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La Jornada Semanal, domingo 31 de octubre de 2004 núm. 504

Emile Nelligan
y
Arthur Rimbaud
Marco Antonio Campos
A Francine Royer, a quien le
gustaba la poesía de Nelligan
cantada por Monique Leyrac
En 2002 se cumplió en febrero el centenario de la publicación de la
primera edición de lo que entonces se consideraban las poesías
completas del poeta quebequense Emile Nelligan, prologadas y
preparadas por su mentor y amigo Louis Dantin, y el 20 de octubre
se cumple el sesquicentenario del nacimiento de Rimbaud. En buena
medida en Quebec la imagen de ambos está integrada. Como
apunta Paul Wycszynski en la página 11 de su documentada y
amena biografía (Émile Nelligan, BQ, Montreal, 1989), poetas,
críticos y amigos que lo conocieron, entre ellos, Albert Laberge,
Madeleine, Charles Gill, Françoise, Louvigny de Montigny, Ernest
Choquette, Jean Charbonneau, Robert de Roquebrune, Edouard-
Zutique Massicotte, "evocan, según sus recuerdos, a grandes rasgos, con rapidez, el retrato
de un bohemio, de un esquizofrénico, de un soñador parnasiano y simbolista, cuya carrera
fulgurante apenas tres años  lo convierten en un Rimbaud canadiense".
Nacido el 24 de diciembre de 1879, Nelligan escribió su obra lírica de 1896 a 1899. El 9 de
agosto de ese año su padre lo encierra en el asilo de Saint-Benoît Joseph Labre, que menos
que asilo psiquiátrico se trataba de un retiro, o lo que hoy, como observa Gerald Godin
(Nelligan revisité, Montreal, 1991), sería una clínica. Se le diagnostica (era el lenguaje de la
época) neurosis y degeneración mental. Nelligan tenía diecinueve años, siete meses y dos
semanas de nacido.
¿Un Rimbaud canadiense? Y más allá de la edad en la que escribieron ambos su obra ¿qué?
Innegable la huella profunda que dejaron en la poesía de Nelligan las lecturas de Baudelaire y
Verlaine, como las de Rodenbach o Rollinat, no estoy muy convencido de aquella de
Rimbaud. En 1873 Rimbaud había editado en Bruselas a cuenta propia, o si se quiere de la
madre, Una temporada en el infierno, pero la edición casi completa, salvo unos cuantos
ejemplares, durmió casi íntegra en las bodegas de la editorial hasta 1901, cuando un bibliófilo
belga, Léon Losseau, la encuentra fortuitamente, porque Rimbaud no quiso o no pudo
pagarla. En suma: Nelligan no pudo leer un libro que no circulaba. En 1886 Verlaine había
logrado que se editaran las Iluminaciones en la La Vogue, la revista que dirigía Gustave
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Kahn; en 1891 apareció una edición muy incompleta de sus poemas (Reliquaire), preparada
por Rodolph Darsens, y en 1895, las que entonces se consideraban las poesías completas de
Rimbaud, preparadas y prologadas por el propio Paul Verlaine, que fueron el principio para el
reconocimiento y la eclosión del mito. En el caso de que Nelligan alguna vez haya leído a
Rimbaud, creemos que fue en esta edición.
A la manera de Verlaine con Rimbaud, Louis Dantin (1865-1945) fue el que abrió el camino al
conocimiento y reconocimiento de la obra del adolescente quebequense. Desde 1902 Dantin
ya decía que la parentela literaria en esos años se había habituado a ver en Nelligan a un
decadente, "un discípulo de la escuela de la que Rimbaud, Mallarmé y Verlaine fueron los
corifeos". Nótese: Dantin, que conoció mejor que nadie sus lecturas, refiere la pertenencia de
Nelligan a la escuela pero no habla de lectura o de influencia. Si se revisa en la documentada
biografía de Wyczsinski, todas las menciones que hace de Rimbaud con referencia a
Nelligan, la única prueba real que aporta de que el joven de Montreal haya, no leído, sino oído
de Rimbaud, ocurrió durante la conferencia de René Dumic, dictada el 16 de abril de 1898, en
la cual el crítico francés ridiculizó a parnasianos y simbolistas, atacó con ferocidad implacable
a Baudelaire y Verlaine, y se mofó del soneto de las vocales, es decir, hizo picadillo mucho de
lo que Nelligan admiraba o veneraba. Wyczsynski afirma en su biografía que Nelligan leyó
ávidamente a Baudelaire, Verlaine y Rimbaud, y aun precisa la fecha: 1898. O lo escribe,
creemos, como mera deducción propia o por referencias de gente que entrevistó muchas
décadas más tarde, las que, si refirieron el hecho, resulta muy dudoso creer que recordaran
con tanta precisión las lecturas de Nelligan sobre Rimbaud en determinados meses de
determinado año. Una nota al margen: en noviembre de 1991, organizado por la Universidad
de Ottawa (Wyczsynski fue acaso el principal animador), se llevó a cabo un congreso para
conmemorar el cincuentenario del fallecimiento de Nelligan. Hombre cordial,
excepcionalmente enterado sobre la vida y la obra de Nelligan, tuve la oportunidad de
sostener en los pasillos del local donde se llevó a cabo el homenaje, una conversación sobre
las influencias de Nelligan con él y otros participantes. Yo tenía fresca mi traducción del joven
poeta de Montreal. Con ojos y oídos atentos Wiczsynski escuchaba. En cierto momento
comenté que en mi opinión las huellas más visibles en la obra de Nelligan eran Verlaine y
Baudelaire (más Verlaine), pero no hallaba las de Rimbaud. Wycszynski oyó atentamente
pero no dijo nada.
