su participación en la empresa por
discrepancias políticas y personales con los otros propietarios. Entonces fundó y
dirigió Ediciones Hoy, con el mismo carácter radical de Cenit. Ha sido también
inspirador de Ediciones Oriente.
Es autor de dos obras: China contra el imperialismo (1927) y La burocracia
reformista en el movimiento obrero (1935).
Fue corresponsal en España, hasta su expulsión del Partido Comunista, de La
Internacional Comunista y de La Internacional Sindical Roja. Igualmente
colaboró en las revistas Leviatán, Nueva Era, etc., así como en diversas
publicaciones de España y del extranjero.
Pedro Bonet
Nació en Lérida, en mayo de 1901. A los nueve años empezó a trabajar en una
imprenta. En 1911 ingresó en la sociedad El Arte de Imprimir, de Lérida.
Intervino en la huelga general de agosto de 1917. Fue encarcelado entonces por
primera vez, por ser vocal de la junta directiva de dicha sociedad.
En 1913, a partir del Congreso regional de la CNT, trabajó activamente en la
transformación de las sociedades profesionales en sindicatos del ramo, logrando
canalizar el movimiento sindical hacia la CNT.
A últimos de 1918 y comienzos de 1919, fue uno de los principales dirigentes de
la huelga del ramo de Artes Gráficas en Lérida por la conquista de la jornada de
ocho horas, que se lograron tras una larga y esforzada lucha.
A mediados de 1919 consagró sus actividades, junto con un puñado de
camaradas, a la organización de sindicatos en las comarcas leridanas,
cristalizando esa campaña en un Congreso Provincial de Sindicatos, al que
acudió en nombre de la CNT el compañero Juan Pey, asesinado por las bandas
asesinas del Libre en 1923. Fue elegido secretario del Comité de la Federación
provincial de sindicatos de la CNT. Fundó y dirigió el semanario Lucha Social,
órgano de los sindicatos confederales en las comarcas leridanas, hasta que en
1920 el camarada Maurín se encargó de la secretaria de la Federación
provincial y de la dirección del semanario.
A fines de 1919 formó parte, en representación de los sindicatos de Lérida, del
Comité permanente de la organización confederal catalana, junto con Pestaña,
Seguí, David Rey, Arin, Piñar, Nin y otros, creado en momentos graves dado que
la patronal preparaba el lock-out y un ataque a fondo contra la clase obrera.
En 1920 organizó en Lérida la Juventud Sindicalista, de la que fue elegido
presidente. En 1921, cuando el camarada Maurín junto con Nin y otros fueron
delegados por la CNT para visitar a Rusia, se hizo de nuevo cargo de la
secretaria del Comité provincial y de la dirección de Lucha Social, desde cuyas
columnas se sostuvo una violentísima campaña contra la represión de Arlegui-
Martínez Anido.
En julio de 1922 asistió a la Conferencia que la CNT celebró en Zaragoza,
delegado por los sindicatos de Lérida y Sus comarcas. En septiembre del mismo
año intervino en el Pleno regional confederal celebrado en Blanes.
A principios de 1923 se trasladó a Barcelona. Ayudó a Maurín en la redacción y
confección de La Batalla. En el verano de ese año intervino en el importante
Congreso Regional de la CNT que tuvo lugar en Lérida. En agosto fue detenido
en Barcelona por haber tomado parte en un mitin confederal celebrado en
Juneda, después del Congreso. Fue conducido a Lérida, donde permaneció
encarcelado hasta fines de año.
Como elemento dirigente de la Federación Comunista Catalano-Balear
desarrolló una gran actividad tanto legal como ilegal. En octubre de 1924 fue
detenido; sufrió prisión gubernativa hasta mayo de 1926, en que fue liberado
para ser desterrado a Lérida. Al cabo de unas semanas fue de nuevo detenido
en esta ciudad y conducido a Barcelona, en cuya cárcel permaneció 19 meses
como preso gubernativo. En 1928 fue puesto en libertad, para ser luego
detenido diferentes veces en las diversas razzias policiacas ordenadas por
Martínez Anido y Fenoll. Durante la dictadura primorriverista ha estado, pues,
más de cuatro años en la cárcel como preso gubernativo.
Estuvo dos años en París, colaborando con el camarada Maurín en los trabajos
de las Ediciones Europa-América.
Fusionados en 1931 la Federación Comunista Catalano-Balear y el Partit
Comunista Catalá, surge el Bloque Obrero y Campesino, del que fue miembro
del Comité ejecutivo hasta su fusión con la Izquierda Comunista, en septiembre
de 1935, de la que surgió el POUM. Es miembro del Comité ejecutivo del POUM
desde su creación.
Desde que se creó la Alianza Obrera en Cataluña, en diciembre de 1933, hasta
que se disolvió en 1935, fue miembro del Comité regional de la misma.
Al reorganizarse los ayuntamientos en Cataluña, en octubre de 1936, el POUM
le designó concejal del ayuntamiento de Barcelona, ejerciendo el cargo de
teniente de alcalde del distrito IV.
Julián Gómez (Gorkin)
Nació en Los Valles (Valencia), en 1901. Es hijo de un carpintero republicano de
los tiempos heroicos.
Empezó su vida de militante a los dieciséis años. Ingresó en el Sindicato de la
Distribución de Valencia (CNT) y poco después en la Juventud Socialista, de la
que fue secretario hasta la escisión y la fundación del Partido Comunista de
España, en 1921. Despedido varias veces de las casas donde trabajaba por
intervenir en huelgas. En 1920 fundó, en unión de otros jóvenes, el periódico La
Revuelta, favorable a la revolución rusa, el cual fue suspendido al tercer
número. Fundador, en 1921, de la Agrupación Comunista de Valencia y de la
Federación Comunista de Levante, de las que pasó a ser el secretario.
Fundador, el mismo año, del periódico Acción Sindicalista de Valencia. En ese
mismo año desempeñó cargos en el Sindicato de la Distribución. Propagandista
activo desde la edad de 18 años.
A comienzos de 1922, a consecuencia de la campaña realizada en torno al
proceso sobre el desastre de Annual, tuvo que huir con documentación falsa al
extranjero. Fundador de los grupos comunistas españoles en Francia, de los que
fue secretario hasta 1929; fundador y director, hasta la misma fecha, de los
periódicos El Proletario, Vida Social, Luz, La Verdad y Adelante, dedicados
principalmente a combatir a la monarquía y a la dictadura españolas y muy
perseguidos por la embajada española en París. El último de estos periódicos
tuvo que hacerlo en Bruselas.
Colaborador, durante ese tiempo, de las principales publicaciones comunistas:
L'Humanité y La Vie Ouvriere, de París; La Correspondance Internationale y
otros periódicos y revistas de Rusia y varios países.
En 1925 asistió como delegado al Congreso de la Internacional Comunista,
celebrado en Moscú. Ese mismo año también concurrió como delegado al
Congreso de la Internacional de los Trabajadores de la Enseñanza, que tuvo
lugar en Viena. Durante ese periodo -1925 a 1929- recorrió trece países de
Europa y participó en diversos mítines y conferencias internacionales. Fue uno
de los fundadores del Buró latino del Socorro Rojo Internacional.
En 1926 entró ya en conflicto con la Internacional Comunista, a causa del nuevo
curso estalinista que ésta había adoptado. Este conflicto duró hasta 1929, año
en que dimitió de todos sus cargos en el Partido Comunista francés, «porque no
podía combatir a la burocracia estalinista siendo un burócrata más». Ese mismo
año asistió en Berlín al Congreso mundial contra el fascismo, en el que hizo un
informe en nombre de la delegación española y leyó dos mensajes: uno de
Unamuno y otro de Eduardo Ortega y Gasset, actual fiscal de la República. En
ese año, al no capitular ante la política estalinista, fue expulsado de la
Internacional
Comunista.
A partir de este momento comenzó a escribir y publicó varios libros: una novela,
un volumen de teatro, una compilación sociológica titulada Capitalismo y
comunismo, una obra sobre literatura norteamericana y una Antología española,
publicada en Londres y en París. Tradujo también y prefació una treintena de
libros sociales. Desde su fundación, fue redactor y crítico literario de Monde,
revista dirigida en París por Henri Barbusse.
Regresó a España a la proclamación de la República e ingresó en el Bloque
Obrero y Campesino, fundado por Maurín, con el cual ha coincidido
políticamente desde 1921. A fines de 1932 fue uno de los fundadores del Comité
español contra la guerra, que le nombró su secretario internacional y en
representación del mismo asistió al Congreso de Amsterdam, convocado por
Henri Barbusse y Romain Rolland.
En 1934 fue uno de los fundadores de la Alianza Obrera de Valencia, formando
parte de su secretariado. Asimismo fue redactor-jefe del diario Adelante,
dirigido por Maurín. En octubre de 1934 formó parte del Comité revolucionario
de la Alianza Obrera de Valencia, teniendo que huir luego a Francia, junto con
Domingo Torres (CNT) y Molina Conejero (UGT). Fundador en Francia del
Comité de Refugiados españoles y secretario del mismo; colaboró entonces en
diversos periódicos franceses y de otros países. A su regreso a España, fue uno
de los fundadores del Comité Luis de Sirval y publicó el folleto ¡Acusamos!,
denunciando el asesinato de dicho periodista, en el que colaboraron, entre
otros, Azaña, Prieto, Alomar, Araquistáin, González Peña...
Después de las jornadas de julio de 1936, formó parte del Comité central de
Milicias de Cataluña, en representación del POUM. En el Comité ejecutivo
desempeñó el cargo de secretario internacional. A la desaparición de Maurín,
pasó a ser el director de La Batalla, órgano central del POUM.
Veinte años de militancia obrera. Diez años de emigración política. Varios
encarcelamientos por delitos políticos. Expulsiones. Luchador antifascista y
revolucionario de siempre. Detenido el 16 de junio de 1937, bajo la infame
acusación de fascista, espía y alta traición, por la policía estalinista.
Dositeo Iglesias Docampo
Electricista de profesión, 37 años de edad y natural de Triacastela (Lugo). Inició
sus actividades políticas en 1912, en el grupo infantil socialista, pasando en
1915 a la Juventud Socialista, en La Arboleda (Vizcaya).
En 1916 hubo de expatriarse, con motivo de unos sucesos acaecidos en esta
última localidad, incorporándose en Francia a las juventudes socialistas y al
movimiento sindical. En el socialismo francés trabajó en el ala izquierda, que
más tarde se transformó en el movimiento en favor de la Tercera Internacional,
hasta que en el Congreso de Tours, en 1921, se convirtió en el Partido
Comunista.
Fue miembro del Comité de radio 3, en París. Expulsado de París en 1926 por
ser «extranjero indeseable», se trasladó a la URSS, donde permaneció seis
meses, solicitando luego incorporarse al Partido Comunista de España.
Fue detenido a su llegada a España. Ingresó en la cárcel de San Sebastián,
trasladándosele luego a Madrid, donde quedó a disposición de Martínez Anido.
De Madrid fue llevado a la cárcel de Lugo, procesado por la autoridad militar
por el delito de prófugo. Tuvo que hacer el servicio militar, incorporándose
luego a la Federación Vasco-Navarra del Partido Comunista hasta 1929.
Marcha de nuevo a Francia, siendo expulsado de nuevo por haber fundado el
Sindicato Metalúrgico de Narbona y ser uno de los organizadores de la huelga
metalúrgica declarada en dicha ciudad.
Se traslada a Bélgica, militando en el Partido Comunista belga. Poco tiempo
después regresa a nuestro país, como consecuencia del llamamiento hecho en
tal sentido por el Partido Comunista de España. En 1930 se incorpora a la
Federación Vasco-Navarra, ocupando la secretaria sindical, pasando luego a la
secretaria de organización del Comité provincial de Vizcaya. Más tarde es
nombrado secretario político de éste y miembro del Buró político de la
Federación.
En 1934, a consecuencia de sus divergencias con los métodos políticos de la
dirección, fue expulsado del Partido Comunista. Con motivo de los sucesos de
octubre estuvo encarcelado en el Altunamendi, barco-prisión.
Encontrándose en Madrid accidentalmente como obrero transportista de la
Compañía Transportes Norte en los días de la sublevación militar, se incorporó
al POUM (Sección de Madrid), prestando servicios de vigilancia y pasando
después a ser comisario político del Cuartel Lenin de milicias del POUM en
Madrid.
En el momento de ser detenido en Barcelona el 16 de junio era miembro del
Comité local de Madrid y delegado al Congreso del POUM que había de
celebrarse el día 19.
Era colaborador de El Combatiente Rojo y de La Antorcha, órganos en Madrid
del POUM y de sus juventudes, respectivamente. Sindicalmente está organizado
en la CNT (Transportes).
Ha sufrido 15 encarcelamientos y fue procesado cuatro veces. Actualmente se
halla recluido en la cárcel de Valencia por el supuesto delito de «alta traición y
espionaje».
Francisco Gómez Palomo
Nació en Madrid, el 7 de septiembre de 1917. Tiene en la actualidad 20 años.
Sus actividades políticas comenzaron a los 15 años, en 1932, militando en las
juventudes de la Izquierda Radical Socialista, siendo miembro responsable del
Comité local de Madrid.
A mediados de 1933 ingresó en la Juventud Comunista, donde militó
activamente hasta principios de 1935 en que, disconforme con la nueva línea
del Partido Comunista, se separó junto con un grupo de compañeros del sector
sur de Madrid, ingresando entonces en la Izquierda Comunista y más tarde en
el POUM, al fusionarse aquélla con el Bloque Obrero y Campesino.
En el POUM y en la Juventud Comunista Ibérica (juventudes poumistas) ha
ocupado diversos cargos políticos y de organización, principalmente en su
barriada. Desde comienzos de 1936 hasta el momento de ser detenido el 16 de
junio de 1937, formó parte del Comité de la sección madrileña del POUM,
desempeñando la secretaria administrativa.
Ha sido delegado de la sección madrileña a la Conferencia militar del POUM,
celebrada los días 18 y 19 de enero de 1937 y formaba parte de la delegación
madrileña al Congreso del POUM, que tenía que reunirse en Barcelona el 19 de
junio.
Sindicalmente pertenece a la UGT, al sindicato de Seguros, desde 1933. Estuvo
anteriormente, durante el llamado bienio negro, detenido con motivo de una
manifestación obrera de despedida a los nuevos reclutas, en 1935.
José Escuder Poves
Hasta 1925 estuvo empleado en el Banco de Vizcaya, en Barcelona, como jefe
del departamento de Crédito e Información. Se trasladó luego a los Estados
Unidos y durante un año formó parte de la redacción del periódico en lengua
española La Prensa, de Nueva York, puesto que abandonó para ingresar en el
sindicato periodístico norteamericano, North American Newspaper Alliance,
dirigiendo el departamento extranjero hasta septiembre de 1934, fecha en que
regresó a Barcelona para ver a su padre que se hallaba gravemente enfermo.
Permaneció en España hasta junio de 1936. Durante este periodo de tiempo
preparó y dirigió el nuevo diario Última Hora, órgano nocturno de la Esquerra
Republicana de Cataluña. De regreso a Norteamérica, en junio de 1936, ingresó
en la casa de películas Fox, como experto en publicidad. Abandonó este puesto
voluntariamente para regresar a España en diciembre de 1936, atraído por la
lucha de los trabajadores españoles contra el fascismo. Una vez en nuestro país
rechazó diversas ofertas de varios periódicos e ingresó en el diario La Batalla
como jefe técnico del mismo. Continuó siendo corresponsal de la North
American Newspaper Alliance en Barcelona.
Aparte de sus actividades profesionales y técnicas en el campo del periodismo,
ha sido corresponsal del diario Luz en los Estados Unidos. Dio numerosas
conferencias en varios centros docentes y universidades norteamericanas.
También colaboró en la revista Leviatán de Madrid y en numerosas
publicaciones españolas y extranjeras.
José Rodríguez Arroyo
Nació en Madrid, en marzo de 1917. Ingresó en la Juventud Ibérica (POUM) a
últimos de 1935, trabajando activamente en la misma durante el periodo
electoral de febrero.
Al producirse el levantamiento fascista de julio de 1936, y vencido éste en
Madrid, marchó con la columna motorizada de la sección madrileña del POUM
al frente de Sigüenza. Por enfermedad fue retirado del frente, ocupando
entonces el cargo de responsable político de los transportes del POUM, hasta
que la policía estalinista se incautó de todo nuestro material, en febrero de
1937.
Más tarde ingresó en la Editorial Marxista de nuestro partido, en la cual
trabajaba en el momento de ser detenido en Barcelona, el 16 de junio.
Sindicalmente pertenecía al Sindicato Metalúrgico, de la CNT, en Madrid.
Francisco Clavel Ruiz
Nació el 7 de septiembre de 1917. De oficio peluquero, ingresó en las
Juventudes Comunistas en 1933, en Madrid. Tomó parte activa en el
movimiento revolucionario de octubre de 1934. En diciembre del mismo año fue
expulsado de las Juventudes Comunistas por discrepancias políticas con la
nueva posición política. A primeros de 1935 ingresó en la Izquierda Comunista,
pasando luego a formar parte del POUM.
Fue uno de los organizadores de los Gapos en Madrid, es decir, de los grupos de
choque del Partido, que tuvieron una actuación muy destacada contra los
falangistas antes y después de las elecciones de febrero de 1936.
Ha sido miembro del Comité de la sección de Madrid del POUM desde abril de
1936 a enero de 1937, pasando luego a ocuparse especialmente del trabajo
juvenil. Miembro del Comité madrileño de la Juventud Comunista Ibérica
(POUM) y redactor de su órgano La Antorcha.
Fundador del Sindicato de Repartidores de Revistas y Correspondencia de la
UGT en Madrid.
Víctor Verdejo
Nació en 1898. En 1915 ingresó en el partido que acaudillaba Melquíades
Álvarez, en la localidad de Tarazona (Zaragoza), lugar donde residió hasta 1917.
Habiéndose trasladado a Zaragoza por motivos de trabajo, dio su adhesión al
movimiento sindicalista, contribuyendo activamente a su propaganda y
desarrollo. Esta actividad sindical le valió la pérdida del empleo que tenía en el
despacho de Rualceliano Irábal -diputado republicano por Tarazona- y varios
arrestos y detenciones gubernativas por reuniones clandestinas.
De 1919 a 1923 sufrió dos deportaciones, impuestas por el entonces comisario
de policía Aparicio, de triste recuerdo para los trabajadores zaragozanos. La
primera vez lo enviaron a Toledo, a consecuencia de su supuesta participación
en el atentado que costó la vida a tres empleados municipales que hacían de
esquiroles durante la huelga de los empleados del Gas; la segunda, a Logroño,
por «tenencia ilícita de armas».
En febrero de 1923 fue detenido de nuevo y conducido a prisiones militares de
Madrid, llevado luego a África para cumplir en el ejército cinco años de castigo;
por fortuna, no llegó a cumplirlos, merced a una amnistía concedida por el
general Primo de Rivera.
Fracasado el intento de asalto al Cuartel del Carmen de Zaragoza, en el que
tomó parte activa, tuvo que abandonar esta capital. Encontrándose en
Salamanca a la proclamación de la República, trabajó activamente la
candidatura para las Constituyentes de republicanos y socialistas, en unión de
Unamuno y C. Santamaría.
Al producirse el movimiento militar de julio de 1936, ingresó en la sección
madrileña del POUM, de cuyas milicias fue nombrado pagador-habilitado, hasta
que éstas pasaron a integrar el Ejército regular, el 1 de enero de 1937.
Fue redactor de El Combatiente Rojo, órgano del POUM en Madrid y
colaborador de La Antorcha, semanario de las juventudes del Partido.
Actualmente era delegado del Comité de Madrid.
8.LAS SUPUESTAS PRUEBAS CONTRA EL POUM Y SUS DIRIGENTES
«...a pesar de nuestras denuncias concretas, a pesar de las abrumadoras
pruebas que contra ellos han sido acumuladas...»
(Treball, 19 de agosto de 1937)
El estalinismo ha acusado a nuestro Partido de traición a la causa
revolucionaria, de su alianza con Franco, de su vasallaje a la Gestapo alemana,
de espionaje el servicio del fascismo nacional e internacional, de fraguar
atentados contra los miembros del actual gobierno Negrín y contra diversos
jefes del Ejército popular, en una palabra, de los crímenes más absurdos y
monstruosos. En la prensa extranjera -en esa prensa al servicio de Moscú o
pagada y subvencionada por Moscú- se ha informado de esos imaginarios
crímenes con todo lujo de detalles y se ha precisado el nombre de sus
ejecutantes, es decir, los miembros del POUM. Un señor Koltsov , corresponsal
acreditado en nuestro país, ha informado a los infortunados lectores de un
diario ruso, Pravda, que los militantes del POUM consagran sus noches a
asaltar los coches que circulan por las carreteras, robando y asesinando a sus
ocupantes; a volar los trenes de mercancías y de viajeros; a destrozar fábricas y
talleres, y no sabemos cuántas cosas más. Lo más curioso es que, según Koltsov,
esta terrible
organización, a la que no consiguen reducir los centenares de miles de soldados
del Ejército republicano, ni los millares de guardias de Asalto, de Seguridad, de
Carabineros y de agentes de policía a las órdenes del gobierno, cuenta
exactamente con ochenta afiliados. Pocas veces lo ridículo se habrá combinado
tan fácilmente con lo cómico. Sin embargo, al servicio de tales mentecateces y
de esta campaña difamatoria se han puesto, en España y en el extranjero,
poderosos recursos: numerosos diarios, millares y millares de carteles, gran
número de mítines, la radio, etc. En fin, todas las enormes posibilidades del
Estado soviético.
La prensa estalinista de nuestro país, que desde hace varios meses viene
hablando, uno y otro día, de las pruebas de la traición del POUM, no ha hecho
sino recurrir a los materiales y argumentos novelescos que le ofrecían y le
ofrecen los diversos Koltsov del orbe, traduciendo así al castellano sus
abigarradas elucubraciones, tan faltas de verdad como de buena lógica y de
sentido común. La campaña difamatoria emprendida contra nuestro Partido
asombra por su monotonía, por lo absurdo de la misma, por la ausencia de
inteligencia y hasta de imaginación. Todos los materiales de las supuestas
pruebas de convicción han salido del mismo laboratorio moscovita y los Koltsov,
Antón y demás epígonos no han hecho más que repetirlas de palabra y por
escrito, con una unción digna de mejor causa. Refiriéndose al mentado artículo
de Koltsov, el periódico anarquista Frente Libertario de Madrid, escribió: «Pero
quien lea el trabajo de marras tiene risa para una semana. Porque en él se
hacen las afirmaciones más descabelladas y se deja en mantillas la imaginación
de Salgari, de Julio Verne y de Conan Doyle». Pues bien, «el trabajo de marras»
ha sido la bandera que ha agitado el estalinismo indígena para solicitar
nuestras cabezas y ha servido de guión a un juez sin dignidad y sin escrúpulos
para redactar un sumario tan truculento y tan falto de lógica como los artículos
publicados en Pravda y reproducidos por Mundo Obrero, Frente Rojo y Treball.
El mismo día de la detención de nuestros camaradas y de iniciarse la terrible y
monstruosa represión que ha sufrido y sufre aún nuestro partido, la prensa
estalinista mentaba las «pruebas» de la traición del POUM. Y lo hacía con tan
perfecta unanimidad y con criterio tan exacto que se veía la mano que manejaba
todo. Hasta el 28 de julio -fíjese bien el lector: el 28 de julio-, el ministro de
Justicia no publicó su primera nota sobre la detención y probable
responsabilidad de nuestros camaradas. Sin embargo, durante este mes de
intervalo el estalinismo se secó la garganta de tanto gritar atribuyéndonos
hechos que ni las mismas autoridades se atrevían a hacer públicos. La nota en
cuestión del ministro de Justicia es por demás discreta y confusa. Dice así:
«La Dirección general de Seguridad venía ocupándose de temas interesantes
derivados y en relación con actividades subversivas y de espionaje. Han sido
entregados a los tribunales de Espionaje y Alta Traición los atestados
correspondientes a los encabezados que siguen:
Juan Andrade, José Escuder Poves, Pedro Bonet Cuito, Julián Gómez Gorkin,
Daniel Rebull Cabré, Francisco Gómez Palomo; José Rodríguez Arroyo, Dositeo
Iglesias Docampo, Francisco Clavé Ruiz, Víctor Berdejo Jiménez y Javier
Fernández Calver. Los diez primeros pertenecen al POUM y el último a Falange
Española.
Confirman los atestados policiacos abundantes fotografías encontradas en
locales del POUM, claves, códigos telegráficos, documentos referentes a
tráficos de armas, contrabando de dinero y objetos de valía a Francia, diversos
periódicos de varías capitales, singularmente de Barcelona; comunicaciones de
elementos extranjeros alusivas a entrevistas habidas dentro y fuera del
territorio leal y participación de elementos extranjeros en los antecedentes de
espionaje y movimiento subversivo de mayo último.
El señor fiscal de la República ha recibido órdenes de comparecer y actuar en el
expediente a nombre del gobierno. Asimismo, y por mediación del Ministerio de
Justicia, ha sido remitido al tribunal el documento por el cual es designado don
Benito Pabón abogado defensor de los encartados pertenecientes al POUM.
En breve comenzará a actuar el juez especial con designación del Tribunal de
Espionaje, con las facultades necesarias para traer a su conocimiento aquellos
sumarios del expediente que sean precisos para la total definición de los hechos
recogidos por la Dirección general de Seguridad y de cuanto tenga causa con
los mismos.
El ministro de Justicia contesta por medio de esta nota a las demandas de
información que ha recibido en relación a los atestados referidos y a los hechos
de su razón.
Los detenidos, cuya cita se hace al comienzo de esta nota, han sido puestos a
disposición directa e inmediata del tribunal en la prisión del Estado donde
actualmente se encuentran.
No necesita reiterar el ministro la seguridad de que en el asunto a que esta nota
afecta, como en todos los sujetos al conocimiento de los tribunales de justicia,
han de llevarse todas las garantías del Derecho para aplicar la ley en defensa de
la República, sin aceptar presiones ni dar lugar a hechos incompatibles con el
recto sentido del Derecho que informa la actuación de jueces y tribunales. Son,
pues, inútiles cuantas gestiones se intenten que no se reduzcan a la estricta y
leal aplicación de las leyes».
Más adelante, cuando hagamos el debido comentario al auto de procesamiento
de nuestros camaradas, dejaremos bien sentado en qué consiste la verdad de
todas esas supuestas pruebas. Pero interesa consignar esto: ninguna de las
informaciones hechas tiene carácter judicial, sino policiaco, y no de la policía
regular del Estado republicano, sino de los individuos que el estalinismo
incrustó en el Cuerpo de investigación. Tal hecho es más que suficiente para no
dar valor jurídico alguno a los atestados. Sin embargo, no importa. Es tan burda
la maniobra y tan ridículas las acusaciones lanzadas contra el POUM, que la
trama de todo aparece bien al descubierto, sin que pueda resistir la menor
critica. En la nota transcrita, el señor ministro de Justicia da de lado las
«pruebas» que diariamente le servía en bandeja la prensa estalinista. Prefiere
remitirse a vaguedades y apuntar un supuesto delito por haberse encontrado en
nuestros locales fotografías, claves, códigos telegráficos, diversos periódicos de
varias capitales, singularmente de Barcelona -¿y desde cuándo es delito poseer
prensa legalmente editada?-, comunicaciones de elementos extranjeros... Las
fotografías, claves y códigos telegráficos no fueron encontrados en ninguno de
los locales del POUM, ni figuran en ninguna de las actas de registro levantadas
por la policía; no son más que piezas añadidas piadosamente por los policías
estalinistas, como más tarde intentaron hacer con documentos de la Gestapo a
nombre de Andrés Nin, documentos que por cierto habían desaparecido de los
archivos del Comisario general de Policía de Madrid, según este mismo declaró
indignado. La responsabilidad de nuestros camaradas tampoco aparece por
parte alguna, puesto que la nota en cuestión solo habla, y repetidamente, de
elementos extranjeros.
El 4 de agosto, el ministro de Justicia dio a la prensa una nueva nota, esta vez
sobre la desaparición de Andrés Nin. Lo más importante de la misma, que por
nuestra parte queremos subrayar, es el párrafo en el que deja traslucir sus
dudas sobre la autenticidad del documento «en que aparece insinuada la figura
del señor Nin», es decir, del plano milimetrado hallado en el domicilio del
falangista Golfin, y en el cual, con propósito infame, se ha escrito con tinta
simpática y en clave una frase que pretende comprometer al POUM en las
actividades contrarrevolucionarias de Falange Española. En efecto, si ese
documento o supuesta pieza de convicción no ofreciese duda alguna, no habría
por qué encargar al Tribunal el que comience por estudiar la autenticidad del
mismo. ¿Qué quiere decir esto? Sencillamente, que ni el mismo ministro creía
en la culpabilidad del camarada Andrés Nin, ni en la autenticidad de los
documentos que figuraban en los atestados policiacos.
