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2009

Miguel Ángel Vázquez


María Luisa Armendáriz
Justificación

San Cristóbal de Las Casas, México Centro de Diversidad y


Convivencia Multicultural. El documento fue entregado al Secretario
de Educación Pública por parte del Gobierno del Estado de Chiapas y
el Municipio de San Cristóbal de Las Casas para que la Ciudad sea
nuevamente inscrita en la Lista Indicativa Mexicana para la
Declaratoria de la UNESCO.

Asociación Cultural Na Bolom


Vicente Guerrero 33
(52-967) 678 1418
(52-967) 678 5586
SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, MÉXICO;
CENTRO DE DIVERSIDAD Y CONVIVENCIA MULTICULTURAL

La noción San Cristóbal de las Casas y sus alrededores existe desde la


fundación de la Ciudad. Durante más de tres siglos la que fuera la
capital de Chiapas mantuvo sola y principalmente relación con la región
maya del Estado, identidad que ha sostenido hasta la fecha. Los
indígenas de los Altos de Chiapas siguen considerando a Jovel –-como
llaman a San Cristóbal de las Casas—como su capital y la noción que
para ellos existe de tal concepto es de un estrecho vínculo sustentado
principalmente en el intercambio cultural, comercial y de servicios.

MARCO HISTÓRICO

La noción San Cristóbal de las Casas y sus alrededores como lugar de


encuentro intercultural existe desde la fundación de la Ciudad. Durante
más de tres siglos la que fuera la capital del actual Estado de Chiapas se
organizó superponiendo una clase dominante sobre el reconocido
sistema de clases de los antiguos mayas, creando un nuevo ―ahau‖ por
encima de los antiguos señoríos regionales. Sin embargo, al ser un
grupo tan reducido de españoles fundadores –―apenas un puñado, a lo
más cincuenta‖ (Markman, 1964)—, desde su inicio los conquistadores
desarrollaron su propio sistema de clases constituido por ellos como el
primer rango, los indígenas de los barrios como segundo grupo de élite
pero de mucho menor jerarquía y los pueblos por ellos fundados con
―originales‖ como el tercero. Tal sistema permeó desde la fundación
generando entre los indígenas mayas de la zona un patrón único que
permanece hasta nuestros días.

Como toda Ciudad fundada por españoles en América, dicha convivencia


se dio bajo intereses específicos de encomienda y evangelización. No
obstante, es en San Cristóbal donde la temprana participación del
Obispo Fray Bartolomé de las Casas en 1545 desarrolló características
en las cuales la abolición de la esclavitud de indígenas marcó sus
orígenes: el respeto a los derechos humanos, la aspiración a la igualdad
entre todos han hecho de la región un espacio donde la vida cotidiana
transcurre con marcadas definiciones entre lo indígena y lo occidental.
La presencia de Las Casas fue determinante en el balance para que en
los siglos sucesivos se interpusiera a los dominicos primero y a muchos
seguidores después en el diálogo entre los fundadores y su relación con
los originales. La bien delimitada Chiapa de los Españoles fue
acrecentando no sólo su población, sino su condición multicultural. En
los últimos veinte años se ha hecho evidente en las estadísticas de
crecimiento de la antigua Villa Real, ahora lugar de encuentro y no de
exclusión, ciudad compuesta por cuarenta por ciento de población
indígena que excede la mitad en las mañanas cuando, como una
guelaguetza cotidiana, bajan los ―originales‖ de sus parajes y pueblos
para vender su mercancía y hacer uso de su centro de comercio y
servicios.

Desde su fundación en 1528 –lo que la ubica cronológicamente, después


de la antigua Villa Rica de Veracruz y la vieja Guatemala como la tercera
ciudad creada en América—, el mestizaje y la convivencia intercultural
formaron parte del diseño de los asentamientos en esta Región que
permanece hasta nuestros días.

…De inmediato se procedió a la traza de sus calles, de sus solares tal y como estaba
dispuesto en las Leyes de Indias, Libro IV, Título VII, Letra J. “Elijan el sitio de los que
estuvieren vacantes, y que por disposición nuestra se pudieren ocupar, sin perjuicio de
los indios, y naturales, o con su libre consentimiento: y cuando hagan la planta del
lugar, repártanla por sus plazas, solares a cordel y regla , (Cruz, 1978)…

Para finales del S. XVI, las necesidades constructivas de Santo Domingo


y Catedral habían acarreado a los barrios fundados por los españoles un
gran número de peones, albañiles, arquitectos prácticos, artesanos,
artistas, que incrementaron la población indígena de la recién creada
ciudad, construida con sus manos, con su cosmovisión, con su arte, en
conjugación con los modelos europeos, es decir en San Cristóbal se
inicia un experimento de encuentro que hay que proteger, rescatar y
difundir como patrimonio de la humanidad .

