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DOMINGO 27 DE ENERO DE 2008 | El Siglo de TorreÛn | 7A

EDITORIAL | DOMINGO 27 DE ENERO DE 2008 | El Siglo de TorreÛn | 7A

Lo que sigue

2 008 promete ser un año decisivo.

El país se ha estabilizado, el Eje-

cutivo y el Legislativo han en-

contrado formas de colaborar y avan- zar la agenda de ambos poderes y la economía mantiene su rumbo. Aunque es evidente que hay focos ámbar en muchos frentes y algunos rojos, como la economía, el panorama no guarda se- mejanza alguna con los aciagos días del periodo post electoral de 2006. Los ci- mientos no son malos, pero éste es el año en que el presidente deberá lograr un desempeño que impacte el resultado de los comicios intermedios, lo que sin duda hará más difícil el trabajo con el Legislativo. Lo que resulte de este año seguramente acabará definiendo los parámetros de la política mexicana por los siguientes años. La gran incógnita es cómo responderá la ciudadanía ya después del primer año de gobierno, con expectativas muy distintas a las que caracterizaron el inicio. Sin duda lo más trascendente del año pasado fue el hecho de que el Ejecu- tivo y el Legislativo encontraron un mo- dus vivendi que resultó muy productivo. Luego de una década de parálisis en la interacción entre poderes, el año pasado se lograron avances notables en mate- rias que parecían imposibles, sobre todo en temas como las pensiones, lo fiscal y lo electoral. Evidentemente, no todas las reformas que se aprobaron son per- fectas y algunas de ellas trastocan ele- mentos críticos de la vida económica y política del país y cuyas consecuencias reales tomarán años en hacerse eviden- tes. Pero eso no disminuye el hito que constituye el haber encontrado una for- ma efectiva de cooperar y funcionar. El año que corre por fuerza tendrá que ser distinto. Tres son los factores que cambian. Uno, la dinámica electoral va a comenzar a hacer ruido este año. Pasado el primer periodo de sesiones (en febrero y marzo), los políticos se concentrarán en las elecciones federa- les intermedias en 2009. A nivel indivi- dual, los diputados comenzarán a bus- car opciones personales dado que su pe- riodo concluye en aquel momento, pero lo relevante es que todos los partidos enfocarán sus baterías hacia la movili- zación electoral e identificación de can- didatos. Luego de la controvertida elec- ción de 2006, todos los partidos querrán ganar terreno y demostrar su fortaleza:

el PAN tratará de refrendar su legiti-

midad a través de un triunfo legislativo importante, el PRD intentará probar su relevancia electoral y el PRI buscará mejorar su posición. Para los partidos,

el año 2008 establecerá la dinámica que

defina la correlación de fuerzas en la si-

guiente elección y en eso se concentra-

rá toda su atención. Un segundo factor que cambiará tie-

ne que ver con la economía. Hasta aho- ra, y por más de una década, el país ha gozado de estabilidad macroeconómica, pero también de un mediocre desempe-

ño en términos de crecimiento económi-

co. Se ha discutido mucho respecto a lo que hace falta para echarla a andar, pe-

ro se ha avanzado poco en realmente lle-

var a cabo cambios específicos. Parte del problema yace en que no hay un con-

senso sobre lo que la economía del país requiere. Sigue sin resolverse el ya añe-

jo debate entre quienes proponen una

mayor liberalización y aquellos que pro- pugnan por el fortalecimiento de la pre-

sencia gubernamental en la economía. Y

lo peor de todo es que estamos por en-

trar en una etapa de nubarrones en el contexto económico internacional sin la fortaleza de una economía pujante que hubiese sido deseable y, de haber habido más pragmatismo y menos ideología en los debates, sin duda posible. Estos dos elementos –la dinámica electoral y la potencial recesión de la economía norteamericana- van a ser cruciales este año. A diferencia del año pasado, hoy el presidente está perfecta-

mente asentado y los legisladores han reconocido los límites de lo posible y es- tas circunstancias abren oportunidades que, bien aprovechadas, podrían abrir espacios antes no existentes. Todo indi-

ca que, a pesar de sus distintas perspec-

tivas, tanto el Ejecutivo como el Legis- lativo entienden el reto del momento y están dispuestos a negociar y encontrar terreno común para poder trabajar. Con un poco de suerte y no sólo libran

el bache sino que establecen los cimien-

tos para una solidez institucional que trascienda al sexenio actual. Pero hay un tercer elemento en jue- go: hasta ahora la ciudadanía ha dado un voto de confianza, pero también de gra-

cia, y ahora sin duda será más exigente con los compromisos de crecimiento y empleo que hizo el presidente hace un año. Y este elemento será incremental- mente crítico este año: ahora habrá que comenzar a responderle, todo ello en

