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División del imperio

En el año 395 murió el emperador Teodosio I, dejando en herencia el trono a
sus dos hijos. A Arcadio le correspondió Oriente y a Honorio Occidente. A
partir de ese momento, el imperio romano quedó definitivamente dividido a
efectos administrativos en dos mitades, que, a medida que fue aumentando la
presión de los bárbaros sobre las fronteras a lo largo del siglo V, empezaron a
reaccionar de manera significativamente distinta. El año 395 constituye, pues,
un auténtico momento crucial en la definitiva separación de Oriente y
Occidente.
Ya desde los inicios de la época imperial, lo normal en Oriente había sido que
circularan versiones griegas de las leyes, y siempre había sido habitual
traducir a esta lengua las cartas del emperador y demás documentos oficiales,
de suerte que la administración imperial se las había arreglado para funcionar
bastante bien a pesar de semejante lingüístico. A partir del siglo III, en
cambio, las culturas vernáculas empezaron a desarrollarse con especial vigor
en diversas regiones, hasta que la división final entre Oriente y Occidente
acabó convirtiéndose también en una definitiva división lingüística; como se
ha subrayado en varias ocasiones, el griego de san Agustín no era demasiado
bueno, y sus obras, escritas en latín, no las leían los cristianos de Oriente.
A fines del siglo III, el emperador Diocleciano impone el dominado, segunda
etapa del sistema creado por Augusto, en el que el emperador adopta el título
del dominado (señor) centraliza al máximo el poder convirtiéndose en
absoluto.
El senado desaparece y el emperador sea poya en funcionarios pagados que
sustituyen a los antiguos magistrados, para evitar el problema de la sucesión y
administrar en gorma más directa el vasto imperio, dividió el territorio en
occidente y oriente, gobernados cada uno por augusto y un cesar.
Las provincias fueron organizadas en prefecturas la cual a este nuevo sistema
se le llamo tetrarquía.
Entre los siglos octavo y sexto antes de Cristo las ciudades griegas fundaron
colonias por todo el mediterráneo y el mar negro, en aumento de la población
y el interés comercial fueron determinantes en esta expansión, para conservar
este dominio las ciudades griegas se unieron frente al rey persa Darío primero.
En el siglo sexto la liga estuvo nominada por Atenas vencidos los persas el
imperialismo ateniense chocó con los intereses de Esparta y ambas potencias
con sus respectivos aliados se enfrentaron en las guerras del Peloponeso a
fines del siglo quinto Espata se impuso pero Grecia quedó muy delimitada, en
el siglo sexto antes de Cristo china se hallaba dividida en una docena de
estados aunque uno de ellos el de los Coupés que acortejaban la dignidad
imperial que luego bajo una dinastía el imperio se extendió hacia el sur y el
noroeste y se realizo una ampliación de la muralla china.
En el año 286 dioclesiano dividió el imperio romano en dos partes la de
oriente y la de occidente haciendo facilitar la administración del extenso
territorio, no obstante esta separación no se consumió hasta el 325 año de la
muerte de Teodosio primero sus hijos crearon los imperios de occidente con
capital en roma y oriente con capital en Constantinopla la antigua Bizancio , el
de occidente caería 80 años mas tarde ante las invasiones barbarás y Bizancio
quedaría como el único imperio, uno de sus momentos de esplendor coincidió
con la época de Justiniano que sometió a los ostrogodos de Italia el reino
vándalo del norte de áfrica y el sureste de la península ibérica .
“Actualmente, sin embargo muchos historiadores del siglo xx han ignorado o
relegado a un segundo término los aspectos meramente militares y políticos
del imperio romano” (Arther Ferril)
A principio del siglo V, las tribus germánicas, empujadas hacia el Oeste por la
presión de los pueblos hunos, procedentes de las estepas asiáticas, penetraron
en el Imperio Romano. Las fronteras cedieron por falta de soldados que las
defendiesen y el ejército no pudo impedir que Roma fuese saqueada por
visigodos y vándalos. Cada uno de estos pueblos se instaló en una región del
imperio, donde fundaron reinos independientes. Uno de los más importantes
fue el que derivaría a la postre en el Sacro Imperio Romano Germánico.


