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Psicología comunitaria UPT

LECTURA: FASES DE LA INTERVENCIÓN COMUNITARIA


ESQUEMA DE LA INTERVENCIÓN COMUNITARIA

1. definición (y análisis) del tema, comunidad o problema
2, características del grupo
3. Evaluación De necesidades
4. diseño/planificación y organización de la intervención
5. evaluación inicial
6. ejecución o implementación
7. finalización y evaluación de resultados
8. diseminación de la intervención


1. Definición (y análisis) del tema, comunidad o problema
El punto de partida de la intervención puede ser una comunidad, una población o un tema -
problemático o carencial- a resolver, o positivo -de interés- a potenciar. En realidad, ese punto de
partida incluye casi siempre 2 partes: 1) un tema - problemático o positivo-; 2) una operación referida a
qué es lo que queremos hacer (globalmente, en este momento inicial) con ese tema (prevenir, desescalar
la tensión, promocionar o ayudar, etc.); es decir, cuál es nuestro objetivo general de partida.
 si partimos de una comunidad, tendremos una delimitación social y geográfica del tema
relativamente clara que nos facilitará el acceso - evaluativo e interventivo- al objeto de intervención
y -además- podremos contar con los lazos, interacciones sociales y psicosociales y núcleos
organizativos comunitarios (centros cívicos, asociaciones, parroquias, centros asistenciales, de
reunión o actividades, etc.) como trama que facilite o intermedie la intervención. como desventajas,
estaremos frente a una unidad interventiva muy compleja en términos de problemática, grupos e
intereses sociales, que requerirá una intervención paralelamente multifacética (idealmente, un plan
integral), con una evaluación y diseño complejos nada fáciles.
Podríamos ampliar lo indicado a organizaciones de base territorial (una escuela, un centro productivo,
un centro de prestación de servicios, etc.), cambiando el énfasis territorial (central en la comunidad) por
el derivado de una mayor estructuración u organización en torno a intereses - sociales, profesionales o
funcionales- predefinidos.
 Si partimos de un problema -ó necesidad- tenemos, por el contrario, un tema (relativamente)
monográfico de intervención (droga o marginación) lo que simplifica y centra el proceso.
carecemos, en cambio, de los elementos organizativos, asociativos y relaciones a nivel social y
psicosocial que faciliten la acción (excepto si los afectados por el problema han formado algún tipo
de asociación, lo cual sería un buen punto de partida). Tampoco podemos contar con la vecindad
geográfica, lo que dificulta -y encarece- notablemente el acceso a los afectados, la evaluación
(sobretodo si hemos de hacer un sondeo muestral) y la intervención; tanto en términos asociativos
como de prestación de servicios. la intervención puede organizarse aquí a partir de los centros de
asistencia o tratamiento (el elemento "homogeneizador" o compartido por esa población) o
territorialmente, a partir de la división más adecuada de la administración local (distrito, municipio,
comarca, provincia).
Algo similar podría decirse si partimos de un tema positivo a potenciar: participación, uso del
tiempo libre, fomento de las relaciones inter-personales o sociales, desarrollo personal o grupal,
dinamización de un colectivo, concienciación respecto a un tema, etc.

2. Estudio de las características del grupo
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Una población -como comunidad de intervención- está definida por parámetros demográficos -o
sociales- como la edad, el sexo, nivel de renta, situación escolar o laboral, etc. por ejemplo, los
adolescentes, la tercera edad o las mujeres. Esto facilita la localización y -hasta cierto punto- el acceso
al grupo blanco de la intervención aunque, en general, esa población puede ser bastante diversa respecto
a factores importantes (zona de residencia, clase social, educación, asociaciones, etc.) y padecer
problemáticas múltiples, careciendo, como en el criterio anterior, de los ligámenes sociales y
psicosociales generados por el vecindario comunitario.

