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Una linda confusión de Epitafios


Donald Davidson

Goodman Ace escribió radio comedias. Según Mark Singer, Ace a menudo hablaba
de la misma forma en que escribía:

En lugar de tomar al pie de la letra lo que dice Ace, un oyente debe estar en
guardia para un ocasional entre nosotros y yo1... o para una mala cara nunca vista.2
Como un estibador3 hará maniobras hasta que elija la frase ideal para la situación,
dando con el clavo justo en el pulgar4. El conversacionalista cuidadoso podría
intentar embancarse5 con él en un enredo6 de ingenios. En la búsqueda del pinocle7
del éxito, muchas veces me he roto el cerebro por un logro payasesco pero los
pollos de Ace siempre vuelven a la parrilla8. Cada tanto, Ace tontamente
monotonizará9 la conversación con sarcasmos demasiado humorísticos para poder
mencionarlos. La buena fortuna10 sería que alguien lo venza en su propio juego,
pero nunca lo he hecho: me quedo visco11 y tengo la esperanza de morirme, siempre
gana él abucheando12.b

Hago esta extensa cita porque los filósofos han tendido a desatender o restarle importancia
al tipo de uso de lenguaje ilustrado por este pasaje. Por ejemplo, Jonathan Bennett escribe,
Dudo que alguna vez haya presenciado una situación en la que un hablante gritara "!
Agua!" como una advertencia de fuego, sabiendo lo que "Agua!" significa y sabiendo
también que sus oyentes lo sabían, pero creyendo que ellos esperarían que él le diera a
"Agua" el significado normal de "Fuego".
Bennett agrega que "Aunque esas cosas puedan ocurrir, rara vez ocurren". Yo creo que
esas cosas suceden todo el tiempo; de hecho, si las condiciones se generalizan de un modo
natural, el fenómeno es ubicuo.
Los ejemplos de Singer son especiales en varios sentidos. Un barbarismo no tiene por qué
ser divertido o sorprendente. No tiene por qué basarse en un cliché, y por supuesto, no

1
Las notas a pie de página (números) corresponden a notas de la traducción. Las notas originales del
articulo se colocan como notas finales (letras), nous en lugar de vous. (NOTA: se usan cursivas en la
traducción de los barbarismos en refranes o dichos para indicar que aunque se intentó traducir lo más
fielmente posible, no se logra ese resultado. Con el fin de aclarar esto, a continuación colocaremos en nota a
pie de página la versión original en ingles).
2
face (cara) en lugar de time (tiempo).
3
roustabout (estibador, peón) en lugar de roundabout (tortuoso, retorcido)
4
"hitting the nail right on the thumb" (martillar el clavo en el pulgar) en lugar de "hitting the nail on the
head" (martillar el clavo hasta la cabeza, hacer lo correcto)
5
mix up with (embaucarse) en lugar de mis in with (embarcarse)
6
baffle (enredo, confusión) en lugar de battle (batalla)
7
pinochle (pinocle, juego de naipes) en lugar de pinacle (pináculo, cumbre)
8
Chickens always come home to roast (los pollos siempre vuelven al asador) en lugar de chickens always
come home to the roost" (los pollos siempre vuelven al gallinero, las cosas mal hechas vuelven a caer sobre
quien las hizo)
9
will monotonize (monotonizará) en lugar de will monopolize (monopolizará).
10
It's "high noon" (tiempo de vacas gordas, opulencia, riqueza) en lugar de lt's high time" (ya es hora). *
11
“cross my eyes" (cruzo los dedos) en lugar de "cross my fingers" (cruzo los dedos).
12
"wins thumbs down" (gana con desaprobación) en lugar de “wins hands down" (ganar fácilmente).
También "thumbs up": pulgar hacia arriba, buena suerte.
2

tiene por qué ser intencional. No es necesario que haya juego de palabras, o alguna señal
de que es un chiste deliberado. Podemos sonreír cuando alguien dice "Guíenos y lo
precederemos", o, con Archie Bunker, cuando dice "Necesitamos reímos para romper la
monogamia", porque ha dicho algo que, dado los significados usuales de las palabras, es
ridículo o gracioso. No hay duda de que el humor es accidental.
Los barbarismos de Ace generalmente cobran algo de sentido cuando se toma las palabras
en su forma standard, como en el caso de "La familiaridad provoca atentados13", o "Todos
somos cremados14 iguales", pero esto no es esencial ("el pincele del éxito"). Lo interesante
es el hecho de que en todos estos casos el oyente no tiene ningún problema para entender
al hablante del modo que éste pretende.
Resulta fácil explicar esta proeza del oyente: el oyente se da cuenta que la
interpretación 'standard' no es la interpretación pretendida; por ignorancia, inadvertencia o
a propósito, el hablante ha usado una palabra que suena parecido a la palabra que hubiera
expresado "correctamente" lo que él quería decir. Lo absurdo o inapropiado de lo que el
hablante hubiera querido decir si sus palabras se tomaran en el modo' standard', alerta al
oyente de la trampa o del error; la semejanza de sonido le da la pauta de la interpretación
correcta. Por supuesto, existen muchos otros modos en que el oyente puede comprender; la
semejanza de sonido no es esencial para el barbarismo. En ese sentido, el caso general
tampoco requiere que el hablante use una palabra real: la mayor parte del "Lunfardo" es
inteligible la primera vez que se lo oye.
En lo concerniente a la comprensión, parece carecer de importancia quién comete el error,
o si existe o no error. La primera vez que leí el pasaje de Singer sobre Goodman Ace,
pensé que la palabra "bárbara"15, aunque se tratara del nombre del personaje de Sheridan,
no era un sustantivo común que pudiera usarse en lugar de "barbarismo" 16. Ese resultó ser
mi error. Pero no importó: yo sabía lo que Singer quería decir, aunque estuviera
equivocado en cuanto a la palabra; yo hubiera tomado lo que él quería decir del mismo
modo si el equivocado fuera él y no yo. Ambos podríamos estar equivocados y todo
hubiera transcurrido igualmente bien.
Toda esta disertación sobre el error o equivocación no es misteriosa ni está abierta a
suspicacias filosóficas. Yo estaba equivocado sobre lo que un buen diccionario diría, o lo
que resultaría de la votación de una manada de expertos en cuyo gusto y entrenamiento yo
confío. No hay duda de que este tipo de error o equivocación, asociado a la noción de uso
correcto, no tiene interés filosófico- Necesitamos una noción más profunda del significado
de las palabras cuando se usan en un contexto; y necesitamos que el concepto profundo, al
igual que la noción llana de uso correcto, distinga lo que un hablante quiere decir, en una
ocasión dada, y lo que sus palabras significan. La propagada existencia de barbarismos y
su familia son una amenaza para esta distinción, ya que el significado pretendido de estos
parece tomarse del significado standard.
No obstante, doy por sentado que no debe permitirse nada que destruya o desdibuje la
distinción entre lo que el hablante quiere decir y el significado literal. Argumentaré que
para preservar la distinción debemos modificar ciertas opiniones comúnmente aceptadas
sobre lo que es "saber un lenguaje", o sobre lo que es un lenguaje natural. En particular,
debemos analizar la diferencia entre lo que es literal en un lenguaje y lo que es
convencional o establecido.
Intentemos ahora caracterizar en forma preliminar lo que he estado llamando
significado literal. El término está demasiado incrustado con términos filosóficos, y otros