Pasaremos por alto las trepidantes y estruendosas informaciones de los diarios
estalinistas, que día tras día hablaban y escribían sobre las «pruebas»
existentes contra el POUM, sin aportar luz alguna. Igualmente daremos de lado
al contenido del auto de procesamiento, que no es más que una repetición y
calco de las truculencias estalinistas y al cual dedicaremos capitulo especial.
Limitémonos -no será poco- a las pruebas que aporta Francisco Antón en un
discurso dedicado única y exclusivamente a ello, pronunciado en el Pleno del
Comité Central del Partido Comunista celebrado en noviembre último en
Valencia. Es el dernier cri del estalinismo, lo último y más reciente. Y
adelantaremos que si nuestros lectores sufren a causa de la prosa del pobre
Antón la culpa no es nuestra; también a nosotros nos resulta indigesta esa
especie de algodón en rama que este fervoroso estalinista nos sirve en forma de
discurso.
Examinemos uno por uno los documentos hechos públicos por el abanderado
Antón , comisario del Ejército del Centro, el cual se salta a la torera las últimas
disposiciones del ministro de Defensa nacional contra la participación en actos
públicos de elementos militares. Vale la pena, para dejar bien al descubierto
toda la falacia, toda la maldad y al mismo tiempo las verdaderas intenciones de
nuestros macacos estalinistas, que han de saltar y gesticular según las órdenes
de Moscú. Las pruebas que aporta Antón son seis:
1º.Los hechos de mayo. Según él, los hechos de mayo en Cataluña son más que
suficientes para demostrar nuestra condición de agentes de Franco. El
sinvergüenza de Antón falsifica y tergiversa algunos escritos de La Batalla, para
así poder dar cierto colorido a su acusación. Sobre la insurrección de mayo
existe sobrada documentación que esclarece la verdad de lo ocurrido, sin
necesidad de transcribir ahora textos. Solo nos interesa subrayar este párrafo
de Antón: «...el Comité de Control, de acuerdo con las potencias fascistas,
quería justificar un desembarco de tropas en Cataluña». Por lo visto esto lo
hacia el Comité de Control de acuerdo con el POUM, que según Koltsov cuenta
justamente con «ochenta afiliados». Pero, se nos ocurre una pregunta: ¿Qué
hacía la URSS, miembro del Comité de No Intervención y al corriente por lo
mismo de los planes del Comité de Control?
Como complemento, el acusador estalinista lee un documento que, según dice a
sus cándidos oyentes, es una información de carácter secreto -¡qué gastado está
este truco, harto conocido!-, en el cual, además, no se menta para nada a
nuestro Partido. Sin embargo, para Antón, el Yermolenko II, «estas son las
pruebas claras de que el plan estaba perfectamente combinado entre el POUM
y los fascistas». El estalinismo sigue dando por demostrado lo que es preciso
demostrar. Por algo es una nueva religión, con su Iglesia y su aparato papal, en
la cual sus beatos están obligados a una absoluta creencia con exclusión del
libre raciocinio. Y si el creyente no cree, peor para él, pues será excomulgado.
Pero el creyente estalinista está harto acostumbrado a comulgar con ruedas de
molino.
«No debían ser precisas más pruebas...». «Aún existen más pruebas...». Pues
bien, examinemos esas nuevas pruebas.
2°.El plano milimetrado. En este plano, cogido por la policía a una organización
falangista de Madrid, se detallan nuestras posiciones militares y la situación de
las baterías de artillería de la región Centro. Las investigaciones y detenciones
de este affaire se efectuaron durante los meses de abril y mayo, según confiesa
el propio Antón. En aquel entonces, el plano en cuestión apareció limpio y sin
escritura marginal alguna. Fue bastante tiempo más tarde, después de la
represión contra nuestro partido y la detención de nuestros camaradas, cuando
al dorso del plano de marras surgieron súbitamente unos caracteres gráficos.
Primeramente se dijo que estaban escritos en clave y con tinta simpática, y que
se referían a un tal N, al que se trató de confundir con Nin; luego resultó que no
se trataba de unas líneas, sino de un informe dirigido al generalísimo Franco y
en el que se aludía no solo a N, sino también al POUM y a los anarquistas. Debe
extrañar que los falangistas, hábiles en el espionaje en nuestra retaguardia,
dirigieran un informe al Cuartel general de su caudillo, información amplia y
extensa, en el dorso de un plano milimetrado. Pero en fin, no es esto lo que nos
interesa. Lo que sí interesa a todos es la opinión que sobre la autenticidad de
esta «prueba» tienen destacadas personalidades que ocupan cargos de la
máxima importancia. Ya conocemos el criterio del ministro de Justicia, que ha
creído oportuno, pese a todo lo dicho, el que primeramente el Tribunal juzgara
la autenticidad de esa pieza, que figura en cabeza del atestado policiaco. Y esto
seria suficiente. Pero aún hay más: en el informe publicado por la primera
delegación internacional que vino a España para investigar sobre la verdad de
las acusaciones lanzadas contra el POUM, se transcribe una conversación
sostenida por dicha delegación con Jaime Miravitlles, comisario general de
propaganda de la Generalidad de Cataluña. Se dice lo siguiente: «Miravitlles
nos declaró espontáneamente que enseguida de la detención de Nin por
espionaje, acusación que nadie puede creer, fue llamado por Companys y los
dos decidieron que este último escribiría inmediatamente una carta al gobierno
de Valencia indicando la deplorable impresión producida por esta detención,
pues “la opinión pública catalana no podía creer que Nin fuese un espía fascista
y Companys mismo no tenía necesidad de hacer un gran esfuerzo para pensar
también así”». Esta carta fue llevada enseguida a Valencia por el propio
Miravitlles y entregada por él a Ortega, Director General de Seguridad. Ortega
declaró entonces que se tenían pruebas abrumadoras contra Nin y enseñó a
Miravitlles una de las piezas (un plano milimétrico de Madrid con un texto en
tinta simpática en el dorso, en el que se trataba de un cierto N), que era tan
evidentemente falsa, dice Miravitlles, «que rompí a reír y creo que nadie tendrá
ya la osadía de hacer más uso de esa prueba».
Posteriormente, el falangista Golfín, en cuyo poder se encontró el plano,
procesado actualmente por espionaje, declaró que el plano le pertenecía, que
las señales que situaban las baterías que defienden Madrid las había hecho él;
que, en efecto, su propósito era hacerlo pasar a manos del «generalísimo», pero
que lo escrito detrás del plano con tinta simpática debía ser obra de la policía;
así lo ha mantenido siempre, a pesar de las amenazas y malos tratos de que le
han hecho objeto los policías estalinistas para que declarara comprometiendo al
POUM y a Nin.
Y por si todo esto fuera todavía poco, tenemos el auto de procesamiento dictado
contra nuestros camaradas por el Juez especial del Juzgado número 1 del
Tribunal de Espionaje. En él no se alude para nada al ya famoso plano
milimétrico.
Una nueva prueba que ha fallado y que ni el juez ni el fiscal tienen en cuenta.
3°.La organización de espionaje recientemente descubierta por el señor Burillo.
Esta es la tercera de las pruebas mentadas contra nosotros, tan ridícula y falsa
como las anteriores, sino más. El señor Burillo, Jefe Superior de Policía de
Barcelona e instrumento fiel del estalinismo, se encontraba en situación de
dimitido. No merecía otra cosa, después de las monstruosidades cometidas por
él en toda Cataluña, monstruosidades que superaban a las tan conocidas de
Martínez Anido. Pues bien, el dimitido señor Burillo, antes de hacer entrega de
su cargo, quiso dejar realizado algún importante servicio que lo rehabilitara
ante el Gobierno y que a la vez sirviera para recrudecer la represión contra los
hombres del POUM. El 23 de octubre último, el Jefe Superior de Policía,
personalmente, hizo entrega a los periodistas de una nota de elevado sabor
detectivesco y en la que se decía haber descubierto una importante
organización de espionaje que, claro está, no era otra que el POUM. Entre otras
cosas decía la nota en cuestión:
«El registro del domicilio de R., uno de los principales miembros de la
organización, ha permitido descubrir entre los colchones importantísimos
documentos que, juntamente con las declaraciones de dicho miembro de la
organización, demuestran que uno de los núcleos más importantes de esta
organización de espionaje se encontraba en un numeroso y bien organizado
grupo de espías, militantes del POUM.
Este grupo tenía como distintivo la letra C y cada uno de los agentes de esta red
de espionaje del POUM llevaba la letra C y el número que le correspondía
personalmente.
En una carta encontrada en la librería propiedad del padre de R., en un registro
practicado el 18 de septiembre, se pone en conocimiento del Estado
Mayor de Franco lo siguiente:
Primero. El grupo dirigido por el agente C 16 había conseguido el 26 de agosto
inutilizar tres piezas de artillería en la División N y cuatro en la División M, todo
esto en un momento decisivo de las operaciones.
Segundo. Se preparaba volar los puentes del Ebro.
Tercero. Haber llegado un tren militar con armamento, que se especificaba.
Cuarto. Datos sobre la artillería del frente de Aragón.
Quinto. Se había utilizado la nueva forma de abastecimiento para incitar a la
población a manifestaciones de protesta.
Sexto. Se seguían preparando los atentados contra Walter y Modesto,
destacadas figuras del Ejército popular.
Séptimo. Igualmente proseguía la organización del atentado proyectado contra
un ministro de la República, y a tal efecto se pensaba aprovechar la ocasión de
su paso en auto hacia determinado lugar de las afueras.
Con este objeto, dos coches con hombres armados de bombas de mano, estaban
destinados a la persecución del auto del ministro. La dirección del asesinato del
ministro se había encargado a dos terroristas, miembros del POUM, que se
designaban con las indicaciones de C 18 y C 23.
En la carta iba unido un croquis de un taller del POUM, en el cual se fabricaban
bombas de mano.
Las investigaciones practicadas en el frente han permitido confirmar la
exactitud de los datos transmitidos.
La dirección de la organización de espionaje del POUM se quejaba en la carta
citada de no poder utilizar toda la red de sus agentes por el hecho de que la
relación completa de confidentes militantes del POUM solamente era conocida
de dos miembros destacados de la misma, los cuales actualmente se encuentran
en la prisión de Valencia, donde esperan comparecer ante los Tribunales».
Inmediatamente después de ser publicada en cierta prensa esta nota -no todos
los periódicos la acogieron en sus columnas, a pesar de haber sido entregada
personalmente por el señor Burillo-, de cuya rocambolesca fantasía no vale la
pena hablar, el Comité ejecutivo del POUM envió a varios diarios un escrito en
el cual se respondía adecuadamente al Jefe de Policía. La censura, en manos del
mismo señor Burillo, se cuidó de que la nota del POUM no viera la luz en
Barcelona -tenemos en nuestro poder las galeradas censuradas
correspondientes a Catalunya y a Solidaridad Obrera-, pero apareció en algunos
diarios de Valencia. Esta respuesta del Comité ejecutivo de nuestro Partido, dice
así:
«El POUM y las calumnias del Jefe superior de Policía.
El pueblo antifascista se ha visto sorprendido otra vez con la publicación en los
periódicos de la noche del día 23 y los de la mañana del 24, de una nota
sensacionalista del Jefe Superior de Policía, entregada personalmente por él a
los periodistas. Esta actuación personal del señor Burillo demuestra ya el
interés que ha puesto en el asunto.
Los que no conocen la actuación partidista, mejor dicho, fanática del señor
Burillo en favor del PSUC y del Partido Comunista de España, podrán creer de
buena fe en la veracidad de la nota en cuestión. Pero los que saben que el señor
Burillo ha utilizado los resortes que su cargo le facilita para ponerlos a
disposición de la política desenfrenada de su partido, éstos se hallan frente a la
verdad. Les habrá movido a risa las manifestaciones del Jefe superior de Policía.
Como en todas, en esta ocasión la nota de referencia puede ser calificada de
novela policiaca.
La seriedad de los agentes policiacos queda muy mal parada. Ni el redactado ni
el mismo contenido de la nota dan la más mínima sensación de veracidad. Esos
agentes señalados con letras y cifras; esos Estados Mayores en el extranjero;
ese derrotismo en el frente de Aragón, todo eso invita a reír. Y, sobre todo, el
hecho de no mencionar nombres reales, ni indicar qué clase de detenciones son
las efectuadas. El señor Burillo, que a causa de su política sectaria ha sido
invitado a dimitir, bien claro se ve que con esta nota ha redactado su
testamento político en favor del PSUC.
El PSUC y el Partido Comunista, después de sus acusaciones de espionaje
contra los miembros de nuestro Comité ejecutivo; después que el ministro de la
Gobernación ha prohibido a Frente Rojo de Valencia la publicación de unos
artículos contra los dirigentes del POUM, por no considerar a éstos culpables;
después de la dimisión obligada de los dos Directores generales de Seguridad,
Ortega y Morón, por su manera de proceder contra el POUM; después de
haberle fracasado a Treball la maniobra tendente a envolver al POUM en las
negociaciones para una paz separada de Cataluña, noticia que según dijeron
publicó el New Chronique y que el Comisario de Propaganda de la Generalidad
Jaime Miravitlles se negó a publicar en el Boletín oficial por considerarla falsa,
después de todo esto, los «amos» del señor Burillo tenían necesidad de otra
noticia sensacionalista para distraer a su público. Este es el motivo de la nota
del señor Burillo y aquí queda demostrado el bajo contenido de la maniobra.
Esta mañana, una delegación del actual Comité ejecutivo del POUM se ha
entrevistado con el Delegado de Orden público en Cataluña, para protestar del
proceder ignominioso del Jefe Superior de Policía y ponerse a su disposición
para llevar a cabo una encuesta a fondo de la cuestión que nos ocupa y
desenmascarar a quien sea.
Estamos convencidos de que, en definitiva, no será el POUM quien saldrá
perjudicado de estas calumnias, sino los que las utilizan para servir bajos
intereses de partido».
Ni el Delegado de Orden Público estimó necesario efectuar la encuesta
solicitada, ni el Gobierno tomó en consideración el nuevo descubrimiento de
Burillo, ni las autoridades tomaron medidas de ninguna clase. Ni se volvió a
mentar para nada la nota en cuestión, ni camarada alguno fue detenido bajo
inculpación por este nuevo affaire de espionaje. Su falsedad saltaba tan a la
vista, que el señor Burillo fracasó en sus propósitos.
Otra prueba más que corrió la misma suerte que las anteriores.
4º.El pretendido atentado contra Comorera. Como complemento o segunda
parte de su «descubrimiento» final, el señor Burillo estimó oportuno describir
asimismo un atentado contra el dirigente y muy amado jefe del PSUC, Juan
Comorera. En una nota tan sensacionalista como todas las suyas, lo dio a
conocer el que fue Jefe Superior de Policía en Barcelona, ante la sorpresa no
exenta de regocijo de toda la población barcelonesa, que ya sabia a qué
atenerse. Este episodio fugaz lo teníamos ya olvidado; ahora nos lo recuerda
Francisco Antón, Yermolenko II, como la cuarta de las actividades fascistas del
POUM. Tampoco vale la pena refutar tal acusación. Nos basta con reproducir un
suelto publicado por Solidaridad Obrera en su número del 26 de octubre
pasado, suelto que le acarreó una semana de suspensión. Dice así:
«Hacer el ridículo
Créannoslo, amigos; aquí no somos partidarios de hacer el ridículo. Ni de
ayudar a nadie a que lo haga. Pues nos acreditaríamos de tontos, lo primero, y
de malintencionados, lo segundo. Y, francamente, no sentimos debilidad por
ninguna de las dos cosas.
El ridículo lo hace quien, muy prosopopéyicamente, confunde la gimnasia con la
magnesia, y también quien confunde una explosión de gas con el fin del mundo.
Quien pretende hacer mártires propalando versiones inexactas, de hechos
ajenos a toda intervención casual, con o sin tener explicación ni justificación
posibles.
Se predica lealtad a todo pasto; escríbense resmas y toneladas de papel
recomendando tal medicina; no hay quien la omita en sus peroratas... Pero todo
inútil. El empeño de algunos es dar al traste definitivamente con ella, de muy
distintos modos, entre otros urdiendo falsedades que hacen reír hasta a los
niños de teta. Y algunos se las echan de Sherlock Holmes.
Créannoslo, amigos; aquí no somos partidarios de hacer el ridículo. Ni de
ayudar a nadie a que lo haga. Las columnas de Solidaridad Obrera tienen otra
más noble y elevada misión. Porque en ellas, aunque les duela, mandamos
nosotros. Y nosotros somos gente que sabe lo que se pesca».
Así contestaba el órgano nacional de la CNT a la nota del señor Burillo, nota a
la que no dio acogida en sus columnas. Y esta es la prueba número cuatro que
el estalinismo esgrime contra nuestra organización.
5°.Una carta del señor Angulo. El abanderado Antón enumera como pieza de
convicción de nuestra responsabilidad una carta «recientemente descubierta»
del abogado Enrique de Angulo a Gil Robles, cuando éste era ministro de la
Guerra. Aun dando de lado la autenticidad o no de tal carta -el señor Angulo
falta de Barcelona desde el 19 de julio de 1936, ocurriendo lo mismo con Gil
Robles, ausente de Madrid desde días antes de la sublevación militar, si bien los
papeles y documentos de ambos fueron escrupulosamente examinados a su
debido tiempo; ¿por qué es ahora y precisamente ahora cuando se descubre
esta carta?,-el contenido de la misma es tan inocuo que apenas tiene
importancia. En la misma, el señor Angulo no menta para nada al POUM, ni es
fácil que pudiera ser así, puesto que cuando Gil Robles era ministro de la
Guerra nuestro partido aún estaba en vías de formación mediante la fusión de
dos organizaciones: el Bloque Obrero y Campesino y la Izquierda Comunista.
Por otra parte, esa carta tampoco figura en atestado policiaco alguno, ni en el
auto de procesamiento de nuestros camaradas. Tal es el valor que los jueces y
fiscales le han dado.
6°.Una carta más. Todavía hay una carta más, que es la prueba última; es de un
camarada de nuestra organización en el Norte, enviada por correo ordinario
desde Bayona a la secretaría de nuestro Partido. Rabiamos visto en la prensa
estalinista tantas versiones de la misma, que ya no sabíamos a qué atenernos.
Daremos como buena la reproducción que Antón leyó a sus compadres en el
último Comité central. La recortamos y reproducimos de Frente Rojo,
correspondiente a l8 de noviembre de 1937:
«Bayona, 12 de julio de 1937. Al Comité Ejecutivo del POUM. Confirmo mis
informes anteriores. Al fin, en el grupo de los Bajos Pirineos, de que hemos
venido hablando, se han producido unas diferencias que nos convienen, porque
son el principio, si nosotros las cuidamos, de la creación de un grupo de nuestro
partido. Lo mejor del grupo, entre ellos Walter, Bobinot, etc., los de decisiva
influencia, han chocado violentamente con los de San Juan de Luz, porque éstos
se niegan hasta tanto reciban instrucciones concretas de la CNT, a procurar
personal para viaje eventual. Hay que procurar en esa la correspondiente
autorización cenetista, aunque los de Bayona van a hacer gestiones por otro
lado, en las que confían. Hay, sobre todo, una manifestación verdaderamente
interesante, y es ésta “que se nos envíe material desde Barcelona y medios en
abundancia para hacer conocer las posiciones del partido, y entonces
trabajaremos de firme y conseguiremos fortalecer un grupo dispuesto a todo”.
Estas son, entre otras, las manifestaciones de los “disidentes”. Pero hay más. La
compañera del generalísimo Franco, su mujer, está en Francia. ¿Os acordáis de
lo que os hablaba, en un informe anterior, acerca de las probabilidades de
hacerla conocer por una temporada Barcelona? Y qué posibilidades nos
proporcionarla esto, para lo que Bonet decía acerca del «Quim». Por todo ello
insisto en la necesidad de mantener, material e ideológicamente, a este grupo
que puede reportar muchísimos beneficios; pero para esto debéis de hacer que
vaya a Barcelona Walter. El camarada C. en Perpiñán se halla ya en contacto. Al
sitio en que definitivamente voy hoy es difícil que lleguen noticias concretas.
Necesito que me aviséis telegráficamente acusando recibo de todo esto y
diciendo si lo ponéis en práctica. Salud y POUM. Jma».
Causa estupor que los estalinistas traten de aprovechar para sus siniestros
propósitos una carta tan clara, tan sencilla y a la par tan noble como ésta. El
lector pronto interpretará en sus justos términos el sentido de la misma. Sin
embargo, el falsario de Antón dice como comentario: «El POUM tiene, pues,
relaciones directas con la oficina de San Juan de Luz. ¿Qué es la oficina de San
Juan de Luz? Como todo el mundo sabe, una agencia de la Gestapo, el centro de
espionaje de Franco en Francia». Pero lo que no dice Antón es que en dicha
oficina se esperan órdenes, no nuestras, ni de la Gestapo, ni de Franco, sino de
la CNT. Según afirma la carta. ¿Es que también la CNT está envuelta en este
affaire de espionaje?
Pongamos de manifiesto la verdad de todo esto: el camarada que firma la carta
pertenecía a nuestra organización en el Norte, donde desempeño altos cargos
después del 19 de julio de 1936: secretario de la Junta de Defensa de Vizcaya,
delegado de la misma para la compra de armas en el extranjero. Director
general de Comercio en todo el Norte, etc. Más tarde vino a Cataluña,
expresamente llamado por nuestro Comité ejecutivo, junto con otros
camaradas, para que informaran sobre la situación en Euzkadi, Santander y
Asturias. Ultimando su regreso a Bilbao, el partido le confió una importante
misión: organizar en Bayona un grupo de camaradas dispuestos a dirigirse a
Asturias cuando llegara la hora de la evacuación, al objeto de salvar a todos los
compañeros nuestros. Y también averiguar si eran ciertos los rumores que
habían llegado hasta nosotros de que Maurín no había sido fusilado y se hallaba
en una cárcel franquista, con nombre supuesto. Nuestro camarada hizo en
Bayona las gestiones necesarias y consecuencia de las mismas fue la carta que
ahora airea el estalinismo, carta enviada a nuestro secretario general por
correo ordinario y que estaba en la secretaría como una carta más, es decir, sin
haber tomado con ella las precauciones naturales que se hubieran adoptado
caso de ser un informe secreto. El contenido de la carta en cuestión es por
demás evidente: «Los de San Juan de Luz -dice uno de los párrafos- se niegan
hasta tanto reciban instrucciones concretas de la CNT a procurar personal para
viaje eventual. Hay que procurar en esa la correspondiente autorización
cenetista». Por tanto, no se trata de ninguna oficina de la GESTAPO, sino
simplemente de unos camaradas anarquistas de Bayona que exigían, para
acceder a nuestras pretensiones de ir a Asturias cuando llegara la hora de la
evacuación. La correspondiente autorización de la dirección nacional de la CNT.
Después, nuestro camarada escribe: «La compañera del “generalísimo” Franco,
su mujer, está en Francia. ¿Os acordáis de lo que os hablaba en un informe
anterior, acerca de las probabilidades de hacerla conocer por una temporada
Barcelona? Y qué posibilidades nos proporcionaría esto para lo que Bonet decía
acerca del “Quim”». Que Quim es Maurín lo saben en Cataluña hasta las
piedras, puesto que es el nombre familiar que se le daba en los medios del
Partido. Lo que se proponía era, ni más ni menos, el secuestro de la señora de
Franco, para poder luego canjearla por nuestro querido camarada Joaquín
Maurín.
Creemos que todo esto está suficientemente claro, sin necesidad de dar más
detalles que solo beneficiarían al enemigo y que pondrían en difícil situación al
camarada que escribió la carta, puesto que a estas horas no sabemos si está
prisionero de los franquistas . Pero el contenido de la carta refleja tanta
claridad y se presta tan poco a cualquier equivoco que nadie la ha tomado en
cuenta para nada, salvo los estalinistas, que en su afán de acusarnos igual se
agarran a un clavo ardiente. Inútil señalar que tampoco figura en el auto del
proceso, ni el juez ni el fiscal han considerado necesario interrogar sobre la
misma a los camaradas procesados.
Y aquí terminan las acusaciones y pruebas del abanderado Francisco Antón,
Yermolenko II, tan ignorante y falsario como su colega ruso, aquel Yermolenko
que en 1917 acusaba también públicamente a Lenin y a los bolcheviques de
estar al servicio de Alemania y de la reacción.
9.LAS DECLARACIONES PRESTADAS POR LOS PROCESADOS
«Jamás hemos ocultado, ni ocultaremos, nuestra condición de marxistas
revolucionarios, de bolcheviques».
(Lenin)
Nuestros camaradas Andrade, Gorkin, David Rey, Bonet y Escuder, detenidos el
16 de junio, no fueron interrogados hasta el 13 de julio, es decir, casi un mes
después. Solo este hecho sería más que suficiente para poner en evidencia el
poco escrúpulo de una justicia puesta al servicio y órdenes del estalinismo, así
como los escasos deseos que todos sentían de llevar el affaire hasta el fin. Hubo
de ser nuestra organización -tal es la paradoja- la que solicitara una y otra vez
que el proceso se viera pronto, para que así se demostrara sin pérdida de
tiempo la falsedad de las acusaciones lanzadas contra el POUM y sus dirigentes.
Tal era y es la confianza que tenemos.
El 13 de julio, pues, fueron interrogados nuestros camaradas por vez primera.
Ya hemos expuesto en otro lugar la naturaleza del interrogatorio y su verdadero
carácter. Caso curioso: acusados de espionaje, no son interrogados sobre nada
relacionado con tales actividades; ni se les menta tampoco esos famosos
documentos que ha venido jaleando la prensa estalinista y que nadie conoce, ni
siquiera las autoridades y el Ministerio Fiscal. A continuación damos a conocer
la declaración prestada por cada uno de los compañeros mencionados,
declaraciones que reproducimos in extenso :
Juan Andrade
Declaración prestada por Juan Andrade ante agentes de policía de la Brigada
Especial de Madrid, el 13 de julio de 1937:
«Juan Andrade Rodríguez, natural de Madrid, de 39 años de edad, de profesión
periodista, hijo de Adolfo y Vicenta, casado y con domicilio en Barcelona, plaza
de Trilla 1, a las preguntas de los agentes contestó aproximadamente:
Que el interrogado es miembro del C.E. del POUM. Que el C.E. no adoptó
anteriormente a las “jornadas de mayo” decisión o acuerdo alguno sobre éstas,
porque fueron un movimiento espontáneo de las masas obreras. Que el C.E. no
condenó el movimiento precisamente por ser un movimiento espontáneo. Que
considera a Trotski un excelente camarada, mejor que Stalin y que los
componentes del actual gobierno español. Que solo considera obreros
revolucionarios a los de la FAI y el POUM. Que los militantes del Partido
Comunista están influenciados por la ideología democrática pequeño-burguesa.
Que no está conforme con la política que sigue el gobierno del Frente Popular.
Que niega que entre los extranjeros que trabajan con el POUM hubiera agentes
de la Gestapo. Que desconoce y duda que en casa de algunos de ellos se
descubrieran insignias hitlerianas. Que desconoce una carta de la sección del
POUM de Palamós (Gerona) en que se piden armas al C.E. Que desconoce y
duda que David Rey se trajera de México, para el POUM, el importe de una
suscripción hecha a favor del gobierno de la República. Que desconoce una
carta de David Rey en la que desde México pide a Nin papel oficial de la
Generalidad».
Daniel Rebull («David Rey»)
«-P. ¿Qué cargo desempeñaba usted en el POUM?
-R. Era miembro del Comité Central.
-P. ¿Asistió usted al pleno celebrado por el POUM después del mes de mayo?
-R. Sí, señor.
-P. ¿Qué posición fue la suya? ¿Está usted conforme con la resolución de dicho
pleno y publicada en La Batalla?
-R. La opinión sobre la conformidad o disconformidad de los hechos de mayo y
las resoluciones del Ejecutivo es un deber de todo marxista manifestarla ante
un Congreso del partido y no ante la policía.
-P. ¿Qué hizo usted durante los días en que se desarrollaron los sucesos?
-R. La vida normal de todos los días.
-P. ¿Así pues, usted no hizo nada en favor ni en contra?
-R. Exacto.
-P. ¿El POUM es trotskista?
-R. No señor, en absoluto.
-P. ¿Qué concepto tiene usted de Trotski?
-R. Siento una gran admiración por el pasado revolucionario de Trotski,
admiración que se agranda ante la feroz persecución de que es objeto.
Políticamente, considero que en la actualidad, tanto Trotski como Stalin, son los
dos mayores obstáculos para la unidad revolucionaria mundial.
-P. ¿Está usted de acuerdo con la política del actual Gobierno?
-R. En todo, no.
-P. ¿Fue usted a México enviado por su partido?
-R. Sí, señor, en concepto de jefe de una expedición deportivo-política.
-P. ¿Es verdad que usted recogió en México el producto de una suscripción que
los obreros mejicanos hacían en favor del Frente Popular Español?
-R. Nosotros fuimos a México en representación del Frente Popular
Obrero. Realizamos una campaña de propaganda y tomamos parte en más de
ciento treinta mítines y reuniones. La suscripción para el Gobierno del Frente
Popular Español la controlaba el licenciado Vicente Lombardo Toledano,
secretario general de la Confederación de Trabajadores de México y era
enviada a España por mediación del Buró de la II Internacional.
