CIENCIA Y MÉTODO

En el siglo XVII el filósofo inglés Francis Bacon (1561-1626) quiso formular una
receta para hacer ciencia. A Bacon le hacía ilusión transformar la indagación
científica en una serie de pasos que bastara seguir al pie de la letra para
obtener resultados. Bacon llamó a su método la nueva herramienta y lo
comparó con el compás, que permite trazar círculos perfectos sin necesidad de
ser buen dibujante. "Nuestro método de invención en las ciencias", escribió
Bacon, "hace a todos los espíritus casi iguales y deja muy pocas ventajas a la
superioridad del genio". Francis Bacon se llamaba a sí mismo "el anunciador
del nuevo método".
El método de Bacon nunca cuajó. Lo que sí cuajó fue la idea de que la
investigación científica se podía reducir a una serie de instrucciones. Hoy en
día todavía hay quien enseña "el método científico" como receta de cocina.
Según este "método", los resultados científicos se obtienen así: primero se
observa un fenómeno, luego se hace una hipótesis para explicarlo y finalmente
se llevan a cabo experimentos para comprobar o refutar la hipótesis. Pero en la
historia de la ciencia abundan los casos en que la teoría precede a la
observación del fenómeno, así como los casos en que las observaciones que
se pretenden objetivas conducen a conclusiones falsas.
Albert Einstein produjo la teoría general de la relatividad extendiendo la teoría
especial, que había publicado cerca de 10 años antes. En términos de
resultados experimentales por explicar no había necesidad de la teoría general.
Pero ésta conducía a ciertas predicciones que después se comprobaron.
Haciendo observaciones un telescopio que él mismo fabricó, Galileo Galilei
concluyó que el planeta Saturno estaba formado de tres cuerpos: el planeta y
dos lunas, una a cada lado, como si fueran orejas. Lo engañaron la
imperfección de su instrumento y sus ideas preconcebidas.
La historia de la ciencia muestra que no se puede reducir el quehacer científico
a una receta. Hay demasiados aspectos de éste que dependen de la intuición,
de la creatividad y hasta de la suerte como para que una lista de instrucciones
fijas pueda ser de utilidad.
Pero aunque Bacon se equivocó al creer que la ciencia se podía hacer con
receta, algunas de sus ideas acerca de la experimentación en ciencia siguen
siendo fundamentales

Bacon advirtió a todos los que pretendieran estudiar la naturaleza por medio de
la ciencia que tuvieran cuidado con los vicios del razonamiento que él llamaba
"ídolos de la mente". He aquí las malas costumbres que tanto molestaban a
Bacon:
Tendemos a conformarnos, al estudiar la naturaleza, con lo que podemos
percibir con los sentidos, pero hay aspectos de las cosas que no son
observables directamente. "Los sentidos", dice Bacon, "son débiles y
engañosos".
Asimismo, tendemos a quedarnos sólo con las ideas y conceptos que
conocemos y que nos gustan y a desestimar lo que contradice nuestras
creencias. "El hombre tiende a dar crédito a lo que le gustaría que fuera cierto".
Es fácil engañarnos y promulgar explicaciones "que proceden de la naturaleza
del hombre, no de la naturaleza del universo".
Éstos son los errores que cometemos por no ver más allá de nuestras narices.
Nuestra personalidad, nuestra educación y nuestras lecturas influyen sobre
nuestra interpretación de la naturaleza.
Se trata de las distorsiones debidas al lenguaje. El lenguaje cotidiano describe
las cosas cotidianas. Las palabras del lenguaje de todos los días no siempre
son todo lo precisas que se requiere en la ciencia. "Fuerza" y "energía", por
ejemplo, no tienen el mismo significado en el lenguaje cotidiano que en física.
Un ejemplo moderno de confusión debida al lenguaje es la que causa la
palabra "teoría". Hay quienes rechazan la teoría de la evolución por selección
natural porque "sólo es teoría", sin saber que en el lenguaje científico una
teoría no es sólo una conjetura, sino un conjunto de hipótesis ya firmemente
establecidas por los resultados experimentales
Éstos son los sistemas filosóficos del pasado, que no son más que
representaciones teatrales de mundos irreales que nosotros mismos hemos
creado. Las ideas del pasado pueden ser una carga cuando se desea explorar
científicamente la naturaleza.
Sería mejor enseñar las ciencias desde el punto de vista histórico, mostrando
los caminos retorcidos y llenos de bifurcaciones y callejones sin salida por los
que, pese a todo, avanza la ciencia. Si enseñamos los casos en que los
científicos —incluso los más célebres— han caído en las trampas de los ídolos
de la mente, transmitiremos a nuestros alumnos una imagen más fiel de la
ciencia que la que proporciona la enseñanza basada en el pretendido "método
científico".
En http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/conciencia/ensenia/metodo/index.htm
consultado el día 6 de noviembre de 2008

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