LUIS RUBIO

condiciones de por suyo difíciles. No hay garantía que las cosas avan- cen para bien. Todos sabemos que hay muchos “talibanes” de todos colores y en

todo el espectro político que, de aferrar-

se a sus visiones preconcebidas, bien po-

drían acabar ignorando tanto los riesgos potenciales como las oportunidades. De hecho, estamos ante una gran oportuni- dad: la de aprovechar la solidez macroe- conómica para desarrollar motores in-

ternos para el crecimiento, pero eso re- quiere de un cambio de enfoque tanto en

el Ejecutivo como en el Legislativo.

Una de las paradojas del momento es que no hay un sentido de urgencia. La economía no ha tenido un gran des- empeño, pero éste tampoco ha sido ca- tastrófico y la combinación es letal por- que la situación no obliga a actuar. Una fuerte baja en la tasa de crecimiento ob- viamente cambiaría el sentido de priori- dad, pero se corre el riesgo de que se mezclen factores coyunturales con pro- blemas estructurales, impidiéndose con ello materializar la oportunidad. Esto nos deja con dos escenarios:

uno, que persista la inercia y la cerra- zón; es decir, que las agendas sigan igual aún cuando la realidad haya cam-

biado. El otro escenario es que se explo- te la oportunidad. Esto implicaría que se apresuren los proyectos que podrían generar crecimiento económico dentro del país y que, en muchos casos, enfren- tan obstáculos con frecuencia absurdos. Ahí están los grandes proyectos de in- fraestructura y el exceso de regulacio- nes que impide la inversión. Pero igual de crítico es que se trabaje en temas donde los obstáculos no son absurdos, pero sí formidables, comenzando por el más obvio: un país con enorme riqueza petrolera que no puede desarrollar sus recursos por la suma de dogmatismo y mal uso de los fondos tanto por parte de

la burocracia como de los gobernadores.

La ironía de todo esto es que tene- mos extraordinarias fortalezas que no hemos sabido aprovechar. De darse una recesión en EUA se presentaría una circunstancia casi única en nuestra his- toria reciente: la posibilidad de trans- formar esa recesión en oportunidad de arreglar nuestros problemas estructu-

rales internos y darle vida nueva al de- sarrollo. La opción es entre soluciones

o dogmas. Una buena manera de co- menzar un año crucial. www.cidac.org

Gobernadores, los amos del territorio

P obre país. Todavía no nos libramos de la desnutrición y ya nos antici- pan que México será el país con el

mayor número de obesos en muy pocos años. Hemos encontrado el modo para ser impactados por lo peor de los dos mundos. Seguimos padeciendo los males crónicos propios del subdesarrollo (po- breza, desigualdad), pero nos las arre- glamos para también hacernos de algu- nas calamidades modernas (contamina- ción, embotellamientos, estrés, obesi- dad). Padecemos los “efectos secunda- rios” del desarrollo sin haber disfrutado muchos de los beneficios primarios. Con la democracia parece estar pa- sando lo mismo. Agradecemos el fin del presidencialismo a ultranza, aunque no hayan desaparecido aún gran parte de sus atributos, e inmediatamente co- menzamos a pagar el precio del debili- tamiento presidencial con el surgimien- to de poderes inconmensurables por parte de nuevos y viejos actores. Tal es el caso de los gobernadores, nunca tan poderosos como ahora. Los gobernadores se están convir- tiendo en verdaderos amos y señores de la vida económica, social y política. Y no me refiero sólo a los casos obvios como el de Arturo Montiel en el Estado de Méxi- co, de Ulises Ruiz en Oaxaca o del “Go-