1) la delimitación y definición lo más clara y precisa y operativamente posible del tema, grupo o
problema blanco de la intervención previamente identificado.
2) análisis inicial de conjunto, para ver loas elementos problemáticos -y carenciales-, los recursos
y las dimensiones y relaciones básicas entre esos elementos y el sistema social global.
Esta delimitación, definición y análisis se pueden realizar a partir del conocimiento experiencial
del tema por el interventor, o bien a través de documentación indirecta. hemos de asegurar la
relevancia del tema, no sólo para el propio interventor, sino para la comunidad o afectados, ya
que sin una percepción compartida de esa relevancia o urgencia no existirá motivación para
actuar o colaborar, al no existir conciencia de problema o interés por el tema. para esto es
conveniente incluir en proyecto de intervención una sección expositiva describiendo la
justificación o necesidad -el "porqué"- de la actuación que proponemos en el momento y
contexto dados. sólo cuando hayamos delimitado y definido un tema relevante y analizado sus
dimensiones y relaciones básicas, podremos pasar a la segunda fase de evaluación formal,
puesto que ya sabremos qué evaluar y -a partir de ahí- cómo hacerlo. la fase de evaluación
retroalimentará, a su vez, a la anterior, contribuyendo a una mejor definición de la cuestión
problemática o positiva de sus dimensiones, una vez hayamos tomado contacto con él y
recogido información desde los distintos grupo y temas afectados.

3. Evaluación de necesidades
Como constatación y evaluación inicial de la problemática o necesidades existentes, imprescindibles
para la planificación de la intervención posterior. En esencia, se trata de un análisis y valoración del
sistema social o comunidad desde el punto de vista del tema o problemática de interés- y de su
resolución-, con aplicación de las metodologías métricas, y de diseño experimental apropiadas, teniendo
en cuenta que debemos constatar posteriormente los efectos (eficacia, eficiencia, impacto) del programa
interventivo frente a cómo habría evolucionado el tema o sistema social si no se hubiera producido la
intervención. También debe tenerse en cuenta- junto a los informativos- los efectos e implicaciones
relacionales y valorativos del proceso evaluativo y de los diversos enfoques utilizados.
Esos enfoques o métodos habituales fueron agrupados en cinco apartados: informantes clave, grupos
estructurados y foros comunitarios, tasas de personas tratadas, encuestas poblacionales e indicadores
sociales. También se ilustraron áreas, metodologías o técnicas concretas de evaluación de necesidades o
programas como la de calidad de vida, estrés, climas sociales, consecución de objetivos y planificación
y evaluación a través de los grupos nominales.

4. Diseño/planificacion y organización de la intervencion
Concebimos un programa como un conjunto coherente de acciones destinadas a alcanzar unos objetivos
o resolver un problema. En esta fase se crean y desarrollan sistemática y ordenadamente- sobre el papel-
esas acciones o componentes que, en su conjunto, nos permitirán, a partir de una teoría o modelo válido
(o de la experiencia previa) del cambio psicosocial, por un lado, y del problema concreto, por otro,
alcanzar los objetivos prefijados. Se trata de: 1) establecer un plan racional de actuación para alcanzar
unos objetivos y 2) obtener y organizar los medios que lo hagan realidad en un contexto social concreto
a través de una estrategia eficaz (que se desarrolla en la fase siguiente).
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Esta etapa sirve, por tanto, de puente entre teoría y acción desde la idea directriz de que lo que en ella se
cree o diseñe va a ser llevado a la realidad. No se trata pues de un divertimento teórico o de diseño
creativo, sino de una preparación para la acción, de forma que lo que aquí se conciba a partir de unos
conocimientos teóricos, empíricos o experienciales (parte 1, intervención racional o deseable) debe ser,
por un lado, traducible a acciones y procesos psicosociales concretos, y por otro, viable en una realidad-
y con unos medios- determinados (parte 2, intervención real o posible). Naturalmente, estamos hablando
aquí de programas de intervención, no de programas expositivos o "de escaparate"- tan abundantes
últimamente en la vida política y social.
Es una fase "de laboratorio" o despacho, sólo posible- precisamente por haber estado precedida por otras
fases (de análisis y evaluación) en las que se ha estado en contacto- directo e indirecto- con la realidad
social y psicosocial que queremos transformar. Elementos o partes básicas de esta etapa (no
necesariamente en orden temporal, ni acotados secuencialmente) son:
a) Determinación de los objetivos (jerarquizados) de la intervención. paso a caballo entre esta
fase y la de evaluación, que concluye precisamente en la fijación de los objetivos. estos se
determinan tanto (1) racionalmente, desde la integración de los datos- sobre la problemática y
recursos humanos disponibles- de la evaluación inicial, como (2) a partir de otros inputs
extraracionales (cook y shadish, 1986; syme, seligman y macpherson, 1989), como los
principios políticos y valorativos que, según se ha indicado ya, priorizan , desde el escalón
político y los intereses sociales, unos campos y temas sobre otros (por ejemplo, seguridad
ciudadana sobre salud mental o prevención de problemática adolescente).
En realidad esta tarea comienza en el inicio de la intervención (fase 1) que, como ya indicamos, incluye
un objetivo u operación general perseguido respecto al tema planteado. lo que se hace ahora es concretar
y explicitar- y modificar, si es preciso- ese objetivo genérico inicial en forma de objetivos específicos a
partir de los datos retro - alimentados desde el análisis y evaluación realizados en las fases previas.
cuanto más específica y operativamente definamos los objetivos más fácil será, después, establecer los
componentes del programa, intentar hacerlos realidad y evaluar hasta que punto han sido alcanzados. no
siempre se trabaja, de todos modos, sobre objetivos explícitos o es posible una concreción operativa de
todos los objetivos. (asumimos, naturalmente, que los objetivos son significativos y relevantes respecto
a las cuestiones o problemática básica de la comunidad. de lo contrario, su consecución no implicará
una mejora substancial en las condiciones de vida de aquella). La jerarquización de objetivos se justifica
por dos razones: 1) porque los medios (económicos, humanos, etc.) son siempre limitados en relación a
la problemática o deseos de cambio en una comunidad; 2) los objetivos pueden ser mutuamente
contradictorios (o incongruentes, al menos) de forma que, al perseguir uno de ellos, estamos minando la
consecución de otro. por ejemplo, fortalecer la capacidad organizativa y reivindicativa de un grupo
puede muy bien reducir la cohesión del conjunto del sistema social o las relaciones de ese grupo con el
resto.
La jerarquización o aclaración de prioridades permite en ambos casos optar por unos objetivos sobre
otros. esto puede hacerse numerándolos jerárquicamente, distinguiendo objetivos principales y sub -
objetivos parciales en cada uno de los principales, o estableciendo grupos separados de objetivos a
distinto plazo de tiempo (corto, medio y largo plazo, por ejemplo), sobre todo si el programa tiene varias
fases o etapas sucesivas. en todo caso, las listas interminables de objetivos deseables no es, en general,
realista ni seria. en un problema o contexto mínimamente complejo, es dudoso que se puedan alcanzar
realmente más de 3 o 4 objetivos medianamente ambiciosos (y razonablemente coherentes entre sí) sin
caer- este es otro problema- en una dispersión o contradicción de las acciones o componentes a realizar
para alcanzarlos.

