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Proceso.

Sucesión de fases jurídicas concatenadas realizadas conforme al orden trazado por la ley, el juez, las
partes y los terceros en ejercicio de los poderes, derechos, facultades y cargas que les atribuye la ley procesal o
en cumplimiento de los deberes y obligaciones que la misma les impone, cursadas ante órgano
jurisdiccional, pretendiendo y pidiendo la actuación de la ley para que: Que dirima la controversia, verificado que
sean los hechos alegados o que: Que se imponga una pena o medida de seguridad al procesado averiguado que
sea su delito o peligrosidad criminal, pretensión y petición que se plasmará en una sentencia pasada por
autoridad de cosa juzgada.
El proceso agrupa las siguientes instituciones:
 La Jurisdicción y la Competencia;
 La Acción y la Pretensión y
 El Proceso mismo, más el Procedimiento.
Sujetos Procesales Son todos aquellos que intervienen en el proceso penal de alguna u otra forma con
excepción del imputado y la parte civil, los otros sujetos procesales pertenecen al ámbito del estado.
Los sujetos Procesales son: el juez, el fiscal, el imputado, el actor civil y el tercero civilmente responsable.
Son sujetos procesales indispensables el juez, el fiscal y el imputado.
Son sujetos procesales dispensables la parte civil y el tercero civilmente responsable.
El rol del abogado va cambiando para responder a nuevos retos. Los abogados de hoy, no pueden limitarse
solamente a litigar a favor de un cliente. Con el proceso de globalización el reto más extraordinario para el nuevo
abogado, es el aprender como proveer acceso a la justicia a nuestros clientes. Esto no es sólo para asegurarnos
que existan servicios gratuitos para las personas indigentes, sino que también las personas que obtengan
representación legal, verdaderamente reciban justicia a través de nuestros sistemas judiciales.

El ser un abogado competente requiere que actuemos con más profesionalismo que antes. Tenemos que ser
especialistas en una materia, asesores eficaces, redactores creativos, caudillos legales, estudiantes del derecho,
y sobre todo, abogados persuasivos. En resumen, el abogado es como un matador, cuando representa a sus
clientes. Si el caso requiere que se litigue, el abogado promete abogar con vehemencia persuasiva a favor de su
cliente. El abogado que es como un Matador, también debe de utilizar otras destrezas para abogar en diferentes
áreas.

Ya sea que aboguemos en los tribunales, agencias administrativas, organismos internacionales, grupos no-
gubernamentales, o instituciones comunitarias, el abogado siempre es una flama de la justicia –un instrumento
de nuestro sistema legal, cuyo conocimiento y talento aseguran que exista un acceso a la justicia en el proceso
jurídico. Por supuesto que ya no es suficiente el sólo ser un abogado que presenta la mejor defensa para su
cliente. El abogado que es verdaderamente globalizado, tiene que representar roles múltiples, y tiene que ser
más emprendedor y creativo cuando representa a sus clientes.

