1

CONTINUIDADES Y RUPTURAS EN LAS POLÍTICAS APLICADAS POR LOS GOBIERNOS “DE
IZQUIERDA” EN AMÉRICA LATINA. APORTES PARA LA DISCUSIÓN
DE MARTIN SCHORR

INTRODUCCIÓN
Entre las consecuencias de la implementación de las reformas neoliberales, el
incremento y la agudización de la pobreza y la indigencia asoman como los fenómenos
más sobresalientes del período. Desde la perspectiva dominante durante las décadas
pasadas, se trataba de resultados no deseados, pero que “sinceraban” la situación social
ante la retirada de los Estados –“ineficientes”– en la asignación de recursos de las
sociedades latinoamericanas. El mercado volvería a colocar las cosas en su lugar, y para
aquello que no podía ser asumido por éste, debían proponerse políticas sociales
focalizadas sobre los grupos vulnerables. Nacieron así, a lo largo de los años noventa,
numerosos programas que se reprodujeron a lo largo y ancho de la región con el
objetivo de atender las problemáticas de aquellos grupos sociales que no pudieron
enfrentar (por sus propias carencias, según la lógica imperante) la nueva realidad.
En los inicios del siglo XXI comenzó a producirse una serie de cambios en los
gobiernos de muchos países de América Latina, evidenciándose una suerte de “retirada”
de las propuestas neoliberales que habían conducido la política y la economía desde
mediados de los años setenta (los “mascarones de proa” en materia de aplicación del
recetario neoconservador fueron las dictaduras militares de Chile y Argentina, iniciadas
respectivamente en 1973 y 1976). Las profundas y sumamente deletéreas crisis
generadas por la implementación del neoliberalismo indujeron a que, en algunos casos,
dichos cambios se realizaran poco ordenadamente, requiriéndose una importante
movilización de actores sociales para romper las limitaciones de índole política y
económica generadas por muchos años de reformas estructurales (Argentina, Bolivia,
Venezuela, Ecuador, entre los casos más “explosivos”).
En ocasiones, estos gobiernos asumieron como un “dato” algunas de las condiciones
estructurales vigentes (como el desmantelamiento del aparato estatal, la extranjerización
de las economías, la inserción en el mercado mundial, su dependencia de los flujos
internacionales de capitales, el rol de la gestión privada en el ámbito de los servicios
públicos, entre otros), y no modificaron la lógica de intervención social propia de las
administraciones anteriores. En otros casos, ambas cuestiones (las condiciones
estructurales y la superación de la pobreza) se intentan modificar desde la aplicación de
otros parámetros. En este trabajo se explorarán los caminos seguidos por los nuevos
gobiernos de varios países de la región (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Venezuela) a
fin de examinar en qué medida se ha intentado modificar el estado de situación
estructural y social de dichas naciones –considerando incluso algunos de los
2
instrumentos utilizados en tal sentido– y cuánto se ha avanzado en esa vía. Asimismo,
se hará referencia a otras naciones latinoamericanas en los casos en que puedan
establecerse parámetros comunes a todas ellas.
SOBRE LA REPRESENTATIVIDAD DE LOS PAÍSES SELECCIONADOS
• De acuerdo a la información que consta en el Cuadro N° 1, en el año 2005 los
países seleccionados representaban un 50% de la población total de América Latina y
un 55% del PBI global de la región. Si se compara dicha participación con la
correspondiente a una década atrás (1995), se observa una estabilidad en términos de la
población, y una caída de casi 3 puntos porcentuales en lo que respecta al peso de los
países en el PBI total.
• También se destaca la significativa gravitación de Brasil y Argentina: de conjunto
explican en el 2005 el 40% de la población latinoamericana y casi un 45% del PBI total.
Brasil es, por lejos, la economía más grande de la región; no obstante, es interesante
reparar en el hecho que su peso en el PBI es menor al que tiene en la población, lo cual
lo diferencia de Argentina (que en 2005 da cuenta del 14% del PBI frente a una
participación inferior al 7% en la población total). Esto sugiere la existencia de
diferencias significativas entre ambos países en lo que respecta a sus respectivos niveles
de PBI por habitante.
EVOLUCIÓN ECONÓMICA, DEL MERCADO LABORAL Y LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO
• De los datos presentados en el Cuadro N° 2 se desprende que luego de la aguda
crisis que experimentó la región en la década de 1980 (la llamada “década perdida” que
se inició con la crisis de la deuda mexicana a comienzos del decenio y que rápidamente
se expandió a lo largo de prácticamente toda la región), los años noventa fueron un
período de escaso crecimiento asociado a una notable agudización de la inequidad
distributiva y un aceleradísimo desmantelamiento de las instituciones del llamado
Estado de Bienestar por efecto, entre otras medidas aplicadas con diversa gradación en
los distintos países, de la privatización de empresas estatales, la desregulación de
numerosos mercados, incluyendo al laboral, y la apertura de la economía a los flujos
internacionales de capitales y mercancías. En este sentido, cabe destacar que entre 1990
y 2001 (es decir, en pleno auge de las políticas del neoliberalismo y de la vigencia, al
menos hasta mediados de 1998, de un favorable contexto financiero internacional), el
PBI por habitante de América Latina se expandió un 15%, con fuertes diferencias entre
países. Por ejemplo, entre esos años Bolivia, Brasil y Venezuela experimentaron una
peor performance relativa que la región, mientras que Chile creció casi un 63% y la
Argentina un 25% (cabe destacar que el incremento del PBI per cápita argentino está
muy sesgado por el hecho que 1990 representó uno de los peores años de la historia
económica del país, producto de las crisis hiperinflacionarias iniciadas a comienzos de
1989).
3
• Del Cuadro N° 2 también surge que en lo que va de la primera década del siglo
XXI, el conjunto de la región y los países seleccionados se expandieron a una tasa
promedio anual mucho más elevada que en el decenio de 1990. Ello, en el marco de un
escenario internacional sumamente propicio por el auge de los precios de la mayoría de
los productos exportados por los países seleccionados. Se trata, en la generalidad de los
casos, de commodities asociadas a la todavía abundante dotación de recursos naturales
con que cuentan estos países (más adelante se retoman estas cuestiones ligadas al perfil
de especialización productiva e inserción internacional de los países seleccionados y de
los condicionamientos que dicha situación conlleva).
• En ese marco, cabe destacar algunas especificidades nacionales. Luego de
experimentar la crisis más aguda de su historia (tanto por su magnitud como su
duración), el PBI por habitante de Argentina en el 2006 fue un 35% más elevado que en
el peor año de la crisis (2002). Los datos correspondientes a Bolivia indican que en el
período 2001-2006 el PBI per cápita nacional creció un 7%. En el caso de Brasil es
interesante observar que entre 2003 (año de asunción del presidente Lula) y 2006 la
riqueza media por habitante se expandió apenas un 8%. Luego del llamado “milagro
chileno” de la década de 1990 (que tuvo hondas repercusiones negativas en materia de
distribución del ingreso), el PBI por habitante de Chile se ha venido expandiendo
sistemáticamente en lo que va del nuevo siglo, aunque a una tasa menor a la de la
década anterior. Finalmente, en el caso de Venezuela es interesante comparar la
situación antes y después de 1999, momento en que accede a la presidencia Hugo
Chávez: mientras que entre 1990 y 1999 el ingreso per cápita venezolano se contrajo un
2%, desde entonces y hasta 2006 se expandió cerca de un 15% (con una fase contractiva
hasta 2003 y un fuerte crecimiento a partir de entonces, muy ligado a un cambio de
corte progresista en la orientación de la intervención estatal en el campo de la política
económica y social y el aumento en el precio internacional del crudo y sus derivados –
por lejos, la principal vía de especialización productiva y de participación de Venezuela
en el comercio internacional–).
• Tomando en consideración los datos de 2006, el ranking de los PBI por habitante de
los países seleccionados es el siguiente: 1° Argentina, 2° Chile, 3° Venezuela, 4° Brasil
y 5° Bolivia (los dos últimos con valores por debajo del promedio de la región).
• En el Cuadro Nº 3 se presenta la evolución de la tasa de desempleo para los países
seleccionados. De esta perspectiva surge claramente cómo en pleno auge del
neoliberalismo todos experimentaron un incremento notable en la desocupación al calor
del desmantelamiento de buena parte de las instituciones del llamado Estado de
Bienestar y de lo que quedaba de la estructura productivo-industrial montada en el
marco de la estrategia de sustitución de importaciones. Por su parte, la fase expansiva en
lo económico que enfrenta la región producto del “cambio de rumbo” producido con
4
motivo de la debacle del neoliberalismo, en un escenario internacional sumamente
favorable, ha permitido reducir los índices de desocupación.
• Sin embargo, cabe destacar dos cuestiones. La primera es que en 2006 la
desocupación seguía ubicándose en niveles elevados (si bien más bajos que en los
peores años del neoliberalismo). Por ejemplo, en los dos países de mayores dimensiones
(Argentina y Brasil), la desocupación se ubicaba en torno al 10%. La segunda es que las
cifras presentadas no tienen en cuenta que buena parte de la población económicamente
activa de los países seleccionados (en algunos casos, como Bolivia y Brasil, con fuerte
inserción en el ámbito rural) se encuentra empleada en condiciones de extrema
precariedad en lo concerniente a las condiciones de trabajo, el nivel de los salarios y la
protección social (se trata, por lo general, de empleos en sectores con una alta
informalidad, de baja productividad, con salarios sumamente reducidos, “en negro”, y
con valores que se sitúan por debajo de los valores que definen la “línea estadística de la
pobreza”, con jornadas de trabajo sumamente extensas, etc.).
• La complicada situación del mercado de trabajo (elevada desocupación –aunque
decreciente respecto de los elevadísimos niveles vigentes durante la hegemonía
neoliberal– y ostensible precarización laboral) hace que, a pesar del crecimiento
económico experimentado por la región y los países seleccionados en los últimos años,
la distribución del ingreso siga siendo sumamente regresiva.
• Al respecto, en el Cuadro Nº 4 se puede ver cómo en el año 2006 la pobreza y la
indigencia en la región y los países seleccionados seguía siendo sumamente alta. En ese
marco se destaca la caída en la pobreza y la indigencia que experimentó la Argentina
entre 2002 (el peor año de su historia económica) y 2006; los altísimos registros de
Bolivia (particularmente acuciantes en las zonas rurales); las caídas que experimentaron
ambas variables en el caso brasileño (de todos modos, con un nivel muy elevado en el
ámbito rural); y las importantes retracciones que experimentaron ambas variables en
Chile y Venezuela en lo que va de la década actual.
• Desde una perspectiva complementaria, en el Cuadro Nº 5 se presenta la evolución
de la distribución del ingreso entre los hogares. En los cinco casos seleccionados se
comprueba que el inicio del nuevo siglo ha determinado un aumento en la participación
en el ingreso del 40% más pobre a expensas fundamentalmente de la participación del
10% más rico. No obstante, el ingreso promedio del 10% más rico es holgadamente
superior al correspondiente al 40% más pobre, lo cual sugiere la existencia de un patrón
