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Nº 45

juNio / 2014

Bogotá, ColomBia

issN- 2215-8332

Nº 45 juNio / 2014 Bogotá, ColomBia issN- 2215-8332 Subversiones intelectuales La instrumentalización electoral de
Nº 45 juNio / 2014 Bogotá, ColomBia issN- 2215-8332 Subversiones intelectuales La instrumentalización electoral de
Nº 45 juNio / 2014 Bogotá, ColomBia issN- 2215-8332 Subversiones intelectuales La instrumentalización electoral de

Subversiones intelectuales La instrumentalización electoral de la paz Régimen político y discurso La diferencia, los errores y la distinción · Una reflexión preelectoral: Estado, poder y elecciones Conflicto y solución política Una mirada poulantziana a las elecciones presidenciales y el proceso de paz · Una estrategia de paz diferenciada del establecimiento Capitalismo en crisis La otra cara del capitalismo dependiente en Colombia · Autoritarismo del siglo XXI: ¿Quién es el enemigo? Luchas populares Derechos sexuales y reproductivos de las trabajadoras sexuales Editorial FARC: Cincuenta años después

Jairo Estrada Álvarez Director Jesús Gualdrón Sandoval Jefe de redacción Álvaro Vásquez del Real, Daniel
Jairo Estrada Álvarez Director Jesús Gualdrón Sandoval Jefe de redacción Álvaro Vásquez del Real, Daniel
Jairo Estrada Álvarez Director Jesús Gualdrón Sandoval Jefe de redacción Álvaro Vásquez del Real, Daniel

Jairo Estrada Álvarez Director Jesús Gualdrón Sandoval Jefe de redacción

Álvaro Vásquez del Real, Daniel Libreros Caicedo, César Giraldo Giraldo, Frank Molano Camargo, Jorge Gantiva Silva, María Teresa Cifuentes Traslaviña, Nelson Fajardo Marulanda, Patricia Ariza, Ricardo Sánchez Ángel, Sergio De Zubiría Samper, Víctor Manuel Moncayo Cruz Consejo editorial

Beatriz Stolowicz (México), Julio Gambina (Argentina), Ricardo Antunes (Brasil),

Antonio Elías (Uruguay) Consejo asesor internacional

Las opiniones emitidas por los autores no comprometen al Consejo Editorial de la Revista.

Todo el contenido de esta publicación puede reproducirse libremente, conservando sus créditos.

Tatianna Castillo Reyes Diseño y diagramación

Espacio Crítico Ediciones Publicación auspiciada por Espacio Crítico Centro de Estudios www.espaciocritico.com

ISSN-2215-8332

Nº 45, Junio de 2014. Bogotá, Colombia

4 10 18 24 32 Subversiones intelectuales La instrumentalización electoral de la paz Sergio De

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Subversiones intelectuales

La instrumentalización electoral de la paz

Sergio De Zubiría Samper

Régimen político y discurso

La diferencia, los errores y la distinción. Régimen sociopolítico, coyuntura

electoral y variedades del (neo) fascismo en Colombia

José Puello-Socarrás

Una reflexión preelectoral:

Estado, poder y elecciones

Santos Alonso Beltrán Beltrán

Conflicto y solución política

Una mirada poulantziana a las elecciones

presidenciales y el proceso de paz

Carolina Jiménez, Aaron Tauss

Una estrategia de paz diferenciada

del establecimiento

Daniel Libreros Caicedo

Capitalismo en crisis

La otra cara del capitalismo

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dependiente en Colombia

Edwin Andrés Martínez Casas

Autoritarismo del siglo XXI:

¿Quién es el enemigo?

Daniel Inclán

Luchas populares

Derechos sexuales y reproductivos

de las trabajadoras sexuales

Paola Andrea Salazar Carreño

Editorial

FARC: Cincuenta años después

Jesús Gualdrón

Subversiones intelectuales

La instrumentalización electoral de la paz

Sergio De Zubiría Samper

Profesor Departamento de Filosofía Universidad de los Andes

E xisten verdaderos síntomas de alarma frente a la tendencia a la instrumentalización de la paz y la conversión de proceso

electoral en un plebiscito de apoyo al candidato-presidente Santos. Los resultados electorales de la primera vuelta presidencial han creado un clima colectivo de pérdida del equilibrio reflexivo y de polarización irra- cional. Un conjunto de pronunciamientos, comentaristas de los medios y columnistas, han contribuido a este clima de desasosiego y temor. Un significativo grupo de intelectuales y artistas ha llamado a votar “franca y descaradamente por la reelección” del actual presidente, sin detenerse a sopesar el significado de sus comprometedoras palabras. Según el Diccionario de la Lengua Española es votar con descaro u osadía (desvergüenza, insolencia, falta de respeto). En su comunicado el ex alcalde Mockus subraya “vamos a votar por Santos porque no habrá impunidad legal”. Los Progresistas deciden hacer parte orgánica de la campaña presidencial. El señor William Ospina llama a apoyar la clase regional terrateniente en contra de la oligarquía bogotana. Se exige a la izquierda y al campo popular expedir comunicados inmediatos fijando posición ante la amenaza de la catástrofe. Quienes no se manifiesten, vociferan algunos, son “enemigos de la paz”. Sinceramente un ambiente poco propicio para la argumentación y la reflexión. Tenemos que evocar cierta prudencia y capacidad reflexiva para las decisiones políticas del momento actual. Anticipar los falsos dilemas, defender los matices, evitar el maniqueísmo y pensar estratégicamente

los falsos dilemas, defender los matices, evitar el maniqueísmo y pensar estratégicamente _ 4 Volver a

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son los desafíos del presente en Colombia. El clima mediático, institucional, político e intelectual no favorece ninguna de las condiciones anteriores.

Indiferenciación de la paz

En este torrente de inmediatismo la principal afec- tada es la concepción de paz, por los caminos de su banalización e instrumentalización. Son múltiples las manifestaciones de esta tendencia a la banalización, pero algunas son bastante preocupantes, porque van

en contravía de los esfuerzos filosóficos e históricos del pensamiento occidental. La insistencia en situar el dilema en la aparente oposición entre guerra y paz, lleva progresivamente

a identificar la “paz” con la ausencia de guerra o la

supresión del conflicto. Esta noción conceptualmente

negativa de paz, como no-guerra, ha sido fuertemente

criticada por la tradición teológica y filosófica. Basta rememorar el pasaje bíblico de Isaías 54, para quien

la paz como opus justitia exige relaciones de armonía

dentro de las comunidades. También los párrafos iniciales de La Paz Perpetúa de Kant 1 dan luces para diferenciar los simples armisticios o el aplazamiento de las enemistades de una verdadera paz. Para esta profunda tradición, la mera ausencia de guerra o el fin de un conflicto violento “puede ser compatible con distintas y graves situaciones de injusticia” 2 , por tanto la perpetuación de la injusticia es una forma de violencia social. La perpetuación de ciertas for- mas de injusticia grave es también motivo para la justificación moral de la guerra o la subversión. La simple consideración de la paz como mera ausencia de guerra, suprime su condición de bien último o superior porque admite la posibilidad de una paz injusta o una paz de los cementerios. En este proceso de indiferenciación, la “paz” termina identificada con

1 Inmanuel Kant. La Paz Perpetua. Madrid: Aguilar, 1967.

2 Alfonso Ruiz. “Paz y guerra”, en Díaz, Elías (editor). Filosofía Política II. Madrid: Trotta, 1996. p. 246.

45, Junio de 2014 · Bogotá, Colombia

1996. p. 246. Nº 45 , Junio de 2014 · Bogotá, Colombia 1964. Se llevaron a

1964. Se llevaron a cabo operaciones militares contra las regiones en las cuales se refugiaron los núcleos guerrilleros comunistas que enfrentaron la brutalidad oficial en el período de La Violencia. Mayo 27 de 1964. Las Fuerzas Militares atacan Marquetalia, pequeño territorio del corregimiento de Gaitania, municipio de Planadas, en el departamento del Tolima. Tomado de: http://fr.wikipedia.org/

wiki/R%C3%A9publique_de_Marquetalia

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Contenido

Existen verdaderos síntomas de alarma frente a la tendencia a la instrumentalización de la paz
Existen verdaderos síntomas de alarma frente a la tendencia a la instrumentalización de la paz

Existen verdaderos síntomas de alarma frente a la tendencia a la

instrumentalización

de la paz y la conversión de proceso electoral en un plebiscito de

apoyo al candidato- presidente Santos. Los resultados electorales de la primera vuelta

presidencial

han creado un clima colectivo de pérdida del

equilibrio reflexivo

y de polarización irracional. Un conjunto de

pronunciamientos,

comentaristas

de los medios

y columnistas,

han contribuido

a este clima de

desasosiego

y temor.

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el aniquilamiento del enemigo o la desmovilización de los actores armados. La noción ideológica de “post-conflicto” opera en esta vía de banalización de la paz. Concebir la paz como una experiencia de abolición del conflicto bus- ca tres finalidades: otorgarle una carga peyorativa, identificar toda forma de conflicto con violencia y silenciar lo conflictivo en nombre de la “tolerancia”. Sus efectos son devastadores para la paz. En primer

lugar, se naturaliza la total indiferencia entre los seres humanos en nombre de la paz. En segundo lugar, se legitiman acciones en nombre de la paz en lógicas de guerra. Para nosotros, desde la teoría crítica de la sociedad, el conflicto es el estado permanente, cons- tante y continuo de toda cultura vital y creativa. Son diversos los caminos para la instrumentaliza- ción de la paz, pero algunos senderos son sinceramen-

te alarmantes. Es necesario parafrasear la metáfora de

Marx sobre los peligros de la libertad administrada:

en nombre de la paz se pueden cometer los peores crímenes contra la humanidad. El primero, como en todo dispositivo ideológico, se trata de suprimir la dimensión histórica y procesal

de la paz. Althusser subraya que “la ideología no tiene

historia

no tiene una historia propia” 3 . En nuestro

contexto, se produce la sensación que el 15 de junio se

acabará y definirá la historia de una forma apocalíp- tica; se produce la creencia, desde el sentido común, que después de ese fatídico día todo estará definido

y concluido. Ni siquiera se distingue la terminación

del conflicto armado del largo y complejo proceso de arraigar una paz estable y duradera.

El segundo, se sobredimensiona el proceso electo- ral presidencial para lograr la hegemonía de la visión

de paz gubernamental. La “paz” del candidato-pre- sidente se muestra como lo opuesto plenamente a la guerra, una especie de “paz” en la que debemos caber todos y todas. Un dispositivo ideológico de inclusión/

3 Louis Althusser. Ideología y Aparatos Ideológicos de Estado. Bogotá: Editorial Tupac Amaru, 1985. p. 52.

http://www.banrepcultural.org/sites/default/files/field_artista/1964-marquetalia.jpg asimilación. Todo aquel que exprese

http://www.banrepcultural.org/sites/default/files/field_artista/1964-marquetalia.jpg

asimilación. Todo aquel que exprese dis- tancias en relación con esa visión de la paz (negociar en medio de la intensificación de

la guerra, suspender las críticas al modelo,

desconocer las causas estructurales del conflicto) es calificado de no comprender la gravedad de la coyuntura actual o de pu- rista en asuntos de paz. La consecuencia de

esta “hipóstasis” del actual proceso electoral

es la tendencia a desvanecerse y diluirse la

concepción de paz de la izquierda y el cam- po popular. El tercero, se homogeneiza el camino

y se pierde la creatividad política en la

búsqueda de alternativas. Este mecanismo ideológico opera fomentando el dualismo

y el maniqueísmo para obligar a la uni-

formidad de la acción política. En prosa ordinaria, podemos afirmar, que se fomenta un dualismo sin matices entre una visión de paz o la guerra, como también un mundo maniqueo entre los buenos que ya escogie- ron el camino (los que están con esa paz homogénea) y los malos o equivocados (los que buscan matices y otros caminos). En su máxima deformación se expresa en la supuesta identificación entre el que vota por Santos, único camino, porque es la realiza- ción plena de la paz.

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Emborronamiento de la moralidad

De manera pertinente, frente a tanta confusión, el profesor Julio Quiñones 4 nos recuerda la necesidad de retomar las reflexiones del maestro José Luis Arangu- ren sobre las tensas relaciones entre ética y política. La necesidad de tomar distancia reflexivamente de los modelos del realis- mo político (la moral no tiene nada que hacer en el campo político) y el moralismo antipolítico (primacía de la moral sobre la política) en las actuales condiciones para la acción política. No es posible, desde las izquierdas, renunciar a la doble dimensión política y moral de nuestras acciones. Es necesario transitar a la búsqueda de un ca- mino “dramático” (problematicidad consti- tutiva de las relaciones) en los nexos entre ética y política, ya configurado de forma importante en las obras de Gramsci 5 . Anticipar las consecuencias morales y políticas de nuestras decisiones es una obli- gación de los revolucionarios. Recuperar esa

4 Julio Quiñones. “Ser de izquierdas y la segunda vuelta electoral”. Columna 05/05/2014. Pala- bras al Margen.

5 Consultar Antonio Gramsci. Maquiavelo y Lenin. Notas para una teoría política marxista. México:

Editorial Diógenes, 1973.

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Contenido

El emborronamiento de la moralidad se expresa en la aceptación de manera “descarada” del “mal
El emborronamiento de la moralidad se expresa en la aceptación de manera “descarada” del “mal

El emborronamiento de la moralidad se expresa en la aceptación de manera “descarada” del “mal menor”, y con ello se contribuye a fomentar la banalidad del mal. Se naturalizan moralmente dos actitudes bastante problemáticas. La primera, se permite o “tolera” la posibilidad ética de escoger en política el mal como algo aceptable. La segunda, se introducen criterios exclusivamente pragmáticos para las decisiones políticas, que suspenden la distinción valorativa entre el bien y el mal.

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dimensión ética del pensamiento crítico latinoameri- cano, que vive con rigor en la obras de Rodó, Vascon- celos, Ingenieros, Martí, Mariátegui, Che Guevara, Freire, entre muchos otros. El proceso electoral ha estado acompañado de situaciones que cuestionan las relaciones entre ilega- lidad, criminalidad y eticidad. Ha sido denominada por Hernando Gómez Buendía la campaña “más su- cia” de la historia y, debemos añadir, la más ilegítima. En la instrumentalización actual de la paz también se manifiesta un desdibujamiento de las fronteras morales. El emborronamiento de la moralidad se expresa en la aceptación de manera “descarada” del “mal me- nor”, y con ello se contribuye a fomentar la banalidad del mal. Se naturalizan moralmente dos actitudes bastante problemáticas. La primera, se permite o “tolera” la posibilidad ética de escoger en política el mal como algo aceptable. La segunda, se introducen criterios exclusivamente pragmáticos para las decisio- nes políticas, que suspenden la distinción valorativa entre el bien y el mal. En la banalidad del mal, para Hannah Arendt, los individuos pierden el sentimien- to para distinguir el bien y el mal, que siempre debe contener la capacidad reflexiva de los seres humanos. También se presenta una sustitución de los fines por los medios, que afecta seriamente la condición moral. Recordemos que desde la ética de Aristóteles, la gran pregunta ética es el fin último de la vida huma- na. En ningún caso los medios pueden sustituir los fi- nes últimos, y existen algunos medios que los niegan. En la instrumentalización de la paz, la propaganda y la actividad proselitista constituyen el reemplazo de las ideas y los argumentos. La propaganda es a un mismo tiempo el contenido y el fin. Ya Adorno había subrayado que “además, una falta de precisión con respecto a los fines políticos es inherente al fascismo. Ello se debe en parte a su naturaleza intrínsecamente

Junio de 1964. Docenas de hombres, dispersados por la acción militar, se internaron en la selva y el 30 de mayo de 1964 se reunieron para crear oficialmente el llamado Bloque Sur. Tomado de: http://www.perfil.com/fotogaleria.html?filename=/contenidos/2008/07/02/noticia_0039.html&fotoNro=3

no teórica” 6 . El candidato Zuluaga ha convertido la propaganda, las insinuaciones y la his- toria de escándalos en una estrategia típicamente fascista. Una propaganda personalizada

y nada objetiva. Se repiten fórmulas o clichés y no reflexiones: “castro-chavismo”, “paz con

impunidad”, “voto por la paz”, “amigos de la paz”, “guerra o paz”, etc. Otro efecto del desdibujamiento de la moralidad es la implantación progresiva del ma- niqueísmo amigo/enemigo. Quiénes plantean desde el campo revolucionario y popular caminos alternativos al voto por el candidato-presidente son clasificados como enemigos de

la paz. El candidato Zuluaga fomenta en su estrategia propagandista el odio, la hostilidad, la agresividad y la ilegalidad para suprimir a los enemigos. La identificación e idealización del líder son parte de sus mecanismos fascistas. Las diferencias en los análisis del momento político se convierten en antagonismos totales entre enemigos. Por todos lados se crean es- tereotipos de equivocados, enemigos, terroristas. “La propaganda fascista ataca a espectros más que a opositores reales, es decir, construye una imagen del judío, o del comunista, y lo destroza, sin preocuparse mucho por la correspondencia entre esta imagen y la realidad” 7 . En este peligroso ambiente es improbable un tránsito de la política antagonista (relación con el enemigo) al agonismo político (relación con el adversario). Los anteriores son síntomas preocupantes del peligro de la instrumentalización de la paz que la izquierda y el campo popular tiene que prever y anticipar. Sólo con la reflexión crítica y la diferenciación política podremos contribuir a la finalización del conflicto social

y armado en Colombia.

