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Hacia el concepto de espcio escénico

(Meyerhold)
Lo típico de Appia y Craig, desde el punto de vista escénico deI escenario como
instrumento, es su nueva valoración del decorado como elemento y del «espacio
escénico como lugar en que la acción teatral se desarrolla. En su mente, el espacio
escénico es algo más que el polígono determinado por la línea de implantación
escenográica y pasa a ser una totalidad técnico teórica en Ia que se muestra el
tra!a"o del actor y transcurre el espectáculo. El espacio escénico en los te#tos de
Appia y en los de sus discípulos sucesivos se amplía $asta englo!ar las relaciones
actor%p&!lico, espectador%espectáculo' $asta convertirse en la entidad espacial
neutra en la que se dispone el lugar ( individual o m&ltiple ( de la acción escénica y
unas determinadas relaciones con los espectadores que la contemplan. En Appia la
preocupación por el espacio se maniiesta en la necesidad que el actor tiene de
crearlo a través de su temporalidad rítmica, es decir) musical. «El espacio viviente
será, por tanto, a nuestros o"os, y gracias al intermedio del cuerpo, la placa de
resonancia de la m&sica. *odríamos avan+ar incluso la parado"a de que las ormas
inanimadas del espacio, para devenir vivientes, de!en o!edecer las leyes de una
ac&stica visual ,-. Esta identidad espacial vital es perci!ida por Appia a través del
tra!a"o del actor) «El espacio es nuestra vida' nuestra vida crea el espacio, nuestro
cuerpo lo e#presa/ ,0. El actor di!u"a entonces so!re el espacio su interpretación
ísica, sometida a un ritmo determinado en un espacio neutro, desprovisto de alsas
perspectivas, dotado inalmente de elementos evocadores, ascéticos y en cierto
modo narrativos.
EI pensamiento dramat&rgico de Appia es enormemente co$erente y sit&a al
$om!re en el centro de su rele#ión teórica. La má#ima de *rotágoras) %el $om!re
es la medida de todas las cosas%, ilustra la portada de su te#to undamental, «La
o!ra de arte viviente/, y deine un aspecto importante de su tra!a"o, que tan
proundamente i!a a inluir en la o!ra de sus contemporáneos más "óvenes. En este
sentido, Appia nos dice que %para medir el espacio, nuestro cuerpo tiene necesidad
del tiempo. La duración de nuestros movimientos mide pues su e#tensión. 1uestra
vida crea el espacio y el tiempo, el uno para el otro. 1uestro cuerpo viviente es la
E#presión del Espacio durante el tiempo, y del tiempo en el espacio. El espacio
vacío e ilimitado, donde nosotros nos $emos colocado al principio para eectuar la
conversión indispensa!le, no e#iste ya. 2ólo nosotros e#istimos,3.. Esta
temporalidad a!stracta se concretó para Appia en la m&sica de 4agner. El soporte
ormal surgió a través de un despo"amiento y desnude+ paulatinas. En tanto que
escenógrao, partió del repudio de los decorados de papel 5 pintado, de las alsas
perspectivas $eredadas y envilecidas desde el 6enacimiento. 2u análisis le lleva a
privar al espacio escénico viviente de toda mentira y dotarlo de unos elementos
sólidos, materiales, 5 practica!les, "ugados en unción de su signiicado concreto y
tipiicados por una iluminación dosiicada y consecuente.
La contemplación de cualquiera de sus proyectos escenográicos nos proporciona la
visión e#acta y real del medio escénico en que la acción teatral va a desarrollarse)
una construcción que servirá al 7uego del actor. La dilución del aparatoso decorado
tradicional le lleva en un momento dado a re!elarse contra la identidad espacial
imperante que relaciona a8 espectáculo%actor con el espectador) 1uestras
costum!res teatrales nos $acen muy diícil igurarnos la li!ertad conseguida so!re
la puesta en escena y el nuevo mane"o de los elementos de la representación.
