Está en la página 1de 1

EDITORIAL |

DOMINGO 25 DE NOVIEMBRE DE 2007 | El Siglo de TorreÛn | 7A

EDITORIAL | DOMINGO 25 DE NOVIEMBRE DE 2007 | El Siglo de TorreÛn | 7A

El otro retorno

LUIS RUBIO

En México, solía decir el entonces secretario de Gobernación Enri- que Olivares Santana, se puede

tica y la economía estaban nítidamente

una acusada percepción de riesgo. En concepto, habría dos maneras de enfocar el ajuste institucional que

entramado legaloide que, como antaño, justificaba y sostenía el statu quo. Por supuesto, el gran cambio respec-

avanzando no vaya a traer consecuen- cias desagradables. El caso de la liber- tad de expresión es ilustrativo.

te funciona de esa manera. Las perso- nas observan, piensan y opinan. Tam- bién quieren expresarse y convencer a

pensar cualquier cosa, se pueden decir algunas cosas y se puede escribir muy poco”. Ese era el México de entonces, un país en el que los mundos de la polí-

diferenciados y en el que el peso del Go- bierno sobre la sociedad era brutal. Al menos por algunas décadas, las cosas funcionaron de esa manera y con resul- tados nada despreciables. Pero, como dijera Marx, no se debe confundir aque-

requiere el país. Una consistiría en re- construir y, de hecho, recrear, el viejo sistema de control político con las ade- cuaciones que la realidad actual exige. El otro implicaría construir y desarro- llar una nueva estructura institucional acorde con la cambiante realidad no só- lo política, sino también económica e in- ternacional. Es decir, una se inspiraría en lo que funcionó en el pasado en tan- to que la otra buscaría sentar las bases

to al pasado reside en que ya no existe un partido hegemónico que le dé funcio- nalidad al Gobierno. Lo que se pretende ahora es construir un bloque hegemóni- co por parte de los tres partidos grandes para manejar a conveniencia al Gobier- no, cualquiera que sea el partido que lo origine. El Congreso, como la Presiden- cia, acaba siendo un mero instrumento en manos de los partidos para avanzar la agenda colectiva o individual. Se trata,

Los partidos políticos están empe- ñados en crear un entorno de compe- tencia electoral terso donde sólo los po- líticos tengan capacidad de participar. Es decir, su pretensión fundamental es la de quitarle al ciudadano su potestad de participar en el proceso más allá del voto. La democracia mexicana dejaría de ser participativa y se limitaría al de- pósito del voto en la urna y al día de la elección. Todo el resto, antes y después

sus vecinos y a sus amigos, a sus clien- tes y agremiados. Esa es la sociedad humana y no va a cambiar por más que los partidos lo intenten. Pero supongamos que los mecanis- mos de control resultan ser efectivos, que la institución electoral sanciona a todo aquel que rompa con la omertá y que los medios y otros vehículos de ex- presión se disciplinan. ¿Qué clase de sociedad habremos creado? ¿Cómo

lla

tragedia con la farsa que representa-

de una estructura socio política distinta

pues, de una adaptación de los viejos

de los procesos electorales, sería po-

funcionaría una sociedad así en el con-

ría una segunda oportunidad. El mundo de hoy ya no es como el de entonces. La preocupación que anima a nues- tros políticos en su esfuerzo por resta-

a la que ha caracterizado al país. Lo que se observa es que el objetivo que se persigue es el de reconstruir el concepto de control que existía en el Mé-

principios de control a la realidad de hoy. La adaptación no es sólo de carác- ter institucional. El país realmente ha experimentado un cambio de fondo en

testad de los partidos. En ese entorno, nadie, excepto los partidos y sus candidatos, tiene dere- cho a expresar su concepción de país o

texto de una economía mundial donde lo que prospera no es el control de la sociedad sino la creatividad, es decir, la capacidad intelectual, más que ma-

blecer un sentido de orden y funciona- lidad a la vida política nacional no sólo

xico del pasado, adaptándolo desde lue- go a circunstancias que han cambiado.

