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7/6/2014

A veces lloro de angustia: tengo un buen trabajo, pero no el que me gusta

S o c i e d a d Hoy interesa Amado Boudou Selección Argentina Rey

Sociedad

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i e d a d Hoy interesa Amado Boudou Selección Argentina Rey de España La mujer

07/06/14

Aveces llorode angustia:tengoun buentrabajo, peronoel que me gusta

Mundos íntimos.

seguro se desdibuja cuando uno desea hacer algo distinto. En este caso, escribir. ¿Cómo saber si no dar el “mal paso” es falta de coraje o, al contrario, responsabilidad frente a los hijos que debe mantener? Por Javier Núñez. Escritor rosarino.

Obligación versus vocación. La tranquilidad de un ingreso fijo y

versus vocación. La tranquilidad de un ingreso fijo y Premio en México. Una novela suya fue
versus vocación. La tranquilidad de un ingreso fijo y Premio en México. Una novela suya fue

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BLANCK 3 4 opiná 3 5 8 shares 83 275 No debiera quejarme: trabajo cómodamente en

No debiera quejarme: trabajo cómodamente en una empresa orientada

al mercado bancario y financiero, con un salario importante, obra social

y un puesto jerárquico al que llegué poniendo el cuerpo y mucho

entusiasmo durante los últimos dieciocho años. Una empresa en la que llevo casi la mitad de mi vida, por la que guardo ese afecto

contradictorio y conflictivo que solemos tener hacia un proyecto y un lugar quienes nos consideramos parte de él durante años. Una empresa

y un puesto, en suma, con los que muchos estarían encantados.

Pero que a mí me ahogan a tal punto que, a veces, llego a casa y me desmorono en la cama para llorar de angustia o de bronca porque no quiero volver nunca más.

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7/6/2014

A veces lloro de angustia: tengo un buen trabajo, pero no el que me gusta

primeras intenciones más o menos serias de escribir. Y se potenció o terminó de eclosionar en los últimos tres o cuatro, cuando me empeñé en hacerle espacio. Aunque no puedo vivir de esto, renunciar a escribir supone una amputación impensable. Creo, en cambio, que debería conseguir un trabajo de menos horas, que me deje margen y energía para hacerlo con regularidad. Pero entonces pienso en mi ex, mis hijos, el crédito hipotecario, el alquiler, y vuelvo a la seguridad de mis nueve horas de oficina. La cobardía y la racionalidad, a primera vista, se parecen demasiado.

Entré como cajero en el 96, a falta de poco más de un mes para el nacimiento de Joaquín, mi primer hijo.

No ganaba mucho y vivíamos en un departamento diminuto al fondo de la casa de mi vieja. Cocina, dormitorio y un baño. La cama de Joaquín, al lado de la cocina, se transformaba en sillón durante el día. Yo trabajaba de 8 a 16 y medio día los sábados. En días de vencimiento me quedaba hasta las 20.

O hasta las 23. A veces llegaba cuando mi hijo dormía y me iba antes de que despertara. Un día mi mujer llamó al trabajo. Puso al bebé en el teléfono, le susurraba como instándolo a algo.

Dijo papá. Dijo papá, hace un rato.

Pero ahora no lo repite.

Me tuve que emocionar por interposición materna, por el relato del suceso fundacional. El crecimiento de los hijos no es sólo aquel al que asistimos sino también el que nos cuentan. Eso lo aprendí temprano.

Ese puesto en la caja no ofrecía demasiado. Un día pedí una entrevista con el gerente: era flaco, alto, de bigotes. Me pintó un panorama oscurísimo pero dos semanas más tarde me ofreció un puesto en Seguridad de Tarjetas.

Es un área importante, dijo, necesitamos gente de confianza. Lo único que yo sabía de tarjetas de crédito era que así se llamaba ese rectángulo de plástico con el que a veces pagaba las compras cuando ya no tenía efectivo.

No sabía si podría pero dije que sí.

El día en que me incorporé al sector, mi jefe me dio una caja de sobres con pines que no se habían entregado para que los destruyera.