-P. ¿Al llegar a México, se pusieron ustedes inmediatamente en relación con el
grupo trotskista?
-R. La expedición la formábamos miembros de la CNT, UGT, PSUC y POUM. Por
lo tanto, al llegar a México nos pusimos en relación inmediata con todas las
organizaciones, sindicales y grupos revolucionarios mejicanos.
Esta declaración fue prestada el 13 de julio de 1937 en Madrid».
Pedro Bonet
«El declarante, hijo de Pablo y Teresa, de 36 años de edad, de profesión
tipógrafo, de estado casado, que habita en Barcelona, calle Gerona, 111, dice:
Que es miembro del Comité ejecutivo del POUM y teniente alcalde del Distrito
IV del Ayuntamiento de Barcelona en representación del mismo partido.
En relación con los sucesos de Barcelona, ocurridos a comienzos de mayo,
declara que fue un movimiento espontáneo de la clase obrera, como respuesta a
la provocación hecha al ocupar la Telefónica. Que no sabe de dónde salieron las
armas ni dónde se encuentran. Que el Comité central no sancionó aquellos
sucesos, puesto que respondían a una provocación. Declara que el POUM no
tiene nada que ver ni con Trotski ni con Stalin. Que la delegación enviada a
México era puramente deportiva y que si visitó a las diversas organizaciones
obreras era con el fin de interesarlas en la ayuda a la revolución española. Que
desconoce la carta en que una sección del POUM pide al C.E. armas para luchar
contra los obreros. Que su posición ante el gobierno actual era de apoyo en todo
cuanto contribuya a ganar la guerra y vencer el fascismo, pero de crítica ante
las vacilaciones observadas en la preparación de la ofensiva».
Julián G. Gorkin
«El declarante, hijo de Pascual y Consuelo, de 36 años de edad, de profesión
periodista, de estado casado, que habita en Barcelona, calle de Muntaner,161,
dice :Que es miembro del Comité ejecutivo del POUM y director de La Batalla,
órgano central de este partido. Respecto de los sucesos de Barcelona, ocurridos
a comienzos de mayo, declara que fue un movimiento espontáneo de la clase
obrera, como consecuencia de la provocación llevada a cabo al ocupar la
Telefónica. Que él se ocupó de aquellos acontecimientos, que constituían la
preocupación central en aquellos momentos. Que cuando se consideró
desbaratada la provocación, el C.E. del POUM lanzó la orden de abandonar la
lucha, orden que fue seguida. Que no sabe de dónde salieron las armas, ni
dónde se encuentran. Declara que el POUM no es un partido trotskista y que él
ha hecho críticas de la posición actual de Trotski, de la misma manera que éste
las ha hecho con respecto a la política del POUM. Que la comisión enviada a
México era simplemente deportiva, y que cumplió con su deber haciendo actos
de propaganda antifascista y visitando a las organizaciones obreras. Que no fue
esta comisión la que recibió el dinero recaudado en México para el gobierno de
la República, y que quizá fuera otra comisión que se encontraba allí del Partido
Comunista. Que no tiene conocimiento de la carta en que una sección del
POUM pide armas para luchar contra otros obreros. Que su posición ante el
gobierno actual es la siguiente: apoyo decidido en todo lo que contribuya a
ganar la guerra contra el enemigo común y actitud de crítica por sus medidas
de carácter social y que van en contra del desarrollo de la revolución en
España. Que no cree que ninguno de sus colaboradores internacionales fuera
agente de la Gestapo, pero que de haber descubierto alguno lo hubiera
entregado a la justicia o hecho justicia. Y para que conste, firmo la presente en
cuatro ejemplares, en Madrid, catorce de julio de 1937».
(Nota aclaratoria de Julián Gorkin). Se impone una aclaración respecto a cómo
se desarrolló la declaración anterior. Me fue tomada por tres agentes de policía:
uno de ellos, con unas notas en la mano, interrogaba; otro escribía a máquina y
el tercero presenciaba la declaración. Esta se desarrolló al comienzo en tonos
violentos, casi a gritos. Se me hacían preguntas y más preguntas y el
interrogante, que empezó diciendo que tenía escasa cultura social, por lo cual
debía perdonarle si me hacía alguna pregunta absurda, trataba de
coaccionarme para que contestara conforme a sus deseos. Yo le pregunté: «¿En
calidad de qué me interroga usted a mí?» Él: «En calidad de agente de policía».
Yo: «No, señor; en calidad de agente del Partido Comunista. Yo declaro lo que
me interesa a mí, no lo que le interesa a usted. ¿Estamos?» Él, con visible
despecho: «Son ustedes muy inteligentes». Yo: «Naturalmente, muy
inteligentes; por eso somos del POUM». Él: «¿Eso quiere decir que en los demás
partidos no hay personas inteligentes?». Yo: «En algunos, sí; pero en su partido,
no. Prueba de ello: este burdo proceso». Después me hizo varías preguntas
respecto de Stalin y de Trotski. Yo pregunto: «Dígame usted, ¿en qué articulo de
la Ley de Enjuiciamiento Criminal puede considerarse delictivo el que yo opine
de una manera o de otra sobre Stalin, sobre Trotski o sobre el moro Muza?». Él,
cortado y corrido, me respondió: «Eso es solo para mi información. Ya le he
dicho a usted que no tenía una gran cultura social». Yo: «¿Y para informarle a
usted de todo esto, que más bien parece una vulgar interviú periodística, me
han traído de Barcelona a Madrid y me han tenido un mes incomunicado?». A
partir de este momento, sus humos fueron bajando y me rogaron los tres
agentes que dejáramos de lado la declaración y que conversáramos como
camaradas en torno a las posiciones políticas del Partido Comunista y del
nuestro. Así lo hicimos durante cosa de media hora, convenciéndome de que, en
efecto, eran novatos en el comunismo y carecían de cultura político-social.
Cuando yo les dije que Maurín, Nin, Andrade, yo mismo, habíamos sido los
fundadores del P.C. en 1921, se quedaron muy sorprendidos. Luego me
preguntaron: «Pero, ¿por qué fundasteis luego el POUM?». Yo: «En primer
lugar, porque nos dio la gana. Si queréis os daré una explicación política. De la
misma manera que en 1921 fundamos el P.C. para poder seguir siendo
marxistas revolucionarios, fundamos luego el POUM, cuando el P.C. ha dejado
de ser un partido marxista revolucionario». En el curso de la conversación me
hablaron muy mal de la CNT diciendo que había recogido a todos los apaches
en su seno. También me dijeron que entre nuestros colaboradores extranjeros
había dos que tenían el carnet de la Gestapo. Y me enseñaron todos los
documentos que habían encontrado en los registros: cartas de David Rey desde
México, de Juana Maurín desde París, de Luis Portela desde Valencia, una de
Palmaos reprochándole al C.E. de no haberles enviado las armas pedidas
multitud de veces, etc. Así fue mi declaración en la famosa checa de Atocha,
sobre la cual puede hacerse un libro siniestro.
José Escuder
«José Escuder Poves, hijo de Pilar y José, de 34 años de edad, nacido en
Barcelona, casado. Se le pregunta primeramente cuáles son sus ideas políticas.
Responde el declarante que es marxista. “¿Qué clase de marxista?”, pregunta el
agente de policía que interroga. Contesta que solo hay una clase de marxismo.
A continuación se le pide si desempeña algún cargo político en el POUM.
“Ninguno -contesta-; era el redactor jefe de “La Batalla”, encargado del aspecto
técnico del periódico”. Seguidamente el declarante explica que vino a España
de los Estados Unidos a fines de octubre de 1934, para ver a su padre que se
encontraba gravemente enfermo y que falleció en enero de 1935. Permaneció
en Barcelona hasta el 13 de junio de 1936. Durante este tiempo confeccionó y
dirigió el diario “Ultima Hora”, órgano nocturno de la Ezquerra Republicana de
Cataluña. Regresó a los Estados Unidos, como dijo antes, el 13 de junio de
1936, porque se acababa el permiso legal dado por las autoridades americanas
para permanecer en España. El día 23 de diciembre de 1936 regresó a España
por “considerar que sus ideas sociales le obligaban a ello como un deber”.
Luego se le preguntó cómo consideraba las jornadas de mayo en Barcelona,
contestando que las estimaba inoportunas para la revolución».
(Aclaración de José Escuder). Mi declaración fue breve y sin carácter político
alguno, salvo la pregunta sobre las jornadas de mayo en Barcelona. Me limité a
exponer la realidad, o sea que yo soy un elemento de carácter técnico. El policía
que me interrogó dijo espontáneamente que el juez me pondría en libertad tan
pronto como viera la declaración. Yo le dije que para esto no valía la pena
tenerme encerrado e incomunicado 27 días. Contestó que se debió a la
precipitación de los primeros momentos. Durante toda la declaración el agente
se extendió en manifestaciones de elogio para Rusia y sus dirigentes. Me
recomendó que leyera la ley electoral, etc. Yo le expresaba mis puntos de vista,
pero en la declaración no quiso poner nada de esto. No preguntó nada sobre
espionaje ni demás tonterías que se han publicado contra nosotros.
Francisco Clavel Ruiz
«Declaración prestada ante los agentes de la Brigada Especial por Francisco
Clavel Ruiz, de 19 años de edad, natural de Madrid, habitante en la calle
Almendro, 10, y de profesión peluquero.
-P. ¿Pertenece a alguna central sindical?
-R. Al Sindicato de Repartidores de Revistas y Correspondencia de Madrid
(UGT) del cual he sido fundador.
-P. ¿Sabe dónde se encuentran las emisoras clandestinas del POUM?
-R. Yo no he conocido más que una emisora legal, que fue incautada por los
agentes de la Brigada Especial.
-P. ¿Dónde tienes el fichero de los militantes de la sección de Madrid?
-R. Yo no tengo ninguna clase de ficheros ni sé quién los pueda tener.
-P. ¿Conoces a Nin?
-R. No conozco a Nin más que de vista, pues en una ocasión, estando comiendo,
me dijeron que él estaba comiendo en otra mesa.
-P. ¿Conoces el paradero del Comité local de Madrid?
-R. Ignoro dónde puede encontrarse el Comité local de Madrid, pues las únicas
referencias que tengo son que han salido para asistir al Congreso del Partido,
que estaba anunciado en Barcelona.
-P. ¿Tienes actualmente algún cargo responsable en el Partido?
-R. No. He pertenecido al Comité local de Madrid hasta el mes de enero, en que
en un Pleno de delegados de células se nombró nuevo Comité.
-P. ¿Estás movilizado?
-R. He pertenecido a las milicias del Batallón 20 de Julio y al Batallón Lenin del
POUM de Madrid.
-P. ¿Habéis recibido la visita de un emisario del Comité ejecutivo, que venía de
Barcelona?
-R. Yo, en el tiempo en que he estado en Madrid no he recibido a ningún
camarada que viniera de Barcelona.
-P. ¿Cuándo fuiste a Barcelona?
-R. Salí de Madrid el 11 o 12 de mayo, para Barcelona. Mi viaje no tenía otro
objeto que el de ver si el Ejecutivo de la JCI nos podía proporcionar papel para
la tirada de “La Antorcha” (órgano de la Juventud Comunista Ibérica de
Madrid), dado que en Madrid no lo había».
A todo esto se ha reducido el interrogatorio a que la policía tuvo a bien someter
a nuestros camaradas. Después las cosas siguieron como antes, es decir, sin el
menor asomo de proceso ni nada que lo pareciera. En un documento enviado
por Andrade. Gorkin, Bonet, David Rey y demás camaradas presos en Madrid al
presidente del Consejo de ministros ya los ministros de Justicia y de la
Gobernación, después de varias consideraciones sobre la represión contra el
POUM, se decía:
«Nosotros pedimos al gobierno que defina nuestra situación, pues la
desconocemos en absoluto a los cuarenta y tantos días de nuestra detención.
¿Estamos procesados o no lo estamos? Si no lo estamos, debe de ponérsenos en
libertad. En caso afirmativo, debe de decírsenos -y decirse a la opinión- por qué.
¿Acaso por los sucesos de mayo en Barcelona? Pues debe de trasladársenos
nuevamente a Barcelona. ¿Cae nuestro caso -el que sea- dentro del reciente
decreto del ministro de Justicia? Pues debemos ser trasladados a Valencia. Y
debe de permitírsenos esa cosa tan elemental y tan legítima que no se les niega
a los propios fascistas: defendernos. Defendernos de la persecución y de la
calumnia. Nuestra vida y nuestro honor de viejos militantes del movimiento
obrero -el que menos lleva veinte años ya-, de activos luchadores antifascistas,
de simples ciudadanos españoles, no puede estar a merced de la difamación y
de las maniobras de un partido que, en momentos tan graves ara la clase obrera
española e internacional, antepone su odio sectario a todo otro razonamiento de
conveniencia general antifascista. Y tampoco puede estar a merced de un
gobierno que se arroga la representación de todos los antifascistas, pero que
cubre la rencorosa acción de un partido en el lamentable menester de destruir
otro».
La protesta de nuestros compañeros, junto con la presión que sobre el Gobierno
ejercieron diversas organizaciones obreras del extranjero, surtió su efecto. El
31 de julio, a medianoche, los diez detenidos del POUM en Madrid fueron
trasladados a Valencia, puestos a disposición del Tribunal especial de Espionaje
y Alta traición. El 12 de agosto, ya en la Cárcel Modelo de Valencia, fueron
sometidos a interrogatorio por el juez que entendía en el caso, junto con el
teniente fiscal en que había delegado el Fiscal general de la República. Los
primeros interrogados fueron los camaradas Francisco Clavel, Víctor Berdejo,
Dositeo Iglesias, José Rodríguez Arroyo y Francisco Gómez, todos ellos de
nuestra sección de Madrid. Como el interrogatorio y la declaración fue la misma
e idéntica para todos, nos limitaremos a la prestada por Francisco Clavel.
Francisco Clavel Ruiz
«El juez da lectura a la declaración anterior prestada ante la Brigada Especial
de Madrid, mostrándose el procesado de acuerdo con el contenido de la
misma.
-P. ¿Se encontraba usted en Barcelona durante los sucesos de mayo?
-R. No; salí de Madrid el día 11 ó 12 de mayo, para adquirir en Barcelona papel
para el semanario “La Antorcha”.
-P. ¿Continuaban los sucesos cuando llegó a Barcelona?
-R. Cuando llegué a Barcelona todo estaba normalizado.
-P.¿Qué criterio tiene usted del gobierno Largo Caballero y del gobierno actual?
-R. Son dos gobiernos de Frente Popular y por tanto no representan los
intereses de la clase trabajadora.
-P. ¿Cree que los trabajadores deben de apoyar al Gobierno en la guerra actual?
-R. La clase trabajadora debe ayudar a ganar la guerra al Gobierno, pero lo que
no puede hacer éste es arrebatar las conquistas logradas por la clase
trabajadora.
El juez da por terminado el interrogatorio y el representante del Fiscal de la
Republica hace algunas preguntas:
-P. ¿Ha observado usted algo anormal en el terreno de organización en la
sección de Madrid durante los meses de marzo y abril?
-R. Durante esos meses Y, durante otros, el movimiento de altas y bajas en la
organización fue normal y no observé nada extraño, salvo durante los primeros
meses del movimiento en que el POUM, como las demás organizaciones
políticas y sindicales, se fortalecieron numéricamente al organizar las milicias.
-P. ¿Cuántos combatientes tenía la sección de Madrid, en el mes de abril en los
frentes del Centro?
-R. Ignoro la cifra exacta que podía tener en el frente de Madrid, pero creo
serian unos 200.
Con esto se dio por terminado el interrogatorio».
Al día siguiente, el 14, tomaron declaración a los demás procesados, o sea a
Juan Andrade, Pedro Bonet, Julián G. Gorkin, José Escuder y David Rey. También
coincidieron las preguntas y las respuestas, salvo en la declaración de José
Escuder, que fue más corta. Resumimos limitándonos a reproducir, pues, las
declaraciones de Andrade y de Escuder.
Juan Andrade Rodríguez
«Que me ratifico en la declaración mía que figura en el atestado policiaco. Que
no reconozco como existentes en el local del Partido dieciséis fotografías
panorámicas de los frentes, que el fiscal me muestra. Que niego también que en
el local del Partido hubiera el código telegráfico que me muestra y las claves
supletorias. Que recuerdo a A. Moya como militante del Partido y que creo
estuvo alguna vez en París. Que conozco a Jordi Arquer y en cuanto a Puig hay
varios en el partido y no sé a cuál puede referirse. Que no conozco la letra de
Moya, por haberle tratado muy poco. Que el partido no ha mantenido
correspondencia Con Moya acerca de venta de joyas o de billetes estampillados.
Que quizá se le encargase a Moya alguna gestión para compra de armas,
cuando los partidos tenían que atender al equipamiento de sus milicias, pero
que no se llegó a concretar nada porque la mayoría de las ofertas eran timos.
Que Juana Maurín era la representante del partido, pero que jamás nos
escribíamos con ella en clave. Que las cartas a Juana se las enviaban unas veces
por correo ordinario y otras a mano. Que nunca hemos enviado a nuestras
secciones instrucciones en clave, porque lo hacíamos por correo o
personalmente. Que en el subsecretariado internacional trabajaban unos 15
extranjeros y que con ese motivo entraban y salían otros extranjeros a
visitarles. Que nuestro abogado Benito Pabón nos ha visitado a Bonet, Gorkin,
Rebull y a mi dos veces en la prisión, la última el miércoles, para tratar de los
problemas de abogados en nuestro caso».
José Escuder Poves
«Que me ratifico en lo dicho en la primera declaración ante la policía. El juez
pregunta dónde estuve durante los sucesos de mayo. Contesto que estuve en
casa y no salí para nada a la calle, como puede comprobarse. El fiscal pregunta
si había visto en el periódico fotografías de aeroplanos y campos de aviación.
Contesto que no recordaba haberlas visto y que todas las fotos publicadas en el
diario eran proporcionadas por agencias que las sometían antes a la censura. El
juez pregunta si tengo confianza en los dirigentes del partido. Contesto que
absoluta. La declaración se dio por terminada sin que se hiciera referencia para
nada a cuestiones políticas o de espionaje. Se debe hacer constar que el
representante del fiscal actuó correctísimamente en el diálogo».
Tampoco en este nuevo interrogatorio del juez y del representante del fiscal
-como en el anterior ante la policía de Madrid-, se habló para nada del Supuesto
delito de espionaje y de las pruebas que existían en el sumario. Solo se presentó
a alguno de nuestros camaradas unas fotografías inocentes y sin importancia
alguna, fotografías que, por otra parte, no fueron encontradas en ningún local
del partido, por lo que no figuran en ninguna de las actas de registro levantadas
por la policía. De las preguntas del juez y del representante fiscal se llega a
deducir que, de haber proceso, se limitará a la responsabilidad del POUM por
las jornadas de mayo y quizá a una supuesta evasión de capitales, delito éste
que está de moda para buscar las cosquillas a los revolucionarios. La respuesta
más adecuada a las calumnias estalinistas es esta: las tan cacareadas pruebas
de traición no aparecen por parte alguna y los representantes mismos de la
justicia dan de lado, por inocentes, los folletines acusatorios de Mundo Obrero,
Frente Rojo, Treball y demás hojas en las que el estalinismo vierte su odio hacia
nuestro partido.
10.EL AUTO DE PROCESAMIENTO Y EL COMENTARIO QUE MERECE
«...deben ser juzgados como enemigos del pueblo. Como decíamos ayer, el
piquete debe entrar en funciones».
(La Hora, Madrid, agosto de 1937)
Después de más de dos meses de detención y de mil protestas motivadas por la
indignación ante el proceder arbitrario contra nuestros camaradas, éstos fueron
procesados. Con fecha 23 de agosto de 1937 les fue comunicado el auto de
procesamiento. Aquí es preciso un pequeño comentario a la actuación del juez,
actuación que pone al descubierto quién maneja los hilos de la acusación y del
proceso. Debido a la ineptitud del juez, que lo era el del Juzgado especial
número 1 del Tribunal de Espionaje, señor Taroncher Moya, a los manejos que
se traía o a sus procedimientos sumamente comprometedores, el ministro de
Justicia
y la Sala de gobierno del Tribunal Supremo, de acuerdo con el Fiscal General de
la República, acordaron la sustitución del mismo, dándose orden, con fecha 23
de agosto, de que no realizara más diligencias en el sumario abierto contra los
dirigentes del POUM. Subrayemos bien la fecha: 23 de agosto. Sin embargo, a
pesar de esas órdenes terminantes, el señor Taroncher Moya prosigue las
diligencias, monta el proceso y comunica el auto del mismo a nuestros
camaradas. Solamente después de haber hecho todo esto, da posesión de su
cargo al juez nombrado para sustituirle. ¿Qué motivos existían para que obrara
así?
No hay la menor duda, por ser del dominio público, que el señor Taroncher
Moya era un simple juguete en manos del estalinismo. Lo era por pura
conveniencia, para mejor ocultar su pasado reaccionario. Conocemos
perfectamente su vida y su historia. Don José Taroncher Moya es hombre que
poseía buenas y extensas propiedades en Valencia. Durante la monarquía fue
candidato romanonista por el distrito de Sagunto. En el periodo del llamado
bienio negro fue juez de vagos y maleantes en Valencia. Últimamente estuvo
separado de su cargo, al parecer por un supuesto cohecho... Tal era el hombre,
ni pintado para el estalinismo y para
llevar adelante el monstruoso proceso contra nuestros camaradas dirigentes. Y
manejado por el estalinismo montaba pacientemente las piezas de la farsa. Pero
ocurrieron dos hechos: uno, la seguridad absoluta para todos de que nuestros
compañeros serían procesados única y exclusivamente por los sucesos de mayo
en Barcelona, puesto que no solo existía la convicción moral de que las
acusaciones de espionaje eran falsas, sino que en el mismo atestado policiaco
no existía ninguna prueba ni indicio alguno en tal sentido; el otro hecho que
precipitó y puso en peligro la maniobra estalinista fue la destitución del juez.
No interesaba ni lo uno ni lo otro al estalinismo: por ello el señor Taroncher
Moya ultimó un proceso que no le correspondía y usurpó para ello un puesto
que tampoco le correspondía ya; por si fuera poco- nuestro abogado lo denunció
en su recurso pidiendo la revocación del auto de procesamiento-, este juez sin
escrúpulos adelantó la fecha del documento procesal, para que no apareciera
como posterior a su cese.
El auto de procesamiento, copiado textualmente, dice así:
«Juzgado Especial número uno del Tribunal de Espionaje: Sumario nº 1 sobre
espionaje
AUTO: Valencia, veinte y tres de agosto de mil novecientos treinta y siete.
RESULTADO: Que de lo actuado en este sumario, en síntesis aparece:
Que los hasta ahora detenidos Juan Andrade Rodríguez; José Escuder Poves;
Pedro Bonet Cuito; Julián Gómez García; Daniel Rebull Cabré; Francisco
Palomo; José Rodríguez Arroyo; Dositeo Iglesias Docampo; Francisco Clavel
Ruiz y Víctor Berdejo Jiménez, todos pertenecientes al Partido Obrero de
Unificación Marxista; el 1º, 3°, 4°, 5° y 8° como miembros del Comité ejecutivo;
el 2° como jefe de Redacción-Confección del periódico “La Batalla”, órgano del
partido; el 6° como secretario administrativo; el 7°, que perteneció a las
Milicias del referido partido; el 9° como miembro del Comité de Víveres y el
último que fue pagador de las referidas milicias, “puestos de acuerdo con los
individuos extranjeros afectos a la Gestapo alemana”, que hasta ahora no han
sido presentados, por el mes de mayo último realizaron en Barcelona, con el fin
de perturbar la acción del gobierno, actos hostiles a ella con carácter secreto o
reservado, así como un levantamiento de tipo militar, haciendo llegar a dicha
capital las Milicias formadas por el POUM bajo la advocación del Batallón
Lenin, abandonando el frente de Huesca con sus armas, incluso artillería, para
restar fuerzas a la defensa de la República y ayuda a la actitud rebelde, así
como para conseguir la descomposición de la retaguardia; actos éstos que, a
más de haber sido aprobados por el Comité del partido, han sido alentados por
el periódico “La Batalla”, órgano de aquel partido y han causado victimas y
daños materiales de suma importancia; ocupándose además en los locales del
POUM una serie de fotografías de aeródromos, sin poseer autorización para
ello, ni guardar relación alguna con elementos militares, y documentos que
demuestran que el referido partido realizaba un tráfico ilícito de armas en
beneficio propio, al objeto del levantamiento referido; así como el que
procedieron a exportar dinero y efectos de valor a Francia, ocupándose también
claves circulares de sustitución y un código telegráfico, que demuestran se
empleaban por aquel partido con fines de ocultación, para la transmisión de
noticias y consignas; y que mantenían relaciones secretas con elementos
extranjeros y entrevistas fuera de España, para fines sospechosos.
CONSIDERANDO: Que los hechos relacionados, a juicio del proveyente, y sin
prejuicio de ulteriores calificaciones, revisten los caracteres de los delitos
de espionaje y alta traición, definidos en los números 3°, 4°, 5°, 8° y 12° del
artículo 5° del Decreto de 22 de junio último y en los números 1° y 4° del
artículo 6° del mismo, apareciendo de lo actuado indicios racionales de
criminalidad bastantes para estimar responsables de los mismos a Juan Andrade
Rodríguez; José Escuder Poves; Pedro Bonet Cuito; Julián Gómez García; Daniel
Rebull Cabré; Francisco Gómez Palomo; José Rodríguez Arroyo; Dositeo Iglesias
Docampo; Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Giménez, contra los que
procede hacer la declaración de procesamiento que determina la Ley; decretar
la prisión incondicional de los mismos y exigirles fianza para las
responsabilidades civiles.
Su Señoría, por ante mí el secretario DIJO: Se declara procesados por los
hechos por que se procede en este sumario y sujetos a sus resultas a Juan
Andrade Rodríguez; José Escuder Poves; Pedro Bonet Cuito; Julián Gómez
García; Daniel Rebull Cabré; Francisco Gómez Palomo; José Rodríguez Arroyo;
Dositeo Iglesias Docampo; Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Giménez, a
quienes se les notifique este auto, recibiéndoles indagatoria.
Se decreta la prisión incondicional de los referidos procesados expidiéndose
mandamiento al director de la Cárcel celular, sin necesidad de que sea
ratificada aquélla, según proviene la Ley de Orden Público; y con testimonio de
este particular de auto, fórmese ramo separado.
Requiérase a dichos procesados para que dentro de una Audiencia presten
fianza a responder de las penas pecuniarias que en definitiva puedan declararse
procedentes, en cantidad de quinientas mil pesetas cada uno de ellos y si no lo
verifican al día siguiente de ser requeridos, procédase al embargo de sus bienes
y con testimonio de este particular de auto, fórmese ramo separado.
Para el acto de recibir indagatoria a los procesados se señala el día de mañana,
veinticuatro del actual, a las diez y seis horas.
En cuanto a la última parte de la súplica del escrito anterior, dése cuenta por
separado para acordar lo procedente.
Y póngase este auto en conocimiento del Ministerio fiscal.
Lo manda y firma el señor don José Taroncher Moya, juez especial del Juzgado
número UNO del Tribunal de Espionaje. Doy fe. (Firmado)».
Antes de comentar como se merece el auto de procesamiento transcrito,
queremos dejar señalado que el Tribunal especial de Espionaje es incompetente
para juzgar a nuestros camaradas. Baste saber que el decreto de creación del
citado Tribunal es posterior a la detención de aquellos; resulta, pues, una
verdadera monstruosidad jurídica darle un efecto retroactivo. Uno de los
abogados más acreditados de nuestro país, nos expresó su opinión desde el
punto de vista jurídico-legal, opinión que es de suma importancia por la
autoridad de su autor. Nos ha escrito: «Es un principio incurso de derecho, o
sea de aquellos que no admiten argumentación en contra, y, además, admitido
por el derecho constituyente nacido de todas las revoluciones, aquel de que los
preceptos legales de carácter penal no tendrán nunca efectos retroactivos
cuando perjudiquen a los presuntos reos y, por el contrario, se aplicarán
siempre con efecto retroactivo cuando beneficien a los inculpados. Así es que,
evidentemente, en buenos principios jurídicos y de acuerdo con los postulados
revolucionarios, la legalidad penal represiva, dictada después de haber sido
privados de libertad vuestros compañeros actualmente presos, no puede serles
aplicada. No creo que la osadía de los que actualmente dirigen la vida pública
de la España leal llegue hasta el extremo de conculcar los más elementales
principios del Derecho penal, cometiendo la monstruosidad de aplicar a
vuestros presos unas disposiciones legales de carácter represivo, que
jurídicamente no se les puede aplicar». Y ahora, he aquí nuestra respuesta al
auto de procesamiento urdido por el señor Taroncher Moya, gran propietario,
antiguo candidato monárquico, ex juez de vagos y maleantes, acusado no ha
mucho de cohecho e instrumento fiel del estalinismo:
1°. El auto de procesamiento considera como miembros del Comité ejecutivo a
Juan Andrade, Pedro Bonet, Julián Gómez (Gorkin), Daniel Rebull y Dositeo
Iglesias. Son miembros, efectivamente, del C.E. y así lo han declarado Andrade,
Bonet y Gorkin. Daniel Rebull no pertenece al C.E., ni figura como tal en el
atestado policiaco, ni en su declaración ante el juez. Dositeo Iglesias fue
detenido el 16 de junio en Barcelona, donde estaba desde el día anterior para
asistir al Congreso del partido, anunciado para el día 19; ha residido siempre en
Madrid y, por tanto, no podía ser miembro del C.E., no figurando como tal en el
atestado policiaco, ni en la declaración que prestó ante el juez.
