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Antología de poetas precoces chilenos

Antología de poetas precoces chilenos

“El pequeño odioso Antología de poetas precoces chilenos"

Inscripción Registro Propiedad Intelectual n° xxx.xxx isbn 978-956-xxxx-xx-x

© xxxxxx xxxxx xxxxxxxxx, año 2012

© Ediciones Altazor, de esta edición año 2012 Arlegui 646 local 1-B / Viña del Mar Teléfono: (32) 271 1391 altazorediciones@yahoo.es

Edición a cargo de:

Patricio González G.

Diseño y diagramación:

Altazor [ediciones & diseño]

Maquetación:

Javier Bórquez A.

Impresión:

Gràfhika Copy Center

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Antología de poetas precoces chilenos selección y prólogo H. H. Ochoa

Antología de poetas precoces chilenos

selección y prólogo

H. H. Ochoa

Antología de poetas precoces chilenos selección y prólogo H. H. Ochoa
Antología de poetas precoces chilenos selección y prólogo H. H. Ochoa

Indice

Prólogo

9

UNO: Elieser García Sanhueza

 

13

DOS: Pablo Trabucco Onetto

 

19

TRES: Evaristo Reyes Formoso

 

25

CUATRO: Juan Evar Quiroga

 

39

CINCO: Humberto Díaz Gago

 

51

SEIS: Claudio Fonseca Cox

 

59

SIETE: Johnny Cansino-Flores

 

67

OCHO: Luis Vilches Brown

 

77

NUEVE: Joaquín Cifuentes Sepúlveda

 

87

Epílogo: La realidad real como desdelirio-. El caso de la Antología de Poetas Precoces, de H. H. Ochoa

95

Anexos

103

Prólogo

por H. H. Ochoa

Partamos diciendo que esta es una antología antojadiza. Estoy hablando de la

selección. Antojadiza a mi antojo. Más de lo normal en este tipo de circunstancias. Hastiada de criterios lógicos, harta de racionalidad, escéptica de causalidades, parámetros, taxonomías. Convencida de que un par de principios bastan para armar conexiones y levantar edificios teóricos en los que se refugian nuestras convicciones. Tambaleantes edificios; precarias convicciones. El punto es el siguiente: estoy cansado de discursos aparatosos. Pero veamos. Primero: Ya se habrá entendido que todo ha de partir, en este caso puntual, desde el antologador. Quisiera decir que éste no es un criterio autobiográfico, pero no puedo zafarme: ¿De qué otra cosa puede hablar un hombre honesto sino de sí mismo? Dostoievski dixit, y yo me adhiero. Pero dejemos la novela, tergiversemos y finjamos que nos estamos situando en el campo “pertinente”.

Me

corrijo entonces: ¿De qué otro lugar puede hablar un crítico, si no es desde

su

“nicho”? Creadores de cánones y receptividades, los teóricos que realizan

ejercicios semejantes no pueden sino elegir y justificar su epicentro, en el que siempre –no está de más decirlo– hay demasiado de ellos mismos. En

mi caso las directrices que aporta mi trayectoria son erráticas y movedizas, y

están focalizadas desde la crisis. Crisis epistemológicas, valóricas, poéticas, metapoéticas, religiosas, sociales, personales. Crisis que me han tenido viviendo permanentemente en lo que Bajtín llamaría “una situación del umbral”, situación desesperada en la que el mundo se deforma, se vuelve grotesco y permite que muchas veces la solución sea el absurdo. Los que están en una situación afín, me simpatizan. Dejen entonces que ese sea uno de los pilares del precario edificio que construyo: los antologados son todos escritores en crisis.

9

Segundo: conozco Chile de punta a cabo. He trabajado como periodista, profesor y académico en medios, colegios y universidades del país entero. El impulso de mi errancia no ha sido el deseo de conocer más profundamente la tan estrecha y nunca demasiado larga faja de tierra. No me anima la búsqueda de aventuras ni de experiencias. Yo escapo. Me fugo sin descanso. ¿De qué? Baste decir que el corazón del hombre no tiene sosiego, que nunca, ninguno

de nosotros, alcanzará la paz. Pero de ahí surge otra directriz de la selección:

los poetas de esta antología son chilenos. De Arica, Vicuña, Santiago, Talca, Loncoche, Osorno. Y –derivado de su estado de crisis– también huyen. O se esconden. O se van. Tercero: la onomástica. El modo en que los autores firmaron sus textos fue un elemento definitivo a la hora de establecer el corpus: Humberto Díaz Gago, Johnny Cansino Flores, Elieser García Sanhueza, Evaristo Reyes Formoso, Claudio Fonseca Cox, Joaquín Cifuentes Sepúlveda, Juan Evar Quiroga, Pablo Trabucco Onetto. Esa extraña suerte de ampulosidad, de musicalidad yámbica

o trocaica, esos nombres que quisieran ser también versos. Tal directriz

hubiese autorizado la inclusión de otros autores: Humberto Díaz Casanueva, Carlos Pezoa Véliz, Enrique Gómez Correa y Arturo Torres Rioseco; todos ellos cumplían la insalvable condición de haber escrito prematuramente, pero o bien no huían, o simplemente tuve engorrosos problemas con los derechos de autor. Otros escritores como Neruda, Huidobro, Omar Cáceres, Lihn, Teillier también escribieron y publicaron siendo muy jóvenes. Pero eran sus vidas o sus nombres los que no cumplían con mis requisitos: un antologador debe ser riguroso. Y bueno, ya se sabe, Cuarto: la precocidad. No me explayaré mucho sobre el tema. El canon occidental está lleno de

precocidades. Y extendida a la matemática, la música y otras manifestaciones artísticas, es una atribución aureolada de genio y a menudo ha sido un aspecto decisivo a la hora de asegurar la permanencia de una obra. Pero me salto esa conexión demasiado humana en un mundo post-humano. Ya no creo en

el genio, ni en el santo, tampoco en el héroe. Y como representante de este

mundo post-humano, de este mundo hermosamente amoral, desquiciado y en mutación galopante, por el que hemos venido luchando desde hace tantos siglos, simplemente declaro sentir una fascinación incontrolable por la juventud. Y es que hay cosas que nunca cambiarán por más humano o post-humano que se haya vuelto nuestro mundo. De la adolescencia y la juventud me gusta sobre

10

todo su sabiduría salvaje, su iluminación llena de epifanías, la tierna seriedad con la que algunos se llegan a tomar una vida en la que no tienen aún ninguna experticia, la soberbia ligereza con la que se acercan a los asuntos de mayor importancia. También me atraen sus equivocaciones. Los jóvenes cometerán eternamente los mismos errores. No importa que toda clase de aparatos religiosos, morales, filosóficos, doctrinales, pedagógicos, gubernamentales se abalancen sobre ellos para impedirles equivocarse: volverán a tropezar con las mismas piedras. Y mientras lo hagan, seremos salvos, habrá belleza. La fealdad física, la fealdad moral, la fealdad intelectual, sobrevienen posteriormente. La prudencia, la moderación, la templanza. Y nos vemos perdidos, acabados, cómoda o tormentosamente esperando la muerte. Nada se escurre es el título del precoz poemario que Lihn publicara a sus 19 años. Y el título resulta decidor: es fácil que un libro publicado tan temprano se considere uno de esos errores que deseamos olvidar. Pero ya lo sabemos demasiado bien, nada se escurre, y aunque todo lo sólido se desvanece en el aire, nuestro pasado puede llegar a condenarnos. Sin embargo, dudo que los trabajos acá recopilados pertenezcan a aquella categoría de obras prematuras que en vez de catapultar, hunden. No son manchas horribles en medio de trayectorias perfectas. Son más bien primeras muescas en esas máscaras que comenzamos a tallar durante nuestra adolescencia, para acabar siempre disfrazados de quienes somos verdaderamente.

11

UNO

[Elieser García Sanhueza]

Rodrigo Elieser García nace el 2 de Enero de 1972 en la ciudad de Loncoche. Delirium tremens, fue publicado en 1989 de forma artesanal cuando el poeta tenía 17 años. Constituido por tres capítulos llamados respectivamente Primera fase, Segunda fase y Tercera fase, a esta última pertenece La variedad del mundo, poema extenso reproducido en este libro. Mantiene inédito su texto Percán.

La variedad del mundo

I

Aquella noche sentí la voz de un gato pequeño bajo la lluvia. Las luces guardaron silencio, bajamos de golpe las persianas de la ciudad intentando burlar su suerte hasta el invierno, pero el pequeño gato seguía gimiendo bajo la lluvia. Así continuó incluso en la noche más cruda hasta que un perro poseyó su cuerpo por la cola, mientras yo bajaba uno por uno los cinco pisos. Cuando llegué a la calle era muy tarde; el pequeño gato había envejecido.

II

Después de eso un enorme tomate cayó sobre nosotros, convirtiendo a todos los perros en pájaros y a los pájaros en perros. Lo siguiente fue cercar en vano nuestros jardines, ya que una leva de aves salvajes se apoderó de las calles mientras toneladas de perros surcaban el cielo. Las hembras parían en vano a sus crías en los árboles ya que éstas se estrellaban indefensas contra el suelo. Los pájaros hicieron sus nidos en los basureros donde fueron engullidos por los vagabundos.

III

Una generación duró el trueque, hasta que aquella berenjena subió a un edificio para dejarse caer sobre nosotros. Perros y pájaros volvieron a la normalidad,

pero ahora los cochecitos en lugar de bebés tenían berenjenas. Las madres las amamantaron sin preguntar hasta que de ellas salieron ballenas orcas que vararon en los estacionamientos de los que un vehículo se lanzó sobre nosotros transformándose en gotas de agua todas sus piezas, las cuáles convertían en líquido a su vez

a cuanto vehículo alcanzaran. Así se inundó la ciudad

hasta que las ballenas dejaron de varar y escaparon al introducir sus enormes cuerpos en las salidas de emergencia del cine y la discoteca del pueblo.

IV

Luego oí a un pájaro del color del árbol que lo cobija sentenciar que decir gato es decir pequeño dios.

Y así, súbitamente comenzaron a reinar los animales

mientras los hombres cabizbajos dábamos dos pasos por cada bloque de vereda, con el pecho zurcido

y una piedra amarrada a la cintura

para arrastrar en la espalda nuestro propio laberinto.

Intenté contagiar una nueva enfermedad para ser una dosis de la cura pero terminé siendo prisionero de un momento de belleza, como las garras retráctiles de los guitarristas de rock.

V

Las arañas de Poe brotaban desde el fondo de los vasos poseyéndonos por una boca fuente profunda hasta que el siglo de las paredes pareadas se volcó sobre nuestra cara de espanto

y las puertas nos atacaron por la espalda que nunca conocimos ya que fueron asesinados todos los espejos.

Mi país se había hecho una nueva cirugía

y daban al río los rasgos ancestrales del tejido social.

VI

Para entonces, las suculentas raíces de los árboles

del cementerio en que se oculta mi familia

ya habían forcejeado la tensa mandíbula del invierno

para descubrir que en Europa Matta no mata, aunque en Montt con Mackenna exista un faro que proyecta la sombra de un paraguas.

Poso una hoja en mi mano en lugar de calavera

y repito el argumento de un protagonista

que posa una hoja en su mano en lugar de calavera.

Lo mismo de todos los días: “acepto mi vida

y luego me levanto”. Tu escalera es también la mía, si subo a tu cuarto eres tú quien desciende.

VII

Carpintería y metálica del origen. Ha crecido una gran burbuja en el centro del jardín. En su interior, la india y el invasor copulan mientras una cuerda del arca de Noé estrangula sus genitales. Aún sigo poseyendo aquella máscara de belleza como un cejillo subiendo en la garganta el acorde de un coágulo de risa en las catacumbas del matadero de las paredes pareadas.

VIII

El quejido de una anciana ya no se cuela por las paredes pero a cambio, una batería de ratones del aire representan la verdadera faceta de la fra†ernidad. Por eso se cagan sobre todos nuestros artificios como si cada especie debiera ocuparse de sí misma

y fueran reclamados nuestra vestimenta y zapatos.

Cae su caca como nieve y es un puñetazo lento como el azúcar cernida sobre un queque

o sobre el tráfico de las cosas en que se posan hasta ser lanzadas como rosada quemadura.

Les doy un beso y me rasgan los rasgos de su cara mientras el sol se alimenta del color de las cosas

y de la firmeza del hielo matutino

que se aferra a las ventanas con terror.

De Delirium Tremens, autoedición, Temuco, 1989.

