Está en la página 1de 9

Teoría y crítica literaria

en Hispanoamérica
Rigoberto Gil Montoya
Se plantea aquí la necesidad de fortalecer una teoría y crítica literaria en el ámbito
hispanoamericano al tocar un momento clave para el desarrollo, a nivel de la
academia, de una serie de presupuestos teóricos y culturales, sobre la base de una
bibliografía mínima, sugerida.
El problema deviene próximo con el estado de la discusión que escritores, teóricos
y críticos dilucidan a partir de la segunda mitad de este siglo, en procura de
establecer derroteros estéticos y literarios para abordar de manera precisa y
coherente los procedimientos narrativos y las búsquedas formales de los creadores
hispanoamericanos, como producto de una tradición fértil y en todo caso
significativa en el contorno de la literatura universal.

I. Los antecedentes
Me pregunto si esos caballeros que hacen un negocio y viven de los libros que
escriben, hallan también que su persona se entremecla con los asuntos que
tratan, como me pasa a mí.
La piedra Lunar. Wilkie Collins
l vislumbrar en el te!ido de la literatura hispanoamericana la confluencia de
novísimas corrientes est"tico#literarias, ya establecidas con fuer$a en el panorama
de las letras universales, se nutrea la ve$ la discusión en torno a qu" modelos
aplicar para dar cuenta de los fenómenos en sí, en cuanto a las propuestas de los
creadores de ficción y a la valide$ de ellas frente a los e%ponentes del formalismo o
de las teorías de la recepción o de las miradas culturales venidas de &uropa y
&stados 'nidos.
&l desarrollo de la (iteratura en m"rica (atina conoce el surgimiento del
)odernismo como una propuesta interesante y original a partir de la construcción
consciente que hacen del te%to autores como *os" )artí, +ub"n ,arío y *os"
sunción Silva, responsables de e%periencias individuales que abonan al deseo de
tra$ar un nuevo mapa en cuanto al uso de un lengua!e más acorde con las
b-squedas universalistas, un tanto para dar a la literatura de nuestro continente
otro cari$ menos tel-rico, menos provinciano, tomando a la ve$ distancia del lastre
de una literatura afincada en describir las meras disputas locales por tenencia de
tierras o conflictos entre ricos y pobres o por producir una literatura indigenista,
marginal en su constructo narrativo, de espaldas al diálogo con la cultura en todas
sus variaciones. Se trata por lo tanto de responder a los paradigmas de un arte más
universal, que al decir de .essoa, lo mueven tres principios básicos /
la generalidad #de modo que lo e%presado por el artista pueda ser sentido y
comprendido por la humanidad entera#, la universalidad #el artista dice lo que
resulta inherente a todos los tiempos# y la limitación,es decir, cada arte convoca su
propia e%presión, su se0a.
)ás tarde vendría el llamado fenómeno del 12oom1, cuyo escenario motiva la
representación a partir de la d"cada de los a0os cincuenta, pero con antecedentes
que suelen se0alarse desde los a0os treinta y cuarenta en las obras de *uan Carlos
3netti, )ariano $uela y gustín 4á0e$. &ste momento es apenas la muestra de un
desarrollo literario sólido, revolucionario y e%ótico, impulsado simultáneamente en
varios países, pero que como fenómeno obedece más bien a una necesidad de abrir
el mercado internacio nal a una serie de obras elaboradas por sus autores de
manera aislada en sus países de origen #seg-n lo advierten sus propios
protagonistas, ,onoso y 5uentes, particularmente#, o en aquellos lugares que
sirvieron de e%ilio o tránsito for$ado, a quienes buscaron darle categoría de oficio al
hecho de la escritura, como una forma de e%presión individual, cercana a los modos
de narrar contemporáneos provenientes, en buena medida, de &uropa y
6orteam"rica.
