Está en la página 1de 32

AXIS MUNDI

Nº 15 - JULIO 2014

AXIS MUNDI

AÑO 2 - Nº 15

JULIO 2014

PUBLICACIÓN OFICIAL DE LA ESCUELA DE FILOSOFÍA INICIÁTICA

Publicación de la Escuela de Fi- losofía Iniciática y el Programa de estudios “Opus Philosophicae

Publicación de la Escuela de Fi- losofía Iniciática y el Programa de estudios “Opus Philosophicae Initiationis” (OPI)

Director responsable Phileas del Montesexto

Articulistas de este número Joan Almirall Arnau José Rubio Sánchez Phileas del Montesexto Manuel Arduino Eduardo Ciotola Mosnich

Articulistas externos Gil Fronsdal Giusseppe Lanza del Vasto

Correctores

John Tyrson

Eladio Ortega

Página web www.revistaaxismundi.com

Los conceptos vertidos en cada uno de los artículos es de completa responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión del Programa de estudios OPI.

CONTENIDO

Solve et Coagula

3

Por Phileas del Montesexto

Hic Sunt Dracones

5

Por Phileas del Montesexto

La fuerza del grupo: el Arquetipo

9

Por Joan Almirall Arnau

El Tao de la Carretera (IX)

11

Por José Rubio Sánchez

Humor

14

Por Caloi

Bestiario del más allá (II)

15

Por Manuel Arduino

Los barrenderos del monasterio

19

Por Gil Fronsdal

La llama no se apaga

21

Por el equipo de redacción

Preguntas y Respuestas

23

Por Phileas del Montesexto

Imbéciles, charlatantes y sabios

25

Por Giusseppe Lanza del Vasto

Cazadores de Símbolos

28

Por el equipo de redacción

Arte y ciencia de la Paciencia

30

Por Eduardo Ciotola Mosnich

EDITORIAL

Solve et Coagula

“La mente, así como los metales y los elementos, puede transmutarse de grado en grado, de con- dición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración” (“El Kybalión”)

“Solve et Coagula”: dos palabras latinas que sintetizan toda la Gran Obra, y que nos hablan de

la disolución y muerte del “Hombre Viejo” que debe dar paso al nacimiento de un “Hombre

Nuevo”, virtuoso e integrado. Esto significa derrumbar un viejo edificio corrompido y construir

–usando sus propios escombros– algo nuevo y mejor, que es una simple aplicación del enunciado

de Lavoisier: “Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma”.

Mediante el “Solve et Coagula” los opuestos son equilibrados y se pone fin a todo antagonismo entre el espíritu y la materia, en un encuentro armonioso donde lo corpóreo es espiritualizado y lo espiritual es corporizado. Es la re-unión polar de “lo fijo” y “lo volátil” de la cual hablan los alquimistas: “Fac fixum volatile et volatile fixum”.

Pierre Vincenti Piobb recomendaba: “Analiza todo lo que eres, disuelve todo lo inferior que hay en ti, aunque te rompas al hacerlo; coagúlate luego con la fuerza adquirida en la operación ante-

rior” (1) y este es el magno secreto de la Alquimia Espiritual, que no es otra cosa que la ciencia de la transmutación en el interior del atanor, es decir en el propio corazón del ser humano.

del atanor, es decir en el propio corazón del ser humano. Y si comprendemos que “todo

Y si comprendemos que “todo es doble, todo tiene

dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse”

(2), entonces toda transmutación se debe funda- mentar en un cambio de polaridad.

De acuerdo al Kybalión: “La maestría consiste (…) en el sabio empleo de las fuerzas superiores con- tra las inferiores vibrando en los más elevados. La transmutación (no la negación presuntuosa), es el arma del Maestro” (3).

Cada uno de nosotros es un alquimista y –como ta-

les– tenemos el poder de transmutar lo feo en bello,

lo vicioso en virtuoso, trabajando conscientemente

en los cuatro pisos del atanor: físico, vital, emocio- nal y mental.

La Ascesis Iniciática puede también ser llamada “alquímica” porque no habla de otra cosa que de este proceso de disolución y coagulación, en ocasiones llamado “alineación”, donde los venenos de los dragones de los cuatro elementos son contrarrestados con precisos antídotos. Como consecuencia de esta acción eficaz del “Solve”, la máscara de la personalidad se va diluyen- do paulatinamente hasta que al final emerge el verdadero rostro del “Hombre de Oro”, aquel que representa nuestra naturaleza luminosa.

La espada de doble filo y el hacha-labrys nos muestran de forma simbólica esta doble vía a la reintegración, ya que mientras uno de los filos “mata y aniquila” el otro otorga vida plena. Toda espada ceremonial se vincula con este doble proceso de destrucción y construcción: aniquila “hombres viejos” y genera “Hombres Nuevos”.

Para que nazca lo nuevo, debe morir lo viejo en un proceso metamórfico que conduce de la os- curidad a la luz, de la ignorancia a la sabiduría, del más profundo de los sueños al despertar de la conciencia.

“Solve et Coagula” significa transformar y reencauzar nuestras energías para lograr nuestras me- tas trascendentes, convirtiéndonos en instrumentos eficaces de lo Bueno, lo Bello, lo Justo y lo Verdadero.

Notas del texto

(1) Piobb, Pierre: “Clef universelle des sciences secrètes” (2) Tres Iniciados: “El Kybalión” (3) Tres Iniciados: op. cit.

Oración de la Paz (una plegaria para la transmutación)

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz. Que allá donde hay odio, yo ponga el amor. Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón. Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión. Que allá donde hay error, yo ponga la verdad. Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe. Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza. Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz. Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar, ser comprendido, cuanto comprender, ser amado, cuanto amar.

Porque es dándose como se recibe, es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo, es perdonando, como se es perdonado, es muriendo como se resucita a la vida eterna.

Hic Sunt Dracones

Phileas del Montesexto

“Si no quieres luchar, tampoco vencerás; te matarán en tu blando lecho. Pues el hombre tiene ante sí un ejército poderoso que combate de continuo contra él” (Jacob Böehme)

En la cartografía medieval solía aparecer una reveladora frase que tenía como cometido la intimidación de aquellos expedicionarios que tenían intenciones de aventurarse en territorios desconocidos: HIC SUNT DRACONES (“Aquí hay dragones”). (1)

Esa insólita nota de advertencia representaba un “non plus ultra” o “no más allá”, una invita- ción a permanecer en el mundo conocido y renunciar a cualquier exploración de esos territo- rios extraños.

a permanecer en el mundo conocido y renunciar a cualquier exploración de esos territo- rios extraños.

Desde una perspectiva iniciática, el mundo profano, desacralizado y simplón es la esfera del “non plus ultra”, del “no te atrevas”, del “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Por otro lado, el mundo iniciático-sagrado es observado como la esfera del “plus ultra” (más allá), de dar un paso al frente, para comprobar que la advertencia de los antiguos mapas es total- mente cierta: en nuestro camino ENCONTRAREMOS DRAGONES.

Todo dragón es una representación de nuestro adversario: el EGO, y este concepto fundamen- tal de la enseñanza iniciática fue transmitida de diversas maneras por los grandes instructores

de la humanidad (2). Jacob Böehme decía que “el dragón es la egoidad que nos aleja de Dios”

(3), mientras que Antonio Medrano consideraba que “el ego es nuestro peor adversario; el

principal obstáculo que impide nuestro avance en la senda de la realización interior; (…) el demonio que, alimentado por la ignorancia, atiza en nosotros la pasión, el vicio y el error” (4).

