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ENSAYOS SOBRE EL MEDICO, LA MEDICINA Y EL ALMA

HONORIO DELGADO
I
LA ENTIDAD Y EL MEDICO
Desde fines del siglo pasado, siglo de progreso científico y técnico a la vez que de
desustanciación del hombre, la medicina sufre un cambio profundo, cuyas consecuencias apenas
podemos concebir. Lo efectivo es que la vida profesional parece no descansar ya sobre los
mismos fundamentos que antaño. La manifestación ms visible del cambio es el predominio
creciente de una especialización que tiende a sustituir al médico general, unido de por vida a sus
clientes, por técnicos competentes en aspectos circunscritos de diagnóstico y el tratamiento de las
enfermedades, con quienes el paciente no se vincula sino de manera circunstancial. !sí, las
ramas de la medicina crecen y se diversifican, ale"ndose del tronco original, que las sostiene
precariamente. #or cierto que la especialización no es una novedad$ ha e%istido en el antiguo
&gipto, en !le"andría y en 'oma. #ero nunca representó peligro tan grande de despedazamiento
como en nuestros días, a causa del desmesurado aparato científico y técnico ane%o a una división
del traba"o sin unidad de horizonte.
(. )*&+)*! , -&D*)*+!
La mutación que se opera en el e"ercicio y en el concepto mismo de la medicina es inseparable de
las potencias configuradoras de la civilización contempornea. &l e%amen de este proceso
histórico nos llevaría le"os de nuestro tema. !quí me limitaré a considerar la influencia e"ercida por
el auge de las ciencias naturales sobre la manifestación que nos interesa. !penas es necesario
advertir que el progreso científico no es sólo causa, sino efecto de transformaciones espirituales
ms profundas. La ciencia por sí misma, e"ercida con alteza, no habría repercutido sobre la
función del médico sino de manera beneficiosa, ofreciéndole infinidad de posibilidades en el
dominio de su competencia. &l conocimiento metódico nos ofrece datos positivos acerca del
mundo físico y del orgnico desde puntos de vista determinados. permite que las cosas se
conviertan en agentes al servicio de las necesidades y aspiraciones del hombre. y, en fin, con su
e"ercicio, el pensamiento en general adquiere rigor y el espíritu de investigación, acicate y
prudencia. &s evidente que las mayores conquistas de la medicina contempornea se deben a su
íntima compenetración con el espíritu científico. &ste puso término a las luchas doctrinarias y a la
mudanza de las teorías fundamentales, acerca de cuyo caos en el 'enacimiento dice
acertadamente -ontaigne$ /Después de estas antiguas mutaciones de la medicina, hubo infinitas
otras hasta nuestros días, y ordinariamente transformaciones completas y universales, como son
las acontecidas en nuestro tiempo con #aracelso, 0ioravanti y !rgenterio. pues no solamente
cambian un principio, sino, seg1n me informan, todo el conte%to y ensambladura del cuerpo de la
medicina, acusando de ignorancia y engaño a los que la profesaron hasta ahora. )on Lo cual
puede formarse idea de la suerte que corre el desdichado paciente.
2oy en día, merced a la base científica de su formación, el médico, aunque no est libre de
sectarismos y veleidades ideológicas, tiene a su alcance un criterio fundamental que le permite
prevenir los e%travíos de la imaginación y métodos ms o menos apropiados para .verificar o
descartar las hipótesis. &l prctico, ale"ado del campo de los problemas teóricos, se sustenta de
los resultados que le ofrece el traba"o del investigador. 3ien orientados uno y otro gracias a una
cultura y a una actitud en que el saber científico sea lo que debe ser, es decir, un instrumento y
una disciplina intelectual, los frutos de la investigación original enriquecern sus medios de acción
y su pensamiento acerca de las enfermedades y de la vida y la naturaleza. )on eso, los ms
perspicaces incluso podrn adquirir una idea clara de los límites de lo cognoscible tras los cuales
se e%tiende la arcanidad.
&l peligro que representa el apogeo de la ciencia para la medicina est en el sometimiento de ésta
al positivismo. &l positivismo, generalización abusiva de las ideas vlidas sólo en el dominio
estricto de las ciencias físicas, *leva a considerar al enfermo como un simple ob"eto material, una
cosa, y a la medicina como una pura ciencia o una mezcla de ciencia y técnica, por ende,
impersonal y mecnica. #uesto que la ciencia no es capaz de dar respuesta a la cuestión de su
propio sentido ni de señalar fines a la acción del hombre, el con"unto de lo que debe hacer el
médico queda fuera del dominio científico. 4e e%plica, pues, que no falten médicos dominados por
el pre"uicio positivista dispuestos a adoptar lo que fue un a%ioma entre los discípulos de 45oda$
/+o hacer nada es lo me"or en medicina interna./ &l pensamiento científico tampoco puede
servirnos para aprehender la realidad concreta y singular que nos ofrece cada paciente operación
esencial del diagnóstico, el pronóstico y la terapéutica y mucho menos para guiar nuestra conducta
moral.
2. FE MEDICA
&s innegable que el espíritu de nuestra profesión no arraiga sólo en la parte discursiva de la
mentalidad humana ni depende de algo susceptible de mera acumulación, ya que puede alcanzar
forma perfecta independientemente del progreso en materia de saber científico. &s una especie de
instinto original, manifiesto desde los albores de la civilización, seg1n el cual obramos sin ser
capaces de e%plicarlo. !lgunos antropólogos consideran que la medicina es la profesión que
primero aparece en la sociedad primitiva. !sí, 0razer, en sus investigaciones acerca de la
evolución de la ma"estad real, cree hallar el origen de ésta en el mago o medicine6men. /Los
magos dice parecen constituir la clase artificial o profesional ms antigua en la evolución de la
sociedad. )on el curso de los tiempos y con el avance de la diferenciación, se subdivide la orden
de los medicine6men en las clases del curador de enfermedades, el promotor de la lluvia, etc..
mientras tanto, el miembro ms poderoso de la orden logra para sí la posición de "efe, y
gradualmente llega a ser un rey sagrado...Los magos, que pueden ser reprimidos pero no
e%tirpados por el predominio de la religión, permanecen adictos a sus antiguas artes ocultas,
prefiriéndolas al nuevo ritual del sacrificio y la plegaria. y con el tiempo los ms sagaces perciben
el engaño de la magia y encuentran un modo ms efectivo de mane"ar las fuerzas de la naturaleza
para el bien de los hombres. en suma, el abandono de la hechicería por la ciencia/. #or su parte,
-arett, para quien el fol5lore no significa sólo superstición, magia y cosas seme"antes, sino la
e%presión de una /preciosa tradición vital de la raza/ sostiene que la medicina, aun la moderna,
/se ha desarrollado no en pequeña parte de la materia prima de esa roca fundamental/. , ya
2ipócrates había afirmado que la medicina y la adivinación son parientes pró%imos, pues que
!polo es el padre com1n de ambas artes.
+o invoco estos antecedentes porque crea que los gestos primitivos sean una adquisición fortuita
de la mentalidad humana que sigue influyendo a través del tiempo. )oncept1o que e%presan
disposiciones nativas, perennes y trascendentes, cuya naturaleza no penetran las e%plicaciones
evolucionistas. Los hombres salva"es piensan y meditan poco sobre las cosas. pero, seg1n
observa 0robenius, /viven la esencia de las cosas en sus actos simbólicos originales/
&n lo que respecta a nuestro asunto, haré una 1ltima referencia a la manifestación primigenia de
la vis medícatri% humana. +os mostrar la importancia de algo sin lo cual no hay médico
verdadero. Los antropólogos han verificado entre los pueblos salva"es que el mago curador, a
quien muy apropiadamente llaman faith healer, tiene plena confianza en sí mismo y fe profunda
en sus procedimientos. /#rueba suficiente es que si cree haber sido abandonado del poder, al
instante se retira de la prctica. #ara adquirir este poder ha sufrido penosas pruebas y privaciones,
y para conservarlo contin1a sufriendo la suerte de un hombre tab1, la vida ascética, de hambre,
soledad y meditación. )iertamente, entonces, si recibe alguna recompensa, antes ha pagado el
precio. y esta recompensa consiste esencialmente, no en el estipendio, si recibe alguno, sino en el
sentimiento de comunión con el poder que est por encima del poder de los hombres ordinarios/.
#or otra parte, en la antigua 7recia, aun en época posterior a 2ipócrates, los asclepíades
descendientes de &sculapio, hi"o de !polo, actuaban convencidos de la intervención divina en las
curaciones, y nadie penetraba en un asclepeión sin el espíritu purificado y dispuesto a fomentar
santos pensamientos. &n todo médico genuino sucede fundamentalmente lo mismo, pues no
puede concebirse el ministerio de curar sin esa especie de posesión. )iertamente que hoy no
creemos estar en comunión con fuerzas mgicas ni ser guiados por dioses en el e"ercicio de
nuestro arte, pero toda nuestra vida profesional es dirigida a iluminada por una fe íntima en la idea
de la medicina. &sta fe es la sustancia esencial a inmutable de la vocación médica a despecho de
las varias condiciones históricas del e"ercicio profesional, sustancia gracias a la cual ser médico no
constituye simple ocupación utilitaria. 8lvidarla o preterirla significa trivialidad, desmedro,
desnaturalización, traba"o forzado o charlatanismo.
La idea de la medicina es susceptible de resplandecer y perfeccionarse gracias a la cultura. &l
e"emplo de las grandes figuras que la han encarnado contribuye a despertar en el profesional el
mundo de valores y la fe correspondientes. La lealtad a la tradición magnífica que nos viene desde
2ipócrates es el me"or sostén del espíritu de nuestra profesión, afinado por obra del cristianismo,
religión medicinal por e%celencia, seg1n 2arnac5. &n efecto. durante la &dad -edia en oposición a
la !ntig9edad, la *glesia dio reglas, e"emplares las ms para la relación del médico con el
paciente. estableció el tratamiento de los enfermos incurables hasta el 1ltimo suspiro. obligaba al
médico a adquirir todos los conocimientos necesarios para la curación de los pacientes y lo hacía
moralmente responsable de los per"uicios que causare por falta de atención. para elevar la
prctica, prohibió todo mane"o egoísta y e%igió el tratamiento gratuito de los pobres/. 2onigmann,
de quien tomo estos datos, agrega$ /Debe reconocerse que esas prescripciones, fundamento de la
medicina humanitaria, se convirtieron en bien com1n y hereditario de los médicos. !dems, en el
siglo :*** la literatura canónica y las sumas de los teólogos moralistas revelan una actitud
totalmente contraria a la que los malos historiadores atribuyen a la iglesia medieval$ /)ombaten
las supersticiones populares, incluso en la forma cristianizada, prohibiendo así las fórmulas de
e%orcismo encubiertas con ropa"e cristiano, lo mismo que las oraciones supersticiosas/.
4i aceptamos que nos guía una idea rectora, una fe entrañable en nuestra profesión de médicos,
es legítimo esforzarse en precisar cul es el carcter de ésta, qué es lo que no se adquiere con el
estudio pero resulta capaz de desarrollo y perfección. &n seme"ante empeño es difícil señalar las
cualidades esenciales al médico nato sin incurrir en una trivial enumeración de los aspectos ms
asequibles. ;odos conocemos copia de seme"antes caracterismos, y casi no puede ser original
nada de lo que se diga sobre la materia. 4in embargo, bueno es recordar las propiedades que
constituyen el ideal al que quisiéramos apro%imarnos, cumplido en los grandes médicos geniales.
3. DON DE HUMANIDAD Y ABNEGACION
!parte de esa como posesión a que me he referido, es requisito que se antepone a los dems el
don de humanidad. <na suerte de sensibilidad y simpatía para el ser de cada hombre enfermo, a
quien se comprende y se atiende tanto por sí mismo, en su situación concreta, cuanto como
pró"imo, seme"ante y copartícipe del destino com1n, colocado en el tiempo frente a la vida, frente
a la muerte y frente a lo espiritual a imperecedero. &sto significa que el verdadero médico debe
ser hombre lleno de interés por todos los aspectos esenciales de la índole humana y por todos los
accidentes y circunstancias de la e%istencia individual. +o se trata de la simple apro%imación al
ser psíquico de los dems y de una asimilación del saber antropológico, sino de una actitud
cordial. #or consiguiente, la cualidad moral es decisiva para el alma del médico. <na sentencia de
2ufeland, atribuida a +othnagel, dice$ /4ólo un hombre bueno puede ser un buen médico./ &n
realidad, la penetración de lo humano, por sí mismo, unida a la bondad son condiciones sin las
cuales la actividad profesional no se ennoblece y corona con la me"or de sus virtudes$ la
abnegación, tanto ms preciosa y amable cuanto ms secreta.
Después de la vocación cardinal y del don de humanidad, el carcter espiritual ms apreciable y
significativo es el afn de cuidar y servir a los enfermos. &l médico es médico gracias a la fuerza
que le mueve a ayudar al hombre enfermo, en tanto que enfermo, por encima de toda otra
consideración, de todo móvil diferente. )onsagrar su vida a luchar contra el sufrimiento, la
enfermedad y la muerte es la causa final de su vocación y de su amor al pró"imo. 4u estimativa y
su actividad se orientan hacia ese norte. y hasta cierto punto el con"unto de sus facultades,
disposiciones y aspiraciones, incluso en el orden político y religioso, tienen su centro en el reclamo
de la asistencia. &videntemente, la labor técnica o científica encaminada a evitar el dolor y las
enfermedades a los hombres, si no se realiza con el e"ercicio personal de la cura de pacientes,
tiene poco que ver con el arte vivo del doctor. !unque ofrezcan a éste conocimientos eficaces
para la prctica de su ministerio, quienes se dedican e%clusivamente al traba"o de laboratorio, en
la investigación o el diagnóstico, no necesitan tener alma de médico. Lo mismo ocurre, hasta
cierto punto, con los higienistas y los técnicos de la medicina social y legal, si sólo a eso dedican
la actividad de su profesión. -édico efectivo es el que trata a los pacientes, el que practica la
terapéutica. La riqueza original de este 1ltimo vocablo corresponde a la propiedad señalada.
implica no sólo curación y tratamiento médico, sino servicio, asistencia, cuidado, primor, culto, etc.
4. SENSIBILIDAD Y DISCRECION
! los tres elementos principales indicados cabe agregar otros tres de no menor importancia, pero
cuya entidad depende, en cierto modo, de la sustancia de los primeros actuando sobre
disposiciones del carcter y la inteligencia que se presentan en personas con las ms diversas
vocaciones.
4eg1n el criterio vulgar, el hbito profesional de enfrentar continuamente el dolor y la muerte,
insensibiliza al médico, le hace indolente y casi, casi inhumano. &sto puede ser cierto en un caso$
en el del médico imperfecto, sin vocación real y sin las cualidades apropiadas. aquel que no
respeta la sensibilidad, el pudor, el alma del paciente, y llega incluso a asustarle con un
diagnóstico o un pronóstico imprudente o malintencionado. aquel que en el hospital tutea
despectivamente al enfermo, y sin consideración ni caridad le toma como /material/ clínico y
acaso le hace percutir o auscultar en p1blico por decenas de estudiantes, uno tras otro. #ero en el
caso del médico auténtico, la relación con la flaqueza, el sufrimiento y la ruina del hombre tiene
muy distinta consecuencia, aunque el tacto y la delicadeza logren ocultarla a la mirada del
observador. , precisamente esta diversa manera de reaccionar frente al desmedro de la vida y del
ser del pró"imo constituye la piedra de toque de nuestro arte. A quien nace !"a! #a$a %e$ &uen
'a(en!, (a )a*i(ia$ia c!n (a% #ena% e( en)e$*! n! (e #$!uce e*&!"a*ien"! e (a
%en%i&i(ia, %in! una $e%!nancia c!$ia( *+% ,!na - %i'ni)ica"i.a que en e( #$!)an! e
%en"i*ien"!% i'ua(*en"e %an!% - %u#e$i!$e%. Ac"/a %!&$e %u e%#0$i"u a)inan! (a
#a$"ici#aci1n a)ec"u!%a - c!*#$en%i.a en e( #e%a$ a2en! a inci"an! (a inc(inaci1n a( au3i(i!
ac"i.! e( !(ien"e - a (a (uc,a c!n"$a %u *a(. E( %u)$i*ien"! e (!% e*+%, .i.i! e ce$ca,
(! *i%*! que e( %u)$i*ien"! #$!#i!, c!n%"i"u-e e%cue(a e #e$)ecci1n *!$a( #a$a (a%
na"u$a(e4a% .i'!$!%a%. G$acia% a "a( e%cue(a, (!'$a #$!)unia e( %en"i! e (a e3i%"encia -
aquie$e n!&(e4a e( ca$+c"e$. 4i a eso se une, grave y repetida, la e%periencia de presenciar los
estragos de la muerte, por poco inclinado que sea a meditar, el médico de corazón adquirir con
ella una superior manera de concebir las cosas terrenales. 4u lucha contra la gran enemiga, lucha
ora triunfal, ora desafortunada, siempre dramtica, le muestra los límites de su ciencia y su poder,
invitndole a la modestia, y por encima de esto, la visión de la faz ms sombría y tremenda del
destino humano le incita a considerar, con recogimiento y elevación, el reino impenetrable de lo
arcano, fuente de toda verdadera sabiduría.
&l médico se halla de continuo en situaciones complicadas y difíciles, que le obligan a actuar
perentoria y resueltamente. &n esta brega con problemas infinitamente diversos, a menudo tan
graves los de orden general humano como los puramente técnicos, su idoneidad se revela en la
manera feliz de desempeñar su misión en bien del paciente y de la sociedad, sin mengua de la
confianza otorgada a su ciencia ni del decoro de su profesión y de su persona. !sí, la discreción
luce como cualidad distintiva y característica del médico dotado para la prctica de su profesión,
presto, concienzudo y sagaz tanto para discernir y "uzgar cuanto para socorrer, alentar y salvar. +o
se trata sólo de una fecundidad de recursos mentales unida a cierta habilidad y tacto en el trato,
sino de una intención soberana segura, viva y acuciosa que todo lo orienta con sentido y
constancia, incomprensible sin la posesión de la fe íntima en la esencia y el valor de la medicina.
5. TALENTO ARTISTICO
4iempre se ha llamado arte de curar a nuestra profesión, y en tiempos de 2ipócrates se aludía a
ella como /el arte/ por antonomasia. &sto tiene su "ustificación en las dotes artísticas que requiere
su e"ercicio. #ues a pesar de los inmensos progresos de las ciencias y de la técnica incorporados y
utilizados por la disciplina que cultivamos, la aplicación de ésta se funda de modo indeclinable en
facultades artísticas. 7racias a ellas la intuición por simpatía descubre a los o"os del espíritu la
realidad concreta del ob"eto de nuestra actuación, revela lo significativo en el caso singular y
permite aprehender, en la e%periencia fugitiva, la individualidad y la unidad viva de cada paciente.
&sas mismas facultades disponen nuestra mente para la comprensión directa de las
manifestaciones de la vida, con su espontnea virtud reparadora y medicinal. De ahí que sea
inherente al espíritu hipocrtico la concepción orgnica y finalista de la naturaleza. #or 1ltimo, el
don artístico también se muestra, a veces con realce, en la forma cómo se e%terioriza la actividad
del esculapio distinguido, forma inventiva, personal, con estilo, llena de delicadezas y matices,
como la del m1sico o el poeta. , hasta el ms modesto de nuestros colegas, médico o ciru"ano,
realiza bellas obras de humanidad en su labor cotidiana frente al sufrimiento de los enfermos.