–Cortalos en pedacitos chiquitos.

para que los destruyera. –Cortalos en pedacitos chiquitos. Visto 88978 veces Visto 50664 veces Visto 27895

Visto 88978 veces

–Cortalos en pedacitos chiquitos. Visto 88978 veces Visto 50664 veces Visto 27895 veces Visto 39300 veces

Visto 50664 veces

en pedacitos chiquitos. Visto 88978 veces Visto 50664 veces Visto 27895 veces Visto 39300 veces Visto

Visto 27895 veces

Visto 88978 veces Visto 50664 veces Visto 27895 veces Visto 39300 veces Visto 27446 veces Es

Visto 39300 veces

veces Visto 50664 veces Visto 27895 veces Visto 39300 veces Visto 27446 veces Es material delicado,

Visto 27446 veces

veces Visto 27895 veces Visto 39300 veces Visto 27446 veces Es material delicado, confidencial : no
veces Visto 27895 veces Visto 39300 veces Visto 27446 veces Es material delicado, confidencial : no

Es material delicado, confidencial: no pueden quedar trozos que permitan reconstruirlos.

Me pasé tres o cuatro horas cortando los sobres con una tijera y reprimiendo las ganas de clavársela en las yugulares: a mi nuevo jefe, primero, y al gerente después. Con el tiempo entendí que mientras se sacaba el laburo del día nadie podía interiorizarme en las tareas y no quería que me quedara de brazos cruzados. “Mantenete en movimiento”, era su lema.

Pero ese día debí refrenar un impulso homicida. Era un trabajo rutinario, pero una vez al mes venía un ex policía de Buenos Aires que investigaba los casos de fraude y me gustaba escucharlo contar sus pesquisas, que en general se limitaban a pedir copia del cupón de compra a los comercios y hacer dos o tres preguntas. Mi jefe le decía Columbo, pero no se parecía a Peter Falk.

Mientras tanto, yo escribía de vez en cuando. De madrugada. En fines de semana o vacaciones. Las prioridades estaban claras: primero el trabajo; después escribir. Entraba y salía de mi pequeño universo literario como de los talleres, en los que nunca duraba. Por eso, tal vez, no conocía a nadie del palo. Era ese oficinista con traje y todo que a veces se daba una vuelta por talleres o eventos, que no conocía a nadie y al que nadie conocía.

7/6/2014

A veces lloro de angustia: tengo un buen trabajo, pero no el que me gusta

Lo que uno hace para vivir, probablemente, no lo define. Pero cuando se instala, cuando se extiende a lo largo de los años y ocupa casi todos los espacios del día, ¿cómo afirmar que uno es o pretende ser otra cosa?

Un amigo sin aspiraciones literarias, a la hora de indicar su actividad en los formularios de migraciones, ponía “escritor”. Era una broma secreta:

en ese espacio podía ser lo que quisiera. Yo nunca pude decir que era otra cosa que “empleado”: me sentía un fraude.

Pero en el trabajo siempre me fue más o menos bien. Rendía. Me dedicaba. Pudimos construir una habitación más cuando nació Abril.

Para cuando llegó Valentín, el tercero, nos mudamos.

Eso fue en el 2006. Un año antes había armado un borrador de un libro de cuentos pero no sabía cómo hacer ni podía financiarme la autoedición. Así que lo dejé. Decidí no perder más el tiempo y enfocar toda mi energía en el laburo.

Estuve dos años sin escribir una sola frase. Ni una. Por entonces me dieron también un proyecto importante que salió bien. Y después un cargo. Era un escritor frustrado pero tenía un buen trabajo y mis hijos podían comer y vestirse y darse algunos gustos.

Dejé de sufrir las ocho o diez horas diarias que pasaba en la oficina. De lamentarme por el tiempo que perdía en ganarme el sueldo. Ya no cargaba con el lastre de arrastrar por todos lados ese cuaderno azul donde iba armando un absurdo collage de obsesiones con retazos de cuentos que escribía a mano en mis horarios de almuerzo. Dejaron de agobiarme las urgencias de la literatura y, de un día para el otro, creí ser más o menos feliz.

Pero algo impredecible en el momento del desarrollo del proyecto condenó el producto y el trabajó cayó en un pozo. De pronto tuve algún tiempo libre y empecé a escribir como poseído, a corregir mis viejos cuentos, a pensar en las novelas que había olvidado. Escribir, otra vez, era el motor. Una tarde, después de un asado con amigos a los que no veía desde hacía quince años, alguien me preguntó si seguía escribiendo. Dije que sí.

