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Ediciones MATHESIS

Los Propósitos Psicológicos,


Serge Raynaud de la Ferrière

Propósito Psicológico XXXI: Los Templarios


Traducción: Hugo Vidal Obregón

Edición Internet Numerada.


Todos los derechos reservados. ©
21 de marzo, 2006

www.sergeraynaud.net
PROPÓSITOS PSICOLÓGICOS

Serge Raynaud de la Ferrière

Libro XXXI

Los Templarios
Los Templarios

INTRODUCCIÓN

En La Sabiduría de Mahoma, libro XXX de esta serie de “Propósitos 1

Psicológicos”, hemos citado a los Templarios como ejemplo de movimiento


cristiano que fue impregnado de las virtudes del esoterismo del Islam. Esto debe
ser bien comprendido, ya que el hecho de una influencia musulmana sobre la
célebre caballería cristiana, fue justamente una de las piezas maestras de la
acusación lanzada en su contra. Ahora bien, las VIRTUDES del esoterismo del
Islam, y particularmente de la enseñanza sufí, no son incompatibles con la
verdadera comprensión crística, ya que ellas se reúnen conjuntamente a la gran
tradición iniciática con sus principios universales y eternos.
Hemos expuesto ya, en un artículo consagrado a los Templarios, cómo el rey 2

de Francia, Felipe el Hermoso, y un compañero de infancia llamado Bertrand de


Got a quien hizo nombrar Papa bajo el nombre de Clemente V, juraron la
desaparición de los Templarios. Se trataba del rencor del rey de Francia quien no
pudiendo reintegrar los préstamos y pagar las enormes deudas que había
contraído con la Orden del Templo, prefirió condenar a sus acreedores y sobre
todo hacerlos desaparecer para no tener ningún reconocimiento que deber a sus
benefactores. A la muerte de Bonifacio VIII y tras el corto período de 1303 a 1304
de Benedicto XI, el rey se apoderó de la elección del nuevo Papa sabiendo que si
escogía entre los prelados al más ambicioso, este no podría rehusarse a nada. Fue
así como colocó en el trono de la Santa Sede, en 1305, a su amigo Bertrand de Got,
el Obispo de Burdeos. Clemente V estaba muy celoso del gran prestigio de los
“Fratres Militae Templi” y del alcance que adquiría su movimiento con sus 9.000
comandancias organizadas en toda Europa, pero sobre todo por la rica
independencia de la Orden que escapaba a su autoridad.
Fue así que a partir del 14 de septiembre de 1307, en que tuvo lugar la orden 3
de arresto, comenzaron los encarcelamientos, las prolongadas torturas y finalmente
las confesiones arrancadas a la fuerza a los dignatarios de la Orden. Se los inculpó
primeramente de sodomía obligatoria, afirmando que esto le era notificado a cada
miembro en la ceremonia de recepción donde se le pedía besar al que lo acogía.
Pero, aunque esto último no se haya probado, admitamos que podía tratarse
simplemente de lo que hoy día llamamos un abrazo. Por otra parte, en las tres
copias de la regla del Templo que aún se conservan, se señala precisamente a la
sodomía como una falta capital que debe ser severamente castigada. En efecto, en
la Biblioteca Nacional en París, se conserva un manuscrito del siglo XII que da
testimonio de las reglas de los templarios.
Siguieron nuevas acusaciones, todas tan falsas como la anterior, como por 4

ejemplo que rendían culto a un hipotético ídolo, “barbudo” según algunos


“bicéfalo” según otros, y que no era otro que el famoso Baphomet del que por otra
parte, a pesar de todos los intentos, no se ha logrado dar una explicación
satisfactoria. Es posible que haya sido el nombre de Mahoma, que solían

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Los Templarios

pronunciar algunos caballeros templarios, lo que dio origen a la leyenda de que


adoraban la imagen de un cierto Baphomet! En fin, se pretendía que los templarios
se alejaban de la fe católica… y se llegó a decir incluso que renegaban del Cristo!
Pero, felizmente siguen siendo numerosos los monumentos que apoyan la tesis
contraria. Como ejemplo, bastaría la torre fortificada de la comandancia de la
Orden del Templo en Clarisaye (en la Droma), que se encuentra coronada por una
enorme estatua de la Virgen. A eso se puede agregar la invocación con la que se da
comienzo al acto de elección de un caballero templario: “Ad Majorem Dei Gloria –
Ad religiones Christianae Templique D.N.J.C. Militae, Sanctae Catalinae salutem et
maximam illustrationem…”. Sea como sea, la orden del Templo, que existió
solamente durante dos siglos, vino con su moral universal a continuar alimentando
la Llama Esotérica. Si bien ésta se apagó en su manifestación visible el día del
suplicio del Venerable Jacques de Molay, ha permanecido viviente a través de los
elementos Iniciáticos que han sabido preservar la joya de la Santa Verdad.

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Los Templarios

LOS TEMPLARIOS

Quisque structur qui dotibis


et idoneitates quae requiruntur

Ante todo, debemos hacer una pequeña aclaración con respecto a la fecha 5
5
de la ejecución del último Gran Maestre de los Templarios. Generalmente se ha
señalado que la muerte de Jacques de Molay tuvo lugar en 1314, pero hemos
insistido en que ocurrió en realidad en el año 1313, como lo hemos detallado ya
en el capítulo dedicado a este tema en el Mensaje II de la serie de “Los Grandes
Mensajes”, explicación en la que hacíamos ver, en efecto, que en esa época el
comienzo del año coincidía con la semana santa, que tuvo lugar a partir del 7
de abril de 1314. Ahora bien, la fecha en que el Venerable Jacques de Molay
compareció ante el atrio de Nuestra Señora de París para escuchar la sentencia
lanzada contra la orden, fue el 18 de marzo, que en el calendario de la época
correspondía todavía al año 1313. En el calendario que está en uso actualmente
el comienzo del año está fijado para el 1º de enero, de manera que el mes de
marzo que era antiguamente1 el último mes del año, es ahora el tercero del año
siguiente, y si actualmente se sigue dando la fecha de 1314 es generalmente
para comodidad de las narraciones históricas. En consecuencia, la fecha de la
ejecución sería 1314 solamente si nos referimos a nuestro calendario actual,
pero si se toma en cuenta el calendario de la época, la fecha de la ejecución
corresponde todavía al año 1313.
Ahora, hagamos una relación de la época para ver cuáles fueron las 6

razones de la fundación de la orden del Templo y el ambiente en que se


desenvolvió. No se debe creer que las expediciones hacia Palestina, sostenidas

1 Si nos atenemos al movimiento astronómico, el verdadero comienzo del año debería


celebrarse “científicamente” en el equinoccio de primavera o sea en el punto vernal como
punto de partida de la eclíptica, que coincide en el zodiaco con el punto 0º del signo del
Cordero y que corresponde a la fecha del 21 de marzo en el calendario actual.
Las costumbres cristianas fijaron originalmente la Semana Santa al comienzo del año
astronómico, pero debido a que la fecha de la semana santa es variable, fue adoptado
después el 1º de abril como comienzo del año, y más tarde se fijó finalmente el 1º de enero
como comienzo del año. Ahora bien, el año nuevo ha dado siempre lugar a entregas de
regalos, como se hacía el 1º de abril y se hace actualmente el 1º de enero, y es por eso que ha
quedado la costumbre de hacer “farsas” el 1º de abril. En efecto, se trata del día de las “falsas
ofrendas” que persiste hoy como el día del “pescado de abril” en que se acostumbra hacer
“bromas” en memoria de los que creían todavía que el 1º de abril era el día de año nuevo,
cuando ya se había cambiado. Por eso es que actualmente se toma ese día para engañar o
simular algo con el fin de “atrapar” a los crédulos.

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Los Templarios

por el Papa Urbano II, se realizaban con fines de peregrinaje, pues ya desde el
siglo IV numerosos peregrinos se dirigían al descubrimiento de los lugares
sagrados. Se trataba más bien de empresas escatológicas a la vez que políticas.
Ante todo, en las proximidades del año 1.000 se había impuesto el temor por el
fin del mundo (superstición que reaparece con la proximidad del año 2.000) 2.
Por otro lado, no había consenso en las sociedades cristianas en cuanto a los
derechos y poderes del Vaticano y la otra, la controversia, puesta de nuevo a la
orden del día, que suscitó la larga lucha partidista entre los güelfos y los
gibelinos. Una treintena de años antes, el Papa Nicolás II había intervenido
concediendo privilegios especialmente a los príncipes alemanes. Ahora el Papa
francés Urbano II reanudaba la lucha por la independencia del Vaticano
levantándose contra los gibelinos.
La cristiandad experimentaba pues una grave crisis, tanto psicológica 7

como institucional. Los simples creyentes tenían la mala conciencia de no estar


haciendo nada contra los demonios y contra el anticristo que iba a aparecer en
el centro del mundo, es decir, en Jerusalén. Al lanzar su llamado a la cruzada,
el Papa daba una razón para creer y esperar a la vez. Según Foucher de
Chartres, Urbano II declaró: “Yo digo a los ausentes y ordeno a los presentes: el
Cristo manda que a todos aquellos que partan hacia allá, sea por tierra o por
mar, y pierdan la vida en su lucha contra los paganos, les sea concedido un
perdón inmediato por sus pecados. Así está acordado para los que van a
partir…”. De manera, pues, que ir a combatir a los sarracenos tenía la garantía
pontificia de ser un medio de salvación.
En fin, después de muchos trabajos y decepciones, los más activos 8

terminaron tomando a Jerusalén por asalto, en julio de 1099. Godofredo de


Bouillón, elegido rey del pequeño territorio conquistado, rehusó la corona y
permaneció hasta el último año de su vida como Abogado del Santo Sepulcro.
A su muerte le sucedió su hermano quien sí ostentó la nueva corona.
Sin embargo, el primer impulso heroico había desaparecido. Ya no se 9

trataba de mesianismo sino de salvación individual, de peregrinajes que


proteger, de estados que establecer o defender. Para aquellos que
permanecieron en las tierras del cercano Oriente, en su mayoría simples,
resultaba importante organizar su implantación, como bien lo describe uno de
ellos, Foucher de Chartres: “Nosotros que éramos occidentales, nos hemos
convertido en orientales; el que era romano o franco, se ha convertido en
galileo o habitante de Palestina; el que vivía en Reims o en Chartres, se ve hoy
como ciudadano de Tiro o de Antioquia. Ya hemos olvidado el lugar de
nuestro nacimiento y resulta desconocido para varios de nosotros. Hay quien

2Ese “fin del mundo” es en realidad “el fin de UN mundo”, es decir el final de un ciclo, la
señal de una nueva época, como un siglo, un milenio e incluso una Era.

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Los Templarios

de nosotros ya posee en este país casas y servidores que le pertenecen por


derecho hereditario; hay quien se ha esposado con una mujer que no es su
compatriota, con una siria o una armenia o inclusive con una sarracena. Unos
cultivan sus viñas, otros sus campos. Hablando diversas lenguas ya todos han
llegado a entenderse… El extranjero es ahora indígena y el peregrino se ha
convertido en habitante de la ciudad. Aquellos que eran pobres en su país, aquí
Dios los ha hecho ricos; aquellos que no tenían escudos, poseen aquí un
número indefinido de bizantinos; a quienes no tenían más que una alquería,
Dios les ha dado aquí un pueblo. ¿Por qué ha de regresar a Occidente aquel
que encuentra el Oriente tan favorable?”
Sin embargo, algunos veían la colonización de Palestina bajo un aspecto 10

mucho menos interesado. Ese era el caso de Hugo de Payns, caballero


chapanés, activo y animoso, quien fundó con algunos otros caballeros amigos
una Orden que tomó el nombre del Templo. Fue Boudoin, en su calidad de rey
de Jerusalén, quien les asignó una estancia en las inmediaciones de un
convento de canónigos regulares en el sitio en que se levantaba antiguamente
el Templo de Salomón. La razón de ser y primera misión de la Orden fue
asegurar la vigilancia de las rutas próximas a los lugares santos para proteger a
los peregrinos contra los bandidos y velar en las cisternas. Misión sencilla para
la cual había que inscribirse y comprometerse con un voto solemne a combatir
a los enemigos de Dios, dentro de la obediencia, la castidad y la pobreza.
Animada por el Patriarca, quien recibió los primeros juramentos, la 11

pequeña comunidad de caballeros franceses quedó formada oficialmente en


1118. Durante un viaje a Francia para reclutar nuevos miembros, Hugo de
Payns asistió al concilio de Troyes para dar a conocer la nueva orden, y fue ahí
que se fijó la regla de la Orden del Templo, en 1128, regla de inspiración
benedictina. Hugo de Payns no trajo muchos caballeros como resultado de esa
misión, pero conquistó a San Bernardo, quien habría de convertirse en el
propagador de los templarios.
San Bernardo, fiel a la teoría agustiniana de las dos espadas, la temporal y 12

la espiritual, quiso verla empleada por el Vaticano y sus adherentes. Fue así
que los apoyos de San Bernardo y del Vaticano contribuyeron a la gloria de los
templarios. Una nueva cruzada fue organizada para reforzar al Vaticano con el
fin de asegurar las bases de la cristiandad tanto en Oriente como en Occidente,
y de insuflar un espíritu desinteresado, menos animado por la voluntad de
poder personal. Para San Bernardo, la cruzada fue ante todo una penitencia, un
medio de salvación individual y ya no una obra mesiánica.
A la segunda cruzada, donaciones importantes de tierras y bienes fueron 13

hechas a los templarios, mientras que el Papa instituyó su atuendo: el manto


blanco con la cruz roja sobre el corazón. También les otorgó importantes
privilegios, como el derecho a percibir los diezmos y los impuestos locales; la

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Los Templarios

posibilidad de establecer iglesias con capellanes elegidos directamente por


Roma y, en fin, independencia con respecto al clero secular del lugar.
Paralelamente, gracias a su implantación internacional, el Templo se convirtió
en una oficina de cambios, por cuanto los que partían a Tierra santa en lugar
de incurrir en los riesgos de transportar dinero, hacían un depósito en Europa,
en una de las casas de la Orden, y cobraban la suma equivalente en Palestina
mediante la presentación de un recibo. Interviniendo con mucha
circunspección y precauciones, la Orden salvaguardó y fructificó sus fondos
tomando sólidas garantías.
Así, por ejemplo, para asegurar un empréstito, el rey Juan sin Tierra tuvo 14

que depositar una cantidad igual en oro; en 1240 y por la misma razón, el
Emperador Boudoin III de Constantinopla tuvo que empeñar la “Verdadera
Cruz”. De manera que la Orden del Templo parece haber sido empujada sobre
esa vía por la confianza que inspiraron su disciplina estricta y su probidad,
mucho más que por cálculo especulativo. Le ocurrió a veces ayudar a los reyes
de Francia, Inglaterra y Jerusalén, otorgándoles fianzas por sus préstamos ante
las grandes bancas ordinarias.
Posteriormente, a finales del siglo XIII, como lo ha señalado Julio Piquet, la 15

confianza en los banqueros fue seriamente afectada por una serie de sonoros
craks. El más importante fue el de los banqueros italianos Bonsignari, hasta el
punto que en Venecia la profesión de banquero tuvo que ser estrictamente
reglamentada. Por otra parte, la Orden tenía sobre sus competidores laicos la
gran ventaja de no estar sometida a las autoridades locales y de constituir un
poder independiente que gozaba de la protección de Roma sin obligación de
aceptar su tutela. Pero, si bien la orden se enriquecía mucho con esa función
bancaria, no parece que sus miembros hayan sacado provecho de ello. Por otra
parte, la regla del Templo señalaba que si se descubría dinero en los efectos
personales de un hermano muerto, su cuerpo, privado de todo servicio fúnebre
y de toda plegaria, sería puesto en tierra profana, como se hacía antes con los
esclavos. El mismo Gran Maestro no debía ser tratado de otra manera si se
descubría que había dispuesto personalmente de sumas no recuperables sin
informar al Capítulo. La fuerza del Templo se debió a ese carácter caballeresco,
semi-laico o semi-eclesiástico, que liberaba a la Orden de las obligaciones más
pesadas y le confería así una libertad excepcional.
Recordemos que la monarquía de Jerusalén era la más republicana y la 16

más democrática de su tiempo. No existían los siervos y los campesinos eran


libres. Se respetaban igualmente las creencias y las razas en el ejercicio de la
justicia. Las Salas de lo criminal de la Corte Burguesa especificaban que en caso de
proceso, el judío debía prestar juramento sobre la Torah, el sarraceno sobre el
Corán, el samaritano sobre los cinco libros de Moisés o Pentateuco; mientras
que el armenio, el monofisita sirio, el griego, el nestoriano, el copto jacobino, el