DOS

[Pablo Trabucco Onetto]

Pablo Trabucco Onetto nace en Arica el 2 de Diciembre de 1969. Ha publicado cuatro libros de poesía: Otoño Súper-estrella, (Editorial Kultrún, Valdivia 1986), Lánguida paja (Editorial El Ágape, Santiago 1989), Belfo y Bocado (Editorial Cuatro Viajes, Santiago 1994) y Virgen del lápiz, (Editorial Athenea, Visby, Suecia 1998). Sus textos además han sido recopilados en diferentes antologías como Causa de pollo: 4 poetas ariqueños (Editorial Nefilim, Arica 1992), Cinco años de Poesía (1980 – 1995) (Piedra Negra Editores, Valdivia 1996) y Carretas y peones, antología de poesía rural (Editorial Chúcaro, Longotoma 2000). Actualmente se encuentra radicado en Chañaral de las Ánimas, Tercera Región de Chile. Los poemas incluidos en la presente edición fueron seleccionados de su libro Otoño Súper-estrella, publicado cuando el poeta contaba con solo 17 años.

1

ardientes palomares bajo polleras y flores

/ no hay un retrato del sol para encender el vuelo

colegialas y colegialos

/ en los campanarios pobres

el cigarro temeroso por su miserable vida

2

estas pobres horas enumerando como se pierde la intimidad del tiuque sobre las nuevas raíces del aire y la plaza

3

y qué grosera ideología las hojas / protestando

en el revés de la calle qué grosera soledad prenderse al aire parirse al aire oscuro de la tierra

7

corcel que se mece negando la sequía el teatro va poblando su otoño su otoño olímpico y gastado su otoño de murallas su otoño súper-estrella

11

el mar comparte sus quimeras

en interminables pergaminos futuros pájaros que al agua imaginaria vuelan sin saber / para qué dios se liquidan

17

henchida de lluvia la ventana vuela una bandurria

/ hacia el origen del agua

19

la sombra como espada

/ le hace arcadas a la madre

a la grosera madre dura ahí donde caminan / tremendos pájaros de infancia

23

abedules esperando en la estación golpe a golpe / el viento / la sangre redonda el suelo encabritado de pétalos

29

la lluvia fue quien dijo el rayo está decrépito

31

y así habló la lluvia sin dioses ni espejos ni mujeres –tú no me das de comer / mamita–

33

rostro a carátula mascarón a efigie desorbitadamente ilustre:

la estatua vigila su plaza la mira constante / la gobierna su pedregosa luz se emblema ya nuevos tiempos engendrarán otras estrellas

De Otoño Súper-estrella, Editorial Kultrún, Valdivia, 1986.

TRES

[Evaristo Reyes Formoso]

Evaristo Reyes Formoso nace el 21 de Noviembre de 1934 en la ciudad de Osorno y fallece el 15 de octubre de 1993 en el interior de la Amazonía. Publicó –en español y portugués– los siguientes libros de poesía: Antes de El fuego en los Maderos (Autoedición, Osorno 1951), La rebeldía de los lamentos (Editorial Moraleda, Temuco 1955), Las lluvias del deseo (Ediciones Incabok, Lima 1957), A Possível. Poesia reunida (Colônia Rio de Janeiro 1978), Século XX (Global, Sao Paulo 1982), Melhores intervalo amoroso (L&PM, Porto Alegre 1986), A cegueira (Brazilian, Rio de Janeiro 1989).

Sus poemas han sido antologados en diversas publicaciones americanas

y europeas como la Anthologie de la nouvelle poèsie brèsilienne (Harmatan,

Paris 1988), Okolice (miesiecznick spoleczno-literacki) (Marzec, Polônia 1992),

Das Gediche. Zeitschrife fur lyrik, Essay und Kritik (AGHL, Deutschland 1995)

y Tierra de Nadie. Antología de poetas latinoamericanos. (Ed. Una, Costa Rica 1996). Su trayectoria además incluye una serie de reconocimientos, dentro de los que sobresalen el primer lugar en el concurso internacional de poesía Mestizaje y Amazonía (Brasil 1985), el Prêmio Mário de Andrade con

la escultura Gauche no tempo (Brasil 1990), el Prêmio Fundação Cultural do

Distrito Federal con la Escultura As formas y el Prêmio União Brasileira de Escultures entregado póstumamente en 1999 por la escultura Velero a Chiloe. Reyes Formoso además fue postulado en 1990 al Premio Nacional de Literatura, gracias a las gestiones conjuntas de la Universidad de Concepción y la Universidad Católica de Valparaíso. La selección de poemas para esta edición fue extraída de Antes de El fuego en los Maderos, libro publicado cuando el poeta tenía solo 16 años de edad.

Fecha de vencimiento

Ni vi la fecha de tu vencimiento, amor, te olí la cabeza, el vientre, el pubis, estabas fresca como las lechugas. Eso creía, hasta ahora. Yazgo aquí completamente intoxicado, me preparo sopitas, agüitas de manzana, trozos de papas heladas, paños húmedos en la frente para ver si se me baja la fiebre y se me sube tu olvido.

Tu amor no cabe en esta cumbia

Tu amor no cabe en esta cumbia que hoy te bailo, violenta cadera que me tajeó el madero que es el ojo, Margarita para los desconocidos Rosa para el resto, ordinaria y simple como los lamentos. Peligrosa cuchilla tus murmullos pegajosos más que eso:

tu lengua en mi oreja, como un caracol en otra concha, algo así, midiendo el mar, haber cómo le ando.

Odiada por las mujeres del arte en general, por parecerse demasiado al ron que se va de cuerpo en cuerpo.

Esto me pasó; abriste en la madrugada tu calentura como una botella más me diste un vaso, un beso, en el primer piso. El resto lo derramaste por todos tus pechos salados, a esas alturas del baile, qué rico, Se asustó la cama, salieron arrancado los gatos. Subimos al segundo, quizás hasta dónde te seguí subiendo, ahí,

28

digámoslo con todas sus letras:

encontramos algo parecido al silencio. Después Me limpiaste el sudor de la frente y de las manos el sudor del pecho y del alma con tu linda faldita morbosa.

Tu amor no cabe en esta cumbia que hoy te bailo. Por eso me emborracho la escritura, a la distancia, para contarte no más que; Ni rastro quedó de ti a la hora de la resaca (que todavía me dura), ni al otro día, menos mañana ni tampoco. Tan sólo tus calzones abandonados, con florcitas, arriba de una olla en la cocina.

Hubiese querido conocerte en Costa Rica

Hubiese querido conocerte en Costa Rica para ayudarme con el agua ardiente y faltarte el respeto. Hubiese creído entonces que tus senos eran mangos. Cómo me hubiese dolido tu cadera en su camino sin dueño ni pertenencia. Pero te conocí en un pueblo perdido del sur de Chile con un vino amargo que no hacía más que provocar nostalgia, donde apenas miraba tus senos ¿Por qué? Porque eran santos, porque me daban miedo. ¿Te acuerdas? Tus caderas andaban completamente enamoradas de un joven de aquella aristocracia en decadencia. Cómo me hubiese gustado haberte conocido en Costa Rica, Aunque yo nunca he estado ahí, en todo caso.

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Las rutas hacia las nubes cortan peligroso

Fue necesario encumbrarte con hilo ebrio hilo drogado hilo volado hilo alcohólico hilo bohemio hilo encañado hilo curado tan lejos de la ciudad tan alto por los cerros tan fuera de casa, llena de vidrios, tan amarrado este hilo a tu corazón que no te das ni cuenta de lo lejos que andas lo peligrosa que eres, volantina romántica, con dolores de amor, cortando el aire de esta fiesta en dos de carrete en carrete, volantina loca, cucurucha delicada, cometa perdida tanto es el aire que te constituye que si te quisiera recoger que si te quisiera coger no serías tú, lo que de ti me perteneciera.

A una estrella fugaz

Uno piensa que no duele apagarse, uno piensa que la luz no teme a la herida que ella encierra. Se debe aprender de la amplitud del vacío, de esa sed que tiene la nada por repletarse de algo.

32

La poesía por la poesía

Me circulan cuarenta peces de colores adentro de la boca no sé que dicen ni que quieren pero circulan. Hay veces en que pienso que escribir es hacer un acuario lindo. También pienso que eso no tiene ningún sentido.

El deseo como viento

El deseo es un viento levantando el cuerpo, sacude el ramaje de la fiebre, soplo cristalino, caballo enfurecido.

Esa forma de mentir que tienen los cuerpos, todo ese teatro derribado.

Las formas de los huesos adquieren su lenguaje

y la mano deja de ser mano cuando acecha la tormenta, condición del remolino esa sed que en su interior atrapa. Por eso la mano ya no es mano, es aspa ebria revolviendo tu cabello es hélice enredada sobre los sargazos. Torsión de los brazos anudados a la espalda.

Una mujer es habitada desde su vacío luego el otro absorbe por la boca la poética del baile,

y los labios dejan de ser labios

cuando pasa ese aguacero. Anzuelo es el oficio de los labios, esa carne es metáfora del cebo la estructura de metal tu lengua que muerdo el dolor de saberse atrapado desde el beso la forma de la piel adquiriendo su lenguaje.

34

Pasa como el viento el deseo por el cuerpo todo la piel que uno empuja al precipicio todo eso que se cae dentro del orgasmo, todo fue arrancado como latas mal clavadas Y ahora que no nos podemos cubrir, de esta lluvia al corazón, pensamos en el dolor que tiene la lluvia cuando nos acaricia en su forma de granizo.

Esto es el deseo: un viento herido, un caballo esquizofrénico escapando de su dueño trocando la piel por un ramo de aullidos.

Hacia una teoría de las palabras sin retorno

Hacia una teoría de las palabras sin retorno vibrando en la transparencia hasta el nacimiento de una imagen.

Hay que dejar el lenguaje vagando en el viento palabras, palabras como pompas de jabón desapareciendo en el misterio. No tiene sentido pronunciar casa

si no aparece una puerta

una mesa y una panera,

un perro un gato los tenedores y la cucharas. Digo casa, para decir café, silla, libro, Padre, madre, hermana.

Y si digo fuego es para decir lluvia

frío y aguacero fogata, pan de casa. ¿Qué piensas tú cuando te digo labios?

Hacia una teoría de las palabras sin retorno digo pasajero, piensa tú en el Terminal

y dime calles viejas

yo te diré nostalgia,

dime recuerdos para ver amigos

o sonrisa para un abrazo

botella de vino y vasos de vidrio. yo te diré borrachera, dolores de luz

necesidad de agua.

36

Cuántos niños ves cuando digo leche, cuántas hojas caen cuando digo otoño, cuántas ventanas hay cuando digo invierno. Hacia una teoría de las palabras sin retorno. ¿Qué ves tú, Margarita, cuando digo silencio?

De Antes de El fuego en los maderos, autoedición, 1951.

CUATRO

[Juan Evar Quiroga]

Juan Evar Quiroga nace el 2 de enero de 1976 en San Bernardo. Ha publicado un solo libro de nombre Mala Hora, fechado en 1991, sin pie de imprenta, que reescribió en el 1992 como Malura, y en el 1993 como Maloca. Los textos de la presente selección fueron extraídos de la primera versión de sus poemas, publicados cuando el autor tenía sólo 15 años.

Andai como los gitanos

Yo andaba de casa en casa de familia en familia de escuela y cimarra como si nada – decía mi abuela.

Y voy de país en país de gitanos en gitanos. Ellos y sus pilas de sandías sonríen a la persecusión y la guerra.

Sólo algunos consiguen un Nüremberg.

Muerte de Gonzalo Santelices

¡Qué tontería amigo! saltar del camino por una avería en el corazón.

No había pronóstico alguno esa tarde que fueras el elegido saliendo para Abisinia.

La onda es que has volado y ¡olé! Otro más a la edad de piedra griot de la poesía que sale del fuego.

42

Perfil

Eché a perder en mí eso que llaman capital humano.

Golpeé la cabeza con el muro y abollé la parte frontal la de la luminosidad.

Me dicen que no la lustre con cera carnauba.

Me doy cuenta que lo peor es el disimulo y el maquillaje.

Miro el paisaje con ojos de chileno

Me los sacaría.

El Tormes culebrea tranquilo apenas un chisteo.

Yo miro rajarse el Maipo mandarse en oleajes y su reguero de cadáveres por las orillas.

44

Contraindicaciones

La poesía nos puede llegar a joder la pita y obligarte a amarres que no quieres hacer.