Y para cuándo un libro, me apuró. Expliqué que no tenía quién me editara: mi única opción era la autoedición y no podía costearlo.

–Hacelo –dijo uno–. Lo pagamos nosotros.

Eso fue en 2009. Lo que vino después fue confuso y vertiginoso. Empecé a publicar en algunos medios y revistas en forma esporádica y saqué otro libro de cuentos.

Mi matrimonio se derrumbaba, el trabajo no repuntaba y yo

escribía cada vez más. Terminé una novela –un viejo anhelo–, y cuando recibí un par de devoluciones positivas la mandé a México, a un concurso para primera novela que organiza la Universidad Veracruzana.

La noticia del premio me tomó en la calle, a la vuelta del trabajo: me refugié detrás de una columna para festejarlo como un gol. Un par de meses después me encontré a bordo de un avión por primera vez

en mi vida, terminando de escribir un discurso a los apurones porque

hasta último momento no había tomado conciencia de lo que me esperaba. Yo quería ir, darle la mano a alguien, dejarme sacar una foto. Pero me esperaba un escenario con autoridades, un micrófono de cara al público y un temblequeo en la voz que me acompañó hasta promediar el discurso. La sensación de que me trataran como a un escritor de verdad me resultó desconcertante. En el formulario de migraciones, había vuelto a poner “empleado”.

La novela fue publicada en México y en la Argentina. Cuando viajé a presentarla compartí espacios con gente como Sergio Pitol, Ernesto Cardenal y Juan Villoro.

7/6/2014

A veces lloro de angustia: tengo un buen trabajo, pero no el que me gusta

Lo de Villoro fue una alegría doble: yo había usado como epígrafe una frase que le pertenecía. Me escribió meses más tarde. Había leído la novela. Le había gustado mucho.

El primer viaje, de algún modo, me cambió: cuando volví no era el mismo. O no quería serlo, en muchos sentidos.

Algunas decisiones postergadas se precipitaron.

Me separé, me volví a enamorar, empecé a darle más espacio a mi

actividad y mi vida se volvió un caos. Me obligaba a ir al trabajo cada mañana y hacía un esfuerzo sobrehumano para no mandar todo a

la mierda. Creo que duré un semestre a los tumbos antes de parar, a

finales de noviembre. Me pasé los tres meses siguientes con licencia médica, tomando un antidepresivo dos veces al día y y endo

regularmente a terapia para juntar mis pedazos.

Volví, creo, a mediados de febrero. Sé que mi última consulta con la psiquiatra fue en febrero: el 14, para ser precisos. Lo sé porque llegué a su puerta con una rosa roja en la mano. Tenía planes románticos para después y, obedeciendo a mi cursilería irremediable, paré y compré una rosa. Mientras esperaba a que me abriera, pensé que la depresión y el enamoramiento eran contradictorios y me pregunté qué carajo hacía ahí. Era el trabajo, entendí: el problema era despertarme cada día queriendo ser otro.

La sensación de estar partido, la dualidad como obsesión permanente. Pero no lo iba a resolver así. De modo que decidí pedirle el alta para volver a trabajar.

Siempre me sentí atrapado en una vida impostada, ajena. O mejor: en la simultaneidad de las dos que pude tener. Dos vidas en permanente conflicto, universos que se superponen todo el tiempo, como planetas que orbitan sin tocarse pero siempre a punto de colisionar.

Sin pretender falsos heroísmos, pienso en Clark Kent. La verdadera angustia de ser Clark Kent no es que alguien comprometa tu otra identidad –la auténtica– sino quedar atrapado en la impostura para siempre. O ser un híbrido, ser a medias: un Clarkman.

A mí, lo sé, me falta el arrojo –o la inconsciencia necesaria– para

atreverme a ser uno distinto. Pero cuando pienso otros modos de ganarme la vida aunque tenga que ajustarme el cinturón, hay un recuerdo que vuelve implacable: el de Joaquín afiebrado en aquella casa sin habitación propia, la madre afanada en compresas que hervían en la frente diminuta y una receta que me temblaba en las manos porque no tenía con qué comprar los antibióticos y un mísero antitérmico.