2°. El auto de procesamiento considera como jefe de redacción-confección de La
Batalla a José Escuder. El propio atestado de la policía manifiesta que Escuder
era confeccionador-técnico y que, por consiguiente, no desempeñaba un cargo
político.
3°. El auto de procesamiento señala como secretario administrativo a Francisco
Gómez Palomo. El juez, en su infinita torpeza, confunde todas las cosas.
Efectivamente, Gómez Palomo era secretario administrativo, pero de la sección
de Madrid, que nada tiene que ver con el Comité ejecutivo.
4°. El auto de procesamiento culpa a José Rodríguez Arroyo de que «perteneció
a las milicias del referido partido». Esto se comenta por sí solo; por el mismo
motivo se podía haber procesado a los millares y millares de milicianos que hay
en todos los frentes pertenecientes al POUM. Pero, además, Rodríguez Arroyo
perteneció a las milicias de Madrid.
5°. El auto de procesamiento establece la responsabilidad de Francisco Clavel
por ser «miembro del Comité de Víveres». Clavel fue detenido en el local del
POUM en Madrid, cuando la policía se presentó a efectuar un registro. En el
atestado policiaco solo consta que había tenido en otros tiempos el cargo de
intendente en el Cuartel del POUM en Madrid.
6°. El auto de procesamiento establece la responsabilidad de Víctor Berdejo por
haber sido «pagador de las referidas milicias». Berdejo fue detenido en Madrid,
al igual que el compañero anterior, cuando la policía registró el domicilio social
del POUM. Fue, en efecto, pagador de las milicias del POUM de Madrid hasta el
31 de diciembre de 1936, fecha en que se suprimieron los pagadores de milicias
al formarse el Ejército Popular. Así consta en el atestado de la policía y en las
declaraciones que prestó ante el juez.
7°. De lo anterior se deduce que el juez ni siquiera se ha enterado o ha
comprendido los atestados y demás papeles que la policía ha puesto a su
disposición. Ignora que hay camaradas que residían en Barcelona y eran
miembros del Comité ejecutivo o no, y otros que pertenecen a la sección de
Madrid. El juez, con manifiesta mala fe, trata, ante todo, de no librar del
proceso a ninguno de los detenidos puestos a su disposición por la policía y para
ello recurre al fácil recurso de repartir todos los cargos dirigentes del Partido
entre los detenidos. El POUM tiene trescientas secciones locales en España; con
arreglo al criterio seguido por el juez, podía haber procesado a todos los
militantes con el mismo fundamento que el seguido por él.
Aún hay más: la responsabilidad de los procesados se concreta principalmente
en los sucesos de mayo en Barcelona. Pues bien, los camaradas Dositeo Iglesias,
Víctor Berdejo, Francisco Clavel y Francisco Gómez se encontraban en aquellas
fechas en Madrid, a cuya sección del POUM pertenecen. Es una prueba más de
que el juez no ha tenido en cuenta ni siquiera el atestado policiaco, a pesar de
deberse éste a una policía sectárea al servicio de un partido adversario del
POUM.
8°. El auto de procesamiento, en general, no está basado, ni mucho menos, en
el resultado de las diligencias sumariales. Está inspirado exclusivamente en las
suposiciones gratuitas, falsas e infames que ha venido divulgando en su prensa
el Partido Comunista. En realidad, el auto de procesamiento no se diferencia en
nada de un editorial de Frente Rojo contra el POUM. Evidentemente, el juez ha
obrado presionado o coaccionado por el Partido Comunista y el auto en cuestión
parece destinado únicamente a dar satisfacción a dicho partido.
La primera afirmación que sienta el auto de procesamiento es la de que los
procesados estaban «puestos de acuerdo con individuos extranjeros afectos a la
Gestapo alemana, que hasta ahora no han sido presentados». ¿Se concibe
mayor monstruosidad, mayor insulto a un partido que ha perdido centenares de
militantes en la revolución y en la guerra, y a unos camaradas que han
consagrado la vida entera a la causa del proletariado? El propio juez, para
cubrirse por anticipado del deber de ofrecer pruebas, dice que los agentes de la
Gestapo «hasta ahora no han sido presentados». Pero hay más: el juez, en sus
interrogatorios, ni siquiera ha hecho alusión a esta historia, seguramente
porque hasta a él mismo le parecía grotesca.
Por su misma monstruosidad y por el hecho de que el juez establece tal
acusación sin convicción alguna, solo bajo la presión del Partido Comunista o
por congraciarse con él, no vale la pena de esforzarse en argumentar más. Pero
si hemos de decir: ¿Es posible que alguien pueda insinuar que un partido de
30.000 afiliados revolucionarios sea capaz de ponerse de acuerdo con la
Gestapo?
9°. Sobre los hechos de mayo en Barcelona ha habido ya suficientes documentos
y declaraciones, tanto de gobernantes como de dirigentes de partidos y
centrales sindicales, para que nadie pueda ignorar cómo surgieron y mucho
menos para que se quiera adjudicar al POUM el papel de organizador y director
de los mismos. En esto, tanto el juez como los comunistas -en cuya prensa se
inspira el señor Taroncher Moya-, incurren en terminante contradicción. Se dice
constantemente que el POUM es un reducido grupo sin influencia alguna.
¿Cómo es posible, pues,
que un grupo sin ascendente sea capaz de desencadenar un movimiento de la
extraordinaria envergadura del de mayo en Barcelona?
Ni siquiera los estalinistas se han atrevido a decir que las milicias del POUM se
trasladaron a Barcelona -¡con cañones!- durante las jornadas de mayo. Sin
embargo, el juez lo afirma terminantemente. ¿Podrá probarlo? Claro que ni lo
intentará, porque su único propósito es justificar un auto de procesamiento que
es una verdadera represalia política.
En fin, las jornadas de mayo ni fueron aprobadas por el Comité -¿qué Comité?-
ni alentadas por La Batalla. Nos limitamos a opinar sobre las mismas.
10º. Las fotografías de aeródromos -en el ligero vistazo que el juez permitió dar
a nuestros camaradas, no les pareció a éstos que las fotos mostradas tengan
alguna importancia- no se sabe dónde fueron halladas, pues el juez, a pesar de
ser requerido varias veces, ni indicó nada, ni siquiera si figuran en el acta de
registro del local donde la policía asegura haberlas encontrado. Pero por
encima de estas consideraciones, que tienen su valor puesto que pueden
llevarnos a la conclusión de que la policía las juntó al sumario para acrecentar
la responsabilidad de nuestros camaradas, existen otras no menos evidentes.
Aceptemos que dichas fotos fuesen halladas en un local nuestro. Pues bien, si el
juez quisiera conducir a los procesados a un local del partido Comunista estos
encontrarían a montones fotos de este género. Y es natural, porque a los locales
de las organizaciones llevaron sus afiliados objetos, fotos, papeles, etc., que
encontraron en los lugares requisados o simplemente en los registros
efectuados en los domicilios de elementos fascistas. Todo esto, claro está,
independiente del hecho de que estimamos que tales fotos no fueron halladas
en un local nuestro y que creemos asimismo que no tienen valor probatorio
alguno, ¿Por qué el juez no presenta el acta levantada por la policía después del
registro donde dice fueron encontradas las fotografías en cuestión? Digamos,
además, que algunas de ellas están tomadas desde un zeppelín o globo cautivo.
Aparte de que el POUM no cuenta ni ha contado jamás con globos cautivos o
zeppelines, tal hecho demuestra que se tratan de fotos muy antiguas y sin
importancia.
11°. Cabe destacar que es incorrecta la expresión «milicias formadas por el
POUM bajo la advocación del Batallón Lenin». El juez, una vez más, no sabe lo
que dice. Unas milicias no pueden estar bajo la advocación de un batallón. Lo
que sucede es que las milicias del POUM constituían la División Lenin. Pero, por
otra parte, las milicias del POUM que formaban la División Lenin habían
desaparecido ya como tales milicias, para transformarse en la División 29 del
Ejército popular. Y es harto sabido que, desde hace meses, las organizaciones
no tienen jurisdicción sobre las milicias, porque éstas se han transformado en
Ejército popular bajo las órdenes inmediatas y la autoridad del ministro de la
Guerra.
12°. Respecto a la acusación de que existen «documentos que demuestran que
el referido Partido realizaba un tráfico ilícito de armas en beneficio propio» y de
que «procedieron a exportar dinero y efectos de valor a Francia», no creemos
valga la pena oponer abundantes razonamientos. En cuanto a eso de
«documentos que demuestran» dudamos mucho los tenga, porque de tenerlos el
juez los hubiera mostrado y no habría dejado de interrogar sobre ello a nuestros
camaradas; en realidad el juez solo enseñó una carta de carácter particular.
Pero aunque existieran esos documentos, el hecho de que nos hayamos
procurado armas, mejor dicho, que hayamos intentado procurárnoslas puesto
que las gestiones no dieron resultado, no indica más que hemos procedido como
verdaderos revolucionarios y hecho todos los esfuerzos posibles para
suministrar a los combatientes armas contra el fascismo, cuando el gobierno no
las suministraba. En la misma situación se encuentran todos los partidos y
organizaciones sindicales. Aún hay más: mientras nosotros no hemos tenido
éxito en la adquisición de armas -con gran sentimiento nuestro, claro está-, todo
el mundo sabe que el Partido Comunista ha recibido barcos enteros con
armamento, fletados por los partidos comunistas europeos (no nos referimos al
ruso, porque esta es otra cuestión diferente.) Es conocido también que los
obreros comunistas franceses de las fábricas de armas, con un sentido profundo
de la solidaridad revolucionaria internacional, han sustraído de sus fábricas
material de guerra que entregaban al Partido Comunista francés y éste ponía
luego a disposición del Partido Comunista de España. En determinados
momentos se han reunido en París, no ya docenas, sino centenares de
representantes de las organizaciones antifascistas españolas, todos los cuales
querían adquirir armas.
13°. En cuanto a que se procedió a exportar dinero y efectos de valor a Francia,
diremos que no es más que una calumnia. Y esperamos que algún día se dignará
presentar las pruebas de esta afirmación gratuita; tal vez entonces podamos
conocer cualquier documento falsificado, de buena factura estalinista.
14°. Referente a que se nos ha encontrado «claves circulares de sustitución y
un código telegráfico», dudamos mucho que hayan sido hallados en locales de
nuestro Partido. Según nuestras informaciones se encontró a David Rey, en su
domicilio particular, un código telegráfico que había adquirido en París hace
bastante tiempo, y así lo declaró al juez. ¿Hay alguna ley que prohíba tener
códigos telegráficos? Pero aunque se hubiera hallado en un local nuestro,
pudiera ser, como en el caso de las fotos, que procediera de algún lugar
requisado o de registros domiciliarios. Incluso, condescendientes con el juez,
vamos a suponer que ni las claves ni el código telegráfico tuvieran esa
procedencia. ¿Es que el juez ignora -por el auto de procesamiento se ve que
ignora todo, porque en su vida plácida de juez de vagos y maleantes no ha
tenido que enfrentarse con los gobernantes del «bienio negro», sino por el
contrario, se dedicó a servirles procesando como vagos y maleantes a
auténticos obreros revolucionarios-, ignora, repetimos, que durante la represión
del Gobierno Leeros-Gil Robles y, principalmente, durante octubre de 1934,
todos los partidos y organizaciones recurrieron a la acción ilegal, por lo que
tenían que servirse de mil trucos y procedimientos? Pues es incluso posible que
dichas piezas datasen de dicha época, aunque esto es solo una hipótesis, puesto
que ignoramos dónde y en qué circunstancias se han encontrado. Por otra
parte, todas las organizaciones antifascistas han dispuesto en estos últimos
tiempos de suficientes medios de transporte para no tener que dar
instrucciones a su militantes mediante claves o códigos telegráficos.
15°. Otro cargo que hace el auto de procesamiento es de que «mantenían
relaciones secretas con elementos extranjeros y entrevistas fuera de España
para fines sospechosos». El juez, acostumbrado a los términos de los autos de
procesamiento dictados durante la monarquía contra los revolucionarios,
emplea la misma terminología: «elementos extranjeros», «fines sospechosos»,
etc. Términos semejantes han figurado en los numerosos autos de
procesamiento dictados contra militantes nuestros en la épica monárquica y en
el «bienio negro». Hemos mantenido y mantenemos, efectivamente, relaciones
con elementos extranjeros, pero con unos elementos que en todo el mundo,
sobre todo en Francia e Inglaterra, frente a la política de No Intervención de
sus gobiernos predican y propagan con toda efectividad la necesidad de una
ayuda activa a la revolución española; con esos «elementos extranjeros» que
han venido a España a combatir a nuestro lado.
Nuestro partido es una organización con relaciones internacionales, como el
Partido Comunista, que obedece las órdenes de Moscú, o como el Partido
Socialista, que pertenece a la II Internacional de Bruselas, o como la CNT, que
está adherida a la Asociación Internacional de Trabajadores, domiciliada en
Estocolmo. El POUM está adherido al Comité por la Unidad del Socialismo
revolucionario, que reside en Londres. Pero estas relaciones no tienen nada de
sospechosas; son claras y públicas, y se manifiestan en resoluciones y acuerdos
de congresos o conferencias.
Después de lo expuesto, creemos suficientemente demostrado el valor de las
pruebas que figuran en el sumario procesal. Por si todavía esto fuera poco,
daremos a conocer el recurso presentado por nuestro abogado pidiendo la
revocación del auto de procesamiento por sus anomalías, por sus errores
jurídicos y por la monstruosidad política que supone. Así se verá qué queda de
toda la argumentación estalinista, de todas sus acusaciones y de todas sus
calumnias.
11.RECURSO PIDIENDO REVOCACIÓN DEL AUTO DE PROCESAMIENTO
«La justicia igual para todos de que nos hablaba el pedante don Fernando de los
Ríos cuando era ministro de Justicia, es la hipocresía mayor de la «República de
Trabajadores».
(Frente Rojo, 17 de junio de 1932.)
«AL JUEZ ESPECIAL DEL TRIBUNAL DE ESPIONAJE
Benito Pabón y Suárez de Urbina, abogado defensor de Juan Andrade
Rodríguez, José Escudé Poves, Pedro Bonet Cuito, Julián Gómez García, Daniel
Rebull Cabré, Francisco Gómez Palomo, José Rodríguez Arroyo, Dositeo Iglesias
Docampo, Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Jiménez, procesados por auto
fecha 23 de los corrientes por supuestos delitos de los comprendidos en los
números 3°, 4°, 5°, 8° y 12° del articulo 5° del Decreto de 22 de junio último, y
en los números 1° y 4° del articulo 6°, ante el Juzgado comparezco y como
mejor proceda alego:
Que con fecha de 24 de los corrientes le fue notificado dicho auto de
procesamiento y prisión provisional, dándose el caso verdaderamente extraño
de que aparezcan las copias entregadas del repetido auto modificadas las
fechas, enmendadas y corregidas, con el número veintitrés. Extrañeza que se
produce al saber que en esa misma fecha 23, le es notificado al juez que venía
actuando el acuerdo de la Sala e gobierno del Tribunal Supremo de Justicia
para que cesara en la instrucción de este sumario e hiciera entrega al nuevo
juez especial designado para seguir su diligenciado. Es curioso y anómalo que
habiendo transcurrido, en un procedimiento que tiene carácter sumarísimo,
varias semanas desde que el señor juez especial número uno del Tribunal de
Espionaje entiende en este sumario, sin tomar resolución alguna, ésta se
produzca y aparezca cuando ha dejado de tener jurisdicción y por ende
competencia para dictarla.
No obstante, hubiéramos silenciado el caso, en honor al respeto que nos
merecen las actuaciones judiciales y en aras de la brevedad que la deseamos
como más interesados en que resplandezca pronto toda la verdad que haya en
el fondo de este asunto, oscurecido en el ambiente envenenado por la pasión
política, si en la redacción del auto a que nos referimos, tanto en el Resultando
como en el Considerando que sirven de premisas a la resolución adoptada, no
hubiera una tal deformación de la verdad por una parte, y desconocimiento tan
supino -dichos sean con los debidos respectos y en términos de defensa- de los
más elementales preceptos del Derecho, que nos obliga, como primera e
imprescindible reacción de defensa, a recurrir al Juzgado, poniendo de relieve
aquellas inexactitudes y errores jurídicos.
Repetimos que hubiéramos aguardado gustosamente, sin hacer uso de recursos
que la ley concede, a que llegara el momento procesal del articulo 548 del
Código de Justicia Militar, de aplicación a este procedimiento, para iniciar todas
las cuestiones que el auto de procesamiento plantea. Pero, ya no es el interés
particular de defensa; es que el presente proceso, por circunstancias y causas
de todos conocidas, tiene una envergadura extraordinaria (pendiente de él se
encuentra la opinión internacional) y creemos que por decoro y prestigio de la
Justicia española debe modificarse un auto de procesamiento en el que el
Derecho, la verdad a incluso la lengua castellana resultan tan mal parados
porque al saltarse las reglas jurídicas. lógicas y gramaticales, pone en pobre
criterio la capacidad en los tres aspectos de una Magistratura que, salvo en esta
lamentable excepción, tan alto está dejando el prestigio de la Justicia de la
España leal.
Por ello, utilizamos el recurso que nos concede el párrafo 3° del artículo 421
del Código de Justicia militar.
La procedencia de este recurso se justifica poniendo en relación el artículo 4°
del Decreto de 22 de junio del presente año (Gaceta del 23) con los 653 y 421
del Código de Justicia militar. En aquel artículo se determina que estos
sumarios se tramitarán por el procedimiento sumarísimo establecido en el
Código de Justicia militar. En el primer párrafo del artículo 653 del Código de
Justicia militar se indica que la tramitación de los juicios sumarísimos se
arreglará a la del juicio ordinario en todo aquello que no esté modificado por las
reglas que en el título XIX del Tratado III del citado código se establecen. Y
como entre éstas no existe ninguna que prohíba la utilización del recurso que
plantearnos (normado para el procedimiento ordinario en el artículo 421) es
evidente su procedencia.
Por analogía e interpretando razonablemente lo dispuesto en esta última
disposición legal, este recurso lo formalizamos y presentamos ante el juez
instructor, para que la petición de revocación, reforma o modificación del auto
de procesamiento sea elevada por éste al Tribunal Especial de Espionaje.
Y para razonar la procedencia de la revocación y reforma del auto de
procesamiento, hacemos los siguientes razonamientos, separando lo que son
consideraciones sobre el Resultando como materia de hechos, de los que son
argumentos de índole jurídica respecto al absurdo Considerando que pone en
relación aquellos hechos con la resolución judicial recurrida.
CONSIDERACIONES SOBRE LOS HECHOS
PRIMERA. Es absurdo que en un proceso de la amplitud del presente, en el que
la más elemental prudencia indica la necesidad de discriminar y separar hechos
y actitudes, para poder señalar posibles responsabilidades, se recoja, como en
pesca en barrido total, todo aquello que al Juzgado instructor ha traído una
policía judicial de cuya competencia y capacidad tan pobre muestra da lo que se
deja entrever de estos atestados, y se establezca un solo voluminoso y fantástico
hecho, en el que por igual se señalan a los más altos dirigentes de un partido
político, que un simple miliciano que tuvo la desgracia de caer en esa redada
total de la policía. Esto si no fuera triste y lamentable por la pobreza de
competencia y de inteligencia que representa, seria sencillamente donoso hasta
el punto de producir hondos regocijos a cualquier espíritu humorístico. Porque
graciosa, repetimos, si no fuera trágica, seria la actitud de un Juez que
prácticamente exclama: “Esto que trae la policía, esto entrego yo, sin añadir ni
quitar, a las manos de la Justicia”. Actitud comodísima y absurdo solo
comparable a la del juez rabelesiano que encomendaba a la alta discreción y al
azar de los dados la resolución de los pleitos que le sometan a su conocimiento.
SEGUNDA. No conocemos, ni podemos conocer, por vedárnoslo el secreto del
sumario, el contenido de su diligenciado, pero en nombre de la honradez
política y revolucionaria de nuestros defendidos, hemos de protestar de la
primera afirmación que establece el Resultando comentado, al establecer una
relación entre la Gestapo alemana y las actividades de los dirigentes y afiliados
del POUM.
Tenemos la seguridad absoluta de que en el sumario no existe prueba ni indicio
racional que permita hacer tan grave y gratuita aseveración. Y esta seguridad
está avalada por la misma peregrina redacción de esa afirmación, digna no ya
de los jueces de una democracia, sino de los métodos policiacos de países en
que la verdad, el honor individual, la libertad personal y todos los valores y
derechos personales no merecen estimación alguna, porque están sometidos
por métodos maquiavélicos al interés totalitario de las dictaduras allí
imperantes; nos referimos a los países donde el fascismo reina.
Puestos de acuerdo -se dice en el Resultando comentado- con individuos
extranjeros afectos a la Gestapo alemana, que hasta ahora no han sido
presentados. Es decir, que los tiene que extraer el juzgado del país de la
Quimera y de la fantasía, no acordándose que esos terrenos pertenecen
exclusivamente a los acreedores de la literatura imaginativa y de ensueño, pero
que son vedados por los distribuidores y administradores de la práctica y
realista Justicia.
TERCERA. Igualmente es absurdo lanzar así, sobre todos los componentes de
un partido, dirigentes y simples afiliados, las supuestas consecuencias de la
aparición (no sabemos dónde, pues el Resultando no lo indica) de unas
supuestas fotografías y códigos telegráficos, por otra parte al alcance de
cualquiera.
CUARTA. Del mismo modo estamos seguros que no puede haber pruebas en el
sumario que indiquen como origen del movimiento del mes de mayo en
Barcelona, una preparación meditada del mismo en la finalidad que se le señala
en el Resultando comentado, ni la participación en el mismo de todos y cada
uno de los procesados. Abrigamos la certeza de que a poco que los encargados
de esclarecer la verdad, policiacamente en el atestado y judicialmente en el
sumario, hayan tenido un cierto celo en su cometido, se habrá podido
comprobar que en los orígenes de ese movimiento, más o menos razonable de
las masas, que todos condenamos y lamentamos, no hubo labor de inducción,
sino solamente una reacción colectiva, emocional, neurótica si se quiere de
causas complejas, con participación por acción o por omisión de muchos cuya
responsabilidad será muy difícil precisar.
Pero sobre esto no hemos de insistir, porque el momento procesal más oportuno
llegará cuando se dé conocimiento de los cargos, a los procesados y a esta
defensa.
QUINTA. En el sumario ba de aparecer que Julián Gómez García era director
del periódico La Batalla y responsable por tanto (cuando los autores de los
escritos que se suponen delictivos- no aparezcan, y no creemos que sobre esto
baya realizado investigación alguna; siendo tan primordial) de aquellos escritos.
Esto se silencia indebidamente, para poder extender la responsabilidad a un
simple redactor-jefe, que legalmente no puede tenerla. Es además incierto que
José Escuder sea redactor-jefe de La Batalla. Es simplemente confeccionador-
técnico. Y no creemos que un cajista pueda ser nunca responsable del contenido
de un periódico.
SEXTA. Se cometen inexactitudes al señalar quiénes son los miembros del
Comité ejecutivo del POUM, pues no lo son Daniel Rebull ni Dositeo Iglesias,
que por otra parte no sabemos por qué están presos.
Y, por otra parte, es sencillamente ridículo suponer a un pobre secretario
administrativo, a un sencillo miembro del Comité de Víveres, a un simple
miliciano de una columna o a un pagador de milicias, complicados en todo ese
cúmulo de manejos de alta traición o profunda política subversiva, con cuyas
referencias el Resultando nos asombra.
Pudiendo afirmar, con plena confianza de estar en lo exacto, que no aparece en
todo el atestado, ni en el sumario, el menor indicio que autorice esta ligera y
alegre complicación de posibles responsabilidades.
ERRORES DE DERECHO
PRIMERO. Y el de más bulto. El Decreto de 22 de junio del presente año
(Gaceta del 23), al crear el Tribunal Especial de Espionaje y Alta Traición,
establece en sus artículos 5º y 6º nuevas figuras delictivas y nuevas
penalidades. No es necesario insistir, dada la alta competencia del Tribunal a
quien este escrito en definitiva se dirige, sobre lo que supone el
desconocimiento que en el único Considerando del auto recurrido se muestra de
la realidad jurídica anteriormente expresada.
Se podrá discutir, teniendo en cuenta la disposición transitoria del Decreto
citado, sobre la competencia del Tribunal de Espionaje para entender o no en
ciertos sumarios, pero lo que no cabe duda es que, por un precepto legal de
Derecho, intangible y sagrado (garantía, contra la que no se puede ir, de la
libertad individual) las nuevas figuras de delito que en el Decreto aparecen y las
nuevas penas no pueden aplicarse, de ninguna forma, a hechos ocurridos con
anterioridad a la aparición en la Gaceta del referido Decreto.
Y se falta a esa normal esencial del Derecho penal cuando por un juez se
decreta a voleo procesamientos fundados en casi todos los apartados del
Decreto, sin tener en cuenta que la mayoría de ellos (todos, mejor dicho, porque
para fijar responsabilidades en su día, al aplicar penas tendrá que recurrirse, si
hubiere tales responsabilidades, a las Leyes en vigor en mayo, cuando
ocurrieron los sucesos que se examinan) no pueden tener aplicación en el
presente sumario.
SEGUNDO. En vigor, por no haber sido derogadas, las normas que señala la
legislación vigente sobre delitos de imprenta, respecto a quienes deber ser
reputados autores de hechos que por tal medio se cometieren, es antijurídico el
fundar un auto de procesamiento en el hecho de ser una persona redactor de un
periódico.
TERCERO. Es indudable que se falta a lo preceptuado en el artículo 421,
párrafo 1°, del Código de Justicia militar, en relación con el 364 de la Ley
adjetiva penal, cuando (y por más notorio señalamos los nombres de Daniel
Rebull, Dositeo Iglesias, José Escuder, Francisco Gómez Palomo, José Rodríguez
Arroyo, Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Jiménez) sin indicios de ninguna
clase, por la sola desgracia doble de haber nacido y ser presentado al juzgado
por la policía, se le somete a las torturas de un tan grave procedimiento judicial.
La mayor parte de ellos no ha estado siquiera en Barcelona, ni tienen los
gratuitos cargos que el señor Juez quiere atribuirles.
Así, José Escuder, a quien el juez llama redactor-jefe de “La Batalla”, es
sencillamente un confeccionador técnico, y así consta en el atestado policiaco.
Dositeo Iglesias no es del Comité ejecutivo y residía en Madrid, estando
accidentalmente en Barcelona. Daniel Rebull tampoco es del Comité ejecutivo.
Francisco Gómez Palomo es secretario administrativo, pero no del Comité
Ejecutivo, sino de la sección local de Madrid. A Francisco Clavel, el señor juez,
en esta distribución arbitraria de cargos y honores, lo nombra miembro del
Comité de Víveres, y del atestado solo puede deducirse que pertenecía a la
intendencia del Cuartel del POUM en Madrid. A Víctor Berdejo lo designa
pagador de las Milicias del POUM, y efectivamente lo fue, pero en Madrid hasta
el 31 de diciembre pasado nada más. Y a José Rodríguez Arroyo lo procesa por
simple miliciano del POUM. El caso es como para no comentarlo.
En virtud de los razonamientos expuestos, que no alargamos ni ampliamos en
honor a la brevedad, SUPLICAMOS al juzgado instructor que teniendo por
presentado este escrito y por entablado en tiempo y forma el recurso que
autoriza el artículo 421 del Código de Justicia militar, se sirva elevarlo al
Tribunal Especial de Espionaje y Alta traición, con la posición que ante él
hacemos de que sea revocado el auto de procesamiento recurrido como es de
Justicia, que pedimos en Valencia, a 25 de agosto de 1937».
12.LO QUE HAN DICHO Y CONFESADO ALGUNOS MINISTROS Y OTRAS
PERSONALIDADES
«No existe ninguna prueba de espionaje contra ninguno de los dirigentes del
POUM».
(Irujo, ministro de Justicia)
«No creo el que los dirigentes del POUM sean espías».
(Prieto, ministro de Defensa Nacional)
«La opinión pública catalana no puede creer el que Nin sea un espía fascista».