,e ese gran mercado quedaron en la periferia las obras de escritores como *uan
+ulfo, *uan Carlos 3netti, dolfo 2ioy Casares o &rnesto Sábato, qui$á porque estas
voces prefirieron estar al margen de grupos o conciliábulos y de!aron más bien que
sus obras se impusieran por sí solas. (o curioso y a la ve$ sintomático, es que estos
autores fueron difundidos y valorados más tarde por los protagonistas del 12oom1
#5uentes, 7argas (losa, 8arcía )árque$, +oa 2astos#, para quienes se impuso la
urgencia de rendir cuentas a una tradición a la que se debían, como en efecto lo
planteara Carlos 5uentes, al querer refutar la sentencia #lugar com-n# de (uis
lberto Sánche$, seg-n la cual, (atinoam"rica es novela sin novelistas 9:;, a la ve$
que situaba sus planteamientos en el conte%to real de una narrativa madura y
renovadora que, al decir de <ernando 7alencia 8oelkel, lograba su mayoría de
edad 9=; en el ámbito de las letras hispanoamericanas, ya porque sus actores
desacrali$an la solemnidad literaria y se aventuran en la doble significación
mediante la 1risa de la inteligencia!, ya porque el autor latinoamericano procura ser
aut"ntico y por tantoirresponsable "l"ase autonomía, más cerca de la ironía y la
transgresión#, al intentar rendir cuentas de los problemas sociales y económicos de
sus países de origen, mediante una actitud libertaria que motiva la e%perimentación
y la b-squeda en las aguas profundas de la ficción.
(os antecedentes de la Crítica y >eoría (iteraria en <ispanoam"rica hablan en
primer momento de una necesidad de hacer historiografía para registrar, de manera
cronológica y proli!a, la serie de obras y autores que han enriquecido los
imaginarios est"ticos y literarios americanos, esto es, esa pluralidad de voces y de
b-squedas que le hacen sentir a *orge mado la dificultad para hablar de
una #iteratura #atinoamericana, e%presión que tilda de colonial y colonialista, pues
ello supone la e%istencia de un ghetto o de un grupo homog"neo, cuando la verdad,
afirma "l, se trata de literaturas disímiles /
6o hay nada más distinto en el mundo que un escritor brasile0o y un escritor
argentino. 6o sólo son diferentes sino opuestos. (o mismo acontece con un escritor
cubano y un uruguayo. Cuando el t"rmino es empleado por un latinoamericano
tiene una connotación colonial, indica que el su!eto es fruto de &uropa, ligado a
&spa0a, deslumbrado con las cosas de allá 9?;.

&n un sentido historiográfico resalta la obra del dominicano .edro <enríque$ 're0a,
en la cual e%plora las diversas corrientes literarias que subrayan el canon de
nuestra literatura y que sit-an, de forma amplia y precisa, el dispositivo de cierta
narrativa que empie$a a formarse a partir del siglo @7 con el descubrimiento del
6uevo )undo, mediante una palabra #a manera de crónica o registro de la
inmediate$#, signada por la realidad mágica, e%uberante y tropical a los o!os
e%tran!eros, pasando por períodos f"rtiles como los del colonialismo y el
romanticismo, hasta desembocar en las primeras d"cadas del presente siglo,
cuando las escritores e%perimentan con los diversas vanguardias provenientes de
&uropa y comien$an a darle estatus al e!ercicio escritural, para asumir las
realidades propias, tomando distancia frente al orden estatuido por el poder político
y asumiendo una crítica a la realidad que se anto!a e%tra0a y m-ltiple en sus
manifestaciones, acaso por los sistemas dictatoriales o ya por la dependencia
económica frente a la operación intervencionista norteamericana. &n esta línea,
Angel +ama en su obra (a crítica de la cultura en merica (atina se refiere a la
conformación, a partir del siglo @7B, de la ciudad escrituraria, en oposición a
la ciudad letrada, impuesta y prescrita por el uso de un lengua!e oficial,
normati$ado, refle!o de la monarquía espa0ola y signo de su!eción. &l surgimiento
paulatino de cierta conciencia transgresora, marginal, abrió camino a la
construcción de una ciudad escrituraria que conoció las cartas, los diarios de
navegación, el graffiti y las descripciones e%uberantes en notas al margen de los
informes obligatorios dirigidos a la corona, como formas iniciales de una escritura
que ya condesciende con la ficción y delinea la imagen de conciencia deseosa de
liberarse.
El surgimiento paulatino de cierta conciencia transgresora, marginal, abrió camino
a la construcción de una ciudad escrituraria...