13
attenyts (atentados) en lugar de temptations (atracciones, tentaciones).
14
cremated (cremados) ai lugar de created (creados).
15
“malaprop”
16
“malapropism”
3

extras, para ser de utilidad, por consiguiente, permítanme llamar primer significado a lo
que me interesa El concepto se aplica a palabras y oraciones emitidas por un hablante
particular en una ocasión particular. Pero si la ocasión, el hablante y la audiencia son
"normales" o "standard" (en un sentido que no explicaré con más detalle ahora), entonces
el primer significado de la emisión será el que se encuentra al consultar un diccionario
basado en el uso real (como la tercera edición del Webster). En términos generales, el
primer significado es el primero en el orden de interpretación. Es imposible explicar la
imagen en las siguientes líneas, por ejemplo, si no sabemos lo que quería decir "cuarta"17
en los tiempos de Shakespeare:
Se habla de la primavera y de la cuarta del año, la una nos presenta la sombra de
vuestra belleza, la otra se nos aparece como reflejo de vuestra liberalidad...d
Aquí debemos tomar en forma literal muy poco, pero si no sabemos el significado
literal, o primero, de las palabras no comprendemos o no podemos explicar la imagen.
No hay duda que el "orden de interpretación" no es claro. Porque hay casos en los
que podemos primero adivinar la imagen y luego descubrir el primer significado. Esto
podría ocurrir con la palabra "gracias"18 en el mismo soneto:

Se colocan todos los artificios de la belleza sobre


las mejillas de Helena,
y hallamos en vos las gracias griegas
nuevamente reproducidas.

Y, por supuesto, a menudo sucede que podemos descubrir el significado literal de


una palabra o frase si estimamos primero a donde quiso llegar el hablante.
Un modo mejor de distinguir el primer significado es a través de las intenciones del
hablante. Generalmente las intenciones con las que se realiza un acto se ordenan sin
ambigüedad de acuerdo a las relaciones de medios a fines (pudiendo ser esta relación
causal o no). Así, el poeta quiere (digamos) alabar la belleza y generosidad de su mecenas.
Para esto, usa imágenes que indican que la persona a quien se dirige considera los mejores
aspectos de la naturaleza, del hombre o de la mujer. Esto lo hace, a su vez, al usar la
palabra "gracias" para decir "atuendos"19 y al usar la palabra "cuarta" para decir "cosecha".
El orden establecido aquí por "al" puede revertirse usando la expresión "para". En la
secuencia "para", el primer significado es el primer significado al que se hace referencia,
("con la intención de" también sirve si se usa el verbo en infinito.)
Supongamos que Diógenes emite las palabras "Ud. me está tapando el sol" (o su
equivalente griego) con la intención de emitir palabras que fueran interpretadas por
Alejandro como verdaderas sí y sólo sí Alejandro estuviera tapando el sol a Diógenes, y
esto con la intención de pedirle a Alejandro que se saliera de entre él y el sol, y esto con la
intención de que Alejandro efectivamente se saliera de entre él y el sol y esto con la
intención de dejar una buena anécdota para la posteridad. Por supuesto, estas no son las
únicas intenciones involucradas; también estarían las intenciones de Grice para lograr
algunos de estos fines mediante el reconocimiento de Alejandro de algunas de las
intenciones involucradas. Interpretar la intención de Diógenes de cierto modo requiere una
intención autoreferencial, como lo requiere su intención de pedirle a Alejandro que se

17
"foison" : "cuarta". (NOTA: Se cambiaron ciertos términos de la traducción original del soneto. En
Agilitar dios en lugar de "cuarta" (foison) la estación más fértil del ano. Se buscó especialmente una palabra
para la cual tuviéramos que "adivinar" la imagen para descifrar el primer significado.)
18
"tires" = gracias.
19
attire = vestido
4

moviera. En general, la primera intención en la secuencia que requiere esta característica,


especifica el primer sentido.
Puesto que un hablante necesariamente pretende que su audiencia comprenda su primer
significado, y se comprende si la comunicación tiene éxito, no perdemos nada en la
investigación del primer significado si nos concentramos en el conocimiento o habilidad
que un oyente debe tener para interpretar un hablante- Lo que el hablante sabe debe
corresponder a algo que el intérprete sabe si el hablante es comprendido, puesto que si el
hablante es comprendido debió ser interpretado tal como él pretendía ser interpretado. Las
habilidades del hablante que van más allá de lo requerido de un intérprete - inventiva y
control motriz - no me interesan aquí.
Hasta ahora nada de lo dicho limita el primer significado al lenguaje; lo que se ha
caracterizado es (aproximadamente) el significado no-natural de Grice que se aplica a
cualquier signo o señal con una interpretación pretendida. ¿Qué deberíamos añadir si
queremos restringir el primer significado al significado lingüístico? La respuesta usual
sería, creo, que en el caso del lenguaje, el oyente comparte un sistema complejo o teoría
con el hablante, un sistema que posibilita la articulación de relaciones lógicas entre
emisiones, y explica la habilidad de interpretar emisiones nuevas de un modo organizado.
Esta respuesta ha sido sugerida, de una forma u otra, por muchos filósofos y lingüistas, y
asumo que debe ser correcta en algún sentido. La dificultad yace en aclarar cual es ese
sentido. La dificultad particular que me interesa en este trabajo (pues abundan otros
trabajos) puede elaborarse enunciando tres principios verosímiles respecto al primer
significado en el lenguaje: podemos señalarlos diciendo que requieren que el primer
significado sea sistemático, compartido y preparado.