6 Theodor Adorno. Ensayos sobre la propaganda fascista. Barcelona: Voces y Culturas, 2003. p. 12.

7 Ibíd., 14.

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Régimen político y discurso

La diferencia, los errores y la distinción

Régimen sociopolítico, coyuntura electoral y variedades del (neo) fascismo en Colombia

José Puello-Socarrás

Docente Universidad Nacional de San Martín Buenos Aires (Argentina)

D os errores mayúsculos subsisten en la caracterización casi unánime que actualmente monopoliza los análisis que

prevalecen en la coyuntura electoral en Colombia. El primero de ellos: suponer –y además proponer– que Santos y Zu- luaga son dos opciones diferentes, casi antípodas, frente a los escenarios políticos futuros, especialmente frente a la dicotomía paz/guerra, lo cual necesaria e inevitablemente involucra el escenario de diálogos con los grupos insurgentes. Las diferencias entre el candidato-presidente y el candidato-del-ex presidente serían más bien de forma (inclusive, de esti- lo) y son sólo verosímiles en apariencia a partir del excesivo personalismo –el cual combina toscamente un exacerbado énfasis electoralista– que se le imprime a las reflexiones. La tesis de los matices tan popularizada recientemente se resume en que, al final de cuentas y después de descontar las evidentes similitudes y convergencias políticas entre ambos candidatos, existiría una diferencia

similitudes y convergencias políticas entre ambos candidatos, existiría una diferencia _ 1 0 Volver a contenido

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crucial entre Santos y Zuluaga: la paz. Esta diferencia además permitiría “resolver” el acertijo que enfrentan sobre todo los sectores político-electorales que no comulgan ni con el uribismo de antaño de Santos ni con el neouribismo de Zuluaga. Se viene vociferando

y construyendo peligrosamente en el imaginario polí-

tico de la opinión pública la idea según la cual Santos es el candidato de la paz, mientras que Zuluaga lo sería el de la antítesis: la guerra. Este planteamiento,

además de simplista, resulta contraevidente y con- trahistórico.

No sólo habría que hacer memoria de que Santos fue el ministro de la guerra –literalmente, tal y como se le denomina a esta cartera en algunos países; en Colombia, eufemísticamente: ministro de la Defensa

y Seguridad–, seguramente uno de los más guerreris-

tas en los tiempos más recientes y, más puntualmen- te, durante la segunda administración del también guerrerista Uribe Vélez, quien por ese tiempo –valga, de paso, anotarlo– disfrutaba de un apoyo excepcio-

nal e irrevocable del entonces senador de la República

y hoy candidato vicepresidencial de Santos: Vargas

Lleras, uno de los incitadores más incisivos para que en Colombia se iniciara una carrera armamentista en particular frente a los países vecinos e, igualmente, el parlamentario que más apoyo mediático le propor- cionó al gobierno de turno frente al contrasentido que significó la violación de la soberanía ecuatoriana. Precisamente este período es cuando se registraron varios episodios innombrables vinculados con “la guerra” y su exacerbación, entre ellos, las mal lla- madas ejecuciones extrajudiciales, más conocidas como “falsos positivos”, por nombrar exclusivamente este funesto antecedente. Por ello, también habría que rememorar y subrayar varias veces que el terror pánico desplegado a lo largo de la larga noche que re- presentaron los dos cuatrienios consecutivos de Uribe mantiene una continuidad bastante consistente con el (hasta ahora) primer mandato santista en variadísi- mos aspectos. Para no abrumar con el calidoscopio de

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http://noticias.terra.com.co/nacional/este-es-el-acuerdo-

agrario-hecho-por-gobierno-y-farc-en-cuba,dafc9b-

4dcb2ee310VgnVCM3000009acceb0aRCRD.html

5 Mayo de 1966. La Segunda Conferencia del Bloque Sur oficializa la conformación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Régimen político y discurso

Contenido

Si la coyuntura política actual se analizara más allá de la dimensión puramente electoral, y
Si la coyuntura política actual se analizara más allá de la dimensión puramente electoral, y

Si la coyuntura política actual se analizara más allá de la dimensión puramente electoral, y se incorporara un marco que aproxime efectivamente ya no el personalismo sino la personificación de los intereses sociales en pugna dentro de las condiciones reales y concretas del régimen sociopolítico y económico histórico y actual del país, el horizonte diluiría las aparentes contradicciones y, sobre todo, despejaría las ambigüedades que supone la superficialidad con la cual se ha intentado tratar (e imponer, habría que decirlo) este tema por parte del emergente pensamiento unificado.

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ignominias (violaciones sistemáticas de los derechos humanos por parte del Estado, en general), los “falsos positivos” trascendieron

a la administración de Juan Manuel Santos

y sólo en 2013 se registraron 52 casos, se- gún probados estudios (CINEP), más allá

de que estas informaciones hayan pasado –

como se dice coloquialmente– “de agache”

y la absolución de Santos haya llegado muy

oportunamente a pocos meses de iniciar su mandato actual, probando tener un efecto analgésico ante la indignación generalizada que generaron estos hechos entre la opinión pública. Ahora, sin contar con el velo de impunidad que desafortunadamente aún hoy arropa a estos (como a otros tantos)

crímenes de lesa humanidad y sus perpetra- dores intelectuales y materiales, la respon- sabilidad de Uribe Vélez como presidente y

la doble responsabilidad (incluso agravada,

pues estas prácticas continuaron) de Juan Manuel Santos, primero como Mindefensa

y, luego, como presidente, resultan indiscu-

tibles. Sin embargo, más indiscutible aún resulta el perfil guerrerista que los emparen-

ta, más allá de las diferencias en sus estilos. Se propone insistentemente que Santos,

al menos, está “dialogando” –otros rectifi-

can, incluso, que no sólo se dialoga con las FARC sino que ya se está negociando– para

la paz, y que ello es una situación impensable

que, de entrada, se descartaría en cualquier escenario presidencial con Zuluaga. Relati- vamente cierto. Santos está dialogando con uno de los grupos insurgentes en medio de

la guerra. Y si bien esta decisión pueda estar

basada en un obtuso pragmatismo fruto de

los antecedentes históricos en los acerca- mientos Gobierno-guerrilla más próximos,

y en donde el cese de hostilidades fue

aprovechado para repontenciar el conflicto militar, es decir, en esas ocasiones la retórica de la paz fue con- vertida en una oportunidad estratégica ó táctica para “mejorar” sus posiciones militares, en lo concreto del asunto, la guerra es lo que prevalece. Esto sin profun- dizar demasiado la legislación contraria a la paz de iniciativa gubernamental que se ha “pupitreado” en Bogotá mientras se “dialoga” en la Habana (v.gr., el fuero militar y medidas económicas antipopulares). La historia reciente registra acercamientos de Uribe como presidente con las guerrillas (con el ELN, por ejemplo) e, incluso, la instalación de un par de mesas de facilitación –poco y nada difundidas mediáti- camente–, las cuales, si bien fracasaron y en varias oportunidades fueron utilizadas también como parte de una estrategia militar, tenían como objetivo hacer la guerra por otros medios, y principalmente ver de qué forma lograban más eficaz y eficientemente la meta de la pacificación (cosa distinta a la paz, por lo menos, en un entendimiento complejo y amplio, so- cial histórico y político de esta y no solamente bajo el simplismo de la hermenéutica militaroide) e imponer así una pax Colombiana (bit.ly/Qu9PWD). Rectificaciones como la anterior hay demasiadas. Y no sólo en el terreno del conflicto armado sino tam- bién en lo que hace al socioeconómico, en el que la legislación y las políticas santistas son la profundiza- ción del legado uribista bajo un estilo coyuntural que en algunos casos resulta novedoso e innovador, pero que, al final de cuentas, endurece las condiciones y situaciones estructurales que alimentan el conflicto social que hoy por hoy tiene diferentes expresiones armadas, entre ellas, la insurgente. En este tópico, tanto Uribe como Santos tienen la perspectiva de la pax colombiana, es decir, la de la pacificación, una óptica obtusa que reduce la paz a “lo militar” y, según el estilo, a un eventual asistencialismo social dentro de un posible escenario postconflicto (el cual, de paso, no resultaría tal).

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tal). Nº 45 , Junio de 2014 · Bogotá, Colombia http://mujerfariana.co/images/pdf/50-
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anos-en-fotos-FARC-EP2.pdf

Régimen político y discurso

Contenido

Si la coyuntura política actual se analizara más allá de la dimensión puramente electoral, y se incorporara un marco que aproxime efecti- vamente ya no el personalismo sino la personificación de los intereses sociales en pugna dentro de las condiciones reales y concretas del régi- men sociopolítico y económico histórico y actual del país, el horizonte diluiría las aparentes contradicciones y, sobre todo, despejaría las am- bigüedades que supone la superficialidad con la cual se ha intentado tratar (e imponer, habría que decirlo) este tema por parte del emergente pensamiento unificado. De allí que se caiga en un segundo error: considerar que la institucio- nalidad política colombiana se caracteriza por ser un contexto democrá- tico, ya sea una especie de democracia representativa, incluso, en alguna variante “restringida” o democracia autoritaria. Tanto el régimen como el sistema políticos en Colombia no resis- ten análisis en ese sentido. Desde hace décadas, Colombia no podría ser considerada una democracia. Ni en el sentido amplio y pleno del concepto ni tampoco en el sentido minimalista y restringido de este tér- mino. Colombia comparece más con lo que se ha venido denominando anocracias, un régimen “mitad dictadura, mitad democracia”, el cual, justamente, al desarrollarse en medio de un conflicto social y armado crítico (y en esto las cifras sobre la tragedia humanitaria en el país no dejan mentir), formalmente visibiliza algunos atributos presentes en las democracias realmente existentes (la dimensión electoral, por ejemplo, aún en su expresión restringida; de allí los altos niveles de abstención que se registran no sólo ahora sino a lo largo del siglo XX), pero que en la práctica funciona a partir de la exacerbación de los componentes autoritarios (en ciertos episodios o eventos, incluso, aproximándose a situaciones que podrían ser consideradas homólogas al neofascismo), núcleos que efectivamente construyen las realidades sociales, consti- tuyen las dinámicas políticas y promueven las lógicas económicas del Estado, la sociedad y la nación. Por ello no resulta simplemente una casualidad que la consolidación y la progresiva institucionalización del régimen político colombiano dentro del marco de los regímenes anocrá- ticos (los cuales asocian característicamente el componente neoliberal) coincidan consistentemente con las opciones electorales y los proyectos económico-políticos hoy por hoy vigentes. Tampoco es una curiosidad ociosa sostener que las campañas electorales (tanto en primera como en segunda vuelta, aunque con excepciones aisladas) conduzcan indefecti- blemente al corazón del régimen y su complejo neoliberal-paramilitar, más allá de que –en este momento en particular– una u otra opción,

más allá de que –en este momento en particular– una u otra opción, _ 1 4

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Manuel Marulanda Vélez, dirigente sindical comunista, asesinado en Bogotá en 1953, de quién Pedro Antonio

Manuel Marulanda Vélez, dirigente sindical comunista, asesinado en Bogotá en 1953, de quién Pedro Antonio Marín tomó el nombre para identificarse.

Pedro Antonio Marín tomó el nombre para identificarse. Julio de 1964. Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda,

Julio de 1964. Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda, fundador de las FARC.

Tomadas de: http://mujerfariana.co/images/

pdf/50-anos-en-fotos-FARC-EP2.pdf

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Nº 45 , Junio de 2014 · Bogotá, Colombia Myrian Narváez, campesina marquetaliana, una de las

Myrian Narváez, campesina marquetaliana, una de las fundadoras de las FARC. Cayó combatiendo en septiembre de 1967.

de las FARC. Cayó combatiendo en septiembre de 1967. Jacobo Arenas, uno de los fundadores de

Jacobo Arenas, uno de los fundadores de las FARC.

de 1967. Jacobo Arenas, uno de los fundadores de las FARC. Jaime Guaraca, también fundador de

Jaime Guaraca, también fundador de las FARC.

Régimen político y discurso

Contenido

en la riña por determinar quiénes y qué estilo administrarán el statu quo, contengan más de uno o del otro extremo de esa ecuación. Al final de cuentas, ambos candidatos, sus proyectos políticos y sus modelos socioeconómicos, mantienen un equilibrio que refuerza el complejo socioeconómico político colombiano, en el cual han confluido recípro- camente el neoliberalismo y el para/militarismo.

La distinción: ¿variedades del (neo)fascismo (aquí y ahora)?

Es indiscutible que se caería en un (tercer) error si tozudamente se insiste en que no existe ninguna distinción en absoluto, así sea relativa – desde luego, políticamente hablando–, entre Santos y Zuluaga en medio de la actual coyuntura electoral. La reversión de la encrucijada política y de las crisis de representación y participación vigentes en el país inevita- blemente tendrán que considerar las consecuencias del resultado electo- ral, sobre todo, las que se derivarán de la orientación gubernamental del Estado y su aparato en la construcción y profundización de la anocracia colombiana. Si cabe alguna posibilidad de establecer distinciones podríamos tra- ducir nuestra perspectiva hacia una situación histórica análoga, como lo fue el fascismo en la década de 1930 en Europa. Esta operación didácti- ca permitiría ofrecer algunas claves políticas, máxime cuando parecería confirmarse un resurgimiento de este fenómeno en tiempos recientes, aunque bajo un nuevo cuño. Así lo establecía J. Dimitrov en 1935 en un informe titulado: “El carácter de clase del fascismo”:

[…] En unos países, principalmente allí donde el fascismo no

cuenta con una amplia base de masas, y donde la lucha entre los distintos grupos en el campo de la propia burguesía fascista es bastante dura, el fascismo no se decide inmediatamente a acabar con el parlamento y permite a los demás partidos burgueses, así

como a la socialdemocracia, cierta legalidad [

el fascismo establece su monopolio político ilimitado, bien de

golpe y porrazo, bien intensificando cada vez más el terror y el ajuste de cuentas con todos los partidos y agrupaciones rivales, lo cual no excluye que el fascismo, en el momento en que se agudice de un modo especial su situación, intente extender su base para combinar –sin alterar su carácter de clase– la dictadura terrorista abierta con una burda falsificación del parlamentarismo.

] En otros países

] [

terrorista abierta con una burda falsificación del parlamentarismo. ] En otros países ] [ _ 1

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Sentenciando, más adelante:

La subida del fascismo al poder no es un simple cambio de un gobierno burgués por otro, sino la sustitución de una forma estatal de la dominación burguesa –la democracia burguesa – por otra, por la dictadura terrorista abierta. Pasar por alto esta diferencia sería un error grave, que impediría al proletariado revolucionario movilizar a las amplísimas capas de los trabajadores de la ciudad y del campo para luchar contra la amenaza de la toma del poder por los fascistas, así como aprovechar las contradicciones existentes en el campo de la propia burguesía. Sin embargo, no es menos grave y peligroso el error de no apreciar suficientemente el significado que tienen para la instauración de la dictadura fascista las medidas reaccionarias de la burguesía que se intensifican actualmente en los países de la democracia burguesa, medidas que reprimen las libertades democráticas de los trabajadores, restringen y falsean los derechos del parlamento y agravan las medidas de represión contra el movimiento revolucionario.