b) Establecimiento del contenido del programa (o sea, los componentes, proyectos o acciones a
llevar a cabo por medio de métodos adecuados) para alcanzar los objetivos marcados, junto a
los destinatarios- territoriales, administrativos o sociales- de cada uno. por ejemplo, "siembra"
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de folletos en un barrio, sensibilización informativa a toda la población, cambio de actitudes en
un vecindario respecto al asentamiento de un nuevo grupo, reclutamiento de voluntarios en una
ciudad o región, creación de una residencia o servicio de atención, en contacto con líderes
políticos o comunitarios de una comarca o región, consulta o coordinación de asociaciones
vecinales, etc.

c) Análisis de la conexión entre objetivos y componentes. este análisis - muy raramente incluido
en el diseño de programas - es el "corazón" de esta etapa. se trata de justificar que los
componentes conducen lógicamente a los objetivos fijados, de forma que, realizando esas
acciones o proyectos, se van a alcanzar objetivos. otra cosa es que luego, en la realidad, se
alcancen o no; esa es la cuestión empírica que debe ser respondida, se alcancen o no; esa es la
cuestión empírica que debe ser respondida por evaluación de resultados. lo que podemos - y
debemos - mostrar en esta fase de diseño es que existe una conexión que liga lógicamente
acciones y objetivos. s decir, hacer explícitas - y analizar rigurosamente nuestras asunciones
implícitas de porqué el programa va a funcionar(un proceso muy relacionado con la cuestión de
la evaluabilidad, esto debería ser realizado para cada componente respecto a cada objetivo
planteado bien sea, (1) aportando datos teóricos o lógicos (las hipótesis que tenemos sobre el
tema y sistema y lo que va a suceder si hacemos esto o aquello, o (2) datos empíricos -
experienciales (estudios o experiencias previas sobre el tema en contextos semejantes) sobre los
efectos de las acciones a realizar o - si partimos de los objetivos - sobre los efectos de las
acciones a realizar o - si partimos de los objetivos - sobre los mejores procedimientos de
alcanzar ese objetivo, junto de ventajas e inconvenientes. al hacer este examen, debe también
tenerse en cuenta la repercusión de cada acción o componentes sobre los distintos objetivos (que
pueden ser discordantes), puede ser, por ejemplo, que la concienciación sobre un tema
incómodo empeore las relaciones con la comunidad o la administración, dificultando la
consecución de otro objetivo de mediación de buenas relaciones con esas partes, este análisis
constituye un excelente sistema de detección de fallos y creación lógica del programa (sobre
factibilidad, contradicciones, coordinación de objetivos o acciones, coordinación de acciones y
objetivos, etc.) a la vez los medios necesarios - ante la parte política o administrativa que debe
decir sobre ella y aportar los recursos para hacerlo realidad.