ber precioso” Mario Marín en Puebla. Ciertamente, son emblemáticos porque mostraron fehacientemente que gozan de impunidad irrestricta sin importar la gravedad del delito del que fueron acu- sados: enriquecimiento ilícito, represión criminal, y corrupción y venta de justi- cia, respectivamente. El hecho de que la Suprema Corte los absuelva, el presidente los abrace, los electores vuelven a votar por sus candi- datos, ha confirmado a estos tres que, en efecto, los gobernadores están “blinda- dos” en contra de cualquier poder. El problema es que no sólo lo saben ellos si- no también los otros 29 mandatarios es- tatales y han comenzado a demostrarlo. Para ilustrarlo menciono tres casos, pero podrían ser una docena. En Quinta- na Roo, el Instituto Electoral, controlado totalmente por el gobernador en turno, Félix González Canto, obligó a las esta-

ciones del sistema estatal a un acuerdo electoral más propio de porfirismo que

de un país en “transición”. Los noticieros

y espacios de análisis están comprometi-

dos a transmitir sólo las entrevistas y piezas proporcionadas por los propios partidos y las autoridades electorales. La difusión de cualquier otra información

periodística sobre las elecciones está pro- hibida. O sea, los ciudadanos pueden vo- tar, pero cualquier otro derecho político sobre los comicios les está vedado, inclu- yendo el derecho a informarse. En Jalisco, Emilio González Már- quez muestra que los panistas también saben cantar las rancheras. A lo largo

de un año ha demostrado que, en su opi-

nión, le debe el puesto a la gracia de

Dios y no al voto de los jaliscienses, ha gobernado en consecuencia. El proble- ma es que su Dios parece estar muy ce-

ca de Televisa y muy lejos de los tribu-

nales de justicia de los ciudadanos. Re- cientemente decidió desviar 38 millones de pesos a la empresa de Emilio Azcá- rraga para financiar la telenovela “Las Tontas no van al cielo” a pesar de la ob- via contradicción con las lecturas de la

Biblia que el gobernador organiza en la Casa de Gobierno. Lo relevante de esta decisión es que constituye una especie

de desafío a la opinión pública que lo ha-

bía criticado meses antes por desfondar

el fondo para desastres para financiar

un acto de Televisa con jóvenes del país

en Guadalajara. En junio de 2007 Emilio

González Márquez, extrajo 67 millones de pesos del “fondo de imprevistos”,

destinados a emergencias sociales, para subsidiar a Televisa en la realización de Espacio 2007. Al Dios del gobernador tampoco parece molestarle la represión que ciudadanos y abogados han padeci- do de parte de su Gobierno, por denun- ciar actos de pederastia que involucran

a funcionarios estatales encabezados

por el procurador del Estado. Humberto Moreira, de Coahuila, ciertamente es alguien que ha llevado las mojoneras a límites insospechados. Co- mo bien se sabe ha encontrado a la pala-

bra nepotismo variantes que nadie adivi- nábamos. Además de colocar a sus her- manos y parientes en posiciones encum-

JORGE ZEPEDA PATTERSON

bradas con abierto desenfado, ahora se da vuelo inaugurando centros de aten- ción y escuelas con los nombres de su ma- dre, su flamante esposa y su hija. Ustedes me dirán que impulsar un convenio electoral severo, regalarle a una televisora más de cien millones de pesos o convertir a la familia en monar- quía saltillense no son delitos mayores

en el código no escrito de la clase políti- ca. No es la gravedad (todavía) de los de- litos que estos gobernadores están co- metiendo, sino el hecho de que lo están haciendo ante los ojos de todos y pese a

la indignación y reclamo de la opinión

pública. Son pequeños ensayos de impu- nidad que sólo puede tener un desenlace mayúsculo. No hay nada ni nadie que pueda neutralizarlos, acotarlos, corre- girlos. Gozan de fuero y por lo general

controlan a su Congreso legislativo, úni-

ca instancia que pudiera hacerles frente.

