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PERSONAJE DEL MES

Alan Guth

PERSONAJE DEL MES Alan Guth El escritor Isaac Asimov decía que las ideas no valen un

El escritor Isaac Asimov decía que las ideas no valen un céntimo. Que están ahí afuera, por montones, disponibles para cualquiera que se tropiece con ellas. Alan Guth se tropezó con una. Sucedió el 6 de diciembre de 1979, en la Universidad de Cornell, cuando era un ignoto cosmólogo estadounidense de 32 años, graduado en física teórica y especializado en partículas elementales. Sólo que la idea de Guth abarcaba una historia tan abismal que todas las demás —la historia de la guerra del Peloponeso, The Beatles, el cine, la encefalización y el bipedismo de los homínidos, el Apartheid sudafricano, la extinción de los dinosaurios, las Cruzadas, la Coca-Cola, lo que sucedió cuando entraste distraidamente a un lugar y te enamoraste de alguien— pueden hundirse en su interior sin que creamos que nada importante se ha perdido. Si la vida es una sucesión de instantes, como podría afirmar cualquier canción barata en la radio, la idea del cosmólogo Guth refería al instante más importante de todos. O al menos, uno de ellos.

La teoría del Big Bang se había tejido en la década de 1920 con especulaciones que los astrónomos recién confirmaron en la década de 1960. El universo nació hace unos 1 382 millardos de años con una minúscula bola incandescente de temperatura y densidad extremas que desde entonces se expande y se enfría. La hipótesis ya estaba aprobada a finales de la década de 1970 y Guth se enredó con un instante: el primero de todos, cuando el universo hacía literalmente bang. Los ecos teológicos son embarazosos, pero irresistibles. No se trataba del momento de la creación, sino de lo que sucedió justo después. Lo que ocurrió en esa primera milésima de segundo, aventuró Guth, fue una expansión exponencial tremendamente rápida a la que llamó “inflación”. Hizo cálculos, trazó modelos, esperó. Pasaron 10, 15, 25 años. La hipótesis subsanaba las partes trémulas de la teoría del Big Bang. Explicaba por qué el espacio es tan plano (el “problema de la monotonía”) y tan uniforme (el “problema del horizonte”). También explicaba otros

acertijos menores de la física teórica; por ejemplo, por qué no existen monopolos magnéticos (partículas elementales con un solo polo magnético), cuando todo indica que sí deberían existir. El cuarto de siglo que siguió corroboró las hipótesis de Guth. En 2006, la nave espacial de la misión wmap, que mide las temperaturas del remanente del Big Bang, le dio un sólido espaldarazo. En marzo de este año se anunció que el telescopio de microondas bicep 2, en el Polo Sur, había detectado ondas gravitacionales primordiales generadas tras la creación del universo. La idea de 1979 había producido una historia. Una gran historia. “No es una coincidencia que la Biblia empiece con el Génesis”, comentó una vez Guth. “La mayoría de las personas realmente quiere saber de dónde venimos y de dónde viene todo lo que nos rodea. Quisiera empujar la respuesta científica. Tenemos evidencia. Ya no tenemos que creer en historias que nos contaron cuando éramos jóvenes”.

por marcelo pisarro

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