En general Nelligan a los poetas que veneró o amó, les escribió poemas, los mencionó en un
verso o citó sus versos en epígrafes; una poesía que sella tan hondamente como la de
Rimbaud, no podía pasar para él inadvertida; sin embargo no hay poema dedicado a él, ni
mención, ni cita alguna. Hasta donde tengo entendido, los poemas que pudieron atraerlo son
el soneto de las vocales, el credo de la videncia, y "El barco ebrio", el gran viaje imaginario de
un muchacho que no había aún efectuado ninguna navegación. Sin hablar directamente de
influencia, Wyczsynski, con este poema y con "El navío de oro" (el más célebre de la lírica de
Nelligan), hace una interesante lectura comparativa.
Espíritus en algunos aspectos muy afines, hay en la figura, obra,
creencias y escritura de Nelligan y Rimbaud confluencias y
diferencias: por razones parecidas ambos dejaron la escuela para
entregarse a la poesía, pero Nelligan fue un mal estudiante y
Rimbaud llegó a ser el primero de la clase; como poetas, los dos
fueron de una precocidad iluminada, pero el gran talento fue de
Nelligan y el genio de Rimbaud; los dos quedan en una fotografía
única tomada a los diecinueve años, donde la mirada de Rimbaud,
diría Alain Borer, se va, y la de Nelligan, diría yo, se va; el
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adolescente Nelligan fue un católico culposo, que llegó a ver las relaciones eróticas como un
impedimento para alcanzar la salvación, anheló unirse al coro celestial en el recital de los
ángeles, aspiró al Ideal y vivió para el Sueño, mientras el adolescente Rimbaud, con
formación católica, tuvo intuitivamente una profunda conciencia del Mal, apostó por el
desarreglo de los sentidos, el conocimiento en la tierra del infierno, y aun se permitió, con
humor o sin él, dedicarle a Satán su Temporada, o como él escribió, su cahier de damné, su
cuaderno de condenado; como poeta Rimbaud anheló llegar a ser un vidente, y Nelligan, más
cerca de Verlaine, a la manera de Verlaine, buscó que la música de los versos en sí misma
creara una sucesión de impresiones, y creara también, como escribía Louis Dantin, cosas
ligeras como "suspiros, sonidos y perfumes"; enfermo de esquizofrenia, Nelligan deja de
escribir poesía a los diecinueve años de su edad, pero en el encierro ahogado de sus
cuarenta y dos años, ya en el retiro de Saint-Benoît-Joseph Labre (1899-1925), ya en el
hospital psiquiátrico de Saint-Jean de Dieu (1925-1941), seguía recordando y diciendo
poemas (los suyos y los de otros), y aun llegaba a transcribirlos, mientras Rimbaud abandonó
la poesía a los veintiún años y en los dieciséis posteriores jamás volvió a redactar una sola
palabra una sola  que se refiriera a la poesía y a la literatura; salvo las vacaciones en
Cacouna, en el norte de Quebec, pese a los grandes sueños de viaje, Nelligan nunca salió de
Montreal, mientras Rimbaud, con las "suelas de viento" (la cuña es de Verlaine), no dejó de
recorrer numerosamente, hasta febrero de 1891, Europa, islas del Mediterráneo y tierras de
Arabia y del noreste del África; luego del abandono de la poesía, la vida de Rimbaud es
terrible y fascinante, y tiene, como decía su mejor biógrafo Pierre Petitfils, la lógica de una
tragedia griega, pero la de Nelligan, dentro del retiro y el hospital, es opresivamente gris,
desesperadamente depresiva; Rimbaud es un mito occidental, Nelligan, un mito
quebequense, o si se quiere aun, el mito quebequense por excelencia; la muerte alcanzó a
Rimbaud en el fulgor de los treinta y siete años, y allí lo dejó, mientras Nelligan murió en la
disminución sombría y en la soledad sin luz de los sesenta y uno.
Y sin embargo, más allá de que Nelligan lo haya leído o no, en el imaginario colectivo las
imágenes de los rostros parecen superponerse en las fotografías de ambos hechas a los
diecinueve años y permanecen para siempre como una sola. Al hablar en un poema a la
Virgen María, Nelligan termina diciendo que Nuestra Señora de las Nieves
Va tôt a rafleurir en même jardin
Sa France et sa VilleMarie.
El antiguo nombre de Montreal era Ville-Marie, es decir, Ciudad María. Para Nelligan, en el
mismo jardín, la madre de Dios hará florecer de nuevo juntas Francia y Montreal, y en ese
mismo jardín, más allá de de una imaginaria o verdadera lectura, se hallarán
emblemáticamente juntos el francés Rimbaud y el montrealense Nelligan.