Está en la página 1de 3

La fatalidad social es la fatalidad que hace que las sociedades queden cristalizadas en unas clases permanentes.

Es decir, hay una clase
alta cuyos hijos van a ser también clase alta y cuyos nietos van a ser también clase alta y que van a ocuparse de la dirección de la
sociedad, y luego hay una serie de grados inferiores al final de los cuales están aquellos que están condenados siempre a la ignorancia,
al analfabetismo, a ocuparse de las tareas más deleznables de la sociedad, con menos futuro, etcétera. Esa es la fatalidad social, y hay
quienes están muy satisfechos así, dicen que eso debe perpetuarse y que eso es el Orden (con mayúscula).

En cambio la educación rompe ese orden, porque las personas educadas tienen capacidad para moverse en la escala social, rompen esa
escala social. Entonces se ve que una persona preparada, intelectualmente desarrollada, trabajadora, a la vez solidaria, etcétera, puede
aspirar a mucho más que un heredero ocioso de una gran familia que es ignorante, que no tiene más que el apellido, etcétera.
La fatalidad social es la fatalidad que hace que las sociedades queden cristalizadas en unas clases
permanentes. Es decir, hay una clase alta cuyos hijos van a ser también clase alta y cuyos nietos van a ser
también clase alta y que van a ocuparse de la dirección de la sociedad, y luego hay una serie de grados
inferiores al final de los cuales están aquellos que están condenados siempre a la ignorancia, al
analfabetismo, a ocuparse de las tareas más deleznables de la sociedad, con menos futuro, etcétera. Esa
es la fatalidad social, y hay quienes están muy satisfechos así, dicen que eso debe perpetuarse y que eso
es el Orden (con mayúscula).

En cambio la educación rompe ese orden, porque las personas educadas tienen capacidad para moverse
en la escala social, rompen esa escala social. Entonces se ve que una persona preparada, intelectualmente
desarrollada, trabajadora, a la vez solidaria, etcétera, puede aspirar a mucho más que un heredero ocioso
de una gran familia que es ignorante, que no tiene más que el apellido, etcétera.

muchas veces hay una visión de la educación que dice: “¿Para qué le sirvió a Fulano ser educado?”. Pues en primer lugar le sirvió para
convertirse en una persona más excelente, más perfecta. Es decir, tenemos que ser también –forma parte de la propia educación–
capaces de apreciar que el desarrollo de ciertas cualidades en nosotros. Aunque no tenga un premio económico, aunque no tenga un
premio de ascenso social, ya en sí es un bien. Es decir, una persona que sabe leer, aunque esa lectura no la lleve a ocupar altos puestos
o no la haga millonaria, al saber leer se le abre un mundo extraordinario, excepcional, una aventura espiritual permanente. Sería ridículo
además decir “no me han dado dinero, no he ganado nada por aprender a leer”. Eso ya sería otra cosa. Aprender a leer en sí mismo es
un enorme bien para la persona. La diferencia que hay entre una persona culta y una persona inculta es que cuanto más inculto es
alguien, más dinero necesita para pasar los fines de semana, más dinero necesita para pasar unas vacaciones, porque esos países que
no producen nada tienen que importarlo todo. Quien no tiene cultura no produce ni pensamiento ni conversación ni es capaz de
entender un verso ni etcétera, pues entonces todo lo tiene que comprar fuera, hace inversión económica a costo de atontarse. La
riqueza interior personal que da la educación, que además puede revertir en riqueza social, política, etcétera, ya de por sí es
fundamental e importantísima.
los últimos tiempos está muy de moda, es muy frecuente escuchar de un estudiante por ejemplo de secundaria la pregunta “¿para qué
me sirve esta materia?, ¿para qué me sirve esta clase?, ¿qué me deja esta clase a los efectos de mi vida cotidiana, del hoy, del
mañana?”. Esa interpelación aparece permanentemente.