Bueno... los abogados cumplen con la función social de hacer prevalecer el valor "justicia". En primer lugar
evitando, de ser imposible, llegar a un juicio de manera tal que los conflictos que se van produciendo en la vida
social puede resolverse en una etapa prejudicial, evitando así gastos y demoras que podrían ser perjudiciales.
Cuando no se puede llegar a este tipo de arreglos se llega a la etapa del proceso judicial. La formación
fundamental del abogado es hacer prevalecer la normativa que rige una sociedad, la que tiende a que la vida
entre los individuos que la conforman se desarrolle pacíficamente.
Para conseguir el objetivo de la justicia el juez debe hacer un trabajo judicial cuidadoso, paciente, lógico y
desapasionado, cuyo razonamiento que es la operación intelectual, debe ser con estricto apego a la Ley. Por otro
lado las sentencias, que son las palabras del juez, a diferencia de las palabras del legislador, no se refieren a lo
general, sino a lo particular. El legislador por medio de la ley compromete en un sentido o en otro a la totalidad de
la población, o cuando menos a buena parte de esta. Siendo que el juez con su sentencia, no produce efecto
alguno sobre quien no haya sido parte en el pleito. El pronunciamiento que hace el juez, apenas provocará el
comentario de los interesados directos, no a de trascender del reducido núcleo de parientes y amigos que rodea
a estos, salvo en algunos casos de excepción, en que las sentencias pueden ser invocadas como precedentes
en futuras contiendas, como es el caso cuando se comete un delito que produce alarma social, ya sea un
homicidio cruento o misterioso, que por su gravedad lesiona el sentimiento de solidaridad social, así el público se
entera por los medios de comunicación de quien es el juez que instruye el sumario y su nombre circula durante
unos pocos días. Pero ese público que ha sentido con intensidad el impacto del delito en el momento de
producirse, rápidamente sustituye ese hecho por otro más reciente como objeto de su interés; Y si no el hecho,
por lo menos la persona del juez desaparece en el olvido. Nadie sigue preocupado por ese proceso, nadie se
toma el esfuerzo de averiguar si la sentencia dictada ha sido justa o injusta, pasa inadvertida, sin pena ni gloria.
Esto es realmente lo que ocurre; Y por ello, cuando sucede lo contrario es cuando la sociedad se ocupa de una
manera más o menos sostenida de la persona de un juez. Hay motivos para sospechar que dicho juez no se
comporta estrictamente como tal, sino que ha añadido algún ingrediente heterogéneo en su elaboración jurídica.
En la mayoría de los casos se puede afirmar que la popularidad del juez responde a su temperamento
apasionado. Es así que el juez apasionado pronto cobra relieve, ya que sus actos son detonantes y sus ecos
repercuten en el seno de la sociedad.
Lo legal y lo justo
Bondad no es lo mismo que Justicia. No es lo mismo ser un hombre “bueno” que “ciudadano”. La justicia legal
exige dar a cada uno lo suyo, por otro lado la bondad no lo exige, solamente da por encima de toda exigencia;
por esta definición parece como si la bondad rebasara la justicia. Pero esta ahí la diferencia en que la legalidad
siempre se afianza en la ley, y por el contrario la legitimidad va por la justicia ética. Un claro ejemplo Los
abogados son obligados legalmente a mantener su defensa aunque ellos sepan que su cliente ha sido el artífice
del delito aunque estos hayan perdido el derecho o razón.
Podríamos definir legalidad como la conformidad de cualquier norma o acción humana con un concreto sistema
jurídico, pero aun la legitimidad exige un plus hacia la moralidad. En este apartado es donde la Justicia actual
tiene el fallo en su legitimación. Nadie puede dudar la legalidad de las leyes per no obstante si que deberíamos
de dudar en si algunas leyes son o no son legítimas, y si están o no están justificadas.
LA VERDAD EN EL PROCESO JUDICIAL
Buscar la “verdad” de los fenómenos humanos que ocurrieron en el pasado, creo que es una ilusión y a la vez
algo totalmente imposible, principalmente por las características imprevisibles del comportamiento e intenciones
de los actores que suscitaron éstos y la irrepetibilidad de las circunstancias contextuales implicantes, lo que nos
lleva a reconocer lo afirmado por Nietzsche: “La verdad no existe de manera absoluta (…) existe como una
creación más”. Sin embargo, los hechos y fenómenos naturales, por ser un círculo vicioso de causas y efectos
tienen “probabilidad” de ser determinables, a través de pruebas de su existencia: suficientes, repetibles y
demostrables, según lo advierte Russell señalando que “ el verdadero precepto de la veracidad (…) es dar grado
de crédito justificado por la probabilidad que procede de las pruebas que conocemos”, aun así éstas pruebas y la
demostración del hecho o fenómeno, dependerán de la relatividad de su identificación sujeta a la falibilidad
humana y otros factores exógenos insuperables. Es así como en materia procesal se delimitan y construyen
teóricamente los conceptos de verdad material, verdad formal y verdad objetiva para hacer una mejor
aproximación a “la verdad” que es una sola, a través de pruebas o sus sucedáneos los cuales hacen que esa
probabilidad de su determinación sea mayor, pero que de ninguna forma serán absolutos.
La verdad real y la verdad procesal
Supongamos que esta situación ocurre: un ladrón se apodera de una suma de dinero en una tienda, muchas
personas lo ven cometer el delito y es capturado in fraganti. Antes de ser atrapado, entrega su botín a un
cómplice que desaparece. Esta es la verdad real.