2iempre nos vemos sentados ante este espacio limitado por un marco 9 y lIeno de
pinturas recortadas en medio de las cuales se pasean los actores, separa. dos de
nosotros por una Iínea de demarcación perectamente neta/ ,:..
2ue;a entonces con un nuevo tipo de vincu8ación, pró#imo por su signiicado a las
grandes cele!raciones repu!8icanas, a las gigantescas demostraciones
revolucionarias que i!an a producirse pocos a;os después, pero sin encontrar
ra+ones místicas sino cívicas a su proporción) <arde o temprano llegaremos a lo que
se llamará la sala, catedral del porvenir que, en un espacio li!re, amplio,
transorma!le, acogerá las maniestaciones más diversas de nuestra vida social y
artística y será el Iugar por e#celencia en donde e8 arte dramático lorecerá ( con o
sin espectadores (..=. El arte dramático de ma;ana será un acto social al que cada
cual aportará su concurso. >? quien sa!e@, qui+á llegaremos, tras un período de
transición, a iestas ma"estuosas en las que todo un pue!lo participará, en donde
cada cual e#presará su emoción, su dolor y su go+o y donde nadie consentirá en
seguir siendo un espectador pasivo. Entonces, el actor dramático triunará/ ,A..
A través de sus investigaciones escenográicas Appia liquida el decorado ilusorio y
construye elementos tridimensionales, potenciadores del "uego, a los que la lu+
concede su valor decisivo) «<odas las tentativas de reorma escénica tocan este
aspecto, es decir, la orma de dar a la Iu+ su potencia total y a través de ella, al
actor y al espacio escénico su valor plástico integral,B. . Cespués plantea la
necesidad de romper Ias !arreras e#istentes entre la sala y la escena y desleir el
espacio neutro en sucesivas disposiciones cam!iantes. Appia se convierte de este
modo en el inspirador de una gran parte de las posteriores !&squedas
dramat&rgicas. Ce Copeau a Artaud, todo el teatro moderno parte de é. Ello puede
e#plicarse en tanto sus te#tos se apoyan en una rele#ión rigurosa, de !ase
idealista, pero renovadora del Iengua"e escénico, de su metáora particular. A este
nivel semántico, los descu!rimientos de Appia revisten un interés siempre actual y
son una vía de estudio ine#cusa!le para cualquier rele#ión l&cida so!re la
dramaturgia de nuestro tiempo. 7acques Copeau, contemporáneo y admirador de la
o!ra de Appia, escri!ió el siguiente testimonio el : de mar+o de 8DEB, días después
de la muerte de Appia) F Era m&sico y arquitecto. El nos ense;ó que la
temporalidad musical, que envuelve, ordena y regula la acción dramática, engendra
al mismo tiempo el espacio donde ésta se desarrolla. *ara él, el arte de la puesta
en escena, en su más pura acepción, no es otra cosa que la coniguración de un
te#to o de una m&sica, $ec$a sensi!le por la acción viva del cuerpo $umano y por
su reacción a las resistencias que le imponen los planos y los vol&menes
construidos. Ce a$í el rec$a+o de toda decoración inanimada so!re el escenario, de
toda tela pintada y del papel primordial que concede a este elemento activo que es
la lu+. Con esto está dic$o todo o casi todo. 2e o!tiene una reorma radical ( Appia
emplea!a gustoso esta pala!ra ( cuyas consecuencias, en su desarrollo, van de las
escaleras de 6ein$ardt al constructivismo de los rusos. Estamos en posesión de una
idea escénica. Estamos tranquilos.