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Los Templarios

abisinio y todos los franceses, debían hacerlo sobre el Evangelio. En resumen,


cada comunidad se encontraba respetada y en los edificios religiosos se
aplicaba el simultaneum, que permitía que un mismo lugar de culto pudiera ser
utilizado por religiones diferentes.
Los tres personajes decisivos a la cabeza de los Templarios en la Orden de 17

Oriente eran: el Mariscal, que disponía de las armas y los caballos; el Senescal
que secundaba al Maestro; y el Maestro mismo, que era el jefe supremo. Como
lo había subrayado ya Henri Curzon, el Gran Maestro era un soberano muy
poderoso, pero no absoluto. En efecto, la regla dice que el Maestro debía
sostener en sus manos el bastón y la verga, es decir el cetro y la espada, el
poder moral y el poder político. Es cierto que él podía disponer de una parte
de los recursos financieros, pero en la mayoría de los asuntos importantes,
como ceder una tierra, asumir la responsabilidad de un castillo, decidir un
ataque o un armisticio, etc., él debía someterse, al igual que todos los demás, a
la opinión de la mayoría, encontrándose igualmente en la obligación de
consultar a su Capítulo o Consejo y de someterse a la opinión de la mayoría.
En resumen, si bien el Maestro no carecía de medios militares y materiales, 18

la regla nada señalaba sobre su autoridad o su carácter espiritual, y aparecía


ante todo como un “dux bellorum” a la manera del legendario Rey Arturo. Por
otra parte, los Maestros parecían más bien desinteresados y desligados del
mundo, pues la preocupación religiosa de la obra a emprender primaba sobre
el apetito de gloria. Así lo indicaba la divisa inscrita en su gonfalón o
estandarte: Non nobis, Domine! Non nobis, sed nomini tuo da gloriam! “!No es para
nosotros Señor, no es para nosotros, sino para la gloria de tu Nombre!”

Veamos ahora cómo los templarios, al margen de sus acciones oficiales, 19

recibieron una influencia musulmana y comenzaron a tener más ampliamente


una corriente de pensamiento esotérico. Desde mediados del siglo XII se
habían establecido buenas relaciones con ciertos musulmanes. El Rey Baudoin
II había contraído una alianza con los musulmanes de Damasco. El Sultán le
había enviado como embajador al joven Usama Ibn Munqidh, quién escribía en
sus memorias las relaciones con los templarios en Jerusalén. “Entre los
franceses, aquellos que están desde hace largo tiempo establecidos entre
nosotros, y que han frecuentado la sociedad de los musulmanes, son muy
superiores a los que han venido a unírseles más recientemente”.
Cuenta además esta anécdota: “Yo vi a uno de los Templarios reunirse con 20

el Emir Mohy Ad-Dîn cuando estábamos en la cúpula de la roca. “¿Quieres, le


preguntó el Templario, ver a Dios (Allâh) niño? Sí, por supuesto, respondió el
Emir. El Templario nos precedió hasta mostrarnos la imagen de María con el

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Los Templarios

Mesías en su regazo. “He aquí a Dios niño”, dijo el Templario. Pueda Allâh
elevarse más allá de lo que dicen los impíos”.
El gesto del Templario se comprende doblemente: Primero, porque la 21

Virgen Santa tiene su lugar en el Corán, así como el Cristo que se encuentra
mencionado con el título de profeta. Enseguida, porque, como su regla lo
recuerda, la Orden del Templo estaba establecida “en honor de Nuestra
Señora” y la mitad de las plegarias que se invocaban cotidianamente y que
debían ser recitadas de pie, estaban consagradas a la Santa Virgen. ¿Por qué?
“Porque la regla dice que Nuestra Señora existió desde el comienzo de nuestra religión
y que es en su honor que Ella estará, si Dios quiere, hasta el final de nuestra religión,
cuando Dios quiera que eso sea”. Esa curiosa frase parece indicar que la Santa
Virgen simbolizaba para ellos la unión entre la voluntad divina y la tierra,
determinando tanto la vida individual como la vida de la religión en su
conjunto.
Es preciso citar aquí, la relación de los Templarios con la legendaria secta 1
22

ismaelita de los Assacís, de la cual se ha hecho una broma pesada llamándola


de los “asesinos”. Ésta era en su origen más bien la secta de los Ashashim,
donde la palabra ASSACÍS o ASASSIS es probablemente una trascripción del
plural árabe “Assas” = “guardián”. Su célebre fundador, el sheik Djebal
Hassan Sabah, llamado el Anciano de la Montaña, se distinguía por dirigir, sin
moverse de las alturas de su castillo de Almout, todas las acciones de aquella
caballería de Oriente. Si bien nada indica una relación estrecha entre los
templarios y las sectas islámicas, seguramente los caballeros establecidos en
aquel ambiente no debieron permanecer ignorantes de los ritos y del
pensamiento religioso local, de ahí que sea posible que hayan recibido incluso
su influencia.
Como tan bien lo señala Alberto Ollivier en “Los Templarios”, Ed. Seuil, 23

París, 1958: “Contrariamente a lo que se ha creído o escrito a menudo, el final


del siglo XII y comienzos del siglo XIII, lejos de estar dominado por una
creencia católica sin choque y sin caso de conciencia, reconocía por lo menos
perspectivas diferentes, si bien no con la actitud de una causa”. Es muy típico
ese manuscrito anónimo del siglo XII, que según se estima proviene de España,
en que su autor, evidentemente cristiano, cita dentro del número de los
legisladores justos, muy sabios e iluminados por Dios, a Moisés, a Mahoma y al Cristo,
este último más fuerte y más elocuente que los otros dos.
Se sentía nítidamente una tendencia a universalizar las creencias, y el 24

movimiento de una Gran Fraternidad estaba ya en las ideas; de manera que no


hay nada de sorprendente en que los Templarios se sintieran imbuidos de ese
pensamiento. Por otra parte, innegablemente, las corrientes del pensamiento
neoplatónico, aristotélico, mazdeísta, gnóstico y maniqueísta, no carecían de

- 11 -
Los Templarios

vigor. Lo primero en todas éstas era la preocupación metafísica por la esencia,


teniendo como nota dominante un deísmo puro más allá de las encarnaciones.
Eso ha hecho suponer - agrega Albert Ollivier - que los Templarios, bajo la 25

influencia del tiempo habrían adoptado, en forma secreta según los lugares, un
simple deísmo, entendido a la manera del maniqueísmo tal como muchos lo
describían, principalmente en el siglo XIX. Sin embargo, no existe ningún
documento que permita confirmarlo. Por otra parte, si bien era normal que con
el paso del tiempo los caballeros recibieran otras influencias y se inclinaran a
nuevos sentimientos, jamás se ha mostrado una sola pieza o un documento
cualquiera que pruebe que ellos perdieran en algún momento la recta línea de
conducta que originalmente se habían trazado; no obstante, si se hubiera
tratado de una tradición esotérica, tampoco sería sorprendente que la
transmisión se hubiera dado por vía oral, o sea, de labio a oído, de Maestro a
discípulo.
Cuando se trata de recibir a un nuevo hermano, el Maestro o su 26

representante reúne al Capítulo para someter a su aprobación el nombre del


postulante y recoger la opinión de la mayoría. Cuando ésta se pronuncia
afirmativamente, el Maestro plantea nuevamente su pregunta: “Hermosos
señores hermanos, vosotros veis que la mayoría se ha puesto de acuerdo para hacer de
éste un hermano; si hubiera alguien entre vosotros que conociese de él algo que le
impidiera ser hermano, según la regla, que lo diga, ya que sería mejor que lo hiciera
antes y no después de que éste venga ante vosotros”.
Si nadie responde, van por el postulante para conducirlo a una cámara 27

donde dos caballeros “de los más antiguos de la casa” lo someten a una
primera prueba. Ante todo, le plantean la pregunta tradicional: “Hermano,
¿pides tú la entrada a nuestra compañía?”. Una vez recibida su respuesta, ellos le
muestran “las grandes durezas de la casa y los mandamientos de caridad que
existen”. Si no está descorazonado, ellos se aseguran por medio de un nuevo
cuestionario, de que no tiene “esposa o novia” ni deudas que no pueda pagar,
que no está ligado a otra Orden por algún “voto o promesa”, que tiene buena
salud y, en fin, que no es “siervo de nadie”.
Habiendo recibido las seguridades necesarias, los antiguos de la Orden 28

regresan para informar al Capítulo. Entonces el Maestro, por tercera vez,


pregunta si alguien tiene alguna objeción que hacer. En seguida, se vuelve
hacia los hombres íntegros: “¿Queréis que se le haga venir por Dios”. Los
instructores deben responder: “Hacedlo venir por Dios”. Tras lo cual ellos
regresan a la cámara del candidato a quien le preguntan: “¿Sois de buena
voluntad?”. Después lo conducen al Capítulo tras haberle enseñado como
“tenerse”. Ahí, el postulante arrodillado, con las manos juntas ante el que
preside, debe declarar: “Señor, he venido delante de Dios y delante de vosotros y
delante de Nuestra Señora, y os pido y os requiero por Dios y por Nuestra Señora,

- 12 -
Los Templarios

acogerme en vuestra compañía y darme parte de los beneficios de la casa, como todo
aquel que para siempre quiere ser siervo y esclavo de la casa”.
El Maestro del Capítulo replica:
“Hermoso hermano, vos queréis muchas cosas de nuestra Orden, ya que de ella no 29

veis sino la corteza que es lo exterior. Veis que tenemos hermosos caballos, hermosos
arreos y hermosos vestidos, buen beber y buen comer, y os parece que os encontraréis a
vuestro gusto. Pero no sabéis los duros mandamientos que existen por dentro, ya que es
cosa dura que vos no seáis dueño de vos mismo y que os hagáis siervo de otro. Será con
gran pena que haréis lo que queráis: ya que si queréis estar en la tierra más acá del mar,
se os mandará más allá; o, si queréis estar en Acra, se os mandará a la tierra de Trípoli
o de Antioquia o de Armenia; se os mandará aún a Sicilia, Francia o Inglaterra, o a
varios otros lugares donde tenemos casas y posesiones. Y si queréis dormir, se os hará
velar, y si queréis velar se os mandará a reposar”.
Después de la respuesta afirmativa del candidato, el Maestro le repite que 30

él no debe entrar en la Orden para buscar ventajas y notoriedad, sino para


desligarse del pecado de este mundo, servir a Nuestro Señor, ser pobre y hacer
penitencia en este siglo a fin de salvar su alma. En fin, el Maestro somete al
nuevo hermano a las últimas promesas. “Ten presente, hermoso hermano, ten
presente y escuchad bien lo que os vamos a decir: ¿prometéis vos a Dios y a Nuestra
Dama, que de ahora en adelante y todos los días de vuestra vida seréis obediente al
Maestro del Templo y a no importa qué Comendador que estará por encima de vos?” El
candidato responde: “Sí, Señor, si place a Dios”.
“Prometéis, además, a Dios y a la Señora Santa María, que en adelante todos los 31

días de vuestra vida viviréis sin bienes propios?”. El candidato responde


nuevamente: “Sí, Señor, si place a Dios”. Y aún le quedan otras promesas por
hacer en lo concerniente a los buenos usos y a las buenas costumbres de la
Orden: no abandonar la Orden, no suplantar ni apropiarse de los bienes de
ningún cristiano que hubiese sido privado de éstos, con razón o sin ella, etc. Y
el Maestro termina: “Y también vos, admitidme en todos los beneficios que habéis
hecho o que haréis. Y así, os prometemos a cambio, pan, agua, la pobre ropa de la casa y
mucha pena en el trabajo…”.
El Comendador coloca el manto sobre el que acaba de ser promovido a 32

Templario, el hermano capellán recita el salmo “Ecce quam bonum…” y la


oración del Espíritu Santo, mientras que todos los hermanos recitan el Pater
Noster. Finalmente el Maestro hace levantarse al nuevo Templario, lo abraza y
declara: “Hermoso hermano, el Señor ha satisfecho vuestro deseo y os ha puesto en tan
bella compañía como es la de la Caballería del Templo, por lo cual vos debéis hacer un
gran esfuerzo, para guardaros de no hacer jamás aquello por lo cual os acaecería
perderla, de lo cual Dios os guarde. También os diremos las cosas que acordamos
tocantes al hábito y a la exclusión de la Orden”.

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Los Templarios

La vida cotidiana del Templario se caracterizaba por numerosas 33

obligaciones. En las comidas debían abstenerse ante todo tres días por semana
de comer carne y debían observar también dos cuaresmas en el año: la primera
desde el lunes antes de Cenizas hasta la Semana Santa; la segunda, desde la
fiesta de San Martín hasta la Navidad (pero a menudo los templarios eran
enteramente vegetarianos). En cuanto a las plegarias, que comenzaban dos
horas antes del amanecer, recitaban 26: 13 para Nuestra Señora y 13 para la
jornada; después, 30 plegarias para los muertos y 30 para los vivos. Al
despuntar el alba, el templario asistía a la misa. Varias veces durante la
mañana él debía hacer 14 plegarias (7 para Nuestra Señora y 7 para la jornada).
La regla contenía por supuesto un código penal: estaba absolutamente 34

prohibido alejarse del campamento, causar daño a un esclavo, beber vino,


jugar, herir, matar, o maltratar a una bestia. Nueve casos implicaban la
exclusión de la Orden: el uso de la simonía en el acceso a la Orden, la
revelación de las cosas dichas o hechas en el Capítulo, el crimen a un cristiano,
el robo, la traición por huída frente a los sarracenos, la herejía, la mentira, la
sodomía, la evasión de una casa del Templo. Para los asuntos más graves
como, por ejemplo, un crimen, la pena podía consistir en prisión perpetua en
alguno de los castillos fortificados. Como se ve, no se trataba de una caballería
de placer y aventura. Lejos de ser puramente decorativo, el carácter religioso
de la Orden se traducía en numerosas obligaciones y en una disciplina severa.
Ahora bien, Albert Ollivier hace notar que nada en todo ello dejaba entrever un
esoterismo.