PATRIMONIO TANGIBLE

La Estructura de Barrios

―Para incrementar la población, procuraron que nuevos contingentes aportaran, así de


México y Tlaxcala, como de Oaxaca y Guatemala, colonias zapotecas y mixtecas
conformaron el barrio del Molino (San Diego) y el de San Antonio respectivamente.
Casi al mismo tiempo, otra colonia quiché constituía el barrio de Cuxtitali; y en 1550
los indígenas manumitados por del Presidente Serratos de la Audiencia de los Confines,
el Barrio del Cerrillo. Así la Ciudad resultó de un origen étnico múltiple cuyas
características perduran, aunque diluidas, a través de los siglos‖ (Ruiz, 1976).

Para los descubridores de este universo, la planeación de la Ciudad


obedeció a una estrategia de defensa y expansión territorial a partir de
un centro europeo y una periferia indígena que identificaba a las etnias
geográficamente a partir de la distancia desde la Plaza Central con
trazos exactos de calles, predios, áreas de cultivo y luego ríos,
montañas, veredas, caminos y poblados que fueron integrándose
centrípetamente a dicho centro a través de los siglos pero con una
constitución radial en la que cada sistema fuese complementario del
anterior.

En dicho proceso participaron dos grupos dominantes que estuvieron en


pugna por el control durante casi tres siglos: de un lado los
encomenderos y del otro los frailes dominicos. A estos grupos se
sumaron otras órdenes que participaron en la estructura formando y
capacitando a la vez que evangelizando pero sobre todo repartiéndose
los fieles y recreando la estructura feudal en la que cada barrio, cada
templo, convento, rito, fiesta y oficio obedecía, en su conjunto, a una
estructura de bienes, costumbres y servicios que se asentó con tal
vitalidad y fuerza que permanece hasta nuestros días. La primera orden
religiosa en establecerse formalmente en la entonces llamada Villa Real
fue la de los mercedarios cuya presencia no fue significativa a pesar de
ser el de San Cristóbal el único convento que crearon en Chiapas. La
segunda fue la de los dominicos, que tras la áspera relación que
tuvieron los encomenderos con Fray Bartolomé de las Casas
mantuvieron con estos una difícil relación que, no obstante, los frailes
manejaron durante todo el periodo virreinal creando en la Región una
intrincada red de caminos, pueblos, costumbres y ritos que les
granjearon durante cuatro siglos la confianza de los originales. Cuando
el Gobernador Emilio Rabasa decidió llevar los poderes a Tuxtla
Gutiérrez en 1892 la fuerza de la Iglesia era tal, (a pesar de las leyes de
Reforma y la desaparición de las órdenes religiosas en el Estado) que
declaró que "no podía gobernar desde una Ciudad cuyo poder estaba en
el puño de la Iglesia" (Casahonda Cancino, 1974)

El modelo constructivo de barrios con identidad, costumbres, oficios,


pobladores y advocación se repitió sistemáticamente en la región y
permanece con gran vitalidad en los usos y costumbres de los pueblos
indígenas donde la diferenciación es palpable desde los atuendos hasta
los productos de cada comunidad.

Los barrios conforman cada uno un patrón cultural específico alrededor


de la fiesta de un santo patrono o virgen de adoración, de sus labores
artesanales o económicas, de sus fiestas y tradiciones. Las fiestas giran
alrededor de estos valores desde la época de su fundación o con la suma
de nuevas festividades, con fechas definidas que en su conjunto
permiten tener a San Cristóbal un patrón de fiestas que ocurre a lo largo
de todo el año.

(Tabla 1)

Con el mismo patrón de identidad propia, alrededor de las festividades y


desde su origen los barrios desarrollaron oficios que los distinguían entre
sí y que en algunos casos aún se mantienen, así como la elaboración de
artesanías con predominancia en algunos de estos asentamientos
(Tabla 2)

La Región

La relación europeo-indígena, el contacto socio-cultural, tecnológico,


biológico, muchas veces violento, se llevó a cabo primero militarmente,
después institucionalmente. Sin embargo fue la evangelización la que
matizó la violencia pero a fin de cuentas instituyó nuevos poderes en la
zona, colaboró con la conquista que se llevó a cabo desde San Cristóbal,
único centro urbano con rango de ciudad en Chiapas (y en ese entonces
en América), donde fincaron su residencia los frailes de distintas
órdenes religiosas.

La única referencia que existía para los conquistadores en la


colonización y evangelización de la Nueva España era la Ciudad de
México, donde Cortés pudo sustituir los antiguos emplazamientos por los
nuevos a partir de una población concentrada en el Valle de Anáhuac.
Sin embargo, los exploradores de Diego de Mazariegos tuvieron que
partir de poblaciones dispersas y fundar asentamientos en territorios
―vírgenes‖, labor que realizaron los dominicos.