FS - Sí, aparece, y demuestra que previamente no se ha ido creando el
hábito de lo que significan el estudio y la educación. Si las materias se
proyectan simplemente sobre los estudiantes como si fueran meras
obligaciones... Si uno hace algo por obligación espera recompensa, si uno
no tiene ningún interés personal en lo que está haciendo, sino
simplemente lo hace como un trámite más o menos amargo para
conseguir algo, evidentemente tiene derecho luego a decir: “Me he
esforzado, me he sacrificado, y usted no me da el premio que había
pedido”. Es como las focas en los circos que hacen un número, pasan por
un aro, saltan de una bola a otra porque esperan la sardina que les va a
dar el entrenador. El que pregunta “¿qué saco yo de esto?” es la foca
esperando la sardina. Pero hay otras personas que no están simplemente
siendo amaestradas, porque esa es la mentalidad del que no está siendo
educado sino amaestrado. El amaestrado, naturalmente, quiere que luego
le den una recompensa, pero quien no está siendo amaestrado sino educado ya sabe que la sardina no va a venir después. los
últimos tiempos está muy de moda, es muy frecuente escuchar de un estudiante por ejemplo de
secundaria la pregunta “¿para qué me sirve esta materia?, ¿para qué me sirve esta clase?, ¿qué me deja
esta clase a los efectos de mi vida cotidiana, del hoy, del mañana?”. Esa interpelación aparece
permanentemente.

FS - Sí, aparece, y demuestra que previamente no se ha ido creando el hábito de lo que significan el
estudio y la educación. Si las materias se proyectan simplemente sobre los estudiantes como si fueran
meras obligaciones... Si uno hace algo por obligación espera recompensa, si uno no tiene ningún interés
personal en lo que está haciendo, sino simplemente lo hace como un trámite más o menos amargo para
conseguir algo, evidentemente tiene derecho luego a decir: “Me he esforzado, me he sacrificado, y usted
no me da el premio que había pedido”. Es como las focas en los circos que hacen un número, pasan por
un aro, saltan de una bola a otra porque esperan la sardina que les va a dar el entrenador. El que
pregunta “¿qué saco yo de esto?” es la foca esperando la sardina. Pero hay otras personas que no están
simplemente siendo amaestradas, porque esa es la mentalidad del que no está siendo educado sino
amaestrado. El amaestrado, naturalmente, quiere que luego le den una recompensa, pero quien no está
siendo amaestrado sino educado ya sabe que la sardina no va a venir después.
la enseñanza es un arte. Pero también tiene que haber un apoyo familiar, social, que valore la educación del chiquito, que no incite a los
jóvenes: “Estudia que llegarás a ser como ese personaje que aparece…”. Porque además eso fracasa, los jóvenes ven que en televisión
siendo futbolista o siendo artista de pasarela se gana mucho más dinero que trabajando como maestro. Si es eso lo que cuenta,
lógicamente la mayoría de las chicas quieren ser modelos de pasarela y los chicos futbolistas o jugar al tenis como Rafa Nadal. Si eso es
lo que cuenta, no hay posibilidad de luchar contra ese ejemplo. En cambio si lo que cuenta es otra cosa, uno puede explicar que hay
otras dimensiones importantes en la educación.
la educación está íntimamente ligada a lo que los seres humanos somos, al hecho de que los seres humanos nos socializamos unos a
otros –eso es lo que quiere decir la expresión educación en este caso–, pero uno se puede socializar para formar parte de una sociedad
democrática, solidaria, productiva, y se puede socializar para entrar en una banda de gángsteres. Las bandas también son formas
sociales, también tienen pautas, también tienen normas, también tienen proyectos.
el joven que no es acogido dentro de los caminos verdaderos o que nosotros consideramos positivos de la educación no se va a quedar
abandonado en un rincón, va a tener enseguida un docente que le va a ofrecer algo, le va a ofrecer un puesto en una organización
criminal o simplemente le va a ofrecer el engaño de que la lucha exclusivamente por el éxito, por arrollar a los demás, por obtener una
posición más, es un camino social aceptable. Pero siempre va a haber quien le ofrezca una solución. De ahí la importancia de la
educación, la educación no solamente viene a llenar un vacío, viene a combatir que ese vacío se llene de cosas peores.