+o est dems precisar en qué consiste el aspecto artístico de nuestra actividad. De la misma
manera que el pintor no es tal por su conocimiento de los colores y de la perspectiva ni por el
pincel que mane"a, el médico no es médico por la ciencia que sabe ni por los instrumentos que
usa$ lo es a causa de la manera cómo los aplica y emplea. !nte la dolencia, /el arte/ despliega sus
recursos en una comple"a estructura de actos regidos por la intención profesional. &l anlisis
puede distinguir aquí una serie de intenciones subordinadas, cuya "erarquía culmina en la
correspondiente a la obra curativa. &l orden de la siguiente e%posición de tal serie no indica una
efectiva y forzosa sucesión de operaciones particulares del espíritu, como si se tratase de un
esquema lógico. #rocediendo al anlisis, tenemos que ya al producirse la primera relación entre
médico y paciente, la actitud de aquél, receptiva, afable y acogedora, preludia una situación
plstica cuyo sentido se esclarece ms y ms en el curso del dilogo informativo. &n éste se opera
la comunicación de persona a persona, de manera que la materia ob"eto del interés profesional el
mal sufrido por el paciente gradualmente se ilumina y cobra forma determinada. &l ascendiente
e"ercido por una de las panes logra que en la otra la incertidumbre y el temor cedan el campo a la
confianza y el espíritu de colaboración. &n seme"ante atmósfera, la e%ploración del enfermo, en
que se a1nan el afn inquisitivo con el miramiento humano, sigue las líneas que señala la intuición
del /o"o clínico/. &l empleo del aparato de investigación diagnóstica considerado en nuestros días
de manera equivocada como la cosa principal, en realidad no es ms que la prolongación del acto,
esencialmente sintético, de la presunción que, cual luz rectora, nace y se perfecciona o rectifica
con el progreso del traba"o mental de confrontar los datos concretos con el saber y la e%periencia.
&n medio de la muchedumbre de hechos y posibilidades del caso 1nico, el acierto artístico est en
la valoración, el ordenamiento y la comprensión de todos en una idea clara. &l toque final lo
constituyen la providencia curativa y la previsión de las consecuencias del proceso como un todo.
!quí también intervienen la intuición formal y la facultad de presentimiento por simpatía, no el
puro pensar discursivo. *ntuición y presentimiento se unen a la acción creadora del verdadero
terapeuta, asistente tanto del alma cuanto del cuerpo de su enfermo, que sabe apelar a las fuerzas
renovadoras de la vida.
6. LUSTRE Y DESLUCIMIENTO DE LA 7ROFESION
&s sabido que en el alma del hombre dotado de sentido artístico no todo es disposición para la
obra ob"etiva. La tendencia a lo singular se manifiesta también dirigida hacia el propio ser del
artífice en forma de sentimiento intenso de valer y poder personales. &l médico corre el peligro de
incurrir en la vanagloria y la arrogancia, tanto por esa propensión cuanto por la importancia de sus
actos, de sus facultades y de los medios de que dispone en la lucha contra los males y la muerte.
&l mismo &sculapio, seg1n la leyenda, fue castigado con el rayo de =1piter por haber caído en la
tentación de resucitar a los muertos, no contento con sanar a los enfermos. &ste es el antecedente
mítico de la dañosa , de la que debemos guardarnos tanto ms cuanto mayores sean 
los privilegios y la honra de que nos hace ob"eto la sociedad. #or otra parte, la censura de ésta se
e%presa en muchas formas, algunas despiadadas, como la stira, a la cual las debilidades del
gremio ofrecen materia favorita. &n todos los tiempos hubieron escritores afectos a burlarse de los
médicos, principalmente por esta flaqueza de la presunción. -ontaigne, quien confesaba detestar
ms a los remedios que a las enfermedades, parafraseó el reproche que ya &sopo hizo a los
médicos de su tiempo, de e"ercer con hinchazón una autoridad tirnica usurpada. 3ernard 4ha>
repite lo mismo a los contemporneos. &l cargo es in"usto en general, por lo que respecta a
nuestra época, pero debe servirnos para prevenir la menor muestra de mal gusto, y no sólo en lo
que respecta a la soberbia. #or fortuna, raro es el facultativo de cierta finura espiritual que, si no
es reservado por naturaleza, no aprende a serlo con la e%periencia de su profesión. &n efecto la
prctica con los pacientes y sus familiares, y también el comercio con los colegas, advierten al
menos avisado que nunca se puede cultivar con e%ceso la circunspección. #or su parte, el
e"ercicio del secreto profesional, al que todos estamos obligados, constituye una e%celente escuela
de moderación y silencio, incluso respecto a uno mismo.
&n loor a nuestros me"ores maestros en el arte de curar, he de referirme a algo que ignoran a
olvidan los detractores del doctor$ y es que e%iste un prestigio sólido, una autoridad auténtica, un
ascendiente incontrastable, que no son fruto del orgullo, que, sin ser buscados, nacen,
espontneos y magníficos, del don de sí y de la honorabilidad unidos a la competencia. &l secreto
de la confianza profunda a inconmovible que el médico de corazón despierta en sus enfermos
est, pues, en la reverencia, casi religiosa, con que les asiste. !quí no entran para nada las
e%terioridades$ lo esencial es la reciprocidad de los sentimientos ms preciosos, desinteresados y
entrañables. 2ufeland, gran sabio y eminente médico prctico, consideraba que cada enfermo es
un templo de la naturaleza, y aconse"aba a sus discípulos$ /!pro%ímate a él con respeto y unción,
le"os de la frivolidad, el egoísmo y la falta de conciencia./ Lo dems, pudo agregar, lo ser dado
por añadidura, incluso la eficacia terapéutica, pues muchas veces /c?est la foi, qui guérit/
@)harcotA.
8tra cosa que tampoco comprenden los detractores del doctor y ahora no me refiero tanto a los
pocos a ingeniosos del campo literario cuanto a los innumerables del vulgo, cada vez ms
desconsiderado e irrespetuoso, es que nuestra profesión liberal persigue algo distinto y muy por
encima de la retribución y la gratitud$ el bien mismo del enfermo, sea quien sea personalmente.
#or cierto que todo médico conoce y aprecia el bello y halagador testimonio de enfermos y deudos
de enfermos, sobre todo entre la gente ms sencilla y entre la muy culta, que no sólo son atentos,
reconocidos y hasta cordiales, sino penetrados de la integridad del facultativo. #ero la mayoría,
una vez recibido el servicio, no se considera ms que clientela, y su estimativa de la profesión
resulta del nivel utilitario. ;al actitud contrasta con la frecuente en otros tiempos. !ntaño, incluso
antes que el cristianismo acendrara la conducta del médico, éste era ob"eto de mucha estima por
parte de la mayoría de las personas, aunque la eficiencia de su saber terapéutico, en no pocos
aspectos era infinitamente menor que hogaño, cuando se curan muchas enfermedades reputadas
incurables hasta ayer. &l dictamen de 4éneca revela el contraste. &l gran filósofo sostiene que a
los facultativos y a los maestros se les tenía gran cariño y respeto$ magna caritas, magna
reverentia. Dice a !ebucio$ /Del médico adquieres una cosa inestimable, que es la vida y la buena
salud. y del maestro, que da las buenas ciencias, adquieres los estudios liberales y el adorno de lo
nimo. +o se les paga el valor de la cosa, sino el de su traba"o y el servicio que nos hacen
de"ando sus negocios para acudir a los nuestros, y así no llevan la recompensa del mérito, sino la
de la ocupación/ mercedem non meriti, sed oceupationis suae ferunt.
+o creo que la poca comprensión del espíritu de nuestra clase se deba sólo a la crisis del respeto
y al embate de la vulgaridad, propios de la multitud contempornea. &s "usto reconocer que
nosotros mismos tenemos no poca responsabilidad en su génesis. &l entusiasmo despertado por el
triunfo de la ciencia, así como la falta de selección personal, tal vez en ocasiones nos hacen
descuidar lo esencial, la raíz aristocrtica de nuestro ministerio$ el amor al bien dirigido a la salud,
contra el dolor y la muerte. #or eso se "ustifica que en oportunidades como la presente
recordemos la fe confortante, el don de humanidad y los dems requisitos de aquel espíritu que
debe ser forma imperecedera de nuestra vida profesional. &l día que en la intimidad de la mayoría
de nosotros brille sin tregua esa luz del amor medicinal, nuevamente nos haremos dignos, sin
buscarlas de propósito, de magna caritas, magna reverentia.
II
EL M8DICO Y SU CULTURA GENERAL
4i se quiere iniciar los estudios de medicina con probabilidades de llegar a ser un facultativo
idóneo, hay que poseer tres condiciones especiales$ vocación, aptitud y preparación fundamental.
La vocación es requisito sub"etivo que entraña una auténtica afinidad personal con el ob"eto y el
e"ercicio de la carrera preferida. ;ratndose de la medicina, no hay procedimientos que permitan
reconocer la vocación correspondiente. <no mismo debe determinarse a seguir la llamada interior,
informndose lo me"or posible acerca de la naturaleza efectiva de la profesión a que se siente
inclinado, atento a la importancia y los peligros inherentes a tal opción. La aptitud para estudiar y
e"ercer la medicina est constituida por un con"unto de raras disposiciones especiales, cuya
consideración no es del caso e%aminar. La preparación fundamental, por 1ltimo, consiste en
sólidas y amplias bases de instrucción y educación integrales adquiridas previamente, de suerte
que el aprendiza"e profesional prolonga y diversifica en una nueva dirección la cultura asimilada,
sin que ésta de"e de constituir el cimiento de la formación total de la persona.
Las aptitudes y la preparación convenientes para ser médico, se aquilatan con las pruebas de
selección, cuyo fin, en general, debe ser no sólo e%cluir de determinada vía a los pretendientes,
sino encontrarles la apropiada a su capacidad real. 4iempre he propugnado la idea de que la
cultura superior corresponde sólo a las mentalidades superiores. &l poder de la educación
encuentra sus límites en las disposiciones nativas$ no se puede cultivar sino lo que tiene de
cultivable cada persona. &sto no entraña desconocimiento de la inmensa significación de la
influencia pedagógica. #or el contrario, aceptar que en tal materia son decisivas las dotes
naturales, obliga a la estimación de la virtualidad de éstas y a que la obra docente sea responsable
de sus frutos, lo cual implica un régimen de autoridad genuinamente espiritual.
+o trataré aquí de la cultura general de la etapa anterior a los estudios médicos, sino de la que
comienza con éstos y se prosigue sin ms término que el de la vida. &n efecto. la cultura general
no es como ciertas formas de adiestramiento técnico que pueden dominarse en tiempo limitado.
)onstituye esfuerzo asiduo, proseguido a lo largo de toda la e%istencia, para desenvolver las
aptitudes ms relevantes del espíritu y para dominar y transfigurar todo lo que, dentro y fuera de
nosotros, se oponga a una formación humana enteriza.
9. CULTURA GENERAL Y E:CLUSI;ISMO 7ROFESIONAL
!unque precisamente la cultura general, por su esencia, es un correctivo de la estrechez de
horizonte ane%a al hbito profesional, el médico suele cultivar su mente influido por sus pre"uicios,
lo que entraña un círculo vicioso. !sí, en lugar de progresar en un saludable encaminamiento
allende las fronteras del oficio, su espíritu se empequeñece y deforma, multiplicando los mismos
yerros en los campos ms diversos. !fanoso, por e"emplo, de un sistema general de pensamiento
que cree ser filosófico o movido por la tendencia mecanicista usual para interpretar los procesos
orgnicos, cae en una concepción del mundo que no es ni ciencia ni filosofía, sin alcanzar la
dignidad de ideal. , si se trata de la historia, le atrae la literatura de propensión patogrfica,
debida, por lo com1n, a médicos o escritores inflamados en el fanatismo de las interpretaciones
semicientíficas. de suerte que la grandeza de los persona"es es reducida al valor negativo de las
anomalías o disfunciones de ciertas glndulas o del cerebro, con desmedro para el lector de la
capacidad de admirar, uno de los me"ores resortes de la cultura animi. !lgo seme"ante le ocurre
con el arte, confundido con un pseudoprimitivismo morboso y hasta teratológico, y con la moral y
la religión, cuyas manifestaciones son interpretadas como se%ualidad torturada o algo por el estilo.
-uy pocos son los médicos que, por lo menos en la "uventud, no son víctimas de seme"ante
e%clusivismo. B)unto tiempo y cunta buena fe perdidos en el /consumo/ de una literatura que,
le"os de constituir la cultura general, es semilla de filisteísmo, de sofistería y de charlatanismoC
2. CULTURA GENERAL Y CONOCIMIENTOS DI;ERSOS
4e confunde también la cultura general con una suma de conocimientos y con un saber universal.
)iertamente, la designación se presta a equívoco, pues despierta la idea de una ilustración
enciclopédica, superficial y com1n, esto es, heterogénea y al alcance de todo el mundo. #ero, en
realidad, no es cuestión de leer mucho y de curiosearlo todo sin alcanzar la entidad en nada,
llenndose el cerebro de multitud de información que tal vez no se puede digerir y cuya misma
disparidad es madre del absurdo, la desorientación y el caos.
De lo que se trata es de la formación orgnica del espíritu seg1n las diversas direcciones
fundamentales del mundo de los valores a ideales de perfección humana. de una labranza interior
que nos dé centro, medida y rotundidad. 4eme"ante cultura general no concierne sólo a la
inteligencia, sino a los sentimientos, la voluntad y el carcter. , su progreso consiste en un
enriquecimiento de la estimativa personal, la cual, al medrar, no sólo crece, se diversifica e
ilumina, sino que se hace capaz de asimilar sustancia de calidad cada vez ms rara y ms pura.
!sí entendida la cultura general, es legítimo no sólo que irradie del n1cleo de las disposiciones y
preferencias personales, sino que prolongue y corone la formación profesional. 4e compadecen
entre ambas$ la labranza personal y la preparación médica, por ser dos modalidades de la cultura,
y porque ésta no se logra desflorando todas las materias, sino adueñndose a fondo de una
principal. 4ólo en este sentido es acertada la concepción de +ietzsche, del perfeccionamiento
profesional como espinazo de la cultura sub"etiva.
)on este criterio revisaremos los principales aspectos de la cultura general del médico, sin que
sea menester repetir que cada cual la adquirir y fomentar seg1n su propia y singular inclinación.
Lo que sigue es por fuerza solamente un ideal, al que se puede apro%imar cada uno en forma y
medida peculiares.
3. CULTURA CIENTIFICA
&l médico de hoy tiene en la ciencia una base sólida que le ofrece medios técnicos seguros y
disciplina intelectual fecunda para el conocimiento, la curación y la prevención de las
enfermedades. &l incesante progreso de la técnica en todas las ramas de la medicina nos obliga a
un continuo esfuerzo de información, si no queremos quedar en la postura poco airosa de simples
usufructuarios de procedimientos y agentes cuya razón de ser no alcanzamos. #or otra parte,
incurriríamos en viciosa actitud unilateral si como médicos redu"ésemos nuestro afn de saber
científico a uno de los planos del ser humano$ el físico químico, por e"emplo, con desmedro del
vital, del psíquico y del espiritual. así como si olvidsemos que toda teoría que parte de
proposiciones científicas rigurosas, en realidad, aísla por abstracción un fenómeno que
ob"etivamente est ligado a todos los del organismo, y sustituye las relaciones de dependencia
recíproca por la hipótesis de un tipo e%clusivo de relación de causa a efecto.
Del positivismo generalmente se toman sólo las especulaciones menos sostenibles, y se olvida lo
que tiene de método perennemente fecundo, sobre todo para el sano empirismo médico$ la
importancia cardinal que reconoce al hecho concreto. &l gran clínico -urri, que llamaba a su
positivismo /il nostro pedestre eriterio/, es autor de un aforismo que comienza con estas palabras$
/;utto, meno i fatti, é provvisorio nella scienza/ @;odo es provisorio en la ciencia, menos los
hechosA, palabras que son la ms perfecta e%presión de lo me"or del positivismo. &l galeno a quien
la cultura científica inspire un santo horror de las nociones sumarias que siempre engañan porque
mutilan la realidad, tendr en la consideración de los hechos una de las fuentes principales del
espíritu crítico, sin lo cual nos enseña #asteur todo es caduco en la ciencia. !sí, tanto ms culto
ser nuestro saber científico cuanto ms cerca nos ponga de lo concreto y cuanto ms desborde a
las necesidades técnicas y a las construcciones con"eturales o dogmticas en boga. &l estudio de
la historia de la ciencia y de las doctrinas médicas contribuye a favorecer la adquisición de ese
saber.
&l facultativo que no esteriliza su cerebro en la rutina, siempre es un investigador prctico, clínico.
!lgunos son por vocación investigadores teóricos, que dedican sus ms desinteresados empeños
a la b1squeda de la verdad en problemas relacionados con la salud, la vida, la naturaleza. &l
médico general y el especialista pueden llegar a ser profesionales "ustamente renombrados sin
esta dedicación. pero el doctor, con actividad docente y situación académica, es fuerza que
participe en el traba"o original del progreso científico. , su esfuerzo inquisitivo tendr realce de
sabiduría si por encima de la inteligencia de las relaciones causales alienta el amor a la
naturaleza, con esa como devoción estética frente al ob"eto, propia de todo verdadero
enamoramiento, y con esa especie de santa ingenuidad admirativa, cualidad soberana del
auténtico naturalista.
4. CULTURA FILOS<FICA
La ciencia llevada al e%tremo de especialización, si no quiere perder en ramificaciones infinitas su
tenor espiritual de b1squeda de la verdad, debe restablecer contacto con la filosofía, su tronco
originario, contacto que, por añadidura, le permitir recobrar la unidad y el vigor de encumbrada
disciplina intelectual. Lo mismo ocurre con el saber del profesional, quien en vano buscar en
principios científicos fines para su conducta y para su e%istencia, cuando, generalizadas
ilegítimamente, sólo pueden e%traviarlo en eL escepticismo o en la sistematización unilateral,
e%tremos a cual ms estériles y nocivos.
E( *=ic! i%cie$ne c!*! )i(1%!)! cuan! a.e$i'ua (a% c!nici!ne% - (!% (0*i"e% e %u%
aqui%ici!ne% cien"0)ica% - %e#a$a (! que %a&e, e (! que #$e%u*e - e (! que i'n!$a. Y %u
e3#e$iencia a(can4a (u%"$e e %a&iu$0a cuan! (e *ue.en a $e)(e3i1n '$a.e (!% #$!&(e*a%
e (a .ia - e (a 0n!(e ,u*ana que (a ciencia n! ,a (!'$a! %u%"$ae$ a( $ein! *a$a.i((!%!
e (a a$cania.
La filosofía no sólo es docta ignorantia, sino fermento de autenticidad personal y de participación
del alma en las normas supremas de la e%istencia. &n efecto, el fruto del esfuerzo filosófico no es
tanto alcanzar verificaciones ob"etivas cuanto adquirir una actitud íntima que nos remite a las
fuentes de toda posible espiritualidad. &l médico, para ser culto, no tiene por qué adquirir erudición
filosófica. &sta incluso puede ser peligrosa, si le incita a la pedantería o le hincha de presunción.
Le bastar iniciarse directamente en la obra de uno de los ms grandes pensadores, #latón o
!ristóteles, por e"emplo, en la medida que su aspiración le mueva a acrisolar su ser intrínseco y a
con templar con altura las cosas, en el arduo y nobilísimo e"ercicio de librar sus ideas y su
conducta de la impureza de sus pasiones. )on tal iniciación si le asisten dotes y entusiasmo tendr
pie firme para encaminarse históricamente en la magnífica floresta del pensamiento filosófico
universal.
5. CULTURA LITERARIA
8bligado a aguzar la sindéresis, por la comple"idad de los problemas que afronta, el médico
necesita no sólo pensar claro frente a los hechos y allende las doctrinas, sino formular
debidamente sus "uicios. De ahí el interés de buscar y cuidar la e%presión precisa, de aplicar el
término conveniente a cada concepto, a cada diferencia, a cada matiz del dato. &sto lo consigue
sólo con la cultura literaria, consagrando parte del escaso tiempo que le de"a libre el trfago de la
acción, la lectura de libros selectos. ;ampoco aquí el toque est en leer mucho, sino en leer bien
las me"ores obras del tesoro castellano. Leer con verdadera /filología/, en el sentido isocrtico de
amor a las palabras, a la palabra, al logos. leer atento a la /biología/, a la genealogía, al espíritu
de las palabras, consultando a menudo los diccionarios de lenguas vivas y muertas. )on
seme"ante método de lectura, el médico lograr emplear con propiedad las palabras, y con las
letras clsicas adquirir ese impalpable polvo de oro sin el cual todo saber y toda e%periencia no
consiguen disimular la mi%tura de vulgaridad ane%a a la pérdida de la sana y feliz ignorancia, esa
ignorancia que !bel 3onnard, me"or que nadie, nos enseña a comprender. ;emo pedir demasiado.
