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Placeres impulsivos KYANN WATERS

¡Oh, qué delicia!


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TRADUCTORAS INEXPERTAS TRADUCTORAS INEXPERTAS TRADUCTORAS INEXPERTAS TRADUCTORAS INEXPERTAS
@2008 @2008 @2008 @2008
Placeres impulsivos KYANN WATERS
¡Oh, qué delicia!


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RESUME RESUME RESUME RESUMEN NN N

La hija de Jamie se casa y ahora Jamie tiene que aguantar un
fin de semana con su antiguo marido y su nueva esposa, si ella es
una puta ama de casa, para Jamie está perfecto… bah… pero el asno
no merece nada. Como sea, la amargura de Jamie solo puede ser
endulzada cuando el padrino, el joven y atractivo Mark Bentley llega
para la cena de ensayo. ¡Oh qué delicia! Él podría demostrar ser lo
que Jamie necesita para distraerse un poco. Y si tiene problemas con
su ex… mejor aún.
Sólo que Marck no está interesado en un pequeño flirteo con la
madre de la novia. Al puma le gustaría arrastrar sus uñas debajo de
su falda. Ahora… ¿Ella lo invitará a su cama… o tendrá que follarla en
el suelo?
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CAPÍTULO UNO CAPÍTULO UNO CAPÍTULO UNO CAPÍTULO UNO
—Tu padre es un imbécil.
—Madre, prométeme que te comportarás.
Jamie Cooper-Howe hizo rodar sus ojos y suspiró con
exasperación.
—¿Por qué a mí me llamas Madre y a tu padre, Papito? ¿Lo
quieres más?
Ashley soltó un resoplido y Jamie se rió entre dientes. El sonido
contrastaba con la imagen de su hija de gracia y belleza. El cabello
castaño estaba recogido en un moño elegante, mientras un sutil
rubor melocotón coloreaba sus mejillas y el rímel acentuaba sus ojos
almendrados del color de las avellanas. Con una tez lisa e impecable,
Ashley era el vivo retrato de su madre.
Sin embargo, le concedió Jamie, su hija carecía de líneas de
risa en las esquinas de los ojos. Bien, maldición, tal vez eran arrugas.
Pero todo el que hubiese soportado las imbecilidades de su ex
marido, tenía unas cuantas.
—No sé cómo puedes siquiera socializar con él, después de lo
que le hizo a nuestra familia —continuó.
—Madre, el divorcio está terminado. Papá se volvió a casar.
Tienes que dejarlo ir.
—Dejarlo ir —inhala, exhala, así calmaba su ritmo cardíaco
agitado. Los pensamientos sobre su ex todavía podían arruinar un día
maravilloso. No era que lamentara la pérdida de un gran amor, sino
la traición.
—Supongo que no dejará a su prostituta criadora en casa.
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Ashley envolvió sus brazos alrededor de los hombros de su
madre. Ésta se ablandó en el calor consolador. Realmente no culpaba
a su hija por permanecer cerca de su padre. Solo porque él hubiese
follado a Jamie mientras comenzaba a hacer lo mismo con la pequeña
secretaria, no significaba que su hija tuviera que cargar con la culpa.
Craig Howe se había retirado del matrimonio, no de la paternidad. De
hecho, su pequeña perra –Ashley estaba decidida a que le gustara,
pero a Jamie no tenía por qué– estaba esperando su primer bulto de
alegría en unas semanas.
Craig probó nuevamente su virilidad. Imbécil. Su destreza en la
cama era lo único que extrañaba realmente. Y hasta ella podía
admitir que su vida sexual se había vuelto mecánica.
Una mujer estaba en su mejor edad a los cuarenta. El sexo era
genial, pero los vibradores, no lograban dar en la tecla. Sin embargo,
tampoco lo hacían los hombres de su edad.
Tal vez esperaba demasiado. ¿Tan mal estaba querer a un
hombre que se ocupara de sí mismo? No buscaba volverse a casar.
Eso no significaba que quisiese estar sola... o solitaria.
Suspiró, pasando sus manos por la falda estrecha. Se mantenía
en forma. Tal vez no todo fuera lo que una vez fue, pero sus senos
lucían fabulosos.
—Solo sé civilizada —Ashley le besó la mejilla y retrocedió—. Es
mi boda y quiero que ambos asistan.
—Puedo ser agradable —giró hacia su única hija. Su bebé se
casaba. Hoy, luego del ensayo, le seguiría una agradable cena en
Bella´s.
Hubiese preferido que Ashley hubiera escogido otro lugar. Había
demasiados recuerdos vinculados a ese caro restaurante italiano.
Como una familia, habían pasado aniversarios, cumpleaños y simples
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celebraciones en el lugar favorito de Craig. Cuando Ashley quiso
hacer allí su cena después del ensayo, Craig ofreció pagar la cuenta.
Bien, podía permitirse gastar el dinero. Asombroso, si
consideraba que ella le había sacado una suma considerable en el
acuerdo de divorcio, junto con una pensión alimenticia por los
próximos diez años.
—Madre, ¿por qué la sonrisa?
—Solo estoy emocionada de que mi bebé se case con el hombre
de sus sueños. Amor, realmente me gusta Wes. Encontraste a uno de
los buenos.
—Espero solamente que el mejor amigo de Wes pueda llegar.
Hace horas que el vuelo de Mark debería haber arribado. ¿Qué
sentido tendría hacer el ensayo si el padrino no está?
—Nada saldrá mal. Estoy segura que ese Mark, como se llame
—agitó su mano—, estará aquí en cualquier momento. Sabe dónde es
la iglesia, ¿no?
Estirando sus dedos, revisó el esmalte de uñas, Mystic Mauve.
El color complementaba al zafiro de dos quilates que había comprado
dieciocho meses atrás, para remplazar al diamante que había usado
por veintidós años.
—Mark Bentley. Y sí, lo sabe. Creció cerca de aquí. Wes y él son
los mejores amigos desde la secundaria —miró su reloj—. Tenemos
un atraso de quince minutos.
—Tenemos alquilada la iglesia hasta mañana. Deja de
preocuparte —Jamie se acomodó el cabello y chequeó su imagen en
el espejo—. Solo piensa que mañana estarás aquí mismo con tu
vestido de novia.
Estaban en el mismo cuarto nupcial de la iglesia en la que
Jamie y Craig se habían casado.
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—Sip, sé por qué estas contenta. Finalmente tendrás la casa
para ti sola.
Jamie contuvo las ganas de llorar.



Mark Bentley miró su reloj nuevamente, mientras el avión
carreteaba hacia la pasarela. La próxima vez, contrataría un charter.
Aunque no esperaba que hubiese otra ocasión similar.
Un hombre esperaba casarse solo una vez. Mark no pensaba
meterse en eso.
Tomó su valija y fue hasta los coches de alquiler. Quince
minutos después, se pasaba veinte millas en la velocidad, tratando de
llegar a tiempo.
Le echó una mirada al reloj del tablero, cuando aparcó en el
estacionamiento de la iglesia. Lo había hecho bastante bien, sin llegar
demasiado tarde, considerando que había volado mil millas.
—¡Mark! —lo saludó Wes con la mano desde el último escalón
de la iglesia.
—Perdona. El vuelo se demoró.
Hacía algunos años que no se veían. Wes estaba genial. El
mismo look de chico bien de colegio, cabello rubio, afeitado, parecía
un contable. Parecía apropiado, considerando que se había graduado
en Empresariales junto con Mark. Hasta ahí llegaban las similitudes.
Wes se puso a trabajar y empezó a escalar en la corporación,
mientras que Mark, siempre el que tomaba los riesgos, había abierto
su propio negocio de arquitectura paisajística.
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—Se ve que Ashley te hace bien —lo palmeó en la espalda
mientras lo abrazaba.
Wes se rió.
—Me hace muy bien.
—Si tú lo dices —sonrió—. Hermano, no te preocupes. Nunca
sabrá cuanto escuché. No puedo esperar para conocerla.
—Entra. Está en la iglesia.
Mark lo siguió. Alrededor de veinte personas daban vueltas por
allí, algunos reunidos cerca del sacerdote. Miró alrededor,
preguntándose cuál de las jóvenes era la novia.
Tal vez, el fin de semana se entretuviera con una de las damas
de honor. Hacía mucho que no se acostaba con una mujer y su polla
estaba impaciente. Un asunto más que caliente con alguien de fuera,
era justo el tipo de distracción que necesitaba. Algo temporario. Wes
estaba consiguiendo una novia. Mark solo quería follar.
—Está allí, con su madre, Jamie.
—¿Esa es su madre? —elevó una ceja, Mark. La madre de
Ashley era sexy. De todas maneras, las chicas casadas no lo
estimulaban. Lástima que su verga no estuviese de acuerdo.
Ashley y Jamie se les aproximaron. Wes puso una mano en la
cintura de Ashley y realizó las presentaciones.
—Esta es mi futura novia y Jamie, su madre.
Mark se acercó y le dio un beso en cada mejilla a Ashley.
—Wes es un hombre afortunado —se giró hacia la madre. Y
también el padre de Ashley. Le tomó la mano, encontrando la piel
suave de ella bajo la punta de sus dedos. En vez de estrechársela, se
acercó y la besó en los nudillos.
—Un placer.
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—Te lo dije. Mark es encantador —se rió Wes.
—Encantador con mujeres hermosas. Puedo apreciar de dónde
sacó Ashley su belleza.
Más que bella, Jamie olía a mujer. Un sutil indicio de perfume
cosquilleaba en su nariz y su pelo lo hizo pensar en una tarde fresca
de otoño. Lacio y brillante, reflejaba los rojos y dorados del sol del
atardecer que entraba por los vitrales.
Sus ojos se trabaron cuando retrocedió. Un fuego ardió hasta
su entrepierna. Esos ojos verde musgo rodeados por cobre, parecían
misteriosos. Sin embargo su sonrisa, tenía un toque de travesura. Se
imaginó a esos labios rosados y llenos, del mismo color que los de
una vulva, alrededor de su polla. Casi gimió en voz alta. Maldición,
pero es que hacía mucho que la lujuria no le golpeaba en las
entrañas.
—Madre, llegó papá.
Jamie giró.
—Y mira, la pequeña fulana vino de blanco.
—Lo prometiste.
—Y estoy tratando. Ashley, dame un poco de crédito. Me
gustaría pasarle por encima con mi auto en una callejón oscuro. Lo
único que puedo hacer legalmente, es mirarlo mal. No te preocupes.
Sonreiré mientras lo hago.
—Aquí vienen —dijo Wes.
—Jamie, eres encantadora cuando sonríes.
Ésta giró sus ojos.
—Ya me comí bastante de esa basura de Craig. Puedes decirlo.
Estoy siendo una perra. Te autorizo.
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Mark se mordió la lengua para no reír. La cadera de Jamie
sobresalió, cuando tomó una postura desafiante.
Se puso el cabello detrás de la oreja, su dedo se detuvo para
tocar un aro de oro y entonces estableció nuevamente un breve
contacto ocular con Mark.
—Voy a retroceder. Lo prometí y sólo pienso que no podré ser
agradable —le envió un ruego con la mirada a Ashley—. Puedo ser
civilizada, pero no puedo fingir.
Mark notó el balanceo provocativo de sus caderas y la
tentadora curva de su trasero con forma de corazón, mientras ella se
alejaba. Cuando fue momento de saludar al padre de Ashley, tuvo
que tragar dos veces.
—Encantado de conocerlos —se giró hacia Wes—. Si me
disculpan un momento...
Se apuró a ir en la dirección en la que Jamie desapareció,
llegando a un largo corredor con algunas puertas a los lados. Una
estaba abierta. Entró en la habitación. Jamie estaba parada frente a
la ventana mirando hacia el lugar de estacionamiento, con sus
piernas ligeramente separadas. Le estaba dando la espalda. La luz del
sol contorneaba su figura estilizada y revelaba la esbeltez de sus
muslos a través del ligero material de su falda.
Mark cerró la puerta.
—¿Estás bien?
Sus hombros se tensaron.
—Es un imbécil —se volteó—. No es como si todavía estuviera
enamorada de Craig. Odio la forma en que me miró. No necesito su
lástima.
Ella se puso la mano en la frente y se volvió hacia la ventana.
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—Lo siento mucho. No debería estarle diciendo esto... a nadie.
Mañana es la boda de Ashley. Puedo hacerlo. Seré agradable. Puedo
hacerlo por Ashley.
—¿Ese es tu mantra?
—Sí —rió ella—. Pero es mucho más divertido ser mala. ¿Cómo
me las arreglé siquiera para permanecer casada con ese asno
pomposo durante veintidós años?
Mark atravesó la habitación, inseguro de sus motivos, excepto
que quería averiguar si había leído correctamente la chispa que vio
más temprano en los ojos de ella.
—¿Entonces están divorciados?
Ella retuvo el aliento. Mark estaba parado detrás. Su aliento
tibio abanicaba su mejilla.
Sintió que se le erizaba la piel sensibilizada. Su estómago se
llenó de mariposas. Jesús, el padrino la estaba calentando. De su
coño ya se filtraba humedad hasta empapar sus bragas.
Jamie levantó la vista hasta la cara de Mark. Se elevaba más de
seis pies
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, con hombros anchos, recubiertos por un traje entallado
verde oliva malditamente sexy. Contradiciendo esa imagen de
hombre de negocios, estaba la imagen juvenil que presentaba dada
por una línea delgada de cabello a lo largo de su quijada, junto con
un bigote estrecho y una fina banda de barba recortada. Su cabello
oscuro y ondulado le caía justo por debajo de los hombros. Cejas
pobladas enmarcaban sus ojos de color chocolate rodeados por
pestañas gruesas. Su sonrisa se amplió, revelando unos dientes
blancos y parejos.
El calor de su cuerpo llegaba hasta ella, derritiendo su núcleo.
Pasó su peso de un pie al otro, nerviosa bajo la intensidad de su

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1,82 metros de altura.
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mirada. El movimiento solo provocó que sus bragas pegajosas
rozaran contra su clítoris. Él confundía sus pensamientos.
—Tu ex-marido está ciego y estúpido si no apreciaba lo que
tenía por esposa.
—No puedo discutir con su estupidez —tembló al exhalar.
Los dedos de él le pusieron los cabellos detrás de la oreja,
rozando su mejilla al retirarse.
Toda su piel tomó conciencia de su tacto.
—Dios, eres hermosa.
No sabía que decir. Su declaración la aturdió.
—Probablemente ellos... Quiero decir, deberíamos volver. El
ensayo está empezando.
Jamie se tensó mientras la mano de él ardía a través de su
ropa, allí donde descansaba contra la parte baja de su espalda. Le
lanzó una mirada interrogante. Infiernos, si no lo supiera, podría
llevarse la impresión de que él estaba ligando con ella. El padrino. El
mejor amigo de su futuro yerno.
—Mark —le dijo, mientras caminaba por el hall, tratando de que
no se le notara que estaba huyendo de su toque electrizante—. ¿Qué
es lo que está sucediendo aquí exactamente?
Ella estrechó sus ojos, lanzándole una mirada de refilón.
—Te voy a ayudar a cambiar las cosas con tu ex-marido —le
puso la mano en el brazo y detuvo su retirada. La presión de sus
dedos cambió y se convirtió en una caricia.
—Disfruté bastante de la manera cómo me miraste cuando nos
presentaron. Hubiera podido jurar que estabas interesada.
Mark la apoyó contra la pared.
—Alguien nos puede ver.
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Puso sus manos contra el pecho de él para empujarlo, pero en
el momento en que sus manos hicieron contacto con la camisa de
seda que cubría sus músculos cincelados, su empujón se convirtió en
exploración. Sus pulgares rozaron sus tetillas endurecidas y él respiró
bruscamente. Fue inundada por el deseo de desgarrarle su camisa,
tirarlo al piso y satisfacer el fuego que ardía en el centro de su ser,
largamente negado. Él hasta olía a sexo. Almizclado y picante,
totalmente masculino.
—Esa es la mirada.
Cuando el pecho de él rozó el de ella, sus pezones se tensaron
hasta convertirse en dolorosos puntos detrás de su sostén de fino
encaje. Él se apoyó contra ella, su aliento calentando su cuello.
—No —cerró los ojos sabiendo que sus labios llenos estaban por
causar estragos en sus sentidos. Deslizándose por entre Mark y la
pared, logró la distancia necesaria. La sangre palpitaba en su sexo.
Su coño pulsaba en coordinación con los latidos de su corazón. Pasó
sus dedos por su flequillo, retirándoselo de los ojos y luego alisó su
falda. No había nada que pudiera hacer sobre su voz o las
palpitaciones de su pecho. De todas maneras, podía proyectar una
imagen exterior calmada.
—Esto no pasó. Podría ser tu madre.
—No, no podrías —sus ojos se pusieron vidriosos mientras la
acariciaba con la mirada—. Nunca quise follarme a mi madre.