de distribución del ingreso sumamente regresivo (ello a pesar de las innegables mejoras
de los últimos años). En tal sentido, los datos correspondientes al 2006 en Argentina,
Brasil, Chile y Venezuela son muy próximos a los registros de comienzos de los años
noventa cuando la inequidad en la región era sumamente acuciante luego de la “década
perdida”, mientras que en Bolivia se ha producido un notable empeoramiento. Vale la
pena destacar, en el caso de Brasil, que este proceso se da en forma continua.
5
• El Cuadro Nº 6 profundiza el análisis y arroja resultados similares en cuanto al
cuadro de notable regresividad distributiva que caracteriza a la región y los países
seleccionados. Al respecto, sobresalen dos cuestiones. La primera es que en todos los
países cerca de un 70% de personas cuenta con un ingreso per cápita inferior al
promedio. La segunda es que el coeficiente de Gini muestra en 2006 niveles no muy
distantes de los correspondientes a los primeros años del decenio de 1990, momento en
que este indicador mostraba los efectos fuertemente regresivos de la “década perdida”
(por la lógica de construcción del coeficiente de Gini, cuanto más próximo a 1, mayor
es la inequidad en materia distributiva). Es decir que a lo largo de las dos últimas
décadas se registraron avances muy menores en la disminución de la desigualdad social.
• De lo anterior surgen algunas conclusiones relevantes. Primero, es indudable el ciclo
económico expansivo que han venido experimentando los países seleccionados al calor
de la demanda mundial y los precios de ciertos commodities, así como de ciertas
modificaciones en los niveles nacionales en lo que hace a la orientación de la
intervención estatal en el campo económico y social vis-à-vis la etapa de auge de las
políticas del neoliberalismo. Segundo, es innegable que el crecimiento económico
experimentado ha permitido reducir la desocupación, no obstante, la misma sigue
siendo muy elevada (sobre todo si se la coteja con lo sucedido en la región durante la
sustitución de importaciones), lo mismo que la población que está ocupada pero en
condiciones de extrema precariedad (situación particularmente acuciante en el nivel
rural, pero también, y de modo creciente, en ciertos núcleos urbanos). En tercer lugar, la
mejora en materia de distribución del ingreso registrada en los últimos años no debe
llevar a que se pierda de vista la vigencia en todos los países de un patrón distributivo
fuertemente regresivo. Así, en los últimos años la mejora en materia de distribución del
ingreso ha sido mucho menos intensa que el crecimiento económico que registraron los
países, de lo que se sigue que la misma ha estado mucho más asociada a la creación de
puestos de trabajo por efecto de la propia expansión económica que a la instrumentación
de políticas de fuerte contenido redistributivo (si bien más abajo se aborda el tema con
cierto detalle, interesa plantear aquí que la intervención estatal en materia de política
social ha estado mucho más en línea con políticas focalizadas de tipo asistencial que
redistributivas en sentido estricto).
LA DINÁMICA DEL GASTO PÚBLICO SOCIAL
• La información que aporta el Cuadro Nº 7 permite concluir que el gasto público
social total en los países seleccionados es bajo (sobre todo si se lo compara con la
situación existente en los países más desarrollados). Por ejemplo, a mediados de la
presente década representaba un 19% del PBI en Argentina, un 12% en Bolivia, un 22%
en Brasil, el 13% en Chile, y algo menos del 12% en Venezuela. En Bolivia, Brasil y
Venezuela el gasto social como proporción del producto bruto se ubica en niveles
superiores a los registros de la década de 1990 (lo cual expresa la magnitud de la crisis
6
social que trajo aparejado el neoliberalismo y la necesidad de medidas paliativas),
mientras que en Argentina y Chile apenas se ha incrementado menos de medio punto, a
pesar de la debacle socio-económica argentina registrada entre 1998 y 2002 y la fuerte
desigualdad social generada por el modelo chileno. Las evidencias disponibles indican
que el gasto público en los países de la OCDE representa, en promedio, alrededor de un
35% del PBI.
• Del análisis del gasto desagregado interesa resaltar las siguientes cuestiones: a) el
elevado gasto en educación que caracteriza a Venezuela, Bolivia y Chile en términos
relativos a Argentina y Brasil; b) que Chile y Argentina son los países que destinan un
mayor monto de su PBI al gasto social en salud; c) que Brasil es el país que destina un
mayor porcentaje de su producto bruto a cuestiones ligadas a la seguridad social.
• El reducido gasto público social de los países (con las mencionadas especificidades
nacionales) está estrechamente vinculado con tres cuestiones estructurales. La primera
se vincula con que en estos países (como en toda la región) existen estructuras
impositivas regresivas, lo cual limita seriamente las posibilidades recaudatorias de parte
de los respectivos gobiernos. La segunda se asocia al hecho de que en algunos países los
ingresos se han visto erosionados por la realización de múltiples transferencias de
ingresos hacia los sectores de mayores ingresos durante las últimas décadas (a modo de
ejemplo: la privatización del sistema previsional en Argentina y Chile, el manejo de la
política hidrocarburífera de los gobiernos boliviano y venezolano con anterioridad a
Evo Morales y Hugo Chávez, y las fuertes traslaciones de ingresos a diferentes factores
de poder económico en el Brasil durante los gobiernos de Cardoso y el propio Lula). La
tercera se relaciona con los condicionamientos que se desprenden del abultado
endeudamiento externo que caracteriza a estos países.
• Como puede apreciarse en el Cuadro Nº 8, la presión tributaria se ha ido
incrementando paulatinamente en la región a lo largo de las últimas dos décadas: pasó
del 12% a casi el 17% del PBI entre 1990 y 2004. Dentro del grupo de países
seleccionados, los casos más notables de crecimiento han sido los de Bolivia y
Venezuela, que casi triplicaron sus ingresos tributarios en dicho período, llegando a
representar respectivamente, el 23% y el 11% del producto de cada una de estas
naciones en 2004. Mientras que Brasil se mantiene como el país de mayor presión
impositiva de América Latina, debe señalarse también que su nivel de ingresos
tributarios es equiparable al del promedio de los países de la OCDE; y que hay otros
países que superan (Argentina) o se acercan (Bolivia) al peso que tienen los impuestos
en el PBI de Estados Unidos y J apón.
• Los datos proporcionados por el Cuadro Nº 9 indican que en general los ingresos
tributarios se asientan principalmente en los impuestos al consumo –con la excepción de
Brasil– y en menor medida sobre los impuestos a la renta y al patrimonio –con la misma
salvedad anterior–. En el caso brasileño tienen un peso muy importante las
7
contribuciones a la seguridad social. En cuanto a los impuestos a las transacciones
internacionales, si bien la serie utilizada no cuenta con datos más actualizados (y en el
año 2004 oscilaban en el 1% del PBI en los países seleccionados), se estima que en los
últimos tres años se han elevado producto del mayor comercio internacional a favor del
boom de las commodities, aunque no alcanzarían el peso de los ingresos por consumo, o
rentas y patrimonio. En síntesis, si bien en los primeros años del siglo los incrementos
más importantes en términos del peso en el producto fueron los de los ingresos de los
impuestos a la renta y el patrimonio (medidos en variación de puntos porcentuales del
PBI), en los países seleccionados se sigue manteniendo una estructura impositiva de
tipo regresivo, ya que el consumo es la actividad que mayores recursos aporta al fisco; y
esto afecta más a las familias de bajos ingresos que no tienen posibilidad de utilizarlos
más que para ese fin (no ahorran, ni realizan operaciones financieras, transacciones
internacionales, etc.).
• Respecto de la gravitación del endeudamiento externo, en el Cuadro Nº 10 se puede
observar la evolución de la deuda externa (en porcentajes del PBI) para los países
seleccionados y el conjunto de la región. A fines de la serie analizada (2005) las
acreencias externas en relación con el producto oscilaban entre un 21% (Brasil) y un
62% (Argentina). La disminución verificada en los últimos años se vincula con la
estrategia de “desendeudamiento” seguida por muchos países en el marco del nuevo
escenario internacional y de ciertos cambios acaecidos en el funcionamiento y la
estrategia de los organismos de crédito internacional (en especial el FMI).
• A pesar del reducido nivel del gasto público social un dato que resulta auspicioso se
vincula con la mejora que experimentaron en los últimos años algunos indicadores de
desarrollo. La información que proporciona el Cuadro Nº 11 permite concluir que en
todos los países ha aumentado la esperanza de vida al nacer, ha disminuido la
mortalidad infantil (aunque se ubica en umbrales muy elevados en Bolivia y, en menor
medida, en Brasil y Venezuela) y ha bajado el analfabetismo (que sigue siendo elevado
en Bolivia y Brasil).
CONSIDERACIONES SOBRE LOS PROGRAMAS Y POLÍTICAS SOCIALES IMPLEMENTADOS
POR LOS GOBIERNOS “DE IZQUIERDA”
• Durante los años noventa se consideraba que como consecuencia de la
implementación de las políticas neoliberales la pobreza se incrementaría
transitoriamente, hasta que los frutos del crecimiento se “derramaran” sobre la totalidad
de los grupos sociales. Este enfoque era sostenido no sólo por los organismos
financieros multilaterales sino también por organizaciones regionales como la CEPAL
(aunque en este caso, criticando algunos aspectos particulares). A pesar de las visiones
más o menos optimistas sobre las consecuencias sociales de la aplicación de la
ortodoxia económica, el hecho es que en América Latina la población en situación de
pobreza vio agravada sus condiciones de vida. Los programas ejecutados para atenderla
8
se caracterizaron por focalizar las prestaciones sobre los grupos más vulnerables (niños,
ancianos, madres solteras, indígenas, entre otros) y por impulsar los denominados
programas de transferencias monetarias condicionadas.
• En los primeros años del siglo XXI, en el contexto de los cambios de gestión
gubernamental hacia gobiernos denominados “progresistas” o “de izquierda”, varias de
las nuevas administraciones, más allá de implementar alianzas sociales más
relacionadas con los trabajadores sindicalizados o con organizaciones sociales de
carácter popular, continuaron con la implementación de programas focalizados. En
algunos casos, como en Brasil, hay una fuerte continuidad entre las políticas de Cardoso
y Lula, ya que el primero –al igual que en Argentina– reestructuró el financiamiento, el
gasto y los beneficios del sistema de protección social hacia la selección de grupos
vulnerables; y el gobierno de Lula extendió la focalización de los programas,
unificándolos y logrando una mayor cobertura de los hogares pobres (el programa
“Bolsa Familia” cubre a casi 11 millones de hogares). En Chile y la Argentina se ha
continuado con la asistencia social a los “grupos vulnerables”, más allá de que en
situaciones particulares –como la crisis argentina de 2002– se impulsaron otras
experiencias (como el Plan J efes y J efas de Hogar Desocupados) de carácter transitorio
y de mayor amplitud (ver el Cuadro Nº 12).
• En Brasil la continuidad de las políticas se manifiesta también en el peso que tienen
los organismos internacionales (fundamentalmente el Banco Mundial y el Banco
Interamericano de Desarrollo) en el diseño, formulación, financiamiento e
implementación de los programas sociales.