sus estructuras políticas. El poder que perdió la Presidencia a partir del mo-

su ideario y los propios partidos y can- didatos estarían estrictamente cons-

nual, de la población? Es evidente que los partidos tienen

es

sensata sino encomiable. Todos ellos

De esta manera, por ejemplo, no es la

mento en que dejó de controlar al Le-

treñidos a presentar sus propuestas

la

capacidad legal y política para impo-

observaron el conflicto que precedió y siguió a los procesos electorales de

2006 y claramente llegaron a la conclu- sión de que el país se encontraba al

Presidencia la que concentraría el con- trol político como antes, sino que éste se transfiere a los partidos políticos. En sincronía, el propósito último del nuevo

gislativo y, sobre todo, a partir de que el PRI, en su carácter de mecanismo de control, dejó de ser el partido gober- nante, migró hacia los gobernadores y

sin posibilidad de criticar o incluso con- trastarlas con las de sus contrincantes. Las organizaciones civiles o empresa- riales, sociales o campesinas y sindica-

ner un régimen de control a modo y lo

están avanzando. Lo que debiera ser claro es que ese régimen de control no es compatible con el desarrollo del país

borde del caos y que el potencial de

esquema es el de restablecer la capaci-

hacia los partidos políticos. Es decir, la

les estarían igualmente impedidas de

y

de su población en la era digital. No

desmantelamiento institucional era re-

dad de control de los procesos que afec-

concentración de poder de antaño, jun-

manifestarse por un candidato o contra

vaya a ser que en su afán por controlar-

al

y por demás grave. Uno puede o no

tan la toma de decisiones: de ahí la im-

to con las estructuras formales e infor-

otro. El control y una dudosa aparien-

lo

todo, los partidos acaben condenando

coincidir con el sentido de las propues-

portancia de someter al IFE a un régi-

males para su ejercicio, ya no existe.

cia de pulcritud y neutralidad por enci-

al

país al caos. India le va a acabar ga-

tas de solución que se han presentado en los últimos meses en materia de re- forma de medios, elecciones y el resto de los proyectos contenidos en la ini- ciativa de reforma del Estado, pero na- die puede dudar que éstas responden a

men de estricta supervisión partidista y de desarrollar mecanismos instituciona- les para mantener el control de los me- dios de comunicación, de los miembros del consejo del IFE y, en general, de la vida política nacional. Se recurre a un

Pero el hecho de que el extremo de concentración del poder que caracteri- zaba al país en el pasado no se pueda reproducir no quiere decir que no se estén haciendo intentos en esa direc- ción o que la legislación que se está

ma de cualquier consideración. Se intenta así construir un escapa- rate digno de un cuento de hadas pero que inexorablemente choca con la rea- lidad porque la sociedad humana no es así y ninguna democracia que se respe-

nando a China, cuyo Gobierno privile- gia el control, porque su población es li- bre de pensar, expresarse y crear y eso, en la era digital, es lo único que impor- ta. ¿Por qué entonces ir hacia atrás? www.cidac.org

La desaparición de Beatriz Paredes

S i alguien ha visto a Beatriz Pa-

redes favor de avisarle que ella

es la presidenta nacional del

PRI desde marzo pasado. No es que

sea difícil de encontrar: su larga tren- za y su colorida vestimenta indígena hacen de la ex gobernadora de Tlaxca-

la una figura inconfundible. El proble-

ma no es que no esté; el problema es que no está en los sitios en los que se toman las decisiones. La “desaparición” de Beatriz Pare- des ilustra claramente el proceso de balcanización que experimenta el PRI.

No es que el partido se haya debilitado en los últimos meses; todo lo contrario. Es el gran ganador de los procesos electorales a lo largo de 2007, en que refrendó y profundizó su hegemonía en Tamaulipas, Puebla y Oaxaca y, so- bretodo, recuperó Yucatán de manos del PAN. Y en la Cámara, con apenas

la quinta parte de los escaños, el PRI

se ha convertido en la fuerza decisiva

en toda votación, gracias a su condi- ción de bisagra entre PAN y PRD. Si bien el PRI sigue siendo un partido con mucho poder; lo novedoso es que ahora cuenta con un liderazgo desmantelado, fragmentado. En cier- ta forma eso constituye un regreso a los orígenes, porque el PRI nació jus- tamente como un partido en torno a un jefe máximo, luego de que sus an- tecesores, el PNR y el PRM, habían sido confederaciones de hombres fuertes regionales. Cuando el partido perdió la Presidencia en el año 2000,

y quedó sin “líder” por vez primera

desde su nacimiento, Roberto Madra- zo aprovechó el desprestigio refor- mista de Labastida Ochoa, para im- poner la vieja línea. Lo que no consi-

guió fue que también aceptaran la

cultura de obediencia al jefe máximo.