d) Organización el programa y obtención de recursos. esta parte persigue obtener los medios y
recursos externos necesarios para trasladar previamente lo diseñado sobre el panel a una
realidad social administrativa concreta en un plazo de tiempo definido. incluye, la obtención de
financiamiento personal, técnico, o semi técnico y la infraestructura (locales, administración,
etc.) precisa. también comprende otros elementos de organización como: coordinación de
acciones a realizar, coordinación del personal del programa - entre sí y entre las instituciones;
propagación de contactos; logística e infraestructura de apoyo para sostener el programa, sus
acciones y los grupos sociales participantes, reclutamiento y formación de personal; integración
vertical de las aciones y sistemas de seguimiento y registro de casos, etc. también la
"candelarización" de las actividades teniendo en cuenta el ritmo y demandas temporales de cada
una - y de su coordinación - así como el ritmo de la administración o agencia patrocinadora del
programa que casi nunca coincide con el ritmo racional de la programación técnica y que puede
cesar e un momento dado.

5. Evaluación inicial:
Fase que nos permite establecer la línea base del programa.

6. Ejecución o implementación
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En esta etapa se hace realidad lo planificado a través de la organización y medios disponibles
modificándolos "sobre el terreno" según el progreso real del programa. procesos básicos -no
necesariamente lineales y sucesivos son: a) estrategia interventiva; b) la entrada en - contacto con - la
comunidad; c) las correcciones o ajustes precisos y d) el mantenimiento del programa.

a) estrategia interventiva: el cómo. Se trata de idear o elegir una vía o procedimiento general para
hacer realidad lo planificado, que no sólo asegure su viabilidad en unas condiciones técnicas, sociales y
político - administrativas dadas, sino que señale el camino óptimo de realización de la intervención, en
términos de facilitar su aceptación por las distintas partes e intereses implicados y minimizar las
eventuales resistencias, para determinar la estrategia, tendremos que tener en cuenta - además del diseño
del programa y los objetivos perseguidos - los siguientes factores: 1) la disposición motivacional y
recursos de la comunidad blanco de la intervención y los apoyos sociales y comunitarios disponibles; 2)
la disposición del personal que lo va a ejecutar (técnicos y no técnicos); 3) el equilibrio de poder
existente; así como la oposición y resistencias previsibles en función de los cambios sociales y
personales (de rol) a efectuar. todo eso deberá ser contextualizado en relación al factor tiempo,
importante también en cuanto al ritmo de los cambios, que no debería exceder lo que el grupo central (o
el más lento o resistente) puede absorber sin provocar reacciones homeostáticas negativas.
Así como la fase de diseño tenía un contenido más social, la estrategia subraya fundamentalmente los
factores relacionales y psico sociales del grupo social ya que estamos actuando con personas y grupos
humanos que van a serlos sujetos además de objetos, de la intervención. los intereses, sentido del poder
psicológico y social, las interacciones, historia social, expectativas, sistemas de regulación y control y
demás elementos del proceso de socialización incorporado serán fundamentales a la hora de llevar a
cabo la intervención, marcando precisamente el nivel motivacional.

b) entrada en la comunidad o contacto con la población. No en todas las intervenciones queden
pasarse directa y automáticamente de la fase de diseño o planificación a la de ejecución. Con frecuencia
se necesita preparar la entrada en la comunidad o sistema social en que se va a realizar la intervención o
el contacto efectivo y apropiado con la población a efectuar, sobre todo si el programa no parte de una
demanda comunitaria o incluso so parte de una demanda de un sector poblacional o comunitario más o
menos minoritario. Esta necesidad, es tanto mayor cuanto más o menos minoritario. Esta necesidad es
tanto mayor cuanto más elevado sea el impacto o cambio a provocar y menor la familiaridad o contacto
previo del interventor.
La entrada en la comunidad va ligada con la negociación del contrato de la intervención y al
establecimiento de la relación interventor sistema social, todo lo cual es fundamental para el éxito o
fracaso del programa o, como mínimo para facilitar y acortar su implementación o, por el contrario,
dificultarla y alargarla improductivamente. es pues, una parte básica del conjunto de la estrategia
interventiva, al establecer el tono inicial de ella. la casuística y posibilidades de entrada al sistema social
es amplia y debería ser extensamente discutida en la formación del psicólogo comunitario.
Prescindiendo de las premisas de la legitimidad y relevancia; ya discutidas previamente, algunos de los
procedimientos posibles de entrada a la comunidad serían:

1) en respuesta a una demanda; la alternativa más deseable desde el punto de vista motivacional ,
ya examinada en 8.3. Con frecuencia deberemos precisar y redefinir la demanda, analizar el "qué",
"cómo", "de quien" y "por qué" de la demanda y negociar las condiciones de realización de la
intervención. No se plantean, no obstante, problemas desde el punto de vista que aquí nos interesa.
2) la evaluación inicial- o de necesidades- es otra excelente forma de entrada en el sistema social
mostrando genuino interés, por ese sistema y permitiendo la participación e inicio de contactos con
la comunidad. Esta modalidad genera, sin embargo, importantes expectativas de actuación
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definiendo además al psicólogo como evaluador, no como interventor, por lo que aquel deberá
replantear el marco relacional a la hora de actuar, a partir del contacto inicial como evaluador (en
que- recuérdese- no se propone, ningún cambio o intervención en la vida de la gente, limitándonos
a recoger información).
3) a través del contacto- y persuasión-. de líderes comunitarios formales e informales.
Elegiremos, evidentemente, a aquellos que sean favorables a los cambios sociales, en general, o al
cambio concreto que proponemos, en particular. Habrá que valorar en este caso la relación de los
líderes con la comunidad (que asumimos positiva; si no lo fuera, habría que hacer un segundo
contacto "por abajo" o prescindir totalmente del contacto inicial "por arriba", según las
circunstancias) y la existencia de otros grupos líderes relevantes que pueden situarse en contra
nuestra al percibirnos aliados con el grupo o líder contactado. Tendremos que tener en cuenta, en
cualquier caso, a los líderes o grupos contrarios al programa a introducir.
4) a través de otros profesionales o mediadores que vivan o trabajen en la comunidad (psicólogo,
trabajador social, educador, médico, abogado, etc.) especialmente aquellos presumiblemente
abiertos a las ideas o trabajo comunitario (servicios sociales base, centros de salud y asistencia
primaria, parroquias o escuelas "progresistas", escuelas de adultos, etc.). Entre otras ventajas de
este enfoque, está la de que las personas contactadas comparten nuestro lenguaje (y visión de la
realidad) profesional (u otro similar) y pueden orientarnos, trazando un plano de situación de la
comunidad.
5) por "abajo", a través de algún conocido- o conocido de otra comunidad que conoce a alguien
de la de interés- que tengamos en la comunidad, lo que puede abrirnos muchas puertas (a ese nivel,
naturalmente).
6) el acercamiento (espacial y cultural) al grupo de interés a través de una cierta "empatía social"
y personal que nos permita sintonizar lo más posible con su forma de vida y visión de las cosas y
ser aceptado como un "próximo" al grupo (un colega) sin perder, sin embargo, nuestra identidad y
objetivos profesionales y personales.
Frecuentemente utilizado en la educación de la calle y el medio abierto, este procedimiento
conlleva el riesgo de ir demasiado lejos en el acercamiento y empatía social, perdiendo parte del rol
e identidad profesional y siendo incapaz de distanciamiento respecto al grupo y tema en cuestión.
La estrategia suele consistir en buscar el contacto "casual" con el grupo en los lugares en que se
reúne (la calle, bares...) y trabajar algún tipo de relación social con un progresivo acercamiento a la
cultura, formas de relación y vocabulario del grupo para pasar más adelante a plantear
gradualmente el verdadero propósito de nuestra acción desde la relación de confianza establecida y
sin perder la referencia de la perspectiva cultural y valorativa del grupo.
7) a través de un caso o muestra del tema o problema de interés de la comunidad u
organización, con el que proponemos hacer una demostración de la efectividad del programa (que
asumimos suficientemente en casos y contextos similares). Es una vía interesante, casi puramente
empírica y sin los componentes relacionales de las anteriores que, caso de funcionar, nos sitúa en
una ventajosa postura de autoridad técnica ç. es el enfoque usado por fairweather, sanders y
tornatzky (1974) para difundir su programa comunitario de atención mental a diversos hospitales
psiquiátricos.
8) provocación a través de discursos, acciones o dramatizaciones colectivas en lugares públicos o
de conversaciones individualizadas con personas elegidas. es un sistema de motivación
relativamente arriesgado que demanda muchas “tablas” y seguridad en el interventor, así como
saber manejar después constructivamente las emociones y dinámicas suscitadas sin provocar una
reacción negativa contra sí mismo, la acción irracional y destructiva o la frustración de las
expectativas iniciales. Estrategia típica de la acción social perfectamente ilustrada en el trabajo de
saul alinski (1946 y 1971). naturalmente que estos procedimientos proporcionan únicamente
formas de entrada o contacto inicial con la comunidad, el resto del proceso debe ser establecido a
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partir de ahí e incluirá con frecuencia– como se ha indicado más arriba- algún tipo de negociación
o contrato más o menos explícito de las condiciones- y quizás de las operaciones- que se van a
levar a cabo (lo que puede requerir modificaciones del programa inicialmente planeado) y/o una
especificación de las formas de participación en- y retroalimentación a- el desarrollo del programa.
9) corrección y ajuste del programa inicialmente planificado en caso de novedades, dificultades o
de que, en lugar de avanzar hacia los objetivos fijados, nos estamos desviando de ellos. Para lo cual
debemos disponer de un sistema efectivo y continuo de feedback desde la comunidad o usuarios a
través de indicadores formales o informales de evaluación sobre la marcha del programa.
10) mantenimiento del programa. Se trata aquí de asegurar la continuidad del programa cuando
el equipo interventor (y la administración o agencia implicada) cesen su actividad interventiva
directa, según lo planificado o por algún tipo de incidencia prevista. Es esta una operación no
contemplada habitualmente en los programas, pero muy necesaria dado que casi nunca se alcanzan
plenamente los objetivos previstos o se logra un efecto relevante sobre el problema planteado en
los limitados plazos planificados y presupuestados. Se trata, en todo caso, de “rentabilizar” el
programa y de intentar mantener los procesos de dinamización y solución de problemas que a partir
de él se pueden haber inducido en la comunidad o población, contribuyendo, por tanto, a la auto-
regulación del sistema cuando el esfuerzo interventivo formal cese.