En el punto de la conquista, los indígenas de Chiapas no se extendían en


una ciudad, como ocurría con el Valle de México, sino que se
encontraban dispersos en pequeños poblados esparcidos en amplios
terrenos sin que las colindancias las delimitaran sus casas, sino la milpa,
situados ―cada uno en su milpa y sementera‖ (Ximénez, 1920 - 1931).

―En muy poco tiempo, en la zona que rodeaba la ciudad, se establecieron muchos
pequeños pueblos satélites habitados por indios. Estos y otros pueblos en toda América
Central fueron diseñados y trazados por conquistadores[…]En el valle de México y
regiones contiguas, se desarrolló con el tiempo una cultura mestiza, mientras que en
Chiapas, así como en las altiplanicies de Guatemala, el indio ha conservado hasta hoy
unas características peculiares de su cultura, y se ha mantenido más o menos
apartado de la población ladina, conservando quizás en mayor grado sus
características originales de los tiempos anteriores a la conquista, que aquella que
adquirió al contacto con la civilización europea‖. (Markman, 1964)
No se sabe aún en qué período dejaron de habitar los indios naturales
las hoy ruinas de Moxviquil, Ecatepec, Santa Cruz, Salcipuedes o
Huitepec aunque de todos el más estudiado es el primero, que en
investigaciones recientes revela la presencia española en el momento
del contacto y su gran emplazamiento habitacional que se mantuvo
hasta la misma época.

En el momento de la conquista, sin embargo, sólo había dos pueblos con


fortificaciones defensivas en el área: en el entonces valle de
Weyzacatlán, la ciudad de Chamula y a cuatro leguas de éste, Huixtán.
Ambos fueron sometidos por los españoles y muy pronto constituyeron,
con Zinacantán y San Cristóbal la extensa y reconocida Región de los
Altos.

En 1617 la dinámica fundación de pueblos administraba desde Ciudad


Real, además de los pobladores del valle, los poblados de Teopisca,
Amatenango, Aguacatenango, Huistán, Tultepec (Oxchuc), Tenejapa,
Chamula, Mitontic, San Pedro (Chenalhó), San Pablo (Chalchihuitán),
Santa Catarina (Pantelhó), San Andrés, Santiago, Santa Martha,
Zinacantán, Ixtapa, San Lucas y Totolapa: en 1761, 16 de estos pueblos
aparecen administrados por los dominicos en la relación de tributarios.

En todos estos pueblos (a pesar de que la muestra más clara del


parentesco con la Colonia se evidencia en la característica construcción
del templo y el emplazamiento central)1, es apreciable, significativo y de
especial relevancia el sincrético y férreo lazo que se manifiesta en los
usos y costumbres con el período colonial que mantiene, hasta la fecha,
la cohesión de la Región de los Altos con un centro en San Cristóbal y
una periferia indígena. A esta bien conformada área se suman, ahora
mucho más integrada en convivencia formando parte de este pueblo
maya-universal como hemos señalado. A esta bien conformada área de

1
Juntar al despoblado diría Jan de Vos
18 pueblos fundados por los dominicos se suman, además de la actual
zona norte de la ciudad que ha sido profusamente poblada por indígenas
desde 1986, innumerables parajes y dos pueblos que mantienen aún
viva su tradicional cercanía con la Ciudad: San Felipe Ecatepec y San
Bartolomé de los Llanos –hoy Venustiano Carranza—.

La Región de los Altos es conocida en términos administrativos con un


núcleo sólido en San Cristóbal de las Casas y los que se constituyeron,
con el tiempo, como 18 municipios indígenas de los alrededores que
actúan como región. En dichos municipios los usos y costumbres han
fortalecido, por distintas razones históricas particularísimas, su
interacción con el Centro creado por los españoles en el S XVI: y es que
mientras en San Cristóbal el cambio de propietarios de predios y
terrenos obedece al principio liberal de compraventa, en los municipios
se estableció durante la Revolución Mexicana el sistema de la comuna o
ejido que imposibilita a los no ejidatarios o comuneros / no indios
adquirir predios en dichos suburbios y, por lo tanto, vivir en sus
comunidades o asentar sus empresas o comercios concentrando aún
más dicha oferta en la cabecera regional y manteniendo el grupo
indígena en su propio poblado. Lo occidental se mantiene en el centro
en un patrón de cultura occidental-urbana, mientrás que los municipios
se rigen por usos y costumbres de sólida entraña precolombina y
características fundacionales que veremos más adelante. Tan especial
constitución ha hecho de San Cristóbal el destino cultural más socorrido
del País (checar dato) no sólo para los viajeros que visitan su centro
histórico y la ruta de las culturas vivas que lo rodea, sino para cientos
de instituciones de investigación y oranismos gubernamentales que se
han asentado en el Valle.