Y si bien logró sofocar la rebeldía del

TUCOM para imponer su candidatu-

ra, lo hizo a costa de una carnicería que propició aún más las tendencias a

la fragmentación: Elba Esther Gordi-

llo salió del partido y los gobernado- res comenzaron a hacer su propio juego a espaldas de su instituto. Con las sucesivas derrotas presi- denciales el PRI se ha convertido en un valle extenso y desolado, sin edificio central a la vista, con núcleos agrupa- dos en torno a las fogatas que ofrecen

calor y energía: las cámaras, los gobier- nos estatales, las cúpulas sindicales. En el Senado Mario Fabio Beltro- nes es la Ley (del PRI, sin duda y en buena medida de la propia Cámara). Entre los diputados priistas Emilio Gamboa es el grillo mayor, aunque su figura quedó un poco desdibujada lue- go de la derrota de la Ley Televisa, de

la cual fue “personero” y gestor. Am-

bos se miran con desconfianza y em- pujan sus propios objetivos (Beltro- nes la Presidencia en 2012). Por otro lado, las poderosas cúpu-

las sindicales, otrora columnas discipli- nadas del PRI, operan por cuenta pro- pia. Ni siquiera entre ellas mantienen una agenda común, como antes lo hacía

la CTM o el Congreso del Trabajo. Na-

poleón Gómez, del sindicato minero, Romero Deschamps del petrolero, o Gamboa Pascoe de los burócratas hace

JORGE ZEPEDA PATTERSON

tiempo que dejaron de tomar la opi- nión de la presidencia del tricolor y ne- gocian su sobrevivencia a diestra y, so- bretodo, a siniestra. El verdadero poder del partido reside en los 18 gobernadores. Ellos saben que es más redituable negociar directamente sus necesidades con el Gobierno Federal que perderse en los laberintos del mercado persa en que se ha convertido la grilla priista. Al- gunos como Natividad González, de Nuevo León parecerían dotados de alma más blanquiazul que verdirroja. Otros como Peña Nieto en realidad carecen de identidad partidaria, salvo la exclusiva ambición de llegar a la Presidencia; y los hay como Humber- to Moreira, quienes aún no se han en- terado de que son gobernadores. Con toda esta pedacería Beatriz Paredes intenta cohesionar algo que se asemeje a un instituto político. Ha descubierto que más que un jefe de partido, los hombres de poder desea- ban una operadora que fuese incapaz de imponerse a cualquiera de ellos y que se responsabilizara simplemente de mantener abierto el “changarro” y ofrecer un espacio común para la nego- ciaciones entre fracciones. Las consecuencias de este nuevo PRI es que se ha abandonado toda pretensión ideológica o programática. Se ha convertido en un mero nudo de intereses de fracciones e individuos empeñados en ampliar su poder. ¿Por qué entonces el PRI es el partido que más triunfos acumula en 2007? Convendría abordarlo en otra entrega con más atención, pero a mi juicio esos triunfos derivan mucho más de lo que han dejado de hacer los otros, que de méritos propios. La cla- ve es que se trata de victorias regio- nales, no federales. Frente a los va- cíos de poder creados por el inmovi- lismo de Fox, las contradicciones del PRD y la caída del régimen presiden- cialista, las maquinarias regionales han podido operar sin cortapisas ni control. De allí las victorias de carro completo de gobernadores impresen- tables como Ulises Ruiz en Oaxaca y Mario Marín en Puebla. La peor noti- cia para los mexicanos es que el PRI está ganando de nuevo sin necesidad de haberse lavado la cara; está ga- nando con su peor rostro. La fragmentación del PRI consti- tuye un factor de desestabilización y parálisis permanente. Para el PRD y para Calderón es una ventaja en la medida en que enfrentan a los priistas divididos y pueden negociar con dis- tintos frentes. Pero justamente esa es también su desventaja: “pasar adua- nas” con cada uno de los hombres fuertes para arrancar del PRI acuer- dos necesariamente precarios y efí- meros. Es un partido que opera más sobre la base de vetos que de consen- sos entre sus polos de poder. Esta bal- canización se extenderá al menos has- ta la candidatura presidencial de 2012, a menos claro, que Beatriz Pa- redes logre imponer alguna suerte de liderazgo. Talentos no le faltan, pero obstáculos le sobran. (www.jorgezepeda.net)

