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Sistema Nacional

de Formación Ciudadana
Secretaría de Pueblos, Movimientos Sociales
y Participación Ciudadana
PROGRAMA DE FORMACIÓN DE LIDERAZGOS SOCIALES
Identidad e iniquidades
MÓDULO 1
DOCUMENTO BASE PARA FORMADORES
Identidad e iniquidades
MÓDULO 1
DOCUMENTO BASE PARA FORMADORES
UNIDAD 1:
CONCEPTOS Y FUNDAMENTOS SOBRE IDENTIDADES
I. Objetivos
1. Las Identidades en la Constitución de la República
2. Las identidades individuales
2.1 Elementos de nuestras identidades
2.2 Construcción de las identidades
2.2.1 Las identidades son cambiantes
2.2.2. ¿Identidad o identidades?
3. La identidad colectiva
3.1 La construcción de las identidades sociales o colectivas
3.2 Importancia del reconocimiento de las identidades individuales y colectivas
3.2.1 La identidad como experimentación
3.2.2 La identidad como reconocimiento
3.2.3 La identidad como orientación
4. La diversidad de identidades: construyendo la unidad en la diversidad
4.1 Identidades de género
4.1.1 La construcción social de género
4.1.2 La construcción simbólica de género
4.1.3 De las diferencias naturales a las desigualdades sociales
4.2 Identidades etáreas o generacionales
4.2.1 La niñez y juventud
4.2.2 Diversas maneras de entender la juventud
4.2.3 Estereotipos de género y generacionales
4.3 Culturas Urbanas
4.4 Identidades de las comunidades
4.4.1 Pueblos y nacionalidades indígenas
4.4.2 La Cultura
4.4.3 Identidad de los pueblos y nacionalidades
4.4.4 La mirada del otro y la exclusión
4.5 Identidades y clase social
4.6 Identidades y Territorio
4.7 Otros factores que inciden en la construcción de las identidades
4.7.1 Migración y movilidad humana
4.7.2 Comunicación
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UNIDAD 2:
INIQUIDADES SOCIALES Y DERECHOS DEL BUEN VIVIR
I. Objetivos
1. Principio de Igualdad Real
2. Discriminación y desigualdades sociales
3. Iniquidades sociales
3.1 Indicadores de desigualdades sociales
3.2 Iniquidades de género
3.3 Iniquidades generacionales
3.4 Iniquidades en relación a pueblos indígenas, afro ecuatorianos y montubios
3.5 Iniquidades en las personas con discapacidad
4. Los Derechos del Buen Vivir (Sumak Kawsay)
UNIDAD 3:
SUJETOS PARA LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL
1. Relación entre identidades –actores – sujetos.
2. Vínculos entre identidad y política: una relación de ida y vuelta
3. El poder y el empoderamiento
4. El poder y la autonomía de los sujetos sociales
4.1 Medios para el ejercicio del poder y autonomía
5. Construcción del poder ciudadano y el poder social
6. El empoderamiento para superar las iniquidades
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UNIDAD 1
CONCEPTOS Y FUNDAMENTOS SOBRE LAS IDENTIDADES
Objetivos
Al finalizar esta unidad las personas participantes estarán en condiciones de:
- Reflexionar sobre el significado del reconocimiento y la valoración de las identidades de género, generacionales,
indígenas, afroecuatorianas y montubios en el Ecuador.
- Deliberar sobre los aspectos que conforman las identidades, tanto a nivel personal como colectivo, atendiendo
a las diversidades de género, pueblos y nacionalidades, diversidad cultural, entre otras.
En esta unidad nos acercaremos a un concepto de identidades, recogiendo lo planteado en nuestra
Constitución. Analizaremos su contenido desde la perspectiva individual aproximándonos a la com-
prensión de las identidades colectivas, reconocimiento, valoración y aporte a la sociedad ecuatoriana.
1. LAS IDENTIDADES EN LA CONSTITUCIÓN DE LA
REPÚBLICA
Si bien podemos analizar la identidad o las identidades desde diversos conceptos o fundamentos da-
dos, por diferentes ciencias como: la filosofía, los saberes culturales, la antropología, ya que los proce-
sos identitarios son dinámicos, se van construyendo y reconstruyendo a través de la historia.
Las personas nos reconocemos desde nuestras identidades porque somos vecinos/as, vivimos en el
mismo espacio geográfico, somos mujeres/hombres, campesinos/as, trabajadores/as, esto nos permi-
te pertenecernos a un grupo.
La dimensión identitaria es fundamental para entender al ser humano como un ser integral y no fraccio-
nado. Además coloca a las personas dentro de un contexto social y cultural definido, para el reconoci-
miento y la valoración de lo que somos.
Para el Ecuador de hoy es fundamental cimentar procesos de valoración de sus identidades diversas.
Pretender ser igual a los otros es un proceso de invisibilización de lo que somos. Así como pasa con los
pueblos y nacionalidades, pasa también con las personas: mujeres, niños, jóvenes, personas adultas
mayores, personas con capacidades especiales……..
El Art. 1 de la Constitución define al Estado como plurinacional e intercultural.
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El Ecuador es un Estado constitucional de derechos y justicia, social, democrático, sobe-
rano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico…
Art. 1
¿Es el Ecuador un país intercultural? ¿Dónde toma cuerpo la interculturalidad? De partida aclaremos
que como país no nos hemos constituido desde la interculturalidad, sino desde prácticas de exclusión
y segregación, desde políticas establecidas con racismo, homofobia, sexismo, adultocentrismo.
En estos tiempos cuando la Constitución reconoce el estado “intercultural”, cobra sentido entender su
significado. Hay acuerdo en que tenemos que construir un país intercultural, pero existen varias formas
de entenderla. (Reyes 2009)
La interculturalidad entendida como presencia de
pueblos o nacionalidades unidos físicamente.
Algunas personas creen que la presencia de pueblos y nacionalidades es ya interculturalidad. Por ejem-
plo consideran que si están viviendo juntos en un pueblo indígena, montubio o afroecuatoriano, ese
pueblo ya es intercultural. Pero no es así, porque intercultural implica inter-relación y no es solamente
estar juntos.
En esta visión el concepto de interculturalidad está manejado desde el presupuesto, que la presencia
de varios grupos en un proceso educativo o social construye lo intercultural. Al parecer es una visión
que desestima el conflicto y asume que el hecho de “estar juntos” va a permitir una relación intercul-
tural sostenida. Esta forma de pensar esconde los conflictos en los intercambios entre grupos y las
relaciones sociales de explotación y discriminación. Al parecer no es una buena concepción de lo
intercultural, porque el hecho de estar juntos no quiere decir que vamos a respetarnos, vivir procesos
compartidos. Es más se puede estar juntos y explotar a las personas.
En muchos lugares viven pueblos diferentes y eso no garantiza que puedan construir juntos su historia.
Por ejemplo, los pueblos judíos y palestinos, viven en los mismos territorios, sin embargo su historia
es de continua guerra y muerte. En nuestra realidad, viven grupos diferentes y a lo largo de la historia
unos han explotado a otros: a) La hacienda, en la que los hacendados se creían dueños de la vida de
los trabajadores que pasaban a ser esclavos; b) Las madres solteras que entregan su trabajo a cambio
de solamente vivienda y alimentación para ella y su hijo/a y c) Adultos mayores que simplemente por su
condición de edad les pagan un salario inferior a lo establecido por la ley.
La interculturalidad pensada desde la
categoría alteridad
Al revisar el proceso histórico de nuestros pueblos podemos ver la dimensión del “otro” muy humillada.
El “otro”, diferente al yo que dominaba, era considerado un objeto de explotación. El otro estaba mira-
do desde la dicotomía superior-inferior. El yo conquistador, era el yo que hegemónicamente se autode-
nominaba superior. El “otro” indio o negro, mujer o pobre era inferior, porque así lo afirmaba de manera
apriori el superior. Por siglos esta categoría del “otro” nos remitía a racismo, explotación, humillación y
negación como pueblo o nacionalidad.
Desde esa perspectiva es necesario repensar la categoría del otro y las relaciones del yo-otro. No
podemos generar procesos interculturales mientras las relaciones yo-otro, estén atadas a dicotomías
superior-inferior, civilizado-bárbaro o sabio-ignorante.
Hay que replantear el yo-otro, desde aperturas que nos permitan tejer lazos interculturales sostenidos
en la alteridad. De ahí la importancia de analizar las relaciones con el otro. Tanto la dimensión del otro
como la concepción del pueblo como construcción social, generan una nueva forma de entender la
interculturalidad: es un “proceso” social de permanentes inter-relaciones con el otro, en la necesidad,
no solo de “conocer” al diferente sino de “re-conocer” la alteridad.
Podemos ver la interculturalidad desde la diferencia como forma de entender la realidad desde la mul-
tiplicidad de formas, desde el derroche de la vida en un manantial de construcciones desde lo distinto,
desde lo que no-es-igual. Somos diferentes. Hasta la realidad de nosotros mismos es imposible con-
cebirnos como iguales, pues nuestros instantes históricos se construyen desde momentos diferentes
y desde intereses diferentes.
Pensar las realidades desde la diferencia nos abre las posibilidades y se convierten en proyectos po-
líticos, en luchas por el control de los símbolos que se constituyen en fundamentales y fundantes del
avanzar de una sociedad.
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Se reconoce y garantizará a las personas:
28. El derecho a la identidad personal y colectiva, que incluye tener nombre y apellido,
debidamente registrados y libremente escogidos; y conservar, desarrollar y fortalecer las
características materiales e inmateriales de la identidad, tales como la nacionalidad, la
procedencia familiar, las manifestaciones espirituales, culturales, religiosos, lingüísticas,
políticas y sociales.
Se reconoce y garantizará a las comunas, comunidades, pueblos y nacionalidades indí-
genas, de conformidad con la Constitución y con los pactos, convenios, declaraciones
y demás instrumentos internacionales de derechos humanos, los siguientes derechos
colectivos:
Las personas tienen derecho a construir y mantener su propia identidad cultural, a de-
cidir sobre su pertenencia a una o varias comunidades culturales y a expresar dichas
elecciones…
Art. 66
Art. 57
Art. 21
Por otro lado la Constitución refuerza a lo largo de su contenido, el reconocimiento, valoración y garantía de la
identidad diversa y plural de las personas y establece:
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La alteridad no solamente se da en el conocer al otro, pues se puede conocer al otro para explotarlo. Es necesario avanzar hacia el re-conoci-
miento. Eso implica una dimensión de “encuentro”
1. Mantener, desarrollar y fortalecer libremente su identidad, sentido de pertenencia,
tradiciones ancestrales y formas de organización social.
2. No ser objeto de racismo y de ninguna forma de discriminación fundada en su ori-
gen, identidad étnica o cultural…
¿Qué significa el derecho de las personas a la identidad individual y colectiva? Es una pregunta inicial
para reflexionar sobre su significado y desde allí mirar los límites y oportunidades que éste concepto
nos aporta como sociedad ecuatoriana.
2. LAS IDENTIDADES INDIVIDUALES
Cada uno/a de nosotros/as cuenta con una cédula de identidad, que muestra nuestra foto y algunos
de nuestros datos como: nombres, apellidos, fecha y lugar de nacimiento, nacionalidad, estado civil,
nombre de nuestro padre y nuestra madre, número, entre otros. Este documento muestra algunas
de nuestras características personales, nos identifica de alguna manera. Esta sería nuestra “identidad
civil” que sintetiza nuestra pertenencia a una nacionalidad y a un tramo específico de la historia. Sin
embargo, aún cuando este documento materializa una parte de nuestro ser, no agota el sentido de
nuestra identidad.
En diversas ocasiones de nuestras vidas, desde que somos pequeños hasta que somos ancianos, nos
vemos confrontados ante la pregunta ¿quién soy?, cuestionamiento fundamental no sólo en el curso
de nuestras vidas personales sino, del entramado de la humanidad. La compleja pregunta ¿Quiénes
somos? ha sido uno de los motores más importantes para la reflexión acerca de las identidades.
Los atributos citados anteriormente, además de formar una parte del ser de: Juana, María, Fabián,
Bolívar, es decir de cada uno, también permite que cada uno de ellos/as y ustedes se relacionen y se
reconozcan como pertenecientes a un grupo. Todo esto se da en diferentes espacios en los que nos
movemos a diario: familia, grupo de amigos, comunidad, trabajo, organización.
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Al pensar en las identidades debemos tomar en cuenta las siguientes dimensiones:
- Una realidad biológica que permite a cada uno ser como es físicamente y diferenciarse de los otros
individuos;
- Una dimensión subjetiva que es el resultado de la influencia del medio (familia, cultura, historia y so-
ciedad) y de nuestro propio pensamiento.
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2.1 Elementos de nuestras identidades
¿Qué elementos integran nuestras identidades? ¿Cómo está compuesta nuestra identidad? Les invita-
mos a tomar el modelo de un rompecabezas. Así como cada pieza se encaja y da sentido a un dibujo,
la identidad está compuesta por muchas partes o elementos.
Es imposible hablar de todos los elementos que conforman nuestra identidad. Podemos hacer un ejer-
cicio inicial, que les invitamos a que realicen cada uno/a de ustedes. Mencionemos características del
cuerpo, el género, clase social, nacionalidad, edad, religión, valores, participación en una organización
y otras.
Estos elementos se expresan a través de nuestro SER, no solamente del cuerpo, sino de todo lo que
forma nuestra personalidad.
Ejemplos:
- CARACTERISTICAS FISICAS: estatura, color de piel y ojos, edad.
- CLASES SOCIALES: ricos, pobres, clases medias
- PUEBLOS: nacionalidades indígenas, pueblos afroecuatorianos y pueblos montubios.
- DIVERSIDAD SEXUAL: hombres, mujeres, gays, lesbianas, bisexuales, transgénero e intergénero
(GLBTI)
- GRUPOS ETAREOS: niños, niñas, adolescentes, adultos y adultas mayores
- CONOCIMIENTOS: ideas, saberes, informaciones que poseemos y seguimos adquiriendo a lo largo
de la vida.
- SUBJETIVIDAD: sentimientos, expresiones de afecto, estado de ánimo, tristezas, alegrías, enojos,
valoración de las otras personas.
Ahora podemos hacer un acercamiento al concepto de Identidad:
IDENTIDAD es un conjunto de cualidades que dan a un individuo o a un
grupo una particularidad que los caracteriza.
La IDENTIDAD permite reconocer a los individuos, los hacen concretos, dife-
rentes y de igual forma los hacen parecidos/as a otros/as.
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2.2 Construcción de las identidades
¿Cómo se forma mi identidad, tu identidad, nuestra identidad?
La Identidad se construye en el día a día. Desde el crecimiento en el vientre materno y cuando nacemos
todo ser humano recibe de su padre, madre, y de la familia diversas herencias genéticas y culturales
que dan continuidad a la vida.
Podemos encontrar muchos ejemplos en nuestra propia experiencia. Cuántas veces hemos escucha-
do decir: “Pero si es igualita a la madre”, “¡Qué genio!”, “nieto del abuelo debes ser”. Ustedes pueden
seguir recordando otros ejemplos.
No venimos a un mundo vacío, sino a uno que es como una pizarra repleta de símbolos, imágenes,
sonidos, rostros que se acercan y se alejan, palabras que se nos llegan -algunas que nos acarician
otras que nos golpean-. Cuando nacemos arribamos a una sociedad específica que tiene su cultura,
su idioma, su historia, su cotidianidad, y todo esto va marcando nuestra identidad.
Hay que recalcar el poder de la palabra en la construcción de las identidades, ya que la palabra posi-
bilita el lazo social. Lamentablemente muchas veces la identidad se construye desde la violencia: ¡Me
estorbas! ¡Eres un inútil! ¡De gana te traje al mundo! Todo esto va marcando nuestro cuerpo, nuestra
identidad, nuestra forma de ser.
Luego de nuestro nacimiento, continuamos este camino de CAMBIOS DE CONSTRUCCION Y DE-
CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD. Iniciamos una experiencia de RELACIÓN con los otros, los más
cercanos como la familia, de quienes recibimos ideas y valores, sobre lo que está bien y lo que está
mal, lo que se piensa y lo que se hace, casi siempre como leyes que hay que cumplir sin confrontar ni
protestar, es decir, un deber ser que es diferenciado por sexo, por edad, por etnia, entre otros.