¿Es preciso buscar una luz por el lado de las novelas de la Mesa Redonda y 35

del Graal? Ya se ha señalado que, en su etapa inicial, la novela expresaba una


concepción del hombre en la búsqueda de su propio destino a través de la
aventura de la vida, principalmente en Chrétien de Troyes (1135-1190) quien
escribió a finales del siglo XII. Chrétien se inspiró en las leyendas célticas y
generalmente se considera que la palabra Graal y su significación se deben a él,
pero en 1102, es decir antes de la obra de Chrétien, cuando algunos caballeros
franceses y genoveses tomaron Cesaréa y se dividieron el botín, los genoveses
recibieron en su parte un vaso que se hizo célebre y que fue llamado el “Santo
Graal”.
Pero, el único novelista que presentó a sus caballeros como “templarios”, 36

fue el poeta bávaro Wolfrang von Eschenbach (1170-1220), quien escribió a


comienzos del siglo XIII, declarando tener la historia de “Kyot der Provenzal”
que él había encontrado en Toledo en un viejo manuscrito: “Un pagano
llamado Flegetanis, había adquirido un alto renombre por su Saber. Ese gran
físico (physiôn, docto en ciencias cosmológicas) pertenecía al linaje de
Salomón… Fue él pagano Flegetanis quien escribió la historia del Graal…

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Los Templarios

Examinando las constelaciones, descubrió profundos misterios de los que no


hablaba más que temblando. Él decía que había un objeto cuyo nombre Graal
había leído claramente en las estrellas, y que una legión de ángeles lo había
depositado en tierra y después se había elevado más allá de los astros…”.
Sin embargo, hay que hacer notar que el término Flegetanis es una torpe 37

trascripción de la expresión árabe Falak-Thani que designa al segundo cielo, el


cielo donde se sitúa Mercurio-Hermes bajo la invocación de “mensajero de los
dioses”, junto con San Aissa, es decir Jesús. Ese segundo cielo, en que impera la
vida y el conocimiento espiritual, es el cielo por excelencia en que se ligan el
Islam y la Cristiandad. Ahora bien, toda esa óptica de astrología sagrada se
encuentra confirmada en el pasaje citado arriba.
En Eschenbach, el Graal no es una copa, sino una piedra sagrada venida 38

del cielo, una Piedra Filosofal. El ermitaño que revela el misterio a Parzival le
dice: “Valientes Caballeros tienen su residencia en el Castillo de Montsalvage
donde se guarda el Graal: son los Templarios, quienes a menudo van a
cabalgar lejos en busca de aventuras. Cualquiera sea el resultado de sus
combates, gloria o humillación, ellos lo aceptan con un corazón sereno en
expiación de sus pecados. En ese castillo reside un grupo de bravos
guerreros… Todo aquello de que se nutren, les viene de una piedra preciosa
que en su esencia es toda pureza, llamada lapsit exillis (que es preciso leer como
“lapis exillis”, la piedra exigua, o más bien lapis elixir: la piedra filosofal). Es
por la virtud de esa piedra que el fénix se consume y se convierte en ceniza;
pero de las cenizas renace a la vida, ya que gracias a esa piedra, el fénix cumple
su cambio de plumaje para reaparecer enseguida tan hermoso como siempre…
Esa piedra procura tal vigor al hombre, que sus huesos y su carne encuentran
de inmediato la juventud. Esa piedra lleva también el nombre de Graal”.
En fin, como lo ha hecho notar Pierre Ponsoye en “El Islam y el Graal”, el 39

que haya existido efectivamente un esoterismo cristiano comparable a los


esoterismos hebraico, islámico y otros, es algo que no admite discusión y la
leyenda del Graal no es la prueba menor. En cuanto a la verdadera naturaleza
de esa enseñanza, la confrontación de los principales datos del contexto
general del ciclo, permite concluir sin equívoco que se trata en efecto de una
doctrina definida y simbolizada por un Libro en Robert de Borón, expuesta
como el Gran San Graal a través de un Maestro, en Chretien de Troyes y
Wolfram von Eschenbach, y recibida por tradición y altamente secreta según
Robert quien escribe sobre “… ese gran Secreto que se llama Graal”.
“Esa doctrina concierne a un misterio presente sobre la tierra, con la 40

plenitud de su virtud celeste, al que sólo se accede por vía de calificación y en


peligro de muerte. Noción capital, unánimemente afirmada por las distintas
versiones de las cuales ella es el fundamento común. En ese misterio, cuyo
soporte y signo es un objeto muy santo (la Copa que ha contenido la Sangre de

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Los Templarios

Cristo o la Piedra descendida del Cielo) la esencia misma de la revelación se


comunica “abiertamente”. Él es Verbo (las santísimas palabras), Luz (él es visto
y aclara) y Vida (ofrecida a los elegidos en una Cena primordial, arquetipo
paradisíaco de la comunión eucarística). Puede ser presentido a partir de un
cierto grado de progreso en la Vía. (En la búsqueda, él se muestra a los
Caballeros de la Mesa Redonda). Tanto en Chrétien como en Wolfrang, el
Graal se deja ver por Parzival durante su primera estadía en el Castillo del
Graal, etc… Por otra parte ciertos medios técnicos permiten acercarse a él
como, por ejemplo, la oración secreta de Chrétien de Troyes con la invocación
de aquellos nombres del Señor que son temidos”.
A ello se agrega que la Búsqueda es, por definición, una vía activa de 41

acceso a lo Divino, y que esa Vía está reservada únicamente a los Caballeros de
la Mesa Redonda, institución central de la caballería terrestre, cuyo carácter
iniciático no podría ser refutado. Aún los mismos Iniciados de la Mesa
Redonda no llegaban a integrarla sino por elección y por encima de su propia
iniciativa. Ese sendero no tenía, en fin, nada de azaroso ni de individual, sino
que conducía al héroe elegido a través de las pruebas predestinadas, típicas y
sobrenaturales, hasta el grado supremo, a la vez sacerdotal y real, de la
Caballería Celeste.
Se juzgará quizás que se necesitan más pruebas, pero es evidente que la 42

enseñanza del Graal es un magisterio esotérico. Según Pierre Ponsoye, en “El


Islam y el Graal”, es precisamente esa cualidad la que hace de ese magisterio
algo legítimamente diferente a la Iglesia, sin por ello contradecirla y sin que
ésta haya discutido jamás su ortodoxia. Es esa misma cualidad la que da
cuenta, por otra parte, de las fuentes no cristianas del origen de la leyenda y
por lo tanto de la universalidad del Graal.
Hoy se sabe que el cristianismo y el islamismo no tuvieron solamente 43

intercambios y contactos superficiales, sino una verdadera conjunción


espiritual en que la intelectualidad islámica jugó durante siglos el papel de
inspiradora y de guía. “La primera ilusión que es preciso disipar -ha escrito
Etienne Wilson- es la que nos presenta al pensamiento cristiano y al
pensamiento musulmán, como si fueran dos mundos que se pueden conocer
en forma independiente el uno del otro” (Archivos de historia doctrinal del
Medioevo, II, 1927). Esta indicación no expresa todo su sentido si no se la
relaciona con la siguiente, hecha por el mismo autor: “Es un hecho de
considerable importancia para la historia de la filosofía medieval en Occidente,
que su evolución se haya retardado alrededor de un siglo con relación a la
correspondiente evolución de las filosofías árabe y judía.”
El R. Padre M.D. Chenu, constata por su lado que “las síntesis de un 44

Alberto el Grande, de un Tomás de Aquino, o de un Escoto, implican una


referencia substancial, histórica y doctrinal, a las obras de Al-Kindî, Al-Farabî,

- 16 -
Los Templarios

Avicena, Algazel, Averroes”. Por otra parte, ese aporte intelectual estaba muy
lejos de estar limitado a lo escolástico; pero aparte de los raros eruditos como
Fauriel, hubo que esperar hasta nuestra época para que algunos historiadores
imparciales comenzaran a reconocer su profundidad y extensión. Ver, por
ejemplo la “Historia de España” de Joseph Calmette: “Habría podido parecer a
priori, que la oposición de las religiones levantaría un obstáculo insuperable a
la influencia recíproca de las culturas; pero, ni más ni menos que en Siria, ese
obstáculo no operó tampoco sobre el suelo ibérico. El fenómeno que se constata
es el de una acción mutua continua y penetrante de las civilizaciones en
contacto, en la que el elemento musulmán fue con mucho el más eficiente…
Fue el Islam el que aportó los elementos activos y el mundo cristiano el que
asimiló la influencia” (Tomado de Pierre Ponsoye “El Islam y el Graal”).
Esos “elementos activos” han cobrado interés en los ordenes del 45

conocimiento y de la teología mística en el sentido en que lo hemos


mencionado anteriormente. En efecto, Miguel Asin Palacios ha puesto
principalmente en evidencia la profunda irradiación de las escuelas Sufíes en
España, junto con la de las obras de Al-Ghazzali, Ibn Masarra y Muhyddîn Ibn’
Arabî. En ciencia influyó su medicina; su astrología venida de Caldea; la
geometría que les fuera transmitida por los griegos, el álgebra (Al-Gebria)
transmitida por los hindúes, etc…, sin olvidar su influencia en las artes. De
manera que, como dice M. Rodinson, “la ciencia occidental de esa época es una
ciencia toda árabe”. (Revista de Historia de las Religiones, 1951, pág. 226).
Raymond Oürsel -citado por Ponsoye- señala que fue por medio de la 46

lengua árabe que se transmitieron a España, a Sicilia y a Egipto en el siglo XIII,


los tratados fundamentales de Ptolomeo (la óptica) y de Euclides (los
elementos de geometría). Tanto en Chartres como en Oxford estos dieron un
gran estimulo a la especulación acerca de la naturaleza del mundo físico, pues
resultaban ser ante todo líneas, ángulos y figuras que “valent in toto universo”.
La obra de Villard de Honnecourt (s. XIII) ilustra íntegramente el papel de esos
préstamos en el plano artístico, y las respuestas a la civilización islámica de las
que la expansión de los templarios constituye, en un orden del todo diferente,
otro ejemplo memorable. (ver “Le Procès des Templiers” de Raymond Oürsel, París,
1955).

A través de las cofradías de constructores y de la orden del Templo, se 47

encuentra el verdadero plano donde se efectúa esa conjunción espiritual de la


que se ha hablado, el único en el que dicha conjunción fue orgánicamente
posible: el plano esotérico. Las cofradías de los constructores –como la Orden
del Templo- eran organizaciones Iniciáticas en las cuales lo medios y los fines
no eran los de una estética religiosa cualquiera, sino los de un Arte sagrado en
el pleno sentido metafísico de la palabra. Al constatarse las huellas de la

- 17 -
Los Templarios

influencia islámica, queda excluido que éstas llegasen por vía profana o en un
plano que no fuera el de una comunicación intelectual más profunda.
Hay un hecho que bastaría por sí solo para testimoniar dicha conjunción: 48

la transmisión por vía islámica e incorporación al esoterismo cristiano de la


tradición hermética y su método operativo principal: la Alquimia. La simple
lectura de las obras de los alquimistas musulmanes y cristianos, si bien no
permite evidentemente penetrar el secreto de su magisterio, basta para
constatar que se trata del mismo en ambos casos, pues existe entre ellos una
continuidad de tradición y una identidad de doctrina y método que ignora
enteramente las diferencias exteriores de los dogmas. Esa continuidad y esa
identidad se demuestran además en la terminología técnica: alquimia, elixir,
alkahest, alambique, aludel, etc… que son palabras simplemente transcritas del
árabe, sin hablar del testimonio de los propios alquimistas cristianos, que no
tenían ninguna dificultad en reconocer la autoridad de los maestros
musulmanes, como en el caso de Roger Bacon quien llamaba Abû Mûsâ Ja’far,
“Maestro de los maestros”, al sufí Geber, primer autor conocido de obras
alquímicas.
En resumen, por sorprendente que esa conjunción pueda parecer a priori, 1 49

no hay que verla como un vulgar sincretismo, pues, en verdad, no es diferente


de la que ya unía al esoterismo islámico con el esoterismo judío fundado sobre
la Torah y la Qabbalah. Ello no significa sino la manifestación normal, aunque
necesariamente oculta, del Misterio de unidad que liga metafísica y
escatológicamente a todas las revelaciones auténticas y, especialmente, al
judaísmo, al cristianismo y al islamismo, herederos comunes de la gran
tradición abrahámica. Copa profética de los celtas, nave o vaso colmado de la
Sangre Divina, o piedra de revelación descendida en el cielo oriental, el Graal
es el signo de ese Misterio transmitido en secreto desde el fondo de las edades,
portando la misma Luz primordial, es decir esa “Luce intellectual piena
d’Amore” que Dante contempló en el “Paraíso” (de su obra “La Divina
Comedia”) y que en un momento escogido, el Occidente se asombra de ver
brillar en su propio corazón.
La leyenda del Graal, quizás la más prestigiosa que se haya jamás ofrecido 50

al pensamiento orante – dice Pierre Ponsoye- ha aparecido al final del siglo XII
de forma súbita, aunque reivindicando al mismo tiempo una larga y secreta
tradición. Tres novelas forman la primera y más bella floración en muchos
aspectos. Ellas son: “Perceval li Gollois” o “Conte du Graal”, de Chrétien de
Troyes; el “Roman de l’estoire du Graal” (La Historia del Graal) de Robert de
Boron, y el “Parzival”, de Wolfrang von Eschenbach.
Entre esas tres, la novela de Chrétien ha permanecido inconclusa y calla 51

sobre los orígenes del Graal; la de Robert pone en escena, con el nombre de
Graal, al vaso que sirvió para instituir la Cena y en el que José de Arimatea

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Los Templarios

recogió la sangre de Cristo. En cuanto a Wolfrang, hemos visto ya lo que su


autor relata sobre Kyot, el maestro desconocido a quien encontró en Toledo
(España) a través de manuscritos abandonados que citan el tema de esa
aventura en escritura arábiga.
Hemos visto igualmente que el nombre de Flegetanis podría ser en realidad 52

el título de un libro árabe: Falak-Thani. A decir verdad, como aquí se trata de


una enseñanza tradicional secreta, esa palabra puede designar un Libro y a la
vez a un hombre, o, más exactamente, a la organización de la cual el Libro o
ese hombre era el intérprete. Además, se podrá observar que Wolfrang, aunque
hace alusión a un manuscrito, habla de Flegetanis como si se tratara de un
hombre viviente cuyas palabras relata como expresión de una enseñanza oral.
Entonces, lo importante, no es saber si se trata de un libro o de un hombre, sino
más bien de saber si Flegetanis es auténticamente la trascripción del árabe
Falak-Thani que se traduce por segunda esfera o segundo cielo planetario. En todo
caso, la cuestión es admitida hoy por la mayoría de los comentadores.
“Una de las más altas categorías Iniciáticas del Islam está constituida por 53

los Abdâl o “Solitarios” (en singular Badal…). “Los Abdâl, dice Ibn’ Arabî, son
siete, nunca más ni menos. Es por medio de ellos que Allâh vela sobre los siete
climas terrestres gobernandos cada uno por un Badal”. Cada uno de estos
climas corresponde respectivamente a uno de los siete cielos planetarios, y el
Badal que lo gobierna es el representante en la tierra del Polo (Qutb) del cielo
correspondiente. La segunda esfera planetaria es el cielo de Mercurio, cuyo
Polo es Seyidnâ Aísa (Jesús), su representante en la tierra (el sexto clima). Este
cielo tiene en el marco del Islam una función más particularmente crística, y
por lo tanto una afinidad especial con el Cristianismo. (“El Islam y el Graal”, pág.
23).