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CAPÍTULO DOS CAPÍTULO DOS CAPÍTULO DOS CAPÍTULO DOS
Jamie volvió al grupo, consciente de que Mark caminaba tras
ella. Miró por encima del hombro. Curvando ligeramente las
comisuras de los labios. Sí, estaba mirándole el culo. Ella aceleró el
paso.
—¿Estás bien?
Jamie tomó un pañuelo de Ashley.
—Estoy bien. ¿No hace mucho calor aquí?
—Se te ve acalorada.
Jamie se pasó el pañuelo por la frente. Ah, más que acalorada,
estaba caliente. La mejor oferta que había tenido en dos años venía
de un hombre de casi la mitad de su edad. Y maldito si ella no quería
que terminase ya el ensayo, para escapar de allí, y definitivamente,
dejarlo tener su oportunidad con ella.
Mark sería travieso. Ella había tenido dos asuntos desde su
divorcio y ambos se habían terminado dejándola insatisfecha. El
instinto le decía que con Mark no acabaría sin un orgasmo.
Ella sonrió a Ashley y luego se dirigió al pastor.
—¿Estamos listos para comenzar?
Jamie estuvo en todo momento consciente de Mark. No importa
donde estuviera de pie durante el ensayo, podía sentir su mirada fija
sobre ella. Recorriéndola excitadamente. ¿La seguiría fuera del salón
si ella le diera otra oportunidad? ¿Era ella lo bastante valiente para
intentarlo? Escogió aquel momento para echar un vistazo en su
dirección.
Mark le hizo un guiñó. Con una profunda y estabilizadora
respiración, orientó su cuerpo hacia él. Encontrando su mirada fija, y
una sonrisa en los labios. La energía zumbada entre ellos y recorría
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lugares en los que ella ansiaba sus manos.
Oyó al pastor indicar dónde colocarse. Arrastrando sus ojos
lejos de Mark, se centró en las instrucciones.
Incluso mientras escuchaba a Ashley y al pastor hablar de la
ubicación de la gente, vio la maniobra de Mark alrededor del salón
hasta estar de pie directamente detrás de ella.
—No estás siguiendo las instrucciones.
Él se acercó. El olor de su colonia para después de afeitar le
recordó su breve encuentro en el pasillo.
—Si buscas a alguien que sigue órdenes —le susurró él— solo
dime qué quieres.
Ella giró, afrontándolo. La intensidad de sus ojos hizo que
perdiera su línea de pensamiento.
—Creo que eres un muchacho travieso que quiere jugar.
—Sin bromas, pero sí, me gustaría jugar contigo.
—Tsk, tsk. Apenas me conoces. ¿Qué pasa si tengo uñas
afiladas y una disposición perversa? Recuerda, soy una mujer
despreciada.
—Cada vez que te miro, le pido a Dios que seas perversa. Las
uñas, puedo manejarlas, siempre que arañes donde nadie más lo
pueda ver.
La fijó con una mirada. Apenas capaz de respirar, ella no podía
hablar.
—Pasa el fin de semana conmigo.
Jamie se rió nerviosamente.
—Eres joven y atractivo. ¿No tienes alguien en casa
esperándote?
—No tendríamos esta conversación si fuese así.
Jamie echó un vistazo alrededor, con miedo de que ella y Mark
estuviesen llamando la atención. Habían despertado la curiosidad de
Craig. Les observaba abiertamente desde el otro lado del salón. Ella
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apretó los labios y se aplicó carmín.
—Estaremos juntos el fin de semana. Al fin y al cabo, nos
veremos mañana para la boda.
—Vaya, entonces el puma es en realidad un gatito —murmuró
Mark, poniéndole una mano sobre la cadera, con audacia. Suave y
sedoso, los mechones de su pelo acariciaron su mejilla—. De un
modo u otro voy a hacerte ronronear.
Conversación sucia en la iglesia. Ella se sintió débil… y caliente
como el infierno.
—Tienes un don con las palabras.
—Tengo un montón más que me gustaría susurrar en tu oído.
Maldición, era peligroso. Y de lejos demasiado atractivo para
estar interesado en la madre de la novia.
Media hora más tarde, el ensayo de la boda había pasado por
todos los movimientos y cada uno sabía el orden en el cual bajar el
pasillo y donde debían estar de pie durante la ceremonia.
—Si hemos terminado aquí, vamos al restaurante —Craig se
acercó a su nueva esposa—. La futura mamá tiene hambre.
Jamie hizo rodar los ojos.
—Bien, la novia también tiene hambre —dijo Ashley—. Vamos.
Una vez en el aparcamiento, Wes preguntó:
—¿Quién lleva a quien?
—Pareces hambrienta, Jamie —Mark puso la mano en su
espalda, empujándola con cuidado hacia su coche de alquiler—. Ven
conmigo.
—Ashley —Jamie agitó la mano para conseguir la atención de
su hija—. Los encontraremos allí. Voy a enseñar el camino a Mark.
Las mariposas revoloteaban en su estómago y el calor irradiaba
entre sus muslos. Su ropa interior estaba pegajosa por la humedad y
sospechaba que Mark sabía exactamente lo que le hacía.
Él abrió la puerta de pasajeros.
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—Entra.
—Pensé que querías recibir órdenes, no darlas.
Él la enmarcó en la puerta abierta con sus brazos.
—¿Demasiado pronto para besarte?
La sangre bombeó caliente y rápida por sus venas. Pasó un
momento simplemente mirándole fijamente. El aparcamiento se había
quedado vacío.
—Alguien nos verá. Acabamos de conocernos. Es divertido
como broma, pero no quiero darte la impresión incorrecta.
Mark se apartó y barrió su cuerpo con su mirada.
—No me mientas Jamie. Sabes cómo se llama lo que hemos
estado haciendo desde que entré en la Iglesia.
Ella se lamió los labios secos.
—¿Cómo?
—Preliminares —sus bocas chocaron. Abrazando su cintura, él
se pegó a ella, apretándose contra sus caderas. Se separaron
respirando rápido.
—He estado duro durante la última hora.
Los pensamientos se congelaron en su cerebro. Ella gimió,
apoyando la cabeza contra el borde del marco de la puerta abierta. La
lengua de Mark lamió el lóbulo de su oreja para después
mordisquearlo con cuidado, y luego chuparlo con toda la boca. Una
cuerda que iba de su clítoris a los pezones se tensó. Extendió las
piernas tanto como le permitía la falda, apoyando la dura polla en la
V de su sexo.
Un chorro de fluido calentó su muslo. Estaba mojada y lista
para ser follada… en un aparcamiento.
Cuanto más negaba la atracción, más fuerte se hacía.
—Aunque estoy gozando de tu talentosa lengua… — dijo, su
boca abierta sobre la piel sensible donde el cuello se encuentra con el
hombro—. Este no es el lugar apropiado para los preliminares Mark.
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Estamos en el aparcamiento de una iglesia. Por no mencionar que
Ashley y Wes nos esperan en el restaurante. Ohhh.
Su mano le ahuecaba el pecho, estimulando el pezón con su
pulgar.
—Llegaremos allí… en un momento.
Resbalando las manos sobre sus caderas, él deslizó su falda
encima de sus piernas, revelando el final de sus medias. Mark silbó,
levantando la falda hasta su cintura.
Miró alrededor en el vació aparcamiento mientras su palma le
recorría el culo.
—Por favor entra en el coche, Jamie.
Ella comenzó a bajarse la falda.
—Uh uh. Deja eso.
Jamie se sentó sobre el asiento, con Mark tapando el espacio de
la puerta, no era visible dentro del interior oscurecido del coche, con
ventanas tintadas.
—Extiende las piernas.
Mordiéndose el labio inferior con los dientes, hizo lo que le
pedía.
—Maldición, estás húmeda.
Deseo enrollado, apretado, y amenazando con quebrarse.
Claramente quería joderla.
Ella seriamente contempló permitírselo.
Acababan de conocerse, pero su deseo no le permitía
marcharse, la mantenía quieta firmemente, llenándola de
pensamientos imprudentes.
Tal vez era algún tipo de crisis de los cuarenta debido a la boda
de su niña.
—Mark, tenemos que irnos.
—No. Nos tenemos que correr.
Introdujo sus piernas en el coche y cerró de golpe la puerta.
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Rodeó el frente del vehículo y entró.
Con un rápido tirón, bajó la cremallera de sus pantalones y
amoldó el puño alrededor de la base de su polla, la piel estirada sobre
una barra de acero.
Jamie miró fijamente a la enorme cabeza, con forma de seta.
Tragó saliva, mientras observaba como su mano acariciaba el grueso
eje, su respiración tomaba el mismo ritmo. Él la tentaba y ella no
podía resistirse. Inclinándose sobre su regazo, apoyó las manos sobre
sus fuertes muslos y puso la boca sobre la cabeza lisa, caliente,
aterciopelada.
Mark gimió de placer cuando su lengua se arremolinó alrededor
del glande. Retirándose, lamió una perla de nacarado líquido que
brotaba de la punta. Gimió de placer.
Mark levantó el pelo de Jamie. Ella giró la cabeza, se miraron a
la cara y rieron.
Entonces separó los labios y lo tomó totalmente en la boca.
Mark silbó.
—Eres increíble.
Saber que él miraba intensificó su placer. Aspiró y lamió,
presionando con la lengua la pulsante vena que recorría el lateral de
su polla. A pesar de lo mucho que estaba disfrutando de chupársela,
su cuerpo gritaba por su toque.
—Mark, tú lo empezaste, termínalo. Ahora.
—Recuéstate.
Jamie lo hizo. Mark buscó entre sus piernas y dio un tirón a sus
bragas. El elástico raspó su piel cuando se rompió. Antes de que ella
pudiera coger aliento, él hundió dos largos y gruesos dedos
profundamente en su goteante coño. Hacia dentro y hacia fuera,
rozando su punto G. El placer incontrolable fluyó en ella. Agarrando
su muñeca, empujando contra su mano, avanzando hacia un
orgasmo poderoso.
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—Bésame —susurró, mientras seguía jodiéndola con los dedos.
Se inclinó adelante para reclamar sus labios. La boca
moviéndose sobre la suya, devorándola con sus labios firmes.
Temblores de promesas eróticas llenaron su mente mientras su
lengua exigía entrar. La sangre golpeaba en su cerebro con la misma
intensidad que en su corazón. En medio, sus lenguas se enlazaban
con una promesa erótica.
Apenas capaz de respirar, ella se rindió al salvajismo de su
imprudente y ardiente posesión.
Su cuerpo se apretaba y su coño se contraía. La recorrían
temblores como olas creciendo, esperando chocar contra la orilla
rocosa.
Él pellizcó sus labios.
—Te vas a correr amor. Puedo sentirlo.
Su toque en su húmedo centro, fuerte y profundo, caliente.
Torcer y vuelta. Dentro y fuera.
—¡Oh… oh… oh! —él tragó el resto de sus gritos con otro beso
imperioso.
Cuando los espasmos cedieron, Mark sacó los dedos de su
cuerpo, se los llevó a la boca y aspiró.
Nunca un hombre había hecho temblar su estómago con tan
ostensible necesidad sexual. Independientemente del truco secreto
que él usaba, conseguía que no hiciese caso a su cínica voz interior,
acallando sus pensamientos. Ahora mismo no recordaba su edad.
Ahora mismo ella era una mujer y este hombre tenía su absoluta
atención.
No era demasiado vieja para disfrutar de su encuentro. Su
corazón palpitaba y su sangre acalorada recorría sus venas. Le gustó
la sensación y quiso más. Tal vez actuaba como una guarra.
Caray, tener a Mark deseándola, se sentía increíble, tanto como
lo que hacía con sus manos, su boca y sus palabras.
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Volviéndose en su asiento, movió a Jamie ágilmente hasta que
su espalda quedó apoyada en la puerta de pasajeros.
—¿Otro?
—Tomaré lo que quieras darme.
Ella extendió sus muslos ampliamente mientras él invadía su
alma mirándola fijamente.
El olor de su deseo colmaba el limitado espacio. Las ventanas
de la nariz de Mark llamearon.
—Eres tan hermosa.
Desde luego ella estaba teniendo sexo oral en el ensayo de la
boda de su hija.
No le habían pasado por la cabeza placeres impulsivos en el
asiento delantero de coches de alquiler con hombres magníficos de
no mucho más de la mitad de su edad. Ella no tenía ni idea de por
qué Mark la tenía sin bragas. Y no la preocupaba. Él obviamente lo
deseaba.
Jamie se alegró se haberse hecho la cera cuando él inclinó su
cabeza y besó el suave vello que cubría sus labios externos. Sus
patillas cosquillearon su muslo interior. Ella acarició con los dedos su
pelo ondulado y lo empujó más cerca del ardor que se centraba entre
sus piernas. Esperando su lengua, suspiró.
—Mark, no quiero decir que no sabes lo que haces, porque está
claro que sabes exactamente qué hacer. Pero estoy ardiendo y
necesito más.
Usando dos dedos, ella separó sus rizos y abrió sus labios,
exponiendo el clítoris.
Mark aceptó la invitación y metió su cara entre sus piernas.
—Dulce —dijo, después de lamer a lo largo de su coño.
—Oh, sí —sus músculos se estiraron, haciéndola levantar el culo
del asiento. Su lengua moviéndose dentro y fuera. Entonces él chupó
febrilmente su clítoris.
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—Justo ahí —rápido, apuntando sobre el manojo sensible de
nervios. Luego usando sus labios y lengua, él exploró probado sus
pliegues interiores.
—Ah Mark, hazme correr de nuevo.
—Sí, Madam.
—Ah, por favor, no me llames Madam —ella se rió. Lo último
que quería recordar era su diferencia de edad.
Mark se agarró la polla con la mano. Mientras la comía, él
acarició su eje. Cuanto más rápido deslizaba la mano arriba y abajo,
más rápido movía la lengua. Sus muslos temblaron. La tensión crecía.
—¡Mark! —gritó, agarrándole el pelo con los puños, golpeando
la cabeza contra la ventana. Los espasmos de sus músculos internos
hicieron que se meciera contra su boca. Le oyó reírse y comprendió
que le estaba tirando del pelo anudado en sus dedos.
—Mierda. Me voy a correr por todas partes en los asientos —
Mark se retiró y siguió bombeando su polla con golpes largos,
seguros.
Jamie se rió tontamente.
—Para —levantando su pierna se giró apuntando con el culo
hacia la ventana de pasajeros. Sobre sus rodillas, se inclinó hacia
adelante, empujando con su mano y tragado su polla. Sus dedos
acariciaron el pelo, echándolo hacia atrás y ayudándola a marcar el
ritmo. Mientras chupaba con fuerza, ella podía sentir el aumento de
tensión en su cuerpo. Su pecho se amplió, empujando su hombro
contra el volante.
Arremolinando la lengua, moviendo los labios arriba y abajo,
sentía como su polla estaba a punto de eyacular. Sus piernas rígidas,
empujando los pies en el suelo mientras sus pelotas se apretaban.
Él gimió.
—Jamie, me corro.
Lo tomó profundamente mientras él empujaba con las caderas.
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¡Oh, qué delicia!


