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AGOSTO

24
1912.
(ARASv^RE-tííS
Núm
725
PERDIENDO EL TIEMPO
~ ¡Be l a emboqué l i ndo, compadrel
— €s al ñudo; este sapo se l o t r aga toOo.
Dígase lo que se quiera,
EL
TÉ LIPTON
ES SIEMPRE EL MEJOR
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Ninguna í)e ellas
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XE^ATROS £^.
W^x>;fc>:«»>.«»L»sr.'jBWPJKi»ss'.*t»i»WB-.:»;i»«:.v«v:«air-.»»v*t-.^»»v«ííi
El art e universal contemporáneo ha
perdido, con la desaparición de Jules
Massenet, á una de sus figuras más
admirables. A pesar de que' el autor
de «Manon» habí a llegado á la senec-
tud, aún podían esperarse nuevas flo-
raciones de su espíritu Uenode gracia
suprema y de inspiración' perenne.
Había nacido en Montaud, afines
de 1842; siendo casi adolescente,
abandonó su hogar burgués de Saint
Etienne y se instaló en París. Como
los personajes de Murger, hizo vida
barriolatinesca y- como los de la
«Luisse* de Charpentier, vivió inten-
samente los primeros, año? de ese
Montmartreíadoraljle; del que ya no
quf -lan sino .vestigios, en los: cartones
(Je Gavarny. Apenas matriculado en
el Conservatorio, obtuvo el primer
premio de piano. Pero sus aspiracio-
nes no finicaban en la interpretación
de los grandes compositores, sino en
llegar á ser creador de belleza. Se
acercó á Bazin; asistió con una asi-
duidad extraordinaria á sus clases,
pero el célebre maestro de fuga )•
cont rapunt o, desconociendo el talen-
to de Massenet, le echó ignominiosa-
ment e del Conservatorio. Tal afrenta
produjo en el futuro autor de «Le rol
de Lahore» un derrumbe espiritual.
Cinco años estuvo vagando por el
Barrio Latino, viviendo de milagro
como los pájaros del Luxemburgo.
Una noche, sentado en la enorme es-
calinata de San Sulpicio, toda baña-
da de luna, t uvo la visión de Manon.
Reconstruyó de ideal su alma en un
súbito entusiasmo y al día siguiente se
presentó en las clases de Riber. En la
primavera de 1863 obtenía el gran
Premio de Roma y emprendía luego
su viaje á Italia, Luego hizo una ligera excursión
por Alemania y Hungría, hast a que en i866 fué á
disputar su triunfo á la victoria con la «Pómpela».
No tenía aún su per-
sonalidad, ni su esti-
lo hechos. I mi t aba á
Wagner hast a beber-
le el aliento. Su éxito
resultó rnedipcre. Es-
cribió en seguida «La
grande Tanté», una
ópera cómica á- la-
que se le hizo la cons-
piración del silencio;
comentó mu s i c a l -
ment e los «Poéfnes
d'Avril», y desde «Les
Evinys» á «Eve», fué-
de fracaso en fraca-
so. Dueño ya de una
f u e r z a espiritual
enorme, presintién-
dose triunfador en
medio de t ant a, des-
ventura, libró la ba-
talla definitiva con
«Le roi de Lahore»,
Aatógiaio y retrato de Massenet.
obra llena de energía y de colorido,
en la que se unen la inspiración con
la gran ciencia instrumental. Desde
entonces atravesó por la vida como
un vencedor glorioso. «Manon» le es-
peraba con las mejores rosas 'del pe-
cado y aunque luego vinieron expre-
siones de art e t an extraordinarias co-
mo «Herodiade», «Le Carillón». «Wer-
ther», «La Navarraise» y '«Le Jon-
gleur de Notre Dame», la heroína
del abat e Prevost afirma lá inmor-
talidad del ya ilustre corripositor.
Massenet es el músico del amor,
de la t ernura infinita y de la melan-
colía sin consuelo.
Su popularidad no tiene fronteras.
¿Quién no se ha sentido subyugado
ante el encanto de sus dulces melo-
días, en las que, según la acertada
síntesis de Ojeda, parecen cantar las
hadas estremeciéndonos de intenso
goce «en el físico placer de una mú-
sica de divina sensualidad»?
Por esa sensualidad que nos arre-
bat a en su onda; por su aristocracia
voluptuosa; por la facilidad con que
nos conmueve, la música de Masse-
net marca un jalón en el art e lírico
de fines del siglo xi x y se avent ura
en un infinito triunfo á t ravés del
futuro.
Massenet ha muerto rodeado de
todos los halagos del art e y de la for-
t una. Inmensamente rico 5' univer-
salmente considerado como uno de
los más grandes compositores de la
época, no gustaba, sin embargo, ha-
cer vida tranquila. Las luchas del
t eat ro le at raí an con igual entusias-
mo que en sus primeros años de ini-
ciación; y si se exceptúa la noche del
estreno, en que aguardaba en su casa
los ecos del éxito, dirigía personalmente las repre-
sentaciones de sus obras. Cuando últimamente, at a-
cado de terrible cáncer, llegaba al t eat ro para po-
nerse al frente de su
orquesta, los amigos
íntimos le insinua-
ban discretamente la
necesidad de una re-
clusión temporaria.
«Representar l a s
obras propias y no
dirigirlas, decía, es
como casarse por po-
der». Dos días antes
de la crisis definitiva
de su mal, dirigió «Le
Jongleur de Notre
Dame».
L o s autógrafos
que completan estos
ligeros apuntes per-
tenecen á la colec-
ción hermosísima de
la señora Susana To-
rres de Castex. Est a
dama argentina, que
posee un verdadero
Primeros compases de la partitura autÓRrala de «Manon».
TEATROS
tesoro enautógrafos de los
más esclarecidos poetas,
novelistas, sociólogos ymú-
sicos antiguos de todos los
tiempos, nos ha facilitado
también el material gráfico
con que conmemoramos las
representaciones de «El cre-
púsculo de los dioses» en el
Colón, que hanconstituido
el acontecimiento lírico de
mayor relieve en el año.
Traducimos «Coetterda-
emmeneg» por «Crepúsculo
de los dioses», de acuerdo
con los programas, aunque
en puridad, debiera decirse
«Ocaso», como observa muy
at i nadament e Ernesto de la
Guardia en el reciente libro
en que estudia la formida-
ble part i t ura de Wagner.
Mugnone nos ofreció con
la Krusceniska, hace años
en la Opera, tres audiciones
de «El ocaso de los dioses»;
pero enrealidad, su verda-
dero estreno ha tenido lu-
gar en el t eat ro municipal
bajo la dirección de Toscanini.
Jamás hemos presenciado un es-
pectáculo lírico t anestupendo. Or-
questa é intérpretes responden en
un todo á las exigencias más terri-
blemente wagnerianas. En Bayreut h
mismo, estas audiciones habrían re-
sultado admirables. La Weid y
Ferrari-Fontana han contribuido
principalmente á la labor incalcula-
ble de Toscanini y de su orquesta.
La marcha de Sigfrido, especial-
mente, ha subyugado al auditorio
en todas las audiciones, t ant o en las
La familia de Wagnei.—Retrato sumamente laro y cuya
leproducción se hace hoy por primera vez.
desto. ¿No podría la Muni-
cipalidad influir para que se
dedicase una matinée á los
alumnos de los conservato-
rios, á precios ínfimos?
— En los demás t eat ros
las novedades han sido es-
casas.
Se marchó la compañía
Moncayo á Chile yocupó el
escenario del San. Martín
Leopoldo Frégoli; Guitry,
que debía haber debut ado
el lunes pasado, resolvió
marcharse t ambi én á Chi-
le, pero á la hora en que es-
cribimos estas líneas, hállase
detenido enPuent e del In-
ca á causa de la cerrazón de
la cordillera.
. En el Mayo, estrenó Pal-
mada «La Cocina», un l,'._.do
saínete de Antonio Ramos
Martín, hijo del celebrado
Ramos Carrión. La feliz
obrita entretuvo mucho
por la atinada pintura de
los tipos, en su mayoría
'••w..-?...
• • - • í '
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-r^:.. ¿-a¿.,/.#.": — ^
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J_^ ,„\ A'-.'^t'.' :.^.-.VJÍ.-J,' Í,,. á
S,. f;. (^i.yi~m>i^ hí.-
•l..,.-ldu.- j,.j2Jk^-lL.
á.AÍuy. „,
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Att-v
- / • - • • • •
Otro iragmento del pasaje de Wotan.
Autógrafo y firma de un fragmento de «El ocaso de los dioses».
d e abono, criados, que enrealidad sonnuestros tiranos, se-
como enlas gún la punzant e sátira de Tristán Bernard, enuna
i nj ust i fi ca- de sus últimas comedias.
dament e lia «La Cocina» pone una nota de art e simple yame-
madas po- no en la «degringolade» del género chico,
pulares. La producción nacional destacó dos éxitos:
C u a ndo «Claudio Borges», drama de Tito L. Foppa, y «El
se represen- indio rubio», escenas de la mala vida porteña, re-
tó, á princi- producidas por Elias Alippi.
píos de la «Claudio Borges» responde á la tendencia de su
t empor ada, autor, que gusta de convertir el escenario ent ri buna
«Tristán é de ideas revolucionarias. El drama, bien compues-
Isolda», abo- to en sus actos segundo ycuarto, fué aplaudidísimo.
gamos por No ha sido, por lo t ant o, la semana de las que
las funció- dancopioso t ema al cronista, pero ha tenido por
nes wagne- lo menos una not a sobresaliente en la represen-
rianas al al- tación de la gran part i t ura wagneriana.
canee de l • . '
público mo- ' • • - • "• • ENRIQUE GARCÍA VELLOSO.
I;
J
r
' ^••^••f
E n lo s d í a s f r í o s ,
si el organismo no es fuerte
ó no se halla momentánea-
^ ^ y mente E N CONDICIONES de
resistir los rigores del invierno,
esas traidoras I NFECCI ONES
PULMONARE S pueden, aun
en las personas de aspecto más
robusto, convert i rse, rápi dament e
en males incurables.
I P E R B I O T I N H
MflbE Seí
P R O T E GE E FI CAZM E N T E AL O R GAN I S MO ,
dando á. l a sang-re g-lóbulos rojos, vigrorizándol a y
purificá.ndola. E s el tónico niicrobicl da cuyo val or
ya nadie discute .
V E N T A E M T O D A S L A S D R O G U E R Í A S Y F A R MA C I A S
Preparación patentada del Establecimiento Químico Dr. Maiesci. Firenze (ltali§i)-
Desde el estreno de la interesantísima pantomi-
ma «Deuda Sagrada», obra en que, según dimos
cuenta, hizo su reaparición el gran Severin, logran-
do todo un suceso, las representaciones de t an pre-
ciosa pant omi ma se vienen contando por llenos y
por nuevos triunfos para el eximio mímico que ha
hecho una admirable creación dramática al inter-
pret ar el personaje protagonista de «Deuda Sagrada»
confirmando así, una vez más, las altas dotes do
verdadero actor que posee de modo incomparable,
á la par que de excelente director de escena, rol en
el que trabaja con una actividad y perseverencia
que rarament e hemos podido ver igualadas.
Actualmente y cuando todavía esa primera obra
de la serie de los grandes estrenos que nos ofrece
para esta su segun-
da' temporada, puede
decirse que está re-
cién estrenada, traba-
ja ya con infatiga-
ble empeño en los en-
sayos y preparación
escénica de otra nue-
va pant omi ma, ti-
t ul ada «La hija del
Montañés», drama de
l a época de Luis XI I I
y en el que tenemos
noticia que t ant o la
part e escénica y ves-
tuario, como su ar-
gumento superan al
de «Deuda Sagrada»,
lo que no es poco
decir.
Severin prepara y
ensaya sus obras con
un concienzudo em-
peño, y sólo las pre-
senta a l p ú b l i c o
cuando su exigente
criterio juzga que
no flojean ni en un
detalle y cuando el
conjunto del servi-
cio de la escena y
de la actuación de
los personajes la en-
cuentra p e r f e c t a -
ment e ajustada y co-
rrecta á su extre-
mada delicadeza de
art i st a y de director.
Ejemplo raro, t an-
to como plausible.
en estos tiempos en que por desgracia, el art e
escénico se ve pospuesto en la genei'alidad de los
casos al interés egoísta de boletería que sólo pide
estrenos continuados, sea como fuera.
Preparémonos á deleitarnos con el próximo es-
treno de esa nueva pantomima, en la que, á no du-
dar, Severin logrará un nuevo é indiscutible triunfo.
Ent r e t ant o sigue el público asiduo del Casino
aplaudiéndole justiciera y calurosamente y gustan-
do á la vez los otros diversos números de los intere-
santes programas que diariamente prepara la in-
cansable empresa de ese music-hall y en los que se
mantienen preferentemente, logrando merecidos
aplausos, el notable circo Tschernofí' s que desde
su estreno, reseñado en esta crónica á debido tiem-
po, no ha decaído
la gran atracción que
sin cesar ofrece con
s u interesantísimo
repertorio.
Cierto es, que di-
fícilmente p o d r a
ofrecerse otro núme-
ro de este género
que le iguale, pues
la gran cantidad de
intérpretes de los
diversos espectácu-
los que presenta y
q u e consisten e n
preciosos caballos,
p a l o ma s , gatos y
p e r r o s admirable-
ment e amaestrados
no se puede reunir
todos los días.
Es i'ealmente un
animadísimo é inte-
resante número, que
no en balde ha lo-
grado fama mundial
en cuan-to á la ri-
queza de su vestua-
rio, así como á la
perfección de sus in-
numerables animales
amaestrados, q u e
forman ciertamente
una magnífica colec-
ción de intérpretes
irracionales y que
se hacen aplaridir
t ant o como su di-
rector.
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GRANDES PREMIOS ADJUDICADOS á "SARITONA N° 1"
V á SARITONA N° 2" en FRANCIA, INGLA TERRA é ITALIA
SARITONA N.° 1. — Cura y engorda los ovinos que enflaquecen, debilitan y se ponen anémicos y raquitioos
por comer tierra, por causa de la diarrea del verdeo ó á consecuencia de la infección por sagiiaj'pés ó de lombrices
én el hígado, en el cuajo ó en las vías respiratorias.
SARITONA N." 2. — Cura y engorda á los vacunos y yeguarizos que enflaquecen, debilitan y se entecan por
efecto de la diarrea ó á consecuencia de la infección de lombrices en el estómago é intestinos. SARITONA N.° 2
cura y engorda rápidamente á los caballos atacados por las larvas del Gastrof ilb y que se enferman, como dicen
én el campo, de la enfermedad del gusano en el estónago.
SARITONA N.o 1 (para las ovejas) y SARITONA N." 2 (para los vacunos y yeguarizos) son los únicos remedios
que están dando excelentes resultados prácticos desde hace 4 años, .Son los únicos cuya eficacia está comprobada
por innumerables testimonios ya publicados de estancieros conocidos, argentinos y extranjeros, y son los únicos
que han conseguido obtener las más altas recompensas en el extranjero, como ser Diplomas, Medallas de Oro y
Grandes Premios adjudicados en Francia, Inglaterra é Italia, porque son los únicos remedios de acción preventi-
va, vermicida, curativa y vigorizante real y efectiva, y por consiguiente, infinitamente superiores á cuantos re-
medios ó específicos importados ó fabricados en el país se encuentran en plaza para los fines arriba indicados.
Más vale prevenir que curar, y para que Vd. no se vea en el caso do tener que lamentarse de pérdidas por en-
fermedades y muerte de sus animales, implante Vd. en su establecimiento la regla de conducta sigviiento: 1.° Cvi-
r'ar y engorclar á los animales ya enfermos dándoles SARITONA y repitiendo el tratamiento las veces que sean ne-
desarias; 2." Pero al mismo tiempo curar y vigorizar con SARITONA á todo animal aparentemente sano ó poco
enfermo, que por padecer de diarrea por verdeo ó por cualquier otra causa empieza á enflaquecerse y á debilitarse
y va en camino de enfermarse como los anteriores. . .
¡¡No deje Vd. enfermar y morir sus animales, pues estafen sus manos el impedirlo si procede con inteligencia,
con constancia y con energía para vencer prejuicios y desconfianzas é implantar las buenas prácticas en el esta-
blecimiento!! • •
Pídanse instrucciones, testimonios y remedios á ,
R. LYNCH - Carlos Pellegrini, 224
SARITONA es i no cua, no daña á la leche y no necesita técnica especial par a dar la.
De España
La infanta Isabel en Barcelona y en Tarrasa
En Barcelona, el 15 de julio.—La
infanta desembarcando en el mue-
lle, acompañada de las autorida-
des.
La infanta, en el momento de izar
personalmente el pendón de Cas-
tilla en los terrenos del Real Club.
Firmando el acta de toma de posesión de los terrenos en
los cuales se construirá el nuevo edificio social del Real
Club de Barcelona, cuyo modelo en yeso se halla sobre
la mesa.
La infanta desembarcando
en la Puerta de la Paz.
Llegada á Tarrasa, el dia 17 de julio.—La infanta frente á las casas con-
sistoriales, donde se verificó una recepción.
En la Sala Plat de las escuelas in
dustriales de Tarrasa, con el al-
calde de la ciudad.
' ' •' •"•-•fH-
f
1
k
Visita al sanatorio antituberculoso «Torre Bonica».—El presidente de la junta pro-
vincial contra la tuberculosis, señor Vidal Ribas, con la infanta.
En Monistrol.—La infanta al bajar del ferroca-
rril á cremallera de Monserrat, en Monistrc I,
para tomar el automóvil que la condujo á Bar-
celona, , .
Tarde ó temprano
Vd. probará uno de los gustos de
TE SQL
y entonces sabrá porqué TE SOL es tan popular.
"TE SOL" ES DISTINTIVO - ES INDIVIDUAL
Con una sola vez que pruebe
este té excepcional, quedará
usted convencido que ninguna
otra marca se le puede comparar.
Posee un encanto nunca reve-
lado anteriormente, un sabor y
fragancia distinto á cualquier
otro.
¿Por qué no agrega este nuevo placer á su mesa de té?
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Tucumán, 345
BUENOS AI RES
Juncal, 111
MONTEVIDEO
J l
De España
En el ministerio de Estado.—La comisión de Dinamarca que ha El 7 de julio.—Los milicianos nacionales á su paso por la calle de
ido á España & dar cuenta del nuevo reinado. Toledo, de Madrid, dirigiéndose á San Francisco el Grande.
La infanta Isabel distribuyendo los premios á los alunónos que ob- Entierro del capitán Bayo, muerto á consecuencia de una caída
tuvieron medallas y diplomas en la fundación Caldeiro. de aeroplano, en la escuela de aviación de Carabanohel.
El nuevo lerrocarril de Zuíre á Santaólalla.—La primera looomo- El nuevo ferrocarril.—Autoridades y pueblo esperando la
tora al llegar á Zufre (Huelva). del primer tren á la estación de Zufre.
P . H A R T M A N S H E N N Y
GRAN CONCURSO ^ ^ n s i n J L
C ierra el lunes 2 6 del
presente, á las 6 p. m.
A bsolutamente -
G R A TIS
Los señores Pi ni Hnos. y Cía., deseosos de recompensar en algo la bondad del público en
el enorme consumo de su famoso aperitivo "PINERAL". han decidido otrecer la suma de
$ 5000, absolutamente GRATIS, bajo las condiciones siguientes:
1 Gran Premio de $ 2.000
2 Premios de $ 500 s» 1.000
10 r> > s. 100 !> 1.000
50 » > !> 10 » 500
100 » » » 5 » 500
163 Premios Total $ 5.000
La única condición para tomar part e en este
concurso, es el remitir la cédula que contiene la ampolla, de la cual hay una en cada botella
de "PINERAL", conjuntamente con el nombre y dirección del remitente y contestación
á la siguiente pregunta:
¿Qué cantidad de inmigrantes entrarán at país, durante el próximo mes
de agosto?
El primer premio se acordará á la persona que acierte el número exacto y los premios
siguientes á los que se aproximen más.
Si nadie acertara el número exacto, se adjudicará á aquel que más se aproxime.
En caso de empat e será adjudicado ei premio por sorteo.
Par a mejor ilustración del público y principalmente para las personas que deseen t omar
part e en este concurso, se les comunica que el número de inmigrantes que entraron al país
durante el mes de agosto de 1911 fué de 7736.
Este concurso terminará el oía 26 5e Agosto
á las 6 p. m., y no se tomará en cuenta cualquier
carta que llegue después Óe ese oía y hora.
Una misma persona puede enviar las contestaciones que desee, siempre que llene las
condiciones estipuladas. . .
Las contestaciones deben ser dirigidas á "Concurso PINERAL", al cuidado de "Caras y
Caretas", Ghacabuco, 151, Buenos Aires.
NOIA IMPORTANTE: — Como que Kraa parte de Jas cédulas son premiadas, éstas pueden set uobradas en .os escritonoi
de los señores PINl Hnos. y Cia., Avenida de Mayo, 1061, donde adem&s del premio será devuelta la céduia 'nutuizada
y váLda para tomar parte en este Concurso.
Pegar aquí la
CORTE AQUÍ
cébala que contiene la ampolla.
inmigrantes, entrarán al país durante el mes de Agosto.
Nombre .'......! Domicilio ^
De Francia
Maniobras navales en el Mediterráneo
La segunda escuadra, afacada el 18 de julio ror los confraforpederos, délos cuales se distiani'ta io» i,cuhoiiu¿ út uuuiu.
El príncipe de Gales en el Elíseo
Después de haber lecilildo las insignias de la sran cruz, el príncipe de Gales, acompañado del coronel Fenelon, que lleva el diploma,
vuelve á su automóvil saludando de paso al piquete de infantería que le rinde honores.
Fallecimiento del señor Henri Poincaré
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Y A L E & T O W N E
Cuando Vd. necesite una Cerra-
dura, un Picaporte ó un Candado
seguros; cuando Vd. necesite
Herrajes que precisen hermanar
belleza y utilidad, fíjese que todo
ello esté marcado "YALE" - -
Hoy en día el nombre "YALE"
aplicado á Cerrajería y á Herra-
jes, destácase como el símbolo
aceptado de excelencia.
Hoy, ea nuestros Talleres de Stamford,
Conn., E. U. de N. A., más de tres mil obre-
ros están atareados en la creación siempre
creciente de la corriente de Productos de
Yale (cerraduras, picaportes, candados, re-
sortes cierra-puertas y herrajes que de
ellos fluye hast a los mercados más apart a-
dos del mundo.
La demanda, siempre en aumento t am-
bién, de Cerraduras y Herrajes de Yale en
este país de progreso, nos ha inducido á en-
viar un representante á Buenos Aires.
Su misión es hacer todo lo necesario para
que Vd. pueda ent rar en cualquiera buena
Ferretería con la seguridad de encontrar en
ella Cerraduras, Picaportes, Candados y
Resortes de Yale, y para que Vd. se en-
tere de lo que podemos ofrecer en Herrajes
de Yale. .
A. MOSQUERA.
Representante.
Balcarce, 278.
Escritorio 315.
Buenos Aires.
Rousseau, músico
La ciudad de Gi-
nebra, y con olla el
mundo entero, aca-
ba de conmemorar
solemnemente e 1
segundo centenario
del nacimiento de
Juan Jacobo Rous-
seau, el célebre filó-
sofo, autor de Emilc
y de Confessions.
Ninguno de los
p a n e g i r i s t a s do
Rousseau se ha ocu-
pado de su persona-
lidad como músico
y, sin embargo, fué
formidable critico
musical y composi-
tor excelente.
Juan Jacobo tuvo
un soberano talento
de artista, y su obra como músico lia sido de las más
provechosas para el arte.
Rousseau tomó parte activa en las luchas musicales
célebres que se verificaron en su tiempo. Encendida
la guerra artística y musical entre franceses é italia-
nos, tercera de la serio de batallas famosas entre el
arte y Ja rutina, á mediados del siglo xiii, Juan
Jacobo fué el paladín más entusiasta' del arte do los
segundos. Nos referimos á la Guerra de los bufones (lla-
maban así á los italianos). A Francia habían ya im-
portado su música, en diferentes ocasiones, los últi-
mos. En el siglo XVII la ópera les había debido su
creación; más tarde, á fines del xviii, algunos afi-
Roussean.
Interior del cuarto de Rousseau, en la isla de San Pedro. (De una
litografía de 1819).
clonados que viajaron por Italia, volvieron entusias-
mados de sus cantores y de su música, dando esto mar-
gen á que las luchas anteriores se recrudeciesen, mer-
ced á haber aparecido muchos años antes una obra que
se titulaba Paralelo entre italianos y franceses, por el
abate Francisco Raguenet, que era una ingeniosísima
cuanto cruel diatriba, á la que contestó otro aficio-
nado, Fresneuse Lecerf de la Vieuville, en favor do
los franceses, con el Paralelo entre la música italiana
y la francesa. Caldeados los ánimos, estas rencillas
fieron agriándose hasta por los franceses entre sí, unos
defendiendo á Lulli y otros á Rameau, llegando, por
fin, á su periodo álgido en 1752. Esta Guerra de los
bofunes dio lugar á una célebre disputa literaria en
prosa y en verso, llena de ataques y de respuestas,
de panegíricos y de libelos, siendo los más formidables
combatientes los filósofos. Como hace observar La-
voix; Grimm, Diderot, el barón do Holbach, Cazotte
y Freron fueron los campeones de los franceses, que
dieron el golpe más sensible con la publicación de El
pequeño profeta de Bohemischroda, libro lleno do gracia,
lanzado por Grimm en lo más rudo do la lucha. Pero
los italianos contaban con un vigoroso adalid, que,
como ellos decían, valía él solo por un ejército, y era
Juan Jacobo Rousseau, que confundió á los enemigos
en su Carta sobre la música francesa.
A Juan Jacobo Rousseau se debe la definición de
Rousseau, músico
la música, si bien
más errónea é in-
completa, sin em-
bargo, más extendi-
da entre cuantas de
olla se han dado, de
que es el arte de
combinar los soni-
dos de lina manera
agradable al oído.
Por una de esas
contradicciones, tan
familiares en Rous-
seau, éste, que tanto
había combatido la
m ú s i c a francesa,
presentó á la Acade-
mia de música el 1."
de mayo de 1753
una ópera francesa
titulada El adivino
de la aldea, que
Eelrato de Rousseau, por J. M. Sockler aquélla premió. Es-
(1771) ^^ opera cómica vino
" • á romper los anti-
guos moldes y á
protestar contra el lenguaje excesivamente pomposo
de las obras de este género, enlazando amistosamente
la parte literaria con la dramática y musical, sin abu-
sar de tan opuestos factores. Las escenas eran de un
regular estilo, pero de una expresión tierna y apropiada.
La obra tuvo un éxito colosal, y puede afirmarse que
fué el punto de partida de las óperas de semi-carácter,
que alternaron en las tragedias líricas de la Academia
de música.
Esta doble manifestación de su genio, acarreó á
Rousseau profundas envidias y sinsabores. Para las
gentes existía el Rousseau escritor, el Rousseau filó-
sofo, pero no el Rousseau músico. Se creyó' que las
obras estaban escritas por algún amigo compositor,
y pocos fueron quienes mostráronse convencidos de
sus dotes artísticas, revoladas tan de repente y con
un triunfo tan enorme como el que proporcionó el
Devin de Village.
Si atrevido se hubo de manifestar Rousseau en sus
ff^ - Ü^Kwmi nK ^B^
S^
• Jj f e
1 ^^
^^i MMÉHi
w S P ^ i «^^18HB
iitll^jllii
A 0 9 H U ^« H I .
La casa de Rousseau, en Motiets (Suiza).
teorías filosóficas, no lo fué menos en las musicales.
Su raro talento, su jjrodigiosa clarovidencia, era sor-
prendente, patrimonio de los elegidos. Rousseau, en
el siglo XVII, calificaba de imperfecto el actual sis-
tema de música, que hoy se está tratando de modificar.
La obra de Rousseau, sí es limitada, no deja, sin
embargo, de ser de las más aceptables. Su Dictionnaire
de niusique es una hermosa página de erudición mu-
sical, de observación fina, que será siempre leído con
interés; un arsenal de conocimientos que le costó
largos años de labor. En su líssai sur Voirigine des lan-
gues, manifiesta excelentes ideas, sobro la imitación
musical.
Además de estas obras y del Devin du Village,
Rousseau compuso muchos otros trabajos.
E s c a le r a s h a s t a 1 8 me t r o s .
PIDAN CATALOGO 50.
Los proveedores de osos
Buscando al oso ea su misma madriguera, mientras está invernando.
va acuraulando encima cubre por completo el dormi-
torio y su ocupante, pero la respiración cálida del oso
acaba por abrir en la nieve un pequeño orificio, que
hace las veces de ventilador. Cuando los cazadores
descubren uno de estos respiraderos, quitan nieve, hasta
dar con el oso. Si es grande lo matan de un tiro, si es pe-
queño, lo atan y cuando despierta se encuentra cautivo.
Los cazadores que se ven en esta escena de paisaje
nevado y con trajes de pieles, se ocu]jan en cazar osos
vivos, con destino á los jardines zoológicos. La cosa
ocurre en el norte del Canadá. Allí, como en todas
partes, al llegar el invierno se aletargan los osos en
el fondo de sus oseros, que suelen ser una cavidad
entre las raices de algún árbol añoso lía nic\c que ' e
Cilidad ej écanamía
Je^iinjea htienaómala
25 centavos de harina real-
zan ó echan á, perder comída^r
coáioáas como jer, mafaói Ja¡Jéu,peJcado,
t/ mil olroJpiahj,'
cíj ejtd en Jíi c^yjiumire comer cocina
re/ínada debe M7comple¿ar¡a uJanda
la harirui
lafimoJa marca gue iamlien
usan en juj panej todoj> loJ pana-
deros de la J(epública
llllllllli c: -. elegir la lámpara
1 HILIPS" c^e hilo estirac)o f
;-ccn oira lámpara, desconfie, pues le II,
rán una lámpara más frágil. |
I
Economía 75 °/o ^ Luz blanca
f¡¡nnnmuuinimiuimiiiii'iiimii'i!i¡iiiiiuiiiiiiimitiiiiiiii;;:iiiii¡iii!imiiiiiiiiiiiiiltiiiiitiiiii
Para informes:
Jugando á los indios
Así como nuestros peque-
ñuelos gozan lo indecible ju-
gando al rescate y á la man-
cha, los niños yanquis, y so-
bre todo los de California,
no encuentran diversión me-
jor que el juego de los in-
dios. Las novelas de aven-
turas, las películas cinema-
tográficas y el ambiente
mismo que les rodea, y en
el que un tiempo vivieron
las tribus pieles rojas, hoy
emigradas al interior ó ex-
terminadas por completo,
despiertan en ellos esta afi-
ción, y los padres se encar-
gan de fomentarla, pues es-
t e juego, con sus escenas al
aire libre, sus fingidas ba-
tallas, etc., constituye un
ejercicio físico muy conve-
niente para la infancia y
desarrolla en ésta el amor
al campo, á la naturaleza
y á las empresas difíciles
y heroicas. El parque de
Golden Gate, en San Fran-
cisco, es el sitio preferido
. para este juego, y durant e
todo el verano se ven en él
con frecuencia verdaderos
campamentos, con sus tien-
das indias en miniatura, entre las cuales van y vie-
nen los comanches y siux en miniatura, muy pues-
Los niños, vestidos de indios
la
tos de plumas en la cabezay
armados con lanzas, arcos,
escopetas y t omahawkst odo
ello,por supuesto, de jugue-
te y completamente inofen-
sivo.
Otra de las faces buenas
de esos juegos campestres
está en que los niños apren-
den con ellos muchas pági-
nas de la historia de su país
en una forma fácil y de t al
modo vivida que no se les
olvida nunca. Son esas pá-
ginas las relativas á las he-
roicas luchas de la civiliza-
ción contra la barbarie á
que tuvieron que dedicar
hombres y tiempo los po-
bladores rechazados por los
indios que robaban todo lo
que les representara un
cambio de vida y sobre t o-
do cuanto pudiera parecer-
se á una invasión violenta
al territorio ocupado desde
siglos y siglos por su raza,
que desgraciadamente n o
resultó apt a para la civili-
zación.
No hay necesidad de decir
que con esta nueva moda es-
tán haciendo su agosto los co-
merciantes de juguetes de San Francisco, cuyos ne-
gocios se ven llenos de trajes indios, armas y trofeos.
y dedicados á la caza, la pesca y
guerra.
Tctóíonos:
Unión, 2075 ( Liltcrtad )
Coop. 1857 ( Central )
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-i
i L„„
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[3n
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Aposento Luis XV, nogal ciré, para matrimonio „ 1 9 5 . -
La misión Legendre
(Esjecial para Caars y CaieCas)
i ^%^.
Una lamilia china, de las cuales, en las marchas poi el Tibet, van las
muiere? con turbante de hombre.
París, julio 20.
El doctor Legendre, co-
nocido explorador del que
no se han olvidado todavía
sus trágicas aventuras y á
raíz de algunas de las cua-
les hubo de pasar por mucr-
UJ. acaba de llegar á París,
líl doctor Legendre tenía
y a tras s i una fructuosa
carrera do campañas y de
estudios en Madagascar, el
'l'onkin y China, cuando
emprendió su última mi-
sión. Es autor de varias
obras muy apreciadas: El
Far - West ch'vo, DOK años
Entre los «lobos».—Dos mujeres con
su traje nacional.
•Tete lolo, haciendo el gesto de bienvenida.
La misión Legendre
Durante la revolución, en el valle de Ya Tchú.
en Se-Tchonen, Kien-Tchmig
y Lolotie (premiada por la
Academia), y otra obra que
ha obtenido el gran premio
Broca, de antropologia sobre
los chinos.
La misión, enviada por la
Academia de Ciencias, la
Academia de Inscripciones y
Bellas Letras, los ministerios
de Instrucción Pública y de
ttolonias, el Museo de Sisto-
ria natural .y la Sociedad de
Geografía, fué atacada el 25
de octubre do 1911, cerca del
famoso mercado fortificado de
Houng - ChonS - Tang por una
banda de Jadrones chinos que
después de haber extermina-
do la comitiva del doctor
Una cabana de lolos.
Casa tibetana de Si Fany, situada á 3.500 metros sobre el nivel del mar.
La misión Legendre
Legendr e, le despoj aron de t odos sus
bagaj es y colecciones.
El doct or Legendr e pudo sal varse
ent onces por un mi l agro.
La sal vaci ón del expl or ador se debi ó,
en real i dad, á un hecho casual . Los
asesinos que habí an acuchi l l ado á t o-
dos, t ambi én habl an acuchi l l ado ai
doct or , pero en f or ma r el at i vament e
leve. Él doct or, deseoso do sal var la
vi da, so echó al suelo en segui da y los
bandi dos le creyeron muer t o y lo aban-
donar on en medi o del campo donde él
Be curó como pudo y logró al fin re-
gresar á Eur opa.
La misión ha compl et ado l a explo-
raci ón de l a front era chi na, veci na del
Thi bet y de So-Tclionen y llevó á cabo
Una barca en el río Nang-Ning
Interior de una granja en Nang-Ning.
el est udi o geográfico del i mpor t ant e
y desconoci do valle del Ya- Long. Los
descubr i mi ent os hechos por l a mi si ón
Legendr e revi st en gr an i nt erés pa r a
las ciencias geogrcáficas, geológica,
bot áni ca y pa r a el conoci mi ent o de
l a fauna.
EL doct or Legendr e, coir.o dcoi moi ,
resul t ó heri do en uno de los ataque-s de
que fué obj et o la misión, pci o se ha
cur ado casi por compl et o.
El i nforme que pr esent ar á á la Aca-
demi a de Ciencias será r e da c t a do'
en cuant o su sal ud so hal l e compl et a-
ment e rest abl eci da, lo que fel i zment e
se espera pa r a en breve.
CORRESPONSAL.
SEÑORAS:
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íamente disimulada. Pídase prospectos.
Doctor César Vi l a
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pul món, e s t óma go, vi ent r e, vi ci os y debi l i dades
de la sangre, etc.) - Tratamiento especial de la [;eu-
r ast eni a. - Ra y o s X. - El ect r i ci dad. - Apl i ca el 606. '
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nues t r a úl t i ma adi vi nanza, la cual nos t r aj o cent enar es de nuevos clientes, qui enes est aban t a n satisfechos
con sus relojes grat i s, que ahor a son nuest r os per manent es y est i mados clientes.
Pa r a anunci ar aun más ext ens ament e nuest r as mer cader í as con el obj et o de consegui r muchos más clien-
t es satisfechos, hemos deci di do regal ar Otros 1000 de est os relojes á las personas capaces de llenar las l et ras
f al l ant es en la si gui ent e frase, don- | ¿ p ^ R Qx E P x GAR $ 100 P OK UN Rx Lx ] DE 0 x 0 Mx CTz 7 ? ~ |
de ahor a est á mar eada una x.
Resol vi endo cor r ect ament e est a adi vi nanza ust ed puede obt ener abs ol ut ament e gr at i s, un reloj que en
cuant o á su mar cha equi val dr á á cual qui er reloj de oro maci zo fabri cado. Que nuest r os relojes son apreoi ado-
est á sufi ci ent ement e pr obado por el gr an númer o de t est i moni os vol unt ar i os que nos llegan di ar i ament e.
Resuel va est a adi vi nanza cor r ect ament e y cumpl e con la si mpl e condioión de que le escri bi remos cuando
le i nf or mamos si su cont est aci ón est á bien.
Mande en segui da, ant es que se ret i ro la oferta. Le cuest a na da hacer la pr ueba.