En lo que se refiere al anonimato de ese Maestro, velado bajo el 54

pseudónimo de Kyot, no puede sorprender que los ignorantes no vean en la


leyenda del Graal sino una invención individual con intenciones “edificantes”.
En realidad, se percibe que no era necesario que Kyot escribiera para ser
invocado como una autoridad (lo contrario sería quizás más verdadero) y
tampoco que esa autoridad fuera en realidad la de un hombre como tal, por
grande que hubiera sido, sino la de una tradición verídica. Ponsonye señala
que “Los contactos de Kyot en España con los musulmanes, son tanto más
plausibles por cuanto existen ejemplos célebres como Gerbert de Aurillac, que
habría de ser el Papa del Milenio bajo el nombre de Silvestre II; Raimundo
Lulio, Bruneto Latini, etc…
Ahora bien, K. Bartsch, uno de los más sagaces comentadores del Parzival, 55

veía realmente en esa novela el origen inmediato de una leyenda traída desde
Oriente por los árabes. Además, algunas versiones consideran que la raza
elegida de la que desciende Titurel, antepasado de Parzival, era originaria de

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Los Templarios

Asia. En efecto, en esa novela se afirma que el antepasado de Titurel había


pasado a Europa bajo el reinado de Vespasiano y que después de haberse
convertido al Cristianismo, se estableció en el nordeste de España y en el
Languedoc, es decir, los primeros países de Europa en los que se instalaron los
templarios” 3. (Pág. 31). Wolfrang era caballero, y es muy probable que él mismo
estuviera afiliado a la Orden del Templo a la que identifica abiertamente con la
Orden del Graal. Ponsoye observa que esa obra es algo muy distinto de una
simple composición novelesca de un tema religioso, pues dice que “no es
probable que él haya dispuesto de ella sin el permiso de la “santa Casa”. Y
como bien lo ha indicado ese mismo autor “si Kyot no representa simplemente
la autoridad espiritual del Templo, ha debido tener con ella relaciones muy
estrechas”.
Friedrich von Schlegel declaró hace tiempo: “Puede admitirse como cierto 56

que estos poemas (de la Tabla Redonda), no sólo expresaban el ideal de un


caballero religioso, sino que contenían también gran número de ideas
simbólicas y tradiciones peculiares de algunas de esas órdenes y sobre todo de
los Templarios… De todos los poetas alemanes de esa época, el más hábil fue
Wolfram von Eschenbach, quien entre las historias de la Tabla Redonda
escogió especialmente aquellas sobre las cuales ya hemos hecho notar que
contienen las alegorías de la caballería religiosa. Éstas no deben ser
consideradas como un capricho del autor o un producto del juego de su
imaginación, sino al contrario, pues parecen estar relacionadas con las
tradiciones simbólicas de los templarios”.
“La identificación de la Orden del Graal con la Orden del Templo en el 57

Parzival, no deja la menor duda – anota Ponsonye- puesto que Trévrizent le


dice a Parzival: “Valerosos caballeros tienen su morada en Montsalvage donde
se guarda el Graal. Son los Templarios que a menudo se van a cabalgar lejos en

3Desde 1128 los Templarios reciben la plaza de Soure en Portugal; en 1130 la de Grañena en
el condado de Barcelona. Pero, la primera Casa de la Orden, fundada en 1136, estuvo en los
Pirineos, en los estados del condado de Foix y fue solamente después de la Asamblea
general de 1147 que los asentamientos templarios se expandieron en el resto de Europa. 
 Nota Edición Internet. Agreguemos, como dato complementario, que antiguamente el
territorio de Languedoc abarcaba gran parte del sur de Francia. Su desarrollo como centro
cultural e intelectual se debió en parte a la ocupación romana que se prolongó desde el siglo
I hasta el IV. Como su nombre lo indica, Languedoc tenía su propio lenguaje: “langue d’Oc”,
(ver Propósito Psicológico No VII) así como una forma de culto representada por los Cátaros
que, como se sabe, fueron aniquilados por el rey de Francia y los Estados Pontificios,
mientras que su territorio fue incorporado a Francia en 1271. El área de Rosellón, cuyos
habitantes hablan una variante de la lengua catalana, quedó unido a Languedoc, dando
lugar a la región actual de Languedoc-Rosellón, tras el tratado de Paz de los Pirineos en
1659, cuya firma significó el fin de la guerra librada entre las Coronas de Francia y España
en el contexto de la Guerra de los Treinta Años.

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Los Templarios

busca de aventuras… Ellos viven de una Piedra (sie leben von einem Steine) cuya
esencia es toda pureza…”.

Ahora bien, además de su función principal de asegurar la salvaguarda y 58

custodia del Graal en la tierra, los Caballeros de Munsalvaege tenían la de


permitir el reino efectivo de Dios sobre las naciones dándoles reyes elegidos
por Él: “Sucede a veces que un reino se encuentra sin señor; si el pueblo de ese
reino es sumiso a Dios y desea un rey escogido entre el grupo del Graal, ese
deseo es satisfecho. Es preciso que ese pueblo respete al rey así escogido, pues
éste está protegido por la bendición de Dios. Es en secreto como Dios hace
partir a sus elegidos”.
Ese esbozo de una organización teocrática de la Cristiandad, a través de un 59

escogido grupo iniciático que reúne un doble poder: real y sacerdotal, no es


otro que el del Santo Imperio que los herederos de la Orden del Templo
encontraron en su sucesión. Se puede ver ahí el doble aspecto, descendente y
ascendente, de una misión misteriosa, cuyo sentido tomaremos de aquel que
hizo dar a la Orden su constitución: San Bernardo de Claraval (1090-1153). Fue
éste quien fijó la regla de la Orden y quien permaneció como su protector y su
inspirador, convirtiéndose al mismo tiempo en la más alta autoridad espiritual
y arbitro de la cristiandad de su tiempo. Fue él quien designó la Orden bajo el
nombre de militia Dei y a sus miembros como los minister Christi (Ministros de
Cristo). En tales labios, se trataba evidentemente de una milicia santa, de la
armada privada de Dios (privée mesnie de Dieu), que en virtud de una especie
de paradoja espiritual que la situaba aparte y por encima de los hombres,
realizaba la síntesis de las grandes antinomias de la acción y la contemplación
en una evocación única y, al mismo tiempo, en una doble renunciación: la de
“los elegidos” del Apocalipsis (Apocalipsis I, 5 y 6): “… al que nos amó, y nos
lavó de nuestros pecados con su sangre, … y ha hecho de nosotros, reyes y
sacerdotes para Dios su Padre…”.
“Para San Bernardo -continúa Ponsoye- la residencia real de la militia Dei 60

no estaba en este mundo, sino en el Templo de la Jerusalén espiritual: “Es


verdad que ellos habitan también en el Templo de Jerusalén, y sin embargo es
evidente que se habla del Templo en otro sentido que aquel que se relaciona
con la construcción del templo antiguo y muy venerado de Salomón, ya que el
suyo no es inferior a éste con relación a la gloria… La belleza del primero
estaba hecha de cosas corruptibles, la del segundo de la belleza de la Gracia,
del culto piadoso de quienes habitan la más regular de Sus moradas, la

- 21 -
Los Templarios

ordinatíssima conversatio4. Ahí se reconoce pues el Templo del Graal, así como
también el Templo del Espíritu Santo de los rosacruces”.
“Jules Michelet dice a ese propósito, con penetración pero sin sospechar el 61

alcance de su observación, que: “El nombre de ese Templo era sagrado, no


solamente para los cristianos por cuanto expresaba para ellos el lugar del Santo
Sepulcro, sino que les recordaba, a judíos y musulmanes a la vez, el Templo de
Salomón. La idea del Templo era más alta y más generalizada que la misma
idea de iglesia y se remontaba en cierta manera por encima de toda religión. La
iglesia envejecía, el Templo no; contemporáneo de todas las edades, ese
Templo era pues como un símbolo de la perpetuidad religiosa”.
Además, “Todo el simbolismo de la Orden evoca, además, la doble noción 62

del Centro espiritual, fuente de los dos poderes y de la mediación temporo–


espiritual, como el famoso Beauceant (o Boucent), que era mitad negro y mitad
blanco, colores cuyo profundo simbolismo hemos explicado varias veces (ver
“El Libro Negro de la Francmasonería”). El manto blanco, signo de investidura
y atributo de un estado y una función, era un privilegio exclusivo que la Orden
tuvo que defender a veces. “La Regla dice que a nadie le es dado el tener
blancos mantos, salvo a los mencionados Caballeros de Cristo, porque son ellos
quienes han abandonado la vida tenebrosa y quienes, por el ejemplo de sus
vestiduras blancas, reconocen estar reconciliados con su Creador”. Las
vestiduras blancas los designaban expresamente en ese siglo, como los
separados de la masa de perdición - según las palabras de Inocencio III - y
alineados en este mundo entre aquellas “gentes vestidas de blanco” que están
delante del Trono de Dios y le sirven día y noche en su Templo”, y ante los
cuales “Aquel que se sienta sobre el Trono establecerá su Presencia (Shekinah)”
(Apocalipsis, VII - 13 al 16) y no solamente como conciliados sino también
como reconciliadores.” (“El Islam y el Graal” … pág. 84).
“La cruz de ocho puntas dibujada sobre el manto, agregaba a la 63

significación central de la cruz, el simbolismo mediador del número ocho, pues


al blanco del Conocimiento se unía el rojo del Santo Amor invocado en su grito
de guerra. Por otra parte, su doble aspecto de convivencia central y de
mediación sacerdotal, aparece también en la selección del salmo 132 del
salterio romano para la ceremonia de la investidura: “Ecce quam bonum et quam
jucundum habitare fratres in unum…”.

4Esa expresión del Templo: ordinantíssima conversatio, se aproxima a aquella otra de la Logia
Francmasónica: “Los muy esclarecidos y los muy regulares”.

- 22 -
Los Templarios

CRUZ DE LOS TEMPLARIOS


(En rojo sobre el manto blanco)

(Para su simbolismo esotérico se puede consultar en particular el texto


relativo a la “Cruz de las Ocho Beatitudes” en la obra “Los Grandes Mensajes”)

“Uno de los rasgos más sorprendentes de la virtud de la Santa Milicia y de 64

la disponibilidad espiritual de la Edad media, es la situación privilegiada,


inviolable y soberana que espontáneamente los papas, los príncipes y los
pueblos, habían acordado asegurarle dentro del orden cristiano. Y como lo
señala con mucha perspicacia A. Ollivier, tal acuerdo no habría podido hacerse
y mantenerse durante más de dos siglos en contra de derechos e intereses
civiles y religiosos, tan diversos como poderosos. De manera que la evidencia
mostraba aquí con fuerza apremiante, que la Orden del Templo no había
solamente pretendido ser, sino que fue, a los ojos de todos, la armada privada
de Dios.”
“Diez años después de su fundación en la oscuridad y la pobreza, un 65

concilio especial se reunía en 1128 para precisar su constitución y fijar sus


reglas, así como para confirmarles a los miembros “el hábito que ellos mismos
habían tomado”. En 1129, San Bernardo defendiendo su visión en De Laudea,
a petición de aquel a quien él llamaba carissimus meux Hugo (es decir Hugo de
Payns, el primer Gran Maestre) dejaba entender claramente que la naturaleza
real del combate no era la guerra corporal, y que ésta no era sino la ocasión
para librar ese combate interior, y al mismo tiempo, un símbolo. En 1139,
Inocencio II afirmaba en su bula Omne datum optimum: “Caballeros del Templo,

- 23 -
Los Templarios

es el mismo Dios quien os ha constituido en los defensores de la Iglesia y en


acometedores de los enemigos de Cristo”, y fijó definitivamente sus estatutos y
sus prerrogativas, a las que sus sucesores siempre añadieron sin jamás
suprimir.” ( Ibid, pág, 86).
Según Michelet, les fueron acordados los más grandes cuanto magníficos 66

privilegios. Ante todo, no podían ser juzgados sino por el Papa. Pero, como un
juez situado siempre tan lejos y tan encumbrado no llegaba jamás a ser
reclamado, los templarios quedaban como jueces de sus propias causas.
Precisemos además, que el recurso ante el Papa no tenía lugar sino por causas
exteriores, ya que los hermanos dependían exclusivamente del Gran Maestre.
La orden era soberana en cuanto al Gran Maestre que se tenía por alguien
superior a los príncipes, pues nadie, ni laico ni eclesiástico, podía pretender el
homenaje del Gran Maestre. Los establecimientos de los templarios eran
inviolables, poseían el derecho de asilo, estaban libres de todo impuesto y
tenían la protección directa de la Santa Sede; además, ningún prelado podía
declarar en entredicho ni tampoco excomulgar a un templario. “El Gran
Maestro no era confirmado por la Sede Apostólica - escribe Marion Melvilla -
pero bastaba su elección para asegurarle el pleno derecho de ejercicio. Su
autoridad era absoluta y sus órdenes se consideraban tan sagradas como si
provinieran directamente de Dios”. La Regla era asimismo objeto de un respeto
tal que, como dice el mismo autor, “era singularmente semejante al respeto del
Islam por el Corán.”
“La situación extraordinaria del Templo, en el auténtico sentido de la 67

palabra, no era a su vez más extraordinaria que la sanción a la soberanía


espiritual de la Orden, que un sinnúmero de grandes personajes reconocieron
por el hecho de haberse afiliado a ella. Tal parece haber sido el caso del mismo
Inocencio III según una de sus bulas; así como seguramente también el del
emperador Enrique VII de Luxemburgo. En cuanto a Felipe el Hermoso, se
presentó como candidato, pero no fue aceptado. En fin, fueron numerosos los
que hicieron profesión de consagrarse al Templo en aquel final de siglo, con el
propósito de tomar parte de los “beneficios” de la Casa” en éste y en el otro
mundo.”
He ahí algunos rasgos que hacen suponer el lugar que la Orden del 68

Templo tenía en la jerarquía real de la cristiandad. Rene Guenón dice al


respecto que la Orden era “por su doble carácter religioso y guerrero, una
especie de lazo entre lo espiritual y lo temporal e inclusive ese doble carácter
debería ser interpretado más bien como signo de una relación directa con la
fuente común de los dos poderes”. El lamentado René Guenón dice aún que
fue precisamente la destrucción de la Orden del Templo, el hecho que marcó el
punto de ruptura del mundo occidental con su propia tradición. (Ver “Autoridad
Espiritual y Poder Temporal”, Pág. 82).

- 24 -
Los Templarios

Si los acontecimientos de 1307 a 1314 tienen un aspecto de atentado, es por 69

su mismo sacrilegio, adelanta Pierre Ponsoye. Clemente V no se equivocó


cuando no osó condenar a esa Orden, cuyo último Gran Maestro (Jacques de
Molay) había demostrado que era “santa y pura” con el precio de su vida;
solamente osó abolirla “per viam provisiones et ordinationis apostolicae”, sin tomar
el riesgo de habérselas con el Concilio. La iniquidad testimonió así su propio
fondo al ampararse en un ministerio de “Justicia”, que ella misma no había
podido alcanzar sino mediante un crimen; y porque el Occidente había cesado
de ser digno.
Aún se discute sobre la culpabilidad o no culpabilidad de la Orden. Es 70

probable que en razón del número de sus adherentes y de la multiplicidad de


sus actividades secundarias, y quizás sobre todo, en razón de los cambios de
hecho y de mentalidad ocurridos en ese siglo, se requisiera a la vez una
reforma y una readaptación. Pero esa es otra cuestión. Nos contentaremos con
citar el testimonio de H. de Curzon: “La Regla, en verdad, no prueba sino una
sola cosa: que la Orden del Templo estuvo regida hasta su último día por leyes
irreprochables, verdaderamente monásticas y muy severas”. Y, en fin,
mencionaremos aquella expresión de Henri Pirenne, Agustín Renaudet,
Eduardo Perroy y Marcel Handelsman en el libro “El Final de la Edad Media”:
“Los escritores galos para glorificar a Felipe el Hermoso y los escritores de la
Iglesia para disculpar a Clemente V, han obscurecido durante largo tiempo la
historia de ese período. Hoy día, la inocencia de los templarios está
comprobada”.