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Cada músculo tenso incluidas sus manos, que caían a los lados.
Espasmos poderosos tirando de su polla. Caliente y salado semen
llenaba su boca. Saboreándolo, ella tragó, deleitándose en la
sensación de su semilla que se desliza hacia abajo por su garganta.
Llevando la boca a la punta, lamió hasta limpiar la cabeza.
—Joder, eres asombrosa. Estoy atontado.
Se subió rápidamente los pantalones y cerró la cremallera.
Jamie se sentó encima y encontró su bolso en el suelo. Sacó un
pañuelo del bolsillo delantero y se limpió las comisuras de la boca.
Bajando la visera, usó el espejo para retocar el lápiz de labios y
peinarse el pelo hacía atrás.
—Espero que puedas conducir tan rápido como consigues que
una mujer deje caer sus bragas y le das un orgasmo, porque vamos a
llegar muy tarde.
Ella echó un vistazo en su dirección, incapaz de ocultar su risa.
El placer grabado en sus labios también.
—¿Todavía tienes hambre?
Ella sonrió con satisfacción.
—En realidad sí. Ha sido mucho tiempo sin una comida.
—Una comida feliz —se rió él en silencio.
—Mmmm. Mucho.
—Quizás lo que necesitas es todo lo que puedas comer del
bufete.
—Tan apetitoso como esto suena, pienso que tendré que
dejarlo.
—¿Pero no te opones a continuar más tarde?
Ella era demasiado vieja para esto. Se sentía tentada, pero
debía tomar perspectiva sobre lo que había sucedido. Se habían
metido en un provocativo juego del gato y el ratón que
inevitablemente terminó en la satisfacción mutua.
—Escucha Mark, ha sido un placer inesperado. Pero después de
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la cena, Wes y los chicos probablemente irán a un bar de Top-less.
Estoy segura de que el novio espera que su padrino lo acompañe.
Ashley estará con sus damas de honor. Y yo, finalmente, tendré una
noche tranquila en casa.
—Excusas —dijo él mirando en ambas direcciones y uniéndose
al tráfico—. ¿Conoces algún atajo al restaurante? Tienes razón —se
rió— vamos a llegar tarde.
—Toma la siguiente a la izquierda. Les diremos que conseguí
que nos perdiéramos. Soy vieja. Las mujeres se hacen olvidadizas
con la edad.
Mark se rió.
—También se hacen mujeres increíblemente calientes y
apasionadas. Quiero pasar la noche contigo, Jamie. ¿Por qué no me
invitas?
Ella dio un resoplido.
—Ah, ¿No creerás que te quiero desnudo y sucio después haber
estado babeando sobre las strippers de la despedida de soltero? No,
esto no va a pasar. La siguiente a la derecha.
—Vuelo a casa pasado mañana. Tan sólo pido un par de días
para seguir disfrutando el uno del otro.
Ella dejó caer la cabeza contra el asiento y cerró los ojos.
—No tienes ni idea de cuan tentadora es tu oferta.









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CAPÍTULO TRES CAPÍTULO TRES CAPÍTULO TRES CAPÍTULO TRES
Mark se recostó en su silla y pasó su brazo por detrás de Jamie.
Habían hecho que se voltearan algunas cabezas cuando entraron por
las puertas del restaurante. Nerviosa, Jamie había dado una
explicación convincente de su tardanza. Ahora se sentaba a su lado,
doblando y desdoblando la servilleta que tenía en el regazo.
—No puedo creer que esperaran para ordenar. Ahora me siento
culpable.
Él levantó su vaso y le dio un largo sorbo.
—Piénsalo como un placer pecaminoso —se puso derecho. Su
brazo seguía en el respaldo de la silla de Jamie, pero su otra mano
fue hacia sus muslos—. Como un postre decadente. Puedes comerlo
una vez cada tanto, siempre que no te pases —se acercó más.
—Mark —dijo entre dientes—. Estás atrayendo la atención.
—Jamie, invítame a quedarme en tu casa.
—¿Algo tipo juerga de fin de semana?
Con cada réplica rápida que salía de sus labios lujuriosos,
dudaba que un fin de semana fuera suficiente para aprender sobre
esta mujer divorciada, fieramente independiente.
Craig era un idiota por no reconocer en Jamie la pasión. Mark
dudaba que ella se imaginara lo caliente que podía ser el sexo
salvaje. Quería ser el que se lo mostrara.
Solamente podía suponer su edad, porque estaba seguro que
ella no había dado a luz a los diez años. Considerando la edad de
Ashley, imaginaba que estaría empezando los cuarenta. Lo que
parecían ser unos pocos años entre ellos, eran cerca de quince. A él
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no le importaba. Los Clubes del Puma
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, no eran nada nuevo para él.
Nunca había ido, pero de pronto entendió la fascinación hacia las
mujeres maduras. Algunos de los tipos con los que trabajaba,
frecuentaban establecimientos que ofrecían servicios para mujeres
maduras y hombres más jóvenes. Le encantaría zanjar la cuestión de
la despedida de soltero de esta noche para planear una fiesta para
dos con Jamie.
—Mark, no estás comiendo. ¿Tu cena tiene algo mal?
Mark le sonrió a Ashley.
—No estoy con mucha hambre. Comí antes de venir.
Jamie se volteó hacia Mark y él le sostuvo la mirada. Levantó
una ceja y articuló, literalmente.
A su lado, Jamie empezó a ahogarse.
—Si me disculpan —se separó de la mesa.
Como haría un caballero, Mark se levantó y la ayudó con la
silla.
—Quédate aquí —le susurró ella y se fue velozmente del
comedor.
—Entonces Mark, espero que esta noche mantengas a mi novio
alejado de problemas.
—Ah, bebé, no le quieres dar a Mark tal responsabilidad —besó
Wes a Ashley.
—Estoy seguro que mostrará su mejor comportamiento.
Mientras hacía un plan, Mark sorbía su agua.
Quería ambas cosas: a Jamie y cumplir con su responsabilidad
como padrino de boda. Estaba dispuesto a trabajar para hacerlo a su
manera. Lo que se necesitaba a menudo, era una negociación sutil.

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Se refiere a lugares donde los hombres van a buscar a mujeres mayores.
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—Fui a la iglesia directamente del aeropuerto. Necesito
registrarme en un hotel y arreglarme antes de que salgamos. ¿Más o
menos a qué hora habían pensado irnos?
—¿Dónde te estás quedando? —le preguntó Ashley.
En realidad, tenía un cuarto en el Hotel Hilton del centro. Tenía
dinero para quedarse donde fuera, excepto en el único lugar en el
que quería estar: la pensión Cama y Desayuno Jamie.
—En el centro.
—Bueno, eso es ridículo. Quédate en algún lugar más cerca —
dijo Ashley golpeando en el hombro a Wes—. Deberías haberlo
dejado quedarse contigo. Es tu mejor amigo.
—Se lo ofrecí —dijo Wes, frotándose el brazo.
—Tienes mucho en lo que preocuparte, sin tener que entretener
a tu viejo amigo.
—Mi padrino.
—De todas maneras, sé que tienes familia en la ciudad —le dijo
mirando la habitación.
La fiesta de antes de la boda estaba situada en un lugar aparte
del restaurante. Aunque no todos estaban sentados en la misma
mesa, las risas y las conversaciones, revelaban que todos tenían
buena comida y conversación. Finalmente, su mirada se posó en
Craig. Este parecía ser el único que no sonreía. Se miraron por un
breve instante. Después, Craig se excusó y dejó la mesa.



Jamie se lavó las manos en el baño y calmó sus latidos
desenfrenados. Le preocupaba que todos en la habitación se
centraran en Mark y ella. ¿Llevaba impreso en la cara el brillo
revelador del orgasmo? Por supuesto que todos se lo imaginarían.
Tenía la pinta de una mujer bien follada. Sus mejillas estaban
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sonrosadas y sus labios estaban rojos, tanto por los besos de Mark,
como por habérselos mordido mientras le chupaba la polla. Su vientre
dio un tirón y su pulso se disparó nuevamente. Su encuentro había
sido increíble. Y Mark quería más.
Se puso el pelo detrás de las orejas. Revisó su ropa, alejándose
hacia atrás desde el espejo. Otros signos externos no podían
arreglarse. Su falda estaba arrugada y no tenía bragas. Entre sus
piernas todavía pulsaba un dolor delicioso. Olfateó el aire.
—Oh, infiernos —olía a sexo.
Enredarse con Mark era una locura, especialmente en este fin
de semana. Ashley necesitaba ayuda con la boda. Era su
responsabilidad como madre, estar ahí para su hija, para ayudarla
con los nervios prenupciales, siendo una fuente de energía calmante.
Sin embargo, por dentro se sentía todo menos calmada. Mark le
ponía los nervios en tensión. La mejor respuesta para su condición
sería más Mark. Flor de acertijo. Respirando hondo, salió del baño.
—¡Oh, mierda! —se llevó una mano al corazón—. ¡Me
asustaste!
Craig estaba recostado contra la pared, obviamente esperando
a que saliera del baño.
—¿En qué andas? —le dijo con tono demandante.
Ella señaló el signo del baño de mujeres.
—Me refiero a ti y al padrino de bodas. Se le cae la baba por ti.
Ella le querría decir que no era baba, pero Craig lo decía de
forma figurada, no literalmente. Mark no mostraba signos de su
encuentro, a diferencia de ella. Sus muslos todavía percibían el efecto
húmedo de sus liberaciones.
—No es asunto tuyo —trató de pasar.
—Jamie, conozco esa mirada.
—¿Y a cuál te refieres? —puso sus brazos en jarras—. Ah, ¿te
refieres a la mirada de mujer satisfecha? Tú no podrías reconocer en
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mi esa mirada, así que debe ser de alguien más —inclinó la cabeza a
un lado.
Craig frunció los labios, sus ojos se entrecerraron y sacudió la
cabeza.
—Estás haciendo el ridículo.
—Craig, en realidad lo estás haciendo tú. No es asunto tuyo con
quien pase mi tiempo —¿Qué, no se suponía que tenía que conversar
con los participantes de la fiesta de bodas?—. Recuerda que estamos
divorciados. Guárdate tu preocupación para tu pequeña... — sonrió
ella—. Trisha. Puedo ocuparme de mi misma —marchó hacia la mesa.
—No puedes ni siquiera pensar que la boda de nuestra hija es
un lugar apropiado para que encuentres un nuevo novio —la siguió a
lo largo del corredor.
—¿Quién dice qué estoy buscando novio? Tal vez sólo quiero
sexo. Y eso es todo lo que él quiere.
—¿Es porque Mark es más joven o porque es buen mozo?
A ella se le formó un nudo en la garganta.
Tragó antes de permitirle a Craig ver que sus palabras le habían
hecho mella. En verdad no quería nada de Mark, pero tener a Craig
poniéndole voz a los pensamientos de ella, la hirió. Maldición.
—Craig, vete al infierno.
Mark se puso de pie cuando Jamie volvió y le retiró la silla.
Craig se sentó bien alejado en la mesa y le susurró algo a su esposa.
—Madre, mientras estuviste en el baño, se nos ocurrió una idea
brillante. ¿Por qué no se queda Mark contigo? Puede usar mi cuarto,
ya que yo no voy a estar.
—No quiero ser una imposición —le sonrió Mark cuando los ojos
de Jamie se entrecerraron, quemándolo con una mirada mordaz—. En
realidad, tengo una reserva en el centro.
Craig largó:
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—Querida, probablemente Mark estaría más cómodo en un
hotel.
Ashley se volvió hacia su padre.
—No seas ridículo. Es una gran idea.
—Pero él ya tiene reserva —dijo Craig tomando una trago de
agua para luego depositar el vaso en la mesa—. Los hoteles necesitan
una cancelación de veinticuatro horas.
—Entonces hazlo —dijo Ashley—. Prácticamente son familia.
Madre, díselo.
Mark clavó su mirada en Craig.
—El dinero no es problema —se giró hacia Jamie—. Depende de
ti.
Él ya le había dicho que se quería quedar. Observó como los
ojos de Jamie se nublaban de pasión mientras sus pensamientos iban
en la misma dirección que los de él, desde que puso sus ojos en ella
en la iglesia. Se les daba una oportunidad de seguir sus impulsos.
Esperó para ver si Jamie tenía el espíritu desafiante que había
vislumbrado en el auto. ¿Aceptaría la oportunidad de una fin de
semana de folladas por el simple placer de ello?
El pecho de ella se elevó y cayó por su respiración superficial y
sus pezones se irguieron detrás de la blusa. Su polla se tensó en sus
pantalones sabiendo que ella estaba desnuda debajo de la falda, ya
que había guardado sus bragas entre los asientos del auto.
—Supongo que no tiene sentido quedarse en un hotel si tengo
una habitación libre.
En su boca se asomaba una sonrisa.
—No me gusta.
—¡Papá!
Trisha codeó a Craig y lanzándole una mirada de advertencia.
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—Craig, si Mark se quede conmigo te hace sentir incómodo,
entonces tal vez le pida que se mude conmigo —dijo Jamie mientras
agarraba su copa de agua y le daba un sorbo.
Craig se encrespó y Wes se rió, terminando con la discusión.
—Dale tu llave —le dijo Wes a Ashley—. Así no la molestará
cuando llegue tambaleándose por la noche.
Mark no reveló sus propósitos. No se iba a emborrachar porque
quería estar bien consciente, cuando pasara el resto de la noche
enterrado hasta los cojones en la madre de la novia.