Duiz lo cuerdo sea contentarse con que la mayoría de los colegas se dé cuenta de la horrorosa
"erga con que estropea nuestro idioma, incluso en los me"ores traba"os que publica.
&sto 1ltimo me sugiere una indicación respecto a los idiomas e%tran"eros. La bibliografía que se
cita en todos los traba"os que ven la luz, por lo com1n abundante, rara vez da al lector la
impresión de una información directa y efectiva, con conocimiento de los verdaderos autores de
las ideas originales. &sto, ciertamente, no sólo pasa entre nosotros. &l doctor que realiza tareas
académicas est obligado a conocer los principales idiomas de la cultura occidental$ el alemn, el
inglés, el francés y el italiano.
6. CULTURA ARTISTICA
&s una e%igencia de la cultura general que el e"ercicio de la medicina no sea causa de ruina en
nuestra mente de ninguna virtualidad esencial de la estimativa. , menos de la virtualidad estética,
pues redundaría en menoscabo de la propia actuación profesional, ya que ésta es un arte. Lo es,
ante todo, porque se dirige a lo singular encarnado en cada enfermo. La misión del facultativo no
estriba en hacer abstracción de las manifestaciones sensibles de la individualidad para acertar con
la ley que rige la enfermedad, sino en captar a través de tales manifestaciones el con"unto
orgnico y dinmico del proceso mórbido, con sus cualidades distintivas 1nicas, para cuya
intuición y síntesis de poco le servir su ciencia y su pensamiento discursivo.
!parte de la espontnea afición a las artes y el amor a lo bello en la naturaleza, en el arte y en la
vida moral difícilmente no prosperan en una personalidad diferenciada y cabal, el galeno debe
alimentar con esmero tal afición y tal amor. #or decoro propio y de la profesión que e"erce, no es
airoso que en este particular quede por deba"o del afinamiento y el buen gusto de las personas
cultas de su clientela.
>. CULTURA MORAL
&l médico, en comunicación continua con sus seme"antes en las ms diversas situaciones, y
considerado casi siempre como dispensador de uno de los bienes ms preciosos, tiene en el trato
con sus enfermos y sus colegas mbito para el cultivo de las ms preciosas cualidades morales,
adems de la observancia estricta de los deberes y la honorabilidad ane%os a su menester.
<n e%quisito don de humanidad es inherente a la vocación médica genuina. pero la manera de
e"ercitarlo es susceptible de infinitos grados y formas, hasta lo sublime. &n este respecto, el ideal
de cultura es tender, cordialmente y sin asomo de alarde, a la perfección en el modo cómo se
asiste y se hace el bien al paciente y a sus allegados, con el m%imum de comprensión y
miramiento de su alma, con el m%imum de prudencia, de tacto, de prevención, de dulzura, de
urbanidad. en una palabra, con verdadero espíritu caballeresco.
<no de los mandamientos elementales de la moral médica es el secreto profesional, que suele
descuidarse, con legítimo desagrado y "usta censura por parte de la clientela. Duien lo viola,
aunque sea en grado aparentemente venial, no sólo falta a su "uramento, sino al honor
caballeresco, que obliga a la discreción y la reserva. 8tro tanto cabe decir del respeto y la
consecuencia debidos a los colegas. 4e oye hablar mucho, en academias y sociedades, del
sacerdocio médico y del espíritu hipocrtico. #or desgracia, e%presiones tan bellas a veces estn
en boca de quienes, en la prctica, olvidan su significado, fariseos y sicofantes de que no est
libre ninguna carrera, para quienes la ética es cuestión de palabras huecas y no de recta conducta.
?. CULTURA RELIGIOSA
2ay una categoría de e%periencias sin la cual la cultura no es cultura y el hombre no es hombre en
todos los sentidos$ aquella de la actitud reverencial ante el misterio, e%presión de la virtualidad
religiosa del alma.
!l médico, testigo y ms que testigo del sufrimiento y de la muerte, no puede menos de preocupar
el sentido 1ltimo del ser. #or poco propenso que sea a la contemplación mística y al ahonde
metafísico, al inclinarse sobre su enfermo, se inclina virtualmente sobre el misterio mismo de la
vida y del destino, con especialidad en ciertas situaciones particularmente trgicas.
;oda civilización comienza y florece unida al vigor del mito y de la religión, y decae y desustancia
al hombre con la secularización de uno y otra. &n nuestra época, que no es precisamente del
florecimiento de la civilización, algunos médicos son irreligiosos y suelen mostrar una peregrina
desviación de la estimativa que les lleva a trocar la fe en Dios por la fe en la ciencia, en la técnica,
en la teoría de la evolución o en otra cosa finita. 8brarn como hombres cultos y sensatos si
saben respetar en los dems lo que en ellos se ha desnaturalizado al perder su ob"eto propio.

@. HI7OCRATES, MODELO DE CULTURA
La cultura general no se concibe completa sin una imagen arquetipo. Lo propio sucede con la
profesional. #ara el médico, 2ipócrates encarna el modelo inigualado de entre ambas en todos los
aspectos. 0undador de la medicina científica, verdadero investigador y antípoda de magos y
enemigo de charlatanes. filósofo de la physís, doctrina de la finalidad constructiva y restauradora
de la naturaleza de lo cual es una variante la concepción aristotélica de la entelequia, fecunda
hasta en nuestros días. escritor de bello estilo, cuyas obras, particularmente las aforísticas,
constituyen parte importante del tesoro literario que en la !ntig9edad, en la &dad -edia y hasta en
el presente e"ercita y recrea el espíritu de médicos y eruditos. artista alabado como uno entre los
mayores de su tiempo por #latón y por !ristófanes. autor de los mandamientos de la ética de
nuestro ministerio, e%puestos en el "uramento que lleva su nombre y en sus escritos. La regla y el
decoro. hombre que se inclina reverente ante la Divinidad, a la cual, lo mismo que &squilo en el
arte y 2erodoto en la historia, considera rectora de la naturaleza$ tales son los méritos por los
cuales todos los médicos le damos el título singular de /el grande/ y hasta el de /padre/. 4eg1n es
tradición, para él, la medicina realiza la e%presión ms alta de la vida, conduciendo al espíritu
hasta los límites e%tremos del conocimiento y del misterio. &l conocimiento y el misterio$ el fruto y
la raíz, y, "untos, la cifra de toda verdadera cultura.
III
LA ENTIDAD HUMANA DEL M8DICO
)onstituye m%imo privilegio y m%ima responsabilidad de la profesión médica servir al hombre
doliente atendiendo a su comple"idad de ser biológico, social y espiritual. #ara el cumplimiento de
seme"ante cometido es menester que cultive diversas y difíciles disciplinas científicas y que las
aplique con arte, a la vez que ponga en "uego los recursos del trato primoroso y la penetración
psicológica. Lo lograr en la medida que su vocación sea auténtica, su competencia basada en
conocimiento efectivo e iluminada por una concepción superior de la índole humana. De ahí que
ya 2ipócrates, en el fragmento de su famoso escrito La Ley, entendiera la medicina, si e"ercida
con amor, como cosa sagrada, que sólo debe enseñarse a personas sagradas, esto es, dignas de
respeto y veneración.
&n consonancia con estos postulados se e%aminar en seguida lo que caracteriza al ob"eto de la
dedicación del facultativo.
9. EL ENFERMO EN CUANTO CASO
&l enfermo es, en primer lugar, un organismo perturbado en su funcionamiento o vulnerado en su
integridad física. 4i se toma el concepto de enfermedad en sentido estricto, lo que a mi entender
es esencial, se lograr distinciones precisas. Lo intento con plena conciencia de la dificultad. &n un
libro reciente, &n"uiciamiento de la medicina psicosomtica, me he empeñado en demostrar el
error de las definiciones ms aceptadas de tal concepto. &s "usto que ahora someta a la crítica lo
que entiendo por enfermedad.
&s un desorden biológico complicado en el cual el organismo obra como un todo en proceso de
adaptación, regulación y defensa, tendiendo a recuperar el equilibrio perdido. &n todos los casos
es un modo de actividad somtica en que el encadenamiento de los cambios sigue la ley de la
causalidad a la vez que entran en acción los recursos de la naturaleza dirigidos teleológicamente
en el sentido de neutralizar o reducir los efectos producidos por el agente morbígeno, sea e%ógeno
físico, químico o animado, sea endógeno degenerativo, hereditario o constitucional . 4eg1n que
diñculte transitoria, duradera o radicalmente la salud y la vida, ser curable, estropeante o mortal.
2echo de importancia como veremos es que =a enfermedad en unos casos es manifiesta, sufrida,
y en otros, inaparente, ignorada. Lo cual revela la posible autonomía del desorden morboso
respecto de la persona a la cual es inherente el organismo.
&l individuo, en cuanto se le considera y trata como enfermo en sentido estricto, pertenece para el
médico a la categoría de caso. &l caso es ob"eto de estudio científico, para lo cual es menester
que, en principio, el facultativo tome distancia respecto a la condición íntima del su"eto, a fin de
que el discernimiento de los hechos no sea enturbiado por el sentimiento en la aplicación de los
recursos técnicos para el conocimiento y la reparación del desperfecto producido. )on ello se logra
el desidertum de ob"etividad en la b1squeda, la confirmación y el deslinde del daño corporal, y
las consiguientes providencias terapéuticas. &l empeño metódico encaminado en ese sentido es lo
que hace pensar a la gente, incluso a muchos psicólogos, en la insensibilidad del médico.
#ara estar a la altura de su función frente al caso, el facultativo debe ser un profesional realmente
docto, lo cual hoy es posible en no pequeña medida. &n efecto, los progresos de la medicina de un
siglo a esta parte son tan grandes que se dispone de medios técnicos muy variados, finos y
eficientes tanto para el diagnóstico cuanto para la cura de las enfermedades. Da idea de lo mucho
que se ha avanzado a este respecto el comparar la duración media de la vida$ por e"emplo, en los
&stados <nidos de +orte !mérica era de EF años en (GHH, mientras que un siglo después llega a
los IH años. 2oy la abundancia y la diferenciación de los procedimientos es tan considerable que
se ha impuesto la especialización así del médico tratante como del técnico de gabinete y de
laboratorio. )iertamente, esta riqueza de recursos técnicos tiene peligros, de los cuales se guarda
el médico con formación profesional concienzuda. Los principales son la atención absorbente del
caso con descuido del su"eto mismo, y la sobrevaloración del dato aislado, sea anamnésico, sea
clínico, sea de laboratorio.
2. EL ENFERMO EN CUANTO CLIENTE
&n segundo lugar, el enfermo, en el sentido de pró"imo, es un ser social que acude a otro ser
social a causa de la específica necesidad que vincula al primero con la función del segundo, en
procura de sus servicios. &n realidad, producida o advertida la condición patológica, esta es la
relación inicial entre enfermo y médico. !quí la condición categórica del enfermo es la de cliente,
distinta en cierto modo de la de caso, aunque las ms veces se suman.
4e trata de un seme"ante en busca de acogida para que el facultativo se haga cargo de su
situación de enfermo. &l cometido de aquél consiste, en primer lugar, en recibir o visitar a éste con
la urbanidad y la consideración de quien se vincula precisamente a él en tal circunstancia, cuyo
sentido corresponde al mismo tiempo en ms y en menos al de simple enfermo.
#ara conocer el problema determinante del encuentro, el médico debe actuar no sólo con el
comedimiento requerido a fin de gran"earse la confianza personal y de acreditar la profesión, sino
con la sagacidad pertinente al intento de desentrañar la psicología del su"eto. &l quid est en lograr
la aprehensión, a través de lo manifiesto, de aquello que da sentido y fundamento a lo manifiesto.
#ara ello es menester que con paciencia se de"e hablar y e%presarse en general al cliente.
#recisamente, la raíz de esta palabra implica la condición de de"arse escuchar, de ser auscultado.
&s evidente que a fin de estar a la altura de su misión en el trato con el cliente, el doctor requiere
poseer las calidades de hombre de mundo, las cuales no se adquieren sólo en la universidad sino
en la escuela caballeresca de la vida de relación.
La enfermedad del cliente puede no ser de la competencia del facultativo buscado, terminando
con tal verificación el trato entrambos. !simismo, el médico puede atender y tratar a un enfermo
sin que sea en realidad su cliente. ;al es lo que ocurre cuando el enfermo consulta a un médico
simplemente para que realice una comprobación parcial por indicación del facultativo tratante, o
cuando el enfermo como sucede principalmente en el sistema del seguro social de hospital
cerrado cae en manos de un médico administrativa o casualmente determinado y, lo que es peor,
no en manos de un médico sino de un grupo, en cierto modo impersonal y anónimo, pues e%cluye
el trato en confidencia. &videntemente, esto no es plausible, pues prembulo importante para que
la acción medicinal encuentre terreno preparado, favorable, es que el enfermo ocurra donde el
médico de su predilección, de su fe, escogido de antemano entre otros. &ntonces se produce la
entrega plena y la vinculación substancial, prenda muchas veces de la confortación inmediata y
del resultado final óptimo.

3. EL ENFERMO EN CUANTO 7ACIENTE
&n tercer lugar, el enfermo en su calidad de su"eto anímico espiritual es un ser doliente, que como
tal ha menester asistencia comprensiva, cordial y confortante.
&l concepto de dolencia, que desde hace tiempo me preocupa como trascendental por su
significación genuinamente humana, es distinto del concepto de enfermedad en sentido estricto.
3revemente se puede precisar su categoría con los atributos siguientes.
&n general, la dolencia consiste en la certidumbre que tiene el su"eto de estar enfermo. ! ella
conducen las sensaciones, las ideas, los sentimientos y las valoraciones cuya nota com1n y
distintiva es la referencia, intencional de la conciencia del su"eto a ser presa de un mal que altera
su salud, con las consecuencias correspondientes para el propio destino y acaso para la vida
misma. #or tanto, en la dolencia pueden mezclarse componentes psicofísicos, causados por la
enfermedad, con estados psíquicos y espirituales, puramente motivados por la conciencia que
tiene la persona de estar enferma.
!simismo, la dolencia puede consistir simplemente en esta reacción motivada por la conciencia de
padecer una enfermedad, como ocurre por e"emplo, en aquellos individuos a quienes un e%amen
requerido para el seguro de vida les revela que son víctimas de una enfermedad desconocida
hasta entonces, o en los casos de su"etos que se sienten enfermos por contagio mental o por
simple aprensión. &l primero de estos e"emplos ofrece la prueba de que la enfermedad puede
e%istir faltando la dolencia yo el segundo lo contrario$ presente la dolencia sin que haya
enfermedad.
La dolencia, incluso cuando consiste originalmente en una reacción sólo motivada, puede
complicar el estado corporal a causa del efecto, turbador de la atención concentrada en funciones
que normalmente se realizan de manera automtica, mayormente en órganos en condiciones do
menor resistencia. &l mismo efecto tienen las impresiones, las ideas auto o heterosugestivas y,
sobre todo, las emociones intensas o prolongadas, &sta complicación orgnica no es meramente
psicógena sino causal, por e%citación de los centros cerebrales subcorticales. !sí se producen
alteraciones, sean físicas circulatorias y tróficas, sean bioquímicas metabólicas o de otra
naturaleza $ &stos hechos dan idea de los círculos viciosos que se producen en la comple"a
interacción entre enfermedad y dolencia.
La consideración de la dolencia nos conduce a e%aminar el concepto de paciente, medicinal por
e%celencia.
&ntraña la condición de persona, con todos los atributos y privilegios inherentes a su peculiaridad y
a su significación moral, en el trance de criatura en desgracia, cuyo destino se entrega a la
competencia, al tino y a la responsabilidad del médico. &l desempeño de éste es ms delicado
aquí que frente al mero cliente y frente al caso. 'equiere el miramiento y la sabiduría del asistente
penetrativo y respetuoso, que con o"o avizor se adelanta no sólo a desentrañar, hasta donde es
posible, lo que siente, piensa, estima y quiere el enfermo, sino a calar el grado y las posibilidades
de madurez espiritual, a fin de acomodar a ella sus providencias. todo esto no se logra si falta la
intuición de alma a alma, al calor de la simpatía abnegada. &l don de humanidad y la conciencia
moral ms e%igente se ponen a prueba en el médico respecto al discernimiento de todo el
significado que tiene para el paciente para cada paciente determinado el mal cuyo padecimiento
es ob"eto de su asistencia. #ues de ello depende la repercusión, favorable o per"udicial, que
tengan su conducta y sus e%presiones, sobre la dolencia y, por mediación de ésta, sobre la
enfermedad del su"eto. &n efecto, el ascendiente del facultativo es tal que puede tanto estimular la
reacción cuanto agravar la enfermedad$ yatrogenia de salud en el primer caso, yatrogenia de
síntomas o de complicaciones, en el segundo. &n general, el influ"o benéfico del doctor sosiega al
paciente y despierta en su nimo sentimientos, ideas y valores de índole biotónica que, por
mecanismos nerviosos, seme"antes a los señalados a propósito de la dolencia, repercuten
beneficiosamente sobre el estado somtico. &n eso consiste la psicoterapia implícita, que practica
todo galeno, hasta el ms modesto y a"eno al conocimiento de los métodos de tratamiento
psíquico.
4. CATEGORIA ES7IRITUAL DEL BINOMIO ENFERMO MEDICO
+o es posible considerar la entidad humana del enfermo sin una referencia a la entidad de la
persona humana en general. ;ema es éste que se discute con sumo interés en la filosofía actual,
siendo principal en la antropología filosófica. Las fórmulas abundan, de suerte que no hay sino que
escoger. De todas las que conozco ninguna es tan sencilla, certera y sugerente como la propuesta
por +icolai 2artmann. &ste filósofo, completamente ale"ado de la teología, considera que lo
distintivo de la esencia humana son los atributos que en pequeña proporción comparte con la
Divinidad$ providencia, predestinación, libertad creadora y ciencia del bien y del mal. La
providencia, que permite al hombre ver ms all de lo actual, principalmente lo futuro, franquea
posibilidades a sus intenciones, a sus sentimientos y a sus acciones. La predestinación, merced a
la cual podemos hasta cierto punto hacer correr los acontecimientos de otra manera que por sí
mismos, nos capacita para encaminarlos y corregirlos conforme a nuestros propósitos y hasta
seg1n nuestros propios proyectos.
La libertad en el sentido positivo, el ms eminente privilegio a la vez que el mayor de los misterios
que nos ofrece la e%istencia. gracias a la libertad inventiva, aunque en mínimo grado, el hombre
es capaz de hacer lo mismo que la Divinidad en la creación$ B0iatC
#or 1ltimo, la ciencia del bien y del mal, facultad de visión de valores morales, los que no
determinan la conducta del hombre, sino que lo convencen para actuar rectamente.
Jemos así que, de manera inesperada, coincide la filosofía ms rigurosa de nuestros días en el
criterio acerca de la semi divinidad del ser del hombre, con la concepción del padre de la
medicina, que reputa el e"ercicio de ésta como cosa sagrada. 'esulta, pues, que el decoro de la
condición humana concuerda con la nobleza del oficio encargado, de combatir los desmedros de
su naturaleza.
'econociendo en el enfermo los predicados o atributos que son inherentes a su entidad humana,
se "ustifica que su ser entrañe superioridad esencial, por encima del valor negativo de su condición
biológica. &sta lo pone en el trance de criatura en infortunio, cuyo aspecto moral, precisamente,
hace al pró"imo acreedor a trato de especial miramiento, adems de merecedor del respeto debido
a la ma"estad del hombre.
