Luis Alberto Oddone

COMO ROBAR
UN BANCO
J usticia cómplice en Argentina
Luis Alberto Oddone
COMO ROBAR
UN BANCO
Justicia cómplice en la Argentina
2011
©
by Luis Alberto Oddone, 2007
All rights reserved
2
nd
Edition, 2011
ISBN-13: 9781460942321 (Create Space-assigned)
ISBN-10: 1460942329
No part of this book may be reproduced in any form, except for the
inclusion of brief quotations in a review, without permission of the
author.
Este libro está dedicado a mi esposa Nora.
A mis hijas Paula y Carina...
...y a los directores y asesores del Holding Oddone
con el pesar de que algunos ya se fueron:
Dr. Ovidio J iménez, Dr. Santiago Martinucci Yriart, Dr.Alfredo
Lisdero, Dr. Héctor Bértora, Sr. Martín Santana, Dr. Sergio Peralta
Ramos, Sr. J osé Cao Fernández, Dr. Edgardo Gómez Luengo,
Dr. Alberto Muñiz, Dr. Oscar Alonso, Dr. Néstor Varni, Sr. J uan
Domingo Acosta, Dr. Héctor Díaz, Sr. Miguel Ángel Pucci, Sr.
Norberto Arcolino, Sr. Aldo Moro, Sr. Jorge Rodríguez, Dr. Mario
Satanowsky.
También al resto de mi familia. Y a los directivos, empleados y
obreros –aunque ya no lo sean– de:
ARGENTINA:
Banco Oddone S.A./ Luis Alberto Oddone & Cía. Asesores Fi-
nancieros S.A./ Oddone Futuros S.A./ LAO Publicidad S.A./ Diner’s
Club S.A./ Bagley S.A./ National Lead Company S.A./ Industrias
Deriplom S.A./ Corinda S.A./ Productos Solmar S.A./ Flor de Lys
S.A./ Roby S.A./ Establecimientos Agropecuarios La Elvira S.A./
Trading Americas S.A./ Silos y Elevadores S.A./ Midam Trading
S.A./ Cereacol S.A./ Metalcol S.A./ Ipacol S.A./ Puertos Argentinos
S.A./ Puerto de Cereales S.A./ La Barullera S.A./ Mid American
S.A./ Cresofin S.A./ El Espolón S.A./ La Rastrillada S.A./
Agrocereales del Oeste S.A./ Compañía Minera Asís S.A./ Minagro
S.A./ Suministros Petroleros S.A./ Erosa, Prida S.A./ Fiandra Pro-
piedades S.A./ Crédito Consolidado S.A./ Goltec S.A./ Fiandra Au-
tomotores S.A./ Ferrocor S.A./ Tiusdy S.A. y Gran TV Color S.A.
BRASIL:
Fomento Nacional S.A. Companía Financeira/ Grupo Residencia
S.A. Inmuebles, Construcciones, Corretora de Valores y dos Cader-
netas de Poupanca./ Brasil Interpart Banco de Investimento S.A.
PARAGUAY:
Banco Unión S.A. / Américas del Paraguay S.A.
URUGUAY:
Pemar Sudamericana, Casa Bancaria S.A.
USA:
Mid American Credit Corporation (Panamá y New York).
HOLANDA:
Amsterdam American Bank NV, Amsterdam.
PRÓLOGO
El trabajo al que en breve síntesis me voy a referir a conti-
nuación, tiene un profundo significado testimonial. No participa
del género de las memorias, aunque sirve como una sintética ex-
plicación de vida. Tampoco se trata de un ensayo, donde las re-
flexiones y los mensajes se deslizan sin las exigencias formales
que resultan casi inherentes a obras de mayor envergadura y con
pretensiones más ambiciosas.
Se trata, entonces, del testimonio que ofrece un señor que
supo ganar un significativo espacio en el mundo de los negocios
en el país y en el exterior. Oddone no constituyó una multinacional
en el sentido actual. Sí configuró un grupo empresarial con nego-
cios diversos que en un momento dado alcanzó resonancia aquí,
en la Argentina, y afuera, sobre todo en la región y en los EEUU.
Cómo logró sobresalir casi desde la nada, es lo que con
estilo llano y proverbial sinceridad evoca en poco más de dos-
cientas páginas. Las referencias a los colegios que frecuentó y a
su familia, muestran al autor en la atmósfera donde se crió y edu-
có. Una suerte de reconocido homenaje a Nora, su esposa y com-
pañera de toda la vida y madre de sus dos hijas, exhibe con trans-
parencia el perfil del hombre a quien se lo persiguió sin piedad,
con argumentos que en este país de arbitraria memoria y opaca
justicia resultan caricaturescos.
Desde sus comienzos, hasta la progresiva configuración
y consolidación del grupo que se identifica con su nombre, Oddone
relata casi cronológicamente los acontecimientos que engarzan
su expansión interna y externa hasta alcanzar incómodas alturas
para quienes se aterrorizan con el ascenso de competidores o de
rivales en la fortuna. Aclaro que soy amigo de Luis desde hace
unos veinte años, es decir lo conocí después de sus reiterados
cautiverios, de modo que no me anima en esta presentación otro
motivo que no sea el de un prologuista neutral al servicio de la
verdad según el testimonio del autor.
9
Con una naturalidad que merece subrayarse, Oddone desa-
rrolla, entonces, todos los aspectos destacados de su vida, particu-
larmente en el universo de los negocios y de su peregrinación ju-
dicial y administrativa, reclamando por sus derechos, casi sis-
temáticamente conculcados, en un contexto donde el abuso de
autoridad y la indefensión se han convertido en cotidiana práctica,
sobre todo para quienes molestan o no resultan escogidos por los
que mandan. Los tropiezos y las dificultades de distinta laya, se-
guramente han acompañado a Oddone como a cualquier mortal a
lo largo de su agitada vida. Pero ha sido durante los años del de-
nominado Proceso de Reconstrucción Nacional, cuando el cerrojo
intentó atraparlo o neutralizarlo con arbitrariedades rigurosamente
destacadas en esta obra. No sólo acontecimientos y personajes
destacados pueblan el trabajo. También se mencionan aprietes de
autoridades económicas que parecían tener propósitos arbitrarios
sino mezquinos ajenos a toda razón jurídica, que no pueden dejar
de contemplarse a la luz de las especiales circunstancias que ser-
vían de marco y de cerco a los operadores económicos y finan-
cieros. Sería tedioso y resultaría fuera de lugar, formular men-
ciones o destacar episodios que se encuentran proverbialmente
narrados en la obra. Empero, sí debo puntualizar que no puedo
dejar de adelantar alguna mención sobre las vicisitudes existen-
ciales que acompañaron a Luis a partir de 1976, paradójicamente
en nombre de la libertad y de la justicia. Como él puntualiza, fue
sometido a proceso y encarcelado, aún cuando al momento de
liquidación del grupo y del banco que todavía sirve como nave
insignia, los pasivos eran virtualmente inexistentes y los activos
constituidos por bienes reales; dinero y divisas, todavía hoy depo-
sitados en bancos oficiales, temprana e irrefutablemente des-
mentían la calificación de administraciones fraudulentas que gra-
ciosamente se adjudicó al autor del que nos ocupamos.
¿Por qué entonces el encono? Simplemente porque su pre-
sencia molestaba, según el autor, al establishment hegemónico.
Este observaba con preocupación y sobresaltos todo espacio ocu-
pado por operadores ajenos a su círculo íntimo. La reproducción
del diálogo mantenido con un vicepresidente del Banco Central
y sus enérgicas admoniciones, permiten vislumbrar el grado de
arbitrariedad que imperaba, aún cuando como en el caso del Banco
10
Oddone resultaba temerario hablar de insolvencia. Pero el lector
no puede perder el diálogo, porque también es útil para escribir la
historia de la época y precisar y confirmar sus opacos resultados.
Juicios, encarcelamientos, privaciones, desapoderamientos
patrimoniales, expatriaciones y aún alguna fuga, configuran la expe-
riencia personal y familiar de Luis Oddone, pulcramente narrada en
este libro.
Es un testimonio de vida. Pero allí no se agota su valor. En el
núcleo está viva la Argentina institucional con todas sus debilidades,
falencias y arbitrariedades, que bien podrían servir para ratificar, mo-
dificar y esclarecer el desenvolvimiento de un país donde las mismas
prácticas indecorosas mutatis mutandi siguen teniendo perversa vi-
gencia.
Marcelo Ramón Lascano,
agosto de 2007
11
LUIS ALBERTO ODDONE
INTRODUCCIÓN
Junio de 2007 | A veintisiete años de los hechos
Este libro fue escrito en 1993. A consecuencia de
razones políticas y recomendaciones de abogados –debido a
la inseguridad jurídica de la Argentina y el hecho de que el
caso continúa en proceso– no quise publicarlo, por prudencia.
Ahora, decidí hacerlo. Incorporé hechos económicos
acontecidos en los últimos años adecuándolos a la realidad
política de estos días. La tarea no me resultó difícil ya que en
términos de política y economía los criterios aplicados a partir
de la instauración de la convertibilidad de 1991 no cambiaron
mucho y lo que vino después, tampoco.
* * *
Los hechos producidos a partir de 1995 fueron más liqui-
daciones de bancos: Banco Mayo S.A.; Banco Patricios S.A.; Ban-
co Integrado Departamental y el Banco República S.A., entre o-
tros, los cuales –aunque dejaron gran cantidad de damnificados–
tuvieron un tratamiento diferente del que debimos sufrir y aún
sufrimos los protagonistas de la crisis de 1980.
Detrás de las liquidaciones siempre estaban los directores
de turno del Banco Central, los cuales siempre respondían a los
intereses de los grupos tradicionales y la banca internacional.
A pesar de no damnificar a nadie, el Banco Oddone S.A.
y yo, a treinta y un años de los acontecimientos, continuamos ba-
jo los oscuros designios de la llamada “J usticia Argentina”.
Durante el transcurso de los años 2001/2002, a consecuen-
cia de la fuga de depósitos iniciada en marzo de 2001, se instauró
el llamado “corralito financiero” para proteger a los bancos na-
cionales y extranjeros del sistema implementado por el Ministro
13
Domingo Cavallo, con el cual se perjudicó, mediante la confis-
cación de sus depósitos en el sistema financiero, a millones de
inversionistas sin tomar ninguna medida punitiva contra los ban-
cos ni sus directivos, con excepción de los directores del Banco
General de Negocios S. A.
El 18 de febrero de 2001 el Presidente del Banco Central
en ese momento, Dr. Pedro Pou, respondió a través del diario
Clarín con una carta personal, las acusaciones de la diputada Elisa
Carrió y las denuncias del diputado Gustavo Gutiérrez.
En ella se refirió el entonces presidente de la entidad rec-
tora, al supuesto encubrimiento, por parte del Banco Central, de
operaciones de lavado de dinero del ex Banco República. Luego
de definir técnicamente el concepto de lavado de dinero, avanzó
con otro concepto atado a la simbología del mito de Procusto, el
monstruo hijo de Poseidón que muchos de nosotros conocemos,
al que utilizó para definir la construcción de una ficción relacio-
nada con las acusaciones sobre él señaladas.
Así dijo: “Creo que en este caso se construyó un perfecto
lecho de Procusto, es decir una ficción, que se hace aparecer co-
mo realidad a la que deben adaptarse los hechos. La ‘realidad’
que ha instalado la diputada Carrió es que:...(define las acu-
saciones)” y continúa más adelante: “Definido el lecho, presente
ya en la escena Procusto, sólo hace falta un esfuerzo para que
quien deba ocuparlo lo haga con la precisión que requiere ese
monstruo, aunque esto signifique cortar su cabeza”.
“Se ha creado así un tribunal popular, continuaba Pou,
que sin recurrir al más mínimo proceso de discusión de los hechos,
ha llegado a una conclusión y todo tiene que ajustarse a ella.
Creo que ésta no es la forma. Debemos respetar un principio bá-
sico de nuestro derecho: la presunción de inocencia. Lo contrario
es linchamiento.” (El subrayado es del autor.).
Lo interesante de los conceptos del presidente del Banco
Central es que, por primera vez desde el Banco Central, se trataba
de reivindicar el derecho de las personas, el cuestionamiento a la
“caza de brujas” y la preservación de las instituciones –aunque
en este caso sólo se refiera a las públicas y no a las privadas–,
14
cuando históricamente la política emanada de la entidad rectora
de las finanzas argentinas fue precisamente la contraria: el ava-
sallamiento de los derechos de las personas, la destrucción de las
instituciones, el saqueo de los patrimonios y el encubrimiento de
las acciones dolosas de los funcionarios públicos pertenecientes
a su línea jerárquica inclusive durante la gestión del Dr. Pedro
Pou.
Después de los años transcurridos desde 1980 es impor-
tante que los argentinos sepan que mantengo la Presidencia del
Banco Oddone S. A. Que el Banco Oddone S. A. tiene una liqui-
dación firme luego de dos fallos previos de la Corte Suprema de
Justicia anulándola, por violación del derecho de defensa en juicio,
gracias a esta Corte Suprema designada por los representantes de
“los Jóvenes Idealistas”, protectora de los derechos humanos, juz-
gadora del “Terrorismo de Estado”, pero que convalida las leyes
ilegales del Proceso de Reorganización Nacional cuando se trata
de proteger a los funcionarios corruptos del Banco Central.
A consecuencia de este fallo, emitido en septiembre de
2006, comenzó el proceso de quiebra del banco, en suspenso du-
rante veintitrés años, en cuyo trámite de verificación el J uzgado
Comercial No.11 Secretaría No.22, sentó una nueva jurispruden-
cia: Verificó un crédito reclamando por el Banco Central por más
de $2.300 millones mediante la exhibición y aporte de pruebas
en fotocopias carbónicas de comprobantes contables presentados
por el Banco Central al J uzgado con la “certificación” de un Sín-
dico ad hoc corrupto, asociado con los funcionarios del Banco
Central.
Otro aspecto interesante de ser conocido por los lectores
–como se verá en el final del libro–, es que la sentencia condena-
toria penal, que me aplicara la Sala II de la Cámara Federal Pe-
nal, es cuanto menos atípica y controversial.
La Corte Suprema de J usticia de la Nación la convalidó
al considerar que el Recurso Extraordinario había sido mal otor-
gado por ella (?), mecanismo que en la jerga de los tribunales se
denomina “plancha”.
15
La Causa Penal se inició por una denuncia anónima que
generó una demanda del Banco Central a consecuencia de los
16
préstamos otorgados por el Banco Oddone a empresas del grupo
económico.
Al momento de la sentencia, en julio de 1997, la Cámara
Federal Sala II cambió la carátula de la imputación en la condena
por la causa civil, que forma parte de la condena penal, y en la
cual me condenó a pagar al Banco Oddone la totalidad de los
depósitos perdidos durante la crisis por ser el principal accionista.
Una cifra cercana a los US $ 800 millones.
La condena final no se produce por la imputación original
–los mencionados préstamos– sino por la pérdida de los depósitos
del Banco Oddone tomando como monto de las sumas a pagar,
no la cifra de los depósitos existentes en el banco –que sería lo a-
decuado frente al cambio dispuesto por los magistrados– sino la
de los préstamos, los que excedían al monto de los depósitos en
más de cien millones de dólares (?).
La única explicación lógica que encontré para este hecho
–a pesar de que los mencionados préstamos no eran un delito si-
no una trasgresión normativa a disposiciones del Banco Central
la cual es punible mediante una multa, plan de encuadramiento o
como máximo un sumario– es la siguiente:
Al momento de emitirse la sentencia, en julio de 1997, el
Ministro de Economía, Domingo Cavallo –como lo explicara pú-
blicamente por los canales de televisión su viceministro en 1996,
Dr.J uan Llach algunos meses antes– estaba utilizando el me-
canismo de los “autopréstamos” para financiar el déficit fiscal a
través de los fondos obtenidos por el gobierno mediante la venta
(privatización) de las empresas del Estado.
Por otra parte, importantes fondos de inversión captadores
de recursos internacionales para su inversión en privatizaciones
de empresas del Estado, o en la adquisición de empresas privadas,
como el Grupo EXXEL y SOROS entre otros, utilizaban –como
metodología normal de financiamiento– el “autopréstamo” ga-
rantizando los préstamos tomados a sus propias estructuras con
los activos de las empresas compradas, metodología de uso normal
y frecuente en los mercados internacionales de capitales, a los
que tanto respetan los economistas ideólogos de las políticas eco-
nómicas implementadas desde el Proceso de Reorganización Na-
cional hasta la actualidad, como también por los presidentes del
Banco Central de la República Argentina que se sucedieron duran-
te los últimos veintisiete años.
Por tanto, mi deducción es que si el Sr. Luis Alberto Oddo-
ne era condenado por “autopréstamos” se creaba un precedente o
antecedente jurisprudencial a partir del cual hubieran sido pasibles
de la misma sanción tanto los funcionarios públicos a cargo del
Ministerio de Economía del gobierno argentino, como importantes
entrepreneurs que efectuaron y efectúan un uso normal y asiduo
de esta metodología para llevar adelante sus adquisiciones em-
presarias elogiadas y ensalzadas por los medios de comunicación
social y la dirigencia empresaria doméstica.
Esto explica también que, en el apuro por producir el cam-
bio de carátula en la condena civil y debido a la ignorancia del
Poder J udicial sobre temas financieros –en los cuales fue inmerso
gracias a la irresponsabilidad funcional de los directorios del Ban-
co Central intervinientes y posteriormente no subsanados por sus
sucesores–, se identificó en el dictamen la cifra de los préstamos
como la de los depósitos, aunque hubiera diferencias mayores a
U$S cien millones entre unos y otros en perjuicio del reo. De
cualquier manera, lo que queda claro es a quién había que condenar
y a quiénes no había que cuestionar ni penalizar en sus procedi-
mientos. Aunque éstos fueran los mismos.
Los lechos de Procusto, en estos casos, se diseñaron desde
el directorio del Banco Central para los banqueros privados. Nin-
gún directorio del Banco Central posterior decidió, hasta ahora,
diseñar una cama más confortable para los condenados por medio
de su arbitrariedad histórica.
* * *
Otro aspecto que me interesa explicar es cuál fue la razón
de ser del Grupo Oddone en la Argentina y cuál fue su estrategia
de crecimiento.
17
Como se verá en el desarrollo del relato, no nací banquero
ni empresario, artes profesionales que descubrí y me atraparon
durante mis épocas de estudiante de filosofía.
era el más grande productor de plata en lingotes del país (National
Lead Company S. A.).
18
Una vez instalado con éxito en la actividad financiera sentí
la emoción de crear una estructura empresaria multinacional a
partir de un país periférico como era y es la Argentina. Así me
ocupé de planear una expansión a futuro dirigida hacia la agro-
industria, la exportación de materias primas, la alimentación, los
servicios portuarios y los productos de distribución masiva como
los bizcochos, los cosméticos y los jabones de tocador.
El concepto tenía origen en las estructuras de conglome-
rados al estilo europeo y japonés, en los cuales el respaldo de la
estructura financiera madre estaba consolidado en la diversi-
ficación económica de los factores de producción y en el comercio
internacional. Estos conceptos estratégicos en la actualidad han
retornado.
Inexplicablemente (o tal vez no tanto), en el cenit de la o-
peración empresaria del Grupo Oddone se produce su caída. Caída
que no es consecuencia de problemas económicos o financieros
del grupo, sino a partir de una acción deliberada de un grupo de
hombres inferiores, funcionarios de un gobierno dictatorial igno-
rante y con insaciables deseos de apropiarse de los bienes y los
activos de terceras personas e instituciones.
Ésta es la historia de un desafío personal que comenzó
durante la administración del Presidente Arturo Frondizi, que cul-
minó en 1980 y aún está viva judicialmente gracias al triunfo de
la mediocridad, la incompetencia y el abuso de los poderes pú-
blicos, particularmente del Banco Central de la República Ar-
gentina y de algunos jueces venales o condescendientes con el
Poder Político. J ueces permisivos sobre las irregularidades y de-
litos emanados del accionar del Banco Central evidenciaron una
colusión explícita, cuanto menos por omisión, en los pro-
cedimientos administrativos.
Al momento del colapso, el Banco Oddone S.A. era el
sexto banco del ranking nacional. El Grupo de Empresas Oddone
participaba, dentro de la República Argentina, con el 10% del to-
tal de las exportaciones de cereales (Trading Americas S.A.); el
60% del mercado de los caños de plomo para la construcción y
Los argentinos de mi generación y los más jóvenes tienen la
19
También era el principal acopiador privado de cereales y
productor de 40.000 cabezas de ganado de invernada (Estable-
cimientos agropecuarios La Elvira S.A.); tenía dos puertos pro-
pios,Villa Constitución e Ibicuy, (Silos y Elevadores S.A.); par-
ticipaba con 36% del mercado de bizcochos y galletitas (Bagley
S.A.); el 64% del mercado de aerosoles para el cabello; el 30%
del mercado de champúes para el cabello y el 10% del mercado
de desodorantes familiares (Roby S.A.); el 40% del mercado de
jabones de tocador: el 20% con marcas propias, el 20 % fabricando
para terceros multinacionales (Productos Solmar S.A.). Además
era dueño de fábricas de plantas de silos para acopio de cereales
llave en mano, con dos millones de toneladas instaladas en el
país (Grupo Cereacol S.A.); era socio de E. F.Hutton Inc. para los
mercados de commodities en Argentina, Uruguay y Paraguay
(Oddone Futuros S.A.); poseía desarrollos inmobiliarios en la Cos-
ta Atlántica: San Bernardo y Pinamar (Ferrocor S.A., Fiandra Pro-
piedades S.A.); llevaba adelante forestaciones y desarrollos agrí-
colas y ganaderos en la Islas Lechiguanas, con cinco millones de
árboles implantados y catorce mil hectáreas en operación agrí-
cola ganadera dentro las islas y tenía estancias productivas en las
provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Río Negro y Salta.
El grupo financiaba a terceros productores 300 mil hec-
táreas de producción cerealera en las provincias de Buenos Aires,
Córdoba, Santa Fe, Tucumán y el Chaco, entre otras actividades
que sería tedioso enumerar.
Pasados los años, en la actualidad y a través de nuevos
entrepreneurs, se configuraron estructuras similares pero a través
de los mecanismos financieros de los fondos de inversión de ca-
pital de riesgo o de los fideicomisos financieros. Estos fondos y
fideicomisos no operan con patrimonio de los propietarios, sino
con fondos de miles de inversores. Para ellos, todas las prácticas
antes cuestionadas y condenadas son permitidas, y, si por razones
de administración o de mercado colapsan, sus directores no pier-
den dinero, pues ya lo ganaron al momento de las adquisiciones,
ni serán juzgados penalmente en la Argentina, pues los inversores
son de terceros países o de paraísos fiscales.
tagonistas damnificados.
Buenos Aires, junio de 2007.
oportunidad de conocer una parte de la historia financiera de la Ar-
gentina que aún nadie se atrevió a contar desde el ángulo de los pro-
20
EL CONTEXTO POLÍTICO
“El Estado no podía hacer de gendarme sobre el sistema
financiero y dejó que se acomodara solo. Llegamos a una
conclusión, que había que amputar.
Así se resolvió, pero con una aclaración:
el Gobierno, el Presidente, decidió que se amputara...”
Jorge Rafael Videla, en relación con la liquidación
del Banco de Intercambio Regional S. A.,
desencadenante de la crisis bancaria de 1980.
“Yo entiendo que el ciudadano común me señale y tiene
razón en llamarme “delincuente”, “Ud. mató a 66 personas”,
“Asesino”... Pero de los 66 casos por los que se me condenó, lo
que se juzgó es mi responsabilidad.
Yo no maté a nadie.
”Jorge Rafael Videla, en entrevista del invierno de 1998,
citada por María Seoane y Vicente Muleiro en “El Dictador”.
“Transcurridos dos años y medio de nuestra gestión,
comienzan a darse las condiciones para la
formulación de un plan político.”
Jorge Rafael Videla en los diarios
El Tiempo de Córdoba, 16/09/78
y Clarín, de Buenos Aires 17/09/78.
“Yo no hice lo que los responsables del PRN: asumir la
responsabilidad y no la culpa. Yo asumí la responsabilidad y la
culpa de lo que me imputaban y por eso limpié a todos mis
empleados.”
Luis Alberto Oddone al juez Norberto A. Giletta
a cargo del Juzgado Federal Nº 4,
en un encuentro casual en 1997.
21
Considero necesario hacer una breve descripción del con-
texto político de la época en la que transcurre este relato debido a
la poca memoria de los argentinos y además como consecuencia
de la poca participación en la vida cotidiana de la juventud, que
en aquel tiempo era niñez o no había nacido, y por ello no tuvo la
oportunidad de vivir conscientemente la realidad nacional de ese
momento histórico.
Personalmente creo que la decisión de provocar un Golpe
de Estado ya estaba en las Fuerzas Armadas cuando se realizó el
Operativo Dorrego en el sur de la provincia de Buenos Aires, en
1974, donde se ejercitó la convivencia del Ejército Argentino con
la J uventud Peronista, la J uventud Radical y otras agrupaciones
políticas.
El motivo fueron las inundaciones ocurridas en ese año.
El objetivo del gobierno de facto era generar la integración entre
las Fuerzas Armadas y las juventudes políticas, según se expresó
a través de los medios de comunicación.
De acuerdo con el relato que sobre los acontecimientos
hace Rosendo Fraga en su libro “Ejército. Del escarnio al poder”,
deduzco de los discursos pronunciados por los generales a cargo
del operativo –en particular el del general Albano Harguindeguy–
que la idea estaba en marcha, si se tiene en cuenta además el ac-
cionar del embajador de los EE.UU., Robert Hill. Pero aunque
así no lo fuera, es poco comprensible el grado de improvisación,
tanto política como económica, con que se inició la aventura.
Si no hubiera sido de este modo nunca se habrían realizado
las declaraciones del entonces general J orge Rafael Videla, Pre-
sidente de la República que menciono en el acápite de este prólo-
go: “Transcurridos dos años y medio de nuestra gestión, co-
mienzan darse las condiciones para la formulación de un plan
político”.
Ante estos dichos cabe formularse la siguiente pregunta:
¿Cómo pudo efectuarse un Golpe de Estado sin tener un plan po-
lítico previo? El plan político es condición inherente de la función
de gobierno, sea éste constitucional o de facto.
22
De cualquier forma el proyecto lanzado el 24 de marzo
23
bierno con el terrorismo urbano y la grave situación económica a
nivel interno y externo.
Como bien lo describe el profesor Hugo Quiroga en su libro
“El tiempo del Proceso”: “Cuando se produce un golpe de Estado
se quiebra la legalidad constitucional, pero el régimen que emerge
de esa acción puede suscitar, como el de 1976, el apoyo de la mayoría
de la población; y puede entonces resultar legítimo. El tema nos re-
envía a la relación entre legalidad y legitimidad (entendida ésta co-
mo apoyo, reconocimiento, aceptación) en el interior del sistema
político. Un gobierno militar puede ser ilegal pero legítimo y un go-
bierno civil puede ser legal pero ilegítimo.”
“Todo régimen encuentra su fuente de legitimación en el
reconocimiento que motiva en la población y, al mimo tiempo, se
sostiene por su legitimidad”.
Por primera vez en la historia de los golpes de Estado ar-
gentinos, la resolución final fue instrumentada mediante la confor-
mación de una Junta Militar estructurada por las tres armas, siendo
el Comandante en Jefe del Ejército quien ejercía la presidencia de la
Nación.
Robert Hill, empresario y diplomático conservador, fue desig-
nado por Richard Nixon embajador en la Argentina en 1973, año del
regreso del general Juan Domingo Perón de su exilio en España. Se-
gún relata Martin Andersen, corresponsal del Washington Post en la
Argentina en ese tiempo, se unió por matrimonio con la fortuna W.R.
Grace, que incluía una compañía con grandes propiedades en América
Latina, a la vez que contaba con una reputación personal de im-
placable.
Embajador en Costa Rica en 1954, Robert Hill intervino en
el derrocamiento, a través de un golpe apoyado por la CIA, de Jacobo
Arbenz, presidente guatemalteco, de tendencia izquierdista, elegido
democráticamente.
de 1976, fue legitimado por el concenso generalizado de una po-
blación agotada por la acefalia del poder, el enfrentamiento del go-
Dada su estrecha relación con el Senado de los EE. UU., el
embajador Hill tenía también una antigua vinculación con las fuerzas
de seguridad e inteligencia de los Estados Unidos y su último
el Ministro de Relaciones Exteriores argentino, Almirante Gu-
zzetti.
24
cargo, antes de ser designado en Buenos Aires, fue el de sub-
secretario de Defensa con responsabilidades en seguridad in-
ternacional. Fue también embajador en México, El Salvador y
España.
Según menciona también Martin Andersen, en su libro
“Dossier secreto”: “Hill recibió con alivio el golpe de 1976. El
gobierno de Isabel Perón no sólo era incompetente y corrupto;
su círculo íntimo escudaba a importantes fugitivos de procesos
por tráfico de narcóticos en los EE.UU.”
“A principios de ese año predominaba en la embajada de
los EE.UU. una mentalidad de ciudad sitiada. La propia re-
sidencia de Hill estaba densamente custodiada e iba a su trabajo
y volvía de él como envuelto en una vaina y con una escolta digna
de Al Capone...”(según información proporcionada al señor
Andersen por el agente de la CIA denominado en el servicio como
“Sam”)”
No sería extraño que ese nerviosismo además de producido
por el ataque al diplomático norteamericano residente en Córdoba
en 1974 por parte de sectores radicalizados de la J uventud Pe-
ronista, fuera debido a alguna participación concreta en los pre-
parativos del golpe de marzo de 1976, junto al grupo sucesor del
Ateneo de la Juventud Democrática Argentina, el Club Azcuénaga.
No olvidemos, como menciona Fraga, que en noviembre
de 1975 en los medios políticos se comentaba que los EE.UU.
veían con simpatía la designación, como presidente en reemplazo
de Isabel Perón, de un general en actividad.
Si nos atenemos al historial del embajador –al darse cuenta
de que su gobierno a través del secretario de Estado Henry Ki-
ssinger respaldaba el accionar de las Fuerzas Armadas argentinas
en la lucha contra los terroristas domésticos en todos los sectores
de la política, y en particular a la Triple A organizada a instancias
del Gral. Perón por el policía López Rega–, se comprenderá la
posición adoptada por los EE.UU. luego de la entrevista celebrada
en junio de 1976 entre el Secretario de Estado norteamericano y
Ambos se reunieron durante un encuentro de la Or-
ganización de Estados Americanos en Santiago de Chile, reunión
que operó como un aliciente al designio trazado.
Posteriormente, y debido a las circunstancias, el embajador
Hill dio un vuelco importante a favor de la política de derechos
humanos.
Paralelamente con la decisión de efectuar el golpe de Es-
tado, justificado por la lucha contra el terrorismo y anhelado por
los terroristas, (ver Feinmann, “La sangre derramada”), estaba
la nueva concepción doctrinaria en materia económica que a-
doptaron los grupos conservadores de los Estados Unidos.
Ésta adscribía a la teoría monetarista del Dr. Milton
Friedman, Premio Nobel de Economía, cuya doctrina hiciera fra-
casar posteriormente la política económica del presidente Ronald
Reagan en USA.
Esta doctrina económica se intentó, desde los EE.UU.,
irradiarla a toda América latina ya que históricamente, desde la
segunda mitad del siglo XX, Latinoamérica fue el principal cliente
de los productos del país del Norte, como lo afirma Peter Drucker
en su libro “Administración y futuro”.
Esta política económica, por su característica de sobreen-
deudamiento, dependencia financiera, concentración de capital y
destrucción de la clase media, requería personeros estrictamente
identificados con el modelo a implementar para poder cumplir
con efectividad las directivas trazadas por la Comisión Trilateral
y el Club de Roma.
Así se ubicaron personalidades representativas de los es-
tablishment de los países del área como ministros secundados
por jóvenes inexpertos egresados de la Universidad de Chicago,
luego llamados “Chicago Boys”.
Otro importante impulsor de esa política –como se verá
en el libro–, fue el Sr. David Rockefeller, importante empresario
y ex banquero, quien no utiliza sus teorías en sus empresas.
En el caso argentino, la elección recayó en uno de los al-
tos exponentes de los tenderos contrabandistas llegados a la Ar-
25
gentina durante los siglos XVIII y XIX, estrechamente vinculado
con el poder internacional, miembro del directorio de algunas grandes
empresas nacionales y extranjeras: el Dr. José Alfredo Martínez de
Hoz.
Esto explica la diferencia de la textura doctrinaria e ideológica
del golpe de 1976 con los generados anteriormente en el país, a pesar
de que todos fueron propiciados por los mismos protagonistas civiles.
En el golpe de 1976 no se convocó a los sectores nacionalistas de de-
recha de las Fuerzas Armadas, sino que desde el comienzo del PRN
los protagonistas pertenecían al ala liberal representativa de la “De-
recha Gerencial” subordinada a intereses externos.
La derecha doctrinaria e ideológica nunca gobernó en la Ar-
gentina de la segunda mitad del siglo XX. En las Fuerzas Armadas,
particularmente en el caso del Ejército, como bien lo describe David
Rock en “La Argentina autoritaria”: “La aparición de los grupos
nacionalistas en los gobiernos de facto fue generalmente el producto
de una inestable coalición con los grupos conservadores ‘libera-
les’. Estas asociaciones solían ser el producto de la intención de
estos últimos de explotar su natural orientación por el uso de la vio-
lencia para lograr objetivos específicos e inmediatos. Cuando el
empleo de la fuerza dejaba de ser necesario, solían aparecer tensiones
entre los integrantes de la coalición, con lo que los nacionalistas fi-
nalmente quedaban aislados, y casi siempre excluidos del Poder”.
En 1976, la violencia estaba instalada en todos los niveles
de las Fuerzas Armadas y los generales considerados nacionalistas y
con más talento –como los generales Díaz Bessone, Acdel Vilas,
Domingo Bussi, (quien años después demostrará mayor inclinación
por el cobre que por el bronce), Mujica y Buasso– con el tiempo fue-
ron desplazados y segregados de la estructura de Poder.
A pesar de que algunos autores, como el mencionado Martin
Andersen y también el Dr. Tulio Halperin Donghi, en su libro “La
larga agonía de la Argentina peronista”, estiman que la guerra anti-
terrorista prácticamente había concluido en 1976. En razón de la
objetividad necesaria al evaluar estos hechos, debo mencionar que
el general Díaz Bessone, en su libro“Guerra revolucionaria en la
Argentina”, menciona treinta y un hechos entre atentados y asesinatos
realizados por el terrorismo armado durante ese año.
26
Relata también que en 1977 finalizó la Operación Indepen-
dencia “luego de veinticuatro combates en los que murieron setenta
y cuatro guerrilleros y dieciocho integrantes de las fuerzas legales”.
También menciona que durante 1977 el acto de terrorismo más im-
portante fue el atentado contra el ministro de Relaciones Exteriores,
Almirante Guzzetti. Continúa diciendo que a fines del mismo año,
la agrupación Montoneros editó un folleto titulado “600 operaciones
en 1977”, siendo todos actos de sabotaje, atentados, asaltos y actos
de terrorismo. Según el mismo autor, 1978 fue el año de la desarti-
culación final de la guerrilla terrorista.
Actualmente todavía está en discusión –por parte de la so-
ciedad argentina– si realmente algunos atentados atribuidos y/o asu-
midos por la guerrilla, fueron responsabilidad de ellos o fueron opera-
ciones encomendadas desde el poder militar, como los casos del al-
mirante Lambruschini y el Dr. Guillermo Walter Klein, entre otros.
De cualquier forma, y visto retrospectivamente, lo que pre-
tendió ser una alternativa de orden, desarrollo económico y estabilidad
política, se transformó en un manejo del poder público dominado
por la arbitrariedad, el aprovechamiento mediante maniobras
coercitivas y el robo desembozado hacia particulares, banqueros y
empresarios, aunque nunca se hubieran involucrado en la política ni
en los movimientos guerrilleros que justificaron la toma del Poder y
su mantenimiento por parte de las Fuerzas Armadas.
Lo que sí queda claro es la connivencia de las Fuerzas Ar-
madas y sus representantes civiles en la función de gobierno con in-
tereses extraños al interés nacional, que rotaron desde la alineación
irrestricta con los intereses externos y las compañías transnacionales
hasta la asociación económica con la Unión Soviética y el régimen
de Fidel Castro, cuando las necesidades financieras –como en el ca-
so de la venta de cereales durante la veda impuesta por el presidente
norteamericano James Carter o la posterior aventura de la Guerra de
Malvinas– lo hicieron necesario.
Estos hechos demostraron la falta de doctrina y el oportunis-
mo político de los dirigentes militares y civiles del Proceso de Reorga-
nización Nacional en los cuales predominó el interés económico sobre
el interés político de reencauzar una nación.
27
Estas decisiones dejaron a la vista el nivel de incompe-
tencia, falta de patriotismo y base doctrinaria de la cúpula del go-
bierno militar, a diferencia de lo sucedido con sus equivalentes
de Chile y el Brasil, como así también la falta de unidad de criterio
para el manejo de una nación en situación de crisis política y eco-
nómica.
Desde el punto de vista económico (aspecto tratado en el
Apéndice), resulta interesante observar que el principal soporte
del “Plan Económico” del Dr. Martínez de Hoz fueran, y continúen
siéndolo, el ex general J orge Rafael Videla y los grupos de poder
financiero y empresario que respaldaron irrestrictamente la política
de desnacionalización económica.
J orge Rafael Videla era un general que transcurrió toda
su carrera militar prácticamente en dos destinos: el regimiento de
la ciudad de Mercedes y el Colegio Militar de la Nación, con una
evolución oscura y sin protagonismos dentro de la Fuerza Ejército,
hasta el momento de acceder al poder respaldado por los sectores
empresarios que lo designaron luego de la negativa a asumir como
líder del general Delía La Roca. Quienes le comunicaron la de-
signación fueron el Ing. Zánchez Zinny y el Mayor Garassino,
ambos directores de Fiat Argentina. Sectores que, pasados los
años, resultaron beneficiarios de prebendas, privatizaciones o que
en la actualidad son rentistas del capital exportado, luego de la
venta de sus activos en la Argentina en la década de 1990.
El desenlace de esta última intervención militar –en la
que gran parte de la población argentina creyó– fue catastrófica
desde lo económico y lamentable desde lo político-militar. Par-
ticularmente por los procedimientos utilizados en la lucha contra
el terrorismo armado, y la improvisación con una notable falta de
evaluación geopolítica al desencadenar la Guerra de Malvinas.
El terrorismo, por su parte, capitalizó políticamente la de-
rrota sufrida en la confrontación a pesar de que muchos de sus di-
rigentes –según varios autores que analizaron los hechos de la é-
poca– eran dobles agentes que operaban para las Fuerzas Armadas
y la “Resistencia”.
En los años posteriores y hasta la actualidad, muchos de
ellos se encontraron y se encuentran en posiciones encumbradas
28
dentro de gobiernos democráticos que sostuvieron una política
económica de perfeccionamiento de la del Proceso de Reorgani-
zación Nacional, y otros asumen banderas en parte consecuentes
con sus ideas históricas de los años 70.
Los miles de cadáveres dejados atrás defendiendo una su-
puesta doctrina ideológica ya no cuentan...excepto para sus
familiares, que continúan luchando por los derechos vulnerados
o los hijos desaparecidos.
La realidad actual demuestra que la lucha armada de la
década del setenta fue ganada por las Fuerzas Armadas, pero el
triunfo político y mediático fue de los terroristas, gracias a la
incompetencia, el conflicto de intereses, la impunidad y, sobre
todo, la cobardía de los conductores del Proceso de Reorga-
nización Nacional.
Ellos asumieron la responsabilidad pero no la culpa de
los procedimientos represivos utilizados, dejando a sus subal-
ternos a la deriva, dentro del mare magnum judicial y mediático
nacional e internacional, ante el cual no tienen ninguna posibilidad
de respuesta técnica, jurídica ni de acción psicológica posible
ante las aberraciones ejecutadas por instrucciones recibidas y sobre
las cuales no era posible rebelarse.
Por otra parte, los defensores del ideario de la “Resistencia
revolucionaria”, a partir del advenimiento de la democracia, se
alinearon con los grupos monetaristas liberales, asociándose al
proceso de desnacionalización de la economía, la desnaciona-
lización de la banca nacional, la proletarización de la clase media,
el hundimiento y la marginación de la clase obrera.
Durante la lectura de este libro, el lector comprobará que
fui un disidente de la política implementada por el Proceso de
Reorganización Nacional, (como lo soy de las implementadas
posteriormente).
Que no estuve alineado con el terrorismo, que siempre
fui un banquero y un empresario independiente y, finalmente,
que el estar excluido del acontecer económico, social y político
de la Argentina durante los últimos treinta y un años me permitió
no involucrarme en el oportunismo salvaje y la corrupción sis-
29
temática que prevalecieron durante esos años, hechos de los que
muy pocos protagonistas de las fuerzas vivas y políticas argentinas
se pueden considerar al márgen.
CAPITULO I
Aquella mañana de febrero de 1980 me levanté como
siempre a las seis, desayuné y fui a caminar por el parque de casa
antes de salir hacia el Banco.
El verde del pasto, los árboles y los sonidos de la madru-
gada me ayudaban a pensar. Ese mediodía tenía una importante
reunión en el directorio del Banco Central. Su vicepresidente 1º
me había citado. No conocía al personaje. Había sido por su ini-
ciativa. No conocía las razones y me sentía preocupado.
Llegué al Banco Oddone a las ocho. Revisé los papeles
sobre mi escritorio: las planillas de posición, depósitos, liquidez,
préstamos interbancarios… Mantuve tres entrevistas con gerentes,
y antes del mediodía, entré en el Banco Central por la puerta de
calle Reconquista.
Subí a la oficina del directorio, luego de anunciarme entré
en el despacho del Lic. Alejandro Reynal. Apenas sentado co-
menzó un diálogo insólito:
Alejandro Reynal — ... Pero vos qué te creés. ¿Que te vas a quedar
con los mejores negocios de la Argentina? Te compraste la Na-
tional Lead Company, ahora el Diners...¿Cuántas sucursales
tenés en el banco? (Se refería al Banco Oddone S. A., del cual yo
era presidente y propietario.)
Luis A. Oddone — …44
Reynal — ¿Cuántas tenés autorizadas?
L.A.O. — …85
Reynal — ¿Qué?...Vos no podés ser tan grande. Tenés que re-
nunciar.
L.A.O. — ¿Renunciar a qué?
Reynal — …A las sucursales autorizadas.
L.A.O. — Pero si las autorizaron ustedes…El Banco Central...
31
Reynal — No importa. Tenés que renunciar. Vos no podés ser tan
grande...
L.A.O. Entonces me van a obligar a comprar otra entidad fi-
nanciera...
El licenciado Alejandro Reynal era el típico tilingo-necio-
fatuo de Buenos Aires. Alumno mediocre de la Universidad Ca-
tólica Argentina, con la virtud social de tocar la guitarra, a través
de vinculaciones familiares y entrenamientos en la sucursal del J .