Imperio romano de occidente
Imperio romano de Occidente es el nombre que recibió la parte occidental del
Imperio romano tras la división administrativa iniciada con la tetrarquía del
emperador Diocleciano (284-305) y consolidada por el emperador Teodosio I,
quien se encargo de repartirlo entre sus dos hijos: Arcadio fue designado
emperador de Oriente y Honorio de Occidente.
La división del Imperio en dos mitades, a la muerte de Teodosio, no puso fin a
los problemas, sobre todo en la parte occidental. Burgundios, Alanos, Suevos
y Vándalos campaban a sus anchas por el Imperio y llegaron hasta Hispania y
el Norte de África.
Los dominios occidentales de Roma quedaron reducidos a Italia y una
estrecha franja al sur de la Galia. Los sucesores de Honorio fueron monarcas
títeres, niños manejados a su antojo por los fuertes generales bárbaros, los
únicos capaces de controlar a las tropas, formadas ya mayoritariamente por
extranjeros.
El año 402, los godos invadieron Italia, y obligaron a los emperadores a
trasladarse a Rávena, rodeada de pantanos y más segura que Roma y Milán.
Mientras el emperador permanecía, impotente, recluido en esta ciudad
portuaria del norte, contemplando cómo su imperio se desmoronaba, los godos
saqueaban y quemaban las ciudades de Italia a su antojo.
“En Historia, los datos cronológicos tienen sólo un valor indicativo que lleva a
cabo un acontecimiento trascendental como la desaparición política del
Imperio Romano de occidente en 475 es capaz por sí solo de delimitar con
presión los termini (final y comienzo) de una época” (Gonzalo Bravo
Castañeda)
Finalmente, el año 475 llegó al trono Rómulo Augústulo. Su pomposo nombre
hacía referencia a Rómulo, el fundador de Roma, y a Augusto, el fundador del
Imperio. Y sin embargo, nada había en el joven emperador que recordara a
estos grandes hombres. Rómulo Augústulo fue un personaje insignificante,
que aparece mencionado en todos los libros de Historia gracias al dudoso
honor de ser el último emperador del Imperio Romano de Occidente. En
efecto, sólo un año después de su acceso al trono fue depuesto por el general
bárbaro Odoacro, que declaró vacante el trono de los antiguos césares.

Así, casi sin hacer ruido, cayó el Imperio Romano de Occidente, devorado por
los bárbaros. El de Oriente sobreviviría durante mil años más, hasta que los
turcos, el año 1453, derrocaron al último emperador bizantino. Con él
terminaba el bimilenario dominio de los descendientes de Rómulo.

