XI J ornadas de Economía Crítica

Página 1 de 25
Los límites del socialismo reformista: el caso de Suecia
Una aproximación crítica al modelo Rehn-Meidner desde una
perspectiva histórica (1932-1983)

Mario del Rosal Crespo
1



INTRODUCCIÓN
El trabajo que nos ocupa analiza la experiencia sueca durante la etapa 1932-1983 con el
objetivo de ofrecer argumentos para el debate acerca de los límites del socialismo reformista.
Para ello, se estudia con cierto detalle el Modelo Rehn-Meidner, una estrategia de política
laboral que constituye el núcleo fundamental del llamado Modelo Sueco.
Este modelo, núcleo principal de la política económica desarrollada por el Partido
Socialdemócrata Sueco
2
a lo largo de su dilatada presencia en el Gobierno, ha tenido un marco
temporal muy definido de concepción, desarrollo, apogeo y crisis. Si bien en el ámbito
académico, periodístico y divulgativo de los últimos años suele tratarse únicamente la última de
estas cuatro fases, lo cierto es que no es nuestra intención tratar este asunto, sino esbozar un
intento de comprensión del modelo desde su diseño inicial hasta su máximo grado de
desarrollo. Por lo tanto, no pretendemos estudiar la crisis del Modelo Sueco ni divagar acerca
de cuál será el futuro de esta opción política y económica, sino tratar de establecer las pautas
básicas necesarias para comprender en qué ha consistido y cuáles son sus características.

Objeto: Modelo Rehn-Meidner
Como veremos después, el Modelo Sueco, en su esfera económica, consta de dos elementos
principales: el marco específicamente construido de relaciones laborales entre capital y trabajo,
al que se llama Modelo Rehn-Meidner, y el conjunto de políticas sociales y fiscales
desarrolladas, que constituyen el Estado del bienestar. Este trabajo se centrará exclusivamente
en el Modelo Rehn-Meidner, esto es, en los aspectos del Modelo Sueco directamente
relacionados con el trabajo y las relaciones laborales.
Estos aspectos, sobre los que trataremos de determinar con el máximo rigor sus intenciones
iniciales, las medidas adoptadas, el desarrollo de las mismas y, finalmente, los objetivos
alcanzados, constituyen un proyecto empírico coherente, no un corpus teórico sistemático,
completo y cerrado. Esto significa que nuestra intención será estudiar un conjunto de
propuestas de políticas de empleo y de oferta cuya aplicación ha marcado la construcción una
política económica general determinada.

Perspectiva e hipótesis
Para afrontar el objeto de estudio que se plantea, existen, a nuestro juicio, tres perspectivas
básicas posibles:

1
Profesor de Economía de Bachillerato y doctorando del Departamento de Economía
Aplicada I de la Universidad Complutense de Madrid. El presente artículo es una
adaptación resumida del Trabajo de Investigación leído por el autor para la obtención
del Diploma de Estudios avanzados en septiembre de 2007.
2
El Partido Socialdemócrata, al que nos referimos en el texto también por sus siglas en
sueco, SAP, o por su denominación popular, los socialdemokraterna, ha ocupado el
Gobierno de este país desde 1932 hasta 1986 de forma prácticamente ininterrumpida,
con las breves excepciones de los gabinetes conservadores y liberales de 1936 y de 1976
a 1979.

Página 2 de 25
(1) Perspectiva socialdemócrata oficial. Afirma que el Modelo Sueco es un proyecto de
socialismo democrático reformista que pretende aprovechar el potencial de desarrollo
económico del capitalismo para lograr pleno empleo y altas cotas de justicia social y distributiva
a través de la intervención activa del Estado. Su intención última de alcanzar el socialismo es
tanto más discutible cuanto más avanzamos en su evolución histórica.
(2) Perspectiva marxista crítica. Afirma que el Modelo Sueco es un mecanismo de
maximización de la eficiencia del sistema económico capitalista a través de la actividad
ampliada del Estado, que protege las condiciones básicas de existencia del capitalismo y trata
de superar sus contradicciones internas a través la intervención activa en la economía, la
legitimación democrática y la neutralización del movimiento obrero mediante su integración en
el sistema institucional.
(3) Perspectiva liberal crítica. Afirma que el Modelo Sueco es una estrategia de intervención
estatal hipertrofiada en la economía capitalista que dificulta los mecanismos de optimización
propios del mercado y que, por lo tanto, reduce las posibilidades de desarrollo y de libertad
económica.
Para tratar de obtener algunas conclusiones relevantes y oportunas sobre el objeto de estudio,
en ningún caso aplicaremos una perspectiva única, aunque tampoco nos serviremos de las tres
expuestas. El proceso de razonamiento consistirá, en términos generales –y, desde luego, no
necesariamente en este orden–, en una exposición descriptiva del asunto a tratar, un análisis a
partir de la perspectiva socialdemócrata oficial y una interpretación sobre la base de la
perspectiva marxista crítica. El objetivo será determinar hasta qué punto la visión
socialdemócrata se ajusta a la realidad de las pretensiones y los resultados a partir de un
marco de hipótesis crítico basado en el marxismo como herramienta analítica.
Por lo tanto, en este trabajo no contemplaremos en ningún caso la perspectiva liberal, puesto
que la consideramos, a todas luces, insuficiente, marcadamente mecanicista y excesivamente
simplista como para alcanzar resultados relevantes.
A partir de la perspectiva crítica asumida, la hipótesis de trabajo que trataremos de contrastar
se estructura en cuatro puntos básicos:
(1) El Modelo Rehn-Meidner ha tenido como objetivo principal la optimización del proceso de
acumulación capitalista, para lo cual se ha servido como instrumento de la combinación de
pleno empleo y control de la inflación. Ambos elementos, por lo tanto, son medios, no fines en
sí mismos.
(2) El Modelo Rehn-Meidner ha sido aplicado en la economía sueca gracias al poder del
movimiento obrero, materializado en los sindicatos y en el Partido Socialdemócrata, y, sobre
todo, a la aceptación activa del capital, que ha visto en él una oportunidad para mejorar la
rentabilidad y acelerar el proceso de acumulación.
(3) El Modelo Rehn-Meidner se ha ido ampliando y profundizando hasta el punto en el que
algunas de sus premisas han llegado a suponer una amenaza para la propiedad corporativa y
el crecimiento de la rentabilidad empresarial, momento en el que ha sido desmantelado por la
acción unilateral del capital.
(4) El Modelo Rehn-Meidner ha fomentado una mayor igualdad distributiva entre los
trabajadores, aunque a costa de un trasvase de renta desde el trabajo hacia el capital.
Además, pretendemos mostrar que el Modelo Rehn-Meidner, aunque, como el resto de
elementos del Modelo Sueco, responde a una situación histórica y social muy concreta, sirve
como ejemplo ilustrativo valioso acerca de las posibilidades reales de aplicación de un sistema
económico socialdemócrata y de la transición al socialismo por la vía reformista.
En resumen, la hipótesis básica es que las dificultades de aplicación y las contradicciones
intrínsecas de una estrategia de transición democrática hacia el socialismo a partir de los
postulados del reformismo no han sido superadas por la experiencia sueca, a pesar de haber
constituido uno de los proyectos más avanzados de la historia mundial en este sentido.

CARACTERIZACIÓN GENERAL DEL MODELO SUECO
Acerca de la existencia, las características básicas y el éxito del Modelo Sueco se ha venido
entablando una bizantina discusión académica y política con todo tipo de opiniones al respecto.
Sea o no correcta la denominación de Modelo Sueco, parece claro que, con más o menos
detalle y precisión, suele entenderse por tal la política económica desarrollada por la
socialdemocracia sueca durante, al menos, la etapa histórica que estamos analizando. Y esta
es la concepción que utilizamos a lo largo del texto.


Página 3 de 25
Dimensiones y elementos del Modelo Sueco
El Modelo Sueco podría dividirse, únicamente para su análisis y a título didáctico, en dos
dimensiones: la política y la económica. La segunda estaría, a su vez, compuesta por dos
elementos: el Modelo Rehn-Meidner y el Estado del bienestar.
Las dimensiones son las siguientes:
(1) Dimensión política del Modelo Sueco: folkhem. El concepto de folkhem o, literalmente,
hogar del pueblo, define una política diseñada para lograr la justicia social sin poner en peligro
la estabilidad económica, con la pretensión de mejorar la situación de los desfavorecidos y los
explotados por el sistema capitalista, pero desde una perspectiva general de la sociedad, es
decir, multiclasista. La idea es llevar a cabo una política para la gente, no exclusivamente para
la clase trabajadora, con la intención de alcanzar la democracia real que, según el Primer
Ministro Per Albin Hansson, se debe alcanzar en tres etapas sucesivas:
– Por una parte, a la democracia política, que supone la participación plena, libre y responsable
de cada ciudadano en la toma de aquella decisiones que afecten al ámbito público. Este hito
fue alcanzado por la socialdemocracia de la mano del liberalismo gracias a la implantación del
sufragio universal en 1918.
– Por otra parte, la democracia social, que exige el acceso de todos los ciudadanos a la
satisfacción de determinadas necesidades insuficientemente cubiertas por la iniciativa privada
con cargo a la responsabilidad colectiva del Estado. Su perfeccionamiento se ha alcanzado
parcialmente gracias al desarrollo del amplio Estado del bienestar sueco.
– Y por último, la democracia económica, proceso por el que los ciudadanos tendrían acceso
equitativo tanto a la toma de decisiones en el marco empresarial como, sobre todo, a la
propiedad corporativa y al fruto de su actividad. Esta democracia no ha entrado a formar parte
de forma más o menos seria en el programa socialdemócrata hasta la década de los setenta,
fecha en la que fue discutida por primera vez en relación a la cuestión de los fondos salariales
de inversión.
(2) Dimensión económica del Modelo Sueco: funktionssocialism o socialismo funcional. Se
trata de un proyecto según el cual el Estado controlaría la economía, no mediante la propiedad
pública de los medios de producción, sino mediante la regulación y la política fiscal. La
intención es lograr el bienestar social y paliar las crisis propias de la economía capitalista a
partir de la aceptación del capitalismo como mecanismo de producción y distribución con la
suficiente intervención estatal como para garantizar un mínimo de estabilidad y equidad.
Obviamente, el funktionssocialism representa la separación definitiva de la socialdemocracia
sueca de las tesis de la lucha de clases y los proyectos de nacionalización de empresas o
sectores.
Los elementos de la dimensión económica serían el Modelo Rehn-Meidner, que, al tratarse
del objeto principal de análisis de este trabajo, será tratado en profundidad a lo largo de los
epígrafes siguientes, y el Estado del bienestar, es decir, las políticas fiscales implementadas,
que son excluidas explícitamente del presente estudio.

Objetivos y condiciones del Modelo Sueco
La raíz del Modelo Sueco es la utilización del poder político, basado en el control del trabajo
sobre las organizaciones, frente al poder económico, basado en el control del capital sobre los
medios de producción. Sus dos principales objetivos son:
(1) Mejorar la eficiencia de la economía y, con ello, paliar o eliminar las crisis periódicas propias
de la economía capitalista y sus graves consecuencias sociales. Para ello, debe lograr un
elevado el nivel de empleo y compatibilizarlo con una inflación controlada, objetivos
perseguidos mediante la implementación de una política económica relativamente restrictiva
unida a una ambiciosa política activa de empleo.
(2) Hacer más equitativa la distribución de la riqueza generada en el proceso económico. Ese
objetivo se trata de alcanzar por dos medios: por una parte, el desarrollo de un amplio y
ambicioso Estado del bienestar basado en un generoso sistema de coberturas y servicios
sociales, y, por otra, una política salarial solidaria que reduce sistemáticamente la dispersión
retributiva entre los asalariados gracias a un sistema de negociación colectiva centralizada.
En nuestra opinión, tres condiciones fundamentales permitieron el éxito y la relativa
longevidad del Modelo Sueco:
(a) Condición política. Mientras el poder económico está en manos del capital, el poder político
se encuentra en manos del trabajo. El primero se fundamenta en la propiedad privada y
concentrada de los medios de producción, mientras que el segundo se basa en la fortaleza del
movimiento obrero y del socialismo. La aceptación mutua de esta situación conduce a un

Página 4 de 25
corporativismo que será característico del desarrollo económico y político posterior.
Lógicamente, este reparto no es simétrico, puesto que el poder político depende en gran
medida de la actuación el poder económico.
(b) Condición social. El poder político toma la forma de socialismo reformista, que idea y
desarrolla un proyecto basado en una concepción amplia de la sociedad, una concepción
multiclasista en la que la teoría de la lucha de clases deja paso al acuerdo entre clases y a la
que, como hemos visto, se dio en llamar folkhem.
(c) Condición económica. El Modelo Sueco, basado principalmente en el llamado Modelo
Rehn-Meidner, necesita indefectiblemente altas y continuas tasas de crecimiento sin inflación,
sin las cuales se rompería la posibilidad de consenso entre capital y trabajo, cuyo acuerdo se
basa en obtener crecientes beneficios del proceso de acumulación sin modificar
sustancialmente la tasa de plusvalía. Esto significa que el proyecto socialdemócrata deberá
buscar como objetivos primordiales la eficiencia y la estabilidad de la economía como las dos
caras de la moneda sobre la que se apoya toda la arquitectura de su programa político.

