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INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS

Serie de Cultura Náhuatl Monografías: 13


VÍCTOR M. CASTILLO F.

ESTRUCTURA ECONÓMICA
DE LA SOCIEDAD MEXICA
SEGÚN LAS FUENTES DOCUMENTALES

Prólogo de MIGUEL LEÓN-PORTILLA

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO


MÉXICO 1984
Primera edición: 1972
Segunda edición: 1984

DR. © 1984. Universidad Nacional Autónoma de México


Ciudad Universitaria. 04510, México, D.F,

DIRECCIÓN GENERAL DE PUBLICACIONES

Impreso y hecho en México

ISBN 968-837-358-3
PRÓLOGO
La estructura económica de los ritexicas —%o obitanpe^a serie de inves-
tigaciones de que ha sido objeto—, es hasta hoy tema sobre el cual cabe
plantearse numerosos problemas. Así, por ejemplo, pueden tenerse como
de difícil respuesta no pocas cuestiones directamente relacionadas con
la naturaleza y cuantificación de los distintos elementos económicos,
considerados en función de la organización social, política y religiosa
en los tiempos anteriores a la conquista. Como explicación de los obs-
táculos que en esta materia se ofrecen al investigador debe recordarse
que, en ocasiones, éstos han sido consecuencia de las lagunas que liay
en las fuentes de información. Otras veces, las dificultades se han deri-
vado de la peculiaridad misma de la evolución cultural del México anti-
guo, con instiñcciones de características propias, que no es dado com-
prender haciendo aplicación indiscriminada de formas de pensamiento
que les son extrañas.
El presente libro de Víctor AI. Castillo Forreras, constituye precisa-
mente un intento de acercarse —con nuevo enfoque y sobre la base
de las fuentes indígenas— a la problemática inherente al mundo de la
economía y de la sociedad mexica. Para valorar de algún modo lo que
puede significar el alcance de su aportación y señalar a la vez su lugar
dentro del campo de estos trabajos, creemos pertinente atender a lo que
ha sido el proceso histórico de la investigación sobre esta materia tan
importante para la comprensión del pasado prehispánico.
En la historia de lo que se ha investigado acerca de las estructuras
económica y social de los mexicas pueden descubrirse tres grandes eta-
pas con puntos de vista muy diferentes entre sí. Primeramente deben
mencionarse los trabajos —casi siempre visiones de conjunto—, de los
cronistas e historiadores, a partir del siglo XVI y hasta casi mediados
del XIX. En la gran mayoría de ellos es perceptible, antes que nada, un
interés por describir los diversos elementos y factores que configuraron
la realidad socioeconómica precortesiana. Paralelamente con esto, y sobre
todo en el caso de los cronistas novohispanos, aparece el propósito de
explicar e interpretar las correspondientes formas de organización indí-
gena, aunque incurriendo, con cierta frecuencia, en la aplicación de
conceptos básicamente alejados de la peculiaridad cidtural prehispánico.
La terminología de que se valen tales cronistas e historiadores, tomada
de su propio contexto europeo, en vez de adecuarse a una descripción
de las instituciones nativas, pasa a ser una especie de mampara que
1 ESTRUCTURA E C O N Ó M I C A DE LA SOCIEDAD MEXICA

impide la comprensión auténtica. Así, por ejemplo, al ocuparse de las


diversas categorías y rangos de quienes participaban en la organización
económica mexica, encontramos que usan términos como los de terraz-
gueros, siervos y esclavos, señores y nobles, mayordomos y tesoreros.
El uso de vocablos como éstos, sin precisar la connotación distinta y
específica que pudiera quizás dárseles, referidos al caso del mundo
indígena, obviamente dificulta la comprensión. Y otro tanto puede afir-
marse de la todavía más amplia gama de términos empleados para
hablar del orden de lo social y lo político. Unos cuantos ejemplos nos
los dan voces como éstas: imperio, reino, señorío, provincia, república,
audiencias, cancillerías, monarcas, príncipes, nobles, magistrados, sumos
sacerdotes, generales, capitanes, tenientes i plebeyos.
Tal ves así se pretendió volver comprensibles, para í§ mentalidad
europea, las instituciones culturales indígenas. Pero lo que verdadera-
mente se obtuvo fue introducir, casi sin sentirlo, una serie de presupues-
tos que, más tarde, habrían de aparecer como de veracidad muy pro-
blemática. Ello explica que, en una nueva etapa de la historia de estas
investigaciones, se considerara necesario llevar a cabo una revisión criti-
ca de casi todo lo que se había afirmado sobre la economía y la socie-
dad prehispánicas. Cuestión fundamental fue entonces determinar si en
el caso de los mexicas —el que mejor podía estiidiarse por la relativa
abundancia de testimonios—, había existido en verdad una forma de
organización politica a la que pudiera aplicarse el calificativo de Estado
con todo lo que dicho concepto significa. Juntamente debía inquirirse
acerca de la tantas veces sostenida diferenciación de los mexicas en ob-
ses sociales de nobles y plebeyos. Esclarecer esto implicaba someter al
más riguroso análisis los testimonios sobre sus formas de producción,
de propiedad de la tierra, de trabajo, y, en una palabra, acerca de cuan-
to se refería a las antiguas estructuras económica f social.
Se debió a Adolph F. Bandelier, investigador suizo-norteamericano,
el planteamiento crítico de estas cuestiones, durante el último tercio del
siglo xix. Bandelier había aceptado como premisa, al acometer esta tarea,
el esquema formidado por Leivis H. Morgan en sus trabajos sobre la
"sociedad antigua". El resultado fue que llegó a contradecir Bandelier,
en su análisis y coticlusífi^es, mucho de lo que habían sostenido los au-
tores que le precedieron. Según él, la clave para comprender la organi-
zación socioeconómica de los mexicas estaba en el reconocimiento de la
preeminencia de sus relaciones gentilicias, o de parentesco que se ha-
bían mantenido en toda su fuerza a lo largo de su evolución cultural. En
su opinión, en el caso de este grupo indígena americano, "no había ne-
cesidad de buscar, mis allá de la tribu, un tipo más amplio de organizar-
PRÓLOGO 9

ción social,.."' El pueblo azteca no constituía realmente una entidad


política desarrollada, un Estado, con clases sociales diferenciadas ni con
diversas formas de propiedad, como lo habían pretendido los antiguos
cronistas al hablar de reinos e imperios, nobles y plebeyos. Y así, sobre
la base de lo que creyó percibir en su análisis de las fuentes, sostuvo,
en resumen, que "la organización y forma de gobierno entre los antiguos
mexicanos era una democracia militar [y tribal], basada originalmente
en la comunidad de vida".
Los estudios de Bandelier, cualesquiera que sean las apreciaciones
que puedan hacerse hoy de ellos, constituyeron nuevo acercamiento crí-
tico al tema de la organización socioeconómica mexica. Y debe recono-
cerse que, de hecho, durante algún tiempo pareció que tal interpretación
había sido aceptada como plenamente adecuada y definitiva. Sin em-
bargo, y ello marca la tercera etapa en la historia de estas investigacio-
nes, una más reciente actitud revisionista, apoyada en fuentes más
amplias y de primera mano, ha llegado a la postre a conclusiones muy
diferentes de las que había alcanzado el etnólogo y arqueólogo suizo-
norteamericano. Entre los modernos investigadores que han hecho más
significativas aportaciones en esta materia hay que incluir a Alfonso
Caso, Manuel Al. Moreno, Salvador Toscano, Arturo Monzón, Alfredo
López Austin y Friederich Katz. No es éste el lugar para hacer el elenco
de sus obras ni menos aún para analizar las conclusiones alcanzadas por
ellos. Diremos únicamente que, con base en varios de estos trabajos, se
ha logrado una mejor comprensión de instituciones prehispánicas como
la del calpulli, con su doble realidad, la del linaje y la del asentamiento
en un territorio poseído en común. También ha sido posible mostrar
cómo, dentro de la organización de los mexicas, los calpulli, que aparecen
originalmente como entidades confederadas, adquieren luego otro sentido,
en términos de una realidad más amplia, que es la que terminó por
configurar la estructura política, propia de un verdadero Estado. Y esto
ha ayudado asimismo a hacer otras precisiones respecto de los distintos
grupos que convivían y participaban en la economía de la sociedad azteca,
como fue el caso de los pipiltin, de los pochtecas, de los macehualtin y de
otros que podrían mencionarse.
Justamente en la línea de estas investigaciones más recientes debe
situarse el presente trabajo, Estructura económica de la sociedad mexica,
1
Véase : Bandelier, Adolph F. "On the social organization and mode of govern-
ment of the ancient Mexicans", 12th Annual Report of the Peabody Museum of
American Ethnology and Archaeology, Cambridge, Mass. 1879.
Hay traducción al castellano de este trabajo, incluida como apéndice en el libro
de Mauro Olmeda, El desarrollo de la sociedad mexicana, v. i, México, 1966, p.
259-312.
10 ESTRUCTURA E C O N Ó M I C A DE LA SOCIEDAD MEXICA

de Víctor M. Castillo Forreras. Éste, como y§ lo hemos dicho, intenta


aquí una peculiar manera de enfoque. Su intención es acercarse, hasta
donde los textos en náhuatl lo permiten, a aquello que pensaron y
dejaron dicho los mismos indígenas en relación con su vida social y eco-
nómica. Obviamente no desdeña lo que hasta ahora se ha alcanzado o
pudiera lograrse con apoyo en otro tipo de fuentes, como sería el caso
de los datos obtenibles a través de la arqueología. Debe notarse, además,
que procede con rigor crítico en el uso de la documentación en náhuatl.
Expresamente reconoce que, en ocasiones, es posible descubrir en ella
velados influjos del pensamiento europeo al que necesariamente estaban
expuestos los historiógrafos nativos de tiempos postcortesianos. Sostiene,
sin embargo, que en los textos nahuas que aduce hay testimonios sobre
lo que pensaron los mexicas a propósito de sus antecedentes históricos
y acerca de las que hoy llamamos sus fuerzas y relaciones de producción,
al igual que sobre lo que puede describirse como su dinámica social. In-
teresante es también que Castillo Forreras haya señalado al menos qué
tipo de aportaciones son las que pueden lograrse de un detenido estudio
de aquellos códices pictográficos en los que se toca de algún modo el
tema económico.
Por demás está añadir que el presente trabajo no viene a resolver
muchos problemas y oscuridades que aún subsisten a propósito de las
estructuras social y económica de los mexicas. Las cuestiones que él
mismo plantea con apoyo en los textos nahuas, y acerca de las cuales se
deja abierta la posibilidad de distintas respuestas, son otra prueba de sen-
tido crítico. Por nuestra parte creemos que el conjunto de textos aquí
reunidos y analizados arroja nueva luz para contemplar con más amplias
perspectivas la organización socioeconómica mexica, no en artificial ais-
lamiento sino en su integración cultural de la época anterior a la con-
quista. Y confiadamente esperamos que, al publicar este libro el Instituto
de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional, se rinda con
ello un servicio a cuantos se interesan en la historia de Mesoamérica y
de modo especial a los que se ocupan en el estudio de sus instituciones.

Miguel LEÓN-PORTILLA
INTRODUCCIÓN
Relativamente abundantes son los estudios contemporáneos que tratan
acerca de uno o más de los factores que integraron la economía del Mé-
xico antiguo; en buena parte realizados a través de rigurosos métodos
de investigación de las ciencias modernas. Pese a esto, es nuestro pro-
pósito analizar ahora el origen y desarrollo de la base o estructura eco-
nómica de los mexicas es decir de la disposición e interrelación de sus
diferentes medios y formas de producción de bienes materiales, pero
partiendo en lo posible de sus propios testimonios consignados en diver-
sos documentos, procedentes principalmente del siglo xvi. Este enfoque
propiciará, sin duda, la obtención de nuevos rasgos, los cuales, vistos a
través de los diversos modelos de producción que se han dado en otras
épocas y regiones del mundo, contribuirán a la determinación del tipo
de formación socioeconómica que fue característico en México Tenoch-
titlan durante sus cien años de esplendor. No obstante, es conveniente
dejar sentados algunos puntos sobre dicho enfoque.
De ninguna manera es nuestro interés desdeñar lo que la arqueología,
la estadística o cualesquier disciplina o método puedan aportar al tema
del presente estudio y considerar por encima de todo la información del
documento. Las aportaciones de aquéllas constituyen evidencias del más
alto rango para la reconstrucción del pasado; están ahí y eso es innega-
ble. Empero, a no ser por hipótesis o a través de fuentes escritas o,
incluso, en ciertas circunstancias, de tradiciones orales, poco dicen
acerca del comportamiento humano. Su interés central es más bien el
resultado de dicho comportamiento, los vestigios de las acciones y pen-
samiento humanos.
Por su parte el documento es siempre reflejo directo de una realidad
dinámica, humana, cuya veracidad de contenido es factible de confron-
tar con otras fuentes y cuya falsedad, dado caso, conduce de todas for-
mas a alguna razón histórica y objetiva. Tan es así, que aun los escritos
<le los cronistas españoles del siglo x ^ aparte de sus informes sobre la
vida prehispánica, inconscientemente proporcionan otros acerca de la su-
ya propia, mismos que se aprecian tanto en sus motivaciones y en los
temas que tratan, como en las interpretaciones que dan de las cosas
indígenas. Por ejemplo, los reyes, caballeros, mayordomos, plebeyos,
siervos, etcétera, que creyeron ver en las sociedades indígenas, aproxi-
nun al lector a la historia española de aquellos tiempos. Esto trae en
consecuencia, por demás obvia, la necesidad de utilizar para la historia
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de un grupo determinado, textos cuyo origen provenga de él mismo o


en todo caso de otros que les sean afines en cierto modo. Así, incluso el
problema de lo incierto y lo verdadero vendría a ampliar la perspectiva
del estudio, pues tanto el uno como el otro se habrán fraguado cierta-
mente, dentro del grupo o grupos en cuestión.
Lo dicho no supone necesariamente que los documentos escritos en
lengua náhuatl sean, por sólo esto, el camino único y sin problemas para
el estudio de las instituciones culturales que tuvieron por asiento el valle
de México, ya que, es obvio decirlo, su contenido corresponderá de hecho
a las múltiples circunstancias en las que fueron elaborados. Textos en
este idioma los ha habido, desde el siglo xvi hasta nuestros días, que se
refieren a temas bíblicos, catecismos, ordenanzas, biografías de ilustres
sacerdotes y funcionarios civiles, y aun a proclamas imperiales y relatos
de la revolución de 1910; muchos de ellos escritos en correcto náhuatl
y por indígenas.
Ahora, por lo que respecta a los documentos nahuas de las primeras
décadas de la Colonia, relativos a la historia precortesiana, no obstante
su temprano origen y que sus autores hubieran alcanzado aun el modo
prehispánicp de vida, muchas veces pueden resultar aparentemente in-
adecuados. Esto cabría atribuirlo a la fuerte influencia hispánica recibi-
da; a los intereses que movieron a dichos autores dentro del contexto
colonial y a otras causas diversas. Empero, así como en los escritos de
cronistas españoles se reflejan aspectos varios de su cultura peninsular,
así también ocurre en las crónicas de indígenas o mestizos respecto de
la suya náhuatl. Debe recalcarse además que en varias de estas obras se
incluyen en ocasiones antiguas tradiciones —conservadas hasta entonces
en forma oral— y que provienen ciertamente de tiempos anteriores a la
conquista. En tal forma, los textos nahuas utilizados aquí para el análisis
de la estructura económica de México Tenochtitlan, pese a que algunas
veces no expresen concretamente lo que acontecía en esta materia, ofre-
cen, también en ocasiones, información importante sobre actuaciones e
ideas dentro de ese mismo ámbito de lo socioeconómico. Si por ejemplo
el dato de población no se encuentra con exactitud en ningún documento
indígena, hay en cambio muchas alusiones a la condición y actitud hu-
manas que ayudan a entender en cierto modo el sistema social de pro-
ducción de Tenochtitlan.
Pero también hay renglones de la economía indígena para los que las
fuentes del mismo origen son mucho más completas y fecundas. Como
muestra, digamos que de ellas puede sacarse una relación extensa de los
recursos que la naturaleza ofreció en cierto momento, pero también, y
esto es singularmente importante, la forma en que el hombre se expresó
INTRODUCCIÓN 15

de ellos, es deqpf su valoración dentro de determinada escala, su apro-


vechamiento, su abundancia, su destino, etcétera, todo lo cual lleva a
pensar en las necesidades existentes y por lo mismo, en el grado corres-
pondiente de complejidad social.
Tal vez debían citarse aún otras circunstancias que señalen la impor-
tancia de las fuentes indígenas en el análisis de la economía de los anti-
guos mexicanos, pero sería repetir lo que expresan los capítulos que
siguen, en los que se intenta mostrar el testimonio del grupo social estu-
diado, ratificando o rectificando a veces afirmaciones anteriores.
Sin embargo, debe notarse aún que las fuentes utilizadas en este tra-
bajo no fueron exclusivamente aquellas que se conservan en lengua
náhuatl, ya que en ocasiones o no se encontraron o resultaron en algún
modo insuficientes para determinados aspectos de la organización eco-
nómica. Dada esta situación, al acudir también a otros testimonios, se
dio preferencia a los escritos de cronistas que estuvieron en contacto
directo con informantes indígenas poseedores aún de la cultura nativa,
con pictografías o ámatl o con manifestaciones de índole diversa, carac-
terísticas de la vida prehispánica.
El estudio, como queda dicho, enfoca sólo las condiciones que hicie-
ron posible la obtención de los medios necesarios para la vida y desarro-
llo material del hombre y de la sociedad mexicas, y por lo mismo no
aborda el tema de las instituciones e ideas políticas, religiosas o artísti-
cas. Pero no por ello significa que éstas no se consideren de importancia
para la vida social. Por lo contrario, existe siempre una mutua y cons-
tante influencia entre la base económica y las instituciones e ideas que
contribuye ciertamente al desenvolvimiento global. No obstante esto, nos
abocaremos por ahora sólo al estudio antes mencionado, pues, a pesar
de que la fisonomía aparente de la sociedad en un momento dado la pro-
porcionan las ideas y teorías sociales, las concepciones e instituciones
políticas, etcétera, pueden ellas no reflejar con exactitud las condiciones
básicas de vida material.
De las partes que integran el presente estudio, la primera introduce
al tema a través de una relación sumaria de los hechos que antecedieron,
primero, al asentamiento de los mexicanos en el islote del lago de Tetz-
coco; y luego, al rompimiento de la hegemonía de Azcapotzalco, que es
el momento a partir del cual arranca en forma definitiva el desarrollo
de la sociedad mexica. El periodo que se reseña en este capítulo se
encuentra, como es sabido, plagado de hechos que son un filón singular-
mente importante para el análisis del desarrollo económico y social no
sólo de los antiguos mexicanos sino de varios otros grupos étnicos del
Altiplano; empero, se ha preferido señalarlo en forma simplificada,
16 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

considerando los datos más significativos de aquéllos, ya que por sí


solo ameritaría un estudio especial; además, constituye una etapa plena-
mente diferenciada de la que abarcó el último siglo de vida indepen-
diente de los mexicas, que es el que en particular nos interesa ahora.
El capítulo segundo se dedica al examen del potencial humano, de los
recursos naturales y del instrumental y las técnicas de producción uti-
lizados por los mexicanos a partir de la toma de Azcapotzako y a través
primordialmente del pensamiento indígena contenido en fuentes del
mismo origen. Esta sección es por consiguiente un acercamiento al modo
en que el habitante de Tenochtitlan consideró sus propios recursos y los
de la naturaleza.
En el tercer capítulo se trata lo referente a las relaciones de produc-
ción, dando énfasis al tema relacionado con el régimen de tenencia de
la tierra y muy particularmente al problema de la existencia o inexis-
tencia de propiedad privada territorial.
El capítulo final comprende lo relativo a la dinámica social, haciendo
hincapié en el origen de los estratos sociales y en la interrelación de los
mismos.
Concluyen este estudio dos apéndices. En el primero de ellos se ana-
lizan las pictografías referentes a formas y medios de producción y a
los hechos históricos correspondientes, contenidas en una serie de ochen-
ta y un códices o pinturas indígenas de indudable influencia precortesia-
na. Con la presentación de este examen de factores económicos, evi-
dentemente se reforzarán y aun ampliarán algunos de los temas tratados
en los capítulos precedentes. Asimismo, este elenco de códices, aunque
relativamente reducido, viene a mostrar la extensión realmente sorpren-
dente de la historia documental indígena y aún más si se considera que
sólo hemos tomado en cuenta pinturas de algún modo tocantes a la
economía.
En el apéndice segundo se transcriben en su idioma original los diver-
sos textos indígenas utilizados. El orden que siguen es correlativo al de
los capítulos en que aparecen sus versiones al español, y se consignan
únicamente los que fueron traducidos por mí; para los demás se anotan
siempre sus fuentes respectivas.
Me resta sólo dejar constancia de profundo agradecimiento, por sus
valiosas sugerencias, al doctor Miguel León-Portilla, director del Insti-
tuto de Investigaciones Históricas, maestro y amigo; y a todos los que
de un modo u otro, siempre complacientes, contribuyeron en la realiza-
ción de este trabajo.

MIGRACIÓN
T ASENTAMIENTO
1. EN POS DE TERRITORIO

Aún a principios del siglo catorce, los renombrados mexicas no eran


sino un grupo errante," de filiación náhuatl, que aspiraba tanto a la
obtención de un territorio etfTa zona lacustre del centro de México,
cuanto a la participación en las relaciones económicas y sociales de los
conglomerados ya asentados en el lugar. Para éstos, que de mucho tiem-
po atrás habitaban la altiplanicie, los mexicas debieron aparecer como
gente sin lustre, sin tradición, y más que nada como gente intrusa. Y es
que en tanto que dichos pueblos eran ciertamente depositarios de la tra-
dición cultural derivada de más antiguos centros como Teotihuacán o
Tula, aquéllos en cambio no podían presentar sino un comportamiento
áspero y hostil y un modo de vida inferior en relación, digamos, al de
Azcapotzalco o al de Culhuacán. De este modo, cuando llegaron los me-
xicanos: *'H7'¿^.. H. fmfJL,

ciertamente andaban sin rumbo,


vinieron a ser los últimos.
Al venir,
cuando fueron siguiendo su camino,
ya no fueron recibidos en ninguna parte.
Por todas partes eran reprendidos.
Nadie conocía su rostro.
Por todas partes les decían:
—"¿Quiénes sois vosotros?
¿De dónde venís?
Así, en ninguna parte pudieron establecerse
sólo eran arrojados,
por todas partes eran perseguidos. 1

Pero los antiguos mexicanos no aspiraban a establecerse pasivamente


dentro del ordenamiento social preexistente en el valle; lo que deseaban
era participar en él, y así lo demuestran el abandono o a veces auto-

1 Códice Matritense de la Real Academia de la Historia, textos en náhuatl de


los indígenas informantes de Sahagún, edición facsimilar de Del Paso y Trortcoso,
Madrid, 1907, fol. 197r, apud Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos, a
través de sus crónicas y cantares, México, Fondo de Cultura Económica, 1961,
198 p., ils. p. 38.
20 MIGRACIÓN V ASENTAMIENTO

expulsión de lugares más o menos convenientes y su asentamiento defi-


nitivo en un islote de apariencia infecunda. Con esto cabría asegurar
que su origen no era tan "chichimeca" como ellos mismos insistieron,
pero tampoco "tolteca" como en el fondo desearon. Eran sencillamen-
te un grupo nahua que llegaba tardíamente a la región central en donde
ya otros pueblos contaban con una cultura más elaborada de la cual
fueron asimilando múltiples elementos e instituciones, unas veces mati-
zándolos o reelaborándolos otras.
Por esto, para comprender la estructura económica de los mexicas
durante los últimos cien años de su esplendor es necesario, obviamente,
considerar lo más significativo de su evolución anterior.
Las fuentes para el estudio de éste y de otros tópicos de la vida de los
aztecas, son quizás las más numerosas y diversas de la historiografía
mesoamericana: unas, en lengua náhuatl, relatan las peripecias del grupo
con la insistencia peculiar de ese idioma; otras, aunque en castellano,
reflejan claramente la tradición indígena y por último, pictográficamente,
códices pre y poshispánicos describen paso a paso el peregrinar hasta
la llegada a los lagos del valle central. No obstante, como se dijo, a las
motivaciones del presente apartado sólo interesa resaltar ya no los luga-
res por donde pasaron sino la forma, en que lo hicieron, es decir sus
medios de vida, sus relaciones y su comportamiento en general ante el
mundo cambiante que iban tocando.
Considerando lo anterior, al analizar las fuentes más significativas
para este tópico —como son las Relaciones de Gnimalpain, las crónicas
de Tezozómoc, la Historia de los mexicanos mr sus pinturas, los Ana-
les de Cuauhtitlán y de Tlatelolco: y los códices: 1576, Boturini, Telleria-
no-Remensis, Vaticano-Ríos, Mexicanus y Azcatitlan-,2 elegimos como
ilustración del mismo un relato recogido en lengua náhuatl por Chimal-
pain, el cual, vertido al castellano, se transcribe en seguida. Debe decir-
se, empero, que la elección no se hizo porque su contenido fuera el más
exclusivo o completo, puesto que de sobra son conocidas las conexiones

2 Domingo de San Antón MuSón Chimalpain Cuauhtlehuanitzin, Relociones ori-


ginales de Chalco Amaquemecan, edición de Silvia Renden, México, Fondo de Cul-
tura Económica, 1965, 365 p. map. p. 63-75; Hernando Alvarado Tezozómoc, Crónica
mexicáyotl, paleografía y versión al español de Adrián León, México, UNAM, Ins-
tituto de Historia, 1949, 192 pp, 14 s s ; Crónica mexicana, notas de M. Orozco y
Berra, México, Editorial Leyenda, 1944, 545 p. p. 7-16; Historia de los mexicanos
por sus pinturas, en J. B. Pomar, Relación de Teecoco, México, Editorial S, Chávez
Hayhoe, 1941, p. 218-227; Anales de Cuauhtitlán, en Códice Chimalpopoca, México,
UNAM, Instituto de Historia, 1945, x x i - f 163 p. p 15-29; Anales de Tlatelolco.
Unos anales históricos de la nación mexicana y Códice de Tlatelolco, México, Anti-
gua Librería Robredo, 1948, xxiii-f 128 p. p. 31-42; Códice de 1576 (Códice Aubin),
edición de Charles E. Pibble, Madrid, Ediciones José Porrúa Turanzas, 1963, p.
17-42, lám. 1-49; Códice Boturini, en Antigüedades de México, basadas en la reco-
pilación de Lord Kingsborough, 4 v., México, Secretaría de Hacienda y Crédito Pú-
EN POS DE TERRITORIO 21

íntimas que hay entre este tipo de fuentes, sino porque a pesar de las
dudas que pueda guardar en cuanto a cronología, localidades o pobla-
ción, además de las discrepancias respecto a las otras versiones, este
relato tiene la ventaja de poner énfasis primordialmente en la vida y la
cultura de los mexicanos durante su migración en vez de hacerlo en su
itinerario o en hechos diversos de poca o ninguna importancia para
nuestro estudio. Dice así:

1 Año 1 Pedernal (1064). En este año vinieron a levantarse, vinie-


ron a salir de allá, de sus casas en Aztlan, los aztecas-mexitin,
chichimecas verdaderos; los que ahora se nombran tenochcas.
% guando allá fueron los 1064 años del nacimiento del verdadero
Dios, su precioso hijo Jesucristo, entonces vinieron a abandonar
Aztlan los mexitin. I
3 Y así, mucho dilataron allá en donde estuvieron los teochichime-
cas, azteca-mexitin, en Aztlan: posiblemente hasta 1014 años; así
se muestra en la cuenta de los años que los ancianos mexicas
hicieron asentar.
4 Luego así vinieron a salir de allá, vinieron a partir, vinieron a
moverse de Aztlan.
5 Y al tiempo en que vendrían a levantarse, mucho muy de maña-
na, mortecina aún la claridad, en el atardecer de tres días los fue
a llamar el pájaro cuyo nombre es Huitzitzilcuicuítzcatl.
6 Y por tres noches los llamó. Les fue a dar voces a los mexitin;
les hablaba, así decía el pájaro: "¡ Ea, vamos! ya es oportuno,
ya es tiempo, ya amanecerá, ya hará calor, huitsil, huitsil, huitzil,
¡ea!"
7 Esto les fue a decir por tres días aquel señor, guardador de
Dios, portador de Dios, cuyo nombre es Huitziltzin. Con lo cual
vendrá a hablar como águila, vendrá a guiarlos. Y por lo tanto
él era quien le hablaba, quien los mostraba a Dios, Dios porten-
toso, ordenador de la guerra.
8 Pero aún no vinieron a partir por seis cosas que el fiacatecólotl
dispuso cuando dio, cuando ordenó lo que haría, lo que verifi-
caría Huitziltzin.
9 Así, en primer lugar, él hace el voto; así que lo verifica, les
enseña, les muestra tantas cosas como le ordena Dios. Los mace-

blico, 1964-1967. v. n ; C. Telleriano-Remensis, parte ni, lám. 1-8, en Antigüedades


de México, v. l ; C. Vaticano-Ríos, lám. 88-102, en Antigüedades de México, v. n i ;
C. Mexicanas, París, Société des Américanistes, 1952, lám. 18-44; C. Azcatitlan,
París, Société des Américanistes, 1949, lám. 2-12.
22 MIGRACIÓN Y ASENTAMIENTO

huales mexitin también verificarán y hará lo que el tlacatecólotl


disponga.
10 Y con esto, parten luego los mexitin. Siete calpulli de ellos vinie-
ron a levantarse: el primer calpulli de los Yopica; el segundo
calpulli, Tlacochcalca; el tercer calpulli, Huitznahuaca; el cuar-
to calpuüi, Cihuatecpaneca; el quinto calpulli, Chalmeca; el sexto
calpulli, riacatecpaneca; ú. séptimo calpulli, Izquiteca. Y estos cal-1
pulli fueron los que vinieron a partir de Aztlan.
11 Así fueron partiendo luego de allá, de Chicomóztoc, "En las siete
cuevas"; de allá vinieron a salir todos los siete calpulli. Los va
guiando el gran portador de Dios, Huitziltzin.
12 (Cuando vinieron a partir de Aztlan, Huitzilopochtli había pasa-
do 107 años de vivir en la tierra). 3
13 Se cuentan por entero los azteca-mexitin cuando vinieron a HÍfc
del interior de las siete cuevas: diez mil personas en total; junta-
mente nombrados las mujeres y los niñitos mexitin.
14 En este tiempo se nombró el año 1 Pedernal.
15 De varias partes internas vinieron a salir; de siete lugares hora-
dados, de peñascos, de cuevas, hechos en varios riscos cavernosos,
en diversas partes agujereadas de lugares abruptos; por esta cau-
sa se dice, se nombra Chicomóztoc, "En las siete cuevas". De
este modo se afirma.
16 Cuando de allí vinieron a salir los mexitin, del interior de las
cuevas escabrosas, es decír, de Chicomóztotl, allí, en ellas, vienen
a tomar energía todos los mexitin.
17 Así como en cazadores con red, en esto se transformaron.
18 Sin rumbo van; van como aturdidos. Y por eso mismo de aquel
lugar se dice, se nombra Quinehuayan, "Lugar donde los rea-
nimaron".
19 Y así se dice: Cemíhcac Mixcitlan Ayauhtitlan, "Por siempre en-
tre nubes, entre niebla". Siempre se hacen nublados allí donde
vinieron a salir y por esta razón se dice así, así le nombraron
los mexitin.
20 Pero no son fábulas ni engaños ni cuentos. Por lo que es sabido
es la pura verdad, pues de esta manera verifican todos la anti-
güedad de los viejos mexicas tenochcas y de los señores y de
los nobles, porque estuvieron allá en las siete cuevas, en siete
lugares en agujeros de riscos, dentro del cerro, en el interior
de lugares abruptos.

3 Entre paréntesis, una nota marginal al texto original.


Fig. 1. Comienzo de la migración en el año 1 Pedernal. (Tira de la
peregrinación, 1)

21 Estaban estos lugares así como en los salientes que se forman


cuando junto a ellos viene a golpearse el mar, el "Agua divina",
el "Gran espejo de agua"; en esta forma es rodeado el gran
pueblo de Aztlan, y de este modo se viene a estrellar el agua
junto a las quebradas de Chicomóztoc, del que por lo mismo se
dice también Tzotzompa, "En el golpeteo".
22 Este lugar fue nombrado "Siete cuevas" ya que desde antes, de
muy antiguo, estaba con agujeros; por lo cual de allí vinieron
a salir todos, toda la diversidad de hombres, los naturales de
Nueva España; según todos lo reconocen.
23 Y el lugar nombrado Chicomóztoc Tzotzompa Quinehuayan, allí
en los agujeros, en los siete lugares de peñascos y de cuevas, es
lugar mucho muy temible, de arbustos, de magueyes.
24 Del nombrado Siete Cuevas, de allí, de su interior, vienen a salir
los azteca-mexitin; sus mujeres los vinieron acompañando, así
vinieron a salir de dos en dos, e igualmente sus hijos los vinieron
acompañando,
25 Pero es mucho muy terrible el lugar que se nombra Chicomóztoc,
pues no pocas cosas se guardaban allí, allí donde estuvieron: fie-
ras, lobos, ocelotes, grandes felinos, serpientes, serpientes amari-
llas, y otras muchas más variedades desconocidas de fieras, pues
todo guardan allí las siete cuevas.
26 Y ya se dijo arriba: de allí, de donde es Chicomóztoc, es de don-
de primeramente vinieron a salir los culhuas y los toltecas, y así
todos, últimamente, aquí se extendieron por entero; nosotros los
macehuales nos hicimos llamar gente de Nueva España.
24 MIGRACIÓN Y ASENTAMIENTO

27 Y luego, después de que partieron los azteca-mexitin de Chico-


móztoc Quinehuayan, así, caminando hacia acá van viniendo con
gran reserva.
28 Y cuando vinieron a moverse, cuando de Chicomóztoc vinieron a
levantarse, vinieron hacia aquí donde por doquier hay bosques,
montañas, barrancas, zarzales, calabazales, arbustos, arboledas,
zacatales, malezas y llanuras; así que por doquier andaban ca-
minando.
29 Con esto, vinieron a seguir el rastro ya sea de venados, conejos,
serpientes, fieras, pájaros y otros muchos animales, sabandijas o
cuadrúpedos y cuando lograban alcanzarlos los flechaban.
30 Vinieron comiendo maíz de su propio itacate [de su provisión];
vinieron haciéndose ellos mismos sus flechas, sus arcos, con lo
cual van sirviéndose de lo suyo: con sus aljabas van viniendo,
con sus capas de piel van viniendo; sólo sus redes van tendiendo
y de sus arcos vienen sirviéndose, por lo que se hacen nombrar
teochichimeca, chichimecas verdaderos; y su sustento [o sea]
maíz, chile, jitomate, calabaza, igualmente lo van tomando, tam-
bién de su itacate que van haciéndose los mexitin aztecas.
31 Pero en ningún lugar se hallaron contentos, pues de muy lejos
vinieron a levantarse: por inmensas tierras siguieron, con gran
tiento se fueron escondiendo y aun se detuvieron con frecuencia
en el camino.
32 Así, a la postre, lentamente, vinieron a llegar aquí, a Tenoch-
titlán. 4 .

No obstante la expresividad del texto transcrito, es importante resal-


tar algunos de los pasajes en los que se describen con mayor precisión
las diversas formas de comportamiento de los aztecas durante la emi-
gración.
En primer término, y por lo que respecta al antiguo habitat de los
mexicanos, el relato cobra un realismo sorprendente. Chicomóztoc, el
legendario lugar de las siete cuevas, es descrito en tonalidades sombrías
como un paisaje de riscos, peñas y quebradas, así como de acantilados
formados por el incesante golpeteo del mar. Y si tan hostil era el pai-

* Domingo de San Antón Muñón Chimalpain Cuauhtlehuanitzin, Das Memorial


breve acerca de la fundación de la ciudad de Culhuacán, und weitere ausgewahlte
Teile aus den Diferentes historias originales (Ms. Mexicain No. 74, Paris), azte-
kischer Text mit deutsetier Übersetzung von Walter Lehmann « i d Gerd Kutscher,
Stuttgart, W. Kohlhammer Verlag, 1958, 240 p., Memorial breve, fol. 23r-29v. El
original en náhuatl de este texto se ofrece en el número 1 del Apéndice segundo
de este trabajo; en adelante se anotará la clave Ap seguida de los números que
correspondan al apéndice y al texto.
Fig. 2. El paisaje agreste de la migración. (Códice Azcatitlan, 5)

saje, las formas de vida no podíaa ser distintas: los arbustos y mague-
yes se miraban por todos lados y en los riscos se escondía una gran
variedad de fieras entre las que destacaban los lobos, los ocelotes, los
grandes felinos y las temibles serpientes amarillas, además de otras
bestias desconocidas. Todo ello aparece cubierto por una atmósfera de
misterio.
De este lugar terrible, como lo llama el texto, y según dice en núme-
ro de diez mil, entre hombres, mujeres y niños, vinieron a salir los
ancestros de los antiguos mexicanos. Suponiendo que tal fuera el núme-
ro de emigrantes, debe entonces postularse uno mayor para la pobla-
ción del lugar de origen ya que necesariamente habría quedado en él
cierta cantidad de gente anciana e imposibilitada para tal acción. Una
población así no podría bastarse en forma suficiente e indefinida en
un lugar como el descrito y tarde o temprano se vería jjbjjgada, contó-
lo hizo, a emigrar en busca de un ambiente mejor con mayores medios
de subsistencia y con pbsibíííótacfes ulteriores de desarrollo.
Salen pues de las Siete cugyjg. Los irá guiando —reza el texto— el
gran sacerdote HuitzTTtzin. Aquí se entreteje el mito: al sacerdote lo
va instruyendo Dios y él, a su vez, al pueblo. Comienza el peregrinar
Fig. 3. Labores l i los migrantes durante sus asentamientos. Nótese la inusitada
representación de una mujer labrando una casa. (Códice Azcatittan, 4)

en dirección a la mesa central pero sin rumbo determinado: van como


aturdidos.
A la gran diversidad de parajes que tocan corresponde otra no menor
de cualidades naturales; barrancas, zarzales, arbustos, zacatales, male-
zas o llanos era cuanto veían y así tales circunstancias los fueron obli-
gando a modificar su patrón anterior de vida. Al no encontrar tierras
propicias para la agricultura o no querer o no poder quedarse en ellas
por determinadas razones, tuvieron que adoptar la caza como fuente
primaria de su economía (párrafo 29). Por medio de arcos y flechas
o de redes obtenían para su sustento venados, conejos, serpientes
y pájaros o sabandijas y cuadrúpedos en general. \
Este cambio substancial en su base económica era solamente espo-
rádico, ocasional, y se debía no a un puro determinismo geográfico,
sino indudablemente a las circunstancias sociales del grupo.
Su urgencia se enfocaba a la búsqueda de un lugar que saciara sus
necesidades, no sólo del momento sino futuras. Podrían encontrar
lugares fértiles, sí, pero fértiles en comparación con el de origen; la
generalidad de los hombres podría entusiasmarse por ellos, pero los
visionarios del grupo no, y por lo tanto, pese a la posible generosidad
EN POS DE TERRITORIO 27

del suelo que pisaran, debían abandonarlo cuanto antes. De esta manera
los cambios sucesivos de agricultores a cazadores, o viceversa, fueron
provocados por las razones sociales imperantes y no determinados total-
mente por el ambiente geográfico; más bien eran acomodados a él.
Dice Tezozómoc que:

. . . en las partes que llegaban, si les parecía tierra fértil, abundosa


de montes y aguas, hacían asiento cuarenta años y en partes treinta,
otras veinte o diez y en otras tres o dos y un año, hasta en tanta
disminución, que de veinte días luego alzaban el zarzo por mandato
de su dios Huitzilopochtli; y les hablaba y ellos respondían y luego
a su mandado les decía: —"adelante mexicanos que ya vamos llegan-
do", diciendo: —"caza achitonca ton nenemica mexiatl". 5

En un peregrinar tan dilatado las detenciones habían de ser frecuen-


tes. El sector que envejecía retardaba el movimiento general y por lo
tanto la mejor solución era, quizás, reponer las fuerzas y reanudar
después la marcha dejando a los débiles e imposibilitados. Al tocar
este punto, Duran se refiere también al cultivo del maíz y expresa que,
después de plantado.

