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Felicísimo Martínez Diez

Cristianos en
el mundo
F E L I C Í S I M O MARTÍNEZ D I E Z
\<TAZ.O$ °)

EL COMPROMISO
CRISTIANO
Cristianos en el mundo

Del mismo autor, en editorial San Esteban:


- Domingo de Gnzmán, evangelio viviente, 374 pp.
- Teología fundamental. Dar razón de la fe cristiana, 2."
edic, 280 pp.

EDITORIAL SAN ESTEBAN


SALAMANCA
I
INTRODUCCIÓN

© Felicísimo Martínez Diez


© Editorial San Esteban, 2004
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ISBN: 84-8260-143-1
Depósito Legal: S. 342 - 2004

Printed in Spain

Imprenta Calatrava, S.C.L.


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37008 Salamanca
EL COMPROMISO DE LA FE

Cuando los responsables de esta colección "trazos" soli-


citaban mi colaboración me indicaban que los destinatarios
de esta serie de libros eran "aquellos laicos comprometidos
con su fe y que quieren profundizar en la misma". Habrá
que comenzar, pues, aclarando los términos. ¿Qué significa
exactamente "laico (cristiano) comprometido"? ¿Será posi-
ble que haya laicos (cristianos) "no comprometidos"? ¿Qué
es exactamente el "compromiso cristiano"?
Los responsables de la colección señalaban acertada-
mente la problemática relacionada con algunos conceptos
o aspectos básicos de la fe y de la vida cristiana. Y me decían
en una carta: "Algunas personas se sienten confundidas y
desorientadas en su fe, porque no encuentran cuál es el sen-
tido de algunos conceptos que fueron fundamentales en la
educación religiosa recibida. Unos tienen la impresión que
las cosas han cambiado tanto en la Iglesia que, en la prác-
tica, se ha prescindido de estos conceptos centrales. Otros
no saben qué responder cuando personas de su entorno les
preguntan por su significado. La mayoría no perciben la
relación de esos conceptos con la experiencia humana tal y
como es entendida por nuestra cultura en esta altura de la
historia".
¿Es este el caso del concepto que vamos a desarrollar:
"el compromiso cristiano"? ¿Qué queremos decir cuando
hablamos de "cristianos comprometidos" o "cristianismo
comprometido" o "compromiso cristiano"? ¿Añade algo el
adjetivo "comprometido" al sustantivo "el cristiano"? ¿Aña-
de algo el adjetivo "cristiano" al sustantivo "compromiso"?
¿Puede haber un cristianismo auténtico sin compromiso, no

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c o m p r o m e t i d o ? ¿Ha desaparecido la referencia al compro- dadas por la fe cristiana. Ya no tiene sentido calificar su tra-
miso cristiano en estos tiempos eclesiales en los que el énfa- bajo como "compromiso cristiano". Y, sin embargo, se trata
sis se pone en lo gratuito y en lo carismático? ¿Tiene algu- del m i s m o trabajo, en la m i s m a ONG, en el m i s m o Comité
na relación el c o m p r o m i s o cristiano con la experiencia Internacional, con la m i s m a finalidad inmediata: defender
h u m a n a en este m o m e n t o cultural? los derechos h u m a n o s de los emigrantes. ¿Qué hace que el
trabajo del primero sea considerado "compromiso cristiano"
y el del segundo no? ¿El trabajo en sí? ¿La intención? ¿La
Los sentidos del término compromiso motivación? ¿O simplemente el hecho de que el primer joven
es cristiano y el segundo no?
El núcleo de la vida cristiana es la fe en Cristo como No estábamos m u y a c o s t u m b r a d o s a llamar "compro-
revelador y salvador, como m e d i a d o r único y definitivo de miso cristiano" a las prácticas relacionadas con la justicia,
la revelación y de la salvación. La fe no es algo visible, y sin la paz, los derechos h u m a n o s , la ecología... Aún más en
e m b a r g o es lo más característico y específico del cristiano. tiempos no m u y lejanos apenas se hablaba de "compromi-
Esa fe en Cristo es exclusiva y propia del cristiano. Es lo que so cristiano". Se hablaba sobre todo de "obras de miseri-
configura la experiencia y la cosmovisión cristiana. La fe cordia". Pero, en tiempos m á s recientes son precisamente
proporciona un m u n d o de sentido, u n a nueva visión de las esas áreas relacionadas con la justicia, la paz, los derechos
cosas y de la propia vida. La fe proporciona a los cristianos h u m a n o s , la ecología... las que son consideradas propia-
la motivación última y más específica de todas las prácticas mente como ámbitos preferentes del compromiso cristiano.
y de todos los compromisos verdaderamente cristianos. E n m u c h o s ámbitos eclesiales se habla de cristianos com-
Ciertos compromisos y prácticas cristianas reciben el prometidos sobre todo c u a n d o se trata de cristianos impli-
calificativo de "cristianos" porque son realizados por per- cados en la lucha por la justicia, la paz, los derechos h u m a -
sonas cristianas, personas que creen en Jesucristo y orien- nos, la ecología... Las obras de misericordia, ¿no son
tan su vida y su acción de acuerdo con la fe cristiana. compromiso cristiano? Las obras de la justicia y la paz, ¿no
Una persona contribuye a la construcción de este m u n - son también obras de misericordia? ¿Estamos claros en lo
do trabajando en el c a m p o en tareas agrícolas, y no sabe- que queremos decir cuando h a b l a m o s de compromiso cris-
m o s de entrada si es un monje cristiano o simplemente un tiano o de cristianos comprometidos?
no cristiano. En el p r i m e r caso, ese trabajo agrícola puede
ser llamado perfectamente " c o m p r o m i s o cristiano". En el
segundo caso no tendría sentido h a b l a r de "compromiso Compromiso, testimonio y vivencia de la fe
cristiano". Si así sucediera, hasta la m i s m a persona se sen-
tiría sorprendida y quizá hasta ofendida. Y, sin embargo, se La fe cristiana es u n a le comprometida. Y lo es hoy en
trata del m i s m o trabajo. Sólo c a m b i a la condición existen- un doble sentido, positivo y negativo.
cial del sujeto que lo realiza y quizá la intención o la moti- En sentido negativo decimos hoy que la fe cristiana es
vación, la finalidad última y el sentido final que se atribu- c o m p r o m e t i d a o "está c o m p r o m e t i d a " . Es algo así c o m o
ye a ese trabajo. decir que su calidad e incluso su existencia está en peligro.
Dos jóvenes trabajan en la m i s m a ONG o en el mismo Efectivamente, la fe cristiana o, mejor dicho, algunos cre-
Comité Internacional para la defensa de los derechos huma- yentes no se e n c u e n t r a n a gusto en la cultura m o d e r n a y
nos de los emigrantes. Uno es creyente cristiano y trabaja p o s t m o d e r n a . Más bien, están e x p e r i m e n t a n d o una espe-
motivado y a n i m a d o por su fe en Cristo Jesús. Conside- cie de desasosiego y de malestar que les empujan a batir-
ramos su trabajo "compromiso cristiano". El otro no es cris- se en retirada o a esconderse acomplejados en el reducto
tiano. Sus motivaciones p a r a ese c o m p r o m i s o no están de la privacidad o de la intimidad personal. El proceso de

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secularización y la importancia creciente del á m b i t o políti- m í n i m o de estructura p a r a subsistir, lo m i s m o que toda
co han puesto a la fe cristiana o a los cristianos entre "la experiencia carismática necesita u n m í n i m o de institucio-
espada y la pared". La cultura moderna entiende la secula- nalización para sobrevivir.
rización c o m o u n a renuncia a la fe religiosa, a todo tipo de Pero la fe cristiana es t a m b i é n fe comprometida en otro
sacralidad. Y, en todo caso, entiende que el ámbito público sentido más positivo. Cuando decimos que la fe cristiana es
no es hoy el á m b i t o de la fe. Ese es más bien el á m b i t o de una fe comprometida, por lo general no nos referimos a este
la increencia, del agnosticismo o, al menos, de la aconfe- sentido negativo. Queremos decir que se trata ele u n a fe que
sionalidad. E n el supuesto de que deba seguir existiendo, la desencadena y da lugar a u n compromiso positivo. No se
fe religiosa debe recluirse en el ámbito de lo privado. Sus contenta con la confesión privada de unas verdades de le;
derechos no van m á s allá de este ámbito de lo privado. implica u n a confesión pública, u n a profesión pública, u n a
Por eso, la fe cristiana no es plausible en la cultura "pro-íestalio" pública de la fe. Este es el primer sentido posi-
m o d e r n a (y p o s t m o d e r n a ) . No se lleva "ser creyente". N o tivo de la fe cristiana c o m p r o m e t i d a . Es la primera dimen-
tiene respaldo y reconocimiento social y público. En este sión del compromiso que implica la fe cristiana.
sentido, p o d e m o s decir que la fe cristiana está c o m p r o m e - Con frecuencia se olvida esta p r i m e r a dimensión del
tida, acosada, enfrentada al riesgo... c o m p r o m i s o , obsesionados c o m o estamos por la otra di-
Es cierto que no todo es increencia y secularización en mensión, la activa, la hiperactiva, la militante. Y sin em-
la cultura m o d e r n a y postmoderna. En troncos de la tradi- bargo este p r i m e r aspecto del c o m p r o m i s o cristiano es el
ción que parecieran muertos se observan algunos brotes o supuesto de todos los d e m á s aspectos. Hay que c o m e n z a r
rebrotes religiosos. Es innegable el fenómeno de los "nue- por reconocer p ú b l i c a m e n t e la propia condición de cre-
vos movimientos religiosos", un cierto despertar de la reli- yente, p o r la confesión o la profesión pública de la fe cris-
giosidad y la mística. Brotan por doquier nuevas creencias, tiana, por la "pm-testatio" o la testificación de la fe en pre-
nuevos movimientos religiosos, u n a cierta religiosidad lla- sencia de la sociedad y del m u n d o . Esta confesión pública
mada por algunos "religiosidad silvestre". Pero hay que decir de la fe de ningún m o d o se h a de confundir con el fanatis-
que no siempre se trata de brotes cristianos o de movi- m o religioso o con u n a especie de proselitismo extempo-
mientos religiosos de inspiración cristiana. Muchos de esos ráneo, que pretende hacer alarde de cristianismo a des-
movimientos religiosos brotan más bien del viejo tronco del t i e m p o e i n o p o r t u n a m e n t e . Un confesionalismo fanático y
gnosticismo. Sus feligreses añoran la experiencia religiosa, un proselitismo desaforado están m á s cerca del descrédito
la vivencia mística, el contacto con ¡o Absoluto..., pero no de la fe que del auténtico c o m p r o m i s o de la fe, o de la
quieren saber nada de la fe en un Dios personal, y m e n o s auténtica fe c o m p r o m e t i d a .
aún de u n a religión confesional o de u n a institucionaliza- Pero aún hay otra dimensión positiva del compromiso
ción de la experiencia religiosa. Tampoco son d e m a s i a d o cristiano: la práctica ele la le, la puesta en práctica de los
entusiastas de lo que clásicamente se ha llamado "el com- valores y las exigencias de la fe cristiana. Este es el sentido
promiso religioso". que se da usualmeníe a la expresión "compromiso cristia-
Esta nueva religiosidad c o m p r o m e t e , de alguna forma, no". La fe cristiana n o se agota en la confesión o profesión
la le cristiana. Y la c o m p r o m e t e en el sentido más negati- pública; implica también unas prácticas históricas, un hacer
vo del término. Unas veces supone para la fe cristiana u n a acorde con los valores y exigencias de la misma fe. El ver-
agresión frontal, precisamente p o r tratarse de una fe con- dadero cristiano n o sólo reconoce y confiesa públicamente
fesional. Otras veces pone en peligro la fe cristiana, pues se su condición de creyente; va m á s allá e intenta poner en
trata de una religiosidad absolutamente "desestructurada". práctica su le, traducirla en prácticas y compromisos con-
Llegadíi a ciertos niveles de desestructuración, cualquier fe sonantes con los valores que profesa. No se contenta con
se ve comprometida, pues toda fe religiosa necesita un decir "Señor, Señor". También procura hacer la voluntad de

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Dios. Este es el sentido más corriente de la expresión "com- tante que esté sustentado por una inspiración y unas moti-
promiso cristiano". Por eso preguntarse por la naturaleza y vaciones evangélicas. Es importante que arranque desde la
las implicaciones del compromiso cristiano es preguntarse experiencia de fe cristiana. De lo contrario, la moral puede
por las implicaciones prácticas de la fe cristiana. quedar expuesta al riesgo del formalismo, de la casuística
El compromiso cristiano así entendido es, de alguna vacía, del fariseísmo legal... Dejaría de ser moral verdade-
forma, la verificación de la propia fe cristiana. Compro- ramente cristiana. Sólo las motivaciones evangélicas pue-
meterse es hacer verdad, verificar la propia fe que profe- den dar lugar a una praxis auténticamente cristiana, que
samos. Es poner cuerpo, hacer realidad la vida cristiana. sea verdaderamente seguimiento de Jesús, moral evangéli-
Esto no significa "moralizar" la vida cristiana o reducirla ca, moral cristiana.
toda ella al cumplimiento de una serie de mandamientos y
prohibiciones.
La vida cristiana integral es más que el simple compor- Compromiso y práctica religiosa
tamiento moral. Implica cuatro aspectos irrenunciables: la
experiencia de fe y la profesión de la misma fe; la dimensión Al abordar en las páginas que siguen el tema o el pro-
comunitaria y la incorporación y participación en la comu- blema del "compromiso cristiano", nos vamos a ocupar pre-
nidad de los creyentes; la celebración de la fe o la liturgia; ferentemente del cuarto aspecto de la experiencia cristiana
la práctica de la fe o el seguimiento de Jesús. integral: la práctica de la fe o el seguimiento de Jesús. Esa
En realidad, el seguimiento de Jesús abarca todos los es la verificación última de la fe cristiana. Esa es verdade-
aspectos de la vida cristiana, todos los aspectos de la vida ramente una fe comprometida, una fe practicada. Esa es la
de un cristiano. Orar es también seguir a Jesús. El segui- forma de estar de los cristianos en el mundo. Esa es la forma
miento de Jesús es toda la vida del cristiano animada por de afrontar la construcción y transformación del mundo en
el Espíritu de Jesús. Pero resalta, sobre todo, la praxis, el nombre de la fe cristiana y en colaboración con todos los
hacer. Seguir a Jesús significa ante todo obrar animados hombres y mujeres de buena voluntad.
por el Espíritu de Jesús, poner en práctica la fe, traducir la Pero, antes de comenzar la reflexión, conviene hacer una
fe cristiana en obras evangélicas, obrar conforme a las exi- última observación previa.
gencias del Reino de Dios y su Justicia. El lenguaje habitual reserva la expresión "práctica reli-
Algo similar sucede con respecto al significado del com- giosa" para designar la participación en la oración y en el
promiso cristiano. Cuando hablamos del "compromiso cris- culto cristiano. ¿Habrá que distinguir, pues, práctica cris-
tiano", es frecuente referirlo sobre todo a este cuarto aspec- tiana y compromiso cristiano? No parece muy oportuno,
to de la vida cristiana integral: la práctica de la fe. Es lo que porque la práctica de la vida cristiana y el compromiso cris-
normalmente llamamos la moral cristiana. Aunque el com- tiano parecen ser una misma cosa. Lo que habrá que hacer
promiso cristiano abarca los cuatro aspectos anteriores. será ampliar esa interpretación demasiado restringida de la
Eso sí, al final, la prueba de fuego de la vida cristiana está "práctica religiosa" o de la "práctica cristiana".
en la práctica del seguimiento, en actuar conforme al Evan- La participación en la oración y en el culto cristiano es
gelio de Jesús. Sólo un actuar acorde con los valores evan- sólo un aspecto, importante pero parcial, de la práctica cris-
gélicos e inspirado por el Espíritu de Jesús nos permite tiana. Lo que sucede es que es el aspecto más fácilmente
hablar de una fe cristiana comprometida, de una fe cris- medible, por ser el más visible. Es relativamente fácil medir
tiana que ha fructificado en una praxis evangélica. la participación de los fieles en los sacramentos de la Igle-
Y esto no es reducir el compromiso cristiano a pura sia. No es tan fácil medir el nivel de la fe ni la motivación de
moral. Para que el compromiso cristiano no se reduzca a la acción en las personas. No es tan fácil medir en la prác-
simple "perfección moral", a "buena conducta", es impor- tica la fidelidad al Evangelio de Jesús. No es tan fácil medir

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el grado de compasión y solidaridad con las víctimas, ni
siquiera los motivos que impulsan a una persona a com-
prometerse en la delensa de la justicia, la paz, los derechos
humanos, la ecología... Es verdad que las motivaciones no
lo son todo en la acción humana. Pero son importantes a la
hora de calificar una acción como "compromiso cristiano".
Son un aspecto importante de éste.
Hay que estar precavidos para no identificar el com-
promiso cristiano con lo que usualmente se llama la "prác-
II
tica religiosa". Sobre esto queremos reflexionar en las
siguientes páginas. La práctica religiosa, la celebración de
NO EL QUE DICE
la fe, es ya parte importante del compromiso cristiano, como
lo es también la profesión de fe. Pero no es todo el com-
«SEÑOR, SEÑOR»
promiso cristiano, ni el aspecto fundamental del mismo. Si
hoy se relaciona el compromiso cristiano sobre todo con la
práctica del seguimiento de Jesús, con la implicación de los
cristianos en los asuntos seculares de la justicia, la paz, los
derechos humanos..., es precisamente porque la privatiza-
ción de la experiencia cristiana - o su espiritualización-
había postergado o hecho de menos estos aspectos o dimen-
siones esenciales del compromiso cristiano.

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El texto es de sobra conocido: "No todo el que diga
'Señor, Señor' entrará en el Reino de los Cielos, sino el que
haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán
aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu n o m b r e , y
en tu n o m b r e expulsamos demonios, y en tu n o m b r e hici-
mos m u c h o s milagros?' Y entonces les declararé: 'Jamás os
conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad" (Mt 7, 21-24).
Y el evangelista Mateo ejemplifica esta enseñanza con el
símil de la casa construida sobre roca y la casa construida
sobre arena (Mt 7, 24-27).

Pobre concepto de "práctica religiosa"

Como a c a b a m o s de observar, el concepto de "práctica


religiosa" es hoy d e m a s i a d o restringido. No equivale ni
m u c h o m e n o s al concepto m á s amplio de "compromiso
cristiano", de "práctica de la vida cristiana". "Práctica reli-
giosa" e incluso "práctica cristiana" son expresiones que
quedaron restringidas al ámbito de la piedad y del culto. Ser
"practicante" significa u s u a l m e n t e participar en determi-
nados ejercicios de piedad, en determinadas prácticas devo-
cionales (oraciones, triduos, novenas, vigilias...), y, sobre
todo, participar activamente - e ¡incluso pasivamente!- en
la liturgia oficial de la Iglesia. Practicante es, en este sen-
tido, el que frecuenta los s a c r a m e n t o s y en la m e d i d a que
los frecuenta: el que se confiesa, va a misa, se casa por la
Iglesia, se hace enterrar por la Iglesia... Y m á s practicante
se considera a quien se implica en algunas actividades
parroquiales.
Pero ésta es una concepción m u y restringida y pobre de
la "práctica religiosa", de la "práctica cristiana". Y, en con-
secuencia, es u n a concepción m u y restringida y pobre de la
vida cristiana. Porque la vida cristiana es más que u n a s

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p r á c t i c a s piadosas y unos ritos practicados m á s o m e n o s pasado por alto los pecados cometidos anteriormente, en el
h a b i t u a l m e n t e . Después de todo, en la vida cristiana la pie- tiempo de la paciencia de Dios; en orden a m o s t r a r su jus-
dad es sólo u n sentimiento producido por la fe; las prácti- ticia en el tiempo presente, para ser él justo y justificador del
cas devocionales son sólo la expresión de ese sentimiento que cree en Jesús... Porque p e n s a m o s que el h o m b r e es jus-
religioso y de esa le. Y los ritos litúrgicos son sólo la expre- tificado por la fe, sin las obras de la ley" (Rm 3, 21-28). Este
sión de la experiencia cristiana y la celebración de esa es el núcleo de la vida cristiana: la fe en Jesucristo.
m i s m a fe cristiana. Pero la vida cristiana es m u c h o más que Pero Jesús n o sólo es digno de fe. Él es también aquel a
la participación en la liturgia cristiana. quien hay que seguir. Vale la pena seguir un proyecto de vida
conforme al Evangelio que él había predicado. Vale la pena
tomarse en serio la propuesta de vida que Jesús hizo a sus
Pobre concepto de vida cristiana seguidores con su predicación y con su propia vida. Vale la
pena dejarse afectar por la soberanía divina y vivir confor-
Lo nuclear de la vida cristiana no está en las prácticas me a las exigencias del Reino de Dios y su Justicia. Y no por-
de piedad o en los ritos sacramentales. Lo nuclear de la vida que esas exigencias le convengan a Dios, sino porque le con-
cristiana está, en p r i m e r lugar, en la experiencia de fe. Lo vienen al ser h u m a n o . Porque cumplir esas exigencias es
que dio lugar al llamado "movimiento de Jesús", a la comu- realizar p l e n a m e n t e la vocación h u m a n a , vivir en plenitud,
n i d a d de seguidores de Jesús, a la c o m u n i d a d cristiana... vivir a tope la causa del ser h u m a n o .
lúe p r e c i s a m e n t e la fe en Jesús. Primero fue una fe germi- La fe que constituye el núcleo de la vida cristiana evo-
nal la que convocó a los doce y a otros discípulos en t o r n o luciona o desencadena unas practicas conformes con esa fe.
al Jesús terreno. Quedaron fascinados por su persona. Lla- En esas prácticas se verifica, se hace verdadera la vida cris-
m a d o s p o r él, respondieron con el seguimiento (Mt 4, 18- liana. Porque la íe sin obras es u n a fe muerta, c o m o dice la
22). "...y les dice: Venid conmigo y os haré pescadores de carta de Santiago. Si Pablo tenía razón al postular la justi-
h o m b r e s . Y ellos, al instante, dejando las redes, le siguie- licación por la fe, Santiago también la tiene al afirmar que
ron" (Mt 4, 19-20). Las enseñanzas de Jesús y sus acciones una íe sin obras es u n a fe muerta. Y es que Santiago con-
curativas fueron, d u r a n t e todo su ministerio público, u n a templa la relación entre la fe y las obras desde u n a nueva
invitación a la fe en Él y, sobre todo, en el Dios de Jesús. perspectiva. "¿De qué sirve, h e r m a n o s míos, que alguien
Luego, de forma definitiva, fue la fe pascual la que dio diga: 'Tengo fe', si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la
lugar y consolidó el llamado "movimiento de Jesús", el le? Si un h e r m a n o o una h e r m a n a están desnudos y carecen
"camino cristiano". La fe en el Resucitado, la experiencia del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: J d en paz,
pascual, la certeza de que Dios ha resucitado a Jesús, que calentaos y hartaos', pero no les dais lo necesario para el
Jesús ha sido resucitado por Dios, que está vivo... es el cuerpo, ¿de qué le sirve? Así también la fe, si no tiene obras,
núcleo de la experiencia cristiana. Jesús, el Resucitado, es está realmente muerta. Y al contrario, alguno podrá decir:
digno de fe. Y esta fe en Jesucristo, Crucificado y Resucita- '¿Tú tienes fe? Pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras
do, es la que nos justifica, la que nos hace justos. Como dice y yo te probaré por las obras mi fe. ¿Tú crees que hay un solo
Pablo, h e m o s sido justificados por la fe: "Pero ahora, inde- Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y tiem-
pendientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifes- blan" (Sant 2, 14-19).
tado..., justicia de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los Esto no significa reducir la vida cristiana a simple moral
que creen... y son justificados por el don de su gracia, en vir- de lorma precipitada. No. No es el valor de las obras, la
tud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhi-
buena conducta, lo que nos hace aceptables a los ojos de
bió Dios como instrumento de propiciación por su propia
Dios. Ni son los méritos los que nos garantizan salvación.
sangre, mediante la fe, para m o s t r a r su justicia, h a b i e n d o
Ni son los b u e n o s c o m p o r t a m i e n t o s los que nos h a c e n

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cristianos. Es la fe la que nos hace aceptos a los ojos de
Dios, la que nos justifica, c o m o dice Pablo. Pero, si esa fe derechos h u m a n o s , y acusó fácilmente a ese c o m p r o m i s o
n o r e d u n d a en obras de justicia, cabe d u d a r de su auten- de ser reduccionista y secular.
ticidad, cabe p e n s a r que es u n a fe muerta, estéril, inútil... El c o m p r o m i s o cristiano tiene hoy dos tareas pendien-
Y, lo que es m á s grave, cabe p e n s a r que es u n a fe falsa. tes. En p r i m e r lugar, superar esa privatización de la expe-
P o r eso, la práctica, el compromiso, las obras... per- riencia cristiana. En segundo lugar, poner cuerpo histórico
tenecen de pleno derecho a la esencia, al núcleo de la vida o encarnación a la espiritualidad cristiana. Que la verdade-
cristiana. El compromiso es elemento irrenunciable de la ra espiritualidad no es contraria a la corporalidad, a la mate-
m i s m a . La fe cristiana queda abortada, si no desemboca en rialidad, a la secularidad, a la historia y a la vida de cada día.
el c o m p r o m i s o , en prácticas cristianas, en prácticas evan- Que es todo eso a n i m a d o e informado por el Espíritu de
gélicas, en obras del Reino de Dios y su Justicia. Jesús y del Evangelio.

La práctica del Reino y su Justicia Obras son amores

Que la justicia suene a virtud cristiana. Algo a n d a mal Lo dice y lo repite la sabiduría popular. "Obras son amo-
con respecto a la vida cristiana c u a n d o la justicia, al igual res y no b u e n a s razones". Y la sabiduría popular no suele
que los derechos h u m a n o s , s u e n a n a a s u n t o secular o a equivocarse. Todas las palabras, todos los razonamientos
cuestión política. Y esto sucede con m á s frecuencia de lo suelen q u e d a r enfrentados al test, al juicio, al dictamen de
deseado. los hechos. Todas las profesiones de fe y de a m o r quedan
Se asocia la caridad y la misericordia de forma casi finalmente enfrentadas al juicio de las obras. Son éstas las
espontánea con la vida cristiana y con la vida evangélica. Ya que verifican o falsean, descubren la verdad o la falsedad
es algo, porque no se podría entender u n a vida cristiana que que hay en nuestras palabras. Los hechos suelen dejar al
fuera insensible a la desgracia ajena e inmisericorde con las descubierto la distancia que hay entre los deseos y la reali-
personas que la padecen. Pero no es suficiente. ¿Qué valor dad, entre las b u e n a s intenciones y las realizaciones. Por
puede tener la caridad si no está construida sobre el supues- eso, la oración "Señor, Señor" queda enfrentada al com-
to de la justicia, si es practicada al m a r g e n de la justicia? promiso de cumplir la voluntad de Dios.
¿A qué extremos y aberraciones nos puede conducir? El compromiso cristiano consiste básicamente en hacer
¿Quizá la caridad y la misericordia se pueden convertir en la voluntad de Dios. De esta forma dice la Biblia casi lo
u n a especie de anestesia de la conciencia cristiana, p a r a mismo que la sabiduría popular: "Obras son amores". El
acallar los gritos de las víctimas, el c l a m o r de la injusticia? Antiguo Testamento lo dice así: "Haremos todo cuanto ha
El c o m p r o m i s o cristiano trasciende la írontera de la dicho Yahvéh" (Ex 19, 8). El Nuevo Testamento lo dice con
caridad y la misericordia, a u n q u e debe estar siempre moti- la conocida frase: "No todo el que diga 'Señor, Señor" entra-
vado e informado por el amor. Debe alcanzar el á m b i t o de rá en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de
la justicia, la paz, los derechos h u m a n o s . En este sentido, mi Padre celestial" (Mt 7, 21)." Aquí podríamos aplicar la
fue desafortunada la privatización de la experiencia cris- maravillosa imagen evangélica de la casa construida sobre
tiana, que dejó fuera de esa experiencia todo lo que no per- arena o sobre roca. La construida sobre roca es aquella que
tenece a la intimidad del sujeto, todo lo que es asunto públi- se construye sobre las obras y los compromisos reales. La
co o político. Fue desafortunada la espiritualidad cristiana casa construida sobre arena es la que se construye sobre las
que expulsó de su seno el c o m p r o m i s o con la justicia y los palabras, los razonamientos, los buenos propósitos e inten-
ciones, las muchas y largas oraciones... Y el resultado es bien
dilerente en u n o y otro caso. Cuando llega la dificultad, la

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tormenta, la casa construida sobre roca resiste y se mantiene Las obras o el compromiso evangélico son, pues, un irre-
en pie. La que está construida sobre arena, termina en el nunciable de la vida cristiana, de u n a vida al estilo de Jesús,
desastre total. de u n a vida según el Espíritu de Jesús. Por eso, sólo los que
están dispuestos a hacer la voluntad de Dios entran de ver-
dad en el Reino de Dios y su Justicia.
Honestos para con Dios y para con los hermanos/as

La Biblia no reclama las obras por mero utilitarismo o Hacer la voluntad de Dios.
pragmatismo, en procura de eficacia. Las reclama como u n Y conseguir la propia realización
a s u n t o de honestidad, para no dar lugar a la hipocresía y a
la falsedad. Este es el error farisaico, que puede afectar tam- "Hacer la voluntad de Dios". Con frecuencia se inter-
bién a la vida cristiana. Es un e m p e ñ o equivocado de enga- preta c o m o u n a d u r a carga, c o m o u n a pesada obligación.
ñ a r a Dios, a los demás e incluso a sí mismo. Confunde los Vista así, esa tarea es u n a mala noticia; n a d a tiene que ver
deseos con la realidad, las palabras con los hechos, las ora- con el "evangelio", con la buemí noticia de Jesús. Es m á s
ciones con la conducta. Por eso Jesús denuncia con tanta u n a obligación opresora que u n a perspectiva liberadora.
fuerza la hipocresía farisaica: "¡Ay de vosotros, escribas y Pero el sentido último de ese ideal bíblico y evangélico es
fariseos, hipócritas, que purificáis p o r fuera la copa y el bien distinto.
plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intem- Bien entendido, cabría decir que hay que hacer la volun-
perancia!.. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, tad de Dios, no por causa de Dios, sino por causa nuestra.
pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera La voluntad de Dios sobre nosotros no es u n capricho o u n a
parecen bonitos pero dentro est¿in llenos de huesos de muer- arbitrariedad de Dios. Poco gana o pierde Dios con nuestros
tos y de toda inmundicia! Así t a m b i é n vosotros por fuera compromisos, con nuestras obras, con nuestra obediencia,
aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis lle- con que hagamos o no su voluntad. Pues no es un señor que
nos de hipocresía e iniquidad" (Mt 23, 13-32). disfruta por el simple hecho de ejercer el poder, de imponer
Para la Biblia el compromiso es un asunto de sinceridad, su voluntad, de ser obedecido. Ni nuestra alabanza ni nues-
de verdad, de honestidad. Ser sinceros y honestos para con tras bendiciones le enriquecen. Ni nuestras obras, ni nues-
Dios, p a r a con los demás, para consigo mismo... es quizá la tra obediencia, ni nuestros compromisos le hacen más Dios,
primera dimensión del c o m p r o m i s o cristiano. Implica un ni su ausencia le hacen menos Dios o un Dios más peque-
c o m p r o m i s o serio con la verdad, que es el ámbito de Dios. ño e insignificante.
Fuera de la verdad sólo existe la mentira, que es el ámbito Dios mira más para sus creaturas que para sí mismo.
del Diablo. La literatura de Juan coloca aquí la raíz de todo Mira sobre todo para esa creatura privilegiada que es el ser
pecado. Considera la mentira (existencial), no el simple h u m a n o . En este sentido p o d e m o s hablar del Dios cristia-
error (intelectual), un pecado tan grave que su paternidad no como de un Dios extra-vertido, des-interesado, samari-
es atribuida al Diablo. Sólo el Diablo es el padre de la men- tano. Su causa es la causa de su creación y especialmente
tira. Sólo él puede dar a luz semejante monstruo. Y, cuan- la causa de la h u m a n i d a d . Por eso la teología más recien-
do dice la mentira, dice lo que es m á s suyo, lo más propio te h a repetido sin cesar el siguiente axioma: "La causa de
de su ser. "Este (el diablo) era homicida desde el principio, Dios es la causa del ser h u m a n o " . Aunque para evitar
y no se m a n t u v o en la verdad, p o r q u e no hay verdad en él; malentendidos igual habría que formularlo así: "La causa
cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro; porque del ser h u m a n o es la causa de Dios". Pues, en realidad, no
es mentiroso y padre de la mentira" (Jn 8, 44). somos nosotros los que debemos defender la causa de Dios;
es Él el que está i n t e r e s a d o en defendernos a nosotros,