- 25 -
Los Templarios

El papel del templarismo en Europa –según Ponsoye- no se concibe sino 71

como una extensión y una terminación de su papel oriental de guardián de la


Tierra Santa. También se debe recordar que en Asia ambas poblaciones,
cristiana y musulmana, vivían en la mejor inteligencia. Por su parte las de
España y Sicilia se conservaban en estrechas relaciones, y sus huellas se
encuentran por ejemplo en la creación, al mismo título que el dinar, de una
moneda común que tenía grabadas divisas latinas y coránicas. También se las
puede ver en las alianzas, en los matrimonios, en los tratados comerciales, en
los permisos de casa que se facilitaban recíprocamente los jefes de los dos
campos, etc….
Ahora bien, aunque los Templarios jugaron un papel importante en ese 72
acuerdo, es obvio que las relaciones del Templo con el Islam eran ante todo de
orden Iniciático. “En los países del Oriente, dice a ese propósito Armando
Bedarride5, los templarios armaban caballeros católicos griegos, hostiles al
papado y, cosa aún más extraordinaria, a musulmanes pertenecientes a ciertas
sectas esotéricas provenientes de una Iniciación análoga a la suya.” Tal fue el
caso del mismo Saladino a quien, según un poema de comienzos del siglo XIII
de la Orden de Caballería, la ordenación le fue dada por Hugo de Tabaria en
1187. Tal fue también el caso de su hermano Malik –al- Adil, a quien fue
armado caballero por Ricardo Corazón de León en 1192.
Entre las órdenes con las cuales el Templo contrajo esos lazos de 73

fraternidad espiritual, la historia ha guardado sobre todo el recuerdo de la


Orden de los Assasis, que era una rama ismaelita del Shi’ismo de la India, muy
cerrada y fuertemente jerarquizada, que recibía en Oriente el nombre de Orden
de los Batinyiah (los internos o esotéricos). Fundada unos cincuenta años antes
que la Orden del Templo, se había establecido en Persia en 1090 para luego
extenderse rápidamente hasta Irak y Siria. Las sorprendentes semejanzas entre
las dos órdenes han sido señaladas en varias ocasiones: ambas eran a la vez
Iniciáticas y militares, ambas llevaban el título de “Guardianes de Tierra Santa”
(Assas=guardian; su plural assasis) y, aunque los métodos diferían, el Jihad de
los Assasís tenía la misma significación que la Guerra Santa del Templo.
Las fundaciones militares del Templo no eran más que el aspecto exterior y 74

el símbolo de la verdadera guerra santa, cuyo fin era la Paz en todos los
órdenes y sobre todo en el espiritual. Es en esa perspectiva que uno debe
colocarse si quiere juzgar más exactamente su actitud con respecto al Islam,
pues su ambigüedad aparente no es otra que la de un lazo que debe
mantenerse hasta en el seno de la guerra. Las dos órdenes jugaban cerca de los
poderes constituidos, el mismo papel de vigilancia y de consejo. Su jerarquía,

5 “El libro de institución del Caballero Kadosh”, de Bedarride (Ed. Glotón, París, pág. 15).

- 26 -
Los Templarios

que en los dos casos era doble (exterior y secreta), presentaba caracteres
comunes y sus colores emblemáticos, blanco y rojo, eran los mismos.
La historia y la doctrina de esa Orden, “ha sido desfigurada por las 75

novelas de los historiadores anti-ismaelitas”, como dice Henri Corbin6. Es


preciso notar que la escatología ismaelita del Imâm invisible, hipóstasis
permanente del Verbo, es sustancialmente idéntica a la del Imperio Universal
en el esoterismo medieval de tradición templaria. Sucede lo mismo con la
noción de templo espiritual, como testimonia ese pasaje del “Biwan” de Nazir
e-khosraw, citado por H. Corbin: “ La significación aparente (exotérica – zahir)
de la Plegaria, es adorar a Dios adoptando ciertas posturas del cuerpo,
orientándolo hacia la “qibla” de los cuerpos, que es la Ka’ba, el Templo de Dios
Muy-Alto asentado en la Meca. La exégesis espiritual del sentido esotérico
(ta’wil – el- batîn) de la plegaria, es adorar a Dios con el alma pensante,
orientando la búsqueda del Libro y la religión positiva hacia la qibla del los
espíritus, es decir el Templo de Dios donde está encerrada la Gnosis divina, y
que es, a decir verdad, el Imâm - sobre él sea la Salvación”. Por otra parte, en
ese mismo texto se ha hecho notar la asimilación de la “Búsqueda del Imâm” y
la “Búsqueda de la Plegaria” de la Ka’ba celeste, en la cual se ha basado
autorizadamente Henri Corbin para concluir: “Creo que se puede decir que la
“Búsqueda del Imâm” representaba para un ismaelita, lo que para nuestros
caballeros místicos y nuestros menesterales representaba la “Búsqueda del
Graal”.
Por otro lado, a pesar de sus características especiales, la Orden de los 76

Assasis no era un hecho aislado en el Islam de esa época, ya que mucho antes
de la aparición de la Caballería en Europa,7 existían varias instituciones de
caballería entre los musulmanes de Oriente y de España. Hammer hace
mención de la Futouwwat, institución de caballería y del Fatá, que es el grado
de caballero, la cual no es concedida por los príncipes sino por los Sheiks
(maestros espirituales, jefes de organizaciones Iniciáticas). El Califa de Bagdad
Nâssir lî dîni – Llâh, cuyo reino abrasa el período que va de 1180 al 1225 de la
era cristiana, fue también Iniciado. Además, tanto la historia de Abdul Feda
como las tablillas cronológicas de Hadj Khalfa, hacen sendas menciones del
acto de Futouwwat. “El califa Nassir fue investido con las vestiduras de la
Caballería por el Sheik Abdul-l-Djebbar. Esa ceremonia fue acompañada de un
brindis bebido en la copa de la caballería (ka’su-l-futouwwat)”. Este pasaje es
extremadamente importante para la historia de la Caballería y al mismo
tiempo da la explicación más natural del Graal, ese Vaso maravilloso confiado

6 Estudio preliminar acerca del Libro que reúne las dos Sabidurías de Nâzir-e-Khosrav.
7 En este marco estrecho, no nos es posible ni siquiera dar una ojeada al estudio de Hammer-
Purstall, intitulado “Sobre la Caballería de los Árabes, anterior a la de Europa y sobre la
influencia de la primera sobre la segunda”.

- 27 -
Los Templarios

a la guardia de los Templarios, y al cual no se ha dejado de asociar un sentido


gnóstico, como lo prueban las inscripciones árabes de algunos vasos…”.
“Todo esto –dice Ponsoye- no implica que se deba seguir a Hammer en 77

cuanto ese autor hace derivar el Graal de la copa de la caballería. Su verdadera


relación no es la de una derivación sino la de una analogía: en efecto, en este
caso la copa se liga al simbolismo de los brebajes Iniciáticos, mientras que los
aportes del Graal, complejos por sí mismos y por sus orígenes que se remontan
auténticamente a la Tradición primordial, conciernen directamente al
simbolismo de los Centros Espirituales, y es por ello que su verdadera
correspondencia islámica es la piedra negra de la Ka’ba.”
A ese respecto existe una nota muy interesante que ha sido revelada por 78

M. Michel Válsan en la obra póstuma de René Guenón (“Ojeada sobre el


esoterismo cristiano”). “Esas bebidas designan simbólicamente las cuatro
ciencias, que son, según Mohyiddîn Ibn’ Arabî, la Ciencia de los estados
espirituales (‘ilmu’l-ahwâl); la Ciencia absoluta (al-‘ilmu’l-mutlaq) a la que
corresponde el “Agua” a la cual corresponde el “Vino”; la “Ciencia de las leyes
reveladas” (‘ilmu’sh-sharâ’i) representada por la “Leche”; y la Ciencia de las
Normas sapienciales (‘ilum’n-nawâmîs) representada por la “Miel”. Esas cuatro
substancias, señala M. Válsan, son las de lo cuatro tipos de arroyos
paradisíacos, según el Corán XLVII-16-17. De manera que ahí se trata de algo
más que de un simple “brindis”, como lo ha querido explicar Hammer.
“Después de la destrucción de la Orden del Templo -dice René Guenón- 79

los Iniciados al esoterismo cristiano se reagruparon en común acuerdo con los


Iniciados al esoterismo islámico, para mantener en la medida de lo posible el
lazo que había sido aparentemente roto por esa destrucción.” Ese lazo fue roto
de nuevo en el siglo XVII, época en la cual los últimos rosacruces se retiraron a
Oriente. René Guenón hace notar a ese respecto, en el mismo pasaje, lo
siguiente: “Sería completamente inútil tratar de determinar “geográficamente”
el lugar de retiro de los rosacruces. De todas las aseveraciones que se
encuentran a ese respecto, la más verdadera es seguramente aquella según la
cual ellos se retiraron al reino del Sacerdote Juan, no siendo esto más que una
representación del Centro Espiritual Supremo donde, en efecto, han sido
conservadas en estado latente hasta el final del ciclo actual, todas las formas
tradicionales que por una u otra razón han cesado de manifestarse en el
exterior.”
Esa noción del Centro Supremo es la que da a todos esos hechos su 80

verdadero alcance al regir el conjunto del simbolismo del Parzival. Es ahí


donde se encuentra la verdadera Tierra Santa del esoterismo medieval
cristiano, judáico e islámico. Es la Tierra Celeste de la enseñanza de los
Hermanos de la Pureza (Ikhwaun-s-Safá) la que ofrece otro ejemplo del
simbolismo de la Ciudad Espiritual. Esa orden, de línea shi’íta, como la de los

- 28 -
Los Templarios

Assacís, profesaba abiertamente, como aquellos, la universalidad tradicional y,


digámoslo de paso, daba una gran importancia a las ciencias cosmológicas,
particularmente a la Alquimia (de al-kymiyâ = la tierra negra, substancia
mediadora de las transmutaciones, llamada también Ilm al-Hajar = Ciencia de
la Piedra al ser ésta el medio de la obra, al-Iksîr Iksîru’l’falâsifah, de la cual
Occidente ha derivado la palabra “elixir”.
Entre los grandes Maestros del sufismo, se encuentra aún la mención del 81

Centro Supremo con términos como Pleroma Suprema o Asamblea Sublime.


Esa Asamblea (situada en una región sutil, cuyas designaciones recuerdan
aquella que las tradiciones de Asia Central llaman Agartha, el Reino escondido
del Rey del mundo) está presidida por el Ser Mohammadiano primordial, cuya
naturaleza y atributos, habida cuenta de las particularidades de los
formulismos islámicos, corresponden muy claramente a los que Rene Guenón
ha indicado para la personificación del Manú primordial y que la doctrina
cristiana… presenta bajo la figura del misterioso Melki-Tsedeq “sin padre, sin
madre, sin genealogía, sin principio de sus días ni fin de su vida, semejante en
eso al Hijo de Dios” y quien “permanece sacerdote a perpetuidad”. (Epístola de

Pablo a los Hebreos, cap.VII, vers. 1,2 y 3) .

Hay menos lugar a sorprenderse de una participación común consciente 82

del Cristianismo y del Islam, en el Misterio profético permanente designado


por la escritura bajo la figura de Melki-Tsedeq, que es precisamente quien
invistió y bendijo a Abraham en el nombre de Dios Altísimo. Melki-Tsedeq
sintetiza en él las tres tradiciones monoteístas de las cuales él es la raíz. La
escritura dice que él permanece a perpetuidad y su orden con él, porque ellos,
los miembros de esa Orden, son co-partícipes de aquello que Isaías llamaba: la
substancia de los misterios, en la cual han podido ver tanto el Islam como el
Cristianismo, uno al dar y el otro al recibir, esa asistencia secreta que ha
permitido al Graal, es decir, a esa misma substancia guardada en el corazón de
toda tradición auténtica e intacta, reflorecer al descubierto en Occidente en un
momento determinado. Que la Orden del Graal no fue sino una expresión de la
Orden misma de Melki-Tsedeq o Rey del Mundo, la simple mención del
Sacerdote Juan en el Parzival basta para atestiguarlo, y se sabe que, según el
Titurel, es cerca del Sacerdote Juan que el Graal encontró un refugio y que no es
de hecho más que una repatriación.
Según el Sheik al-Akbar (Fûtuhat, cap.73) el Polo islámico y sus Imames, no 83

son sino los representantes de ciertos profetas vivientes que constituyen la


En efecto, este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote de Dios Altísimo, que salió al encuentro de
Abraham cuando regresaba de la derrota de los reyes, y le bendijo, al cual dio Abraham el diezmo de
todo, y cuyo nombre significa, en primer lugar “rey de justicia” y, además, rey de Salem, es
decir, “rey de paz”, el que sin padre, ni madre, ni genealogía, ni comienzo de sus días ni fin
de su vida, y que semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

- 29 -
Los Templarios

Jerarquía fundamental y perpetua de la Tradición en nuestro mundo. Esa


correspondencia está indicada de acuerdo a una configuración especial de la
Jerarquía superior islámica, en la cual el Polo de los Imames es contado según
el cuaternario de los Awtád (Pilares), funciones sobre las cuales reposa el Islám
y cuyas posiciones simbólicas corresponden a los cuatro puntos cardinales.
Esos Awtád son los vicarios de los cuatro profetas que la Tradición islámica en
general reconoce como siendo aquellos que no han sido alcanzados por la
muerte corporal: Idrís (Henoch), Ilyás (Elías), Aissa (Jesús) y Khidr. Los tres
primeros son propiamente rasûl o legisladores, pero que ya no tienen la misión
de formular una ley nueva por cuanto el ciclo legislador quedó cerrado con la
revelación mahometana. Alrededor del cuarto vicario, Khidr, existen
comúnmente divergencias en cuanto a saber si es un Profeta o un Santo, pues
según el Cheikh al-Akbar, corresponde a una función de profecía general que,
normalmente y por definición, no comporta atributo legislativo.
Esos seres, o más bien esas funciones, son los Pilares de la Tradición Pura, 84

(ad-Dinu’l-Hanîfî) que es evidentemente la Tradición primordial y universal con


la cual el Islam se identifica en su esencia. Es preciso agregar que esas
funciones primordiales son designadas así por profetas que no han aparecido
sólo en el curso del ciclo humano actual. Esto no es, para el Cheikh al-Akbar,
sino una manera de apoyar con hechos reconocidos por la Tradición islámica
en general, la afirmación de la existencia de un Centro supremo fuera de la
forma concreta del Islam y por encima del centro espiritual islámico. Esas
indicaciones son adecuadas para terminar de enfocar en su verdadera
perspectiva el papel providencial del Islam con respecto al Cristianismo.
Si fuesen necesarias otras pruebas de ese papel, recordaríamos los viajes a 85

través de tierra islámica (Siria, Arabia, Marruecos) atribuidos a Christian


Rosenkreutz, el legendario “fundador” de los rosacruces, herederos
espirituales del Templarismo. René Guenón veía precisamente en esos viajes la
confirmación de un acuerdo de los dos esoterismos, cristiano e islámico, para
un restablecimiento de las organizaciones Iniciáticas de Occidente después de
la destrucción de la Orden del Templo, y también para “mantener, en la
medida de lo posible, el lazo aparentemente roto por esa destrucción…”
Guenón añade aún: “Esa colaboración debió continuarse más adelante…
Iremos inclusive más lejos: los mismos personajes, hayan venido o no del
cristianismo o del islamismo, o hayan vivido en Oriente o en Occidente (y las
alusiones constantes a sus viajes además de todo el simbolismo dan a pensar
que ese debió ser el caso de muchos de ellos), han podido igualmente ser a la
vez rosacruces y sufíes (o Mutasawifûn de los grados superiores). El estado
espiritual que habían alcanzado implicaba que estaban más allá de las
diferencias que existen entre las formas exteriores y que no afectan en nada la
unidad esencial y fundamental de la doctrina tradicional.” (René Guenón:
“Aperçus sur l’Iniciation”, pp 252-253).