WINSLOW Y C Í A. - 2740, Bartolomé Mitre, Secc. 61 - BUENOS AIRES
epatamos un t a t i t o
En estos momentos en que el tango triunfa en
todas partes, tanto en Buenos Aires como en
París, ¿ quién no desea tener la primicia de poseer
el tango que mañana ha de popularizarse?
Los fumadores de los cigarillos flCnéRlCfl
son en esta ocasión los afortunados. Todo aquél
que nos remita cinco cupones de los que con-
tiene cada atado de los cigarrillos flCDéRICfl,
recibirá el tango PiméKICfl, interesante obra
del maestro Mauricio Montiano, uno de los pocos
que conocen los secretos del característico baile.
Los cupones no son pedidos como pago del tan-
go, sino como constancia de que el solicitante es
fumador de los cigarrillos flCIDéRICfl.
Los pedidos deben enviarse á la sipienta dirección:
C ompañ í a A r g en tin a de T ab ac os
ENTRE Ríos, 1692.
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Pegúese aquí un cupón
5e los que contienen los
Cigarrillos AMÉRICA.
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Nombre.
Domicilio.
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C y - -
C /)
3 ^
ex /O U
íiDcei^s afraorttiario.^
Nadie podría pensar que se
inventase algún día el modo de
ganar dinero que inventaron los
que son protagonistas de la aven-
tura de que hablamos hoy. En
realidad, hay en ella todo lo que
puede necesitar un suceso _ para
ser extraordinario. . . .
D D
Es la vida más variada que la
íantasia. Cada instante Que pasa,
la realidad nos brinda sucesos real-
mente extraordinarios, tales como
no podría soñarlos el novelista más
rico de imaginación.
El sacar hábilmente del poder
de la justicia los cadáveres de
tinos condenados para lucrar con
su exhibición, es cosa que no ha-
bía sucedido hasta ahora y que te-
nía que suceder, pues ya ha que-
dado declarado país délo extraor-
dinario, en los Estados Unidos.
D D
Los modos y ma-
neras de ganar dine-
ro s o n innúmeros.
Claro está que no t o-
dos son igualmente
lícitos y morales, por
aquello de «haz dine-
ro honradament e si
puedes, hijo mío, y
sino haz dinero». Es-
t a debe ser la doctri-
na que sigue prácti-
camente la empresa
italiana L a t o n e y
Guideti, que en Nue-
va York se dedica á
)a t area de ir ente-
rrando á los que se
mueren, y t ambi én á
otros géneros de in-
dustria menos piado-
sos, aun cuando más
e s p eluznantes. E n
efecto; la empresa de
pompas fúnebres ci-
t ada, dispuesta á en-
riquecer á todo t ran-
ce, según parece, á
sus accionistas, supo
que e n l a prisión
central de Sing-Sing
habían sido ejecuta-
dos cinco italianos.
He aquí un hecho la-
mentable q u e n o
puede producir, que
sepamos, otra impre-
sión que la que de-
termina el sentimien
t o de piedad cristia-
na. Sin embargo, lo que el acontecimiento produjo
en el directorio de la sociedad de pompas fúnebres
dé Nueva York, fué muy otro. — «O yo no entien-
do de negocios — debió decirse para sus adentros
el gerente — ó las ejecuciones de Sing-Sing pueden
ser una fuente de ganancias para la empresa». —
El hombre ó el industrial trazó un plan y. . . manos
á la obra. Primeramente era preciso lograr los ca-
dáveres de los cinco italianos, cosa si no imposible,
por lo menos un t ant o difícil. Echándose de cuenta
que todos los medios son buenos si van encamina-
dos á ganar dinero, extendió unos cuantos docu-
mentos, falsos de t oda falsedad. Con ellos hizo creer
á las autoridades de Sing-Sing que los cadáveres
eran reclamados por parientes de los reos. Las au-
toridades de la famosa prisión neoyorkina accedie-
ron y, sacando de la prisión los cuerpos de los eje-
cutados, los pusieron en posesión de los represen-
t ant es de los señores Lat one y Guideti.
Así quedó realizada la primera part e del negocio.
Los cadá%'eres fueron inmediatamente transpor-
Los cadáveres de los cinco ejecutados expuestos al público, previo pago de entrada, por la empresa de
pompas fúnebres, que obtuvo la entrega de los muertos falsificando unos documentos, debido á los
cuales creyeron las autoridades que las familias de los ajusticiados reclamaban sus fúnebres despojos.
tados á las oficinas que en la calle Mulberry, esto
es, en el mismo centro del barrio italiano, tiene ins-
taladas la empresa. Seguidamente se acondicionó
un local y allí no más quedó organizada una maca-
bra exposición de la que nos dieron cuenta los te-
legramas de estos últimos días. Los cadáveres de
los ejecutados permanecieron en exhibición duran-
t e cinco días, ó lo que es igual, hast a que la policía,
al tener conocimiento del hecho, los hizo retirar.
Ahora bien: como la empresa cobró cinco centa-
vos oro por entrada, y las personas que con tal mo-
tivo concurrieron á sus oficinas calcúlanse en veinte
mil, dedúcese que realizó una abundant e ganancia
á costa de la menor cantidad posible de escrúpulos.
Y sucede ahora, como epílogo de este curioso caso,
que las autoridades norteamericanas no saben qué
act i t ud t omar porque el falsificador de los documen-
tos ha desaparecido y el hecho de exhibir cadáveres
• mediante pago de una ent rada no es considerado
delito por los códigos de aquel país. La verdad es que
no pudieron los codificadores prever t al cosa.
Visiten nuestras
6;cposiciones
No compre artículos me5io- ll \ ^ \'^ V-
eres, pagándolos por buenos. % ^\\ ^ '^
nosot ros tenemos
lo mejor en cióse.
Los MODELOS HEINLEIN
son 5e óistinción.
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I 1^^^ J
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EXPOSICIÓN INTERNACIONAL DE MILÁN, 1906
PREMIADA CON 2 MEDALLAS DE ORO
Maravilloso remedio del doctor Eduardo Franga
q ue, con UN SOLO FRASCO, hace los más sorpren-
dentes beneficios para la cura eficaz de picazones,
eczemas, heridas, sudor de ¡os pies y de los soba-
cos, sabañones, sarna, tina, aftas y enfermedades
de la boca, caspa, caída del pelo, sarpullidos, man-
chas, pecas, erisipelas, ampollas, q uemaduras, es-
caldaduras de entrepiernas, enfermedades del útero.
Especial para toilette Intima, para evitar enferme-
dades contagiosas y para inyecciones. No es po-
mada, ni ungüento: es líq uida, sin grasa, sin mal
olor, no ensucia el cuerpo ni las ropas y es de
uso cómodo y aseado. ¡Es de efecto positivo!
Se vende en t odas las buenas droguerías y far-
macias.
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LUGOLINA para la piel. . . . . $ 5
; LUGOLINA para inyecciones . . >> 3
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FRANCISCO LÓPEZ
CALLE ENTRE RÍOS. 262-264
BUENOS AIRES
ISOZODONT
UN DENTÍ F RICO DELICIOSO
I LÍQ UID O-P ASTA-P OLV O
La piedra movediza de Logan
La caída de la piedra movediza del Tandil, dice
una revista europea, t rae á la memoria un curioso
sucedido q ue con una roca análoga tuvo lugar en
ínglaterra, hace ya cerca de un siglo.
El caso ocurrió en la costa de Cornualles, en la
parroq uia de Saint Levan. Hay allí un promont o-
rio formado por caprichosos grupos de rocas graní-
ticas enormes, conocido en el país con el nombre de
Castillo de Treryn, y en la ctispide de uno de aq ue-
llos grupos está la roca en cuestión, q ue recibe el
nombre de Roca de Logan..
La tradición ha reunido en torno de esta roca las
más extrañas leyendas. Asegúrase q ue sobre ella
celebraban los sacerdotes druidas el nefando rito
de los sacrificios humanos. Mas no es preciso recu-
rrir á tales relatos para at raer la curiosidad hacia
este monumento natural; su historia moderna es
por sí sola bast ant e interesante.
Como la piedra del Tandil, la Roca de Logan era
hasta hace ochenta y seis años notable por la faci-
lidad con q ue se podía hacerla oscilar, sin q ue se des-
viara de su base ni rodara al abismo, á pesar de sus
noventa toneladas de peso. Tan perfecto era el equi-
^ • ^ • 4
g ^ ^
Ú É Í^SE
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^^'^^i^^^^^H
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WKSmmi^^ñ^^^mBi
& ^? ' ^^W H| ^I BHRÍ ^SI
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Reposicióa de la piedra, ea el año 1824.
librio en q ue la naturaleza la había colocado, q ue
un ligero empujón ó un poco de viento eran sufi-
cientes para moverla, y sin embargo, no se caía nun-
ca. Los habi t ant es de Cornualles, orgullosos de su
roca, se hacían lenguas de aq uel maravilloso eq ui-
librio. Un sabio hijo del país, el doctor Borlase, es-
cribió acerca de ella: «Los extremos de su base se
hallan á tal distancia uno de otro, y t an bien ase-
gurados, por su misma proximidad, á la piedra so-
bre la cual descansan, q ue es realmente imposible
q ue ninguna palanca ó fuerza de cualq uier clase,
aunq ue sea aplicada por medios mecánicos, pueda
mover la roca de su sitio».
Sucedió, sin embargo, q ue por motivos q ue no
son del caso llegó á la costa de Cornualles una cor-
beta, y q ue el oficial q ue la mandaba, joven y de
buena familia, oyó los elogios q ue de la roca famosa
se hacían en el país. El orgullo que. los naturales
ponían en la estabilidad del oscilante peñasco, y
sobre todo la palabra «imposible»del doctor Borla-
se, hirieron al oficial en su amor propio de rharino.
«Para la marina inglesa — debió decirse — no existe
nada imposible»; y decidido á demostrárselo á los
buenos habi t ant es de la parroq uia de Saipt l l evan,
el día 8 de abril de 182.)-, desembarcó con una do-
cena de sus marineros, .escogidos entre los más for-
zudos, en el Xastillo. de Treryn.
Los marinos apoyaron las espaldas contra la
bamboleante roca, y empujaron, empujaron, todos
La piedra movediza de Logan
La roca de Logan, en la actualidad.
auna, -hasta que lograron sacarla de su base y enviar-
la rodando peñas abajo hast a que quedó encajada,
como cuña, en una sima que había debajo. En poco
estuvo que, continuando su marcha, no fuera á
sepultarse en el mar.
Así fué derribada la Roca de Logan. El orgulloso
oficial de la corbeta había realizado lo que hast a
entonces se había considerado imposible. Pero es
de suponer cjue no le duraría mucho la satisfacción
que su hazaña le produjera.
La Roca de Logan era la maravilla de Cornualles
y la providencia de los aldeanos de Treryn, muchos
de los cuales no tenían otro oficio que el de guías
de los turistas que de todo el Reino Unido acudían
á contemplar la piedra oscilante. El perderla, signi-
ficaba la más espantosa miseria para muchas fami-
lias, y como era de esperar, la indignación popular
se desencadenó contra el oficial de la corbeta. Su-
surráronse amenazas, no faltó quien se comprome-
tió á quitarle de en medio, y por último, se reunie-
ron los magistrados y principales propietarios de
Cornualles para prot est ar ant e el gobierno de lo
ocurrido.
Alarmado en part e por esta act i t ud del pueblo,
y en part e reconociendo el mal que había hecho, el
marino, que por fortuna era rico, prometió que la
roca volvería á ser colocada en su sitio, costara lo
que costase. Aquella decisión fué recibida con aplau-
so por t oda Inglaterra. El Almirantazgo cedió la
maquinaria y hombres necesarios, y, por último,
se abrió una subscripción pública para contribuir
á los gastos. Con trece grandes grúas y un verdadero
bosque de andamios, se consiguió levantar la piedra
y devolverla á su sitio, colocándola t an bien que
oscila lo mismo ó casi lo mismo que antes.
y\ couíípnr\E
PA^J ET LOÍIOI^EJ
L a coca de Logan, en el año 1818.
<Gf//c/a i//a
Con los espléndidos días de
primavera, los modistos de
sombreros lucen en los escapa-
rates sus primeras exhibicio-
nes de modelos que, en gene-
raljCste año son de tafetán gla-
cé tornasolado de tinte suave.
También liay algunos de en-
cajes, y por supuesto que no se
han olvidado tampoco de Jos
clíisicos sombreros de paja.
Como verdaderas hijas de
Eva, nos dejamos tentar por la novedad y, sobre todo,
por la gracia y el buen gusto que ostentan los nuevos mo-
delos, y pronto encerraremos en sus cajas de cartón los
sombreros do pieles, terciopelos, etc., que nos parecen ya
pesados y pasados de moda, sin reflexionar, ingratas, que
lo que dejamos con tanta facilidad de un lado, hizo nues-
tras delicias aun hace pocos días.
La mayor parte de los nuevos sombreros se inspiran en
dos modelos: tocas y sombreros grandes. Las tocas muy
altas, muy chifonóes, muy chic en su sencillez, pero se ne-
cesita una mano de artista para drapearlas y darles el ver-
dadero <'cachet'> parisión, que no es dable á todas las mo-
distas poseer. En los sombreros hay, en cambio, gran va-
riedad de formas, capelinas grandes, levantadas adelante;
al costado ó atrás; con adornos de plumas «aigrettes». flo-
res, en fin, la fantasía y el buen gusto de mis queridas
kctoias, tienen un campo
bastante ancho donde elegir
y donde poder demostrar su
buen gusto.
Para las tardes, siempre
un poco frescas de primave-
ra, se ll&van los abrigos de
seda, de tafetán. Ni muy
cortos ni muy largos, muy
sueltos como para envolver-
se en ellos sin temor de ajar
los delicados trajes de seda,
linón, encaje, etc. Los colores negro, azul marino, azul de
roy, ciruela ó malva, en tafetán glacó de negro, son los
usuales. Se adorYían con grandes cuellos y bandas incrus-
tadas en camaien de los tonos del gónero, sobre un fondo
de tul que hacohilitos metálicos de tonos apagados. Otras
veces so adornan con ruches deshilachados ó con piquitos
hechos í'i máquina, con abuUonados fruncidos ó volados
dobles.
Si se quieren adornos más suntuosos, se adornan con
un ancho encaje de Véncela, ocre, ó de encaje Bretón. En
fin, la nueva moda se presta á muchas combinaciones.
Para inaugurar la hueva estación va en esta página un
lindísimo traje sastre, de sarga á rayas azules y blancas,
con adorno de terciopelo y piel de «suede» bínnca. En el
cuello lieva chai,
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Los últimos modelos de la moda de París
París, julio 20.
Las mujeres visten hoy
mucho durante el día, pe-
ro siempre van en auto ó
en carruaje. Las que sólo
andan á pie ó en tranvía
no llevan más que tailleur
ecrio,'poco vistoso, aun-
que sea de seda y estilo
costurera. Así es que, pa-
ra los trajes de vestir, se
les puede aconsejar toda
clase do encajes, aún
aquellos que sólo se reser-
vaban para de noche. To-
das las clases do encaje
gustan; los gruesos, como
los finos y los más raros.
Se tendrá el arto de velar
los unos y de dejar á des-
cubierto otros.
Bordados muy bellos
permitir.án hacer trajes de
un' est i l o habillcc y, al
mismo ticmi)o, prácticos
y fáciles de llevar. No he-
mos llegado á los volados
muy plegados, pero 3a se
ven en muchos trajes mu-
chos que empiezan á ador-
nar nuestros vestidos de
día.
Con las muselinas de se-
da impre.sas, que pueden
confundirse con las artís-
ticas muselinas pintadas,
se harán pronto encanta-
doras túnica"--.—X.
^./r.<>',^>j'CTM-\a«aMíiy>j\v^ >ia>agaMgj:wCTJoaw^^ ^:z^^^Ajíamyofrí't:^r<rfj^rr
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THOMPSON
380, CARLOS PELLEGRINI
El calor en Londres
üoa nueva obra de miseri-
cordia: refrescar con
hielo al acalorado.
Kn Londres, los
días de la canícula
lian sido este año te-
rriblemente cálidos.
Como el año anterior en Nueva York, la gente se
ha sentido asfixiada por el calor sofocante y ha
tenido en calidad de ídolo propicio al hielo. Las
fábricas de congelación de agua han trabajado día
y noche en la fabricación de esos panes cristalinos
en los que parece que se condensara el frío para
poder transportarlo de un lado á otro. Los chicue-
los callejeros han corrido detrás de los carros re-
partidores de hielo acechando la ocasón de poder
Aprovecbando la ocasión para refrescarse.
Combatiendo el calor por
medio del liielo. Un lon-
dinense práctico.
arrebat ar un trozo
de la fresca sustan-
cia y at enuar con
ella el calor del am-
biente ó por lo menos los efectos desastrosos que
el mismo les causaba, cruelmente mortificador.
Nuestro fotógrafo en Londres ha documentado
esas escenas con las curiosas i nst ant áneas que pu-
blicamos y que permiten apreciar como se hallaba
el pueblo ansioso de hielo, bajo los rayos abrasado-
res de un sol que allí brilla pocas veces esplendo-
rosos pero que en esta ocasión hizo sobrado sentido
acto de presencia.'
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£1 movimiento racista en Cuba
La insurrección de los neiiros cubanos tuvo su eiiilogo —
momentáneo al menos — con la caiJa tlel cabecilla Estenoz,
de cuya muei'to dio cuenta en la siguiente forma «La Indcpen-
denci/ii>,de Santiago do Cuba:
« El teniente Lutgardo de la Torre, que había salido en bus-
ca de Estenoz, en-
contró á un indivi-
duo que, oculto de-
trás de una palma,
le hacía fuego con
un revólver.
«Casi á boca de
jarro c) guardia que
acompañaba al te-
niente La Torre dis-
paró sin herir al in-
dividuo nienciona-
do. Este alzo el bra-
zo con intención de
disparar, lo que vis-
to por el oficial La
Torre, se ía izó so bre
él de un brinco, y
agarrándole fiel ca-
ño del revólver, le
hizo fuego con el su-
yo, matándolo ins-
tantáneamente. Re-
gresaron á la villa y
volvieron á recoser
i!Í c idáver. Enton-
ces fué. cuando lo
id"ntif icaron: o r a
Estenoz, ei famoso
cabecilla, el «negro
lindo» de la Habana,
que había caído por
fin y con su caída
había dado fin a la
insurrección.»
LAS ENERGÍAS DE CUBA
Cabeza yacente de Evaristo Estenoz, jeíe de la
insurrección racista.
ICortado para siempre!
Dibuio publicado por el Irarortanfe diario «La Discu-
sión% de La Habana, al dar por terminado el movimiento
racista con la muerte del cabecilla Estenoz.
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Es de gran im-
I portancia que
I las madres sean
buenos ejemplos
) de robustez. En
todos los periodos de la
maternidad tómese la
EMUIíSION DE SeOTT
El carácter por ios dedos pulgares
De loa cinco dedos de
la mano, el pulgar es el
más importante; como
que es el que nos diferen-
cia principalmente de to-
dos los animales, incluso
de los monos.
En un chiampancé,
el pulgar no llega ni si-
quiera á la base del del
índice, y además nunca
tiene esa soltura de mo-
vimientos de que goza
en nuestra mano. Se ha
observado que los idio-
tas de nacimiento tienen
los pulgares muy peque-
ños, á veces casi rudi-
mentarios. Se diría que
esto dedo es el símbolo
de la inteligencia, y, en
efecto, cuanto más des-
arrollado está, más ta-
lento tiene su propieta-
rio. Por algo decía New-
ton; «A falta de otra
prueba, el dedo pulgar
me convencería de la exis-
tencia de Dios».
Cualquiera puede ob-
servar que los niños re-
cién nacidos cierran la
mano doblando sobre el
pulgar los otros cuatro
dedos; cuando el niño va
dándose cuenta de sus
actos, es decir, cuando
despunta en él la inteli-
gencia, • pone el pulgar
por encima de sus cuatro
El pnlgar de la izquierda es de los que indican con toda claridad
que quien lo posee es enérgico. El del centro indica que su dueño,
Ei bien es inteligente, no tien3 nada de enérgico. El de la dereclia
es el pulgar de una persona locuaz, pero débil de carácter.
Estos son dos pulgares, uno de hombre y otro de mujer, que presen-
tan ambos las condiciones exactas de la normalidad.
compañeros, y cu el mo-
ribundo, el dedo en cues-
tión vuelve á esconderse
bajo los otros como in-
dicando que la parte in-
mortal del ser tiene que
someterse á In muerte pa-
ra escapar del dominio
de la carne.
En realidad, (¡1 pulgar
proporciona indicios se-
guros sobre la proporción
de inteligencia, fuerza de
voluntad y pasión que
cada persona |ios(^c. An-
te todo, debo examinarse
su longitud. Cuando el
Í
migar, extendido á lo
argo del índice, alcanza
hasta unos seis milíme-
tros por debajo do la se-
gunda artic\dación de és-
te, se dice que es normal;
si llega á dicha segunda
articulación, es largo, y
sí se queda un centíme-
tro más abajo, es corto;
ahora, el indivi<luo con
un pulgar normal en cuan-
to á su lon<íit\Kl, posee
generalmente una gran
dosis <le inteligencia y
sano juicio, é igual pro-
porción de sensibilidad
pasional. A este género
corresponden los ])ulga-
res de hombre y de mujer
que vemos en nuestra
primera fotografía. Las
Ijcrsoiias á quieuc-í per.
^V^I N o
J
P A R A P O S TR E
E L A BUE LO
substituye con
v e n t a j a s al
más rico vino
Be Oporto - - -
no hay otro vino que
pueóa superarlo en
pureza, aroma y sa-
bor; por eso las per-
sonas 5e palaóar
óelicaóo afirman
que el más exqui-
sito óe toóos los
ooo
oo
o
o
oo
ooo
E L A BUE LO
es el vino ideal
para BO DA S ,
T E R T ULIA '
y BA UT IZO S
vinos similares es
E L A BUE LO
u n eos imPORTADORES:
G O N ZA LO S A E N Z & C
lA 29-MA ÍP U-43
— Buenos A ires
El carácter por los dedos pulgares
teiieceu son sin duda,
prudentes en sus actos
y gozan de una inteligen-
cia poco común, pero á
la vez sus sentimientos
nobles hacen que se de-
jen fácilmente lle%'ar de
la influencia de su fa-
milia y sus amigos. La
• bondad de su corazón
modifica la frialdad y
la indiferencia que debo
acompañar al verdadero
talento, é impido que este
se desarrollo libremente.
Ese hombro y esa mujer
serán siempre normales
en todas sus cosas, sin
apartarse jamás del tér-
mino medio. En cambio,
un pulgar largo indica
fuerza de voluntad" uni-
da á la inteligencia. To-
llos los grandes hombres
que han llegado á con-
quistar un puesto en la
historia tenían pulgares
largos y fuertes. Esta for-
ma de dedo largo y grue-
so, demuestra que quien
lo posee no vacilará en llevar á efecto nada que pueda
producirle algún beneficio.
Veamos, por el contrario, el pulgar corto que re-
presenta el tercer grabado. El poseedor de este
dedo está dominado por los impulsos generosos,
que le mueven á obrar rápidamente y sin reflexión.
Ño se puede esperar de él que se guio en sus actos
por la lógica ó por la frialdad de los hechos, sino que
siempre responderá al primer llamamiento que se le
ha£>a.
UQ pulgar corto, signo de talento.
El pulgar en ángulo recto, signo de prodisalidad.
Por desgracia, á estas
cualidades suele acompa-
ñar, cuando el dedo es de
osa forma, una lengua de-
masiado suelta; estas per-
sonas no son las más apro-
pósito para guardar un
secreto.
La forma del pulgar, el
tamaño relativo de .sus
falanges y hasta la dispo-
sición de la uña, son tam-
bién datos muy seguros.
Si además de sor largo, es
el pulgar grueso, con la
uña casi cuadrada y an-
cha, demuestra energía y
fuerza de voluntad. Si es-
t á bien proporcionado,
pero tiene la parte de la
uña algo estrecha y en.
forma do espátula, se re-
conoce al momento la
persona inteligente, pero
débil en sus decisiones y
fácil de convencer. Final-
mente, cuando el pvdgar
es demasiado grande en
proporción al resto de la
mano, denota un hombre
demasiado eliarlatán y que ni tiene voluntad projjia,
no sabe dominarse á sí mismo. Hasta la posición del
pulgar cuando se abre la mano por completo, puedo in-
dicarnos en cierto modo el carácter del individuo. As!,
un pulgar que forma con el canto de la palma y del
dedo índice un ángulo recto, indica casi siempre un
hombre pródigo y derrochador.
Todos estos hechos no quieren decir que el pul-
gar sea infalible, pero sus indicaciones son dignas
(le ser tenidas en cuenta.
STOMALIX
SAI Z DE CARLOS "
CU RA
ESTOMAGO
INTESTINOS!
venta: FARMACIAS
LA CONQUISTA
Ella no había dado jamás su corazón
á un hombre que no usara en su toilette,
siquiera un par de pastillas por semana
del soberano de los jabones; del impon-
derable Jabón Reuter.
Había tenido muchos festejantes, pero
todos habían sido desahuciados por ella,
en ciianto, examinados en materia de
higiene personal, le declaraban, ó que eran
eclécticos en materia de jabonería, ó que
se lavaban con esos pseudo jabones, que
no son más que rm concreto ordinario
de sebo y de potasa, con imas gotas ge-
neralmente corrosivas, de esencias fuer-
tes ^• enervantes. , . , . . . .
Vino un día él; ese él de los sueños
castos de todas las doncellas.
No bien se le aproximó, ya le notó un
olorcillo grato al sutil olfato de sus na-
ricitas sonrosadas.
El hombre acababa de darse un baño
con gran jabonadura de Jabón Reuter,
y ¡claro! venía saturado de pies á cabe-
za del delicioso aroma del rey de los
jabones.
No hubo más que decir.
El jabón lo había dicho todo, y ella,
tremante e tacita, como dice el Fasso de
su Leonor, le tendió la mano mientras
que la mamá y el papá sonreían en el
fondo, satisfechos y felices.
La caza de aves acuáticas
La caza de aves acTií'itica°, es
aquí y en Europa, de las más inte-
resantes y pintorescas que pueden
darse, porque en ella el cazador
tiene que recurrir á su ingenio y
habilidad para poder cobrar volá-
tiles tan esquivos y silvestres co-
mo son los patos salvajes.
Estos tienen por costumbre, en
muchas partes, el volar tierra aden-
tro todas las noches, para dormir
en las charcas y lagunas y volver
al amanecer á los lagos y marismas
de las costas. Para cazarlos, suele
elegirse este último momento, pues
la caza nocturna sólo puede hacer-
se con luna y de frente á ésta; pe-
ro aun por la mañana, con la inde-
cisa luz del alba, es difícil tirar alto
y hay que esperar á que las aves
bajen pai'a tirarles de cerca. 'J"odo
el secreto de esta caza consiste, por consiguiente, en no
dejarse ver de las piezas para dejailas acercarse.
Uno de los procedimientos más ingeniosos para con-
seguir este objeto, es el de los cajones flotantes, especie
de almadias que forman en el centro una caja estrecha
y larga, y á cuyos bordes se atan unos cuantos patos
de madera que hacen de reclamos. El cazador, con la
escopeta empavonada para que no brillen los caños, se
tiende dentro de la caja, y los patos que llegan, no
viendo sobresalir del agua más que los reclamos, bajan
confiadamente y permiten hacer excelentes tiros.
En algunos sitios, el cajón para la espera no es flo-
tante, .sino
que está fi-
jo, y en-
tonces se
p r o c u r a
darle el as-
p o e t o de
Corte del cajón dotante y posición del cazador
hasta ei momento de tirar
un carrizal atando en torno su\'o
juncos y yerbas verdes.
Hay algunas aves á las que es
más fácil matar cuando están na-
dando ó se pasean por la orilla del
agua. Para ello, el cazador se acer-
ca escondido detrás de un buey ó
un caballo, no de verdad, sino de
n\adera y trapo. El disfraz se redu-
ce á un bastidor de madera sobre
el cual se tiene un henzo recortado
y pintado de manera que représen-
le una res pastando, de tamaño na-
tural. Una ventanilla practicada en
el lienzo permite apuntar y dispa-
rar. Además de las dos patas del
bastidor, que pretenden figurar loa
remos de la res, se pono en aquél un
soporte ó tercera pa.ta para soste-
ner la figura mientras se tira.
Mirados de cerca, estos bueyes y
caballos están muy toscamente hechos, pero á cierta
distancia el efecto es asombroso. Tienen, sin embargo,
un grave inconveniente, y es que sólo pueden usarse
cuando no hace aire, porque el menor golpe de viento
los derriba, descubriendo al cazador en el monien-
t o menos
opor t uno,
y se dan ca-
sos en que
un venda-
val empuja
al bicho de
lienzo co-
mo si fuese
una v e l a
de barco y
se lo l l e-
va por el
campo.
La caza con bney artüicial.
•Veí)Cim)iila.
El buey artificia] visto por detrás.
SCHELP & SCHELP
IMPORTADORES
Buenos Ai r e s , Agosto de 1912.
B.'^RTOLOME MITRE, 1123
Señora:
No dej a de s er si empre un probl ema l o que se
debe y puede of r ecer s e á l a s v i s i t a s , debi endo
conformar e l gust o de cada per s ona. Nosot r os nos
permi t i mos p e d i r l e qui er a Vd. r e f l e xi ona r un mo-
mento y ver á Vd. como ya sea de mañana, t a r de ó
noche, nada mejor que una t a z a de Té Águi l a, be-
bi da que acept ar án gr andes y chi cos con ver da-
dero pl a c e r por su aroma e x q u i s i t o , que se man-
t i e n e aún cuando se mezcle con l e c he .
Si "Vd. , s eñor a, qui er e poner , aunque sea una
s ol a vez en p r á c t i c a nue s t r o consej o, est amos s e -
guros que Vd. nos agr adecer á l a s al abanzas de su
buen gus t o, que forzosament e han de ha c e r l e l a s
per sonas t odas que Vd. haya obsequi ado con una
t a z a de Té Águi l a.
SCHELP & SGHELP.
^
La percha en su tamaño máximo, vista lateral,
\j
La percha en su tamaño mediano vista lateral.
Fig. 3
La percha vista de arriba.
La percha plegaQiza m3lálica, toña ni-
quelada, se puede ajustar en sus Simen-
si ones á la ropa coigaOa sobre ella, y
cuanOo no se usa, se pueDe plegar á Di-
mensi ones muv reñuciOas, según las fi-
guras arriba ilustraDas.
La percha se compone: ñel soport e no-
ble superior, para saco y chaleco, a y b:
y el soport e c, para el pantalón.
U N A ,
G R AS Y ©RETAS
SEMANARIO FESTIVO, LITERARIO, ARTÍSTICO V DE ACTUALIDADES
J OSÉ S. ALVAREZ
FUNDADOR
Año XV BUENOS AIRES, 2i DE AGOSTO DE 1912
N.» 725
El problema del colono
—Todo eso está bien; pero mientras no levanten esos papeles no puedo arar la tierra.
Dib. de Málaga Grcncl. ' ' " ' . ' ' ' , • . ,
^5<>bre ^obletnto
Je suis tombé par Ierre
C'est la faute a VoUaire
La tete dans le ruisseau
C'est la faute a Rousseau
Es sabido que los gobiernos tienen siempre la culpa de todo
malo que sucede y, con mayor razón, de todo lo bueno que no su
cede, por el hecho mismo de ser gobiernos.
Y estos gobiernos, como puede demostrarse tranquilamente y
siit necesidad de sacar las manos de los bolsillos, están forma-
dos por personas que, cuando no eran gobierno, sostenían que
los gobiernos tenían la culpa de todo, que, cuando lo son,
tienen la culpa de todo, y que, cuando dejan de serlo, sos-
tienen exactamente lo mismo que sostenían cuando no
lo eran. '
De manera que de todo esto, probado, como se ha
visto, al derecho y al revés, resulta que no es negocio
ser gobierno, puesto que cualquier ciudadano, que
es genio convicto y conteso, en su carácter de tal
se transforma en lo contrario, convicto aunque no
confeso, cuando se le coloca en condiciones de
realizar las ideas que defendía cuando era genio.
Es desconsoladora la noticia y es horrible
tener que darla así no más al público y lo es
más el hecho paradojal y alarmante de que
siendo t an fácil manejar al mundo y
salvar á la humanidad con discursos y
editoriales, sea t an difícil hacer las
mismas cosas, cuando se actúa si-
guiendo al pie de la letra estos
discursos y estos editoriales
De esta fatalidad irreme-
I
diable nace el actual ma-
lestar social, remediable
pero sin•:_remedio descu-
bierto, que nos amar-
ga la vida y -que nos
obliga á amargar la
ilel gobierno que nos
la amarga, y á pro-
auriciar discursos y
á escribir editoria-
les de corte socia-
lista, ya que los
socialistas tienen
razón porque to-
/,
m
e
davía no son go-
bierno y se entre-
tienen, esperando
su turno, en gritar
más que los gansos del
Capitolio y en manejar
las plumas c o m o los
mismos.
Debe haber algo, ño aun
suficientemente e x p l i c a d o
por la ciencia, que explique
suficientemente el fenómeno;
algo así como una especie de
media vuelta cerebral ó inver-
sión de sesos disimulada y espe-
cífica, que se produzca en el momen-
to solemne de asumir el mando y que,
por acción catalítica, altere la compo-
sición química de la t i nt a ejecutiva con
que se redactan los decretos.
Y no puede ser de otra manera, porque
los que pronuncian discursos y escriben edi-
toriales nos prueban matemáticamente, ha-
blándoselo todo, que en estos mismos decretos
está la salvación, siempre que sean redactados
con t i nt a no fermentada y leídos pat as para arri-
ba y por el lado del revés, aunque á estos misiiios
críticos, en el momento crítico, se les fermente
también la t i nt a por acción catalítica. i
' Y, con esto, hemos llegado á una explicación l an
clara como satisfactoria y elegante de las huelgas ferro-
viarias, de las huelgas de colonos y de maestros, dé la
suba de los alquileres, de la carestía de la vida y de la es-
casez de ant raci t a y á comprender el «porqué» y el «cómo» de
su génesis, incluyendo^ si es necesario, el entredicho antihi-
giénico con Italia. Es natural que todo esto podría .suprimirse
t rat ando de que los fabricantes de proyectos, desde abajo, pue-
dan gobernar sin ser gobiernos y encarainarse al poder 'permane-
ciendo siempre en la oposición, es decir, t rat ando de facilitarles
los medios de que se combatan á sí mismos dentro de las propias cir-
cunvoluciones cerebrales y se anulen sordamente, hast a conseguir: la
perfecta neutralización de las fuerzas antagónicas, única manera fco-
niocida de poder vivir en paz sin discursos ni decretos.
Y entonces no habría ya huelgas, ni reivindicaciones obreras, ni heladas
tardías, ni lluvias continuas, ni humedades pegajosas, ni catarros crónicos
en todas partes, males secundarios y correlativos al hecho de que nos go-
biernen los que mandan y no los que desobedecen y aspiran á ser desobedeci-
dos. El ejemplo de la llamada ley social es muy deinostrativo. Los que escribían
editoriales y pronunciaban discursos en el aflo glorioso del Centenario, proba-
ban luminosamente que el gobierno tenía la culpa de la agitación anarquista,
"PQrque, dominado por el «miedo» no se atrevía á dictar leyes represivas. Fué enton-
ces que el gobierno resolvió seguir t an bellos consejos y redactó la ley consabida,
iisando naturalmente t i nt a fermentada. Y esto ha bastado para que los mismos auto-
res de editoriales y discursos nos prueben no menos luminosamente todos los días,
hasta aburrirnos, que la ley social, sancionada «bajo la influencia del miedo», tiene la
culpa total de la agitación obrera.
¿Qué dirán mañana, si la ley se der oga?. . .
jPobre gobiernol
J OSÉ BÁLSAMO.
Dib. de II. Ci'fiir/t
l¡'
Hace un cuarto de siglo. Ante la Ijrusca desaparición de nna de las fi-
guras de primera fila del parlamento argentino, la privilegiada pluma.de
Fray Mocho — también ido en hora temprana sin dar to'dos los frutos de
su original y fértil inteligencia — trazó la emocionada página que ofrece-
mos como un recuerdo postumo á dos memorias igualmente gratas, en
(sta semana que marca la triste efeméride de la muerte de ambos protagonistas; — pues, por singular coincidencia, el doctor Onést-
mo Legnizamón talleció el dia 20 de agosto de 1886 y José S. Alvarez el 23 de agosto de 1903.
Onésimo Leguizamón
Tenía verdadero culto por la palabra, y siempre que
hablaba — aún en loa casos más familiares — no per-
día su voz aquel acento grave y sonoro que le era ca-
racterístico. Sus vastos conocimientos y su pureza en
el decir, hacían que siempre se le escuchara con gus-
to, cualquiera fuese el tema que abordara, y jamás
abordaba ninguno que no lo dominara por completo.
En las antesalas, como en medio del debate ardiente,
8U palabra pesaba siempre en el ánimo de sus oyentes
de una manera decisiva; su argumentación era razo-
nada, novedosa y sólida. No era ampuloso en el len-
§uaje, ni rebuscado, pero era su frase galana y correcta,
esprovista de locuciones y giros vulgares, así como
parca en figuras y metáforas. Hablaba más para con-
vencer que para deslumhrar. Y de ahí que fuera un
adversario temible y temido.
