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UNIDAD NUMERO 6: LA OFERTA, LA DEMANDA y LA POLITICA ECONOMICA

El mercado y su funcionamiento
Oferta y demanda
El precio de un producto está determinado por un equilibrio entre la oferta (lo que se quiere producir a un
precio determinado) y la demanda (lo que se desea comprar a un precio determinado)...
El modelo de la oferta y la demanda describe la interacción en el mercado de un determinado bien entre
consumidores y productores, en relación con el precio y las ventas de dicho bien. Es el modelo fundamental
de la microeconomía, y se usa para explicar una gran variedad de escenarios microeconómicos.
Además, sirve como base para otras teorías y modelos económicos. El primero que describió este
comportamiento fue Antoine Augustin Cournot, y fue Alfred Marshall quien lo popularizó posteriormente.


Antoine Augustin Cournot Alfred Marshall

Este modelo predice que, en un mercado libre y competitivo, el precio se establecerá en función de la cantidad
demandada por los consumidores y la cantidad proveída por los productores, generando un punto de
equilibrio en el cual los consumidores estarán dispuestos a adquirir todo lo que ofrecen los productores al
precio marcado por dicho punto.
Teoría
El modelo establece que en un mercado libre, la cantidad de productos ofrecidos por los productores y la
cantidad de productos demandados por los consumidores dependen del precio de mercado del producto.
La ley de la oferta es directamente proporcional al precio; cuando más alto sea el precio del producto, más
unidades estarán disponibles para los consumidores. Por el contrario, la ley de la demanda es inversamente
proporcional al precio; cuanto más alto sea el precio, menos demandarán los consumidores. Por tanto, la
oferta y la demanda pueden hacer variar el precio.

Según la ley de la oferta y la demanda, el precio de un bien se sitúa en la intersección de las curvas de oferta
y demanda. Si el precio de un bien está demasiado bajo y los consumidores demandan más de lo que los
productores pueden poner en el mercado, se produce una situación de escasez, y por tanto los consumidores
estarán dispuestos a pagar más.
Los productores subirán los precios hasta que se alcance el nivel al cual los consumidores no estén
dispuestos a comprar más si sigue subiendo el precio. En la situación inversa, si el precio de un bien es
demasiado alto y los consumidores no están dispuestos a pagarlo, la tendencia será a que baje el precio,
hasta que se llegue al nivel al cual los consumidores acepten el precio y se pueda vender todo lo que se
produce.
Este punto hacia el cual se mueven los precios es el punto de equilibrio, en el cual la cantidad demandada es
igual a la cantidad ofrecida. Es decir, los productores están dispuestos a vender exactamente la misma
cantidad de bienes que los consumidores desean adquirir.
La oferta
La oferta es la relación entre la
cantidad de bienes ofrecidos por
los productores y el precio de
mercado actual.
Con respecto a la variación de la
oferta, el aumento o disminución de
ella depende, entre otros factores,
de los costos de fabricación de los
bienes, de los impuestos, de los
avances tecnológicos con que se
cuenta en las diversas etapas del
proceso productivo.
La disponibilidad de tecnología en
las etapas de un proceso productivo y en diversas actividades económicas, es un importante elemento en la
disminución o incremento en la oferta de determinados bienes.
Ver. PSU: Historia y Ciencias Sociales, Pregunta 19
Gráficamente, la relación entre la cantidad de bienes ofrecidos y el precio de mercado se representa mediante
la curva de oferta. Debido a que la oferta es directamente proporcional al precio, las curvas de oferta son casi
siempre crecientes. Además, la pendiente de una curva de oferta suele ser también creciente (es decir, suele
ser una función convexa), debido a la ley de los rendimientos decrecientes.
A veces, las curvas de oferta no tienen una pendiente creciente. Un ejemplo es la curva de oferta del mercado
laboral. Generalmente, cuando el salario de un trabajador aumenta, éste está dispuesto a ofrecer un mayor
número de horas de trabajo, debido a que un sueldo más elevado incrementa la utilidad marginal del trabajo
(e incrementa el costo de oportunidad de no trabajar).
Pero cuando dicha remuneración se hace demasiado alta, el trabajador puede experimentar la ley de los
rendimientos decrecientes en relación con su sueldo. La gran cantidad de dinero que está ganando hará que
otro aumento de sueldo tenga poco valor para él. Por tanto, a partir de cierto punto trabajará menos a medida
que aumente el salario, decidiendo invertir su tiempo en ocio.
Este tipo de curvas de oferta ha sido observado en otros mercados, como el del petróleo: después del récord
del precio provocado por la crisis de 1973, muchos países exportadores de petróleo disminuyeron su
producción.
Otro ejemplo de curvas de oferta atípicas lo encontramos en las compañías de servicios públicos. Debido a
que una gran cantidad de sus costos son costos fijos, el costo marginal de estas empresas es prácticamente
una constante, con lo cual su curva de oferta es una recta creciente.
La demanda