(Companys, presidente de la Generalidad)
Nada prueba mejor la vesania del estalinismo, lo absurdo de sus calumnias y los
propósitos que le guían al sostener su gran campaña de escándalo contra el
POUM, que las declaraciones de los ministros y otras varias personalidades con
cargos de importancia y responsabilidad. Ante las delegaciones internacionales
que vinieron a nuestro país para verificar, mediante una información a fondo, la
verdad de las acusaciones lanzadas contra nuestro partido, ante familiares de
los camaradas detenidos y procesados, ante los representantes de nuestro
actual Comité Ejecutivo, ninguno de los interrogados, ningún ministro, ninguna
otra personalidad sostuvieron, ni remotamente, el criterio de que le POUM
estuviera al servicio de Franco, ni de que nuestros camaradas fueran agentes
de la Gestapo. Mejor dicho, creemos que hay una excepción. Se trata de aquel
simpar Manuel Cordero, el hombre de los mil y un cargos retribuidos durante el
primer bienio republicano-socialista, el militante más desacreditado en el seno
del Partido Socialista, y que ahora, por lo que parece -¡cosas veredes mío Cid!-
es un incansable propagador del llamado y sobado Partido Único, es decir, de la
fusión de su partido con el Partido Comunista. Don Manuel Cordero, no
sabemos con cuántos cargos hoy día, para mejor sostener su amistad con los
estalinistas pone en duda la integridad revolucionaria de nuestra organización y
de nuestros hombres. Pero no vale la pena -¡es de tan poca importancia don
Manuel!- hablar más de él.
Nos vamos a remitir a los documentos hechos públicos por las delegaciones que
estuvieron en nuestro país. Los informes que presentaron al proletariado
mundial podrán ofrecer más objetividad que nuestras propias palabras. Del
rapport publicado en Francia por R. Louzon, el conocido y viejo militante
sindicalista francés, que formó parte de la primera de dichas delegaciones,
transcribimos:
«Las visitas de la primera categoría nos han enseñado dos cosas: la primera, es
que ningún partido creía, o al menos no aparentaba creer, en la acusación de
espionaje lanzada contra Nin, Gorkin, etc. ;la segunda, es la amplitud de la
represión, la cual ha castigado no solamente al POUM, sino a todas las otras
organizaciones antifascistas que no están actualmente en el poder.
Vázquez y Montseny encuentran escandalosa la arrestación de Nin y los otros, y
su posición, tal como Vázquez acabara de definiría en un discurso del cual
hemos visto las pruebas de imprenta, es ésta: si hay espías en el POUM, como
probablemente los hay en todos los partidos antifascistas, que se les castigue,
pero esto no da derecho a exterminar el POUM en cuanto organización.
(...)
Miravitlles nos ha declarado espontáneamente que en seguida de la detención
de Nin por espionaje, acusación que nadie puede creer, fue llamado por
Companys y los dos decidieron que éste escribiría inmediatamente una carta al
gobierno de Valencia señalando la deplorable impresión producida por esta
detención, que “la opinión pública catalana no podía creer que Nin fuese un
espía fascista, y que Companys casi no tenía necesidad de hacer un gran
esfuerzo para poderlo admitir”. Esta carta fue enviada en seguida a Valencia
por el propio Míravítlles y entregada por él a Ortega, Director General de
Seguridad (el verdadero ministro). Ortega declaró entonces que se tiene
pruebas abrumadoras contra Nin, y enseñó a Miratvilles una pieza (plano
milimétrico de Madrid, con texto en el dorso escrito con tinta simpática, en el
que se trata de un cierto N), tan evidentemente falsa según Míravitlles, “que
rompí a reír y que nadie tendrá la osadía de hacer ya más uso de esa pieza”.
(...)
Largo Caballero nos declara que conocía personalmente desde hacia mucho
tiempo a Nin, Gorkin y otros más, y que, a pesar de ser su adversario político,
sabia perfectamente que éstos no eran ni podían ser espías fascistas. Si Nin y
los otros miembros del POUM son actualmente perseguidos por espionaje, es
solo por razones políticas, porque el Partido Comunista quiere destruir el
POUM.
Si en esta necesidad el Partido Comunista se ve apoyado por los otros partidos
gubernamentales (socialistas de derecha y partidos burgueses) –añade Largo
Caballero-, es únicamente porque la derecha socialista tiene necesidad del
sostén comunista para la salvaguardia de la democracia burguesa. Las
persecuciones contra el POUM son el rescate que éstos pagan al Partido
Comunista.
(...)
Companys nos confirma la gestión que había hecho cerca del gobierno de
Valencia, y que nos había relatado Miravitlles. Luego habla de consideraciones
generales, explicándonos que Cataluña había tenido que interrumpir su
revolución, porque se había encontrado insuficientemente sostenida por el
proletariado de los demás países que, actualmente por todas partes está a la
defensiva (frentes populares).
(...)
Pabón nos informó que el ministro de la Gobernación había telefoneado a
Madrid, a su colega de Justicia, el cual había visto a todos los presos, Nin
inclusive; que éstos estaban ya todos en las prisiones del Estado y que dentro
de ocho días el asunto sería retirado a la policía para pasar al juzgado. Además,
que los presos actualmente en Madrid serían trasladados todos a Valencia.
Pedimos tener confirmación directa de todo esto, sea por el ministro de la
Gobernación o sea por el de Justicia.
(...)
Al día siguiente fuimos recibidos, en compañía de Pabón, por el ministro de
Justicia.
Este, después de habernos afirmado que en España no se podían producir cosas
como en Rusia, nos confirma lo que nos había dicho la tarde del día anterior por
mediación de Pabón y se compromete a escribirlo, lo que hizo la misma tarde en
una carta a este último, de la que hemos visto el original y sacado
reproducciones.
Por el contrario, si bien el ministro nos declaró explícitamente que «yo no puedo
creer que Nin fuese un espía, como no podría creer que Franco sea un agente
de Inglaterra», no hizo ninguna alusión a la posibilidad de abandonar la
acusación de espionaje».
Del informe publicado por la segunda delegación internacional, compuesta por
un miembro de la Cámara de los Comunes británica, por un periodista francés,
por un abogado del Colegio de París y por un componente del Consejo nacional
del Partido Frontista y delegado al Buró del Frente Popular en París,
extractamos
lo siguiente:
«Los señores Irujo, Zugazagoitia y Prieto han insistido mucho sobre el hecho de
que no se pensara que el Gobierno estaba interesado en hacer desaparecer a
Nin; que, por el contrario, este asunto les incomodaba enormemente y que
habían hecho todo lo posible por encontrarlo. La delegación afirma no haber
pensado jamás en una participación directa del Gobierno en esta desaparición.
(...)
El señor Irujo afirma textualmente: «Nin no ha estado nunca en una cárcel del
Gobierno. Nin jamás ha puesto los pies en una prisión del Estado». Ha
desaparecido en una «casa particular que no era una cárcel»; se trataba, según
Irujo, “de una villa, de un hotel particular rodeado de un jardín y situado en
Alcalá de Henares, de un hotel deshabitado y que la policía ocupó
especialmente para encerrar a Nin”. Este habrá sido secuestrado por
«elementos fascistas, hipótesis que no le parecía muy verosímil, o por
elementos de las Brigadas internacionales, hipótesis que creía más cierta.
Dice que se abrirá un sumario por el secuestro de Nin y que los autores serán
juzgados por crimen de alta traición, “aun cuando el mismo Nin fuese
condenado a muerte por rebelión”. Varios ministros -dice Irujo- declararán
sobre este asunto. Se irá a buscar a los autores, por altos que éstos estén.
El señor Irujo se duele que la policía se haya convertido casi en independiente y
que los elementos extranjeros puedan tener el control real de la misma. Se
queja de la influencia del Partido Comunista sobre la policía.
(...)
El señor Zugazagoitia, ministro de la Gobernación, afirma que es inexacto que
Nin haya estado en prisiones del Estado. Una casa en la cual se instalan policías
oficiales se convierte -dice- en un local oficial. El ministro se queja muy
vivamente de la policía, compuesta -según él- de elementos reclutados
apresuradamente después del 19 de julio, elementos procedentes de partidos en
los cuales se les enseñaba el desprecio a la policía, cargados de pasiones
políticas y que comprendían hasta un buen número de analfabetos.
(...)
El abogado Pabón comunica a la delegación que en el mismo día había sido
nombrado un juez especial para instruir el proceso, que su informe estaría
terminado en algunos días (en efecto, estuvo terminado el 23 de agosto) y que
él, Pabón, tendría entonces conocimiento del dossier y solicitarla un plazo de 15
o 20 días para realizar las encuestas y contraencuestas que le parecieran
indispensables.
Pabón afirma que, según sus noticias, el dossier no contenía ninguna prueba
sería de espionaje y que el documento N (el plano milimetrado) aparecía
definitivamente descartado. Pabón, por su situación. tiene la posibilidad de
conocer casi todo el dossier y éste no reserva más que la posibilidad de
improbables piezas secretas.
(...)
Irujo, ministro de Justicia, declara que los dirigentes del POUM, interrogados
por la policía respecto a si eran espías, lo han negado, e interrogados a si eran
responsables de las jornadas de mayo, han dicho que si. Habla de la gravedad
de los hechos de mayo, diciendo que es preciso una sanción a tales hechos. pero
añade que tiene la intención de presentar al Consejo de Ministros un proyecto
de amnistía para los delitos políticos y sociales, precisando que solo serían
excluidos los de traición y espionaje. «La extrema derecha -dice- se opondrá
probablemente a este proyecto». Irujo precisa igualmente que la extrema
derecha son los comunistas, el presidente del Consejo forma el centro y él, en
tanto que liberal, la izquierda. Si el Tribunal pronuncia penas de muerte,
intervendrá una medida de gracia, conmutando esas penas por la reclusión
perpetua, viniendo en seguida la amnistía.
Respondiendo a varías preguntas, el ministro precisa que si ciertos miembros
del POUM fueran convictos de espionaje, serían juzgados en dos procesos
(espionaje y jornadas de mayo), pero que la distinción entre los dos procesos
subsistiría; y añade que, por otra parte, no existe ninguna prueba de espionaje
contra los dirigentes del POUM y que en particular el documento N no tiene
valor alguno.
Un miembro de la delegación pregunta si será posible que observadores
extranjeros asistan al proceso. El ministro afirma con vehemencia que el
proceso será público, puesto que no se trata de espionaje. El miembro de la
delegación señala, sin embargo, el caso de que el documento N, por ejemplo,
fuera a pesar de todo mantenido. El ministro responde enérgicamente que el
problema no puede ser planteado, que el proceso será por las jornadas de mayo
y público, que aunque él no ha hecho sino dejar a la justicia seguir su curso sin
intervenir, puede pensarse que todas las piezas han pasado por sus manos y que
no ha dejado de tomar conocimiento de las mismas. Señala que ya ha tenido
ocasión de afirmar más de diez veces en el curso de esta entrevista que no
habrá acusación de espionaje contra los dirigentes del POUM. “El POUM -dice-
responderá de su gesto revolucionario contra la República”. Un miembro de la
delegación plantea el problema de las responsabilidades fuera del POUM por
los sucesos de la primera semana de mayo. El ministro responde que estima que
los hechos de mayo deben de ser sancionados, pero que le parece que en unos
hechos en que ha participado tanta gente, un sentimiento de humanidad
aconseja no llevar ante la justicia más que a los principales responsables y que,
por otra parte, las leyes españolas autorizan a juzgar individualmente o por
pequeños grupos a las personas inculpadas en los affaires de este género, ya
que así se habla hecho en numerosas ocasiones, principalmente en 1933 y 1934.
(...)
Eduardo Ortega y Gasset, Fiscal de la República, ha recibido a los camaradas
Maxton y Weil-Curiel; les ha expresado toda la estimación que tenía por los
dirigentes del POUM, es decir, que él estaba bien lejos de creer que fueran
fascistas.
(...)
Prieto, ministro de Defensa nacional, dice que él no cree que los dirigentes del
POUM sean espías. Se eleva contra los sucesos de mayo, que han sido -según él-
organizados por el POUM; dice que son un resultado de los artículos de “La
Batalla”. El Gobierno, añade el ministro, debe defenderse contra los que
quieren “la revolución a toda costa”, cuando no es ese el momento de España.
Dice que el programa mínimo que se ha asignado el Gobierno es el de ganar la
guerra y que es preciso terminar con los partidos de ideología demasiado
estrecha, como el POUM, la CNT y «los mismos comunistas”, agrega.
El señor Prieto se refiere a la situación militar de España y a la situación
internacional. Dice que la delegación no representa más que a los países que
han hecho poco por ayudar a España, a los partidos cuya acción ha resultado
ineficaz o demasiado poco eficaz, mientras que los rusos envían las armas que
permiten a la República española resistir el asalto del fascismo.
Dejando estas ideas generales, el ministro dice que “lo que es más grave es que
la detención de los dirigentes del POUM no ha sido decidida por el Gobierno,
que la policía ha procedido a estas detenciones por su propia autoridad”. El
ministro no cree, sin embargo, que haya que inculpar a Ortega, que era
entonces Director General de Seguridad. Recuerda a este respecto que cuando
la detención ilegal de Rovira, Ortega le respondió que ignoraba por completo el
encarcelamiento del jefe militar del POUM. Los responsables, según él, se
encuentran en torno al jefe de policía, los cuales habían sido reclutados entre
los elementos comunistas “según sus procedimientos ordinarios”. Sin embargo,
añade que fue a causa de negarse a restituir a Nin por lo que Ortega fue
destituido.
(...)
Prat García no cree que los dirigentes del POUM sean espías; estima que los
artículos de “La Batalla” son pruebas evidentes de la responsabilidad del POUM
en los hechos de mayo.
Un miembro de la delegación plantea varias cuestiones sobre el valor jurídico
de las detenciones de los dirigentes del POUM, pero no pudo obtenerse sobre
estos extremos respuestas bastante precisas. La delegación solo puede señalar
que las explicaciones del subsecretario de la Presidencia del Consejo son más
confusas en este aspecto.
La visita al señor Prat García fue la última entrevista oficial en Valencia de la
delegación».
Igualmente, entre otros muchos documentos, fue hecho público un escrito del
compañero Jordi Arquer, del Comité ejecutivo del POUM, en el cual refiere la
entrevista que tuvo con el ministro de Trabajo, Jaime Aiguader Mir, el 21 del
pasado mes de julio. Dice así:
«Entrevista celebrada el miércoles día 21 de julio de 1937, a las once y cuarto
de la mañana, en el local del Ministerio de Sanidad, Departamento de Asistencia
social afecto al Ministerio de Trabajo, entre el ministro de Trabajo Jaime
Aiguader Miró (Esquerra Republicana de Cataluña), Jordi Arquer Saltó del C.E.
del POUM y José Rabassa, del Comité regional de Levante del POUM.
Una vez que el camarada Arquer le hubo expuesto los pormenores de su
detención y encarcelamiento, y proporcionado datos sobre las detenciones y
traslados, con indicación de días y horas, de los camaradas Pedro Bonet, Julián
Gómez Gorkin, Juan Andrade, José Escuder, David Rey y otros compañeros
cuyos nombres no conoce, de todo lo cual tomó nota por escrito para plantearlo
en la próxima sesión del Consejo de ministros, que tendría lugar, según dijo el
ministro, mañana jueves por la mañana, o sea el día 22. Dijo, en resumen:
1°. Que todos los miembros del gobierno, excepto los del Partido Comunista,
estaban indignados de la forma anormal e improcedente como se había actuado
contra los militantes del POUM, al margen de las personas de responsabilidad
titulares de la dirección de los organismos del poder, y que lo que se nos había
hecho merecía su condena y la de sus camaradas del Ministerio.
2°. Que durante tres reuniones consecutivas del Consejo de ministros se había
hablado de la cuestión del POUM y de la situación de sus dirigentes detenidos.
3°. Que él, personalmente, estaba muy indignado de la actuación del POUM,
pero que como hombre liberal y por sensibilidad humana estaba en contra de
las actuaciones policiacas al margen de los órganos regulares del poder
constituido, y que lo sucedido con las detenciones de los dirigentes del POUM,
de innegable gravedad, comprometía y responsabilizaba al propio gobierno.
4°. Que no tenía que ocultarnos que estaba en el ánimo de todo el gobierno la
necesidad de decretar la disolución del POUM. El camarada Arquer le advirtió
que una medida de tal naturaleza solo podía tomarse mediante sentencia
condenatoria de los Tribunales de Justicia y que tal medida no se atrevió a
ponerla en práctica la dictadura de Primo de Rivera contra el Partido
Comunista, a lo cual contestó el ministro que podía ser una necesidad impuesta
por la guerra.
5°. Que si bien no creía que se hubiera matado a Andrés Nin, y por tanto no
podía afirmar que éste estaba muerto, tampoco podía asegurar que vivía, por
cuanto el propio ministro de Justicia tampoco podía asegurarlo.
6°. Que él estaba a nuestra disposición para todo lo que creyéramos pudiera
sernos útil, a fin de evitar cualquier clase de atropello en las personas de los
detenidos y proporcionarles toda clase de garantías policiacas y judiciales.
7°. Telefoneó en nuestra presencia al ministro de la Gobernación, notificándole
que la policía nos había quitado toda nuestra documentación personal, política y
sindical, así como libros, ropas y otros efectos personales, pidiéndole nos fuera
devuelto, contestándole el ministro de la Gobernación que él telefonearía al
Director General de Seguridad, señor Gabriel Morón, para que nos fueran
devueltos la documentación y demás objetos».
En fin, en aras a la brevedad nos rehusamos a seguir transcribiendo
documentos y escritos de toda índole; en los cuales se pone de manifiesto que el
estalinismo es el responsable directo de la represión desencadenada contra
nuestro partido, que el Gobierno era ajeno a la razzia del 16 de junio y que
ninguno de los ministros -excepción hecha, claro, del señor Uribe, primer
agricultor del reino y ministro de Agricultura, y ese otro gran analfabeto que
está en Instrucción Pública- cree en las acusaciones lanzadas contra el POUM.
Pero asimismo es preciso subrayar esto: todos esos ministros, ministrillos y
demás personajes tienen una responsabilidad más o menos directa. Cierto es
que no se han preocupado ni se preocupan sino de salvar su responsabilidad en
la represión y en la campaña de calumnias; cuantas veces se les planteó cara a
cara el affaire, se apresuraron en pocas palabras a manifestar que ellos eran
ajenos a todo. Pero nunca han movido un dedo para impedir esa campaña, para
destruir la gran calumnia, para apartar el puñal envenenado que se ha
levantado contra los hombres de nuestro Partido. No han hecho más que seguir
al pie de la letra la misma actitud que hace siglos manifestó el procurador
romano Poncio Pilatos. Y la mancha de esta responsabilidad jamás se la
quitarán de encima.
13.EL CARÁCTER EMINENTEMENTE POLÍTICO DEL PROCESO CONTRA
EL POUM
«Sería la mayor de las puerilidades considerar como un proceso judicial este
proceso incoado contra los bolcheviques por el gobierno de Kerenski y
Tseretelli».
(Lenin, Rabotchi y Soldat, 9 de julio de 1917)
Si todas las pruebas o supuestas pruebas acumuladas contra nuestro partido no
tienen valor alguno, si nuestros camaradas presos no pueden ser considerados
como fascistas o agentes de Franco, si solo existe la responsabilidad por los
hechos de mayo en Cataluña según manifestación del ministro de Justicia, se
impone la pregunta siguiente: ¿Por qué se mantiene el proceso incoado contra
el POUM y sus dirigentes? Sencillamente porque este proceso es
eminentemente político, porque responde a una presión exterior y a
necesidades de política interior. Esto y no otra cosa es lo que explica la
aparente contradicción que existe entre las palabras y declaraciones repetidas
de los ministros y los hechos y su manera de obrar. Reconozcamos que también
a los componentes del actual gobierno Negrín les debe molestar no poco la
trepidante campaña del estalinismo y el papel que se ven obligados a
desempeñar, papel que los compromete más de la cuenta ante las masas
trabajadoras del mundo entero y ante toda conciencia liberal y honrada. Pero
hay algo superior a la supuesta buena voluntad de un señor Irujo o de un
Indalecio Prieto. Ya lo hemos dicho: las necesidades impuestas por una política
interior y exterior ajenas al internacionalismo revolucionario. La ayuda de la
URSS a la España republicana hubo de ser pagada no solo en buen oro contante
y sonante, sino también mediante determinadas concesiones de particular tipo
político. Una de ellas ha sido la eliminación del POUM de la vida política del
país y la terrible represión que sufre nuestra organización. Comentando las
detenciones del 16 de junio, el ex ministro y conocido militante de la CNT Juan
López, publicó un artículo que llevaba este título significativo: «¿Se ha pasado
la primera factura al cobro?». Sí, se había pasado una factura al cobro.
¿Qué interés podían tener la Unión Soviética y la Internacional Comunista en
nuestra eliminación? La respuesta exige una preliminar explicación política.
Stalin, dictador absoluto del Estado soviético y de la III Internacional, no puede
tolerar la existencia de ningún partido comunista independiente, de ningún
grupo revolucionario que levante la bandera de la revolución socialista, que el
estalinismo ha abandonado. Cada vez que ha surgido una de estas
organizaciones revolucionarias independientes, la ha combatido a sangre y
fuego, no vacilando en los medios para destruirla. En la URSS, mediante los
monstruosos procesos seguidos de ejecuciones que se van sucediendo ante el
escándalo y la protesta del proletariado internacional, va destruyendo toda
oposición a su política dictatorial y burocrática. En el resto de los países el
estalinismo se limitaba a calumniar a los grupos y fracciones comunistas; es
todo cuanto podía hacer. El proceso contra el POUM es el primero que se
intenta fuera de la Unión Soviética bajo la presión directa y tenaz del
estalinismo. Aunque el POUM no haya mantenido ni mantiene la menor relación
orgánica con las oposiciones rusas -ni, desde luego, con Trotski y el trotskismo,
los espantajos de moda-, entre los diversos procesos de Moscú y el tramado
ahora contra nuestro partido existe una indiscutible línea de afinidad, un cierto
parentesco ideológico. Lo que Stalin y el estalinismo intentan destruir en la
URSS es el recuerdo y la tradición revolucionaria de octubre, para lo cual no
vacilan en denigrar y destruir físicamente a los mejores compañeros de Lenin,
testigos enojosos de la degeneración política en que han caído, bajo su férula
dictatorial, el Partido Comunista y el Estado soviético. Stalin y el estalinismo
intentan ahora extender sus métodos la destrucción fuera de la URSS. El
proceso contra el POUM en nuestro país es -lo repetimos- el primer ensayo en
este sentido. Tanto en la Unión Soviética como en España, lo que se pretende
aniquilar, destruir, es la línea consecuente de la revolución proletaria.
¿Por qué ha elegido Stalin y el estalinismo al POUM como víctima propiciatoria?
Ello no se debe al azar: existen también profundas razones de índole política.
Éstas: Contrariamente a las esperanzas de Lenin, a la victoria de la revolución
rusa siguió en el trágico periodo de la posguerra, una serie de derrotas de la
clase obrera en diferentes países, derrotas que tenían que debilitar
forzosamente las posiciones interiores y exteriores del Estado soviético,
vinculado a la suerte del proletariado internacional. Cambió la correlación de
fuerzas en favor del capitalismo y en detrimento, pues, de la clase obrera. El
fracaso de la revolución alemana, por culpa principalmente de la
socialdemocracia, hizo posible la consolidación provisional del capitalismo
occidental sobre el andamiaje imperialista de Versalles y condujo, finalmente, al
triunfo de Hitler. El fracaso de la revolución china de 1925-1927, cuya principal
e incluso entera responsabilidad incumbe al estalinismo, cortó provisionalmente
el proceso revolucionario en las colonias del Extremo Oriente, permitiendo la
expansión del imperialismo japonés. La Rusia de Stalin, replegándose sobre si
misma -al internacionalismo proletario y revolucionario de la época de Lenin
siguió una especie de nacionalismo, bajo la fórmula seudoteórica del
«socialismo en un solo país», a la medida del nuevo Estado burocrático-, se vio
dominada por una doble obsesión: la Alemania hitleriana y el Japón imperialista,
que la amenazaban como una tenaza de hierro. Desde ese momento, Stalin y el
estalinismo no tienen más que una preocupación central: prepararse para la
guerra, que saben inevitable. En el interior se preparaban mediante una política
de superarmamentos y de militarización absoluta del país; en el exterior merced
a una política de alianzas con unos países capitalistas contra otros. Pero esta
política tiene un precio: el sacrificio de la revolución rusa y de la revolución
internacional.
Frente al bloque que perfilan Alemania, Italia y el Japón, se trata de oponer el
bloque compuesto por Rusia, Francia e Inglaterra. La democracia contra el
fascismo, según la fórmula antimarxista de Dimitrov-Stalin. Este último aspira a
ser el árbitro y jefe del segundo bloque, al cual debe servir de eje el pacto
militar franco-soviético. Mediante la conquista de la dirección de la central
sindical CGT francesa merced a la unidad sindical realizada, así como el intento
de absorción del Partido Socialista francés con el pretexto de una «unificación
sin condiciones», aspira asimismo al monopolio de la dirección política del
Frente Popular en Francia. Una operación semejante le resulta de todo punto
imposible en Gran Bretaña. Allí gobiernan los conservadores y el Partido
Comunista, con sus diez mil o doce mil militantes no cuenta con influencia
política ni tampoco sindical. Tanto el Partido Laborista como las Trade-Union se
oponen obstinadamente a la penetración del estalinismo. Pero Stalin espera
ejercer desde afuera la presión que no puede llevar a cabo desde dentro. Para
ello necesita llegar a dominar, además de la política francesa, la española.
A Inglaterra y a Francia no les interesa, indudablemente, una victoria total y
rotunda del franquismo, ya que fortalecería fuertemente las posiciones de Italia
y Alemania; pero hay algo que les interesa aún mucho menos: es la victoria de
la revolución española y su inevitable irradiación internacional. Toda su política
respecto a España aparece dominada por esa preocupación: impedir la victoria
de uno de los dos bandos en lucha, agotarlos política y materialmente para
imponerles después sus condiciones. Stalin y el estalinismo apoyan esa política
de bloque, al mismo tiempo que intentan realizar una política propia que les
asegure su hegemonía. Le interesa al estalinismo más que a nadie impedir la
victoria de Franco-Hitler-Mussolini; mas quiere asimismo impedir el triunfo de
la revolución española. Una España revolucionaria suscitaría un fuerte
movimiento revolucionario internacional, con su posible repercusión en el
interior de la propia URSS. El movimiento obrero del mundo entero escaparía
así a su control y toda la política estalinista podría venirse abajo. El ideal de
Stalin se cifra –y a ello responde toda su política y la del Partido Comunista
español- en una España democrática, frentepopulista, bajo su control efectivo y
que integrara el bloque de las fuerzas del cual aspira a ser el jefe . ¿Cómo
conseguir todo esto?
Para hacer imposible la revolución española e impedir su triunfo, es preciso
ante todo acabar con las organizaciones revolucionarias. Para atacar en primer
lugar al POUM el estalinismo ha visto una doble razón: nuestro partido es
numéricamente el menos fuerte y el que, sin embargo, mantiene las posiciones
revolucionarias más claras y consecuentes. Por algo hemos pasado por la
escuela de Lenin y de la revolución rusa, a la que permanecemos fieles contra la
escuela estalinista. Pero el plan de Stalin y del estalinismo es mucho más vasto,
y ya lo anunciamos y denunciamos cuando comenzó la campaña contra el
POUM. Hoy todo el mundo puede darse cuenta de ello y, por otra parte, la
prensa estalinista no lo oculta. La destrucción del POUM no seria más que el
preludio; después vendría la destrucción de la CNT y la FAI, así como de la
tendencia de Largo Caballero. La campaña de calumnias contra éste es el signo
más evidente de lo que decimos.
Al mismo tiempo, mediante la absorción del Partido Socialista -como ya se ha
hecho con las Juventudes Socialistas- y la conquista de la dirección de la UGT,
Stalin llegaría a ser el dueño de los destinos del proletariado español. Por eso, a
las organizaciones que no se dejan absorber intenta destruirlas.
¿Cómo se ha montado el proceso contra nuestro Partido? Lo hemos demostrado
en los capítulos anteriores: mediante una violenta campaña en toda la prensa
estalinista, nacional e internacional. Se ha lanzado contra el POUM y sus
dirigentes, contra todos sus militantes, las más graves acusaciones, las
calumnias más infames. Al mismo tiempo, se nos fue eliminando por presión del
estalinismo -la ayuda rusa les permitió hacer y deshacer- de todos los
organismos constituidos al calor de la revolución. En diciembre del año pasado
provocó el PSUC una crisis del gobierno de la Generalidad con el único
propósito de eliminar al POUM, de la misma manera que el Partido Comunista
produjo en mayo una crisis en el gobierno de Valencia con el objeto de eliminar
a Largo Caballero y a la CNT. Esta criminal política de división y de
descomposición de la retaguardia -con sus consiguientes repercusiones en el
frente- se realiza aprovechando las circunstancias en que se desarrolla la
guerra civil y, sobre todo, la mentada ayuda prestada por la URSS. A cambio de
esa ayuda, Stalin va presentando facturas al cobro. ¿Nuestra eliminación de los
distintos organismos? Una factura al cobro. ¿La eliminación de Largo Caballero
y de la CNT? Otra factura al cobro. ¿El proceso contra el POUM? Una factura
más. Y así, factura tras factura, se va realizando el plan de Stalin y del
estalinismo. Lo repetimos: cada victoria de estos últimos significa una trágica
derrota para el proletariado y mengua las posibilidades de una victoria sobre
Franco.
