De las aproximadamente 700 especies del

género Ficus, perteneciente a la familia Morá-
ceas, sólo una es de hoja caduca, la higuera
(Ficus carica) y sólo esta especie crece de for-
ma nativa en el Mediterráneo. Como todos los
Ficus contiene un látex blanco que mana con
facilidad cuando se arranca una hoja o fruto.
De este mismo género existen en España nu-
merosas especies cultivadas como ornamenta-
les, tanto como plantas de interior como de ex-
terior en zonas cálidas.
La higuera es un árbol inconfundible, con corte-
za lisa y grisácea. En invierno, destacan sus ra-
mas, tortuosas, con terminaciones gruesas.
Brota en primavera, formando grandes hojas
lobuladas, con pequeñas estípulas caedizas. En
la axila de cada hoja brotan las inflorescencias,
una o dos por axila.
Figura 1. Algunas variedades de higos de la Sierra de San Vicente
(Toledo): 1.- Cordobés. 2.- Cuellodama. 3.- Morenillo. 4.- Negro. 5.- Pata-
burro u oñigal. 6.- Verdejo.






Existe una higuera silvestre o borde, común en
las riberas de los ríos y roquedos húmedos del
sur y este de la Península Ibérica y unas 800
variedades cultivadas desde tiempos remotos,
de las que unas 40 se cultivan en España
(Tejerina, 2010).

Sólo los cientos de nombres de variedades de
higos, en diferentes idiomas y con numerosos
sinónimos son un patrimonio léxico.

Las higueras silvestres y algunas variedades
antiguas de higueras cultivadas tienen un siste-
ma de polinización muy especial. Una pequeña
avispilla, Blastophaga grossorum, ha coevolu-
cionado junto con la higuera, encargándose de
su polinización. Dentro de los higos hay flores
femeninas, masculinas y estériles. Las flores
femeninas de cada higo maduran antes que las
masculinas. En las flores estériles o flores aga-
lla, la hembra de la avispa pone sus huevos
(penetrando en el higo a través del orificio ba-
sal del higo u ojo). Los machos, sin alas, nacen
antes que las hembras, las fecundan dentro del
higo y mueren. Las hembras fecundadas y ala-
das, salen del higo cargadas de polen (en ese
momento en el higo en que nacieron está ma-
dura la flor masculina), buscando nuevos higos
en los que depositar sus huevos, al tiempo que
fecundan las flores femeninas, maduras en los
higos receptores de hembras (Blanco, 1996).

Estos higos de las higueras silvestres no son
comestibles, tienen la textura del corcho y no
son dulces. Los higos de la mayoría de higueras
cultivadas sólo contienen flores femeninas, por
lo que son estériles.


1
Hija del Mediterráneo

Su fruto es muy especial, las flores, diminutas,
están encerradas en un receptáculo que se vuelve
carnoso, dulce y jugoso al madurar (no en las
higueras silvestres). Estos frutos, de nombre cientí-
fico siconos, aparecen en las axilas de las hojas al
mismo tiempo que la rama del año se desarrolla. En
ciertas variedades de higueras, llamadas brevales,
algunas yemas florales quedan aletargadas (sobre
todo las del extremo de la rama), desarrollándose a
partir de la primavera siguiente con el movimiento
de la savia. Estos frutos tempranos son las brevas
(también conocidas como albácoras, del árabe al-
bakūr, el temprano) y aparecen en la rama que se
formó el año anterior (por debajo de la marca de
crecimiento del nuevo año), maduran antes que los
higos, que se encuentran por encima de esa cicatriz,
en la rama que se forma en el año en curso.
Según la tradición romana, Rómulo y Remo fueron
encontrados al pie de una higuera, la Higuera Rumi-
nal, plantada en pleno Foro romano desde tiempo
inmemorial y repuesta una y otra vez cuando se se-
caba ya de vieja. Para los romanos era un fruto muy
apreciado y cocinaban con ellos el hígado (de ahí el
nombre castellano de este órgano, derivado de
higo,ficatum).







En contexto ibérico, se han encontrado restos de
higos en 15 yacimientos arqueológicos, mientras
que sólo se han hallado 6 de madera, lo que indica
un uso más importante de los frutos que la madera
en ese periodo, como ocurre en la actualidad (Mata
et al, 2010).
Los autores clásicos como Estrabón, Polibio, Catón,
Columela y Plinio ya hablan de la higuera, de su cul-
tivo y sus variedades (Mata et al, 2010).
En el mundo islámico, es una de las plantas mencio-
nadas en el Corán y por ello, es un árbol mubarak
(bendito) y tiene baraka (bendiciones) plantarlo.
Abuljayr, agrónomo sevillano del s. XI describe en
su Umdat, más de 40 variedades distintas de higos
conocidas en su tiempo en Alandalús, por ejemplo,
de los que conocemos hoy el qurtubí (cordobés), el
nigrār (negral), el burḏāl (verdal), etc. (Bustamante
et al, 2007).
En la literatura española aparece en diversas ocasio-
nes como la famosa higuera del huerto de Miguel
Hernández en Orihuela (Alicante).