Tarea incompleta hecha en casa

Leo unas cuantas líneas un mío cid campeador el mío propio

Escucho unas cuantas ráfagas ¿el siroco de Francisco Sánchez? Mi propia caja de resonancia

Saboreo conversaciones en la infancia portazos/lágrimas nada que parezca un helado de chocolate

Fumo unos cuantos hilillos de algo Me acodo en la ventana abierta Mi reino está en manos del enemigo

46

Enrollado en mis sábanas

Enrollado en mis sábanas Sudada serpiente Anaconda de mis lecturas Entrega su piel Cabeza Manantial de imaginaciones

Aprendizaje

Y como yo ando buscando los pasos perdidos de lo que no existió nunca, / o al origen del hombre en el vocabulario…

Pablo de Rokha

Torre de los Diez = Orinal tamaño laguna Carén. Tinto mezclado con instinto = Varios peldaños en picada. Manos abiertas = Sólo en un cuadro de Venturelli. Las mujeres = Al otro lado del puente levadizo. Enrique Lihn no estuvo en mis libros. A mis libros les faltaban muchas páginas. Sin señales de la Colonia Tolstoyana = Gran Patronato de Colonia Dignidad. Está el amor imposible de tu patria = Rehúye los cantones que la materializan. Amonédate = El tiempo de formarse es pasado simple. La realidad embiste de frente = De frente caigo como castillo de naipes.

48

Postal santiaguina con liquid paper

Nieve de la memoria Blancas lagunas Caminan tus ojos por una ciudad de nadie Se cruzan con gente desconocida Con fatídicos lentes oscuros Se paran en las esquinas con estetoscopios para auscultar el pensamiento-ambiente Se ponen blancos delantales de blancas palomas Tendrías que desaparecer de ahí y no te dan las piernas ¡Perros! Pasan por tu lado y olfatean tu sudor Y sabes que te podrían borrar del mapa

De Mala Hora, al parecer autoedición, 1991.

49

CINCO

[Humberto Díaz Gago]

Luis Humberto Díaz Gago nace en Talca el 22 de febrero de 1977. Entre sus publicaciones encontramos Puertas cerradas. Breve Historia del Liceo de Hombres de Talca (Autoedición, Concepción 2000), Desertor. (Editorial Río Arriba, Talca 2005), Es corriente electrocutarse. Relatos. (Editorial Río Arriba, Talca 2007), Vida y obra de Hieronymus Van Tiggelen, boldotipista (Editorial Weidele, Talca, en prensa). En esta antología se reproducen poemas de su libro Napoleones, escrito entre 1991 y 1993, que permanecía hasta ahora inédito. Desde el año 2005 reside en Colín, Región del Maule.

1

Te dirán que estuvo muy ocupado sobreviviendo. Nunca que tendía a herniarse ni que acá fue conocido como el peor imitador que en chile tuvo harry houdini.

3

También su vida fue un crimen contra las rocas. También perdió su neceser en puerto octay. También puso en su cráneo un machete de utilería. También cayó en la tristeza de otra mujer.

También sus compañeras fueron negras como estrellas desolladas. También su corazón crujió como el barco de una mala novela. También tomó la forma de un puño que emerge desde el subsuelo. También soñó con pompones y pámpanos.

4

En algún momento se verán sus frutos, cuando menos en el eucaliptus

que nazca de su tumba arrepentida.

Cambió la vida por la palabra, la palabra por un trato justo. Su pringue ansiedad lo salvó de matricularse en el colegio salesiano.

5

Los acompañó a su fiesta de graduación. Se subió al auto con ellos. Un gran esfuerzo hizo para aprender su slang perruno. Cooperó con su película gringa. Se vistió de cineasta judío.

Y así nunca lo dejaron tranquilo.

Lo apodaron el archivador. Una vez les contestó el teléfono. Otras diez rediscó de prisa.

Los acompañó a la bienal.

Y así nunca le permitieron componer. Lo apodaron el mediohermano.

6

El peor imitador que en chile tuvo brian wilson nació junto a la mesa campesina atiborrada de pan oscuro y lagrimilla.

Intoxicado de vergüenza,

lo

llamaron el pitufo filósofo.

7

De niño no supo de tábanos. Lo suyo fue la serigrafía. Quebró la ventana de enfrente.

Perdió en pantalla gigante. Viajó a la ridícula selva,

la cara como un paño de platos.

8

A menudo fue el típico panda en su

gasolinera:

taciturno y limpiando sus manos grasosas contra el overol.

Las

estrellas fueron sus torvas confidentes,

su vecina una pulcra autopista.

9

Al final del prólogo de su primer libro agradeció por último a dora berkeley por la mecanografía. A juan bautista funes por el apoyo a la edición. Al hijastro por los consejos en su laboriosa rebusca y composición del manuscrito.

Encima de todo le pidieron que pagara las cuentas y mostrara su boxeado rostro genuino.

10

Nunca desdeñó a sus mujeres, siempre que olieran a bencina fresca. Su misión fue hacerle un espacio

a un millar de paisanos entre jekyll y hyde.

13

Su pieza fue un gran campo de batalla:

franceses contra alemanes, duraznos contra damascos.

Solía recibir de madrugada a un torpe amanuense de lewis carroll.

17

Antes del ataque definitivo, antes de comandar el ataque definitivo, dijo:

'empezó empezó ininteligible empezó punzada pero ya máquina empezó'.

18

Su vida por un octosílabo ('nada saco con decirte / dónde y cuándo respirar/ Es mejor que leas esto a tu manera').

Mismas púas, las blancas dunas de su amor tirano.

19

Para él estuvo claro desde siempre: el único viaje convincente era el de su casa hasta yumbel.

20

Originalmente se inspiró en una canción llamada ismo. La cantaban los amigos de speedy. Empezaba con unos tambores que parecían vírgenes ensayando sus orquestaciones de boda. El cantante era un conejo socarrón, un genio desclasado que todavía estas noches morigera, que todavía estas noches magnifica.

21

'La única salida –decía a su mujer–, es irnos a otro planeta y que no fuera otro planeta y que no fuera yo' Lo llamaron omniscio, el conserje del falansterio, el peor imitador que en chile tuvo chris isaak.

24

Su plan:

capítulo uno: siete siglos en saigón, capítulo dos: miga, capítulo tres: 'el miedo', capítulo cuatro el libro que se iba a llamar desertor. Capítulos para el burgués que se hace el ofendido. Capítulos a imitación de david antin. Artículos declinantes y redivivos.

25

El único calor que necesitaba el mejor lector de johnny rotten era de nuevo Ella, ella lo hacía levantar su propio esqueleto en andas, ella no era ella sino los polizones de su singladura, ella se llamaba ptolomeo los soles giraban alrededor de ella.

27

Sus condiscípulos:

wittgenstein rojas, heidegger pérez, los animales extintos del paisaje americano.

Ensueños comparables a la tenencia norte. Caricias comparables al retén sur.

30

Bajo su dirección los perros hablaron

como el sustantivo kafka. Bajo su dirección los perros, la onomástica.

Se formó al caer del caballete. Apuntes para una Teoría Jeneral del Ridículo.

De Napoleones, inédito.

SEIS

[Claudio Fonseca Cox]

Claudio Fonseca Cox nace en Vicuña el 1 de abril de 1966. La lista de sus publicaciones incluye Derrengue (Editorial La Pluma, La Serena 1982), Jalei (Editorial Jalei, La Serena 1986), La bulla / el reflejo sobre los charcos (Ediciones Cordillera, Ottawa 1990), Aros y tétanos. (Split Quotation Eds. Ottawa, 1994), Glee (Ed. X, Canadá 1990), y el libro de crónicas periodísticas Do not go gente into that good fight (Fist Eds., Canadá 2008). Ha sido incluido en antologías como Boreal: poetas chilenos en Canadá (Verbum Veritas/La cita trunca Eds. Otawa 2002) y Antipodes: collected poems by Young american writers. (Ned Casidy Eds. Sydney 2005). Dentro de los numerosos premios que ha recibido destacan el primer lugar en el concurso “Trilce” de la Asociación de escritores iberoamericanos en Canadá (1990), el segundo lugar en “What is the grass” stone poetry awards, de la revista Smoke Magazine (2003), una mención especial en el premio internacional Nósside (2007), el primer lugar en el Canadian Ethnic Journalists' and Writers' Club Awards, en la categoría periodismo multicultural y una mención honrosa en los Juegos Florales de Vicuña (2009). Actualmente reside en Ottawa, donde trabaja como periodista y colaborador de varios medios de prensa internacionales, entre los que destacan Le Monde Diplomatique y The New York Times. Los poemas para esta edición fueron extraídos de Derrengue, publicado originalmente cuando el poeta tenía sólo 16 años.

Sin brote, apenas prendido

Sin brote / apenas prendido / me levanto / pero no / no / pero no / no me levanto / yazgo / bien dormido / bien / dormido / bien dormido en la espesura de esta polvadera /

Me deslizo / risueño / risueño de risa / risueño de risa y

por las sábanas del mundo / me digo: / ¡Qué amables / fueron las bestias con su silencio! / ¡qué tontos fuimos / ¡qué tontos fuimos nosotros / con nuestros hilos! /

miedo / me deslizo /

Jineteado / como toda la vida / a veces salgo al frío a mear / a mear mirando / a mear mirando las turbias estrellas de estos mil / cielos / que es la noche de mi borra- / chera / y me pregunto / me pregunto / entonces / en el momento más leve / de mi vida: ¿Qué hago aquí / al fondo de este vaso? / Sonrío / y me subo el cierre destellante / el cierre destellante de destellos / y veo/ alcanzo a ver / el reflejo de la santa luna / en su loca inocencia / abriéndose / abriéndose en / abriéndose en los hilos invisibles / que me sostienen de los hombros / apenas /

No sé si dar las gracias / o maldecir mi suerte / el asunto / el asunto es que me

quedo / el asunto es que me quedo un rato entre el rocío / y las hierbas / mirando

esta negra / lumbre de noche

entro / entro a la casa a reír un poco con la / sangre y savia del amigo vino /

me meto / las manos en los bolsillos / y entro /

¡Cada uno con su hilo y su muerte! / ¡Cada uno con una lágrima turbia / ¡Cada uno con una lágrima turbia / ¡Cada uno con una lágrima turbia / apagando el llampo de su veneración! /

Ay! / qué manera de reír /

61

Recuerdas ese día? ¿Recuerdas ese día / en que rompimos juntos / el continuo tiempo-espacio

Recuerdas ese día?

¿Recuerdas ese día / en que rompimos juntos / el continuo tiempo-espacio / rompimos / juntos / rompimos juntos el continuo tiempo-/ espacio / en una quebrazón de faroles / en una quebrazón / de faroles / en una quebrazón de / faroles y botellas?

Nos habíamos ido lejos / del lejos que ya empezaba a quedarnos / cerca / lejos del lejos / del lejos que ya // nos fugamos a una ciudad / donde nadie conocía nues- tras quejas / ni nuestro torpe / sudor / Yo te hablaba del / Siempre y del Nunca

¿qué

escuela fue? / no importa, /

¿qué escuela fue?

que / del Siempre y del Nunca que nos / que nos enseñaron en la escuela /

¿qué

escuela fue? / no importa /

/ no importa / no importa / no / importa/ importa el / el asunto es que nos / ale- jamos de todo eso / casi /enfermos / casi muertos / totalmente ebrios/ Entonces

/ de repente / en algún momento de la noche / en / momento noche/ algún / de la

/ estalló el continuo tiempo espacio / en mil pedazos bizcos / que luego busqué /

lo demás es ape-

jadeante / bajo tu camisa

nas bruma: / lo demás es apenas bruma: / tu piel / tan suave / con bestiales

/ a tu carne… / tus ojos

/ ¿verdes? ¡negros!

