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EL RETORNO DEL COYOTE

Por

Raúl Campos
CI 15514457

1
Era una noche como cualquier otra cuando el camino me llevaba por lugares
apartados, donde el viento arrojaba polvo en los ojos y las casas no existían,
solo terrenos vacíos era todo lo que mi mirada podía apreciar, un ruido me hizo
voltear y allí estaban unos ojos acompañados de grandes orejas y la presencia
de un sobreviviente, un coyote, era la primera vez que veía uno y su visión me
retorno a los momentos donde la modernidad no nos protegía de la fuerza y
crueldad de la naturaleza, su piel marrón como la tierra, sus ojos que sólo eran
puntos brillantes, tenia cicatrices, se notaba que no era joven. Tenía el perfil de
un gran y poderoso macho, no movía ni un músculo, sólo me observaba
memorizando todo de mí con sus salvajes instintos, pero era su mirada la que
realmente importaba.

Por unos momentos no miramos a los ojos sentía temor y excitación, mis oídos
ensordecían con el retumbar de mi corazón excitado por la visión, se quedo
quieto por unos momentos examinando que era yo y que quería de el, pronto
se movió y desapareció entre la vegetación al lado de la carretera fuera de la
luz artificial y protectora, su desaparición fue muy rápida por un instante me
pareció como si nunca hubiera estado allí, las sombras lo recibieron como un
hijo a los brazos de su madre protegiéndolo de la verdadera bestia del lugar.

Al caminar de regreso, la oscuridad me rodeaba vigilándome evitando que


encontrar a su hijo, cosa que yo no deseaba mis heridas me segaban con
dolor, sangre e hinchazón. Estas me recordaban en ir mas rápido, el dolor en
mi costado me indicaba temores de heridas por debajo de la piel que el
descanso no podía curar pero debía seguir, la luz y la oscuridad me forjaban un
camino que era mi sendero.

Los recuerdos me retornaban al momento de mis heridas, culpa por mi


estupidez, rabia por mi propia debilidad al no poder defender mi propio cuerpo,
tristeza por lo que perdí y determinación por lo que tengo que hacer. Sangre
brotaba de mi hombro, la hinchazón me hacia pesar la cara y la lengua me
recordaba que tenia unos dientes flojos, en ese momento mire hacia el cielo
tratando de reír ante mi propia situación siempre pude reír ante el dolor, miedo
y desesperación, aun en mi muerte sonreiría.

Las estrellas brillaban en el cielo sin nubes, la luna a mi extremo derecho me


indico que ya eran pasada la medianoche fue en ese momento donde me
pregunte donde estaba, por primera vez pensé hacia donde me llevaba este
camino de luz que seguían mis pasos, mire a mi izquierda y las luces me
mostraban donde estaba la ciudad seguí caminando moverme era mejor que
estar detenido la falta de movimiento le decía a mi cuerpo que era momento de
recordarme el dolor, pronto comencé a sentir que mi camino declinaba, el dolor
en mi costado me cobraba cada paso que daba, durante todo el camino los
ojos del coyote no me dejaban aun sentía su mirada detrás de los brazos de la
oscuridad protectora y su nariz disfrutando el aroma de mi sangre fluyendo de
mi hombro, soy muy grande para ser su presa pero si cayera por mis heridas
seria una comida fácil y segura.

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Pronto el camino de luz fue desvaneciéndose las rocas y basura indicaban que
me aleje del territorio del coyote ahora estaba en el de la bestia mas formidable
de todas, me encontré con una encrucijada, a donde ir me pregunte, donde
podría sanar y fortalecerme para realizar la venganza por lo que me fue
quitado, como haría pagar a aquellos que me quitaron tanto, tan rápido.

Los rostros de las personas de mi vida se mostraban en mi mente mientras el


dolor me obligaba a cerrar los ojos, entre esos rostros quien será mi salvador.
En quien podría confiar lo suficiente para sanar, por ahora decidí seguir
caminando para saber mejor donde me encontraba, al no poder pensar bien
seguí mi instinto y tome el camino de enfrente, el nuevo camino trajo vigor a
mis heridas ofreciéndoles esperanzas de ser curadas, de pronto una calle se
me hizo familiar así como los edificios a su alrededor, estaba cerca, muy cerca.
Decidí ir con mi tío Ignacio ese gran borracho que era tan feliz en sus
borracheras, aun podía recordar lo mucho que me hacia reír, su vicio lo
convierte en alguien mas flexible para coaccionar en recibirme, nadie de mi
familia me recibiría yo no existo para ellos ni para el mundo, mi sufrimiento es
solo mió y así mi venganza será mía, si el mundo se entera de ella será
malinterpretada y robada de la justicia divina que la acompaña.