P. Morgan en Buenos Aires, llegó de manera inexplicable a la po-
sición de vice-presidente 1º del Banco Central de la República
Argentina, luego de una lamentable gestión como Ministro de E-
conomía de la Provincia de Corrientes.
Por aquel tiempo del gobierno militar, la vicepresidencia
1º del Banco Central se cubría con funcionarios inoperantes, sin
capacidad de decisión propia y con la firma fácil sobre documentos
que el poder político o los bancos a los que representaban requi-
rieran para sus intereses particulares.
El Banco Central estaba controlado por funcionarios de
determinados bancos privilegiados representados en su directorio.
Por ejemplo, el antecesor de Reynal en el cargo fue el Dr. Cristian
Zimermann, quien representaba los intereses del Banco de Galicia
ante el Banco Central. El licenciado Reynal representaba los inte-
reses del J . P. Morgan y sus asociados argentinos, entre otros.
A finales de 1979 y comienzos de 1980, el equipo del mi-
nistro Martínez de Hoz había llegado al cenit de su soberbia.
Reynal, de rasgos afilados y asiento inestable, gustaba,
por lo que vi, de enardecerse para lograr efectos de temor en su
interlocutor. En el fondo, tal vez, debía representar el papel im-
perativo para lograr los objetivos de los que le daban las órdenes,
pero lo que sucedía era que su interlocutor, al menos en mi caso,
en vez de sentirse intimidado, experimentaba una sensación de
diversión socarrona.
Después de esta primera reunión personal de febrero de
1980, mantuve otras dos –que se desenvolvieron en el mismo to-
no coercitivo– durante las cuales siempre debí renunciar a alguna
32
disposición aprobada sobre mi banco, resuelta por el Directorio
del Banco Central con anterioridad; o a adquisiciones empresarias
que tenía en trámite y de las cuales, por algún medio, Reynal
estaba enterado.
Como consecuencia de los exhortos complementados con
apremios verbales soportados durante las reuniones, tomó cuerpo
dentro de mí la presunción de que se estaba gestando alguna acción
importante por parte del gobierno. De lo que no llegaba a darme
cuenta era hacia dónde se dirigían sus intenciones.
Subconscientemente, mi cerebro ataba cabos sobre
situaciones, disposiciones, acciones de gobierno evidenciadas por
medio del mercado financiero y de los medios de comunicación
social. Por ejemplo, trascendió que el endeudamiento inter-
nacional de la Argentina no se reflejaba en los balances del Banco
Central debido a que se lo contabilizaba como reservas interna-
cionales. Este hecho motivó un editorial del diario Clarín. Durante
la gestión del ministro Domingo Cavallo en los años 90, se utiliza-
ron métodos parecidos, y después también, pero no eran co-
mentados por los medios de comunicación social. Recién durante
la etapa de los gobiernos Kirchner se han retomado las críticas.
Otros comentarios decían que se tomaban ingentes canti-
dades de préstamos de los bancos internacionales, los que inme-
diatamente eran recolocados en los mismos bancos prestamistas
u otros relacionados con el directorio del Banco Central a una ta-
sa de interés 50% menor a la que se pagaba por los préstamos.
Estos, a su vez, quedaban ociosos sin aplicación justificable.
Estos procedimientos coincidieron con el desmembra-
miento del sector del Banco Central que establecía las comuni-
caciones y las relaciones con los bancos internacionales. Los tele-
tipos de esta oficina fueron instalados en el directorio del Banco
Central bajo la supervisión directa del Dr. Francisco Soldati, quien
manejaba personalmente los contactos con los bancos. Los fun-
cionarios de línea fueron desplazados de sus funciones.
Por otro lado las industrias, desde 1976 en adelante, sufrie-
ron el impacto de la reducción de los ingresos de amplias capas
de población, con la consiguiente baja en la demanda de bienes
industriales.
33
las importaciones), combinada con esa misma distorsión del valor
del peso, promovió la importación de bienes subvencionados por
los países de origen, competidores de la producción local.
La modificación de las condiciones de funcionamiento del
mercado financiero a través de la implementación de la “Cuenta de
Regulación Monetaria” diseñada por los “técnicos” del Banco Central
encabezados por el Dr. Ricardo Arriazu y el Dr. Adolfo Diz, su pre-
sidente, encareció abruptamente el costo del crédito para las empresas.
La limitación de los beneficios otorgados por el Sistema de
Promoción Industrial redujo las posibilidades de invertir en un mer-
cado que no ofrecía ningún estímulo para la inversión privada,
como lo explicara con claridad el economista Jorge Schvarzer en
un estudio económico sobre la época.
Años después, el mismo J orge Schvarzer
1
llegó a la con-
clusión de que el efecto convergente de todos esos impactos afec-
tó a la industria, tanto en su actividad cotidiana como en su desa-
rrollo a largo plazo, generando un deterioro del sector que se pro-
longó en el tiempo. Entre 1975 y 1980, más de 300 mil trabajadores
industriales perdieron su empleo...
Simultáneamente, YPF y otras importantes empresas del Es-
tado, contrataban préstamos internacionales irresponsablemente sin
que los fondos recibidos ingresaran en el circuito de sus operaciones.
1
J orge Schvarzer trabajó conmigo a partir de 1975, cuando fundé el mensuario eco-
nómico-financiero PRENSA ECONÓMICA y era el responsable de las investigaciones
y proyecciones económicas que publicábamos. La cita que hago fue publicada en De-
sarrollo Económico, vol. 23 Nº 91 (octubre-diciembre de 1983), sobre la base de estudios
efectuados en aquella época. Otro aspecto que resalta el Ing. Schvarzer, del período
1975/81 son los costos financieros que debieron soportar las empresas: las 100 com-
pañías más grandes pagaban tasas que iban desde 0 % hasta 60 % anual, con una tasa
efectiva en dólares del 30 % anual. Las empresas del segundo y tercer centenar tuvieron
costos financieros que superaban el 130% y el 150% de su respectiva facturación. El
Ing. Schvarzer, probablemente por falta de información política calificó a los grupos
bancarios e industriales intervenidos o liquidados en 1980 como exponentes estricta-
mente especulativos del sistema. Espero con fe que si lee este libro cambie de opinión.
La sobrevaluación de tipo de cambio desalentó la ex-
portación de excedentes que hubieran permitido utilizar mejor la
capacidad ociosa disponible. La rebaja de aranceles (impuestos a
34
35
Equipo de polo de Luis A.Oddone, ganador del Torneo de Deauville.
De izq. a der.: Luis Basualdo, Prince Charles, Howard Hipwood
y J ohn Horswell. Francia, 1978
Caballada del equipo de polo de Luis A.Oddone para el
Torneo de Deauville. France, 1978
36
Equipo de Luis A. Oddone en el Torneo de Polo Internacional de Clubes
“Mundialito”. De izq. a der.: Yuni Crotto, Horacio Eguy, Norberto
Fernández Moreno y Luis Alberto Oddone. Argentina, 1979.
Fidel De Luca, Nora y Luis A. Oddone y Roberto DeVicenzo.
Torneo de Golf Pinamar. Pinamar, BA, 1980
El principal operador de estas contrataciones desde el go-
bierno central era el secretario de Hacienda, Dr.J uan Alemann
quien –según periodistas de Radio Mitre, como Marcelo Bonelli–
es el vocero del establishment argentino.
Evidentemente, esa política económica debía hacer estallar
la economía, como también sucedió con las posteriores, excepto
durante las administraciones kirchneristas a consecuencia de la
violenta suba de los precios de los commodities a nivel interna-
cional durante sus períodos de gobierno.
Lo que no podíamos saber quiénes fuimos protagonistas,
era que la justificación institucional del estallido a nivel nacional
iba a ser la CRISIS FINANCIERA DE 1980. Ella tuvo el propósito
adicional de poner en práctica la recomendación de Maquiavello:
arrebatar a los adversarios todo su poder, sus recursos y sus privi-
legios, de un solo golpe…
El Premio Nobel Von Hayeck, uno de los principales
mentores de los llamados “Chicago Boys”, sin desmerecer la e-
norme contribución que hiciera a la Economía, recomienda al fi-
nal de su clásica obra “Camino de Servidumbre”, que si el plan
económico falla, siempre se puede apelar al recurso de una crisis
financiera…
* * *
El viento golpeaba mí la cara. Sentía escalofríos. El caballo
que montaba iba al trote corto y los que traía de tiro cabestreaban
sin tirar del cordel. El trayecto desde Francisco Álvarez donde
estaba nuestra chacra de fin de semana hasta Luján, hacia el haras
“La Cabaña” del “Pilo” Fernández Guerrico, era de casi treinta
kilómetros. Tenía dieciséis años y recién comenzaba a jugar al
polo. De los trece a los quince mi padre,“el Coronel” me inició
en el criollo juego del pato en el club Mariano Moreno y hasta los
doce no me dejó andar en montura ni recado. Siempre en pelo,
como él decía: “Para hacerse de a caballo”.
Ese año sería mi primera experiencia, jugando unos parti-
dos más organizados, gracias a la hospitalidad de la familia Fer-
nández Guerrico y la de los hermanos Enrique y Alfonso Naveyra,
de la estancia San J osé de Luján. Recuerdo que me esperaban en-
37
tre chukker y chukker porque, al no tener petisero, (el asistente
para los caballos), tenía que cambiar los arreos y ajustar las vendas
protectoras en las patas de los caballos entre uno y el siguiente.
Nunca olvidé el afecto de esos amigos que me recibieron
como uno de sus pares siendo un invitado pobre que sólo aportaba
el entusiasmo por un deporte inculcado casi desde la cuna por su
padre, junto con el amor al caballo y el sentimiento de la tierra.
Aquellos regresos a caballo hacia la chacra, con el can-
sancio y el frío dentro de mí, templaron la convicción de un desafío
para ser más… Para vivir una vida diferente.
Para apostar a un desafío que me permitiera salir de la an-
gustia acorralada por las necesidades económicas de una familia
golpeada por la política de la dictadura peronista y dejar de vivir
en un contexto que no se adecuaba a la realidad económica de
nuestra estructura familiar.
Mi familia era la clásica familia venida a menos del Barrio
Norte de Buenos Aires. La carrera de militar de mi padre fue
truncada por el gobierno peronista en los años 50 y la persecución
posterior agotó los recursos familiares.
La persecución es un recurso habitual en la historia de la
vida política y social argentina. Fue utilizada sistemáticamente
por la mayoría de los gobiernos dictatoriales o democráticos que
se han sucedido desde la construcción de la Nación. Pasados los
años comprobé que en diferentes dimensiones económicas el pri-
mer gobierno peronista fue a mi padre lo que el Proceso de Reor-
ganización Nacional lo fue a mí, en otra escala. Por una raíz de
lealtades inexplicables y de historias familiares, ni mi padre se
sintió víctima de Perón, ni yo me sentí víctima de los militares.
Sí, de sus asociados civiles.
Tanto mi padre como yo supimos darnos cuenta desde
dónde vino realmente la embestida. Una familia como la nuestra,
formada por militares, marinos, aeronáuticos y algunos políticos,
como mi tío Gabriel o J acinto Oddone –cofundador del Partido
Socialista Argentino y autor del libro “La burguesía terrateniente
argentina”, entre otras obras de análisis histórico, que era primo
38
de mi abuelo–, tenía algunos valores muy claros: el concepto de
PATRIA, SOBERANÍA, y SENTIDO NACIONAL DE LA HIS-
TORIA, aún cuando el mundo se fuera transformando de bipolar en
unipolar y los países evolucionaran de INDEPENDIENTES a IN-
TERDEPENDIENTES.
* * *
Salí del Banco Central y regresé al despacho de la presidencia
del Banco Oddone, para dar una instrucción.
Oddone —Ema
2
, tenemos que mandar una carta al Lic.
Reynal renunciando a 25 sucursales aprobadas por el Banco Central,
(no iba a renunciar a todas). Quiero que hoy mismo la tenga en sus
manos.
2
Ema Masso era mi secretaria, quien fue descubierta y heredada de la primera compañía
industrial que adquirí en el año 1971, Cereacol S. A.
39
El ministro Martínez de Hoz, Bernado Neustadt; Roberto Rocca (Techint);
Arnaldo Martinenghi (Alianza); Carlos Orís de Roa (Cía. Continental de
Granos; Francisco Capozzolo (Árbol Solo) y Luis Alberto Oddone.
40
CAPITULO II
La debacle económica de mi padre durante el gobierno
del General J uan Perón como consecuencia de la persecución
política y su pase a retiro obligatorio lo llevó a vender nuestra ca-
sa del Barrio Norte. También su participación en el establecimiento
de campo familiar.
Esto nos llevó a mudarnos al departamento de mi abuela
materna en Callao al 1900. Era un departamento modesto, con-
fortable.
La vida en lo de abuela era precaria. Tan precaria como
puede ser la vida cuando una familia acostumbrada al buen vivir
cae de pronto en la pobreza resistiéndose a aceptarla como un
dato de la realidad.
Mi padre fue jubilado del Ejército Argentino a los 48 años. A
pesar de estar incluido en los “30 y 40” (30 años simples de servi-
cios y 40 años dobles por destinos inhóspitos), su salario era in-
suficiente. Los salarios de los militares honestos, en general, siem-
pre fueron insuficientes en relación con su posición social y sus
obligaciones institucionales.
Surgió un nuevo protagonista para el sostenimiento de la fa-
milia: el trabajo silencioso y sacrificado de mi madre. Comenzó
a vender ropa que le daban en consignación en el barrio de Once
o sus amigas de Barrio Norte. Con su esfuerzo pagó mis estudios
en el Colegio del Salvador, en el Liceo Militar y más tarde en el
Colegio San J osé. Además de la comida diaria.
El coronel, mi padre, entró en la crisis del militar de alta gra-
duación jubilado a destiempo y con la desubicación conceptual
de que era viejo para comenzar de nuevo. No podía aceptar ser
subordinado cuando llevaba años ejerciendo el mando. Se refugió
en sueños de proyectos irrealizables. Cifras inmensas se discutían
en mesas de café de la Avenida de Mayo.
41
Sus interlocutores eran adulones obsecuentes en busca
de obtener jirones de miseria de un pobre más calificado. Nunca
estuvo dispuesto a sacrificar su honor pidiendo favores al poder
político de turno.
Al llegar la noche, acostado en mi colchoncito sobre el
suelo del living, agobiado de angustia e inseguridad, mis ojos a-
biertos trataban de penetrar en el futuro. En esas noches de in-
somnio soñaba con realizaciones y riquezas: iba a crear un imperio
con miles de trabajadores y tantos campos en producción que
hasta donde llegara mi vista serían míos.
… A los 37 años viví esa experiencia.
* * *
Mayo de 1979.
Mi primo Francisco, periodista, escritor y estrechamente
vinculado con el desarrollismo me presentó a un señor con el que
trabajaba. Era el dueño de una agencia de publicidad. Tenía dos
nombres: Moisés Konstantinosky y Emilio Perina (creo que el
último era el nombre artístico. Su hijo hoy lo conserva).
En junio de 1979, ese señor Perina me invitó a una reunión
en su agencia de publicidad a la cual también asistió el ministro
de Economía, J osé Alfredo Martínez de Hoz. Había una docena
de empresarios y un político de nota, el Dr. Rodolfo Martínez.
Dio la sensación de que era una reunión para presentarle al mi-
nistro personas que se movían fuera del circuito de sus relaciones.
Por ese desconocimiento cada participante debía presentarse, de-
clarar su profesión y expresar ideas acerca de su actividad y sobre
el país.
Acepté la invitación porque me interesaba conocer a una
persona que en tres años, desde el Ministerio de Economía, se
había transformado virtualmente en el presidente de la República.
Al día siguiente Perina llamó para informarme que el Ministro se
había interesado en mi exposición.
Dos meses más tarde, en agosto de 1979, recibí una lla-
mada de Teddy García Mansilla. Con Teddy mantenía una relación
42
informal a través de su hermano Lucio, quien me asesoraba en
temas del mercado de los Estados Unidos en New York. Me invitó
a participar en un programa de televisión conducido por el pe-
riodista Bernardo Neustadt cuyos participantes eran el ministro
de Economía y un grupo de empresarios de distintos sectores.
El programa se grababa a las tres de la tarde, y en ese mo-
mento era la una...Le pedí que me dejara pensar unos minutos
antes de responderle.
Rápidamente deduje que si me estaban llamando a la una
para grabar a las tres era porque alguien había fallado. Tenían
que cubrir la ausencia. Por otra parte supuse que era una buena o-
portunidad para exponer mis ideas al Ministro, ya que estaba vien-
do serios problemas para el corto plazo en el sistema financiero
para el sector empresario y el plan económico en vigencia.
Llamé a García Mansilla. Le pregunté si había restriccio-
nes en las preguntas al Ministro. Me respondió que no. Me com-
prometí a estar en el canal a las tres de la tarde.
Al llegar ya estaban allí Roberto Rocca, del Grupo Techint;
Arnaldo Martinenghi, de Astilleros Alianza; Carlos Orís de Roa,
de Compañía Continental de Granos y Francisco Capozzolo, del
Grupo Árbol Solo. El ministro llegó más tarde.
Le pregunté al ministro si lo que pretendía el gobierno e-
ra la destrucción del sistema financiero argentino, ya que los ban-
queros calculábamos las utilidades con decimales y los quebrantos
los recibíamos por enteros como consecuencia de la política eco-
nómica implementada desde el gobierno central. Manifesté tam-
bién que con esta política se estaba diezmando a la pequeña y la
mediana empresa, las que históricamente eran la fuerza vital de
la economía argentina.
El ministro garabateó una respuesta sin contestar nada en
concreto en relación con mi pregunta. Un año más tarde de aquel
programa televisivo, el sistema financiero argentino se derrumbó.
La ola de quiebras superó todos los niveles anuales históricos y
yo, desde la cárcel, pude ver que había sido uno de los primeros
ciudadanos en denunciar públicamente la perversa política eco-
43
nómica instrumentada por el gobierno del Proceso de Reorga-
nización Nacional.
Pero estaba en la cárcel...
En la celda de Caseros, reflexionando sobre lo sucedido y
lo que continuaba ocurriendo dentro del contexto político y eco-
nómico nacional llegué a la conclusión de que en la Argentina de
aquellos años hubo dos movimientos terroristas importantes que
afectaron la vida de la sociedad: el terrorismo armado contra el
gobierno, que nunca afectó a más del 5 ó 6% de la población, y el
terrorismo económico implementado desde el gobierno que afectó
a más del 70% de los habitantes.
El terrorismo armado desató una guerra civil no conven-
cional que cobró vidas de ambos bandos, instigada y alentada
desde el interior por los propios terroristas buscando el regreso al
país del general Perón –con su apoyo explícito– y el golpe de Es-
tado, pero sobre todo cobró vidas de jóvenes que tenían poco que
ver en las acciones. La mayoría de sus jefes salieron indemnes y
pasado el tiempo llegaron a ocupar altas funciones públicas en
los gobiernos de la democracia, inclusive los de corte neoliberal
como el del Dr. Carlos Menem. Posteriormente se comprobó, co-
mo ya dije, que muchos de ellos eran agentes dobles.
El terrorismo económico no sólo no produjo confrontación
sino que fue aceptado sin cuestionamientos por los propios sec-
tores a los que estaba destruyendo en una suerte de masoquismo
nihilista para la autodestrucción.
Ni durante los años del Proceso de Reorganización Nacio-
nal, ni después del advenimiento de la democracia, hubieron es-
tructuras de poder que operaran sobre ese terrorismo económico.
Hasta ahora, 2011, bajo el gobierno de la Presidente Cristina Kir-
chner.
Nadie lo cuestionó penalizando efectivamente a sus prin-
cipales protagonistas: el Dr.José A. Martínez de Hoz, el Dr.Guiller-
mo Walter Klein, el Dr.J uan Alemann, el Dr.Adolfo Diz, el Lic.
Alejandro Reynal, el Dr.Enrique Folcini, el Dr.Ricardo Arriazu,
etcétera, o a su “brazo ejecutor policial armado”: el general Albano
44
Harguindeguy quien hoy camina absuelto por las calles de Buenos
Aires.
Fueron premiados con lucrativos asesoramientos, nego-
cios y consultorías. Hoy, como entonces, continúan asesorando a
bancos extranjeros y nacionales, a las grandes empresas nacionales
e internacionales. Son convocados asiduamente por los medios
de comunicación social y por los gobiernos democráticos a los
cuales en su momento desalojaron y enjuiciaron.
Volviendo a mi relato sobre el programa de televisión, al
día siguiente me llamó Perina para decirme que el Ministro quería
verme en su despacho. A última hora de la tarde nos reunimos.
Las reuniones que tuve con el Ministro fueron todas, excepto dos,
con Perina presente.
En su despacho, el ministro me preguntó por qué lo ataqué
en el programa de televisión cuando él propiciaba un cambio es-
tructural de la economía, creando una nueva Argentina en la que
yo estaba llamado a ser uno de los protagonistas. Respondí que
no lo había atacado, pues no tenía nada en contra de él. No lo co-
nocía ni sabía quién era. Conocía su apellido por la tradición ar-
gentina y lo había leído en los libros de historia. Expliqué que me
llamaron a la una de la tarde para grabar el programa a las tres.
Que pregunté si había alguna restricción en las preguntas a realizar
y me respondieron que no. Por tanto, una vez en el programa pre-
gunté y dije lo que honestamente pensaba y sentía.
Luego, el Ministro comenzó a preguntarme en qué sectores
de la economía participaba. Describí una síntesis de mis emprendi-
mientos financieros, agropecuarios, industriales y comerciales.
A medida que explicaba, el gesto del Ministro fue derivando hasta
la sorpresa.
Me agradeció la información. A partir de entonces co-
menzó a llamarme dos veces por mes, para conocer mis opiniones
acerca de la política del sector financiero e industrial en las cuales
mis empresas participaban. En esas reuniones participaba Perina
como un testigo silencioso. Más tarde supe que Emilio Perina se
encargaba de “controlar” (apretar) a los medios de comunicación
que vertían opiniones en contra de la política del Proceso de Re-
45
organización Nacional. Estas reuniones se produjeron hasta
febrero de 1980 y eran sumamente cordiales, afectuosas y
asépticas.
En una oportunidad por noviembre de 1979, me preguntó
el ministro qué opinaba de la situación del Banco de Intercambio
Regional y del Banco de Los Andes. Respondí que prefería man-
tener nuestro diálogo sobre aspectos generales de los diversos
sectores económicos o financieros. Resalté que me parecía de
poco nivel y estilo hablar de la competencia. Le recomendé que
convocara al Dr. Rafael Trozzo y a Héctor Greco Titulares del
BIR y del Banco de los Andes respectivamente.
En octubre de 1979 Perina me comunicó que el ministro
me solicitaba un préstamo de U$S 700 mil para financiar la cam-
paña política presidencial del general Viola en los distintos sec-
tores de las Fuerzas Armadas pues la conducción del Ejército
quería que fuera el sucesor del general Videla. Respondí que si
era por el bien de la Patria no los prestaba, los donaba.
A esas alturas ya se sabía qué significaba que a uno le
pidieran un préstamo para algún destino específico en los altos
niveles del gobierno…Dos días más tarde, reunidos con el Minis-
tro en uno de nuestros encuentros mensuales le dije que había si-
do informado por el Dr.Perina de los fondos que se necesitaban.
Mi decisión era no prestarlos sino donarlos. El Ministro asintió
en silencio con la cabeza.
Más tarde alguien me comentó que el candidato del minis-
tro para suceder al general Videla era (?) el general Albano Har-
guindeguy.
Mientras tanto Perina con la plata que le dí financió una
publicación que escribía J osé Gobello, llamada Precisiones que
era repartida en todos los regimientos y unidades operativas de
las Fuerzas Armadas. Tuve información de que la inversión en la
revista, no superó los U$S 50 mil. Nunca pregunté sobre la apli-
cación del resto de los fondos.
En un almuerzo que ofrecí en el Banco Oddone, Perina
me presentó al Dr. J aime Perriaux, quien era el principal asesor
político del general Videla. Vinieron junto con el Dr. Acuña Anzo-
46
rena, a quien ya conocía. Durante el almuerzo debatieron entre e-
llos la sucesión política del PRN mientras yo escuchaba. Todos
coincidían en que en la salida del poder de facto hacia una alter-
nativa democrática se debía mantener el control del Ministerio
de Economía.
Sobre los postres, y luego de escuchar atentamente las o-
piniones de mis invitados, les pregunté si habían considerado que
si una sucesión del Proceso de Reorganización Nacional era una
alternativa democrática, con controlar el Ministerio de Economía
no alcanzaba: Había que generar una mística, una nueva visión
del país para darle una proyección política al sentimiento del
pueblo. Se produjo un silencio...No se habló más del tema...
Al Dr.Perriaux no lo vi nunca más, al Dr.Acuña Anzorena
sí. Incluso meses más tarde me pidió un puesto para su hijo a
quien designé en la sucursal Mercedes de mi banco. No llegó a o-
cuparlo debido al crack producido por la crisis de abril de 1980.
En noviembre de 1979, el Dr. Emilio Perina me comunicó
que el Ministro le había expresado su deseo de crear una publi-
cación doctrinaria sobre el ideario del PRN. Ella tendría la pu-
blicidad de todas las empresas del Estado y los entes guberna-
mentales oficiales y provinciales.
El Ministro quería que yo financiara el lanzamiento antici-
pando los fondos. A su vez me informó que me ofrecía comprar
el diario “La Opinión” o los bienes de la familia Gelbard –adminis-
trados por la CONAREPA– o, en su defecto, podía transferirme
el crédito de U$S 200 millones que el Banco Mundial había asig-
nado para la construcción de silos de campaña al Banco de la Na-
ción Argentina. En esos momentos yo era, a través de mi orga-ni-
zación agropecuaria, el más grande acopiador de cereales de la
Argentina. Mi respuesta fue que nunca había hecho negocios con
el Estado para ganar mi dinero y por tanto no entendía cómo era
eso.
Pasados los años y vistos los acontecimientos que
sucedieron, llegué a la conclusión de que el Grupo Oddone era,
en la visión del gobierno, un poder económico y financiero mos-
trenco, incontrolable e impredecible. Por ello necesitaban crear
una situación de dependencia como la que tenían con el resto de
47
los grandes grupos empresarios nacionales contratistas del Estado
y los bancarios tradicionales, entre los cuales habían distribuido
el control de la banca oficial y sus dependencias financieras.
La prueba más evidente de ello fue que –luego de la des-
trucción de enormes estructuras de producción como el Grupo
Greco en San J uan y Mendoza, el Grupo Sasetru y el mío– ni du-
rante el PRN, ni luego del advenimiento de la democracia, la Aso-
ciación de Bancos Argentinos, ni la Asociación de Bancos del
Interior, la Asociación de Bancos Extranjeros, ni tampoco las
cámaras empresarias a las cuales pertenecíamos, jamás pidieron
investigar las medidas arbitrariamente tomadas fuera de la ley
por el gobierno militar contra estos grupos económicos.
Tampoco lo hicieron con el advenimiento de los gobiernos
revisionistas de la democracia. Su negocio era eliminar la compe-
tencia. Más aún, muchos de ellos colaboraron con actitudes pa-
sivas o francamente colaboracionistas con las acciones del go-
bierno, para no impedir la caída de los grupos afectados.
En mi caso, la quiebra del grupo empresario se produjo
debido a que no fue homologada la convocatoria de acreedores
de una de mis empresas, propietaria de un puerto en Villa Cons-
titución, que estaba en construcción. El principal contratista
acreedor de esa empresa era una subsidiaria del Grupo Macri.
Cuando mi esposa, quien quedó a cargo de las empresas a
pedido del J uez Federal, vio la mala disposición del juez
Comercial Dr. Alejandro Máximo Paz, buscó reunirse con Franco
Macri, a quien conocíamos por salidas a cenar y otras reuniones
a las que habíamos asistido juntos. Utilizó como vehículo para el
encuentro a José Bartolucci, amigo común y socio –en ese tiempo–
de Franco Macri, a quien yo había apoyado financieramente en
sus empresas químicas y frigoríficas con mi banco. Lo fue a ver,
explicándole la situación. J osé le respondió que se comunicaría
con Macri y la llamaría. Pocos días después, Bartolucci llamó
para informarle que Franco Macri no la recibiría... Posteriormente,
Franco Macri sobrevivió a los colapsos financieros consecuencia
de la crisis bancaria contratando al general Albano Harguindeguy
con el módico honorario de U$S 50 mil por mes.
48
Harguindeguy, al igual que en el caso de Francisco Ca-
pozzolo, a quien también asesoraba, llamaba a los bancos di-
ciéndoles que debían aceptar el Club de bancos para reestructurar
las deudas porque sino: “les mandaba a los muchachos…”
Al producirse la junta de acreedores en la sala del juzgado
para decidir la aprobación de la convocatoria de acreedores de la
empresa Silos y Elevadores S. A., empresa propietaria del puerto
en Villa Constitución, los contratistas, entre los cuales el principal
era una subsidiaria de Macri, declararon ante el juez Paz que el
proyecto no era viable.
Luego de escuchar sus argumentos, mi esposa pidió la
palabra y les preguntó por qué si ellos consideraban que el proyecto
no era viable habían aceptado construir las obras. A los pocos
minutos todos estaban de acuerdo en aprobar la convocatoria.
La oposición entonces surgió del propio juez: el magis-
trado Alejandro Máximo Paz, consideró que aun cuando los acree-
dores estuvieran de acuerdo con la aprobación del concurso de
acreedores, él consideraba que el accionista Oddone no reunía
las condiciones morales para acogerse a ese beneficio. Por tanto,
declaró la quiebra.
La realidad era que necesitaban una primera quiebra para
poder quebrar por extensión todo el conglomerado, que fue el
paso siguiente dictaminado por el juez. Llegué a tener quebradas
empresas con más de U$S 50 millones de patrimonio y que no
tenían pasivos.
Cuando llegó a la presidencia el general Viola, el Dr. Acuña
Anzorena fue designado asesor presidencial, también el Dr.
Perriaux.
En ese tiempo yo estaba “haciendo patio”, preso en la
cárcel de Caseros. Ni el general Viola, ni el Dr. Acuña Anzorena,
ni el Dr. Perina, ni Perriaux se acordaron de quien puso U$S 700
mil sin pedir ni aceptar nunca nada.
Hubiera aceptado mi derecho a la vida en libertad...
* * *
49
Continuando con la secuencia del relato, en diciembre de
1979 la revista “Todo es Historia”, propiedad de Emilio Perina y
dirigida por el Dr. Félix Luna, organizó un encuentro en el Círculo
Italiano para diseñar la Argentina de la década de los ’80. Fueron
invitados líderes de todos los sectores: de las finanzas, el agro, la
industria, las Fuerzas Armadas, el clero, las artes, etcétera y, por
supuesto, el ministro Martínez de Hoz.
En la mesa estaban el Ministro, Merbilhaa, de la Fe-
deración Argentina de Cooperativas Agrarias; Celedonio Pereda,
de la Sociedad Rural; Avelino Porto, de la Universidad de Bel-
grano, Acuña Anzorena, la Sra. Susana Rinaldi, el Padre Braun,
Perina, etcétera. Fui a la reunión con un plan económico para la
década del ’80.
Parecía que el único que podía tener un plan económico o
ideas para una política económica nacional era el ministro de E-
conomía Martínez de Hoz. Los demás debíamos expresar con-
ceptos o sugestiones durante diez minutos medidos por un reloj
de arena. Me las ingenié para leer mi plan en diez minutos. Por
supuesto mis concepciones no se compatibilizaban con las del
ministro. Las principales, entre otras ideas, eran que rechazaba la
política de endeudamiento y ponía énfasis en la transferencia de
tecnología y la transformación agroindustrial de la Argentina.
Creo que en el siglo XX, como Ferns lo vio con respecto
al endeudamiento argentino del siglo XIX, la mayor o menor can-
tidad de préstamos no varía la textura del proceso de desarrollo
del país. Sí, en cambio, los ingresos de divisas que sean aportes
genuinos de capital.
Ésta no era la concepción que existía y aún existe en nues-
tro país: gran parte de los economistas profesionales creen en el
desarrollo económico por la vía del endeudamiento. La realidad
es que la deuda cubre el déficit fiscal que no quieren o no pueden
controlar poniendo como excusa al desarrollo económico.
Debido a esto, la deuda cada vez es mayor y con acreedores
más duros, como el FMI y ahora los inversionistas privados de
todo el mundo. Esta tendencia se revirtió a partir de 2003 pero
está retornando.
50
La síntesis de los discursos fue publicada por “Todo es
Historia” en febrero de 1980.
Recibí la revista en la Cárcel de Caseros, Unidad N°1 en
mayo de ese año.
51
52
Publicidad gráfica del Banco Oddone
CAPITULO III
Existen tres antecedentes institucionales relacionados con
la crisis financiera de 1980: el caso Pazmallmann S.A., el caso
del Banco de Hurlingham S. A. y el caso Promosur Cía. Financiera
S. A
1– En los prolegómenos del golpe militar de 1976, Arturo
Mallmann, titular de la firma de Corredores de Bolsa y de la em-
presa de inversiones Pazmallmann S. A., fue convocado –como
relata el protagonista en el opúsculo que escribiera años después–
por un oficial de la Marina retirado a reuniones conspirativas en
las que se indagaba su posición con respecto a los problemas del
país.
Escribe, a su pedido, opiniones de buena fe acerca de los
problemas nacionales –sin darse cuenta, como sucediera en casos
posteriores– que estaba condenado por anticipado. El 29 de marzo
de 1976, cinco días más tarde de producido el golpe de Estado,
fueron allanadas las oficinas del holding empresario y Arturo Mall-
mann fue secuestrado.
El recién asumido presidente de la República, general J or-
ge Rafael Videla, emitió un decreto poniendo al detenido a “Dispo-
sición del Poder Ejecutivo” bajo la calificación de “Delincuente
Subversivo Económico”. Respaldado en ese decreto y en los acuer-
dos de las Fuerzas Armadas argentino–uruguayas para la lucha
antiguerrillera (Plan Cóndor), fueron allanadas en el Uruguay
las oficinas de Pazmallmann Montevideo S.A. solicitando el apo-
yo a las Fuerzas Armadas uruguayas debido a que “los Servicios
de Información argentinos habían detectado el nido financiero
de la subversión argentina”.
El episodio terminó en un papelón para el gobierno ar-
gentino, porque el “nido” no existía y los inversores financiaban
con sus fondos desarrollos agrícolas y ganaderos pioneros en el
noroeste argentino. No era extraño que esto sucediera: detrás del
53
operativo, conduciéndolo e instigandolo estaba el inepto general
Albano Harguindeguy, uno de los más corruptos exponentes desa-
rrollado al amparo del PRN.
Por supuesto, el allanamiento uruguayo fue convalidado,
después de efectuado, por Arturo Mallmann bajo “apriete” en el
Departamento de Policía. Desde luego nunca hubo un sumario
administrativo instruido por el Banco Central, (paso previo obli-
gado según la Ley de Entidades Financieras para iniciar cualquier
acción contra un operador del mercado).
Tampoco la Dirección General Impositiva se sintió afec-
tada por la empresa ni por los inversores. Consecuentemente, la
J usticia Federal Penal nunca emitió un fallo al respecto.
Arturo Mallmann murió sin ser reivindicado.
2– Juan Chavanne era, en noviembre de 1976, un vendedor
exitoso de terrenos para turismo y fraccionamientos de tierra.
Había desarrollado un mercadeo de venta directa a través de un
ejército de señoras y señoritas muy bien puestas, con las que llegó
a facturar casi U$S 5 millones mensuales. En ese mes de no-
viembre fue visitado en sus oficinas por el escribano Horacio
Oyhanarte y el Dr.López Resende, quienes le ofrecieron en venta
el Banco Hurlingham S.A.
El banco era propiedad de Isidoro Miguel Graiver y la
Sra. Lidia Papaleo –por su hija menor María Sol Graiver–. Cha-
vanne se interesó en el negocio ya que un banco mediano era un
vehículo ideal para el financiamiento de sus negocios inmobi-
liarios. Era consciente de que la operación era complicada pues
la familia vendedora estaba seriamente cuestionada por sus pre-
suntas vinculaciones financieras con los terroristas montoneros.
Por ello contrató para asesorarse a un gran jurista: el Dr.
J ulio Oyhanarte, primo del escribano. El asesor jurídico de Cha-
vanne era el estudio M&M Bomchil, quienes debían determinar
con qué características debería efectuarse la compra, teniendo en
cuenta lo delicado de la situación del banco y el momento político
que se estaba viviendo.
Los asesores con la responsabilidad de auditar el banco
54
–si se decidía la compra–, era el estudio contable López, González
& Raimondi Asociados. Los asesores coincidieron en que la com-
pra era viable y ventajosa.
Se fijó cierre la compra para el día 27/12/76. Al concretarse
la transacción se estipuló su perfeccionamiento sujeto a dos condi-
ciones recomendadas por los asesores: 1) la auditoría y 2) la apro-
bación de la transferencia por parte del Banco Central.
Los resultados de la auditoría fueron satisfactorios pero
el Banco Central puso dos objeciones para la transferencia del
paquete accionario: la carencia del grupo comprador de capital
líquido para desarrollar el Banco y la falta de idoneidad de los
compradores para operarlo.
La primera objeción fue superada mediante la incor-
poración del Grupo Empresario de Industrias Siderúrgicas Grassi
S.A. a través de su principal accionista y la segunda mediante la
contratación de una gerencia profesional compuesta por los Sres.
Alejandro Reynal; Miguel Pérez; Carlos Etcheverrigaray y Rafael
Seragopian (según me informara personalmente J uan Chavanne).
Todos estos funcionarios provenían de la Banca Morgan
en la Argentina y, casual o causalmente, fueron los que tuvieron
directa o indirectamente el manejo operativo de la crisis financiera
de 1980 desde el Banco Central entre otros que se mencionarán
más adelante.
Una vez perfeccionada la operación, se conformó el nuevo
directorio compuesto por las siguientes personas: Presidente: Sr.
J orge Tejerina; Vicepresidente: Sr. J uan Chavanne; directores:
general Mario Laprida, Rafael Olarra Giménez, Sr. Marcelo Cha-
vanne y Sr. Federico Chavanne. La sindicatura quedó a cargo de
la firma López, González & Raimondi Asociados.
A los treinta días, el banco fue intervenido por la CONA-
REPA (Comisión Nacional de Reparación Patrimonial, órgano
dependiente de la CAL (Comisión de Asesoramiento Legislativo),
institución que reemplazó bajo la dictadura las funciones del Poder
Legislativo), instituto utilizado para administrar las confiscaciones
determinadas por el Poder Ejecutivo.
55
Gabriel Casino. El banco estuvo en todo momento coadministrado
por el Banco Central, a través de sus veedores, los Sres. Maino,
Ilundain y Zemborain.
El grupo comprador nunca pudo, desde que asumió, o-
torgar un crédito, ni autorizar un giro en descubierto para algún
cliente. Los créditos solicitados por accionistas, cuando se e-
fectuaron, fueron garantizados siempre en exceso con garantías
reales hipotecarias. Frente a esta situación de ingobernabilidad,
el paquete mayoritario del banco fue vendido el 29/06/78 a In-
dustrias Siderúrgicas Grassi S.A.
Al mes siguiente de producida la venta, en julio de 1978,
llegó una denuncia anónima, (metodología habitual para abordar
a un grupo económico previamente sentenciado), a la Comisión
Nacional de Valores contra Industrias Siderúrgicas Grassi S.A.,
objetando la compra del paquete accionario del banco en U$S 10
millones.
Según la denuncia, la inversión no estaba considerada den-
tro de los estatutos de la sociedad. A partir de entonces comienza
una contienda de perfiles ásperos entre la Comisión Nacional de
Valores e Industrias Siderúrgicas Grassi S. A.
En septiembre de 1978, el Sr. J uan Chavanne, su esposa
Sharon, el Sr. Grassi y otros, son secuestrados de las oficinas del
estudio jurídico del Dr. Mario Satanowsky quien estaba estudiando
si aceptaba el caso. El Dr. Satanowsky es secuestrado junto con
ellos. Su permanencia en Campo de Mayo transcurrió desde el
14/09/78 hasta el 26/12/78. Durante ese período los protagonistas,
encapuchados, sufrieron largos interrogatorios ante un auditorio
numeroso.
Para presionarlos, estando desnudos, los interrogadores
dejaban correr gotas de agua hirviente desde el cuello por la co-
lumna vertebral hasta la base de los genitales. La Sra.Sharon Dug-
gan, esposa del titular –quien estaba embarazada– presenció 29
simulacros de ejecución de su esposo. Los simulacros también
eran efectuados con los otros detenidos, según me relatara
Fue designado un nuevo presidente: el general Alfredo
personalmente Mario Satanowsky quien fuera desde mis inicios
56
3– Promosur Compañía Financiera S. A. fue liquidada en
febrero de 1980. Fue la antesala de la crisis de abril de 1980. Qui-
se escuchar el relato de los protagonistas sobre su caso. Nunca
demostraron interés en hacerlo. Tal vez porque cuando les sucedió
eran muy jóvenes y en estos años lograron sacarlo de la mente.
Tal vez por miedo...De cualquier forma hay que respetar las ra-
zones de silencio de las personas aunque nunca dejarán de haber
sido el tercer antecedente.
mi abogado personal.
3
El 26 de diciembre de 1978 fueron transferidos al Pabellón
de Subversivos de Villa Devoto, desde donde posteriormente se
los alojó en pabellones de presos comunes. Durante el proceso
judicial y ya “blanqueados” los detenidos (anteriormente secues-
trados), la Fiscalía Federal Penal nunca llamó a declarar a los a-
sesores jurídicos J ulio Oyhanarte, M&M Bomchil o los contado-
res López, González & Raimondi.
Pasados los años, al recuperar la libertad, los militares les
dijeron que había sido un error, que se habían equivocado...El Sr.
J uan Chavanne les creyó. Consideró que si no se hubieran equi-
vocado estarían muertos.

El caso Banco Hurlingham S.A. se pro-
dujo debido al interés de dos grupos económicos interesados en
apropiarselo. Uno de ellos presionaba a través del Banco Central
utilizando a su vicepresidente 1º de ese momento, el Dr. Christian
Zimmermann y era un grupo financiero de los considerados tra-
dicionales: el Banco Ganadero propiedad de la familia Ocampo,
comandado por su presidente, Narciso Ocampo. El otro era un
grupo de las fuerzas armadas vinculado a la Marina, cuya cabeza
era el almirante Massera, miembro de la Junta de Co-mandantes
en J efe. El secuestro de los protagonistas fue una operación
combinada de la Marina y el Ejército, dirigida por Raúl Guglielmi-
netti, actualmente preso.
3
En 1985, al regresar de mi exilio, Marcelo Chavanne me comentó que los in-
terrogadores encapuchados eran el Dr. J uan Etchebarne y el Dr. Garris, pre-
sidente el primero y director el segundo de la Comisión Nacional de Valores.
57
Revista Mercado, noviembre 8 de 1978, Año XI N°528
58
CAPITULO IV
Durante el último semestre del sexto grado de la escuela
primaria decidí rendir el examen de ingreso al Liceo Militar Gene-
ral. San Martín, por aquello de la emulación del padre.