/ siempre / siempre los recordaré / nunca estuvieron

/ bellos rubios y tan deliciosamente / pegada a tu carne

eso lo recuerdo / claramente /

bueno

/ siempre los recordaré / nunca estuvieron sino entreabiertos / y el tenue

humo / nunca estuvieron / sino entreabiertos/ y el tenue humo brotando fácil /

y el tenue humo /

brotando fácil / fácil

/

/¡Ah! La escuela del Olvido era/

62

Estoy riendo a carcajadas

¡Tengo ganas de reír! / ¡Tengo tantas ganas / de reír! / veo / veo a lo lejos/ la desgracia / veo a lo lejos la desgracia acercándose / acechando / detrás de esas esquinas / ahí / ahí / detrás de esas esquinas / de esas esquinas / esas esquinas que están ahí / bajo la luna / cuarto menguante / ¡Tengo que reír / ¡Tengo que reír / ¡Tengo que reír todo lo que pueda! / antes de que las savias / antes de que las / las savias / antes de que las savias broten / con miedo / con miedo / con miedo al amanecer / antes / de que la fuerza pública / nos rompa la crisma / antes de que / la muerte / la muerte / la muerte / nos haga entrar a pata- / das en

esa noche gentil / antes / antes de / antes de que / los latidos / los latidos cieguen nuestros días / y antes de que arda / arda / arda / Jerusalén / he de reír mucho /

y mucho / tanto / tantísimo ¡Ay / ¡Ay qué risa! mírenme / mírenme / mí- / renme

/ estoy / estoy estoy riendo a / carcajadas / vean / vean qué / vean qué lindos dientes tengo

63

Porque / Resulta que

Porque / Resulta que / Lo que pasa / Yo / Lo que pasa / lo que pasa es que / Yo /

Yo soy / yo soy un / niño / yo soy un niño / un niño tonto / yo soy un niño idiota

/ soy un niño / imbécil que / tiene miedo / miedo / miedo / un / tonto / yo soy /

un / niño tonto / tonto / tonto / tonto / un niño tonto que / todavía cree / en el sol

/ el sol / sí / el sol / el sol que / un niño / un niño tonto / que todavía / vive / vive

/ mata / muere / en / una provincia / en una provincia donde / duele / duele / duele / duele de una manera / furiosa / nuestra fealdad /

Porque / Resulta que / Lo que pasa / no sé si lo sabes / Yo / Yo creo / creo / yo creo que sí / sí / sí lo sabes / estamos condenados / condenados / condenados / Tú / Yo / Tú / y / Yo / condenados / Nosotros / Tú / Yo / Todos / conden- / ados / a esta fealdad / a esta fealdad / a esta fealdad / fea / esta fealdad fea / a esta fealdad llena / llena / llena / de máscaras / llena de máscaras / que ya / ya / no sirven / no sirven / no sirven de nada / de nada /

64

Por eso / por eso mismo / ríete

Por eso / por eso mismo / ríete / ríete / ríete como / tal como / tal / como te gusta/ reír / amargo / podrido / malo / ríete / a / mí también me sale / reír así / con pena

/ ríete / no más / ríete no más / porque / sí / sí porque/ el otro día / el otro día me

arrodillé / me arrodillé / ante / las estatuas ciegas / pedí / y pedí / pedí / por mi propia / alma / por tu agonizar / lento / pedí lento / pedí por el dulce veneno / por / el suave / suave tormento / de / nuestros días / pedí / pedí por tu agonizar

/ lento / y / bueno / sí / qué risa / ¡qué risa! / ¡qué risa!/ ¡que ris- / a! / pedí / pedí por una señal / quizás / sí / pedí / por la corrección de / mi noche / noche / noche

/ por la corrección de mi noche sin sacrificio: / palabras / palabras vacías / vacías

/ vacías / hundidas /en el vacío /

¿Se puede / ¿Se puede decir / todavía / ¿Todavía se puede / decir / vacío / vacío / vacío en los poemas?

65

Yo quiero mi muerte de rocío

Yo / yo / yo no / yo no quiero / yo no quiero esta muerte / yo no quiero esta muer- te de / yo no quiero esta muerte de bruma / que / quieren / darme / yo / yo / yo quiero / yo quiero mi / yo quiero mi muerte / mi muerte / yo quiero mi muerte de / yo quiero mi muerte de rocío /

Quisiera dormirme / en las hierbas / en las hierbas al / atardecer / y / y que la /

y que la cabriola / feroz / de tus abrazos / y que la cabriola feroz de tus abrazos me saludara / la vida / la vida nueva / la noche / la noche suave de mi/ nuevo / de mi nuevo / de mi nuevo par / de mi nuevo par de / de mi nuevo par / de mi nuevo par de alas /

Y / a / pesar / del ruido y los postes / Y / a / pesar / de los grifos y sirenas / Y / a /

a pesar / de endriagos y choferes / a pesar de los peladeros / con sus borrachos

/ yo / yo / yo/ yo yo yo / quisiera / yo quisiera / yo quisiera que la garúa / yo qui-

siera que la garúa me viniese a despedir / y / que me cantara / que me cantara

suavemente / que me cantara suavemente al / oído / esas canciones de / esas canciones de silencio / de silencio / de viento / de viento y hojas secas / de lunas

/ de lunas vivas / de lunas vivas y de / de lunas vivas y de gemidos / de gemidos transparentes /

Dí / dí / dí lo que quieras / todavía / todavía / aunque a veces no / Pero sí / todavía

/ quisiera / fundirme / quisiera fundirme en la / quisiera fundirme en la pureza

/ del relámpago / quisiera irme / irme / irme / irme / con el polen / quisiera / quisiera alumbrar / quisiera alumbrar los ojos / quisiera alumbrar los ojos de las bestias /

Yo no quiero esta muerte de bruma que quieren darme / no la quiero

66

SIETE

[Johnny Cansino-Flores]

Johnny Doss Passos Cansino-Flores nace el 7 de julio de 1988 en Santiago, donde vivió principalmente en la comuna de Conchalí. El año 2002 publica Maldito mortal, bajo el sello de Ediciones el Salto. Le siguen Pequeño odioso y Pasaje Mayaguana, del 2003 y 2007 respectivamente, publicados ambos en autoediciones artesanales. Durante el 2008 publica un adelanto del poemario Documental en la revista “El desgobierno de la lluvia”. Actualmente viaja como artesano por Latinoamérica, estudiando música y vendiendo sus libros de poemas. Los textos elegidos para esta edición pertenecen a su libro Pequeño odioso, publicado cuando el autor tenía solo 15 años.

Uniforme

La mañana está muy fría,

puede ser que afuera el pasto esté escarchado.

Mi cama está calientita

y es como si tuviera las sábanas pegadas al cuerpo.

Mi mamá me grita que me levante,

está en la cocina: prepara mi desayuno. Las legañas se apoderaron de mis ojos

y estoy entre mi sueño y el baño,

de

pie, lavándome la cara.

Mi

mamá me grita que me levante,

yo

le respondo que ya voy, que me lavo la cara,

que luego me pongo el uniforme, que tengo frío.

Frío y ese dolor que me dejó, profesora:

mi

dolor:

los calzoncillos blancos

mi

dolor:

los calcetines azules

mi

dolor:

la camisa blanca

mi

dolor:

los pantalones grises

mi

dolor:

la corbata roja

mi

dolor:

el chaleco azul marino con cuello en v

mi

dolor:

los zapatos negros

mi

dolor:

abrir bien los ojos

mi

dolor:

mis manos en mi cara

mi

dolor:

el pijama sin mí

a mi lado

mi dolor:

los gritos de mi madre que me dicen que me levante. Los susurros míos:

mamá, no quiero ir al colegio, la señorita me trata mal

mi dolor.

69

Tomaré desayuno, mi mamá me va a retar porque estoy atrasado, iré al paradero y subiré a un bus amarillo lleno de gente sudorosa, calientita de tan apretada, con abrigos, con las cejas escarchadas. Iré sentado a la ventana de la micro y haré como que duermo para no darle el asiento a las señoras. Llegaré al colegio y me pararé en la mitad del patio:

profe, yo podría contárselo a todos. Guardaré silencio, ahogaré el grito, aguantaré mis lágrimas cuando la vea, señorita. Miraré mi dolor: mi amor tiene orgullo.

Mi

do:

mi vestón y su insignia bordada

mi

Dolores:

mi mochila llena de cuadernos

mi

dolo:

usted se me acerca

mi

dolor:

mi dolor me hará hermoso.

Oiga, Señorita:

En la fila mis compañeros me molestan. Dicen que usted es barrera, que por eso me pone puros 7’s. Dicen que por eso mis compañeras me quieren más a mí que a ellos.

Yo, señorita, la quiero a usted. Aunque tengo las mejillas calientes y rojas le voy a decir una cuestión:

se ve bonita con esa chaleca blanca, cuando se la veo puesta pienso que tiene ganas de darme besos, de saludarme bien, de revisarme las tareas, de hacerme saber que soy su mejor alumno, el promedio 6,8.

Oiga, que se ve bonita, profe.

Cada vez que tenga ganas de darme besos, póngase esa chaleca blanca.

La Sombra

–¿Quién era Rimbaud niños? ¿Lo conocen? –No sé señorita. –Yo tampoco. –A ver usted. –Eeehhh. No. –¿Y tú sabes? –Era un vampiro, señorita.

72

Tilín-Tilán

Suena la campana y de Sueño nos caemos mientras la seño sigue hablando del Sur de Chile, de las zonas lacustres y

Sus ríos alimentadores y todos imaginamos esas maravillas de la geografía

Sureña.

Sueño y la seño dice: ¡ya chiquillos vayan a jugar! y 3 o 4 jotecitos Suspiramos cuando cuarteamos los calzones inmaculados de nuestras compañeras debajo de los mares a– Zulados de sus jumpers. Sin lugar a dudas lo mejor de salir a recreo

Pero la campana sonó y todos estamos muertos de

(Sueña un pequeño sueño: ¡lo mejor es la pelota oh!)

73

La sala, el peor ring

1

T.

y Z. son semaneros, los últimos alumnos de la lista

Luego que la fila de sus compañeros abandona la sala Están solos y hay que asear rápido antes que oscurezca Sillas y mesas achoclonadas contra el pizarrón negro Barren el silencio incómodo y alargan la tensión –¿No soi tan chorito? –No peleo, mi religión no me lo permite –Soi mariquita voh –¿A quién le decíh mariquita? Sillazo en la espalda y fin del primer acto

2

miocardio aorta sangre ventrículo / súper héroes la independencia sagrada

/ estrellas recientes del rock con flashes / la guerra del golfo pérsico es álbum

/ artrópodo cerebro todo confusión / tabique nasal drenaje chocolate / incontrolable bombazo crispa oídos / quiroga cuentos de la selva anaconda

/ papelucho sin duda un consejo / mangazo clavija flexit frío lona / manso torito derrota llanto / abre morados luces fuera cierre telón

3

En la rectoría

con menos pelos en las patillas

y condicionalidad extrema desde aquí en adelante

T. y Z. volverán a ser amigos

dejando atrás este clásico drama del far far west

74

Haga un comentario de uno de sus poemas

COMENTARIO

He rescrito un poema alrededor de 4 veces. Las distintas versiones han tenido diferentes destinatarias. Aunque el poema manifiesta avances estilísticos y de retórica, a veces se opone como vanguardia para sí mismo, siempre está desa- fiándose. Cuando el poema era un niño estuvo dedicado a una adolescente. En la adolescencia del poema se dedicó a una viuda. Ahora que manifiesta cierta madurez está dedicado a una mujer grácil y de buenas intenciones. Debiera de- cir que de todas las versiones que han existido del poema la actual es la que más me gusta. Debiera decir también que creo que está en condiciones de publicarse y circular, ya que quizás ha encontrado su forma correcta o, digamos, que no debiera sufrir variaciones sustantivas. Esto se debe a que para el poema ya no existen más destinatarias posibles porque, como un hijo, ha pasado a ser parte de nosotros, de nuestras vidas.

SINOPSIS

Los fuegos artificiales la guerra de barro la golpiza interliceos bombas de agua congeladas el día anterior al fin del trimestre los 40 apoderados esperan en inspectoría justificar a sus 40 pupilos por haber escapado de la sala

75

para que no se haga la prueba un día viernes

a la última hora pedagógica

cagados de risa

y los 40 1’s en el libro de clases

Pequeños odiosos pintan su mundo

a su manera

más cimarreros que la chucha ocultos debajo de las escaleras les miran los calzones a las locas fuman cigarritos escondidos en los lugares oscuros del colegio Con plasticina construyen los senderos de colores del kinder

y chupan acuarelas para tener la lengua verde con las patillas crecidas para que se las tiren sus profesoras preferidas Les esconden las mochilas a sus compañeros

Palmotean a los profesores con el borrador con tiza sobre sus chaquetas Prenderán petardos en los postes del alumbrado público

o tendrán los bolsillos llenos de billetes, cheques o plástico

y el mundo lleno de chiquillos pequeños malditos ociosos

De Pequeño odioso, Editorial Newentue, autoedición artesanal, 2003.

OCHO

[Luis Vilches Brown]

Luis Vilches Brown nace en Santiago el 7 de julio de 1965. Los textos acá incluidos corresponden a un libro inédito finalizado el año 1981 bajo el título 99 poemas prácticos. Reside actualmente en Hermosillo, donde sus duras labores como geólogo no han sido obstáculo para la publicación de Captchas, un conjunto de versos que se inspiran, presumiblemente, en la obra objetual de Jacques Carelman y en la filosofía a martillazos de Friedrich Nietzsche.

Remos tallados a mano

A la memoria de R.A.E. B.Á.

Remos lanceolados, remos de navegación fluvial. Remos con formas que admiten la complementación de la dinámica y el roce. Superficies fluidas y opuestas al dinámico espejismo del agua. Remos metafóricos, remos abstractos que inducen a la más real de las acciones. Remos clasificados como herramientas o armas de movimiento puro. Remos que sólo admiten una escritura colectiva (por lo menos a dos manos o al alimón). Remos sacados de la sombra, remos que descansan en la penumbra. Remos ardiendo en las manos de un fantasma, remos inútiles y secretos. ¡Remos! (con qué ligereza o gravedad podemos escribir sobre remos).