(1) El primer significado es sistemático: Un hablante competente o intérprete es capaz


de interpretar emisiones, propias o ajenas, a partir de las propiedades semánticas de las
partes, o palabras, en la emisión, y la estructura de la emisión. Para que esto sea posible,
debe haber relaciones sistemáticas entre los significados de las emisiones.

(2) Los primeros significados son compartidos: Para que el intérprete y el hablante se
comuniquen exitosamente y regularmente deben compartir un método de interpretación del
tipo descrito en (1).

(3) Los primeros significados están regidos por convenciones o regularidades


aprendidas. El conocimiento o competencia sistemática del hablante o intérprete es
aprendida anticipadamente a las ocasiones de interpretación y es de carácter convencional.

Probablemente nadie dude que estas condiciones presentan dificultades. La ambigüedad


es un ejemplo: a menudo la "misma" palabra tiene más de un rol semántico, y entonces la
interpretación de emisiones en las que ocurre no está unívocamente fijada por las
características de la competencia del hablante mencionadas hasta ahora. Sin embargo,
aunque las características verbales, y otras, del contexto de emisión con frecuencia
determinan la interpretación correcta, no es fácil o quizás no es posible especificar reglas
claras para la desambiguación. Hay muchas más cuestiones sobre lo que se le exige al
intérprete competente. No parece verosímil que haya una regla estricta que fije las
ocasiones en las que deberíamos dar signficancia al orden en la conjunción de las oraciones
conjuntadas: la diferencia entre "Ellos se casaron y tuvieron un hijo" y "Ellos tuvieron un
hijo y se casaron". Los intérpretes ciertamente pueden hacer estas distinciones. Pero parte
de la esencia de este trabajo es que mucho de lo que ellos pueden hacer no debe contarse
como parte de su competencia lingüística básica. El contraste de lo que significa o implica
5

el uso de "pero" en lugar de "y" me parece otro asunto, ya que un intérprete no podría
deducirlo si su erudición lingüística no fuera acompañada por abundante sentido común.
Paúl Grice ha hecho más que nadie para llamar nuestra atención sobre estos problemas y
ayudar a resolverlos. En particular, ha mostrado por qué es esencial distinguir entre el
significado literal (quizás lo que yo estoy llamando primer significado) de las palabras y lo
que a menudo está implícito (o implicado) cuando alguien usa esas palabras. Él ha
explorado los principios generales detrás de nuestra habilidad de deducir esas implicancias,
y estos principios deben, por supuesto, ser conocidos por los hablantes que esperan ser
entendidos a partir de ellos. Puede que no sea necesario establecer si el conocimiento de
estos principios deba incluirse en la descripción de la competencia lingüística: por un lado,
son cosas que una persona inteligente podría a menudo descifrar sin entrenamiento o
explicación previa y son cosas de las que podríamos prescindir. Por otro lado, representan
un tipo de destreza que esperaríamos que un intérprete tuviera y sin la cual la
comunicación se vería muy empobrecida.
Me interno en estos asuntos únicamente para distinguirlos del problema que ocasionan los
barbarismos y semejantes. Todos los problemas tratados en los últimos dos párrafos se
refieren a la habilidad de interpretar palabras y construcciones del tipo cubiertos por las
condiciones (1)-(3); nos preguntamos qué requiere tal interpretación, y en qué medida las
distintas competencias deben considerarse lingüísticas- Los barbarismos introducen
expresiones que el aprendizaje previo no cubre, o expresiones familiares que no pueden
interpretarse usando ninguna de las habilidades discutidas hasta ahora. Los barbarismos
caen en una categoría diferente, una que puede incluir cosas tales como nuestra habilidad
de percibir una oración bien-formada cuando la emisión real es incompleta o
gramaticalmente retorcida, nuestra habilidad de interpretar palabras que nunca habíamos
escuchado antes, corregir lapsus linguae, o descifrar nuevos idiolectos. Estos fenómenos
amenazan las descripciones usuales de la competencia lingüística (incluyendo
descripciones de las cuales soy responsable).
¿Cómo debemos entender o modificar (1)-(3) para conciliarlas con los barbarismos? El
Principio (1) requiere que un intérprete competente esté dispuesto a interpretar emisiones
de sentencias que él o ella nunca ha oído emitir antes. Esto es posible porque el intérprete
puede aprender el rol semántico de cada una de un número finito de palabras o frases y
puede aprender las consecuencias semánticas de un número finito de modos de
composición Esto es suficiente para dar cuenta de la habilidad de interpretar emisiones de
oraciones nuevas. Y puesto que los modos de composición pueden iterarse, no hay un
límite superior claro con respecto al número de emisiones de oraciones que pueden
interpretarse. El intérprete, de ese modo, tiene un sistema para interpretar lo que escucha o
dice Pueden imaginarse que este sistema es una máquina que, cuando se le suministra una
emisión arbitraria (y ciertos parámetros proporcionados por las circunstancias de la
emisión), produce una interpretación. Un modelo para esta máquina es una teoría de la
verdad, más o menos siguiendo las líneas de una definición de verdad tarskiana.
Proporciona una caracterización recursiva de las condiciones de verdad de todas las
posibles emisiones del hablante, y lo hace mediante un análisis de emisiones en términos
de sentencias construidas a partir de un vocabulario finito y de un repertorio finito de
modos de composición. Con frecuencia he argumentado que el dominio de una teoría así
sería suficiente para la interpretación.e Aquí, sin embargo, no hay ninguna razón para
interesarse en los detalles de la teoría que puede ser un modelo adecuado de la habilidad de
un intérprete. Todo lo que importa en la discusión actual es que la teoría tiene una base
finita y es recursiva, y que estos son rasgos con los que la mayoría de los filósofos y
lingüistas están de acuerdo.
Decir que una teoría explícita para interpretar un hablante es un modelo de la
6