Kn la cámara ocupaba siempre la misma banca —
la octava de la segunda fila de la derecha — y cuando
alguno de sus colegas tomaba inadvertidamente su
asiento, prefería volverse á antesalas antes que ocupar
otro. Estaba en medio del grupo más bullanguero de
la cámara, del elemento jo ven y del que lleva la inicia-
tiva en todas las escaramuzas parlamentarias; le pla-
cía oir las bromas que se cruzaBan sotto voce, escuchar
las observaciones espirituales que se hacían, ver reír
á los que le rodeaban. Y, sin embargo, él permanecía
siempre serio y grave. Pero era alegre y decidor en la
intimidad, sin que jamás, — á menos que fuera moles-
tado, — de su labio brotara la frase que molesta 6
agravia.
Tenía un profundo conocimiento de los hombres,
pero era muy reservado en sus juicios; espontáneo para
aplaudir y refractario al reproche. Su rostro severo, fOCO
pródigo en sonrisas; su aire reposado, que se reflejaba en
BU palabra y en su ademán no eran atrayentes e impo-
nían respeto. Sus condiscípulos del Colegio del Uruguay
afirman que desde niño fué asi. No tenia simpatías efí-
meras, sino el respeto que se profesa al jefe ó al maestro.
Pero aquel carácter quizá un poco adusto con los
fuertes, era en cambio dulce y afable con los débües. De
esto tengo una prueba personal que ofrecer.
Por causas que no hacen al caso, me había venido de
mi provincia allá por el año 1S76, trayendo .por único
capital unos diez pesos de la antigua moneda y muchos
deseos de no morirme de hambre y escapar con mi pe-
llejo entero de ciertas aventuras en que me había me-
tido; tenía unos 17 años de edad. Días negros pasaba
en ese entonces y no quisiera ni re-
cordarlos; algo como miedo me da
cuando los evoco. . . .
Una tarde me había detenido
frente á la Universidad á ver unos
trabajadores que construían el
kióskp para la venta de flores, que
' durante algunos años funcionó en
la plazoleta del Méroa,do-Viejo, y^de
repente vi salir á los estudiantes de
la Facultad de Ingeniería, alegres y
f
QZQSOs como yo ,en los tiempos
uenos' del Colegio del Uruguay,
qu3no estaban lejos aún, y me acor-
dé demis-Compañeros que también ^
á esa hora saldrían de clase, y la-
menté no estar con ellos.
Eché á andar y no sé cómo me
vino la idea de que había nn Minis
tro de Instrucción Pública de la Nación, y que podía
ayudarme á recomenzar mi camino interrumpido. Fui
á un almacén, pedí una guía y encontró las señas si-
guientes:
Doctor Onésimo Leguizamón—Ministro de J., C. é 1.
Píihlica. — Peiú, 32(3.
¿Leguizamón?... Jamás lo había oído nombrar. Sin
embargo, me dirigí á su domiciUo, sobre tablas como
para no arrepentirme. Cuando hice sonar la campanilla,
el corazón me latía como en vísperas de un aconteci-
miento decisivo. Me introdujeron en un salón que me
pareció obscuro, y en una de cuyas extremidades había
un escritorio atestado de hbros y papeles, y sentado
tras él un señor serio, grave, con cara que me pareció
de mal agÜ3ro para mis pretensiones; se me hizo un
nudo en la garganta.
— ¡Qué se le ofrecía, mi amigo? ' ; j |
•— ¿Él doctor Leguizamón?. . . i
— Yo s oy. . . siéntese. '
Me pareció que el hombre no era lo que su aspecto^
decía, y comencé á serenarme.
— Señor . . . yo soy entrerriano y . . .
— ¡Con que es usted de la tierra? ¿Cómo se llama?^
jDe dónde es?
Estas preguntas me serenaron del todo y las satisfice'
agregando que deseaba estudiar, que no tenía como ha^
cerlo y concluí pidiéndole una beca para cualquier cole-
gio de la república, donde yo no tuviese que gastar y
pudiera instruirme.
— ¿El gobierno de allá suprimió las becas, nof
— Sí, señor.
— En cambio ha aumentado las plazas del Guardia
Provincial!... ¿Quiere ser profesor? Lo mandaré á la
Escuela Normal del Paraná. , . „. , _
— Como usted guste, señor pero yo no t engo. . .
— Ya tendrá. Véame mañana en el ministerio.
Me despedí; el corazón me saltaba en el pecho, pero
esta vez era de placer. Al otro día concurrí á la cita, y
me entregó un sobre en el cual estaban la concesión de
mi beca, tres meses de sueldo adelantado, un pasaje en
regla al Paraná y otro de ida y vuelta hasta mi pueblo
para que visitara á mis padres. ^ i
•— Señor, le dije conmovido hasta las lágrimaSi —
perdone que sin una recomendación haya. . . I
— La mejor que ha traído es el paso que ha dado.
— Bueno, sensor... cualquier dí a . . . mi gratitud' . . .
No sabía qúe'decir, la emoción me embargaba. |
— Bueno, adiós pai sano. . . ¡Hágase un hombre ijitill
Y me estrechó la mano franca y cordialmente. Des-
E
ués supe que la beca que me ha-
la dado tenia muchos solicitan-
tes, entre.los cuales figuraban al-
gunos recomendados de los prime-
ros hombres del paí s . . .
* * *
Anoche lo he visto rígido y frío
en su, ataúd, destacándose su; ti-
sonomia noble sobro el blanco oo-
gin désed.ar.sin la menor alteración,
viva, y con aquella tranquila y dul-
ce placidez que siempre lo animó.
¡Asi mueren los justos y los buenosl
FRAY MOCHO.
Agosto 21 de I8H6. ~ "*"
£>tí>. de Mála¡a Gretitt^
En la Facultad de Medicina
Grapo de los decanos, entrante y saliente, con los miemliros del Consejo Académico
En la Faoultiid de Ciencias Médicas tuvo lugar, el
viernes pasado, la ceremonia de la transmisión del
decanato al nuevo elegido, doctor Luis Guarnes, por
su antecesor, el doctor Eliseo Cantón.
En los discursos que se pronunciaron, se puso de re-
lieve toda la fecunda labor del doctor Cantón, como lo
expresó con toda propiedad el doctor Güemes, al decir:
«Durante muchos años, doctor Cantón, ha reposado
sobro vuestra personalidad el peso de esta tarea in-
tensa, agitada, á veces angustiosa. Habéis dominado
situaciones difíciles, habéis tenido iniciativas ini])or-
tantes y realizado obras fecundas para la Facultad,
' que constituyen el exponente gráfico de vuestra activa
y benéfica actuación».
Efectivamente, es de justicia reconocer que á pesar
de su intensa actuación política, el doctor Cantón, que
recibió la Facultad de (.Ciencias Módicas desquiciada,
la devuelve hoy, enaltecida, respetada y con regla-
mentos, que aseguran su marcha.
La alta personalidad del doctor Luis Güemes, que
lo sucede como decano, el prestigio de su talento y sus
virtudes de ciudadano, son promesas que aseg\iran
que la obra fecunda del antecesor será continuada y,
ampliada para bien de todos.
Fiesta en el Colegio Lacordaire
Banquete servido en el Colegio Lacordaire, el día 16 del actual, celebrando el cumpleaños del rector, y al qne íueron invitados los ex alum-
nos de la casa.
Hace algunos
años que,instado
por mi s caros
amigos del viejo
y del nuevo mun-
do, mo puse á
escribir mis im-
presiones sobre
licchos en que
me tocó actuar
como primor ac-
tor en la come-
dia de la vida;
y haciendo me-
moria, traté de acumular recuerdos para que resultase
interesante mi narración, y tuve oportunidad de ver
desfilar como en un cinema, que decimos los orioUos
bulevardiers, tal cantidad de películas trágicas y có-
micas, que francamente, me di cuenta de que era un
tipo rico, aimque suelo andar sin medio, y quo mis ami-
gos tenían razón;,estaba en el deber do hacer gemir á
las prensas dando á la publicidad «Mis memorias».
Pero el asunto tenía sus dificultades; estaba en el
deber de ser sincero, de no engañarme á mi mismo, y en
ese caso mi autobiografía iba á resultar un bombo más
grande que el del Colón; así, pues, opté por un término
medio, ¡lor contar algo de lo quo interesaría al público,
y algo de lo que me interesarí% á mi, pero siempre de-
fencliendo mis intereses.
Y desentumeciendo mi espíritu, algo aletargado por
los muchos años en que he vivido alejado del periodis-
mo, me acordé de los buenos tiempos del «¡Piíf-Paff!»,
y ¡paff! mojé la lapicera y como hizo Napoleón en la
isla do EH)a, empecé á escribir mis memorias.
Así, pues, la primicia que doy á CARAS Y CAEBTAS,
no son más que algunas hojas ai'rancadas del libro de
mi vida, puesto que mi vida entera está á la disposición
del «Buenos Aires Herald», periódico que ve la luz en
la ville Lumiére, del que soy director, redactor, repór-
ter y corredor de avisos, y no digo repartidor, porque
aunque me ayudan mucho mis compatriotas,-hasta la
fecha he repartido poco.
Estas páginas, que me permito puljlicar, adolecen de
un detecto, que yo diría capital tratándose de un libro
de recuerdos; como han pasado algunos años, no preciso
bien las fechas, pero en fin, cuando mis impresiones apa-
rezcan en un tomo, sub-
sanaré esta falta do me-
moria en «Mis memo-
rias», porque no creo
que sea este el momento
de guardar el orden cro-
nológico de mis méri-
tos y servicios, como si
fuera á pedir la jubi- x
lación. ,,
«Muchos se extrañan I'
de ver bordada en mi ;
ropa blanca una coron.i. [
condal, cuando do so- ;
bra saben que yo no po-
seo castillos, y que mis ^
antepasados fueron cor-
dobeses con tonada;
pero tienen su justifica-
ción estos pujos no-
biliarios, de éxito segu-
ro en Eurojia con loi
hoteleros y las lavan-
deras.
Kn Francia, verme el
pamisón de dormir con
-a corona de oonclo un
garzón (no confundir
con los do mi tierra), y
deshacerse en reverencias y genuflexio-
nes esperando una propina aristocrática
todo es uno. Llegada la hora de la pourboire el fámulo
se convence de que mi esplendidez es pura parada,
y cuando quiere vengarse de mi amarretismo, ya estoy
yo camino de Italia en un lujoso H. P. de algún ami-
go. AHÍ también mi ropa blanca, acompañada de mi
parada, surte los consabidos efectos aristocráticos que
obligan á las lavanderas á llamarme «Ecelenza».
Y con tan sencillo procedimiento, soy admirado
y resiJectado en Eur opa. . . hasta cierto punt o. . .
Cuando me encuentro en el mundo de las finanzas. . .
de mis amigos, cambio de recurso. Entonces no es mi
ropa blanca lo que mo impone á la consideración de las
gentes, pero si el pomposo nombro de Rockefeller, con
que mo conocen en Italia, y el de Rochef ort, con que me
hago pasar en Francia, consiguiendo con esto, que unos
me tomen por pariente del petrolista y otros por her-
mano del fabricante de queso?, y todo, por un ciento
(lo tarjetas al minuto, valor un franco cincuenta. Esté
recurso del cambio de apellido también lo empleo con
éxito en mi tierra, pues en Villa María comí una noche
fabricándome una tarjeta con el nombre de Benjamín
Roque Saéuz Peña».
«Allá por el año en que yo era secretario del Departa-
mento de Agricidtura, cargo penosísimo que me obli-
gaba á cobrar puntualmente todos los meses, poseía yo
tilbury con un caballo asmático, que tosía mejor que
algunas personas á la menor corriente de aire. Con él
acostumbraba á ir á dai'me corte á nuestro Bois (vulgo
Palermo), y al encontrarme frente á la Escuela Naval,
quo estaba donde hoy so halla, la estatua de Sarmiento,
vi á la gente correr desesperada gritar ¡las fieras se han
escapado! .'Kl oír eso pedí un revólver al oficial do guar-
dia, y corrí al lugar donde se decía que estaba la fiera.
Efectivamente, vi á un enorme oso que abrazaba á nn
pobre guardián, ilia & tirar pero desconfié de mi pun-
tería temiendo matar á aquel pobre hombre, entonces
haciendo coraje avancé resueltamente á pie hasta en-
contrarme á unos ocho metros del oso. Apunté con cui-
dado y lancé un silbido, el animal sorprendido levantó
la cabeza soltando su presa que se desplomó inerte y vi-
no hacia mi caminando sobro sus patas t r aser as. . .
Hice fuego, y el oso huyó arrojándose al estanque
cercano. Me fui hacia él, le disparó los otros cinco tiros,
el agua enrojecida mo reveló que el animal estaba
— Apunté con cuidado, y lancé un rübiiio...
herido de muerte y que s ucumbi r í a.
El desenlace de este episodio tuvo un
fin dolorosamente trágico, el guardián
Valle murió á los pocos días, de' resultas
del brutal abrazo del oso».
«Una noche en lo de papá Billot, aquel
buen rotisscrs del que tan gratos recuer-
dos tiene la muchachada del año 90,
fuimos á cenar como de costumbre, y
uno de nuestros camaradas, hoy dipu-
tado nacional, acertó á ver que en la he-
ladera, guardaba papá Billot un sabroso
pollo á la Marengo, adornado con papitas
y firuletes, que despertó nuestro apetito;
mmediatamente se resolvió un plan de
ataque al gallináceo y cantando el coro del
¡Piff - paff de los Hugonotes, el ex volá-
tU se volatilizó! Notarlo papá Billot, y
llamar al sargento Grappa que estaba de
servicio todo fué uno. Nosotros negamos
el secuestro, y para aclarar el asunto nos
invitaron á trasladarnos á la comisaría.
Hechos los cargos por el rotisero, fueron
destruidos éstos por mi declaración, pues
dije, que tratando de un ave, era muy
fácil que ésta hubiera volado. Papá Billot
protestó: ¡Mon dieu!, ¿como quiere que
vuele un pollo á la Marengo que estaba
en la heladera? Pero el comisario tuvo sus
dudas, y nos invitó á que volásemos tam-
bién porque el hecho denunciado se pre-
sentaba dudoso.
Papá Billot para evitarse dolores de ca-
beza resolvió muy acertadamente, traspa-
sar el boUche á un italiano llamado Vellini,
á quien nosotros decidimos cambiarle el
nombre por el del temible Napoleón. Este
italiano había llegado del Paraguay, de
donde se había traído vaiias plantas raras
y de valor para adornar el establecimiento,
y que constituían su orgullo. Decidimos
concluir con las plantas, para que el italiano
no oompadrease de floricultor: Se pasó la pala-
bra á la indiada, y la consigna fué ésta; celebrar-
le al hombre sus plantas y arrancarle una matita
mientras se le preguntaba: Pice usted, mon-
sieur Napoleón, que estas plantas son del Pa-
^ B^ ^ ^ ^ ^ ^ H
'j , 1 , Si
Arrojaba los estuches y me guardaba las joyas en los
bolsillos.
— jDice usted, Mr. Napoleón, que estas plantas son del FaraguayP...
raguay? Al quinto día habíamos acabado con las plantas y con
la paciencia del fondero».
«Para los incendios soy un palpitador de primera. Una noche
pasal)a yo con la patota por frente del teatro Nacional de la
calle Florida, y recuerdo que dije á mis compañeros: Este tea-
tro se va á quemar muy pronto, seguimos caminando, y nos
fuimos á lo de Luzio donde entonces teníamos nuestra tertulia.
Pocas horas después sentimos pitadas de auxilio, y yo conven-
cido, dije á mis amigos: «¡Es el teatro Nacional que se quema!»
Nos lanzamos apresuradamente á la calle, y aún viven muchos
de los que vieron confirmada mi corazonacla, puesto que cuan-
do llegamos la sala del teatro estaba en llamas. Acordéme en-
tonces de la pequeña joyería que estaba instalada al lado del
teatro y decidí hacerle un buen servicio al dueño, salvándole
su negocio.
Varios bomberos derribaron la puerta por orden mía.
Entré solo en el establecimiento y rápidamente arrojaba
los estuches y me guardaba las joyas en los bolsillos.
Momentos después, entregaba aquella fortuna al hermano
del patrón, que también tenía una joyería en la Plaza Victoria,
y tuve la satisfacción de que vieran que no faltaba ni una sola
alhaja. Me invitaron á que me quedase con unas cuantas, pero
no acepté más que un alfiler de corbata, que al poco tiempo
pasó á mejor vida».
«Una noche andábamos farreando por Buenos, y al Ilegal
á la caüe San Martín, á lo de CoUet y Llambí, que como todo»
saben tenían remate de perros, vacas, burros y gallos, me invi-
taron los compañeros á que hiciese algunas imitaciones de
animales. Empecé por cantar de gallo, y seguí imitando el
perro, el burro y el toro. Los animales se alborotaron, y empezó
uno de esos conciertos originales que seguramente se oyeron
en el Arca de Noé. Se alarmó todo el barrio, pero mis compa-
ñeros que reían á earcajatlas del estrilo de los vecinos me invi-
taron á que continuase en mis imitaciones, pero el señoi Gómez
Cibils, que quería dormir á toda costa, salió al balcón con un
revólver, y nos invitó á que nos fuéramos con la música á otra
parte. Ante sus poderosas razones echamos á correr. . . Está-
bamos á tres cuadras de distancia, y todavía oíamos el relín-
ohode los potrillos, los cantos de los gallos, losmugidosde los t o
ros y la voz del señor Gó-
mez Cibils, que la protes-
taba».
Díb. de Málaga Grenel.
^.(^o
El suplicio de Tántalo
C/VJÍ/X DE CCIJNíVE. tt. aiONI
¡Unos tanlo y otros tan poco!
Dib. de Alonso.
imPRESlOHES DE
DUEnos aiRES
ESCRITAS POR
Olga he FFloracs Sarítisnfa
PñRA "CKRKS V CñRETñS'
^-^.^^Z^-^-:^
Nuestro tiempo parece prepararse para un nuevo y
próximo período de renacimiento. Y las mujeres,
comienzan á cHris^ir su mirada hacia la vida y hacia
la luz, dándose cuenta de la injusticia de su aleja-
miento de la escena social.
Desde el maestrazgo del duque de C'hartres, en el
Gran Oriente Francés, al que so afilian la Princesa de
Lombardia, la duq\iesa de Borbón, las condesas de
Polignac y de Briene; desde la acción política é in-
telectual de la marquesa de Alorna (Alcippe), de Mme.
Roland y de la Staél, hasta las figuras femeninas que
en el momento actual practican y profesan las artes
y las ciencias, la mujer ha sido la colaboradora
consciente del hombre y un factor del |)rogreso, del
a r t e . . .
Una de las impresiones más gratas que llevo de
Buenos Aires, es la de haber comprobado que las
niñas de sn sociedad distinguida procuran ihistrarse,
huyendo de la banalidad de ser tan sólo elegantes que
visten, con donaire, las «toileltss» de Paquin, Rechoff,
David y Drécoll. He observado, además, que en la
sociedad portoña se destacan más, por su inteligencia,
las abuelas y las nietas. Parece como que, haya ha-
bido, años atrás, un cierto aba,ndono, una paralización
cu la cultura del espíritu femenino — lo que no quiere
decir que no haya encontrado mamas encantadoras,
con talento c ilustración.
\ Una feliz casualidad, llevóme hasta la intimidad
de algunas familias argentinas, en el seno de las cuales,
el culto á lo bello y á todas sus manifestaciones, es
acatado con respeto. Recibida con cariño y sencillez,
pude observar de cerca la forma correcta con que
procuran dirigir su educación, sin «snobismo rusta»,
que era, muchas veces, la característica de países nue-
e n r iqueci-
dos, s i n
respeto por
talento,
ni por los
artistas.
No tuve
el p 1 a cer
de recorrer
las provin-
cias argen-
tinas. Parto sin conocer más que algo de la ciudad do
Buenos Aires. Pero la impresión que llevo es tan gratas
tan intensa, como l a' que experimenté en París ó
Londres. Pueden, en justa razón, ontírguUecerse \o3
argentinos, de su admirable ciudad. ¡Es bella, bajo
todo concepto' Nosotros, los extranjeros, que encon-
tramos aquí magníficos hoteles, teatros espléndidos ,
y un hipódromo de primer orden, un Joclcey Club
elegantisimo, un palacio de justicia, que excede como
arquitectura, al de Roma y al de París, un Congreso
lindísimo — nos sentimos subyugados y experimen-
tamos el deseo de «fijarnos» en todo. ¡Yo que vine por
diez días, permanecí cerca ds dos meses!
Después, recorriendo los hospitales, las escuelas,
los asilos y demás establecimientos de beneficencia,
observé cómo este país tiene la noción nítida de, la
alta misión que le está confiada en la vida de la ci-
vilización mundial.
Mas no quiero continuar divagando por más tiempo,
apartándome del asunto primordial de esta pequeña
nota-instantánea para CAKAS Y OAR-ETAS. Diré, pues, qtio
Consuelo Moreno.
Rosita Spranles.
rae voy encant ada del t a-
l ent o que di st i ngue á no po-
cas señori t as de la soci edad
por t eña. Mi t r at o con ella?
dur ant e mi breve per manen-
cia en Buenos Aires — breve
sin duda al guna por que mi
deseo hubi er a sido poder resi-
di r aquí mucho t i empo más
— me ha per mi t i do apreci ar
con i nt ensa satisfacción mu-
chos y gr at os aspect os do est a
soci edad, en la cual so en-
cuent r a un espí ri t u admi r a-
ble de buen sent i do art í st i co
y «na encant ador a sencillez
que hace t odaví a más valioso
su val er i ndi scut i bl e do so-
ci abi l i dad exqui si t a, al t amen-
t e refi nada, t al como j ' o creía
que solo podí a haber l a en
puebl os que han cul t i vado
dur ant e siglos el espí ri t u del
ar t e y que aquí se ha i mpro-
vi sado, di gámosl o asi, en uno.i
pocos cent enar es de años
dedi cados á la t ar ea do for-
ma r l a soci edad una vez t er-
mi nada y ci ment ada sólida-
ment e la do organi zar la
par t e pol í t i ca del ))aís. Poro
si ha sido r ápi da la acción,
en cambi o y por ant í t esi s, ha
sido i nt ensa y ha dado resul-
t ados admi r abl es. Par a dej ar
demos t r ado esto me bast ar á decir algu-
nas pal abr as sobre vari as de las señoia-^
y señori t as que he conoci do. Ci t ai é rl
nombr o, al azar , de seis, t odas linilas i-
i nt el i gent es. Muchas ot r as hay ador na-
das de t an al t as cual i dades, pero no t u\ ' o
el pl acer de conocerl as porsonal racnt c.
— Consuelo Moreno, Susana de Oliver
Tezanos v Brí gi da Fr í as son t r es admi -
Susana Oliver Tezano:.
rabi es «amateurs» Uel cant o-
Revel anse ar t i st as de, val er .
Voces deliciosas; son tre.*
g r a c i a s . . .
Mar í a Es t her de Et che-
ver r y dice versos, en francés,
como sólo u n a ens ayada
act ri z de la Comedie podr í a
liacerlo. ¡Y qué di st i nci ón en
P1 por t e y en el gest o! Her edó
<le su admi r abl e y si mpát i ca
madr e, el rasgo hi dal go que
la car act ei i za.
Rosi t a Ser ant es, que t am-
bién posee una buena voz de
sopr ano, i mpónese como pin-
t or a. Sus cuadr os revel an un
exqui si t o t emper ament o ar-
t í st i co.
Fi nal i zar é rcferi éndorae á
la señori t a María Lui sa Bous-
som, «diseuse» irreprochable, ,
á la que t uve el pl acer de
oír reci t ar corrcct í si mamen-
t e, con elocuencia, Le retow
de VEmpereur, de Víctor
Hugo.
Así, por el ar t e, so puetlc
obt ener una ar moní a social.
Enal t eci endo t odo lo que es
bello y cr eando nuevos' estí-
mul os di rí gese haci a nuevos
ideales, dando forma á mu-
chas fant así as y real i dad á
muchos ideales. Ha do ser en
la escuela del ar t e donde se formen
el car áct er y el t al ent o de un puebl o
y pr eci sament e cuando las clases ele-
vadas demues t r an t enor ent r e ella<!
á ver dader os ar t i st as de corazón, es
cuando se puede creer que un paí s
va haci a adel ant e con paso firme y
seguro y que t i ene el porveni r — no,
ya el [lorvenir pur ament e económi co
ín^ia LnisR BoüSaon.
Brígida Frías.
sino el art í st i co, el i nt el ect ual — sóli-
dament e asegurado. Do poco servi-
rí an l as ri quezas sin ar t e y buen
gust o. De poco, en real i dad, podí an
serles út i l t odos los gr andes adel an-
t os que pr opor ci onan enor mes ricjue-
zas si ést as no vi ni eran pr eci sament e
á caer en t er r eno fértil y propi ci o
donde so hi ci era posible y aún rá-
pi da su fructificación l ozana en as-
pect os r eal ment e art í st i cos. Un pue-
\)\o muy rico pero que no sea ar t i st a,
sería si empre un puebl o, en r eal i dad,
at r asado, vul gar, \m puebl o que por
desgraci a no vi vi rí a i nt ens ament e
t al como vi ven los puebl os vent ur o-
sos que t i enen el ar t e por punt o de
ori ent aci ón y el di nero t an sólo como
medi o de llegar al perfecci onami ent o
i nt el ect ual . De poco sería út i l t odo
ot ro esfuerzo sin el que t i ene por fi-
nal i dad el perfecci onami ent o del gus-
t o. Y si la clase social el evada es la
que domi na por su exqui si t o cri t eri o,
;,qué mej or escuela puede haber par a
t odos y pa r a el desenvol vi mi ent o in-
'.c;.,'t,.uai, base del mayor pro;:reso de
organi zaci ón v da \x más oompl et a y
el evada fase cic la evol uci ón nat ur al ?
OLGA B E MOKAJSS SARMENTÓ.
María li^iher Etehevcrry
Proyectos de casas para obreros
Modelo económico. (Para peones.) Dos piezas, bajo
y »ltoR, con Ealvagoteras impermeable. Vereda de nao-
'Baioo romano. Tranvía á la puerta; teléfono por encí-
»••. alumbrado cuando hay luna; grandes vistas.
(Para oficiales.) l i es piezas, que dividiéndolas con
biombos pueden lesultai seis ó doce, á voluntad; azo-
tea con cómoda escalera, gran gallinero, baño de llu-
via, cocina amplia y aireada; el tren pasa por la puerta
per o. . . no para hasta ocho líilómetrna más allá.
(Para maestros de larga familia.) Diez piezas á lo
ilargo, comunicación directa, vereda rodante para la
mejor circulación á lo largo de las piezas. Agua se-
•misurgente.
Chalet. (Para capataces.) Cuatro piezas de cemento
tranquilo ó sea sin armar, cuarto de baño, altillo para
la servidumbre, aguas corrientes, luz eléctrica (en la
esquina), todo ya urbanizado.
Gran chalen quinta. (Para uoreros socialistas que Hayan satisfecho las aspiraciones de ser burgueses.) Estilo
.Luis XXV.quees másavanzado y modernista que el Luis XV. Calefacción á gas pobre. Ascensor á fuerza de sangre.
Salón amarillo, gabinete rojo, líormitorio verde, cochera, perrera, árboles frutales y con buena sombra.
Pul. de Redonda
El último gaucho
Hormiga negra, el gaucho de larga famu,
á quien el popular novelista Eduardo Gu-
tiérrez consagrara una novela, de tanto éxi-
to, que está agotada, vive. Y vive, respetado
y querido en el mismo escenario en que tu-
vieron lugar sus hazañas, para cuya narra-
ción necesitó Gutiérrez 281 páginas.
Tal milagro dice mucho en favor de la benignidad
de nuestro clima, puesto que nos ha conservado hasta
hoy, á ese hombre, que es la leyenda viviente del paisa-
no perseguido por la justicia, y cuya vida tiene tanto
iiiterés que llevada á la novela y al drama, entusiasmó
¿ las multitudes.
Al enterarnos de que Guillermo Hoyo vivía, senti-
mos el natural deseo de entrevistamos con él para po-
der juzgar de la veracidad de los hechos relatados por
Gutiérrez, y oir de boca de aquel paisano la narración
sencilla de cuanto la fama le atriouye. •'
Así, pues, nuestra natural curiosidad de reportera
nos trasladó á San Nicolás de los Arroyos, donde tuvi-
mos la fortuna de vernos cara á cara con el famoso gau-
cho, con el temible Hormiga Negra, terror de policías,
y taita del gauchaje, en todo el norte de la provincia
de Buenos Aires, allá por el año 58.
'^a^^a>
^ ^ .
Guillermo Hoyo (a) Hormiga Negra, y su mejor amigo.
Nuestra fantasía, exaltada por el relato
lovelesco, nos lo hacía imaginar alto y for-
nido, pero nos encontramos con un hombre
chiquito, delgado, do tez morena, en cuya
cara las arrugas marcan enérgicas Kneas, y
en la que se ostenta un blanco y recio bigote.
La nieve de los años también ha caído sobre
su cabeza, pero á pesar de los setenta y nueve cumpli-
dos, es ágU y robusto, y conserva una lucidez que en-
canta. Todavía vive en su espíritu, el paisano retru-
cador y refranero. Sus grandes ojos se abrillantan cuan-
do quieren afirmar algo, y saben entornarse picaresca-
mente para acentuar algún dicho criollo lleno de ma-
hcia.
— ¡Qué quiere amigo, que le cuente — nos deoift-
Hoyo — la verdá no me la van á crér! Hormiga Negra,
ps, y será pa tuito el mundo, un gaucho desalmao.
Acuérdese cuando se me prendió por asesino de la
señora de Marzo; que vino á mi rancho un policiano,
y ahí no más, me hizo enderezar pa la comisaria... •
Se había cometido un cri men. . . y amigo, yo tenia
que ser por fuerza porque no había en el pago otro
gaucho picaro á quien acumular la cosa. Dos años
me tuvieron comiendo tumba y bastante apuradaso,
porque los jueses me
tráiban y me llevaban
como caballo patrio
tomándome declara-
siones pa ver si me
ensartaba. A veces,
amigo, hasta dudé de
mi mesmo. Aquellos
hombres hablaban tan
lindo, que se me hasía
sierto que era yo el
asesino. Pero en aque-
lla ocasión, tuve algún
santo bendito que me
sacó de pantano.
— ;.Sí?
— ¡Si! Se descu-
brió el criminal y los
jueses entonses me
mandaron poner en
liberta sin cobrarme
ni medio por la posa-
sada. ¿Qué suerte, eh?
— ¿Y quién había
sido el asesino?
— Un tal Martín
Dí as . . . ¡Pobre, que
el diablo lo perdone!
— ¡Son cosas de la
vida, amigo Hoyo! di
j irnos para consolarle.
— ¡Sí, cosas de la
vi da!. . . Pero 1» vida
tiene cosas dulco*. ¿,
y á mi siempre me han
tocao las amargas.
— D í g a n o s , 'jpa
cierto lo que le atri-
buye la fama?
•— No le negaíá^ que
de muchacho he sido
un poco calavera, y ,
que era hombre llegáo
el caso, pero amigo,
m'han apuntao tan-
tas, que ni pulpero
que hubiese sido tuito
el mundo pa llevar
cuent as. . . y tienen
fama de apuntar de
más. i
— Eduardo Gutié-
rrez, no lo trata mal.
Lo presenta como un
buen gaucho, que si
pel ea, es en defensa pr opi a par a sal var
el cuero.
— ¡Si! Per o, ami go, ya sabemos lo
que son n o v e l a s . . . y lo que son cuen-
t os. Ust edes los hombr es de pl uma, lo
met en no más, i nvent ando cosas que
i nt eresen, y que resul t en l i ndas. Y el
gaucho se pr est a pa t odo. Des pués
que ha servi do de j uguet e á l a pole' íti
lo t oman los l et er at os par a cont ar d' cl
á la gent e lo que .se les ocurre. Y si un
pobr e pai sano se desgrasi a por que ha
queri do most r ar se guapo, y se l i mpi a
al que le ofendió, ust edes no le mei -
man nadi t a, si no que le acumul an
más muer t os que los q' hay en el ce-
me n t e r i o . . . por que así debe ser el
gaucho do novel a, pel eador has t a que
no queden polefías, ó has t a que se lo
limpien á él de un bayonot aso, comn
á Moreira. El gaucho que mur i ó en
Ramón Hoyo, liijo de Hormi^^a, conocido por Hormiguita, y
que trabaja bonradameate de chacarero.
BU l ay, ¡ mat ando! •
— j De maner a, qué lo que se cuent a en l a no-
vela? . . . -
Hormiga Negra y su mujer, falle-
cida hace dos años.
•El Iiormisi-^sro'.—La casa en donde vive Hoyo
con su hijo y sus nietos, en las afueras de
San Nicolás.
— I0^• la vi da de un gaucho,
bandi do, que en al gunos mo-
ment os sabí a ser bueno, pero
aquel Hor mi ga Negr a, es de-
masi ado pel eador, y se le va
la mano con f r ecuenci a. . .
Según mis cálculos, se limi^ió
una punt a.
— Si, pero en defensa pro-
pia. De hombr e á hombr e, \
en duel o criollo.
— Mire, ami go. La ver dad
de las cosas sería muy poco,
pues no es lo mi smo ma t a r
á un hombr e en de veras que
mat ar l o en el papel cuando se escribe, ¡créame!
Luego, no se exponen á cada r at o el cuero, por que si,
por pur o gust o de hacerse ver ant e l a pai sanada. Eso de
ías pel eas con una par t i da de ci ncuent a h o mb r e s . . . es un
Ijolaso de mi f l o r . . . ¡Lindo cuent o pa los mosi t os de l a
siudá, pero no par a cont ar l o en la campaña, por que
le pueden dej ar á uno por embust er o.
— í De modo q u é ? . . .
— Pur o cuent o, ami go. Tan ment i r a es t odo eso, como
el ci'imon que se me achacaba de la señora de Marzo, y
t enga en cuent a que si ocurri ó el equí voco reci ensi t o, en el
año. 1902, cuando la j ust i si a era léitla y e s c r i bi da . . . Calcu-
le, que no sería en aquellos t i empos en que los j ueses de paz
si sabí an lor, no t ui t os se <laban el lujo de saber escrebi r.
En los t i empos do que le habl o, bast aba que un gaucho
se negase á acompañar á los que er an gobi erno en unas
vot asi ones, ó que le hubi er an vist o mar ear se más de l o
debi do, par a que sin más ni más lo fl et aran á un cont i n-
gent e, y si le t omaban r abi a, y querí an que el hombr e co-
nosieso el amar gui t o de las penas le f or maban un sumar i o
donde cost aba que t ui t os los muer t os del año no debí an
nadi t a á los médi cos, si no á lo filoso de su f a c ó n . . .
— ¡O de su t r abuco de c a mp a ñ a ! . . .
•— ¡Deje que me r í a, mosi t o! Ya té, por qué lo dice. En
l a novel a se cuent a el caso en que yo hi ce hui r á l a miU-
cada. ; Y, ust é lo c r e y ó ? . . . Per o, ami go, eso, es no conocer
Iitigac iízii sülavo escocilitlo [ X} cu: iialier mnería al reóc do su
sue?ra.
Arroyo del Medio, donds peleó coa el juez de paz de San Nicolás
y una partida de cincuenta vigilantes matando é hiriendo & doce
de lo.s últimos.
El calabozo del juzgado de paz, en donde fué ence-
rrado Hormiga por primera vez, en 1876, lioy ta-
ller de máquinas de <Ei Noticiero".
Jo que eran en aquel l os t i empos el bat a-
llón provi nci al . El coronel Dant as podí a
cont ar l e. ¡Lindos nenes joara quedar se de
íí p i e ! . . . ¡y t an luego con una gar abi na
r emi nt ón en la mano!
— ¡Me dej a asombr ado, pai sano! ¡Y yo
que creí que la l e ye nda ! . . .
Lo que hay de
\ cr dat l , es que
!o; criollos de en-
t onses, ér amos
de una pi esi . Vi-
\-os como la luz
y val i ent es como
l a s a r m a s , y
cuando l l egaba
el moment o de
haser pat a an-
cha .se liasía, ])e-
i'o par a hascr-
«e r e s p e t a r ' .
A l g o p o d i a
c o n t a r l e . . . Sí,
yo he sido hombr e de vérmel as con cna-
tvo inosito.? de los buenos, que manej a-
ban el cuchillo como el mej or, y al guno
(lo ellos se quedó con un l i ndo recuerdo
de mi daga, y como cual qui er cri st i ano
al ver llegar la par t i da t r at é de sal var me
en ancas de mi flete, pasando el Arroyo
el Medi o, y poni éndome á di st anci a de
los que querí an dar me caza.
— (.Qué apur os, eh?
— ¡Macucos! ¡Pero á qué recordar co-
sas t ri st es! Ya ve, ami go, cuando se t ra-
t a ba de cosas falsas me reiba, pero cuan-
do son hechos verdaderos, cierto amar -
gui t o viene á ent ri st ecerme.
— ¡Recordar, es vi vi r ! . . .
— Si, pero mi
vi da es bien t r i st e.
La fat al i dá me ha
persegui do más de
lo debi do. Desde
El sargento Moreira, que
prendió á Hormisa Nesra.
La victima, Luisa Fenza de
Marzo.
Ma r t i n Díaz, actualmente su-
friendo su condena en el presi-
dio de Sierra Chica.
La cárcel de San Nicolás, en donde purgó su injusta
condena.
(|ue me faltó mi compañer a, no he t eni do
ni un chi qui t o de alegría. Por f or t una
nie ha quedado par a consolar mi vejez á
mi hijo Ramón, un muchacho bueno y
t r abaj ador , que est á de chacar er o, sin
(|ue por f or t una haiga, t eni do que hacer
nada con la polesía. Ya compr ender á
(|ue cuando la cria ha calido buena. . . es
;et"ial de que el
l)adrc no ha sido
t an mal o como
he visto ( | uese k
pr esent aba poi
l ui aeompañi adc
eiieo que ca>o
|ior San Nicolás.