Remos secados al sol. No lo sabemos, pero todos soñamos ser talladores de remos.

No lo olviden, los mejores son los remos lanceolados.

Mazos y martillos

Es obvio mencionar que estas herramientas han surgido del fondo de la tierra. Respecto a la actividad humana sólo podemos mencionar su ocasional contundencia y precocidad. La geología tiene sus guiños y la ciencia es larga e inobjetable. Martillos y mazos se fusionan en una nueva dinámica y fisicidad fundando una nueva e imprescindible materia:

la existencia y uso de los mangos. No cabe duda, lo importante es cómo se sostiene el mazo. Sobre el impulso y la fuerza no hay nada escrito, sin embargo ambas acciones están hechas de una realidad que resulta pura, implacable y plagada de gravedad.

Mazas y martillos separan el espacio cuando permanecen en la oscuridad; no obstante, es imposible dudarlo, también lo hacen a plena luz del día.

La tierra y la voluntad son un martillo. El tiempo y el aire son una maza.

80

Botones de casacas militares

Botones forrados o botones de forja. Viejos botones de madera o hueso. Botones percutidos y expulsados, botones expandidos, botones gloriosos, patéticos y siempre sangrientos. Botones minuciosamente abrochados antes de la salida del sol, botones que nunca más serán desabrochados. Botones cubiertos de sangre y heces. Botones de la más inútil y preciosa perdición, botones sin luz ni leyenda. Botones a la sombra de árboles siempre expoliados. Botones de la nunca nostálgica (¿o sí?) La guerra de los botones, una película de la soterrada y matinal guerra de la infancia.

Botones de la madera más fina

y botones del hueso de tu alma.

Botones de la sopa de botón y hacha. Botones –ya lo dije– que se abrochan

y quedan quietos para siempre.

Máquinas de tapizar

Siempre me gustó diseñar máquinas para tapizar,

y no me refiero a las dignísimas y, sin embargo,

bastardas máquinas de hacer tapices. La diferencia parece obvia, pero el recurso del discurso es una de las muchas habilidades de la adolescencia. Respecto a las máquinas de tapizar en ellas aún late la manualidad, aquello que empuja y fluye desde la noche de los tiempos y que aún nos dará de comer el último día. Tapizar muebles o paredes no es tarea fácil –ya se lo pueden imaginar–, se requiere habilidad y paciencia. Estas últimas cualidades, creo yo, son párrafos de un mismo y aparentemente abigarrado capítulo. Tapizar no es un arte puesto que éste es impulsado por un proteico nerviosismo del cual el oficio de tapicero ha de prescindir.

Hago la crítica de todo ello y elucubro. Tengo 16 años, me gusta dibujar e inventar máquinas.

Me he enamorado tres veces: de la bella, de la gorda y de la flaca. He visto llover en mil certeras ocasiones

y en sueños he visto temblar todos los tapices.

82

Dinámica de fluidos

No hay retórica posible

ante la cuestión de la retención de fluidos. En la dinámica de fluidos el espacio

y la presión son determinantes. De todo ello se puede hablar

como si se tratara de aljibes y crepúsculos, de atmósferas sometidas a alta presión

y sudores en la nuca.

La ecuación de continuidad requiere una especial dedicación ante el esfuerzo de corte. La presión y la contención, más la velocidad de fluido, asisten a la totalidad del proceso. Sentinas, cisternas oxidadas, chasquidos de líquidos que fluyen; materias extrudidas.

En realidad no hay palabras que puedan hablar de ello, sólo la ecuación puede aspirar a explicarlo (y, de hecho, lo explica). Es medianoche en las sentinas de la ideología, la ciencia aguarda.

Sierras y columpios

Especiales serruchos y recios lazos, cuerdas de la mejor y resistente fibra, sierras para tratar la más idónea madera. Llena la tarde el sonido del corte de un tablón, la medición de los travesaños o la fresca altura arbórea. El crepúsculo sueña con un futuro ondulante henchido de pequeños miedos y risas. Como una marea, los gritos de los niños se difunden y dispersan: el reflujo atraviesa la noche y consigue inundar el amanecer.

Mientras los artesanos se lavan las manos, en las fraguas y carpinterías las grandes sierras permanecen quietas. Asomados a las ventanas los ojos de los niños se mueven:

en el viejo y duro fondo de la noche sueñan con sierras, cuerdas y columpios.

84

Mangueras y cañerías

Despierto, me levanto y me pregunto:

¿es una metáfora la conducción de líquidos? Mientras lavo los platos sucios prefiero pensar que esta clase de preguntas

sólo puede responder a un rumor del fluido cerebral

o a las últimas letras de un alfabeto craneal y abovedado. La luz de la mañana me recuerda las intenciones de una fresca marea que hubiera sido apresada y conducida

a través de cañerías y mangueras.

El agua, la luz y el tiempo nos remiten

a signos y herramientas que lograrán

trazar una nueva orografía, otro modo de encender las alarmas y escuchar la ocasional quietud del agua en los depósitos. Nuestro cuerpo conoce esa huidiza metáfora, sin embargo no pensaré en venas y tuberías, no caeré vilmente en la impostación musical de esa fluida, carnal e hidrogenada imaginería.

Modestos, memoriosos y acertados, pensemos en el bondadoso y melódico fluir de las crepusculares y expuestas mangueras, recordemos las prácticas y matinales cañerías.

De 99 poemas prácticos (1981), inédito.

NUEVE

[Joaquín Cifuentes Sepúlveda]

Joaquín Cifuentes Sepúlveda nace en San Clemente el 15 de marzo de 1899. Publicó Letanías del dolor (Talca, Imprenta Talca 1917); Esta es mi sangre (Talca, Imprenta Talca 1918); Noches (Talca, Imprenta Talca 1919); La Torre (Santiago, Ediciones Juventud 1922); El adolescente sensual, antología prologada por Pablo Neruda y Jorge González Bastías (Santiago, Imprenta El Esfuerzo 1930). Murió de tuberculosis en Buenos Aires, en 1929. Los poemas acá recopilados corresponden a textos que el autor publicó antes de los 20 años.

Abismo

Hermano: somos dos fantasmas solamente. De pie, frente a la vida, gritamos fuertemente:

tú: ¿Dónde está el pasado?, yo: ¿Dónde está el presente?

Frente a la vida, con ademán de protesta, ya ni la conocemos, ¿Dónde está, que no es ésta? ¡Aullidos de dolor, blasfemias de la fiesta!

Si no es ésta la vida, ¿dónde será el morir? ¿Acaso en mi presente? ¿Quizá en tu porvenir? ¡Si fuésemos siquiera capaces de morir!

Morir, tenderse, cerrar los ojos, dejarse ir Cuando yo me despeñe, ¿de dónde me iré a asir? Hermano: ¡tengo miedo, líbrame de morir!

Corre un viento de duda, corre un viento de duda, las preguntas se estrellan contra la celda muda. La noche se desliza totalmente desnuda

Triste regreso

Sombra, pero sombra que te ama más. No me mires. No me preguntes. ¡Siempre estuve a tu lado!

Sí, de paso otra vez, de paso siempre. Hacia el norte, hacia el sur

¿Hacia la muerte

?

Confiada me esperabas. Me lo dicen tus ojos. No, no me sigas; el viaje es largo y duro. Volveré cuando pueda.

90

La casa de la plenitud

Hembra dorada y jubilosa,

pulpa de treinta soles rubios, madura estás como las pomas

y

hueles a pan de centeno,

a

fruta y a vino y a cántaro

y

a heno.

Yo, varón de altanero rostro, músculo y corazón resuelto, aquí te aguardo, en el umbral de esta casa que mis brazos recios construyeron con ladrillo y cal. Casa tan mía como tuya.

Hembra del claro sonreír, donde se afirma la raigambre, sólida, de nuestro porvenir. Nada nos falta, nada, nada. Ni el vaso, ni el vino, ni el deseo.

El momento rojo de Chile

Me dices: “Ya no me escribes, ¿estás enfermo?”. No estoy enfermo, amada, pero sí estoy muy triste, una angustia tremenda me está mordiendo el alma y la palabra mía ya no se oye en la noche.

Aquí, junto a esta piedra donde inclino la frente miro mi vida inútil, tal un molino en ruinas. Ya en sus aspas el viento no enreda sus caprichos. Horizonte rasgado por la oscura cuchilla de una garra rampante, ya mi vida no vuela:

esclava de la suerte se golpea en la roca, cae rendida, rueda, no se levanta, muere. ¿No ves que ya no puede la pobre con sus gritos?

Cómo escribirte, amada, si hay vergüenza en mi rostro, si mis manos se crispan y el dolor me enrojece:

nuestra casa, la casa donde jugamos libres, donde cantamos libres, donde libre te amaba ya no está, como entonces, alegre ni está sola. La han invadido extraños que me muestran los dientes.

Con cadenas de fuego me sujetan los brazos. Estoy solo, en la noche, ciego, estoy como herido. Pero la voz me salta como un chorro de espumas, canta en mis sangraderas una canción de espanto.

92

Tú, como una esperanza blanca en mi tarde lenta, así, pequeña y dulce, débil como un recuerdo:

tu mano como un bálsamo en mi frente, tus ojos como un lago austral donde estoy yo y el cielo.

Tiendo sobre la huella de los soldados

mi

cuerpo, como un himno a la tierra nueva.

de rodillas, símbolo, cúbreme con tus alas,

que no vean la angustia de mi boca apretada, la fiebre de mis sienes, la herida de mi rostro, la nieve de mis sueños hollada por la infamia, la llaga de mi espíritu derrotado y confuso

Cuando muera, tú debes gritarle al extranjero:

¡he aquí al poeta en el momento rojo de Chile!

Madre, vuelvo a tí

Madre mía, tengo

el corazón hecho pedazos, humildemente vengo

a calentarme en tu regazo.

Tengo mucha pena

y no me podrás tú consolar, pero como eres buena me dejarás llorar.

Soi un solitario

tras la venda de todos los engaños un estrafalario, un estrafalario

i un proscrito a los 18 años.

Una mujer me ha herido, madre!

dame tu cariño que estoi vencido. Soi un viejo i soi un niño.

Aduérmeme en tus brazos

i dame bendición.

Me hicieron pedazos todo el corazón!

De El adolescente sensual. Santiago, Imprenta El Esfuerzo, 1930.

94

Epílogo

La realidad real como desdelirio: el caso de la Antología de poetas precoces de H. H. Ochoa

El libro que el lector tiene entre sus manos se origina en un extraño documen- to cuyo designio no es fácil de establecer. Oscila entre la falsa antología y el plagio, entre la ficcionalización consciente y el disparate. Su estructuración y su contenido parecen instalarse y regodearse en los difusos límites del mundo empírico. A ciencia cierta sabemos que el texto fue enviado a las oficinas de Altazor Ediciones junto con una nota suscrita por un tal Humberto Montecinos Yéve- nes, quien aseguraba haber dado con el florilegio en uno de los últimos mesones de la Biblioteca Pública de Quillota, donde Montecinos, supuestamente, traba- jaría como auxiliar de aseo. Las indagaciones realizadas para ubicar al remi- tente no dieron frutos y en la dirección de la biblioteca no se tenía registro de ningún funcionario con ese nombre. Nos hallamos, sin lugar a dudas, frente al manido recurso del manuscrito encontrado, cuyas fórmulas ya utilizadas de manera tan inteligente por Cer- vantes, Hawthorne y otros, han dado pie a obras en las cuales la ficción y la realidad quieren fundirse y confundirse de tal forma que puedan considerarse, además, como ensayos sobre la naturaleza de los mundos posibles. Después de un breve examen del texto es fácil concluir que, sea quien sea en realidad Humberto Montecinos, éste tenía conciencia del truco. Las alusio- nes a las crisis epistemológicas y metapoéticas, así como la identificación del autor con la metáfora de la máscara, serían las primeras evidencias al respecto. Estamos entonces ante un enigma, no solo relacionado con la identidad real de el o los antologadores, sino también con la identidad real de los poetas incluidos en el libro.