&n lo que atañe al médico, el realce de su ministerio se consuma en la aplicación del cudruple
poder que lo apro%ima a la Divinidad. )on la providencia de su saber, encaminada a acertar con la
relación causal de los hechos patológicos y la final de la vis medicatri% naturae, descubre en qué
consiste el proceso de la enfermedad. )on la predestinación, en virtud de la cual concibe el modo
cómo puede corregir el desmedro del organismo del enfermo, introduce en él un orden terapéutico
restaurador de la normalidad. )on la libertad creadora y responsable, merced a la cual es
suficientemente dueño de sí y de sus actos para tomar a su cargo todo el riesgo de las decisiones
que entraña su obra prolongadora de la duración de lo creado, luchando contra el descaecimiento
y la muerte, inventa o aplica recursos para devolver la salud al cuerpo y la razón a la mente. &n
fin, con la ciencia del bien y del mal, a la que debe las luces su derechura moral, consuma el bien
en todos los actos de su trato con el paciente.
I;
LA MEDICINA Y LA 7SICOLOGAA
4i retrocedemos con la imaginación unos setenta años, nos aparecer como cosa muy e%traña
relacionar la medicina con la psicología, mayormente si esto no ocurriese en la mente de un poeta
o de un novelista, sino en la de un médico prctico. &l colega de nuestra ficción de fines del siglo
:*: a quien se propusiese la cuestión, a menos de ser alienista, seguramente no vería mayor
vínculo entre ambas disciplinas que el concebible entre el arte de curar y las matemticas puras,
vínculo, en verdad, remoto y abstracto. )omparando esta actitud con la del galeno de hoy, las
cosas han cambiado tanto que ahora planteo el tema casi con verg9enza, convertido como est en
tópico hasta de las gacetas de propaganda. -e mueve a ello precisamente el deseo de intentar un
e%amen escueto de las ideas y los problemas concernientes, desfigurados a menudo por los
lugares comunes de la psicopatología popular.
9. TENDENCIAS DE LA MEDICINA CONTEM7ORBNEA
&l período científico naturalista de la medicina moderna se e%tiende hasta principios del presente
siglo, período en que domina un ideal consonante con los métodos que permitieron realizar los
grandes descubrimientos y progresos de la patología celular, la fisiología e%perimental y la
bacteriología. !unque el médico genuino en ninguna época su"etó el e"ercicio de su arte sólo a lo
demostrable científicamente, como si el hombre careciese de espíritu y no fuese sino una mquina
complicada, el profesional representativo de ese período y el representativo del actual tienen un
modo de pensar distinto. 4in considerar la gran diferencia de mentalidad producida con el auge de
la especialización, de cuyas consecuencias he tratado en el primer capítulo, la transformación de
la doctrina médica tiene los aspectos principales que paso a señalar.
+uestro arte se renueva, ante todo, porque atiende ms a la dinmica del organismo que a la
localización de las lesiones$ sin que el método anatomo clínico pierda su importancia capital, se
reconoce que la alteración morfológica es consecuencia del flu"o vivo plasmador de la defensa del
ser. tal es la idea que logra desarrollo y diferenciación en la /patología funcionalK @7. von
3ergmannA y en la /fisiología patológica/ @Ludolf von LrehlA. 8tra tendencia nueva es aquella que
de"ando atrs la e%plicación patogénica simple ciertamente muy fecunda en la era bacteriológica y
pródiga a1n en esquemas falaces para la higiene la sustituye por la concepción /constelacional/
@;endelooA de los factores morbígenos$ las m1ltiples y diversas influencias del medio físico, vital y
humano son vistas como funciones estructuradas en el tiempo y con importancia causal
dependiente de las reacciones del organismo, que funciona como un todo cuya finalidad no es sólo
adaptarse al mundo circundante, sino adaptar el mundo a los propios requerimientos.
<na tercera corriente del pensamiento médico contemporneo est representada por el ideal de
aprehender la peculiaridad de cada enfermo, su entidad 1nica, sus disposiciones propias, la
constitución y la personalidad condicionadas tanto por la herencia cuanto por el ambiente, desde el
prenatal. así el diagnóstico clínico no tiene en mira sólo las entidades abstractas de la nosografía,
sino lo distintivo a intrínseco del ser psicofísico concreto de cada paciente. 'elacionada con esta
tendencia individualizadora tenemos la que da valor al aspecto sub"etivo de la condición de
enfermo. !unque ya Jircho> distinguió en la enfermedad la dolencia, estado de sufrimiento vivido
por el su"eto, del proceso mórbido, o sea el hecho nocivo en su realidad ob"etiva, sólo en nuestros
días se sacan las consecuencias de tal diferencia, a ingresa la persona y la vida interior del
hombre en el centro de la investigación clínica. #or 1ltimo, en materia de terapéutica y de higiene,
la medicina de hoy no se contenta con el reconocimiento y la curación de las enfermedades en su
período inicial ni con el empleo, cada vez en mayor escala, del e%amen periódico de
colectividades, sobre todo en individuos en crecimiento, sino que propende a descubrir y corregir
las debilidades y desviaciones incipientes de la constitución y a estimular positivamente la salud.
de esta suerte, lo nuevo en el ideal sanitario, ms que la longevidad del mayor n1mero, en verdad
muy problemtica ms all de cierto límite, es la reducción de la desgracia sub"etiva, dependiente,
en buena parte, del medio social y cultural, y para cuyo logro no bastan los métodos toscos de la
medicina social clsica, sino los ms sutiles y todavía muy imperfectos de la psico higiene y la
educación sanitaria.
&n casi todas las corrientes de la medicina de nuestro siglo que acabo de señalar @las cuales, por
cierto, no carecen de antecedentes, sobre todo en la doctrina hipocrtica, en #aracelso y en el
romanticismo alemnA se puede discernir sin esfuerzo una tendencia com1n$ la valoración de lo
personal del enfermo, su e%istencia sub"etiva, su inmersión en el mundo de la realidad social y
cultural. #or eso &r>in Lie5, un ciru"ano representativo de la mentalidad de nuestro tiempo,
reconoce que /no hay ninguna alteración del organismo viviente, ninguna enfermedad, llmesele
funcional a orgnica, que no sea ms o menos susceptible de estar su"eta a la influencia anímica/.
&n consecuencia, el estudio del enfermo no se agota siguiendo sólo los métodos de las ciencias
naturales, por ms que se quiera e%tender el dominio de éstas. requiere también la aplicación de
los métodos de las ciencias del espíritu. De ahí que se imponga la psicología como disciplina
legítima en el campo de nuestra profesión y que suspiren muchos de nuestros colegas por
incorporarla en su preparación. !sí lo acredita una encuesta hecha por 0ervers en !lemania poco
antes de comenzar la 1ltima guerra. La respuesta de trescientos médicos prcticos a la pregunta
de si debe figurar la psicología médica en la enseñanza, fue afirmativa en un MN por (FF de los
establecidos en las grandes ciudades, en el GH por (FF de los radicados en las pequeñas y en el
GO por (FF de los rurales .
2. LA 7SICOLOGIA DE AYER Y LA DE HOY
&s un hecho que el progreso de saber en cada rama de la ciencia, del arte y de la técnica no
depende 1nicamente de la laboriosidad fecunda de los cultivadores de la misma. #or eso la
historia de una disciplina refle"a el efectivo desenvolvimiento de su contenido sólo cuando la
investigación ha logrado descubrir en el panorama de la cultura de que forma parte, las influencias
y revelaciones procedentes de campo a"eno. 'especto a la psicología moderna, todavía
carecemos de una verdadera historia de sus adquisiciones, pues todos los intentos hechos con el
propósito de ofrecer una imagen de su adelantamiento, rara vez rebasan los linderos de su
dominio estricto, y con frecuencia ni siquiera los alcanzan a causa de los pre"uicios de escuela que
dominan a los autores. &sto es tanto ms de lamentar cuanto que la penetración de la vida
anímica se ha debido ms que a los psicólogos y a los filósofos, a los poetas, novelistas,
ensayistas, historiadores, moralistas y místicos.
&n el siglo :*:, en que la psicología de"ó de ser una parte de la filosofía, los ms originales
renovadores de esa disciplina, como Lier5egaard, -aine de 3iran, +ietzsche y Dilthey, fueron
prcticamente desconocidos como tales para los psicólogos, quienes, en lugar de consagrar sus
desvelos a aprehender los fenómenos reales y las cone%iones de la vida interior del hombre, casi
todos trasoñaban con reducirla a términos espurios. &n esa época, sobre todo a fines del siglo, la
concepción de toda la realidad fue poderosamente influida por el entusiasmo provocado por el
progreso de las ciencias físicas. &so e%plica que la psicología, lo mismo que ocurrió con la
medicina, fuese vencida por la propensión positivista. =ohannes -9ller, fundador de la escuela
fisiológica basada en el estudio de los procesos físicos y químicos del organismo, sostenía hace
un siglo que /nadie puede ser psicólogo si no es fisiólogo/. Desde entonces hasta hoy la aspiración
suprema de los psicólogos positivistas es sustituir el estudio de la vida anímica, considerada por
ellos como mero epifenómeno de los procesos materiales, por una fisiología cerebral rigurosa. #or
cierto que eso nunca ha pasado de ser un simple mito estimulante, un trampanto"o que sigue
deslumbrando a los intonsos, a pesar de las terminantes advertencias de neurólogos tan
autorizados como Lud>ig &dinger, 0ranz +issl y L.'. -9ller.
La psicología no ha comenzado a renovarse en el siglo :: por la incorporación, en su dominio, de
los descubrimientos y los modos de ver la vida anímica que antes alcanzaron eminentes hombres
de letras a indagadores de las ciencias morales. &sto apenas ha ocurrido todavía, si se e%cept1a
la obra de muy contados psicólogos que en los 1ltimos años siguen los métodos de Dilthey o una
dirección seme"ante. Lo que fue eficaz para promover en el seno de la psicología un movimiento
transformador es el ingreso de los instintos en el campo de sus investigaciones. ,a en el siglo
pasado se habían realizado descubrimientos de importancia capital en materia de vida instintiva, si
bien en los insectos, verdaderas revelaciones maravillosas capaces de derrocar la concepción
mecanicista y evolucionista de la vida animal. &stos descubrimientos, debidos, ante todo, al genio
de =ean 2enri 0abre y renovados por otros entomólogos, entre los que sobresalen &rich Pasmann
y L. von 0risch, eran demasiado divergentes respecto de las preocupaciones propias de la época
para que biólogos y psicólogos les prestaran la atención que merecen. !un hoy, apenas es
reconocida la importancia que tienen para la inteligencia de la naturaleza animada.
&l tema del instinto ha contribuido poderosamente a remozar la psicología contempornea gracias
a un movimiento de ideas originado en la psiquiatría, aunque no e%traño al cambio del espíritu de
nuestro tiempo ni falto de significativos antecedentes, sobre todo en el pensamiento alemn del
período llamado de 4turm and Drang. !ludo al psicoanlisis cuyo punto de partida est en el
hecho que 4igmund 0reud recibiera en la 4alpétriére una luz que habría de iluminar toda su vida
de sabio y propagandista. )harcot antiguo y peritísimo anatomopatólogo, consagrado en la
madurez a la renovación de la neurología, seg1n se cree ba"o la influencia del movimiento
espiritualista que llevó a #aul =anet a atacar el materialismo desde la ctedra de la 4orbona, tuvo,
en (GGQ, el acierto genial de concebir la índole psicógena de los síntomas histéricos @ya entrevista
en el siglo :J** por )arolus #iso y por 4ydenham y casi definida por 7eorget y por 3riquet a
mediados del pasadoA, logrando reproducirlos de manera e%perimental gracias al hipnotismo. &ste
golpe magistral dado a la mentalidad reinante entonces en la medicina, fue decisivo para que
0reud, abandonando las demostraciones anatomoclínicas, creara el psicoanlisis, no sin el influ"o
de las conocidas e%periencias de 3reuer acerca del tratamiento catrtico de la histeria y el del
pensamiento de +ietzsches. 7racias al psicoanlisis, la psicología se apro%ima a la e%istencia real
del hombre como antes lo querían especialmente 4tendhal, +ietzsche y Dilthey con la
interpretación dinmica y genética de los fenómenos mentales, interpretación que, sea dicho de
paso, cada día se independiza ms y ms de los toscos esquemas de 0reud y sus secuaces. #ero
el hecho es digno de ser recalcado antes que el psicoanlisis lograse e"ercer influencia sobre la
psicología general, su teoría acerca de las neurosis preparó en el campo de la psiquiatría una
actitud que ha sido llena de consecuencias para favorecer, a la larga, la constitución de la
medicina psicológica.
!sí, la hazaña de )harcot, consistente en arrancar una /enfermedad/ del dominio teórico de las
fuerzas puramente corporales, llegó a tener importante repercusión en nuestro arte y en la
psicología. &n esta evolución, el factor histórico decisivo es, sin disputa, la obra de 0reud,
meritísima, pese al error de su e%plicación pan se%ualista de las neurosis y en general de la vida
instintivo afectiva del hombre, y pese a que su mayor afn doctrinario fue reducir la e%istencia
personal de la criatura humana a puros mecanismos, a cosa impersonal y material. 4in embargo,
no todo lo alcanzado es fruto del husmeo psicoanalítico. &l desenvolvimiento reciente de la
psicología se debe también a las m1ltiples direcciones en la investigación fenomenológica de la
intencionalidad del su"eto anímico, iniciada por 0ranz 3rentano a fines del siglo pasado. a la
fecundidad del concepto de estructura en la comprensión de los actos y las funciones mentales. al
esclarecimiento de las influencias de diversa calidad del mundo espiritual sobre la estimativa del
hombre, promovido principalmente por la filosofía de los valores. y al esfuerzo de la
caracterología, encaminado a precisar el conocimiento del modo de sentir y actuar peculiar de
cada persona.
De suerte que la actividad anímica, si es cierto que se puede e%plicar parcialmente, en un aspecto,
por lo que tiene de ob"etiva, de dato propio del ser vital del hombre, no es comprensible sino en
cuanto el su"eto vive su e%periencia y cumple o frustra su ser histórico, capaz de enfrentar la
realidad, de valorar y de decidir. !sí, pues, aparte la fuerza inspiradora de humanidad, ínsita en la
idea de la medicina y norte espiritual del galeno auténtico de todos los tiempos, el despliegue de la
medicina psicológica del presente no habría sido posible sin que los adelantos de la psiquiatría no
hubiesen recibido sustancial complemento de las ms altas corrientes del pensamiento
contemporneo. &n efecto, no se concibe una antropología médica, una visión de las diferentes y
fundamentales maneras de ser del hombre enfermo sin las ideas a incitaciones oriundas de todas
las fuentes del conocimiento de la índole humana en general, y a las cuales se esfuerzan hoy en
dar unidad los cultivadores de la antropología filosóficaN.
3. EL 7ROBLEMA DE LAS NEUROSIS
!ntes de considerar la cuestión de la comple"a naturaleza del hombre y de ver cómo han de
concordar los movimientos contemporneos de la medicina y la psicología en el traba"o clínico, he
de detenerme un momento ante tres aspectos problemticos de nuestro conocimiento de las
neurosis, los cuales corresponden al concepto corriente acerca de su índole, a la significación de
la psicogenia y a la relación que se les atribuye con la vida anímica sana. !sí se mostrarn ciertas
dificultades a incertidumbres de la medicina psicológica en boga y la liviandad de no pocos
conceptos propugnados por sus precipitados sistematizadores.
4i se e%amina con un poco de crítica el grupo de desórdenes psicofísicos comprendidos hoy como
neurosis, salta a la vista la falta de un concepto que les sea com1n. &n realidad, lo que los
mantiene unidos es la designación, tras la cual no hay una idea que le ofrezca fundamento lógico.
4e trata de una serie heterogénea de dolencias, diversas en lo que respecta tanto a su
sintomatología y a su origen, cuanto a su evolución, pronóstico y tratamiento. )asi todos los
psiquiatras autorizados oponen la neurosis a la psicosis, haciendo corresponder a la primera un
género de desarreglo psíquico cuya aparición y desaparición son comprensibles de acuerdo con la
e%periencia vivida del su"eto, por depender de la actividad psíquica y no de causas orgnicas o
influencias e%ternas de orden físico, químico o infeccioso. mientras que las psicosis no son
comprensibles, sino e%plicables por alteración patológica del cerebro. 4in embargo, muchos de los
casos que se reconocen de neurastenia, son causados por condiciones e%clusivamente somticas,
sanando con la modificación de éstas. Lo mismo se verifica en pacientes que por los síntomas que
presentan les corresponde el diagnóstico de neurosis de angustia. !dems, infinidad de cuadros
clínicos de la nerviosidad constitucional y las ms puras neurosis compulsivas suelen surgir y
evolucionar de la misma manera que las psicosis endógenas. De modo que no sólo la génesis y la
estructura sintomatológica, sino la evolución, el pronóstico y el tratamiento no corresponden en
estos e"emplos al concepto de neurosis. )iertamente, puede arg9irse que con los ms diversos
procedimientos psicoterapéuticos se produce la curación de desórdenes de esa naturaleza. #ero
esto no prueba nada, pues, por una parte, la psicoterapia no sólo es eficaz en las neurosis y, por
otra parte, son numerosos los casos diagnosticados de neurastenia, de neurosis de angustia, de
neurosis compulsiva y diversos estados de nerviosidad endógena que desaparecen sin tratamiento
alguno, sea por efecto de los cambios periódicos o críticos del organismo, o sea en virtud de la
tendencia espontnea de éste a la restitución del equilibrio normal.
De propósito no señalo sino algunos tipos de neurosis con unidad problemtica y que ofrecen
frecuentes e"emplares cuya realidad clínica les pone fuera del concepto ms generalmente
admitido de neurosis. ;ambién de propósito de"o para después el asunto de las neurosis viscerales
o neurosis de los órganos a orgnicas. #ero es pertinente recordar que, desde hace tiempo, hasta
la misma histeria est en peligro de perder su unidad, y no son pocos los autores que propugnan la
eliminación de su nombre de la sistemtica psiquitrica, como también los hay afanosos de
abandonar el término genérico de neurosis.
&l segundo aspecto problemtico a que me referí es el relativo a la importancia de la psicogenia.
!unque 3riquet, )harcot y el propio 0reud en sus primeras publicaciones, no pasaron por alto la
entidad de la predisposición hereditaria en la génesis de las neurosis, e%iste entre los psiquiatras
de nuestros días una fuerte tendencia a considerar éstas producto de simple elaboración
psicológica de los acontecimientos de la vida de relación, como si el conflicto anímico fuese la
causa 1nica de la perturbación. 4i bien en la mayoría la psicogenia parece ser factor importante,
no es decisiva para su presentación, como se observa en la neurosis compulsiva, que aparece y
persiste o cesa sin que intervenga la acción del ambiente humano. &stos desórdenes y otros,
incluso histéricos, pueden manifestarse en cone%ión con crisis del organismo o enfermedades del
sistema nervioso, como los tumores cerebrales, la esclerosis m1ltiple o la encefalitis. #uedo
afirmar que los enfermos en quienes he observado los síndromes mas típicos y completos de la
histeria clsica han sido un encefalítico y una esquizofrénica. &n estos pacientes la histeria era
sintomtica de la enfermedad cerebral. ! nadie se oculta la significación de los hechos de esta
clase.
Lo que deseo recalcar ahora es que ninguna neurosis se presenta en cualquier su"eto, ni las de
accidente o de guerra, sino en los especialmente predispuestos. &st al alcance de todos observar
que graves impresiones, e%igencias sociales o morales e%tremas, situaciones penosísimas o una
vida entera de dificultades y conflictos, en la mayoría de las personas e%puestas, no producen una
reacción psicopatológica. en cambio, un pequeño accidente, que cualquiera persona corriente
tolera sin mayor esfuerzo, desencadena una neurosis aparatosa en un su"eto de personalidad
anormal. , la personalidad anormal y, en general, la predisposición a las neurosis, no se pueden
reducir sistemticamente a una psicogenia antigua, a traumatismos psíquicos o impresiones
penosas de la infancia. ! este respecto es instructiva la verificación de neurosis precisamente en
niños durante cuya corta vida el medio no ha sido inadecuado, y que, por el contrario, muestran
signos de inferioridad orgnica, e%citabilidad e%cesiva a otras anomalías de la constitución
psicofísica. 0uera de estos datos de la e%periencia corriente, tenemos una base sólida para la
determinación de las condiciones endógenas de las neurosis. -e refiero a la investigación de la
herencia, la cual, aunque presenta grandes dificultades, ofrece hoy datos de un valor tan positivo,
que contrasta con la confusa acumulación de aserciones no bien fundadas propia de la antigua
manera de recoger los antecedentes familiares, y de la cual es representación típica la obra de
0éré$ La famille néuropathique. &ntre los nuevos métodos de la heredología, son particularmente
demostrativos los que se basan en la comparación de la concordancia del fenotipo entre series de
hermanos gemelos uni y divitelinos, así como la indagación de los llamados radicales biológicos
de la personalidad a través de las generaciones. 4i se reconoce el valor tanto de la constitución
heredada y adquirida cuanto de la intervención de otras condiciones morbígenas de orden
corporal, se puede aplicar a diversos grupos de neurosis el reparo que hizo -urri a la hipótesis
freudiana de la histeria$ /<na teoría psicogenética decía el gran clínico no puede ser al fin sino una
semiogénesis, mas no, como se cree, una patogénesis/.