Creo que un hijo siempre pasa por una etapa en la cual
quiere identificarse con su padre. Cuando se define su persona-
lidad toma cuenta que puede optar por la misma profesión a sa-
biendas de que nunca será como él.
Los dos años que pasé en el Liceo Militar me marcaron
profundamente. Allí me di cuenta de que mi carrera no era la mi-
litar. También comprobé que había una rebeldía inmanente a mi
propio ser.
Lo más positivo durante este período fue el corte del cor-
dón umbilical con la familia. El aprendizaje para valerme por mí
mismo. La enorme experiencia del compañerismo y la profunda
significación de la amistad.
En esos dos años salí del instituto pocas veces, porque
pasaba los fines de semana arrestado por problemas de rebeldía o
insubordinación. Durante esos fines de semana, recluido en esa
suerte de monasterio vacío en el que se transformaba el instituto,
comencé a desarrollar mi afición por la lectura.
Comencé leyendo novelas de cowboys y fui evolucionando
hacia la literatura, la filosofía y la historia. Con algunos compa-
ñeros de inclinaciones afines empezamos a esbozar una especie
de club literario donde nos dábamos a conocer opiniones mediante
“construcciones literarias”, ya fueran éstas cuentos, ensayos o
poesías.
Allí conocí mediante la lectura a gran parte de los clásicos
españoles, a filósofos como Ortega y Gasset, Swami Vivekananda,
a escritores como Alejo Carpentier y Eduardo Mallea. Sentí la
profunda emoción de “Historia de una pasión argentina” y el
dolor sereno y extático de “La penúltima puerta”.
59
También experimenté el sabor de la aventura en las “ex-
pediciones” internas, por los lugares prohibidos para los cadetes
castigados en esas noches de frío, soledad y tristeza.
Nunca fui un buen estudiante, pero siempre pasaba mis
ratos libres leyendo los temas que me interesaban. Muchas veces,
en los años de lo que para mí fueron de conquistas empresarias,
pensaba que no hubiera imaginado o creado los proyectos que
estaba desarrollando si no me hubiera auto impuesto aquella for-
mación humanística de la adolescencia rebelde y solitaria de los
militares y los curas. Era como un ir y venir entre la disciplina del
“deber hacer” para la sociedad y el “distribuir riqueza” en busca
de una justicia social.
A finales del segundo año, estuve privado de salir hasta el
día anterior a Navidad, como consecuencia de un enfrentamiento
con un teniente que se propasó avasallando agresivamente con
su superioridad física a uno de los compañeros más débiles y de
menor estatura de nuestra compañía (cada curso estaba dividido
en compañías: 1ra., 2da., etcétera).
Cuando lo enfrenté preguntándole por qué no me apretaba
a mí, que tenía su mismo tamaño o más, me replicó ordenándome
que me pusiera en la posición de firmes y a partir de ese momento
inició una persecución jerárquica imposible de sostener.
Decidí irme. Quería volver al Colegio del Salvador, mi
querido colegio de la primaria, pero ya no encontré vacante. Con-
tinué cursando el secundario en el Colegio San J osé de la calle
Azcuénaga y Bartolomé Mitre.
A pesar de que me fui del Liceo Militar General San Martín
continué la relación con mis compañeros de curso hasta hoy y el
encuentro con ellos todas las semanas cuando estoy en la Argentina
continúa siendo una de las experiencias más gratificantes.
En el Colegio San J osé cursé dos años hasta los diez y
seis, momento en que decidí ganarme la vida. De este colegio
tengo el recuerdo de tres grandes amigos: Eduardo Castelli, a
quien en cierta forma le debo haber llegado a ser banquero, Carlos
Payá, hoy escribano e historiador, con quien pasábamos horas in-
terminables debatiendo sobre historia, filosofía y política dentro
60
de la Academia Literaria del colegio y en los recreos con Tomás
Wetzel, compañero de frustraciones económicas y problemas
existenciales.
* * *
Hay momentos en la vida en que determinados nombres
y personas se asocian a determinadas circunstancias. No sé si
atribuir esto a la casualidad o a la causalidad de un orden superior,
pero es así. En todos los hechos que conforman los prolegómenos
de mi destrucción Emilio Perina estuvo presente.
Máximo Intaglietta es un tradicional operador de cambios
del mercado argentino de mucho prestigio y gran corrección. A
pesar de que nunca hicimos grandes negocios juntos, mantenemos
una férrea amistad a través de los años y siempre que pudo –par-
ticularmente en los duros años posteriores a la caída de mi grupo
empresario– me ayudó. Siempre trató de brindarme aperturas de
relaciones y contactos para que pudiera rehacerme económi-
camente.
Me presentó al Dr. J orge Baeza en una comida para varios
matrimonios amigos suyos que ofreció en su casa. Pasados los
meses consolidamos, mi esposa y yo, una fuerte amistad con Baeza
y su esposa Graciela.
J orge Baeza fue, durante muchos años, el hombre de con-
fianza de Roberto Noble, el brillante empresario fundador del
diario Clarín. Una noche de 1990 fui invitado a cenar en casa de
los Baeza debido a que J orge quería presentarme a su gran amigo
Rogelio Frigerio y a otros amigos.
Nunca había tenido oportunidad de conocer a don Rogelio,
el ideólogo fundador del Movimiento de Integración y Desarrollo,
agrupación política con la que sí colaboró estrechamente mi primo
Pancho Oddone y que –a fines de los años 60– acompañó a ese
gran estadista que fue el Dr. Arturo Frondizi.
Durante la cena pregunté por Perina, pues yo sabía que
había militado en la UCRI y en el MID y había estado envuelto
en temas petroleros durante la administración de Frondizi.
61
Allí me enteré, según la opinión de Rogelio Frigerio, que
la publicación que yo había financiado en 1979 y que escribía
J osé Gobello, “Precisiones”, se hizo para desprestigiarlo a él y al
MID frente a las Fuerzas Armadas, en la época del PRN.
También me enteré en esa comida que Emilio Perina sirvió
en diversas oportunidades al Servicio de Informaciones del Estado
y la CIA, la Central de Inteligencia de los Estados Unidos de
Norteamérica.
Nunca pude comprobar esto. Me llamó la atención que
cuando comenzó la corrida financiera de 1980, Perina me vino a
visitar al banco y me dijo que si tenía algún problema financiero
la banca judía de Nueva York podía solucionármelo. En esa opor-
tunidad le respondí que valoraba su preocupación, pero que yo
no tenía ningún problema de índole financiero. De todas formas,
le agradecí la intención y esto tiene que ver con lo que relataré a
continuación.
En enero de 1980, estando de vacaciones en las playas de
Pinamar, me vino a visitar a casa mi amigo Coco Wackmaister,
quien desde hacía muchos años trabajaba, mediante una asociación
de negocios, con la firma proveedora de máquinas para la industria
Berhent & Mattel.
Me informó que la General Motors Corporation vendía
sus plantas industriales de la Argentina llave en mano y me pre-
guntó si me podía interesar comprarlas asociado con ellos para
vender los equipos industriales y hacer el negocio inmobiliario
de las propiedades.
Estuvimos reunidos varias horas con la presencia también
del común amigo Jorge Zuckerman. Recuerdo que era un domingo
por la mañana. El lunes por la mañana ordené a mi central de
Buenos Aires que compraran un pasaje para Nueva York para esa
noche.
Llegué a Ezeiza con la ropa que traía desde Pinamar. A la
mañana siguiente, ya en Nueva York, me esperaba mi asistente
en el aeropuerto para llevarme a la oficina. A las once de la mañana
me reuní con mi amigo J ohn Libby, ejecutivo de Lehman Brothers,
mis banqueros de inversión en EE.UU.
62
Ellos me asesoraban en las adquisiciones de empresas.
Le expliqué mis intenciones con General Motors Argentina. In-
mediatamente llamó a Detroit y concretó una reunión con el Chief
Executive Officer de General Motors Corporation para el miér-
coles a las nueve de la mañana. Almorzamos en un restaurante de
Wall Street y fuimos al aeropuerto de La Guardia, donde nos es-
peraba un jet privado para llevarnos a Detroit. En el viaje pla-
neamos la propuesta de compra para General Motors.
Con el asesoramiento de Lehman Brothers, yo había com-
prado a NL Industries de los EE.UU. la National Lead Company
S. A. de Argentina y sus empresas subsidiarias. Libby me describió
la personalidad del hombre que íbamos a ver, el Sr. Wolf, y su
historia. Llegamos a Detroit, cenamos frugalmente en el hotel
(cuando hay por delante una negociación importante, para mi
gusto, es conveniente tener hambre).
Al día siguiente, a las nueve menos diez, entramos en
General Motors Corporation. Estuvimos reunidos una hora y me-
dia. Cuando salimos estaba eufórico: había comprado la planta
de San Martín y la planta de Barracas con toda la maquinaria a-
dentro, más la residencia del presidente de la empresa en el barrio
de Belgrano R la cual tenía media hectárea de terreno, todo, en
un valor de U$S 14 millones. ¡El valor histórico de libros de la
General Motors Corporation Detroit!
Además, tomé la licencia para la representación de General
Motors por cinco años para atender el servicio de repuestos del
parque automotor y de camiones preexistentes y la representación
para la venta de automóviles nuevos de importación.
También negocié la licencia para la fabricación en la Ar-
gentina del motor diesel para automóviles y camiones.
Ya no pensaba en vender las máquinas. Cerraría la planta
de Barracas donde proyecté un shopping center para la zona Sur,
e iba a reactivar la planta de San Martín reincorporando a los mil
cien empleados y obreros despedidos por General Motors Ar-
gentina.
Cuando llegué a Buenos Aires de regreso hice una inspec-
ción de todas las plantas con personal técnico.
63
La bauticé Complejo Industrial General Roca S. A.
En el plan estratégico de la adquisición, y de acuerdo con
el parque de maquinarias existente, decidí dividir la planta de
San Martín en cuatro plantas industriales: una para la fabricación
de contenedores para exportación; otra para electrónica; la tercera
para fabricar cigüeñales, con la que comencé a establecer un acuer-
do de complementación con Volkswagen do Brasil, y la última
de matriceria –la más importante de Sudamérica– la cual trabajaría
para Fabricaciones Militares y la Fuerza Aérea Argentina.
Los acuerdos finales deberían ser establecidos en Buenos
Aires, con los abogados de General Motors, quienes eran el Estu-
dio J urídico Allende & Brea.
Nunca se pudo llegar a estos acuerdos finales.
Pareció que para los abogados de General Motors era más
negocio el desguace de las plantas que la reapertura. Años después
me enteré de que el ministro Martínez de Hoz había dado un mal
informe de mi persona a la embajada de los EE.UU.
La compra se murió.
Me quedó la satisfacción de una experiencia importante
de negociación con la mayor empresa del mundo y haber sido a-
ceptado por ella para adquirir sus activos y representar su nombre.
No fui aceptado por mi país para lo mismo. Curiosamente
el Dr.Emilio Perina fue encargado por mí para informar al mi-
nistro de Economía Martínez de Hoz sobre los resultados de la
negociación y el nuevo proyecto empresario que estaba en marcha
en la República Argentina.
64
CAPITULO V
A mediados de marzo de 1980 comencé a preocuparme.
Por varios canales de información vinculados con el cir-
cuito financiero y la Bolsa de Comercio me comentaban que algu-
nos directores del BCRA informaban a sus visitantes que había
cuatro bancos en problemas dentro del sistema financiero: el Ban-
co de Intercambio Regional, el Banco de Los Andes, el Banco In-
ternacional y el Banco Oddone.
Hasta entonces, el único banco que se sabía que estaba en
una reestructuración consentida por el Ministerio de Economía y
el Banco Central era el Banco de Intercambio Regional. Esto se
debió a que el ministro Martínez de Hoz había “asignado” el banco
a uno de sus promotores publicitarios en los EE. UU., en diciembre
de 1979.
Para esa época, Raúl Piñeyro Pacheco ya estaba técni-
camente en quiebra con su compañía exportadora de porotos.
Raúl Piñeyro Pacheco se jugó el desafío de asumir el Ban-
co de Intercambio Regional S.A., su principal acreedor, pues si
lo reflotaba solucionaba su problema empresario de deuda a la
vez que se apropiaba del principal banco del país sin pagar un
centavo.
Como no reunía las condiciones de idoneidad para asumir
el banco, armó un directorio aceptable para el Banco Central y
las autoridades económico-militares de la época.
Rafael Trozzo, el propietario original, había huido hacia
México avisado por sus amigos del Ejército: los generales Galtieri,
Suárez Mason; de la Marina, Massera y de la Aeronáutica, Agosti
a los cuales subvencionaba desde hacía tiempo.
Este directorio conformado por el Dr. Mariano Grondona,
quien lo llevó de la mano a hablar con Martínez de Hoz, (semina-
rista arrepentido, redactor del Comunicado 150 declarativo del
golpe de Estado protagonizado por el general Juan Carlos Onganía
65
(años más tarde, también públicamente, se arrepentiría de haberlo
escrito), y a la sazón, director de la revista Carta Política, propiedad
de Raúl Piñeyro Pacheco. Alternaba estas funciones actuando co-
mo asesor periodístico del Dr. Rafael Trozzo desde que éste adqui-
riera la revista Confirmado al Sr. J acobo Timerman), el Dr.Wen-
ceslao Bunge, los señores Eduardo y Luis Patrón Costas, Carlos
Cámpora Mitchell, Juan Bautista Peña (h) y el Sr. Martín Lecuona
de Prat.
Raúl Piñeyro Pacheco era un cuarentón alto, apuesto, que
se había iniciado como Agente de Aduanas en la provincia de
Salta y crecido económicamente a la sombra de la familia Patrón
Costas.
Una vez dentro del Banco de Intercambio Regional, para
determinar su viabilidad y deslindar responsabilidades, encargó
un análisis evaluativo de factibilidad del banco a la consultora
estadounidense Arthur D. Little & Co., la que finalizó su informe
en febrero de 1980, indicando que el Banco de Intercambio Re-
gional era perfectamente recuperable. Este informe fue enviado
por Piñeyro Pacheco al directorio del Banco Central y al ministro
de Economía Martínez de Hoz.
El último día hábil de marzo de 1980, un viernes aciago,
el directorio del Banco Central, en un operativo sorpresa, decretó
la liquidación del principal banco del circuito nacional, el Banco
de Intercambio Regional S.A.
El banco no había entrado en cesación de pagos y no estaba
en rojo en su cuenta del Banco Central de la República Argentina,
por ello nunca el Banco Central pudo perfeccionar su quiebra.
Meses después de la liquidación comenzó a plantearse a
través de los medios de comunicación social el problema de los
inversores en plazos fijos nominados en dólares del Banco de In-
tercambio Regional S. A. El Ministerio de Economía y el Banco
Central decidieron no pagarlos aludiendo a que habían sido ro-
bados por el Dr. Trozzo y sus sucesores, a pesar de que inicial-
mente se declaró públicamente lo contrario. La realidad fue que
el gobierno necesitaba mantener vigente el escándalo y la con-
moción pública dentro del contexto social del país.
66
Los fondos de los depositantes en moneda extranjera del
BIR fueron invertidos en depósitos a plazo o en cuenta corriente
en bancos norteamericanos de primera línea, previamente au-
torizados por el Banco Central de la República Argentina.
Lo que efectivamente sucedió, luego de la liquidación
compulsiva del banco el 31 de marzo de 1980, fue que el Dr.
Martínez de Hoz instruyó personalmente al liquidador designado
por el Banco Central, el Dr.J erónimo Corazin, excelente fun-
cionario de carrera de la institución rectora del sistema financiero,
para que vendiera las divisas equivalentes a la mitad de los de-
pósitos convirtiéndolos en pesos: “Se trata de cambiar la posición
de una moneda fuerte, (el dólar), por otra moneda fuerte, (el
peso)” le instruyó el Ministro (sic).
Luego de disponerse la devaluación del peso, por parte
del ministro Martínez de Hoz y luego las de su sucesor, el ministro
Lorenzo Sigaut como consecuencia del estallido del plan econó-
mico diseñado por el primero desde 1976 en adelante, los dólares
de los depositantes no estaban más. Se habían licuado.
Por tanto, aunque se quisiera, no se podían reintegrar a
los inversores. Excepto que el Banco Central hubiera estado dis-
puesto a asumir la pérdida producida por la conversión de dólares
a pesos ahora devaluados cosa que ningún funcionario se hubiera
atrevido a hacer.
Entretanto el gobierno continuaba, a través de la prensa y
los comunicadores sociales adictos, particularmente el Sr. Ber-
nardo Neustadt y el diario Ámbito Financiero y un inversor de-
fraudado, el Dr.Rascovsky, con las acusaciones ante la opinión
pública y los depositantes denunciando a “los banqueros la-
drones”.
De esos depósitos en dólares, que sumaban importes su-
periores a los U$S 50 millones, sólo había U$S 1.500.000 afec-
tados a operaciones de exportación de clientes del Banco de Inter-
cambio Regional, los cuales fueron cobrados por el liquidador,
sin perjuicio para el banco.
Me había enterado de la liquidación del BIR dispuesta
por el Banco Central a última hora, cuando salía para mi haras de
67
Capilla del Señor. Durante el fin de semana me pregunté qué ha-
bría pasado pues no había mucha lógica en la decisión: el Dr. Ra-
fael Trozzo, presidente y principal accionista del BIR, se había
ido a México en noviembre o diciembre de 1979.
El directorio del Banco de Intercambio Regional desig-
nado con posterioridad y su protagonista en la sucesión, Raúl Pi-
ñeyro Pacheco, eran adictos y asociados al régimen. El informe
de la consultora norteamericana contratada para verificar su
viabilidad, había determinado sin lugar a dudas de que era viable…
No conseguía entender qué estaba pasando…Pensé en un conflicto
de palacio...en una turbulencia en el alto nivel del gobierno.
El lunes a la mañana llamé por teléfono a uno de mis ase-
sores legales, el Dr. Emilio Cárdenas:
L.A.O. —Emilio, ¿Qué es esto del BIR?
Cárdenas —No lo sé. Lo único que sé es que el viernes a la noche,
en el directorio del Banco Central se brindó con champagne (sic).
Oddone —Pero,¿se brindó por la liquidación del BIR?
Cárdenas —Sí, se brindó por la liquidación del BIR.
Dos meses más tarde, cuando ya había sido secuestrado y
blanqueado y mientras estaba preso en la Unidad 1 de Caseros,
el Lic.Alejandro Reynal convocó a mi esposa a su despacho en el
directorio del Banco Central, para recomendarle la conveniencia
de contratar al Dr. Emilio Cárdenas como abogado defensor del
Banco Oddone.
Mi esposa me trasmitió el mensaje durante una visita en la
cárcel y le dije que no lo hiciera. Le expliqué que con Emilio quería
mantener una relación profesional y de amistad digna, como la que
tuvimos hasta ese momento.
El lunes al mediodía comenzó el “baile”. La debacle del
sistema financiero argentino más importante desde comienzos
del siglo XX, desencadenada por el gobierno del Proceso de Re-
organización Nacional. Al abrir las puertas de los bancos las colas
ya estaban formadas en las calles frente a sus puertas...decenas de
68
personas empezaron a retirar los depósitos de mi banco y de todos
los bancos.
Puse a funcionar los teléfonos y las teletipos con los colegas
del sistema financiero, con nuestras sucursales de la Capital Federal,
Gran Buenos Aires y el interior del país. En todos lados pasaba lo
mismo, los depósitos se iban; pero en el interior era más lento que en
la capital, aunque con la misma tendencia.
Los bancos colegas me decían que habría que recurrir al call
money si la tendencia se mantenía dos o tres días, pero el Banco O-
ddone era uno de los principales operadores en ese mercado, pues
nosotros financiábamos el 40% de nuestra cartera de créditos con
call money desde hacía meses, para promediar el costo financiero de
la tasa pasiva.
4
El martes 1º de abril, los operadores de la mesa de dinero
y nuestros cuadros gerenciales de todo el país comenzaron a tra-
bajar a las 8 de la mañana. Seguíamos consiguiendo call money
pero las colas de depositantes ya no eran decenas de personas si-
no cientos, y ahora en todas la sucursales del país: desde San Sal-
vador de J ujuy hasta Río Gallegos.
Nuestros proveedores de dinero interbancario eran los bancos
privados provinciales y los bancos cooperativos. Ni los bancos es-
tatales, ni los bancos tradicionales, ni los bancos extranjeros, nos da-
ban préstamos interbancarios pues no pertenecíamos a su “Club”.
Cubrimos los vencimientos del call money y parte de los re-
tiros con recursos propios y nuevos préstamos interbancarios. Tu-
vimos que utilizar el préstamo de redescuento normal a que nos daba
derecho el Banco Central por la diferencia entre lo captado en el
mercado y la fuga de depósitos.
4
Los bancos se financian con depósitos de los clientes y con fuentes alternativas
de financiamiento. Una de ellas es el préstamo interbancario. El préstamo in-
terbancario se contrata por días o hasta por horas. Cuando los mercados están
líquidos, las diferencias de tasa entre el depósito corriente y el call money pue-
de ser, como en aquella época, hasta del 40% anual. Por esta razón, nosotros
financiábamos un porcentaje tan alto de la cartera con call money. Nadie podía
prever que el gobierno iba a provocar en 24 horas una reversión total del mer-
cado.
69
Hice llamar a ciento cincuenta bancos de la Capital Federal
El día miércoles, 2 de abril, tuvimos que utilizar un prés-
tamo por medio del redescuento extraordinario...Y ya no iba a
haber más plata...ni del mercado ni del Banco Central… El jueves
3 comenzaba la Semana Santa...Tenía cuatro días feriados por
delante... El lunes el Banco Oddone no podría abrir sus puertas.
Hablé con Ángel Cholo Pini, director y accionista del Nue-
vo Banco Italiano, actualmente Banco de Crédito Argentino: su
banco estaba igual que nosotros, pero a ellos les estaba dando
call money el Banco de la Nación, el de la Provincia de Buenos
Aires, La Caja Nacional de Ahorro y Seguro, el Banco Hipotecario
Nacional y el Banco Nacional de Desarrollo.
Me reuní con J uan Acosta y Horacio Scapparone, director
financiero y jefe de mesa de mi banco respectivamente. Decidimos
hablar al Banco de la Nación y al Citibank.
El Nación nos dijo que por instrucciones de su presidente,
Juan Ocampo, sólo nos darían fondos contra obligaciones de com-
pañías multinacionales o las diez más grandes compañías argen-
tinas.
El presidente del Banco de la Nación Argentina era el Dr.
J uan Ocampo, hijo de Narciso, presidente de la Asociación de
Bancos Argentinos y ambos eran los dueños del Banco Ganadero
Argentino S. A., actuando en el sector público en un claro conflicto
de intereses. Años más tarde, al momento de quebrar, el Banco
Ganadero Argentino S.A. fue absorbido silenciosamente por el
Banco Río de la Plata S.A. en un acuerdo privado entre el Banco
Central y la Asociación de Bancos Argentinos. Evidentemente el
Banco Ganadero no era de los bancos que debían ser liquidados
por el Banco Central.
El Citibank, presidido en esos momentos por el Dr. Carlos
Correa, nos respondió que no estábamos calificados para una línea
de crédito…
70
y del Interior del país: todos se venían despeñando por la ladera
de la montaña de depósitos excepto aquellos que eran auxiliados
con fondos de la banca estatal oficial y/o por la banca extranjera.
El miércoles invité a almorzar en el restaurante de la Cá-
mara de Sociedades Anónimas a mi asesor legal Emilio Cárdenas.
Necesitaba una opinión legal por lo que podía venir...
L.A.O. —Emilio, el sistema se está desmoronando. Yo el lunes
no puedo abrir el banco. ¿Qué hago?
Cárdenas —Tenés razón, se están cayendo todos... Todo el sis-
tema... Van a tener que hacer algo...
L.A.O. — ¿Y si no hacen nada? Vos sabés que a mí nadie me da
crédito. Ni de los bancos oficiales, ni de los extranjeros. Yo soy
el banquero de mi grupo empresario y tengo 5.500 personas que
cobran todos los meses, más los empleados indirectos, que son
30 mil. Además, se me va a venir encima el Banco Central, por la
concentración de crédito en el Grupo Empresario.
Cárdenas —Pero eso es una trasgresión normativa que se solu-
ciona, con un plan de encuadramiento presentado al Banco Cen-
tral.
L.A.O. —Lo sé. ¿Pero, quién sabe lo que quieren hacer estos
locos? El Nación solo me da crédito contra obligaciones de em-
presas multinacionales y yo no trabajo con multinacionales, tra-
bajo con medianas nacionales y con las mías, debido a que no
tengo pasivo externo a mi propio grupo...
Cárdenas —Hay que esperar a ver qué es lo que hacen…
El jueves 3 comenzó el feriado de Semana Santa. Se pro-
longaría hasta el domingo. Ese día, el directorio del Banco Central
promulgó la Circular 1051 de redescuento extraordinario para si-
tuaciones transitorias de iliquidez del sistema financiero.
Con toda ingenuidad los grupos afectados creímos que el
directorio del Banco Central quería ayudarnos o quería preservar
la base institucional del sistema financiero.
71
A la semana siguiente cuando se comenzó a operar con el
nuevo mecanismo nos dimos cuenta de que se salvaban ellos del
escándalo público pero nos hundían a nosotros más rápido.
J ustificaban ante la opinión pública y la prensa el encar-
celamiento, la intervención, la liquidación y el posterior robo de
nuestras organizaciones empresarias.
El mismo día en que se publicó la implementación de la
Circular 1051, el diario La Nación publicó un artículo firmado
por el Sr. Eduardo Bonelli, en clara connivencia con las autori-
dades del Ministerio de Economía y del Banco Central, en el cual
se afirmaba que dentro del sistema bancario había tres bancos
con problemas serios: el Banco de Los Andes, el Banco Internacio-
nal y el Banco Oddone.
El lunes 11 de abril, alimentada por esa noticia, comenzó
la verdadera debacle.
Las calles del microcentro hervían. Grupos de personas
se reunían a las puertas de los bancos. Peatones que, probable-
mente mezclados con personal de los servicios de inteligencia
del gobierno, mientras caminaban gritaban que se caían los bancos
de Los Andes, Internacional y Oddone...
A mi banco se le fueron U$S10 diez millones de depósitos
el primer día; U$S 15 millones el segundo... El vicepresidente 1º
del Banco Central, Lic. Alejandro Reynal, comenzó a convocarme
todos los días. Cuando él no me recibía, lo hacía el vicepresidente
2º, el almirante Andrés Cobas, quien era el hombre del almirante
Massera, miembro de la J unta Militar en el directorio del Banco
Central.
El Banco Central estaba supervisado directamente por la
Marina, de la misma manera que algunos jueces de la J usticia Fe-
deral. Cada Fuerza tenía sus jueces designados en el Poder Judicial
para manejar y presionar sobre sus temas de interés personal.
Felizmente los fondos pedidos por nosotros fueron de-
vueltos al Banco Central al restablecerse la Garantía sobre los
Depósitos.
72
Cuando llegó la Intervención ilegal del Banco Central,
siguieron tomando fondos que nunca se supo adónde fueron…
* * *
A los dieciocho años conocí a Nora, mi esposa, en una
reunión de cumpleaños familiar. Fui a la fiesta sin conocer a los
dueños de casa invitado por mis amigos Tomás Wetzel y Virginia
Moreno Seguí.
A los pocos meses éramos novios y hasta hoy, después de
cuarenta y nueve años, estamos juntos. Ella nunca se imaginó la
vida que iba a tener...Yo tampoco.
En ese tiempo había dejado de comprar y vender papel al
por mayor. Me había transformado en productor de seguros. Al
mismo tiempo cursaba el preparatorio para entrar en la Facultad
de Filosofía y Letras.
Visitaba empresas ofreciendo los servicios de la compañía
de seguros que representaba. El equipo era una agenda, un libro
clásico (Poe, Dostoievsky o Whitman), y un cuaderno para
escribir, cuando recalaba a tomar café en algún bar de la periferia
de Buenos Aires. No vendí muchos seguros pero aprendí a conocer
a la gente.
El problema para la comercialización era que no tenía
nada distinto para ofrecer. Pasado el tiempo me di cuenta de que
en el negocio de los seguros o hay que tener muchos amigos o el
cliente debe sentir una cierta dependencia o compromiso con el
asegurador.
Tal vez el error fue que, por una deformación congénita,
yo quería asegurar fábricas, en vez de automóviles o accidentes
personales o vida. Después aprendí que los negocios de seguros
de las fábricas o de los grandes comercios son siempre negocios
de intereses. Negocios de toma y daca, de contra prestaciones y
no de servicios propiamente dichos.
Nora desciende –por su madre–, de una de aquellas típicas
familias italianas que inmigraron a principios de siglo XX y se
hicieron fabricantes de quesos y grandes arrendatarios en la
73
provincia de Buenos Aires. A medida que el país creció, la beca
de los exiguos arrendamientos rurales se acabó. Cometieron el
error de no comprar las estancias alquiladas cuando fue el mo-
mento oportuno, como sí lo hicieron las familias De Lorenzi y
Magnasco.
Estos quebraron años más tarde a consecuencia de la po-
lítica económica de Martínez de Hoz.
Por el lado paterno, también de origen italiano, eran co-
merciantes. Su padre, a fuerza de sacrificios y mucho trabajo, lle-
gó a ser propietario del 50 % de una de las más importantes dis-
tribuidoras de petróleo y derivados de la Capital y el Gran Buenos
Aires.
Un día de 1960, acompañé por casualidad a quien sería
mi suegro a las oficinas de unos brokers financieros que le ope-
raban algunos intereses económicos. Allí conocí a Pablo Pérez
Marexiano y a Octavio Risso.
César Pérez & Cía., la empresa para la que ellos operaban,
estaba compuesta por un grupo de brokers uruguayos. Admi-
nistraban carteras de inversión y vendían avales de bancos pri-
vados u oficiales argentinos a grandes inversores con posición en
divisas o a bancos europeos y norteamericanos. Don Pedro Pérez
Marexiano, gran persona, de quien muchos años después fui socio
en la primera Casa Bancaria que se aprobó en el Uruguay, había
sido el fundador de la Bolsa de Comercio de Montevideo y era
uno de los propietarios de la empresa. Nació una sólida amistad
con Pablo y Octavio Risso. Cuando podía, pasaba a tomar un ca-
fé con ellos. Mientras conversábamos, les preguntaba cómo era
lo que hacían, en qué consistía su trabajo y su negocio.
Uno de esos días me dijeron que en las oficinas de enfrente
a las de ellos estaba instalado un ex-socio de su empresa, Arturo
Martínez Olascoaga. El amigo en cuestión se estaba radicando
en Madrid pero no quería que sus oficinas de Buenos Aires se ce-
rraran intempestivamente. Me ofrecieron, si yo estaba dispuesto,
que las atendiera, pudiendo usar los teléfonos y recibir a mis
clientes. Acepté comenzar al día siguiente a pesar de que me iba
74
a resultar difícil: estaba haciendo el servicio militar reclutado en
la Marina y ya había dejado los cursos en la Facultad de Filosofía.
Como soldado de la Marina trabajaba en la Subsecretaría
del Ministerio de Marina desde las siete de la mañana a la una de
la tarde. A las siete de la tarde entraba a cursos en la Unión In-
dustrial sobre impuestos, costos industriales y administración fi-
nanciera, pero supe organizarme. Cuando salía del Ministerio de
Marina me cambiaba en un hotel llamado “El Ancla”, que al-
quilaba armarios frente a las oficinas que estaban en Leandro N.
Alem 651. Permanecía en la oficina hasta las seis de la tarde y
me iba a la Unión Industrial. A la mañana siguiente a la seis y
treinta, me cambiaba de nuevo en el hotel para ir al Ministerio.
Empecé a acostumbrarme a dormir poco pero funcionó.
A Martínez Olascoaga lo conocí muchos años después,
cuando regresé a la Argentina después de mi exilio en el Brasil.
En su despacho lo conocí por sus realizaciones. Pude ver que era
un hombre ordenado en lo que se refería a su trabajo de marketing
financiero internacional. De cada persona que entrevistó en los
bancos de Europa, o de los Estados Unidos, hacía una ficha donde
registraba sus datos, el negocio que había propuesto y lo que pen-
saba sobre el proyecto que trataba de vender. Me apasioné con
los criterios de banca de inversión que tenía. Estudié todo el ar-
chivo. En esos días decidí que un día sería un banquero interna-
cional.
Cuando lo conocí personalmente mientras le contaba la
historia se reía. Me dijo que se sentía feliz de haber sido un partí-
cipe oculto de mi éxito.
Yo había llegado a ser realmente grande a principios de
los 80. Estuve a cargo de sus oficinas dos meses y luego la cerra-
ron.
A mí no me importó: Había encontrado el camino.
75
76
Publicidad gráfica del Banco Oddone
CAPITULO VI
—Sr. Oddone, lo llama el almirante Cobas, de Banco Cen-
tral. Ema Masso, mi secretaria, anunciaba la llamada del vice-
presidente 2º del Banco Central.
El almirante Cobas era canoso, de mediana estatura. Evi-
denciaba poco carácter. Retirado de la Marina, a través del cargo
representaba los intereses del almirante Emilio Massera en el di-
rectorio del Banco Central.
Así como la historia se encargó de demostrar que Videla
era un estúpido, también demostró que Massera era un ladrón a-
fecto a la lectura y con ambiciones políticas.
Cobas fue quien en diciembre de 1978 me convocó para
inducirme a la fusión de todas mis entidades financieras.
Como mensajero del directorio del Banco Central, su re-
comendación fue la de que creara un banco consolidado con los
patrimonios de todas mis entidades financieras para propender,
según sus palabras: “Al proceso de consolidación del sistema
financiero al cual estaba abocado el directorio del Banco
Central” (sic).
Fue también quien un mes después de esa convocatoria,
en enero de 1979, me volvió a citar. Esta vez para liberarme del
compromiso de fusión que yo había asumido debido, también se-
gún sus dichos, “a que otros financistas, propietarios de más de
una entidad financiera, se habían mostrado remisos a una fusión”
(?).
Mi respuesta a ello fue tajante: yo cumpliría con el com-
promiso asumido por su intermedio con el directorio del Banco
Central. En treinta días tendría el proyecto de fusión en sus manos.
L.A.O. — Páselo Ema.
L.A.O. — Buen día, Almirante...
77
Alte. Cobas —Buen día, Sr. Oddone. Lo llamo porque quisiéra-
mos reunirnos el licenciado Reynal y yo con usted esta tarde.
¿Podría ser a las cinco?
L.A.O. ––De acuerdo almirante. Allí estaré.
Ese día hacía tres que habíamos comenzado a utilizar los
fondos de redescuento especial de la Circular 1051. Como se re-
cordará fue creada para paliar el déficit de caja de los bancos a-
fectados por la fuga de depósitos. Con esos fondos se pagaba a
los depositantes.
En mi fuero íntimo sentía que cada día que pasaba entraba
en una zona de mayor riesgo institucional.
Ese mediodía almorcé con Mario Satanowsky, mi abogado
de cabecera. Le expliqué mi intención de llevar a la reunión de
esa tarde en el Banco Central una garantía total e irrestricta de mi
patrimonio para entregarle al directorio.
Ya que ellos me estaban asistiendo financieramente para
pagar a los depositantes, yo consideraba que debía retribuir con
mi aval personal irrestricto.
El Banco Oddone llevaba mi nombre y quería defenderlo,
preservarlo a toda costa.
Si mi aval era aceptado, mi persona con su patrimonio es-
taría siendo aceptada como sujeto de crédito por parte del direc-
torio del Banco Central. Como mi principal patrimonio eran las
empresas del grupo económico y ellas, a su vez, eran los prin-
cipales clientes del Banco Oddone, ofrecían el colateral necesario
como garantía por los adelantos transitorios. El crédito quedaba
perfeccionado.
Satanowsky redactó el aval. Lo firmé y a las cinco de la
tarde me presenté en el segundo piso de la calle Reconquista 258,
sede del directorio del Banco Central.
En la reunión estaban presentes el Lic.Reynal, el almirante
Cobas y una tercera persona a la que no conocía. Me fue presen-
tado como el Dr. Manuel Mariño. Tuve sólo esa reunión con la
presencia de ese abogado. Nunca más lo vi. Probablemente porque
78
fue afectado al desguace del Banco de Intercambio Regional junto
a Rafael Seragopian y el estudio de abogados del Dr. Héctor Ale-
gría. La reunión se centró en el tema de la fuga de los depósitos y
Reynal quería tener una certidumbre de los montos diarios de
fuga.
Ofrecí enviarle los listados de los vencimientos diarios
de acuerdo con los registros del banco con lo que tendrían en su
poder el total diario por sucursal.
Reynal estuvo de acuerdo pero indicó que de todas ma-
neras seguiríamos operando como lo veníamos haciendo: lo lla-
maba a las once de la mañana y le pasaba verbalmente el monto
total de vencimientos. Sobre la cifra que yo transmitía, él en per-
sona me hacía acreditar por los funcionarios de línea el equivalente
en la cuenta del Banco Oddone en el Banco Central. Si al final
del día en vez del 100% por 100 % se había fugado el ochenta, el
remanente del 20% quedaba a cuenta del día siguiente y así su-
cesivamente.
Sobre el final de la reunión les dije que, a consecuencia
del apoyo que me estaba dando el Banco Central en esa difícil si-
tuación de mercado a la que mi banco era ajeno, consideraba un
deber garantizar los fondos que estaban liberando para pagar los
depósitos.
Por tanto les traía por propia iniciativa, y a pesar de no
habérmelo requerido, un aval general de mi patrimonio para ga-
rantizar las sumas que me estaban entregando. Me dijeron que a-
preciaban el gesto y que aceptaban el aval.
Al día siguiente, me llamó Reynal, para decirme que pre-
fería un aval extendido sobre la base de un texto proporcionado
por el Banco Central. Le respondí que estando dispuesto a firmar
un aval, estaba dispuesto a hacerlo con cualquier texto.
Esa misma tarde retiré el texto en la secretaría del despacho
de Reynal. Por la tarde lo entregué personalmente, debidamente
firmado.
El resultado de esta acción fue que Luis Alberto Oddone fue
aceptado como sujeto válido de crédito por el directorio del Banco
79
Por aquellos años, desde 1958 a 1960, se había producido
un auge industrial a consecuencia de la política económica del
Central de la República Argentina para cubrir todos los montos
de dinero que el Banco Central de la República Argentina desem-
bolsara para cubrir la fuga de depósitos en el Banco Oddone S.A.
Los dos textos de aval constan tanto en la causa Federal
Penal como en la causa Comercial y en la Contencioso Ad-
ministrativo Federal. Nunca fueron tenidos en cuenta por los jue-
ces de ninguno de los fueros.
Por esos días, el directorio del Banco Central contrató a
tres abogados externos a la institución a un costo de U$S 50 mil
dólares mensuales de honorarios. Los doctores J aime Smart, Car-
los Ure y Munilla La Casa. Su misión: el seguimiento de los pro-
cesos penales contra los bancos intervenidos y/o liquidados y ejer-
cer presión sobre los jueces y camaristas intervinientes en los ca-
sos de bancos intervenidos o liquidados, para defender los intere-
ses del Banco Central. Además debían acelerar la liquidación de
activos de los bancos intervenidos ilegalmente.
La estructura de apoyo,“convencimiento” e intimidación
con que contaban continuaba siendo el general Albano Harguin-
deguy desde el Ministerio del Interior.
* * *
En 1960 tenía 17 años y había encontrado un camino, sa-
bía que quería ser financista y banquero.¿Cómo se hace para entrar
en esa profesión sin capital, sin oficinas, sin clientes?
Descubrí que en el país, por aquel entonces, no existía un
mercado financiero en la acepción o base conceptual con que se
lo conocía en otros países más desarrollados.
En la Argentina existían bancos estatales nacionales y pro-
vinciales, bancos privados domésticos nacionales. Algunas sucur-
sales de bancos extranjeros. Los cambistas con casas de cambio
o sin ellas. Los llamados paralelistas del dólar. Los bancos domés-
ticos atendían crediticiamente a los grupos tradicionales o ex-
tranjeros y algunas medianas empresas que debían ser muy sol-
ventes para ser beneficiarias de créditos.
80
81
Dr.Arturo Frondizi. Nacieron y proliferaron en el Gran Buenos
Aires talleres metalúrgicos, pequeñas industrias de productos quí-
micos proveedores de las grandes papeleras que estaban surgiendo
o modernizándose.
Estos pequeños y medianos empresarios industriales pro-
cedían del artesanado, del comercio y no sabían nada de finanzas
o crédito, excepto en el contacto con el usurero del barrio.
Dichos industriales y propietarios de pequeños talleres
eran proveedores de las grandes empresas y recibían como medios
de pago pagarés a fecha futura: noventa, ciento veinte, ciento
cincuenta y ciento ochenta días. Las líneas de crédito para des-
contarlos no existían, pues las empresas no calificaban para ser
sujeto de crédito.
Había encontrado el mercado: lo que se podía com-
prar…El problema era cómo lo compraba y a quién se lo vendía...
Se me ocurrió pensar en la psicología de la gente en Buenos Aires.
Puesto que me había criado en el Barrio Norte sabía que
en ese barrio la gente tenía cuentas en el Banco de Londres, en el
Supervielle-Societé Générale y en el Galicia.
Hablé con uno de mis mejores amigos de la adolescencia:
Tomás Rodríguez Bauzá. Su padre era estanciero en la localidad
de Roberts, partido de Lincoln, provincia de Buenos Aires. Le
pregunté si ellos tenían cuenta en alguno de esos bancos. Me dijo
que su familia trabajaba con el Banco de Londres. Le pedí una
reunión con su padre.
Don Oscar Rodríguez Bauzá era un español bajo, duro,
silencioso, observador y de hablar sibilante. En parte porque al
hablar sólo entreabría los labios y en parte por su carga diaria de
tres o cuatro atados de cigarrillos negros “Fontanares 12”.
A pesar de que en los veranos pasaba largas temporadas
con Tomás y otros amigos entrañables como Pedro Bissone, en
“Ramón y María”, su estancia, nunca intercambiábamos más que
algunas frases cortas a la hora del almuerzo o de la cena.
Su esposa, J osefina Monzón Frers, era la antítesis de él.
Su calor social y su fineza congénita la diferenciaban. Don Oscar
me recibió en el escritorio de su departamento en la calle Schia-
ffino y Alvear. Expliqué mi proyecto mientras me observaba con
fijeza. Al terminar mi exposición se dio la vuelta para escribir en
su pequeña máquina de escribir portátil. Mientras yo esperaba
nervioso, expectante. Giró nuevamente hacia mí extendiéndome
una carta de presentación para el gerente del Banco de Londres
Casa Central, quien lo atendía personalmente.
Una semana más tarde tenía mi cuenta corriente con un
talonario de 25 cheques en mi mano. Sólo faltaban los inver-
sionistas que me compraran los instrumentos financieros.
¿Cómo podía hacer? ¿Por dónde debía empezar?...
Apareció la suerte.