Los gobernadores se han convertido en los nuevos amos del territorio, los “Landlords” que sólo obedecen a sus propias leyes. No parecen tener límite salvo su imaginación y la fortaleza que ellos mismos se atribuyan. Nunca como ahora habían recibido recursos económicos ingentes, gracias a las partidas federales que el nuevo “equilibrio de poderes” les garantiza. Ello les permite otorgar dádivas a em- presarios locales y a los grupos de inte- rés regional, y contar con chequeras im- portantes para obras públicas. Han comprado la impunidad. Debemos reconocer que la “demo- cracia”, aunque precaria y subdesarro- llada nos ha dado facultades de las que antes carecíamos (entre otras cosas, la posibilidad de escribir sobre ella). Pero también ha propiciado regresiones, dis- torsiones dañinas, como es el caso de los gobernadores sátrapas e impunes. Si no hacemos algo habrá muchos ulises, mon- tieles y marines en nuestro futuro. De- bemos hacer algo antes de que los 32 go- bernadores terminen convertidos en re- yezuelos absolutos. Porque donde hay reyes y se entronizan amos, las clases políticas locales terminan convertidas en cortesanos y los ciudadanos en siervos. (www.jorgezepeda.net)

Años, engaños y desengaños

L as indicaciones que recibí en mi correo electrónico eran precisas: “Llevar huevos

podridos para arrojarlos –simbó- licamente- a los seis ministros de la Corte que contra toda eviden- cia expidieron certificado de ino- cencia al gober asqueroso”. No conseguí huevos podri- dos, pero armada con los que en- contré en mi despensa ocultos en la cajuelita de mi flamante “Co- lorina”; me dirigí a la Glorieta del Ángel donde debía comenzar la manifestación de repudio a los cortesanos y en apoyo a Lydia Cacho. La avenida Reforma blo- queada por patrulleros, algunas calles rotas y yo desbrujulada; después de un rato de manejar a la deriva encallé frente al Pala- cio de Bellas Artes. Con la flexibilidad que im- pone esta capital, me olvidé de los cortesanos y me colé en el Palacio para unirme al homena- je luctuoso que esa mañana se rendía a Don Andrés Henestro- sa. “Si no puedo ser inmortal por mis obras, tengo que serlo por mi vida”, dijo al cumplir cien años; y casi lo logra ya que nacido en 1906, se mantuvo del lado de la vida, del amor, de la lucidez y de las letras durante poco más de ciento un años. Más de un siglo en el que formó una pequeña, pero sólida fami- lia con Alfa (esa gran mujer ni tan detrás del gran hombre, ya que nacida en Juchitán a princi- pios del siglo pasado, se las arregló para -siendo provincia- na y mujer- conseguir el título de doctora en medicina y en- cauzar por los mejores rumbos la vida de su familia y de Don Andrés quien le dedica así su obra: “Para Alfa, mis manos y mis ojos en el manejo de las he- rramientas de escribir”. De inquebrantable identidad zapoteca, y sin embargo un hom- bre universal, deja un significa- tivo testimonio como periodista, escritor, narrador; del México del siglo XX que le tocó vivir. Le cedo la palabra a Don An- drés: “Cuando muere un hom-

ADELA CELORIO

bre, sobre todo si es joven, se apodera de mí un terror que mucho ha de tener de cosa pri- mitiva, remota, de los días en que la muerte era cosa sobrena- tural. Es mi primer impulso no dormir, temeroso de ya no des- pertar. Es el otro quedarme en casa, juntito a mi familia, en contacto con las cosas que me son entrañables. Cuando muere un hombre, sobro todo si a más de joven es mi amigo, lo que yo quiero es hacer el recuento de mis días, de los breves instantes de dicha y de los siglos de dolor que he vivido. Antes, cuando era joven, no era así, La muerte era para mí ajena, término de mis prójimos más no mío. Era como la certeza de que mis días

iban a ser numerosos”. Y lo fueron, vivir ciento un años no es cosa de gente del dia- rio. Aunque marcado para siem- pre por una infancia de huérfa- no pobre, por el camino de los años Don Andrés optó por el he- donismo. Era gozoso, sensual, amante de la buena comida, la música y el vino siempre com- partido con generosidad y en amistad. Ahí queda Cibeles, lla- mada así porque en su primera visita a Madrid, la bellísima fuente de ese nombre deslum- bró a Don Andrés. Queda su hi- ja y su yerno; zapotecas todos de nacimiento y de corazón. Quedan también sus nietas que alguna vez fueron compañeras de colegio de mis niñas y que hoy, despiden a su tata, cantan- do La Martiniana que él mismo escribió: “Niña cuando yo mue- ra/ no llores sobre mi tumba/ canta sones alegres mi niña/ cántame la Zandunga. (Para esta nota he tomado prestado el título de las memo- rias de Don Andrés que próxi- mamente serán publicadas). Por cierto, me olvidé por com- pleto de la manifestación contra

el gober asqueroso hasta que el

olor a podrido delató los huevos olvidados y rotos en la cajuelita de mi Colorina.

