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Abril 2014

¿Cómo corregir sin dañar la autoestima?
Es imposible no equivocarse. Todos lo hacemos, a veces intencionalmente y otras
muchas, muchísimas más sin querer hacerlo. Parte del desarrollo de la salud
emocional consiste en aprender a reconocer este hecho sin desmoronarse ni
angustiarse, aceptando nuestros errores como oportunidades de aprendizaje. Esta
confianza básica es el pilar de la autoestima, pues solo una persona con buena
autoestima es capaz de reconocer que se ha equivocado sin sentirse amenazado.
Si bien desde el conocimiento popular la autoestima sería algo así como “quererme a
uno mismo tal cual soy”, desde el conocimiento psicológico es mucho más que eso.
La autoestima consiste en tener la convicción de que uno cuenta con las habilidades
necesarias para pensar, aprender, decidir y resolver las dificultades de la vida y la
creencia de que uno tiene el derecho a ser feliz y, por lo mismo, obtener y sentirse
orgulloso por logros propios, sentirse querido por amigos y familia, disfrutar de la vida,
etc. Lo que en la literatura se conoce como “autoeficacia” y “respeto por uno mismo”.
Si se mira desde esta perspectiva, la preocupación de muchos papás y mamás de
dañar a sus hijos cuando se les debe corregir (y desde ahí la tendencia a quedarse
paralizados ante la duda de hacerlo o no hacerlo), puede ser repensada en cómo
hacerlo de una manera que potencie su autoestima. Para esto es útil recordar:
 Separar la conducta equivocada de la identidad del niño: “Eres malo, flojo, tonto,
etc.” es una sentencia para el niño, lo anula y paraliza, lo transforma en un
indeseable. “Te equivocaste en pegar a tu hermano, en estudiar poco para la
prueba, etc.” permite contextualizar la falta y otorga la posibilidad de hacer algo al
respecto para remediarlo.
 Ofrecer un espacio para que el niño reflexione y se haga cargo de buscar
alternativas, antes de otorgar la respuesta correcta: Preguntar al niño, qué sintió
qué lo llevó a actuar así, por qué cree que está mal lo que hizo, qué haría distinto
si vuelve a pasar y qué opciones tiene para remediar el daño causado, le permite
activar sus propios recursos para hacer frente a las dificultades y buscar
alternativas. La mamá y el papá pueden funcionar en este sentido validando las
emociones y mostrando también alternativas cuando al niño no se le ocurren:
“Está bien que te de rabia que no te haya prestado el PC, pero pegarle por eso no
está bien… ¿qué se te ocurre podrías hacer la próxima vez?, ¿qué podrías hacer
ahora para solucionar la pelea con tu hermano?”
 Recordar momentos de logro y éxito pasados: Ayuda a transmitir al niño el
mensaje de que él ha sido capaz en otros momentos de hacerlo bien en
circunstancias parecidas.
 Reconocer cuando uno como adulto se ha equivocado y enseñar con el ejemplo:
Incluso cuando no somos capaces de manejar nuestra rabia a la hora de corregir a
nuestros niños y nos dejamos llevar por ella, podemos potenciar la autoestima de
nuestro hijo reconociéndole que no estuvo bien lo que hicimos, disculpándonos y
mostrando cómo pensamos manejarlo a futuro, para luego retomar a reflexión
sobre su conducta. Esto le muestra al niño un modelo de adulto con la suficiente
autoestima como para reconocer que se ha equivocado y que además lo valora
tanto como para hacérselo saber.