En la tradición judeocristiana este dragón-antagonista es más conocido en Occidente como Satán, que no es un señor caricaturesco con cuernitos, cola y tridente sino un “adversario” poderoso, una fuerza primaria presente en nuestro interior que nos pone a prueba día a día. Todos los impulsos internos que nos incitan a abandonar el sendero de la luz e identificarnos con lo externo, postergando lo verdaderamente importante y sumiéndonos en un profundo sueño, se pueden aglutinar simbólicamente en una sola figura: Satanás, el Diablo, el dragón venenoso.

El cabalista Yehuda Berg ha estudiado las tácticas de este adversario, afirmando que “Satán

limita nuestra visión y concentra nuestra atención en situaciones que alimentan nuestros egos, y dejamos entonces de apreciar y de recibir la riqueza que la vida nos ofrece” (5).

Podemos ver en el Diablo al pintoresco personaje del imaginario popular, o –por el contrario– adoptarlo como nuestro “personal trainer”, la personificación de todas las pruebas y desafíos de ese gimnasio psicológico que llamamos “vida”.

Siendo así, nuestro contendiente simbólico (Satán, el dragón) debe ser entendido como un exigente profesor de la Escuela de la Vida, que hace que los triunfos que vamos alcanzando sean más satisfactorios. En este panorama, los obstáculos se convierten en OPORTUNIDA- DES, ya que nos brindan la oportunidad de crecer, y tal como dijo Florence Scovel: “Hacién-

donos amigo de los obstáculos, ellos se transforman en un trampolín”.

“Si yo poseyese una fórmula para eludir las dificultades, no la difundiría a mi alrededor. A nadie haría ningún bien. Los inconvenientes engendran la capacidad de hacerles frente”. (Oliver Wendell Holmes)

La satisfacción plena anida en el esfuerzo. Si en la Escuela, los maestros y profesores no fueran exigentes y nos regalaran condescendientemente las mejores calificaciones, avanzaríamos gra- do a grado sin contratiempos, pero al final comprobaríamos que no aprendimos nada.

“Ningún mar en calma hizo experto a un marinero” dice el viejo adagio, y esto debe ser teni-

do en cuenta a la hora de enfrentarnos a las pruebas de la vida. La exigencia y el esfuerzo nos permiten llegar más lejos.

¿Qué es más satisfactorio? ¿Subir al Everest peldaño a peldaño o que nos lleven a la cima en helicóptero? ¿Peregrinar a Santiago durante un mes, caminando paso a paso, o recorrer la senda compostelana en coche?

En vinculación con esto, Helena Blavatsky veía en las desventuras de Job las enseñanzas sa- pienciales más acabadas, refiriéndose al bíblico “Libro de Job” como el “poema de la Inicia-

ción” por excelencia, aseverando que, éste, “nos descubre más claramente que otro alguno la

índole y naturaleza del concepto del Diablo” (6). De acuerdo con la escritora teosófica, en Job

“todo cuanto se relata es alegórico, y no se han de alarmar por ello las gentes piadosas, pues en tiempos antiguos era costumbre dar alegóricamente las enseñanzas morales” (7), concluyendo que en este libro, aunque es “mal comprendido y erróneamente interpretado, (…) es posible encontrar los ecos verdaderos de la Doctrina Arcaica” (8).

Por su parte, Alice Ann Bailey explicó que “comprendida esotéricamente la historia y aclarada su significado espiritual, el Libro de Job ocupará un lugar más destacado en el entrenamiento del aspirante, y su aplicación singular y correcta, a las necesidades de los hombres del siglo XXI, se convertirá en tema de estudio para los pensadores e instructores de todas partes”. (9)

Al mismo tiempo que en el mundo moderno se impone por doquier la cultura del “facilis- mo”, las corrientes iniciáticas –por su parte– siempre han propuesto la cultura del esfuerzo,

la constancia y la disciplina, el

pulido constante de la piedra bruta. Mientras que el profano

busca incesantemente el placer

y huye del dolor, el discípulo

sabe colocarse por encima de esta dicotomía, concordando con el Buddha que “el dolor es vehículo de conciencia” y que

tanto el placer como el dolor son necesarios en la Escuela de la Vida.

como el dolor son necesarios en la Escuela de la Vida. Tal vez la insistencia en

Tal vez la insistencia en es- tas premisas (hoy “fuera de moda”) sea una de las razones por la cual el conocimiento iniciático siga siendo margi- nal, desconocido y hasta me- nospreciado por la mayoría de los mortales. Lo realmente

valioso, cuesta esfuerzo. En palabras de la gran escritora Mariana Caplan: “Todo el mundo

quiere estar iluminado, pero nadie quiere pagar el precio. (

el circuito espiritual durante veinte años, quejándose de haberse desilusionado, abandonando a maestros espirituales que piden demasiado y dan demasiado poco, escribiendo acerca de su “antaño verdadera” aspiración, sin darse cuenta que son ellos mismos los que no se dan”. (10)

De este modo, la gente vaga por

)

Al célebre axioma de Delfos (“Conócete a ti mismo”), el insigne Ignacio de Loyola –muchas veces menospreciado por quienes transitan vías iniciáticas– le agregó otra recomendación tan valiosa como la primera: “VÉNCETE A TI MISMO”. Si reunimos estas dos máximas, podría- mos concluir: CONOCE tu naturaleza superior y VENCE tu naturaleza inferior.

¡Conócete y véncete! ¡Disipa las tinieblas, enfrenta tus dragones y HAZTE LO QUE ERES!

PASAR AL ATAQUE En la batalla de Marne, durante la Primera Guerra Mundial, el general
PASAR AL ATAQUE
En la batalla de Marne, durante la Primera
Guerra Mundial, el general Joffre dijo: “El ala
izquierda ha sido superada por los alemanes;
la derecha se encuentra en franca retirada;
el sector central está hundiéndose
¡Ha llegado el momento de pasar al ataque!”

Notas bibliográficas

(1) En algunos mapas de la Antigua Roma aparecía una advertencia similar: “Hic Sunt Leones” (“Aquí hay leones”) (2) En el marco de la ascesis iniciática, el dragón es entendido como tetramorfo o cuatriforme, o bien como cuatro dragones relacionados a los cuatro vehículos de la personalidad, que repre- sentan el desequilibrio y la inestabilidad de la personalidad (el ego). (3) Böehme citado por Antonio Medrano en “La lucha con el dragón” (4) Medrano: op. cit. (5) Berg, Yehuda: “El poder de la cábala” (6) Blavatsky, Helena: “Isis sin velo”, tomo IV (7) Blavatsky: op. cit. (8) Blavatsky, Helena: “La Doctrina Secreta”, tomo IV (9) Bailey, Alice: “Ocultismo en el Libro de Job” (10) Caplan, Mariana: “A mitad de camino”

La fuerza del grupo: el Arquetipo

(viene del número anterior)

Joan Almirall Arnal

Un grupo de personas es capaz de generar un patrón de energía determinado, eso permite que todos los participantes entren en contacto con ella y que ésta despierte su equivalente psíquico, de manera que el grupo la pueda activar a conciencia. Estas energías que responden a un pa- trón psicológico, como puede ser la “energía del corazón”, se la llame como se la llame (rosa del corazón, ser interior, yo soy, bodichita, compasión, devoción, bhakti yoga, etc.), en realidad, permanecen latentes en todo ser humano y el contacto con el grupo permite despertarla o ac- tivarla. De la misma manera a como se contagia el entusiasmo en un partido de fútbol, cuando una persona se pone a gritar y muchas otras le acompañan. Esta es un gran fuerza del grupo.