competencia lingüística del intérprete no indica que el intérprete conozca esa teoría. Es
posible, por supuesto, hacer que la mayoría de los intérpretes reconozcan que conocen
algunos de los axiomas de una teoría de la verdad; por ejemplo, que una conjunción es
verdadera sí y sólo sí cada uno de los compuestos es verdadero. Y quizás también
conozcan teoremas de la forma "Una emisión de la sentencia 'Existe vida en Marte' es
verdadera sí y solo sí existe vida en Marte en el momento de la emisión". Por otro lado, en
este momento nadie tiene un conocimiento explícito de una teoría completamente
satisfactoria para interpretar los hablantes de algún lenguaje natural.
De cualquier modo, las afirmaciones sobre lo que constituiría una teoría
satisfactoria no son, como dije, afirmaciones sobre el conocimiento preposicional de un
intérprete, ni son afirmaciones sobre los detalles del funcionamiento interno de alguna
parte del cerebro. Más bien son afirmaciones sobre lo que debe decirse para dar una
descripción satisfactoria de la competencia del intérprete. Nosotros no podemos describir
lo que un interprete puede hacer, excepto apelando a una teoría recursiva de cierto tipo. No
agrega nada a esta tesis decir que si la teoría describe correctamente la competencia de un
intérprete, algún mecanismo en el intérprete debe corresponder a la teoría.
El principio (2) dice que para que la comunicación tenga éxito, se debe compartir un
método sistemático de interpretación. (De ahora en adelante asumiré que no hay peligro en
llamar teoría a un método tal, como si el intérprete estuviera usando la teoría que nosotros
usamos para describir su competencia). Compartir asciende a esto: el intérprete usa su
teoría para entender al hablante; el hablante usa la misma teoría (o una equivalente) para
llevar a cabo su discurso. Para el hablante, es una teoría sobre cómo el intérprete lo
interpretará. Obviamente este principio no exige que el hablante y el intérprete hablen el
mismo lenguaje. Resulta de enorme conveniencia que muchas personas hablen de modos
similares, y por lo tanto, puedan interpretarse más o menos del mismo modo. Pero en
principio la comunicación no exige que dos personas hablen el mismo lenguaje. Lo que
debe compartirse es la comprensión del intérprete y del hablante de las palabras del
hablante.
Por razones que se verán, no creo que los principios (1) y (2) sean incompatibles con la
existencia de barbarismos; sólo hay problemas cuando se combinan con el principio (3).
Sin embargo, antes de discutir directamente el principio (3), quiero introducir una aparente
desviación.
El confuso asunto que quiero discutir puede aislarse de otros asuntos relacionados,
considerando una distinción hecha por Keith Donnellan, y algo que él dijo en su defensa.
Donnellan distinguió notablemente entre dos usos de descripciones definidas. El uso
referencial se ilustra del siguiente modo: Jones dice 'El asesino de Smith está loco'
queriendo decir que cierto hombre, que él (Jones) considera que asesinó a Smith, está loco.
Donnellan dice que aún cuando el hombre que Jones cree que ha asesinado a Smith no
hubiera asesinado a Smith, Jones se ha referido al hombre que él tenía en mente; y si ese
hombre está loco. Jones ha dicho algo verdadero. Alguien puede usar la misma oración
atributivamente para aseverar que el asesino de Smith, quienquiera que haya sido, está
loco. En este caso, el hablante no dice nada verdadero si nadie ha asesinado a Smith, ni si
el hablante no se ha referido a nadie.
En respuesta, Alfred MacKay objetó que Donnellan compartía la teoría del significado de
Humpty Dumpty: '"Cuando yo uso una palabra', dijo Humpty Dumpty,...' significa justo lo
que yo decido que significa'". En una conversación anterior, había usado la palabra "gloria"
para decir "un lindo argumento aplastante". En respuesta, Donnellan explica que las
intenciones están conectadas con expectativas y que uno no puede pretender lograr algo
por algún medio a menos que uno crea o espere que el medio conduzca, o al menos pueda
conducir, al resultado deseado. Un hablante no puede, por consiguiente, pretender querer
7

decir algo con lo que dice a menos que crea que su audiencia interpretara sus palabras tal
como él pretende (el círculo de Grice). Doonellan dice,
Si yo terminara esta respuesta a MacKay con la oración "Esto es la gloria para usted" yo
estaría siendo culpable de arrogancia, y sin duda, de sobreestimar la fuerza de lo he dicho,
pero dado el trasfondo no creo que se me acuse de decir algo ininteligible. Se me
entendería y ¿no habría querido decir "un lindo argumento aplastante" cuando dije
"gloria"?f
Me gusta esta respuesta, y acepto la distinción original de Donnellan entre dos usos de
descripciones (hay muchas más de dos). Pero aparentemente no estoy de acuerdo con algo
del enflaque de Donnellan, porque a diferencia de él, no veo casi ninguna conexión entre la
respuesta a la objeción de MacKay y las observaciones sobre referencia. La razón es esta.
MacKay dice que uno no puede cambiar lo que las palabras significan (y por lo tanto, su
referencia, si eso es relevante) simplemente con la pretensión de hacerlo; la respuesta es
que esto es verdad, pero uno puede cambiar el significado siempre que uno crea (y quizás
esté justificado creer) que el intérprete tienen claves adecuadas para la nueva
interpretación. Uno puede proporcionar deliberadamente esas claves, como lo hizo
Donnellan en su "Esto es la gloria para usted".
El problema es que la distinción original de Donnellan no tenía nada que ver con palabras
que cambian su significado o referencia. Si, en el uso referencial. Jones se refiere a alguien
que no asesinó a Smith usando la descripción "el asesino de Smith", de todos modos se
hace la referencia mediante los significados normales de las palabras. Las palabras, por
tanto, deben tener su referencia usual. Todo lo que se necesita, si aceptamos este modo de
describir la situación, es un sentido concreto de la diferencia entre lo que significan o
refieren las palabras y lo que significan o refieren los hablantes. Jones podría haberse
referido a otra persona usando palabras que refieren al asesino de Smith; pudo haber hecho
esto por ignorancia o deliberadamente. Similarmente la aseveración de Donnellan de que
Jones ha dicho algo verdadero cuando dice "El asesino de Smith está loco", con la
condición de que el hombre que él cree (erróneamente) que ha asesinado a Smith está loco.
Jones ha dicho algo verdadero usando una oración falsa Esto se hace intencionalmente
todo el tiempo, por ejemplo en la ironía o la metáfora. Una teoría coherente no puede
permitir que bajo las circunstancias la oración de Jones sea verdadera; ni tampoco que
Jones lo creyese si conociera los hechos. La creencia de Jones sobre quién asesinó a Smith
no puede cambiar la verdad de la oración que él usa (y por la misma razón no puede
cambiar la referencia de las palabras en la oración).
Humpty Dmnpty está mal informado. Él no puede querer decir lo que dice que quiere decir
porque él sabe que Alicia no puede interpretar "Esto es la gloria para ti" como "Esto es un
lindo argumento aplastante para ti". Nosotros sabemos que él sabe esto porque Alicia le
dice "No sé que quieres decir con 'gloria'" y Humpty Dumpty le replica "Por supuesto que
no lo sabes - hasta que yo te lo diga". Es la Sra Bárbara y Donnellan quienes me interesan;
la Sra Bárbara porque se sale con la suya sin siquiera intentarlo o saberlo y Donnellan
porque se sale con la suya a propósito.
Esto es lo que quiero decir con "salirse con la suya": el intérprete aborda la ocasión de
emisión armado con una teoría que le dice (o al menos eso cree él) lo que una emisión
arbitraria del hablante significa. El hablante entonces dice algo con la intención de que sea
interpretado de cierto modo, y con la expectativa de que será interpretado así. De hecho la
teoría del intérprete no proporciona este modo de interpretación. Pero el hablante de todas
formas es comprendido; el intérprete ajusta su teoría para que proporcione la interpretación
pretendida del hablante. El hablante "se salió con la suya". El hablante puede saber o no
(Donnellan, Sra Bárbara) que se salió con la suya en algo; el intérprete puede saber o no
que el hablante pretendía salirse con la suya. Lo que ambos casos tienen en común es que
8