- 30 -
Los Templarios

Hay otras huellas de influencia directa del ESOTERISMO8 islámico sobre 86

los Templarios. Es inútil citar las inscripciones árabes que figuran en ciertos
objetos rituales de cuya autenticidad se duda. Un indicio más enigmático es la
mención de una invocación del nombre Alá (Allah), en las declaraciones de la
investigación de Carcasota a propósito del pretendido ídolo que se hizo
famoso bajo el nombre de “Baphomet”. Un dignatario, el preceptor de
Aquitania, hizo alusión en esa ocasión a “un amigo de Dios que hablaba con
Dios cuando quería y que era el protector de la Orden”.
¿Quién podría ser ese Protector al que le estaba reconocido tan alto grado 87

espiritual? El mismo título implica una función superior a la de la más alta


autoridad de la Orden, y rebasa el marco de ésta. Aquí, uno no puede dejar de
darle resonancia a lo que F. Ossendowsky relata del Rey del Mundo de
acuerdo a los Lamas tibetanos: “Que puede hablar a Dios como yo os hablo”
(En “Bestias, Hombres y Dioses” Ed. Plom. París, 1953, pág. 242).

Es preciso pues hablar de ese Bafomet (Baphomet). No podemos menos 88

que copiar las líneas de Albert Ollivier (“Los Templarios” París, 1958, pág, 73).
“Desde el apresamiento de los Templarios, el inquisidor Guillermo de París,
dio a sus agentes la orden de interrogar a los prisioneros acerca de “…un ídolo
que tiene la forma de una cabeza de hombre con una gran barba”. En los
interrogatorios se le llamó “Baphomet”. Las declaraciones de los acusados
están lejos de ser concordantes. Para unos, resultó ser una figura de madera;
para otros, de plata o de cobre; algunos la vieron femenina, otros masculina,
lampiña o barbuda o demoníaca; para otros cuantos, tenía el aspecto de un
gato, y para otros, el de un puerco con un solo rostro, o bien con dos o tres”.
Sin embargo, uno se sorprende de que durante el apresamiento de todos 89

los Templarios en una misma noche, no se hubiera podido encontrar una sola
cabeza (una estatua, un ídolo), que correspondiera a las declaraciones hechas.
Cuando la comisión convocó a Guillermo Bidolle, administrador-guardián de
los bienes del Templo, para que mostrara todas las figuras de metal o de
madera que habían sido capturadas, el detentor de las reliquias no encontró
sino una sola que mostrar: se trataba de un gran ductor de plata y muy
hermoso con rostro de mujer. En su interior reposaban dos huesos del cráneo,
envueltos en un lienzo de lino blanco y de lienzo rojo, que tenían cocida una
cédula en la que se leía “Caput LVIII”. Al verlos uno se encuentra con los

8 Hablamos de una influencia en lo que concierne a los principios filosóficos, de una


enseñanza similar en su esoterismo, de una tendencia a cooperar en el establecimiento de
una gran familia humana, pero jamás porque haya sido cuestión de un poder político que
los templarios hubieran ensayado establecer bajo las directivas del Islam.

Cierto instrumento mayor que el exploratorio, utilizado como ayuda de éste.

- 31 -
Los Templarios

huesos de una mujer bastante pequeña. Algunos declararon que provenían de


una de las Once mil Vírgenes…
Como conclusión se puede pensar – dice todavía el mismo autor- que a 90

algunos de los acusados se les había obligado por medio de la tortura a hablar
de reliquias como si se tratara de ídolos diabólicos.
Queda por mencionar el nombre de “Baphomet”, cuya significación ha 91

suscitado muchas tesis. He aquí algunas: A principios del siglo XIX, el célebre
tratadista de asuntos árabes, Silvestre de Sacy, sostuvo que se trataba de una
alteración del nombre de Mahoma, y encontró que en un glosario del siglo
XVIII la palabra “Bahomerid” sirve para significar mezquita. Algunos se
opusieron a esa tesis indicando que eso era inverosímil pues los musulmanes
rechazan categóricamente la idolatría. Más tarde el orientalista alemán
Hammer-Purgstall, sostuvo primeramente que la palabra “baphomet”
provenía de la palabra árabe “Bahoumid”, que significa ternero, y que se
trataba entonces del culto al becerro de oro9. Pero los arabizantes no han
encontrado la palabra “Bajoumid” en sus diccionarios. Por otra parte,
Hammer-Purgstall cambió rápidamente la tesis afirmando que la palabra tenía
un origen gnóstico al agrupar los vocablos griegos: Baphé=bautismo y que ello
evocaba una recepción por el fuego.
Después, otros investigadores del siglo XIX, pretendieron demostrar que 92

era una figura hermafrodita que cubría ciertos cofrecillos que acababan de ser
descubiertos, la que representaba a Baphomet. Muy débil desde su mismo
comienzo, esa tesis fue completamente demolida por los que, como M. Probst-
Biraben, han sabido probar que se trataba solamente de cofres con medicinas
árabes10. Más tarde, Víctor Emilio Michelet aseguró que se trataba de una
fórmula abreviada de “TEMpli Ommium Hominum Pacis Abas” que era
preciso leer cabalísticamente de derecha a izquierda, conservando solamente
ciertas letras.
Con la misma visión Johon Charpentier, partiendo del principio de que 93

San Juan Bautista era el patrón de los Templarios, sugirió, para obtener la

9 La historia de adoración del Becerro por el pueblo de Israel, no parece tampoco encajar
aquí. Ante todo: el Becerro es “Ijl”, una figuración del Toro (Thwar), el cual es con el
Hombre, el León y el Águila, uno de los cuatro “animales” portadores del Trono, y que en
realidad son Ángeles (Mla’jkah). Se comprende de inmediato que se trata de los cuatro
signos fijos del Zodíaco: Toro (Ternero), León, Águila (Escorpión) y Aquarius (el Hombre).
10 Proviene de la decoración de la cubierta del cofre árabe de Essa-Reyes, donde se creyó ver
la representación de “baphomet”, la figura representada tan a menudo en las obras de
ocultismo, y que sirve de ilustración a casi todos los artículos que fueron escritos sobre los
Templarios. Ese personaje, mitad hombre - mitad mujer, teniendo dos astas, en cada una de
las cuales se puede ver el Sol de un lado y la Luna del otro: en la parte baja de la figura, una
cabeza de muerto está enmarcada por la estrella de los Pitagóricos (de cinco puntas) y por la
Estrella de los Magos (de 7 puntas).

- 32 -
Los Templarios

palabra baphomet, reunir los términos Bautista-Mahoma, “tachando –después


de la tercera letra- un número igual a la cifra sagrada siete”.
Es curioso que en ninguna de las tesis sostenidas, se haya pensado en 94

aproximar el origen de ese nombre “Baphomet” a Bapho, el puerto de Chipre


donde los Templarios fueron a instalarse, y con mayor razón aún si se
considera que en la Antigüedad Bapho (BAfo) tenía un templo famoso
consagrado a Astarté, (quien era a la vez Venus y la Luna, Virgen y Madre), a
la que se le adoraba bajo la forma de una piedra negra (análoga pues a la Ka’ba
de la Meca). También, hemos visto que los Templarios consagraban la mitad de
sus plegarias a la Santa Virgen. En resumen, no es imposible que la Orden
hubiera traído alguna cabeza u osamentas que, por otro lado, podían haber
sido tanto cristianas como paganas y que los jueces hubieran querido
relacionar eso con el culto a Astarté… Finalmente, todo ello es principalmente
una cuestión de exploración de la palabra, más no de su significación ni de su
sentido verdadero. Más ¡ay! En gran parte sobre eso estuvo basado el proceso.

Desde la muerte de Thibaud Gaudin en 1295, el Gran Maestre del Templo 95

fue Jacques de Molay. En el mismo momento en que De Molay fue promovido,


el Rey de Francia, Felipe el Hermoso, entró en conflicto con el Papa Bonifacio
VIII. Se trataba del problema de las relaciones entre el poder espiritual y el
poder temporal. Felipe el Hermoso había levantado un subsidio con motivo de
la guerra contra el rey de Inglaterra, obligando a los clérigos a participar. Por
su parte, el Papa en 1296, por el decreto Clericis Laicos, prohibió formalmente a
todas las naciones poderosas recurrir a tal fiscalización, y al clero pagarla por
cuenta propia sin la autorización de la Santa Sede. Felipe el Hermoso
respondió inmediatamente, prohibiendo formalmente la salida de moneda
fuera de Francia. Pero, molesto por las dificultades que suscitaría semejante
autarquía financiera, Bonifacio VIII anuló su decreto algunos meses más tarde.
A principios del año 1303, un nuevo consejero del rey se encargó de las 96

relaciones con el papado; se trataba de Guillermo de Nogaret, antiguo profesor


de Derecho de Montpellier, y más tarde juez en Nimes. Éste se perfiló desde el
primer instante como un ambicioso de violento temperamento. Tomando en
sus manos la causa del rey en una asamblea que hubo en el Louvre, el 12 de
marzo de 1303, acusó al Papa principalmente de simonismo y pidió al rey
convocar la reunión de un concilio para juzgar al soberano pontífice. Después
de haber regresado a la carga en el mes de junio para alertar a la opinión
pública, partió hacia Anagni en septiembre, con hombres de confianza para
arrestar al Papa y conducirlo a Francia. Su operación falló; pero Bonifacio VIII
debía morir algunos días más tarde (el 11 de octubre). Ya agotado Bonifacio
VIII, al ver a Guillermo de Nogaret lo trató de “Patarino, hijo de Patarino”, es
decir, de cátaro, de herético languedociano.

- 33 -
Los Templarios

En este caso, el término cátaro debe tomarse en cuenta tanto para explicar 97

la pasión antipapista de Nogaret como para establecer una hipótesis sobre la


razón del apresamiento de los Templarios. El 22 de octubre un nuevo Papa fue
elegido: Benedicto XI, quien hostigado por los hombres de Nogaret, se vio
obligado a abandonar Roma y a refugiarse en Perusa. Él se esforzó, sin
embargo, en arreglar las relaciones entre Francia y el papado. No obstante, el
Papa conservó la ventaja, pues no solamente pudo rehusar recibir a Nogaret,
sino que publicó una bula acusándolo de complot contra Bonifacio VIII,
calificándo eso como un “crimen monstruoso” y obligándolo a comparecer con
sus cómplices en Perusa.
La situación era bastante inquietante para Nogaret, e indirectamente para 98

el rey de Francia. Ambos fueron salvados providencialmente, el 7 de julio de


1304 con la muerte súbita de Benedicto XI, que según se dice sucumbió por
haber comido demasiados higos frescos… El cónclave empleó cerca de un año
para elegir a un sucesor. El rey de Francia, que tenía derecho a palabra, dio su
opinión. Finalmente, el compromiso se hizo a favor de un francés, amigo de la
infancia de Felipe el Hermoso. Se trataba, como ya habíamos dicho, de
Bertrand de Got, arzobispo de Burdeos, quien se convirtió en Papa bajo el
nombre de Clemente V.
Durante diez años de lucha entre el Vaticano y los dirigentes franceses, las 99

relaciones entre Felipe el Hermoso y la Orden del Templo fueron excelentes.


Pero, al pedir su admisión como miembro honorario en la milicia del Templo,
el rey no abrigaba ciertamente ningún motivo de idealismo, sino que deseaba
encontrar ahí la ventaja de una gran fuerza, tanto para sus choques con el
Vaticano, como para sus dificultades financieras.
En Julio de 1303, todos los recaudadores recibieron la orden de enviar sus 100

fondos disponibles al Templo. Durante cuatro años la Orden del Templo iba a
administrar las finanzas del Estado, en relación con los agentes del rey. El
Papa, en razón de su nacionalidad francesa y por habitar en dicho país, pudo
finalizar la lucha con Roma. El rey podía controlarlo e intentar ejercer sobre él
una influencia, presentándose siempre como un gran defensor de la
cristiandad. Por tanto la situación de la Orden del Templo debió dejarlo
pensativo: él no tenía nada que esperar y sí mucho que temer. Si él se
beneficiaba con los haberes de los Templarios, no por ello poseía sus fondos ni
sus propiedades. Había sido excelente contarlos como aliados durante las
diferencias con el papado, pero en lo sucesivo ese sostén resultaba inútil.
Sobre este punto, todos los historiadores están de acuerdo para llegar a las 101

conclusiones siguientes: ¿Qué iban a hacer los Templarios? ¿se abstendrían de


restablecer sus estrechos lazos con el Vaticano para salvaguardar su
independencia? En consecuencia ¿acaso no convenía a sus enemigos sacar
partido del hecho de que la Orden quedaba desvinculada de su razón de ser,

- 34 -
Los Templarios

de sus bases en el Cercano Oriente, para aprovechar absorber sus tierras y sus
bienes?. Semejante requisa podía alimentar un poco las cajas del Estado, tan
desposeídas. Pero, después bajo el ángulo de aquella controversia llamada
“poder espiritual - poder temporal”, la Orden del Templo, situándose entre los
dos, podría según su deseo pasar a uno o a otro lado de la balanza. Así,
mientras ésta permaneciera libre convenía tomar precauciones contra ella.
¿Acaso no era más astuto aprovechar la coyuntura, de la mala salud del Papa y
el descrédito que había caído sobre los Templarios desde la derrota de Acre 11,
para irrumpir en las riquezas de la Orden y también para no darle
oportunidad de tomar partido, ni siquiera como Estado dentro del Estado? He
ahí el género de cuestiones que Felipe el Hermoso, Nogaret y otros, debieron
plantearse. La supresión de la Orden se situaba para ellos en una perspectiva
de estatismo; pero era necesario encontrar un buen pretexto.
Al lado de la mala propaganda que circulaba sobre los templarios, un 102

personaje poco recomendable hizo una denuncia personal a principios de 1305,


ante el Duque de Aragón y más tarde ante el rey de Francia. Se trataba de un
florentino apóstata de mala vida llamado Noffo Dei, condenado por el derecho
común, que había recogido la declaración de un templario en la prisión de
Agen. Se percibe bien que las declaraciones de ese vagabundo no tenían otra
meta que la de ver su pena anulada. Jaime de Aragón no tomó en cuenta esa
denuncia, pero Felipe el Hermoso estuvo de acuerdo en abrir una “indagación”
que por otra parte se convirtió en motivo de un apresamiento directo, que
podía abarcar también a los templarios anteriormente excluidos de la Orden
por mala conducta. Además, también forzó a otros a ser espías. Al
maquiavelismo se agregaba este sentimiento: Felipe el Hermoso temía
particularmente que se produjera lo que se había dado en el sur de Francia
debido a las informaciones que provenían de Agen. Fue por eso que después
de haber suprimido la Inquisición, la restableció en 1304.