Cuanto mas tendría que caminar, cuanto dolor debería seguir soportando hasta
llegar donde Ignacio, seguir caminando era mi única opción detenerme y morir
no era posible para mí, no podía rendirme ante el peso de mi cuerpo y caer en
el infierno donde el fuego y el azufre me darían la bienvenida porque si existe
un Dios nunca debería dejar entrar a hombres como yo al paraíso. El diablo
debe estar esperándome y no lo defraudare pronto estaré allí, ante ese
pensamiento sonreí, el tiempo seguía su curso horas desde que vi al coyote,
ahora me pregunto cuanta sangre habré perdido, cuanto mas resistiré, poco a
poco las calles eran más familiares, recuerdos de la niñez se manifestaban con
cada paso que daba; risas, peleas, abrazos y lagrimas.

Los colores del pavimento muestran los rastros de fluidos que el agua no pudo
borrar, recuerdos perdurables más claros que las palabras sobre la brutalidad y
violencia de un lugar en el tiempo. La casa comienza a distinguirse esa
apariencia de descuido y pobreza son claras a la vista de cualquiera, que
bueno que en este lugar la oscuridad me protege a mi y nadie a advertido mi
patético tambalear hacia la entrada, la voluntad de mi cuerpo claudica al ver el
fin de la travesía, cada paso lo pago con sangre y dolor.

La puerta retumbo con el impacto de mi cuerpo cada palabra me cuesta mis


últimos alientos ¡tío!.... ¡tío!.... hasta que con la última fuerza de mis pulmones
un grito sale de mi boca. El impacto contra el piso me hace sentir el dolor en
cada hueso de mi cuerpo, la puerta se abre el aroma a levadura descompuesta
y humedad llegan a mi nariz; un hombre esta frente a mi, pequeño con ojos
amarillos, nariz grande y redonda, su mirada es vacilante no creo que entienda
lo que sucede, no creo que sepa quien soy, no puedo moverme, no puedo
hablar, pero de pronto me levanta del piso siento su aliento a alcohol y se por
esto que la reputación de mi tío no ha cambiado, cada una de sus noches son
para el disfrute de sus borracheras, lo escucho hablar pero no entiendo lo que
me dice, solo puedo escuchar los latidos de mi corazón, lentos pero profundos

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pronto estoy acostado veo su rostro cerca pero ya no puedo más, pronto la
vista se nubla y una oscuridad me absorbe no puedo pensar, no puedo irme
aun, maldito demonio dame mas tiempo y te prometo que te llevare a varios
conmigo.

El calor de la mañana fue lo primero que despertó mis sentidos, allí estaba
acostado en una colchoneta en medio de la sala rodeado de latas de cerveza y
el olor reconocible a levadura descompuesta, abrí mis ojos mi cuerpo gritaba
con dolor en los lugares que mas atención merecían, no pude mover el hombro
lo que me impidió levantarme pero alguien seguramente él tío Ignacio lo había
tratado y vendado, debo darle crédito al borracho esta vez supero mis
expectativas. Apoyándome con la otra mano logre levantarme, el ruido de mi
patético tambalear atrajo la atención de Ignacio sus ojos rojos me indican el
tiempo y esfuerzo en cuidarme, su rostro me mostró lo poco agradecido que
estaba con mi inesperada visita.
-- ¿Ya te levantaste? –me pregunto.
Segundos pasaron antes de tener saliva suficiente para responder, su mirada
se poso en mi hombro, la herida mas grave visible, al ver su mirada le respondí
– tranquilo pronto me iré, hay cosas que tengo que hacer --.
-- ¿Como hiciste con la herida en el hombro? –le pregunte.
Una sonrisa se dibujo en su rostro como si recordara una picardía de la noche
anterior, entonces me respondió.
– Bueno tuviste suerte anoche aquí estaba conmigo José y tu sabes que él
mata cochinos, así que él te saco la bala rapidito, él es casi como un doctor, y
¿que fue lo que te paso? –
Esta vez fue mi turno de sonreír y le dije -- fue un recibimiento de bienvenida –
estas palabras no hicieron sino hacer que reventara en carcajadas.
– Bueno avísame donde fue para nunca ir –me dijo con una sonrisa.
Sonreí y le dije – no te preocupes fue un recibimiento solo para mi –. Tras esas
palabras miro hacia abajo luego me miro y pregunto
-- ¿Cuándo te soltaron? --.