el hablante espera ser, y es, interpretado como el hablante pretende, aunque el intérprete no
tuviera, de ante mano, una teoría correcta.
No necesitamos anécdotas extravagantes o países de las maravillas para hacer hincapié en
esto. Todos nos salimos con la nuestra todo el tiempo; entender el habla de otros depende
de esto. Consideren los nombres propios. En pequeños grupos aislados, todos pueden
conocer los nombres que los demás conocen, y por lo tanto, anticiparse a un discurso de
encuentro y tener pronta una teoría que pueda arreglárselas, sin correcciones, con los
nombres empleados. Pero incluso este paraíso semántico puede ser destruido por cada
nuevo apodo, visitante o nacimiento. Si un tabú prohíbe un nombre, la teoría de un
hablante estará equivocada hasta que aprenda este hecho, simultáneamente si se bautiza
una canoa batanga.
No hay, hasta donde yo puedo ver, ninguna teoría de nombres que evite el problema. Si
alguna descripción definida da el significado de un nombre, un intérprete todavía debe de
algún modo añadir a su teoría el hecho de que el nombre, nuevo para él, se corresponda
con la descripción apropiada. Si entender un nombre da cierto peso a un número adecuado
de descripciones verdaderas del objeto nombrado, resulta todavía más evidente que añadir
un nombre al modo en que uno interpreta un hablante, no depende de ninguna regla
claramente establecida de ante mano. Las distintas teorías que descubren en los nombres
un elemento demostrativo esencial proporcionan al menos una regla parcial para añadir
nuevos nombres. Pero la adición es todavía una adición al método de interpretación - que
podemos considerar como la opinión del intérprete del lenguaje comente del hablante.
Encontrar un elemento demostrativo en los nombres, o para el caso en sustantivos de masa,
o palabras para tipos naturales, no reduce estas palabras a demostrativos puros; por esa
razón una nueva palabra en cualquiera de estas categorías requiere un cambio en la teoría
del intérprete, y, por consiguiente, un cambio en nuestra descripción de su entendimiento
del hablante.
La Sra Bárbara y Donnellan generalizan el caso. No hay palabra o construcción que un
hablante ingenioso o ignorante no pueda convertir a un nuevo uso. Y esa conversión,
aunque es más fácil de explicar porque involucra la mera sustitución no es la única. La
pura invención es igualmente posible, y podemos ser tan buenos al interpretarla (por
ejemplo en Joyce o Lewis Carroll) como lo somos al interpretar los errores o giros de la
sustitución. Desde el punto de vista de una explicación última del modo en que se
adquieren los nuevos conceptos, aprender a interpretar una palabra que expresa un
concepto que todavía no tenemos es un fenómeno mucho más profundo e interesante que
explicar la habilidad de usar una palabra nueva para nosotros para un concepto viejo. Pero
ambas requieren un cambio en el modo que tenemos de interpretar el habla de otro, o en
hablar a alguien que tiene el uso de la palabra.
El contraste entre adquirir un concepto nuevo o significado junto con una palabra nueva
y, simplemente adquirir una palabra nueva para un concepto viejo sería conspicuo si yo
estuviera interesado en el problema infinitamente difícil de cómo se aprende un primer
lenguaje. En comparación, mi problema es simple. Quiero saber cómo las personas que ya
tienen un lenguaje (cualquier cosa que eso signifique exactamente) logran aplicar su
destreza o conocimiento a los casos reales de interpretación. Todas las cosas que asumo
que un intérprete sabe o puede hacer, dependen de que tenga un conjunto maduro de
conceptos y que esté familiarizado con la tarea de la comunicación lingüística. Mi
problema es describir qué implica la idea de "tener un lenguaje" o de estar familiarizado
con la tarea de la comunicación lingüística.
Aquí presento una propuesta altamente simplificada e idealizada de lo que ocurre.
Un intérprete tiene, en cualquier momento de una transacción de discurso, lo que insisto en
llamar una teoría. (La llamo teoría, como observé antes, solamente porque una descripción
9