11
Es preciso hacer notar que los Templarios guardaban relaciones con los musulmanes,
hasta el punto que Guillermo de Beaujeu, teniendo la información del Emir Salâh, hizo saber
a los señores de Acre que el Sultán iba a venir con el fin de asediarlos, pero no se le creyó.
Poco después se cumplió el asedio y desde el 5 de abril hasta el 18 de mayo el sitio resistió
de comienzo a fin. El Gran Maestro Guillermo de Beaujeu después de haber combatido
valientemente fue asesinado y la ciudad conquistada después de una verdadera carnicería.
Algunos Templarios, conjuntamente con numerosos civiles, se retiraron en dos navíos de la
Orden y se salvaron al ser transportados hasta Chipre, mientras que muchos otros se
quedaron combatiendo hasta la muerte. En el mismo momento los Templarios de la
guarnición de Sayete se constituyeron en Capítulo General para elegir como Maestro a su
capellán Thibaud Gaudin. Inmediatamente nombrado, éste partió para procurar socorro en
Chipre. A pesar de no encontrar a sus compañeros, permaneció en la isla, lo que le valió ser
acusado de cobardía. Sin embargo, poco después todas las guarniciones se reunieron y el
reino de los cruzadas no existiría más. No se puede reprochar a la Orden de haberse
ablandado, envilecido y corrompido. Contra toda esperanza sus caballeros habían resistido
hasta el último minuto.

- 35 -
Los Templarios

Felipe el Hermoso tuvo una gran conversación con el nuevo Papa, en Lyon 103

el 15 de noviembre de 1305, en la iglesia de San Justo, en ocasión de la


coronación de Clemente V. En la ceremonia, o más desfile en las calles, había
ocurrido un trágico accidente: el derrumbe de un muro sobre el cual se habían
encaramado numerosos espectadores, había matado a una docena de personas
del cortejo, entre ellas al Duque de Bretaña. El Papa cayó de su caballo, y su
tiara al rodar por tierra perdió una piedra preciosa. Clemente V estuvo
moralmente muy afectado; Pues a causa de ese hecho, muchas personas
auguraron mal acerca de su reino.
En la conversación con el rey de Francia, muchos problemas fueron 104

abordados, principalmente el problema de los Templarios, así como el envío de


una nueva cruzada a Palestina… Pero sobre ello no se tomó ninguna decisión.
En desquite Felipe el Hermoso obtuvo el nombramiento de nueve cardenales
franceses, dividiéndose con el Papa el favor de la elección a parientes o amigos.
Georges Lizerand ha escrito: “En lugar de Cardenales y hombres de estado, se
tuvo a cardenales y hombres de negocios favorables al rey”.
A comienzos de 1306, una tercera devaluación trajo como consecuencia 105

una inevitable subida de precios; el populacho de París, se dirigió indignado


hacia la Torre del Templo donde el rey y los suyos habían buscado refugio, la
masa no pudiendo penetrar en el Templo, bloqueó la entrada interceptando la
llegada de los alimentos que se traían a él. Cuando Felipe el Hermoso pudo
recuperar la libertad hizo colgar en las puertas de la ciudad a veintiocho de los
manifestantes. No era esa la primera vez que el rey de Francia iba a residir en
el Templo, tanto para instruirse sobre las riquezas de los templarios, como para
ensayar penetrar en algunos de sus misterios.
En ese mismo año, el rey despojaba, torturaba y expulsaba a los judíos del 106

reino, otro procedimiento para adquirir bienes. En fin, Felipe el Hermoso no


había arreglado todavía todas las cuestiones pendientes con Roma,
principalmente el caso de Nogaret. En la primavera de 1307, varias
conversaciones con el Papa tuvieron lugar en Poitiers. Este último hizo una
proposición que el rey rechazó inmediatamente. Clemente V se retrajo durante
varias semanas, pero bruscamente, el 24 de agosto, escribió al rey diciéndole
que había cambiado de opinión, porque después de haber consultado a los
cardenales y ver que el mismo Jacques de Molay, el Gran Maestro del Templo,
deseaba una investigación, él mismo en su calidad de Papa iba a llevarla a cabo
personalmente. En efecto, él comenzó rápidamente sus búsquedas pero no
debió encontrar gran cosa, ya que un mes más tarde, el 26 de septiembre,
escribió al rey para pedirle informaciones sobre los templarios. Semejante
indagación inquietó a Felipe el Hermoso y a Nogaret, ya que todo sería llevado
a proceso si el Papa concluía sus investigaciones a favor de los Templarios.

- 36 -
Los Templarios

Sin embargo, el momento parecía oportuno, todos los dignatarios del 107

Templo estaban residiendo en Francia. Pero, tratándose de una investigación


religiosa, era preciso que la decisión del rey estuviese amparada por una
autoridad eclesiástica como la de la Inquisición. El inquisidor principal de
Francia era Guillermo Humbert, de París, confesor del rey y más bien devoto
de su persona; el apoyo no parecía pues difícil de obtener. No obstante,
queriendo ocultarse bajo la Inquisición, Felipe el Hermoso, no quería dejarle a
éste la instrucción del asunto, pues quería ante todo hacer “trabajar”, es decir,
torturar a los acusados, pero en este caso mediante comisarios laicos enviados
de los arrendamientos y de las senescalías. Las instrucciones especificaban
muy nítidamente que los comisarios civiles, después de detener a los
templarios, dirigieran ellos mismos los primeros interrogatorios, y que después
–solamente- los comisarios llamaran al inquisidor. Nogaret esperaba de los
religiosos la ratificación, pero no la conducción del asunto.
Se comprende fácilmente por qué no se trataba de interrogar a los 1 108

prisioneros, sino de obligar por medio de la tortura al mayor número de ellos,


a reconocer los “artículos de error” indicados por los comisarios. La instrucción
decía muy claramente, que los comisarios debían “examinar la verdad con
cuidado, por medio de la tortura si era necesario”. Además, los jueces
disponían de un argumento de peso apara incitar a los prisioneros a respetar lo
que se les dictaba: “Les prometieron el perdón, si confesaban la verdad y
volvían a la fe de la Santa Iglesia; de otra manera serían condenados a muerte”
Para llevar a efecto el plan, la gran redada fue realizada en todas partes y a 109

la misma hora, durante la madrugada del viernes 13 de octubre de 1307, para


no encontrar resistencia alguna. Según cierta leyenda, Jacques de Molay estaba
lejos de poder sorprenderse, porque conociendo la fecha del apresamiento
había hecho sacar los documentos importantes de la Orden en tres carretas
cubiertas de paja, en la noche del jueves 12 de Octubre.
Para explicar el extraño desarrollo de los acontecimientos, M. Regina 110

Pernoud ha formulado una curiosa hipótesis: basándose en el hecho de que


Nogaret había sido tratado de “patarin” por el Papa, ella se pregunta si todos
los antiguos cataros que se encontraban en el Templo no habrían decidido en
connivencia con Nogaret el apresamiento de los Templarios, con el fin de
salvarse personalmente y dar así un golpe al Vaticano!. Al mismo tiempo que
hacía interrogar con instrumentos de tortura a todos los templarios de Francia,
Felipe el Hermoso dirigía cartas a todos los soberanos de Europa para
denunciar a la Orden.
Los acusadores exhibían públicamente a Jacques de Molay, porque 111

después de haber sido “trabajado” durante una docena de días con torturas, el
Gran Maestro había cumplido las “confesiones” pedidas. Antes de él, el 21 de
octubre, otro gran dignatario de la Orden, Geoffroy de Charnay, había

- 37 -
Los Templarios

“confesado” igualmente una multitud de cosas, como haber estado en relación


con la herejía dualista al declarar su aversión a la Cruz, y eso por considerar
que el crucificado no fue sino un ladrón que tomó el lugar del Cristo, ya que el
Cristo mismo no había sido más que una apariencia, pues Dios no podía
encarnarse en un mundo como éste, dedicado al mal.
En efecto, se obligaba a los templarios sobre todo a “confesar” la supuesta 112

obligación de escupir sobre la cruz durante la recepción de la Orden, así como


la sodomía obligatoria, y en fin la adoración a ese ídolo (el Baphomet). Ahora
bien, son únicamente los textos de los estatutos (reglas) de la Orden
descubiertos y publicados últimamente los que hablan de ello, pues los
primeros no estipulan nada semejante. Se puede pensar más bien que si
realmente los acusadores hubieran encontrado tales prescripciones o la menor
huella de semejantes prácticas, las habrían citado o dado como prueba de
apoyo, lo que jamás fue hecho por los investigadores. Hacia fin de año, de los
ciento treinta y ocho templarios arrestados en París, todos, salvo cuatro, se
habían “confesado” culpables.
A pesar de todo, Clemente V, poco convencido del crimen de herejía, 113

quería siempre sustraer a Felipe el Hemoso la instrucción del proceso para


llevarlo a cabo él mismo. Pero no podía mostrar a priori un aire favorable frente
a los inculpados. Ordenó pues el apresamiento general de los miembros de la
Orden y envió al rey de Francia sus dos Cardenales Etienne y Beranger. Felipe
aceptó remitir sus prisioneros al Papa. La noticia provocó un verdadero choque
psicológico entre los templarios: no estaba todo perdido para ellos. Jacques de
Molay hizo una tablilla que firmó invitando a todos los prisioneros a revocar
sus confesiones. Y dio él mismo el ejemplo al anular las disposiciones que
había dado bajo el efecto de las torturas. Lo hizo, pues, mostrando ante una
gran multitud su cuerpo atrozmente destrozado por sus verdugos. Otro
dignatario, Hugo de Pairau, proporcionó demostraciones semejantes ante dos
cardenales que lo invitaron a cenar.
Decidido a revisar enteramente el primer proceso, el Papa anuló a 114

principios de 1308, los poderes de los inquisidores. El círculo del rey,


extremadamente inquieto por esa perspectiva, decidió organizar lo que se
llama hoy una campaña de prensa a fin de excitar a la opinión pública. Felipe
el Hermoso, empleó numerosos medios para ejercer presión sobre el Papa, con
el resultado de que hizo azotar a setenta y dos “templarios” (entre los cuales no
había ningún dignatario de la Orden) que estaban al servicio de Felipe para
espiar y rendir cuenta de lo que pasaba en el Templo. Estos, por supuesto
aceptaron confesar todo lo que el rey deseaba. Por haber rechazado
condenarlos inmediata y personalmente como se lo pedía Felipe, el Papa se
encontraba esta vez en mala posición.

- 38 -
Los Templarios

En fin, los prisioneros tuvieron que ser devueltos al rey por razones 115

desconocidas (quizás la falta de lugar y de hombres para vigilarlos). Las


declaraciones de los templarios permanecen como evocaciones de mártires. El
hermano Bernard de Gué no titubeó al decir: “He sido tan torturado, tan
interrogado y tantas veces puesto al fuego, que me quemaron toda la carne de mis
talones, hasta el punto que los huesos se me cayeron un poco después”. No sin
entereza, el 24 de abril de 1310, los representantes de la defensa volvieron a la
carga publicando una bula que habían redactado para decir que los Templarios
fueron “conducidos como manadas al matadero”. Aquellos jueces de ocasión,
los comisarios, experimentaban en el fondo de sí mismos un caso de
conciencia, pero el totalitario Felipe el Hermoso vencía siempre sobre su moral
y los comisarios reanudaban sus interrogatorios.
Uno de los testimonios más emocionantes que permanecen, es el del 1 116
hermano Aymeri de Villiers-le-Duc quien lo había pronunciado pálido y
aterrorizado durante el proceso verbal. Elevando la mano hacia el altar, juró
que todos los crímenes imputados a la Orden eran falsos y pidió que la muerte
lo abatiera de inmediato si mentía: “Que mi cuerpo y mi alma sean aquí mismo
sumergidos en el infierno”. Ahora bien, él era de los que primeramente habían
hecho confesiones, y así lo recordó: “Si, he confesado algunos de esos errores, yo lo
reconozco, pero fue bajo el efecto de los tormentos que me habían hecho sufrir G. de
Marcillo y Hugo de la Celle, caballeros del rey, durante su interrogatorio. Yo había
visto el día anterior llevar en carreta a cincuenta y cuatro de mis hermanos para ser
quemados vivos por no haber confesado esos crímenes… Ah! sí, yo iba a ser quemado, y
tuve demasiado miedo de la muerte, no lo soporté, ni aún ahora lo soportaría! Yo
cedería… Yo confesaría bajo juramento, delante de vos y delante de cualquiera, todos
los crímenes que se le imputan a la Orden; yo confesaría que he matado a Dios si me lo
preguntasen. Ah! Os ruego, os suplico de no revelar nada de todo esto a los agentes del
rey. Tengo demasiado miedo de que, si ellos llegasen a saberlo, me envíen a los mismos
suplicios que a mis hermanos…”
La voluntad de ser franco y valiente estaba acompañada de un gran miedo 117

a la muerte. Los mismos sentimientos expresados por Aymeri, se encontraban


más o menos contenidos en las declaraciones de muchos otros templarios. Si la
muerte aterrorizaba tanto en aquel mundo teóricamente caballeresco y
cristiano, donde debería importar menos, era porque ante una iglesia
debilitada, los ideales católicos puestos en pugna dejaban una perspectiva
confusa, cegada por los fuegos de la inquisición que tenían el sabor de una
antesala del infierno. El Templo, que había comenzado a la luz de la sonrisa de
la Santa Virgen, finalizaba delante de las muecas de los demonios….
Clemente V conservaba en el fondo quizás esa misma opinión, pero 118

deprimido por su estado de salud y cercado por Felipe el Hermoso, debió


estimar imposible poner en causa el proceso. Como siempre, el Papa ensayaba
transigir. Es así que dio a conocer al Concilio de Viena (en el delfinado francés)

- 39 -
Los Templarios

su bula Vox Clamantis, que no proclamaba la condenación del Templo, sino su


extinción: “Nosotros abolimos la susodicha Orden del templo con todas sus
instituciones; no sin amargura e íntimo dolor, no en virtud de una sentencia
judiciaria, sino por una forma de decisión u ordenanza apostólica.”
En fin, el tribunal que bajo la dependencia directa del Papa debía juzgar a 119

los dignatarios del Templo, pronunció su fallo, como se sabe, el 19 de marzo de


1314. La protesta de Jacques de Molay y de Geoffroy de Charmay, llevó a
Felipe el Hermoso a condenarlos a la hoguera. Ellos murieron conforme su
petición, con el rostro vuelto hacia Nuestra Señora (Catedral de París).
Pero, Nogaret, el Papa y Felipe el Hermoso, no sobrevivieron por mucho 120

tiempo al proceso. Se sabe que desde lo alto de su hoguera el Venerable Gran


Maestro hizo una profecía que se cumplió… Casi un año después del martirio
del último Gran Maestro de la Orden del Templo, ellos debían comparecer ante
el tribunal celeste y Dante colocó a Clemente V en el 8º círculo de su infierno,
entre los simoníacos, es decir, con los traficantes de las cosas espirituales como
un “pastor sin ley encargado de las más feas obras”.
A partir del siglo XVIII, se tuvo que escribir mucho sobre los Templarios 121

para intentar penetrar los misterios de la Orden, así como para narrar indicar la
continuación de su historia. Se ha dicho inclusive que los Templarios
contribuyeron a la fundación de la Compañía de Jesús y, según algunos, se
encontraron también en el origen del establecimiento de la Francmasonería.
En 1828, el abad Gregorio, antiguo diputado de la Constituyente y de la 122

Convención, en su “Historia de las sectas religiosas”, dio testimonio de la


conservación de la Orden al dar la lista de los nombres de los Grandes
Maestros de la Orden hasta Jacques de Molay. Entre ellos fueron mencionados:
Bertrand de Guesclin, Henry de Monmorency, Charles de Valois, Philipe de
Orleáns, el Príncipe Conti, el Príncipe de Condé, etc..
Por otro lado, bajo el imperio francés en 1808, se desarrolló un suntuoso 123

servicio fúnebre para celebrar el aniversario de la muerte de Jacques de Molay


en la iglesia de San Pablo y San Luis de París, oficiado por el Abad Clouet
quien, llevando el hábito de primado de la Orden, pronunció un vibrante
elogio al Gran Maestro. Bajo la Restauración, en 1824, la misma ceremonia tuvo
lugar en San Germán de Auxerrois. Por último, Raymond Oursel acaba de
publicar una minuciosa traducción de los interrogatorios del proceso, y en una
nota declara saber que “la Orden del Templo ha sobrevivido a sí misma como una
especie de sociedad secreta hasta nuestros días”.

