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Derecho Constitucional

Informe
“Vivir bien” como parte de las Bases Fundamentales del Estado
La Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, promulgada el 7 de febrero
del 2009, ha realizado una modificación en el orden axiológico y teleológico del Estado,
al incorporar el “vivir bien” entre otros, como un valor fundamental que cumplirá la
función rectora en la elaboración de sus políticas públicas. Es propósito del grupo de
trabajo, mostrar el alcance y dimensión que tiene el significado del “vivir bien” en la
reconstrucción de la vida social y política de Bolivia.

1. La noción del “vivir bien” en la Filosofía Andina.
Para poder realizar el propósito señalado líneas arriba, resulta necesario realizar una
breve explicación de las características e importancia que tiene la noción del “vivir bien”
en el mundo andino.
El análisis de esta noción no puede darse nunca en completa independencia o falta de
comparación y tensión existentes con lo que significa la “buena vida” en las concepciones
predominantes en Occidente. Por ello y siguiendo lo aconsejado por Josef Estermann,
consideramos esta reflexión un ejemplo concreto de filosofía intercultural, en el intento de
establecer nexos entre mundos y paradigmas de diferentes culturas. En el trasfondo
filosófico sapiencial del concepto de suma qamaña/allin kawsay (vivir bien) queda
incorporada la totalidad de la filosofía andina que a su vez es sustentado por sus
respectivas tradiciones sapienciales, a esta filosofía le corresponde una estructura de
orden metafísico que es de tipo relacional y no sustancial, con lo cual entendemos que el
punto de partida para emprender la comprensión del vivir bien es el principio de
relacionalidad, según éste todo está conectado con todo y que no existen entidades
completamente separadas, en contraste con la metafísica sustancialista aristotélica en
la que la relación es un accidente que no es esencial y que es sólo una característica de
fortuita de los entes.
De este modo resulta que lo que subyace en esta metafísica es una forma de
comprensión de la vida en general así como de la humana. En el mundo andino no hay
diferencia entre realidad viva y realidad inerte, porque la realidad espacio - temporal
(pacha) está viva, lo que se traduce en la idea de que no solo los humanos, animales y
plantas tienen vida, sino también las montañas , ríos, rocas, cuevas y lagos son seres
animados, por tanto el universo es un organismo vivo que puede también estar sano o
enfermo y que esto se refleja en las categorías de “equilibrio” y “armonía” o
“desequilibrio” y “falta de armonía”. En la filosofía andina existe también el principio de
correspondencia según el cual estas categorías se aplican tanto en el cosmos así como
en sus diferentes niveles integrantes; naturaleza, sociedad y personas individuales.
2. “Vivir bien” andino” y “buena vida” occidental.




En este punto resulta importante traer a colación el rol que el pensamiento occidental y
su respectivo actuar ha tenido sobre la naturaleza, ya que de esa manera podremos
realizar la comparación entre esta forma de pensamiento y la filosofía andina.
Las tradiciones griegas así como las hebreas han puesto al hombre en el centro del
universo, la historia bíblica de la creación nos ilustra la visión hebrea del hombre en el
plan divino:
- Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que tenga
autoridad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo, sobre los
animales del campo, las fieras salvajes y los reptiles que se arrastran por el
suelo.”
- Y creó Dios al hombre a su imagen.
A imagen de Dios los creó.
Varón y mujer los creó.
- Dios los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y
sométanla. Tengan autoridad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y
sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra” (Genesis 1, 26-28).
En otro pasaje:
- “Teman y tiemblen ante ustedes todos los animales de la tierra y todas las aves
del cielo. Pongo a su disposición cuanto se mueve sobre la tierra y todos los
peces del mar”. (Génesis, 9 -2).
De la interpretación literal de estos textos se desprende con claridad la atribución de
dominio que se le otorga al hombre además de la licencia para actuar produciendo temor
y pavor sobre todo aquello que se pueda mover sobre la tierra, desde esta perspectiva
esto no es condenable sino más bien va de acuerdo con la voluntad de Dios.
Así como éstos, también podemos encontrar en la Biblia muchos más ejemplos del lugar
que ocupa el hombre en la naturaleza. De este modo cuando el cristianismo se impuso
en el mundo romano este tipo de ideas fueron también transmitidas, pero también la
influencia de la filosofía griega fue incorporada a la filosofía cristiana por Tomás de
Aquino quien sintetizó la teología cristiana con el pensamiento de Aristóteles, para quien
en la naturaleza, existía una jerarquía donde los seres con menor capacidad
razonadora están al servicio de los hombres.
- “Las plantas existen para los animales, y los demás animales para beneficio del
hombre: los domésticos, para serle útiles y servirle de alimento; y los salvajes- si
no todos, al menos al mayor parte de ellos-, con vistas a la alimentación y a otras
ayudas, para ofrecer tanto vestidos como otros utensilios. Por consiguiente, si la
naturaleza no hace nada imperfecto ni en vano, es necesario que todos esos
seres existen naturalmente para utilidad del hombre” (Aristóteles, La Política).
Tomás de Aquino defendió en su Suma Teológica casi de manera fiel este texto
añadiendo que se corresponde con el mandato divino formulado en el Génesis y entre