Tuve que despertar a alguien y pedir un préstamo en plena madrugada –la cara me ardía de rabia y vergüenza– para ir a una farmacia de turno. Como cualquiera en mi lugar, me juré hacer lo posible para que nunca más le faltara algo vital a mis hijos. La economía de la necesidad se impone ante la del deseo: la imagen del remedio inalcanzable todavía opera como metáfora disuasoria ante los cantos de sirenas de algunas ilusiones.

A unque haya días de broncas, o de miedos. O las dos cosas.

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7/6/2014

A veces lloro de angustia: tengo un buen trabajo, pero no el que me gusta

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suicidarse, pero fue detenido por la Policía.
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Dalia Elizabeth Hace 16 minutos
Qué grande! Sos un escritor con todas las letras. Tocaste el corazón de
muchos de nosotros. Y como mujer, te digo que sos un HOMBRE, con todas
las letras. La gran inmolación que hiciste de vos mismo por cuidar de tus hijos,
es lo más noble y valorado por mí, al menos. No desprecies el laburo, si es que
te permitió un ratito para escribir estas líneas
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Horace Cavalero Hace 17 minutos
Tenes una novela premiada . Yo en tu lugar la traduciria al Ingles y la
promoveria en USA. Hace mas de 20 anios que vivo en Nueva York y por mi
profesion he visto casos de escritores locales y extranjeros mas bien
mediocres que se han llenado de oro
aunque
ese no deberia ser el pbjetivo
fundamental. Igual aqui la ecuacion es simple , si tu novela gusta y se vende no
vas a necesitar "trabajar" nunca mas.
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Maria Fernanda Diaz Hace 17 minutos
TE felicito por tu premio y te deseo de corazón q puedas dedicarte 100% a lo q
te gusta sin descuidar a tus hijos.
Beso
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7/6/2014

A veces lloro de angustia: tengo un buen trabajo, pero no el que me gusta

La vecina de enfrente Hace 21 minutos Qué difícil dar una opinión, porque somos muchos
La vecina de enfrente Hace 21 minutos
Qué difícil dar una opinión, porque somos muchos los que nos sentimos
emocionados e identificados con tu vida, pero el que tiene que levantarse y salir
a la calle todos los días sos vos.
Yo también siento mucha culpa a veces, porque tengo un trabajo excelente y
por esa razón nunca dudé en mantenerlo con la mayor responsabilidad
posible. En este mismo momento estoy sintiendo culpa, por aquellos que
tienen un trabajo miserable, o peor aún, por el que no lo tiene. Por eso nunca
me quejo y salvo en un caso como este, no suelo abrir el tema.
No se puede matar a quien sos realmente, pero a veces ese personaje no nos
sirve para vivir en esta sociedad, en nuestra cultura. A veces no es solo
cuestión de ideales. También, como en tu caso, están los hijos
yo no los
tengo, pero entiendo perfectamente que sean la prioridad.
Pero tengo claro que, al menos una vez en la vida tendré que intentarlo, porque
no debe haber algo mas doloroso que envejecer con esa duda taladrándote