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Existen razones para pensar que la presente “Antología de poetas preco- ces” obedece más bien a lo que algunos estudios recientes han llamado el “neo- apócrifo”�. La posibilidad de rastrear fácilmente a algunos de los involucrados, como Joaquín Cifuentes Sepúlveda y Claudio Fonseca Cox, unida a la evidente categoría de entelequia ficcional de un autor como Evaristo Reyes Formoso, nos sugieren que se trata de una suerte de pastiche cuya intención apunta “más que a diluir, a difuminar las fronteras entre la realidad real y los llamados mundos po- sibles”�, que es lo que caracterizaría a las experimentaciones discursivas propias de la tendencia de marras. Así pues, el resto de los autores podría encubrir la identidad de un solo sujeto, o bien dar voz a varios poetas que se han prestado para la creación de entidades ficticias. Mi hipótesis inicial es que el autor real de la carta remitida a la oficina de esta editorial, así como de la selección y probablemente de uno o más de los textos recopilados, es Pedro Gonzaga Castro, un ex doctorando en el programa de Literatura de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Hay, desde luego, una serie de motivos que me hacen pensar de ese modo. En primera ins- tancia, el hecho de que diez años atrás Gonzaga haya sufrido serias acusaciones relacionadas con estupro, las que posteriormente derivaron en injurias sobre almacenamiento de pornografía infantil y pederastia. La presión y el estrés pro- vocados por tales acusaciones lo llevaron a huir de la Quinta Región, dejando inconclusos sus estudios de postgrado, para comenzar una vida errante que hace muy difícil seguir su pista�. Dichos datos coinciden plenamente con los difusos rasgos personales que H. Ochoa, el supuesto autor de la antología, deja

1 Autores latinoamericanos como Ricardo Araniva Seura y Camilo Peña Araya fueron los pri- meros en postular la existencia de esta escuela literaria en un hoy ya clásico artículo titulado “¿Quién engañó a Wolfgang Iser?: el crimen perfecto de los Neoapócrifos” (aparecido en la re- vista Poligrafías N°5, dependiente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el año 2000), donde se alude al engaño en el que cayó el famoso crítico alemán al presentar un extenso traba- jo sobre una serie de autores neozelandeses del siglo XIX, descubriéndose finalmente que tales autores en realidad no existieron y que posiblemente fueron inventados por algunos de los ayudantes de Iser. Más recientemente, Alice Gray ha estudiado casos similares en Inglaterra y Alemania en artículos como “The portrait of the artist as a fake” y “The mask and the mirrow: a geonoligetic approachment to Neoapocryphal”, aparecidos respectivamente en los números 27 y 29 de la revista Shandy, editada por la Cambridge University Press.

2 Araniva y Peña: Op. Cit.

3 En su favor es necesario aclarar que si bien sostenía de veras una relación sentimental con una menor de edad, los padres terminaron consintiendo el noviazgo, por lo que los cargos -presen- tados por una tía de la menor- fueron levantados y el expediente terminó siendo sobreseído.

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entrever en el prólogo; vale decir, su fascinación por la adolescencia y su calidad de prófugo. Más relevante y decidor resulta aun otro dato. Siendo profesor visitante de la PUCV, tuve acceso al proyecto de tesis doctoral de Gonzaga Castro, la que tenía por objeto de estudio precisamente aquella tendencia literaria calificada como “neo-apócrifo”. De acuerdo al susodicho, el neo-apócrifo no surge de un grupo concerta- do, sino de una serie de escritores que desde distintas latitudes geográficas y en ocasiones sin ningún contacto entre sí, han desarrollado durante la última década una serie de experimentaciones textuales cuyo principal propósito es “asumir la realidad como un tejido discursivo de metarrelatos entrelazados que si bien pueden tener una naturaleza confusa, terminan desembocando en la noción del delirio como sustento de la realidad, y a la dilucidación de la llamada realidad real como un desdelirio”�. Más allá del entrevero de tales definiciones, es posible afirmar que la ten- dencia no constituye novedad alguna, por cuanto nace de autores que desde Cervantes se han planteado la realidad como una problemática epistemológica, cuyos límites encuentran “a cada momento vasos comunicantes entre la lla- mada realidad real, los mundos posibles y los intermundos”�. En ese sentido, el neo-apócrifo tendría una deuda significativa con nombres como Poe, Unamu- no y Pirandello�, siendo sus principales referentes, no obstante, Pessoa, Aub, Borges, Cendrars, Vila-Matas y Bolaño�. Gonzaga se detiene asimismo en el

4 Gonzaga, Pedro: Fuentes epistemológicas, hermenéuticas y psiquiátricas en el Neoapócrifo. Proyecto de Tesis para el Programa de Doctorado de Literatura de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 2002.

5 Los intermundos es un concepto acuñado por Lawrence Maxwell en su análisis sobre el prólogo que Octavio Paz hace al libro de Carlos Castaneda Las enseñanzas de Don Juan. Grosso modo, Maxwell postula la existencia de nociones de la realidad cuyas delimitaciones sensoriales y epistemológicas son imposibles de discernir, y cuyos ejemplos más importantes pueden en- contrarse en cierta literatura, en las experiencias con alucinógenos y en una enorme gama de manifestaciones culturales, sobre todo religiosas. Cf. “Los intermundos en la crisis post episte- mológica: passwords hacia lo otro”. En revista Imagen. Vol. N° 4. Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, 2002.

6 Gonzaga extrae estos datos fundamentalmente de un trabajo de Adriana de Oliveira titulado “Antecedentes genealógicos do Neo-apócrifo” en Cuadernos de Recienvenido N°17. De la Universi- dad de Sao Paulo, FFLCH, 2001.

7 Esta parte del esbozo de marco teórico formulado por Gonzaga se basa sobre todo en el artículo académico de Néstor Bobadilla: “Heterónimos, alterónimos y golems.” (En El campo de la crítica. Colombia: Ed. Filócratas. 1999)

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tratamiento del nexo entre los mundos imaginarios y el mundo real en la pro- ducción de ciertos cineastas norteamericanos�, en el falso reportaje y en el falso documental o mockumentary�, considerándolos como antecedentes directos. En Chile, por último, conecta con esta tradición a poetas como Pedro Prado y el Chico Molina��. La base teórica de Gonzaga, sin embargo, estriba en las llamadas “lecturas aberrantes” de Dieter Hamann��, lecturas aplicables a unos autores que en efec-

8 Gonzaga se detiene en una interesante, aunque quizás demasiado extendida, digresión sobre las nociones epistemológicas que nutren tanto al barroco español como a las películas The Ma- trix, The Fight Club y The Inception.

9 Productivo aunque parcial nos parece en este sentido el análisis que Gonzaga realiza del movi- miento Mondo, de la escuela asiática del falso documental y sobre todo de los puntos en común que pueden encontrarse entre el neo-apócrifo y el documental “El tigre de papel” (2001) del colombiano Luis Ospina.

10 Notable es el caso de la “superchería” montada por Pedro Prado y Antonio Castro Leal, quienes en 1921 publican un libro titulado Fragmentos, atribuyendo su autoría al poeta afgano Karez-I- Roshan. El libro editado en Montevideo por la editorial Ormuz incluía un retrato del autor (en realidad correspondiente a un vendedor de pollos del Mercado Central) más dos epígrafes atri- buidos a Bernard Shaw y a Kalhil Gibran, y logró engañar no sólo a críticos y escritores chilenos como Hernán Díaz Arrieta, Raúl Silva Castro y Carlos Díaz Loyola, sino también a críticos nor- teamericanos como Mr. Huntington y al poeta Thomas Walsh, motivando incluso a un grupo de escritores franceses a liderar la candidatura de Roshan al Premio Nobel (Cf. Maino, Pedro:

“Karez -I- Roshan: una 'fuente de luz' en el campo literario chileno del S. XX”, Revista Chilena de Literatura. Abril 2010). Quizás menos claro sea el caso de Eduardo Molina Ventura (1913-1986), conocido como el “Chico Molina”, un poeta chileno famoso por su capacidad de fabular, reali- zar plagios, pero sobre todo por ser el elusivo autor de poemas inexistentes. Gonzaga lo consi- dera un antecedente de los neo-apócrifos, sobre todo porque publicó poemas con numerosos seudónimos y personalidades distintas (Diógenes Linterna, la marquesita Pompadour y otros cuya autoría verdadera se discute pero que él se habría atribuido a sí mismo). Además, por las anécdotas que circulan sobre las trampas que otros poetas le tendían para que hablara de autores inexistentes, cosa que Molina lograba hacer con una facilidad pasmosa. También por- que Miguel Ruiz juntó algunos de sus supuestos trabajos poéticos en un libro titulado Eduardo Molina, un poeta mítico (Ediciones Platero, 1995), cuya recopilación se encuentra precedida por la siguiente advertencia: “sé que al publicar estos textos corro el riesgo de que alguno pudiera no ser de él, pues en los originales no existe separación entre sus poemas y los que ha transcrito de algún poeta que le interesaba”, declaraciones a partir de las cuales Gonzaga postula que ya no es posible discernir cuáles poemas son de Molina, cuáles traducciones y cuáles de Ruiz.

11 Vale la pena señalar que estos son lineamientos teóricos más bien marginales en el autor, de- sarrollados a partir de un artículo académico titulado “Die abscheuliche Lektüre als herme- neutische Grenze”, que Gonzaga traduce con el título “La lectura aberrante como frontera her- menéutica”, aparecido originalmente en el N° 27 de la revista Tintenfisch de la Universidad de München el año 1986. Quizás sea el menos conservador de sus escritos, pues en él se abre a la posibilidad de que no existan límites en la interpretación.

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to han llegado a los límites de la hermenéutica��, confluyendo hacia estrategias textuales que abusan de la cita falsa, la promiscuidad de sujetos empíricos e imaginarios y la postulación de espurias teorizaciones que sustentan obras li- terarias e incluso ensayos académicos. Como horizonte de trabajo, se procura generar “una suerte de terrorismo intelectual orientado al socavamiento de la episteme eurocéntrica, al denunciar su futilidad y su fragilidad”��. Hasta aquí, personalmente no me cuesta mucho adscribir a los programas de Gonzaga. Donde disiento a fondo es en su búsqueda de legitimación dentro del ámbito académico. Sus ataques al lenguaje universitario y a su “espíritu de la pesadez”��, son evidentemente peligrosos para la operatividad de la investiga- ción rigurosa. Su crítica a los “mórbidos” cuerpos teóricos y a los “blandengues” pilares científicos –crítica presente también en el prólogo de más atrás– sería una nueva prueba de la autoría gonzaguiana��.

*

Con prescindencia de las especulaciones, hay que hablar a favor de la ca- lidad de los poetas seleccionados, sin cuyas virtudes esta edición no tendría lugar ni mérito. No es nuestra intención entregar un análisis detallado de las características de cada uno de ellos, pero tampoco querríamos dejar pasar la oportunidad de esclarecer el misterio que los rodea.

12 Los autores que Gonzaga proyecta estudiar cubren casi todos los continentes: el neozelandés Fredric Hanckook, la alemana Nora Stindt, el norteamericano Spoon Nantucket, el argelino Dris Kasbet y el chileno Fernando Navarro Geisse.

13 Gonzaga, Pedro. Op. Cit.

14 Un año antes de su proyecto de tesis, Gonzaga había escrito en contra de la “densidad estilística

y el espíritu de la pesadez” del lenguaje académico en un artículo titulado “La razón de la sin razón que a mi razón hace”, en la revista Ciudad Invisible de Valparaíso (N° 27, año 2000).

15 Otros candidatos posibles como responsables de esta antología son Fernando Navarro Geisse y Raimundo Nenén. El primero es un poeta e investigador chileno cuya participación en un in-

sólito ejercicio ficcional que lleva por título Los hijos suicidas de Gabriela Mistral lo revela como un iniciado en las interpretaciones aberrantes y como un neo-apócrifo en potencia. Sin embargo, con el tiempo se ha revelado como un investigador exhaustivo, consciente de la importancia de

la

exactitud de los datos y del rigor científico en el trabajo académico-literario. El segundo fue

él

mismo un autor precoz, con varios heterónimos a su haber. Pese a ello, las pistas que podrían

sindicar a Nenén como el posible autor de la antología son mucho más débiles, tomando en cuenta las características de su proyecto personal y de su desaparición y presunta muerte por abuso de drogas alucinógenas durante el verano valdiviano del año 2009.