Crimen, sinónimo de las decisiones de mi vida, crimen que tanto me dio y de


igual manera se cobro, pero que importa lo que hice. Dos años me fueron
cobrados por una tontería, si supieran la mitad de lo que he hecho, aun mas si
pudieran probarlo jamás hubiera salido con vida, para mi fue un regalo que
fueran solo dos años, pobres tontos.

La respuesta fue muy sencilla, -- ayer en la mañana –le dije.


Su respuesta muy predecible
– Y ya estas en problemas otra vez, Dios mió menos mal que tu madre ya no
esta viva para verte –dijo Ignacio.
En ese momento su mirada cambio y era como si por primera vez recordó
quien era yo, al hablar había temor en su tono.
-- Bueno disculpa que nunca te fuera a visitar, pero tu sabes estuve ocupado y
bueno me quedaba muy lejos, tu entiendes –aclaro con temor.

Bueno en la cárcel nunca espere que me visitara nadie y nunca me importó, mi


único pensamiento fue sobrevivir, nada mas importaba, mientras estuve en ese
lugar no era un ser humano, no necesitaba contacto con nadie.

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Así que le respondí – no importa, la verdadera ayuda lo necesitaba ahora y
cumpliste, nada más puedo pedir de ti --.
Su rostro cambio y se veía mas relajado, logre ver una silla cerca así que me
senté aun no tenia las fuerzas para estar en pie, reposar mi cuerpo fue
satisfactorio, él se me quedo mirando como si esperara que yo dijese más pero
no hay nada que decir, mis únicos pensamientos eran sobre lo que tenia que
hacer y lo que necesitaba para lograrlo.
Lo mire y le dije – necesito que me consigas todos los antibióticos que puedas
y calmantes para el dolor, cuando pueda ponerme en pie me iré –.
Parecía confundido pero no refuto solo me miro por un momento y se dio la
vuelta, lo cual era perfecto para mi necesitaba estar sólo, debía recobrar
energías y el coraje necesario para continuar. Los momentos pasaron mientras
estaba allí sentado con los ojos cerrados sentía fiebre y dolor pero nada me
detendría no necesita mucho tiempo solo unas horas mas.

Pasaron horas, ya era pasado el mediodía cuando regreso trayendo todo lo


que le pedí, las sorpresas no terminaban y enseguida tome todas las pastillas
que pude y me levante, él me miraba pero no decía ni intentaba nada mientras
observaba mis movimientos por el cuarto; tome algo de su ropa, la mía con
muestras de mi propia sangre seria demasiado llamativa, pronto todo estaba
listo para mi partida, el continuaba observándome esperando que hiciera algo
pero llegue hasta la puerta y fue allí cuando por fin hablo y con una mirada de
preocupación me pregunto.
-- ¿A donde vas? –
Solo lo mire y le dije – Adiós --.

Caminar, mover un músculo de mi cuerpo, respirar eran tortura, pero estaba


vivo y siempre llega un momento en que el dolor se desvanece, estoy
esperando ese momento. De día las calles son distintas, las personas están
afuera los niños juegan, el sufrimiento esta a la vista y no cubierto por las
paredes de las casas, los depredadores diurnos están en búsqueda de presas
y los nocturnos duermen, son esos nocturnos a los que quiero ver, con los que
tengo que rendir cuentas. El próximo movimiento es claro debo ir a buscar mis
viejas herramientas, estoy seguro que estarán donde las deje, llegar hay será
fácil, llegar a mi verdadero destino será el verdadero desafió.