&n lo que respecta a la relación que se atribuye a las neurosis con la vida anímica sana, los
postulados de la psicología llamada de las profundidades no sólo son dudosos, sino paradó"icos.
)on 0reud se afirma que la neurosis es un producto de la civilización y, a su vez, la civilización,
consecuencia de los mecanismos de la neurosis. !sí la vida mental sana del hombre vendría a ser
la puramente animal. y como entre los mismos animales se observa una organización social, a
menudo rigurosa, la normalidad psíquica habría que buscarla en el dominio de los seres asociales.
4eg1n estas parado"as, el estado óptimo del hombre correspondería a la suspensión de toda
espiritualidad y de todo freno. 8tra manera muy generalizada de enaltecer la neurosis con mengua
de la esencia humana es la que formula Lretschmer en estos términos$ /La psicología de las
neurosis es la psicología del corazón humano en general. , ciertamente con un aumento de
dimensión e"emplar. <n conocedor de las neurosis es en sí un conocedor del hombre, y por eso
est preparado también para las dems e%igencias psicológicas de la profesión médica/. +adie
puede negar que la penetración de la maraña de ciertos casos de neurosis es una buena escuela
psicológica, pero sin duda es me"or la de calar el alma en la cual esa maraña es posible y
comprensible. La ms complicada de las neurosis resulta estructura sencilla comparada con el
todo anímico del que es e%presión parcial. ! esto hay que agregar que si algo caracteriza la
condición de neurópata, no es precisamente la mayor diferenciación de la vida psíquica ni el logro
de las ms genuinas y superiores posibilidades del corazón humano. #ues las neurosis muestran
la imperfección del ser psicofísico para afrontar las e%igencias de la realidad, la mengua de las
disposiciones para integrar los contrastes de la e%periencia y para superar eficazmente las
dificultades y los conflictos inherentes a la situación del hombre en el mundo. #or 1ltimo, no puede
aceptarse la psicología de las neurosis como modelo de la psicología en general, pues no sólo su
materia es negativa por defectuosa, sino por lo que hay en ella de forma falsa y falseadora. , ni
siquiera en este aspecto podría ser paradigma si se puede hablar de paradigma negativo, pues la
e%cede la psicología del resentimiento. La propensión a someter la vida anímica sana a la escala
de la neurosis es una variedad de la misma tendencia niveladora que antaño movía a nuestros
colegas a medir la obra del genio, del héroe y del santo con el inadecuado escantillón de la
patología, como si las flaquezas o enfermedades de los persona"es que enriquecen el mundo y
animan la historia pudiesen ofrecer la clave del poder creador de su espíritu y de su voluntad.
;anto el abuso de la interpretación patogrfica, cuanto la manera de ver la civilización y el
corazón del hombre ba"o la especie de la neurosis, se deben a estrechez profesional de la
concepción de los valores y a un pre"uicio de escuela psicológica. &l /conocedor/ de las neurosis
que cree con eso conocer al hombre todo, en realidad no conoce las neurosis sino desde el punto
de vista de una teoría unilateral, deformante y mutiladora. , el ideal de la preparación del médico
en lo relativo a comprender el espíritu de sus pacientes no es abrazar una entre las varias
psicologías de tendencia que hoy hay en el mundo. -e"or sería no adoptar ninguna, como los
buenos médicos de otros tiempos, que no descuidaban el alma de sus enfermos gracias a la
vivacidad de su instinto de relación y al rico fondo de su cultura humanista. 2oy, me"or que seguir
los dogmas de una psicología, es orientarse con las enseñanzas de la psicología, cuya fuente viva
es y ser la refle%ión del hombre sobre sí mismo y sobre los dems, psicología que no resuelve
todos los problemas, pues ya tiene conciencia de que el alma humana es inagotable y todo saber
acerca de ella mera apro%imación.
&n suma, las precedentes refle%iones van encaminadas a señalar la imprecisión del concepto
actual de neurosis. *ntroducido por )ullen en la nosografía y comprendiendo ayer enfermedades
como la epilepsia, la corea, la eclampsia y la parlisis agitante, parecía, al fin, satisfactoriamente
lo determinado gracias a la interpretación psicologista de su entidad y a teorías que creyeron
encontrar en él su sostén ms sólido. #ero, en realidad, de nuevo muestra contornos
problemticos y parece llamado a desintegrarse con los progresos no 1nicamente de la
psicopatología, sino de la fisiopatología y de la patología constitucional y heredológica.
4. LOS AS7ECTOS DE LA CONDICION HUMANA Y LA DUALIDAD DE LO FISICO Y LO
MENTAL
&l lengua"e contribuye tanto a formar cuanto a deformar el criterio. &sto 1ltimo se observa con
frecuencia en aquel con"unto comple"o de nociones, creencias y hbitos mentales que constituyen
el arsenal del pensamiento médico cotidiano. &n lo que respecta a nuestro tema, la relación de lo
material con lo inmaterial en el hombre resulta simplificada implícitamente por el uso de
e%presiones como éstas$ lo físico y lo mental o lo somtico y lo psíquico, desorden orgnico y
desorden funcional, la ambig9edad de cuyo significado es relativa a la concepción del mundo de
cada cual. 4i se quiere precisar los conceptos y e%aminar las cosas en su verdadera luz, es
menester distinguir categóricamente los planos del ser y los modos de cone%ión de sus
correspondientes fenómenos. La realidad del hombre, aunque unitaria, es comple"a, pues en ella
se dan formas distintas del ser, cada una irreducible cualitativamente. La muerte pone de
manifiesto nuestra realidad material, sometida a las leyes de las ciencias físicas, esto es,
inteligible de manera mecnica y cuantitativa, y susceptible de una investigación que todo lo agota
en términos relativos a cuerpos y propiedades elementales. &n el cadver, lo mismo que en el
reino mineral, sólo obra la determinación causal y la materia tiende a disgregarse. &n cambio, la
misma materia en el ser viviente, sin perder sus propiedades y su su"eción a leyes, se integra y
adquiere una condición frente a la cual las ciencias físicas son ciertamente medios indispensables
de conocimiento, pero no los genuinos, pues la vida es realidad distinta de los procesos físico
químicos del organismo. La vida es un equilibrio de perenne transformación, seg1n un orden
propio, de crecimiento y ritmo, de diferenciación, plenitud y decadencia, de defensa, e%pansión y
reproducción, que, frente al medio y en el tiempo, mantiene, relaciona y configura al organismo de
acuerdo con fines inherentes al individuo, a la especie y a la vida como una totalidad. &l hombre
es ms que ser material y biológico$ es ente anímico, capaz de vivir en continuidad cone%iva el
acontecer del mundo circundante, al cual se enfrenta con la intencionalidad de la conciencia, y
capaz de vivir también la propia sub"etividad, con sus estados, tendencias y elaboraciones, que se
ob"etivan en la e%presión y tienen su centro permanente en el yo. #or 1ltimo, el hombre es,
asimismo, y por e%celencia, ser espiritual. &n este orden de la realidad humana, el mundo e%terior
se articula por la razón y la estimativa con el mundo inmaterial de las esencias, los valores y las
e%igencias, que sólo adquieren sentido gracias a la capacidad de comunicación verbal, de
concebir ideas e ideales, de actuar y producir con la conciencia de la propia libertad y con la
convicción de una ob"etividad meta empírica. !quí el su"eto adquiere la dignidad moral de
persona, y la e%istencia logra la posibilidad de realizarse a sí misma en forma de cultura. )ada
una de estas realidades se funda en la precedente. mas no es engendrada por ella, pues las cuatro
son originales y absolutamente heterogéneas. La vida supera y estructura a la materia inorgnica,
a la cual desborda por sus posibilidades de relación e influencia. Lo mismo ocurre con la actividad
psíquica respecto de la biológica y con la espiritual relativamente a la psíquica. La superior
depende de la inferior y est limitada por ella. pero la asume y transfigura como nueva dimensión
y dirección del ser, como sustancia formal. ! la mayor necesidad y fuerza de la una se opone la
mayor autonomía y plasticidad de la otra. )on las distinciones precedentes, enderezadas a
esclarecer la comple"idad de la índole humana, tenemos una base para abordar la descuidada
aunque importantísima cuestión de qué se entiende por /físico/ o /somtico/, como esfera de
datos que se contrapone a lo psíquico o mental$ La inadvertencia de la anfibología de los términos
que e%presan la condición corporal del hombre es causa de incontables imprecisiones, errores y
contradicciones en que incurren los médicos, particularmente los doctrinarios de la relación
psicosomtica. &squematizando los tipos de la actitud teórica determinante de tal vicio semntico,
puede distinguirse la siguiente variedad. ;enemos, en primer lugar, a quienes cuando hablando de
lo físico @lo mismo que de lo somtico a orgnicoA se refieren, sin mayor discernimiento, ora a la
realidad material del hombre que es inteligible desde puntos de vista propios sólo de las ciencias
físicas, como si se tratase de un automóvil o del contenido de una retorta, ora a hechos cuyos
mecanismos y procesos químicos reconocen que son creados y dirigidos por la vida, en sí
insondable, pese a la regularidad de sus manifestaciones. &n segundo lugar, colocamos a aquellos
médicos que sobrentienden 1nica y directamente el aspecto físico químico del cuerpo, atribuyendo
a lo psíquico toda virtualidad y actualidad genuinamente biológica. ! un tercer tipo correspondern
quienes ad"udican radicalmente lo físico al dominio de la física, reputando el cuerpo vivo como
una forma especial de agregación y equilibrio de los cuerpos elementales. 4eg1n esta concepción
del ser carnal del hombre, lo psíquico @lo mismo que lo espiritualA se e%plica, invocando iguales
principios que para el cuerpo vivo, como mera complicación, aunque e%trema, de los procesos
físico químicos de sistemas materiales formados en el curso de millones de años por el "uego del
azar y la selección natural, de tal modo que la organización nerviosa regula los cambios internos,
las sensaciones y los movimientos sólo como si tuviesen finalidad. #ara seme"ante concepción
materialista, lo que estudia la psicología es, o energía sutil de la misma naturaleza que la de los
elementos químicos, o epifenómeno, puro espe"ismo. 4i aquí se opone lo físico a lo mental @vida
anímica y espiritualA, es sólo como si se tratase de dos grados diferentes de la actividad funcional
del cuerpo, pues materia inorgnica, protoplasma y cerebro humano vienen a ser 1nicamente
fases de complicación creciente del proceso dinmico de uno y el mismo comple"o físico químico
de la corteza terrestre. ! primera vista, en el tercer tipo de actitud teórica no podría haber
ambig9edad en los términos, por tratarse de una teoría monista. pero aun en este caso la hay, a
veces e%trema, y no tanto en lo referente al aspecto físico cuanto al psíquico, pues la e%periencia
vivida, que Ren principio se refiere sólo a la actividad cerebral, la e%presan estos materialistas @o
energetistas, que es lo mismoA en términos genuinamente psicológicos, con su denotación
inmaterial inequívoca y aquí est la contradicción $ es lo que ocurre cuando hablan de la
conversión de una /idea/ en un fenómeno corporal. &n este caso, el acto anímico, esencial mente
anímico, de prestar atención a un ob"eto ideal, por e"emplo, una rara forma geométrica, como
sucede en ciertos e%perimentos de sugestión hipnótica, es suficiente para que tal forma ideal
aparezca materializada$ como contorno de una zona eritematosa o como un rosario de ampollas
en determinado lugar de la piel, conforme a la orden del hipnotizador. La psicología llamada
ob"etiva, fundada en la teoría de los refle"os condicionados de #avlov, corresponden a este tercer
tipo de concepción en la forma ms sistemtica. 4u falsedad ha sido evidenciada principalmente
por 4traus y por -erleau #onty.
+o intento discutir los paralogismos del mecanicismo, a menudo muy sutiles, sino recordar el
origen histórico y la sustancia del concepto de físico que usamos los médicos, a quienes antes se
nos llamaba /físicos/. &n realidad, nada tiene que ver con la física, aunque en el siglo :J** haya
florecido una doctrina iatrofísica. &l concepto tiene su origen en la filosofía natural de los griegos,
y significación descollante en la medicina hipocrtica$ es la naturaleza, la virtud 
genuina del ser orgnico, com1n a todos los hombres a individual en cada uno, la que rige los
procesos fisiológicos, dndole unidad y concierto, como norma de conservación de la vida y la
salud, la cual defiende y restaura frente a las influenias morbígenas. ;al es, en forma sinóptica, el
pensamiento de 2ipócrates acerca de la physis, que )ullen sintetiza a1n ms en la conocida
e%presión latinizada$ Jis conservatri% et medicatri% naturae.
La e%periencia de todo médico capaz de observar a investigar los fenómenos con la certera
despreocupación y clarividencia del naturalista, da testimonio de la entidad supramecnica de los
llamados /mecanismos/ reguladores de la actividad de nuestro cuerpo. La cicatrización de las
heridas, la regeneración de los te"idos, la encapsulación o la e%pulsión de los cuerpos e%traños, la
aclimatación, la adaptación a condiciones allende el límite fisiológico, la compensación funcional y
hasta anatómica de los órganos inhabilitados, la hiperemia, la inflamación, la fiebre y, sobre todo,
la inmunidad, son hechos de observación clínica cotidiana cuya finalidad protectora se impone. &n
todos ellos y en muchos ms, concordantes con los que la biología e%perimental contempornea
multiplica en condiciones de precisión irreprochable, evidencian que la vida dirige, aplica,
configura, improvisa y crea sus medios de acción interior de manera seme"ante, no al
funcionamiento de una mquina, sino a la producción de un artista, guiado por un designio, un
modelo y un plan, ciertamente que a veces con imperfecciones y hasta con graves fallas. ;al es la
estructura teleológica de lo orgnico, de lo perteneciente a la constitución y naturaleza corpórea
del hombre. !unque todo médico est enterado de esa realidad, en la mayoría de los partidarios
de las doctrinas psicopatológicas populares predomina la propensión de atribuir a la actividad
psíquica manifestaciones oriundas del plano vital. !sí la acción del ser como un sistema
coordinado se cree e%clusiva o casi e%clusiva de la personalidad, el sentido teleológico de
diversas manifestaciones funcionales se atribuye a móviles o efugios, y a las tendencias afectivas
y sus e%presiones se les niega o escasea raíz vital, sobrevalorando lo subconsciente, de índole
psíquica, a e%pensas de lo inconsciente, de naturaleza biológica. &n contra del primero de estos
pre"uicios del psicologismo médico estn las nociones ms elementales de la fisiología normal y
patológica$ la función de todo órgano, de todo te"ido y hasta de cada célula tiene un aspecto
inmediato y limitado a la vez que un aspecto mediato de influencia orientada al entrelazamiento
del organismo todo, a la armonía del con"unto. !sí, una glndula produce una secreción con efecto
local determinado, que al propio tiempo sirve a la economía del ser vivo. Los órganos no estn
"untos como los trozos de un mosaico ni como las piezas de una mquina, sino de acuerdo con la
trabazón funcional de la physis, que en cada momento compone y realiza lo conveniente para la
conservación y la adaptación, de suerte que un estímulo circunscrito a un punto del cuerpo suscita
la reacción de la unidad individual, anterior a las partes tanto en el sentido del tiempo y la
sustancia cuanto en el esencial y formal. ,a !ristóteles formuló claramente esta idea. &n su obra
!cerca de las partes de los animales se e%presa así$ /Debe tenerse presente que quien act1a
sobre una parte a órgano no dirige su investigación sobre la materia o lo que a ella respecta, sino
sobre la formación toda, precisamente lo mismo que cuando se trata de la casa, y no de los
ladrillos, la argamasa y la madera, así el naturalista tiene que ver ms con la unidad y la totalidad
del ser, pero no de lo que nunca se encuentra separado de su ser/. . &n cuanto a atribuir finalidad
a supuestos procesos psíquicos a e%pensas de la estructura teleológica vital segundo pre"uicio
psicologista, si sólo se tratase de hacer una refutación, bastaría recordar el clsico e
impresionante e%perimento de #fl9ger con las ranas completamente privadas de cerebro, familiar
a todo estudiante de fisiología. #ero lo que ms importa es recalcar el por qué de tal pre"uicio. La
convicción de que el finalismo es un concepto antropomórfico como si los conceptos de causalidad
y de fuerza no lo fueran en igual medida hace pensar que donde se produce o esboza un resultado
con los caracteres del logro de una meta, ahí sólo puede obrar una representación preconcebida,
esto es, una tendencia psíquica. De esta manera se construye una pseudopsicología de las
actividades propias del dominio de la vida orgnica, lo cual ocurre porque e%iste efectivamente
cierta seme"anza formal entre los procesos psicológicos y los fisiológicos y morfogenéticos, y aun
una especie de convergencia, como si la estructura teleológica vital preparase el camino a la
intencionalidad de la conciencia y a las tendencias anímicas, seme"ante convergencia que, sin
duda, tienen un fundamento metafísico general. De otro modo !ristóteles no hubiera concebido la
vida corporal basada en un principio anímico, una de las tres clases de alma$ la vegetativa, com1n
a las plantas, a los animales y al hombre @en éste sólo uno de los tres aspectos del alma 1nicaA,
encargado de regir los procesos de la nutrición, del crecimiento y la generación. 2ans Driesch,
aristotélico insigne, evita psicologizar la biología refiriendo la estructura teleológica de su ob"eto de
estudio a algo que sin ser psíquico regula tanto la formación anatómica cuanto el funcionamiento
del organismo$ lo llama /entelequia/ en el primer caso y /psicoide/ en el segundo. en realidad, dos
aspectos de la physis. , esto es conforme a la célebre sentencia del estagirita$ /La naturaleza no
hace nada en vano, ni descuida nada de lo que es necesario/. 4in embargo, es menester insistir
en que el reconocimiento del finalismo de la vida no significa que todo en la naturaleza sea logro y
conformidad con lo óptimo, pues entonces no habría decadencia ni muerte. La vida lucha por
mantenerse y alcanzar los fines que le son propios. pero las condiciones materiales le imponen
limitaciones, y el sentido del cosmos al que son a"enas la inmortalidad y la impasibilidad del alma
rebasa la condición precaria de los individuos. De ahí que no constituyan una contradicción todas
las fallas y todos los círculos viciosos que las enfermedades y flaquezas nos permiten observar. &l
tercer pre"uicio del psicologismo médico a que me he referido, negador o disimulador del
manantial biológico de las tendencias afectivas, ordinariamente est vinculado a la creencia en
que la cone%ión temporal de la estructura dinmica psicofísica es absolutamente inseparable de la
e%periencia vivida por el su"eto. Lo cierto es que en el hombre, como en los animales, el
cumplimiento del destino individual tiene fundamentales condiciones genéticas en las
disposiciones biológicas, cuyo despliegue y concatenación se configuran siguiendo un orden de
procesos con unidad interior de pasado y futuro cone%ivos. De modo que tanto la evolución
espontnea de la constitución corporal cuanto las reacciones biológicas frente a los estímulos del
ambiente, originan estados afectivos y formas de e%presión y comportamiento cuya interpretación
ser unilateral si sólo se atiende a la e%periencia vivida del su"eto en el pasado y en la situación
presente, sin advertir la importancia de lo innato de los instintos. &l hecho es que diversas
manifestaciones reputadas como psicógenas por atribuírseles una elaboración subconsciente
/comple"os reprimidos/ son a menudo e%teriorizaciones de crisis o metamorfosis endógenas. y si
en los fenómenos concretos correspondientes se muestra la actividad psíquica incluso con
aparentes simbolismos, es como consecuencia del despertar de originales a inconscientes
disposiciones hereditarias. &n otros casos las circunstancias e%teriores repercuten de manera
directa sobre el organismo por el engrana"e vital de éste con los ob"etos y se producen cambios
vegetativos o psicomotores que sólo por pre"uicio de escuela pueden atribuirse a la reactivación
de propensiones que desde la infancia han pugnado por e%presarse o liquidarse. #or 1ltimo,
sucede que acontecimientos de la historia personal relacionados de una manera comprensible con
la génesis o la formación de determinados procesos somticos desempeñan 1nicamente el papel
de factores ocasionales que los desencadenan o de material fortuito de su contenido, radicando la
condición primaria, sea en la dinmica del organismo, sea en la inestabilidad o menor resistencia
del órgano afectado. 4eg1n esto, las tendencias afectivas inseparables de los instintos y sus
manifestaciones concretas tienen entidad biológica, en veces principal, de suerte que entonces el
anlisis de los hechos "ustifica una interpretación fisiopsicológica ms que una manera de ver
psicofisiológica. #asando de las particularidades a lo general del conocimiento de nuestro asunto,
es fuerza reconocer modestamente que tan grande es la complicación del ser humano y tan
profunda la necesidad de su espíritu de simplificar el dato, que los fenómenos ms corrientes sólo
rara vez pueden ser comprendidos de veras. &n la realidad del hombre sano o enfermo, lo
fisicoquímico, lo orgnico, lo anímico y lo espiritual no estn lado a lado o plano sobre plano, sino
entrete"idos a integrados en un comple"o ine%tricable. 7racias a una observación ahincada y
rigurosa, la inteligencia es capaz de descomponerla y analizarla con acierto variable, en la medida
que el investigador posea el don de penetrar con imparcialidad la constelación peculiar y siempre
ms o menos confusa de los diversos factores en el caso, la situación y el momento. #ero en la
prctica, la comple"idad y la propensión mencionadas obligan a renunciar a un anlisis
antropológico consumado y a contentarse con prestar atención a dos aspectos de la índole
humana$ el físico y el mental, cada uno efectivamente dual. el primero integrado por la materia y
la vida. el segundo constituido por la actividad anímica y la espiritual. &l mínimum de disciplina
intelectual e%ige tener presente la doble esencia de cada uno de estos comple"os ontológicos y
sobre todo reconocer al cuerpo vivo lo que es del cuerpo vivo, a la mente lo propio de la mente.