Mark miró su reloj. Wes, su hermano y unos cuantos
compañeros de trabajo se sentaban en las mesas puestas juntas. Una
mujer en el escenario, usando botas de cuero altas y ajustadas, un
tanga y una musculosa corta, estaba trepada a un caño de metal.
Trabó sus piernas alrededor del cilindro y movió sus caderas
alrededor con frenesí. Pezones oscuros y grandes senos sacudiéndose
provocaron una ronda de aplausos y muchos dólares fueron tirados al
escenario. La mujer se echó hacia atrás lentamente y pellizcó los
pezones. Enderezándose, con su pelo cayendo hasta su culo,
desenredó las piernas y se deslizó hacia abajo por el caño de
bombero.
Mark había visto suficiente. Su palo estaba duro como el
infierno y no era por la stripper que estaba en el escenario. Miró de
nuevo su reloj. ¿Cuánto tiempo se tenía que quedar el padrino de
bodas en la fiesta de soltero?
—¿Mark, estás aquí?
Mark se volvió a concentrar en el grupo de hombres que
rodeaban a Wes.
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—Me parece que voy a proponer un brindis por el novio y luego
me voy a excusar de la fiesta. Ha sido un largo día y ni siquiera me
mantiene concentrado el excelente entretenimiento.
Levantó su vaso con refresco. Unos pocos estaban tomando
cerveza. Esa era la parte negativa de hacer la despedida de soltero el
día anterior a la boda. Nadie quería ver a Ashley enojada por un
novio con resaca.
—Puedo ser el padrino en tu boda, pero tal vez no sea el más
adecuado para desearte suerte en tu matrimonio. No me precio de
saber cómo mantener satisfecha a una mujer.
Wes se rio entre dientes:
—Porque siempre estás pensando en sacártelas de encima.
—Cierto, muy cierto. Sin embargo en mi experiencia, las más
difíciles de echar, son las que verdaderamente les gusta follar.
Entonces mi consejo es que nunca dejes que tu vida sexual se torne
aburrida. Hazla reír y dale sexo oral espectacular.
—Realmente no quiero una esposa que haga una buena
mamada —sonrió el hermano de Wes mientras le daba un sorbo a su
botella de cerveza.
—Por lo que manteniendo la promesa que le hice a tu futura
esposa, le pediré al novio que elija un número entre el uno y el siete
—ese número era el de los asistentes a la despedida de solteros,
excluyéndolos a Wes y a él—. Y ese hombre —prosiguió Mark
acercándose a la mujer parada a un lado con los pechos grandes
como melones—, podrá enterrar su cara en esas tetas hermosas y
disfrutará del baile del regazo de sus sueños —le puso en la mano a
la stripper un billete de cincuenta—. No se queden hasta muy tarde.
Te casas por la mañana.
Wes se puso de pie y le dio un gran abrazo de oso a Mark,
palmeándolo en la espalda.
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—Algún día serás tú el que recorra el largo camino hasta el
altar.
—Y si lo hago, debe ser con alguien tan maravillosa como
Ashley —dijo mientras sus labios se tornaban en una sonrisa—. Y tan
apasionada.
Su sonrisa se amplió. El casamiento no estaba en sus
pensamientos. Sin embargo, su ronroneó, como un gato montes de
lengua viperina, lo llevaba a la distracción.
Mark se apresuró a ir al estacionamiento y se puso detrás del
volante. Infiernos, se estaba yendo de la despedida de soltero de su
mejor amigo. Después se sentiría culpable. Agarró las bragas de
entre los asientos. En este momento, necesitaba finalizar lo que
Jamie y él había empezado en el auto.
Su anticipación se vio incrementada por las luces en verde y las
calles desiertas. En unos pocos minutos había llegado a la casa.
Parando en la entrada, apagó el motor y se quedó mirando hacia el
interior apagado de la casa. Guardó las bragas en la guantera, para
preservar el momento de su tiempo con Jamie. Tal vez iba a adquirir
el maldito vehículo.
Abrió la puerta con la llave que Ashley le había dado y entró.
Tocó la pared en busca de un interruptor de luz. Más temprano,
después de la cena, bajó el bolso que tenía preparado para el fin de
semana. La casa había estado tan caótica, que no le dio para nada
más que para poner sus cosas en uno de los dormitorios y salir con
los muchachos.
Después de encontrar la luz, dejó las llaves en la mesa del
pasillo. Sin embargo, no se comparaba con su casa de Phoenix. Por
supuesto que sus conexiones con la construcción ayudaban. El boom
económico alimentaba el mercado inmobiliario, lo que forraba sus
bolsillos. Le iba bien con el paisajismo. No era sólo andar por ahí con
un cortacésped. Traía piedras con maquinaria pesada, cavaba hoyos
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para piscinas y diseñaba jardines para los ricos. Infiernos, la mayoría
lo consideraba rico. No necesitaba más dinero, pero no era un
hombre de estar ocioso.
Se aflojó la corbata y se desabotonó el botón superior de su
camisa color crema. Después de sacarse los zapatos de vestir,
caminó en medias por la gruesa alfombra beige.
La casa estaba en silencio mientras iba hasta la cocina. Tomó
una botella de cerveza de la heladera y la abrió. El sabor a levadura
pasó a través de su lengua y le calmó la garganta, reseca del humo
del bar.
Colgó su chaqueta del respaldo de la silla de la cocina. Los
electrodomésticos de acero inoxidable brillaban en la luz que venía de
la entrada. La sombra de él se proyectaba contra la pared.
Consideraba como iba lo de meterse en la cama de Jamie. A
menos que ella lo invitara, sería un caballero. Por su mente cruzaban
pensamientos pícaros. Sería un caballero hasta que ella le rogara que
no lo fuera.
Dejó su cerveza en la mesada, apagó las luces del living y subió
las escaleras hacia los dormitorios. Tomando como invitación la
puerta entreabierta, la abrió del todo.
Con su hombro apoyado contra el marco de la puerta, la
observó dormir en una cama tamaño king, puesta en el medio de un
cuarto grande, decorado elegantemente. Él era más del cuero y los
tonos tierra. Jamie era confort elegante.
Ella se agitó debajo del cobertor. Mientras se sentaba, no
parecía sobresaltada de verlo.
—Mark —le salió como un suspiro.
Él atravesó la habitación, atraído por sus ojos somnolientos, su
boca suave y sus hombros desnudos. Las sábanas cayeron hasta su
cintura, revelando un camisón se seda transparente. Las aureolas
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¡Oh, qué delicia!


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oscuras y erectas sobresalían contra la tela. La polla le pulsaba con
anticipación. Probarla no iba ni de cerca a satisfacer el deseo de él.
Jamie parecía romántica. Sólo que él sabía que prometía algo
más profundo que una mujer dócil, si su encuentro en el auto era un
indicativo.
—¿Pasa algo malo? —miró el reloj al lado de la cama—. No te
esperaba tan temprano.
Él cruzó la habitación.
—¿Pero me estabas esperando? —se paró a dos pies de la cama
mirándola—. ¿Me vas a invitar a tu cama? —le preguntó mientras se
desabotonaba la camisa— ¿O te gusta follar en el suelo?



Jamie no podía recordar cuando un hombre la había mirado
con tanta necesidad sexual patente. Mark estaba parado cerca de la
cama desabotonándose la camisa, revelando un tentador vistazo de
su pecho trabajado. Su le hizo agua la boca pensando en él sobre
ella, entrando en su calor.
Arrodillándose, se levantó el camisón por los muslos. Mientras
se subía la seda delgada por el cuerpo, la tela le rozó los pezones.
Aspiró bruscamente. El material la hizo consciente de lo sensible que
tenía la piel. Anticipaba el toque de la caricia de su amante mientras
se sacaba el camisón por la cabeza y lo tiraba a los pies de la cama.
Una sonrisa pendía de sus labios. La mirada llena de lujuria de Mark
le recorría cada curva de su cuerpo, infundiéndola de deseos
fervientes. De rodillas con sus muslos separados, ella le dijo:
—Mark, ven a la cama —y corrió las mantas.
De los labios de él salió un gruñido. Después de sacar un par de
condones de su bolsillo de atrás y tirarlos en la mesilla de noche, se
arrancó los pantalones. Su polla surgió grande y larga empujando
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¡Oh, qué delicia!


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desde un nido de vellos oscuros y enrulados. Casi había olvidado la
vista tentadora. Casi.
Alcanzándolo, ella envolvió gentilmente sus dedos alrededor de
su polla y se la apretó amorosamente. Una exclamación de placer
escapó de los labios de él, logrando que la sonrisa de ella se
ensanchara. Entendía, sin poderse resistirse, lo tiró del pene. Él se
acercó un paso por lo que sus muslos estaban tocando el borde de la
cama. Poniéndose sobre sus manos y rodillas, ella tomó en la boca la
carne dura y caliente. Lo tomó en profundidad. El placer vibraba en el
fondo de su garganta. Lentamente Mark bombeaba sus caderas,
metiéndose en su boca y entonces, cuando ella succionaba, se movía
hacia atrás.
Mark enredó sus dedos en el cabello de ella arriba de sus
orejas.
—Quédate de rodillas —le dijo sacando su polla de la boca de
ella.
—¿Volvimos a las órdenes? shhh, shhhh —su estómago dio un
vuelco ante la sonrisita satisfecha en sus labios.
—Estaré más que feliz de aceptar órdenes si quieres decirme
qué hacer —deslizó su mano por la cadera de ella a medida que se
movía sobre la cama—. ¿Prefieres ser la profesora? ¿O la estudiante?
Sé lo que quiero enseñarte. ¿Piensas que hay algo que podrías
enseñarme? —le preguntó, intercalando sus palabras con pequeños
besos húmedos y tentadores.
Ciertamente no le quería recordar la diferencia de edad siendo
la profesora. Aunque saber que él la deseaba, era un afrodisíaco
poderoso. Mark le ofrecía un fin de semana en el cual podría hacer lo
que quisiera. Y lo que quería era actuar sin pensar en las
consecuencias.
Tomando un condón de la mesilla de noche, Mark rompió el
envoltorio con sus dientes.
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—Jamie, te llevaré a lugares en los que nunca has estado —dijo
mientras sus caricias iban a la depresión en la parte baja de la
espalda—. Si algo no te gusta, sólo dilo —prosiguió mientras se ponía
el anillo de látex en la punta de su asta y lo desenrollaba.
—¿Debería estar asustada?
—¿Quieres estarlo? —le sostuvo la mirada, claramente
esperando su respuesta.
—No lo sé.
En realidad no sabía nada del padrino de bodas, excepto por el
hecho que hacía que su coño latiera. Tal vez inicialmente su atracción
hacia él había estado basada en ver a su ex esposo con su nueva
esposa. En el ensayo, probó que podía atraer a un hombre. Craig lo
había notado y eso, en cierta medida, había suavizado el golpe de
haber sido reemplazada. Mark en una hora, se había encargado de lo
que ella en dieciocho meses no había podido hacer: irritar a Craig.
Jamie se trasladó hasta el centro de la cama.
—Mark, apresúrate, quiero que me folles desde que entraste en
la iglesia.
Él se le arrodilló detrás. Alcanzándole el centro, le separó los
húmedos labios exteriores de su coño. Ella arqueó la espalda,
alentándolo a que explorara más profundamente en su interior. La
humedad cubría la parte interna de sus muslos. No recordaba
haberse sentido tan caliente antes. Presionando sus caderas contra la
ingle de él, trató de empalarse. La risita que él emitió la frustró,
aunque intensificó su conciencia y anticipación.
—¿Esto es lo que quieres?
Sus paredes interiores se tensaron alrededor del dedo de él.
Sacándolo, le insertó luego un segundo dedo, estirándola,
deslizándolo rápidamente adelante y atrás.
—No, quiero tu polla —lo miró sobre su hombro—. Mmmm —se
agitó, esperando la penetración total, pero Mark apenas la abrió con
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la cabeza de su pene—. Más —trató de moverse, pero las manos de
Mark en sus caderas la mantenían quieta.
Entrando aún más lento, él presionó en su acogedor canal.
—Te sientes tan bien.
—¿Mark?
—Hmmm.
Ella miró hacia atrás para verlo. Él apretaba sus mandíbulas y
dientes. Los músculos se tensaban en su cuello mientras controlaba
las respuestas de su cuerpo. Ella no lo quería en control.
—Mi esposo me hacía el amor. Pensé que querías follar.
Los ojos de él se abrieron de par en par.
—Entonces la gatita tiene garras —se hundió de golpe hasta el
final. Jamie gritó cuando él se condujo con fiereza, forzando su
cuerpo con sus empujes. La presión se construía y sus muslos le
temblaban.
—¿Estás lista para llegar? ¿Tu coñito está listo para ronronear?
—Me corro. Oh, sí. ¡Oh, sí! Oh, sí —explotaron chispas detrás
de sus párpados cerrados—. ¡Oh, sí! —exclamó mientras Mark
empujaba dos dedos en su culo, brindándole otra oleada de
temblores poderosos. Con su polla bombeando en su coño y sus
dedos follando en su trasero, el placer la recorría en oleadas. Una
estrellándose tras otra. Antes de que se pudiese recuperar, él le sacó
sus dedos del culo, reemplazándolos por la cabeza bulbosa de su
polla, mojada con su crema.
—Oh, por favor, sí. Mark, fóllame.
Presionando lentamente en su pequeño hoyo apretado, él la
penetró. Le estiró el esfínter hasta que ella pensó que la partiría por
la mitad. Entonces, en un torrente de calor líquido, su cuerpo aceptó
la invasión. Empujes fluidos y duros, la llevaban hasta placeres
realzados, los que nunca antes había experimentado.
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Arqueando su espada y volteando la cabeza, gritó su nombre en
la habitación oscurecida.
Sólo mordiéndose el labio inferior, pudo impedir estallar en
sollozos de placer y alegría. Con el corazón acelerado y los muslos y
brazos temblando, se agarró a las sábanas mientras otro orgasmo la
golpeaba. Más potente que los dos previos, le quitó el aliento.
El grito salvaje de Mark resonó en la habitación. Sus dedos se le
calvaron en la carne de las caderas. Ella no podía recuperar el aliento.
Él empujó profundamente en la roseta apretada y le machacó el culo
contra su pelvis. Se tensó detrás de ella, cada uno de sus músculos
rígidos mientras explotaba.
Con su energía mermada, se curvó sobre la espalda de ella,
todavía enterrado hasta la empuñadura y descansó su cabeza. Su
pecho le moldeaba su figura, ofreciéndole tibieza.
Jamie dejó caer su cabeza hacia adelante. Su mentón casi
tocaba su pecho. Absorbió el peso de él, sintiéndose maravillosa en
su abrazo. Los labios suaves de él se movieron sobre su piel, de un
omóplato al otro. Mark trazó su columna vertebral con la lengua.
—Eres un amante asombroso — susurró ella.
Mark se retiró de su cuerpo despacio. Ella cayó sobre el
estómago y él la siguió, yaciendo sobre la espalda.
—Sabes tan bien como yo, que lo que pasó es diferente de lo
que alguno de nosotros tuvo alguna vez —dijo girando la cabeza. Sus
caras estaban separadas por pulgadas. Su expresión era seria, pero
también cautivadora.
No, ella no quería reconocer que un hombre quince años menor
la haría doler por los años perdidos con su esposo. Ella no se lo
imaginaba. No sabía que el sexo pudiera ser tan malditamente
intenso.
Jamie bostezó.
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—Tenemos que dormir algo. La boda no empieza hasta las dos,
pero hay mucho para hacer.
Mark se inclinó y le dio un beso rápido en los labios.
—Los ojos enrojecidos y las noches sin dormir son esperables
en una boda. Nos mezclaremos bien.


























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¡Oh, qué delicia!


