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UNIVERSIDAD MARIANA

CATEDRA FELAFASC

CARNAVAL, COMUNICACIÓN Y
DESARROLLO
CARNAVAL DE NEGROS Y BLANCOS

Patrimonio Cultural Inmaterial


de la Humanidad
El Carnaval no
solo es para vivirlo,
sino también para
pensarlo…
Cultura y Carnaval
Comunicación y Carnaval
Carnaval y Educación

Arte y Carnaval
Carnaval y Tejido Social
Carnaval e Investigación
PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL
Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial
-UNESCO-

Patrimonio cultural inmaterial:

Usos, representaciones, expresiones,


conocimientos y técnicas -junto con los
instrumentos, objetos, artefactos y
espacios culturales que les son
inherentes- que las comunidades, los
grupos y en algunos casos los individuos
reconozcan como parte integrante de su
patrimonio cultural.
Este patrimonio cultural inmaterial,
que se transmite de generación en
generación, es recreado
constantemente por las comunidades
y grupos en función de su entorno, su
interacción con la naturaleza y su
historia, infundiéndoles un
sentimiento de identidad y
continuidad y contribuyendo así a
promover el respeto de la diversidad
cultural y la creatividad humana.
El ―patrimonio cultural inmaterial‖, se
manifiesta en particular en los ámbitos
siguientes:

a) tradiciones y expresiones orales,


incluido el idioma como vehículo del
patrimonio cultural inmaterial;

b) artes del espectáculo;

c) usos sociales, rituales y actos festivos;

d) conocimientos y usos relacionados con


la naturaleza y el universo;

e) técnicas artesanales tradicionales.


Esta proyección del Carnaval de Negros y Blancos, se acoge a una
noción de Cultura: El complejo tejido social que incorpora los
diferentes modos de ser, actuar, significar y comunicar de los
distintos sectores que conforman la sociedad. Pero también su
producción cultural y artística. Así reconocemos que, mediante la
cultura, los grupos sociales crean sentidos de identidad y
pertenencia, se articulan y diferencian de otros sectores, y luchan
por transformar los entornos históricos que limitan su desarrollo
como personas y como colectivo.

Además, el carnaval le es útil a la ciudad para arraigar uno de sus


propósitos clave: la reconciliación, una meta no sólo esencial sino
necesaria, y un componente básico que contribuye a neutralizar la
violencia.
"El símbolo da que pensar": dice algo más e impulsa al pensamiento
en una tarea de interpretación infinita.

Uno de los aspectos más


importantes del carnaval es el
contacto y las relaciones humanas
que el evento fomenta.

Es un tipo de comunicación abierta


y ramificada, justamente porque
es un modelo que rompe
completamente con la estructura
jerárquica o piramidal que suele
preponderar en las sociedades.
En otras palabras, rompe con la estricta noción de clases y extractos
sociales. Y esto justamente porque el carnaval no se basa en ninguna
estructura de poder, ni es producto de un sistema burocrático,
institucional u oficial.
Todos parecen tener, en un principio, los mismos derechos y la
misma posición o status en el contexto del carnaval. Es, asimismo,
un sistema que no se constituye de manera ordenada y
preestablecida, sino que va creciendo de forma aparentemente
caótica con el efecto mismo de la progresiva incorporación de las
personas, que se dejan contagiar o envolver en su trama,
moldeando de esta forma libre una red.
Otra característica de la comunicación
carnavalesca es su condición
plurimedial (o, como diríamos en
términos artísticos, intermedia). Es
decir, es una forma de comunicación
interdisciplinar que envuelve el cuerpo y
todas sus funciones —la voz y el oído (o
el audio), las imágenes y el contexto (la
visión), la danza y el ritmo (los
movimientos), los textos musicales (el
lenguaje)—, todo ello interrelacionado
de una manera creativa, activa y
fragmentaria, es decir, no lineal.
Tinkunní – Roberto Otero - 2008
Se puede considerar el Carnaval
como una forma artística de
comunicación, mediante la cual un
artista expresa ideas y/o
sentimientos con una finalidad
concreta que depende de su
intencionalidad.

Es una forma de comunicación en


tanto que precisa de los elementos
ordinarios de toda comunicación
(emisor, receptor, canal, contexto,
código y mensaje), y es artística
porque es creativa.
Según Umberto Eco, la cadena
comunicativa presupone una
fuente que, mediante un
transmisor, emite una señal a
través de un canal. Al extremo
del canal, la señal se transforma
en mensaje para uso del
destinatario a través de un
receptor. Esta cadena de
comunicación normal prevé
naturalmente la presencia de un
ruido a lo largo del canal, de
modo que el mensaje requiere
una redundancia para que la
información se transmita en
forma clara.
Pero el otro elemento
fundamental de esta
cadena es la existencia de
un código, común a la
fuente y al destinatario. Un
código es un sistema de
probabilidad prefijado y
sólo en base al código
podemos determinar si los
elementos del mensaje
son intencionales
(establecidos por la
fuente) o consecuencia del
ruido.
La experiencia del carnaval es, por
otra parte, una experiencia
ambivalente. A pesar de envolver a
cada persona como individuo, no es
algo privado, sino que está abierto al
mundo y a cualquier persona que
desee participar. Para esta
integración no existen normas o
reglas de acceso, sino que sólo
depende de la incorporación y
adaptación al juego.

El Carnaval como vehículo de cultura.


Está claro que el carnaval tiene
sus propios criterios y rituales,
pero es la integración de todos
con todos lo que constituye la
esencia misma del evento. Por
consiguiente, aquí estamos
hablando de una estructura de
comunicación en red.

Su ambivalencia se extiende asimismo a otros puntos: en el contexto del


carnaval, las personas asumen una doble función: son espectadores y son,
a la vez, actores.
Como ejemplo Bajtín emplea la noción
de "risa", algo inherente al carnaval,
que permite describir esa participación
ambigua: las personas que participan
"dentro" del carnaval son tanto objeto
como sujeto de risa. Por un lado, son
observadores del espectáculo que
sucede, son consumidores de toda la
información que circula, pero son
también parte integrante de este
espectáculo (y de la información)
experimentado por todos de forma más
o menos sincrónica.
Para Bajtín el carnaval,, "no es la
forma puramente artística del
espectáculo teatral y, en general,
no pertenece al dominio del arte.
Está situado en las fronteras entre
el arte y la vida. En realidad es la
vida misma, presentada con los
elementos característicos del
juego. De hecho, el carnaval ignora
toda distinción entre actores y
espectadores. También ignora la
escena, incluso en su forma
embrionaria, ya que una escena
destruiría el carnaval."
Estableciendo una analogía
con las actuales estrategias
telemáticas diríamos que los
observadores son usuarios
de la red, pero también
creadores de esta propia red.
Aquí reside la afinidad entre
el carácter participativo,
activo e interactivo del
carnaval y de la red
telemática.
La Máscara, como una figura propia
del carnaval, también posee un factor
de ambivalencia: oculta y revela a la
vez. La máscara es el objeto que
permite ocultar o disimular a quien la
lleva puesta. La persona que está tras
la máscara es prácticamente una
persona anónima, a pesar de poder
ser reconocida por el tipo de máscara
que utiliza. Por otro lado, es por la
selección del tipo de máscara por lo
que el enmascarado se revela.
La Máscara puede ser empleada como
metáfora de la relatividad del ser, que
afecta al concepto de identidad y de
equivalencia entre mente y cuerpo,
entre el mundo personal subjetivo y el
mundo exterior inasequible. La
máscara juega constantemente con
esta contradicción; como considera
Bajtín, está relacionada con la
metamorfosis, la transformación o la
ruptura con los límites impuestos por
la naturaleza.
Máscaras bailando del brazo. Gutérrez Solana.
Por consiguiente, más que un espectáculo
que debe observarse, el carnaval es la
hilaridad vivida por todos. No hay vida
fuera del carnaval. Las personas que
participan en él son simultáneamente
actores y espectadores. Y, como la risa
festiva del carnaval se dirige también
contra quienes ríen, la gente que se
encuentra dentro de él es tanto objeto
como sujeto de risa.

Dicha risa es general, posee una base


filosófica y comprende la muerte y la
vida. Como tal, la risa de carnaval es una
de las formas esenciales de verdad en
relación con el mundo.
Para Bajtin, como para Kristeva, la máscara, como la risa, se relaciona con la
transición, la metamorfosis, la violación de los límites naturales, la burla y los
apodos familiares; la máscara señala la pérdida de la individualidad y la
presunción de anonimato y, por consiguiente, la presunción de múltiples
identidades. La máscara es la encarnación del movimiento y el cambio.
Por otro lado, la comunicación
cultural, además de abrir puertas, se
constituye en un trabajo integral
donde se estudia, se analiza y
cualifica cada paso que se da en
torno a la puesta en escena del
Carnaval. Se trata de transmitir el
mensaje del Carnaval de Negros y
Blancos a cada uno de los públicos
que quieren conocer la historia. Esa
gestión se ha traducido en
posicionamiento de la fiesta popular
adentro y afuera del país.
La comunicación es y ha sido
una pieza esencial en el
conocimiento internacional
de Nariño, de Pasto, su
capital, su cultura y carnaval.
El Carnaval debe dejar atrás
los años de timidez, para dar
paso a una fiesta visible, a
partir de una relación
permanente con los medios
de comunicación y la opinión
pública.
La publicidad, la información
gráfica y los contenidos
periodísticos deben elevarse,
incluso, marcando la pauta a
otras fiestas tradicionales de
Colombia y el mundo. Para ello
debe facilitarse toda la
información posible a los
comunicadores, a efectos de su
cualificación.
La Comunicación es una
herramienta cultural fundamental
en la sociedad del conocimiento y la
información. En este sentido, el
Carnaval de Pasto impulsa el
desarrollo regional a partir de su
patrimonio lúdico. El Carnaval debe
ser promovida a otras latitudes con
la finalidad de atraer el turismo
internacional y promover nuestra
cultura, a través de anuncios
espectaculares, inserciones en
publicaciones, radio, televisión e
internet, entre otras estrategias.
El Carnaval de Negros y Blancos constituye un tiempo
eminentemente lúdico y popular, pues su celebración se traslada a
las plazas, calles, avenidas y tarimas.
La puesta en escena del Carnaval de Negros y
Blancos de Pasto, tiene personajes ilustres
como el Festival Estudiantil, los Campesinos,
Pedro Bombo, las Colonias, la "Michita Linda―;
la Familia Castañeda, que son los visitantes;
Don Pericles Carnaval, la máxima autoridad
del Carnaval bajo cuyo mandato sólo la alegría
y el goce es de obligatorio cumplimiento para
el pueblo, claro, y su consorte doña
Tremebunda; las fastuosas carrozas y los
Artistas del Carnaval; y por supuesto, los
Negros con sus currulaos, marimbas,
cununos y tambores; los Blancos, Mestizos e
Indígenas con todo el esplendor del sonido de
sus quenas ancestrales, charangos y
zampoñas.
Uno de los rasgos distintivos del Carnaval de Negros y Blancos es que
disminuye la violencia e intensifica los niveles de Comunicación,
desvaneciendo las diferencias raciales, sociales y políticas; conjugando la
emoción de los sentidos con la exaltación de la imaginería popular.
En una palabra, es una fiesta de puestas abiertas, donde las clases
sociales se rompen, la autoridad la asume la cultura y la fiesta se
extiende hasta bien entrada la madrugada, cuando los ciudadanos
retornan a sus hogares, añorando que pasen 365 días para otro
Carnaval, igual o mejor que el que han tenido la oportunidad de
disfrutar.
Lo cierto es, que el Carnaval
de Negros y Blancos, se ha
convertido en el siglo XXI en
una terapia individual y social
que libera a la población del
peso de lo cotidiano y rompe
las reglas establecidas, al
punto de expresar una
variedad de sentimientos, de
amistad, de perdón y de amor.
Carnaval de Arlequín. Joan Miró
―Uno ruega a Dios para que lo tenga
vivo hasta el seis. Si me muero que
sea el siete, porque tengo que estar
vivo el seis, para sacarla, porque es
la máxima satisfacción, debido a que…
son cosas de ficción que se las lleva a
la realidad; son como hijas para uno,
de ahí tal vez, que se las llegue a amar
tanto, porque lamentablemente, son
arte efímero, tanto que sólo empiezan
a vivir en la mañana del seis y van
muriendo al atardecer, y mueren por
completo cuando llegan al taller.‖
Hoy el noble y el villano
el prohombre y el gusano
bailan y se dan la mano
sin importarles la 'facha'.
J. M. Serrat
Quizás, la metáfora más
poderosa del Carnaval es la de
la inversión, "el mundo al
revés". La representación
invertida de la realidad está
presente en buena parte de la
tradición popular, donde nos
encontramos con que el
poderoso, el amo, el malvado
suelen ocupar muy a menudo
una posición contraria a la que
ostentan en el mundo
ordinario.
En la tradición oral y en el rito popular
todo se confunde, todo se subvierte:
los roles sociales se ponen patas
abajo, las categorías se mezclan, los
contrarios se asocian y el desorden se
enseñorea del orden convencional. El
sujeto y el objeto ya no se distinguen.
El mundo invertido nace de la
efervescencia social y tumultuosa de la
fiesta. En el Carnaval ese nuevo orden
puesto del revés procede del
desorden, que al principio siempre es
kaos, el punto de partida de todos los
mundos posibles e imaginarios.
Una niña de cabello de colores
representa al carnaval; lanza
papeles de colores que son las
personas que hacen parte de la
fiesta y a su diversidad cultural,
mezclándose entre sí y volando
hacia el cielo, donde se unen para
formar uno solo; los edificios
representan la ciudad, el espacio
donde se lleva a cabo el
encuentro y se recibe a los
participantes de distintos lugares.
SEMILLERO DE
INVESTIGACIÓN
SOBRE EL CARNAVAL
MULTICOLOR DE LA
FRONTERA .