Pero hay más, o debería haber más. Ese patrón energético debería convertirse en un arqueti- po. ¿A qué me refiero aquí utilizando la palabra “arquetipo”? A una cierta forma o figura que

represente dicho patrón. Como por ejemplo una estatua de un Buda, realizada según determi- nados cánones. Ahora bien, generar una cierta energía no es difícil, al menos las más básicas son fáciles de generar porque constantemente estamos echando mano de ellas, fácilmente nos enfadamos, liberamos tensiones, envidiamos a otros, nos sentimos desgraciados, o como en las crisis donde todo el mundo está asustado y se producen unos comportamientos colectivos que repercuten en la economía de todo un país. El miedo es una energía psíquica muy básica

y muy fácil de congregar. Más difícil es encontrar un grupo con ideales elevados que permita

despertar energías elevadas, que respondan a ideales como la generosidad, la bondad, la pureza

o la compasión, etc., aunque haberlos haylos, en el anterior artículo hablé de algunos.

Pero una vez el grupo es capaz de despertar un determinado patrón de energía psíquica, el siguiente paso debería ser crear un arquetipo, una figura que la represente y encarne, y que se pueda convertir en el referente espiritual del grupo. Al menos así se ha hecho siempre. Toda religión iniciática o sociedad mística que utilizaba iniciaciones tenía un arquetipo de esta natu- raleza. La Francmasonería tenía a Hiram Abiff, es el modelo del Maestro Masón; la Rosacruz a Cristián Rosacruz modelo del Místico Cristiano y Alquimista; el Cristianismo en sus orígenes a Jesucristo; en Oriente el budismo a Buda, y en las distintas sectas hindúes a todos los dioses, como en otro tiempo sucedía en Occidente.

El gran problema de hoy es que ni se trabaja con patrones ni los arquetipos sirven a estos fines. Un arquetipo para que lo fuera, no podía representar nunca a una persona concreta, es decir, no debía estar demasiado humanizado, sino que su creación respondía a estrictas reglas y cáno- nes de ejecución. Las medidas de este arquetipo no podían ser cualquier cosa, sino que debían responder a determinados Números y Figuras que resonaran con el patrón energético que se quería representar. El grupo debe tener un arquetipo, un referente espiritual que encarne el pa- trón energético, pero que no puede ser cualquier cosa. Toda energía en el Universo se expresa según el Número, la Figura y el Sonido. Por eso, cada arquetipo tiene un mantra y una imagen que lo representa, no con la intención de personalizarlo, ni tampoco para generar con ella una fe ciega, sino para que el grupo resuene energéticamente viéndolo o repitiendo el nombre del devata. Y además, el Templo debe responder a las precisas medidas de desarrollo de ese patrón energético, de manera que todo en el Templo remita a la Figura central de la Divinidad, que no es otra cosa que una determinada concreción viva de fuerza psíquica, que busca despertar en quien se introduce en el Templo esa energía. Pero es más, si esa Figura Divina cobra fuerza y vida, será capaz de penetrar en nuestros sueños y venirnos a buscar tras la muerte y liberarnos, para acompañarnos a aquel espacio energético en el más allá donde la Figura Divina se desplie- ga, que no es otra cosa que el espacio inmaterial donde esa figura se ha creado. Para dar inten- sidad a la relación con la Divinidad los nuevos integrantes del grupo son “iniciados” reciben el permiso para entrar en el Templo, ver la Figura Divina y aprenden su nombre, el mantra y las fórmulas mágicas que permiten el contacto directo con esta Divinidad.

Una vez se ha purificado intensamente el Templo, se ha depurado la Figura para que pueda conectar con una energía muy elevada, habrá un grupo de personas, dentro del grupo o reli- gión, que se consagre al servicio del Devata, y adopten el compromiso de mantener una prác- tica constante, bien repitiendo el nombre, bien repitiendo los rituales diarios de servicio a la Divinidad, hasta que terminen por identificarse con la Divinidad, entonces aquellas personas recibirán el Nombre del Dios, o un Nombre relacionado con aquella Fuerza o Energía sublime. Esto es lo que intentaron hacer los maestros rosacruces del siglo XX, pero se perdieron por el camino, les faltó la capacidad de concretar una fuerza, en algún caso, de disciplinar una prác- tica, en otro, o de generar un arquetipo referencial, para que los iniciados pudieran convertirse en verdaderos rosacruces. El miedo de estos últimos fue crear una figura humana que encarna- ra el arquetipo con un aspecto demasiado personal, pues se quedaron en la etapa de formación del grupo capaz de liberar fuerzas de forma impersonal. ¡En fin, al final todos quedamos atra- pados por nuestro propio discurso!

(Continuará)

El Tao de la Carretera (IX)

José Rubio Sánchez y José Miguel Cuesta

Los mapas

Cuando salimos de viaje y queremos ir, por ejemplo, a Lisboa –no habiendo estado nunca en este preciosa ciudad–, a nadie se le ocurre meter los bártulos en el coche y empezar a conducir sin más, sin haberse enterado antes de, por lo menos, por qué carretera principal debe salir de la ciudad. Lo habitual e idóneo es coger un mapa de carreteras, establecer la mejor ruta y, luego, planear los trayectos y los descansos para realizar un buen viaje.

Hoy en día (2008), incluso podemos pedirle a un programa informático que nos trace la mejor ruta, donde prime la rapidez y/o la economía. Y el novamás: con la tecnología GPS podemos llevar un navegador vía satélite en el mismo coche; muy parecido a que “nos guíen desde el cielo”.

Sin embargo, en la vida muchos caminan sin guía, sin saber ni siquiera hacia dónde deben ir, porque ni ellos lo saben, ni les han enseñado, ni tienen un buen mapa de carreteras realizado por profesionales; por los que ya han viajado, medido, recabado información y de los que nos podemos fiar.

En este sentido estamos todos un poco desprotegidos. La vida tiene muchos misterios y, aun- que la ciencia trabaje día y noche en desvelarlos, muchas zonas son todavía inhóspitas y no

están reflejadas en los mapas de la Vida que nuestra civilización posee. No nos referimos a las guías que, por ejemplo, un padre da a su hijo, sino al Mapa de la Vida, el de todos, sea cual sea nuestra raza, condición social, edad o sexo.

Nos aventuramos a asegurar que cada civilización ha poseído sus “propios mapas” donde se especificaban “sus rutas”, y en todas las civilizaciones hubo místicos que mostraron al incrédulo mundo sus mapas para llegar a Dios.

En cierta ocasión, hablando precisamente de Dios, le preguntó un escéptico a un filósofo:

–¿Cómo puede hablar de Dios, de mística, del Alma, si no ha visto nada de estas “cosas”? Contestó el filósofo:

–¿Usted ha estado en China?

–No –dijo el escéptico.

–Entonces –preguntó el filósofo–, ¿cómo cree en China si nunca la ha visto?