II. La discusión
(a preocupación por for!ar una >eoría (iteraria atinente con los procesos históricos,
est"ticos, culturales y literarios de <ispanoam"rica #t"rmino con el que se liga
nuestra literatura a la tradición derivada de &spa0a y se revela la e%istencia de
comple!as y f"rtiles literaturas como la brasile0a, haitiana y la de las ntillas#, ha
sido motivo de discusión en varios debates internacionales y sobre todo los
reali$ados a partir de los a0os setenta, cuando, al decir de Bngrid 8alster 9C;, la
discusión se inicia con los intelectuales progresistas que empie$an a refle%ionar en
torno a las llamadas categorías de la dependencia, concepto que inicialmente sólo
se aplicaba a los problemas económicos y políticos derivados de la intromisión
imperialista, pero que luego fue motivo de preocupación en cuanto al orden
cultural. )ientras escritores como le!o Carpentier, Carlos 5uentes, )ario 7argas
(losa, ugusto +oa 2astos y 3ctavio .a$, refle%ionan sobre el proceso de la
literatura desde su sensibilidad creadora y su amplio conocimiento de un corpus
literario m-ltiple y heterog"neo, lo cual valida sus b-squedas formales y pone de
manifiesto la importancia de la apro%imación, del ensayo derivado de una
e%periencia directa, críticos literarios de la talla de Angel +ama y *os" )iguel
3viedo, &mir +odrígue$ )onegal, *uan (oveluck y Seymour )enton, buscan tra$ar
derroteros para dar cuenta del resultado de esas e%ploraciones est"ticas
individuales, bien sea recurriendo a conceptos y presupuestos nacidos en &uropa y
'S #en particular los propuestos por las vanguardias# o bien intentando definir a
su manera aquello que se revela propio de un estado de arte, a veces ba!o las
premisas e%puestas por los mismos escritores desde la e%periencia como lectores
cómplices y dinami$adores de ese gran te%to que es la cultura y desde el perímetro
de su labor creativa, qui$á porque se entiende con &co que 1la obra nos narra,
expresa la personalidad de su creador en la trama misma de su consistir, el artista
vive en la obra como residuo concreto y personalísimo de acción! 9D;.
.ara el caso de m"rica (atina, la resonancia del gran te%to deviene pra%is en las
ficciones y los tempranos planteamientos críticos de uno de los grandes
renovadores de la literatura en <ispanoam"rica, el argentino *orge (uis 2orges,
quien ya en :E?=, en su famoso te%to El escritor argentino y la tradición, reclamaba
para los 1escritores sudamericanos en general!, el mane!o de los muchos temas
europeos, de manera irreverente, si se quiere, sin supersticiones de ninguna clase,
sin comple!os de inferioridad, pues siempre fue firme en pensar que los temas de la
literatura y su tratamiento forman parte de un patrimonio universal, seguro como
estaba de que 1nuestra tradición es toda la cultura occidental!, más allá de
cualquier regionalismo o nacionalismo que redu$ca lo litera rio al mero color local,
permaneciendo peligrosamente de espaldas a la comunicación con el mundo.
.ero detengámonos un poco en el caso 2orges. l autor de $icciones se lo ha
tildado de ser un escritor e%traviado en m"rica (atina, nacido por accidente en
rgentina. l pretender ser universal en la escogencia de sus temáticas y en el
tratamiento de las mismas, se lo acusa de e%tran!eri$ante. Sin embargo, tras una
lectura atenta de sus obras, se comprende hasta dónde resulta el escritor más
argentino y por tanto más latinoamericano de todos. &l mismo, en su te%to El
escritor argentino y la tradición, comenta cómo sus amigos se maravillaron al
encontrar, de manera metafórica, a 2uenos ires en su cuento #a muerte y la
brú%ula. Carlos 5uentes apuntaría más tarde cómo todo vuelo fantástico de 2orges
funde sus raíces en el suelo citadino de 2uenos ires, pues determinado como
estuvo por las calles, los patios y los $aguanes de su infancia, sus propuestas
fantásticas no hablan nada distinto del lugar que le sirviera de escenario a los
e%tensos diálogos con Sábato y a la amistad con 7ictoria Campo, 2ioy Casares y
*os" 2ianco.