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porque está interesado en nuestra propia autorrealización. el resultado de una vida sin ley, sin norma, sin ningún géne-
La encarnación es el mejor testimonio, la mayor prueba de ro de autocontrol.
que Dios ha asumido nuestra causa, nuestra condición No, el compromiso cristiano no es principalmente una
humana. Así, en Jesús se nos ha revelado el camino de nues- obligación moral impuesta por una supuesta arbitrariedad
tra auténtica humanización. o capricho divino. Es sencillamente la forma cristiana de ser
La voluntad de Dios, la gloria de Dios, es que el hombre humanos, de vivir, actuar y realizarse humanamente. La
y la mujer vivan y vivan en abundancia. Por eso Dios ha garantía de humanización ha quedado ya de manifiesto en
revelado su voluntad, y así ha revelado al ser humano cuál la vida de Jesús y de sus seguidores y seguidoras más genui-
es su vocación, en qué consiste su realización personal. nos. El, ellos y ellas nos han mostrado de forma práctica en
Toda la revelación es así una manifestación de lo que Dios qué consiste la plena humanización. Su compromiso no fue
quiere que seamos, de lo que estamos llamados a ser. Dios una obligación impuesta desde fuera, sino una exigencia
está más interesado en nosotros que nosotros mismos. O, nacida desde dentro, a impulsos de la fe y del Espíritu de
al menos, sabe mejor que nosotros mismos qué es lo que Jesús. Otros seres humanos han encontrado también en
más nos conviene para nuestra realización personal y otras tradiciones religiosas y culturales caminos de huma-
comunitaria. Sabe mejor que nosotros en qué consiste ser nización. Porque el Espíritu de Dios se manifiesta y actúa
humano y actuar humanamente. Esto es lo que se nos ha en toda la creación, más allá de las fronteras instituciona-
revelado a lo largo de la historia de la salvación y, sobre les de las iglesias y las religiones. Por eso debemos ale-
todo, en la persona de Jesús de Nazaret. grarnos de que el Espíritu actúe más allá de las fronteras del
Por consiguiente, el que hace la voluntad del Padre cami- cristianismo. Como Moisés, ajeno a toda celotipia, deseaba
na hacia su plena realización. El que escucha la Palabra de que todo el pueblo profetizara. "¡Quién me diera que todo
Dios y la pone en práctica es sensato, sabio y prudente, pues el pueblo de Yahvéh profetizara porque Yahvéh le daba su
emprende el camino de la plena humanización, que es el espíritu" (Num 11, 29). Como Jesús que consideraba de los
camino de la felicidad para sí y para los demás. Por eso, la suyos a todos aquellos que expulsaban demonios. "El que
auténtica vida cristiana invita a pasar de las palabras a las no está contra nosotros, está por nosotros" (Le 9, 50). Lo
obras, de las razones al compromiso, del "decir 'Señor, importante es expulsar los demonios de este mundo, y que
Señor' al 'hacer la voluntad del Padre". todas las personas se humanicen y se dignifiquen.
El compromiso cristiano no es una obligación impuesta
desde fuera. Es una exigencia que nace desde dentro de la
experiencia cristiana. Esto conviene tenerlo en cuenta por- La colaboración universal o el "macroecumenismo"
que abunda en muchos cristianos la tendencia a convertir-
lo todo en obligación moral. Y esta tendencia trae conse- Hoy es urgente para las Iglesias relacionar el compro-
cuencias muy negativas para la vida cristiana. Convierte el miso cristiano con el ideal de la humanización. Así se abri-
compromiso cristiano en una imposición, en una carga, en rá un amplio campo de colaboración entre los cristianos y
una obligación opresora. Así entendido, el compromiso cris- todos los demás hombres y mujeres de buena voluntad. Es
tiano nos aleja de la felicidad en vez de acercarnos a ella. lo que se ha dado en llamar el "macroecumenismo" o la cola-
Por eso, muchos cristianos han llegado a ver el Evangelio boración de todos los hombres y mujeres de bien en la causa
como una "mala noticia", y hasta han llegado a ver la fe y de la humanización de todos los seres humanos, en la dig-
la moral cristiana como un obstáculo para la felicidad nificación de todas las personas, en las causas de la justicia,
humana. Como si fuera del ámbito cristiano la felicidad de la paz, de los derechos humanos...
estuviera en ofertas y de rebajas. Como si la felicidad fuera Se trata de un "macroecumenismo" que trasciende las
fronteras del ecumenismo intereclesial entre las distintas

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con lesiones cristianas, e incluso las fronteras del diálogo No se trata de u n a renuncia o u n sacrificio c o m o valores
entre las diversas tradiciones religiosas. Abarca a toda la absoluto, c o m o m e t a s terminales. Esto sería m a s o q u i s m o .
h u m a n i d a d , a h o m b r e s y mujeres de cualquier credo, cul- Se trata de r e n u n c i a s y sacrificios por m o r de los d e m á s .
t u r a e ideología, mientras su c o m p r o m i s o sea a favor de la Estas renuncias y estos sacrificios solidarios pueden ser u n a
plena realización de todos los seres h u m a n o s . A quienes forma p r o f u n d a m e n t e h u m a n a de ser felices en medio del
desde fuera de la tradición cristiana luchan por esa causa les dolor. Díganlo, si no, todas las personas que dan su vida pol-
llamó la teología postconciliar "cristianos anónimos". Se los d e m á s . Testigos de ello son m u c h o s padres, madres,
trata de u n a expresión que quizá no está exenta de un cier- amigos, esposos, amantes... capaces de sacrificarse hasta el
to espíritu apologético y de un cierto sabor proselitista. Pero extremo por hijos, amigos, esposos, amantes... y de expe-
la intención que subvace es profundamente ecuménica. Pues r i m e n t a r en este sacrificio la expresión s u p r e m a del a m o r
todo lo que es auténticamente h u m a n o es digno de Dios, y de la felicidad.
digno de Jesús, digno del evangelio cristiano. Por eso, desde
El verdadero c o m p r o m i s o cristiano sólo es legítimo
la perspectiva del evangelio cristiano, todo lo que es autén-
cuando es compatible con la felicidad así entendida.
ticamente h u m a n o se puede llamar "cristianismo anónimo".

Compromiso cristiano y ¡elicidad

También es necesario relacionar el c o m p r o m i s o cristia-


no con la felicidad h u m a n a . Es éste u n ideal al que ningún
ser h u m a n o en sus cabales, es decir, psicológicamente sano,
puede renunciar. Quizá sea ésta u n a de las d e m a n d a s más
legítimas y hasta compulsivas de las nuevas generaciones,
de la espiritualidad postmoderna: a r m o n i z a r la religión y la
felicidad, devolverle al evangelio de Jesús su carácter de
b u e n a noticia, hacer de la moral cristiana y de cualquier
moral u n a h e r r a m i e n t a de autorrealización plena y de con-
vivencia gratificante, hacer de la obediencia a la voluntad de
Dios una garantía de felicidad para los creyentes.
La felicidad es un derecho irrenunciable de todo ser
h u m a n o . Ningún c o m p r o m i s o será auténtico si niega de
plano este derecho. Eso sí, el c o m p r o m i s o cristiano puede
y debe cuestionar algunas concepciones de la felicidad al
uso, y algunas formas egoístas e insolidarias de buscarla.
Nadie tiene derecho a ser feliz insolidariamente, a costa de
los d e m á s , a costa de la felicidad ajena, c a r g a n d o m á s peso
de sufrimiento sobre los demás. Toda felicidad auténtica-
mente h u m a n a y cristiana ha de ser u n a felicidad solidaria.
Por eso, la felicidad evangélica a n d a tan próxima a la
renuncia y al sacrificio, dos categorías difícilmente com-
patibles con las concepciones más corrientes de la felicidad.

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III
BASES TEOLÓGICAS
DEL COMPROMISO
CRISTIANO
El Evangelio de Jesús no ha sido capaz de mantenerse
desnudo, simple, sine glossa, como querían San Francisco
de Asís y otros h o m b r e s y mujeres de la tradición cristiana.
Se h a visto envuelto en glosas, exégesis, razones, bases teo-
lógicas. Se ha vuelto un Evangelio razonado... y a veces
demasiado razonable o racional.
No todo es malo en este esfuerzo por entender nuestra
fe. La p r i m e r a carta de San Pedro invita a los cristianos a
dar razón de su fe y de su esperanza. "Siempre dispuestos
a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra espe-
ranza" (1 Pe 3, 15). Que nuestro hacedor nos dotó también
de inteligencia y razón, para que nos ejercitemos en estas
facultades. Por eso nada tiene de extraño que aún los cre-
yentes nos preguntemos, busquemos, razonemos, interpre-
temos... en el ámbito de nuestra fe. Que la voluntad de Dios
no siempre es un dato obvio. Hay que descubrirla todos los
días en nuevas y distintas situaciones y circunstancias. Que
la revelación no se da sin inecuaciones culturales y, por con-
siguiente, no puede captarse su sentido sin un ejercicio de
hermenéutica, sin u n a interpretación continua y actualiza-
da. Que la revelación no puede ser interpretada sin ejerci-
tarnos en la razón o en las razones teológicas.
Eso sí, el fracaso para la revelación y para el Evangelio
llega c u a n d o las glosas y las razones se convierten en ideo-
logía, cuando el envoltorio ideológico falsea el genuino con-
tenido evangélico, cuando la razón teológica no es u n a
auténtica comprensión de la fe, u n a clarificación de la reve-
lación, u n a iluminación de la Palabra de Dios. Efectiva-
mente las ideologías suelen falsear el mensaje revelado. Sue-
len ser simple palabra h u m a n a que se disfraza de dogma
religioso o de revelación divina, para acreditarse e incluso
para imponerse por vía de autoridad.
Por lo demás, es legítimo acudir a la razón, a la teología,
para entender mejor la fe que profesamos, para comprender

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la revelación que hemos aceptado, para dar razón de n u e (Gn 1, 1). "Creó, pues, Dios al ser h u m a n o a imagen suya,
t r a fe y de nuestra esperanza. Es legítimo y hasta o b l i g a t a imagen de Dios lo creó, m a c h o y h e m b r a los creó" (Gn 1,
rio buscar las bases teológicas de la vida cristiana. "Cree- 27). "Estos fueron los orígenes de los cielos y la tierra, cuan-
p a r a entender" y "Entender para creer". No es justo tach a i - do fueron creados" (Gn 2, 4). Estas no son afirmaciones
a t o d a teología de racionalismo e ideología. Hay teologf a científicas. Son u n a confesión de fe.
que son u n verdadero ejercicio de responsabilidad cristiana
¿Cuáles son las bases teológicas o las razones teológicas dei
compromiso cristiano? ¿Por qué el compromiso cristiano es Y vio que era bueno..., muy bueno
u n componente esencial e irrenunciable de la vida cristiana^
Decir que este m u n d o es de Dios es decir que este m u n d o
es b u e n o . Este es el estribillo que repite el a u t o r del Géne-
1. LA CREACIÓN: OBRA DE D I O S AL SERVICIO DE LA HUMANIDAD sis después de cada día en el relato de la creación. "Y vio
Dios que era b u e n o " (Gn 1, 3.10. 12.18.21.25.31). Por tanto,
El mundo, obra de Dios en cristiano n o hay lugar para el maniqueísmo, para el dua-
lismo m a n i q u e o , que recela de la materia y del cuerpo. Ni
Este m u n d o que el ser h u m a n o habita es obra de Dios. hay lugar p a r a u n a espiritualidad que reniegue de la mate-
El h o m b r e y la mujer que lo habitan t a m b i é n son obra de ria y del m u n d o . La huida del m u n d o sólo puede ser enten-
Dios. Esta es la tesis central de esos relatos de la creación dida correctamente como huida del pecado. Por lo demás no
que abren el texto de la Biblia. Ese es el mensaje central de es compatible con la espiritualidad cristiana la huida del
los dos primeros capítulos del Génesis. Que las ciencias m u n d o , el desinterés por la política, la economía, la cultu-
sigan investigando el origen y el desarrollo de la realidad físi- ra, la ecología...
ca, biológica, fisiológica, psicológica, h u m a n a . . . Ninguna Si el m u n d o es creación de Dios y es bueno, todo lo que
teoría científica será capaz de anular o contradecir esa afir- se haga p a r a m a n t e n e r l o , construirlo, mejorarlo... es com-
m a c i ó n central del credo judeo-cristiano: este m u n d o y esta p r o m i s o querido p o r Dios. Una verdadera espiritualidad
h u m a n i d a d son obra de Dios; son creación de Dios. Esta es cristiana es u n a espiritualidad en el m u n d o , desde el
a su vez afirmación central de casi todas las religiones. m u n d o y en función del m u n d o . Pues la espiritualidad cris-
Los relatos bíblicos de la creación no pertenecen al géne- tiana no p u e d e desentenderse de lo que es o b r a y creación
ro científico; pertenecen más bien al género mítico. Son de Dios. Los cristianos están llamados a colaborar para que
afirmaciones de fe. Y estas afirmaciones, como las de los el Espíritu de Dios siga revoloteando sobre esta m a s a a
relatos míticos y poéticos, no pretenden ser afirmaciones veces caótica que es el m u n d o , p a r a que la fecunde y haga
científicas, que p u e d a n ser sometidas a verificación empí- de ella u n c o s m o s habitable, en el que p u e d a n vivir a r m ó -
rica. Son afirmaciones con otra dimensión: son afirmacio- n i c a m e n t e el ser h u m a n o y todos los seres. Este es el sen-
nes de sentido. Trascienden el ámbito de la realidad mera- tido más amplio del compromiso cristiano: la construcción
m e n t e empírica. Por eso, reducir los relatos bíblicos de la o la reconstrucción de este m u n d o de acuerdo con la volun-
creación a afirmaciones científicas es caer en u n literalismo tad de Dios.
o fundamentalismo bíblico burdo y vulgar. Es un craso error
hablar de dos teorías de la creación: la teoría creacionista de
la Biblia y la teoría evolucionista de Darwin. Este error es Y lo puso en manos del ser humano
frecuente en los centros de enseñanza. E n la Biblia no hay
ninguna teoría científica sobre la creación o sobre el origen Pero el relato de la creación no sólo afirma la bondad de
de la realidad. "En el principio creó Dios el cielo y la tierra" esta creación, la b o n d a d original de todas las cosas y del ser

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humano. Insiste también en otra gran verdad: Dios puso este
Es ésta u n a lectura demíisiado simplista de esa extraor-
m u n d o en m a n o s del ser h u m a n o ; se lo e n c o m e n d ó al ser
d i n a r i a catequesis bíblica sobre la creación. Atribuir los
h u m a n o para que lo administrara. Dios confió en la liber-
desastres ecológicos a ese p r i m e r m a n d a m i e n t o bíblico no
tad del ser h u m a n o , a pesar de que conoce las ambigüeda-
tiene fundamento. Es una interpretación injusta con el cris-
des y los riesgos de esa libertad. Hizo del h o m b r e y de la
tianismo. La razón última de los desastres ecológicos no
mujer co-creadores suyos. Puso el m u n d o en m a n o s de los
hay que buscarla en el m a n d a m i e n t o divino que nos tras-
h u m a n o s para que lo administraran. Les traspasó la admi-
mite el p r i m e r capítulo del Génesis. Hay que buscarla más
nistración de la creación. "Manden en los peces del m a r y en
bien en intereses políticos y, sobre todo, económicos. Estas
las aves del ciclo, y en las bestias y en todas las alimañas
son r a z o n e s m u c h o m á s c e r c a n a s a n o s o t r o s en el t i e m p o .
terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra"
Son intereses económicos y políticos muy concretos y loca-
(Gn 1, 26).
lizados los que han provocado y siguen provocando imper-
Eso es lo que significa que el h o m b r e vaya n o m b r a n d o
donables y evitables catástrofes ecológicas.
a las cosas, que vaya poniendo n o m b r e a cada u n a de ellas.
"Y Yahvéh Dios formó del suelo todos los animales del
c a m p o y todas las aves del cielo y los llevó ante el h o m b r e
p a r a ver c ó m o los n o m b r a b a , y p a r a que cada ser viviente Hacer un hogar para toda la humanidad
tuviese el n o m b r e que el h o m b r e le diera. El h o m b r e puso
n o m b r e a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los La administración que Dios encomienda a la humanidad
animales del campo..." (Gn 2, 19-20). Poner n o m b r e en la tenía otro propósito: cuidar esta creación, humanizarla,
cultura semita equivale a t o m a r propiedad de las cosas y de hacer de ella un digno hogar para todos los seres h u m a n o s
las personas. Eso es también lo que significa el primer man- y no h u m a n o s , un edén, u n paraíso, no u n c a m p o de bata-
damiento que aparece en el relato de la creación: "Sed fecun- lla h u m e a n t e . Y el propósito de esa administración es tam-
dos, y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; m a n d a d bién hacer fructificar razonablemente la naturaleza, no ago-
en los peces del m a r y en las aves de los cielos y en todo ani- tarla, ni agredirla, ni explotarla hasta la aniquilación. Los
mal que serpea sobre la tierra" (Gn 1, 28). ciclos naturales de la producción agrícola y ganadera son un
testimonio de la sabiduría de la naturaleza. Son ciclos mu-
Este m a n d a m i e n t o es u n a tarea, un desafío, un com-
cho más sabios y razonables que los actuales ciclos indus-
p r o m i s o , u n a responsabilidad g r a n d e que Dios encomen-
triales de "explotación" agrícola y ganadera.
dó al ser h u m a n o . Hasta ahí se r e m o n t a n las bases teoló-
gicas del compromiso cristiano. Somos administradores de Y el objetivo de aquel primer m a n d a m i e n t o divino era
este m u n d o . S o m o s responsables de esta creación. Somos sobre todo la solidaria distribución de los bienes de la tie-
co-creadores con Dios, que ha p u e s t o la creación en nues- rra entre todos los pueblos y sus habitantes. La tradición
tras m a n o s . Este es n u e s t r o p r i m e r y m á s genérico com- profética del Antiguo Testamento y luego la predicación y la
promiso. praxis de Jesús se encargaron de mantener viva en la memo-
ria de la h u m a n i d a d esta exigencia de administrar solida-
Los desastres ecológicos m á s recientes han hecho pen-
riamente los bienes de la tierra. La historia se ha encarga-
sar a m u c h o s de nuestros c o n t e m p o r á n e o s si no sería esta
do de m o s t r a r n o s infinidad de veces que el problema de la
la gran equivocación de Dios. Incluso algunas teorías eco-
pobreza no radica en la escasez de bienes ni en el exceso de
lógicas culpan a la Biblia judeo-cristiana, en concreto a los
comensales, sino en la acumulación de bienes en pocas
relatos de la creación, de esta facilidad de la h u m a n i d a d
m a n o s o en la injusta distribución de los m i s m o s entre los
p a r a cometer d e s m a n e s ecológicos. Consideran que este
comensales.
p r i m e r m a n d a m i e n t o bíblico es la fuente y la razón última
de todos los desastres ecológicos. Los relatos evangélicos de la multiplicación de los panes
y los peces son todo u n a metálora de los excelentes resul-

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tados de la solidaridad, y son también todo u n a denuncia de El pecado contra el proyecto de Dios
la mala e injusta administración de los bienes de la tierra
(Me 6, 30-44; 8, 1-10). Pero esta injusta administración de El pecado original, tal como es presentado en la cate-
los bienes de la tierra no se debe cargar al m a n d a m i e n t o quesis del Génesis, no es u n a simple desobediencia disci-
divino o a la tradición judeo-cristiana, sino a la voracidad y plinar a u n m a n d a m i e n t o o precepto divino. Tampoco es un
a la codicia del ser h u m a n o y al sistema de apropiación y acto sexual depravado, como tantas veces ha sostenido u n a
acumulación que han fomentado los h u m a n o s . desafortunada catequesis. Es esencialmente u n a contra-
vención de la voluntad divina, a pesar de que Dios quiere lo
mejor para esta creación y esta h u m a n i d a d . Es esencial-
El compromiso cristiano o el ser humano como co-creador mente u n a desviación del proyecto creador y salvífico de
Dios, que ha conducido al fracaso de ese proyecto.
Desde la bondad de la creación y desde este primer man- El relato del pecado original resalta dos dimensiones del
damiento bíblico se proyecta u n a interesante luz sobre el mismo. En primer lugar, la pretensión del ser h u m a n o de ser
c o m p r o m i s o cristiano. La vida cristiana no se recluye en el Dios o de ser igual a Dios. Es el pecado de pretender robar
m u n d o del espíritu; toca también al ámbito de la materia. el fuego a los dioses, de hacerse dueño del bien y del mal, de
No se encierra en la intimidad del sujeto; nos implica en la la verdad y la mentira, de jugar al aprendiz de brujo... Es la
t r a m a de las relaciones entre las personas, los grupos y los pretensión de r o m p e r todas las barreras. Así, el ser h u m a -
pueblos. Es decir, la vida cristiana tiene que ver con la eco- no ya no es u n co-creador ni un fiel y leal administrador de
nomía y política, y eso en base a la m i s m a teología de la esta creación. Sencillamente pretende convertirse en crea-
creación. Por eso, el íiuténtico cristianismo no puede ser sin dor absoluto o, si cabe, en creador arbitrario, sin referencias,
compromiso, sin intervención y participación de los cris- sin límites, sin valores absolutos que respetar. Desde u n a
tianos en esos asuntos. Está en juego el plan de Dios, el pro- perspectiva creyente, a estas pretensiones del ser h u m a n o sí
yecto original de Dios sobre esta creación y esta humanidad. se les puede llamar pecado original. Es el c a m i n o hacia el
Por consiguiente, ni la economía ni la política deben ser aje- fracaso del plan creador y salvífico de Dios.
nas a las preocupaciones y los compromisos de la comuni- La otra dimensión del relato del pecado original llega
d a d cristiana. enseguida. Dioses absolutos sólo puede h a b e r u n o . Uno
La teología judeo-cristiana de la creación no debe invo- nuevo desencadenaría la guerra, la competencia, la lucha
carse sólo para justificar una interpretación m e r a m e n t e por el poder absoluto, por la omnipotencia. Caín es el sím-
estética de la ecología. Está bien conservar todas las espe- bolo o la metáfora de este drama, que desvía a la h u m a n i -
cies exóticas de la flora y de la fauna que pueblan este pla- dad de la vocación a u n a convivencia a r m ó n i c a y la condu-
neta. Pero la ecología debe aspirar a m á s . La teología de la ce a una competencia a muerte. La vocación a la convivencia
creación debe invocarse sobre todo p a r a llevar la ecología armónica es la vocación primera de la h u m a n i d a d . La com-
hasta su dimensión antropológica, ética y teológica. Desde petencia a m u e r t e ha sido el destino fatal que ha acompa-
las exigencias de la teología de la creación, los cristianos y ñado a esta h u m a n i d a d a lo lai^go de su historia. La víctima
cristianas estamos especialmente comprometidos con el cui- de ese drama, de esa competencia, es su propio h e r m a n o ,
d a d o y la justa y razonable administración de los bienes de Abel, el justo, el inocente. La víctima de la idolatría o de la
la tierra, para garantizar la calidad de vida, de todo género egolatría, de la guerra y de la competencia por el poder, es
de vida en el planeta tierra (y quizá algún día en otros pla- siempre el justo, el inocente.
netas). Esta es su gran responsabilidad. En este sentido, el Esta es la otra dimensión del pecado original: la que
ser h u m a n o es auténtico co-creador con Dios. pone en peligro o hace fracasar el p r i m e r proyecto de la
creación, la convivencia a r m o n i o s a entre todos los seres

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h u m a n o s , entre todos los seres de la creación. "No es bueno ningún fundador religioso se dice que sea Dios e n c a r n a d o
que el h o m b r e esté solo" (Gn 2, 18). La respuesta a este pro- o que haya resucitado.
b l e m a no es sólo el matrimonio hombre-mujer, sino la con- La fe en la encarnación de Dios tiene u n a profunda
vivencia armoniosa y solidaria entre todos los habitantes de repercusión en el t e m a que nos ocupa: el compromiso cris-
la tierra. Pero, la pretensión de hacerse cada u n o de los seres tiano. El misterio de la encarnación del Hijo de Dios arro-
h u m a n o s con la omnipotencia, de convertirse en Dios da al ja su luz sobre el problema del c o m p r o m i s o cristiano. El
traste con ese ideal de la convivencia armoniosa y solidaria. hecho de que Dios haya a s u m i d o la condición h u m a n a y se
Por eso, el c o m p r o m i s o de los seres h u m a n o s c o m o haya mezclado en esta m a s a histórica es definitivo p a r a
administradores de la creación n o es sólo hacer fructificar interpretar y c o m p r e n d e r la naturaleza, las implicaciones,
los bienes de la tierra. Es también p r o c u r a r que esos bienes los horizontes del c o m p r o m i s o cristiano.
n o se conviertan en ídolos y d e s e n c a d e n e n la codicia y la No es lo m i s m o u n Dios allá en las alturas, al abrigo de
violencia entre los seres humanos. Es también conseguir que toda contingencia histórica, que un Dios h u m a n a d o , cono-
los bienes de la tierra sean medios de comunicación y comu- cedor en propia carne de los vaivenes y de los d r a m a s de la
nión entre sus habitantes, mediaciones de u n a convivencia historia, de la libertad h u m a n a . ¿Qué nos dice el misterio de
pacífica, armoniosa, solidaria. Por eso, el símbolo bíblico de la encarnación con respecto al c o m p r o m i s o cristiano?
la connivencia ha sido siempre la fiesta, el b a n q u e t e abun-
dante, los bienes compartidos.
Desde la teología de la creación surge la exigencia de un El "sí" de Dios a esta creación
c o m p r o m i s o cristiano que llegue hasta la economía y la
política, pues en estos ámbitos están en juego la gracia y el En primer lugar, la encarnación es u n nuevo "sí" por
pecado, el éxito y el fracaso del proyecto c r e a d o r y salví- p a i t e de Dios a esta creación. Dios se reaíirma en su crea-
íico de Dios. En esos á m b i t o s está en j u e g o la c a u s a del ción. Declara la b o n d a d radical efe la materia, de la carne,
ser h u m a n o , que es la causa de la vida y de la convivencia. del cuerpo, de la h u m a n i d a d . Declara que todo ello es com-
La gran pregunta que el relato de la creación y del peca- patible con Dios. De lo contrario, hubiera sido imposible la
do original deja a la h u m a n i d a d es la pregunta de Dios a encarnación, esa sublime simbiosis de lo h u m a n o y lo divi-
Caín: "¿Dónde está tu hermano?" (Gn 4, 9). ¿No lanza esta no. Por tanto, en p u r a fe cristiana no hay lugar para algún
pregunta una fuerte invitación al compromiso? tipo de maniqueísmo, para el dualismo radical, para una
sospecha sistemática sobre la maldad de la materia, de la
naturaleza, de la carne, del cuerpo, de la humanidad... Ni
2. LA ENCARNACIÓN: EL SÍ DE DIOS A LA HUMANIDAD hay lugar para u n a condena sistemática de todo lo que Dios
ha asumido en la encarnación. Dios se reafirma en la bon-
El misterio de la encarnación, dad de su creación y, por consiguiente, la fe cristiana debe
en el centro del credo cristiano asumir que, en principio, la materia, la naturaleza, la carne,
el cuerpo, la h u m a n i d a d , la historia... pertenecen al ámbi-
La e n c a r n a c i ó n es otro artículo central del credo cris- to de Dios.
tiano: "Creo en Jesucristo, hijo único de Dios... que por nos- Por consiguiente, la vida cristiana no se fomenta a base
otros los h o m b r e s y por nuestra salvación bajó del cielo y de reclusión, huida o alejamiento del m u n d o . Dios mismo
por obra del Espíritu Santo se e n c a r n ó de María la Virgen, se ha inserto e implicado en el m u n d o y en la historia asu-
y se hizo hombre". Este es un capítulo central de la teolo- miendo la condición h u m a n a , sometiéndose a las contin-
gía cristiana. Es quizá el misterio m á s característico de la gencias de la libertad h u m a n a . La vida cristiana tiene en el
te cristiana, j u n t o con el misterio de la resurrección. De misterio de la encarnación un modelo o un paradigma: vivir

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cristianamente es también asumir la bondad de esta crea- a los hombres y apareciendo en su porte como hombre..."
ción, de esta materia, de este cuerpo, de esta humanidad... (Flp 2, 6-7). Mayor y más radical compromiso no se puede
Es implicarse en la defensa, la construcción, la humaniza- tener con esta humanidad.
ción plena de esta creación. Esto quiere decir que Dios ha asumido la condición
Por eso, se habla de la espiritualidad cristiana como una humana en su nivel más inhumano para humanizarla desde
espiritualidad de la encarnación, del compromiso temporal, abajo, desde el reverso de la humanidad, desde la parte oscu-
de la implicación en la construcción y la humanización de ra e inhumana de la historia.
esta creación y esta humanidad. En este sentido se ha habla-
do recientemente de la espiritualidad cristiana como una
"espiritualidad de ojos abiertos". Es una espiritualidad aten- Para redimir, liberar y humanizar
ta y preocupada por los avatares de la creación, por el des-
tino de la humanidad. Al igual que Dios no se quedó en su Ciertamente, aunque la creación es buena y se mantie-
cielo desentendiéndose de esta tierra, tampoco el cristiano ne fundamentalmente buena, el pecado se ha hecho presente
debe permanecer recluido en su intimidad, desentendién- en la historia y ha dejado tras de sí huellas de destrucción,
dose de esta humanidad. de deshumanización, de sufrimiento... en la creación y en la
Asumir la encarnación es una forma de seguir pregun- humanidad. Un mal ejercicio de la libertad por parte de las
tándonos, como hizo Dios a Caín: "¿Dónde está tu herma- personas y una mala gestión del proyecto original de Dios,
no o tu hermana?" "¿Qué has hecho, qué estás haciendo con una negativa por parte de la humanidad para seguir los
esta humanidad?". mandatos divinos... ha introducido en esta creación y en
esta historia las semillas del pecado y sus fatales conse-
cuencias.
Asumió la condición humana del siervo Por eso, nos encontramos en un mundo irredento, inhu-
mano, poblado de sufrimiento. Nos encontramos con una
Pero el misterio de la encarnación no se ha de entender creación agredida y con una humanidad disminuida. La
en clave meramente física o metafísica. No consistió sólo en creación sigue siendo buena pero no tanto como Dios quie-
que Dios asumiera la carne humana, la naturaleza humana, re. La humanidad sigue siendo buena, pero está herida y
o que tuviera lugar milagrosamente una unión hipostática debilitada por el pecado. La inteligencia humana aún es
de la divinidad y la humanidad. La encarnación ha de enten- capaz de buscar y atinar, a tientas, con la verdad; pero está
derse en términos históricos y antropológicos. Dios asumió oscurecida. La voluntad humana tiene aún cierta inclina-
la "condición humana", con todas las consecuencias, impli- ción instintiva hacia el bien, pero está debilitada para con-
caciones y componentes de la misma: la fragilidad, la incer- seguirlo y mantenerse en él. La libertad es aún el distinti-
tidumbre, la pasibilidad, la vulnerabilidad, los riesgos de la vo más excelso del ser humano, pero está desorientada.
libertad... Aunque siguen siendo dones divinos, facultades para la
Y no sólo asumió la condición humana. La asumió en su humanización de la creación, están acosadas por el peca-
grado más bajo, en la degradación más baja que es la del do... y necesitan ser redimidas. La inteligencia humana
siervo, la del esclavo, la del maldito de la ley, la del crucifi- necesita revelación. La voluntad humana necesita ser redi-
cado. Dios no rehuye la parte oscura y frágil de la condición mida. La libertad humana necesita ser liberada.
humana. Asume esta parte para humanizar al ser humano Ante este panorama de la creación y de la humanidad,
desde abajo. "El cual, siendo de condición divina, no retuvo Dios se ha conmovido en sus entrañas. Se ha comprometi-
ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mis- do con la redención y liberación de esta humanidad desde
mo, tomando condición de siervo y haciéndose semejante los más bajos fondos. Asumió la condición humana en su