• Otro de los aspectos que en los mencionados países denotan que existen similares
lógicas de funcionamiento estatal respecto de la acción social, es el carácter
descentralizado que adopta la ejecución de los programas. Durante la década de los
ochenta y noventa, la descentralización de los servicios hacia los municipios y los
estados federales (o provincias) se planteó como uno de los ejes de la transformación
del Estado desde la perspectiva neoliberal. En la actualidad, no sólo se sigue
sosteniendo este tipo de intervención, sino que además se lo promueve a través de los
nuevos planes de transferencia condicionada de fondos (por ejemplo, el “Plan Familias”
en Argentina, “Chile Solidario” en Chile o la ampliación del “Bolsa Familia” en Brasil).
• Una de las mayores fragilidades de los programas de transferencia condicionada son
los muy bajos montos que reciben las familias beneficiarias, lo que refuerza su carácter
asistencialista, por un lado, y clientelista, por otro, ya que los mismos no contribuyen a
la promoción social y educativa de las familias. En Argentina, por ejemplo, el monto del
Plan Familias no puede exceder unos $ 275 (alrededor del 30% de la canasta básica
alimentaria), y en Chile se trata de montos decrecientes durante un período de 24 meses.
Adicionalmente, gran parte de los ingresos con los que se financian los programas
sociales provienen del Impuesto al Valor Agregado, que en Argentina es del 21%, en
9
Chile del 19% y en Brasil del 18%; de esta manera, los sectores más vulnerables (a
quienes más afecta este tipo de impuestos) son, con su consumo, quienes contribuyen a
financiar las transferencias que a ellos se les realizan.
• De todas maneras, los programas de transferencia condicionada permitieron que en
etapas de contracción económica el ingreso laboral de las familias pobres no cayera
tanto como el ingreso medio (asociado, además, con las estrategias de supervivencia de
estos hogares que indican que más integrantes de las familias –sobre todo los niños y
jóvenes– deben salir a buscar nuevos ingresos). Pero cuando mejoran las condiciones
económicas, los hogares pobres –a pesar de las transferencias condicionadas– no ven
incrementarse sus ingresos de igual manera que la media general.
• Ello lleva a considerar otro aspecto vinculado con la identificación de la pobreza
como una problemática derivada de la falta de “capital social” de las familias (o de una
incapacidad de las mismas para insertarse en el mercado de trabajo). Ello proviene tanto
de la presentación que hacen los ministerios de los citados gobiernos, como de los
documentos de los organismos de financiamiento internacional. De todas maneras, el
patrón de distribución del ingreso parece funcionar, en períodos de crecimiento
económico, en contra de un mayor ingreso para los hogares más pobres, lo que
evidenciaría la falta de correlación fáctica de aquel supuesto con la realidad
Latinoamérica. En síntesis, los aspectos condicionantes de la evolución de la pobreza
habría que buscarlos en el funcionamiento de la economía en su conjunto (ver la sección
siguiente).
• Por último, otra cuestión que no debe dejar de considerarse por sus efectos
condicionantes sobre la política social son los altos niveles de informalidad laboral en
Brasil (alrededor del 50%), Chile y Argentina (alrededor del 40%). En consecuencia,
existe un alto número de trabajadores que no acceden a los beneficios sociales derivados
del trabajo registrado (seguridad social, pensiones, jubilación, subsidios, etc.) y los
cuales no llegan las alzas salariales que les permitan salir de la situación de pobreza y
superexplotación en la que se encuentran. Esto es, casi la mitad de los trabajadores de
estos países está por fuera de las regulaciones del trabajo, lo que condiciona su presente
y su futuro, y en las actuales circunstancias políticas, las autoridades nacionales y los
referentes sindicales no están atacando este fenómeno que condicionará la evolución de
la pobreza en la región.
• Los casos de Venezuela y Bolivia pueden considerarse distintos de los tres países
señalados precedentemente, en particular por las estrategias impulsadas desde las
cúpulas gubernamentales que, por un lado, proponen sostener los procesos de
transformación socio-económica a partir de la movilización de las organizaciones
sociales (sindicatos, organizaciones campesinas, indígenas, vecinales, etc.) y, por otro,
se vuelcan a éstas para superar las dificultades que encuentran en la estructura estatal
para impulsar programas y planes sociales.
10
• En Venezuela pueden definirse dos etapas principales durante la gestión de Chávez.
La primera, que abarca los años 1999-2003, se caracterizó por mantener ciertas líneas
de la gestión social previa, al mismo tiempo que se avanzaba en la formulación de un
conjunto de normas dirigidas a cambiar las instituciones económicas de las décadas
previas. En estos primeros años se ratificaron 9 de los 14 programas sociales de la
Agenda Venezuela (establecidos por la administración anterior, de Rafael Caldera, entre
1993 y 1998). Al mismo tiempo, se lanza un nuevo plan (el Bolívar 2000) y se utiliza a
las fuerzas armadas para ejecutar algunos planes de asistencia social. En este período,
por otra parte, se propone una reforma constitucional y la sanción de leyes de Tierras y
Desarrollo Agrario, Seguridad Social, de aprovechamiento de los recursos naturales,
etc., en el marco de un nuevo proceso político de la república bolivariana. Este modelo
se plantea como democrático-participativo y protagónico, y se plantean nuevos
programas de seguridad alimentaria, de cuidado diario, de atención integral a la salud, a
mujeres embarazadas, a comunidades indígenas, becas, infraestructura social, entre los
más importantes. Se incrementan también los presupuestos de salud y educación. De
todas maneras, estas líneas de intervención se mantuvieron en el espacio de una política
social asistencial y focalizada. Las tensiones políticas impulsadas por las fracciones
sociales perjudicadas por las transformaciones propuestas por la revolución bolivariana
llegaron incluso a la realización de un golpe de Estado en abril de 2002, cuya derrota
marca el fin de esta primera etapa y señala el inicio de una nueva fase con una mayor
movilización popular y una nueva estrategia para la implementación de los planes y
programas sociales.
• En este segundo período (desde 2003 hasta la actualidad) se plantea una visión más
integral de la política social, se implementan los objetivos trazados en el Plan de
Desarrollo Económico y Social de la Nación y se avanza con mayor rapidez en algunos
programas previstos en la fase anterior. Por ejemplo, cobra mayor fuerza el programa de
Reforma Agraria, se alienta la formación de cooperativas de campesinos y granjas
colectivas, se impulsa un programa de redistribución del suelo urbano de propiedad
estatal y se fundan varias instituciones financieras dedicadas al microcrédito, crédito
para cooperativas y asociaciones de productores. Paralelamente, al no poder superarse
ciertas dificultades en las instituciones del Estado para hacer avanzar los programas
sociales (producto probablemente del desmantelamiento previo del aparato estatal), el
gobierno decide desarrollarlos desde estructuras paralelas, con el fin de lograr eficiencia
y participación popular. Surgieron de este modo las “Misiones”, que son programas
específicos dirigidos a los sectores sociales más empobrecidos. Actualmente hay más de
10 “Misiones”, que cubre aspectos sociales, educativos, de salud, alimentarios,
laborales, de titularización de tierras, de comercialización de productos primarios,
planteados todos ellos en una perspectiva nacional. También hay misiones más
focalizadas, por ejemplo, dirigidas hacia los niños en situación de calle o hacia los
indígenas. Si bien ello permitió avanzar en la alcance y cobertura de la población pobre
11
en los programas sociales, aún faltan resolver algunas cuestiones relativas a la
institucionalización del monitoreo y evaluación de los programas, que permitan alcanzar
un conocimiento más profundo de los impactos de las mismas sobre la población.
• En el caso de Bolivia, el proceso político-social tiene características que lo asemejan
más al venezolano, aunque también parecen fundarse en un proceso de mayor
movilización popular previo a la llegada al gobierno del nuevo mandatario, Evo
Morales. Un factor que no debe dejar de señalarse es que habiendo asumido en enero de
2006, en menos de dos años el gobierno debió enfrentarse a un proceso secesionista de
las zonas más ricas del país (incluyendo la amenaza de una guerra civil), por parte de
quienes ven amenazados sus privilegios debido a la nacionalización de las reservas
hidrocarburíferas, el impulso a una reforma agraria, y la aprobación de una nueva
Constitución que modifica las bases normativas sobre las que se construyó la
desigualdad en ese país.
• En cuanto a la implementación de los programas sociales, estos se caracterizaban
por el hecho de que la cooperación internacional –fuente fundamental de los fondos que
sostenían la ayuda social– se dirigía en gran medida directamente hacia organizaciones
e instituciones locales que implementaban los proyectos financiados. Esto se debía,
entre otras razones, a la falta de instancias estatales con capacidad de ejecutarlos,
fundamentalmente en el plano municipal. Los programas más importantes eran de tipo
focalizado, como la Estrategia de Reducción de la Pobreza –dirigido a la pobreza
infantil- a partir de criterios planteados por el FMI y el Banco Mundial. Durante la
actual gestión de Evo Morales, al mismo tiempo que se han mantenido líneas de
financiamiento internacional para programas focalizados, se ha reformulado el enfoque
de algunas líneas de intervención, planteándose una perspectiva de cobertura más
universal, lo que puede ejemplificarse en la llamada “Renta Dignidad”, que es un pago
vitalicio, no heredable, para todos las personas de más de 60 años que residan en el país,
reciban o no jubilación o pensión (los que sí tienen jubilación, cobran un monto menor).
Es decir, que en función de los altos y difundidos niveles de pobreza que afectan a la
población (especialmente la campesina e indígena) se ha optado por recibir los fondos
internacionales (en muchos casos en forma de donación) y dotar a la prestación de un
carácter más “educativo” no sólo para el beneficiario sino también para las comunidades
locales. Es el caso, por ejemplo, del programa Incentivos para la Mujer Gestante, que
aunque originado como un programa de transferencia monetaria condicionada del
Banco Mundial, es completado por el Estado boliviano con otras prestaciones en
especie, y prevé brindar incentivos colectivos para incidir en el comportamiento de las
comunidades y familias de las mujeres gestantes.
EL PERFIL DE ESPECIALIZACÍON PRODUCTIVA Y DE INSERCIÓN INTERNACIONAL COMO
CONDICIONANTE A LA REDISTRIBUCIÓN PROGRESIVA DEL INGRESO
12
• De lo analizado hasta aquí se desprende que la situación socio-económica de los
países seleccionados ha mejorado respecto de los críticos legados de las políticas del
neoliberalismo. Sin embargo, como se planteó, el deterioro del mercado laboral sigue
siendo sumamente preocupante (elevada desocupación y precarización laboral
ampliamente difundida) y la capacidad de los Estados para hacer políticas
redistributivas se ve erosionada por ciertos fenómenos concurrentes, entre los que
interesa resaltar cuatro. Primero, el desmantelamiento de las capacidades estatales
resultante de largos años de hegemonía neoliberal y lo reciente de los procesos políticos
iniciados en los países escogidos, muchos de los cuales abrevan discursivamente en el