El camino será largo debo tomar varios transportes lo único difícil será
disimular mis heridas para no llamar la atención pero quien hoy en día mira dos
veces a un desconocido. Luego de varias horas, al final de una calle por fin
estoy en el lugar que solía llamar hogar, aparentemente esta abandonado
nadie se atrevió a vivir aquí lo cual se entiende dada mi reputación, tal vez
temían que me escapara y llegara en la noche a matarlos a todos, pero lo que
más me sorprende es que nadie me reconoce, debe ser porque tengo el
cabello largo y barba; antes la cabeza rapada y mi cara pulcra eran mi tarjeta
de presentación, siempre me considere un vanidoso pero eso esta en el
pasado; a los gusanos no les importara mi estado físico solo disfrutaran lo
rápido que me pudriré, lo que me interesa esta detrás de la casa en un terreno
con cosas enterradas que a mucha gente le interesarían pero lo único que me
importa esta en una esquina detrás de una tubería de agua, mis antiguas
armas, esas herramientas que tanta muerte y maldad causaron.

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Se que allí estarán, nadie a venido nunca por este lugar, se nota en cada rincón
entre el polvo y las telarañas. Entrar en la casa no me trae recuerdos nunca fue
más que un lugar donde dormir y coger, pero al final de esta puerta se
encuentra lo que vine a buscar, la naturaleza a cobrado su parte pero la tubería
aun se ve debajo de toda la maleza, esto será más difícil de lo que podría
esperar, excavar será un proceso lento, menos mal que no las enterré muy
profundo. Pasan los momentos excavando comienzo a ver la piedra que me
indica donde están, las veo siguen igual como las deje, aparentemente la lona
con que las envolví fue buena protección, debo revisarlas para ver si aun
funciona mi pequeña mágnum cañón corto y su muy apreciada hermana una
automática ambas de primera calidad veo que están cargadas completamente,
que bien no necesitare mas de estas dieciocho balas.

Alguien esta detrás de mi, ¡no puede ser, maldita fiebre!, no pude prestar
atención me sorprendieron por la espada, pero no importa me daré la vuelta
mirare a los ojos al maldito que me sacara de mi miseria, la luz del porche que
esta detrás de su cabeza me impide ver bien su rostro.
– Volviste – salio de sus labios.
– ¿Eres tu Ramón? –pregunte.
Me respondió con toda la rabia que un hombre puede demostrar con el tono de
voz -- ¡claro que soy yo, estaba pendiente por si eras lo suficientemente idiota
para regresar! --.
Lo miré, sabia quien era, sabia que tenia razón, sabia que tomo un gran riesgo
al dejarme vivir y como le pague sino regresando, demostrando su traición.
Entonces le dije – no te preocupes nadie te castigara yo me encargare de eso,
solo mantente oculto por unas horas mas --.
Si antes era rabia lo que salio de sus labios ahora se habían vuelto odio.
– ¡Eres un maldito bastardo me arriesgue por ti para que hicieras eso, volviste
para sentenciarme a muerte, te di la oportunidad de vivir y escogiste tu muerte
junto con la mía! --.
Sus palabras no podrían ser mas insignificantes para mi, como si en realidad
me importara su vida o lo que le pudiera pasar, pero se que después de cumplir
mi objetivo no habrá quien lo culpe por no matarme.
Le respondí – te agradezco por no terminar el trabajo pero voy a hacer esto y
nadie me va a detener, lo único que te recomiendo es que no te interpongas en
mi camino –.
Luego de esas palabras me levante y pude ver como sus labios se movieron
pero no pronuncio palabra, entre en la casa con el siguiéndome y al parecer
recobrando su voz.
– ¡Que vas a conseguir con todo esto por como estas no podrás sobrevivir! –
me exclamo.
Sus palabras no me importaban ya no pensaba en vivir.

Me tuve que sentar por unos momentos la recta final estaba cerca, necesitaría
un poco más de energía; necesitaba descansar, pasaron unos momentos, el
solo me miraba con si viera a algo extraño algo que no era humano, el fue
hacia la puerta, antes de salir se volteo.
– Debí haberte matado -- Me dijo con calma y salio de la casa.

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Si Ramón yo pienso lo mismo debiste haberme matado, sangre correrá hoy por
tú compasión.

La noche tomo su turno ante el día, siento que es la hora de seguir adelante
todo tipo de pensamientos surgen en mi mente; arrepentimiento, miedo,
cobardía, tristeza, una urgencia por darme la vuelta y dejar todo esto atrás
invade mi cuerpo pero mis pasos continúan hacia delante, cada paso que doy
me adentra en mis recuerdos. Este barrio que no me reconoce, para el ahora
soy un extraño, estas calles en donde la gente temía encontrarse conmigo, es
otro el que causa ese temor; los rincones donde Marilin y yo nos besábamos,
las esquinas donde me esperaba después de cualquiera de mis fechorías,
todas esas memorias vienen a mi, mi cómplice y compañero Ramón que
siempre estuvo a mi lado, aun ahora demostró más honor del que yo jamás
demostrare. Para él ser mi cómplice era una cuestión de supervivencia, no
como yo que disfrutaba mi maldad, no lo culpo por seguir a otro, en este lugar
no es fácil sobrevivir sin tener que vender un poco de si mismo.