El escéptico contestó raudo:

–Porque existen libros que hablan de China, fotos, mapas, que explican cómo es y cómo llegar

a ella.

–Del mismo modo –replicó el filósofo–, grandes místicos como Jesús, Santa Teresa, San Fran- cisco de Asís, Sankarachaya, Buddha, Hermes, Pitágoras, Plotino… nos han dejado los mapas con las indicaciones para llegar a Dios.

Obras como el Libro Tibetano de los Muertos, o el de la Oculta Morada egipcio, el Apocalipsis de San Juan, el Corán o la Biblia, son mapas que conducen al Tesoro Escondido, mapas que no nos dicen donde está Lisboa ni China, pero que nos indican el camino que debe seguir el Alma para encontrar su Patria Celeste.

Deprisa, despacio

Es curioso observar a conductores que van con sus coches por las carreteras con mucha tran- quilidad, quizá con excesiva tranquilidad, conduciendo como si pasearan, sin darse cuenta de que están imbuidos en la marea del tráfico. Parece como si disfrutaran viviendo o sintiendo cada metro del suelo que el coche recorre, o cada anuncio de publicidad que hay estratégica- mente situado en las fachadas de los edificios.

Hay otros que van por las carreteras desesperados, apurando el semáforo al límite, metiéndose

y retorciéndose entre los coches como serpientes, adelantando en fracciones de metro, muchas veces superando los límites de velocidad, viviendo sobre el filo de la navaja.

Estos dos extremos entre los cuales, evidentemente, existen muchos puntos intermedios, son como dos formas de encarar la vida: una quizá excesivamente tranquila, peligrosamente re- lajada, perdiendo tiempo en elementos superfluos ajenos al verdadero fin: llegar al punto de destino. Y otra dramáticamente alejada de la realidad del momento, demasiado pendiente de la meta final, olvidando, muchas veces, que a su alrededor circulan otros seres humanos.

Nos podríamos preguntar si una opción es más valida que la otra, o si, más bien, ninguna es la adecuada.

Aunque tal vez tampoco se trate de considerar cuál es más válida, y sean ambas distintas formas de huir de la Realidad, pues quizá el veloz, cuando llega a su punto de destino pierde misera- blemente el tiempo que robó en la carretera, y el lento es simplemente un hombre aburrido que no sabe cómo matar las horas y los días.

Pensamos que en gran medida, la manera en que uno encara la carretera es similar a cómo en- cara la vida. Algunos van por ella tan acelerados, tan pendientes del lugar al que quieren llegar, que no observan lo que hay a su alrededor: Naturaleza, amigos, familia…, y otros van tan len- tos, que parece que no quieran vivir y sólo esperan el momento de la muerte sin saber sacarle partido a las mil maravillas del mundo en el que estamos inmersos.

En un monasterio Zen, un viejo maestro se lamentaba cuando cualquiera de sus discípulos, llevado por el entusiasmo, se proponía alcanzar rápidamente el Nirvana. Se dedicaba a meditar y reflexionar intensamente, tanto, que olvidaba los pequeños detalles de la vida diaria. En otro monasterio se afirmaba: “Si pierdes el tiempo con los detalles del camino, nunca alcanzaras al Budha”. ¿A quién hacemos caso?

pierdes el tiempo con los detalles del camino, nunca alcanzaras al Budha”. ¿A quién hacemos caso?

Humor

Caloi

Humor Caloi 1 4 AXIS MUNDI

Bestiario del más allá

Capítulo II - Las larvas de los abortos

Manuel Arduino

Seguí las indicaciones de mi mentor lo mejor que pude. Cené liviano, evité leer o mirar televisión. Hice un ejercicio de meditación nocturna y me acosté.

No sé a qué altura de la noche me encontré volando, avanzando sin utilizar los pies en el sueño.

Sin que pudiera creerlo mi cuerpo atravesaba las paredes, los árboles, todas las cosas. Sólo

cuando dudaba de la capacidad para hacerlo, la materia astral ofrecía alguna resistencia, es decir

mi mente se volvía un contrapeso, el motivo fundamental de la resistencia. A lo largo de estas

experiencias sentía la presencia invisible de alguien que me estaba guiando escondidamente en el seno de la materia de los sueños.

De pronto, una voz, una voz que ya había conocido me dijo unas palabras que ya ni recuerdo. Sé

que obedecí esas palabras. En un abrir y cerrar de ojos me encontré flotando sobre un inmenso piélago, un inmenso y asqueroso piélago. No había agua sino gigantescas placentas o bolsas llenas de líquido color ambarino que se agregaban en un espacio inmenso y que se movían y revolvían. La voz del señor Leadbeater me dijo algo más:

-Observe con detenimiento la superficie del mar de placentas. ¿Alcanza a ver las pequeñas formas humanas que se mueven ciegamente entre cada una de las bolsas y que alzan los brazos pidiendo auxilio?

Miré en detalle aquel repugnante mar de placentas. En efecto, entre las bolsas se observaban pequeñas criaturas casi humanas que se movían desesperadamente buscando algo.

-¿Qué son? ¿Qué buscan? –le pregunté a mi guía.

El señor Leadbeater me explicó:

-Quería que comenzáramos por aquí: en el reino de los abortos. Existen todo tipo de abortos, estos que ve son sencillamente las formas astrales de los bebés que han sido abortados voluntariamente. Observe los rostros anegados en llanto, la expresión desesperada de sus gestos,

las formas contrahechas de sus cuerpecitos.

Me sentí conmovido por lo que estaba reconociendo en aquel terrible lugar profano.

-¿Son las almas? –le pregunté con ansiedad a Leadbeater.

-Sólo los pequeños dobles astrales, las imágenes semi-terminadas de los cuerpecitos de los bebés. Observe con detenimiento esas imágenes.

Obedecí. No eran cuerpos de bebés en el sentido que habitualmente le damos a ese concepto, se trataba de simulaciones, de imágenes parecidas, de simples humanoides.

-No han alcanzado a manifestarse como cuerpos, de modo que sólo conservan una cierta apariencia corporal.

Estaba sorprendido:

-Parecen dibujos animados en tres dimensiones.

-Son imágenes que sobreviven a los abortos por un cierto lapso de tiempo junto a las placentas astrales, imágenes que buscan consuelo y protección. Naturalmente no se trata de almas, las almas son esferas de luz espiritual, carecen de esta forma humana o de cualquier forma material. Estos son los restos de los incontables abortos que se practican minuto a minuto en el planeta.

-¿Y las almas de estas criaturas tronchadas?

-Las almas viven en su “limbo”, en su esfera, sufriendo un fracaso dentro de su plan de existencias.

De alguna manera el aspecto personal de las almas humanas se ve afligido por este crimen

horroroso y por la paralización temporaria de su proceso natural. Ahora sígame.

Nos movimos en alguna dirección. Nos movimos un breve trecho.

De pronto nos encontramos en una ambiente soporífero y muy húmedo con gases y aromas

deletéreos, casi sulfúricos. Visualicé incontables formas, pequeñas formas con piernas y brazos pero sin cabeza, o con una “gota gelatinosa” más grande en el lugar de la cabeza. Se movían a tientas y a ciegas sobre algo musgoso y terriblemente desagradable, algo que parecía bramar y ondear debajo de ellos.