Es decir que, en casi quinientos años, la relación se ha fortalecido en vez


de diluirse y aunque tal lazo ha generado en la que fuera Ciudad Real un
crecimiento que prácticamente ocupa ya todo el antiguo Valle de
Weyzacatlán, también ha acrecentado su riqueza y diversidad, su
interculturalidad, su convivencia: ésa es su contribución. Sin embargo,
la principal característica ecológica, sociocultural, económica de la
región es su riqueza cultural y natural en binomio con su pobreza
económica: actualmente los habitantes de la Región Altos conforman el
14 por ciento de los mexicanos con menor índice de desarrollo humano
(INEGI 2005). Y es que por hallarse en la zona más meridional de
México, su integración al país fue tan lenta como 1951, año en que se
construyó la primera carretera, lo que la mantuvo aislada –para bien y
para mal—del resto del país. El rezago tiene otros componentes tanto
sociales como culturales que, a raíz del movimiento zapatista que dio
fama mundial a San Cristóbal el 1º de enero de 1994 se han
denominado ―usos y costumbres‖. Distintas organizaciones trabajan
para revertir esta situación por una de convivencia en donde la
sustenatabilidad sea el eje de coexistencia a partir de un Plan Integral
de Manejo en el cual el respeto a dichos usos y costumbres se
establezca también como un medio de defensa de la diversidad cultural
manifiesta en la zona.

La región tiene una característica que engloba varios criterios tangibles


e intangibles para proponerla como patrimonio único e irrepetible: la
conversación entre lo occidental y lo indígena, entre la tradición y la
modernidad, entre lo urbano y lo rural, entre el conocimiento tradicional
y el tecnólógico, entre lo material y lo espiritual, condiciones que
cobran al paso del tiempo matices distintos, pero que se mantiene
estrecha y vitalmente, en una proyección actual y futura.

La Arquitectura

Desde la concepción de San Cristóbal sus fundadores idearon una ciudad


indígena – española ―una ciudad fortificada sin murallas‖ (Aubry, 2007).
Franqueada en el centro del valle rodeada de boscosas montañas y
protegida por ―caudalosos ríos‖, humedales y lagunas, los españoles
emplazaron la ciudad ubicando al centro su caserío y protegiéndola con
barrios donde ubicaron a indios aliados. Conforme pasaron los años,
fueron creando nuevos asentamientos mientras los frailes y sacerdotes
iban ―juntando indios‖ en comunidades que rodean el valle, creando una
segunda fortaleza protectora que da el seno a la estructura social,
cultural y económica a la Ciudad y que ha sido, por casi cinco siglos, la
base de su identidad al tiempo que su principal amenaza por la extinción
del valle y el crecimiento demográfico.

―Esta estrategia dio a San Cristóbal un cariz único de ciudad dual (centro español y
periferia indígena), con su mosaico de barrios caracterizados a la vez por su origen
étnico y por su atención religiosa […]. Esta herencia explica los matices inconfundibles
que identificarán a San Cristóbal durante siglos: su población indígena omnipresente
en convivencia (conflictiva y cordial, pero siempre genuina) con los vecinos urbanos ‖.
(Aubry, 2007)

El territorio donde se ubica la ciudad, en la zona Maya de los Altos de


Chiapas, nunca fue un asentamiento prehispánico importante por su
naturaleza de humedales; no obstante existen vestigios de sitios
precolombinos alrededor del valle, como es el caso de Moxviquil que
presenta las características de los centros mayas del clásico tardío, que
estudiosos ubican ocupado por 6 siglos entre el S. VIII al XIII.

El patrimonio histórico edificado se conforma por las construcciones que


dan lugar a un conjunto armónico, así como su traza, el mobiliario
urbano, los remanentes de calles empedradas, los edificios
monumentales religiosos y gubernamentales, casas tradicionales, los
barrios y sus plazas.

Destacan la Catedral cuya construcción se inició en 1528, el Convento


de la Merced que data de 1537, la Compañía o Iglesia de San Agustín y
la casa de la Sirena del Siglo XVI, los templos de San Francisco, del
Carmen y Santo Domingo del Siglo XVII, este último con elementos
originales de 1547 y el Palacio Municipal de 1885 así como el teatro
Zebadúa fundado en el porfiriato. Este conjunto se ha diferenciado, de
acuerdo a sus características tipológicas en cuatro estilos: 1)
Monumental: edificaciones religiosas de la ciudad, 2) Relevante:
construcciones públicas y privadas 3) Tradicional: arquitectura civil, en
su mayor parte vivienda que conserva características formales propias
de la ciudad o región y 4) Vernácula: edificación popular típica de la
zona que permite la continuidad del conjunto urbano de la ciudad.
Dentro del área de estudio se estima un total de 6,290 predios, de los
cuales se consideran con valor patrimonial 2,221. Existe, además, un
catálogo de inmuebles elaborado por el INAH con un listado de 862
inmuebles dentro de la Zona de Monumentos Históricos, definida por los
perímetros ―A; B1, B2 y B3‖ del Decreto del Centro Histórico como Zona
de Monumentos.