El camino se inclinaba, el esfuerzo es mayor para continuar en movimiento, los


recuerdos aun invaden mi mente pero debo mantenerme enfocado necesitare
toda la sangre fría que pueda reunir para poder lograrlo. Las casas se
asemejan a un fondo de un sueño olvidado al despertar, las personas a
fantasmas que alguna vez pensé ver en la oscuridad, mi objetivo esta cerca
solo pocos metros me separan del umbral de la puerta de Antonio y mi mujer
que ahora le pertenecen. Por la mas extraña de las razones siento miedo, el
nerviosismo y temor me invade, los latidos de mi corazón me indican que mi
pulso temblara a la hora de apuntar, debo recordar donde están mis armas, una
en la parte de atrás de mi pantalón y la cañón corto dentro de la media en mi
tobillo, mi arma será la automática tengo doce balas para acabar con Antonio,
si las balas no me alcanzan usare la mágnum.

Allí esta la puerta, no me preocupa todos los que nos consideramos invencibles
y que nuestra presencia infunde temor no necesitamos cerrar puertas quien
seria los suficientemente valiente o estúpido para intentarlo, su ego será mi
ventaja. En el momento que estoy frente a la puerta cierro los ojos y un
impulso por recordar todo lo que me condujo a este momento se apodera de
mi, las imágenes de mi vida comienzan a danzar ante mis ojos ¿Por qué
ahora?, en ese momento pensé, ¡que mas da!.

Como no recordar aquellos años de mi juventud donde a los diecisiete años


con un arma me sentía invencible, recordar la primera vez que apunte a alguien
viendo la visión de terror en su cara y el regocijo de ser el dueño de su vida,
recordar como Ramón estaba a mi lado con una mirada de ruego para que no
hiciera nada, recordar la primera vez que la vi, a ese hermosura de cabello
castaño con su piel como caramelo y un cuerpo que desee poseerlo en ese
mismo momento pero preferí que me lo entregara sabia que seria un mejor
manjar de esa forma. Fue tan fácil hablarte yo era el que producía temor en la
gente, como podrías negarte a cualquier cosa que yo te pidiera conociendo mi
reputación, es risible de solo pensarlo. Sencillo fue para mi enamorarte te
complacería en lo que me pidieras, estar conmigo era ser la reina del este
lugar, fuiste mía tan rápido y tantas veces como quise, pero a diferencia de

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otras decidí que siempre serias mía, vivías conmigo soportando lo que era yo,
viendo como me lavaba la sangre de las manos todas las noches antes de
tocarte, viendo como otras eran mías aun frente a ti, pero que podías hacer,
nadie podía hacer nada para detenerme.

Durante años tenia el miedo y respeto de todos en este lugar, viviendo como
quería entre mis negocios de robos y drogas, pero pronto pagaría por el exceso
de confianza que tantas veces ha demostrado ser mi debilidad, pronto muchos
deseaban lo que yo poseía y había alguien que deseaba lo mío.

La primera vez que escuche su nombre no significo nada para mi pero para los
de este lugar era un salvador, creo que preferían a un ambicioso y no a un
demonio como yo, la forma de librarse de mi fue simple pero efectiva al ver que
yo tenia competencia y una que seria menos brutal me denunciaron con la
policía indicándoles donde vivía, los policías solo tuvieron que entrar para
conseguir objetos robados y droga, imagínense después de tanto solo por una
tontería lograron encarcelarme, tontos.