En nuestro tiempo no es la diferencia sino esa distinción, una clave ciertamente crucial.

sino esa distinción, una clave ciertamente crucial. Carlos Pizarro y Jacobo Arenas. Década de los 80.

Carlos Pizarro y Jacobo Arenas. Década de los 80. Tomada de: http://mujerfariana.co/images/pdf/50-anos-en-fotos-FARC-EP2.pdf

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Régimen político y discurso

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Régimen político y discurso

Una reflexión preelectoral:

Estado, poder y elecciones

Santos Alonso Beltrán Beltrán

Politólogo Profesor Universidad Nacional - ESAP

L a vida humana, que es por supuesto una vida en comunidad, no es posible sino a condición de la existencia de la actividad

política. La política nos humaniza, nos saca de la animalidad, nos per- mite convivir entre nuestros semejantes. Como se diría en el mundo an- tiguo, ni los animales ni los dioses necesitan de la política; los primeros porque sólo viven de manera gregaria, los segundos por que no viven en sociedad. La política, como vida humana, permite que los hombres no nos matemos unos a otros, en tanto que garantiza que las relaciones de fuerza se institucionalicen eliminando el recurso a la violencia por cada uno de los miembros de la colectividad. La organización e institucio- nalización de la violencia en cabeza de la estructura de administración del poder, generada por un determinado orden social, es a su vez la garantía de la búsqueda de la vida buena que todos los miembros de la colectividad esperan conseguir: el fin último de la política debería ser la consecución de la felicidad de todos los integrantes de la relación.

debería ser la consecución de la felicidad de todos los integrantes de la relación. _ 1

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Por supuesto, los fines de la relación política no se consiguen de manera armónica. La vida buena, el bienestar general o la felicidad, no tienen visiones únicas, no son un proyecto que se pueda compartir plenamente por todos; por el contrario, son una apuesta que implica en muchos momentos la colisión de intereses y la disputa por los recursos. Aunque, en la idealidad de la relación política esta permitiría que cada uno de nosotros pudiera llegar a la realiza- ción de ese proyecto de felicidad, la realidad cruda muestra que muchos son felices en tanto que otros son abiertamente infelices. En esta relación de suma cero, en la que la felicidad de unos es la infelicidad de los otros, juega un papel primordial la posibilidad de acaparar los recursos materiales para que el disfrute individual de ellos concrete la vida feliz de algunos pocos. La concentración de los bienes y recursos materiales de vida para su disfrute, se convierte en la felicidad misma de los poderosos y en la infelicidad de los oprimidos. La sabiduría popular dirá en rela- ción con esto que siempre es mejor se rico que pobre. La política pasa así de ser el espacio florido de los acuerdos al campo de batalla de los intereses. La relación real y concreta en la que se estructura esta esfera no es otra que la vida económica de los hom- bres y, con ello, la política no es más que la expresión concentrada de la economía, como dijera Lenin. La disputa política es la expresión de la lucha por la conducción del mundo material de los hombres y por la continuación de una estructura concreta de apropiación de esos recursos que, a su vez, estructura la construcción de un universo de valores y prácticas legitimadoras que revisten de aceptación la apuesta particular de los detentadores del poder. La estructura de poder que garantiza la conti- nuidad de la dominación no es otra que el Estado. El Estado es la forma moderna en la que en una sociedad se organiza el poder político sobre una población que habita un territorio determinado; en este espacio geográfico y sobre este colectivo humano

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humano Nº 45 , Junio de 2014 · Bogotá, Colombia http://static.elespectador.com/especiales/2012/10/

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informacion_1984.html

1984. Primera tregua de las FARC. En la foto aparecen Alberto Rojas Puyo y, a la derecha, el general José Joaquín Matallana, quien comandó el ataque a Marquetalia, y hacía parte de la Comisión de Paz del Gobierno.

Régimen político y discurso

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Al final, aunque el mundo se muestre demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que
Al final, aunque el mundo se muestre demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que

Al final, aunque el mundo se muestre demasiado estúpido

o demasiado

abyecto para lo que se profesa,

aunque los cambios no se desgranen de manera inmediata,

y aun cuando la

traición de los elegidos esté a la orden del día, siempre existirá un sin embargo, siempre habrá que comenzar de nuevo, siempre se podrá reiniciar el camino hacia una sociedad más justa: la utopía sirve para caminar, para avanzar, para no morir en la comodidad.

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se despliega, con pretensión de exclusividad, el uso o amenaza de la fuerza física. La violencia desplegada por el Estado sobre la población debe desarrollar los fines colectivos, pero aquí, como se anotaba más

arriba, también los fines colectivos no son definibles sino en la inmediatez de los fines particulares de los detentadores del poder. La institucionalidad del Estado, su armazón, es tanto un constructo de organizaciones, estructuras y agencias específicas como un entramado de valores y practicas sociales que permiten la cohesión social de todos los sometidos a la relación de dominación. El Estado es por lo anterior la conjunción entre el régi- men político y el sistema político. El régimen político dice relación con la articulación institucional en la que las agencias, los organismos y las estructuras para administrar la sociedad se despliegan en el territorio. El régimen político es por así decirlo una fotografía de la organización del Estado en un momento deter- minado: permite entender la estructura general del poder y su concreción en el espacio geográfico del Estado. El régimen político nos habla de la forma en la que están balanceadas las ramas del poder, la preeminencia de unas sobre otras, la forma en la que se concentra o distribuye la estructura administrativa

en el territorio, etc. El sistema político es la infraes- tructura de valores que se encarga de la cohesión de toda la estructura de poder mediante la construcción de universos de legitimación frente al ejercicio del poder. Un sistema político muestra en una sociedad

el cuidado por la democracia y las formas y variantes

que adopta en el marco de la participación de los

sujetos, la efectividad de los canales de comunicación

y las dinámicas que la sociedad adopta para hacerse

escuchar, pero más allá, el sistema político muestra la historicidad de las prácticas sociales y los valores que las componen para participar del poder político.

Tanto el sistema como el régimen político descansan en la estructura económica de la socie- dad. Las formas de organizar el poder –el régimen

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informacion_1984.html

El presidente de la Comisión de Paz, John Agudelo Ríos, y Manuel Marulanda, jefe de las FARC, se encontraron en marzo de 1984 para finiquitar el Acuerdo de La Uribe.

político– están determinadas por la nece- sidad de mantener la gobernabilidad que permita la continuidad de la acumulación de capital; y las practicas sociales y el en- tramado de valores que normalizan la par- ticipación política –el sistema político– se encargan de garantizar la legitimación de la visión particular de los detentadores del poder. El Estado es un campo de batalla en el que la disputa entre los intereses de los dominados y los detentadores del poder puede trazar matices diversos que, en oca- siones, permiten la realización de las preten- siones de las clases dominadas y, con ello, la limitación de la capacidad de dominación de los detentadores del poder. La batalla por el Estado se da desde adentro y desde afuera de su estructura concreta. La batalla desde adentro se da mediante la aceptación y participación en los meca- nismos que el Estado diseña para la limita- ción e influencia sobre los detentadores del poder. El Estado no es un simple aparato que utilizan los detentadores del poder y que dirigen como si fuera una herramienta contra los subordinados. El Estado, como campo de disputa, permite que desde la

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definición antagónica de los intereses mate- riales de las clases subordinadas, estas pue- dan disputar el proyecto de sociedad que consideran desarrolla el bienestar general, participando de los mecanismos de poder que la propia estructura estatal provee. La resistencia a las arbitrariedades del poder, el control sobre las políticas y acciones de go- bierno y la participación en los cuerpos de dirección del Estado, mediante las eleccio- nes, serían formas de cambiar el rumbo del poder y concretar los intereses de los subor- dinados. Es claro que estos cambios no ne- cesariamente significan una revolución que trastoque de manera inmediata y violenta las relaciones de poder, pero por lo menos si se encaminan a implementar reformas im- portantes en la vida social de los hombres. El combate desde dentro implica también la posibilidad de ir debilitando los univer- sos de legitimación de los detentadores del poder. La construcción de nuevos referen- tes sobre el ejercicio político en los que se denuncie y censure la arbitrariedad, la baja representatividad, la realización de intereses privados, el uso corrupto de los bienes y dineros públicos, aportan al debilitamiento

Régimen político y discurso

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En sociedades donde la posibilidad de participación electoral es limitada por la corrupción, la violencia
En sociedades donde la posibilidad de participación electoral es limitada por la corrupción, la violencia

En sociedades donde la posibilidad de participación electoral es limitada por la corrupción, la violencia o la cooptación de los proyectos alternativos, una larga guerra revolucionaria estará al orden del día. Pero donde este recurso ya se ha usado y aún la estructura de poder sigue sin inmutarse, es útil darle una nueva oportunidad a la lucha electoral. Votar y participar de los espacios de poder puede ser un recurso más en la lucha por la transformación social que no implica abdicar frente a la necesidad de una sociedad más justa.

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de las estructuras de dominación; en fin, un combate en el cual las apuestas por la victoria no se resuelven directa e inmediatamente en la estructura de Estado sino en la construcción de un nuevo entramado de valores que deslegitime totalmente a los dominadores

y permita la irrupción de un nuevo esquema en que

las clases subordinadas puedan construir la base de su participación política. El combate desde afuera del Estado es mucho más arriesgado y violento, pero no por ello siempre efec- tivo y concreto. La violencia que se despliega desde

afuera del Estado y que busca derrocarlo, es la violen- cia política del insurgente. La rebelión armada es el máximo grado de la acción política. En este sentido, el insurgente es un combatiente político que vive en comunidad revolucionaria con sus principios y que evalúa que no existe otra forma de cambiar el orden existente que la violencia revolucionaria. En tanto que el Estado como relación social de dominación es capaz de armarse de una coraza de legitimidad, vía legalidad, y en tanto que él mismo puede crear los canales para su reforma, reduciendo con ello la posibilidad de cambiar de manera profunda el es- quema de dominación, corresponde al revolucionario acelerar los cambios mediante la ejecución de una guerra abierta y prolongada contra los detentadores del poder y contra la estructura de Estado: reformar

el poder mediante las elecciones es seguir el juego de

los que dominan la sociedad; atacarlos y derrotarlos,

el único camino cierto a la victoria de los oprimidos.

No obstante, la violencia revolucionaria no es siempre un camino fácil y expedito: los oprimidos pueden mostrarse cómodos y resignados frente a la dominación de los detentadores del poder y, por ello, no acompañar la iniciativa revolucionaria, es más, deslegitimar la resistencia armada de los insurgentes; en el mismo sentido, los dominados pueden tomar

una actitud pasiva por el riesgo que implica abrazar la vía armada para la transformación del poder y mantenerse en la indiferencia absoluta frente a los

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informacion_1984.html

La revisión final del documento, después de 60 horas de trabajo en las montañas del Meta, corrió por cuenta de Jacobo Arenas, Alberto Rojas Puyo, César Gómez, Margarita Vidal y John Agudelo Ríos.

combatientes de la resistencia, en ocasiones colaborar aun con los dominadores; en otros momentos, los dominados no están dispuestos a aceptar que el cambio revo- lucionario implique importantes dosis de violencia que traen consigo muerte y des- trucción, y prefieren la calma de la violencia regulada de los dominadores. Sumado a todo esto, es necesario tener también en cuenta que los objetivos de la revolución se mueven siempre en el reino de los fines, mientras que las formas de alcanzarlos, la violencia, están siempre en el reino de los medios. La evaluación del corto plazo siem- pre se queda en la crítica de los medios, la aspiración de largo plazo siempre se queda en lo etéreo de los fines justos: los juicios morales se imponen a los juicios políticos, la legalidad a la legitimidad, y la reforma a la revolución. En este sentido, queda la pregunta sobre los medios que sobreviven para cambiar el poder político. Y aquí se podría decir que quien tiene los recursos suficientes, en tér- minos simbólicos y materiales para encarar una larga batalla electoral, no puede esca- timar esfuerzos para que desde allí pueda

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influir de manera efectiva en el poder. La lucha electoral es el camino cuando la so- ciedad y la estructura de poder permiten la participación política. En sociedades donde la posibilidad de participación electoral es limitada por la corrupción, la violencia o la cooptación de los proyectos alternativos, una larga guerra revolucionaria estará al orden del día. Pero donde este recurso ya se ha usado y aún la estructura de poder sigue sin inmutarse, es útil darle una nueva oportunidad a la lucha electoral. Votar y participar de los espacios de poder puede ser un recurso más en la lucha por la trans- formación social que no implica abdicar frente a la necesidad de una sociedad más justa. Al final, aunque el mundo se muestre demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que se profesa, aunque los cambios no se desgranen de manera inmediata, y aun cuando la traición de los elegidos esté a la orden del día, siempre existirá un sin embargo, siempre habrá que comenzar de nuevo, siempre se podrá reiniciar el camino hacia una sociedad más justa: la utopía sirve para caminar, para avanzar, para no morir en la comodidad.

Régimen político y discurso

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Conflicto y solución política

Una mirada poulantziana a las elecciones presidenciales y el proceso de paz

a las elecciones presidenciales y el proceso de paz Carolina Jiménez Profesora Departamento de Ciencia
a las elecciones presidenciales y el proceso de paz Carolina Jiménez Profesora Departamento de Ciencia

Carolina Jiménez

Profesora Departamento de Ciencia Política Universidad Nacional de Colombia Sede Bogotá

Aaron Tauss

Profesor Departamento de Ciencia Política Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín

L os resultados de la primera vuelta de la elección presidencial de 2014 han generado un fuerte debate en el país, e incluso

en la región latinoamericana, sobre los impactos que podría tener un eventual triunfo del candidato del uribismo. Entre los aspectos más discutidos y problematizados por amplios sectores de la izquierda se destacan: i) una eventual ruptura de los diálogos de paz de La Habana, situación que pondría fin a los avances a que se ha llegado en los temas de tierras, narcotráfico y participación política entre la insurgencia de las FARC-EP y el Gobierno colombiano; ii) la apertura hacia un nuevo ciclo de profundización de la militarización de la vida social y política, así como la acentuación de una estrategia reaccionaria y sanguinaria frente a los movimientos sociales y populares y iii) una reconfiguración de la posición colombiana frente al entorno internacional, la cual bajo el Gobierno de Santos se ha regido por un aparente principio de no intervención, elemento que permitió un cambio en las tensas relaciones

principio de no intervención, elemento que permitió un cambio en las tensas relaciones _ 2 4

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con el Gobierno bolivariano de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro y que facilitó un nuevo rol de Co- lombia en la UNASUR.

La intensidad del debate no obedece a que resul- tara sorprendente que dos de los cuatro candidatos que representan los intereses de las clases dominantes pasaran a la segunda vuelta. Es más, era previsible que Santos y Zuluaga se disputaran la presidencia: los resultados del 25 de Mayo expresaron el pronosticable triunfo de la derecha colombiana. Lo que realmente prendió las alarmas fue el remonte del casi 4% del candidato de Uribe, expresado en una diferencia de 458.156 votos, frente al candidato-presidente Santos

y el no despreciable caudal electoral (15,52%) que

logró capitalizar el Partido Conservador, un impor- tante aliado para Zuluaga 1 . En este sentido, la inten- sidad del debate radica en que en la actual coyuntura

resulta altamente probable lo que antes no parecía

con la misma intensidad, un posible retorno de Uribe

al poder bajo la figura de su ex ministro Zuluaga.

Ahora bien, esta situación ha puesto la discusión política en un acotado escenario de análisis que li- mita el problema a una falsa dicotomía: entre la paz de Santos y la guerra de Zuluaga. En principio, los dos candidatos buscan lo mismo: dar continuidad a ese modelo de acumulación extractivista-exportador, neoliberal y financiarizado, que fue implementado violentamente en Colombia durante las últimas décadas. Por lo tanto, consideramos que las bases fundamentales sobre las que se soporta el modelo son compartidas por los dos candidatos; las diferencias radican más en matices referidos al tipo de mecanis- mos y dispositivos que se deben privilegiar para la materialización de dicha apuesta.

1 Las cifras son suministradas por la Registraduría Nacional del Estado Civil en su portal web, http://presidente2014.

registraduria.gov.co/99PR1/DPR9999999_L1.htm

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Conflicto y solución política

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Tanto las elecciones presidenciales como los diálogos de paz en La Habana deberían ser analizados

Tanto las elecciones presidenciales como los diálogos de paz en La Habana deberían ser analizados en relación con los procesos de extensión y profundización de las relaciones capitalistas de producción a nivel global. Es decir, requieren ser estudiados a partir del reconocimiento de que son procesos que tienen tanto un carácter nacional como internacional. En este sentido, una valoración meramente desde lo “interno” o lo “nacional”, como es la que ha venido hegemonizando el análisis político que acompaña el escenario de la segunda vuelta, resulta a todas luces insuficiente para comprender las negociaciones y el proceso de paz.

para comprender las negociaciones y el proceso de paz. _ 2 6 Volver a contenido ¿La

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¿La paz para la construcción de una “nueva” Colombia?

En una presentación para el Center for Strategic and International Studies (CSIS) en Washington D.C. a finales del año pa- sado, el actual embajador colombiano en los EE.UU., Luis Carlos Villegas, quien previa- mente había encabezado la ANDI durante 17 años, dio su visión sobre la paz, la esta- bilidad y el escenario del postconflicto en Colombia 2 . Según Villegas, quien también formaba parte del equipo negociador origi- nal del Gobierno de Santos en La Habana, las negociaciones con la guerrilla hacen par- te de un proyecto político más amplio, que tiene como fin la construcción de una “nue- va” Colombia. Este proyecto político busca, entre otros elementos, encarrilar el país por las sendas del “desarrollo” a través de la estimulación de la inversión, tanto nacional como extranjera, para impulsar la creación de empleo, erradicar la pobreza, apoyar el crecimiento de la clase media y, por último, para avanzar el ingreso de Colombia a la OCDE en los próximos años. Así las cosas, el conflicto interno armado representa un impedimento para la concre- ción de esa “nueva” Colombia. En efecto, el control político y militar de las insurgencias sobre zonas económicamente estratégicas del territorio nacional, es valorado por Villegas como un “obstáculo al desarrollo acelerado del país”, puesto que dificulta la expansión del modelo de acumulacion extractivista-ex- portador hacia aquellas regiones que hacen

2 Center for Strategic and International Studies (2013): “Colombia: Peace and Stability in the Post-Conflict Era”, Presentación de Luis Carlos Villegas, http://csis.org/multimedia/video- colombia-peace-and-stability-post-conflict-era

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En 1984, se reúnen la dirección del Movimiento 19 de Abril, M-19, y el Secretariado Nacional del Estado Mayor Central de las FARC-EP en búsqueda de caminos para la unidad guerrillera, paso inicial a la conformación de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSB) en 1987.

parte de la geografía de la guerra. Por ello, la decisión de negociar con las guerrillas de las FARC-EP por parte del Gobierno de Santos no puede leerse como una decisión “aislada”. Todo lo contrario, ésta refleja una estrategia consciente y clara para extender las relacio- nes capitalistas en el territorio nacional. Este plan de “pacificar” Colombia, dinamizado recientemente a través de las negociaciones en La Habana, representa el más reciente capítulo de una renovada y profundizada relación política, económica y militar entre los EE.UU. y Colombia que se estableció con la firma de Plan Colombia en 1999. Este acuerdo bilateral, permitió inter alia sentar las bases para la negociación y la consecuente implementación del Tratado de Libre Comercio en 2012, el cual facilitó un masivo flujo de la inversión extranjera directa de las empresas multinacionales nor- teamericanas en Colombia durante los últi- mos años, principalmente en los renglones

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primarios de la minería, los hidrocarburos y la agroindustria. En este orden de ideas, y desde la perspec- tiva del Gobierno nacional, las negociaciones en La Habana abrirían las puertas tanto para la consolidación de las zonas “recuperadas” durante los dos gobiernos de Uribe como para la expansión del control del Estado colombiano hacia nuevas zonas para la am- pliación del “mercado doméstico”, en el cual el modelo extractivista-exportador se pueda reproducir 3 . Por esa razón, consideramos que no es suficiente analizar las elecciones presidenciales del próximo 15 de junio y el

3 Según un informe del Center for Strategic and International Studies, en el año 2000 el Estado colombiano tenía el control de sólo la tercera parte de la zona rural del país. Siete años des- pués ese control se había expandido a casi el 90% del territorio nacional rural. [Meacham, Carl/Farah, Douglas/Lamb, Robert D. (2013). Colombia: Peace and Stability in the Post-Conflict Era: A Report of the CSIS Americas Program. Washington D.C: Center for Strategic and Inter- national Studies.]

Conflicto y solución política

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impacto que sus resultados puedan tener en las negociaciones en La Ha- bana desde una perspectiva reducida al escenario nacional.

Una mirada desde los hombros de Poulantzas

Desde una perspectiva histórico-materialista-crítica, tanto las eleccio- nes presidenciales como los diálogos de paz en La Habana deberían ser analizados en relación con los procesos de extensión y profundización de

las relaciones capitalistas de producción a nivel global. Es decir, requieren ser estudiados a partir del reconocimiento de que son procesos que tie- nen tanto un carácter nacional como internacional. En este sentido, una valoración meramente desde lo “interno” o lo “nacional”, como es la que ha venido hegemonizando el análisis político que acompaña el escenario de la segunda vuelta, resulta a todas luces insuficiente para comprender las negociaciones y el proceso de paz. Según el planteamiento teórico de Poulantzas, “hay que romper, de una vez por todas, con una concepción mecánica y casi topológica (si no “geográfica”) de las relaciones entre factores internos y factores exter-

nos. No existen [

los factores externos que actúan puramente desde

el “exterior” y, por el otro, factores internos “aislados” en su “espacio”

propio. [

las coordenados “exteriores” [

por su interiorización. [

no gravitan sobre esos países más que

Hablar en este sentido de factores internos,

es reencontrar el verdadero papel que desempeña el imperialismo –desa- rrollo desigual– en la evolución de diversas formaciones sociales” 4 . Este entendimiento parte de reconocer que aunque el capitalismo

tiene un carácter “transnacional”, su reproducción se organiza princi- palmente a través de los estados nacionales. Así las cosas, lo “nacional”

]

]

Plantear la supremacía de los factores internos significa que

]

]

y

lo “internacional” forman parte de una misma totalidad –unificada

y

unitaria–, la cual aunque contradictoria y conflictiva, en última ins-

tancia siempre busca facilitar la expansión de las relaciones capitalistas

y de acumulación de capital alrededor del planeta. Y es precisamente

el reconocimiento de esta situación, la que permite entender que los

estados nacionales con sus políticas concretas no son independientes

y autónomos, sino que participan activamente en las dinámicas de la

reproducción ampliada del capitalismo global. Los estados nacionales, independientemente de su posición en la división territorial del trabajo, esto es, de su integración específica en los procesos globales de la reproducción del capital, tienen como propósito

4 Poulantzas, Nicos (1976). Las crisis de las dictaduras: Portugal, Grecia, España. Madrid:

Las crisis de las dictaduras: Portugal, Grecia, España . Madrid: _ 2 8 Volver a contenido

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Siglo XXI, pp. 24-25.

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Comandantes de las FARC-EP, ELN y EPL integrantes de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar.

principal asumir el papel de organizar y crear las condiciones para que la relación social capitalista asuma un carácter predominante y estructurante en los espacios domésticos. De

ahí que resulte analíticamente estratégico valorar el tipo de relaciones y mediaciones que se establecen entre las burguesías nacionales e internacionales. Según Poulantzas, la oligarquía en los países de la periferia se constituye de “grandes terratenientes, […] aliados a una alta burguesía típicamente compradora con débil asiento

que funciona principalmente como intermediario comer-

cial y financiero para la penetración del capital imperialista extranjero” 5 . Por lo tanto, más que apuntalar un proyecto capitalista orientado al fortalecimiento de los mercados inter- nos, lo que buscan es generar ensamblajes con los capitales transnacionales, los cuales bajo las actuales modalidades de acumulación del capital asumen un carácter protagónico en la ampliación de espacios de acumulación en los mercados internos. Recordemos, como lo sugiere Poulantzas, que la característica principal del imperialis- mo en su fase contemporánea es la exportación de capital de los países del centro hacia los países periféricos, dependientes, dominados y explotados. Esa exportación de capital con- siste principalmente en la inversión extranjera directa, la cual es solamente comprensible en correspondencia con las relaciones de producción y la división social del trabajo a nivel mundial. La función tradicional de la exportación de capital es la de garantizar el control de las materias primas que son estratégicas para la reproducción del aparato de producción de las economías centrales. Así las cosas, las apuestas del “desarrollo” económico de los países periféricos deben ser analizadas a la luz de los nuevos tipos de ensamblajes que se

económico propio en el país [

]

5 Ibid., p. 13.

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Conflicto y solución política

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realizan con los capitales trasnacionales. Y es precisamente, a la luz de estos elementos que

realizan con los capitales trasnacionales. Y es precisamente, a la luz de estos elementos que debemos analizar la expansión y conso- lidación del modelo de acumulación repri- marizador en Colombia y, en consonancia, el lugar que ocupan en este proceso tanto las elecciones como los diálogos de paz que se desarrollan en La Habana.

La consolidación del modelo de acumulación

Un balance general del Gobierno de Santos pone en evidencia importantes líneas de continuidad en términos de reproducción del modelo de acumulación dinamizado bajo la presidencia de Uribe. En efecto, es posible señalar que las políticas económicas que fueron implementadas durante los dos gobiernos de Uribe fueron avaladas, exten- didas y profundizadas por el Gobierno de Santos. Entre otras destacamos: la constitu- ción de los tratados de libre comercio y blo- ques comerciales, como la Alianza del Pací- fico, los cuales han radicalizado los procesos de apertura económica; la consolidación de una política tributaria que facilita la concen- tración de riqueza a costo de la clase trabaja- dora; la ampliación de las concesiones para la extracción de minerales e hidrocarburos 6 ; un incremento sostenido de la apertura a la inversión extranjera directa en el país,

6 Alcanzando en 2012 la alarmante cifra de 22 262 646 hectáreas para minería, de las cuales 17 millones se concentran en los departamen- tos Amazonas, Guainía, Guaviare, Vaupés, Vichada y Chocó. Consultar la Resolución 045 de 2012 de la Agencia Nacional de Minería por la cual se declaran y delimitan unas áreas es- tratégicas mineras: http://www.simco.gov.co/

LinkClick.aspx?fileticket=eRVvd93yMXI%3D&t

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abid=106.

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Carlos Pizarro hace uso de la palabra en la segunda reunión de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, presente el Secretariado de las FARC-EP y Afranio Parra, integrante del M-19.

http://mujerfariana.co/images/pdf/50-anos-en-fotos-FARC-EP2.pdf

Este intento no prosperó y, finalmente, la Coordinadora se dividió. El M-19 acabó firmando la

Este intento no prosperó y, finalmente, la Coordinadora se dividió. El M-19 acabó firmando la paz, y las FARC y el ELN actuaron completamente separados.

45, Junio de 2014 · Bogotá, Colombia

situación que ha radicalizado los niveles de transnacionalización de la economía nacio- nal y de sometimiento a los Estados Unidos,

y la acentuación del papel protagónico del

Gobierno nacional para impulsar y financiar los megaproyectos infraestructurales. Tenemos entonces un modelo de acumu- lación que ha acentuado su incorporación a las dinámicas del capitalismo global y que,

en consecuencia, conduce a que la valoración de los procesos económicos y políticos nacio- nales pase por estos ensamblajes con los ca- pitales internacionales que hemos recreado. Los elementos presentados nos permiten sostener que los debates que se han generado en torno a la falsa dicotomía entre la paz de Santos y la guerra de Zuluaga no posibilitan valorar en un sentido amplio el proceso de

la creciente integración de Colombia en un

sistema transnacional-imperialista. Pues, si bien hemos afirmado que el Estado colom- biano encuentra en estas la manera de su- perar los obstáculos que plantea el conflicto armado para expandir el modelo de acumu- lación, ello no implica que la guerrilla de las FARC-EP no esté liderando acuerdos, que aunque no logren poner en cuestión el mo- delo de acumulación, si logra abrir escenarios alternativos para que tanto los horizontes de su lucha histórica, como algunas apuestas del movimiento popular colombiano, en- cuentren un contexto mucho más favorable para su realización. Por lo tanto, el proceso debe leerse en su carácter dialéctico, desde una correlación de fuerzas entre dos actores antagónicos, y del cual se espera desde la perspectiva de las clases subordinadas sentar unas bases que permitan transitar hacia una Colombia verdaderamente distinta.

Conflicto y solución política

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Conflicto y solución política

Una estrategia de paz diferenciada del establecimiento

Una estrategia de paz diferenciada del establecimiento Daniel Libreros Caicedo Profesor del Departamento de Derecho

Daniel Libreros Caicedo

Profesor del Departamento de Derecho Universidad Nacional de Colombia

a) El Frente Amplio por la paz

L as organizaciones de izquierda y del movimiento social que conformaron el Frente Amplio por la Paz y adhirieron a la

candidatura reeleccionista de Santos en acto celebrado en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada de la ciudad de Bogotá (sectores del Polo Democrático, la Alianza Verde, Poder Ciudadano y Progresistas, así como la Organización Nacional de Indígenas de Co- lombia y Mujeres por la Paz), argumentan que mientras el actual Presi- dente ya se ha comprometido en un proceso que viene avanzando con acuerdos parciales firmados, Zuluaga representa el uribismo, expresión política del paramilitarismo interesado en la continuidad de la guerra, por lo que cerraría el ciclo de negociaciones que avanza en La Habana 1 . Esta explicación elude la caracterización de los intereses políticos y económicos que expresa el santismo con el propósito de propiciar una política de conciliación de clases. Por ello, en el discurso justificativo de los que promueven el FAP el neoliberalismo deviene en un asunto menor. Olvidan que el neoliberalismo es ante todo la imposición de un

1 Mientras los creadores del FAP alegan unidad con Santos para defender la nego- ciación de La Habana, Timoleón Jiménez comandante de las FARC, desconoce esta política y llama a la conformación de un gran movimiento de masas que defienda la Mesa de Negociación. Ver ANNCOL, junio 5 de 2014.

gran movimiento de masas que defienda la Mesa de Negociación. Ver ANNCOL , junio 5 de

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sistema de dominación de la burguesía transnacional soportado en las Instituciones Financieras Internacio- nales –IFIS–, el cual implementa una guerra social en contra de los trabajadores y las poblaciones basada en planes de austeridad para preservar las ganancias del gran capital 2 y que ha terminado por producir una concentración de la riqueza sin precedentes en la historia de la humanidad. Este sistema de domi- nación opera en el marco de una acumulación de capital desregulada que articula de manera desigual a las burguesías locales bajo una “lógica organizadora” 3 globalizante. En esta globalización desregulada los Estados nacionales con capacidades de decisión, igualmente desigual, fueron integrados al “nuevo orden mundial” hegemonizado unilateralmente por el imperialismo norteamericano. El régimen de do- minación política en Colombia y, por ende, el actual Gobierno de Santos, no pueden explicarse por fuera de ese contexto internacional, como tampoco la pro- puesta presidencial de paz.

b) Extractivismo y especulación financiera

El que el modelo extractivista, con la destrucción de territorios y el desplazamiento de poblaciones que lo acompaña, haya devenido en el pivote central de la economía colombiana en los últimos años obedece a la división internacional del trabajo que establecieron los conglomerados transnacionales en la región, des- pués del desplazamiento considerable de la inversión manufacturera a países de Asia. El gobierno de Santos

2 Ha sido precisamente Warren Buffet considerado por la re- vista Forbes en 2013 como el cuarto mayor multimillonario del planeta con una fortuna personal cercana a los US$58 000 millones el que ha reconocido esta realidad, “Hay lucha de clases, de acuerdo, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y estamos ganando” reconoció en The New York Times el 26 de noviembre de 2006.

3 Esta tesis de la “lógica organizadora” de la globalización neoliberal ha sido elaborada por Saskia Sassen, particu- larmente en el libro Territorios, Autoridad y Derechos, Katz editores, 2008.

45, Junio de 2014 · Bogotá, Colombia

http://mujerfariana.co/images/pdf/50-anos-en-fotos-FARC-EP2.pdf

La Unión Patriótica, fundada en 1985, fue el resultado de un proceso de negociación de paz entre el Gobierno y las FARC.

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Octubre 11 de 1987: Jaime Pardo, candidato presidencial de la Unión Patriótica (UP) es asesinado por sicarios. Grupos paramilitares inician una campaña de exterminio en que son asesinados más de 3 000 dirigentes de la UP.

Conflicto y solución política

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El Frente unitario de la izquierda con Santos así se justifique a nombre de la
El Frente unitario de la izquierda con Santos así se justifique a nombre de la

El Frente unitario de la izquierda con Santos así se justifique a nombre de la paz o de la lucha contra el fascismo apunta al camino equivocado. La consolidación del proceso de negociación política y la obtención de las reformas que exige la pacificación democrática del país obliga desde ya a la conformación de un gran bloque social y político de masas diferenciado del establecimiento.

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no solamente oficializó como política de Estado el extractivismo en el plan de desarrollo del cuatrienio, incluyendo grandes beneficios para el capital trans- nacional, en línea de continuidad con los gobiernos de Uribe, sino que ha anunciado su prolongación en una eventual prolongación de su gobierno 4 . En su implementación Santos ha desconocido las consultas populares que se le oponen, tal y como ocurrió en los casos de Piedras y Tauramena 5 . El complemento del extractivismo es la financia- rización de la economía. Un aspecto relevante de esta financiarización es el de la apropiación de los presu- puestos públicos por parte de los grupos financieros mediante el endeudamiento estatal. En el presupues- to de 2014 ($203 billones), el 22% de las erogaciones fiscales (un monto cercano a los $45 billones) se encuentra destinado al pago del servicio de la deuda. Cumpliendo con las exigencias del FMI, el Gobierno de Santos hizo aprobar en el Congreso el Acto legis- lativo denominado de la sostenibilidad fiscal, que ya había sido presentado por el actual candidato uribista Oscar Iván Zuluaga durante el gobierno anterior, el cual limita el gasto social y el reconocimiento judicial

4 Ejemplos de la profundización de este modelo lo constitu- yen los 97 bloques petroleros que se ofertarán en Cartage- na a las empresas transnacionales del petróleo el próximo 23 de julio en la llamada “Ronda 2014”, promovida por la ANH (ver Empresarios al día.co, 29 de abril, en www.em- presariosaldia.co/index.php?option=com_content id ),

y

la oficialización del plan maestro del río Magdalena en

el

que se contempla la construcción hacia 2020 de cuatro

represas mediante la asociación entre Coormagdalena y la firma holandesa Deltares e Hydrochina, como parte de la privatización del uso diverso de las aguas del río con otros grupos transnacionales. (Portafolio, “Abren la licitación para

concesión del Río Magdalena”, mayo 6 de 2014).

5 Preguntado sobre el tema Santos respondió: “La posición es clara: esas consultas son ilegales y no tienen ningún efecto legal. El subsuelo es de todos los colombianos. Aquí no hay lugar a discusión”, El Espectador, “Se puede ganar en primera vuelta: Santos”, 21 de diciembre de 2012, en www. elespectador.com/ /se-puede-ganar-primera-vuelta-san- tos-articulo

http://mujerfariana.co/images/pdf/50-anos-en-fotos-FARC-EP2.pdf
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Mayo 15 de 1991. Se iniciaron conversaciones entre la CGSB y el Gobierno. El proceso, que comenzó en Caracas, se trasladó después a Tlaxcala, México.

http://www.elespectador.com/noticias/nacional/guerrilla-14-fotos-galeria-495525
http://www.elespectador.com/noticias/nacional/guerrilla-14-fotos-galeria-495525

En junio de 1991 se cumplió una de las ruedas de prensa para entregar los avances de las ne- gociaciones. En la foto, Andrés González, Jesús Bejarano y Humberto De la Calle, delegados del Gobierno; por la GCSB: Alfonso Cano, Francisco Galán, Iván Márquez y Diego Ruiz.

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Conflicto y solución política

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http://partidocomunistademexico.wordpress.com/2013/11/06/mas-sobre-la-historia-de-los-dialogos-de-paz-en-colombia/ Inicio
http://partidocomunistademexico.wordpress.com/2013/11/06/mas-sobre-la-historia-de-los-dialogos-de-paz-en-colombia/
Inicio de los diálogos en Tlaxcala, México.

de los derechos económicos y sociales –DESC– a la capacidad fiscal del Estado una vez descontado el pago de los intereses de la deuda. Adicionalmente, como estas exigencias crediticias hacen parte de la programación pre- supuestal de mediano plazo y como los ingresos por exportaciones empiezan a deteriorarse, el cumplimiento de dicha programación obliga a que en poco tiempo los colombianos debamos soportar una nueva reforma tributaria con aumento del IVA 6 . Extractivismo y especulación financiera hacen parte de un modelo de obtención de rentas diseñado por el gran capital que tiene consecuencias irreparables. “Entre el 2000 y el 2011 la extracción de rentas fue en aumento pues pasó de 28 dólares por cada 100 dólares de inversión extranjera en el 2002 a 107 dólares en el 2011” 7 . Por su compromiso con este modelo de exacción rentista, Santos se ha convertido en el candidato presidencial de la mayoría de los grupos financieros internos y del gran capital transnacional 8 .

6 Fedesarrollo y ANIF, que anuncian con antelación las decisiones del Gobierno en estos temas, ya lo han planteado. Ver Empresarios al día.co, 27 de Febrero del 2014, en www.empresariosaldia.co/index. php?option=com_content id

7 Álvaro Moreno docente de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional ha insistido en este punto haciendo seguimiento al rubro respectivo en la balanza de pagos en los últimos años.

8 4 de junio la sección 1,2,3 del noticiero CMI informó que el lunes 11 del mismo mes los llamados “cacaos”,

El

o

grandes grupos financieros internos, iban a realizar un acto público de apoyo a Santos. Entre los grupos

que lo promueven se encuentran Luis Carlos Sarmiento Angulo, del grupo Aval; Jaime Gillinski, del Banco GNB Sudameris; Carlos Raúl Yepes, presidente de Bancolombia; Carlos Enrique Cavelier, de La Alquería; Daniel Haime, del sector metalúrgico; el constructor Pedro Gómez Barrero; Carlos Arcesio Paz, ex gerente de Harinera del Valle; Roberto Moreno, de Amarilo, y Henry Eder, de Manuelita. En lo referente al apoyo del capital transnacional debe resaltarse el de la revista The Economist, ver The Economist apoya reelección

de Juan Manuel Santos, El Tiempo, 5 de junio. Debe resaltarse el hecho de que en ambos casos apoyan igualmente el proceso de paz iniciado por el Gobierno.

el hecho de que en ambos casos apoyan igualmente el proceso de paz iniciado por el

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c) La propuesta de Paz del gobierno Santos

El giro de Santos hacia la negociación política después de haber sido un ministro de Guerra exitoso en el Gobierno de Uribe tuvo la anuen- cia imperial. Arturo Valenzuela quien ejerció el cargo de subsecretario para asuntos hemisféricos del gobierno norteamericano lo ha aceptado públicamente 9 . Reconoce que el Plan Colombia fue concebido para re- componer las Fuerzas Armadas en momentos de debilidad militar frente

a

las FARC y que la negociación que se inició en el Gobierno de Pastrana

y

la escalada guerrerista de Uribe hicieron parte de una estrategia com-

binada para cambiar ese estado de cosas. Cuando comenzó el gobierno de Santos ya era aceptable, según Valenzuela, pensar en solucionar el conflicto interno porque se había llegado a una situación en la cual, “la correlación de fuerzas era completamente distinta a la correlación de fuerzas entre Estado e insurgencia en el momento cuando nosotros en la Casa Blanca tuvimos un esfuerzo de colaboración”. A ello se sumaba el hecho de que los recursos aportados por Estado Unidos al Plan Colom- bia habían disminuido lo que les significaba a las elites internas el pago del impuesto al patrimonio durante varias vigencias fiscales. Una vez obtenido el beneplácito imperial Santos inició la negociación dejando en claro que el modelo económico no se discutía. Sin embargo, su propuesta va más allá, lo fortalece. Pretende solucionar el ya histó- rico conflicto rural para mejorar las condiciones de inversión tanto en la agricultura como en petróleo y minería. Intenta la territorialización de las guerrillas al tiempo que la integración de la economía campesina a las cadenas de la producción transnacional 10 . Respeta el latifundio tradicional en la zona norte país y le ofrece al gran capital eliminar las restricciones legales que le impiden adquirir grandes extensiones de tierras. Propone acabar con la colonización en la frontera agrícola para

9 “El giro del Presidente Santos hacia la negociación - La lupa de Valenzuela a los últimos gobiernos”, Norbey Quevedo, El Espectador, noviembre de 2013.

10 La globalización en la agricultura toma la forma de cadenas productivas y de co- mercialización controladas por los grupos transnacionales que controlan el sector. En este esquema –dado que el papel de capital es el de articular los componentes de la cadena– cualquier forma de propiedad de la tierra (pequeña o mediana, res- guardos, territorios comunitarios afros) puede ser aceptada siempre y cuando se articule a proyectos globalizantes. Esto le posibilita al gran capital presentar un discurso incluyente hacia los pobres del campo. Esta propuesta es diferente a la del uribismo que pretende preservar el status quo definido por la guerra interna donde hacendistas y poderes mafiosos locales jugarían el papel central en la moderniza- ción globalizante de la tierra. En este punto Santos y Uribe expresan fracciones de clase diferentes.

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En el discurso justificativo de los que promueven el Frente Amplio por la Paz el
En el discurso justificativo de los que promueven el Frente Amplio por la Paz el

En el discurso justificativo de los que promueven el Frente Amplio por la Paz el neoliberalismo deviene en un asunto menor. Olvidan que el neoliberalismo es ante todo la imposición de un sistema de dominación de la burguesía transnacional soportado en las Instituciones Financieras Internacionales –IFIS–, el cual implementa una guerra social en contra de los trabajadores y las poblaciones basada en planes de austeridad para preservar las ganancias del gran capital y que ha terminado por producir una concentración de la riqueza sin precedentes en la historia de la humanidad.

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preservar zonas selváticas que, a no dudarlo, serán en el futuro concesionadas a las em- presas transnacionales del sector. La otra preocupación de Santos ha sido la de proteger los soportes institucionales del terror de Estado, las Fuerzas Armadas

y la institucionalidad contrainsurgente. El

primer intento, paralelo a la negociación de La Habana por garantizar la impunidad de

los militares fue la aprobación de la refor- ma constitucional del fuero penal militar,

reforma que dejaba en manos de la justicia penal militar la judicialización de los delitos cometidos por los militares en contra del DIH. Este intento naufragó por decisión de la Corte Constitucional. El segundo fue

el de la Reforma de la Justicia, reforma en

la que se intentaron institucionalizar los siguientes puntos: 1) La eliminación de la

competencia de la fiscalía para investigar

a funcionarios aforados como ministros,

embajadores, magistrados, generales y al- mirantes. Eso significaba paralizar aproxi- madamente 1 500 procesos judiciales en curso; 2) la inclusión de la doble instancia

para todos los procesos no fallados contra los congresistas, y 3) sepultaba la pérdida de investidura al eliminar casi todas las causa- les de inhabilidad. La presión de las organi- zaciones de derechos humanos y la opinión ciudadana adversa obligaron al Presidente

a abandonar el proyecto a pesar de que ya

había obtenido aprobación parlamentaria. Dados estos antecedentes el Fiscal Eduardo Montealegre ha salido a tran- quilizar los ánimos de los militares anun- ciándoles en declaraciones públicas que los

mecanismos de justicia transicional que se pacten en La Habana incluirán a las Fuer- zas Armadas. Esta promesa de impunidad

Las conversaciones se rompieron en marzo de 1992, luego del asesinato en cautiverio de Argelino Durán Quintero, en poder del EPL.

al ejército tiene igualmente una explicación de clase. El terror de Estado ha sido el factor decisivo en la dominación política y en el disciplinamiento social en las últimas décadas. De allí la complicidad del establecimiento con el uribismo. Nadie en la izquierda y en el movimiento democrático desconoce el papel de Uribe Vélez en la creación y desarrollo del paramilitarismo, su protagonismo en las Convivir y el intento de integrarlos socialmente con impunidad durante su mandato. Pero debe decirse, a nombre de la memoria histórica de las víctimas, que los mismos personajes que hoy por razones electorales denuncian al paramilitarismo desde las trincheras políticas del santismo, guardaron silencio cómplice en el pasado mientras estos grupos desataban su accionar con absoluta impunidad. Más aún, el uribismo no hubiera podido consolidarse como proyecto político nacional sin la complicidad de un ejército basado en la doctrina de la seguridad nacional y sin la existencia de una institucionalidad reaccionaria que hunde sus raíces en los estados de excepción del Frente Nacional. El Frente unitario de la izquierda con Santos así se justifique a nombre de la paz o de la lucha contra el fascismo apunta al camino equivocado. La consolidación del proceso de negociación política y la obtención de las reformas que exige la pacificación democrática del país obliga desde ya a la conformación de un gran bloque social y político de masas diferenciado del establecimiento.

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Capitalismo en Crisis

La otra cara del capitalismo dependiente en Colombia

Crisis La otra cara del capitalismo dependiente en Colombia Edwin Andrés Martínez Casas Profesor UDCA E

Edwin Andrés Martínez Casas

Profesor UDCA

E n su libro clásico donde sintetiza sus formulaciones sobre el carácter dependiente del capitalismo latinoamericano, Ma-

rini (1986) insiste en que la formación del capitalismo en la región se encuentra ligada a la dinámica del capital internacional, tanto en sus orígenes, cuando América Latina cumplía el papel de proveedor de alimentos, como en etapas posteriores en las que se presentó un tímido proceso de industrialización y su papel viró hacia la provisión de mate- rias primas que favorecieran el desarrollo capitalista en las economías centrales, pues las relaciones de las potencias imperiales con la periferia latinoamericana se encuentran determinadas por la división social del trabajo; en este marco, define la dependencia como “una relación de subordinación entre naciones formalmente independientes, en cuyo marco las relaciones de producción de las naciones subordinadas son modificadas o recreadas para asegurar la reproducción ampliada de la dependencia. El fruto de la dependencia no puede ser por ende sino más dependencia” (Marini, 1986: 18). Así las cosas, la reproducción de la dependencia y el desarrollo capi- talista de los países que configuran la órbita del imperialismo son las dos caras de la misma moneda; como señala Ianni (1998), la dependencia

imperialismo son las dos caras de la misma moneda; como señala Ianni (1998), la dependencia _

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en los países subordinados se convierte en la mani- festación de las relaciones imperiales. En este fenó- meno, la sobreexplotación de la fuerza de trabajo en los países dependientes (basada en la extracción de plusvalía absoluta) juega papel preponderante como sostén de la acumulación en los centros capitalistas

y, por otro lado, el comercio exterior como espacio

que permite el intercambio desigual y, por tanto, la fuga permanente de recursos, que terminan alimen-

tando la acumulación de capital en las economías no dependientes. En un artículo anterior 1 , se estudiaron para Colombia las características del capitalismo dependiente vinculadas al comportamiento del sec- tor externo y el mecanismo de intercambio desigual

y fuga de capitales que ello implica. En el presente

artículo, se centra la atención en la sobreexplotación del trabajo y sus manifestaciones. Para el caso colombiano, la primera ofensiva con- tra la clase trabajadora en el marco del patrón neoli- beral se da a comienzos de la década del noventa, con la aprobación de la Ley 50, que preparó el terreno para una denominada “flexibilización laboral”. La segunda etapa de este proceso se dio a comienzos de la década siguiente con la aprobación en 2002 de la Ley 789, que profundizó las medidas de flexibi- lidad, teniendo como consecuencias el deterioro de las condiciones de remuneración de trabajadores, el incremento de la informalidad y el deterioro de la or- ganización sindical. En efecto, mientras que en 1975 la tasa de sindicalización fue de 13,4% (porcentaje que en sí mismo es relativamente más bajo que el de otros países similares a Colombia), en 2008 sólo fue de 4,7% (FENASIBANCOL, 2012).

1 Ver mi artículo “Los Ejes de la acumulación de capital en Colombia”, Revista Izquierda N.° 34, junio de 2013.

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http://www.elespectador.com/publicaciones/especial/50-

anos-de-masacre-de-marquetalia-articulo-439851

Capitalismo en Crisis

Contenido

 

Tabla N.° 1. Índice Salario Mínimo Real 2000-2010 (Año base 2000)

 
 

2001

2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2009

2010

Argentina

101,1

81,3

84

124,8

171,1

193,2

219,6

253,3

292

321,2

Brasil

109,8

114,3

84

124,8

128,5

145,3

154,7

160,8

172,1

182

Promedio

América

103,6

102,5

102,4

105,2

112,6

118,6

122,1

12,7

138,1

142,1

Latina

Chile

103,8

106,8

108,3

11,3

113,4

116,3

118,4

118,3

124,7

126,6

Colombia

101,8

103,5

103,7

105,6

107,2

109,9

110,7

110,1

113,7

115,1

Venezuela

100,5

96,1

85,1

97

108,6

116,9

124,2

119,9

111,7

113,2

Fuente: OIT (2011: 139)

Como se observa en la Tabla N.° 1, el salario real en Colombia, aunque evolucionó favorablemente entre 2000 y 2010, tuvo un comportamiento muy por debajo del promedio de América Latina, lo cual significa que los frutos del crecimiento económico en esa década no fueron apropiados de forma significativa por la clase trabajadora; esta dinámica explica en gran medida por qué los indicadores de distribución del ingreso no presentaron una mejoría significativa respecto al importante crecimiento económico que se presentó en esta década.

Tabla N.° 2. Índice Salario real por estratos, 2000-2011 (Año base 2000)

 

Bajo

Medio

Alto

2000

100

100

100

2001

100,99

102,32

103,63

2002

100,86

103,41

105,91

2003

102,27

104,36

106,33

2004

104,67

106,55

108,98

2005

106,03

108,2

111,25

2006

108,8

110,49

113,81

2007

109,08

110,93

115,23

2008

106,5

109,5

115,95

2009

112,27

110,78

121,88

2010

113,37

112,07

124,05

2011

113,79

114,24

127,15

Fuente: FENASIBANCOL (2012)

La Tabla N.° 2 pone en evidencia que, a diferencia de lo expuesto por las corrientes orto- doxas en economía, que insisten en que la reducción de la inflación favorece más a los más pobres, son los hogares de estratos más altos lo beneficiados con las medidas encaminadas

más pobres, son los hogares de estratos más altos lo beneficiados con las medidas encaminadas _

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El comportamiento desfavorable de los salarios y en general de las condiciones de los trabajadores

El comportamiento desfavorable de los salarios y en general de las condiciones de los

trabajadores se manifiesta

a través de la paradoja de

la economía colombiana en esta década: el PIB mostró un comportamiento muy favorable evaluado en términos de su tasa de crecimiento, pero esto no estuvo acompañado de generación de empleos de calidad ni de una disminución

significativa de la pobreza

y la desigualdad. El

crecimiento económico fue apropiado fundamentalmente por el capital extranjero y nacional, es decir, luego del periodo de crisis 1998-1999, la tasa de ganancia se recuperó gracias al sacrificio de la clase trabajadora.

45, Junio de 2014 · Bogotá, Colombia

a mantener reducidos los niveles inflaciona-

rios. Mientras que entre 2000 y 2011 el sa- lario real para las personas de estratos bajos

aumentó 13,79%, en los estratos altos este incremento fue de 27,15%, es decir, casi el doble, con lo cual se continúa configurando el escenario de concentración del ingreso que caracterizó a la economía y la sociedad colombiana durante el periodo 2000-2010. Por supuesto, esta tendencia se evidenció también en la evolución desfavorable que presentaron los salarios como porcentaje del Producto Interno Bruto. En efecto, mientras que para el año 2000, los salarios represen- taban el 35,5% del PIB de Colombia, para 2007 esta participación había disminuido a 31,1% (FENASIBANCOL, 2012: 54); aun- que esta disminución de la participación de los salarios es una tendencia que se presenta en varios países de la región, es importante destacar que la disminución para el caso co- lombiano fue la más significativa, sumado al hecho de que esta participación de los salarios en el PIB ha sido históricamente re- lativamente más baja, comparada con dicha participación en países como Brasil (41,7) o Chile (39%). Otro indicador de la evolución desfavo-

rable en la situación de la clase trabajadora

y en general de los sectores populares tiene

que ver con la incidencia de los salarios bajos. De acuerdo con la OIT (2011: 126), mientras que el porcentaje de salarios bajos respecto al conjunto del mercado laboral pasó de 22,9% en el periodo 2001-2006 a 22,1% en el periodo 2007-2009 en Brasil, de 32,3% a 29,3% en Argentina, de 26,6%

a 25,5% en Perú, de 26,6% a 23,2% en Venezuela, en Colombia se mantuvo en el orden de 30,8%, cifra que resulta más

Capitalismo en Crisis

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alta respecto a los demás países de la región y sin tendencia hacia la disminución, lo cual refuerza el argumento presentado en este artículo, según el cual los frutos del crecimiento económico que se presentó en la década estudiada no fueron apropiados por los trabajadores, sino por los capitalistas ligados a los sectores exportadores y al sector financiero- especulativo. Este comportamiento desfavorable de los salarios y en general de las condiciones de los trabajadores se manifiesta a través de la paradoja de la economía colombiana en esta década: el PIB mostró un comporta- miento muy favorable evaluado en términos de su tasa de crecimiento, pero esto no estuvo acompañado de generación de empleos de calidad ni de una disminución significativa de la pobreza y la desigualdad. El crecimiento económico fue apropiado fundamentalmente por el capital extranjero y nacional, es decir, luego del periodo de crisis 1998-1999, la tasa de ganancia se recuperó gracias al sacrificio de la clase trabajadora. En efecto, mientras que en “la bonanza”, es decir entre 2004 y 2007, la economía colombiana creció en promedio 5.8%, la inequitativa dis- tribución del ingreso no cedió de forma importante. Por el contrario, como se observa en la Tabla N.° 3, en algunos años de este periodo de auge económico, la distribución del ingreso empeoró, por ejemplo, entre 2005 y 2006, al pasar el coeficiente de Gini de 0,56 a 0,59.

Tabla N.° 3. Colombia, coeficiente de Gini, 2000-2010 (incluye variación anual)

Tabla N.° 3. Colombia, coeficiente de Gini, 2000-2010 (incluye variación anual)

Tabla N.° 3. Colombia, coeficiente de Gini, 2000-2010 (incluye variación anual)

Año

Gini

Variación

2000 0,59

2001 0,58

-0,011

2002 0,61

0,046

2003 0,58

-0,046

2004 0,58

0,007

2005 0,56

-0,037

2006 0,59

0,045

2007 0,59

0,004

2008 0,57

-0,028

2009 0,57

-0,010

2010 0,56

-0,013

Fuente: Elaboración propia con base en www.bancomundial.org

-0,010 2010 0,56 -0,013 Fuente: Elaboración propia con base en www.bancomundial.org _ 4 4 Volver a

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http://www.elespectador.com/noticias/nacional/guerrilla-14-fotos-galeria-495525

Timoleón Jiménez, Iván Márquez, Alfonso Cano y Manuel Marulanda.

Como resalta Marrugo: “Al comparar la tasa de crecimiento del PIB en Colombia y el comportamiento de la tasa de crecimiento del Coeficiente de GINI, se observa que entre el año 2000 y 2006, se presentó un crecimiento acelerado del PIB; sin embargo, el Coeficiente de GINI alcanzó el máximo valor de la década en el año 2002 con 0,61, lo que evidencia la fuerte inequidad que existe en el país”; y más adelante agrega: “el crecimiento de la productividad no ha generado aumento de los salarios reales, lo cual indica la persistente concentración de capital por parte de los dueños de los factores productivos” (2013: 134,

136).

Estas apreciaciones coinciden con el análisis de Ávila (2012), en el que se muestra que el ritmo de disminución de la pobreza y el comportamiento errático de la desigualdad no se compadecen con la tasa de crecimiento de la economía en los últimos diez años. De acuerdo con los datos del DNP, en 2002 la pobreza afectaba al 49,4% de la población colombiana, mientras que la pobreza extrema se ubicaba en el orden de 17,6. Entre tanto, en 2010, estos porcentajes llegaron a 37,5% y 12,3%, respectivamente; esto significa que, en promedio, la pobreza disminuyó a la tasa anual de 1,45% y la pobreza extrema a la de 1,46%, cifras que se encuentran muy por debajo del crecimiento del PIB en este periodo (5,8% en promedio). Lo anterior también se evidencia en la evolución de la incidencia de los salarios bajos y su relación con la desigualdad. En la década comprendida entre 2000 y 2010, varios países de América Latina redujeron la incidencia de los salarios bajos: en Argentina los salarios bajos pasaron de representar 32,3% en el periodo 2001-2006 a 29,3% en 2007-2009; en Perú pasaron de 26,6% a 25,5%, en México de 24,5% a 23,6%. Entre tanto Colombia continuó siendo el país de la región en el que los salarios bajos presentan la mayor inci- dencia (30,8% en 2009), lo cual es compatible con la evolución de la relación de ingresos

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entre el decil más alto (D9) y el decil más bajo (D1), que pasó de 9,5 a 9,8, configurando un escenario de mayor desigualdad, mientras que en países como Brasil, Venezuela y Perú esta relación disminuyó aparejada con una menor incidencia de salarios bajos. Como se desprende del análisis de las principales características del patrón de acumulación neoliberal dependiente, vigente en Colombia desde la década del noventa, pero con nuevos bríos después de la crisis de 1999, existe una estrecha relación entre el volcamiento de la economía colombiana hacia el sector exportador minero-energético en detrimento de aquellas ramas de la economía que se destacan más en la generación de empleo, como el agro y la industria; la hipertrofia del sector terciario de la economía, cuyo impulso se basa fundamentalmente en el incre- mento del sector de servicios de baja tecnología y productividad y que actúa como “refugio” laboral, ante la destrucción de puestos de trabajo que deja la nueva vocación exportadora colombiana, y el deterioro de las condiciones de la clase trabajadora, que ha padecido sendas reformas laborales que han minado su capacidad de organización, sus condicio- nes laborales y obstaculizado sus posibilidades para participar en mayor grado del reciente e “inusitado” crecimiento de la economía colombiana. De esta situación se han beneficiado distintas facciones de la clase capitalista. De un lado, el capital internacional explota los recursos naturales y la mano de obra local en condiciones bastante favorables a sus intereses; de otro lado, el capital “industrial” local ha intentado resistir la embestida del capital internacional por la vía de la reducción de costos, buscando ser más “competitivos”, lo cual se traduce en el viejo mecanismo de deteriorar las condiciones de los trabajadores y utilizar primordialmente la sobreexplotación del trabajo. Asimismo, el capital financiero se apropia del ahorro de los trabajadores y expolia sus exiguos recursos por la vía del crédito, mecanismo que es utilizado en masa por los trabajadores que, ante la caída de sus ingresos reales, ven en el en- deudamiento el único instrumento para intentar mantener un nivel de consumo aceptable. En última instancia, es la clase trabajadora la que alimenta los principales ejes de la acumulación bajo este nuevo patrón que reproduce la dependencia y la sobreexplotación.

de la acumulación bajo este nuevo patrón que reproduce la dependencia y la sobreexplotación. _ 4

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http://static.elespectador.com/especiales/2012/10/c76ac5d881f4fabc4f5ad72211b1771b/informacion_1984.html Alfonso Cano,
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Alfonso Cano, Jacobo Arenas, Raúl Reyes y Manuel Marulanda, líderes históricos de las FARC que firmaron el Acuerdo de La Uribe, hoy están muertos. Es otra generación de esta guerrilla la que está sentada actualmente frente al Gobierno en La Habana.

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Autoritarismo del siglo XXI:

¿Quién es el enemigo? *

Autoritarismo del siglo XXI: ¿Quién es el enemigo? * Daniel Inclán Observatorio Latinoamericano de Geopolítica

Daniel Inclán

Observatorio Latinoamericano de Geopolítica

“El enemigo no puede ser atacado directamente. Si lo aproximamos frontalmente el enemigo es impenetrable. Si al enemigo lo aproximamos frontalmente debemos reconocerlo vencedor. Para continuar victorioso el enemigo requiere nuevos enemigos frontales. Ésos no existen; entonces el enemigo los inventa. Ésta es la oportunidad que aguardamos para emprender incontables ataques laterales. Así es la estrategia de la resistencia.”

John Berger, De A para X. Una historia de cartas.

* Trabajo realizado en el marco del proyecto “Territorialidad, modos de vida y bifurca- ción sistémica (PAPIIT IN301012)”. Artículo publicado en la revista América Latina en Movimiento, No. 495 (mayo de 2014) con el título “Reordenando el continente”. http://www.alainet.org/publi-

con el título “Reordenando el continente”. http://www.alainet.org/publi- _ 4 8 Volver a contenido ca/495.phtml

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V ivimos en un contexto autoritario que afecta el conjunto de las relaciones

sociales en sus estructuras y sus prácticas. El autorita-

rismo contemporáneo lejos está de ser una renovada versión de los fascismos históricos o de los procesos contrarrevolucionarios de la segunda mitad del siglo XX. Ante lo que estamos es un nuevo orden social que reorganiza las relaciones interestatales y las rela- ciones sociales de los distintos países; su fundamento es la militarización de la vida cotidiana a través de múltiples mecanismos, que no se reducen a la pre- sencia de cuerpos armados, legales o ilegales, en la mayoría de los espacios públicos. La militarización de las distintas formas sociales sigue un modelo de capas interactuantes que intentan atravesar todas las estructuras de la vida social, en las que ocupa un lugar privilegiado la presencia de cuerpos militares o de segmentos militarizados (“The overarching focus of this vision is full spectrum dominance –achieved through the interdependent application of dominant maneuver, precision engagement, focused logistics, and full dimensional protection”, Joint Vision, 2020). Este nuevo autoritarismo es resultado de al menos cuatro grandes transformaciones estructurales en la vuelta de siglo. La primera transformación está en el cambio de estrategia global estadounidense, que desde los años noventa dirige sus empresas militares

al control de los recursos estratégicos y a la construc-

ción de una “democracia internacional” acorde con las necesidades del libre mercado. En este proceso el papel de las fuerzas armadas estadounidenses se modificó; junto a la invasión de países y la admi-

nistración de guerras en las que se convirtió en el coordinador de los cuerpos internacionales de paz, hay una campaña de intervención cívico-policiaca

a través del entrenamiento de las fuerzas represivas

locales, estatales o privadas, que complementan los

proyectos de desarrollo económico transnacionales, localizados en las regiones donde están los bienes naturales estratégicos.

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Enero 7 de 1999. El presidente Andrés Pastrana inicia un diálogo con las FARC y despeja militarmente 42 000 km 2 en el sureste del país: El Caguán.

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De la construcción de la imagen del terrorista no sólo participan el orden jurídico internacional
De la construcción de la imagen del terrorista no sólo participan el orden jurídico internacional

De la construcción de la imagen del terrorista no sólo participan el orden jurídico internacional y sus adaptaciones locales, juegan un papel central los medios de comunicación. Junto con las leyes punitivas que hacen cotidiano el derecho militar, hay una fuerte campaña mediática por construir un sentido común en torno a la figura del terrorista, como aquella entidad asocial incapaz de manifestar sus demandas por las “vías institucionales” y “democráticas”.

