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MENSAJE

Nr

275

DICIEMBRE

197B

SOCIO

POLÍTICA

DETENIDOS POLÍTICOS SUFRIMIENTO Y ESPEDANZA

ANA CATALINA RODRÍGUEZ de RUIZ - TAGLE

Puede ser muy doloroso para la con- ciencia nacional abrirse a la verdad de hechos y prácticas que han su- cedido en Chile, pero creemos que es la única manera de sanar. Para reconstruir la convivencia social y poder reintegrar en ella a muchas personas que han padecido grave In- justicia y también a sus autores, hay que conocer algo del daño causado en ambos por las circunstancias que se relatan. Así podremos todos com- prender su situación, Impulsar una reconciliación generosa y ayudar a sanar a nuestra sociedad. Entonces habremos asumido este dolor en for- ma madura y podremos superarlo. Para los cristianos es un deber aten der al dolor de los hermanos y apor- tar, sobre todo en este Año de los Derechos Humanos, la fe, amor y es- peranza que necesita la reconstruc- ción de nuestra convivencia nacional.

"Se impone que evaluemos la gran tarea de nuestro tiempo que se esfuerza por formular y consolidar los 'derechos humanos' en la vida de la humanidad actual, del pueblo y de los estados Sin duda que el Papa actual tendrá que volver a abordar estas cuestiones muchas veces".

(S.S. Juan

1978).

Pablo II, 8 de noviembre de

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"Suplicamos, no tan sólo a nuestras autoridades, sino a todos los chilenos, que renuncien definitivamente a toda violencia sobre las personas, a la tortura, al terrorismo, al desprecio de la vida humana".

(Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile, 9 de noviembre de

1978).

El impacto emocional y social de ser detenido por causas políticas, en el contexto en que se ha producido este hecho en el país en los últimos años, tiene repercusiones que se prolongan mucho más allá del período en que ha ocurrido la de- tención. Fsta constatación responde a la experiencia de ex-detenidos políticos, que permanecen en el país o que se han sentido obligados a buscar el exilio. en la esperanza de resolver allí algunos de los gra- ves problemas que les han sobrevenido a causa de la detención. Para comprender la situación de estas personas, se presentan algunos testimonios, seleccionados de entre cientos de casos similares documentados, que ayudan a reflexionar sobre el grado de daño psi- co-social que estas experiencias producen, y sobre los caminos que habría para ayudarlos a reincor- porarse en una convivencia normal. Como muchas de estas personas han tenido serias dificultades para sanar sicológicamente y reingresar a la vida ordinaria y al mundo del trabajo, es necesario co- nocer su situación para que la ciudadanía pueda acogerlos con justicia y amor. Aunque los testi- monios provienen de las mismas personas afecta- das, el cotejo de muchísimos casos nos ha conven- cido de que dicen verdad. El lector juzgará de ello.

I. La experiencia traumática

La detención

De los testimonios de cientos de casos, se pue- de deducir fehacientemente que el modo y proce- so de gran parte de las detenciones, en estos últi- mos años, ha sido más o menos similar. Hemos podido llegar a delinear las siguientes etapas: una vez detenida la persona, se da un periodo denomi- nado "interrogatorio", durante el cual el detenido permanece en lugares desconocidos y la familia carece de información acerca de su pariente. En este período ocurren los apremios físicos y psico- lógicos más intensos, que ponen al sujeto en una

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situación de extrema incertidumbre vital. Duran- te el período de "interrogatorio" el detenido llega a creer que la posibilidad de salir con vida es al- go fortuito, y se apodera de él un agudo sentimien- to de inseguridad. Entre 1973 y 1976, los testimonios señalan que el período de interrogatorio podía durar desde al- gunos días hasta meses. "Permanecí en ese lugar por un período de 67 días, que pienso en forma personal es el período de mi vida más terrible", (Rigoberto, 25 años, 1973-1974). "Estuve cinco meses en Villa Grimaldi. Villa (ii imaldi era un campamento de tránsito y mi per- manencia se hacía más larga de lo común. Uno de los guardias me explicó un día que mi caso era muy pesado" (Rolandu. 47 años, segunda deten- ción, 1975-1976). "Estuve seis meses, seis meses que lo pasé mal, seis meses de martirio. Creo que una semana es mucho para un hombre para como lo pasábamos nosotros. Estuve en la "Universidad" 48 días in- comunicado, 25 días pa' que me repusiera de la

incomunicación y pudiera ser

gundo, 51 años, dirigente sindical campesino, de- tención ocurrida en septiembre de 1973 hasta fi- nes de 1974).

