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Inviolabilidad del domicilio y los registros privados

El artículo 18 de nuestra constitución nacional establece que el domicilio es
inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y
una ley determinara en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su
allanamiento y ocupación.
Esta garantía constitucional tiene como objetivo proteger al individuo contra la
búsqueda de información concerniente al ámbito privado sin una autorización
expresa por parte de juez.
Es importante destacar que el vocablo domicilio, debe ser interpretado en forma
extensiva y debe entenderse por tal, tanto a la vivienda particular, como así
también al ámbito donde se desarrollan las actividades comerciales o
profesionales inherentes a la actividad personal regular.
La búsqueda de información en los anteriormente mencionados ámbitos privados,
solo es admisible ante la presencia de una orden de allanamiento o registro en la
cual se encuentre precisado el lugar que será objeto del registro y lo que se desea
encontrar.
Las excepciones a esta garantía acontecen en los casos en que la situación o
riesgo de muerte amerite en el ingreso de la autoridad a un domicilio privado sin
la orden correspondiente.
Con respecto al allanamiento de lugares públicos existe un régimen especial
cuando este se produzca dentro de los horarios en que el publico concurra a
dichos lugares. Pero es importante destacar que la excepción no incluye la
facultad de registrar a las personas que se encuentren allí.
En el eventual caso de que se necesite buscar algo sin efectuar interferencia en
las actividades regulares de las personas y en los casos en que no se afecte la
intimidad de las mismas, la autoridad no necesitará contar con la mencionada
orden.
No debemos olvidar la protección de esta garantía con respecto a la
correspondencia y documentos privados, los cuales no son susceptibles de ser
examinados sin una orden expresa del juez.
Se encuentran protegidos por esta garantía las cartas, documentos,
comunicaciones telefónicas, faxes y registros informáticos.
Tampoco pueden ser utilizadas en proceso penal las comunicaciones entre el
abogado defensor y el imputado ya que se estaría impidiendo el derecho de
defensa del imputado.
Por consiguiente, de lo precedentemente expuesto, se desprende la
inadmisibilidad del allanamiento del domicilio o de documentos privados en el
proceso penal llevado a cabo.

PRI NCI PI OS QUE LI MI TAN LA FACULTAD DEL ESTADO PARA RECOLECTAR
I NFORMACI ON

Dentro de la etapa preparatoria, la principal consiste en la investigación o
instrucción, que permitirá fundar la acusación que abre el juicio. Frecuentemente es durante
esta etapa que los derechos de las personas corren un mayor riesgo de resultar afectados.
Por ello, el carácter protector de las garantías debe actuar desde el comienzo del proceso.


EL DERECHO A NO DECLARAR EN CONTRA DE UNO MISMO

Art. 18 Constitución Nacional: “Nadie puede ser obligado a declarar contra sí
mismo...”
El imputado no tiene el deber de declarar la verdad. Sea que declare la verdad o que
oculte información, no estará haciendo otra cosa que ejercer su derecho a la propia defensa
y de ninguna manera incumpliendo un deber como el que tienen los testigos respecto de la
declaración.
Del silencio del imputado, de su negativa a declarar o de su mentira no se pueden
extraer argumentos a contrario sensu. De lo contrario se fundarían resoluciones judiciales
sobre una presunción surgida de un acto de defensa del imputado.
La facultad de confesar es personalísima, se funda exclusivamente en la voluntad
del imputado y no puede ser inducida por el Estado de ningún modo.
Esta garantía rige en todas las etapas del proceso. La declaración puede ser
testimonial o indagatoria. La Declaración es el elemento básico de defensa del imputado.
La misma para ser válida debe realizarse ante juez competente teniendo en cuenta todas las
garantías ya tratadas en este trabajo. Entre las que se encuentra el hecho de presionar al
preso para que declare (hecho que debería ser sancionado). De no ser así, la declaración
será nula.
PROHIBICION DE LA TORTURA
La abolición del tormento proviene de la Asamblea de 1813, la pena de azotes era
defendida aun al tiempo de la sanción de la Constitución Nacional.
Es la utilización de medios violentos para obtener de una persona cierta
información.
Por “violencia” debe entenderse todo mecanismo que tiende a la anulación de la
voluntad de la persona, sea mediante la aplicación de violencia corporal, violencia
psicológica o mediante la adecuación de medios químicos o hipnóticos que produzcan una
anulación psíquica de la voluntad.
No importa para la evaluación de la tortura, la clase de información que se pretenda
obtener con ella. Toda información que se obtenga mediante la tortura es inválida para el
proceso penal.
La utilización de medios no violentos que venzan la voluntad consciente del
declarante no tiene la misma inadmisibilidad absoluta. Podría llevarse a cabo con el
consentimiento del imputado. Resulta prudente evitar su empleo.

Principios que limitan la facultad del Estado para recolectar información
El juicio es la etapa principal del proceso y en el se encuentran las garantías
procesales, por lo tanto es lógico que el Estado tenga la posibilidad de preparar el
juicio, es decir, analizar un conjunto de actividades, muchas de ellas orientadas a
la búsqueda de información para poder fundamentar la acusación y poder
presentar las pruebas en el juicio.
La principal de las etapas preparatorias consiste en la investigación que permitirá
fundar la acusación que abre el juicio. El hecho de que las garantías procesales
básicas cumplan su papel primordialmente durante la etapa del juicio, no
significa que tengan ejecución durante la etapa preparatoria. Por lo tanto, el
carácter protector de las garantías debe actuar desde el comienzo del proceso.
En consecuencia, existe un grupo de garantías específicas cuya finalidad consiste
en limitar la posibilidad que el Estado tiene de recolectar información. En la
práctica del proceso penal, es frecuente que no se repare en los medios para
averiguar la verdad, la investigación se convierte en una especie de campo
minado, con la intención de trabar al imputado y provocar su confesión.
El proceso penal no debe abandonar la particular relación que lo liga al tema de
la verdad, pero tampoco debe obstaculizarla. La consecuencia más importante y
directa de estas limitaciones que restringen el acceso del proceso penal a la
verdad histórica es la limitación y formalización de canales de acceso de la
información al proceso. Estas limitaciones pueden afectar en distintos niveles:
 En primer lugar, existen ciertos campos, temas y métodos que son
absolutamente prohibidos, por ejemplo la tortura, las amenazas, y la
coacción para que la persona confiese.
 Existe otro nivel de formalización y limitación de las posibilidades de
buscar información, constituidos por aquellos casos en que tal información
puede ser obtenida solamente si existe una autorización judicial expresa y
específica. Por ejemplo, registros particulares, allanamientos, intercepción
de comunicaciones, etc.
 Es el de la pura formalización, esto es lo que se denomina "legalidad de
prueba" e implica que no puede ingresar al proceso información
proveniente de rumores, testimonios, anónimos, etc.
Todo esto demuestra que el proceso penal no esta abierto a la información en
forma indiscriminada con tal de acercarse a la verdad, sino que solo admite
ciertos canales preestablecidos y relativamente rígidos para el acceso de
información