Nora, mi esposa, quien ya era mi novia, vivía con su fa-
milia desde hacía casi diez años en el Hotel Nogaró por razones
de salud de su madre. Era la época en que el hotel era regenteado
por don Roberto Nogaró, un caballero de la hotelería argentina
de aquel tiempo.
Un día, mientras esperaba a Nora en el lobby del hotel, se
sentó cerca de mi sillón un señor que también vivía en el hotel
desde hacía mucho tiempo y a quien conocía de saludarlo cuando
almorzaba o cenaba con la familia de Nora.
Comenzamos a conversar. Me preguntó qué estaba ha-
ciendo. Le conté mi proyecto. Adhirió inmediatamente.
Segismundo Schapiro era de origen ruso letón. Había emi-
grado primero hacia Alemania y luego a la Argentina. Represen-
taba compañías alemanas de ingeniería e instalaciones industria-
les. Vendía plantas industriales llave en mano. Por no sé qué razo-
nes, si de familia o por propia fuerza financiera, tenía sólidos
contactos financieros y bancarios internacionales. También con
las grandes compañías alemanas como Ferrostaal y Krupp.
Era un hombre misterioso y epiléptico, baja estatura, regor-
dete, vida austera. Ostentaba y ejercía una gran penetración y
prestigio entre los grandes grupos industriales nacionales y
extranjeros que operaban en la Argentina según pude comprobar
después.
82
Decidió ayudarme. Por su intermedio, conocí al Dr. Pablo
Stössel de Baires S. A.; al Lic.Alejandro Charnas, también de
origen letón, de carácter insoportable, pero con una palabra de
hierro frente al cumplimiento de una operación pactada.
Me presentó a los hermanos Roldos –quienes eran unos
de los principales operadores de mercado de cambios– a Omar
Lucini, a quien le vendió la instalación de su nueva planta side-
rúrgica en Pergamino (que años más tarde quebraría gracias
también al ministro Martínez de Hoz, quien defendía los intereses
de Acindar), etc.
Inesperadamente logré varias “puntas” a quienes vender
pagarés. Lo primero que hice fue preguntar qué empresas les inte-
resaban y a qué precios o tasa de interés me comprarían sus obli-
gaciones.
Con esos datos preparé listados de fabricantes, por ramo
de productos, enfocados a los que podrían ser proveedores de Ce-
lulosa Argentina S.A., Acindar, las nuevas empresas automotri-
ces, etc. Me hice hacer tarjetas con el título de Asesor de In-
versiones.
Salía de casa a las siete o siete y media de la mañana. A-
bordaba un colectivo diferente cada día. Una vez hacia Quilmes,
otro hacia La Tablada, otro hacia Lanús o Témperley. Franqueado
el límite de la Capital Federal, me apeaba y comenzaba a caminar.
Me presentaba en las fábricas como Asesor de Inversiones
interesado en financiar ventas efectuadas a grandes compañías.
Siempre era bien recibido. Por prestancia y por la transparencia
con que planteaba el negocio. Seleccionaba los pagarés y hacía
los cálculos a mano (en aquel tiempo no había máquinas de bol-
sillo). El efecto del cheque del Banco de Londres era mágico.
Les dejaba el cheque y me llevaba los pagarés con la carta
de cesión de derechos firmada.
Mi base en la City eran el lobby del Nogaró o un bar frente
a la Bolsa de Comercio llamado “La Banca” u otro llamado “Wall
Street”. En esa cuadra también estaba la zapatería de Luisito y
83
Ernesto Argento, donde los operadores de la Bolsa y el mercado
84
se lustraban los zapatos. Todavía hoy lo hacen.
Desde allí, entraba en contacto con las puntas compra-
doras. Como los papeles que compraba me habían sido solicitados
de antemano sabía que se vendían. Lo único a discutir era la tasa
de interés.
Pude tener clientes. Llegó un momento en que, por ejem-
plo, bajaba a la Capital con $2 o $3 millones (pesos de la época),
en papeles que si los había vendido al mediodía, urgente, de-
positaba el efectivo en el Banco de Londres.
Un cheque librado a la mañana tenía un clearing de cua-
renta y ocho horas. Inmediatamente, desde un teléfono público
de la Bolsa de Comercio o desde el lobby del Nogaró, llamaba a
otro u otros clientes para comprar el mismo importe, con la plata
que tenía en el banco o con otro cheque, que a su vez, entraba por
el clearing, a las cuarenta y ocho horas.
A los dos años movía U$S 5 millones por mes. A los cuatro
años, U$S 60 millones por mes. Había conseguido armar un mer-
cado. Había logrado alcanzar un prestigio con credibilidad casi
institucional.
Había logrado darle valor a mi palabra en el mercado
financiero argentino.
CAPITULO VII
Con el transcurrir de los días y luego las semanas la preo-
cupación en el directorio del Banco Central crecía debido a que
lo diseñado para un colapso de acción limitada dirigido a cuatro
bancos y tres grupos empresarios se estaba transformando en un
caos generalizado.
Abarcaba también a la banca tradicional autóctona y al
resto del sistema financiero: bancos regionales del Interior del
país, compañías financieras, bancos cooperativos y sociedades
cooperativas de crédito.
La primera preocupación del directorio del Banco Central
fue cómo solucionar el problema de sus amigos, sin recurrir a los
fondos del Banco Central (no se debe olvidar que en el directorio
de la entidad rectora y en los directorios de los bancos oficiales
habían sido designados propietarios de bancos privados tra-
dicionales o altos funcionarios de ellos para preservar el conflicto
de intereses al que ha estado habituada la clase dirigente tradi-
cional de Argentina.
Se abrieron las canillas del call money interbancario de
los principales bancos oficiales: Banco de la Nación Argentina,
presidido por J uan Ocampo (Banco Ganadero), Banco de la Pro-
vincia de Buenos Aires, presidido por Roberto Bullrich (Banco
de Galicia), Banco Nacional de Desarrollo, a cargo del Dr. Egidio
Iannella, Banco Hipotecario Nacional y la Caja Nacional de
Ahorro y Seguro, etc.
Mediante este mecanismo se cubría el desfase de la fuga
de depósitos en el Banco de Galicia, del Nuevo Banco Italiano
(más tarde Banco de Crédito Argentino y actualmente Bilbao
Vizcaya), del Banco de Quilmes, del Banco Ganadero y del Banco
del Río de la Plata, (éste en menor medida, pues lo financiaba
históricamente el Citibank), etc.
85
Por lo antedicho, queda claro que los directores de los
bancos oficiales otorgaban el financiamiento mediante el call
money, básicamente, a sus propios bancos sin anteponer ningún
escrúpulo frente al conflicto de intereses al que ya estaban acos-
tumbrados.
Similar procedimiento se utilizó en la corrida bancaria de
2001/2 cuando Roque Maccarone, presidente del Banco Central
y al servicio del Banco de Galicia, detonó el corralito implementa-
do por Domingo Cavallo al girarle US$ 1.700 millones para cubrir
la fuga.
Ninguna autoridad ni juez cuestionó el procedimiento ni
los posteriores desvíos de fondos al Banco de Galicia del Uruguay
efectuados por Eduardo Escasany, presidente del banco de Galicia
y responsable de su quiebra técnica.
Otro problema era la generación de fondos en efectivo
para entregar a los bancos abastecidos por la Circular 1051 del
Banco Central para redescuentos especiales mencionada ante-
riormente. Para esto se apeló a incrementar la deuda externa en
aproximadamente U$S10 mil millones, tarea encomendada en
exclusiva al Dr. Francisco Soldati quien había desarrollado en
este aspecto una gran experiencia desde su actuación en el Nuevo
Banco Italiano del que su familia era accionista y como funcionario
del Ministerio de Economía junto al Dr. Martínez de Hoz.
Finalmente estaba el negocio del desguace de los grupos
económicos afectados por la corrida bancaria mediante la
distribución de sus activos a valor venal. Esta operación fue pla-
neada entre los directores del Banco Central, los funcionarios del
Ministerio de Economía, sus asociados de las Fuerzas Armadas y
otros personales del sector privado, a través de los cuales había
sido dirigida la acción de la crisis.
Por otro lado la justificación de ella ante la opinión pública
a la que había que mostrar castigos ejemplares para los res-
ponsables de “acciones delictivas con connotaciones subversi-
vas” dentro de los bancos de su propiedad.
Fue así como el 21 o el 22 de abril, los hermanos Greco,
titulares y dueños del Banco de Los Andes, fueron intimados a
86
No aceptaron las condiciones compulsivas del directorio
del Banco Central representado por el Lic.Reynal y el Dr. Manuel
Mariño. Salieron del Banco Central a las diez de la noche y fueron
a cenar al restaurante Pedemonte sobre la Avenida de Mayo. Entre
las doce y la una de la madrugada, fueron detenidos sin orden de
captura (secuestrados) por la División Bancos de la Policía Federal
por instrucciones emanadas del Ministro del Interior, general Alba-
no Harguindeguy.
La “operación tenaza” había comenzado a perfeccionar-
se... El que apretaba la tenaza era el ministro del Interior, general
Albano Harguindeguy, inducido por el directorio del Banco Cen-
tral y el ministro de Economía Martínez de Hoz…
A partir de ese momento comenzaba a delinearse frente a
la población civil, el sector empresario y el sistema financiero ar-
gentino uno de los personajes más corruptos y venales que pro-
dujera la Fuerza Ejército. Hasta ese momento el conocimiento de
su accionar estaba circunscripto al Ejército y a algunas facciones
de la Marina. El general Harguindeguy transitó durante la guerra
contra el terrorismo urbano en el trueque de vidas contra dinero.
Cobraba para evitar ejecuciones.
Cuando fue jefe de la 4ta. Región Militar, de Santa Rosa,
La Pampa, estuvo sólidamente vinculado al cuatrerismo local,
siendo las estancias propiedad del Ejército en la zona, albergues
transitorios de hacienda robada que se comercializaba a través de
compradores de Buenos Aires según fuentes bien informadas de
los Servicios de Inteligencia argentinos y ex oficiales del Ejército.
Estuvo envuelto también en las exportaciones clandestinas
de metal aurífero de YMAD, Yacimientos Minerales Aguas del
Dionisio S. A., yacimiento minero privatizado por la gestión me-
pedir la intervención a su banco. También, a entregar todos sus
activos al Banco Central para ser vendidos bajo requerimiento
compulsivo del Lic.Alejandro Reynal.
Los hermanos Greco se negaron, y pidieron una entrevista
con el ministro del Interior, General Albano Harguindeguy. No
se produjo.
87
nemista y propietaria en aquella época del yacimiento Bajo de la
Alumbrera, en la provincia de Catamarca.
Desembocó finalmente en el circuito financiero y empre-
sario como brazo ejecutor de su compañero de cacerías, J osé Al-
fredo Martínez de Hoz, y del que fuera su instrumento en el Banco
Central, el Lic.Alejandro Reynal.
Gordo, travieso, simpaticón y con clara inclinación hacia
el delito –como lo definiera en vida Francisco Manrique–, per-
teneciente al arma de caballería donde lo apodaban “El Galleta”,
era tan eficiente para ser usado como comodín, como cobarde
para asumir las responsabilidades asignadas por la fuerza o en-
frentar cara a cara un enemigo o a cualquier afrentado o enfrentado.
Cuando supe de la detención (secuestro) de los hermanos
Greco, comprendí que las sensaciones de peligro experimentadas
en los primeros días de la crisis tenían sentido. Por ese entonces
se produjo el primer altercado serio entre Alejandro Reynal y yo.
En una de mis visitas diarias a Reynal, o a Reynal y el Al-
mirante Cobas (quienes, curiosamente, se habían constituido en
una especie de “oficiales de cuenta” de mi banco en el Banco
Central), me recibió sólo Reynal.
En esa oportunidad fui acompañado por mis abogados
los doctores Mario Satanowsky y Hugo Tarsia. En un momento
de la conversación, que se había tornado tensa, Reynal me espeta:
––“¡Porque vos te vas a tener que humillar ante nosotros!”.
No le contesté de inmediato... Lo miré fijo hasta que se
puso incómodo y empezó a perder el balance, en ese momento,
masticando las palabras le dije:
— Alejandro, vos me haces humillar, y yo te mato.
Fue la última vez que vi a Reynal en el Banco Central.
Las reuniones posteriores fueron todas con Cobas, entre sus silen-
cios huidizos y sus miradas vacunas...
Han pasado treinta y un años y ni el infeliz de Alejandro
Reynal ni su banda de delincuentes asociados consiguieron
88
humillarme, incluido su mandante, el ministro de Economía J osé
Alfredo Martínez de Hoz que ahora está final y felizmente preso.
* * *
El primer shock del mercado financiero, como financista
privado, lo recibí durante el gobierno del General Onganía, cuando
fue designado Ministro de Economía el Dr. Adalberto Krieger
Vasena. Al día siguiente de asumir devaluó el peso un 40% y to-
do el Mercado financiero y cambiario quedó patas arriba.
El General Onganía fue el general más serio que estuvo
al frente de un gobierno militar, si hemos de compararlo con los
que vinieron después... Austero, de gesto adusto y gran honestidad,
compensaba su falta de inteligencia con una gran vocación de
servicio y un profundo deseo de poner orden dentro de un país
que todavía era una Nación.
Designó un buen gabinete de ministros. También honestos
administradores en la mayoría de las empresas del Estado. La de-
signación del Dr.Krieger Vasena, como siempre ocurrió con el
advenimiento de los gobiernos militares fue inducida desde el
exterior. Su gestión fue prolija, eficiente y mesurada.
Algunos autores mencionan que su administración fue la
gran avanzada de los intereses multinacionales norteamericanos
sobre la economía argentina. Fue así debido a que una vez fina-
lizada la hegemonía británica, después del peronismo, la Argenti-
na no consiguió durante ese período, ni más tarde con la Revolu-
ción Libertadora, adquirir un rol independiente con identidad
nacional dentro del conjunto de las naciones.
Aún hoy no lo ha conseguido.
Pasados los años, actualmente la dependencia económica
de Argentina dejó de ser de Inglaterra o Estados Unidos. Es de
Brasil.
Su administración no pudo concluir porque, como siempre
ocurrió con los gobiernos liberales argentinos se demoró y luego
se eliminó la redistribución del ingreso haciendo estallar la cues-
tión social.
89
Los ideólogos liberales argentinos siempre olvidaron
que después del peronismo de 1945/1955 y como consecuencia
de él Argentina se convirtió en uno de los países más sociali-
zados de América latina.
Mi problema era que trabajaba como broker independien-
te; sin capital, intermediando entre las empresas proveedoras de
las grandes compañías y mayoristas del mercado financiero. No
tenía acceso al inversor privado final.
El efecto posterior a la devaluación, fue una violenta caída
de las tasas de interés las que del 30%, 33% ó 36% anual, ba-
jaron al 18 y 20% anual. De un día para otro me quedé sin bre-
cha. No tenía un espacio adecuado entre el precio de compra y el
precio de venta de los instrumentos financieros.
En esa época se creó ADEFEI, Asociación de Empresas
de Finanzas e Inversión, a través de las cuales se comenzó a cons-
tituir la estructura de un mercado de capitales luego de la pro-
mulgación de la Ley 18.188 de Entidades Financieras.
Se destacó en aquel tiempo Promotora de Finanzas S. A.,
bajo la conducción del Dr. Alfredo Ferreyra Lamas. Inició sus
actividades Palmares S.A. de Finanzas, bajo la conducción del
Dr. Carlos Conrado Helbling, que se especializó en aceptaciones
bancarias, instrumento recién nacido en el mercado post deva-
luación. También nacieron Carlés & Cía. S.A., Compañía General
de Inversiones SA., con el apoyo accionario de Credit Suisse; la
Banca del Lavoro y el Deutsche Sudamericanische Bank y más
tarde –luego de la adquisición de la empresa técnicamente en
quiebra por dos nuevos operadores, los hermanos J osé y Carlos
Rhom–, el Chemical Bank, entre otras.
¿Qué hacer? Era un día jueves. En mi oficina del Hotel
Nogaró había un silencio de fin de semana. Los teléfonos no so-
naban. No sabía a quién llamar ni para qué. Cotizara el precio
que cotizara no podría colocar ninguna operación... Al caer la
tarde me dije: la única forma de sobrevivir sin capital es o tenerlo
o bien tener una gran imagen institucional detrás.
¿Cómo conseguirla, si en el país yo no era nadie dentro
del circuito?
90
Padrinos no tenía... Amigos ricos como para que capitali-
zaran una empresa financiera como hicieron los hermanos Carlés
no podía conseguirlos por mi juventud... Salí a la calle. Caminé
por la Avenida J ulio A. Roca hacia la Plaza de Mayo. Cuando es-
taba llegando a la esquina, vi que daba vuelta, caminando hacia
mí, un excompañero del Colegio San J osé: Eduardo Castelli.
Castelli ––¡Luisito!
L.A.O. –– ¡Dado! ¿Cómo estás? Hace tanto tiempo...
Castelli ––¿Qué estás haciendo?¿En qué trabajás?
L.A.O. –– Soy Asesor Financiero...broker...pero con esta devalua-
ción... no se lo que va a pasar...
Castelli ––¿Por qué? ¿En qué te afecta? Le expliqué lo que pa-
saba y cómo me venían las cosas.
Castelli ––Mirá Luis, andá a verlo a mi socio de la Bolsa de Co-
mercio, Roberto Blanco. A lo mejor, podemos hacer algo juntos.
Llamame después que lo veas.
Anoté las direcciones y seguí caminando. Crucé la Plaza
de Mayo. Me dirigí por la calle Reconquista hacia el corazón de
la City bancaria. Mientras caminaba recordé que el padre de Eduar-
do era el presidente del Nuevo Banco Italiano, el antecesor del
Banco de Crédito Argentino y actual Banco Bilbao Vizcaya. No
lo podía creer...
¿Sería otra vez la suerte?
Me tomé un café en La Banca, el bar de enfrente de la
Bolsa, me lustré los zapatos en lo de Luisito y Ernesto Argento y
me fui a casa, reconfortado.
Tal vez había encontrado de nuevo al mercado…
91
92
Semanario Rural, 26 de abril de 1978
CAPITULO VIII
El jueves 23 de abril de 1980 Reynal me citó una vez más
en su despacho del directorio del Banco Central. La razón de la
entrevista, fue informarme que debía solicitar la intervención del
Banco Oddone S.A. por parte del Banco Central a consecuencia
de la caída de los depósitos sufrida desde el comienzo de la crisis
financiera. Me entregó una nota con el texto de la solicitud de in-
tervención redactada por el directorio del Banco Central.
Le respondí que no sería posible, ya que la Ley de Entida-
des Financieras 21.526 no contemplaba en su texto la figura jurídi-
ca de la intervención. Con su requerimiento me estaba solicitando
que efectuara una solicitud ilegal al Banco Central. Respondió
que el hecho de que la intervención no figurara en la Ley no impor-
taba.
Debía firmar la solicitud, si no lo hacía, el directorio ten-
dría que“utilizar otros métodos para lograrlo”...(“otros métodos”
en aquel tiempo eran por ejemplo los relatados en el caso Paz Mall-
mann o Chavanne). Le respondí que debía consultar con mis abo-
gados.
Me fui. Salí del Banco Central caminando por la calle Re-
conquista hacia la Plaza de Mayo. Respondiendo a un impulso
crucé la Plaza de Mayo en dirección al Ministerio de Economía.
Subí al quinto piso. Me dirigí al despacho de la Sra.Letizia, la se-
cretaria del ministro Martínez de Hoz (ella me conocía por mis
anteriores entrevistas con el Ministro). Le dije que necesitaba ver
al ministro diez minutos por un tema muy urgente. Me indicó
que esperara. Ella me haría entrar. Esperé una hora y media. Fi-
nalmente. Martínez de Hoz me recibió:
L.A.O. —Buenas noches Sr. Ministro.
Martínez de Hoz — Buenas noches.
93
L.A.O. —Le pido disculpas por venir sin audiencia pero están
sucediendo hechos que me obligaron a tomar esta determinación
aunque pueda parecer intempestiva.
Antes de entrar en tema quiero mencionar lo siguiente: durante
los últimos meses usted me convocó dos veces por mes para tratar
temas vinculados con sector financiero e industrial. En esas reu-
niones fui interrogado acerca de lo que representaba mi orga-
nización financiera y empresarial a nivel nacional. Enumeré todas
mis actividades e incluso usted se sorprendió al tomar cuenta de
la envergadura de las operaciones involucradas. Por tanto, señor
Ministro, hace varios meses que estoy al tanto de que usted
verificó esa información. También conoce, por la evaluación de
nuestras conversaciones anteriores, que no soy el tipo de persona
que frente a una situación límite se toma un avión y escapa.
Martínez de Hoz —Así es como proceden los hombres de bien.
L.A.O. —Entonces voy al tema: En estos momentos, estoy so-
portando una crisis financiera en mi banco, a consecuencia de
un problema ajeno a mi organización: La decisión del directorio
del Banco Central de liquidar al Banco de Intercambio Regional.
Desde el comienzo de la fuga de los depósitos me reúno diaria-
mente con directores del Banco Central para tratar de encontrar
soluciones a la crisis e informar los niveles de retiro de depósitos.
He garantizado espontáneamente con mi aval personal, el que
ha sido aceptado por el Directorio del Banco Central, los fondos
provenientes de la Circular 1051 que me están proveyendo para
cubrir la salida de los depósitos de mi banco.
Ahora vengo de una reunión con el señor vicepresidente 1º del
Banco Central, quien me presionó para firmar esta carta. Y esta
carta es ilegal (le entrego la carta y la lee).
Martínez de Hoz — (Me devuelve la carta) Sí, pero va a tener
que firmarla lo mismo.
L.A.O. —Muchas gracias, señor Ministro. Solo quería tener la
certeza de que el señor Ministro de Economía estaba al tanto de
los procedimientos que está utilizando el Directorio del Banco
Central con algunos miembros del sistema financiero argentino.
94
Salí del Ministerio de Economía. Crucé la Plaza de Mayo.
Caminé por Diagonal Norte hasta llegar al Banco Oddone. Sentí
un poco de frío. La mirada y el gesto de aquel hombre petiso, en-
juto esmirriado y de grandes orejas eran las de un verdugo eje-
cutando una pena de muerte.
No era Reynal el que me estaba ejecutando. Era él.
Le pedí a Ema, mi secretaria, que reuniera a todos los ge-
rentes del banco en la sala de directorio. Llamé por teléfono a
mis abogados. Les pedí que vinieran al banco. Entré en directorio.
Estaban todos entre sorprendidos y expectantes. Relaté las reu-
niones que había mantenido y les pedí que tomaran cuenta de la
organización haciéndose cargo de todo el grupo financiero.
Les informé que en veinticuatro, cuarenta y ocho o setenta
y dos horas estaría muerto, secuestrado o preso. Regresé a mi
despacho...Me quedé solo, pensando. Dejé correr la mirada sobre
mis queridos cuadros y las obras de arte. Presentí que no volvería
a verlos…
Al día siguiente, mi secretaria llevó la carta solicitando la
intervención del Banco Oddone S. A. al Lic. Alejandro Reynal
El viernes 25 de abril el directorio del Banco Central de-
cretó la intervención del Banco Oddone, con la disidencia de uno
de los síndicos, el Dr. García Olano.
El sábado 26 la División Bancos de la Policía Federal a-
llanó las oficinas contables del holding empresario, en las que
por ser sábado no había nadie. Se llevaron todos los libros con-
tables, U$S 100 mil que había en la caja fuerte y la cafetera.
El domingo 27 detuvieron en sus residencias a funciona-
rios del banco y de las empresas con sus esposas...sin orden de
captura. Habían comenzado los secuestros. El lunes 28 asumió la
intervención designada por el Banco Central y me entero de los
sucesos del fin de semana.
* * *
Con Roberto Blanco, el socio de Eduardo Castelli, conge-
niamos de entrada. Era y es, el tipo de hombre que irradia hones-
95
Solicitud de intervención presentada por Luis A. Oddone
bajo extorsión del Lic. Alejandro Reynal,
vicepresidente 1° del BCRA
96
Proyecto de resolución para intervenir al Banco Oddone,
producido por la Gerencia de Asunrtos J urídicos
del BCRA.
97
tidad, bonhomía. Persona de familia y principios éticos sólidos.
Estuvimos asociados un año y debo decir que si pude llegar a en-
trar en el circuito financiero y a ser banquero, se lo debo al gesto
de amigo que tuvo para conmigo Eduardo Castelli, aquel día que
nos encontramos casualmente en la Diagonal Sur, luego de la de-
valuación de Krieger Vasena. Fue definitorio. Cuando nos sepa-
ramos de la sociedad, me acompañó el Contador Horacio Pilegi,
quien debía darme el soporte administrativo-contable al nuevo
desafío personal al que estaba lanzado. El volumen de negocios
había aumentado en gran escala y alquilé oficinas en la Avenida
Corrientes 456.
Como mencioné anteriormente, a los pocos meses de de-
signado el ministro Krieger Vasena se promulgó la Ley 18.061
de Entidades Financieras. Nuevamente se restringía el espacio
para los intermediarios financieros independientes.
Como a pesar de haber crecido en el volumen de negocios
aún no tenía un gran capital, tomé una decisión arriesgada pero
con potencial: debía salir a buscar el mercado internacional.
Lo que pretendía era aumentar la gama de servicios y op-
ciones para mi clientela local e ingresar en otros mercados como
el de las empresas multinacionales y las empresas gubernamen-
tales. Tomé la decisión en un fin de semana y el día lunes estaba
viajando a Zurich.
Me alojé en el Hotel Savoy en Ville, en la Banhoffstrasse.
Contraté una secretaria que hablaba y escribía alemán, francés,
inglés y español.
Con la guía de teléfonos en la mano, le di instrucciones
de llamar a los bancos que le iba indicando para solicitar entrevis-
tas con el presidente o Senior Vicepresident de cada institución.
Debía comunicar que yo había venido de la Argentina para entre-
vistarme con ellos. Todos los funcionarios de los bancos que selec-
cioné me recibieron. Las reuniones duraban una hora o más. De-
duje que les decía cosas o información sobre mi país y mi mercado
que no conocían.
Me abrieron las puertas para hacer negocios con ellos. El
sistema funcionaba. Desde Zurich fui a Ginebra, de allí a Frank-
98
furt, París y Londres. Regresé a Buenos Aires con 25 corres-
ponsales bancarios y financieros Europeos.
De regreso en la Argentina inicié un marketing diferente.
El objetivo, como dije, eran las multinacionales y las empresas
gubernamentales. Cotizaba operaciones de uno, dos o más millo-
nes de dólares en 24 horas. Se empezó a crear un fantasma en el
mercado local: ¿Quién está detrás de Oddone?... Yo no decía nada
y cotizaba, cotizaba...
A los pocos meses de regresar decidí completar el ciclo y
probar suerte en Nueva York, ciudad a la que sentía como la Meca
del negocio financiero. Aproveché la ayuda de un amigo, y luego
pariente, Raúl Marty, quien se estaba entrenando en la empresa
de un importante armador naviero, Granville Conway. Alquilaba
un departamento en Brooklyn, al lado del Verrazano Bridge.
Estuve cuatro meses en Nueva York. No tuve tanto éxito
como en Europa. Diariamente me inyectaba dosis de optimismo.
Visité a los brokers, a las compañías financieras y a los bancos
sin dar tregua al desafío. Fue muy importante en esa etapa la ayu-
da que recibí de Rafael Argüelles, un buen amigo de Raúl Marty
y de mi gran amigo Claudio Campuzano (h), quien a la sazón tra-
bajaba para J orge Senosiain en la importación de carnes y deri-
vados para los Estados Unidos. Rafael tradujo al inglés un somero
informe sobre el mercado financiero argentino el cual entregaba
en mis reuniones con los banqueros norteamericanos.
Logré algunos contactos que fueron válidos algunos años
después, cuando ya era grande en mi país. No logré una respuesta
inmediata, excepto con algunos grupos subsidiarios de bancos
europeos.
Lo más importante de ese viaje a los Estados Unidos no
fueron los contactos sino lo que aprendí técnicamente del fun-
cionamiento del mercado norteamericano, sobre su gente, sobre
su escala de valores. También pude conocer, la dureza implacable
de la ciudad de Nueva York, a los veintinueve años de edad.
Conocí al que, tiempo después, sería el presidente de mi
primera corporación en Nueva York, Roberto Ruiz.
99
Ruiz había emigrado de la Argentina y trabajaba para una
corporación financiera llamada American Swiss Credit Company,
subsidiaria del Franklin National Bank. Este importante banco
norteamericano había sido adquirido por Michelle Sindona.
Roberto Ruiz se desempeñaba en un puesto menor con el
cargo de Assistant Vicepresident en el momento en que decidí
contratarlo. Era bajo, esmirriado, de carácter reconcentrado y es-
quivo. Observé que tenía una fría capacidad de análisis y la ines-
crupulosidad necesaria para dirigir una operación éxitosa en el
mercado de Nueva York. Formamos con su talento y mi capital
una empresa que fue la primera operación financiera de un
financista del mercado argentino operando en América latina desde
Nueva York. Llegamos a sindicar préstamos por aproximadamente
U$S 200 millones anuales en el último quinquenio de los años
70.
Luego, cuando ya estaba instalado en el mercado, recibió
el ofrecimiento de Roque Maccarone y Amadeo Vázquez, para
organizar el Banco Río de Panamá y más tarde la sucursal del
Banco Río en Nueva York, misiones que cumplió con eficiencia
y habilidad.
Lo ví sólo una vez más luego del colapso del Grupo Oddo-
ne. Ya era miembro del directorio del Banco Río en Buenos Aires.
Mantuvo durante la reunión la distancia de los que no quieren re-
vivir una relación o tratan de olvidar su pasado.
El suceso que no tuve en Nueva York lo obtuve en la Ar-
gentina cuando me puse a trabajar aplicando el conocimiento cap-
turado en Nueva York sumado a los contactos europeos. Mi opor-
tunidad llegó cuando asumió como presidente del gobierno militar
en la Argentina el General Alejandro A. Lanusse.
La plata grande pude ganarla cuando el Dr. Aldo Ferrer
fue designado ministro de Economía e instauró el sistema de mini-
devaluaciones mensuales al estilo brasileño de la época. Pude
darme cuenta de que a corto plazo iba a estallar el mercado cam-
biario.
Compré obligaciones de empresas estatales hacia contra-
tistas del Estado a dos años y medio de plazo avaladas por el
100
Banco Nacional de Desarrollo nominadas en dólares al tipo de
cambio financiero (el ministro Ferrer desdobló el mercado de
cambios en uno “comercial” y otro “financiero”) a una tasa de
interés del 14% anual descontado. A estos papeles los caucionaba
en un rollover a 30 días con inversores institucionales como la
Fundación Campomar entre otros. Los mantuve en mi poder du-
rante casi seis meses y los vendí al precio del mercado de cambios
financiero del momento sin tasa de interés, (flat). Gané el 14%
neto durante la vida de los papeles, los dos años y medio, más la
corrección cambiaria que fue de más del 30%.
Otra disposición del Ministerio de Economía de ese tiempo
fue la prohibición a los bancos nacionales de dar préstamos fi-
nancieros a las empresas multinacionales. Allí también llegué pri-
mero.
En pocos meses financiaba a una gran cantidad de com-
pañías multinacionales e inclusive comencé a hacer compensa-
ciones de caja con los excedentes de efectivo entre ellas. Años
más tarde, este mercado se denominó mercado interempresario.
Siempre pensé que el futuro de la Argentina pasaba por la
producción agropecuaria y la agroindustria. En 1971 me asocié a
lo que más tarde sería mi primera empresa industrial: Cereacol S.
A., fábrica de plantas de silos para el acopio de cereales. Luego
compré estancias y maquinaria agrícola para operar los campos.
La operatoria financiera era de vértigo. Fue cuando con-
cebí el proyecto de crear una multinacional a partir de la Argen-
tina. No me di cuenta de que con esa idea estaba estructurando
mi propia ruina debido a los intereses internos y externos a los
que iba a afectar.
En Argentina los grandes empresarios siempre defienden
la “libre empresa” y “la libre competencia”, en tanto y en cuanto
el nuevo competidor no se involucre dentro de su propio mercado.
Si esto acontece se utilizan todos los medios, cualquier medio,
para suprimir al intruso. En los tiempos de este relato los medios
disponibles eran tan amplios que podían involucrar desde el pa-
trimonio del intruso hasta su propia vida si fuera necesario. La
mano de obra estaba disponible.
101
Publicidad gráfica y vial del Banco Oddone
102
CAPITULO IX
Pude convivir un día con la intervención: el lunes 28 de
abril. Fue el día que llegaron los interventores.
J uan Carlos Asté, el interventor designado, era un hombre
no muy alto, bastante gordo y de pómulos caídos, de cincuenta a-
ños largos. Hasta ese momento se desempeñaba como funcionario
del Banco de Boston, pues era su empleado más antiguo. La fun-
ción específica, al momento de ser designado interventor, era la
de presidente de SASIN S.A., empresa paralela del Banco de Bos-
ton que realizaba operaciones financieras en el mercado secun-
dario.
Asté ingresó en el Banco de Boston a los quince o dieciséis
años, contratado y protegido por el Sr. Claudio Campuzano, padre
de mi gran amigo de Nueva York, Claudio Campuzano (h), quien
fuera el primer gerente que tuvo el Banco de Boston cuando se
radicó en la Argentina.
Luego Campuzano, al jubilarse del Banco de Boston, fue
designado representante del Banco Popular Español de España,
junto con el representante enviado desde España, J osé Oliva Ma-
rín.
Por ello Asté ganó posiciones con los nuevos directores
enviados desde los Estados Unidos. También se ganó la confianza
de Manuel Sacerdote, vicepresidente ejecutivo del Banco de Bos-
ton en la Argentina en ese momento. Sacerdote fue su presidente
hasta la venta del banco.
Juan Carlos Asté llegó al Banco Oddone como interventor,
rompiendo todas las reglas y disposiciones normativas existentes
del Banco Central. Hasta entonces nunca había habido un inter-
ventor o veedor designado por el Banco Central externo a su línea
de funcionarios pero, aparentemente, esta era una crisis financiera
atípica. Fue provocada por la propia autoridad económica. Por
tanto requería decisiones atípicas: Por ejemplo, designar funciona-
rios de bancos extranjeros para las intervenciones de los bancos
103
nacionales con un salario equivalente al del gerente general del
Banco Central.
Llegó acompañado de otros dos exfuncionarios del Banco
de Boston, uno de ellos, Alberto Orcoyen, destituido poco tiempo
antes del Banco de Italia debido a una muy poco feliz y contro-
versial gestión. El tercero se llamaba Eduardo Trucco, hasta hace
poco tiempo importante ejecutivo del Citibank Argentina y
funcionario de línea del Banco de Boston en la época.
Reuní a los interventores en la sala de directorio junto
con los directores y gerentes del Banco Oddone.
El interventor Asté comunicó a todos los presentes que
venía a salvar el Banco Oddone para devolverlo a los accionistas
o para venderlo a otra institución financiera. En todo caso su
misión era preservar la entidad y no destruirla o liquidarla.
Ante la exposición del interventor tomé la palabra e instruí
a todo el nivel gerencial para que prestara total colaboración a la
intervención con acceso irrestricto a toda la información contable
y financiera existente en el banco.Asigné para el trabajo de la in-
tervención la sala de directorio del Banco Oddone y me retiré a
mi despacho. Después del mediodía, me llegó la noticia de la de-
tención de diecisiete de mis empleados con sus esposas durante
el fin de semana y el allanamiento efectuado en las oficinas conta-
bles. Tomé conciencia de que estaba empezando a ocurrir lo que
anticipara a mis gerentes al regreso de las reuniones que man-
tuviera el día 23 de abril, con Reynal en el Banco Central y con el
Ministro Martínez de Hoz, en el Ministerio de Economía.
Llamé telefónicamente a mis abogados para informarles
de lo sucedido. También los cité a una reunión para última hora
de la tarde. Esta vez en mi casa. Mario Satanowsky y Hugo Tarsia
llegaron puntuales. Relaté lo acontecido durante el primer día de
intervénción, y lo que sucedido con mis empleados y en las ofici-
nas contables durante el fin de semana.
La opinión de ellos fue unánime: debía desaparecer. Fu-
garme hasta que se viera claro cuáles eran las intenciones del
Banco Central y del gobierno. Mi pregunta fue qué sucedería con
mis empleados y sus familias.
104
La respuesta fue el silencio...
Mario Satanowsky vivió una experiencia anterior con el
traumático episodio del Banco Hurlingham S.A., que relaté en el
Capítulo III de este libro. Por ser abogado durante tres días del
grupo que lo adquirió legalmente (los hermanos Chavanne), pasó
ocho meses secuestrado en el Cuerpo I del Ejército y en Campo
de Mayo.
Hugo Tarsia era penalista. Desde su óptica la recomen-
dación era la correcta.
Pero yo era el protagonista responsable de la institución.
¿Debía dejar a mis empleados librados a su suerte sabiendo, como
sabía, que el objetivo del Banco Central y del gobierno era yo?
Les dije que pensaría qué hacer por la noche. Les comunicaría mi
decisión a la mañana siguiente. Cuando se fueron de mi casa me
quedé hasta muy tarde meditando.
Todos los caminos de mi pensamiento desembocaban en
una determinación: no podía abandonar a mis empleados. Era
como si en una batalla, el jefe decidiera abandonar la tropa en
medio de una emboscada... Debía presentarme y asumir la res-
ponsabilidad y la eventual culpa.
A la mañana siguiente llamé a los abogados informándoles
que me presentaría a las autoridades. Llegué al banco a las diez
de la mañana. A las once, llamé al almirante Cobas, vicepresidente
2º del Banco Central.
L.A.O. —Sr. Almirante, lo llamo para comunicarle que durante
el pasado fin de semana fue allanada una oficina del grupo de
empresas y fueron detenidos una cantidad de funcionarios del
banco y de las empresas. ¿A qué se debe ésto?
Alte.Cobas —No lo sé, Sr. Oddone... No estoy al tanto... ¿Por
qué no se comunica con el Comisario Iannibelli de la División
Bancos?
L.A.O. —Yo no lo conozco, Sr. almirante. ¿No podría comuni-
carse usted con él, y concertarme una reunión aclaratoria?
Alte.Cobas: —Cómo no, Sr. Oddone. Vuelvo a llamarlo.
105
Una hora más tarde llamó para decirme que el comisario
Iannibelli me esperaba en la División Bancos a las 19 horas.
Durante el día me enteré que la intervención había des-
tituido y desapoderado al directorio del Banco Oddone y prohibido
su acceso en el banco a partir del día siguiente. Evidentemente
estos hechos modificaban el espíritu de cooperación y salvataje
declarado inicialmente por el interventor.
Llegadas las 18:45 hs. salí para la entrevista organizada
por el vicepresidente 2º del Banco Central, almirante Cobas. Me
hice acompañar por cuatro custodios armados: dos, veinte metros
adelante y los otros dos, diez metros atrás.
Recorrí el trayecto desde mi banco hasta el edificio del
Banco de la Nación donde estaba la sede de la División Bancos
de la Policía Federal. A mi lado caminaba mi jefe de seguridad
además de los custodios a distancia como prevención de algún a-
tentado en el camino. Apenas llegué me recibió el comisario Ianni-
belli.
L.A.O. —Buenas tardes, comisario. Vengo a verlo por recomenda-
ción del almirante Cobas, para aclarar la detención de mis em-
pleados durante este fin de semana.
Iannibelli —Sr. Oddone, allanamos una oficina de su grupo
empresario, donde se llevan contabilidades de sus empresas. Al-
gunas de esas contabilidades están atrasadas y esas empresas,
con contabilidades atrasadas, tienen crédito con el Banco Oddo-
ne. Por tanto, usted está efectuando administración fraudulenta.
L.A.O. —Sr. comisario, como lo plantea pudiera ser así. Lo que
usted probablemente no sabe es que el hecho de que existan con-
tabilidades atrasadas no implica un delito. Además, yo soy pro-
pietario del 99 % del paquete accionario del Banco Oddone y
del 99 % del paquete accionario de las empresas…Si estuviera
haciendo administración fraudulenta, ¿a quién estaría per-
judicando? ¿A mí mismo?
Iannibelli —…Vea Sr. Oddone, tengo instrucciones del directorio
del Banco Central de detenerlo por Administración Fraudulenta.
106
Así que a partir de este momento queda detenido. Pase al escri-
torio del fondo y espere.
Caminé por un pasillo angosto hasta llegar al fondo. De-
sembocaba en una habitación más grande. Había una mesa sobre
la cual estaban depositados los libros de mis empresas secues-
trados en el allanamiento. Sentado detrás de ella, con uno de los
libros abierto delante de sí, estaba un contador auditor de la Policía
Federal insertando asientos en los registros contables (?).
Me senté en una silla frente a él, mirándolo fijo. A los po-
cos minutos, como continuaba mirándolo, levantó la cabeza y
me preguntó quién era. ––“Soy Luis Oddone”– respondí.
Miró hacia los costados como buscando algo en las pa-
redes, cambió el color de su cara. Dejó de escribir asientos en el
libro. Los cerró. Se levantó y se fue...Pasados los años, después
de mi regreso del exilio en el Brasil, encontré al mismo personaje
como contador de una compañía de seguros localizada en la Ave-
nida Córdoba y Florida de Buenos Aires, que fue vaciada proli-
jamente por el grupo que la había adquirido. Él era el contador de
los nuevos dueños.
Mi sentimiento, en esa dependencia de la División Bancos
de la Policía Federal, era que estaba comenzando un viaje hacia
lo inexplicable y lo impredecible...
* * *
Al producirse el Golpe de Estado, el 24 de marzo de 1976,
hacía dos semanas que me encontraba por negocios en Nueva
York.
Es sabido que los acontecimientos políticos en los países
subdesarrollados son conocidos anticipadamente en el centro fi-
nanciero del mundo. Por eso tuve la suerte de tomar conocimiento
de que algo importante estaba por suceder en la Argentina unos
días antes.
Como estaban las cosas, lo más probable era un golpe de
Estado. Si se producía un golpe de Estado, lo más lógico que po-
día ocurrir era un shock en el mercado financiero.
107
Esperé un par de días, mientras trataba de verificar la infor-
mación. Todos los contactos que hice en Nueva York y con algunos
amigos importantes de Europa, indicaban lo mismo: estaba por
detonar un cambio político de significación en la República Ar-
gentina. Llamé por teléfono a mi jefe de operadores y le ordené
vender toda la posición de títulos públicos que teníamos en el
portafolio.
Alberto Arzac —…¿Qué?¿Estás loco? vamos a hacer bajar la
plaza de títulos en la Bolsa, a pesar de que está subiendo de 2 a
3% por día...
L.A.O. —No interesa... Hay que vender o vender... pase lo que
pase.
Descargamos la posición en el mercado, en 48 horas. El
mercado de bonos de Valores Nacionales Ajustables bajó durante
tres días seguidos.
El 24 de marzo se produjo el Golpe de Estado... El 26 de
marzo cerraron todos los mercados por tiempo indeterminado...