.or otra parte, gracias a las discusiones y debates sostenidos en universidades
europeas y norteamericanas por latinoamericanólogos y pensadores de la altura de
+afael 8uti"rre$ 8irardot y Carlos +incón# ambos colombianos#, se viene
planteando la necesidad de una >eoría que si bien debe responder a una tradición y
a derroteros que a-n siguen vigentes #la teoría del discurso, el formalismo ruso con
2a!tín a la cabe$a y sus planteamientos en torno al &arnaval que fueron bastante
utili$ados durante d"cadas por la crítica latinoamericana, de modo que 1...todos
nuestros autores resultaron carnavaliados! 9F;, al decir de ntonio Corne!o .olar en
:EGG H los ideologemas que sostienen la autonomía del arte por encima del influ!o
de la realidad concreta, el problema del te%to seg-n lo e%pone 2arthes y &co#,
persigue su propia forma y por e%tensión escoge sus problemas para darles un
tratamiento especial. 4a lo anotaba ,iógenes 5a!ardo en :EGG, cuando hacía la
distinción de tres grandes temas motivo de estudio de la crítica literaria
latinoamericana/ (a dicotomía civili$ación y barbarie, la figura del dictador y el
problema de la identidad9I;.
.ara Carlos +incón, más allá de la afirmación de una nueva novelística o la
aparición de la poesía conversacional o de la lírica neovanguardista o la puesta en
escena de un teatro con fuertes raíces sociológicas y de corte político, lo más
importante para <ispanoam"rica radica en la nueva noción que ya se tiene de la
literatura, donde la realidad es puesta en cuestión y la tradición literaria se vitali$a
de otro modo, más allá, lo sostiene +incón, de cualquier espe!ismo9G;, pues se trata
de una nueva mirada que valida la esencia de una literatura particular, de una
est"tica de la recepción, esto es, un proceso de lectura siempre dinámico,
hermen"utico, reconocimiento del significado histórico del te%to, cuyo ob!eto puede
derivar en m"todo de investigación .
,esde esta perspectiva, se trata de convocar varias miradas y traba!ar con base en
materiales diversos, entre ellos los escritos por los creadores que formulan sus
po"ticas, se revelan autoconcientes y se constituyen su!etos que buscan afirmarse,
para empe$ar a hablar ya de la recepción de un lector activo, que toma parte y se
cuestiona. ,e ahí que "ste pueda comprobar en el avance de la novelística
latinoamericana la e%istencia de un microcosmos m-ltiple y simbólico, donde el
autor plantea sus convicciones en torno al mundo y a las ideas y donde el lector
parte de su e%periencia para decodificar y animar los componentes de ese otro
mundo que es la ficción.
'...(se pretende validar la evolución de una literatura que ha ofrecido y aún ofrece
grandes obras y sugiere otros caminos en el universo verbal, en oposición al
desgaste literario que los propios protagonistas de la narrativa europea no dudan
en se)alar.
&n buena medida el cambio de noción en la literatura opera en la recepción activa
que hace de ella el lector, cuando, al ir más allá del te%to, acciona sobre las
posibilidades de la obra abierta, sin desconocer los vínculos entre la función social
de la literatura y las relaciones de producción que cobi!an el hecho literario. ,e este
modo se manifiesta lo que <ans +obert *auss denomina la 1e%periencia literaria
9est"tica; del lector1 9E;, que le permite encontrar modelos o proyectos literarios
que enriquecen nuestros imaginariosH pi"nsese en 2orges y en 8arcía )árque$,
cuya visión de mundo fue tomada por los críticos norteamericanos como plataforma
inaugural de la presencia de un sentido y una variable postmodernos en la cultura
latinoamericana.