Pero el proceso contra nuestros dirigentes, como todos los procesos montados
por el estalinismo, es burdo, vulgar y está plagado de contradicciones, que no
resisten la menor critica objetiva, ni política ni jurídica. ¿Pruebas? Stalin en
Rusia no las necesita; allí ejerce un poder dictatorial y absoluto sobre todo y
sobre todos: sobre la economía, sobre la política, sobre el aparato de justicia,
sobre la policía, sobre la prensa, sobre la radio... En estas condiciones no es
difícil montar un proceso y cien procesos. Pero los métodos estalinistas erigidos
en norma de gobierno en la URSS, son de difícil exportación. El proletariado
español no los acepta ni los aceptará. Tiene razón el camarada Juan López,
cuando escribía en su articulo anteriormente citado: «En España, hasta las
piedras se levantarán contra esos métodos». Nuestro proletariado lo ha
comprendido: lo que se juega en este proceso contra el POUM y sus dirigentes
es algo más que la suerte de un partido y de unos militantes obreros; es la
suerte misma de la revolución española y de la revolución internacional. Y quizá
aún más que el proletariado español, ha comprendido esta terrible verdad la
clase obrera internacional. La mirada y el pensamiento de ésta no se ven
empañados por la angustia directa de la guerra civil y sus crueles necesidades.
La conciencia del proletariado internacional, despierta por las ejecuciones de
Moscú, se ha conmovido ante el proceso montado contra el POUM. ¡Cómo! ¿No
contento con ahogar la revolución rusa, Stalin quiere ahora estrangular la
revolución española? Sí, camaradas; Stalin y el estalinismo quieren ahogar la
revolución española y ahogarnos a todos nosotros. Para ello no vacilan en
imponer desde el Kremlin sus métodos sectarios y desmoralizadores, sus
procedimientos crueles y criminales. No le importa al estalinismo que nuestra
lucha común contra el fascismo pueda tener un fatal desenlace. La guerra
contra Franco y los suyos solo ha servido al Partido Comunista como material
de agitación, para aumentar sus filas y extender su influencia. Y aprovechando
esta influencia, ir liquidando al resto de las organizaciones obreras e incluso sus
colaboradores de ayer. Esta evidencia la ha comprendido el proletariado de
todos los países del mundo, que hoy nos claman su solidaridad. Saben que
mañana les corresponderá a ellos sufrir en carne viva las consecuencias de los
métodos estalinistas, de esos métodos contrarios a todo principio de moral
proletaria, de moral socialista.
Quedan explicadas las razones que han movido y motivado la terrible represión
sufrida por nuestro Partido, así como el proceso montado contra el POUM. Si a
pesar de los meses transcurridos -esta clase de procesos son siempre
sumarísimos y han de terminarse en un plazo breve de días- todavía no se ha
celebrado la vista de la causa, es por tres razones principales: la protesta de la
clase obrera nacional e internacional; la falta absoluta de pruebas, ya que las
que el estalinismo ha fabricado no son más que burdas falsificaciones y
calumnias sin fundamento y también la influencia decreciente del estalinismo
en nuestro país. Esta última no es de poca importancia. Su explicación sale de
los limites que ahora nos hemos impuesto; pero baste saber que las
aspiraciones de Stalin de erigirse en el árbitro del bloque llamado democrático
no se ven cumplidas. Inglaterra separa cada vez más a Francia de la URSS y a
la vez elimina la influencia de ésta en España. Tal es la realidad, buena o mala.
Tal vez no está lejano el día en que los ministros estalinistas salgan de sus
despachos con la cabeza gacha para no volver. Pero el proceso que éstos han
montado queda como una herencia para los republicanos. No se atreven a poner
en libertad a nuestros camaradas, y por ello optan por mantenerlos en prisión,
sin que el proceso tenga posibilidades de celebrarse. Lo que comenzó siendo un
proceso eminentemente político va quedando en nada, en una astracanada bufa
a lo Muñoz Seca. Y es que la política de nuestros demócratas tiene mucho de
astracanada y de bufonería.
14.A MANERA DE EPÍLOGO
«La justicia española es independiente de toda presión política»
(Irujo, ministro de Justicia)
El proceso solo se mantiene por puro chantaje, por cobardía de un gobierno que
se pliega a designios extraños y por dejación de una justicia mil veces
envilecida. No lanzamos estos adjetivos a humo de paja, ni tampoco por
desesperación, que en este caso estaría justificada. No hace falta sino examinar
brevemente los hechos para comprender la razón que nos asiste. Cada día,
durante más de un año, han podido leer el señor ministro de Justicia, el señor
fiscal de la República, todos los funcionarios altos y bajos del Ministerio fiscal,
las acusaciones que el estalinismo ha lanzado contra el POUM, acusaciones que
de ser ciertas en una centésima parte harían, por su gravedad, ineludible el
pelotón de ejecución. ¿Por qué no han actuado inmediatamente? ¿Cómo se
explica que no hayan tenido la curiosidad de comprobar si lo que se denunciaba
públicamente desde la prensa estalinista era cierto? ¿Cómo podían permanecer
indiferentes ante acusaciones de tal magnitud, lanzadas por personas y diarios
de un partido que tenía representación directa en el gobierno? Pues ni actuaron
ni obraron, encerrándose en la mayor de las indiferencias. Y así meses y meses,
durante todo un año. ¿Qué pensarán de esta pasividad de los funcionarios, a
quienes compete la persecución de los delitos, las gentes de nuestro país y del
extranjero no iniciadas en los secretos de la política gubernamental? ¿Qué
opinión tendrán fuera de nuestras fronteras de la justicia española –de esa
justicia «independiente de toda presión política», según ha expresado el señor
Irujo-, al ver que en un país en guerra una organización puede ser acusada
públicamente de los peores crímenes contra el Estado por un partido
representado en el Gobierno, sin que inmediatamente se produzca una
intervención judicial?
La intervención judicial solo se produjo después del golpe de mano dado por el
estalinismo contra nosotros, después de la terrible represión iniciada el 16 de
junio, es decir, después de encontrarse ante un hecho consumado. Las
autoridades de toda clase, el gobierno y los ministros, la tan cacareada justicia,
no hicieron sino dar el visto bueno a la acción estalinista y encubrirla y
protegerla. Se realizó un maridaje celestinesco, a todas luces antijurídico. Una
justicia miedosa y envilecida se prestó al juego criminal del estalinismo; y un
juez cuyo pasado lo descalificaba -gran propietario reaccionario, antiguo
candidato monárquico, castigado por delito de cohecho- redactó el auto de
procesamiento que otros le dictaron. Admitió como pruebas las falsificaciones
del estalinismo y como pieza de convicción la charlatanería cotidiana de su
prensa. No ha habido -creemos haberlo demostrado suficientemente- más
diligencias judiciales que los atestados manera policiacos, las novelonas urdidas
por una policía descocadamente parcial y partidista, integrada por militantes
comunistas. Sin mandamiento judicial alguno se han realizado detenciones,
asaltos de locales, encarcelamientos y otras arbitrariedades mil; sin sentencia
de ninguna clase se ha eliminado físicamente a varios camaradas. ¿Cabe mayor
monstruosidad? Pues sí, aún ha habido mayores monstruosidades: un juez en
arranque de dignidad -el que fue encargado de instruir el sumario por la
desaparición del camarada Andrés Nin- ordenó el encarcelamiento de dos
agentes de policía, contra los cuales existían pruebas evidentes de
responsabilidad; este juez (el señor Moreno Laguía) fue detenido por orden del
que era Director General de Seguridad, señor Morón. Otro caso: el nuevo juez
que preside el Juzgado número 1 del Tribunal de Espionaje ha acusado a la
compañera de Maurín de servir de agente de enlace con los franquistas,
tergiversando previa y conscientemente unos documentos. El verdadero sentido
de esos documentos lo conocen León Blum, ex jefe del gobierno francés, y
André Blumel, subsecretario de la Presidencia, ya que fue a través de ellos que
se realizaron las gestiones en las cuales este nuevo juez -que en el pasado
perteneció al Partido Comunista y que luego abandonó por miedo a perder su
empleo de funcionario en el Ayuntamiento de Madrid- quiere encontrar motivo
para acusar a Juana Maurín de estar al servicio de Franco; pues bien, el señor
Mora -tal es el juez de marras- se ha negado terminantemente a admitir la
propuesta de nuestro abogado de que se tome declaración a Juana Maurín, a
León Blum y a André Blumel. Este hecho demuestra hasta la saciedad el
carácter de persecución política que tiene el proceso seguido contra nuestros
camaradas.
Y todavía más: los tribunales, los jueces, todo el aparato de la justicia
republicana con su ministro al frente, han consentido que la prensa estalinista
lanzara las mayores acusaciones contra el POUM; el que se refiriera a pruebas
que nadie conocía y publicara textos y documentos -de cuya autenticidad ya no
vale la pena hablar- que ni siquiera conocía el juez encargado del sumario ni el
representante del Fiscal general de la República. Una de dos: o las pruebas de
nuestra culpabilidad que uno y otro día daba a conocer a sus lectores la prensa
estalinista eran falsas, y en este caso se imponía el castigo del falsario; o de ser
verdaderas había de aclarar cómo tenían en sus manos las averiguaciones
preliminares de la policía y las piezas de convicción que figuran en un sumario
que es y tiene que ser secreto. De esas pruebas sumariales nada se había hecho
público oficialmente y buena prueba de ello es que ningún otro diario -a parte
de los estalinistas- pudo conocerlas. Sin embargo, la prensa controlada por el
Partido Comunista sirvió a sus incautos lectores las supuestas pruebas de la
traición del POUM y de la responsabilidad de sus dirigentes. ¿Qué nos dice todo
esto? Ante todo, algo muy importante y fundamental: que todos esos
documentos, burdos y miserables, fueron falsificados y elaborados en el
laboratorio estalinista, sirviéndolos luego en bandeja a una justicia dispuesta a
los más bajos menesteres.
Mientras se nos había reducido casi al silencio; mientras se había suspendido
nuestra prensa y asaltado nuestros locales, arrojándonos de hecho a una
ilegalidad absoluta sin sentencia alguna; mientras se intentaba ponernos
mordaza de hierro, la prensa del Partido Comunista seguía lanzando a placer, en
la mayor de las impunidades, injuria tras injuria, calumnia tras calumnia. Se
permitió esto: que se condenase públicamente a unos hombres antes que de los
tribunales llamados a ello juzgasen; que se batieran los tambores antes de que
los acusados fueran interrogados. ¿En dónde ha sucedido cosa igual? Esta es la
justicia de la España republicana, una justicia reservada única y exclusivamente
a los revolucionarios, a los que lucharon contra la monarquía, contra la
dictadura de Primo de Rivera, contra la reacción vaticanista del llamado bienio
negro; justicia que apunta directamente al corazón de los que el 19 de julio
impidieron con su esfuerzo, con su decisión, con la vida de los suyos, a que se
entronizara el fascismo en toda la península. Para los falangistas cogidos in
fraganti con las armas en la mano, los magistrados y autoridades antifascistas
reservan toda su consideración y mesura; las condesitas prisioneras en Brunete
se pasean hoy por tierra de Franco; los que continúan encarcelados en
territorio republicano son tratados con miramientos mientras esperan que los
tribunales decreten su libertad y se les otorgue luego, oficialmente, un
pasaporte para ir junto a los suyos; el hijo de Goded, militar sublevado el 19 de
julio en Barcelona, no ha sido fusilado ni lo será, pero lo fue nuestro camarada
Marciano Mena por un simple delito de cuartel que ni siquiera había cometido.
Nuestros camaradas y nuestras compañeras están encerrados en calabozos
inmundos, húmedos, fríos, llenos de miseria; pero uno de los Primo de Rivera, el
diputado de la CEDA señor Lucia, el líder falangista Fernández Cuesta , los
familiares de Queipo del Llano, de Aranda y de otros militares sublevados,
pasan el tiempo en magnificas celdas, donde no falta ni la más mínima
necesidad. Esta es la desigualdad irritante que nuestros presos, todos los
presos políticos de la clase trabajadora, palpan día tras día. Y, mientras tanto, la
prensa estalinista sigue pidiendo a gritos la cabeza de nuestros hombres. Si
alguien intenta replicar, un gabinete de censura al servicio de esta política
monstruosa impide la publicación del menor escrito.
Este trato de la censura merecerla también capitulo aparte. Ejercida por
periodistas sin dignidad y sin valor, ha alcanzado el mismo grado de venalidad y
envilecimiento que logró durante el periodo dictatorial del general Primo de
Rivera, en manos entonces de unos militares que escribían con el sable en lugar
de emplear la pluma. Mejor dicho, ha alcanzado mayor degeneración aún. Ha
permitido la publicación de cualquier escrito contra el POUM; ha consentido al
estalinismo el calumniarnos a su libre antojo; a dejado pasar sueltos
ignominiosos, en los cuales se prejuzgaban supuestos delitos sobre los que no
existía ni existe sentencia alguna; ha sido un vulgar instrumento del estalinismo
y se ha hecho eco de las truculencias de un Burillo cualquiera. Basta que lo
escrito se refiriera al POUM para dejarlo publicar si se nos llenaba de lodo.
Incluso se erigieron en jueces, a veces, para sentenciarnos, como cierta nota
que recordamos del jefe de los servicios de censura de Barcelona, señor
Solsona, periodista que ha rodado por toda España en busca de un buen
puchero, sirviera quien lo sirviese, en plan además de sablista profesional; como
no sabia escribir fue nombrado gobernador de no recordamos qué provincia, de
la cual tuvo que irse; más tarde lo fue de Valencia, de donde también lo
echaron, para ser últimamente jefe del gabinete de censura de Barcelona. Y
cuantas veces un diario con dignidad trató de defendernos, el lápiz rojo de la
censura lo impidió, como impidió la publicación de la noticia del
encarcelamiento en Jaca, primero, y luego en Zaragoza, de nuestro querido
camarada Joaquín Maurín, que era diputado a Cortes. De esas galeradas
censuradas a Solidaridad Obrera, a Catalunya, a La Correspondencia de
Valencia, a Adelante, a Nosotros, etc., tenemos a montones en nuestro poder. El
derecho a la defensa, reconocido en todas partes y que figura en los códigos de
todos los países civilizados, es pisoteado, escarnecido y denigrado por unos
censores sin dignidad ni conciencia.
Esto es lo que hacen el gobierno y sus ministros, la censura y sus servidores, los
jueces y magistrados, todo el curial reaccionario que se cobija en el
antifascismo de ahora. Venalidad y gangsterismo por todas partes, arriba y
abajo, dentro y fuera. La corrupción alcanza limites insospechados y la
inmoralidad estalinista encuentra ayudantes, coadjutores y servidores en todos
sitios; donde no los encuentra dispone al menos de un silencio cómplice y de
una impunidad absoluta. Al que se rebela se le envía a la cárcel, cuando no a la
fosa; al que protesta se le amordaza, se le impide hablar más alto de la cuenta.
Y mientras tanto la prensa estalinista se sigue despachando a su gusto,
atacando a quien no puede defenderse. Los periódicos extranjeros que
protestan uno y otro día de esta situación anómala y contrarrevolucionaria se
les proscribe, impidiendo su entrada en nuestro país. Por la frontera franco-
española no pasa más que L'Humanité, el órgano del estalinismo francés, y de
vez en cuando La Dépéche de Toulouse, el diario donde escriben los Chaves
Nogales preconizando un armisticio. Tal es la libertad republicana, la
democracia del gobierno Negrín. Cuando una delegación extranjera viene a
España, los estalinistas se encargan de ladrarle y cubrirla de injurias; ahí está
el caso muy reciente de James Maxton, miembro de la Cámara de los Comunes y
presidente del Partido Laborista Independiente, y de sus compañeros. El
gobierno y sus componentes, la censura y los censores y la justicia y sus
servidores, lo permiten.
El estalinismo, pese a toda la ayuda con que ha contado y a la complicidad de
todos los demás, no ha podido llevar adelante el proceso contra el POUM y sus
dirigentes. Le ha ido fallando todo; ya no tiene la posibilidad de que una
condena aparentemente legal arrebate la vida a nuestros camaradas. Los
jueces, los policías y los gobernantes son poca cosa ante la clase obrera
internacional, que monta la guardia. Por eso lo que han hecho con Nin el
estalinismo quisiera realizarlo ahora con el resto de los dirigentes del POUM.
En el último Pleno del Comité central, los comunistas se han quitado la careta y
han hablado claro. José Díaz ha dicho: «El pueblo pide que el pelotón de
ejecución funcione para terminar con los traidores...». Los traidores, en este
caso, somos nosotros, y el pueblo, son ellos. Francisco Antón discurseó así: «...si
los obreros y los antifascistas siguen viendo que los criminales trotskistas y
demás canalla de la Quinta columna entran en la cárcel por una puerta y salen
por la otra, nada ni nadie podrá evitar que, celosos de asegurar su victoria,
tengan con estos enemigos encarnizados del pueblo una actitud que les impida
continuar su trabajo de provocación, de sabotaje y de espionaje con entera
libertad». Estas líneas de gravedad indudable se han publicado el día 20 de
noviembre en el diario estalinista de Valencia La Verdad, sin que el gobierno se
haya dado por enterado, ni las autoridades tomaran medida alguna; tampoco la
censura intervino para impedir esta preparación consciente de nuevos
crímenes. Porque de nuevos crímenes se trata. Lo que el estalinismo prepara es
el asesinato de nuestros camaradas por sus bandas de apaches y de asesinos,
en nombre del «pueblo». Denunciamos esta nueva trama. No es invención
nuestra, sino palabras -más que palabras, amenazas- lanzadas desde la prensa
estalinista. Por si esto fuera poco, existe otro hecho revelador y un documento
que acaba de descubrir la verdad. Nos referimos a la marcha definitiva de
España de nuestro abogado Benito Pabón y a la carta que nos ha dirigido
comunicándonos los móviles de su determinación. No estará de más copiar
algunos párrafos de la misma, con la debida autorización del autor:
«Después de escrita la carta que ustedes conocen al señor Negrín, tenía aún la
esperanza -no por la influencia que aquella pudiera suponer en las decisiones
del gobierno, sino porque se impusiera en la política española el sentido común-
que la situación se modificase en términos que me permitiesen cumplir mi más
vehemente deseo: el volver a Valencia.
Les confieso que, conociendo como conozco el ambiente y los autores de la gran
tragedia española y la situación de ésta al día, aquella esperanza no tenía otro
fundamento que ese deseo mío que la alimentaba. No obstante, mi vacilación
era bien explicable. Es muy difícil para quien parte tan activa tomó, como me
sucede, en los acontecimientos de España desde el 19 de julio, romper sin
esfuerzo supremo todas las ligaduras afectivas, nacidas a través de esta
actuación. Había puesto en ella tal dosis de cordialidad que hasta el momento
-¡caso raro!- tenía la seguridad de no haberme creado un solo enemigo.
Sobre estos puntos y otros igualmente interesantes, salvadas diferencias
puramente nominales y de fórmula, el acuerdo era real aunque no se llegara a
traducir en un expreso convenio. Y, sin embargo -he aquí lo extremadamente
doloroso-, el afán de hegemonía de ciertos sectores y destacadísimamente del
comunista, ha hecho que donde se debió llegar a una armonía y compenetración
perfectas, solo existían odios, desavenencias y luchas sordas e intestinas que
acabarán por dar al traste, ayudados por notorios errores de gobierno, con la
capacidad de resistencia de nuestra retaguardia.
El Partido Comunista -a fuer de leal he de reconocerlo- tiene sobre todos los
demás partidos y organizaciones la ventaja -a pesar de la mediocridad de sus
dirigentes- de las minorías bien organizadas. [...] Y en virtud de estos factores,
reorganizadas las fuerzas coercitivas del Estado, es el absoluto dueño de la
situación.
Y esta hegemonía del Partido Comunista supone, y los hechos lo demuestran, la
implantación de los métodos políticos característicos de Rusia. La desaparición
y asesinato de Andrés Nin fue un síntoma alarmante y trágico. La organización
comunista, con la complicidad de los sectores de la Dirección General de
Seguridad, burlando la buena fe del señor Zugazagoitia –tan buen periodista
como detestable ministro de la Gobernación-, lo secuestró y asesinó. Y no
bastándole con esto, inventó el burdo cuento, muy apropiado para niños o
idiotas, de haber sido arrebatado a la policía por una organización fascista, con
la que el ex secretario de la Internacional Sindical Roja -según ellos- estaba de
perfecto acuerdo. Lanzados por este camino, los secuestros se repiten y
poniendo empeño en acabar con todos los que no se someten a sus propósitos,
los comunistas usan no ya solo de la violencia, sino lo que aún es más
repugnante: de todos los resortes que Maquiavelo pudiera soñar como
empleables contra los enemigos de los dueños del poder. La vida, la libertad y la
honra, el prestigio de cualquiera por muy alto que esté, no merece el menor
respeto. A diestro y siniestro, falsificando si es preciso documentos e
inventando historias, lanzan las excomuniones calificando de traidores o de
espías a los hombres de más clara historia revolucionaria. El caso de Trotski se
repite cien veces. Largo Caballero, el hombre íntegro y honrado por excelencia
entre los políticos españoles; el ídolo de las masas marxistas, por ellos mismos
elevado a tal categoría, es hoy un traidor a quien no se le permite el derecho de
hablar en su defensa. Y así todo.
A veces el gobierno quiere dar sensación de su parecer adverso a estos
procederes estalinianos. Nombra un juez especial, un fiscal y unos funcionarios
auxiliares y se empieza un proceso con vistas a dar sensación de la legalidad y
orden en el exterior. Como consecuencia de ello se impone alguna dimisión; el
dimisionario pasa a otro cargo tan pingüe y honorífico como el dimitido; se
procesa algún desgraciado de tercera categoría, con la seguridad para el mismo
de que nada en definitiva habrá de ocurrirle. Ya veces, como en el caso de los
procesados con motivo de la desaparición de Nin, al ser encarcelados por orden
del juez, de la Dirección general de Seguridad sale un piquete que los excarcela
por la violencia y los pone en seguridad y buen recaudo, con la amenaza al juez
de repetir en él la historia del alguacil alguacilado.
Y, a todo esto, los señores ministros no comunistas, todos ellos venerables y
honradísimos como padres de familia, pero todos ellos también -excepción
hecha del inteligentísimo y vivísimo Prieto- verdaderas nulidades, se ven y se
desean para poner pudorosos velos a las atrocidades y arbitrariedades de los
estalinianos, con la congoja al mismo tiempo de no molestar a los camaradas de
Moscú...
Ante tal presente y tal porvenir un hombre como yo, leal en sus métodos, que no
admite sino la belleza y la moral en sí de los procedimientos, en España no tiene
que hacer por hoy. Tendría que callar, mostrar una sumisión hipócrita. Hablar,
protestar no es posible. Solo el hecho simple de haber aceptado la defensa de
los compañeros del POUM, bastó para que se me llamase en los medios
comunistas y a través de su prensa traidor y vendido a Franco.
Pero antes de alejarme de España he creído un deber darles estas
explicaciones. No fue el menor motivo, en mis dudas sobre el retorno a
Valencia, el afán de defender a los compañeros de ustedes, militantes del
POUM, sometidos al más injusto y absurdo de los procesos.
Excuso decirles que pese a toda mi repugnancia, si tuviera no ya la seguridad,
sino una mínima garantía de que mi gestión era eficaz, hubiera vuelto a España.
Este proceso me atraía como ninguno, porque la monstruosidad del mismo me
hacia reaccionar en forma que encontraba un placer en intervenir en él como
abogado. Y en ello, dado la envergadura de verdadero suceso internacional del
mismo, mi nombre, conocido solamente en los medios españoles, iría ganando
en probabilidades para el futuro.
Desgraciadamente he de confesarles que conociendo a fondo la situación, todo
mi esfuerzo, es decir, todo lo que se me había de permitir, lo considero inútil y
lleno de riesgos. Últimamente en la España antifascista, la policía, y al eco de
ella la justicia, ha descubierto una donosa teoría, que jamás se imaginó ni en las
épocas más despóticas de la monarquía. En el hecho de que un abogado se
encargase de un asunto -¡oh valor de la elasticidad que se concede por policías
y jueces al término legal de indicios racionales!-, se puede encontrar la
presunción de su participación en el hecho sometido a procedimiento. Así ha
sido explicada la detención y prisión de un abogado notable. La prensa
comunista, en varios artículos, expresó claramente su criterio de que yo, por ser
abogado de los del POUM, era tan traidor, tan espía y tan amigo de Franco
como ellos. ¿Quieren decirme, en un ambiente tal, en un medio donde inventar
calumnias, falsificar documentos acusatorios están a la orden del día, qué
garantías tengo yo de no convertirme de abogado en acusado, sin posibilidades
de defenderme contra la inmunidad que quieren lanzar sobre mi nombre?
Por otro lado, el Tribunal que ha de juzgar a los del POUM es similar, por su
idiosincrasia, a todos los Tribunales de uno y otro lado, gubernamental o
rebelde. Perdida toda realidad de independencia y toda noción de dignidad,
ellos son hoy, como hace ya muchos años en España -salvados en el ayer y no en
el presente contadísimas excepciones-, más que garantía del ciudadano contra
el poder ejecutivo, una arma más de violencia disimulada, que éste tiene contra
aquellos.
Juez y Fiscal -ello dio lugar a escritos lógicamente fuertes y agresivos míos,
influidos por el ambiente- admitieron como piezas de cargo para procesar como
espías a los compañeros de ustedes, las patrañas absurdas lanzadas por los
estalinistas, cuentos para infantes e imbéciles, y citaron como base de tales
cargos documentos a simple vista falsificados. Ustedes saben bien, y ello quedó
patente en los escritos que presenté recurriendo de las resoluciones del juez,
cuán claro expuse las añagazas comunistas y cómo hice realzar el ridículo en
que incurrían jueces, fiscal y magistrados, aparentando tan grandes tragaderas
mentales como eran precisas para engullir las patrañas acusatorias lanzadas
por las pobres fantasías de los estalinistas españoles. Todo inútil. El Partido
Comunista transigirá tal vez con todo menos con la posibilidad de que de ésta
salgan libres y absueltos de los cargos de espías y traidores los camaradas del
POUM. Esto no podrán hacerlo. Esto no podrán hacerlo los estalinianos
españoles, fieles repetidores al dictado de Moscú.
No es todo doblez en el Tribunal de Espionaje de Valencia, nobleza obliga a
confesar la verdad íntegra. Sus componentes están convencidos -algunos de
ellos particularmente y en el seno de la confianza me lo dijeron- de que no hay
en este asunto tales delitos de traición y espionaje. Sus conciencias sienten aún
cierto pudor en cometer una definitiva injusticia con una sentencia
condenatoria, injusticia mayor que la que supone el mantener a aquellos
hombres bajo el peso de una falsa acusación. y jueces, fiscales y magistrados
encuentran la solución a este problema de conciencia en el socorrido
procedimiento de dar largas al asunto, con la íntima esperanza de que se
solucione la situación, aunque sea por la llegada de Franco, antes de que hayan
tenido que tomar una determinación definitiva.
Esta es la parte grotesca del drama que este proceso criminal supone. Así, un
procedimiento que según la ley vigente debe durar cinco días, lleva ya varios
meses de tramitación. Y he aquí el dilema para un abogado: o tomar parte en la
comedia del alargamiento sin término del asunto o exponerse con sus apremios
a una segura e injusta y gravísima sentencia para sus defendidos. Y ni esto ni
aquello».
Ante estas acusaciones de un abogado que se ve imposibilitado materialmente
de cumplir con su misión, sobran las palabras. Esta determinación de Benito
Pabón entraña una extraordinaria gravedad, puesto que no se trata de un
indocumentado cualquiera, sino de unos de los mejores abogados de España,
hombre sobradamente conocido en los medios obreros, sobre todo en la CNT. El
ejercicio de la defensa legal y jurídica ya no es posible en nuestro país. Lo dice
a los cuatro vientos Benito Pabón y a estas horas lo sabrán todos los juristas del
mundo. Jamás en la historia se ha dado caso igual. En la Alemania hitleriana, el
abogado norteamericano David Lewison pudo defender con toda clase de
garantías al comunista Dimitrov, durante el conocido proceso de Leipzig;
idénticas facilidades encontró en la defensa de los lideres estalinistas Rakosi y
Prestes, en Hungría y Brasil, respectivamente. En ningún país del mundo se
puso jamás cortapisa alguna a las defensas; éstas contaron siempre con las
máximas facilidades en sus gestiones preliminares y en su función ante el
tribunal correspondiente. En España, durante los peores tiempos de la reacción
monárquica, incluso durante el periodo de dictadura militar, fue respetado el
libre ejercicio de la defensa jurídica Sin embargo, en la España actual, en la
España republicana y democrática, un abogado español, antifascista conocido y
con un alto puesto en el Tribunal Supremo, no puede ejercer sus funciones de
defensor de unos procesados; se le escarnece, se le violenta y se le amenaza
hasta obligarle a irse definitivamente al extranjero. Esta es la realidad que
nadie podrá borrar.