5. LA MEDICINA 7SICOLOGICA
La medicina y la psicología contemporneas coinciden en puntos capitales$ en ambas se concede
importancia al dinamismo fenomenal, a la prelación del todo individual respecto de las partes y los
momentos, al significado de las situaciones y su repercusión y, por 1ltimo, a la realidad concreta
del ser personal, del devenir histórico y de la entidad sub"etiva del hombre. ;al coincidencia no es
fortuita, sino debida al espíritu de la época, que estampa su sello en todas las manifestaciones del
pensamiento. !sí condicionadas, y gracias al auge de la psiquiatría, se producen la apro%imación
y la con"unción de ambas disciplinas. &ste es el origen de la medicina psicológica, psicofísica o
psicosomtica, si no se la llama, como sería me"or, /psicología clínica/ @P. #oppelreuterA, doctrina
nueva en tanto que sistema, pero tan antigua como nuestro arte en tanto que elemento implícito
en la actitud humana del profesional. 7aleno la proclamó en su conocida m%ima didctica$
/#resta atención al alma y al temperamento/, y la practicó en forma tan determinada, que no he
vacilado en reputarle precursor de la psicología fisiológica y de la investigación de los comple"os
ideoafectivos. , tratndose de tiempos ms pró%imos al nuestro, hasta en el propio siglo :*: no
han faltado clínicos con certera visión psicofísica. !sí, ;raube e%plicaba su primer ataque de asma
tanto por la predisposición individual hereditaria y una supersensibilidad específica, cuanto por una
ba"a de la resistencia vegetativa debida a influencia anímica.
#or cierto que no intento aquí sino definir sumariamente mi punto de vista frente a los problemas
capitales de la medicina psicológica naciente, sin entrar en la discusión de cuestiones de
nosografía y de psicopatología. !l efecto me referiré al dinamismo fenomenal psicofísico del
enfermo, a la repercusión patogénica o semiogénica de las situaciones, al devenir concreto de la
vida individual y a la relación del médico S con el paciente.
&n lo que respecta al dinamismo de los fenómenos de la condición morbosa, lo principal es que la
enfermedad entra en la e%periencia vivida del su"eto como hecho de primer orden. #or una parte,
la actualidad de la vida anímica, el influ"o de su pasado y el panorama de sus posibilidades y
propensiones engloban y tiñen la condición interna de tener conciencia de la afección, la cual, por
otra parte, repercute sobre el estado y los actos anímicos de manera que éstos limitan, reba"an y
hasta amenazan la e%istencia personal. 4eme"ante cambio del mundo interior entraña que el
cuerpo se impone al su"eto como realidad relevante, con caracteres desconocidos mientras se
disfruta de salud, y como contenido de valores vitales negativos, a los que el yo se enfrenta con
actitudes que varían mucho seg1n los casos, generalmente con abatimiento, temor y angustia.
&stos sentimientos a otros seme"antes, si surgen ya con sólo la sensación o el sentimiento de estar
enfermo, se acrecientan y complican con el torcedor de la preocupación. !sí se forman círculos
viciosos con las ms comple"as cone%iones y ramificaciones estructurales$ el descenso del tono
vital y el interés despertado por el padecimiento privan al yo de atención a incentivos para lo que
no sea la enfermedad, haciéndole ms o menos indiferentes los dems ob"etos y los bienes y
males de la realidad e%terna. a su vez, esa polarización de la vida anímica acarrea una
concentración creciente de la conciencia sobre el estado corporal, que de manera directa o
indirecta perturba las funciones orgnicas a la vez que e%cita y refuerza secundariamente las
ideas sobrevaloradas y los sentimientos penosos relativos a la dolencia y el fracaso, la invalidez o
la muerte. +o hay duda de que en cada caso y acaecimiento es diferente la estructura de la
e%periencia vivida de la dolencia, seg1n las proclividades de la mentalidad, la educación y dems
peculiaridades y antecedentes del individuo, y seg1n la naturaleza, los síntomas percibidos, la
duración y los otros caracteres del desorden patológico. #ero en todos los casos, salvo cuando se
est enfermo sin saberlo o sin creerlo, la afección no es algo meramente añadido a la propia
e%istencia, no se la tiene como se tiene una cosa sino que con ella el hombre mismo cambia de
estado y de condición$ est enfermo y es un enfermo. &l hecho morboso corporal, estudiado
ob"etivamente por el patólogo, y el padecimiento o dolencia, sufrida por el su"eto anímico
espiritual, son procesos que se articulan y combinan en un entrelazamiento tan cerrado a
ine%tricable, que constituyen una realidad indivisa. +o la abarca, ni siquiera la entrevé, el médico
que se aferra a los datos materiales, los que incluso no le son asequibles casi nunca sin la
advertencia de los inmateriales. #or eso, aun en este aspecto cognoscitivo, el médico es médico a
medias si sólo a la enfermedad atiende, pues olvidando el alma del paciente frustra y traiciona su
misión, esencialmente humana, pese a toda la competencia científica y técnica que pueda poseer
y desplegar.
)on la precedente determinación fenomenológica del proceso mórbido vivido no tenemos sino un
aspecto, el ms asequible, de la realidad que nos interesa. #rofundizamos en ésta al averiguar la
significación morbífica de las situaciones. &n toda situación el hombre enfrenta una determinada
faz de su mundo con una determinada actitud de su ser. Los dos dominios que se relacionan
poseen cada uno su respectiva estructura propia. pero la situación misma es una unidad de
ambos, original y 1nica, cuyo sentido no debe buscarse ni en el individuo ni en su contorno, sino
en la síntesis funcional y viva que "untos constituyen. #or parte del individuo, no se trata cada vez
de una contingencia puramente material y aislada, sino de una cadena sin fin de contingencias
que atañen a su integridad psicofísica y forman su destino. )iertamente, el aspecto vital de su
e%istencia interviene en todo contacto con la realidad, pues no hay estímulo que no provoque, al
mismo tiempo, tanto sensaciones cuanto movimientos y cambios fisiológicos coordinados del
organismo entero. de la misma suerte que no hay movimiento que no despierte sensaciones y
aprehensión de aspectos de la realidad. Las posibilidades biológicas del hombre, lo mismo que las
del animal, engranan con la bioesfera de una manera específica en lo que respecta así a la
adaptación como a la e%posición. #or eso el medio no es sólo mbito sino habitación y palestra
con"untamente, verdadero scenarium vitale, como lo llama 3ilz. #ero el ser humano enfrenta lo
e%terno, en que la convivencia introduce complicaciones y asechanzas a las veces tremendas, con
la capacidad genuinamente mental de e%perimentar y concebir riesgos desconocidos por los
animales de sufrimiento, de dificultades, de responsabilidad, de fracaso y de muerte, frente a los
cuales sabe que son limitados y no siempre seguros los medios de protección que ha recibido de
la naturaleza. #or otra parte, en el caso de nuestros seme"antes no sólo las cosas y los seres del
e%terior sino el propio organismo es ob"eto frente al cual se asumen actitudes. !sí, lo contingente
de las situaciones, en 1ltimo anlisis, es provechoso o nocivo para el cuerpo vivo, un bien o un
mal para el su"eto anímico espiritual. ;al es, en suma, el elemento dramtico de nuestra situación
en el mundo, que ahora debemos e%aminar desde el punto de vista médico psicológico. !ntes de
entrar en materia deseo recordar una sentencia, pertinentísima hoy, de la doctora Dunbar$
/Demasiado a menudo se afirma una relación etiológica entre el problema psíquico y la
enfermedad, en vez de demostrarla./
!unque en toda situación reacciona el ser psicofísico entero, hay algunas en que el aspecto
mental tiene una importancia morbífica particular por desempeñar el papel de condición decisiva
para desencadenar afecciones que sin su concurso no se producirían, si bien presuponen la
e%istencia de condiciones predisponentes y de realización, como momento, lo crítico, fragilidad o
poca resistencia general o local del organismo, elementos o gérmenes patógenos latentes, etc.
&sta repercusión patogénica est averiguada respecto de un n1mero considerable de
enfermedades y, somticas, agudas y crónicas del sistema nervioso vegetativo, de las vísceras y
de las secreciones internas. Lo decisivo son situaciones de dificultad creciente, insuperable o
penosamente toleradas, golpes del destino, o quiebra de valores o ideales con cuyo vigor
identificó su e%istencia el su"eto. 4e trata, pues, de enfermedades corporales psicogénicas
respectivamente a lo circunstancial de su origen, cuya razón de ser est en que la e%istencia es
amenazada por conflictos perturbadores de sus vínculos ms entrañables. 4e comprende que, una
vez producido el desorden orgnico, su evolución puede proseguir independientemente de los
cambios de la situación. &n todo caso, es sumamente difícil determinar la proporción en que
interviene como elemento patógeno de toda esta clase de afecciones lo dependiente de la
reacción vital, animal o física del organismo frente a la situación y los otros factores morbíficos, lo
cual plantea cada vez el problema$ qué es de mayor momento patógeno en el caso clínico
presente, Tlo psicógeno o lo fisiógenoU Deben recordarse a este propósito dos circunstancias$
primera, la intervención del sistema nervioso en todas las enfermedades, incluso las infecciosas,
con las relaciones recíprocas entre la actividad de la corteza cerebral y la de los centros
subcorticales. segunda, el efecto fisiológico de los estados de nimo penosos y prolongados o de
frecuentes emociones violentas sobre los órganos, especialmente los débiles, meyoprgicos o ya
enfermos, en que una tensión continua o repetidas y fuertes descargas del influ"o nervioso
vegetativo son suficientemente poderosas para alterar sus movimientos, su irrigación y hasta sus
cambios químicos elementales. De este modo surgen o se intensifican disfunciones y se causan
incluso graves lesiones anatómicas, como efecto fisiopatológico de las emociones. &ntonces,
como cuando s una conmoción provoca una apople"ía, es muy cuestionable hablar de psicogenia.
Los desórdenes somticos pueden, asimismo, ser engendrados parcialmente, aunque en medida
ms o menos apreciable, por el componente psicológico, sea como motivación, sea como efecto
fisiopatológico de las reacciones anímicas inherentes a determinadas situaciones. !quí hay una
gran variedad de posibilidades. &n ciertos su"etos vulnerables por constitución, reacciones
anímicas normales a las situaciones suelen determinar estados anormales de depresión, congo"a o
hipocondría, particularmente si pree%iste inestabilidad o estigmas vegetativos. 4i clavan la
atención en las sensaciones corporales por influ"o del temor o la persuasión de estar enfermos,
pueden perturbar la actividad fisiológica, y así dar origen y configurar un desorden psicofísico
donde, sin eso, hubiera quedado latente una simple condición de menor resistencia. )osa
seme"ante, pero agravada, ocurre cuando se trata de neurópatas asténicos, propensos, por
naturaleza, a la observación de sí mismos y predispuestos a las reacciones anormales. ! unos y a
otros de estos casos, susceptibles de empeorar físicamente por el régimen de alimentación y de
vida que suelen imponerse a los pacientes, es legítimo aplicar la designación de 7oldscheider$
/cuadros clínicos autoplsticos/.
&n tercer lugar tenemos aquellos individuos cuya fragilidad corporal @congénita o adquiridaA y cuya
situación convergen para fomentar y mantener reacciones y hbitos psicofísicos pasibles de
complicación, incluso por el efecto secundario de las emociones intensas. 4e sabe, efectivamente,
que en ciertas condiciones estos sentimientos no obran de manera general por su índole
psicológica y por estar ligados los instintos, sino que son nocivos para órganos o sistemas
corporales vulnerables, sea por la acción del impulso nervioso a que me he referido ms arriba,
sea por la acción directa de las sustancias químicas que las emociones ponen en circulación en el
medio interior. !quí no cabe hablar sensatamente de una psicogenia de los síntomas. &sto no
e%cluye que en otras personas las emociones act1en como factores semiogénicos no
principalmente por los cambios metabólicos que producen. Los sentimientos en cuanto tales
desempeñan, en algunos casos, un papel morbífico de variable importancia, seg1n los defectos de
la predisposición del su"eto y su condición actual. #ero es e%agerado atribuirles una importancia tal
como si todo influ"o psicogénico fuera 1nicamente emocional, seg1n aparece en casi toda la
literatura de la medicina psicosomtica del día. &sto implica no sólo olvido de que el sentimiento
es correlato o aspecto sub"etivo de la actividad de tendencias instintivas vitales o espirituales, sino
falta de reconocimiento de otros factores psicológicos también capaces de complicar desórdenes
somticos, como la atención, la fantasía, la convicción, la imitación, que con o sin mezcla de
emoción pueden producir síntomas corporales en terreno favorable. La e%perimentación con el
hipnotismo en individuos neurópatas es concluyente respecto a la conversión corporal de una idea,
de una idea pura. La observación clínica, realizada con capacidad de finas distinciones
fenomenológicas, ofrece pruebas respecto a las otras funciones psíquicas mencionadas.
&n cuarto lugar debe señalarse el hecho de que la e%periencia vivida de la situación tiene poder
para complicar las enfermedades orgnicas e%istentes, sea por intervenir alguno de los modos de
acción antes mencionados, sea produciendo fenómenos psicofísicos ms complicados por efecto
de desilusiones, de e%periencias penosas que se suman o combinan, del temor de sufrimientos y
limitaciones ane%os a la idea que el paciente tiene del curso del mal, y en no pequeña medida por
repercusión del miedo a la muerte, poderoso en los míseros mortales, mayormente en los
enfermos, aegri mortales. !quí lo principal es la actitud que asume el paciente respecto de su
enfermedad, la cual constituye su situación por e%celencia, actitud cuyo poder de enlace y mutua
/reverberación/ de lo ob"etivo y lo sub"etivo se comprende con lo dicho a propósito del dinamismo
fenomenal de la dolencia.
#or 1ltimo, tenemos el caso típico de un desorden somtico funcional relacionado con la situación
presente y susceptible de ser interpretado como /materialización/ de un conflicto interior, de cuyo
sentido no tiene conciencia el su"eto. 4i las cosas son efectivamente así, el anlisis psicológico
discernir una tendencia determinante de la articulación anímico corporal del proceso, tal vez
inhibiciones y signos reveladores de compensaciones y efugios o modos de representación
psicofísica, seg1n la fórmula pars pro toto, lengua"e primitivo que no sólo debe considerarse desde
el punto de vista psicológico puro, como símbolo elaborado con sutileza por la mentalidad
subconsciente, sino desde el punto de vista fisiopsicológico, considerando los resortes biológicos
del instinto, ínsitos en la organización y las funciones de nuestro cuerpo, seg1n lo muestra 3ilz en
diversos cuadros clínicos. ! esta clase de perturbaciones somticas con psicogenia que de ning1n
modo e%cluye la predisposición, es a la que se da el nombre de neurosis orgnica o neurosis
somtica, que tanto se prodiga a los cuadros clínicos ms inciertos y menos bien estudiados.
Después de en"uiciar el dinamismo fenomenal psicofísico y la repercusión semiogénica de las
situaciones, es el momento de considerar lo que significa el devenir concreto del paciente desde el
punto de vista médico psicológico. &n cualquier estudio clínico tiene importancia la indagación de
las particularidades y los antecedentes del individuo, pero la tiene mayor si se quiere ahondar o
por lo menos columbrar la trabazón psicofisiológica de los procesos mórbidos. &sto es
indispensable incluso para realizar investigaciones sistemticas de base estadística, pues cuanto
menos profundo sea el conocimiento de los casos, tanto mayor resultar el peligro de las
generalizaciones precipitadas. De ahí que, por las correlaciones que pueda descubrir, una buena
historia clínica, como documento de la realidad viva, es capaz de enriquecer el conocimiento
médico de manera casi tan fecunda como un e%perimento científico.
!unque nuestro incipiente saber acerca de las relaciones psicosomticas es todavía inseguro y
nebuloso, y aunque no se pueda aseverar ning1n principio de validez absoluta en lo respectivo a
la patogenia de los desórdenes llamados funcionales por ser reversibles, no cabe duda de que en
este terreno toda información queda como materia bruta si se limita a la verificación de hechos
aislados, y todo conocimiento se hace f1til si por el abuso de la analogía remata en abstracciones
universales o pretendidas leyes científicas$ la indagación del clínico es sustancial sólo si
aprehende las cone%iones e%ternas a internas de la vida y los hilos de la configuración histórica en
la temporalidad del hombre que sufre y enferma. #ues a la cabecera del enfermo o en la consulta
el ideal no es determinar científicamente el origen de una enfermedad, perseguir una línea simple
de causas y efectos, y menos a1n hacer un esquema a una fría enumeración de enfermedades y
flaquezas, sino apro%imarse, inquiriendo y refle%ionando, a la trama de acciones y reacciones del
organismo y del su"eto en su medio, como realización de un destino singular cuyo sentido est
implícito con"untamente en el patrimonio biológico, en la forma de vida y en el sistema de
situaciones del paciente. #ara perseguir con provecho ese ideal es preciso escudriñar el todo
constituido por los antecedentes, la dolencia y la enfermedad, tomando en serio la manera como
el enfermo refiere, siente. afronta a interpreta el proceso morboso que lo pone en manos del
facultativo. 4i éste posee un espíritu suficientemente dotado de intuición, de crítica y de prudencia,
siguiendo en tal camino adquirir un caudal precioso de datos a indicios que le servirn para
"uzgar la constitución, el estado presente, la evolución del mal, el decurso de la e%istencia del
paciente y su modo de ser y actuar.