Nosotros teníamos todo el efectivo en los bancos… Durante dos
semanas bancamos las posiciones en rojo de los bancos y las fi-
nancieras colegas del sistema financiero, trabados por el conge-
lamiento de operaciones en el Mercado de Valores.
Cuando volví a Buenos Aires, todos me felicitaban, decían
que era un genio. Les dije que no era genialidad, sólo información.
De nuevo estábamos dentro de un contexto militar...¿Sería al es-
tilo de Onganía, Lanusse o diferente? Había que esperar...
El protagonista era un general, J orge Rafael Videla, al
que nadie conocía, y cuyo último cargo relevante había sido el de
Director de Institutos Militares antes de ser designado Coman-
dante en J efe.
Recurrí a mi padre para que averiguara con los amigos y
excompañeros de la Fuerza Ejército de quién se trataba. La in-
formación que trajo mi padre fue que se trataba de un oficial de
carrera oscura y mediocre.
De cualquier forma estábamos de nuevo frente a una po-
108
lítica económica liberal pues el Ministro de Economía designado
era un alto exponente del llamado establishment argentino. El
Dr.J osé Alfredo Martínez de Hoz había ocupado la presidencia
de Acindar S. A., ex empleado del Sr. David Rockefeller y presi-
dente de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad, que el Grupo
Soldati trató de vender al Estado nacional en U$S 30 millones
mediante una gestión personal del Dr. Francisco Soldati durante
la administración económica peronista del Dr.Celestino Rodrigo.
La urgencia de la venta respondía a su crítica situación fi-
nanciera, lo que no fue aceptado por el ministro justicialista. Bajo
la gestión de J . A. Martínez de Hoz, la empresa fue comprada por
el Estado argentino en U$S 300 millones.
Este hecho, posteriormente, motivó la creación de una
Comisión Investigadora en la Cámara de Diputados de la De-
mocracia, bajo la presidencia del Dr. Raúl Alfonsín. La comisión
fue desactivada silenciosamente gracias a la eficiente gestión de
ex-funcionarios civiles del Proceso de Reorganización Nacional,
en particular el Dr. Guillermo Walter Klein, uno de sus protago-
nistas.
Una vez normalizados los mercados seguimos trabajando
con mucha holgura, pues la utilidad generada por la venta de
títulos públicos nos colocó en una situación de privilegio en cuanto
a solidez y solvencia financiera.
Al mes de producido el golpe de Estado, me llegó un men-
saje extraño de fuentes militares: se comentaba en las Fuerzas
Armadas que Luis Oddone estaba haciendo política a través de
una publicación de su propiedad.
Se trataba una publicación mensual económico-financiera
fundada en 1975 con un grupo de periodistas y economistas a-
migos. La conformaban –entre otros– Pepe Speroni y el vasco
Elorriaga, que venían del semarario “El Economista”, J orge Sch-
varzer, Daniel Della Costa, Martín Campos, Brascó, etcétera. El
nombre era, y aún es, Prensa Económica. Rápidamente me di
cuenta de que alguien me estaba apuntando.
Me reuní con Speroni y Elorriaga para ofrecerles que me
compraran la publicación. De esta manera eliminaría un flanco
109
“La Razón” que dependía directamente de los Servicios de Inteli-
gencia del Ejército.
de ataque a un enemigo que desconocía. Si, había que prepararse
para diseñar una defensa ganaba tiempo para tomar información.
En los meses siguientes se tranquilizaron las cosas. No
veía luces amarillas sobre el grupo económico que estaba
formando.
Me ocupé de observar la implementación de las políticas
de las nuevas autoridades. Éstas se manifestaban de la siguiente
manera: el Ministro de Economía hacía un anuncio periodístico
sobre las medidas a tomar por el gobierno. Se publicaba en los
diarios. Al poco tiempo salía la ley promulgada por la CAL, Co-
misión de Asesoramiento Legislativo que reemplazaba a los ór-
ganos constitucionales del Congreso Nacional
Otro énfasis permanente era el concepto de “libre
empresa, libre competencia y el mercado de los mejores” en todas
las áreas y la “libertad con responsabilidad”.
Error importante de mi parte: creí. Creí a pie juntillas estos
axiomas aparentemente rectores de la nueva política económica.
No me di cuenta hasta mucho más tarde, cuando ya estaba
preso, de que en la Argentina todos los grandes empresarios y
banqueros defienden la libre empresa, la libre competencia y el
mercado de los mejores, en tanto y en cuanto el empresario o el
banquero innovador no le pise los pies a los intereses oligopólicos
tradicionales.
Si esto ocurre, en vez de ser inteligentes y captarlo, co-
mienzan a correr rumores entre los grupos de poder: “Viste como
creció fulano...Está ganando mucha plata... En algo debe
estar...¿No te parece? ¿Por qué no lo meten preso a este recién
llegado?”.
El rumor se hace murmullo, el murmullo se transforma
en habladuría. Hablan con periodistas cautivos como en aquella
época eran los del diario La Nación, Eduardo Bonelli, Bernardo
Neustadt (paladín de la libre empresa, del PRN y más tarde de la
democracia, el libre albedrío, admirador de presidentes latinoa-
mericanos vinculados al narcotráfico y la filosofía española), o
110
111
Por diciembre de 1979 en una reunión informativa de altos
mandos, el ministro Martínez de Hoz denunció ante una cúpula
militar estúpida y cebada en sangre que esos nuevos empresarios
emprendedores eran “subversivos del sistema económico y fi-
nanciero”.
El resultado fue fácil: Provoquemos una crisis, con la cual
de paso justificamos el fracaso de un plan económico inverosímil.
En todo caso, le cuesta al país lo que las Fuerzas Armadas se gas-
taron en la hipótesis bélica con Chile…U$S 10 diez mil millones.
Con la gran liquidez que nuestra organización tenía, diver-
sifiqué la inversión de mi Grupo Económico de acuerdo con mi
plan maestro de crear una multinacional argentina dirigida hacia
las materias primas, su transformación y exportación a los merca-
dos internacionales.
Encargué a uno de mis empleados de análisis bursátil,
Guillermo Ruberto, estudiar un grupo de empresas cotizadas en
la Bolsa de Comercio de Buenos Aires factibles de ser adquiridas,
aunque no en su control, al menos en una posición minoritaria
importante que nos permitiera negociar una integración horizontal
en las áreas que me interesaban.
La idea era la complementación estructural de nuestra base
financiera y de producción masiva con una gran organización in-
dustrial con un importante sistema de distribución. La elección
recayó en Bagley S. A., compañía centenaria, con una gran textura
industrial y una excelente estructura de distribución de productos
alimenticios. Comencé a comprar acciones en la Bolsa de Co-
mercio, a través de mi agente de bolsa, quien era mi exsocio de
los inicios: Roberto Blanco.
Al dirigirme a través de las inversiones del grupo al campo,
el acopio de cereales y la agroindustria, la participación en una
gran compañía de productos alimenticios, poseedora de una
enorme red de distribución, era ideal para mi proyecto a largo
plazo. Además me permitía participar en el negocio azucarero,
(Bagley poseía el 10 % del Ingenio San Martín del Tabacal), y en
el del aluminio, (la empresa era el segundo más grande accionista
de Aluar Aluminio Argentino S.A.).
conocimiento práctico de la gestión. Lo que no se aprende en los
colegios ni en las universidades.
Lo que me faltó en esta operación de diversificación e-
conómica fue información de su situación política interna. No
supe hasta mucho más tarde que la principal accionista, la anciana
señorita Sara Mosoteguy, era una marioneta en las manos de sus
administradores, Oscar Damonte, Jaime Núñez y Rómulo Picasso.
De todas formas, cuando mi participación accionaria den-
tro de la sociedad fue suficiente pude designar un miembro en el
directorio y un síndico. Como director, lo designé al Sr. Martín
Santana, ex responsable financiero del grupo Bunge & Born du-
rante 25 años. Como síndico, al contador Carlos Pagani, un ex-
perto en control de gestión e impuestos de mi confianza y de la
de Mario Satanowsky. El asesoramiento corporativo legal, estaba
en manos de los doctores Horacio Fargossi y Carlos Romanello.
Martín Santana hacía seis meses que era mi asesor, luego
de que se retirara del Grupo Bunge & Born. De gran estatura in-
telectual, mentalidad brillante, culto y conversación amena fue
uno de los primeros hombres que traje a mi lado para que me di-
jera qué era lo que no debía hacer.
Todo entrepreneur, por el hecho de serlo, sabe lo que tiene
que hacer para construir una organización o un conglomerado.
Por su propia condición de liderazgo son pocas las personas que
a su lado le dicen qué es lo que no se debe hacer o hacia dónde no
conviene dirigirse. Dos veces por semana desde el momento que
lo contraté, nos encontrábamos tres horas durante las cuales le
pedía me relatara anécdotas del pasado. De su gestión en Bunge
& Born. Cómo Alfredo, y más tarde Mario Hirsch, resolvían pro-
blemas de personal, de estrategia y de política empresaria.
Nunca le pregunté sobre las decisiones de J orge Born,
quien era presidente del holding en la época. Recabé información
sobre él en la Argentina y en Nueva York. La que me informaron
decía que de las luces que tenía, la mayoría estaban siempre a-
pagadas. El tiempo demostró que la información era correcta fue
expulsado del grupo luego de la experiencia menemista.
Por ser un empresario formado a las trompadas y por fuer-
za de muchas circunstancias favorables necesitaba absorber el
112
113
Hay tres hombres que admiré entre los empresarios de la
Argentina: Mario Hirsch, Agustín Rocca y Alfredo Fortabat. Nun-
ca tuve acceso a ex hombres de los dos últimos.
Tuve la suerte y el honor de contar con Martín Santana y
con el Dr.Ovidio Giménez, hombres de Hirsch los dos. Estos hom-
bres fueron fundamentales para mi formación empresaria como
también lo fueron el Dr. Alfredo Lisdero y el Dr.Héctor Bértora.
El Dr. Ovidio Giménez, a quien ofrecí y aceptó la
presidencia del Holding Oddone a principios de 1980, era el
hombre designado para consolidar el grupo de diversificación
empresaria de no haber sido destruido por los aviesos intereses
del grupo de gangsters que manejaban la economía nacional y
que aún hoy son personajes importantes en la economía y los ne-
gocios argentinos.
Llegué a poseer el 34% del paquete accionario de Bagley
S.A. Los administradores de la empresa y la señorita Sara Moso-
teguy (o a espaldas de ella), implementaron una maniobra de va-
ciamiento en favor de la principal subsidiaria de la empresa, Ali-
mentaria San Luis. El objetivo era impedirme el acceso a las deci-
siones de la compañía.
Martín Santana se dio cuenta. Inicié un proceso judicial
que logró una condena en primera instancia contra los funcionarios
y finalizó durante el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, ya en demo-
cracia.
Uno de los asesores legales de los administradores de Ba-
gley S.A. se desempeñaba como subsecretario de J usticia de la
Nación. El fallo de primera instancia fue dado vuelta por la Cámara
Comercial. En la contienda judicial, Bagley S.A. dejó en el camino
a su presidente, Oscar Damonte a quien –por retirarse– sus socios
le pagaron 500 mil dólares como premio por los servicios
prestados.
Asumió la presidencia su colega, J aime Núñez.
Éste posteriormente se ocupó, en el lecho de muerte de la se-
ñorita Mosoteguy, dueña del paquete accionario mayoritario, de la
modificación de los estatutos de la Fundación Mosoteguy, que im-
pedían la venta del paquete accionario que pertenecía a la familia y
para lo cual había sido creada.
Pero lo importante fue que la empresa no fue vaciada y es
una de las compañías líderes del mercado alimenticio argentino con-
ducida por una enorme corporación multinacional francesa que con-
tinúa expandiéndola y diversificando sus operaciones.
114
CAPITULO X
El llamado cepo es un receptáculo de tres metros de largo
por dos metros de ancho con dos metros y medio de alto.
Un camastro de cemento adosado a una de las paredes
laterales, una puerta con una rejilla en la parte superior, por debajo
de la altura de la cabeza de una persona parada de 1,70 ó 1,75m .
El colchón sobre el camastro es de goma pluma con un profundo
hedor a orina y vómito. Hay una línea de cepos (cuatro o cinco)
al costado de las oficinas del Departamento de Defraudaciones y
estafas, en el Departamento de Policía de la Ciudad de Buenos
Aires. Un pasillo de aproximadamente un metro separa los cepos
de la mampara y la puerta que da acceso al lateral de las oficinas.
En los quince días que estuve allí luego de que me “blan-
quearan” con el inicio de la causa por “Administración Fraudu-
lenta” comencé una rutina diaria de una hora de gimnasia para
mantener en forma los músculos y no entumecerme.
La puerta que conectaba los cepos con las oficinas gene-
ralmente quedaba abierta y se podían escuchar las conversaciones
telefónicas o las charlas de los oficiales y subalternos del Departa-
mento de Defraudaciones y Estafas. Ése era mi entretenimiento
durante las silenciosas horas de soledad en cautiverio compulsivo
y recién declarado ante las autoridades judiciales competentes.
La etapa del secuestro había terminado.
Al segundo día de estar preso en ese lugar escuché un
movimiento importante en la oficina principal: se había presentado
en persona el jefe de Policía, el General Sasiain. Pude oír que es-
taba reconviniendo duramente al comisario Fernández, jefe de la
División por mi detención.
Jefe de Policía —¿Cómo puede ser que lo hayan detenido? Ese
hombre no era para ser detenido...
Comisario Fernández —Pero, General, ¿cómo no lo íbamos a
detener si se presentó espontáneamente?
115
Jefe de Policía —De todas maneras (subiendo imperativa-
mente la voz) ¡no era para ser detenido!
Me di cuenta en ese momento que mi actitud espontánea
de presentarme para pedir la libertad de mis empleados me había
salvado la vida a pesar de haber pasado más de dos semanas se-
cuestrado.
Años más tarde, hablando con el Dr. Norberto Giletta, ya
retirado de la función judicial –él fue el primer juez que tuve a
cargo de la causa penal al iniciarse el Proceso– me dijo que el co-
misario Iannibelli, jefe de la División Bancos al momento de los
procedimientos policiales le comentó, cuando se apersonó para
tomar el caso en las oficinas de la División, que era mejor man-
tenerme detenido porque si no: “Vaya a saber lo que le puede pa-
sar a este muchacho”. (sic)
A mediados de 1978 fui invitado a un almuerzo en la Es-
cuela Militar de Guerra del Ejército al que no asistí, por razones
de trabajo. Posteriormente me enteré, por amigos de mi familia
en la fuerza, que en esa ocasión iba a ser “apretado” por un general
o alguno de los altos oficiales que estarían presentes. Este pro-
cedimiento era usual en aquella época. Por eso, en ese tiempo,
muchos empresarios y banqueros sufrían infartos cuando eran
invitados a los cuarteles.
El 5 de noviembre de 1979, el ministro de Economía Mar-
tínez de Hoz tuvo la reunión informativa mensual en el Comando
en J efe del Ejército, (hoy transformado en J efatura de Estado Ma-
yor). A ella asistió casi todo el generalato, entre ellos, los generales
Videla, Viola, Suárez Mason, Riveros, Bussi, Bignone, Podestá,
Vallín, Centeno, Ortiz, Iglesias, Trimarco, Saint J ean, Bayón,
Sasiain, Camps, Richeri, Guañabens Perelló, Alonso, Harguin-
deguy, Vaquero, Siwald, Laidlaw, Reston, Liendo, Espósito y Gal-
tieri, entre otros.
En esa reunión, el Dr. Martínez de Hoz informó a los ge-
nerales, que se habían detectado acciones subversivas dentro del
sistema financiero sobre las cuales había que operar. Dentro de
los grupos involucrados por el Ministro de Economía en el accio-
nar subversivo estaba el Grupo Oddone. Lo que no explicó el
116
Frente a sus interlocutores dejó la sensación de situaciones
semejantes a las producidas por y con el Grupo Graiver al cual se
lo había acusado de administrar fondos del terrorismo Montonero.
Algunos generales que me conocían o conocían a mi padre,
salieron en mi defensa pero fue inútil. La carta estaba echada. La
sentencia de muerte había sido dictada por el ministro de Econo-
mía.
Lo que había que esperar era el momento o la oportunidad
para llevar a cabo el mandato por parte de los grupos operativos
de las Fuerzas Armadas generalmente a cargo de oficiales de baja
graduación.
* * *
A Teddy García Mansilla me lo presentó su hermano
Lucio.
Lucio era asesor mío y de mi corporación de los Estados
Unidos, en Nueva York. Era muy amigo de Juan Etchebarne, quien
fue mi superior en el Liceo Militar, presidente de la Comisión
Nacional de Valores y posteriormente interrogador de personas
secuestradas en el Cuerpo I en Campo de Mayo. Él fue el interro-
gador de mi abogado el Dr. Mario Satanowsky cuando lo secues-
traron por ser asesor legal de los dueños del Banco Hurlingham
S. A.
En la semana del 12 de noviembre de 1979, la misma
semana en la que autorizaron al Banco Oddone luego de la fusión
para comenzar sus operaciones, recibí la invitación de ir a cenar,
el viernes 16, en la casa de Teddy.
Quería presentarme a Francisco Soldati, Director del
Banco Central, quien quería conocerme. En la cena estábamos
Soldati, Teddy y yo con nuestras respectivas esposas. Mucho
tiempo después me enteré que esa noche se dispusieron dos ope-
rativos a cargo de generales en el Comando en J efe del Ejército
contra “subversivos financieros”, de los indicados por el ministro
Martínez de Hoz.
Ministro era en qué consistían los accionares subversivos apun-
tados.
117
Uno de ellos se desarrolló en las cercanías de La Plata.
En el otro, el objetivo era yo.
De mí debían ocuparse dos generales con efectivos de
apoyo. Uno de ellos llegó posteriormente a una posición de gran
responsabilidad a nivel institucional de la Nación. El otro, antes
de salir a la acción, le pidió prestada el arma de mano a un Subo-
ficial (no era que él no tuviera una).
Estuvieron apostados desde las diez de la noche, por lo
que supe. Nunca me enteré por qué no atacaron cuando salí con
mi esposa.
Tal vez fuera porque no esperaban que estuviera con dos
hombres armados de la Policía Federal en mi automóvil y con un
móvil de apoyo con otros dos. En aquel tiempo uno no sabía si
sería atacado por el terrorismo, por los ladrones o por el gobierno.
En la custodia de mi persona, de mi familia y de mi organización
empresaria del microcentro de la Ciudad de Buenos Aires
intervenían 70 efectivos en actividad de la Policía Federal. O sea
que, si había un enfrentamiento, operativos del Ejército habrían
atacado a efectivos de la Policía Federal... Tal vez esto fue lo que
me salvó... Probablemente nunca lo llegue a saber...
* * *
Con el retorno del general J uan Domingo Perón, en
noviembre de 1972, la apertura de las cárceles (por la amnistía
dictada por el Dr. Cámpora elegido presidente), y el acceso de los
políticos profesionales y los no profesionales a los cargos del po-
der público, la inseguridad económica permanecía latente. El sis-
tema operativo financiero se tornaba cada vez más acelerado, es-
peculativo.
El país que encontré a fines del verano de 1972 regresando
de una gira por Europa y los Estados Unidos era un hervidero.
El terrorismo continuaba desencadenando hechos que nos
conmocionaban a todos: el copamiento con robo de armas de la
Prefectura de Zárate, el copamiento y robo al Banco de Italia en
Santa Fe, del Banco Nacional de Desarrollo con el consiguiente
robo de millones de dólares, el atentado contra el ministro de
118
del Partido Nueva Fuerza y del comandante de Gendarmería Pedro
Agarotti. El secuestro y asesinato del presidente de Fiat Argentina
Oberdán Sallustro y del general J uan Carlos Sánchez...
Venían por la plata y la vida de los empresarios sin im-
portar qué quedaba en el camino en un desenfreno de codicia y
sangre que los ciudadanos comunes no podíamos entender.
Nuevamente apareció una sombra sobre mi actividad: el
gobierno peronista comenzó a propiciar una ley de penas corpo-
rales, es decir, pena de cárcel para los intermediarios financieros
no autorizados a operar por el Banco Central de la República
Argentina.
En ese punto me di cuenta de que debía detenerme. Por
mi juventud e ímpetu me estaba desarrollando como en un juego
y como todas las jugadas me salían bien, nunca sentí que hubiera
reglas a las que hubiera que acoplarse.
Luis Oddone era el típico exponente de esa Argentina des-
controlada en la que ni todo era blanco ni todo era negro y que,
poniendo empeño y convicción, lo gris podía transformase en
colorado. Un país en el que todos mentían no podía ser tomado
demasiado en serio. Los ministros que llegaban al poder, antes
habían escrito libros, y cuando manejaban la economía hacían
todo lo contrario de lo que habían escrito...
Los militares eran rígidos, pero indirectamente fomen-
taban el terrorismo –varios de los principales terroristas de los a-
ños 70, colaboraron con los gobiernos militares, particularmente
en la época en que el general Imaz estaba a cargo del Ministerio
del Interior– otros hacían un oficio de la corrupción, como el ge-
neral Albano Harguindeguy.
¿Tenía un joven ambicioso como yo que funcionar con la
pulcritud de un financiero londinense o norteamericano? Mi res-
puesta hacia mí mismo fue que no.
A pesar de lo que sentía decidí institucionalizarme. En
su defecto, a medida que evolucionara el mercado financiero que-
daría excluido.
J usticia, J aime Perriaux, el asesinato de Roberto Uzal dirigente
119
En 1973, a través del Director gerente de Invespa S.A., la
compañía de operaciones paralela del Banco Español, compré
Fiandra Compañía Financiera S.A., de la localidad de Santos Lu-
gares, un suburbio al noroeste de la Capital Federal. La empresa
era una pequeña financiera de barrio. Su presidente y principal
accionista, el Sr. Pedro Fiandra, como sus socios, tomaron cuenta
de que no tenían ninguna posibilidad a largo plazo.
Llegaron a tener la licencia porque se anotaron cuando el
Banco Central abrió el Registro de Entidades Financieras con lo
cual una oficina de préstamos usurarios a comercios de barrio se
transformó en una Compañía Financiera Autorizada por el Banco
Central de la República Argentina. Una vez comprada le ofrecí la
gerencia general a un amigo, quien era gerente financiero de una
compañía del Estado: Forja Argentina S.A.
Hugo Giganti me había dicho en varias oportunidades que
quería entrar en el circuito financiero. Su padre había sido un res-
petado funcionario de la línea del Banco Central durante muchos
años. Hugo Giganti hizo un excelente trabajo durante un año y
medio. En ese período la empresa se transformó en la primera fi-
nanciera del país y su mesa de dinero era una de las más activas
del mercado. Al transferirle toda mi clientela anterior, parti-
cularmente las compañías multinacionales, más las enormes uti-
lidades que generaba el arbitraje con bonos estatales, el desarrollo
fue impresionante.
Desde la época en que comencé a trabajar con las multi-
nacionales, mi ritmo de trabajo era de fiebre y continuó así hasta
1980. Dormía entre cuatro y cinco horas por día y, algunos días,
dos o tres. Cualquier persona de mi organización podía ser con-
sultada por mí a cualquier hora del día o de la noche para resolver
un problema específico, un negocio o chequear una posición.
Desde mediados de 1974 y todo 1975, hasta una semana
antes del golpe militar de 1976, la mesa de dinero captaba día a
día una nueva posición de fondos de entre 50 y 60 millones de
dólares para financiar títulos públicos tomando plata día por día
o de tres días en adelante. La rentabilidad era enorme. El riesgo
de quedar en descubierto era de infarto.
120
A esto se sumaba que el Banco Central no me autorizaba
una sucursal en la Capital Federal. Por tanto, si operabamos desde
el centro financiero éramos considerados clandestinos e ilegales,
y si operábamos desde Santos Lugares había que hacer movi-
mientos de valores y dinero enormes transportándolos 25 kiló-
metros de ida y vuelta.
La legislación del Banco Central, como siempre, era muy
curiosa. Las entidades financieras que operaban en la capital po-
dían hacerlo con cualquier empresa del país. Las entidades del
conurbano bonaerense estaban regionalizadas, circunscriptas a
una determinada zona. Era un federalismo sui generis. En nuestro
caso, por ejemplo, abarcaba el partido de Caseros, San Martín,
etcétera. En su momento mandé una nota al Banco Central que-
jándome. Varias financieras de la Capital Federal estaban operando
con la planta de General Motors Argentina S.A., que estaba dentro
de mi jurisdicción geográfica. Nunca me contestaron...
Finalmente centralicé la operación en Santos Lugares. Me
enteré de que el comisario González, conocido como “Gonzalito”
por los operadores del mercado financiero y cambiario, estaba
preparando un allanamiento a mis oficinas de la Capital Federal.
Esto nos llevó a transportar y tender un cable telefónico
de 200 pares hasta la sede de la financiera (casi 30 km) y a movi-
lizar una flota de automóviles en movimiento permanente, lle-
vando y trayendo títulos públicos, valores y dinero.
El principal problema era el cable telefónico: Hacerlo lle-
gar a Santos Lugares. Lo llevamos desde el techo del Banco Fe-
deral hasta la Diagonal Norte, desde allí lo entramos a la línea de
subterráneo D hasta la Estación Palermo. Subimos a las vías del
ferrocarril y por los cables de electricidad o telefónicos de las
vías, llegamos a Santos Lugares.
Mirado con los ojos de hoy, año 2007, era una locura. Ya
no se podía parar: estábamos dentro de la sinergia de un creci-
miento desaforado y fantástico y también dentro de una maraña
de disposiciones normativas del Banco Central absolutamente
irracionales para la conformación de un mercado financiero libre
y competitivo.
121
Había que buscar la eficiencia apelando a cualquier recurso
para un mercado ávido de financistas y banqueros que cooperaran
con los factores de producción en un país sin comunicaciones y
con legislaciones tardías.
Cuando el comisario González llevó a cabo el allanamien-
to, las oficinas del microcentro estaban vacías...
.
122
CAPITULO XI
Del análisis retrospectivo efectuado, sobre los proce-
dimientos de la intervención del Banco Central pude notar que
cuanto menos hubo, durante más de una semana (parte del tiempo
que estuve secuestrado sin notificación a la J usticia), órdenes y
contraórdenes en relación a qué hacer y cómo, dentro del Banco
Oddone, por parte de los interventores.
Es bastante probable que colisionaran las instrucciones
provenientes del directorio del Banco Central con las que llegaban
de la vicepresidencia ejecutiva del Banco de Boston, (el Ing. Ma-
nuel Sacerdote, concuñado del Lic. Reynal y ex compañero de la
promoción anterior del Liceo Militar General San Martín (la 17,
yo soy de la 18), con quien al día siguiente de llegar al Banco O-
ddone el interventor ordenó colocar una línea directa punto a punto
(?).
Otro factor de presión, sin duda, debe haber sido, el minis-
tro de Economía y, en particular, el ministro del Interior general
Albano Harguindeguy, dadas las cifras de efectivo y valores in-
volucradas en la intervención del Banco Central en el Banco
Oddone…
Años más tarde supe que al segundo día de la llegada de
la intervención, y al estar yo secuestrado, el Interventor Juan Carlos
Asté cargó dos Ford Falcon dentro del garaje de nuestro edificio
con los bonos, pesos y billetes de dólar que se guardaban en el te-
soro del Banco Oddone.
Esto explicaría las marchas y las contramarchas en los di-
chos y en los hechos del interventor y sus secuaces, Alberto Or-
coyen y Eduardo Trucco. Lo concreto fue que a los pocos días,
luego de ser prohibido el acceso de los miembros del directorio
del banco a la entidad, y al ver que el accionar de los interventores
iba dirigido a la destrucción del banco antes que a su salvación,
un director, J uan Domingo Acosta, se apersonó ante el interventor
J uan Carlos Asté para recriminarle que hacía lo contrario de lo
123
Posteriormente, relevó de su cargo a todo el cuerpo eje-
cutivo de la Casa Central del Banco Oddone, redistribuyéndolo
que había anunciado el primer día: No estaba salvando al Banco,
sino que estaba destruyéndolo.
La respuesta fue inmediata por parte del interventor Asté:
llamó a un policía uniformado de la División Bancos y le ordenó
llevar detenido al Director J uan Domingo Acosta. ¡El interventor
del Banco de Boston tenía mando sobre los agentes de policía!
La causa se evidenció más adelante: Necesitaban tener
por lo menos dos detenidos adicionales a mi persona para con-
figurar el delito de administración fraudulenta que estaban estruc-
turando desde el directorio del Banco Central el Dr. Adolfo Diz,
el Lic. Alejandro Reynal, el almirante Cobas y los demás miem-
bros del Directorio del Banco Central.
El contador Héctor Díaz fue secuestrado con el grupo de
funcionarios iniciales. Este Director, Acosta, al igual que Díaz,
permanecieron cuatro años y medio en la cárcel.
Luego de recuperar su libertad fueron condenados en pri-
mera y en segunda instancia con la pena máxima como yo, por la
pérdida de los depósitos del banco...
Primero cumplieron la condena y luego fueron conde-
nados…
¡Viva la J usticia argentina!
La evidencia de órdenes y contraórdenes surge de las pro-
pias resoluciones del interventor: En la Nº1, el interventor Asté
le comunica al personal directivo, con fecha 28/04/80, que el banco
continuará operando como cualquier institución en actividad pu-
diendo otorgar créditos a los clientes.
A los cuatro días, el 02/05/80, también firmado por el
mismo Asté, en el comunicado Nº 7, determina la prohibición del
acuerdo y desembolso de créditos, fijando el plazo máximo para
las renovaciones en 90 días, sin ninguna facilidad para el pago de
intereses. Primeras resoluciones de la intervención ilegal, efec-
tuada por el BCRA en el Banco Oddone, con personal ejecutivo
del Banco de Boston.
124
en las sucursales de Capital Federal y Gran Buenos Aires, sin nuevos
cargos operativos. Mediante este procedimiento los interventores to-
maron el manejo discrecional de todas las gerencias ejecutivas y o-
perativas del banco sin testigos sobre los manejos contables o con-
tralores pertenecientes a la entidad que no fueran ellos mismos.
De esta manera y con procedimientos arbitrarios e inconsultos
con las autoridades societarias del Banco Oddone, entre el 02/05/80
y el 01/07/80, le pagan al Banco Central más de 70 millones de dó-
lares en concepto de intereses y cargos punitorios. No debieron ser
pagados, pues ninguna otra entidad de las intervenidas lo hizo de a-
cuerdo con las normativas existentes del Banco Central para entidades
que se encontraban en la misma situación. Lo más curioso fue que
para pagar esos intereses al Banco Central el intervéntor Asté pre-
viamente solicitaba los fondos al directorio del Banco Central.
Con este procedimiento aumentaba el quebranto del Banco
Oddone haciéndole pagar más intereses por el uso de mayor cantidad
de fondos de los instrumentados por el Banco Central para, “teóri-
camente”, salvar al sistema financiero a un costo para las entidades
del 4% mensual.
Así, la bola de intereses más quebrantos generados por estos
para pagar al Banco Central con nuevos fondos aportados por el pro-
pio Banco Central para pagarse a sí mismo precipitaban día a día al
Banco Oddone en un tirabuzón de pérdidas sin retorno.
A costa de los fondos pertenecientes al erario público gene-
rados con deuda externa nacional el Banco Central los aplicaba a un
círculo vicioso de toma de fondos por parte del Banco Oddone del
Banco Central para pagarle intereses al Banco Central, el cual a su
vez estaba administrando al Banco Oddone y a través de quien tomaba
nuevos fondos del Banco Central para pagarle intereses con los
mismos fondos del Banco Central al propio Banco Central...
Mediante este mecanismo se creaba permanentemente la ge-
neración de nueva deuda externa del Banco Central con los bancos
internacionales. Se aplicaba a un juego siniestro de ida y vuelta
de dineros en una circulación demencial e ilógica, excepto en su
trasfondo delictivo instrumentado desde el propio Banco Central con
esos mismos fondos.
125
A través de la proliferación de artificios contables y finan-
cieros, que por supuesto nunca fueron motivo de análisis por la
J usticia Federal Penal ni Contencioso Administrativo Federal ni
Comercial, a pesar de haber sido presentadas como evidencia en
diversas oportunidades por los distintos abogados defensores del
Banco Oddone, el Sr. Asté proporcionó a la J usticia Federal Penal
argentina en cifras aproximadas por la conversión a dólares, las
siguientes pérdidas sufridas por el Banco Oddone, a una misma
fecha: 30/04/80:
—Según el informe de la Intervención al juez Federal: US$ 23,3
millones.
—Según el balance confidencial, que la intervención presentó al
Banco Central, US$ 26,5 millones y según la Resolución Nº 236,
mediante la cual el directorio del Banco Central, promulga la
liquidación del Banco Oddone al 28/08/80: US$ 39,9 millones.
Es importante, además, tener en cuenta que la decisión de
liquidar el Banco Oddone, tomada por el Directorio del Banco
Central el 28/08/80, establece un valor retroactivo a los estados
contables, con lo cual se encubre prolijamente la gestión de la
Intervención.
Transfieren todos los movimientos contables dolosos efec-
tuados por Asté y sus secuaces a la cabeza de la administración
existente al comienzo del acto de intervención y que durante su
confección y factura estuvo presa y/o desapoderada con
prohibición de acceso físico al banco: Los miembros del Directorio
y los Ejecutivos.
Ya se mencionó que los directores tenían prohibido el
acceso y los ejecutivos fueron redistribuidos sin funciones
específicas, según consta en las declaraciones espontáneas
efectuadas a pedido mío por los funcionarios del banco.
En esta impronta de flujos y reflujos de dineros pedidos
por los interventores al Banco Central para pagar las cuentas al
propio Banco Central, mis abogados defensores pudieron detectar
que al finalizar la gestión de la intervención existía un faltante de
50 millones de dólares entre la ida y la vuelta. Esto es, entre la
entrada y la salida de plata.
126
Es relevante tener en cuenta que las imputaciones con-
tables, como se verá más adelante, eran ordenadas por el Lic. A-
lejandro Reynal en persona a la línea operativa contable del Banco
Oddone en la persona del contador Santagada uno de los pocos fun-
cionarios que permanecieron en su cargo de la línea histórica del
Banco Oddone.
Sería aburrido y fuera del espíritu de este relato abundar
en los datos técnicos sobre los mecanismos de vaciamiento utiliza-
dos por los interventores designados por el directorio del Banco Cen-
tral y que operaron bajo la supervisión directa del vicepresidente 1º,
Lic.Alejandro Reynal y el vicepresidente ejecutivo del Banco de Bos-
ton, Ing.Manuel Sacerdote, quien posteriormente presidiera la Aso-
ciación de Bancos Extranjeros de la República Argentina, cargo en
el que permaneció hasta 2006, cuando es nombrado director de Loma
Negra por el grupo brasileño comprador de esta empresa y más tarde
de Alpargatas S.A.
También perteneció durante mucho tiempo al Consejo Em-
presario entre otras concesiones de la mediocridad argentina. Pero
hay un dato que demuestra palmariamente la intención del directorio
del Banco Central con respecto al Banco Oddone: el Lic.Reynal ins-
truía personalmente, cosa nunca vista en un funcionario de esta je-
rarquía, a funcionarios administrativos de línea del Banco Oddone
sobre asientos y contra asientos contables por cifras millonarias en
dólares, como puede verse en la siguiente reproducción:
127
Otra particularidad interesante de apreciar, en la colusión
del directorio del Banco Central con la Policía Federal y el Poder Ju-
dicial de la época, es que nunca en treinta y un años de proceso judi-
cial tuve el derecho a efectuar una pericia contable para probar que
el vaciamiento del Banco Oddone no fue realizado por sus autoridades
societarias sino por los interventores designados con este fin por el
directorio del Banco Central siguiendo instrucciones precisas del
Ministro de Economía José A. Martínez de Hoz.
Otra evidencia de este hecho es que el Banco Central siempre
alegó ante la Justicia, y la Corte Suprema de Justicia lo aceptó, que
yo solicité la intervención como accionista mayoritario, sin mencionar
que fui extorsionado para ello, ni que la figura jurídica de la interven-
ción cautelar no existía dentro del texto de la Ley 21526, que regla-
mentaba el funcionamiento del sistema financiero.
Si era legítimo Luis Oddone para decidir la entrega del
banco a las autoridades designadas por el Banco Central, ¿por
qué nunca se aceptó por parte de la J usticia o las administraciones
posteriores del Banco Central, que esa misma condición excluía
la tipicidad de una administración fraudulenta cometida, como
mencionan mis abogados, a todo evento, en perjuicio propio?
¿Por qué nunca se tuvo en cuenta por parte de las au-
toridades y la J usticia del momento, posteriores y actuales, la
denuncia de coacción efectuada por mí ante la Fiscalía de Inves-
tigaciones Administrativas de la Nación en la Cárcel de Caseros
en el mes de octubre de 1980?
Tampoco tuvieron en cuenta los sucesivos directorios del
Banco Central –en una clara acción de encubrimiento, ni la Justicia
tal vez por morosa desidia–, que las decisiones que significan ac-
tos de disposiciones esenciales sobre el patrimonio de una so-
ciedad deben ser adoptadas por la asamblea de accionistas y adi-
cionalmente por el Directorio de la sociedad, como lo ha de-
mostrado claramente el Dr. J orge Sandro, en el alegato de mi de-
fensa presentado ante la Cámara Federal, en la apelación a la
condena de pena máxima, a la que me sometiera la J ueza Federal
Amelia Berraz de Vidal, una conspicua colaboradora del Proceso
de Reorganización Nacional.
128
Lo que nunca se dijo fue que la ocupación del Banco O-
ddone por los funcionarios del Banco de Boston designados in-
terventores fue un allanamiento ilegal, dispuesto por el gobierno,
con lo cual las documentaciones aportadas al juicio por el usur-
pador carecen de validez jurídica.
Para los que están leyendo este libro, les sonará como
una farsa risueña la parte del fallo condenatorio de la jueza Federal
Berraz de Vidal, convalidada en 2005 por la Corte Suprema de la
democracia kirchnerista cuando se refiere al interventor:
“La relevancia de la figura del interventor en lo que a
estas actuaciones atañe, ha sido la de un pacífico aportador de
gran parte de la prueba documental con la que fuera conformada
la exigencia procesal contenida por el Art.207, del Código de
Procesamientos en materia penal...”.
La respuesta de mi abogado:
“Ello significa, por las propias palabras del juzgador,
que la prueba del cuerpo del delito, resulta de los elementos de
juicio aportados por el (¿pacífico?) usurpador del domicilio aje-
no, que se arrogó la función de inquisidor ilimitado dentro del
Banco. De él se sirvió discrecionalmente la justicia, asumiendo
sin disimulo, el papel de beneficiario del hecho ilícito”.
* * *
El desarrollo del grupo empresario, continuó de acuerdo
con los parámetros establecidos hasta finales de 1978. Durante
1977, aparte de las inversiones de diversificación, sufrimos un
par de impactos financieros por quebrantos.
El principal de ellos, fue con la firma de cereales Novick
Insausti S. A., de la provincia de La Pampa.
En aquel tiempo ya estaba decidido a entrar en el negocio
del acopio de cereales y la exportación. A través de mis operadores
financieros, había conocido al Sr. Mezzano, quien era director fi-
nanciero del grupo Ferruzzi de Italia, representado en la Argentina
por su compañía subsidiaria, la Compañía Emiliana de Cereales.
129
Tanto Mezzano como el presidente de la Emiliana, me
dijeron que querían salir del grupo Ferruzzi y que les gustaría in-
corporarse a mi organización si me decidía a entrar en el negocio
de los cereales.
Al poco tiempo de las conversaciones Mezzano me
anunció que se había retirado del grupo Ferruzzi por lo cual estaba
disponible para trabajar conmigo. Como yo no sabía si realmente
se había ido o me lo estaban mandando para filtrar información
lo tomé como asesor externo para las operaciones financieras de
exportación.
Su debut fue malo: la gracia del Sr. Novick me costó U$S
2 millones, a través de una decisión de crédito, que tomé estando
en Nueva York, sobre una operación propuesta por intermedio de
mi gerente de operaciones Alberto Arzac y mi nuevo asesor en o-
peraciones de exportación, Mezzano.
En esos años, Novick tenía un convenio de negocios y
representaba a la Firma Toepfer de Alemania, para la cual com-
praba y exportaba productos y subproductos. Cometí el error, a la
distancia, de confiar más en mi gerente de operaciones y en el a-
sesor, procedente de una importante multinacional del negocio
de los cereales, que en la opinión de mi esposa quien se oponía a
la operación. Me durmieron como al mejor y me costó caro.
El Sr. Novick desapareció del mapa y la única que puso la
cara hastael final fue su esposa, a quien todavía hoy respeto profun-
damente.
Otro episodio fue una operación con garantía hipotecaria
con otro cliente que me desfasó financieramente, aunque sin co-
locarme en zona de riesgo económico. El verdadero problema se
produjo a partir de finales de 1978, cuando se instauró la llamada
“tablita cambiaria”, una versión rudimentaria de la “convertibi-
lidad” del ministro Felipe Domingo Cavallo.
Fue a finales de 1978 en que me di cuenta que algo muy
grave iba a pasar. En un año o como máximo dos años más ade-
lante la economía iba a estallar: la tasa de cambio se mantenía fi-
ja, la inflación continuaba en el 200% anual y la tasa de interés,
por tener que superar a la inflación, era exponencial.
130
El Grupo Oddone ya no tenía el excedente de liquidez de
marzo de 1976 en adelante debido a las inversiones de diversifi-
cación y a las pérdidas producidas en la cartera de créditos.
El capital de trabajo de los nuevos desarrollos no era ca-
pital propio sino tomado del mercado...Si esas condiciones e-
conómicas se mantenían un año, no sólo estallaríamos nosotros,
sino todo el sistema productivo y financiero. Aquellos bancos
cuya cartera de créditos no fueran compañías multinacionales o
el grupo de las más grandes compañías nacionales no tenían
ninguna posibilidad y mi estructura financiera ya no estaba dentro
de ese esquema. Los clientes del Banco Oddone eran pequeñas y
medianas empresas de la Capital Federal, Gran Buenos Aires y del
interior del país a consecuencia de la expansión minorista regional.
Las empresas del grupo Oddone que se financiaban con
terceros bancos y financieras del sistema pagaban un costo fi-
nanciero muy elevado que desalentaba cualquier nueva inversión.
¿Qué podía hacer?
Recuerdo que me paseaba por la noche en el escritorio de
casa, buscando soluciones a esa loca carrera entre el éxito y la
quiebra, en la que a todos los empresarios nos había colocado el
ministro de Economía Martínez de Hoz. Llegué a una decisión:
1.- Debía pagar todos los créditos del grupo de empresas
Oddone exógenos a nuestra propia estructura financiera.
2.- Debía cobrar los créditos dados a las pequeñas y me-
dianas empresas no vinculadas a nuestro grupo.
3.- Teniendo centralizados los pasivos del grupo empre-
sario, dentro de mi propia estructura financiera, establecería un
vaso comunicante a partir del cual manejaría simultáneamente la
variable del crédito y la de la producción...Sabría día por día el
respaldo, la contrapartida efectiva que tendría el banco contra los
factores de producción. Para lograr esto necesitaba un banco
grande...