III. El problema
(os debates internacionales han puesto sobre el tapete dos formas de asumir la
noción de literatura. .or un lado, se halla la serie de ideologemas de una
concepción burguesa del corpus literario que argumenta la diferencia entre aquello
que es y no es literatura, en el intento por canoni$ar una ideología en la que prima
el arte por el arte, y en la que entonces sería posible separar la narración no ficticia
de la ficticia, de acuerdo con presupuestos est"ticos delimitados por norma, como
los del profesor 4uri ). (otman, para quien, a modo de e!emplo, la literatura posee
un con!unto cerrado de unidades de significación y de reglas combinatorias que
enmarcan el te%to artístico y que lo ale!an del ámbito desde el cual fue creado y de
la lengua natural de la que es producto. quí descollaría además el mito del autor
demiurgo, del creador autónomo, desde los conceptos racionalistas de lthusser
9:EFG;, que establece una clara diferencia entre ciencia e ideología. Se sostiene por
esta línea la e%istencia de un te%to que se valida a sí mismo como producto o
artefacto artístico, lo cual obliga a considerar la obra literaria a!ena a toda realidad
concreta #en especial la del autor, desconociendo por entero las circunstancias que
determinaron el surgimiento, en el plano de lo est"tico, de ese te%to conectado a lo
histórico real#. &n otras palabras, se reproduce aquí de nuevo el vie!o debate sobre
lo que se considera 1alta cultura1, en detrimento de aquellas manifestaciones
nacidas en la periferia o en la marginalia y en el seno mismo de sociedades que
sufren profundos cambios socio#culturales y donde la literatura asume el signo de
su representación, a la manera de *res tristes tigres de Cabrera Bnfante y +oquitas
pintadas de )anuel .uig. .or el lado de la refle%ión se privilegia el estudio de
la cultura popular, como lo han hecho con profundidad Carlos )onsiváis 9Escenas
de pudor y liviandad. :EG:(, *es-s )artín#2arbero 9,e los medios a las
mediaciones. :EGI( y 6"stor 8arcía Canclini 9&ulturas -íbridas. Estrategias para
entrar y salir de la modernidad.:EGE(.
.or otra parte, se alienta la discusión en torno a la crítica de la ideología de clases,
sobre la cual se preconi$a una literatura de cara a la realidad histórica y que ha
motivado consideraciones como las de +oberto 5ernánde$ +etamar cuando defiende
la necesidad de una teoría de la literatura hispanoamericana, con un ob!eto
específico familiar, propio y no sólo como trasunto de un 1aparato conceptual
for!ado a partir de otras literaturas1 9:J;, ni como resultado de un sometimiento
colonial desde la dependencia económica y cultural, pues desde (atinoam"rica
habría una saga literaria aut"ntica, muy personal, que debe ser validada desde la
crítica, precisamente por aquello que e%pone como producto de la asimilación que
los escritores han hecho de la 1cultura popular1, en la que se hace presente la
m-sica, los ídolos del bolero, la balada y el tango, los h"roes de barrio, los
consumidores de comics, la imaginería religiosa, las varias voces de los
desarraigados, los hi!os del cine y de la radio, para dar lugar a la representación de
lo que se ha dado en llamar la 1est"tica del mal gusto1 o de lo 1kitsch1 y que en
m"rica (atina act-a como campus de contradicciones, al permitir el surgimiento
de la marginalidad y la descentración de unos derroteros est"ticos cada ve$ más
distantes de los presupuestos signados por el canon occidental y cada ve$ más
cerca de una cultura híbrida y comple!a en sus propias manifestaciones, siempre en
construcción.
.or esta vía, se pretende validar la evolución de una literatura que ha ofrecido y
a-n ofrece grandes obras y sugiere otros caminos en el universo verbal, en
oposición al desgaste literario que los propios protagonistas de la narrativa europea
no dudan en se0alar. )ilan Kundera llama la atención sobre las consideraciones de
la vanguardia en torno a la muerte de la novela. &l mismo sostiene que la novela
muere con Cervantes, el creador de la &ra moderna, puesto que la novela es
revelación de la condición del ser #he ahí su moral#, es signo de su b-squeda
libertaria y ante los totalitarismos, de los que tanto ha e%perimentado el vie!o
continente, la novela se desgasta. Sin embargo, sus refle%iones giran en torno al
hecho de la novela europeaH en ning-n momento alude a la tradición narrativa de
(atinoam"rica, donde, por encima de los totalitarismos, de los intervencionismos y
las m-ltiples formas de la violencia, florece la est"tica en obras como .o, el
/upremo, El oto)o del patriarca, #a te%edora de coronas o /anta Evita. ,e modo
que lo propuesto por 5ernánde$ +etamar es tan sólo adoptar conciencia frente a la
realidad literaria nuestra y validarla desde una perspectiva latinoamericana, un
tanto para buscar en el espe!o de la tradición aquella imagen que se difumina en los
discursos prestados y en las miradas de fuera, en detrimento de la memoria
compartida. 7alencia 8oelkel se refiere a la muerte de la novela y afirma que lo que
está en cuestión no es el destino de la novela, 1lo que est0 en cuestión es la
literatura toda!, y en particular, dice, la noción que se tiene de la literatura en el
continente, que es por e%celencia de corte europea y norteamericana.
1l fin y al cabo, 2 quién nos asegura que el 3ui%ote no desvió su camino y aún no
ha regresado4.