HELIOFLORES
HELIOFLORES

RELATOS DE ANDAR Y VER

ERNESTO RAMOS COBO

Welcome to Tijuana

V i morir hoy a un hombre en Ti- juana y -en esos breves minu- tos- coincidí con el brutal y dra-

mático acontecer de la frontera más cruzada del mundo. Mi desconcierto fue tal ante la insensibilidad general, que me pensé flotando en el aire de algún malentendido, alguna jugarre- ta del destino, incrédulo del todo ante la naturalidad de quienes atestigua- ban el hecho trágico. Sin embargo en verdad estaba ocurriendo. El tipo se había desmoronado a mi lado, casi atropellándome, antes de quedarse allí para siempre con un golpe seco. La mandíbula prensada, las manos contorsionadas, nadie que dijera na- da, nadie parpadeando: podía incluso mordisquearse la indiferencia, allí mismo, como si fuera una tortilla usa- da, de esas sudadas, tal vez de las que se desperdician diariamente en algu- no de esos basureros atiborrados. No hablaré por ahora de las razo- nes que me trajeron por Tijuana. So- lamente diré que me sumergí en sus calles por algunas horas, y que des- pués de merendarme unos tacos de carne asada, caminé todo Revolución hacia los rumbos del canal. El frío viento de noviembre, el atardecer lu- minoso, los gritos callejeros con su

desorden a ultranza, todo aquello acompañando mi intención de sacar algunas fotos, evadiendo las estereo- tipadas imágenes de gringos despilfa- rrando alcohol entre música estriden- te. Todo lo largo de esa avenida es un torbellino inenarrable -por lo difuso- mas digamos que esas siluetas delga- das, que apenas se sugieren en las ventanas, son como dos dedos que in- vitan continuamente a lo prohibido. Probablemente por eso la inercia se

encargó de conducirme a la zona roja en calle Artículo 123: un descontrolado mar de hoteluchos, de ebrios que chi- cotean con un cinturón algún poste - como si cabalgaran- y de gritos tam- bién sugerentes que caen desde las

inmóviles, allí, junto

a las puertas carcomidas, me hicieron pensar en prostitutas en la calle Cua- uhtémoc de Cartier-Bresson, y toda- vía tenía esa imagen en la mente cuan-

do lo sentí desmoronarse a mi lado.

Fue como una botella rompiéndo- se. Las dos piernas colgaban de la

banqueta a la calle y el cuerpo se do- blaba a la izquierda por un poste. Ape- nas hacía ruidos, estaba boca arriba, contorsionándose, y parecía alguien arrancándose las uñas, alguien ras- cando la tapa de un ataúd después de ser enterrado vivo. No pude mover- me. Probablemente seguí el consejo

de alguien que desde mi espalda susu-

rró no acercarme: allí quédese güero

Y allí me quedé. Quietamente mero-

ventanas. Las pu

deando las aceras como todos los de- más, que pasaban de largo viendo de costado con disimulo. Seguramente Weegee, pero más aún Metinides, me hubieran escupido en la cara por la oportunidad perdida. El caso es que el tipo se quedó petrificado por lo menos

un cuarto de hora. Después llegó la ambulancia con su dosis de electro- choques, acompañada del gesto nega-

tivo del enfermero en turno. Con el ti-

po ya muerto la cotidianidad continúo

fluyendo como si hubiera ocurrido cualquier cosa. La familiar conviven- cia con el drama. El encargado de al- gún hotel siguió con su continuo co- brar y una drogadicta pasó pidiendo monedas con un gorro militar. Entonces fue cuando la gente co-

menzó a hablar: ese miembro de un grupo norteño era un tipo tan enor- me, que el acordeón parecía apenas una caja de puros, él era de Durango,

hablaba viendo al horizonte, con un palillo entre los dientes, y me dijo que el difunto llevaba ya semanas toman- do alcohol puro, que ya se le veía lle- gar, cosas por el estilo, lo que secundó asintiendo su compañero del tololo- che, un flacón de esos con bigote del- gadito pegadito al labio, que dijo algo así como que también se la pasaba pi- diendo monedas para comprar unos lápices y alcohol, hecho que me con- firmó el encargado de una tienda, quien me dijo -mientras le cerraba el

- to le decían el pintor, que siempre an- daba haciendo dibujos, míralos! ahí los trae en la bolsa, pero que nadie sa- bía quién era, ni su nombre, ni de dón- de venía. Detalles más crudos me los dio una flaca, hablaba pausado, dijo

algo así como que todavía estaba jo- ven, que rondaba por estas calles des- de hacía algunos meses, que tomaba aguardiente pero que últimamente se le había visto con alcohol puro, que se había lastimado la pierna y ya la traía podrida, apestando mijo…, que de tantas caídas traía ya gusanos en la cabeza, gusanos mijo…, y que hacía días un mariachi le había acercado un plato de comida china, pero apenas probó tres bocados. Eso era todo. Nadie sabía quién era, ni su nombre, ni de dónde venía. Lo único que había eran sus ojos gri- tando, su boca contorsionada y todo su cuerpo tirado, allí, en la banqueta. Un adorno más del cotidiano fluir de la frontera más grande del mundo. ramoscobo@hotmail.com

ojo a una que otra pu

que al muer-