El fiscal ordena su reclusión y se dispone a constituir la prueba que debe mostrar al juez de conocimiento. Como
no encuentra la prueba, es decir, el dinero, entonces decreta la libertad del presunto delincuente y cierra el caso.
Esta es la verdad procesal.

Al parecer, en el sistema judicial colombiano existen esas dos clases de verdades: la verdad real y la verdad
procesal. Con el ejemplo anterior, le damos curso a ambas interpretaciones, pero existen los administradores
públicos.

La verdad real consiste en que mucha gente sabe que un funcionario público ha cometido un acto corrupto: los
indicios de su enriquecimiento son evidentes, todo el mundo sabe que salió de la pobreza de la noche a la
mañana, además que sus antecedentes no le favorecen demasiado.

Llega el momento de las denuncias y los fiscales se preparan para la acción: pero no, no hay pruebas del
enriquecimiento intempestivo, no han quedado rastros claros y objetivos que permitan enjuiciar al denunciado.

Ni los abogados acusadores se dan maña para dar las pruebas, ni los fiscales, ni los contralores se apresuran a
buscarlas, porque más bien esperan que lleguen por milagro; los judiciales no se mueven de la oficina, la carga
de la prueba queda en manos de los acusadores y, por muy indiscutible que sea la verdad, los fiscales se hacen
de la 'oreja mocha'.

En consecuencia, la verdad real ha desaparecido, y lo que prevalece es la llamada verdad procesal, es decir, la
exigencia de presentar una prueba evidente, inexpugnable, irrebatible. Como esa prueba ha sido escamoteada
con la complicidad de terceros, entonces el presunto sindicado queda en libertad.
Principios Generales del Orden Moral aplicados al Derecho

• Principio Ontológico
Este es un principio necesario de todo orden jurídico ya que este principio no llena las lagunas
normativas, pudiendo haber conductas que no estén prohibidas ni estén permitidas y que interesan por sus
consecuencias respeto a terceros o a la sociedad y no tienen una solución adecuada en el mundo normativo de
una sociedad jurídicamente organizada.

• Principio de Respeto:
Es el derecho que posee propiedades objetivas no basadas en condiciones históricas dadas o en
propósitos que tiene una comunidad con respecto al futuro. El derecho es la única que puede hacer posible la
unidad jurídica de una comunidad.

• Principio de Solidaridad: Esta contiene 2 reglas:
- Un individuo jurídicamente vinculado no debe nunca ser excluido de la comunidad por la arbitrariedad del otro.
- Todo poder de disposición otorgado por el derecho solo podrá excluir a los demás de tal modo que en el
excluido se siga viendo al prójimo.

• Principio de Efectividad:
Se refiere al curso del ser, coincide con el deber ser que la norma expresa. Toda norma tiene un máximo
de cumplimiento en la comunidad para que así sea una norma verdadera.

• Principio de la Autonomía de la Persona Humana:
Pertenece a la filosofía liberal donde el estado diseña instituciones y es neutral respecto a los planes
individuales.
La persona tiene el derecho de realizar actos que no perjudiquen a los terceros.

• Principio de la Dignidad de la Persona:
Se dice que las personas deben ser tratadas para ciertos fines, sobre la base de sus acciones voluntarias
y no por otras circunstancias como raza, nacionalidad, sexo, clase social, entre otras.

• Principio de Mayor Felicidad:
Pertenece a una teoría ética normativa que defiende este principio el cual la corrección moral de un acto
está determinada por la contribución de las consecuencias de la felicidad.
Código de Ética Profesional del Abogado Venezolano
Título II De Los Deberes Profesionales.