(o que reclama el ensayista cubano 5ernánde$ +etamar es la puesta en práctica de
una teoría y crítica que trace en realidad el proceso histórico#literario
latinoamericano y que d" cuenta de "l en sus m-ltiples variaciones, algo que de por
sí ya había sido motivo de debate, en la perspectiva del creador, por algunos
protagonistas del 12oom1, como Cortá$ar, quien al responder a los !uicios del
novelista 3scar Colla$os, seg-n los cuales el escritor latinoamericano
siente comple%o de inferioridad frente a los escritores de otras latitudes y que por lo
mismo busca estar al día en la utiliación de las más modernas técnicas
narrativas, de!a muy claro la ine%istencia de tales comple!os, pues de lo que se
trata, asevera Cortá$ar, es de ser aut"nticos y autónomos, capaces de inventar,
aprovechando a su manera todo avance literario, de modo que la actitud no rinda
cuentas a lo ya establecido ni se ahogue en comple!os, cuando, la verdad, el
escritor latinoamericano lo posee todo para construir sus propios mundos de ficción.
l fin y al cabo, Lqui"n nos asegura que el Mui!ote no desvió su camino y a-n no ha
regresadoN. 3 si regresó, como lo manifiesta Kundera, llegó en el cuerpo del se0or
K, el agrimensor. .ero tambi"n sabemos que a (atinoam"rica retornó en las figuras
de *uan .reciado, rtemio Cru$, ureliano 2uendía y 8enoveva lcocer. >odos ellos
han pretendido asumir su propio via!e, muchas veces sin retorno.
Son estas dos visiones las que han alimentado la noción de literatura en
<ispanoamericana, aprovechando las líneas de discusión, como fruto parcial
delposmodernismo5 momento histórico que al decir de (ipovetsky reanima el
proceso de la personali$ación y el deseo, fase cool y desencantada del modernismo,
lugar donde se neutrali$an los conflictos de clase y se disipa el imaginario
revolucionario, pero siendo a la ve$ el espacio que busca conquistar nuevas
esferas en el campo de la educación y el arte, de la se%ualidad y la moda, del
deporte y el traba!o. 'no de esos campos que consiguen abrirse en el plano de la
est"tica es el de la hibridación,lo que obliga a validar formas de escritura o
concepciones de mundo que antes se recha$aban por transgresoras y que dan
cuenta a su ve$ de un mundo que se comple!i$a en virtud de su movilidad social y
de los fenómenos de la globali$ación, tras la incursión de los medios de
comunicación como lengua!e masivo. .or otro lado, esta actitud permite, al decir de
*ohn 2arth, la asunción de un autor postmoderno que al valerse de la tradición a la
ve$ la transforma, pues ni repudia ni imita, y por tanto genera 1una narrativa m0s
democr0tica en su accesibilidad! 9::;.
.ara 5redric *ameson el posmodernismo es una suerte de 1sensación de fin!, donde
muchas categorías, antes inamovibles, entran en crisis, así en el arte como en las
ideologías, lo cual permite aventurar otras formas de la crítica literaria, !en una
nueva estética de la textualidad o écriture! 9:=;. 6criture se refiere a una teoría
tra$ada por 2arthes para oponerse a la ideología burguesa de la literatura, al de!ar
claro que el proceso de la escritura obedece a sus propias leyes pero dependientes
de la historia. Sin embargo, por la manera como "sta fue asumida en m"rica
(atina, sostiene +incón, la écriture no modificó en mucho la noción de literatura,
sobre todo porque se propugnaba por la e%istencia de un 1intelectual1 a!eno a la
política y por tanto separado de la realidad. &s decir, se volvía a lo mismo, a
pretender ver el te%to literario y por e%tensión la actividad del artista, por fuera de
su realidad histórico#social. 6o obstante, este tipo de planteamientos empe$ó a
debilitar la norma est"tica impuesta, aquella mirada burguesa en cuanto a la noción
de lo literario, al pontificar sobre lo qu" es literatura #los estructuralistas hablan
de literaturidad o literaturnost 9para *akobson ello sería el ob!eto de la ciencia de la
literatura;, es decir, aquello que permanece encerrado en el lengua!e y que
derivaría en una .o"tica o >eoría general del discurso literario# y lo que no se
considera literatura, precisamente porque ella escaparía a la normatividad y al
esquematismo, lo que, de hecho no podría aplicarse entonces a la comple!a
producción literaria hispanoamericana, !usto cuando en ella campean otras formas
del discurso, o lo que +incón llama Multitud de formas de !escritura! 9:?;, esto es,
cartas, documentos, archivos, an"cdotas, cuentos, crónicas, recetas y más,
insertas, casi siempre de manera l-dica o con base en una ironía narrativa a la obra
en sí. 2asta pensar en una novela como .o, el /upremo, de +oa 2astos, para
entender el problema de una obra en la que el autor se pierde en los meandros de
un voluminoso archivo que es la historia del .araguay, asumiendo las veces
de compilador, para ponerse incluso por encima del autor mismo, como el propio
+oa 2astos refle%iona al respectoH un autor nada inocente y que se presiente detrás
de las posibilidades del discurso, siempre tan significativo cuando deviene centro de
un momento histórico.