de la competencia del intérprete requiere una definición recursiva). Asumo que la teoría del
intérprete ha sido ajustada a la evidencia con que dispone hasta el momento'- conocimiento
de la personalidad, vestimenta, rol, sexo del hablante, y cualquier otra cosa que haya
conseguido observando el comportamiento lingüístico u otro del hablante. En cuanto el
hablante dice su parte, el intérprete altera su teoría, ingresando hipótesis sobre nuevos
nombres, alterando la interpretación de predicados conocidos y revisando las
interpretaciones pasadas de emisiones particulares a la luz de la nueva evidencia.
Podríamos describir parte de lo que ocurre como mejorar el método de interpretación
cuando se agranda la base evidencial. Pero no todo es así. Cuando Donnellan termina su
respuesta a MacKay diciendo "Esto es la gloria para usted", no sólo él, sino también sus
palabras, son correctamente interpretadas como significando "Esto es un lindo argumento
aplastante para Usted". Así es como él pretende que nosotros interpretemos sus palabras y
nosotros sabemos esto, porque tenemos, y él sabe que tenemos, y nosotros sabemos que él
sabe que tenemos (etc.) el trasfondo necesario para proporcionar la interpretación. Pero
hasta cierto momento (antes que MacKay entrara en escena) esta interpretación de una
emisión anterior de Donnellan de las mismas palabras hubiera estado equivocada. Para
decirlo de otra manera: la teoría que realmente usamos para interpretar una emisión se
adapta a la ocasión. Podemos decidir, más tarde, que podríamos haberlo hecho mejor en
aquella ocasión, pero esto no significa (necesariamente) que ahora tengamos una teoría
mejor para la próxima ocasión- La razón de esto es, como hemos visto, perfectamente
obvia: un hablante nos podría proporcionar información relevante para interpretar una
emisión mientras que está realizando la emisión.
Veamos el proceso desde la perspectiva del hablante. El hablante quiere ser
entendido, entonces emite palabras que él cree pueden y serán interpretadas de cierto
modo. Para juzgar cómo será interpretado, forma o usa un cuadro de la disposición del
intérprete para interpretar siguiendo ciertas líneas. En el centro del cuadro está lo que el
hablante cree es la teoría inicial de interpretación que tiene el intérprete. El hablante no
habla necesariamente de tal modo que incita al intérprete a aplicar su teoría previa; puede
deliberadamente disponer que el intérprete modifique su teoría previa. Pero el punto de
vista del hablante de la teoría previa del intérprete no es irrelevante para lo que él dice, ni
para lo que él quiere decir con sus palabras; es una parte importante de lo que él tiene que
seguir si quiere ser entendido.
He distinguido lo que he estado llamando teoría previa de lo que de ahora en más llamaré
una teoría transitoria. Para el oyente, la teoría previa expresa cómo está preparado de
antemano a interpretar una emisión del hablante, mientras que la teoría transitoria es cómo
él interpreta la emisión. Para el hablante, la teoría previa es lo que él cree que es la teoría
previa del intérprete, mientras que la teoría transitoria es la teoría que él pretende que el
intérprete use.
Ahora estoy en posición de enunciar un problema que surge si aceptamos la distinción
entre teoría previa y teoría transitoria y también aceptamos la descripción de competencia
lingüística dada por los principios (1) y (2). De acuerdo con esa descripción, cada
intérprete (y esto incluye hablantes, puesto que los hablantes deben ser intérpretes) llega a
un intercambio lingüístico exitoso preparado con una "teoría" que constituye su
competencia lingüística básica que él comparte con aquellos con quienes se comunica.
Puesto que cada parte tiene una teoría compartida tal y sabe que los otros comparten su
teoría, y sabe que los otros saben que él sabe (etc.), algunos dirían que el conocimiento o
habilidades que constituyen la teoría pueden llamarse convenciones.
Creo que la distinción entre teoría previa y teoría transitoria, si se toma seriamente,
socava la descripción usualmente aceptada de la competencia lingüística y la
comunicación. Esta es la razón. Lo que debe compartirse para que la comunicación tenga
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éxito es la teoría transitoria. Puesto que la teoría transitoria es la que el intérprete realmente
usa para interpretar una emisión, y es la teoría que el hablante pretende que el intérprete
use. Solamente si éstas coinciden el entendimiento es completo. (Por supuesto, hay grados
de éxito en la comunicación; puede haber mucho de correcto, y algo equivocado. Este
problema del grado es irrelevante para mi argumento).
La teoría transitoria es donde, dejando accidentes de lado. el acuerdo es mayor. Cuando el
hablante y el intérprete hablan, sus teorías previas se vuelven más parecidas; y también sus
teorías transitorias. La asíntote del acuerdo y del entendimiento se logra cuando las teorías
transitorias coinciden. Pero la teoría transitoria no puede, en general, corresponder a la
competencia lingüística de un intérprete. No sólo contiene su lista cambiante de nombres
propios y vocabulario tergiversado, sino que también incluye todo uso exitoso - i.e.
correctamente interpretado - de cualquier otra palabra o fase, sin importar qué tanto se
aparte de su uso ordinario. Cada desviación del uso ordinario, en tanto se esté de acuerdo
sobre ella momentáneamente (conscientemente desviante, o no, de un lado o de ambos) es
en la teoría transitoria como un rasgo de lo que las palabras significan en esa ocasión. Esos
significados, aunque sean efímeros, son literales; son lo que he llamado primeros
significados. Una teoría transitoria no es una teoría de lo que alguien (excepto quizás un
filósofo) pudiera llamar un lenguaje natural real. El "dominio" de ese lenguaje sería inútil,
ya que conocer una teoría transitoria es solamente saber como interpretar una emisión
particular en una ocasión particular- Tampoco se puede decir que un lenguaje tal, si
queremos llamarlo así, haya sido aprendido, o que esté regido por convenciones. Por
supuesto las cosas previamente aprendidas fueron esenciales para llegar a la teoría
transitoria, pero lo que se aprendió no pudo ser la teoría transitoria.
¿Por qué deberíamos llamar siquiera teoría a una teoría transitoria? Porque el tipo de
teoría que tenemos en mente, es, en su estructura formal, apta para ser la teoría para un
lenguaje entero, aunque su pretendido campo de aplicación sea disipadamente pequeño. La
respuesta es que cuando una palabra o frase toma temporal o localmente el rol de alguna
otra palabra o frase (como tratado en una teoría previa, quizás), la teoría transitoria debe
llevar consigo la carga entera de ese rol, con todas sus implicaciones de relaciones lógicas
con otras palabras, frases y oraciones. Alguien que comprende el hecho que la Sra Bárbara
quiere decir "epíteto" cuando dice "epitafio" debe darle a "epíteto" todo los poderes que
tiene "epitafio" para muchas otras personas. Únicamente una teoría recursiva puede hacer
justicia a todos estos poderes. Estas observaciones no dependen de la suposición de que la
Sra Bárbara siempre cometa esta "equivocación", una vez es suficiente para obtener una
teoría transitoria que asigne un nuevo rol a "epitafio".
La teoría previa de un intérprete tiene mejor probabilidad de describir lo que podríamos
pensar como un lenguaje natural, particularmente una teoría previa que se acarrea a una
primera conversación. Cuanto menos sepamos del hablante, asumiendo que sabemos que
pertenece a nuestra comunidad de lenguaje, tanto más nuestra teoría previa será casi
simplemente la teoría que esperamos que alguien que escucha nuestro discurso incauto use.
Si pedimos una taza de café, damos instrucciones a un taxista, u ordenamos un cajón de
limones, podríamos saber tan poco sobre nuestro pretendido intérprete que no podemos
hacer nada mejor que asumir que él interpretara nuestro discurso según lo que nosotros
consideramos las líneas standard. Pero todo esto es relativo. De hecho nosotros siempre
tenemos en mente al intérprete; no existe nada como nuestra expectativa, en abstracto, de
cómo ser interpretados- Inhibimos o reanimamos nuestro más elevado vocabulario,
dependiendo de las consideraciones más generales, y no podemos evitar tener
premoniciones sobre cuales de los nombres propios que conocemos son aptos para ser
correctamente entendidos.
En cualquier caso, mi punto es este: la mayor parte del tiempo las teorías previas no se
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compartirán, y no hay ninguna razón por la qué deberían compartirse. Ciertamente no es