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CAPÍTULO CUATRO CAPÍTULO CUATRO CAPÍTULO CUATRO CAPÍTULO CUATRO

Jamie estuvo de pie bajo las agujas calientes de la ducha. El
agua se regaba sobre su ardiente y debilitada piel. Nunca en su vida
había sentido sus miembros tan débiles después de una noche de
sexo. Y eso era lo que Mark le había dado, una noche de sexo salvaje
que hacia palpitar su corazón. Ellos no habían hecho el amor, no, él la
había jodido duro y bien. Y eso la emocionaba. Cerrando el agua, ella
envolvió su cabeza con una toalla, al estilo de un turbante.
Técnicamente ella no había dormido porque ella no se había ido a
dormir, y en unas pocas horas debería estar en la iglesia.
Dio un paso fuera del cuarto de baño y allí estaba Mark en toda
su gloriosa desnudez. Acostado sobre su estómago, sus brazos
estaban doblados bajo la almohada donde descansaba su cabeza. Se
vio tentada a volver a la cama al ver su trasero esculpido, su torso
afilado y sus cabellos enredados. Las sabanas arrugadas y el condón
descartado decoraban el piso de la habitación; y su tocador,
originalmente tan romántico, ahora parecía más similar al de una
casa de la hermandad de mujeres.
—Mark —ella tocó suavemente su trasero, a lo largo del pliegue
entre sus cachetes—. Ve a la ducha y yo prepararé el café —tomó su
gemido como un sí.
Después de haber hecho el café, tomó una taza de este líquido
humeante sentada en su vestidor. Mark tarareaba una melodía en la
ducha, lo que la hizo reír porque no había pensado en él como un
madrugador. Había demasiado misterio, demasiada oscuridad,
demasiada energía sexual en sus ojos.
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¡Oh, qué delicia!


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—Buenos días —el sonido de su voz detrás de ella la sacó
abruptamente de la reflexión erótica que estaba haciendo acerca de
sus atributos más finos—. Asumo que mi chaqué está en la iglesia.
Ella cabeceó afirmativamente. Gotitas de agua brillaban en su
pecho, y goteaban para seguir el delgado rastro de pelo que
alcanzaba el borde de la toalla que abrigaba sus caderas. Bajo su fija
mirada, su erección creció, hinchándose bajo ese pedazo de tela.
—Eres muy tentador, pero no tenemos tiempo. No podemos
llegar tarde a la boda, así que guarda tu arma en su sitio —sus labios
formaron una sonrisa de satisfacción.
—Sí, señora.
—Mark, te dije que no me llames señora —y se rió de su culo
en la retirada—. Apúrate.
Volviéndose ante el espejo, levantó una de sus cejas… nada mal
para una señora.



La boca de Mark se hizo agua a la vista del vestido de seda de
color crema de Jamie. Manga corta, tacones altos, estaba fabulosa.
Tuvo un momento duro al mantener los ojos sobre el camino cuando
los conducía hacia la iglesia.
—Mark, voy a necesitar tu ayuda. Bueno, más bien un favor —
ella le echo un vistazo girando hacia él su mirada fija en la ventana—,
sé tan encantador como ayer, esto será todavía más difícil al tener
que mantener un grado de cortesía con Craig. Créeme, lo que ha
pasado entre nosotros definitivamente me ha dado el empujón de
querer pasar el día con mi ex.
—No pienses en él. Solamente en nosotros —Mark la alcanzó y
tomó su mano.
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¡Oh, qué delicia!


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—Justo es eso —se volvió hacia él en el asiento y cruzó una
pierna cubierta de seda sobre la otra—. No quiero que mi familia lo
sepa. La verdad es que realmente no hay un nosotros porque estás
aquí solo para el fin de semana. Una delicia inesperada, pero
entonces el lunes el verdadero mundo llegará y no quiero ninguna
repercusión persistente.
—¿No quieres que tu hija y tu ex sepan que sedujiste a un
hombre mejor?
Ella resopló.
—No estoy segura de quien sedujo a quien. En cuanto a mi ex,
estoy segura de que entendió algo de lo que pasó entre nosotros —
ella le contó lo que ocurrió en el exterior del cuarto de baño del
restaurante.
—Lo sospeché cuando él abandonó la mesa.
—Gracias por no hacer una escena.
Mark rió en silencio. Jamie no lo necesitaba precipitándose en
su defensa. Por lo que él había visto, ella no tenía ningún problema
en defenderse a sí misma. El encontraba su honestidad refrescante. Y
se lo dijo así.
—Esta es una nueva experiencia para mí. Sin embargo, no
tengo ninguna duda de que has desarrollado una reputación
impresionante en casa. Jamie, admitiré que en el viaje en avión
pensé acerca de pasar el fin de semana follando con una dama de
honor. Entonces vi a la madre de la novia. No necesito enredos en mi
vida, que es por lo que estoy en desuso desde hace un tiempo. No he
dormido con una mujer en meses.
—¿Toqué un punto sensible?
—No, para hacer eso tendrías que tocar aquí —él apretó su
mano presionando contra su furiosa erección.
—Es una vergüenza, dejar que esto se desperdicie —dijo ella.
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—Tú dejarías al puma fuera del bolso con solo una de esas
miradas —sus ojos brillaban con pasión. Él se había preguntado si ella
le echaría fuera después de anoche. Claramente ella no estaba más
cerca de decir adiós que lo que lo estaba él. Ellos tenían esta noche.
Si ella seguía acariciando su polla a través de los pantalones, ellos
iban a tener otra ronda en el coche. Jesús, él necesitaba joder su
boca caliente y húmeda.
—Quizás, nosotros solo deberíamos evitarnos el uno al otro en
la boda.
Él gimió cuando sus dedos recorrieron la dura longitud.
—Jamie, tanto como yo, quiero hacer que te corras. Tienes que
parar o voy a… —ella sonrió, Mark se rió en silenció y dijo—: o
puedes continuar y te tendré de nuevo en el aparcamiento de la
iglesia.
Ella arrebató su mano y la puso en su regazo.
—No nos tocaremos en la boda.
—¿Realmente te molestaría si Ashley lo descubriese? Tengo la
impresión de que te tomarías esto como una especie de perverso
placer en confirmar las sospechas de tu ex.
—Francamente no sé cómo se lo tomaría Ashley y no lo quiero
averiguar. Hoy es su día y de Wes. ¿Para qué hacer una escena
cuando tú te marchas mañana de todos modos?
—Porque sería divertido ver a tu ex.
La risa de Jamie reflejaba exactamente lo que ella pensaba.
—Esta sería la única ventaja.
—Jamie… —hizo una pausa considerando exactamente porque
su estómago se apretaba al pensar en volver a casa en Phoenix—, me
gustaría verte otra vez.
El reconocimiento del placer que podían disfrutar se dirigió a
sus ojos.
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¡Oh, qué delicia!