El tiempo en prisión fue como estar en el infierno lo cual no era tan terrible para
mi solo tuve que demostrar en más de una ocasión de lo que era capaz de
hacer para defenderme y los días pasaron uno a uno. Hasta hace un día
cuando fui liberado y lo primero en mi mente fue recobrar lo que era mió, la
única duda seria que tanto tendría que destruir para lograrlo. Al llegar a la
entrada del barrio note que las cosas habían cambiado nadie parecía
reconocerme lo que por ahora era conveniente no quería llamar la atención,
pero alguien me reconoció se detuvo frente a mi y con una voz de absoluta
sorpresa.
-- ¿Por qué volviste? –me pregunto.
Era Ramón, que sin esperar mi respuesta me llevo hacia una casa no muy lejos
que aparentemente era donde vivía, me condujo a la sala y fue a la nevera por
unas cervezas lo cual no me pareció nada mal, hacia dos años que no probaba
una, seguía mirándome y volvió a preguntar.
-- ¿Por qué volviste? –.
Luego de tomar media cerveza le respondí – vine a reclamar lo que es mió – mi
respuesta parece haberlo sorprendido.
– Tú no tienes nada aquí, las cosas han cambiado ya tú no mandas en este
lugar –dijo
Le respondí -- este lugar nunca dejo de ser mió --.
La cerveza en su mano estaba intacta se notaba que no era la respuesta que
quiera oír, mirándome coloco la cerveza en el piso y me dijo – sabes, yo estoy
con él ahora no voy a ayudarte en nada, estas sólo –.
Estar sólo no significaba nada para mi yo siempre e estado sólo pero no
respondí solo lo mire, bajo la mirada se tomo la cerveza de un solo trago y al
ver que me había tomado la mía se levanto a buscar otras, me dio una y se
sentó.
-- ¿Dónde esta ella? –le pregunte.
Tomo un sorbo de cerveza bajando la mirada pensando su respuesta luego me
miro a los ojos y me dijo – esta con él - .

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Aparentemente Ramón esperaba algún tipo de reacción de mi parte pero eso
me lo esperaba de una mujer como Marilin acostumbrada a la vida fácil y
tenerlo todo, sabia que tendría un nuevo protector, pero se que volverá a
pertenecerme. Voy hacia la puerta el observa como me levanto coloca la
cerveza en el piso, salgo de la casa mientras él se frota las manos.

Averiguar donde vive será fácil, solo hay un fallo en mi plan, no contaba con mi
estupidez, mi debilidad al creerme invencible de no llevar conmigo mis
herramientas, pensar que con solo verme el temor lo obligaría a salir huyendo
entregándome todo, que estúpido fui. Solo di unos pasos cuando cuatro
hombres me cortaron el paso y apunta de pistola me llevaron hasta la casa de
Antonio, me esperaba sentado en una silla de la sala con una sonrisa de lo
mucho que disfrutara todo lo que me hará, la puerta se cierra sus ojos no dejan
de resplandecer ante todas las fantasías que debe tener con mi muerte.
– Así que fuiste lo suficientemente tonto para volver –me dijo lleno de alegría

Por supuesto, como no lo haría me dije, como no le conteste el continuo.


– Tan pronto como te vieron con Ramón sabia que vendrías aquí, ¿tanto
quieres morir?, ¿en verdad crees que puedes retomar todo lo que es mió
ahora? –siguió diciendo con calma.
Continué sin contestar una carcajada salio de su boca, verme en esta posición
era el mejor chiste de todos, la risa debe haber atraído su atención porque
unos pasos se escucharon de un cuarto cercano y la visión de una mujer aun
mas bella de lo que recordaba estaba en el umbral de la sala frotándose los
ojos, levanto su hermoso perfil y miro a la escena que estaba ocurriendo en la
sala, sus ojos denotaron la sorpresa al verme allí como un fantasma de alguien
que ella consideraba muerto, su piel se torno blanca, se llevo las manos a la
boca se dio media vuelta y salio corriendo del lugar, una puerta sonó a lo lejos.

La escena no había cambiado allí estaba de pie frente a mi futuro verdugo


pronto seria comida de gusanos, tan pronto como la puerta sonó él levanto su
mano que blandía la pistola y me disparo, la bala me dio en el hombro caí al
piso las risas de los cuatro hombres sonaban por encima del dolor de mi
reciente herida, pero él no reía solo me miraba allí en el piso cubierto con mi
propia sangre, miro a los hombres.
-- ¡Traigan a Ramón! –les grito.
Los hombres no titubearon salieron de la habitación, él tomo una silla y se
sentó frente a mi aun apuntándome y hablo con la calma de un cirujano
– Veras a mi en realidad no me gusta matar es muy enredoso y poco
beneficioso atrae a la policía, yo soy un hombre de negocios no me conviene
llamar la atención pero contigo haré una excepción –
Aparentemente este seria mi final, pude sonreír sobre el sudor y temblar de mis
labios, llego mi hora.
-- Ah sonríes, que bueno, te mato porque yo se que eres lo suficientemente
tonto para volver por ella y ella no quiere saber nada de ti nunca lo quiso, por
eso debes morir –
La sonrisa se desvaneció e ira era lo único que demostraba mi cara pero el
seguía allí viéndome sin darle importancia.