Por esa razón acepté y me comprometí con el Banco Cen-
tral a fusionar mi estructura financiera cuando me lo requirió el
almirante Cobas en nombre del directorio del Banco Central.
131
4.- Simultáneamente, debía incrementar la eficiencia y el
leverage operativo del grupo empresario con lo cual aumentaba
el valor de los activos.
5.- Si como consecuencia de la erosión salvaje producida
por la tasa de interés debía aumentar la base de los activos tenía
que hacerlo adquiriendo empresas a bajo precio con rápida ca-
pacidad de transformación en cuanto a tecnología, volumen de
ventas y participación en el mercado.
6.- Definitivamente no debía endeudarme en dólares a
pesar de ser la gran tentación. Tenía que pilotear la deuda en pesos
contra pesos hasta el estallido del tipo de cambio.
Durante el período crítico estimado en un año y medio el
grupo empresario generaría rentabilidad y reservas a la operación
financiera aún prestando el dinero a mis empresas a una tasa de
interés inferior a la del mercado pues la rebaja la lograba op-
timizando el arbitraje de la tasa pasiva de depósitos a plazo, 90%
anual, contra la tasa de interés del call money que, en un mercado
cada vez más monetizado, era baja en términos comparativos:
40% anual. De esta manera el banco era “subvencionado” por las
em-presas mediante la rentabilidad generada por las tasas de
interés con un riesgo acotado por ser propio. Cuando llegara el
clearing para el país, el ajuste de la economía, el banco
“subvencionaría” a las empresas a través de las bajas tasas
generadas a partir de la licuación de los pasivos financieros.
Nunca llegué a vivir la segunda etapa. Al año y medio me
habían destruido y estaba preso.
Los que caímos en abril de 1980 éramos aquellos a los
cuales el ministro de Economía Martínez de Hoz calificó de “sub-
versivos” en la reunión mensual informativa al generalato en la
sede del Comando en J efe del Ejército.
Él sabía que si llegábamos al momento del ajuste de la e-
conomía ya no podrían destruirnos. Los ciento y pico de bancos y
financieras que cayeron posteriormente fueron ajustes de cuentas
o negocios particulares de los directores del Banco Central o de
sus asesores directos... La consabida corruptela del poder político
de turno.
132
CAPITULO XII
Pasados los quince días en el cepo del Departamento de
Policía, casi diez con desconocimiento de la Justicia o secuestrado
y el resto “a derecho” me subieron a un patrullero con móvil de
poyo para dirigirnos al Palacio de los Tribunales.
Los que pasaron por trances semejantes saben de la ba-
randa, el olor a sudor pegado y a mierda que uno lleva después
de tantos días en esas condiciones.
Una vez depositado en el J uzgado Federal Nº 4, a cargo
del Dr. Norberto Ángel Giletta, declaré durante tres o cuatro horas
sobre situaciones que hoy, a veintisiete años de distancia, sabemos
que nunca tuvieron valor en términos estrictamente judiciales.
Esto nunca fue reconocido ni evaluado posteriormente por
los jueces, las cámaras federales o la Corte Suprema de J usticia.
Me presento voluntariamente a las autoridades policiales
para colaborar con la J usticia, la policía me detiene de inmediato,
como ya relatara, y hasta pretendieron documentar el abuso:
“Se resuelve: mantener a Luis Alberto Oddone afectado
a los presentes actuados en calidad de incomunicado; promover
oportuna (?) consulta con el tribunal interventor...”. (Fjs.12.)
“El arresto, cumplido sin orden escrita de autoridad com-
petente y fuera de toda habilitación jurídica, fue el comienzo de
un estado de privación ilegal de la libertad que se prolongó por
varios días.” (Según las verificaciones efectuadas por mi abogado
defensor penal, Dr. J orge Sandro.)
Allanamientos ilegales, secuestro, encubrimiento del órgano
jurisdiccional sobre los procedimientos de la Policía y apro-
vechamiento de mi presencia física para someterme al juicio pe-
nal...Esto es lo que sabemos hoy, pero que en treinta y un años no
le interesó ni le interesa ver a nadie.
Del J uzgado Federal me trasladaron a la Unidad Peniten-
133
ciaria Nº 22, en la cual permanecí otros quince días. Luego fui
derivado a la Unidad Nº1 de Caseros, hoy demolida.
Frente a una sucesión de hechos personales que avasallan
a la propia persona, imprevistos y extemporáneos al concepto de
“riesgo del negocio” en los que se transita desde una posición des-
tacada –desde el punto de vista social y profesional– a una posición
denigrada por el trato, la propia mugre acumulada por días, el o-
lor a vómito y orines, se llega a la declaración ante el juez “blan-
dito”.
La declaración en un ambiente espacioso y tapizado de
paredes revestidas en madera lustrada y libros bien encuadernados
dentro del Palacio de los Tribunales produce un efecto relajante,
propicio para hacer uso de la palabra sabiendo que al final habrá
un premio: la ducha, un cambio de ropa, una comida casi digna y
la comunicación con otros.
En esos momentos es interesante la evaluación de los es-
tados de ánimo generados por los diferentes estadios en los que
desemboca la sucesión de hechos producidos durante horas y días.
El nivel de conciencia sobre lo que estaba sucediendo e-
ra irreal. La primera impresión era que los acontecimientos no
me estaban pasando a mí. Le pasaban a otra persona. Más tarde
busqué dentro de mí una interpretación de la confusión...
Sí, había sido una confusión y en un par de días se aclararía
todo...Después de todo, ¿no había sido el almirante Cobas, vice-
presidente 2º del Banco Central, quien concertó mi entrevista con
el comisario?
A lo mejor se equivocaron de persona…Luego escuché la
discusión del comisario Fernández con el jefe de Policía, general
Sasiain…¿Habría sido una trampa?...¿Con qué objeto?…
¿Querrían plata?…Si querían plata no necesitaban detener-
me…Entonces, ¿por qué era necesario esto? Los días que pasé
en la oscuridad del cepo, el hambre, la incertidumbre...
Luego de la declaración ante el juez llegó la primera me-
jora: una cárcel céntrica, frente al Teatro Colón. Una celda lim-
pia...unos guardias grises vestidos de gris...algunos con aire bona-
134
chón... la noticia de que es por pocos días... se podía tener una ra-
dio en la celda para tener noticias del mundo exterior. El periodista
Neustadt, ese gran hijo de puta al que muchos le pagaban, se so-
lazaba despotricando y basureando a los ladrones de bancos.
Pensar que nosotros también le habíamos pagado...También po-
díamos leer diarios...“Ámbito Financiero”, “La Nación”...
Todos nos daban con un caño...
Nuestra caída era el triunfo de los ídolos de la ética y el li-
bre mercado: Martínez de Hoz; Guillermo Walter Klein; J uan
Alemann; Adolfo Diz; Alejandro Reynal... Ricardo Arriazu, el
picapedrero de la industria argentina, el subversivo económico
de pizarrón que destruyó la economía del sistema financiero a
través de la “Cuenta de Regulación Monetaria”.
A las nueve de la noche la puerta de la celda era cerrada
por los guardias. Quedaba hermética. Solo tenía un buzón con el
tamaño adecuado para pasar una bandeja metálica de comida. Se
apagaban las luces. Llegaba el silencio…los pensamientos...¿qué
pasaría con mi familia?...¿Secuestrarían a Nora y a las chicas?...
Me inundaba un sopor hasta que me dormía...
La mañana del segundo día en la U 22 me trajo una buena
noticia: vino a visitarme Nora, mi esposa. Traía comida y bebida.
Estaba tan confundida como yo.
Nadie sabía lo que pasaba excepto lo que yo mejor sabía:
que estaba preso y muy probablemente seguiría estándolo.
Por la tarde me visitaron los abogados. Tampoco sabían
nada. Dijeron que no había que hablar con nadie. Consideraban
que lo mejor que había sucedido era que estuviera preso oficial-
mente. Ahora había que quedarse quieto...esperar...hay que cum-
plir el ciclo... (?) ...”si te movés la van a chupar a Nora y las chi-
cas... Shh, Shh…Silencio…”
Uno de los guardias grises más viejos era oriundo de la
localidad de Merlo, provincia de San Luis, donde mi padre tenía
algunas propiedades de veraneo y yo lo había conocido de chico.
Ordené a través de mi esposa que la compañía yerbatera del grupo,
Flor de Lys S. A., mandara algunas cajas de yerba mate todas las
135
semanas para el personal del Servicio Penitenciario y para los
presos comunes.
Había alguna gente muy deprimida en el piso... lo mejor
era leer para no contagiarse.
Me cambiaron de calabozo dos o tres veces, a medida
que se producían ingresos o egresos de detenidos. Deduje que e-
ra una estrategia para destruir el sentido de la propiedad. Cuando
uno tiene tan poco, un jergón y un armario, se aquerencia rápido
pensando que se va a quedar...
Por los comentarios de los presos veteranos se vivía bien
en ese lugar comparado con los otros penales. Por eso creí que
producían la movilidad constante con todas las pertenencias para
no darte la sensación de estabilidad; después me di cuenta de que
esta gente no hilaba tan fino: lo hacían solamente para joder.
Al cumplir los quince días, me transfirieron con un grupo
de detenidos a la Unidad Nº1 de Caseros. Algunos quedaron en
Caseros “la vieja”, una cárcel más antigua, pegada al imponente
edificio de “la nueva”.
Los que quedaban en “la vieja”, según supe después, eran
generalmente “paras” (paramilitares), que habían sido detenidos
haciendo “hechos” (robos o secuestros) por cuenta propia, al mar-
gen de los “Grupos de Tarea” y sin participarlos, es decir sin dis-
tribuir el producido calificado como “botín de guerra”.
Cumplimos con el ritual de acceso: la entrada al penal al
trote, la patada en el culo, la trompada en las costillas, alinearse
contra la pared del fondo, ponerse en bolas, abrir la boca y sacar
la lengua, darse vuelta, agacharse y abrir el culo, para ver si lle-
vabas drogas, vestirse rápido, juntar las pilchas y meterse dentro
de un “tubo” a oscuras en el que te pasás varias horas, hasta que
después del relevo de la guardia de la noche, te derivan a un piso.
Todo el manipuleo estaba preparado para “trabajar”
psíquicamente al recluso nuevo, llamado en la jerga “primario”,
“gil” o “perejil”. Para el veterano este manual de procedimientos
es una “gilada”, una estupidez. Pero el “primario”, el “perejil”,
se siente avasallado, vejado, humillado y todas esas boludeces en
136
que se transforman más tarde, pasados los meses o los años. Sobre
todo estás cagado en las patas al enfrentar un mundo totalmente
oscuro, desconocido y siniestro.
Como a las once de la noche me llevaron al tercer piso,
donde me asignaron una celda. ¡Me sentí tan bien! Tomé con-
ciencia de que había concluido una etapa y estaba comenzando
otra. Tendría que planificarla, además, algo importante. Muy
importante: estaba vivo...
El juego de compromisos y lealtades humanas me había
salvado la vida y aquí estaba: en la cárcel y “blanqueado”. Le-
galizado...La suerte me había quitado la fortuna pero me había
regalado la vida...
137
142
Revista Fortuna, Buenos Aires, 3 de setiembre de 2004
CAPITULO XIII
Este capítulo está redactado en un lenguaje fuerte y rudo a
fin de no perder el dramatismo de los años vividos. Es también
una forma de transmitir al lector la realidad de que no fuimos
tratados en forma diferenciada del resto de los presos comunes
como ocurre hoy con los políticos, empresarios y jueces.
* * *
Los primeros días de cárcel en el establecimiento
definitivo no fueron difíciles...tampoco fáciles. Entré en un estado
neutro. Simultáneamente sentí la relajación de los hechos ocurri-
dos durante los quince días anteriores a la vez que tomaba concien-
cia del nuevo contexto en el cual estaba instalado.
Mi nueva casa tenía cuatro pasos de largo por tres de an-
cho. Para caminar sólo podía hacerlo en un sentido, a lo largo,
dando una media vuelta al cuarto paso, volviendo a empezar.
Una onda de jaula, de leonera.
A los costados había un camastro sobre uno de los laterales
y en el de enfrente, una “burra”: armario de metal adosado a la
pared con una puerta grande y una pequeña. En el interior de la
grande había un vacío de tal vez un metro veinte de largo por o-
chenta centímetros de ancho y treinta de profundidad. Allí se guar-
daba la ropa apilada. La puerta chica encerraba cuatro o cinco es-
tantes en los que se colocaban los efectos personales de uso diario:
el cepillo de dientes, peine, máquina de afeitar, el mate, la yerba,
etcétera.
En la pared del fondo, justo detrás de la burra, había empo-
trada a la pared una unidad higiénica: un pequeño lavatorio que
liberaba agua a chorros y por presión. Debajo de él un inodoro de
uso múltiple: se usaba para defecar y lavar la ropa. Al frente, a con-
tinuación del camastro, contra la reja, había un pupitre de metal
con su banco. Servía para comer, leer y escribir.
139
tercero y del cuarto piso. Permanentemente había dos o tres grises
ciendo patio hasta las doce y treinta. Entre las doce y treinta y las
trece nos duchábamos para luego almorzar. Si la comida del penal
se podía comer (cosa que no sucedía muy a menudo), lo hacíamos.
En su defecto recurríamos al emparedado de fiambre y queso. El
fiambre era bueno hasta dos días después que era llevado al penal
por los familiares. Después comenzaba a tener un poco de moho
y mal olor pero era mejor que nada y mejor que la comida del pe-
nal.
Mientras permanecías en la celda no se podía reposar en
la cama. Había que caminar o estar sentado frente al pupitre. Si
violabas la norma eras pasible de un castigo en el piso 18. El piso
del castigo.
El castigo consistía en pasar dos, tres o más días en un
buzón (celda sin rejas). Totalmente desnudo, fuera invierno o
verano, pudiendo ser acompañado de una gomeada (apaleamiento
con gomas) o dos diarias. El flagelo era cumplido por dos “grises”,
los guardia cárceles, supervisados por un oficial o suboficial del
Servicio Penitenciario.
Esto último no siempre ocurría.
El patio era totalmente cerrado con ventanas tipo clara-
boyas a varios metros de altura y era un rectángulo que contenía
a cuatro grandes columnas de concreto. A los costados de las co-
lumnas, en sus laterales, estaban empotradas mesitas pupitre como
las de las celdas con bancos de metal enfrentados. Allí se jugaba
al ajedrez, dominó o damas.
Entre columna y columna, entre mesita y mesita, había
largos bancos de metal, excepto en las cabeceras del patio donde
no había nada. En el centro había dos mesas de ping-pong. Se ju-
gaba a ganador o se organizaban campeonatos. Podíamos llevar
libros al patio.
A cada patio convergían presos de dos pisos. En nuestro
caso, el patio estaba en el tercer piso y recibía a los presos del
La diana era una marcha militar con la que te despertaban a
través de los parlantes a las seis y treinta de la mañana. Permanecíamos
en la celda hasta las once en que salíamos al patio. Nos dejaban ha-
140
peleas entre los detenidos.
Así, pasábamos tres horas y media en el patio por día, on-
ce horas y media en la celda caminando o sentados leyendo o
hueveando, y casi nueve horas durmiendo (los que podían).
Me di cuenta de que para sobrevivir debía metodizar una
rutina propia que fuera independiente de la impuesta, pues en su
defecto sería absorbido por el sistema y su contexto.
En primer lugar me hice de cuenta de que había vuelto al
Liceo Militar. Recuperé los objetivos de aquella época. Empecé
a hacer gimnasia en la celda cuando no me miraban porque tam-
poco se podía. Estaba prohibido. Pedía a mi familia libros de fi-
losofía, historia y política.
Tuve la suerte de que los dos funcionarios de mi grupo
que quedaron detenidos estaban en la misma cárcel, uno en mi
piso, el tercero, y el otro en el cuarto. Por ello en los recreos po-
díamos caminar juntos hablando de nuestros problemas jurídicos,
nuestras desventuras e intercambiar información.
Felizmente desde el primer día dormí bien, alimentándome
razonablemente con lo cual podía pensar equilibradamente. Me
descompensé sólo a los dieciocho meses, pero esto lo relataré
más adelante.
La experiencia más importante fue el patio.
Fue como ir caminando por Alvear y Callao y al llegar a
Rodríguez Peña, al doblar a la derecha, aparecía en La Cava, o
como ir caminado por Park Avenue y al doblar por la calle 55,
aparecer en medio del Bronx. La heterogeneidad humana era
impresionante y rica en experiencias insospechadas.
Allí conocí a ex compañeros de Villarino, famoso asaltante
y asesino de otras épocas, al Viejo Rossi, gran caballero del hampa
sólidamente vinculado a la política por el peronismo. Se decía
amigo del general Perón a quien le había hecho varios “servicios”.
Fue uno de los que secuestraron al presidente de la Fiat francesa,
Revelli Beaumont. Cuando volví de mi exilio en el Brasil, en 1985,
me enteré que había recuperado su libertad y que lo habían “pu-
circulando por el patio para intervenir si se producían disputas o
141
esto (matado) en San Pablo. Era la versión que corria en esos días.
Pasados los años, en mayo de 2001, se publicó en los dia-
rios que fue nuevamente detenido por su actuación con una banda
de saqueadores de cajas fuertes personales de los bancos. Imagino
que ahora debe estar en Devoto. También había muchachos jove-
nes de las “villas” que nacieron mamando el delito y el asesinato
sin ninguna otra opción por delante.
Conocí ladrones y estafadores profesionales para los cua-
les la cárcel era un riesgo del negocio y que, una vez capturados,
tenían los “arreglos” armados para salir a los dos o tres meses.
Hubo uno que en los dos años que estuve entró y salió
tres veces. Estaban los garrones (los presos sin culpa), los inte-
lectuales y los financistas como yo: Héctor y José Greco del Banco
de los Andes; Alcides Levis, Raúl Piñeyro Pacheco y José Manochi
del Banco de Intercambio Regional; De Franco Fantín y tantos o-
tros...Escribanos, funcionarios de la Municipalidad de Buenos
Aires, abogados y algunos paras (paramilitares) que aparente-
mente no habían tenido acceso a la cárcel de al lado, Caseros “la
vieja” por sus tropelías individuales no autorizadas por los mandos
de los GT (Grupos de Tareas). Probablemente los asignaban a
esos pisos para chupar información de los presos caracterizados,
como nosotros.
Como leía todo el tiempo en la celda, en los recreos jugaba
al ping-pong, reviviendo las épocas del colegio primario en el
Colegio del Salvador, donde fui un buen jugador de tenis de mesa
y de pelota a paleta. Como mi juego era muy violento y rápido,
me servía para liberar tensiones.
Pasaron los días y los meses, creyendo estúpidamente que
cada mes se aclararían las cosas y recuperaríamos la libertad. Nada
sucedía...El trámite judicial se arrastraba por las estanterías y los
pasillos de los Tribunales, sin solución de constinuidad.
Un día que no estaba previsto, me despertaron a las cinco
de la mañana para ir al Palacio de Tribunales. Me sorprendí por-
que, cuando esto acontecía, siempre teníamos el aviso previo de
los abogados. No tenía alternativa: si los guardias me decían que
debía ir al Palacio de los Tribunales, debía ir.
142
Me vestí. Nos bajaron a la planta baja. Pasamos el ritual
habitual del registro, la puesta en bolas, la sacada de lengua y la
inspección de los cantos del culo. Me tiraron en un buzón a oscuras
hasta el medio día. Me subieron a un camión celular donde en el
compartimiento para una persona íbamos tres encauzados. En e-
sa oportunidad me tocó un suversa (un detenido por subversión
armada alojado en el piso 17), y un para (un paramilitar levantado
de Caseros “la vieja”).
Cuál no sería mi sorpresa cuando no me bajan en el Palacio
de J usticia, sino en otro lugar desconocido para mí. Era la esquina
de Lavalle y Libertad (después supe que era un edificio de juzga-
dos comerciales, en uno de los cuales estaban radicados los ex-
pedientes concursales de mis empresas). Me subieron al quinto
piso y me atendió un juez que se presentó como el Dr. Alejandro
Máximo Paz.
Me informó que me había llamado para tomarme de-
claración sobre los concursos de mis empresas. Le pregunté por
qué no estaban presentes mis abogados ya que la ley exige la pre-
sencia de los abogados del imputado. Respondió que no era ne-
cesario porque era una declaración informativa que no iba a ser
transcripta en los expedientes concursales.
Le respondí que si era así, estaba dispuesto a darle toda
mi colaboración, como en sede Federal Penal lo hiciera, con el
Dr.Norberto Ángel Giletta, para aclarar las cosas.
Pasamos a otra sala, como un pequeño auditorio, en la
que se encontraban dos señoras. Luego supe que una era la síndico
designada, la Dra. Susana Prisant y su socia, la Dra. Bauer. El
juez me hizo muchas preguntas que respondí e inclusive le relaté
la razón de ser de mis decisiones empresarias con total honestidad
conceptual. Me hizo firmar un papel y me despachó de nuevo al
celular que estaba esperando abajo.
Antes de continuar, creo que es interesante mencionar un
episodio protagonizado por este juez meses más tarde, luego de
cumplirse un año en el que el juez Federal Norberto Giletta nom-
brara una intervención federal arrogándose atribuciones de la
J usticia Comercial sobre el Grupo Empresario para preservarlo
143
como garantía eventual para el Estado argentino.
Luego de regularles el juez Giletta a sus interventores de-
signados un honorario equivalente a 2 millones de dólares (hecho
que fue publicado por toda la prensa de Buenos Aires), el Dr.
Alejandro Máximo Paz, juez Comercial a cargo de las quiebras
de las empresas del Grupo Oddone, se presentó en las oficinas
del Holding Empresario cuya sede estaba instalada en el Edificio
Diners, con el apoyo de un carro de asalto de la Policía Federal
lleno de policías federales.
Lo increíble fue que el procedimiento judicial-policial no
era contra el Grupo Oddone o sus funcionarios. Era para desalojar
a la intervención federal designada por el juez federal y ordenada
por otro juez federal, el doctor Marquardt.
Al margen de la disquisición teórica de si la fuerza pública
puede ser utilizada por un juez contra otro juez de diferente fuero
por un conflicto de intereses económicos, se puso en evidencia
que, al menos en los ámbitos judiciales de ese momento, había
distintos cotos reservados dentro de ellos.
El Dr. Alejandro Máximo Paz, con el respaldo de la Cá-
mara Federal Penal y el Dr.Marquardt, no efectuó el procedimiento
para administrar mejor justicia sino para reasignar los dos millones
de dólares a sus propios interventores designados con poste-
rioridad al desalojo de los originales, lo cual hizo forzando la de-
volución del dinero cobrado por los anteriores. De paso el juez
Paz aprovechó para desguazar el Grupo Empresario Oddone.
Uno de los Camaristas Federales que respaldaba al Dr.Paz,
al retirarse de la Cámara Federal se ofreció para tomar mi caso
como defensor a través de mi cuñado y un director del Banco O-
ddone aduciendo que era una barbaridad lo que se me había hecho
judicialmente. Estaba dispuesto a asumir mi defensa previo pago
adelantado de quinientos mil dólares. Por supuesto desestimé la
oferta.
Estos hechos marcan las intenciones aviesas con que fue-
ron encaradas las intervenciones y expropiaciones de los fun-
cionarios del Proceso de Reorganización Nacional desde el lado
de la J usticia (que hoy reclaman), y de los jueces.
144
Otro caso aberrante fue el de la venta de mi empresa Diners
Club S.A., la única existente en la época como emisora de tarjetas
de crédito; aspecto interesante para evaluar el “Patriotismo y Co-
rrección” con que se desempeñaba la cara civil de la dictadura
militar.
Una madrugada de finales del año 1980, a las cuatro de la
mañana, el presidente de Diners Club S.A., el Dr. Ovidio Giménez,
persona inobjetable del mundo de los negocios y de la intelectua-
lidad argentina, recibe una llamada del vicepresidente 1º del Banco
Central, Lic. Alejandro Reynal.
Entre sueños el Dr. J iménez escucha lo siguiente, según
me lo relatara personalmente:
Lic.Reynal —¡Dígale a Oddone que hay que vender Diners!
Dr.Giménez —¿Cómo? ¿Qué dice?
Lic. Reynal — Que tiene que decirle a Oddone que debe vender
el Diners. Si no lo hace, avísele que Diners International retirará
la licencia para operar. Los bancos que le dan el capital de giro,
Banco Palmares y el Banco Río de la Plata cortarán las líneas
de crédito y el Chase Manhattan Bank aplicará la cláusula de
aceleración de pago sobre el contrato de crédito con el cual se
construyó el edificio de la calle Carlos Pellegrini...
Dr.Giménez —Hablaré con Oddone en la cárcel. Iré a verlo...
Al día siguiente de esta abrupta llamada, mi esposa recibe
una comunicación telefónica de un funcionario no identificado
del Chase Manhattan Bank. Sólo para informarle que si la empresa
Diners no es vendida a un tercero,“deberemos pedir la cance-
lación anticipada del crédito hipotecario recibido para la
construcción del edificio de la calle Carlos Pellegrini 1023”.
Días más tarde el Dr. Giménez me visita en la cárcel de
Caseros informándome las noticias. Le indico que no tenemos o-
tra alternativa que vender. No sólo por el problema de los bancos
financistas, sino principalmente por el retiro de la licencia de
Diners Club International.
Le comento que de acuerdo con los números del balance,
145
la empresa tiene más de U$S 8 millones de utilidad adentro de su
balance después de pagar impuestos. La facturación es de casi
700 millones de dólares anuales y es la única tarjeta de crédito
existente en el mercado argentino. Por tanto la empresa valía entre
22 y 24 millones de dólares. También le digo que dada la situación
del Grupo en ese momento y al tener que hacer una oferta pública
no podíamos pedir su valor real sino fijar un precio base para
que, mediante la puja, se llegara al valor correcto.
Con la oferta escrita en esas condiciones fueron al Banco
Central para entrevistarse con el Lic. Alejandro Reynal, el Dr.
Giménez y el Dr. Horacio Fargosi, uno de mis asesores externos
en Derecho Comercial de ese tiempo.
Apenas leyó la propuesta, Reynal tachó de su puño y letra
la cifra base de 17 millones escribiendo al lado la cifra de 10 mi-
llones de dólares, diciéndoles:
—“¡Díganle a Oddone que la base tiene que ser de U$S 10 mi-
llones!”
A estos dichos, el Dr. Giménez le indicó que la diferencia era
muy sustancial con lo que yo había indicado. La respuesta de
Reynal fue:
— “¡Dígale a Oddone que si no firma la venta en esas con-
diciones, su mujer y sus hijas van a tener problemas...!
Cuando el Dr. Ovidio Giménez me trajo estas noticias,
autoricé la venta con la base en U$S 10 millones. La empresa se
vendió al Sr. Francisco Capozzolo en U$S 12,2 millones. A los
cuatro meses fue comprada por el Citibank en U$S 24 millones…
La carta con la cifra tachada por Reynal y con su letra
quedó en poder del Dr. Horacio Fargosi. Le solicité su entrega
para presentarla como prueba ante la Secretaría de Derechos Hu-
manos este año 2011 antes de publicar la segunda edición de este
libro y respondió que no podía encontrarla dentro de sus
archivos…
* * *
146
Continuando con el relato inicial del episodio del J uzgado
Comercial del Dr. Alejandro Máximo Paz, llegado a la planta ba-
ja y a la salida me hicieron subir al camión celular.
En el camión venía un sargento de la Policía Federal y un
agente petiso y flaco, con cara de tape. En vez de encerrarme en
uno de los buzones (compartimientos aislados), del camión, me
dejaron con ellos en la plataforma de acceso al camión, donde
habitualmente viajaban los policías, entre los buzones y la puerta.
Les convidé un cigarrillo en agradecimiento y arrancamos. A los
pocos minutos el camión paró. Se abrió la puerta de acceso y el
suboficial le dice al agente que enseguida vuelve. El “sumbo” se
bajó dejando la puerta abierta...Mi cabeza comenzó a pensar a
toda velocidad...Al agente le ponía una mano y lo tumbaba...era
saltar, correr...y era libre...pero me acordé de un episodio que me
habían contado en un viaje anterior a Tribunales compartiendo el
buzón con un “suverza” y que sucedió en La Plata: se había fa-
cilitado una fuga a detenidos a los que después ametrallaron a-
duciendo fuga...¿Y si conmigo estaban haciendo lo mismo? ¿Si
lo dormía al cana y cuando me tiraba a la calle me estaban espe-
rando y me quemaban?
Volvió rápidamente a mi memoria la reconvención que el
jefe de Policía, general Sasiaín, le hiciera al comisario Fernández
cuando me detuvieron... “¡Éste no era para detenerlo!”, me quedé
manso y le ofrecí otro faso
5
al botón.
7
Como a los quince minutos
reapareció el sumbo
8
, subió al camión, cerraron la puerta y me
llevaron de vuelta al penal, a mí solo, sin levantar a nadie por el
camino, llegamos a la Unidad 1 de Caseros. Me subieron en-
seguida al piso. Ya en la celda le pedí al turco de al lado un poco
de agua caliente y me cebé unos mates. Recién en ese momento
tomé conciencia plena de que había zafado nuevamente de la
boleta
4
.
-
5
faso: cigarrillo
6
botón: agente de policía
7
sumbo: suboficial
8
boleta: muerte
147
Durante todo este episodio fue rechazada la recepción de
comida en el penal y Antonio Pereyra, mi chofer, quien era el que
la llevaba, supo que no estaba porque al no estar físicamente en
el penal no se recibían las vituallas.
Inmediatamente se comunuicó con Nora, mi esposa, la
que temiendo lo peor, llamó a los abogados para que hablaran
con el J uez Federal para determinar a dónde me habían llevado.
El juez Gilleta se sorprendió tanto como mis abogados y
mi esposa, pues no había ordenado mi traslado a ninguna parte a-
quel día. ¿Con qué autorización, de quién, me habían sacado del
penal? Ni mi familia, ni mis abogados, ni yo lo supimos nun-
ca...aunque yo sí me imaginé que detrás de éso estaba el Ministerio
del Interior, el general Albano Harguindeguy en colusión con el
juez Comercial Alejandro Máximo Paz.
Posteriormente este ex juez fue transferido a a la justicia
electoral y al retirarse trabajó en el Estudio Moltedo, con el Dr.
Eugenio Aramburu (h) y últimamente fue candidato a Ministro
de J usticia por el Movimiento Recrear, encabezado por el Dr. Ri-
cardo López Murphy en las elecciones presidenciales de 2003.
Con este grupo supo conquistar el apodo de “El Incapaz”.
Al día siguiente el Dr. Alejandro Máximo Paz se presentó
en las oficinas del Diners, desde donde se manejaba la adminis-
tración del grupo de empresas para pedirle disculpas a mi esposa
por el hecho ocurrido (?).
* * *
La rutina del pabellón carcelario se rompía cuando apa-
recían los golpes de rejas al cerrarse o brirse puertas y los gritos
de la requisa. Las puertas de las celdas se abrían de golpe, y tenías
que salir de raje y ponerte contra la pared, mirándola con la cabeza
agachada y las manos atrás, te daban vuelta la celda buscando,
según decían, droga o plata, para finalizar con la rutina de poner-
te en bolas, revisión de ropa y la revisión corporal.
148
— ¿Qué te pasa? – le pregunté–.
No me pudo contestar, temblaba, sudaba y lloraba al mis-
mo tiempo. Me di cuenta de lo que pasaba. Estaba sobrepasado
por el miedo, cagado hasta las patas. Le empecé a hablar despacio,
pausado, explicándole que era necesaria la requisa porque nos
rompía la rutina. Que si nos dejábamos ganar por la rutina de e-
llos corríamos el riesgo de acostumbrarnos y sentirnos bien, que
si nos sentíamos bien nos olvidaríamos de por qué y por quién
estábamos allí…y nos olvidábamos de odiar y si nos olvidábamos
de odiar..., perderíamos la fuerza para resistir. El muchacho se
fue serenando, se tranquilizó, se le secaron las lágrimas.
Nunca más lo vi llorar en las siguientes requisas.
Hay dos formas de superar la cárcel en la cárcel: a través del
amor o a través del odio.
Los que la superan por el amor generalmente es porque les
rompieron el culo.
* * *
La homogeneidad de los reclusos del tercero y cuarto pisos
“B”, por tratarse en su mayoría de gente con más de cuarenta a-
ños permitía, a diferencia de otros pabellones, un ambiente de
mayor silencio y menor agresión.
La agresión, en nuestro caso, la recibíamos de los encar-
gados de piso del Servicio Penitenciario o de las autoridades del
penal. Por ejemplo mediante los parlantes generales en momentos
de tranquilidad.
Luego del recreo brotaba imprevistamente una música en-
sordecedora, que sólo era interrumpida de a ratos por una voz so-
Allí menudeaban las trompadas y las patadas propinadas
por los guardias de la requisa a los internos y algunos chicos jó-
venes primarios o perejiles hasta se ponían a llorar.
Recuerdo un día en que apareció la requisa cuando está-
bamos en el patio y el chico con el que estaba jugando al tenis de
mesa comenzó a tener espasmos de temblor y llanto.
149
jos iban al baño por compulsión de los guardias cagándose de
cargado de piso a presentarse en un determinado lugar del penal.
Cuando paraba la música, comenzaba el raspado de las llaves
contra las rejas con el recorrido de inspección celda por celda.
Otras veces, el guardia recorría caminado sigilosamente para ver
qué hacía el recluso en la celda y si, por ejemplo, estaba haciendo
gimnasia o se había recostado en la cama, era castigado y mandado
al piso de castigo. Había momentos en que la impotencia generaba
rebelión. En ese caso el recluso era gomeado y transferido.
A los seis meses de estar preso, luego de descubrir un lo-
cutorio que no se utilizaba en el piso entre varios internos desta-
cados solicitamos autorización para organizar un salón de tele-
visión y biblioteca. En este proyecto participamos Raúl Piñeyro
Pacheco, los hermanos Greco, J orge Di Cio, algunos más y yo.
Conseguimos la autorización. Doné una heladera para evi-
tar que se pudriera el fiambre en las “burras” de las celdas y en-
tre todos conseguimos donaciones de alfombras, sillas, etcétera,
y lo que no conseguimos lo compramos aportando fondos los in-
ternos del pabellón que teníamos posibilidades. Esta iniciativa
mejoró un poco las condiciones de vida porque se logró, para los
que querían ver televisión, un permiso para quedarse hasta las
once o doce de la noche.
Esto era muy importante pues eran menos horas en la
soledad de la celda. Los libros que nos enviaban nuestros fami-
liares luego de leerlos podíamos donarlos a la biblioteca que se
estaba formando con lo cual se fue creando un stock de libros pa-
ra los que no tenían recursos para comprarlos.
Cuando recuperé la libertad, en 1982, habíamos conse-
guido acumular casi cuatrocientos volúmenes. También organi-
zábamos algunas conferencias debido a que había algunos intelec-
tuales. Esto no funcionó.
En el verano conseguimos ver cumplido el pedido que hi-
ciéramos a las autoridades para poder bañarnos con agua caliente.
En el invierno, con el viento zumbando en los corredores, daban
agua caliente un día cada tres o una vez por semana. Los más vie-
licitando la comparecencia de un guardiacárcel o suboficial en-
150
151
frío. Se salpicaban un poco y volvían tiritando.
Los libros eran censurados y las cartas a los abogados o a
los familiares también. Un día uno de los reclusos pidió a su fa-
milia un libro del cual era autor. La censura impidió su entrada al
penal y lo devolvió a sus familiares. Cuando el hombre se enteró,
pidió una audiencia con el director del penal. Al ser recibido, le
explicó que debía haber una grave confusión pues si su libro no
podía ingresar al penal ¿cómo podía ser que él sí? El director se
quedó mirándolo, llamó a los guardias y lo devolvió al piso.
Esto sucedió en la misma época en que fue prohibido el
acceso al penal del diario “La Prensa” con el argumento de que
era “subversivo” como resultado de los artículos periodísticos
que escribían Manfred Schönfeld y J osé Iglesias Rouco sobre las
ejecuciones, desapariciones y arbitrariedades de toda índole que
comenzaban a aflorar por la época en la sociedad argentina lle-
vando su conocimiento a la opinión pública.
Los artículos de fondo del diario “La Nación” eran diferen-
tes. Se ocupaba de otros temas importantes en sus editoriales como
por ejemplo: “La educación vial en los países escandinavos”.
Cuando se tomó la medida de prohibir la entrada de “La Prensa”
todavía el general Albano Harguindeguy era Ministro del Interior.
Con mi actitud regresivo liceísta hasta conseguí divertirme
un poco durante el primer año y medio a pesar de que, cada tanto,
la frustración de sentir que pasaban los días, los meses, el año y
más meses subsiguientes sin ninguna definición a favor o en
contra, me hacían pasar días depresivos. En particular debido a la
impotencia de no saber hasta cuándo duraría la farsa de un proceso
judicial ilógico y extemporáneo.
Así llegamos a noviembre de 1981. Ese mes comencé a
deteriorarme psíquicamente. La depresión inició su proceso des-
tructivo. Había tomado conciencia de que jurídicamente no tenía
ninguna posibilidad. Los abogados continuaban diciéndome que
había que esperar debido a que un caso político como el mío no
podía tener solución jurídica a corto plazo, pero tampoco me po-
dían dar una fecha cierta. No ya de la finalización del proceso, sino
al menos de la recuperación de la libertad. A pesar de que leía y
encontré sobre la mesa un texto de Baghavad Gita. Lo llevé a la
celda y comencé a rezarlo en voz alta.
152
me mataba haciendo gimnasia la ansiedad me ahogaba.
Así, dejé de salir al patio. Entré en una pasividad desga-
nada e hipersensible. Sentí que me disminuía la visión y se exa-
cerbaba mi sensibilidad auditiva. Me aturdían los menores ruidos.
La música de los parlantes me perforaba los tímpanos y
el ruido de las puertas de rejas al abrirse o cerrarse como las lla-
ves contra ellas, me producían una sensación brutal en la cabeza.
No perdí el sueño pero comía menos, debilitándome físicamente.
La situación de stress se había agudizado. A la depresión fue su-
mándose una especie de paranoia persecutoria y una gran ines-
tabilidad emocional.
Decidí pedir un médico al hospital del penal. Un día apa-
reció un hombre de guardapolvo blanco, no muy alto, de bigote y
cara redonda que me entrevistó en la mesa de los guardias, en el
acceso al pabellón.
Me dijo que era el psiquiatra que había solicitado. Quería
saber cuál era el problema. Le relaté los síntomas que estaba ex-
perimentando desde hacía aproximadamente dos semanas y me
recetó unos medicamentos.
Los medicamentos eran distribuidos en las celdas por un
enfermero en los horarios estipulados en la receta médica. Al día
siguiente comencé a recibir la medicación por la mañana y por la
noche.
El problema fue que, a los dos días de tomarla, empecé a
alucinar y a perder el balance. A la noche no podía dormir, cosa
rara en mí, pues nunca me había ocurrido. A la semana tenía un
mambo fantástico en el que se alternaba la depresión con la ci-
clotimia de la ansiedad persecutoria y la alucinación.
Comía muy poco. Tal vez por la sensación persecutoria
desconfié de los medicamentos. Decidí continuar recibiéndolos
pero sin ingerirlos. Los tiraba por el inodoro. No mejoré, pero
tampoco empeoré. Decidí superar el trance mediante autodominio
e introspección y un día fui a la sala de televisión y biblioteca y
Con el transcurrir de los días fueron cediendo las alucina-
ciones. No la sensación persecutoria. Pasaba horas sentado, hur-
gando dentro de mí mismo o parado como en una expresión de
éxtasis hasta el punto de llegar a sentir la sensación de la piedra.
Comencé a desarrollar mentalmente teorías filosóficas y po-
líticas...Un día tomé un papel y desarrollé completamente el Teo-
rema de Pitágoras, algo de lo que no sabía desde los quince años.
Noté que se iban modificando los patrones de movimiento
día por día, como adaptándose a esquemas rituales antiguos hasta
que un día, en un momento en el que estaba en una especie de
catarsis, sentí como un derrame dentro de la cabeza que me pro-
dujo una sensación de éxtasis y luminosidad.
Después de ese episodio, se me relajaron las tensiones y
ya no me importó nada de lo que me rodeaba. Comencé a sentir
un inmenso placer en estar espiritual e intelectualmente dentro
de mí mismo; miraba el contexto como desde un estadio diferente.
Cierto día, durante una meditación, o algo que sólo puedo explicar
de esa manera, tuve un viaje hacia atrás a través del tiempo.
Meses después, supe que había sido un viaje arquetípico
y comprendí aquello de que toda la historia de la humanidad está
dentro de nosotros mismos. Otro día, algo me impulsó a tomar
un papel, siempre durante esos estados de contemplación espiritual
y sentí cómo mi mano se desplazaba con torpeza arcaica es-
cribiendo los primeros números, y fui recibiendo la conciencia
de la atadura irrevocable de la evolución numérica con la historia
de la humanidad.
Desde el comienzo de la crisis abandoné las lecturas his-
tóricas y políticas. Solo leía y releía el Baghavad Gita encontrando,
cada vez, distintas interpretaciones del relato de Arjuna, en-
contrando una significación distinta al sentido de la paz y de la
guerra, del amor y el odio, de la alegría y la tristeza...
Un día sentí que estaba saliendo de mi cuerpo y que podía
contemplarlo desde afuera como un espectador. Simultáneamente
sentí que disminuía peligrosamente el ritmo de los latidos de mi
corazón. Tuve miedo. Detuve la experiencia sin repetirla. Después
supe que podría haber avanzado sin riesgo, pero en ese momento
tuve el temor que dá el desconocimiento.
153
Describir estas sensaciones y experiencias después de
muchos años que estuvieron conmigo me resulta extraño pero,
¿por qué no hacerlo? Tal vez le puedan servir a alguien en una
situación semejante. Mi psiquiatra, Carlos Galfasó, me confió,
años después, que no descartó que me hubieran “trabajado” con
pequeñas dosis de ácido lisérgico en las comidas –durante ese
período tuve un régimen especial de comidas– para provocar en
mi psiquis una resolución abrupta, como el suicidio o algo
parecido.
Sin embargo, durante esa etapa, jamás pensé en quitarme
la vida ni en ninguna autodestrucción. Las resoluciones o con-
clusiones de las vivencias introspectivas siempre eran creativas y
positivas.
El psiquiatra del penal me visitaba una vez por semana o
cada dos semanas y siempre en la misma mesa de los guardias
del primer día. Me preguntaba cómo iba con la medicación entre
socarrón e interesado. En todos los casos le respondía que estaba
mejor y nada más.Todos los días continuaban entregándome la
medicación, la que sistemáticamente tiraba por el inodoro.
Afuera, mi esposa se había preocupado mucho al ver mi
estado en las visitas a través del vidrio, pues las visitas se rea-
lizaban en un locutorio y los diálogos se producían a través de un
grueso vidrio, sin contacto físico.