campo de la “socialdemocracia” (Kirchner, 2003, Morales, 2006, Lula, 2003,
Lagos/Bachelet, 2000 –a pesar que la Concertación gobierna desde 1990– y Chávez,
1999). Segundo, la aceptación por parte de varios gobiernos (Argentina, Brasil, Chile)
de una correlación de fuerzas entre las diferentes clases sociales y fracciones de clase
que torna sumamente dificultosa la introducción de cambios radicales en materia
impositiva en particular, y de ingresos y gastos públicos en general. Tercero, las
restricciones que impone sobre las finanzas públicas el peso de la deuda externa y la
vigencia de estructuras tributarias de perfil regresivo. Cuarto, el escaso interés real de
los organismos multilaterales de crédito, la cooperación internacional, los países
centrales y las fracciones dominantes locales (en muchos casos hegemonizadas por
empresas extranjeras y ciertos estamentos de las oligarquías nacionales), porque países
periféricos como los de América Latina encaren un replanteo de consideración en sus
“modelos de crecimiento”, su inserción en la división internacional del trabajo y,
derivado de lo anterior, en la distribución del ingreso.
• Al respecto, los datos expuestos en los Cuadros Nº 13 y 14 son sumamente
elocuentes y eximen de mayores comentarios. Basta con mencionar que en la actualidad
la estructura productiva de los países seleccionados denota una altísima especialización
en unos pocos productos ligados al aprovechamiento de las ventajas comparativas
naturales presentes en los diferentes ámbitos nacionales (con la excepción parcial de
Brasil, donde el neoliberalismo no logró desarticular, como sí lo hizo en Argentina, una
estructura industrial caracterizada por un importante grado de diversificación). Resulta
interesante reparar en que en Brasil, Chile Venezuela los principales rubros de
exportación tienen una fuerte presencia de empresas del Estado, mientras en la
Argentina los mismos son propiedad de grandes empresas privadas (de capital nacional
y extranjero), y en la Bolivia de Morales se está intentando establecer una
renacionalización de los sectores estratégicos (en este caso el hidrocarburífero).
• Es importante destacar que esta fenomenal primarización que caracteriza, con
matices, a Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Venezuela se verifica a partir de
producciones que, en la generalidad de los casos, poseen un reducido dinamismo en lo
que se asocia a la creación de empleo y la elevación de los salarios. Esto arroja
13
numerosos interrogantes en relación con el argumento ampliamente difundido en los
ámbitos académicos, políticos y empresariales: que este perfil de especialización
productiva y de inserción en el mercado mundial es condición necesaria y suficiente
para que los países de América Latina ingresen en un sendero de desarrollo con equidad
económica y social.
REFLEXIONES FINALES
• Es evidente que se desarrollan dos procesos diferentes en los países de referencia:
Argentina, Brasil y Chile, por un lado; y Bolivia y Venezuela, por otro. Si bien en todos
hay cambios respecto de las políticas públicas implementadas durante los años noventa,
en los tres primeros los cambios son mucho más limitados, vinculados con las alianzas
sociales establecidas por los gobiernos, y más allá de la retórica presidencial (de mayor
o menor “explosividad”). En cambio, en Bolivia y Venezuela se observan procesos más
relacionados con una fuerte movilización social, que han llevado o repuesto en el
gobierno –según el caso– a sus actuales presidentes, y a definiciones estratégicas que
hacen a las políticas económicas y sociales que buscan romper con los modelos
preexistentes.
• En este sentido, preguntarse sobre la existencia de un cambio de paradigma en
Argentina, Brasil y Chile implica analizar las modificaciones en la estructura
económico-social de cada país. En la Argentina se observa que hay fuertes rasgos de
continuidad en aspectos centrales del desenvolvimiento económico, tales como la
extranjerización y transnacionalización de las empresas, la propiedad y gestión privada
de los servicios públicos, la apertura económica, y la fuerte primarización de la
producción; al mismo tiempo, la ruptura de la convertibilidad y el mantenimiento de
una nueva tasa de cambio tres veces más alta que la anterior permitieron el
resurgimiento de cierta producción industrial y el incremento de la exportación de
bienes primarios. Ello se ha sostenido en una alianza social con un fuerte apoyo
sindical, que ha permitido recuperar los salarios –fundamentalmente los del sector
privado– y, sobre todo, las ganancias empresarias. En el caso de Chile, hay una fuerte
continuidad en la política de la Concertación, más allá de los cambios de las
administraciones democristiana o socialista. Si bien los niveles de crecimiento
económico son importantes, luego de la crisis asiática de 1997 no han vuelto a lograrse
las mismas tasas de incremento. En la actualidad, es menor que el de la Argentina y
Venezuela. Además, el nivel de precarización del trabajo (similar al de Argentina) y la
desprotección que ello implica a nivel de salud y previsión, debilitan las estrategias
públicas de superación de la pobreza. En Brasil, la política del presidente Lula se ha
dirigido a sostener el desarrollo empresarial brasileño, la ampliación de los programas
de transferencia monetaria condicionada (característicos de la administración Cardoso)
y el impulso a la producción agrícola, fundamentalmente en el caso de los
agrocombustibles. Ello no ha redundado en una disminución importante de la pobreza ni
14
tampoco en una caída de la desocupación. En los tres países, el nivel de desigualdad
apenas se ha reducido (algo más en Chile y menos en Brasil) o incluso ha crecido
(Argentina).
• Por otra parte aparecen los casos de Bolivia y Venezuela, en los que aparecen con
mayor claridad elementos que permiten plantear el cambio de paradigma desde el cual
se proponen realizarse las políticas gubernamentales (al margen de que se implementen
efectivamente a partir de organismos estatales o para-estatales). En ambos ejemplos
pueden evidenciarse las estrategias “refundacionales” de los dos gobiernos, incluso la
agudización de los conflictos socio-políticos derivados de los nuevos realineamientos de
fuerzas en el seno del Estado, y los cambios constitucionales y normativos que
cristalizan el cambio social. Desde el punto de vista de las políticas sociales aparecen
lineamientos de intervención de tipo universales, a pesar de que se mantienen varios
programas de tipo focalizado.
• El tipo de programas sociales que más se ha desarrollado (vinculados con la
transferencia monetaria condicionada) han servido para elevar levemente el nivel de
vida de los sectores más carenciados, pero no han contribuido a cambiar su condición
social. Persiste un núcleo fuerte de pobreza en todos los países considerados que no
puede revertirse a partir de la implementación de políticas focalizadas, ya que las
propias características del sistema económico y social determina los márgenes para
superar el nivel de pobreza. Ello lleva a considerar la oportunidad de implementar otro
tipo de programas sociales, diferentes a los actuales, basándose en el “ingreso
universal”.
• En este sentido, no puede hablarse de una línea común que unifique a todas los
países involucrados en este estudio, sino que en todo caso pueden agruparse en base a
los dos conjuntos mencionados. La idea de la existencia de “políticas de izquierda”
novedosas respecto de lo experimentado en los años ochenta y noventa, sólo podría
atribuirse a los casos de Bolivia y Venezuela. Ello no implica desconocer importantes
aspectos vinculados con estrategias de inserción regional e internacional comunes
(como la estructuración de bloques económicos) o para resolver problemáticas de
provisión y abastecimiento de mercancías, como sucede actualmente con la cuestión
alimentaria o energética.
• Dada la compleja situación de la que se parte (producto de largos años de vigencia
de neoliberalismo en la región), es indudable que una redistribución progresiva del
ingreso no pasa tanto por contar con adecuadas políticas sociales (la experiencia
latinoamericana de las últimas décadas en las que hubo una proliferación de políticas y
programas sociales y sociedades sumidas en una acuciante crisis distributiva es un
indicador por demás elocuente de ello), sino por avanzar decidida y rápidamente en
varias cuestiones centrales. Primero, en una modificación en la estructura productiva y
de inserción internacional a partir del desarrollo de segmentos productivos dinámicos en
15
lo que se relaciona con la creación de encadenamientos productivos, puestos de trabajo
y elevación de los salarios (sin duda, en la concreción exitosa de este proceso jugará un
rol importante todo aquello relacionado con la integración latinoamericana). Segundo,
en una reforma estructural en materia impositiva como pivote de una política
redistributiva de ingresos. Tercero, en una reestructuración del mercado de trabajo que
oriente a las empresas a generar puestos de trabajo estables que permitan incrementar
los aportes a la seguridad social. Cuarto, la recuperación para el Estado la propiedad,
gestión y renta de los recursos naturales.
• Se trata, sin duda, de una tarea harto dificultosa y arriesgada técnica y políticamente,
sobre todo si se considera que la mayoría de los llamados gobiernos “socialdemócratas”
de la región debe enfrentar a los factores establecidos de poder con aparatos estatales
desmantelados, estructuras productivas desarticuladas, bases sociales de sustentación
muy endebles y con escaso grado de movilización (con la excepción de Bolivia y
Venezuela), y una “ecuación social” muy desfavorable para la gran mayoría de la
población. Pero también es indudable que cuanto más se demore en encarar estos
cambios, para lo cual es imperioso contar con una alianza social y un aparato estatal en
consecuencia, más se profundizará el peculiar “modelo económico” que caracteriza a
los países analizados, el que, por todo lo expuesto, a pesar de los “nuevos aires”
ideológicos que “soplan” en la región, parece seguir funcionando en base al esquema
del “derrame” típico del neoliberalismo (con las salvedades mencionadas) y una
inserción sumamente pasiva y subordinada la división internacional del trabajo.
16
CUADRO Nº 1
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS
PARTICIPACIÓN EN LA POBLACIÓN Y EL PBI TOTAL DE AMÉRICA LATINA,
1995-2005 (EN PORCENTAJES)
Población PBI*
1995 2000 2005 1995 2000 2005
Argentina 7,2 7,0 6,9 14,9 14,4 14,2
Bolivia 1,5 1,6 1,7 0,4 0,4 0,4
Brasil 33,5 33,4 33,6 32,0 30,5 30,3
Chile 3,0 2,9 2,9 3,6 3,8 4,2
Venezuela 4,6 4,6 4,8 6,7 5,9 5,9
Resto 50,2 50,4 50,1 42,3 44,9 45,0
Total América Latina 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
* Los porcentajes fueron calculados de acuerdo a las estimaciones del PBI a precios constantes (dólares de 2000).
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.
17
CUADRO Nº 2
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS
EVOLUCIÓN DEL PBI POR HABITANTE, 1990-2006
(EN DÓLARES DE 2000 E ÍNDICE 1990=100)
a) dólares de 2000
Argentina Bolivia Brasil Chile Venezuela Total AL
1990 5.832,7 869,9 3.348,6 3.081,3 4.828,1 3.404,7
1999 7.874,0 995,0 3.589,1 4.750,6 4.738,4 3.877,1
2000 7.730,2 996,4 3.688,6 4.902,9 4.821,7 3.969,9
2001 7.315,4 990,2 3.682,4 5.009,0 4.894,3 3.925,9
2002 6.455,8 991,8 3.727,3 5.061,2 4.380,9 3.855,4
2003 6.960,7 996,0 3.714,8 5.202,6 3.969,9 3.886,5
2004 7.518,5 1.014,8 3.871,8 5.456,1 4.614,6 4.074,5
2005 8.130,8 1.033,5 3.930,0 5.707,9 5.004,7 4.207,5
2006 8.732,5 1.058,9 4.021,3 5.873,3 5.429,6 4.383,6