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El análisis de la antología permite la clasificación de tres tipos de autores. En primer término, aquellos cuya realidad real es fácilmente constatable; des- pués, aquellos cuya realidad real puede ponerse en duda; y, finalmente, aquellos cuya irrealidad real queda sobradamente de manifiesto. Dentro de los primeros encontramos a Joaquín Cifuentes Sepúlveda y Clau- dio Fonseca Cox. La obra de Cifuentes Sepúlveda se sitúa en la transición entre el romanticismo modernista y la vanguardia provinciana de principios de siglo XX, y su peripecia vital nada cuesta verificarla en muchísimos libros de referencia��. Por su parte, Fonseca Cox es hoy por hoy un conocido cronista en variados me- dios de prensa internacionales, como Le Monde Diplomatique o The New York Times. Su trabajo como poeta, al contrario, sigue pasando desapercibido y no ha contado hasta ahora con el suficiente reconocimiento. Con respecto al grupo de autores cuya realidad real resulta cuestionable, es muy posible que Juan Evar Quiroga y Luis Vilches Brown sean respectivamente Elvira Hernández y Francisco Salas, si bien no podríamos acreditarlo. Lo mismo sucede con Humberto Díaz Gago y Eliecer García Huerta, de quienes sospecha- mos encubren a los poetas Mario Verdugo y Marcela Parra, aunque en entrevistas personales ambos lo hayan negado rotundamente. Acerca del tercer grupo parece un juego de niños enlazar a Johnny Cansino Flores con Daniel Tapia Torres (1983), poeta y cineasta avecindado en Valparaíso, que actualmente pretende publicar el libro El Pequeño odioso –del que se antologan acá varios poemas– en la editorial La picadora de papel. Evaristo Reyes Formo- so es de plano descartable como autor real porque los datos que se suministran en su biografía son imposibles de corroborar: no hay ningún Evaristo Formoso profesor emérito de la Universidad de Sao Paulo el año 1989; tampoco hay eviden-

16 Podemos citar el Diccionario de Literatura Chilena de Efraín Szmulewicz y La Poesía Chilena Nueva de Víctor Castro. No pocos habrían de comentar su prematura obra. Armando Donoso, por ejemplo, elogió en él “la dignidad del sentimiento que se ha elevado a la más pura expresión de la emoción lírica”; Raúl Silva Castro intuía “debajo de aquella rebeldía que le hace abominar y maldecir, una honda y acendrada comprensión de la vida como bondad, desinterés y amor”; y Carlos René Co- rrea alabó esa “poesía llena de interrogaciones y angustia, la divina errancia que lo enloquece”. Andrés Sabella, Matías Rafide y Hugo Morán le dedicaron sendos artículos, mientras que Montes & Orlandi citaron un poema suyo en Literatura Regional de Chile. Con todo, su presencia en el pa- norama poético chileno ha sido casi nula, y muy pocos se ocupan hoy de su obra estigmatizada por obsoleta y provinciana. Sin embargo, su trágica existencia, marcada por amores tormentosos, el crimen, la fuga y un temprano deceso, dan pie para la leyenda y la inclusión en la antología de Ochoa. Para mayor información confróntese el número 27 de la revista Río Abajo, en la cual se encuentra un completo análisis de su obra. Finalmente, cabe reafirmar que, al igual como ocurrió con Sepúlveda, otros y otras poetas preco- ces más o menos canonizados pudieron integrarse al presente florilegio. Para mencionar sólo a los que provienen del territorio coquimbano-serenense, he ahí a María Isabel Peralta, Ximena Allen Fischer y Laurita Bustos, hace poco desempolvada por la Editorial Cuarto Propio.

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cia de los numerosos premios en escultura que se consignan; y nunca existió su mencionada postulación al Premio Nacional de Literatura el año 1990. Debemos hacer notar, eso sí, que aparece un Evaristo Reyes Formoso en la citada Anthologie de la nouvelle poèsie brèsilienne (París: Harmatan, 1988), con rasgos biográficos muy similares a los presentados acá. Mi convicción es que se podría tratar de Óscar Gonzaga Martínez, un tío de Pedro Gonzaga Castro, quien a pesar de ser un re- conocido mitómano, efectivamente fue escultor y conoció a Ginsberg y a Herzog, coincidiendo con lo planteado en la biografía de Formoso (Cf. sección Anexos dentro de la presente edición). Respecto al poeta que aparece con el nombre de Pablo Trabucco, ciertamente asoma también en la antología Cinco años de poesía publicada en Valdivia el año 1997 –y no en 1996 como se indica en su biografía–, pero las informaciones relacionadas con el campo de Petorca puedo descartarlas con datos burdamente autorreferenciales, pues mi familia tiene profundas raíces en la zona y ninguna de las historias relatadas en la biografía pueden ser confir- madas (Cf. sección Anexos). Posiblemente la mayoría de los Anexos incluidos en el manuscritos fueron pergeñados en su mayoría por los poetas que participan en la antología, y muchas de sus muy particulares y desmesuradas fabulaciones podrían estimarse indica- doras, además, de la naturaleza apócrifa o más bien neo-apócrifa de este texto. A la inversa, los Anexos permiten ratificar una que otra pista. Creemos que las ciu- dades de origen de cada uno de los involucrados constituyen rastros importantes, que posibilitarían –mediante una exhaustiva pesquisa a la cual no sé si alguien se encuentre dispuesto– develar la verdadera identidad de los poetas antologados. Aparte del descubrimiento de sus verdaderas identidades, sí podemos afir- mar que la lectura de la presente antología es en realidad una introducción forza- da al neo-apócrifo y a sus reprobables pretensiones de terrorismo intelectual. El que sean o no textos precoces no podemos confirmarlo, a excepción de aquellos pertenecientes a Cifuentes Sepúlveda y Fonseca Cox, cuyos datos pueden auten- tificarse –ya lo hemos dicho– en cualquier sistema de referencia. Quizá lo mejor sea concebir este libro como un enmarañado e hiperbólico ejercicio ficcional, una extraña suerte de novela negra sin solución aparente, cuyo principal crimen es la poesía, la muerte del autor y la ruptura de los límites entre ficción y realidad. Frente a la imposibilidad de correr el tupido velo antes de la publicación del texto, dejamos el expediente en manos del hipócrita lector, nuestro hermano.

Paulina Orth

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Anexos

Rodrigo Elieser García Huerta

Con una personalidad explosiva y a ratos muy retraída García es amante de la música y de los paisajes húmedos del sur de Chile. Comienza escribiendo letras de canciones para el grupo Vomit Anarchy, banda en la cual tocó la batería durante cinco meses en reemplazo del baterista César Albornoz, quien fue en- yesado después de sufrir la caída desde un balcón de las fondas del recinto Sofo (Temuco), durante una discusión sostenida con el mismo García Sanhueza. El escritor sólo llegó a tocar con público masivo junto a Vomit Anarchy el año 1988 en el gimnasio de la ciudad de Padre Las Casas durante la Tocata solidaria del alimento no perecible. En 1999 fue internado en el hospital regional de la ciudad de Temuco tras un fallido intento de suicidio. El escritor fue encontrado por Marlene Pineda –poeta y parvularia con la que continúa teniendo una relación hasta el día de hoy– con un severo shock eléctrico en el sillón de su casa en la ciudad de Loncoche mientras en el baño la policía encontró la tina llena, una botella de ron y una radiocasette sumergida en el agua, que, según Marlene Pi- neda, reproducía la canción Reign in blood de Slayer. Luego del término de sus estudios de enseñanza media, realizó un curso de Técnico en Reparación de Radios y Televisores, dictado por correspondencia desde la Universidad de Cali- fornia (E.E.U.U). Actualmente ejerce dichos estudios en la ciudad de Pitrufquén (Región de la Araucanía), siendo frecuentes sus viajes al campo y a la ciudad de Puerto Saavedra en busca de las tradiciones del Chile profundo.

Pablo Trabuco Onetto

En octubre del año 1974 su familia se traslada y radica en la comunidad de Twintig Vierkante, centro para refugiados en Gante, Bélgica. Once años después retorna a Chile, donde ingresa como alumno al Liceo Armando Robles Pérez en la ciudad de Valdivia. Escribe a partir del redescubrimiento de un len-

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guaje materno, al que accede a partir de registros y observaciones en muelles, mercados y plazas. Jorge Teillier Sandoval luego rotularía la obra de Trabucco Onetto como un “Larismo hermético”. Reside en Santiago, Longotoma y Cabildo, donde se dedica a la enseñanza del francés, la publicación en revistas literarias y el oficio de temporero en jornadas agrícolas. En su estadía por los campos de la Quinta Región del país, Pablo Trabucco Onetto ejerció como asesor agrícola para pequeños productores. Gozaba de cierto respeto entre temporeros y peo- nes, la mayoría de ellos sin estudios. A través del gobierno belga, consigue la ha- bilitación de la primera escuela de nivelación para campesinos, peones y tem- poreros, en la provincia de Petorca, y en la que realizaron visitas escritores de la altura de Jorge Teillier Sandoval, Carlos Droguett Alfaro y Rolando Cárdenas Vera. Como agradecimiento a su gestión, recibe un caballo al que bautiza como “Telaraña”, en memoria de Dina Meyhoff, poetisa belga fundadora del grupo Web. No posee los recursos necesarios para sostener la crianza del animal; sin embargo, lo guarece en su domicilio, lo que al tiempo provoca un infausto acci- dente: producto de una coz, Trabucco es internado en el hospital de Valparaíso, con severos daños en la zona toráxica. El periodo de rehabilitación se extiende por tres meses. Conoce al doctor boliviano Yuri Tarque Oblitas, a quien conven- ce de realizar operativos médicos en la zona de El Guindo. Fruto del infortunio –y luego de haber participado en numerosas jornadas de voluntariado– el au- tomóvil en el que se traslada la comitiva médica vuelca provocando la muerte de dos enfermeras y el propio Yuri Tarque Oblitas. Trabucco cae en una fuer- te depresión y busca asilo en la zona de Rinconada, renunciando de manera irrevocable al servicio social. De regreso a Cabildo, transforma la sede 47 “Aldo Valenzuela Navia” –antigua escuela de nivelación– en su lugar de trabajo. Su afición al alcohol lo convierte pronto en un desamparado. No obstante, existen registros que certifican toda su actividad productiva en periódicos y boletines regionales. Interesado por el artículo “Frente al zaguán”, Alejandro Concha, empresario agrícola y pionero en la inserción de especies foráneas contacta a Trabucco para contratar sus servicios como escritor. El mismo Pablo Trabucco, en conversación con la revista “Satanás” define la experiencia de este modo:

“Andaba yo bastante perdido, mis amistades eran fugaces, minúsculos abreva- deros para acercarse al alcohol, y esa vida era una luz constante, porque escribía sin memoria, sin tiempo. Me visitaban algunos amigos entre quienes destaca el poeta Pancho Lingues Terán, al que debo la presencia del Señor Concha, a quien

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le escribí dos poemas con claras y terribles motivaciones amoriles, las que resul- taron tan efectivas, que al poco tiempo lo tenía de regreso en mi casa-oficina, para sugerirme más textos, los que por cierto, pagaba bastante bien”. La fama de poeta que circunda por entonces a Trabucco es la de un vendedor, un co- merciante, lo que trae enemistades y desmerecimientos. El año 1998 abandona raudamente la zona, estableciéndose en el norte, donde continúa escribiendo bajo el pseudónimo de Dalien Trabosso, Aleyda Gatica y Benjamín Devall.

Evaristo Reyes Formoso

La pérdida de su virginidad a temprana edad con una muchacha mayor, es el hecho perturbador que conduce al joven Evaristo hacia una intensa búsqueda de expresión poética con el fin de revelar su propio caos. Evaristo frecuenta a doña Margarita Maldonado Quilodrán, muchacha de la alta aristocracia sure- ña con quien mantiene una relación dolorosa y clandestina por tres años. Pro- ducto de aquella relación el adolescente Evaristo revela su lenguaje cotidiano bajo las formas del verso libre. Según Enrique Lihn, “Las mejores esculturas del poeta fueron los textos escritos entre sus quince y diecisiete años de edad, si mal no recuerdo, en su libro El fuego en los maderos. Sin embargo la academia de aquel entonces no supo leerlo. Probablemente ni lo leyeron pues esa edición fue distribuida en su mayoría en el sur del país”. Su adolescencia además fue violentamente golpeada por el incendio de 1948. Si bien todos sus familiares sobrevivieron a la tragedia, la mitad de su campo fue arrasado por las llamas. Aquello debió afectar profundamente la sensibilidad de Evaristo, pues muchos de esos árboles se encontraban intervenidos por su propio cuchillo. Hecho fun- damental, pues en el poema Autorretrato de mi catástrofe, publicado más tarde en la revista de su colegio, podemos leer: “Mi escritura arde bajo el incendio,/¿qué papel podrá resistir el carbón rojo, la quemadura que soy cuando escribo?” A los quince años participa en los talleres de literatura dictados por el es- critor Edesio Alvarado, quien repara en el talento del muchacho. En ese enton- ces Pablo Neruda visita a su amigo conociendo circunstancialmente al joven Evaristo. Neruda inicia desde esa localidad una travesía a caballo por la cordi- llera de los Andes el 24 de febrero de 1949. Años después se sabría que Neruda buscaba pasar hacia Argentina clandestinamente.