Los abogados están (y los que estaremos en un futuro) sometidos a cánones éticos y morales impuestos
a nuestro servicio o actividad, recogidos en el Código de Ética del Abogado Venezolano.
¿Cuándo fue creado?
Fue sancionado por el Consejo Superior de la Federación de Colegios de Abogados de Venezuela en
fecha 3 de agosto de 1985.
Propósito:
La intención de este Código de Ética Profesional del Abogado venezolano es que sirva como modelo
sobre el cual estén sustentadas las acciones éticas del abogado y establecer los estándares de conducta,
además de señalar los principios y valores fundamentales.
No debemos dejar de destacar la importancia que representa para el país, la implementación del código de ética
del abogado, para impulsar los cambios de conducta necesarios para devolver a la profesión del derecho la
majestad, la importancia, la credibilidad necesarias para reconducir la moral propia del país. Adecentando el
sistema judicial y sus actores principales, se lograra adecentar la moral de la República.
Es realmente necesario tener en cuenta que este código es la respuesta más precisa a todas las
necesidades que por épocas se han originado en la búsqueda de una profesión enfocada en la integridad tanto
del profesional propiamente dicho, como de sus actuaciones entre colegas, con las instituciones y con sus
representados.

Deberes y Derechos del Abogado:

Los derechos y deberes de los abogados se clasifican en varios grupos y se tiene en cuenta que el
abogado es parte de varias relaciones jurídicas. La que tiene con su propio cliente, con el resto de los abogados
intervinientes en el proceso, relación jurídica con el órgano jurisdiccional, con las demás partes en el proceso o
terceros intervinientes en el mismo.
Esos derechos y deberes son distintos según el punto de vista que tomemos. El abogado forma parte de
muchas relaciones jurídicas.
Se encuentran consagrados desde el art. 15 al 29 de la ley de abogados vigente en Venezuela.

Principio de Lealtad y Probidad en el Proceso:

Plantea que el proceso debe lucharse de buena fe. Esto se debe a que en los últimos tiempos, ha surgido
la tendencia de acentuar la efectividad de un leal y honorable debate procesal, a fin de evitar la malicia en
la conducta de las partes contendientes. El Código de Procedimiento civil trata de evitar estas conductas
desleales entre las partes, garantizando así la lealtad y probidad que el proceso requiere para tornarse justo y
confiable; ya que el propósito del debate judicial, es constituirse en un correcto instrumento de exposición de
ideas y hechos. En su art. 17 exhorta a los jueces para que de oficio o a instancia de parte, tome las medidas que
considere necesarias o las que la ley establezca, si en efecto, ha habido un agravio a la lealtad y probidad hacia
el proceso, las partes, los procedimientos u otra conducta que considere no ser la idónea.

Abuso del derecho:

Se denomina abuso del derecho a la situación que se produce cuando el titular de un derecho subjetivo
actúa de modo tal que su conducta concuerda con la norma legal que concede la facultad, pero su ejercicio
resulta contrario a la buena fe, la moral, las buenas costumbres o los fines sociales y económicos del Derecho.
Igualmente, es el accionar de quien en ejercicio de un derecho actúa con culpa o dolo, sin utilidad para sí y
causando daños a terceros.