¡Qué «Hormi-
ga Negra», ami -
go, era un ma-
t rero capas de
at ropel l ar al
mesmo Man-
di nga!
— V a y a ,
pues me fecili-
to de haber
))odido est re-
char la mano
de un buen criollo, de los que ya no que-
dan, puest o que le l l aman á ust ed, el
úl t i mo gaucho.
— Y así es nomás. Ah, le agradeserí a
[|ue si va á cont ar algo en su CAB .-Í S Y CA-
liETAS no se le diese por a ume nt a r las
cosas, ó por i nvent ar .
— Pi er da cui dado. Con decir la ver-
dad, el report aj e será i nt er esant e. Su so!»
nombr e bast a par a evocar t odo el pasado
ar gent i no, y más que nada al gaucho, á
c ;e ]5aria de la Pa mpa que ha servi do de
car ne de cañón, y
cuya sangre ha cu-
bierto de honor los
campos de bat al l a.
GOYO CUELLO.
El juez del crimen señor
Tliorne, que condenó á
Hormiga Negra á sufrir
ocbo años de prisión, por
la muerte de la señora Fen-
za de Marzo.
Hoyo y su mujer, cuando fué absuelto de la pena impuesta por el homicidio que se le atribuyó.
Colonizar Canalizaildo, por VILLALOBOS
El doctor Zeballos quiere hacer obras de irrigación en las provincias del norte.
Pero no es solamente con fines agrícolas. Zeballos ve mucho más íejos.
Su, propósito es establecer una red estratégico-mediterránea dé canales y acequias, en los que puedan
evolucionar escuadras de dreadnoughis (pequeño modelo), cuando llegue el caso, según él t an probable
de una conflagración internacional. • • .:-
{Como este es asunto de alta poUtica y secreto de estado, contamos con la discreción de nuestros 120.000
lectores, para que el plan no trascienda á las repúblicas circunvecinas) - . '
1
'Cuando Alfredo Palacios fué
elegido diputado nacional por
la 4.* circunscripción, en el año
1904, era un brioso muchacho
de veinticinco años, un poco
demagogo y acentuadamente
romántico.
Inteligencia clara y espíritu
despierto, hubo de acelerar, con
BU iniciación en la vida pública,
la evolución necesaria y fatal,
por otra parte, hacia más firmes
concepciones de su doctrina y
más serenas y claras interpre-
taciones filosóficas. Solo, debió
batirse contra todos sus adver-
sarios en ideas, sosteniendo sus
convicciones con valentía y con
elocuencia. Tuvo la rara virtud
de saber triunfar obteniendo
varias leyes protectoras, del
trabajo y dejando iniciativas
que otros recogieron después
O que él va á mover de nuevo.
I . 1
Escuchanóo la, lectura
5e las notas &e su
lance.
Como buen luchador,
Palacios es hombre que
actúa en los más diver-
sos • campos: Profesor en
la Facultad de Derecho,
diputado, abogado, escri-
tor, miembro del Comité
Ejecutivo del '' Partido
Socialista, or ador . . . • y
hasta aeronauta.
No obstante la' m\ilti-
tud de tareas que absor-
ben su atención, dedica
buena parte de su tiempo
á la otra mitad del gé-
nero humano. . . ;,
Ha dado á su viejo ro- ,
manticismo, sutilizándo-
lo, J^intes de discreta aris-
tocracia. En FJorida,. por
las tardes, suele deleitara
1 Hi
S^PJTI
^^_^g^^^ '"'í^ís^'.,"- '• '"^^Hi
El rincón 6on&c nutre su "pasta divina"
En su estudio ñe
abogaOo.
al paso de las hermosas y
coquetas fugitivas. . . Ello
no impide que luego, eri
su bitilioteca, busque 1»
austera compañía de En-
gels ó Bernstcín, ó lleve ¿
los barrios de extramuros
la arenga vibrante" del pro-
pagandista. Y esto no im-
pide tampoco — no obstan-
te la pfescri])ción inequívo-
ca de los estatutos del par-
tido — el lance cabaUe-
resoo.
Accesible al reportaje,
explícito en sus declara-
ciones, sin esas medias pa-
labras que ocultan á me-
nudo pobreza de ideas,,
equilibrismos ó cobardías
morales, Palacios nos ha
trazado brevemente su pro-
grama de profesor y de dipu-
tado.
«Tengo por mi cátedra —nos
dijo —• un profundo cariño.
Enseñando á la juventud se
aprende y se abre el espíritu A
emociones gratas, porque en
ella están siempre unidos el
entusiasmo y la sinceridad.
«Aspiro — agregó — á que
mis alumnos vean en el estu-
dio algo más que el conocimien-
t o cronológico de cosas y su-
cesos históricos ó de métodos,
sistemas y doctrinas; busco de
•despertar en ellos el anhelo de
la investigación, relacionando
las diversas causas que dan
origen al derecho en las dis-
tintas épocas y en los distintos
pueblos.»
Como legislador, el doctor
Palacios se ha propuesto des-
arrollar una gran tarea, en fa-
vor de laclase proletaria.
Ha presentado ya los siguien-
tes proyectos: derogación do
No olvide, doctor, á los niños obreros.
la ley social, moditioación de la de resi-
dencia, reforma del sistema impositivo
aduanero, aumento de sueldos de los maes-
tros, responsabilidad de los patronos en
los accidentes del trabajo.
Tiene en ])reparaeión uno encargando á •
la Dirección Gjncral del Trabajo la ins-
pección do ks leyes obreras, otro modi-
ficando la ley de su inieiati\-a ([uc protege
á las mujeres y á los niños en las fábricas
y un tercero, que fija el salario mínimo pa-
ra los obreros del Estado.
«Este—terminó diciéndonos el diputado
socialista — sei'á el comienzo de mi se-
gundo período parlamentario, que espero
más fecundo que el anterior, ya que se
lian incorporado á la C/imara nuevos ele-
montos surgidos de comicios jiopulares
y libres.»
En noviembre próximo, el doctor Pa-
lacios hará un viaje á Europa, con el pro-
pósito-de-cstuíliar en el terreno el funcio-
namiehto""dlS'-las cooperativas italianas,
francesas y belgas, cuya importancia pu-
siera él de relieve en el año li)07 al fundai-
su proyecto de exoneración de impuestcs
á las instituciones de esa índole.
Es posible que lleve también la repre-
sentación del Partido Socialista Argentino
al Conareso Internacional (!e 1918.
El cronista fúnebre
Las doce hablan sonado en uno de los tantos cam-
panarios diseminados por la gran ciudad. La noche
era fría ytormentosa. Era la hora do los cenáculos en
su apogeo, on los cafés yredacciones de diarios.
En una de estas últimas, el personal reporteril, con-
dimentaba las últimas noticias de la noche.
Alrededor de una larga mesa, en uno do los extre-
mos de una vasta sala, seis ósiete hombres fumaban
y ennegrecían carillas; en el otro extremo, sentado
junto á un escritorio lujoso, releía pruebas el redactor
en jefe, pruebas que una vez lelda-s iba entregando al
regente, (|uc de pie junto al escritorio las esperaba.
Media hora habría pasado, cuando uno de los más
jóvenes cronistas, después de tirar sobre la mesa su
lapicera yfrotarse las manos como satisfecho del ter-
mino de su labor, dijo al vecino camarada:
—¡Qué noche, amigo Mateo; con un frío atroz, sin ca-
si material y obli-
gados á comentar
asuntos que jamás
pasan do un par
de com ponedores!
— ¿Y qué nove-
dades has traído?
— pr egunt ól e el
aludido.
— ¡Pchs!, poca
cosa. El ministro
de la guerra ha
ordenatlo, por vía
reservada, la sus-
pensión del jefe
militar do la in-
tervención, p o r-
que no está segu-
ro el señor inter-
ventor, de la sin-
ceridad en los pro-
cederes de ese jefe.
• — SI, pero ¿se
le conoce al coro-
nel Zeta, alguna
parcialidad con los que no querían la intervención?
Iba á responder, cuando la puerta de acceso al patio
se abrió pausadamente yapareció un hombre de mo-
desto aspecto, tirando á bohemio 6 á murciélago de
café, el cual después de dar las buenas noches, pregun-
tó por el redactor en jefe.
— Soy yo, contestó éste, que en ese instante se
había aproximado á la mesa de los reporters — ¿qué
se le ofrece?
El desconocido se acercó á su vez, y al darle de Ueno
la luz de las bujías eléctricas, se le pudo analizar.
Su intlumentaria ceñía todas las condecoraciones
do una campaña prolongada. Lo raído con las man-
chas, se disputaban el predominio de su viejo sobre-
todo. Y su cuello en demasía holgado, acusaba la falta
do las purifioadoras manos de una lavandera. Su ros-
tro no tenía nada de particular. Bigotes incipientes,
cuyas guías tomaban el rumbo que más los convenía.
Y ojos''de un verde claro y de mirar penetrante é in-
quisidor, aparecían como asustados, sobi'o su cara.
— Yo, señor, respondió algo cohibido, deseo darle
una noticia que creo de gran trascendencia en el mun-
do del comercio, yaseguro, que la primicia puede colo-
car á su diario como uno de los mejores informados;
per o. . . sólo la daré á cambio de algo; y miró á sus
oyentes que con caras sonrientes le observaban, ha-
ciendo comentarios en voz baja.
Hable, amigo; ¿qué es lo que usted pretende por
esa noticia de tanta trascendencia?
— Vea, señor, lo que le voy á pedir por la noticia,
y que creo que bien lo vale, es tm puesto de cronista
en esta redacción.
— Eso, amigo, no es tan fácil; pero, veamos. ¿Ha
escrito en algún diario?
— Ko, señor, no me han dejado.
— ¿Cómo no lo han dejado?, y ¿por qué?
— Todos me dijeron que mis escritos olían á pom-
pas fúnebres yque para llorar muertos ajenos, no so
necesitaba mi pluma.
Una carcajada general acogió las frases del presunto
cronista.
—¿Y por qué asi lo calificaron? Habría mi motivo
para ello, seguramente — replicó el jefe, conteniendo
la risa al ver el rostro compungido do su interlocutor.
— Sencillamente, señor, porque al pedirme redac-
tara un suelto sobre cualquier deficiencia edilicía'
hice un artículo sobre la necesidad de ensanchar los
cementerios y la creación do otros nuevos, dado el
incremento de la población y la abundancia de pes-
tes reinantes.
Otracarcajadageneral, saludó las explicaciones dadas.
— Bien, vamos al grano entonces, prosiguió el jefe,
¿cuál es su noticia? y ya que le pone precio, no tengo
inconveniente en dárselo en el equivalente de un puesto
igual al por usted solicitado.
— Es C|ue, señor. . . la noticia es gr ave, . . . y qui-
siera que usted tan sólo la supiera.
— Bueno, venga para acá, y cruzando la vasta
sala seguido del repórter oficioso, se sentó frente á
su escritorio, señalándole una silla.
— ¿ C u á l es
pues, la noticia
que tiene, tan ex-
traordinaria?
— Sabe usted,
señor jefe, algo
concreto de lo que
resolverá el P. E.
sobre el asunto del
B a n c o Agrope-
cuario?
— i A h ! ¿pica
por ahí la noticia?
— Sí, señor, y
usted no se ima-
gina lo que hay do
sorprendente.
—Veamos, vea-
mos, dijo con im-
paciencia e 1 jefe,
á quien, al pare-
cer, comenzaba á
interesar la noticia
—seguramente ha-
brá cambio en la
gerencia ó en el directorio.
-•-• No señor, no; lo que hay es que el gerente de ese
banco ha tomado las de Villadiego llevándose grandes
valores yque el directorio lia declarado imposible ocul-
tar por un día más la bancarrota de esa casa bancaria.
— ;Qué me dice! Pero, ¿está usted seguro de lo quo
me cuenta? ¿Cómo lo ha sabido?
— De una manera casual, es decir, casual hasta por
ahí, no más. La verdadera noticia la sonsaqué emplean-
do cuanto ardid me fué necesario urdir. La persona en
cuestión, es el ordenanza encargado do la sala del direc-
torio, que asistió en desempeño de su misión al debate
donde se trató la forma en que podría silenciarse el
acontecimiento ante la opinión pública,y como este hom-
bre quedará enlla calle, le dio tanto hablar como callar.
— Pertectamente, amigo, es usted desde osta nociré,
cronista de nuestro diario. Vale la noticia el puesto que
desea. Venga, venga conmigo — y dirigiéndose á la
mesa de los reporters, frotánrlose las manos de satisfac-
ción, les dijo: — voy á presentarles su nuevo compañe-
ro, el señor. . . ¿cómo se llama usted?
— Salustiano Tachuela, para servirlo.
— . . . el señor Tachuela, del que espero, con el
tiempo. Sacar un verdadero profesional del periodismo.
Y dirgiéndose al flamante cronista, continuó: — sién-
tese usted yredacte la nota sensacional que acaba de
darme, con cuanto detalle le sea posible.
Al día siguiente los lectores de «El Temporal», diario
matutino cíe mayor circulación, con su noticia sensacio-
nal sobre la quiebra del banco, revolucionaban el mundo
de los negocios. <,
Esa misma noche, el director en persona concurrió
á la redacción para conoc(-r al nuevo cronista, ytlespués
de serle presentado, viéndolo trabajar, le inquijié, si
estaba" ooWliiti'entattdo una' nueva piíitticia, á lO que
respondió Tao^huela: .
— Sí, señcTr cUrector, estoy escribiendo sobro los abu-
sos que se cometón en los cementerios por las empresas
cuidadoras de los sepulcro.? y. . . una carcajada general
interrumpió la contestación, ydesde ese día se lo llamó,
entro sus compañeros, el «cronista fúnebre».
Dib. de Alonso. DOMINQO L. VILA BRAVO,
CARICATURAS CONTEMPORÁNEAS
Dr. VICENTE C. GALLO, por ALONSO
Los radicales tienen fe
en que el parti&o triunfará,
pero la gente Dice que:
" Cuanóo este Gallo cantará
es cuanQo créDito se hará".
(Silbes-a^E QUIEREN SER ACT0R^^
El n ú me r o de af i ci onados al
a r t e de Ta l l a a u me n t a consi -
d e r a b l e me n t e en Bue nos Ai r es.
Ac a de mi a s ofi ci al es y pa r t i c u-
l ar es , e nc a r ga da s de ir p r e p a r a n -
d o a r t i s t a s en a b u n d a n c i a p a r a
el f ut ur o, vens e c u o t i d i a n a me n t e
i n v a d i d a s por u n a l egi ón de j ó-
ve ne s de a mb o s sexos, ganos os
d e ecl i psar en l a escena á l os as -
t r o s de p r i me r a ma g n i t u d .
Y no se cr ea que es t a a r t í s t i c a
Declamación... teatral.
afi ci ón sea p a t r i -
moni o de u n a cl ase d e t e r mi n a d a .
No . La a t r a c c i ón de l a es cena
se dej a s ent i r por i gual en el
seno de t o d a s l as cl ases soci al es,
en ni nguna de l as cual es se t i e-
nen y a en c ue nt a p a r a n a d a
aquel l as a nt i gua s pr e oc upa c i o-
nes, que col ocando al cómi co
f uer a de l a soci edad, l l e ga ba n
á ne ga r l e u n pe da z o de t i e r r a
s a gr a da en l a h o r a del e t e r no s ueño.
En los t i e mpos que cor r emos , ser cómi co e qui va l e
Grupo [le aUuuuos. La Muerle Ci'-' eü 'raje de calle.
f r e c ue nt e me nt e á c a mi n a r der echo y r á p i d a me n t e por el ca-
mi no qvie c onduc e á l a gl or i a.
No es de e x t r a ñ a r , pues , que l a f al ange j uveni l de que ha bl a
mos ponga t odos sus e nt us i a s mos en que r e r a l c a nz a r u n a gl oi i a
por l a cual pr i nce-
sas, nobl es y po-
t e n t a d o s , no t u-
vi er on i nconveni ent e;
en a b a n d o n a r cor t es ,
pe r ga mi nos y hono-
r e s ofi ci al es. P o r
lo de má s , ¿á qui én
choca h o y v e r á
u n a pr i nc e s a a u t é n -
t i ca c o s e c h a n d o
a pl a us os des de l as
t a bl a s de un «musi c-
hall»? ¿O á un ar i s-
t ó c r a t a de l a s angr e
r e p r e s e n t a n d o e nt r e
¡as ovaci ones del au-
di t or i o el papel de
Futuro? Irágicos. . : ' «Juan J wc»? - • Escena de <E1 caminante'.
li- uecho es que en las nutri da
filas de los al umnos que pueblan las
aulas de que hacemos mención,
figuran estudi antes, profesoras, hor-
teras, modistas, empleados, niñas
bien, todos unidos en la sant a her-
mandad de una común aspiración,
que para algunos — ¿por qué no?
— llegará á ser una risueña realidad
y para otros no dejará de ser un
anhelo j amás satisfecho. En efecto,
para unos pocos que han conocido
ya un triunfo discreto, ¡para cuán-
tos la desilusión, siempre prema-
tura, no ha sido causa de incontables
sufrimientos!
El cronista ha tenido oportuni-
yi/
Un émulo de Grasso.
«Pose* declamatoria.
proclamándose la gran su-
perioridad de la intuición
\ sobre la teoría clásica y
í el estudio; pero no puede
negarse que una prepara-
ción bien ordenada ha sido
y es el complemento de las
natural es disposiciones, en
una p r o f e s i ó n artística
como el t eat ro.
J. JOUMET.
dad de conocer entre es-
tos alumnos á una respe-
table señora, madre de va-
rios hijos, que desde hace
años concurre con asiduidad en-
cantadora á las clases de una de
esas academias. Escucha atentamen-
t e la lección de sus compañeros y
las explicaciones de sus profesores.
Y sonríe. Y cuando no tiene que
declamar ó recitar, conti núa son-
riendo dolorosamente, con el dolor
del que ve, á pesar de su fe, como
la ilu.sión de su vida se va desva-
neciendo, desvaneci endo. . .
Varias veces se han expuesto du-
das acerca de la utilidad y eficacia
de esos conservatorios y academi as.
Diálogo con apuntador.
En el Orfeón Español
', Aspecto que ofiecta la sala del Oileón Español durante la luocián de gala celebrada el 12 del corriente por la nocbe, iestejando el aniver-
-J sarío de la reconquista de Buenos Aires
Costumbres antiguas
Pata "Caras y Caretas".
Desde lo alto de la cuesta, donde concluía la zo-
na pl ant ada de viñas y comenzaba la pendiente de
la mont aña, don Innassiu Boy asistía á la replan-
tación de las vides destruidas por la filoxera. Como
todos los viejos, echaba de menos sus épocas pa-
sadas y alisándose y apretando con la mano su lar-
ga barba blanca, mientras con sus claros ojos azules
de mirada ingenua contemplaba á los labriegos ne-
gros de cabello y rojos de tez, inclinados metiendo
los sarmientos en los agujeros preparados de ante-
mano, relataba á su nieta Honoria cómo eran las
costumbres antiguas.
« En mis tiempos se celebraba una hermosa fies-
ta en este caso. Se esperaba el día de la Ascensión
ó, si las viñas producían temprano, el de Pente-
costés, pues en aquellos tiempos todo iba mejor y
más adelantado que ahora. Se invitaba á todos los
campesinos amigos y, en pocas horas, ellos plan-
t aban las vides cantando, riendo y bebiendo buen
vino para augurar así que
las nuevas vides lo diera de —
t an buena calidad. ¡Qué ale- %,;.
gre era el banquet e que se
servía al aire libre, bajo el i
sol brillante! Parecía un
banquete de bodas; nada
menos que un banquet e de
bodas. Y muchos se enfa-
daban si no se les invitaba.
Tal vez fuera porque so co-
mía mucho y bueno. ¡Ade-
más, había t ant os motivos
para pasar el día diverti-
dos! El único que tenía ca-
ra de preocupado, el único
que parecía, por su aspec-
to, un marido descontento,
era el dueño de la viña. En
cuant o terminaba la comi-
da t r at aba de escabullirse:
pero los amigos no le per-
dían de vista ni le dejaban
solo, siguiéndolo por la vi-
ña y rodeando el campo de
un cordón de vigilancia.
«El pat rón debía pagar
de algún modo el trabajo
realizado por los campesi-
nos amigos y éstos, como
habían comido mucho, de-
seaban digerir alegremente.
« Terminada la replanta-
ción de la viña, al caer el
sol, todos se ponían á pri-
sa la chaqueta, se echaban
la alforja al hombro y co-
rrían hacia la choza donde
el pat rón se había refu-
giado.
«Allí le hallaban, senta-
do en una piedra, como un
Cristo que espera su Pasión.
Los amigos colocaban ant e
la choza un montón de ho-
jas de hiedra y de vibur-
no, de ramas de saúco flo-
rido, de rosas y de ané-
monas . . .
« Dos hombres sujetaban
con fuerza al pat rón del vi-
ñedo; los otros le corona-
ban de flores, le at aban con
juncos y fibrosos cordones
de hierba doncella. Si el prisionero se rebelaba uti-
lizaban también el mimbre, que at a mejor que la
cuerda. Era gracioso verle: parecía un tronco de ro-
ble revestido de pl ant as y de flores.
<< Con ese aspecto le llevaban hasta el pueblo can-
t ando y tocando á su derredor, mientras él perma-
necía silencioso como un santo en la procesión.
« La esposa esperaba detrás de la puerta de la casa
y los vecinos acudían á presenciar la escena.
« Cuando llegaban frente á la casa, los guardia-
nes del florido prisionero gritaban:
«Gomare Anatolia — ó comare Baingia — si
quiere usted marido, pague el rescate. ¡Se lo han
robado los moros!
«— ¡Ah! ¡Cuervos ladrones! ¿Y cuánto quieren
de rescate?
« — Un canasto de pasas de uva y un t arro de
arrope. Y aguardiente y vino, si es que lo hay.
« — Ent ren, entren ustedes.
«Todos ent raban y la
broma se terminaba allí
mientras la mujer ayuda-
ba al marido á quitarse
las guirnaldas y las atadu-
ras, no sin dirigirle algu-
na palabra irónica porque
la habilidad del hombre
consistía precisamente en
evitar que lo hicieran pri-
sionero, cosa, á decir ver-
dad, bast ant e difícil has-
t a para los más hábiles y
los más ast ut os. . . -~>
« Ahora los tiempos han
cambiado — dijo por úl-
timo el anciano. — Los de
ahora no valen nada. La
gente emigra, los campe-
sinos quieren cobrar has-
t a en los días de fiesta.
Amigos, no los hay ya ni
en día de fiesta, ni pagán-
dolos.
. «Pasan cometas todos
los años por nuestro cielo
y á eso se debe que las co-
sas vayan de mal en peor.»
rionoria, la nietecita de
don Inassiu, joven estu-
diante, const ant ement e
alegre, escuchaba incli-
nándose hacia el anciano
tierna y maliciosa. El
viento de mayo confundía
sus cabellos cortos, negros
y polvorientos como los de
un pastorcillo, con los ca-
bellos blanquísimos del
viejo.
— Abuelo, ¿y á tí nun-
ca te ataron, cuando plan-
t ast e estos viñedos?
— jNo! Mira lo que son
las cosas. A mí no. El úni-
co de por aquí que logró
siempre evitar esa broma,
fui yo. Puedo decirlo con
orgullo.
La niña permaneció un
instante pensativa; des-
pués sacudió, echándolos
hacia atrás, sus cabellos
cortos y se rió gorjeando
como un pajarito. Luego echó
á correr. Desde su punto de
observación el abuelo, que ha-
cía tiempo que se movía poco
y había ido al viñedo sentado
en el carro como una mujer,
veía á Honoria correr de un
lado á otro, desaparecer y
reaparecer entre los árboles ó
las rocas y de vez en cuando
oía su risa de alondra.
Aun cuando él no mirase con
buenos ojos aquella cabellera
corta, aquel vestidito «á la ma-
rinera», cosas de muchaclio más
que de niña y aquella corbata
roja que flameaba locamente, c!
conjunto de la figura de la nie-
tecita le daba una intensa sensa-
ción de alegría y sus risas igual
que gorjeos vibraban en el co-
razón del viejo como el repique i
de la campana, de la iglesia di I (
pueblo cuando anunciaba la
fiesta del Espíritu Santo, — la
sensación del nacer de una nue-
va era de vida.
Por fin regresó Honoria j unt o al viejo. Reía y
le t apaba los ojos con las manos. Gracias á esto
im criado pudo acercar, sin que lo viera el
abuelo, una brazada de ramas de hiedra y de hier-
ba doncella, j unt adas por la niña en el bajo del
viñedo. Por lo demás, cuando ella empezó á en-
volverle el cuello y los brazos
con la hiedra y la hierba don-
celia, el abuelo no opuso re-
•^istencia alguna.
— ¡Esto en la cabeza! j.' \sí!
¡Si pareces el dios Baco! ¡Can-
ta, Haco!
El anciano sonreía pcnsa-
i ivo.
— Y ésta en la mano. Son ro-
sas. ¡Míralas que encarnadas!
l-'lla se alejaba para ver el
ifccto de sus adornos. Y el vie-
jo, sentado delante de un ma-
cizo de dorados renúnculos, pa-
recía en realidad un viejo tron-
-O de roble, recubierto de plan-
ras trepadoras.
Los campesinos saludaban
desde el viñedo; unos cuantos
se acercaron para ayudar á Ho-
noria en su alegre tarca.
El viejo no se oponía á nada.
Pero cuando estuvo todo cu-
bierto de verde lollaje, se puso
de pie y dijo á Honoria:
— Te has olvidado de una cosa, nietecita mía.
Mucho he de caminar si quiero que me desate
quien debe hacerlo. ¡Mi mujer, la pobre, se en-
cuentra muy lejos, allá. . . en el reino de Dios!
Roma, julio igi2.
GRAZIA D E L E D D A .
Dili. de Oiimont.
Visitantes norteamericanos
Los íiunncistuS norteamericaoos que visitan Buenos Aires en viaje de estudio, señoi'es Morgan Sehusíer y
Henry P. Canu, en su alojamiento.
So encuentran en
nuestra capital los ca-
balleros norteameri-
canos, señores Morgan
Schuster, y Henry V.
(Janu, conocidos y
prestigiosos financis-
tas que han venido al
país con el propósito
de estudiar todas las
manifestaciones de su
progreso económico y
mercantil.
]íl jii'imcro de los
visitantes n o m h r a -
dos, actuó con gran
eficacia en el eonflie-
lü auglo-ruso que .se
produjo con motivo
de la situación econó-
mica (le Persia, que lo
nombró su delegado.
El .señor Schuster cree
que podiá llevarse á
la práctica antes de
fin de año, el pensa-
miento q\ie mantiene
hace tiemjio un fuerte
sindicato yanqui, de
fundar en Buenos Ai-
res un gran banco li-
L'ado al National City
Bank de New York,
con Sñ.OOO.Oon de dó-
lares de capital.
Su acompañante, el
señor t' aiui, es geren-
te del mismo banco, y
ani'xi?; íiU'i'on recibi-
dos |ior el ministro
d(> lícl-'iciones Kxtrrio-
í'cs, á (piienes presen^
tú el diplomático nor-
teamericano s c ñ o r
Garret.
Puntos de vista
,de \'iUalobos
^
El sable de los
subsidios y pen-
s i o n e s ha
entrado á
íuncio-
Uones tenía
p r e t e n s i ó n
CARGAS
c o m o
todos los
años, des-
cargando sus
prod u c t i V o s
golpes sobre el
presupuesto, pe-
ro afortunadamen-
t e las heridas que en
esta ocasión han podi-
do inferirle son de carác-
ter leve, aunque se temía, y
con algún fundamento, que la
sangría que querían aplicarle el
gran número de peticionantes, que
se improvisan para el caso en gue-
rreros con brillante foja de servi-
cios de fantásticas batallas, en viu-
das de ilustres ciudadanos, 6 en
sociedades do f oment o. . . de la es-
grima, pesaran con sus mandobles
en los miembros de la comisión de
peticiones del Senado y de la Cá-
mara de Diputados; pero en esta
ocasión han tenido que deponer
las armas y ceder ant e la resisten-
cia que han demostrado los sena-
dores Soldati, Padilla y Resoagli,
y los diputados Avalos, Cafíerata,
Lavié, Loza y Rolón, esquivando
esos sablazos á los dineros públi-
cos que con el nombre do subsidios
y pensiones le cuestan al tesoro de
la nación la friolera de 31.093.400
pesos.
El anexo J y el M del presupues-
to del corriente año así lo demues-
t ran con esa cifra aterradora para
el porvenir de las finanzas nacio-
nales; y eso que no entran en cuen-
t a ciertas pensiones y jubilaciones
graciables, ni las becas para estu-
diar en Europa el esperanto, ni
otras canongias con que se suelen
premiar servicios protoco-
lares.
Y esa mont aña de mi-
la
de
convertirse en un
Tupungat o, pero
los miembros de la comisión de peticiones, que no
son partidarios de esta clase de alpinismo, y que
tampoco están por «Las mont añas de oro» de Lugo-
nes, han cercenado en flor las muchas aspiraciones
de muchos peticionantes á usufructuar muchos
pesos á costa del tesoro público.
Los nombres de esos héroes merecen lo?
honores del triunfador, y si no han ga-
nado la batalla sobre un campo, por-
que éstos han subido de precio, la
han ganado en la sala de la comi-
sión, resistiendo valientemente,
durant e días consecutivos, el
asedio de cinco mil viu-
das y de diez mil y
pico de veterano?
que, armados
de la gan-
zúa de
u n a
\
carta ^^
de re-
comom da-
ción, preten-
dían abrir las
puert as del tesoro
nacional para ubicarse (
en la J y en la M; anexos
productivos del presupuesto,
para aquel que quiere vivir á
costa del estado.
Pero esta vez han sido inútiles las
recomendaciones. El senador Soldati, que
tiene fama do amarrete, dio la voz de alarma,
y todos hast a Rolón, que la tiene de hom-
bre sensible cuando se t r at a de remediar
desgracias, han dejado á los peticio-
nantes sin la gracia de una pen-
sión.
Par a considerar la heroi
cidad de estos padres de
la patria, había que
haber visto aque-
llas salas de las
comisiones de
una á seis
do la tar-
de.
A q u e-
Uo era una
romería de
gente que en-
t raba y salía, y
que pujaba desespe-
rada por entrevistarse
con uno de los miembros
de la benefactora comisión
Las puert as tuvieron que estar
custodiadas por los bomberos, en
vista de que los ordenanzas no
podían resistir la avalancha de
pechadores, y así, oponiéndoles
GRACIABLES
m a n g a
c o n t r a
m a n g a ,
es como la
comisión pudo realizar sus tareas y expedirse, ha-
ciendo justicia á los que realmente eran acreedores
•leí subsidio, pero largando como por un t ubo á los
¡ae con unos papeles más ó menos auténticos, y
^on voz sentimental, querían prenderse á la vaca
lechera del presupuesto. Cuando llegaba este
caso, el congreso parecía un valle de lágri-
mas. ¡Señor, que estoy sin apoyo en el
mundo! — gemía una viuda. ¡La pa-
tria me debe la unificación nacio-
nal! — prot est aba un héroe hecho
á dedo; pero fueron inútiles
todos los ruegos, y las ame-
nazas; los padres de la
pat ri a se defendieron
con gran tesón, y
este es el mo-
me n t o en
el que ya.
,Á.
no
tene-
mos que
lame n t a r
que los fatí-
dicos anexos J
y M, hayan aumen-
t ado en unos doce mi-
llones más.
Pero d o n d e demostraron,
y^ los miembros, t oda su valentía
fué al oponerse á las pretensiones de
sus colegas. Que uno pedía para un con-
servatorio de música, le enviaban con la
música á otra part e; que para un tem-
plo, se declaraban herejes; que pa-
ra el fomento del ganado vacu-
no, so decían vegetarianos;
que para la subscripción á
la obra de Fulano, se
consideraban analfa-
"v betos; y así fueron
•X atajándose los
sablazos, que
á pret ext o
de com-
pa-
ñ e -
risino
s o l i c i -
t aban sus
compañer os ^
.'le banca para
<|uedar bien con sus
electores.
Y los legisladores pedi-
güeños, los del interior en
su mayor parte, tuvieron que
aflojar y declararse vencidos,
pues los miembros do las comisio-
nes de peticiones parecían gerentes de
banco cuando niegan un crédito, el «no
hay plata», no se les caía de la boca.
Tal conducta es digna de loa, y más entre
gente acostumbrada á generosidades principes-
cas; pero parece qas
las lamentaciones de
las víctimas, que
como siempre
es el pue- y"' ''-"W e n e l
c o r a -
z ó n d e
los miem-
bros de la
c o m isión de
peticiones, y no
han querido que
por sus rumbosida-
des tuviesen un día
i/" de luto las finanzas,
que, según declaraciones
del anterior ministro de ha-
cienda, se encuentran atacadas
de grave enfermedad; y con el con-
sabido «No ha lugar», han lim-
piado el campo de aspirantes á vi-
vir de arriba con una pensión.
Lo mismo que si hubiesen dado
un portazo á la caja de hierro y
vuelto el pestillo y corrido los ce-
rrojos, los diputados se han decla-
rado forfail y han dejado á los pe-
ticionantes á la luna de Valencia.
El coro de lamentantes ha ento-
nado sin necesidad do la bat ut a de
un Toscanini concertador el mo-
tivo lánguido de la canción do las
quejas con un aflialaiiiento que ni
los coros del Colón, pero los dipu-
tados no han querido oír y han
permanecido impertérritos y mar-
móreos, inconvencibles y rígidos.
Talos hechos merecen alabanzas,
y si nos sintiéramos poetas, esta
era la ocasión do sacar la lira á re-
lucir, y á los valientes protectores
del presupuesto, que t an desinte-
resadamente han defendido los di
ñeros públicos, los tomaríamos pa-
ra la oda, porque bien merecen
un canto épico los que con su «sa-
vcir fair» nos han librado por este
año de esa plaga que, en compe-
tencia con la langosta, t ant o di-
nero cuesta al tesoro público.
•A
ÍVNGEL
BUENO.
Homenaje de la Ciudad del Rosario á los Coroneles Broquen y Ooulú
El mi ér col es p r ó x i mo pa-
s ado t u v o l ugar , en cas a del
cor onel Br oque n, l a e nt r e -
ga de l os á l b u ms con que l a
pobl aci ón del Ros ar i o, el
comer ci o y la banca, obse-
q u i a b a n á es t e mi l i t ar y al
cor one! Goul ú, por la cí i caz
y br i l l a nt e a c t ua c i ón (jiie
ar abos de s e mpe ña r on en la
pa s a da i nt er venci ón naci o-
nal á la prfj \ ' i nci a de San-
t a Fe .
Los dos á l bums , ri ca-
me n t e e nc ua de r na dos y di -
buj a dos con he r mos a s or-
las, t i enen má s de fiooo íir-
mas , con que se ext er i or i -
zó el t r i b u t o de r econoci -
mi e nt o de l a pobl aci ón r o-
s ar i na, r e pr e s e nt a da por lo
diuiucj
ífWííoM
uiiu'ulo ít' iii iitlitiuum
c^' iinpiutiar.'allii ij acri'ua
íiiiiiü iiiíiiíiislifeluiiaiílumilií írmiiuciu
iit fréiitf i ( lií lííi'filliiril yulilitil (lír^ fusM
úimiiiiodi Siilmii'iu'ianiT afinmiliie '
C - - . —^
• • ^ losarin. 5 íiaiiiil? i'\
T apa del álbum subs-
cripto por el comer-
cio y la población del
Rosario.
má s not a bl e de
sus el ement os .
Como se r ecor -
da r á , l os cor one-
les Br o q u e n y
Govdú f uer on in-
t e n d e n t e y jefe
pol í t i co r es pect i -
v a me n t e en Ko-
sar i o, d u r a n t e la
i n t e r v e n c i ó n ,
d a n d o á t odos
sus act os un re-
l i eve de e qui da d
y j us t i ci a t al , cjue
fué l a n o t a si m-
pá t i c a en a que -
llos mo me n t o s di -
fíciles p o r q u e
Delegados de la Comisión representativa de la banca, industria y comercio del Rosario
señores José A. Maini, Juan José Chiozza y Manuel Delgado.
La dedicatoria con que
se encabeza una
de los álbums,
a t r a v e s a b a l a ri
ca pr ovi nci a.
T r ayendo el ob-
sccpiio, vi no del
Kos ar i o una del e-
gaci ón de mi e m-
br os del comer ci o
y l a ba nc a , q u e
en el a c t o de l a
ent r ega, q u e f ué
una fi est a í n t i ma
(l eroUena de af ec-
t os, hi ci er on act o-
de pr esenci a, ex- ,
poni e ndo á l os
obs equi ados , en
br eves frases, 1&
muc ho que en,
a<iiiella ci udad f;e
les qui er e.
La entrega de los álbums en el domicilio particular del coronel Broiiuen.
FINAL DE INVIERNO
T A Naturaleza duerme, ríe, ruge y ama, ni más
•'—' ni menos que el liombre. Tiene sus necesidades
imperiosas, ideales y de ensueño, así como rastreras
y materiales. Bajo la primavera, toda la Natura-
leza se llena de un deseo de amor inextinto; en el
verano estalla al impulso de pletóricas pasiones; en
invierno, sueña.
Ahora el invierno cubre á nuestra madre elemen-
tal. Todo se ha paralizado. La tierra se ha vuelto
árida, los árboles muestran sus ramas sin hojas, y
sobre el ras de la llanura, las montañas parecen er-
guirse como patéticos esqueletos. Silencio, muer-
t e. . . Sin embargo, ¿no percibís el aliento de la gi-
gante Naturaleza? No ha muerto, sino que duerme.