La demanda es lo que se desea comprar con un
determinado poder adquisitivo.
La curva de demanda representa la cantidad de
bienes que los compradores están dispuestos a
adquirir a determinados precios, suponiendo
que el resto de los factores se mantienen
constantes (cláusula ceteris paribus). La curva
de demanda es por lo general decreciente, es
decir, a mayor precio, los consumidores
comprarán menos.
Los determinantes de la demanda de un
individuo son el precio del bien, el nivel de
renta, los gustos personales, el precio de los
bienes sustitutivos, y el precio de los bienes
complementarios.
La forma de una curva de demanda puede ser
cóncava o convexa, posiblemente dependiendo
de la distribución de los ingresos.
Como se ha dicho antes, la curva de demanda es casi siempre decreciente. Pero hay algunos ejemplos
extraños de bienes que han tenido curvas de demanda crecientes.
Un bien cuya curva de demanda tiene una curva creciente se conoce como un bien Giffen o un bien Veblen.
Sin embargo, la existencia real de este tipo de bienes es más que discutible, y en todo caso estaría orientada
a fenómenos sociales y no puramente económicos, como la ostentación de riquezas.
Sistemas económicos
En toda comunidad organizada se mezclan, en mayor o menor medida, los mercados y la actividad de los
Gobiernos. Es más, el grado de competencia de los mercados varía, desde aquellos en los que sólo opera
una empresa, ejerciendo un monopolio, hasta la competencia perfecta de un mercado en el que operan
cientos de minoristas.
Lo mismo ocurre en cuanto a la intervención pública, que abarca desde la intervención mínima al regular
impuestos, crédito, contratos y subsidios, hasta el control de los salarios y los precios de los sistemas de
economía planificada que imperan en los países comunistas.
Incluso en las sociedades en las que se defiende a ultranza la
planificación de la economía se ha tenido que modificar la postura oficial
y se hacen concesiones a la empresa privada.
Por ejemplo, la antigua Unión Soviética permitía a sus agricultores,
aunque fuese a través de empresas colectivas, vender las cosechas de
sus parcelas privadas.
Durante la dominación comunista en Polonia, casi todas las granjas
estaban en manos privadas. En la antigua Yugoslavia se permitió la
gestión de las fábricas por los trabajadores bajo el mandato del mariscal comunista Josip Broz, Tito, que al
mismo tiempo asentaba la evolución de su régimen hacia sistemas de economía mixta, alejados de las
premisas dominantes en la Unión Soviética.
En las economías de mercado también se producen este tipo de divergencias. En casi todas existe monopolio
estatal sobre las líneas aéreas y los ferrocarriles. Incluso en los países en los que el estado no tiene empresas
públicas, como en Japón, su influencia sobre la actividad económica es enorme.


En los Estados Unidos, el más firme defensor de la economía de mercado, el gobierno ha tenido que
intervenir para evitar la quiebra de empresas en crisis, como Lockheed y Chrysler; de hecho, ha convertido a
los principales fabricantes de armamento en empresas públicas de facto.
Muchos economistas estadounidenses han tenido que aceptar la existencia de una economía mixta:
combinación de iniciativa privada e intervención del gobierno.
Sistema de libre empresa
Las principales diferencias entre la
organización económica planificada y la
capitalista radica en quién es el
propietario de las fábricas, granjas y el
resto de las empresas, así como en sus
diferentes puntos de vista sobre la
distribución de la renta o la forma de
establecer los precios.
En casi todos los países capitalistas, una
parte importante del producto nacional
bruto (PNB) la producen las empresas
privadas, los agricultores e instituciones
no gubernamentales como universidades
y hospitales privados, cooperativas y fundaciones.
Aunque existe una fuerte oposición en los países industrializados al control de precios y a la planificación de la
economía, los gobiernos han tenido que recurrir a este tipo de medidas en casos de emergencia, como
durante la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, en las economías de libre mercado se considera que la propiedad pública de medios de
producción y la intervención pública en la fijación de precios son excepciones, que se deben evitar, a las
reglas de la propiedad privada y de la fijación de precios a través de mercados competitivos.
Planificación central
La visión totalmente opuesta a la anterior es la que prevalece en China y en otros países comunistas, donde
predomina la tendencia hacia la planificación centralizada de la economía.