. . . si su dios tenía por bien que lo cogiesen lo cogían, y si no, en


mandándoles alzar el real, allí se quedaba todo, excepto cuando la
mazorca estaba de sazón; y muchas veces se quedaba para los viejos
y viejas y enfermos que no podían pasar adelante, con los cuales
quedaban aquellos lugares poblados y con semillas para siempre . . . 8

El asentamiento provisional en determinados lugares significaba para


los emigrantes no sólo descanso sino también, cosa importante, el avi-
tuallamiento para la siguiente etapa; incierta en cuanto duración y
meta. "Vinieron comiendo maíz de su propio itacate", escribe Chimal-
pain, es decir que consumían del bastimento que ellos mismos se habían
procurado durante los cultivos temporales que efectuaban utilizando las
semillas recogidas con anterioridad.
En los párrafos 29 y 30 del texto de Chimalpain se describen otros
diferentes matices de la economía de aquel conglomerado errante. Ade-
más de las alternancias ya indicadas entre agricultura y caza (y segura-
mente también de recolección), se hace referencia a la confección y uso,

i Tezozómoc, C mexicana, p. 8.
6 Diego Duran, Historia de las Indias de Nueva España y / Í & B | Tierna Firme,
2 v. y Atlas, notas de José F. Ramírez, México, Editora Nacional, 1951, v. i, p. 20.
28 MIGRACIÓN Y ASENTAMIENTO

durante la marcha, de arcos, flechas y aljabas; las redes, como instru-


mentos de caza, conforme avanzaban las disponían por los campos; su
abrigo lo constituían capas confeccionadas en piel. En fin, el discurso
del relato hace pensar en el grupo como poseedor de una economía auto-
suficiente; al menos así lo expresa el texto: "con lo cual vinieron sir-
viéndose de lo suyo".
Acerca de este momento, Tezozómoc apunta lo siguiente:

Trayendo ellos siempre su matalotaje, las mujeres cargadas con ello;


los niños, los viejos y los mancebos cazando venados, liebres, conejos,
ratones y culebras, que venían dando de comer a los padres, mujeres
e hijos; la comida que traían era maíz, frijol, calabaza, chile, jitoma-
te y miltomate, que iban sembrando y cogiendo en los tiempos y partes
que descansaban y hacían asiento, como dicho es, y como liviano que
era él chían y el huauhtli, lo traían cargando los muchachos; pero
sobre todo, en las partes que llegaban, lo primero que hacían era el cu
o templo de su ídolo dios Huitzilopochtli. . .7

Fig. 4. Los mexicas se convierten


en cazadores. (Tira de la peregri-
nación, 4)

En busca de una sede permanente, los antiguos mexicanos continua-


ron su peregrinar en la forma vivamente descrita por las crónicas. Más
tarde, al llegar al altiplano central, pese al parentesco cultural estable-
cido entre ellos y los grupos ya florecientes del lugar, fueron rechazados
a menudo. Esta actitud era lógica; siendo que "nadie conocía su rostro", |
ti decir su origen, sus costumbres y sus intenciones, se podían entonces
equiparar en cierto modo con aquellos bárbaros, o mejor dicho popolo-
cos, venidos del norte en busca de medios de subsistencia y que desde
tiempos lejanos habían amagado constantemente a importantes centros
de cultura como Tula y que tal vez fueron causa también de la obscura
y repentina destrucción de otros más antiguos como Teotihuacán.
En tal forma, no es de extrañar que, habiendo los aztecas dirigido sus"
ojos y sus pasos hacia las regiones irrigadas de Chapultepec, el señorío
7 Tezozómoc, op. cit., p. 8.
EN POS DE TERRITORIO 29

de Azcapotzalco, al que pertenecían, hubiera ordenado finalmente su


expulsión. Descalabrados, pasan 1 Culhuacán, centro hegemónico del sur
de los lagos y heredero de la anticua cultura tolteca; solicitan con humil-
dad un lugar de asiento, y sabiendo el gobernante de la belicosidad de
aquel grupo, s )bre todo después del desorejamiento de los xochimilcas,
les señala —"no sin mucha malicia y maldad", advierte Duran— 8 , la
región de Tizaapan, pedregosa e infestada de alimañas ponzoñosas, con
el fin de exterminarlos pasivamente.
Pero no todo había sido negativo para el mexicano de entonces. Ha-
ciendo un balance de los sucesos de su larga trayectoria puede anotarse
que los innumerables trabajos y padecimientos sufridos, así como el
contacto con las ideas y costumbres de otros pueblos, se habían trasto-
cado para ellos en múltiples experiencias provechosas; de tal manera
que con el transcurso, del tiempo esas mismas circunstancias provocaron
una nueva generación de individuos más adaptados y resueltos ante el
porvenir. (Entre esas experiencias debe citarse el caso singular de
la adopción de la sementera acuática o chinámitl que más adelante repre-
sentaría un sólido puntal de su economía.)
Ya cuando se tendía a dar fin al peregrinar, los aztecas constituían
un pueblo notoriamente modificado en cuanto a lo que había sido en el
inicio. En esos momentos los calificativos nahuas de mozcaliani, mixtla-
paloani, es decir, aprovechado, crecido, atrevido, animoso u osado, po-
dían aplicárseles con bastante certeza. Por ello mismo su llegada al paisa-
je yermo de Tizaapan no se tradujo, por lo menos en apariencia, en
actitudes medrosas o apáticas sino más bien en una gran actividad que
sorprendió a los de Culhuacán. En efecto, llegados a Tizaapan,

. . . los aztecas mucho se alegraron;


cuando vieron a las serpientes,
a todas las asaron,
las asaron para comérselas,
se las comieron los aztecas . . .9

En pocos años la región quedó convertida, si no en un vergel, al me-


nos en una tierra capaz de proporcionarles lo indispensable. Habían
construido sus jacales y el imprescindible templo de su dios, se practi-
caba la agricultura y, dice Duran, tenían "los asadores y ollas llenos de
culebras, dellas asadas y dellas cocidas". 10
8 Duran, op. cit., v. i, p. 32.
9 Tezozómoc, C. mexicóyotl, p. 50; la traducción es de León-Portilla, Los anti-
guos mexicanos..., p. 39.
10 Duran, op. cit., v. i, p. 32.
Fig. S. Mexicas preparando pul-
que de los magueyes conseguidos
en Chalco. (Tira de la peregri-
nación, 14)

Con el tiempo habían adquirido plena conciencia de sus posibilidades


tanto actuales cuanto futuras, las cuales, aunque difíciles de realizar,
eran realmente autenticas. Pero también sabían de sus limitaciones y una
de ellas (que más tarde habría de convertirse casi en obsesión, estaba
en su humilde origen, obscuro ante la tradición brillante de lor pueblos
que los rodeaban. De esta manera no fue mera casualidad que estando
asentados en los dominios de Culhuacán, poseedor de una elevada tradi-
ción cultural, suplicaran al señor del lugar, Achitómetl, les concediera
además de entrar a la ciudad con fines comerciales, su

. . . consentimiento para que emparentasen los unos con los otros por
vía de casamientos, casándose los hijos y hijas de los unos con hijos
y hijas de fos otros. u

Logrado este fin, sobrevino un nuevo problema. El lugar no llenaba


las cualidades que exigía la visión progresista de los aztecas; rendía lo
necesario pero no lo suficiente para sus miras. De hecho podrían haberlo
abandonado y en completa paz tratar de localizar otro mejor o, en vista
de sus recientes ligas con Culhuacán, solicitar nuevas concesiones. Pero
nada de esto se hizo. La salida sería, para agrado de Huitzilopochtli,
con guerra, sangre y muerte y con ello manifestar su creciente poderío i
y belicosidad, y además —aunque el significado era el mismo— darían
una muestra del matiz peculiar de su religión. El casus belli fue la muer-
te de la hija de Achitómetl, a la cual desuellan y hacen venerar por su
padre como a la misma madre de Huitzilopochtli; el sentido era magní-
fico ya que ellos y su religión quedaban por encima de los demás y
al mismo tiempo obtenían el pretexto para abandonar el lugar. En efec-
to, Achitómetl pregona Is lucha, se combate tenazmente, y los mexicanos
salen al fin de la región.
Todavía continuaron errando por algunos lugares ribereños, hasta

U Ibidem.
EN POS DE TERRITORIO 31

que por último, hacia 1325, llegaron al islote que habrían de nombrar
México Tenochtitlan y en el que se cumple el famoso mito:

Llegaron entonces allá donde se yergue el nopal.


Cerca de las piedras vieron con alegría
cómo se erguía un águila sobre aquel n o p a l . . .
Cuando el águila vio a los aztecas,
inclinó su cabeza . .,.12

Tales fueron, vagamente, los hechos acaecidos hasta el momento del


arribo de los antiguos mexicanos a lo que vendría a ser su sede defini-
tiva. Y una de las conclusiones que se desprende de ellos, quizás la más
clara, obvia pero sumamente significativa, se encuentra en el hecho in-
cuestionable de que muchos de los elementos culturales de que era
poseedor aquel conglomerado que arribaba al islote, no eran los mismos
que los que poseyeron los iniciadores de la migración.
Por los textos anotados puede observarse algo del acervo cultural de
los aztecas antes de iniciar la partida. Claramente se estipula un rasgo
de su organización política al mencionar la salida de los siete calpulli,
que en su conjunto constituyeron una estructuración tribal de carácter
religioso y económicamente autosuficiente; su guía era Huitziltzin, sa-
cerdote encargado de comunicarles los designios divinos. 13
Aunque las motivaciones de la peregrinación revestían un carácter
netamente económico, o sea la búsqueda de mejores medios de subsis-
tencia, la religión aparecía como estímulo máximo para todos los actos
y en consecuencia, era la casta sacerdotal la que ocupaba el sitio más
elevado de la estratificación social, tal como en otros pueblos primitivos.
Para las relaciones en aquellas circunstancias bastaba sólo con una di-
rectriz puramente religiosa.
El pujante militarismo y agresividad de los años posteriores no se
vislumbraba más que en su modo de ser: áspero, cerril y bravio en com-
paración con los pueblos ya asentados. Su surgimiento debía ser provo-
cado por causas peculiares íntimamente ligadas a la progresiva integra-
ción de la comunidad; y precisamente fue esto lo que sucedió en
Chapultepec. De los Anales de Cuauhtitlán vertemos el siguiente relato:

Aquí se habla de la plática de los ancianos de Cuauhtitlán y de la


historia de la destrucción de los mexicanos que fueron sitiados allá
en Chapultepec. Se dice, se expresa que los mexicanos, que ya llevan
12 Tezozómoc, C. mexicáyotl, p. 66; la versión es de León-Portilla, op. cit.,
p. 42.
13 El número de teomamaque o portadores del Dios, varía según las fuentes.
32 MIGRACIÓN Y ASENTAMIENTO

47 años en Chapuliépec es mucho ya lo que alborotan y mortifican:


ya escarneciendo a la gente, ya arrebatando las cosas, ya tomando a
la mujer o a la doncella de alguno, y muchas otras cosas de burla.
Por lo tanto, se enojaron los tepanecas de Tlacopan, de Azcapotzalco,
de Coyohuacan y de Colhuacan. Luego se concertaron y dispusieron su
palabra para que desaparecieran de en medio los mexicanos. Dijeron
los tepanecas: "¡Conquistemos a los mexicanos! ¿Qué es lo que hi-
cieron que estre nosotros se vinieron a situar?" 14

Entretanto, la casta religiosa dirigente de los mexicanos —al igual


que todo sector privilegiado de cualquier sociedad, que lucha por con-
servar su sitial—, tuvo que recurrir a estratagemas singulares. Para
explicar aquella situación típicamente guerrera, tuvo que dotar a la rea-
lidad imperante de un sentido místico-religioso que, en resumen, expuso
del siguiente modo: Cópil, hijo de Malinalxóchitl, ofendida hermana de
Huitzilopochtli, en venganza había logrado encender los corazones de los
pueblos ribereños en contra de los mexicanos; Huitzilopochtli lo sabía
y así lo hizo comunicar a su pueblo, ¿cómo?, precisamente a través de
la casta religiosa. Así, la situación de preeminencia de ésta quedaba
salvada; pero de todos modos se tenía por fuerza que hacer frente a la
realidad palpable y para lograrlo habría que enfrentarle otra, de signo
contrario pero de la misma cualidad; y esto se tradujo en la búsqueda
de un hombre esforzado y valeroso que supiera guiarlos a través del
combate. Sobre este punto expresa Duran que los mexicanos, temerosos
por el aviso, eligieron a un caudillo

. . . de los más ilustres que en la compañía venían, el cual tenía por


nombre Huitzilíhuitl, para queste los ordenase y guiase y diese indus-
trias de lo que habían de hacer, teniendo opinión de él que era hom-
bre industrioso y de valeroso corazón. Electo por capitán general desta
gente, habiéndole dado todos la obediencia, mandó que por toda la
frontera de aquel cerro se hiciesen muchas albarradas. . .1S

Si no victoriosos, los mexicanos lograron al menos escapar a otros


lugares. De cualquier forma, lo importante de este hecho está en la
grieta, minúscula y momentánea quizás, formada en el arbitrio absoluto
de la organización religiosa. Huitzilíhuitl fue aprisionado e inmolado
por sus enemigos; empero dejaba el precedente de haberse encargado
en forma netamente militar de la dirección total del grupo.
Por lo anterior cabe pensar con certidumbre que con ello se abría una

1* Anales de Cuauhtitlán, en Die Geschichte der Kbnigreiche von Colhuacan und


México, Textmit Übersetzung voB Walter Lehmann, Stuttgart und Berlín, Verlag
von W. Kohlhammer, 1938, fol. 16; Ap. n, 2.
IB Duran, op. cit., v. i, p. 32.
EN POS DE TERRITORIO 33

nueva conciencia en la casta dominante ya que vislumbraba la posibili-


dad de un desquebrajamiento en su autoridad, y entendía al mismo
tiempo la necesaria existencia del sector militar; el que, además, podría
lograr el control del poder universal.
La aparición y muerte de Huitzilíhuitl significa entonces el antece-
dente más claro de la síntesis místico-guerrera de los años posteriores;
antecedente, también, del progreso relativo que esa síntesis llegaría a re-
presentar. E) poema que sigue describe los últimos momentos de este
precursor del poderío de los mexicas:
L
Con los escudos hacia abajo
fuimos vencidos los mexicanos
junto a las piedras de Chapultépec ¡ ah!
Hacia los cuatro rumbos serán llevados
los hijos de la gente.
i Se lamenta el señor Huitzilíhuitl.
Otro pendón más es cortado de sus manos
en Colhuacan. 18

Haciendo una recapitulación de los elementos culturales de los ances-


tros de los antiguos mexicanos, tenemos lo siguiente: formas diversas
de producción (agricultura, caza, pesca y recolección), practicadas según
las condiciones objetivas de trabajo determinadas; conocimiento de la
sementera acuática y el uso de la red, el arco y la flecha, y del átlatl o
lanzadardos que readoptan en Tacubaya (Atlacuihuayan); por lo que
respecta a la división del trabajo, la caza era labor exclusiva del ele-
mento masculino y las mujeres, además de la preparación de alimentos,
se encargaban de transportar las vituallas menos pesadas, ayudadas por
los muchachos de corta edad; el alimento principal estaba constituido
por maíz, frijol, calabaza, chile y jitomate. En suma, la cultura de aquel
agregado humano durante su peregrinación, ciertamente mesoamericana,
aunque incipiente y sin brillo, se incrementaba y pulía constantemente. 1T
A través del tiempo y del contacto continuo con diferentes formas de
vida y medios geográficos, la constante búsqueda del sustento en muy
variadas circunstancias y los climas de hostilidad encontrados o estimu-
lados por ellos mismos, motivaron un cambio notable en la conciencia
del grupo y crearon las condiciones necesarias para una futura trans-
formación en la estructura social.
16 Anales de Cuauhtitlán (ed. Lehmann), fol. 17; Ap. n , 3.
17 Cfr. Carlos Martínez Marín, "La cultura de los mexicas durante la migración |
Nuevas ideas", Actas y memorias del XXXV Congreso Internacional de America-
nistas. México, 1952, México, t. n ; 1964, p. 113-124.
34 MIGRACIÓN Y ASENTAMIENTO

Para el primer cuarto del siglo xiv, el mexicano de la recién fundada


Tenochtitlan, además de ser físicamente más apto, poseía una visión
más amplia de las cosas y para sus problemas contaba con un número
considerablemente mayor de recursos de solución.
Pero el cambio experimentado era sólo cuantitativo. Habrá que espe-
rar algún tiempo, poco más de un siglo, para que sus circunstancias
sociales experimenten una completa diferenciación. Para entonces, la
receptividad de experiencias se habrá saturado y al desbordarse ocurrirá
el cambio total; la cantidad cederá el paso a lo distinto y siendo así,
México Tenochtitlan tomará el cargo de directriz universal.
Y es precisamente hacia este tiempo en el que Cuauhtlequetzqui, al
decir de Chimalpain, pronuncia su célebre predicción:

En tanto que permanezca el mundo,


no acabarán la fama y la gloria
de México Tenochtitlan. 18

2. TENOCHTITLAN Y AZCAPOTZALCO

Llegados los mexicanos a la mencionada isla, su primera acción fue


levantar tanto el adoratorio de Huitzilopochtli cuanto los jacales o cho-
zas que ellos mismos habitarían. Uno y otros de fábrica humilde y
pobre por carecer el lugar de los materiales adecuados para la cons-
trucción. w En efecto, la isla no era, como se podría deducir del famoso
mito sobre la fundación de México, un paraíso terrenal; su superficie
era bastante reducida, las aguas que la circundaban semisalobres y la
vegetación imperante se reducía a meros cañaverales, juncales y espa-
dañas. Por lo que respecta al sustento, sólo podía ofrecer raíces de dife-
rentes hierbas, peces, ranas, ajolotes, carnaroncillos, moscos, gusanos
y todo género de sabandijas propias de una región lacustre, además
de pájaros y diversas aves acuáticas.
Chimalpain, al referirse a cierto ofrecimiento por parte de los anti-
guos mexicanos, proporciona una relación sumaria de los productos de
la laguna:

18 Chimalpain, Memorial breve, fol. 60r; Ap. n, 4.


19 Fray Juan de Torquemada, De los veinte y un libros Anales y monarquía in-
diana, con el origen y guerras de los indios occidentales, de sus poblaciones, descu-
brimiento, conquista, conversión y otras cosas maravillosas de la mesma tierra,
edición facsimilar de la de 1725, 3 v., México, Editorial Salvador Chávez Hayhoe,
1943, v. xi, p. 92.
TENOCHTITLAN Y AZCAPOTZALCO 35

Cada día les daban


todo lo que en el agua se produce:
los peces, las ranas,
cocoles del agua, a
gusanillos de la laguna,
tamales de gusano, b
tortillas de mosco c
y camaroncillos o acociles y bledos de agua.
Y luego, los patos,
ánsares, grullas,
chichicuilotes, apopohtli d
y ánades.
En verdad que mucho les afligían
ya que todo les pedían;
sobre todo el plumaje
de los apipixcan, de los pájaros del agua,
y luego las plumas ricas de color. 20

Así pues, la economía de aquel entonces se sustentaba primordial-


mente en las técnicas de obtención representadas por la caza de aves
acuáticas y la recolección y pesca de productos de la laguna. Esta eco-
nomía resultaba suficiente para la necesidad más inaplazable del pueblo;
con ella el problema de la nutrición quedaba salvado, pero dejaba en
pie otros no menos importantes como el de la habitación (humana y
divina) y el del vestido, por no citar más que los primarios.
Si los recursos naturales de la isla no bastaban con plenitud al sos-
tenimiento de la población, entonces, ¿por qué razón decidieron los
mexicas fijar su sede definitiva en ese lugar y aun revestir el acto con
apariencia divina, máxime que tiempo atrás habían ocupado lugares
mucho más pródigos y adecuados que éste?; además, debe considerar-
se en esta interrogante que cada vez que pisaban tierras propicias, su
numen tutelar les ordenaba abandonarlas y les prometía otras que
—supuesto el origen divino de la promesa—, necesariamente debían
encerrar mayores posibilidades.
Respecto de los sitios prometidos, es muy posible que en la mente
del hombre común se dibujara un panorama pleno de esperanza, algo
así como una tierra de promisión, como un paraíso. Pero en todo caso,
esto sólo podría acontecer entre la gente sencilla del pueblo y no entre
los promotores del grupo. Si aquéllos, apremiados por su posición de

20 Chimalpain, op. cit., fol. 30r-v; Ap. n, 5. a) Tecuittatl, b) ocuiltamalli, c)


axaxayacatlaxcalli, d) apopohtli o ave buceadora.
36 MIGRACIÓN Y ASENTAMIENTO

subordinación económica y social, sólo enfocaban la atención en el


modo de satisfacer sus necesidades más inmediatas, éstos en cambio
podían ver más allá; su posición les permitía obviamente más y dife-
rentes puntos de vista. Su urgencia no estaba tanto en lo cotidiano del
sustento cuando en la perennidad del mismo; quizás más que la pro-
ductividad les importara la propiedad del suelo y, desde luego, las
relaciones con el exterior también les constreñirían sobremanera en
la búsqueda del asiento final.
Algunos pasajes de la peregrinación permiten ver cómo después de
haber ocupado lugares más o menos feraces, los fueron abandonando
sucesivamente, unos, por mandato divino, otros, por su propia intole-
rancia; o también, como el caso de Tizaapan en donde fueron ellos los
inductores de su propio lanzamiento.
Entonces, ¿qué mejoría representaba aquella isla?, ¿qué valor ence-
rraba? Para el hombre común, repetimos, tal vez ninguno, pero no así
para sus guías. Para éstos, que ya habían adquirido una clara experien-
cia sobre el sentido de la sujeción o dependencia política, el sitio anhe-
lado debía ser, si no independiente, al menos con posibilidades de
serlo.
La isla no estaba libre pero su condición resultaba peculiar, ya que,
según la versión de Duran:

. . .era sitio y término de los de Azcapotzalco y de los de Tetzcuco;


porqué allí llegaban los términos del uno y del otro pueblo, y por la
otra parte del mediodía, términos de Culhuacán. 21

Pero más que esto contaría la situación estratégica, puesto que pre-
cisamente por su carácter lacustre, el lugar quedaba aislado y protegido
naturalmente, sin la necesidad, al menos inmediata, de la fuga de ener-
gías que representaría el mantenimiento de un cuerpo militar. Respecto
de esa singular defensa dice Torquemada que:

. . . vinieron a conocimiento [los de la ribera] de que en medio de


estas aguas habían algunas gentes pobladas; aunque deseaban saber
quiénes fuesen, no se atrevían por respeto de estar en medio de las
aguas (que entonces era esta laguna dulce muy honda) y por no
atreverse a entrar en ella por no saber modo de poder salir. Pero
vinieron a entender que eran los mexicanos los que allí se habían
rancheado y hecho su población; y aunque muchas veces quisieron
hacerles guerra, no osaban por la razón dicha. 22

21 Duran, np. cit., v. i, p. 41.


22 Torquemada, op. ciL, v. I, p. 93.
TENOCHTITLAN Y AZCAPOTZALCO 37

De tal manera que desde el momento de poner el pie en la isla, la


propiedad de la misma quedaba de hecho casi asegurada y hacía posi-
ble, a través del carácter comunitario del grupo, la organización del
trabajo con miras a un verdadero sistema comunal. Por lo tanto no eran
desdeñables, a los ojos de los promotores, las cualidades de aquel sitio.
Podía responder con una relativa independencia en cuanto al exterior
e igualmente satisfaceír la elemental necesidad del diario sustento, aun-
fpg- sin gran variedad. Los demás recursos inherentes a la vida se
podrían alcanzar después.

Fig. 6. Transporte de materiales a través del


lago. {Códice Mendocino, 64)

El faltarles entre otras cosas, piedras, madera y otros materiales


para la edificación, los movió a establecer sus primeras relaciones de
índole comercial con los moradores de tierra firme. La penuria en que
se encontraban en algunos aspectos los impulsó a pasar de una econo-
mía autosuficiente a otra de mercadeo, para lo cual se aplicaron a
lograr una mayor cosecha de los diversos productos lacustres que a la
postre fueron ofrecidos en trueque, sobre todo, en los mercados tepa-
necas.
A continuación se transcribe la mención que hace Duran acerca de
este cambio en la economía básica de los mexicanos, así como de los
métodos constructivos que utilizaron para la urbanización de la isla.
Se dice que teniendo en cuenta los días de mercado en los pueblos de
la comarca, hombres y mujeres:

. . . salían en nombre de cazadores de aves y pescadoras y trocaban


aquellas cazas y pescas por madera de morillos y tablillas, leña y cal
y piedra; y aunque la piedra y madera era pequeña, con todo eso,
aunque con trabajo, empezaron a hacer esta casa de aquellos morillos
y hacer poco a poco plancha [o consolidación por pilotes] y sitio de
ciudad, haciendo cimiento encima del agua, con tierra y piedra que
38 MIGRACIÓN Y ASENTAMIENTO

entre aquellas estacas echaban, para después fundar sobre aquella


plancha y trazar su ciudad .. . 23

Al tiempo que se colocaban los cimientos de la ciudad, se disponían


también los de la sociedad. La organización que se adoptaba no era
original ni nueva pero sí satisfactoria y además provenía del arbitrio
de la divinidad suprema. Por consiguiente, la casta religiosa acuerda
nuevamente por mandato de Huitzüopochth:
que se dividan los señores, cada uno con sus parientes, amigos
v allegados en cuatro barrios principales, tomando en medio a la
casa que para mi descanso habéis edificado; y que cada parcialidad
edifique en su barrio a su voluntad. 24

Tal y como las cuatro parcialidades —con sus dioses, señores, ocupa-
ciones, subdivisiones, administración y distribución de bienes y trabajo

Fig. 7. Labores m, el lago en tiempo de Acamapichtli. (Códice Azcatitlan, 13)

23 Duran, op. cit., v. i, p. 42. También Tezozómoc, C. mesicáyotl, p. 72-73.


24 Ibidem.
TENOCBTIITLAN Y AZCAPOTZALCO 39

comunales— quedaron concentradas en torno del santuario y dios prin-


cipales, en semejante forma debian centralizarse también los poderes
temporales. Y ese centro unificador vendría con la designación de una
persona que, con cualidades singulares, soportara el peso de la adminis-
tración y representación de la comunidad.
La designación recayó en Acamapichtli, pero no por mero azar. Des-
cendía por línea paterna del sector primado de México y por línea
materna de los soberanos de Culhuacán. De tal suerte que el poder era
depositado, por un lado, en la misma y antigua línea de dominio, y por
otro, se incrementaba y pulía con la tradición culhuacana conectada con
la tolteca. Además, la elección significaba no sólo la preparación del
estado mexicá sino también Jg validación oficial de la nobleza (pillotl).
El pretexto de esto último fue la esterilidad de Ilancuéitl, la noble
culhuacana que según varias fuentes fue dada por esposa a Acama-
pichtli.
Refiere Duran que ante la infecundidad de esta señora:

. . . los grandes señores y ayos del dios, cada uno ofreció al rey una
de sus hijas por mujer, al rey, para que de allí sucediese línea de
los señores de la tierra. 25

Debe destacarse en este momento una de las particularidades que


más redituaron a México Tenochtitlan: su manera de actuar no precisa
y únicamente en virtud de lo presente, sino más bien como prepara-
ción y cimiento del futuro.
De este modo la eleccióst de Acamapichtli, además de ser en su
momento un factor decisivo para la cohesión de los tenochcas ante las
presiones no sólo externas sino aun de sus hermanos tlatelolcas, en lo
futuro significaría la ilustre cepa de la nobleza mexicana; y aún más,
en su persona se localizaría la coyuntura entre ellos y los grandes cen-
tros del altiplano.
Después de un largo reinado muere Acamapichtli hacia 1390, dejan-
do definida la forma electiva para el cargo supremo así como la política
a seguir a base de trabajo y paciencia.
Palabras como las que siguen, dirigidas al tlatoani entrante •—Hui-
tzilíhuitl—, serán comunes en todas las elecciones posteriores, quizás
con apariencia de mero formulismo pero bastante acertadas para estos
momentos:

Valeroso mancebo, rey y señor nuestro: no desmayes ni pierdas huel-


go por el nuevo cargo que te es dado para que tengas cargo del agua
Mlbidem, p. 48.
40 MIGRACIÓN Y ASENTAMIENTO

y de la tierra deste tu nuevo reino, metido entre esta aspereza de


cañaverales, carrizales y espadáñales y juncias adonde estarnos deba-
jo del amparo de nuestro Dios Huitzilopochtli, cuya semejanza eres;
bien sabes el sobresalto con que vivimos y trabajos por estar en
tierra y términos ajenos, por lo cual somos tributarios de los de
Azcaputzalco; dígotelo y tráigotelo a la memoria no porque entienda
que lo ignoras, sino porque cobres nuevo ánimo y no pienses que
entras en este lugar a descansar, sino a trabajar; por tanto, señor,
bien ves que no tenemos otra cosa qué te ofrecer ni con qué te re-
galar; bien sabes con cuánta miseria y pobreza reinó tu padre, lle-
vándolo y sufriéndolo con gran ánimo y cordura. 26

Por el mismo texto se advierte en cierta manera la situación de


México Tenochtitlan al momento de tomar su cargo Huitzilíhuitl. Po-
dría haber progresado efectivamente en cuanto a población, urbaniza-
ción y técnicas de producción, pero aún seguía entre la "aspereza de
cañaverales..." y sobre todo, continuaba sujeta y tributaria de Azca-
potzalco. También puede repararse en el relativo desarrollo precisa-
mente por la elección y asimismo por los singulares tributos con que
Tezozómoc angustiaba a los mexicanos; ambos, factores consecuentes
e indiscutibles de la evolución habida. Hay que resaltar, también, la
singular importancia de la designación del señor o tlatoani como supre-
mo administrador de los bienes de la comunidad, según la expresión:
"para que tengas cargo del agua y de la tierra".
Con Huitzilíhuitl se prosigue la misma postura pasiva pero de fran-
ca preparación del gobierno anterior. Las circunstancias por las que
pasaban no les permitían hacer frente a los poderosos tepanecas. La
guerra no era entonces factible pero en cambio la diplomacia podía dar
excelentes frutos. '
Aprovechando pues la soltería del joven tlatoani y ante la cada vez
mayor opresión que sobre ellos descargaba Tezozómoc, señor de Azca-
potzalco, resuelven audazmente suplicar a éste conceda regir a una de
sus hijas, junto con Huitzilíhuitl, la vida de la isla de México. Tezozó-
moc acepta y Ayauhcíhuatl es llevada al islote. Como final feliz, al cabo
de cierto tiempo, engendra un niño que promueve la alegría tanto en
los mexicanos cuanto en el abuelo. Para aquéllos el hecho resultaba
doblemente venturoso puesto que a la postre Tezozómoc les redujo el
tributo, tanto, que prácticamente quedaba nulificado. En adelante Méxi-
co debía pagar sólo con algunos ánades, peces y ranas y otras saban-
dijas de la laguna; lo cual equivalía sólo a un simple símbolo de vasa-
llaje.

29Ibidem, p. 55.
Fig. 8. Criaderos o cercados en el ¡ago. (Códice Azcatitlan, 14)

Durante el gobierno de HuitzilíMitl, gracias a la calma que repre-


sentaba la actitud deferente de Tezozómoc, se experimentó un nuevo
auge en Tenochtitlan; las relaciones de intercambio con el exterior le
permitieron ya construir con adobe y piedra; al ir cegando la laguna
se aumentaba la superficie cultivable de la isla; se disponían acequias
y acrecentaba la navegación que, precisamente por el carácter de la
ciudad, permitió a los mexicanos traficar con cierta autonomía en los
centros que circundaban el lago; recibir los productos traídos por mer-
caderes propios y extraños y aun establecer lazos de unión por la vía.
diplomática o de matrimonios. Esta misma situación hizo posible el
contacto ventajoso con lugares más apartados como fue el caso típico
de Cuauhnáhuac (Cuernavaca).
Se dijo ya de la necesidad que los mexicanos tenían de recursos de
índole diversa sólo existentes fuera de la órbita de sus relaciones. Entre
ellos era sin duda el algodón uno de los más urgentes, pero su produc-
ción, además de la de una gran variedad de comestibles, provenía de
las ricas tierras de Cuauhnáhuac que «por entonces estaban bajo el
señorío de Ozomatzin, padre de la hermosa Miyahuaxihuitl. Y por esa
misma necesidad es comprensible que cuando Huitzilíhuitl ordenó la
búsqueda de una esposa en Chalco, en Aculhuacan, en Culhuacan, en
Cuitláhuac o en Xochimilco, en ningún lado la encontraran, sino que .. .

sólo allí donde lanzó su corazón, en Cuauhnáhuac; por lo cual en


seguida envía hacia allá a sus padres, los mexicanos que irán a [con-
certar] su matrimonio. 21

^Tezozómoc, C. mexicáyotl, p. 91 ; Ap. u, 6.


42 MIGRACIÓN Y ASENTAMIENTO

Pero llegados los casamenteros ocurre algo que viene a demostrar


la pobreza y el poco brillo de la isla de México, así como la abundancia
de la región que señoreaba Ozomatzin. Al escuchar éste que el señor de
México pretendía desposar a su hija, exclama indignado:

1 Qué es lo que dice Huitzilíhuitl ? i Le ofrecerá sus tunas que están


dentro del agua? ¿De manera que de hilo y musgo acuáticos la hará
vestir, tal como él se hace vestir, se hace poner bragas de hilo y mus-
go acuáticos? ¿Y qué beneficio le hace? ¿Es por ventura [aquél]
un lugar como éste que produce toda una variedad de comestibles,
de frutas, y el algodón necesario para el vestido ? Pero ¡ id en paz,
decid todo esto a vuestro señor Huitzilíhuitl! ¡ Ya no vengáis otra
vez aquí! 28

A la postre, según Alvarado Tezozómoc, no obstante la renuencia de


Ozomatzin, Huitzilíhuitl logró para sí, dizque mediante artimañas suge-
ridas en sueños, el amor de Miyahuaxíhuitl; y para su pueblo o al
menos para un sector de él, algodón para el vestido. Torquemada señala
lo siguiente:

Desde este tiempo refieren las historias que los mexicanos comen-
zaron a usar ropa blanca de algodón, el cual se da mucho en aquella
provincia [de Cuauhnáhuac], y se vestían de ello los moradores de
ella; de lo cual carecían los mexicanos por estar, como hemos dicho,
metidos dentro de las aguas de esta laguna y fue éste un gran bene-
ficio que estas pobres gentes recibieron por estar tan faltos de ropa,
como estaban, y no vestir si no eran ayates de nequén que por ven-
tura entre los tepanecas rescataban con las legumbres y marisco de
esta dicha laguna. 29

Una situación semejante persistía aún a fines del siglo xvi ya que
el algodón seguía importándose de estas regiones. Las relaciones histó-
rico-geográficas correspondientes al Arzobispado de México dan razón
de ello:

El algodón que han menester para vestirse ellos y sus mujeres y


hijos, lo compran en los mercados que se hacen en este pueblo [de
Chimalhuacán] cada lunes de la semana, el que se trae del Marque-
sado y otras partes de tierra caliente, porque en esta tierra no se da
ni cría, por ser fría . .. 30
28 lbidem, p. 93; Ap, n, 7.
29 Torquemada, op. cit., f. i, p. 104.
30 Francisco det Paso y Troncoso, Papeles de Nueva España, Segunda serie:
Geografía y estadística, publicados de orden y con fondos del gobierno mexicano
p o r . . . , vol. 4, 5, 6 y 7, Madrid, Est. Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra,
1905-1906, v. vi, p. 78.
TENOCHTITLAN Y AZCAPOTZALCO 43

Al momento de la muerte de Huitzilíhuitl el potencial económico en


Tenochtitlan parece haber alcanzado el nivel más o menos propicio para
su liberación; sólo faltaba la ocasión para actuar. Mientras tanto, cabía
la posibilidad de solidificar aún más las fuerzas; todavía se podía sacar
partido de la liga establecida desde tiempos de Ayauhcíhuatl.
En estas circunstancias, la designación de Chimalpopoca encajaba
perfectamente bien y por ello parece no hallarse en su elección el mismo
criterio seguido en las de los dos señores anteriores y en las de los que
le siguieron. Para el caso no se necesitaba, en rigor, ni arrojo ni valen-
tía ni nada por el estilo, ya que sólo se precisaba del enlace formal
con el poder hegemónico depositado en Azcapotzalco. En tal virtud,
Chimalpopoca era convertido de hecho en mero instrumento para redon-
dear la situación .mexicana a través de su parentesco con el anciano
tlatoani tepaneca y gracias a esa afinidad México pudo todavía recibir,
entre otras cosas, una parte del botín que Tezozómoc, con la ayuda
mexica, obtuvo de la guerra contra Ixtlilxóchitl.
A la muerte de Tezozómoc se presentan los acontecimientos relativos
a la sucesión en Azcapotzalco • y en los que al final de cuentas resulta
Maxtla vencedor. Los mexicanos que habían tomado partido por-Ta-
yauhtzin, hermano de aquél, quedan no sólo derrotados en este sentido
sino que además pierden a Chimalpopoca; y lo mismo ocurre en Tlate-
lolco con la muerte de Tlacateotzin. De ello provino la contienda en
contra de Azcapotzalco.
Pero estos hechos eran sólo causa secundaria de la guerra, el pretex-
to. Fueron el resultado Último de razones más profundas. En esos
momentos los mexicanos habían ya superado toda una serie de etapas
de su desarrollo; contaban con un territorio de cualidades positivas
diversas; un gobierno central englobaba todos los poderes; su economía
había rebasado é, nivel de simple subsistencia y las fuerzas y los medios
de producción se incrementaban; en fin, como acontecía con otros con-
glomerados del valle, se encontraban en franco desenvolvimiento. Sin
embargo, existía un serio obstáculo que desde hacía mucho tiempo
frenaba ese movimiento evolutivo: Azcapotzalco. Por lo tanto, al cabo
de un siglo de preparación, fue preciso suprimirlo.
Ahora bien, en las relaciones de dominio y sujeción entre los pueblos,
puede percibirse a veces un comportamiento especial e íntimamente
ligado a la manera en que dicha sujeción es llevada a cabo. En forma
simplificada puede expresarse así: a mayor aspereza por parte del

31 Vid. Alfredo López Austin, "Los señoríos de Azcapotzalco y Tezcoco",


México, Museo Nacional de Antropología, 1967, 30 p. mim. (Ciclo de conferencias:
Historia prehispánica, 7).
44 MIGRACIÓN Y ASENTAMIENTO

sector que ejerce el dominio, mayor será la celeridad con la que los
sojuzgados busquen su libertad. Esto no quiere decir de ninguna mane-
ra que en el caso contrario no se logre la desarticulación de la relación
dicha. Un comportamiento suave, paternalista, por parte del que tiene
en sus manos las riendas del poder, trae de todos modos, aunque sea en
mayor tiempo, los mismos resultados. En este sentido podemos advertir
cómo, durante el gobierno de Huitzilíhuitl, las relaciones con Tezozó-
moc se habían mejorado tanto que, a la muerte de aquél, México con-
taba ya con un poderío y una influencia suficientes como para buscar
su liberación; pero aún vivía Tezozómoc y se podía sacar mayor prove-
cho de su parentesco con Chimalpopoca. Sólo en última instancia fue
necesaria la actitud definitivamente contraria de Maxtla para acelerar
el rompimiento. Por eso siempre aparece Maxtla -7-0 más común el
despectivo Maxtlaton— como causa principal o única de la guerra; así
lo indica el siguiente fragmento de Chimalpain:

Y es así como se originó la guerra;


cuando comenzó,
sólo les venía a exigir la chinampa
Maxtlaton, señor de Azcapotzalco... 32

En los marcos de inquietud, de angustia y zozobra, propios de los


preámbulos a las guerras, suelen darse hechos de singular importancia
que pueden ser culminación de causas anteriores o creados por motiva-
ciones del momento. En el presente caso, al quedar México acéfalo
por la muerte de Chimalpopoca y ante la inminencia de la lucha, la
incertidumbre se acrecentó entre los electores. La elección debía ser
ya no como la anterior, sino que ahora se llevaría a cabo en una per-
sona realmente valerosa y capaz de sobrellevar la carga que se aproxi-
maba. Ciertamente con esto renació, pero ahora en forma definitiva,
la conciencia de la existencia de la nobleza engendrada por Acamapich-
tli. Parte del discurso sobre la muerte de Chimalpopoca y su sucesión
dice así:

. . . no se feneció aquí la nobleza de México, ni se aniquiló la sangre


real; volved los ojos, mirad en derredor y veréis la nobleza de
México puesta en orden, no uno TÉ dos, sino muchos y muy excelen-
tes príncipes, hijos de Acamapichtli, nuestro verdadero rey y señor,
escoged: éste quiero, estotro no quiero; si perdisteis padre, aquí

82 Chimalpain, Diferentes historias, fol. 91r, en Memorial, p. 156; Ap. n, 8.


También en Víctor M. Castillo F., "Un preámbulo a la guerra de Azcapotzalco",
Estudios de Cultura Náhuatl, México, v. vn, 1968, p. 211-223.
TENOCHTITLAN Y AZCAPOTZALGO 45

hallaréis padre y madre; haced de cuenta, oh mexicanos, que por


breve tiempo se eclipsó el sol y que se obscureció la tierra y que
luego tornó su l u z . . . 3 3

Otro hecho que trascendió firmemente en el desarrollo ulterior de


Tenochtitlan tuvo su origen en los momentos precisos de la iniciación
de la guerra. El motor que lo impulsó se localiza en el temor de la
gente del pueblo ante la amenaza del combate. Aunque sus derechos
y obligaciones podrían ser idénticos a los que tenían los de condiciones
sociales semejantes en Azcapotzalco, no consideraron —ni podían por
sus propias circunstancias— los posibles beneficios que pueden obte-
nerse de una lucha tal; para ellos era preferible continuar sujetos, como
hasta la fecha lo estaban, a exponer sus vidas o caer en peor suerte en
el supuesto de una derrota. Sabido esto por Itzcóatl, Tlacaélel y los
demás señores, pactaron con el pueblo: en caso de no alcanzar la vic-
toria, todos ellos se entregarían a su venganza. Según el relato, el pue-
blo no sólo eceptó, sino que les brindó una mayor ganancia:

. . . nos obligamos, si salís con vuestro intento, de os servir y tribu-


tar y ser vuestros terrazgueros y de edificar vuestras casas y de os
servir como a verdaderos señores nuestros, y de os dar nuestras
hijas y hermanas y sobrinas para que os sirváis dellas... y final-
mente vendemos y sujetamos nuestras personas y bienes a vuestro
servicio para siempre. 34

La guerra terminó con el consabido triunfo de México y sus aliados;


y por lo que respecta a lo pactado:

Allá entonces viene a cumplirse el voto, dijeron:


—¡ Oh señores nuestros!
Completamente, por entero
venimos arrepentidos, acongojados.
En vuestra gracia vivimos, señores nuestros.
Y por ello introduzcámonos allá, en el lugar del aliento,
ahí se lo haremos saber:
¡ coloquemos las estacas!
¡pongamos los cimientos!
¡edifiquemos las casas!

33 Duran, op. cit., v. i, p. 67.


8* Ibidem, p. 75. También en Tezozómoc, C. mexicana, p. 30-31; Códice
Ramírez. Relación del origen de los indios que habitan en Nueva España, según
sus historias, examen de la obra, con un anexo de cronología por Manuel
Orozco y Berra, México, Editorial Leyenda, 1944, 306 p. p. 58.
46 MIGRACIÓN Y ASENTAMIENTO

pues el sitio de nuestros señores será en México Tenochtitlan,


lo cual vinimos a lograr:
¡ Somos mexicanos, somos tenochcas! 3íí

Con la derrota de Azcapotzalco se cierra un ciclo preparatorio entre


los antiguos mexicanos, pero al mismo tiempo se inicia el arranque
definitivo de su estructuración. Uno de sus mayores constructores lo
fue sin duda Tlacaélel, quien desde el primer momento ideó y llevó
a cabo las reformas a la administración económica y a las organiza-
ciones política y religiosa que definirían a la sociedad azteca hasta su
ocaso en 1521. 36 Con ello no sólo la gente cambiaría en su comporta-
miento, sino también su ciudad. Tenochtitlan, antes sujeta, llegaría a
ser dueña del mundo, del Cemanáhuac, y su apariencia originalmente
humilde se cubriría con un ropaje florido:

. . . no parecía la ciudad [dice Alvarado Tezozómoc], de tres a cua-


tro leguas, sino un laberinto, huerto florido, deleitoso y alegre, que
daba contento el verle. 37

35 Chimalpain, Diferentes historias, fol. 92 v, en Memorial, p. 160; Ap. n, 9.


También en Castillo F., op. cit.
WCfr. vid. León-Portilla, op. cit., | t 44 y ss. y 86 y ss.; también Siete ensayos
sobre cultura náhuatl, México, Universidad Nacional Autónoma de México,
Dirección GeneTal de Publicaciones, 1958, 158 p. (Ediciones Filosofía y Letras,
31), p. 117 y ss.; La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, prólogo de
Ángel Ma. Garibay K., 3 ' ed., México, Universidad Nacional Autónoma de México,
Instituto de Investigaciones Históricas, 1966, xxiü-(-411 p. (Serie de Cultura
Náhuatl, Monografías: 10), p. 249-259.
87 Tezozómoc, C. mexicana, p. 379.
FUERZAS
PRODUCTIVAS
L X.OS MEDIOS DE PKODUCCIÓN

Hacia la tercera década del siglo quince, suprimidas ya las causas que
frenaban su desarrollo, México Tenochtitlan podía iniciar abiertamente
su carrera. Únicamente faltaba actuar y sus habitantes lo hicieron con
provecho. Resultado de ello es el panorama que diversas fuentes trans-
miten acerca de la admirable condición de dicha ciudad hasta la llegada
de los conquistadores españoles.
Pero surge la pregunta: ¿cómo obraron y de qué recursos se valie-
ron los antiguos mexicanos para lograr un panorama tal ? | Qué facto-
res determinantes dieron origen a esa visión que hoy tenemos de la
capital de los tenochcas?
Son ciertamente innúmeros y diversos los elementos que intervienen
en el desenvolvimiento de las sociedades, pero, para proseguir la línea
trazada en este estudio, sólo se hará hincapié en aquellos que, aunque
en ocasiones carentes de brillo, constituyeron la base sobre la que des-
cansó la organización social de los mexicanos y que en conjunto inte-
graron las fuerzas productivas, por un lado, y las relaciones de produc-
ción, por otro.
Como se sabe, las fuerzas productivas están constituidas por tres ele-
mentos primordiales que se relacionan íntimamente. Ellos son: a) el
elemento humano, en tanto que su trabajo físico o intelectual, se pro-
yecta a la satisfacción de sus propias necesidades, o lo que es igual, a
la producción o desarrollo de los hombres; b) la naturaleza, en tanto
que sus recursos son la .materia sobre la que el hombre aplica su traba-
jo, explotándola, modificándola o ambas cosas a la vez, y c) el instru-
mental y la técnica de que dispone el hombre para alcanzar el dominio
y la explotación de la naturaleza. Por lo tanto, las fuerzas productivas
son la suma de los medios de producción, significativos sólo por el tra-
bajo humano circunscrito en un proceso de producción determinado. Las
relaciones técnicas y sociales de producción, consecuencia de las fuerzas
productivas, están representadas primordialmente por la relación de
propiedad que se establece entre los agentes inmediatos de la producción,
es decir los trabajadores, y los medios de producción; asimismo por las
formas de trabajo, de distribución y de intercambio y por las relaciones
de clase.
50 FUERZAS PRODUCTIVAS

Del conjunto de ambas, de las fuerzas productivas y de las relaciones


de producción, depende en último análisis el perfil de la estructura apa-
rente de la sociedad. Comenzaremos entonces viendo lo que acontecía
en México Tenochtitlan partiendo del punto de referencia de las fuerzas
productivas.

2 . POTENCIAL HUMANO

Uno de los puntos básicos en el estudio de este sector de las fuerzas


productivas es, sin lugar a dudas, la determinación del potencial humano
de trabajo contenido en la sociedad mexica, con el que necesariamente
contó para emprender cualquier actividad. Infortunadamente, los datos
sobre población transmitidos por las fuentes primarias son generalmente
vagos y en muchas ocasiones tergiversados por las propias circunstan-
cias. En tal virtud y a pesar de la existencia de magníficas monografías
modernas al respecto, 38 y tomando además en cuenta que la elaboración
del presente trabajo se basa primordialmente en las fuentes documenta-
les primarias, no se abordará aquí el interesante pero de hecho inseguro
tema de las estadísticas de población prehispánica.
Sin embargo, al contemplar a través de la historia los logros de Te-
nochtitlan, de Tetzcoco y de otros centros de renombre del mundo pre-
colombino de México, no podríamos imaginar, al menos, ningún raqui-
tismo en sus poblaciones, ni numérico ni energético; todo lo contrario.
¿Que con qué población se contaba?, no lo sabemos ciertamente; pero
en cambio se advierte alguna evidencia en las palabras de Ixtlilxóchitl
—pese a su afán por abultar las cosas tetzcocanas—, al referirse a la
situación que prevalecía hacia 1450:

Estando las cosas del imperio en grande prosperidad por la abundan-


cia de mantenimientos y máquina grande de gentes (que era de tal
manera que hasta los montes y sierras fragosas las tenían ocupadas
con sembrados y otros aprovechamientos, y el menor pueblo de aque-
llos tiempos tenía más gente que la mejor ciudad que el día de hoy
hay en la Nueva España . . . ) 39
También Chimalpain, en su tercera relación, se expresa categórica-
mente en este sentido:
38 Entre otras: Sherburne F. Cook and Lesley Byrd Simpson, The Population
of Central México in the Sixteenth Century, Berkeley and Los Angeles, University of
California Press, 1948, 242 p. 54 tab. (Ibero-Americana: 31). Además, en la
bibliografía final se registran otras varias monografías al respecto, expresamente
de Woodrow Borah y de Sherburne F. Cook.
39 Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Obras históricas, 2 v., notas de Alfredo
Chavero, prólogo de J. Ignacio Dávila Garibi, México, Editora Nacional, 1965,
v. II, p. 205.
POTENCIAL H U M A N O bl

Y es necesario que sepáis, mis amados hermanos mayores, mis ama-


dos hermanos menores, que en los tiempos antiguos hubo muchísima
más gente de la que hoy existe, según nos refieren y muestran, pues-
no había parte alguna donde no hubiese gente, pues sea cual sea la
parte que pueda mencionarse, allí había gente. 40

Torquemada trata de ser más preciso en sus datos de población, y


dice que a la venida de los españoles había ciudades . . .

. . . algunas, de diez mil y otras de quince mil y más y menos vecinos


y las que llamamos villas y aldeas eran las que menos tenían, de a
mil vecinos; y si alguna había de menos gente, era muy singular y
rara, y no sé si la había. 41

Por último, debe recordarse que en las respuestas al quinto capítulo


de la Instrucción y memoria a las relaciones del siglo xvi, en donde se
inquiere acerca de los "muchos o pocos indios y si ha tenido más o me-
nos en otro tiempo", 42 generalmente dijeron los informantes que ante-
riormente había existido "mucha más gente"; 43 todo lo cual supone la
idea de una población prehispánica cuantitativamente más suficiente para
el desarrollo social que la de los primeros años de la colonización es-
pañola.
Pero si el dato estadístico de población es importante, lo es también
el relativo a la constitución natural especial de la gente, en tanto que
puede provocar, en mayor o menor grado y en unión de otros factores,
el desarrollo de la sociedad. Desde luego, no ignoramos que ningún con-
glomerado humano ha evitado el logro de su propio bienestar, ni tam-
poco el alcanzar en lo posible su evolución integral. En este sentido, no
existen pueblos ni más activos ni menos activos, a no ser que se vean
constreñidos hacia uno y otro lado por las circunstancias históricas. El
encumbramiento de Tenochtitlan sobre otros pueblos mesoamericanos no
significa, ciertamente, que su gente fuese mucho más empeñosa y
tenaz que éstos; empero, un carácter semejante, favorecido por la situa-
ción, de algún modo secundaría su desenvolvimiento.

40 Chimalpain, Relaciones origivMles,,., p. 75.


41 T o r q u e m a d a , op. cit., v. I, lib. n i , cap. 2 1 , p. 288.
42 A l e j a n d r a M o r e n o T o s c a n o , Geografía económica de México (siglo XVI),
México, El Colegio d e México, 1968, 177 p. ils. ( C e n t r o de Estudios H i s t ó r i c o s
N u e v a S e r i e ; 2) p . 128.
43 P a s o y T r o n c o s o , Papeles..., passim. P a r a Orozco y B e r r a , la población
e r a inmensa, t a n t o como p a r a que " b a s t a r a a los c o n t i n g e n t e s exigidos por la
g u e r r a , sin que e s c a s e a r a n el l a b r a d o r en los campos, el oficial en los t a l l e r e s " .
(Historia antigua y de la conquista Se México, 4 v., estudio previo de Ángel
M a r í a G a r i b a y K. y b i o g r a f í a del a u t o r m á s t r e s bibliografías r e f e r e n t e s al
mismo d e Miguel L e ó n - P o r t i l l a ) , México, E d i t o r i a l P o r r ú a , 1960. (Biblioteca
P o r r ú a , 17-20), v. i, p . 252).
Fig. 9. Labor e instrumen-
tos típicamente femeninos.
(Códice Mcndocino, 61)

Desde el comienzo de su vida, hasta el final, los hombres escuchaban


en las pláticas de los ancianos (los célebres huehuetlatolli), en los con-
sejos de sus padres o en otros tipos de discursos, el ideal de lo que
debía ser la personalidad del individuo. Para cada una de las edades,
para cada sexo y para cada estrato social, correspondía siempre un mo-
delo determinado; en tal forma, todo ello auspiciaba la formación de una
conciencia social apegada a la realidad que vivían los mexicas.
De esos ideales, el más general se enunciaba en el momento preciso
de cortar el cordón umbilical al recién nacido. Si éste era varón, se con-
feccionaban un pequeño escudo y cuatro saetillas que, junto con el om-
bligo, eran enterrados en el campo de batalla. Con esto quedaba expre-
sado lo que fundamentalmente debía llegar a ser el muchacho para
beneficio de su sociedad: un hombre valeroso y hábil guerrero. Si el
recién nacido era niña, su ombligo era enterrado con' un pequeño huso,
algodón y escobas, a la orilla del fogón, precisamente donde estaba la
piedra de moler, el metate, para significar las labores primarias de la mu-
jer. Así lo expresa el siguiente texto:

Cuando cortaban el ombligo a los niñitos:


si el ombligo era de varón,
allá lejos lo enterraban,
allá, en el campo de batalla,
en donde se esfuerza la gente.
Lo llevaban hombres valerosos;
pero si el padre era diestro en la guerra,
él mismo lo llevaba,
allá lo enterraba,
en medio del campo de batalla.
, Dizque [el niño] sería diestro en lá*guerra
si crecía con honra y dignidad.
Y si el ombligo era de niña
se le enterraba en el fogón.
Dizque por esta razón
POTEKHAL HUMANO 53

solamente en la casa estaría,


de todo tendría cuidado:
de la comida, de la bebida,
junto al metate se estaría.
Por esto, sólo dentro de la casa
enterraban su ombligo. 44

En cuanto & los individuos ya formados, su comportamiento debía


seguir también pautas predeterminadas; aunque en este caso ya no se
hace referencia a conductas generales sino más bien específicas para
cada sexo, edad y estrato social correspondiente. Además, cabe notar
que en estos casos se advierte claramente una actitud clasista en cuan-
to que cada ideal de comportamiento humano dependía, en primer
término, del status de la persona. De esta forma puede observarse más
adelante cómo, en tanto que el dechado para las mujeres del sector privi-
legiado debía ser la honradez, la austeridad, la generosidad u otros por
el estilo, el correspondiente a las del pueblo común era la fortaleza, el
sufrimiento, la resignación, etcétera.
Todo ello permite ver con algo más de luz la cualidad del potencial
humano de que dispuso Tenochtitlan durante los cien años de su esplen-
dor. Del Códice Florentino vertemos los siguientes modos de ser:

La mujer noble es estimada,


preciada, austera, respetable.
Es como un pochote, como un ahuehuete:
da sombra, protege, cubre.
La que es buena:
es apoyo de la gente pobre,
es generosa, protectora,
es sostén de los necesitados:
ama a la gente, ampara a la gente.
La que no es buena:
es iracunda, irritable,
tiene su corazón enojado, su rostro enfermo;
en nada ve a los demás,
en nada los mira,
4* Códice Florentino, en Florentine Codex. General History of the Things
of New Spain, translated from the Aztec into English, with notes and illustrations
by Charles E. Dibble and Arthur J. O. Anderson, 10 ®, Santa Fe, 1950-1963,
lib. v, ap. i v ; también lib. rv, cap. i ; Ap. n, 10. Un relato similar aparece e n :
Josefina García Quintana, "El baño ritual entre los nahuas según el Códice
Florentino", Estudios de Cultura Náhuatl, México, v.vm, 1969, p. 190-213, p. 201.
54 FUERZAS PRODUCTIVAS

es soberbia, presuntuosa,
se hace la diligente, es creída,
deja las cosas para después. 45

Otro ejemplo:

La doncella es noble,
palaciega, hija de nobles,
desciende de noble estirpe,
o lo que es igual:
su corazón es precioso, es adorable;
es digna de buenos tratos.
La que es buena:
sigue las costumbres de sus padres,
es pura, limpia, inmaculada,
virtuosa, de dulce corazón,
es humana y noble,
es libre, sin obstáculos,
es bien nacida,
es generosa, respetuosa, modesta,
reverente, humilde, dadivosa,
bien hablada, de hablar sosegado.
La que no es buena:
es como las del pueblo,
es atrevida, descomedida,
pusilánime, pueblerina,
como perra, sucia, viciosa, apocada,
lujuriosa, desconsiderada, 48

Y ahora la contraparte, el dechado para una de las mujeres de los


estratos sociales inferiores:

La mujer esforzada:
es sufrida, fuerte, áspera,
es como labriego, endurecida,
tiene juventud, es decidida;
corazón esforzado, tarazón maduro,
varonil, soporta las cosas con alegría.
La que es buena:

8¡ Ibidctn, lih. x, cap. x m ; A¡>. n, 11.


•»« Ibidem ; Af. n, 12.
RECURSOS NATURALES 55

es virtuosa, recatada, honesta,


limpia, casta,
nada es indigno en ella,
es como una joya, como un jade,
como WIB. fina turquesa.
La que es malvada:
incomoda a la gente,
es descomedida, empalagosa,
mal nacida, presuntuosa,
hace las cosas con soberbia, con precipitación,
desconsiderada, no se fija de las cosas. *T

3 . RECURSOS NATURALES

Al intentar describir los recursos naturales con los que cuenta un


determinado grupo social en un momento dado, suele incurrirse ya sea
en la esquematización resumida o en la minuciosidad. En ambos casos
no se alcanzan, las más de las veces, los propósitos iniciales.
Por sí ^ l a no importa la descripción de la naturaleza y de sus recur-
sos si no se toman en cuenta las actitudes que hacia ella adopta el hom-
bre que la habita. Éste, como se ha visto en todas las latitudes pudo
bastarse en las primeras etapas de su historia tan sólo con un reducido
caudal de recursos para su sustento. La región que habita el hombre
puede ser rica y abundante, fértil la tierra y magnífico el clima, pero él,
por sus propias circunstancias, no verá más allá de lo que sus manos
pueden alcanzar; sólo le interesarán aquellas cosas que satisfagan sus
necesidades más inmediatas. Al hacerse más complejas sus relaciones,
el hambre amplía también el ámbito de sus necesidades y por lo mismo,
su visión se hace más panorámica; con esto podrá advertir alguna uti-
lidad en las cosas que aún existentes con anterioridad ni siquiera veía
entonces.
De tal forma, la descripción de la naturaleza conduce no sólo al cono-
cimiento de las reservas de recursos ion los que cuenta algún conglo-
merado humano, sino también al conocimiento relativo de la compleji-
dad de su organización.
En lo que se refiere a los antiguos mexicanos, la documentación acer-
ca de la naturaleza —en tanto que proveedora de medios de producción,
habitación y sustento del hombre—, es abundante y por ende relativa-
mente significativa del desarrollo alcanzado. Se conservan muchas y

*T Ibidem, lib. x, cap. xrv; Ap, n, 13.


56 FUERZAS WíOESJCTIVAS

claras descripciones en lengua náhuatl sobre la diversidad de tierras, 48


bosques, praderas, ríos, etcétera, así como de la generalidad de los re-
cursos contenidos, ya sean de carácter animal, vegetal o mineral.

Dentro de este marco de referencia, se presenta a continuación una


selección de los textos más claramente representativos de la perspectiva
que tenía el mexicano antiguo de los recursos de la naturaleza.
En primer término, la visión de los bosques situados en lugares ele-
vados. En ella se advierte de inmediato el temor que causaban. Eran
sitios de fieras y de alimañas en los que no era posible la vida humana,
ya que además de ser sumamente fríos y de fuertes vientos, se podría-
llegar a ser víctima no sólo de los elementos y de las fieras, sino tam-
bién de los malhechores. No obstante, los bosques guardaban algo po-
sitivamente precioso: la madera que de ellos se extraía para utilizarla
en las edificaciones y en otras actividades:

El bosque: . . . lleno de bestias, de fieras, de ocelotes, de lobos, de


gatos monteses, de culebras, de tarántulas, de conejos, de venados;
de varas, de grama, de arbustos, de magueyes, de abrojos, de espi-
nos, de tunas, de mezquites, de majuelos.
Lugar en donde se secan los árboles, en donde se derriban, en donde
se cortan, en donde son tomados, en donde los cortan con el hacha, en
donde se arrastra la madera, en donde abundan las vigas.
En ese lugar brotan las cosas. Es fresco, es frío, hace frío; allí surge
el hielo, se acumula. Hace aire, resuena; truena el aire, brama, se
arremolina, arrastra al hielo, se desliza.
En él no hay hombres ni comestibles; es poseedor de miseria, de él
48 La descripción de los diversos tipos de tierras de labor se dejó para
el siguiente capítulo en virtud de su estrecha relación con el trabajo humano y
por el problema referente a la posesión o propiedad de la tierra.
RECURSOS NATURALES 57

sale y en él está tendida la miseria; no es alegre, no se le puede


labrar.
Allí surgen las cosas, nace la hierba, nada está exhausto.
Lugar en donde hay hambre, en donde se tiene hambre, en donde es
la casa del hambre, en donde se muere de hambre, en donde se muere
de frío, en donde se hiela. Lugar que atemoriza, que hace castañetear
los dientes; en donde se acalambra, en donde se queda uno rígido,
muy rígido; se pone uno tieso, se atemoriza, se atemoriza una
mucho.
La gente es comida, es asaltada, maltratada, es muerta por algún
truhán, es agredida sin razón.
Lleva la miseria. 49

La descripción anterior parece mostrar una disposición de antipatía


por parte de los antiguos mexicanos en relación a los bosques, e incluso,
a pesar áe que aprovechaban su madera y seguramente también algo de
su fauna, de todas suertes su perspectiva no deja de ser obscura y pesi-
mista. —
Viene ahora como contrapartida el panorama que presentan los docu-
mentos con referencia a la frescura y fertilidad de la floresta. Es una
visión optimista que, al considerar la base primordialmente agrícola del
mundo prehispánico, induce a aquilatar la franca sonrisa que los mexi-
canos de entonces veían en los prados:

La floresta; es mucho muy placentera, hace brotar las cosas, es de


gran fertilidad, sus prados sonríen, son frescos. Es agradable, muy
amena, se goza mucho ante ella; en ella brotan a menudo las flores,
hay un perenne florear, es tierra florida, es creadora^ abundante de
lo necesario.
El agua brota en ella, brota en abundancia, remoja, riega. Es lugar
bueno, excelente, de tulares; es apetecible, es deseado por la gente,
codiciado y ambicionado por la gente; lugar apetecido, lugar rico,
deseado. G0

De los elementos de mayor influencia, dentro de los recursos de la


naturaleza, se cuentan indudablemente los ríos. Ellos han sido —en Chi-
na, India, Mesopotamia o México— testigos de la formación de impor-
tantes centros de población. Pero en el caso particular del México anti-
guo y según concepción de los nahuas, el agua no sólo podía provenir
de la lluvia, los ríos, lagos y demás, sino también de los montes, ya que

49 Códice Florentino, lib. xi, cap. vi, parag. 1; Ap. n, 14.


50 Ibidem, lib. XI, cap. vil, patag. 9; Ap. n, 15.
58 FUERZAS PRODUCTIVAS

suponían que éstos eran depósitos naturales que contenían el solicitado


líquido; de ellos brotaba para irrigar los campos y satisfacer las nece-
sidades de los pueblos. Entonces, cabe decir que si los ríos eran consi-
derados importantes, quizás lo fueran más los montes, puesto que de
ellos surgía el agua que los formaba. De aquí que pueblo o ciudad, en
lengua náhuatl, sea altépetl, de atl, agua, y tépetl, cerro, es decir "cerro
•o lugar de agua". De esto habla el texto que sigue:

Aquí, los hombres de Nueva España, los antiguos hombres decían de


éstos [de los ríos], que de allá vienen, que de allá vienen del Tlalo-
can, puesto que son su propiedad, puesto que de él sale la diosa cuyo
nombre es Chalchiuhtlicue, "La de la falda de jade". Y decían que los
cerros son sólo fingidos, sólo por encima son terrosos, pedregosos,
que sólo son como vasijas, como casas que están repletas de agua. Y
si en algún tiempo se quisiera destruir los cerros [pensaban que] se
anegaría su mundo.
Y así nombraron a [los lugares] eu donde viven los hombres, altépetl.
Les llamaban a éstos, altépetl y a éstos [los ríos] atóyatl, puesto que
de allá resbala del interior del cerro; puesto que de allá viene, viene
saltando Chalchiuhtlicue, "La de la falda de jade". 5 1

Por último, para completar el cuadro de los recursos acuíferos, se


toma al azar la descripción de dos lugares específicos: Totólatl y Cha-
pultépec. En tanto que en el primero se hace referencia a su relación
con la vida animal, en el segundo se insiste en la cualidad vital que
revestía para los habitantes del antiguo México, es decir la potabilidad
de sus aguas:
Totólatl: Su nombre viene a salir de totolli, guajolota y de atl, agua;
por razón de que de allá se dice que era el bebedero de estas aves
silvestres.
Chapultépec: Puesto que por la base del chapultépetl mana el agua,
se mueve, es sabrosa, fragante, buena, apreciada y potable, por esto
existen los mexicas, los tenochcas; por esto la beben, la reciben los
mexicanos. 52

Respecto de las plantas de carácter alimenticio de que disponían los


antiguos mexicanos, podría formarse una relación bastante extensa;
empero, todas ellas caerían, con exclusión del maíz, el frijol y la calabaza,
dentro del rubro genérico de complementarias de la nutrición.
Del maíz, base indiscutible de la alimentación prehispánica y aun de
la contemporánea rural, se aprovechó un gran número de tipos distin-
81 Ibidem, lib. XI, cap. XII, parag. 1; Ap. n, 16.
52 Ibidem, lib. xi, cap. xn, parag. 2; Ap. n, 17 y 18.
RECURSOS NATURALES 59

guibles en cuanto al sabor, forma, tamaño y color; de ellos tomamos al


maíz blanco o ístac cintli para ejemplificar el valor que se le atribuía.
El fragmento que se transcribe muestra esa diversidad de maíz como
esencia misma de algunas regiones del mundo precolombino y al mismo
tiempo la califica con elevados adjetivos que vienen a apoyar su im-
portancia:

El maíz blanco es propio de los de las milpas de regadío, de los de


las milpas de roza, de los de las chinampas, de los chalcas, de los
huexotzincas, de los tlateputzcas, de los tlalhuicas, de los de Tonayan,
de los matlatzincas, de los mazahuacas, de los michhuacas, de los to-
tonacas, de los de Anáhuac.
Es transparente, duro como coyol, consistente; es como cuesco, es de
dos caras, acaracolado, blanco, cristalino. Es como cobre, como jade,
es precioso. Es nuestro cuerpo, nuestra osamenta, es nuestro sus-
tento. °3

Todavía, dentro del reino vegetal, quedan otros recursos de no menor


estimación: los árboles y las plantas, en cuanto que son proveedores
de los materiales necesarios para la edificación (como se vio en la des-
cripción de los bosques) y también para la fabricación de objetos de
uso diverso.

Fig. 11. Transmisión de oficios


de padre a hijo. {Códice Men-
docino, 60)

De los textos que siguen, igualmente tomados al azar, el primero se


refiere al árbol del que se obtenían finas maderas con las que se labraban
algunos de los principales instrumentos musicales de entonces:

Tlacuilolcuáhuitl: Matizado, relumbrante; es grueso, liso, compacto;


va pintándose como con vetas bien repartidas. De él se hacen el tepd-
naztli, el huehuetl y el mecahuéhuetl. Bien que suenan por sus agu-
jeros, es blanda su voz, se descubre bien su palabra: se le antoja a
la gente, es codiciada por la gente, es deseada, es querida; su voz es
clara, es audible, es sonora, es galana, se le hace clara a-la gente, se le
antoja. 54
53 Ibidem, lib. xi, cap. x m , parag. I ; Ap. II, 19.
64 Ibidem, lib. xi, cap. vi, parag. 3 ; Ap. u, 20.
Fig. 12. Técnica e instru-
mental del pescador. (Có-
dice Mendocino, 61)

Ahora, si se toma en cuenta la abundante producción literaria de los


habitantes del México antiguo, no es de extrañar entonces la existencia
y utilización de algún recurso natural que ya elaborado sirviese como
auxiliar de esa actividad. Nos referimos a la materia prima para la pre-
paración del papel:

Amacuáhuitl: Son mucho muy lisas sus hojas. Su follaje, su fron-


dosidad, resplandece; es verde su corteza. Se labra con las manos;
en papel [amate] se transforma al golpearlo.B5

En contraste con los materiales anteriores, labrados por artífices y


destinados a cubrir finalidades delicadas, se inserta a continuación un
texto acerca de una planta cuya función cubría una de las necesidades
más inmediatas, ya que con ella se preparaban los adobes para la edifi-
cación. El mismo texto hace referencia a su necesidad y búsqueda:

Zacanohualli: Es igual que el zacayaman [o grama blanda]; empero,


es grueso y resistente. En todas partes es deseable, es necesario; por
esto, el que hace el barro para adobes dice: —Yo hago el barro con
sacanokualli. 56

Veamos, por último, la descripción de los múltiples beneficios que
reportaba el cultivo del maguey (metí). Como se sabe, las formas de
aprovísáiamiento de esta planta, pese a que el documento las refiere a la
segunda mitad del siglo xvi, trascendieron el mundo prehispánico y aún
tienen vigencia en nuestros días, lo cual acrecienta su importancia
social:

.. . tienen unos árboles que llaman magueyes, de los cuales tienen


mucho aprovechamiento; hacen miel, como arrope de Castilla, hacen
della vino, vinagre, beben el agua miel por cocer que es una bebida
muy saludable, purgativa, que engorda y da salud; de las pencas y
raíces hacen una comida a su modo, dulce; del zumo de las hojas se
Wlbidem; Ap. 11, 21.
SBIbidem, lib. xi, cap. vil, parag. 7; Ap. n, 22.
RECURSOS NATURALES 61

curan llagas y heridas, es una medicina que aprovecha mucho y se ha


hecho gran experiencia dello; sacan dello nequén con que hacen las
mantas, cuerdas y otras jarcias; sirven estas hojas de tablas a manera
de tejas con que cubren sus casas para las aguas; sírvenles de canales
y de leña; crían estos árboles, en las raíces dellos, unos gusanos que
los naturales comen. 5T
Toca ahora revisar los recursos de naturaleza animal con los que
podían contar los mexicanos. Aquí, como se mencionó en líneas anterio-
res, no cabe tampoco formar una lista detallada puesto que rayaría en lo
imposible y al mismo tiempo en lo superfluo. Baste pues recordar que
en el México precortesiano no se contó con animal alguno de tracción
o de carga (como se verá en el capítulo iv estas labores fueron exclusi-
vas de los hombres), y tampoco hubo la rica variedad de animales do-
mésticos que tuvo el Viejo Mundo, con las excepciones del guajolote y
de tipos especiales de perros, 58 como el chichi o el itzcuintli, que se
criaban particularmente para fines alimenticios y que llegaron además
a constituir importante fuente de ingresos.
Desde luego es obvio que se contó con una rica variedad de animales
de caza (cuadrúpedos y aves), con otra no menor de sabandijas o insec-
tos (lagartijas, langostas, etcétera), y con una más de pesca y recolec-
ción en la laguna. De los productos lacustres, además de constituir un
valioso complemento dietético, debe mencionarse que habían algunos que
denotaban en su consumo un cierto contenido de diferenciación clasista;
y esto es por supuesto reflejo de su mayor o menor abundancia y tam-
bién del grado de dificultad en su explotación. Ejemplos de éstos son el
atepócatl (atepocate) y el axólotl (ajolote), de los que según el tes-
timonio de Sahagún, el primero "cómenlo en esta tierra la gente baja",
en tanto que el segundo "es muy bueno de comer; es comida de los
señores". 69
Aparte de lo anterior, hay que citar la existencia de una gran varie-
dad de animales que se destinaban no precisamente a fines dietéticos
sino más bien a funciones médicas y mágico-religiosas. A ello se refie-
ren los dos textos que siguen. El primero hace alusión al huitzitsilin o
colibrí, como efectivo medicamento contra las bubas, aunque de conse-
cuencias secundarias; el segundo se refiere a las tórtolas (cocotli) como
remedio eficaz contra la tristeza y los celos de la gente:
67 Paso y Troncoso, op. cit., v. vi, p. 2 2 ; también v. v, p. 36. Véase también
la descripción que hace Orozco y Berra, op, cií., t. i, p. 270-273.
68 Véase la diversidad de perros, su descripción y destino en fray Bernardino
de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, edición de A.
Ma. Garibay, 4 v., México, Editorial Porrúa, 1956, lib. iv, cap. vi, y lib. xi,
cap. i. También en Norman P. Wright, El enigma del xoloitzcuinili, México,
INAH, 1960, 102 p. ils. p. 46-49.
69 Sahagún, op, cit., lib. xi, cap. n i , parag. 5.
62 FUERZAS PRODUCTIVAS

Huitzitzilin: Es medicina para las bubas. El que quiere nunca ten-


drá bubas comiendo muchas veces su carne; empero, dicen que hace
estéril a la gente. 80
Cocotli: Cuando mueren [sus compañeros] siempre están así como
con llanto: dicen coco coco. Pero dizque acaban la tristeza de la gente;
dizque su carne disipa su aflicción. Los celosos, después de comer su
carne, con ello dizque dejan los celos. 81

Hasta ahora se han presentado algunos ejemplos de recursos natura-


les, animales, vegetales y minerales, de los cuales podían disponer los
mexicanos anteriores a la Conquista. Cada uno representó, en más o
en menos, un factor determinante de su sociedad.
Pero es indudable que a la par de los recursos que la naturaleza
ofrece al bienestar del hombre, existen otros que le son adversos. Están
allí, en actitud contraria, constriñendo al hombre y obligándolo a actuar
para superarlos. No son propiamente recursos puesto que no constituyen
factores de sustentamiento y desarrollo humanos, pero van ligados es-
trechamente a otros que sí lo son. Puesto que su existencia puede nuli-
ficar a los necesarios, el hombre, por tanto, tiene que entrar en contacto
con ellos, tiene que contar con ellos.

Fig. 13. Plaga de roedores


del año 1506, que acabó los
plantíos. (Códice Telleriano-
Remensis, IV-24)

Acerca de estos elementos ofrecemos tres fragmentos relacionados


con otros tantos animales que, por su naturaleza, trastornaban la exis-
tencia de algunos de los recursos de que disponían:

Tlaltechálutl: entre la tierra es su morada, en la boca de las pie-


dras, en los agujeros. Y es así como tuza: entre la tierra tiene a sus
crías. Bien que echa a perder nuestro sustento. 82
Acatzánatl o acatsúnatl: ... son moradores de los tulares, de los tula-
res quebrados. Bien que destruyea nuestro sustento y también a los
gusanos y a algunas sabandijas y avecillas. M
Tzicatana: Y se dice que es guerrera; así como las hormigas berme-
jas que andarj en lugares fríos. Y así viven: no pueden andar solas,
*0 C. Florentino, lib. xi, cap. n, parag. 2 ; Ap. n, 23.
*1 Ibidem, parag. 5 ; Ap. II, 24.
«* Ibidem, lib. xi, cap. i, parag. 3 ; Ap. II, 25.
*• Ibidem, cap. n, parag. 7; Af. u, 26.
INSTRUMENTAL Y TÉCNICA 63

solamente marchan en conjuntos; de este modo se les dice "conquis-


tadoras", porque comen todo lo que es verde, lo que es fresco. Lo
que alguna vez cae junto a ellas, ya no lo dejan, lo terminan, lo aca-
ban. Así avanzan, se van extendiendo; son al fin de cuentas escua-
drones, puesto que son "conquistadoras". 64

4 . INSTRUMENTAL Y TÉCNICA

Por lo que respecta al instrumental y a la técnica utilizados en el


México antiguo, algunos autores, impelidos ^¡uizá por el mero afán
de comparar las antiguas culturas americanas con las de allende el
Atlántico, han colgado a las primeras el marbete de primitivas. 65 El Mé-
xico precortesiano, según los índices clasificadores de las culturas del
Viejo Mundo, apenas había alcanzado el periodo de la piedra pulimen-
tada. 66 Esto, desde luego, es cierto si sólo se toma en cuenta que los
antiguos mexicanos no llegaron al tipo de domesticación, al uso del
arado y al empleo de la rueda como elemento motor, del modo que se
hizo en el Viejo Mundo. Pero alcanzaron a dominar, entre otros factores
de desarrollo, un estilo arquitectónico, un calendario y un sistema filosó-
fico de elevada significación. ¿Qué ocurre pues? Obviamente, lo que
acontece es que ni todos los hombres ni todos los medios son los mismos:
las circunstancias varían y hacen variar la utilización de los recursos y
de las técnicas para su explotación; y por consecuencia los resultados
deben ser de muy diferentes matices.

Fig. 14. Transmisión de oficios de madre a


hija. (Códice Mendocino, 61)

64 Ibidem, cap. v, parag. 9 ; Ap. II, 27.


65 Refiriéndose a ciertos investigadores, Humboldt comentaba que "ellos llaman
bárbaro todo estado del hombre que se aleja del tipo de cultura que se tienen
formado según sus ideas sistemáticas; para nosotros no pueden existir esas
profundas divisiones de los pueblos bárbaros y civilizados". (Sitios de las
cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América, Madrid, Imprenta
y Librería de Gaspar Editores, 1878, 440 p. p. 209).
66 Véase a este respecto el cotejo de Hernández (Antigüedades de la Nueva
España, traducción y notas de J. García Pimentel, México, Editorial Pedro
Robredo, 1945, 363 p. p. 83-84).
64 I'UERZAS 1'RODUCTIVAS

Si no se toma en cuenta lo anterior, entonces no quedará más reme-


dio que asombrarse del hecho de que en una cultura "primitiva" se
realicen valores iguales o quizás de mayor cuantía que en otras más
aventajadas. Tal fue, por ejemplo, el asombro de Cortés ante las mani-
festaciones de la cultura realmente bárbara (en cuanto no occidental)
que encontró en Tenochtitlan:

. . . porque, como he dicho, i qué más grandeza puede ser que un


señor bárbaro como éste [Motecuhzoma Xocoyotzin] tuviese con-
trahechas de oro y plata y piedras y plumas todas las cosas que de-
bajo del cielo hay en su señorío, tan al natural 1® de oro y plata, que
no hay platero en el mundo que mejor lo hiciese; y lo de las piedras
que no baste juicio comprender con qué instrumentos se hiciese tan
perfecto; y lo de pluma, que ni de cera ni en ningún bordado se podría
hacer tan maravillosamente? 67

Es indudable lo rudimentario en la calidad de los instrumentos que


sirvieron al mexica. 68 Las hachas y los cuchillos, los utensilios domés-
ticos y de labranza, así como las armas, no fueron mejores en México
que en otras partes; mas desempeñaron sus objetivos con eficacia. No se
conoció la rueda del alfarero pero la técnica empleada por el zuquichhih-
qui, el ceramista, produjo excelentes resultados; los instrumentos cor-
tantes no eran de metales duros, pero existieron magníficos cuauhxin-
que o carpinteros que cortaban y labraban la madera como se pudo
hacer en otros lugares; el huictli, instrumento primordial en la labranza
y en otros menesteres, era y aún es realmente simple; pero los cultivos
cubrieron las necesidades; las armas, en fin, eran bastante primitivas,
mas los mismos hombres venidos de España, además de padecerlas, las
adoptaron para sus campañas de conquista, como fue el caso del ichcq-
huipiUi o coraza indígena.
Con lo anterior no queremos dar a entender —con anacrónico chau-
vinismo— que la técnica en el México antiguo fuese avanzada y de un
gran desarrollo. De ninguna manera; era ciertamente raquítica pero sus
resultados no lo fueron, ¿Por qué? Sólo el análisis de las relaciones
entre los trabajadores y los medios y formas de producción dentro de
la misma sociedad daría la clave y completaría el cuadro para enten-
der el desarrollo final. Pero ello es tema del capítulo siguiente. Por lo
pronto se apunta sólo una idea somera del instrumental utilizado por
los mexicas.

*7 Hernán Cortés, Cartas de relación, nota preliminar de Manuel Alcalá,


México, Editorial Porrúa, 1960, 266 p. Colección "Sepan cuantos...;", 7), p. 54.
«8 Véase Hernández, üp. cit., p. 39-40.
Fig. 15. Un tlaxin-
qui o carpintero.
{Códice Mendodno,
71)

Para finalizar y únicamente por dar un ejemplo de una de las técni-


cas empleadas en el mundo prehispánico, se inserta a continuación la
versión castellana de un texto en lengua náhuatl que trata sobre el cul-
tivo del maíz desde el momento de la elección de las semillas para la
siembra, hasta la aparición de la mazorca definitiva:

Se escogen las semillas; se apartan las que están sanas, sin tacha ni
mácula, lo más alabastrino de nuestro sustento. Arrojan las semillas
pasadas, las podridas, las menudas. Lo mejor escogido se desparrama;
se pone en el agua: por dos días, por tres días están en el agua.
En la tierra labrada o en lugares así, se siembran.
Primeramente se excava la tierra; se mira allí en donde se ofrendó
el riego, en donde se bañó la tierra. Y si no fuese regada, se hume-
dece. Con moderación se cubre de tierra, se echa tierra muy desme-
nuzada. Por lo mismo, comienza a transpirar; luego al punto se en-
mohece, al punto revienta la semilla, al punto arraiga; luego sale una
como punta de hueso, al punto se abre paso, sale de lo profundo;
luego suda, bien que vuela, enseguida se hace el tallo, se va formando;
inmediatamente cunde, se esparce. Y así dicen que está retozando.
Allí se le echa tierra, se llena de tierra, se cubre bien hasta el cuello,
se forman los montones de tierra.
Entonces, también se siembran frijoles o bien, se concluye su arreglo.
Dizque entonces comienza de nuevo a dar de sí; también entonces
comienza a bifurcarse, luego se despereza; al punto se hace redonda
la caña, al punto comienza a bambolearse. De nuevo, allí mismo se
allega la tierra; luego vienen colgando los cabellos; al punto espiga.
Una vez más allí se allega la tierra; dizque comienza a apuntar el ji-
lote; al punto crece la espiga, luego jilotea, brota, surge, viene sur-
giendo el jilote; su cabellera va cubriendo al jilote, sus cabellos lo
van cubriendo; es antojo para la gente, es resplandeciente.
Luego se dice que ya va muriendo el pelo, que se va chamuscando.
Está transpirando. Se dice que ya es nacido. Luego viene a cuajar,
a madurar; luego se emparejan las semillas; por lo mismo, brota la
nextamalxóchitl, la flor del nixtamal. Entonces se dice chichipélotl,
elote que tiene como perlas de agua. Luego al punto cuaja; entonces
se dice élotl, mazorca de maíz ya cuajado. Luego entonces comienza
66 FUERZAS PRODUCTIVAS

aquí a endurecerse, a tornarse amarillo; luego entonces se dice cintli,


mazorca de maíz maduro, seco. 89

Hasta aquí, el esquema propuesto de la parte más profunda de la es-


tructura económica de la sociedad prehispánica mexica; el acercamiento
al modo en que el habitante de Tenochtitlan consideró sus propias
fuerzas y recursos. Ese modo peculiar de mirar las cosas fue, evidente-
mente, causa y al mismo tiempo resultante de las estructuras superiores
que se dieron en su sociedad.

68 Códice Florentino, lib. xi, cap. x m , parag. 2 ; Ap. n , 28. En el cuarto


capítulo de este estudio, al tratar de los macehualtin, se inserta una descripción
que viene a complementar ésta en relación directa con la actividad de los
hombres (Ap. n , 47).

RELACIONES
DE PRODUCCIÓN
1. RÉGIMEN DE PROPIEDAD

Crucial para el estudio de las relaciones de producción es indudable-


mente el tema relacionado con los tipos o formas de posesión de bienes
muebles e inmuebles, sobre todo territorial. Su importancia es tal, que
de sus características dependerá al final de cuentas el perfil económico
y social del conglomerado que se estudia.
En la sociedad de los antiguos mexicanos, en lo que respecta a formas
de propiedad de bienes muebles e inmuebles —con exclusión de la tie-
rra—, la tónica a seguir estaba encauzada primordialmente por la dis-
tinción en la guerra, así como por la posición social. La posesión de este
tipo de bienes se encontraba rígidamente reglamentada.
Un individuo, aunque su situación económica se lo permitiera, no
podía poseer determinadas cosas si éstas no estaban de acuerdo con su
estrato social. Había diferentes cualidades en los adornos personales,
en la indumentaria, en los utensilios caseros y aun en el modo de cortar
y disponer el cabello, según fuese la posición de la persona o el sector
al que perteneciera. Sobre este particular Sahagún proporciona en el
libro octavo de su Historia general, una extensa relación no sólo de los
atavíos y aderezos, sino de las comidas, que eran privativos de los gran-
des señores y sus esposas. 70
Ya desde mediados del siglo xv Motecuhzoma Ilhuicamina había dicta-
do leyes en este sentido, mismas que más tarde el segundo gober-
nante de igual nombre haría aún más rigurosas. Según el testimonio de
Duran:

Ordenóse que sólo el rey y . . . Tlacaélel pudiesen traer zapatos en la


casa real y que ningún grande entrase calzado en palacio . . . y sólo
ellos pudieran traer zapatos por la ciudad, y ningún otro, so pena de
la vida, excepto los que hubiesen hecho alguna valentía en la guerra,
a los cuales por su valor y señal de valientes les pudiesen permitir
traer unas sandalias de las muy comunes y baladies . . . También se
determinó que sólo el rey pudiese traer las mantas galanas de labores
y pinturas de algodón e hilo de diversos colores y plumería . . . y los
grandes señores, que eran hasta doce, las mantas de tal y tal hechura,
y los de menos valía, como hubiesen hecho tal o tal valentía o hazaña,
otras diferentes; los soldados, de otra menos labor y hechura...

70 Sahagún, op. cit.


70 RELACIONES DE PRODUCCIÓN

Toda la demás gente, so pena de la vida, salió determinado que nin-


guno usase de algodón ni se pusiese otras mantas sino de nequén, y
questas mantas no pasasen más de cuanto cubriesen la rodilla, y si
alguno la trújese que llegase a la garganta del pie, fuese muerto, salvo
si no tuviese alguna señal en las piernas de herida (jue en la guerra
le hubiesen dado; y así, cuando se topaban alguno que traía la manta
más larga . . . luego le miraban las piernas si tenía alguna señal de
herida que en la guerra le hubieren dado, y no hallándosela le mata-
ban, y si la tenía le dejaban y se la permitían para cubrir la herida
que por valiente le habían dado en las piernas, y decían, que pues no
huyó el pie a la espada, que era justo con aquélla la galardonease y
fuesen aquellas piernas honradas. 71

Por lo que respecta a los bienes inmuebles, se seguían los mismos


lincamientos de posesión y uso de los muebles. En tal forma lo afirman
Duran y Tezozómoc al expresar que no se podían tener casas con
almenados altos, ni con techos puntiagudos, ni con miradores elevados,
a menos que sus propietarios fuesen personas reconocidas por su valen-
tía en la guerra. 72
Con lo antes dicho resulta evidente la supremacía social y económica
de los miembros de la comunidad mexica que con mayor ahinco se dedi-
caban a la guerra. Las razones son por demás obvias: la guerrj había
sido el medio para la apropiación del territorio comunal y aún seguía
siéndolo, sin posibilidades de solución por su misma estructuet, para
conservarlo y aun ampliarlo dado el caso. La guerra, en suma, resultaba
una de las condiciones previas fnás importantes de la existencia del
grupo como propietario del suelo. 73
Como mera ilustración relativa a la propiedad de inmuebles se trans-
cribe en seguida la descripción que da el Códice Florentino para cinco
tipos diferentes de casas, la cual indica a su vez la condición social de
otros tantos poseedores de esta clase de bienes:

Tlatocacalli. Es decir, la casa del tlatoani o de alguien estimado.


Quiere decir que es buena, hermosa, preciosa, delicada casa.
Calpixcalli. Era la casa de los calpixque, es decir el lugar en donde
se guardan los bienes del tlatoani o de la ciudad. Es muy grande,
71 Duran, op. cit., v. i, p. 215.
72 Duran, op. cit.. v. i, p. 215; Tezozómoc, C. Mexicana, p. 154.
73 Marx anota al respecto: "Las dificultades que encuentra la comunidad
organizada pueden surgir sólo de otras comunidades que, o ya han ocupado
la tierra, o molestan a la comunidad en su ocupación de ella. Por consiguiente, la
guerra es la gran tarea que todo lo abarca, el gran trabajo comunal, necesario
ya sea para la ocupación y perpetuación de- dicha ocupación." {Formaciones
económicas precapitalistas. Prólogo de Eric Hobsbawn, Buenos Aires, Editorial
Platina, 1966. 139 p. [Colección/Hechos, ideas y ciencia], p. 65.
RÉGIMEN DE PROPIEDAD 71

muy alta; es fuerte, recia, firme; es modelo, dechado. Es templada,


abrigada, tiene calor. Esto quiere decir que allí están los bienes; la
bebida y la comida allí mismo están.
Zazan ye calli. Casas comunes y corrientes. Quiere decir que no son
muy buenas; casas de ninguna manera estimadas; son poca cosa, de
burla, venidas a menos; nada se ve en el contorno del pequeño hogar
de calor y de comodidad.
Icnocalli. Casa de gente humilde. Quiere decir que no es casa presun-
tuosa sino casa de humildes o casa de pobres. Hogar de gente des-
amparada; quiere decir que es morada de gente miserable, popular,
quizá humilde, quizá pobre.
Macehualcalli. Casa de macehuales. Quiere decir que es casa de gente
pobre. Es bajuela, estrecha, no aderezada. Allí no hay aire, es inaca-
bada, no es propia para el hombre, es casa desamparada, en la miseria.
Es de buenos cimientos de piedra, recia es su base. El contorno del
pequeño hogar es destemplado; no tiene estacas en las paredes, no
tiene ningún muro de resguardo, es casa muy desabrigada, es fría;
el agua helada le va pasando, el agua va manando por todas partes; el
viento se arremolina, el viento pasa por todos lados. 74

Quizás valdría la pena comentar los textos anteriores, pero ellos ha-
blan por sí mismos, y sobre todo, acerca del diferente status de la gente.
Se mira claro que en tanto que unos ocuparon edificios que fueron
dechado por su funcionalidad y belleza, otros (los más), pudieron sólo
habitar en casas, ya no digamos humildes, sino francamente inadecua-
das para la vida del hombre; así se manifiesta al menos en la descrip-
ción de las macehualcalli. Estas últimas como se sabe, han persistido
en el campo y pueblos de México hasta la fecha, y es por eso que la
descripción que sigue, pese a que fue preparada en los finales del siglo
xvi, bien podría referirse a las ca^as y a quienes las habitan tanto de
nuestros días como del mundo precolombino:

. . . las casas de los indios labradores y plebeyos son pequeñas y


bajas; las paredes son poco más anchas que un palmo, no tienen
a l t o s . . . ; conteníanse con tener aposento para dormir y aun en medio
de él tienen un fuego a donde hacen su comida; esto se entienda de
la gente común . . ,75
En otro informe se dice que:

. . . la forma y edificios de las casas es bajo y humilde y es de adobes,


hechas con terrados y en lugar de vigas tienen puestos morillos y a
veces unas cañas de madera recia y los cimientos son de piedra pesada
1* C. Florentino, lib. xi, cap. x n , parag. 9; Ap. n , 29 a 33.
*B Paso y Troncoso, Papeles..., v. vi, p. 207.
72 RELACIONES DE PRODUCCIÓN

que la traen de fuera en canoas... y las cercas y atajos son de canas


y carrizos y de la propia caña de maíz que cada año se reforma... 76

2. CALPULLI

Antes de tratar lo relativo a las distintas formas de posesión de la


tierra y del destino de sus frutos, anotaremos algunas consideraciones
de carácter general respecto del calpulli, ya que, como se verá adelante,
va ligado íntimamente con la propiedad territorial.
Las controversias acerca del significado del calpulli, pese a su anti-
güedad, no han conducido sino a resultados fragmentarios. Se ha venido
discutiendo lo referente a su carácter ciánico, a su territorialidad, a sus
patrones de parentesco, a su posible estado de disolución, etcétera y sin
embargo aún no se conoce claramente su expresión integral.
Desde luego, el problema no es simple y su mero estudio rebasaría
los límites fijados a este trabajo. Necesitaría, en primer término, de un
análisis etnohistórico meticuloso, no sólo a través del fg-estudio de las
investigaciones modernas (como generalmente se ha hecho), sino prin-
cipalmente a través de las fuentes primarias de origen indígena o colo-
nial, de las cuales muchas hay aún intactas o deficientemente explora-
das. En segundo lugar, en vista de la patente persistencia de instituciones
de la cultura prehispánica, sería menester confrontar los datos obteni-
dos de las fuentes dichas con los que la etnografía contemporánea ha
encontrado en parajes conectados de una u otra manera c$n la antigua
forma de vida de los nahuas.
Todo ello conducirá, necesariamente, al conocimiento del calpulli
no como algo estatúa sino como una institución de existencia histórica,
como un ente en continuo proceso d» cambio a través del tiempo y del
espacio; y esto, no únicamente a partir de su contacto con Occidente
sino en el ámbito mismo de origen, dentro del propio mundo precorte-
siano. De tal manera, se observará que los calpulli nombrados durante
la migración no pudieron haber tenido, lógicamente, la misma estructura
y función que ios que se organizaron en 1325 en Tenochtitíkn, ni éstos
que los del mismo lugar pero a partir de 1428, y menos aún que los del
tiempo del segundo Motecuhzoma. Después de 1521, si bien es cierto
que el calpulli fue desapareciendo paulatinamente ahí donde era mayor
la influencia hispana, en otros muchos lugares, los más apartados sobre
todo, persistió hasta nuestros días matizado por las nuevas circuns-
tancias.
lilbidem, v. vi, p. 197.
CALPULLI 73

Así pues, considerando lo anterior, doy por lo pronto un esbozo de lo


que podrían ser los rasgos más característicos del calpulli al tiempo de
la conquista española, partiendo básicamente de la información de Zorita
y de la confrontación de algunas investigaciones relacionadas con el
calpulli de las épocas prehispánica y contemporánea: 7T

1. Conjunto de linajes o grupos de familias generalmente patrilineales


(ambilaterales en el caso de los pipiltin), y de amigos y aliados; cada
linaje con tierras de cultivo aparte de las de carácter comunal.
2. Entidad residencial localizada, con reglas establecidas sobre la pro-
piedad y usufructo de la tierra.
3. Unidad económica que, como persona jurídica, tiene derechos sobre
la propiedad del suelo y la obligación de cubrir el total de los tributos.
4. Unidad social, con sus propias ceremonias, fiestas, símbolos sagrados
y organización política que llevan a la cohesión de sus miembros.
5. Entidad administrativa con dignatarios propios dedicados principal-
mente al registro y distribución de tierras y a la supervisión de obras
comunales.
6. Subárea de cultura, en cuanto a vestidos, adornos, costumbres, acti-
vidades, etcétera.
7. Institución política con representantes del gobierno central y con
alguna ingerencia en él.
8. Unidad militar, con escuadrones, jefes y símbolos propios.

Puede concluirse, resumiendo, que el calpulli es la unidad social meso-


americana típicamente autosuficiente en la que se dan todas las condicio-
nes básicas de la producción; incluidas las de producción de excedentes.
Estas últimas entendidas como el trabajo en común realizado expresa-

77 Cfr. Alonso de Zorita, Breve y sumaria relación de los señores de la Nueva


España, 2* ed., prólogo y notas de Joaquín Ramírez Cabanas, México, UNAM,
1963, 221 p . ; Arturo Monzón, El calpulli en la organización social de los tcnochca,
México, UNAM e INAH, 1949, 112 p . ; Friedrich Katz, Situación social y
económica de los aztecas durante los siglos xv y xvi, México, UNAM, Instituto
de Investigaciones Históricas, 1966, 208 p . ; Alfredo López Austin, La constitución
real de México-Tenochtitlm, México, UNAM, Instituto de Historia, 1961, 168
p.; Georg Freud, "Derecho agrario y catastro en el México antiguo". Traducciones
mesoamericanistas, México, v. n, 1968, p. 157-178; Alfonso Villa Rojas, "Barrios
y calpules en las comunidades tzeltales y tzotzjles del México actual", Actas y
Memorias del XXXV Congreso Internacional de Americanistas, México 1962,
México, 1964, v. i, p. 321-334.
74 RELACIONES DE PRODUCCIÓN

mente para el esplendor y dicha tanto de la propia unidad social integral,


como de la unidad superior encabezada por el huey tlatoani.

3 . POSESIÓN DE LA TIERRA

En idioma náhuatl existe un término preciso que designó al ámbito


territorial de los antiguos mexicanos: tnexicatlalli. Sobre él los infor-
mantes indígenas de Sahagún proporcionan la más clara definición:

Mexicatlalli. Esto es, la ciudad de México y el conjunto de sus tierras,


todo lo que es mexicano, en donde estuvieron los mexicanos. Lugar
bueno, lugar bello. 78

La expresión hace referencia no únicamente al territorio ocupado por


México Tenochtitlan sino que incluye además, como se verá adelante,
lugares poseídos de algún modo por los mexicanos. Pero ¿ cómo y cuán-
do aparece? Desde luego, a su arribo al islote los mexicas ocuparon el
lugar no en calidad de propietarios, puesto que caía bajo la jurisdicción
<ie Azcapotzalco, al que tributaban, a manera de arrendamiento, con los
productos que el territorio mismo (tierra y agua) contenía. En ese mo-
mento no podía hablarse aún de mexicatlalli sino más bien de tepane-
catlalli, ya que eran los tepanecas en su conjunto los propietarios del
lugar y aunque no existiese allí un solo hombre de aquel grupo, e incluso
aunque Tezozómoc les eximiera con el tiempo de la casi totalidad de las
obligaciones tributarias, los mexicanos continuaban en tierras tepane-
cas sólo en calidad de poseedores de la tierra y no de propietarios.
Los acontecimientos que dieron cabida a la ruptura de hostilidades en
contra de Azcapotzalco por parte de los de México y Tetzcoco, fueron
sin duda resultante directa de la dependencia hacia la tepanecatlalli. Al
vencer, mexicanos y tetzcocanos destruían dicha dependencia y provoca-
ban asimismo el surgimiento de nuevos ámbitos de territorio, uno de lps
cuales sería llamado mexicatlalli. También se abría,la posibilidad in-
minente de ensanchK" la tierra mexicana con la de losilugares vencidos.
Fue tal precisamente lo que se hizo.
Según testimonio consignado en los Anales de Cuauhtitlán, hacia el
año de 1435, 8 ácatl de su calendario, pasaron los de Tenochtitlan y
Tlatelolco a demarcar el nuevo territorio:

Este año 8 caña es el mismo en que vinieron a señalar la mexicatlalli


los tenochcas y los tlatilolcas, allá en Toltépec y en Tepeyácac; y
T8 Códice Florentino, lib. xi, cap. xn, parag. 4 ; Ap. n, 34.
Fig. 16. Cultivador con huictli. (Códi-
ce de Huamantla, pág. 2)

también señalaron aquella que se decía tlatilolcaatl, la cual, en Cua-


chilco, limita con Tlachcuicalco y con las tierras de Tozquen. 79
Debe notarse que la delimitación territorial abarcaba no sólo la super-
ficie terrestre sino también la acuática comprendida al noroeste de la
isla de México, de cuya posesión, como indica su nombre (tlatilolcaatl),
se beneficiaría Tlatelolco.
Analizada someramente la ocupación originaria de la tierra de los
antiguos mexicanos, conviene ahora hacer otro tanto en relación a
las diferentes cualidades que esas mismas tierras podían presentar;
para ello se han tomado del libro onceno del Códice Florentino párrafos
aislados que describen con bastante claridad algunos tipos de tierras
propias para las labores agrícolas.
En los ejemplos que se anotan se advierte la existencia de tierras de
aluvión como la atoctli (de corrientes de agua), de mantillo como la
cuauhtlalli (o tierra vegetal)* eriales como la tetlalli (tierra fragosa),
o en barbecho como la tlalsolli (o tierra envejecida); todo ello en cuanto
a su relación con la productividad del suelo, lo cual viene a significar
un conocimiento bastante desarrollado de la realidad material por parte
de los mexicas:
Atoctli. Su nombre viene de atl, agua, y totoca, ir de p i s a ; quiere
decir que corrió el agua. Es tierra amarilla, menuda y húmeda, blan-
da, molida, desmenuzada, buena, suave. Es creadora de cosas, es
ejemplo, modelo buena.
Cuauhtlalli. Su nombre sale de cuáhuitl, árbol, y tlalli, tierra; esto es,
de árboles podridos u hojarasca, astillas o tierra áspera. Es arbolada,
es obscura o quizás amarilla; es fructífera.
Tlalcoztli. Hace referencia a tlalli, tierra, y cóztic, amarillo, por razón
de su apariencia amarilla. Es buena, hermosa, hacedora de cosas,
fértil, ejemplo.
79 Anales de Cuauhtitlán (ed. Lehmann), fol. 49; Ap. n , 35.
76 RELACIONES DE PRODUCCIÓN

Tlalhuitectli, Esto es, tierra arada, compuesta, relabrada.


Tlalahuíac. Esto es, toda la que es tierra buena, la que se aderezaba,
la que se ablandaba: "tengo cuidado de ella, la abono, la hago fra-
gante, sabrosa".
Atlalli. Se refiere su nombre a atl, agua, y tlalli, tierra; esto es, tierra
regada, mojada, que se humedece, que es húmeda, rociada, regada,
mojada, lodosa; es buena, útil, cara, bondadosa, es un dechado, for-
madora de cosas, de cosas carnosas. Es propia para sembrar frijol,
en ella es recolectado, era cosechado; es lugar de comida: "yo com-
pongo la atlalli, hago la milpa en ella, la arreglo, de ella como".
Tepetlalli. Esto es, el cuerpo del cerro, en lo alto, en la cuesta; su
nombre es también ximmilli, sementera rozada. Es seca, de barro
duro, tierra ceniza, arenosa, como cualquier otra. Es propia para
sembrar en tiempo de aguas: maíz, bledo, Üfijol; nacen las tunas, los
nopales, los magueyes, los árboles de capulín; brotaban y brotan
los árboles, la hierba, la grama; tiene zacatales, magueyales; se ex-
tienden los magueyales, los zacatales, los bosques; son tupidos los
zacatales y los bosques; tiene nopaleras, se extienden las nopaleras.
Tetlalli. Es tierra que está en los cerros. Es pedregosa, con pedruscos,
con terrones; muy llena de piedras y pedruscos; es áspera, seca,
agostada. Es productora de cosas, allí nace el maíz duro; es agostada,
seca, dura. Irrigada produce cosas.
Tlalzolli. Cuando se dice tlalsolli, "tierra vieja", es que no es tierra
buena, por razón de que allí nada se hace bien, es lugar en donde
nada se engendra, que no sirve para nada, que es inútil de un lado
al otro; sin provecho, arruinada, tierra vieja, envejecida.80

Después de considerar el origen y cualidades de la tierra de México


según el punto de vista de sus propios habitantes, pasaremos ahora a
la revisión de los diferentes modos de posesión y uso de la misma.

Tierras del calpulli

Calpullalli, Así se nombraba a las tierras poseídas en forma comunal


por los integrantes de cada calpulli. En ellas, como lo han anotado ya
algunos autores, 81 además de las cultivadas comunalmente a fin de cu-
brir el pago de los tributos, se distinguían las siguientes: *
80 Códice Florentino, lib. xi, cap. x n , parag. 3 ; Ap. n , 36.
81 V. gr. Alfonso Caso, "La tenencia de la tierra entre los antiguos mexicanos",
Memoria del Colegio Nacional, México, v. rv, 1959, no. 2, p. 29-54; López Austin,
op. cit.; Katz, op. cit.; Manuel M. Moreno, La organización política y social de los
aztecas, 2" ed.( prólogo de Alfonso Caso, Instituto Nacional de Antropología
e Historia, 1962, 151 p . ; ¡Monzón, op. cit.
82 Véase Zorita, op. cit» p. 30-32.
POSESIÓN DE LA TIERRA 77

Las entregadas en usufructo a cada uno de los miembros del calpulli.


Condición sine qua non para el goce de este derecho era precisamente
pertenecer al calpulli; de ser así, una persona y su descendencia podían
disfrutar la tierra de por vida bajo las restricciones de no tener derecho
a enajenarla, ni de dejar de labrarla durante un periodo máximo de
tres años, ya que de lo contrario la perdían. Otro tanto acontecía si la
persona se iba a vivir a otro calpulli.

Fig. 17. Tláloc agricultor trabajando en un maizal. Del huictli partido


mana sangre como para vivificar al vegetal. (Códice Borgia, 20)

Si un calpulli contaba con tierras vacantes —como las de los agricul-


tores renuentes o de los emigrados a otro calpulli—, las podía ofrecer
en arrendamiento a otro con la condición de que sus frutos se dedicaran
a cubrir las necesidades de aquél; ésta era la millanehmliztli o acción de
arrendar una heredad.

Tierras de la ciudad

Son éstas propiamente las altepetlalli —o altepemilli tratándose de


tierras de labor—, es decir, las tierras del pueblo o ciudad. De ellas se
distinguen las siguientes modalidades:
78 RELACIONES DE PRODUCCIÓN

a) Teopantlalli. Literalmente, tierras de los templos. Eran las desti-


nadas a sufragar los gastos de manutención del cuerpo sacerdotal, los
propios de reparación y conservación de los templos y los de las cele-
braciones religiosas. Eran estas tierras, según parece, de magnífica ca-
lidad y de cantidad sorprendente. B
b) Tlatocatlalli o tlatocamilli. Literalmente, tierras o sementeras del
señorío o también itónal intlácatl, es decir, tierras "del destino del se-
ñor". Eran administradas con base en la millanehuiliztli; es decir que
se arrendaban para sufragar los gastos en.palacio, los que incluían entre
otros, el de dar de comer a "todos los pasajeros y los pobres de más de
los principales". M
Estaban asignadas a los tlatoque en cuanto dignatarios, de tal manera
que a cualquier individuo, aunque fuese el tlatoani supremo, le estaba
vedado disponer de ellas a menos que pagase el arriendo correspondien-
te; a este respecto Zorita es definitivo:

No se podían enajenar y todos los que las labraban, señores o no


señores, aunque fuere el señor supremo, habían de pagar renta de
ellas.. ,85

c) Tecpantlálli. Sus frutos eran aprovechados en fl sostenimiento


de los servidores de palacio, los tecpanpouhque o tecpantlacah.
Al igual que las tlatocatlalli, los derechos a estas tierras pasaban a los
sucesores del cargo; pero aquí la cuestión se torna compleja ya que,
siendo también hereditario el cargo, a todas luces aparentarían estas
tierras ser propiedad particular de los cortesanos. Pero no había tal
puesto que no podían cederlas a su arbitrio ni tampoco se excluía la po-
sibilidad de perder sus derechos; así lo expresa Torquemada en el si-
guiente párrafo:

Las tierras de éstos sucedían de padres a hijos, pero no podían ven-


derlas ni disponer de ellas en ninguna manera, y si alguno moría sin
heredero o se iba a otra parte, quedaba su casa y tierras para que con
orden del rey o del señor, los demás de la parcialidad pudiesen poner
otro en su lugar. 88

Silbidem, p. 192 y ss.


8*Ibidem, p. 114.
Mlbidem, p. 126.
86 Torquemada, op. cit., v. H , p. 546; también Francisco Javier Clavijero,
Historia antigua de México, 4 v., edición y prólogo de Mariano Cuevas, México,
Editorial Porrúa, 1958 (Colección de Escritores Mexicanos: 7, 8, 9 y 10), t.
n, p. 210.
POSESIÓN DE LA TIERRA 79

• d) Tierra de los jueces o tecuhtlatoque. Eran aquellas señaladas


por el tlatoani como pago a los servicios de esos dignatarios. La asig-
nación se hacía con respecto al cargo, y et trabajo de la tierra con base
en la millanehuiliztli, es decir de arrendamiento, 87
e) Milchimalli y cacalomilli. Eran las tierras señaladas para cubrir el
avituallamiento durante las guerras. La única diferencia entre ambas
estaba, al decir de Torquemada, en que con los frutos de la primera se
hacía bizcocho (tlaxcaltotopochtli o totopos), y con los de la segunda,
grano tostado con el que se preparaban ciertos atoles. 88
f) Yaotlalli. Literalmente, tierras del enemigo. De ellas dice Ixtlil-
xóchitl que:

. . . eran ganadas por guerras; de éstas, lo más principal pertenecía a


las tres cabezas del imperio y lo demás que restaba se daba y repar-
tía a los señores y naturales que habían ayudado con sus personas y
vasallos en la conquista de los tales pueblos ganados por guerra . . ,89

Las yaotlalli eran entonces el auténtico botín y al efectuarse su deli-


mitación, pasaban luego a tomar las formas de posesión y aprovecha-
miento que se describen en este apartado.

Posesión vs. propiedad territorial

La forma de tenencia de la tierra en torno a la que más se ha con-


trovertido, ha sido aquélla tradicionalmente consideraba como propie-
dad privada. Las tierras sobre las que se ha aplicado esta categoría de
posesión son las siguientes:
a) Pillalli. Tierra de los pipiltin o nobles. El tipo de poseedor para
estas tierras parece haber tenido, según Torquemada, 90 dos modalida-
des: 1) era propio de los miembros de la antigua nobleza transmitir a
su descendencia los derechos a estas tierras; 2) a los individuos no no-
bles, por su valor y hazañas en la guerra, el tlatoani podía encumbrarlos
y al mismo tiempo otorgarles tierras de donde se sustentasen. Así pues,
en ambos casos la tenencia se fundamentaba en el alto status de las per-
sonas, ya fuese antiguo o recién adquirido. Para la primera modalidad
existe el siguiente término preciso.
b) Tecpillálli. Tierras de los tecpiltin o individuos de ilustre cepa.
Como se dijo, los derechos a estas tierras los poseían los pipiltin merced

87 Cfr. Torquemada, op. cit., 1. n, p. 355-356.


88 Ibidem, v. II, p. 546.
89 Ixtlilxóchitl, op. cit., v. II, p. 17%.
80 Torquemada, op. cit., v. m p. 545-546.
80 RELACIONES DE PRODUCCIÓN

a una muy lejana descendencia. Ixtlilxóchitl explica que las tecpillalli


"eran casi como las que se decían pillalli ... eran de unos caballeros
que se decían de los señores antiguos"; a su vez, Clavijero anota que
"eran posesiones antiguas de la nobleza que habían heredado los hijos
de sus padres". 8 1
Ambos poseedores —los nobles y los encumbrados por hazañas—
podían enajenar las tierras a su arbitrio, salvo el único impedimento de
hacerlo a macehualtin, es decir a la gente común del pueblo. Por lo
tanto, el carácter individual de la propiedad se veía restringido consi-
derablemente. A este respecto expresa Torquemada:

. . . a ningún macehual . . . los unos ni los otros no podían vendérse-


las, porque por el mismo caso quedaban perdidas y entraba el señor
poseyéndolas, y quedaban aplicadas al calpulli en cuya suerte caían,
para que los de aquella parcialidad pagasen tributo conforme a la
cantidad de tierras que eran; y si alguno de éstos moría sin herederos,
lo era el señor. 92

Aparte de la restricción en la enajenabilidad, la transcripción anterior


da pábulo aún para pensar que en las pillalli no se ejercía la propiedad
privada. Según lo transcrito de Torquemada, tanto en las tierras incau-
tadas —por transgresión de la norma de enajenación—, como en aqué-
llas carentes de herederos, "entraba el señor poseyéndolas". Tal parece
con esto que el tlatoanl quedaba como poseedor universal de estas tie-
rras; pero no era precisamente "el señor", como afirma Torquemada,
el que las poseía, sino el Estado, y aquél, como dignatario supremo,
tenía facultades para aplicarlas a cualquier recién encumbrado en la
escala social; en forma más o menos semejante a como lo hacía con
las yaotlaüi antes mencionadas. De este modo podría asegurarse el ca-
rácter estatal en la posesión de las pillalli.
También Katz, quien se taclina por la existencia de la propiedad pri-
vada, proporciona cierto apoyo a las afirmaciones dichas. Al comentar
este autor acerca de que sólo podía venderse esta tierra entre nobles,
•expresa que "en caso contrario, revertía al soberano". 93 Con esto se
está indicando claramente que el tlatoani había sido poseedor de esas
tierras, mismas que ahora, por contravención de los nobles, revertían
a su persona. Pero hay que observar que tal reversión no era hacia el
individuo, puesto que si así fuese, no tendría el porqué darlas en usufruc-
to; ni tampoco lo era hacia la persona del cargo supremo, ya que siendo

81 Clavijero, op. cit., v. n, p. 210. Ixtlilxóchitl, op. cit., v. n, p. 170.


92 Torquemada, op. cit., v. II, p. 546.
«3 Katz, op. cit., p. 31.
POSESIÓN DE LA TIERRA 81

así irían a acrecentar las tlatocatlalli o tierras del señorío, provocando con
ello una disminución en las pillálli y menoscabando los bienes de indi-
viduos altamente encumbrados. Las tierras, según lo dicho, tornaban a
su legítimo propietario, el Estado, a través de su máximo representante,
el huey tlatoani, para que éste las aplicara en el momento oportuno a
quien fuera necesario.
Todavía, sin embargo, hay un buen número de datos en la historio-
grafía indígena que hacen cierta referencia a la individualidad en la
propiedad de la tierra. Uno de ellos, quizás el más importante por sig-
nificar el posible origen de las pillálli y tecpillalli, es aquel que alude al
momento en que después de destruida Azcapotzalco, los célebres Tla-
caélei e Itzcóatl junto con otros personajes pasan al lugar conquistado
y reparten entre sí la tierra de los vencidos. 94 A continuación y como
ejemplo de este tipo de repartimiento se da la versión de uno efectuado
en 1508, o 3 técpatl:

Entonces en este año se dieron tierras los pipiltin mexicanos de Te-


nochtitlan f Tlatilolco, allá en Tehuilloyocan, las que ahora son tie-
rras de comunidad. Se dividió la tierra en presencia del tlatoani de
Tenochtitlan, Moteuczomatzin y del tlatoani de Cuauhtitlan, Azta-
tzontzin. Así que fue dada la tierra, en la merced del calpixqui de
Acxotlan no se hizo señalamiento; los nobles y señores de Cuauhti-
tlan se repartieron mercedes. Primero, Tzihuacpopocatzin de Tlatilol-
co; fue su merced en el cerro de Tehuilloyocan, la que ahora se nom-
bra tlatilokailalli, tierra de los tlátelolcas. El segundo, Techotlallatzin;
fue su merced la sementera de riego que se dice Atzacualpan, del señor
de Itztapalapan, etc. El tercero, Tochihuitzin de Mexicatzinco; fue su
merced la sementera de riego allí también en Atzacualpan. 95

En este fragmento, que habla de la autoaplicación de pillálli por parte


de pipiltin y de gente encumbrada, al ser analizado desde un punto de
vista lingüístico se nota cierta imprecisión en cuanto al uso del concepto
de apropiación.
El objeto sobre el cual se ejercita el derecho de usar, disfrutar, dispo-
ner y abusar es en lengua náhuatl áxcatl; en composición axca (naxca:
cosa de mi propiedad) y, como verbo, axcatía, que denota apropiación
de algo. Otros términos, no tan exclusivos pero que también sugieren
la misma idea, son: cocócatl, bienes, subsistencia (nococauh, mi bien,
mi propiedad); ixcoyantía, apropiar, adjudicar (de ixcoyan, propio,
personal, particular); tlátquitl, bienes, hacienda (tlatquitía, apropiar,

9* Duran, op. cit., v. i, p. 79-80; Tezozómoc, C. mexicana, p, 57 y 6 1 ; Códice


Ramírez, p. 64.
95 Anales de Cuauhtitlan (ed. Lehmann), fol. 60-61; Ap. TI, 37.
82 RELACIONES DE PRODUCCIÓN

usurpar); techtía, apropiar (de tech, en, de, para, sobre). Ahora bien, en
el original náhuatl del texto que comentamos (y también de otros por el
estilo), al referirse al reparto de tierras, se hace uso del verbo maca
que es dar, en su forma reflexiva momaca que es darse a sí mismo o
sea tomar. Si cada uno de aquellos señores en verdad se hubiese apro-
piado de la tierra, no tendría por qué no aparecer en el texto la expre-
sión motlalaxcatía, cuyo significado encajaría a la perfección: "hace de
su propiedad la tierra". Pero no se utiliza ésta ni ninguna otra de las
expresiones mencionadas; el informante sólo dictó motlálmacaque, es
decir que "tomaron la tierra", a sí mismos se la dieron, pero no se la
apropiaron o no la hicieron suya en la forma en que podían hacerlo
con sus sandalias o con su manta. Si algo hicieron suyo no fue la tierra
misma sino el derecho a ella, a su usufructo.
Con lo hasta aquí escrito se podría concluir con la afirmación de la
inexistencia de la propiedad particular territorial entre los antiguos
mexicanos, y cabría hacerlo puesto que como fue visto dicha propiedad
recaía únicamente en dos entidades: el calpulli y la ciudad. En las tierras
del primero sus integrantes las trabajaban para su provecho y para las
finalidades de su propia comunidad, en tanto que en las de la segunda,
el tlatoani como cabeza del Estado y siguiendo las normas vigentes, ad-
judicaba sus derechos a los templos, al palacio, al ejército, a los nobles
y a él mismo.
Todo esto parece ser evidente, mas si se observa el mismo panorama,
pero a partir de un sitio distinto, por principio de cuentas se advertirá
que las conclusiones a que se ha llegado hasta el momento han sido ela-
boradas tomando sólo en consideración las normas, aplicables al caso,
que se encontraban vigentes entre los habitantes del México antiguo; que
el fundamento de todo ello ha sido entonces de tipo puramente formal.
Al hablar de las pillalli y tecpillalli se llegó a la conclusión, lógica y
formal, de la inexistencia de la propiedad privada territorial entre los
mexicas; no obstante, cabe aún preguntarse si existía o existe alguna
diferencia substancial entre el auténtico terrateniente (de hecho y de
derecho) y el individuo poseedor solamente del usufructo de la tierra y
con derecho, además, de transmitirlo a toda su descendencia; y debe con-
siderarse que al terrateniente, históricamente, lo que importa es el inte-
rés del suelo y no el suelo mismo, el cual en la mayoría de las veces ni
conoce ni llega a pisar siquiera.
Los señores de la minoría encumbrada del México precortesiano no
tenían la facultad —sancionada por ellos y sus ancestros— de ejercer
los derechos inherentes a la propiedad privada, tai y como desde la anti-
güedad europea hemos considerado, pero ¿acaso es eso definitivo? ¿Acá-
POSESIÓN DE LA TIERRA 83

so no dicen otra cosa los hechos reales de las relaciones entre los
mexicas ?
Incluso algunas de las tierras sobre las que no ha habido controver-
sias, por estar acordes los autores en su carácter de estatales, servirían
de apoyo para lo antes dicho. Por ejemplo, de las teopantlalli o tie-
rras de los templos se sustentaba el cuerpo sacerdotal y se nutría la
organización religiosa. Las milchimalli y cacalomilli de primera inten-
ción descubren su carácter estatal puesto que su destino era avituallar
los ejércitos; pero el empleo de estas tierras llevaban aparejadas otras
nuevas, las yaotlálli, tierras del enemigo, que al fin de cuentas irían a
acrecentar primordialmente las posesiones del estrato social superior.
Como se sabe, una de las condiciones previas para la existencia inde-
pendiente del conglomerado mexica fue la apropiación de un territorio
determinado. Esta apropiación fue de índole comunal y por ende, cada
miembro de la comunidad resultaba por ser tal, no un propietario sino
mero poseedor individual de una porción de tierra, condicionado además
como ya lo hemos anotado, por ciertos requisitos de trabajo, individuales
y comunales. El terreno que los individuos poseían quedaba en esta
forma garantizado por la propia comunidad y ésta a su vez por el tra-
bajo común excedente de sus integrantes.
Sin embargo, por arriba de la comunidad global, pero inevitablemente
vinculada a ella, una unidad social o sector —llámese grupo, casta, cd-
pulli— controlaba el proceso general de la producción y absorbía tanto
los tributos como el trabajo comunal (en obras diversas incluyendo la
guerra), los cuales canalizaba al engrandecimiento de la comunidad, de
su dios y de sí misma. Consiguientemente queda claro que dicha unidad
superior —o sea los pipiltin y guerreros encabezados por el tlatoani—,
se reproducía gracias a la comunidad y asimismo que mediante los
vínculos económicos establecidos quedaba ciertamente como dueña ab-
soluta de las condiciones objetivas de producción, una de las cuales, en
verdad la más importante por la índole de la estructura económica me-
xica, era la tierra.
En resumen, podría asegurarse que en el México antiguó, existieron
únicamente dos formas en la tenencia de la tierra: la comunal y la
estatal; pero ello considerado sólo desde un punto de vista estrictamente
formal, ya que ú se atiende a otros ámbitos de la realidad histórica la
propiedad individual de la tierra aparece de inmediato. 96 De este modo,
lime insiste en la inexistencia de la propiedad territorial entre los mexi-
cas y en que lo que había eran sólo posesión y retribuciones personales
por méritos, servicios o funciones (aunque por las sucesiones hubiera
M C / r . Freud, op. cit., p. 171 y s.
84 RELACIONES DE PRODUCCIÓN

individuos que aparentaran ser verdaderos terratenientes), si se insiste


en eso, únicamente se estará interpretando una parte de la realidad, se
estará condicionado sólo por los estímulos de la norma jurídica y olvi-
dando lo substancial de las relaciones y cualidad de las cosas humanas.
Si ningún mexica, incluyendo al tlatoani, pudo pregonar en aquella épo-
ca "esta tierra es mía", estaba en lo cierto: la tierra no era de él sino
para él. Zan tlatolcuecuepaliztli, trastocamiento de palabras solamente.

CUADRO 1

Origen Territorio Tierras Destino

Tributos
Calpuilalli Miembros del calpulli
Arrendamientos
Teopantlalli Tlatoque
Gastos de palacio
Tlatocatlalli Templos
Tlatocamilli o Sacerdotes
Itónal intlácátl Culto
Yaotlalli -i. Mexicatlalli i
Tecpantlalli Cortesanos
Tierra de los jueces Jueces
Milchimalli y
Cacalomilli Ejército
Pillalli Pipiltin
Encumbrados
Tecpillalli Pipiltin.

4 . TRABAJO AGRÍCOLA

La producción agrícola, antes de la conquista española, era realizada


primordialmente por cuatro tipos de trabajadores:
a) Calpuleque. Son los calpúllec de que habla Zorita, es decir, mace-
huales que trabajaban las calpuilalli para su provecho y para el pago de
los tributos. Las tierras dedicadas a este último fin las labraban estos
campesinos mediante jornadas rotativas. 97 Más arriba quedaron anota-
das ya las condiciones necesarias para obtener el usufructo de las cal-
puilalli y el modo de conservar ese derecho.

»7 Duran, op. cit., v. II, p. 226.


Fig. 18. Cultivador divino. (Códice Fejérvari-Mayer, 39)

b) Teccaleque. Llamados teccállec por Zorita. Eran los labradores de


las tecpantlalli dentro de su propio calpulli, es decir, macehuales de po-
sición similar a los calpuleque. Unos y otros trabajaban para sí y para
cubrir los tributos, de tal suerte que la única diferencia entre ambos
parece haber estado sólo en el destino de los frutos del suelo que culti-
vaban en comunidad. En tanto que los calpuleque tributaban al huey
tlatoani, los teccaleque lo hacían sólo al noble al cual estaba adjudicado
el derecho de la tierra. 98
c) Renteros. Labraban tierras ajenas y podían tener o no parcelas
asignadas a sus personas. Era gente que, no teniendo o no queriendo
tierras en su propio calpulli, rentaba por un tiempo determinado las de
nobles o de alguna comunidad." Las tlatocatlalli, como se anotó arriba,
eran trabajadas por este tipo de personas y también quedó expresado
que los miembros de un calpulli podían arrendar las tierras de otro,
siempre y cuando la renta se aplicara en beneficio del primero.
d) Mayeque o tlalmaque. Constituyeron el sector campesino que, como
se notará más adelante, formó una de las capas inferiores de la socie-
dad; además no tuvieron, como los anteriores, tierras asignadas a su
provecho.
Los mayeque eran también renteros en las tierras que labraban, pero
con la diferencia de que en vez de serlo solamente por un determi-

»8 Zorita, op. cit., p. 127 y 111.


Wlbidem, p. 127.
86 RELACIONES DE PRODUCCIÓN

nado tiempo, estaban ligados de por vida a esa forma de trabajo;


además, juntamente con los derechos a la tierra quedaban incluidos en
las sucesiones hereditarias de los poseedores. La renta que pagaban,
aparte del servicio de leña y agua para la casa del usufructuario, consis-

CUADRO 2

Posesión
de
Trabajadores parcelas Lugar de trabajo Beneficiario

Ellos mismos
Calpuleque con Calpullalli Calpulli
Huey tlatoani
Ellos mismos
Teccaleque con Tecpantlalli Un pilli
Ellos mismos
Calpullalli ajena Calpulli
Renteros con o sin Tlatocatlalli Tlatoque
Ellos mismos
Pillalli Pipiltin
Mayeque sin Tecpillalli Templos
Teopantlalli (Pochtecas)

tía en una porción del producto recolectado o bien en el cultivo de de-


terminada superficie. Como los teccaleque, tampoco tributaban estos
campesinos al huey tlatoani, ni trabajaban en las sementeras comunales;
únicamente en tiempos de guerra acudían al servicio del señor supremo
quien, además, tenía sobre ellos jurisdicción civil y penal. 10°

5. TRABAJO COMUNAL EN GRANDES OBRAS

Importante forma de producción en el México antiguo lo constituyó


el trabajo comunal en obras públicas. Prueba de ello es la construcción
de grandes basamentos para los templos, así como de calzadas, represas,
acueductos y edificios públicos, acerca de lo cual existe en documentos

Wblbidem, p. 113-114. Condiciones semejantes se describen en la "Visita,


tasación y cuenta de la Villa de Yecapixtla, Mor., a petición de D. Martín
Cortés, Marqués del Valle. Año 1561", en Nuevos documentos relativos a los
bienes de Hernán Cortés, México, UNAM y Archivo General de la Nación,
1946, viii-f 271 p. p. 173-260.
Fig. 19. Supervisor del trabajo de
mantenimiento de templos, puentes y
acequias. (Códice Mendocino, 65)

indígenas y coloniales buen número de descripciones que, una a una, han


sido ratificadas por las evidencias arqueológicas.
Obras de tal magnitud se lograron entonces sin contar en nada
con factores que debían estar supuestos, es decir, un alto grado de
desarrollo de las fuerzas productivas, la presencia de una tecnología
avanzada, el uso técnico y generalizado de los metales, artificios motores,
animales de carga, etcétera. Pero el desenvolvimiento de las fuerzas
productivas toma matices diferentes según son las circunstancias y
además su equilibrio es siempre notorio. Así, partiendo de la ley de la
cantidad y la cualidad, a la ausencia de medios técnicos eficientes de
producción corresponden un predominio del trabajo masivo, un des-
arrollo constante de la destreza humana y también una estructura
política peculiar resultante de esa realidad, pero 1 mismo tiempo agente
modificador de la misma. Fueron precisamente esos tres elementos
(trabajo masivo, destreza y política peculiar), los que hicieron posible
la realización de las grandes obras del México precortesiano.
Esta forma de trabajo se aprecia en los textos que se transcriben a
continuación, vertidos del náhuatl, en los que se sigue paso a paso la
desviación del río Tepolnexco que, en tiempo de avenidas, destruía e
inundaba algunos parajes del dominio de Cuauhtitlán. Según su relato,
ante los destrozos ocurridos en 1431, Tecocohuatzin, tlatoani de Cuauh-
titlán, ordenó represar el agua y cambiar su curso. Para el siguiente año
aún no se había avanzado gran cosa, quizás por falta de recursos huma-
nos de trabajo; pero en 1433 un acontecimiento político trajo consigo
la solución al problema; corría el año 6 calli de su calendario:

. . . en este tiempo vinieron perseguidos los tepanecas de allá de


Tonanitlan y también de Cuauhximalpan y Atltepachiuhcan. Enton-
ces habían estado allá cuatro años. Primero vinieron a humillarse
ante él, vinieron a rogar al tlatoani Tecocohuatzin f a los señores y
nobles de Cuauhtitlán; y después que los recibieron, así vinieron a
postrarse; con lo cual se irán a asentar allá por los pueblos de Tol-
Fig. 20. Trabajo comunal en obras de albañileria du-
rante la Colonia. Nótese el uso del huictli. (Códice
Osuna, fol. 501.39v)

titlan y definitivamente serán condenados si se levantan una vez más


contra el pueblo de Cuauhtitlan; ya entonces no se les tendrá com-
pasión. Así pues, fueron a asentarse en Toltitlan. 101

Este acontecimiento, que era una derivación del movimiento armado


que acabó con Azcapotzalco, vino a solucionar la manifiesta carencia
de brazos. A cambio del asilo otorgado, los tepanecas debían trabajar en
la represa; así lo indica la continuación del relato de los Anales de
Cuauhtitlan:

Y luego el tlatoani Tecocohuatzin les impuso trabajo a los de Tona-


nitlan; por lo que fueron ellos a represar el río, al que hacían nom-
brar Tepolnexco. Con grandes vigas lo fueron a represar; no atra-
vesadas, sólo unidas verticalmente en la acequia, sólo unidos los
maderos en la zanja. Así que por último se represó, así se desvió el
agua, fue t^cido [su cauce]; por lo que hacía allá penetra el río,
hacia Citlaltépec.

Con tal acopio de brazos y su aplicación técnica apropiada, para 1435


quedaron concluidos totalmente los trabajos. 102 Otro suceso similar
ya de fines del siglo xv, es el relativo a los trabajos del Acuecuéxatl
V>1 Abales de Cuauhtitlan (ed. Lehmann), fol. 48; Ap, n, 38.
W2 Ibidem, fol. 49; Ap. n, 38.
TRABAJO COMUNAL EN GRANDES OBRAS 89

para los que Ahuítzotl, según Duran, ordenó "a todas las ciudades de
las provincias, así de tierra caliente como de tierra f r í a . . . que luego
acudieran con gente y con piedras, cal f estacas, para hacer presa y
caño por donde [el agua] viniese encañada a México"; 103 agrega el
cronista que fue tanta la gente que llegó con especialistas y materiales
de distintos lugares, que en ocho días aproximadamente quedó con-
cluida la obra. Como se ve, esta forma de trabajo, a base del esfuerzo
excedente y obligado de grandes núcleos de población, no había cam-
biado a través del siglo xv, ni cambiaría durante los pocos años que
aún restaban al esplendor mexica, ya que para fechas próximas a la
Conquista, como las comprendidas entre 1500 y 1515, vuelve a aparecer
en Malinalco, ahora con una intensidad nunca antes vista, como lo
muestra, entre otros, el Codex Mexicanus.

Fig. 21. Construcción del templo de Tlatelolco. {Códice


Ascatitlan, 14)

Empero, a pesar de la objetividad con que los textos transcritos des-


criben las causas, forma de trabajo y sus resultados, parece haber exis-
tido otro factor importante en la producción. Se trata de la creencia
en lo que podría denominarse forma anímica de trabajo, según la cual
los entes sobrenaturales participan también en la realización de algunas
obras materiales. Pero no era pura y llanamente una creencia en el
trabajo sobrenatural, sino la convicción de que si el hombre actúa en
cierta forma y en determinadas circunstancias, los dioses acudirán en su
auxilio y esto en la realidad significaba consumo de tiempo, de esfuerzo

IOS Duran, op. cit., V. I, p. 386-387.


90 RELACIONES DE PRODUCCIÓN

y en muchas ocasiones también de sangre (la representación de este


"trabajo" puede verse en la lámina 17 del Atlas de Duran, en relación
al Acuecuexco).
Para dar fin a este apartado consigno la interesante nota que aparece
en los Anales de Cuauhtitlán, acerca de los acontecimientos del año 12
cálli o 1465, en particular del inicio del trabajo comunal y de lo que
podría llamarse forma anímica del trabajo:

. . . en este tiempo por primera vez se comenzó el trabajo comunal


allá en Tenochtitlan; junto a México comenzó cuando se levantó
el acueducto de Chapultépec, que viene a entrar en su interior. Y el
que en este tiempo gobernaba en Tenochtitlan era Huehue Moteuc-
zomatzin, pero el que entonces dirigió el canal fue Nezahualcoyotzin,
tlatoani de Tetzcoco.
13 Conejo [1466]. En este año fue Nezahualcoyotzin a dirigir el
agua cuando por vez primera vino a entrar a Tenochtitlan. Y los
de Tepeyácac fueron los que vinieron acelerándola pues iban hacien-
do sacrificios ante el agua. Entonces sólo de allá de Chapultépec se
tomaba el agua. 1M

6. ARTESANÍA

Para la realización de obras de gran envergadura y también para


otras menores, se sabe de la existencia en el México antiguo de grupos
de personas especializadas en distintas labores artesanales. De ellos
Ixtlixóchitl proporciona el dato numérico de más de treinta oficios
diferentes 105 y Sahagún por su parte detalla cada una de las técnicas
seguidas por joyeros, lapidarios, artífices de la pluma, ceramistas y
otros; 10C además León-Portilla, basado en los textos en náhuatl de
informantes indígenas, ha dado a conocer en algunas de sus obras el
concepto preciso que de cada una de las labores artesanales tenía
el mexicano antiguo. 10T Así pues, sólo se harán aquí algunos comen-
tarios acerca de las circunstancias en las que se elaboraron los productos
y también de su destino. De la posición social y filiación de los artífices
se hablará en el capítulo siguiente.
Es un hecho probado —a través de diferentes disciplinas—, la pre-
sencia de una economía autosuficiente en los grupos familiares de las
sociedades más antiguas, no sólo de México sino del mundo. Cada uno

10*Ibidem, fol. 5 3 ; ap. n, 39.


105 Cfr. Ixtlilxóchitl, op. cit., %, I. P- 326.
loe Cfr. Sahagún, op. cit., v. m , lib. ix, p. 56 y ss.
107 Cfr. León-Portilla, La filosofía..., p. 258-272 ; Lof antiguos mexicanos...,
p. 154-171; Siete ensayos..., p. 47-56.
ARTESANÍA 91

de ellos, independientemente del trabajo agrícola, se ocupaba en la


elaboración de los utensilios necesarios a su existencia. Eran capaces
de bastarse por sí mismos de artícuos cerámicos como cacharros, husos,
juguetes y aun pequeñas representaciones de los dioses; objetos de
piedra, como cuchillos, hachas, navajas, piedras de moler, etcétera; los
hilados y tejidos eran también labores domésticas, así como la confec-
ción de adornos de papel para las celebraciones religiosas; la cons-
trucción de casas habitación —excluyendo la de los grandes señores—,
era ejecutada por las personas interesadas,
Pero habían objetos para los cuales se requería conocimientos más
complejos y mayor tiempo en su realización. Si es cierto que cualquier
campesino podía hacer el cajete que él y su familia necesitaban, la
hechura del mismo estaría condicionada por el uso al que se destinaría,
por el tiempo y el material disponibles y por su propia destreza. Obvia-
mente, tanto la hechura cuanto los factores inherentes a la misma serían
bastante exiguos si se considera la situación social y económica del
campesino. Por lo contrario, la elaboración de un utensilio similar,
pero labrado y decorado delicadamente con materiales seleccionados,
sólo era posible por individuos aplicados a tiempo completo a tal labor,
con conocimientos adquiridos con antelación y cuyo sustento no fuera
producido por ellos mismos; de tal suerte, la persona dedicada a estos
menesteres debía necesariamente recibir en retribución de ellos, mer-
cancías o artículos de cambio que le permitieran obtener el manteni-
miento suyo y de su familia o bien emplearse bajo el patrocinio de
alguna institución o de alguna persona pudiente.
Si se toma en cuenta que los artículos manufacturados a que nos
referimos, exhibían atributos de calidad en materiales y hechura, y que
además, como se anotó al principio de este capítulo, la reglamentación
para el uso de determinados ropajes, adornos, metales, gemas, casas,
etcétera, estaba encauzada en favor de los sectores privilegiados de la
sociedad, puede concluirse que los productos del trabajo artesanal de
tiempo completo o medio tiempo, eran exclusivos para los dichos sec-
tores; y suponiendo lo contrario, a los miembros de las capas inferiores
les sería de hecho imposible su adquisición.
Un notable hecho histórico que revela tanto el destino del producto
artesanal suntuario como el status del artesano, es el que se refiere a
las ceremonias de coronación de Ahuítzotl. Las evitaciones hechas a mu-
chas ciudades enemigas llevaban en verdad la intención de manifes-
tar la pujanza de México Tenochtitlan, según Duran, para que cono-
cieran, "con la fama de la grandeza y prodigalidad de joyas y presentes
que en estas solemnidades se daban y gastaban, cuánta era la abundan-
Fig. 22. U n amanteca ense-
ñando a su hijo. (Códice
Mendocino^ J I J

cía de México y su valor y excelencia"; aún agrega fray Diego que


por esto se presionaba y amenazaba a los tributarios y en especial a
todos los artífices: "a los plateros para las joyas, a los oficiales de com-
poner los plumajes galanos y para los bailes, a los olleros para la loza
necesaria, a los oficiales de hacer humazos, a los componedores de rosas,
a todos apercibían y amenazaban, si en algo faltaren, de les castigar y
desterrar de la ciudad a ellos y a toda su generación..." 1 0 8
Si el producto artesanal (suntuario, por supuesto), fue en provecho
sólo del grupo en el poder, es necesario entonces señalar la manera en
que éste retribuyó el trabajo de los artífices. Pero antes debe anotar-
se que a lo largo del desarrollo de la economía y sociedad mexicas fueron
desplegándose paulatinamente la técnica y las formas artesanales, en un
principio no seperadas en lo absoluto de la producción agrícola; pero
este despliegue, a más de provenir del proceso normal de las fuerzas
productivas se incrementaba, aún más, por el reflujo del estrato social
cada vez más poderoso; así pues, el desarrollo de las manufacturas
dependía particularmente del de los estratos superiores. De este modo
se explica que Nezahualcóyotl, ya dentro de la época del esplendor
tetzcocano, tuviese necesidad de llevar i Tetzcoco artífices de otras
localidades.109
Y más o menos para esta época se encuentran algunos datos relativos
a la retribución del trabajo artesanal. Por diversos testimonios del
siglo x v i 1 1 0 se sabe que el pago por dicho trabajo podía consistir de
ropa y mantas de diferentes cualidades, fardos de cacao, maíz, frijol,
pepita y chile, cerámica, pilones de sal, etcétera; además, en el mismo
palacio se les concedía el sustento cotidiano e incluso habitaciones. Otro
tipo de retribución, sumamente interesante, es el que según Tezozómoc
se fundaba en la entrega, aparte de lo anotado, de una persona cuya

108 Duran, op eü., v. i, p. 334. (Más adelante agrega: ". .. he notado una
cosa en este capitulo . . . que de todo cuanto tributaban las ciudades y provincias
en todo el a5o, se lo tornaban a llevar los señores y principales en un d í a . . . "
Ibidem, p. 338.)
109 Ixtlilxóchitl, op. cit., p. 327.
n o V. gr. Tezozómoc, C. mexicana, p. 499 y 500; Duran, op. cit., v. i, p. 250;
Sahagún, op. cit., %, ii, ¡ib. vn, cap. 13, p. 308.
INTERCAMBIO 93

dedicación sería la de dar servicio de leña y cultivar la tierra asignada


al artesano. m De gran interés también es el dato, ya tardío, que pro-
porciona Cortés en carta de 1538 dirigida al Conseja de Indias: " . . . al-
gunos barrios y personas están obligados a dar de sus ingresos una
parte para el sostenimiento de trabajadores de toda clase . . . Estas per-
sonas viven en los pueblos y barrios de la ciudad a costa de sus habi-
tantes". m
Con lo anterior se hace aún más evidente el hecho ya antes mencio-
nado de la separación del trabajo agrícola y del empleo de tiempo com-
pleto en las labores de esta gente, es decir, el comienzo de la segunda
división social del trabajo. 113 Esto, unido al elemento cuantitativo de
la población artesanal que se deduce de los diferentes textos, podría
llevar a pensar en la existencia de alguna forma incipiente de economía
industrial, al menos en los últimos momentos del México préhispánico.
Pero si se considera que tanto el artífice como el producto estaban
encauzados sólo a satisfacer las necesidades de los estratos sociales
superiores, a engrandecer su gloria y su fama, y que además el sustento
de unos y otros tenía la misma procedencia, obviamente debe asegurarse
que la producción artesanal (la de la ioltecáyotl, la de "piezas de mu-
seo"), no llegó a representar la economía típica de los mexicanos sino
que fue sólo complemento en su organización. 114 La manufactura arte-
sanal, la generalizada, era en cambio parte del círculo de producción
propio de la estructura económica mexica.

7 . INTERCAMBIO

Las formas de intercambio, corno causa y efecto al mismo tiempo de


las de producción y trabajo, son ciertamente uno de los principales
estímulos de la complejidad social, relativa a un tiempo y circunstan-
cias dados. Prueba de ello son los cambios ocurridos en Tenochtitlan
a partir de su fundación.
En efecto, como se anotó en el primer capítulo, los recién instalados
contaban con relativa abundancia de productos lacustres y, en menor
grado, con los de la agricultura, la caza y la domesticación; pero por
l l l Tezozómoc, C. mexicana, p. 500.
U2Apud Katz, op. cit., p. 53.
113 Cfr. Úrsula Sachse, "Acerca del problema de la segunda división social del
trabajo entre los aztecas (Fuentes históricas y análisis lingüísticos)", traducción
del alemán por Juan Brom O., Traducciones mesoamericanistas, México, v. i,
Sociedad Mexicana de Antropología, 1966, p. 73-145.
11* Vid. Katz, op. cit., p. 50; también Mauro Olmeda, E! desarrollo de la so-
ciedad mexicana, jts La fase prehispánica (Proyección americana del "modo de
producción asiático"), México, Mauro Olmeda editor, 1966. 327 p. p. 60.
94 RELACIONES DE PRODUCCIÓN

lá naturaleza misma del lugar, carecían de otros igualmente vitales


como lo eran las fibras para tejidos, materiales de construcción y artícu-
los de cerámica y cestería, todo ello existente en los territorios de la
ribera del lago.
Aplicándose al logro de una sobreproducción, según se desprende de
las fuentes y quizás a costa del descenso de su propio nivel de consumo,
los mexicanos iniciaron un intercambio de artículos de primera necesi-
dad con la gente de otros pueblos. Con ello es probable que quedara
establecido el principal de los antecedentes de la institución del comer-
cio entre los aztecas, máxime que dicho intercambio no sólo era reali-
zado espontáneamente por los individuos sino parece haber existido
cierta intervención por parte del gobierno tribal; al menos así se advier-
te en el relato de Duran que se refiere a la consolidación de la isla y
a la construcción del templo, obras públicas ambas, utilizando los mate-
riales allegados por aquel medio. m
El desenvolvimiento paulatino de la sociedad, ya bajo el poder cen-
tralizado en la persona de Huitzih'huitl, permitió establecer contactos
comerciales con regiones más apartadas, como lo fue Cuauhnáhuac de la
que se importaron productos de algodón, según se dijo más arriba. Con
la destrucción de Azcapotzalco y el sometimiento de sus habitantes y
aliados se inicia la expansión militarista de México provocando esto
mismo el arranque definitivo de sus relaciones comerciales.
Lo anterior viene a corroborar el supuesto universal relativo a la
aparición del intercambio, es decir la existencia de una cantidad mayor
de necesidades frente a un número inferior de satisfactores posibles
derivados de la productividad local. Esto, a pesar de su validez para
etapas posteriores, lo referimos ahora sólo al origen de las relaciones
de intercambio, al momento en el cual predominan claramente las trans-
acciones con artículos de necesidad inmediata, es decir, al canje de
cierta cantidad de maíz, tomate o pescado, por otra de piedra, madera
o algodón.
Bastaría una ojeada a la historia del desarrollo económico de Tenoch-
titlan, hasta 1428, para comprobar lo anterior. No obstante, hay textos
indígenas que hablan de un comercio organizado desde fines del siglo
xiv o principios del xv, pero éste era incipiente y por lo mismo no
podía ser representativo de las relaciones de este tipo. 118 Así pues, las
formas de intercambio en Tenochtitlan, durante su primer siglo de vida,

U6 V. gr., Duran, op. cit, v. i, p. 41-42.


116 Vid. Miguel León-Portilla, "La institución cultural del comercio prehispáni-
co", Estudios de Cultura Náhuatl, México, v. n i , 1962. p. 23-54. P. 37-38.
INTERCAMBIO 95

parecen haber sido primordialmente condicionadas por las necesidades


más puras y vitales. Más adelante, las cosas serán diferentes.
Se ha considerado generalmente que el comercio supone, entre otras,
la existencia de excedentes reales de producción y de intermediarios.
Por lo que respecta a estos últimos y descontando la circunstancia espe-
cial de los pochtecas, no hemos encontrado fuentes que testifiquen la
presencia en el México prehispánico de personas desligadas de la pro-
ducción y ocupadas sólo en la compra y venta de artículos. Con respec-
to al excedente, tampoco parece haber sido posible para la capacidad
productiva de la población. En apoyo de esto debe tomarse en cuenta
que la deficiencia tecnológica de entonces no podía dar grandes rendi-
mientos, como tampoco hoy se dan en las áreas rurales no mecanizadas.
Prueba de 1# anterior se encuentra en los continuados periodos de
hambre de que hablan los códices indígenas, uno de los cuales, los
Anales de Cuauhtitlán, proporciona el registro de nueve de ellos provo-
cados por diversas contingencias como sequías, vendavales, nevadas,
pestilencias e inundaciones —como la del Acuecuéxatl—, todos ocurridos
durante los últimos cincuenta años del esplendor mexica: en 1454 el
primero y en 1507 el último; y a pesar del almacenamiento de subsis-
tencias por parte del Estado, de las que en estos casos se disponía
para socorrer las necesidades del pueblo, el hambre señoreaba de todos
modos. A tanto pudo llegar, que al mediar el siglo xv, la sequía de los
años 54 a 56 obligó a mucha gente trocar sus propias personas o la de
algún pariente por el necesario sustento. Los Anales de Cuauhtitlán des-
criben así el draima de esta época:

Año 3 técpatl [1456]. En este tiempo brotó el bledo; era todo cuan-
to se comía; así pues, moría la gente. Fue el tercer año en que hubo
hambre. Están pintadas así como personas a quienes comen zopilo-
tes y coyotes. 11T

Todavía hacia las décadas finales del siglo xvi se conservaba el re-
cuerdo de hambrunas pasadas: " . . . antiguamente vivieron sanos y no
se acuerdan haber habido pestilencias tan bravas ni tan ordinarias como
agora, aunque hambres había antiguamente, más a menudo que
agora..."118
De lo anterior puede inferirse que si la tecnología agrícola no fue
capaz de producir mantenimientos suficientes para superar las continuas
etapas de escasez, la posibilidad de excedentes reales se desvanece, y
lo mismo puede decirse con respecto de la emergencia de un comercio
UT Anales de Cuauhtitlán (ed. Lehmann), fol. 5 1 ; Ap. 40.
118 Paso v Troncóse, op. cit., v. vi, p. 286.
Fig. 23. Consecuencias desastrosas del meteoro del año 13 casa,
o 1453. (Códice de 1576, 67)

a través de intermediarios dentro de la masa de la población. En ésta


sólo podía existir un intercambio basado en la urgencia recíproca de
satisfactores y realizado por parte de los mismos productores. 119 Los
objetos del trato no constituían, precisamente, excedentes, puesto que
no representaban la parte de la producción disminuida de las exigen-
cias del trabajador y del desgaste de los medios de la itósma; eran
simplemente artículos de consumo inmediato que, al ser canjeados por
otros, nivelaban la subsistencia familiar o de grupo.
Desde luego que los individuos del pueblo llano que desearan obtener
alguno de los pocos artículos de lujo permitidos, debían entregar a
cambio una cantidad mayor de productos; pero no por eso se hablaría
de excedentes verdaderos. Como hoy, habría una adquisición relativa de
prestigio a costa de una continuada y penosa acumulación de bienes.
Lo anterior acontecía dentro de la gran masa de la población. Empe-
ro, en relación a los sectores encumbrados de la misma puede asegu-
rarse que sus exigencias suntuarias provocaron e hicieron posible des-
pués, durante el siglo xv, la consolidación de la renombrada institución
del comercio prehispánica, conocida como pochtecáyotl.
11» Como el caso de los salineros de que hablan los Papeles de Nueva España
(v. vi, p. 62).
Fig. 24. Tipo generalizado de intercam-
bio: Xiconocatzin, hermano de Neza-
hualcóyotl, cambia una manta por
tortillas y comida en Caltenco. (Códi-
dice Xólotl, 8)

Como se mencionó arriba, desde los albores del siglo xv, según se des-
prende del testimonio de informantes indígenas, aparece en México una
forma incipiente de comercio organizado cuyos objetos de tráfico eran
únicamente tres tipos distintos de plumas de aves preciosas. Un poco
más adelante, bajo el gobierno de Tlacatéotl en Tlatelolco, comenzaron
a llegar plumas de mejor calidad, así como turquesas, jades "y las
mantas suaves y los pañetes, ya que hasta entonces la gente sólo se
vestía prendas hechas de fibras de maguey". 12° Esto acontecía hacia
los últimos años de Huitzilíhuitl, cuando se iniciaron las relaciones de
intercambio con Cuauhnáhuac. Los artículos introducidos hasta este
momento, aunque no de calidad suprema, representaban en cambio lo
mejor de lo que podía disponerse y por tanto, su destino, y por supues-
to también su causa, estaban en la nobleza. Más tarde, al hacerse reali-
dad la expansión tipo imperialista, las exigencias por las cosas suntua-
rias aumentaron y por ende también las rutas y la calidad y número
de los objetos del comercio.
Pero si la nobleza era glSornotora directa de las actividades de los
pochtecas, debe suponerse en manos de ella una acumulación de bienes,
inerte e improductiva, que ante el incentivo del fausto y del lucro M
transformara en valor de cambio. Para' el caso de los tlatoque y pipiltin
de México, el origen y existencia de esta acumulación se localizan, por
una parte, en las recaudaciones con que afectaban a sus propios subdi-
tos, y por otra, secundaria y decisiva, en los artículos tributados por
los pueblos sometidos. Por esta última vía se obtenían diversos tipos
de cereales (utilizados para el sostenimiento del ejército, de las fiestas, de
los convites y del pueblo en épocas de sequía), pero también se
abastecía de objetos, más bien suntuarios, manufacturados, semielabo-
radbs o en su estado natural, los cuales si bien es cierto que sirvieron
como obsequios para guerreros y artífices distinguidos, embajadores
y dignatarios de otros pueblos y aun para los mismos comerciantes,

120 Códice Matritense de Éi Real Academia de la Historia, fol. 2fir, apud León-
Portilla, "La institución...", p. 37-38.
Fig. 25. Pochteca rodeando un
mercado. (Códice Mendocino,
68)

empero, una buena porción de ellos quedaba atesorada por la nobleza y


aun buena parte retornaba a los señores de los lugares tributarios. m
Había una interdependencia típica entre comercio y producción, locali-
zada claramente en la convivencia de pochtecas y artífices de la pluma.
Ambos grupos residían en localidades inmediatas y participaban de
algunos rasgos semejantes. Según el testimonio de Sahagún 122 esto
se debía a que "los mercaderes traían de lejanas tierras las plumas
ricas, y los amantecas las labraban y componían y hacían las armas y
divisas y rodelas de ellas, de que usaban los señores y principales"; la
causa más inmediata de esto, como lo indica la misma fuente, estaba
en la actividad de los pochtecas, ya que antes de ellos los materiales
utilizados eran de baja calidad y los amantecas "no sabían entonces aún
los primores de este oficio".
La actividad de los pochtecas, según se advierte, estaba encaminada
a su propio encumbramiento y a la satisfacción de las necesidades del
sector privilegiado de México, máxime si se considera, como lo expresa
Katz, m que la falta de medios eficientes de transporte, las grandes
distancias y los no pocos peligros, los constreñían a negociar con artícu-
los de lujo; y aún se podría agregar el incentivo, ciertamente universal,
de obtener mayores ganancias en tanto más exclusivas y estimadas son
las características de la mercancía.
Por lo antes dicho, cabe considerar que la pochtecáyotl, no obstante
rebasar las formas típicas de intercambio entre los antiguos mexicanos,
llevaba en su desarrollo la desvinculación de la tierra, en mayor o menor
medida, de buen número de campesinos diestros en los oficios artesana-
les principalmente, y provocaba también la formación de mercados espe-
cializados en manufacturas y objetos determinados.
121 Cfr. Duran, op. cit., v. i, p. 338.
122 Sahagún, op. cit., v. ni, Kb. ix, p. 63.
123 Katz, op. cit., p. 66.

DINÁMICA
SOCIAL
1. DIFERENCIACIÓN SOCIAL

En los estudios de la situación social de los mexicas es notorio el des-


acuerdo entre los diversos autores contemporáneos, sobre todo en cuan-
to a la existencia o no de clases sociales. En tanto unos abogan por
ellas, otros las niegan de manera rotunda; y en no pocas veces tanto
unos como otros se han valido simplemente del concepto. 124 Por ello,
para abordar la materia propuesta es conveniente fijar un marco uni-
versal de referencia a través del cual puedan explicarse las relaciones
humanas que fueron características en México Tenochtitlan.
Considero que para el examen de la dinámica social o para la utiliza-
ción del concepto clase social, no debía perderse de vista, al menos, la
definición amplia y precisa que da V. I. Lenin, en la cual los puntos
esenciales expresan que las clases sociales son sectores de la sociedad
"que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema
de producción social, históricamente determinado; por las relaciones
en que se encuentran respecto a los medios de producción (relaciones
que en gran parte quedan establecidas y formalizadas por las leyes);
por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y,
consiguientemente, por el .modo y la proporción en que perciben la parte
de la riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos,
uno de los cuales puede apropiarse del trabajo del otro, por ocupar
puestos diferentes en un régimen determinado de economía social". 125
Desde luego, cabe aclarar que el hecho de que se considere la defini-
ción transcrita, no significa de ningún modo pretender encajonar la
historia del México antiguo en las formas que fueron o son propias de
otros lugares; sobre todo teniendo en cuenta que dicha definición surgió
124 Entre los primeros debe citarse, sobre todo, a Moreno, La organización po-
lítica y social...; Monzón, El calpulli... i ]M. León-Portilla, Imagen del México
antiguo, Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1963, 118 p. (Bi-
blioteca de América/Libros del tiempo nuevo, 3 ) ; Katz, Situación económica y
social... Entre los segundos, principalmente a Olmeda, El desarrollo de la socie-
dad . . . ; y a Gonzalo Aguirre Beltrán, "El gobierno indígena en México y el
proceso de aculturación", América Indígena, México, V. x n , 1952, no. 4, p. 271-
297; Formas de gobierno indígena, México, Imprenta Universitaria, 1953, 221 p.
Hit ¿Colección Cultura Mexicana, 5 ) ; Regiones de refugio. El desarrollo de la
comunidad y el poceso dominical en Mestizo América, México, Instituto Indige-
nista Interamericano, 1967, xviii -(- 366 p. (Ediciones Especiales: 46).
125 V. I. Lenin, Obras escogidas, 2 v., Moscú, Ediciones en Lenguas Extranjeras,
1948, v. ii, p. 612-613.
102 DINÁMICA SOCIAL

en nuestro siglo y fue provocada por acontecimientos peculiares en el


mismo y en Europa. Aunque sea de sobre conocido, no hay que
olvidar el hecho de que el desarrollo del complejo cultural mesoameri-
cano fue independiente de cualquier influencia extracontinental directa.
A pesar de ser semejantes en muchos aspectos, no todos los grupos
humanos ari anearon del mismo origen ni siguieron idénticos caminos,
aun dentro de un área geográfica determinada. Quienes hablaron
o hablan de clima "mediterráneo" o "senegalés" en América, han
incurrido en la misma actitud de aquellos que explican las culturas ame-
ricanas como "neolíticas" o, sin más, "despóticas". Tanto la naturaleza
cuanto las culturas de América pueden, y así lo es de hecho, guardar
bastantes analogías con las de otras regiones; no obstante hay que
considerar que algunas características, muchas veces sutiles pero subs-
tanciales, pueden provocar matices especiales que singularizan un ámbito
con respecto del otro. Por lo tanto, del mismo modo que es preciso
hablar de los elementos termodinámicos y acuosos del clima de una
región, en vez de aplicarle lo característico de otra similar, así también
es necesario explicar las pecularidades evolutivas de las sociedades, las
cuales, aun siendo semejantes, se entenderán en su propio y natural
contexto.
Para seguir un ordenamiento lógico, antes de iniciar la exposición de
los rasgos propios de los sectores diferenciados de la sociedad mexica,
trataremos de las premisas que suponen la existencia de tal diferencia-
ción; sin olvidar que ya desde el mismo siglo xvi fueron consideradas
por diversos autores. Duran, por ejemplo, escribe que "entre estas na-
ciones hubo diferencia entre los ilustres y entre los que no lo eran". m
Empero, siendo nuestro interés partir en lo posible de las fuentes docu-
mentales directamente, tomaremos sobre todo la información de los que
en cierto modo alcanzaron a vivir dentro de & tradición nativa.
Van a continuación tres notas. La primera de ellas se refiere al cas-
tigo dado a los que sorprendían en la embriaguez:
T|
Si es sólo macehmlli, o quien es así no más, ante la gente es apa-
leado, con palos cae, con palos muere o quizás el azote lo acaba. Pero
si es tlazopilli, en secreto lo ahorcan. 127

En la ceremonia dedicada a Xiuhtecuhtli, dios del fuego, "la gente


rica y mercaderes" hacían ofrendas de papel cortado, plumas ricas,
jades, codornices, etcétera. 12S
128 Duran, op. cit., v. ti, p. 161.
127 Códice Florentino, lib. m , cap. VI, apéndice; Ap. u , 41.
128 Sahagún, op. cit., v. t, lib. Sft cap. xxv, p. 351-352.
DIFERENCIACIÓN SOCIAL 103

. . .pero los que son solamente "macehuales", los pobres, sólo copal-
xalli [arena de copal] echan en el fogón. Y los que son en suma
postreros, los menesterosos en extremo, los trabajadores indigentes,
los que están insatisfechos, los descontentos, sólo yauhtli [una hierba
olorosa] esparcen en el fogón; así ofrendan en su propio hogar. m

Y ahora, una referencia a la vida en su proyección al más allá. La


calidad de la piedra que colocaban en la boca de los muertos variaba
según fuera el nivel económico-social del individuo irises

Y así que morían los señores e igualmente los nobles, les hacían
"tragar un chalchíhuitl [esmeralda o jade]. Pero en los "macehua-
les" sólo de texoxoctli [una piedra azul] o de obsidiana, dizque se
hace su corazón. 130

Aunque breves en su extensión, las notas expuestas llevan en cam-


bio una apreciable carga semántica que hace precisar la diferencia en
riqueza y prestigio habida entre los antiguos mexicanos.
En la primera, para un mismo delito, aunque el resultado sea el mis-
mo, la aplicación del castigo varía si se trata de un infractor macehualli,
de alguien que es "como quiera", que es "así no más" (za zan aquin),
que si se trata de un tlazopilli, un auténtico pilli, un hijo legítimo,
pero "legítimo" en tanto que es de ilustre cepa.
Si la distinción que establece esta primera nota es en cuanto al rango,
en la segunda lo es en cuanto a la distribución de la riqueza social.
Nuevamente a una misma actitud —en este caso un rito religioso—,
corresponden diferentes medios de ejecución. En tanto que los que
pueden hacen ricas ofrendas, los macehuales presentan sólo los substi-
tutos más a su alcance.
En el primer caso, macehualli aparece como sinónimo de gente sin
lustre, sin abolengo, pero en el segundo es equivalente de gente pobre
(motolinía). Aún más, el pequeño texto parece indicar una subdivisión
inferior —algo así como la lower-lower class del moderno Occidente—,
al hacer mención de los que "son en suma postreros", "los más o final-
mente postreros" {za yequene quiízacuía), pero en realidad se refiere
a los trabajadores en general: "los menesterosos en extremo, los traba-
jadores indigentes, los que están insatisfechos, los descontentos". iai
El úttmo fragmento enfrenta a pipiltin y tlatoque contra macehualtin.
Los primeros por su riqueza y su rango utilizan piedras finas como subs-
tituto del corazón de sus muertos. Los segundos no; sm tienen riqueza,

129 Códice Florentino, lib. iv, cap. xxv, parág. 3 ; Ap. zi, 42,
180 Ibidem, lib. n i , apéndice, cap. ff Ap. n , 43.
181 Véase el texto en náhuatl en Ap. u , 42.
104 DINÁMICA SOCIAL

ni mucho menos linajes ilustres y, por lo mismo, su nivel social se ve


proyectado horizontalmente hacia el ultramundo.
De los tres fragmentos en conjunto puede entreverse en consecuencia
la división de la sociedad mexica en dos sectores: el de los pipiltin y el
de los macehuáltin; o dicho de otro modo, el de los que poseyeron todo
y el de los que nada o casi nada poseyeron. De esta división —y de las
de ilustres y no ilustres, libres o no-—, el mexica conocía y sentía su
existencia pero ignoraba las causas reales, o bien, como ha acaecido en
otras sociedades, las achacaba a la Naturaleza o a Dios. Ya en el segundo
capítulo se vio que una doncella, descendiente de noble estirpe, por eso
y sólo por eso "su corazón es precioso, es adorable, es digna de buenos
tratos". Y algo semejante puede observarse en las descripciones de los
hombres según el puesto que ocupan en la sociedad; para nada se toma
en cuenta el proceso que hizo posible al hortelano o al artífice, al hombre
rico o al que no lo es, llegar a ser tales. El sitio que cada uno ocupa
aparece como normal, natural, y sólo varía la actitud dentro de él.
Como un ejemplo de lo anterior se anota en seguida la visión que se
tenía del hombre rico:

El que es rico es hábil, diestro, diligente,


da cuentas a su corazón, dialoga con su corazón,
toma consejo, premedita bien las cosas,
es dueño de un rostro y de un corazón,
es poseedor de comida y de bebida,
es propietario, tiene bienes.

El buen rico es piadoso, compasivo,


indulgente, ve con piedad a los demás,
guarda las cosas, las trata con delicadeza, las admira,
las guarda, las trata bien, las ensalza,
hace producir las cosas, las realiza, hace negocio,
consulta con su propio corazón, da cuentas a su corazón.

El que no es bueno, es rico malvado,


derrochador, manirroto, desperdiciador,
vanamente pródigo, despilfarrador,
mezquino, miserable, avaro,
cicatero, tacaño, ruin,
tiene los ojos en las cosas, nada ofrece a los demás,
en vano gasta, en vano pierde,
es vanamente pródigo, derrochador,
PIPILTIN Y MACEHUALTIN 105

es escaso, mezquino, avaro, ruin,


presta a la gente con usura,
con la gente multiplica su hacienda,
a costa de ella hace producir las cosas,
m
importuna a la gente con sus demandas.

Todo lo que se apunta del hombre rico se hace a partir de su estado


de riqueza; podrá ser bueno, hábil y piadoso o también manirroto, taca-
ño y usurero, pero siempre quedará en pie su posición inicial como algo
más que humano, como algo divino o de naturaleza. Pero, obviamente,
la realidad es otra.
A partir de la organización comunal de las tribus comienzan a palparse
las condiciones objetivas de la aparición de la diferenciación. Primero,
dentro de la estructura tribal, los guías espirituales ocuparon sin duda
un nivel relativamente superior al del resto de la comunidad; después,
ante las presiones de otras tribus o quizás ante el incentivo propio por
obtener mejores tierras, sobreviene % organización de tipo militar, la
que a su vez redunda en la diferenciación de los grupos de parentesco
en superiores e inferiores —dentro de la misma comunidad—, o en otra
mayor resultante del choque, de conquistadores y conquistados. De esta
manera, a cada nueva ciftmnstancia de oposición extratribal corresponde
otra que hace cada vez más compacta a la comunidad en su contra. Pero
esta unidad proyectada al exterior lleva hacia dentro signos contrarios:
cohesión particular de los grupos recientemente diferenciados (aunque
por lo general los del nivel inferior sean inconscientes), y separación
progresiva de los mismos. Con esto se adquiere una nueva perspectiva
al reconsiderar algunos momentos de la vida de los antiguos mexicanos
reseñados en el primer capítulo: Chapultepec, Culhuacán y sobre todo
Azcapotzalco que fue crisis y manifestación franca de la diferenciación
social.

2 . PIPILTIN Y MACEHUALTIN

Ya en el transcurso de este trabajo quedaron expresados el origen y


consolidación de los pipiltin. Por lo que respecta a quiénes eran y qué
funciones desempeñaban, creemos innecesario entrar a tales detalles;
basta con tener en cuenta que fueron ellos los que ocuparon los princi-
pales puestos de la organización social, ya sea en la administración civil,
fB. el ejército o en el sacerdocio; asimismo primordialmente en ellos se

182 Códice Florentino, lib. x, ,cap. x n ; Ap. u , 44.


106 DINÁMICA SOCIAL

localizaba la posibilidad de propiedad privada de la tierra y de artículos


especiales; y que no sólo estaban exentos del pago de tributos y del tra-
bajo agrícola (como rutina obligada, por supuesto), sino que podían
llegar a ser tributados y disfrutar del servicio de otra gente. 183 Al tratar
de los macehualtin y de otros grupos se harán referencias continuas a
los pipiltin.

Fig. 26. Un pilli.


(Códice Mendocino,
65)

Desde el punto de vista conceptual y religioso, macehmlli es aquel


que reconoce su origen en Dios, que hace penitencia, que se eleva a Dios;
así entonces, macehualtin son todos, sean del estrato y del lugar que sean.
Pero desde el punto de vista social y económico la cosa es distinta: todos
los que no son pipiltin son macehualtin. No obstante, hubo excepciones
a esto último, ya que a los pochtecas y a ciertos grupos de artesanos no
se les consideró así aunque tampoco pipiltin; y no se les estimó mace-
hualtin no sólo —pero sobre todo— por su situación económica, sino
posiblemente por su origen étnico distinto. Siendo así, resulta más clara
la división interna en dos sectores a partir de Acamapichtli: los que se
unieron en parentesco a él, pipiltin, los que no, macehualtin, pero mexi-
canos todos.
Un macehualli podía ascender la escala de prestigio e igualarse, por
ejemplo, a los cuacuauhtin o nobles guerreros águilas y por lo mismo,
según Duran, "vestirse de algodón y traer zapatos en palacio... y
beber vino (entiéndase públicamente, que en escondido todos lo bebían);
podían tener dos y tres mancebas, eran libres de t r i b u t o s . . . dábanles
t i e r r a s . . . y licencia para comer en palacio y . . . bailar entre los prin-

W8 Véase un magnífico cuadro sobre los pipiltin en López Austin, op. cit.,
p. 55-72; o en Katz, op. cit., p. 123-141.
PIPILTIN Y MACEHUALTIN 107

cipales"; 134 no obstante, seguía siendo el mismo. Aunque encumbrado,


era un macehualli; lograba acortar la distancia social pero nunca identi-
ficarse con un pilli. Además esto no acontecía a menudo.
Un dato más que esclarece la situación del macehualli está en su rela-
ción con aquella en que cae el pilli transgresor de alguna norma. El
texto que sigue es bastante explícito a este respecto:

Tlacxitlan [Tribunal]: Allí estaban los señores, los principales, los


jueces. Todo lo que era asunto de queja de la gente del pueblo, de
ios macehuales, allí lo escuchaban, allí lo sentenciaban; e igualmente,
todo asunto de muerte allí lo juzgaban: ya fuese que a alguno ahor-
quen o a alguno quebranten la cabeza o que alguno muera con garro-
te, que le apaleen; o también quizás alguno, pilli o juez, será tras-
quilado, será desterrado, será encerrado en su casa, será transfor-
mado macehual o tal vez alguno será aprehendido, será puesto en la
cárcel. Asimismo allí descargaban sus culpas los tlatlacohtin.135

A los pipiltin transformados de este modo en macehualtin se les vedó,


como a cualquiera de éstos, la posesión y uso de determinadas prendas;
debieron servir en las obras comunales, y a los poseedores de tierras se
les recomendó los mandasen "como a viles vasallos y les traigan atrope-
llados en su servicio"; y a sus padres "que los dejen maltratar como a
hombres bajos y de bajo corazón". 136 Esto, dispuesto por el primer
Motecuhzoma, tuvo seguramente su origen en el suicidio del noble (pilli)
Teuctlehuacatzin durante el preámbulo a la guerra de Azcapotzalco e
inmediatamente después del asesinato de Chimalpopoca.
Considerando que todo pilli, como ha notado López A u s t i n , m debía
mostrar su arrojo en el momento preciso y ser siempre digno de su po-
sición, no es de extrañar entonces la actitud que adoptaron ante el si-
guiente hecho:

Y entonces fue también cuando tranquilamente se quitó la vida aquél


cuyo nombre era Teuctlehuacatzin, tlacochcálcatl de Tenochtitlan,
puesto que tuvo temor una vez muerto el tlatoani Chimalpopocatzin.
Dudaba que acaso le harían la guerra, que tal vez serían ya conquis-
tados los tenochcas. Por consiguiente, se sacrificó, tomó un veneno.
Y cuando fue sabido, fue visto, se indignaron por lo mismo los te-
nochcas, los pipiltin, los que mandan.
Y por esta causa se consultaron los mexicanos, se congregaron, deter-
minaron, juzgaron, dijeron:
1S4 Duran, op. cit., p. 164.
135 Códice Florentino, lib. VIII. cap. xiv; Ap. n, 45.
186 Duran, op. cit., v. i, p. 242.
137 López Austin, op. cit., p. 58.
108 DINÁMICA SOCIAL

—Los hijos de él, sus sobrinos, sus nietos, ninguno de ellos será es-
timado, ni será gobernante; empero, por siempre serán considerados
como macehualtin.
Y así se hizo, pues aunque sus nietos salían muchísimo a la guerra y
bien se andaban batiendo, ninguno de ellos gobernó t& fue estimado. 138

Aparte del rebajamiento en lo social y en lo económico que se men-


ciona, es importante señalar un detalle un tanto velado en el mismo texto
que ayuda a caracterizar un poco más a los pipiltin. Traduje en el pri-
mer párrafo: "Por consiguiente, se sacrificó, tomó un veneno"; es decir,
fue un suicidio común. Pero este autosacrificio aparece en el original
en náhuatl como omoxochimicti, que se compone, además de los prefijos
de perfecto y reflexivo de tercera persona, de xóchitl que es "flor" y de
mictía que es "sacrificar". Luego entonces, el suicidio, aunque tal, fue
"florido", es decir, fue un sacrificio dedicado a la divinidad por vía de
acción bélica.

Fig. 27. Macehualtin con algunos de los atributos de su tra-


bajo, la piedra de mote y la escoba. La figura indica el ser-
vicio dado cada dos días por dos hombres y dos mujeres.
(Códice de Otlaspan, 1)

Pero lo curioso es que el contexto indica claramente que Teuctlehua-


catzin se quitó la vida sólo por temor ante el porvenir y que precisamen-
te por ello los demás pipiltin condenaron a toda su descendencia. ¿A
qué se debe entonces la contradicción al presentarlo como un xochimicqui,
y como tal, merecedor de la feliz ultravida en el cielo del Sol junto a
guerreros distinguidos? Quizás pueda explicarse del siguiente modo:
un pilli no dejaba de serlo nunca. Teuctlehuacatzin, al contravenir las
normas de la dignidad y la valentía, debía ser castigado para escarmiento
de los de su clase y para ejemplo de los del pueblo, pero no por ello
dejaba de pertenecer a la línea de Acamapichtli. Y esta línea, como se

138 Anales de Cuauhtitlán (ed. Lehmann), fol. 33-34; Ap. n, 46. Es curioso
que las mismas palabras, a partir del tercer párrafo de este texto, se repiten
en el folio 66 del mismo códice pero, al parecer, en relación a Chimalpopoca.
P I P I L T I * Y MACEHUALTIN 109

sabe, era la base, la sustentación más pura y más firme de la nobleza


mexicana, y por lo mismo no debía presentar ninguna grieta en ningún
punto. Habría que imaginar la angustia del pilli al explicar, a través de
la tradición oral, la muerte de Teuctlehuacatzin y según parece, también
las de otros señores posteriores.
Por lo dicho hasta aquí puede asegurarse que los macehualtin de la
isla de México fueron solamente los mexicanos integrantes del pueblo
llano, fuesen tales por origen o, por rareza, pipiltín vueltos a su posición
inicial. Sus ocupaciones, enmarcadas en la producción directa del sus-
tento y riqueza sociales, fueron sobre todo agrícolas, o de pesca y caza,
combinadas generalmente con labores de artesanía común y con diferen-
tes servicios de tipo civil, militar y religioso.
En cuanto a la distribución de la riqueza social, basta con recordar
que tierras y ropas o artículos de determinada calidad, salvo en pocas
especiales circunstancias, les estaban vedadas en propiedad individual.
Desde luego, es obvio decir que todo esto tenía el significado opuesto
para el pilli. Simple y llanamente, en tanto que aquél producía, éste dis-
frutaba. La diferencia era tajante y decisivamente lo presume así López
Austin al referirse a la movilidad social y a los derechos de unos y otros:
"un pilli —dice— podía alcanzar con sus esfuerzos una posición de
tributado; un macehuálli aspiraba, por el mismo camino, a dejar de ser
tributario". 139
Y puesto que los macehualtin en su inmensa mayoría estaban dedica-
dos a las faenas del campo o como se dijera después de la Conquista,
"su modo de vivir es umversalmente de sembrar un poco de maíz en
unos pedazos de tierra que tienen alrededor de sus casas y en algunos
pueblos apartadas", 14° es oportuno dejar esbozada su imagen —como
hombre y como trabajador— a través de la descripción de los mismos
indígenas:

El labrador es fuerte, rudo, trabajador, duro, recio.


El buen labrador, el qus hace la milpa, es esforzado, desenvuelto,
muy diligente. Es comprometido, cuidadoso, atento, muy atento, duer-
me despierto. Es apesadumbrado, es afligido. No duerme, no come,
piensa; se provoca el desvelo, quebranta su corazón, está apercibido.
Trabaja, labra la tierra, desyerba, ara, desbroza, limpia a su tiempo
la tierra, la prepara, la ©apareja; forma los camellones, los forma
con empeño;, hace los linderos, los hace con esmero; desyerba en
verano, hace las cosas propias del tiempo, desempedra; agujera los
camellones, hace los hoyos; siembra, dispone los montones, riega,
18» López Austin, op. cit., p. 57.
140 Paso y Troncoso, Papeles..., v. vi, p. 265.
110 DINÁMICA SOCIAL

rocía; esparce la simiente, siembra frijoles; hace piquetes, pica la


tierra, cava, allega la tierra.
Descascara los jilotes, los zarandea; quiebra las cañas, las toma; ras-
ga los jilotes, rasga las mazorcas pequeñas, las hace erguir, las rasga;
toma las espigas, toma los elotes; quiebra las mazorcas maduras, las
recoge, las deshoja, las tira extendiéndolas; las junta, hace manojos,
los dispone, hace collares de mazorcas; acarrea, llena la troje. Las
esparce, las derrama por el suelo, las enrasa; las corta, las quiebra,
las desmenuza, las aporrea, las pisotea; avienta el grano, lo airea,
lo arroja al viento.
El que no es buen labrador, es torpe, negligente, descuidado; no
concluye lo que hace, es perezoso, es tonto, es necio; no es hábil, es un
hombre de milpa, un trabajador de milpa; es glotón, es goloso, es
flojo; es mezquino, avaro, agarrado; es desatento, no es generoso,
enemigo de dar y amigo de recibir; es perezoso, deja las cosas por
pereza, es torpe, inacabado, es negligente. 141

Para cerrar este apartado debe señalarse la clara diferenciación social


de los mexicas a través de esa manera típica, ciertamente universal, de
definir a un individuo desde un ámbito económico y social diferen-
te, aunque también, en no pocas veces, igual pero inconsciente: vemos
que, según el texto, todo labriego es "bueno" si se esfuerza y desvela
en su trabajo y es "malo" si no se empeña en sus labores y, por lo
tanto, además de flojo resulta mezquino, "enemigo de dar y amigo de
recibir". Las cosas no han cambiado, por lo visto.

3 . LOS TLAMEME

Quizás por la costumbre ya generalizada de extender el término


macehualli a todos los hombres de bajos recursos y carentes de un lina-
je de importancia, comúnmente se ha omiíido, en trabajos como el
presente, hacer mención de los cargadores —"tameme", ñámeme o tla-
mama— del México antiguo. Desde luego son pocos los datos que apor-
tan las fuentes para caracterizar, clara y precisamente, la posición de
estas personas dentro de la sociedad, sin embargo algo puede sacarse.
Por lo pronto, en vista de la inexistencia de bestias de carga y del
uso de la rueda como instrumento motor, debe suponerse un número
bastante elevado de individuos dedicados a estas faenas. Muchas fuen-
tes los citan, como lo hace Motolinía al decir que "las recuas son de

1*1 C. Florentino, ¡ib. x, cap. x i ; Ap. n, 47. Un complemento de estas


labores puede verse en Pedro Ponce de León, Tratado de los dioses y ritos
de la gentilidad, en Teogonia e historia de los mexicanos. Tres opúsculos del
siglo xvi, ed. de A. M. Garibay, México, Editorial Porrúa, 1965, 159 p. p. 126-128.
LOS TLAMEME 111

ellos mismos"; l t ó pero lo importante es determinar quiénes eran y bajo


qué circunstancias realizaban su trabajo.
Si se parte del análisis de las campañas de guerra puede sacarse que
posiblemente el mayor porcentaje, si no es que la totalidad de estos
cargadores, estaba constituido, en Tenochtitlan por lo menos, por gente
de distinto origen étnico. Leyendo tan sólo a Tezozómoc se ve en varios
pasajes de su Crónica mexicana cómo al efectuarse la sujeción de algu-
na comarca, una modalidad de tributo podía consistir en la transporta-
ción del fardaje del ejército e incluso de sus altos jefes.1"13 Y si se
piensa en el problema que representaba durante la campaña la alimen-
tación de los tlameme, debe concluirse con Katz 1 4 4 que éstos eran
sucesivamente de los pobladp por donde iba pasando el ejército. Esto
lo ratifican algunas relaciones del siglo xvi al informar que los ejérci-
tos de México "servíanse de la mayor parte de los naturales deste
distrito por hombres de carga y así los llevaban a las guerras con bas-
timentos y municiones . . . " 14B Por lo tanto el trabajo de estos tlameme
de guerra era sólo de carácter eventual; y ellos, campesinos que debían
llevar su propio bastimento, o mejor dicho, su "itacate?*»

Fig. 28. Un cargador o


tlamatna, con provisión
de guerra. {Códice
Mendocino, 64)

Pero había otros que estaban de lleno integrados a la sociedad tenoch-


ca y dentro de la misma metrópoli. A ellos se refiere Cortés cuando, al
visitar el tianquiztli de Tlatelolco, expresa que también había allí "hom-
bre como los que llaman en Castilla ganapanes, para traer cargas"; w a y
también Torquemada, en sus frecuentes réplicas a otros autores, insiste

1*2 Motolinía, Memoriales, ed. facsimilar de la de 1903, Guadalajara, Edmundo


Aviña Levy editor, 1967, 364 + 46 p. p. 331.
" 3 Cfr. Tezozómoc, C. mexicana, p. 35, 56, 76, 198, 280 y 343.
144 Katz, op. cit., p. 162.
145 Paso y Troncoso, Papeles..., v. vi, p. 206; véase también v. v, p. 59,
70, 75 y 78.
146 Cortés, op. cit., p. 51.
1 12 DINÁMICA SOCIAL

en que había en los mercados "ganapanes y otros", a pesar de "que


muchos piensan que no los había entre esta gente". 147
Pero si ambos autores emplean el término "ganapán" para referirse
a los tlameme, debe entonces recordarse que en la España del xvi —y
aún en la de hoy—, "ganapán" (de gana y pan), tenía un sentido más
amplio. No sólo hacía referencia al cargador sino al mandadero; al
que se presta para cualquier tipo de trabajo sencillo y modesto, y por
extensión,- era también el hombre rudo y tosco; era, en fin, la gente
desplazada hacia el extremo inferior de la escala social y por lo mismo,
obligada a conseguir el sustento en cualquier forma.
Con esto consideraremos ahora los cuatro términos que Molina registra
en su Vocabulario y que traduce indistintamente como "ganapán". El
primero, tetlatlaailia, significa a la letra "ocuparse reiteradamente en
hacer algo manual (tlaay) para alguien". El segundo, momomamanama-
cani, puede interpretarse como "el que vende (namaca) sus manos
(maitl) para cargar (mama)" o "el que se alquila (manamaca) para
cargar (mama)". H siguiente, motetlaquehualtia, es "alquilarse (tía-
quehua) a alguien" o, según una etimología más a fondo, "tener dispo-
sición o fuerzas (ehua) para utilizar o llevar algo en el torso (tlactli)"
El último es tnomamaitoa que significa "ofrecerse (itoa) a cargar
(mama)" o bien "alquilar (maitoa) las manos (maitl)".
Las actividades que describen los cuatro términos analizados se rela-
cionan indudablemente con las de los tlameme y corresponden también
a la idea que conquistadores y cronistas españoles del siglo jpvi tuvieron
de las de los ganapanes de su país. Todo ello proporciona un esbozo
del oficio y de la situación de esta gente. A esto aún podría agregarse,
aunque con reserva, la afirmación de Cortés en el sentido de que había
"en todos los mercados y lugares públicos de la dicha ciudad [de Méxi-
co] muchas personas, trabajadores y maestros de todos los oficios, espe-
rando quien los alquile por sus jornales". 14S
Por lo que respecta a su identificación étnica es poco lo que puede
decirse. Por el tipo de trabajo descrito se infiere que no pertenecían
a la población campesina; por lo menos eventualmente. Quizás, toman-
do en cuenta la forma ya dicha de allegar cargadores para las campa-
ñas de guerra, fueran éstos los enganchados en te últimas etapas del
regreso; asimismo no debe olvidarse la posibilidad de la presencia, siem-
pre histórica, de gente que por su extremada pobreza o por mil facto-
res más, es atraída por los grandes centros urbanos y constreñida por
su falta de medios a trocar el sustento por el único bien poseído, es

147 Torquemada, op. cit., v. n, p. 558.


" 8 Cortés, op. cit., p. 54.
Fig. 29. Cacaxili o instrumento de carga del
tlamama. {Lienza de Tlaxcala, 11)

decir, su fuerza y habilidad propias. Estas personas constituirían a la


l>ostre el último sector del sistema social de producción, semejante al
que ocupan hoy los llamados "macheteros" o cargadores de la ciudad
de México, en cierto modo sus sucesores.
Para gente tal era muy difícil, si no imposible, el ascenso de la escala
social, y es posible que por ello mismo su trabajo llegara a instituirse
como oficio regular y quizás, transmitirse de padres a hijos. Sólo de
este modo se explicaría la afirmación de Clavijero al decir que los
tlámeme "acostumbrábanse desde niños a ese ejercicio en que debían
emplearse teda su > vida"; y agrega a continuación: "La carga era sola-
mente de unas dos arrobas [23 kg] y la jornada de cinco leguas [27.8
km]; pero hacían con ella viajes de 80 y 100 leguas [445-557 km],
frecuentemente por montes y quebradas asperísimas." 149 Si Clavijero
está en lo cierto, debe considerarse un grupo importante —por su núme-
ro y por su actividad—, de personas dedicadas a este trabajo y desli-
gadas de la tierra, con la excepción de los tlameme de guerra. No obs-
tante, para precisar su status habrá que localizar más datos en las
muchas fuentes indígenas aún semivírgenes.

4. LOS MAYEQUE

Con lo dicho acerca de este grupo en el capítulo anterior bastaría en


verdad para determinar su situación dentro del sistema de producción
149 Clavijero, op. cit., v. u, p. 267.
114 DINÁMICA SOCIAL

mexica. Sin embargo, cabe mencionar aquí algo sobre su origen, obscuro
por cierto, ya que como los tlameme también éstos parecen quedar fuera
del ámbito que cubrió el concepto macehualli históricamente conside-
rado. Veremos primero el término que los define.
Es tGjt hecho singular que entre los cronistas, historiadores y nahua-
tlatos más conocidos, del primer siglo novohispano, sólo Zorita hubiese
consignado y transmitido el término mayeque, tan utilizado como dis-
cutido en la actualidad. De los dos vocabularios más importantes de
la lengua náhuatl, sólo el de Simeón lo registra, pero lo hace de la
siguiente forma:

MAYECAUH, s. employé seulement en composition: nomayecauh, mon


fermier; litt. mon bras droit, ma bonne main; temayecauh, serviteur,
vassal, esclave de quelqu'un (Olm). R. mayectli.

Como puede verse, incurre en un error manifiesto al anotar que


nomayecauh significa literalmente "mi brazo derecho, mi buena mano",
siendo que en la misma página aparecen las versiones correctas de
dicha frase, es decir, nomayec y nomayeccan.
El mismo Simeón expresa que mayecauh se expresa sólo en compo-
sición; y en efecto así lo indica su terminación -cauh. Pero se sabe
que este demento es utilizado únicamente para los sustantivos afecta-
dos de los sufijos -qui, -e, -hua, -o. De este modo, las raíces del térmi-
no en cuestión son may(tl), mano, brazo, y -e, sufijo posesional; y
entonces la significación de nomayecauh es "mi poseedor de manos",
es decir, mi servidor, mi trabajador.
Acerca del origen de estos "propietarios de manos" o mayeque, hay
dos noticias provenientes del siglo xvi que por su interés se transcriben
a continuación. La primera es de fray Domingo de la Anunciación y
en ella se dice que la parte de las tierras que en un principio eran
comunales, fueron cedidas por los señores a personas particulares, las
cuales, a su vez, dejaron a su descendencia; agrega que "en estas tierras
recogían los señores y principales a fos que se venían de otros pueblos
y provincias huyendo. Y según el tratamiento que les hacían, así holga-
ban o no de les servir y obedecer en lo que les mandaban y éstos eran
los tributarios de los señores principales". 1B0

!60 Fray Domingo de la Anunciación, "Parecer de . . . sobre el modo que


tenían de tributar los indios en tiempo de la gentilidad. Chimalhuacán, cabecera
de la provincia de Chalco, a 20 de septiembre de 1554"; en Paso y Troncoso:
Epistolario de la Nueva España, v. vil, doc. 407, J h 259-266, p. 262. Aparece
también en Mariano Cuevas, Documentos inéditos del siglo xvi para la historia
de México, México, Talleres del Museo Nacional de Arqueología, Historia y
Etnología, 1914, doc. XLI, p. 235-242, p. 238.
LOS MAYEQUE 115

La siguiente noticia es de Zorita y en ella se explica que los mayeque


eran labradores que estaban en tierra ajena y que, además, no tenían
ninguna propiedad "porque a los principios cuando repartieron la tierra
los que la ganaron . . . , no les cupo a éstos parte". 1 5 1
Ambas coinciden en la falta de posesión de tierra por parte de esta
gente. La causas que dan son, por un lado, la expropiación de la tierra
comunal y, por otro, el no haberles correspondido nada en el reparto.
Pero en tanto que la primera responde cabalmente a la realidad histórica,
la segunda, la de Zorita, parece no estar muy definida.
Si se piensa en el primer repartimiento tenochca (a su arribo a la
isla y aún bajo organización tribal), del mismo Zorita se infiere que
todos alcanzaron tierras a través de sus calpulli respectivos, aunque unos-
poseyeron más que otros. 152 Ahora, si se considera el tiempo de la des-
trucción de Azcapotzalco, también para todos hubo de las tierras conquis-
tadas; para unos, individuales, y para los más, comunales; 1S3 y desde
luego, a los únicos que "no cupo nada en parte" fueron a los propios
despojados: " . . . los de Cuyuacán —dice Duran, por ejemplo— hicieron
dejación de todas las tierras comunes para que fuesen repartidas entre
los mexicanos . . . " 1 M Estos últimos, entonces, en su abrumadora mayo-
ría, poseían tierras individuales o colectivas para su provecho propio;
y los que no tenían, como los renteros propiamente dichos, no era por cau-
sa de alguna guerra de conquista. 185 Entonces, puede decirse por lo
pronto que los mayeque no integraban al grupo de los macehualtin £á»
México), sino que constituían un sector étnicamente distinto al conglo-
merado para el que trabajaban.
Acerca del problema específico de la identificación étnica de los
mayeque, quizá no sea tan escabroso como se le ha considerado.
La hipótesis que en este respecto exhibe Katz, 1 5 a se refiere a que Ios-
grupos tribales llegados con posterioridad al valle de México, al encon-
trar las tierras ocupadas, tuvieron que someterse y trabajar después para
los que entonces las poseían. Agrega que esto "se desprende de la his-
toria misma de los aztecas"; es decir que considera al grupo, eri un
momento dado —quizás en Tizaapan—, en el mismo nivel del de los-
mayeque, lo cual es posible y aun puede encajar con la descripción ya
anotada de fray Domingo de la Anunciación. Pero el mismo Katz afirma
que "la tierra de los mayeques no tiene relación alguna con las tierras-

151 Zorita, op. cit., p. 113.


152 Ibidem, p. 30.
153 Cfr. Duran, op. cit., v. i, p. 79.
IB* Ibidem, p. 100.
155 Cfr. Zorita, op. cit., p. 127.
15* Katz, op. cit., p. 36.
116 DINÁMICA SOCIAL

conquistadas", 1B7 con lo cual invalida su propia tesis puesto que si los
mexicanos fueron mayeque de 'Culhuacán, de igual modo tuvieron que
haberlo sido de Azcapotzalco ya que a ambos estuvieron sujetos; y en-
tonces ¿de dónde resultaron los mayeque que ellos mismos poseyeron?,
máxime que Katz, refutando a Moreno, 158 afirma categóricamente que
la propiedad individual de la tierra, la de mayeque, se desarrolló entre
los aztecas mucho antes de lograr su independencia. Por otro lado, si los
mexicanos fueron mayeque, no se explica cómo lograron salir de Culhua-
cán, siendo que Zorita (a quien Katz sigue al pie de la letra), anota que
"no se podían ir estos mayeques de unas tierras a otras, ni se vio que se
fuesen . . . porque no había quien osase ir contra lo que era obligado". 159
Es aceptable, y aun podría asegurarse, que las tierras de mayeque
hayan existido con anterioridad al siglo xv, pero no para los mexicanos
de Tenochtitlan; y tampoco puede aceptarse el que no intervinieran para
ello las guerras de conquista, sobre todo durante la primera época inde-
pendiente del México antiguo. En el Códice Ramírez, en Tezozómoc o
en Duran, al tratar de la conquista de Azcapotzalco y de otras subsi-
guientes, se ven escenas que acusan la transformación a un estado que
se antoja idéntico al de los mayeque:

[Los vencidos quedaron] muy desconsolados y tristes por verse des-


poseer de sus tierras y hechos terrazgueros y tributarios de los mexi-
canos sus enemigos, sometidos al imperio mexicano, sin quedarles
dónde poder respirar con algún reparo, ni esperanza de salud, ni
restitución de sus tierras y posesiones. 160

La gente así desposeída, como lo anota fray Domingo de la Anunción,


tenía libre opción de servir o no a sus conquistadores, pero de acuerdo
con López Austin, i e i quizás la cópula tradicional que hasta hoy en día
se advierte entre indígena y tierra los hizo retornar a "sus" parcelas,
pero ahora en calidad de mayeque; si no tornaban, peor para ellos, que-
daban en similar situación psro en tierra extraña. Se explica así que
Zorita dijera que "no se podían i r . . . ni se vio que se fuesen". De
•cualquier manera quedaban para siempre desposeídos o, utilizando un
término náhuatl notablemente significativo, quedaban como un milma-
yanani, como un "hambriento de tierra".
Ya que las guerras de conquista de los mexicanos continuaron hasta
la víspera de las de los españoles, cabría pensar que tenían tierras de
157 Ibidem, p. 35.
IWIbidem, p. 34-35, n66; Moreno, op. cit., p. 47.
189 Zorita, op. cit., p. 113.
160 Duran, op. cit., v. | p. 101.
íeiTjópez Austin, op. cit., gk, 73.
Fig. 30. Trabajadores indígenas de la Colonia, relacionados con los
mayeque de la antigüedad. {Códice Osuna, fol. 500.38v)

mayeque por todo el vasto territorio domeñado. Mas parece no haber


sido éste el caso. Un pueblo sujeto, alejado del centro, se obligaba a
entregar determinado tributo y si éste consistía en productos agrícolas,
se extraía del trabajo realizado en sus tierras comunales; no había,
pues, necesidad de mayeque. Sin embargo, inmediatamente después y
duranfg la consolidación mexicana, sí se requería de la propiedad terri-
torial particular y de los servicios personales para los nobles guerreros
y su descendencia.
Cabe recordar que durante la tercera década del siglo xv México
aún formaba parte de las tierras tepanecas y que a costa de éstas, par-
ticularmente, se formó después la mexicatlalli, de la que ya fraccionada
resultaron los tipos de tierra de labor reseñados. Se infiere entonces
que de allí, de la mexicatlalli, principalmente de la ribera oeste del lago,
surgieron las primeras —si no las únicas— tierras de mayeque, y que
éstos fueron los antiguos macehualíin de Tepeyácac, de Azcapotzalco,
de Coyoacán, etcétera.
De este modo puede afirmarse que los mayeque fueron gente étnica-
mente extraña a los mexicanos, que ocuparon y trabajaron precisamente
las mismas tierras que con anterioridad habían poseído en forma comu-
nal. Pero si antes el producto de su trabajo había sido para sí y para
su calpulli, ahora lo era para sí y para el pilli a cuyo nombre se habían
asignado las tierras, al cual debían proporcionar servicio doméstico
además de obligarse en tiempo de guerra o de necesidad al tlatoani de
México.
118 DINÁMICA SOCIAL

La situación de estos individuos, dentro de la sociedad mexica, fcw


que haber sido ínfima en contraste con la del resto de la población:
piénsese sólo en que después de la guerra de liberación mexica no
cupo nada a los macehualtin y los nobles "los echaron por ahí, como a
gente de poco valor, lo cual no poco sintieron y no poco hizo al caso
para lo de adelante"; i a 2 y si esto sucedió dentro de la población vence-
dora, qué no pasaría entonces con la de los vencidos.
Estos últimos, los mayeque, quedaron excluidos de toda posibilidad
real de desarrollo y aunque con ciertos derechos (como seguir inte-
grando sus antiguos calpulli y conservar sus costumbres y dioses par-
ticulares), las circunstancias impuestas los confinaron definitivamente
a las tierras de los pipiltin. "Según el tratamiento que les hacían [estos
últimos], así holgaban o no de les servir y obedecer", escribe fray
Domingo de la Anunciación, 183 y esto significa que eran libres, libres
para tomar o no el trabajo, para quedarse o para marchar a otro lugar.
Eran libres pero sólo en su oferta de trabajo, puesto que siendo maye-
que, es decir "poseedores de brazos, de manos", eran éstos —los brazos
y las manos—, los únicos medios de su propiedad.

5. TLATLACOHTIN Y MAMALTIN

Al tlacoktli se le ha identificado —desde los cronistas del xvi hasta


los especialistas actuales—, con el esclavo, aunque las condiciones en
las que se encontraban uno y otro difieren notablemente.
Si los españoles tradujeron la palabra tlacohtli como "esclavo", signi-
fica únicamente que, como solía acontecer, al encontrar desde su pecu-
liar punto de vista ciertas semejanzas con las formas de vida ya cono-
cidas, utilizaron términos occidentales para designar los aspectos varios
de la cultura indígena. De ahi que se lean en sus escritos palabras como
rey, emperador, siervo y muchas más que si bien dan una idea, no se
identifican plenamente con la realidad que se quiso determinar. No hay
que perder de vista que, en el caso especial de los tlatlacohtin, a los
colonizadores hispanos interesaba sobremanera que hubieran existido
desde antes como esclavos. Éste era el sentir de Vasco de Quiroga
cuando en 1535 escribía lo siguiente:

. . . este género y manera de esclavos y servidumbre, si tales nom-


bres merecen, que en la verdad no merecen sino que traemos corrup-
162 Duran, op. cit., v. I, p. 79.
163 Anunciación, en Epistolario — , v. v n , p. 262.
TLATLACOHTIN Y MAMALTIN 119

to el vocablo por ventura por falta de naguatatos o por sobra de


malicia o por inadvertencia n u e s t r a s , , 1 M

Es conveniente entonces comenzar por averiguar el significado del


nombre, puesto que como ocurre en la mayoría de los casos, supone
el reflejo de una buena parte de la situación de quien lo lleva.
Desde luego, la posibilidad que da Simeón de que coa (coima, com-
prar) sea raíz de la palabra tlacohtli, queda descartada puesto que ade-
más de que el prefijo tía- hace referencia a cosas y no a personas, el
término para designar lo que se compra es tlacouhtli ^tra-cohua-tli) o
también tlacohualli; de lo cual se desprende que Simeón —u Olmos de
quien dice haber tomado el dato—, se inclinó por el verbo "comprar"
sólo después de haberse enterado de que el tlacohtli "era" el esclavo.
Por consiguiente, si la raíz en cuestión no tiene ninguna relación con
el verbo cohua (comprar), parece ser entonces que sólo queda una que
corresponde, gramatical e históricamente, con el término y el individuo
tlacohtli. Dicha raíz es el adjetivo tlaco, que denota mitad, medianía,
algo que no es grande ni pequeño; f" *1 significado último es entonces
el mismo del adjetivo pero sustantivado ya por el sufijo -tli.im
En apoyo de lo anterior está la posibilidad de la presencia en el
México antiguo de cierta tendencia social —figurada al menos— a rene-
gar de los status de gran riqueza y también, evidentemente, de los de
suma pobreza. Por lo que respecta a la aparente negación del estado
ubérrimo, se explica quizás por el temor a la acción de grupos contrarios
o del Estado, y también por la conveniencia de mostrar humildad y
disimular la distancia hacia el otro extremo de la escala social. Prueba
de esto se encuentra en la actitud de los pochtecas de rechazar honores
y de ocultar su posición de bonanza, 16e o en la de los pipiltin de evitar
nombramientos de mucha importancia. 16T
Además, considerando que la actividad que los dioses vuelcan sobre
las personas no es más que un reflejo de situaciones objetivas, debe
tomarse en cuenta, para el presente tema, la influencia particular de

164 Vasco de Quiroga, "Información en derecho del Licenciado Quiroga sobre


algunas provisiones del Real Consejo de Indias", en Luis Torres de Mendoza,
Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquistas jf orga-
nización de las antiguas posesiones españolas de América y Oceanía, sacados
de los Archivos del Reino y muy especialmente del de Indias, Madrid, Imprenta de
J. M. Pérez, 1868, v. 10, p. 333-525, p. 390.
165 La única otra posibilidad etimológica de la palabra tlacohtli es ifl verbo
tlacoa, cuyo significado, en todas sus acepciones, lleva también un sentido
en cierta forma similar al de tlaco, es decir, de acciones que no conducen a
resultados definitivos: perjudicar, corromper, mimar, dañar, quebrantar, pecar,
mal hacer. (Véase el Dictionnaire de S méon.)
166 Cfr. Sahagún, op. cit., lib. xx, cap. II.
167 Ibidem, lib. vn, cap. v m .
120 DINÁMICA SOCIAL

Tezcatlipoca, dios creador y por lo tanto, síntesis de la lucha de contra-


rios. 168 El sentido de dos de los nombres de este dios, Tezcatlipoca
y Tezcatlanextía, es decir, "espejo que ahuma" y "espejo que hace
aparecer las cosas", se ajusta perfectamente con la creencia de que a él
se debía el que la gente próspera dejara de serlo y la menesterosa
pudiera alcanzar la prosperidad o quizás se hundiera más. De esto no
se excluía ni a los más poderosos. 169
No obstante, el siguiente texto, relativo al trato dado a los tlatlacohtin
durante el día ce itscuintli (uno perro) en el que se celebraba a Tezca-
tlipoca, parece indicar que éstos eran los únicos inaprensivos ante la
acción divina, ya que no siendo ni ricos ni pobres, de él sólo podían
esperar lo mejor. La versión castellana del texto dice así;

Y cuando era el tiempo del signo: los tlatlacohtin, los estimados tla-
tlacohtin, junto a la piedra de moler, junto a la piedra del metate,
en su morada, nadie les podía reñir, nadie debía gruñirles, ni ha-
blarles con enojo ni con ira.
Cuando los que poseen hombres sabían que al día siguiente caería
el signo de Tezcatlipoca, inmediatamente los desataban, les cortaban
y deshacían las colleras que los hacía encorvados, %on las que eran
guardados, con las que andan atados para que no huyan.
Luego los enjabonaban, los bañaban; les hacían mucho aprecio,
IQS halagaban, puesto que tienen l t imagen, la representación de sus
hijos amados; dizque eran así como los quecholes, los zacuanes, los
pájaros preciosos de Tezcatlipoca.
Y los que poseen hombres bien que apercibían, decretaban la muer-
te, ordenaban con rigor y mandaban a sus hijos, a sus pupilos, a los
que criaban, para que no les riñeran, ni fuesen soberbios con ellos,
ni castigaran a sus hombres.
Y si alguno riñó con ellos, así se decía que con esto él mismo vino
a procurar ser labrador, le cae sobre su propia conciencia, se castiga
a sí mismo con el huictli, con el mecapalli [con el status social infe-
rior] ; así como una llaga sin cerrar viene a situarse, viene a pegarse
en él, quizás como un don, en él viene a parar, en él viene a quedar,
allí se le quedaba.
Con esto, él mismo se arroja al río, él mismo se despeña, él mismo
se pone la collera; oteo más será así como mire, así como muestre al
hijo amado de Tezcatlipoca; será castigado, será golpeado, sin rumbo
será su huida, nunca podrá huir de la tierra ni estar en ella en paz,
nunca se asentará, ninguno descansará. De esta manera se dice: en
ningún tiempo será repletada la olla, nunca hará nada en paz. Y por
esto se dice que se arroja al arroyo, que se despeña a sí mismo.
Así pues, era visto con gran temor lo que en v r d a d h?.ría, pues
con esto se burla Tezcatlipoca, puesto que lo escarnece, así con esto
1*8 León-Portilla, La filosofía..., cap. nr.
1*9 Cfr. Sahagún, op. cit., lib. vi, cap. i a vi.
TLATLACOHTIN Y MAMALTIN 121

se regocija, así lo maldice: quizá en algún lugar le será dado el baño


ritual, así será sacrificado. Y también se decía que sería sacrificado
ante Dios, que lo cocerían, que lo comerían.
Puesto que por él [mismo] se castigó, del tlacohtli le queda la cua-
lidad. Así pues, a él temían puesto que contrahacía a la gente, aunque
fuese rica, pues rápidamente va a hundirla en la miseria, la va a
dejar en la pobreza. Con esto, se dice de él que sólo se recrea con
la gente; que nadie puede ser su amigo, nadie en verdad. Dicen que
Tezcatlipoca enriquece a la gente e igualmente la lanza a la aflicción,
a la angustia.
Así, cuando alguno le riñe de afeminado, en su aflicción, en su
soberbia, le decía: —-"¡ Titlacahuan, afeminado vil, poseedor de miem-
bro de invertido! ¡nos enriqueciste, nos burlaste P También así le
decían si a alguno le hizo perder su cautivo: —"Afeminado, oh Titla-
cahuan, así sólo eres tú,*» ojalá seas despreciado: me das cautivos
solamente para burlarte de mí!" 1T0

Tal parece que Tezcatlipoca sólo tenía estimación por los que estaban
en completa paz con é!. A los pochtecas y a los pipiltin les había dado tan-
to que debía vigilar sus actitudes; a los macehualtin no había-dado-
nada y por lo mismo era él quien estaba en deuda con ellos; solamente
a los tlatlacohtin no debía favores ni tampoco tenía nada que reclamar,
ni eran ricos ni eran pobres, y si no tenían la misma libertad del común
de la gente, tampoco estaban sujetos ni como los mamaltin o cautivos,.
ni como los mayeque.
La condición de estas personas, como señala López Austin, "era un
estado casi siempre transitorio en que podía caer un individuo por
diversas razones, entre las que sobresalía el contrato". m La vida del
tlacohtli transcurría en forma semejante a la de cualquier otro indivi-
duo; las leyes lo protegían, podía tener propiedades incluyendo en
esto a otros hombres de su misma categoría social; su servidumbre
nunca fue mayor que la del resto del pueblo y en caso de tener des-
cendencia, ésta no participaba de su suerte. 172 La única diferencia
estaba, pues, en que su persona, pese a sus derechos, era posesión
de otra y además de una relativa degradación moral, podía verse por
ciertas circunstancias en peligro de muerte por sacrificio.
En cuanto a la adquisición de la condición de tlacohtli o tlatlaco-
liztii, se advierten dos formas fundamentales: a) por coacción del

170 Códice Florentino, lib. iv, cap. IX; Ap. ir, 48.
171 López Austin, op. cit., p. 74.
172 No obstante, en una de las ordenanzas de Nezahualcóyotl aparece el castigo-
hasta la cuarta generación descendiente del traidor. (Ixtlilxóchitl, op. cit., v.
u, p. 188.)
122 DINÁMICA SOCIAL

•derecho y b) por voluntad propia y familiar. m Las principales causas


de la primera eran el robo, las deudas, el homicidio y el juego; entre
las de la segunda estaban la necesidad (que derivó en las épocas de
grandes calamidades a la huehuetlatlacoliztli conocida como "servidum-
bre antigua"), y el escarmiento para algún miembro de la familia.
La persona que por determinado motivo se convertía en tlacohtli de
otra, en pago del delito cometido, de la deuda o de la cantidad recibida
de bienes, además de los alimentos proporcionados durante el periodo
fijado, se obligaba a servirle en su hogar (barrer, hilar, surtir leña),
ayudar en las faenas agrícolas o transportar mercancías en caso de que
fuese dedicado al comercio. En cuanto a los tlatlacohtin de collera o
desahuciados, ningún trabajo hacían. m
Entonces se desprende que los bienes materiales que recibía el tla-
cohtli eran más, o al menos revestían mayor seguridad, que los que podía
alcanzar un individuo del pueblo llano a través de un trabajo semejante,
máxime si como afirma Torquemada: "el servicio que hacían a sus amos
•era limitado y no siempre ni ordinario". 175
De esta manera se entiende que aparte de los muy necesitados, hu-
biera gente como los jugadores, los haraganes o las prostitutas, m que
se arriesgaran a apostar lo que no tenían o se vendieran por un deter-
minado precio (mantas o granos), a fin de alargar un poco más sus
deleites particulares, aunque tuvieran que servir luego a sus acreedores.
Así por ejemplo, un posible aliciente para la tlatlacoliztli (que por cierto
«xhibe una posible falla en su reglamentación), era el siguiente: por una
parte, se sabe que podía caerse en ella por homicidio y a solicitud de la
persona viuda; pero por otra, una de las formas de liberación se deri-
vaba de las relaciones sexuales habidas entre ésta y la o el tlacohtli; m
por lo tanto, esto resultaba una vía para resolver veladas (y triangulares)
relaciones.
No obstante, la tlatlacoliztli llevaba signos negativos. Aparte de la
falta plena de libertad, se le consideró siempre un castigo. Además,
la aparente inclinación de Tezcatlipoca hacia el tlacohtli no significaba
más que el afán por encubrir la realidad, de justificarla, ocultando las
desigualdades existentes en bienes y posición. Por otro lado, el tlacohtli,
173 Para las formas de adquisición o de liberación de la cualidad del tlacohtli,
véanse principalmente: Duran, op. cit., v. n, cap. 98; y Torquemada, op. cit.,
V. ii, lib. xiv, cap. 16 y 17.
174 Vid. infra; Ap. n, 49.
115 Torquemada, op. cit., V. II, p. 563.
176 Para las ahuianime que caen en la cihuatlatlacoliztli, véanse: Torquemada,
op. cit., v. ii, p. 565; Clavijero, op. cit., v. n , p. 225; Sahagfoi, op. cit., lib. iv,
cap. XXVIII.
177 Duran, op. cit., V. n, p. 221 y 224.
TLATLACOHTIN Y MAMALTIN 123

al cabo de tres amonestaciones y ventas sucesivas, alcanzaba su última


alternativa: o huía en forma singular o se veía arrastrado al sacrificio.
Por todo lo anterior se concluye, primero: que tlacohtli podía ser
cualquier mexicano, m pero macehualtin en su mayoría. Segundo, que
no hay absolutamente ninguna razón para traducir, como se ha venido
haciendo, tlacohtli como esclavo. Si se considera la significación histó-
rica de la esclavitud y se confronta con lo que se ha anotado acerca del
tlacohtli, se hace patente que la situación de éste difiere en lo más esen-
cial de la de los esclavos, los cuales, como indica Carlos Marx, consti-
tuyen "una parte de la sociedad [que] es tratada como la simple condi-
ción inorgánica y natural de su propia reproducción". " 9

Fig. 31. Tlatlacoh-


iin de collera. {Có-
dice Mendocino, 67)

Al tlacohtli no se le deshumaniza ni aun siendo de collera; y si se


considera que podía tener propiedades, incluso a otros de su misma con-
dición, es lógico suponer entonces que su "dueño" no se apropiaba del
producto completo de su trabajo, y que no lo consideraba, como diría
Varrón, una "herramienta parlante". 18° Con sólo estas dos excepciones
a la definición clásica de la esclavitud bastaría para invalidarla por com-
pleto. Y sorprende en verdad que no se haya tomado en cuenta el juicio
de Torquemada a este respecto: "decimos —expresa— que les faltaban
[a los tlatlacohtin] muchas condiciones en esta materia para hacerlos
esclavos propiamente"; y más adelante, después de anotar las principa-
les características de la vida del tlacohtli, concluye SHI que: "todas estas
condiciones, o las más, faltan a los que las leyes dan por siervos y es-
clavos". m
S i Escribe Duran: "Estos esclavos no eran gente extraña ni forastera ni
habida en guerra como algunos han opinado, sino naturales de los mesmos
poblados." (Op. cit., % I h j í 220.)
JiP Carlos Marx, Formaciones económicas..., p. 78.
180 Marco Terencio Varrón, De las cosas del campo, introducción, versión
española y notas por Domingo Tirado Benedí, México, TJNAM, 1945, 384 p.
p. 89.
181 Torquemada, op. cit., v. II, p. 563. Katz (op. cit., p. 142-143), sin embargo,
124 DINÁMICA SOCIAL

Por lo que respecta al cautivo de guerra, malli, no tuvo ninguna sig-


nificación de importancia dentro del sistema de producción básico de los
mexicanos, más bien lo desbordaba. Su destino fue siempre alguna de
las formas de sacrificio ritual y por lo tanto su aprehensión sólo podía tra-
ducirse en el beneplácito de los dioses y en la obtención de prestigio por
parte de guerreros esforzados que, como se dijo, eran por lo general ya
de estratos elevados.

Fig. 32. Un malli o cautivo de


guerra. {Códice Mendocino, 66)

Desde los puntos de vista social y económico, mamaltin y tlatlacohtin


de collera (los desahuciados), se igualaban en su situación; ninguno de
ellos fue utilizado en forma alguna de producción material y sus vidas
sólo sirvieron para obtener prestigio ante la sociedad y ante los dioses.
De los cautivos dice Duran que eran "la dulce comida de los dioses"
y que "no servían de otra cosa sino de holocaustos"; 182 y Sahagún
anota que en la casa para prisioneros o malcalli, "los mayordomos guar-
daban los cautivos que se tomaban en la guerra y tenían gran cargo de
ellos, y dábanles la comida y bebida y todo lo que se les pedía". 183
Ahora con respecto a los tlatlacohtin destinados al sacrificio, los in-
formantes indígenas de Sahagún expresaron que cuando los habían ad-
quirido:

Luego los colocaban en la casa de madera [cárcel]. Y cuando ama-


neció, venían a sacar a la mujer; le daban algodón; quizás tejerá para
esperar así la muerte; así lo determinaban. Pero los hombres nada
hacían. 184
simplifica la definición de esclavitud para poder hablar del tlacohtü; pese a ello
realiza un magnifico estudio (ibidem, p. 142-148).
182 Duran, op. cit., v. u , p. 219.
188 Sahagún, op. cit., v. n , p. 314.
184 Códice Florentino, lib. ix, cap. x; Ap. I I , 49.
LA ESCALA DEL PODER 125

Por lo tanto, puede afirmarse que en México Tenochtitlan no se utilizó


la fuerza productiva que representaba el torrente de cautivos que a me-
nudo pasaba sus calzadas; y lo mismo puede decirse de los tlatlacohtin,
los cuales no sólo no significaron ninguna fuente importante de ingresos,
sino que por lo contrario, a muchos de ellos convino más el haber adqui-
rido tal estado.
Por lo que respecta a los tlatlacohtin de collera, la persona que quería
ofrecer uno o varios en sacrificio, tenía que gastar buena parte de sus
bienes para el festín y su única ganancia estaba, ya se dijo, en la gracia
y el favor de los dioses, es decir, en el acumulamiento de prestigio social;
mientras más y mejores eran los festines, más satisfacciones recibía,
aunque alguna vez quedara por ello mismo en la ruina; tal como sucede
en las fiestas religiosas de los pueblos actuales de México, en las que
campesinos y gente de mínimos recursos desembolsan todo lo que poseen
para la celebración del santo patrono del lugar.

6 . LA ESCALA DEL PODER

A través del análisis presentado, es innegable la existencia de una


dicotomía en la estructura social de Tenochtitlan. Continuamente se ad-
vierten o se expresan diferencias estratigráficas entre los sectores de la
población, de las cuales destacan las siguientes:

a) De casta: entre pipiltin, macehualtin y elementos étnicos distintos


como los mayeque y los mamaltin, así como algunos pochtecas, artesa-
nos, 18B y tlameme. De todos, los pipiltin ocuparon el sitio preeminente y
por lo general, cerrado a los demás.
b) De prestigio, safare todo el derivado de la guerra. Cualquier miem-
bro de la sociedad podía, al menos así se pensaba, adquirir el prestigio
más renombrado; pero los hechos lo desmienten: sólo la posición del
pilli permitía los mayores y de posibilidad más frecuente.
c) De riqueza: entre pipiltin y pochtecas y entre ambos y el resto de
la población. Los dos primeros, y muy principalmente los pipiltin, tuvie-
ron acceso a la posesión de todo cuanto fue considerado bien de grande
estima. Los bienes que la ley permitía a los macehualtin fueron general-

185 En relación al origen étnico de algunos grupos de pochtecas y artesanos,


existen fuentes que aseguran su procedencia extraña a la de los mexicas. V. gr.
Miguel Acosta Saignes, Los pochteca. Ubicación de los mercaderes en ¡a estructura
social tenochca, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1945,
54 p., ils. (Acta Anthropológica, i :r) p. 4 8 ; López Austin, op. cit., J» 7 1 ; Sacase,
op. cit., p. 107-114.
126 DINÁMICA SOCIAL

mente de subsistencia. La diferencia entre pipiltin y pochtecas era, más


bien, derivada de la que se refiere en el punto que sigue.

d) De dominio: únicamente ios pipiltin tenían acceso a los puestos


clave de dirección y de mando; los macehualtin podían sólo aspirar a los
secundarios.

Resumiendo, en los cuatro puntos dados de diferenciación únicamente


los pipiltin ocupan los primeros lugares y ninguno de los demás puede,
desde el punto de vista estricto de la estratigrafía social, competir al me-
nos por la primacía del segundo lugar. Esto indica que el sistema social
de valoración fue ideado ex profeso para tal fin, e indudablemente por
el sector primado; y desde luego, no se descarta el hecho de que los otros
grupos se excluyan entre sí a través de sistemas particulares. Este últi-
mo es el caso de los pochtecas y algunos grupos de artesanos que, de
hecho, ocupaban un nivel económico superior con relación al del resto
de la población, perfilándose así como una clase emergente, o no funda-
mental, de rango elevado.
Ahora bien, de lo dicho y de la revisión de cada uno de lm cuatro
puntos y considerando que la diferenciación de estratos sociales refleja
las relaciones que se dan en la sociedad, 186 se desprende que, al igual
que en toda estructura clasista, los pipiltin, como poseedores que fueron
de la riqueza y del poder, trataran de justificar y de conservar su status
por medio de ideologías peculiares —una de las cuales fue el sistema
valorativo de estratificación, derivado del régimen de derecho establecido
por ellos—; y es indudable, también, el desarrollo implícito en las rela-
ciones entre éstos y los macehualtin, que fueron los receptores de su
mandato y los productores de la riqueza —como trabajo excedente, obli-
gado y absorbido por aquéllos. Asimismo, el dinamismo histórico de
sus relacione*, es evidente, puesto que en ningún momento es posible de-
finir a un grupo si «# se hacen referencias continuas acerca del otro. Al
explicar uno queda en consecuencia explicado su opuesto.
La patente diferenciación económica y social entre los mexicas movió
a Orozco y Berra a esbozar el siguiente esquema de la "deslumbradora
apariencia" de México Tenochtitlan:

186 Acerca de las relaciones entre estratos sociales y clases • sociales, véase
Rodolfo Stavenhagen, "Las relaciones entre la estratigrafía social y la dinámica
de clases". Estructura, estratigrafía y movilidad social, Anthony Leeds ed.,
Washington, Pan American Union, p. 126-151 (Estudios y Monografías, xx-Studies
and Monographs, v m ) .
LA ESCALA DEL PODER 127

El rey, los sacerdotes, los nobles, los soldados, las clases privilegiadas,
vivían en la comodidad y la abundancia; pero los demás, atados al
suelo, agobiados yor el trabajo, con malo y escaso alimento, vegeta-
ban para sus señores sin recompensa ni esperanza. Inmensa era la
distancia entre el rey y su vasallo; distinta la condición entre la capi-
tal del imperio y las provincias sometidas. Aquella sociedad se dividía
marcadamente entre vencedores y vencidos; entre señores y esclavos;
e s t e privilegiados poseedores de los bienes de la tierra e ilotas des-
heredados, sin otro porvenir alagüeño que la muerte alcanzada en el
campo de batalla o en el ara de un dios.18T

Pese al uso de algunos términos y conceptos no apropiados en rigor


y asimismo del tono criticable para muchos, la descripción de Orozco y
Berra no deja de exhibir una gran certidumbre; y es que, teniendo pre-
sente que no existe una sociedad idéntica a otra ni a sí misma a través
de su historia a pesar de todas las semejanzas, lo dicho hasta aquí con-
duce a pensar en los antiguos mexicanos como integrantes de una socie-
dad que, de manera similar a otras en la historia, presenta las caracte-
rísticas más profundas de la división de la sociedad en clases, es decir,
la dominación y explotación conjuntamente dirigidas por unos y sufridas
por los más.

187 Orozco y Berra, Historia antigua..., v. i, p. 252.


RECAPITÜIíACIóN
1

%¡ La migración de los mexicas fue impulsada por la búsqueda de más


y mejores medios de subsistencia y sobre todo de posibilidades sJte-
riores de desarrollo. Durante ella se observa: a) cambios esporádicos
en las formas de producción, provocados y resueltos por los mexicas
mismos; b) división del trabajo condicionada por la edad y el sexo;
c) adquisición de múltiples elementos culturales y remodelación de
los mismos* d) surgimiento de la casta militar.
2. Los mexicas ocupan la isla del lago sólo por las posibilidades futu-
ras que ofrecía jf que fueron vistas únicamente por sus dirigentes.
La economía del recién fundado México se sustenta primordialmen-
te en la caza de aves acuáticas y en la recolección y pesca de produc-
tos lacustres. La falta de recursos provoca un cambio en la economía:
de la autosubsistencia pasan al mercadeo con base en el trueque.
3. La designación del primer tlatoani, Acamapfehtli, fue un factor deci-
sivo, o) para la cohesión tenochca, b) para la inauguración y vali-
dación de la nobleza (píllotl), c) para las relaciones con otros cen-
tros de población, y d) para legitimar las aspiraciones tenochcas
de poder universal. La guerra y aniquilamiento de Azcapotzalco,
debidos a las pretensiones y desenvolvimiento aztecas, marcan el
inicio del arranque definitivo de la organización económica y social
de Tenochtitlan.

4. Ante la incertidumbre del dato cuantitativo de población prehispá-


nica, el pensamiento transmitido en documentos del mismo origen
permite considerar, con mayor grado de seguridad, la cualidad del
potencial humano de que dispuso Tenochtitlan durante su último
siglo de vida. Animismo puede afirmarse la formación, desde la ni-
ñez, de una conciencia social relacionada con el tipo de trabajo que
debía realizarse según fuese la edad, el sexo y sobre todo el estrato
social al que perteneciera una persona.
5. La actitud que los hombres adoptan ante los recursos de la natura-
leza es indispensable para lograr el conocimiento de sus reservas
132 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

naturales, así como el relativo a la complejidad de su organización


socio-económica.
6. El instrumental, las técnicas y las realizaciones habidas en Tenoch-
titlan (en arquitectura, escultura, cerámica, etcétera), corresponden
plenamente con las relaciones de producción imperantes.

ni

7. La propiedad de bienes muebles e inmuebles —con exclusión de la


tierra-^ se normaba primordialmente por la situación del individuo
en la escala social y por su comportamiento en la guerra.
8. El territorio mexicano, Mexicatlalli, se crea a partir de la derrota
de Azcapotzalco y a expensas del territorio tepaneca. Las cualida-
des de las tierras de labor, expresadas en fuentes indígenas, indican
un conocimiento amplio de ellas, así como su valoración y aprove-
chamiento.
9. Son dos las formas de posesión de la tierra debidamente identifi-
cadas: o) la comunal y fe) la de administración estatal. El proble-
ma de la existencia de la propiedad privada territorial en el México
antiguo debe atenderse partiendo de dos ángulos distintos, pero
históricos ambos: no hubo propiedad privada territorial si se parte
del punto de vista de la norma jifídica vigente; la hubo si se con-
sideran los hechos reales de las relaciones entre los tenochcas. Siendo
válidas las dos posiciones, puede afirmarse que una forma de tenen-
cia de la tierra tendía hacia la privada, de hecho y de derecho.
10. A la ausencia de medios técnicos eficientes de producción, corres-
ponden en Tenochtitlan un predominio del trabajo masivo, un des-
arrollo constante de la destreza humana y una estructura política
peculiar. Por lo que respecta al trabajo agrícola dentro del territo-
rio mexica, fue realizado por cuatro tipos de campesinos diferencia-
dos por su origen, su relación con la tierra y el destino del fruto
de su trabajo. La manufactura tenochca corresponde fundamental-
mente a la de un pueblo agrícola; la toltecáyotl fue exclusiva del
grupo minoritario poseedor de los bienes y el poder.
1. Las formas de intercambio estuvieron fundadas en la necesidad
recíproca de satisfactores y realizadas por los mismos productores.
Dentro de la gran masa de la población fue de hecho imposible la
aparición de excedentes reales e intermediarios, ya que la finalidad
RECAPITULACIÓN 133

del .intercambio pretendía sólo nivelar su subsistencia familiar. El


pequeño productor era también pequeño vendedor y consumidor al
mismo tiempo. La pochtecáyotl fue promovida por la nobleza (pll~
lotl), que era en donde se localizaba la acumulación originaria de
bienes. Con la expansión tenochca de tipo imperialista, aumentan las
exigencias de cosas suntuarias, las rutas, la calidad y el número de
objetos de comercia El desarrollo de la pochtecáyotl llevaba a la
desvinculación de la tierra de buen número de campesinos hábiles
en oficios artesanales y provocaba también la formación de merca-
dos especializados en manufacturas y objetos determinados.

rv

12. La sociedad mexica estaba dividida fundamentalmente en dos sec-


tores: el de los pipiltin y el de los macehualtin. Los pipiltin eran los
descendientes de Acamapichtli, los que ocupaban los puestos clave
de la organización y los que tenían acceso a la posesión territorial de
hecho privada. Los macehualtin eran todos los demás mexicanos.
Sus ocupaciones, enmarcadas en la producción directa del sustento
y riqueza sociales, eran sobre todo agrícolas o de caza y pesca,
combinadas generalmente con labores artesanales y con servicios
de tipo civil, militar y religioso.
13. Los tlameme utilizados en campañas militares fueron campesinos de
los lugares que iba tocando el ejército. Su trabajo era eventual. Los
integrados a Tenochtitlan podían ser los mexicas desplazados al
extremo inferior de la escala social o los enganchados en las etapas
últimas de regreso del ejército.
14. Los mayeque fueron gente de origen étnico distinto que el de los
usufructuarios de su trabajo. Labraban para los pipiltin las mismas
tierras que con anterioridad habían poseído comunalmente, pero
luego perdidas por conquista. Los mayeque de México aparecen
con la toma de Azcapotzalco y es posible que existieran sólo en el
valle central.
15. La situación del tlacohtli difiere notablemente de la del esclavo. Su
estado era transitorio y sus labores no fueron más —en número y
asperezas— que las de cualquier macehual.
16. Los mamaltin o cautivos no fueron utilizados en forma alguna de
producción material y sus vidas únicamente sirvieron para adquirir
prestigio ante la sociedad y ante los dioses.
134 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE I-A SOCIEDAD MEXICA

17. En la estratigrafía social de Tenochtitlan aparecen claras diferencias


de casta, de prestigio, de riqueza y de dominio. En cada una de ellas
los pipiltin ocuparon siempre los primeros lugares constituyéndose
así en la clase dominante y explotadora del resto de la sociedad. Los
pochtecas se perfilaban como una clase emergente —marginal o no
fundamental—, de rango económico elevado.
Apeadles 1

XA, ECONOMÍA EN LOS CÓDICES PIOTOORAFIOOS


De manera semejante a los edificios, esculturas o tiestos arqueológicos,
los ámatl, códices o relaciones pictográficas del mundo precortesiano de
México constituyen evidencias del más alto valor para la reconstrucción
del proceso social seguido por los diferentes grupos que lo habitaron.
Unos y otros, códices y vestigios materiales, hablan de los logros que
alcanzó el hombre a través del tiempo y de sus circunstancias sociales.
El trabajo arqueológico —por ejemplo en una cala de determinada
estructura—, puede sacar a flote tanto los medios y materiales de cons-
trucción empleados, como los resultados consecuentes en diferentes épocas.
Los ámatl, por su parte, en sus diversos tipos nos dicen de la historia,
la religión, las formas económicas, etcétera, de los hombres que realizaron
aquella edificación. Sin embargo, ambos medios de información resultan
ser, por su misma conformación, meros resúmenes o recordatorios de los
hechos que integraron el desarrollo social; el primero, de las realizaciones
materiales; el segundo, del devenir del grupo. Es por lo tanto necesario
un tercer factor, es decir, el conjunto de las fuentes escritas transmitidas
por los sobrevivientes poseedores de la antigua cultura que, al mismo
tiempo que "haga hablar" a las piedras y a los códices, se beneficie
con ellos ratificando o rectificando su información.
Así pues, en vista de que este último medio —las fuentes escritas,
en náhuatl o en español—, fue expresamente la base de información
empleada para el presente estudio, doy en seguida el análisis de los
elementos & tipo económico de una serie de códices pictográficos de
factura indígena o de indudable influencia prehispánica, con objeto
de evidenciar y aun ampliar algunos de los puntos tratados. Por supuesto
que dicho análisis constituirá al cabo sólo una mínima parte del estudio
general de la economía indígena a través de los códices; estudio que,
por sus múltiples posibilidades, bien puede integrar otras obras aparte.
Pese a qm la gran mayoría de los documentos aquí analizados pertenece
a la etapa novohispana del siglo xvi y sólo algunos, muy pocos, a la
época indígena ajena a toda influencia extracontinental, la información
pictográfica que contienen es rica en cuanto a medios y formas de
producción, sistemas de medida y contabilidad, tributación, etcétera, propios
de la estructura económica de la sociedad ¡Üf los antiguos mexicanos.
Sin embargo, es necesario notar que no todos los códices indígenas
tradicionalmente clasificados como "económicos" resultaron, en última
instancia, de gran interés para el estudio de la economía precolombina,
ni aun a veces, para la indígena o la española, inmersas en el ámbito de
explotación colonial. Por ejemplo, hay códices —como los señalados aquí
con los números 15 y 65, entre otros—, que a través de simples pictogramas
de monedas o artículos varios, demuestran escuetamente que alguien
pagaba algo a otro con cierta'periodicidad o lo que es igual, que en la
138 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

fecha del documento existía la institución de explotación por medio del


tributo obligado; dato cierto y sumamente importante, pero simple en
verdad si se toma en cuenta el acopio de información de muchas otras
fuentes de diverso tipo.
Hay, por el contrario, algunos códices cuya clasificación podría
apartarnos de su estudio en vista de que ell¡| misma es extraña —o
al menos así se antoja generalmente—, a los temas de la economía
humana. Tal es el caso de algunos que con clasificación de "histórico"
o "histérico-cartográfico", como el Duran, el Xólotl, los de Huamantla y
el Códice en cruz, indudablemente dicen más acerca del quehacer del
hombre dentro de la producción de su vida, que los expresamente llamados
"económicos". Y códices como el Laúd, el Borgia o el Fejérvary-Mayer,
entre otros, eminentemente de contenido calendárico-religioso, presentan
en sus láminas, en número mayor que en aquéllos, ejemplos diversos de
actividades e instrumentos de producción, "feas cuales, aunque atribuidos
en este caso a los dioses, son sin lugar a duda reflejo del trabajo y de
los medios de producción de los hombres que poblaron la tierra.
Por las razones dichas, en la preparación de este apéndice se tomaron
en cuenta únicamente los códices que fue posible observar de manera
directa, rechazando por lo mismo, aquellos para los que sólo tuvimos
información escrita.
La siguiente relación consta de ochenta y un códices y está ordenada
alfabéticamente con numeración progresiva. Para cada códice se asientan,
a veces en forma abreviada, los diversos elementos de índole económica
que contiene, mismos que resultan ser en ocasiones simples medios de
producción, pero también en otras, amplias descripciones de determinada
ocupación económica.

1. Atlas de Duran

Consta esta obra de 118 láminas que corresponden a tres tratados


de fray Diego Duran en la forma que sigue: 34 láminas en el Libro de
JÉ* ritos y ceremonias en las fiestas de los dioses y celebraciones de ellas
(1570), 21 en Comienza el calendario antiguo... (1579) y 63 en Historia
de las Indias de Nueva España y Islas y Tierra Firme (1581). El
manuscrito original se encuentra en Madrid. Las láminas van "intercaladas
en el texto y la mayor parte pintadas a la cabeza de sus capítulos
respectivos".I Sin embargo, "no pareciendo conveniente conservarles
esta disposición en el impreso", don José F. Ramírez las separó y ordenó
cuidadosamente en un volumen aparte, 2 el cual se conoce desde entonces
(1867-1880) con el nombre de Atlas de Duran. 3
Los pictogramas que aquí comentamos pertenecen todos al tercero
de los tratados de Duran, es decir a su Historia de las Indias. Se
1 Diego Duran, Historia de las Indias de Nueva España y Islas y Tierra Firme,
2. v. y Atlas, notas de José F. Ramírez, México, Editora Nacional, 1961. v.
i, p. vi.
2 Ibidem.
• Un siglo después de la primera edición, el doctor Garibay sacó a luz
una segunda, ordenando las láminas al final de cada uno de los dos volúmenes
LA ECONOMÍA EN LOS CÓDICES PICTOGRÁFICOS 139

inicia este códice con la descripción gráfica de la cultura de los mexicas


durante su migración. Se mira el medio ambiente, las cuevas en que
moraron, su sustento a base de tortillas de maíz, Sus instrumentos de
caza y su vestido y aderezos. (Gar. v. n lám. 1-6.)
En la lámina sexta (Gar. lám. 13), correspondiente al capítulo X I I I
de la Historia de fray Diego, hay una interesantísima escena referente
a la construcción, de li. calzada que iba de México a Xocliimilco, ordenada
por Itzcóatl y ejecutada por trabajadores xochimilcas, coyohuacas y
azcapotzalcas. Dice Duran que "el modo de hacerla fue sobre muchas
estacas, piedras y tierra sacada de la mesma laguna", * y en efecto,
los dibujos del documento representan personas colocando estacas, traba-
jando con huictli5 y midiendo con un mecate, al tiempo que un fun-
cionario dirige las labores. (Véase una escena hasta cierto punto similar
en la lámina 18 del Códice Azcatitlats,}
Lámina 9 (Gar. lám. 18). Está representada la hambruna de 1454 o
año 1 tochtli. Moctezuma Ilhuicamina reparte entre la gente del pueblo
alimentos ya preparados y ropa. 6 En la misma lámina (Gar. lám. 19),
se hace referencia a la técnica de los canteros, al esculpir la imagen del
primer Moctezuma en una roca de Chapultepec.
Lámina 25 (Gar. lám. 51). Aparece el arrastre de la célebre piedra
que mandó traer Moctezuma Xocoyotzin para el nuevo tetnalácatl. Es
curioso que el dibujante haya representado la transportación por medio
de una carreta, siendo que el texto correspondiente sólo hace mención de
instrumentos tales como cordeles y palancas. 7

2. Cédula de diligencia

Códice registrado en el Atlas de Boban con el número 26. 8 Como


otros tantos, es éste un litigio por tierras expresado por medio de picto-
gramas indígenas. Es interesante por su influencia prehispánica y por
la representación de los lotes y sus poseedores.

publicados (Vid. Duran, op. cit., ed. Porrúa, 1967). En vista de que las láminas
de la segunda edición son en su mayoría reproducciones fotográficas a color,
aunque de tamaño más reducido que las de la primera, daré en cada caso la
referencia a ambas ediciones, la de Garibay entre paréntesis.
* Duran, op. cit¡ CTP), v. i, eap. 13, p. 113.
6 Es el huictli una pala de madera dura usada para labrar y cavar tierra,
pero utilizada también en otras muchas labores no agrícolas, como por ejemplo,
en la preparación del mortero para las construcciones. Por su múltiple uso
—que rebasa al de la coa de la región caribe y al de la chaquitaclla de los
Andes—, parece habérsele considerado el instrumento por antonomasia de los tra-
bajadores del México antiguo. A través de las notas de este apéndice se advertirá
mejor su significado.
* Cfr. Duran, op. cit., cap. 30.
1 Ibidem, v. i, cap. 66.
8
Cfr. Eugéne Boban, Documents pour servir a l'histoire du Mexique. Catalogue
raisonné de la Collection E. Eugéne Goupil (Ancienne Collection J. M. A. Aubin),
manuscrita figuratifs et autres sur papier indigéne •d'agave mexicana et sur
papier européen, antérieurs et postérieurs a la conquéte du Mexiqué (xvie siécle),
et Atlas, contenant 80 planches en phototypie, Paris, Ernest Leroux Editeur, 1891.
140 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

3. Codex Mexicanus
Fue compuesto alrededor de 1571 s y catalogado bajo el número 23-24
en la Biblioteca Nacional de París, repositorio donde se encuentra en la
actualidad. Los rasgos más importantes relacionados con la economía
indígena prafeispánica son los siguientes:
Láminas 18 a 44. Diversos aspectos de la migración del grupo mexica.
Lámina 60. En el año 8 tochtli, |422, Chimalpopoca aparece repre-
sentado con un huictli, indicando ln realización de alguna obra de
importancia.
Lámina 68. Año 13 tochtli, 1466, Nezahualcóyotl, con un huictli en la
mano dirige las obras del acueducto de Chapultepec.
Lámina 69. En el año 9 ácatl, 1475, un fuerte temblor de tierra
destruye diversos edificios.
Lámina 71. En el año 4 ácatl, 1483, sube Tízoc al poder y ordena
la ampliación del templo de Huitzilopochtli. Para 1487, 8 ácatl, se
concluye la reconstrucción del templo.
Lámina 72. Corresponde ésta a la descripción de desastres: en 10
calli, 1489, un fuerte temblor de tierra; en 11 tochtli, 1490, una granizada
acaba con los peces del lago; en 12 ácatl, 1491, una plaga de langostas
arrasa los maizales y para el año siguiente, 13 técpatl, el sol se eclipsa.
Lámina 73. Continúan los desastres con influencias económicas: en
4 técpatl, 1496, un temblor de tierra; y en 7 ácatl, 1499, la gran inundación
de Tenochtitlan. Junto a los glifos del año 8 técpatl, 1500, se muestran
por primera vez los trabajos que se realizaban en Malinalco. El pictograma
de un hombre, vestido con braguero o máxtlatl y portando un huictli,
junto a una gran piedra, representa a los muchos obreros que se enviaron
para labrar los múltiples templos monolíticos aztecas en las montañas de
Malinalco.
Lámina 74. El año 11 ácatl, 1503, muestra el segundo intento del
trabajo en gran escala en las obras de Malinalco.
Lámina 76. El año 10 ácatl, 1515, fue la tercera ocasión en que se
trataron de atacar, posiblemente en forma intensiva, los grandes núcleos
de piedra de Malinalco. Los trabajos, según se observa en la actualidad,
tuvieron que detenerse en vista de la conquista española, mas quedaron
claras huellas de la obra de cantería^ realmente prodigiosa, que allí se
realizaba.
Por último, bajo esta lámina y la que sigue se ven diversos artículos
de tributo entregados al conquistador español.

9 Cfr. Ernest Hengin, Commentaire du Codex Mexicanus. No. 23-24 de la


Bibliothéque Nafionale de París, extrait du Journal de la Société des Américanistes,
Nouvelle Serie, Paris, v. XL:, 1952, p. 387-498 y Codex Mexicanus, Bibliothéque
Ntationale de Paris, No. 23-24, Paris, Société des Américanistes, 1952.
LA ECONOMÍA EN LOS CÓDICES PICT0GRAS3COS 141

4. Códice Azcatitlan
Documento del siglo xvi registrado con el nombre de Histoire Mexi-
caine y bajo el número 59-64 en la Biblioteca Nacional de París. 10
Las pictografías de mayor interés para nuestro estudio son las siguientes:
Lámina 4. Corresponde a los años 1169 y 1170 y aparece en ella la
diversidad de paisajes y rutas durante la migración. En un poblamiento
se ven cuatro casas, dos de ellas techadas, y escenas que indican las
actividades durante este asentamiento: una mujer muele con metate
y metlapilli,11 un cantero (mujer!!) labra una casa, y un hombre
acarrea agua. (Ver fig. 3.)
Lámina 5. Chicomóztoc con su ambiente característico de biznagas.
A la derecha está representado magníficamente el paisaje diverso de la
peregrinación; no obstante, tres palabras, aquí y allá, ratifican lo dibujado:
cuauhtla (bosques), tepetla (serranías) y texcaüco (texcalco, en los
despeñaderos). En este ambiente poblado de distintas clases de vegetales
y animales se ve vagar a los mexicanos, dos de los cuales son muertos
por una bestia feroz. Por último, como para borrar toda duda en
cuanto al significado de la pintura, un texto en náhuatl dice a la letra:
hornea mixpolloque tepetla cuauhtla texcaüco qan cani neneca tnexica,
cuya traducción es: "Allí se perdieron entre cerros, entre árboles, en las
peñas, sólo anduvieron vagando los mexicanos." (Ver fig. 2.)
Lámina 13. En la parte central hay una ilustración del trabajo en el
lago de Tezcoco. En la escena se ven pescadores con diversos instru-
mentos, algunos en canoas; hay diferentes tipos de red; y asimismo
aves, peces y vegetación lacustre. (Ver fig. 7.)
Lámina 14. Es el gobierno de Acamapichtli. Dos círculos en la parte
superior muestran diversas actividades económicas. El primero parece
indicar un modo peculiar de pesca; el segundo muestra a dos hombres
clavando estacas con mazo en lo que podría ser un cercado, chinámitl
o criadero para los animales acuáticos que allí aparecen. A la derecha
se ve la construcción posiblemente del templo de Tlatelolco, donde tres
tamemes o cargadores llevan voluminosas piedras valiéndose de mecapales
o fajas para cargar. (Fig. 21.)
Lámina 18. Aunque Barlow no lo interpreta, 12 es muy posible que el
conjunto donde aparece un muro, un huictli y el glifo de Nezahualcóyotl
al pie de un templo, indique que este personaje dirigió la construcción
del mismo. (Semejante representación aparece en el Códice Telleriano-
Remensis, 4* parte, lám. 18 y en el Vaticano-Ríos, lám. 120). También
se ve el glifo de Nezahualcóyotl junto al de Chapultepec indicando que
fue él quien dirigió la construcción del acueducto que iba a México
(vid. supra una escena similar, pero más completa, en el Codex Mexicanus,
lám. 68). El pictograma de dos personas trabajando sobre un rectángulo,
M> Roberto Barlow, "El Códice Azcatitlan", en Journal de la Sociéti des
Américanistes, Nouvelle Serie, París, v. 38, 1949, p. 101-135, y Códice Atcatitlan,
París, Société des Américanistes, 1949.
UMétlatl o metate, piedra plana para moler. Metlapilli es el rodillo con el
que se muele.
12C/r. Barlow, op. cit., p. 122.
142 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

al lado derecho del glifo de Xochimilco, debe interpretarse no como un


topónimo sino más bien como la representación de los trabajos que los
xochimilcas realizaron en la construcción de la calzada de México a Xochi-
milco ordenada por Itzcóatl.
Lámina 20. De manera similar a lo que se dijo para la lámina 18
de este códice, los glifos del muro y el huictli indican aquí las obras de
ampliación del templo de Huitzilopochtli ordenadas por Tízoc. (Vid.
infra una representación semejante en el Códice Vaticano-Ríos, lám. UHJ
Lámina 23, Interesa aquí el dibujo de tres tamemes cargando el
matalotaje de los conquistadores hispanos y sus aliados en su marcha
hacia México Tenochtitlan.

5. Códice Borgia

Es éste uno de los casos típicos de códices considerados generalmente


como ajenos a cuestiones económicas pero que, en cierta forma, contiene
información de indudable interés para ese tema. En efecto, pese a
que la índole del Códice Borgia es eminentemente religiosa, presenta
a través de sus pictogramas una serie de instrumentos y formas de
producción que aunque están referidos a entes sobrenaturales obviamente
fueron pintados tomando como modelos a los hombres y sus actividades.
En este códice podemos ver, por ejemplo, a Ilamatecuhtli y a las
diosas del maíz y del agua, moliendo el grano del maíz o preparando
la masa, utilizando para ello metates y tnetlapilli, que son las piedras de
moler indígenas (láms. 9 y 43). En la lámina 13, un ser del oeste
mítico se dedica a la pesca, manipulando una red peculiar. Tlahuizcal-
pantecuhtli aparece en la lámina 19 como talador y Tláloc, en la 20,
labra con' huictli los maizales de su sementera y los fertiliza con el
fluido que mana de otro huictli partido a la mitad, señalando quizá la
savia del trabajo humano. En láminas 53 y 54 están figuradas distintas
advocaciones de Tlahuizcalpantecuhtli con la forma debida de tomar
el átlatl o lanza dardos, al impulsar el proyectil. Deben notarse por
último, los múltiples dibujos de hachas, cuchillos, husos, átlatl y huictli
que aparecen en el códice y que ilustran, junto con las escenas referidas,
la diversidad de formas y empleo de los medios de producción utilizados
en la sociedad prehispánica de México.

6. Códice Boturini
Conocido también como Tira de la peregrinación o Tira del Museo;
este códice se encuentra clasificado con el número 35-38 en la colección
de códices del Museo Nacional. Su factura data muy posiblemente de
los años inmediatos posteriores a la Conquista. No obstante que cons-
tituye sólo un registro de los hechos más señalados, resulta indispensable
para el conocimiento cabal de la economía organizada de los mexicas.
Por ejemplo, de su lámina primera se deduce el ambiente del primer
habitat de los migrantes, el cual, como se ha visto, coincide en mucho
con lo que anotan algunas crónicas hispánicas o indígenas del siglo xvi.
La lámina cuarta de este códice es de singular importancia por repre-
LA ECONOMÍA EN LOS CÓDICES PICTOGRÁFICOS 143

sentar el momento del cambio en la base económica de los antiguos


mexicanos; en un paisaje inhóspito, de biznagas y huizaches, se mira
a la diosa Quilaztli haciendo entrega del arco y la flecha para la caza y
de la redecilla o chitahtli para la recolección.
Las láminas 13 y 14 representan un par de acontecimientos de interés
para la economía de los recién llegados mexicas: en el año 5 técpatl,
1224, comienzan el cultivo de magueyes traídos de Chalco y al cabo
de quince años (7 ácatl, 1239), extraen el aguamiel con el acocotli y
preparan el pulque.

7. Códice Cozcatzin

El nombre de este códice proviene del de "Don Joan Luis Coscatzin


. . . unas veces alcalde ordinario desta ciudad de México, de la parte de
San Sebastián o Atzacualco"; contiene 17 páginas y mide 22 cm por
29 cm. Perteneció a Boturini y posteriormente a A u b i n ; u aparece
incompleto en el Atlas de Boban, láminas 41 a 45. Fue elaborado en
1572 y de él existe una copia microfilmada en el Museo Nacional de Antro-
pología de México. 1 4
El códice fundamenta una repartición de tierras, con base en los
repartos de antiguos señores. Es por esto que se hace aún más importante,
ya que tanto los textos en náhuatl como los glifos de los querellantes
(a veces verdaderos retratos), el plano catastral y los topónimos con
indicación de productos, conducen al investigador a la historia de Tla-
telolco y Tenochtítlan en plena época prehispánica.

8. Códice Chavero

Número 35-25 de la Colección del Museo; su clasificación, "Económico


(tributos)". 1 6 Es un códice de Huexotzinco, Puebla, elaborada hacia
1579 con la intención de averiguar la cantidad de tributos que entregaban
una serie de barrios localizados en las inmediaciones de esa población.
El documento resulta de mayor interés para el mundo de la colonia es-
pañola que para el precortesiano, no obstante sus pictogramas indígenas
de personas, lugares, objetos de tributo y signos numéricos.

9. Códice de constancia de gastos

Códice colonial de manufactura indígena del siglo xvi, número 35-13


de la Colección del Museo Nacional. l e Es de interés notar que tanto
13 Byron McAfee y R. H. Barlow, "La guerra entre Tlatelolco y Tenochtítlan
según el Códice Cozcatzin", en Memoria de la Academia Mexicana de la Historia,
México, v. v, 1946, no. 2, p. 188-197, más una lámina del códice, p. 188.
1* Cfr. Boban, op. cit.; R. H. Barlow, "Los caciques de Tlatelolco en el
Códice Cozcatzin", en Memoria de la Academia Mexicana de la Historia, México,
v. v, 1946, no. 4, p. 416-421, con 7 láminas del códice, p. 416; R. H. Barlow,
"El reverso del Códice García Granados", en Memoria de la Academia Mexicana
ám la Historia, %. v, 1946, no. 4, p. 422-438, p. 436.
16 John B. Glass, Catálogo de la colección de códices, México, Museo Nacional
de Antropología, INAH, 1964, 237 p. 139 grab., p. 67-68.
íeibidem, p. 53.
144 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

éste como otros códices indígenas que han sido clasificados como "Eco-
nómicos" dicen mucho menos al estudio de la economía prehispánica
que otros cuya clasificación dada es aparentemente ajena a las formas
de producción de la antigua sociedad indígena (por ejemplo, Códice de
Huamantla, vid.). El presente documento viene siendo un comprobante
de gastos en el ámbito colonial, con indicaciones indígenas de los artículos
aportados, los cuales incluyen una escalera, cargas de aceite, cal, etcétera.

10. Códice de Coyoacán

Se trata de una nómina de tributos elaborada entre los años 1576


y 1584, conservada en el Archivo General de Simancas y publicada
recientemente por el doctor León-Portilla.17
El códice habla de los tributos que los indios de Coyoacán habían
pagado desde hacía ya 33 años, los cuales incluyen cereales, gallinas,
yerba, leña, mantas, sal, vasijas diversas y servicios personales. Estos
últimos están representados por dos tamemes portando diferentes cargas
y por los huictli que llevan en la mano, lo cual indica que dicho servicio
consistía en cualquier tipo de trabajo manual.

11. Códice de Huamantla

Códice posthispánico del siglo xvi compuesto por ocho fragmentos.


En la Colección de códices del Museo Nacional están registrados seis
de ellos bajo los números (35) 22, 40, 37, 41, 2 y 55. Procede de
Huamantla, Estado de Tlaxcala, y su clasificación es "Cartográfico-his-
tórico". 18
El tema predominante en este documento es la guerra de conquista,
pero tiene detalles etnográficos que sin duda interesan al estudio de la
economía. Por ejemplo, en los fragmentos 2 a 5 están representadas las
circunstancias ambientales de la región: serranías, ríos y fuentes y algunos
elementos de flora y fauna; por lo que respecta a la actividad productiva
del hombre, se ven labradores en sus parcelas y plantíos (ver fig. 16),
red de caminos y diversos tipos de casas con animales y plantas alrededor;
también aparecen tributarios con sus respectivos artículos de pago.
Los fragmentos 3 y 4, pese a que su tema principal es la guerra,
son de suma importancia para el análisis económico del mundo pre-
hispánico. En ellos está representado un buen número de poblaciones
de tipo disperso, entre las que destacan seis, cada una con varias casas,
a veces de dos formas distintas, que quizá indiquen el número y tipo de
calpulli que contienen; o tal vez cada casa represente un pueblo con
su respectivo señor.
Las fuerzas y modos de producción están señalados en estos mismos
fragmentos por un individuo con huictli trabajando sobre los camellones
11 Miguel León-Portilla, "Códice de Coyoacán. Nómina de tributos, siglo xvi",
en Estudios de Cultura Náhuatl, México, v. ix, 1971, p. 57-74.
ISGlass, op. cit., p. 37, 87, 105.
LA ECONOMÍA EN LOS CÓDICES PICTOGRÁFICOS 145

de una parcela y por diversos -vegetales y animales diseminados, en la


que pueden identificarse claramente magueyes y nopales, venados y
serpientes.

12. Códice de las posesiones de Don Andrés

Pertenece a la colección del Museo Nacional; su número de registro


es 35-87A y B, su clasificación "Económico" y su posible origen la
región de Tlaxcala, siglo x v i . 1 9
Es interesante por la representación de campos agrícolas —o quizá
solares—, y por las inscripciones relativas a ventas y testamento. Tiene
dibujos con marcada influencia hispana. El documento se refiere posi-
blemente a censos o tal vez a tributos.

13. Códice de 1576

Llamado también Códice Attbin. Está registrado bajo el número 35-36


en la Biblioteca Nacional de P a r í s . 2 0 Entre los puntos que interesan en
este trabajo están los relacionados con: a) El medio ambiente, vestidos,
instrumentos de producción, armas, etcétera, durante la migración mexica. 2 1
b) Escenas de escasez por diversas causas (ver fig. 23). 22 c) Escenas de
abundancia. ** d) Apertura de canales. M e) Datos diversos referentes
a la economía colonial española.

14. Códice de Otlazpan

Nómina de tributos realizada en once folios en 1549, con numerosos


rasgos característicos de la cultura náhuatl prehispánica. 2 5
Trata el códice del tributo dado a los funcionarios de Otlazpan, de
la tasación individual de los tributarios y de la parte correspondiente
a la casa de la comunidad. Los tipos de tributos consignados en el
códice son: moneda, productos, trabajo y sementeras (entendidas éstas
como trabajo de labranza, acarreo de la cosecha y el producto mismo
de la cosecha).
El documento proporciona también datos, no siempre claros, acerca
de la división del trabajo, de la población, de la estructura social, del

Wlbidem, p. 141.
20 Códice de 1576. Historia de la nación mexicana, reproducción a todo color
del Códice de 1576 (Códice Aubin), edición, introducción, notas, índices, versión
paleográfica y traducción directa del náhuatl, por Charles E. Dibble, Madrid,
Ediciones José Porrúa Turanzas, 1963. (Colección Chimalistac, 16.)
mibidem, p. 3-38.
Vtlbidem, p. 57, 66, 67, 74, 75, 79.
ttlbidem, p. 68.
24 Ibidem, p. 108.
25 Códice de Otlazpan. Nómina de tributos de los pueblos Otlazpan y Tepéxic,
1549 (Códice Mariano Jiménez"), México, Instituto Nacional de Antropología e
Historia, 1967; y Birgitta Leander, Códice de Otlazpan, México, Instituto Nacional
de Antropología e Historia, 1967, 147 p.
146 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

sistema monetario, de la periodicidad del tributo y del peculiar sistema


prehispánico de medidas, utilizando por ejemplo, la "braza del pie a la
mano alta" y el "tameme".

15. Códice de tributos de Santa Cruz Tlamapa

Registro 35-58 de la Colección del Museo; clasificación, "Económico-


tributos". Pintado en Santa Cruz Tlamapa, Estado de México, en 1577. £ s
Su contenido se refiere al tributo impuesto al indígena durante la
Colonia y muestra tanto la cantidad de los artículos tributados como
la periodicidad de los mismos, en este caso, cada cuatro meses.

16. Códice en cruz

El Códice en cruz, registrado con los números 15 a 17 de la Colección


Aubin, fue pintado pocos años después de 1553 por un tlacuilo de la
región tetzcocan^ Jr muy posiblemente del pueblo de Chiauhtla. 2 7
La pintura original cubre los hechos comprendidos de 1402 (1 tochtli,
año en el que nace Nezahualcóyotl) a 1553, que es el fechamiento del
último acontecimiento representado. Sin embargo hacia el año 1603,
otro tlacuilo hizo anotaciones en lengua náhuatl y agregó otros picto-
gramas "con un punto de vista colonial, pero con un fondo cultural
completamente indígena". 2 8 En efecto, como dice Dibble, su comentarista:
"a pesar de ser un códice postcortesiano, el Códice en cruz guarda
admirablemente su aspecto indígena. La ejecución de los glifos no ha
sufrido la degeneración que empezaron a mostrar los códices después
de la Conquista". 29
No obstante su carácter esencialmente histórico y, por su peculiar
conformación, su contenido sumamente compendiado, el códice propor-
ciona información, escasa pero importante, relacionada de manera directa
con la producción económica del mundo de los antiguos nahuas. Van a
continuación algunos ejemplos.
Primera lámina. En el espacio correspondiente al año 2 calli, 1429,
se observa la culminación de los trabajos de construcción de la calzada
que unió a Tlatelolco y Tepeyácac. En A 13 calli o 1453, aparece la
gran sequía que arruinó tos plantíos de maíz.
Segunda lámina. Continúan la larga sequía y la hambruna en los años
1 tochtli y 2 ácatl, 1454-1455, hasta que en 3 técpatl o 1456 cayó la
lluvia y el maíz proliferó.
En los años 1 tochtli y 2 ácatl, 1454-1455, los pictogramas de Neza-
hualcóyotl con huictli en mano indican la planeación y cimentación de
un templo.

26Glass, op. cit., p. 108.


27 Cfr. Charles E. Dibble, Códice en cruz, tesis para obtener el grado de
doctor en antropología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
Nacional, México, 1942, 163 p. üs. y reproducción ¿el códice, p. 141,
SSibidem, p. 142.
S» Ibidem.
LA ECONOMÍA EN LOS CÓDICES PICTOGRÁFICOS 147

En 9 tochtli, 1462, se concluye un templo dedicado a Tláloc.


En 12 calli, 1465, los chalcas derrotados acarrean piedra para las
construcciones en Tenochtitlan.
En el año 1467, 1 ácatl, Nezahualcóyotl termina un templo a Hui-
tzilopochtli y en Tlatelolco sucede otro tanto con un templo dedicado al
mismo dios.
En los años 4 tochtli y 5 ácatl se concluyen, respectivamente, un templo
a un dios solar y otro que Nezahualcóyotl dedica a Tláloc.
En 1480, 1 técpatl, hay indicios de la culminación de trabajos en un
templo a Huitzilopochtli.
En 1483, 4 ácatl, Tízoc ordena la ampliación del templo de Hui-
tzilopochtli en Tenochtitlan; lleva un kuictli en la mano como símbolo
de trabajo. Hay sacrificios de cautivos tlaxcaltecas o huexotzincas.
Para 1487, 8 ácatl, se realiza la dedicación del templo mayor de
Tenochtitlan y hay indicios de que fueron sacrificados cautivos tziuh-
cohuacas, tlapanecas y tzapotecas.
En 1500, 13 calli, comenzó la hambruna que como se observa obligó
el transporte de subsistencias desde Totonacapan.
Tercera lámina. En el año 3 técpatl, 1508, aparece el desastre del
río Túcac durante la conquista de Huilotépec donde murieron en gran
número soldados y pochtecas.
El año 9 tochtli, 1514, indica que hubo sequía. Asimismo cayó el
temalácatl destinado al templo de Huitzilopochtli.
En 1518, 13 tochtli, un pochteca observa las naves de Grijalva.
En 1523, 5 ácatl, comienza en Tenochtitlan la construcción de las
atarazanas ordenada por Cortés.
En los años 1534 y 1535, 3 tochtli y 4 ácatl, hay indicación de haberse
concluido la construcción de sendos edificios en Tezcoco y Chiauhtla.
En 1546, 1547 y 1549 —2 tochtli, 3 ácatl y 5 calli— se hizo nueva
repartición de tierras en Chiauhtla y en Papalotla. Los pictogramas señalan
los planos de los terrenos y sus dimensiones respectivas.

17. Códice Fejérvary-Mayer

Documento prehispánico de la región Mixteca-Puebla. Su contenido


es eminentemente de carácter calendárico y advinatorio y las actitudes de
las deidades que en él aparecen están ligadas estrechamente con la
realidad humana sobre la tierra. Así podemos ver, por ejemplo, a un
caminante con portafardos o cacaxtli (lám. 28) y a otros con mecapalli
Ipfcn. 31, 32, 36 y 3 9 ) ; encontramos hachas (lám. 28 y 38) y también
a un cultivador divino trabajando con un huictli (lám. 29).

18. Códice Florentino

Aparte de la rica información recogida en náhuatl por Sahagún,


las pictografías que este códice contiene, pese a su marcada influencia
hispánica, constituyen importantísimos documentos aún no debidamente
aprovechados para el estudio de la situación económica del México anti-
148 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

guo. De sus doce libros, sobre todo el noveno, décimo y undécimo


proporcionan información gráfica acerca del instrumental y la técnica
empleados por orfebres, carpinteros, lapidarios, gematistas, artífices de
la pluma, ceramistas, pintores, cargadores, pescadores, médicos, tejedores,
mineros, trabajadores del campo y del hogar, etcétera. Describen también
las distintas condiciones de la gente, así como el medio ambiente y las
actividades de los distintos grupos étnicos.
Singularmente copiosa es la información gráfica respecto de los recursos
naturales de origen animal, vegetal y mineral y asimismo de su distri-
bución y venta en los mercados.
Es tan variada y abundante la información pictográfica de este códice
que aun en el libro doce, que trata exclusivamente de la historia de los
hechos de la Conquista, se encuentran datos de interés para el tema
de este estudio, aunque, claro está, muy hispanizados.

19. Códice Laúd

Es uno de los pocos códices auténticamente prehispánicos que, pese a


su marcado carácter cronológico y religioso, muestra en trazos posi-
tivamente magistrales la representación de buena parte del instrumental
de producción indígena, el cual, si bien es aquí utilizado por los dioses,
no deja de ser un reflejo de la realidad económica de la antigüedad
india.
Los principales instrumentos que este códice muestra son: lanzas y
cuchillos (lám. 7 y 8 ) , dardos y escudos (lám. 8 ) , hachas (lám. 1, 16,
21, 42 y 43), malacates (lám. 39), mecapales (lám. 18, 20 y 21) y
tnamalhuastli o instrumento para encender fuego (lám. 8, 17 y 4 1 ) . s o

20. Códice Magliabecchi

Este códice, pese a su temática de índole calendárico-religiosa, como


otros casos ya vistos, también da algunas noticias acerca de la situación
económica durante la etapa prehispánica de México. Por ejemplo, de
las ofrendas mortuorias que describen las^ láminas 66 a 69 se desprende
la existencia de una marcada estratificación de la sociedad. Es interesante
también la pintura de la lámina 67 que representa el corte longitudinal
de un enterramiento y los instrumentos utilizados para el mismo: dos
huictli con símbolos sagrados en sus extremos.

21. Códice Mauricio de la Arena

Registrado con el número 35-21 en la Colección del Museo Nacional

SO Cfr. Códice Laúd, introducción, selección y notas por Carlos Martínez Marín,
México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1961, 83 p. reproducción
blanco y negro del códice. (Serie Investigaciones, 5). Reproducción a color en
Antigüedades de México, basadas en la recapitulación de Lord Kinsborough,
estudio e interpretación de José Corona Núfiez, 4 v., México, Secretaría de
Hacienda, 1964-1967, v. iv.
LA ECONOMÍA EN LOS CÓDICES PICTOGRÁFICOS 149

y clasificado como económico. 81 Es un códice pictográfico del siglo xvi


pintado en Tlaquiltenango, Estado de Morelos.
Entre los rasgos de interés está la indicación de la periodicidad en el
pago de tributos, según consta por los glifos de algunos meses del calen-
dario indígena. Los tributos señalados parecen consistir en trabajo personal,
moneda y rfros.

22. Códice Mendocino

Fue pintado por órdenes del virrey Mendoza hacia la cuarta década
del siglo xvi. Su fuente básica lo es sin duda la Matrícula de tributos
siendo posiblemente sólo su tercera sección, la etnográfica, la única
elaborada especialmente para él. 82 Un somero análisis del códice permite
apreciar los siguientes elementos de sumo interés para nuestro estudio:
Primera sección. En la primera lámina aparece la fundación de México
Tenochtitlan el año 2 calli, 1325, con señas de la división originaria en
cuatro partes o campan. Se mira también a Ténoch y a nueve señores
de otros tantos calpulli.
En las láminas n a xvm están consignados los pictogramas de los
pueblos conquistados por los señores de México Tenochtitlan, desde
AcamapichU, hasta el segundo Motecuhzoma. Ello ilustra en cierta forma
la expansión imperialista de los tenochcas.
Segunda sección. Las treinta y nueve láminas que siguen, de la
xix a la LVII, comprenden los 371 pueblos tributarios de México.
Entre los artículos de tributo sobresalen: granos, mantas, ropa, oro,
plumas, papel, armas, divisas militares, miel, sal, jicaras, cerámica,
piedras preciosas, aves, pieles, madera, leña, copal, etcétera.
Resulta importante notar que entre los artículos tributados no aparezcan
instrumentos de producción, salvo las hachuelas de cobre (lám. 39 y
42) y los porta fardos o cacaxtli (lám. 44).
Debe notarse, asimismo, que las dos primeras secciones del códice
dan en conjunto no sólo una imagen de la extensión del imperio y
# ¿ monto de los tributos que llegaban, sino también alguna idea acerca
de los recursos propios de las diversas regiones del México antiguo
tributarias de los tenochcas.
Tercera sección. Corresponde ésta a la descripción etnográfica de
la sociedad mexica. La primera lámina de esta sección trata del naci-
miento. Están representados los instrumentos característicos del trabajo
de los hombres: del zuquichiuhqui o alfarero, de los amanteca o
artífices de la pluma, del tlacuilo o pintor de códices, del tlatecqui
o lapidario y del yaoquizqir o soldado. También aparece el instrumental
propio de la mujer, es decir, la escoba, el huso y la petaquilla. Debe
notarse que todos estos instrumentos pertenecen sólo a un estrato
social particular nue por supuesto no corresponde con el inferior,
81Glass, op. 'i:., i>. 63.
B2Cfr. Robert H. Barlow, The extent of the empire of the culhua mexica,
Berkeley and Los Angeles, University of California Press, 1949, 144 p. 1 mapa
(Ibero-Americana: 28).
150 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

ya que de ser así estarían representados, sobre todo, el huictli y


asimismo el cacaxtli o el mecapalli, propios de los trabajadores del
campo y manuales en general y de los tlameme o cargadores, respec-
tivamente.
Las láminas LIX a LXI presentan el proceso de endoculturación, por
medio del cual los padres trasmiten a sus hijos sus habilidades personales.
Llama la atención tanto la indicación de las actividades como de los
instrumentos de trabajo. A los varones se se les hace servir en el
hogar, llevar pequeñas cargas y ayudar en el mercado; luego llevan
cargas mayores, ya sea a la espalda o en canoas y se les instruye
en el uso de la red y en la pesca en canoa. Las madres enseñan a
sus hijas la técnica del hilado, barrer y ocuparse constantemente en
servicios personales; luego les indican cómo moler, echar tortillas,
preparar diversos guisos y tejer las distintas piezas de ropa. Aparece
señalada también, la ración de alimentos según la edad y las sanciones
que recibían.
Las láminas LXIII a LXV se refieren a la segunda etapa de endo-
culturación. Se pueden observar ahí los distintos oficios y pruebas a
que estaban sujetos los jóvenes, tales como barrer, transportar ramas,
púas de maguey, cañas verdes, troncos y leña para el servicio de los
templos. Se representan también distintas ocupaciones, como la del tañedor
de teponaztli, la del que conoce el curso de los astros, la del tameme de
guerra, la de los que proveen adobes y piedras para la construcción
y la de los encargados de supervisar la edificación o mantenimiento de
acequias, calles y templos (lám. txv. 2 ) . (Véase fig. 19.)
La lámina LXXI está dedicada a las ocupaciones humanas. En |&k
se mira al carpintero, al lapidario, al artífice de la pluma, al pintor
y al orfebre. Las demás ocupaciones representadas son secundarias:
cantores, mensajeros, jugadores de tlachtli y patolli, ladrones y borrachos.
En esta misma lámina aparece la casa comunal o techancalco como
proveedora de trabajo, estando representado éste por el huictli y el
mecapalli con huacalli.

23. Códice Monteleone

Registrado con el número 1 de la Colección Harkness de la Biblioteca


del Congreso en Washington; fue elaborado en 1531. 3 3 Consta de
ocho pinturas referentes a un pleito de indios de Huexotzinco contra
las autoridades españolas, por los gastos ocasionados por la ayuda que
prestaron a Cortés y a otros.
Nos interesa aquí la representación gráfica del sistema prehispánico
de contabilidad.

33 Cfr. Howard F. Cline, "The Oztoticpac Lands Map of Texcoco, 1540",


en Quarterly Journal of the Líbrary of Congress, v. x x m , April 1966, no. 2, p.
77-115, p. 77.
LA ECONOMÍA EN LOS CÓDICES PICTOGRÁFICOS 151

24. Códice Osuna

Constituye una de las fuentes primigenias más valiosas (pero aún


no plenamente aprovechada) acerca de la vida, sobre todo política, de
1 » indios de la ciudad de México; precisamente de los barrios de San
Juan, San Pablo, Santa María y San Sebastián, entre los años 1551
y 1565. »*
Pero la importancia del códice la adquiere también como fuente de
información para el estudio de la economía indígena inmersa en los
patrones de explotación de la colonización española. En este sentido
el documento habla de la participación que tuvieron los indígenas tanto
en la expedición a la Florida (f. 470. 8 r ) , cuanto en los trabajos de
diversas obras públicas, como lo fueron el albarradón contra inundaciones
y la acequia de Ixtapalapa (f. 469. 7r y 501. 39r), el Hospital de
Indios (f. 468. 6v), el palacio virreinal (f. 500. 38r), la iglesia mayor
(f. 501. 39v) (véase fig. 20), las obras de Chapultepec (f. lv) y las
de la construcción de la cárcel (f. 468. 6 r ) , manifestando no sólo los ma-
teriales y el trabajo que aportaban sino las retribuciones y el trato
que recibían —ausentes unas y cruel el otro las más de las veces—
Otros testimonios de gran valor son la introducción del telar español
(f. 500. 38v) y la utilización de la carretilla para el transporte de
objetos pesados (f. 501. 39v), instrumentos ambos que dieron pie
a un desarrollo distinto de la tecnología indígena a partir de su conquista.
Sin embargo, siendo los acontecimientos del Códice Osuna pertene-
cientes a una época de transición, obviamente se encuentra en sus hojas
un buen número de datos que corresponden ciertamente a la estructura
económica del aún cercano, y en muchos aspectos indemne, mundo
prehispánico. Consigno a continuación algunos ejemplos de este tenor:
Referencias continuas al sistema indígena de contabilidad y, en cierta
forma, al de tenencia de la tierra (f. 464. 2 v ) . Representación de artículos
de tributo, como son leña, cal, adobe, zacate, pescado, aves, verduras,
cacao, agua, etcétera. Pictogramas relativos a diferentes tipos de trabajo,
tales como cargadores o tameroes, canoeros, peones, albañiles, carpin-
teros, encaladores y gente dedicada al servicio de molienda en metate
y de acarreo de agua y barrido. Dentro del renglón de trabajo debe
considerarse también la representación de gente ajena a las obras de
tipo comunal, que quizás tenga alguna conexión con los mayeque de la
antigüedad mexicana (f. 500. 38v) (véase fig. 30). Por último, debe
notarse la relación pictográfica de los pueblos que pertenecieron a la
famosa triple alianza (f. 496. 34r a 498. 36v).

25. Códice del Cristo de Mexicaltzinco

Registrado con el número 35-127 en la Colección de Códices del Museo


Nacional y clasificado como "Económico-tributos" en el Catálogo. 3B
34 Códice Osuna, reproducción facsimilar de la obra del mismo título editada
en Madrid, 1878, acompañada de 158 páginas inéditas encontradas en el Archivo
General de la Nación (México), por el profesor Luis Chávez Orozco, México,
Instituto Indigenista Interamericano, 1947, 342 K,
35Glass, op. cit., p. 185.
152 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

Aparte de la interesante historia de su descubrimiento, el códice sólo


proporciona algunas notas sobre artículos de tributos y signos numéricos.
Es más bien de interés para el periodo colonial.

26-57, Códices del Marquesado del Valle de Oaxaca

Son 32 códices publicados en un volumen dedicado al Primer Congreso


Mexicano de Historia celebrado en Oaxaca. 36 De ellos, sólo 30 corres-
ponden al Marquesado y de los dos restantes uno es del pueblo de
Tepotzotlán, México y el otro de Cuetzalan, Puebla. En su mayor parte
son constancias de propiedad territorial, y de lo que se cosechaba, presen-
tadas en contra de los descendientes de Hernán Cortés. 37
Como puntos de interés para el estudio de la economía prehispánica
se anotan en seguida los siguientes que aparecen en los primeros 28
códices: a) sistema tradicional de numeración indígena para cantidades
de cosas diversas y de años; b) unidades de medida indígenas; c)
productos cosechados, como caña, morales, higueras, magueyes y maíz;
d) algunos rasgos del tipo de tenencia antiguo.
El códice número 29, de 1553, se refiere a la paliza que recibieron
dos indios mexicanos en la Villa de Tehuantepec, por el simple hecho
de ser mal vistos en el lugar.
El códice número 30 corresponde a jfha. titulación de tierras de
Huitzila, Morelos. Es del año 1592.
El códice número 31 se refiere a un pleito de los tres pueblos de
la jurisdicción de Tepotzotlán, México, contra su gobernador) por malos
tratos y pago de tributos. El tributo representado consiste en dinero,
cerdos, perros, guajolotes, gallinas, leña, chile, esteras y servidumbre
de mujeres indias destinadas a la molienda de maíz. Este documento es de
1552.
En el códice número 32, de Cuetzalan, Puebla, aparecen cuatro glifos
en color y fue presentado como parte de un título de propiedad.

58. Códice Telleriano-Remensis

Está registrado con el número 14 en la Biblioteca Nacional de París


y fue elaborado hacia 1555. Entre los hechos históricos representados
en el códice interesa resaltar, por su relación con lo económico, los
siguientes:
En la tercera lámina de la parte i n hay diversas escenas de la
economía de los mexicas durante su migración, que van del año 9
ácatl al 5 técpatl o sea 1215 a 1224. t o s caminantes van cazando
conejos con arco y flecha; sus vestidos son de piel y su cabellera
suelta, muy similares al uso chichimeca (véase, por ejemplo, el Códice
Xólotl).
M Códices indígenas de algunos pueblos del Marquesado del Valle de Oaxaca,
publicados por el Archivo General de la Nación con motivo del Primer Congreso
Mexicano de Historia, celebrado en Oaxaca, México, Talleres Gráficos de la
Nación» 1933.
•* Cfr. León-Portilla, "Códice de Coyoacán...", p, 61.
LA ECONOMÍA EN LOS CÓDICES PICTOGRÁFICOS 153

Pasando ahora a la parte iv del códice,38 en la lámina 8 se señalan


los años 2 ácatl a 4 calli (1455 a 1457) y la figuración de varias
plantas, unas con flor y otras con elote y espigas, lo cual parece
contradecir a otras fuentes indígenas que aseguran que durante la
hambruna de este tiempo sólo se dio el huauhtli. Sin embargo la dis-
crepancia es sólo de tipo cronológico, ya que el mencionado periodo
de hambre aparece en este códice en la lámina anterior, entre los
años 1447 y 1448.
Láminas 18-19. Año 4 ácatl o 1483. La ampliación del templo mayor
de México está representada mediante el basamento del mismo y dos
huictli arriba como símbolos del trabajo manual (véase, por ejemplo,
Códice Azcatitlan: 20 y Codex Mexicanus: 68). Bajo el año 1484 se
ve el mismo templo pero ya avanzada la ampliación. En la siguiente
lámina, la 19, año 1487 o 7 ácatl, las obras se han concluido y se
muestra pictográficamente el momento de su dedicación.
Lámina 24. Hambruna de los años 13 calli y 1 tochtli, 1505 a 1506.
Aparecen escenas del trato hecho con los cuechteca o huastecos por
subsistencias a cambio de hombres. Está «presentada también la lucha
contra la plaga de roedores que invadió los plantíos.
Lámina 32. Año 9 técpatl, 1540. Se trata del reacondicionamiento del
acueducto de Chapultepec. Aparece un español, posiblemente el virrey
Mendoza, dirigiendo a un indio que lleva un huictli en la mano; ambos
sobre el glifo de Chapultepec y su manantial. Esta escena es semejante
a la del año 1527 de la lámina 136 del Códice Vaticano-Ríos que,
como se dijo, falta en este códice.
Lámina 33. En el año 11 tochtli, 1542, aparece un trabajador de
Tenochtitlan migrando hacia algún lugar, quizá en busca de subsistencias
ya que en su mano lleva el símbolo típico del trabajo: el huictli.
La vestimenta y la disposición del pelo de este personaje son similares
a los usados durante la migración original.

59. Códice Valeriano

Fue elaborado en el Valle de México en 1574 y está marcado con


el número 35-121 en el Catálogo de la Colección de Códices del Museo
Nacional; su clasificación: "Económico".89
Trata de un pleito de tierras durante la Colonia y no da gran
información acerca de la economía prehispánica.

60. Códice Vaticano-Ríos

Se encuentra en la Biblioteca del Vaticano y es conocido también


por el nombre de Códice Latino 3738. Parece ser copia del Códice
88 Kingsborough estableció esta cuarta parte en vista de la patente falta de
continuidad del relato. La realidad es que se perdieron seis láminas de este
códice, mismas que aparecen en el Códice Viaticano-Ríos. Cfr. Kingsborough,
Antigüedades...
3»Glass, op. cit., p. 179.
154 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

Telleriano-Remensis,40 pero más completo y por lo mismo es también


necesario su análisis.
Lámina 91. Los pictogramas de la migración representan aquí a la
gente cazando conejos con arco y flecha y llevando aves en las
espaldas.
Lámina 97. (Falta en el Telleriano.) Un mexicano entrega un pescado
a Tezozómoc de Azcapotzalco en señal de tributo; lleva la red para la
pesca, indicando su profesión, de él y de su grupo.
Lámina 102. (Falta en el Telleriano.) Se muestra el ambiente de
la recién fundada Tenochtitlan.
Lámina 126. Año 7 ácatl, 1499. Representa la inundación de México
a causa del desbordamiento del Acuecuéxatl.
Lámina 136. Años 7 tochtli a 9 técpatl, 1526-1528. Una plaga de
gusanos acaba con el maíz. Se ordena la reconstrucción, por mano
indígena, del acueducto de Chapultepec. El hecho está representado
por el glifo de lugar, dos huictli y un indio amarrado del cuello y
llevado por un español.

61. Códice Ver gara

Está registrado este códice con los números 37 a 39 en el Atlas


de Boban y constituye un documento catastral fechado en 1539. 41
Es de interés la parte que corresponde a la lámina 39 del Atlas
mencionado, en donde están dibujadas algunas parcelas con la indicación
del producto que en ellas se cosechaba.

62. Códice Xólotl

Es el Códice Xólotl42 caso típico de documentos que pueden y


deben ser clasificados distintamente. Es sin duda una fuente cien por
ciento histórica que describe paso a paso el asentamiento de las huestes
comandadas por Xólotl en un ámbito de cultura más desarrollada; pero
también salta a la vista su índole geográfica, ya que es base indiscutible
para el estudio de la cartografía indígena prehispánica. Asimismo, si
se toman en cuenta los diferentes modos de vida tanto de los inmigrantes
chichimecas como de los que de antiguo habitaban el altiplano central
y, además, los momentos en los que unos con otros inician el conse-
cuente proceso de aculturación, 4 3 el carácter económico del códice
se sobrepone a los demás.
Así, tomando en cuenta estas últimas características, anoto en seguida

*> Ambos códices en Kíngsborough, op. cit., v. I y n i .


41 Boban, op. cit.
*2 Códice Xólotl, preparado por Charles E. Dibble, México, Universidad Na-
cional Autónoma de México y University of Utah, 1951, 166 p. y reproducciones
en blanco y negro. JEii la colección de Boban aparece con el registro I-IV,
cfr. Atlas.
43 Cfr. Miguel León-Portilla, "El proceso de culturación de los chichimecas
de Xólotl", en Estudios de Cultura Náhuatl, México, v. vn, 1967, p. 59-86.
LA ECONOMÍA EN LOS CÓDICES PICTOGRÁFICOS 155

los rasgos más sobresalientes que el códice ofrece al estudio de la


economía en esos momentos de cambio.
En la primera lámina, Xólotl y su hijo Nopaltzin exploran el valle
en busca de sitios propicios a su desenvolvimiento. Se advierten rasgos
peculiares de su forma de vida, de su habitación rupestre y de su vestido.
Por el rumbo de Quecholan se observa una escena en la que gente
de cultura no chichimeca funde oro y labra piedras.
En la lámina n Xólotl divide la tierra entre sus vasallos. Esto sucede
en un año 1 técpatl, cuando se advierte ya un cierto síntoma de seden-
tarismo. Xólotl y su hijo ordenan la construcción de cercos de caza en
Tetzcoco y en otros lugares y se impone el tributo en piezas de caza.
En las láminas I - I I bis, Xólotl y Nopaltzin aparecen exigiendo el
pago de tributos.
En la tercera lámina continúa el establecimiento de cercados, pero
sobresalen ahora los señalados para el cultivo y para la cacería de
conejos. En todos se mira la representación del huictli, símbolo del
trabajo manual y en alguno parece haber indicación del usufructuario
de las tierras.
En otra parte de esta lámina se mira al señor de Culhuacán, Achitómetl,
entregando a sus hijas, Atototzin e Ilancuéitl, sendos terrenos en la
ribera del lago. Son posiblemente sementeras acuáticas, ya q u e - c a d a
una, debidamente designada con su respectivo nombre, aparece circundada
por canales y unidas por canoas de paso. 4 4
En la lámina iv se ven algunas escenas de interés para el estudio
de la sociedad mexica. El tlacuilo dibujó, concediéndole poca impor-
tancia, la llegada de este grupo por el rumbo de Chapultepec, hasta
su arribo al lugar que les señalara el señor de Azcapotzalco, Aculhua,
padre de Tezozómoc. Resulta interesante notar que el vestido y las
armas de los recién llegados mexicas no tienen semejanza alguna con
los de los chichimecas, representados siempre con aljaba, arco y flecha,
con capas de piel o de amoxtli o fibra acuática, con el pelo sin cortar
y con aderezos de pluma. Esto indica que se les representó como
toltecas, es decir, como gente de cultura más desarrollada en relación
a la de los chichimecas propiamente dichos. Los mexicas aparecen,
además, peleando con átlatl o lanzadardos.
Lámina v. Al centro se mira a Techotlalatzin organizando los cal-
puUL4S Varios señores, huictli en mano, parecen indicar que fueron
tributarios al servicio del líder chichimeca.
En la lámina vi hay indicios de un incremento en el tráfico acuático,
ya que es mayor el número de canoas de paso representadas.
Lámina vu. El número de canoas es aún más grande, ya que fueron
el transporte militar utilizado durante las batallas entre tepanecas y
aculhuas.
** Cfr. Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Obras históricas, 2. v., notas de Alfredo
Chavero, prólogo de J. Ignacio Dávila Garibi, México, Editora Nacional, 1965,
v. I p. 100.
45
Cfr. Fr. Juan de Torquemada, De los veinte y un libros rituales y monarquía
indiana..., 3 v,, edición facsimilar de la de 1725, México, Editorial Salvador
Chávez Hayhoe, 1943, v. i, lib. 2, cap- 8.
156 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

Lámina vm. En la región chalca se advierte un plantío de magueyes


que, si se recuerdan otras fuentes, como el Códice Boturini al principio
de este elenco, parece indicar el tipo de economía peculiar del lugar.
También en esta lámina se ve el repartimiento de pueblos entre Azca-
potzalco, México y Tlatelolco. Cabe notar por último, una escena en
Caltenco característica de la economía familiar mesoamericana; se trata
de una mujer que prepara tortillas de maíz para el hermano de Neza-
hualcóyotl y que tiene ante sí los medios de su trabaj$j el metate y el
metlapilli. Esta misma escena señala el tipo generalizado de intercambio
con base en el trueque. (Véase fig. 24.)

63. Contrat de Commanderie signé devant les autorités de México,


par les indigenes, en faveur du Sr. Don Bernardina Vásquez de Tapia

Documento número 27 del Atlas de Boban.46 Como lo indica el texto


que acompaña a la pintura, se trata de un contrato firmado en octubre
de 1554, por medio del cual se especifican la periodicidad y la cantidad de
tributo a favor del antiguo conquistador Bernardino Vásquez de Tapia,
ahora encomendero. El tributo consistía en dinero, maíz, leña, zacate
y guajolotes, transportado todo en canoa hasta la casa que Vásquez de
Tapia tenía en la ribera.

64. Contributions ou tributos

Documento número 28 del Atlas de Boban.47 Se refiere a las tribu-


taciones de los pueblos de Tlaxincan, Tlailotlacan, Tecpampa, Tenanco,
Quecholac, Ayocalco y San Nicolás, consistentes sobre todo en pescado
y aves.

65. Fragmento de tributos

De procedencia desconocida y pintado hacia 1570, este códice se


encuentra actualmente en la Colección de códices del Museo Nacional
y está registrado con el número 35-72 y clasificado como "Económico-
tributos". *8
Sólo detalla la cantidad de artículos tributados, consistentes éstos en
chile y pescado.

66. Liemo de Tlaxcala

Códice posthispánico pintado alrededor de 1550. ** Pese a ser bási-


camente histórico; relacionado directamente con la Conquista, hay en
sus láminas algunos datos sobre la economía indígena.
<* Boban, op. cit.
*t Ibidem.
*8Glass, op. cit., p. 125.
*9 Lienzo de Tlaxcala, explicación del mismo por Alfredo Chavero, México,
Artes de México, 1964. (No. S1/S2).
LA ECONOMÍA EN LOS CÓDICES PICTOGRÁFICOS 157

Se puede apreciar principalmente el tipo común de alimentos de


campaña: de origen animal, como el venado, el guajolote y aves diversas;
alimentos preparados, como maíz en grano o en tortillas y forraje para
los caballos (láms. 2, 4, 11, 27, 28, 29); artículos de vestir y suntuarios,
como mantas, sandalias, joyas de oro y piedras preciosas (láms. 3, 7).
Instrumentos y artefactos varios, como escudos de guerra, canastos y
cuezcomates o silos (láms. 7, 28). Trabajadores, como los tameme (láms.
10, 30, 41), y su instrumental característico, el cacaxtli (lám. 11).
(Véase fig. 29.)

67. Mapa de Cuauhtinchan No. 2

Número 35-24 del Catálogo de la Colección de códices del Museo


Nacional; su clasificación, "Cartográfico-histórico".°° Interesan aquí algu-
nos aspectos de los diferentes medios naturales durante la peregrinación
de los nahuas.

68. Mapa de Güeyapan

Número 25 en el Atlas de Boban. 51 Trata este códice de un litigio


por tierras que, como otros similares, tiene representaciones de parcelas
y canales de riego. Por sí solo este documento no dice mucho acerca
de la antigua forma de economía indígena prehispánica.

69. Mapa de Santa María Nativitas Tultepeque

Pertenece a la colección del Museo Nacional, está registrado con


el número 35-90 y clasificado como "Cartográfico"; la pintura fue
hecha en Tultepec, estado de México, en 1578.6S
Muestra una serie de plantíos de maguey y se refiere a un pleito
de tierras.

70. Mapa de Tepechpan

Registrado con el número 13-14 en el Atlas de Boban. M Cuenta con


unas cuantas escenas que revisten cierto interés para nuestro tema:
s | En 1298 (1 tochtli), inicio del códice, se ven guerreros chichimecas
con sus instrumentos de guerra característicos: arco y flechas y aljaba,
b) El medio ambiente de la región de Tepechpan. c) Hacia 1350 (1
tochtli), se observa el uso del lanzadardos o átlatl durante la expulsión
de los mexicas de Chapultepec; asimismo aparece la entrega de tributos
a Cóxcox, señor de Culhuacán, en señal de vasallaje, d) En 1453
50 Glass, op. cit., p. 66.
51 Boban, op. cit.
52 Glass, op. cit., p. 144.
53 Boban, op. cit.; reproducido en Anales del Museo Nacional, México, época
I, v. tu, 1886.
158 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

(13 calli), hay indicios de la división de la tierra efectuada por el


segundo Tecoyotzin.

71. Mapa Quinatsin

Lleva el número 11-12 en el Atlas de Boban, y fue reproducido también


en los Anales del Museo Nacional. 5 4 Representa un cuadro magnífico
del ambiente y modo de vida de los chichimecas.
Se ven la vegetación imperante y la fauna, sobre todo los animales
que les servían de sustento. La gente aparece con atuendos y actitudes que
la caracerizan como perteneciente a una economía nomádica cazadora.
Se miran personas vagando y cazando animales con arco y flecha ;
sus vestidos son sólo capas hechas de piel, aún con los hoyuelos de
restiramiento y no siempre con sandalias. También está representada
la costumbre de habitar cuevas.
Como en el Mapa Tlotzin,55 aquí también se ven aspectos de la
aculturación de los chichimecas, tales como la práctica de asar la carne
y asimismo el cultivo del maíz, para el que aparece el curioso plantío
utilizando los agujeros de las madrigueras de los topos.

72. Mapa Tlotzin

Claro dibujo de la forma de vida de los chichimecas durante la


hegemonía de Tlotzin, padre de Quinatzin e hijo de Nopaltzin y Atotoztli,
señora culhuacana.
Resaltan en el códice el ambiente natural, las habitaciones rupestres
y las armas, vestidos y aderezos característicos de los chichimecas.
Sobresale asimismo, la aparición de Tecpoyo Achcauhtli, el chalca que
actuó como agente de aculturación dentro del grupo de Tlotzin. 8 6
En la tercera sección vertical del códice, referente a la dinastía de.
los señores chichimecas, precisamente frente a la figura de Nezahual-
cóyotl, hay un interesantísimo grupo compuesto por seis diferentes
artesanos trabajando, sin duda representantes de otros tantos calpulli.
Ante esta escena debe recordarse que, como anotan algunas fuentes
y lo confirma el texto en náhuatl inscrito bajo dicho dibujo, fue
preocupación constante de los primeros soberanos chichimecas intro-
ducir en la ciudad de Tetzcoco calpulli de este tipo con el fin de apresurar
el desenvolvimiento y el cambio en su sociedad. B7

73. Matrícula de tributos

Códice registrado con el número 35-52 en la colección del Museo


Nacional y clasificado como "Económico (tributos)". 6 8
64 Ibidem.
66 Mapa Tlotzin, explicación y reproducción en Anales del Museo Nocional,
Efixico, época I, v. m , 1886, p. 304-320.
66Cfr. León-Portilla, "El proceso de aculturación..."
87 Véase, por ejemplo, Ixtlilxóchitl, op. cit., % i, p. 327.
68 Glass, op. cit., p. 99-100. Cfr. Matrícula de tributos, interpretación y notas
LA ECONOMÍA EN LOS CÓDICES PICTOGRÁFICOS 159

La Matrícula fue dibujada, según Barlow, probablemente algún tiempo


después de 1511 o 1512 y posteriormente anotada en náhuatl, sin ningún
sistema, durante el mismo siglo xvi. 8 *
Fue sin duda la fuente del Códice Mendocino, excluida la sección etno-
gráfica, y está considerado uno de los más importantes y famosos docu-
mentos indígenas referentes a la extensión territorial y poderío económico
de México Tenochtitlan y sus aliados, derivados del caudal de tributos
que recaudaban. En este sentido se expresaba el arzobispo Lorenzana
al anotar que en él "se ve el más auténtico testimonio de la opulencia,
grandeza y majestad de este Imperio mexicano". w Y es que, como
advierte Orozco f Berra, "la suma de los tributos revela un país próspero
y floreciente, adelantado en civilización, con sobrados recursos para llevar
sus armas poderosas y extender su dominación sobre un inmenso terri-
torio". 61 Sin embargo, debe aclararse que a pesar de que se advierta
la grandeza y la majestad del pueblo tenochca, no sucede lo mismo
con el modo primigenio en que todo ello fue posible. Es decir que la
Matrícula de tributos representa sólo el resultado último de todo el
andamiaje social, político, económico, religioso, etcétera, de Tenochtitlan,
pero no, y ello es indudable, la base o principio del mismo.
El códice contiene los topónimos de los pueblos sojuzgados y repre-
sentaciones de los artículos de tributo con su respectivo sistema numeral.
Los tributos consistían, en términos generales, en mantas, implementos
militares, piedras y plumas preciosas, alimentos y animales.

74. Piéce d'un procés: Plan de plusieurs propriétés

Interesantísima pictografía marcada cofls el número 34 en éL Atlas


de Boban. •* Constituye una detallada relación gráfica de las propiedades,
en diferentes sitios, de varios individuos emparentados y posiblemente
herederos.
La pintura incluye representación de dinero en efectivo, casas, jacales,
temazcales, cobertizos, mazorcas de maíz y nopales, arcones, cofres,
cajas de madera, camas, trojes de tablas, árboles frutales, solares, palen-
ques y tierras labrantías, unas cercadas y otras a la orilla del agua,
unas preparadas y otras no, tierras en barbecho y zacatales. La
mayor parte de los terrenos tiene inscritas sus dimensiones por medio
de numerales indígenas y, en algunas ocasiones, por la indicación de
cuartas o pies, lo cual resulta de gran utilidad para el análisis del
sistema prehispánico de medidas, inmerso en el ámbito colonial.

de José Corona Niñez, México, Secretarla de Hacienda y Crédito Público, 1969,


67 p. y reproducción a color del códice.
B»C/r. Barlow, The extent of the empire..., p. 4-7.
fiOJbidem.
«lOrozco y Berra, Historia antigua..., t. i, p. 252.
62 Boban, op. cit.
160 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

75. Piece justificative d'un procés

Documento número 29 del Atlas de Boban. ^ $ e trata de tin litigio


llevado en 1571 entre naturales de Xochimilco. Es de sumo interés
ya que la probanza incluye la sucesión, ascendente sobre todo, de
uno de ellos, Francisco Cohuatzíncatl, lo cual le da cierta continuidad
a partir de las últimas fechas de vida precortesiana.
Este códice contiene, aparte de algunos glifos de lugar, la represen-
tación de caseríos y campos irrigados, así como los artículos del pago
de arriendo tales como magueyes, chile, mantas, canoas, jicaras, maíz en
mazorca y frijol.

76. Pintura de Pablo Ocelutle y sus hijos

Este códice aparece con el número 32 en el Atlas de Boban, regis-


trado con el título de Piéce du procés de Pablo Ocelotl et ses fils. **
Trata del pleito que se ventiló en 1565 por las casas y plantíos que
Pablo Océlotl tenia en propiedad, seguramente en el Valle de México.
Aparecen figurados las casas, terrenos y plantíos, además de una
genealogía. Son interesantes las pictografías que representan la cantidad
de cuatro mil magueyes en correspondencia con las de su valor de dos
mil pesos.
Debe notarse también que bordeando el perímetro del documento hay
una sucesión de glifos indígenas de los años pero sin sus respectivos
numerales. Haciendo la correlación, el último glifo, calli, correspondería
con el numeral 8 al año 1565, fecha del códice, y el primero, ácatl, con
el numeral 1, a 1S19. La suposición es válida ya que el último glifo
mencionado está unido a la figura de un soldado español, cerca del
topónimo de Tenochtitlan. Esta correlación da mayor interés al códice
en virtud del enlace que en esta forma queda establecido con el mundo
indígena anterior a su conquista.

77, Plano atribuido a Alonso de Santa Cruz

Fue pintado a mediados del siglo xvt y hoy se encuentra en la


Universidad de Upsala. 6 5 Para nuestro propósito, lo que más importa
de este plano es lo que sigue:

o) La descripción del medio ambiente natural, en especial del sistema


hidrográfico.
b) La red de canales dentro del ámbito de la ciudad de México, así
como los diques en el lago.
c) Las múltiples formas de trabajo, tradicionales o posteriormente

«3 Ibidem.
** Ibidem. (En el códice se lee "Pablo Ocelutle").
«6 Manuel Toussaint, Federico Gómez de Orozco y Justino Fernández, Pianos
^g- Jo Ciudad de México. Siglos xvi y xvn, México, UNAM, Instituto de Inves-
tigaciones Estéticas, 1938, 205 p. ils. p. 127-166.
LA ECONOMÍA EN LOS CÓDICES PICTOGRÁFICOS 161

impuestas, que se advierten en caminos y regiones de tierra firme.


Por ejemplo, se ven hombres laborando con huictli en el bosque, en
solares, en acequias o en milpas, lo cual indica, además, la variabilidad
de uso de este importantísimo instrumento de producción prehispánico;
también aparecen otros tipos de trabajadores actuando con sus respec-
tivos medios: cazadores con arco y flecha, tlachiqueros con huictli y
acocotes, leñadores y taladores de bosques, tamemes, pastores, etcétera.
d) Las formas peculiares de trabajo en el medio acuático (muy simi-
lares a las que aparecen en la lámina x i n del Códice Ascatitlan), prin-
cipalmente el uso de redes diversas, fisgas, lanzas, átlatl o lanzadardos,
utilizados, ya en canoas ya a pie, en ldS bajíos, para la pesca o la
obtención de aves y animales acuáticos distintos.

78. Plano atribuido a Hernán Cortés

Fue publicado por primera vez en 1524, en Nüremberg, y está basado


en el que envió Cortés a Carlos V, anexo a su tercera carta relación. M
Pese al tipo occidental y generalmente esquemático de su dibujo,
se aprecian en el plano las calzadas, los canales y aun los caseríos de
la ciudad prehispánica con su peculiar intercomunicación a base de puentes
de vigas. Se ve claramente la gran división cuatripartfc en torno a la
plaza mayor de Tenochtitlan y, hacia el norte, la correspondiente a
Tlatelolco alrededor de su tianquiztli y templo; los caseríos aislados
de los cuatro grandes campa, posiblemente sean un esbozo de la distri-
bución territorial de los calpulli de Tenochtitlan, al menos de los prin-
cipales.
Llama la atención asimismo, la representación del acueducto de Cha-
pultepec y del albarradón o dique del lago de Tetzcoco.

79. Plano parcial de la Ciudad de México

Ha sido llamado también Plano en papel de maguey. Su original se


encuentra en la colección de códices del Museo Nacional, registrado
con el número 35-3 y clasificado como "Cartográfico". 6 T
Es un plano indígena elaborado hacia los primeros años de la segunda
mitad del siglo xvi sobre papel de izote, 6 8 que muestra las calles,
canales, parcelas o chinampas —con el nombre de sus poseedores o
de los calpulli—, de la parte norte de la isla de México, en la región
este de Tlatelolco.
Tanto por su localización como por su fecha y manera de ejecución,
puede inferirse que representa la forma aproximada de la división
territorial de calpulli y parcelas de la antigua metrópoli de los mexicanos.

66 Ibidem, p. 93-126.
«TGlass, op. cit„ p. 39-40.
«SToussaint et al, op. cit., p. 57-84.
162 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

80. Regu presenté par le Capitaine Jorge Cerón y Carabajal

Este documento, número 30 del Atlas de Boban,OT se refiere a un


litigio de 1564 entablado por los indios de nueve pueblos de la región
de Chalco, por diversos servicios personales a que fueron ilegalmente
contratados por el capitán Jorge Cerón y Carbajal. Los servicios, según
lo indican los pictogramas del códice, consistían en el cuidado de la
casa, de la caballeriza y del ganado, así como del acarreo de agua
y provisión de zacate. Se hace constar también el costo del total de
cada uno de los servicios prestados.

81. The Oztoticpac Lands Map

Mapa de las tierras de Oztoticpac, registrado con el número 4 en


la Biblioteca del Congreso en Washington. Su tamaño aproximado es
de 84 cm X 76 cm y fue pintado por el rumbo de Tetzcoco en 1540,
en tintas roja y negra; el color rojo sólo usado para los numerales. 70
Trata principalmente de litigios sobre tierras, e indirectamente hace
referencia al sistema prehispánico de tenencia de la misma. Es un
complejo catastro de propiedades, en donde aparece la delimitación
de parcelas de la comunidad y de los señores.
Son de interés algunas referencias acerca de los distintos tipos de
labradores de la tierra, como por ejemplo, renteros y comuneros.
Contiene asimismo, datos sobre genealogía relativos a la propiedad
territorial.
El mapa tiene también, como era de esperarse, pictogramas referentes
a los sistemas de contabilidad y dimensional prehispánicos; este último
de singular importancia.
Debe notarse, por último, la interesantísima descripción gráfica acerca
de los injertos de diversos frutales europeos aclimatados ya en la Nueva
España, lo cual contribuye en mucho a la historia de los inicios de la
economía colonial novohispana.

•» Boban, op. cit.


TOCline, "The Oztoticpac Lands M a p s . . . "
Apéndice 2

TEXTOS NAHUAS
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ÍNDICE DE ILUSTRACIONES

1. Comienzo de la migración en el año 1 Pedernal. (Tira de la pere-


grinación, 1 ) : 23.
2. El paisaje agreste de la migración. (Códice Azcatitlan, 5 ) : 25.
3. Labores de los migrantes durante sus asentamientos. Nótese la
inusitada representación de una mujer labrando una casa. (Códice
Azcatitlan, 4 ) : 26.
4. Los mexicas se convierten en cazadores. (Tira de la peregrinación,
4 ) : 28.
5. Mexicas preparando pulque de los magueyes conseguidos en Chal-
co. (Tira de la peregrinación, 14): 30.
6. Transporte de materiales a través del lago. (Códice Mendocino,
64): 37.
7. Labores en el lago en tiempo de Acamapichtli. (Códice Azcati-
tlan, 13): 38.
8. Criaderos o cercados en el lago. (Códice Azcatitlan, 14): 41.
9. Labor e instrumentos típicamente femeninos. (Códice Mendocino,
61): 52.
10. Pescador en el oeste mítico. (Códice Borgia, 1 J ) : 56.
11. Transmisión de oficios de padre a hijo. (Códice Mendocino, 60):
59.
12. Técnica e instrumental del pescador. (Códice Mendocino, 61): 60.
13. Plaga de roedores del año 1506 que acabó los plantíos. (Códice
Telleriano-Remensis, iv-24): 62.
14: Transmisión de oficios de madre a hija. (Códice Mendocino, 61):
63.
15. Un tlaxinqui o carpintero. (Códice Mendocino, 71): 65.
16. Cultivador con huictli. (Códice de Huamantla, frag. 2 ) : 75.
17. Tláloc agricultor trabajando en un maizal. Del huictli partido
mana sangre como para vivificar al vegetal. (Códice Borgia, 20):
77.
18. Cultivador divino. (Códice Fejérvari-Mayer, 39): -85.
196 ESTRUCTURA ECONÓMICA DE LA SOCIEDAD MEXICA

19. Supervisor del trabajo de mantenimiento de templos, puentes y


acequias. (Códice Mendocino, 65): 87.
20. Trabajo comunal en obras de albañilería durante la Colonia. Nótese
el uso del huictli. (Códice Osuna, fol. 501.39v): 88.
21. Construcción del templo de Tlatelolco. (Códice Azcatitlan, 14):
89.
22. Un amanteca enseñando a su hijo. (Códice Mendocino, 71): 92.
23. Consecuencias desastrosas del meteoro del año 13 Casa, m 1453.
(Códice de 1576, 67): 96.
24. Tipo generalizado de intercambio: Xiconocatzin, hermano de Neza-
hualcóyotl, cambia una manta por tortillas y comida en Caltenco.
(Códice Xólotl, 8 ) : 97.
25. Pochteca rodeando un mercado. (Códice Mendocino, 68): 98.
26. Un pilli. (Códice Mendocino, 65): 106.
27. Macehualtin con algunos de los atributos de su trabaja, la piedra
de moler y la escoba. La figura indica el servicio dado cada dos
días por dos hombres y dos mujeres. (Códice de Otlaspan, 1 ) :
108.
28. Un cargador o tlamama con provisión de guerra. (Códice Men-
docino, 64): 111.
29. Un cacaxtii o instrumento de carga del tlamama. (Lienzo de Tlax-
cala, 11): 113.
30. Trabajadores indígenas de la Colonia, relacionados con los mayeque
de la antigüedad. (Códice Osuna, fol. 500.38v): 117.
31. Tlatlacohtin de collera. (Códice Mendocino, 6 7 ) : 123.
32. Un malli o cautivo de guerra. (Códice Mendocino, 66): 124.

Carátula: Plano atribuido a Alonso de Santa Cruz.


ÍNDICE GENERAL
Prólogo 5

Introducción 11

I. Migración y asentamiento .. , . 17
1. En pos de territorio, 19
2. Tenochtitlan y Azcapotzalco, 34

II. Fuerzas productivas (4/


1. Los medios de producción, 49
2. Potencial humano, 50
3. Recursos naturales, 55
4. Instrumental y técnica, 63

III. Relaciones de producción" . „ . . . . . . . , (67


1. Régimen de propiedad, 69
2. Calpulli, 72
3. Posesión de la tierra, 74
4. Trabajo agrícola, 84
5. Trabajo comunal en grandes obras, 86
6. Artesanía, 90
7. Intercambio, 93

IV. Dinámica social 99


1. Diferenciación social, 101
2. Pipiltin y macehualtin, 105
3. Los tlameme, 110
4. Los mayeque, 113
5. Tlatlacohtin y mamaltin, 118
6. La escala del poder, 125

Recapitulación . . , . 129
Apéndices:
I. La economía en los códices pictográficos . . . . . . 135
II. Textos nahuas 163
Referencias bibliográficas e índices 185