Sueña. ¡Indescirnibles y ciclópeos sueños de esa
alma universal y eterna!
Tienen los últimos días del invierno un encanto
particular, inefable. La serenidad de los días fríos
y encalmados está corroborada por las noches en
que las estrellas punt ean con más brillantez que
nunca la bóveda obscura. Hay en esos días finales
del invierno algo como una vaguedad y dulzura de
promesa cierta. La savia empieza á impacientarse,
y ciertos anuncios de la próxima era vuelan ya por
el aire. La flor quiere surgir, las aves sienten la in-
quietud de su destino primaveral. Y las violetas,
precoces habitantes del campo, asoman su pupila
azul entre la hierba, como preguntando: ¿Ha lle-
gado la hora decisiva? ¿Está pronta á surgir la her-
mana Pri mavera?. . .
J UAN S I N T I E R R A ,
Ilustraciún de Ribas Pratí,
Las molestias del que padece de sitofogia
¿Det est an ust edes el ajo? ¿Tienen aversión por los huevos? ¿Les hacen
mal las naranj as? ¿Les di sgust an las ostras? ¿Creen, como el comandant e
Ast orga, que comer car ne es horri bl e act o de necrofagia? Pues bien, no
se preocupen más de ello. Lo que sufren ust edes es una suave y fácilmen-
t e curabl e forma de la locura, que los médicos l l aman sitofogia, enferme-
dad que el doct or J or ge Niles, profesor de Gast roent erol ogí a y Ter apéu-
t i ca en la escuela de Medicina de At l ant a — en los Est ados Uni dos, na-
t ur a l me nt e — l l ama fanlasma digestivo, y coloca en la mi sma cat egorí a
que el vért i go de las al t ur as, el mi edo á los sitios abi ert os, ayarofobia, ó á
las piezas obscuras, claustrofobia. — Deci di dament e, el griego y el l at í n, á
pesar de ser l enguas muer t as, sirven par a t odo, y son un poco como el Cid.
Y el doct or Niles ci t a varios casos de sitofolíia, que no carecen de in-
t erés. Un vecino de Lui si ana le t ení a t an mal a vol unt ad á los ajos, que
le bast aba sent i r el más levo perfume
del sabroso condi ment o que t a nt o
gust a á los de Tar ascón par a sentirse
3 posi t i vament e enfermo, y como en su
t i erra se come mucho ajo, el hombr e,
_n- que era soltero y comí a en r est aur ant .
iífi SI le gast aba buena par t e de su sueldo
en pr opi nas á los mozos par a que le
si rvi eran pl at os sin ajos. Desespera-
do, fué á ver á un afamado neurolo-
gi st a de Nueva Orl eans, qui en le dijo
que par a curarse de su ajofobia no te-
nia más remedi o que resolverse á co-
mer ajos. Después de mucha resistencia, el paci ent o acept ó; pero exigió que el
médico est uvi era present e al t r ascendent al act o de comer una sopa ligcramiente
ar omat i zada con un mi núscul o dien
«¡Por lavoil ¡Nada que tenga ajo! ¡Tome una
propina!»
Esto es (iue siente el desdictiado
dispéptico.
t e, di ent e de leche, podr í amos decir,
í del bul bo con que r epar aban sus fuer-
zas los folla hcs que const r uyer on las
pi rámi des y que los i srael i t as, har t os
del insípido maná, echaban de menos
dur ant e su peregri naci ón por el de-
si ert o. Con médi co al l ado, como de-
bieran hacerlo los que beben ciertos
whi skys, «los mejores del mundo»,
nuest r o hombr e la empr endi ó, pues,
con la mezqui na cazuela de ajo, que
habr í a hecho t embl ar de ira y sonreír
de menospreci o al doct or Thebussen. Y nada, la sopa di smi nuí a en el
pl at o, y el hombr e no lo pasaba nada. Es t aba cur ado. Di st r aí da por la
conversaci ón del médi co, su i magi naci ón no se acordó del ajo, y desde
ent onces lo como como el que más.
Tambi én ci t a el doct or Nilos el caso de un j oven que dejó de comer las
her mosas, sabrosas y rojas manzanas de un manzano de su qui nt a,
cuando vio que lo abonaban con estiércol, y el ele un pescador de mer-
luza, que so del ei t aba con ellas y dej ó de comerl as par a si empre cuando,
en vez de sacar del rio una en el anzuel o, sacó una osament a de gat o.
Esos y ot ros anál ogos son casos de sitofogia bien calificados.
El doct or Niles croe que so t r a t a de una eni' ermodad que t i ene su ori-
gen en la i magi naci ón, afect ada por las acusaci ones de olor y gust o, pri n-
ci pal ment e, y que obr a sobro los j ugos gást ri cos, causando, en unos ca-
sos, su producci ón, que abr e el apet i t o, y en ot ros su ausenci a que lo ma-
t a. Hay t ambi én que t ener en cuent a que alginios al i ment os cont i enen
mat er i as l l amadas se.crelagogos, que provocan á los j ugos gást ri cos, y
ot ros que no los cont i enen, y obligan á reempl azarl os por las secreciones
l l amadas hormonas, de mí a pal abr a griega que signitica exci t ar, y que son
produci dos en el organi smo por las ideas de al i ment o, de oomi da, et c.
Las explicaciones cíontificas do la doct r i na ilel doct or Niles son muy
compl i cadas; lo esencial os sabor que la sitofogvi, en sus di versas formas,
ent r e las cuales figura la di abet es crónica, es una enfermedad fáci l ment e
curabl e. Los hombros somos omní voros, esto es, est amos hechos par a
comerl o t odo, y si algo no nos gust a os sólo por que la loca de la casa
nos t r ae, al i nt ent ar comerl o, ideas que ínfhíoneian desgraci ai l ament o
los j ugos gástricos. Los voj et arí anos, por ej empl o, cuando ven un bife,
piensan on el act o en cadáveres, t umbas , hi enas, y, por supuest o, no
comen el bife así los mat en. Venzamos á la i magi naci ón y comeremos do
t odo. No hace ot r a cosa la madr e cuando, par a hacer que el nene t ome un
pur gant e, lo t oma ella ¡irimcro y lo saborea con deleite. Además, es con-
veni ent e acost umbr ar se á t ener hami i re par a no hacer aseo á nada.
¡Cómo me dueie el estómaso!-
La Bolsa de Comercio del Rosario
AKECE scntir.oe sa-
tisfticha de si mi s-
ma, la ri ca y flore-
ci ent e eiiidad cpie
se alza, con arro-
ganci a i nconfundi -
ble, sobre la mar
gen i zqui erda del
ri sueño y caudal o-
so Par aná. El Ro-
sari o, con sus dos-
ci ent as mil al mas,
di ri ase ((no t i ene
una conci enci a co-
l ect i va que le permi -
t e apr eci ar su pr o-
pio valer. Es una
ci udad moder na que
respi ra opt i mi smo,
como si t uvi er a com-
pr ados sus dest i nos,
ó poseyera la cl ave
del porveni r. No se
sufre ecpiivoco al
l l amarl a la «(Chicago
i \ rgent i na»: aunque.
señor J. G. Parr; proaecret ar¡o, ' se-
ñor Ovi di o Rodrí guez; t esorero, se-
ñor J. M. Mart i n; protesororo, se-
ñor M. Queirolo; vocales t i t ul ar es,
señores Bl as ' i' estoni, Domi ngo
Barrasco, Manuel Ordóñez y í Ji -
guel Monscrrab; supl ent es, señores
A. de Voogt, Federi co Aprosio y
Rómul o Muzzio; síndicos, señor
José Monserrat , doct or Ijuis X.
González (asesor l et rado) y Alejan-
dr o Alvaroz (gerente).
Tja Cámarn ríe Comercio, cuyo:^
7niembros priricipalos son: el señor
José IMonserrat, presi dent e; el se-
ñor G. (íhristoi)her.scn, vicepresi-
dent e, y el señor Emilio Fer r eyr a,
secreta, rio.
La Cámara de Defenm Comercial,
presi di da i)or el señor Miguel Monse-
r r at , y dent r o de l a cual es act i va
y eficaz la const ant e l abor de su
asesor l et rado doct or Amadeo \ .
Cansí, y de su secret ari o, señor En-
ri que Rodrí guez Ll ames.
La Cámara Arbitral de Cereales,
Seüor Luis Colonilia
actual presidente.
Gregorio J .
Maclmiu, de
1884-1886 y
1900-1901.
B e r n a r d o Be n i a mí n
Rouillcn, de Ledesma, de
1887-1B90. 1890-18912.
Juvenal Ma- Felipe Moré,
ü It a d o, dt
1893-189».
en vei dad, t i ene un espíritu t an
propi o que no so hace necesario
acudi r en busca de comparaci ones par a
encont r ar un efecto que ponga de relie-
ve sus gr andezas. Bast a con obser var de
cerca sus i nst i t uci ones. Y en t al caso,
i nst o es hacer not ar que ni nguna es más
caract eri st i ca que sn Boba de Comercio,
cuya i mpor t anci a y cuya significación
iniciador y
socio funda-
dor de la
Bolsa.
Eduardo Caí-
farena, de
1893-1896.
J. B. Quiuta-
n a, actual
presidente,
1886 -1808,
1901 - 1903,
1906-1908.
E mi l i o
Schitfner,
de 1898 á
1900.
en la que figuran; el señor Manuel
Ordóñez como pr esi dent e, y el se-
ñor Oct avi o Capdevi l l a, como se-
cret ari o.
Y, por úl t i mo, el Mercado Geii"-
ral de Producios Nacionak>i. llama-
-á<^
Señor Alejandro
Alvarez, gerente.
dest acan ent r e las
pri nci pal es d e Snd
Améri ca.
Cinco son las pri n-
cipales BceeioneK en
que est á di vi di do el
compl ej o organi smo
de la Bolsa de' Comer-
cio ro.sarinii; secciones
comúnment e deni nni -
nadas cámar as y que
son las si gui ent es:
La Cámara Sindi-
cal, f(ue act ual ment e
est á f or mada asi: Pr e-
si dent e, señor Lui s
Col ombo
; vicepresi-
dent e, señor Ri car do
Schl i eper; secret ari o.
¡Toda una lüstoria! (1884-1913). —Don Emilio D. Ortiz, ex rrcsidcale
y fundador do la Boka, y don Alberto Romero, el socio más nuevo de
la mi'íma
Señor Miffuel Monse-
rrat, presidente de la
Cámara de defensa
comercial.
do más c o mú n me n t e
«mcrcírdo á t érmi no»,
:i cuyo [ r ent e .se en-
cuent r a el señor A.
Ruger oni d e s e mp e -
ñando la gerenci a, y
que est á regiilo yior un
di rect ori o compuesto-
de nueve mi embr os
presi di dos por el señor
Federi co Al abcru.
Cada una de es t as
cámar as ó depar t a-
ment os, puede deci rse
que es una i nst i t uci ón
aut ónoma; pero, t odas
j unt as est án admi r a-
bl ement e di sci pl i na-
das á nn régi men co-
Señor Augusto A. Rugero-
ni, gerente del mercado
á término.
rmfin, det er mi nado por EI señor Emilio Lahite, con el Rerente
los fines pa r a que ha entrevista con motivo
si do cr eada la Bolsa
de Comerci o, cuyos est at ut os est abl ecen la mi si ón que
corresponde l l enar á cada de uno los nombr ados de-
par t ament os .
El edificio en que funci onan las oficinas de la Bolsa
del Rosari o es ampl i o y cómodo; pero, da da l a prospori -
Doctor Amadeo V. Caml,
secretario general d e 1
congreso del comercio.
señor Alejandro Alvarez, celebrando una
de la huelga de agricultores.
su act ual local, de ma-
nera que una vez rea-
li zadas las obras del caso, la Bol sa de Comerci o del Ro-
sari o di spondr á de uno de los palaci os más hermosos de
Améri ca. Según los pl anos apr obados, abar car á t r es
calles: la de San TiOrenzo, en la que ahor a queda el fren-
t e pri nci pal ; l a de Sant a Fe, á l a cual t i ene acceso, y 1»
Antiguos socios, señores: Simón Wisler, Esteban Garibaldi, Fran-
cisco Ballestero, Enrique Ottmann, Joaqitín Díaz, Máximo Ame-
long, Pedro Goyenecliea, Cipriano Pommies, Juan M. Clusellas
y Pablo Fernando.
li ad no i nt er r umpi da de la i nst i t uci ón y la expansi ón
•creciente de su radi o de operaci ones, se ha resuel t o en-
i ancharl o. Al efecto, ha adqui r i do los edificios anexos á
Sesión de la Cámara de Comercio.
de Sar mi ent o, donde est án los edificios adqui r i dos por
la Cámar a Si ndi cal , con aut ori zaci ón de la asambl ea, en
la s uma d(! 460.000 pesos, cant i dad r espet abl e, pero an-
t e cuyo el evado mont o no se ar r edr an los ani mosos ca-
pi t al i st as del Rosari o, gent e de corazón cont ent o, cuyo
buen humor no se ocul t a j amás, y, por el cont r ar i o, t i e-
Señor Enrique Rodríguez Lla-
mes, secretario de la Cámara
de defensa comercial.
'ün progreso más.—Instalando el telégrafo direc-
to á la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.
Don Tomás Olivar (x), el más antiguo corredor
de cereales del Rosario, con dos amigos y con-
socios.
Al comenzar la primera rueda. — El auxiliar de la gerencia s apun-
tador, señor Matías Bomero, junto á la pizarra.
Los bolsistas se intruyen... en el salón de lectora.
En la Cámara de Cereales. — Operación
de análisis,
ne ooncl uyent es ext eri ori zaci ones
en las horas en que oel ébranse coti-
di anament e las consabi das «rue-
das». . . de l a foi t ui í a, que en su ro-
dar et er no no han podi do sor par a-
das por nadi e, á pesar de que en
más de una ocasión hubo qui enes
i nt ent ar on dej arl es uno que ot r o
clavo..., mas sin conseguirlo. Y es
que '/el mundo marcha», como dijo
el o t r o . . . cuando aconsejó que no
se det uvi er a nadi e. Y el que pre-
t endi ó par ar la rueda, quedó apl as-
t ado. Cosa que se expl i ca por que en
est a gran ci udad comerci al , de cons-
t ant e movi mi ent o, nadi e vi ve de . . .
paradas.
El buen humor r ei nant e ent r e los
socios de la 15olsa do Comercio ro-
sari na, es un sí nt oma i nequí voco
del bi enest ar que les di st i ngue. ¡Los
ni ños de la escuela no se di vi ert en
más i ngenuament e que esos buenos
sefiores cereal i st as!
; Hay q u e v e r l o s
cuando t oman para
la farra al pobr e in-
caut o que consuma
la osadí a de salirse
de la «rueda» mien-
t r as ést a no ha ya
t e r mi n a d o l . . . En-
t onces el «rum-rum»
es i nevi t abl e. Un ru-
mor pr i mer o; luego
un coro de risas en
aument o; una ensor-
decedor a g r i t e r í a ,
después.
— ¡Al corral !. . .
¡ Al c or r a l ! . . . — pro-
r r umpen los bolsis-
t as.
. Y ent r et ant o, el
apuntador, do pi e,
El empleado más modesto y que más ha subido...
en el ascensor.
El viejo mayordomo señor Manuel Oliva, próximo á jubilarse,
denanzas que gritan: «¡El teléfono!...»
En el hall de la Bolsa. — «No hay más
que verlo; sano, seco y limpio. lUn
cereal superior!...»
escribe en la pi zar r a el r esul t ado de
la úl t i ma operaci ón: «Maíz, sano,
seco v limpio, sobre wagón Rosa-
rio, S 4. 3, 5. . . »
Ter mi na el cl amoreo. Surge de
nuevo la ofert a y la demanda. Un
compr ador fracasa en el r emat e.
¡Nueva b u r l a ! . . .
Y la «rueda» cont i núa, mi ent r as
gi ran los ndles de pesos; se pr ome-
t en millones de t onel adas do cerea-
les, y se cruzan i nvi t aci ones par a
baj ar á los sót anos, ent r ar en el
«Piar de la Bolsa», y t omar un San
Martín... mi ent r as se fi rma un
clieque.
Est e amabl e ambi ent e que exi st e
en la Bolsa de Comercio rosari na,
no la perj udi ca, sin embar go, en su
aspect o severo y t r ascedent al , pues
en las hor as de funci onanj i ent o de
sus oficinas se perci be la i nt ensa
l abor que pal pi t a
dent r o de ella febril-
ment e. Fu n d a d a la
i nst i t uci ón en 1884,
su desarrol l o has t a
la fecha ha sido no-
t abl e. Hoy, bajo la
acer t ada presi den-
cia del acaudal ado
comer ci ant e del Ro-
sari o, señor Lui s Co-
l ombo, cuent a con
cerca de 1.000 so-
cios é i nt er vi ene in-
f l uyent ement e en los
asunt os más com-
plejos que se presen-
t an á la consi dera-
ción de los poderes
públ i cos, que ha n
de resol verl os.
X.
y los jóvenes or-
Dib. de VuiHoiU.
psiMMmimiMfí
j) 4rmii
Una vi si t a al ki nde r ga r t e n del Pa t r ona t o ;
Muchos son l os r as gos de
a dmi r a bl e a l t r ui s mo que po-
de mos apr eci ar á di ar i o en el
va s t o f unci onami ent o de l as
i ns t i t uci ones a r ge nt i na s de
benef i cenci a v de i ns t r ucci ón.
do de su i nt el i genci a, de si-
t u a r e nt r e l a c u n a y l a es-
cuel a u n p u n t o de e xa me n
y fie es t udi o, fué l a que
hi zo nacer ese kindeyoanten,
c u y o é xi t o h a s i do comj i l et o.
pe r o h a y en el e nor me
c o n j u n t o de es a nobl e
o b r a u n a r a ma cuj ' a
i mpor t a nc i a t r a s c e n-
d e n t a l e n lo r ef er ent e
á l a f or maci ón del ca-
c á c t e r de l os ni ños r e-
cogi dos por l a car i dad,
l a ha c e mer ecedor a de
s er t e ni da mu y espe-
c i a l me nt e en c ue nt a .
Es esa ram. a l a que t i e-
ne como p u n t o pr i nci -
pa l l os kindergarten, ó
me j or di cho, t r a d u -
ci endo á nue s t r o i di o-
ma l a pa l a br a al ema-
na, l os j a r di ne s p a r a ni ños ó <j ardi nes de
i nf ant es», c omo se les l l a ma ge ne r a l me nt e .
E n esa or i gi nal cl ase de escuel as a gr a da -
bl es p a r a el ni ño, i ns t a l a da s por el Pa t r o -
n a t o de l a I nf anci a en u n o de sus edi fi ci os
d e es t a c a pi t a l r e s ul t a mu y ha l a ga dor
el es pect ácul o de
t odos aquel l os chi -
cos, de i gual est a-
t u r a, i gua l me nt e
r a pa dos , l i m p i o s ,
al egr es y s onr i en-
t es, con i rnos oj os
pa r l a nc hi ne s q u e
ha bl a n de ans i as de
vi vi r y que abi s -
ma n el es pí r i t u del
vi s i t a nt e en pe n-
s a mi e nt os que v a n
haci a el t r i s t e or i -
gen de l os pobr cei -
t os , naci dos casi
331 negrito Leopolrto Alva-
tez, (jiie ilice que estu-
diaudo mucho va á po-
nersa blanco igual que
los otros.
La llegada de la directora, señorita Perpetua Aubone. Los niños corren á ella
disputándose sus caricias.
El niño RodolSo N...
Que anda por los
patios paseando
tristemente con su
tambor.
t o d o s e nt r e l á gr i ma s
y des es per aci ón. Es
q u e l a i dea de ofrecer
á t odos esos ni ños el
mo d o de ext er i or i zar
sus af i ci ones y de po-
ner de r el i eve sus
ha bi l i da de s y el gr a-
Una ciase al aire libre, ilustrada con obieíos, y dictada por la señorita Aubone.
No h a y ma s
cjue v e r c ó m o
cor r en l os ni ños
á r e c i b í " á su
ma e s t r a c u a n d o
és t a l l ega por l a
ma ñ a n a , p a r a dar -
se c u e n t a de lo
c ont e nt os que es-
t á n al l í . Todos
a c ude n al encuen-
t r o de l a ma e s t r a
c omo de u n a ma-
dr eci t a, r í en, llo-
r a n, a r r oj a n be-
sos que na di e r e-
ci be, p o r q u e son
muc hos . Y t odos e xt i e nde n s us ma n i t a s
haci a l a ma e s t r a , que v a c onf or ma ndo á t o-
dos con u n a s ua ve car i ci a, por que su cor a-
zón conoce á f ondo l os s ecr et os del de
uno de aquel l os pobr eci t os .
Y c ua ndo el bul l i ci o pas a, t odos es cuchan
sus l ecci ones di ct a-
da s en f or ma pr á c -
t i ca, al ai r e l i br e,
s al pi cadas de anéc-
d o t a s pi nt or e s c a s y
senci l l as, c ui da ndo
que l as i ncl i naci o-
nes de c a da cer e-
br o, se e nc a mi ne n
con f i r meza, é ir
a p r o v e c h a n d o con
u n a especi al psi co-
logía, c a da a p t i t u d
que se mani f i est a. . .
¡ Qué bue nos y qué
dóci l es son esos ni -
Mario Lucas, que pide á su
maestra <'un cariñito-
porque á él nadie lo va á
visitar ni á llevarle car:!-
melos...
ños, l a ma y o r p a r t e
si n má s pa dr e s que
!a mi ser i cor di a soci al
cjué de ellos c ui da
en nombr e de Di os ! . .
Lo pi nt or es co de
es t os ni ños es t á e n
sus t r a ba j os ma n u a -
les, en cl ase or de na -
El niño Heitel Rezábal, de 3 años,
orador olicial de la clase; sabe de
memoria varias poesías
Almuerzo de los niños del Kindergarten, en nnión de los demás asilados en el Fationato de la
Infancia.
da á manera de semicírculo, en amplio
patio, bajo el control de la amable maestra.
Se les hace trabajar en hacer juguetes
de cartón ó de mimbres flexibles, chuche-
rías que ellos mismos enseñan al visitante.
Cuando se colocan en filas, frente á lar-
gas mesas, en el blanco refectorio donde
almuerzan, entonces si es digna de estu-
diarse la modalidad de esas almas jóve-
nes. Allí, ante la sabrosa comida que las
hermanas de caridad les van sirviendo,
se observa en cada boca y en cada par de
ojos,un mundo interior que dice cuál será
el temple de cada muchacho. En los gra-
bados verá el lector, algunos, curiosos,
por las particularidades que tienen. Y si
visitase aquella casa, vería que los niños
progresan bajo la influencia de un sistema
metódico, con una rapidez admirable,
preparándose bien para adquirir pronto
los conocimientos que se les enseñará
en la escuela primaria.
La hermana ClotUde, ayudante de la se- Asi trabaja por la _ niñez desvalida
ñorita Auboue. con los dos niños más aquella noble mstitucion
devotos de la clase S. FUST ER CASTRESOY.
Gervasio Domínguez, el
der-Garten, ensayando
señorita Elisa López.
tenor del Kin-
con la maestra
Ejercicio de los niños al aiie libre: practicando un cuadro titulado <E1 Gusanillo».
El director de los trabajos
del censo.
CARAS V CARETAS en Europa
Cómo crece
la población
en Italia
m
Roma, j uüo 20
Mientras en Francia se establecen premios para
las familias numerosas, en Italia la población crece
con rapidez. Un verdadero ejército de señoritas
y empleados está ahora trabajando activamente
para concluir la clasificación de los patrones relati-
vos al último censo. El trabajo durará todavía al-
gunos meses; pero desde ahora se puede tener la se-
guridad de que el resultado del censo será una po-
t aba apenas doce
millones de habi-
tantes, y en 1881
tenía 28.459.000; y
en 1912 t endrá más
de treinta y cuatro
millones.
La densidad de
El ascensor de la oficina del censo
de Italia.
• i »,.27.,. ui.v '.A - Xlfuto ddlc porsoiic Presentí nclla 'faoiislia o toiiilieiizii alia dala dd fcMiBenlo
ieala II ict
COONOUe t NOME
ni'ffssifwp.
¡ t í 'ií
{ t . 'UM¡
•U¡'i'>M«l.ll8
I L
I'
g ^
La cédala del censo de la familia real, escrita de puño y letra por
el rey.
blación en mucho mayor á t rei nt a y cuatro millones
de habi t ant es. Es sabido que la población de Italia,
según el penúltimo censo, no alcanzaba sino á trein-
ta y dos millones.
El aument o es, sin duda, interesantísimo.
Est e es el quinto censo que se levanta en Italia.
El primero se hizo en 1881. La Italia en i5oo con-
^:^
El archivo de los documentos.
La firma del rey, en la hoja del padrón.
la población en Italia es superada solamente por la
Bélgica, la Holanda y la Gran Bretaña. Por cada
kilómetro cuadrado viven en Italia 120 individuos,
en Francia 73, en Rusia 21. Est a es la ra-
zón porque los emigrantes italianos, que ea
el trienio 1876-1878 fueron solamente
101.418, alcanzaron á 739.000 en 1905 á
1907.
Es interesante la comparación de la po-
blación de Italia con la de otras naciones
europeas. Así, por ejemplo, en 1800, Fran-
cia tenía 26 millones de habi t ant es y esta-
ba después de la Rusia; la Alemania tenía
24 millones y la Italia 18. Hoy, la Francia
se está despoblando y no llega á 40 millo-
nes; la Italia tiene 35 millones, sin contar
cinco millones en el extranjero, y la Alema-
nia 65 millones.
Una de las causas de la creciente pobla-
ción italiana, es la poca mortalidad, en pro-
porción con la natalidad — sobre mil ha-
bitantes nacen vivos el 32 J por ciento y
mueren el 21.8 %. Una estadística recien-
te de M. Bertillon, nos enseña que el año
pasado se registraron en Francia 742.114
nacimientos y 776.983 defundones, ha-
MÍ*A-*^-é^-4^
"11. - <!l [..•i!-'M!t. onnviv.Mi/:! ci'l capo
l i ^ o r l i i n - f r i i
6 . /• !i
1 . ! . . j ^
El trabajo de las dactilógrafas, en la oficina del censo.
biendo un exceso de 34.869 defunciones sobre los
nacimientos.
Esta? cifras de la estadística francesa han causado
sensación en aquel país y en todo el mundo, porque
se comprende que una situación semejante es, en
•el fondo, deplorable para el país que la sufre desde
que significa un descenso en algo que es directa é
indiscutiblemente su fuerza viva y fia de ser, cor
•el tiempo, el fundamento de su prosperidad y su
progreso y si, por desgracia, no de su avance por
•la senda del engrandecimiento, por lo menos la ga
rantía de la conservación de su nivel presente. Por
eso la estadística francesa es abrumadora y la ita-
Jiana alentadora.
Naturalmente, esa estadística hizo mucha im-
presión en Francia, en donde se mira con cierto te-
Five o'clock=tea
En la t arde del miércoles
próxi mo pasado, t uvo lugar
•en el Majestic Hotel, el «íive
o'clock tea» con cjue las nu-
merosas amigas de la seño-
rita Blanca del Campo fes-
tejaron su próximo casa-
miento con el distinguido
e.scritor colombiano Jorge
•Cabrera Arroyo. La reunión
' fué una hermosa nota social
que se vio concurrida por
selectos grupos de personas
notables, entre las que no-
, t amos al señor Henríquez,
cónsul de Chile, al señor Al-
fredo Rodríguez Rosas, di-
put ado chileno, al cónsul
<lel Ecuador, coronel López,
al doctor E. Gutiérrez, etc.
La cédula del rey, escrita de su puño y letra,
mor el crecimiento de los pueblos vecinos, mi ent ras
el propio se estanca.
COEEESPONSAL.
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En el té ofrecido por sus amigas á la señorita Blanca de! Campo, con motivo de su prósirao enlace
con el literato colomljiano JorRc Cabrera Arroyo Los novios y un grupo de amisos.
t as aniiífii.0 da la señorita del Campo y los invitados, rodeándola después del té, aute el obietivó fotoeráfico.
j-( SE altivo ademán, señor hidalgo,
Pregona en su desdén que aún valéis algo.
Y si la mul t i t ud hoy os olvida
Par a holgar con el cínico y el necio.
Vos cruzáis por la t ur ba envilecida
Paseando con dolor vuestro desprecio.
Los corros de Bertoldos y de Sanchos
Que ha muerto el ideal dicen muy anchos.
Bien comprendéis, señor, que esto no es cierto:
Cambió de formas pero no se ha muerto.
Aún quedan, por saber, muchos arcanos
Y muchos, por cortar, nudos gor di anos. . .
Será una nueva empresa que hoy os llama
Y os han de motej ar tal vez de loco.
Mas nunca íalta un ideal tampoco
Adonde se t rabaj a y donde se ama.
Todo es poner alientos á la obra
Que j ustas de labor es lo que sobra.
Y yo os voy á decir; con esas manos
Bien podéis rehacer vuestro destino.
Llevando hacia la luz muchos hermanos
Que os llamen para guía en su camino.
Y yo os quiero decir: con esa espada
Que ceñís al costado inútilmente
Aún sabríais ganar otra j ornada. . .
Y el que dijere lo contrario miente.
Porque si en buena causa ó noble cosa
Se puede usar, que no se quede ociosa.
Buen caballero del mostacho erguido.
Veréis que el ideal j amás se ha ido.
Y los que j uran tal, j uran en falso,
Porque su árbol siempre ha florecido
Adonde hubo una f e . . . y hubo un cadalso.
Y sin buscar ni fama ni estipendio
—Lodo de vanidad que nos salpica—
Venid como la lluvia ó el incendio;
¡Lo que fecunda y lo que purifica!
ERNESTO MARI O BARREDA
Ihíslración de Alonso,
Los bandidos
A la sombra de las viñas silvestres, en lo alto y
escondido de la montaña, están los bandidos. Re-
costados sobre sus capas de felpa, rojas y negras,
los bandidos beben en copas de plata un vino espe-
so, que vierte de altas y delicadas jarras una joven
esclava, joven esclava muy blanca. Recostados so-
bre sus capas, miran nostálgicamente la lejana po-
blación bermeja y blanca en la llanura verde, y
más lejos el mar claro, ¡el mar!. . .
En los pechos desnudos de los bandidos cuelgan
escapularios, y de sus orejas escondidas en rizos
negros penden grandes aros redondos. Puñales cor-
vos hay en sus cintos. De muchos sombreros sale,
hacia atrás, una gran plu-
ma negra.
Los bandidos están en
la montaña, delante de
una caverna, donde arden
antorchas y se guardan
cofres (errados repletos de
doblones y de piedras pre-
ciosas. Cerca de allí están
los caballos, soñolientos,
pero avivados y nerviosos
por momentos, á causa de
un vecino enjambre de
abejas. Pesadas gualdra-
pas los cubren. En sus
frentes y en los extremos
de los labrados frenos hay
borlas rojas.
La tarde es de estío. El
paisaje simple y grandio-
so: montaña, viñedo, cie-
lo, en tres colores netos;
ocre, verde y azul. De
pront o suena un silbido.
Es un muchacho que vi-
gila en lo alto de un pino
y que ha visto la nube de
polvo, rosada y dorada,
que envuelve á la diligen-
cia que por el camino real
se acerca á la carrera. Qui-
zás ha oído retiñir las cam-
panillas de la dihgencia.
Entonces los bandidos
se ponen de pie y corrien-
do se dirigen hacia sus
caballos. Ya montan. Ya
se adelantan por el torcido camino que baja al lla-
no. El sol hace tornasolar sus largas capas rojas y
negras, y en el aire silencioso las plumas de sus
sombreros se estiran trémulas. Al frente del grupo
va el capitán, sentado en su corcel á la manera le-
menina. ¿Es una mujer? Precisamente: el capitán
es una mujer, que quizás se ha lanzado á la vida
de los ladrones por un despecho de amor. Eso es,
por un despecho de amor.
¿Tan pronto de vuelta? Así es, ya están de vuel-
ta. Allí abajo ha quedado muerto el pasajero que
no' ha huido, las enjaezadas muías agonizantes, la
diligencia ardiendo. Sobre su caballo negro, la ga-
llarda capitana trae á una
mujer desmayada. ¡Qué
hermosa así; con el cuello
de su vestido desprendido,
la cabellera suelta, la pa-
lidez de su rostro que ad-
quiere en el desmayo una
serenidad estatuaria! Su
vestido es de raso blanco,
como si la dueña gentil
recién saliera de una fies-
ta. La dama desmayada
siente en su cuerpo reper-
cutir el paso del caballo
y el oprimir de los brazos
de la capitana. Van á en-
t rar á la caverna de las
antorchas y de los teso-
ros . . .
Pero el tren acaba de
detenerse y el guarda de.
la estación grita: ¡Lomas
de Zamora! La dama tie-
ne que abrir los ojos y
creer que no está desma-
yada. ¡Ah, si el tren hu-
biera t ardado en llegar
cinco minutos más! Nada
más que cinco minutos,
y ella habría llegado á
ser una joven esclava, jo-
ven esclava muy blanca.
ENRI QUE B A N C H S .
Bib. de Sirio.
Homenaje al teniente general Donato Alvarez
Cuar ont a y ' los años
cumpl i eron el 17 del
act ual , do mi bello
t r i unf o obt eni do por el
t eni ent e general Al va-
rez en la guer r a cont r a
el . t i r ano López. El
ani versari o no podí a
pas ar i nadver t i do, no
eoino recuerdo de una
l ucha ent r e puebl os
her manos, sino por-
<|uc ofrecía l a opor t u-
ni dad de r endi r un ho-
menaj e de cari ño y
r espet o á uno do los
más i l ust res servi do-
res mi l i t ares del pai s.
Y par a real i zar t al ho-
menaj e á un glorioso
guerrero del pasado,
na da inás conmovedor
Niños y niñas de las escuelas, ante la casa del señor Alvarez.
y el ocuent e que enco-
mendar l o á ios quo
han de l abr ar el por-
venir. Los ni ños de las
escuelas vi si t ando al
anci ano t eni ent e ge-
neral , t odaví a r obust o
y ágil, á Dios graci as,
const i t uyer on una no-
t a gratí.simn, que im-
)iroKÍonó hondament e
á los que la presenci a-
ron, y en par t i cul ar al
benemér i t o ar gent i no,
al hombr e i nt egro y al
mi l i t ar r umpl i damen-
t c p u n d o n o r o s o , de
l arga, nobl e y mer i t o-
l i x a c t u a c i ó n en el
ej érci t o de su pat ri a:
f|ue era obj et o de la
mani fest aci ón.
El teniente general oye, desde un bal:6u de su casa, los discursos pronunciados por uü^a niña y un niño, en su honor.
^^^^'WW^'^M
' " j M J T r J ^
« •
PHBHj N^ Hf^ Éi
El señor Alvarez, en el patio de su casa, rodeado de su famiüa, amigos y algunos miembros del Consejo Nacional de Educación.
El convenio sanitario ííalo=afgentino
Doctor Pedro N. Arata,
¿elevado ar^entiao que
inició las sestiones para
la celebración del con-
venio.
La iirma del convenio sanitario ¡talo-ar»eatior- —El ministro argentino ueñir Pórtela y el ministio italiano señor Santoliquido, ec el acto
de firmar el convenio. (Reconstrucción fotográíioa).
Ha quedado sat i sfact oi í amei i t o
resuci t o, como t ení a que suceder,
el ent redi cho con I t al i a sobre cues-
t i ones de sani dad. La indiscutiljle
liuena vol unt ad puest a por ambas
)i;irtes á servicio de la solución del
asunt o lia t eni do por resul t ado la
eelebraí' ión de xm conveni o que
ambas naciones han podi do fi rmar,
satisfechas do que su i nqucbr ant a
ble ami st ad haya al l anado t odos los
obst ácul os.
En el moment o en que so cel ebra
con j ust i fi cado regocijo la gr a t a
solución consegui da, es opor t uno
recordar que en nuest ro país no so
dudó un solo i nst ant e de que t odo
se arregl arí a muy pr ont o y en la for-
ma conciliadora en que se ha arre-
glado.
Son muchos, muy sólidos y muy
viejos los vínculos que unen á los dos
paí>es par a que no se busque, en
cuahpi i er emergenci a que se produz-
ca, un t ér mi no breve y pacifico á t o-
do ent redi cho.
Par a los ar gent i nos son her manos
los hijos de I t al i a y par a ést a siem-
pre ha sido la Ar gent i na una afec-
t uosa y quer i da ami ga.
Fel i ci t émonos, no obst ant e, de que
t an pr ont o se haya llegado al final
que t odos deseábamos.
El t ext o del t r at ado, conocido ya
por t el égrafo, confi rmó la buena im-
presión del pr i mer moment o.
Doctnr José Penna, cresi-
dente del Departamento
General de Higiene, que
intervino en la redac-
ción del documento
Doctor Ernesto Bosoli, mi-
nistro de relaciones ex-
teiiores, t-'uva acción fir-
me y conciliadora ha
contribuido al resultado
obtenido.
Principe di Scalea, uno de
los personajes italianos
que más influyeron en
pro del convenio.
El marqués de San Giulia-
no, ministro de relacio-
nes exteriores de Italia,
que intervino en las ne-
gociaciones.
El marines Ne^irotto Cam-
biado, encardado ce ae-
socios de Italia en Bue-
nos Aires, que notificó
al soM?rno uriteiitino la
celebración del convenio
El hombre del día
Hon, Roque Santolíquido
Del señor SanioUquido el talento,
la prudencia y la buena voluntad,
al firmar con Pórt el a un documento,
convierten la discordia de un momento
en una santa y sólida amistad.
Dib, de Alonso.'