desde adentro
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Antonio Gutierrez Hace 21 minutos
Pobre muchacho!! A veces llora de angustia por tener un trabajo bien pagado
pero que no es su vocación. Sabrá este buen señor lo que es llorar de
angustia, simplemente por no tener un trabajo? Si todos aquellos que tienen un
trabajo lloraran de angustia por no ser su vocación, entonces el mundo sería un
inmenso psiquiátrico. Además la foto no lo muestra muy angustiado. Mi
consejo es: seguí haciendo lo que no te gusta pero te paga bien y,
alternativament​e, hacé lo que te gusta para resolver tu "angustia" aunque no
pague nada. Quien sabe: Tal vez, algún día, podrás mancomunar o sustituir
actividades desde el punto de vista monetario. Mientras tanto todo lo tuyo sólo
parece ser un barata pirueta publicitaria.
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Agro Dolar Hace 34 minutos
Compre dolares $11 en la bolsa o con tarjeta credito.
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Norbno Chavarri Hace 39 minutos
Ante todo, felicitaciones.​.! Estás en posición de aspirar al mejor Programa de
Vida. Que te sirva de consuelo que la mayoría simplemente aspira a la
Supervivencia. La clave para conciliar la TRANQUILIDAD que te da una segura
fuente de ingresos y el PLACER que obtenés realizando tareas que te gusten
está, a mi modesto entender, en 2 caminos posibles: concilias ambas
actividades RESIGNANDO UNA PARTE de cada una o te juegas a fondo a
desarrollar tu vocación y PAGAS EL PRECIO. No hace falta llorar. El desafío es
EXCITANTE porque eres libre de elegir TU DESTINO. La mayoría no puede
(Baja gratis ·Recoger los frutos"/Trabajo existencial http://norberto​-
chavarri.com.ar​/_descargas/fru​tos.zip)
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johnny nalvarte Hace 42 minutos
Excelente tu relato, también como tú tenía esos problemas el ser o no ser
hablando digo yo en forma literaria, aunque no llevo mi vocación de poeta al
índole comercial pues no creo o no quiero encajonarme a vivir de mi arte, mas
decidí desarrollar mi pasión por los poemas y deje mi trabajo hace ya muchos
años desde ahí me volví independiente y puedo dedicarme con gusto a lo mío.
Ponle ganas al menos ya eres conocido y hay muchas formas que el arte que
tienes te dé para vivir dignamente sin sacrificar nada de lo que ya has obtenido
hasta ahora. Suerte saludos desde Lima Perú.
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Fabricio Frati Hace 55 minutos
Hay opciones fuera del empleo y el autoempleo sin dejarlo
momentáneamente​. La era industrial ya se está acabando y ya estamos en la
era de la información. Hay modelos de negocios de esta era que te da el
Tiempo y el Dinero que todos buscamos. Con ello la libertad de ayudar a otros,
de viajar , de estar más tiempo con nuestras familias, de no esperar una
jubilación miserables sino crearla uno, etc . Yo les puedo dar información, todo
pasa por informarse. Saludos.
Responder
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Juan Bitcoin Hace 60 minutos
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7/6/2014