su clasificación de pecados solamente existen pecados contra Dios, contra nosotros
mismos y contra el vecino, no se comete pecado contra los animales no humanos o
contra la naturaleza.
Este antropocentrismo se refleja también en la concepción occidental de “buena vida”
que se basa en dos fuentes distintas como son el mito del Jardín del Edén y la visión
aristotélica de la polis griega. En la primera se muestra el predominio del ser humano
varón sobre femenina y la sublevación de la mujer lleva a perder al humano el ideal de
“buena vida” en el jardín del Edén, y con esta pérdida surge la constante lucha contra la
naturaleza que debe ser dominada y transformada surgiendo así el trabajo, resaltando el
trabajo físico como maldición y castigo. Del mismo modo en la polis griega el trabajo
físico es dejado a los esclavos que pertenecen a el reino de la naturaleza por ser parte de
las fuerzas irracionales, quedando el ejercicio intelectual restringido para los varones
griegos de la polis quienes cultivan así una “buena vida”.
En contraste con aquello, la filosofía andina considera al suma qamaña/allin kawsay (vivir
bien) como el ideal de justicia cósmica donde todas y cada una de las cosas tiene su lugar
y función, surgiendo así el esfuerzo para conservar el equilibrio del pacha (espacio-
tiempo) entre arriba y abajo, izquierda y derecha, pasado y presente y masculino y
femenino. Por ello el sentido del vivir bien abarca las dimensiones espirituales religiosas,
económicas, ecológicas, políticas, éticas y rituales, en contraste con la visión occidental
donde se parte del ideal de vida autosuficiente del hombre sin tomar en cuenta aspectos
como son la responsabilidad intergeneracional, la interdependencia cósmica, la
actividad económica basada en la solidaridad, ni la complementariedad que rige incluso
más allá de la muerte.
En el mundo andino el guardián de ese equilibrio es la comunidad orgánica viva que es
el ayllu, donde sus miembros integrantes son los encargados la salud, bienestar armonía
ritual y religiosa colectiva, por ello no resulta concebible un “vivir bien” si existen
personas que sufran de hambre o la naturaleza sea saqueada y pisoteada y donde las
futuras generaciones no tengan la posibilidad de vivir en una ambiente sano. Este último
aspecto lleva nuevamente a la comparación del suma quamaña/allin kawsay de los
andes con la vida buena occidental, ya que ha quedado revelado que en el ámbito del ser
humano andino, el individuo al ser un todo con su colectividad, no podrá aspirar a tener
una “vida mejor” ya que si él decide obrar en forma individual esto conlleva a un
desequilibrio donde habrá otro al que le irá peor. En contraposición el sentido de “lo
bueno” encuentra en la filosofía occidental directa asociación con las ideas de
competencia, crecimiento, comparación, progreso y mejora, por lo que la vida buena
que pueda darse en base a éstos últimos valores, sin la consideración de la naturaleza,
el conjunto de la humanidad y sin pensar en las futuras generaciones, no es un vivir bien
verdadero, sino inclusive puede ser visto como una estupidez. Por ello el vivir bien
andino, no significa vivir mejor, “el vivir bien” expresa la justicia en términos de equilibrio
y armonía. De esto se resalta que el concepto de crecimiento de occidente propone un
crecimiento ilimitado que solo será posible en un mundo liberal capitalista, en cambio el
suma qamaña/allin kawsay ofrece un crecimiento orgánico que sintonice con todos los
elementos del pacha (espacio-tiempo).