El señor Leadbeater me explicó las cosas:

-Estos son los restos seminales, las formas vivas que surgen del esperma desperdiciado en la

masturbación y en otras prácticas sexuales. Estas larvas inundan el planeta en esta región baja

del astral. El semen humano tiene un inmenso poder creador, un poder que no concluye con la

eyaculación fuera de la matriz. Por el contrario, los resultados desastrosos de ese acto los puede

ver realmente, los puede objetivar, a lo largo de las vidas desnorteadas de las infelices víctimas de la compulsión onanista o de la perversidad sexual.

Observé en silencio aquellas formas patéticamente estúpidas moviéndose sin ton ni son encima

del gran bramido.

Leadbeater me explicó algo respecto a esa plataforma moviente debajo de las formas:

-Es la apariencia colosal que asume la pasión, el deseo sexual masivo y desenfrenado de la

humanidad. En este subplano del mundo astral, la casi totalidad del espacio está ocupada por estas miasmas deletéreas y esa gran superficie que brama, con la sorda vos del deseo que busca su satisfacción a cualquier precio. Ahora observe con atención por encima de usted.

Obedecí. Flotaban formas bellísimas de mujeres. De pronto advertí que por encima de este basural masturbatorio campeaban hermosas formas femeninas completamente desnudas.

-Se engaña me dijo Leadbeater. Propóngase “ver” a través de esos cuerpos tan hermosos.

Al entrecerrar mis ojos, miré a las ostentosas mujeres desnudas que llenaban el espacio. Para

mi sorpresa y espanto fueron cayendo convertidas en muñecas contrahechas y de aspecto

abominable.

-Las apariencias engañan, siempre –subrayó mi mentor. El deseo sexual les facilita a estas entidades elementales asumir la estampa de los furtivos anhelos de los varones que se masturban.

Pero una vez que el observador las contempla con ojos inquisitivos, revelan su verdadera naturaleza aparente: feos monigotes caprichosos de la naturaleza.

-¿Íncubos y súcubos?

-Todo eso, pero sin la leyenda y el mito idílico. En ocasiones estas tramposas larvas astrales llegan a obsesionar de tal manera al hombre o a la mujer que estos suelen tener relaciones sexuales con ellas.

-¿Relaciones sexuales?

-O algo parecido. Pero una de las características de estas formas sugestivas es que la matriz carece de profundidad. El varón en sueños intenta penetrarla y no lo logra: la frustración onanista llevada a su enésima potencia. ¿Comprende?

Asentí, estupefacto por lo que me estaba mostrando y explicando el señor Leadbeater.

Sólo alcancé a decir:

-¡Es terrible! ¡Es insoportable!

-Pero aún hay más, mucho más, amigo mío. Veamos qué formas de vida pululan sobre los lupanares.

Dijo estas palabras y ya nos encontrábamos sobre alguna “zona roja” de alguna metrópolis. No alcancé a visualizar en detalle las aristas y el perfil, la contraparte astral de aquellos antros. Pero me vi conmovido por el ruido a risotadas, el tenaz ruido a risotadas que se oía por todas partes. Surgiendo de los centros de placer los íncubos y súcubos y además todo tipo de formas semihumanas desnudas, con tres senos, con gigantescos falos, troncos femeninos exhibiendo grandes vaginas, una visión pareja a la de Jerónimo Bosch.

Leadbeater me dijo con cautela:

-Son las monstruosas creaciones del deseo más desenfrenado, de la pasión animal más ciega.

Correteaban sosteniendo sus gigantescos falos y penetraban a las formas semihumanas de aspecto femenino, mientras no dejaban de correr y de reír. Era un espectáculo simiesco, una vana y ridícula animación.

-Creo que para una noche es suficiente –me dijo Leadbeater.

Yo hubiera deseado continuar con la exploración.

-Es demasiado para una sola noche, mi buen amigo –me dijo mi mentor. Volveremos mañana. Ahora concéntrese en la idea de volver a su cuerpo, de volver al sueño, de descansar de tanta banalidad.

Seguí esas instrucciones al pie de la letra.

Entré en mi cuerpo físico. Abrí los ojos. Fui hasta el escritorio y me puse a transcribir mi primera visita al reino de la fantasía y del deseo.

La proeza había comenzado. Era cuestión de predisponerse de la mejor forma posible para continuar. Ignoraba qué había preparado el eximio clarividente. Sólo debía vivir normalmente y esperar.

(Continuará)

Los barrenderos del monasterio

Gil Fronsdal

La abadesa era una persona excepcional. Parecía tener siempre una sonrisa en sus ojos. Cuando lo miraba a uno, parecía como si ella te conociera mejor que tú a ti mismo. Una vez contó la siguiente historia de cómo fue su primera visita al monasterio:

“Cuando yo tenía 13 años, mi familia me enviaba a las montañas cerca del monasterio a recoger plantas comestibles para nuestra cena. Estas excursiones de búsqueda eran el único trabajo que me gustaba hacer; de lo contrario yo me inventaba cualquier truco con tal de evitar trabajar en la granja de mi familia. Aún me encontraba en la escuela, pero no me interesaba para nada; mi enojo funcionaba como una apreciada barrera para no aprender nada de lo que el maestro me enseñaba.

En uno de mis viajes de búsqueda, pasé por el monasterio en el momento en que los monjes estaban barriendo las hojas de los múltiples senderos. La primera vez que los vi trabajando quedé fascinada con la forma de hacer su trabajo. Durante muchos meses después, a menudo me paraba un rato a mirarlos barrer. Ellos trabajaban en silencio y con una eficiencia que parecía sin esfuerzo alguno.

Un día un monje caminó hacia mí y me preguntó qué estaba haciendo en las

montañas. La pregunta me asustó y me puso a la defensiva. Me molestaba que cualquiera insistiera en conocerme. En vez de responderle yo repliqué preguntando qué estaba haciendo él. El monje sonrió y replicó que le habían dicho que barriera

y que él solo mataba el tiempo hasta que

pudiera regresar a su cuarto para tomar

el tiempo hasta que pudiera regresar a su cuarto para tomar una siesta. Más tarde, cuando

una siesta.

Más tarde, cuando caminaba de regreso

a casa, pensaba acerca de su respuesta y

estaba contenta porque él no parecía muy diferente a mí. Cuando me pedían que hiciera algo, mi corazón nunca estaba

dispuesto y mi actitud era la de dejar pasar

el tiempo hasta que me dejaran libre. Tomar

una siesta era ciertamente preferible.

La siguiente vez que pasé por el monasterio en uno de mis excursiones de búsqueda, una monja dejó de barrer y también me preguntó qué estaba haciendo. De nuevo me sobresalté con la pregunta. La sentía

como una intromisión. Sin embargo, esta vez no me sentí tan defensiva. De nuevo, desvié la demanda preguntándole qué estaba haciendo ella. Me respondió que hacía un trabajo extra con la esperanza de ser asignada a la cocina que era cálida en invierno y siempre parecía haber una o dos galletas dulces de arroz de más en la despensa para picar.

Sin decir nada, asentí y salí para continuar mi búsqueda. La respuesta de la monja resonaba conmigo pues a mí también me gustaba estar calentita, y comer galletas dulces era una de mis actividades favoritas; superadas solo por el dormir.

La siguiente vez que pasé por el monasterio, un tercer monje me hizo la misma pregunta. Esta vez me sorprendió que yo no estuviera tan a la defensiva ni resentida porque me preguntaran algo. Sin embargo, otra vez le devolví la pregunta. Él me explicó que estaba barriendo como una disciplina espiritual para ayudarle a superar su enojo.