Comisión sanitaria para Córdoba
&0S señores Pascual Scanaviuo y Guillermo Martin, guardas sanitarios y oíros, con el delegado del Departamento Nacional de Higiene
doctor Manuel Bataglia, que van en comisión á Córdoba para combatir la tifoidea.
Vapor perdido La granizada del domingo
El tColastíné', vapor argentino que se suponía naufragado en su Un elocuente detalle de la copiosidad con que cayó la granizada
viaje de Florianápolis á Buenos Aires. en la mañana del domingo pasado.
En el cuartel de granaderos
Banquete de compañerismo eSectuado en el cuartel de granaderos á caballo, el martes próximo pasado,
La comisión pro teatro populai
Doctor José A. Víale. Señor B. Lenoir Laíone. Doctor Ramón O. Leguizamóii. Doctor Sylla Mooiegar.
Esta comisión, disponieado de uaa suma otorgada por la mUDicipa'idad, organiza rara la primera quincena de septiemljre vana!
funciones teatrales, grat's pata el puübio
Fiestas infantiles
Conferencia
Concurrentes á la fiesta iafaulil realizada en '¿asa del señor Pedro Solanas .v señora Carmen de Eliía-
Earay. con motivo del cumpleaños del niño Pedio A. S. Solanas.
El señor Julián Afrume, I f
yendo su couterencia sobre
música popular, en el Mu-
seo de Bellas Arles,
Del exterior
La duquesa de Genova, falle-
cida el 14 del corriente.
El general Bootli, funiiadot
del Ejército de Salvación
fallecido el 20.
Grupo de concurrentes á la animada fiesta infantil, verificada en casa del doctor Tronga.
Sun-Yat-Sen, presidente de
la república china, de quien
se dijo habla sido asesinado
por los raonárquiccs.
Manifestaciones simpáticas
Calecerá do la mesa en la comiela que don Enrique García Velloso ofreció en l-.onor de Rubén Darío.
Si mpát i ca y cordi al í si ma resul t ó l a comi da con que
nuost r o compañer o ile t ar eas, don Enr i que G i i ci a Ve-
HDHO, obsei| iiió á liulién Darío, el nálüidu úliinio. Fué
una fiesta t an compl et a, que no hubo diacui'.so.s; en
cambi o, charl a amabl e, amena, ingeniosa, l i st aban:
Mar i ano de Wdi a , Mur at nr e, J or ge Drai¡;o, Fer nando
Al varez, Mayol, López Gomar a, Jul i o I' i quet , Rudol-
fo de Pu<ra, Ti t o A r at a. Vega Bel grano, Laml' .erti,
]1uhau, Al bert o Ghi r al do, Jul i o Cast el l anos, Alfrotlo
Gui do, Luis Berisso, José M. Sal averrí a, Alonso, Er-
nest o Vergara Bi edma, E. H ur t a do y Ari as, Emilio
l í ccher, Mart i n Rci bel , José O j eda, Alfredo Bastos, Flo-
renci o Par r avi ci ni , A. Núñez, Fel i pe Sassonc, I smael
Cort i nas y Carlos Mal agarri ga.
Después se hizo una visita á CARAS Y CARETAS, en
donde Darlo se despi di ó par a Adrogué. En la tr; n-
qui l a villa, el poet a t r abaj ar á, ent r e ot r as cosas, en l a
aut obi ogr af í a cuj ' as pri mi ci as t endr á est a r evi st a.
— O t r a mani fest aci ón si mpát i ca fué la real i zada en
honor del di st i ngui do mar i no señor Casado, con n o -
t i vo de haberse recibido do abogado. Car t a do ma n ar
y códigos: no es frecuent e t al mari daj e, que acusa en
el señor Casado un amor al saber que no merece si no
cloirios.
Banquete ofrecido al capitán fie írajala don Federico F. Casado, cuyo retrato aparece en ánsulo.
82." Aniversario de Francisco José I
El encargado de negocios de Ausiria-Hungiia, se-
ñor Pablo Hevesy von Heves, llegando al tem-
plo del Salvador, para presenciar el Tedeum.
Celebrando el 82." aniver-
sario del natalicio del empe-
rador Franciseo José I, la
c o l o n i a austro-húngara de
Buenos Aires realizó intere-
santes fiestas el domingo pa-
sado.
A las 10 a. m. fué oficiado
un Tedeum solemne, en el
Salvador, al que concurrió
el encargado de negocios de
Austria-Hungría, señor Pablo
Hevesy von Heves, el cuer-
po diplomático y lo más re-
presentativo de la colectivi-
dad.
Durante la tarde, el señor
Heves ofreció en el Plaza Ho-
tel una brillante recepción,
á la que asistió el cuerpo di-
plomático y buen número de
familias, siendo esta una be-
lla reunión llena de los en-
cantos del buen gusto y la
exquisitez. El representante
de Austria-Hungría fué muy
folicitaílo.
Familias de la colectividad anstto-húngara, sa»
liendo del templo, después del oiioio sagrado.
Señoras: Adela Maderna de Ftederklng, Carmen Alvear de Christophersen, María Luisa Dose de Larreireri, Solfa Arning de Bengolea, y
señoritas Florencia Lezioa y Elena Harilaos, en la recepción. — En circulo: las señoritas de Gastes, Lezica y Harilaos.
Enlaces Corresponsal
Señorita Clara Trebiao Señor Héctor Prieto Señorita MerceSes Fosbery Ssaor RauS Guilloi. Señor Juaa C. Tesaire, qao
Costa. Costa. viaja por Norte América,
representando á CARAS
Y CARETAS.
Financista Comisión de concejales Becados á Europa
'^Mm
Don José Payan, Doctor Juan A. Doctor Eduardo F. Señor Enrique Pala- Carlos Ribas, bsea Héctor Basavilbaío,
distinguido hom- Boeri. MagUoni. cios. ' de la comisión na- becado por la mis-
bre de negocios, QueconstituyenlareprcsentaciónaueelC.D. de Buenos'Aires cional de Bellas ma comisión, para
peruano que nos envia á Montevidso, con motivo de la fiesta nacional uru- Artes, para estudiar terminar sus estu-
visita en estos días. guaya. canto. dios musicales.
Nuevos escribanos de La Plata
Señor Vicente S. Faoio. Señor Jaime Gil. Señor Osear Leyro Díaz. Señor Arturo de Vin- Señor Manuel José Serrana
cenzi.
Necrología
Señorita Julia Rita Ba- Señora Francisca S. de Ro- Señora Elvira Pini de Be- Señora Flora Rojas de Señora Mercedes Bueno
sualdo. batto, sana. Dalecio. ' de Tabossi.
Señor Carlos Stafforiui. Señor Bartolomé Ayesa. Señorita Dora Inés Ron- Señor Augel María Señor Lázaro Muzio.
cayle. Cavaltc.
En el Go!f=Club de San Isidro
1.a nueva casilla inaugurada en el local del Golí Club de San Isidro, el sábado El presidente y miembros de la comisión, esperando
pasado. la llegada de los invitados
Llegada de invitados y íamilias de los socios, al festival que coa motivo de la inauguración se realizó en el Club.
Sociedad "Margherita di Savoia"
El nuevo edificio de la sociedad, inaugurado el do- Los invitados al acto de la itauguiación, presenciando, en la sala de fiestas, la
mingo prósimo pagado. representación teatral Qoe se di6 con tal motivo.
Los abogados egresados en 1912
Con nn banquete, en el Hotel París, celebraron la obtención del titulo de abogado los jóvenes doctores egresados este año.
Ent r e 1 o s muchos
cat alanes enr-rjíicos y
de i ni ci at i va que vi-
ven y t r abaj an ent r e
nosotroí!, don Mart í n
Dedeu so ha s a na do
sitio de <listincinn. Ks-
piritii progresi st a, el
eeñor Deden ha des-
ar r ollado sus iniciati-
va!? pr i nci palment e en
el eamjio de la i nst ruc-
ción. Con el obj et o de
ext er i or i zar el pr^'sti-
gio de ipie !;o7,a ent r e
sus comf)aLriutas, y en
nues t r a soci edad en
general, se le ofreció
un bancpi et e que resul-
t ó una expr esi va ma-
ni fest aci ón de si mpa-
t í a.
í^ 1
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Ha'
Homenaje
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É HM 'í f fftTimffü
Wn
mi
i 'ai! «.
Banciuete al doctor Martin Derleu, en cl «Centro Catalán».
En el "Círculo Central de Obreros"
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Matinée organizada, en el «Círculo Central de Obreros», por la Sociedad de escuelas y talleres parroguiales, á beneficio do la Escuela-Taller
í e varones.
TOMA ESE ORO... Y ESTE PLOMO
(EPISODIO R10]AN0)
El año de 1831 se había señalado en sus comien-
zos con bárbaras escenas de sangre y exterminio.
El rojo est andart e de la anarquía llotaba en todos
los rincones del país, como funesto mensajero de
muert e y destrucción. Una ráfaga candente de odio
y venganza encendía las desenfrenadas pasiones y
locas ambiciones de esa vandálica legión de caudi-
llos y montoneros que, salidos de las selvas y mon-
t añas y del corazón de la Pampa, jinetes en sal-
vajes potros, se lanzaban blandiendo la lanza ó re-
boleando el lazo 6 las boleadoras, contra todo lo
más sagrado y querido. La vida, la hacienda, el ho-
gar, la patria y el honor, eran nombres vanos para
esos abortos del infierno.
A los solos nombres de Rosas, Quiroga, Benaví-
dez, Aldao y Bustos, los pueblos se estremecían de
terror. La Rioja sintió rudament e el dominio de
Quiroga. Bien podía éste exclamar como el terrible
jefe de los Hunos: «donde pisa mi corcel, no vuelve
a crecer la hierba». No parecía sino que lo precedía
el Ángel Ext ermi nador.
El comandant e Juan Serrano era uno de sus más
sanguinarios capitanes. En ferocidad no le iba en
JEspera contestación?
zaga á su jefe. Humilló á los principales ciudadanos,
imponiéndoles fuertes y perentorias contribuciones,
seguidas de amenazas de nuertc si no cumplían.
Era enemigo implacable del capitán Ricardo Acu-
ña, bravo y leal oficial de La Madrid. Habíase éste
casado, hacía dos años, con Elisa Santillán, cuyo
padre fué compañero de infancia de Quiroga. EUsa,
joven de 22 años, gentil y seductora, de gallarda
presencia y negros ojos, había inspirado una ciega
pasión á Serrano, quien no pensaba más que en
conseguir su malvado intento. Pero un ob.stáculo
poderoso le cerraba el camino: Quiroga. Este prohi-
bido había á Serrano, bajo pena de sentir su enojo,
molestar en lo más mínimo á Santillán y á su com-
pañera.
Serrano maqui nó cien estratagemas para seducir
á Elisa, pero frustradas quedaron ant e la amenaza
del Tigre de los Llanos. Sin embargo, no se dio por
vencido: su deseo, lo juró por Satanás, podría más
que la ira de Quiroga.
Una furiosa tempestad rugía sobre La Rioja la
noche del i." de mayo de 1831. El viento y la
lluvia azotaban furiosamente las
alamedas y las casas. Continuos
relámpagos incendiaban el firma-
mento, por donde rodaban ne-
gros y espesos nubarrones.
El capitán Acuña se entretenía
en limpiar su espada, en t ant o
que su esposa velaba el sueño de
su pequeño Ricardo «el futuro
general unitario», como lo llama-
ban sus padres.
Repentinamente, el galope de
un caballo se dejó sentir, mezcla-
do con el ruido del aguacero y
del viento. El galope cesó frente
á la casa de Acuña. Unos momen-
tos después, rudos golpes contra
la puerta de calle estremecieron
á Ricardo y á Elisa. Acuña se le-
vantó, empuñando en su dies-
t ra la espada. Una ronca voz gri-
tó desde afuera:
•— ¡En nombre del comandan-
t e Serrano, abrid la puerta, capi-
t án Acuña!
Las miradas de ambos se en-
contraron.
— [No abras, R i c a r d o , no
abras, por Dios! — gimió ella,
ocultando su rostro entre las ma-
nos, é inclinándose sobre la cuna,
como queriendo proteger con su
cuerpo de algiin peligro á su pe-
queñuelo.
— No temas, querida — con-
testóle él tranquilamente —• mi
espada me acompaña.
Ot ra vez la voz ronca volvió á
rugir más fuerte.
— Si no abres, echo abajo la
puert a.
Acuña abrió. Un hombre alto,
calado de agua, envuelto en un
rojo poncho, de aspecto sangui-
nario, cuya renegrida barba Ic
i.aía sobre el pecho, entró en la
habitación haciendo sonar sus
botas de potro. Un gran cham-
bergo ocultaba en part e su arru-
gada frente, bajo la cual chispea-
ban dos ojos enormes. Su mira-
da desdeñosa se clavó en Acuña
y luego en Elisa.
Sacando del bolsillo un sobre,
que entregó á Ricardo, dijo con
acento aguardentoso:
— Para vos, capitán, de part e
de mi jefe Serrano.
— ¿Espera contestación? —
preguntó Ricardo.
— No — respondió secanieute
el emisario que, girando rápida-
jnentc sobre los talones, abando-
nó el aposento. Acuña cerró la
puert a. El ruido del galope del
caballo del emisario se perdió á
lo lejos.
— ¿Qué dice la carta? — pre-
guntó El i s a , levantándose y
echándose al cuello de su esposo.
Acufia dejó sobre la mesa la es-
pada y, rasgando el sobre, leyó
t ranqui l ament e lo que la carta
decía: «El capitán don Ricardo
Acuña, pondrá en el término de
12 horas, dos mil pesos oro en
caja. Cuartel, mayo i." de 1831
A las 10 a. m. -— Serrano.»
— ¡Bárbaro! — gimió ella des-
hecha en llanto.
— ¡-No lo conseguirás! — gritó
Acuña. — ¡Ay de tí, miserable,
en lugar de oro, tendrás el acero
de mi espada!
•—No te pierdas, quer i do. . .
nuestro hi j o . . . acuérdate de
él . . . le daremos ese dinero. . . •— murmuró
, —¡ J amás ! —r es pondi ó Acuña.
Al día siguiente, á las 10.30,de la mañana. Acuña
fué reducido á prisión por los secuaces de Serrano,
por no haber cumplido la orden de éste. Elisa se
refugió, con su pequeño Ricardo, en casa de su tío.
Er an las 9 de la noche. Acuña, engrillado, dor-
mía plácidamente en la inmunda mazmorra.
Elisa, pasados Ijs primeros momentos de estu-
por y desesperación, habíase impuesto la peligrosa
tarea do salvar á su esposo. Consiguió sobornar al
soldado de la custodia de la prisión. Vistió la ropa
del centinela y ocupó al anochecer su lugar, espe-
rando un momento propicio para poner en práctica
su plan. La noche obscura favorecía su i ntento. Un
ruido posado de pasos se dejó sentir cada vez más
cercano. Era Serrano que se acercaba, alumbrán-
dose con una tea. No traía sable, ni en su cintura
había la daga que solía usar. Una idea salvadora
germinó en el alma de Elisa.
Llegado Serrano j unt o á la puerta, preguntó al
centinela, que se cuadró serenamente haciéndole la
venia: — ¿El preso está seguro?
— Seguro, mi comandant e — contestó el centi-
nela, remedando la voz de hombre.
Serrano entró. — Ea, capitán, no duerma, que
ya t endrá tiempo de hacerlo dentro de unas horas,
por t oda la eternidad — gritó, lanzando ima car-
cajada.
Acuña despertó y, al par sereno tjue altivo,
miró á su verdugo. Este, taconeando fuertemente,
dijo:
— Por fin arreglaremos la cuenta: no quisiste
cumplir mi orden, peor para tí. Morirás fusilado
¡De rodillas, miserable, de lodillas!...
lílisa. mañana, y t u bella Elisa no lardará en caer en niis
manos.
Los ojos de Acuña brillaron ferozmente. Sciuino
prosiguió:
— Ma ña na . . . ma ña na . . . j a-j a-j a. . - ^sabes?, tu
Elisa sería raía...
— ¡Y tú, del demonio, ahora misnio! — exclamó
Elisa, apuntándole con el fusil. Elisa había presen-
ciado la escena, logrando introducirse á la prisión
sigilosamente. Ella salvaría y vengaría á Acuña. La
escena cjue se desarrolló en seguida fué rápida.
Serrano, aturdi do, retrocedió, quiso gritar, pero
la voz se le ahogó en la garganta.
— ¡De rodillas, miserable! —cont i nuó Elisa, ame-
nazándolo siempre con el fusil.
— ¡I^erdón, perdón —• gimió Serrano — me han
vendido!
— ¡Es inútil, no te oirán: la guardia está com-
prada! Así, valiente, á mis pi e s . . . ¿Quisiste oro?...
ya lo tendrás, pero antes ciuita esos grillos á mi es-
poso. ¡Obedece, cobarde, ó te mat o como á un perro!
¡Ni una palabra! ¡Obedece!
El comandant e obedeció.
— Espérame en la puerta, Ricardo — prjsiguió
Elisa. — Nuestro hijo está en salvo: dos caballos nos
aguardan para huir. Todo está preparado. Ahora,
comandante, t oma el dinero y diciendo esto arro-
jó á los pies de Serrano una bolsita repleta de oro.
— ¡Recógelo, verdugo! — El comandante se arrojó
sobre la bolsa. Elisa exclamó:
— ¡Toma ese o r o . . . y este plomo! — y apretó el
gatillo. La bala había destrozado el corazón de
Serrano.
EDUARDO R. ROSSl.
Vil)- <le Forlunyi
De Montevideo
^'íetima ilp larga doloncia, fíilloció el
jueves próximo pasado, á las 4.30 de la
mafinna, el viejo veterano del eicreito
uniguayo, general don Pedro Caílorda,
(jv,o ocupaba tiltimanicnte ia presiden-
cia del Snprcmo Tribunal Militar, en
reemplazo de otro meritorio jefe, re-
cientemente caído, el general l'ajes.
Pierde el Urnguay en el general Ca-
ílorda uno de esos )iora)>res de carácter,
rectitud y caballerosidad que dejan en
las filas y en la sociedad ^m hueco im-
posible de llenar.
De-ide 1805 figuró el general Caílor-
da en el ejército, como soldado distin-
guido, participando en la guerra del
l'aragua}', en la revolución do Apar!-
Geneial Pedro Caílorda, fallecido el jue-
ves de la semana anterior.
ció, en la del Q\U'I>racUo, y en cien iia-
tallas donde .su brazo conquistó lion-
rosas designaciones y ascensos, palmo
á palmo, nasta la alta jerarquía (¡no
invistía cuando la muerte !o sorjirende,
y en momentos en que se confiaba mu-
eiio de su actividad.
Montevideo .se ha conmovido honda-
mente con la dcsapa.rición del ilustro
^•eterano, y desde los primeros mo-
mentos de conocerse la desgracia, su
casa se llenó de personas que iban á
presentar su pesóme al a familia. El acto
del entierro de sus restos fué elocuente
y severo, figurando en el cortejo un
crecido número de personalidades de
todas las esferas de la sociedad.
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laHMnp
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¡Sí' •
i * V-^- - . "' l ^H^^^^S
Entieiro del general Caílorda: el cortejo llegando ai cementerio.
El señor Eduardo Vázauez (hijo), pronunciando su
discurso ante el féretro.
Autor de una ópera Delegado
El señor Carlos M. de Vallejo, hablando en nombre del Club Colo-
rado, de la sexta sección.
Don León Ribeiro, autor uru-
guayo, que estrenará el 25
del actual, en el teatro Solis,
su ópera «Iiyropeya'.
Doctor Constancio Castells,
nombrado para representar
al Uruguay en el 2.» Congre-
so contra la tuberculosis.
Footbail
^u^
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Ét ^
Team (Uruguayos Combinados», ganador de la copa «Llptom.
El team perdedor, «Argentino Combinado.*
R o s a Simoudini de
Fernández, trescien-
tos pesos.
María Simeoni, dos-
cientos diez pesos.
KIc¿2ora viuda de Fis-
sero, doscientos se-
senta pesos.
Faustina Rodr i guez
de Vega, doscientos
cincuenta pesos.
De Rosario
Premios á la virtud
La i nst i t uci ón de los pre-
mios á la vi r t ud, corno t odas
las que t i enen un fin bené-
fico, se lia pr opagado de la
más her mosa maner a en las
pri nci pal es ci udades del paí s.
Rosari o, que mar cha en pri -
mer a linea en t odo género de
adel ant os mat eri al es y mora-
les, da á los premi os á la vir-
t ud una i mpor t anci a social
que real za bel l ament e el ca-
r áct er fi l ant rópi co de la ins-
t i t uci ón. No era, pues, du-
doso el éxi t o de la vel ada
que se realizó ei domi ngo úl-
t i mo en el t eat r o de la Opera,
bajo el pat r oci ni o de la So-
ciedad de Beneficencia, con
el obj et o de r epar t i r los pre-
mios. La mej or sociedad rosa-
ri na l l enaba t ot al ment e el
t eat r o, cuyo escenari o es t aba
ocupado por los señoras direc-
t or as de la Sociedad de Bene-
ficencia y por las pr emi adas.
Fué una fiesta si mpát i ca y
conmovedor a, á l a cual el a r t e
prest ó su concurso, con las
par t es de conci ert o que t uvi e-
ron á su cargo var i as di st i n-
gui das señori t as.
Josefa Simeoni, dos-
cientos pesos.
María Erro, trescien-
tos pesos.
Rosario Balderrama,
(99 años), ciento se-
senta pesos.
EsteSania Bustos (92
a ñ o s ) , doscientos
ochenta pesos.
Silveria Ruiz, dos- Carmen Colomlini, Flerminda Ar i a s Luisa Bustamante,
cientos pesos. doscientos cincuen- doscientos diez pe- doscientos cuaren-
ta pesos. sos. ta pesos.
F i d e l a Martínez,
doscientos ochenta
pesos.
Constancia Busta-
mante, doscientos
pesos.
Gn el proscenio del teatro de la Opera. - La señora Ramona Ortiz de Colombini, rodeada de las directoras de la Sociedad de Beneficencia,
lee la lista de las premíalas, en el acto de la repartición.
Inauguración de un club
Asistentes al baile con que se celebró la inauguración del nueTO Clab Social de Altoyito.
Enlaces
Señorita María Wallace y señor Rodolfo Heoé. Señorita Luisa Raffo y señor E. Ca- Señorita Clara Pell y señor Eob. I. Buchanan
sarino.
Coníerencía
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Público gue asistió á la conierencia sobre cuestiones comerciales que, en el teatro Foliteama, organizó una comisión ida de la capital.
Federación Agraria Argentina
Consecuencia do la
Imelga de colonos, que
3'a puede darse por
concluida, ha sido la
organización de la Fe-
deración Agraria Ar-
gentina, cuyos estatu-
tos so discutieron el
jueves de la semana
pasada, en inia numc-
i'osa reunión, qiie duró
doce horas. La impor-
tancia, de la nueva ins-
titución quedó de ma-
nifiesto en ol \ivo in-
terés que lia desper-
tado.
En la testera del salón fle la <Unione e Benevolenza»: el doctor Netri, presidente de la asamblea, en el mo-
mento de dirigir la palabra á los concurrentes.
Festival de beneficencia
Conoutreutes al/íestlval realizado en la Iglesia Metodista Episcopal, á beueiicio del Orlanatorio, cantando ertimno religioso: «Yo espero
la mañanan
Explosión de una usina de gas
Grande alarma causó la explosión ocu-
rrida el viernes último cerca de la esta-
ción Súnchales, en la usina de gas do
carburo de calcio, del F. C. C. A. La tle-
tonación se .sintió á varias cuadras do
distancia, y los perjuicios materiales fue-
ron de consido-
ración. T a m-
bién, por des-
gracia, h u b o
una victima: el
maqiiinista Fe-
lipe Silvestre,
que fué lanza-
do á través do
una ventana,
q u o dando en
estado bastan- Ventana por donde fué lanzado (
te grave. don Felipe Silvestre.
JEistado en que quedaron los poderosos motores,
después de la explosión.
Don Felipe Silvestre, vícti-
ma de la explosión.
Football
Team «Sur». Que perdió e partido por la copa Lipton, jugado el
jueves 15 del actual.
Team "Norte», que ganó la copa Lipton, por cuatro goals contra tres.
^ ^ PORTI VA
Camino al comedor: señores Demarchi, Jorge Lubary, Cantilo 7
Duclou.
En el local de la Sociedad Sportiva se llevó á cabo,
el jueves pasado, el almuerzo con que el barón Antonio
' Demarchi obsequió á un grupo de sus amigos. Entre
los que rodeaban la
mesa, estaban l os
señores: José Luis
, Cantilo, Ramón Ruiz,
Juan A. Martin, Vicen-
te Fidel López, Jorge
Newbery, Silvestre de
Marchi, Martín Rodrí-
gviez, Juan Esteban An-
chorena, José E. Uribu-
ru (hijo), Miguel Z.
O'Farrell, Wenceslao
Paunero, Manuel Moj'a-
no, Eduardo Frías, Ma-
nuel M u j i c a Farías,
Eduardo Húnter, Carlos
Aubone, Carlos Villar
Sáenz Peña, Honorio
Puej-rredón, Er n e s t o
Anabia, Alberto More-
no, Rafael de Eguzqui-
za, Jorge M. Lubary,
Jorge Duclou, Emilio
Anchorena, Alberto R.
Mascías, Martín Avella-
neda, Carlos A. Puey-
rredón, Ernesto NeM'bo-
ry, Lisandro B i 11 i n-
ghurst, Daniel Videla
Dorna, Ricardo Quesa-
da, Horacio Gandulfo
de la Serna, José Güiral-
des, Pedro Groppo, Ma-
nuel A. Fresco, Juan C.
Ahumada, Rodolfo Que-
sada Pacheco, Severo
Vaccaro, Emilio Dupuy
de Lome.
Después del almuerzo, hizo el barón de Marchi una
bonita improvisación brindando la fiesta, á cuj'as ama-
bles frases contestó con un elegante discurso el dipu-
tado nacional doctor Cantilo, arrancando una prolon-
gada salva de aplausos. En seguida se hizo visita á las
instalaciones del nuevo edificio de la Sportiva, siendo
guiados los invitados por el barón de Marchi, que oyó
de todos muy sinceras felicitaciones y elogios por' la
comodidad y confort que en ellas se admiran.
Fué, pues, esa fiesta amistosa una nota simpática
más que agregar á las que hasta ahora ha' dado la
Sociedad Sportiva Argentina, digna de elogio por sus
iniciativas bien pensadas y encaminadas en favor de
la juventud á la que conviene, para su salud y vigor,
ese atletismo moderado v sensato.
El Sr. Morgan Sclinster, invitado es-
pecialmente al almuerza, llegan-
do á la Sportiva.
En el stand de la Sportiva, después
del almuerzo, haciendo la demos-
tración de cómo se puede aplicar
una mascarilla de resguardo, en
los duelos á Distola: prueba aue
llamó la atención de los concu-
rrentes A la liesta. La mesa del banquete.
EL PARTIDO DE FOOTBALL EN LA SPORTIVA.
Concurso de automóviles de alquiler
Según lo dispo-
n e u n decreto
municipal, hace
p o c o expedido,
t uvo lugar en la
mañana del jue-
ves próximo pa-
sado, el concurso
d e automóviles
destinados al ser-
vicio del público;
que consistió en
u n a irispección
hecha por la co-
misión municipal
designada al efec-
t o, la que pro-
nunció s u fallo
sobre las condi-
ciones de los ve-
hículos q u e , de
acuerdo á la nue-
va orden, podrán
La comisión examinadora de automóviles, haciendo un paréntesis ante el o1)ietivo.
el examen, estu-
vo presidida por
el subdirector de
tráfico, señor D.
Castro Feijoó, se-
cundándole l o s
inspectores seño-
res Pedro U. De-
heza, J u a n R.
D o m í n g u e z ,
Eduardo Ferrari,
y José P. Saffio-
ritto, e s t a n d o
presente el señor
Alejandro Pav-
lovsky, director
de tráfico.
Esa clasifica-
ción de los aut o-
móviles de alqui-
ler limitará el es-
tacionamiento en.
la Avenida de
En plena tarea de revisación con toda prolijidad.
establecerse en el trayecto
de la Avenida de Mayo.
A la primera prueba se
presentaron alrededor d e
300 automóviles, merecien-
do el permiso correspon-
diente sólo un número li-
mi t ado de ellos, pues los
d e m á s fueron rechazados
por no reunir las condicio-
nes que aquel decreto ha
fijado, cual son: funciona-
miento perfecto, higiene y
buen estado de conserva-
ción.
La comisión que efectuó Aprobado, por su limpieza, confort y conservación.
Examen delicado, por tratarse de un coche de huen porte.
Mayo á los que tienen en
realidad buen aspecto y
debido á eso puede consi-
derarse beneficiosa para los
que circulan por la Aveni-
da de Mayo.
En cambio, á los que an-
dan por el resto de Buenos
Aires no importa que les t o-
que automóvil vet ust o y
acar r i ndangado. . . El as-
pecto de la Avenida se salvó
y ¡voila toui! Como ejemplo
democrático, la medida no
es muy equi t at i va que di-
gamos.
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Esperando turno, alineadas en orden.
De Chile
Entierro de un magistrado
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Entierro del doctor Luis Vcal Ugarfe, presidente de la Corte Suprema de Justicia: el cortejo en el Cementerio General. — Entre los que lle-
van los cordones del ataúd, el ministro de justicia y un edecán del presidente de la república.
Kermesse á beneficio del Asilo de niños
Ginpo de señoritas que tuvo á su cargo el kiosko de la pesca, en que Señoritas que atendieron el kiosko Luis XV, que iué de los más
muchos quedaron pescados. concurridos durante la kermesse.
Contra los anarquistas
Ueeting organizada en la Alameda de las Delicias, para pedir el despacho de la ley de residencia, á fin de impedir á los anarquistas la en-
trada al pais.
Coooosso de posEnDi
^ ^ ^ ^ ' • ^
—¿Por qué llevas en los bolsillos tan-
tas piedras?
—Son muestras de casas que quiero
vender.
El hombre según las re-
glas de la Aritmética:
Un hombre, cuando soltero,
resulta un número entero.
Se casa, y al otro dia
_ya es regla de compañía.
Antes del mes de casado,
ya es un número quebrado.
Nace un muchacho después,
ya es una regla de tres.
Pero si enviuda en el acto,
se vuelve un número abs-
[tracto.
Y si se casa otra vez,
comete una estupidez.
Y ya no es número entero,
quebrado, ni mixto,es «cero»
P. AH. \ KTE.
Un tartamudo va á mi
corralón y pide hablar con
el propietario.
Sale el propietario j - le
pregunta:
— ¿Qué desea usted, se-
ñor?
El tarlamudo.—¡Ma-ma-
dera.
R. MOLISA^'O.
M-'
'-5»f|",'
-^a
\ ' } ;
- ^? '
Como deben ir los referees á
la cancha.
Por H. DiLOEÉ.
Una niña de cinco años acude como testigo ante
un juez.
— ¿Cuántos años tienes? —• le groguntó el magis-
trado.
— No lo sé.
•— ¡Cómo te llamas?
— No lo sé.
— ¿Pues qué es lo que sabes?
— «La Morocha» y el «Himno Nacional».
MARÍA LUCÍA CALDEROS.
Un diputado de provincia tenía invitados á comer
á varios electores.
Cuando todos los concurrentes estaban sentados á
la mesa, el criado le hizo notar que todavía faltaban
dos.
— No importa — le contestó el amo, — son dos elec-
tores de poca importancia.
A la hora de los postres, el criado, abriendo la puerta,
anunció con voz estentórea: Aquí están los dos elec-
tores de poca importancia que V. E. dijo que faltaban.
PlERROT.
Vedia.
Preguntaba un maestro á un discípulo:
— ¿En cuántas partes se divide el hombre?
— El hombre se divide en tres partes: saco, chaleco
y pantalón.
JOSÉ GIRALDI.
Patagones.
El médico.—¿Usted se resiste á tomar el remedio?
Tómelo pensando que es cerveza.
El enfermo.—Entonces, mejor es que tome cerveza
pensando qiie es el remedio.
Li:óx WALDJIANN.
— Una noche había \isitas en casa del señor Vélez,
éste, impaciente por la ijresencia de los huéspedes, dijo
á su señora:
— Che, tengo un dolor de cabeza insoportable, no
podrías vos librarme do toda esta gente?
La señora, algo irritada, le contestó:
— ¡No puedo ponerlos á la puerta!
•— No digo esto — contestó el marido.— En vez de
ponerlos á ellos á la puerta, ]3onete vos al piano.
FRAXCISCO PARLANTE.
Arequito.
En el restaurant:
— Es particular; hace una hora que
estoy comiendo y no tengo apetito. ¡Mo-
zol Un aperitivo.
— Hace diez minutos
que busco á mi marido 3'
no lo encuentro.
•— ¡Mire qué cosa! Ha-
ce veinte años que yo bus-
co al mío, y aún no he po-
dido dar con quien quie-
ra serlo.
AMÉRICO R. BENÍTEZ.
En unos exámenes:
El ijresidente de la me-
sa examinadora le hace
esta última pregunta á la
examinanda, vivaz 3' tra-
viesa:
— Y el avestruz, seño-
rita, ¿es cuadrúpedo?
La niña se agacha, mi-
ra ligeramente por debajo
de la mesa las piernas del
examinador y le contesta:
Es hijudo, señor, el aves-
truz.
S. V. M.
— Yo quisiera encontrar un
marido joven 3' rico, para poder
pasar todo el día en el piano co-
mo hace la señorita.
Del Brasil
ün grupo de amigos despidiendo, en el malecón de Faruz, al nuevo El doctor Fontoura Xavier y su familia se embarcan en la canoa
ministro de España, doctor Fontoura Xavier. oficial, que los llevara á bordo.
Grupo de asistentes al «five o'clock tea», ofrecido por el «Centro de Minas Geraes» á sus compatriotas.
Asistentes á la ceremonia de la colación de grados de alumnos del Grupo de los profesores y de los graduados del mismo instituto, en
Instituto Comercial de Rio de Janeiro, la Asociación de Empleadas de Comercio.
Sociedades
La sala, durante la velada aue celebró el '^Centro Balear", en la noche del sábado pasado.
Función inaugural del "Centro Recreativo Andalus": aspecto del salón.
.•'í< :»•'-.§. % €
Público presenciando la lunción de gala que dio el centro «El Coloso del Plata», en la sociedad «Lago di Como».
Mistcr Farqu-
liar, es un señor á
quien no conocía-
mos, poro que el
telégrafo ha teni-
do el gusto de pre-
sentarnos c omo
im campeón de las finanzas. El míster en cuestión
se ha empeñado en una operación peligrosa. Trata,
nada menos que de fundir una punta de, ferrocarriles
para ligarnos con el Paraguay con vínculos de hierro,
y aunque la operación importa millones de libras, el
hombre se ha arriesgado, y está á punto do reali-
zarla, porque le pasa lo que á los trapecistas aéreo.íi que
trabajan con r ed. . . y la red en este caso es una cor-
dillora de esterlinas.
Y si á la fusión quimérica
lograra dar cima él
ha de proclamarle América
el emperador del riel.
* * * '
Al presidente le gusta la claridad, y de igual modo
que no tolera las faltas de ortografía, y le ponen fulo
los borrones do tinta, ha querido que en su escolta
tampoco los haya; por lo que algunos pardos que des-
tacarían su gallarda figura sobre el montón de mozos
: rubios que forman el block de su protocolar guardia,
lian sido retirados.
Caídos en desgracia, á los morenos les espera un
negro porvenir.
No habrá ya quien no los eche
por no ser protocolar
su color, y van á estar
como moscas en la leche.
Don Hipólito está pasando calor á pesar de la tem-
peratura fría. Hasta los pibes del partido se han atre-
vido á disputarle el pedestal de cemento armado en que
esperaba mostrarse á las generaciones futuras.
El hombre estatua ha tambaleado, y ha estado á
punto de quebrarse, porque no reconocen en él una
figura de cuerpo entero, sino un modesto busto de j' cso,
que podría estar sobre una consola.
iPobre Irigoycn!
- (.Quién le dijera,
que hasta los pibes
se lo atrevieran?
Según el balance de la Caja de Conversión, en 31 do
julio existían en circulación monedas de cobre por valor-
de pesos 693.112.42.
Ese tesoro, del que nadie se ha dado cuenta, es un
misterio, y como todos los misterios, no se explica. Haj'
que creerlo, simplemente.
Sea un jico ó sea un pobre,
ha do tsncr mucha fo,
para creer que hay el cobre
que se di ce. . . y no se ve.
En Tuoumán, según un corresponsal, llama la aten-
ción que no so organice la junta do partido que deberá
sostener la candidatura del doctor Ernesto Padilla.
Justifícase el anhelo:
y con Padilla recelo
que, si no ha_y quien la sostenga,
su candidatura venga,
como otras muchas, al suelo.
* * *
El diputado Confortí ha declarado que insistirá,
cuantas veces sea necesario, en su pro3-eoto do divorcio.
Es de suponer que esa insistencia será contrarrestada
con la de don Pedro C'elostino, quien mandará otra vez
al tacho el proyecto de su compañero.
Si el plan de Confortí aborta,
es que nuestros diputados
se encuentran muy bien, casados,
y esto, Confortí, conforta
á los novios escamados.
* * *
Un periódico llama «contrabando de guante blanco»
á la introducción, más ó menos clandestina, de varios
artículos, que realizan algunos pasajeros que llegan de
Europa en los vapores correos. íGuante blanco'
Al leer el título sólo,
pensé al punto: ¿Desde cuándo
so ejerce con protocolo
y etiqueta ol contrabando?