",

fJosc

Se-

"Al principio no me preguntaron ninguna cosa,

me empezaron a dar como caja

párate cabrito'. Lo único que me decían era 'pre-

párate cabrito 1 . 'De aquí para adelante vas a tener que contarnos todo'. Nada más. Entonces yo les decía: '¿Qué quieren que les cuente?, díganme'. 'No, espérate tranquilito DO más, pero vas a te-

ner que contar todo'

nido en 1974) '. Para el detenido la prolongación de su situación se va haciendo más intolerable y acrecienta el te- mor y la ansiedad, el aislamiento y la perdida de vínculos individuales y sociales y, principalmente, el sentimiento de tener la existencia permanente- mente en juego. Aproximadamente desde fines de 1974, se tomó conciencia de que muchos detenidos no reapare- cían. La detención empezó a significar la posibili- dad de desaparecer. De este modo, ella generó una sobrecarga de angustia: la incertidumbre sobre el destino personal y la inermidad total frente a la detención.

(Enrique, 29 años, dete-

Me decían: 'pre-

",

Interrogatorio y tortura

El período de interrogatorio es el período de la tortura. De ella sólo podría escaparse (teórica-

i

i

n

utos

cuatro

L.ISÜ>

queremos

centrar

este

artículo,

no

porque

se

trate

de

casos

extremos

sino

parque

ellos

han

si

fritió

la

mayor

parte

de

los

tipos

de

torturas

que

se han apficH-

do

en

el

país.

Actualmente

ellw

llevan

en

tu

cuerpo

y

en

su

psiquli

lus consecuencias

del

daflo

recibido .

Por

razones

obvies,

no

se dan

más datos

que

pudiesen

permitir

su

Individualización,

 

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mente) si se decide "cooperar". El detenido que no coopera, se expone a sí mismo al dolor y a la muerte. Al interrogador "no le queda otra que tor- turar". Desde el comienzo de la detención, el trato re-

cibido implica apremios físicos, que se inician con el hacinamiento, la falta de alimentación, las pé- simas condiciones higiénicas de los lugares de re- clusión e incomunicación, y la dificultad para de- sarrollar un mínimo de actividades personales con sentido. Impedir el sueño, aplicar corriente, gol- pes, por períodos prolongados, aplicación de tor- turas brutales o refinadas, colgar por horas a un individuo, inferirle heridas, destruir con golpes o

el uso

con instrumentos la piel, uñas,

de drogas de diferentes tipos, las vejaciones se-

xuales, el uso de técnicas psicológicas sofisticadas,

incluso el electroshock

tratamiento. Este tratamiento tiene sus etapas, a

todo ello forma parte del

juicio de quienes las han

sufrido.

Etapa de "ablandamiento"

"La primera experiencia que tuve yo allí fue

la del fusilamiento. Me dijeron: "Bueno cabrito, nosotros tenemos que cumplir aquí una obliga- ción, nosotros somos mandados, nada tenemos que

"Si

me van a fusilar, dígame al menos por qué me

cu-

la lazo, que fue el que me quebró la nariz y los dientes de adelante, que todavía no me los arre- después de los primeros golpes procedieron a colocarme en una muralla, en un paredón para fusilarme. Escuche como se preparaban, y bueno,

y

pensé que cómo iban a te-

ner tan mala puntería y se me acerca alguien y me dice: "Esto es para que te vayas preparando, cabrito, para que vayas preparando tus nervios, de aquí en adelante te queda mucho todavía". Des- pués me dejaron parado como tres horas, des-

pués me llevaron a una pieza y procedieron a co-

locarme corriente eléctrica, en la lengua, los oí- dos, en las uñas y no me preguntaban nada. Sólo me decían "prepárate cabrito" (Enrique, 29 años). "Cuando me introdujeron en las cámaras de torturas, soy saludado con unos golpes de cade- nas en mis espaldas. Sólo se limitan a pegar. Mis

verdugos cubren sus

son unos tremendos gallos, uno medía alrededor de 1.90 m., me decían: "Hasta aquí llegó tu vi- da, cabrito", "pronto vas a pasar al otro mundo, mañana no vas a ver el sol". Poco imaginativos. También decían garabatos, "tu mujer es un pu- ta". Toda la familia salía a bailar. Después me aplicaron alfileres, durante 4 horas, podía ser de