una condición de la comunicación exitosa que las teorías previas sean compartidas:
considérese el barbarismo por ignorancia. La teoría, previa y transitoria, de la Sra Bárbara
es que "Una linda confusión20 de epitafios" significa un buen ordenamiento21 de epítetos.
Un intérprete que, corno decimos, sabe inglés, pero no conoce los hábitos verbales de la
Sra Bárbara, tiene una teoría previa según la cual "Una linda confusión de epitafios"
significa una linda confusión de epitafios, pero su teoría transitoria coincide con la de la
Sra Bárbara si él entiende sus palabras.
Es bastante claro que en general la teoría previa no es ni compartida por el hablante
y el intérprete, ni tampoco es lo que normalmente llamaríamos un lenguaje. Puesto que la
teoría previa contiene todos los rasgos especiales del idiolecto del hablante que el
intérprete está en posición de tener en cuenta antes de que comience la emisión. Un modo
de apreciar la diferencia entre la teoría previa y nuestra idea ordinaria del lenguaje de una
persona es reflexionar sobre el hecho que se debe esperar que un intérprete tenga teorías
previas bastante distintas para distintos hablantes - usualmente no tan diferentes como sus
teorías transitorias; pero éstos son asuntos que dependen de qué tan bien el intérprete
conozca a su hablante.
Ni la teoría previa ni la teoría transitoria describen lo que llamaríamos el lenguaje que
sabe una persona, y ninguna de las dos teorías caracteriza la competencia lingüística de un
intérprete ni de un hablante. ¿Hay alguna teoría que lo logra?
Quizás se diga qué lo esencial para el dominio de un lenguaje no es el conocimiento de
ningún vocabulario particular, ni una gramática detallada, ni menos aún el conocimiento de
lo que cualquier hablante es capaz de lograr hacer que sus palabras y oraciones signifiquen.
Lo esencial es un marco básico de categorías y reglas, una comprensión de cómo puede
construirse la gramática inglesa (o cualquier otra), además de una lista esquemática de
palabras interpretadas adecuadas para el mareo básico. Si planteo todo esto vagamente, es
sólo porque quiero considerar una gran cantidad de propuestas reales o posibles de un sólo
golpe; puesto que creo que todas ellas no logran resolver nuestro problema. Fracasan por
las mismas razones que fracasan las teorías previas más completas y específicas: ninguna
de ellas satisface la exigencia de una descripción de una habilidad que comparten el
hablante y el intérprete y que es suficiente para la interpretación.
Primero, cualquier marco general, concebido como una gramática para el inglés o como
una regla para aceptar gramáticas, o una gramática básica junto con reglas para modificarla
o extenderla -cualquier marco general así, en virtud de las características que lo hacen
general, será por si mismo insuficiente para interpretar emisiones particulares. El marco
general o teoría, cualquier cosa que esto sea, podría ser un ingrediente clave para lo que se
necesita para la interpretación, pero no podría ser todo lo que se necesita puesto que no
logra proporcionar la interpretación de palabras y oraciones particulares como las que
emite un hablante particular. En este sentido es como una teoría previa, pero peor porque
es menos completa.
Segundo, debe esperarse que la teoría del marco sea diferente para diferentes hablantes.
Cuanto más general y abstracta sea, mayor es la diferencia que puede haber sin afectar la
comunicación. La posibilidad teorética de tal divergencia es obvia; pero una vez que uno
intenta imaginar un marco lo suficientemente rico para servir su propósito, resulta claro
que tales diferencias deben también ser reales. Es imposible dar ejemplos, por supuesto,
hasta que se haya decidido que incluir en el marco: un único barbarismo podría
desacreditar un marco suficientemente explicitado. Existe evidencia más impresionante de