Bien claro está lo que el estalinismo quiere hacer con nuestros camaradas.
Hasta el presente se lo ha impedido la protesta airada y consciente del
proletariado mundial, francamente solidario con nuestra organización. Pero el
peligro subsiste. Ante esta situación, el POUM lanza un llamamiento solemne:
Proletarios de todos los países, ¡Unios en torno a la revolución española!
¡Defenderla contra todos los que quieran estrangularla y estrangularnos!
ANEXO 1. ESCRITO DE CALIFICACIÓN DEL FISCAL DE LA REPÚBLICA
EN EL PROCESO CONTRA EL POUM
«Al Tribunal Central Especial de Espionaje y Alta Traición:
EL FISCAL, evacuando el traslado que se le ha conferido, ha quedado instruido
de la presente pieza del sumario número 1, letra O de 1937 del Juzgado
Especial, rollo de sala número 23 del mismo año, y se muestra conforme con el
auto de conclusión del sumario. Y antes de formular en este mismo escrito sus
conclusiones provisionales, solicita:
1°. Que se dicte auto de sobreseimiento provisional del párrafo 1° del artículo
641 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal a favor de los procesados
FRANCISCO GÓMEZ PALOMO, JOSÉ RODRÍGUEZ ARROYO, VÍCTOR BERDEJO
JIMÉNEZ, FRANCISCO CLAVEL RUIZ, DOSITEO IGLESIAS DOCAMPO y
PEDRO AGUILERA SARDÁ, que, por ser recluta no presentado y poseer sin
licencia un arma corta de fuego, deberá ser puesto simultáneamente a
disposición de la autoridad militar competente y del Tribunal Popular de
Barcelona, remitiendo a tales hechos testimonios y literal de los folios 743
vuelto, 748 y 792 del sumario.
2°. Comoquiera que los folios 1.021 al 1.073 contienen la causa 78 del Juzgado
de Instrucción de Gerona, rollo 392 de 1937 de su Audiencia, cuyos hechos no
tienen relación alguna formal con la presente, deberán ser desglosados dichos
folios y remitidos a su origen conjuntamente con los procesados SALVADOR
VIZCARRI, JUAN RIBO, ALBERTO FARRA, FRANCISCO MILL y AGUSTÍ
BAQUÉ.
3°. Solicita la apertura del juicio oral para los demás procesados, a cuyo
efecto formula las siguientes CONCLUSIONES PROVISIONALES:
Primera
A)Desde poco después del día 18 de julio de 1936, el partido titulado «Partido
Obrero de Unificación Marxista» (POUM), inició, bajo la dirección de su Comité
ejecutivo, una intensísima propaganda demagógica, en la que, a pretexto de
disparidades doctrinales con todas las organizaciones políticas y obreras que
desde el día referido se opusieron con las armas al Ejército sublevado, se
atacaba duramente a dichas organizaciones, a la República y a su gobierno
central, así como a los gobiernos autónomos de Cataluña y Euzkadi. Como
norma directriz de su propaganda o enunciado programático propugnaba el
POUM por la supresión de la República y de su gobierno democrático mediante
la violencia y la constitución de una dictadura del proletariado, ejercitada por
un gobierno de obreros y campesinos, el cual, como es lógico, tendría que
recaer en manos de los afiliados del POUM.
A los fines de tal propaganda, a más del mitin y de las diversas emisoras de
radiodifusión instaladas en Barcelona y en otros lugares, utilizaba el referido
partido una copiosa prensa diaria y semanal que aparecía en Cataluña, Levante,
Castilla, Aragón y otras regiones españolas, e incluso en los frentes como el de
Aragón, donde el POUM tenía algunas de sus Milicias. Dicha prensa se
inspiraba toda ella en el periódico La Batalla, órgano central del partido,
editado en Barcelona, y cuyos editoriales y artículos doctrinales eran
reproducidos por Juventud Comunista, órgano de la Juventud Comunista Ibérica
y entre otros por los siguientes periódicos pertenecientes al partido: “El
Combatiente Rojo”, “Guía”, “El Plà de Bagues”, “Avanti”, “Impuls”, “Alerta”,
Front, POUM, Lluita, Camarada, Artillería Roja, Adelante, La Hispana
“Revolución”, “Horizons Nous”, “Emancipación”, “Combat”, “L'Hora”, “Acció”,
“El Comunista”, “Avanzada”, “Obreros y Soldados”, “La Torxia”, “L'Espurna”,
“Socorro Rojo del POUM”, “Escola Socialista”, “Baix Panadés”, etc. Como se ve
por sus títulos, dicha prensa iba redactada en castellano y en catalán; pero
además poseía el POUM otros órganos en idioma extranjero, como “Bulletin
Mededtlinger Van de POUM”, “The Spanish Revolution”, “Bolletino
d'Informazione del POUM”, “Die Spaniche Revolution”, “Juillet” y otros. A toda
esta copiosa redacción, impropia de la exigua masa de afiliados que tuvo
siempre el POUM, se ha de agregar una enorme cantidad de pasquines, hojas
volanderas y boletines de orden interior, parte de los cuales fueron ocupados en
los locales del partido, y otros se deducen de la prensa poumista obrante en los
autos o de la prensa no perteneciente al partido que se acompaña. Por todo ello
se observa, pues, el enorme esfuerzo desarrollado por el POUM de disponer en
cantidades desproporcionadas a su fuerza política de armas tan poderosas de
difusión y de sugestión de masas, como son la radio emisora, la prensa y la
organización de mítines, armas costosísimas de mantener y que el POUM
derrochó en forma ascendente desde julio de 1936 a julio de 1937, con un
presupuesto de gastos que forzosamente tenía que ser superior a los ingresos
que podían proporcionarle sus afiliados.
Leyendo detenidamente en forma cronológica toda esa prensa, y muy en
particular “La Batalla”, fuente oficial del POUM, se observa que la difusión
“meramente doctrinal” de la tendencia político-social que el partido dice
encarnar, se transforma en una agresión sistemática constante y decidida a
todas las instituciones de la República, de los partidos republicanos al
nacionalista y católico vasco, a los de contenido obrerista, a las sindicales CNT
y UGT y a todos los obreros representativos y dirigentes de los mismos, desde
su excelencia el presidente de la República a los componentes del último
Comité local del Frente Popular. No se limitan los ataques del POUM al ámbito
civil, sino que alcanzan, con violenta estridencia, al Ejército popular. Y si
compulsamos las distintas etapas de nuestra guerra civil y de independencia,
desde que se inició hasta julio de 1937, con los ataques del POUM a las
instituciones de la República y organizaciones políticas y sociales que la
sostienen, vemos que dichos ataques coinciden con los momentos en que más
grave es la situación interior e internacional de España: en los momentos en
que las vicisitudes de la guerra exigen del pueblo el máximo esfuerzo para
oponerse al paso de los ejércitos italo-alemanes que invaden la patria, apoyados
por el ejército espolique de los generales sublevados. No se detiene aquí el
POUM en su agresión, sino que alcanza de modo soez e inaudito a los pueblos
que en el ámbito internacional con más tesón defienden la causa de la
República, y en el ámbito nacional tal auxilio material y moral nos han prestado
que gracias a él el pueblo español puede defender su independencia. A seguida
de la pérdida de Málaga, en febrero de 1937, aumenta la violencia de la
campaña emprendida por el POUM y ésta llega a su grado álgido a fines de abril
y principio de mayo del citado año, precisamente cuando los ejércitos invasores
ocupan Euzkadi y el pueblo español se bate heroicamente en Asturias,
Andalucía y Castilla, frente a un enemigo considerablemente más poderoso en
armamento, en técnica y en hombres. Y cuando más angustiosa es la situación
militar para la República, cuando mayor es la indiferencia internacional para
ella, la provocación del POUM llega al punto final que se había propuesto: a
producir las luctuosas jornadas del 3 al 7 de mayo de 1937 en Cataluña, que
tuvieron también repercusiones en Valencia y Aragón. Las fechas
inmediatamente anteriores a dichas jornadas, y especialmente la del 1 de mayo,
La Batalla es en cada una de sus líneas una excitación al alzamiento contra los
gobiernos de Valencia y de Cataluña, una provocación a las fuerzas de Orden
público y al Ejército popular y una llamada al desorden y a la desmoralización
de la población leal. Individuos afiliados al POUM y dirigidos por el Comité
ejecutivo nacional de dicho partido inician el alzamiento disparando desde la
Telefónica de Barcelona contra las fuerzas de la Guardia de Seguridad; levantan
por las calles barricadas; asaltan los edificios públicos; se preparan a formar un
gobierno que denominan de «obreros y campesinos»; arrastran con su
demagogia a algunos sectores obreros que creyeron de buena fe que el
alzamiento era para defender las conquistas sociales de la República; asesinan
a numerosas personas pertenecientes a partidos y organizaciones del Frente
Popular; ponen en peligro la vida y los bienes de los súbditos extranjeros:
utilizan contra las fuerzas del Ejército popular, que acuden a contener el
alzamiento, los fusiles, las ametralladoras, los cañones y los tanques y autos
blindados que las Milicias del POUM fueron detrayendo del armamento que el
gobierno central enviara para el frente de Aragón. Y mientras esto sucedía en
Barcelona y en otras poblaciones de Cataluña -con repercusiones en Valencia,
Gandía, Barbastro, etc.-, la «DIVISIÓN 29», formada en su inmensa mayoría por
afiliados o simpatizantes del POUM, mandada por uno de los dirigentes del
partido, el procesado Rovira, y cuyo cuadro de oficiales estaba integrado
también por individuos del mismo partido, abandonó las posiciones que ocupaba
ante el enemigo en el frente de Aragón y marchó sobre Barbastro, Binéfar,
Lérida y otras localidades, donde los milicianos poumistas, en unión de otros
incontrolados que también abandonaron el frente, cometieron toda clase de
desmanes y llevaron el terror hasta los campesinos de dicha comarca durante
los días 5, 6 y 7 siguientes del referido mes de mayo; y esto hasta que el
gobierno de la República hubo de mandar fuerzas de otros frentes para ocupar
la brecha abierta por el abandono de la División 29 y para reducir a los
batallones de la misma. En coordinación con estos hechos, en Barcelona y en el
cuartel Lenin, residencia de la 135 Brigada Mixta, formada por el POUM, las
fuerzas de la misma se unieron el día 4 de mayo a los grupos sublevados en la
calle. Todo ello repercutió notablemente en la situación militar de la República y
en favor de las armas enemigas, y puso a Cataluña y al resto de España leal al
borde de una intervención directa de las potencias europeas, especialmente
Italia, cuya intervención hubiera dado fin al mandato del gobierno republicano
para sustituirle por el de los generales rebeldes, pues, como decía la prensa
internacional- «el generalísimo Franco es el único que puede en España formar
un gobierno de orden que sea garantía de paz en Europa». Todo ello enaltecía el
prestigio de los rebeldes en el extranjero, deprimía acusadamente el del
gobierno de la República y ayudaba eficacísimamente a la propaganda
internacional contra el pueblo español, que era representado como incapaz de
gobernarse por sí mismo.
Al poco tiempo de lo relatado se descubrió en Madrid una organización fascista
de espionaje, capitaneada al parecer por el arquitecto Javier Fernández Golfín,
a quien se le intervino un plano de Madrid, milimetrado, que había de ser
remitido al campo faccioso, y al dorso del cual, en tinta simpática se halló
escrito, con clave descifrada por el Estado Mayor, y entre otras cosas, lo
siguiente: «Su orden sobre la infiltración de nuestros hombres en las filas
extremistas anarquistas y del POUM se lleva a cabo con éxito... En
cumplimiento de su orden fui yo mismo a Barcelona para entrevistarme con el
miembro activo del POUM N. Le comuniqué todas sus indicaciones. La falta de
comunicación entre usted y él se complica por la avería que sufrió la emisora, la
cual comenzó a funcionar de nuevo estando yo todavía allí. Seguramente habrá
recibido usted la contestación referente al problema fundamental. “N” ruega
encarecidamente de usted y de los amigos extranjeros que sea yo única y
exclusivamente la persona señalada para comunicarme con él. Él me ha
prometido enviar a Madrid nueva gente para activar los trabajos del POUM.
Con estos esfuerzos el POUM llegará a ser, a la altura que en Barcelona, un
firme y eficaz apoyo de nuestro movimiento».
Este documento hubo de ser escrito entre el 24 al 28 de abril de 1937. Si
unimos este importante documento a los que obran en autos y los que emanan
de otros procesos seguidos por espionaje y alta traición, especialmente el
sumario 14 de 1938 del Juzgado especial número 2, afecto al Tribunal central,
se llega a la conclusión de que el POUM, como entidad social dirigida por su
Comité ejecutivo, estaba en íntimo contacto con las organizaciones fascistas de
la España rebelde, a las cuales servía, y asimismo en relación directa con las
organizaciones internacionales conocidas con el nominativo genérico de
«trotsquistas», y cuya actuación en determinada potencia amiga de la República
española puso de relieve que se hallan al servicio del fascismo europeo y
asiático. Y es al llegar hasta aquí con las pruebas documentales anteriores a la
incoación del sumario, con las aportadas durante la tramitación misma y con las
que han ido apareciendo hasta el momento de redactar estas conclusiones,
cuando se dibuja claramente toda la línea de conducta seguida por el POUM
desde que se produjo el alzamiento militar hasta la fecha: un partido que al
amparo de un izquierdismo estridente y de una pretendida doctrina
revolucionaria, estaba, por medio de su Comité ejecutivo, al servicio de los
generales traidores y de las naciones totalitarias que invaden nuestra patria.
Necesario es decir que la masa obrera aliada al POUM no ha sido más que un
instrumento ciego de sus dirigentes, hasta el momento en que, producido el
fallido putsch de mayo de 1937, la inmensa mayoría se dio cuenta del precipicio
a que el POUM conducía a la República. Con todos estos antecedentes y con
hojear simplemente la colección de La Batalla y de los otros órganos
periodísticos citados, podemos ya fijar de un modo claro y terminante las
actividades del POUM contra el pueblo español, y que se caracterizan:
1°. Por los ataques constantes y sistemáticos contra el Parlamento de la
República y el de Cataluña, la supresión de los cuales se preconiza incluso
mediante la violencia.
2°. Por la campaña más desenfrenada que conocen el periodismo y la política
española contra el Frente Popular, sustentador éste de nuestra democracia, y al
que el POUM achaca todos los males imaginables.
3°. Por la constante difamación de los hombres que van integrando los distintos
gobiernos de España y Cataluña, cuya sustitución pide violentamente el POUM,
a fin de formar él otros de «obreros y campesinos», asaltando «el Poder».
4°. Por la enconada diatriba contra los partidos que forman el Frente Popular:
Izquierda Republicana, Unión Republicana, Esquerra de Cataluña, Nacionalistas
y Católicos Vascos, Partido Socialista Obrero Español, Partido Comunista,
Partido Socialista Unificado de Cataluña y Juventud Socialista Unificada.
5°. Por el afán constante de enemistar a las dos grandes Centrales sindicales
obreras, CNT y UGT, fomentando entre los sindicatos cualquier mínimo motivo
de discordia.
6°. Por la identidad de criterio con el fascismo nacional e internacional respecto
a la interpretación dada a la ayuda que la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas ha venido prestando en bienes morales y materiales a la República, a
la difamación sistemática contra los dirigentes políticos rusos, y a la injuria y a
las calumnias propaladas contra la justicia, el Ejército y la Administración
soviética.
7°. Por la intensa propaganda contra nuestro Ejército Popular, su mando único,
su oficialidad y su Comisariado, a los que se atribuyen todos los naturales
descalabros que en guerra tan violenta como la que sostenemos forzosamente
se tienen que producir; por la insistente petición de que se suprima tal Ejército
popular y se le sustituya por otro «revolucionario», con interpretación sui
géneris del POUM, y por la excitación a favor de que los movilizados no se
incorporen ni obedezcan al gobierno.
8°. Por facilitar en la zona leal la propaganda facciosa publicando los pasquines
y proclamas arrojados por los rebeldes sobre el campo republicano
(v. gr.: el número del 5 de diciembre de 1936 de La Batalla).
9°. Por el derrotismo sistemático que con noticias falsas respecto a medidas
de gobierno, de orden económico, de abastecimiento, etc., se ha realizado,
así como en el enjuiciamiento de las operaciones militares.
10º. Por la íntima relación que se advierte en la intensa campaña que contra la
República ha venido haciendo el POUM con aquella que los fascistas han hecho
y hacen, y asimismo con la que amparan los periódicos extranjeros hostiles a
nuestra causa.
11°. Por la concomitancia que se observa entre las actividades de algunas
organizaciones fascistas de espionaje y el POUM, genéricamente considerado; y
12°. Finalmente, con el monstruoso alzamiento de mayo de 1937 en Cataluña y
Aragón, y cuya referencia más arriba se dice.
B) Idénticas actividades de orden colectivo deben atribuírsele a la Juventud
Comunista Ibérica, por cuanto el Comité central ampliado del POUM resolvió el
23 de diciembre de 1936:
1° La Juventud Comunista Ibérica es la organización juvenil del POUM. [...] 4°
La Juventud Comunista Ibérica depende política y orgánicamente del partido.
Los Comités del partido nombrarán delegados en los Comités de la Juventud.
[...] 9° Entre el partido y la Juventud existirá una relación constante a través de
los Comités y las Comisiones de Trabajo». De donde se advierte que lo mismo el
partido como su Juventud actuaban de consuno, con unidad de acción y de
propósito, en los hechos hasta ahora relatados.
C) En el ámbito de la actuación individual de los procesados hemos de colocar
en primer término a ANDRÉS NIN PÉREZ, que ejercía cargo de secretario
político del Comité ejecutivo del POUM. Este procesado fue detenido en
Barcelona el 16 de junio de 1937, con motivo de haber sido descubierto por la
policía de Madrid el plano milimetrado al que más arriba se hace referencia, y
que dio origen a que se incoara el presente proceso. Sin que pueda afirmarse,
desde el punto de vista de la individualización de la imputabilidad, que Andrés
Nin sea precisamente el dirigente citado en el texto dorsal cifrado en el plano,
si se puede sentar la afirmación de que hay una relación estrecha entre la frase
«con estos refuerzos el POUM llegará a ser, a la altura que en Barcelona, un
firme y eficaz apoyo de nuestro movimiento», y la campaña de agresión seguida
por el Comité ejecutivo contra el gobierno de la República, y que culmina en el
levantamiento de mayo de 1937. Relación estrecha que aumenta al hojear la
documentación del sumario número 14 de 1938 del Juzgado especial número 2,
entre la cual, a más de los esquemas de un lanzabombas especial de nuestro
Ejército, facilitados a una organización de espionaje fascista por el POUM, se
hallan comunicados y cartas en los que se pone en evidencia que dicho partido
«iba a producir una sublevación» y además tenia que «eliminar» a un ministro
del gobierno central y a prestigiosos jefes del Ejército popular, todo ello
corroborado por declaraciones de los encartados, no ya ante el departamento
especial de información de Estado, sino ante la presencia judicial. Abona
además esta relación la actividad de Andrés Nin en la prensa y en el mitin, así
como la parte activísima que como miembro del Comité ejecutivo y secretario
político del mismo hubo de tomar en el alzamiento de mayo de 1937, cuya
provocación y dirección procede se le impute, así como a sus demás
compañeros de proceso que más abajo se irán citando. Asimismo se le debe
imputar la actuación directa y personal algunas veces, otras la sugerencia y
otras el mandato, de todos los hechos que se han relatado en el apartado A) que
antecede, y cuyo relato aquí ocuparía un espacio innecesario, ya que se habrían
de copiar los escritos, las conferencias y los discursos que en La Batalla se
insertan (por ejemplo: los números correspondientes al 27 de octubre de 1936,
11, 13, 17 y 29 de diciembre del mismo año; 4 de marzo de 1937, 1 de mayo de
1937, etc.), así como en otras publicaciones. Detenido Andrés Nin, como queda
dicho, el 16 de junio de 1937, fue trasladado a una prisión de Madrid y de ella a
un hotel habilitado para prisión situado en Alcalá de Henares, de donde el día
22 de junio de 1937, a las veintiuna horas y treinta minutos, logró evadirse
mediante el apoyo exterior de un grupo de individuos uniformados, que
redujeron la guardia del hotel y con los que se marchó Andrés Nin, quien por no
haber sido habido, a pesar de las pesquisas policiacas, fue procesado en
rebeldía.
También pertenecientes al Comité ejecutivo con unidad de acción y de propósito
y misma finalidad delictiva, los procesados ENRIQUE ADROHER PASCUAL
(“Gironella”), secretario de Propaganda; JUAN ANDRADE RODRÍGUEZ, PEDRO
BONET CUITO, JULIÁN GÓMEZ GARCÍA (“Gorkin”), director de “La Batalla”, y
JORGE ARQUER SALTÓ, éste en rebeldía, cooperaron directamente con Andrés
Nin en todos los hechos a éste atribuidos anteriormente, por cuanto toda la
labor de dirección solamente podría realizarse de un modo colectivo por los
componentes del Comité ejecutivo, que es el que firma las proclamas
subversivas, las consignas contrarias a los gobiernos de Cataluña y de España,
al Frente Popular, al Parlamento y al Ejército popular; es el que prepara y
ejecuta el alzamiento de mayo de 1937; el que tiene las concomitancias ya
referidas con organizaciones fascistas; el que utiliza las claves secretas, las
emisiones de radio; el que ordena y dispone la salida de España de gran
cantidad de oro y de obras de arte mal adquiridas y peormente enajenadas; el
que tiene relación con la pléyade de aventureros extranjeros que bajo el disfraz
de «soldados internacionales» se acogen a las filas del POUM y que la policía ha
tenido que ir expulsando del territorio nacional por la vehemente sospecha a
veces y otras seguridad de que eran agentes de la Gestapo y de la Ovra,
especialmente de aquélla, que tan admirablemente había montado el
nacionalsocialismo en Cataluña bajo la dirección del cónsul general de
Alemania, Otto Koecher, y el jefe de la Sección española del NSDAP, Juan
Hellemnan, y el del frente de trabajo alemán en España, Antón Leister, que el 8
de junio de 1936 colocaron la primera piedra de «La Casa de Alemania», de
Barcelona. Es el Comité ejecutivo, por la actuación personal de sus miembros,
el que ordena a la 29 División abandonar sus posiciones de Huesca para
sumarse al levantamiento de mayo; el que después de dicho levantamiento, que
resultó fallido, convoca el Comité ampliado, en cuya reunión del 11 de dicho
mes de mayo logra que dicho Comité ampliado apruebe la actuación del Comité
ejecutivo de toda la labor preparatoria y rectora del alzamiento, pretendiendo
así diluir en una multitud de individuos la responsabilidad de todos, únicamente
imputable a los procesados que se han mencionado y al también procesado en
rebeldía José Rovira Canales, el ya citado jefe de la 29 División, miembro del
Comité central del Partido, cuyos actos ya se han relatado y quien en dicha
reunión expuso detenidamente cómo ejecutó el abandono de las posiciones de
Huesca y ocupó con sus fuerzas Barbastro y marchó sobre Binéfar y Lérida.
Y como actuación pública de todos los procesados hasta ahora mentados basta
ver sus escritos y sus palabras en la tantas veces citada colección de La Batalla
y otras publicaciones que obran en autos, incluso el procesado Rovira, cuyas
manifestaciones en el mitin del Olympia, de Barcelona, el 28 de diciembre de
1936, e interviú de 7 de marzo de 1937, suscribe y afirma en un todo la línea
directriz de la conducta delictiva del Comité ejecutivo.
D) En segundo plano se hallan los procesados DANIEL REBULL CABRÉ («David
Rey»), del Comité central del Partido, y JOSÉ ESCUDER POYES, jefe de
redacción y confección de La Batalla. El primero, cooperando simultáneamente
a los actos realizados por los miembros del Comité ejecutivo, hubo de marchar
en noviembre de 1936 a Méjico para hacer propaganda a favor del POUM y
obtener medios económicos para el partido, y al regresar a España en febrero
de 1937 auxilió a los procesados citados en los anteriores apartados en la
ejecución de los actos a ellos atribuidos. El segundo, como jefe de redacción,
compuso editoriales, dirigió la confección de toda la propaganda disolvente
aparecida en La Batalla y coadyuvó, por tanto, eficazmente a los hechos
criminosos que con carácter de excitación y de derrotismo se hicieron por
medio de la Prensa.
Segunda
Los hechos relatados anteriormente constituyen un delito de traición definido
en el último inciso del número 6° del articulo 223 del Código de Justicia Militar
y penado en el párrafo 1° del mismo artículo, relacionado con los números 2°,
3° y 4° del artículo 1° del decreto de 13 de febrero de 1937, y, con eso, con los
delitos contra la seguridad de la patria que tipifican y sancionan el número 5°
del artículo 228 y el párrafo 1° del artículo 230 del citado Código, modificados
por la ley del 26 de junio de 1935.
Asimismo dichos hechos referidos constituyen un estado de asociación ilícita del
artículo 185 del Código penal ordinario, en relación con el articulo 15 de la ley
de 30 de junio de 1887, en cuyo estado se hallan inclusos el Partido Obrero de
Unificación Marxista y la Juventud Comunista Ibérica.
Tercera
Son responsables de los referidos delitos en calidad de autores, a virtud de lo
dispuesto en los números 1° y 2° del artículo 14 del Código penal ordinario, los
procesados ANDRÉS NIN PÉREZ, ENRIQUE ADROHER PASCUAL, JUAN
ANDRADE RODRÍGUEZ, PEDRO BONET CUITO, JULIÁN GÓMEZ GARCÍA,
JORGE ARQUER SALTÓ y JOSÉ ROVlRA CANALES; y responsables en calidad
de cómplices, según el articulo 16 del mismo Código, los procesados DANIEL
REBULL CABRÉ y JOSÉ ESCUDER POVES.
Cuarta
Concurren cada uno de los procesados en la circunstancia especifica del
articulo 173 del Código castrense, en relación con el párrafo 1° del articulo 2°
del decreto del 13 de febrero de 1937.
Quinta
Esta representación, siguiendo la norma consuetudinaria establecida por el
Tribunal, se reserva el derecho de solicitar la pena que estime justa después del
resultado de la prueba que se efectúe en el acto del juicio. Pero si solicita,
desde luego, se decrete la disolución del Partido Obrero de Unificación
Marxista, así como la de su filial la Juventud Comunista Ibérica, dando a los
bienes de ambas Asociaciones el destino legal.
Sexta
Habida cuenta de que se dividiría notablemente la continencia de la causa y la
objetividad del proceso si se prescindiera de enjuiciar conjuntamente con los
presentes a los procesados rebeldes JORGE ARQUER, ANDRÉS NIN y JOSÉ
ROVIRA, deberá el Tribunal dar cumplimiento a lo dispuesto en el artículo 115
del decreto de 7 de mayo de 1937. y en su consecuencia, una vez instruidas las
defensas del sumario, dándoles así las máximas facilidades que ofrece el
procedimiento ordinario, y una vez evacuado el trámite de calificación con ellas
y antes del señalamiento del juicio oral, se solicite la previa autorización que la
ley fija.
PRIMER OTROSÍ DICE:
Para el acto de juicio oral, esta representación se valdrá de la siguiente prueba,
cuya aceptación solicita del Tribunal:
a) Examen de los procesados.
b) Testifical, a cuyo efecto serán citados de oficio los siguientes testigos
sumariales:
Manuel Aguirre Cepeda, folio 786.
Ramón Arteu Vidal, folio 980.
Pedro de Buen y López de Heredia, 806.
José Maria Rabasa Reimán, 714.
Juan Ferrer Juliá, 716.
Emil Benvuart, 491.
Fernando Valentín Fernández, 443-290.
Julián Zugazagoitia Mendieta, 61.
César Falcón y Garfias, 106.
Jacinto Rosell Colón, 448.
Juan Bautista Carmona Delgado, 140 vuelto.
Santiago González Fernández, 141 vuelto.
J. Uceda, 141 vuelto.
Manuel Simón, 141 vuelto.
Más todos aquellos testigos que sucesivamente se irán indicando por esta
representación y los que aportará en el momento del juicio oral.
c) Documental. Por lectura de los siguientes folios del sumario: 1, 2, 3, 14, 15,
53, 65, 76 a 91, 92, 93, 94, 95 al 104, 138 al 142, 148, 153, 166, 180, 181, 182,
196, 197, 198, 240, 244, 245, 246 al 249, 312, 320, 321, 366, 367,369, 376 al
381,419 Al 422, 477, 501, 514, 530, 534, 539, 575, 576, 577 al 651, 659 vuelto
al 704, 706, 707, 710, 712, 713, 762, 786, 800, 805, 807, 812, 819 al 837, 838,
839 al 843, 844 al 851, 852 al 857, 858 al 864 al 868, 889, 910, 915, 921, 922 y
923, 924 y 926, 944, 946 al 948, 981 al 986 y el 1013.