Para poder entender la situación, la cárcel de Caseros,
Unidad 1 del Servicio Penitenciario Federal era un establecimiento
de máxima seguridad, construido e inaugurado durante el gobierno
del Proceso de Reorganización Nacional. El modelo fue tomado
por una copia de la cárcel de Tucson, Arizona, EE. UU., que fue
dejada de usar a poco de inaugurada por no haber pasado ninguno
de los exámenes de las instituciones de derechos humanos.
Actualmente se decidió la demolición de esta cárcel de
Caseros. Debería investigarse cuántos suicidios sucedieron en ella,
(la gran mayoría instigados) a lo largo de los poco más de veinte
años de su existencia.
Inmediatamente Nora, mi esposa, inició gestiones en el
juzgado para que se autorizara el ingreso de un psiquiatra externo.
154
El trámite duró dos meses y medio, previa junta médica solicitada
por el juez para ver si se justificaba.
Al parecer, existía el temor de que un psiquiatra externo me
enseñara a hacerme el loco y además existía la sospecha en el juzgado
de que me estaba haciendo el loco en esos momentos. La autorización
fue extendida a finales de febrero o comienzos de marzo de 1982.
Cuando el Dr. Carlos Galfasó me entrevistó por primera vez,
lo primero que me preguntó fue si había tomado la medicación que
estaba recetada. Le contesté que no, que sólo la había ingerido durante
pocos días.
155
Publicidad gráfica del Banco Odone
156
CAPITULO XIV
“La mentira mata, la verdad vivifica.
Sufrir derrotas no es deshonra,
mientras quede la esperanza del desquite.
Todos los grandes imperios han tenido
contrastes en su historia.
Lo que no admite redención
es el error intelectual: el considerar
derrotas como victorias y glorificar
a sus autores, que es
lo que ha ocurrido en la Argentina.”
Ernesto Palacio. Historia de la Argentina
Si tuviera que relatar los años de mi vida en el Brasil, con
su interregno paraguayo, los años posteriores a mi regreso a Bue-
nos Aires en 1985, mi residencia desde 1996 hasta 2001 en los
Estados Unidos, el regreso y la nueva partida hacia los Estados
Unidos donde vivo en la actualidad, requeriría dos libros más.
Obvié muchas situaciones, sucesos y personas en beneficio
de la síntesis debido a que en este país desculturizado que nos
dejó el Proceso de Reorganización Nacional y las últimas demo-
cracias poca gente lee un libro de más de doscientas o trescientas
páginas y con letra grande.
Sentí la necesidad, después del silencio, de presentar a
mis compatriotas una versión diferente a la Historia Oficial de
los hechos ocurridos durante la crisis financiera de 1980. Hasta
ahora fue relatada por los que la desencadenaron, sus subalternos,
los contratados por ellos para hacerlo o los pseudo historiadores
de situaciones que no vivieron y que hoy tanto abundan.
Cobra mucho más valor hoy en 2011, cuando todo el sis-
tema financiero argentino quebró y ni los bancos ni los banqueros
protagonistas de la quiebra generalizada recibieron un tratamiento
como el que recibimos y aún continuamos recibiendo nosotros
luego de treinta y un años de confiscación, proscripción, mar-
ginación y segregación por parte de una sociedad enferma y co-
rrupta.
157
Sucedieron cosas desde entonces. Desde la política y desde
la economía, pero esencialmente no ha cambiado nada. El país
continúa dirigido por los mismos personajes e intereses de siem-
pre. Las empresas del Estado se vendieron casi todas a fin de re-
ducir la deuda externa y producir la desregulación de la economía.
Luego de venderlas acogiéndonos al beneficio del Plan
Brady y de la reestructuración Lavagna después del colapso de
2001/2 seguimos debiendo U$S 140 mil millones. Dos veces la cifra
que debíamos antes de las privatizaciones.
El Plan de Convertibilidad instaurado en 1991 acumuló
una inflación de aproximadamente el 50% durante su vigencia.
La desocupación llegó al 14% a finales de la etapa menemista y
posteriormente rondó en el 30% de la población habiendo pasado
por etapas del 15%, 18% y 22% durante el gobierno de la Alianza
con el Presidente De La Rúa.
El colapso de 2001/2 sumado a la licuación desenfrenada
promovida por los terroristas económicos Remes Lenicoff y To-
desca desde el Ministerio de Economía y fogoneada por la Unión
Industrial y algunos grandes grupos económicos altamente en-
deudados, permitió un crecimiento sustentado en la suba de los
precios de las materias primas en los últimos años que abona la
fantasía de los políticos sobre una buenaventura permanente.
Esta actitud forma parte del surrealismo argentino: nadie
cree en la realidad sino en lo que cada argentino cree que es la
realidad.
Cada cinco o diez años la realidad aparece y arrasa con
todo. Todo vuelve a empezar. Por eso la Argentina no es una nación
que evoluciona sino que involuciona.
Durante la época menemista los gastos del Estado aumen-taron
desenfrenadamente a pesar de la desregulación, y el déficit fiscal
trató de nivelarse –mediante el mecanismo de “autoprés-tamos”–
con el producido de las privatizaciones (este mecanismo fue
explicitado públicamente por el Dr. J uan Llach en el programa
televisivo de la red de Cablevisión a cargo del periodista J osé Ig-
nacio López), y más tarde, en los años subsiguientes, mediante la
políticadel endeudamiento irrestricto inducida por el Dr. Cavallo.
158
159
nem) y luego de 2001/2, lo que se debe hacer es bajar los gastos
fijos, comprar lo mínimo necesario para producir, refinanciar las
deudas a largo plazo y vender lo máximo posible al exterior.
En nuestro país se continuó tomando deuda indiscrimi-
nadamente hasta llegar al agotamiento del crédito en los mercados
internacionales –en los 90– y ahora el mercado internacional de
capitales está cerrado por la realineación geopolítica, y el mercado
local casi saturado, por mantener un tipo de cambio ficticio que
beneficia en el corto plazo e hipoteca el largo plazo.
Leí a varios autores que escribieron sobre la crisis bancaria
de 1980. El primero fue el Dr. Brignone hace ya mucho. Luego le
siguieron el Dr.Roque Fernández, socio histórico –junto con la
gente del CEMA– del grupo Martínez de Hoz.
Mi intención al escribir este libro, fue la de entregar una
visión directa sobre la crisis financiera de 1980 descripta por uno
de sus protagonistas quien, además, está dispuesto para el debate
público o privado con cualquiera de las personas o instituciones
mencionadas en este relato.
Cuando una empresa está en quiebra, como la República
Argentina en 1989 (Alfonsín), después de la Convertibilidad (Me-
160
Diario La Tribuna, Rufino, SF, 27 de agosto de 2011
CAPITULO XV
El atraco
Independientemente de las descripciones sobre los proce-
dimientos utilizados por los funcionarios de la intervención ilegal
designados por el Banco Central de la República Argentina efec-
tuadas en capítulos anteriores, es importante tomar en cuenta que
el robo al Banco Oddone, no fue sólo un accionar de los interven-
tores designados por el directorio del Banco Central sino un pro-
cedimiento sistematizado que continúa hasta nuestros días de “De-
mocracia Plena”.
Los procedimientos, la corrupción y el encubrimiento de
los sucesivos directorios del Banco Central con la connivencia
de los jueces desde 1980 hasta la actualidad me obligaron a des-
cribir las actuaciones judiciales que componen este proceso inter-
minable en un apéndice adjunto a este libro.
A veintiséis años de comenzadas las actuaciones ju-
diciales, en septiembre de 2005, la Corte Suprema de J usticia de-
signada por el presidente Kirchner con el fin de “reivindicar a la
Justicia argentina en sus procedimientos y transparencia”, con-
validó las leyes ilegales del Proceso de Reorganización Nacional
y decretó la liquidación del Banco Oddone S.A. en fallo final.
Debido a ese fallo, en 2006 comenzó a desarrollarse la
quiebra del Banco Oddone suspendida desde 1983 por la Corte
Suprema que indicaba: “Dado que la quiebra del Banco Oddone
no se produce por razones económicas sino a consecuencia de
la liquidación, hasta tanto no se dirima si ésta fue efectuada de
acuerdo con la ley, queda en suspenso el proceso de la quiebra”.
La J ueza Comercial María Cristina O’Reilly, a cargo del
J uzgado Comercial Nº 22 designó un síndico ad hoc, el Dr. J uan
Francisco Narbaitz, del estudio de contadores Tissoco & Aso-
ciados, quien al momento de la verificación de créditos certificó un
supuesto crédito del Banco Central de la República Argentina por
161
Los comprobantes exhibidos para acreditar la deuda son
fotocopias carbónicas de asientos contables presentados por el a-
creedor, el Banco Central.
Así describe el hecho la defensa del Banco Oddone pos-
teriormente ante el juez Federal Penal:
“El día 26/9/2006, fecha límite estipulada para la ve-
rificación de créditos, el Banco Central de la República Argentina,
hizo su presentación ante el síndico ad hoc, Dr. Juan F. Narbaitz
del estudio Tissoco & Asociados con el patrocinio del estudio
Borda, pretendiendo verificar la sorprendente suma de $
2.327.442.813.194,84, acompañando como títulos justificativos
de su crédito solamente, una certificación emitida por el propio
BCRA de los saldos que el ex Banco Oddone presenta en los re-
gistros contables del mismo BCRA al cierre de las operaciones
del día 19/09/2006; y otra certificación emitida de fecha 25/09/
2006 de la que surge la desagregación de los supuestos saldos
certificados por la Contaduría General del BCRA correspondiente
a créditos pre quiebra y post quiebra. Es decir que, ostensi-
blemente, el BCRA no presenta, no exhibe, ni tan siquiera ma-
nifiesta dónde se encontrarían los títulos originales que justifiquen
al menos someramente la enorme suma que pretende insinuar
como acreencia, por lo que la certificación presentada es nada
más que una mera pretensión del BCRA quien “certifica” por sí
y ante sí un crédito enorme, sin ningún sustento legal ni fáctico,
ni tan siquiera una liquidación adecuada desde las fechas de
origen”
“Más curiosa e inaceptable aún resulta la pretensión del
BCRA de que dicha “certificación” constituya instrumento públi-
co, lo que se aparta groseramente de las pautas del Código Civil
y constituye una verdadera afrenta al sentido común.”
“Debo destacar que en la causa Federal Penal iniciada
hace más de cinco años por denuncia de la Fiscalía de la Cámara
Comercial Sala “E” y el procurador General de la Nación, se
han efectuado numerosas intimaciones cursadas por el juez Fe-
deral Penal a cargo del Juzgado Nº 12, Dr. Sergio Torres, al
BCRA a fin de que presenten originales de la documentación
la cantidad de 2.327.442.813.194.84 pesos.
162
respaldatoria de su pretendido crédito y de los “Balances” osten-
siblemente falsos a diciembre de 2001 y 2002 que la entidad rec-
tora ya presentó en sede comercial y que ahora resultan incluso
contradictorios con la propia “certificación” que se pretende
hacer valer”.
“Para evidenciar la grosera manipulación de cuentas que
el BCRA realiza con total desaprensión e impunidad, como síndico
del Banco Oddone es importante saber que con fecha 12/05/04
el BCRA presentó ante el Juzgado Comercial un informe de Sin-
dicatura sobre Actos de Administración en que el cálculo estimado
del crédito de esa entidad contra Banco Oddone, ascendía, (al
cierre del primer trimestre del año 2004), a la suma de $ 3.810.
914.716,46; es decir Mil Cuatrocientos Ochenta y Tres Millones
de Pesos MÁS DE LO QUE AHORA INSINÚA COMO CRÉDITO
Y QUE LA JUEZA COMERCIAL HA VERIFICADO CON UN
DESCUENTO DE $ 7.000.000”.
La cadena de encubrimiento, falsedad y total desconside-
ración hacia la investidura de los magistrados judiciales que carac-
terizó y caracteriza el accionar del BCRA en esta causa resulta
palmario:
A fs.1161/62, el BCRA responde al juez Federal Penal un
oficio argumentando que no presentan los originales requeridos
en virtud de que dichos originales se encuentran “reservados” en
el BCRA, (sin especificar el sector), con el objeto de ser acom-
pañados en oportunidad de presentar el pedido de verificación de
crédito de la entidad rectora en la quiebra de Banco Oddone S.A.
Ahora bien, cuando esos originales deben ser exhibidos,
en la insinuación del supuesto crédito del BCRA ante la jueza
Comercial, tampoco aparecen, por lo que cabe preguntarse:
¿dónde estarán finalmente los originales requeridos?, ya que no
se los exhibieron al J uez Federal Penal ni al Síndico ad hoc, ni a
la jueza Comercial O’Reilly.
¿Seguirán buscando en el Archivo de la Armada Argentina,
depositario histórico de toda la documentación del Grupo Oddo-
ne?
La falta de seriedad de esta insólita situación es coronada
163
con el Informe (fs. 1161/1162), contestado al Dr. Sergio Torres
por los doctores Basile y Bonifacio del Banco Central, al que a-
compañan fotocopias que certifica el Lic.Carlos O. Álvarez, Ana-
lista Senior de Inmuebles (sic), cuyos originales por lo visto ahora
no aparecen.
Pedí que el J uez Federal Sergio Torres cite al referido
Lic.Álvarez sin demora a declaración testimonial a fin de informar
al tribunal en forma concreta y simple: (a) si el mismo tiene fa-
cultades para actuar como fedatario; (b) si tuvo a la vista los ori-
ginales de la documentación cuyas copias certifica, y en cuyo ca-
so dónde compulsó esos originales; y (c) qué funcionario le instru-
yó que efectuara la mentada certificación.
Asimismo pedí citara a los doctores Basile y Bonifacio a
tenor de lo que manifiestan en el responde referido de fs.1161/
1162, a fin de que informen de manera concreta dónde finalmente
se encontrarían los documentos originales en cuestión.
La respuesta mediante resolución del juez Federal Penal
reza como sigue:
“//nos Aires, 23 de octubre de 2006...
IV) Toda vez que las declaraciones testimoniales propues-
tas por el querellante Luis Alberto Oddone (h) en el punto ‘a’ de
la presentación obrante a fojas 1613/16 respecto del Lic. Carlos
O. Álvarez y de los doctores Mariano P. Basile y Norberto G.
Bonifacio, no aparecen ni pertinentes ni útiles para la prosecución
de la presente investigación, NO HA LUGAR a su producción
(artículo 199 a contrario sensu del Código Procesal Penal de la
Nación).”
“Ello así por cuanto a fojas 1161/1162 funcionarios del
Banco Central de la República Argentina ya informaron que los
originales de la documentación en cuestión se hallaban re-
servados en esa entidad.”
“Notifíquese mediante cédula a diligenciar en el día.
“V) Entendiendo el suscripto que las apreciaciones efec-
tuadas por el querellante en el punto ‘b’ de la citada presentación
de fojas 616 relativas al desempeño del síndico ad hoc en el
164
proceso falencial del Banco Oddone S. A., Dr. Juan Narvaitz guar-
dan exclusiva vinculación con la verificación de créditos en trá-
mite en sede comercial, remítanse copias certificadas de dicha
presentación al titular del Juzgado Nacional en lo Comercial Nº
11 a sus efectos.- A tal fin líbrese oficio de estilo”.
El mismo destino tuvieron las pruebas referidas a las fac-
turas falsas producidas por el BCRA con proveedores (símil caso
Skanska), y a las ventas ilegales de acciones de Renault Argentina
S.A. y Astra S.A. confirmadas previamente por fallos de la Cámara
Comercial Sala “E”.
Nunca El J uez Federal Penal llamó a ningún funcionario
del BCRA a prestar declaración indagatoria en más de cinco años
de Proceso J udicial Penal.
165
166
How to Rob a Bank. Un filme documental de Leonardo Polverino.
EPÍLOGO
“Para liquidar a las naciones –decía Hübl–
lo primero que se hace es quitarles la memoria.
Se destruyen sus libros, su cultura, su historia.
Y luego viene alguien y les escribe otros libros,
les da otra cultura y les inventa otra historia.
Entonces la Nación comienza lentamente
a olvidar lo que es y lo que ha sido.
Y el mundo circundante lo olvida
aún mucho antes.”
Milan Kundera. El libro de la risa y el olvido.
Decidí escribir este epílogo con el fin de presentar a los
lectores el desenlace de una historia que lleva más de treinta y un
años de proceso judicial. Por razones jurídicas me encuentro atra-
pado en un presente que abarca un lapso que va desde abril de
1980 hasta hoy, julio de 2011.
El día 5 del mes de julio de 1995, la Sala II de la Cámara
Federal me condenó en la causa penal iniciada con los proce-
dimientos ilegales que se han relatado.
El Banco Central de la República Argentina, principal pro-
tagonista del robo y vaciamiento del Banco Oddone logró que
me condenaran con la pena máxima de 6 años de cárcel. Simul-
táneamente me condenaron a pagar a mi propio banco, la cantidad
de $ 690.957.000.000,00 pesos ley 18.188 actualizada conforme
al índice de precios al por mayor, nivel general, publicado por el
Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, a partir del 30 de a-
bril de 1980, más el 6% anual en concepto de intereses y ordenar:
“Que devuelta que sea la presente causa al Sr. Juez de
Grado, se practique nuevo cómputo de pena, (respecto de mi per-
sona), conforme con lo normado en la Ley 24.390; dejando sin
efecto su captura, hasta tanto quede firme el presente recaudo
procesal”. El monto del pago respondía a la pérdida de los
167
depósitos del Banco, pero como ya dije al principio, en la realidad
era el monto de la cartera de créditos. Sintomático error de la Cá-
mara Federal.
El paso siguiente fue mi apelación a la Corte Suprema de
J usticia de la Nación para intentar lograr un fallo justo. Esto insu-
mió aproximadamente dos años más de tiempo y el resultado fue
un dictamen de dos renglones firmado por los Ministros de la
Corte Suprema de Justicia confirmando que quedaba firme el fallo
de la Cámara Federal Penal a consecuencia de que el Recurso
Extraordinario presentado ante ella y concedido por la Cámara
Federal había sido mal concedido (?). En la jerga judicial a un
dictámen de este tipo se le llama “plancha”.
Independientemente de la incongruencia del fallo de la
Corte Suprema, no puedo dejar de hacer algunos comentarios a-
cerca de ese fallo de la Cámara Federal. A pesar de ser el reo, no
me toca a mí la evaluación final sino sólo el acatamiento ya que
las apelaciones realizadas ante la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos nunca prosperaron.
Las apelaciones a la Comisión de Derechos Humanos nun-
ca prosperaron debido a que no recurrí al asesinato para dirimir
mis litigios con los funcionarios del PRN, del Banco Central, ni
de los gobiernos “democráticos” posteriores. Si en lugar de esperar
durante años las decisiones de una J usticia cómplice, inoperante
y sumisa hubiera matado a Martínez de Hoz, Diz, Reynal, Har-
guindeguy, etcétera. Si luego hubiera llamado desde una cabina
pública a la CIDH en Washington anunciando los asesinatos y
que pertenecía al “Frente de Liberación del Sistema Financiero
Argentino” y que recurría a su protección, habría tenido otro re-
sultado: me habrían enviado un pasaje para los EE.UU., me hu-
bieran provisto de un trabajo en los Estados Unidos o México,
me habrían pagado una indemnización las democracias del Dr.
Alfonsín, Menem, De la Rúa o Duhalde y hoy sería probablemente
un funcionario importante del gobierno argentino.
Desde el punto de vista judicial y humano no se puede
hacer una evaluación de conductas a quince años de los hechos,
como fue en mi caso. Transcurrieron los mandatos de cinco pre-
168
sidentes, tres conformaciones de la Corte Suprema de J usticia y
varias de las Cámaras Federales.
La Causa Federal Penal era de neto corte político.
Los hechos económicos, financieros y judiciales de los
últimos años nos demuestran que los delitos juzgados nunca fue-
ron tales, ya que los procedimientos son similares para las ope-
raciones de la función pública como para las de los particulares.
Estos hechos hoy son subsanados por la vía administrativa
del Banco Central, (como siempre debió haber sido), llegando al
punto de que la entidad rectora, para tomar una decisión de venta
de un banco suspendido, consulta a los accionistas si están de a-
cuerdo en aceptar el precio ofrecido o no para su venta, (Banco
de Coronel Dorrego y Banco de La Pampa durante la crisis desa-
tada en 1995).
Frente a la crisis financiera de 2001/2 la metodología a-
plicada fue diferente a pesar de existir el fallo de mi caso como
antecedente: Ningún banquero fue condenado a la pena máxima
por la pérdida de los depósitos.
Es por ello que no se entiende por qué para casos similares
los jueces aplican tratamientos distintos, en particular en los pro-
cedimientos contables y administrativos de las entidades finan-
cieras y del propio gobierno nacional.
Probablemente debido a esto, y para mantener el encu-
brimiento, la J ueza de Primera Instancia en lo Federal Penal, Dra.
Amelia Berraz de Vidal, la primera en condenarme, inhabilitó la
posibilidad de que mi proceso fuera llevado a oral y público como
era mi deseo. Probablemente en previsión del escándalo que se
hubiera desatado en los medios de comunicación social.
Durante el gobierno del Presidente Carlos Menem, el Mi-
nisterio de Economía a cargo del Dr. Domingo Cavallo utilizó
asiduamente el procedimiento administrativo del “autopréstamo”
causal originaria de este penoso proceso judicial en el que estoy
inmerso. Este procedimiento fue utilizado de forma habitual. Los
funcionarios del gobierno nacional reconocieron públicamente
que se usaba para derivar los fondos provenientes de las
169
prisión preventiva por la pérdida de los depósitos generalizados
Privatizaciones de las Empresas Públicas a fin de cubrir los déficit
crecientes del Estado nacional.
El procedimiento fue reconocido y explicado, como lo
mencionara anteriormente, ante las cámaras de televisión por el
Vice Ministro de Economía del Dr. Domingo Cavallo y poste-
riormente Ministro de Educación del Gobierno de la Alianza, Dr.
J uan Llach en el programa periodístico emitido por la red Ca-
blevisión y conducido por el Sr. J osé Ignacio López.
También fueron de público conocimiento y profusamente
comentadas por la prensa las desviaciones de dinero realizadas
por el Ministerio de Economía y el Banco Central de los recursos
aportados al Fondo Fiduciario conformado por aportes de dinero
del Bono Patriótico suscripto por las fuerzas vivas argentinas y
las divisas aportadas por los Bancos Internacionales. Este Fondo
Fiduciario fue creado con el fin de paliar la grave crisis financiera
desencadenada en el año 1995 y perduró dentro del sistema finan-
ciero argentino hasta prácticamente la total desnacionalización
de la banca argentina bajo la supervisión legal y técnica primero
del Dr Roque Fernández y luego del Dr. Pedro Pou, presidentes
del Banco Central respectivamente.
Quiero resaltar que la causa de mi procesamiento y con-
dena fue decretada anticipadamente por los funcionarios del Pro-
ceso de Reorganización Nacional y los J ueces del Poder J udicial
de la democracia en una suerte de asociación estructural entre los
funcionarios judiciales del gobierno de facto y los jueces de la
democracia.
Aquella imputación por la cual fui procesado en 1980 y
en julio de 1995 condenado con su reemplazo por la pérdida de
los depósitos, es el recurso habitual administrativo contable que
utiliza hoy el gobierno para suplir los déficit fiscales mediante
los llamados “autopréstamos”. En la actualidad los principales
prestamistas del Gobierno son el Banco Central, el Banco de la
Nación Argentina y el Banco de la provincia de Buenos Aires.
Además, frente a la quiebra del Sistema Financiero Ar-
gentino en 2001/2, ningún banquero fue procesado ni preso con
170
de la banca nacional o extranjera.
Otra razón importante de mi condena pública y judicial
fueron los fondos que el Banco Central desembolsó para pagar a los
depositantes del Banco Oddone.
Debo recordar a los ciudadanos que en 1980, a diferencia de
la actualidad, existía una Ley de Garantía de los Depósitos. Ésta o-
bligaba a las entidades financieras adheridas a pagar una prima de
seguro mensual, para prever la eventualidad de una fuga de depósitos.
Quiere decir que el Banco Central cobraba por otorgar la garantía y
asumir el riesgo de fuga. Los depósitos se fugaron por una decisión
exclusiva y explícita del Ministerio de Economía y del Banco Central.
Los fondos pertenecientes al Fondo de Garantía de Depósitos
formado por las primas pagadas por todas las Entidades del Sistema
Financiero Argentino no fueron utilizados para su fin específico. Tam-
poco la opinión pública ni la sociedad supo nunca adónde fueron.
Puede aducirse que las cifras involucradas en la fuga supe-
raban sustancialmente lo recaudado hasta ese momento. En ese caso,
al ser el Banco Central por Ley prestamista de última instancia, en
vez de crear la Circular 1051 y posteriormente la N°111 para asistir
en forma directa a los bancos, creando posteriormente una figura pe-
nal para los juicios a los banqueros, debió nutrir con sus fondos, a
través –eventualmente– de las mismas circulares, al Fondo de Ga-
rantía de los Depósitos, responsable final ante los bancos por el
Compromiso Legal asumido con la aceptación de la adhesión vo-
luntaria de las Entidades Financieras a la cobertura asegurada.
Ningún juez Federal ni Comercial interpretó la Ley ni in-
vestigó esos procedimientos del Banco Central a pesar de que yo lo
solicitara desde la cárcel en un escrito presentado por derecho propio.
Tampoco nunca se investigó el destino que tuvieron los fondos exis-
tentes en el mencionado Fondo de Garantía de los Depósitos del Sis-
tema Financiero Argentino.
Quiero dejar constancia de que aún se está a tiempo de ha-
cerlo. En los últimos meses de 2001, el Banco de Galicia S. A. recibió
más de U$S 3.500 millones – tres mil quinientos millones de dólares–
en redescuentos para cubrir la fuga de depósitos generada por la
171
Para algunos denunciadores profesionales como el Dr.
Monner Sanz, esta Cámara es una de las más respetuosas, justa y
profesional de la J usticia argentina.
quiebra del sistema financiero. Otros bancos recibieron cantidades
inferiores pero también sustanciales.
No he sabido que el Sr. Eduardo Escasany ni otros direc-
tivos o accionistas de bancos con depósitos fugados estén presos
ni procesados por esa causa.
Otro aspecto importante mencionado por los Camaristas
Irurzún, Luraschi y Cattani en el fallo condenatorio de referencia,
es que la denegatoria que efectuara esa misma Sala II a la reali-
zación de una pericia contable por parte mía sobre lo actuado por
el Banco Central, no correspondía, pues debió ser solicitada al
J uzgado de Primera Instancia durante la instrucción de la causa.
En este sentido es importante que se sepa que a Fojas
668, en el 4° Cuerpo del expediente y con fecha 06/06/80, la
abogada defensora del síndico del Banco Oddone –el Dr.Varni–,
Dra.De Benedetti propone Perito de Parte a los efectos de la Pericia
ordenada por el juez en autos. A fojas 697 con fecha 09/06/80, el
J uez Norberto Ángel Giletta resuelve que no ha lugar ya que esa
solicitud debe efectuarse en la etapa del plenario.
Por tanto se da el siguiente contrasentido con un resultado
común: Para el juez Federal de Primera Instancia, la pericia debía
ser autorizada durante el plenario por la Cámara Federal. Para la
Cámara Federal debía serlo por el juez Federal de Primera Ins-
tancia en la etapa del Sumario.
El resultado final era que nadie pudiera investigar lo que
había hecho el Banco Central durante la Intervención al Banco
Oddone S. A.
Cabe aclarar que la Sala II de la Cámara Federal emitió
un fallo denegando esta Pericia en tiempo record para las ac-
tuaciones judiciales normales: 48 horas. Los tiempos normales
de decisiones de la misma Sala II de la Cámara Federal en otros
fallos atinentes a mi caso demoraban entre tres y cinco años. ¡En
48hs Los Camaristas y sus secretarios analizaron 60 cuerpos de
expediente!
172
Finalmente quiero mencionar otro hecho insólito del fallo
condenatorio de la Cámara Federal. A diferencia del mencionado
anteriormente, el de la condena, antes de promulgarlo estudió
durante tres meses los sesenta (60) cuerpos con miles de fojas de
expediente y que tiene que ver con la condena civil sorpresiva,
que arrasa con el principio de congruencia y el derecho de pro-
piedad.
El fallo de primera instancia examina y dispone una in-
demnización civil. El objeto litigioso demandado por el actor es
el perjuicio económico proveniente del “conjunto de los créditos
impagos” otorgados por el “Banco Oddone S.A.” –caracterizados
como ilícitos–, los mencionados autopréstamos, que afectan a la
entidad.
Se trata de una acción directa del acreedor, interpuesta
por el representante, el Banco Central, que obra definidamente a
nombre e interés ajeno. Tales son: la identificación del deman-
dante, el objeto de la demanda y el fundamento jurídico que se
consolidaron oportunamente en la traba del proceso.
La Cámara Federal, imprevistamente, ha alterado todos
los términos del litigio civil. Dice que el Banco Central es acreedor
del Banco Oddone S. A., por haber pagado a los depositantes
conforme al Régimen de Garantía y que su demanda actual contra
el deudor de su deudor inmediato procede como una acción sub-
rogatoria del artículo 1196 del Código Civil debido a la inactividad
del interesado.
La condena dispuesta en esos términos sustituye la persona
del actor (ahora demanda el Banco Central a nombre de otro, pe-
ro en interés propio), introduce un hecho ajeno a la relación ju-
rídica compuesta por los litigantes directos y no alegado por la
demanda (el pago de los depósitos), a la vez que modifica el título
jurídico del reclamo (subrogación), convirtiéndolo en una acción
indirecta que difiere sensiblemente de la original.
En realidad el tribunal ha creado y resuelto una demanda
absolutamente distinta de la propuesta por el actor, que nunca
pudo ser motivo de audiencia, prueba o alegato para el demandado.
La total transformación de las cuestiones destruye el principio de
173
Existe aun una multitud de situaciones procesales en trá-
mite sobre las que no quiero abundar. Lo antedicho es suficiente
congruencia y produce una sorpresa arbitraria para el litigante,
convirtiendo en ilusoria la garantía del debido proceso.
Otra solución inexplicable es la referida al monto fijado
para la condena civil. Si es que el Banco Central resulta acreedor
del “Banco Oddone” por el pago hecho a los depositantes, no ca-
be duda que sólo podría ejercer los derechos y acciones del sub-
rogado hasta la concurrencia de la suma que ha desembolsado
realmente para la liberación del deudor.
No obstante, el monto de los depósitos pagados por el
Banco Central ($ 405.000.000.000, pesos Ley 18.188) –que fija
la medida del interés y la acción del actor por vía oblicua, fue
enormemente sobrepasado por la cifra de la condena ($
690.957.000.000 pesos Ley 18.188)–, que impone una in-
demnización mucho mayor sin reparar en el límite legal esta-
blecido.
Evidentemente la cifra no responde al monto de los de-
pósitos.
Se tomaron al voleo otras cifras mencionadas dentro de
los 60 cuerpos analizados durante los tres meses de estudio con
sus miles de fojas y que no fueron analizadas ni por los Camaristas
ni por sus Secretarios...o fueron desvirtuadas premeditadamente.
La inobservancia del régimen jurídico propio del instituto
aplicado por la Cámara –prescindencia no atendible de la ley vi-
gente– da lugar a otra queja de arbitrariedad normativa, agravada
aquí por la lesión ostensible al derecho de propiedad que ocasiona
el fallo excesivo.
Este nuevo agravio es el paradigma de la infracción al
Régimen de Garantías de la Constitución Nacional.
A todos estos hechos debe agregarse que nunca me fue
posible apelar el cambio de carátula efectuado por la Cámara Fe-
deral al momento de la condena Civil, ya que si el origen de la
Causa Penal fueron los autopréstamos, la Condena no puede
dictaminarse por los depósitos.
174
como prueba de la irresponsabilidad judicial argentina.
El patrimonio del Banco Oddone S. A. está estimado en
aproximadamente U$S 80 millones a pesar de las malversaciones
y sustracciones efectuados por los funcionarios del Banco Central
y los funcionarios del Banco de Boston S. A. por él designados
para la intervención ilegal y posterior Liquidación.
Fueron demostradas en la J usticia pero no tomadas en
cuenta por los jueces por temor reverencial, por subordinación al
poder político o por desidia dolosa al no estudiar los expedientes
judiciales. La ausencia de garantías jurídicas se mantiene in-
variable cuando la magnitud de los intereses en juego exceden
los parámetros económicos del ciudadano medio.
* * *
“...Una vez más, la razón esencial fue
la ignorancia. Tenga en cuenta
que los dirigentes de la industria
francesa, los grandes empresarios,
se opusieron todos a la devaluación
del franco entre 1934 y 1936,
¡aun cuando esa devaluación habría
favorecido sus propios intereses!
Por eso me he sentido a menudo
inclinado a pensar que la ignorancia
y la torpeza son factores considerables
en la Historia.
Y frecuentemente digo que el último
libro que querría escribir hacia el fin,
trataría del papel que ha jugado la torpeza
en la Historia.”
Raymond Aron. El observador comprometido.
Desde 1980 hasta ahora en 2011 se produjeron tres corridas
bancarias importantes: la de 1980, la de 1995 y la 2001/2. La de
1995 que pudo conjurarse a través del proceso de desnaciona-
lización de la banca, incentivado por el Banco Central y la Asociación
de Bancos Argentinos.
175
Si se analiza comparativamente con la de 1980 se pueden
observar varias similitudes. En los dos momentos históricos el
mensaje de los gobernantes a través de sus conducciones eco-
nómicas promovían la reconversión y el redimensionamiento.
Pareciera ser que las entidades financieras argentinas deben estar
siempre en ese proceso. El argumento siempre es el mismo: la
Consolidación del Sistema Financiero, la reducción del número
de ellas y la concentración de los negocios bancarios en los grandes
bancos minoristas tradicionales y en los bancos extranjeros.
La diferencia entre ambas crisis está en su origen: la de
1980 fue provocada por el gobierno, mientras que la de 1995 se
originó en los mercados de capitales. Hay también una diferencia
en la previsibilidad de ellas: la de 1980 fue imprevisible, la de
1995, como la de 2001/2 se podía prever con varios meses de an-
ticipación. A pesar de ello las conducciones económicas no to-
maron ninguna medida con criterio de anticipación a los hechos
y sus consecuencias (?)
El 20 de diciembre, fecha de la explosión cambiaria en
México, fue el abrupto broche final para un 1994 en el que los a-
contecimientos habían sido desfavorables para América Latina
en general.
El comienzo de los acontecimientos se dió el 4 de febrero
de 1994, fecha en que la Reserva Federal de los EE.UU. decidió
el primer aumento de la tasa de interés para los Fondos Federales,
lo cual originó la pauta del encarecimiento del crédito para la re-
gión. Muchos importantes analistas económicos y bursátiles es-
timaban que el aumento de las tasas se produciría después de
marzo de 1995.
Casi en simultáneo se produjeron los levantamientos de
Chiapas y el asesinato del candidato presidencial Colosio cuyo
resultado fue el aumento del riesgo latinoamericano para los mer-
cados de capitales.
La consecuencia inmediata de esos hechos, (tasas más
altas y mayor riesgo regional), fue la fuerte desvalorización de
los títulos de la deuda externa y de las acciones de la Argentina.
Ellos produjeron fuertes pérdidas en los portafolios de las enti-
176
dades financieras nacionales. Tanto fue así que ya en marzo de
1994 algunos analistas argentinos, muy pocos, plantearon el riesgo
potencial de un colapso bancario a consecuencia de las pérdidas
producidas.
Desde aquel momento los bancos venían financiando pér-
didas que no pudieron ser amortizadas a lo largo del año. El merca-
do no dio revanchas. Se incrementaron las pérdidas hasta hacerse
insostenibles cuando se manifestaron los primeros casos de default
del mercado financiero argentino: las empresas extrabursátiles
Argenbonex S.A., Finmark S. A. y Banco Extrader S. A.
Es que en 1994 se sucedieron hechos que imposibilitaron
la recuperación de los precios de los activos financieros. El riesgo
regional aumentó con el colapso económico experimentado a me-
diados de año (1994), por Venezuela (caso que debió ser tenido
en cuenta a modo de alerta pues se gesta a partir de una crisis
bancaria detonada por la caída del Banco Latinoamericano S. A.
a comienzos del año). Los flujos financieros internacionales “go-
londrina” comenzaron a escasear como consecuencia de la reac-
tivación económica generada en EE.UU., Europa y J apón.
Consecuencia: escasez de recursos y suba de tasas que
sumándolas al riesgo regional en aumento impulsaron una menor
tasa de rendimiento para los bonos regionales: Se tradujo en una
baja pronunciada en las cotizaciones.
La Argentina, en especial, aumentó por sí misma su riesgo
país debido a las complicaciones fiscales a partir del segundo se-
mestre de 1994 y el alejamiento dispuesto por el Ministro de Eco-
nomía Domingo Cavallo del Fondo Monetario Internacional, sin
pagar previamente la deuda. Resumiendo: si tenemos en cuenta
que la crisis de 1995 tiene sus orígenes en el mercado de capitales
internacional de ninguna manera puede considerarse sorpresiva.
Demuestra en el proceso de su desarrollo un escalonamiento,
puesto que la caída de la empresa Argenbonex S.A. puede ser
considerada como la punta del iceberg.
Por el contrario, la crisis de 1980 se produjo de una manera
totalmente sorpresiva sin razones externas al propio mercado in-
terno. Precisamente por haber sido provocada en forma pre-
177
Durante los años de la convertibilidad se declamó la tras-
meditada por el gobierno militar a instancias del ministro de Eco-
nomía, Martínez de Hoz y el directorio del Banco Central a cargo
del Dr.Adolfo Diz y el Lic.Alejandro Reynal.
La tercera diferencia que debe destacarse es la caracte-
rística de las entidades afectadas en cada uno de los momentos.
En 1980, el impacto de la crisis provocada por las autoridades
públicas fue recibido por los grandes bancos privados que con-
taban con una gran cantidad de sucursales y una importante cartera
de depositantes muy atomizada. Por el contrario, la crisis de 1995
afectó inicialmente a entidades cuya actividad se centraba en las
operaciones del mercado de capitales a nivel mayorista gene-
ralmente con una sucursal única y un portafolio de depósitos
concentrado en grandes depositantes institucionales. Ése es uno
de los motivos por el cual la percepción de las dos crisis por parte
del público en general fue diferente en cada ocasión. En 1980 la
gente lo percibió como un problema propio del país. En 1995 como
uno ajeno.
La otra causa que contribuyó a la diferencia en la percepción
apuntada fue el distinto rol jugado por la prensa.
Mientras en 1980 se le dio al problema con los bancos un
tratamiento sensacionalista, impulsado por el propio gobierno a
través de Ministerio de Economía y el Banco Central, en la crisis
“del Tequila” la prensa se refirió con una mayor cautela a la si-
tuación.
El periodismo y la opinión pública dio mayor importancia
a la crítica situación de la economía mexicana y su repercusión
en nuestra macroeconomía que a la débil situación por la que a-
travesaba el sistema financiero doméstico. Desde el punto de vista
instrumental, el manejo de la crisis de 1995 fue más civilizado.
Esto no quita que los errores fueran similares: las autoridades
siempre estuvieron detrás del problema y nunca delante de él.
Las declaraciones del directorio del Banco Central fa-
vorecieron la fuga de los depósitos antes que la detención de la psicosis
colectiva debido a lo cual la fuga llegó también a los grandes bancos
minoristas.
178
cendencia de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.
Ella no preveía para éste un rol de prestamista de última instancia.
A ella adhirieron irrestrictamente las organizaciones gremiales
bancarias privadas y oficiales como así también la mayoría de
los economistas enrolados en el liberalismo económico retrógrado.
Fue muy curioso que en plena crisis de 1995, el Sr. Edu-
ardo Escasany, presidente de la Asociación de Bancos Argentinos,
presidente del Banco de Galicia y principal sponsor de las refor-
mas propiciadas por el Banco Central para eliminar la garantía
sobre los depósitos, en una reunión con el Grupo de los Ocho
(grupo gremial conformado por empresarios del sector manufactu-
rero y de la construcción) les solicitó a sus dirigentes que fueran
ellos los que le pidieran al ministro de Economía la restitución de
la Garantía sobre los Depósitos al sistema financiero como existía
en la década de 1980 y a la cual conceptualmente y por razones
de “principios doctrinarios” públicamente se oponía. Demostró
que no tenía el valor de reconocer que se había equivocado al de-
fender posiciones adversas al interés del Sistema Financiero Na-
cional.
La mediocridad suicida es una de las constantes históricas
de la clase dirigente argentina.
En 2002 pudimos comprobar el manejo y los procedi-
mientos de este banquero frente a las crisis, en particular el desvío
de fondos de redescuentos del BCRA hacia el Banco de Galicia
del Uruguay, lo que por razones desconocidas no fue evaluado
como malversación por las autoridades del BCRA de la época ni
actuales.
Lo que le pasó a los banqueros con la crisis financiera es
similar a lo que les sucedió a los empresarios con la recesión y
desocupación luego de la quiebra general del sistema financiero
y productivo de 2001/2002.
Convalidaron irrestrictamente un llamado “Plan Económi-
co de Convertibilidad”. No se dieron cuenta de que la Converti-
bilidad no es un plan económico en sí mismo sino un instrumento
de la economía para conjurar una situación de crisis económica
hiperinflacionaria.
179
A partir de ella se debió implementar el plan económico
de desarrollo global. Nunca se hizo. Fue una responsabilidad no
asumida por ministro Domingo Cavallo.
Los dirigentes empresarios y los banqueros apoyaron la
dilapidación de los fondos públicos provenientes de las pri-
vatizaciones de las empresas públicas.
La recaudación impositiva y el nuevo endeudamiento a-
provechando el espasmo de la expansión del consumo generada
por la violenta incorporación al sistema de capitales internacio-
nales especulativos creó una nueva certidumbre de colapso. Más
tarde se preguntaron por qué estábamos de nuevo en crisis o cómo
se podía estructurar un plan para conjurarla.
Parece que no se dieron nunca cuenta de que en cinco a-
ños, desde 1991 a 1996 se esfumaron 85 mil millones de dólares
del circuito económico argentino: 30 mil millones de recaudación
impositiva, 20 mil millones de privatizaciones de empresas pú-
blicas y 35 mil millones de nuevo endeudamiento. Ni hablar si
tomamos las exportaciones de capitales y el endeudamiento a
partir de 1996 hasta 2000. Nos metimos de lleno en la sociedad
de consumo, sin la previa formación de capital nacional recu-
rriendo exclusivamente al crédito interno y externo.
¿Se puede llamar a ésto política económica?
Los dirigentes de la Unión Industrial y las restantes orga-
nizaciones empresariales del país adhirieron irrestrictamente a la
propuesta del gobierno sin tomar cuenta de que la condición de
la estabilidad es el desarrollo económico. No el anclaje de la rela-
ción cambiaria del dólar contra el peso.
Estas organizaciones empresariales no tienen el derecho
a decir ni recriminar absolutamente nada, ya que hasta pocos me-
ses antes de la asunción de las nuevas autoridades guberna-
mentales de la Alianza convalidaban irrestrictamente el dislate
económico propuesto por el gobierno central conducido por el
Presidente Carlos Menem.