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—Pero dijiste que no buscabas un enredo. Y Mark, incluso tan
delicioso como tú eres, yo no estoy buscando un compromiso a largo
plazo, a larga distancia.
—Me encantó enredarme contigo anoche. Y creo que a ti
también —sin embargo, ella tenía razón. No buscaba una novia.
Reconoció la diferencia entre una mujer madura que no se aferra y
algunas de veinte de vuelta a casa que habían rallado su último
nervio. Jamie no deseaba o esperaba algo de él, y ciertamente no
necesitaba el consentimiento de ella.
—Entonces, ¿tú no estarías interesada en que nos visitáramos
el uno al otro después de este fin de semana?
Maldita sea, su boca habló sin pensarlo. No estaba listo, pero el
destino parecía conducirle en una dirección diferente. Jamie
representaba todo lo que le atraía en una mujer, un ingenio agudo,
independencia y un apetito sexual feroz sin inhibiciones.
—En realidad, Mark, me gustaría guardarte bajo mi cama, te
sacaría afuera unas pocas veces por día, y joder, te gustaría mi
comida diaria. Desayuno, comida y cena. Sin embargo, una noche de
sexo increíble no ha confundido mi mente.
No, pero tal vez dos sí. No se preocupó del porque. Solamente
sabía que no iba a ser capaz de alejarse después del fin de semana.
Jamie no lo sabía aun, pero él intentaría que las lecciones
continuaran.
Varios coches estaban ya en el aparcamiento cuando ellos
llegaron hasta la iglesia. Unos hombres que llevaban chaqués negros
fumaban cigarrillos bajo un olmo grande. Volantes de tafetán
melocotón volaron en la brisa cuando dos damas de honor llegaron
corriendo a la parte de atrás de la iglesia. Sobre el horizonte, el cielo
de la mañana se oscureció. Se preparaba tormenta.
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—Ashley quería tener la mayor parte de las fotos de la boda
tomadas fuera en los alrededores de la Iglesia. La lluvia va a hacer
que sea imposible.
Mark salió del vehículo y rodeó el coche hasta la puerta de
pasajeros. El viento se arremolinó, casi tirando la puerta de su mano
y cerrándola de golpe.
—Cuidado —dijo poniendo una mano sobre su vestido para que
no hiciese como Marilyn Monroe y se elevase alrededor de su cintura.
Solo el toque de la textura de la seda causó que su polla saltase con
solo pensarlo.
Nunca había tenido una mujer que controlara todos sus
sentidos. Incluso con el olor pesado de la lluvia en el aire, descubrió
la fragancia sutil de su perfume. El viento movió su pelo, enredándolo
alrededor de su cara. Él podría haber tenido sus manos sobre ella en
el coche. Nadie habría sospechado algo. El viento hacía un fino lio en
el aspecto de todo el mundo. Entraron en la iglesia. El vestíbulo
estaba lleno de hermosas flores. Unas cuantas damas de honor
revoloteaban, riéndose tontamente. ¿En que había estado pensado?
No había comparación entre la mujer a su lado y la manada de
muchachas.
—Hay todavía esta noche —susurró Jamie, de pie al lado suyo.
Ella obviamente confundió la expresión por una de interés cuando
miró los jubilosos vestidos de tafetán.
Él se inclinó cerca.
—Tengo la intención de aprovechar al máximo esta noche —sus
ojos se arrastraron por su cuerpo—. ¿Llevas panties?
—Yo te dejaría adivinarlo, pero tengo que ayudar a Ashley a
prepararse para la ceremonia.
—Si te encuentras sola ¿harías algo por mí?
Mark puso su brazo alrededor de su cintura. Al principio ella se
puso rígida, su vista girando alrededor del vestíbulo.
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—Mark alguien nos verá —ella intentó ganar distancia, pero él
la sostuvo con firmeza.
—Si te encuentras sola, y no estoy alrededor para hacerlo por
ti, tócate.
—Mark —habló con el tono ruidoso y claro aun cuando sus
palabras fueran un susurro.
—Y luego encuéntrame para que yo pueda lamer tus dedos —
atrajo su mano a su boca y chasqueó su lengua entre su índice y su
dedo medio como si él lamiera sus pliegues nacarados interiores. Sus
mejillas se pusieron rojas. Un suspiró separó sus labios.
—Me haces imprudente. ¿Por qué no puedo decir que no? —ella
echó un vistazo hacia el pasillo libre. Quiso chupar sus labios. Él se
inclinó en…
—Tú no puedes besarme —su voz era suave, aunque llena de
promesas—. Alguien nos vera.
—¿Dónde?
—¡En ninguna parte! Estamos en una iglesia —dijo ella,
tomando su mano y conduciéndolo hacia abajo por el pasillo. Echando
un vistazo alrededor, él cabeceó.
—Sí, estamos en una iglesia y parece apropiado, ya que te
quiero de rodillas.
Un relámpago atravesó las vidrieras. Los truenos en auge.
—Nos vamos al infierno.
—No, vamos al cielo —él la siguió en una sala vacía. Cerrando
las puertas cayó abruptamente sobre sus labios, empujando su
lengua al mismo ritmo que sus caderas emulaban penetración. El
terciopelo acariciaba al terciopelo; ella probó frescor y pasta de
dientes. Los truenos se estrellaron otra vez.
Jamie se separó, y su cuerpo aun en ángulo para frotar su
clítoris a través de su vestido y bragas a lo largo de su dura longitud.
Maldición, él sentía el calor a través de su pantalón.
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—Esto es una señal —susurró ella—. Nosotros deberíamos parar
—con la boca abierta, sus labios se sellaron otra vez. Él chupó su
lengua. La tensión enrollada en su tripa. Tenía que completar la
posesión tanto como tenía que tomar el siguiente aliento.
—No, los truenos son el camuflaje para tus gritos —levantó su
vestido revelando medias altas al muslo—. ¿Tienes idea de lo
increíblemente caliente que estoy? ¿Cómo se supone que voy a
sobrevivir el resto del día sabiendo lo que estas usando debajo de
este vestido?
—Se supone que no lo tenías que descubrir hasta después de la
boda.
Resbaló su mano por la parte frontal de sus bragas sintiendo la
humedad que se filtraba de su meloso núcleo.
—Quiero joderte, Jamie. ¿Me vas a dejar? —la besó. Ella le
mordió el labio.
—Todo conversación —ella calmó la mordedura lamiéndolo—.
Tú has sido muy eficiente en todo. ¿Cómo de rápido puedes hacer
que me corra, porque sólo tenemos un minuto? —Mark abrió la
cremallera de sus pantalones. Su polla estaba tan impaciente por la
liberación, que al instante rompió la atención del momento al tener
espacio para crecer. Totalmente erecto, rápidamente se enfundó un
condón.
—Agárrate. Mi señora quiere un orgasmo duro y rápido. Será un
honor realizar cada capricho suyo —Mark apoyó a Jamie contra la
pared, subió su vestido a la cintura, y tiró de la entrepierna de sus
bragas para apartarlas—. Ajusta las piernas a mi alrededor, y
clávame tus uñas.
En un solo empuje, entró en ella, caliente dando la bienvenida a
su cuerpo.
—¡Oh, Dios!
—Estamos en la iglesia. Esto supone decir: querido Dios.
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—Sé bueno…. ¡Mark!
Él sonrió.
—Pensé que lo era.
Golpeó rápido en su caliente canal pero llenándolo de golpe. Su
cuerpo se apretó, exprimiendo su polla en un guante de seda. El
relámpago destelló. Las luces parpadearon.
—Otro signo —dijo ella y se rió—, Ohh… Mark… más duro… ¡Sí!
El trueno no podía cubrir sus gritos. El besó su boca, robándole
el aliento. Tenía que hacer algo. Si sus gemidos de placer alertaban a
los invitados de la boda a su cita, que sería. Sentía como golpeaba su
pecho y liberaba una llamada salvaje.
Llamaron a la puerta. La manija giró.
—Mark.
Dejó caer sus piernas, subió su pantalón, y se puso frente a la
puerta cuando se abrió.
—¿Jamie?
Mark escuchó un gemido detrás de él cuando él la tapó de la
vista. La puerta se abrió totalmente y Craig dio un paso en el cuarto.
Mark terminó de cerrar rápidamente sus pantalones, su polla dura
todavía llevando el condón. Con una sonrisa en la boca, se alegró de
que Jamie estuviese detrás de él. Sintió su frente descansar entre sus
omoplatos cuando ella colocó su vestido detrás de su posición. Su
cuerpo vibró.
—¿Te ríes? —le preguntó Mark.
—¿Qué diablos está pasando aquí? —Craig cerró la puerta tras
él.
—Ahora nada —dijo Mark. Sin embargo, las pruebas de lo que
se había estado haciendo pesaban en el aire, el olor almizclado del
sexo. Jamie descansó su mano sobre su culo. Miró sobre su hombro—
. ¿Estás bien?
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Ella asintió sonriendo. Se alisó el cabello y rodeó a Mark para
enfrentarse a su ex. La cara de Craig estaba enrojecida. Sus manos
formaron puños en sus costados.
—Jesucristo. Jamie.
—Sé agradable, Craig, estamos en una iglesia. Mira tú lenguaje.
Mark miró fijamente la puntera de su zapato, y pensó en los
ojos de cachorros tristes y enfocó sobre el tipo su dolor. Condenando
la interrupción de Craig. Cambiando el humor del momento por la
irritación, él fue capaz de guardar la risa de su voz. Preguntó:
—¿Qué necesitas?
—¿Jamie, que diría nuestra hija? —los ojos de Craig se
estrecharon—. ¿En que estas pensando? Tiene la mitad de tu edad
Jamie resopló.
—No exactamente, ¿Y cuántos años tiene tu pequeña puta?
Craig señaló a Mark y luego lo dijo con palabras.
—¿Esto va sobre eso? ¿Estás intentando demostrarme algo
teniendo sexo con él?
—Eres un tipo curioso —dijo Mark, deslizando sus manos en los
bolsillos y apoyándose contra la pared—. ¿Realmente crees que
tienes algún derecho para preguntar?
No respondiendo a Mark, Craig inclinó la cabeza y en un tono
que goteaba compasión dijo:
—Yo sabía que habías tomado el divorcio mal, pero no creía que
estabas tan cerca de romperte. Siempre fuiste una mujer insensible.
Nunca lo supe.
—¿No sabías el que? —La frente de Jamie arrugada cuando ella
arqueó incrédula una ceja—. ¿De qué hablas?
—Te tiras al mejor hombre en la iglesia donde nosotros nos
casamos. Lo conociste ayer.
—No creo que sea de tu interés el porqué ella se me tira. Pero
si debes saber que disfruto follando a mujeres hermosas.
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—Mark…
—Y te diriges a mí para que mire mi lenguaje. Jamie, ¿es esto
lo que quieres? ¿Ser un pedazo de carne para él? Tú no eres nada
para él, pero se lo pones fácil. No puedes posiblemente querer esto.
—No, lo que quiere ella es ser follada por el culo… Solo que lo
interrumpiste antes de que yo tuviese la oportunidad de doblarla
sobre la mesa de trabajo.
—¡Mark! No estás ayudando.
—Es un idiota. Que se joda. Lo que haces no es de su
incumbencia.
—Ashley se enterara de esto —dijo Craig con tono autoritario.
—Craig, basta. No…
—No que. ¿Qué le diga a nuestra hija que su madre es una
puta?
Mark había escuchado suficiente.
—Te arrancaré la cabeza. Jamie es adulta. Vuélvela a llamar
puta otra vez y te pateare el culo. Recuerda que soy de la mitad de tu
edad también.
Jamie se rió en silenció aplastándolo rápidamente.
—Y donde la jodo no es asunto de nadie.
—¿Qué clase de juego enfermo estás jugando? —la cara de
Craig mezclaba el asco y la burla—. Ella es el doble de tu edad.
—Yo no podría preocuparme menos de cuántos años tiene.
Más bien lo contrario. Era refrescante, madura y sexualmente
su igual. Mark no iba a dejar que Craig estableciese una culpabilidad
en su viaje cuando actuaban normal, con placeres impulsivos.
—Esto es vergonzoso.
Antes de que Mark pudiese defender a Jamie, ella dio un paso
hacia Craig.
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—Eres un hipócrita. ¿Esto es vergonzoso cuando tú te tirabas a
Trisha sobre el escritorio de tu oficina? Así que no estés de pie ahí y
emplees ese tono condescendiente conmigo.
—Esto no es sobre mí. Es sobre tu comportamiento.
—Sí, y ahora sé porque tu secretaria accedió a tu petición. Hay
algo de excitante en un pedazo de culo joven.
—Tomaré eso como un elogio —Mark puso sus manos sobre los
hombros de Jamie—. No sé cómo pudiste alejarte de ella. Sé seguro
como el infierno, que yo no lo haría.
—Me gustaría saber que se supone que significa eso —dijo
Craig.
Jamie giró. Sus ojos se ensancharon y luego se estrecharon de
manera seductora.
—¿Conoces el dicho: nunca dejes la mesa hasta que la comida
esté terminada?
—¿Qué tiene que ver la comida con esto?
—Nada —dijo Mark a Craig—, digo que Jamie es fascinante,
atractiva como el infierno, y una mujer que quiero llegar a conocer
mucho mejor.
Él metió su pelo detrás de su oreja de una forma que le gustó.
Ella puso sus manos sobre él, lo llevó a un lado y le sostuvo.
Ella miró fijamente su cara.
—¿Mark?
Mierda, no pensaba anunciar sus intenciones delante de una
audiencia. Quería a Jamie sola, desnuda y en sus brazos donde el
podría ser más convincente. El extendió las manos y la pasó por su
peinado apartándolo de su cara, rozando suavemente su suave y
tersa mejilla con la yema callosa de su dedo. Tanto el gatito como la
fiera, ella lo emparejaba perfectamente.
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—Jamie, ¿tú no puedes preguntárselo cuando estas
deslumbrada? El hombre va a demostrarte su amor para mantenerte
en su cama.
La mirada de Jamie no dudo de Mark.
—En realidad, yo lo invite a mi cama —echando un vistazo por
encima de su hombro—. Era eso o conseguir quemaduras de la
alfombra por haber follado sobre el suelo.
Craig aspiró un aliento agudo de aire. Los truenos estaban en
su auge más alto y las nubes descargaban. El viento soplaba la lluvia
que caía con fuerza contra las ventanas. Al igual que un tren de carga
el sonido creció más fuerte y más fuerte.
—Craig, si crees que se lo debes decir a Ashley, por lo menos
espera hasta después de la ceremonia de boda —dijo Jamie—. La
lluvia ya ha puesto un manchón en su día.
Mark puso su brazo alrededor de Jamie. Ella le echó un vistazo
y luego se volvió hacia Craig.
—Aunque no sé porque te debes molestar. Todo lo que harás
será agitar problemas. Mark se va mañana y todo será discutible de
todos modos. Además, mi vida sexual no es asunto tuyo.
—Esto no ha terminado —Craig se puso detrás de la puerta y la
abrió—. Tu hija te ha estado buscando. Estoy contento de ser el que
estuvo aquí. Deberías estar agradecida. No voy a decir nada hasta
después de la boda.
—Exactamente, ¿Por qué te preocupas? Tú no te has
preocupado por mí en años.
Craig hizo una pausa en la puerta.
—Eso no es cierto. Hemos tenido un buen matrimonio durante
un largo tiempo.
—Nuestro matrimonio era aburrido, al igual que nosotros. Al
menos estoy disfrutando de mi misma. Escucha Craig, dile lo que
quieras a quien quieras. No le preocupa a nadie. Comienzo a
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preguntarme porque me quede en el matrimonio. Apenas estoy
empezando a darme cuenta de que en muchas áreas estábamos
carentes.
Craig salió de la sala. Mark frotó sus manos por encima de sus
brazos.
—¿Estás bien? —se dobló para aspirar el olor de su piel. Sus
labios acariciaron su cuello—. Estas temblando, pero no creo que
Craig lo notase.
Jamie colocó su cabeza para evitar que Mark la besara. Por la
forma en que él la miró, sus labios, su boca, su toque, todo lo
mantenía en su pensamiento racional. El dormir con él era un error,
incluso si esto no lo parecía hasta entonces. Y esa clase de escena
era la más grande de todas. Le ofreció una cita de fin de semana.
Cueste lo que cueste le dijo a Craig, ella no iba a pedir más. Había
demasiados años entre ellos. La novedad se acabaría, luego ella
sería abandonada añorando el mejor sexo que alguna vez había
tenido. Ellos no tenían establecido el affaire con una duración clara.
Sí, él crearía un dolor increíble en su pecho, cuando se marchase y
sentiría la pérdida. Nunca había tenido a alguien en su vida tan de
repente y que brillara con tal esplendor. Él la hacía sentirse una
mujer hermosa, deseable y sexual. Y hacía demasiado tiempo desde
eso.
—Él se lo va a decir a Ashley solo por enfadarme.
—Niégalo si lo quieres. No es la cuestión. Sé que tú y Wes la
conocen. ¿Realmente piensas que va a creer algo que diga tu ex
idiota? —levantó la ceja—, tus palabras no mías. ¿Crees que Ashley
va a molestarse por algo que le diga? Craig fue el que te traicionó —
Mark se quedó tranquilo y pensativo mirando con fuerza fijamente
sus ojos—. Nunca.
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—Oh Mark —ella dejó caer su frente contra su pech—o. Esto se
supone que solo se trata de sexo. Hemos pasado la noche juntos y
hemos tenido un sexo increíble.
Poniendo un dedo debajo de su barbilla, levantó su cara.
—Acabamos de comenzar.
—Estamos terminando —ella se separó y tomó dos pasos de
distancia—. Nosotros estábamos teniendo sexo en una iglesia —su
voz estaba teñida de incredulidad—. Yo debería estar ayudando a mi
hija a estar lista para la ceremonia. Tú deberías estar con el novio.
No llevas puesto el chaqué y nos miraran —ella extendió sus brazos—
. Estoy hecha un desastre.
—Creo que eres atractiva y bien parecida —su boca se inclinó
en una sonrisa torcida. Ella puso los brazos en jarras.
—Bien Mark, ese es exactamente el problema. Tengo que
encontrar a Ashley.
Ella se apresuró a la puerta.
—Jamie.
Ella hecho un vistazo sobre su hombro.
—Esto no es solo por el sexo. Tú tienes maravillosas cualidades.
Por supuesto la mejor parte estaba sobre ella y era que llevaba
medias con acceso fácil.
—Mark somos unos imprudentes, y ahora tengo que
asegurarme de que Craig no intenta volver a mi hija en mi contra.
Ella salió del cuarto antes de que él tuviera posibilidad de
convencerla para que se quedase.
Por cualquier razón ella no podía contralor su lujuria por Mark.
Un poco de distancia pondría orden. Y ya que no le era posible
durante la boda, ella tenía previsto permanecer entre la multitud. Un
gemido escapó de su boca. Eso significaba pasar más tiempo en
estrecha proximidad con Craig. Ella no podía ganar.

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CAPÍTULO CINCO CAPÍTULO CINCO CAPÍTULO CINCO CAPÍTULO CINCO
Mark oyó la bulliciosa risa desde el interior del cuarto del novio.
Qué lío. Poniendo una falsa sonrisa sobre su cara, golpeó dos veces y
abrió la puerta.
—¿Hay un traje de etiqueta extra allí?
—Mark, ¿Dónde te habías ido? —una ronda de risas estalló.
Realmente se reirían si supiesen que había estado en el cuarto de
baño, eliminando un condón y acabando por sí mismo. El día estaba
poniéndose cada vez peor.
—¿Qué me perdí? —esperaba que Craig no hubiese entrado
primero allí y les hubiese informado que en la fiesta de bodas él había
follado a la madre de la novia. No era que le importase algo si alguien
lo sabía, pero Jamie se preocuparía. Ella no quería tener tratos con su
ex-marido ni más dificultades.
Por encima de todo, Mark era bueno leyendo a las personas.
Jamie había estado alterada, aun cuando había hecho un trabajo
convincente para lograr que Craig le creyera que no estaba molesta.
Mark no quería asustarla. Exactamente lo contrario, quería
ponerse de su parte. Una y otra vez. Ella era buena para él. Había
pasado un largo tiempo desde que se había sentido tentado a entrar
en una relación. Desde que había sentido la necesidad de explorar lo
que quería explorar con Jamie.
Wes avanzó y le dio un espaldarazo.
—Lo siento. Simplemente conozco tu reputación con las damas.
Conversábamos acerca de que una de las damas de honor había
captado tu atención —Wes enarcó las cejas—. Porque seguro que no
estuviste concentrado en la boda.
La culpa apuñaló la conciencia de Mark. Tenía que contarle a
Wes del incidente antes de que lo oyera de alguien más.
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—¿Puedo hablar contigo un minuto a solas?
Wes echó un vistazo a sus hermanos y a su papá. Notando su
incómoda torpeza, ellos se excusaron y salieron del cuarto. Una vez
solos, Mark avanzó hasta la ventana. Miró fijamente el
estacionamiento por un momento, luego giró y se sentó sobre el
alféizar.
—Algo ha pasado —Mark puso su pelo detrás de sus orejas,
cuadró los hombros y buscó los ojos de su amigo.
Wes tomó una silla frente a él y descansó sus codos sobre sus
rodillas, dándole a Mark toda su atención.
—Te escucho.
—Tienes razón. He conectado con alguien en la fiesta de bodas.
Se encendieron chispas desde el momento en que la vi.
—Maldición, trabajas rápido.
Mark rió entre dientes. En el pasado eso habría sido un elogio.
Él no estaba seguro de que Wes viera de una forma positiva su
capacidad cuando considerara el objeto de su afecto. La manera
menos dolorosa de explicarlo era exponer la verdad ahí mismo y
esperar a que Wes no hiciera un problema de ello.
—Yo lo estaba haciendo con tu futura suegra, y tu futuro suegro
justo nos encontró.
—¿Qué? —Wes comenzó a reírse—. Follabas con Jamie aquí…
en la iglesia. ¿En serio?
Mark asintió.
—Oh, infiernos, lo que hubiera dado por ser una mosca en la
pared.
—Hey, mis actividades sexuales no son para tus fantasías
voyeristas —Wes levantó una ceja interrogante—. Ya no más.
Wes arrastró sus manos por sus mejillas.
—Bien, yo había pensado en poder observar al asno pomposo
encontrar a su esposa…
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—Ex-esposa.
—Punto aceptado. Él ha despreciado a Jamie desde el divorcio.
Yo habría disfrutado de ver la cara de Craig cuando vio a su esposa…
ex-esposa… ¿Dónde estaban?
—En una sala de atrás. Craig en realidad no vio nada. Al menos
no creo que lo haya hecho.
Mark soltó un suspiro de alivio.
—¿Entonces no estás alterado? Sé que recién la conocí, Wes.
Pero maldición esto es diferente —Él sonrió—. Me dirijo a la parte
lenta del trabajo. Si puedo convencer a Jamie, quiero tomarme algún
tiempo para que podamos llegar a conocernos el uno al otro. Quizás
pasar unas semanas aquí o convencerla para ir a Phoenix.
Wes se echó hacia atrás en la silla.
—¿Estás hablando en serio?
—Al volar hasta acá, todo lo que consideré fue un rápido fin de
semana. Rápido y sencillo —reflexionó sobre los momentos
compartidos con Jamie—. Ella puede hacerlo rápido… realmente bien.
Pero Craig sólo complicó la situación. Intercambiamos palabras. Craig
amenazó con decírselo a Ashley.
—¿Y qué?
Mark se encogió de hombros.
—Que eso trastornó a Jamie. Ella no quiere una brecha en su
relación con su hija.
—Jeez, Mark, ¿Vas en serio con Jamie?
—No lo sé, quizás. Sin embargo, en verdad no quiero ser
responsable de una pelea si Craig causa problemas.
—Él puede intentarlo —Wes suspiró y se puso de pie—. Si la
única preocupación de Jamie es Ashley, tengo algo de influencia.
Ahora ponte tu traje. Me voy a casar.
Mark tomó el traje del perchero.
—¿Estás nervioso? Matrimonio. Un gran paso, ¿Qué pasa si es
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un gran error?
Wes rió entre dientes.
—Mark, la única diferencia entre casado y salir seriamente con
alguien es que puedes dormir con ella cuando quieras.
El matrimonio abarcaba mucho más que eso. El problema era
que, mirando a Wes, Mark no podía recordar por qué temía el
compromiso. Se reducía al hecho de confiar en la mujer. Mark nunca
había querido ir más allá del momento. Veinticuatro horas habían
tenido un serio impacto sobre cómo veía el futuro. Por primera vez,
podía ver a una mujer. Jamie.
Mark se quitó su camiseta. Se vistió rápidamente y luego se
puso de pie delante del espejo para enderezar su pajarita y su faja.
—Supongo que estoy listo.
—Ella es una gran muchacha, Wes —Mark puso su mano sobre
el hombro de Wes mientras él tomaba su turno frente del espejo.
—Sí, y su mamá también —le dijo Wes.