20
derangement (desorden, trastorno mental)
21
arrangement (arreglo, disposición)
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que las gramáticas internas difieren incluso entre los hablantes de un "mismo lenguaje".
James McCawley indica que el reciente trabajo de Haber muestra que hay una variación
apreciable de las reglas que tienen los diferentes hablantes para la formación del plural, la
variación se manifiesta en cosas tales como el manejo de palabras nuevas con las que el
investigador presenta sus sujetos, en el contexto de una tarea que los forzara a usar la
palabra en el plural... Haber sugiere que sus sujetos, en lugar de tener un proceso de
formación de plurales uniformemente aplicable, tienen cada uno un sistema "nuclear" que
cubre un amplio espectro de casos, pero no necesariamente todos, además de estrategias...
para manejar casos no cubiertos por el sistema "nuclear"... Los datos de Haber sugieren
que los hablantes de lo que es, hasta en sus más mínimos detalles, "el mismo dialecto"
frecuentemente han adquirido gramáticas que difieren en muchos más aspectos de lo que
difieren sus discursos.B
He intentado poner en duda cuan clara sea la idea de "hablar el mismo dialecto", pero
aquí podríamos asumir que, al menos, implica compartir frecuentemente teorías
transitorias.
Introducir gramáticas, teorías o marcos más generales que, y previos a, las teorías previas,
únicamente enfatiza el problema que originalmente presenté en términos del contraste
entre teorías previas y teorías transitorias. Enunciado en términos generales, el problema es
este: lo que comparten el intérprete y el hablante, en tanto la comunicación es exitosa, no
se aprende y por lo tanto no es un lenguaje regido por reglas o convenciones conocidas
anticipadamente por el hablante y el intérprete; y lo que el hablante y el intérprete conocen
de antemano no es (necesariamente) compartido, y por consiguiente no es un lenguaje
regido por reglas o convenciones compartidas. Lo que es compartido es, como antes, la
teoría transitoria; lo dado de antemano es la teoría previa, o cualquier cosa en que ésta
podría a su vez basarse.
Lo que he dejado de lado hasta ahora es lo que Haber llama una "estrategia", que es una
buena palabra para el misterioso proceso por el cual un hablante u oyente usa lo que sabe
de antemano, sumado a los datos presentes, para producir una teoría transitoria. Lo que dos
personas necesitan para entenderse uno al otro a través del discurso, es la habilidad de
convergir en teorías transitorias de emisión a emisión. Sus puntos iniciales, por más atrás
que queramos llevarlos, serán generalmente muy diferentes - tan diferentes como los
modos en los que ellos adquirieron sus destrezas lingüísticas. Por lo tanto, también
diferirán, entonces, las estrategias y estratagemas que causan la convergencia.
Quizás podemos dar contenido a la idea de que dos personas "tienen el mismo lenguaje"
diciendo que ellos tienden a convergir en teorías transitorias, grado o frecuencia relativa de
convergencia será entonces una medida de similaridad de lenguaje. ¿Qué uso podemos
encontrar, sin embargo, para el concepto de un lenguaje? Podríamos sostener que un
lenguaje es cualquier teoría en la cual hablante e intérprete convergen; pero entonces
habría un nuevo lenguaje para cada giro inesperado en la conversación, y los lenguajes no
podrían aprenderse y nadie querría dominar la mayoría de ellos.
Hemos dado algún tipo de sentido a la idea de que dos personas "tienen el mismo
lenguaje", aunque no pudimos explicar lo que es un lenguaje. Resulta fácil ver que la idea
de "saber" un lenguaje se enfrentará al mismo problema, y también el proyecto de
caracterizar las habilidades o capacidades que una persona debe tener si él domina un
lenguaje. Pero podríamos intentar decir en qué consiste la habilidad de una persona para
interpretar o hablar con otra persona: es la habilidad que le permite construir una teoría
transitoria correcta, esto es, convergente para transacciones discursivas con esa persona.
Nuevamente, el concepto permite grados de aplicación.
Esta caracterización de la habilidad lingüística es casi tan circular que no podría estar
equivocada; equivale a decir que la habilidad de comunicarse mediante un discurso
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consiste en la habilidad de hacerse entender y de entender. Solamente cuando analizamos


la estructura de esta habilidad notamos cuánto nos hemos separado de las ideas ordinarias
sobre el dominio de una lenguaje. Pues no hemos descubierto un núcleo común aprendible
de comportamiento consistente, ninguna gramática o reglas compartidas, ninguna máquina
portátil de interpretación para desmenuzar el significado de una emisión arbitraria.
Podríamos decir que la habilidad lingüística es la habilidad de convergir en una teoría
transitoria de vez en cuando - esto es lo que he sugerido, y no tengo una propuesta mejor.
Pero si decimos esto, entonces debemos damos cuenta que hemos abandonado, no sólo la
noción ordinaria de un lenguaje, sino también hemos borrado la frontera entre saber un
lenguaje y saber manejamos generalmente en el mundo. Puesto que no hay reglas para
llegar a teorías transitorias, ninguna regla en sentido estricto, en oposición a máximas
aproximadas y generalidades metodológicas. Una teoría transitoria realmente se parece a
una teoría al menos en esto, que se deriva por ingenio, suerte y sabiduría a partir de un
vocabulario y gramática privada, conocimiento de los modos en que las personas presentan
persuasivamente sus argumentos y métodos prácticos para descifrar que desviaciones del
diccionario son más probables. Regularizar o enseñar este proceso no tiene mejor chance
que regularizar o enseñar el proceso de creación de nuevas teorías que afronten los nuevos
datos de cualquier campo - porque esto es lo que este proceso implica.
El problema que hemos abordado depende de asumir que la comunicación mediante habla
requiere que el hablante y el intérprete hayan aprendido o de algún modo hayan adquirido
un método común o teoría de interpretación - para ser capaz de operar sobre la base de
convenciones, reglas o regularidades compartidas. El problema surgió cuando notamos que
ningún método o teoría cumple estos requisitos. La solución al problema es clara. En la
comunicación lingüística nada corresponde con una competencia lingüística como a
menudo se describe: esto es, como la resumen los principios (1)-(3). La solución es
abandonar los principios. Los principios (1) y (2) sobreviven cuando se los entiende de
modo bastante inusual, pero el principio (3) no puede mantenerse, y no es claro qué puede
reemplazarlo. Concluyo que no existe nada tal como un lenguaje, si un lenguaje es
cualquier cosa semejante a lo que muchos filósofos y lingüistas han supuesto. Por
consiguiente, no hay nada que aprender, dominar o nacer con. Debemos abandonar la idea
de una estructura compartida claramente definida que los usuarios del lenguaje adquieren y
luego aplican a casos. Y debemos intentar nuevamente decir cómo la convención en algún
sentido importante está involucrada en el lenguaje; o, como dije, deberíamos abandonar el
intento de elucidar como nos comunicamos mediante una apelación a convenciones.

Versión española Soledad Caño Güiral


Revisada por Carlos E. Caorsi

b. The New Yorker. Abril 4 de 1977, p. 56. Reimpreso con autorización, 1977. The New Yorker Magazine,
hic.
c. Jonathím Bennett, Linguistc Behavior (Cambridge, 1976) p. 186-
d. Shakespeare, Soneto 53. Traducción de Aguilar, España, 1965.
e. Véanse los ensayos sobre interpretación radica] en mi Inquines into Truth and interpretation. (Clarendon
Press, Oxford» 1984.)
f. Keith Donnellan, Putting Humpty Dumpty together again. Tlhe Philosophical Review, 77 (1968), p. 213.
El artículo de Alfred MacKay, Mr Donnellan and Humpty Dumpty on Referring apareció en el mismo
número de The Philosophical Review, pp. 197-202.
g. James McCawley, "Some Ideas Not to Use By", Die Neuen Sprache, 75 (1976), p. 157. Estos resultados
son discutidos por aquellos que creen que las reglas subyacentes relevantes y estructuras están pre-
conectadas. Mi argumento obviamente no depende del ejemplo, o del nivel en el que las desviaciones son
empíricamente posibles.
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