No admitir el abuso de derecho significaría impedir que ni los poderes del Estado ni los particulares
puedan, al amparo del ejercicio de un derecho fundamental, limitar o atacar a otro derecho fundamental o bien
para desviarse de los límites intrínsecos en el ejercicio del derecho de que se trate.
Fraude procesal significa falsedad en una actuación procesal (judicial o administrativa) y para que sea conducta
punible se requiere que quien pueda engañar tenga el deber jurídico de decir la verdad o de presentar los hechos
en forma verídica.
Es decir, que el fraude procesal es realizado por cualquier persona, que interesada en resolver un asunto jurídico
que se está conociendo en alguna institución judicial, provoque un engaño a través de informaciones falsas para
obtener un beneficio en consecuencia de esa información, la cual no habría sido obtenida si la información
brindada hubiera sido la verídica.
El fraude procesal tiene por finalidad engañar al juez en un procedimiento judicial.
No podemos confundir el fraude procesal con la estafa procesal. El fraude procesal es un delito contra la
administración de la justicia, mientras que la estafa procesal es un delito contra el patrimonio de una persona. Lo
que se protege con el fraude procesal es la eficacia de la administración pública, para que ésta pueda garantizar
una protección legal a los intereses jurídicos que deben ser resueltos.
Para que exista el fraude procesal es necesario que haya una actuación judicial o administrativa ante los
correspondientes funcionarios y que dentro de estos deba resolverse algún asunto jurídico.
Según el funcionario u organismo que las conoce y la clase de situación jurídica objeto del trámite respectivo, las
actuaciones procesales serán de diferente naturaleza. Hay que enfatizar que en toda actuación procesal deben
existir partes o interesados en una gestión oficial.
El fraude procesal como hemos señalado más arriba, significa engaño en los procesos judiciales o
administrativos, es la forma más común de desvirtuar el bien jurídico de la administración de la justicia, desviarla
de su verdadera función que es la protección de las relaciones jurídicas. Lo mismo pasa con la falsa denuncia y
el falso testimonio.
La función del juez para la solución de asuntos jurídicos conforme a su conocimiento y decisión, debe basarse en
la correcta valoración de los hechos frente a la normatividad respectiva, es decir que siempre tiene que evaluar
una realidad presente o pasada con base en la verdad aportada al proceso. Esto quiere decir, que el fraude
procesal no puede tipificarse con las solas mentiras y distorsiones de la verdad que son normales en los litigios
judiciales, sino que dichas actuaciones deben estar apoyadas en pruebas falsas capaces de influir al juez a dictar
una sentencia errónea. Por el hecho de que en un litigio se realicen falsos perjurios o falsos testimonios tampoco
quiere decir que se está cometiendo el delito de estafa.
Responsabilidad significa capacidad de responder, de dar cuenta de nuestros actos. La conducta irresponsable
es conducta inmadura. Asumir una responsabilidad –ser responsable- es indicio de madurez. Cuando
procuramos ayudar a nuestros hijos a ser personas responsables, los ayudamos a alcanzar la madurez. James
Madison definió claramente los alcances de la responsabilidad: “La responsabilidad, para ser razonable, se debe
limitar a los objetos que están dentro del poder de la parte responsable, y para ser efectiva debe relacionarse con
operaciones de ese poder”. Las personas que no han alcanzado la madurez aún no son plenamente dueñas de
sus poderes.
¿QUÉ ES UN PROCESO DISCIPLINARIO?: Un proceso disciplinario, es aquel que se adelanta para verificar si
un servidor público ha cometido una falta de las contenidas en la ley 734 de 2002, que es el código disciplinario
único. De acuerdo al caso, podrá ser calificada la falta como Gravísima, Grave o Leve.
¿CÓMO INICIA UN PROCESO DISCIPLINARIO? Normalmente inicia por una queja escrita en dónde se narra la
posible conducta violatoria del servidor público. El escrito lo puede realizar el jefe inmediato o cualquiera otro que
tenga conocimiento de los hechos.
¿QUIÉN ES EL ENCARGADO DE ADELANTAR EL PROCESO? Antes del año 2003, cada una de las Fuerzas
adelantaban por separado las investigaciones disciplinarias, es decir tenía oficina para estos asuntos la Armada
Nacional, la Fuerza Aérea, El Ejército Nacional y la Policía Nacional, pero por decisión del Ministro, se concentró
esta función en la OFICINA DE CONTROL DISCIPLINARIO INTERNO DEL MINISTERIO DE DEFENSA, ubicada
en Bogotá en el Tercer piso del Ministerio de Defensa, oficina que cuenta con un grupo de profesionales
dedicados exclusivamente a investigar y sancionar si es el caso a los infractores de la ley disciplinaria.