Aunque cada vez se tolera más la existencia de
empresas privadas, y a pesar de que ninguna
economía planificada ha podido funcionar sin cierto
grado de privatización de la agricultura, la ideología
dominante favorece la planificación estatal, al menos
en teoría, para fijar los precios, la propiedad pública
de las fábricas, las granjas y las grandes redes de
distribución públicas.
En teoría no existe ninguna razón que impida a una
sociedad democrática optar por una planificación
centralizada de la producción, los precios y la
distribución de la renta.
Sin embargo, la experiencia demuestra que la
planificación central de las economías ha ido en
general acompañada del control del partido.
No obstante, existen importantes diferencias en el
grado de control entre los distintos países comunistas,
e incluso en un mismo país a lo largo del tiempo.
Y también se puede constatar que el capitalismo a
veces ha ido acompañado de regímenes políticos
totalitaristas, como por ejemplo en Chile y en Brasil.
Los principales problemas a los que se enfrenta el capitalismo son el desempleo, la inflación y las injustas
desigualdades económicas. Los problemas más graves de las economías planificadas son el subempleo o el
masivo empleo encubierto, el racionamiento, la burocracia y la escasez de bienes de consumo.
Economías mixtas
En una situación intermedia entre la economía planificada y la economía de libre mercado se encuentran los
países socialdemócratas o liberal-socialistas. Entre ellos destacan las democracias de los países
escandinavos, sobre todo Suecia. En este país la actividad económica recae en su mayor parte sobre el
sector privado, pero el sector público regula esta actividad, interviniendo para proteger a los trabajadores y
redistribuir la renta entre los de mayores y los de menores ingresos.
Por otra parte, la antigua República Socialista de Yugoslavia constituyó otro ejemplo importante de economía
mixta entre la década de 1950 y la de 1980. Aunque el partido comunista institucional seguía ejerciendo un
férreo control, la censura fue escasa, la emigración no estaba prohibida, existía libertad de cultos y una
mezcla de propiedad pública, cooperativismo y propiedad privada, que crearon una economía bastante
próspera.

Ver: Tipos de economía: mapa conceptual
Ver: PSU: Historia y Ciencias Sociales,
Pregunta 11
Pregunta 20
Problemas económicos actuales
Entre 1945 y 1973 las economías de los países
industrializados de Europa occidental, Japón y los
Estados Unidos crecieron lo suficiente para aumentar
el nivel de vida de sus ciudadanos. En algunos países
menos industrializados también se produjo un
crecimiento similar, sobre todo en los del sureste
asiático como Taiwan, Hong Kong, Singapur y Corea
del Sur.
Este crecimiento se debió a una serie de circunstancias. Tras la destrucción del tejido económico ocurrida
durante la Segunda Guerra Mundial, se produjo una expansión económica sin precedentes, gracias, entre
otras, a la ayuda financiera que Estados Unidos concedió a los países de Europa occidental y a Japón.
Las multinacionales estadounidenses realizaron fuertes inversiones en todo el mundo. Es probable que los
factores que más contribuyeron a su desarrollo fueran los bajos precios y la abundancia de los productos
energéticos (sobre todo petróleo).
Problemas energéticos
En 1973 la creciente demanda internacional de petróleo hizo que los precios se dispararan. Ese año la
Organización de países exportadores de petróleo (OPEP), que controlaba la producción mundial, aprovechó
su poder para elevar los precios.
Las políticas llevadas a cabo por la OPEP redujeron las posibilidades de crecimiento económico tanto de los
países industrializados como de los países
en vías de desarrollo que no tenían
reservas petrolíferas.
El barril de petróleo bruto costaba en el
otoño de 1973 dos dólares; a mediados de
1981 su precio se había multiplicado por
20. Para los países ricos, las importaciones
de petróleo suponían una transferencia de
rentas y riqueza a los países de la OPEP.
Los países en vías de desarrollo
importadores de petróleo tuvieron que
acudir a la financiación de los grandes
bancos de Europa occidental y de Estados
Unidos.
Asfixiados por el pago de intereses, los países menos industrializados se han visto obligados a frenar sus
planes de desarrollo.
Aunque la gran caída de los precios energéticos durante la segunda mitad de la década de los ochenta
benefició a los consumidores de los países importadores, supuso un grave quebranto para los ingresos de los
países exportadores menos desarrollados, como México, Nigeria, Venezuela e Indonesia.