EL MODELO REHN-MEIDNER
Concepto, objetivos y elementos del Modelo Rehn-Meidner
Suele llamarse Modelo Rehn-Meidner al paquete integral de medidas económicas en el ámbito
de la política de empleo y de oferta que Gösta Rehn y Rudolf Meidner
3
presentaron en el
congreso de la LO
4
de 1951 con la intención de lograr el fin de la eficiencia económica a través
de dos medios aparentemente difíciles de compatibilizar: pleno empleo y control de la inflación.
El logro de una eficiencia económica óptima es el fundamento de un modelo que debe
aplicarse en una economía capitalista cuyas posibilidades de desarrollo y estabilidad dependen
de la capacidad de acumulación. Por ello, el Modelo Rehn-Meidner pretende la maximización
del proceso de inversión y fructificación del capital, es decir, el buen funcionamiento de las
empresas.
Para ello es necesario alcanzar el pleno empleo, ya que permite una utilización máxima de los
recursos, una mejor distribución de la renta y, consecuentemente, una optimización del
consumo y la producción. El Modelo Rehn-Meidner desarrolla, para ello, una política activa de
empleo de gran calado y una política pasiva de amplio espectro. Por otra parte, el control de la
inflación, tanto por la vía de los costes salariales como por la del exceso de demanda en los
mercados de bienes y servicios, se hace imprescindible para evitar los conocidos problemas de
asignación de recursos y eficiencia en los que no vamos a detenernos. Este control de los
precios consiste básicamente en una política monetaria y fiscal restrictiva que fomente la
moderación salarial y una política salarial solidaria basada en un sistema de negociación
colectiva centralizada que conduzca a una contención de los sueldos.

Elementos del Modelo Rehn-Meidner: modelo restringido y modelo ampliado
Las medidas comentadas en el epígrafe anterior, aplicadas como respuesta a los objetivos del
pleno empleo y el control de la inflación, se pueden ordenar en la siguiente lista, que será la
que tengamos en cuenta para el desarrollo detallado del análisis del Modelo:
(1) Negociación colectiva centralizada.
(2) Política salarial solidaria.
(3) Políticas de empleo activas y pasivas.

3
Rudolf Meidner (1914-2005), nacido en Alemania y asilado en Suecia desde 1938,
desempeñó durante varias décadas el puesto de economista jefe del departamento de
investigación de la LO. Gösta Rehn (1913-1996) fue profesor del Instituto Sueco de
Investigación Social de la Universidad de Estocolmo. Ambos son considerados los
constructores del modelo que lleva sus nombres, si bien Meidner ha sido el artífice
político y el divulgador del mismo, mientras que Rehn suele ser considerado como su
autor teórico.
4
La LO (Landsorganisationen i Sverige) es la Confederación de Sindicatos de Suecia.
Fue fundada en 1898 y se trata de la organización sindical más importante del país. En
la actualidad, está formada por 15 sindicatos independientes que agrupan a 1.830.000
afiliados, la inmensa mayoría trabajadores de cuello azul. Desde sus inicios, ha
mantenido fuertes lazos de colaboración con el Partido Socialdemócrata.

Página 5 de 25
(4) Fondos salariales de inversión.
En realidad, no vamos a hablar de un único Modelo Rehn-Meidner, sino que distinguiremos un
modelo restringido, que incluirá las tres primeras medidas, y un modelo ampliado, que agregará
la cuarta. Tanto por razones cronológicas como conceptuales, consideramos que los fondos de
inversión –que entraron a formar parte del modelo veinte años después del inicio de su
aplicación y, además, suponen una ruptura con el mismo en muchos aspectos– constituyen
una ampliación (o profundización) del modelo más allá de sus premisas originales. El propio
Meidner lo dice: “I would not say that the wage-earner fund idea is a part of the Swedish model,
but it certainly is a consequence of the model”.

La negociación colectiva centralizada
Concepto y orígenes
La negociación colectiva centralizada es el resultado directo de los Acuerdos de Saltsjöbaden
de 1938, en los que capital y trabajo se comprometieron a resolver sus diferencias en relación
al mercado laboral y los salarios a través del diálogo institucionalizado e independiente del
Estado.
Sus orígenes parten de la difícil e inestable situación laboral de la década de los treinta, en la
que Suecia llegó a ser el país con mayor índice de conflictividad laboral entre todos los Estados
occidentales industrializados. La gravedad del problema y la amenaza del gobierno de imponer
una estricta legislación laboral que acabara con el conflicto hicieron que el SAP y la LO
invitaran a las empresas a buscar algún marco factible de cooperación que permitiera acabar
con el insostenible clima de conflicto laboral del momento. El resultado fue la concreción del
que vendría en llamarse “compromiso histórico” entre trabajo y capital, es decir, un marco de
cooperación corporativa en el seno de la economía capitalista.
Este compromiso consistió en una serie de negociaciones entre la LO y la SAF
5
celebradas a
partir de 1936 y culminadas en los mencionados Acuerdos de Saltsjöbaden
(Saltsjöbadensavtalet) de 1938. Este pacto es de vital importancia para comprender la historia
social y económica de Suecia durante los dos últimos tercios del siglo XX, ya que no es ni más
ni menos que la dovela central, la clave del llamado Modelo Sueco. No se trata tan sólo de una
estrategia de institucionalización del conflicto laboral, sino de un acuerdo explícito por el que
cada una de las dos partes enfrentadas toma las siguientes posiciones:
(1) El trabajo se compromete a aceptar el capitalismo como sistema económico y, no sólo eso,
sino a colaborar en lograr la maximización de su eficiencia, a cambio de un reparto más
equitativo de sus frutos. Esto incluye, obviamente, la promesa de no cuestionar la propiedad
privada de los medios de producción, la institución del trabajo asalariado o la potestad del
capital para decidir sobre la producción y la distribución de bienes y servicios.
(2) El capital se compromete a compartir más generosamente el producto de la acumulación,
aunque, desde luego, sin renunciar a la apropiación de la plusvalía como base fundamental de
su función económica y social.
La idea de la alianza es sencilla: a mayor crecimiento económico, más riqueza para repartir.
Así, fomentar el buen funcionamiento del capitalismo permitiría una mayor producción que, al
distribuirse, permitiría aumentar los ingresos no sólo del capital, sino también del trabajo.

Funcionamiento de la negociación colectiva centralizada
En el proceso de negociación colectiva, tal y como se desarrolla en Suecia, existen tres
agentes: dos activos (sindicatos y patronal) y uno pasivo (el Estado). Los dos activos tratarán
de obtener un resultado óptimo a partir de su poder, sus expectativas y su situación, mientras
que el tercero se limitará a observar el proceso y tratar de que llegue a buen puerto, pero sin
capacidad alguna de intervención directa o coerción.
La negociación colectiva sueca se restringe en gran medida al ámbito de los salarios, lo que
limita notablemente su alcance, aunque algunas cuestiones puntuales relativas al mercado
laboral pueden tener cabida en las conversaciones. De cualquier manera, en el sistema de
relaciones laborales sueco, el gobierno y el parlamento son vistos como los responsables de
garantizar la seguridad y la protección del trabajo en los asuntos que van más allá del salario,

5
La SAF (Svenska Arbetsgivareföreingen) es la Confederación Sueca de Empresas y
agrupa a más de 50.000 compañías con 1,5 millones de empleados, lo que representa el
70% del sector privado del país.

Página 6 de 25
como las pensiones, los seguros de desempleo, las vacaciones o la formación, por lo que se
suelen tratar en el ámbito político antes que en el terreno laboral.
El proceso completo de negociación colectiva ha venido funcionando, desde mediados de los
cincuenta, en tres niveles distintos:
(1) Negociación centralizada de ámbito nacional y general entre la confederación sindical, LO, y
la patronal, SAF. El resultado es un acuerdo-marco único para toda la economía.
(2) Negociación industrial de ámbito nacional y sectorial entre los sindicatos y las patronales de
cada rama de actividad sobre la base del acuerdo-marco previo. El resultado es la firma de
acuerdos concretos y específicos para cada sector o actividad.
(3) Negociación local de ámbito empresarial entre los sindicatos y las empresas o conjuntos de
empresas. Se trata de la adaptación final de los acuerdos industriales a cada centro de trabajo
de la mano de los representantes de los trabajadores y de los empresarios in situ. Este tercer
nivel de negociación da lugar al fenómeno del deslizamiento salarial, que analizamos
detalladamente en el epígrafe 3.3.
Los acuerdos alcanzados a través de esta negociación centralizada en tres niveles son de
carácter anual y suelen tener fecha explícita de caducidad, lo que obliga a las partes a retomar
las conversaciones periódicamente y conforma, de esta manera, una dinámica de
normalización absoluta.

El fin de la negociación colectiva centralizada
En 1983, justo en el momento en el que el SAP hacía pública la legislación referente a los
fondos salariales de inversión, la SAF decidió retirarse unilateralmente de negociación colectiva
centralizada con la LO, lo que supuso el fin de esta institución y, obviamente, de la política
salarial solidaria. Dos fueron las razones expuestas por la patronal para esta acción radical:
(1) El intento de implantación de los fondos salariales de inversión por parte del Estado, que
ponían en peligro la exclusividad en la gestión empresarial por parte del capital y, sobre todo, la
misma propiedad privada de los medios de producción.
(2) La intervención del Estado en el mercado laboral a través de diversas legislaciones como
consecuencia de la presión efectuada por la propia LO y las huelgas masivas de finales de los
sesenta. Esta nueva situación suponía, de facto, una ruptura de los Acuerdos de Saltsjöbaden
según los cuales el Estado se comprometía a no intervenir en el marco de las relaciones
laborales.
No obstante, existían dos razones de fondo para esta decisión de la patronal:
(a) Una caída de la productividad del trabajo como consecuencia de la ampliación de la política
salarial solidaria a un nuevo nivel de aplicación (ver epígrafe 3.3). Un hecho así amenazaba
algo tan fundamental para el capital como la rentabilidad, por lo que conduce a las empresas a
abandonar el marco de consenso con el trabajo.
(b) Como resultado de lo anterior y de la crisis de los setenta, un enconamiento de la necesidad
del capital de utilizar la discrecionalidad salarial como mecanismo de control y de gestión en el
ámbito empresarial.
Por otra parte, dos hechos permitieron a la patronal abjurar de lo acordado en Saltsjöbaden:
(i) El nuevo rumbo de la política económica, más centrada en la estabilidad monetaria que en el
pleno empleo, permitió ciertos incrementos del desempleo, lo cual beneficiaba a los
empleadores al poder contar de nuevo con la amenaza del paro como arma de presión en las
negociaciones.
(ii) Los sindicatos habían perdido parte de su homogeneidad y capacidad negociadora
6
, lo que
permitía a la patronal una mayor capacidad de maniobra.
La desaparición de la negociación colectiva centralizada supuso la adopción de facto de un
nuevo sistema descentralizado por sector o, incluso, por empresa. Este sistema, por un lado,
impide totalmente el mantenimiento de la política salarial solidaria y, por otro, permite al capital
recuperar el salario como arma de gestión y control empresarial. Su flexibilidad, en relación a
los incrementos de rentabilidad que permite, es obvia.


6
La hegemonía de la LO entre las organizaciones obreras dejó paso, a partir de finales
de los setenta, a un escenario en el que el poder estaba repartido en mayor medida con la
TCO y la SACO, ambas confederaciones de empleados de cuello blanco.