A veces lloro de angustia: tengo un buen trabajo, pero no el que me gusta

Responder 1 1 mac ten Hace 1 hora no sos el unico hay que bancarse
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mac ten Hace 1 hora
no
sos el unico hay que bancarse trabajos malos o jefes malos ,,,no queda otra
http://tesalvoe​lpost.blogspot.​com.ar/
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Daniel Leonardo Martinez Hace 1 hora
Hoy soy mas libre que nunca, a pesar de estar mas endeudado que nunca. No
le
aflojes nunca, hermano, porque hoy, a mis 45 años, siento mejor que nunca,
que la vida es una sola.
Que si hay algo mas alla de esta vida, no nos va a preguntar si cumplimos tal o
cual mandamiento, solo nos va a preguntar "^¿Fuiste feliz con la vida que te
regalè? Abrazo desde el corazon
Responder
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Edgardo Skowronek Hace 2 horas
Excelente relato. Me sentí totalmente identificado. Soy un profesional de la
ingeniería con un CV excelente pero totalmente insatisfecho con mi trabajo.
Intenté varios cambios y no me fue bien, teniendo que volver a hacer algo que
no
me gusta pero que lo hago bien.Tengo dos hijas y estoy divorciado. No me
sobra la plata y me preocupan mis hijas y no tengo tiempo para escribir que es
mi
vocación.
Me
sentí que describías mis sentimientos. Excelente trabajo!!!
Responder
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Ivan Castro Hace 2 horas
gracias que tiene trabajo
yo
lloro de angustia sin tenerlo
Responder
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Daniel Leonardo Martinez Hace 2 horas
,
Tambien fui bancario y tambien como vos me dio la tranquilidad de un buen
sueldo, pero siempre me senti bicho ajeno en ese medio. Las mismas
sensaciones, los mismos problemas, las mismas frustraciones!!​!! Sin
embargo, di el paso al costado, sacrifiquè el bienestar (y el de mi familia)
Javier
como no entenderte, si tu historia es tan parecida a la mia!!!!
porque ya no aguntaba mas. Y a pesar de las deudas que se me juntaron
(juicios, posibles embargos, llamados de todos los estudios juridcos para que
pague) hice lo que me gustaba. Y si aun no consigo trabajar en una empresa
importante que me permita tener el bienestar que deseo (trabajo en una pyme
de
mi rubro), ya no me levanto de mal humor. Estoy bien todo el dia, hago lo
que me gusta. Y de a poco, sè que volvere a estar bien economicamente, no
por mi, sino por mi esposa e hijos a los que tanto hice sufrir con mis
decisiones. Nunca mas vovlere al banco. Nunca mas una tarjeta de credito,
nunca mas un prestamo.
Responder
1
0
Mr $$$ Dolar Hace 2 horas
Una alternativa para hacer unos mangos verdes desde casa y con una compu:
Empezá a ganar unos dólares al mes por hacer click en publicidades todo con
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Responder
0
1
Pedro de Prada Hace 2 horas
Qué doloroso relato, esperaba un final más jugado. Yo no tengo hijos, espero
tenerlos algún día, pero no te excusés más, viejo. Vendé todo lo que tengas a
mano y dejate un TV como resguardo, por si alguno de tus hijos cae enfermo.
Tirate a la pileta. No podés andar tomando antidepresivos, es una locura. Sino
te va a explotar un cáncer adentro, o algo, y todo tu sueldo costeará la
enfermedad. Tus hijos van a ser felices si vos estás contento. Yo renuncié a un
buen trabajo la semana pasada. Frávega. Mi liquidación es mínima, cuatro
meses de alquiler me la comen. Soy músico. Y pienso vivir de ésto. Veré. Te
aseguro que la sola sensación de llamar a tu jefe y decirle que no vas más vale
toda la pena. Y el miedo asoma. Pero debés tener muchas cosas para vender y
ajustarte a la vida de un escritor sin fama. Dibujala, hacé algo. Dejate de joder.
Tus hijos te lo van a agradecer.
Responder
2 respuestas
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Jose Gustav Hace 2 horas
"Yo no tengo hijos". Bueno, entonces lamentablemente no sos opinion
calificada para recomendarle que largue todo. Cuando tengas hijos lo
vas a entender. Suena fuerte que te lo diga así, pero es así -si no lee
bien lo que cuenta de los antibióticos del hijo.
Creo que su mejor opción es dedicarse a escribir fuera del horario del
laburo, intentar publicar y cuando vea que le da suficiente ahí sí largar el
laburo. No antes.