Inflación y recesión
Algunos de los países más desarrollados, como Japón y Alemania (ahora perteneciente a la unificada
República Federal de Alemania), lograron superar la crisis de las décadas de 1970 y 1980 mejor que el resto
de los países. Sin embargo, todos los países desarrollados han tenido que enfrentarse al problema de una
alta inflación acompañada de altas tasas de desempleo y escaso crecimiento económico.
La transformación que impuso la OPEP en el mercado
energético mundial agravó los problemas de inflación al
elevar los precios del petróleo y, por lo tanto, aumentar el
costo de la calefacción y de la producción de importantes
bienes que utilizan petróleo en sus procesos de
producción, entre los que hay que destacar los fertilizantes
químicos, los productos plásticos, las fibras sintéticas y los
productos farmacéuticos.
Estos precios elevados reducían el poder adquisitivo de la
misma manera que lo hubiese hecho un impuesto alto
sobre la renta. La pérdida de poder adquisitivo hizo que el
volumen de ventas de bienes de consumo disminuyera, lo
que provocó el despido de numerosos trabajadores y la
ruina de otros tantos comerciantes, lo que produjo un
efecto en cadena perjudicial para toda la economía.
Economías en vías de desarrollo
Los países menos industrializados necesitan la ayuda de
los países ricos para poder generar el capital, la
tecnología y la organización necesarios para desarrollarse.
Asimismo, es necesario que puedan acceder con facilidad
a los mercados de los países industrializados para vender sus productos manufacturados y las materias
primas que poseen. Sin embargo, la capacidad política de los países ricos para atender estas necesidades
depende de que puedan solucionar sus propios problemas, como la inflación, el desempleo y el
estancamiento del crecimiento.
En los países democráticos, es muy difícil lograr el apoyo de la población para conceder ayuda financiera a
otros países cuando el salario medio de los ciudadanos es reducido. Tampoco resulta fácil permitir la entrada
de productos del exterior más baratos cuando se considera que son la causa del desempleo nacional. La
economía del desarrollo está muy limitada por consideraciones de tipo político.
El rol del estado en la economía
Antecedentes
El debate, tanto en aspectos normativos como positivos sobre el papel del Estado en las economías
modernas, se ha intensificado en la última década, dando lugar a acuerdos en algunas áreas.

La discusión ha evolucionado desde la
concepción a favor de que el Estado debía
intervenir en todos los ámbitos de la actividad
económica —bajo la óptica de un Estado
paternalista y perfecto—, hacia favorecer las
bondades del libre mercado -calificando al
Estado como un mal asignador de recursos-.
Los extremos han dejado de ser válidos. En su
momento, la razón para justificar la intervención
estatal fue la existencia de fallas de mercado, y
luego fueron las fallas de gobierno las que
hicieron cuestionar la intervención estatal.
"Existe un creciente consenso sobre el rol que el gobierno puede jugar en los esfuerzos exitosos de
desarrollo, pero también existe un reconocimiento sobre las fallas en lo relativo a la efectividad de las
actividades de gobierno" (Stiglitz, 1998), por lo que el debate estéril de Estado versus Mercado cambió a uno
fundamental: la efectividad del Estado.
La principal conclusión que se desprende de la existencia de fallas, tanto de mercado como de gobierno, es
que el rol del Estado debe ser dinámico y ajustado a su capacidad de responder a los desafíos, evaluada en
función de la fortaleza de sus instituciones.
A este respecto existe relativo acuerdo sobre el rol del Estado en la provisión de bienes públicos, y
desacuerdo en la forma que debe proveerlos y su participación en la promoción del desarrollo.
El tamaño y funciones del Estado dependen de la cultura, entorno, oportunidades y distribución de poder. En
países con instituciones débiles, los Estados deben focalizarse en cumplir con funciones básicas, más que en
funciones de intervención directa.
Seis funciones importantes del Estado
De forma general, Stiglitz establece como funciones
básicas del Estado:
• Promover la educación, para derivar en una
sociedad más igualitaria y facilitar la estabilidad
política.
• Fomentar la tecnología.
• Brindar soporte al sector financiero, principalmente a
través de la diseminación de información.
• Invertir en infraestructura: instituciones, derechos de
propiedad, contratos, leyes y políticas que promuevan
la competencia.
• Prevenir la degradación ambiental.
• Crear y mantener una red de seguro social.
En economías en desarrollo el gobierno debe jugar un rol especial, dada la débil institucionalidad de mercados
y la existencia de severos problemas de información. Dicho papel deberá realizarlo brindando los incentivos
correctos para la eficiencia de la actividad económica, el fortalecimiento de la infraestructura institucional y la
provisión de servicios básicos.
Efectividad del Estado