Del conocimiento de este 1ltimo punto depende la apreciación de las influencias efectivas del
ambiente y la fuerza y duración de su efecto, pues muchos hechos e%teriores que para unas
personas resultan acontecimientos de gran entidad y repercusión, para otras pasan sin de"ar
huellas. Las situaciones muerden o no muerden en las vidas seg1n las idiosincrasias, ya que una
condición esencial es la manera como se de"a determinar o influir cada cual por las circunstancias.
)iertamente, la e%periencia o la huella de las situaciones previas contribuye a predisponer nuestra
manera de reaccionar, pero siempre dentro de los límites y modos propios de la predisposición
psicofísica nativa. #or eso deben tomarse cum grano tales afirmaciones como la frecuentísima de
que una reacción mórbida del adulto depende, en gran parte, de una reacción similar infantil,
como si ésta fuese la causa o el molde de aquella, y como si no cupiese la posibilidad de que el
su"eto se adapte mal tanto de pequeño cuanto de grande por su propensión hereditaria.
Lo que acabo de e%presar no implica negación de cierta in"erencia del pasado en el presente como
forma y contenido de la vida normal, así como de la morbosa. -s a1n, el ahonde del pasado es
el recurso indispensable para entender el "uego enmarañado de las fuerzas endógenas con las
e%ógenas. 7racias a él cabe acertar con lo que von Peizsc5er llama /el orden arquitectónico del
drama de la vida/, que est muy le"os de las fórmulas toscas que con gran monotonía creen
e%plicarlo todo invocando reacciones, emociones, comple"os y mecanismos típicos. &l ahonde del
pasado a que me refiero presupone una anamnesia hecha con espíritu atento a la particularidad, y
afanado en desentrañar el estilo propio de cada vida y las genuinas relaciones intrínsecas de ésta,
así como las que ha mantenido con los acontecimientos que llenan sus días. &n suma, el ideal es
lograr un estudio biogrfico donde se aplica, hasta su límite, la ciencia de lo general y donde la
facultad artística del clínico halla materia en que e"ercer las aprehensión y la síntesis de lo
singular, "ams abarcable por completo$ estudio biogrfico en el doble sentido de la palabra, esto
es, integrando en unidad perfecta la información relativa al proceso de relación entre la naturaleza
heredada, la e%posición, la defensa de la vida corporal y el te"ido de la e%istencia sub"etiva.
&l logro de la con"unción esclarecedora de la historia biológica, la historia e%terna y la historia
interna en la trayectoria de la vida del enfermo, es sólo un aspecto del e"ercicio de nuestro arte,
todo el cual principia y termina en la relación del médico con el paciente, asunto a cuya
significación general dedico las 1ltimas y breves refle%iones de este capítulo.
Desde que hay facultativos en el mundo, seme"ante relación implica dar valor a la realidad mental
del enfermo, de hecho, aunque no siempre de manera e%plícita y prestndosele el debido
miramiento. &l aspecto anímico del ser del hombre lo mismo que el físico, el biológico, el social y
el espiritual est subordinado a esa relación, pues a la actividad del médico guía algo superior a
todo ser y acontecer empírico y a todo conocimiento y e%periencia$ la guía, seg1n he e%puesto
antes, una forma intemporal, una idea y una fe cuya sustancia es la misión curativa. , si el
enfermo se entrega en alma y cuerpo a la actuación del profesional que consulta, es porque
reconoce la trascendencia de ese espíritu superior de la medicina, fuente y origen del inmenso
ascendiente de que, en general, gozamos todavía frente a nuestros pacientes, pese al desacato
casi universal de la autoridad. &l mismo espíritu moral en su esencia es lo que nos impide tomar al
enfermo sólo como un ob"eto o como un caso, cuando realmente es una persona, allende las
generalizaciones y las técnicas.
)iertamente, la claridad y la profundidad del saber y la competencia en el mane"o del instrumental
son indispensables para la conducta del médico, no sólo con respecto a la enfermedad del cuerpo,
sino en lo que atañe a la relación con el enfermo, la cual se condicionar con tanta mayor
adecuación cuanto ms perfectos sean los conocimientos científicos de patología y los
procedimientos de acción sobre el organismo. #ero el facultativo es parte esencial de la situación
del enfermo, porque hasta cuando cree tratar el cuerpo como un mecanismo físico químico, en
realidad toma en consideración la vida, que es el verdadero reparador. y cuando atiende al
organismo vivo, act1a sobre el alma del enfermo, incluso sin proponérselo. -ayormente, cuando
entra en comunicación directa con el su"eto, la situación por e%celencia entre los dos hombres el
que sufre y el que comprende y asiste, lo que sobresale por ambas partes es la entidad de la
persona. De las circunstancias de tal enfrentamiento se derivan consecuencias incalculables para
la mente y para el mismo cuerpo. Desconocerlas es el error de quienes menosprecian el
ascendiente personal, el tacto y la sabiduría prctica del médico nato, preciosas cualidades que,
evidentemente, no bastan siempre para curar, pero sin las cuales nuestra profesión carecería de lo
que le da ms carcter y lustre. #or desgracia, la llamada socialización de la medicina, cuya
finalidad cardinal debiera ser la asistencia al pró"imo, en su calidad personal, tiene por
consecuencia lo contrario a causa de que convierte el e"ercicio de la profesión médica en actividad
de funcionarios del &stado.
!quellos médicos que incurren en el susodicho error son numerosos hoy, principalmente entre los
que proclaman como científicas y técnicas ciertas formas de psicoterapia, por el hecho de que con
las teorías en que las sustentan se e%plican muchas cosas, y con la aplicación de sus
procedimientos curan muchas dolencias, como si esto fuese una prueba de su a"uste a la realidad.
!unque entre ellos no faltan observadores que reconocen el eventual efecto sanativo de sus
propias interpretaciones falsas, olvidan la tendencia curativa espontnea en la mayor parte de las
enfermedades llamadas funcionales. ,, partidarios fervorosos de las hipótesis que adoptan como
artículo de fe, no menos afanosos de proselitismo que los secuaces de sectas como la christian
science, desadvierten los innegables é%itos terapéuticos de los charlatanes con raza de médicos, y
en lugar de investigar como Lie5 que lo hizo me"or que nadie, la razón de ser de hechos tan
sorprendentes y significativos, no pocos inculcan sus concepciones con"eturales a los enfermos
que a su cuidado se entregan, con lo cual a veces sustituyen en el espíritu de éstos la esclavitud a
la hipocondría por otra esclavitud a ficciones no ms sanas, obrando entonces como el charlatn
sin alma de médico.
&n conclusión, el médico general no debe descuidar "ams el aspecto psicológico de la
terapéutica, lo mismo que el psiquiatra el relativo a la farmacoterapia. &n realidad, el galeno
menos instruido en la medicina mentis practica de hecho la psicoterapia en mayor o menor
medida. &l desidertum es que todo doctor conozca lo ms posible los fundamentos reales y los
métodos ms a su alcance de esta importante disciplina, así como la suma y los límites del saber
psicológico y psicopatológico. &ste y no otro, es el sentido del apotegma tan clsico de =aspers$
/Los médicos estn a la altura de su misión en la medida que son psiquiatras/.
;
ACERCA DE LA 7SICO7ATOLOGAA GENERAL DE CARL DAS7ERS
Jista en perspectiva histórica, la psiquiatría, lo mismo que la medicina en general, est su"eta a
perpetua mudanza en lo que respecta a las construcciones teóricas. &n el período contemporneo,
simultneamente con el progreso científico y técnico, que amplía ms y ms la eficacia de la
medicina mental y confiere creciente seguridad a su pensamiento en la aprehensión de
determinados aspectos de la realidad morbosa, el vaivén de las doctrinas no ha cesado, y la
frondosidad y desmesura de las mismas no es menor que antes. !l terminar el siglo pasado, el
organicismo parecía haber triunfado definitivamente en la opinión de la mayoría de los alienistas,
engañados, seg1n se reconoce hoy, con fabulosas creencias acerca de las localizaciones
cerebrales. +o es necesario agregar que, con las muy raras e%cepciones correspondientes a los
clínicos de primer orden, adictos a lo concreto, los psiquiatras que no pertenecían a una a otra
secta del organicismo, abrazaban determinada concepción espiritualista o psicologista de los
desórdenes mentales. De ahí que reinase entonces un verdadero caos en materia de clasificación
y nomenclatura de síntomas y enfermedades.
)uando Larl =aspers publica la primera edición de su #sicopatología general, en (M(Q, la situación
de la psiquiatría, en lo atañedero a adquisiciones positivas, estaba determinada por el interés
concerniente a la investigación clínica y nosológica. Lraepelin, nada afecto a las teorías, había
estudiado, con e"emplar perseverancia, los desarreglos mentales en un n1mero considerable de
enfermos, a lo largo de toda su vida. La observación clínica, psicofisiológica y anatomopatológica,
con toda la penetración que le permitía su vasta ciencia y su vigoroso sentido crítico, dio los
me"ores frutos en materia de psiquiatría nosogrfica. #or otra parte, 3onhoeffer había limitado con
precisión el campo de las psicosis sintomticas, y +issl y +onne introdu"eron la investigación del
líquido cefalo6rraquídeo en el reconocimiento de las psicosis orgnicas. Lo descubierto entonces
contin1a sirviéndonos de base para el diagnóstico y el pronóstico. 2ay que agregar la contribución
de la escuela francesa, con =anet a la cabeza, al conocimiento de las neurosis y al tratamiento
psicoterpico, con lo cual tenemos una imagen de lo principal.
!l lado de esas adquisiciones como sustancia, abundaban las teorías desmedidas procedentes de
los conceptos ms variados y anacrónicos$ de la psicología asociacionista, de la patología
cerebral, de la degeneración de la vesania 1nica, etc. #or entonces también se hallaba en su
período militante el psicoanlisis, con su multiplicidad de bandos antagónicos @hoy ms numerosos
y tan irreconciliables como en esa épocaA y con la misma mezcla, que al presente, de parcial
comprensión acertada y fantstica metapsicología. &stas ficciones, como las del siglo pasado,
ms que hipótesis rectoras de la investigación, son obstculo para el e%amen directo de los
hechos. #ropaladas con fanatismo, desnaturalizan el ob"eto de estudio a infunden en el nimo
desprevenido de los discípulos, triviales simplificaciones y conceptos engañosos con la apariencia
de descubrimientos revolucionarios y con la fuerza convincente de la verdad, de la pretendida
1nica verdad.
9. INNO;ACION METODOLOGICA
! los treinta años de edad, =aspers publicó la primera edición de su !l*gemeine #sychopathologie,
obra destinada a introducir orden, limpieza y crítica en el dominio total del conocimiento
psiquitrico. 7racias al empleo de nuevos métodos y de una disposición inquisitiva realista,
penetró con inequívoca derechura en el mundo interior del enfermo. )on un agudo sentido del
valor científico de los datos inmediatos de la e%periencia vivida, y un espíritu despe"ado acerca de
la tarea infinita que entraña el saber propio de la índole humana, siempre circundado de
arcanidad, asentó los fundamentos de la psicopatología general. &n ésta la vida anímica anormal
lo mismo que la normal nunca llega a constituir ob"eto de conocimiento e%hausto. pero es
susceptible de una iluminación progresiva merced a la refle%ión dirigida y regulada por las
respectivas ideas de totalidad, siempre que con ello se respete el dominio empírico de los
métodos científicos, forzosamente abocados a fenómenos y relaciones parciales, dentro de
direcciones determinadas por la naturaleza de los hechos estudiados.
=aspers perfeccionó su #sicopatología general en dos ediciones ms, que aparecieron, en (MOF la
segunda, y en (MOQ la tercera. &n los diez años transcurridos entre la primera y la tercera edición,
ocurrieron cambios importantes en la vida académica del autor. #ara comprender estos cambios
conviene recordar algunas particularidades de sus años de aprendiza"e. 0ormado en el gimnasio
humanista, a indeciso en el umbral de la universidad acerca de la carrera que debería abrazar, se
matriculó primero en la 0acultad de =urisprudencia @(MF(A y posteriormente en la -edicina, cuyos
estudios acabó por seguir @de (MFO a (MFNA. Después fue asistente científico de +issl en la )línica
psiquitrica de 2eidelberg, desde (MFM, año en que se doctoró en -edicina. !hora vienen los
cambios a los cuales me refería. &n (M(Q se habilitó para enseñar #sicología, curso que dictó
desde (M(I como #rofesor e%traordinario, cuyo fruto principal fue su e%celente #sicología de las
concepciones del mundo @(M(MA. Desde (MO( se consagró a la enseñanza de 0ilosofía como
#rofesor ordinario, todo en la misma <niversidad de 2eidelberg, donde ha permanecido hasta
hace algunos años, pasando en (MEG a la de 3asilea. &n lo que respecta a sus escritos, las obras
que ha publicado en el intervalo de las dos guerras mundiales son de tema filosófico, salvo el libro
de psicología mencionado y el estudio patogrfico 4trindberg and van 7ogh @(MOOA.
&sta consideración de la vicisitud académica de =aspers es pertinente, pues en cierto modo nos
ofrece la clave de la amplitud de su visión vivificadora del pensamiento en medicina mental. #or
íntima disposición, es creador en el campo de la ciencia y en el de la filosofía. )omo +ietzsche,
como Dilthey y como -a% Peber, tres representantes egregios del espíritu de la época, a quienes
puede considerarse sus maestros, =aspers no admite la legitimidad absoluta de ning1n sistema
filosófico ni la posibilidad de ning1n postulado general a inmutable en la aprehensión de la realidad
humana, y sí sólo horizontes abiertos y relativismo metódico para la determinación rigurosa del
dato concreto, con la mirada puesta en la plenitud ideal del ob"eto del conocimiento.
Después de veinte años dedicados a filosofar, en los que plasmó la grandiosa discusión sobre la
e%istencia que le coloca en la primera línea de los pensadores contemporneos, vuelve a cultivar
transitoriamente la abandonada psicopatología, en"uiciando su contenido y sus posibilidades con
mayor profundidad y con ms puntos de vista que antes. tal es el origen de la cuarta edición de la
obra que motiva el presente comentario @después de la cual se ha publicado la quinta sin
modificación algunaA. &sta vez no se trata sólo de una edición corregida y aumentada, sino de una
revisión completa y de una reestructura a fondo. La e%tensión del te%to es casi el doble de la que
tuvo en la edición inmediata anterior.
&l método es el nervio de la #sicopatología general, y desde las primeras pginas se determina el
alcance del mismo. /!l leer la literatura psiquitrica se encuentra mucha palabrería acerca de
posibilidades, mucha abstracción, mucho material pensado sin el contenido de una verdadera
e%periencia. &n el estudio de los traba"os, lo mismo que en la investigación propia, tenemos que
preguntarnos$ T)ul es el datoU TDué se ofrece a mi vistaU T)ules son las verificaciones de que
se parte o a las que se llegaU T)ómo se interpreta y en qué se apoya lo conceptuadoU TDué debo
alcanzar como e%periencia para poder seguir con sentido el pensamientoU 0rente al pensamiento
pobre de e%periencia hay que preguntarse si debe desecharse por vacío. 2a de e%igirse que el
pensamiento haga posible nuevos hallazgos o que la significación de verificaciones previas sea
puesta a plena luz que relacione las que son fecundas. &s menester malgastar el menor tiempo
posible en de"arse importunar con torturas del pensamiento sin contenido y "uegos de
esquematización. #ara eso sirve la refle%ión y la precisión metódicas. )apacitan para concebir
consciente y determinantemente de qué se trata en cada caso. &nseñan a ver los límites entre la
investigación empírica, de una parte, y de otra, los esfuerzos infructuosos, las repeticiones sin
importancia, las e%posiciones sin estructura./
4i el psicopatólogo no quiere sucumbir a la tentación de reba"ar la vida anímica en general a un
denominador com1n, forzosamente falso, no puede pretender tomar como ob"eto de inquisición
actual la unidad del alma de sus enfermos, sino aspectos particulares de ésta. De otro modo no
hay avance posible en el conocimiento clínico, el cual, por lo dems, no siempre se logra teniendo
presentes los principios metódicos. #or el contrario, tal vez los mayores aciertos en la materia son
producto de la intuición espontnea en el comercio con los pacientes. &s claro que tanto en este
caso afortunado, como en el de la averiguación sistemtica y concienzuda de la realidad,
sirviéndose del andamia"e de los métodos, lo esencial para aprehenderla viva, es la vocación
realmente psicognóstica. &sta constituye el principal supuesto implícito. ESin (a a#"i"u - e(
#(ace$ e #e$ca"a$%e e (! #%0quic! en %u #(eni"u, n! ,a- nin'una #!%i&i(ia e cu("i.a$
(a #%ic!#a"!(!'0a.E &l investigador de la vida anímica a"ena no pone en "uego sólo su
entendimiento, a la manera de una forma vacía. debe vivir su tarea poniendo en ella toda su alma.
+o puede acertar con la sustancia del alma, ob"eto de estudio, quien carece de sustancia propia y
de ideas y personalidad adecuadas a tal fin. ;ales requisitos íntimos no son la medida del
conocimiento adquirido del ser, sino su motor eficaz y la garantía de su autenticidad.
La cuestión cardinal en el conocimiento psicopatológico es entregar el alma propia a la tarea de
aprehender la a"ena. =aspers e%pone esto de manera sencilla y luminosa$ /&l conocimiento ms
propio del psicopatólogo le viene del trato con los hombres. Lo que con eso e%perimenta, depende
de cómo se da él a los hombres en la situación y cómo influye terapéuticamente sobre el
acontecer, en el cual a la vez él mismo, con el otro, se esclarecen. +o se cumple sólo en un
indiferente percibir, como quien verifica una medida, sino en la comprensión que le revela
realidades del alma.
/2ay un introducirse en el interior de los otros hombres, en un intento de transformarse uno
mismo, seme"ando al actor, pero cargado de sustancia. hay una suavidad en la actitud de entrega
al interlocutor, sin la que no se acierta a dar con lo fundamental del alma a"ena.
/&l psicopatólogo depende de su aptitud para ver y e%perimentar, para la amplitud, la sinceridad y
la plenitud de las operaciones correspondientes. 2ay una gran diferencia entre los hombres que
pasan ciegos, aunque con los o"os abiertos ante el mundo del enfermo, y los que lo perciben con
claridad gracias a su sensibilidad y a su don de simpatía.
/La vibración de la propia alma al unísono con los acontecimientos de la a"ena e%ige del
investigador pensar y e%aminar tal e%periencia. 4er impresionado no es conocimiento, sino fuente
de intuiciones, que ofrece al conocimiento el material indispensable. &%amen frío e
impresionabilidad son inseparables y no se oponen. La observación fría sola no percibe nada
esencial. 4ólo ambas en cone%ión recíproca pueden conducir al conocimiento. &l psicopatólogo
que realmente ve, es un alma vibrante que permanentemente se adueña de lo e%perimentado, a lo
cual da forma racional.
/La crítica de los fundamentos del conocimiento en su propia esencia se pregunta frente a los
ob"etos$ T&n qué disposición de nimo los conciboU T2an adquirido falsa o correcta "erarquía en
materia de esencia e importancia para la concepción de la realidadU TDué hago con ellosU T)ómo
influyen sobre mi conciencia del serU #ara quien adquiere conocimientos, es necesario un traba"o
sobre la esencia de su ser. 4ólo es conocimiento completo aquel en que el mismo que conoce se
acrecienta. este conocer requiere ampliarse no sólo nivelando sino ascendiendo.