7/6/2014

A veces lloro de angustia: tengo un buen trabajo, pero no el que me gusta

Responder 2 0 Pablo Moore Hace 36 minutos Pedro, debés ser muy joven. Por eso
Responder
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Pablo Moore Hace 36 minutos
Pedro, debés ser muy joven. Por eso tu afirmación. Yo tenía un muy
buen laburo que no me gustaba y renuncié para escribir y meterme en
un
proyecto personal. Ahora soy un escritor mediocre, desconocido, en
mi
proyecto me fue mal y estoy sin laburo. Por esa razón, cuando
alguien me dice que quiere largar todo le digo que lo piense dos veces.
Es
fácil ser seducido por un Paulo Coelho que te dice "se libre como un
pájaro y has lo que quieras" cuando tenés 10 palos verdes en el banco.
Pero la verdad es que los "exitosos" que viven de lo que les gusta son
contados con los dedos de una mano. Cuidado. Como dijo Bill Gates: la
vida no es justa, acostúmbrate a eso.
Responder
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Jesica Arce Hace 2 horas
Javier, admito que al leer tu columna me emocioné. En parte por el relato en sí y
en parte por entender que a todos nos pasa un poco lo mismo. Esto de
sentirse atrapados en algo que no nos gusta. A su vez, pienso que no nos
define lo que hacemos, si no, el fin con el que obramos. Después de todo nada
en tan determinante en la vida y las etiquetas no sirven de nada. Quiero decir
que no es: soy bancario y me olvido de la escritura o soy escritor y me olvido de
darle el bienestar que pretendo a mi familia. Hiciste lo que pudiste y te salió
bien a mi entender. En medio de tu crisis existencial, supiste combinar el deber
con el querer ser. Te costó, pero lo lograste. Felicitaciones y muchos futuros
éxitos!
Responder
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Jose Gustav Hace 2 horas
Pero dentro de todo la ventaja de Javier es que la transición la puede hacer sin
abandonar el trabajo. Después de las 18 hs (y hasta que le dé el cuero) puede
escribir, lo mismo los fines de semana (justamente la ventaja de ser escritor es
que no tenés horarios).
Si realmente es vocación no creo que le pese tanto. Ahora si quiere hacerlo de
9 a 18 se le va a complicar (pero entonces sería vocación?).
Complicada la tienen otros que trabajan de 9 a 18 y su trabajo vocacional
tendrían que hacerlo en el mismo horario (por poner ejemplos, un Ingeniero
que hoy trabaja en otro rubro y para cambiar de trabajo tendría que aceptar
cobrar menos al inicio).
Me parece que no siempre hay que ver el vaso medio vacío.
Responder
1 respuesta
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joseph Marie Renauld Hace 1 hora
Trabajé 45 años. 30 de esos años en posiciones gerenciales
progresivas en responsabilidad​, bien pagadas pero extenuantes y con
diferentes cambios de territorio. La CANTIDAD de tiempo dedicado a
esos menesteres fue compensada con creces con la CALIDAD de
tiempo residual dedicado a y con mi familia y mis pasatiempos. Este
tema no merece mucho debate. La mayoría de la gente, en mayor o
menor escala se adapta a esta forma de vida. Es un "fact of life" El que
no
pueda adaptarse,que visite un psicólogo. Necesita un "life tune-up".
Nota: Otra cosa diferente es tratar de buscar una actividad más
remunerativa. Creo que esto no es el tema del debate que nos ocupa.
Es
un tema económico.
Responder
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anibal norberto perez Hace 2 horas
Les recomiendo que vean la pelicula LA FIACA esta en you tube
Responder
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joseph Marie Renauld Hace 2 horas
El 90% de las personas que trabajan en relación de dependencia no tienen
vocación por el trabajo que realizan, a pesar de hacerlo bien por temor al
despido. La mayoría considera que el trabajo es una obligación natural que
permite poner "pan en la mesa".Otros, como el personaje del artículo, no saben
asumir esta "filosofía del trabajo" y se atormentan. No por lo que significa el
"trabajo" en sí, sino por no encontrar caminos alternativos para superar el
síndrome. Se puede hacer la transición de un trabajo obligatorio a un trabajo
vocacional. Pero si la transición busca a su vez mejoramiento financiero,
entonces se convierte en un trastorno. La solución para la mayoría es sencilla:
cumplir con el trabajo y disfrutar el resto del tiempo. Desenchufarse. De lo
contrario, es inevitable enfrentarse a un Catch 22
Responder
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Pablo Javier Charras Hace 3 horas
Excelente relato! Escribis muy bien. Espero que se cumpla tu sueño de poder
ser escritor.

7/6/2014

A veces lloro de angustia: tengo un buen trabajo, pero no el que me gusta

Responder 3 0 carlos moreno Hace 3 horas SI QUERES HACER ALGO DIFERENTE ANDA A
Responder
3
0
carlos moreno Hace 3 horas
SI QUERES HACER ALGO DIFERENTE ANDA A PASEARTE A LA NOCHE POR
EL ROSEDAL Y DEJA DE HACER NOTAS PEDORRAS COMO ESTA
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Hernan Alonso Hace 3 horas
Es que, aunque suene cruel, el trabajo no dignifica. Hacer lo que uno es, por el
contrario, si.
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Matilde Carreras Hace 3 horas
Entiendo perfectamente el tumulto interno de Javier, desde hace tiempo me
pasa lo mismo, tengo un hijo estudiando en la facultad y con mis letras no
podría costearle un futuro. Amo escribir, pero necesito imperiosamente saber
que no atentaré contra el bienestar y mejor oportunidades para El. Los
pensamientos se me escapan usurpando renglones, mueren en el intento de
plasmar un poema, un cuento o mis ilusiones.
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Edicion Nº 24605
Directora Ernestina Herrera de Noble
Editor Responsable: Ricardo Kirschbaum
Registro: 5014466
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