Página 7 de 25
La política salarial solidaria
Concepto y objetivos de la política salarial solidaria
La política salarial solidaria es el pilar central del Modelo Rehn-Meidner, por lo que merece un
tratamiento especialmente detallado en este trabajo. Veamos en qué consiste y cuáles son sus
objetivos y funciones.
En pocas palabras, la política salarial solidaria, tal y como se aplicó en la realidad a partir de los
años cincuenta, consistió en el establecimiento de un marco general de salarios a través de la
negociación colectiva centralizada entre la LO y la SAF de manera que se lograra el aumento
de la remuneración de los trabajadores situados en los niveles más bajos de la escala
retributiva gracias a la contención de los sueldos de aquellos empleados mejor pagados. Con
ello, se pretendían seis objetivos fundamentales: tres específicamente pensados para mejorar
las condiciones de la clase trabajadora y tres para optimizar el funcionamiento de la economía
capitalista.
Los tres objetivos específicos para la clase trabajadora eran:
(1) La determinación del salario en función del tipo de trabajo y la cualificación necesaria para
llevarlo a cabo, no de la rentabilidad de la empresa o el sector, su tamaño o su localización. Es
decir, aplicar el principio de “a igual trabajo, igual salario”.
(2) La disminución de las diferencias salariales entre los distintos trabajos, aunque sin llegar a
su eliminación, ya que esto, en una economía mercantil, afectaría de manera negativa a la
motivación para la formación, la movilidad y el incremento de responsabilidades. En especial,
se atiende a la reducción de diferencias entre sexos y grupos de edad. Gracias a ello, se
lograría una aproximación al objetivo más general de alcanzar una mayor equidad en la
distribución de la renta dentro de la clase trabajadora. Responde al principio de “igual salario
para todos los trabajos”.
(3) Fortalecimiento de la cohesión de clase de los trabajadores con el objetivo de incrementar
su poder de negociación frente al capital. Este objetivo depende de la consecución de los dos
objetivos anteriores, ya que ambos ayudarían enormemente a reducir la competencia entre los
trabajadores en el mercado laboral, lo que supondría un importante avance hacia la
construcción de una conciencia de clase unida.
Los tres objetivos netamente pensados para el funcionamiento de la economía capitalista, tal
y como lo describen los propios Rehn y Meidner, son los siguientes:
(a) Una mayor competitividad. En efecto, dado que la política salarial determina iguales salarios
para trabajos iguales, independientemente de la empresa de la que se trate, esto hará que las
compañías menos eficientes sean expulsadas del mercado, al no poder ya pagar sueldos más
bajos de los establecidos, y que las más eficientes utilicen sus mayores beneficios en
realimentar más rápidamente el proceso de acumulación, ya que desaparece la posibilidad de
que los trabajadores de estas firmas puedan aumentar sus salarios mediante negociación
colectiva o individual. Así, la fuerza de trabajo y los recursos financieros se moverían con
mayor eficiencia hacia los proyectos, empresas y sectores más rentables.
(b) Un mayor control de la inflación. La contención de los salarios y la movilidad asistida de la
fuerza de trabajo permitirían alcanzar este objetivo, cuya importancia es fundamental en una
política económica que necesita altas y continuas tasas de crecimiento para prosperar.
(c) La contención de las reivindicaciones salariales de los sindicatos. Se trata de una función
política imprescindible. En efecto, una estrategia de pleno empleo otorga un gran poder a los
sindicatos para exigir subidas salariales, lo que podría poner en serio peligro el control de la
inflación. En lugar de tratar de disciplinar a los sindicatos por medio del desempleo, la
estrategia del Modelo Rehn-Meidner abogaba por una “autodisciplina colectiva impuesta por la
política salarial de los propios sindicatos”.

Funcionamiento de la política salarial solidaria
El mecanismo de funcionamiento de la política salarial solidaria consistía en la paulatina
igualación de los salarios brutos de los trabajadores mediante la eliminación o reducción de los
diferenciales de salarios a tres niveles:
(1) Entre distintos sectores o industrias dentro de la economía nacional (nivel interindustrial).
(2) Entre distintas empresas dentro del mismo sector o industria (nivel interempresarial).
(3) Entre distintos puestos de trabajo dentro de la misma empresa (nivel intraempresarial).
Los dos primeros niveles implican la convergencia de la remuneración de trabajos similares
más allá de su pertenencia a un sector o una empresa determinados. Esto supone la aplicación
del principio, ya comentado más arriba, de “a igual trabajo, igual salario”. Por su parte, el tercer
nivel conduce a la igualación de los salarios de todos los trabajos, lo cual significa la búsqueda

Página 8 de 25
del principio de “igual salario para todos los trabajos” o, lo que es lo mismo, pasar de un
principio de equidad a uno de igualdad.
Cada nivel fue abordado con mayor o menor intensidad en momentos diferentes a lo largo de
los treinta años de aplicación de la política salarial solidaria, ya que la dificultad de su
implementación es progresivamente creciente y responde a objetivos cada vez más
ambiciosos. Así, desde 1956 hasta finales de los sesenta, esta política se centró sobre todo en
la reducción del diferencial de salarios en los dos primeros niveles, mientras que no fue hasta
los setenta cuando se comenzó a afrontar con mayor ahínco la equiparación de retribuciones
en el tercero. En todo caso, afirmar que durante la primera etapa considerada sólo se aplicaron
medidas relativas a los dos primeros niveles de aplicación de la política salarial solidaria o que
en la segunda únicamente se trabajó sobre el tercer nivel es simplificar la realidad en exceso.
Cualquier acuerdo tomado o legislación aprobada para alcanzar uno de los tres niveles afecta,
necesariamente y en alguna medida, a los otros dos, aunque sea menor en términos
comparativos.
El mecanismo institucional de la política salarial solidaria funcionaba de tal manera que, una
vez firmado un acuerdo central sobre la determinación de salarios, quedaban prohibidos las
huelgas o los cierres patronales por parte de los sindicatos y las empresas. De esta manera,
quedaba garantizado el cumplimiento del salario base estipulado.
No obstante, la política salarial solidaria contemplaba la posibilidad del deslizamiento salarial,
esto es, la diferencia entre el incremento los salarios que realmente perciben los trabajadores y
el estipulado a través de la negociación colectiva. Cada compañía o planta de producción
mantenía un cierto margen de negociación propia –descentralizada– para establecer algunos
complementos más allá del sueldo especificado en el acuerdo central, aunque con límites
especificados explícitamente en dicho acuerdo. Este margen de incremento de los salarios
permitía una mayor flexibilidad en la gestión empresarial y en las aspiraciones de los
asalariados contratados en las empresas más rentables, aunque acabó siendo un obstáculo
para el control de la inflación.
En términos generales, la LO logró incrementar los salarios de los grupos de menor
remuneración, pero no consiguió alcanzar un consenso en cuanto a qué sistema específico y
estructurado de fijación de salarios se debería utilizar. Debido a esto, se abandonó esta difícil
cuestión y se centraron los esfuerzos en la disminución de la brecha retributiva mediante
contención en los tramos superiores e incrementos en los inferiores, sin una política integral de
remuneración de la fuerza de trabajo.

Condiciones para la aplicación de la política salarial solidaria
La aplicación de la política salarial solidaria exige el cumplimiento de diversas condiciones de
tipo institucional, económico y sociolaboral sin las cuales no habrían podido desarrollarse
tampoco la negociación colectiva centralizada ni la política activa de empleo, que constituyen
las otras dos columnas que sustentan el Modelo Rehn-Meidner restringido. Dichas condiciones
son las siguientes:
(1) La condición de la solidaridad por parte de los asalariados de mayor rango.
(2) La condición de la aceptación por parte del capital.
(3) La condición de la centralización del poder sindical.
(4) La condición del bajo desempleo.
En nuestra opinión, el análisis y la interpretación de estas cuatro condiciones se puede realizar
(y se ha venido realizando), en términos generales, desde dos perspectivas distintas que
podríamos denominar:
– La perspectiva socialdemócrata de la cohesión y la fortaleza sindicales.
– La perspectiva crítica del beneficio y la coerción empresariales.
A continuación, pasaremos a comentar con detalle ambas perspectivas y su particular visión
acerca de las cuatro condiciones arriba enumeradas.

Perspectiva socialdemócrata de la cohesión y la fortaleza sindicales
Esta perspectiva se basa en los postulados ya clásicos de Korpi, próximos a la línea de
pensamiento de la socialdemocracia sueca. Según ella, el movimiento obrero socialdemócrata
se caracterizaría por buscar, como uno de sus principios básicos, la igualdad retributiva entre
los asalariados. Para lograrla, trataría de aplicar una estrategia de convergencia de los distintos
niveles de salarios, algo que dependería directamente de su capacidad para poder imponerla
en el marco de la negociación colectiva. De este modo, sería el poder de negociación de los

Página 9 de 25
sindicatos ante el capital el que determinara el grado de aplicación de la solidaridad en el
ámbito salarial.
Esta perspectiva tiene una visión de la primera condición –la de la aceptación de la política
salarial solidaria por parte de los trabajadores mejor retribuidos– según la cual, tal aceptación
no es objeto de debate, ya que el elevado grado de cohesión de la clase trabajadora implica
que no existe ningún conflicto de intereses importante dentro de la misma en relación a esa
cuestión, ni entre los empleados mejor y peor pagados ni entre los de cuello azul y cuello
blanco.
En relación a la segunda condición –la de la aceptación de la política salarial solidaria por parte
del capital–, esta perspectiva afirma que las empresas, en principio, tomarían un
posicionamiento contrario a la aplicación del Modelo Rehn-Meidner en general y que
únicamente aceptarán esta política ante el convencimiento de la inevitable preeminencia
política de la socialdemocracia, bajo la cual tratarán de optimizar sus posibilidades. Es decir,
que el capital acepta la política salarial solidaria por la fuerza, no por convencimiento ni por
obtener de ella un mayor beneficio. Esto significaría que el poder político, en manos del trabajo
por medio del gobierno socialdemócrata, impone su criterio al poder económico, en manos del
capital, que no tendrá más remedio que aceptarlo y procurar maximizar sus beneficios ante
esta nueva situación.
En cuanto a la tercera condición –la de la centralización del poder sindical– se acepta como un
fenómeno de raíz histórica cuyas ventajas han permitido una mayor cohesión y fortaleza del
movimiento obrero.
Y, por último, la cuarta condición –la de las bajas tasas de paro– se admite como consustancial
al Modelo Rehn-Meidner y causa principal de la trayectoria de pleno empleo seguida por la
economía sueca hasta la década de los setenta.
¿Permite esta perspectiva explicar la evolución histórica de la política salarial solidaria? En
nuestra opinión, ofrece un marco de referencia insuficiente. Por un lado, hace depender la
aplicación de la política salarial directamente de la capacidad de maniobra del movimiento
obrero, otorgando al capital un papel poco más que reactivo en esta cuestión, cuando se trata,
ciertamente, de un agente activo y determinante. Por otra parte, presupone una cohesión
dentro del propio movimiento obrero que, en la realidad, no existe, lo que obliga a poner en tela
de juicio la posibilidad de una aceptación voluntaria de esta política por parte de los asalariados
mejor pagados
7
. Y, en tercer lugar, limita su análisis a la estructura más o menos igualitaria de
los salarios como si ésta fuera la única variable clave a la hora de estudiar la distribución de la
renta en la economía, lo que significa que ignora la relación salarios/beneficios o, por decirlo de
otra manera, el peso relativo de la plusvalía que el capital extrae del trabajo.

Perspectiva crítica del beneficio y la coerción empresariales
Esta perspectiva, que tiene, en nuestra opinión, un poder analítico y explicativo mayor que la
socialdemócrata, afirma, como la anterior, que la socialdemocracia tiene como uno de sus
objetivos principales el logro de una mayor equidad en la distribución de la renta y que, para
ello, diseñó la arquitectura del Modelo Rehn-Meidner. Sin embargo, interpreta de forma
radicalmente distinta las condiciones que posibilitaron la aplicación de dicho modelo.
En cuanto a la primera condición, este enfoque se aleja de las suposiciones de cohesión dentro
de la clase trabajadora que planteaba la perspectiva anterior. En su lugar, afronta
explícitamente el perjuicio que para los empleados mejor pagados significa la política salarial
solidaria y se pregunta por las razones que, a pesar de ello, los llevan a aceptarla. Respecto
de dichas razones, pueden proponerse dos alternativas: que asuman la política
voluntariamente o que lo hagan por la fuerza.
La primera implicaría la utilización de un análisis más amplio que el estrictamente economicista,
que tomara un enfoque sociológico y colectivo de manera que se supondría que los
trabajadores situados en los tramos altos de la escala retributiva aceptarían la política salarial
centralizada a pesar de ser perniciosa para sus ingresos relativos por solidaridad (y, quizá,
conciencia de clase) con los trabajadores de los tramos inferiores, que resultan netamente

7
De hecho, en las actas del congreso de la LO de 1931 se lee: “To persuade the workers
or others to refrain, through affiliation to an organisation, from having their wages
raised when the possibilities for this exist, and at the same time to pay dues in this
organisation, is quite simply unthinkable”.