*odemos tra!a"ar so!re el drama y el actor, en lugar de girar eternamente
alrededor de órmulas decorativas más o menos inéditas, cuya investigación nos
$ace perder de vista el o!"etivo esencial. La idea de Appia) una acción en relación
con una arquitectura, de!ería !astarnos para $acer o!ras maestras, si los
directores de escena supiesen lo que es un drama, si los autores dramáticos
supiesen lo que es un escenario..=./ ,D.. Con estas pala!ras Copeau no sólo
des!ro+a el camino para la comprensión de la o!ra renovadora de quien considera
su maestro, sino que esta!lece las cone#iones e#istentes entre él y los $om!res de
teatro que i!an a proseguirle. Aceptando esta preeminencia en la investigación
semántica del espectáculo, Copeau da una lección de !uen gusto, inteligencia y
sensi!ilidad. 2u o!ra, puntuali+ada por la airmación rotunda) Gue desapare+can los
otros prestigios, y para la o!ra nueva que se nos dé un ta!Iado desnudo/ ,8H., es
en cierto modo la lectura a nivel de las reali+aciones cotidianas, de los te#tos de
Appia. Copeau se entrega a un tra!a"o de renovación en el que el actor se convierte
en el centro, undido en el espacio arquitectónico inmóvil ormado por la escena
tridimensional i"a del teatro «Iieu#%Colom!ier/ ,88..
Allí, unidos por el tra!a"o en equipo y por las tradiciones del "uego del actor
rancés, la compa;ía que Copeau dirigió $i+o realidad muc$as de las teorías de
Appia, sólo que a un nivel más modesto, como corresponde a las posi!ilidades de
un teatro que repudia la industria y está económicamente limitado. El tra!a"o de
Copeau ( él lo dice ( rec$a+a la máquina y la innovación que no tiende sino a
complicar. Ama lo íntimo, en cierto modo, por ser lo &nico capa+ de conservarse
puro. *or ello pocos son sus te#tos so!re el decorado' preirió dotar al «Iieu#
Colom!ier/ de un con"unto arquitectural, construido con materiales sólidos, con un
corto proscenio que apro#ima!a mediante un solo escalón los actores al p&!lico. Allí
se intentó dar vida con la lu+ a los elementos inanimados, servir al "uego del actor
mediante la creación de una atmósera/. Esa ue su gloria y su miseria, pues si el
límite entre lo racional y lo místico está prácticamente ausente en los te#tos de
Appia, los espectáculos de Copeau son víctimas, sin em!argo, del espíritu de su
tiempo, están inmersos en ,a misma atmósera/ que crean, lo cual entra en colisión
con las uer+as $istóricas renovadoras a las que si !ien Copeau comprende (
e#isten !astantes testimonios ( no apoya con su tra!a"o consecuente.
1otas
,-. L5oeuvre d5art vivant, A. Appia, pp. 03. Jine!ra y *arís, Atar,
8DE8.
,0. A. Appia, o!ra citada, pp. A8.
,3. A. Appia, o!ra citada, pp. AE.
,:. A. Appia, o!ra citada, pp. :A.
,A. La musique et la mise%en%scene, segundo preacio del autor, pp.
KIII. Anuario del <eatro sui+o KKIIII% KKIK. Edmund 2tadler, <$eater%
Lultur Ierlag, Merna, 8D:-.
,B. «Acteur, espace, lumiNre, peinture, A. Appia, en <$eatre
*opulaire, enero%e!rero 8D30, n&m. 3, p. -B, *arís. La lu+ es, en la
economía representativa. lo que la m&sica en la partitura) el
elemento e#presivo opuesto al signo. ,La musique et la mise%en%
scene, A. Appia, p. 33. Merna, <$eaterOultur Ierlag, 8D:-..
,D. Le renovateur de la mise%en%scene. L5art et l5oeuvre d5AdoIp$e
Appia, 7acques Copeau, en Comedia, *arís, 8E mar+o 8DEB.
,8H. Critiques d5un autre temps, 7. Copeau, página E0D. *arís,
Editions de la 1ouvelle 6evue PranQaise, 8DE-.
,88. A propósito del dispositivo escénico del teatro Iieu# Colom!ier,
dise;ado en parte por Copeau y undamentalmente por 7ouvet,
de!emos se;alar que su antecedente inmediato es el proyecto
escenográico para F La *asión seg&n 2. Rateo, reali+ado por Jordon
Craig. La disposición de las escaleras de ondo, con su alta
p8ataorma, el espacio central, etc., $acen de uno la réplica.
prácticamente, de la otra.