hay familias preocupadas por temas educativos, por temas culturales que se van a encargar de luchar por que su hijo reciba una
educación adecuada. O sea que ese niño mal que bien está protegido, necesita siempre educación, pero ya necesita solamente la ayuda
social, porque su familia lo va a respaldar. Pero hay muchos niños que no cuentan, desgraciadamente, con ese apoyo, entonces la
sociedad tiene que ir a buscarlos para ayudarlos. Y esa sociedad tiene que decir: esta es una democracia, se basa en la educación
general obligatoria que vaya a todos los niños, sobre todo a aquellos que se sabe que no van a poder recibirla por ningún otro lado. El
que tiene unos padres que le van a pagar aún más, que les van a pagar viajes, no tiene ese problema, pero hay muchos que sí lo tienen,
y la sociedad, incluso por egoísmo, depende de que esos niños se eduquen bien, porque si no, se convertirán en adversarios de la
sociedad misma.
en vez de convertir la educación en una obligación, hay que explicarla como lo que es, como un privilegio, como una suerte.
Desgraciadamente en el planeta que habitamos hay muchísimos millones de seres humanos a los que nunca nadie se va a ocupar de
darles una educación en ese sentido positivo, en ese sentido constructivo, creador, que estamos diciendo. Quien tiene personas que se
ocupen de él, quien goza de unos centros de estudio en los cuales se le están dando esos conocimientos y esa formación necesaria debe
ver eso no como un paso por una obligación dramática, sino al contrario, como un privilegio enorme, y un privilegio que además crea
responsabilidades, porque quienes hemos sido educados tenemos además la responsabilidad de proteger y de defender a quienes no
han tenido ese privilegio.
creo que la autonomía es importante porque permite no tener que estar bajo la protección permanente de los poderes públicos. Ser
autónomo quiere decir que ninguno de nosotros puede viajar por la vida acompañado de un médico, de un cura, de un policía que
constantemente le estén diciendo lo que tiene que hacer en cada caso. La autonomía indica que uno debe saber valerse por sí mismo,
tener criterio propio, conocer los peligros y también las generosidades que tiene la sociedad, y moverse con eso sin constantemente
decir “es que me engañaron”, “es que me equivoqué”, “es que tomé lo que no debía”, “es que hice…”. Hay que educar para que no sea
necesaria esa queja constante y esa tutela que a veces los estados ofrecen muy generosamente, “no se preocupen, que yo le diré todo
lo que tiene que usted hacer, lo que tiene que comer, lo que tiene que beber, adónde tiene que ir, a qué hora tiene que acostarse”. En
el terreno donde aparecen por ejemplo ciertas sustancias, las cruzadas contra la droga, etcétera, tan disparatadas que padecemos desde
hace tantos años, esa especie de paternalismo: “Yo le diré a usted en qué condiciones debe vivir, cómo debe tomar las cosas”.

Hay una frase muy bonita de Aristóteles en la Política que dice: “Antes de llegar a gobernar tendrás que aprender a ser gobernado”. Eso
lo dice en los libros de educación, en la paidea, es decir, la educación es el primer trámite para llegar luego a gobernar. Gracias a que
somos gobernados en la vía educativa por los maestros, por los educadores, por los sistemas de estudio, etcétera, desarrollamos en
nosotros la capacidad de luego convertirnos en gobernantes. Que es para lo que estamos estudiando, en la democracia toda educación
es educación de príncipes, educación de aquellos que van a gobernar. Eso conviene no olvidarlo y saber que cuando estamos pasando
por esa especie de ser gobernados es para llegar a gobernar.
Esa cosa de que la educación es un juego, que se puede educar jugando, que la educación es respetar la espontaneidad de los niños,
pues no, no es verdad, eso es como esas personas que le prometen a uno aprender inglés o chino sin esfuerzo, sin estudio, en 15
sesiones. Sabemos todos que no es verdad, que cualquier aprendizaje, y de una lengua de esas, exige esfuerzo. Y exige un esfuerzo que
nos frustra, que frustra al niño, que puede creer que tiene ante sí cualquier posibilidad. El niño cree que puede comer pollo asado y que
puede comer cianuro, cree que la diversidad de la vida es que podemos comer lo que queramos. Y la educación es decir: no, hay cosas
que sientan bien y cosas que matan. Y eso es una frustración, porque a uno lo que le gustaría es ser invulnerable, no tener límites,
etcétera. Y educar es decir que no, que no es verdad, que no todo es posible, que no todo es permisible, que no todo nos sienta bien,
que no todo nos lo podemos conceder, etcétera.
Hay una especie de modelo que es algo así como el animador cultural o el presentador de televisión, con una sonrisa de oreja a oreja
aunque esté hablando de un huracán que ocurrió en alguna parte. Los educadores no estamos para ser simpáticos, para seguir la
corriente al que educamos, sino que somos un obstáculo, somos una dificultad que él tiene que vencer para formarse y para ser mejor.
Uno supone que con el tiempo la persona que ha sido educada se acordará de uno no con tanta antipatía como podía tener en ese
momento, sino que quizás con una cierta ternura reconozca que algo hiciste por ella, aunque fuera a costa de perder su simpatía
inmediata. Creo que hay que arriesgarse a eso
http://www.espectador.com/noticias/251385/fernando-savater-la-sociedad-deberia-exigir-
una-educacion-que-forme-ciudadanos-y-no-solo-personas-habiles-para-trabajar_pagina-4