El corazón de Jamie palpitó, un hueco en su pecho. ¿Cómo
podía ser tan estúpida? Desde luego Craig haría cualquier cosa para
mostrar alguna situación impropia acerca de ella. Él sabía que se
había caído del pedestal donde Ashley siempre lo había mantenido
cuando se había alejado de la familia. Ashley amaba a su padre, pero
no aprobó la forma en que él terminó el matrimonio.
El matrimonio de Craig y el pequeño bollo en el horno
ablandaron a Ashley. Él usaría el asunto de Jamie con Mark como una
forma más de justificar lo que había hecho. Dormir con Mark no era
lo mismo que su infidelidad, aun cuando ella todavía se sintiese
culpable.
—Hola, lo lamento llego tarde —Jamie tragó su aliento
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bruscamente. Ashley estaba parada en el centro del cuarto de la
novia rodeada por elegantes sedas y lazos. Su pelo tomado en lo alto
de su cabeza adornado con perlas blancas—. Estás asombrosa —
Jamie cruzó el cuarto olvidando sus infortunios y enfocándose en la
hermosa novia lista para comenzar la siguiente etapa de su vida con
el hombre que amaba.
Lágrimas se deslizaron por las mejillas de Jamie.
—Madre, me harás llorar.
Jamie puso un pañuelo en los ojos de Ashley y se limpió a sí
misma.
Los truenos retumbaron en el cuarto.
—¿Crees que es una señal de que no debería casarme? —
Ashley se rió tontamente, mirándose al espejo—. Estoy simplemente
agradecida. Si el mal tiempo es la única adición imprevista al día,
estaré emocionada.
Jamie encontró los ojos de Ashley en el espejo.
—Madre, gracias por ser agradable con papá.
Jamie no había sido exactamente agradable. Ashley no se había
enterado de los animados cambios. A Dios gracias. Y Ashley no se
enteraría si Craig mantuviera su boca cerrada. Un día de boda se
proponía para que se tratara por entero sobre la novia. Jamie debía
recordarlo la próxima vez que Mark la tentara con sus palabras
excitantes.
—Sé que no es fácil, sobre todo con Trisha colgando de su
brazo. Hey, debes estar de muy buen humor. No te abatiste cuando
dije su nombre.
Jamie se mordió el labio inferior. Quería quebrarse y confesar lo
que había hecho. Pronto. Cuando terminase la boda. Una vez que la
ansiedad de la ceremonia estuviera lejos de ella, podría enfocar la
ansiedad de Mark.
—He comprendido que realmente no he estado enfadada con tu
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padre ni siquiera un rato. Simplemente disfruto de ser una perra con
él.
—Vas por el camino correcto. Pero probablemente es hora de
dejar ir el divorcio y todos los recuerdos feos.
—Eso hago —Jamie calmó su estómago nervioso—. Iré a
buscar a tu padre. Ya es tiempo —ni por mucha cantidad de
respiraciones profundas que hiciese podría reprimir la escalada
repentina en la velocidad de los latidos de su corazón. Afrontar a
Craig sería difícil. Tendría que hacerlo eventualmente. Tal vez podría
razonar con él. Aunque en todos los años en que había tratado con él
como esposa con su marido era todo lo que había conseguido de
Craig.
Había tenido que ser la esposa perfecta y ¿Qué ventaja había
cosechado? Nada.
Después de veintidós años de devoción, su marido no mostró
por ella, ni respeto, ni aprecio durante los años de su apoyo como
esposa. Y desde el divorcio, su trato con ella sólo se había
deteriorado. Quizás por eso que había experimentado una fascinación
tan rápida por el padrino. Él representaba todo lo puesto a Craig.
Mark no la quería con el pelo perfectamente arreglado. Él la quería
caliente, sudorosa, y lista… en los aparcamientos y las aulas. Con
Mark cerca, estaba en problemas.
Jamie encontró a Craig mezclándose con los invitados en el
vestíbulo de la iglesia antes de que fueran escoltados a los bancos de
iglesia para el servicio. Quinientas invitaciones habían sido enviadas.
Craig tenía una imagen que reconstruir como pilar de la comunidad.
Su reputación había sufrido golpe casi fatal cuando había terminado
su matrimonio por su secretaria. La boda de su hija sería un
acontecimiento para recordar, uno que haría ensombrecer el recuerdo
de su infidelidad. Combinado con el escándalo adicional que tenía la
intención de causar, Jamie nunca olvidaría esta noche tampoco.
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—Craig —su inicial mueca de mofa rápidamente se transformó
en una sonrisa que destilaba malevolencia—. ¿Por qué me odias? —
ella rió tranquilamente—. No importa. Supongo que tenemos motivos
para odiarnos el uno al otro.
Él la tomó del brazo y la empujó hacia el pasillo.
—No delante de nuestros invitados.
—Sólo vine para decirte que es hora de llevar a nuestra hija por
el pasillo —ella dio un tirón a su brazo—. Y quita tus manos de mí.
Él la liberó. La puerta de la izquierda se abrió. Wes llenó el
espacio con Mark parado justo detrás de él. El aliento de Jamie quedó
atrapado en su garganta. Devastadoramente guapo, el traje de Mark
le sentaba a la perfección. Su pelo colgaba flojo alrededor de sus
hombros. La lujuria se enroscó por su columna, recordando la forma
en que eso sedosos mechones resbalaban por sus dedos mientras él
se movía encima de ella, llenándola, estirándola, reclamándola.
—Cierra la boca, Jamie. ¿No has tenido suficiente?
Ella miró airadamente a Craig. Él dijo que esperaría para decir
algo, pero a la primera oportunidad había hecho un comentario para
exigir una respuesta. Después de la escena en el aula, no sabía cómo
reaccionaría Mark.
Wes apoyó un hombro contra la jamba de la puerta,
bloqueando a Mark.
—Jamie —dijo— te ves impresionante. No es justo que la madre
de la novia se vea tan hermosa como la novia.
—Si no fueras a ser mi yerno, te diría lo que puedes hacer con
este montón de mierda —intentó jugar como si fuera gracioso, pero
su piel zumbó con la conciencia de la mirada fija de Mark. Su pulso
corrió a toda velocidad, su carne se acaloró. Maldición, ella no iba a
dejar que el matón de Craig hiciera de ella un ratón sumiso. Se había
vuelto fuerte después del divorcio e iba tras lo que quería. Ahora
mismo, quería a Mark—. Y no, Craig, no he tenido suficiente.
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—Muy bien, Mamá —Wes le dirigió una cabezada de aprobación.
Mark empujó a Wes.
—Se lo dije.
Craig se puso rígido. Jamie dudó que tuviera pelotas para
decirle algo a Wes. Hacerlo podría arriesgarlo a entrar en
desacuerdos con Ashley. Como si esa fuera la señal, la puerta del
cuarto de la novia se abrió.
—¿Qué está pasando? —Ashley salió ligeramente del cuarto.
Metros de seda blanca flotaban alrededor de sus pies y se arrastraban
detrás.
—Ashley, justo iba a buscarte —Craig dio un paso alejándose
del grupo—. Ya sabes, amor, es de mala suerte para el novio ver a la
novia antes de la ceremonia.
—¿Papá, qué está pasando? —pasó por delante de Craig y se
paró al lado de Wes. ¡Grandioso! Ahora toda la familia estaba parada
en el vestíbulo vistiendo sonrisas burlonas, como Mark, o de mofa.
Sin embargo, nadie hablaba.
Wes arrastró un dedo por el brazo desnudo de Ashley.
—Te ves hermosa.
Sus ojos brillaron.
—Te amo… Ahora dime que pasa aquí fuera —su voz era
tranquila—. No me digas que Mamá y Papá están peleando otra vez.
Wes sacudió su cabeza.
—No, son grandes noticias en realidad.
—Yo apenas lo llamaría grandes noticias.
—¡Craig, lo prometiste! Yo debería conocerte mejor, —dijo
Jamie con un suspiro—. No mantienes tu palabra.
—Esto no es mi culpa. Tú eras la que estaba con el vestido
levantado por encima de la cintura.
—Craig, no es de tu incumbencia —Mark puso una expresión
intimidante mientras se movía para ponerse de pie al lado de Jamie.
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—¿Alguien me diría qué está pasando? —Ashley removió y
tironeó su vestido antes de dar un paso hacia el centro del grupo.
—Encontré a tu madre y al padrino en el aula. No se necesita
ser un genio para darse cuenta que follaban como si el mundo se
fuera a acabar.
—¿Mamá?
Wes puso su brazo alrededor de sus hombros.
—Qué bonito, ¿no? La madre de la novia y el padrino, creo que
es grandioso.
Jamie esperó con el corazón en un puño. Podía sentir el calor
del cuerpo de Mark al lado de ella.
—Bueno… supongo —la frente de Ashley se enfurruñó—. Sólo
se encontraron después de todo. No sé qué decir. Es decir,
¿realmente sucedió?
—Sí, aquí en la iglesia, en el aula. Tu madre tenía su vestido
arriba…
—Craig —el tono dominante de Mark llamó la atención de todo
el mundo—. No creo que haya necesidad de dar los detalles. Esto es
asunto de Jamie y mío. No tuyo, ni de ellos.
—Estoy de acuerdo. Y en particular, no quiero los detalles —
Wes cerró sus ojos—. Lo único que yo quiero es que la que pronto
será mi esposa desaparezca para que yo pueda fingir que es sólo una
visión de belleza impresionante.
Ashley se rió tontamente.
—Vamos, Papá —tiró el brazo de Craig—. Me voy a casar —
chilló.
Craig tuvo poca opción aparte de seguir a Ashley de vuelta a la
sala de la novia.
—Los dejaré solos un minuto —dijo Wes a Jamie y Mark y luego
se dirigió al vestíbulo de la iglesia.
Jamie y Mark se quedaron parados solos en el pasillo.
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—Esto fue agradable. ¿Cómo se lo contaste a Wes? —ella se
sorprendió por la nota tranquila de su voz. Entre lo impresionante de
Mark y lo humillante de la situación, sus nervios eran una ruina. Él
obtenía ambas respuestas de ella. Quería darle una paliza y luego
hacer el amor con él. Y la sonrisa satisfecha en su cara revelada que
él lo sabía—. Creí que habíamos decidido esperar hasta el final de la
ceremonia.
Mark se apoyó contra la pared.
—Decírselo a Wes le quitó el poder a Craig —suspiró—. No
quería que tuviera lo que sucedió entre nosotros pendiendo sobre su
cabeza. No me importa lo que la gente piense de mí. Nunca me ha
importado, pero no lo dejaré que intente manchar tu reputación.
—¿Por qué te preocupas?
—La verdad… no lo sé, —gruñó, moviendo los hombros—. Soy
el último tipo en ser atrapado por el coñito de una mujer —sus ojos
se estrecharon, enfocándose atentamente. Ella se estremeció bajo su
mirada fija—. Todo lo que tenemos es sexo fantástico —él dio un
paso confidente hacia ella—. Y en veinticuatro horas, hemos
descubierto que tenemos apetitos similares —él se inclinó, sus labios
cerca de los de ella, compartiendo el mismo aliento.
—Déjeme hacer el amor contigo esta noche.
—¿Amor? —maldición, su coño se apretó en anticipación. La
nata líquida humedeció sus panties.
—Sólo di sí, —susurró él.
—¿Y si lo hago?
—Te llevaré muy alto y te haré correrte.
—¿Y si me asustan las alturas? —oh, pero ella disfrutaba el
modo en que su voz le acariciaba su oído.
—Jamie, te llevaré a cualquier sitio al que nunca hayas ido.
Todo lo que tienes que hacer es decir sí —ella no tenía dudas, tanto
en el sentido figurado como literalmente. Desde que lo había
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conocido, él la había llevado a lugares a los que nunca había ido
sexualmente.
—Sí —dijo ella sin aliento y luego cerró la distancia entre sus
bocas. Caliente, y mojada, su lengua violó la barrera de sus labios. Él
la abrió ampliamente, haciéndola retroceder la cabeza en agresiva
respuesta. Él succionó su lengua. Jamie puso sus manos en sus
caderas, inclinó su cabeza, y profundizó el beso. Mark gimió, pero
dejó sus manos a los costados. Él le permitió seguir su juego a su
tono y ritmo. Él había sido el único que incitara su comportamiento
imprudente en el aula. Aquí en el pasillo, Jamie decidió ir más lejos
para tomarlo. Sus labios eran suaves bajo los suyos. Las lenguas
siguieron acariciándose, probándose, explorándose.
—Mmm —ella se retiró y luego rozó sus labios contra su boca
caliente—. Hasta más tarde.
—Mis pelotas van a estar azules.
Jamie se rió tontamente.
—No creo que cuentes como algo prestado, o algo azul.