* * *
En el castillo del conde de Eu, situado en Boulogne
sur Siene, un ayuda de cámara llamado Nientin, inten-
tó robar la corona imperial del Brasil.
El conde recuperó la corona. . . que le sirve para
adornar una vitrina. Y no para otra cosa, porque, pa-
rodiando al personaje de una zarzuélita, puede ex-
clamar:
« Póngamela como me la póngamela, esta coronita
no tiene valor real. >>
Ni imperial.
. * * *
En el ministerio de Agricultura hubo, hace pocos
días, un amago de incendio.
El ministro, al recibir la noticia, no se impresionó.
Si le hubieran anunciado
alguna interpolación,
habría experimentado,
de fijo, más emoción;
pues esto salta á la vista
y no implica vilipendio:
al ministro, un socialista
le asusta más que un incendio.
g] CoRPEo SIH ESTAMPlürA &}
Tata Tuya.—Ksa anécdotn podrá ser Iiis-
t,6riea, pero no tiene intcrís ni gracia.
R. A. ~
Todo eso del gaucho triste
Kc lia diclio más de unrt vez
y aciisa tal candidez,
que ya nadie lo resiste.
Por lo dcmíis, versiñoa usted con bastan-
te corrección.
J. F. de V.—Rosario.—Si vinieran íi la
Kepública tantos peones del campo como
poetas íúnebrcs pueblan HU territorio, no
se producirían nunca alarmas por falta do
brazos. ¿Por qué no se dedican ustedes A
la .".gricultura?
B. de M.—Las bases para el «Concurso de
postalcsí> están publicadas, y á ellas deben
atenerse los que deseen optar A los premios.
No so contestan las cartas y sólo se publi-
can las postales que, á juicio de la redac-
ción, lo' merecen.
A. C. M.—Mendoza.—
Perdono usted, si le arguyo,
con í'l debido respeto,
que ose precioso soneto
me gust a. . . ¡pero no es suyo;
N. N.—Rio Cuarto,—
«Allá lejos en esta tierra,
donde todo es vida y tranquilidad.. .*
Pero se pierde la tranquilidad, en cuait
to uno lee esns cosas
i
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Las curiosidades del traje infantil
Los comerciantes é industriales de los Estados Uni-
dos están buscando nuevos mercados para sus produc-
to,? , y en su tarea con tal objeto se han dirigido á los
cónsules de su nación en las diversas partes del mundo
que puedan ser compradoras, para que informaran có-
mo han de ser los artículos que en tales mercados han
de ofrecerse si se desea tener probabilidad
de éxito. Las contestaciones de los cónsules
han sido extensas y documentadas y no me-
recerían, debido á su carácter puramente
comercial, un es-
pacio en las pági-
nas de CABÁS Y
CARETAS; pero una
parte de esos mis-
mos informes pre-
senta una nota cu-
riosa digna do ser
tenida en cuenta.
Es la que se refie-
re á los trajes para
niños. Los trajes
para niños dan ba-
se á una industria
importantísima en
los Estados Uni-
dos, y los fabri-
cantes desearían
ampliar su merca-
do vendiendo en
todo el mundo los
trajecitos de pan-
talón bombacho
que usan en la
tierra del tío Sam
todos los cliicos,
sean de uno ú otro sexo. Las
contestaciones de los cónsu-
Aigenlina. les han permitido apreciar
Java.
que en cada parte del mundo
—de las que han sido objeto
de la investigación—los niños
visten de distinto modo, y
que no es fácil vender en ellas
el traje enterizo de bomba-
chita que hace fu-
ror en los Estados
Unidos. Los infor-
mes de Inglaterra,
por ejemplo, dicen
que allí las bom-
bachas que usan
los niños yanquis
resultan largas y
que seria necesa-
rio, para vender-
las, enviar trajeci-
tos con las bomba-
chas de tres pul-
gadas menos. De
Francia, las noti-
cias son poco pro-
picias; los trajeci-
tos yanquis son
demasiado senci-
llos: allí los niños
visten mejor. Su-
cedo lo mismo con
los datos recibidos
de la República
Argentina. Dice, respecto á nuestro país, el
informo, que aquí los niños visten con igual
lujo que los padres y que la sencillez yanqui
no puedo tener entrada. En Italia sucede lo
mismo, aun cuando con la afluencia de ve-
raneantes ingleses que ha habido en los úl-
timos años, las gentes acaudaladas van comprendien-
do que lo mejor para los niños no es el lujo deslumbra-
dor, sino, por el contrario, la sencillez que tan bien se
Estados Unidas.
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Las curiosidades del traje infantil
aviene con la iiigenuidacl fio
su manera de ser. De Norue-
ga ha informado el cónsul
norteamericano que la rojia
para niños, especialmente la
que éstos usan á diario y en
sus juegos, se fabrica tocia en
las casas, agregando que aUi
los niños de todas edades lle-
van sobretodos impermeables
pues les es indispensable ser
precavidos con la lluvia. Co-
mo es sabido, en Noruega
lluevo con frecuencia y la ma-
yor parte de las veces cuando
inenos se espera la lluvia. El
cónsul de los Estados Unidos
en Valencia (España) dice que
los niños usan allí delantali-
tos hechos generalmente en
casa, y que también se ven-
den á precio muy bajo en
las tiendas. Agrega que no se
puede considerar fácil que en
España se decidan ni ahora
ni nunca á vestir á las niñas
de pantalones bombachos co-
mo en los Estados Unidos.
Un informe procedente de
Tasmania dice que allí lo que
se usa es el vestidito hecho de blusa y pollerita de una
sola pieza, con la I)lusa á la marinera, de cucUo cuadra-
do y corbata de forma de las llamadas «regata*. Agre-
ga el cónsul de los Estados Unidos en Tasmania, que
Bon allí muy populares los vestidos hechos de punto,
tejidos á mano, todos de una pieza. Los informes de
España, Noruega. Inglatena.
la India, Java, Venezuela y otros países tropicales,
— dice el diario de donde tomamos estos datos — no
son mercados para las bombachas. En todos esos paí-
ses el traje de los niños es de lo más reducido que se
conoce y se gasta en ello todo lo menos posible, de
modo que el material llega á su más mínima expresión.
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nocedora del t er r eno
y que i^ractica el al pi -
ni smo desdo la ni ñez,
los guí as suizos no co-
rrerí an riesgo ni nguno
en sus mont añas na-
t al es si no se lo liicie-
r an correr los al pi ni s-
t as que ut i l i zan sus
servicios. Con frecuen-
cia llega á los Al pes
un novat o con el cora-
zón lleno de ent usi as-
mo y el bolsillo lleno
de oro; los guí as no se
pr eocupan de sus con-
diciones como t ur i st a
de mont aña; ven una
gananci a segura y se
compr omet en á llevarle á donde qui era. Segur ament e,
no hay_ en Sui za un guí a que por ci ncuent a pesos no
se at e á la cuerda de seguri dad con el más nul o de los
al pi ni st as y lo lleve consigo has t a el mi smo Mat t cr hór n.
Así es como ocurren gener al ment e las gr andes cat ást r o-
fes del al pi ni smo.
Hace pocos años, en los Dol omi t as, un novat o qui so
escalar Funffinger-
s])itze. No faltó un
guí a que se compro-
met i ó á conduci rl e.
At ár onse uno á ot r o,
y com c n z a r o n la
ascensión. Al llegar
á un punt o peligro-
so, el guí a siguió su-
bi endo solo y dejó
al al pi ni st a en un
est recho r ebor de de
l a r o c a , con i n s -
t rucci ones par a que
fuese sol t ando cuer-
da á medi da que él
subí a, y par a que no
se movi ese de aquel
sitio. La curi osi dad
pudo en el novi ci o
más que el i nst i nt o
de segui' idad; qui so
ver cómo t r epaba el
guí a, y al pr et ender
asomarse sobre el
precipicio, se 16 fué
un pie y cayó en el
abi smo. Sorjjrendi-
do por un brusco t i r ón, sin nada á que agarrarse ó á
que enl azar la cuerda, el guí a fué r epent i nament e arras-
t r ado, y los dos di eron un t r emendo sal t o de más de
t resci ent os met r os.
Act ual ment e, graci as á l a afición á las mont añas
que cunde por t odas par t es, la mayor í a de los al pi -
ni st as que vi si t an los Al pes han pr act i cado y a en su
propi o paí s, y no son t an t or pes; pero t ambi én esto
t i ene s u s i nconveni ent es.
Est os t ur i st as, acos t umbr a-
dos ya á las si mpl es ascen-
ci ones de recreo, al llegar á
Sui za no qui eren más que
expedi ci ones exoepoionalmen-
t e difíciles. Los guí as, que
al fin y al cabo necesi t an
ganar se la vi da, acept an las
más desesi j eradas proposi -
ciones, exponi endo su vi da
en l ucha con la nat ur al eza,
y por lo general salen victo-
riosos; pero á veces la vi ct o-
ria es de la mont aña, y en-
t onces la der r ot a del hombr e
es si empre t rági ca.
Un guia alpino prolando la solidez ds
una cresta de nieve.
Ent i éndase que no debe
confundi rse a] verda-
dero guí a al pi no con
el gui a vul gar y char-
l at án que el viajero
encuent r a en el Gi i n-
dehval d y en ot ros
cent ros i gual ment e
popul ar es, conduci en-
do t ur i st as á los ven-
t i squeros más bajos y
enseñando los pi cos
desde lejos con un an-
teojo. El guí a que su-
be á las cumbr es más
inaccesibles, el de las
gr andes al t ur as, es un
hombro muy di st i nt o,
casi di rí amos de una
r aza di ferent e, con
manos de hi erro y
pi er nas de acero, ca-
l l a d o é i nt el i gent e.
Muchos de estos guí as
habl an dos ó t res i di omas, y no es raro encont r ar du-
r ant e el i nvi erno al gunos de ellos en Londr es ó en Par í s,
perfecci onándose en el inglés ó en el francés. La jiro-
fesión de gui a est á en Suiza i nt er veni da por el gobi er no,
que no concede la cart i l l a ó licencia par a desempeñar l a
sino después que el i nt eresado ha ]5asado unos cuant os
años t r abaj ando como peón de equi paj es de las expedi -
ciones al pi nas, y ha
sufrido un examen.
Las mat er i as que en
est e úl t i mo se exi-
gen son gr amát i ca,
ar i t mét i ca y algu-
nas ot r as i gual men-
t e i nút i l es en las
cumbr es de los Al-
pes. En cambi o, por
ext r año que parezca,
el guí a suizo no sue-
le t ener la menor
noción de t opogr a-
fía, ni sabe lo que es
una brúj ul a, ni en-
t i ende los mapas.
Es t e es su punt o dé-
bil. ¡Cuánt as cat ás-
trofes se evi t ar í an
si los guí as est uvi e-
sen i ni ci ados en la
no fácil ciencia de la
ori ent aci ón! En me-
di o de una t empes-
t a d de ni eve, cuan-
do el sent i do de la
di recci ón se pi erde
y las huellas se borran r ápi dament e, la energí a física
es muy út i l , pero no sirve de na da si no se t i enen
medi os par a ori ent arse. En los campos de ni eve del
Mont Bl anc ha pereci do más de una ex]iedición por
no poder encont r ar su cami no. En cambi o, los guí as
al pi nos son famosos por su sangre fría y su presenci a de
áni mo. Si r va de ej empl o lo ocurri do á una pequeña ex-
pedi ci ón cerca de la cumbr e de Wei sshorn. Volvían los
al pi ni st as at ados unos á ot r os,
muy cont ent os del éxi t o de
la excursi ón, por enci ma del
filo de una crest a de ni eve
hel ada, cuando un enor me
t rozo de la mi sma crest a se
deslizó bajo el peso, y t odos
cayeron con él. Es decir, t o-
dos no; un guí a que mar cha-
ba á r et aguar di a t uvo l a
sereni dad suficiente par a
arroj arse al ot ro l ado de l a
crest a, y su peso i mpi di ó que
los demás, at ado? á la mi sma
cuer da, rodasen en el abi smo
dando t i empo á que se vinie-
se á sacarl es üe t a l posi-
Almorzando en un alto de la ascensión
á la Jungfrau.
Subiendo á la cornisa de nieve de Lyskamm.
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No quise afligirlo más; así que no le dije lo dei
olvido y la indiferencia que me había dicho Ticia.
Además yo no estaba muy segura de que eso, á
pesar de decírmelo ella, fuera verdad.
Est a situación violenta duraba ya algunos días,
durant e los cuales Codicini vino frecuentemente
á hacerme sus confidencias buscando que yo
nutriera sus esperanzas. Una vez no vino sólo, lo
acompañaba un viejo; y Codicini me jjresentó á
su compañero:
— Le presento á mi padre, e! comendador Ra-
melli Codicini.
Aquella visita me pareció singular. La palidez
de los dos visitantes, la voz ronca del hijo, la ac-
t i t ud reservada del padre, me hicieron pensar en
la proximidad de una catástrofe y me quedé ca^
Liada fantaseando con la imaginación, mientras el
viejo ca'.laba también y el hijo explicaba la causa
de acjuella visita.
Me pareció oir t^ue el comendador Kamelli se
sentía como crucifica-
do debido á c¿ue su 'hi-
jo sufría !as penas del
infierno por no poderse-
casar con su adorada
Ticia, que el viejo ha-
bía decidido hacer per-
sonalmente la última
intentona y para que
el buen éxito fuera
más seguro, deseaba
que yo le acompañase.
¿Estaba yo dispuesta
á hacer esa obra de ca-
ridad cristiana? Esto,
ciue en labios del ena-
morado Codicini resul-
taba de una compli-
cación enorme por los
rodeos que hacía en
1 ügar de ir directamen-
t e al fondo del asunto,
fué en seguida mejor
y más claramente ex-
presado por el padre,
quien dijo lenta y me-
lancólicamente:
— Mi hijo está de-
masiado abatido; no
tendría valor ni para
subir las escaleras. Se
quedará en la calle
mirando á la ventana.
r,\R,\ CARAS Y CARETAS
Traducci ón de P.
mientras nosotros subimos, ¿quiere usted?
En ese instante el hijo„ tendiendo las manos y
sofocando un gemido:
— No vaya, papá — r;uplicó — no intente ya
nada.
Yo me puse de pie y los dos visitantes t ambi én.
— Por favor, papá — decía el joven Codicini—•
con el tono de un niño pequeño que suplica á su
padre.
Y yo dije:
— Iremos en seguida. Un instante. Voy á po-
nerme el sombrero.
* t: *
Salimos. Llegamos al port al de la casa de Ticia.
Codicini se quedó en la acera prometiendo no ale-
jarse mucho.
Subimos silenciosos las escaleras. En el descan-
sillo me detuve á mirar al anciano: seguía pálido
como un muerto y con los ojos aún más brillantes.
Llamé. «¿Está Ticia en casa?» Est aba en casa En-
tramos en una salita.
Llegó Ticia. Mientras yo le besaba las mejillas,
mi amiga, que no había visto aún á quien me acom-
pañaba y que se había quedado j unt o á la puert a,
me ]5reguntó:
— ¿Por qué no entraste liasta mi cuarto como
siempre?
La sonrisa que ilu-
minaba su cara se di-
sipó: había visto al
anciano.
— Te presento al
comendador Ramelli,
que necesita hablarte.
El viejo se inclinó
sin moverse de donde
se hallaba.
Ticia estaba muy
nerviosa. Sentí que su
brazo se estremecía.
— Le conozco bien
— me contestó mi ami-
ga con im hilo de voz
— Tenga usted la bon-
dad de t omar asiento,
comendador, y tú, no
t e vayas.
Yo vacilé un instante.
— Señoiita — d i j o
el anciano — yo t am-
bién le ruego qué no
se retire.
La voz de aquel
nombre, cansada por
los años y tranquila,
era t an tenue que daba
pena. Ticia p a r e c í a
tener la mirada fija en
alfjo lejano y no agra-
vo me retiré á nn lado alzáuilome él vestido.
dable. El comendador se secó el sudor de la frente
antes de empezar í hablar:
— En esta haDitación, sentada en ese sofá con
ust ed á mi lado, hermosa como ahora, pero más
tranquila, hice, en nombre de mi hijo, la petición
de su mano de usted á su señor padre. Usted pre-
senciaba la escena confundida y rubori zada'
Ticia no dijo nada El anciano prosiguió:
— En aquel tiempo feliz, todos mis asuntos iban
bien. Mi hijo estaba enamoradísimo Yo la veía á
usted t an bella y tan buena que consideraba bien
cimentada y destinada á ser eterna la íeiicidad de
los dos. . . Cuando su señor padre dijo que él no
podía dar dote ninguna, le interrumpí para de-
cirle: Mi Aníbal quiere á su hija por ella misma
y no por ei dinero que pueda tener».
El anciano calló, Ticia no dijo una sola palabra;
su mi rada seguía fija en el mismo algo lejano y des-
gradable.
El comendador prosiguió:
— MI hijo y yo no soñábamos nada más her-
moso que aquel matrimonio. Anibaí iba á ent rar
en un Banco tenfa un capitalito heredado de mi
esposa unas cien mil liras ó poco más. Yo, que por
por mi oficio, manejaba mucho dinero ajeno, no
pens""' nunca en hacer depender la ielicidad de mi
hijo "le la dote do su mu;er
El comendador como no le ani maba ninguna
palabra de aliento, iuntó un instante las manos
descarnadas en ademán de súpl ca, después las
retorció nerviosc.raente y prosiguió:
-— Toda aquel a soñada felicidad se desvaneció
pocos meses después, Y fué por culpa mía.
La mirada de Ticia se ap,.rtó del algo lejano para
posarse en Ir. afligida cara del anciano
— Si, la culpa fué solo mí a. La prudencia que
(Jurante t oda mi vida me h. bía acompañado, me
altó un instante; jugué á la alza de los val «res y
fperdí: para rehacerme volví á jugar y en menos
de .dos me-
s e s me vi
arru i n a d o.
Q u e r í a no
s o b r e v i v i r
á mi desho-
nor, cuando
m i hijo s e
enteró de to-
do, supo mi
situación y
para salvar
á su padre
r enunci ó á
su p r o p i a
í e I i c i dad;
renunció al
a m o r , re-
n u n c i o al
c a s a m l en-
t o. . . Lo di-
ré todo, to-
do, señorita,
para demos-
t rarl e. . .
— No, no
— murmuró
Ticia rápi-
dament e.
— ¡ Sí ! A
eso he veni-
do. Aníbal
renuncio a
todo con tal
de salvar á
su p a d r e,
con t a l d e
evitarme la
desh o n r a.
Yo lo habría
callado t o-
d o, hubiese
sabido s o -
port ar una
vida de ex-
piación, pe-
ro e x i s t í a
una letra de
cambio que
fué la causa
de que mi
hijo descu-
b r i e s c mi
secreto.
El comendador se tapó la cara con las manos
y balbuceó:
— La letra llevaba la firma de Aníbal Codicini,
mi hijo, y él no la había firmado.
— ¡Oh! ¡Basta, señor! ¡Basta, comendador!
El viojo bajó las manos de la cara lacrimosa y,
libre por fin del peso que le sofocaba, dijo:
— Sí; ahora basta Ya lo he dicho todo. Aníbal,
reducido á la miseria como su padre, ya no podía
casarse con su prometida. Hubiera podido decir
el por qué pero no qui.so que nadie se enterara de
mi cu' pa Ahora, diga usted si un hombre así no
merece que una mujer le ame de nuevo. ^
En aquel instr.nte resonó un grito:
— ¡Dios mío!
¿Qué había pasado.^ Que so había presentado una
araña una araña tan grande que daba miedo. ¡Es-
t aba allí! Atravesaba la sala deteniéndose de vez
en cuando. Tenía las pat as t an largas que parecía
caminar con zancos. Yo me retiré á un lado alzan- -
dome el vestido porque aquel animalucho me pa-
recía capaz de querer subírseme por las piernas y
por eso había gritado de miedo.'
Ticia, en cambio, se reía y el comendador dijo .
humildemente:
— Señal de fortuna.
— ¿Le digo á la criada que traiga la escoba? —•
pregunté.
No; la araña se dirigía hacia la ventana. Con un
valor de heroína, Ticia, teniendo cuidado de no
pisar á su pequeña visitante, abrió la vent ana y la
araña salió por ella majestuosamente, acompañada
hasta el hueco por Ticia que se asomó, se det uvo
un instante sonriendo y regresó en seguida j unt o
á nosotros sin decir palabra, me abrazó y no me
soltó hasta que se hizo oir la campanilla que anun-
ciaba una visita.
Entonces dijo Ticia con t oda naturalidad:
— Esa tenía la tela debajo del balcón y ya se
ha metido en su casa. El estaba en la acera; nos
vimos y le hice señas de que subiera
Esa, era la araña; él, era Codicini.
El comendador se echó á llorar de felicidad.
r-iis"
FI N
Se asomó, se detuvo Dn instante.. Dih. tic Laverni.
H E N H E O L I H E .
LA M EJOR TI NTU RA PAR A LAS CAN AS
F U R M n e i n s V P E L U Q U E R Í A S - Por ma?O P ? apl i c ac i o-
n e s : M a i s on D. L UBO RDE , 435, L aualle. - Buenos Aires.
CRAN CONCURSO
NACIONAL B D - B Ú
EL VOTO D E LOS NIÑOS
¡ Q u e i a a l e g r e v o z d e l a n i ñ e z Ar g e n t i n a p r o c l a m e l o s v e n c e d o r e s !
M. S. BAGLEY y Ci a ., Li m i t a d a , por intermedio de su galletita BU-BÚ
ofrece á los niños de la Kepública la oportunidad de registrar su primer voto.
¡ ¡ NIÑOS! !
Regalad $ 3.000 c/i. á vuestros maestros y maestras
¡ s e l i e s l r f l í H i i l r a M S Q y m l l i l . ?
Que cada niño ó niña vote por el maestro ó maestra que más quiere,
y los tabncante:; de BU BO obsequiarán á los 5 maestros y 5 maestras que
resulten con ia mayor cantidad de votos, con:
Al m a e s tr o y m a e s tr a ||ue obte nga e l m a y or núm e r o de
votos , ca da uno $ 1. 000 $ 2 . 0 0 0
Al m a e s tr o y m a e s tr a que le s iga e n núm e r o, c/u. " 200 " 4 0 0
A los tr e s m a e s tr os y m a e s tr a s s i gui e nte ji , c/u. " 100 *' 6 0 0
$ 3.000
Cada niño en la República tiene el derecho de votar tantas veces quiera,
siempre que cada voto venga acompañado por un Cupón de BU-BÜ , que
contiene cada lata.
Para que los candidatos conozcan su posición en el Concurso, cada miér-
coles se publicarán en el diario "LA ARGENTINA" los nombres y cantidad
de votos obtenidos por los 5 maestros y maestras más favorecidos. El Concurso
cierra el d-a 25 de noviembre de 1912; todo voto debe remitirse por escrito á
M. S. Bagley y Cía., Limitada, calle Montes de Oca, 199, indicándose con clari-
dad el nombre del maestro ó maestra por quien votan y la escuela donde ejerce
sus tunciones.
•M p\ "T A , No se tomarán en consiOeración los votos que
IN VJ 1 rt. ,^0 vengan acompañabos por el Cupón BU - BÚ.
¡ ¡ N i ñ os y N i ñ a s de la R e p úbl i ca , no de je n de r e gi s tr a r s u p r i m e r voto! !
Recetas y procedimientos útiles
Los rasguños de la
pie! pueden aliviarse in-
corporando cuatro gra-
mos de ácido bórico fi-
namente pulverizado en
ciento de vaselina. Esa
incorporación d e b e r á
hacerse en un mortero
de vidrio .y con maza de
la misma clase, batiendo
mucho h a s t a que la
mezcla sea intensa, en-
cerrándolo luego en un
tarro bien tapado. Sólo
tiene el inconveniente
de que al envejecer se
vuelve com pletamente
inerte.
Para limpiar la den-
tadura. — Combínense
un 40 por 100 de carbón
vegetal, vm 10 por 100
de raíz de lirio de Fio-'
rcnoia y un 50 por 100
de corteza de quina.
Pulverícese todo bien y tamícese, agregando después
unas gotas de aceite esencia! de clavo ó rosas ó de
esencia de menta.
Estos polvos son antisépticos en extremo y foitifi-
can la dentadura.
Pasta Stancesa para el charol.—^Derrítase un poco
de cera de abejas y añádasele casi la misma cantidad
do aceite común y un poco de sebo. Mézclese bien todo
ello poniéndolo á un fuego moderado, y después de
retirarlo del calor, añádasele aceite do trementina y un
poco de aceite de espliego. Oon todo ello se formará
una pasta que debe conservarse en cajitas de hojalata.
Para emplear esta pasta, so aplica sobre el charol
con un trapo de hilo. Es la mejor composición para
Para coDversaciones secretas
Eli aigun.is oficinas es necesario iiablar por teléfono do modo ífue
nadie se entere de lo que se estA diciendo. Para esto se ha inventado
el ingenioso aparato que publicamos y que permite hablar por telé-
fono sin levantar la voz. El aparato se coloca en cualquier bocina
de teléfono y consiste cu una cornetita do mctaí que contiene un sis-
tema do alambres que aimienta un murnuiilo á las proporciones de
la voz alta y trasmite por teléfono, con toda elaridad. lo quo se le
cucliiclion.
'conservar el cucii> .sua\ c
y devolverle .su hii^lrc.
Cuando se mete una
espina ó astilla en un
dedo, si ha penctradn
muy profundamente en
la carne, puede emplear-
se el siguiente jirocedi-
miento para extraerla.
Se calienta una botella
ó frasco de boca ancha,
y se llena hasta dos ter-
cios de su altura de agua
caliente, colocando en
seguida encima la parte
de la mano en que so
encuentra la espina.
Ejerciendo una peque-
ña presión sobre la car-
ne, el vapor hace salir ;i
los pocos momentos la
espina y disminuye la
inflamación.
Para reavivar el ter-
ciopelo ajado, se empieza por cepillarlo muy bien y des-
pués se coloca un paño húmedo sobre una plancha mu.y
caliente, y encima se pone por el revés el terciopelo.
Tan pronto como deja de salir vapor, se retira la tela,
que de lo contrario se estropearía más aún.
Para impedir que se cristalice el azúcar de los dulces.
— Genei'almente los tarros en que se conservan los
dulces, están cubiertos con un papel embebido do
aguarcliente. Esto tiene el inconveniente de que como
el alcohol se evapora muy pronto, el azúcar de la su-
perficie no tarda en cristalizarse. Es preferible reem-
plazar el aguardiente por glicerina buena, que no so
evapora é impide la cristalización.
1 k >
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Disuelto en líquidos fríos, no
tiene olor ni sabor, conservando
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Tanto los adultos como los niños,
toman el ."PULVEOL" (Aceite de
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t i v o s f í s i c o s ; r e c o n f o r t a á l o s d é b i l e s y p o r
s u s c u a l i d a d e s p o d e r o s a m e n t e n u t r i t i v a s e s
u n p r e c i o s o a u x i l i a r d e l a s a l u d p e r f e c t a .
" A F R I C A N A
E X T R A C T O D O « . E "
Supera á los Extractos
de Malta importados y
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todos ellos.
« P 4 EL CAJÓN
D E D O C E B O T E L L A S
EN LOS BUENOS ALMACENES
O DIRECTAMENTE EN LA
C ' ^ B I E C K E R T L
SA R MI E N T O , 2827-B s . A s
U. T. 2272. MITRE
C. T. 290, OESTE
Recetas y procedimientos útiles
Par a sacar un insecto vivo del oído.
— Lo mejor es ent r ar en un cuar t o
obscuro y colocar cerca del oído una
l ámpar a encendi da ó una vel a; l a luz
at r aer á el ani mal y l i br ar á al paci ent e
de su mol est o huésped.
Est añado del, cobre. —Li mpí ese el
vaso de cobro que se qui er a est añar , de
maner a que parezca br uñi da y brillan-
t e la superficie; frótese en segui da con
sal amoní aco en polvo; l uego póngase
el vaso sobre ascuas, pol voréese con
resi na y échese en segui da el est año
fundi do, haci éndol o correr por t oda
la superficie i nt eri or del vaso con una
muñeca de est opa.
El est año se combi na muy pr ont o
con el cobre, que dej a per f ect ament e
bl anco, cubri éndol o con una capa muy
ligera, pero bas t ant e par a i mpedi r su
cont act o con las subst anci as.
Para escribir en lata.
Aci do ní t ri co 10 par t es
Agua 10 »
Cobr e 1 »
Di suél vase el cobre en el áci do ní-
t ri co y, cuando lo est é, se echa el agua.
Lavado de los tejidos de lana. —
Póngase á r emoj ar dur a nt e un buen
r at o en agua l i ger ament e enj abonada
el t ej i do que se t r a t e de l avar , y fró-
t ese con las manos dej ándol a después
en reposo dur ant e al gunos mi nut os;
al cabo de un r a t o se f r ot ar á nuevament e
acl ar ar á en agua l i mpi a.
Si lo que se l ava es un vest i do, bas t ar á pasarl o por
una segunda agua do j abón un poco más cal i ent e que
Contra la espuma
La jarra que aparece en la ilus-
tración adjunta, tiene ini disposi-
tivo especial que evita la salida de
la espuma, sí lo que se sirve es un
liquido espumoso. I.a jarra tiene
un saliente en !a parte de arriba,
que detiene la espuma é impide
que se vierta mientras el liquido
sale, á través de los aírujeros del
fondo, por el caño exterior. Con
esta clase de jarras se evita que
salpique el liquido si el recipiente
cst:i dcnia^-iado l|pn'">.
la ant er i or , agi t ar l a bien, y después
de bien l i mpi o exponer l o al azuf r ador
por al gunas horas y dej arl o secar.
Si fueran medi as las qirc se l avar a
es preciso no qui t ar l as el j abón ni azu-
frarlas, t
Ni el j abón ni el azufre convi enen
á las al mi l l as de l ana ó franela que S€
usan j unt o al cuerpo; bast a qui t ar l es
la suci edad con agua de afrecho.
Papel bl anco ó negro de cal car pa r a
r epr oduci r i ns t ant áneament e escri t os
ó di buj os. Mézclense í nt i mament e ne-
gro de marfil ó de Índigo pul ver i zado
con j abón verde, y apl i car uniforme-
ment e, con ayuda de una br ocha, la
composición sobre una hoj a de papel
resi st ent e, pero del gado.
Cera par a model ar . —Par a hacer
una cer a que se pr est e fáci l ment e al
mol deo, fúndase cuat r o par t es de cera
bl anca en una de t r ement i na de Ve-
necia. Después se añade ocre roj o ó
amari l l o ó bermel l ón (es preferible
empl ear colores que no sean veneno-
sos). Pa r a dar l a color, puede echarse
de la t i nt ur a que se desee.
y se
Las ampollas que se iorman en las
manos y en los pies, á consecuenci a
de un t r abaj o excesi vo, se curan
abri éndol as con unas t i j eras ó un
bi st urí , sin qui t ar la piel, par a sa-
carles el l í qui do seroso que cont i e-
nen y después de abi er t as se cubr en con compr esas
empapadas en un l i qui do compuest o de 50 gr amos
de al cohol al canforado y 2 got as de s ubacet at o de
plomo.»
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sépticas, expectorantes y balsámicas
de las sulístancias que ent ran en su
preparación, van unidas á la. de ser
volatilizables, condición esta última muy estimada,
pues hace que su acción curativa, llegue hast a las
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Í¿^:
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Cas aventuras De Viruta v Cl)¡cl^arrón
mFiríw
¡Pobrecitas!
lin aquella vasta administración
(le Aduana, la oficina donde Eonhorao
X / ^ ^^^/ ^ está empleado es un fiel trasunto del
y 'jfs ' ^0 H " ^" ' ' " ' ' 3 ' ^" ' gPi'niiii'i toda la llora pa-
sional humana 3' se destacan por su
exuberante lozanía la aml)ición y la
envidia, que engendran las rivalida-
des y el otlio.
Bonliomo es intransigente en el ctim-
plimiento del deber. l\lás do una vez
ha censurado con acritud los turbios
manejos de algunos de sus compañe-
ros, para quienes su presencia se ha
vuelto incómoda. Sienten por él la
instintiva aversión de las almas viles
por los seres superiores. A fuerza do
calumnias y de intrigas, han conse-
'í^ guido malquistarle con sus superiores
y ponen en juego toda clase do recur-
sos para sacarlo <le en medio. Ya ha
rehuido, con prudencia tal vez exce-
siva, varias provocaciones, á fin do
¡. ^, ^ - H no dar el jíretexto que buscan.
Qj^ \ / ^ f e Bonhomo está profundamente in-
•^ dignado y, huérfano do toda infhíen-
cia, pero, creyente sincero, confia en que no ha do ser
vana la palabra justicia y que fie algún modo han do
ser recompensados los disgustos que lo procura el fiel
cumplimiento de su deber.
A las cinco sale Bonhomo de s\i oficina, siempre algo
preocupatio; el bullicio de la calle le distrac; un grupo
formado en el cordón do la vereda le incita á pararse:
es un vendedor ambulante que está pregonando un
nuevo juguete. Bonhomo compra uno, y desde oso ins-
tante ya no piensa sino en la alegría quo va á causar,
en la dicha que le aguarda.
Suena el timbro. So oyen voces infantiles gritar:
¡Papá!, ¡papá!, y asoman por la punta do la oscak^ra
dos deliciosas cabecitas rubias, cual las pintara el cé-
lebre florentino. Bonhomo sonríe; cuatro bracitos so
tienden hacia él v pronto se enlazan li su cuello.
— Buenas tardes, papacito.
— «Batade, papito».
— Buenas tardes, quoriditas mías.
Y las dos boquitas rojas besan á porfía á su adorado
paila. Bueno es decir que Ceuta y la Nenita, que se
quieren entrañablemente, de común acuerdo, se han
repartido la cara de Bonhomo, quien tiene el encargo
do velar porque una no beso donde lo corresponde á la
otra; poro, en cuanto se descuida, vieno Cclita y ¡zas!
Díb, de Vázquez.
arteramente planta un beso en el
predio ajeno; la Kenita, se entera,
naturalmente, y trata de cobrarse
. . . con daños y perjuicios; y ahí
comienza \m match de besos, al
(|ue pono término Bonhomo, llo-
rando casi de i'isa y de felicidad,
con la permuta de los cachetes.
A la hora de la cena, la Nenita
se sienta en la «falda» do su papito
y se empeña en darlo de comer.
Ijuogo en la salita, mientras la ma-
má expande en melodiosas notas
sus tiernos .sentimientos, las nenas
piden á Bonhomo que les haga «oa-
l)allito»; y se le ve en esa ridicula
postura que inmortalizará más á
Enrique IV que todos sus glo-
riosos hechos; pero esa noche
Bonhomo anuncia, con cierto mis-
terio y (irosopopeya, una novedad,
y el juguete, cuida<losamente es-
condido hasta esa oportunidatl,
produce la consiguiente algazara,
en medio de la cual se destacan
sonoros besos y repetidos «muchas
gracias, papacito»; «"achia, papito».
Y así transcurre teliz la velada
hasta la hora de acostar á las ne-
nas, no sin quo antes «papacito»
les cuente alguna maravillosa his-
toria de niños buenos y cariño.sos.
Al día siguiente, cuando Bonho-
mo sale para su oficina, la joven esposa y las dos ca-
becitas rubias lo acompañan hasta la escalera; los cua-
tro bracitos so ciñen á su cuello y las dos boquitas
rojas le culiicn do besos sus respectivos cachetes. A du-
ras ponas se desjircndo do su preciosa carga .
— Hasta luego, papacito querido.
— 'l'a lelo, papito. Tame chiche.
— A mi, no me traigas nada, papacito, pero. . . dame
otro beso — dice Ceuta, con una mirada que es todo
mi poema de ternura.
— Toma, eorazoncito de oro. Adiós, adiós.
Y mientras Bonhomo baja la escalera, el corazón
henchido de una emoción que traicionan sus ojos em-
pañado», las nenas repiten, agitando sus bracitos:
— ¡Adiós, ¡lapacito!
— ¡Aió, papito! ¡.Mó!
En la puerta d.c callo asoma en ese momento una
mujer, joven aun, muy pobremente vestirla, que pide
con timidez una limosna. Lleva dos eriaturitas que
tratan de ocultar sus caritas macilentas. . .
Hondamente impresionado por el doloro.so contraste
quo ofrecen los dos extremos de la escalera, Bonhomo
da su generosa ayuda, murmurando; ¡Pobrecitas!
Filosofando sobro eso.s dos aspectos do la vida, Bon-
homo llega á la oficina, donde le espera terrible nove-
dad. Le acusan do complicidad en una defraudación
valiosa. Su firma, hábilmente falsificada, está ahí, al
pie del documento comprometedor.
¡El, ladrón! Profundamento conmovido é indignado,
denuncia la infamia y sindica al culpable, que cínioa-
monto lo befa y le injuria. La voz do Bonhomo se altera,
fiera se torna su m:^ ¡.da, críspanse sus puños y. . . cruza
su monte ofuscada la angelical visión: cuatro bracitos
tendidos allá en la punta de la escalera y dos voces quo
claman: ¡Papacito! ¡Papito! Se le ahoga la voz en la
garganta; desvía la mirada; inertes quedan los puños;
horrible congoja tortura su alma.
¡Cobanlo!...
¿Ue dónde salió la voz? ¿Fué percibida por el oído
ó prorrumpió del fondo do su conciencia?
¡El, cobarde! Violenta ráfaga de insana pasión barre
la visión salvadora; una oleada de sangre inunda el
cerebro y asoma por los ojos; ¡miserable! ruge el hombre
hecho fiera, y el puño orispailo, con fui;rza inconscientu,
hiero y mat a. . .