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de Nazaret. Allí se atribuye Jesús a sí m i s m o el conocido
nivel más bajo, la condición del siervo, del condenado, del
texto del profeta Isaías 6 1 , 1-2: "El Espíritu del Señor está
crucificado. Así puso de manifiesto toda la fuerza del peca-
sobre mí, porque me ha ungido p a r a a n u n c i a r a los pobres
do, el rostro más i n h u m a n o del pecado y sus efectos m á s
la Buena Nueva, me ha enviado a p r o c l a m a r la liberación
destructivos. Quiso redimir, liberar, salvar a la h u m a n i d a d
a los cautivos y la vista a los ciegos, p a r a d a r la libertad a
o h u m a n i z a r lo i n h u m a n o mediante un ejercicio o com-
los oprimidos y p r o c l a m a r u n año de gracia del Señor" (Le
p r o m i s o de compasión, de amor, de misericordia, de fideli-
4, 18-19). Y en el evangelio de Mateo Jesús apela a la misma
dad... Así venció las fuerzas del pecado y mostró el camino
profecía para dar respuesta a los discípulos de Juan, que
para liberar a la h u m a n i d a d de tanta inhumanidad. La vida,
h a n sido enviados a preguntarle sobre su identidad: "Id y
la pasión y la muerte de Jesús tuvieron esa virtud y esa fuer-
contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos
za que la teología ha llamado la "obra redentora, salvífica,
andan, los leprosos q u e d a n limpios y los sordos oyen, los
liberadora de Cristo".
m u e r t o s resucitan y a los pobres se les a n u n c i a la Buena
En todos esos m o m e n t o s de la historia de Jesús se reve- Nueva..." (Mt 11, 4-5).
la el c o m p r o m i s o de Dios con la h u m a n i d a d , y se iluminan
Ese compromiso se fue desgranando en u n a serie de sig-
para los seguidores de Jesús la naturaleza y las implicacio-
nos y gestos que Jesús puso d u r a n t e su ministerio público:
nes del c o m p r o m i s o cristiano. Curiosamente, este compro-
el anuncio de la Buena Nueva a los pobres, la curación de
miso está m a r c a d o por el amor, la misericordia, la compa-
toda clase de dolencias, el perdón de los pecados, la read-
sión, no por la violencia, la intransigencia, la intolerancia,
misión de los "impuros" -publicarlos y p e c a d o r e s - a la
como quizá esperaban celotas, fariseos y otros grupos reli-
c o m u n i d a d de mesa, la defensa de la mujer, del extranjero,
giosos y políticos contemporáneos de Jesús. Pe?~o n o por eso
del samaritano... Así muestra Jesús el c a m i n o que conduce
dejó de ser un c o m p r o m i s o firme, consistente, efectivo y
a la reconstrucción de las personas y de la propia comuni-
hasta explosivo. Tanta fidelidad no podía ser sin conflicto.
dad. Así muestra el camino hacia la plena humanización de
Pues las fuerzas del mal y de la mentira no pueden tolerar
las víctimas y también de los verdugos.
tanta bondad y tanta verdad.
Porque la causa de los pobres y de los pecadores, de los
excluidos, de las víctimas... es al m i s m o tiempo la causa de
Buena noticia para los pobres y los pecadores todas las personas, también de los verdugos y de los que
excluyen. La humanización de las víctimas es el único cami-
En el ministerio público de Jesús el misterio de la en- no hacia la humanización ele los verdugos. De hecho, éste es
carnación se concretó en u n a opción decidida por la causa el mensaje de fondo en la conocida parábola del buen sama-
de los pobres v de los pecadores. Ellos son los más exclui- ritano (Le 10, 29-37), que hoy se ha vuelto paradigmática
dos entre los excluidos, y por eso el c o m p r o m i s o con los incluso más allá de las fronteras de la c o m u n i d a d cristiana.
pobres y los pecadores tiene especial significación. Asumir Es precisamente el herido del c a m i n o el que permite al
su causa es para Jesús a s u m i r la causa de toda la h u m a n i - samaritano humanizarse, portarse como verdadero prójimo,
dad desde su lado oscuro, el de las víctimas, los perdedo- actuar y reaccionar h u m a n a m e n t e .
res, los fracasados o aquellos a quienes se ha hecho fraca- Ese compromiso de Jesús que parecía tan inocente e
sar. Ese lado oscuro refleja lo que íalta aún para la plena inofensivo, tan ajeno a la política y tan falto de pretensiones
realización de esta creación, para la plena humanización de revolucionarias, resulta que dejó al descubierto la debilidad
esta h u m a n i d a d . Este fue el compromiso esencial de Jesús, y la i n h u m a n i d a d del sistema religioso y político vigente.
v éste ha de ser también el c o m p r o m i s o de sus seguidores. Cuestionó de raíz el sistema religioso-político de la pureza,
En el evangelio de Lucas el ministerio público de Jesús que produce exclusión, discriminación, segregación de las
en Galilea se inicia con la presencia de Jesús en la sinagoga personas consideradas "impuras". Las consecuencias de este

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c o m p r o m i s o de Jesús fueron tales, que el sistema no so- la imagen, el reconocimiento, los propios intereses, la pro-
p o r t ó tal desestabilización. Por eso sus representantes se pia vida. Comprometerse es c o m p r o m e t e r algo propio en
p r o p u s i e r o n a c a b a r con el profeta de Galilea. De hecho, lo función de causas ajenas, porque sabemos que esas causas
eliminaron físicamente. también son nuestras causas. C o m p r o m e t e r s e es compro-
Para la c o m u n i d a d cristiana quedó clara u n a verdad meter algo en función de los demás. Dios comprometió a su
sobre el c o m p r o m i s o : la eficacia de éste no se mide por su Hijo, la vida de su Hijo, en función de nuestra redención y
vistosidad o espectacularidad, sino p o r su fuerza o crédito liberación, p o r q u e nuestra causa es su propia causa. Y en
moral, por lo que hay en él de honestidad, de trasparencia, ello no hay egoísmo, sino p u r a c o m u n i ó n y solidaridad.
de verdad, de fidelidad a la causa de la justicia, del a m o r y El misterio de la encarnación y la vida de Jesús iluminan
de la misericordia. En definitiva, su eficacia depende de lo el c o m p r o m i s o cristiano: su naturaleza, sus implicaciones,
que hay en él de fuerza de Dios, de virtud teologal. Este sus manifestaciones, sus destinatarios... Pero, la pasión y la
c o m p r o m i s o es c o m o u n a semilla m o d e s t a y humilde que muerte de Jesús iluminan de forma especial el costo de ese
da fruto por sí m i s m a . Hasta aquí llegan los reflejos de la compromiso, y también el camino definitivo hacia la plena
luz que arroja el misterio de la e n c a r n a c i ó n sobre el com- liberación y humanización de la h u m a n i d a d . Pues el Resu-
p r o m i s o cristiano. citado, el que resplandece en la otra vertiente, es el símbo-
El final del Jesús terreno es de sobra conocido. Fue eli- lo de la nueva h u m a n i d a d , de u n a h u m a n i d a d plenamente
m i n a d o por los representantes del sistema. Pagó con su pro- redimida, liberada, h u m a n i z a d a .
pia vida el precio de su compromiso incondicional con la
causa de los pobres, de los pecadores, de los excluidos, de
las víctimas. En la condena intervino el factor religioso: su 3. LA RESURRECCIÓN O LA CONFIRMACIÓN DEL PROYECTO
pretensión de arrogarse u n a autoridad superior a la de sus DE Dios
propios jueces, la osadía de atribuirse privilegios divinos
c o m o el perdón de los pecados, la a m e n a z a de destruir el ¿Vale la pena arriesgar?
templo... Pero intervino sobre todo el factor político: era un
peligro para el orden establecido, p o r q u e soliviantaba al El p r o b l e m a básico de todo c o m p r o m i s o es que implica
pueblo. arriesgar algo propio y valioso, ponerlo en juego, hacerlo
peligrar. La gravedad del riesgo se a t e n ú a c u a n d o la causa
vale la pena. Vale la pena arriesgar la propia comodidad por
El compromiso cristiano y la entrega de la vida la salud y el bienestar de u n hijo. El p r o b l e m a se a m i n o r a
cuando la causa perseguida al c o m p r o m e t e r s e tiene garan-
Un compromiso auténtico tiene que poner algo en juego, tías de éxito, c u a n d o las perspectivas de éxito son razona-
tiene que comprometer. Y el c o m p r o m i s o m á s auténtico es bles. En este caso vale la pena arriesgar lo que sea, com-
aquel que pone en juego lo m á s valioso y lo m á s querido prometer algo valioso. Aún más, ni siquiera se debiera
de los seres h u m a n o s : la propia vida. "Nadie tiene a m o r hablar de riesgo, pues el cálculo razonable habla de un resul-
m á s grande que el que da la vida p o r sus amigos" (Jn 15, tado en conjunto positivo, favorable p a r a los d e m á s y, en
13). Y en esto Jesús ha dejado un ejemplo singular a sus todo caso, para nosotros. Este es el juego de las inversiones
seguidores. Ha ido v e r d a d e r a m e n t e p o r delante. "razonables".
Después de la muerte de Jesús el cristiano ya no debe Pero el c o m p r o m i s o cristiano tiene un p r o b l e m a adi-
hablar tan alegremente o tan frivolamente sobre el com- cional: a p r i m e r a vista, no es "razonable", no tiene garan-
promiso cristiano. Pues sabe que no hay verdadero com- tías h u m a n a s , no tiene el éxito garantizado h u m a n a m e n t e .
promiso si no se pone en juego algo capital: la comodidad, El final d r a m á t i c o de Jesús es un t e s t i m o n i o fehaciente.

46 47
Al menos en apariencia, fue un fracaso h u m a n o para él. Fue de que vale la pena correr el riesgo que implica el compro-
un escándalo para sus seguidores. Fue u n motivo de mofa, miso de Jesús y el de sus seguidores.
burla y escarnio para sus verdugos y enemigos. Para cual-
La resurrección de Jesús es la confirmación por parte de
quiera que lo contemplara crucificado, e interpretado huma-
Dios de que su vida y su m u e r t e no fueron absurdas; valie-
n a m e n t e , su final fue un fracaso sin paliativos, como el de
ron la pena. Dios resucitó a Jesús, lo levantó, lo exaltó, lo glo-
tantos otros crucificados de la historia. Mirando al Crucifi-
rificó, lo sentó a su derecha... Son diversas expresiones uti-
cado cualquiera podía afirmar "razonablemente" que Jesús
lizadas por la c o m u n i d a d cristiana primitiva para confesar
estaba equivocado. O bien, lo que era m á s grave, podía afir-
su fe en el triunfo definitivo de la causa de Jesús, para con-
m a r que la muerte había triunfado sobre la vida, la menti-
fesar que Dios le dio la razón a pesar del final de Jesús,
ra sobre la verdad, la injusticia sobre la justicia, el odio sobre
h u m a n a m e n t e tan escandaloso.
el amor, el verdugo sobre la víctima inocente, el poder sobre
La c o m u n i d a d cristiana confiesa este triunfo definitivo
la fidelidad.
de Jesús. Confesó que Dios reconoce lo acertado de la vida
En este caso, ¿valía la pena el c o m p r o m i s o de Jesús? de Jesús, a pesar de su muerte. De esta forma la comunidad
¿Valía la pena haber arriesgado o c o m p r o m e t i d o o h a b e r cristiana confiesa que el c o m p r o m i s o de Jesús no fue en
puesto en juego la vida para que la aplastara la m á q u i n a del balde, y que t a m p o c o será en balde el c o m p r o m i s o de sus
poder? ¿Valía la pena arriesgar la propia vida sin la garan- seguidores. Las garantías del sentido y del valor de ese com-
tía de que esc riesgo acarrearía nueva vida, más vida, para promiso no son garantías h u m a n a s . Ese compromiso no es
los demás e incluso para sí mismo? "razonable" de tejas abajo. Sólo es "razonable" desde el pre-
El problema adicional para el c o m p r o m i s o cristiano supuesto de la fe. Desde el horizonte de la fe vale la pena
consiste, en definitiva, en que se trata de un asunto de fe, sin arriesgar la vida, comprometerla, entregarla "por los de-
demasiadas o quizá sin n i n g u n a garantía h u m a n a . Sólo en más", por los h e r m a n o s y los extraños, por los amigos y los
fe se puede coniiar que la fragilidad del a m o r triunfe sobre enemigos...
la fuerza del poder, que la justicia indefensa se imponga
La resurrección de Jesús es la confirmación del valor que
sobre la injusticia violenta, que la víctima d e s a r m a d a triun-
tiene ese compromiso a los ojos de Dios. Y, si Dios valora así
le sobre el verdugo equipado con todas las a r m a s de des-
la entrega de la vida en fidelidad y solidaridad, ¿podrán los
trucción. Entonces el c o m p r o m i s o es total, porque h u m a -
creyentes poner en d u d a el valor de ese compromiso?
n a m e n t e se pone todo en juego, sin garantías h u m a n a s de
La h u m a n i d a d tiene que "mirar al que traspasaron" (Jn
compensación. Pascal lo llamó en su día "la gran apuesta",
19, 37), a la víctima. Pero ahora tiene que m i r a r también al
a u n q u e la lee dulcemente o con un optimismo exagerado,
Resucitado, al triunfador, al que ha triunfado sobre la muer-
para concluir que creyendo cristianamente nada ser pierde,
te. Sólo así podrá valorar de forma integral la vida y la muer-
a u n q u e todo fuera falso.
te de Jesús, su compromiso a favor de la h u m a n i d a d . Y sólo
así podrá valorar también de forma integral el compromi-
so de los seguidores de Jesús a favor de la h u m a n i d a d .
La Resurrección, ¡a garantía del compromiso cristiano

El misterio de la resurrección de Cristo y de nuestra La Resurrección, confirmación definitiva


resurrección es otro artículo central del credo cristiano,
del proyecto de Dios
"...y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al
cielo y está sentado a la derecha del Padre...". Ahí está nues-
En el R e s u c i t a d o se confirma de forma definitiva el
tra gran garantía. Esa es la garantía de que ni el compromiso
proyecto de Dios sobre la creación y sobre la h u m a n i d a d .
de Jesús ni el de sus seguidores es en balde. Es la garantía
Dios está de parte de la vida, del bien, de la justicia, de los

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49
derechos humanos, de las víctimas... Por consiguiente, todo La Resurrección, promesa para toda la humanidad
compromiso a favor de estas causas tiene una auténtica base
y dimensión teológica. Todo compromiso cristiano, siguien- La Resurrección de Jesús es la confirmación del valor de
do a Jesús y al estilo de Jesús, es también reconocido y con- su compromiso en favor del Reino de Dios y su Justicia, a
firmado por Dios como camino hacia la plenitud definitiva favor de la plena humanización y salvación de la humani-
de la creación y de la humanidad. Es, en cierto sentido, una dad. Fue la plena confirmación del valor de su vida y de su
semilla de resurrección. muerte. Pero es, al mismo tiempo, una garantía y una pro-
En Cristo Resucitado la creación está ya consumada, la mesa para el resto de la humanidad, para todos los hombres
humanidad ha llegado ya a su plena humanización. Él es y mujeres. Lo que ha tenido lugar en el Resucitado, en uno
definitivamente "el hombre nuevo", la "nueva humanidad". de nuestra raza, puede tener lugar en todos los demás seres
Ahora es preciso completar en el cuerpo histórico de la humanos. La resurrección plena ha comenzado ya. Basados
humanidad "lo que falta a la pasión de Cristo" (Col 1, 24). en esta promesa divina que es la resurrección de Jesús, los
Para que esta creación y esta humanidad lleguen a su ple- creyentes confiamos que, de hecho, la resurrección abarca-
nitud definitiva, a la resurrección total. Por eso, todo com- rá a toda la humanidad. También nosotros seremos plena-
promiso que se oriente en esta dirección es verdaderamen- mente resucitados.
te compromiso cristiano. Nada de nuestro compromiso se perderá. Todo aquello
Todo lo que hacemos de positivo a favor de la vida, de la que hayamos arriesgado para la humanización de esta crea-
justicia, de los derechos humanos, de la solidaridad... resu- ción y de esta humanidad será reconocido y confirmado en
cita la creación y la humanidad. Pone semillas de resurrec- la resurrección definitiva. Dios lo confirmará y lo recono-
ción para que la creación y la humanidad lleguen a su ple- cerá por encima y más allá de todos los aparentes fracasos
nitud y sean definitivamente salvadas. No tenemos garantías e in-utilidades de nuestros compromisos, por encima y más
científicas de que este compromiso valga la pena, de que el allá de todos los aparentes triunfos del mal sobre el bien,
éxito le esté asegurado. Es sólo una garantía en fe y en espe- de la injusticia sobre la justicia, del odio sobre el amor, de
ranza, sobre la base de nuestra fe en la Resurrección de la muerte sobre la vida. Esta es nuestra esperanza. "Porque
Jesús y de nuestra esperanza en la futura resurrección de nuestra salvación es en esperanza" (Rm 8, 24).
toda la humanidad. Pero esta garantía en fe y esperanza es Enjuiciar o valorar el compromiso de Jesús y de sus
suficiente para sustentar y otorgar valor al compromiso cris- seguidores desde el horizonte de la resurrección implica
tiano. Es suficiente para arriesgar la propia vida. superar los límites de la moral o de la ética y adentrarse en
Y, al mismo tiempo, esa fe en la Resurrección de Jesús la dimensión teológica. Esta dimensión teológica es una
confirma que todo lo que hacemos de negativo, todo lo que forma más honda y más amplia de abordar el compromi-
arrastra consigo muerte, injusticia, inhumanidad... condu- so cristiano. Pues no se trata ya de una simple obligación,
ce al deterioro, al fracaso... o retrasa el triunfo definitivo de más o menos asumida e introyectada. No se trata ya de un
esta creación y esta humanidad. Es un compromiso al revés; mero buen comportamiento. Se trata de descubrir y reali-
un compromiso negativo, que no veile la pena. Es un com- zar la dimensión teologal de nuestra vida y de nuestra
promiso a fondo perdido, pero no en el sentido de la gra- acción.
tuidad y la solidaridad cristiana, sino en el sentido de "pre- Lo que en nuestra acción y en nuestra vida hay de posi-
tender ganar la propia vida", que en realidad es perderla. tivo, de humano, de creador o co-creador... eso hay en nos-
otros de divino. Eso es lo que nuestra vida y nuestro com-
promiso tienen de dimensión teologal. Son el reflejo de lo
más íntimo de Dios: la bondad, el amor, la solidaridad...
Y son también la expresión más exacta de los vestigios, la

50 51
imagen y la semejanza que Dios dejó en la creación y en la
humanidad. El compromiso cristiano no es sólo el cum-
plimiento de un mandamiento divino. Es también el refle-
jo, la expresión, la encarnación de lo divino en nosotros. Es
una manifestación del rostro humano de Dios, y una mani-
festación del rostro divino del ser humano.

IV
GRACIA
Y COMPROMISO

52
El problema...

De entrada, la gracia y el compromiso, la gratuidad y la


militancia parecen dos dimensiones distintas y contra-
puestas de la vida cristiana. Designan, a primera vista, la
diferencia y la contraposición entre lo que es de Dios y lo
que es del ser humano. Gracia o gratuito sería todo aque-
llo que es de Dios, que Dios hace en la creación y en la
humanidad, en la comunidad cristiana y en toda la histo-
ria humana. Compromiso y militancia sería todo lo que
hace el cristiano en nombre de la fe, pero a base de volun-
tad y esfuerzo.
¿Se trata, en realidad, de dos dimensiones tan contra-
puestas de la vida cristiana? En ese caso, la vida cristiana
tendría que renunciar al compromiso y la militancia,
puesto que no puede renunciar a la gracia o a la gratuidad.
¿O son más bien dos dimensiones irrenunciables y armo-
nizables de la vida cristiana? Es ese caso habría que con-
jugarlas de forma que su suma nos diera la vida cristiana
integral.
La historia de este problema es ya larga en el cristianis-
mo. Muchas veces se ha invocado las figuras evangélicas de
María y Marta, las dos hermanas de Lázaro y amigas de
Jesús, para simbolizar respectivamente la gratuidad y la
militancia, la contemplación y la acción, la dimensión caris-
mática y la dimensión militante de la vida. "Marta, Marta,
te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad
de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte más
buena, que no le será arrebatada" (Le 10, 41).
Y muchas veces se han seleccionado textos neotesta-
mentarios para contraponer gracia y compromiso, fe y
obras, la acción gratuita de Dios en nosotros y nuestro com-
promiso esforzado para conseguir la salvación y la libera-
ción, propias y ajenas. Quizá los textos más invocados son

55
los referentes a la justificación por la fe, de Pablo, y los tex- interior que les hace t o m a r conciencia de su pecado. Se
tos de Santiago referentes a la necesidad de las obras p a r a consideran así grandes pecadores. Tocados por la gracia,
que la fe no sea u n a fe muerta. ¿Tan distinta y contrapues- p a s a r o n a ser grandes conversos. Pero lo más significativo
ta es la visión de la vida cristiana en Pablo y en Santiago? de este í e n ó m e n o quizá sea que la experiencia profunda de
¿No será posible armonizarlas? pecado les hace desconfiar de sus propias fuerzas, de sus
propias capacidades h u m a n a s p a r a convertirse, p a r a acce-
der a la verdad y al bien. Por eso se confían a la obra de la
Y su larga historia gracia. Estas experiencias llevaron a Agustín hasta la fron-
tera de u n cierto m a n i q u e í s m o , y dejaron en él un cierto
En la historia del cristianismo este conflicto entre la gra- poso de p e s i m i s m o antropológico que ha p e r m a n e c i d o en
tuidad y la militancia tiene ya un largo recorrido y ha cono- la tradición teológica agustiniana.
cido m o m e n t o s cumbres. Los movimientos gnósticos se La reacción lógica de Agustín, como la de Pablo, fue la
inclinaron más hacia la gratuidad, pues la salvación es un apelación a la gracia. La salvación es gracia, totalmente gra-
asunto de "gnosis", de conocimiento, de conciencia... Por cia. Tanta insistencia de Agustín en esta afirmación y en esta
supuesto, la salvación es obra gratuita de Dios. Todo lo que doctrina de la gracia, le valieron el título de "doctor de la gra-
el creyente tiene que hacer es lomar conciencia, hacer con- cia". Sólo que la apología de la gracia no llevó a Agustín
ciencia de lo que Dios hace en él, a s u m i r conscientemente hasta la negación de la libertad y ni al desconocimiento del
la salvación que Dios le ofrece. La salvación es un don que compromiso. El "doctor de la gracia" reconoce que la per-
nos llega a través de la gnosis, del conocimiento, no a tra- sona h u m a n a tiene u n a parte de responsabilidad en la bús-
vés del c o m p r o m i s o o la militancia. Por eso los movimien- queda de esa salvación que es totalmente gratuita. Lo expre-
tos gnósticos conducen a una cierta pasividad mística. só bien en la famosísima frase: "Dios que te creó sin ti, no
Pelagio y el pelagianismo, por su parte, quisieron recu- te salvará sin ti". Agustín es doctor de la gracia, pero no
p e r a r el valor de las obras y del c o m p r o m i s o . La voluntad, reniega de la libertad. Defiende el carácter gratuito de la sal-
la libertad, el esfuerzo h u m a n o , la militancia... son condi- vación, pero no hace de menos el compromiso, la respon-
ción de posibilidad p a r a que la salvación nos sea dada. La sabilidad, la cooperación del ser h u m a n o en la empresa de
salvación es don y gracia, ciertamente, pero es a! m i s m o la salvación.
tiempo r e c o m p e n s a a nuestras obras. Es respuesta a los Junto a esta tradición espiritual que enfatiza la salvación
derechos adquiridos por la buena conducta. El c o m p r o m i - gratuita, no faltó n u n c a otra tradición espiritual que subra-
so h u m a n o es, por consiguiente, un c o m p o n e n t e esencial e yó la importancia del camino ascético hacia la salvación. La
irrenunciable de la salvación cristiana. Y, a u n q u e la salva- insistencia en la ascética, las renuncias, la perfección
ción es gracia, el cristiano debe conquistarla mediante el moral... fue creciente, sobre todo en los ámbitos del eremi-
c o m p r o m i s o ético, mediante la conversión de costumbres. tismo y del monaquisino, pero también en los ámbitos de
San Agustín y el aguslinismo reaccionan contra esta religiosidad popular. Esta corriente volvió a priorizar el com-
parcialidad pelagiana a favor de las obras y el c o m p r o m i - promiso y la militancia en la vida cristiana. Sin negar la gra-
so. Y reaccionan, si así cabe decir, con otra parcialidad a tuidad de la salvación, don de Dios, es presentada como
favor de la gracia. objeto de conquista, como compensación o recompensa por
Como Pablo p r i m e r o -y luego su discípulo L u t e r o - el buen c o m p o r t a m i e n t o moral.
Agustín experimenta en propia carne la fuerza del pecado Hay que poner, pues, actos meritorios. De alguna forma,
y la debilidad de la voluntad humana. Es la experiencia que la vida cristiana exige en primer plano una conducta moral.
se repite en todos los grandes "conversos". El p u n t o de par- Es la lorma de priorizar el compromiso, la militancia. Pero
tida de la conversión de éstos suele ser u n a iluminación se llegará a extremos que apenas dejan espacio para la

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acción gratuita de Dios al final, cuando el cristiano ha mere- libertad. Aún sin la ayuda de la gracia, con el simple com-
cido la salvación, la ha conquistado a base de esfuerzo, promiso, los seres humanos pueden merecer y conquistar la
renuncia y voluntad. La gracia queda en un segundo plano, salvación.
muy en segundo plano, en esta forma de entender la vida La Iglesia hubo de intervenir de nuevo para mantener la
cristiana. debida armonía entre la gracia divina y el compromiso
Contra estos planteamientos protestó y reaccionó humano, entre la salvación como don de Dios y la respon-
Lutero. Después de buscar denodadamente la perfección, sabilidad de la libertad humana en el camino hacia la sal-
fiado en sus posibilidades y basado en sus fuerzas, experi- vación. No es fácil mantener esta armonía, pues se trata de
mentó el más frustrante fracaso. Y terminó encomendan- términos aparentemente antitéticos, que se hallan entre sí
do la salvación y la justificación a la fe fiducial. Basta creer, en una relación dialéctica.
basta confiar en Dios. Esa fe es la única que nos salva y nos Por consiguiente, no le resulta fácil a la razón humana
justifica. formular la relación exacta entre gracia y libertad, entre
La salvación y la justificación son pura gracia. El mero gratuidad y compromiso. Se trata de dos polaridades cuya
intento de colaborar y de poner algo de nuestra parte, que armonía sólo puede ser debidamente captada mediante la
no sea esa fe fiducial, es un pecado de desconfianza, un des- experiencia de la fe y la sabiduría de la vida. Sólo la vida es
confiar del poder y de la voluntad salvífica de Dios. "Cree capaz de reconciliar y armonizar polaridades cuya relación
fuertemente": éste es el ideal central de la vida cristiana. El resulta irreconciliable e imposible de armonizar para la
simple hecho de ir más allá de la fe fiducial y embarcarse en razón humana.
el compromiso, en la militancia, en la ascética, la renuncia,
el esfuerzo por conseguir la perfección moral... es una nega-
ción radical de la gratuidad de la salvación. ¿Qué sentido El problema sigue: carismáticos y liberadores
tiene el compromiso humano cuando Dios ofrece gratuita-
mente la salvación? De hecho el problema sigue aún presente en la Iglesia.
La teología católica salió al frente para neutralizar y Sigue pendiente la oportuna armonización entre la gracia
corregir esta parcialidad de Lutero a favor de la gracia y a y el compromiso, entre la gratuidad y la militancia, entre
costa del compromiso. Esta reacción quedó plasmada en el don divino de la salvación y la responsabilidad humana.
la teología del Concilio de Trento sobre la justificación. La Y seguirá presente en el futuro de la comunidad cristiana.
tradición católica procuró armonizar ambos elementos o Quizá los dos movimientos teológicos y eclesiales que
dimensiones de la vida cristiana. Pero no siempre lo con- mejor reflejan la vigencia de este problema en las décadas
siguió. más recientes son el movimiento de la renovación carismá-
La necesidad de salvar el aporte del ser humano a la tica y el movimiento de la liberación. Se trata de dos movi-
salvación, su responsabilidad, llevó a veces a insistir de nue- mientos teológicos, eclesiales, espirituales... que son verda-
vo parcialmente en el compromiso y la militancia. Algunos deramente emblemáticos. Son dos ejemplos típicos de una
llegaron a definir la salvación como si fuera una tarea huma- insistencia prioritaria o preferencial -si no parcial- en uno
na, un objetivo pendiente y dependiente de la conducta de los dos extremos en liza.
moral de las personas. Bayo y Jansenio caminaron en esta El movimiento liberador ha querido salvar a toda costa
dirección hasta tal extremo, que hicieron prácticamente el valor y la importancia del compromiso cristiano a favor
inútil e innecesaria la gracia para la salvación. Los seres de la liberación de los pobres y oprimidos, sin negar por
humanos pueden hacer el bien con sus talentos naturales; supuesto la gratuidad ele la salvación. El movimiento de la
pueden confiar en su razón y en su voluntad para atinar renovación carismática, por su parte, ha querido salvar a
con el bien y realizarlo. Pueden confiar plenamente en su toda costa el valor, la importancia, la prioridad de la gra-

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tuidad de la salvación, sin negar el valor del c o m p r o m i s o Con estas afirmaciones el movimiento de la renovación
cristiano. carismática no pretende negar el valor y la importancia del
Son dos formas legítimas de concebir e interpretar la compromiso temporal, pero entiende que nada es cristiano
vida cristiana. Ambas son legítimas, pero también deben ser si no es gracia, si no es obra del Espíritu. De hecho se man-
complementarias. Sin embargo, la experiencia p r u e b a que tiene u n a cierta sospecha y suspicacia sobre cualquier
no es fácil sostener esa complementariedad y esa armonía. esfuerzo h u m a n o , sobre cualquier c o m p r o m i s o temporal,
Quizá porque los seres h u m a n o s siempre estamos inclina- sobre cualquier intento voluntarioso de colaborar a la edi-
dos a la parcialidad, al extremo, a la exageración... Nos cues- ficación del Reino de Dios y su Justicia. Enseguida se tilda
ta tanto la armonización de los elementos contrapuestos, de voluntarismo o de moralismo voluntarista. Y con sor-
a u n q u e sean complementarios. prendente facilitad y precipitación se interpreta todo com-
Las urgencias d r a m á t i c a s del continente latinoameri- promiso c o m o u n a negación de la gratuidad.
cano, a la vez masivamente cristiano y plagado de injusti-
cia y de situaciones anticristianas y a n t i h u m a n a s , hicieron
reaccionar a u n amplio sector de la Iglesia. En este sector "Los dos velando por las cosas"
eclesial brotó el clamor por u n compromiso decidido de los
cristianos a favor de la justicia, la paz, la solidaridad, los En la m a ñ a n a del domingo la Iglesia canta en su litur-
derechos humanos... la liberación de los pobres, oprimidos, gia: "Y tú te regocijas, oh Dios, y tú prolongas en sus peque-
explotados, excluidos. La opción por los pobres se convir- ñas m a n o s tus m a n o s poderosas; y estáis de cuerpo entero
tió en exigencia irrenunciable de todo c o m p r o m i s o cristia- los dos así creando, los dos así velando p o r las cosas". Es
no y de toda vida cristiana. u n a forma h e r m o s a de proclamar la a r m o n í a entre el don
El escándalo y la contradicción de la realidad histórica de Dios y la responsabilidad del ser h u m a n o , entre la gracia
en u n a sociedad que confiesa la gratuidad de la salvación, y la militancia, entre la gratuidad y el compromiso. Es u n a
dieron lugar a u n a teología, a u n a pastoral, a u n a espiri- forma h e r m o s a de decir que la creación continuada es a un
tiempo obra de Dios y del ser h u m a n o . Desde esta perspec-
tualidad de la liberación. El c o m p r o m i s o histórico a favor
tiva es preciso buscar la a r m o n í a entre la gracia y el com-
de esas causas es la mediación necesaria del Reino de Dios
promiso cristiano.
y su Justicia; es la mediación de la salvación, que es don
gratuito. Es p r e c i s a m e n t e la dinámica del Reino de Dios, La más sana tradición teológica y la más sana espiri-
que es gracia, lo que obliga a los cristianos, a la Iglesia, a tualidad cristiana presentan la creación y la salvación como
a s u m i r el c o m p r o m i s o liberador como dimensión esencial obra gratuita de Dios. Pero también las presentan como
de la vida cristiana, del seguimiento de Jesús. En todo esto obra conjunta del ser h u m a n o . Dios llama al ser h u m a n o a
cooperar en la obra creadora y salvífica. H o m b r e s y muje-
no hay negación de la gracia: sólo hay urgencia de tradu-
res son co-creadores con Dios. Esa condición de co-crea-
cir el don del Reino y su Justicia en c o m p r o m i s o y prácti-
dores con Dios les eleva a u n a dignidad singular" entre las
cas de liberación. Esto es mantenerse en rigurosa conti-
demás creaturas del universo. Pero también pone sobre sus
nuidad con la praxis de Jesús.
espaldas una singular responsabilidad o corresponsabilidad.
Por su parte, el movimiento de la renovación carismáti-
Hombres y mujeres son también corresponsables en la obra
ca reaccionó contra u n a especie de "moralización" excesi-
salvífica. El Dios de la revelación judeo-cristiana se carac-
va de la experiencia cristiana tanto en la pastoral tradicio-
teriza precisamente por un respeto exquisito a la libertad
nal como en los movimientos liberador-es. Y reclamó la
h u m a n a . Por eso, no entra en sus cálculos salvar al ser
gracia, la gratuidad de la salvación como núcleo de la expe-
h u m a n o sin su cooperación. La salvación que Dios ofrece
riencia y de la vida cristiana. El Espíritu Santo es el agente
sólo acontece c u a n d o las personas la aceptan libremente y
de la vida cristiana; su acción es absolutamente gratuita.