b) índice 1990=100
Argentina Bolivia Brasil Chile Venezuela Total AL
1990 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
1999 135,0 114,4 107,2 154,2 98,1 113,9
2000 132,5 114,6 110,2 159,1 99,9 116,6
2001 125,4 113,8 110,0 162,6 101,4 115,3
2002 110,7 114,0 111,3 164,3 90,7 113,2
2003 119,3 114,5 110,9 168,8 82,2 114,1
2004 128,9 116,7 115,6 177,1 95,6 119,7
2005 139,4 118,8 117,4 185,2 103,7 123,6
2006 149,7 121,7 120,1 190,6 112,5 128,7
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.
18
CUADRO Nº 3
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS
DESEMPLEO ABIERTO, 1990-2006 (EN PORCENTAJES)
1990 1994 1999 2003 2004 2005 2006
Argentina 5,9 13,0 14,7 19,0 13,5 11,5 10,5
Bolivia 9,4 3,2 7,1 6,4 6,0 s/d s/d
Brasil 4,5 7,4 11,4 11,1 10,2 10,7 9,5
Chile 8,7 6,8 10,1 10,1 s/d s/d 7,6
Venezuela 10,2 8,9 14,5 16,8 13,9 11,4 9,3
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.
19
CUADRO Nº 4
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS
EVOLUCIÓN DE LA POBREZA Y LA INDIGENCIA, AÑOS SELECCIONADOS
(EN PORCENTAJES)
Años Población bajo la línea de pobreza* Población bajo la línea de indigencia
seleccionados Total país
Zonas
urbanas Zonas rurales Total país
Zonas
urbanas Zonas rurales
Argentina 1990 s/d 21,2** s/d s/d s/d s/d
1999 s/d 23,7 s/d s/d 6,7 s/d
2002 s/d 45,4 s/d s/d 20,9 s/d
2006 s/d 21,0 s/d s/d 7,2 s/d
Bolivia 1989 s/d 52,6 s/d s/d 23,0 s/d
1999 60,6 48,7 80,7 36,4 19,8 64,7
2002 62,4 52,0 79,2 37,1 21,3 62,9
2004 63,9 53,8 80,6 34,7 20,2 58,8
Brasil 1990 48,0 41,2 70,6 23,4 16,7 46,1
1999 37,5 32,9 55,3 12,9 9,3 27,1
2006 33,3 29,9 50,1 9,0 6,7 20,5
Chile 1990 38,6 38,5 38,8 13,0 12,5 15,6
2000 20,2 19,7 23,7 5,6 5,1 8,4
2003 18,7 18,5 20,0 4,7 4,4 6,2
2006 13,7 13,9 12,3 3,2 3,2 3,5
Venezuela 1990 39,8 38,6 46,0 14,4 13,1 21,3
1999 49,4 s/d s/d 21,7 s/d s/d
2004 45,4 s/d s/d 19,0 s/d s/d
2006 30,2 s/d s/d 9,9 s/d s/d
Total AL 1990 48,3 41,4 65,4 22,5 15,3 40,4
1999 43,9 37,2 63,7 18,7 12,1 38,2
2003 44,2 39,0 61,1 19,1 13,7 36,4
2006 36,5 31,1 54,4 13,4 8,6 29,4
*Incluye a la población bajo la línea de indigencia o en situación de extrema pobreza.
**Datos del área metropolitana (Gran Buenos Aires).
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.
20
CUADRO Nº 5
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS
DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO DE LOS HOGARES, AÑOS
SELECCIONADOS (EN PORCENTAJES Y COEFICIENTES)
Participación en el ingreso total del:

Años
seleccionados
40%
más pobre
30%
Siguiente
20%
anterior
10%
más rico
Relación
ingr. medio *
Argentina 1990 14,9 23,6 26,7 34,8 13,5
1999 15,4 21,6 26,1 37,0 16,4
2002 13,4 19,3 25,3 42,1 20,0
2006 16,9 23,6 25,4 34,1 13,8
Bolivia 1989 12,1 22,0 27,9 38,2 17,1
1999 9,2 24,0 29,6 37,2 26,7
2002 9,5 21,3 28,3 41,0 30,3
Brasil 1990 9,5 18,6 28,0 43,9 31,2
1999 10,1 17,3 25,5 47,1 32,0
2003 11,2 18,3 25,7 44,9 27,9
2006 12,2 18,8 25,2 44,0 24,9
Chile 1990 13,2 20,8 25,4 40,7 18,2
2000 13,8 20,8 25,1 40,3 18,7
2003 13,7 20,7 25,5 40,0 18,8
2006 14,6 21,5 26,7 37,2 15,9
Venezuela 1990 16,7 25,7 28,9 28,7 12,1
1999 14,6 25,1 29,0 31,4 15,0
2006 17,4 27,0 28,3 27,4 10,5
* Relación del ingreso medio per cápita del 10% más rico con el 40% más pobre.
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.
21
CUADRO Nº 6
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS
INDICADORES DE CONCENTRACIÓN DEL INGRESO, AÑOS
SELECCIONADOS (EN PORCENTAJES Y COEFICIENTES)