8 a 12, o de 2 a 6, horari o de trabajo . A veces ha- bía sesiones continuadas de ablandamiento de 6

ver y te vamos a tener que fusilar";

van

a

"

Ahí procedieron

les dije:

a darme un

yo también me prepare no pasó nada, no caí

sentí una descarga

rostros con unas capuchas

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a

8 horas. En ellas había aplicación de corriente

o

si no lo llevaban al matadero; en el matadero

a

uno le aplicaban una manguera en la boca, tra-

gaba agua y uno se empezaba a hinchar, una vez hinchado lo colgaban en unos garfios y le empeza- ban a sacar el agua a palos, era terriblemente do- loroso. Hasta ahí no me habían preguntado na- da, ni siquiera mi nombre. Después me ordenaron firmar unos papeles de registro de interrogatorio", (Rigoberto, 25 años).

Estos y otros testimonios van mostrando que

la intención primordial de los apremios en la eta-

pa de ablandamiento es la destrucción psicológica del individuo; quebrarlo, anularlo. Una vez logra- do este objetivo se trata de obtener información que permita la captura de otros.

Interrogatorios propiamente tales

En cuanto se estima que el "ablandamiento"

ha terminado, se inician los interrogatorios propia- mente tales. Ahí los apremios aumentan con el fin de que el prisionero entregue su información. "Me colocaban corriente, me castigaban con un palo, me hacían la llave, me fusilaban de men- tira, todo lo que uno se puede imaginar. Uno ve-

porque el cerebro estuve todo lastimado

me lo machucaron harto

nía a recordar en sí después

en la cabeza, todo negro, negro, negro como fono-

Los vínculos que se generan entre quienes han compartido esta situación límite en la vida humana no son comparables a otros vínculos humanos, por ser muy intensos en lo emocional, en el dolor y en el afecto.

la, de ese color el cuerpo, todas las piernas, entre- medio de las piernas, las ancas, todo, porque me habían pegado en todas las partes que tiene car-

las personas que me maltrataban eran

Diga lo

que diga Ud. lo apalean igual. El que empieza a

hablar lo apalean más. Resulta que si Ud. quiere sacar algo, para evitar el castigo, es peor, porque dicen: "Si este largó una, puede largar otra, al

(José Segundo,

51 años). "Después de las sesiones de ablandamiento nos

pasaban al psicólogo. A uno le ofrecían un sand- wich, un^ bebida, le decía: "No te preocupes, yo te voy a ayudar", y este señor estaba como 8 horas hablando con uno, pero sobre su escritorio tenía toda clase de instrumentos de tortura, cadenas,

como uno no de-

elementos para sacar las uñas

cía nada, él decía que lo lamentaba, que como yo

des-

no cooperaba él no me iba a poder ayudar

otro día otra y al otro día otra

ne uno

personas jóvenes, más jóvenes que yo

",

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pues que estas sesiones no habían tenido éxito, el éxito esperado por él, pasé a la sala de torturas. Azotes con látigos de alambre amarrado a un pos- te, aplicación de corriente eléctrica por horas. El día 25 de diciembre de 1973, tuve una sesión noc- turna con 11 torturadores, en la que cada uno apli- có su especialidad. Yo estaba amarrado a un pos- te y me golpearon, me aplicaron corriente, me pin- charon con alfileres, me tiraron un líquido a mi cuerpo y éslc ardía. Después me sientan en una si- lla y continúa el interrogatorio. Estaba completa- mente destrozado, pierdo el sentido, lo recupero

Muchos de estos ex-detenidos han podido

recobrar, aunque con dificultad,

un

sentimiento de seguridad

y una

nueva

sensación de confianza en el hombre cuando han podido incorporarse a algún grupo que los respeta

al fin me llevan a la celda de incomunicación los compañeros al verme en ese estado tuvieron que angustiarse enormemente, tanto por pensar que a ellos les podía pasar, como por el hecho de verme así", (Rigoberto, 25 años).