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asumen activa y responsablemente sus implicaciones y exi- humana libre y corresponsable en la obra de la salvación.
gencias. Aquí se juntan también la gracia y el compromiso. Nada de compromiso cristiano, gritan los partidarios de este
Una afirmación central de la revelación cristiana es la espiritualismo postukvtorio; sólo la gracia.
siguiente: "la causa de Dios es la causa del ser humano". Es Pero en la historia del cristianismo no ha habido sólo
afirmación central del misterio de Jesucristo: "que por nos- una especie de "espiritualismo postulatorio". También ha
otros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y habido un "ateísmo postulatorio". Y, de algún modo, se da
por obra del Espíritu Santo se encarnó...". Lamentable- entre ellos una especie de relación de causa-efecto. El lla-
mente, este artículo central del credo bíblico no siempre ha mado ateísmo postulatorio es muy probablemente una con-
sido tenido en cuenta en la teología y en la espiritualidad secuencia no deseada, pero previsible y casi lógica, del espi-
cristiana. Y, por eso, en vez de armonizar la obra gratuita de ritualismo postulatorio.
Dios y el compromiso humano, con frecuencia se han con- El ateísmo postulatorio conoció sus formulaciones más
trapuesto ambas causas; se han contrapuesto la gracia divi- agresivas en la filosofía moderna de los llamados "maestros
na y el compromiso humano. Así ha tenido lugar una espe- de la sospecha". Se ha llamado así a aquellos pensadores
cie de contencioso entre Dios y el hombre, que ha hecho modernos que arrojaron fuertes sospechas contra cualquier
mucho daño a la teología, a la espiritualidad, a la vida cris- concepción de la religión y en concreto del cristianismo que
tiana en general. Porque ese contencioso hace difícil, si no pretendiera hacer de menos al ser humano. C. Marx y F.
imposible, armonizar la gracia y el compromiso. Nietzsche, desde ópticas muy distintas, son representantes
Un falso espiritualismo resolvió el contencioso a favor destacados ¿En qué consiste esta sospecha? Precisamente
de Dios, defendiendo la causa de éste y negando práctica- en considerar que las religiones y el cristianismo en con-
mente la causa humana. Dios es Dios y el ser humano nada creto afirman a Dios a expensas del ser humano. Si Dios es
vale y nada tiene que hacer ante Dios; sólo creer, venerar, el absoluto, el omnipotente, el único, el viviente... el ser
adorar... y dejarse salvar pasivamente. Todo esfuerzo suyo humano queda reducido a la nada, tiene que renunciar a su
por conquistar la salvación es poco menos que un atenta- libertad, a su autonomía, a su autorrealización, a su felici-
do contra la omnipotencia divina y contra la gratuidad de dad, a sí mismo... La causa de Dios es la negación de la
la salvación. El ser humano es prácticamente negado o anu- causa del ser humano. La vida de Dios es, pues, la muerte
lado. Su causa resulta insignificante. Por eso, en orden a la del ser humano. Esta es la sospecha que atraviesa el pen-
salvación al ser humano no le queda otro camino que la vía samiento estos maestros.
pasiva, el sometimiento de su libertad, la obediencia ciega, Como alternativa a ese "espiritualismo postulatorio" los
dejar que Dios haga su obra salvífica. Es una especie de maestros de la sospecha proponen un "ateísmo postulato-
"espiritualismo postulatorio": El ser humano tiene que rio": es preciso matar a Dios para que el hombre viva. Tiene
morir para que Dios viva; la causa humana tiene que ser que desaparecer Dios del horizonte, para que el ser huma-
reprimida o anulada para que la causa de Dios sobresalga no pueda ser él mismo, ser libre, asumir sus responsabili-
en toda su grandeza y excelencia. dades, vivir, cultivar la voluntad de poder. Hay que dar
Estas son las fatales consecuencias de olvidar aquella muerte a Dios para que el ser humano viva. Es conocida la
tesis tan central de la revelación judeocristiana, cuyo culmen gran proclama de F. Nietzsche en este sentido: "Dios ha
tuvo lugar en la persona y en la obra de Jesús: la causa de muerto... nosotros lo hemos matado". Tiene que desapare-
Dios es la causa del hombre; lo que Dios quiere es que el cer la religión, que es opio y alienación, para que el ser
hombre viva. Y, por supuesto, otra fatal consecuencia es la humano recobre su identidad, su vocación y su responsa-
absoluta imposibilidad de armonizar convenientemente la bilidad en la creación y en la historia. Nada de gracia, gri-
gracia y el compromiso, la acción de Dios y la acción del ser tan los partidarios del ateísmo postulatorio; sólo compro-
humano, el don gratuito de la salvación y la cooperación miso histórico.

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La más sana teología cristiana recoge lo mejor de la reve- d e m o s . Usan otro lenguaje. No discuten sobre el problema
lación judeo-cristiana y afirma que la causa de Dios es la metafísico de la libertad, de la autonomía, de la alienación
causa del ser h u m a n o . Dicho de otra forma, Dios a s u m e la humana...
causa h u m a n a como suya, como propia, como si fuera la Los evangelios hablan del Reino de Dios y su Justicia
única causa que a Él le interesa. Después de todo, es normal, p a r a designar a u n tiempo la causa de Dios y la causa de la
porque somos hechura suya, a su imagen y semejanza, h u m a n i d a d . Jesús a n u n c i a la llegada de ese Reino c o m o
somos lo m á s preciado de su creación. Es normal que Dios u n a b u e n a noticia p a r a la h u m a n i d a d . Y es b u e n a noticia
se interese por su obra. Lo que Dios quiere es que el hom- porque es gracia, p o r q u e es u n don gratuito, p o r q u e Dios
bre y la mujer vivan, y vivan en plenitud. No quiere entrar lo ofrece g e n e r o s a m e n t e . . . No es respuesta a los derechos
en competencia con el ser h u m a n o . Sólo quiere colaborar adquiridos, ni a los méritos, ni al buen c o m p o r t a m i e n t o de
codo con codo con el ser h u m a n o para llevar a plenitud la los h o m b r e s y mujeres, como querían los fariseos del tiem-
obra creadora y salvífica, para que la creación y la h u m a - po de Jesús y los de todos los tiempos. Simplemente es gra-
nidad lleguen a su plenitud, se h u m a n i c e n plenamente. cia, y se ofrece preferencialmente a los más necesitados de
La única competencia entre Dios y el ser h u m a n o , la gracia: los pobres y los pecadores. Por eso es b u e n a noticia.
única contradicción entre la causa de Dios y la causa del ser Y es t a m b i é n b u e n a noticia p o r q u e es anuncio de biena-
h u m a n o tiene lugar en el ámbito del pecado, no en el ámbi- venturanza, de felicidad, de salvación, de perdón, de recon-
to de la gracia. Es decir, tiene lugar precisamente c u a n d o el ciliación..., de u n a nueva era en la cual la a b u n d a n c i a de
ser h u m a n o encamina su libertad y su actuación en direc- vida se va a c o n c r e t a r en u n a s relaciones fraternas y soro-
ción contraria a la voluntad de Dios. A eso llama la teología rales a todo nivel. La intervención salvífica de Dios y la
"pecado": c a m i n a r o encaminarse en dirección equivocada, nueva c o m u n i d a d serán b u e n a noticia p a r a los h a m b r i e n -
m a r c h a r en contra de la voluntad divina, deshacer la obra tos, p a r a los sedientos, para los que lloran, p a r a todos los
de Dios, deshumanizar la creación y la humanidad... enfren- sufrientes y las víctimas.
tar la causa del ser h u m a n o a la causa de Dios. Y caminan- Pero esta gratuidad no se traduce en irresponsabilidad
do en esta dirección el ser h u m a n o no gana en libertad, sino para quienes han recibido esa gracia. El Reino de Dios y su
en esclavitud. Porque la voluntad de Dios no es u n a obliga- Justicia es u n desafío para la libertad de todos los que escu-
ción pesada que se impone al ser h u m a n o para anular su chan su anuncio. Y, sobre todo, es u n desafío p a r a aquellas
libertad. Es m á s bien u n indicador seguro que revela al ser personas que lo acogen. No puede ser recibir el Reino de
h u m a n o en qué consiste ser libre, ser h u m a n o y ser feliz. Dios y su Justicia sin incorporarse a sus reglas de juego, sin
Conjugar la causa de Dios y la causa del ser h u m a n o es a s u m i r sus implicaciones y sus exigencias. El Reino de Dios
tarea fundamental de la teología, de la espiritualidad, de la es gracia, pero es exigente, m u y exigente. No puede ser que
vida cristiana. Los artículos fundamentales del credo cris- se haga presente en la persona y en la comunidad y que todo
tiano (creación, encarnación, resurrección) ofrecen bases siga lo m i s m o , c o m o si el Reino de Dios estuviera ausente.
teológicas suficientes, revelación garante, para a r m o n i z a r No puede ser que se afirme la intervención gratuita de Dios
a m b a s causas. Y ofrecen bases teológicas suficientes para en la persona y en la comunidad, y que, al m i s m o tiempo,
a r m o n i z a r la gracia divina y el c o m p r o m i s o h u m a n o . la persona y la c o m u n i d a d no se sientan impulsados a
actuar de acuerdo con las exigencias del Reino y su justicia.
No puede ser que el regalo gratuito del Reino no se traduzca
¿Siervos iniíliles? ¿En qué sentido? en c o m p r o m i s o libre y responsable de quienes h a n sido
agraciados con ese magnífico don. Aunque sólo fuera por
Los evangelios presentan el problema en términos más sentido de gratitud.
sencillos y comprensibles que los filósofos y teólogos mo-

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El evangelio de Lucas lo ejemplifica con u n a parábola responsabilidad. Ahí está ya la verdadera remuneración. El
m u y sencilla pero m u y expresiva. "¿Quién de vosotros tiene siervo n o exige n a d a a c a m b i o . Su servicio n o pertenece al
u n siervo a r a n d o o p a s t o r e a n d o y, c u a n d o regresa del á m b i t o de lo comercial y de lo negociable; pertenece al
c a m p o , le dice: pasa al m o m e n t o y ponte a la mesa? ¿No le á m b i t o de lo in-útil, de lo gratuito...
dirá más bien: p r e p á r a m e algo para cenar, y cíñete para ser- Pero a ú n hay u n sentido más profundo de esa feliz coin-
virme hasta que haya comido y bebido y después c o m e r á s cidencia entre la gracia y el compromiso. No son dos reali-
y beberás tú? ¿Acaso tiene que agradecer al siervo p o r q u e dades distintas ni contrapuestas. Esa contraposición sólo se
hizo lo que le fue m a n d a d o ? " (Le 17, 7-9). No es precisa- da en nuestras pobres concepciones y en nuestras pobres
m e n t e u n a parábola de tiempos democráticos. S u e n a m á s ideas. No hay contraposición necesaria entre la gracia y el
bien a cultura y sensibilidad patriarcal y feudal. Pero es una c o m p r o m i s o . E n la realidad, como lo muestra muy bien el
p a r á b o l a con u n mensaje m u y claro. El evangelista con- siervo de la parábola, todo es gracia; también el compromiso
cluye con la siguiente aplicación: "De igual m o d o vosotros, es gracia. Pero es necesario reconocerlo y hacer conciencia
c u a n d o hayáis hecho todo lo que os fue m a n d a d o , decid: de ello desde la fe. Por eso, la gracia sólo puede ser recono-
somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer" cida y confesada desde la fe. Más allá de ésta, el compromiso
(Le 17, 10). de la h u m a n i d a d , por m á s excelente que sea, no pasa de ser
Esta conclusión es u n a buena versión del verdadero sen- eso, simple c o m p r o m i s o , atribuible - e n sus logros y en sus
tido de la gratuidad en la vida cristiana. La gracia no dis- deficiencias- exclusivamente al ser h u m a n o . Sin embargo,
pensa de la acción, del compromiso, de la responsabilidad. desde la fe el c o m p r o m i s o h u m a n o es también obra de Dios
Sería u n a irresponsabilidad hacer esta proclama de la inuti- en lo que tiene d e constructivo, de liberador, de salvador y
lidad en la oración de la m a ñ a n a , para dispensarse del tra- de humanizador. E n ese sentido es a u n tiempo gracia divi-
bajo y el c o m p r o m i s o de la jornada. El texto no es u n a invi- na y responsabilidad h u m a n a , acción de Dios a través de la
tación a la holgazanería y a la flojera, a la pasividad y al acción de las personas y compromiso de las personas por
quietismo. Ni la gratuidad del Reino de Dios y su Justicia obra y gracia de Dios.
debe ser u n a disculpa para eludir responsabilidades. La pro- Dios actúa por medio de nosotros y nosotros a c t u a m o s
clama de su inutilidad debe hacerla el cristiano en la oración por obra y gracia de Dios. No hace falta denominarse caris-
de la tarde, después de haber trabajado responsablemente mático para respetar y afirmar la gratuidad del Reino de
d u r a n t e la j o r n a d a p a r a que crezcan el Reino de Dios y su Dios y su Justicia. Tampoco el hecho de ser partidario del
Justicia. Por eso se h a insistido tantas veces que el cristia- c o m p r o m i s o liberador implica necesariamente la negación
no, sabiendo que el Reino es gracia, sin e m b a r g o debe tra- de la gratuidad. Entendidas las cosas, como las entiende la
bajar por el Reino de Dios y su Justicia con tanto ahínco, parábola de Lucas, hasta el compromiso más voluntarioso,
c o m o si el Reino de Dios no fuera gratuito. el más esforzado, el más militante, el más liberador... es gra-
La inutilidad del siervo de la parábola n o consiste pre- cia, o es obra y gracia de Dios por mediación de los seres
cisamente en n o hacer, en m a n t e n e r s e pasivo, en eludir el humanos.
c o m p r o m i s o responsable. Consiste en hacer responsable- Después de todo, esto es lo que sucedió en el ministerio
m e n t e lo que tiene que hacer. Consiste sólo en esa especie público de Jesús: la gratuidad del Reino de Dios se hizo pre-
de dimensión gratuita del compromiso. En realidad el sier- sente mediante su compromiso decidido a favor de los
vo c o m p r e n d e que "sólo hizo lo que tenía que hacer". Nada pobres, necesitados y excluidos. Su compromiso evangeli-
m á s . Así de simple. En este sentido, lo que ha hecho no zador y sanante, su opción decidida por los necesitados y su
tiene sentido comercial, no exige recompensa a cambio, no defensa incondicional de las víctimas... fue la encarnación
está sujeto a remuneración. Es simplemente el cumplimien- de la gratuidad del Reino. La vida de Jesús es un ejemplo
to de la p r o p i a vocación, de la propia tarea, de la propia claro de conjugación y armonización entre el don del Reino

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y el compromiso, entre la gracia y responsabilidad, entre la la cogen u n a s m a n o s desconsideradas para distribuirla sin
gratuidad y la militancia (aunque los términos compromi- vacilación ni límites; es la gracia sin precio que n o cuesta
so, responsabilidad y militancia nos suenen tan extraños nada. Porque se dice que, según la naturaleza m i s m a de la
aplicados a Jesús. ¿Por qué no se los d e b í a m o s aplicar?). gracia, la factura ha sido pagada de antemano para todos los
tiempos... En esta Iglesia el m u n d o encuentra u n velo bara-
to p a r cubrir sus pecados, de los que n o se arrepiente y de
"Gracia cara y gracia barata" los que no desea liberarse... La gracia b a r a t a es la justifica-
ción del pecado y no del pecador. Puesto que la gracia lo
La terminología está t o m a d a de D. Bonhóffer. Es un hace todo p o r si sola, las cosas deben q u e d a r como están.
a u t o r protestante, teólogo, místico y mártir. Sus reflexiones 'Todas nuestras obras son vanas'. El m u n d o sigue siendo
l l a m a n la atención sobre todo p o r t r a t a r s e p r e c i s a m e n t e m u n d o y nosotros seguimos siendo pecadores... La gracia
de u n a u t o r que pertenece a la tradición teológica y espiri- barata es la predicación del perdón sin arrepentimiento... es
tual luterana. En esta tradición, la gracia lo es todo para la la gracia sin seguimiento de Cristo, la gracia sin cruz, la gra-
salvación y justificación del ser h u m a n o . El c o m p r o m i s o cia sin Jesucristo vivo y encarnado".
h u m a n o es un atrevimiento, un a t e n t a d o contra la gracia, La gracia b a r a t a es pues la gracia sin c o m p r o m i s o o en
u n riesgo de moralización de la experiencia cristiana. lugar del c o m p r o m i s o , la gracia sin seguimiento o en lugar
D. Bonhóffer se mantiene, por supuesto, en las tesis bási- del seguimiento; es la gracia que ilusoriamente nos dispen-
cas de la teología luterana. Defiende sin ninguna d u d a la sa del seguimiento. Es la gracia que nos libra del segui-
prioridad de la gracia p a r a la salvación y la justificación. miento, del c o m p r o m i s o . Es la gracia que nos defiende del
Pero la experiencia le dice que no siempre ha sido correc- prójimo. De esta gracia dice el autor que es "el enemigo mor-
tamente interpretada esa tesis, ni en las Iglesias Reformadas tal de la Iglesia".
ni en la Iglesia Católica. Con frecuencia la gracia ha sido Por el contrario, el a u t o r define la "gracia cara" como
objeto de a b a r a t a m i e n t o s y rebajas. Por eso el a u t o r habla u n a gracia que exige el compromiso y nos introduce inelu-
de una "gracia cara" y de una "gracia barata". Sus reflexio- diblemente en el seguimiento de Jesús. "La gracia cara es el
nes nos ayudan a comprender mejor la relación entre la gra- tesoro oculto en el c a m p o por el que el h o m b r e vende todo
cia y el seguimiento, entre la gracia y el compromiso. lo que tiene; es la perla preciosa por la que el m e r c a d e r
Llama el a u t o r "gracia barata" a aquella que conduce a entrega todos sus bienes; es el Reino de Dios por el que el
la pasividad y la irresponsabilidad de los cristianos en la h o m b r e se a r r a n c a el ojo que le escandaliza; es la llamada
Iglesia y en la sociedad. Como todo es gracia, no vale la pena de Jesucristo que hace que el h o m b r e a b a n d o n e sus redes y
hacer el más mínimo esfuerzo por construir el Reino de Dios le siga. La gracia cara es el evangelio que siempre hemos de
y su Justicia. Como todo es gracia, el simple esfuerzo huma- buscar, son los dones que hemos de pedir, la puerta a la que
no p o r conseguir la salvación y la liberación es ya u n aten- h e m o s de llamar. Es cara porque llama al seguimiento; es
tado contra la gracia; es un pecado. Por lo tanto, todo nos gracia porque llama al seguimiento de Jesucristo; es cara
es dado gratuitamente, a precios de rebajas. No es necesa- porque le cuesta al h o m b r e la vida; es gracia porque le rega-
rio el c o m p r o m i s o . Aún más, el c o m p r o m i s o no es cristia- la la vida; es cara p o r q u e condena el pecado, es gracia por-
no; es la negación del verdadero cristianismo. que justifica al pecador. Sobre todo la gracia es cara porque
Así define el a u t o r la gracia barata y sus fatales conse- ha costado cara a Dios, porque le ha costado la vida de su
cuencias. "La gracia barata es la gracia considerada como Hijo -'habéis sido adquiridos a gran precio'- y porque lo que
u n a mercancía que hay que liquidar, es el perdón malbara- ha costado caro a Dios no puede resultarnos barato a nos-
tado, el consuelo malbaratado, el sacramento malbaratado, otros. Es gracia, sobre todo, porque Dios no ha considera-
es la gracia como almacén inagotable de la Iglesia, de donde do a su Hijo d e m a s i a d o caro con tal de devolvernos la vida,

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entregándolo por nosotros. La gracia cara es la encarnación gracia cara no puede ser sin seguimiento, sin compromiso.
de Dios". Implica unas renuncias. Pero las renuncias no son condición
La gracia cara es pues la gracia con compromiso; es la previa al seguimiento de Jesús o precio a pagar para con-
gracia con seguimiento. Es la única gracia auténticamente quistar el Reino de Dios y su Justicia. Son m á s bien las con-
cristiana. secuencias del encuentro con Jesús, de haberse enrolado en
Decir "gracia cara" parece u n a contradicción. O, cuan- el seguimiento de Jesús, de h a b e r descubierto el valor abso-
do menos, suena un poco paradójico. Porque lo gratuito no luto del Reino de Dios. Son el precio a pagar p a r a aquellas
tiene precio, no es caro ni barato. personas que h a n sido tocadas por la fe en Jesús, que h a n
Sin embargo, tiene su lógica evangélica el hablar de gra- sido beneficiadas p o r el encuentro con Jesús, que han des-
cia cara y de gracia barata. La gracia cara sigue siendo gra- cubierto el valor absoluto del Reino de Dios.
cia, en el sentido que el Reino de Dios y su Justicia son obra En este sentido, podemos afirmar que la gracia es lo más
de Dios. Dios ofrece la salvación y la realiza gratuitamente caro, lo más exigente, lo m á s comprometedor. Es más exi-
en el ser h u m a n o . Esta no es respuesta a los esfuerzos, a los gente que cualquier m a n d a m i e n t o , cualquier sistema legal,
méritos, a los supuestos derechos adquiridos del ser h u m a - cualquier moral... Estas siempre exigen renuncias parciales
no. Es p u r a gracia. No se compra ni se vende. No se adquie- y se contentan con cubrir lo exigido por el m a n d a m i e n t o , la
re a base de méritos, ni se pierde a base de deméritos. No es ley y la moral. Mientras que la gracia no tiene medida; es
el fruto de un c o m p r o m i s o cristiano sostenido a base de p u r a radicalidad. La gracia exige renuncia total y radical,
ascesis, propósito de la enmienda, voluntarismo... Es sim- la entrega de la p r o p i a vida p o r la causa de Dios y la causa
plemente u n don. de los seres h u m a n o s , c o m o hizo Jesús. Y lo exige gratui-
Pero hay u n a gracia que es cara en el sentido que es exi- tamente, sin b u s c a r n a d a a c a m b i o . Ahí está su gratuidad.
gente y c o m p r o m e t e d o r a . Una vez recibida como gracia, Desde estas claves ya resulta m á s fácil conjugar y armo-
mete al ser h u m a n o en u n a dinámica existencial que le nizar la gracia y el compromiso. No sólo son armonizables;
puede llevar a perder la vida, a entregarla, a arriesgarla y son inseparables.
ponerla enjuego por la causa del Reino y su Justicia. En este Es inconcebible la auténtica gracia, la gracia cara, sin el
sentido se puede hablar del "precio de la gracia", como hace seguimiento y todas sus consecuencias, sin el compromiso
D. Bonhóffer. Ese es el precio que se h a de p a g a r por haber cristiano, sin u n a vida a n i m a d a por el Espíritu de Jesús y
sido tocado por el Reino de Dios y su Justicia, por haber sido vivida al estilo de Jesús. Si faltan el seguimiento de Jesús
agraciados con el descubrimiento del tesoro escondido que y el c o m p r o m i s o cristiano, cabe sospechar que se trata de
es el Reino. Ese es el precio a pagar por h a b e r sido encon- u n a gracia barata o de u n a gracia falsa. Cosa distinta es que
trados por Jesús y h a b e r sido llamados al seguimiento. en ese e m p e ñ o de vivir a n i m a d o s por el Espíritu de Jesús y
Quien ha encontrado el tesoro en el c a m p o tiene que ven- al estilo de Jesús se nos cruce la debilidad, la fragilidad, la
derlo todo, pero lo hace con alegría. "El Reino de los Cielos vulnerabilidad... y se haga presente el fracaso moral y el
es semejante a un tesoro escondido en u n c a m p o , que, al pecado en nuestra vida, como les sucedió a los primeros
encontrarlo un h o m b r e , vuelve a esconderlo y por la alegría seguidores de Jesús. El seguimiento radical es compatible
que le da, va, vende todo lo que tiene y c o m p r a el c a m p o con la fragilidad h u m a n a , pero no es compatible con las
aquel. También es semejante el Reino de los Cielos a un mer- rebajas calculadas e intencionadas.
cader que a n d a b u s c a n d o perlas finas, y que, al encontrar Igualmente, es inconcebible un c o m p r o m i s o auténti-
u n a perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la com- c a m e n t e cristiano si no está basado en la gracia. Un segui-
pra" (Mt 13,44-46). miento radical que no estuviera sustentado por el descu-
Quien ha sido encontrado por Jesús, tiene que arries- brimiento del valor absoluto del Reino, por el encuentro con
garlo todo para enrolarse en la empresa del seguimiento. La Jesús, se nos t o r n a r í a intolerable. El seguimiento radical

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con las renuncias y las obligaciones que implica, termina-
ría por aplastarnos y triturarnos bajo su peso insoportable.
Ha sido el drama de muchos cristianos empeñados en con-
seguir la perfección moral a base de propósitos de la
enmienda y esfuerzos voluntaristas. Quizás fue este el drama
experimentado por el propio Lutero antes de postular la
vuelta al evangelio de la gracia, de la gracia cara.
Concluyamos ya estas reflexiones. La gracia y el com-
promiso, la gratuidad y la militancia no son dos elementos
contrapuestos de la vida cristiana. Son dos elementos com-
plementarios, esencialmente vinculados entre sí. La gracia
ÁMBITOS Y ASPECTOS
auténtica, la cara, implica el compromiso cristiano. Este, DEL COMPROMISO
por su parte, supone la experiencia de la gracia. Dios y el
hombre no son enemigos irreconciliables. Son agentes de CRISTIANO
una misma creación y de una misma historia de salvación.
"Están los dos así creando, los dos así velando por las
cosas". Todo cuanto hay de creador, salvador, liberador,
humanizador... en la historia humana, es a un tiempo obra
de Dios y del ser humano. La causa de Dios es al mismo
tiempo la causa del ser humano. La gracia y el compromi-
so son las dos caras de esas causas.

72
¿Qué abarca el compromiso cristiano? ¿Hasta dónde se
extiende? ¿Qué implica? ¿Cuáles son sus ámbitos y aspec-
tos esenciales?
Las respuestas a estos interrogantes nos sacan del terre-
no teórico que nos obligaba a definir la naturaleza del com-
promiso cristiano. Y esas mismas respuestas nos llevan al
terreno de la práctica. Aquí nos vemos enfrentados a la tarea
de concretar las implicaciones del compromiso cristiano, a
señalar los límites o la amplitud del mismo.
Estas preguntas son una nueva versión de aquella otra
que se hacían los oyentes de la primera predicación apos-
tólica. En su sermón el día del primer Pentecostés, Pedro
anuncia el kerygma: "Sepa, pues, con certeza toda la casa de
Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a
quien vosotros habéis crucificado" (Hch 2, 36). Y los oyen-
tes reaccionando con esa pregunta: "Al oír esto, dijeron con
el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles:
¿Qué hemos de hacer, hermanos?" (Hch 2, 37). "Pedro les
contestó: Convertios y que cada uno de vosotros se haga
bautizar en nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros
pecados; y recibiréis el Espíritu Santo..." (Hch 2, 38).
Para contestar a esas preguntas sobre el compromiso
cristiano, es necesario regresar al evangelio de Jesús, y bus-
car en él el criterio definitivo para atinar con las respuestas.
Él nos dice qué hemos de hacer, cuáles son nuestros com-
promisos como cristianos, como seguidores de Jesús. Por-
que el compromiso cristiano no es un asunto de volunta-
rismo o de invención. Es una forma de hacer y reaccionar
acorde con la fe cristiana, con las exigencias del Reino de
Dios y su Justicia. Es la consecuencia "lógica de nuestra fe
en Jesucristo", de la experiencia de fe cristiana.
Pero son 20 siglos de historia los que nos distancian del
Jesús terreno, de su mensaje original, de las primeras

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c o m u n i d a d e s cristianas. Por eso es necesario un ejercicio 1. E L PRIMERO Y PRINCIPAL COMPROMISO: EL AMOR
de hermenéutica, de interpretación, de actualización.
La predicación de Jesús ofreció algunos valores con pro- La cuestión del primero y principal mandamiento
yección universal para todos los tiempos y todas las cultu-
ras. ¿Quién puede poner en d u d a la universalidad del amor, La cuestión estaba ya en el ambiente en tiempo de Jesús.
e incluso de la justicia, de la misericordia, de la solidaridad? E n algún m o m e n t o se la plantean a Jesús. "Mas los fariseos,
Pero sus enseñanzas y sus prácticas respondían a situacio- al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se
nes y problemas muy concretos de aquella época, segura- reunieron en grupo, y u n o de ellos le preguntó con ánimo de
m e n t e muy distintos de las situaciones y los problemas que ponerle a prueba: Maestro, ¿cuál es el m a n d a m i e n t o mayor
hoy enfrentamos en las culturas y las sociedades actuales. de la Ley?" (Mt 22, 34-36). Se la plantean los fariseos para
No podemos responder a cuestiones nuevas con soluciones ponerlo a prueba. La prueba no es pequeña, puesto que se
viejas. Es preciso actualizar el evangelio de Jesús y aplicar- trata de u n a cuestión trascendental en el ambiente judío.
lo a las situaciones y los problemas de nuestro tiempo. Es La cuestión tenía dos sentidos estrechamente relacio-
preciso hacer ese ejercicio de hermenéutica. No hay verda- nados entre sí. En primer lugar era u n a pregunta sobre el
dera interpretación sin actualización. p r i m e r m a n d a m i e n t o entre todos los m a n d a m i e n t o s del
Tampoco es b u e n o leer los evangelios de forma frag- decálogo. E n este sentido, la cuestión no tenía especial difi-
mentada, seleccionando frases sueltas y fuera de su contexto cultad, pues p a r a cualquier maestro de la c o m u n i d a d judía
p a r a orientarnos m o r a l m e n t e . Fuera de contexto cualquier era obvio cuál era el primero y principal m a n d a m i e n t o . Era
frase, por más evangélica que sea, puede ser objeto de bur- u n asunto claro en la tradición de Israel. "Escucha, Israel,
das y erróneas interpretaciones. Es preciso hacer una lectura Yahvéh nuestro Dios es el único Yahvéh. Amarás a Yahvéh
global e integral de los evangelios, para atinar con los valo- tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu
res y criterios fundamentales que pueden iluminar el com- fuerza. Queden en tu corazón las palabras que yo te dicto
promiso cristiano en todos los tiempos. hoy. Se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto
si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como
Buscar las concreciones del compromiso cristiano en la
levantado; las atarás a tu m a n o c o m o u n a señal, y serán
actualidad es aplicar el evangelio de Jesús a nuestra situa-
como u n a insignia ante tus ojos; las escribirás en las jambas
ción actual. Es p r e g u n t a r n o s qué h e m o s de hacer nosotros
de tu casa y en tus puertas" (Dt 6, 4-9).
hoy para ser v e r d a d e r a m e n t e cristianos, verdaderos segui-
dores de Jesús. Es preguntarnos cuál es la naturaleza y cuá- Es difícil suponer que este m a n d a m i e n t o principal se le
les son las exigencias e implicaciones del compromiso cris- olvidara a los judíos, teniéndolo gravado siempre delante de
tiano. No nos pase a nosotros c o m o les sucedió a los la vista y sobre todo en la memoria. La principalidad de este
contemporáneos de Jesús, que sabían interpretar los signos m a n d a m i e n t o del a m o r a Yahvéh está fuera de toda duda en
del tiempo climatológico y no sabían interpretar los signos la religión de Israel y luego en la religión judía. En este sen-
de los tiempos de Dios. "Al atardece) - decís: va a hacer buen tido, sólo se puede entender que plantearan esta pregunta
tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego, y a la maña- a Jesús para ponerlo a prueba. De hecho Jesús, en su res-
na: hoy h a b r á tormenta, p o r q u e el cielo tiene un rojo som- puesta, se limita a hacer referencia a este texto consagrado
brío. ¡Conque sabéis discernir el aspecto del cielo y no por la tradición de Israel: "Él le dijo: Amarás al Señor, tu
podéis discernir las señales de los tiempos!" (Mt 16, 3-4). Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu
mente. Este es el mayor y primer mandamiento" (Mt 22, 37).

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La relación entre el amor a Dios y al prójimo Este es el m a n d a m i e n t o de siempre, pero es también el
m a n d a m i e n t o nuevo que el evangelio de Juan pone en boca
de Jesús en el m o m e n t o solemne de la despedida, cuando las
Pero la cuestión tiene u n segundo sentido, m á s proble-
personas que tocan ya a su final suelen p r o n u n c i a r las pala-
mático. Quizá es u n a pregunta sobre la eventual relación
bras más hondas, m á s significativas, más decisivas. "Hijos
entre el a m o r a Dios y el a m o r al prójimo. El a m o r al próji-
míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros... Os doy un
m o también está prescrito en la ley de Moisés: "Amarás a tu
m a n d a m i e n t o nuevo: que os améis los unos a los otros. Que,
prójimo como a ti mismo" (Lv 19, 8). Ambos m a n d a m i e n -
como yo os he a m a d o , así también os améis vosotros los
tos existen ya por separado en la ley antigua. De hecho Jesús
unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis dis-
contesta a la pregunta de los fariseos incluyendo a m b o s
cípulos, si os tenéis a m o r los unos a los otros" (Jn 13, 34-35).
m a n d a m i e n t o s y estableciendo u n a esencial relación entre
El a m o r es, pues, el distintivo específico de los seguidores
ellos: "El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo
de Jesús. E insiste: "Este es el m a n d a m i e n t o mío: que os
c o m o a ti mismo. De estos dos m a n d a m i e n t o s penden toda
améis los unos a los otros como yo os he a m a d o " (Jn 15, 12).
la ley y los profetas" (Mt 22, 39-40). Esta relación entre
a m b o s m a n d a m i e n t o s es tan estrecha que prácticamente
q u e d a n reducidos a un solo m a n d a m i e n t o . Esta estrecha
relación entre a m b o s m a n d a m i e n t o s es el aporte m á s espe- ¿Es la caridad parte del compromiso cristiano?
cífico de la respuesta de Jesús, y de la ética evangélica.
Marca el núcleo esencial del c o m p r o m i s o cristiano. Llegados a este punto, podemos preguntarnos: ¿Por qué,
pues, la noción de "compromiso cristiano" se ha asociado
El primer m a n d a m i e n t o del decálogo es el a m o r a Dios.
preferentemente con la justicia y los derechos h u m a n o s ?
Así lo han repetido todos los catecismos cristianos a lo largo
¿Por qué se h a disociado de la caridad? ¿Por qué la caridad
de la historia. "Amar a Dios sobre todas las cosas", "per-
y el a m o r no se d e n o m i n a n usualmente "compromiso cris-
derlas todas antes que ofenderle" decían los viejos catecis-
tiano"? ¿Por qué las clásicas obras de misericordia apenas
m o s de la infancia. Pero el a m o r a Dios a quien no se ve se
se relacionan con el c o m p r o m i s o cristiano? En esta diso-
presta a autoengaños y falsas ilusiones. Por eso debe encar-
ciación hay u n a intuición o u n a intención que puede ser
narse, debe verificarse, debe hacerse verdadero en el a m o r
válida, pero también hay u n grave riesgo.
al prójimo a quien sí se ve. En este sentido la literatura de
Hay una intuición válida: algunas versiones del amor, de
San J u a n se expresa con toda claridad y con m u c h a insis-
la caridad, de las obras de misericordia tienen escasa cali-
tencia: "Si alguno dice "amo a Dios" y aborrece a su her-
d a d cristiana. O bien fallan en la motivación que es todo
m a n o , es u n mentiroso; pues quien n o a m a a su h e r m a n o a
m e n o s evangélica. A veces la razón o la motivación del
quien ve, no puede a m a r a Dios a quien no ve. Y hemos reci-
supuesto a m o r al prójimo, de la supuesta caridad, de las
bido de él este m a n d a m i e n t o : quien a m a a Dios a m e tam-
supuestas obras de misericordia... no son los otros, no es el
bién a su h e r m a n o " (1 Jn 4, 20-21).
prójimo; soy yo m i s m o . Las obras de misericordia están en
Por eso, si el m a n d a m i e n t o primero o el c o m p r o m i s o
función de la propia imagen. Su objetivo inconsciente o su
p r i m e r o del cristiano es a m a r a Dios sobre todas las cosas,
motivación última es híbrida: alimentar el propio ego, cul-
su primer compromiso es también la caridad, el amor al pró-
tivar la propia imagen, liberarse de la mala conciencia, ahu-
jimo. Tan central es este compromiso en la vida cristiana que
yentar u ocultar sentimientos de culpa...
de él depende el éxito o el fracaso de ésta. Sólo el que ania
Estas motivaciones evocan algunas denuncias de Jesús
nace de Dios y conoce a Dios. "Queridos, a m é m o n o s unos
a quienes hacen la limosna para ser vistos: "Cuidad de no
a otros porque el a m o r es de Dios y todo el que a m a ha naci-
practicar vuestra justicia delante de los h o m b r e s p a r a ser
do de Dios y conoce a Dios. Quien no a m a no ha conocido
vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de
a Dios, porque Dios es amor" (1 Jn 4, 7-8).