Página 10 de 25
beneficiados. En todo caso, se trata solamente de afirmaciones especulativas, por lo que no
son las asumidas como suficientes por la perspectiva crítica que nos ocupa.
La segunda alternativa, la aceptación forzosa, afirma que los empleados mejor pagados
aceptan la política salarial solidaria principalmente porque son forzados a ello por parte de la
patronal, que, de este modo, estaría ayudando a los empleados con menores salarios (en un
peculiar ejercicio de coordinación de intereses) a lograr los beneficios derivados de la
consecución de esta política
8
. Así, los sindicatos de los empleados con sueldos más elevados
no tuvieron más remedio que aceptar la imposición de la política salarial solidaria bajo la
amenaza directa de los cierres patronales, que fueron el arma con la que se logró
“convencerlos”. Las huelgas y cierres patronales de 1955 y 1957 apuntan en este sentido.
Esta cuestión enlaza directamente con el posicionamiento que la perspectiva crítica tiene en
relación a la segunda condición para la aplicación de la política salarial solidaria. Dicha
condición afirmaba la necesidad de que el capital aceptara este proyecto para que pudiera salir
adelante. Si, como hemos visto, las empresas no solamente no están en contra de la política
salarial solidaria, sino que la apoyan directamente mediante diversas estrategias de presión
sobre los trabajadores mejor remunerados, esto significa que, obviamente, la condición
mencionada se cumple con creces. Y, lo que es más importante, el capital no la cumple
forzosamente, sino con convencimiento. ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque, como
veremos en el epígrafe 3.3.4, la política salarial solidaria reporta a las empresas mayores
beneficios que la negociación descentralizada.
En relación a la tercera condición, a pesar de tratarse de un punto indispensable para la
implementación de la política salarial solidaria, lo cierto es que, según esta perspectiva, no se
trató única ni principalmente del resultado del esfuerzo de coordinación de la LO y sus
sindicatos, sino, sobre todo, de una imposición de la SAF, que veía en la centralización del
poder sindical una vía idónea para la negociación centralizada, algo que buscaban con
verdadero interés
9
.
Por último, la cuarta condición, que exige bajas tasas de desempleo para la aplicación de la
política salarial solidaria, no es cuestionada por la perspectiva crítica, ya que se trata de un
elemento totalmente necesario desde cualquier punto de vista. No obstante, pueden plantearse
dudas acerca de los medios para lograrlo, especialmente en relación con la efectividad real de
las políticas activas de empleo y la metodología de medición del desempleo, asuntos que
trataremos con detalle en el epígrafe 3.4.

Efectos de la política salarial solidaria sobre la economía
En este punto vamos a analizar con cierto detalle los efectos que la política salarial solidaria
tiene sobre diversos aspectos de la economía. En concreto, estudiaremos:
(1) Los efectos sobre la dispersión de la estructura salarial.
(2) Los efectos sobre la productividad de los trabajadores.
(3) Los efectos sobre la competitividad de las empresas.
(4) Los efectos sobre la estructura del mercado
(5) Los efectos sobre el empleo.
(6) Los efectos sobre la inflación.
(7) Los efectos sobre la distribución de la renta.

(1) Efectos sobre la dispersión de la estructura salarial
En la teoría, el efecto que la política salarial solidaria tendría sobre los salarios sería que, por
un lado, los situados en los tramos bajos de la escala retributiva tenderán a aumentar más de
lo que lo harían en un mercado laboral totalmente libre, mientras que, por otro, los sueldos más
elevados experimentarán una contención destinada a reducir el diferencial de éstos con los
salarios más bajos. Lógicamente, el resultado teórico sería una reducción del diferencial de

8
Como dicen Moene y Wallerstein, “It is unlikely that the low-wage unions and the LO
leadership would have been able to force the high-wage unions to accept an egalitarian
wage policy without the backing of Swedish employers and the threat of lockouts
against recalcitrant unions”.
9
El propio Meidner confiesa que “[…] the Swedish Employer’s Organization (SAF),
practically forced the LO to accept central wage negotiation in the mid-1950s. Clearly,
centralized bargaining was in the interest of both employers and unions”.

Página 11 de 25
salarios en el mercado laboral sueco por la vía de la contención en los niveles retributivos
superiores. Veamos, a continuación, qué pasó en la realidad.

GRÁFICA 1: Dispersión salarial entre los trabajadores de cuello azul en el sector privado,
1960-1994
Fuente: HIBBS y LOCKING, 2000: 757.
Nota: el grado de dispersión se mide por el coeficiente cuadrado de variación, i.e., SCV=σ/µ2.



Si observamos la gráfica 1, en las que se refleja la evolución del grado de dispersión de los
salarios entre los trabajadores de cuello azul en Suecia, vemos que dicha dispersión se ha
venido reduciendo radical y continuamente desde 1960 hasta 1983 –momento en el que
desaparece la negociación colectiva centralizada y, con ella, la política salarial solidaria– hasta
alcanzar menos de un tercio de lo que era al principio del periodo. Y lo ha hecho a todos los
niveles, esto es, en la economía total, entre distintas industrias, dentro de cada industria e,
incluso, dentro de cada empresa.
Esto en cuanto a los trabajadores de cuello azul, pero asimismo hay que destacar que la
dispersión salarial entre éstos y los empleados de cuello blanco también se ha reducido en una
proporción similar. Por otra parte, este efecto sobre la estructura salarial ha favorecido
especialmente a ciertos colectivos tradicionalmente perjudicados en este sentido, como las
mujeres o los jóvenes. Por ejemplo, para casos comparables en cualificación y edad, el
diferencial de remuneración media entre hombres y mujeres ha pasado del 23% en 1968 al
11% a mediados de los ochenta, una cifra que se ha mantenido aproximadamente invariable
hasta fin de siglo.
Por lo tanto, queda claro que la respuesta a la pregunta que nos hacíamos es netamente
positiva, ya que, desde el momento en el que se empezó a aplicar esta política, la dispersión
salarial se ha reducido muy sensiblemente. De hecho, según el propio Meidner, a principios de
los ochenta, “Suecia mostraba la estructura salarial más igualitaria de los países occidentales”.
No obstante lo comentado, es preciso recordar que la política salarial solidaria contaba con un
elemento que, además de permitir un cierto alivio en la rigidez retributiva para las empresas,
suponía una cierta concesión a la descentralización de la negociación colectiva y que, por su
gran importancia a la hora de juzgar adecuadamente el efecto de la política salarial solidaria
sobre la dispersión salarial, tenemos que analizar brevemente: el deslizamiento salarial. Su
importancia no es, en modo alguno, menor, ya que, si observamos los datos históricos
estimados, su peso fue del 25-30% a lo largo de los setenta, del 40% en la década de los
ochenta y hasta del 50% en los noventa. Lógicamente, si la utilización del margen retributivo
que permite la negociación local en forma de deslizamiento salarial actuara sistemáticamente
en sentido contrario al que pretende la negociación central e industrial, entonces podría
invalidar en gran medida sus objetivos en relación a los salarios relativos y, con ello, la
distribución salarial. Sin embargo, los estudios empíricos y teóricos disponibles no parecen
apuntar en esta línea. En todo caso, el deslizamiento salarial se superpondría a las intenciones
de la fijación centralizada de salarios, sin suponer una distorsión de la misma.


Página 12 de 25
(2) Efectos sobre la productividad de los trabajadores
A priori, la aplicación de una política salarial solidaria no tiene efectos claramente definidos
sobre la productividad de los trabajadores. Bien es cierto que una primera aproximación que
estuviera basada en los postulados de la teoría neoclásica llevaría a pensar que una estructura
salarial más igualitaria tiende a incrementar la rigidez de la fuerza de trabajo y,
consecuentemente, a reducir su eficiencia. Dado que considera a los trabajadores como
agentes monocausales con motivaciones únicamente economicistas, supone que su salario
debe depender únicamente de su productividad marginal. Sin embargo, perspectivas más
amplias afirman que una distribución salarial más equitativa puede mejorar sensiblemente la
productividad laboral. La razón fundamental es que los trabajadores consideran más justa una
distribución salarial menos dispersa que la correspondiente a los diferenciales de productividad,
por lo que una menor varianza en dicha distribución puede conducir a unas mejores relaciones
laborales, a una mayor cohesión y un ambiente de trabajo más armonioso, lo que redundaría
en mayor producción y esfuerzo por trabajador.
No obstante, la realidad observada no es fácilmente justificable a partir de los criterios teóricos
comentados. Podemos afirmar que la evolución de la productividad ha experimentado dos
etapas bien diferenciadas en Suecia (ver gráfica 2):
(1) Etapa 1956-1975. La productividad del evoluciona de forma netamente positiva.
(2) Etapa 1975-1983. La evolución pasa a ser negativa.
Para poder saber hasta qué punto la evolución de la dispersión salarial –y, a través de ella, la
política salarial solidaria– es responsable de esta evolución de la productividad, se hace
preciso intentar una aproximación a la causalidad existente entre ambas variables mediante el
estudio de su relación estadística. Los resultados, medidos a través de la correlación entre
ambas variables, se pueden ver en la gráfica 3, que refleja claramente una relación directa
(positiva) entre la dispersión salarial intraempresarial y la productividad, y una relación indirecta
(negativa) entre ésta y la dispersión interempresarial. Esto cuadra perfectamente con la
evolución histórica de la productividad, puesto que en la etapa 1956-1975, predomina la política
salarial en los dos primeros niveles de aplicación (interempresarial e interindustrial), lo que
hace que la productividad crezca, mientras que en el periodo 1975-1983 es cuando se
introduce el tercer nivel (intraempresarial), que provoca caídas en este dato.

GRÁFICA 2: Evolución comparativa de la productividad y la producción en Suecia, 1960-1994.
Fuente: HIBBS y LOCKING, 2000: 766.
Nota: la evolución de la productividad y la producción se mide en el eje de ordenadas a través
del diferencial acumulativo de las tasas de variación de los logaritmos de ambos datos en
relación a la tasa media nacional e internacional (países OCDE) del periodo considerado.



GRÁFICA 3: Efecto de la dispersión salarial sobre la productividad en Suecia, 1964-1993.
Fuente: HIBBS y LOCKING, 2000: 777.
Nota: el efecto de la dispersión salarial sobre la productividad se mide en el eje de ordenadas a
través de los coeficientes de regresión (detalles en Hibbs y Locking, 2000).


Página 13 de 25


Como consecuencia de la aplicación del tercer nivel en la política salarial, el consenso que
permitía su implementación queda roto por parte de las empresas, que ven peligrar la buena
marcha de su proceso de acumulación a partir de mediados de los setenta. El resultado es la
abolición de la negociación salarial centralizada y la vuelta a la descentralización.

(3) Efectos sobre la competitividad de las empresas
Las consecuencias que la política salarial solidaria ha podido tener sobre la competitividad de
las empresas se dividen en dos efectos inmediatos de dicha política sobre (a) la competencia y
(b) el proceso de acumulación del capital.
(a) Efectos sobre la competencia.
Como ya hemos explicado con anterioridad, la política salarial solidaria eliminaría a aquellas
empresas que no fueran lo suficientemente rentables como para poder pagar los salarios
renegociados bajo esta perspectiva de contención en los tramos altos y de subida en los
tramos bajos. Si dichos salarios, en los niveles inferiores de remuneración –que son los más
nutridos de la plantilla de cualquier empresa–, se elevan en términos relativos como
consecuencia de la aplicación de una política salarial como la descrita, entonces se crea una
dinámica selectiva, un nuevo criterio competitivo que se añade, por el lado de los costes, al de
la concurrencia de vendedores en el mercado de bienes y servicios. Aquellas empresas que
tengan ingresos por trabajador inferiores al salario establecido a través de la negociación
colectiva centralizada, se verán en la necesidad de reestructurar y racionalizar su proceso
productivo para incrementar su remuneración o, en caso de no poder hacerlo, tendrán que
cerrar, ya que no podrán afrontar los nuevos costes laborales.
Esta situación, obviamente, indica que la política salarial solidaria tiene un efecto positivo sobre
la competencia entre las empresas y, consecuentemente, sobre la competitividad de las
mismas por la vía de la eliminación selectiva de las menos eficientes.
(b) Efectos sobre la acumulación de capital.
La política salarial solidaria tiene dos consecuencias que afectan directamente al proceso de
acumulación de capital: (i) aparición de beneficios extraordinarios y (ii) cambios en la
productividad del trabajo. Pasemos a analizarlos por separado.
(i) Aparición de beneficios extraordinarios.
La contención salarial de alcance general que resulta de la política solidaria hace que
aparezcan beneficios extraordinarios en aquellas empresas que, o bien gozan de alta
rentabilidad, o bien ya venían pagando salarios elevados a los trabajadores menos
cualificados. Cuando surgen estos beneficios, las empresas más competitivas disponen de un
mayor capital para mejorar sus capacidades productivas mediante la reinversión, lo que hace
que se acelere su proceso de acumulación de capital.
(ii) Cambios en la productividad del trabajo.
Como hemos visto, la productividad del trabajo se ve afectada sensiblemente por la política
salarial solidaria, aunque el sentido de tal efecto varía en función de la etapa histórica que
tratemos. Sin entrar en matices, una mayor productividad del trabajo permite mejorar el
proceso de acumulación de capital, mientras que su reducción conduce a un empeoramiento
de dicho proceso. De esta forma, tenemos dos posibles efectos de la política salarial sobre la
productividad del trabajo, y de ésta sobre el proceso de acumulación del capital.

Página 14 de 25
El proceso completo de causas y consecuencias indica que el efecto final de la política salarial
solidaria sobre la competitividad de las empresas depende, básicamente, del nivel de
aplicación al que llegue aquélla. Si se implementa en los niveles interindustrial e
interempresarial entonces el efecto es netamente positivo. Si, por el contrario, se aplica en el
nivel intraempresarial entonces el efecto neto no puede ser determinado con claridad, ya que,
aunque el aumento de los costes salariales y la aparición de beneficios extraordinarios
favorecen la competitividad, la disminución de la productividad del trabajo la perjudica.