/&l investigador y el médico deben adquirir en sí un mundo interior de intuiciones. <n recuerdo de
los cuadros vistos, de los estados morbosos concretos, visiones biológicas de con"unto, hallazgos
de entidad, en suma, su e%periencia personal histórica debe poner a su disposición términos de
comparación. !dems, una conceptualidad articulada debe hacerle capaz de concepción clara de
aquello que considera./
2. ORDENACION DE LOS DATOS CON 7ARFUEDAD TEORICA
&n lo que respecta a la finalidad que debe cumplir un tratado de psicopatología general, =aspers
sostiene que no es acumular los resultados como un repertorio del saber psiquitrico, y menos
constituir un catlogo de teorías, sino configurar el con"unto de aquellos resultados, de modo que
haga posible la perfección científica de los mismos y la adquisición de nuevos conocimientos. 4u
función es aclarar la inteligencia de los hechos fundamentales, reunirlos en órdenes naturales a
integrarlos con moderación en el empleo de recursos categoriales en la conciencia de una
totalidad del ser humano. &s una tarea cognoscitiva específica, que incluye la investigación
particular y est por encima de ella, así como de la simple e%posición didctica concebida para
recordar fcilmente los hechos o para aplicar con desembarazo los datos seg1n las necesidades
de la prctica. &n lo que respecta a los métodos cuyas diversas clases se e%ponen con detalle en
la obra, la psicopatología debe distinguir y articular con precisión y limpieza las maneras de
observar y entender, de suerte que hagan posible tanto la inteligencia imparcial y crítica de lo
particular y limitado que se presenta en cada caso, cuanto el en"uiciamiento de todo lo abarcado
por la e%periencia personal. #ues la suma de problemas que se presentan en todo sano saber,
debe mostrarse cada vez por medio del discernimiento de lo sabido y de lo ignorado al respecto.
&l tratado de =aspers est dividido en seis partes, a las que precede una e%tensa introducción y
sigue una serie de ane%os. La primera parte trata de los factores parciales de la vida anímica
anormal, considerados desde los puntos de vista de la fenomenología, de la psicología del
rendimiento, de la somatopsicología y de la psicología ob"etiva. La nota dominante y e"emplar aquí
es la precisa descripción de los hechos, con el énfasis cargado sobre las diferencias específicas de
los diversos fenómenos psicopatológicos. +unca se elogiar lo suficiente la significación de la
fenomenología "aspersiana en una época en que la gran mayoría de los psiquiatras, obcecados por
el afn interpretativo, encaran los datos de sus pacientes como mera representación de algo
distinto, que les parece esencial, y con ello descuidan el escrutinio de lo que es ob"eto real de su
aprehensión clínica. 8lvidan así que incluso caen por su base sus interpretaciones, ya que para
aventurar una con"etura es indispensable saber qué es efectivamente lo que se trata de reducir a
otra cosa supuesta. =aspers ha enriquecido nuestra disciplina con verificaciones y distinciones
fundamentales, llenas de consecuencias incluso para la prctica. !sí, es clsico ya el criterio de
distinción entre la delusión y la idea delusiva, entre la alucinación, la pseudoalucinación y la
convicción corporal sin sensación.
&n la segunda parte, sobre los ne%os comprensibles de la vida anímica, =aspers e%pone las
relaciones genuinamente psíquicas de los fenómenos y de los mecanismos anormales, la actitud
del paciente respecto a su enfermedad y el estudio de la personalidad. Lo fundamental aquí es la
comprensión de las reacciones anímicas patológicas, el fluir de los estados y actos, derivados
unos de otros, y la manera como son vividos por el su"eto. +o se trata de una reducción genética a
base de supuestos absolutos, como en el caso del psicoanlisis, sino del descubrimiento de la
actividad cone%iva de lo anímico, basado en los datos de la vida consciente.
#or cierto que los llamados mecanismos especiales implican la intervención de factores
e%traconscientes, cuyo estudio inició Leibniz y al cual +ietzsche hizo avanzar con sus grandes
aciertos, que 0reud ha vulgarizado, en el doble sentido que se da a esta palabra. =aspers se limita
a analizar la variedad de las cone%iones evidentes y de las manifestaciones psicodinmicas
típicas, tratando de no caer en la estrechez o falsedad de ninguna teoría.
)onstituye la tercera parte de la obra el conocimiento de las relaciones causales de la vida
anímica$ influencia del ambiente y del cuerpo, herencia y teorías e%plicativas. -erece que se
recalque la importancia que tiene la forma como en"uicia =aspers las características, el sentido y el
valor de las teorías y del pensamiento teórico en general. &scoge como e"emplos las
construcciones hipotéticas de Pemic5e, de 0reud y las ms recientes de propensión filosófica. Los
puntos principales de su impugnación son el absolutismo, las falsas identificaciones y las mezclas
confusas. +o se trata, ciertamente, de una condenación total de la teoría. Lo que confuta =aspers
con plena razón, es el desenfreno, la credulidad, la inconsciencia de los límites y el dogmatismo
pseudocientífico. Las teorías, concebidas con maduro e%amen de los hechos y aplicadas con
advertencia, prestan servicios para la ordenación de los datos y para el planteamiento de los
problemas, son indispensables en las e%plicaciones causales. #or eso mismo es preciso que el
psicopatólogo conozca sus principios, sus posibilidades y sus engaños.
&n la cuarta parte, acerca de los con"untos de la vida anímica, se considera la nosología, la
/eidología/ @se%o, constitución, razaA y la biografía. &ste 1ltimo tema, cuya e%posición era breve en
la edición anterior, en la presente es desarrollado de manera muy interesante en un amplio
capítulo. &l curso de la vida es considerado desde el punto de vista biológico y desde el punto de
vista histórico personal. &l método de la biografía, sus categorías y problemas son asuntos
tratados de modo a"ustado y profundo. La manera de resolver la cuestión psicopatológica
fundamental$ Tdesarrollo de una personalidad o procesoU es uno de los ms felices
descubrimientos "uveniles de =aspers, que har época en la historia de nuestra especialidad. 4u
conocimiento en círculos ms amplios de los profesores de psiquiatría y de los clínicos, evitar
errores de diagnóstico, hoy frecuentísimos.
Jersa la quinta parte del libro sobre las anormalidades psíquicas en la sociedad y en la historia.
4on ob"eto de esclarecimiento$ el significado que tiene la situación sociológica para el enfermo. las
investigaciones relativas a la población, las profesiones, la ciudad y el medio rural, así como otros
aspectos. la conducta asocial y antisocial. la psicopatología del espíritu. los aspectos históricos de
los desórdenes psíquicos. *nfinidad de campos en los que se relaciona el mundo de la cultura con
el del psiquiatra, campos a menudo ignorados por éste o tratados mayormente con superficialidad
lamentable por antropólogos y sociólogos, aparecen aquí llenos del ms alto interés. &ntre los
temas correspondientes a esto, es digno de mención especial el en"uiciamiento de los problemas
que plantea la patografía, asunto tratado por =aspers magistralmente y con mayor detalle en su
estudio acerca de 4trindberg y van 7ogh y en su obra sobre +ietzsche.
3. 7SIFUIATRIA Y FILOSOFIA
La 1ltima parte del tratado, dedicada a la integridad del ser humano, contiene una o"eada
retrospectiva sobre la psicopatología, el e%amen de la cuestión de la esencia del hombre, las
relaciones entre la psiquiatría y la filosofía, los conceptos de enfermedad y de salud, y el sentido
de la prctica. 4in duda, esta es la parte que encontrar ms "ugosa el lector de amplia cultura. De
la mirada retrospectiva sobre la psicopatología es grato recoger las palabras iniciales acerca del
enigma concreto$ /)asi en cada capítulo hemos topado con el enigma, esto es, no con las
cuestiones provisorias, que encontrarn una respuesta, sino con aquellas que para este método de
conocimiento son, fundamentalmente, misterio. Lo que es un enigma podemos saberlo con la
medida de una inteligibilidad. 0uera del círculo de esta inteligibilidad no se e%plica un hecho. &ste
pertenece tal vez a otro círculo de lo inteligible, para el cual hay otros enigmas. #or consiguiente,
cada enigma es la invitación a reconocer el fracaso de una manera de inteligir, y a la vez
invitación a buscar otra manera seg1n la cual ese hecho ya no es enigma, sino fundamento de una
penetración. Los enigmas estn permanentemente en el límite de una manera de conocer./
!cerca de la esencia del hombre y de la relación de la psiquiatría con la filosofía, =aspers piensa
que la refle%ión filosófica no es un recurso que pueda usar el psiquiatra para resolver los 1ltimos
problemas que le plantea el ob"eto de su ocupación. &s enemigo de la mescolanza de ciencia y
filosofía, a impugna los intentos de constituir una psicopatología e%istencial o una basada en la
antropología filosófica o médico filosófica. &sto no quiere decir, sin embargo, que =aspers
sostenga la tesis de que el psiquiatra deba desconocer las disciplinas espirituales. #or el contrario,
considera requisito de su formación intelectual una sólida y completa preparación humanista y
filosófica. !unque la filosofía no es aplicable a la tarea de la medicina mental, sí sirve al cultivador
de ésta para algo decisivo, aunque en apariencia de poco momento$ librarle del mbito interior
para que puedan prosperar con lozanía sus posibilidades de saber efectivo, sin la cizaña de los
pre"uicios ilegítimos y de los supuestos que inconscientemente se cree absolutos. La verdadera
filosofía evita la introducción subrepticia de la falsa filosofía.
-erecerían especial consideración las ideas de =aspers relativas a la salud y la enfermedad y la
profunda comprensión que pone de manifiesto al discutir los intrincados problemas de la prctica
profesional del especialista, sobre todo en lo tocante al sentido, las posibilidades, las ilusiones y
los límites de la psicoterapia. #ero he de contentarme con señalar su e%traordinaria importancia y
novedad, pues no se prestan a un breve e%amen sinóptico. #or la misma razón, sólo enumero los
títulos de los ane%os$ el e%amen del paciente, la tarea terapéutica, el pronóstico y la historia de la
psicopatología como ciencia.
La investigación, el conocimiento y el trato del hombre, sano o enfermo, siempre tiene por meta
aprehender su totalidad. #ero la totalidad no es asequible como ob"eto, sino como idea, y no hay
una totalidad, sino m1ltiples totalidades relativas a diversos puntos de vista. +inguna totalidad de
éstas es la totalidad del hombre, la conciencia de la cual, sin embargo, vivifica el traba"o del
psicólogo, del psicopatólogo, del médico, del filósofo, que no pueden contentarse e%clusivamente
con el anlisis y la verificación de las relaciones de lo particular con lo particular. +o se pueden
contentar tampoco con totalidades supuestas o ficticias. &s sustancial nuestro saber gracias a la
vigencia de un horizonte completivo, que dé sentido, o por lo menos dirección, a lo empíricamente
investigable del hombre. &sto a sabiendas gracias a la filosofía de que no hay sistema alguno
capaz de abarcar nuestro ser, el cual, indefectiblemente, se nos escapa. #or lo dems, el hombre,
aunque descabal por su índole misma, es siempre ms de lo que él sabe de sí y ms de lo que
nadie puede saber acerca de él.
)on eso tocamos el punto central de la filosofía de =aspers, cuya quintaesencia se puede
e%presar, con todos los inconvenientes de la esquematización en los siguientes términos. +o hay
ciencia que abarque y supere el saber de las ciencias particulares. sin embargo, la orientación del
hombre en el mundo se apoya en los métodos científicos, cuyas operaciones deben proseguirse
hasta donde sean legítimas. &l conocimiento científico del mundo no constituye aprehensión del
ser, sino de fenómenos determinados. La filosofía tiene por ideal desentrañar el ser. y ese ideal se
cumple tanto me"or cuanto ms se colma la mente filosófica de e%periencia teórica y prctica del
mundo y cuanto ms preserva el rigor y la limpieza de los métodos y procedimientos del
conocimiento determinado y crítico, sin esperanza de certidumbre definitiva respecto al mundo
como un todo y a la e%istencia. &l verdadero filosofar no es demostrativo ni hipotético, como el
pensamiento científico, sino una aspiración esclarecedora y operante en busca de fuentes
originales del ser.
&l hombre es posibilidad abierta, sin unidad, pero con un fondo primigenio a ine%hausto suficiente
para garantizar la fe del filósofo. La idea de =aspers a este respecto podría formularse
figuradamente así$ el alma humana es cosmogónica en el reino del espíritu, pues nace empapada
de las aguas germinales y promisorias del caos. De ahí que, pese a nuestra finitud, seamos
capaces de reconocer nuestra finitud y de aspirar a lo infinito, en el cual hunde su raíz nuestro ser.
#or espontneo movimiento amamos y admiramos la naturaleza y tenemos la vislumbre de que
Dios es, con cuya fe podemos encontrar sosiego a iluminación de nuestra finitud.
&l hombre vive siempre en situaciones límite, y el filósofo encuentra en ellas el acicate para la
refle%ión y la e%periencia de una realidad virginal, intrínseca. &l límite de todo orden, la decisión,
la comunicación personal y la historicidad de la vida humana remiten al filósofo al ser mismo, a la
verdadera e%istencia. !llende el saber hay una profundización de lo que somos y de lo que es, a la
cual =aspers llama /asir/. 7$!cee*!% e una $ea(ia %u#e$i!$ a (a% !&2e"i.aci!ne% e (a
.ia, e (a c!nciencia - e( e%#0$i"u, que e% (a e3i%"encia #!%i&(e, cu-!% %i'n!% $e.e(a!$e%
%!n (a ce$"e4a e (! inc!nici!na(, (a !%cu$a $e*ini%cencia e( !$i'en, (a #a$"ici#aci1n e (a
e"e$nia en (a e3#e$iencia e( "ie*#! - e( an%ia e unia, an%ia que e% a (a .e4
in%a"i%)acci1n, inquie"u, c!n'!2a - an,e(!.
La e%istencia posible trata de hacerse e%istencia esclarecida actual gracias a la orientación en el
mundo, que pone al espíritu del filósofo en camino de cerciorarse de sí mismo. gracias a los actos
de decisión frente a la realidad de lo posible, que le permiten la e%periencia íntima de lo absoluto
en el e"ercicio de la libertad. gracias, en fin, a que el ser del mundo y nuestro ser intrínseco nos
remiten a algo que est allende uno y otro, lo cual conduce a la trascendencia y alimenta la fe
filosófica. &l hombre no se basta a sí mismo, aspira por encima de sí. La &/%quea e
"e%"i*!ni!% e !"$! *un!, e una *e"aG)i%i%, %i %e *e #e$*i"e (a e3#$e%i1n, e% (a
c!n%ecuencia e "a( enca*ina*ien"! e (a e3i%"encia. A.an4an! en =(, c!n e( )i(!%!)a$
enc!n"$a*!% ci)$a% *e"a)0%ica%, %0*&!(!% - %0*&!(!%, que )$aca%an un! "$a% !"$!. 7e$! e%"e
)$aca%! e% )ecun! #a$a (a $e)(e3i1n )i(!%1)ica, cu-! .ue(! ce%a$0a c!n e( ,a((a4'! e una
ci)$a e)ini"i.a.
E. )8+4*D&'!)*8+ 0*+!L
&n suma, la !llgemeine #sychopathologie de =aspers lo mismo que su producción filosófica se
caracteriza por una singular finura y riqueza del pensamiento, que abarca con soberana rectitud
toda la información valiosa acerca de la medicina mental y la psicología, hasta la ms reciente,
pero con una perspectiva histórica selecta. un pensamiento que pone todo su conato en no
naufragar en el mar de datos y en no de"arse aprisionar en los reductos de la doctrina consolidada
por la rutina o el apasionamiento. )on la osadía del investigador genial, que sustenta su espíritu
en las mismas fuentes de la ciencia y de la historia de la humanidad, =aspers impregna el
contenido provisorio de su e%periencia y de su información con el aliento magistral de la plenitud
posible.
#ara terminar, deseo responder a algunas observaciones que han hecho a mi e%posición amigos
consagrados al cultivo de la psiquiatría y preocupados por los problemas de la cultura.
La obra de =aspers es metodológica. no sólo sirve para el médico y el estudiante de medicina, sino
para el psicólogo, el sociólogo, el historiador, y en general, para todo investigador de la índole
humana. #retende que se debe investigar el hecho psiquitrico desde el punto de vista científico.
por eso es una disciplina general y no una propedéutica o una psicología clínica o médica.
pretende que debe estudiarse con el mayor rigor posible, sin sacar conclusiones apresuradas que
dan imgenes desdibu"adas de la realidad. +o se pone ante el enfermo nervioso o mental con la
misma actitud que el médico preocupado sólo de diagnosticar y curar, porque éste a menudo se
ve obligado a prescindir de indagaciones a fondo. &l psicopatólogo, en el sentido de =aspers,
busca el conocimiento, lo ms claro, lo ms consistente y completo posible. con ello se enriquece
el mismo psiquiatra prctico, puesto que al afrontar el caso de cada enfermo, en su situación
e%terna y en sus condiciones internas efectivas, debe conocer los datos desde puntos de vista
determinados categóricamente. #ero lo que pide =aspers en este proceso es que la sana teoría no
pierda el terreno de lo ob"etivo, pues el mayor peligro que corre el espíritu médico, lo mismo que
el psicológico o el sociológico, son las interpretaciones que todo lo e%plican prueba de que, en
realidad, no e%plican nada, así como las que son como casilleros donde pueden distribuirse los
datos sin que quede residuo, verdaderos lechos de #rocusto para el saber clínico y para el saber
científico. Lo cierto es que siempre, en todo acto o proceso de conocimiento hay un margen de
ignorancia, cuyas fronteras retroceden paulatinamente, muy paulatinamente, gracias a la
penetración de los hechos y ne%os vividos por el paciente y gracias a la e%plicación de los que no
son comprensibles. ;al e%plicación implica un "uicioso empleo de la teoría, sin caer en especiosas
construcciones, que encandilan fcilmente a los crédulos.
&n la cuarta edición de su obra, =aspers quien no se encastilló "ams, ni en la primera edición, en
la sola fenomenología sigue considerando que la esquizofrenia en su con"unto, o me"or dicho, en
su mayor parte, es incomprensible. podemos tener una impresión de ella, pero no comprender su
comienzo ni hacer una interpretación comprensiva de todas sus manifestaciones, aunque abundan
las hipótesis y las e%plicaciones psicológicas con pretensión de verdaderas. De modo que, sobre
este particular, la verificación clínica cuidadosa "ustifica el criterio de =aspers$ la esquizofrenia
como proceso impenetrable, aunque algunas de sus manifestaciones y parte de su contenido sean
de naturaleza reactiva.
&n lo que respecta a la relación del alma con el cuerpo, =aspers hace ahora nuevas y finas
distinciones y profundiza ms. 'econoce que en la enfermedad orgnica interviene la vida
psíquica, y que ésta puede ser a veces origen de desórdenes somticos, así como lo contrario$ los
desórdenes corporales causa de trastornos psíquicos, los ms variados y comple"os. #ero
considera que ante estos problemas debemos tener una actitud e%tremadamente cauta y crítica,
tratando en cada caso de determinar bien los hechos psíquicos y los físicos, y cuando se "uzga que
hay una posible relación de lo físico con lo psíquico, fundarla sobre observaciones concretas y no
imaginando o repitiendo argumentos hermenéuticos que flotan en el vacío o descansan en
pretendidas autoridades. #ara =aspers, las cuestiones fecundas en esta materia son las que
entrañan aprehensión del ob"eto de conocimiento. reputa que aquí nada descamina ms la
investigación hacia lo absurdo, que plantear los problemas en general y en principio. Da
importancia al gran avance que ha alcanzado el pensamiento médico al vincularse con la
psicología. 4e refiere a la medicina psicosomtica y a los principales autores que han contribuido
a su auge. &specialmente considera la obra de von Peizsc5er,de quien dice, entre otras cosas,
que leyendo sus historias clínicas, uno se sorprende ms y ms, y est por considerar posible
todo. pero lo grave es que al terminar la lectura, en realidad nada se sabe. &fectivamente, en la
medicina psicosomtica casi no hay interpretaciones plausibles, que fluyan con naturalidad de los
hechos. abundan, sí, las construcciones especiosas acerca de la relación entre lo anímico y lo
somtico, un romanticismo parecido al de la medicina alemana de hace ms de un siglo, de la
génesis subconsciente de los desórdenes mentales y orgnicos.
'especto al pensamiento intuitivo en relación con el método disciplinado y sistemtico del saber
científico, =aspers quien siempre ha preconizado la parsimonia en materia de especulación da
considerable importancia, entre otros modos de conocer, a la comprensión intuitiva, que constituye
el ms puro hontanar de la psicología real. ;al es la razón de que ésta se enriquezca
principalmente con los sondeos felices de los poetas desde los primitivos plasmadores de mitos.
=aspers señala como estímulo y escuela de nuestro poder de comprensión, el estudio asiduo de la
obra de los grandes artistas y pensadores desde los ms antiguos.