2
Figura 2.- Higos y brevas.
Reproducción y cultivo
Las higueras cultivadas son estériles, por ello, sólo
se pueden propagar por esqueje leñoso (a menudo
con forma de T) o por un rebrote con raíz. En el ca-
so de los esquejes, se entierran casi por completo
durante el reposo invernal mientras que los tallos
con raíz basta simplemente con plantarlos. En am-
bos casos, suele enraizar en un porcentaje muy al-
to.
Las higueras silvestres se injertan de higuera culti-
vada. Estas higueras injertadas, a veces presentan
distintas variedades de higos (injertadas en pies o
ramas diferentes) como hemos visto en la Sierra de
San Vicente.
Las heladas intensas llegan a helar la parte aérea,
teniendo que cortar el árbol y volverlo a formar. Sin
embargo, en La Mancha se suele plantar en patios y
corrales donde resiste mucho mejor las heladas in-
vernales.
Usos tradicionales
Los más destacados son los usos del fruto, funda-
mentales en la alimentación humana y de algunos
animales de corral, especialmente los cerdos.
Figura 3.- Apuntes sobre variedades de higueras e higos en la
Sierra de San Vicente

Para disponer de higos durante más tiempo, una
estrategia ha sido la diversificación de las varieda-
des de higueras.


Este hecho lo hemos podido estudiar en la Sierra de
San Vicente (Toledo), donde se han plantado diver-
sas variedades de higueras, tempranas y tardías. O
la misma variedad en zonas más bajas (más tem-
pranas) o más altas (tardías), de manera que se
prolonga el período de recolección de este fruto
esencial.
En muchos de nuestros pueblos, los higos se secan
para disponer de este alimento nutritivo durante
muchos meses. Para ello, se extienden sobre un ca-
ñizo que se pone al sol durante el día y se guarda
durante la noche, protegiendo los higos del relente
nocturno. Una vez secos, se escaldan en agua con
anís y después se guardan con harina. Abulhayr ya
menciona en el s. XI la costumbre de secar los
higos, en el tiempo de la vendimia, sobre esparto
(Bustamante et al, 2007).
Figura 4.- Huerto de higueras en Liétor (Albacete).
Con estos higos secos, se hacen los “casaos” o
“bodas”, abiertos por la mitad con la navaja albace-
teña y rellenos con nuez o cacahuete. De forma si-
milar, con higos desecados y frutos secos se elabora
el famoso pan de higo.
Las brevas son muy difíciles de secar (Blanco,
1996).
En la Sierra de Segura albaceteña, son muy popula-
res los higos conservados con aguamiel, almíbar o
arrope. Estos higos se cuecen en un almíbar denso,
a menudo con anís y se conservan durante años,
cocidos al baño María.



3
Receta de higos en almíbar (Lupi
Córcoles, Liétor, Albacete).
Una forma de consumir y conservar los higos es en
almíbar:
 3 kg. de higos que estén maduros pero en-
teros. Deben tener el pedúnculo.
 1 kg. de azúcar.
 Un vaso de agua.
 2 cucharadas de matalaúva
Se ponen todos los ingredientes a cocer en una
cacerola durante dos horas.
En frío aguantan un par de meses, pero se pue-
den conservar durante años cociéndolos al ba-
ño María unos 20 minutos.













Figura 5.- Casao de higo y nuez (arriba) e higos en almíbar (abajo).
Con los higos fermentados se pueden hacer aguardiente de higos.
Los higos como alimento
Los higos secos contienen hasta un 65 % de
azúcares, vitaminas A, B y C, potasio, sales de
hierro, calcio, manganeso y bromo (Blanco,
1996, Tejerina, 2010). Los higos secos son
muy energéticos, han sido muy importantes
para engordar cerdos y como alimento en épo-
cas de escasez.
Usos medicinales
Los higos secos suelen entrar en las diversas
composiciones de jarabes medicinales para la
tos de nuestra medicina popular. Estos reme-
dios se basan en el cocimiento de higos secos
acompañados de diversas plantas medicinales,
entre las que destacan el orégano o el tomillo y
endulzado con azúcar o miel. Son también sua-
vemente laxantes (Blanco, 1996, Tejerina,
2010, Verde et al. 2008).
El látex, muy irritante sobre la piel, se emplea
para quemar las verrugas, aplicándolo directa-
mente sobre estas. Este látex contiene una
mezcla de enzimas conocida como ficina, de
efectos proteolíticos.
Es una de las plantas mágicas que se emplea-
ban para tratar los niños herniados
(quebrados), la noche de San Juan. Para ello,
una mujer llamada Juana y un hombre llamado
Juan se pasaban el nicho por una rama semi-
desgajada de higuera, que luego se volvía a
atar, de forma que conforme la rama se unía al
árbol, así sanaría la hernia (Verde et al, 2008).
Otros usos
La madera es muy blanda, tiene muy mala fa-
ma como leña, pues se dice que hace mucho
humo y da dolor de cabeza. Por este hecho, se
dice de la madera de higuera “que la corte mi
hijo y la queme mi nuera”



4
La higuera es un árbol
fundamental para los pueblos
Mediterráneos, parte esencial
del paisaje, de la alimentación y
de la cultura tradicional.










Referencias consultadas:
Blanco, E. 1996. Higos y brevas: la curiosa
fructificación de la higuera. Quercus 120: 8-
11
Bustamante, J., Corriente, F. y Tilmatine, M.
2007. Kitābu´Umdati TTabib Fi Ma´Rifati
NNabāt likulli labib de Abulhayr Al´Isbili.
CSIC.
Mata, C. et al (eds.) 2010. Flora Ibérica, de lo
real a lo imaginario. Servicio de Investiga-
ción prehistórica del Museo de Prehistoria de
Valencia, Diputación de Valencia.
Tejerina, A. 2010. Usos y saberes sobre las
plantas de Monfragüe. Ed. Itomonfragüe.
Verde, A., Rivera, D., Fajardo, J., Obón, C. y
Cebrián, F. 2008. Guía de las plantas medi-
cinales de Castilla-La Mancha. Ed. Altabán.
Albacete.

Textos: José Fajardo y Alonso Verde
Fotos y dibujo: José Fajardo
Diseño: Miguel R. Brotons


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