7. finalización y evaluación de resultados
Una vez cubiertos los objetivos de la intervención o agotado el curso planificado y presupuestado de los
programas previstos, aquella se dará por finalizado, en el sentido de que cesará la actuación externa y
formal del personal y la estructura organizativa puesta en marcha para realizarla. Siendo estrictos, el
esfuerzo interventivo no debería tener, probablemente, un final en el tiempo, pues es dudoso que los
esfuerzos interventivos externos -con recursos y actuación limitados casi siempre - alcancen plenamente
los objetivos planteados.
Será suficiente, habitualmente, si se consigue iniciar los procesos dinamizadores, cambiar tendencias
negativas o desarrollar algunas estructuras técnicas o sociales en la dirección adecuada y que tengan
algún tipo de impacto positivo sobre el problema. y esto, porque los problemas sociales son
enormemente complejos y de profundas raíces, llevando años su resolución y surgiendo, casi siempre,
otros problemas derivados de las propias soluciones y el cambio de situación global que generan.
En este sentido el esfuerzo interventivo debería ser continuo, durando tanto, como el propio problema o
cuestión que lo motiva. Los medios técnicos y económicos, son por el contrario, limitados forzando la
finalización de los programas en un punto dado, aunque entendemos que la finalización de un programa
no significará nunca la terminación de los esfuerzos de la propia comunidad.
La evaluación de resultados de la intervención ya fue descrita ampliamente e ilustrada en el capítulo 7
bajo la etiqueta de evaluación de programas. Será una parte fundamental para determinar hasta qué
punto se han resuelto las necesidades o problemas que originaron el programa y por tanto, hasta qué
punto el esfuerzo interventivo debe o no continuar. En este sentido debemos recordar que la
consecución de los objetivos planteados no garantiza la resolución de problema.

8. Diseminación de la intervención
La diseminación de programas interventivos es otra operación relativamente novedosa y apenas
planteada en la práctica habitual. Se refiere a la difusión efectiva de programas ejecutados (con
resultados conocidos, por tanto) a otros entornos organizacionales o sociales