3. El “vivir bien” en la Constitución Política del Estado Plurinacional.
En los lugares donde el concepto del „vivir bien‟ aparece en la nueva Constitución Política,
se lo menciona como parte del catálogo general de valores (CPE, Artículo 8). También se
lo considera como objetivo de la educación (CPE, Artículo 80), y sobre todo en el marco
de la “organización económica del Estado” (CPE, Artículos 306 y 313).
En el Artículo 8, dentro de las “Bases Fundamentales del Estado”, se menciona el “vivir
bien” en su traducción aimara suma qamaña: “El Estado asume y promueve como
principios ético-morales de la sociedad plural: ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas
flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón), suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida
armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida
noble).” (CPE, Artículo 8.I).
El segundo párrafo del Artículo 8 recoge diferentes principios mencionados en el
Preámbulo y los vincula nuevamente con el ideal del “vivir bien”: “El Estado se sustenta en
los valores de unidad, igualdad, inclusión, dignidad, libertad, solidaridad, reciprocidad,
respeto, complementariedad, armonía, transparencia, equilibrio, igualdad de
oportunidades, equidad social y de género en la participación, bienestar común,
responsabilidad, justicia social, distribución y redistribución de los productos y bienes
sociales, para vivir bien.” (CPE, Artículo 8.II).
De esta lectura resulta evidente el predominio de principios y derechos colectivos y
sociales sobre los individuales, de lo cual podemos inferir que los principios de tipo
individual tienen carácter instrumental frente al ideal del “vivir bien”: equidad de género,
solidaridad, igualdad de oportunidades, inclusión, distribución de los bienes y reciprocidad
serían condiciones para lograr el “vivir bien” y constituyen éste orgánicamente.
En el Artículo 80 que trata de la educación como derecho fundamental, la noción del “vivir
bien” aparece nuevamente en un sentido teleológico: “La educación tendrá como objetivo
la formación integral de las personas y el fortalecimiento de la conciencia social crítica en
la vida y para la vida. La educación estará orientada a la formación individual y colectiva;
al desarrollo de competencias, aptitudes y habilidades físicas e intelectuales que vincule
la teoría con la práctica productiva; a la conservación y protección del medio ambiente, la
biodiversidad y el territorio para el vivir bien.” (CPE, Artículo 80.I). La meta fundamental
del “vivir bien” se asocia en este contexto con la integralidad de la vida, el fortalecimiento
de una conciencia social crítica, la integración entre trabajo intelectual y manual, como
también con el manejo responsable de los recursos naturales (medio ambiente,
biodiversidad, tierra y territorio). En tres oportunidades se menciona la noción de “vida”
que es la razón de ser de la educación. Por fin, la noción del “vivir bien” aparece tres
veces en relación con el modelo económico que tiene un lugar trascendental en la nueva
Constitución Política.
En el Artículo 306 donde se habla de las Disposiciones Generales para la organización
económica del nuevo estado, se dice en el inciso I: “El modelo económico boliviano es
plural y está orientado a mejorar la calidad de vida y el vivir bien de todas las bolivianas y
los bolivianos.” (CPE, Artículo 306.I). Y el inciso III redobla sobre lo mismo: “La economía




plural articula las diferentes formas de organización económica sobre los principios de
complementariedad, reciprocidad, solidaridad, redistribución, igualdad, seguridad jurídica,
sustentabilidad, equilibrio, justicia y transparencia. La economía social y comunitaria
complementará el interés individual con el vivir bien colectivo.” (CPE, Artículo 306.III).
Nuevamente se recoge nociones que ya están presentes en el Preámbulo y los Principios
Fundamentales del Estado (Artículo 8): “complementariedad”, “reciprocidad”, “solidaridad”,
“redistribución”, “igualdad”, “equilibrio”, “justicia” y “transparencia”, como también la
pluralidad de modelos que conllevan irrevocablemente el carácter de un diálogo
intercultural, también en cuestiones de la teoría económica. Los conceptos adicionales
son „calidad de vida‟, „seguridad jurídica‟ y „sustentabilidad‟. En el Artículo 313, el
concepto del „vivir bien‟ se asocia con el contexto de la pobreza y de la exclusión
económica y social: “Para eliminar la pobreza y la exclusión social y económica, para el
logro del vivir bien en sus múltiples dimensiones, la organización económica boliviana
establece los siguientes propósitos: 1. Generación del producto social en el marco del
respeto de los derechos individuales, así como de los derechos de los pueblos y las
naciones. 2. La producción, distribución y redistribución justa de la riqueza y de los
excedentes económicos. 3. La reducción de las desigualdades de acceso a los recursos
productivos. 4. La reducción de las desigualdades regionales. 5. El desarrollo productivo
industrializador de los recursos naturales. 6. La participación activa de las economías
pública y comunitaria en el aparato productivo.” (CPE, Artículo 313).
4. Conclusiones.
Como se ha podido advertir, las implicancias que conlleva la incorporación del ideal del
“vivir bien” en la Constitución Política del Estado Plurinacional, resultan de las más
diversas, porque al ser expresión de la conciencia social que proclama los valores y
creencias de nuestro país, definitivamente se muestra como fundamento definitorio en
la construcción de los sistemas político, económico, jurídico, social y cultural de nuestro
Estado.
5. Bibliografía.
- Crítica y emancipación, Revista Latinoamericana de Ciencias sociales, Artículo de
Pablo Estefanoni Primer Semestre 2012.
- Desacralizar la vida humana, Peter Singer, 1ra. Ed. 2003, Ediciones Cátedra, Madrid
España.
- Principios, Derechos y Garantías Constitucionales, Willman R. Durán Ribera, 2005,
EL PAIS, Santa Cruz
- Filosofía Andina: Sabiduría indígena para un mundo nuevo. Quito: Josef Estermann,
(1998; 2006), Abya Yala; La Paz: ISEAT.