(4) Efectos sobre la estructura del mercado
La política salarial solidaria, a través de los efectos inmediatos sobre la competencia y la
acumulación, provoca efectos mediatos sobre la estructura del mercado. Estos efectos se dan
sobre (a) la centralización y (b) la concentración del capital.
(a) Efectos sobre la centralización del capital.
Recordemos que el concepto de centralización del capital se refiere a un fenómeno que
consiste en una fusión de los capitales existentes en un número menor de capitales mayores.
Este concepto hace hincapié en una redistribución de capitales que conduce al incremento del
tamaño medio de los mismos y a la reducción de su número, sin tener en cuenta la evolución
interna de cada uno de los capitales individuales.
Si, como hemos visto antes, la política salarial provoca un aumento de la competencia, es
evidente que esto conducirá a una reducción del número de empresas a causa de la
eliminación de las compañías menos rentables. Esta eliminación vendría de la mano de
adquisiciones y fusiones por parte de empresas de mayor éxito o de liquidaciones a favor de
los antiguos socios. En cualquier caso, el proceso llevará a una aceleración del proceso de
centralización del capital que, por su propia naturaleza, conduce a un desarrollo más rápido del
capitalismo en Suecia.
(b) Efectos sobre la concentración del capital.
En paralelo al proceso de centralización, en las economías capitalistas se produce un
fenómeno de concentración por el que las empresas, mediante sus procesos individuales de
acumulación del capital, aumentan su tamaño. Este concepto se distingue claramente del
anterior, ya que, mientras la centralización destaca el proceso por el que distintos capitales
pasan a formar uno solo de mayor tamaño, la concentración se refiere al aumento del tamaño
causado de cada capital por el proceso de reproducción ampliada. Por lo tanto, la
concentración implica la creación de capital antes inexistente, mientras que la centralización
supone un reparto nuevo, más restringido, del capital existente.
En el caso de Suecia, decíamos antes que la aplicación de la política salarial solidaria en los
niveles interindustrial e interempresarial hace que mejore el proceso de acumulación. Esto
significa, simplemente, que las empresas supervivientes al proceso de selección competitiva
serán capaces de mejorar su eficiencia y, con ella, aumentar su producción y su tamaño. Por
ello, en este caso, la política salarial fomenta la concentración del capital.
Sin embargo, cuando esta política es aplicada en el nivel intraempresarial, la cosa cambia
sustancialmente, porque, entonces, el proceso de acumulación se ve afectado positivamente
por la aparición de beneficios extraordinarios y negativamente por la disminución de la
productividad laboral. El efecto neto de ambos factores sobre el proceso de acumulación no
puede ser determinado, por lo que no se puede afirmar con seguridad en qué sentido quedará
afectado el grado de concentración del capital.
En nuestra opinión, el efecto de este doble proceso simultáneo de centralización y
concentración sería positivo para la competitividad de las empresas suecas en el corto plazo,
aunque daría lugar a un proceso de monopolización en el mercado interno que podría dañar la
eficiencia de la economía nacional en el medio y largo plazo. Además, hay que recordar que
Suecia es un país caracterizado, desde los mismos inicios de su industrialización, por una más
que considerable concentración de la propiedad corporativa, circunstancia que facilita y acelera
ambos procesos.

(5) Efectos sobre el empleo
La concentración del capital y, sobre todo, su centralización son procesos que conducen
generalmente a un incremento de la composición orgánica del capital y, con ella, a una
reducción de la demanda de trabajo por parte de las empresas. En el caso sueco, además,
queda claro que la centralización procede de un proceso de selección empresarial que obliga a
muchas de las sociedades a racionalizar su sistema productivo para reducir sus plantillas o, en
su defecto, a cerrar definitivamente. Como consecuencia, la fuerza de trabajo se movería hacia

Página 15 de 25
los sectores y las empresas más eficientes, provocando un trasvase de mano de obra que, en
todo caso, no sería íntegro, ya que para que pudiera ser así, el aumento de puestos de trabajo
en las empresas supervivientes tendría que ser exactamente igual a la reducción producida por
el cierre de las desaparecidas.
Por lo tanto, el desempleo tendería a aumentar en términos generales y, además, sería más
acusado en los colectivos de trabajadores menos cualificados, que son los que menos salario
cobran y, por ello, los que mayores subidas experimentarán en sus sueldos.

(6) Efectos sobre la inflación
El control de la inflación es uno de los objetivos funcionales básicos de la política salarial
solidaria, ya que permite afrontarlo desde la formación de las rentas del factor trabajo. Cuando
la estructura salarial viene determinada por una negociación centralizada, la posibilidad de
contención de los sueldos es mucho mayor que en el caso de una negociación descentralizada.
Sin embargo, también es indudable que la aparición de los beneficios extraordinarios unida a la
posibilidad del deslizamiento salarial supone un factor que puede dar lugar a aumentos de la
inflación de costes. A este nivel, no es posible ofrecer conclusiones suficientemente
contrastadas sobre el efecto final de la política salarial en esta cuestión.

(7) Efectos sobre la distribución de la renta
La política salarial solidaria no sólo afecta a la distribución de la renta a través de
modificaciones en la estructura salarial, sino que también tiene consecuencias sobre el reparto
de riqueza entre trabajo y capital. Veamos ambos efectos:
(a) Por un lado, hemos visto que mejora la renta relativa de los trabajadores con menor salario
en relación a los mejor pagados. Esto supone una redistribución de la renta entre los
propios asalariados.
(b) Por otro lado, la política salarial solidaria supone cambios importantes en la distribución de
la renta entre capital y trabajo, es decir, entre salarios y beneficios. Como ya vimos, la
contención de salarios provoca la aparición de beneficios extraordinarios en las empresas más
rentables, lo que significa que se produce un incremento de los ingresos empresariales a costa
de una disminución relativa de las retribuciones salariales; esto es, un aumento de la tasa de
plusvalía. Por lo tanto, el resultado neto es que se produce un trasvase de renta del trabajo al
capital. De hecho, es precisamente ésta la razón por la que, según Meidner, se propondría en
la década de los setenta la aplicación de los fondos salariales de inversión, uno de cuyos
objetivos principales era hacer digerible a los trabajadores este trasvase de renta.
Si unimos estos dos efectos, la conclusión final es que la política salarial solidaria es
beneficiosa para el capital y los trabajadores peor remunerados, y perjudicial para los mejor
pagados. Éstos tendrán que sufragar de su bolsillo, por un lado, el incremento de
competitividad de las empresas producido por el aumento de sus beneficios extraordinarios y la
consecuente concentración de capital y, por otro lado, la mejora de los salarios de los
trabajadores peor remunerados.
De hecho, esta conclusión cuadra perfectamente con el recorrido histórico de la política salarial
solidaria. En efecto, cuando esta política se aprobó, en los años cincuenta, fue gracias al
acuerdo, por un lado, de los sindicatos de los trabajadores peor remunerados que dominaban
la LO y, por otro, de la SAF, cuyas razones para aprobarlo descansaban en este trasvase de
renta del trabajo al capital que comentamos.

El fin de la política salarial solidaria
Durante casi treinta años, la política salarial solidaria funcionó razonablemente bien en Suecia.
La negociación colectiva centralizada procuró una implementación rigurosa de esta política y
logró compatibilizar elevadas tasas de empleo con bajas cifras de inflación, lo que, unido a un
ritmo muy alto de crecimiento, permitió que la economía sueca alcanzara una posición
envidiable entre los países capitalistas más desarrollados del mundo. No obstante, esta política
fue abandonada de raíz a principios de los ochenta. ¿Qué fue lo que ocurrió?
Es indudable que la política salarial solidaria dejó de aplicarse en Suecia como consecuencia
de la retirada unilateral de la SAF de la negociación colectiva centralizad en 1983. Las razones
para que esto ocurriera se pueden plantear de dos maneras:
(1) La explicación dada desde la perspectiva socialdemócrata afirma que la retirada del
capital se debió al intento de aplicación de los fondos salariales de inversión y de una
legislación laboral amplia, no a ningún cambio de situación derivado de variaciones en la
política salarial. Esto supone, obviamente, buscar una variable explicativa de carácter externo.

Página 16 de 25
(2) Los argumentos que se dan desde la perspectiva crítica indican que las empresas
abjuraron del Modelo Rehn-Meidner a causa de la caída de la productividad originada por la
radicalización de la política salarial solidaria al pasar al tercer nivel de aplicación y que,
además, su retirada permitió un relanzamiento de la abierta oposición de los trabajadores con
mejores remuneraciones, cuya situación empeoraba aún más con esta radicalización. Por lo
tanto, ofrece una variable explicativa de carácter interno.
En nuestra opinión, un intento verdadero de estudio de las causas del fin de la política salarial
solidaria con vocación suficientemente amplia debe admitir las dos explicaciones, la
socialdemócrata y la crítica, ya que ambas, al ser compatibles y complementarias en ese
aspecto, permiten un mayor potencial explicativo. Y siempre aclarando que esto no implica en
absoluto la aceptación de ninguna postura ecléctica de criterio laxo, sino, bien al contrario, un
modelo analítico perfectamente coherente de mayor alcance.

Políticas activas de empleo
Concepto y orígenes
La política de empleo representa en el Modelo Rehn-Meidner la plataforma sobre la que se
sustenta su pilar básico, la política salarial solidaria. Su importancia es primordial, ya que, sin
ella, la reestructuración competitiva que sufre el mercado como consecuencia de la nivelación
de salarios, en lugar de fomentar la eficiencia económica, provocaría graves incrementos del
desempleo que acabarían con ella en muy poco tiempo.
En un análisis típico del modelo de Estado del bienestar, la política de empleo se divide en dos
tipos:
(1) Políticas activas de empleo. Su objetivo es eliminar el riesgo de reducción de la demanda
agregada y de inestabilidad social causado por el desempleo a través de medidas de
adaptación y recolocación de la fuerza de trabajo excedente en nuevos puestos de trabajo.
Incluye formación y reciclaje, estimulación de la movilidad geográfica y sectorial, obras y
proyectos públicos, empleo protegido, apoyo a empresas situadas en zonas deprimidas, etc.
(2) Políticas pasivas de empleo. Mediante la creación de un sistema de transferencias a los
desempleados (seguro y subsidio), trata de mantener el nivel de vida y, con ello, la capacidad
de consumo de la población en situación de paro.
Obviamente, ambos tipos de políticas son complementarias y están estrechamente
relacionadas, puesto que, entre otras cosas, la participación en las primeras suele ser
condición necesaria para beneficiarse de las segundas. De hecho, las políticas activas se
conciben en gran medida como una forma de evitar el riesgo moral que supone la existencia de
generosas políticas pasivas, esto es, la posibilidad de abuso por parte de los beneficiarios. En
todo caso, es la política activa de empleo la principal baza del Modelo Rehn-Meidner por su
mayor efectividad a la hora de afrontar los problemas de desempleo que dicho modelo plantea,
por lo que nos detendremos más específicamente en su estudio.

Políticas activas de empleo
La idea que alimenta la implementación de la ambiciosa política activa de empleo característica
del Modelo Rehn-Meidner es la de que, en un sistema con política salarial solidaria, se hace
necesario un mecanismo externo al propio mercado laboral que facilite el trasvase de fuerza de
trabajo desde las empresas menos rentables, que serán expulsadas del mercado u obligadas a
racionalizar sus procesos por mor de la nivelación de salarios, hacia las más eficientes, que
absorberán mano de obra para acelerar su proceso de acumulación. Para que este trasvase
funcione sin producir lo que Gösta Rehn llamó islas de desempleo, el gobierno debe desarrollar
estrategias de reciclaje, formación y recolocación de aquellos trabajadores que hayan perdido
su empleo. Por lo tanto, la política activa, tal y como se plantea, es una suerte de “mano visible”
que tratará de movilizar a los trabajadores que hayan perdido su empleo desde las empresas
poco rentables hacia las más eficientes.
La política activa de empleo en Suecia consta de diversos tipos de medidas entre las que se
encuentran: programas de formación, de empleo temporal protegido (relief work), de empleo a
tiempo parcial para jóvenes, de apoyo a la movilidad geográfica, de subsidios a la contratación
laboral por parte de las empresas, de fomento del “autoempleo”, etc. La duración de los
programas suele ser de cuatro a seis meses y las metas inmediatas que se tratan de lograr
son, entre otras: facilitar la búsqueda de empleo por parte de los trabajadores y la de mano de
obra por parte de las empresas, mejorar las aptitudes de la fuerza de trabajo mediante la
formación, dotar de experiencia laboral o abaratar la contratación a los empleadores.