Después, cuando crecemos, se amplían nuestras relaciones: puede ser con personas que nos lleva-
mos bien y también con personas con las que tenemos conflictos, pero que viven cerca y a nuestro
alrededor.
Todas estas relaciones nos dan también la posibilidad de aprender nuevas ideas, valores y actitudes.
Esto implica que las identidades tienen algunas características.
2.2.1 Las identidades son cambiantes
La capacidad del ser humano de reconstruir y de CAMBIAR, MODIFICAR su propia Identidad a partir
de sus propias experiencias y en permanente relación con otras personas y con su entorno, es parte
de la libertad de cada uno.
Esto lo podemos ver cuando los adultos acusan a los jóvenes de que “están perdiendo su identidad”,
sin tomar en cuenta que las cosas no pueden ser y no son iguales a lo que han sido hace varios años
atrás. Los procesos sociales y humanos tienen esa ventaja de movimiento y cambio.
Cada uno de nosotros va cambiando en el transcurso de nuestras vidas; la identidad personal va cam-
biando gracias a nuevas experiencias y aprendizajes. Pero no sólo es un cambio personal, sino también
de las identidades sociales en general; esto lo podremos comprender mejor cuando conozcamos algu-
nos conceptos referidos a las identidades culturales y colectivas.
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2.2.2 ¿Identidad o identidades?
3.1 La construcción de las identidades sociales o colectivas
Cada uno/a de nosotros/as comparte múltiples identidades: tenemos una identidad sexual (hombre-
mujer, macho-hembra), una de género (atributos masculinos y femeninos) desde nuestra opción sexual
(gays, lesbianas, bisexuales, transgéneros), una identidad generacional (joven, niño, adulto, anciano),
una identidad étnica, una identidad social, una identidad política. Es decir, cuando nos referimos a
nuestra identidad, en realidad estamos pensando en una identidad múltiple por lo que se habla de
identidades.
Si bien nuestra identidad personal es única, está compuesta por las características comunes de uno o
varios grupos, características que se expresan como parte de nuestra individualidad. Podemos enton-
ces hablar de nuestra identidad como hombre o mujer, a la vez como joven o adulto, como mestizo o
indígena.
3. LA IDENTIDAD COLECTIVA
La identidad nos permite asemejarnos o diferenciarnos de otros/as. Reconocer las características que
compartimos con otros/as, logra “identificarnos” con ese grupo; aunque esas mismas características,
cuando no las vemos en otros/as, nos permiten la diferenciación. La identidad se constituye en una
frontera que nos hace parte de unos y diferentes de otros.
Cada uno/a desde que nace pertenece a un grupo. El primero es la familia, en ella se aprenden formas
de ser, de pensar, valores y comportamientos y se define de alguna forma lo que son.
Desde este aprendizaje colectivo en familia cada uno/a mira, vive, aprende y reconoce otros espacios y
a otras personas, valorando lo que “está bien y está mal”, lo “que puede hacerse o no debe hacerse”, lo
que influye en sus actuaciones y valores para afirmarlos y establecer relaciones más cercanas con ese
grupo de personas con las que se siente bien y puede realizar cosas juntos/as y compartir.
A partir de esta identidad colectiva inicial se establecen relaciones con otras personas en espacios
como el barrio, la comunidad, la escuela, la organización comunitaria, de mujeres o de jóvenes.
Igualmente a partir de esa valoración, podemos determinar a aquellas personas y espacios con las que
no tenemos nada en común y realmente no nos gusta, con quienes no establecemos ninguna relación,
más que aquella a la que nos vemos forzados.
La integración con los otros/as se dará de acuerdo a las oportunidades que tengamos. Mientras más
oportunidades tengamos, mayor será la integración puesto que se conoce más y hay acercamientos
personales; en cambio si no existen espacios de intercambio y mayor conocimiento no se podrán crear
lazos de unidad y aún se darán procesos de separación.
Por ejemplo, cuando niños y niñas tienen momentos de acercamiento en el parque, en la escuela o en
otros lugares, éstos se irán integrando de manera natural y formarán grupos; en cambio, cuando exis-
ten prohibiciones de “no juntarse con el o ella” de tener cuidado en “llevarse con cierto tipo de gente”
esto no permitirá que haya integración y aún más aumentarán las diferencias.
Todo este proceso tiene su propia dinámica, lo que nos permite reconocernos y también ser reconoci-
dos/as como parte de un grupo, comunidad y hasta organización.
Esto implica que no existe una persona que pueda vivir sin relación con los otros, sin comunidad, sin
sociedad. La persona se realiza dentro de un grupo o comunidad en relación permanente con las otras
personas. Por ello es importante superar el egoísmo e individualismo potenciado en el sistema capita-
lista y avanzar hacia una forma de entender a los seres humanos desde la solidaridad social.
No solamente se trata de abrirnos a otras personas que conocemos o queremos, sino que somos
sujetos sociales, es decir, que juntos aportamos a la construcción del mundo que queremos; somos
responsables de lo que acontece en nuestra comunidad.
También vivir la identidad colectiva, que supone entender al ser humano en inter-relación con los de-
más, implica rechazar la autosuficiencia del yo individual y construir el encuentro con la naturaleza,
encuentro que se da desde la individualidad y con los demás para alcanzar una sociedad solidaria, en
la que los seres humanos somos una especie, no los únicos por sobre los otros seres de la naturaleza.
La identidad social nos permite estar en permanente accionar y relación con
los otros/as y compartir las identidades individuales. Esta relación entre indi-
viduos hace que la identidad sea fruto de una construcción entre todos/as.
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3.2 Importancia del reconocimiento de las identidades
individuales y colectivas
¿Para qué sirven las Identidades individuales y colectivas? ¿Cuál es su importancia en los procesos de
desarrollo social? Son preguntas cuya respuesta se da a partir de la interpretación de las identidades
desde distintos ámbitos.
3.2.1 La identidad como experimentación
3.2.2 La identidad como reconocimiento
El ser humano a lo largo de su vida pasa por etapas de experimentación que le permiten integrar en su
ser nuevas experiencias y aprendizajes. Los niños y niñas experimentan con las cosas. El proceso de
construcción de la identidad implica en la etapa adolescente y juvenil una permanente experimentación:
los adolescentes y los jóvenes buscan el reconocimiento en diversos círculos sociales o redes (familia,
colegio, grupo) formando vínculos sociales y significados compartidos que influirán de manera deter-
minante en el rumbo de sus vidas.
Aunque no podemos dividir las edades del ser humano de un modo tajante, sí podemos decir que en la
adolescencia y la juventud se establece también una “caída o cambio de los ideales infantiles”, es decir
que empezamos a criticar las contradicciones de nuestra familia, de nuestros padres y las madres, de la
sociedad en sí, y buscamos otros horizontes, otros proyectos de vida, otras utopías. La confrontación
y la tensión, son también elementos fundamentales en la construcción y re-construcción de las iden-
tidades porque ésta no se da de un modo lineal y tiene la posibilidad de alimentarse indefinidamente.
En muchas ocasiones es de suma importancia que exista una “caída de los ideales” para luchar por la
autonomía y la autodeterminación.
Esta experimentación no sólo nos permite incorporar en nuestra personalidad diversos elementos iden-
titarios, sino que hace posible que las identidades colectivas se recreen en cada generación dando
lugar a nuevos estilos de identificación de los grupos, e incluso a posiciones de crítica y de participación
en la construcción de proyectos colectivos para la transformación social.
La identidad nos permite reconocernos como individuos y como seres sociales integrantes de un grupo
o comunidad.
Cuando pensamos en identidades colectivas, en realidad estamos haciéndonos una imagen “ideal” de
la identidad y no una idea construida sobre cada sujeto (mujer, niño, indígenas, montubios, afroecua-
torianos); esa identidad colectiva sólo es posible en realidad cuando nos relacionamos y actuamos en
un espacio colectivo, es decir, cuando nos “identificarnos” como mujer, como indígena, o como joven
al momento de compartir y actuar con otras mujeres, otros indígenas u otros jóvenes.
Es en ese momento que la identidad colectiva cobra sentido y nos permite reconocernos como parte
del grupo, aportando así a la construcción de nuestra personalidad o identidad particular.
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3.2.3 La identidad como orientación
En el día a día nuestras actuaciones y pensamientos responden a nuestra identidad. Así, en relación
con nuestros valores y formas de pensar, “sabemos” lo que debemos o no hacer y nos comportamos
de una determinada manera.
Por eso decimos que las identidades colectivas actúan como orientadoras de la acción. Es decir, las
identidades colectivas no son sólo caracterizaciones fijas de lo que somos como individuos, sino que
las usamos selectivamente de acuerdo a las circunstancias para orientar nuestra acción cotidiana.
En otras palabras, las identidades colectivas nos permiten no sólo responder a la pregunta ¿quién soy?,
sino también a las interrogantes ¿a dónde voy? ¿qué quiero ser o hacer en términos colectivos. Las
respuestas a estas preguntas serán una fusión de múltiples proyectos de identidades colectivas.
4. LA DIVERSIDAD DE IDENTIDADES: CONSTRUYENDO
LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD
Son deberes primordiales del Estado:
3. Fortalecer la unidad nacional en la diversidad…
Art. 3
Tradicionalmente se trabajó la identidad, desde la perspectiva de identidad nacional, homogenizante
culturalmente sin tener en cuenta las diversidades identitarias existentes en el país.
La identidad fue condicionada por el Estado y la sociedad a través de sus instituciones (familias, escue-
la, comunidad, trabajo, iglesias, medios de comunicación que tienen un modelo hegemónico referente
al deber ser, que no calla, este es hombre, masculino, adulto, católico, urbano, mestizo, educado for-
malmente, hispano hablante, heterosexual), pues éstas a lo largo de la vida se van asignando caracte-
rísticas sociales, políticas, culturales e ideológicas, que a su vez imponen diversos comportamientos y
un sistema de prestigio y reconocimiento en las que se anclan las oportunidades y el mayor o menor
poder social
Hoy los procesos sociales demandan no quedarnos allí, la Constitución hoy, recoge el planteamiento de
la unidad en la diversidad de sujetos sociales existentes, con los mismos derechos y con necesidades
diferentes.
Entonces, es necesario revisar los problemas de exclusión, discriminación e iniquidad social desde lo
nacional a los grupos diversos del país, quienes no fueron incluidos en los proyectos políticos homo-
genizadores del estado neoliberal.
La identidad es una edificación discursiva de auto reconocimiento que se ordena y reordena desde los
proyectos políticos de quienes manejan los discursos identitarios. La identidad se ha transformado
en un recurso para contrarrestar las avalanchas homogeneizantes y para construir nuevos proyectos
sociales alternativos.
Sin embargo, es necesario comprender que el proceso de constitución de las diversas identidades no
se da en un contexto libre de tensiones, sino en un entramado de relaciones sociales caracterizadas
por relaciones de poder, relaciones de iniquidad, de lucha y de confrontación por la afirmación de los
diversos intereses, y necesidades que cada grupo tiene.
De ahí la importancia de estudiar con más detenimiento cómo se da este proceso de construcción de
las identidades atendiendo a las diversas relaciones que las personas establecen en relación con el
género, los grupos etáreos, la diversidad cultural, las relaciones generacionales, entre otras.
4.1 Identidades de género
SEXO
El sexo se refiere a las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, diferencias
que son naturales. Generalmente se dice que una persona es de uno u otro sexo
de conformidad con la forma y funciones de sus órganos sexuales.
GÉNERO
El género es una construcción social y cultural que se refiere a las caracterís-
ticas, comportamientos y valores que las sociedades han construido a partir
de las diferencias sexuales.
Hagamos una revisión del concepto de género y cómo se relaciona con la identidad.
Las características del género, son asignadas y trasmitidas a través de la educación, la religión, las le-
yes, la historia, es decir a través de la cultura. Distintas son las formas de ser mujeres y de ser hombres
en las comunidades: indígenas, afroecuatorianas, montubias, mestizas, en la sociedad europea o asiá-
tica. Sin embargo hay una constante cultural que demuestra aquello femenino asignado a las mujeres
es menos valorado socialmente.
Sin embargo, hay también elementos comunes. Cada cultura o comunidad determina, de manera dis-
tinta, “cómo debe ser la mujer” y “cómo debe ser el hombre”. Para eso elabora para cada un/a formas
de ser, actuar y maneras de relacionarse. Esas son identidades de género.
Analizando los roles, actitudes y costumbres, es posible mirar que tanto hombres como mujeres mane-
jan espacios de poder en sus culturas, pero así mismo se encuentran iniquidades en sus relaciones. A
través de los avances en el análisis de género en las culturas, se encuentra por ejemplo que la cultura
occidental es heterosexista, es decir, considera que existen dos sexos, dos géneros y dos orientacio-
nes sexuales (del hombre hacia la mujer y de la mujer hacia el hombre).
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4.1.1 La construcción social de género
La teoría de género cuestiona principios y esquemas clásicos de pensamiento de la sociedad que
se consideran “normales”, por ejemplo el esquema tradicional de la sexualidad, de la familia y en
general de los roles estereotipados asignados por la cultura y la división sexual del trabajo a mujeres
y hombres.
Los roles estereotipados constituyen formas según las cuales se agrupan a las personas generalizan-
do de manera desfavorable a las mujeres, aunque afecten también a los hombres, aunque lo hayan
reflexionado menos diciendo lo que deben hacer de acuerdo con el sexo y características construidas
al que pertenecen, bajo esta forma diferenciada se ordena y coloca a hombres y mujeres. Así las
sociedades han construido la idea que las todas las diferencias entre el ser mujeres y el ser hombres,
son naturales y provienen del sexo.
la perspectiva de género cuestiona esta visión biologisista presente en nuestra cultura y visibiliza un
esencialismo biológico que implica que la diferencia de los sexos es la esencia de todo lo demás y
pone en evidencia que estas características se adquieren a través de un complejo proceso individual
y social y no son naturales son construidas por la cultura y todas sus expresiones.
por ejemplo ya que la mujer, naturalmente es la que se embaraza y da a luz a los hijos, de ello, se ha
desprendido que es “natural” que deba quedarse en casa, cuidar de las hijas e hijos, para ello, “está
dotada” de dulzura, suavidad, comprensión. Seguir siendo siempre “cuidadora” de la familia el ámbito
privado le pertenece y con ello la sujeción creada también desde la religión.
Las mujeres quedan consignadas a lo privado, carentes de autonomía. Su cuerpo, desde niña, es
siempre propiedad del hombre, de la familia, en función de otros. A diferencia, los hombres han sido
quienes asumieron el rol de productores, de proveedores, han sido los propietarios de los medios
de producción, por tanto del conocimiento, y del espacio público. El hombre se define como inde-
pendiente, como el “jefe”, dotado de la capacidad de resolver y decidir por los y las demás tomar
decisiones.
Así en la mayoría de las sociedades conocidas, el rol espacios y atributos asignados a los hombres
ha tenido reconocimiento y valoración. El rol de las mujeres ha sido invisibilizado y/o carente de valor.
El valor de las mujeres se remite a la idea de “servir a los demás”, es decir, se anula simbólicamente
su capacidad de dirigir o decidir.
Tradicionalmente se ha considerado que las diferencias de actuar entre hombres y mujeres son con-
secuencia natural de las diferencias sexuales. La teoría y análisis de género, demuestra que estas
creencias se han construido socialmente.
Por tanto, al ser el género un aprendizaje cultural y social, las características de ser hombre o mujer
cambiarán de cultura en cultura, pero además pueden deconstruirse y reconstruirse, en la medida en
que hombres y mujeres incorporen características valoradas socialmente, estableciendo diferentes
niveles de jerarquización, de ahí que el análisis de género permite analizar las relaciones inequitativas
de poder, no solo entre hombres y mujeres sino también, entre mujeres y entre hombres.
Esta categoría entonces rompe con la idea de masculinidad y feminidad como un condicionamiento
biológico que en muchos casos naturaliza las relaciones de poder de género, caracterizadas en mu-
chos ámbitos de la vida por su iniquidad para las mujeres.