"En una parte que me llevaron después de sa- carme del regimiento y traerme a Santiago, le pu- se la casa de la silla, porque pasé sentado en una

silla, los golpes, la corriente, todo. Después me lle-

varon a otra parte, le puse

la casa de la música

estaba ya bastante mal, me amarraron a un camas- tro y empecé a sentir cualquier cantidad de gra- baciones, gritos de terror, gente que aullaba de

dolor, gente que estaban torturando, esto estaba a

me tuvieron escuchando toda la

mañana y en la tarde anduve con las voces meti-

después me sacaron de San-

tiago y me llevaron a un campo donde habían jau- las colgadas a cierta altura, donde pegaba el sol casi todo el día y la gente dentro tenía que estar

en cuclillas. Estuve allí algunos días sin interro-

me me-

tieron en un camioncito tipo frigorífico y me lle-

varon a otro lugar

donde estaban torturando gente, se oían gritos Oí que dijeron: "Saquen al cabro esc" y después unos alaridos. Era alguien que estaba en el potro. Allí me subieron a mí. Allí se colocaba a la perso- na encima y se les estiraban los brazos y las pier- nas al máximo, con cordeles y correas. Allí estu- ve varias horas. Al principio duele fuerte, después todo se adormece del puro dolor y el dolor vuel- ve cuando lo sacan a uno. Yo estaba vendado. Me aplicaron corriente y me dijeron que me iban a aplicar una cosa que ni los tupamaros habían re- sistido. Lo primero que me hicieron fue sacarme las uñas, me golpearon los dedos con unos fierri-

me entraron en una pieza

todo volumen

das en la cabeza

gatorio, pero un

día

a

las

8 de

la mañana

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tos delgados, como lápices, no me sacaban las uñas completamente pero las levantaban lentamen- te, después procedieron a aplicarme fuego. Creo que es una de las mayores torturas que pasé, casi perdí todos los dedos de la mano izquierda y dos uñas de la derecha. Me quemaron los pies con pa-

peles encendidos, después en las costillas, me pu- sieron un fierro caliente en la cabeza como una

horquilla

Des-

pués me sacaron fuera de Santiago y me llevaron

a Otra parte. Allí a los pocos días de llegado tuve

la experiencia de los gusanitos. Eso fue en los pies, en la noche me quejaba, tenía una picazón tre- menda. No había recibido curación alguna. Los presos con los que estaba llamaron a los guardias. Esos guardias eran bastante buenos, muy huma- nos dentro de lo que podían hacer, y prendieron unos fósforos para verme los pies, yo chillé, esta-

ba traumatizado

Me curaron , m e

las heridas

ción médica hasta un mes y medio después

No recibí de todo esto ninguna aten-

con el fuego

¡No, otra vez no!

, sacaro n má s d e 100 gusanito s d e (Enrique, 29 años).

"Me colgaban con cordones eléctricos forrados en un paño, toallas para que no dejaran marcas en las muñecas. Nos dejaban apoyar los pies en una repisa, pero con tan poco apoyo, que dolía mucho.

Era un día completo en esa posición. Ellos querían que les dijera con quienes trabajaba en el Comité Pro Paz, que era agente extranjero, que quienes

después me hacían pre-

senciar torturas. Las que les hacían a las mujeres. Vimos que le ponían perros a las compañeras, pe- rros grandes, degenerados, especialmente adiestra-

dos

nuda a una celda, después de haberla torturado, a las celdas donde estábamos nosotros y decían:

"Sírvanselas Uds., cochinos, desgraciados, nosotros no la queremos más". Tal vez sean éstas las cosas que más duelen, más que las torturas que puedan hacerle a uno. Uno se ve imposibilitado de hacer algo, con una metralleta adelante, amarrado, col- gado, y ver que le están haciendo eso delante de

uno

son cosas que cuando uno está durmiendo

lo hacen saltar de la cama, no por lo que le hayan

Después tiraban a una compañera des-

",

me tenían trabajando

(

).

hecho sino por lo que ha visto. Me quitan la tran- quilidad toda, quitan el sueño, es como si uno fuera un muerto entre los vivos, como que dejé

de ser

",

(Rolando, 47 años).

El torturador

El amplio repertorio de formas de daño llega a hacerlas rutinarias y hasta "normales" dentro del procedimiento habitual de las detenciones.

recogido, se ve

que el torturador no objeta en absoluto los pro- cedimientos que utiliza; se produce un paréntesis entre su vida cotidiana y este "trabajo", frente al cual no se aplica código ético alguno.

De los testimonios

que hemos

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La tortura aparece como si tuviese un fin en si misma: lograr eficientemente su objetivo, pres- cindiendo de la relación de ambos como seres hu- manos. Para la conciencia del torturador la tor- tura aparece como algo aislado, divorciado de la realidad misma. Se aprecia que para el torturador hay un presu- puesto inicial, en el cual se juega su propia auto- estima y la del servicio a que pertenece. Este pre- supuesto es que todo detenido es importante y sa- be mucho; por tanto, la tarea es "hacerlo hablar", al precio que sea. La eficiencia de sus métodos le garantiza que eso finalmente se logra. La "confe- sión" del prisionero es, por tanto, un indicador de la competencia del torturador y se constituye en un mérito dentro de sus funciones. La convicción de que todo detenido es un "pri- sionero de guerra" sin derechos, muestra el ca- rácter insano de la tortura que se aplica. Da la im- presión de que en muchísimos casos lo que se bus- cara en primer lugar fuera agredir, dañar, destruir de manera irracional, y muy secundariamente ob- tener alguna información. ¿Cómo se produce a nivel psicológico, en la ac- ción de la tortura, la preseindencia de su conno- tación ética? Se observa allí una disociación, apoyada en dos circunstancias: la primera se relaciona con la rup- tura del sistema político. Para mucha gente esto ha implicado la quiebra de todas las normas, y se ha producido, por tanto, un ambiente general de anomia, en que estarían aparentemente suspen- didas las normas éticas socialmente válidas. La segunda se basa en que dentro de una estructura jerárquica se cree que la responsabilidad total re- cae en el jefe, o es vivenciada así, y los subordi- nados obedecen y se esmeran en cumplir las ór- denes a la perfección en un clima psicológico es- timulante y favorable a las conductas descritas. Allí, la condición de "prisionero de guerra" pare- ce subrayar, a sus ojos, la legitimidad del trato aplicado. La relación torturador-torturado se hace, pues, anómica e impersonal. Suele considerarse como contribución a la ge- neración de estos hechos las patologías individua- les. Sin embargo, aún existiendo ellas, no podrían expresarse si el clima psicológico y la sustitución de las normas morales no permitiera su expresión. Por otra parte, no se trata de hechos esporádicos

o aislados, sino de situaciones constantes, cuya

descripción alude a una programación cuya eficien- cia ya ha sido probada 2 .

Aunque de esto contamos con pocos testimo- nios, creemos que el hecho de haber torturado se convierte en algo muy destructor para la persona

del torturador y que esta experiencia puede crear-

le serios problemas en su futura inserción social.

2

Ver:

tina,

en

José

Aldunate,

S.f.

La

tortura

recrudece

Revista

Mensaje.

N? 242. septiembre

de

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en

1975.

América

la-

• •

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II. Impacto psicológico de la tortura

Las torturas producen daños de consideración, que en muchos casos invalidan al prisionero y le hacen dependiente de la ayuda de otros. Todas las vivencias están centradas en el dolor físico y en el temor. Los daños físicos, moretones, heridas, quebraduras, quemaduras, etc., y las vejaciones sexuales que forman paite más o menos habitual del trato de los prisioneros, generan una serie de vivencias traumáticas y dolorosas que destruyen la relación natural del hombre con su cuerpo. El daño genital y las experiencias traumáticas vincu- ladas a la sexualidad tienen un efecto más profun- damente destructivo y su carácter vejatorio es más abrumador, precisamente por su significado, el cual es vivido como violación de la propia inti- midad. Igual electo de daño tiene la tortura que pro- viene de la presión por presenciar torturas de otros, y que deja el sabor insoportable de no ha- ber podido hacer nada para evitarlo. La experiencia de la tortura no sólo es trau- mática por el daño físico que ocasiona, o por el contexto en que se desarrolla. Genera también un daño psicosocial importante, en la medida en que perturba un elemento básico de la relación entre los seres humanos, que es la confianza en el otro, por el solo hecho de ser un semejante. El dolor

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experimentado no provino de un objeto inanima- do. Provino de otro ser humano, que ha tenido la intención consciente y deliberada de realizar ese daño, para quien el hacer ese daño y causar ese dolor constituye su trabajo y por esc trabajo le pagan. La experiencia de ser dañado por otro ser hu- mano trastorna el concepto de realidad que los hombres tenemos. El prisionero vive al torturador como la negación de lo humano, con una profun- da vivencia de miedo y amenaza vital. Las tor- turas mencionadas en los testimonios indican que está permitido poner en práctica con el prisione- ro todo lo que una fantasía agresiva, destructiva y cruel puede idear, por irracional o perturbada que parezca. Otra dimensión del daño es caer en la delación, o empezar a "cooperar". Para esto se procura que el propio individuo traicione sus ideales y se trans- forme en una persona que al delatar, no pueda mantener una relación digna con sus semejantes, obligándolo a la traición de sus lazos, de sus ideas, del sentido de su vida, al tratar de evitar el daño extremo o la muerte. El daño que proviene de "hablar" no sólo es la culpabilización, es también arrastrar la responsabilidad de la denigración de otros, a quienes se quería como semejantes y co- mo hermanos.

Elementos de protección

A pesar de que el torturador controla todos los detalles de lo que le sucede al prisionero y su om- nipotencia agresiva lo deja completamente des- protegido, éste no está inerme completamente. Se proteje a través de su identidad política, la cual es, paradojalmente, reforzada en la mayoría de los casos por el tratamiento recibido. La capacidad que desarrolla el prisionero de comprender y or- denar ideológica y políticamente, lo que le está su- cediendo, le permite protejer su autoestima, a pe- sar de ser escarnecido, vejado y dañado. Debido a esto, la mayor parte de los detenidos no cambian su ideología, sino que la refuerzan. Por otra parte, el contacto con otros detenidos juega un rol muy relevante, puesto que se com- parte el mayor dolor y la mayor vulnerabilidad, pero al mismo tiempo se genera la posibilidad de recibir el afecto, la compañía, la comprensión, el abrazo genuino del otro, que quiere mitigar el dolor, dolor que asume en todo su horror, por-

sufre en su propio cuerpo

lacerado. Los vínculos que se generan entre quienes han compartido esta situación límite en la vida huma- na no son comparables a otros vínculos humanos, por ser muy intensos en lo emocional, en el dolor y el afecto, y también muy intensos en la viven- cia grupal de los valores que constituyen su ideo- logía, por la cual se ha experimentado ese dolor.

que lo ha sufrido y lo

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A pesar de la precariedad del grupo, especialmen-

te en el período de incomunicación e interrogato

repara-

ción, que posibilita la integridad personal y la so- brevivencia psíquica, al dar apoyo para resistir la

tortura y afrontar

También sucede que el dolor, llevado hasta ese extremo, hace que el prisionero hable y entregue información que conduzca a la captura de otros compañeros. Esta experiencia es muy dolorosa y acompaña al que habla de un profundo sentimien-

to de culpabilidad. Es precisamente el diálogo con

los otros que están siendo interrogados, lo que le permite aceptar su debilidad, recibir la compren- sión de los otros y ser capaz de mantener su aulo- respeto a pesar de ello.

Sin embargo, muchos han sufrido una grave crisis psicológica a raíz de haber "hablado" y sus consecuencias no son fáciles de superar.

río, se constituye en un espacio social de

el dolor.

La reclusión en cárcel

Después del peiíodo de tortura, aparece la cár-

cel como una reclusión pública y regular. Muchos

la llaman "el paraíso", porque habilualmcnte se

está a cubierto de nuevas torturas: porque se pue- de emplear constructivamente el tiempo, porque hay oíros. Este período se caracteriza por una evi- dente disminución de la sobrecarga aguda que se ha conocido en los períodos de interrogatorios, pe- ro aquí empiezan los primeros entreteloncs de una expectación ansiosa de desgaste. El Futuro en cada caso es impredecible. Espe- rial mente entre 1973 y 1976, los procedimientos le-

ízales eran poco claros, contradictorios y difíciles de prever. Aquí se va produciendo progresivamen-

te un especial sentimiento de incertidumbre, de

futuro estancado o paralizado. Este período ha terminado para la mayoría de los presos políticos de manera inesperada: libertad bajo fianza, des- tierro (D. 504), amnistía, etc.

III. La reorganización de vida

La permanencia en el país es el gran deseo de la mayor parte de los chilenos ex-detenidos po- líticos. Esta permanencia no siempre es posible. No siempre las condiciones de la sociedad actual le permiten reorganizar su vida. No encuentra em- pleo que le permita subsistir, y el estigma de ex- detenido le cierra puertas sociales y laborales. Esta situación es dramática, en la medida en que transcurre el tiempo. La mayor parte de los detenidos son personas que tienen edades entre 20 y 40 años; por tanto, muchos tienen familia con hi- jos pequeños. Durante la detención del jcTe de ho- gar, la madre ha debido afrontar la situación tra- bajando; muchas veces, sin tener ninguna prepa- ración para ello, viviendo precariamente, allegan-

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dose a familiares. La salida de la cárcel del espo- so obliga a una nueva readaptación y muchas ve-

las buenas voluntades— es

una situación no exenta de conflictos, recrimina-

ciones, dolor

te de los ex-detenidos sufre cesantías tan prolon- gadas que el exilio resulta preferible a esta situa- ción estancada y deteriorada. Pensamos que no más de un 10% de los ex-detenidos encuentra tra- bajo a la salida de la cárcel, y que la situación en provincias debe ser aún más aguda que en la ca- pital.

ces —a ipesar de todas

un nuevo dolor más. La mayor par-

Consecuencias psico - sociales

Hasta la detención el pasado fue vivido como

una experiencia legítima, constructiva, con un

sentimiento de expansión

subjetiva.

Desde la detención, esc pasado se transforma en un estigma insuperable. Se produce una in- terrupción del curso vital, de los proyectos, de los vínculos, de las relaciones. La salida de la cárcel, con toda su carga trau- mática, encuentra un horizonte casi siempre cerra- do, sin espacio. Rápidamente la falta de recursos genera o agudiza una crisis familiar y personal,

explicable que sea, no deja de

ser destructivo, y en esc espacio social y psicológi- co crecen los niños que también son víctimas de todo este dolor.

Finalmente, el individuo se siente cercado, in- habilitado para enfrentar esta situación, inerme al daño, y surge invasoramente toda la angustia, toda la tristeza, todo el daño psicológico de la de- tención y la tortura. Así, pues, la detención ha producido en primer lugar daño físico. También produce daño psíqui- co, que consiste en el resquebrajamiento de la sa- lud mental como consecuencia de las experiencias vividas. El elemento vital más encarnecido es la segu-

ridad, factor

interpersonalcs, los vínculos, el proyecto de vida,

en que todo, por

esencial, que enmarca las

relaciones

SOCIO-POLÍTICA

la existencia en general de cada ser humano. Es- tas situaciones vividas han traído consigo pérdi- das importantes: el derecho a vivir, a tener tra- bajo, a pensar, al debido proceso legal. Por ello aparece que la vida misma en su curso vital ha sido vulnerada. A causa de ello predomina un sen- timiento de inermidad, desvalimiento e impoten- cia, un sentimiento depresivo arrastrado que no siempre se logra expresar abiertamente.

La recuperación

Sin embargo, este profundo daño físico, psí- quico, social, psicosocial puede ser reparado. El estigma de ex-detenido afecta, pero puede dejar de destruir, puede ser transformado activamente, a través de una instancia común, de un "nosotros", en el que el estigma es recogido, elaborado y es susceptible de ser transformado. Muchos de estos ex-detenidos han podido reco- brar, aunque con dificultad, un sentimiento de se- guridad y una nueva sensación de confianza en el hombre cuando han podido incorporarse a algún grupo que los respeta, comprende su situación, los hace sentirse nuevamente respetados y los hace participar en un trabajo común. La reparación necesita este espacio de víncu- los humanos, en el que la condición de ex-deteni- do no implique discriminación, donde ella pueda ser valorada en su justa dimensión, pero sin lás- tima ni privilegios. El camino de reincorporación de estos chilenos en nuestra comunidad social es que ellos se sientan de verdad recibidos en una co- munidad de hermanos, que anticipe la reparación que debe realizarse a través de un trabajo digno y que posibilite la permanencia en el país; que ellos puedan incorporarse a la expresión y la participa- ción social, que garantice los derechos de todos los chilenos, sin distinciones, sin temores, sin miedo. Nuestra patria necesita este espacio social huma- no que posibilite a estos hombres y mujeres el reencuentro con su identidad de seres humanos, de seres dignos, de personas, de chilenos.

"No puede haber paz verdadera mientras no haya justicia y es-

fuerzo para alcanzarla. Para que pueda haber paz es necesario

que haya esperanza, es decir, un futuro abierto para todos".

(Vil Semanas Sociales de Chile)

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