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vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no La caridad, el amor, la misericordia son el componente
lo vayas t r o m p e t e a n d o por delante como hacen los hipó- nuclear del c o m p r o m i s o cristiano. Y, entre sus objetivos,
critas en las sinagogas y en las calles, con el fin de ser hon- está también el de r e p a r a r las heridas, los infortunios, las
rados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su secuelas que deja tras de sí la injusticia... Incluso a veces tie-
paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu nen que reparar y aliviar las secuelas no deseadas de una jus-
m a n o izquierda lo que hace tu derecha; así, tu limosna que- ticia excesiva, inmisericorde, sin compasión... que puede
d a r á en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recom- t e r m i n a r siendo intolerante y vengativa. En un m u n d o
pensará" (Mt 6, 1-4). estructuralmente injusto el c o m p r o m i s o cristiano implica
Y los objetivos de las obras de misericordia no siempre u n a opción decidida por las víctimas. Y este compromiso no
son tan evangélicos. Puede ser que la pequeña limosna dada siempre llega a conquistar la justicia; a veces sólo llega a ali-
al mendigo sólo busque la propia comodidad: vernos libres viar sus lagunas, a realizar curas de emergencia. Este es el
de su molesta presencia, más que socorrerle. Es más, hasta papel que d u r a n t e m u c h o tiempo h a n d e s e m p e ñ a d o las
se pueden poner a veces las obras de misericordia para elu- obras de misericordia en la tradición cristiana: dar de comer
dir c o m p r o m i s o s m á s exigentes con la justicia y los dere- al hambriento, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al
chos h u m a n o s . Resulta paradójico y escandaloso intentar preso, consolar al triste, dar buen consejo al que lo ha
disimular o cubrir con gestos de p r e s u n t a caridad o mise- menester... ¿Qué hubiera sido de muchas de esas víctimas de
ricordia lo que en realidad es resultado de nuestra propia la injusticia sin la caridad y la misericordia cristiana - o sim-
injusticia. Resulta escandaloso cubrir con limosna nuestros plemente sin la misericordia h u m a n a , sin m á s - ?
salarios injustos. No es ésta la limosna que b o r r a los peca-
dos; la limosna así entendida y practicada sólo los encubre.
En este sentido la caridad mal entendida y las obras de Urgencia de la caridad y la misericordia
misericordia mal practicadas no son compromiso cristiano,
sino negación del mismo. Son un freno a la lucha por la jus- Pero este c o m p r o m i s o del a m o r y la misericordia es
ticia, o por lo que se ha dado en llamar la "caridad políti- también necesario p a r a a t e n u a r los d e s m a n e s de la m i s m a
ca". Pablo VI insistía que el n o m b r e actual de la verdadera justicia, siempre t e n t a d a de rigidez, intolerancia y hasta
caridad cristiana es la justicia. vecina a la venganza. También los que j u s t a m e n t e son con-
Pero hay un riesgo grave en la disociación de la caridad denados necesitan a m o r y misericordia, que nuestro cora-
y el compromiso cristiano. ¿Acaso el p r i m e r compromiso zón se haga cargo de su miseria. A eso alude la etimología
cristiano no es el a m o r al prójimo? ¿Acaso en las actuales del término "miseri-cordia". También los que sufren prisión
circunstancias históricas no es necesario el compromiso de por causa justa, necesitan ser visitados. Porque la verdadera
la misericordia, el ejercicio de las obras de misericordia? justicia sólo lo es o sólo llega a ser v e r d a d e r a m e n t e evan-
¿Habrá que dejar m o r i r a los pobres y a las víctimas mien- gélica si va a c o m p a ñ a d a de la misericordia y la compasión.
tras esperamos que se establezcan la justicia y los derechos Son m u c h a s las parábolas evangélicas que a p u n t a n en
h u m a n o s ele forma definitiva? ¿No es necesario ejercer la esta dirección. Pero quizá la más chocante y paradójica sea
misericordia en u n a sociedad en la que está enquistada la la de los obreros c o n t r a t a d o s a distintas horas del día para
injusticia con sus secuelas de pobreza y toda constelación trabajar en la viña. El d u e ñ o es justo pagándole a todos de
de desgracias? No podemos olvidar que en la carrera por la acuerdo con lo acordado. El dueño a d e m á s quiere ser gene-
justicia y los derechos h u m a n o s partimos de u n a sociedad roso, pagando al último igual que al primero, quizá porque
asimétrica, y que en el camino van q u e d a n d o m u c h a s vícti- es consciente de que también los últimos necesitan comer
m a s que no pueden esperar las soluciones estructurales. y d a r de c o m e r a sus familias. Por eso a ñ a d e c o m p a s i ó n
Necesitan, mientras éstas llegan, ayudas coyunturales. a la justicia: "Amigo no te hago n i n g u n a injusticia -replica

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a los que protestan- ¿No te ajustaste conmigo en un dena- los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos ^
rio?.. Por mi parte quiero dar a este último lo mismo que otros. Porque os he dado ejemplo para que también vosotro^
a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O hagáis como yo he hecho con vosotros" (Jn 13, 14-15).
va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?" (Mt 20, 13-15). Lo mismo expresa con toda la fuerza la primera cart^1
Y también la parábola llamada del siervo sin entrañas, sin de Juan. "Si alguno que posee bienes del mundo ve a su hel"'
compasión ni misericordia, a quien se le perdonó una mano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿CÓITJO
deuda ingente y no quiso perdonar una deuda nimia. "Sier- puede permanecer en él el amor de Dios? Hijos míos, no
vo malvado, yo te perdoné toda la deuda porque me lo amemos de palabra ni con la boca, sino con obras y según
suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu com- la verdad" (1 Jn 3, 17-18). La carta de Santiago lo dice con
pañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?" (Mt más fuerza aún. Aunque habla de la relación entre la fe V
18, 32-33). las obras, es perfectamente aplicable a la relación entre el
En este sentido, el amor y la misericordia son un com- verdadero amor y las obras. "¿De qué sirve, hermanos míos,
promiso irrenunciable para el cristiano. Y no tienen por qué que alguien diga: 'Tengo fe', si no tiene obras? ¿Acaso podrá
negar o frenar el compromiso con la justicia. Lo que hacen salvarle la fe? Si un hermano o una hermana están desnu-
es estimular este compromiso, humanizarlo, de forma que dos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les
no se desborde. Que la justicia humana fácilmente se des- dice: 'Id en paz, calentaos y hartaos', pero no les dais lo
borda más allá de sus márgenes y da lugar a la injusticia y necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe,
a la violencia, a la intolerancia extrema y a la venganza si no tiene obras, está realmente muerta" (Sant 2, 14-17).
revestida de justicia. La primera dimensión del compromiso cristiano es,
Por lo demás, el compromiso del amor y la misericordia pues, la caridad, el amor, la práctica del amor y la miseri-
lleva en su seno un elemento esencial de la vida cristiana y cordia. En este sentido, la fe cristiana y el seguimiento de
de la vida humana: la gratuidad. No hay verdadero amor ni Jesús compromete a los creyentes y seguidores de Jesús
verdadera misericordia si no se alcanza ese nivel de la gra- especialmente con los siguientes grupos de personas: los
tuidad. Esto es lo que añaden la caridad y la misericordia pobres, los hambrientos y sedientos, los enfermos, los tris-
sobre la justicia. Pero naturalmente se trata de la caridad y tes, los necesitados, los presos, los emigrantes, los ancia-
de la misericordia auténticas. Porque hay caridad y miseri- nos, los marginados, los excluidos... Y este compromiso se
cordia que son falsas en la motivación, en el propósito y en concreta en las tradicionales obras de misericordia: dar de
la forma de ejercitarlas. Cuando son auténticas en la moti- comer al hambriento, vestir al desnudo, hospedar al pere-
vación, en el propósito y en la ejecución, la caridad y la mise- grino, visitar al enfermo, consolar al triste, visitar al preso,
ricordia representan lo más humano y lo más evangélico del socorrer al necesitado, acompañar a quien está solo, orien-
compromiso cristiano. tar al desorientado, dar buen consejo al que lo ha menes-
ter... Todas estas obras de misericordia son expresión de]
amor y de la caridad cristiana. Y son necesarias espe-
El amor y las obras cialmente en un mundo de víctimas, en el que la justicia
está pendiente de plenitud, o simplemente en un mundo de
Pero el amor sólo es compromiso cuando se traduce en injusticia.
obras. "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida Muchos gestos de Jesús respaldan esta prioridad del
por sus amigos" (Jn 15, 13). Y el último gesto de Jesús con amor y la misericordia: su actitud compasiva y perdonado-
los suyos, según el relato de Juan, es cenar con ellos y lavar- ra, sus acciones curativas, la multiplicación de los panes...
les los pies. Es una demostración práctica de cómo entien- Se trate de hechos históricos o de catequesis sobre cómo ha
de Jesús el amor: "Si yo, el Señor y el Maestro os he lavado de ser la vida de los seguidores, en todo caso, son relatos que

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testifican el ejercicio del amor gratuito y la misericordia en contra de la lucha por la justicia, para hacer esa lucha
la vida de Jesús, y proponen el ejercicio del amor y de la menos urgente o para ralentizarla.
misericordia como rasgo irrenunciable de los seguidores y
seguidoras de Jesús. La compasión es una reacción de Jesús
ante toda clase de miseria e infortunio humano. 2. E L COMPROMISO CON LA JUSTICIA
Y muchas parábolas apuntan en la misma dirección.
Pero algunas de ellas convierten las obras de misericordia El dueño de la viña: armonizar justicia y caridad
o su ausencia en el criterio definitivo para evaluar y juzgar
el éxito o el fracaso de la vida humana. Es el caso de la pará- La caridad es el máximo del compromiso cristiano; la
bola del rico malo y Lázaro el pobre. En vida aquel ban- justicia es el mínimo irrenunciable. Lo deja bien claro,
queteaba, mientras éste, cubierto de llagas, deseaba har- como lo hemos señalado ya, la parábola de los viñadores
tarse de lo que caía de la mesa del rico... Muertos ambos, que fueron contratados por el dueño de la viña a distintas
las suertes se invierten. La falta de misericordia con el horas del día. (Mt 20, 1-16). Unos fueron contratados a pri-
pobre Lázaro decide la suerte desdichada del rico (Le 16, mera hora de la mañana y trabajaron duro todo el día; otros
19-31). fueron contratados a la hora de tercia, de sexta o de nona.
Pero la parábola paradigmática en este sentido es la Estos últimos apenas trabajaron una hora. Todos fueron
parábola mateana llamada del juicio final. "Venid, bendi- contratados por un denario. A la hora de pagar, el dueño
tos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado cumplió escrupulosamente, con toda justicia, los términos
para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve del contrato: a cada uno le pagó un denario según lo con-
hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de venido. Es el mínimo imprescindible. Es la exigencia míni-
beber, era forastero y me acogisteis, estaba desnudo y me ma de la justicia.
vestísteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis Pero el dueño de la viña quiso dar a los últimos, que
a verme... En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de habían trabajado sólo una hora, igual que a los primeros
estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicisteis... que habían trabajado todo el día. Y aquí comenzamos a ver
Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno preparado para los humanos, incluidos la mayoría de los cristianos, agra-
el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dis- vios comparativos, injusticia. Y consideramos al dueño de
teis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, era foras- la viña injusto, sólo porque fue magnánimo, generoso o
tero y no me acogisteis, estaba desnudo y no me vestísteis, misericordioso. Pero actuar así no es injusticia; es genero-
enfermo y en la cárcel y no me visitasteis... En verdad os sidad. O es interpretar la justicia en otra clave, de forma que
digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más no se mida sólo por los méritos de los destinataru >., sino
pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo" (Mt 25, por sus necesidades o simplemente por la generosidad del
31-46). Este es el juicio definitivo sobre las naciones, sobre donante.
la humanidad. Los jueces definitivos serán los infortuna- Quizá el dueño de la viña pensó humanitariamente o
dos y miserables de la tierra. Y la regla de medir será el misericordiosamente que los últimos contratados también
amor traducido en obras de misericordia. necesitaban un denario para vivir con dignidad ellos y sus
Esta es la primera y principal dimensión del compro- familias. Eso era suficiente para que en justicia se les paga-
miso cristiano: el amor y la misericordia. Pero, eso sí, es ra también un denario. Pero ésta es ya otra justicia, a la
necesario estar atentos para que la práctica de la miseri- que los humanos no estamos acostumbrados. Por eso nos
cordia no se convierta en un estorbo o un tropiezo para el resulta tan extraña, e incluso tan injusta. En el mejor de los
avance de la justicia. Es necesario estar atentos para que el casos, los humanos llamamos a eso ser bueno o generoso.
ejercicio de la misericordia no sea instrumentalizado en Pero, en realidad, quizá se trate de una nueva forma de

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justicia que supera la justicia de la ley y de los méritos. El de la justicia. De hecho en la moral m á s clásica se daba tal
d u e ñ o de la viña optó por esta justicia nueva. Está com- importancia a la virtud de la justicia, que los pecados con-
p r o m e t i d o con este nuevo modelo de justicia. Por eso ante tra esa virtud sólo se p e r d o n a b a n si había u n a restitución
quien le acusa de agravio e injusticia, reclama su d e r e c h o real de lo r o b a d o o u n a reparación real de los daños cau-
a ser bueno y generoso. "Por mi parte, quiero dar a este últi- sados por las injusticias cometidas. Todo esto no se puede
m o lo m i s m o que a ti. ¿Es que no p u e d o hacer con lo mío olvidar sin ser "injustos" con la tradición cristiana.
lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo m a l o p o r q u e yo soy Sin embargo, es cierto que el c o m p r o m i s o con la causa
b u e n o ? " (Mt 20, 15). de la justicia fue considerado hasta tiempos m u y recientes
Ciertamente, la justicia hay que construirla por peldaños como u n compromiso secular. Propiamente no se lo consi-
y c o m e n z a n d o desde abajo. No es b u e n o c o m e n z a r a cons- deraba como u n c o m p r o m i s o nacido de la entraña de la
truir la casa por el tejado; hay que construirla desde los experiencia cristiana o exigido por la fe. Cristiano se consi-
cimientos. En ese caso concreto, pretender ejercer la cari- deraba el c o m p r o m i s o con la caridad y la misericordia. Se
dad o la misericordia sin poner como base la justicia sería consideraba el c o m p r o m i s o con la justicia como un com-
como construir la casa por el tejado. Aún más, sería u n a promiso impulsado por la ética secular, por las filosofías
mofa o u n a burla, u n a falsificación de la caridad y de la sociales, por los movimientos sociales seculares. En cierto
misericordia. Lo primero que hay que respetar es la justicia m o d o el desarrollo más intenso de la doctrina social de la
de los derechos. A partir de ella ya se puede avanzar hacia Iglesia y la urgencia del c o m p r o m i s o cristiano con la justi-
la justicia de las necesidades, cuya medida siempre está mar- cia h a n tenido que ver con las interpelaciones venidas desde
cada por la generosidad y la magnanimidad. Hay que cubrir fuera de las Iglesias. Las críticas de la religión, y en concreto
primero los m í n i m o s de la justicia, para que tengan senti- del cristianismo, como opio del pueblo, c o m o factor de ali-
do los máximos de la caridad y de la misericordia. De lo con- neación h u m a n a , de explotación del h o m b r e por el hom-
trario se falsifican a un tiempo la justicia, la caridad y la bre... obligaron a la teología cristiana a repensar el puesto
misericordia. de la justicia en la vida cristiana. La filosofía m o d e r n a plan-
teó a la teología el problema de la justicia. La cuestión social
se convirtió en cuestión cristiana.
La dimensión teologal y evangélica de la justicia Durante largo t i e m p o m u c h o s cristianos m a n t e n í a n
t r a n q u i l a m e n t e la idea que lo específico cristiano era el
En este sentido, es importante la nueva sensibilidad de a m o r o la caridad, n o la justicia. Para esos cristianos ésta
las Iglesias frente al compromiso de la justicia. Esta es con- era a s u n t o de políticos, e c o n o m i s t a s , sociólogos, militan-
siderada como parte esencial e irrenunciable del compro- tes seculares... No se veía con claridad la dimensión teo-
miso cristiano. logal y evangélica de la justicia. No se veía el c o m p r o m i s o
No ha sido fácil descubrir y a s u m i r la dimensión teolo- con la justicia c o m o u n a exigencia irrenunciable de la vida
gal y evangélica de la justicia. Durante siglos se consideró cristiana. No se veía c o m o p a r t e integral del c o m p r o m i s o
casi exclusivamente su dimensión moral. Era u n a virtud cristiano.
ética, u n a virtud cardinal en el esquema de las virtudes Sin embargo, al fin se ha a s u m i d o el c o m p r o m i s o con
heredado de la ética aristotélica. No es que la moral cris- la justicia como un c o m p r o m i s o irrenunciable e ineludible
tiana no diera importancia y valorara la virtud cardinal de de los cristianos. Aún más, se ha enfatizado la dimensión
la justicia. Esta siempre ha estado presente en el esquema teologal de ese c o m p r o m i s o . La justicia es el ámbito de
teológico cristiano, como parte importante de la moral cris- Dios. Fuera del á m b i t o de la justicia Dios no puede ser en-
tiana. No es que los cristianos estuvieran dispensados de ser contrado y experimentando sino por contraste, sub specie
justos, de actuar justamente, de cumplir con las exigencias contrañi. Se ha r e c u p e r a d o u n a tesis central en la teología

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de los profetas de a m b o s testamentos: "conocer a Dios es Dios. Porque eso es lo que Dios n o quiere. Por eso el com-
hacer justicia"; "Sólo se puede conocer al verdadero Dios promiso con la justicia tiene u n a dimensión esencialmente
haciendo justicia". teologal, no sólo ética. Esa es la dimensión m á s específica
Se h a descubierto t a m b i é n la dimensión esencialmen- de la vida cristiana.
te cristiana y evangélica de la justicia. Esta es c o m p o n e n -
te esencial del Reino de Dios. Es elemento esencial en la
construcción del Reino de Dios. De h e c h o los evangelios La justicia en la tradición bíblica
asocian indisolublemente el Reino de Dios con la Justicia.
"Buscad p r i m e r o el Reino de Dios y su Justicia, y todo lo La tradición profética del Antiguo Testamento insistía
d e m á s se os d a r á por a ñ a d i d u r a " (Mt 6, 33). Donde está siempre en la i m p o r t a n c i a esencial de la justicia p a r a man-
ausente la justicia está t a m b i é n ausente el Reino de Dios o tenerse fieles a la Alianza. Practicar la justicia es condición
el Reinado de Dios. La injusticia es la ausencia del Reino de posibilidad para mantenerse fieles a la alianza. Eso es lo
de Dios. Eso sí, la Justicia del Reino es u n a justicia nueva; que Dios quiere: la justicia. Si falta ésta, si las m a n o s están
no es la justicia de la ley antigua, sino la justicia de la gra- m a n c h a d a s de sangre, pierden todo su valor y su sentido
cia. "Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que hasta los m á s sagrados elementos de la religión israelita: la
la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de elección, la ley, el culto, el templo... Lo expresan de forma
Dios" (Mt 5, 20). A continuación de esta afirmación, el evan- dramática algunos textos proféticos. La justicia es el gran
gelio de Mateo coloca precisamente la reinterpretación del don de Dios a su pueblo. Él es Justo y Dios de la Justicia.
decálogo por parte de Jesús, según las nuevas exigencias del Es el que justifica. La justicia es el ceñidor de su enviado.
Reino de Dios que él a n u n c i a . La mayoría de las parábolas Es la vara, la regla de medir, es la m e d i d a de la fidelidad a
evangélicas son u n a explicitación de las exigencias de esta la Alianza.
justicia nueva. Por eso, las denuncias m á s fuertes de los profetas están
El c o m p r o m i s o con la justicia es, pues, elemento esen- dirigidas contra toda clase de injusticias. Isaías ofrece un
cial de la vida cristiana y de la misión evangelizadora de la texto paradigmático: "Oíd una palabra de Yahvéh, regidores
Iglesia. Por eso se h a n multiplicado y potenciado las comi- de Sodoma. Escuchad u n a instrucción de nuestro Dios, pue-
siones de Justicia y Paz en las Iglesias, en las diócesis, en blo de Gomorra. ¿A mí, qué tanto sacrificio vuestro? Harto
las parroquias, en las congregaciones religiosas... El com- estoy de holocaustos de carneros y de sebo de cebones; y
p r o m i s o con la justicia n o es ya u n apéndice de la misión sangre de novillos y m a c h o s cabríos n o m e agrada, c u a n d o
eclesial, una especie de compromiso opcional para aquellos venís a presentaros ante mí. ¿Quién ha solicitado de vosotros
cristianos m á s afectos a la mililancia política. Es un com- esa p a t e a d u r a de mis atrios? No sigáis trayendo oblación
p r o m i s o obligatorio p a r a todo cristiano en cualquier voca- vana: el h u m o del incienso me resulta detestable. Novilu-
ción y estado de vida cristiana. Y es un c o m p r o m i s o indi- nios, sábados, convocatoria: no tolero falsedad y solemni-
sociable del proceso de evangelización. dad. Vuestros novilunios y solemnidades aborrece mi alma:
Porque la justicia es a s u n t o de Dios y es el ámbito de m e han resultado u n gravamen que me cuesta llevar. Y al
Dios. Quien practica la justicia y lucha por la causa de la jus- extender vosotros vuestras palmas me tapo los ojos por no
ticia está militando por la causa de Dios, que es a la vez la veros. Y aunque menudeéis la plegaria, yo no oigo. Vuestras
causa de la h u m a n i d a d . Donde reina la injusticia sólo se m a n o s están de sangre llenas; lavaos, limpiaos, quitad vues-
puede experimentar a Dios por contraste, como el que es tras fechorías de delante de mi vista, desistid de hacer el mal,
negado o del cual se reniega, como el que es desconocido e aprended a hacer el bien, buscad lo justo, dad sus derechos
ignorado. Donde reina la injusticia ha fracasado la creación al oprimido, haced justicia al huérfano, abogad por la viuda"
y la humanidad, ha fracasado el plan de Dios, la voluntad de (Is 1, 10-17).

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Y paradigmática es también la denuncia de Jeremías: justicia legal de los fariseos, por m u y sagrada que sea la ley
"Oíd la palabra de Yahvéh, todo Judá, los que entráis por a la que éstos apelan. Mateo coloca u n dicho muy signifi-
estas puertas a postraros ante Yahvéh. Así dice Yahvéh cativo en el s e r m ó n del m o n t e : "Si vuestra justicia no es
Sebaot, Dios de Israel: Mejorad de conducta y de obras y yo mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el
haré que os quedéis en este lugar. No fiéis en palabras enga- Reino de los Cielos" (Mt 5, 20).
ñosas diciendo: Templo de Yahvéh, templo de Yahvéh, tem- La justicia del Reino n o se mide por la ley, ni siquiera pol-
plo de Yahvéh es éste! Porque si mejoráis realmente vuestra lo que los fariseos consideran ley divina. Se mide por la
conducta y obras, si realmente hacéis justicia m u t u a y no voluntad de Dios. Es la justicia que Dios quiere. Las leyes
oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda (y no vertéis h u m a n a s y las "leyes divinas" son un instrumento necesario
sangre inocente en este lugar), ni andáis en pos de otros dio- para p r o m o c i o n a r la justicia; pero la medida última es la
ses para vuestro daño, entonces yo me quedaré con vosotros voluntad de Dios. Y la voluntad de Dios es siempre que todos
en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres desde sus hijos e hijas tengan vida y dignidad en abundancia.
siempre y hasta siempre. Pero he aquí que vosotros fiáis en
palabras engañosas que de n a d a sirven, para robar, matar,
adulterar, j u r a r en falso, incensar a Baal y seguir a otros dio- La justicia, versión política de la caridad
ses que no conocíais. Luego venís y os postráis ante mí en
esta Casa llamada por mi N o m b r e y decís: 'Estamos segu- El compromiso con la justicia así entendida tiene u n a
ros', para seguir haciendo todas esas abominaciones. ¿En dimensión esencialmente teologal. Pero a d e m á s es como la
cueva de bandoleros se h a convertido a vuestros ojos esta versión política de la caridad. El c o m p r o m i s o cristiano con
Casa que se llama por mi Nombre? ¡Qué bien visto lo tengo!, la caridad y la misericordia tiene, por lo general, u n carác-
oráculo de Yahvéh" (Jr 7, 2-11). ter personal e interpersonal. Se ejerce por lo general en el
Efectivamente, la regla para medir la fidelidad a la alian- ámbito de lo que los sociólogos llaman "las relaciones cor-
za es la justicia; no es el esplendor del culto y del templo. tas" entre las personas. A la larga tiene c o m o finalidad salir
Pero, a su vez, la regla para medir la justicia no es la ley; son al paso de situaciones coyunturales o de emergencia en que
las víctimas. Y, para los profetas de Israel, las víctimas son se encuentran las personas. Es preciso resolverlas por la vía
siempre los pobres, toda clase de pobres. La voz de las víc- de la urgencia o de la emergencia.
timas, de los pobres, clama justicia y su clamor es escuchado Por eso, en relación con la justicia, m u c h a s obras asis-
por Dios. Los profetas escuchan el clamor de las víctimas y tenciales o de misericordia tienen como finalidad principal
reclaman justicia p a r a los pobres, los huérfanos, las viudas, r e p a r a r los efectos de la injusticia, m á s que a t a c a r sus cau-
los extranjeros... La justicia y la injusticia m a r c a n el límite sas. Con frecuencia salen al frente de los resultados y las
entre el éxito y el fracaso del plan de Dios sobre esta crea- secuelas de la injusticia, pero no atacan las raíces de la
ción y esta h u m a n i d a d . m i s m a . Se p r e o c u p a n m á s de las situaciones coyunturales
El Nuevo Testamento asocia la categoría de Justicia a la que de las estructuras sociales injustas. Son a todas luces
categoría Reino de Dios. "Buscad primero el Reino de Dios necesarias, p o r q u e las personas son p r i m e r o y no pueden
y su Justicia". El Reino se hace presente en la medida que esperar a que las grandes revoluciones acaben con el ham-
se hace justicia, la justicia que se ajusta a la voluntad de bre, con la miseria, con las carencias que ponen en peligro
Dios, la justicia que Dios quiere. Si falta la justicia, está la vida. Necesitan auxilio urgente, a u n q u e sea coyuntural
ausente el Reino de Dios, Dios no reina, no ejerce su sobe- y emergente, p o r q u e su vida está en peligro; no pueden
ranía, el plan de Dios sobre la creación y la h u m a n i d a d fra- esperar más. M u c h a s víctimas de la injusticia se han sal-
casa. Pero esta justicia del Reino de Dios no es ya la justi- vado gracias a la caridad, a las obras de misericordia, a la
cia legal establecida por los h u m a n o s . Ni siquiera es la asistencia social. Sería "injusto" olvidar e ignorar el valor

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de este compromiso de la caridad y la justicia. Las Iglesias es simplemente reparar las fatales consecuencias de la
han cargado con buena parte de los efectos de la injusticia injusticia en las víctimas, una por una. Es más bien enfren-
estructural. Eso se les debe reconocer como un haber en su tar las estructuras injustas, atacar la raíz de la injusticia,
cuenta positiva. Aunque por otra parte, en ciertos momen- luchar contra la injusticia estructural, que está enquistada
tos de la historia quizá han sido conniventes con las estruc- en las estructuras e instituciones sociales y en ellas inten-
turas injustas que segregaron tantas desgracias y tantas víc- ta perpetuarse.
timas necesitadas de caridad y misericordia. De esta forma, el compromiso con la justicia es el ejer-
Precisamente por esto, porque alivian las secuelas de la cicio de una especie de caridad y misericordia global, de
injusticia, la caridad y la misericordia son peligrosas. Pueden carácter público o político. La lucha contra unas estructu-
convertirse en simples paliativos de los efectos inhumanos ras económicas injustas es el camino más directo para aca-
de la injusticia. No es fácil armonizar convenientemente el bar con el hambre y subvenir a todos los hambrientos. Es el
compromiso con la justicia y el compromiso con la caridad camino más eficaz para llevar adelante el programa "ham-
y la misericordia. La caridad y la misericordia impiden a bre cero". El compromiso para erradicar una legislación
veces que se agudicen los conflictos y que se hagan urgen- injusta es el camino más directo y eficaz para erradicar la
tes las soluciones estructurales. La dedicación a reparar los injusticia en la sociedad y para garantizar verdaderamente
efectos de la injusticia a nivel de relaciones cortas, impide un Estado de Derecho. El compromiso para crear unas ins-
a veces que se establezca la justicia a nivel de las relaciones tituciones sociales y políticas justas, es el camino más direc-
largas. Por eso, la caridad y la misericordia pueden retrasar to y eficaz para expandir la justicia a todos los miembros de
la implantación de la justicia a base de paliar los efectos de la sociedad. Este "todos" es muy propio del compromiso con
su ausencia. la justicia a nivel estructural e institucional. Marca la dimen-
Y, en todo caso, en un mundo como el nuestro, por muy sión pública o política de la caridad cristiana.
generosas que sean, las obras de misericordia y asistencia- El compromiso con la justicia pretende enfrentar las
Íes sólo pueden llegar a un número demasiado exiguo de víc- injusticias en bloque, globalmente. Procura llevar el com-
timas. Socorrer a algunos hambrientos con obras sociales, promiso de la caridad hasta su dimensión más pública y
comedores populares, dispensarios... es importante. Pero, política, hasta el horizonte de una justicia global e íntegra,
¿qué será de los demás millones de hambrientos? para todas las personas, para todos los grupos humanos,
Ciertamente el compromiso con la caridad y la miseri- para todos los pueblos. Es cierto que mientras llega la jus-
cordia no es suficiente, y hasta puede ayudar a olvidar el ticia global e íntegra, la comunidad cristiana y todos los
compromiso con la justicia. Por eso se ha acusado a veces hombres y mujeres de buena voluntad se verán obligados
a los cristianos de colaborar con la injusticia o, al menos, de a seguir practicando la caridad con las víctimas indivi-
contribuir a que ciertas injusticias se prolonguen y queden dualmente. Deberán seguir practicando las obras de mise-
disimuladas bajo una capa de asistencia social y de obras de ricordia. Pero un compromiso simultáneo con la justicia les
misericordia. hará estar muy atentos para que ni la caridad ni la miseri-
Por eso, es necesario que los cristianos junten el com- cordia retrasen el proceso hacia la justicia global.
promiso o la lucha por la justicia con la caridad y la mise- El compromiso con la justicia es la lucha sostenida para
ricordia. Ese compromiso es, de alguna forma, la dimen- que se haga justicia a todas las personas, para que a cada
sión pública o política de la caridad cristiana. Afecta a las persona que ha sido víctima de injusticia se le reparen los
"relaciones largas" o a las relaciones estructurales e insti- daños y se le haga justicia. Pero, sobre todo, es la lucha sos-
tucionales entre las personas, los grupos humanos, los pue- tenida en el ámbito de las "relaciones largas" para que sean
blos. El propósito terminal de ese compromiso con la jus- eliminadas o transformadas todas las estructuras políticas,
ticia no es resolver los casos individuales de injusticia. No económicas, sociales... que son injustas y que son la raíz de

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la injusticia y la causa de la multiplicación de las víctimas. de la política, del derecho. Todas estas son realidades en las
Atacar a esas estructuras es a t a c a r la injusticia en su raíz. que está en juego la justicia. Por consiguiente, están tam-
Por eso, el compromiso con la justicia debe ser ante todo bién en juego el proyecto de Dios, su voluntad respecto a
la implicación personal en u n a lucha para eliminar la injus- esta creación y esta h u m a n i d a d .
ticia estructural, para construir u n a sociedad y u n a convi-
vencia sobre la base de estructuras políticas, económicas,
sociales... justas. Es t o m a r los problemas sociales desde su El compromiso con la justicia y la economía
raíz, y n o desde la casuística. Es hacer del c o m p r o m i s o con
la justicia u n ejercicio preventivo, para que la injusticia no La economía es realidad secular, pero de ningún m o d o
se dé o para evitar que se repita. No basta el ejercicio repa- ajena al Reino de Dios y su Justicia. Porque la p r i m e r a exi-
rador c u a n d o la injusticia ya se ha cometido y ha arrastra- gencia de la justicia es la distribución equitativa de los
do consigo toda la constelación de desgracias que le suelen bienes de la tierra entre todos sus h a b i t a n t e s . Porque "la
acompañar. tierra es de Dios": "La tierra -dice Yahvéh- no puede ven-
La experiencia nos dice que la mayoría de esas desgra- derse para siempre, porque la tierra es mía" (Lv 25, 23). Este
cias, y no sólo la muerte, son irreparables. No tienen más es u n estribillo que repite c o n t i n u a m e n t e la teología israe-
reparación que el perdón gratuito de la ofensa, del agravio, lita. Ningún creyente puede aceptar la apropiación absolu-
del daño irreparable... por parte de las víctimas. Pero el per- ta de los bienes de la tierra por parte de personas o grupos
dón debe ser el último recurso, cuando ya no es posible la particulares, sobre todo cuando esta apropiación implica
reparación. No h a de ser un recurso a m a n o al que se acude excluir a las grandes mayorías de la participación en los
fácilmente como excusa para que la injusticia siga campean- bienes de la tierra a los que todos tienen derecho.
do y los verdugos se m a n t e n g a n impunes. Este derecho de todos los seres h u m a n o s a disfrutar de
Los cristianos no estamos obligados sólo al perdón. Tam- los bienes de la tierra es p r i m a r i o y anterior a cualquier
bién estamos obligados al compromiso y la lucha por la jus- forma de propiedad privada. Y es ese derecho el que hace
ticia. ¡Ojalá no fuera necesario el perdón, debido a la ausen- que pese u n a fuerte "hipoteca social" sobre cualquier forma
cia de la injusticia y sus secuelas, debido a la inexistencia de de p r o p i e d a d privada. Pues, en definitiva, ese derecho es el
víctimas! Pero el más elemental realismo nos obliga a reco- derecho de todo ser h u m a n o a cubrir o satisfacer sus nece-
nocer que entre h u m a n o s siempre hay u n á m b i t o de injus- sidades básicas. El derecho a la propiedad privada es secun-
ticia irreparable, que sólo puede ser reparado mediante el dario y condicionado. El derecho a la propiedad privada es
perdón gratuito. En este sentido, se habla ya en el discurso un derecho funcional o instrumental: sólo se legitima en la
ético y político del "perdón y la reconciliación como virtu- m e d i d a que está en función de u n a mejor o m a y o r pro-
des políticas", incluso fuera de los ámbitos religiosos y con- ductividad, de u n mejor aprovechamiento de los recursos
fesionales. Hay situaciones en las que el conflicto llega a tal y en función de u n a mejor y m á s cuidada promoción del
extremo, a tales niveles de encono, que sólo puede ser resuel- bien c o m ú n .
to mediante un plus de perdón y reconciliación. Alguien En este sentido justificaba Santo Tomás de Aquino la
tiene que adelantarse a r o m p e r el círculo vicioso o la espi- propiedad privada. "(La propiedad en cuanto a potestad de
ral maldita de la violencia, si es que la justicia ha de comen- gestión de cosas) es necesaria a la vida h u m a n a por tres
zar de nuevo y la convivencia ha de ser de nuevo posible motivos: primero, p o r q u e cada u n o es m á s solícito en ges-
entre las personas o los grupos que han llegado a ser ene- tionar aquello que con exclusividad le pertenece que lo que
migos "irreconciliables". es común a todos o a muchos, puesto que cada cual, huyen-
E n este ámbito de la justicia el compromiso cristiano se do del trabajo, deja a otros el cuidado de lo que conviene
expande irrenunciablemente hasta el campo de la economía, al bien c o m ú n , c o m o sucede c u a n d o hav multitud de ser-

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vidores; segundo, porque se administran más ordenada- El compromiso cristiano con la justicia implica, por
mente las cosas humanas si a cada uno le incumbe el cui- consiguiente, un compromiso en la utilización responsable
dado de sus propios intereses; sin embargo reinaría con- y razonable de los recursos naturales y en el reparto justo
fusión si cada cual se cuidara de todo indistintamente; y equitativo de los bienes materiales. De forma que ni los
tercero, porque así el estado de paz entre los hombres se recursos naturales sean explotados irracionalmente, ni sean
mantiene si cada uno está contento con lo suyo. De ahí que utilizados más para engordar los beneficios de las grandes
veamos que entre aquellos que en común y pro indiviso empresas que para satisfacer las necesidades de las per-
poseen alguna cosa se suscitan más frecuentemente con- sonas, de todas las personas. Y también de forma que los
tiendas. En segundo lugar, también compete al hombre, res- bienes materiales sean repartidos justa y equitativamente
pecto de los bienes exteriores, el uso de los mismos; y en entre todas las personas, grupos, pueblos y continentes.
cuanto a esto no debe tener el hombre cosas exteriores Esta es tarea aún pendiente, pues la concentración de la
como propias, sino comunes, de modo que fácilmente dé riqueza en manos de algunas minorías y la exclusión cre-
participación de éstas en las necesidades de los demás" ciente de las grandes mayorías de la participación en los
(Suma Teológica, 11-11, 66, 2 c ) . bienes de la tierra siguen ahí como un atentado a la justi-
En esta misma dirección reflexiona Santo Tomás hasta cia distributiva. La pobreza que afecta de forma dramáti-
afirmar que los bienes superfluos de las propiedades pri- ca a grandes masas humanas es una afrenta y un escándalo
vadas pertenecen a los pobres. Este es su razonamiento: para esta humanidad. La lucha por un reparto justo y equi-
"Las cosas que son de derecho humano (la propiedad pri- tativo de los bienes de la tierra entre todos sus habitantes
vada) no pueden derogar el derecho natural o el derecho es una dimensión irrenunciable del compromiso cristiano
divino. Ahora bien, según el orden natural instituido por la con la causa de la justicia.
divina providencia, las cosas inferiores están ordenadas a En base a su fe y a la más pura tradición profética, los
la satisfacción de las necesidades de los hombres. Por con- cristianos han de superar los criterios meramente legales en
siguiente, por la distribución y apropiación, que procede del esa lucha por la justa y equitativa distribución de los bienes
derecho humano, no se ha de impedir que con esas mismas materiales entre todos los habitantes del planeta. El crite-
cosas se atienda a la necesidad del hombre. Por esta razón rio último de esta distribución ha de ser la necesidad de las
los bienes superfluos, que algunas personas poseen, son personas y de los pueblos, no la ley o los méritos, no los
debidos por derecho natural al sostenimiento de los po- simples derechos adquiridos. Este es quizá el aporte más
bres... Mas, puesto que son muchos los que padecen nece- específico de la tradición profética judeo-cristiana a la con-
sidad y no se puede socorrer a todos con la misma cosa, se cepción y a la práctica de la justicia.
deja al arbitrio de cada uno la distribución de las cosas pro- La justicia que Dios quiere no se limita a dar a cada uno
pias para socorrer a los que padecen necesidad. Sin embar- "lo suyo" marcado por la ley o merecido. La justicia legal
go, si la necesidad es tan evidente y tan urgente que resul- ya es un primer paso en el camino de la justicia, pero sólo
te manifiesta la premura de socorrer la inminente primer paso. La ley marca un mínimo a cumplir, pero
necesidad con aquello que se tenga, como cuando amena- nunca satisface convenientemente las últimas exigencias de
za peligro a la persona y no puede ser socorrida de otro la justicia divina. El mérito y el reconocimiento han de ser
modo, entonces puede cualquiera lícitamente satisfacer su tenidos en cuenta como un estímulo para la responsabili-
necesidad con las cosas ajenas, sustrayéndolas, ya mani- dad. Pero aún las leyes más avanzadas y los méritos más
fiesta, ya ocultamente. Y esto no tiene propiamente razón genuinos dejan, de hecho, a ingentes masas de la población
de hurto o de rapiña" (Suma Teológica, 11-11, 66, 7c). No se mundial marginadas y excluidas de la participación en los
puede decir más y más claro sobre el destino común de los bienes de la tierra.
bienes materiales.

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La justicia que Dios quiere se mide sobre todo por las cindible para la regulación de la convivencia humana y la
necesidades de las personas. "A cada uno, no sólo lo suyo, armonización de los intereses particulares, de los derechos
sino lo que necesita para vivir con dignidad". Porque para y deberes de los ciudadanos. Pero cabe la posibilidad de
grandes masas "lo suyo" según la ley o no existe o es insu- leyes injustas, que enturbien la convivencia. No es lo mismo
ficiente para cubrir sus necesidades primarias. La dignidad la legalidad que la justicia. No todo lo que es legal es justo.
de las personas: ésta es una buena medida para saber cuán- Pues con frecuencia las leyes son hechas a la medida de los
do se han cubierto las exigencias mínimas de la justicia, intereses de quienes las elaboran, las sancionan, las pro-
cuándo ha tenido lugar una distribución justa y equitativa mulgan y las aplican. Por eso corren siempre el riesgo de ser
de los bienes de la tierra. parciales e injustas, y con frecuencia se convierten en fac-
La economía es, por consiguiente, un ámbito destacado tores o causas de injusticia.
del compromiso cristiano con la justicia. Esta injusticia es, si cabe, más grave y peligrosa, porque
se ampara en la legalidad, toma forma aparente de justicia,
goza de una cierta impunidad en nombre de la ley. Son las
El compromiso con la justicia y la política leyes injustas las que dan lugar con frecuencia a la injusti-
cia estructural.
También la política forma parte del ámbito de la justicia. Por eso, el compromiso cristiano con la justicia impli-
Por eso, no ha de quedar al margen del compromiso cris- ca también la participación en todos aquellos aspectos de
tiano. La ética cristiana no se agota en los comportamien- la vida política y social encaminados a luchar contra las
tos individuales y en las relaciones cortas o interpersonales. leyes injustas y a promocional - una legislación más justa o
Afecta y abarca también la dimensión pública o política de más ajustada a las exigencias de la justicia. Luchar por este
la conducta individual y contempla también el ámbito de las tipo de legislación es luchar por unas leyes que sean garan-
relaciones largas. Es necesario expandir la ética cristiana tes del respeto y el ejercicio de los derechos humanos en la
hasta el ámbito público y político, hasta las acciones y rela- sociedad.
ciones y estructuras que se refieren a la gestión del bien Pero el compromiso cristiano con la justicia se hace más
público. Por eso, el compromiso con la justicia es también urgente e impostergable cuando se trata de enfrentar las
compromiso en el ámbito de la política. injusticias y repararlas, cuando se trata de salir en defen-
De la actividad política depende el justo tratamiento y la sa de las víctimas. Y víctimas son todas las personas obje-
buena gestión de los asuntos que atañen al bien común de to de injusticia. El cristiano debe implicarse en todo tipo de
la colectividad. Y también la política tiene en sus manos la acción encaminada a promover la justicia en los tribunales.
gestión de las condiciones que hacen posible el ejercicio de Pero se extiende aún más allá. Debe comprometerse, sobre
los derechos de las personas y el respeto a los mismos. De todo, en la reivindicación de la justicia, cuando ésta ha sido
la gestión política depende también una razonable distri- violada. Debe comprometerse en la defensa de las víctimas,
bución del poder y de las responsabilidades sociales. Poner cuando éstas han sido objeto de injusticia. Defender a las
ética y conseguir altos niveles de justicia en todos estos víctimas inocentes es defender los derechos de las personas,
aspectos de la política es hacer una gran contribución a la pero al mismo tiempo es defender la superioridad de la jus-
promoción global de la justicia y de los derechos humanos. ticia sobre la mera legalidad. ¡Cuántas personas han sido
Por eso, se insiste hoy tanto en la necesidad de juntar la ética víctimas de la mera legalidad! La administración de justi-
y la política. cia está con frecuencia más atenta a la formalidad de los
Otro ámbito importante del compromiso cristiano con procesos legales que a las exigencias objetivas de la justicia.
la justicia es el ámbito de la elaboración de las leyes y la Aún más, el cristiano debe llevar su compromiso con la
aplicación de las mismas. La ley es un instrumento impres- justicia hasta las personas que justamente sufren el peso de

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la ley. Pero aquí propiamente pasamos del ámbito de la jus- a la cultura moderna en el camino hacia la afirmación de los
ticia al á m b i t o de la misericordia y la compasión. Este es derechos h u m a n o s de la persona. El reconocimiento de los
un rasgo característico de la justicia divina o de la justicia mismos equivale al reconocimiento de la dignidad de la per-
que Dios quiere. Que la justicia sea completada con la mi- sona y de su condición de sujeto. Los derechos humanos son
sericordia y la c o m p a s i ó n es un rasgo esencial del com- m á s que los derechos del ciudadano. No se puede medir la
promiso cristiano con la justicia. Esa es la justicia que Dios dignidad de las personas por la documentación de que dis-
quiere: la justicia que lleva adosada la misericordia y la ponen. E n este caso los "indocumentados", los sin papeles,
compasión, la generosidad y la m a g n a n i m i d a d , como se la mayoría de los emigrantes... estarían privados de digni-
expresa en la parábola de los obreros de la viña. dad, no tendrían derecho a ser tratados como personas.
El mejor c a m i n o hacia la justicia y la paz, hacia la con- Pero, no, los derechos h u m a n o s son previos al reconoci-
vivencia h u m a n a no siempre es la aplicación fría de la ley. miento de los m i s m o s por el Estado, e incluso existen aun-
La justicia legal puede resultar a veces intolerante y hasta que el Estado se e m p e ñ e en no reconocerlos. Lo que suce-
vengativa. A veces el mejor camino hacia la justicia y la paz de es que si el Estado se e m p e ñ a en no reconocerlos, la
es el perdón y la reconciliación, la misericordia y la com- dignidad de las personas es conculcada y sus derechos son
pasión... No andan desencaminadas las sociedades que pro- irrespetados. La indefensión jurídica, la ausencia total del
curan la reinserción social como u n a forma de ampliar la Estado de Derecho, es u n a de las situaciones más peligro-
convivencia y la justicia m á s allá de los rígidos límites de la sas para los derechos h u m a n o s de las personas.
ley. Aquí e n t r a m o s ya en el compromiso de la solidaridad, La declaración universal de los Derechos H u m a n o s tuvo
que traspasa los límites de la justicia m e r a m e n t e legal. lugar el I o de diciembre de 1948. A partir de ese m o m e n t o
las interpretaciones de los mismos han sido y siguen sien-
do múltiples y variadas. Pero, al menos, ya nadie se atreve
3. E L COMPROMISO CON LA DEFENSA a negar de frente la legitimidad de esos derechos h u m a n o s
DE LOS DERECHOS HUMANOS universales, aunque en la práctica se sigan violando. Y cual-
quiera puede apelar a esa declaración en defensa propia,
¿Se trata de un compromiso cristiano? a u n q u e su apelación no tenga éxito, porque el poder triun-
fa con frecuencia sobre el derecho.
El t e m a de los derechos h u m a n o s es relativamente Esa declaración nació fuera de las Iglesias. Fue promul-
nuevo y novedoso en la sociedad e incluso en las Iglesias. gada por la ONU. De hecho, durante m u c h o tiempo y para
Pero la preocupación por ese problema es vieja en la socie- m u c h o s sectores de las Iglesias el asunto de los derechos
dad y en las Iglesias. La ética clásica habló d u r a n t e m u c h o h u m a n o s no era considerado p r i m a r i a m e n t e como u n a
tiempo de virtudes y obligaciones. Pero apenas hablaba de dimensión esencial del c o m p r o m i s o cristiano. En el mejor
los derechos de las personas. Sin embargo, la filosofía del de los casos, en esos sectores se toleraba a algunos cristia-
derecho comenzó a manejar los conceptos de derecho natu- nos más militantes y m á s sensibles a la cuestión social que
ral y de derechos h u m a n o s hace ya muchos siglos. Se puede se implicasen en la defensa, en la promoción, en la lucha a
decir que el t e m a de los derechos h u m a n o s entró en la cul- lavor de los derechos h u m a n o s . Pero, con frecuencia, se
tura m o d e r n a por la puerta del derecho m á s que por la mantenía u n a cierta distancia y cierta actitud de resei~va, de
puerta de la moral. El llamado yusnaturalismo hizo ya un desconfianza y hasta de sospecha frente a quienes militaban
avance i m p o r t a n t e en el camino hacia la proclamación de en esos frentes. Con frecuencia se llegó a acusarlos de re-
los derechos h u m a n o s . duccionismo político, de secularización del cristianismo, de
Pero fue sobre todo el descubrimiento o el redescubri- politizar el evangelio cristiano.
miento del individuo, del sujeto, de la persona... lo que puso

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Los derechos humanos en el núcleo del mensaje bíblico (Le 13, 11-13). El derecho a la salud... y tantos otros dere-
chos de las personas que Jesús defiende por encima de los
Sin embargo, el asunto de los derechos h u m a n o s se valores m á s sagrados de la religión judía y de las leyes más
encuentra en el corazón del mensaje bíblico, en el núcleo rígidas del sistema de pureza.
más específico de la tradición cristiana, aunque se haga refe- Jesús está siempre de parte de la dignidad de las per-
rencia a ese a s u n t o en otros términos. ¿Acaso no es el evan- sonas. Defiende de forma especial la dignidad conculcada,
gelio de Jesús u n a reivindicación de los derechos h u m a n o s ? la dignidad de las víctimas, de las personas estigmatizadas
¿Acaso no es la predicación y la praxis de Jesús u n a reivin- y discriminadas p o r el sistema de la pureza: la mujer, los
dicación de los derechos h u m a n o s más elementales de la pecadores, los publícanos, los extranjeros, los endemonia-
persona, pero especialmente de los pobres, de los margina- dos... Hoy lo l l a m a r í a m o s c o m p r o m i s o con los derechos
dos y excluidos? humanos.
Las escenas evangélicas que se pueden invocar como Y lo mejor de la teología y la ética cristiana, ¿no contie-
u n a defensa de los derechos h u m a n o s por parte de Jesús ne en su seno elementos suficientes para desembocar en u n a
son múltiples. La multiplicación de los p a n e s es u n a catc- declaración eclesial de los derechos h u m a n o s ? En este sen-
quesis extraordinaria en este sentido (Mt 14,13ss.; 15, 31ss). tido no a n d a n desacertados quienes defienden que la tradi-
Movido a c o m p a s i ó n por las masas, Jesús responde a la ción cristiana es u n componente substancial de la tradición
necesidad p r i m a r i a de aquellas gentes: necesidad de ali- europea e incluso de la cultura moderna, se explicite o no
m e n t o . Y en función de este derecho p r i m a r i o de las per- en la nueva Constitución Europea.
sonas, defiende a sus discípulos que recogen espigas que-
b r a n t a n d o la ley del sábado: "¿No habéis leído lo que hizo
David c u a n d o sintió h a m b r e él y los que le a c o m p a ñ a b a n , La Iglesia, los derechos humanos y los signos
c ó m o entró en la casa de Dios y comieron los panes de la de los tiempos
Presencia, que no le era lícito c o m e r a él ni a sus compa-
ñeros, sino sólo a los sacerdotes?" (Mt 12, 3). Jesús defien- Lo cierto es que el asunto de los derechos h u m a n o s
de el derecho a la vida por encima de todo, por encima por incursionó en las Iglesias cristianas con un cierto retraso y,
supuesto del descanso sabático, que tan sagrado era para en buena parte, debido a factores y aportes extraeclesiales.
la religión judía. Curó al h o m b r e de la m a n o seca en sába- Dios también habla a la Iglesia con los signos de los tiem-
do y r e p r o c h ó a los escribas y fariseos que le reclamaban: pos que se dan fuera de la m i s m a Iglesia. Y quizá la Decla-
"Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez ración Universal de los Derechos H u m a n o s constituyó u n o
de hacer el mal, salvar u n a vida en vez de destruirla" (Le 6, de los grandes signos de los tiempos en la Edad Moderna.
10). Esta violación del descanso sabático en defensa de la A través de esa Declaración Dios habló a las Iglesias y éstas
salud y de la vida se repite c o n s t a n t e m e n t e en la vida de escucharon la voz de Dios.
Jesús (Mt 12, 9-14; Le 13, 10-17; 14, 1-6...). A partir del Concilio Vaticano II se asumió oficialmen-
La mayoría de los milagros de Jesús relatados en los te algo que m u c h o s cristianos estaban reclamando desde
evangelios son milagros de curación, curaciones que de- tiempo atrás: que el compromiso con la promoción y defen-
vuelven la salud a ciegos, cojos, paralíticos, m u d o s , sordo- sa de los derechos h u m a n o s es un componente esencial e
m u d o s , posesos... "Había u n a mujer a la que u n espíritu irrenunciable del c o m p r o m i s o cristiano. Había ya u n a teo-
tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada y no logía nueva, una doctrina social cristiana, u n a praxis pas-
podía en m o d o alguno enderezarse. Al verla, Jesús la llamó toral... y sobre todo unos movimientos apostólicos que cami-
y le dijo: mujer, quedas libre de tu enfermedad. Y le impu- naban ya en esta dirección antes del Concilio. Sin embargo,
so las m a n o s . Y al instante se enderezó y glorificaba a Dios" el Concilio oficializó ese reconocimiento de los derechos

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Humanos como un ámbito esencial de la vida cristiana. La ni los cristianos en particular deben eximirse del compro-
teología de las realidades terrenas, que inspiró el famoso miso en la defensa de los derechos humanos.
esquema XIII y la Constitución Pastoral Gaudium et Spes El campo de este compromiso con los derechos huma-
sobre la Iglesia en el mundo actual sustentó esta valoración nos es amplio, y se amplía cada día más. No sólo porque nos
cristiana del compromiso con los derechos humanos. hacemos cada vez más conscientes y sabedores de las vio-
A pesar del respaldo conciliar no han faltado sectores laciones de los derechos humanos a lo largo y ancho del
cristianos que han mantenido reservas y reticencias frente mundo. En este sentido, los modernos medios de comuni-
a los cristianos y cristianas más implicados en la lucha a cación social han tenido una influencia decisiva, a pesar de
favor de los derechos humanos. Les acusan de seculariza- toda política de control y silenciamiento de que son objeto
ción de la vida cristiana, de reduccionismo político, de con- por parte de los poderes e instituciones interesadas en dicho
fundir el trabajo pastoral con la política. Pero ya nadie se control y silenciamiento.
atreverá a negar que la defensa de los derechos humanos es También se va ampliando el campo de la lucha por los
una parte esencial del compromiso cristiano. Aún más, derechos humanos debido a la creciente sensibilización y
nadie se atreverá a negar que el compromiso con los dere- concientización de la sociedad. Hoy no se puede ocultar la
chos humanos es un rasgo esencial del seguimiento de Jesús dramática violación de los derechos humanos de millones
hoy, de la vida y la praxis cristiana. Es cierto que a la comu- de personas. Pero tampoco se puede ignorar que cada vez
nidad cristiana se le exige una peculiar motivación evan- más personas reaccionan con indignación ética frente a esas
gélica para conducir ese compromiso. Pero, en todo caso, violaciones de los distintos derechos humanos. Se han mul-
la lucha por los derechos humanos es una concreción del tiplicado las declaraciones de los derechos humanos de dis-
compromiso cristiano. tintos sectores de la población: de los niños, de las mujeres,
de los ancianos, de los indígenas, de los emigrantes... Esas
declaraciones de los derechos humanos no acaban con las
El amplio campo de los derechos humanos violaciones de los mismos, pero sí crean conciencia en la
mayoría de las personas e incluso obligan a los violadores
De alguna forma, el compromiso con los derechos a esconderse.
humanos es una explicitación y concreción del ya comen- Se habla ya de tres generaciones en la interpretación de
tado compromiso con la justicia. Es como reivindicar y pro- los derechos humanos. La "primera generación" enfatizó los
mover la justicia desde la perspectiva del sujeto, de la per- derechos civiles y políticos, inseparables de la idea de ciu-
sona. No es posible la justicia sin la oportuna respuesta a dadanía (libertad de expresión, de conciencia, de íisociación,
los derechos humanos, que salvaguardan la dignidad de la de reunión, de desplazamiento, de propiedad, de participa-
persona. Por eso, la promoción y defensa de los derechos ción...). La "segunda generación" enfatizó los derechos eco-
humanos es la promoción y la defensa del proyecto de Dios, nómicos, sociales y culturales (derecho al trabajo, a un nivel
de su voluntad sobre las personas. Pues, "la gloria de Dios de vida digno, a la educación, a la asistencia sanitaria, al
es que el hombre viva" y que viva en abundancia y con dig- seguro de desempleo, a la jubilación...). La "tercera gene-
nidad. Todo lo que se haga para dignificar a las personas, ración" insiste en el valor de la solidaridad y desde ahí enfa-
para permitir que vivan con dignidad y como hijos e hijas tiza nuevos derechos (derecho a la paz, derecho a un medio
de Dios, contribuye a realizar el plan que Dios tiene sobre ambiente sano, a la autodeterminación, a la identidad cul-
esta humanidad. Por eso, la promoción y la defensa de los tural...). Este amplio espectro de derechos constituye hoy el
derechos humanos son una colaboración en el plan salví- cuerpo de una "ética de los mínimos".
fico de Dios. Ni las Iglesias, ni las comunidades cristianas, Naturalmente, las urgencias son distintas con respecto
a esas distintas "generaciones de los derechos humanos".

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Antes es el derecho a la alimentación que el derecho a la dentro del p r i m e r m u n d o . El c o m p r o m i s o cristiano j a m á s
libre expresión. Y son distintas también en los distintos con- debe olvidarse de los pobres y sus derechos.
tinentes y en los distintos pueblos, de a c u e r d o con la situa- E n este sentido, las Iglesias y las c o m u n i d a d e s cristia-
ción económica, política y social. nas deben prestar especial atención hoy al fenómeno de la
E n los países del tercer m u n d o prevalecen las urgencias inmigración, a los derechos h u m a n o s de ese sector margi-
de los derechos económicos. La pobreza severa, con toda su nal que son los emigrantes, especialmente a los indocu-
constelación de desgracias e infortunios, pide de las Iglesias m e n t a d o s que se e n c u e n t r a n en u n estado casi absoluto de
y las comunidades cristianas un c o m p r o m i s o m á s decidido indefensión.
en la lucha por la defensa de los derechos económicos. Está Aquí se abre hoy u n amplio c a m p o al c o m p r o m i s o cris-
en juego el derecho básico y fundamental: el derecho a la tiano o a la lucha por los derechos h u m a n o s de todos los
vida y a u n a vida digna. En esta dirección ha de encaminarse seres humanos, comenzando por los más pobres y excluidos.
el c o m p r o m i s o con los pobres y contra la pobreza. Desa- La parábola del juicio final que nos ofrece el evangelio de
fortunadamente, este compromiso se ve hoy debilitado en Mateo (25, 31-43) debe estar siempre presente en la con-
muchos ámbitos de la sociedad neo-liberal, en la medida que ciencia de los cristianos, y debe estimular su compromiso
los pobres pasan sencillamente a ser los excluidos e igno- con los derechos h u m a n o s . La parábola a p u n t a a los dere-
rados, los que no cuentan ni son tenidos en cuenta. Las Igle- chos m á s primarios de la persona h u m a n a . Es u n desafío al
sias cristianas no pueden permitir que esto suceda, si siguen compromiso con la defensa de los derechos h u m a n o s de los
creyendo que los pobres son los preferidos del Reino de hambrientos, de los sedientos, de los extranjeros, de los des-
Dios, si siguen creyendo que ellos t a m b i é n tienen derecho nudos, de los enfermos, de los presos... y de todos los seres
a la vida y a u n a vida digna. h u m a n o s , especialmente de las víctimas.
Sin embargo, esta prioridad de los derechos económicos
no debe hacer de menos o ignorar la importancia de los
derechos políticos y sociales. Porque lodos los derechos 4. E L COMPROMISO DE LA SOLIDARIDAD CON LAS VÍCTIMAS
h u m a n o s están interconectados y, por lo general, la violación
de los derechos económicos lleva consigo también la viola- La urgencia de la solidaridad
ción de los derechos políticos y sociales, y viceversa. No hay
dignidad h u m a n a plenamente reconocida y respetada si "Solidaridad": es hoy u n a palabra emblemática, lema
alguno de los derechos h u m a n o s es violado. ¿Acaso los privilegiado de esta generación, ideal p r o p u e s t o y deseado
pobres no tienen derecho a la libertad, a la defensa de la tie- en m u c h o s á m b i t o s de la sociedad y sólo parcialmente rea-
rra, a un medio ambiente sano? ¿No son ellos, por lo gene- lizado. De la solidaridad se habla entre las personas y los
ral, las víctimas de la voracidad del mercado en relación con grupos de la sociedad del bienestar que son m á s sensibles
la ecología? Sin embargo, sí es cierto que los derechos más al sufrimiento y al d r a m a h u m a n o . Muchas personas en el
urgentes en esos pueblos son los derechos económicos, p r i m e r m u n d o la practican de forma espontánea. Pero de
puesto que están relacionados con las necesidades más bási- la solidaridad se habla sobre todo en las sociedades más
cas y elementales del ser h u m a n o : la alimentación, el vesti- pobres, p o r q u e en ellas es u n m e d i o de supervivencia. En
do, la vivienda, la salud, la educación. esas sociedades la práctica de la solidaridad es absoluta-
En los países m á s desarrollados es posible que los dere- m e n t e urgente. L a m e n t a b l e m e n t e h e m o s de reconocer que
chos m á s urgidos sean los políticos y sociales. Cubiertas las la solidaridad se hace más urgente c u a n t o m á s lejos esta-
necesidades básicas de la vida, es preciso promover y defen- mos de la justicia. Cuando falta la justicia más elemental,
der los derechos políticos y sociales. Pero aún en estos pue- sólo la solidaridad entre los pobres les permite sobrevivir.
blos n o se ha de ignorar la presencia de u n cuarto m u n d o

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II inundo actual crece en sensibilidad frente al proble- ¡Ojalá sea u n plus añadido a la justicia imperfecta, hasta que
ma de la justicia o, mejor, frente al problema de la injusti- la justicia sea total y la solidaridad se haga innecesaria, al
i ia y sus dolorosas consecuencias. Y sin embargo, no con- menos en el á m b i t o de la política y la economía!
seguimos hacer un m u n d o justo y h u m a n o . Un elemental
realismo nos obliga a reconocer que la justicia completa
siempre será u n a m e t a histórica pendiente, u n a m e t a por Más informados y más conscientes de los dramas ¡mínanos
delante de nuestras conquistas, allá en un futuro lejano. La
justicia plena es p a r a los movimientos sociales m á s exigen- La solidaridad ha crecido entre m u c h o s sectores de la
tes u n a utopía; para las Iglesias es u n rasgo del Reino de h u m a n i d a d en los últimos tiempos. Y ha crecido con u n a
Dios c o n s u m a d o , de la plenitud del Reino de Dios y su Jus- proyección global y universal. Es un rasgo característico de
ticia. Pero ningún realismo nos debe dispensar de la lucha la cultura m o d e r n a . Indudablemente, los modernos medios
por la justicia, porque en nuestras manos está al menos con- de comunicación social han contribuido no poco a generar
seguir u n a justicia elemental. este espíritu de solidaridad en las personas sensibles al sufri-
Lo cierto es que cada vez son menos los beneficiarios de miento y a la necesidad ajena. Precisamente porque nos han
los bienes y servicios del progreso. Y cada vez son m á s las sacado de nuestro pequeño m u n d o , de nuestros m u n d o s
personas excluidas de esos bienes y servicios. Cada vez son provincianos, de nuestros etnocentrismos, de nuestro ence-
más las víctimas del progreso, de la sociedad del bienestar, r r a m i e n t o en la propia casa... y nos h a n abierto u n a gran
de economía neoliberal, de la cultura del mercado... Cada ventana hacia fuera, hacia otros pueblos, otros continentes,
vez son más las víctimas de la injusticia y sus consecuencias. otras situaciones sociales y a otros sectores de la población
Y cuando hay víctimas o mientras hay víctimas, todos somos humana.
algo cómplices y responsables de la injusticia, a u n q u e no Así los m o d e r n o s medios de comunicación social nos
seamos directamente culpables. Porque la injusticia estruc- han acercado a las víctimas y a las d r a m á t i c a s situaciones
tural, que es la m á s extendida, es una especie de pecado que padecen grandes mayorías de la h u m a n i d a d : la pobre-
colectivo. za d r a m á t i c a de g r a n d e s m a s a s de la población m u n d i a l ,
Ante la injusticia "sostenida" o la exclusión creciente y la vergonzante brecha entre países ricos y países pobres, los
la multiplicación de las víctimas, muchas personas, grupos, conflictos bélicos y el terrorismo y sus víctimas, la d r a m á -
organizaciones e instituciones están reaccionando y asumen tica situación de los desplazados, los exiliados, los emi-
el c o m p r o m i s o de la solidaridad. Bien para r e p a r a r los grantes, la agresión a las etnias indígenas y la expropiación
daños de la injusticia, bien para sostener a las víctimas de sus tierras, la explotación laboral de los niños, los pro-
mientras la justicia llega. O incluso para ejercer ese plus de cesos de m a r g i n a c i ó n y exclusión de las mujeres y otros
humanidad, de magnanimidad, de generosidad... que anida grupos h u m a n o s , los conflictos étnicos y religiosos, los
en el corazón h u m a n o , c u a n d o saca a relucir lo más h u m a - genocidios...
no de sí mismo. Durante siglos la mayoría de las personas vivieron aje-
Ese plus de solidaridad va más allá de la m i s m a justicia nas a estos d r a m a s ; vivieron en un m u n d o estrecho y tan
legal. Traspasa las fronteras de la mera obligación legal y cerrado, al que no e n t r a b a la información sobre el resto de
hasta moral. ¡Ojalá la solidaridad no sea un simple gesto la h u m a n i d a d . Todas las situaciones que no afectaban a los
p a r a acallar la mala conciencia de los instalados! La soli- m i e m b r o s del propio grupo, de la propia "aldea" eran prác-
daridad tiene a veces la misma ambigüediid que las tradi- ticamente ignoradas. Pero hoy el m u n d o entero se ha con-
cionales obras de misericordia de las iglesias cristianas. vertido en u n a "aldea global". Por eso ha crecido la sensi-
¡Ojalá la solidaridad no sea un simple sustituto de la justi- bilidad social en m u c h a s personas y se h a a m p l i a d o el
cia, como lo han sido tantas veces las obras asistenciales! c a m p o de la solidaridad m á s allá de la propia aldea.

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Hay algunos interrogantes que cada vez s u e n a n m á s de agnósticos y ateos. Está en el corazón del debate ético
Inertes c u a n d o se m i r a a los ojos de las víctimas. ¿No actual, respaldando la apuesta por la llamada "ética com-
debemos ser solidarios con las víctimas de todas esas situa- pasiva". Es u n buen ejemplo de que lo más p u r o y genuino
ciones, a u n q u e sean tan lejanas a n u e s t r o m u n d o ? ¿No del evangelio cristiano es patrimonio de toda la h u m a n i d a d .
s o m o s responsables colectivamente de aquello que no so- "Devolvednos a Jesús, devolvednos su evangelio". Este grito
m o s culpables directa e individualmente? ¿No d e p e n d e se ha escuchado en tiempos recientes fuera de las Iglesias
n u e s t r a h u m a n i z a c i ó n de la humanización y dignificación cristianas c o m o un reclamo a las mismas.
de todas las víctimas? ¿Podremos estar tranquilos y satis- Se t r a t a de u n a parábola a la que se hacen frecuentes
fechos mientras contemplamos esas situaciones dramáticas, alusiones en el actual debate ético, en el actual debate sobre
esas víctimas inocentes? Estas preguntas son inquietantes el valor ético y la n e c e s i d a d h i s t ó r i c a de la s o l i d a r i d a d .
y desafiantes p a r a todo ser h u m a n o con u n a elemental sen- A ella r e c u r r e n sobre todo los partidarios de la "ética com-
sibilidad h u m a n a , con u n a conciencia ética básica. Pero pasiva", que h u n d e sus raíces en la más genuina tradición
sobre todo son inquietantes y desafiantes para la concien- bíblica y judía.
cia cristiana o p a r a quienes tienen viva la fe y la conciencia Lucas sitúa la parábola exactamente después de la gran
cristiana. Inquietan e interpelan a u n c o m p r o m i s o de soli- cuestión que u n legista ha planteado a Jesús: "Maestro, ¿qué
daridad afectiva y efectiva con las víctimas, que es irrenun- he de hacer p a r a tener en herencia la vida eterna?" (Le 10,
ciable en la vida cristiana. 25). (La cuestión en el evangelio de Mateo es la siguiente:
"Maestro, ¿cuál es el m a n d a m i e n t o principal de la ley?" (Mt
22, 36). La cuestión es central para la religión judía. La res-
La gran parábola de la solidaridad puesta de Jesús en Mateo y del m i s m o legista en Lucas es
conocida: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con
Hay u n a parábola del evangelio de Jesús que se ha vuel- toda tu alma, con todas tus fuerzas... y a tu prójimo como
to paradigmática para u n a ética actual de la solidaridad. Es a ti m i s m o " (Le 10, 27). Era u n a respuesta obvia, conocida
la p a r á b o l a del b u e n s a m a r i t a n o o simplemente del sama- p o r todos los judíos. Pero en la respuesta de Jesús hay ya
ritano. "Bajaba u n h o m b r e de Jerusalén a Jericó, y cayó en u n a gran novedad: la estrecha vinculación entre a m b o s
m a n o s de salteadores, que, después de despojarle y gol- m a n d a m i e n t o s : "El segundo (mandamiento) es semejante a
pearle, se fueron dejándole medio m u e r t o . Casualmente éste: Amarás al prójimo como a ti mismo. De estos dos man-
bajaba por aquel c a m i n o un sacerdote y, al verle, dio un damientos penden toda la Ley y los Profetas" (Mt 22, 39-40).
rodeo. De igual m o d o , u n levita que p a s a b a p o r aquel sitio
le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino
llegó j u n t o a él, y al verle tuvo compasión, y, acercándose, ¿Quién es mi prójimo?
vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y mon-
tándole sobre su cabalgadura, le llevó a u n a posada y cuidó Y Lucas todavía a ñ a d e a la parábola u n a novedad m á s
de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al definitiva y decisiva. La novedad de la parábola de Lucas
posadero y dijo: cuida de él y, si gastas algo más, te lo paga- se refiere a la categoría de "prójimo". La parábola es res-
ré c u a n d o vuelva" (Le 10, 30-35). puesta a la cuestión con la que continúa el legista inten-
Las referencias a esta parábola no aparecen ya sola- t a n d o justificarse e i n t e n t a n d o p o n e r a p r u e b a a Jesús: "Y,
mente en libros de teología, de moral, de espiritualidad cris- ¿quién es mi prójimo?" (Le 10, 29). Esta es la cuestión defi-
tiana. Esta parábola no es ya patrimonio exclusivo de las nitiva y decisiva. Aquí está la clave del debate. ¿Quién es
iglesias cristianas. Aparece también en libros y discursos de prójimo? ¿El cercano? ¿El que se acerca? ¿Cómo se llega
creyentes de otras tradiciones religiosas y de no creyentes, a ser prójimo?

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La cuestión es decisiva porque la respuesta invierte los heridas de la víctima, su sufrimiento, situación de postra-
términos de la "proximidad" o la "projimidad". E n la tradi- ción, su indefensión... lo que exige la aproximación soli-
ción judía era frecuente traducir prójimo por próximo, veci- daría de los viandantes.
no, cercano, de los míos, de los nuestros. En este sentido el En este sentido, el concepto de solidaridad se aproxima
prójimo era el m i e m b r o de la propia familia, del propio m u c h o al concepto de justicia propio de la teología proféti-
grupo, del propio clan, del propio pueblo. Un samaritano no ca de Israel. Los profetas no conciben la justicia desde las
era de los suyos para u n judío. El que q u e d a b a m á s allá del exigencias de la ley, ni la reclaman apelando a la ley. La
propio grupo se convertía fácilmente en enemigo o, en el medida de la justicia que reclaman está en las necesidades
mejor de los casos, en un sujeto ignorado, excluido, sin inte- que acosan a las víctimas: pobres, huérfanos, viudas, extran-
rés, indigno de amor. Lógicamente, el a m o r al prójimo se jeros... Y el reclamo de justicia no brota de la fuerza de la
limitaba al a m o r etnocéntrico o se traducía así: "Amarás a ley, sino del clamor de los heridos por la injusticia, del llan-
tu prójimo y odiarás a tu enemigo" o "Amarás a los tuyos, to de las víctimas, de los gritos de los sufrientes. Las vícti-
a los que te están próximos, a los que son de tu familia, de m a s , los heridos, son el testimonio fehaciente de que la jus-
tu grupo, de tu clan, de tu pueblo". Esos y nadie más son tu ticia aun no se ha cumplido plenamente. Para que la justicia
prójimo. sea plena hay que escuchar el clamor de las víctimas, hay
Pero la parábola cambia el enfoque y da otra definición que acercarse solidariamente a ellas. La solidaridad es, pues,
del prójimo. Contesta de forma novedosa a la pregunta: "Y, m á s que la justicia legal. Es la justicia p l e n a m e n t e h u m a n a
¿quién es mi prójimo?". La parábola conduce a la siguien- o humanizada. Porque, en definitiva, es la solidaridad la que
te conclusión: "(Prójimo) es el que practicó la misericordia nos hace plenamente h u m a n o s . Y, en este sentido, es el heri-
con el herido" (Le 10, 37). Por tanto ha c a m b i a d o la direc- do del camino, la víctima, quien nos permite humanizarnos,
ción de la projimidad. Prójimo n o es el que está próximo a hacernos próximos, hacernos h u m a n o s .
mí porque pertenece a los míos, a mi grupo, a mi familia, a
mi partido, a mi pueblo. Próximo es el que se aproxima al
herido, al necesitado, a la víctima. Prójimo soy yo en la No es opcional; es obligatoria
m e d i d a que m e aproximo o me hago próximo a la otra per-
sona con el propósito benevolente, misericordioso, asisten- Por eso, hoy se insiste en que la solidaridad no es opcio-
cial, solidario... Por consiguiente, a m a r i\\ prójimo no es ya nal. Es obligatoria, vinculante. Es u n a obligación moral. En
sólo a m a r al próximo; es sobre todo aproximarse al que está ella hay auténtica responsabilidad ética.
necesitado de solidaridad. Con frecuencia se h a interpretado la solidaridad como
un mero gesto de magnanimidad, de generosidad, de buena
voluntad. Por consiguiente, la solidaridad sería libre, opcio-
La solidaridad y la justicia bíblica: el clamor de las víctimas nal, arbitraria. Estaría a expensas de la decisión libre de las
personas. Sería u n a virtud opcional, propia de aquellas per-
En esta interpretación del a m o r al prójimo resalta, pues, sonas buenas, m a g n á n i m a s , generosas... Pero n o se podría
la i m p o r t a n c i a y hasta la obligación del c o m p r o m i s o de la reclamar responsabilidad a las demás personas que no se
solidaridad. Esta supera los límites de las exigencias pro- sintieran inclinadas a la solidaridad. Negarse a la solidari-
pias de la justicia legal. El s a m a r i t a n o no se aproxima, no dad no sería u n a violación de la h u m a n i d a d . No plantearía
se hace prójimo del herido porque está obligado por ley, un p r o b l e m a ético, pues nadie está obligado en conciencia
sino porque se ve obligado y exigido por la necesidad ajena. a lo que no es éticamente vinculante. La solidaridad sería
No es la ley la que exige solidaridad; es la necesidad del ese plus que p o n e n libre y voluntariamente las personas
otro, de la víctima, la que postula la solidaridad. Son las

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m a g n á n i m a s y generosas. Sólo p o r q u e son "buenas", no exigida por la propia naturaleza h u m a n a . Mientras haya
p o r q u e deban ser solidarias. víctimas, n o es posible ser h u m a n o s sin ser solidarios. La
Pero cada vez más se va afianzando la convicción de que solidaridad con las víctimas es la medida de nuestra h u m a -
la solidaridad es moralmente obligatoria y vinculante. Sim- nidad. La e m p r e s a de ser h u m a n o s es nuestra gran tarea,
plemente p o r q u e toda persona h u m a n a tiene derecho a su n u e s t r a misión fundamental, n u e s t r a verdadera vocación
dignidad h u m a n a . Por consiguiente, cualquier persona tie- h u m a n a . Pero, en cierto sentido, es u n a tarea colectiva. Por
ne derecho a disfrutar de todas las condiciones personales eso nos h u m a n i z a m o s todos o todos estamos pendientes de
y sociales que hacen posible esa dignidad personal. humanización.
Todas las personas, grupos y pueblos tienen derecho, Nadie puede considerarse plenamente h u m a n o mientras
por ejemplo, a participar de los bienes de la tierra. Por con- haya personas cuyos derechos h u m a n o s no sean reconoci-
siguiente, todos estamos obligados a ser solidarios y a com- dos y respetados. No p o d e m o s considerarnos plenamente
partir esos bienes, y a luchar p a r a que lleguen a todas las h u m a n o s hasta que todas las personas recuperen su digni-
personas, a todos los grupos, a todos los pueblos. Todas las dad h u m a n a . En este sentido, la solidaridad con el herido
personas tienen derecho a participar de los servicios de del camino, la aproximación a él, no sólo h u m a n i z a al heri-
salud, de educación. Por consiguiente, todos estamos obli- do; h u m a n i z a también al transeúnte que se aproxima y le
gados a ser solidarios con las d e m á s personas en estos cura las heridas. La solidaridad nos hace prójimos, que es
ámbitos. la forma de ser h u m a n o s . Lo más h u m a n o es la compasión,
Ser solidario no es dar gratuitamente a otra persona lo la capacidad y la decisión de compartir el sufrimiento y tam-
que n o le es debido. Es reconocer al otro sus derechos y bién la alegría con todos los seres h u m a n o s .
hacer posible que los ejercite. El herido del camino tiene Aquí se abre un horizonte amplio al compromiso cris-
derecho a la asistencia. Su problema es nuestro problema. tiano. Este va m á s allá de los límites del propio grupo, de la
Es problema de todos los transeúntes. Por eso, la cultura propia familia, de la propia comunidad, del propio pueblo.
individualista - m o d e r n a y p o s t m o d e r n a - es incompatible Todos los h o m b r e s y mujeres son nuestros h e r m a n o s y her-
con el c o m p r o m i s o de la solidaridad. Pues se trata de u n a m a n a s . Son nuestros prójimos.
cultura que se e m p e ñ a en dejar a cada cual solo o sola con El c o m p r o m i s o cristiano va más allá de los preceptos
"su" problema. Se empeña en conseguir que cada cual se legales, de cualquier mandamiento o prohibición. Se extien-
desentienda de los problemas de los d e m á s . "Este no es tu de al c o m p r o m i s o solidario con cualquier persona necesi-
problema". "Ese no es mi problema". Este tipo de reaccio- tada, y traspasa las fronteras de cualquier sistema legal. El
nes es el camino más directo hacia la insolidaridad total, c o m p r o m i s o cristiano no es el compromiso con la ley, aun-
hacia la soledad más radical. Una cosa es el respeto a la pri- que reconoce el valor y la importancia de cualquier ley justa.
vacidad de las personas, y otra m u y distinta es la indife- Es compromiso con el prójimo, y especialmente con el pró-
rencia absoluta ante su sufrimiento y sus problemas. Lo pri- jimo necesitado. El prójimo, sobre todo el pobre y la vícti-
mero entra dentro del respeto a la dignidad de las personas. ma, es sacramento de Dios; revela mejor que cualquier ley
Lo segundo es un desconocimiento de esa dignidad, y hasta la voluntad de Dios, la justicia que Dios quiere.
u n a conculcación de la misma. Si todo ser h u m a n o ha de ser solidario, para ser verda-
d e r a m e n t e h u m a n o , con más razón lo ha de ser el cristia-
no. Si para tocio ser h u m a n o la solidaridad no es u n mero
La solidaridad: medida de la humanidad c o m p r o m i s o opcional, sino un c o m p r o m i s o obligatorio,
con más razón lo ha de ser obligatorio e irrcnunciable para
Pero la solidaridad no es sólo un derecho de las víctimas. los cristianos. Para los seguidores y seguidoras de Jesús
Es también u n a necesidad para todos los seres humanos. Es toda persona h u m a n a es u n reclamo de solidaridad, espe-

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cialmente c u a n d o su h u m a n i d a d está de algún m o d o cru- Sin embargo, es cierto que el factor religioso ha sido y sigue
cificada. Y lo es precisamente p o r q u e p a r a los seguidores siendo factor condicionante de muchos conflictos. Y es cier-
de Jesús todo ser h u m a n o tiene la dignidad de ser hijo o hija to también que los conflictos religiosos suelen tener, por lo
de Dios, y de ser h e r m a n o o h e r m a n a de todos los d e m á s general, u n a s características propias y u n a violencia o viru-
seres h u m a n o s . La filiación divina y la fraternidad h u m a - lencia muy intensa.
na son la fuente última de toda dignidad h u m a n a . Y son Están a d e m á s los conflictos de carácter m á s personal,
t a m b i é n la fuente última de la solidaridad. que tienen lugar en las llamadas relaciones cortas. Son con-
flictos entre personas, entre grupos primarios, entre fami-
lias. Son los conflictos de la pequeña aldea. Normalmente,
5. COMPROMISO CON LA PAZ Y LA TOLERANCIA la intensidad y la expansión de estos conflictos m a r c a n los
niveles de seguridad o inseguridad de u n a sociedad. Por lo
Un mundo de conflictos múltiples y variados general, se trata de conflictos motivados p o r los factores ya
señalados: la apropiación de bienes y el robo, la conquista
La paz es un derecho de todas las personas y de todos del poder, conflictos pasionales, enfrentamientos entre gru-
los pueblos. Pero es t a m b i é n u n a obligación y u n a respon- pos por motivos ideológicos, étnicos, religiosos...
sabilidad. Es u n c o m p r o m i s o h u m a n o y cristiano. La paz
está esencialmente vinculada a la justicia. El c o m p r o m i s o
con la justicia es ya u n compromiso con la paz, quizá el más El compromiso con la justicia y el compromiso con la paz.
definitivo.
Especialmente en u n a sociedad atravesada por fuertes En este contexto conflictivo, el c o m p r o m i s o con la paz
conflictos, la paz es u n desafío p a r a todos. Los conflictos y la tolerancia son una necesidad para todos los seres huma-
son múltiples y de distinta naturaleza. O, dicho de otra nos. La paz y la tolerancia forman también parte del com-
forma, en la mayoría de los conflictos intervienen varios promiso cristiano. Pero este c o m p r o m i s o tiene algunos
factores. Hay factores económicos. En m u c h o s conflictos aspectos m u y particulares.
está en juego la conquista o apropiación de bienes mate- En primer lugar, el c o m p r o m i s o con la paz implica un
riales o la defensa de los mismos. Aún en los conflictos que decidido y constante c o m p r o m i s o con la justicia. La mayo-
se p r e s e n t a n c o m o específicamente religiosos suele h a b e r ría de los conflictos entre las personas y entre los pueblos
un c o m p o n e n t e económico: los intereses p o r la defensa de suelen ser el resultado de alguna injusticia, o de u n a situa-
bienes materiales y beneficios económicos. Suele h a b e r ción a la que ha dado lugar la injusticia. Muchos conflictos
t a m b i é n intereses políticos: la lucha por el poder es otro de se originan como reacción contra la injusticia. Pero, desa-
los factores d e t e r m i n a n t e s de los conflictos. A veces las fortunadamente, con m u c h a frecuencia la violencia reacti-
r a z o n e s e c o n ó m i c a s y políticas se disfrazan de r a z o n e s va o "revolucionaria" no consigue terminar con la injusticia,
ideológicas, éticas, nacionalistas... Pero, en realidad, la ni poner fin a la violencia institucional. Por el contrario, con
lucha por el p o d e r económico y político está en el trasfon- m u c h a frecuencia la violencia reactiva y revolucionaria sólo
do de la mayoría de los conflictos. consigue e m p e o r a r o agravar la situación. Da lugar a un
Otras veces los conflictos están m a r c a d o s por factores fenómeno que se ha dado en llamar "la espiral de la violen-
religiosos. A lo largo de la historia han a b u n d a d o las gtierras cia". También se podría llamar "la espiral de la injusticia".
religiosas. Y el factor religioso sigue presente en varios de En esas situaciones la solución no suele ser la violencia. Sólo
los conflictos que actualmente tienen lugar a lo ancho del la justicia es el camino hacia la paz.
m u n d o . No se dan conflictos p u r a m e n t e religiosos. Casi Por consiguiente, el primer aspecto del compromiso con
siempre están mezclados con otros factores del conflicto. la paz es la lucha por la justicia. Por eso se ha repetido con

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tanta insistencia que el n o m b r e de la paz hoy es "justicia". digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os per-
Efectivamente, todas las conquistas en el ámbito de la jus- sigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que
ticia repercuten favorablemente en el ámbito o a favor de la hace salir el sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos
paz. La eliminación de la injusticia elimina la mayoría de los e injustos. Porque si a m á i s sólo a os que os a m a n , ¿Qué
factores que d a n lugar a la violencia. No siempre, cierta- recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los
mente, porque hay algunas violencias m á s preocupantes: publícanos? Y si n o saludáis más que a vuestros h e r m a n o s ,
aquellas que ni siquiera pueden invocar como razón la injus- ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso t a m b i é n los gen-
ticia. Pero, en la mayoría de los casos la lucha contra la vio- tiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vues-
lencia y a favor de la paz, comienza por la lucha contra la tro Padre celestial" (Mt 5, 43-48).
injusticia. Por eso, todo lo que se dijo sobre el compromiso El perdón a los enemigos y la reconciliación gratuita con
con la justicia se puede aplicar al c o m p r o m i s o con la paz. ellos son exigencia p r i m e r a del evangelio de Jesús. Perdo-
n a r hasta setenta veces siete, es decir, siempre, es un rasgo
esencial de la propuesta de vida que hace Jesús a sus segui-
El compromiso cristiano con el perdón y la reconciliación dores y seguidoras. "Pedro se acercó entonces y le dijo:
Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que
Pero, en general, en lodos los conflictos hay algo m á s m e haga mi h e r m a n o ? ¿Hasta siete veces? Dícele Jesús: No
que una injusticia que es preciso reparar. Hay también te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete" (Mt
u n o s sentimientos que es preciso sanar. Los conflictos y la 18, 21-22). Por eso en la oración dominical u n a de las peti-
violencia casi siempre están rodeados de odio y resenti- ciones es el perdón de nuestras ofensas, que se asocia al per-
m i e n t o , de animadversión y ansias de venganza. Es preci- dón que nosotros otorgamos. "Perdona nuestras ofensas así
so reparar estos sentimientos para que llegue la paz. Es pre- como nosotros p e r d o n a m o s a quienes nos h a n ofendido...
ciso eliminar esas actitudes p a r a que de nuevo sea posible Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os per-
la convivencia pacífica. De lo contrario, siempre se dará la donará t a m b i é n a vosotros vuestro Padre celestial; pero si
justicia conseguida por insuficiente; siempre se reclamará no perdonáis a los h o m b r e s , t a m p o c o vuestro Padre per-
u n a justicia mayor, pues la conquistada se considerará d o n a r á vuestras ofensas" (Mt 6, 12-15). Tal es la importan-
insuficiente. cia del perdón en la vida cristiana. P e r d o n a r es u n a condi-
Pero, en el fondo, ya no es justicia lo que falta o se nece- ción irrenunciable para cumplir las exigencias del Reino de
sita. Llegado a cierto punto, el compromiso con la paz no es Dios y su Justicia. Tal es la importancia del perdón en el
sólo compromiso con la justicia. Pasa a ser compromiso con c o m p r o m i s o cristiano con la paz.
el perdón y la reconciliación. Con frecuencia ésta es la única La práctica p e r d o n a d o r a es u n o de los rasgos m á s
forma de r o m p e r la espiral de la violencia o de la injusticia. salientes del ministerio público de Jesús. Sus c o m i d a s fre-
El perdón y la reconciliación son capaces de reparar las heri- cuentes con publícanos y pecadores son, en definitiva, u n a
das que la injusticia y la violencia dejan detrás de sí. Son oferta de perdón, de c o m u n i ó n , de aceptación de esas per-
capaces de restaurar las relaciones rotas y hacen posible de sonas a la c o m u n i d a d de salvación. Esas c o m p a ñ í a s le
nuevo la convivencia pacífica, la paz. valieron a Jesús la crítica de los guardianes de la ortodoxia
Esta es una dimensión esencial e irrenunciable del com- y de la pureza. Pero precisamente por eso es un rasgo espe-
promiso por la paz. Y es una dimensión irrenunciable del cialmente significativo de su vida. Y debe serlo también de
c o m p r o m i s o cristiano. Aún más, el evangelio lo presenta sus seguidores y seguidoras. Las prácticas del p e r d ó n y la
c o m o la dimensión m á s específica y característica de los reconciliación son también el aporte m á s específico de la
seguidores y seguidoras de Jesús. "Habéis oído que se dijo: c o m u n i d a d cristiana a la causa de la paz, sobre todo cuan-
Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os do los conflictos llegan a un p u n t o de no r e t o r n o en el que

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sólo el perdón y la reconciliación pueden garantizar de senté en la sociedad. El problema de la tolerancia ha cono-
nuevo la paz perdida. cido sus momentos más álgidos cuando se ha presentado
la necesidad de manejar los conflictos entre distintos cre-
dos y confesiones religiosas. En todas estas situaciones las
Y la tolerancia en un mundo plural sociedades y las iglesias se han movido entre actitudes
modélicas efe tolerancia y reacciones dramáticas de into-
Pero aún hay otra dimensión esencial del compromiso lerancia.
con la paz: la tolerancia. Hoy la tolerancia sigue siendo un desafío, a pesar de
Vivimos en un mundo plural. En realidad, el mundo todos los progresos que en este sentido ha supuesto la cul-
siempre ha sido plural. Pero hoy somos más conscientes de tura democrática en la sociedad civil y la cultura del ecu-
ese pluralismo y, sobre todo, ese pluralismo es ya el ambien- menismo y del diálogo en las religiones y en las iglesias. La
te normal en el que discurren nuestras vidas. ética de mínimos, que procura un consenso elemental a
Somos más conscientes del pluralismo debido a algunos nivel axiológico y normativo, pero que a su vez cuenta con
factores del mundo moderno. En primer lugar, los podero- las diferencias, a veces no fácilmente conciliables, necesi-
sos medios de comunicación social nos hacen hoy presen- ta de la tolerancia como su complemento. Ni el pluralismo
tes mundos otrora distantes y desconocidos. Y nos ayudan sano, ni la cultura democrática, ni la ética de los mínimos...
a tomar conciencia del pluralismo reinante en nuestro pueden mantenerse sin la tolerancia. ¿Qué implica la vir-
mundo. Y, en segundo lugar, la movilidad creciente de la tud de la tolerancia en relación con la convivencia?
población mundial hace que ese pluralismo sea cada vez Implica, en primer lugar, un reconocimiento del otro
más el medio ambiente normal de nuestras vidas. Incluso como distinto, de su identidad y dignidad, de su derecho a
si nosotros no nos movemos, otros y otras se mueven. Si no ser diferente. Este reconocimiento supone una superación
nos movemos al encuentro de otros pueblos, de otras cul- del egotismo y del egocentrismo a nivel individual. Supo-
turas, de otras religiones... es muy posible que personas de ne también una superación del etnocentrismo y de todo
otros pueblos, culturas y religiones vengan a nuestro en- resabio colonialista e imperialista en las relaciones entre
cuentro. Esto nos hace vivir cada vez más inmersos en el grupos, pueblos, razas, culturas, religiones. No hay grupos,
pluralismo. Así, quién más quién menos se ve hoy afecta- ni pueblos, ni razas, ni culturas, ni religiones superiores,
do o afectada en su vida por el pluralismo cultural, políti- con derecho a imponerse sobre los demás. El reconoci-
co, ideológico, religioso... Estamos pues ante el desafío de miento del otro como igual en dignidad es una forma de
procesar el pluralismo, las diferencias, la alteridad... para reconocimiento de la dignidad ajena y propia; el diálogo
hacer posible una convivencia pacífica. con él es una forma de afirmar la identidad propia y ajena,
Este fenómeno del pluralismo hace cada vez más ur- un cauce de humanización de ambos.
gente la virtud de la tolerancia, el compromiso con la tole- La tolerancia implica, en segundo lugar, un reconoci-
rancia. Se trata verdaderamente de una virtud, porque su miento y aceptación de las diferencias. Pero como las dife-
ejercicio requiere mucha fortaleza. Es una virtud cívica, rencias acarrean consigo frecuentemente un conflicto de
absolutamente necesaria en una sociedad pluralista y de- intereses, deben ser procesadas en un espíritu democrático
mocrática. y dialogal. La tolerancia no debe ser confundida con un falso
El problema de la convivencia humana es, en buena irenismo. Tolerar no es sólo soportar; es también mante-
parte, un problema de tolerancia, tanto a nivel individual nerse firmes en el diálogo hasta llegar a un consenso sobre
como a nivel social. Por eso la tolerancia ha sido siempre las diferencias legítimas o sobre aquellas a las que es preci-
un problema presente en la historia humana. Y lo ha sido so renunciar en nombre de la convivencia. El diálogo, y no
mayor en la medida que el pluralismo ha estado más pre-

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cualquier tipo de fuerza o autoritarismo, es la vía demo- Contra todo fanatismo y a favor del diálogo interreligioso
crática para manejar las diferencias en conflicto.
La tolerancia, en tercer lugar, no es indiferencia o apa- Para los cristianos hoy se ha vuelto especialmente urgen-
tía hacia el otro. Ni es renuncia a las propias convicciones, te la tolerancia religiosa. Ésta es u n a dimensión esencial del
o escepticismo o relativismo absoluto. Ni es un desenten- c o m p r o m i s o con la paz. El pluralismo religioso es un rasgo
derse del otro. La solidaridad es hoy u n o de los n o m b r e s saliente del pluralismo actual. El diálogo intcrreligioso es un
más relevantes de la justicia. Una tolerancia de este tono aspecto esencial del c o m p r o m i s o con la paz.
sería falsa y supondría u n a renuncia a la convivencia. La A nadie se le oculta la violencia que han arrojado los con-
m e r a coexistencia pacífica es un estado violento. Tarde o flictos religiosos, las guerras de religión. La explicación hay
t e m p r a n o degenera conflicto y termina por romperse. que buscarla en ese c o m p o n e n t e de violencia que tiene lo
Tampoco la tolerancia debe confundirse con la indife- sagrado. Porque lo sagrado tiene como referente el Absolu-
rencia y la falta de re-acción o la capitulación ante las situa- to y el Absoluto q_lo Absoluto no admite competidores. Por
ciones "intolerables", que dañan la convivencia. El dejar- eso todas las religiones llevan en su seno un germen de vio-
hacer o dejar-pasar, mientras se van multiplicando las lencia, de beligerancia, de fanatismo e intolerancia.
víctimas, no es necesariamente la mejor versión de la tole- Sin embargo, la mayoría de las religiones también alber-
rancia. Esta implica u n a re-acción contra todo lo que es gan en su seno gérmenes de tolerancia y de convivencia
intolerable desde "la ética de los mínimos". Pero es también pacífica. En sus códigos doctrinales todas ellas reconocen
u n a reacción con u n a s condiciones "mínimas" de legitimi- la dignidad absoluta de los seres h u m a n o s en su condición
dad: el respeto a la dignidad de las personas, incluso de de hijos de Dios y h e r m a n o s entre sí. Y en sus códigos éti-
aquellas que son responsables de esas situaciones intolera- cos todas ellas contienen prescripciones e n c a m i n a d a s a
bles; el respeto de los procesos que conducen a la superación fomentar el amor, el perdón, la reconciliación, la justicia y
de las mismas; el recurso al diálogo como vía ordinaria hacia la paz.
la convivencia, sin apelar de entrada a otros recursos extre- En los evangelios el fanatismo aparece casi siempre de
mos... Tolerar significa, pues, reaccionar de u n a forma cívi- p a i t e de los discípulos. La tolerancia, por el contrario, apa-
ca frente a dichas situaciones intolerables. rece siempre de parte de Jesús mismo.
Esta reacción tolerante y a la vez firme frente a situa- Hay dos textos que ilustran estas afirmaciones. El pri-
ciones intolerables nos introduce en un nuevo enfoque de la mero se refiere a la reacción de los discípulos ante la mala
ética, que debe ser integrado en la ética de los mínimos y en acogida en el pueblo s a m a r i t a n o . "Sucedió que c o m o se
la práctica de la verdadera tolerancia: el enfoque ético desde iban c u m p l i e n d o los días de la asunción, él se afirmó en su
la compasión. Es la reacción desde la perspectiva y desde el voluntad de ir a Jcrusalén, y envió mensajeros delante de sí,
lugar histórico de las víctimas, de aquellos a quienes se les que fueron y entraron en un pueblo de s a m a r i t a n o s para
ha negado en la práctica su dignidad h u m a n a . Aquí la tole- prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía
rancia y la lucha por la justicia se traducen en solidaridad, intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santia-
que es el n o m b r e de la justicia en una sociedad asimétrica. go y Juan dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que baje
Por eso van s o n a n d o cada vez más fuertes las voces que cla- fuego del cielo y los consuma? Pero, volviéndose les repren-
m a n por u n a "ética compasiva". dió; y se fueron a otro pueblo" (Le 9, 51-56). Es la respuesta
de la tolerancia al fanatismo.
El segundo texto es la conocida parábola del trigo y la
cizaña. Un enemigo s e m b r ó cizaña en el c a m p o de trigo y
a m b o s nacieron j u n t o s . "Los siervos del a m o se acercaron
para decirle: Señor, ¿no s e m b r a s t e semilla b u e n a en tu

122 123
campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? Él les contestó: Algún basa sencillamente en la dignidad que el otro posee sim-
enemigo ha hecho esto. Dícenle los siervos: ¿Quieres, pues, plemente por ser persona y por proceder en conformidad
que vayamos a recogerla? Díceles: NO, no sea que, al reco- con su conciencia. Esa es la fuente de todo respeto y toda
ger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo" (Mt 13, 24-30). La tolerancia.
paciencia es una parte de la tolerancia; la impaciencia, lo La tolerancia, sin embargo, no significa permisividad,
es del fanatismo. un dejar hacer o dejar pasar sin más. Esto supondría un
Y pese a esta propuesta de Jesús, sigue siendo un hecho allanamiento de valores y antivalores por igual. Ser tole-
innegable que las religiones en general y el cristianismo en rante no significa arrojarse en la indiferencia total, como si
concreto son con frecuencia proclives al fanatismo y a la todo diera lo mismo. Esto no es tolerar, sino capitular.
intolerancia, como lo fueron los primeros discípulos de Cuando todo da lo mismo, se rompen las fronteras de la
Jesús. Sigue siendo innegable que las religiones son con fre- ética y se hace imposible la convivencia. Cuando todo da lo
cuencia origen de no pocas violencias. Por eso, hoy el com- mismo, ya nada vale la pena.
promiso con la paz exige de las religiones un compromiso La tolerancia es una virtud cívica que facilita la convi-
con el diálogo interreligioso. No habrá paz mientras no vencia en las diferencias y en el pluralismo legítimo. La per-
haya diálogo interreligioso y tolerancia entre las religiones. misividad, por el contrario, hace difícil y hasta imposible
Para que el diálogo interreligioso sea fecundo, se re- la convivencia, porque sólo genera caos y desorientación,
quiere una puesta en común de los respectivos credos e despiste existencial. La convivencia sólo es posible sobre la
identidades religiosas. Pero se requiere al mismo tiempo base del consenso en torno a una jerarquía de valores o, en
una escucha atenta del otro y un reconocimiento de las todo caso, sobre la base del respeto a quien mantiene dife-
diferencias y de la identidad de los demás. Es un error creer rencias respecto a esa jerarquía de valores. Cuando los valo-
que se puede facilitar el ecumenismo y el diálogo interreli- res en conflicto son incompatibles, la tolerancia debería
gioso a base de ocultar o disimular la propia identidad y a traducirse en un ejercicio de diálogo y en la renuncia a los
base de silenciar las reales diferencias. Esto sólo conduci- bienes particulares en función del bien común. La tole-
ría a un falso irenismo, que a la larga se traduce en diálo- rancia es, en definitiva, renuncia a todo tipo de fundamen-
go estéril. talismo.
Por lo demás también las diferencias entre las iglesias y
las religiones han de procesarse a base de tolerancia. El sim-
ple diálogo es ya un ejercicio de tolerancia, un paso impor- 6. EL COMPROMISO CON LA VERDAD
tante en el camino hacia la convivencia de las distintas
comunidades religiosas. Pero no es suficiente. El diálogo ¿Tiene alguna trascendencia el compromiso con la verdad?
debe ir acompañado por actitudes de respeto y tolerancia
entre los miembros de las distintas iglesias y religiones. Pero, ¿es tan importante la verdad? ¿Vale la pena com-
Esta tolerancia se basa sobre el supuesto que todas las reli- prometerse con esa causa, cuando hay tantos problemas
giones están inspiradas por la buena voluntad y que todas prácticos pendientes de solución? ¿No es la verdad un ideal
ellas son un camino recorrido en la búsqueda de la verdad. teórico? ¿No habrá que fijar la atención y dedicar lo mejor
El diálogo y la tolerancia parten del supuesto que no hay de nosotros y de nosotras a poner prácticas que resuelvan
falsas religiones, sino que en todas las religiones hay una los agudos problemas históricos que hoy afectan a tantos
parte importante de verdad. Por eso todas las religiones millones de seres humanos? ¿No habrá que preocuparse del
deben ser admitidas a la mesa del diálogo interreligioso. problema del hambre, de la pobreza, de la salud, de los
En todo caso, la tolerancia religiosa no se basa funda- derechos humanos... en vez de perder tiempo en debates
mentalmente en la verdad que pueda haber en el otro. Se interminables sobre la verdad? ¿No pertenece el ideal de la

124 125
verdad al ámbito de la especulación? ¿Y no es el com- sin ella o al margen de ella. Esta consecuencia nos pone en
promiso una implicación en la arena de la historia y de la pista hacia un relativismo absoluto: casi todo da lo mismo.
sociedad? De hecho, en la sociedad actual crece el interés por la
Estos son los primeros interrogantes que surgen espon- belleza. La estética se ha convertido para muchas personas
táneamente en muchas personas cuando se propone el en ideal irrenunciable, y hasta en medida suprema de la pro-
compromiso con la verdad como una parte del compro- pia autoestima. El mercado está muy claro en una cosa: la
miso cristiano. procura de belleza vende, es rentable. Por eso, la cuida, la
Efectivamente, no es frecuente relacionar el compromiso mima, la exalta... especialmente la belleza corporal. La ha
cristiano con el compromiso a favor de la verdad. En buena convertido en una especie de condición indispensable para
parte, porque se considera que la verdad es una cuestión la calidad de vida.
académica y especulativa que poco tiene que ver con los También en algunos ambientes de la sociedad actual
asuntos históricos de la justicia, los derechos humanos, la crece el interés por la bondad y el bien, si no por virtud, al
paz, la tolerancia... Y en parte porque se tiene la falsa idea menos por necesidad. Es cierto que el mal está presente en
de que esa es una cuestión de la que se han de ocupar algu- nuestro mundo, y en abundancia. Pero tampoco hay que
nos profesionales de la especulación, los intelectuales, los ignorar que son muchas las personas que reaccionan ante
teólogos, los profesores de religión... El resto de la comuni- el mal, y son cada día más sensibles a valores tan fun-
dad cristiana tiene otras cosas más prácticas de qué ocu- damentales de la convivencia humana como son la justicia
parse. Su compromiso se ha de dirigir hacia otros frentes. y la solidaridad e incluso la misericordia y la compasión.
De hecho, llama la atención la escasa sensibilidad que Y son cada vez más las personas que reconocen la urgente
hay en la comunidad cristiana con respecto al problema de necesidad de la ética. No se trata ya de cultivar la ética con
la verdad o de la mentira, y a las dramáticas consecuencias el simple propósito de ser más buenos o más piadosos. Es
de ésta en la vida de las personas y de los pueblos. La injus- necesario cultivarla para garantizar dos objetivos funda-
ticia es calificada casi espontáneamente como un pecado. mentales para la humanidad: la convivencia e incluso la
No existe la misma espontaneidad para calificar a la men- supervivencia. De ahí el interés creciente del debate ético
tira de pecado. Las injusticias son horrorosas. Las mentiras sobre el bien y la justicia en nuestro tiempo. No es poco lo
son "piadosas". Por eso no se presta especial interés al pro- que está en juego: la posibilidad de la convivencia entre los
blema de la verdad o de la mentira. Por eso se entiende fá- seres humanos y las garantías de supervivencia de la misma
cilmente que el compromiso con la justicia sea una parte humanidad.
irrenunciable del compromiso cristiano. Pero no se acepta No abunda tanto el interés por la verdad en nuestro
tan fácilmente que el compromiso cristiano implica el com- mundo. Hay, ¿cómo no?, personas que dedican su vida a la
promiso con la verdad o contra la mentira. investigación, a la búsqueda de la verdad. No ha desapare-
Pero, ¿de verdad es tan intrascendente a nivel práctico cido el interés por la verdad en el ámbito académico. Las
el compromiso con la verdad? ciencias siguen progresando. Y hay numerosas personas y
No todas las personas están convencidas de la impor- grupos que buscan y defienden la verdad, que denuncian y
tancia de la verdad. E incluso muchas personas que dicen persiguen la mentira fuera de los ámbitos académicos. Son
estar convencidas de su importancia, están al mismo tiem- conscientes de los efectos devastadores de la mentira exis-
po convencidas de que es un ideal sublime pero inasequi- tencia], el ocultamiento de la realidad, la falta o la trasmu-
ble. No es que teóricamente nieguen su importancia. Sería tación del sentido... Eso es lo que preocupa: la mentira como
demasiado atrevimiento. Pero, en la práctica, la declaran forma de vida, como arma o herramienta calculada para cul-
inasequible y, por consiguiente, afirman que se puede vivir tivar intereses egoístas e insolidarios. Es la mentira mante-
nida y sostenida para intentar justificar acciones que de otra

126 127
forma serían absolutamente injustificables e irracionales: De hecho, lo primero que hace la injusticia en su inten-
una guerra, la invasión de un país, un programa político, to de legitimación y justificación es secuestrar la verdad.
una legislación económica y fiscal, unas relaciones asimé- Pablo lo afirma con fuerza: "En efecto, la cólera de Dios se
tricas entre los pueblos, etc. Así las cosas, la cuestión de la revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los
verdad o la mentira no son cosa de poca monta. hombres que aprisionan la verdad en la injusticia" (Rm 1,
Y, sin embargo, el ideal de la verdad es juzgado por 18). Y atribuye las perversiones tanto de los judíos como de
muchas personas e instituciones como algo intrascenden- los gentiles a la mentira, pues "ellos cambiaron la verdad de
te. Aún más, apenas lo relacionan con el problema ético. Dios por la mentira" (Rm 1, 25). Porque la injusticia no
Preocupan la injusticia y la desigualdad. Pero, no preocu- puede presentarse a cara descubierta; tiene que enmasca-
pa especialmente la mentira. Sólo se habla de "mentiras rar su rostro con la mentira; tiene que ocultar la realidad;
piadosas", es decir mentiras intrascendentes e insubstan- tiene que secuestrar la verdad. La invasión de Afganistán
ciales. Incluso a éstas se las censura sin convicción. No se quiso disfrazarse de "justicia infinita". La invasión de Irak
consideran tales las otras, las mentiras gruesas, las tras- quiso justificarse con las "supuestas armas de destrucción
cendentales, las que sí ocultan y distorsionan la realidad masiva", que aún no han aparecido. Con razón se ha dicho
global, el mundo de sentido, las verdaderas razones de los que "en todas las guerras y conflictos la primera víctima es
programas políticos, económicos, culturales de los más la verdad". Son ejemplos aún sangrantes de la importancia
poderosos..., las verdaderas razones de los conflictos béli- de la verdad, y de la urgencia del compromiso con la causa
cos, de las invasiones de países disfrazadas de "gestas libe- de la verdad.
radoras", las verdaderas razones de saqueos y explotacio- Cierto, estamos demasiado acostumbrados a relacionar
nes económicas disfrazadas de campañas humanitarias, las la verdad con las palabras y los discursos, con los libros y la
políticas demográficas disfrazadas de interés "paternal" pol- academia. Tiene su importancia ese aspecto de la verdad,
los pueblos del tercer mundo. pero no cubre la totalidad del problema ni la parte princi-
pal. Eso es sólo una expresión de la verdad. No hay que qui-
tar importancia a esa dimensión de la verdad a la que se cali-
La injusticia y el secuestro de la verdad o el acuitamiento fica con frecuencia de académica, especulativa, teórica. Esa
de la realidad dimensión debería ser la expresión de otra dimensión más
primaria y substancial de la verdad: la patencia de la reali-
Y, sin embargo, el problema de la verdad y de la menti- dad misma o lo que se puede denominar "la verdad exis-
ra sigue teniendo una importancia trascendental para la tencial". Por eso los escolásticos definían la verdad como la
humanidad. Aún tiene y seguirá teniendo importancia la "adecuación de la mente con la realidad (no al revés)". Por
verdad. De ella dependen en gran medida las posibilidades eso la verdad académica, la dicha y escrita, la especulativa,
de una convivencia solidaria entre las personas y los pue- la teórica... debe ser sólo la expresión de la realidad, no el
blos. De ella dependen las posibilidades de unas relaciones ocultamiento o la distorsión de la realidad. Para un mundo
justas entre las personas y los pueblos. De ella dependen las tan aficionado a la realidad virtual, es importante no perder
posibilidades de una humanización creciente de todas las de vista esta relación entre el pensamiento de la realidad y
personas y de todos los pueblos. Porque la mentira sólo la realidad misma que se desea pensar. Sin negar, cierta-
hace posible la connivencia, no la convivencia; sólo es com- mente, que el conocimiento de la realidad siempre es una
patible con la injusticia no con la justicia; y es cauce de des- interpretación de la misma.
humanización. Fuera de la verdad no hay verdadera huma- Este es el primer nivel de la verdad existencial: la pa-
nidad, ni posibilidades de humanización. tencia de la realidad o la realidad misma sin disfraces ni
máscaras. La verdad es la realidad misma, las cosas como

128 129
son, la objetividad de la realidad. Por eso, también los esco- razón quienes piensan que el c a m i n o hacia la verdad es u n
lásticos hablaban de la "verdad objetiva", que es previa y c a m i n o largo, arduo, espinoso... que requiere m u c h o es-
anterior (lógicamente) a la "verdad subjetiva", a la interpre- fuerzo, m u c h a paciencia, m u c h a honestidad.
tación, a la hermenéutica. Cierto, ese carácter previo y an-
terior de la verdad objetiva respecto a la verdad subjetiva es
sólo lógico, pues no tenemos acceso a la verdad objetiva si La verdad y el mundo de sentido
no es mediante el conocimiento, la apreciación, la herme-
néutica de la misma. Pero, eso sí, el b u s c a d o r de la verdad Pero la verdad existencial no es sólo la patencia de la rea-
tiene que estar m u y atento p a r a que el conocimiento, la lidad; es también la patencia del sentido de la realidad. Aquí
apreciación, la hermenéutica... se ajusten y respeten la rea- la hermenéutica va m á s lejos y hasta se hace más necesaria.
lidad, no la disfracen ni la enmascaren. Por eso el m á s efi- En algún tiempo se habló de las ciencias de la naturaleza y
caz criterio de verdad es la realidad misma, atenerse a la rea- de las ciencias del espíritu para diferenciar a m b a s dimen-
lidad, dejar que la realidad juzgue p e r m a n e n t e m e n t e siones de la verdad. Hoy esta distinción no resulta dema-
nuestras hermenéuticas. siado convincente y satisfactoria, porque la interconexión
Tienen razón los que consideran difícil y a r d u a la bús- entre ambos géneros de ciencias es muy grande. No sólo hay
queda de la verdad. Los que con m u c h o realismo y humil- hermenéutica en las ciencias del espíritu; t a m b i é n las cien-
dad reconocen que el ideal de la verdad n o es fácil de con- cias de la naturaleza son ya hermenéutica. El ser h u m a n o
quistar. La realidad tiene muchas aristas y muchas vertientes no es capaz de hablar de la realidad - a u n q u e sea en los nive-
y es difícil captarlas todas a un tiempo. La vamos descu- les m á s experimentales y científico-positivos- sin algún
briendo por partes y entre todos. Por eso el conocimiento de género de interpretación.
la realidad es un proceso y el pluralismo es u n a condición Sin embargo, sí es cierto que hay un nivel del conoci-
de posibilidad para acercarnos a la verdad total. Y la rea- miento en el que interesa sobre todo la pregunta por el sen-
lidad tiene también m u c h o s misterios y m u c h a s posibili- tido. No se contenta con responder al "qué" o "cómo es la
dades ocultas, difíciles de penetrar por el frágil entendi- realidad". Ni siquiera se contenta con saber "para qué" es la
miento h u m a n o . Por eso hay que c a m i n a r hacia la verdad realidad. Quiere llegar hasta desentrañar, no el fin utilitario,
con mucha modestia y humildad, y considerar que cualquier sino el fin último, el sentido definitivo de la realidad. Aquí
verdad c o n q u i s t a d a es sólo u n estadio provisional en el se hace patente la verdad última de la realidad: su m u n d o
c a m i n o hacia la verdad total. Quizá p o r eso, la doctora de de sentido. A estas alturas, la realidad deja de ser un medio,
Ávila, Santa Teresa, relacionó tan estrechamente la humil- u n a herramienta, p a r a convertirse verdaderamente en un
dad y la verdad. fin, en un valor en sí mismo. Numerosos campos del saber
Pero no tienen razón los escépticos totales, los que con- se conjuran para desentrañar el último sentido o los últimos
sideran absolutamente inasequible el ideal de la verdad, los sentidos de la realidad y, especialmente, del ser h u m a n o : la
que creen que es absolutamente imposible distinguir la ver- filosofía, la antropología, la literatura, la poesía, la estética,
dad de la mentira. No tienen razón quienes piensan que la todas las artes... Aquí el ideal de la verdad no es totalmen-
h u m a n i d a d está totalmente incapacitada p a r a hacerse con te inasequible. Algún sentido de la realidad va c a p t a n d o la
la verdad. De hecho, si es posible mentir intencionada y h u m a n i d a d en su a n d a d u r a a lo largo de la historia.
conscientemente, es porque, al menos, u n a parte de la rea- Pero este ideal de la verdad t a m p o c o es fácilmente
lidad y de la verdad ya está descubierta, ya está patente. La asequible. No nos es dado conocer el sentido último de la
mentira es exactamente eso: el ocultamiento de u n a verdad realidad de m a n e r a obvia sin esfuerzo. Se necesita m u c h a
y de u n a dimensión de la realidad que ya se conoce. No es honestidad, m u c h a renuncia, m u c h a desconstrucción de
u n a equivocación o un error. Es un ocultamiento. Sí tienen prejuicios y falsas apreciaciones... para ir a d q u i r i e n d o la

130 131
sabiduría que nos desvela el verdadero sentido de la reali-
primera condición de la verdad es dejar a la realidad ser ella
dad, de la existencia humana. Se necesita incluso que nos
misma. Se trata más bien de descubrir en la realidad la
sea desvelado o revelado el sentido último de la realidad, de
dimensión más honda, el sentido más definitivo, el hori-
nuestra propia realidad. Por eso, la sabiduría, el ser capaces
zonte salvífico. La realidad pasa a ser así "creatura"; esa es
de saborear la realidad y la verdad, trasciende las fronteras
su verdad. Y pasa a tener un destino que es vocación, es fina-
de la ciencia.
lidad, que será plenitud. Ese es su sentido último. Esa es su
Aquí sí que se multiplican las hermenéuticas y se ensan- proyección y su dinámica salvífica.
cha el pluralismo, porque la verificación del sentido no está
La verdad definitiva consiste en esa realización progre-
tan a la mano como la verificación de la constitución física
siva de la realidad, tal cual ha sido concebida y proyectada
de la realidad en el laboratorio. Las circunstancias perso-
por Dios. Esa verdad se ha ido desvelando y revelando en
nales y ambientales, los condicionamientos culturales e his-
una historia salvífica que ha tenido momentos culminantes
tóricos, los presupuestos hermenéuticos... multiplican
en la creación y en la persona de Jesús de Nazaret. El sim-
hasta el infinito la interpretación de la realidad, la estima-
ple entendimiento humano no se basta a sí mismo para cap-
ción o valoración de la misma, la definición de su sentido
tar esa dimensión teologal de la verdad. Necesita el concurso
último. De tal forma, que la misma realidad adquiere un sen-
de la fe. La verdad teologal nos es dada como un don y recla-
tido totalmente distinto para distintas personas y distintas
ma ser aceptada en fe y confianza. La fe, en cierto sentido,
culturas. Pero tampoco este pluralismo ha de ser conside-
es ciega; pero, en cierto sentido, es la luz que nos permite
rado necesariamente como una catástrofe; el diálogo
penetrar en el hondón más verdadero de la realidad.
puede convertirlo en la gran oportunidad para aumentar la
sabiduría de la humanidad y atinar con esa verdad existen- Los escritos joáneos subrayan con insistencia esta di-
cial que apunta al mundo del sentido. mensión teologal de la verdad. Dios es la Verdad. La verdad
es el ámbito de Dios. Fuera de la verdad Dios no existe,
Sólo este mundo de sentido puede encaminar, enrum-
desaparece todo lo divino... y todo lo humano, y aparece
bar u orientar existencialmente a la humanidad. Esta es
todo lo demoníaco, toda la inhumanidad. Fuera de la ver-
otra razón que avala la importancia de la verdad en nues-
dad todo se construye en falso, o todo es destrucción. Por
tro mundo. Si falta el sentido, sólo puede sobrevenir el des-
eso el evangelio de Juan insiste en que la mentira es lo más
piste existencial, la desorientación... y el suicidio. Cuando
demoníaco, lo más propio del demonio. Jesús considera que
nada tiene sentido, el suicidio físico o espiritual parece sel-
los judíos se le oponen y no escuchan su Palabra, precisa-
la única salida. Así lo afirmaba V. Frankl, el gran psiquia-
mente porque son del diablo: "¿Por qué no reconocéis mi
tra vienes que vivió el drama de los campos de concentra-
lenguaje? Porque no podéis escuchar mi Palabra. Vosotros
ción, al afirmar que el problema fundamental del ser huma-
sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos
no no es el placer, sino el sentido. Y añadía: sin placer se
de vuestro padre. Este (el demonio) era homicida desde el
puede vivir; sin sentido sólo queda el suicidio.
principio, no se mantuvo en la verdad porque no hay ver-
dad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de den-
tro, porque es mentiroso y padre de la mentira" (Jn 8, 44).
La dimensión teologal de la verdad: el ámbito de Dios
Por eso Juan opone constantemente la verdad a la men-
tira, la luz a las tinieblas, la fe a la incredulidad. La verdad,
Y, desde una perspectiva creyente, en concreto desde
la luz, la fe... son el ámbito de Dios, de la salvación, de la
una perspectiva cristiana, aún hay otra dimensión funda-
plena realización del ser humano. La mentira, las tinieblas,
mental de la verdad. Es la dimensión teologal, esa dimensión
la incredulidad... es el ámbito del demonio, de la perdición,
que hace de la verdad el ámbito de Dios, el ámbito de lo divi- de la condena y la aniquilación del ser humano. Hasta estos
no. No se trata va de una "mistificación" de la realidad. La límites lleva Juan la dimensión teologal de la verdad y la

132
133
dimensión demoníaca de la mentira. Hasta estos límites lo que prevalece en el pueblo, por eso van de mal en peor.
llega la importancia de la verdad p a r a la h u m a n i d a d . "Es la mentira, que no la verdad, lo que prevalece en esta
El evangelio de Juan asocia la condenación con la nega- tierra. Van de mal en peor y a Yahvéh desconocen... Se
tiva a abrirse a la luz, con la pertinacia de mantenerse en las engañan unos a otros, no dicen la verdad; h a n avezado sus
tinieblas. "La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la lenguas a mentir; se h a n pervertido, incapaces de conver-
recibieron" (Jn 1, 5). "Y el juicio está en que vino la luz al tirse. F r a u d e p o r fraude, engaño por engaño, se niegan a
m u n d o , y los h o m b r e s a m a r o n más las tinieblas que la reconocer a Yahvéh" (Jr 9, 2-4). Y Amos d e n u n c i a al pue-
luz..." (Jn 3, 19). Pero esta ceguera no está libre de respon- blo que aborrece al testigo veraz: "¡Ay de los que cambian
sabilidad, ni es a b s o l u t a m e n t e inocente. Su propósito últi- en ajenjo el juicio y tiran por tierra la justicia, detestan al
m o es ocultar la realidad, ocultar las obras malas: "...porque censor en la P u e r t a (el testigo veraz o el juez equitativo) y
sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborre- aborrecen al que habla con sinceridad" ( Am 5, 10).
ce la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus Jesús se m a n t i e n e en línea con esta tradición profética
obras. Pero el que obra la verdad va a la luz, para que quede y pone en p r i m e r plano el compromiso con la verdad. No se
de manifiesto que sus obras están hechas según Dios" (Jn limita a d e n u n c i a r la mentira. Él es la gran revelación de la
3, 19-21). Aquí está la clave p a r a c o m p r e n d e r la importan- verdad definitiva. Sus contemporáneos reconocen en él esa
cia de la verdad y la gravedad de la mentira. Aquella deja la cualidad singular de ir con la verdad por delante. "Maestro,
realidad al descubierto; ésta necesita ocultarla y encubrir- sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con
la. Aquí está la clave p a r a c o m p r e n d e r la importancia del franqueza y que n o te importa nadie, p o r q u e n o miras la
compromiso con la verdad. Es tan importante como el com- condición de las personas" (Mt 22, 16). Él dice la verdad (Jn
p r o m i s o con la justicia, si es que no van a m b o s compro- 8, 40.45). El se presenta a sus discípulos como la verdad: "Yo
misos m e d u l a r m e n t e unidos. soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14, 6). Quien se man-
tiene en su Palabra se mantiene en la verdad y experimen-
tará la libertad. "Si os mantenéis en mi Palabra, conoceréis
Testigos de la verdad, como los profetas y como Jesús la verdad y la verdad os hará libres" (Jn 8, 31). En el juicio
que le instruye Pilatos, Jesús apela a su condición de testi-
De hecho, la mejor tradición profética judeo-cristiana ha go de la verdad. Esta es su misión en el m u n d o : "Yo para
asociado siempre la verdad y la justicia. Son las dos virtu- esto he nacido y para esto he venido al m u n d o : p a r a dar tes-
des que caracterizan a quienes a n d a n por los caminos de timonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha
Dios. Los profetas clásicos del Antiguo Testamento no sólo mi voz" (Jn 18, 37). Y el Espíritu que él envía a los discípu-
denuncian la injusticia; denuncian con igual fuerza la men- los es "el Espíritu de la Verdad, que les guiará hasta la ver-
tira, la oposición a la verdad. Isaías denuncia al pueblo que dad completa" (Jn 16, 13).
no quiere escuchar la verdad, no tolera a los profetas de la El recuerdo de Jesús, de su persona, de su predicación
verdad: "Que es un pueblo terco, creaturas hipócritas, hijos y de su praxis compromete a sus seguidores con la causa de
que no aceptan escuchar la instrucción de Yahvéh; que han la verdad. No puede ser que el compromiso con la verdad no
dicho a los videntes: no veáis; y a los visionarios: no veáis figure en el compromiso cristiano. No puede ser que la men-
p a r a nosotros visiones verdaderas, h a b l a d n o s cosas hala- tira sea u n a n o n a d a insignificante para los seguidores y
güeñas, contemplad ilusiones. Apartaos del camino, des- seguidoras de Jesús. La verdad es el ámbito de Dios. Quien
viaos de la ruta, dejadnos en paz del Santo de Israel" (Is 30, quiera mantenerse en el ámbito de Dios tendrá que mante-
10-11). Y Jeremías denuncia la m u e r t e de la verdad. "La nerse en el ámbito de la verdad. Y la verdad es el ámbito de
verdad ha m u e r t o , ha desaparecido de su boca" (Jr 7, 28): la vida. Quien quiera colocarse de parte de la vida, tendrá
Y verdad equivale aquí a lealtad y fidelidad. La mentira es que colocarse de parle de la verdad. El c o m p r o m i s o con la

134 135
defensa de la vida lleva adosado necesariamente el com-
promiso con la verdad. La mentira es enemiga directa de la
vida. A ella recurre con frecuencia la cultura de la muerte,
para ocultar su rostro, p a r a e n m a s c a r a r sus propósitos. Es
el recurso del que echa m a n o con frecuencia la cultura de
la m u e r t e para ocultar su rostro. A ella recurren la injusti-
cia, el robo, la extorsión, la corrupción, la explotación labo-
ral, el racismo, la xenofobia, todas las violaciones de los ÍNDICE
derechos humanos... y toda clase de actitudes y prácticas
que configuran la cultura de la muerte. El error y la igno-
rancia son compatibles, por supuesto, con la vida cristiana.
I. INTRODUCCIÓN 7
La m e n t i r a intencionada, el ocultamiento de la verdad, no.
El compromiso de la fe 9
Por eso el c o m p r o m i s o cristiano implica u n c o m p r o -
Los sentidos del término compromiso 10
miso decidido con la verdad y contra la mentira. No sólo ni
Compromiso, testimonio y vivencia de la fe 11
principalmente contra las mentiras "pequeñas y piadosas",
Compromiso y práctica religiosa 15
contra las "mentiras inocentes e inofensivas", sino también
y sobre todo contra la m e n t i r a personal e institucional que II. NO EL QUE DICE «SEÑOR, SEÑOR» 17
deja tras de sí u n a constelación de víctimas y de infortunios. Pobre concepto de "práctica religiosa" 19
El c o m p r o m i s o cristiano con la verdad n o es precisamen- Pobre concepto de vida cristiana 20
te u n torneo intelectual o académico p a r a defender opi- La práctica del Reino y su Justicia 22
niones respetables, ideologías bien m o n t a d a s , teorías ex- Obras son amores 23
quisitamente elaboradas. No es u n ejercicio de retórica o de Honestos para con Dios y para con los hermanos/as 24
dialéctica, p a r a ver quién consigue i m p o n e r sus p u n t o s de Hacer la voluntad de Dios. Y conseguir la propia.
vista y sus opiniones, p a r a hacer triunfar las propias ideo- realización 25
logías. Es, en el fondo, un c o m p r o m i s o con la vida, con la La colaboración universal o el "macroecumenismo" 27
justicia, con la realidad. Mantenerse y luchar por la verdad Compromiso cristiano y felicidad 28
es mantenerse honestos con la realidad, leales a la realidad.
Es reconocer la realidad tal cual es, sin enmascararla, y III. BASES TEOLÓGICAS DEL COMPROMISO CRISTIANO . . . . 31
e n c a m i n a r l a hacia la realidad tal cual debe ser, para que
todos los seres h u m a n o s tengan u n a vida digna y abun- 1. La creación: obra de Dios al servicio de la
dante. Aquí está toda la gravedad del problema de la verdad. humanidad 34
Aquí está toda la importancia del compromiso cristiano con El mundo, obra de Dios 34
la verdad. Ser testigo de la verdad fue misión de Jesús. Ser Y vio que era bueno..., muy bueno 35
testigo de la verdad es también la misión de sus seguidores Y lo puso en manos del ser humano 35
y seguidoras. Hacer un hogar para toda la humanidad 37
El compromiso cristiano o el ser humano como
co-creador 38
El pecado contra el proyecto de Dios 39
2. La encarnación: el sí de Dios a la h u m a n i d a d 40
El misterio de la encarnación, en el centro del
credo cristiano 40

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El "sí" de Dios a esta creación 41 3. El compromiso con la defensa de los derechos
Asumió la condición humana del sien'o 42 humanos 100
Para redimir, liberar y humanizar 43 ¿Se trata de un compromiso cristiano? 100
Buena noticia para los pobres y los pecadores . 44 Los derechos humanos en el núcleo del mensaje
El compromiso cristiano y la entrega de la vida 46 bíblico 102
La Iglesia, los derechos humanos y los signos
3. La resurrección o la confirmación del proyec-
de los tiempos 103
to de Dios 47
El amplio campo de los derechos humanos . . . 104
¿Vale la pena arriesgar? 47
La resurrección, la garantía del compromiso 4. El c o m p r o m i s o de la solidaridad con las víc-
cristiano 48 timas 107
La resurrección, confirmación definitiva del La urgencia de la solidaridad 107
proyecto de Dios 49 Más informados y más conscientes de los dra-
La Resurrección, promesa para toda la huma- mas humanos 109
nidad 51 La gran parábola de la solidaridad 110
¿Quién es mi prójimo? 111
IV. GRACIA Y COMPROMISO 53 La solidaridad y la justicia bíblica: el clamor de
El problema 55 las víctimas 112
Y su larga historia 56 No es opcional; es obligatoria 113
El problema sigue: carismáticos y liberadores. ... 59 La solidaridad: medida de la humanidad 114
"Los dos velando por las cosas" 61 5. Compromiso con la paz y la tolerancia 116
¿Siervos inútiles? ¿En qué sentido? 64 Un mundo de conflictos múltiples y variados. . 116
"Gracia cara y gracia barata" 68 El compromiso con la justicia y el compromiso
con la paz 117
V. ÁMBITOS Y ASPECTOS DEL COMPROMISO CRISTIANO . . 73 El compromiso cristiano con el perdón y la
1. El primero y principal compromiso: el a m o r . 77 reconciliación 118
La cuestión del primero y principal mandamiento 11 Y la tolerancia en un mundo plural 120
La relación entre el amor a Dios y al prójimo. . 78 Contra todo fanatismo y a favor del diálogo
¿Es la caridad parte del compromiso cristiano? 79 interreligioso 123
Urgencia de la caridad y la misericordia 81 6. El compromiso con la verdad 125
El amor y las obras 82 ¿Tiene alguna trascendencia el compromiso con
2. El compromiso con la justicia 85 la verdad? 125
El dueño de la viña: armonizar justicia y caridad 85 La injusticia y el secuestro de la verdad o el
Lxi dimensión teologal y evangélica de la justicia 86 ocultamiento de la realidad 128
La justicia en ¡a tradición bíblica 89 La verdad y el mundo de sentido 131
La justicia, versión política de la caridad 91 La dimensión teologal de la verdad: el ámbito
El compromiso con la justicia y la economía. . 95 de Dios 132
El compromiso con la justicia y la política. . . . 98 Testigos de la verdad, como los profetas y como
Jesús 134

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