Inmóvil, atónita la mirada, demudado el semblante,
Bonhomo ve esto cuadro aterrador: al pie de la esoalera,
su joven esposa pobremente vestida y sus dos querid.as
nona.s tratando de ocultar las carit.as macilentas. . .
Estaba l oco. . . ¡Pobrecitas!
DoMiKao DESPLATS.
¿De donde procede
ese maravilloso
poder curativo?
El mundo está asombrado ante las sorprendentes curaciones llevadas á cabo por
ei Prof. Mann
Gura enfermedades llamadas incuratiles
Mébi cos, Sacer bot es, per s onas be t obas profesi ones, becl aran como él ha cur abo ciegos, cojos
paral í t i cos y muchas ot r as per s onas que est aban al mi smo bor be bel sepul cro
Consultas y consejos gratis para los enfermos
El Prof. Mann ofrece consul t as y consej os, absol ut ament e gratis, á t obos aquel l os pabeci enbo
be cual qui er enfermebab.
Hombres, mujeres, doctores, maestros y sacerdotes de todas
partes del país, están asombrados ant e las maravillosas cu-
raciones llevadas á cabo por el profesor Mann, desoribridoB
de Radiopatía.
El no emplea drogas en sus curaciones ni cura por medio
do Ciencia Cristiana, ni Osteopatía, ni Hipnotismo, ni Cura
Divina^ sino por una sutil fuerza física natural, en combina-
ción con ciertos remedios magneto-vitales que contienen los
verdaderos elementos de vida y salud.
En una reciente conversación se le pidió al profesor Mann
que invitara á todos aquellos que sufrieran de alguna enferme-
dad, á que le escribiesen ó visitasen para que él los curara.
«Algunas personas han declarado»), dijo el profesor Mann,
«que los poderes que poseo son sobrenaturales, me llaman el Cu-
rador Divino, El Hombre de los Poderes Misteriosos. Eso no
es así, yo curo porque conozco y entiendo la Naturaleza, por-
que empleo las sutiles fuerzas de ella para restablecer el siste-
ma y restaurar la salud.»
«Pero al mismo tiempo, yo creo que el .sabio Creador no me
hubiera dado la oportunidad de hacer los descubrimientos
que he hecho, ó la habilidad para desarrollarlos, si no hubiera
intentado que 5'0 debería usarlos en bien de la humani dad.
Por consiguiente, yo siento que es mi deber el dar á todos
aquellos que sufren los beneficios de la ciencia que practico.»
«Deseo decir á todos aquellos que sufren, que pueden escri-
birme confidencialmente, y que absolutamente gratis diag-
nosticaré sus respectivos casos, y les explicaré como por me-
dio de un sencillo t rat ami ent o en el hogar, el cual garantizo,
pueden ser radicalmente curados.
«No me importa cuan graves ó serios parezcan sus casos,
lo que deseo es que me escriban, para de ese modo poderles
hacer un bien.»
Tan grande ha sido el asombro causado en el mundo médico por las maravillosas curaciones llevadas á
efecto por el profesor Mann, que varios doctores fueron nombrados para investigarlas. Ent re estos doctores
se encuentran los doctores Hérrer y Doran, ambos famosos médicos y cirujanos. Después de una penosa
investigación, estos doctores quedaron t an asombrados ant e la gran influencia y grandiosos poderes del
profesor Mann y la maravillosa eficacia de Radiopatía, que voluntariamente rompieron t oda clase de com-
promisos, y abandonaron los métodos de t rat ami ent o que hast a entonces habían usado, para dedicarse ex-
clusivamente á asistir al profesor Mann en su grandiosa y noble labor en bien de la humani dad.
Con el descubrimiento del t rat ami ent o radiopático del profesor Mann, eminentes médicos están de acuerdo
en que, por fin, el t rat ami ent o y cura de las enfermedades ha quedado reducido á una ciencia exacta.
Más de lo.ooo personas de ambos sexos han sido curadas durant e los meses pasados por medio de Radio-
patía, el maravilloso descubrimiento del profesor Mann.
Algunos estaban ciegos, otros sordos y algunos paralíticos que apenas podían moverse, ¡tan grande era
su desgracia! Habí a quienes padecían de Mal de Bright, enfermedad del corazón, tuberculosis pulmonar,
y muchos quienes habían sido declarados incurables. Otros padecian de los ríñones, dispepsia, debUidad
nerviosa, insomnio, neuralgia, constipado, reumatismo y algunas otras por el estilo. Algunas eran adictas
á la embriaguez, morfino-manía y otros malos vicios.
No hace mucho tiempo que Juan Adams, residente en Blakesbury, l a., quien había estado cojo por más
.de veinte años, fué sanado por el profesor Mann sin operación de ninguna clase. Como por la misma época,
la ciudad de Kochester se levantaba asombrada ant e la curación de uno de sus ciudadanos más antiguos,
Mr. P. Wright, quien por espacio de muchos años había estado parcialmente ciego. El señor J. E. Kneft,
residente en Millsburg, Pa., quien durant e algunos años había estado sufriendo de una cat arat a en el ojo
izquierdo, fué curado rápidamente por el profesor Mann sin ninguna ¿lase de operación. De Lonsport viene
&i'M«w
G. A. MANN
cuyo atestado ha echado una lu/. tan
viva sobre la Radiopatía
la noticia del restablecimiento de la señora María Ercher, quien por espacio de un año había estado
completamente sorda.
De la señora E. Abdie, de Omaha, Neb., vienen estas agradables impresiones: «Había estado sufriendo
por espacio de catorce años, sin que ninguno de los'siete doctores que durant e mi enfermedad consulté pu-
diera encontrar alivio á mis males. Después de haber estado sometida por algunos dias al tratamiento ra-
diopático del profesor Mann, me encuentro perfectamente bien.»
El señor G. W. Savage, quien no solamente estaba parcialmente ciego, y sordo, sino á las puertas de la
muerte, á consecuencia de una grave complicación de enfermedades, quedó perfectamente restablecido
después de haber estado sometido por algunos días al tratarriiento radiopático del profesor Mann.
Cuando Radiopatía es empleada propiamente y en combinación con los remedios adecuados, no sólo
cura una, sino t oda cíase de enfermedades. Si usted está enfermo, no importa que enfermedad le aqueje,
ni,quien le diga que no puede ser curado, escriba al profesor Mann describiéndole los principales síntomas
de su dolencia y el tiempo que ha estado sufriendo, que él t an pronto como reciba su carta diagnosticará
su caso y le dirá de qué enfermedad está usted sufriendo, y le prescribirá el tratamiento que con toda segu-
ridad ha de devolverle la salud. Esto no le costará á usted absolutamente nada.
El profesor Mann también le enviará uha copia de su nuevo libro titulado LAS FUERZAS SECRETAS
DE LA NATURALEZA. — «Como curarse y curar á otros.»
Este libro da, á.conocer exactamente como el profesor Mann cura toda clase de enfermedades; enteramen-
te describe la naturaleza de su maravilloso descubrimiento,, y expUca como usted puede llegar á poseer
este gran poder magnético para curar á los enfermos. . '- - '
El profesor Mann no pide un solo centavo por sus servicios en conexión con esto; usted los recibirá absolu-
tamente gratis. Él ha hecho un gran descubrimiento y desea darlo á conocer á todos los enfermos para que
puedan recuperar las perdidas fuerzas y salud.
Todas las comunicaciones que contengan la descripción _de los síntomas de su enfermedad deben llevar
la palabra «Personal». Escritia su nombre y dirección ;Con mucha claridad.
Todas las-cartas deben ser dirigidas al profesor G. A. Mann, Boite 92, Section 442, rué du Louvre, 48,
París, France. •• ; -
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H.C . EHL ERT, Único Asente.-Balcarce 229. - B? Af
Aj e dr e z
Toda la correspondencia para esta sec-
ción, diríjase al redactor de la sección
•Ajedrez*, de esta revista, Chacabuco nú-
mero 151.
La partida que publicamos hoy es ju-
gada en el torneo internacional de Pos-
tyen (Hunííria), entre el maestro Lowtzki
y el debutante Hromadka.
GAMBITO DE LA DAMA REHUSADO
Blancas
LONTZKI
1 P 4 B
2 P 4 A D
3 P 3 K
4 A 3 D
5 C 3 A B,
8 C 3 A
7 P X P
8 C 5 R
9 Enroque
10 P 4 A (c)
11 A 2 D
12 P X C
13 T 3 A
14 T 3 T
15 ID 1 E
16 D 4 T
17 P 4 C
18 D 2 A
19 P 5 A (d)
20 P X P
Negras
HBOMADKA
P 4 D
P 3 A D (a)
C 3 A B,
C D 2 1)
D 2 A (b)
C S C
C (3 C) X P
P 3 11
A 3 D
Enroque
C XC
T 1 15
P 8 C a
A 2 W
A 1 II
A 2 If
C 4 T
C 2 C
P 11 X P
A 4 C
21 P 4 R
22 D X A
23 D 6 T
24 T X C (e)
25 R 1 T
20 A 4 A +
27 T 1 C R
A X A
D 2 R
C 4 T
P X T
P 3 A
R 1 C
Abandonan (f)
Notas. — (a) Una defensa que es criti-
cada por muchos jugadoroíí, pero que es
suficientemente buena según opinión do
maestros.
(b) Uua pérdida de tiempo; P 3 R era
mejor.
(c) La posición del juego blanco es su-
perior.
(d) La manera más enérgica de conte-
ner el ataque. El juego negro empieza á
declinar desde este momento.
(e) fíolpe decisivo.
(f) No hay forma de e\'itar el mate.
Soluciones. — Nos han remitido solu-
ciones exactas al problema número 7, por
Jl. Keidanski, los seíiores: Roberto Esca-
la, Rosario; C. Lemée, La Plata; Floren-
cio Retes, Balcarce; «Afieionados Ajedre-
cistas de Lani'is»; Edgardo Campoamor,
La Plata; Fernando P. Prieto, Ralcarce;
Fernando Vanic (al núm. 6), Samuel Grai-
zer (núm. 0), Josi'i Cores, recimiento 2."
de infantería (al núm. fil, Evaristo Igle-
sias (al núm. 7), Raiil Panizza (al núm. (i
y 7).
Reniiticíon soluciones exactas al pro-
blema número 8, por J. GamaQ;e, los se-
ñores: Roque Mancini, ciudad; Rodolfo
Santomé, ciudad; Raúl Panizza, Villa Lu-
gano: Fernando P. Prieto, Balcarce.
CORREO
Edgardo Campoamor.—La Plata.—No
nos es posible decirle cuál es el origen del
ajedrez, por necesitar un espacio que no
contamos.
PROBLEMA N." 11, por E. PALKOSKA
Negras ^2 piezas)
^ ^ • WM' ^ i ^ ""^^^
Blancas (4 piezas)
Juegan las blancas y dan mate en dos
jugada?.
Solución al problema núm. S, pnr .f.
Gamage: D 2 D.
Bebiendo el ANÍS SOLER
se experimenta un placer
que no lo da otro licor
porque éste, por su sabor,
á todos supo vencer.
Es opinión general
de los buenos bebedores
que en el concurso mundial
de los anises mejores,
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CONCESIONARIO:
RICARDO ILLA
VENEZUELA, 610.
BUENOS AIRES.
Momentos trágicos de la aviación
Es cosa aceptada que el
aeroplano es el medio de
t ransport e del porvenir. E>
sólo cuestión de tiempo la
construcción de aparatos
capaces de conducir una. ó
dos docenas de pasajeros.
A este respecto, Zeppelin,
con sus globos, ha sobrepa-
sado á los constructores de
aeroplanos; pero éstos se
preocupan constantemente
de la resolución del proble-
ma, y el día menos pensa-
do van á aparecer por los
aires los aparatos para via-
jeros. La gran cuestión es
que el público pierda el mie-
do que todavía inspira la
navegación aérea; pero se-
guramente lo perderá, como
lo ha perdido á t ant as otras
invenciones que al princi-
pio lo inspiraron el terror
más vivo. Y cuando poda-
mos, con seguridad y co-
modidad — relativas, natu-
ralmente, como t odas las
cosas de la vida — viajar
por el aire como ahora lo
hacemos por la tierra, será
de justicia recordar á los
lieroicos aviadores á cuyo
valor, constancia y pericia
se deberá ese progreso.
El vuelo dramático del aviador Eobert Lorame, en Bour-
nemouth, donde voló á íravés de una tormenta. Tenía
petróleo para hora y media y tuvo que volar una hora y
veinticinca minutos para llegar á su destino. Si éste
llega á estar un poco más lelos se hubiera producido
una catástrofe-
Larga es ya la triste >•
gloriosa lista de los que ¡la-
garon su audacia con la
vida; seguramente, se alar-
gará más, á pesar d c 1
continuo perfeccionamiento
de los aparatos; pero cuan-
do se piensa en las escapa-
das maravillosas de algu-
nos aviadores, se echa de
ver que, á pesar de todo,
las víctimas de la aviación
han sido menos que las que
]¡odian temerse en el perío-
do de estudio y ensayos de
los progresos realizados en
las maravillosas máquinas,
.«Mgunas de esas escapa-
tlas han sido contadas por
lo mismos aviadores, cuyos
relatos son singularmente;
emocionantes. A Graham
White, durant e un vuelo en
el Parque Belmont de Avia-
ción en Nueva York, en
i gi o, el aparat o se le dio
vuelta completamente, que-
dando «ruedas arriba», y se
precipitó sobre la tierra,
salvando milagrosamente el
aviador. «Entonces, ha di-
cho White, estuve más cer-
ca que nunca de la muerte».
A Robert Loraine, volando
en plena tempestad, se le
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J
Momentos trágicos de la aviación
paró el reloj, y como no te-
nía petróleo sino para hora
y media, no podía saber si
llegaría á su destino. Des-
pués de estar ochenta y cin-
co angustiosos mmut os en
el aire descendió con toda
telicidad.
Maravillosa fué la esca-
pada de G. W. Hamel, ga-
nador del Derby Aéreo de
este año. Al dar una vuelta,
en la carrera Gordon Ben-
net en i gi o, una de las alas
de su aparat o rozó la tierra.
AI descender, después de haber ganado el camp^nato en Belmont f ark (Nueva York), el aparata
de Graham Wtaile se volvió por completo, volando un trecho cabeza at)ajo
Ln la lairera Gordoa Benaett,
en 1911. el aviador Hamel cayó
sobre el césped, escapando mila-
grosamente á la mnerte.
y el aviador fué violenta-
mente lanzado á veinte me-
tros de distancia. Todos
creyeron que se había muer-
to; pero sólo se había roto
la nariz, bien que tuviese
que guardar cama varios
(lías para reponerse del te-
rrible porrazo.
A dos pasos de la muert e
estuvo también F. B. Faw-
1er, cuyo aeroplano fué pre-
cipitado al mar por un
fuerte golpe de viento.
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Momentos trágicos de la aviación
Afoi'tunadameute pudo, á tiempo, des- i—
prenderse del aparat o, en el cual que-
dó prendida part e de su ropa, y salir
á flote. «Nunca, lia dicho, vi en t ant o
peligro mi vida>>.
Una mujer no podía faltar en esta
breve lista de buenas escapadas de
aviadores. La señora de Beandzir Stocks
volaba un día en el aeródromo de Hen-
don, cuando notó que el motor se había
descompuesto. Est aba á doce metros
de alt ura. No pudo hacer nada para
evitar la caída, y el aparat o se preci-
pi t ó ruidosamente á tierra, ¡Otra víc-
tima!, exclamaron las personas. No era
nada: la aviadora fué sacada ilesa del
aeroplano.
Y en todos esos accidentes se per-
cibe el triunfo de la cualidad principal
que debe tener el aviador; la sangre
iría. Sin ella, no se podrá jamás domi-
nar el ai re. . . como ninguna ot ra cosa,
por lo demás. Para los hombres de san-
gre caliente no se han hecho los triunfos
de la tierra.
Pese á todos esos accidentes no fal-
t an nuevos aviadores que quieren co-
rrer los peligros que otros corrieron, y
la aviación con-ünúa atrayendo á los
intrépidos con todos los encantos de
las hadas admirablemente dotadas por
magno poder del don de propiciarse víc-
timas voluntarias,
Un terrible momento fué aquel por el cual pasó el aviador Fawlet al tratar de volat
deBeaulieu á Castboorne. A causa déla niebla tuvoqueretrocederyel viento tomó
su máquina de través, arrojándola al mar.
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BANF I BLD. — Señora Do- MERCEDES (S. LUI S).—Concurrencia que asistió al sepelio Don José Borras, estima-
lores Garcia Pintos de de los restos del señor José Borras, veterano del perio- do periodista, fallecido.
Oudkerk, fallecida. dismo.
Vm^üfn
fitnzi
Como aperitivo es el
mejor; como pureza indis-
cutiblemente no tiene rival; \f-,
como agrabable al paladar
puebe decirse que no hay otro
por si le faltaljan premios in-
ternacionales, ya los tiene. Abemás
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Actualidades de provincias
MoKÓN. — Niños que tomaron parte en el concierto dado á beneficio del hospital vecinal..
S AN AND R É S D E G I L E S . — D on Patricio Dillón y su esposa, con sus ocho hijos varones, del octa\-o de los cuales
ha sido padrino el presidente do la república.
O L AV AE E Í A. — Banquete ofrecido al señor Melitón González (hijo), gerente del Banco de la Nación, con motivo
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Actualidades de provincias
Malabrigo (Santa Fe)
El gobernador Mcuchaca y svis ministros, en la visita que hicieron á la colonia Malabrigo.
Victoria (Entre Ríos)
Personal de la escuela normal mixta de maestras.
Bamallo
Los colonos huelguistas, después de su asamblea.
Actualidades de provincias
( Í O
BS» -g
2f gr jijJ^TfcíMÉi
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'^^H^^H' '
•-^' Í - JSI
¡Í ^Í J^MP^^^S
Hhfl^^^irlHBw^'^
M E N D O Z A. — Team ^Valldorel•s, que jugó eou el de M E N D O Z A. —Team Gimnasia y E sgrima, que jugó con i
, Gimnasia y E sgrima, haciendo un goal. el Wanderers, haciendo 5 goals. .3
B E L L - VI L L E . — E nlace Magri- Castello. L os novios 3' los invitados, después de la ceremonia.
B E R TJ TTI ( P . O . O . ) — I nvitados al almuerzo que dio el señor S. Cornelio Arbxuna, con nioti\'0 de liaber bautizado
á uno de sus lii.io.'=.
WHI SKY
DEWAR
GRAN PREMIO DE HONOR
BUENOS AIRES 1Q10
]E¡X-i -CJJI^-jrXHt/LO I=» : E3 l í . i r - T U IIVÍE E3 I D E 3
AXK I MSOK
OLOR DELICIOSO
EGES! A
PARTICULARMENTE DISTINGUIDO
EAU DE COLOGNE
De ATKI NSON, da f ama mundi al .
E n P e r f u r j a e — F o l v o s — I j oc i c s n. — ^súoón.
HltllJIMII]li1lillMIIIIIIIIIMIIIIIMIII!lllllllllllllllllilll1IIIIII]llilllIUIIIlllllllllilUillllllM:;il11IIULlU|1||ii|ll||l]]Ui]|[|||||i||||||]||[i|[[|||l|]|l!||t|||li||||l|||||l||l^
Las Almorranzis
Pociii peiíoiias igno-
ran qué tiistL- enfer-
m edad constituyen
las almorranas, pueá
es una de las afec-
^ cioneá máa gcncraü-
^ ^ • ' • ^ • • • • ' • ^ ^ ^ " ^ ^ ^ ^ ^ ^ ^ ^ ^ ^ • " ^ • • • • ' " ^ ^ ^ • • ' ^ • • • ' " • • ' • ^ ^ " ^ ^ • • " • ' " ^ " " • • ' • ^ ^ • ^ • ' ^ • ™^ ^ ^ ^ ^ " ^ " zada; pero como á
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Los DENTÍFRICOS
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Actualidades de provincias
Babia Blanca
Banquete al doctor Ángel Brián, con motivo del aniversario de la fundación del periódico del Puerto Militar, del
cual es director.
La comisión de damas del Patronato de la Infancia, fotografiada durante la visita que hicieron hace poco á esa ins-
titución los concejales.
Goya (Corrientes)
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IIE !
La concurrencia que fué á despedir á la estación á los funcionarios que estuvieron en Goya, con motivo del 25."
aniversario de la fundación de su escuela normal.
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NUESTRA INAUGURACIÓN
LUNES 26 DE AGOSTO
El lunes próximo inauguraremos nuestra Sucursal en la calle
Florida esq. Tucumán.
Esta inauguración marca la nueva etapa en las más altas no-
vedades para Buenos Mres.
Ofrecemos á las señoras de esta gran ciudad lo más selecto
de las compras hechas por nuestra casa en Londres, en modas
para la primavera entrante.
"HARRODS" es la casa más grande de modas en Inglaterra
y su organización perfecta en la sección compras, le permite
asegurar la "créme" de las creaciones en todos sus detalles para
vestidos de señoras.
Nuestra fama es universal en moda y calidad. ; '.•,
n I
i m. Ir:
4
m
^arrods
Florida .
esq. Tucumán
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U^iinSts ^
Una actriz norteamericana, gue dio la vuelta al mundo por
apuesta, manifiesta que fué Londres ia ciudad donde le fué más
difícil hallar trabajo,
Nueve millones de mujeres trabajan en la industria en Ale-
mania. 20.000 trabajan en las minas.
Hace poco se declaró en huelga el verdugo del Canadá, porque
le negaron un aumento de sueldo que él consideraba merecer por
haber aumentado el trabajo en los últimos años. Se le subió el
sueldo ¡i doscientos pesos oro por mes, y volvió «al trabajo».
En Nueva York están muy de moda las medias con figuras de
ratones de tamaño natural bordados. Se venden á seis dólares
el par.
La compañía de vapores de Alaskn ha puesto una mujer al
frente de la instalación de telegrafía sin hilos del vapor'«Mariposa».
Cada año se descubren y estudian unas 8.000 especies nuevas
de insecto?.
Las máquinas de fabricar ladrillos, movidas á vapor, produ-
cen en diez horas, diez y ocho mil piezas.
T A I los iiltimos años ha aumentado un veinticinco por ciento
el costo de la vida en Europa.
En Alemania los médicos tienen derecho á no asistir un día
por semana.
Holanda ha dictado una ley destinada á evitar las huelgas de
empleados ferrocarrileros.
En una mina de Durham, se han hallado dos esqueletos que
se supone sean los de unos mineros muertos en una catástrofe
en 1786.
Un zapatero socialista, de París, que se ha retirado hace poco
de los negocios, ha hecho testamento declarando herederos á sus
operarios, que deberán seguir con la casa manejada en forma
cooperativa.
En Alemania hay sesenta diarios de carácter soci^alista ú obrero.
Un caballo de minas fué sacado hace poco de una mina, en
Inglaterra, después de haber pasado veintitrés años sin ver la luz.
tales ^'
No habrá, entre miestros lectores, uno á quien no se le haya
ocurrida un chisto, ó que no haga un comentario ingenioso sobre
un suceso, ó que no pronuncie una sentencia relacionada con la
política ó con la vida social, ó que no recuerde mía anécdota in-
teresante y graciosa que pueda también desarrollarse en forma
gráfica. Ocurreneias, pensamientos, dibujos que permanecen iné-
ditos y que, tal vez, son dignos de la publicidad, precisan la oca-
sión oportuna y ésta la ofrecemos ahora á nuestros lectores.
Desde esta fecha, «CARAS Y CARETAS» abre uu concurso do
colaboración popular, en el que podrán tomar parte todos los
lectores, con arreglo á las siguientes condiciones:
l , a—Se admitirán chistes, anécdotas, pensamientos, epigramas,
m&ximas, frases ingeniosas y dibujos, que no ocupen más espacio
que el de una tarjeta postal.
2,^ — Por toda colaboración de ese género y extensión, que se
publique, se abonarán CINCO pesos.
3.^ — Al fin de cada mes, se eligirá, entre las publicadas, las
tres mejores postales (á juicio de la redacción), adjudicándose á
cada una un premio de CINCUENTA pesos. *
4.'*' — Las postales serán enviadas á la redacción de CARAS
Y CARETAS, firmadas con letra clara, indicando en ellas el do-
micilio del remitente.
5.^ — En ningún caso se devolverán los origínales que se envíen
para el concurse
— Pero hombre, ¡siempre que vengo, le encuentro á usted dor-
mido!
— Eso le demostrará que fengo la conciencia tranquila.
(De Fun).
La compañía de tranvías de Filadelfia ha empezado á poner
mujeres para cobrar los boletos en los coches.
Los policías y bomberos de San Francisco de California tienen
orden de dar un paseo de doce millas una vez á la semana, para
no engordar.
Ha habido casos de naranjos que han producido 20.000 naran-
jas y de limoneros que han llegado á 8.000 limones.
En las islas británicas se consumen sesenta millones de ciga-
rros habanos cada año, "•
Todos los países del mundo producen sal.
Quemando un poco de azúcar se sube si es de buena calidad,
pues si es pura, no deja —_^--
ceniza ninguna. í¿¿^
Únicamente una per-
sona de cada 15.000, lle-
ga á la edad de 100 años.
El termómetro que ha
servido como modelo
todos los que so han he-
cho desde entonces, fué
construido por Earen-
heit, en Amstcrdam, en
1720.
Los primeros buzones
callejeros se pusieron en
Inglaterra en el año
1885.
De 4.300 clases de flo-
res conocidas, sólo 420
tienen perfume agrada-
ble. El gato.— Han inventado el telégrafo
sin alambres. dCómo no se les ha ocn-
Se tarda dos horas en rrido inventar las jaulas sin ellos?
digerir un huevo cocido. (Del Royal).
EL MEJOR TÓNICO Y EL MÁS EFICAZ :
Superior á todos los Vinos de Quina conocidos.
Es el VIGOR y la SAI.UD absorbidos cada dia
bajo la forma de una agradable bedida.
D E V E N T A E N T O D A S L A S B OT I CAS .
SACERD OTE ATORMENTAD O
D ur ant e 12 años, el abat e señor D iival
fué victima de un t or ment o que solo
l os que lo conocen pueden compr en-
der las t eri bl es consecuenci as. Fué
at acado de sordera casi compl et a, con
zumbi dos violentos. Agotada su pa-
ciencia después de haber ensayado
t oda clase de remedi os, consiguió cu-
rarse r adi cal ment e, por un procedi -
niii' nto soucillo que por cal i dad se
l i ara un deber de i ndi car grat ui t ament e
a t odas las personas que le escri-
ban. R. D UVAL , 110, r ué Réaumur , Pari s.
POR FUERTE QUE SEA. SE CURA CON LAS
I PASTI LLASD ELD R.AND REUI
Semedi o pronto y seguro. En las boUcag
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El pr emi o clásico!
«Congreso», base del
pr ogr ama de mañana,
t i ene de compet i doi c
á nuest r os mejores ca
bal l os, pero en su gtanj
mayor í a se encuent r an
pr epar ados par a dis-
put a r car r er as de alien-
t o, lo que i mpi de ha-]
c e r u n a apreci aci ón
exact a sobre su pro
babl e act uaci ón en es
t e nuevo encuent r o.
Charl ey, Fi sher man, '
Sai nt Mar ccaux, Gayl
Kendal , Vol t a, Cai-loS|'
X I I , Lar r ea, Es pát u-
la y Essling.
De los ci t ados, Car-
los X I I , dada su re-
conoci da velocidad, es
el candi dat o á vol ver
hacer t r i unf ar los colores del s t ud Lowl and Boy.
En una mi l l a consi deramos al hijo de Si monsi de, por
hoy, como el más superi or de cuant os cabal l os t enemos
en t r ai ni ng.
La not a de est a pr ueba la dan Lar r ea y Sai nt Mar-
ccaux. El hijo de J a r d y no t i ene una pr epar aci ón que
le per mi t a compl i car el pr obabl e r esul t ado; en cambi o
el pensi oni st a del St ud La Guar di a, que no corro desdo
el año pasado, t i ene como pri nci pal ar ma la ligereza,
pero t ampoco puede consi derarse un serio ri val de
nuest r o favori t o.
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HiPODRomo JlReETiTino
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T ncumana 56 »
pero como la di st anci a de est a pr ueba le favorece, pue-
de est ar en los puest os de preferenci a.
Gay Kendal est á muy t endi do y t al vez su St ud se
resuel va por reservarl o par a el pr emi o de «H onor».
El rest o del pr ogr ama es sufi ci ent ement e bueno, como
pa r a que la reuni ón resul t e i nt er esant e.
N uest r os favori t os son: I . " car r er a, San Roque; 2. ",
Afilador I I ; 3 . ^ La Cigale; 4.a, Rú Rú; 5.», Carlos X I I ;
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Distancia: 1.600 metros ^
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c onc urso 22.° de CARAS Y CARETAS.
2.° — Par a t omar part e en est e c onc urso, es in-
dispensable llenar el c upón que v a al pie de es-
t as páginas, esc ribiendo con c laridad el nombre
y direc c ión del remit ent e y la c ant idad de granos
de maíz que ést e c alc ule c ont iene la bot ella del
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de $ 1200 m.'n.
3.0 — Pueden, t ambién, env iarse las soluc iones
esc rit as al dorso de las et iquet as de Chinat o
Garda-
4.0 — Se adjudic arán los sesent a y seis premios
siguient es:
1." Un magnífico aut omóv il " Peugeot " , carrocería
(Doblo faet ón t orpedo», 16/30 H. P., 4 cilindros,
con t odos sus accesorios en orden de marc ha, cuyo
v alor es de $ 8.5Ü0.—2. ° Un collar pendant if con bri-
llant es y diamant es, cuyo, v alor es de $ 1.G50.—3.er. Un
collar de perlas finas, cuyo v alor es de $ 1.200.—4.» Un.i
mot ociclet a liv iana " Peugeot " , 2 h H. P., dos cilindros,
con t odos sus accesorios, en orden de marc ha, cuyo v alor
es de $ 050.—5.° Un reloj sav ., 18 k. «U. Nardin», cuyo
v alor es de $ 395.—O," Una pulsera-reloj, oro y plat ino,
v alor de $ 280.—7 ° Vn anillo con brillant es, v alor
$ 195.—8.° y 9." Dos relojes-pulseras, oro 18 k., v alor
$ 160 y 150 respec t iv ament e—10.°, 1I.°, l_2.o y 13." 4
biciclet as, para hombre ó señora (á elección del int e-
resado), de la marea «Peugeot», con t odos sus acceso-
rios, cuyo v alor es de $ 100 y 150, respec t iv ament e,
c ada una.—14.° y 15.° 2 relojes oro 18 k., lepin, para
hombre, v alor de S 140 y $ 133, respect iv ament e.—10.°
Una pulsera, 18 kilat es, con reloj, $ 120.—17.° 1 reloj,
lepin, 18 kilat es, para hombre, S 95. -18. ° y 19.° 2
anillos, con brillant es, $ 75 y $ 35, respect iv ament e.—
20.° y 21.° 2 anillos, con diamant es, S 35, cada uno.—
22.0 Ün anillo con brillant e, $ 25. -23. ° y 24.» 2 anillos,
con diamant es, S 25 cada uno.—25.° 1 cigarrera, plat a
fina, S 25.—20.° al 28.° 3 pulseras, plat a, con reloj,
$ 24 cada una.—29.° 1 anillo, con diamant es, $ 18.—
30.° 1 cigarrera, plat a, S 15.—31.° 1 anillo, con dia-
mant es, § 14.—32.° al 34.° 3 billet eras, cuero y plat a,
S 5 c ada una.—35.° 1 cigarrera, met al, S 5.—30.° al
38.° 3 lápices enchapados, $ 4 Ci^da uno.—39.° al 42.0
4 boquillas ámbar, § 2.50 c ada una.—43.° al 52.° 10
c ort aplumas de plat a, $ 2 cada uno.—53.° al 60.° 14
lápices de plat a, S 1.50 cada uno.
5.°—Los sesent a y seis premiosdc t allados.se adju-
dic arán en la forma que se expresa á c ont inuac ión:
líl « Primer Premio» á la persona que ac iert e el
número exac t o de granos de maíz que c ont enga la
bot ella de Chinat o Garda.
El « Segundo Premio» á la persona que más se
aproxime al número que obt enga el primer premio.
Y los premios « t ercero» hast a el « sesent a y seis»,
ambos inc lusiv e, á quienes remit an c upones c on ci-
fras que sigan en orden aproxiniat iv o, adjudic án-
doseles los premios por el orden que se est ablec e.
5.°—En el c aso de que nadie ac ert ase con el nú-
mero exac t o de granos de maíz que c ont enga la bo-
t ella de Chinat o Garda, los premios se adjudic a-
rán á las personas que más se hubieran aproxi-
mado, siguiendo el orden est ablec ido en el art íc ulo
que prec ede.
7.° — Si dos ó más personas env iaran c upones
para est e c onc urso c oinc idiendo en el número que
obt enga el primero ú ot ros de los premios, se cele-
brará un .sort eo con dic hos c upones, ant e el esc ribano
señor José Rest a, á los efect os de su adjudic ac ión.
8.°—^ En c ada c upón ó et iquet a, se podrá esc ri-
bir una sola c ant idad, pero c ada int eresado puede
env iar c uant os c upones ó et iquet as desee.
g.° — L os sobres c ont eniendo c upones, deben di-
rigirse á:
Conc urso 22.° de CARAS Y CARETAS,
Chac abuc o 151-155, Buenos Aires.
10. — Los c upones que no v inieran esc rit os con
c laridad y "que se prest aren á c onfusiones, lo mismo
que los qué llegaran después de la fecha de c lausura,
no ent rarán en el Conc urso.
I I . — Oport unament e indic aremos la fecha y el
sit io en que t endrá lugar la apert ura de la bot ella
de Chinat o Garda para c ont ar los granos de maíz
que c ont enga y proc eder á la adjudic ac ión de los pre-
mios, public ándose después los result ados y la c rónic a
del Conc urso.— Buenos Aires, 13 de Julio de 1912.
Los premios-que-ofrec eraos
en est e c onc urso no desme-
rec en en nada á los dist ribui-
dos en ot ros ant eriores.
El Aut omóv il, la Mot oc i-
c let a y las Bic ic let as llev an
la marc a « Peugeot », c uyo elo-
gio est á por demás hac er.
L as c ualidades sobresalien-
t es de los aut omóv iles « Peu-
geot » ac aban de ser puest as
una v ez más de manifiest o
por su últ imo t riunfo en la
Carrera Int ernac ional del
Grand Prix del Aut omobile
Club de Franc o, c orrido cu
los días 25 y 26 de Junio 1912,
en el c irc uit o de Dieppe.
En est a prueba « Peugeot "
se present aba c on un mot or
de 4 c ilindros de 110 %. de
alesage por 200 %. de c arre-
ra, ó sea de una c ilindrada
de lit ros 7.Ó00, c uyo rendi-
mient o fué t an admirable,
que su c orredor BoiUot c ubrió
los 1.540 kilómet ros del cir-
c uit o en 13 horas, 58 minu-
t os, 5 segundos, alc anzando
un promedio de 111 kilóme-
t ros por hora y llegando con
15 minut os de v ent aja sobre
el segundo, que manejaba una
máquina de mayor poder (14
lit ros de c ilindrada).
Est a v ic t oria no ha sido
una sorpresa para nadie, sino
que es la c onsec uenc ia lógica
de la perfección de « Peugeot ».
Por c onsiguient e, la impor-
t anc ia que hemos querido
ac ordar á est e c onc urso, dan-
do c omo premio produc t os de
semejant e marc a, no esc apará al jui-
cio de nuest ros lec t ores.
Hemos adquirido el Aut omóv il,
Mot oc ic let a y Bic ic let as de la impor-
t ant e c asa M. Rec ht & L ehmann,
agent es generales de « Peugeot », en
c uyo loc al. Cangallo, 815, se exhiben
est os premios.
En c uant o á las alhajas, la sola
menc ión de que proc eden de la ac re-
dit ada Casa Esoasany, es una ga-
rant í a de c alidad y buen gust o.
Nuest ros lec t ores podrán apre-
c iarlas mejor, v isit ando las v idrieras
de esa casa (Perú esquina Hiv aila-
v ia), donde se hallan expuest as
SEGUNDO PREMIO.
diamantes.
— Un collar
cuyo valor os
pendantii, con brillantes y
de $ 1850 m/n
Facsímil de la botella de
«Chinato Garda» (envase
nuevo), que puede con-
seguirse en los almace-
nes, confiterías y despen-
sas.— Únicos intíoduc-
tor^s: V íctor M. Piaggio
y Cía., Perú, 1340,
Buenos Aires.
CUARTO PREMIO.
H. P., 3 cilindros,
de $ 850 m/n.
~ Una moiooijleca liviana,
con todos sus accesorios,
Peugeot», i 1/2
cuyo valor es
cmmP 99 DE CARW YOmM\
La botella de CHINATO GARDA {envase nuevo)
granos de maíz contiene
Nombre. . .
Dirección.
L o s C i g a r r i l l o s
C E N T E N A R I O
con sus tres marcas de
2 0 , 30 y 50 centavos,
safisfacen á los fumadores
de paladar delicado de
todos los gustos.
Su grato aroma, su
excelente tabaco y la
manufactura escrupulosa
y cuidada, ' os ponen fuera
de toda competencia
posible, lo que le acre-
cienta cada vez má s su ya
numerosísima clientela,
lograda tan sólo por la
inimitable elaboración del
exquisito producto.
ESTÁ EN
VIGENCIA
el 2 .° CONCURSO
CENTENARIO
á base de
marquillas vacías
y con $10 0 . 0 0 0
en premios.
i
TAIIF.ItliS GRÁFICOS DE CARAS Y CAIIKIAS