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DE ASLOBAS
A FATAGA
Viaje al subsuelo de la Reserva
de la Biosfera de Gran Canaria
DE ASLOBAS
A FATAGA
Viaje al subsuelo de la Reserva
de la Biosfera de Gran Canaria
4
Prólogo ...................................................................................... 05
Agradecimientos ......................................................................... 06
Nota de los Editores .................................................................... 07
Cueva de Aslobas, el origen .......................................................... 08
Manuel Naranjo Morales & Sonia Martín de Abreu. SEC-Melansis
Un puzzle en el subsuelo, encajando especies ................................ 24
Sonia Martín de Abreu. SEC-Melansis
Minas y galerías, vida entre grietas ................................................ 38
Manuel Naranjo Morales. SEC-Melansis
Explorando cuevas, de la curiosidad al píxel ................................... 48
Octavio Fernández Lorenzo. GE. Tebexcorade-La Palma
01
02
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04
ÍNDICE
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“Todo lo que una persona pueda imaginar, otros pueden hacerlo realidad”
Julio Verne (1828-1905)
Si Julio Verne hubiese nacido en un lugar de la geografía española, tal vez su obra famosa “Viaje al centro de
la Tierra” habría comenzado en Canarias y la expedición del profesor Lidenbrock, con su sobrino Axel, habría
entrado por un tubo volcánico en el interior de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria.
Ahora, Axel –exclamó el profesor Lindebrock entusiasmado– es cuando vamos a sepultarnos realmente en las
entrañas del globo. Este es, pues, el momento preciso en que empieza nuestro viaje.
Un viaje a la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria que llega cuando esta figura va a cumplir diez años de
vida, una década en la que ha ido consolidándose para beneficio de todos. Biosfera es todo lo que habita en la
“envoltura terrestre” y siguiendo la máxima de esa definición, los autores de “De Aslobas a Fataga” se han su-
mergido en las mismas profundidades de la Tierra para investigar qué tipo de vida se desarrolla en sus entrañas.
Todos desconocíamos que nuestra isla alberga uno de los tubos volcánicos más antiguos del planeta y que en
su interior viven especies exclusivas, unos animales que encierran las claves pare conocer la historia natural de
Gran Canaria y, por extensión, del archipiélago. Toda una joya a preservar que viene a consolidar el papel de la
Reserva de la Biosfera como garante de nuestro patrimonio.

La Sociedad Entomológica Canaria Melansis ha viajado a lo hondo de las cuevas y ha salido con más luz sobre
nuestro acervo ambiental. Un trabajo en el que han participado agrupaciones, especialistas e instituciones,
tanto locales como internacionales, que colaboran y siguen trabajando en los nuevos descubrimientos. Una
prueba más de que biosfera y biodiversidad, riqueza al fin y al cabo, van de la mano. Extendamos las nuestras
para hojear y disfrutar de este gran viaje subterráneo.
Mª del Mar Arévalo Araya
CONSEJERA DE MEDIOAMBIENTE Y EMERGENCIAS
CABILDO DE GRAN CANARIA
PRÓLOGO
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El presente trabajo no hubiese sido posible sin la colaboración desintere-
sada de especialistas y agrupaciones, a todos ellos nuestro reconocimien-
to: Al Grupo de montaña El Verol, por informarnos detalladamente de la
existencia del tubo volcánico de Aslobas. A Francisco José Pérez Torrado,
siempre entusiasta ante cualquier consulta geológica. A Francisco Suárez
Moreno, un amante de la historia y una “mina” de conocimientos. A Luis
Felipe López Jurado, Juan Carlos Rando y Verónica Alberto Barroso, por
su ayuda y pasión en la identificación de los restos óseos. A Pedro Oromí
Masoliver –sin el que no se puede entender la bioespeleología en Cana-
rias– siempre certero con sus sugerencias y correcciones, y a Heriber-
to López Hernández, compañero y pilar esencial en la investigación del
medio subterráneo de Gran Canaria. Por descontado, a la Consejería de
Medioambiente, Seguridad y Emergencias del Cabildo de Gran Canaria,
dirigida por María del Mar Arévalo Araya, por financiar e impulsar el pro-
yecto “Fauna hipogea: un mundo escondido en la Reserva de la Biosfera
de Gran Canaria”, y a Carlos Canella que siempre creyó en este trabajo
como pura definición de lo que significa biodiversidad.
AGRADECIMIENTOS
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“De ASLOBAS a FATAGA” es una publicación que pretende transmitir los primeros resultados de la exploración
del medio subterráneo en la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria. Su principal referente es la recién desve-
lada cueva de Aslobas, el tubo volcánico más antiguo del Archipiélago Canario y uno de los más arcaicos del
planeta. Un caso excepcional que alberga especies exclusivas y que acaba de abrir muchos frentes de inves-
tigación. A través de esa gruta pretendemos que nos acompañen en la búsqueda de la fauna que habita en el
subsuelo pertrechados con un buen casco, como mandan los buenos cánones de la espeleología. En las minas
y galerías se esconden interesantes endemismos, como robustos gorgojos, gusanos ciegos –emparentados
con especies de Nueva Zelanda– y arañas casi espectrales, de las que nada se sabía desde hace 40 años. En
definitiva, un recorrido por rincones casi inexplorados, un museo de paleoespecies que a buen seguro seguirá
deparando sorpresas.
Sociedad Entomológica Canaria Melansis
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www.facebook/melansis
melansis@hotmail.com
NOTA DE LOS EDITORES
ISBN: 978-84-616-9536-2
Depósito Legal: GC 507-2014
Diseño e impresión: gutembergdigital.com
© De los autores
Como citar esta obra: Naranjo, M., Martín S.,
Fernández, O. 2014.
De Aslobas a Fataga - Viaje al subsuelo de la Reserva
de la Biosfera de Gran Canaria. Ed. SEC-Melansis
CUEVA DE ASLOBAS,
EL ORIGEN 01
Manuel Naranjo Morales
BIÓLOGO. SOCIEDAD ENTOMOLÓGICA CANARIA MELANSIS
Sonia Martín de Abreu
BIÓLOGA. SOCIEDAD ENTOMOLÓGICA CANARIA MELANSIS
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Cuando recibimos el correo del compañero Octavio Fernández, técnico
deportivo del Grupo de Espeleología Tebexcorade-La Palma, no podíamos
dar crédito a la noticia. Integrantes del Grupo de Montaña El Verol habían
encontrado un tubo volcánico en el macizo suroeste de Gran Canaria. Las
fotos y croquis que adjuntaban no dejaban lugar a dudas: se trataba de
un verdadero tubo volcánico que, “milagrosamente”, se había mantenido
en pie en una zona agreste y profusamente erosionada. Los descubrimien-
tos de los últimos años en Gran Canaria habían puesto en tela de juicio
la escasez de cavidades volcánicas en la isla
1
; pero el nuevo hallazgo,
además de una nueva oportunidad para vislumbrar fauna inédita, parecía
tambalear ciertos dogmas sobre la conservación de los tubos volcánicos,
sobraban motivos para abordarla.
Los tubos volcánicos son grutas que se forman durante la emisión de
coladas fluidas de lava. Durante su avance la colada puede solidificar
en superficie pero seguir fluyendo bajo la costra rocosa, a modo de río
subterráneo. Una vez cesa la erupción los “ríos” se vacían y dejan en su
lugar los conductos vacíos, las cuevas. Los tubos volcánicos tienen gene-
ralmente una vida geológicamente corta y suelen desplomarse en menos
de 100.000 años. Sin embargo, existen casos vetustos y extraordinarios
FOTO PORTADA CAPÍTULO
Sala superior de la cueva
de Aslobas. M. Naranjo.
1. Cueva del Llano (Fuerteventura),
datada en más de 900.000 años.
M. Naranjo.
2. La montaña de Aslobas, con casi
1.000 m de altitud, se asemeja
a una gran pirámide cuadrangular.
Google-earth.
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11
como la Cueva del Llano, en Fuerteventura, que ha resistido cerca de un
millón de años y que ha sido considerada como el tubo volcánico más
antiguo del archipiélago canario
2
.
La cueva recién desvelada se albergaba en la montaña de Aslobas, una
gigantesca pirámide cuadrangular cuyas caras, curiosamente, se orientan
hacia los puntos cardinales. Aparte de la valiosa información facilitada
por los colegas del Grupo de Montaña El Verol, no encontramos mucha
documentación sobre esta gran elevación. Las citas más relevantes de la
zona, en la que se enmarca la montaña, se remontan a las crónicas de la
conquista castellana. Pero desde entonces, poco más: tan solo algunas
reflexiones sobre la toponimia o vagas descripciones de antiguos caminos
–probablemente abiertos por aborígenes canarios– y que en la actualidad
sólo transitan cazadores, avezados senderistas y, por supuesto, las persis-
tentes cabras asilvestradas.
Encaramarse a Aslobas no es sencillo; con cerca de 1.000 m de altitud y
ubicada entre los valles de Tasarte y Tasartico, no es un accidente geográfi-
co fácil de abordar. De hecho, no lo logramos hasta el tercer intento. En la
primera ocasión una ola de calor de más de 40 ºC nos obligó a abandonar.
Aslobas, Adlobas, Esloa,
Las Loas… es un topónimo
de origen controvertido,
que según algunos
historiadores/lingüistas
podría proceder del mítico
Ajódar, lugar entre Tasarte
y Tasartico en el que se
libró una de las últimas
batallas de la conquista de
Gran Canaria. De hecho el
propio Viera y Clavijo, en su
obra Noticias de la Historia
General de las Islas de
Canaria, comenta sobre
la montaña “que ahora
se denomina Aljobal”,
término mucho más
próximo al Aslobas que se
transcribe en la actualidad.
Fuera esta montaña la
ubicación precisa de la
mítica batalla, o una
traslación toponímica
errónea, lo cierto es que
existen evidencias del uso
prehispánico de la misma,
como refugios pastoriles
y enclaves con un posible
uso mágico-religioso.
12
En el segundo intento fue una espesa niebla la que impidió seguir el camino.
A la tercera fue la vencida: después de superar un desnivel de más de 300
metros y serpentear durante tres horas entre vaguadas, localizamos la boca
de la cueva. La apertura elíptica, la roca oscura y las lavas cordadas eran una
imagen indudable de que nos encontrábamos ante lo que fue un río de lava.
Tras superar un incómodo estrechamiento accedimos al interior de la
cueva. Rápidamente nos invadió una sensación sofocante, 24ºC y más
de un 92% de humedad relativa, que no tarda en hacerte sudar. A la
derecha, en el sentido de avance, pudimos observar unos grandes blo-
ques desgajados que correspondían a los restos de una pulida cornisa. A
nuestra izquierda, y aún arrastrándonos, dejamos un acúmulo de rocas
que parecían desprendidas del techo y la pared. Era incuestionable que
la cueva había sufrido los embates del tiempo, pero a medida que seguía-
mos profundizando parecía que ésta rejuvenecía: techos originales, suelo
desnudo, estalactitas de lava... Fue entonces cuando Iván Hernández del
GE-Tebexcorade, desapareció bajo una grieta, un hueco en el suelo. No
pudimos ver lo que iluminó su frontal, ni oír sus pasos, pero en breve
tiempo surgió entusiasmado por donde minutos antes había desapareci-
do: ¡se trataba de otro tubo volcánico prácticamente virgen! Sólo al salir
y trazar apresuradamente las rutas (amenazaba la caída de la noche), su-
pimos que Iván había avanzado bajo nuestros pies. Se trataba de un tubo
volcánico doble y superpuesto, una cueva laberíntica, donde una delgada
capa de lava hacía a su vez de suelo y techo.
Las cuevas laberínticas no son tan extrañas en las coladas volcánicas. Se
forman, principalmente, en los remansos de los grandes lagos de lava y
en lugares con cierta pendiente, tal y como ocurre en las descomunales
cuevas de Timanfaya (Lanzarote), o en la Cueva del Viento (Tenerife), que
alcanzan desarrollos de 14 km y 17 km, respectivamente
3
. Las coladas
basálticas que rellenan la montaña de Aslobas tienen una amplia exten-
sión horizontal y una moderada pendiente. Si la génesis de la cueva de
Aslobas se ajustase al modelo de las anteriores, podría ser que hoy día
estuviéramos explorando los fragmentos de lo que fue un tubo volcánico
de gran longitud, quizá kilométrico.
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La cueva tiene unos 41 m de longitud desde la boca de entrada al punto
más alejado de la misma, aunque sumando todo su trazado alcanza los
61 m de desarrollo. Los sectores más profundos del ramal superior son
tan bajos que nunca han sido transitados por el hombre y actualmente
se están barajando distintas opciones, incluyendo vehículos teledirigidos,
para intentar escudriñarlo. El ramal inferior es un tubo volcánico de menor
sección, pero excelentemente conservado. En el suelo existen cascajos con
finas capas de arcilla, extrañas concreciones que parecen corresponder a
óxidos de manganeso (hollandita o romanechita), e incluso pequeñas cris-
talizaciones que pueden tratarse de un mineral que fue descrito por primera
vez en Gran Canaria, la moganita. En algunos puntos del techo aún se pue-
den observar chorros de lava tal y como solidificaron, algo verdaderamente
excepcional para una cueva tan arcaica.
Pero ¿Qué edad alcanzaba el tubo volcánico? ¿Era realmente tan antiguo?
La respuesta estaba muy próxima, apenas unos metros por encima. El
geólogo Francisco José Pérez Torrado, catedrático de la Universidad de
Las Palmas de Gran Canaria e investigador del grupo de Geología de
Terrenos Volcánicos (GEOVOL), nos puso en la senda correcta. Justo por
encima de la cueva, sobre el paquete de coladas basálticas que originó el
laberinto de lava, se observa una amplia discordancia de color más claro
que se conoce (técnicamente) como vitrófido o P1. Se trata de una capa
de cenizas y escorias fuertemente soldada que corresponde a la primera
fase explosiva que sufrió la isla de Gran Canaria (de ahí el término P1, de
piroclasto uno) y que dio lugar a la espectacular Caldera de Tejeda, fenó-
meno que aconteció hace nada menos que 14 millones de años (m.a.)
4,5

“Es una capa muy bien conocida y datada en la isla; todo lo que esté bajo
ella tiene una edad más próxima a los 14,5 m.a. que a los 14 m.a.”, co-
mentaba F.J. Pérez Torrado. Con estos datos las conclusiones eran demo-
ledoras: la cueva de Aslobas se formó con las erupciones del gran volcán
que originó la isla, se trataba del tubo volcánico más antiguo de Canarias
y uno de los más arcaicos del planeta.
6
Pero eso no era todo, según F.J. Pérez Torrado “es sorprendente que un tubo
volcánico de estas características se haya conservado tan bien, máxime
3. Atardecer en la cima de Aslobas.
M. Naranjo.
4. Sólo en días frescos es aconsejable
el ascenso a Aslobas. M. González.
5. Una cornisa, con marcas de estrías
de arrastre, recuerda el flujo de lava
en el interior del tubo volcánico
(cueva de Aslobas). M. Naranjo.
6. La exploración de la cueva de
Aslobas exige superar pasos
estrechos. M. González.
14
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8 9 10
7. Un pequeño
colapso da acceso
al ramal inferior,
prácticamente
intacto. M. Naranjo.
8. El ramal superior
de la cueva de Aslobas
finaliza en una cámara
tan estrecha que nunca
ha sido transitada
por el hombre. M. Naranjo.
10. Extrañas concreciones
que parecen corresponder
a óxidos de Manganeso;
hollandita o romanechita.
S. Martín.
9. El ramal inferior, tan
bien conservado,
contrasta con los
desprendimientos
del nivel superior.
S. Martín.
11. Topografía
de la cueva
de Aslobas.
O. Fernández.
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12
12. La erosión ha
desmoronado el antiguo
escudo basáltico
de Gran Canaria.
M. González.
13. Representación sobre
el terreno de la edad
de los estratos geológicos
de la montaña de Aslobas.
Mod. de Google-Earth.
14. La imponente cara
oeste de Aslobas
a vuelo de helicóptero.
M. Naranjo.
teniendo en cuenta la elevada presión litostática que ha tenido que soportar desde
su origen”. Sobre su vertical se fueron apilando decenas y decenas de metros de
lavas y depósitos piroclásticos, de composición traquítica-riolítica, surgidos desde
la Caldera de Tejeda recién formada, hace 14 m.a. En este contexto lo más lógico
sería que la cueva se hubiera desplomado por el peso de los materiales deposi-
tados sobre ella (lo que se conoce como presión litostática), pero no lo ha hecho.
No hay respuestas sencillas al por qué de su estabilidad estructural. Sin embargo,
la reconstrucción de su historia geológica nos puede ayudar a esclarecerlo. Tras
la génesis del tubo volcánico, hace unos 14-14,5 m.a., aconteció la explosión
de la Caldera de Tejeda que recubrió gran parte de la isla y el tubo volcánico de
Aslobas. Por aquel entonces la cavidad alcanzaría una edad máxima de 500.000
años, por lo que es muy probable que mantuviera gran parte de su estructura
original. Tras el recubrimiento inicial fue sometida a los efectos de la presión litos-
tática hasta nuestros días. En algún momento, no sabemos hace cuantos cientos
de miles o millones de años, la cueva “vio” la luz cuando fue seccionada por al-
gún incipiente barranco. El proceso inexorable de la erosión fue abriendo amplios
valles, desmoronando el macizo de basalto y con él las galerías volcánicas que
contenía. En la actualidad, casi de forma inexplicable, han quedado intactas estas
cuevas, como testigos o fragmentos de lo que fue en su día una maraña de grutas.
17
SENIL, PERO NO INERTE
Tras casi dos horas de búsqueda en el interior de la cueva no observamos
indicio alguno de fauna hipogea. Tan solo unos exoesqueletos de arañas
del género Hogna –especies de un tamaño considerable– que se encon-
traban agrupados en diversos rincones de la cueva, sin causa aparente.
La pobreza de la cavidad era palpable.
La fauna cavernícola, salvo raras excepciones, es de por sí escasa por-
que habita en un medio, el subterráneo (cuevas, grietas y oquedades
profundas), que es casi estéril. Además, la oscuridad absoluta, los altos
niveles de humedad relativa y la atmósfera enrarecida imponen restriccio-
nes muy severas que limitan la abundancia de las poblaciones animales.
Las cuevas tan antiguas, como en el caso de Aslobas, no suelen tener
fauna porque apenas tienen recursos. Una cavidad volcánica evoluciona
como un ente vivo que crece, madura y fallece. Las señales de senectud
aparecen cuando los poros y grietas se colmatan, y así cesa la infiltración
de agua, nutrientes y energía: la cueva “muere” lentamente. Por eso no
dejaba de sorprendernos la presencia de pequeños rezumaderos en la
13 14
18
cueva de Aslobas. Mientras observábamos el goteo en una hendidura
del techo junto a Pedro Oromí, catedrático de Zoología de la Universidad
de La Laguna y especialista en fauna hipogea de Canarias, especulamos
sobre la posibilidad de que la infiltración fuera un hecho reciente. Si la
cueva ha estado aislada del medio epigeo durante mucho tiempo podría
haber mantenido su red de grietas sin sellar y así conservar una elevada
capacidad de percolación. Esa infiltración y los elevados niveles de hume-
dad relativa, nos animó a insistir en la búsqueda de fauna invertebrada.
Sabíamos que si realmente existían animales desde luego que no podían
ser muy abundantes, así que tendríamos que usar medios de captura in-
tensivos: las trampas de caída. Este tipo de trampas (también conocidas
como “pitfall”), constituyen un método contrastado y de alta eficacia para
la captura de fauna troglobia, pero tiene un inconveniente, hay que espe-
rar cierto tiempo para que sean productivas (a veces hasta varios meses).
Levantar una trampa de caída es algo parecido a la incertidumbre de tirar
un dado y esperar un buen resultado: habíamos lanzado y tocaba levan-
tar... Tras extraer del suelo el bote de captura algo parecía situarse en el
fondo: un ejemplar de Symploce, género que reúne a las únicas cucara-
chas cavernícolas conocidas de Gran Canaria. No era de extrañar que, si
había vida en aquella vieja cavidad, la primera especie en caer fuera de
las omnipresentes Symploce. Sin embargo, el nuevo ejemplar carecía de
ojos, por mucho que rebuscábamos no existía rastro de su aparato ocular
¡Era anoftalma! ... ¿cómo es posible? Una vez en el laboratorio, bajo los
60 aumentos de la lupa, apreciamos solamente unos dispersos y rojizos
esbozos pigmentarios donde deberían estar los omatidios (unidades que
componen el ojo compuesto de los insectos). No había duda de que se
trataba de otra especie de cucaracha subterránea. Lamentablemente, no
llegamos a colectar ningún otro ejemplar, ni siquiera hemos observado
restos. Puede ser que esta nueva Symploce habite en la enmarañada red
de microfisuras de la roca y de cuando en cuando se “asome” a una gran
grieta, la cueva propiamente dicha.
Solamente el hallazgo de la nueva cucaracha subterránea había justifica-
do la instalación de la trampa. Pero además, tras su cuerpo se ocultaba
19
otro minúsculo invertebrado: una cochinilla de la humedad (isópodo), sin
ojos y con el tegumento totalmente despigmentado. Si bien es frecuente en-
contrar isópodos en el medio subterráneo, dada su afinidad por ambientes
muy húmedos, en ninguna de las cuevas y galerías previamente visitadas
se había encontrado un ejemplar como aquél. La determinación poste-
rior por parte del Dr. Stefano Taiti, del Istituto per lo Studi degli Ecosiste-
mi (Consejo Nacional de Investigación, Florencia, Italia), confirmó que se
trataba de una hembra perteneciente al género africano Maghreboniscus.
Un género escaso, del que sólo se conocen tres especies en el mundo:
M. minimus Caruso & Lombardo, 1983, del norte de Argelia; M. palmetensis,
Vandel, 1959 y M. trapezoidalis, Vandel, 1959 ambas conocidas del suroes-
te de Marruecos
7
.
Maghreboniscus sp.n es el único representante de la familia Spelaeoniscidae
en Canarias. Sus parientes más cercanos son epigeos y viven a más de
195 km de distancia. ¿Cómo es que esta reducida familia de isópodos no
se encuentra también en otras islas del archipiélago? Apostamos por dos
alternativas explicativas claramente diferenciadas: 1) que los isópodos del
archipiélago no estén lo suficientemente estudiados y existan más especies
de la familia Spelaeoniscidae por descubrir, o lo que se antoja más proba-
ble, 2) que esta especie proceda de un ancestro de vida epigea actualmente
extinto en el resto de las islas.
15. La nueva especie de cucaracha
subterránea de Aslobas, carece
de ojos. M. Naranjo.
16. Sólo se han observado dos
ejemplares de la nueva especie
de cochinilla de la humedad
(Maghreboniscus sp. n.),
de la cueva de Aslobas. M. Naranjo.
17. Detalle de la nueva especie
de cochinilla de la humedad
Maghreboniscus sp.n. M. Naranjo.
15
17 16
20
En algún momento del pasado Maghreboniscus colonizó Gran Canaria,
ya fuera desde África, Europa o de paleoislas actualmente inexistentes.
De hecho, si retrocediéramos unos 25 millones de años podríamos ver
numerosas islas emergidas (las Paleocanarias)
4
, que pudieron servir de
“fuente de vida” para las Canarias actuales. Lo que resulta más arriesga-
do es conjeturar cuando llegó este género al archipiélago; quizá la técnica
del reloj molecular (basada en la tasa de mutación del ADN en el tiempo)
pueda ayudar a resolverlo. Pero hasta entonces nos quedaremos con la
duda de si Maghreboniscus es un colono reciente, o una especie casi tan
antigua como la propia cueva que habita.
18
21
LA TIERRA QUE HABLA
Nuestro compañero Cristóbal González, biólogo de SEC-Melansis, comen-
zó a escudriñar el suelo. Le llamó la atención un pequeño fragmento
óseo, un fémur incompleto que se encontraba desperdigado entre huesos
de otros vertebrados. Los había de conejos, ratón, de aves (muy escasos
y deteriorados), de ovicápridos y sobretodo de lagarto gigante de Gran
Canaria (Gallotia stehlini). En ocasiones dichos restos se encontraban en
pequeñas acumulaciones de tierra y arcilla, como si hubieran sido arras-
trados y depositados junto a los sedimentos que lo envuelven; en otras se
observaban aislados o con indicios de haber sido carbonizados.
El fémur que sostuvo C. González no encajaba con los vertebrados que
habitan actualmente en Canarias. Se trataba de un fémur ancho y apla-
nado, que junto a unos gruesos incisivos y un molar, parecía corresponder
a otro mamífero ¿Habríamos encontrado restos de la rata gigante de Gran
Canaria? Luis Felipe López-Jurado, profesor de zoología de la Universidad
de Las Palmas de Gran Canaria y especialista en fauna subfósil de Ca-
narias, confirmó nuestras sospechas: se trataba de restos de Canariomys
cf. tamarani, la extinta rata gigante de Gran Canaria. Sin embargo, el fé-
mur hallado no parecía corresponder exactamente con la especie descrita,
algunas diferencias eran significativas. En palabras de L.F. López-Jurado
“...podría deberse a una adaptación local a zonas más agrestes o incluso
tratarse de otra especie”. Los escasos restos que se han encontrado no
permiten hacer más interpretaciones, por ahora...
Canariomys tamarani fue descrita en 1987 a partir de los restos localizados
en un yacimiento de La Aldea de San Nicolás
8
, a unos 9 km de Aslobas. Era
un roedor robusto, de tamaño similar a un conejo, que podía rondar el kilo
de peso. Su alimentación principal constaba de bayas, frutos y semillas, y
a juzgar por las citas conocidas (Ingenio, Cueva Pintada de Gáldar y el Hor-
miguero de Guía) es posible que se distribuyera por toda la isla, principal-
mente en medianías y zonas costeras. Su pariente más cercano habitó en
Tenerife (Canariomys bravoi) y la extinción de ambas especies parece haber
coincidido con la introducción de predadores (gatos y perros) y competido-
19
20
18. El biólogo Cristóbal González
observa restos óseos en la galería
superior de la cueva de Aslobas.
M. Naranjo.
19. Fémur de la rata gigante
de Gran Canaria (Canariomys
tamarani). El hueso
de la izquierda corresponde
a la cueva de Aslobas,
el de la derecha a una localidad
de Ingenio. M. Naranjo.
20. La rata gigante de Filipinas
(Phloeomys cumingii),
es de dimensiones similares
a la extinta C. tamarani.
Jeffdelonge.
22
res (ratas y ratones). No se puede descartar que
este roedor fuera consumido por la población
prehispánica, tal y como se ha constatado en Te-
nerife con C. bravoi
9
. Pero si bien en la cueva de
Aslobas hay indicios de presencia aborigen, tal y
como lo atestiguan unos exiguos restos líticos, no
se han podido detectar señales unívocas de que
C. cf. tamarani haya sido objeto de consumo hu-
mano. Algunos restos de este roedor han sido
encontrados junto a fragmentos de carbón y
huesos de ovicápridos, pero no hemos observa-
do signos o marcas de corte que confirmen el
consumo humano.
Hoy día los huesos de Canariomys están pos-
trados en recovecos o cubiertos por tierra y
sedimentos. La matriz de arcilla, la tierra que
envuelve huesos, piedras y restos de materia or-
gánica esconde una valiosa información que sólo
hay que intentar “leer”. El equipo que dirige el
Dr. José María Fernández-Palacios, del Departa-
mento de Botánica, Ecología y Fisiología Vegetal
de la Universidad de La Laguna, es capaz de
reconstruir la vegetación y paleoclima de una
zona. Las muestras ya están en el laboratorio.
No sabemos la antigüedad que puede tener la
arcilla de las zonas más profundas de la cueva
de Aslobas, pero de haber polen que se remon-
tara al origen del tubo volcánico tendríamos la
extraordinaria oportunidad de observar una ins-
tantánea del pasado remoto, como un negativo
fotográfico que espera ser revelado. Ojalá sus re-
sultados abran un nuevo capítulo de la historia
de Aslobas, de la génesis insular, de cómo la
roca da paso a la vida, del origen...
21. La arcilla acumulada en el suelo
de la cueva de Aslobas puede
contener restos de polen subfósil.
M. Naranjo.
21
23
REFERENCIAS
1. Fernández O. & Naranjo, M. 2010. Catálogo de ca-
vidades de la isla de Gran Canaria (Islas Canarias),
Vulcania, 9: 43-47 pp.
2. Carracedo, J.C., Pérez Torrado, F.J. y Guillou, H.
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En la Cueva del Llano. Centro de interpretación.
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Tipos y génesis. Actas de V Semana Científica Te-
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por las entrañas del volcán Roque Nublo. Ed. So-
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Oniscidea). – Steenstrupia 28 (1): 1-118.
8. López-Martínez, N. & López Jurado, L.F., 1987.
Un nuevo múrido gigante del cuaternario de Gran
Canaria. Canariomys tamarani nov. sp. (Rodentia,
Mammalia). Interpretación filogenética y biogeo-
gráfica. Doñana Acta Vertebrata, 2, 1-66 (Publi-
cación ocasional).
9. Alberto Barroso, V. 1998. Los otros animales. Consumo
de Gallotia goliath y Canariomys bravoi en la prehisto-
ria de Tenerife. El Museo Canario, nº 53; 59-84 pp.
UN PUZZLE EN EL SUBSUELO:
ENCAJANDO ESPECIES 02
Sonia Martín de Abreu
BIÓLOGA. SOCIEDAD ENTOMOLÓGICA CANARIA MELANSIS
26
La década de 1980, de imborrable impronta para muchos, también fue el
inicio de la investigación biológica del medio subterráneo en Canarias. Por
aquel entonces, los precursores del estudio del subsuelo canario comenza-
ron a explorar los tubos volcánicos de las islas occidentales con notables
resultados
1,2,3,4
. Sin embargo, los primeros muestreos en Gran Canaria fue-
ron infructuosos: las escasas cavidades prospectadas no reunían las carac-
terísticas adecuadas para el desarrollo de vida subterránea, eran cuevas
secas y de escasa longitud. Con el tiempo su prospección biológica quedó
relegada, con la vaga idea de que se trataba de una isla con escasa fauna
hipogea. No obstante, a pesar de su antigüedad, Gran Canaria tiene impor-
tantes extensiones de vulcanismo reciente (e incluso subhistórico), calderas
con grandes deslizamientos y profundos barrancos que llegan a constituir
un interesante medio subterráneo. Así pues, sí existe un hábitat potencial
que no había sido suficientemente explorado, con la particularidad de que
presenta un gran número de cavidades artificiales (minas de agua), otra
alternativa de acceso al medio hipogeo aún por explotar.
No fue hasta la década de 1990 cuando Heriberto López, doctor en zoología
e investigador del Grupo de Ecología y Evolución en Islas del CSIC, comenzó
a “escarbar” en la isla con trampas específicas para el medio subterráneo
superficial (MSS), la capa de piedra fragmentada situada entre la roca com-
pacta y el suelo edáfico. Los resultados obtenidos han sido más que nota-
bles, revelando la presencia de nuevos troglobiontes. Posteriormente, en el
año 2005, los espeleólogos del GE Tebexcorade-La Palma se adentran en
una mina de Valsequillo y encuentran una gran riqueza de fauna hipogea,
corroborando la hipótesis de que las cavidades artificiales pueden ser una
buena alternativa para el estudio del medio subterráneo. Ya en 2007 la
FOTO PORTADA CAPÍTULO
Parazuphium sp.n. es uno
de los carábidos más troglomorfos
de Canarias. M. Naranjo.
1. El Saltón de Roddenberry
(Meenoplus roddenberryi),
recientemente descrito
en una mina de Gran Canaria,
es el saltón cavernícola
más pequeño del mundo. M. Uhlig.
2. Ejemplar de milpiés cavernícola
(Dolichoiulus sp.). M. Naranjo.
3. Scotophaeus n. sp.
Araña ciega descubierta durante
el proyecto Fauna cavernícola
de Gran Canaria. M. Naranjo.
4. Expedición del Grupo
de Investigación Espeleológica de
Tenerife (GIET) de la Universidad
de La Laguna a la Cueva
de La Luna (Santa Lucía,
Gran Canaria) en el año 2003.
S. Martín.
5. Muestreos en la cueva de Aslobas
para localizar fauna troglobionte.
M. González.
6. Trampa de caída para
la intercepción de invertebrados.
M. Naranjo.
7. Trampas específicas para
el muestreo en el medio
subterráneo superficial (MSS).
H. López & P. Oromí.
1 2 3
27
5 6
Sociedad Entomológica Canaria Melansis, en colabora-
ción con el Departamento de Zoología de la Universidad
de La Laguna y el GE Tebexcorade-La Palma, aborda un
ambicioso proyecto sobre la fauna cavernícola de Gran
Canaria. En dicho proyecto se prospectaron las cavi-
dades volcánicas conocidas y una selección de minas/
galerías, que arrojó el descubrimiento de ocho especies
nuevas para la ciencia.
5
La actual línea de investigación sigue centrada en el
trampeo del MSS y las cavidades artificiales, sin re-
nunciar a la búsqueda de nuevas cavidades de origen
natural. Sin embargo, tras estos últimos e intensos
siete años de exploración sigue habiendo algunas co-
marcas de la isla que apenas han sido visitadas. La
mayor parte de las cavidades ya prospectadas se lo-
calizan en el noreste de la isla, su parte más joven y
con mayor potencial para albergar fauna cavernícola
6
.
El suroeste de Gran Canaria, mucho más antiguo, ári-
do, con terrenos impermeables y pocas cavidades, es
aparentemente más inhóspito para la fauna hipogea
y, por supuesto, mucho más incómodo de explorar.
No obstante, todo ese sector no sólo comprende el
50% del territorio insular, sino que también aglutina
las áreas mejor conservadas de la isla y la mayor ex-
tensión de los basaltos que la conformaron. Un vasto
territorio que, aunque más hostil, podría contener re-
4
7
28
ductos de fauna subterránea. Así nació el proyecto “Un mundo escondido:
Fauna hipogea de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria”.
Tras explorar 22 cavidades (cinco de ellas con instalación de tram-
pas de caída), logramos identificar 12 especies adaptadas, en mayor o
menor medida, a la vida subterránea; nada menos que el 50% de los
invertebrados cavernícolas conocidos en la isla. Pero no nos llevemos a
engaño, sólo cinco del total de cavidades prospectadas dieron resultados
positivos. La Reserva de la Biosfera de Gran Canaria es, en su mayor parte,
un lugar inhabitable para la fauna subterránea.
Entre dichas especies destaca, por su abundancia y amplia distribución,
Symploce microphthalma, una cucaracha endémica de Gran Canaria des-
cubierta en 1989
7
, que se trata del representante cavernícola más extendido
por el subsuelo insular. También se han identificado dos nuevas especies
de gorgojos ciegos del género Oromia. Sin embargo, la grandes joyas de la
Reserva de la Biosfera de Gran Canaria han sido los dos nuevos troglobios
estrictos de la cueva de Aslobas (que son tratados en el primer capítulo de
esta publicación), y el hallazgo, treinta años después de su descubrimiento,
del primer invertebrado cavernícola descrito de Gran Canaria, la araña pati-
larga Spermophorides flava.
LA ISLA FRAGMENTADA
La cucaracha subterránea de Gran Canaria (Symploce microphthalma),
es una especie que presenta ligeras adaptaciones morfológicas a la vida
bajo la superficie; es lo que llamaríamos una especie ambimorfa
8
. Presenta
ojos reducidos pero funcionales, tegumento ligeramente despigmentado y
primer par de alas muy reducidas. No tiene parientes cercanos que vivan
sobre la superficie y, sorprendentemente, no existe ninguna otra especie
del género en el resto del archipiélago. Sin embargo, en Gran Canaria está
ampliamente distribuida (21 localidades conocidas). En condiciones am-
bientales adecuadas casi siempre hace acto de presencia; no importa si en
los antiguos materiales del oeste insular o en los más recientes del noreste.
29
8. Cucaracha subterránea
de Gran Canaria (Symploce
microphthalma). P. Oromí.
En invierno, cuando la humedad ambiental es mayor, aparece ocasional-
mente en superficie, bajo piedras ligeramente enterradas o entre las esco-
rias de terrenos volcánicos recientes
9
. Su gran capacidad de dispersión y
buena adaptación al medio subterráneo han favorecido la colonización de
prácticamente todo el subsuelo insular.
El género Symploce parece haber cubierto el nicho que ocupan las cuca-
rachas del género Loboptera en las Canarias más occidentales. De las 12
8
30
especies que se han descrito en el archipiélago, sólo L. canariensis vive
en superficie y es exótica, producto de una introducción por la actividad
humana; el resto son endemismos adaptados en mayor o menor medida
al medio subterráneo
10
, distribuyéndose por el subsuelo de La Palma, El
Hierro y Tenerife. Sin embargo, es en esta última isla donde se ha pro-
ducido una gran diversificación del grupo (8 especies), todas ellas con
distribuciones alopátricas salvo una (L. troglobia) de amplia distribución
que se solapa con muchas de las anteriores; de este modo, es frecuente
encontrarse dos especies bien diferenciadas conviviendo en una misma
cavidad o una misma área con MSS
10
. No resultaba muy predecible que en
Gran Canaria, con historia geológica tan o más compleja y la consecuente
diversidad de biotopos hipogeos, hubiera una única especie de cucaracha
subterránea. Ya el Dr. H. López había observado que los ejemplares cap-
turados en la localidad del Sao (en el valle de Agaete) tienen notables di-
ferencias morfológicas con los de S. microphthalma del noreste de la isla,
pudiendo tratarse de una especie diferenciada. El actual descubrimiento
de una tercera especie en Aslobas apoya una ocupación quizá comparti-
mentada de la isla por distintas cucarachas hipogeas, aunque habrá que
seguir explorando para comprobar si también conviven especies distintas
9
9. Mapa de distribución
de cucarachas subterráneas
en Canarias. P. Oromí.
10. Distribución conocida de
la cucaracha subterránea
de Gran Canaria (género
Symploce). A. Moreno
(cartografía de Grafcan).
11. Detalle del desarrollo ocular
en Symploce microphthalma
(imagen superior
e intermedia) y Symploce
n. sp. (imagen inferior)
de la cueva de Aslobas,
con ausencia total de ojos.
M. Naranjo.
31
en una misma localidad. Por otra parte, el avanzado troglomorfismo del
ejemplar de Aslobas demuestra que en Gran Canaria también hay especies
muy adaptadas, tal como ocurre en la parte central de Tenerife.
La ausencia de un ancestro epigeo de Symploce tanto en Gran Canaria
como en el resto del archipiélago, así como de especies cercanas en el nor-
te de África (la más próxima conocida está en Cabo Verde), confiere cierto
carácter relíctico a las cucarachas subterráneas de la isla. Todo ello nos ha
animado a emprender un estudio filogeográfico de este género y su posible
relación con Loboptera. El Dr. José Pestano, al frente del Departamento
de Genética de la Facultad de Medicina (Universidad de Las Palmas de
Gran Canaria), pretende esclarecer esta cuestión con la secuenciación del
gen COI (que permite conocer la divergencia genética entre especies). Se
analizarán ejemplares de 17 localidades, un gran paso para determinar las
especies existentes y su patrón de distribución.
10
11
32
12
33
OROMIA, EN TIERRA DE NADIE
La colada volcánica que discurre por el pueblo de El Sao, en Agaete, corres-
ponde a una erupción acontecida hace unos 3.000 años. Esta localidad,
con un profuso Medio Subterráneo Superficial, ha resultado de enorme in-
terés por su riqueza en especies hipogeas. Los muestreos con trampas de
caída específicas para el MSS han permitido capturar fauna troglobionte,
hasta un metro de profundidad, con gran éxito
11
.
A esta localidad pertenece el 60% de los invertebrados troglobios descu-
biertos en la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria. Gracias a los traba-
jos que el Dr. H. López viene realizando desde el año 2005, en El Sao se
han descubierto dos de las cinco nuevas especies de gorgojos edafobios
(del género Oromia) halladas en Gran Canaria. Estos pequeños coleóp-
teros muestran algunas adaptaciones troglomorfas como la ausencia de
ojos, pero nunca presentan apéndices elongados y el tegumento sólo está
ligeramente despigmentado. Oromia incluye especies rizófagas que devo-
ran raíces, tanto en fase larvaria como en estado adulto. Sin embargo, en
las verdaderas grutas nunca se han encontrado larvas de esta especie ya
que son ápodas y no pueden reptar por raíces aéreas verticales.
En la actualidad se está llevando a cabo un estudio morfológico y genético
con todas las especies conocidas de este género. Los análisis iniciales
13 14
12. Oromia n. sp descubierta
en El Sao. A. Machado.
13. Oromia n. sp descubierta durante
el desarrollo del proyecto Fauna
cavernícola de Gran Canaria.
M. Naranjo.
14. En las minas con raíces pueden
encontrarse pequeños escarabajos
edafobios que acuden
a alimentarse. M. Naranjo.
34
parecen indicar la existencia de dos grupos (H. López com. pers.); uno de
ellos está constituido por las Oromia de mayor tamaño y de tegumento
llamativamente ornamentado con quillas prominentes y lobuladas o con
expansiones del pronoto, como es el caso de Oromia aguiari Alonso Zaraza-
ga, 1990, endémica de Tenerife, y una de las nuevas especies descubiertas
en El Sao; el otro grupo tiene mayor riqueza y en él quedarían englobadas
las especies de menor talla y de tegumentos sin ornamentaciones, entre las
que se encuentra la segunda Oromia de esta localidad. La variación morfo-
lógica de este género puede estar indicando una gran capacidad de diver-
sificación, de la que quizás sólo hemos descubierto una pequeña parte. La
prospección del MSS en otras localidades contribuirá a aclarar si Oromia ha
sido capaz de originar tantas especies como presumimos.
EL FÓLCIDO PERDIDO
En la mina de Pino Cortado (Tasarte), se localizó una pequeña araña que
pendía de su telaraña en posición invertida. Tenía claras adaptaciones a
la vida en ausencia de luz (ojos reducidos, patas elongadas y tegumento
claramente despigmentado). Cuando tuvimos tiempo de observarla dete-
nidamente pudimos confirmar que se trataba del fólcido Spermophorides
flava, el primer troglobio descubierto fortuitamente en Gran Canaria, allá
por 1985. Durante el desarrollo de unos trabajos de investigación que
poco tenían que ver con la fauna hipogea
12
. En esa ocasión, el doctor
en zoología Manuel Nogales localizó una pequeña sima al borde de un
sendero en el Pinar de Inagua –de la que desconocemos su ubicación
actual– y, al descender unos metros, encontró los restos de un extraño
ejemplar de Spermophorides. Las peculiaridades de aquella pequeña
araña tan despigmentada hicieron pensar al doctor Nogales que podría
tratarse de una nueva especie. Años más tarde fue descrita por Wunder-
lich (1992) con los restos de aquel ejemplar macho bastante deteriora-
do, al que le faltaba la mitad del cuerpo (el opistosoma o abdomen) y
varias patas. Desde entonces nada más se había vuelto a saber sobre
esta especie que fue intensamente buscada durante un estudio dedicado
a este género endémico
13
. En dicho proyecto no se pudo incluir S. flava
15. En las paredes de la mina
de Pino Cortado (Tasarte) es donde
único se conoce la araña patilarga
Spermophorides flava. S. Martín.
16. Spermophorides flava, primera
especie troglobionte descubierta
en Gran Canaria. M. Naranjo.
15
35
16
36
en el análisis filogenético, lo que hubiera indicado cuál de las otras dos
especies grancanarias de superficie era su posible ancestro y hacer un
posible seguimiento de su historia evolutiva. Así pues, por primera vez
tenemos el privilegio de observar ejemplares completos que abren nue-
vamente estas líneas de investigación.
El hallazgo de este arácnido en una mina situada bajo el lecho de un
barranco, más que dar respuestas ha abierto muchas incógnitas. Es sor-
prendente que en 30 años no se haya observado ningún ejemplar de éste
fólcido, máxime cuando desde el año 2006 se han escudriñado más de 40
minas y cavidades naturales. Es cierto que las dos localidades donde se
ha observado Spermophorides se ubican en el sector más antiguo e inex-
plorado de la isla, pero también lo es que se encuentran ampliamente dis-
tanciadas y en ambientes muy diferentes (un pinar y un barranco de cotas
bajas), lo que alimenta las posibilidades de una distribución más amplia.
La Reserva de la Biosfera de Gran Canaria reúne un rico patrimonio sub-
terráneo. Su antigüedad y buen estado de conservación ha permitido la
radiación de nuevas especies y la conservación de otras ya extintas de la
faz insular. No sabemos que otras sorpresas deparará su exploración, pero
de lo que sí estamos seguros es que “enterrando” la cabeza obtendremos
más luz sobre este espacio natural.
37
REFERENCIAS
1. Martín J.L. & P. Oromí. 1986. An ecological study of Cueva de los Roques lava tube (Tenerife,
Canary Island). Journal Natural History, 20 (2): 375-388.
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volcanic terrain: lava and cave Studies in the Canary Island. Bol. J. Linn. Soc., 46:207-234.
3. Medina, A.L., J.L. Martín, I. Izquierdo, J.J. Hernández & P. Oromí. 1996. Cavidades volcáni-
cas de la isla de La Palma (Islas Canarias) I. Descripción y consideraciones sobre su fauna.
7th Intern. Symphosium on vulcanoespeleology, S/C de La Palma, nov. 1994:141-170.
4. Oromí, P., N. Zurita, E. Muñoz & S. de la Cruz. 2001. Conservación de la fauna invertebrada
cavernícola de las islas de Tenerife, El Hierro y La Palma. Universidad de La Laguna. Go-
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Cavernícola de Gran Canaria. Secretos del mundo subterráneo. Ed. SEC Melansis. 106 pp.
6. Carracedo, J.C. 2011. Geología de Canarias I. Origen, evolución, edad y vulcanismo. Edito-
rial Rueda, S.L. 398 pp.
7. Izquierdo I. & A.L. Medina, 1992. A new subterranean species of Symploce Hebard from
Gran Canaria (Canary Islands). (Blattaria, Blattellidae). Fragm. Entomol., Roma, 24 (1): 39-44
(1992).
8. Oromí, P., 2010. La fauna subterránea de Canarias: un viaje desde las lavas hasta las cue-
vas. Actas V Semana Científica Telesforo Bravo. Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias.
9. López Hernández, H., E. Morales Delgado & P. Oromí Masoliver. 2011. Symploce microphthalma.
Izquierdo & Medina, 1992 (Pp 1240-1243) En Verdú, J.R., Numa, C y Galante, E. (Eds) 2011.
Atlas y Libro Rojo de los invertebrados amenazados de España (Especies vulnerables). Direc-
ción General del Medio Natural y Política Forestal, Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y
Marino, Madrid.
10. Martín, J.L., I. Izquierdo & P. Oromí. 1999. El género Loboptera en Canarias. Descripción de
cinco nuevas especies hipogeas (Blattaria: Blattellidae). Vieraea, 27:255-286.
11. López, H. & P. Oromí, 2010. A pitfall trap for sampling the mesovoid shallow substratum
(MSS) fauna. Speleobiology Notes 2: 7-11 pp.
12. Barquín, E., M. Nogales & W. Wildpret. 1986. Intervención de vertebrados en la disemina-
ción de plantas vasculares en Inagua. Gran Canaria (Islas Canarias). Vieraea 16: 263-272
13. López, N. 2005. Evolutionary processes of the genus Spermophorides (Araneae, Pholcidae)
in the Canary Islands. Tesis doctoral (sin publicar). Universitat de Barcelona, 279 pp.
MINAS Y GALERÍAS,
LA VIDA ENTRE GRIETAS 03
Manuel Naranjo Morales
BIÓLOGO. SOCIEDAD ENTOMOLÓGICA CANARIA MELANSIS
1
41
Introducirse en una cueva natural es la forma más común de explorar la
fauna subterránea, pero no necesariamente la única. Los animales caver-
nícolas también se desenvuelven entre las fisuras del subsuelo, de modo
que pueden ser interceptados con trampas enterradas a cierta profundi-
dad (unos 75 cm), o a través de cavidades artificiales, como minas, y
pozos. Al fin y al cabo, cualquier cavidad que conecta con la red de grietas
del subsuelo, pasa a formar parte del medio subterráneo.
En Gran Canaria abundan las cavidades artificiales para la obtención de
agua (más de 2.000 pozos y 409 minas/galerías)
1
. Las minas y galerías
son perforaciones horizontales de acceso relativamente sencillo aunque
no exento de riesgos, (por presencia de gases y desprendimientos, prin-
cipalmente) y que en ocasiones son habitadas por fauna subterránea. De
hecho, en las minas de Gran Canaria se han descubierto más especies
troglobias (animales exclusivos del medio subterráneo) que en cuevas de
origen natural
2
.
Una mina según la tercera acepción de la Real Academia Española de la
Lengua es un paso subterráneo, abierto artificialmente, para alumbrar o
conducir aguas o establecer otras comunicaciones. Sin embargo, según
Francisco Suárez Moreno (cronista oficial de la Aldea de San Nicolás y
especialista en minería de agua de Gran Canaria), existe una notable di-
versidad de denominaciones para este tipo de perforaciones dependiendo
de sus características y localización, a saber: minas, galerías, socavones,
minotes, etc. (ver columna explicativa). Y esa diversidad también se tra-
duce en importantes diferencias para la fauna subterránea. Por ejemplo,
las minas excavadas en cauces de barranco atraviesan el recién descrito
Medio Subterráneo Superficial Aluvial
3
, una matriz de rocas y arenisca
que es transitada por algunas especies hipogeas (las que viven en el sub-
suelo); los socavones suelen ser muy productivos porque están próximos
a la superficie, así se enriquecen con animales procedentes del suelo que
comparten espacio junto a los verdaderamente cavernícolas. Las galerías
de risco están en el extremo opuesto, pues se introducen rápidamente en
la compacta roca madre perdiendo interconexión con las grietas del sub-
suelo. Por eso, salvo contadas excepciones, suelen ser muy pobres. Pero
En Canarias se utilizan distintas
denominaciones para las
minas de agua según el tipo de
perforación. En Gran Canaria
están muy extendidas las
siguientes acepciones;
Mina: canal subterráneo
que se realiza bajo el cauce
de un barranco para captar
las aguas subálveas.
Galería o galería de risco:
Perforación que profundiza
en la matriz rocosa
de una montaña para acceder
al acuífero insular,
o acuíferos colgados.
Socavón: Excavación,
de escasa longitud,
que se realiza en rezumaderos
o nacientes con el fin
de incrementar su caudal.
FOTO PORTADA CAPÍTULO
Aluviones de barranco cementados
sostienen la Mina Vieja de Fataga.
S. Martín.
1. Captaciones de agua subterránea
en Gran Canaria. Consejo Insular
de Aguas de Gran Canaria.
42
lo que es común a todas ellas es que en el caso de existir
flujos de agua o encharcamientos permanentes, también se
pueden observar estigobios, los animales acuáticos que se
han adaptado a vivir en la oscuridad del acuífero.
La Reserva de la Biosfera de Gran Canaria es rica en minas.
De hecho es la comarca de la isla que más infraestructuras
de este tipo concentra. En algunos barrancos se tiene cons-
tancia de la presencia de más de 10 excavaciones a lo largo
de todo el cauce. Entre las minas prospectadas ha destacado
la de Pino Cortado, situada en las proximidades del pueblo de
Tasarte. Se tiene conocimiento de su existencia desde 1881,
siendo muy codiciada por aquel entonces debido a su gran
productividad. Hoy día su gran caudal ha dado paso a un
canal tan colmatado que es casi imposible entrar en ella.
Tan sólo se puede avanzar de rodillas, a duras penas, pues
su altura no supera el medio metro. A pesar de ello, gracias
al descenso por una trampilla se alcanza en pocos segundos
las entrañas del barranco; súbitamente se pasa de un sol des-
lumbrante a la oscuridad absoluta. Bajo el cauce del barranco
se respira una atmósfera cálida y húmeda, donde las raíces
cubren todo lo posible; un ambiente óptimo para la presencia
de fauna. Demasiado óptimo quizá, porque en la mina se
puede encontrar la indeseada cucaracha urbana (Periplaneta
americana), que comparte espacio con la cucaracha subte-
rránea de Gran Canaria (Symploce microphthalma). Pero no
todo son malas noticias, la “joya” de la cavidad es la deli-
cada araña patilarga Spermophorides flava, un endemismo
grancanario por primera vez observado desde su descripción,
hace ya 30 años
4
.
La mina Vieja de Fataga se encuentra en el sur de la isla, en
el barranco del mismo nombre. Meses después de una trom-
ba invernal, con el cauce del barranco ya seco, puede seguir
desaguando un elevado caudal que no cesa hasta el verano.
2
3
4
43
Una vez en su interior llama la atención por una afinada construcción que
alterna paredes desnudas de aluviones cementados, con tramos entibados
de cantos de barranco. Tras unos 100 metros de recorrido se alcanzan
pequeños encharcamientos y represas en el que viven dos interesantes
endemismos: el crustáceo anfípodo Pseudoniphargus pedunculatus y un
enigmático gusano de agua dulce, el poliqueto Namanereis sp.n. El pri-
mero es un crustáceo que habita en el acuífero insular. Se supone que
procede de algún ancestro de vida marina que ha sido capaz de abandonar
el litoral para introducirse en las bolsas de agua dulce
5
. Allí se alimenta de
otros pequeños invertebrados como copépodos, pequeños crustáceos, etc.
El poliqueto Namanereis sp.n. es un caso aparte. Los poliquetos son gusa-
nos marinos que, excepcionalmente, cuentan con especies dulceacuícolas
(un 2% de las especies descritas)
6
. En el caso que nos atañe proceden
de linajes muy antiguos preadaptados a la vida en ríos y lagos, por lo que
es intrigante cómo esta especie ha colonizado el archipiélago y, lo que es
aún más confuso, que su pariente más cercano, Namanereis tiriteae, se
encuentre en las remotas Fiji y Nueva Zelanda. Todo un rompecabezas
que intentan descifrar los especialistas que se encuentran trabajando en
la descripción de la especie: el Dr. Chris Glasby (Museum and Art Gallery
of the Northern Territory, Australia) y el Dr. Jorge Núñez (Departamento de
Biología Animal de la Universidad de La Laguna).
2. Mina con paredes entibadas. S. Martín.
3. Gruesas raíces cubren la Mina de Pino
Cortado. M. Naranjo.
4. Caza a vista en el interior de un
socavón (Arguineguín). S. Martín.
5. Las primera araña cavernícola descrita
en Gran Canaria (Spermophorides
flava), sólo se ha vuelto
a localizar en Tasarte. M. Naranjo.
6. Las aguas subterráneas de Gran
Canaria están habitadas
por el crustáceo acuático
Pseudoniphargus pedunculatus.
H. López & Ibáñez, M.
7. Aún se desconoce con certeza
como colonizó el gusano
de agua dulce Namanereis sp.n.
el Archipiélago Canario. M. Naranjo.
8. Un ejemplar de milpiés subterráneo
(Dolichoiulus sp.) de la mina Vieja
de Fataga. P. Oromí.
5 6 7 8
44
Dos pequeñas excavaciones en nacientes,
los socavones de Los Ancones y el de Los
Roques merecen una reseña especial. El pri-
mero, situado en La Aldea de San Nicolás,
parece un portal refulgente cuando es ilumi-
nado. Multitud de pequeñas gotitas de agua
en las paredes y techo reflejan el haz lumi-
noso de la linterna, dibujando algo parecido
a una noche estrellada. Las gotas, con una
forma esférica casi perfecta, parecen flotar
sobre películas blanquecinas constituidas
por colonias bacterianas, una delicia vi-
sual... En el suelo unos diminutos colémbo-
los, de un blanco absoluto, se deslizan sobre
el agua, mientras la cucaracha subterránea
de Gran Canaria (S.microphthalma), se deja
ver ocasionalmente.
Por otro lado, el socavón de Los Roques (ba-
rranco de Arguineguín), es una cavidad que
no supera los 14 m de longitud. Su entrada
está enmarcada por tupidas raíces de palme-
ras canarias. Con un solo paso se accede a
un minúsculo charco que, sorprendentemen-
te, es uno de los mejores lugares de la isla
para observar al crustáceo P. pedunculatus.
A veces, no hace falta acceder a las grandes
bolsas de agua subterránea para observar
habitantes del medio freático, sino topar con
rincones casi mágicos.
Hablar de fauna en galerías de risco es ha-
cerlo sobre un gran vacío, y la Reserva de
la Biosfera de Gran Canaria no es una ex-
cepción. Sólo en la localidad de Artejévez
10
9
11
45
se detectaron restos de Symploce y unas
lombrices acuáticas (oligoquetos), que se
nutrían de trozos de madera sumergida. La
colocación de trampas para capturar inver-
tebrados no fue efectiva, pero tuvimos la
oportunidad de transitar por una caverna de
unos 290 m de longitud, que en algunos
tramos tenía su techo a cinco metros sobre
nosotros; una altura excepcional para este
tipo de excavaciones. El colorido contraste
de las tobas amarillentas, los rojos del al-
magre y el negro de los basaltos dibujan un
bello mosaico que nada tenía que ver con
los monótonos tonos oscuros de otras cavi-
dades. Sin embargo, nada hacía presagiar
que unos kilómetros más lejos, en otra anti-
gua galería de la comarca de La Aldea apa-
recieran las curiosas perlas de las cavernas
(también conocidas como pisolitas). Las
pisolitas son concreciones de calcita que se
forman ocasionalmente en cuevas de origen
kárstico
7
. En Canarias no existen cavidades
de éste tipo pero algunas minas, cuando
transportan agua cargada de sales, pueden
generar costras calcáreas, pequeñas esta-
lactitas, estalagmitas y excepcionalmente
las raras pisolitas. En Gran Canaria sólo lo
hemos observado en una galería de la Al-
dea de San Nicolás y desconocemos si en
otras islas del archipiélago se han llegado a
identificar. Hoy día tenemos el privilegio de
observar como se están formando y crecien-
do. El goteo constante en un remanso de
agua permite que las partículas flotantes se
vayan cubriendo de una capa calcárea que,
12
13
46
con el rozamiento conjunto se van puliendo, dando lugar a esas pequeñas
bolitas, unos “confites” que con el paso del tiempo originan las perlas de
las cavernas.
Entre pisolitas y colonias bacterianas, poliquetos exóticos y anfípodos sali-
mos a la luz…el agua de la mina sigue su curso, quizá a un bancal o a los
tomateros de más abajo, este año parece que habrá una buena cosecha.
14 15
47
REFERENCIAS
1. Varios autores, 2010. Plan Hidrológico
de Gran Canaria. Ed. Consejo Insular de
Aguas; www.aguasdegrancanaria.com.
2. Naranjo, M., Oromí, P. Pérez, A.J., Gonzá-
lez, C., Fernández, O., López, H.D., Mar-
tín, S. 2009. Fauna cavernícola de Gran
Canaria, secretos del mundo subterrá-
neo. Ed. Sociedad Entomológica Canaria
Melansis. 106 pp.
3. Ortuño V.M., Gilgado J.D., Jiménez-Val-
verde A., Sendra A., Pérez-Suárez G., et
al. 2013. The “Alluvial Mesovoid Sha-
llow Substratum”, a New Subterranean
Habitat. PLoS ONE 8(10): e76311.
doi:10.1371/journal.pone.0076311
4. Wunderlich, J. (1992a) Die Spinnen-Fau-
na der Makaronesischen Inseln: Taxono-
mie, Ökologie, Biogeographie und Evolu-
tion., Beitr. Araneol. 1: 1-619.
5. Stock, J. 1980. Regression model evolu-
tion as exemplified by the genus Pseudo-
niphargus (Amphipoda). Bijdragen tod de
Dierkunde 50: 105-144.
6. Glasby, C.J., Timm T., Balian E.V. 2008.
Global diversity of polychaetes (Polychaeta;
Annelida) in freshwater. Hydrobiologia (The
Hague) A. 2008, vol. 595, pp. 107-115.
7. Onac B.P. and Forti P. 2011. Mineroge-
netic mechanisms occurring in the cave
environment: an overview. International
Journal of Speleology, 40 (2), 79-98.
Tampa, FL (USA). ISSN 0392-6672. DOI:
10.5038/1827-806X.40.2.1
9. Los reflejos en el interior
de Los Ancones dibujan
un mosaico estrellado.
M. Naranjo.
10. Las gotas de agua flotan
sobre una película
hidrófoba de bacterias
(Los Ancones). M. Naranjo.
11. Unos minúsculos
colémbolos se deslizan
sobre el agua de la mina.
M. Naranjo.
12. En Artejévez sorprende
la gran altura
de la excavación.
M. Naranjo.
13. Tobas y basaltos colorean
el interior de la galería de
Artejévez. M. Naranjo.
14. Las extrañas perlas
de las cavernas (pisolitas)
en el interior de una
galería de Gran Canaria.
M. Naranjo.
15. El goteo sobre un
pequeño charco está
generando perlas de las
cavernas. Galería en La
Aldea de San Nicolás.
M. Naranjo.
EXPLORANDO CUEVAS:
DE LA CURIOSIDAD AL PÍXEL
Octavio Fernández Lorenzo
TÉCNICO DEPORTIVO EN ESPELEOLOGÍA
COORDINADOR DEL CATÁLOGO DE CAVIDADES DE CANARIAS (FEDERACIÓN CANARIA DE ESPELEOLOGÍA)
GE TEBEXCORADE - LA PALMA; contacto@tebexcorade.com
04
50
EXPLORACIÓN ESPELEOLÓGICA:
LA CURIOSIDAD INNATA
Si hay una motivación que alienta a los espeleólogos con ánimo de explo-
ración es la certeza de que, muchas veces, somos los primeros humanos
en hollar un lugar. De acuerdo: no es pisar La Luna pero, ¿cuántas perso-
nas pueden decir ‘soy el primero/a en estar aquí’?
No se puede entender la figura del espeleólogo sin relacionarla con
una curiosidad innata. Solamente así podremos comprender la pasión
que nos mueve a adentrarnos en espacios no sólo inexplorados, sino
en muchas ocasiones hostiles y que ponen a prueba nuestras capaci-
dades físicas, técnicas y mentales. De las disciplinas presentes en el
mundo de la montaña, la espeleología es posiblemente la que más se
caracteriza por desarrollar sus propios métodos, materiales y técnicas,
además de cruzarse transversalmente con diversas ramas científicas
como parte fundamental de su práctica. El hallazgo de nuevas espe-
cies, restos arqueológicos o paleontológicos, y su necesario contraste
con especialistas de cada ramo es otro de los grandes alicientes de
este deporte-ciencia. Es tan emocionante el hecho de ser los primeros
FOTO PORTADA CAPÍTULO
La práctica de la exploración
espeleológica va asociada
al paso de muchas horas
en el exterior en búsqueda
de bocas. O. Fernández.
1. Prospección en exteriores
en búsqueda de bocas.
Santa Lucía de Tirajana,
Gran Canaria. D. Gómez.
2. Vía de espeleología alpina
instalada para asegurar
el acceso a un tubo volcánico
colgado. D. Gómez.
3. Aplicación de técnicas
verticales a la exploración
de cortados de barrancos.
A. Guillén.
4. Instalación de técnica alpina
realizada para asegurar
el acceso a un tubo volcánico
colgado en un cortado
de barranco. O. Fernández.
1
51
humanos en estar en ese lugar como la perspectiva de lo
que allí podamos encontrar.
Esta investigación vinculada a la exploración resulta un in-
grediente fundamental en algunos ámbitos. Las cavidades
volcánicas que podemos encontrar en Canarias (salvo ca-
sos excepcionales, como la Cueva del Viento en Tenerife, la
de Don Justo en El Hierro o las galerías de Timanfaya en
Lanzarote) no se comparan en extensión o complejidad con
otros sistemas cavernosos que se desarrollan en macizos
kársticos. Por tanto, si en grandes cavidades el solo hecho
de recorrerlas supone suficiente satisfacción para el espeleó-
logo-lúdico, en la mayoría de las grutas volcánicas la mera
visita ‘sabe a poco’. Es en este punto donde la combinación
de la espeleología lúdica y científica se convierte en un ele-
mento crucial para mantener vivo el gusanillo. Si lo hace-
mos bien, ese gusanillo tendrá una vida larga y próspera.
Pero, para comenzar a devanarse los sesos con los secretos
que nos aguardan en una cueva o sima, antes hay que loca-
lizarla. Esta fase hace que el espeleólogo, paradójicamente,
pase muchas horas en superficie explorando zonas poten-
ciales, caminando fuera de senderos, conversando con los
lugareños, o consultando crónicas y leyendas.
PROSPECCIÓN EN BÚSQUEDA DE CAVIDADES
La relación del ser humano con la caverna queda estableci-
da desde nuestros mismos orígenes. La simple necesidad de
un lugar de cobijo u obtención de recursos (agua potable, por
ejemplo) explica ese vínculo. La naturaleza del hombre, su cu-
riosidad y sensibilidad, acaba a la postre reforzando esta unión
y convirtiendo las cavernas en nuestro primer hogar. Por ello, las
cuevas están muy arraigadas en la cultura popular. Las fuentes
1
2
3
4
52
orales, por tanto, son uno de los pilares en la búsqueda de cavidades, pero
están dotadas de un doble filo con el que nos cortamos en ocasiones.
La leyenda popular está profusamente nutrida con historias de cuevas, nor-
malmente narradas con “un barniz” de miedo y respeto, lo que muchas
veces se refleja en su denominación (Cueva del Diablo, del Infierno, del
Perdido...). Sin embargo, pocas son las personas que realmente han visita-
do las cuevas objeto de las historias. Lo que recabamos es un comentario
que ha pasado de boca en boca y a saber durante cuántas generaciones.
Además, en la mayoría de las ocasiones, las personas que las visitan tien-
den por multitud de factores (una mala iluminación, una incursión realizada
muchos años atrás, incluso durante la infancia y tergiversada posterior-
mente por la memoria) a magnificar las características de las mismas. En
Gran Canaria, es conocido el caso de la Cueva de la Brusca o El Palmar, del
que se relata que es kilométrica cuando en realidad no supera los 50 m,
o El Bucio en Telde, con 35 m y del que los cazadores locales dicen que
los hurones que se adentran en él aparecen 2 km más arriba
1,2
. Nuestra
experiencia en la prospección para el Catálogo de Cavidades de La Palma
ha llegado a establecer la siguiente regla aproximada: la longitud que se le
atribuye a la cueva en los comentarios populares hay que dividirla por diez.
Pero si bien la toponimia y las referencias orales son un buen punto de
partida, la búsqueda de cuevas se nutre de más disciplinas –no en vano
en los cursos de formación que imparten las Federaciones de Espeleología
se tratan materias como geología, hidrografía, meteorología, cartografía y
topografía– que harán falta antes o después a lo largo de una prospección
de cierta entidad.
En el caso particular de las cavidades volcánicas, sabemos que no las
vamos a encontrar en cualquier parte (aunque siempre pueda haber
alguna sorpresa), y que van a cumplir con unas características deter-
minadas. Una vez que el comentario popular es coherente con una rea-
lidad geológica que lo respalde –como puede ser la presencia de lavas
cordadas– las perspectivas de una exploración fructífera aumentan y
el siguiente paso es planear la aproximación al lugar con seguridad…
5
53
¡y legalidad! Muchas veces las posibles bocas se encontrarán en terrenos
particulares o en espacios protegidos, por lo que será necesario contar
con las debidas autorizaciones. Y la seguridad es otro pilar fundamental.
De hecho, son varias las cuevas que hemos explorado que han reque-
rido de jornadas enteras solamente para asegurar el acceso mediante
cuerdas, o la apertura de senderos allí donde no los había. Una vez se
localiza una cavidad hay que profundizar en la prospección de la zona,
pues otro aspecto a tener en cuenta es que donde se halla una cueva
volcánica, seguramente hay más. En otras ocasiones, los indeseados
incendios forestales o riadas, “sacan a la luz” jameos o bocas de cuevas
que antes se ocultaban bajo la vegetación o sedimentos. No hemos de
olvidar que la entrada a un gran sistema de galerías subterráneas puede
tener unos pocos decímetros de diámetro: buscar algo así en un sotobos-
que es como hallar una aguja en un pajar.
Y así, si al fin localizamos una nueva cavidad susceptible de ser explorada,
toca pertrecharnos con el equipo adecuado para prospectar bajo tierra.
LA EXPLORACIÓN SUBTERRÁNEA Y SUS LÍMITES
Un equipo de espeleólogos bien instruidos y organizados está preparado y
tiene medios a su alcance para explorar una cavidad aérea (es decir, que
no esté anegada por el agua), mientras sus dimensiones lo permitan. En el
caso de una cueva inundada, la exploración también puede continuar, pero
5. La Cueva del Palmar o de La
Brusca, en Mogán,Gran Canaria,
es un caso de magnificación
de la realidad a través
de la leyenda: los comentarios
populares dicen que tiene varios
kilómetros, pero en realidad no
supera los 50 metros. O. Fernández.
6. Los incendios forestales pueden
ayudar a la prospección en busca
de nuevas cuevas al dejar el terreno
despejado de maleza. O. Fernández.
6 6
54
aquí nos sumergimos en el campo del espeleobuceo, una de las disciplinas
deportivas más peligrosas del mundo, que no es objeto de este artículo.
Sin embargo, sin necesidad de cruzar la frontera dibujada por el líquido
elemento, las cuevas ponen a prueba a los espeleólogos de secano cada
vez que sus dimensiones se hacen impracticables. Conviene resaltar el
término ‘impracticable’, pues si bien muchas personas no se atreverían a
adentrarse en algunos lugares más o menos estrechos, los espeleólogos
experimentados llevan dichas estrecheces al límite; en nuestra experien-
cia, actualmente somos capaces de superar pasos de unos 20-22 cm
de altura en los que con cierta frecuencia es necesario aplicar técnicas
de relajación, como el control de la respiración para conseguir reducir el
volumen de nuestra caja torácica al mínimo imprescindible, pues siempre
es la estructura ósea (normalmente la caja torácica en los hombres, y las
caderas en las mujeres) la que limita el poder superar un paso estrecho.
Pese a todo ese esfuerzo, siempre llega un punto en el que no se puede
pasar… lo que no implica que estemos en el final de la cavidad: habrá
que dilucidar si la cueva continúa. Primero, visualmente tendremos una
clara prueba si tras el estrechamiento vislumbramos un área de mayor
altura o anchura y otro factor, importantísimo, es la presencia o no de
corrientes de aire. La existencia de flujo de aire es, en la mayor parte de
los casos, una garantía de que la cueva continúa. Por otra parte, el equipo
de exploradores ya habrá realizado en ese momento una topografía de la
parte transitable de la cavidad. La comparación de dicha topografía con
el relieve superficial, así como con el trazado de otras cuevas que pudiera
haber por la zona, es una herramienta muy valiosa para evaluar alinea-
ciones de tubos volcánicos, localizar posibles nuevas bocas, etc. Puede
ocurrir que, simplemente, hayamos llegado al punto donde un ramal no es
practicable, pero que a dicho punto se pueda llegar desde el otro extremo
si la cavidad tiene trazado laberíntico. Esa es justamente la historia tras
la ‘angostura del apretón de manos’ que se localiza en una cueva palme-
ra. Tras la realización de la topografía, se observó una clara alineación
entre dos ramales que terminaban en sendas estrecheces impracticables.
Se comprobó la unión mediante una visita de campo, y ocurrió que el
paso estrecho en el que acababa cada ramal era exactamente el mismo,
7. Espeleólogo de punta forzando
un paso estrecho extremo,
sin desobstrucción. D. Gómez.
8. Apretón de manos a través
de una conexión impracticable
localizada tras la comparación
relativa de la topografía de dos
cuevas próximas. El replanteo
topográfico confirmó que no se
trataba de dos cuevas, sino
de una sola. F. Rodríguez.
9. Desobstrucción por medios
mecánicos de un paso
impracticable con fuerte corriente
de aire (La Palma). Tras superar
la estrechez se accedió
a un pequeño tramo de galerías
vírgenes que albergaba restos
paleontológicos de gran interés.
O. Fernández.
55
y aunque no se pudo pasar, los exploradores que fueron
por ambos extremos sí que pudieron estrechar sus manos,
bautizando así el lugar
3
. En otra ocasión, tras haber elabo-
rado y comparado la topografía de dos cavidades próximas,
se observó la alineación de un ramal con un cierto margen
de error. La comprobación de campo verificó nuevamente
que los ramales se conectaban en un punto impracticable,
confirmando así que no se trataba de dos cuevas, sino de
una sola. Con todo, también existe el caso frecuente de que
un paso estrecho sea del todo infranqueable, y que no haya
alineaciones claras con otras cuevas próximas o ramales
de la misma cueva. Pero puede haber indicios consistentes
como una fuerte corriente de aire más o menos constante a
lo largo del año. Entonces, hay que valorar si se lleva a cabo
un procedimiento muy extendido en la exploración espeleo-
lógica, pero que al fin y al cabo es un poco traumático para
la cavidad: la desobstrucción.
La desobstrucción en espeleología consiste, ni más ni me-
nos, en agrandar las dimensiones del paso estrecho al que
nos enfrentamos mediante medios mecánicos o incluso con
el empleo de micro-explosivos, dependiendo de la compaci-
dad de la roca que tengamos entre manos. Son muchos los
casos en los que dichas desobstrucciones nos acaban con-
duciendo a nuevos tramos de galerías, en ocasiones com-
pletamente vírgenes al no contar con ningún otro acceso
natural. Naturalmente, este tipo de trabajos –muy delicados
y puestos en práctica sólo por espeleólogos muy experimen-
tados– no se emprenden a menos que las ‘pistas’ a nuestro
alcance sean realmente jugosas, pues no sólo suponen dete-
riorar puntualmente el estado natural de la cueva, sino que
se trata de empresas de riesgo y que pueden llevar muchas
jornadas de trabajo. Algunas desobstrucciones son de tal
envergadura que son comenzadas por una generación de
exploradores y continuadas por la siguiente...
8
7
9
56
PROCEDIMIENTO TOPOGRÁFICO EN ESPELEOLOGÍA
El método empleado para la realización de levantamientos topográficos en el medio subterráneo está condi-
cionado por las características del mismo. La elevada humedad, total oscuridad y escasez de espacio limitan
los instrumentos que se pueden utilizar para realizar mediciones bajo tierra de manera eficaz. La utilización
de aparatos profesionales de elevada precisión como estaciones totales o receptores GPS diferenciales es
inviable en la mayoría de los casos y queda relegada al levantamiento de cavernas singulares dentro de
un proyecto específico (como por ejemplo la adaptación al turismo de un tramo de cavidad). Los grandes
espacios subterráneos, como por ejemplo la conocida Sala de La Verna en el Sistema de la Piedra de San
Martín (España-Francia) son susceptibles de levantamientos mediante escáneres láser que proporcionan
una definición muy exacta de sus contornos. Pero hablamos de un lugar en donde se ha volado con un globo
aerostático… la mayoría de las cuevas no alcanzan una dimensión siquiera similar.
La topografía cotidiana para los espeleólogos se basa en un método de poligonal orientada mediante brújula
y colgada, aunque rara vez puede ser encuadrada si estamos en el caso de una cavidad con varias bocas
suficientemente separadas que permitan una georreferenciación precisa mediante GPS in situ o bien visando
a otros puntos conocidos.
Se trata de establecer tramos rectilíneos en el interior de la cavidad, de tanta longitud como permitan
los parámetros que hemos de representar sin ser desvirtuados: la dirección de la galería y su inclinación,
fundamentalmente. Por ejemplo, aunque tengamos una larga galería que no varía de dirección, podría ser
necesaria la elaboración de una poligonal de muchos tramos si dicho tramo tiene subidas y bajadas que lo
aconsejen. Cada uno de estos tramos de la poligonal recibe el nombre de visual topográfica. Una vez estable-
cida la línea poligonal se utilizan sus vértices como bases topográficas principales (o estaciones) para medir
respecto de ellas el contorno de la cavidad, es decir, sus paredes, techo y suelo. El método se puede hacer
más preciso tomando mediciones no solamente en las estaciones, sino en cualquier punto intermedio de la
57
visual, método empleado generalmente en el GE
Tebexcorade – La Palma y con el que se ha hecho el
actual levantamiento topográfico de las cuevas de
la Montaña de Aslobas (precisión Grado 5d BCRA).
Para la obtención de los parámetros que definen
cada visual se pueden emplear diversos instrumen-
tos, siendo los tradicionales un juego de cintas mé-
tricas, además de una brújula y un clinómetro de
precisión y la respectiva libreta o estadillo topográ-
fico. Ofrecen suficiente nivel de certidumbre para las necesidades de los espeleólogos y no es un equipo exce-
sivamente caro. Actualmente, se tiende a la sustitución de las cintas métricas por telémetros láser que simpli-
fican y aceleran el trabajo de campo. En una evolución de estos aparatos, la incorporación de acelerómetros y
captadores de campo magnético al haz láser permiten obtener de una tacada los tres parámetros que definen
la visual: dirección (rumbo), inclinación y longitud. Igualmente, los dispositivos más avanzados se conectan de
manera inalámbrica a un ordenador de mano o una tableta, lo que permite usar un estadillo topográfico digital
y elaborar in situ los cálculos de proyecciones y declinaciones magnéticas. Dicho de otro modo, podemos ir casi
dibujando en tiempo real sobre la tableta la cueva que estamos topografiando, lo cual es una gran ayuda en
grandes cavidades o en nudos laberínticos para la corrección de errores y cierres de bucles.
Si tenemos en cuenta que estos dispositivos (láser con captadores magnéticos y acelerómetros) son adapta-
ciones de otros materiales hechas por los propios exploradores (y el software utilizado en muchos casos, tam-
bién), entenderemos la necesaria pasión que mueve a los espeleólogos y clubes que practican la topografía
espeleológica, una disciplina fundamental para cualquier exploración subterránea.
Trabajos de topografía mediante láser en la Cueva
de los Arrepentidos, Gran Canaria. O. Fernández.
Topografía volumétrica de un conjunto
de galerías de desarrollo superior
al kilómetro encontrado en La Palma
tras la desobstrucción de un paso
estrecho soplador. D. Gómez.
58
LAS CUEVAS FANTASMA
Pero ¿qué ocurre si no hay paso estrecho, si no hay sospecha de una
conexión atmosférica pero sí indicios de un mayor recorrido? Los tubos
volcánicos tienen una dinámica de formación relativamente simple: los
genera una corriente de lava subterránea que se comporta en buena ma-
nera como un río. Dicha corriente puede sifonarse en algunos puntos,
particularmente donde la pendiente se aproxima a cero (pues los tubos
volcánicos necesitan una cierta pendiente para formarse). Uno de estos
sifonamientos consiste, simplemente, en que el techo y el suelo de la cue-
va llegan a tocarse mientras la lava todavía está incandescente, quedando
por tanto soldados. Sin embargo, en muchas ocasiones se ha podido
llegar por ambos extremos de estos sifones de lava, pues se encuentran
en mitad de ramales bien accesibles. Tras elaborar la correspondiente to-
pografía, hemos comprobado que en muchos casos la longitud de la parte
taponada del sifón es siempre inferior a un metro. Y son también muchas
cuevas las que terminan en este tipo de sifones.
Aunque algunos sifones hayan demostrado tener poca longitud, no signi-
fica que todos la tengan, ni que tras todos ellos el tubo volcánico pueda
continuar. Una vez más si la prospección exhaustiva de la zona confirma
que dicha cueva fantasma no tiene bocas naturales, llega la gran duda:
¿excavamos? Hacerlo o no depende de otros factores. En ocasiones, estas
cuevas fantasma pueden quedar a la larga abiertas por la acción humana,
si están cerca de zonas antropizadas y son tubos volcánicos someros. En
esos casos, se trata de ser pacientes y esperar a que alguna excavadora
‘pinche’ la cueva de cuya existencia sospechamos. Sin embargo, en otras
ocasiones sólo queda una opción: excavar un túnel a través del sifón de
lava. Esta acción no ha sido puesta en práctica todavía en el archipiélago
Canario, sin bien hay varias cuevas candidatas en la isla de La Palma y
probablemente en Gran Canaria. En cambio, no es nada nuevo en otras
zonas del planeta con tubos volcánicos de envergadura, y de hecho se ha
puesto en práctica exitosamente en varios puntos del mismísimo Kazu-
mura-Ola’a Cave system (el tubo volcánico de mayor desarrollo del plane-
ta, en Hawaii)
4
. En cualquier caso, y sea cual sea la desobstrucción que
10. Acceso a un tramo de cueva
fantasma localizado tras
una excavación en sedimentos.
O. Fernández.
11. Desobstrucción en sedimentos
en búsqueda de una cueva
fantasma tras los preceptivos
levantamientos topográficos
que indicaban su presencia
(Sistema de Tigalate, La Palma).
O. Fernández.
10
11
59
se practique (un simple ensanchamiento o un túnel en toda regla), se ha
de tener en cuenta que es una acción traumática, con un objetivo explo-
ratorio y puntual. Se ha de documentar suficientemente el lugar antes de
cualquier intervención, y una vez terminada la exploración de las galerías
que puedan aparecer tras la zona desobstruida, se debería devolver el
paso a su estado natural.
PERSPECTIVAS DE EXPLORACIÓN ESPELEOLÓGICA
EN GRAN CANARIA
Tradicionalmente se ha considerado a Gran Canaria como una isla pobre en
cuevas. Eso es, sin duda, una afirmación injusta; si bien es difícil que pue-
dan descubrirse grutas de extensión o atractivo lúdico como las presentes
en otras islas más jóvenes (los tubos volcánicos se desploman con el paso
del tiempo), está igualmente claro que la exploración espeleológica de la
isla no se había desarrollado en profundidad. La prospección llevada a cabo
desde 2007 ha puesto de manifiesto que las cuevas de origen volcánico en
Gran Canaria son más abundantes de lo esperado; desde entonces se han
descubierto 11 cavidades de las que no se tenía constancia documental, al-
gunas de ellas de notable singularidad o excepcionales, como en el caso de
la Montaña de Aslobas. Es posible que no encontremos cuevas con grandes
desarrollos, pero el hallazgo de cualquier nueva gruta es una oportunidad
de enriquecer nuestro patrimonio natural y cultural.
Como ha quedado manifiesto, la exploración espeleológica no es sencilla
y hasta en muchas ocasiones frustrante. Pero también reconforta cuan-
do despuntan nuevos ‘Aslobas’. La colaboración entre distintos grupos y
colectivos que desarrollan sus actividades en el mundo de la montaña,
así como el intercambio de información será tan necesaria como la pre-
sencia de exploradores locales bien formados y, sobre todo, con voluntad
de ahondar en el plano científico de la espeleología y no solamente en el
lúdico. En el GE Tebexcorade – La Palma hemos mantenido siempre una
estrecha relación con la Isla Redonda (muchos de sus socios han pasado
su etapa universitaria en la ULPGC y algunos son de hecho naturales de
12. Equipo de espeleólogos
preparándose para actividad
de topografía y fotografía.
Cueva de Los Arrepentidos,
Gran Canaria. D. Gómez.
13. Equipo de exploración
del G.E. Tebexcorade, campaña
de exploración de la cueva
de Aslobas. (G.E. Tebexcorade -
La Palma).
13
12
60
Gran Canaria) y creemos que extrapolar el modelo de exploración que
llevamos aplicando en La Palma durante los últimos 20 años también
puede funcionar en esta isla. Con la perspectiva adecuada, los misterios
subterráneos de Gran Canaria continuarán saliendo a la luz y las personas
que en distinta medida hemos contribuido a ello nos sentiremos igual de
satisfechas que al hollar una cueva inexplorada por primera vez.
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13
13. Equipo de espeleólogos
pertrechado para exploración
vertical en exteriores. P. Rodríguez.

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