A pesar de que el Estado puede apoyar la promoción del desarrollo, también puede originar grandes daños,
derivados de los errores en la aplicación de reglas que crean incertidumbre. En tal sentido, el Estado debe
incrementar la eficiencia y eficacia en el desempeño
de sus funciones.
Debido a la escasez de recursos y la debilidad de las
instituciones en los países en desarrollo, el Estado
debe enfatizar su accionar en áreas estrictamente
necesarias para que, a pesar de las restricciones
existentes, los resultados sean óptimos.
En estas circunstancias cabe hacerse algunas
preguntas: ¿Qué puede decirse acerca del proceso de
toma de decisiones? ¿Qué hacer con las potenciales
fallas de mercado que obviamente la intervención
estatal no aliviará? ¿Qué arreglo institucional permite
un mejor desarrollo del mercado? ¿Cómo interactúan
en el desarrollo las políticas y las instituciones?
Las respuestas a esas preguntas dependen también
de la dinámica del Estado, generalmente
caracterizada por las siguientes acciones:
• Derroche de recursos por la existencia de privilegios:
Se crean rent-seekers en cuyas circunstancias si el
aparato institucional es débil, el Estado queda
expuesto a presiones de grupo, generando corrupción
e impunidad.
• Grupos de poder e intereses que hacen lobby para incrementar acuerdos favorables a ciertos sectores.
• Intereses propios de grupos dentro del gobierno, que generan un comportamiento maximizador de los
burócratas.
Las consideraciones anteriores indican que el Estado puede mejorar su acción a través de:
• Restringir sus intervenciones a aquellas áreas que evidencian influencia significativa y sistemática de
intereses particulares de grupos de presión. Un ejemplo del pasado fue el otorgamiento de cuotas de
importación, con el objetivo falaz de regular los precios internos de algunos productos. El resultado fue una
excesiva distorsión en el sistema de precios, y la sistemática presión de grupos privilegiados que se
beneficiaban, oponiéndose a la liberación comercial.
• Fortalecer la idea de un Estado a favor de la promover la competencia.
• Evitar la secretividad en la toma de decisiones a través de la difusión de información, e incentivar la
transparencia, tanto en la formulación como en la ejecución de políticas. A este respecto, el gobierno necesita
tener un balance entre la experiencia y la representatividad.
• Promover la provisión de bienes públicos mediante mecanismos de mercado, que incluyan la participación
del sector privado y de organizaciones no gubernamentales.
• Diseñar mecanismos en el uso de información de mercado para la toma de decisiones públicas.
En conclusión, la definición del rol del Estado debe tomar en cuenta características tales como: la existencia y
capacidad de instituciones para ejecutar políticas, la dinámica de las transformaciones económicas (la
globalización, por ejemplo), los actores políticos, y sobre todo, las ventajas comparativas que posea.

Dentro del entorno y la efectividad de las políticas, uno de los instrumentos en donde se refleja el papel que
podría jugar el Estado es el presupuesto de ingresos y egresos. En aquí donde se identifica la política fiscal a
seguir, elemento clave en la conducción de los gobiernos.
Cabe señalar que a pesar de la importancia de la política fiscal, no constituye el único elemento para juzgar el
rol del Estado, sino existen otros, tales como la política monetaria, cambiaria, comercial y una serie de
instituciones que permiten u obstaculizan el actuar de los agentes económicos.