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Varios minutos pasaron, a puerta se abrió y cinco hombres entraron en la
habitación entre ellos Ramón, sin mirar donde yo estaba solo lo miraba a él.
-- ¿Si? --le pregunto.
-- Bueno Ramón estoy decepcionado viste quien era, viste que había vuelto y
en vez de traerlo a mi, te fuiste con él y trataste de salvarle el pellejo a este
imbecil –le reclamo a Ramón.
-- Así que para poder confiar en ti de nuevo quiero que lo mates a golpes
ahora mismo –le indico.
Ramón se quedo quieto por un momento y luego me miro por primera vez
desde que entro en la habitación, vino hacia a mi y comenzó a golpearme con
toda la fuerza que tenia; sus puños eran como rocas y su piernas destrozaban
mis costillas, mucha gente diría que golpear a alguien en el piso es de
cobardes, yo no puedo decir nada era mi movida favorita. Los golpes
continuaron por unos minutos ya sentía el daño, la sangre brotaba por mi boca
y más por la herida del hombro cuando ya solo faltaban unos golpes certeros
para acabar con mi miseria. Una voz grito.
-- ¡Alto! –grito Antonio.
Ramón dejo de golpearme y lo miro a él
– Basta, no quiero que lo hagas aquí nunca podré limpiar bien la sangre y
además perturbaría a Marilin –le dijo.
Y siguió – bueno ayuden a Ramón a montarlo en el carro tu sabes donde
botarlo, tu eres el encargado de desacerté de mi basura –
Nadie necesito que se lo dijeran dos veces me cargaron a afuera de la casa el
dolor era tan grande que no puedo decir que estaba conciente pero se que mi
hombro fue el mayor sufrimiento en ese traslado, me subieron a un auto y
pasaron los minutos cuando recobre el conocimiento estaba acostado al lado
de una carretera sobre una vegetación; el olor a tierra era evidente y allí estaba
Ramón recostado del carro observándome como decidiendo que quería hacer
cuando vio que estaba conciente se me acerco colocándose de rodillas junto a
mi.
-- Mira te voy a dar una oportunidad de vivir se que estas seriamente herido
pero no te voy a matar trata de llegar a un hospital y nunca regreses al barrio –
me dijo con un tono de preocupación.
No podía hablar así que nunca supo la respuesta a esa proposición, los
minutos pasaron y se levanto antes de irse se dio la vuelta.
– Deja de escoger la muerte y vete a otro lugar, de todas maneras para todos
los que te conocen ya tú estas muerto –me dijo tranquilamente.

Abrí la puerta con todo el sigilo que mi condición me permitió, él estaba


sentado de espaldas a mi viendo la televisión, por su postura debe estar
dormido, para mi suerte el volumen de la televisión me protegía de que notara
mi llegada, poco a poco me fui acercando mi brazo sano tomo el arma de la
parte de atrás de mi pantalón y comencé a levantarla apuntado a la parte de
atrás de su cabeza fue decepcionante saber que de esta manera lo mataría
preferiría que hubiera sido de frente viéndolo retorcerse de dolor, un paso mas
adelante y un movimiento repentino me sorprendió y él estaba de pie
enfrentándome frente a frente con un arma en la mano, me disparo en el
pecho, volví a caer en el error del exceso de confianza, caer al piso era
inevitable pero él debió haber pensado que caí muerto porque se dio la vuelta y
corría hacia el pasillo levante mi brazo y dispare todas las doce balas del arma

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de forma continua por miedo a fallar, su cuerpo callo al piso frente al pasillo que
da a las habitaciones me levante poco a poco, eran tantas mis heridas, el dolor
era indescriptible pero un insano deseo me daba fuerzas para levantarme sin
resbalar bajo el charco de mi propia sangre, cada paso me acercaba al final.