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En 1950 ocurre un hecho inesperado en la vida del adolescente escritor. En una lectura poética que galardonaba el III concurso regional de poesía, Evaristo lee el texto ganador. Meses después se descubriría que aquel poema no era de su autoría sino un texto del propio Pablo Neruda. Su plagio fue motivo de noticia. Los escritores de aquel entonces vieron con malos ojos la actitud de Evaristo. En el diario El Llanquihue el crítico José Pérez escribe: “Vergonzosa la actitud de este muchacho quien a tan poca edad se relaciona con lo más bajo de la literatura”. Ese plagio le dio una momentánea fama local. Evaristo decide apartarse de toda relación con la literatura. En 1960 asiste como espectador a las primeras escuelas de verano organi- zadas por Gonzalo Rojas en la Universidad de Concepción. En el auditorio de la facultad de Humanidades y Arte conoce al poeta Allen Ginsberg, con quien establece amistad y emprende un viaje al sur del país. En 1971 milita en el MIR. Tras el golpe militar se fuga a Brasil junto a su pareja Rocío Contreras. Sigue escribiendo poesía en Sao Paulo, en donde obtie- ne por unanimidad del jurado el primer lugar en el concurso internacional de poesía Mestizaje y Amazonía. En 1980 participa como actor secundario en la cinta Fitzcarraldo, en donde conoce al director Werner Herzog y al actor Klaus Kinski, con quien estrecha amistad. Sin embargo los excesos de alcohol interrumpen las grabaciones, por lo cual Herzog decide despedir a Evaristo del elenco. Evaristo Reyes Formoso sostiene en una conferencia dada en Casa de las Américas: “La poesía es un estado de revelación puro, una forma de adquirir la realidad de manera desmedida. De ese choque necesariamente arde como una chispa la palabra poética, el verso que tajea como un cuchillo ebrio la corteza de cualquier papel, constituye un poema, o una escultura. En realidad, debemos dejar que el fuego realice su trabajo”.

Juan Evar Quiroga

Nace el 2 de enero de 1976 en San Bernardo. Hijo de Juan Evaristo Quiroga, empleado de la Papelera y de Abelarda Andina Alcayaga, tejedora de frazadas. Fue el menor de cinco hermanos hombres y su familia se destruyó debido a la situación política del país. Sus hermanos huían por el mundo y sus numerosos parientes vivían escondidos. Terminó criado por una tía abuela y a duras penas

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terminó también el Cuarto Medio en el Liceo Juan Gómez Millas de La Cisterna. En 1990 sale del país para buscar a sus hermanos que llevaban la L en el pasapor- te. Conoció en España a Gonzalo Santelices, quien le brindaría amistad y guía literaria. No se tiene noticias de Evar Quiroga luego de que intentara replicar la llamada caminata de Hölderlin.

Humberto Díaz Gago

Luis Humberto Díaz Gago nace en Talca el 22 de febrero de 1977, hijo del agricultor Ismael Díaz y la profesora de Castellano Elcira Gago. Estudia en el Liceo Abate Molina de Talca, por entonces llamado Liceo de Hombres, a pesar de contar entre sus estudiantes con un amplio contingente de señoritas, entre las cuales Díaz quiso –sin éxito cabal– encontrar el primer amor. Ha estudiado Literatura en Concepción y Valparaíso, dedicándose preferentemente al rescate de “poetas, narradores y ensayistas coterráneos pero nunca coetáneos”, como Carlos Acuña (Cauquenes), Lonko Kilapán (Huaraculén), Joaquín Cifuentes (San Clemente) y Hugo Correa (Curepto). Desde el año 2005 ha incursionado en la biotecnología y acaso en la eugenesia, acicateado por el investigador espa- ñol Guillermo Lizarralde Casales. Siendo alumno del Primero Medio E del Liceo de Hombres de Talca, Luis Díaz Gago sufrió una grave caída en clase de Edu- cación Física, cuyo responsable era el profesor Carlos Lebrero Celis, quien años más tarde se quitaría la vida abrumado por acusaciones de abusos deshonestos contra menores. Específicamente, Díaz tropezó en un caballete de saltos, tam- bién llamado plincton, que ya venía convirtiéndose en su bestia negra desde inicios del trimestre, lo que de paso hizo de nuestro poeta el blanco de las burlas más crueles de sus condiscípulos. Internado en la UCI del Hospital de Talca, Díaz padeció cuatro paros cardiacos sucesivos, y aunque los médicos lo dieron por muerto, incentivando a los padres a una pronta donación de órganos, fi- nalmente consiguió recuperarse y proseguir con sus actividades estudiantiles sin altibajos de importancia. Al despertar del coma farmacológico, afirmó ha- ber visto resumida no su vida pasada –como hasta hoy se asegura que le ocurre a los moribundos–, sino su existencia futura. Tampoco habrían sido sus seres queridos los que lo estimularon a revivir –como reza el estereotipo–, sino una serie de poetas locales, vestidos con la inusitada elegancia de algunos cadáve- res, y alineados alrededor de un túnel blanco mientras coreaban: “Fracasa, Luis

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Humberto, fracasa, vuelve a tu hogar y sé feliz”. El trance agónico marcaría el comienzo de lo que Díaz define como su “obsesión biográfica”, perceptible en su trabajo como cronista de autores remotos y además en este Napoleones que ahora ve la luz pública por vez primera. En la actualidad, el ex liceano ofrece sus mejores esfuerzos a la investigación con vegetales en la zona de Colín, o “mi amarga Abisinia”, como prefiere denominar a esa localidad estando en confian- za. Su compañero en tales afanes, Guilermo Lizarralde Casales, ha señalado en una reciente entrevista con Diario El Centro que su objetivo científico es conocer el comportamiento de plantas que se repelen y se atacan mutuamente al inte- rior de un mismo cultivo.

Claudio Hernán Fonseca Cox

Claudio Fonseca conoció a Rodrigo Lira Canguilhem a los 15 años, durante uno de los viajes que éste último realizaba al Valle de Elqui en busca de sosiego y marihuana. Fonseca ha declarado que sintió una inmediata atracción por él y su poesía: “Hay que imaginarlo con ese aspecto de inadaptado, de mono vestido, con sus patillas de irlandés borracho y unos lentes de proxeneta neoyorkino que difícilmente lo ayudaban a pasar desapercibido. Juro que sentí un zumbido an- tes de encontrarme con él, una vibración no sé si turbia, pero sí saturada de algo violento, dislocado, herido. Apenas lo vi me di cuenta de que andaba cargán- dose pesadamente a sí mismo por las calles, que le costaba ser quien era, que posiblemente odiaba ser quien era, pero que le molestaba aún más el mundo y que vivía en un enfrentamiento permanente con todo. Y ahora hay que imagi- narme a mí pensando ‘si nadie ayuda a este gallo, los huasos le van a dar una chanca que le va a hacer aborrecer más todavía haber nacido’. Y es que su pinta lo iba a terminar perjudicando, porque la cosa era así por esos lares. De manera que me acerqué a él, decididamente, convencido ya de que no era un tira mal disfrazado, sino una especie de artista”. Este acercamiento significó a la larga una enorme conmoción en las percepciones estéticas del vicuñense, quien en un principio no pudo asimilar bien las poderosas innovaciones estilísticas que le presentaba Lira. Del encuentro nace Derrengue, cuyo título sugiere una dis- locación interna que también se nota en la versificación del poemario. Así, en gran parte de sus textos se puede apreciar la lucha interna del poeta precoz que

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buscaba seguir sus propias inclinaciones y que al mismo tiempo se enfrentaba con tendencias tan poderosas y únicas que no podían sino desconcertarlo. Jorge Echeverría Láinez sugiere incluso que este libro es un “violento choque entre la ciudad y el campo, entre la sociedad alienada y oprimida de una metrópoli tercermundista y una comunidad semirrural pasada por el filtro de la inocencia salvaje y adolescente de un joven poeta”. Pero además, son las primeras ma- nifestaciones de un muchacho que a esas alturas ya se encontraba asumiendo su condición homosexual. Rodrigo Lira, que nunca supo del enamoramiento de Fonseca ni del fuerte impacto que había producido en él, tampoco supo de Derrengue, pues su suicidio perpetrado en 1981 impidió que conociera la única edición de este libro recién publicado durante los primeros meses de 1982. “A veces es más fácil ser amigo de un muerto”, le habría dicho Fonseca a Fernando Navarro Geisse, investigador literario también nacido en el Valle de Elqui.

Johnny Doss Passos Cansino-Flores

La primera vez que leyó en público, lo hizo ante la clase, era algo del libro Arrayán de Castellano. Cuando terminó de leer, sus compañeros lo aplaudieron,

él les hizo una reverencia. La profesora lo tomó de una patilla, lo llevó fuera de la

sala y le dijo: “No vuelvas nunca más a burlarte así de tus compañeros, ellos no tienen la culpa de no leer de corrido”. Desde ese momento a Johnny le cambió la perspectiva de la literatura. Su abuelo era gran lector y locatario de una pequeña librería de viejo llamada El Cuchitril Sangriento. Ahí se iba después del colegio

y alternaba entre uno que otro libro, la tele, y uno que otro cliente. Convencido de que debía haber estudiado en un colegio humanista y no en uno industrial, se deja estar y repite tercero medio. Entonces fue cuando se dedicó a pololear

y perdió totalmente el control. El fracaso amoroso lo llevó a la total demencia,

yendo a parar un par de meses al hospital siquiátrico. Dado de alta, funda la Biblioteca Chasquilla Móvil Salustio y Trúbico, para incentivar la lectura de los jóvenes en riesgo social. Una vendeta de un afectado por la supuesta infidelidad de su polola con Johnny, lo deja con la biblioteca quemada, lo que lo impulsa a hacer un viaje por América.

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Luis Vilches Brown

Luis Vilches Brown nace en Santiago el 7 de julio de 1965. A los cuatro años

de edad se traslada al caserío de Cópiti, en las cercanías de Talagante, donde

permanece hasta las postrimerías de su adolescencia. Estudia geología en la Universidad de Concepción. Habiendo rendido con éxito su examen de grado, viaja a Hermosillo, en México, donde reside y trabaja actualmente. Una infancia vivida en notorio aislamiento hace de él un sujeto hiperestésico, con severos

problemas para socializar y, sobre todo, para tomar la palabra en público. Pese

al explícito odio que fue desarrollando por la vida pueblerina y específicamente

rural, ya sus primeros textos literarios dan cuenta de una gran admiración por

la experiencia de algunos naturalistas y colonizadores en el territorio latino-

americano. Se reconoce como seguidor de la obra de Jacques Carelman y como

un devoto lector de Vicente Pérez Rosales, Fernando Santibáñez Puga, Marta

Brunet Cáraves, León Nikoláievich Tolstoi y Alexander von Humboldt. Con el

propósito de traducir a un lenguaje contemporáneo la filosofía a martillazos

de Friedrich Wilhelm Nietzsche, publicó en febrero del año pasado el poemario

Captchas, cuya índole performática y transdisciplinaria ha favorecido su circu-

lación más allá del campo literario, constituyéndose así en el pretexto para la realización de mesas redondas en el XXI Festival Periferias (Huesca, 2011) y en el

IV Encuentro Manufacturas e Intermedialidad (Guanajuato, 2012).

Joaquín Cifuentes Sepúlveda

Joaquín Cifuentes Sepúlveda nace en San Clemente el 15 de marzo de 1899, hijo de una familia de comerciantes locales. Estudia en el Liceo de Hombres de Talca, participando de una generación de escritores que tuvo como guías al rec- tor Enrique Molina Garmendia y al vicerrector Alejandro Venegas Carús, nacio- nalmente conocido por su seudónimo: Dr. Julio Valdés Cange. A decir de sus ha- giógrafos, Cifuentes fue “un joven carilindo y vehemente, que solía prorratear

sus afectos entre la poesía maulina, el paisaje maulino y las mujeres maulinas”. Esta última afición lo arrastró a un episodio criminal y a una larga estadía en

la cárcel, de la que finalmente consiguió salir gracias a las campañas montadas

por Pablo Neruda y otros intelectuales de la época. Específicamente, Joaquín

y su hermano Carlos apuñalaron con un cuchillo para cortar jabones a unos

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hermanos santiaguinos apellidados Ramírez, quienes habrían intentado arre- batarles a los Cifuentes el amor de unas hermanas sanclementinas apellidadas Martínez. Joaquín murió en Buenos Aires en 1929, mientras era acechado por lo que el historiador Jaime González Colville denomina “la jauría del fracaso”. Pu- blicó Letanías del dolor (Talca, Imprenta Talca 1917); Esta es mi sangre (Talca, Im- prenta Talca 1918); Noches (Talca, Imprenta Talca 1919); La Torre (Santiago, Edi- ciones Juventud 1922); y El adolescente sensual, antología prologada por Neftalí Reyes Basualto y Jorge González Bastías (Santiago, Imprenta El Esfuerzo 1930).

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