Más todos los documentos que obran en la carpeta adjunta, recogidos en los
registros realizados, así como aquellos que se hallen en la maleta y en el saco
de autos.
Más las colecciones del periódico “La Batalla” en el mes de julio de 1936 a junio
de 1937 y demás periódicos citados en la primera conclusión, que deberán ser
pedidos por el Tribunal a la Consejería de Gobernación de la Generalidad de
Cataluña y a la Dirección general de Seguridad, para que por ambas entidades
se ordene la incautación oportuna; sin perjuicio de que por el propio
representante del Ministerio público se aporten al juicio los ejemplares que
estime pertinentes.
Más los siguientes, que deberán solicitar del Tribunal: primer informe del
Estado Mayor del Ejército del Este respecto a la coacción de la 29 División en
los primeros días de mayo de 1937, así como los motivos y fecha de su
disolución; idéntico informe de la Subsecretaria del Ejército de tierra. Segundo
informe del 21 de mayo de 1937 que emitió la Asesoría jurídica del frente de
Aragón respecto a los sucesos del mismo mes, y anexos posteriores a dicho
informe. Tercer informe de la Comisaría de Orden público de Barcelona acerca
de la actuación del POUM en los sucesos de mayo de 1937, relación de los
mismos, su origen y causas y número de víctimas que hubo.
Más aquellos que esta representación pueda solicitar ínterin se señale fecha
para el juicio oral y los que en el acto del mismo pueda aportar.
d) Pericial caligráfica. Los extremos a que se contraerá esta prueba se indicarán
en el acto del juicio, y para su práctica deberán ser citados de oficio los peritos
calígrafos que normalmente han venido compareciendo en calidad de tales y en
distintos procesos, ante este Tribunal.
e) La que se ponga de contrario.
SEGUNDO OTROSÍ DICE:
Con el fin de que lo mismo las defensas que esta representación puedan tener
preparada la prueba que hayan de utilizar en el acto del juicio oral, y
especialmente la testifical, que necesita de citación oficial, solicita que se
modifique el comienzo de la vista con quince días de anticipación, por lo menos,
a aquel que se fije por el Tribunal a tal efecto, y todo ello en méritos de la gran
elasticidad que merece este proceso desde el punto de vista del procedimiento,
a fin de desvirtuar infundios, con relación a las garantías
de las defensas, propalados en el extranjero.
Barcelona, 11 de junio de 1938»
ANEXO 2. SENTENCIA Nº 54 CONTRA EL POUM
«Tribunal:
Presidente, don Eduardo Iglesias Portal. Magistrados, don Manuel Hernando
Solana, don Ernesto Beltrán Díaz, don Julián Calvo Blanco y don Juan Manuel
Mediano Flores.
En la Ciudad de Barcelona, a veintinueve de octubre de mil novecientos treinta
y ocho.
VISTA en juicio oral y público la causa procedente del Juzgado Especial
designado por el Tribunal Supremo para esclarecer hechos y exigir
responsabilidades a elementos del POUM, sumario número uno, rollo número
veintitrés de mil novecientos treinta y siete, instruida por delito de espionaje
contra los procesados JUAN ANDRADE RODRÍGUEZ, de treinta y cuatro años
de edad, casado, periodista, hijo de Adolfo y de Vicenta, natural de Madrid y
vecino de Barcelona; JOSÉ ESCUDER POVES, de treinta y cuatro años de edad,
casado, periodista, hijo de José y de Pilar, natural y vecino de Barcelona;
JULIÁN GÓMEZ GARCÍA, de treinta y seis años de edad, casado, hijo de Pascual
y de Consuelo, natural de Benifairó de les Valls y vecino de Barcelona;
ENRIQUE ADROHER PASCUAL, de veintinueve años de edad, casado, maestro
nacional, natural de Gerona y vecino de Barcelona, hijo de Enrique y de
Narcisa; PEDRO BONET CUITO, de treinta y seis años de edad, casado,
tipógrafo, hijo de Pablo y de Teresa, natural de Lérida y vecino de Barcelona;
DANIEL REBULL CABRÉ, de cuarenta y ocho años de edad, casado, mecánico,
hijo de Fidel y de Dolores, natural de Tibisa (Tarragona) y vecino de Barcelona,
y JORGE ARQUER SALTÓ, de treinta y un años de edad, casado, dependiente de
comercio, hijo de Jaime y de Josefa, natural y vecino de Barcelona: todos ellos
en prisión por esta causa y defendidos por el Letrado Don Vicente Rodríguez
Revilla; siendo parte acusadora el Ministerio Fiscal, representado por el
Abogado Fiscal del Tribunal Supremo, Excmo. Sr. Don José Gomis Soler, y
Ponente el Magistrado Iltmo. Sr. Don Ernesto Beltrán Díaz.
PRIMERO RESULTANDO: En el mes de julio de mil novecientos treinta y seis
surgió en España una sublevación militar que tenía por objeto anular el régimen
democrático del Estado para instaurar otro de carácter autoritario, disolver los
partidos y organizaciones de ideario progresivo y hacer desaparecer las mejoras
económicas conseguidas por la clase obrera a través de la política social
desarrollada por los gobiernos republicanos. Inmediatamente de tener
conocimiento de tal suceso, los partidos políticos republicanos, las
organizaciones obreras y las masas populares, que sin estar implicadas en
idearios definidos llevaban en sus sentimientos la tradición liberal del pueblo
español, se unieron de modo espontáneo para oponerse al acto de fuerza de los
organismos armados y defender las instituciones de la República, defensa que
se
hizo en un principio a través de la concepción que cada agrupación ciudadana
tenía sobre la organización social y la constitución del Estado. Esta actuación
inconexa de los diversos grupos que constituían la unión defensiva del
contenido democrático en la lucha contra los sublevados y de impregnación en
la vida nacional de los principios propios de cada uno de ellos, creara
dificultades al gobierno, que era regulador de las más diversas aspiraciones, y
entorpeciera la defensa y la ordenación de la vida pública, en términos que
podían poner en peligro el triunfo del poder legitimo sobre el faccioso
instaurado por los sublevados. Dándose cuenta de este peligro, los partidos
políticos y las agrupaciones obreras buscaron sus puntos de coincidencia y
separaron cuanto pudiera dividirles en la lucha emprendida y resolvieron
prescindir de la efectividad de sus propias aspiraciones ideológicas para
fortalecer al gobierno legítimo, bien mediante su colaboración en el seno del
mismo, bien por el apoyo que desde fuera de él pudieran prestarle; de tal forma,
casi desde los primeros momentos de iniciarse la sublevación militar, se llegó a
definir en la conciencia de cuantos contra ella luchaban que el deber de todos
los españoles liberales era el mantenimiento de las instituciones legítimas, la
solución de los problemas públicos dentro del marco constitucional y la defensa
de la República democrática como denominador común de todas las tendencias
progresivas, símbolo de convivencia de los españoles y estado político que
permite un desarrollo pacífico de todos los idearios. El Partido Obrero de
Unificación Marxista, agrupación política legalmente constituida, que aspira a
la instauración de un régimen de economía socialista y de dictadura proletaria
en sus comienzos, mediante el desarrollo de las teorías revolucionarias que le
son propias y que le mantienen alejado de las diversas uniones internacionales,
fue uno de los que, desde los primeros instantes de la sublevación, luchó contra
los rebeldes al lado de los demás elementos antifascistas. Mas dicho partido,
que estaba dirigido y orientado por su Comité ejecutivo, del que formaban parte
los procesados en esta causa Julián Gómez García, Jorge Arquer Saltó, Juan
Andrade Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro Bonet Cuito, mostróse en
todo momento poco dispuesto al renunciamiento inmediato de sus aspiraciones
específicas en beneficio de la defensa de la República tal como está constituida.
Lejos de ello, como vieran que la política de los gobiernos republicanos,
apoyados tanto por los demás partidos políticos como por las agrupaciones
obreras, seguían fielmente el cumplimiento de los preceptos constitucionales en
que tuvieron su origen y procuraban encajar toda la vida nacional dentro de las
leyes republicanas, sin perjuicio del respeto a la organización política, social y
económica que la Nación pudiese darse de modo democrático cuando, una vez
terminada la sublevación, fuera consultada su voluntad, dichos acusados, como
miembros directivos del Partido Obrero de Unificación Marxista, persistieron en
su línea revolucionaria, encaminada a la implantación más inmediata posible de
la ideología que le es propia, sin considerar los perjuicios que en aquellos
momentos podía ocasionar su actuación a los supremos intereses de defensa del
Régimen como representante de las aspiraciones inmediatas de los demás
sectores de la vida nacional. A tales fines, los procesados referidos,
determinaron sustancialmente las siguientes actividades del Partido Obrero de
Unificación Marxista, por lo que al interés de este proceso respecta:
a) Lucha en los frentes de batalla, principalmente en el de Aragón, contra las
fuerzas armadas de los sublevados y contra los ejércitos de invasión, para lo
cual organizaron en un principio unidades de milicias armadas, adquirieron en
España y fuera de ella, o trataron de adquirir, material bélico y admitieron la
colaboración de elementos extranjeros cuya lealtad y sinceridad antifascista no
siempre fue debidamente comprobada. Pretendieron conservar siempre el
mando de tales unidades militarizadas y extender su influencia de partido sobre
cuantas otras les fuera posible, con el propósito de tener un apoyo sólido para
la conquista del poder político, en caso de que se presentaran las condiciones
objetivas necesarias, que ellos mismos procuraban crear, para sustituir al
gobierno legítimo por otro netamente obrero y campesino dispuesto a instaurar
revolucionariamente las doctrinas que le son propias y por ello se opusieron
teóricamente en el periódico de su partido La Batalla a la constitución del
Ejército Regular tal como el gobierno lo entendía y a la disolución de las
Milicias.
b) Oposición violenta al gobierno legítimo y crítica acerba de las disposiciones
adoptadas por el mismo, así como de las instituciones de la República y de los
partidos y organizaciones que le apoyan, como medio de debilitar el régimen
actual y crear las condiciones externas precisas para tomar el Poder, lo que
harían primeramente en Cataluña y a ser posible en el resto de la España leal, e
instaurar de tal forma un régimen comunista organizado con arreglo a sus
postulados de partido. En tal sentido, comenta y destaca en términos
desproporcionados por medio de La Batalla y de otras formas de difusión, los
reveses militares que ha sufrido el Ejército leal, achacándolo no a las
contingencias de la lucha y a la situación de armamento, sino a traiciones hacia
el interés popular por parte del gobierno, al que llegó a llamar «gobierno de la
derrota», sin tener en cuenta la desmoralización que ello podía producir en la
retaguardia. Afirman falsamente en el mismo periódico La Batalla que el
gobierno de la República está a las órdenes del de Moscú y que persigue a los
que no quieren someterse a las órdenes de este último; sigue una tenaz
campaña contra el Frente Popular, que está constituido por partidos políticos
que apoyan al gobierno, y contra el gobierno de la Generalidad; acusa al
gobierno central de sabotear los frentes del Este y pretende desprestigiar a sus
miembros ante la clase trabajadora; combate el funcionamiento del Parlamento
y tiene frases despectivas para el de Cataluña, al que llama “caricatura ridícula
de la degeneración parlamentaría”. La campaña es de inusitada violencia y se
manifiesta de manera continuada a través de la prensa que edita el Partido
Obrero de Unificación Marxista y su organización filial la Juventud Comunista
Ibérica, y también por medio de manifiestos y de hojas sueltas, para lo que
aprovecha la circunstancia de que en Cataluña solo existía censura respecto de
las informaciones militares. Con esta labor, los procesados antes mencionados
contribuyeron a sostener un estado de agitación y rebeldía en parte de la clase
trabajadora, quebrantando la disciplina colectiva que tan necesaria era en los
graves momentos por que atravesaba la República, pusieron en peligro el
prestigio de ésta ante la opinión internacional, de cuyas reacciones favorables a
la causa del pueblo precisaba el gobierno, y favorecieron en este sentido,
indirectamente y aun cuando ello no fuese su propósito, los designios de los
rebeldes.
c) Paralelamente a esta labor de debilitamiento del gobierno, el Partido Obrero
de Unificación Marxista trató de organizarse militarmente en la retaguardia,
según acuerdos adoptados por el Comité ejecutivo militar de dicho partido, los
que eran conocidos por el Comité ejecutivo del mismo, y para ello, bajo la
consigna de “luchamos por un orden revolucionario”, iniciaron su labor
preparatoria del golpe de Estado; acordaron la adquisición, fabricación y
requisa de armamento y municiones para su defensa y ataque en la retaguardia
y la intervención militar en el Valle de Arán y en otros sitios del Pirineo, así
como relacionarse por medio de claves y estudiar la necesidad de un plan para
desarrollar plenamente sus actividades militares desde el momento en que el
Partido de Unificación Marxista tomara el poder.
Toda esta labor era realizada por el partido expresado bajo la inspiración e
intervención de los acusados Julián Gómez García, Jorge Arquer Saltó, Juan
Andrade Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro Bonet Cuito, y estaban
directamente encaminados a prepararse para la conquista del poder político y
la implantación de las doctrinas propias de aquel, lo que pensaron llevar a cabo
pacíficamente, cosa que no consideraban muy posible por la fortaleza de que
daba pruebas el gobierno democrático, bien por medios violentos, tan pronto
surgieran las condiciones externas que lo posibilitaran.
Se encontraban los procesados de que queda hecha mención ocupados en el
desarrollo de tales actividades cuando el día tres de mayo de mil novecientos
treinta y siete tuvo lugar en Barcelona una colisión entre grupos de obreros y la
fuerza pública. Los servicios que la Compañía Telefónica Nacional de España
tiene instalados en dicha ciudad estaban intervenidos por organizaciones
sindicales de sus obreros; y el gobierno de la Generalidad de Cataluña, por
motivos que no constan, resolvió incautarse de aquellos servicios e intervenirlos
directamente, para lo cual dio orden a las fuerzas armadas que tenía a su
servicio de ocupar el edificio de la Telefónica. Un grupo de obreros que se
encontraba en el interior del edificio se opuso violentamente a la ocupación
ordenada por el gobierno autónomo y esto fue la causa de la colisión que queda
expresada. Algunas agrupaciones obreras de Barcelona, que no aparecen
concretadas en este procedimiento, secundaron la actitud de sus compañeros
de la Telefónica para impedir se llevara a efecto lo acordado por la Generalidad
de Cataluña y por consecuencia se extendió por toda la ciudad la lucha entre
grupos de obreros y la fuerza pública y se produjeron víctimas por una y otra
parte en número que no ha sido precisado. El Comité ejecutivo del POUM, en el
que seguían figurando los procesados Julián Gómez García, Juan Andrade
Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro Bonet Cuito, así como Jorge
Arquer Saltó, si bien éste se hallaba fuera de Barcelona y por consiguiente no
tomó parte en los hechos que luego se dirán, acordó que el Partido se sumara al
movimiento rebelde, mas habiéndose encontrado con que los elementos
dirigentes de los demás partidos y organizaciones desaprobaban la actitud
hostil de los grupos obreros dichos, por considerarla peligrosa para la
República y capaz de favorecer los propósitos de los militares que se alzaron en
armas contra el régimen legítimo, creyeron la ocasión oportuna para dar un
contenido y finalidad concretos a los actos violentos y espontáneos de las masas
obreras y trataron de aprovecharlo para poner en ejecución sus propósitos de
adueñarse del poder, primeramente en Cataluña, la que quedaría sustraída a la
autoridad del gobierno de la República, y de ser posible luego en toda la España
leal, y para instaurar el régimen social, económico y político que propugnan. A
este fin procuraron constituir la dualidad de poderes mediante la formación de
“Comités de Defensa de la Revolución” y ordenaron a las agrupaciones de otras
localidades, en la medida que les fue posible por la dificultad de comunicación,
el desarme de la fuerza pública y de los partidos republicanos y obreros que
apoyan al gobierno, control del orden público y de las carreteras, socialización
de la economía y otras determinaciones tendentes a los fines que se proponían.
Como no obstante vieran que los elementos de mayor responsabilidad de las
organizaciones obreras ordenaban a los afiliados que depusieran su actitud, que
el gobierno central enviaba fuerzas para reprimir el movimiento y que éste no
podía ya tener el alcance que ellos querían imprimirle, cambiaron de proceder y
comenzaron a aconsejar el día seis de aquel mes la retirada de la lucha y la
retención de las armas por quienes las estaban utilizando contra la fuerza
pública, sin que aquella terminase por intimidaciones que al efecto hubiese
hecho la autoridad.
Si bien el procesado Jorge Arquer Saltó no tomó parte en la realización de los
sucesos ocurridos en los primeros días del mes de mayo en Barcelona, siguió
idéntica conducta que sus compañeros del Comité ejecutivo del POUM, para
preparar y aprovechar todo movimiento que pudiera servir para desarrollar el
programa revolucionario del Partido.
El procesado Daniel Rebull Cabré no pertenecía al Comité ejecutivo, sino al
Comité central del partido expresado y no consta si tomó parte o no en los
hechos que quedan relatados.
De lo actuado no se desprende como probado que los acusados facilitaran a los
elementos facciosos noticias de ninguna clase referentes a la situación de los
frentes de batalla u organización de la retaguardia, que hayan mantenido
relaciones directas o indirectas con ellos ni con organismos policiacos ni
militares de los países invasores, que estuvieran en contacto y ayudaran a
grupos u organizaciones falangistas del país, o de otra clase que prestan apoyo
a los combatientes rebeldes, ni que hayan recibido para la propaganda política
de su partido ayuda económica de los enemigos del Estado. En cambio se
desprende de lo actuado que todos ellos tienen una marcada significación
antifascista, que han contribuido con sus esfuerzos a la lucha contra la
sublevación militar y que la actuación que queda expresada respondía
únicamente al propósito de superar la República democrática e instaurar sus
propias concepciones sociales.
HECHOS QUE DECLARAMOS PROBADOS.
SEGUNDO RESULTANDO: El Ministerio Fiscal en sus conclusiones definitivas
estimó que los hechos procesales eran constitutivos de un delito de alta traición
definido en el número sexto, último inciso, del artículo doscientos veintitrés del
Código castrense, y penado en el párrafo primero del mismo artículo,
relacionado con los números dos, tres y cuatro del Decreto de trece de febrero
de mil novecientos treinta y siete y conexo con los delitos contra la seguridad
de la Patria que tipifican y sancionan el número cinco del artículo doscientos
veintiocho y párrafo primero del artículo doscientos treinta del citado Código,
modificados por la ley de veintiséis de julio de mil novecientos treinta y cinco, y
un estado de asociación ilícita del artículo ciento ochenta y cinco del Código
Penal ordinario, en relación con el artículo quince de la ley de treinta de julio de
mil novecientos treinta y siete, en cuyo estado se hallan incursos el Partido
Obrero de Unificación Marxista y la Juventud Comunista Ibérica; que son
responsables de dichos delitos en concepto de autores los procesados Enrique
Adroher Pascual, Juan Andrade Rodríguez, Pedro Bonet Cuito, Julián Gómez
García y Jorge Arquer Saltó, y como cómplice Daniel Rebull Cabré; y solicitó
para los cinco primeros procesados la pena de treinta años de internamiento en
campo de trabajo y para el Rebull la de quince años de la misma pena, costas, y
que se decrete la disolución del Partido Obrero de Unificación Marxista, así
como la de su filial la Juventud Comunista Ibérica, dando a los bienes de ambas
asociaciones el destino legal. Retiró la acusación para el José Escuder Poves,
interesando su inmediata libertad, para lo que el Tribunal libró el mismo día el
mandamiento de libertad de este procesado.
TERCERO RESULTANDO: La defensa, al formular asimismo sus conclusiones
definitivas, estimó que los hechos realizados por sus patrocinados no
constituían el delito de que les acusaba el Fiscal ni ningún otro, por lo que
interesó la libre absolución de los mismos.
PRIMERO CONSIDERANDO: Que con arreglo al Decreto de veintidós de junio
de mil novecientos treinta y siete, es competente este Tribunal para conocer de
aquellos actos u omisiones que tiendan a perjudicar gravemente la defensa de
la República, el normal funcionamiento de sus servicios de guerra o civiles,
quebrantar la disciplina social en grado susceptible de debilitar la autoridad
del gobierno o la eficacia de sus resoluciones o que puedan comprometer los
intereses o el prestigio de la República en sus relaciones internacionales, bien
se encuentren aquellos específicamente comprendidos en la propia disposición,
bien se trate de delitos definidos primeramente en cualesquiera otras leyes
penales vigentes; y en este aspecto de fijar la jurisdicción del Tribunal,
comprende en sus preceptos el conocimiento de las causas incoadas por
delitos que anteriormente fueran de la competencia de otra jurisdicción,
siempre que las infracciones perseguidas sean susceptibles de producir los
efectos antes expresados y sea cualquiera la fecha en que hayan ocurrido, ya
que la legislación orgánica tiene en todo caso carácter retroactivo.
SEGUNDO CONSIDERANDO: Que por el contrario, los preceptos de carácter
penal sustantivo contenidos en el mencionado decreto de veintidós de junio de
mil novecientos treinta y siete, solo surten efectos retroactivos en caso de que
favorezcan al reo y como en el presente caso no se da esa circunstancia y los
hechos enjuiciados tuvieron lugar en fechas anteriores al veintidós de junio de
mil novecientos treinta y siete, ha de acudirse para su calificación y sanción a
las disposiciones penales vigentes en la fecha en que han acaecido.
TERCERO CONSIDERANDO: Que el Decreto-Ley de trece de febrero de mil
novecientos treinta y siete no es de aplicación al caso de autos por cuanto
define y sanciona de modo exclusivo actos de espionaje y de los hechos que se
declaran probados no se desprende que los mismos puedan hallarse
comprendidos en los números dos, tres y cuatro del articulo primero de la
indicada disposición, por los que acusa el Ministerio Fiscal, ya que ni se trata de
actividades realizadas con carácter secreto o reservado, ni existe auxilio de
ninguna clase a organizaciones o grupos sociales sometidos a la influencia de
Estados extranjeros que favorecen la guerra contra el gobierno legítimo, ni con
el propósito de secundar designios de nacionales o extranjeros en armas contra
la República se realizaron los actos objeto de sanción.
CUARTO CONSIDERANDO: Que los hechos relatados en el primer resultando
son constitutivos de un delito de rebelión comprendido en el articulo doscientos
treinta y ocho, número cuarto, del Código penal común, y sancionados en el
articulo doscientos treinta y nueve de la propia disposición, en relación con el
artículo noventa y uno del Decreto de siete de mayo de mil novecientos treinta y
siete, ya que en su conjunto tendían a instaurar en Cataluña, y a ser posible en
el resto de la España leal, un régimen político y económico distinto del actual,
tratando de sustraer parte de la nación o toda ella de la obediencia al gobierno,
y si bien los hechos violentos ocurridos en Barcelona fueron en su principio un
movimiento espontáneo de núcleos para impedir que la autoridad legítima
llevase a efecto sus determinaciones sobre incautación de la Telefónica, tal
situación fue aprovechada y utilizada por alguno de los acusados para dar
realidad a sus propósitos y cima a la labor preparatoria que venían realizando
de sustituir el régimen constituido por el que propugna su partido, a cuyo
efecto tomaron las disposiciones que creyeron pertinentes, y el alzamiento
público fue ya de abierta hostilidad contra el gobierno constitucional hasta que,
convencidos de la imposibilidad de conseguir sus deseos, depusieron su actitud
y aconsejaron el cese de la lucha que sostenían en las calles de Barcelona y
otras localidades los grupos obreros y la fuerza pública.
QUINTO CONSIDERANDO: Que este delito es de naturaleza formal y se
caracteriza por el mero alzamiento hostil contra el gobierno constitucional para
conseguir cualquiera de los objetos que determina la expresada disposición,
bastando el alzamiento para la realización de la objetividad jurídica, aunque no
se consume la objetividad ideológica, por lo que el tipo de delito existe aun
cuando los medios de ejecución al alcance del agente promotor o director no
sean potencialmente eficaces para el logro del fin perseguido o que de momento
se utilicen tácticas que no parezcan encaminadas directamente al logro
perseguido en espera de otros apoyos materiales o morales, siempre que el
propósito y la intención de dirigir el levantamiento sea congruente con alguno
de los objetivos expresados en el artículo doscientos treinta y ocho del Código
penal.
SEXTO CONSIDERANDO: Que de dicho delito de rebelión son responsables
criminalmente en concepto de autores los procesados Julián Gómez García, Juan
Andrade Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro Bonet Cuito, a los que
debe estimárseles comprendidos en las sanciones determinadas en el artículo
doscientos treinta y nueve del Código penal, en relación con el artículo noventa
y uno del Decreto de siete de mayo de mil novecientos treinta y siete, porque si
bien no iniciaron los actos violentos de que se trata, fueron promotores de su
segunda fase y sostenedores de la misma y, por consiguiente, no solo los
secundaron sino que los sostuvieron, tratando de encauzarlos hacia nuevos
objetivos, dirigiéndolos en relación con los grupos que les eran afines
políticamente y seguían sus órdenes, y con otros que igualmente acataban y
respondían a éstas, tomando el alzamiento público en carácter de abierta
hostilidad contra el gobierno con las miras de sus dirigentes, los referidos
inculpados, se proponían, no ya de protesta contra la orden dada por el
gobierno de la Generalidad, sino de restar a la autoridad del poder público la
región catalana, apoderándose del gobierno de la misma.
SÉPTIMO CONSIDERANDO: Que es cómplice del mismo delito el otro
procesado Jorge Arquer Saltó, porque si bien no tomó parte en los actos de
violencia, cooperó a los mismos por actos anteriores, mediante su participación
en campañas de prensa y demás actividades desarrolladas por el Comité
ejecutivo de su partido, que tendían a preparar o a aprovechar para sus fines
actos de rebelión contra el poder público.
OCTAVO CONSIDERANDO: Que no son de apreciar circunstancias modificativas
de responsabilidad, si bien para graduar el arbitrio que concede al Tribunal el
artículo noventa y ocho del Decreto-Ley de siete de mayo de mil novecientos
treinta y siete es de tener en cuenta la ocasión en que los hechos tuvieron lugar,
cuando el gobierno se hallaba en uno de los momentos más difíciles de la
guerra y cabía temer se produjera como consecuencia de lo ocurrido perjuicio a
la República, por naturales e importantes repercusiones en el orden
internacional.
NOVENO CONSIDERANDO: Que no habiendo tenido participación en los
hechos el procesado Daniel Rebull Cabré, procede absolverlo libremente con
toda clase de pronunciamientos favorables.
DÉCIMO CONSIDERANDO: Que retirada la acusación por el Ministerio Fiscal
contra el procesado José Escuder Poves, debe ser absuelto libremente con toda
clase de pronunciamientos favorables.
UNDÉCIMO CONSIDERANDO: Que por imperativo del párrafo segundo del
artículo quinto de la Ley de treinta de junio de mil novecientos treinta y siete, la
autoridad judicial deberá acordar la disolución de las asociaciones legalmente
constituidas cuando dicte una sentencia sobre delitos cometidos en
cumplimiento de los acuerdos de la misma, y como quiera en el caso de autos,
las infracciones que se sancionan se realizaron por el Partido Obrero de
Unificación Marxista y su filial la Juventud Comunista Ibérica, por
determinación del organismo directivo, que era el Comité ejecutivo, es forzoso
decretar la disolución de ambas agrupaciones.
VISTAS las disposiciones legales citadas y las de general aplicación.
FALLAMOS:
Que debemos condenar y condenamos a los procesados Julián Gómez García,
Juan Andrade Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro Bonet Cuito a la
pena de quince años de separación de la convivencia social para cada uno de
ellos, como reos del delito de rebelión antes definido, y a Jorge Arquer Saltó a la
de once años de separación de la convivencia social como cómplice del mismo
delito, y los que deberán cumplir en campo de trabajo, accesorias de suspensión
de oficio o cargo y de derecho de sufragio durante el tiempo de la condena,
siéndoles de abono el tiempo de prisión sufrida; y asimismo debemos absolver y
absolvemos a José Escuder Poves y Daniel Rebull Cabré del delito de que fueron
acusados; póngase a éste inmediatamente en libertad, por estarlo ya el otro, si
no estuviere privado de ella por otra causa o motivo, cursando al efecto el
oportuno mandamiento al Sr. Director de la Prisión del Estado.
Se decreta la disolución de las asociaciones Partido Obrero de Unificación
Marxista y Juventud Comunista Ibérica. Remítase testimonio por duplicado de
esta sentencia al Tribunal Popular de Responsabilidades Civiles, para que
determine las procedentes, y póngase en conocimiento del ministro de la
Gobernación la disolución de las sociedades referidas a los efectos oportunos.
Así por esta nuestra sentencia, definitivamente juzgado, lo pronunciamos,
mandamos y firmamos: Eduardo Iglesias Portal; Manuel Hernando; Ernesto
Beltrán; Julián Calvo; J. M. Mediano Flores. Rubricados».
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, noviembre 2005
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Andreu Nin Joaquín Maurín POUM
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