Mis ojos estaban fijos en ese pasillo, pase por encima de su cuerpo como si
fuera una alfombra mal colocada, debí hacerlo con cuidado para no resbalar
con su sangre, baje la vista para ver al maldito muerto y seguí, el pasillo
parecía más lejos de lo que en realidad era, tantas habitaciones ¿donde podría
estar?, ¿aun estaría aquí? no escaparía al escuchar el primer disparo. Trate de
oír detrás de cada puerta usando toda la capacidad que me quedaba de vida, y
así detrás de la segunda puerta un llanto me dijo que ella estaba dentro esta
habitación.

Estaba encima de la cama sentada con las rodillas en el pecho y con lagrimas
en los ojos viéndome, sus ojos demostraban que no pudo irse por miedo y lo
ultimo que deseaba era que fuera yo quien pasara por la puerta, su mirada
subió y bajo viendo mi estado y de repente su hermoso rostro aun con lagrimas
cambio a repulsión la misma mirada de repulsión que vi alguna vez en los ojos
de mi madre, pero no me decía nada solo estaba allí viéndome como si fuera la
cosa mas repulsiva que ella haya visto en su vida, me agache lentamente
resistiendo los dolores de mi cuerpo tome el arma de mi tobillo ella no intento
nada solo seguía allí viéndome de las misma forma, aquello me enfurecía mas
que nada poco a poco mi mano fue nivelando la pistola hasta apuntarle a ella
directo a la cabeza no quería que sufriera, sus ojos cambiaron, las lagrimas
dejaron de brotar y una mirada de tranquilidad y paz cambio su rostro, uno que
jamás le había visto, dejo de mirarme cerro los ojos y dispare.

La habitación retumbo con el sonido del disparo, la pólvora lleno el ambiente de


una niebla oscura y el olor a ella desapareció tras el olor a pólvora quemada,
su cuerpo callo lentamente en la cama, la sangre comenzó a brotar de detrás
de su cabeza manchando toda la cama con un rojo carmín que me recordó las
noches en que ella yacía encima de las sabanas rojas de mi cama después de
hacerla mía, aun era tan hermosa nunca olvidaría este momento lo llevaría
conmigo al infierno.

Darme la vuelta fue difícil era una vista tan hermosa que no deseaba apartar
los ojos de ella pero lo hice, debía salir de allí mis instintos de impunidad me
dominaban por encima de cualquier cosa, paso a paso mi cuerpo fue saliendo
del lugar de mi ultimo crimen, paso a paso dejaba el pasado atrás. Las calles
estaban oscuras pero había personas en las ventanas y puertas que seguro
escucharon los disparos, aparentemente el morbo de ver la muerte es aun mas
fuerte que su instinto de autoprotección, seguí caminando a mi no me importan
ellos, las calles giran a mi alrededor la oscuridad nunca había sido tan densa,
me cuesta ver delante de mi, no puedo caminar más, mis piernas fallan y caigo
al piso boca abajo siento el sabor de la calle y así la oscuridad cae sobre mi.

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Las luces de los bombillos me despiertan un olor a tierra familiar llego a mis
sentidos me incorpore como si mis heridas nunca hubieran ocurrido, conocía
ese lugar la larga carretera y la oscuridad a los lados del camino, ¿cómo llegue
aquí? pero no podía recordarlo, me levante viendo a mi alrededor y hay fue
cuando lo note algo estaba frente a mi, algo majestuoso de piel marrón del
mismo color de la tierra que perfuma mis sentidos, sus ojos como pequeñas
luces penetrantes y me miraba directamente no me tenia miedo por primera
vez yo le temía a el, esa mirada me penetraba y debilitaba, tan pronto como
nuestros ojos se encontraron mostró los dientes con ferocidad, mi primer
instinto fue correr, escapar, pero no podía moverme no se abalanzo hacia mi
sino que poco a poco andaba, cada vez mas cerca podía sentir la putridez de
su aliento y veía como la saliva inmunda caía de su hocico, mi único
pensamiento era correr pero no podía moverme algo me lo impedía, hasta que
se detuvo a un metro de mi, sabia lo que sucedería y no lo quería ver, cerré los
ojos no quería seguir viéndolo el terror me lo impedía, esta vez no pude reírme
de mi muerte tenia miedo, muy pronto sufriría y no sabia por cuanto tiempo,
pero sabia que habría dolor, sabia que pronto seria su alimento y que
disfrutaría devorándome lentamente.

FIN

Por Raúl Campos

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