simismo habría que de!ar de lado la incursión de la cultura popular, a nivel de
lengua!es, de temáticas y perspectivas est"ticas, que permean gran parte de la
producción literaria del postboom, y en la que las voces de )anuel .uig, 3svaldo
Soriano, 2ryce &chenique, )empo 8iardinelli y 5ernando 7alle!o, entre otros,
!uegan papel de primer orden, por hacer del pastiche, de lo kitsch y lo barroco,
formas nuevas de asumir la realidad literaria, enmarcada al interior de los procesos
históricos latinoamericanos, con todo y sus conflictos políticos y sociales, como se
desvelan, por e!emplo, en El beso de la mu%er ara)a, #una caliente9:EG?; y El
fuego secreto9:EGI;.
>odos estos elementos de la subversión de un canon literario que se pensaba y
acusaba herm"tico e inamovible, son los que convocan la e%istencia de una
literatura hispanoamericana fuerte y en ascenso, al tiempo que posibilita, en "poca
de crisis y de sensación de fin, una desterritoriali$ación al interior del mapa literario
occidental, pues lo que antes se consideraba propio de la periferia #la ficción
latinoamericana#, ahora ocupa el centro, como bien lo demuestra +incón en Mapas
y 7liegues, su -ltimo libro, cuando establece las coordenadas del nuevo mundo de
la ficción y encuentra que )acondo #metáfora de un imaginario que nombra a la
m"rica (atina# limita con los espacios míticos creados más allá de la línea de
3ccidente por una serie de autores #!aponeses, ingleses, norteamericanos,
africanos, indios# que han construido su propia aldea para dar cuenta de sus
mundos/
(a muy velo$ difusión global de esa ficción latinoamericana constituye ya de por sí
parte de una comple!a constelación histórico#cultural. &l recurso a la metáfora
espacial descentra, pone de presente que la historia de )acondo es ob!eto de
apropiación de acuerdo con variadísimas, intrincadas circunstancias, aleatorios
procesos de constitución de sentidos, de decodificación y recodificación, así como
operaciones de resemanti$ación, todo regido por configuraciones culturales locales
en transformación 9:C;.

.ara Carlos +incón las dos nociones en torno al hecho de la literatura #la mirada
burguesa que privilegia el te%to como ob!eto meramente artístico y la obra literaria
que responde a un momento histórico y cultural, asumida desde una est"tica de la
recepción# han aportado al establecimiento de una labor literaria como práctica
social, desde sus dos variantes, la escritura y la lectura, lo cual abona a la
construcción de una historia concreta que se asume desde el plano de la ficción. 6o
se trata por lo tanto de eliminar una de las dos propuestas, sino más bien de
amalgamarlas para ofrecer una visión mucho más amplia y comprometida con los
procesos inherentes al desarrollo de las literaturas en <ispanoam"rica, conectadas,
en virtud de sus b-squedas, a un nuevo estado del arte y de las est"ticas, donde el
centro cada ve$ se torna menos transparente, más huidi$o/ 1#a pregunta por los
límites de los estético "sostiene +incón#ha adquirido en la actualidad relieve
particular, en la medida en que hoy ya nadie quiere saber, antes de toda
experiencia, lo que sería y no sería arte!. Con o sin centro definido, el hecho
est"tico convoca el misterio, al decir de 2orges y entonces sucede, se resuelve,
para continuar alargan do esa cadena que eslabón tras eslabón indaga por la
condición de los seres y que trasluce, a la ve$, un te!ido dador de forma, signo de
abstracción, encruci!ada en que se materiali$an los fenómenos de la libertad y el
sue0o, la solidaridad y el miedo, la vida, la muerte o el deseo, instancias propias de
su!etos en movimiento, los mismos que tal ve$ alguna ve$ salieron indefensos al
mundo a enfrentarse por un motivo prefigurado en las páginas de un libro que a-n
no termina de escribirse. (o otro es el silencio, la pasión inacabada.