Más tarde, mientras iba por el camino de las montañas con mi mochila para las plantas sentí una afinidad con este monje. Él tenía enojo como yo. Pero me sentía sorprendida de que quisiera superarlo. Porque según mi idea, el enojo me protegía.

Una semana más tarde, estaba de nuevo afuera del monasterio observando a los monjes barrer. Otro monje se me acercó. Cuando me preguntó qué estaba haciendo, balbuceé algo acerca de recoger plantas. Tuve dudas de que pudiera escucharme: mi voz era apenas perceptible. Pero saqué suficiente fuerza para preguntarle qué estaba haciendo él. Me replicó que estaba embelleciendo el monasterio para que otros pudieran sentirse inspirados en su trabajo de transformación espiritual. Antes de dejarlo, le eché una mirada a los senderos bien barridos y comprendí que parte de la razón por la que me sentía obligada a observar cómo barrían los monjes era que ellos parecían estar transformando los caminos en algo que me hacía sentir tranquila y segura.

La siguiente vez que estaba parada afuera del monasterio observando a los monjes, iba a partir cuando se acercó otra monja, y antes de que pudiera preguntarme qué estaba haciendo, se lo pregunté a ella. Me miró con unos ojos bondadosos. Y después de lo que pareció un largo pero dulce silencio, me explicó que estaba barriendo para el servicio de todos los que vivían en el monasterio y que, practicando de esta manera, esperaba alcanzar la paz última.

Cuando dejé el monasterio ese día pensaba en esa extraña respuesta y no entendía qué quería decir con esto de servicio y paz. Y ciertamente no podía ver qué valor podía tener eso para mí.

La siguiente vez que visité el monasterio fue la última. Tenía una sensación extraña mientras caminaba por las montañas. Era un cálido resplandor de alegría que anticipaba lo que iba a encontrar. Cuando llegué al monasterio caminé hacia un viejo monje que parecía absorto barriendo. Le pregunté qué estaba haciendo.

Mientras respondía, cada una de sus palabras era como agua limpia que se derramaba sobre mí: “¿Yo? No estoy haciendo nada. Mi auto-consciencia está barriendo desde hace tiempo. No hay “yo” que esté haciendo algo.” Antes de que pudiera responder, me entregó la escoba y se fue caminando. Desde entonces estoy aquí.”

Fuente: Fronsdal, Gil: “A Monastery Within”.

Traducción al castellano: Catalina Acosta y Juan Felipe Jaramillo

La llama no se apaga

La llama no se apaga Arriba: Actividades al aire libre del grupo de estudios de Tegucigalpa

Arriba: Actividades al aire libre del grupo de estudios de Tegucigalpa (Honduras) Abajo: Taller “El Castillo Interior” en la ciudad de Rivera (Uruguay)

de Tegucigalpa (Honduras) Abajo: Taller “El Castillo Interior” en la ciudad de Rivera (Uruguay) AXIS MUNDI
Actividad pública en Huancayo (Perú) titulada “Cómo nacer de nuevo a través del estado de

Actividad pública en Huancayo (Perú) titulada “Cómo nacer de nuevo a través del estado de conciencia”

pública en Huancayo (Perú) titulada “Cómo nacer de nuevo a través del estado de conciencia” 2

Preguntas y respuestas

Phileas del Montesexto

Ad Rosam Per Crucem

Diego de Argentina pregunta: “¿Me podrían explicar mejor la frase “Ad Rosam Per Crucem” y “Ad Crucem Per Rosam” que aparece en la revista “Axis Mundi” número 9?”

Aunque el axioma tradicional “Ad Rosam Per Crucem, Ad Crucem Per Rosam” (“A la Rosa por

la Cruz, a la Cruz por la Rosa”) proviene de la tradición de la rosacruz primigenia, fue el francés

Jósephin Péladan quien la popularizó a finales del siglo XIX.

Las dos frases se complementan. “Ad Rosam Per Crucem” significa ascender hacia el Espíritu a través de la materia, es decir alcanzar el centro (la rosa) a través de las pruebas de la vida (la cruz).

No obstante, todo peregrino que viaje al centro debe regresar purificado para convertirse en “Maestro de dos mundos”, tal como explica Joseph Campbell en su estudio sobre el “viaje del héroe” (Véase: “El héroe de las mil caras”). En este sentido, “Ad Crucem Per Rosam” significa el retorno del peregrino purificado (bodhisattva), desde el “axis mundi” (la rosa) al mundo ordinario (la cruz).

Es la doble vía de la reintegración y la restauración, del trabajo interno como piedra basal para la construcción de un mundo nuevo y mejor.

La doble frase “Ad Rosam Per Crucem - Ad Crucem Per Rosam” significa la “coincidentia opposi- torum”, la armonía de los opuestos, las reunión de la rosa y la cruz a través de la imitación de Cris- to. No se puede entender una sin la otra, del mismo modo que no se puede hablar de un progreso individual si esto no va de la mano con un progreso comunitario.

Sobre los Maestros

Aprovechamos la pregunta de O.G. y M.A. de Honduras, que ha sido recurrente en los últimos tiempos: “¿Qué dice la Escuela de Filosofía Iniciática sobre los Mahatmas o Maestros de Sabidu- ría?”.

Si hay un sendero que lleva a la iluminación, tiene que haber –lógicamente– seres iluminados, que

ya han transitado la vía iniciática y que han alcanzado un estado de conciencia superior.

A estos Maestros Ascendidos, Mahatmas, Adeptos o Hermanos Mayores no necesitamos adorarlos

como santos, sino imitarlos, poniéndonos a su servicio. Colocarnos “al servicio de los Maestros de Sabiduría” (uno de los enunciados de nuestra declaración de Misión y Visión) significa continuar

su obra y convertirnos en SERVIDORES. Cuando hablamos de construir simbólicamente la “Cuarta Mesa del Grial” estamos hablando de convertirnos en instrumentos de la restauración de la sociedad primordial. Esta “Cuarta Mesa” es una forma de referirnos a una iniciativa sagrada donde se reúnen la espada y la escoba, para com- batir dragones y “barrer el polvo, barrer la suciedad” (Véase “Axis Mundi” Nº 10).

Todo Maestro externo (upaguru) es verdaderamente eficaz si logra indicarnos el camino a nuestro verdadero Maestro (satguru), que está en nuestro interior, más precisamente en el centro de nues- tro corazón.

Los verdaderos maestros no necesitan que se les rinda pleitesía, sino obreros sinceros que deseen ser SERVIDORES DE LA LUZ. Por eso no hablamos demasiado de los Hermanos Mayores. Cuan- do nos preguntan si nuestra Obra está inspirada en los Maestros o si está siendo ayudada por algún

Adepto, solemos contestar: “Si hacemos las cosas bien, tendremos el apoyo de los Maestros. Si ha- cemos las cosas mal, no la tendremos. Mientras tanto, tratamos de continuar su Obra”.

Algunas organizaciones se obsesionan con este tema, discutiendo si tienen o no el apoyo de los Maestros, o si lo han perdido. En verdad, este tema no debería estresarnos ni preocuparnos, pues debemos concentrarnos en lo verdaderamente importante: hacer lo que hay que hacer sin buscar recompensa por ello, cumpliendo con nuestra misión.