La arquitectura de la Región de los Altos es un claro ejemplo del


mestizaje cultural, tradiciones europeas, americanas e indígenas,
confluyen en dos niveles: primero la adecuación de materiales y
sistemas de construcción locales con las técnicas de edificación árabe
españolas. En segundo término tenemos las formas de vida, las cuales
se traducen en la adecuación de espacios y formas estéticas que
producen un estilo propio tanto para la arquitectura religiosa, como en
las diferentes arquitecturas civiles; caso particular es la vivienda popular
indígena, crisol de formas tradicionales de hacer con nuevas maneras de
vivir.

En síntesis una construcción de madera y tierra, que al combinarse con


la sabiduría árabe española del hacer espacios y la técnica para realizar
las cubiertas de artesonado, produce una arquitectura monumental
propia y adecuada para cualquier punto de la región. Como todo lo que
impregnó la zona y se asentó como usos y costumbres, la mezcla de
tales elementos en combinación con lo indígena presentó a lo largo de
los siglos una impregnación de lo indígena en lo arquitectónico que
quedó plasmada en los retablos, estucos y decorados de las
construcciones y que encierra el sincretismo entre lo autóctono y lo
occidental. Tal contraste resulta evidente a los ojos extranjeros, por la
mezcla de colores, formas y paisajes que han hecho del lugar un
atractivo mundial.
Diversos estilos se entremezclan en el valle, de estos destacan en la
zona de monumentos la arquitectura plateresca, barroca y la neoclásica
que tuvo un gran exponente local en don Carlos Zacarías Flores, un
destacado artista que impregnó la Ciudad con muestras del Tratado de
Vignola que muy pronto fueron retomados en gran parte de los edificios
civiles de la Ciudad que, a lo largo del Siglo pasado, la definió como
Ciudad Neoclásica y que (Martínez?) Galván propuso como "pueblo
vignola"

San Cristóbal tiene también una estupenda muestra de arquitectura


industrial de los siglos representada en los molinos de trigo que,
construidos con diversos propósitos que incluían la vigilancia y defensa
estratégica del asentamiento español, la introducción del trigo y con ello
la elaboración del pan como elemento cultural básico europeo, el cultivo
pastizales a su alrededor para la introducción del ganado equino y
vacuno principalmente. Siempre en convivencia (por supuesto) con la
tradición precolombina de la milpa.

Estos molinos fueron construidos en su gran mayoría en los márgenes


de los ríos y sus tierras aledañas fueron distribuidas entre los
encomenderos de manera que ellos constituyeran, con sus propiedades
debidamente guarnecidas, una nueva fortaleza protectora de campo
abierto de cultivo que protegiera la ciudad. Estas edificaciones de gran
valor arquitectónico y cultural fueron construidas, salvo la excepción del
Molino Utrilla, en arquitectura tradicional de tierra y constituyeron por
siglos un sistema integral que vinculaba la producción de los pueblos
indígenas del oriente de la ciudad –Huixtán y Oxchuc—con San
Cristóbal.

PATRIMONIO INTANGIBLE

Usos y Costumbres

Don Jacinto Roldán de la Cueva del Consejo de majestad de la Real


Audiencia de Guatemala visitó
“Ciudad Real de Chiapa, el primer día del mes de septiembre de mil y seiscientos y
setenta y cuatro años. Yo, el representante escribano leí y notifiqué las ordenanazas
contenidas en estos autos a su Mercede el Capitán Andrés Ochoa de Zárate, Alcalde
Mayor de esta Ciudad y sus provincias, por su majestad y teniente de Capitán General,
quien, habiéndolas visto dijo que se guarden y cumplan como en ellas se contiene y
manda. Yo el escribano saqué copias de ellas y remita a los pueblos de esta
jurisdicción donde en cada una de ella se pregone p.p. en la lengua materna de los
naturales, y hecho, lo pongan en sus libros para que todos los años los lean y no
pretendan ignorancia. Así lo proveyó y mandó y firmó don Andrés Ochoa de Zárate,
ante mí Juan Macal y Meneces, escribano público”. (Manuel Gómez K´ulub, 2002)

En Oxchuc estas ordenanzas son conocidas como El Kajwaltik y ―es


admirado como dios supremo y sagrado de la tierra por los principales y
por todos los habitantes‖ (Manuel Gómez K´ulub, 2002). Las
ordenanzas resumen un gran número de los usos y costumbres de la
región, que en sincretismo con aquellos que devienen de tiempos
precolombinos, conforman una bien delimitada cultura que conserva
lazos con la colonia, con la religión, con los antiguos mayas y con la
Ciudad que durante más de 5 siglos ha sido la sede de ―lo caxlán‖ –lo
occidental—en oposición a los usos y costumbres indígenas que fuesen
debatidos ampliamente tras el conflicto armado de 1974.