% de personas con
ingreso per cápita menor que

Años
seleccionados el promedio
el 50% del
promedio
Coeficiente
de Gini*
Argentina 1990 70,6 39,1 0,501
1999 72,5 44,2 0,542
2002 74,0 47,9 0,590
2006 70,9 38,9 0,510
Bolivia 1989 71,9 44,1 0,538
1999 70,4 45,5 0,586
2002 73,6 49,6 0,614
Brasil 1990 75,2 53,9 0,627
1999 77,1 54,8 0,640
2003 76,2 52,5 0,621
2006 75,9 50,7 0,602
Chile 1990 74,6 46,5 0,554
2000 75,0 46,4 0,559
2003 74,8 45,9 0,550
2006 73,3 42,2 0,522
Venezuela 1990 68,0 35,5 0,471
1999 69,4 38,6 0,498
2006 66,5 32,9 0,441
* Incluye a las personas con ingresos iguales a cero.
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.
22
CUADRO Nº 7
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS
GASTO PÚBLICO SOCIAL, 1990-2005 (EN % DEL PBI)
1990/1991 1994/1995 2000/2001 2004/2005
Total gasto público social
Argentina 19,3 21,1 21,8 19,4
Bolivia 5,2 7,2 12,0 s/d
Brasil 18,1 20,4 21,1 22,0
Chile 12,7 12,4 15,1 13,1
Venezuela 8,8 7,8 11,6 11,7
En educación
Argentina 1,3 1,0 1,0 0,9
Bolivia 3,3 4,9 5,5 s/d
Brasil 1,4 1,5 1,1 0,9
Chile 2,4 2,6 3,9 3,5
Venezuela 3,5 3,8 5,1 5,0
En salud
Argentina 2,5 2,6 2,5 2,2
Bolivia 1,0 1,2 1,3 s/d
Brasil 1,1 2,1 1,8 1,7
Chile 2,0 2,4 2,9 2,8
Venezuela 1,6 1,1 1,5 1,6
En seguridad social*
Argentina 7,5 7,6 7,5 6,5
Bolivia 0,7 0,9 5,0 s/d
Brasil 7,6 8,2 9,1 10,1
Chile 8,1 7,2 7,9 6,5
Venezuela 2,0 2,3 3,7 4,1
Otros rubros**
Argentina 0,07 0,04 0,02 0,03
Bolivia 0,20 0,13 0,26 s/d
Brasil 0,05 0,02 0,11 0,11
Chile 0,19 0,19 0,29 0,21
Venezuela 1,68 0,65 1,32 0,98
* Incluye el gasto en seguridad social, trabajo y asistencia social.
** Incluye el gasto en vivienda, agua y alcantarillado y otros rubros.
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.
23
CUADRO Nº 8
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS Y
COMPARACIONES INTERNACIONALES
INGRESOS TRIBUTARIOS DEL GOBIERNO CENTRAL*
(EN % DEL PBI)

1990 1995 2000 2004
Argentina 16,1 20,3 21,5 26,3
Bolivia 8,2 11,8 20,5 23,0
Brasil s/d 29,8 32,5 35,9
Chile 15,6 16,8 17,8 17,3
Venezuela 4,4 8,9 9,4 11,0
Promedio simple América Latina 12,6 14,8 15,7 16,9
Promedio simple OCDE 34,8 35,9 37,2 36,3
UE 15 39,4 40,3 41,8 40,6
EEUU 27,3 27,9 29,9 26,4
J apón 30,2 27,8 27,1 25,8
* Incluye contribuciones a la seguridad social.
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.

24
CUADRO Nº 9
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS
PRESIÓN IMPOSITIVA EN IMPUESTOS SELECCIONADOS
(EN % DEL PBI)

Comercio internacional Consumo Renta + patrimonio

Promedio
1990-1994
Promedio
2000-2003
Promedio
1990-1994
Promedio
2000-2003
Promedio
1990-1994
Promedio
2000-2003
Argentina 0,9 1,3 9,1 10,1 3,4 6,3
Bolivia 1,3 1,1 4,2 6,9 2,2 4,4
Brasil 0,4 0,7 9,9 9,8 5,7 7,2
Chile 2,1 1,0 9,4 10,2 4,1 5,1
Venezuela 1,7 1,0 1,5 5,2 2,0 2,8
Promedio simple América Latina 2,0 1,6 5,4 7,1 2,9 3,8
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.


25
CUADRO Nº 10
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS
DEUDA EXTERNA TOTAL COMO % DEL PBI, 1990-2005
1995 2000 2002 2003 2004 2005
Argentina 39,3 54,5 153,6 127,3 111,8 62,0
Bolivia 71,2 53,1 54,3 62,3 56,4 52,9
Brasil 22,6 36,0 45,7 42,5 33,3 21,3
Chile 35,6 49,4 60,5 59,1 46,0 39,1
Venezuela 50,1 31,1 28,2 47,5 40,6 33,7
Total América Latina 36,5 37,0 42,9 42,9 37,7 26,7
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.
26
CUADRO Nº 11
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS
EVOLUCIÓN DE ALGUNOS INDICADORES DE DESARROLLO, 1990-2005
(EN VALORES ABSOLUTOS Y PORCENTAJES)
Esperanza de vida al nacer
(años de vida)
Tasa de mortalidad infantil (por
1000 nacidos vivos)
Tasa de mortalidad en menores
de 5 años (por 1000 nacidos
vivos)
% de analfabetismo de la
población de 15 años y más
Quinquenios
Ambos
sexos Hombres Mujeres
Ambos
sexos Hombres Mujeres
Ambos
sexos Hombres Mujeres
Ambos
sexos Hombres Mujeres
Argentina 1990-1995 72,1 68,6 75,8 24,4 27,0 21,6 28,1 31,0 25,2 3,7 3,6 3,7
1995-2000 73,2 69,7 77,0 21,9 24,2 19,4 24,5 27,0 21,9 3,2 3,2 3,2
2000-2005 74,3 70,6 78,1 15,1 17,0 13,0 17,5 19,7 15,3 2,8 2,8 2,7
2005-2010 75,2 71,6 79,1 13,5 15,0 11,8 15,7 17,5 13,9 2,4 2,5 2,4
Bolivia 1990-1995 60,0 58,3 61,8 75,2 79,2 70,8 98,9 103,2 94,5 17,9 10,4 25,2
1995-2000 62,0 60,1 64,0 66,7 70,3 62,8 85,3 89,3 81,3 14,6 8,1 20,8
2000-2005 63,8 61,8 66,0 55,7 60,0 51,0 71,4 75,9 66,8 11,7 6,2 17,0
2005-2010 65,5 63,4 67,7 45,7 50,0 41,0 60,3 64,8 55,8 9,4 4,8 13,8
Brasil 1990-1995 67,5 63,7 71,5 42,7 48,3 36,5 53,9 60,8 46,9 15,3 14,9 15,7
1995-2000 69,4 65,7 73,3 34,2 38,6 29,4 42,2 47,6 36,7 13,1 13,0 13,2
2000-2005 71,0 67,3 74,9 27,4 31,0 23,5 33,5 38,0 29,1 11,1 11,3 11,0
2005-2010 72,4 68,9 76,1 23,7 27,0 20,0 29,1 33,2 25,1 9,6 10,0 9,3
Chile 1990-1995 74,3 71,5 77,4 14,2 15,3 12,9 16,9 18,6 15,2 5,1 4,8 5,3
1995-2000 75,7 72,8 78,8 11,5 12,6 10,3 13,8 15,3 12,3 4,2 4,1 4,4
2000-2005 77,7 74,8 80,8 8,1 9,0 7,0 9,7 10,9 8,6 3,5 3,4 3,6
2005-2010 78,5 75,5 81,5 7,2 8,1 6,3 8,7 9,8 7,7 2,9 2,8 2,9
Venezuela 1990-1995 71,5 68,7 74,5 23,2 25,9 20,3 29,3 32,6 26,0 9,1 8,3 9,9
1995-2000 72,2 69,3 75,2 20,8 22,8 18,5 26,4 29,2 23,6 7,5 7,0 8,0
2000-2005 72,8 69,9 75,8 18,9 21,2 16,4 24,2 27,1 21,2 6,0 5,8 6,2
2005-2010 73,8 70,9 76,8 17,1 19,1 14,8 21,8 24,5 19,2 4,8 4,8 4,9
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.
27
CUADRO N° 12
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS
EJEMPLOS DE PROGRAMAS DE TRANSFERENCIA DE INGRESO Y PRESTACIONES SOCIALES CONDICIONADAS
Programa y país Año de
inicio
Objetivo
general
Beneficios Requisitos para recibir beneficios
Bolsa Familia y
Hambre Cero
(Brasil) (continúa
y unifica
programas previos
desde 1995)
2003 Combatir el hambre, la pobreza y otras formas de privación
familiar; promover la seguridad alimentaria y nutricional y el
acceso a redes de servicios públicos de salud, educación y
asistencia social, creando posibilidades de emancipación
sostenible de las familias y de desarrollo local de los territorios
Transferencia de
ingreso
Seguimiento de la salud y el estado nutricional de los
niños; matrícula y asistencia a clases de todos los niños
en edad escolar; participación en acciones de educación
alimentaria.
Cobertura: más de 10 millones de familias pobres
Bolsa Escola
(Brasil)
2001 Aumentar el logro educativo de niños pobres en edad escolar;
reducir la pobreza actual y futura
Beca escolar a
niños pobres
Al menos 85% de asistencia escolar en períodos de tres
meses
Bolsa alimentaçao
(Brasil)
2000 Reducir deficiencias nutricionales y la mortalidad infantil Beca de salud Cumplir calendario de visitas a centro de salud y cumplir
con el programa de vacunaciones
Programa de
Erradicación del
Trabajo Infantil
(Brasil)
1998 Erradicar el trabajo infantil, aumentando el logro educativo y
reduciendo la pobreza
Transferencia de
ingreso;
programa post-
escuela
Al menos 80% de asistencia escolar en períodos de tres
meses y participación en el programa post-escuela
Programa Ahorro-
Escuela (Brasil)
1995 Apoyar la asistencia escolar Transferencia de
ingreso
Concurrencia escolar
J efes y J efas de
Hogar (Argentina)
2001 Entregar apoyo a familias con dependientes que habían
perdido su fuente de ingresos
Transferencia de
ingreso
Contraprestaciones laborales.
Cobertura: llegó al 24% de los hogares pobres en 2003
Programa
Familias por la
Inclusión Social
(Argentina)
2005 Entregar apoyo monetario a familias. Transferencias
monetarias y
becas
Compromiso de cumplir con requisitos educativos y de
salud de los niños de la familia. Que la totalidad de los
ingresos del hogar no supere el salario mínimo, vital y
móvil
Plan Nacional de
Seguridad
Alimentaria
(Argentina)
2005 Brindar asistencia alimentaria, facilitar autoproducción de
alimentos, educación alimentaria y nutricional
Transferencias
monetarias o en
especie
Estar en situación crítica alimentaria (desnutrición,
extremo riesgo social)
Chile Solidario
(Chile)
2002 Mejorar condiciones de vida de familiar en extrema pobreza,
generando oportunidades y proveyendo recursos que permitan
recuperar o disponer de una capacidad funcional y resolutiva
Transferencia de
ingreso
Asistencia escolar y controles de salud; otras
responsabilidades familiares
28
Programa y país Año de
inicio
Objetivo
general
Beneficios Requisitos para recibir beneficios
eficaz en el entorno personal, familiar, comunitario e
institucional
Plan Nacional de
Empleo de
Emergencia
(Bolivia)
2001 Reducir el impacto de la pérdida de empleo en la población
más pobre, mediante empleo temporal masivo en áreas urbanas
y rurales, financiando salarios a personas desocupadas que
realizan tareas de mantenimiento y pequeñas obras tendientes
al bien común
Transferencia de
ingreso
Prestaciones laborales
Programa de
Incentivos en
Efectivo y/o
Especie a la Mujer
Gestante, en
Lactancia y con
Niños Menores de
2 Años (Bolivia)
2007 Contribuir a la disminución de la desnutrición en niños y niñas
menores de dos años en zonas rurales a través del cuidado
integral de la madre embarazada, en lactancia y en niños
menores de dos años.
Transferencia de
ingreso
monetaria y en
especie
Cumplir con controles prenatales, post-parto y monitoreo
del desarrollo del niño hasta los dos años de edad.
Fuente: Elaboración propia en base a Sojo, A., “La trayectoria del vínculo entre políticas selectivas contra la pobreza y políticas sectoriales”, en Revista de la CEPAL, Nº 91, abril
2007; Agencia Presidencial para la Acción Social y la Cooperación Internacional, Colombia, www.accionsocial.gov.co; Ministerio de Desarrollo Social, Argentina,
www.desarrollosocial.gov.ar; Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas-UDAPE-, Bolivia, www.udape.gov.bo.
29
CUADRO Nº 13
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS
EXPORTACIONES POR SECTOR DE ACTIVIDAD Y PERFIL DE ESPECIALIZACIÓN PREDOMINANTE, 2005
(MILLONES DE DÓLARES Y PORCENTAJES)
a) Millones de dólares