Hay una anécdota de Gandhi que ilustra este concepto: “Alguien le dijo al Mahatma: “Usted afirma

que está siendo guiado. También Hitler lo decía, por lo tanto ¿cómo podemos distinguir entre am- bas afirmaciones? Y Gandhi simplemente respondió: “Observe los resultados”.

distinguir entre am- bas afirmaciones? Y Gandhi simplemente respondió: “Observe los resultados”. 2 4 AXIS MUNDI

Imbéciles, charlatanes y sabios

Giusseppe Lanza del Vasto

La conjura de los imbéciles, de los charlatanes y de los sabios ha tenido un éxito perfecto. Esta conjura tenía por objeto esconder la verdad. Unos y otros han servido a esta gran causa, cada uno según sus medios: los imbéciles por medio de la ignorancia, los charlatanes por medio de la mentira, los sabios mediante el secreto.

Los imbéciles no quieren que se descubra la verdad. Sospechan, instintivamente, que les moles- taría. Si les fuera mostrada, apartarían la mirada; si se les pusiera en la mano, la dejarían caer; si se les forzara a mirarla cara a cara, gritarían horrorizados y correrían a esconderse bajo tierra. Los charlatanes no quieren que se descubra la verdad, porque arruinaría sus artificios, impediría su provecho y mostraría su vergüenza. Los Sabios que poseen la verdad no quieren que se des- cubra. Siempre la han tenido oculta por cuatro razones.

La primera: saben que Saber es poder y quieren apartar de él a los indignos. Porque el Saber en el indigno se vuelve malicia y el Poder, peligro público y plaga. Por esto, las reservas de cono- cimiento acumuladas durante milenios en los templos de Egipto permanecían inaccesibles a quien no había pasado por todos los grados de purificaciones y pruebas. Más tarde, los filósofos desconocidos, los nobles viajeros, los alquimistas, transmitieron de la misma manera los restos de la misteriosa herencia, es decir, de boca a oreja o, más bien, por la presencia y el ejemplo, en símbolos y enigmas; siempre bajo el sello del secreto. Si vivieron en la intimidad de las formida- bles fuerzas de la naturaleza, se guardaron mucho de hacer partícipes de ellas a los atolondrados. ¡Oh, Sabios que sabéis callar! ¿Dónde estáis? Merecéis que todos los seres vivos os proclamen su gratitud, ¡oh, Sabios! ¡Oh, Sabios que sabéis callar!, ahora hemos aprendido el valor de vues- tra prudencia, la grandeza de vuestra humildad, la profundidad de vuestra caridad. Ahora que

a los profanos se les ha ocurrido adquirir y propagar tanta ciencia como pueden, ahora que se

vanaglorian de sus descubrimientos con el mismo celo que vosotros habéis puesto en esconder los vuestros, hemos visto su resultado. Sin embargo, ¡cuán pequeña es su ciencia, exterior, super- ficial, precaria y limitada!, y ya vemos su resultado. Así, han envenenado las fuentes, minado la tierra, salpicado el cielo, trastornado y pervertido a los pueblos, corrompido la paz, deshonrado la guerra, y han suministrado al hombre de la calle tantos instrumentos de destrucción y de opresión que toda la familia de los seres vivos se ve amenazada, mientras continúa el progreso de este chancro.

La segunda razón de los Sabios para mantener oculta la Verdad, es que conocer es una operación de vida y una manera de nacer. Y nada puede nacer fuera de una envoltura. Una envoltura de carne o de corteza, de tierra o de misterio. Si abrís una semilla, ya no germinará; si abrís un lagar- to para ver lo que hay dentro, sólo encontraréis el resto del cadáver y no lo de dentro del lagarto, su interior se ha ido, ya que el lagarto está muerto. De igual modo, la ciencia abierta, propagada

y vulgarizada es ciencia muerta y fruto de muerte. Es un desierto de arena y no un puñado de

simiente. Al permanecer exterior no puede ser profundizada, sino sólo extendida, y la vida se le escapa. No puede conducir a la conciencia, que es nacimiento a uno mismo, ni a la vida interior.

En cambio, el conocimiento de los Sabios es una gaya ciencia que tiene sabor de alegría y soplo de espíritu. Y como todo ser vivo, aunque sea una mosca, defiende su forma y rehusa exhibirse.

La tercera razón de los Sabios para mantener oculta la verdad es su respeto por la dignidad del conocimiento. Ellos saben que ésta es la vía real que lleva al Dios de verdad. Ella ha de conducir a la contemplación, a la admiración de la naturaleza y a la adoración del creador. Debe aportar la luz a las almas, la exactitud a los pensamientos y la justicia a los actos. Debe dar salud y salvación. Los Sabios la han defendido tanto como han podido contra los hombres vulgares, por temor a que fuera apartada de su fin, desnaturalizada y envilecida, cosa que no han dejado de hacer los hombres vulgares desde que le pusieron la mano encima. Le han dado la vuelta utilizándola. Se han servido de ella en lugar de servirla. Estaba aquí para librarles de sus deseos y ellos la han uncido al yugo de sus tareas, la han forzado a aumentar sus posesiones. Estaba aquí para darles la conciencia y de ella han sacado la máquina. Han cogido el cáliz para hacerse una hucha y el crucifijo para hacerse una maza. Han enganchado la ciencia a sus motores, la han aprisionado en sus bombas. Pero, demasiado astutos, han caído en su propia trampa, dejándose atrapar por el engranaje de la máquina. Ahora, ella les roe poco a poco en tiempo de paz y los devora a grandes bocados en tiempo de guerra. Los Sabios han hecho todo lo posible por evitarlo.

La cuarta razón de los Sabios para mantener oculta la Verdad es que aman la Verdad, y no hay amor sin pudor, es decir, sin velo de belleza. He aquí por qué no quieren descubrirla sino reve- larla, es decir, recubrirla de un velo luminoso. Por esto sólo han enseñado con parábolas, para que quienes tienen oídos para no oír permanezcan apartados; pero también para que quienes lo merecen aprendan los tonos y las claves de la música total. Pues sus alegorías, sus fábulas y sus blasones no explican el encadenamiento mecánico de las apariencias, sino las afinidades secretas

y sus blasones no explican el encadenamiento mecánico de las apariencias, sino las afinidades secretas 2

y las analogías de las potencias y las virtudes, las correspondencias del número con el sonido, de

las figuras con las leyes, del agua con la planta, con la mujer y con el alma, del fuego con el león,

el hombre armado y el espíritu, de los astros con los ojos, las flores y los cristales de los meta-

les y de las gemas, de la germinación del oro en las minas con la de la verdad en el corazón del hombre. En sus oscuros textos, donde las recetas del Gran Arte están salpicadas de advertencias piadosas, las solemnes sentencias de alabanzas y plegarias, lucen los hilos que tejen el manto del Rey de Reyes.