Resulta sorprendente encontrar el estrecho vínculo que guardan las


Ordenanzas con la mayoría de las fiestas religiosas y costumbres de los
pueblos de la Región Altos de Chiapas:

 PRIMERA ORDENANZA: ―Primeramente mando que los


coroneles, alcaldes y regidores de esta dicha provincia a que
ejecuten lo que está dispuesto por estas Ordenanzas (…). En
consecuencia quedan ustedes como autoridades responsables en
ejecutar en la práctica lo que en ella está escrita. Por lo tanto
ustedes darán albergue en un convento a los curas doctrineros
que vendrán a bautizar con el sagrado sacramento el alma o
espíritu de los naturales‖.
 SEGUNDA ORDENANZA: ―(…) No adoptarán costumbres ni otros
modos personales. Ustedes deberán protegerse cuando llega el día
de organizar las fiestas y las reuniones para realizar las oraciones
en la iglesia. Ustedes como autoridades pondrán el ejemplo a los
demás motivos de realizar los cultos. Se arrodillarán e inclinarán
la cabeza hasta alcanzar la superficie del suelo (…) respetarán y
harán respetar las cruces sagradas… Las autoridades que
ejercerán el cargo menor tendrán también la obligación de recibir
a las orillas de esta provincia a los indios que vendrán de otros
lugares a implorar a los Santos para el bien de ellos y ustedes…‖.
 TERCERA ORDENANZA: ―(…) Harán ustedes que se les respete
la autoridad que les faculta a ser autoridades máximas como
legítimos representantes de la tenencia de estas tierras (…)
Nunca dejen de ofrendar a San Francisco...‖.
 CUARTA ORDENANZA: ―Ordeno a ustedes salir de casa en casa
de los nativos a recaudar en especie o en Real lo correspondiente
para cubrir el pago del escribano (…) Todo aquel que se niegue a
contribuir con su impuesto, serán expulsados sin misericordia de
sus tierras…‖.
 QUINTA ORDENANZA: ―(…) Estas Ordenanzas quedarán en
ustedes, las respetarán y las harán respetar entre los nativos…
tendrán toda la facultad para que ustedes las ejecuten.
 SEXTA ORDENANZA: ―(…)… Los curas a veces son motivo de
desunión, no deberán confiar totalmente… a veces resulta en vano
las ofrendas… los esfuerzos que realizan no redundan en su
beneficio‖.
 SÉPTIMA ORDENANZA: ―Mando obedecer sin pretexto alguno la
relevancia de las Ordenanzas… en la celebración de la fiesta de
San Juan… después de cuarenta días, los nativos tendrán la
obligación de ofrendar con especies o dinero a dicho Santo para
que la práctica de aportar las contribuciones no se olvide (…) Cada
provincia tiene sus propias costumbres y tradiciones y tienen
también sus propias normas…‖
 OCTAVA ORDENANZA: ―Ordeno a los nativos que hagan valer la
justicia en los precios y las unidades con el que miden y venden
sus productos, tales como maíz, frijol, verduras, frutas, huevos y
otros más…‖
 NOVENA ORDENANZA: ―Ordeno a ustedes… de ningún modo
dejen entrar a viajeros, hombres blancos a posarse en sus
casas…‖.
 DÉCIMA ORDENANZA: ―La desobediencia de alguna de estas
Ordenanzas equivale a una falta dentro del asentamiento…‖
 DÉCIMA PRIMERA ORDENANZA: ―Ordeno, nadie podrá
mandarse por sí mismo en el arreglo sin el consentimiento de
todos los nativos…‖.
 DÉCIMA SEGUNDA ORDENANZA: ―Mando a las autoridades
mayores ordenar a los nativos, cumplir con su obligación…
construir y adornar el arco frente a la iglesia. Adornen las cruces
con flores, palmeras y otras ornamentales… en la plataforma
donde se colocan las ofrendas… veladoras, rosarios, franelas y los
pendones… En los días de fiesta harán sonar su música de arpa,
guitarra, flauta y tambor…‖.
 DÉCIMA TERCERA ORDENANZA: ―… Y para que las Ordenanzas
referidas tengan la dicha ejecución y los susodichos indios no se
excusen de cumplirlas y observarlas, alegando ignorancia de ella,
ruego y encargo a los padres doctrineros que cada uno por lo que
les toca en sus partidos los hagan traducir en su lengua materna
de dichos pueblos y manden y cumplan con lo que en cada una de
ellas se encuentran contenidas.