Jamie compuso una risa y saludó a los invitados. Repetía, “la
ceremonia estuvo hermosa” como un mantra. De vez en cuando,
sentía la mano de Mark contra su espalda. Ambos esperaban con
impaciencia el final de la recepción. Ya había sido un día largo. Las
actividades de la noche estarían seguras para renovar la energía en
sus cuerpos.
—¿Cómo exactamente pudiste quedar a mi lado? —preguntó a
Mark durante un momento de calma en la línea de recepción. Debería
haber estado de pie al lado de Craig. Algún ángel había maniobrado
la línea para que ella quedara intercalada entre el papá de Wes y
Mark.
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—¿Podemos alejarnos y conseguir una bebida? Tal vez si nos
rompemos de la formación, los otros se van también. Jamie echó un
vistazo alrededor del pasillo de recepción. Pronto sería el momento
del pastel de bodas y luego los recién casados se marcharían a su
luna de miel. Dos semanas en Jamaica explorando placeres mutuos.
Todo lo que Jamie necesitaba era una noche más de descubrir a
Mark.
—Suena bien.
Jamie se apartó de su mano. Tenía que quedar claro a todos los
presentes en la fiesta de bodas que Jamie y Mark habían
desarrollado, al menos, una amistad. Mientras caminaban hacia la
fuente de champán, él se quedó cerca de su lado.
—Creo que es hora de brindar por la feliz pareja.
Jamie y Mark se giraron para ver a Craig en el micrófono.
Claramente la línea de recepción se había roto en cuanto ellos se
habían alejado. Los camareros rodeaban la sala con bandejas de
copas champán. Craig levantó su copa.
—Wes, he tenido a Ashley durante veintitrés años. Ahora es tu
turno. Les deseo a ambos tanta felicidad como yo he encontrado con
Trisha.
—¿No es el padrino, se supone, quien ofrece el primer brindis?
—los nudillos de Jamie se blanquearon sobre el pedestal de su copa.
Mark apretó sus dedos.
—Tranquila, amor.
—Ese asno en realidad brindó y deseó a nuestra hija un
matrimonio como el de él. ¿Está loco?
Mark la atrajo y besó sus labios rápidamente.
—Es el tuno del padrino para brindar por la feliz pareja.
Antes de que pudiera responder al beso o a la declaración, Mark
caminó hacia el micrófono. Levantó su copa de champán, guiñó un
ojo a Jamie, y luego se dio vuelta hacia los recién casados que
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estaban parados el uno al lado del otro bajo una arcada florecida
donde la torta sería cortada.
—Wes, tu esposa es impresionante —hizo un guiñó a Ashley—.
Se parece a su madre, por lo que no tendrás que preocuparte de que
su belleza se marchite.
Varias personas se rieron. Jamie quiso meterse lentamente
debajo de la mesa.
—Es un día especial, un día para amantes —Jamie no pudo
lanzar una mirada en dirección a Mark por miedo a que él la estuviese
mirando—. La Honestidad permite más confianza, la confianza
construye amor, y el amor inspira fidelidad. Nunca olviden eso y
nunca pierdan lo que tienen hoy —levantó su copa—. Felicidades.
Todos bebieron. Mark miró su reloj.
—Ahora, sugiero que logremos que esta fiesta comience, a no
ser que planeen perder su avión.
La banda comenzó a tocar y llamaron a los recién casados a la
pista de baile para el vals. Jamie miró a Mark cruzar la sala con el
claro propósito de llegar a pararse frente a ella.
La respiración se le hizo difícil. Con su traje a medida, pelo
largo y oscuro, ojos misteriosos, debilitaba sus rodillas. Fríos
temblores corrieron por su carne mientras él la tomaba de la mano.
—¿Bailarás conmigo? —él se inclinó para oler la piel bajo su
oído. Soplo un aliento húmedo, y tibio sobre la carne donde ella
aplicaba su perfume—. Yo preferiría tener mi verga enterrada
profundamente dentro de ti —susurró cerca de su oído—. Ya que no
puedo, tengo que tener mis manos sobre tu cuerpo —sus labios
rozaron su cuello—. ¿Estás caliente, Jamie? ¿Has pensado sobre lo
que voy a hacerte esta noche?
—Sí —ella respiró la palabra.
—¿Confiarás en mí para decidir qué pasa entre nosotros? Hacer
lo que te pido aunque no estés segura —ella no sabía cómo contestar
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cuando él tenía sus pensamientos confundidos con ondas de deseo
sexual—. Honestidad, Jamie. La honestidad conduce a la confianza.
Ella comprendió que tenía sus manos sobre sus caderas,
sosteniéndose estable.
—Confío en ti —ella se inclinó hacia él—. Y quiero bailar —en
ese momento, quería mucho más que eso.
Mientras el pastel era cortado, varios amigos y miembros de la
familia tomaron su turno en el micrófono. Los músicos tocaron y
Jamie se mezcló entre la gente. Sin embargo, sentía la mirada fija de
Mark a menudo. Ella sólo tenía que echar un vistazo alrededor para
encontrarlo cerca. Él no se cernía o daba motivos para el molinillo del
chisme.
—¿Mamá? Tengo que hablar contigo en privado —dijo Ashley.
Avanzaron hacia la parte de atrás del pasillo de recepción, cerca de la
cocina. Unos cuantos invitados se movían por allí, pero básicamente
estaban solas para hablar sinceramente.
—¿Están listos para marcharse? —Ashley se había cambiado su
traje de novia por un traje pantalón suelto para viajes.
—Sí, puse mi vestido en el vehículo de Mark. Mamá, Papá habló
conmigo.
—Oh, buen infierno. Mi vida amorosa no es de su incumbencia.
—Papá dijo que tienes una especie de problema. Una crisis la
mediana edad fueron sus palabras exactas.
Jamie puso los ojos en blanco.
—Eres una mujer educada, casada ahora, entonces voy a
hablarte claramente. Mark es grandioso. Es así de simple. Él vino a
mí ayer y yo pensé ¿Por qué no? Mi vida sexual no tiene nada que ver
con Craig. Ashley, ya no amo a tu padre. No añoro mi matrimonio
perdido. Mark me ofreció un divertido fin de semana de sexo. Estoy
divorciada, no muerta.
Ashley la acercó en un abrazo.
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—Eso es lo que le dije a Papá. Le dije que ya es tiempo de que
te relajes y tengas algo de diversión —ella se apartó y rió—. Mark es
caliente.
—Sí, lo es. Demasiado caliente. Siento todo lo que pasó hoy.
—No lo hagas. Este ha sido el día más feliz. Estoy lista para
comenzar el resto de mi vida con Wes —ella sonrió, lágrimas brillando
sobre sus pestañas—. ¡Estoy casada! —Ashley le puso el pelo detrás
de las orejas—. Ahora es tiempo de llevarme a mi marido medio
borracho al aeropuerto —agarró el brazo de Jamie—. No te dije lo que
Mark nos dio como un regalo de bodas.
—¿Qué? —Jamie notó el entusiasmo de la voz de Ashley.
—Socios en el club de millas altas —chilló Ashley—. Él hizo los
preparativos para que voláramos a Jamaica en un jet privado.
—Wow, eso es asombroso.
—Él es un buen tipo, Mamá. Tiene dinero, por lo que sabes que
no va tras el tuyo. Wes me contó que él nunca ha estado implicado
con una mujer sobre una base a largo plazo. Aunque Mark le dijo a
Wes que quiere más que un fin de semana contigo —Ashley se
encogió de hombros—. Por eso es que deberías saber que eres la
única que podría hacerle daño.
—Nadie va a ser dañado. Tanto Mark como yo sabemos que
mañana… bueno, mañana… ya sabes. Sólo tenemos sexo.
—¡Mamá!
—Hey, si vamos a hablar como amigas más que como madre e
hija, lo vamos a hacer por completo. Mark es asombroso en la cama.
Ashley suspiró.
—Wes me lo dijo.
—No necesito saber lo que él te dijo. Y claramente no quiero
saber cómo Wes obtuvo esa información.
Los labios de Ashley se retorcieron.
—Te garantizo que no. Él dijo que Mark es una máquina sexual.
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—Diviértanse en la luna de miel.





























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CAPÍTULO SEIS CAPÍTULO SEIS CAPÍTULO SEIS CAPÍTULO SEIS
La boda se terminó después de que los novios hicieran su
salida.
—Estoy lista —Jamie tenía su bolso colgado sobre su hombro y
una risa de anticipación en sus labios.
Fuera, las aceras todavía estaban mojadas por la lluvia
reciente. Cintas de arco iris de aceite se reflejaban en los grandes
charcos del aparcamiento. Mark agarró el codo de Jamie mientras la
llevaba por el camino al Escalade.
Sostuvo la puerta para ella y luego rodeó el vehículo. Durante
el trayecto en coche pensó en una rápida follada sobre el piso del
vehículo. Con fuerza cerró su pensamiento sobre su condición, él
quería pasar la noche haciendo el amor, no solamente darse una
liberación rápida de satisfacción mutua.
Unos minutos más tarde, aparcó en la entrada. Todavía con la
llave de la casa, abrió la puerta y luego esperó a Jamie, para que le
precediera al entrar.
Jamie encendió la lámpara de la mesa.
—¿Quieres una bebida?
Él cerró la puerta, dejó caer las llaves sobre la mesa y cruzó el
espacio que les separaba.
—Me gustaría que fuésemos a tu cuarto y ayudarte a cambiarte
de ropa.
—Si tú buscas la forma de conseguir mi vestido —ella se
levantó el sedoso bajo de su vestido por su cabeza y lo dejó caer al
suelo— todo lo que tienes que hacer es decírmelo.
Movió el brazo hacia su espalda y desenganchó el sujetador,
resbalando los tirantes por sus hombros, el tirante color blanco colgó
de su dedo y lo dejó caer al suelo.
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—Quítate el resto —él se apoyó contra la pared y miró.
Jamie metió sus pulgares en la cinturilla elástica de las bragas.
Bromeó un momento jugando con el borde. Finalmente, las bajo por
sus caderas y sus muslos. Levantó un pie y luego el otro.
—¿Las quieres?
Jesús. Ella le robaba el aliento. Pechos perfectos, cintura
pequeña, y un triángulo de pelo color caoba mojado por el deseo. Su
polla brincó dura y presionó contra sus pantalones. Apretó su palma
en el frente de su pantalón y frotó su eje. Ella estaba de pie ante él
con nada más que tacones altos y medias hasta la mitad del muslo.
Salivando por la vista, él tenía que tener su sabor. Un aperitivo antes
de que se diese un festín por la noche.
—Las quiero.
Él dio un paso hacia ella.
—Si dices por favor, puedes tenerme de cualquier modo que
quieras —ella arrastró un dedo por su cuello, entre sus pechos y por
delante de su estomago. Hizo una pausa antes de tocar sus rizos.
—Para ahora —ella no se tocó—. Pensé que podríamos tener
esa bebida primero.
—Eso me gustaría.
Jamie rio y se dirigió hacia la cocina. Él la siguió, amando la
forma del balanceo con cada paso. Ella cogió el vodka del congelador.
—¿Solo o mixto?
—Algo más ligero —Mark abrió el refrigerador. Los pezones de
Jamie se fruncieron por la ráfaga de aire fresco. Él no podía resistirse
a catar los globos llenos y el pezón rojo, la suculenta punta. Mark
agarró el vino blanco de la puerta del refrigerador. Tiró del corcho de
la botella con sus dientes.
—Abre la boca, amor.
Jamie estaba de pie casi desnuda en la cocina. Echó la cabeza
hacia atrás e hizo como él le había ordenado. Mark, con agrado chupó
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un pezón mientras ponía la botella en sus labios y con cuidado dejaba
caer un chorrito en su boca. Devolviendo la botella a sus labios, dio
un fuerte trago. Sus ojos se cerraron, un momento, y luego baño su
cabeza con el sabor de ella. Con audacia empujando su lengua en su
boca, gruñó de placer. El frío se mezcló con lo caliente. Moviendo su
cabeza, le dio un beso más profundo, pellizcando su pezón un poco
más firmemente. Ella gimoteó en su boca, mientras sus manos
sacaban su camisa de los pantalones. La faja y la pajarita hacia
mucho que habían sido desechadas. Mark chupó su labio superior
mientras que ella le mordió el inferior.
—Delicioso —dijo y luego tomó otro trago. Esta vez en vez de
besarla en la boca, chupó su pecho. La humedad fresca de su lengua
acariciaba su pezón e hizo que ella gimiese. Poniendo las manos a los
lados de sus pechos, ella los apretó. Mark levantó la botella y vertió
el vino sobre la elevación blanca y lisa de su pecho. El vino fluyó en
su boca. Chupó su pezón y lamió la carne de su generoso pecho.
Mark le dio la botella a Jamie. Él la levantó y la puso sobre el granito
de la isla del centro de la cocina.
—Acuéstate —ella se echó en la encimera hasta que pudo
descansar sus pies sobre el borde. Su estómago tembló bajo su
toque, él extendió sus muslos y dio un paso entre ellos.
—Estás tan caliente —llenó su ombligo de vino. La carne de
gallina onduló su piel. Inclinándose, él baño su lengua, la pasó
alrededor del borde y luego la chupó, y bebió el vino.
—Yo podría emborracharme de ti, Jamie.
Mark vertió el vino sobre los labios mojados y rojos de su coño.
—Oh, Mark —sus manos se agarraron al borde de la encimera
con el trasero arqueado—. ¡Mark!
Él puso sus piernas sobre sus hombros, dobló su cabeza y lamió
el vino probando el néctar de su excitación. Abrió su boca alrededor
de sus labios mientras metía su lengua en los pliegues calientes.
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Detrás y adelante en pasadas rápidas, chasqueó la punta de su
lengua contra su clítoris. Con regularidad él refresco su carne
acalorada al verter más vino. Su esencia era almizclada y dulce.
La aplastante necesidad de llevarla al clímax le aplastaba el
pecho.
Sus gritos de placer alimentaban su hambre.
—ohhhsiohhhhsiiiii
Él rio en silencio. Probó su culo, lo levantó, empujando en su
agujero, él la jodió con su lengua. Luego regresó hacia su clítoris,
presionando el hinchado nudo entre sus labios antes de entrar en ella
con su lengua. Movió sus manos en su culo, dejándola sobre el borde
de la encimera. Agarró la botella de vino y vertió el resto del
contenido sobre su caliente coño. El vino goteó de su cuerpo y de su
barbilla al suelo.
—¿Te gustaría ser follada? —Mark empujó el cuello de la botella
de vino en su cuerpo. Mientras él lamía su clítoris, empujó la botella
dentro y fuera, estirándola un poco más con cada golpe.
Su cuerpo se tensó.
—Oh Mark, me corro.
Primero un espasmo y luego sus muslos se cerraron a los lados
de su cabeza. Él podía sentir su orgasmo contra su lengua. La nata
fluyó de su coño. Él saboreó su esencia de almizcle, dulce y fuerte,
queriendo más, él chasqueó su lengua más rápidamente, metida más
adentro contra su nudo. Sus músculos internos agarraron la botella y
aspiraron más profundo.
Mark pasó sus ojos por encima de su cuerpo y notó los rápidos
y bajos alientos que causaban que se elevase y cayese su pecho. Su
cabeza golpeaba hacia adelante y hacia atrás. El pelo rojo
desparramado sobre la encimera. Buen infierno, ella era la cosa más
sexy que había visto alguna vez.
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Puso la botella sobre la encimera y tiró de sus pantalones
liberando su polla.
—¡Joder!
—¿Qué? —ella se apoyó sobre sus codos. La pasión nublaba sus
ojos.
—Condón.
—Córrete sobre mi —ella se sentó y se echó hacia delante.
Abrigando su puño alrededor de su polla, él acarició la longitud
con el puño apretado, Mark permaneció entre sus muslos. Antes de
que ella pudiera asentir, echó la cabeza hacia atrás gritando. La
corrida caliente de su polla aterrizó sobre el muslo de Jamie, su
barriga y sus pechos. Ella frotó el semen en su piel.
Mark respiró alientos profundos para tranquilizar su corazón
que corría. La excitación recorría sus venas. Abrigó sus brazos
alrededor de sus caderas y deslizó sus dedos detrás de ella por el
trasero.
—Me haces sentir como si fuese un adolescente.
—Oh Mark, por favor, no eres ningún joven —se rió ella
recorriendo con su dedo el pelo. Entonces le besó en la boca.
—¿La diferencia de edad realmente te molesta?
Ella estudió su cara.
—Cuando estoy contigo parece que tengo veinte años otra vez
—suspiró— y luego me miro al espejo y tengo que reconocer que ya
no soy lo joven que era. Yo me veo más vieja.
Mark tocó su cara. Ella no parecía tener ni de cerca su edad,
porque si lo hiciera vería la diferencia.
—Tú pareces mayor —perfecto de hecho, pensó ella. Tocó su
cara y pasó los dedos debajo de su mejilla—. Tienes veinte…
—… nueve —él la levantó y sus piernas se abrazaron a su
cintura— soy bastante mayor para saber lo que quiero. Y yo sólo
tendría que suspender mi vuelo mañana.
Placeres impulsivos KYANN WATERS
¡Oh, qué delicia!


76
—Mark.
Él hizo callar su protesta con un beso. Con los labios sellados
deslizó su lengua en su boca profundamente. Sus gustos se
mezclaron. Su lengua acarició el interior de su mejilla. Las emociones
se le revolvieron en las tripas. Aquí era a donde pertenecía. Se retiró
para verla, y para llevarla arriba.
—Yo no te lo estoy pidiendo para siempre, solo mañana.
—¿Y el día después de ese?
Él empujó abriendo la puerta del dormitorio y cruzó el cuarto
hacia su cama.
—Quiero eso también —tiernamente besó sus labios poniéndola
sobre la cama—, pero te convenceré de ello más tarde
Después pasó la noche haciéndole el amor.



FIN FIN FIN FIN


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