20
4.1.2 La construcción simbólica de género
La cultura, a través de la utilización de lo simbólico (los significados que se le dan a diversos objetos, va-
lores, actuaciones, normas) define los rasgos y características de cada individuo entre distintos grupos,
partiendo principalmente de las ideas tradicionales (elaboradas, seleccionadas y transmitidas a través
del tiempo) y especialmente los valores vinculados a ellas.
Una parte importante de la cultura son las normas o modelos de conducta, otra parte consiste en ideas
que justifican o dan la razón a determinadas formas de conducta seleccionadas.
Ejemplos: la vivencia de la sexualidad. El matrimonio tiene simbólicamente, distintas connotaciones
para hombres y mujeres. Para muchas mujeres, significa una realización personal, más sublime cuando
llega a ser madre. Se sienten responsables de la estabilidad del matrimonio, y fundamentalmente de lo
que ocurra con las hijas e hijos. Para el hombre, el matrimonio es una forma de garantizar la preserva-
ción de su nombre, y tener alguien que cuide de él en sus necesidades domésticas. Si bien, en teoría
debe ser fiel a la pareja, culturalmente se acepta su infidelidad.
Podemos comprender de mejor forma la construcción simbólica de los géneros, si revisamos la noción
de prestigio.
La estructura de prestigio es la forma como se valora socialmente a grupos
e individuos, de acuerdo a ciertas características que se consideran más
importantes.
Por ejemplo en nuestra sociedad podemos mencionar como características más importantes: ser
hombre, adulto, tener mucho dinero, ser blanco, vivir en la ciudad.
De acuerdo a como la persona tiene estas características, las personas y grupos alcanzan niveles o
posiciones. Así los hombres, por ser hombres son mejor valorados, la mujer blanca es mejor valorada
que la mujer indígena, Afroecuatoriana o montubia, al momento del nacimiento un niño es mejor que
una chancleta (niña).
Las luchas de los movimientos feministas han representando avances gigantes para la democratiza-
ción del poder. Recordemos que hace algunas décadas las mujeres no podían ni siquiera elegir a sus
representantes políticos y peor aún ser ellas representantes. Dentro de este contexto, algunos hom-
bres también se han sumado en las prácticas para la equidad de género, pues sabemos que para que
se eliminen las iniquidades de género es indispensable modificar prácticas, ideologías y representacio-
nes de la sociedad en su conjunto.
Actualmente muchos hombres se han dado cuenta de la importancia de eliminar por completo la vio-
lencia de sus vidas, por todas las atroces secuelas que trae consigo tanto para las/os demás como
para sí mismos.
21
4.1.3 De las diferencias naturales a las
desigualdades sociales
En muchas ocasiones es muy común escuchar de forma peyorativa y a veces hasta despectiva “yo
no soy feminista”, otras veces, hay mujeres que se autodefinen “yo soy feminista” Existen diferentes
feminismos: marxistas, socialistas, postmodernos, estructuralistas, entre otras; tanto como corrientes
de pensamiento existen en la sociedad, sin embargo sea desde el ámbito ideológico o desde la prác-
tica (organización y activismo ) el feminismo constituye una forma de toma de conciencia social de
las mujeres, como un sujeto colectivo que históricamente ha estado condicionado a mecanismos de
discriminación, opresión, exclusión, dominación y explotación social, que produce cambios y transfor-
maciones sociales.
Desde varias teorías feministas, en las relaciones de género el origen de la subordinación de las mujeres
se ha ubicado en la división sexual del trabajo, que es, una construcción social, histórica y se plantea
la necesidad de cambios, tomando en cuenta que cuando estos se han producido, éstos fueron a me-
nudo el resultado de modificaciones en las relaciones de fuerza entre los sexos, consecuencias de las
luchas y movimientos de mujeres muy amplios.
Partiendo del concepto de sistema sexo-género, los estudios se centran en la existencia de modalida-
des de vinculación entre la división social del trabajo en las sociedades capitalistas y las relaciones so-
ciales de género entendidas como relaciones de poder, que mantienen la subordinación de las mujeres.
En definitiva hablar de la división sexual del trabajo es hablar de relaciones de poder entre hombres y
mujeres que tiene en este ámbito una de sus dimensiones más importantes.
Las diferencias por sí mismas no provocan desigualdad, pero en el momento en que el grupo social les
asigna un valor a estas diferencias - los géneros - esta situación cambia y se produce la discriminación
hacia las mujeres.
Esta división permite por ejemplo la discriminación en los salarios, hace que las mujeres sean en su
mayor parte las responsables del trabajo no remunerado, por cuanto no hay corresponsabilidad en las
tareas de la casa entre otros.
La desigualdad resultante de esta valoración social impide que ambos géneros tengan el mismo ac-
ceso a oportunidades para su desarrollo personal y colectivo. Ninguna persona por ella misma se ha
propuesto estar en condiciones de superioridad o inferioridad, pero su formación de género le asigna
un espacio en alguna de estas posiciones.
Vivimos en una sociedad asentada en el “Patriarcado” que es el poder de los padres, un sistema fa-
miliar, social, ideológico y político mediante el cual los hombres, quienes personifican mayormente al
modelo ideal construido desde el patriarcado ejercen fuerza, presión directa, o por medio de símbolos,
ritos, tradiciones, leyes, educación.
En el imaginario popular, o inconsciente colectivo, la maternidad forzada, la heterosexualidad obligato-
ria, la división sexual del trabajo y la historia robada, determinan que funciones podemos o no desem-
peñar las mujeres y los hombres quienes en la sensibilidad, el espacio doméstico, la afectividad tienen
su mayor pérdida” (Facio, 1992).
22
La iniquidad, desigualdad y discriminación en nuestros países se ha expresado en la vida cotidiana
por ejemplo: las mujeres tienen muchas menos oportunidades de acceder a la educación, la salud,
“espacios de decisión”, están más expuestas a todo tipo de violencia (tanto en el espacio público como
en el espacio familiar), no tienen o es limitado el acceso a la seguridad social, siendo quienes en su
mayoría asumen el cuidado de los hijos y las labores no remuneradas del hogar, lo que reduce sus
oportunidades en el ámbito del trabajo remunerado, reciben menor salario por trabajo de igual valor en
comparación con los hombres, entre otros.
4.2 Identidades etáreas o generacionales
Visibilizaremos como la diferencia generacional es también fuente de desigualdad, ya que existen rela-
ciones de poder de los “adultos” sobre los jóvenes, los niños y las niñas alrededor de aspectos básicos,
como el conocimiento, la autoridad, el control de los cuerpos, lo cual genera iniquidades sociales.
En general, se entiende que la juventud y adolescencia, como un periodo de cambio físico y sicológico
del niño/a al adulto/a, talvez la afirmación más exacta es que es un período del ciclo vital, único, irrepe-
tible y necesario en nuestra vida.
Tanto en la niñez como en la adolescencia y juventud, la familia y la sociedad debe tener una función
tutelar desde el reconocimiento de sus derechos y responsabilidades. Para este efecto es necesario
garantizar las condiciones para su desarrollo y crecimiento integral respetando su autonomía de acuer-
do con su desarrollo físico y psíquico.
Sin embargo, la realidad es muy distinta, las familias cada vez en mayor número, se ven limitadas al
ejercer esta función tutelar. A pesar de que existen leyes y normativas que garantizan este derecho,
subsisten prácticas donde se obligan a niños, niñas y adolescentes a trabajos prematuros, que están
fuera de su capacidad física y entendimiento emocional y sicológico, sin ningún tipo de protección,
incluso menos protección que la que tienen los adultos (sindicalización, derechos laborales, seguros,
entre otros)
También el cuerpo de niñas y niños, de jóvenes, de hombres y mujeres es usado como objeto de satis-
facción sexual, y son conocidas las redes que trabajan con pornografía infantil y trata de personas con
adolescentes, incluso con el consentimiento de las familias. Las niñas, especialmente, corren altísimo
riesgo de ser usadas y abusadas sexualmente por sus propios familiares, quienes quedan en la impu-
nidad, por miedo, por necesidad, por desconocimiento. Por la influencia del modelo hegemónico que
tiene como características la adultez se amplia y consolida el poder de las personas adultas por sobre
las demás sobre todo en relación con las posibilidades productivas asociadas al rol proveedor.
23
4.2.1 La niñez y juventud
El Código de la Niñez y Adolescencia (Art. 4) nos dice que: niño o niña es la persona que no ha cum-
plido doce años de edad, y que adolescente es la persona entre doce y dieciocho años de edad. Los
jóvenes, serían los mayores de 18 años de edad.
No existen acuerdos claros sobre los umbrales o diferencias entre adolescencia y juventud. General-
mente, estos términos son usados indistintamente. También, es común sugerir que los adolescentes
son quienes están entre la niñez y la juventud.
Para el movimiento juvenil, no existe la adolescencia. Consideran que el término “adolescente”, viene
de adolecer, connota una carencia, una enfermedad, niega la posibilidad de ver a los jóvenes como
actores, como personas íntegras y propositivas.
Desde la percepción biológica, a la niñez y a la juventud le corresponden determinadas características:
NIÑAS Y NIÑOS JÓVENES
En crecimiento
Débiles
Cambios en el cuerpo
Posibilidad de reproducción
Vigor, fortaleza
Desde la percepción psicológica:
Dependientes
Obedientes
Necesitan protección, afecto.
Menores
Quienes están construyendo su
personalidad
La persona que está preparándose
para ser adulto
Jacques Rousseau, planteaba que en la adolescencia, se atravesaba por una edad crítica (los ecua-
torianos, la definimos como “edad del burro”) que hace a las personas incapaces de actuar como
adultas. Antes hablábamos de la “caída de los ideales” y de una posición política de enfrentamiento
a lo establecido y lo normado que se daría en esta edad, sin tomar en cuenta que muchas de las
cuestiones que reclaman las/os “adolescentes” son interrogantes fundamentales acerca de su propia
identidad, la sociedad, la cultura, las leyes, las iniquidades sociales.
La mayoría de la población infantil y de la juventud viven, como el resto de la población, los elemen-
tos desencadenados por una visión adulto-céntrica Y un modelo de desarrollo injusto, en el cual no
pueden ejercer sus derechos.
Por Ejemplo:
Hay polarización económica: existen niñas, niños y jóvenes beneficiados por el sistema, que pueden
cubrir sus necesidades de afecto, de cuidado, de educación de salud, de recreación, de contactos
culturales, entre otros. Pero en las sociedades latinoamericanas la mayoría de jóvenes, niños y niñas
están excluidos y excluidas de todo, o parte de estos elementos.
Hay niñas y niños, que desde muy tempranas edades, tienen que “encadenarse” a trabajos de alto
riesgo, involucrarse en conflictos armados, que sufren y mueren por desnutrición.
La sociedad actual en la que viven las nuevas generaciones, es una sociedad violenta y de esta violen-
cia las niñas y niños, la juventud, sufren las consecuencias. La violencia del adulto contra la madre,
desencadena de rebote la violencia del padre y la madre contra los y las niñas. Muchos niños, niñas
y jóvenes, han sido separados de sus padres, por la abrumadora migración a la que se ven obligadas
personas para poder sobrevivir.
La juventud actual tiene que interactuar con nuevas formas de organización social y se organiza tam-
bién, de manera diferente a las generaciones anteriores.
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-
-
-
Homogenizar por tanto a la niñez y a la juventud, como si sus situaciones fueran iguales, es alimentar
iniquidades en las políticas sociales de los estados. Por el contrario, el criterio debe ser la formulación
de políticas que atiendan a las diversidades de la niñez y juventud.
24
4.2.2 Diversas maneras de entender la juventud
Si bien, la percepción biológica, puede tener cierta universalidad, no sucede lo mismo con la percep-
ción sicológica. Las características que se atribuyen al concepto joven, tiene también, diferentes con-
notaciones en las diferentes culturas y en las diferentes etapas históricas.
Un elemento a considerar, es la diversidad de roles que asumen los jóvenes según los grupos econó-
micos y sociales a los que pertenecen. Por estas razones, se dice, no se puede hablar de la juventud
como un todo homogéneo, sino de “las juventudes”, pues diferentes son las percepciones culturales de
lo joven, y diferentes los roles que asume este grupo etáreo, en el entorno social en el que vive.
A un joven urbano, clase media o alta, le es asignado el rol de estudiar. Un joven rural, pobre, indígena,
afroecuatoriano o montubio, seguramente no podrá, aunque quiera, cumplir fácilmente este rol, será
conminado, por la presión familiar, a trabajar para aportar a su sustento o para independizarse.
El ejercicio de la sexualidad, en las jóvenes, especialmente de sectores medios, todavía sigue siendo
considerado como “irresponsable”, por parte de sus familias, mientras que en los varones es conside-
rado como normal, e incluso necesario.
En este proceso de formación se reclama que el “buen” adolescente, sea “obediente”, y que esté a las
órdenes de los adultos.
Hay además otros rasgos, que se consideran típicamente juveniles:
- Inestables emocionalmente
- Idealistas
- Caprichosos
- Violentos o agresivos
- Con dificultades para controlar su sexualidad, pues están dominados por las fuerzas del instinto.
- Fácilmente influenciables por los medios masivos de comunicación.
Los niños y niñas, los y las jóvenes son consideradas personas que deben ser formadas, entendiéndo-
se como formación el llegar a ser como los adultos y adultas que se vinculan con ellos, sean familiares,
maestros, amigos, de tal manera que se exige disciplina, adoctrinamiento. Con estos criterios la obli-
gación de los adultos, es “moldear” personalidades que calcen en las reglas de juego de la sociedad
adulto-céntrica.
Para la concepción freudiana, en esta edad hay un despertar de la “sexualidad genital”. Recordemos
que para el llamado padre del psicoanálisis, el doctor Sigmund Freud, la sexualidad no es algo que apa-
rece en la adolescencia sino que es una de las fuentes fundamentales que nos acompañan desde que
nacemos. Para Freud en esta etapa las personas sufrimos una especia de “duelo” por nuestro cuerpo
infantil. En un determinado momento, la persona se da cuenta que su cuerpo ha cambiado y se siente
muchas veces como “un sujeto en cuerpo ajeno”, es decir se extraña de sí mismo y en determinados
momentos anhela volver a ser niño/a.
25
26
27
Ana Freud, desarrolló el tema de la adolescencia, más bien sobre la idea del conflicto y la crisis, como
un “trastorno del desarrollo”, pues según la autora, el y la joven tienen que defenderse de la angustia
que deriva de la ruptura con los padres, como una necesidad de autoafirmación y autoconstrucción.
Lo único seguro es que en la adolescencia se generan muchos cambios: del cuerpo (tanto físico como
el psicológico), de la relaciones entre el sujeto y su familia, la separación de la figura de los padres,
modificaciones en las relaciones de poder con sus semejantes, el acceso a nuevos discursos y re-
presentaciones de la realidad, nuevos imaginarios y fantasías y por último, existen nuevas presiones e
intentos de “disciplinamiento” por parte de la sociedad. En este sentido los adolescentes tienen que
“inventarse” a sí mismos, inventar sus propias respuestas, con el riesgo y el miedo que las respuestas
serán siempre fallidas.
En otra perspectiva, se define a la juventud como un modo propio de ser o estar.
“la juventud es el periodo en que se produce con mayor
intensidad, la interacción entre las tendencia individua-
les, las adquisiciones psico-sociales, las metas social-
mente disponibles, las fortalezas y desventajas del en-
torno” (Krauskopf, 1994).
“ser joven, es vivir una época del ser humano en el que
se viven intensidades, contrastes, sentidos, sinsentidos,
exclusiones, y momentos de resistencia el joven crea un
espacio de transacción con la sociedad, a través de la
cual construye sus símbolos, signos, acciones, un equi-
paje cultural con el cual interviene o no en las luchas
para mejorar las condiciones de vida”.
“hay que superar la visión del joven como un objeto y
concebirlo como un ciudadano con posibilidades de
autodeterminación, de representación de demandas y
pleno ejercicio de derechos y responsabilidades, con
capacidad de propuesta y de participar en espacios de
decisión” (Betancourt, 1997).