Si bien las Ordenanzas no comprenden todos los usos y costumbres de


los pueblos indígenas de la Región de los Altos ni todos estos las
conservan u observan, su lectura permite establecer una clara relación
entre los Usos y Costumbres de las comunidades indígenas de la Región
con el período colonial. En cada comunidad las Ordenanzas tienen
matices distintos y para efectos de este análisis sólo se han resumido
los párrafos que se mantienen hasta la fecha en la mayoría de los
pueblos indígenas dominados por los conquistadores durante el largo
período colonial.
Otros usos y costumbres no guardan relación estrecha con las
festividades religiosas ni la organización política, comunal y de tenencia
de la tierra. Devienen de los orígenes de la Civilización Maya y forman
parte de las costumbres cotidianas como el vestido, las formas de
cultivo, el calendario, ―la hora de Dios‖, la elaboración de utensilios,
entre otros que se analizan más adelante.

Gastronomía

En el punto de conquista, como todos los pueblos mayas, el alimento


principal era el maíz. Sin embargo su combinación con el frijol, la
calabaza, el tomate y el chile proveyó la mezcla básica de carbohidratos
y proteínas necesaria que subsiste como base de la alimentación
indígena. Vinculado al maíz existe en toda comunidad la tradición
productiva que se confunde con el origen mismo de esta civilización y
que dibuja el paisaje de los pueblos y parajes.

La gastronomía coleta nace entonces de la conjunción de dicha comida


prehispánica con la europea cuya diversidad radica principalmente en las
semillas, los vegetales y las hierbas en conjunción con algunas aves y
especies menores mezclada con la carne de cerdo y vaca de origen
español y las más castizas especias, como la pimienta, las uvas pasas y
el azafrán, que se utiliza en profusión para hacer tamales, guisar pollo o
hacer sopa de pan.

La base del contacto con los pueblos indígenas ha sido justamente el


trueque de productos agrícolas producidos por los pobladores naturales
por mercancía, que se da todos los días en los mercados de la ciudad.
Dicho intercambio obliga a los productores a recorrer sendas, veredas,
caminos y carreteras cargados de ida y vuelta en un acarreo cotidiano
que enriquece la vida cultural de la ciudad. La necesidad y el gusto de
comer como elemento básico de la reproducción social y cultural de un
pueblo, es creada a través del tiempo y el espacio, a partir de una base
ecológica, su transformación para la producción agrícola, pecuaria y
forestal, como actividad económica de mercado.
En San Cristóbal de Las Casas, como en todos los pueblos del mundo,
existe una biodiversidad local que es conocida, probada y
experimentada para ser transformada en biodiversidad domesticada por
sus pobladores locales y llevada a la cocina –laboratorio de
experimentación típicamente femenino—. En los altos de Chiapas la
colecta de plantas aromáticas, medicinales, comestibles, hongos,
insectos; la cacería y domesticación de aves (principalmente el
guajolote), mamíferos, la pesca de caracoles, la recolección de frutos y
verduras del campo así como su cultivo, sumado a la tradicional
producción de maíz, frijol y chile, tuvo que pasar por el conocimiento
biológico de los pueblos tzotziles y tzeltales acerca de los ciclos de los
seres vivos, para conocerlos, probarlos, recolectarlos, capturarlos,
cocinarlos, comerlos, reproducirlos y luego domesticarlos. Dicha base,
aunada a la elaboración de la tortilla que a pesar de embates de la
globalización se ha mantenido como base del alimento de Mesoamérica.
Estos productos son cotidianamente llevados a la mesa luego de su
transformación en la forma más antigua y tradicional: la cocción al
fuego de leña y carbón que hasta la fecha sigue siendo la forma más
socorrida, no sólo para la cocción de alimentos, sino para la producción
de la cerámica de técnica tradicional.

Con la llegada de los europeos en 1528 con recursos propios y


orientales transformó y enriqueció los sistemas de producción indígenas,
principalmente por la introducción de animales domesticados como la
vaca, el cerdo, la gallina pero también el trigo del cual derivó el
reconocido pan de San Cristóbal del cual viven y se sustentan familias,
meriendas y sobremesas. La idea de traspatio, huerto y hortaliza
prevalece ya no en la población de origen europeo sino en las
comunidades, junto con cientos de tradiciones que se confunden y
mezclan en el tiempo hasta extraviar sus orígenes.

Tal vez ningún concepto o tradición tiene tanta legitimidad como este
intercambio que va y viene con el sólo sentido de cumplir la necesidad
aparentemente básica de comer pero que ha hecho de este pueblo un
refinado sitio de recepción, exposición, venta y degustación de
productos indígenas que se va ampliando a los ornamentales,
medicinales, rituales, artesanales, mobiliarios que los indígenas truecan
a su regreso por los industriales: baste decir que en el mercado de San
Cristóbal se venden 210 productos alimenticios no procesados, de los
cuales 57% son nativos de los Altos de Chiapas y el resto introducidos.

Lo español, por su parte, llega a la mesa de los habitantes


principalmente en todos los productos cárnicos que dan fama a sus
embutidos (piernas de jamón ahumadas, tocineta, butifarras,
jamoncillos, chorizo y longaniza); en sus dullces regionales o en sus
mezclas de sabores naturales con especias orientales como la canela y
la pimienta.