Al ocultar los Sabios su saber por escrúpulo, los charlatanes se aprovecharon para esconder su ignorancia bajo los mismos signos misteriosos. Los imbéciles los han confundido largo tiempo creyendo tanto en unos como en otros. Ahora, a medio camino entre los charlatanes y los imbé- ciles, ha surgido una nueva especie que asegura el triunfo definitivo de la conjura. Esta nueva es-

pecie es la de los universitarios y sabios oficiales, que el día de su advenimiento declararon nulo

y sin valor el misterio filosofal, quimera la búsqueda de los antiguos maestros, juego de niños su

ciencia, engañabobos su arte. Los imbéciles instruidos por los nuevos sabios, han confundido una vez más a los sabios con los charlatanes, pero esta vez para no creer ni en unos ni en otros. Sólo creen en la ciencia de los recién llegados, quienes simplemente enseñan que la verdad está en su ciencia y que todo lo que no pueden descubrir ni demostrar no existe. Ahora bien, no han

enseñado, ni descubierto, ni demostrado nada acerca de la vida y de la muerte, del pecado y del juicio. Nada acerca del amor, del dolor y del rescate, acerca de la conducta del hombre y del destino del alma, acerca del sentido, la esencia y la salvación. A medida que descubren nuevas nebulosas o nuevos electrones, nuevas vitaminas o nuevos explosivos, se alejan y nos desvían de

lo esencial. Y ahora la verdad está tan bien escondida que ya no se la busca. Incluso estaría total-

mente perdida si no sobrevivieran algunos sencillos de espíritu para quienes la verdad existe. No pueden resignarse a pensar que nadie la tenga o la haya tenido. Recorren el mundo interrogando

a la gente, los astros y las hierbas, interrogando el gran libro de la naturaleza y hojeando los tex- tos olvidados, interrogando su corazón y a Dios en la plegaria. Saben que no tienen la verdad, pero saben que ella es. Están tan hambrientos y sedientos de ella que saben seguirla por el rastro

y reconocerla por el olor. Ante un hombre difamado, un acontecimiento absurdo, un grimorio

ilegible, se paran en seco y exclaman: ¡Aquí está! Ellos saborearán este libro. Para ellos ha sido

escrito, aunque su hermandad sea poco numerosa.

Y tú, Cattiaux, amigo mío, ¿Has encontrado la Piedra? Sentado en la tienda donde pintas y me-

ditas entre filtros y frascos, ¿has encontrado el carbunclo y la violeta? Sentado entre tu mujer y

tu gato, Cattiaux, amigo mío, ¿has encontrado el oro vivo y el elixir? ¿Has visitado el interior de

la

tierra y, rectificando, encontrado la joya oculta y la verdadera medicina? No sé ni puedo decir

si

la substancia de los antiguos textos se oculta en estas páginas. Pero ¿cómo es que en ellas se

encuentra su perfume? ¿En qué huevo y en qué alambique, Cattiaux, amigo mío, has destilado

la esencia sutil que se llama el Perfume? ¿De dónde viene esta poesía que tiene por nombre Per-

fume de Verdad?

Noviembre de 1945

Nota de “Axis Mundi”: El presente artículo fue escrito por Lanza del Vasto como prefacio de la obra “El mensaje reencontrado” de Louis Cattiaux.

Cazadores de símbolos

Premios del concurso

Con mucha alegría queremos anunciar el final del concurso “Cazadores de Símbolos”, organizado por el Programa OPI, la Comunidad Bibliográfica y el Faro de Alejandría, donde participaron 178 fotógrafos de toda Latinoamérica y España.

El primer premio fue asignado al brasileño Marcelo de Oliveira Freitas con la obra “Tempus Fugit”, la cual se reproduce en la parte inferior de esta página. El segundo premio fue para Gustavo Eduar- do Green de Argentina con su obra “El tiempo teje telarañas” y el tercer lugar para Luis Manuel Lozano Castrillo, de Gijón (España) con su obra “Sereno”.

Ya nos hemos comunicado con los ganadores para entregar los premios. Aprovechamos este espa- cio para agradecer a los 196 participantes que presentaron más de 1.000 fotografías.

Hasta el próximo concurso.

a los 196 participantes que presentaron más de 1.000 fotografías. Hasta el próximo concurso. 2 8
Arriba: Segundo premio, Gustavo Eduardo Green de Argentina “El tiempo teje telarañas” Abajo: Tercer premio,

Arriba: Segundo premio, Gustavo Eduardo Green de Argentina “El tiempo teje telarañas” Abajo: Tercer premio, Luis Manuel Lozano Castrillo de España, con la fotografía titulada “Sereno”

Abajo: Tercer premio, Luis Manuel Lozano Castrillo de España, con la fotografía titulada “Sereno” AXIS MUNDI

Arte y Ciencia de la Paciencia

Eduardo Ciotola Mosnich

Definida por Napoleón como el arma de los generales, se suele definir la Paciencia como la virtud o potencia interior que hace posible que podamos sortear reveses, soportar contratiem- pos y superar dificultades para lograr un objetivo.

La Filosofía Perenne la entiende como la constancia valerosa que se opone al mal, y que hace posible que, a pesar de las dificultades que sufra una persona, ésta no se deja dominar por dicho mal o situación adversa.

Etimológicamente, proviene del latín pati, que significa sufrir. Su participio patiens se intro- dujo en el castellano en la palabra paciente para significar “el que sufre”.

Este origen es el que lleva a usar la palabra en los momentos de prueba y agobio, a modo de consuelo y confortamiento.

Aristóteles asigna a esta potencia o virtud, la capacidad de alcanzar el justo medio entre emo- ciones intensas a lo cual llama Metriopatía, es decir, el soporte, la resistencia y la moderación en medio de las pasiones.

Con la Paciencia se logra por tanto, sobreponerse a las emociones fuertes generadas por las dificultades, las desgracias o las aflicciones.

La resistencia constante al asedio de las aflicciones, dolores y tristezas de la vida, refuerzan y consolidan la virtud de la Paciencia, para lo cual la Sicología desarrolla una serie de técnicas y estrategias para fortalecerse frente a las agresiones de los entornos psicológicamente hostiles, o de nuestras propias agresiones endógenas. Como ejemplo de poliorcética, tenemos varias desarrolladas por escuelas filosóficas en las que contamos con el Estoicismo, como uno de los ejemplos más emblemáticos y preclaros en esta línea de pensamiento.

El Vicio, como fuerza opositora a la Paciencia, es la Ira, por eso la Paciencia se entiende como es una señal de madurez y evolución del Individuo.

Siendo la virtud de quienes enfrentan filosóficamente el sufrimiento (o que “saben sufrir”), la Paciencia es muy cercana a la Tolerancia.

Definida también como la ciencia y el arte de esperar en la acción, resistiendo contrariedades y adversidades con fortaleza y sin lamentaciones, logra en las personas pacientes, el que sepan esperar con calma a que las cosas sucedan.

Estas personas sintonizan con el pensamiento de Epicteto, que en el párrafo inicial de su Ma- nual de Vida señala que el secreto de la Felicidad consiste en entender que hay situaciones controlables, y otras que no lo son. Por eso las personas pacientes tienen claro que aquello que no es controlable por nosotros, o que no dependa directamente de nosotros merece que se le conceda tiempo para esclarecerse.

Así pues, la Paciencia no es lenidad ni pereza. Es acción en la espera y una espera con acción. De otro lado, el discípulo paciente sabe que tiene que invertir tiempo en la espera, porque es el capital que la Naturaleza pide a fin de que siempre nos retorne algo mejor, por todo eso se dice que La Paciencia es el antídoto contra la calumnia. Suele ser amarga, pero de frutos dulces.

Por eso, querido lector: invierte Paciencia y te retornará Felicidad.

Recuerda que si algo perdiste o se fue, lo que viene será mucho mejor. Paciencia.

3 2 AXIS MUNDI