La “participación” en los distintos ámbitos sociales y culturales es vital, en la medida que en la juventud,
se definen los proyectos de vida, se intenta superar la dependencia de los padres y se intenta resolver
el tema de la autonomía.
28
4.2.3 Estereotipos de género, generacionales, étnicos
y culturales son más amplios y aplican a todas
las exclusiones sociales.
Un concepto que ayuda a ver cómo se dan las iniquidades desde lo simbólico sería el ESTEREOTIPO,
trabajado anteriormente al revisar la teoría de género.
El estereotipo es una idea que se repite siempre y de tanto repetirse se
piensa que es verdad y se lo transmite de la misma forma, compartida por
la mayoría de las personas, sin mirar que muchas veces son causa de dis-
criminación a otros y otras.
Características de los estereotipos:
- Hablar de todas las personas sin ninguna distinción.
- Pueden apoyarse o no en hechos reales, pero la interpretación de estos hechos obedece a prejuicios.
- Son difíciles de modificar y se transmiten de generación en generación.
- Casi siempre están relacionadas con acciones que discriminan y excluyen.
- No respetan las diferencias entre las personas, promoviendo el rechazo por los demás.
29
MUJER
MUJER
HOMBRE
HOMBRE
OTRAS OPCIONES
SEXUALES (GRUPOS
GLBT)
OTRAS OPCIONES
SEXUALES (GRUPOS
GLBT)
Ejemplos:
Estereotipos de género
Le interesa más las personas.
Le interesa mucho el cuida-
do y bienestar de las demás
personas.
Su responsabilidad es en el
mundo privado del hogar y
sus hijos/as
Depende del dinero que le de
su esposo.
Si trabaja, su dinero, mayori-
tariamente, es controlado por
el esposo.
Depende del cariño y afecto
de los demás.
Es insegura de sí misma y
dócil.
Tranquila y pasiva “no rompe
un plato”
Muy sensible y emotiva, (llora)
No ent i ende ni acept a
r azones.
Debilidad física
Cambia a cada rato de ánimo
Le gusta lo material.
Se interesa por la aventura,
diversión y el dinero.
Se comporta individualmente
Su tarea está en lo público y
trabajo fuera del hogar.
Tiene su propio dinero y lo
gasta como quiera.
No necesita del cariño ni afecto
de los demás (duro)
Es decidido, no necesita nin-
guna ayuda y es muy seguro
de lo que hace y dice.
Siempre quiere aprender algo.
No demuestra preocupaciones
o desánimo.
Razona mucho las cosas antes
de tomar una decisión.
Sabe reconocer lo real de lo
que no es importante.
Tiene mucha fuerza física
Es muy estable en su estado
de ánimo.
Peligrosos
Indefinidos
Anormales
Ridículos (as)
Locos-locas
Alteran el orden
Son enfermos
No pueden formar una familia.
Promiscuos/as
Traumadas/os.
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Estereotipos generacionales:
NIÑAS
NIÑAS
NIÑOS
NIÑOS
JÓVENES
MUJERES
JÓVENES
MUJERES
JÓVENES
VARONES
JÓVENES
VARONES
Más débiles que los
niños.
Deben llegar a ser
buenas mujercitas:
jugar con muñecas,
ollas, se les permite
llorar, y requiere más
mimos.
No pueden opinar,
Sus opiniones causan
rechazo o burla.
Se espera que entre-
tengan a la familia.
Están más expuestas
a los abusos sexuales.
Son chantajeadas, o
acosadas sexualmente.
Más valoradas por
sus atributos físicos.
Aunque se espera
que se profesionali-
cen, deben hacerlo
sin abandonar sus
roles domésticos.
Objeto de adorno, con-
sumo,
Objeto de control
Menos posibilidades a
sus relaciones sociales.
Más expuestas a la vio-
lencia familiar.
Son estimulados para
la conquista y el acoso
sexual, son valorados
por su futura capa-
cidad productiva y-o
económica, no se
espera que cumplan
roles domésticos.
Se desestimula su res-
ponsabilidad paterna.
Más expuestos a la vio-
lencia pública.
Pueden experimentar
diferentes situaciones
sin tanto control.
Deben endurecerse,
jugar a ser bravos,
valientes, audaces,
no deben llorar, se les
permite y estimula a
juegos violentos.
Tiene menores limita-
ciones a las relaciones
públicas que las niñas.
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4.3 Culturas Urbanas
El Marketing es el cáncer de la sociedad.
(Grafti de un barrio de Quito, 2009).
Muerte al sistema, la libertad es fruto del esfuerzo.
(Otro grafti de un barrio de Quito, 2009).
31
En las calles se tatúan muchos símbolos de las llamadas “culturas urbanas”, a veces los muros se con-
vierten en un gran intercambio epistolar entre las distintas expresiones culturales: algunas veces como
rincones de disputa, otras veces como un escenario de poesías breves e intensas, un intercambio de
experiencias. Detrás de esas frases existen actores y actrices sociales heterogéneos: ambientalistas
contra la minería, punkeros que rescatan la posición política del ¡No futuro!, grupos político-feministas
que abogan por el aborto seguro, metaleros, colectivos que promueven la descolonización, hip-hope-
ros, góticos, la cultura electrónica, los emos, entre otros. Más allá de las clasificaciones, tan comunes
en nuestra sociedad, habría que profundizar sobre el nacimiento y el significado de las culturas urbanas.
Podríamos decir que las culturas urbanas, aparecen como un nuevo sujeto social, con gran convoca-
toria y poder de cohesión, desde la segunda década del siglo XX aproximadamente. Hay que recalcar
que las culturas juveniles han sido fuertemente reprimidas: recordemos por ejemplo la matanza de
Tlatelolco-México en 1968 en el que hubieron “cientos de estudiantes mutilados/ cuerpos inertes des-
trozados” como dice la canción del grupo Masacre 68.
En Latinoamérica hubo también organizaciones juveniles que optaron por una “lucha armada” con el fin
de poder enfrentarse contra la expansión del capitalismo, que fueron fuertemente reprimidos, muchos
de ellos asesinados, en casi todos los países latinoamericanos, así,
Los descalabros de muchos de los proyectos revolucionarios
latinoamericanos y sus representaciones culturales, cobran fuerza
nuevas formas de expresión cultural que desacralizan y difuminan
los elementos utópicos, marcados por el compromiso del período
anterior. (VALENZUELA , 2002)
En este punto habría que poner en debate si se han eliminado las utopías o si por el contrario éstas han
cambiado de forma. En nuestro país, varios movimientos de activismo político han puesto al descubier-
to que las culturas urbanas no son grupúsculos de malandros, drogadictos, vagabundos, criminales,
cultivadores del caos como la sociedad muchas veces los etiqueta.
En este sentido, las culturas urbanas son un espacio político donde se construyen lógicas para rela-
cionarse con otros grupos y con la sociedad en la ciudad se desarrollan varios grupos de gente y de
jóvenes, con nuevas formas de expresión cultural y estos grupos nacen desde la marginalidad, ya sea
porque eligen marginarse entrando a una de estas culturas o asumiendo en su identidad parte de estas
culturas; o porque realmente han sido marginados socialmente por las lógicas del sistema capitalista.
Proponen además re-pensar ciertos imaginarios sociales que resultan falsos, como el que todas las
culturas urbanas son pandillas o que todas dejan una estela de violencia tras de sí .
La acción de varios colectivos abrió paso a la reflexión para que la sociedad en general tomara con-
ciencia que las distintas culturas urbanas son organizaciones sociales de creación cultural y política, y
que además necesitan espacios más seguros para sus reuniones. En la construcción de una sociedad
intercultural todas las manifestaciones culturales deben ser tomadas en cuenta y así evitar todo tipo de
estigmatizaciones o discriminaciones, mientras más manifestaciones culturales, existan más nutrida va
a ser la diversidad cultural.
*Tomado del texto “De los jipitecas a los punketas. Rock y juventud mexicana desde 1968” de Maritza Urtega Castro-Pozo en Movimientos juveniles
en América Latina. Pachucos, malandros y punketas, Ariel, España, 2002.
32
Para concluir, podemos decir que las culturas urbanas son espacios de organización e interacción
social, muchas veces representan puntos de resistencia ante el sistema y otras tantas son grupos que
han sido devorados por las industrias culturales, que han visto en ellos/as sujetos clave de consumo.
Más allá de eso, las culturas urbanas generan espacios lúdicos, estéticas urbanas, propuestas políticas
y expresiones culturales (música, grafitis, tatuajes, entre otros), proyectos de vida, construcción de
sentidos colectivos y dialectos sociales que enriquecen o deterioran el lenguaje y que a su vez sirven
como medios para la identidad y la cohesión (por ejemplo el “parlache” de los/as jóvenes de barrios
populares de Medellín-Colombia ). En última instancia las culturas urbanas pueden devenir en organi-
zaciones sociales.
Existen identidades colectivas e individuales. Las identidades colectivas son procesos sociales en los
que participan grupos humanos específicos y que constituyen uno de los contextos sociales más im-
portantes en la constitución de la identidad individual. Esto es, no existen identidades individuales que
se construyan al margen de las identidades colectivas, pero esto no significa que cada individuo no
posea una particular identidad.
Lo indígena tiene que ver no sólo con las características somáticas (del cuerpo) o relativamente esta-
bles como el idioma, sino también con aspectos cambiantes como son las costumbres, los valores, el
pensamiento.
Un pueblo o nacionalidad indígena, si bien presentará en su interior características heterogéneas, com-
parte un origen común (verdadero o supuesto) y actitudes y comportamientos también comunes.
Podemos, en conclusión, identificar algunos criterios básicos que determinan la pertenencia a un pue-
blo o nacionalidad indígena:
4.4 Identidades de las comunidades, pueblos, nacionaldades
indígenas, afroecuatorianos y montubios.
4.4.1 Pueblos y nacionalidades indígenas
3
CEPAM, Aquí entre nos. Por una vida libre de violencia, ¿Conoce qué son culturas urbanas?, entrevista a Cora Cadena (miembro del colectivo
DIABLUMA), Quito, 2009.

4
Aún cuando hay que tener claro que no todas las culturas urbanas son pandillas o generan violencia, tenemos que saber que en nuestro país sí
existen grupos organizados que amenazan la habitabilidad urbana. Pongamos en caso de los skins heads (cabezas rapadas) que creen más en
una limpieza social de corte fachistoide que en una generación de convivencia a través de propuestas colectivas.
5
Véase José Ignacion Henao Salazar y Luz Stella Castañeda Naranjo, Parlaches. El lenguaje de los jóvenes marginales de Medellín.
- Idioma
- Historia y origen
- Formas de sentir y formas de vivir: costumbres, vestuario, alimentación, normas, valores
- Maneras de entender el mundo que les rodea. Cosmovisión.
- Sistemas comunes de entender las relaciones con los demás
- Religiosidad, estructuras míticas y rituales
- Festividades y expresiones culturales.
- Características económicas.
- Pertenencia a un territorio.
33
La cultura constituye el conjunto articulado de expresiones materiales y no materiales características
de un pueblo o nacionalidad. Al hablar de cultura hacemos referencia a los contenidos y significados
propios de un grupo étnico en cuanto al conocimiento, lengua, creencias, arte, valores, leyes, costum-
bres, formas de organización, hábitos y actitudes, así como también a las formas de expresión material
de estos elementos.
Este conjunto articulado de expresiones materiales y no materiales es un fenómeno en permanente
cambio, que evoluciona en función de su propia dinámica, pero también en relación con los contactos
que se dan con otras culturas.
Un aspecto fundamental de la cultura como conjunto articulado es la capacidad de brindar significado
a cada uno de estos diversos elementos. Este significado está dado precisamente por la forma de esa
articulación, en la que cada elemento cobra sentido y al que se le asigna una racionalidad en función
del todo.
Este sistema se va estructurando a nivel social a través de la historia y en base a instituciones y prácti-
cas que van reproduciendo los patrones considerados y aceptados como propios y necesarios para la
sobrevivencia del grupo. Los individuos acceden a este sistema a través de su integración y participa-
ción en esas instituciones sociales (lenguaje, familia, mitos y leyendas, escuela, tradiciones costumbres,
formas de trabajo, relaciones sociales, etc.).
4.4.2 La Cultura
34
4.4.3 Identidad de los pueblos y nacionalidades
4.4.4 La mirada del otro y la exclusión
Para entender la identidad de los pueblos y nacionalidades indígenas y otros grupos culturales es ne-
cesario poner énfasis en los procesos de conformación de los grupos, antes que en la caracterización
de sus contenidos, como ha sido tradicional. Es decir, más importante que las características de una
cultura, es importante conocer el proceso social que permite que un grupo asuma dichas característi-
cas culturales.
En efecto, comúnmente se define a un grupo cultural como una comunidad cuyos integrantes com-
parten valores, integran un campo de comunicación e interacción y se identifican a sí mismos como
grupo cultural. Esta manera de definir un grupo cultural, nos conduce fácilmente a considerar al grupo
étnico como una realidad social en sí misma (separatismo social) y con fronteras claramente definidas
e invariables, lo que a su vez, presupone definiciones preconcebidas sobre su vida y sus creencias.
Desde una nueva perspectiva más integral definiríamos a los pueblos, nacionalidades y grupos cultura-
les como categorías de adscripción e identificación que son utilizadas por los actores mismos y tienen,
por tanto, la característica de organizar y facilitar la interacción entre los individuos.
En base a estos antecedentes, la adscripción puede ser definida como el proceso mediante el cual los
sujetos se reconocen a sí mismos como integrantes de un grupo en base a ciertas características que
consideran las que los diferencian a los miembros de otros grupos.
Ningún pueblo está solo en el mundo, sino en permanente relación con otros pueblos, produciéndose
una mutua influencia que hace de las culturas un proceso dinámico de construcción permanente. Éstas
sin embargo, no son siempre horizontales. En muchos casos, la conciencia sobre las diferencias implica
una desvalorización del otro.
La caracterización del hombre americano hecha por los conquistadores, como un ser inferior ha tenido
serias implicaciones para el desarrollo social posterior; permitió “justificar” los tratos inhumanos dados
a las poblaciones indígenas, afroecuatorianas y montubias, incluso llegaron a las prácticas de etnocidio,
esclavización en varias regiones de nuestra América.
El concepto de inferior fue el sustento moral para los procesos de dominación: aquellos que no son
seres completos, considerados como niños o “buenos salvajes”, son destinados a un sistema en el
cual se les excluye del poder, de la economía y se les obliga a dejar de lado su cultura y sus creencias
en nombre de un supuesto “bien” que se deriva de la colonización.
La diferenciación social basada en estos criterios constituyó, durante toda la vida colonial y republicana
uno de los principales mecanismos de exclusión al que fueron sometidos los pueblos y nacionalidades
indígenas, los pueblos afroecuatorianos y montubios.
Frente a estos mecanismos de discriminación, opresión y segregación los pueblos y nacionalidades in-
dígenas, afroecuatorianos y montubios construyeron una identidad colectiva, fuerte con una importante
presencia a lo largo de la historia.
Desde los años 60, sobre la base de su lucha por la tierra desencadenan procesos de transformación
social, en medio de la resistencia a los grupos de poder que los explotaron y fueron capaces de pro-
poner agendas de cambio y lograr el reconocimiento de sus derechos, en medio de la resistencia y la
disputa por el reconocimiento del Estado plurinacional, hoy constitucionalizado.
Para Leopold Sedar Senghor, otros de los fundadores del movimiento literario político de la negritud,
esta identidad propia del pueblo negro es vista como un conjunto de valores culturales del mundo
africano.
35
Los seres humanos también establecemos identificaciones respecto al lugar que ocupamos en la pro-
ducción, es decir nos identificamos como clase trabajadora si somos obreros, como campesinos si
nuestra labor está en el campo. Quienes son dueños de las fábricas, de las empresas, de los bancos
también se identifican como clase burguesa. La clase obrera, los campesinos al tener intereses comu-
nes (la lucha por una sociedad más justa) construye una identidad de clase, una ideología y un proyecto
político.