Sector
primario
Minas y
canteras
Industria
alimenticia
Bienes no
durables
Insumos
intermedios
Metal-
mecánica Total
Argentina 7.481,1 4882,8 11266,2 1623,9 9734,3 4632,3 39.620,6
Bolivia 172,0 1.640,3 401,7 176,1 350,3 54,4 2.794,8
Brasil 11.775,6 12.740,6 19.562,5 6.415,0 35.250,4 32.395,5 118.139,6
Chile 4.662,8 9.387,9 3.249,8 350,0 19.290,3 815,1 37.755,9
Venezuela 107,1 34.460,3 156,0 59,0 15.668,7 904,8 51.355,9
Subtotal 24.198,6 63.111,9 34.636,2 8.624,0 80.294,0 38.802,1 249.666,8
Resto de América Latina 18.248,7 46.266,1 14.343,9 23.531,6 45.881,0 133.366,9 281.638,2
Total América Latina 42.447,3 109.378,0 48.980,1 32.155,6 126.175,0 172.169,0 531.305,0

b) Porcentajes (perfil de especialización predominante)

Sector
primario
Minas y
canteras
Industria
alimenticia
Bienes no
durables
Insumos
intermedios
Metal-
mecánica Total
Argentina 18,9 12,3 28,4 4,1 24,6 11,7 100,0
Bolivia 6,2 58,7 14,4 6,3 12,5 1,9 100,0
Brasil 10,0 10,8 16,6 5,4 29,8 27,4 100,0
Chile 12,3 24,9 8,6 0,9 51,1 2,2 100,0
Venezuela 0,2 67,1 0,3 0,1 30,5 1,8 100,0
Subtotal 9,7 25,3 13,9 3,5 32,2 15,5 100,0
Resto de América Latina 6,5 16,4 5,1 8,4 16,3 47,4 100,0
Total América Latina 8,0 20,6 9,2 6,1 23,7 32,4 100,0
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.
30
CUADRO Nº 14
PAÍSES LATINOAMERICANOS SELECCIONADOS
PRINCIPALES 10 PRODUCTOS DE EXPORTACIÓN, 2005*
Argentina Bolivia Brasil Chile Venezuela
1. Tortas y harinas de semillas
oleaginosas y otros residuos de
aceite vegetal (9,7)
2. Derivados del petróleo (6,9)
3. Petróleo crudo (6,2)
4. Soya, exc. harina (5.7)
5. Aceite de soya (5,6)
6. Maíz sin moler (3,4)
7. Trigo y comuña sin moler (3,2)
8. Gas natural (3,1)
9. Carne de ganado (2,9)
10. Mineral y concent. de cobre
(2,9)
1. Gas Natural (35,2)
2. Petróleo crudo (11,1)
3. Tortas y harinas de semillas
oleaginosas y otros residuos de
aceite vegetal (7,5)
4. Zinc y sus concentrados (7,1)
5. Aceite de soya (4,0)
6. Estaño y aleaciones (3,6)
7. Minerales y concentrados de plata
y platino (3,2)
8. Oro no monetario, en bruto (2,8)
9. Cocos, nueces y anacardos (2,6)
10. Arts. de joyería (2,4)
1. Mineral de hierro y sus
concentrados (6,2)
2. Soya, exc. harina (4,5)
3. Derivados del petróleo (4,1)
4. Vehículos automotores (3,7)
5. Petróleo crudo (3,5)
6. Aves de corral (3,0)
7. Aeronaves (2,7)
8. Tortas y harinas de semillas
oleaginosas y otros residuos de
aceite vegetal (2,4)
9. Equipos para telecom. (2,3)
10. Café y sucedáneos (2,1)
1. Cobre refinado (26,3)
2. Cobre y sus concentrados (15,7)
3. Titanio y otros minerales (7,3)
4. Pescado fresco (5,1)
5. Cobre blister sin refinar (3,0)
6. Pulpa de madera (2,7)
7. Vinos de uva (2,3)
8. Derivados del petróleo (2,0)
9. Tablas aserradas (1,8)
10. Unas frescas (1,7)

1. Petróleo crudo (64,6)
2. Derivados del petróleo (20,7)
3. Gas Natural (1,9)
4. Esponja de hierro o acero (1,5)
5. Aluminio y sus aleaciones (1,5)
6. Hierro y acero (0,8)
7. Carbón (0,6)
8. Planchas y láminas de hierro o
acero (0,6)
9. Otras ferroaleaciones (0,5)
10. Autopartes (0,3)

% en expo totales: 49,6 % en expo totales: 79,5 % en expo totales: 34,5 % en expo totales: 67,9 % en expo totales: 93,0
* Entre paréntesis figura la participación porcentual de las exportaciones de cada producto en las exportaciones totales del país correspondientes al año 2005.
Fuente: Elaboración propia en base a información de la CEPAL.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful