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Taller Educacional I Escuela de Psicología Universidad Católica de Valparaíso 危机 Resiliencia y ansiedad en

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Escuela de Psicología Universidad Católica de Valparaíso

危机 Resiliencia y ansiedad en los procesos de intervención psicoeducativa

Amanda Pizarro Puebla

E s común que ante los tropiezos podamos desanimarnos y dejarnos caer, sin

embargo, ocurre que luego nos levantamos y continuamos adelante, la mayor parte

del tiempo. Los cambios devienen ante nosotros como momentos de crisis en donde

las cosas pueden cambiar para bien o para mal. En China la palabra crisis (危机 -Wéijī-) es

un vocablo compuesto: wéi significa peligro, mientras que se traduce como oportunidad;

en otras palabras, dentro de cada crisis viene oculta una oportunidad.

Lo anterior se puede vincular con la capacidad que tenemos las personas de sobreponernos

ante las adversidades, o sea, poner en práctica la resiliencia en aquellos momentos de

ansiedad donde lo creemos todo perdido. Se puede ejemplificar como “la ventana tras la

puerta cerrada”, la salida del problema que tanto aflige y la fuerza de superación oculta dentro

de cada uno.

De esta forma es que se van viviendo los procesos de intervención psicoeducativa, en donde

debemos lidiar con grandes frustraciones y la superación constante de nuestros miedos, a fin

de alcanzar nuestras metas. Es así como la ansiedad se va convirtiendo lentamente en el motor

de los cambios, siendo la resiliencia la encargada de otorgarnos una mirada crítica, creativa

y optimista ante los topes de nuestro camino.

Entonces, ¿qué es resiliencia? Vamos a entenderla como “la capacidad de estar bien cuando

las cosas van mal. Se trata de sobreponerse a la adversidad, al tiempo que se saca partido y

beneficio de esa experiencia” (Cyrulnik, s/f en Figueroa, 2005), o sea, es la capacidad de

superar los obstáculos y salir fortalecidos de dicha situación. Sin embargo, hay que destacar

que estas situaciones se caracterizan por representar grandes focos de ansiedad, la cual

entenderemos, en palabras de Bertoglia (2005a), como “un estado interno, propio de cada

persona, que se experimenta cuando sentimos temor por la integridad de nuestro yo (…) que

experimentamos subjetivamente frente a una situación que percibimos como amenazadora

Taller Educacional I Escuela de Psicología Universidad Católica de Valparaíso (p. 14), situaciones que tienen

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(p. 14), situaciones que tienen un matiz de desconocido ante nuestros ojos, lo cual nos hace sentir una pérdida de control, activándonos para enfrentarnos a algo que nos genera pánico. No obstante, hay que destacar que el realizar una intervención psicoeducativa no es algo simple, requiere un gran esfuerzo y perseverancia, lo que hace que la ansiedad que sentimos tome otro rol: “cuando se trata de una tarea compleja, que requiere una respuesta original y creativa, la ansiedad juega un papel perturbador” (Bertoglia, 2005a, p.15). Cabe destacar, que este rol “perturbador” de la ansiedad debe ser entendido en los parámetros antes expuestos, vale decir, ha de transformar el orden y estados de las cosas tal como las conocemos hasta ahora, pero es exactamente eso lo que puede garantizarnos el crecimiento de nosotros como personas y profesionales, ya que nos impulsa a recobrar el estado de “paz” previo al punto de inflexión, sorteando los cambios, lo cual nos lleva a un estado de “paz” caracterizado por ser diferente al previo.

A lo largo de mi propio proceso de intervención he notado cómo he sacado una oportunidad

a partir de la crisis emergente, ya que al analizar cada situación me doy cuenta que fui

explotando mis propios recursos y que eso mismo permitió posteriormente una disminución de la ansiedad, la cual se mantuvo igualmente dado el factor de “amenaza” que tenía al

representar incertidumbre, esto porque al trabajar con personas las distintas percepciones varían de acuerdo a cada sujeto, no permitiendo adelantar una respuesta de ellos, lo cual crea

la sensación de pérdida de controlY así se va formando un círculo ansioso/virtuoso/de

oportunidad que nos hace ascender en nuestros propios procesos. Uno de los ejemplos más sobresalientes al respecto fue la modificación que hicimos con Katherinne a la actividad del árbol del problema:

Angélica y Jonathan tuvieron que irse, así que nos quedamos con Katherinne hablando sobre la cancelación de la primera parte de la actividad porque se reunirían a ver a Chile jugar. A mí personalmente me molesta mucho que nos hayan tramitado por un partido, en especial porque no es la primera vez que nos tramitan. Conversando al respecto le digo a Katherinne que quizás esto sea una oportunidad, ya que nos muestra que a los profesores les gusta el fútbol, por lo tanto, no sería una mala idea usar ese gusto compartido a nuestro favor. Instante siguiente, nace la Copa Líbano:

en vez de hacer un árbol, se hará una cancha de fútbol, en donde el gol será el

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problema, el público las consecuencias y los jugadores las causas. De a poco y a medida que lo conversamos la idea va tomando forma y surge como una gran oportunidad de motivar a que los profesores participen, especialmente luego de la negociación que tuvimos con ellos. Estoy más que motivada a que todo resulte bien y me siento entusiasmada con la actividad. Creo que será un éxito y que los lograremos motivar. (Cuaderno de campo, 17 de junio)

Este fue uno de los momentos de punto de inflexión más fuertes en mi propio trabajo, ya que de estar devastada por una cancelación fortuita, que implicaba perder mucho en la entrega del informe, no lograr hacernos presentes dentro de la escuela como un “yo válido”, sentir que no nos tomaban en cuenta, ya que de no ser por nuestra visita al colegio previo a la actividad (en donde mencionamos la actividad) no nos hubiésemos enterado del cambio de planes; pasé a entusiasmarme y cambiar para bien la cancelación, a resignificar lo ocurrido como algo positivo y a adoptar una mirada creativa y optimista que permitiese sacarle provecho a algo tan “oscuro”. Puedo decir que de no haber ocurrido la cancelación, quizás la concurrencia a la actividad hubiese sido bajísima o con poca participación, lo cual no fue así:

Me siento feliz de cómo resultaron las cosas hoy. El hecho de que hasta los profesores que se habían opuesto a la actividad hayan asistido y participado activamente me hace pensar que la espera valió la pena, especialmente porque a todos les gustó la actividad y porque nos pidieron una segunda instancia para continuar discutiendo las conclusiones que hoy surgieron. (Cuaderno de campo, 02 de julio)

Posterior a la actividad, las felicitaciones sobraron y la percepción de los profesores hacia nosotros se ve distinta, el hecho de que tantos se le hayan acercado [a Jonathan] para decirles cuan encantados quedaron con la actividad me hacer sentir orgullosa y satisfecha, entusiasmada con el trabajo para el segundo semestre. (Cuaderno de campo, 03 de julio)

Esto es un ejemplo claro de cómo la ansiedad se transforma en el motor de nuestra capacidad de sobreponernos.

Taller Educacional I Escuela de Psicología Universidad Católica de Valparaíso No obstante, no siempre las

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No obstante, no siempre las cosas se dieron así, ya que hubo instancias en las que la ansiedad hizo que pasáramos por momentos oscuros, llenos de tristeza y desánimo, en donde el solo hecho de ir a la escuela planteaban un reto:

Me siento mal por lo que pasó, pero me siento peor al sentir que la profesora no fue capaz de decirnos a la cara que nuestra presencia [Jonathan y yo] le molestaba. Eso de ir a acusarnos con la Directora y que luego la Jefa UTP nos interceptara en el pasillo para contarnos fue horrible. Siento que ‘metimos las patas’ sin querer y que eso nos traerá consecuencias en el futuro. Me da miedo y vergüenza tener que ir nuevamente a la escuela. (Cuaderno de campo, 20 de mayo)

En esa ocasión fue bastante difícil plantear una salida del embrollo, no obstante, el vínculo que creamos con la Asistente Social jugo a nuestro favor, ya que ella (personalmente) actuó como agente motivador, o como diría Cyrulnik (2001) actuó como tutor de resiliencia, ya que la presencia de este otro significativo me permitió encontrar los recursos para elaborar esta experiencia y sobreponerme (en Arana, 2010), de manera que pude seguir yendo a la escuela y continuar con mi trabajo.

Sin embargo, no solo la Asistente Social influyó que lograse sobreponerme a varias situaciones, también ayudó la existencia de climas sociales sanos en torno a la intervención psicoeducativa: el clima levantado con la Encargada de Convivencia de la escuela (Asistente Social), el clima dentro de mi grupo de trabajo y el clima dentro de la cátedra; estos satisficieron, bajo mi propia percepción, tres necesidades básicas que tenemos como seres humanos y que se relacionan con el Otro (Howard, Howell & Brainard, 1987 en Aron & Milicic, 1995):

- Necesidades de aceptación y compañerismo: establecimiento de relaciones interpersonales positivas.

- Necesidad de logro y reconocimiento: reconocimiento de los esfuerzos realizados.

- Necesidad el maximizar el propio potencial: contar con las condiciones para alcanzar los objetivos personales.

En la medida que estas necesidades fueron cubiertas, yo pude seguir haciéndole frente a las frustraciones propias del proceso de intervención, esto gracias a que en general el clima

Taller Educacional I Escuela de Psicología Universidad Católica de Valparaíso generado en torno a estas

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generado en torno a estas tres instancias eran climas sociales positivos, caracterizados por ser aquellos “en que las personas son sensibles a las situaciones difíciles que puedan estar atravesando los demás, y son capaces de dar apoyo emocional” (Aron & Milicic, 2000, p.118), o sea, dichos climas contribuyeron a levantar los procesos de resiliencia, los que se dan siempre en consideración del contexto y la cultura propia de estos (Cyrulnik, 2002).

En vista de esto último, rescato que en cada contexto se fue generando una cultura propia, producto de la intersección de las formas de ser de cada miembro envuelto en estos microsistemas. En primer lugar, está el microsistema estudiantes de psicología-Asistente Social, el cual tenía a la base la identificación mutua, al ser todos de edades similares; egresada hace poco ella, por egresar nosotros; compartir las concepciones de infancia; defender ideales similares en torno a temas de Buen Trato y Convivencia Escolar; entre otros. Todo esto permitió crear un lazo fuerte, que con el tiempo se ha ido fortaleciendo:

Cuando C nos dijo que ella nos apoyaba porque sabía lo que era estar haciendo práctica en un colegio, porque ella ya lo había vivido. Que nos haya dicho que nos apoyaría en todo lo posible y que nos aconsejara fue enriquecedor, sentí que sí es posible confiar en ella (…) El haber conversado con ella y que pudiéramos compartir ideas e inquietudes y que ella nos escuchara y compartiera a su vez lo que pensaba, me hizo sentir parte de la escuela, de que todo lo que habíamos visto sí era parte de este mundo. O sea, me sentí como un miembro de la comunidad educativa y no como un externo, al menos así me percibí. (Cuaderno de campo, 26 de mayo)

Pero es algo que se levanta bidireccionalmente, en comunidad, por lo que el haber sido constantes, persistentes y, por sobre todo, el no habernos rendido ante las frustraciones también puede haber sembrado en ella la confianza para abrirnos sus puertas y otorgarnos un espacio válido dentro de la escuela. En otras palabras, y a modo personal, el que yo misma haya sabido lidiar con la ansiedad y haya sacado provecho de la adversidad permitió que al día de hoy pueda trabajar con ella y sentir que mi esfuerzo es reconocido, otorgándome a cambio el espacio que persigo, no solo yo sino también mi grupo de trabajo.

En segundo lugar, el clima de mi grupo de trabajo, el cual ha satisfecho las necesidades antes mencionadas, y que si bien ha pasado por momentos negativos ha sabido levantarse. En

Taller Educacional I Escuela de Psicología Universidad Católica de Valparaíso nuestro caso, el proceso de

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nuestro caso, el proceso de cohesionar el grupo ha sido muy complicado, pero nos une un objetivo común el cual ha ayudado a que sorteemos las dificultades del proceso, rescatando por encima de todo la comunicación, la cual ha ido creciendo en la medida que pasa el tiempo. En un comienzo no nos contábamos todo ni tampoco nos reuníamos, ya que obviábamos el hecho de que el otro ve las cosas distintas a cómo las ve uno mismo. No obstante, cuando nos percatamos de que eso nos estaba jugando en contra decidimos hacerle frente y cambiar la situación en sí. Me atrevo a decir que sigue siendo complicado el tema, pero que eso no nos desanima, por el contrario, nos mueve a superarlo, a lograr que cambie para mejor, comprendiendo ahora claramente la importancia de apoyarnos el uno con el otro: trabajar en equipo es nuestra meta (esfuerzos individuales permiten un desempeño mayor que la suma de las aportaciones individuales), ya que hasta ahora estamos trabajando en grupo (cada miembro trabaja dentro de su área, obteniendo en conjunto un desempeño equivalente a la suma de los aportes individuales) (Piñones, 2012). Esta meta nos posiciona desde la crisis entendida como oportunidad, posibilidad de cambiar para mejor, sorteando uno de los tantos generadores de ansiedad en los procesos de intervención psicoeducativa, ya que no solo debemos batallar contra las crisis externas, sino que también debemos hacerle frente a las crisis internas, no invisibilizándolas, ya que es esperable que se den.

En tercer lugar, el clima de la cátedra (tanto clases como asesorías), el cual me ha permitido personalmente resignificar el trabajo en escuela y poder superar la gran ansiedad que me genera el hecho de cursar la presente asignatura, ya que hace dos años también trabajé en escuela, en el marco del ramo previo a éste, y la experiencia fue tan devastadora que hasta hoy me persigue su fantasma. En aquel entonces no tuve apoyo del equipo docente durante el proceso, me sentí invalidada de todas las formas posibles y más a la deriva que nunca. Mi equipo de trabajo de aquel entonces (distinto al de hoy) se sentía de la misma manera, al punto que no queríamos asistir al espacio de cátedra por miedo a que nos siguieran desmoralizando. Me atrevo a decir que ese espacio era más bien un clima social tóxico “se invisibilizan los aspectos positivos y aparecen como inexistentes y por lo tanto existe una percepción sesgada que amplifica los aspectos negativos, y las interacciones se tornan cada vez más estresantes e interferentes con una resolución de conflictos constructivas” (Aron & Milicic, 2000, p.118). No obstante, hoy eso no es así, realmente siento que los espacios de

Taller Educacional I Escuela de Psicología Universidad Católica de Valparaíso cátedra y asesoría se han

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cátedra y asesoría se han vuelto climas sociales nutritivos, en donde se pueden enfrentar los miedos y frustraciones, discutiendo sobre qué está pasando y vislumbrando la normalidad del asunto, en el sentido que es esperable frustrarse. Creo que es esto ha ayudado sobremanera a enfrentar la ansiedad, ya que estos espacios poseen “elementos importantes tanto en el análisis del problema, como en las posibles recomendaciones que de ese análisis se derivan(Bertoglia, 2005b, p. 23). A mi modo de ver, cumplirían con lo que Bertoglia (2005b) señala como ideas para mejorar la aproximación a los problemas de ansiedad: a) aceptar la ansiedad; b) reevaluar la amenaza percibida en el estímulo; y c) analizar con el alumno los recursos que posee para enfrentar la situación. Por lo tanto, se induce a la superación de los obstáculos encontrados durante el proceso interventor.

En conclusión, los climas sociales nutritivos, la comunicación, el apoyo emocional y la resiliencia permiten que una persona en proceso de intervención psicoeducativa sepa lidiar con la ansiedad y la frustración, de manera que la crisis que se esté viviendo sea significada desde la oportunidad que es en sí misma. De esta forma, el estudiante logra avanzar en sus aprendizajes y no se estanca en el imaginario que construye un fantasma gigante que no permite el continuar. En otras palabras, vamos aprendiendo en la medida que nos equivocamos pero tenemos la capacidad de asumir dicho error desde lo positivo, desde la fortaleza que es, desde el potencial que se puede sacar; muy en oposición de lo que ocurre cuando nos estancamos, en donde el aprendizaje no fluye ni progresa. Debemos tener claro que es esperable tener miedo, pero que ese miedo debe fortalecernos para atravesar los fantasmas que nosotros mismos creamos. La semilla de superación está en cada uno de nosotros, así que nadie más que nosotros puede hacerla crecer, a pesar de que los demás signifiquen un gran apoyo: solo nosotros tenemos el agua que nuestra semilla necesita.

Taller Educacional I Escuela de Psicología Universidad Católica de Valparaíso Bibliografía Arana, A. (2010)

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Bibliografía

Arana, A. (2010) Resiliencia: aprendiendo a sobreponerse a la tragedia y a la catástrofe

personal

[En

línea]

Disponible

en:

Arón, A. & Milicic, N. (1995) Resiliencia y clima social en el contexto escolar. Psykhe 4 (1),

57-68

Arón, A. & Milicic, N. (2000) Climas sociales tóxicos y climas sociales nutritivos para el desarrollo personal en el contexto escolar. Psykhe 9 (2), 117-123

Bertoglia, L. (2005a) La ansiedad y su relación con el aprendizaje. Psicoperspectivas 4 (1),

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Bertoglia, L. (2005b) El estudiante ansioso, una forma de enfrentar el problema. Psicoperspectivas 4 (1), 19-26

Cyrulnik, B. (2002) Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. Barcelona: Gedisa.

Díaz,

M.

(2013,

29

de

Octubre).

Oportuncrisis,

(Julio

01,

2014)

de

Figueroa, D. (2005) La resiliencia: una alternativa de prevención. Revista de psiquiatría y salud mental Hermilio Valdizan (6) 2, 81-88

Piñones, R. (2012) Trabajo en Equipo. Material de apoyo cátedra Comportamiento Humano, Psicología PUCV.