Imperio romano de oriente (imperio bizantino)
El Imperio bizantino también llamado Imperio romano de Oriente y Bizancio
fue un Estado cristiano del Imperio romano que perduró durante toda la Edad
Media y el comienzo del Renacimiento y se ubicaba en el Mediterráneo
oriental. Su capital se encontraba en Constantinopla, cuyo nombre más
antiguo era Bizancio. Especialmente para hacer referencia a sus primeros
siglos de existencia, durante la Antigüedad tardía, época en que el Imperio
romano de Occidente continuaba todavía existiendo.
Constantino reconstruyó la ciudad de Bizancio como nueva capital en 330. La
llamó "Nueva Roma" pero se le conoció popularmente como Constantinopla.
La nueva administración tuvo su centro en la ciudad, que gozaba de una
envidiable situación estratégica y estaba situada en el nudo de las más
importantes rutas comerciales del Mediterráneo oriental.
Constantino fue también el primer emperador en adoptar el cristianismo,
religión que fue incrementando su influencia a lo largo del siglo IV y terminó
por ser proclamada por el emperador Teodosio I, a finales de dicha centuria,
religión oficial del Imperio.
Con el tiempo, Constantinopla se convirtió en el centro de una nueva práctica
del cristianismo y también de una sensibilidad particular. La expresión
artística, en especial en el dominio de la arquitectura y la técnica del mosaico,
configuró un mundo de características propias e inconfundibles. Por otra parte,
enclavada en un punto estratégico de las rutas mercantiles que ponían en
relación el Mediterráneo y las remotas tierras de la India y China,
Constantinopla pasó a ser un centro comercial relevante.
Por esa misma razón, la ciudad se convirtió en un botín codiciado por
numerosos ejércitos. De este modo, el Imperio bizantino vivió sus momentos
de gloria y de tragedia. Ni el esplendor de sus iglesias, ni la magnificencia de
sus emperadores, ni el grosor de sus murallas bastaron para salvar a Bizancio
del acero enemigo ni de las aún más temibles luchas por el poder.
La característica más llamativa del imperio bizantino consiste en la
continuidad de la estructura política del imperio romano, a pesar de la pérdida
de las provincias occidentales, y del uso del griego como idioma común.
Bizancio conservó la ideología, el gobierno y, sobre todo, las leyes, siendo la
compilación de Justiniano uno de los aportes más valiosos para la transmisión
del cuerpo jurídico romano a la civilización occidental.
El imperio bizantino continuó con el arte propio del imperio, con la indeleble
impronta del cristianismo, que en su origen había sido oriental de todas
formas, y que alcanzaría nuevas expresiones, como los mosaicos, que
atestiguan una riqueza y elevación de sentimientos que aun sobrecogen a los
espectadores.
“No obstante la grave situación de Roma, en su seno anidaban fuerzas capaces
de sobrevivir al colapso y, aún más, proyectarse como pilares fundamentales
del mundo que surgiría de las ruinas de la Antigüedad. La lengua latina y la
poderosa cultura que traía aparejada, el sentido jurídico de la existencia y el
orden que descansa sobre él, son rasgos sobresalientes de la Civilización
Grecorromana que encontraremos también en la época Medieval.”( Karl Roth)
El cristianismo se impuso en Bizancio a partir del año 330, cuando el
emperador Constantino fijó su residencia en esa ciudad, la designó capital del
Imperio, y se convirtió al cristianismo. Decretó que ésta fuera la religión
oficial del imperio y se nombró un obispo que representara al Papa de Roma,
pues esta ciudad era el centro del catolicismo, sólo que en Bizancio se le dio el
título de patriarca en lugar de obispo. Esto creó problemas entre el Papa y el
Emperador bizantino por la influencia de este último en la Iglesia local, en la
presidencia de los concilios, en el nombramiento de autoridades religiosas y
en el cobro y administración de los diezmos.
El arte bizantino ejerció profunda influencia en el arte medieval de Europa
occidental, sobre todo en Italia, pero en mayor medida aún en el arte religioso
del próximo Oriente, de Grecia, los Balcanes y Rusia.Constituye uno de los
episodios más grandiosos del arte universal. Se fundamenta en el arte griego y
paleocristiano, con grandes influencias orientales (persa y musulmana).
Para los templos, se usa con preferencia la planta centralizada o de cruz griega
con grandes cúpulas sobre pechinas. Aunque los materiales constructivos no
son especialmente ricos, sí lo es su decoración a base de mosaicos y pinturas
murales, donde la representación de la figura humana, solemne y hierática,
genera una gran sensación de espiritualidad que heredará posteriormente el
arte románico.
La expansión de la cultura bizantina
El primer logro cultural que tuvo Bizancio, como ya lo habíamos mencionado,
fue con los grupos eslavos y búlgaros en el siglo VII.
Hacia el siglo IX se forman dos focos de unificación política: Novgorod, cerca
del mar Báltico, se instauran misioneros alemanes; y Kiev, cerca del mar
Negro, misioneros bizantinos. Lo anterior facilitó la aculturación de los
eslavos.
En el siglo X, el príncipe de Kiev, contrae nupcias con una princesa bizantina,
por lo que Kiev pasaría a ser cabeza de los pueblos eslavos. Este hecho no
pudo consolidarse, ya que en el siglo XIII los mongoles someten a los pueblos
eslavos.
A finales del siglo XIII, el imperio mongol pierde cohesión y lo reyes de
Moscú se anexan el reino de Novgorod, parte de Lituania y Kiev. Desde la
caída de Constantinopla, Moscú reivindica la herencia cultural de Bizancio y
se convierte en la “tercera Roma”. Sus emperadores, los zares, alcanzaron
suprema autoridad.