Página 17 de 25
Importancia cuantitativa de la política activas de empleo
Al contrario que en otros países, donde su importancia es residual, las políticas activas de
empleo en Suecia no solamente constituyen un elemento fundamental del Modelo Rehn-
Meidner, sino que han alcanzado un gran peso específico en términos cuantitativos, tanto
humanos como económicos.
Desde el punto de vista humano, la cantidad de personas beneficiadas por los programas de la
política activa de empleo ha sido muy considerable tanto en términos absolutos como relativos.
Tres son las cuestiones que hay que reseñar al respecto:
(1) La importancia relativa de la cantidad de personas inscritas en estos programas, medida
como porcentaje de la población activa total, es muy elevada y con una tendencia creciente a lo
largo del periodo 1960-1983. Como vemos en la gráfica 4, ha llegado a suponer hasta casi el
3% de la población activa a finales de los setenta, momento tras el que se reduce
sensiblemente, aunque con tendencia posterior igualmente creciente.
(2) Como parecería lógico a priori, el porcentaje de la población activa inscrita en programas de
empleo del gobierno tiene cierta relación con las tasas de desempleo abierto, de manera que
cuanto más alto es el paro registrado, más personas entran en dichos programas.
(3) A pesar de lo comentado en el párrafo anterior, lo cierto es que, para el periodo 1960-1983,
el coeficiente de correlación entre las series de datos de desempleo abierto y tasa de
participación en programas de empleo es de un magro 0,62. Esto significa que la política activa
de empleo no ha tenido un peso totalmente acorde a la situación de paro del país, sino que ha
tendido a aumentar sus competencias con cierta independencia respecto de las tasas de
desempleo abierto, como se puede ver en las gráficas 4 y 5. En todo caso, no hay que olvidar
que, de algún modo, estos programas han ido alcanzando con el tiempo un cierto estatus de
derecho adquirido que dificultaría mucho cualquier intento de reducción significativa de los
porcentajes observados.
Desde el punto de vista económico, la importancia de las inversiones necesarias para
desarrollar estos programas medida como porcentaje del PIB total del país es muy alta, tanto
en términos absolutos como en comparación con otros países. Mientras que el gasto total en
políticas de empleo (tanto activas como pasivas) se cuadruplicaba de los años sesenta a los
ochenta desde el 1% hasta el 4%, el montante exclusivamente correspondiente a las políticas
activas duplicaba la media de los países integrantes de la OCDE en la década de los noventa,
con cifras de entre el 1,1 y el 1,8% del PIB.

GRÁFICA 4: Tasas de desempleo y participación en programas de política activa de empleo
como porcentajes de la población activa, 1960-1983
Fuente: elaboración propia a partir de CALMFORS y FORSLUND, 1991.
0,0%
0,5%
1,0%
1,5%
2,0%
2,5%
3,0%
3,5%
4,0%
4,5%
5,0%
5,5%
6,0%
6,5%
1
9
6
0
1
9
6
1
1
9
6
2
1
9
6
3
1
9
6
4
1
9
6
5
1
9
6
6
1
9
6
7
1
9
6
8
1
9
6
9
1
9
7
0
1
9
7
1
1
9
7
2
1
9
7
3
1
9
7
4
1
9
7
5
1
9
7
6
1
9
7
7
1
9
7
8
1
9
7
9
1
9
8
0
1
9
8
1
1
9
8
2
1
9
8
3
Año
D
e
s
e
m
p
l
e
o

y

p
a
r
t
i
c
i
p
a
c
i
ó
n

e
n

p
o
l
í
t
i
c
a
s

a
c
t
i
v
a
s

d
e

e
m
p
l
e
o
Desempleo abierto
Participación
Desempleo total


GRÁFICA 5: Porcentaje del número de inscritos en programas de política activa de empleo en
relación a la cantidad de personas en situación de desempleo abierto, 1960-1983
Fuente: elaboración propia a partir de CALMFORS y FORSLUND, 1991.

Página 18 de 25
0,0%
20,0%
40,0%
60,0%
80,0%
100,0%
120,0%
140,0%
160,0%
1
9
6
0
1
9
6
1
1
9
6
2
1
9
6
3
1
9
6
4
1
9
6
5
1
9
6
6
1
9
6
7
1
9
6
8
1
9
6
9
1
9
7
0
1
9
7
1
1
9
7
2
1
9
7
3
1
9
7
4
1
9
7
5
1
9
7
6
1
9
7
7
1
9
7
8
1
9
7
9
1
9
8
0
1
9
8
1
1
9
8
2
1
9
8
3
Año
P
a
r
t
i
c
i
p
a
c
i
ó
n
/
d
e
s
e
m
p
l
e
o

o
f
i
c
i
a
l

e
n

p
o
r
c
e
n
t
a
j
e



Efectos de las políticas activas de empleo
Dividiremos el análisis de los efectos de las políticas activas de empleo sobre la economía en
dos aspectos: por un lado, (1) el empleo, y, por otro, (2) los salarios y la inflación.
(1) Efectos sobre el empleo.
Para comprender correctamente el efecto que la política activa de empleo sueca tiene sobre el
trabajo, debe verse en relación a su capacidad para reducir dos tipos de desempleo: el abierto
y el total. Por desempleo abierto entendemos el porcentaje de población activa que, pudiendo
trabajar y sin encontrarse en ningún programa oficial de empleo, busca activamente un puesto
de trabajo y no lo encuentra. Por desempleo total entendemos la suma del desempleo abierto
más el porcentaje de población activa que se encuentra en algún programa oficial de empleo
10
.
La diferencia entre ambos tipos de desempleo dependerá, obviamente, de la envergadura que
tenga la política activa de empleo.
En relación al desempleo abierto, cuya evolución puede verse en la gráfica 4, diversos estudios
empíricos parecen demostrar que la política activa de empleo, lejos de tratarse de un
mecanismo de asignación de la fuerza de trabajo menos eficiente que el del mercado (esto es,
el movimiento espontáneo provocado por los diferenciales de salarios originados por la
interacción de oferta y demanda), resulta ser una herramienta más útil y efectiva. Los
argumentos más habituales afirman que esta política mejoraría el mecanismo de contacto entre
demanda y oferta de trabajo, algo que supone una mayor eficiencia del sistema de asignación
de recursos del mercado laboral y que, obviamente, conduce a menores pérdidas de potencial
productivo y a menos desempleo. Además, esta política mejoraría las aptitudes de los
trabajadores, lo que permite conformar una oferta laboral más ajustada a la demanda y,
consecuentemente, una menor tasa de paro. La conclusión que se extrae de los estudios
empíricos disponibles es que la política activa de empleo reduce sensiblemente las tasas de
desempleo abierto.
En cuanto al desempleo total, queda claro que, el gran peso de las políticas activas en cuanto a
la cantidad de población desempleada que abarcan hace que este tipo de paro sea mucho más
alto que el desempleo abierto y que, obviamente, el diferencial entre ambas sea creciente (ver
gráfica 4), lo cual pone en duda, no solamente la efectividad de las políticas activas de empleo,
sino, incluso, la fiabilidad de los datos del paro de Suecia.
Una cuestión añadida que puede provocar aumentos en el diferencial entre desempleo abierto
y total, más allá del aumento del presupuesto dedicado a los programas de política activa, es
que algunos de estos programas producen un claro efecto expulsión sobre la demanda normal
de empleo. En concreto, las empresas pueden utilizar los programas de contratación
subvencionada para reclutar trabajadores que, en cualquier caso, iban a necesitar, lo cual hace
que el trabajador implicado, en lugar de pasar del desempleo abierto a la población ocupada,
como sería el caso si no existiera el programa en cuestión, pasaría del desempleo abierto a la

10
Según es norma en el sistema estadístico sueco, las personas que están participando
en algún programa oficial de empleo dejan de contar como desempleadas durante el
tiempo que permanezcan en tal situación.

Página 19 de 25
población activa participante en la política oficial de empleo. Esto, obviamente, implica una
reducción de las cifras oficiales de paro, pero sin modificación alguna en el desempleo total.
En cualquier caso, aunque la política activa de empleo es, en términos generales, una
herramienta eficiente para mejorar el funcionamiento del mercado laboral, algunos autores
afirman que la pérdida de empleo provocada por la política salarial solidaria no se ha podido
resolver únicamente mediante una política de empleo activa que trate de recolocar a los
trabajadores despedidos en otras empresas e industrias del sector privado, sino que ha exigido
un incremento masivo del empleo público más allá de los programas concretos que permitiera
absorber los crecientes excesos de mano de obra. De este modo, además, se ha podido
encauzar el gran incremento de la población activa debido a la incorporación en masa de la
mujer al mercado laboral.
(2) Efectos sobre los salarios y la inflación.
A priori, una política activa de empleo eficiente puede dar lugar a dos situaciones radicalmente
contradictorias en relación a la inflación:
– En primer lugar, la aplicación de los programas de política activa entre los desempleados
aumentaría el bienestar psicológico y las perspectivas de trabajo, así como, probablemente, los
ingresos en comparación con la compensación del seguro o el subsidio. Ambas circunstancias
reducirían las consecuencias negativas del paro, lo que permitiría tanto a los sindicatos como a
los propios trabajadores aplicar una mayor presión en la negociación salarial colectiva o
individual, algo que llevaría a más que probables subidas de los salarios. Esto conduciría a
aumentos de la inflación de costes. Por otra parte, si los efectos positivos de la política activa
sobre el empleo se confirman, se producirá una disminución del número de desempleados. La
subida de los salarios, por un lado, y la reducción del ejército industrial de reserva, por otro,
provocarán un crecimiento del consumo privado, lo que llevaría a una ampliación de la
demanda agregada y, consiguientemente, a aumentos de la inflación de demanda.
– En segundo lugar, la aplicación de una política activa de empleo contempla el aumento de la
competencia entre los trabajadores como uno de sus objetivos y resultados principales y, con
él, una contención o, incluso, una caída de los salarios. La idea es que los programas de
política activa permitirían a los desempleados aumentar su motivación para buscar empleo,
evitar el deterioro o la obsolescencia de sus aptitudes profesionales, mejorar su formación y
moverse con más facilidad hacia las regiones con déficit de mano de obra, circunstancias que
darían lugar a un aumento del número de candidatos para cada puesto vacante y, con ello, a
una caída de los salarios, lo que llevaría a reducciones de la inflación de costes.
Vemos, pues, que la teoría no parece dar una respuesta definitiva acerca del efecto que la
política activa de empleo tiene sobre la inflación, por lo que parece necesario acudir al análisis
empírico. Sin embargo, tampoco éste arroja demasiada luz sobre el particular. Aparte de
algunas especulaciones aisladas que entrevén una mayor preponderancia del efecto positivo
sobre los salarios, ninguno de los estudios consultados ofrece evidencias claras al respecto y la
conclusión a la que no podemos evitar llegar es que, a día de hoy, no existen pruebas
científicas suficientes que afirmen una influencia definida de la política activa de empleo sobre
la inflación a través de los salarios.

Los fondos salariales de inversión
Los llamados fondos salariales de inversión (Löntagarfonderna) fueron, en su concepción, el
proyecto más ambicioso de la socialdemocracia sueca para lograr la socialización del capital en
el sentido de colectivizar la propiedad de los medios de producción y de dar a los trabajadores
capacidad de decisión en la gestión de las unidades de producción. De hecho, para algunos
autores, suponía una ruptura con el clásico pragmatismo de la socialdemocracia sueca y un
claro paso adelante hacia el socialismo. En realidad, se trataba de una ampliación del Modelo
Rehn-Meidner con notables implicaciones tanto en cuestiones de distribución de beneficios
como de propiedad corporativa. Sin embargo, como veremos a lo largo de este epígrafe, tal
intención nunca se llevó realmente a cabo y, en la realidad, los fondos no fueron más que una
sombra de lo que de ellos se pretendía.

El proyecto inicial: los fondos de inversión de los asalariados del Plan Meidner
Durante el congreso de la LO celebrado en 1971 se analizó el funcionamiento del Modelo
Rehn-Meidner con cierta profundidad. Los resultados dejaron bien claro que el modelo
presentaba dos problemas esenciales relacionados, sobre todo, con la política salarial; a saber:
(1) Por un lado, se argumentó que esta política suponía una transacción directa de renta de los
trabajadores de más alto rango a favor de los propietarios de las empresas más eficientes, algo

Página 20 de 25
que conducía indefectiblemente a la concentración del capital y cuyos resultados eran
radicalmente contrarios a las supuestas intenciones del Modelo.
(2) Por otra parte, se afirmó la necesidad de aumentar la capacidad de influencia de los
trabajadores en la toma de decisiones en el seno de la empresa como mecanismo de avance
en la búsqueda de la democracia económica real.
Para tratar de encontrar una solución a ambas cuestiones que fuera complementaria a la
política salarial solidaria y, al mismo tiempo, acorde con la búsqueda del pleno empleo por la
vía del crecimiento económico en el seno del capitalismo, se nombró una comisión especial
dirigida por el propio Rudolf Meidner. Los resultados fueron presentados en 1976 en forma de
proyecto, el llamado Plan Meidner.
Los objetivos fundamentales del proyecto, tal y como fueron expuestos por el propio Meidner,
eran tres:
(1) Complementar la política salarial solidaria para solucionar los problemas relacionados con
ésta. Sobre todo, los beneficios extraordinarios en empresas con alta productividad, ya que
provocaban una trasvase de renta del trabajo al capital y, además, una tendencia de la
economía al aumento de la inflación de costes. La creación de un fondo de este tipo en lugar
de un mayor impuesto sobre los beneficios permitiría absorber las ganancias extraordinarias
sin reducir la inversión. En efecto, el trasvase de los beneficios extraordinarios no sería hacia
las arcas públicas, sino hacia fondos de inversión que, como veremos, constituyen un aumento
del capital disponible para los proyectos demandantes de financiación, ya que serían
directamente utilizados en la adquisición de acciones de las empresas.
(2) Aumentar la influencia de los asalariados en la esfera económica. Para ello, el Plan Meidner
pretendía dos cosas: franquear el acceso de los trabajadores a la toma de decisiones dentro de
las empresas y permitirles beneficiarse de la plusvalía extraída por el capital, lo que facilitaría, a
su vez, una reducción de la desigualdad económica. En resumen, la colectivización de los
beneficios, lo que conduciría a un notable grado de socialización del capital en el largo plazo.
(3) Contrarrestar la creciente concentración de riqueza derivada de la propiedad y el control
privados de los medios de producción. Aunque el Plan Meidner planteaba esta necesidad, lo
cierto es que la gran concentración de la propiedad corporativa en Suecia es, irónicamente,
consecuencia, en gran medida, de las políticas aplicadas por los propios socialdemokraterna.
En resumen, el Plan Meidner consistía en crear unos fondos de inversión de los asalariados a
partir de los siguientes principios básicos.
(1) Todas aquellas empresas con más de cincuenta empleados estarían obligadas a emitir
cada año acciones nuevas por un importe del 20% de sus beneficios brutos anuales.
(2) Dichas acciones –y los ingresos derivados de su posesión– serían propiedad de los
sindicatos locales mientras no llegaran a copar más de la quinta parte del capital total de la
empresa. En caso de superar ese porcentaje, las acciones pasarían a un fondo de inversión
genuino gestionado conjuntamente por representantes de los trabajadores y los empresarios.
(3) Las nuevas acciones emitidas, que no podrían venderse, pasarían a formar parte de la red
de fondos de inversión de los asalariados.
(4) Las ganancias obtenidas a través de las acciones –dividendos– serían reinvertidas en
títulos de la propia empresa o utilizados para financiar programas de formación en gestión para
los empleados.
Además de un intento de solución de los problemas planteados más arriba, estos fondos
permitirían asegurar la futura financiación de las políticas sociales que no podrían ser
mantenidas simplemente por las exacciones fiscales propias del Estado del bienestar. Esto
suponía, a finales de los setenta, una clara estrategia de acción preventiva ante el proceso de
envejecimiento y de la dilatación temporal del período de formación improductivo de la fuerza
de trabajo que afectaría tanto a Suecia como al del resto de países desarrollados.
Un sistema como el descrito haría que el control de las empresas de muchos sectores de la
economía pasara a manos del fondo de asalariados en un plazo de dos a cuatro décadas,
siendo más rápido cuanto más rentable fuera la sociedad en cuestión. Como ejemplo
hipotético, si una empresa obtuviera una tasa anual constante de beneficio del 10%, el fondo
de asalariados alcanzaría el control mayoritario sobre ella en un plazo de 35 años.

La aplicación real: los fondos salariales de inversión
Hasta este punto, hemos analizado un proyecto teórico definido al que hemos llamado fondos
de inversión de los asalariados. Sin embargo, como veremos a continuación, tal modelo no
cristalizó en la realidad según las pautas marcadas por su concepción inicial, sino que sufrió

Página 21 de 25
una más que notable transformación. Por ello, y siguiendo a Gill, a tal aplicación modificada la
llamaremos, para distinguirla de la idea original, fondos salariales de inversión.
El Plan Meidner de 1976 gozó de una buena acogida por parte de la LO y la TCO, así como de
la mayoría del Partido Socialdemócrata, aunque, como es lógico, fue rechazado de plano por
las empresas y sus muy influyentes medios de comunicación. Según un informe encargado por
la SAF, estos fondos acabarían con la próspera economía capitalista al eliminar la rentabilidad
como criterio de inversión y producción y conducirían a un sistema de economía planificada de
corte soviético que acabaría en un caos de burocracia, centralización e ineficiencia, por no
hablar de la injusticia manifiesta que supondría la expropiación arbitraria derivada de la cesión
gratuita de la empresa a los trabajadores. Es decir, los fondos tendrían, según el capital, los
mismos trágicos efectos que una nacionalización total.
A pesar de la oposición empresarial, el proyecto presentado por el equipo de Meidner fue
aceptado por la LO en 1976 y, mucho más cautamente, por el SAP dos años más tarde. Sin
embargo, los fondos no comenzaron realmente a andar hasta 1983, tras el paréntesis
conservador en el gobierno sueco. Esta circunstancia nos obliga a expandir ligeramente el
marco temporal de estudio que habíamos establecido en su momento, ya que analizar el
proyecto inicial de los fondos de inversión sin entrar a comentar los resultados de su aplicación
real sería del todo absurdo en un trabajo de economía aplicada como éste.
Aunque el proyecto fue nominalmente aceptado, en realidad, el plan puesto en marcha
realmente no fue el original, sino uno distinto, totalmente desvirtuado tanto en su mecanismo
como en sus objetivos y resultados
11
. Las causas más evidentes fueron las siguientes:
– En primer lugar, el gobierno sufrió una tremenda presión por parte del capital y de la prensa,
de mayoritaria tendencia conservadora-liberal, lo que le obligó a renunciar a un proyecto tan
ambicioso para evitar conflictos sociales o reacciones del empresariado de mayor calado.
– En segundo lugar, la creación de unos fondos de tal calibre en manos de los sindicatos daría
a los dirigentes de estas organizaciones aún más poder en un escenario, el de finales de los
setenta y principios de los ochenta, que se caracterizaba precisamente por una cuota de poder
político muy notable de estos agentes en Suecia.
– En tercer lugar, la aplicación de estos fondos supondría la ruptura de facto del consenso
establecido en Saltsjöbaden, ya que pondría en tela de juicio el respeto que los sindicatos
habían prometido respecto de la propiedad privada de los medios de producción. Esto acabaría
con la era de paz social de la que habían disfrutado tanto empresarios como sindicatos hasta la
fecha, algo a lo que no estaba dispuesto el SAP.
– En cuarto lugar, la propuesta de Meidner fue realizada en un momento en el que se alinearon
varios vectores contrarios a la posibilidad real de su aplicación. Entre otros, la gran crisis
energética de finales de los setenta, con las consecuencias económicas, políticas y sociales
por todos conocidas tanto en Suecia como en el resto del mundo, el fin de la hegemonía
socialdemócrata en la política, con la pérdida del gobierno por parte del SAP en 1976 a manos
de una coalición liberal-conservadora que se mantuvo en el poder hasta 1982, año del regreso
al ejecutivo de Olof Palme, y la conclusión de la época de grandes reformas socioeconómicas
en Suecia impulsadas por la supremacía total del SAP en el parlamento.
– En quinto lugar, el plan favorecía en gran medida a los empleados del sector privado,
perjudicando relativamente a los cada vez más numerosos funcionarios públicos, que,
obviamente, nunca podrían recibir el mismo tratamiento.
– Y en sexto y último lugar, aunque probablemente el primero en importancia, hay que recordar
que se trataba de una medida radical, un proyecto que se aproximaba en mucha mayor medida
al socialismo de planificación central que lo que el SAP estaba dispuesto a admitir.
Recordemos que las raíces keynesianas de la socialdemocracia sueca se fundamentan en la
aceptación de un consenso básico entre trabajo y capital en aras de fomentar un capitalismo
“socializado”, compatible con la democracia social y el bienestar de la clase obrera. Por esta
razón, una medida como el Plan Meidner, que cuestiona claramente la propiedad privada de
los medios de producción, afectaría profundamente a la misma concepción de la
socialdemocracia.
Por lo tanto, el proyecto de fondos salariales de inversión finalmente aplicado en Suecia a partir
de 1983 fue muy distinto del inicialmente planteado por la LO. Así, en lugar de unos fondos de
inversión de los asalariados financiados con los beneficios extraordinarios obtenidos por las

11
Como dijera el director general de la LO, Gunnar Nilsson, firme defensor de la
concepción original, los fondos se convirtieron en “a harmless... little joke in the
margin”.

Página 22 de 25
empresas a partir de la política de contención salarial y cuyo objetivo sería otorgar a los
empleados un creciente control y capacidad de gestión del capital, la enconada oposición de
las empresas condujo a una aplicación totalmente desvirtuada.
Los nuevos objetivos marcados para los fondos realmente aplicables suponían una mayor
importancia de los hitos de carácter economicista en desmedro de las metas planteadas en
relación a las cuestiones políticas y sociales, cuestión que se vería plenamente confirmada por
el mecanismo de funcionamiento finalmente establecido. Estos objetivos modificados eran, en
este orden, los siguientes:
(1) La reducción de los conflictos relacionados con la distribución de la renta para procurar
mayores beneficios sin incurrir en costes derivados de la inflación de salarios.
(2) El aumento de la disponibilidad de capitales para fomentar una mayor inversión empresarial
que condujera a más crecimiento y empleo.
(3) Una mayor influencia de los trabajadores en la esfera de la producción.
(4) Cierta redistribución del poder y la propiedad corporativa para paliar la enorme
concentración capitalista propia de la economía sueca.
El funcionamiento de los fondos salariales de inversión finalmente puestos en marcha se
puede resumir en los siguientes puntos:
(1) En lugar de un único fondo de ámbito nacional, se pretendió la creación de 24 fondos
locales que, en la realidad, quedaron en cinco fondos regionales a modo de ensayo.
(2) Los cinco fondos fueron gestionados por consejos de administración formados por
representantes de los trabajadores nombrados por la LO y la TCO y por expertos
seleccionados por el gobierno.
(3) Dichos fondos, en lugar de constituirse a partir de nuevas acciones emitidas por un importe
del 20% de los beneficios brutos, consistieron en títulos ya existentes cuya compra se
financiaría a través de impuestos sobre los beneficios netos y sobre los salarios
12
. Es decir, que
en lugar de formarse a través de la emisión de acciones nuevas, los fondos recibirían una
cierta cantidad de dinero para adquirir valores ya existentes. Además, las generosas
deducciones aplicables al gravamen sobre los beneficios hacían que, en realidad, dos terceras
partes de la financiación de los fondos estuviera a cargo de los impuestos sobre los salarios, lo
cual significa que, lejos de tratarse de un mecanismo de absorción efectiva de beneficios
extraordinarios, este sistema se nutría del trabajo en mucha mayor medida que del capital.
(4) Los fondos afectarían solamente a las compañías con más de 500 empleados, lo que
supone aproximadamente el 10% de todas las empresas del país.
(5) La organización de estos fondos se insertó en la red institucional del sistema nacional de
pensiones
13
(ATP: Allmän Tillägspension) de tal manera que el dinero que pasaba a disposición
de cada uno, limitado a 400 millones de coronas anuales (a precios de 1983), era entregado a
los cinco fondos salariales regionales por parte del ATP, que era donde iban a parar en primera
instancia los impuestos pagados por las empresas y los asalariados. Cualquier cantidad que
superara este límite era absorbida por el sistema de pensiones. A cambio de este trasvase
financiero, se estipuló como requisito legal que los fondos salariales debían destinar
anualmente el 3% de estos activos al ATP. Esto implicaba, de facto, que los fondos debían ser
gestionados con criterios de eficiencia y prudencia tales que fueran capaces de alcanzar unas
tasas de rentabilidad mínimas iguales a ese porcentaje ya que, en caso contrario, el montante
total del fondo menguaría. Con ello, se veían convertidos de hecho en fondos de inversión
convencionales, cuyos objetivos no serían otros que maximizar la rentabilidad y la liquidez y
minimizar el riesgo y los costes
14
. De este modo, la meta de la participación de los trabajadores
en la propiedad de las empresas y en la toma de decisiones, al igual que otras cuestiones
éticas o sociales, pasaban a un plano totalmente secundario.

12
Se gravaban con un 20% los beneficios antes de impuestos superiores al millón de
coronas y con un 0,2% los salarios.
13
La razón por la que los fondos salariales se insertaron en el ATP fue facilitar su
aceptación pública. De este modo, un mecanismo polémico de socialización del capital
podría ser presentado como una reforma del sistema de pensiones, una suerte de
ampliación natural del mismo a partir de la creación del cuarto fondo de pensiones.
14
Algo que lograron con creces. En términos generales, además de conseguir superar el
3% de rentabilidad prescrito, sus resultados financieros no sólo fueron aceptables, sino
que superaron a la mayoría de los fondos de inversión privados.

Página 23 de 25
(6) Los fondos salariales tuvieron que responder a tres criterios de actuación generales que
estipulaba la ley que los creó: diversificación de riesgos, vocación de largo plazo y una
rentabilidad adecuada. El primero fue seguido con notable fidelidad, puesto que los fondos, a
pesar de su tamaño relativamente pequeño, mostraron un bajo nivel de concentración en su
cartera de inversiones. El segundo, sin embargo, fue sistemáticamente ignorado debido, sobre
todo, a su incompatibilidad con el tercer criterio. En efecto, pretender que un fondo de inversión
arroje cifras elevadas de rentabilidad año tras año y, al mismo tiempo, mantenga una cartera
estable en el largo plazo es, cuando menos, poco realista. Así, según los datos disponibles
para el trienio 1987-89, el nivel de circulación medio anual
15
de estos fondos alcanza el 30%,
una cifra relativamente alta que demuestra una estrategia de inversión considerablemente
especulativa con vocación de batir al mercado. Esto significa que los gestores de estos fondos
salariales tuvieron que centrarse en el tercer criterio, en detrimento del segundo, para tratar de
alcanzar unos resultados de rentabilidad elevados que les sirvieran como carta de legitimidad
ante el público.
(7) El sistema de financiación explicado tendría un periodo de duración programada de siete
años, desde 1983 hasta 1990, a modo de ensayo. Tras esta fecha, los fondos salariales
dejarían de recibir aporte alguno por parte del ATP, por lo que tendrían que funcionar a partir
de entonces con los activos disponibles en ese momento.
(8) Cada uno de los cinco fondos de inversión no podía acaparar más del 8% de las acciones
de ninguna empresa, lo que, teniendo en cuenta el elevado grado de concentración de la
economía sueca, supone la imposibilidad de acceder a la toma de decisiones efectiva en
ninguna compañía. En todo caso, la suma de los cinco fondos de inversión y el llamado cuarto
fondo de pensiones, el único con potestad para adquirir hasta el 10% de cualquier sociedad,
podría llegar a poseer hasta el 50% de las acciones de cualquier empresa, aunque esto jamás
llegó a darse en la realidad. Además, y mucho más importante, el reducido tamaño de los
fondos salariales impedía de raíz que alcanzaran un porcentaje elevado de las acciones de
ninguna empresa, sobre todo si tenemos en cuenta la existencia de acciones duales en la
economía sueca. Así, ninguno de los cinco fondos superaba en 1989 el 3,5% de la capacidad
de voto ni el 5% del capital de ninguna sociedad, lo que indica claramente su exigua capacidad
de decisión en el marco de la gestión empresarial. Lo cierto es que ningún fondo salarial de
inversión llegó a tomar posiciones en los consejos de administración que les permitieran algo
más que acceder más fácilmente a la información corporativa interna, aprender sobre los
entresijos de la gestión empresarial y establecer mejores relaciones con la elite financiera y
empresarial, lo cual no deja de ser un magro resultado en comparación con lo que pretendían
los fondos originales.
En 1990, a final de su período de vigencia, los fondos salariales de inversión, con un montante
de más de 20.000 millones de coronas, poseían cerca del 7% del capital negociado en la Bolsa
de Estocolmo. Finalmente, el Partido Moderado, que formó gobierno en 1991 en coalición con
las demás formaciones burguesas tras la derrota electoral de la socialdemocracia, decidió
acabar con ellos de forma definitiva en el plazo más breve posible. Para ello, decretó su
liquidación y utilizó lo acumulado hasta el momento, no para financiar el gasto social, como
estaba previsto inicialmente, sino para financiar fondos privados, así como fundar y mantener
diversos institutos de investigación científica con una clara orientación mercantil. De este modo,
concluyó “[…] a heroic chapter in the history of Swedish social democracy” (Engelen).
En resumen, se puede afirmar que una propuesta casi revolucionaria como la del Plan Meidner,
destinada a fomentar un mayor control democrático de la gestión empresarial y una
socialización de los beneficios del capital, terminó siendo aplicada como poco más que una
simple reforma técnica dirigida a resolver el problema puntual de los beneficios extraordinarios
obtenidos por las empresas de alta productividad y a aumentar la inversión privada. A pesar de
desarrollar un comportamiento muy satisfactorio en términos financieros a lo largo de sus siete
años de vida, tanto las grandes restricciones que caracterizaban su funcionamiento como,
sobre todo, su pequeño tamaño, hicieron imposible que esta experiencia tuviera resultados
realmente relevantes para la economía sueca o para su clase trabajadora. Por lo tanto, queda
claro que los objetivos planteados originalmente, que buscaban una profundización en la
democratización industrial a través de una política efectiva de solidaridad salarial y una mayor
influencia del trabajo en la gestión empresarial, no han sido cumplidos por los fondos salariales

15
Por nivel de circulación medio anual (portfolio turnover) entendemos la división del
total de compras y ventas de acciones efectuadas durante un año entre el capital medio
que conforma el fondo.

Página 24 de 25
de inversión realmente aplicados, si bien más por falta de ambición en su implementación que
por un mal funcionamiento de los mismos.

BIBLIOGRAFÍA
ANDERSEN, Torben, M. (1995). “Unemployment policy in the Welfare State”. The Nordic
Journal of Political Economy (NOPEC), nº 22, pp. 27-39.
BLACKBURN, Robin (2005). “Rudolf Meidner, 1914-2005. A visionary pragmatist”.
Counterpunch. 22 diciembre 2005. Disponible en: <www.counterpunch.org>
BOSWORTH. Barry P.; RIVLIN, Alice M. ed. (1987). The Swedish Economy. Washington, D.C,
Brookings Institution. 338 pp.
BURKITT, Brian; WHYMAN, Phillip (1994). “Employee Investment Funds in Sweden: their Past,
Present and Future”. European Business Review, vol. 94, nº4, pp. 22-29.
CALMFORS, Lars; FORSLUND, Anders; HERMSTRÖM, Maria (2001). “Does Active Labour
Market Policy Work? Lessons from the Swedish Experiences”. Swedish Economic Policy
Review, nº 85, pp. 61-124.
CALMFORS, Lars; FORSLUND, Anders (1991). “Real-Wage Determination and Labour Market
Policies: the Swedish Experience”. The Economic Journal, vol. 101, nº 408, sep 1991, pp. 1130-
1148.
CANOVA, T.A. (1994). “The Swedish Model Betrayed”. Challenge, vol. 37 (3), may-jun 1994,
pp. 36-40.
DEL ROSAL CRESPO, Mario (2007). “Los límites del socialismo reformista: el caso de Suecia.
Una aproximación crítica al Modelo Rehn-Meidner desde una perspectiva histórica (1932-
1983)”. Director: Arrizabalo, Xabier. Trabajo de Investigación. UCM, Dep. Economía Aplicada I.
123 pp.
ENGELEN, Ewald (2004). “The rise and fall of the Swedish Wage Earner Funds: a Cautionary
Tale”. Real Utopias Conference. University of Winsconsin-Madison, jun 2004. Disponible en:
<www.havenscenter.org>
ESPING ANDERSEN, Gøsta (1994). “El Estado del bienestar en la sociedad postindustrial”.
Debats, nº 49, pp. 57-61.
FLEISHER, Wilfrid (1956). Sweden. The Welfare State. Westport, Conn., Greenwood Press,
1973 (reed) 255 pp.
FORSLUND, Anders; KOLM, Anne-Sofie (2004). Active Labour Market Policies and Real-Wage
Determination. Swedish Evidence. Uppsala, Office of Labour Market Policy Evaluation (IFAU),
Working Paper 2000: 7. 118 pp.
FRY, J ohn A. ed. (1979) Industrial Democracy and Labour Market Policy in Sweden. Oxford,
Pergamon Press. 163 pp.
GILL, Louis (1996). Fundamentos y límites del capitalismo. Madrid, Trotta, 2002. 775 pp.
GILL, Louis (1989). Les limites du partenariat. Les expériences social-démocrates de gestion
économique en Suède, en Allemagne, en Austriche et en Norvège. Les Éditions du Boréal,
Québec, 154 pp.
GUSTAFSSON, Bo (1995). “Foundations of the Swedish Model”. The Nordic Journal of Political
Economy (NOPEC), nº 22, pp. 5-26.
HIBBS, Douglas A.; LOCKING, Håkan (2000). “Wage Dispersion and Productive Efficiency:
Evidence for Sweden”. Journal of Labor Economics, vol. 18, nº. 4, oct 2000, pp. 755-782.
HIBBS, Douglas A.; LOCKING, Håkan (1995). “Solidarity Wage Policies and Industrial
Productivity in Sweden”. The Nordic Journal of Political Economy (NOPEC), nº 22, pp. 95-108.
HOLDEN, Steinar (1989). “Wage Drift and Bargaining: Evidence from Norway”. Economica
(New Series), vol. 56, nº 224, nov 1989, pp. 419-432.
HÖGFELDT, Peter (2004). The History and Politics of Corporate Ownership in Sweden.
Cambridge MA, National Bureau of Economic Research (NBER). 78 pp.
J OHNSTON, T.L. (1958). “Wages Policy in Sweden”. Economica (New Series), vol. 25, nº 99,
ago 1958, pp. 213-229.
KORPI, Walter (1983). The Democratic Class Struggle. Londres, Routledge & Kegan Paul. 277
pp.
KORPI, Walter (1978). The Working Class in Welfare capitalism: Work, Unions and Politics in
Sweden. Londres, Routledge and Kegan Paul. 448 pp.
LANE, J an-Erik ed. (1991). Understanding the Swedish Model. Londres, Frank Cass. 210 pp.
LESTER, Richard A. (1957). “Reflections on Collective Bargaining in Britain and Sweden”.
Industrial and Labor Relations Review, vol. 10, nº 3, abr 1957, pp. 375-401.

Página 25 de 25
LINDBECK, Assar (1997). “The Swedish Experiment”. Journal of Economic Literature, vol. 35,
nº 3, sep 1997, pp. 1273-1319.
LINDBECK, Assar (1975). Swedish Economic Policy. Londres, Macmillan.
LUNDBERG, Erik (1985). “The Rise and Fall of the Swedish Model”. Journal of Economic
Literature, vol. 23, nº 1, mar 1985, pp. 1-36.
LUNDS UNIVERSITET (2007). Lund University Macroeconomic and Demographic Database
(LU-MADD). Lund, Universidad de Lund, Escuela de Economía y Gestión, Departamento de
Historia Económica. Disponible en: <www.ehl.lu.se/database/LU-MADD>
MAGNUSSON, Lars (2002). An Economic History of Sweden. Londres, Routledge.
MEIDNER, Rudolf (1994) “¿Por qué ha fracasado el modelo sueco?” Debats, nº 49, pp. 63-71.
MOENE, Karl Ove; WALLERSTEIN, Michael (1995). “Solidaristic Wage Bargaining”. The
Nordic Journal of Political Economy (NOPEC)., nº 22, pp. 79-94.
OCDE (2007). Labour productivity database. París, OCDE. Disponible en: <www.oecd.org>
OLSSON, Sven E. (1993). Social Policy and Welfare State in Sweden. Lund, Arkiv. 385 pp.
PONTUSSON, J onas; KURUVILLA, Sarosh (1992). “Swedish Wage-Earner Funds: An
Experiment in Economic Democracy”. Industrial and Labor Relations Review, vol. 45, nº 4, jul,
1992, pp. 779-791.
RAMASWAMY, Ramana (1994). “The Swedish Labor Model in Crisis”. Finance & Development,
vol. 31, nº 2, jun 1994, pp. 36-39.
SIANESI, Barbara (2001). An Evaluation of the Active Labour Market Programmes in Sweden.
Uppsala, Office of Labour Market Policy Evaluation (IFAU), Working Paper 2001: 5. 98 pp.
SILVERMAN, Bertram (1998). “The Rise and Fall of the Swedish Model: Interview with Rudolf
Meidner”. Challenge, vol. 41, nº 1, ene/feb 1998, pp. 69-90.
STATISTIKA CENTRALBYRÅN (2007). Statistical database. Estocolmo, Statistika
Centralbyrån. Disponible en: <www.scb.se>
TILTON, Timothy Alan (1991). The Political Theory of Swedish Social Democracy: Through the
Welfare State to Socialism. Oxford, Clarendon Press. 298 pp.
VYLDER, Stefan de (1996). “The Rise and Fall of the Swedish Model”. UNDP Occasional
Papers, nº 26. Disponible en: <http://hdr.undp.org>
WHYMAN, Philip (2006). “Post-Keynesianism, Socialisation of Investment and Swedish Wage-
Earner Funds”. Cambridge Journal of Economics, nº 30, pp. 49–68.
WHYMAN, Philip (2004). “An Analysis of Wage-Earner Funds in Sweden: Distinguishing Myth
from Reality”. Economic and Industrial Democracy, vol. 25 (3), pp. 411–445.