- 40 -
Los Templarios

Para terminar, tomaremos unas líneas más de Pierre Ponsoye (en “El Islam y 124

el Graal”, pág. 181). La enseñanza del Graal, ni planteaba abiertamente el


problema de las relaciones del Papado y del Imperio, ni tenía por qué hacerlo
en el plano Iniciático que le era propio; ese problema como tal no existía sino
por la fatalidad del siglo. En cuanto a la dualidad misma de las dos grandes
funciones exotéricas, dicha enseñanza tiene razones complejas, cuyo estudio
esaparía al marco de este trabajo y tendría ante todo las modalidades
particulares de la manifestación crística y de la extensión del cristianismo a la
gentilidad. Sea como sea, esa dualidad implicaba por sí misma un principio
común que metafísicamente era impuesto por su unidad esencial, y
tradicionalmente por la pertenencia del Cristianismo a la Orden de Melki-
Tsedeq.
Por lo tanto, en esa perspectiva debía llegar el momento en que la fatalidad 125

impondría a los herederos del Templo tomar una posición tan abierta como lo
permitiera la naturaleza profunda de la doctrina y el secreto Iniciático. Ese
momento está marcado en el linde del siglo XIV, por los dos síntomas mayores
del mal del cual la cristiandad debía morir, por supuesto no como Iglesia, sino
como “Ciudad” humana y divina: la desaparición de la Orden del Templo y el
más grave conflicto jamás ocurrido entre el papado y el Imperio, era en
apariencia tanto más irremediable, puesto que, desde hace mucho tiempo, ya
no se trataba solamente de atribuciones sino de principios. En cuanto al hecho
de asumir esa posición, la obra de Dante es el testigo más audaz, el más
completo y, para nosotros, el más preciso.
Su obra “de Monarquía” en particular, publicada en ocasión del 126

desembarco de Enrique VII en Italia, expone, apenas velada bajo su forma


escolástica, una doctrina que está muy lejos de ser puramente abstracta y
teórica como podría creerse a través de una lectura un poco superficial. Entre
los pasajes donde el autor deja ver lo más claramente posible su profundo
pensamiento, citaremos aquel donde refuta el argumento según el cual el
Emperador está ordenado necesariamente al Papa. Como todos los hombres
son ordenados conforme a un solo hombre, el cual constituye su medida y su
arquetipo, en el caso del Papa y del Emperador, siendo hombres los dos, el
problema se complicaba por cuanto tampoco el Emperador podía estar
ordenado a otro hombre. He aquí lo que dice Dante: “En tanto que ellos son
seres relativos (el pontificado y el poder imperial son relaciones y no formas
substanciales como la humanidad), deben ser ordenados uno por el otro, pero
si uno esta subordinado al otro, o si pertenecen a una misma especie de
relación, entonces están ordenados a un tercer ser como a su arquetipo. Ahora
bien, en ese caso no se puede sostener que uno esté subordinado al otro, o que
uno fuese atribuido al otro, lo cual sería falso en efecto. Nosotros no decimos
que el emperador es el Papa ni viceversa. No se puede sostener tampoco que

- 41 -
Los Templarios

ellos pertenezcan a la misma especie, ya que la esencia del papado no es la del


Imperio. Ellos están ordenados, pues, a un ser en el cual encuentran su unidad.
Para comprender esta última aseveración, recordemos que la relación se 127

comporta frente a la revelación como lo relativo frente a lo relativo. El Papado


y el Imperio, al ser relaciones de preeminencia, deben estar ordenados a la
relación de preeminencia de la cual ellos proceden; el Papa y el Emperador, en
tanto que como hombres, están ordenados a un ser único, como Papa y
Emperador están ordenados a otro ser”.
La conclusión ostensible es que el Emperador no puede ser ordenado al 128

Papa. Pero hay otra que sin ser explotada no es menos explícita: si el
Emperador y el Papa están ordenados, en tanto que hombres por una parte, y
como Papa y Emperador por otra, a dos seres distintos, ellos en cambio no lo
están inmediatamente a Dios, o dicho de otra manera, en la fuente de sus
funciones existe solamente esa “substancia inferior a Dios”, propia de quien
“se encuentra sin características particulares, aun en la relación misma de
preeminencia”. Dante no era hombre que hacía ostentación de palabras ni
perseguía quimeras, y se puede pensar más bien que en ese año de 1311, en el
cual el destino parecía aún en suspenso, era difícil y sin duda inútil decir más.
Sin embargo, no habríamos citado ese curioso pasaje, si, cualquiera que 129

hubiese sido la grandeza intelectual de su autor, él no hubiera explotado sino


una tesis personal. Pero hoy se sabe que no fue así. Como Wolfram en una
época, pero con una autoridad propia a la cual la del caballero Wolfram no
puede ser comparada, Dante hablaba en nombre de las organizaciones
iniciáticas herederas de la Orden del Templo y en particular de la Fede Santa
de la cual él era, sin duda, uno de sus jefes. Entre la serena reserva del primero,
y la ardiente apología del segundo, los acontecimientos sobrevenidos desde
1307 establecen toda la diferencia.
De Wolfram a Dante, la filiación doctrinal no necesita ser demostrada. En 130

lo que concierne a la constatación de huellas de influencia islámica, he aquí lo


que dice B. Landry en su edición francesa de “de la Monarquía”: “ Dante en su
obra “De la Monarquía” aparece como un filósofo impregnado tanto de
averroísmo como de cristianismo. Por otro lado ¿acaso no amó él siempre y en
todos aspectos a los árabes? Recordemos que Dante no quiso colocar en su
Infierno a aquel que los agustinianos llamaban el Maldito, sino que él lo
llamaba el Autor del Gran Comentario; recordemos también que Siger de
Brabant, el averroísta parisino que Santo Tomás combatía con tanta fuerza, se
sienta en el Paraíso con su ilustre adversario. En fin, no olvidemos que Dante
había leído y meditado la literatura árabe, conocía los viajes que Mahoma
había hecho en el otro mundo, y ellos demuestran que los círculos del Infierno
dantesco son muy semejantes a los del Infierno musulmán.

- 42 -
Los Templarios

En verdad, Dante estaba impregnado del pensamiento árabe (sería más 131

exacto decir islámico), no solamente por el averroísmo, sino también y sobre


todo por el esoterismo sufí y en particular por la enseñanza de Ibn’ Masarra y
de Ibn’ Arabî. Los trabajos de Miguel Asín Palacios han demostrado la
influencia indiscutible de obras como las “Fotuhát al-Makkyiah, y el Kitâb el-Isrâ”
sobre la Divina Comedia, de Vita Nuova y el Convito.
La palabra “impregnado” es justa en cuanto que hace sobreentender un 132

aspecto intelectual situado en las fuentes mismas del pensamiento, y cuyo


indiscutible esoterismo en las obras de Alighieri basta para excluir todo
carácter exterior o “profano”. La doctrina del imperio universal en Dante,
también encuentra efectivamente en Aristóteles, a través de los doctores
musulmanes, una responsiva y una caución. Pero cuando él dice a propósito
del Emperador, que “sólo Dios escoge, sólo Dios inviste, ya que sólo Dios no
tiene superior” o también que “la autoridad temporal del monarca desciende
sobre él de la Fuente Universal”, no se trataba solamente de la transposición en
un orden social “ideal” de una filosofía del orden cósmico, sino de una
realidad venerable, viviente y amenazada, que era importante defender tanto
de los que pretendían negarla como de los que la desviaban con un interés de
partido, y al mismo tiempo promover, en unión y en equilibrio con la
autoridad espiritual, las bases de autenticidad y de regularidad que solamente
podía proveer la Sabiduría tradicional universal.
En obras de exposición directa, tales como “De la Monarquía” o “el 133

Convito” destinadas a una larga difusión, y que debieron contar con la


vigilancia del Santo Oficio no puede esperarse encontrar expresadas sino las
relaciones de fondo con la doctrina del Califato, tal como Ibn’Arabî lo expone
notablemente en el capítulo 73 de su Futúhát. (Se sabe que “De la Monarquía”
fue quemada en 1327 bajo órdenes del Cardenal Du Puget, legado del Papa),
Pero las nociones capitales se encuentran: en la universalidad del imperio y en
la investidura divina directa. La última al menos, no debe nada a Aristóteles, y
por otra parte se la buscaría vanamente en fuentes patrísticas, sin hablar de la
doctrina de la Iglesia que con los agustinianos apuntaba a establecer la
primacía absoluta de la Sede pontificia.
Se notará que Dante, posiblemente por los motivos indicados arriba, deja 134

subsistir completa la ambigüedad entre los aspectos esotéricos y exotéricos del


Imperio como del Papado. Esa ambigüedad se encuentra en la noción y en la
palabra de Khalifah, a través de la cual el Sheik al-Akkbar comprende la
autoridad exterior islámica como Polo Supremo.
Se ve quizás una coincidencia análoga, en lo que concierne al Imperio, en 135

el personaje del Gran Enrique, al cual Dante coloca en el más alto grado del
Paraíso, es decir en la Ciencia Iniciática. Pero es difícil decir si esa coincidencia
fue efectiva o solamente simbólica, pues Enrique VII como Emperador y como

- 43 -
Los Templarios

Iniciado, pudo haber sido exclusivamente el representante de la autoridad


invisible, que por ejemplo el rosacrucismo había de designar más tarde con el
nombre de Imperator. Si bien Dante guarda sobre ese personaje una reserva
comprensible, no duda en librar esa verdad bajo una forma enigmática, como
índice significativo bajo el aspecto profundo de la tradición imperial y su
finalidad espiritual y escatológica.
Queremos hablar del misteriosos Veltro (Inferno 1, 100-111) y 136

“cinquecento diece e cinque, messo di Dio” (Purgatorio, XXXIII, 43-44) del


heredero del Águila Imperial, en quien está anunciada una misión
restauradora, a la vez temporal y espiritual con un carácter nítidamente
apocalíptico. Sin perjuicio de aplicaciones más restringidas que las que Dante
podía haber tenido accesoriamente en cuenta, se trataba ahí, sin duda alguna,
de la transfiguración del Imperio en el Sacrum Imperium verdadero y
universal, esperado al final de los tiempos. Ahora bien, ese enviado de Dios
tiene una correspondencia precisa en la escatología islámica con la persona del
Mahdí (el Guía enviado por Dios), Precursor de la Segunda Venida.
Dante agrega aún: “La bondad desbordante de esa fuente, una y simple en 137

ella misma, se vertía en una multitud de riachuelos”. Si se hubiera tratado


solamente de afirmar la distinción de origen del “arroyo” imperial en relación
con el “arroyo” apocalíptico, ¿hubiera hablado él de una “multitud”? Y aún
entonces la doctrina sería clara, ya que al ser afirmada por dos, basta para
plantear el principio. Y, ¿podría él, por otra parte, proclamar la universalidad
del imperio sin reconocer esa unidad tradicional esencial de la cual ella no es
más que un corolario? La enseñanza de Wolfram y la de Dante pueden
aclararse la una por la otra en ese respecto. Pero si se quisieren buscar
referencias exegéticas explícitas de ambos, no es en la Biblia donde se
encontrarán, sino en los textos del Corán, como aquel que resume en unas
cuantas palabras toda esa secuencia doctrinal, y que es como el supremo
mensaje del Islam a las gentes (Gentiles) del Libro, es decir, a los cristianos y a
los judíos, y que dice:
“Di: ¡Oh Gentes del Libro… Elevaos hasta una Palabra igualmente válida 138

para nosotros y para vosotros: que nada adhiramos a Dios, que no Le


asociemos nada, que no tomemos a algunos entre nosotros como ‘señores’
fuera de Dios.” (Qorân, III-57).
En esa Palabra dada como punto de encuentro de la Torah, del Evangelio y 139

del Qorân, el texto sagrado define la Vía del monoteísmo puro o de la unidad
absoluta, que es la de Abraham (Qorân, XIII-29) y que en el sentido místico e
Iniciático es la de la Identidad suprema, afirmada abierta y esotéricamente por
todas las doctrinas tradicionales. Ella se sitúa en un nivel sintético como la
Madre del Libro, prototipo eterno de todos los Libros revelados y que está
“cerca de Allâh” (Qorân, XIII-39). En las perspectivas judaica y cristiana

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Los Templarios

respectivamente, ella es recibida bajo el aspecto principal de la Torah y del


Verbo.
Ahora bien para el Islam, “el Mesías, Jesús, hijo de María, es el Enviado de 140

Dios y es Su Palabra que El ha proyectado en María” (Qorân, IV-169), como


también la confirmación de la Torah (Qorân, V-50). Pero, en la visión islámica
ella se manifiesta además como síntesis final y totalizante de los verbos
proféticos anteriores, aquel, en quien Alá la ha “proyectado” como tal Seydná
Mohammad es el Sello de la Profecía Universal y es por ello que según el
Hadith, se ha podido decir: “Yo he recibido las Sumas Palabras y yo he sido
suscitado para realizar las Virtudes más nobles”. Es a esa característica
específica de totalización profética, que el Islam debió y debe su calificación
sobrenatural para transmitir a las Gentes del Libro (judíos y cristianos), un
mensaje semejante, y para trabajar con ellos para su realización.
Si se toma con ese propósito la terminología de Ibn’ Arabî en sus Fuçuç al- 141

Hikam, se observará que la Palabra igualmente valedera responde exactamente


a la piedra preciosa crística, descendida del cielo con los moldes de la realeza
divina, bajo el especto especial de la síntesis universal, que es el de la Segunda
Venida, la cual marcará el cierre del ciclo humano actual, mientras que la
síntesis mahometana señalaba el cierre de la profecía legislativa. Esa es
precisamente la piedra en la que Flegetanis había leído el nombre de las
estrellas, y que Kyot, había reconocido de inmediato por vía oral. Como
Trevizent le decía a Parzival, “ella no ha dejado de ser pura”.

Septiembre de 1958

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