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El segundo cambio es la transformación de las relaciones intercapitalistas, que modificaron la composición del bloque económico hegemónico. A pesar de los traspiés económicos, Estados Unidos es la potencia hegemónica mundial, la financiarización de la economía depende del papel estadounidense; al mismo tiempo, las empresas domiciliadas en Estados Unidos, amparadas bajo sus leyes, tienen una ventaja comparativa en los sectores estratégicos de la econo- mía mundial. La internacionalización de la economía mundial sigue subordinada, en gran medida, a la intervención de los Estados para la defensa de los monopolios; y Estados Unidos sigue siendo el Estado más fuerte del orbe, no sólo por su capacidad militar, sino por su poder político que logra reorganizar la diplomacia internacional. Junto con el poderío estadounidense hay intentos de reestructuración de los bloques económicos, que aspiran a contrarrestarle peso, sin lograr una autono- mía absoluta. En parte porque el papel hegemónico se construye también a través de las agencias interna- cionales (FMI, BM, OCDE, OMC), desde las que se diseñan y administran los proyectos económicos e imponen una agenda global, apuntalando el poderío estadounidense. La tercera transformación es la presencia de una movilización popular abigarrada, en la que se mez- clan distintas demandas sociales y múltiples formas de lucha. Ante la crisis de los estados de bienestar y la avalancha de proyectos neoliberales, se han pro- ducido múltiples estrategias de resistencia, que no se adaptan a las viejas formas de organización política, el sindicato, la confederación o la guerrilla, si bien éstas siguen existiendo ya no son las que sirven de re- ferente para la movilización popular. Desde la vuelta de siglo hay un nuevo ciclo de protestas sociales, en ocasiones con demandas perentorias o coyunturales, en ocasiones con proyectos de transformación de las estructuras sociales. Dentro de estos hay un amplio grupo de movilizaciones que construyen o intentan

construir otro tipo de relaciones con el territorio, en abierta oposición a los mecanismos de

construir otro tipo de relaciones con el territorio, en abierta oposición a los mecanismos de territorialización del capitalismo. Este tipo de procesos de resistencia son los que más incomodan a la construcción del orden mundial, porque cuestionan, resisten y proponen alternativas al modelo dominante. La cuarta mudanza es la inminente crisis orgánica de la civilización capitalista. Las múltiples dimensiones de la crisis obligan a reconfigurar el orden de poder internacional, para asegurar la flexibilidad del poder económico y su incesante acumulación de capitales. En esta crisis, la lucha por los recursos estratégicos para la sobrevivencia del modelo de civi- lización capitalista es cada vez más intensa. Se resaltan de la crisis su dimensión ecológica y el impacto que ésta genera en la alimentación humana y en el desplazamiento de personas en búsqueda de mejores condiciones de vida. Al mismo tiempo hay un claro agotamiento de las formas seculares de convivencia, que ponen en cuestión la validez de las instituciones políticas occidentales. Ante estas transformaciones el autoritarismo del siglo XXI intenta contener los estallidos y las amenazas en el corto plazo para la reproducción del sistema.

La instalación del nuevo orden autoritario

Estos cuatro grandes cambios han motivado una reestructuración profunda de la doc- trina de seguridad nacional de Estados Unidos. Un elemento clave es la modificación en la configuración discursiva y práctica del enemigo que se pretende combatir. Durante el proceso de contrainsurgencia la doctrina de seguridad nacional, inaugurada en el gobierno de Kennedy, configuraba al enemigo como la amenaza comunista a la democracia occi- dental. La expresión sintética de este peligro era el guerrillero, el combatiente insurgente, que por la vía de las armas intentaba desestabilizar el orden local para instalar la semilla

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del comunismo. Esta doctrina se acompa- ñaba de proyectos de desarrollo local para desestabilizar a

del comunismo. Esta doctrina se acompa- ñaba de proyectos de desarrollo local para desestabilizar a las fuerzas populares que apoyaban a los distintos grupos insurgen- tes, en este proceso jugaba un rol central la USAID. Para la doctrina de seguridad nacional, expuesta por Robert McNamara, secretario de defensa estadounidense en la década de los años sesenta (The essence of security), el pueblo solidario con los guerrilleros era el verdadero enemigo; junto al exterminio de las fuerzas beligerantes se necesitaba modificar las condiciones que hacían posi- ble una aceptación social de la insurgencia armada. El enemigo debía ser exterminado, no sólo derrotado en el terreno militar. El proceso de exterminio del enemigo seguía dos argumentos; el primero señalaba que la procedencia del enemigo era exógena, es decir, que era resultado de la infiltración internacional con el objetivo de desestabili- zar el orden local. El segundo argumento se servía de una metáfora médica para señalar que la presencia de los subversivos contami- naba el resto del cuerpo social, por lo que era necesario extirparlo. La doctrina de seguridad nacional es- tadounidense ha cambiado su perspectiva (Field Manual 3-24. Counterinsurgency). El enemigo ya no es el pueblo afín a las de- mandas de la subversión comunista; ahora lo es todo aquel sector de la sociedad que exprese manifiesta o explícitamente una oposición a las reglas de funcionamiento del capitalismo internacional. El enemigo ya no es resultado de una infiltración externa, producto de una conspiración comunista internacional. El enemigo es expresión de un desarreglo de las fuerzas locales, que

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Un importante acuerdo durante este proceso de negociación fue el que permitió en junio de 2000 la liberación de 352 soldados y policías que las FARC mantenían en su poder, en La Macarena, Meta.

aprovechando los contextos de inestabilidad económica o política ejerce una acción que “pone en peligro” a la nación en su conjunto y, en casi todas las ocasiones, convirtiéndose en un peligro para la región y, por tanto, una amenaza para la libertad y la democracia. Ahora el enemigo se construye como aquel que no respeta los “valores democráticos” y que busca imponer por la fuerza formas de socialidad que no son consensuadas por las mayorías a través de los canales institucio- nales (el voto universal, la representatividad de poderes y el respeto a las leyes). El nuevo enemigo es el terrorista, una figura social que se esconde detrás del anonimato, que usa la violencia desmesurada con el único objetivo de atemorizar poblaciones. Esta figura se hace concreta en aquellas personas que usan la fuerza para resistir la imposición de un proyecto económico o político, en toda colectividad que defienda su territorio, sus tradiciones y que no tolere la violación de derechos.

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Uno de los espacios donde esta confi- guración del enemigo ha tenido grandes repercusiones es en la esfera del derecho, tanto en sus formas nacionales como en su dimensión internacional. Se ha transitado de la imposición de derechos militares a la militarización del derecho. Durante los procesos de contrainsurgencia, en los que los golpes de Estado fueron la herramienta político-militar para desarticular las mo- vilizaciones locales, se instaló el estado de excepción como principio legal. Una forma propia de un contexto de guerra, llamada en ese entonces no-convencional, pero que se- guía, al menos formalmente, los principios jurídicos de la guerra, como la suspensión de la división de poderes y el control del ejecutivo en manos de las fuerzas armadas. Este proceso presuponía el reconocimiento de fuerza beligerante a las distintas guerri- llas, pretexto para legitimar la presencia de militares en el poder. En la vuelta del siglo las cosas cambiaron, se empezó a legalizar

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el estado de excepción, militarizando el de- recho nacional e internacional. Los criterios de estado de emergencia se volvieron positi- vos, permitiendo la violación legalizada de derechos sin la necesidad de suspender todo el estado de derecho. Las leyes permiten construir situaciones de emergencia jurídica dentro del marco legal vigente. Los terro- ristas pueden ser tratados fuera del derecho general y sometidos a una estructura legal particular. Lo que en términos formales presupone una contradicción al principio universal de todo derecho positivo.

El nuevo enemigo

En este proceso se construyó otra ima- gen del enemigo, ya no es más el enemigo político subversivo que toma las armas, hay una caracterización ambigua de aquel que no respeta las leyes y que por tanto puede ser puesto en un régimen de excepción. A diferencia del subversivo comunista, que también era un sujeto ambiguo en su defi- nición, el sujeto terrorista no tiene ningún rasgo de proyecto político o parapolítico. Su caracterización reduce al mínimo toda posible expresión de politicidad. Lo que caracteriza al terrorista, según la nueva doctrina de seguridad nacional, es el uso clandestino y premeditado de la violencia dirigida a objetivos no combatientes para sembrar el miedo y el terror como forma de coaccionar a los gobiernos o a la sociedad. El enemigo sigue siendo la población en su conjunto, sobre todo aquellas partes que se movilizan y resisten los proyectos político-económicos dominantes; lo que ha cambiado son las armas para combatirla. A diferencia de la guerra de contrainsurgencia de los años sesenta y setenta, desde la vuelta

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de siglo se construye una estrategia de lucha que abarca todos los niveles de la vida social. Junto con los ejércitos, los policías y los cuerpos de seguridad privados viajan antropólogos y sociólogos. Al enemigo se le vence conociéndolo (“viewing the adversary through one’s own eye” The U.S. Army Functional Concept for Intelligence, 2016-2028), y eso no lo hacen las fuerzas armadas, lo hacen académicos. La antropología

y la sociología son instrumentos que pueden ser más efectivos que las

armas de fuego. Una vieja práctica colonial, la de conocer las formas de vida de la sociedad por dominar, se recicla y se integra al autoritarismo

contemporáneo que busca “derrotar” a los procesos terroristas mediante

el control total de las formas sociales particulares.

Las balas no logran estabilizar las condiciones sociales para la insta- lación de proyectos económicos, por eso se utilizan medios de disuasión

y conocimiento de las poblaciones locales a través de distintos saberes.

Lograr la estabilidad necesaria para los proyectos económicos o políticos

tiene como principio la división de la población para que ella misma

se enfrente a los terroristas, para que sean los locales, dirigidos por los militares estadounidenses, los que enfrenten al enemigo interno. A la di- visión interna de la sociedad agredida, y la colaboración de una parte de ella con las fuerzas estadounidenses la llaman acción unificada (Unified action is the synchronization, coordination, and/or integration of the activities of governmental and nongovernmental entities with military operations to achieve unity of effort. Field Manual 3.0. Operations). De la construcción de la imagen del terrorista no sólo participan el orden jurídico internacional y sus adaptaciones locales, juegan un papel central los medios de comunicación. Junto con las leyes punitivas que hacen cotidiano el derecho militar, hay una fuerte campaña mediática por construir un sentido común en torno a la figura del terrorista, como aquella entidad asocial incapaz de manifestar sus demandas por las “vías institucionales” y “democráticas”. El proceso mediático contribuye a la construcción de la imagen difusa del terrorista; su representación sigue

el

principio de no referir a humanos, sino a figuras genéricas, sin rostro

y

sin identidad. La metáfora es la de un cuerpo sin identidad, sujeto

sin historia, cuya única marca de diferenciación es su actuar fuera del

“estado de derecho”. Este es el enemigo del poder hegemónico en el siglo

XXI.

fuera del “estado de derecho”. Este es el enemigo del poder hegemónico en el siglo XXI.

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http://www.eltiempo.com/Multimedia/galeria_fotos/pasodeeltiempo/recordando-el-paso-de-el-tiempo-las-farc-_12169936-5

Nº 45 , Junio de 2014 · Bogotá, Colombia Capitalismo en

45, Junio de 2014 · Bogotá, Colombia

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Luchas populares

Derechos sexuales y reproductivos de las trabajadoras sexuales

Paola Andrea Salazar Carreño

Politóloga Candidata a Maestra en Historia Universidad Nacional de Colombia

A ctualmente cursa en el Congreso de la República un proyecto de ley que busca reglamentar el ejercicio de la

prostitución en Colombia. La ponencia positiva que ha trasformado sus- tancialmente el proyecto inicial, ha defendido la necesidad de formular una política pública que reconozca los derechos sociales, económicos y culturales de quienes ejercen la prostitución 1 . El proyecto ha contado con la participación de diversas organiza- ciones de trabajadoras sexuales, organizaciones no gubernamentales y entidades públicas del orden nacional y distrital en un esfuerzo colec- tivo por formular por primera vez en el país una ley de tal naturaleza que, aunque no será mágica ni resolverá por sí sola la complejidad del

1 Ponencia Positiva Segundo Debate Proyecto de Ley N.° 79 de 2013 –Senado– Por la cual se establece un trato digno a las personas que ejercen la prostitución, se fijan medi- das afirmativas a su favor y se dictan otras disposiciones orientadas al restablecimiento de sus derechos. Coordinadora: Gloria Inés Ramírez.

orientadas al restablecimiento de sus derechos . Coordinadora: Gloria Inés Ramírez. _ 5 6 Volver a

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fenómeno, pretende ser un primer paso para favore- cer principalmente a las mujeres mayores de 18 años que ejercen de manera consentida esta actividad. La iniciativa reconoce que estas mujeres son tra- bajadoras en condiciones de alta vulnerabilidad que por diversas causas socioeconómicas y psicosociales 2 se han visto empujadas hacia esta realidad. En Co- lombia, a pesar de que la prostitución no es ilegal, está localizada en una “zona gris” donde no existen reglas claras a nivel nacional para sancionar no sólo el desconocimiento de sus derechos fundamentales, sociales y laborales sino los múltiples abusos, la so- breexplotación laboral, la marginación social, entre otros problemas que afrontan diariamente las traba- jadoras sexuales 3 . Recientemente la Corte Constitucional estableció en la sentencia T-620 de 2010 un precedente para avanzar en esta materia; no obstante, existe cierta re- sistencia por parte de la derecha conservadora y cier- tos sectores feministas abolicionistas que se oponen abiertamente a la iniciativa reglamentaria, funda- mentados en posiciones que asumen la prostitución como algo “indeseable” socialmente, sin plantear alternativas concretas para las trabajadoras sexuales 4 . A partir de estos antecedentes, el presente artícu- lo pretende desmontar los supuestos beneficios que traen las posturas abolicionistas para la sociedad, te- niendo en cuenta los efectos de la implementación de varios modelos de legislación y políticas sobre la pros- titución a nivel internacional. Para comenzar, existen distintos modelos a nivel mundial para legislar sobre

2 Le Monde Diplomatique edición española (febrero de 2003). Lilian Mathieu. “Las causas económicas y sociales de la prostitución”. Disponible en línea: http://monde-diplomati-

que.es/2003/02/mathieu.html

3 Ponencia Segundo Debate Proyecto de Ley N.° 79 de 2013. Disponible en la Gaceta del Congreso 106 de 2014.

4 Olga Lucía González (21 de abril de 2014) “Cuando regla- mentar la prostitución es un problema”. Disponible en:

www.razonpublica.com

45, Junio de 2014 · Bogotá, Colombia

Nº 45 , Junio de 2014 · Bogotá, Colombia 27 de Agosto de 2012. Santos anuncia
Nº 45 , Junio de 2014 · Bogotá, Colombia 27 de Agosto de 2012. Santos anuncia

27 de Agosto de 2012. Santos anuncia que inició contactos con las FARC encaminados a poner fin al conflicto social y armado.

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El proyecto ha contado con la participación de diversas organizaciones de trabajadoras sexuales, organizaciones no

El proyecto ha contado con la

participación

de diversas

organizaciones

de trabajadoras

sexuales,

organizaciones no gubernamentales y

entidades públicas del orden nacional

y distrital en un

esfuerzo colectivo por formular por primera vez en el país una ley

de tal naturaleza que, aunque no será mágica ni resolverá por sí sola la complejidad del fenómeno, pretende ser un primer paso para favorecer

la prostitución. Recientemente se han posicionado dos tendencias particulares: el abolicionismo, o mo- delo “nórdico”, y el reglamentismo, o modelo en que más han avanzado los países germánicos 5 . El abolicionismo adopta una comprensión par- ticular de la prostitución de los años 70, considera que el acto de comprar o vender servicios sexuales es indeseable e identifica a las personas que ejercen la prostitución como víctimas absolutas, aún si media su consentimiento, constituyéndose per se una forma de violencia contra la mujer. Bajo esta concepción, se debe criminalizar todo lo que rodea a la prostitución. El problema principal de esta interpretación es que la prostitución es equiparada a la trata de personas, dos fenómenos de naturaleza distinta, que confunden y dificultan la distinción de políticas para combatirlos. Estas concepciones han inspirado las últimas las reformas legislativas de países como Suecia (1999), Finlandia (2006), Noruega (2008), Islandia (2009) 6 y, recientemente, Francia con la aprobación de la Pro- posición 1437 de 2013 que criminaliza a los clientes. Cabe aclarar que lejos de lo que comúnmente se di- vulga, la iniciativa provino originalmente del Gobier- no de Sarkozy, representante del partido de derecha UMP, y sólo más tarde recibió el apoyo de la Ministra socialista Najat Vallaud-Belkacem. Lejos de ser acep- tada por unanimidad, la ley contó con fuertes debates y, según diversas encuestas, resultaba desfavorable

principalmente para más de la mitad de la opinión pública (68%) 7 .

a las mujeres

mayores de 18 años que ejercen de manera consentida esta actividad.

de 18 años que ejercen de manera consentida esta actividad. _ 5 8 Volver a contenido

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5 Elma del Carmen Trejo. Estudio de Legislación Internacional y Derecho Comparado de la Prostitución. Centro de Documenta- ción, Información y Análisis, Cámara de Diputados. México, D.F (junio de 2007).