Multilingüismo

La vitalidad de lo indígena en la Región tiene una de sus principales


muestras en la lengua: el tzeltal y el tzotzil son las lenguas vernáculas
más habladas en México después del castellano, el náhuatl y el maya
yucateco. Son lenguas cotidianas en la Región que, en los últimos años,
han trasladado su residencia a Jovel donde en 1986 XxXX los hablaban y
en el 2005 XXX. En la Región estos son los idiomas mas hablados (tabla
3)

Los españoles originales que habían venido de la entonces denominada


Chiapa de los Indios (hoy Chiapa de Corzo), contados en setenta, habían
reducido su número a cuarenta mientras que los asentamientos quichés,
tlaxcaltecas, zoques, tzotziles, tzeltales, mixtecas y zapotecas
quintuplicaban la población. En las calles de San Cristóbal se hablaban 6
idiomas originales de América, mientras que el latín se escuchó en las
calles de la Ciudad hasta bien entrado el S. XX por la presencia religiosa
dejando a los españoles con frecuencia aislados en su propio idioma.

―Tal como las pequeñas ciudades universitarias de Europa, o en los centros de la


diplomacia internacional de hoy, se oían en las calles idiomas de doquier: Tzotzil,
tzeltal, zoque, náhuatl o “mexicano”, además del español. Pronto el mexicano, en uso
desde el tiempo de las guarniciones aztecas, se impuso como idioma vehicular que se
seguía usando hasta fines del Siglo XVIII‖. (Aubry, 2007)

A casi cinco siglos el panorama lingüístico de San Cristóbal tiene,


dependiendo de la hora, pequeñas variaciones: 44% de la población
habla lengua indígena entre las que prevalecen, de mayor a menor, el
Tzeltal, Tzotzil, Chol y Tojolabal; un 4% de la población es extranjera,
principalmente europea siendo el mayor grupo de origen italiano
seguido del francés; luego el americano y la presencia multicultural
puebla no sólo los espacios urbanos, plazas y mercados, sino los
archivos, la música, el arte y las etnias que han encontrado entre los
extranjeros aliados con los que socializan de manera cotidiana.

Textiles y Artesanía

Los nuevos variados colores y diseños de los trajes de los indígenas


mayas de los Altos reflejan hoy los cambios que se han producido en
Chiapas en la última década. El lento ascenso en la escala de la pobreza,
el movimiento hacia una mejor educación y una mayor igualdad, puede
verse vigorosamente en los patrones de ropa de la mujer indígena. Con
3000 años de paciencia, cada mujer hace brocados elaborados y
bordados que nos dicen quién es ella y que tan experta es en su cultura,
revelan las costumbres con que creció y nos expresa al tiempo su
espíritu creativo. Cada temporada, las mujeres producen nuevas
visiones de ellas mismas y el mundo, visiones que son afirmaciones de
tradición que se traduce en algo nuevo, flexible y lleno de esperanza.
Las tejedoras mayas vestidas con tanta variedad y cambio nos
demuestras que pueden diseñar y transformar su cultura ante nuestros
ojos.
PATRIMONIO NATURAL
Medio Ambiente

“Todos los caminos que llegan a San Cristóbal bajan cerros y lomas. A una vuelta del
sendero o carretera se presenta al viajero un valle grande encajonado entre montañas
boscosas, asiento de una ciudad de armoniosa arquitectura de techos de teja roja, de
uniforme altura interrumpida únicamente por las torres de las numerosas iglesias. Los
dos cerros, Guadalupe y San Cristóbal, con sus respectivas iglesias, marcan el oriente
y poniente” (Duby Blom, 1978).

La Ciudad de San Cristóbal y su región es privilegiada debido a su


ubicación geográfica pues por su altitud –2,200 mts sobre el nivel del
mar— es un territorio templado en la franja tropical del mundo; cuenta
con un clima que oscila entre los 12 y los 18 grados centígrados
promedio y una precipitación pluvial de 1,000 mm al año. Tal condición
permitió las condiciones biológicas de un raro equilibrio de ecosistemas
y tipos de vegetación raros y en peligro de extinción como el Bosque de
Misófilo, también conocido como Bosque de Niebla y los Humedales de
montaña, ambos decretados como áreas naturales protegidas. Dichos
ecosistemas contienen fauna endémica como el pez Profundulus
hildebrandi, también conocido en la región como popoyotl.

La ciudad ubicada en un polje o valle, se encuentra rodeada de serrarías


con la presencia de bosques de coníferas de pino y encino que tienen
como emblema el extinto volcán el Huitepec que junto con el
Tzontehuitz y el Ecatepec ofrecen un paisaje e imagen urbana de una
periferia montañosa cubierta de bosques de gran belleza natural.