Gobierno de Constantino I El Grande
Flavio Valerio Aurelio Constantino nacido en nació en Naissus (la actual
ciudad de Niš), hijo de Constancio Cloro, y su primera esposa Helena. En 292
el padre de Constantino se casó, en segundas nupcias, con Flavia Maximiana
Teodora, hija del emperador romano de occidente Maximiano. Teodora daría a
Constantino seis hermanastros. Fue Emperador de los romanos desde su
proclamación por sus tropas el 25 de julio de 306, y gobernó un Imperio
romano en constante crecimiento hasta su muerte. Se le conoce también como
Constantino I, Constantino el Grande o, en la iglesia ortodoxa, las antiguas
iglesias orientales y la iglesia católica bizantina griega, como San Constantino.
La crisis de cultura y de religión que atravesó el Imperio romano en el siglo
IV, es uno de los fenómenos más importantes de la historia universal. La
antigua civilización pagana entró en conflicto con el cristianismo que,
reconocido por Constantino a principios del siglo IV, fue declarado por
Teodosio el Grande, a fines del mismo siglo, religión dominante y religión del
Estado.
Cabía suponer que aquellos dos elementos adversarios, representantes de dos
conceptos radicalmente opuestos, no podrían, una vez iniciada la pugna,
encontrar jamás ocasión de acuerdo y se excluirían el uno al otro. Pero la
realidad mostró todo lo contrario. El cristianismo y el helenismo pagano se
fundieron poco a poco en una unidad e hicieron nacer una civilización
cristiano-greco-oriental que recibió el nombre de bizantina. El centro de ella
fue la nueva capital del Imperio romano: Constantinopla.
Constantino reconstruyó y amplió la ciudad griega de Bizancio (la actual
Estambul), a la que cambió el nombre por el de Constantinopla (330) y
convirtió en capital cristiana del Imperio, en sustitución de Roma, símbolo del
paganismo. Con ello hizo bascular el centro político del Imperio hacia el este,
suministrando una capital magnífica al futuro Imperio Romano de Oriente
(Imperio Bizantino) y, desde 1453, al Imperio Otomano.

En lo político, puede decirse que con Constantino culminan las tendencias
autoritarias y dirigistas del reinado de Diocleciano, completando la evolución
del Imperio hacia el absolutismo: los Senados de Roma y Constantinopla
pasaron a ser asambleas representativas meramente municipales; se reforzaron
el ejército -especialmente el del interior-, la policía y los servicios de
información; se reestructuró la Administración en un sentido centralista; se
desarrolló una burocracia jerárquicamente organizada a las órdenes de un
Consejo de la Corona; y se estableció un riguroso ceremonial cortesano
tendente a resaltar la supremacía del emperador y su carácter divino.
“El reinado de Constantino es uno de los más dignos de ocupar la atención del
hombre pensador. Ora se observe la decadencia del colosal Imperio Romano,
inevitable por las circunstancias en que se hallaba envuelto” (María de Lara)
“La revolución religiosa que hizo Constantino en 312 fue probablemente el
acto más audaz que nunca haya realizado un autócrata, al desafiar y
despreciar las creencias de la mayoría de sus súbditos” (Paul Veyne)
Se permitió la construcción de nuevas iglesias y los líderes cristianos
alcanzaron una mayor importancia (como ejemplo de ello, los obispos
cristianos adoptaron unas posturas agresivas en temas públicos que nunca
antes se habían visto en otras religiones). El cristianismo pasó así de ser
perseguido a perseguidor. Constantino eso se hizo nombrar por los cristianos y
que lo honraron como "obispo de obispos", mientras él se hacía llamar
"Vicarius Christi", Vicario de Cristo. Debemos advertir que esta frase (no es
casualidad ¡obviamente!) traducida al griego, literalmente significa Anticristo.
Siendo Constantino el prototipo del Anticristo que vendrá de acuerdo a la
profecía Bíblica..Se casó dos veces la primera esposa, Minervina con quien
tuvo un hijo, Cayo Flavio Julio Crispo. En 326 la segunda mujer de
Constantino I, Fausta, le acusó públicamente de haber tratado de seducirla, por
lo que fue inmediatamente ajusticiado por orden de su propio padre, que no se
dignó ni siquiera a escucharle. Éste hecho no impidió ser reconocido como
"santo".

Constantino nunca había recibido el bautismo. En su lecho de muerte cambió
sus ropajes imperiales por la vestidura blanca del neófito y fue bautizado por
Eusebio, obispo de Constantinopla. Murió el 22 de mayo de 337, y fue
enterrado en su iglesia de los Apóstoles en Constantinopla. Dejaba el Imperio
repartido entre sus tres hijos, Constantino II el Joven, Constante I y
Constancio II, y sus dos sobrinos, Dalmacio y Anibaliano, pero los conflictos
entre ellos obligaron a que, después de su muerte, Constantino siguiera
reinando nominalmente durante varios meses. Dalmacio se hizo con el control
del área de Constantinopla y los Balcanes; Constantino II, el mayor de los
hermanos, controlaba la parte occidental del Imperio, hasta Treveris;
Constancio II era el dueño de la parte oriental hasta Antioquía, mientras que
Constante se encargaba del gobierno de Iliria, Italia y África y finalmente otro
sobrino, Anibaliano, gobernaba con el título de rey la parte oriental de Asia
Menor.