63>S
9:; 5'&6>&S, Carlos. La nueva novela hispanoamericana. Cuadernos *oaquín )ortí$, )"%ico, :EIC.
9=; 7(&6CB 83&(K&(, <ernando. Oficio crítico. 2iblioteca 5amiliar .residencia de la +ep-blica, Santa 5e de
2ogotá, :EEI, p.?J?#?=C. Bnicialmente este te%to formó parte del libro América en su literatura, compilado
por C"sar 5ernánde$ )oreno, Siglo @@B, )"%ico, :EIG.
9?; )'+4, ntonio. 8orge 1mado contra la literatura latinoamericana, en El niversal! Caracas, :E#@BB#
:EII.
9C; 8(S>&+, Bngrid. #a teoría literaria hispanoamericana entre dependencia y búsqueda de autonomía.
Revista Gaceta de "olcultura, 6o. ?D, agosto de :EEF.
9D; &C3, 'mberto. La definici#n del arte. .laneta#gostini, 2ogotá, :EGD, p.:I.
9F; (o cita Bngrid 8alster en su te%to #a teoría literaria hispanoamericana entre dependencia y búsqueda de
autonomía, 3p. cit.
9I; Cfr. 5*+,3, ,iógenes. El discurso literario como seducci#n o identidad. Bnstituto Caro y Cuervo,
2ogotá, diciembre = de :EGG, p.:. .ara un estudio inicial de los tres grandes temas se0alados por 5a!ardo, es
preciso apoyarnos en los siguientes te%tos/ B. .ara el problema civiliación9barbarie5 $e la %arbarie a la
&maginaci#n. #a experiencia leída. +. <. )oreno ,urán. >ercer )udo &ditores, 2ogotá, :EGG. BB. .ara el tema
del ,ictador5 Los dictadores latinoamericanos. ngel +ama. 5ondo de Cultura &conómica, )"%ico, :EIF. BBB.
.ara el problema de la :dentidad5 La crítica de la cultura en América latina. Angel +ama. 2iblioteca
yacucho, 6o, ::E, 2arcelona, :EGD. América Latina 'La identidad y la m(scara. +osalba Campra. Siglo
@@B &ditores, )"%ico, :EGI.
9G; +B6C36, Carlos. El cambio actual de la noci#n de literatura y otros estudios de teoría y crítica
latinoamericana. Bnstituto Colombiano de Cultura, 2ogotá, :EIG. p. :I.
9E; Citado por Carlos +incón en, El cambio actual de la noci#n de literatura y otros estudios de teoría y
crítica latinoamericana. 3p. cit., p.=CF.
9:J; 5&+66,&O +&>)+, +oberto. 7ara una teoría de la literatura hispanoamericana y otras
aproximaciones. Revista "asa de las Américas, 6o. :F, (a <abana, :EID, p. D?.
9::; Citado por Carlos +incón en, La no simultaneidad de lo simult(neo, )ostmodernidad! globali*aci#n
y culturas en América Latina. 'niversidad 6acional, 2ogotá, :EED, p.;<.
9:=; *)&S36, 5redric. El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío. Revista "asa de las
Américas, 6o. :DD#:DF., (a <abana, )ar$o#!unio de :EGF, p.:C:.
':?; +B6C36, Carlos Op.cit.,p.=:C#=:D.
9:C; +B6C36, Carlos. Mapas y )liegues. Ensayos de cartografía cultural y de lectura del
+eobarroco. Colcultura, Santa 5e de 2ogotá, :EEF, p.I.
,erechos +eservados +evista de Ciencias <umanas # '>.
Copyright P .ereira #Colombia # =JJJ
'ltima )odificación, )ayo de =JJJ.
Webmaster / Bngrid 8aleano +ui$
,ise0o/ C"sar ugusto 8on$ále$