6 Blog Prostitution en Societé (Mai, 2009). «Les politiques en Europe». Disponible en línea : http://www.prostitutio- netsociete.fr/politiques-publiques/legislations-nationales/ les-politiques-en-europe?lang=fr

7 Le Monde Diplomatique (23 décembre 2013) «Croisade mo-

rale contre la prostitution». Disponible en línea: http://

blog.mondediplo.net/2013-12-23-Croisade-morale-con-

tre-la-prostitution

Por su parte, el reglamentismo reconoce que la prostitución es un hecho inevitable, cuya existencia deber ser reconocida y aceptada por la sociedad, por eso debe estar sujeta a controles en los ámbitos de salud pública, seguridad ciudadana y ordenamiento territorial. En la mayoría de los países donde se ha implementado existen prohibiciones expresas para la prostitución que involucra a menores de edad y la trata de perso- nas. De esta manera, regular la prostitución consentida ha respondido a una concepción mucho más amplia, que implica la voluntad política de no juzgar moralmente la actividad, reconocer los mismos derechos a las prostitutas que a los otros trabajadores, limitar la influencia de las redes de proxenetas y mafias. En la mayoría de países europeos, como Austria (1997), Suiza (1992), Australia, Dinamarca, Inglaterra e Italia y en América Latina (Perú y Argentina), se reglamentan condiciones específicas de la prostitución 8 . En los últimos años, los Países Bálticos (2000) y Alemania (2002) han avanzado aún más hacia la laboralización de la actividad, reconociendo iguales derechos laborales y de seguridad social para las trabajadoras sexuales. Además, en Holanda la “ley de los burdeles” incorporó me- didas para proteger sus derechos humanos, entre ellos, el derecho a su integridad física y psíquica. Estas políticas han tenido efectos positivos en el control sobre las redes mafiosas, significando avances en los dere- chos laborales y de seguridad social para las trabajadoras con dificulta- des propias derivadas de la falta de comprensión de la particularidad y dimensiones del trabajo sexual. Ahora bien, los abolicionistas detractores de todo intento de regla- mentación, como el que se presenta en Colombia, exaltan los supues- tos éxitos del “modelo sueco” y francés 9 . Sin embargo, varios estudios realizados por profesionales de ciencias sociales y ciencias de la salud en diversas universidades 10 han mostrado empíricamente sus efectos negativos, entre los que se señalarán sólo algunos:

8 Patricia Canales Netlle. “La Regulación de la Prostitución en la Legislación Compa- rada”. Serie Estudios No. 325. Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, Santiago (14 de octubre de 2005)

9 Olga Lucía González (26 de noviembre de 2013). “Por qué Francia refuerza el aboli- cionismo frente a la prostitución: un análisis feminista”. Disponible en: www.razon- publica.com

10 Susanne Dodillet and Petra Östergren. “The Swedish Sex Purchase Act: Claimed Success and Documented Effects”. Conference paper presented at the Internatio- nal Workshop: Decriminalizing Prostitution and Beyond: Practical Experiences and Challenges. The Hague, March 3 and 4, 2011. Disponible en línea: http://gup.ub.gu.

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Actualmente cursa en el Congreso de la República un proyecto de ley que busca reglamentar
Actualmente cursa en el Congreso de la República un proyecto de ley que busca reglamentar

Actualmente cursa en el Congreso de la República un proyecto de ley que busca reglamentar el ejercicio de la prostitución en Colombia. La ponencia positiva que ha trasformado sustancialmente el proyecto inicial, ha defendido la necesidad de formular una política pública que reconozca los derechos sociales, económicos y culturales de quienes ejercen la prostitución.

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En primer lugar, las concepciones abolicionistas adoptan una interpretación simplista de la prostitución al considerarla simplemente un acto de dominación del hombre sobre la mujer. De esta manera, demonizan la sexualidad masculina, crimi- nalizando a los demandantes de servicios sexuales y convirtiéndolos en los “chivos ex- piatorios del sistema”. Esta postura no logra comprender la complejidad del fenómeno y su producción en el devenir de la sociedad capitalista y es facilista, en la medida en que, sin entender las causas estructurales, culpa a los hombres por la existencia misma de la prostitución. Bajo esta concepción, las políticas en Suecia han concentrado sus es- fuerzos en la persecución y establecimiento de multas a los clientes, mientras que las me- didas sociales han pasado a un tercer plano y, en ocasiones, ni siquiera se implementan por falta de presupuesto y planeación 11 . En segundo lugar, este entendimiento anula la existencia de la venta de sexo con- sentido y victimiza a tal punto a las trabaja- doras sexuales, que niega de plano su auto- nomía y autodeterminación al considerarlas “sujetos para la rehabilitación”, silenciando sus voces y demandas propias. Así, lo ma- nifestó Morguane Mentelu, secretaria del sindicato de trabajadoras sexuales en Fran- cia (STRASS) 12 . Por su parte, la reconocida académica feminista Elisabeth Banditer considera que estas políticas representan un retroceso con respecto a las conquistas

se/records/fulltext/140671.pdf

11 Dodillet and Ostergren. Op. cit.

12 El Tiempo. (Octubre 5 de 2012). “ ‘Queremos seguir siendo prostitutas y feministas’: traba- jadora sexual”

Iván Márquez, jefe de la delegación de las FARC en las negociaciones de paz con el Gobierno colombiano.

de los derechos de las mujeres porque re- fuerzan los dispositivos de control sobre el cuerpo y la sexualidad femeninas, al tiempo que vuelven a naturalizar un “deber ser” del rol y la sexualidad tradicional de la mujer, presentando como anormal e inaceptable todo lo que no se asemeja a ello. En tercer lugar, los países abolicionis- tas han trasladado el problema de lugar, forzando que muchas mujeres migrantes dedicadas a la actividad sean deportadas y abandonadas a su suerte, o simplemente se desplacen donde la actividad no está regla- mentada. De esta manera, la prostitución ha avanzado considerablemente en las zonas fronterizas de Francia, Bélgica y Cataluña donde existen “zonas grises” con respecto a la prostitución. Allí, se ha detectado no sólo la amplia proliferación de mafias sino la de- manda de servicios sexuales de extranjeros 13 . Esto sin contar con los efectos nefastos de la

13 Nouvelle Europe. Antonine Lanthony (4 avril 2012).

«Prostitution: des particularismes à chaque coin de rue europeén». Disponible en línea: http://www.

nouvelle-europe.eu/prostitution-des-particularis-

mes-chaque-coin-de-rue-europeen

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abolición de la prostitución en el aumento de violaciones sexuales en Suecia, que se ubicó como el primer país europeo en esa materia 14 . En cuarto lugar, a pesar de los argumen- tos de las iniciativas, la debilidad principal es la falta de un diagnóstico sociológico sobre las modalidades, historias de vida, características socioeconómicas y trayec- torias de las trabajadoras sexuales, lo cual pareciera no ser relevante. Así, por ejemplo, en Francia y en Suecia se han defendido argumentos como el carácter forzado de la prostitución, sin tener evidencias empíricas sobre ello. La falencia de datos estadísticos y evidencias hace difícil creer en los “éxitos del modelo sueco”, tal y como varios estu- dios lo han señalado 15 .

14 «Suède-Statistiques: Abolir las prostitution augmenterait –il les viols ?» Disponible en línea: http://www.blog.sami-

aldeeb.com/2013/11/20/suede-statistiques-

abolir-la-prostitution-augmenterait-il-les-viols/

15 Sabina Rossignoli. (3 december, 2013). «Pénali- sation du client, mythe suédois et entrepreneur allemand». Disponible en línea : http://www.gen- derincorporate.com/tag/prostitution-allemagne/

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De igual manera, no ha sido posible comprender, la adaptación del mercado a los nuevos marcos legales prohibitivos y los efectos adversos del traslado de la prostitución hacia lugares “privados” e “invisibles” que entrañan riesgos enormes para las trabajadoras confinándolas en lugares alejados de las miradas de las autoridades y minando su capa- cidad de organización y participación. A modo de ejemplo, se calcula que en Suecia la prostitución escondida se ha incrementado en un 80%, involucrando 1 500 mujeres extranjeras 16 . En quinto lugar, el impacto de estas políticas penales en materia de salud es nefasto dado que las nuevas condiciones de aislamiento y dispersión del trabajo sexual dificultan el trabajo de prevención de los profesionales de la salud en enfermedades como VIH-Sida e infecciones de trasmisión sexual (ITS), entorpecen el acceso a servicios sanitarios y establecen una serie de nuevos riesgos para las trabajadoras, relacio- nados con la capacidad de selección de clientes (aumento de riesgo de violencia) y exigencia del uso de preservativos (aumento contagio VIH- ITS) 17 . Por las razones expuestas, la abolición defendida por mucho(a)s no parece el camino más sensato y realista en Colombia. En cambio, la apuesta reglamentista que cursa en el Congreso pretende comenzar a saldar la deuda histórica con las trabajadoras sexuales, mostrando un camino ajustado al contexto y las posibilidades, donde se escuche la voz de ellas y se las sitúe como sujetos de su propia transformación. Por eso, hacemos un llamado a las fuerzas de izquierda para apoyar a miles de mujeres colombianas trabajadoras que por una u otra razón, sobreviven con esta actividad y esclarecemos que el horizonte no se agota allí: la apuesta es evidentemente seguir en la lucha por la construcción de una sociedad anticapitalista y antipatriarcal, en la que ningún ser humano sea oprimido, discriminado, explotado ni obligado a sobrevivir en las condiciones de “nuda vida” en las que ellas hoy se encuentran.

16 Dodillet and Ostergren. Op. cit.

17 Lettre Professionnels de la Santé adressée aux Parlementaires. «Prostitution : les

spécialistes des recherches sur le genre et sur la santé contre la pénalisation des clients». Disponible en línea : http://www.change.org/fr/p%C3%A9titions/parle-

mentaires-prostitution-les-sp%C3%A9cialistes-des-recherches-sur-le-genre-et-

sur-la-sant%C3%A9-contre-la-p%C3%A9nalisation-des-clients

sur-la-sant%C3%A9-contre-la-p%C3%A9nalisation-des-clients _ 6 2 Volver a contenido

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Nº 45 , Junio de 2014 · Bogotá, Colombia Luchas populares Contenido

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Editorial

FARC:

Cincuenta años después

Editorial FARC: Cincuenta años después Jesús Gualdrón C inco décadas de accionar político-militar han posicionado a

Jesús Gualdrón

C inco décadas de accionar político-militar han posicionado a las FARC -EP como un actor insoslayable de la vida

nacional. Y es innegable que su presencia ha sido determinante en los procesos políticos que han delineado los grandes conflictos de nuestra historia reciente. El grupo inicial de campesinos y colonos que comenzó

a confrontar militarmente al establecimiento como consecuencia del

ataque oficial a las zonas de autodefensa campesina de Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero devino con el paso de los años en un ejército guerrillero con fuerte influencia entre la población rural especialmente, con un crecimiento sostenido de sus frentes y una impre- sionante capacidad para adecuarse a las cambiantes circunstancias de la guerra y asimilar, particularmente en el último periodo, fuertes golpes provenientes de las Fuerzas Armadas del Estado. Pero más allá, el grupo guerrillero ha sabido mantener una conse-

cuente línea política, cuyos ejes centrales giran alrededor de la lucha por profundas reformas políticas y socioeconómicas que, en su perspectiva, deberían conducir a la creación de un nuevo país sobre la base de una gran coalición de fuerzas independientes del establecimiento que recoja

el descontento popular y viabilice su activa participación transformado-

ra: una alternativa democrática al modelo excluyente y violento que se

nos ha impuesto. Ese enfoque explica las permanentes propuestas de negociación política de una salida del conflicto social y armado que se reproduce

de negociación política de una salida del conflicto social y armado que se reproduce _ 6

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Manuel Marulanda Vélez y su naciente Estado Mayor, con Jacobo Arenas, Isaías Pardo, Hernando Gonzalez, Joselo Lozada, Ciro Trujillo, Miguel Pascuas.

https://anncol.eu/index.php/colombia/insurgencia/farc-ep/comunicados-de-las-farc-ep/7007-comunicado-del-secretariado-las-farc-ep-1964-2014

permanentemente en nuestro país. Desde sus propios inicios, las FARC -EP plantean un programa agrario en el que el diálogo es considerado una opción: “Nosotros somos revolu- cionarios que luchamos por un cambio de régimen […] usando la vía menos dolorosa para nuestro pueblo: la vía pacífica, la vía de la lucha democrática de masas. Pero esa vía nos fue cerrada violentamente con la guerra, y como somos revolucionarios que de una u otra manera jugaremos el papel histórico que nos corresponde, obligados por las circunstancias nos tocó buscar la otra vía revolucionaria, la vía armada para la lucha por el poder” 1 . Y ello explica la recurrencia constante al diálogo y la negociación, bien como organización independiente o en el contexto de las coordinadoras guerrilleras que contribuyó a formar en el pasado. Esa búsqueda de opciones de paz lleva a este grupo guerrillero a los Acuerdos de La Uribe, en cuyo contexto se produjo una tregua en las acciones armadas y se creó la Unión Patriótica, un movimiento político que se planteó desde sus inicios el objetivo de integrar a los más diversos sectores democráticas y revolucionarias con el propósito de derrotar la guerra y abrir un camino de paz y transformaciones sociales en el país. Pero el poder del militarismo y la connivencia del Estado con los agentes de la violencia lograron ahogar en sangre este propósito. Y luego vinieron Cravo Norte y Caracas y Tlaxcala y, después, El Caguán, y cada vez el esfuerzo –y el sueño preciado– de los opositores a la violencia se vio frustrado al chocar contra el muro de intransigencia de la mezquina oligarquía colombia- na, incapaz de renunciar a sus privilegios, o siquiera moderarlos mínimamente. Una real apertura democrática fue siempre imposible, aun después de la Constitución del 91, cuyos

1 Jacobo Arenas (1985). Cese el fuego. Bogotá: Oveja Negra, pp. 85-86.

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efectos democráticos han venido siendo recortados permanentemente para legitimar el modelo de despojo neoliberal, verdadera guerra abierta contra los intereses populares.

Paradójicamente, son las exigencias de la expansión del modelo neo- liberal las que explican en buena parte el cambio de postura de sectores de la oligarquía financiera e industrial colombiana con respecto a la posibilidad de una salida negociada del conflicto. No la convicción pro- funda en favor de la paz y del bienestar de los colombianos, algo que, en realidad, los tiene sin cuidado. El capital transnacional exige seguridad para sus inversiones. El conflicto lo pone nervioso. Por lo tanto, las conversaciones de La Habana constituyen un esce- nario en el que se confrontan dos modelos contradictorios en relación con el futuro de Colombia. De una parte, aquel que conviene a las necesidades del fortalecimiento del modelo extractivista, para el cual

la

modernización del país pasa por el fortalecimiento institucional, y

el

otro que plantea la necesidad de aportar a la generación de un nuevo

marco de relaciones sociales, en las que el bienestar de la población, la defensa de la soberanía nacional y el respeto de los derechos básicos de los ciudadanos estén por encima de los intereses particulares de las diversas fracciones de la oligarquía. El debate alrededor de la Asam- blea Nacional Constituyente, por ejemplo, da cuenta de esta tensión.

Y las FARC-EP –a juzgar por las declaraciones de sus voceros– son

conscientes de ello. Por eso, expresan no tener candidato en la próxima

elección presidencial: lo fundamental, esto es, la necesidad de transitar por caminos de equidad social y de reformas del modelo excluyente y depredador que se ha impuesto, no está en discusión en ese proceso. Por

lo tanto, su esencia violenta continuará incólume. A no ser que los de

abajo decidan no seguir soportando la dominación como hasta ahora: de ello también hay alentadoras evidencias. A los cincuenta años de su creación, las FARC-EP parecen no cejar en su decisión de avanzar en los diálogos con el Gobierno que tienen lugar en La Habana. Sobre tres puntos de la Agenda acordada hay ya acuerdos parciales y se inician las rondas de conversaciones sobre el cuarto, el que guarda relación con las víctimas del conflicto social y armado. El camino que este grupo insurgente ha contribuido a abrir en medio del torrente de las luchas populares lo pone ante disyuntivas trascendentales, profundamente ligadas con el destino futuro del país.

pone ante disyuntivas trascendentales, profundamente ligadas con el destino futuro del país. _ 6 6 Volver

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DATOS IMÁGENES Las imágenes presentadas en este número fueron tomadas de las fuentes indicadas en cada pie de foto. *Portada:

Tomado de: http://www.elespectador.com/noticias/

nacional/limpios-y-comunes-articulo-495807

*Bandera:

Ubicación geográfica República de Marquetalia,1964. Tomado de: http://es.wikipedia.org/wiki/República_de_Marquetalia

*Página actual:

Tomado de: http://noticias.terra.com.co/nacional/este-es- el-acuerdo-agrario-hecho-por-gobierno-y-farc-en-cuba

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