adelace2@prodigy.net.mx

RELATOS DE ANDAR Y VER

ERNESTO RAMOS COBO

La grulla blanca

Para mi querido primo Carlos Canales Cobo.

A sí las cosas toca escupir al- go, aun sabiendo que es irremediable, aunque ha-

yas muerto, toca escupir algo, lo que sea, por lo menos para bus- car un callejón que nos permita dar una bocanada y respirar. Ca- rajo. Nunca imaginé que mori- rías tan pronto. Te pensé para siempre porque nos sentíamos jóvenes, pero no, estaba equivo- cado, confirmándose de nuevo el destino irremediable del diluirse de los que queremos, hasta que la tierra se remplace del todo. Frágiles y deshechos, humanos, de carne, de encanecidas cabe- zas, aquí, llorando tu muerte, re- gando las plantas sobre la som- bra de un árbol en espera de que nos cedan el paso hacia la desola- da fila. Carajo. Cosas tan bellas:

el sonido de la armónica, la tenue suavidad de esa escultura de vi- drio, o tu llegar nocturno e im- pensado caminando por el patio; los breves equilibrios desmoro- nándose de pronto. Cuentan que las grullas blan- cas se trasladan desde el final del mundo contra el viento, y rega- lan a su paso un vómito de pepi-

tas de oro. La metáfora es de vuelo, destino, legado, anhelo por encontrar algún significado, alguna respuesta a este aconte- cer doloroso que se repite deján- donos perplejos, buscando esqui- na, sumidos en los latigazos de los heraldos negros que la Muer- te continuará mandándonos, has- ta que todo esto termine por remplazarse, al final de cuentas. ¿Entonces qué hacemos, a dónde volteamos a ver Carlos? Las fotos viejas me condu- cen, tal vez, a ver más de cerca tu cara ahora que ya te has ido:

el inmaculado peinado de tu ni- ñez que acabaste destrozando a

voluntad propia, unos lentes amarillentos, un recuerdo de tu caminar desenfadado, lo que sea, se acabó, todas son ahora sola- mente piezas de papel con algo de plata quemada por la luz que irradiaste. ¿Entonces, en dónde podremos encontrar un signifi- cado a todo esto? Te mueres y todo se acaba —es cierto— tus

cosas allí en el clóset amontona- das, probablemente aquel libro, cuyo lomo acariciaste algún día,

y ahora ya arrumbado en la es-

quina, y aquí todos nosotros llo- rando tu muerte sobre la sombra de un árbol, y tus hijos Carlos. Carajo. Son tus fotos que ahora veo, y en ellas la confianza, y en ellas el temor y el hambre de vi- da y la esperanza; son aquellas que ahora veo, tuyas, juveniles, donde actuabas en alguno de esos teatros, y somos todos es- peranza, todos somos descubri- miento, y al final de cuentas to- dos seremos muerte, quedando alrededor sólo las acciones que nunca te cansaste de repartir co- mo pepitas de oro. ¿Qué nos queda entonces, qué nos queda Carlos, y dónde encon- trar aquello que vale la pena?

Es cierto que la ausencia de respuestas siempre me acompa- ñará –y eso me queda muy claro. Mas, sin embargo, tengo mues- tras, a las que me aferro como a piedras, y de las que trato de aprender algo, desde mi limita- ción de corazón bloqueado. Es- tán entre ellas tus continuadas acciones, y tus diarias visitas nocturnas a nuestra tía en sus

momentos difíciles, sólo para dar

la mano y compartir tu carcajada

incrédula frente a la taza de café en turno, reflejo de tu espíritu y

consistencia, al que trato de afe- rrarme como a piedras. Seme- jante lección de generosidad no se vuelve a recibir nunca. ramoscobo@hotmail.com

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