A partir del desprecio que existe ha-
cia los negros, decidimos hacer de la
negritud una fuente de orgullo para la
creación de un futuro diferente y dig-
no. Aquí la negritud se convierte en
una operación de autoidentificación,
cuyo producto final es la nueva forma
de relación del negro consigo mismo,
con los otros y con el mundo. (CEN-
TRO CULTURAL AFROECUATORIANO:
2009, pág. 277).
4.5 Identidades y clase social
4.6 Identidades y Territorio
Las clases sociales son grupos de personas dentro de una sociedad que se
distinguen tanto por sus condiciones de vida, como por sus ocupaciones y
sus ideas, hábitos y aspiraciones.
Lo que distingue a dos individuos de diferente clase son sus relaciones de
propiedad con respecto a los medios de producción. Hay quienes monopo-
lizan los medios de producción, los explotadores, “los opresores” y quienes
carecen de todo acceso a ellos y por lo tanto de todo recurso económico,
los explotados, “los oprimidos”.
Otra dimensión de identidad, tiene que ver con el territorio, con la capacidad para producir la identifi-
cación de la sociedad y el individuo con su propio territorio. El sentido de pertenencia a un lugar, a una
región solo es posible a partir de la territorialidad.
36
¿Qué implica la territorialidad?
La percepción de la propia historia colectiva.
Poder producir interrogantes desde el presente y la memoria, con relación al futuro. ¿Quiénes somos,
de quién nos diferenciamos (hacia lo interno y el entorno) ¿Qué queremos?, entre otras.
El deseo de seguir viviendo en ese territorio.
La identificación con el territorio: las actitudes que posibilitan y obstaculizan transformaciones y cam-
bios personales, organizativos, en los hábitos de vida, en las maneras de producir, en las opiniones,
en los valores.
Poder identificar como fue este proceso de construcción de la identidad local.
-
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No es posible la existencia de procesos de desarrollo, sin un componente de identidad fuerte que esti-
mule el potencial de iniciativas de la sociedad local.
El Ecuador se caracterizó en el pasado por la preeminencia de relaciones de poder entre las regiones,
originadas en decisiones políticas de gobiernos, subordinados a intereses de clases y élites regionales,
que construyeron una referencialidad por regiones (Costa, Sierra, Oriente y Galápagos), marcada por
una construcción iniquitativa de las regiones.
Un país bicéfalo que concentró por intereses de grupos, en pocas manos la riqueza, el poder econó-
mico y político. La descentralización no se construyó como un proceso democrático de transferencia
de poder político, administrativo, económico, para el mejoramiento de la calidad de vida, más bien
aceleró aún más los desequilibrios, las diferencias e iniquidades territoriales.
Gobiernos de turno en el pasado afincados en grupos de poder crearon condiciones políticas, jurídicas,
sociales para dar paso a un proceso de descentralización clientelar que redujo drásticamente las atri-
buciones estatales y trasladó las responsabilidades a la sociedad civil y al mercado.
Esto evidentemente polarizó las desigualdades y facilitó la sobreexplotación o el uso inadecuado de
los recursos naturales; se transfirió competencias sin recursos económicos y materiales que las sos-
tengan, no determinó competencias obligatorias mínimas que permitan la articulación de la gestión de
los distintos niveles de gobierno, el mejoramiento de la calidad de vida de la población y el desarrollo
sustentable sobre la base de una planificación nacional.
Hoy la Constitución de la República responde a un propósito de equidad política y social, recoge una
multiplicidad de formas de organización territorial que respondan a su propia realidad y a sus propios
procesos, así el Estado se organiza territorialmente en regiones, provincias, cantones y parroquias rura-
les. Recupera la Planificación Nacional como un eje estratégico para el desarrollo que permita alcanzar
el Buen Vivir o Sumak kawsay.
Se reconocen las comunidades, comunas, recintos, barrios y parroquias urbanas. La regionalización,
se convierte en un medio para superar las iniquidades territoriales, promover nuevos polos de desarrollo
y combatir el profundo centralismo que ha vivido la sociedad ecuatoriana. Este propósito se desarrolla
en dos ámbitos: la desconcentración de la administración central, y la descentralización y autonomías.
Por razones de conservación ambiental, culturales o de población podrán constituirse regímenes es-
peciales. Los distritos metropolitanos autónomos, la provincia de Galápagos y las circunscripciones
territoriales indígenas y pluriculturales por sus características serán regímenes especiales.
37
Además para favorecer la unidad nacional se establece que dos o más regiones, provincias, cantones
o parroquias contiguas podrán agruparse y formar mancomunidades, con la finalidad de mejorar la
gestión de sus competencias y favorecer sus procesos de integración.
El territorio de las provincias amazónicas forma parte de un ecosistema necesario para el equilibrio
ambiental del planeta. Este territorio constituye también una circunscripción territorial especial para la
que existirá una planificación integral, recogida en una ley que incluirá aspectos sociales, económicos,
ambientales y culturales, con un ordenamiento territorial que garantice la conservación y protección de
sus ecosistemas y el principio del Sumak Kawsay, (Arts. 242, 243, 248,250).
Las corrientes migratorias ecuatorianas tenían un sentido y una dirección más o menos homogéneos.
En los tiempos actuales las causas que la generan, así como los destinos de quienes migran son de lo
más diversos. Podemos hablar entonces, de una “migración”, que se manifiesta en una lógica interna
de acumulación, por venta de fuerza de trabajo transfronteriza, binacional, intrarregional, intercontinen-
tal y multidireccional entre los países de origen, tránsito, destino y retorno migratorio.
Los procesos de construcción de la identidad cultural y social, incluso de los grupos migrantes de
épocas pasadas han tenido como uno de sus elementos fundamentales de referencia al territorio. Las
organizaciones vecinales, gremiales, políticas, la colonización se constituyeron siempre en función de
esa referencialidad: los pueblos han mantenido el territorio como un hito fundamental en la construcción
de su identidad.
En los tiempos actuales, en cambio, asistimos a la emergencia de procesos de organización e identidad
social y cultural que no contemplan el territorio propio como su elemento de referencialidad principal,
que es un factor cambiante o funcional a la situación coyuntural del grupo relacionada en la mayoría
de casos con la búsqueda de los medios para la sobrevivencia y para alcanzar mejores condiciones
de vida.
4.7 Otros factores que inciden en la construcción
de las Identidades
4.7.1 Migración y movilidad humana
38
La desterritorialización hace referencia a estos cambios, no es sólo la pérdida del territorio originario,
como factor de referencia del individuo y del grupo, sino también los procesos de apropiación y cambio
sucesivo que se da sobre este factor en los procesos de migración y socialización del mundo actual.
En este trajinar los migrantes van llevando en su equipaje costumbres y una cosmovisión que se entre-
mezcla obligadamente en el nuevo contexto con elementos de otras culturas. El terruño sigue estando
en su imaginario como un elemento de referencia obligado, como los alimentos tradicionales o la músi-
ca popular, pero no hay más una relación de apropiación de ese territorio o del nuevo territorio a ocupar
en el sentido tradicional.
En la migración la desterritorialización constituye un proceso que permite a quienes emigran, adaptarse
a las nuevas condiciones y para quienes se quedan, implican una modificación de costumbres, ima-
ginarios, patrones de alimentación, vivienda, vestuario, arquitectura, fiestas populares en el proceso de
socialización.
Es innegable que la forma de acceso a la información que sustenta nuestras representaciones y por
ende nuestra cultura y nuestras identidades, está cambiando.
La tecnología mediática moderna, por ejemplo, ha permitido la digitalización de la información (texto
electrónico) y el internet, haciendo posible que cualquier persona en cualquier lugar del mundo pueda
acceder a la misma información. Esto ha posibilitado una velocidad en las comunicaciones que antes
parecía ciencia-ficción. Uno de los recursos más utilizados es el correo electrónico que facilita el inter-
cambio de mensajes en tiempos extremadamente breves.
La tecnología moderna también ha permitido reducir los tiempos de transmisión de la información, a
través de los satélites podemos conocer qué pasa en cualquier lado del planeta de manera inmediata.
Algunos autores optimistas ven en ello la promesa de la democratización real del saber a nivel planetario
y la génesis de una cultura universal.
Los medios de comunicación constituyen actualmente el principal forma de acceso a la información y
al conocimiento, incluso más que la escuela y la universidad. Sin embargo, esta información no está
siendo procesada y sistematizada como anteriormente lo hacían determinadas instituciones sociales (la
familia, la escuela, la tradición religiosa).
A más de una sobreabundancia de información, dispersa, cambiante y sin concatenación, asistimos
a un creciente control de la misma, por parte de las empresas transnacionales de comunicación. Los
hechos, la historia, la cultura, son presentados desde el punto de vista de quienes dominan el planeta;
en este proceso de manipulación de la realidad los principales referentes culturales y sociales se van
perdiendo; los pueblos se van asimilando a la cultura dominante, tan aceleradamente que es difícil la
construcción de referentes identitarios fuertes.
No existe prácticamente localidad en la que la influencia de los medios de comunicación no esté pre-
sente o no se tenga la influencia de las corrientes culturales de moda, a través del consumo de diversos
productos alimenticios, vestido o productos industrializados.
Esta tendencia, la globalización en el ámbito cultural, es fuertemente reforzada por los medios de
comunicación. Al igual que los procesos de globalización económica, no son universales, pero sí de
alcance global. No implican necesariamente la desestructuración de las otras culturas, pero sí la conti-
nuidad y ampliación de la hegemonía occidental y la presencia de patrones culturales occidentales en
determinados segmentos sociales de todos los pueblos del planeta.
4.7.2 Comunicación
39
Todo esto nos hace preguntarnos si estamos asistiendo a un nuevo colonialismo cultural o por el con-
trario a una identidad global. Si bien existen autores que expresan que la globalización puede ser un
instrumento muy eficaz para el intercambio de saberes y la contribución y participación mutual entre
las culturas, otros señalan que es tan potente la “función homogenizante” de la globalización que en
algunas décadas desaparecerán casi todas las riquezas de las culturas locales.
Quizás habría que recalcar una vez más que las identidades van modificándose a lo largo de la historia,
sin embargo, esto no quiere decir que todas las identidades tengan que ser idénticas.
40
UNIDAD 2
INIQUIDADES SOCIALES Y DERECHOS DEL BUEN VIVIR
Objetivos
Al finalizar esta unidad las personas participantes estarán en condiciones de:
- Reflexionar sobre las iniquidades de nuestro entorno, identificar elementos de la discriminación e iniquidad de
género, de los pueblos y nacionalidades indígenas, afroecuatorianas, montubios, generacionales, entre otros.
- Revalorizar la identidad individual y colectiva y conocer los derechos del Buen Vivir (Sumak Kawsay) garantiza-
dos en la Constitución de la República.
En esta unidad, a partir de la reflexión sobre algunas de las iniquidades de nuestro entorno, identificare-
mos los elementos de la discriminación y de las iniquidades sociales, de género, generacionales, de los
pueblos y nacionalidades indígenas, de la cultura afroecuatoriana y montubia, entre otros.
Finalmente a partir del reconocimiento de la discriminación y de las iniquidades sociales conoceremos
los derechos del Buen Vivir (Sumak Kawsay) garantizados en la Constitución de la República.
1. PRINCIPIO DE IGUALDAD REAL
La Constitución en los Arts. 11 y 66 establece dispone:
Todas las personas son iguales y gozarán de los mismos derechos, deberes y
oportunidades.
Nadie podrá ser discriminado por razones de etnia, lugar de nacimiento, edad, sexo,
identidad de género, identidad cultural, estado civil, idioma, religión, ideología, filiación
política, pasado judicial, condición socio-económica, condición migratoria, orientación
sexual, estado de salud, portar VIH, discapacidad, diferencia física; ni por cualquier otra
distinción, personal o colectiva, temporal o permanente, que tenga por objeto o resultado
menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos. La ley sancio-
nará toda forma de discriminación.
El Estado adoptará medidas de acción afirmativa que promuevan la igualdad real en favor
de los titulares de derechos que se encuentren en situación de desigualdad.
Se reconoce y garantizará a las personas:
4. Derecho a la igualdad formal, igualdad material y no discriminación.
Art. 11
Art. 66
41
Desde las primeras declaraciones sobre derechos humanos, y en nuestra Constitución el derecho a la
igualdad y la prohibición de la discriminación constituyen dos piedras angulares sobre los que se asien-
tan toda la estructura del Estado y el sistema de derecho.
Las conductas discriminatorias se sustentan en valoraciones negativas hacia determinados grupos o
personas. Estas percepciones negativas tienen consecuencias en el tratamiento hacia esas personas,
en el modo de ver el mundo y de vivir las relaciones sociales en su conjunto.
Todo ello influye en las oportunidades de las personas y por consiguiente, en el ejercicio de sus dere-
chos y en la realización de sus capacidades. Es decir, la discriminación tiene un impacto en el ordena-
miento y en las modalidades de funcionamiento de cada sociedad en particular.
Es importante señalar que en toda discriminación está presente la idea de superioridad-inferioridad.
Aunque las formas de discriminación hayan variado a lo largo del tiempo y de los contextos históricos,
sus bases se mantienen y se reproducen en nuevas actitudes.
En cuanto al principio de igualdad, hay que señalar que la igualdad no se define a partir de un criterio de
semejanza, sino de justicia, se otorga el mismo valor a personas diversas, integrantes de una sociedad.
El principio de igualdad está estrechamente relacionado con el ejercicio de la tolerancia, el reconoci-
miento del otro o de la otra como igual, es decir, que siendo distinto o distinta a mí, tiene los mismos
derechos y responsabilidades, por lo tanto, es justo otorgar el mismo valor a personas diversas, inte-
grantes de una misma sociedad.
La igualdad es importante justamente entre diferentes, ya que se trata de una convención social, de un
pacto, según el cual se reconoce como iguales a quienes pertenecen a distintos sexos, etnias, clases
sociales, entre otros. Aunque las formas de discriminación hayan variado a lo largo del tiempo y de los
contextos históricos, sus bases se mantienen y se reproducen en nuevas actitudes. (IIDH, CEJIL, págs.
85, 86, 2004)
Hoy la Constitución Ecuatoriana hace un avance sustancial y hace explicito el reconocimiento del
principio de la Igualdad Real, que implica que el Estado debe garantizar las condiciones materiales para
que la diversidad de sujetos sociales logren hacer efectivos sus derechos.
La Equidad ha estado vinculada a la demanda de los diferentes actores y sus derechos, para hacer
posible que en el marco de políticas universales para todos se reconozcan las diferencias de género,
generacionales, étnicas, entre otras. La Equidad implica la disminución de las diferencias y la búsqueda
de igualdad de oportunidades para desarrollar todo nuestro potencial humano.
42
2. DISCRIMINACIÓN Y DESIGUALDADES SOCIALES
Generalmente se utilizan diversos conceptos como discriminación e iniquidad “para referirse a fenóme-
nos íntimamente ligados entre sí, pero que se corresponden con órdenes distintos de la vida social, así,
la discriminación a la cultura y la iniquidad, a la economía.
El término discriminación tiene su origen en la palabra latina discriminatio,
que significa distinción, separación.
Se llama discriminación al conjunto de prácticas que niegan o impiden el goce de los derechos en ra-
zón de diferencias étnicas o culturales, de género, generacionales, y que están fundadas en actitudes
que comprenden tales diferencias, como prejuicios y estereotipos socialmente generalizados y que
forman también parte de las identidades individuales y sociales.
La desigualdad se refiere a las diferencias en el acceso y la distribución de bienes, servicios y opor-
tunidades entre sectores de la población, más allá de su posición como actores económicos y en
relación con factores sociales y culturales.”
Hay quienes sostienen que es necesaria la existencia de desigualdades; que las desigualdades son
procesos normales de modernización y crecimiento y que hasta pueden impulsar y favorecer el aho-
rro, el ahorro se convierte en inversión y la inversión en desarrollo que reducirá la desigualdad.
43
Hay teorías que sostienen: “la desigualdad no favorece sino por el contrario traba el crecimiento” y por
el contrario, la igualdad y el crecimiento van de la mano” , hay relaciones positivas entre crecimiento e
igualdad. Altas tasas de crecimiento proveen recursos que pueden ser usados para promover la igual-
dad, así como un alto grado de igualdad ayuda a sostener altas tasas de crecimiento.” (Stiglitz, 1996)
Igualmente las posibilidades de erradicar la pobreza en sociedades con alta iniquidad son muy di-
ferentes en aquellas donde existen dinámicas de baja iniquidad. Si en América Latina existiera una
redistribución equitativa de los recursos, los grados de empobrecimiento serían mucho menores a los
actuales.
Para esta sección se presentan varios indicadores sociales que son estadísticas con un significado y,
frecuentemente, con un mensaje. Revelan la realidad detrás de los números. Al develar las diferencias o
disparidades en esa realidad, pueden convertirse en herramientas útiles para diagnosticar las desigual-
dades y seguir el progreso de su erradicación. (Buvinic, 1981)
La iniquidad no se manifiesta de la misma manera en todos los grupos de población. En consecuencia
es necesario analizar las diferencias en las condiciones de vida y en la cobertura de los servicios so-
ciales teniendo en cuenta las características que distinguen a los diversos grupos: sexo, grupo étnico,
entre otros.
El diseño de las políticas sociales requiere de un perfil y un análisis de las desigualdades sociales con
el fin de determinar las medidas que deben adoptarse para eliminarlas. Los indicadores sociales son
medidas pensadas para reflejar cómo viven las personas. Ejemplos de éstos son el número de niños
que viven en la pobreza, la frecuencia de muertes y sus causas, la distribución de los ingresos entre
los hogares, el rendimiento de los alumnos/as en sus estudios o la discriminación en la remuneración
laboral que sufren las mujeres.
3. INIQUIDADES SOCIALES
La creación de oportunidades para los
ecuatorianos y ecuatorianas no depende
necesariamente del nivel de ingreso ni de
la tasa de crecimiento económico del país.
La desigualdad es consecuencia de patro-
nes sociales y culturales sujetos a cambio.
El desafío principal que afronta el sector so-
cial es superar la iniquidad que se manifiesta
en las diferencias de acceso y cobertura de
los servicios y en las condiciones de vida
de la población, que a su vez son reflejo de
las desigualdades sociales y económicas
que caracterizan a la sociedad ecuatoriana
y que hoy están siendo enfrentadas desde
el plan de gobierno. (SIISE, 2008)
44
Un indicador es un síntoma o aproximación a un fenómeno. El distintivo de los indicadores sociales es
la búsqueda de señales para mirar los resultados de la Política y de la acción social. En otras palabras,
se trata de instrumentos para verificar y evaluar los resultados del desarrollo. La función principal de los
indicadores sociales es la medición del grado y distribución del “bienestar”. Este concepto y otros afines
--”calidad de vida”, “condiciones de vida”, “desarrollo humano”, “ciudadanía”-- denotan el resultado de
la interacción entre las condiciones sociales, políticas, económicas, culturales y ecológicas que afectan
a individuos y colectividades.” (SIISE. 2008)
A continuación se exponen varios indicadores que visibilizan la desigualdad social que se han tomado
de varios estudios cuya fuente o fuentes aparecen al final de cada apartado.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el Ecuador el 75% de la población económi-
camente activa, no está cubierta por la seguridad social y entre quienes están obligados afiliarse a la
seguridad social, es decir el empleo dependiente, la cobertura no sobrepasa el 35% del total de asa-
lariados, así la cobertura de afiliados cotizantes al Seguro General Obligatorio, se encuentra en aproxi-
madamente 1,1 millón de afiliados activos, cuando la población económicamente activa es cercana a
los 6 millones.
La encuesta demográfica ENDEMAIN 2004, da cuenta que el 80.8% de la población no tiene ningún
seguro de salud, es decir, sólo el 19.2 por ciento de la población total está afiliado a un seguro. De este
total, el 8.7 % está cubierta por el Seguro General Obligatorio del Instituto Ecuatoriano de Seguridad
Social (IESS), mientras que el 7.8 % por el Seguro Social Campesino (SSC), que pertenece al mismo
Instituto de Seguridad Social, sin embargo, estas dos fuentes de aseguramiento cubren solamente al
16.5% de la población total del país.
Hoy en día, más de cinco de cada diez familias ecuatorianas viven en la pobreza. Según la última me-
dición de los ingresos de los hogares del país, en la primera parte del 2004, el 46% hogares del país
contaba con ingresos de US$ 2 o menos por miembro y por día. En cuanto a la población, el 47% de
los ecuatorianos y ecuatorianas subsistía con menos de $2 diarios por persona y 23% con menos de
$1 diario.
Persiste una enorme desigualdad en la distribución del ingreso de los hogares. En el 2004, mientras
que el 10% más rico de la población recibía el 42% de los ingresos generados por todos los hogares
del país, el 10% más pobre apenas percibía algo menos del 1% de los ingresos totales.
La desigualdad en la distribución del ingreso disminuyó ligeramente en los últimos años. La crisis eco-
nómica de fines de los 90 aumentó la pobreza de los hogares y agudizó las desigualdades entre ellos.
Luego de la crisis, la desigualdad en la distribución del ingreso se redujo. Entre el 2000 y el 2004, la
proporción del ingreso que percibe el décimo más rico cayó en 4 puntos porcentuales. Esta proporción
de los ingresos se redistribuyó únicamente en los segmentos medios y altos (sexto al noveno quintil);
la participación en el ingreso de la mitad más pobre de la población se mantuvo prácticamente sin
cambios.
La estructura de los hogares está asociada a la pobreza. En el 2004, el 19% de los menores de 18 años
vivía en hogares encabezados por mujeres. Los niños/as que pertenecen a estos hogares tienen mayor
probabilidad de ser pobres que aquellos que viven en hogares con cabeza masculina. El 63% de los
menores de 18 años que vivían en hogares con jefas mujeres eran pobres, en contraste con el 49% de
aquellos/as de hogares con jefes hombres.
3.1 Indicadores de desigualdades sociales
FUENTE: Los niños y niñas del Ecuador: Un retrato a partir de la Encuesta nacional de hogares del 2004, Consejo Nacional de la Niñez y Ado-
lescencia, Secretaría Técnica del Frente Social, Instituto Nacional de Estadística y Censos y el Consejo Nacional de las Mujeres, 2005.
45
3.2 Iniquidades de género
En los años noventa la tasa de participación laboral femenina, creció a un ritmo más alto que la mascu-
lina en sectores pobres y no pobres; sin embargo, en términos de inserción en actividades productivas
(PEA), entendidas como remuneradas, en el caso de los hombres llega al 70.6%, mientras que para
las mujeres llega al 47.6%, así las mujeres están sub-representadas en los trabajos asalariados y se
encuentran en mayor proporción en trabajos de baja productividad.
A la par, no se le ha restado la responsabilidad asignada a las tareas domésticas, por lo que la gran
mayoría de mujeres tiene por lo general una doble jornada de trabajo que implica 14 a 16 horas de
producción diarias que imposibilitan en la práctica una real igualdad de oportunidades tanto en la esfera
pública como privada
El trabajo doméstico no remunerado es responsabilidad casi exclusiva de las mujeres. La Encuesta de
Uso del tiempo en el Ecuador visibiliza que en términos absolutos del total de horas que las personas
dedican al trabajo doméstico no remunerado, medido en horas semanales, se lo reparte en 35 horas
las mujeres y 15 los hombres, lo que implica que las mujeres se encargan del 70% del total de labores
doméstica. Según datos del VI Censo de Población y V de Vivienda del 2001, el total de la población
que declaró dedicarse a los “quehaceres domésticos” llegó a 2´183.617 personas, de las cuales
2´117.177, es decir el 97% son mujeres, hay que sumar a esto el desgaste físico que significa la mater-
nidad y que asumen más severamente las carencias de alimentación, salud, educación, capacitación,
oportunidades y otros satisfactores de necesidades elementales.
Con respecto a los ingresos promedio hay una enorme discriminación por el trabajo: en el área urbana
el ingreso promedio de las mujeres constituye el 67% de los hombres y en el área rural el 47%, por lo
que carecen de autonomía económica, o tienen ingresos precarios, lo que genera una mayor depen-
dencia.
Dentro de las actividades económicas a las que se dedican las mujeres, están los servicios sociales y
de salud, la enseñanza, la rama de hoteles y restaurantes, los servicios personales y comunitarios. En
la estructura del empleo, en cambio, se dedican en su mayoría al comercio (52,5%) y a la agricultura
(33.3%) por lo tanto se ubican en la categoría del trabajo informal o por cuenta propia.
La discriminación a las mujeres por su posición en el proceso de producción y su relación con la pro-
piedad de los medios de producción es evidente ya que en el empleo doméstico existe una feminiza-
ción de las actividades de servicio doméstico remunerado, donde las mujeres son el 95% del total de
la mano de obra dedicada a esta actividad, sin embargo contradictoriamente existe mayor promedio
de ingresos para los hombres dedicados a esta misma actividad.
El desempleo es un problema que afecta a hombres y mujeres de manera distinta, las tasas de des-
ocupación de las mujeres son bastante más altas que la de los hombres: al año 2003 una diferencia
de más de 12 puntos, lo que muestra una mayor dificultad para encontrar trabajo para las mujeres.
Existe un aumento de hogares con jefatura femenina. Pero a nivel nacional el promedio de ingreso de
los hogares con jefatura femenina es significativamente más bajo, llegando al 70% en comparación
con los hombres. Las mujeres cónyuges tienen posibilidades de convertirse en jefes de hogar ante la
eventualidad de una viudez o separación y en esas condiciones, al no disponer de ingresos propios,
son más vulnerables a la pobreza.
La cobertura de otros seguros privados es pequeña y llega a tan solo el 2.7%. La mitad de las per-
sonas con educación superior (49.0%) y el (35%) por ciento del quintil económico más alto cuentan
con algún seguro, es decir que la población asegurada tiene mayor educación y niveles económicos
superiores, por lo que la probabilidad de tener seguro aumenta cuando se incrementa el nivel educativo
y económico.
Como en todas las actividades económicas las mujeres tienen desventajas con contratos ocasionales
que tienen las tres cuartas partes de ellas y sólo el 25% son trabajadoras permanentes, en el caso de
los hombres la situación mejora un poco llegando al 40% de trabajadores permanentes. En la distri-
bución de ingresos por quintiles las mujeres se concentran en los quintiles más bajos, mientras los
hombres lo hacen en los quintiles más altos.
El embarazo en adolescentes entre 15 y 19 años como porcentaje del total de adolescentes llega al
8.7%
La mortalidad materna a nivel nacional tiene su principal causa en las muertes obstétricas directas 78%
y el segundo gran rubro constituyen las muertes por aborto.
El 83% de mujeres en edad fértil conocen de los métodos anticonceptivos, y apenas el 39% utilizan
estos métodos, es decir menos del 50% de las mujeres entre 15 y 49 años.
- Responsabilidad del cuidado es mayoritariamente de las mujeres
La responsabilidad del cuidado diario de los niños y niñas pequeños recae mayoritariamente en sus
madres. En el 2004, casi ocho de cada diez niños y niñas menores de cinco años (77%) permanecía la
mayor parte de los días laborables al cuidado de sus madres. En contraste, sólo el 4% de los padres
tenía esta responsabilidad. El papel tanto de las madres cuanto de los padres en el cuidado infantil
era mayor en el campo (82%) que en las ciudades (75%) y menor en las ciudades principales. El papel
de los padres en el cuidado de los niños/as era menos importante en Machala (2%). La proporción
de niños/as cuidados por sus madres era igual en los hogares indígenas que en los no indígenas. La
provincia en donde la responsabilidad de las madres es mayor es Napo (86%) y menor, Cañar (70%).
Las madres son las principales responsables de ayudar a sus hijos/as en la educación formal y escu-
char sus inquietudes. En el 2004 el diálogo pasó a ser la actividad que los niños y niñas más comparten
con sus madres; cuatro años antes, la interacción principal de madres e hijos se daba en las labores del
hogar. El 42% de los niños/as afirmó dialogar con sus mamás, una proporción bastante más alta que
aquella que conversa con sus papás (33%).
Los deberes escolares es otras actividades que los niños y niñas realizan típicamente con sus madres:
mientras el 23% de los niños/as obtiene ayuda de sus madres en las tareas educativas, apenas el 11%
la obtiene de sus padres. Los padres de la Costa –y en particular de la provincia de Los Ríos— son los
que menos intervenían en las tareas escolares de sus hijos (8% frente al 14% en las otras regiones).
Existen diferencias entre los varones y las niñas en cuanto a su interacción con sus padres y madres.
Por ejemplo, en el 2004, una proporción mayor de varones (39%) que de niñas (30%) jugaba o hacía
deportes con sus papás. En cambio, más niñas (38%) que niños (26%) realizaba labores domésticas
con sus mamás. De igual manera, más varones (13%) que niñas (7%) compartían tareas productivas
con sus papás. Es interesante notar que más niñas que varones dialoga con sus papás (35% y 31%,
respectivamente).
FUENTE: CONAMU, INEC), UNIFEM, Mujeres y hombres del Ecuador en cifras II, Quito, noviembre, 2005.
FUENTE: Los niños y niñas del Ecuador: Un retrato a partir de la Encuesta nacional de hogares del 2004, Consejo Nacional de la Niñez y Ado-
lescencia, Secretaría Técnica del Frente Social, Instituto Nacional de Estadística y Censos y el Consejo Nacional de las Mujeres, 2005.
46
3.3 Iniquidades generacionales
La niñez ecuatoriana pertenece desproporcionadamente a los hogares más pobres.
En el 2004, el 20% más pobre de hogares tenía la mayor proporción de niños/as (25%), en tanto que
el quinto más rico tenía la menor proporción (13%). Esta estructura de la población según capacidad
adquisitiva de los hogares no tuvo cambios en los últimos cinco años.
La pobreza afecta más a los niños y niñas que a los adultos. En el 2004, más de la mitad de los ecua-
torianos y ecuatorianas que no han cumplido 18 años (63%) vivía en hogares que disponen de $2 o
menos para su subsistencia diaria. En contraste, el 53% de la población mayor de edad vivía en estas
condiciones. Esto quiere decir que, hoy en día, más de 2.600.000 niños y niñas pertenecen a familias
que sufren privaciones o riesgos en la satisfacción de sus necesidades básicas de alimentación, vivien-
da, educación y salud.
La pobreza de ingresos varía notablemente a lo largo del territorio del país. La incidencia de la pobreza
en la niñez es mayor en la Amazonía que en las otras regiones. En las provincias amazónicas, el 73%
de los menores de 18 años vive en la pobreza. En la Costa, la pobreza afecta al 69% de los niños y
niñas y, en la Sierra, al 55%.
La pobreza afecta más a los niños y niñas de hogares indígenas y afroecuatorianos. La proporción de
niños y niñas de hogares con ascendencia indígena o afroecuatoriana que viven en la pobreza es mayor
que la proporción de blanco-mestizos. La pobreza afecta al 60% de la niñez perteneciente a hogares
hispanohablantes o blanco-mestizos, en comparación con el 77% de la niñez que pertenece a hogares
en los cuales se habla una lengua indígena o sus miembros se identifican a sí mismos como indígenas,
y al 72% de los niños/as de hogares en los cuales uno o más miembros se identifican como “negros”
o “mulatos”.
Menos de 1 de cada 10 niños y niñas del país habla otro idioma además del español. El 1% de los ni-
ños/as de 5 a 17 años habla un idioma extranjero y el 6% habla una lengua nativa. Los niños y niñas que
hablan un idioma extranjero están concentrados en las ciudades; la probabilidad de hablar un idioma
extranjero está, además, asociada al nivel socioeconómico de los hogares: el 4% de los niños/as que
pertenecen al quinto de hogares más ricos ha aprendido un idioma extranjero o lo está aprendiendo, en
tanto que en el estrato de hogares más pobres prácticamente no existen otros idiomas.
La mayoría de la niñez que habla lenguas nativas se concentra en el campo de la Sierra y en la Amazo-
nía. El 6% de los niños de 5 años y más habla una lengua indígena de manera bilingüe o monolingüe.
47
La desnutrición infantil continúa siendo un problema particularmente grave en el campo. A pesar de la
tendencia hacia la reducción de la desnutrición en las últimas dos décadas, persisten enormes diferen-
cias sociales en su incidencia. En el 2004, el doble de niños/as del campo que de las ciudades tenía
deficiencias de talla (desnutrición crónica): 31% y 15%, respectivamente. Asimismo, el porcentaje de
niños/as del campo que exhibía deficiencias de peso (desnutrición global) era 50% más alto que en las
ciudades (9% y 14%,respectivamente).
Las diferencias regionales en la incidencia de la desnutrición se han mantenido sin cambio. El problema
de la desnutrición es particularmente grave en la Sierra y en la Amazonía; en estas dos regiones cerca
del 30% de los niños/as mostró atrasos en su talla o peso, en comparación con el 20% de los niños/as
de la Costa. El problema es particularmente serio en Chimborazo y Cotopaxi, donde cerca de la mitad
de los niños/as muestran indicios de desnutrición crónica o global (47% y 40%, respectivamente). Ocho
provincias tienen tasas de desnutrición superiores al 30%. El Oro y Guayas, en el otro extremo, son las
provincias con menor incidencia de la desnutrición (15% y 19%, respectivamente).
La desnutrición afecta mayormente a los niños/as que viven en la pobreza. En el 2004, cerca de tres
de cada 10 niños/as (32%) que pertenecían a hogares con ingresos por debajo de la línea de pobreza
mostraba indicios de retraso en su talla o peso.
Los niños y niñas del país están expuestos a una variedad de castigos. En el 2004, las reacciones más
frecuentes de los padres a las faltas o desobediencia de sus hijos fueron el regaño (80%), el diálogo
(53%), los golpes (40%), la privación de gustos (34%) o la indiferencia (5%).
El castigo violento es parte de la vida cotidiana de los niños y niñas en edad escolar. Los niños/as en
edad escolar están más expuestos a los golpes que los adolescentes: el 49% de los niños y niñas en
edad escolar (6 a 11 años) son castigados con golpes, en comparación con el 29% de los adolescentes
(12 a 17 años).
La mitad de los niños y niñas ecuatorianas siente que sus padres toman en cuenta su opinión. En el
2004, el 50% de los niños y niñas consideraba que su voz es tomada en cuenta en todo momento en
sus hogares. Adicionalmente, el 43% sentía que sus opiniones cuentan en ciertos momentos. Apenas
el 5% de los niños y niñas manifestó que su voz no es respetada de manera alguna en sus hogares.
La cuarta parte de los niños/as menores de cinco años sufre de algún tipo de retardo en su desarrollo
físico. En el 2000, el 29% de los niños/as mostró deficiencias en su crecimiento ya sea por desequi-
librios nutricionales crónicos o recientes. En el 2004, los niños/as afectados por algún retraso en su
crecimiento bajó al 25%.
Los alumnos del campo, los pobres y los indígenas sienten que sus profesores no respetan sus voces.
La percepción de los niños y niñas sobre el respeto que sus profesores tienen por sus opiniones es si-
milar en las tres regiones del país. Pichincha y El Oro sobresalen como las provincias donde más niños/
as (44%) sienten que su voz siempre cuenta para sus profesores; en contraste, en Orellana y Sucum-
bíos solo una cuarta parte de los niños/as percibe una actitud permanente de respeto en sus maestros.
Pero existen tres grupos que tienen una apreciación más negativa sobre la actitud de sus profesores.
Primero, el 29% de los niños/as del campo siente que sus voces siempre cuentan en sus escuelas y
colegios en contraste con el 42% en las ciudades. Entre los grupos indígenas la proporción de niños/
as que sienten un respeto permanente de parte de sus profesores es menor que en el resto de la po-
blación (36% y 32%, respectivamente. La mayor diferencia, sin embargo, en el respeto a la voz de los
niños/as por parte de los profesores está asociada al nivel socioeconómico: el 50% de los niños/as per-
teneciente al quinto de hogares más rico considera que su voz es siempre respetada, en comparación
con el 32% de aquellos del estrato de hogares más pobres. Es más, el doble de niños/as pobres que
de ricos siente que su voz nunca cuenta para sus profesores (3% y 6%, respectivamente).
FUENTE: Los niños y niñas del Ecuador: Un retrato a partir de la Encuesta nacional de hogares del 2004, Consejo Nacional de la Niñez y Ado-
lescencia, Secretaría Técnica del Frente Social, Instituto Nacional de Estadística y Censos y el Consejo Nacional de las Mujeres, 2005.
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49
3.4 Iniquidades en relación a pueblos indígenas,
afro ecuatorianos y montubios
Sin duda los pueblos indígenas y la población afroecuatoriana siguen siendo los grupos culturales
que viven en peores condiciones. La incidencia de la pobreza en estos grupos es superior no sólo al
promedio nacional, sino al promedio de la población blanca y mestiza. Mientras el nivel promedio de
pobreza de los blancos y mestizos oscila alrededor del 50% (40 y 60% respectivamente), esos prome-
dios se incrementan sustancialmente para las poblaciones indígena (90%) y afro ecuatoriana (70%); 9
de cada 10 indígenas y 7 de cada 10 afroecuatorianos/as no están en condiciones de solventar sus
necesidades.
Cabe aclarar que estos datos, como son promedios, también esconden las brechas que existen en
cada grupo cultural.
Otros indicadores que dan cuenta de la desigualdad entre grupos culturales son el nivel de escolaridad
y el analfabetismo. Mujeres y hombres indígenas y afro ecuatorianos constituyen, nuevamente, los gru-
pos con los niveles más bajos de escolaridad y las mayores tasas de analfabetismo. A diferencia de los
blancos y mestizos, cuyo nivel de escolaridad promedio supera los 7 años, y su tasa de analfabetismo
es del 8% el nivel de escolaridad de los indígenas es de 3 años y la tasa de analfabetismo del 28%
mientras que la de los afroecuatorianos es de 6 años y 12% respectivamente.
La situación se repite cuando revisamos la salud y el acceso a los servicios sociales. Bastan algunos
datos: el 59% de niños y niñas indígenas sufre de desnutrición crónica, frente al 26% de menores no
indígenas, y el 93% de la población indígena y afro no tiene acceso a los servicios sociales. La des-
igualdad también es evidente en la estructura del empleo y la tenencia de la tierra.
Apenas el 39% de afroecuatorianos está dentro del rango de población económicamente activa, cata-
logadas como de bajo perfil: construcción, servicio doméstico y otros. Sobre la estructura de tenencia
de la tierra encontramos que el 80% de indígenas controla menos de 13% de las tierras…dato alarman-
te si tenemos en cuenta que un buen porcentaje de dicha población aún vive de la agricultura.
FUENTE: Granda M., Sebastián, y Alexandra Martínez Flores, eds. Derechos de los pueblos indígenas del Ecuador. Guía para facilitar talleres.
Quito, Universidad Politécnica Salesiana y Red Internacional de Estudios Interculturales, 2007
3.5 Iniquidades en las personas con discapacidad
Más de 1.6 millones de personas con discapacidad
184.336 hogares ecuatorianos con al menos una
persona con discapacidad
116.196 hogares de la Sierra con al menos una per-
sona con discapacidad
Del total de la población del Ecuador, el 13,2 % son personas con algún tipo de discapacidad (1`600.000
personas), y podemos señalar que en el país existen aproximadamente: 592.000 personas con disca-
pacidad por deficiencias físicas
- 432.000 personas con discapacidad por deficiencias mentales y psicológicas.
- 363.000 personas con discapacidad por deficiencias visuales.
- 213.000 personas con discapacidad por deficiencias auditivas y del lenguaje.
En Ecuador hay 1.608.334 personas con alguna discapacidad, que representa el 12.14% de la pobla-
ción total.
El 6% de los hogares ecuatorianos tiene al menos un miembro con discapacidad. El 8% de los hogares
rurales tienen alguna persona con discapacidad, frente al 5% de hogares urbanos.
El 8% de las familias de la Sierra tiene al menos un miembro con discapacidad. Este porcentaje es
superior a los porcentajes encontrados en la Región Costa (4%) y Amazónica (6%).
Las provincias más afectadas por la discapacidad son las de: Loja , Cañar, Bolívar y Cotopaxi, cuyos
porcentajes de hogares con al menos una persona con discapacidad sobrepasan al porcentaje nacio-
nal en más de 4 puntos.
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51
Más mujeres que hombres con discapacidad
Las condiciones negativas de salud son las causas
más frecuentes de limitación infantil
Más de 640 mil personas tienen limitación grave
Más de 100 mil personas necesitan cuidado personal
permanente
Participar en actividades recreativas sociales es la
limitación grave más frecuente
Cerca de 830 000 mujeres en Ecuador tienen discapacidad (51,6%), mientras que el número de hom-
bres con discapacidad es 778594 (48,4%). Esta distribución no es igual a la distribución de la población
nacional por sexo que es: mujeres 50.3% y hombres 49.7%, demostrando que existe mayor disca-
pacidad en las mujeres. Sin embargo, no en todas las edades es mayor el número de mujeres con
discapacidad:
De los menores de 5 años con limitaciones, el 80% reportó como causa originaria alguna condición ne-
gativa de salud: enfermedades hereditarias y adquiridas, problemas al momento del parto, infecciones
y mala práctica médica. La condición negativa de salud es reportada a nivel rural como el 91% de las
causas de las limitaciones, en comparación con el 73% en el sector urbano.
En el país, se encontró que el 4.8% de la población mayor de cinco años tiene limitación grave en la
actividad y restricción en la participación, lo que corresponde a 640183 personas. Es decir, son perso-
nas con discapacidad que tienen un bajo o ningún nivel de autonomía, que a pesar de utilizar ayudas
técnicas o personales, presenta un nivel de funcionamiento muy restringido.
De la población que presenta una sola limitación, la más frecuente es la relacionada con la recreación
social que afecta al 9% de le las personas con limitación grave de 5 años y más (60240 personas).
Seguida por la limitación para aprender y estudiar (4%), y trabajar remuneradamente (3.4%).
El 38% de la población discapacitada con limitación grave, necesita del cuidado permanente de otra
persona. El 52% de los cuidadores permanentes son los padres, generalmente las madres.
De la población infantil ecuatoriana menor de 5 años, los niños y niñas con discapacidad infantil re-
presentan el 1.4%. De ellos el 76% tiene alguna deficiencia y el 24% presenta alguna limitación en la
actividad.
Entre los menores de cinco años con limitaciones, el 56.7% son niños y el 43.3% son niñas.
En el grupo de edad de 5-40 años con discapacidad, el 53% son hombres y el 47% son mujeres.
En la población con discapacidades de 41 años y más de edad, el 54% son mujeres y el 46% son
hombres.
-
-
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Movilizarse es la limitación moderada más frecuente
Las condiciones negativas de salud son la causa más
frecuente de discapacidad en la población de 5 años
y más
La distribución de la pobreza en la población con dis-
capacidad es heterogénea en las distintas provincias
del país:
Las personas con discapacidad con personas con
limitación grave participan poco en las asociaciones
366 mil personas registran tener dificultad moderada para caminar, correr, subir gradas. 101700 pre-
sentan dificultad para coger cosas. La dificultad para ver aún utilizando anteojos afecta a 176900
personas.
Las enfermedades heredadas y adquiridas, los problemas al momento del parto, las infecciones y la
mala práctica médica son las principales causas de discapacidad en la población de 5 años y más
(65%).
Los accidentes como causa de discapacidad afectan más a la población masculina de 20-64 años
(19%) y las condiciones negativas de salud, afectan más a las mujeres en las mismas edades (53%).
En Bolívar, Chimborazo, Carchi, Morona y Loja viven las personas con discapacidad más pobres.

En Bolívar y Chimborazo el 70% de la población con discapacidad está ubicada en los quintiles 1 y 2.
En las tres provincias restantes, más del 60% de personas con discapacidad son pobres ubicados en
los mismos quintiles.
El 15% de los entrevistados reporta estar asociado a alguna organización religiosa, el 7% a una organi-
zación social y el 5% a asociaciones de personas con discapacidad.
FUENTE: La información en su totalidad de esta investigación se encuentra en el libro “Ecuador: La discapacidad en cifras.
http://www.conadis.gov.ec/investigacion04.htm#2004 visitada el 26 de octubre de 2009
http://www.conadis.gov.ec/estadisticas.htm#estadis visitada el 26 de octubre de 2009
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4. LOS DERECHOS DEL BUEN VIVIR (Sumak Kawsay)
Históricamente, la educación, la salud, la seguridad social y muchos otros derechos han estado atados
a procesos sociales de iniquidad social, económica, política y discriminación social y étnica.
La escuela, el colegio y la universidad, los hospitales, los centros de salud se convirtieron en institucio-
nes que reproducían los esquemas sociales en los que unas personas eran consideradas “superiores”
y otras personas eran tratadas como “inferiores”.
A lo largo de todas las regiones del Ecuador podemos encontrar experiencias de hombres y mujeres
que recuerdan, en estos ámbitos, actos de agresión permanente a su cultura, a su condición social y
económica, a su condición de género o a alguna característica especial que tenían las personas.

Una de las discriminaciones es hacia la cultura de los diversos grupos, pueblos y nacionalidades indí-
genas, afroecuatorianos, montubios, mujeres, GLBTI, entre otros. Por ejemplo a los grupos indígenas
se les prohibía el uso de su idioma materno, se les prohibía el uso de su vestimenta, de sus tradiciones,
de su espiritualidad, de sus formas de vivir y de sentir. Se les prohibía manifestar sus dimensiones cul-
turales. Se exigía, además, asumir las características de la cultura mestiza, argumentando que solo así
podrá desarrollarse como ser humano y ser productivo para la patria.
El movimiento indígena, afroecuatoriano, montubio, de mujeres y otros grupos sociales y culturales rea-
lizaron largas jornadas de lucha por el reconocimiento de sus identidades y sus derechos, para lograr
romper ese imaginario y asumir propuestas que recojan estas diversidades.
Así se puede entender por ejemplo sus propuestas de “educación intercultural”. Una educación que dé
cuenta de su cultura, de sus necesidades y que pueda generar procesos reconociendo su historia y sus
aportes. En el caso de las mujeres, otro ejemplo es la lucha por el reconocimiento de la violencia intra-
familiar y de género como un asunto de salud pública que todos como sociedad, debemos erradicar.
Para el pueblo afroecuatoriano, el racismo constituye uno de los principales obstáculos para el desa-
rrollo humano y la garantía de los derechos y ejercicio de la ciudadanía en condiciones de igualdad.
Generar acciones afirmativas de reparación y compensación, requieren de acciones concretas de inclu-
sión a la vida social, política, económica y cultural de las victimas históricas del racismo.
Desde esta perspectiva, podemos entender el significado del reconocimiento de la unidad nacional en
la diversidad, de lo intercultural, el derecho a la no discriminación, como elementos básicos en la nueva
Constitución ecuatoriana.
Elementos constitutivos del Estado
El Ecuador es un Estado constitucional de derechos y justicia, social, democráti-
co, soberano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico. Se orga-
niza en forma de república y se gobierna de manera descentralizada.
La soberanía radica en el pueblo, cuya voluntad es el fundamento de la autoridad,
y se ejerce a través de los órganos del poder público y de las formas de partici-
pación directa previstas en la Constitución.
Los recursos naturales no renovables del territorio del Estado pertenecen a su
patrimonio inalienable, irrenunciable e imprescriptible.
Art. 1
56
Hoy necesitamos reconstruir un sistema educativo, de salud, de seguridad social acorde con las ne-
cesidades, intereses anhelos sueños de los diferentes pueblos, grupos o nacionalidades, hombres,
mujeres, diversidades sexuales, entre otros.
En esta nueva forma de entender lo intercultural, el Estado, las familias, la organización y la comunidad,
son co-gestoras en el diseño de todo el proceso de construcción de las nuevas políticas en estos ám-
bitos y que la Constitución determina como Derechos del Buen Vivir.
Es necesario reflexionar como reconstruimos un sistema desde las instancias del Estado que articule
estos derechos respetando las identidades individuales y colectivas, superando situaciones de iniqui-
dad social y económica y discriminación por motivos culturales, de género, generacional, de identidad
sexual, entre otras.
¿Cuáles son los derechos del buen vivir en la Constitución? ¿Cómo el Estado debe trabajar sus políti-
cas para reducir la iniquidad y la discriminación social? ¿Cómo participamos en este proceso? PARA
CUADERNO DEL BUEN VIVIR.
Garantizar sin discriminación alguna el efectivo goce de los derechos estable-
cidos en la Constitución y en los instrumentos internacionales, en particular
la educación, la salud, la alimentación, la seguridad social y el agua para sus
habitantes.
Garantizar y defender la soberanía nacional.
Fortalecer la unidad nacional en la diversidad.
Garantizar la ética laica como sustento del quehacer público y el ordenamiento
jurídico.
Planificar el desarrollo nacional, erradicar la pobreza, promover el desarrollo
sustentable y la redistribución equitativa de los recursos y la riqueza, para
acceder al buen vivir.
Promover el desarrollo equitativo y solidario de todo el territorio, mediante el
fortalecimiento del proceso de autonomías y descentralización.
Proteger el patrimonio natural y cultural del país.
Garantizar a sus habitantes el derecho a una cultura de paz, a la seguridad
integral y a vivir en una sociedad democrática y libre de corrupción.
Art. 3
1.-
2.-
3.-
4.-
5.-
6.-
7.-
8.-
Son deberes primordiales del Estado:
57
UNIDAD 3
SUJETOS PARA LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL
Objetivos
Al finalizar esta unidad las personas participantes estarán en condiciones de:
- Analizar cómo el reconocimiento y la valoración de las identidades individuales y colectivas constituye un elemento
fundamental en la constitución de los sujetos para la transformación social.
- Identificar qué es el poder y cuáles los hilos que lo mueven y entenderemos la necesidad y posibilidad del
empoderamiento
En esta unidad analizaremos cómo el reconocimiento, la valoración y el empoderamiento de las identi-
dades individuales y colectivas constituyen un elemento fundamental en la construcción de los sujetos
sociales del cambio y la transformación social, ya que brinda a la persona:
- Conocimientos iniciales que son compartidos en relación a medios y ámbitos de la acción.
- Formas y espacios de relación, lo que les permite adoptar decisiones o pautas de comportamientos
colectivos.
- Motivaciones y sentimientos compartidos, que permite que las personas se reconozcan.
- Toma de conciencia de su lugar en la sociedad, de su relación con los otros y de la multiplicidad de
relaciones de poder existentes, como un momento previo para asumir individual y colectivamente la
necesidad de liberarse, de transformar la realidad.
La identidad forma parte de actores-sujetos y constituye la representación de su ser social. Ejemplos
de este SER SOCIAL son los campesinos/as, juventud, mujeres, indígenas, afroecuatorianos, montu-
bios, diversidades sexuales entre otros. Cada uno de ellos tiene una forma de existencia material, un
conjunto de relaciones sociales y una IDENTIDAD.
En nuestra sociedad, las identidades colectivas pueden expresarse de muchas maneras: adaptación,
resistencia, formas de identidad democratizadoras y también autoritarias, de emancipación y de sojuz-
gamiento. Esto se expresa en la presencia de conflictos sociales, económicos y políticos.
En el discurso se dice que es importante la diversidad de una sociedad ya que ayuda a la existencia
de una “cultura democrática”; sin embargo, la realidad nos muestra que también existen identidades
que se sientan en la exclusión o negación del/a otro/a, en su dominación, en su exclusión (por ejemplo
la exclusión de los pobres, las mujeres, niños/as) Esto nos llama a tener mejor claridad sobre estas
situaciones que se dan en función de poder superarlas.
1. RELACIÓN ENTRE IDENTIDADES –
ACTORES – SUJETOS.
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Las identidades colectivas están fuertemente ligadas con la política, puesto que por un lado, la política,
vista como un conjunto de ideas y valores que proyectan un modelo de sociedad, relaciones y enfren-
tamientos entre los diversos grupos que expresan esos modelos desde sus propios intereses, hace
referencia a la naturaleza de identidades; y por otro lado, las identidades colectivas, influencian en la
manera y formas del ser político, tanto en la configuración de ideas y valores, cuanto en la constitución
de actores y sujetos, y en la práctica activa de la política.
Para tener mayor claridad de los procesos de empoderamiento revisemos qué es el poder y la forma
como lo experimentamos.
Para Max Weber el poder es toda posibilidad de imponer la voluntad propia sobre los demás y también
el ejercicio de la influencia.
En el ámbito político social, el concepto más adecuado sería el de dominación, entendida como obe-
diencia frente a un mandato, basado en la voluntad de obediencia de los individuos dominados por
cualquier poder y la creencia de la legitimidad de la dominación.
El poder no solo se encuentra en las estructuras sociales, sino atraviesa y se ejerce en todas las rela-
ciones humanas.
El poder no es un atributo natural, sino construido y para ser tal debe ser ejercido continuamente. El
poder se manifiesta en todas las acciones del quehacer humano.
2. VÍNCULOS ENTRE IDENTIDAD Y PILÍTICA: una relación
de ida y vuelta
3. EL PODER Y EL EMPODERAMIENTO
4. El PODER Y LA AUTONOMÍA DE LOS
SUJETOS SOCIALES
La relación de poder en la mayoría de los casos está basada en la dominación-subordinación, que
significa beneficiarse y abusar de otro/a ser humano.
La historia del Ecuador de los últimos 30 años está marcada por la imposición de un modelo de desa-
rrollo neoliberal, cuyo paradigma es el mercado y la competencia, que según sus propugnadores debía
brindar a las personas un Estado de “Bienestar”.
La aplicación de este modelo en Latinoamérica afectó en mayor medida a determinados sectores so-
ciales. Se imponen una serie de reformas económicas y de ajuste estructural, que se sustentaron en la
liberación de los precios, la disminución de la intervención del Estado en la economía, la eliminación de
subsidios, la liberalización de las importaciones, entre otros. Si a esto le agregamos todos los rezagos
culturales de un sistema colonial de hacienda, un sistema patriarcal cuyo modelo se reproduce en las
instituciones, en quienes detentaron los poderes políticos y respondían a intereses económicos y de
grupo, es posible entender que se produjo una agudización de las iniquidades sociales, afincadas en
un ejercicio de poder arbitrario.
59
Este ejercicio de poder, así como puede reflejarse en los crecientes niveles de pobreza: la falta de
acceso a la salud, educación de muchos sectores sociales, la impunidad de banqueros que afectaron
a millones de ecuatorianos y ecuatorianas, también pueden ser difíciles de notar porque pareciera que
fueran naturales, como la prohibición de que una mujer salga de la casa porque así lo quiere el padre, el
hermano o el esposo. Porque se considera que no está bien que una mujer salga de su casa, a hacer
cosas de hombres.
Esta manera de relacionarse no solamente se da entre hombres y mujeres sino entre todas aquellas
personas que tienen poder sobre otras: la madre sobre el hijo, el hermano mayor sobre el hermano
menor, el jefe sobre el empleado y los gobernantes sobre los gobernados.
En esta relación de poder se anula la autonomía, es decir la capacidad de las personas de decidir sobre
sus propias vidas, individuales y colectivas. Aún ahora, que las relaciones de género se van modifi-
cando hacia la equidad, es común oír decir a las mujeres: “no puedo ir a la sesión del barrio, porque mi
marido no me da permiso”.
Con las niñas y niños, con las y los jóvenes, se considera que formarlos para la autonomía es peligroso.
Las familias y la sociedad, especialmente las instituciones educativas tienden al adoctrinamiento, al
control, a la prohibición, cuando en realidad, lo que se requiere es garantizarles sus derechos; que las
personas crezcan en ambientes afectivos, responsables, sean valorados, escuchados, que los límites y
normas sean acordados con ellos y ellas para su protección y no para el abuso.
Las relaciones sociales son dinámicas, cambiantes y existe la posibilidad de generar transformaciones
necesarias para superar y evitar estas formas iniquitativas e injustas de las relaciones y del ejercicio
del poder.
Para que estas decisiones y poderes sobre nosotras/os mismas/os sea positiva y contribuya a la cons-
trucción de sujetos sociales colectivos que aporten a la transformación social, es necesario contar con
herramientas y medios que lo faciliten.
Podemos nombrar los siguientes medios:
a. Medios no materiales
Es la toma de conciencia de nuestra identidad individual y colectiva, valoración de lo que somos y
de nuestras capacidades para incentivar el ejercicio pleno de los derechos civiles, sociales, políticos,
económicos y culturales.
b. Medios materiales
Son aquellas condiciones que deben proveerse desde las instituciones del Estado y la sociedad desde
la exigencia y la propuesta, para que se produzca la democratización y la redistribución de los recursos
económicos, sociales y culturales que aseguren condiciones para alcanzar el Buen Vivir, por ejemplo:
condiciones de acceso a los servicios de salud, de educación, contar con un empleo o trabajo es fun-
damental.
4.1 Medios para el ejercicio del poder y autonomía
60
La autovaloración y el reconocimiento de las identidades individuales y colectivas, construye sujetos
sociales autónomos en distintos ámbitos:
- Autonomía física: disfrute y autocontrol del propio cuerpo, sexualidad y cuidado de la salud.
- Autonomía económica: acceso y control equitativo de los recursos.
- Autonomía Política: ejercicio de derechos políticos, incluyendo autodeterminación para escoger y ser
parte de organizaciones, instituciones, movimientos, credos religiosos y movilización pública para
exigir el cumplimiento de sus propuestas.
- Autonomía socio-cultural: derecho a una identidad independiente, sentimiento de valor propio y
sentimiento de autoestima.
- Autonomía para el desarrollo: participar como actoras/es y beneficiarias/os de los procesos de desarrollo.
Estas manifestaciones de autonomía no se pueden entender por separadas, sino como un proceso
único, en donde los seres humanos buscan el reconocimiento de su integralidad, convirtiéndoles en
sujetos de derechos.
La autonomía personal es importante para aportar a los procesos de construcción de identidades co-
lectivas. Las personas que se reconocen como portadoras, como titulares de derechos tienen mayor
apertura a buscar a pares, a organizarse, a pelear por sus derechos individuales y colectivos.
Si hacemos una comparación entre estos conceptos y nuestra vida diaria, confirmamos que el ejercicio
del poder tradicionalmente beneficia a aquellos grupos que han tenido mayores oportunidades y quie-
ren seguir así para mantener sus beneficios, a pesar de que esto produzca iniquidades y exclusiones,
favoreciendo a unos pocos en contra de la gran mayoría.
La autonomía es un proceso dinámico, cambiante e interno. Es lograr
que las personas, puedan percibirse en la diferencia, encontrar los propios
valores, reconocer las relaciones de poder desiguales en las que viven y
valorarse como ciudadanas con igualdad de responsabilidades y derechos y
capacidad para transformar la realidad que viven. Construirse como actores
de su propio cambio.
Por estas razones planteamos que una forma de superar esa injusticia es
la búsqueda del empoderamiento, desde los grupos empobrecidos, exclui-
dos, y discriminados.
61
5. COSNTRUCCIÓN DEL PODER CIUDADANO Y
PODER SOCIAL
El poder social es la respuesta que dan actores excluidos a la forma tradicional del poder, que se ha
entendido como poder sobre o hacia.
En los procesos de construcción del poder ciudadano y poder social cimentado en la construcción de
actores sociales, las organizaciones, los movimientos, buscan una forma más democrática de ejercicio
del poder que implique poder desde y con.
En términos generales el poder social como una forma de empoderamiento desde la búsqueda y
práctica del poder, de acuerdo a las necesidades propias de cada grupo en búsqueda de la equidad
en todos los ámbitos materiales e inmateriales de la vida.
Para lograr empoderamiento es fundamental primero tomar conciencia de
la situación actual. Sin un proceso de concienciación es difícil construir un
proceso de empoderamiento, que desemboque en un poder social para el
cambio y la transformación que nos permita trascender el individualismo.
62
6. EL EMPODERAMIENTO PARA SUPERAR
LAS INIQUIDADES
El proceso de empoderamiento, entonces, significa potenciarse, sin entrar en relaciones de domina-
ción, cambiar las relaciones iniquitativas de modo que los grupos menos favorecidos amplíen su poder,
oponerse a la dominación de otros y a la vez llevar a cabo un proceso de autodeterminación sin lesionar
los intereses de los demás. En este proceso son fundamentales el relacionamiento, articulación y vin-
culación a redes de apoyo con otros grupos sociales que compartan visiones, intereses y demandas.
En el caso de las mujeres y los jóvenes por ejemplo, significa ganar poder por sí mismas mediante
acciones participativas individuales y colectivas, para superar la imposibilidad de incidir en las decisio-
nes que las afectan directamente. Es un proceso de auto confianza, autoestima y formación, que les
permite construir relaciones familiares y sociales equitativas.

En la obtención del empoderamiento es necesario reflexionar sobre las formas en que se muestra la
situación de iniquidad y uso del poder, que están descritas en las relaciones de dominación y subordi-
nación.
El empoderamiento significa cambiar el ejercicio iniquitativo del poder, porque produce exclusiones y
dominación entre quienes lo tienen y quienes no lo tienen para construir una sociedad más equitativa.
Ejemplo: Los adultos sobre las mujeres, los adultos sobre niños/as y jóvenes, ricos sobre pobres, los
jóvenes sobre las jóvenes,
Debemos reflexionar y conocer lo mejor posible la situación y las formas como se dan estas discrimi-
naciones e iniquidades y transformar las estructuras (leyes, valores, actitudes, creencias) que generan y
reproducen esa discriminación y la exclusión social, tanto en lo privado como en lo público.
Debemos tener claro que esto sucede en una compleja red de relaciones sociales, económicas, po-
líticas, culturales, religiosas; en ella existen diferentes actores que ejercen formas de poder variadas y
diferentes a la vez se ejerce y ejercen poder sobre cada persona. En consecuencia es necesario que
evitemos reducciones facilistas y etiquetar a las mujeres como únicas victimas y a los hombres como
los abusadores del poder, ya que todos/as en algún momento hemos ejercido poder sobre otras per-
sonas.
Un espacio privilegiado para el empoderamiento es la política, entendida como todos aquellos espacios
de relación entre diferentes actores: madre/padre e hijos/as, mujeres y hombres, entre diferentes gru-
pos étnicos, económicos, donde se plantean las diferentes posiciones y maneras de vivirlas.
Todas éstas relaciones son siempre políticas y estas formas de ver a la política no son usuales, ya que
el poder –en sociedades dominadoras equivale a controlar a otros/as- es algo que solo los gobernantes
deben tener.
Hablamos, entonces, de un poder positivo, creativo, productivo, proactivo,
es decir un poder para, no un poder sobre...
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Entonces a partir de esta forma revolucionaria de ver el ejercicio del poder,
debemos encaminar todos nuestros esfuerzos hacia la construcción del po-
der social, creando estrategias, redes para generar y consolidar procesos
de emancipación, desarrollo y crecimiento personal y colectivo.
La autoestima es condición necesaria para consolidar la autonomía y ésta
para reforzar el empoderamiento y construir un poder social
El empoderamiento supone la conquista de 4 clases de poderes:
- Social: Información, conocimiento, acceso a organizaciones sociales y recursos financieros.
- Político: Acceso a procesos democráticos de toma de decisiones que les afecten.
- Psicológico: Sentido del poder individual que se demuestra en la autoestima personal.
- Simbólico-cultural: Cuando las percepciones culturales alrededor de las “naturalizaciones” cambien y
sean conceptos naturales como equidad de género y generacional, equidad económica y demás.
Por último, la consideración más importante que se debe analizar sobre el empoderamiento es que nadie
puede empoderar a otro u otra. Este se logra a través del involucramiento y del propio esfuerzo que ponga
cada persona. El empoderamiento al ser un proceso de cambio, implica confrontación -negociación- con-
frontación, siempre con el objetivo de transformar las relaciones sociales iniquitativas y discriminatorias.
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