Lo mismo están haciendo en la actualidad bajo la admi-
nistración Kirchner.
180
Entretanto los adalides del liberalismo vernáculo que nos
agotaron desde los años 60 con las bondades de la libre flotación
cambiaria, (como existe actualmente en todos los países civiliza-
dos desarrollados del mundo), exaltaron la convertibilidad de la
misma manera que a finales de los años 70 y el comienzo de los
80 defendían la tablita cambiaria de J osé Alfredo Martínez de
Hoz. Ahora, a pesar de haberse llenado las alforjas durante 8 años,
defienden a ultranza el liberalismo victoriano del laissez faire a-
gotado en el mundo desarrollado desde 1873.
En este punto conviene nuevamente recurrir a la historia
mediante la opinión de uno de los más lúcidos maestros del ma-
nagement y del análisis global de las tendencias de la política eco
nómica de nuestro siglo, el ya fallecido profesor Peter Drucker
quien nos visitara reiterando la admiración de sus seguidores ar-
gentinos, tanto empresariales como pertenecientes la comunica-
ción social.
Decía Drucker en sus “Nuevas realidades”:
”El crash en un oscuro y alejado Mercado de Valores, el
de Viena, en 1873, señaló el fin de la era liberal, el final de un
centenar de años en que el laissez fairefue el credo político domi-
nante”.
Decía también que “la alternativa creada por Mark Han-
na, al final del siglo XIX, y perfeccionada, cuarenta años después
por F. D. Roosevelt en el New Deal, establecía la estructuración
del Poder Político a través de los “grupos de interés”.
Desde mi punto de vista, estas ideas no fueron interpre-
tadas por las clases dirigentes argentinas. Son esquemas agotados
en su estructura básica: Hoy la dirigencia empresarial argentina
apuesta al liberalismo victoriano y a la integración mediante la
estrategia hanniana de los “grupos de interés” en un evidente
contrasentido.
Más adelante afirma Drucker que “si 1873 significó el fin
de la era liberal, 1973 marcaba el final de la era en que el Estado
constituía la ‘causa progresista’. Finalizaba la era dominada
por las doctrinas y políticas formuladas por primera vez en los
años 60 del siglo XIX, fueran éstas liberal demócratas, socialis-
181
tas, marxistas o nacional-socialistas. Todas estas doctrinas se
han convertido rápidamente tan ineficaces como lo fue el laissez
faire liberal desde 1873".
Continúa diciendo más adelante que “los eslóganes polí-
ticos sobreviven a las realidades políticas” (y en ésto los argen-
tinos tenemos alguna experiencia). Los eslóganes políticos de
1850, que expresaban las ideas de la gran generación liberal del
príncipe Alberto, príncipe consorte de la reina Victoria, de J ohn
Stuart Mill y de los revolucionarios de 1848 en el continente
europeo, son todavía moneda común entre los neoconservadores
de hoy, aunque sea con cambios muy pequeños.
Los eslóganes del siglo del “Estado de Bienestar” estarán
del mismo modo entre nosotros todavía durante largo tiempo.
Igual que los liberales habían dejado de tener mucha relevancia
política en 1900, aunque continuaran siendo muy visibles, ha-
blando mucho y siendo muy respetables durante mucho tiempo.
Las doctrinas políticas que reflejan los eslóganes del “Es-
tado de Bienestar” o del Comunismo han dejado de tener im-
portancia en la realidad política, social y hasta económica de las
naciones. Los eslóganes pueden servir todavía como frenos a la
acción, pero ya no pueden guiar a la acción ni motivar el poder.
Este reconocido autor nos da la clave de por qué la Ar-
gentina y los argentinos nos arrastramos desde hace años en la
decadencia económica, cultural y política. Esta clave es la pérdida
del sentimiento nacional del pueblo argentino.
Como bien dice el autor que estamos citando: “El nacio-
nalismo y el anticolonialismo no son “ismos” de campesinos ni
de proletarios, sino de burgueses y especialmente de la edu-
cada clase media de los comerciantes, de los managers indus-
triales y de los profesionales.”
Y esos grupos son, naturalmente, los primeros beneficia-
rios del crecimiento económico. Cuanto más rico, más libre de
movimientos y más instruido se hace un pueblo “occidentaliza-
do”, se hace también, y de modo creciente, más nacionalista.
Muestra un resentimiento cada vez mayor contra los “coloniza-
dores”, por ligero que sea su yugo. Demanda cada vez con mayor
182
fuerza la “solución japonesa”: Occidentalizarse, pero bajo control,
gestión y gobierno propios”.
Es por ello que la Argentina optó por el camino inverso:
el embrutecimiento cultural, la dependencia política y el subde-
sarrollo económico mediante el estancamiento y la proletarización
de su clase media. Nos asolaron la desocupación y la recesión a
partir de 2001; a partir de 2003 el crecimiento sorprendente y
fuera de control.
Los economistas, los banqueros, los empresarios, los pe-
riodistas y los comunicadores sociales debatieron durante horas
todos los días acerca de cómo superar la crisis.
Hoy lo hacen sobre cuál es el modelo de país que queremos
o debemos diseñar. No escuché a nadie preguntarse o preguntar
sobre las causas que nos llevaron a la depresión primero y al
nuevo colapso al que nos dirigimos después.
Casi todos hablan de mantener el actual modelo y aun de
radicalizarlo. El autismo surrealista continúa primando y ninguna
propuesta concreta, planificada es presentada. No recuerdan que
históricamente las convertibilidades siempre estallaron o re-
quirieron el pago de un precio muy alto en términos de recesión,
endeudamiento y desocupación. Fracasó la convertibilidad de Peel
en la Inglaterra de 1848, la de Francia y Alemania desde 1890
hasta 1910, la del Presidente Roca en Argentina y la de Bretton
Woods internacionalmente a finales de 1971. La de Cavallo en el
2001. El resultado siempre fue el estallido.
¿Por qué no va a estallar la actual? ¿O no estamos dentro
de una nueva convertibilidad?
Si la salida de las convertibilidades se realizan sin un pro-
yecto claro de liberalización cambiaria y compensaciones es-
tructurales sucede el caos que nos ha tocado vivir desde noviembre
de 2001 hasta nuestros días. Estamos a tiempo de reaccionar me-
diante el sustancial incentivo de una política exportadora audaz,
la flexibilización ordenada del tipo de cambio y el mantenimiento
del excedente fiscal mediante la drástica reducción del gasto
público.
183
Lamentablemente es muy probable que en vez de esto se
profundice el desequilibrio. Se avance con el sobre endeudamien-
to, se aumente el proceso de descapitalización nacional mediante
la exportación de capitales y la desocupación retome un ciclo as-
cendente.
Escapa a la lógica humana no visualizar que en un mundo
errático, desde el punto de vista de las decisiones económicas de
los países centrales, de los movimientos de capitales, en los que
un sólo operador especulativo puede a través de los derivados fi-
nancieros destruir o reconstruir una divisa, se pueda estar atado a
una tasa de cambio fija y sobrevaluada.
En algún momento se manifestará un nuevo punto de in-
flexión histórico de características impredecibles. Y ese momento
está mucho más cerca de lo que todos los habitantes del país nos
imaginamos...
Hay una forma de mantener la previsibilidad que es tan
importante, particularmente para los países como el nuestro que
se caracterizan por una clara dependencia financiera de los mer-
cados internacionales: dar la respuesta a la globalización eco-
nómica con el mismo mecanismo que utilizan los países centrales
del primer mundo: la reivindicación del sentimiento nacional de
los argentinos.
La Restauración Nacional, dentro de un país previsible
debería ser implementada por el partido político que esté en el
poder.
La globalización no es un proyecto económico. Es un pro-
yecto político. Como tal requiere, como en los países desarro-
llados, de la interdependencia sostenida por la identidad de cada
nación.
Debemos tener en cuenta que estamos asistiendo a la
muerte de la Argentina unitaria.
* * *
184
“...Entonces tomé conciencia del significado mágico
del círculo. Si nos alejamos de la fila,
podemos volver a entrar en ella.
La fila es una formación abierta.
Pero el círculo se cierra y no hay regreso posible.
No es casual que los planetas se muevan
en círculo y que cuando una piedra
se desprende de ellos sea arrastrada
inexorablemente hacia afuera
por la fuerza centrífuga.
Igual que el meteorito depedido,
volé yo también del círculo
y sigo volando hasta hoy.
Hay gentes a las que les es dado morir dentro de la
órbita y hay otras que se destrozan al final de la caída.
Y estas otras (a las que pertenezco)
llevan dentro de sí permanentemente una callada
añoranza por el corro perdido,
porque al fin y al cabo somos todos habitantes
de un universo en el que todo gira en círculos”.
Milan Kundera. Libro de la risa y el olvido.
Sobre el final de este “libro de la bronca”. El relato de
mi expulsión del círculo, quiero explicar el porqué de los
acápites con que inicio cada sección de este epílogo.
Apelo a Milan Kundera porque tuvo la experiencia de ser
expulsado de su país por una potencia invasora que durante mu-
chos años se ocupó prolijamente de destruir su nación. El invasor,
la Unión Soviética, en esa época era marxista y los procedimientos
utilizados en los mecanismos de destrucción fueron similares a
los que hemos sufrido nosotros sin una ocupación territorial. Sí
con una ocupación doctrinaria y económica importada que des-
virtuó nuestra identidad desde el punto de vista interno y externo.
Apelo también a Raymond Aron porque es uno de los
grandes exponentes del liberalismo francés de nuestro siglo, pero
que tenía una visión muy clara de lo que era bueno y razonable
185
para su país y de lo que no lo era. A diferencia de nuestros liberales
criollos que con tal de sostener posiciones dogmáticas o preservar
intereses económicos no dudan en mutilar a las fuerzas vivas y a
la propia nación.
Mirando hacia atrás en este relato, que abarca más de trein-
ta años de la historia argentina, encuentro que mi vida –como la
de los argentinos de mi generación– transcurrió dentro de una se-
rie ininterrumpida de fracasos. Una lucha permanente contra la
corriente de intereses opuestos a nuestro ser nacional. Esto me
llevó a preguntarme, y a responderme, que el efecto planetario
del círculo, como lo describe Kundera, en la Argentina no está
referido a las personas sino a algo más estructural: a la Nación
misma.
Desde el fondo de nuestra historia la mayoría de los fun-
dadores de la nación: San Martín, Rosas, Alberdi, Sarmiento como
tantos otros murieron en el exilio. Fuera del círculo. Las personas,
que tienen una vida efímera, no son sino el resultado de su con-
texto. Son piedras que van siendo expulsadas a través de la estela
del tiempo. Si los protagonistas de esa realidad mueren fuera de
ella es que su hábitat era un desprendimiento antes que un todo
planetario.
Por ello los argentinos cargamos con la tristeza, la frus-
tración permanente de pertenecer a un país meteorito: A una
Nación sin destino...
186
APÉNDICE
La Política Monetaria, Fiscal y Cambiaría de José Alfredo
Martínez de Hoz
10
Para referirme a estos procedimientos, voy a transcribir parte
del texto de una de mis declaraciones espontáneas escritas en la cárcel
de Caseros en mediados de 1981. Ruego tener en cuenta la fecha en
que fue escrita en orden a la claridad de los conceptos expresados.
“Los planes de estabilización monetaria consisten básicamente
en el control de los recursos monetarios, ya que se los considera ge-
neradores del desequilibrio en el nivel general de precios a través de
los cuales se manifiesta la inflación.”
“Partiendo del modelo monetario, las autoridades designadas
en marzo de 1976, consideraron adecuado recurrir al crédito interno y
al crédito externo en reemplazo de los subsidios o adelantos transitorios
de la Tesorería de la Nación al Sector Público y sus empresas que re-
presentaban emisión directa.”
“Para el crédito interno se empleó un mecanismo de cotización
en competencia por entidades financieras supervisadas por el Banco
Central.”
“La tasa de interés pagada por la Tesorería configuraba el lla-
mado Piso del Mercado Financiero a partir del cual se iniciaba la li-
bre puja de las entidades para la captación de fondos y el otorgamiento
de préstamos.”
“El crédito externo se canalizaba a través del endeudamiento
de las empresas públicas con garantía de la Nación o, en algunos casos,
de la Nación en forma directa. El principal responsable del endeuda-
miento indiscriminado de las Empresas Públicas en la época fue el Dr.
J uan Alemann quien, además, relevaba a los funcionarios de línea que
se oponían al procedimiento.”
10
Estas ideas referidas al acontecer económico fueron escritas en la Cárcel
de Caseros, Unidad N°1, con fecha 15 de setiembre de 1981
187
“Debe tenerse en cuenta que, por su parte, el crédito externo
tiene efectos expansivos, pues significa creación de base monetaria o
circulante.”
“Es evidente entonces, que la política de crédito oficial afecta
a la estructura de la Tasa de interés, ya que por un lado, el Estado de-
termina el piso de éstas, y por el otro, induce permanentemente a la
demanda mediante sus requerimientos en el mercado de inversiones o
para enjugar sus déficit.”
“Otro mecanismo adoptado como instrumento regulador, fue
la entonces llamada Cuenta de Regulación Monetaria. Por intermedio
de ella y, en forma conjunta con los requerimientos de efectivo mínimo
a mantener por las entidades financieras, se controlaría tanto la liquidez
como la capacidad prestable del Sistema Financiero.”
“Se determinó como porcentaje inicial de efectivo mínimo, el
45% sobre la totalidad de los depósitos de las entidades financieras,
porcentaje que se iría reduciendo gradual y progresivamente en la me-
dida en que el equilibrio del sistema, que estaba regulado por las ne-
cesidades estacionales o permanentes de fondos por parte del Estado,
así lo requiriera.”
“Los fondos así inmovilizados serían compensados por una
tasa determinada con antelación por la autoridad monetaria, siendo
ésta diferenciada según el origen de los plazos de imposición a que
respondiere cada uno de los propósitos.”
“Por otro lado, aquellos depósitos que no requerían
contribución de interés por parte de las entidades, tal el caso de los de-
pósitos a la vista en cuentas corrientes, abonarían una tasa de cargo
cuyo resultado atendería la compensación a pagar por el Banco Central
a los plazos fijos.”
“La premisa que subyace en este modelo es que el porcentaje
de depósitos a la vista se mantendría a los niveles históricos y que, en
consecuencia, los cargos a cobrar serían similares en magnitud a las
compensaciones a pagar.”
“Ahora bien, todo modelo que pretenda explicar a través de la
extracción de variables representativas un determinado fenómeno, tiene
validez como tal en tanto el comportamiento de las variables responda
188
a las premisas básicas y que la correlación entre dichas variables sea
la predeterminada. De no ser así tanto el modelo como los resultados
que de él se obtengan carecerán de validez tanto para predeterminar lo
que va a acontecer como para determinar lo acontecido (en otras pa-
labras, es la diferencia que existe entre los resultados del pizarrón y la
realidad del mercado).”
“En el caso particular que estamos analizando la estructura de
depósitos no se mantuvo indiferente por cuanto el mercado de depo-
sitantes percibió el enorme costo de oportunidad que significaba man-
tener en cuentas a la vista ingentes cantidades de dinero cuando, al-
ternativamente, por esos depósitos, podían obtenerse, a plazos muy
cortos, importantes tasas de interés.”
“Esta nueva situación se produce al modificarse los períodos
mínimos de imposición a plazo fijo de treinta días a siete días en adelan-
te. La directa consecuencia de esta transformación en la estructura de
depósitos del Sistema fue el advenimiento de la MAYOR CAUSA
DE DÉFICIT DEL TESORO NACIONAL.”
“La Cuenta de Regulación Monetaria entonces, lejos de cons-
tituirse en un mecanismo de control político y estabilización monetaria
se convierte en un elemento expansivo, distorsivo y conforme a lo a-
puntado por analistas en la materia en un elemento deficitario explosivo,
cuyos infelices resultados no tardaron en presentarse.”
“Habiendo entonces reseñado el modelo monetario adoptado
por las autoridades económicas que asumieron en 1976 y sus meca-
nismos reguladores, veamos qué aconteció al tratar de evitar la emisión
directa y sustituirla por la participación del Sector Público en el circuito
financiero.”
“Los hechos demostraron que la demanda de fondos por parte
del Estado presenta una gran inelasticidad con respecto a la tasa de in-
terés real, de forma tal que le es indiferente endeudarse a una deter-
minada tasa de interés.
Contrariamente, la empresa privada acusa una elasticidad rela-
tivamente más alta, actitud propia de un manejo financiero más racional
y dirigido a la obtención de rentabilidad operativa, lo cual generalmente
no acontece en el Sector Oficial. Surge entonces que, cuanto mayor es
189
la necesidad de financiación del Estado, más intenso será el impacto
sobre el mercado financiero privado.”
“El tamaño del Sector Público y la viabilidad de contraer su
déficit, son piezas claves en la estrategia de estabilización, ya que la
imposibilidad de reducirlo, provocará serios trastornos en el Sector
Privado. En otras palabras, manteniéndose incólume el Sector Público,
el proceso de control monetario sólo genera una aguda retracción en el
Sector Privado, el cual carga con todo el peso del ajuste.
Así, mientras la astringencia monetaria se lleva a cabo, la tasa
de interés real aumenta, decae la actividad económica y, por tanto, la
recaudación impositiva al decaer la renta. El Estado, que obviamente
no acompaña este proceso, se encuentra con una mayor necesidad de
financiamiento, la que, necesariamente, implica una mayor disponi-
bilidad de crédito.”
“Al existir una mayor demanda de crédito por parte del Sector
Público, creciente será entonces el impacto sobre la tasa de interés con
lo que sumado a la retracción de la demanda debido al deterioro del
salario real y al continuo proceso inflacionario, EL SECTOR PRIVADO
SE TRANSFORMA EN TAN INELÁSTICO COMO EL SECTOR
PÚBLICO, con la diferencia de que éste se expande y permanece,
mientras las empresas privadas se destruyen y desaparecen.
La propuesta de control monetario de la inflación ha de-
mostrado ser recesiva y regresiva en nuestro país, particularmente por-
que las autoridades, al parecer premeditadamente, no efectuaron las
correcciones instrumentales a medida que se iban modificando las va-
riables económicas.”
“Haciendo entonces una breve reseña, como corolario de lo
precedentemente expuesto nos encontramos ante la presencia de un
círculo vicioso autogenerador de crecientes y crecientes niveles de
tasas reales de interés con directa incidencia en las actividades fi-
nancieras e industriales”.
“Para la estabilización monetaria se recurre al control y as-
tringencia de recursos. Se sustituye la emisión directa por el uso del
crédito para la demanda estatal de fondos, (inelástica), la que concurre
con la demanda más elástica del sector privado. La mayor o más cre-
190
ciente financiación estatal produce el incremento de las tasas reales de
interés.”
“La demanda, (de consumo), estatal permanece invariable. La
demanda (siempre de consumo) privada, disminuye. A consecuencia
de ésto se reduce la inversión privada, generando una menor actividad
productiva privada, esta conduce a una menor utilización de la capa-
cidad de producción.
Consecuentemente aumenta el desempleo, con lo que baja la
facturación privada. Al disminuir la facturación, cae la rentabilidad,
con lo cual menores serán las contribuciones empresarias en conceptos
de impuestos reduciendo la recaudación fiscal. El tamaño del Sector
Público y programas del mismo se mantienen invariables, con lo cual
se origina entonces un mayor déficit fiscal, el cual, conforme al Plan
de Estabilización Monetaria se redimirá con el uso del crédito interno
que, como fue demostrado, es inflacionario y con el crédito externo
que, como también fue demostrado, es expansivo.
En ese punto comienza nuevamente el circuito. Ahora con el
agravante de encontrarnos con un mercado financiero menos líquido
en términos reales a pesar de la expansión del circulante, provocada
por la emisión monetaria que se mantuvo a un nivel de entre el 8% y el
10% mensual acumulativo.
Las carteras de crédito activas, (de préstamos), se conforman
de gran cantidad de empresas virtualmente en cesación de pagos ante
la imposibilidad de afrontar los crecientes niveles de la tasa real de in-
terés por no poder acompañar esta situación con un creciente nivel de
actividad económica, sino con una recesión, la que por el tiempo trans-
currido, se puede denominar histórica o congénita al diseño económico
implementado.
“Las empresas del Sector Privado beneficiarias de préstamos
en estas circunstancias renuevan indefinidamente sus obligaciones ori-
ginando una expansión secundaria ficticia por tratarse de compromisos
contraídos como forma de postergar, aunque sea momentáneamente,
la inevitable caída del escenario empresario. Ellas esperan por parte
del Estado la sanción de alguna disposición correctiva de salvataje o
subvencionista, que devuelva al Sector Privado, aunque tal vez en una
forma ya simbólica, la posibilidad de atender, a costa de los
191
subsiguientes cinco o diez años de producción, una situación en primera
y última instancia propiciada y mantenida POR EXCLUSIVA RES-
PONSABILIDAD DEL ESTADO como un plan alternativo de una
ESTRATEGIA DE ESTABILIZACIÓN MONETARIA.”
“Por lo anteriormente descrito se puede apreciar la profunda
transformación impuesta a la economía.
Como lo mencionara en esos momentos el Dr.J uan Alemann:
Fracasa no porque los sectores privados productivos o financieros se
opongan a ella, (creo que ningún Gobierno de los treinta años anteriores
a 1976 ha tenido un consenso tan generalizado desde todos los sectores
como el iniciado ese año. Tampoco creo que ningún otro haya trai-
cionado y defraudado la confianza en él depositada por toda la pobla-
ción como el PRN), sino por graves defectos o falencias en la instrumen-
tación, algunas de las cuales son tan evidentes que no puede dejar de
pensarse en la premeditación y alevosía.”
“En adición ha quedado demostrado sobradamente que el pe-
ríodo 1976/81 estuvo signado por el receso. En primer lugar porque
no se operó sobre la inflación recesiva peronista de arrastre y porque
las medidas aplicadas para contener la inflación atacaron problemas
de forma y no de fondo con el agravante de que a partir de 1978, inex-
plicablemente, se apuntó con deliberación a la destrucción total de los
FACTORES DE PRODUCCIÓN Y EL SISTEMA FINANCIE-
RO ARGENTINOS”.
“En repetidas oportunidades, no sólo el Dr.J uan Alemann, sino
también otros funcionarios de la época, han expresado la res-
ponsabilidad directa que sobre el fracaso del plan económico, sobre la
recesión y la inflación, tuvo la liquidación de oficio en marzo de 1980
del Banco de Intercambio Regional y las intervenciones, en abril de
1980, del Banco de Los Andes, del Banco Internacional y del Banco
Oddone”. “Es sintomático, además, que el principal argumento que
usaron, es el de que estos bancos pagaban una tasa de interés superior
a la del mercado.”
“No hay duda de que la OPINIÓN PUBLICA CRÉDULA, que
vive a salto de mata para sobrevivir, pues de una crisis pasa a otra ma-
yor con más incierto destino, que no puede leer los periódicos sino a
los sumo hojearlos y cuyos estímulos informativos audiovisuales están
192
en su totalidad controlados por el Estado, se traga la información sin
tener ni el interés ni la oportunidad de analizarla.”
“Lo que es aún más grave, es que los analistas económicos y,
mucho peor todavía, las Cámaras y Asociaciones Gremiales Bancarias,
industriales y Comerciales, a las que pertenecían los grupos interve-
nidos, los que a su vez contribuían a ellas para su mantenimiento y re-
presentación, destrozados por la maquinaria coercitiva estatal, en nin-
gún momento iniciaron, después de dieciocho meses de producidos
los hechos, ningún tipo de investigación para determinar si lo que dijo
el gobierno o sus funcionarios era cierto.
Si fueron salvadas las estructuras productivas con sus fuentes
de trabajo. Si las liquidaciones de los bancos estuvieron bien hechas o
si fueron legales o no, sin darse cuenta de que nadie estaba exento de
sufrir la misma suerte dentro del sistema imperante. Excepto que exis-
tiera una connivencia explícita o implícita con él. Tal es el miedo que
impera en la sociedad argentina hoy y la corrupción de su clase diri-
gente.”
“Si alguien con un mínimo de honestidad y objetividad in-
telectual se hubiere puesto a estudiar los casos habría podido comprobar
que en un mercado con una tasa de interés para depósitos del 95 % ó
del 100% anual, pagar el 97 % o el 104 % no podría llevar a la quiebra
a ningún banco del sistema financiero argentino.
Mucho menos provocar una escalada generalizada en las tasas
de interés que como ya hemos visto no dependían, para la estructura
de su precio, del Sector Privado, sino del Sector Público. Ni aun pa-
gando un 20 % más que el resto, esa falacia resiste el menor análisis
de cualquier profesional, no digamos ya de la banca, sino de cualquier
otro rubro de la actividad económica.”
“Y que no se diga que éste era el caso del Banco Oddone. En
su momento, demostramos con información estadística al Directorio
del Banco Central, a través de la persona del Lic.Reynal, que no lide-
rábamos la tasa de interés del Circuito Financiero Bancario.”
“Por otra parte, ¿cuál fue el efecto recesivo que produjo el
cierre de los Bancos, como lo mencionó en la época el Dr. Alemann?
En el caso del Banco de Intercambio Regional prácticamente toda la
193
cartera de préstamos fue refinanciada con lo que casi ninguna empresa
deudora fue a la quiebra debido a la caída del banco.
En el caso del Banco de Los Andes, el grueso de la cartera de
créditos estaba afectada a su grupo de empresas, las cuales, Ley especial
por medio dictada por la CAL, fueron quebradas. Pasaron a ser admi-
nistradas por el Estado mediante una Intervención que, a su vez, está
siendo investigada por un faltante de más de 300 millones de dólares
en bienes de cambio propiedad del Grupo Greco. La recesión, en este
caso, afecta a la operación de un grupo empresario al que las autori-
dades económicas y políticas de la época premeditadamente destru-
yeron.
Lo que en todo caso cabría preguntarse es si la intención de
destruir un grupo empresario justifica llevar a la quiebra a dos eco-
nomías provinciales como San J uan y Mendoza.”
“En el caso del Grupo Sasetru, que fue beneficiado con un tra-
tamiento diferenciado, tanto desde el punto de vista económico como
jurídico penal, la recesión debería haber afectado a su propio grupo e-
conómico, a pesar de que durante todo el año 1980 su endeudamiento
continuó creciendo siendo absorbido finalmente por el Banco Central
al autorizarse la venta del Banco de Internacional S.A. en 150 millones
de dólares al Bank of America.
El novedoso mecanismo utilizado por el Banco Central, inexis-
tente hasta ese momento, fue el del Patrimonio Desafectado.” El me-
canismo consistió en sacar los pasivos del banco transfiriéndolos al
Banco Central para luego venderlo “limpio”.
“En el caso del Banco Oddone, las empresas continuaron fun-
cionando con 2.500 empleados y con un receso operativo debido a que
desde marzo de 1980 no reciben crédito de evolución ni aportes de ca-
pital, ni se le permite reinvertir sus propios fondos ni en capital de tra-
bajo ni en inversiones en equipo”.
“Todavía hay 25 mil millones de pesos depositados en el Banco
de la Ciudad de Buenos Aires, cuyos fondos solo han solventado sueldos
u honorarios profesionales dictaminados por los jueces. Queda demos-
trado entonces que, aparte de los grupos afectados, no hubo daño hacia
el resto de la Economía, EXCEPTO QUE SE RECONOZCA QUE
ESOS GRUPOS BANCARIO-EMPRESARIOS CUMPLÍAN UN
194
ROL SUSTANCIAL DENTRO DEL ESPECTRO ECONÓMICO
NACIONAL EN CUANTO A GENERACIÓN DE EMPLEOS,
DISTRIBUCIÓN DE RIQUEZA Y DESARROLLO DE NUEVAS
ALTERNATIVAS DE PRODUCCIÓN A NIVEL NACIONAL.”
“Pero si era así: ¿por qué se los destruyó?”
“¿O es que el despojo justifica la destrucción indiscriminada
de los factores de producción?”
“¿Quién asume la responsabilidad de las indemnizaciones que
deberá pagar el Estado Nacional?”
“¿O es que esto también formaba parte del Plan Económico
de las Fuerzas Armadas, como llamaban a su plan el Dr. Martínez de
Hoz y el General Videla?”
“Cuando el Dr. J uan Alemann se refería al gasto público en
artículos periodísticos, decía que éste es importante pero no responsable
por tantos males como se le adjudican.
De acuerdo con publicaciones oficiales, en la actualidad, la
participación directa del Estado en la Renta Nacional —sin tomar en
cuenta la producción de Bienes Intermedios— es superior al 50%.
Si a esto le adicionamos que a través del crédito debido a la
quiebra del sistema financiero su influencia se extiende a todos los
sectores de las finanzas y la producción, queda explicado que muy po-
cas de las decisiones de los individuos que habitan la Nación pueden
ser ejercidas por el libre albedrío o prescindiendo de la inducción ofi-
cial.
También refiriéndose a la apertura de la Economía, ha expre-
sado el Dr. Alemann: “que está aceptada por todos los que tienen una
idea razonable y no atada a intereses sobre la economía argentina”.
Con respecto a este concepto, debo decir que afortunadamente para la
Nación, los propietarios de empresas industriales, comerciales y del
sistema financiero que todavía no están presos, todos tienen intereses
atados a la economía argentina. Por esta razón deberán ser los en-
cargados de reconstruir el país sobre los escombros dejados por los
burócratas profesionales en el gobierno.”.
195
Al efectuar esta declaración puse énfasis en las declaraciones
del Dr. J uan Alemann, debido a que durante su gestión fue perfeccio-
nado el endeudamiento indiscriminado de las empresas públicas, en
las cuales pasados los años se pudo comprobar que los fondos recibidos
por préstamos nunca se incorporaron a ellas, a su capital de trabajo o a
sus flujos normales de fondos operativos siendo desviados arbitraria-
mente al Banco Central o a la Tesorería de la Nación donde desapare-
cían con destinos ignotos dentro de la burocracia oficial.
A pesar de ello este personaje continuó dando cátedras eco-
nómicas.a través de los emisores de doctrina política y económica de
la época, en particular los señores Bernardo Neustadt y Mariano Gron-
dona.
Luis Alberto Oddone
15 de septiembre de 1981
Pasaron treinta y un años desde que estos acontecimientos se
produjeron.Ninguna voz se levantó para juzgar públicamente a los des-
tructores de la Nación, hasta este momento.
La primera democracia posterior a la Dictadura Cívico Militar,
con el Dr. Alfonsín en la presidencia, perfeccionó el accionar y los
procedimientos. La segunda, presidida por el Dr. Menem, se asoció
con los protagonistas del PRN para perfeccionar el modelo diseñado
para la República a partir de 1976. La administración De La Rúa, siguió
el mismo derrotero.
La actual, de neto corte revisionista, convalidó las leyes ilegales
del Proceso de Reorganización Nacional, al menos en mi caso, y des-
conoce los dictámenes de la Corte Suprema de J usticia en cuanto al
pago de indemnizaciones (caso Greco).
En los últimos meses, bajo la administración de la Sra. Kirchner
se instaló la iniciativa de considerar estos delitos cometidos desde el
gobierno por la Dictadura como “Delitos de Lesa Humanidad Econó-
mica”.
Veremos qué sucede o si el silencio y el miedo continúan…
Julio de 2011.
196
197
APENDICE 2
Extracto de la pericia contable efectuada por el Decano
de Peritos de la Corte Suprema de Justicia a pedido del Juez Fe-
deral Penal Sergio Torres que investiga los fraudes y robos del
Banco Central de la República Argentina a pedido de la Fiscalía
de la Cámara Comercial y del Procurador General de Justicia
de la Nación Argentina.
1– La Pericia en sede penal llega a las mismas conclu-
siones que la de sede comercial.
24/9/09 Las conclusiones del Decano de Peritos de la CS-
J N en su informe pericial son categóricas e idénticas (en lo refe-
rente a los puntos 8 y 9), a las que arribara el contador Guillermo
J . Domato en sede Comercial. (v. fs. 1761/66 de la causa 6073/
03).
En lo que hace a esta reconstrucción, destaca el Decano:
“…Pero a los fines contables a fs.865 luce un acta del 28/4/1980
por la cual el Sr. Juan Carlos Asté se constituye en el Banco O-
ddone como interventor de dicha institución. De dicha constancia
surge que se llevaría a cabo un arqueo de caja y un inventario de
los bienes de la entidad intervenida, los que a 1990 no estarían
completados (fs.1118 y siguientes)…Hay en esta causa compro-
bantes en fotocopia de extractos de cuenta y concesión de re-
descuentos (fs. 869 y siguientes)…” (que son los que acompa-
ñara Roberto Armando Rigo el 30/9/05).
Continúa el Decano expresando: “…En este caso se da
la particularidad que el Banco Central pretende el reconocimiento
de adelantos de fondos y tal como indicamos ut suprase consigna
en los libros de Banco Oddone las partidas señaladas. El inter-
ventor en la entidad fue designado por el Banco Central de forma
tal que el deudor y acreedor responden directa o indirectamente
a la misma autoridad…El destino primordial de los adelantos en
estos casos fueron para atender la garantía de los depósitos, de
dónde deberá contarse con elementos documentales que ameriten
198
que depositantes a la vista o a plazo en el Banco Oddone fueron
satisfechos en su crédito por aplicación de los fondos adelanta-
dos…” (v. fs.1764 vta.1765/66 de la causa 6073/03).
No surgen de la compulsa de la Caja Nº 75.197 los ele-
mentos documentales a que hace referencia el Decano, quien en
su declaración testimonial del 12/5/09 ampliando los puntos de
pericia expone ante el Tribunal para aclarar aún más la cuestión:
“…Debe tenerse presente de inicio, y conforme los ele-
mentos que he tenido a la vista, que no existía un balance inicial
que permitiera realizar un seguimiento del desarrollo patrimonial
y de resultados hacia delante. Falencia atribuible a las autori-
dades del Banco Central pues toda autoridad que tome inter-
vención sobre otra debe, como principio de derecho de fondo,
concretar un inventario… A fojas 1765 vta., al referirse al crédito
a favor del Banco Central por mil quinientos millones de pesos
señalo que según constancia de fojas 856 surge que al momento
de la intervención se llevaría a cabo un arqueo de caja y un in-
ventario de los bienes de la entidad intervenida, lo que al año
1990 no estarían completados. En cuanto a la verificación de la
pretensión del Banco Central, el mismo está bajo incidente y con
el fin de poder informar acerca de la razonabilidad de la preten-
sión es requerido que independientemente de la verificación de
la existencia de redescuentos o adelantos se pueda establecer el
destino de los fondos, atento a la suerte de los roles cumplidos
por el Banco Central como entidad rectora y como ente encargado
de la liquidación. Para ello sería preciso contar con los montos
aplicados para atender a la garantía de los depósitos, con la in-
dicación de los mismos y respecto de los otros gastos, contar con
suficiente documentación de apoyo originados en terceros con
lo que pueda ameritarse mediante tareas muestrales que lo pre-
tendido responde a la realidad de los hechos ya que los elementos
registrales no reúnen los requisitos a los que debe ajustarse la
normativa contable. Para ello se necesitaría la acreditación de
los montos en la cuenta del Banco Oddone, y como correlato la
rendición de cuentas sobre la aplicación de dichos fondos. Como
la misma no puede basarse en anotaciones contables insuficientes
y no ajustadas a las reglas del arte, necesariamente debe contarse
199
con documentación de base en cantidad sufíciente que permita
mediate tarea muestral ver mayor base de confiabilidad a la pre-
tensión. En síntesis, los balances no fueron corregidos en moneda
homogénea, no hay datos confiables respectos de los inventarios de
muebles, tampoco hay datos confiables de los bienes inmuebles, ha-
biéndome expedido parcialmente en puntos anteriores sobre algunos
de ellos. Tampoco hay información confiable sobre la evolución de
la cartera de préstamos. A todo ello se suma que hay asientos retro-
activos ordenados por la intervención que sirvieron de fundamento
de la liquidación del Banco, el problema de tales asientos es que son
inaudita parte. Todo lo expuesto impide dar conformidad a la pre-
tensión del Banco Central con el alcance requerido en este fuero.
Finalmente, he de decir que la legislación vigente al momento de
producirse los hechos, dada la circunstancia particular de que el
Banco Central era el liquidador de las entidades, había instituido u-
na figura de síndico ad-hoc cuyo informe cumple la función de opi-
nión externa respecto del accionar del Banco Central en su doble
sentido de dador de los fondos necesarios por vía de adelantos y re-
descuentos, y liquidador de la entidad a través de su propia organi-
zación. De dicho informe debe extraerse concepto acerca de si se
gestionó normalmente lo actuado a partir del momento de la liqui-
dación de la entidad. Su estudio necesariamente comprende entonces
la realización de los activos existentes, la cobranza de la cartera, el
pago de las obligaciones, la devolución de los fondos recibidos por
adelanto, y de los depósitos de la clientela del Banco… De tal forma,
mi completa actuación requiere de mayor documentación, la que
solicito de recabarse sea en original. Documentación original que
acredite lo que entró, lo que salió y porque causa con una fehaciente
documentación…” (v. fs. 1843 vta. y 1844 de la causa 6073/03). (El
subrayado es del autor).
De acuerdo a la documentación solicitada por el Dr. Alfre-
do Antonio Peralta, el Tribunal Federal Penal por cuarta vez re-
quirió, entre otra documentación, la siguiente, que debería haberse
aportado en el año 1993 a la Caja Nº 7 y que ahora no consta en la
Caja Nº 75.197 a los efectos de su reconstrucción a saber:
a) Las constancias de liquidación emitidas por el corredor
de bolsa al tiempo de la venta de las acciones de Renault (sep-
200
tiembre de 1990) …e) La totalidad de documentos –sean notas,
oficios u otros– en que se plasmó cada una de las solicitudes de
adelantos dirigida al Banco Central de la República Argentina y
a favor del Banco Oddone.
Aquellas relativas al depósito de los mismos en cuenta y
para uso del Banco Oddone (entre ellos los originales de los
Formularios emitidos por Resolución 111 y Circular RF 1051).
Y fundamentalmente, tanto las rendiciones de cuentas como la
documentación fehaciente respaldatoria del destino dado a dichos
fondos…”
ACERCA DEL AUTOR
LUIS ALBERTO ODDONE
HISTÓRICO
1959 Distribución de papel y cartón.
1961 Agente y posteriormente Broker de seguros.
1962-63 Broker financiero, venta de títulos bancarios en
mercados internacionales.
1964-68 Broker financiero en el mercado argentino. Proveedor de ca-
pital de trabajo para empresas medianas y grandes de origen
argentino y empresas internacionales con operaciones en
Argentina.
1968-71 Expandió las operaciones indicadas arriba para incluir la Sin-
dicación de Préstamos para Empresas Públicas Gubernamen-
tales en el mercado internacional. Estos préstamos incluyeron
garantías de varios bancos estatales argentinos (Banco de la
Nación Argentina, Banco Industrial de la República Ar-
gentina, y Banco Nacional de Desarrollo).
Proveedor de capital de trabajo (en dólares estadounidenses)
para empresas multinacionales con operaciones en Argentina,
utilizando Letras de Crédito y Letters of Awareness.
Abrió una oficina de representación en San Pablo, Brasil,
para la colocación internacional de créditos garantizados por
el Banco de Investimento y Bancos Comerciales brasileros a
través de las Circulares 4131 y Resolución 63 del Banco
Central do Brazil.
Creó una estructura de corresponsales con más de veinte
bancos europeos de primera línea.
1971-72 Financió a empresas multinacionales en moneda argentina
como consecuencia de restricciones impuestas por el gobierno
201
202
argentino central sobre bancos y otras instituciones finan-
cieras argentinas respecto de las Líneas de Crédito a estas
corporaciones (administración Lanusse-Ferrer). Compró
Cereacol S.A., una fábrica de plantas de acopio de cereales
“llave en mano”.
1973 Creó Establecimientos Agropecuarios La Elvira S.A., pro-
pietaria de campos y plantas de acopio de cereales. Adquirió
campos y depósitos para cereales y granos. Adquirió Fiandra
Compañía Financiera S.A. de Buenos Aires.
1976 Adquirió Banco Regional Sureño S.A. en Bahía Blanca,
Provincia de Buenos Aires.
1977 Adquirió Rivadavia Compañía Financiera S.A. en la ciudad
de Buenos Aires.
1978 Adquirió Crédito Mercedes Compañía Financiera S.A.,
con sucursales en Mercedes y Chivilcoy, Provincia de Buenos
Aires.
1973/79 Desarrolló diversas actividades agropecuarias, así como pro-
yectos inmobiliarios y otras actividades en zonas comerciales
e industriales.
1980 Después de la fusión de todas las entidades financieras se
consolidó un sólo banco: BANCO ODDONE S.A., el sexto
banco en Argentina, con 48 sucursales en operación y 85
más autorizadas por el Banco Central de la República Ar-
gentina para operaciones en todo el territorio nacional. Llegó
a tener US$ 500 millones en depósitos, US$ 700 millones
en préstamos vigentes y una mesa de transacciones con un
volumen promedio de US$ 200 millones diarios.
Campos: 1,25 millones de hectáreas en las Provincias de Buenos Ai-
res, Entre Ríos, Santa Fe, Salta y Río Negro.
Ganado: Producción anual de invernada (engorde) 40,000
Producción agropecuaria: A través de BANCO ODDONE S.A., fi-
nanciamiento de 350.000 hectáreas de producción anual en las Pro-
vincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Tucumán y Chaco. El
grupo adquiría aproximadamente el 80% de la producción anual de
sorgo en la provincia de Chaco y el 70% de la producción anual de
soja de la provincia de Tucumán.
Exportaciones de cereales: Exportaba aproximadamente 1.000.000
de toneladas anuales (la exportación total del país era de 10 millones
de toneladas), especialmente trigo, maíz, sorgo y soja por un valor
aproximado de US$ 500 millones. Los movimientos en el mercado
interno eran de 1.500.000 toneladas adicionales.
Servicios: Adquirió Diners Club S.A. la empresa que tenía los derechos
argentinos de la tarjeta de crédito Diners Club International, la única
tarjeta aceptada en Argentina en ese momento con una facturación
anual de US$ 700 millones.
El grupo estaba asociado con E.F. Hutton Incorporated, Banco de
Inversión líder de los Estados Unidos en el área de commodities para
sus operaciones en Argentina, Uruguay y Paraguay, especializado en
la comercialización de futuros de mercaderías Commodities Trading
en el Chicago Board of Trade.
El Grupo Oddone era el principal inversor en acciones cotizadas en
la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, y tenía asociaciones para ope-
raciones con agentes de bolsa, asesores financieros, empresas de segu-
ros y bancos privados. Mantenía un portafolio de US$ 30 MM.
1980 En abril de ese año, el Grupo Oddone y el Banco Oddone
S.A. fueron confiscados por el gobierno militar de facto y su
titular secuestrado y encarcelado durante dos años. Perma-
neció en el exilio de 1982 a 1985.
INDUSTRIAS
1– National Lead Company S.A.: Controlaba el 60% del mercado
de plomo en Argentina y fue el primer y principal productor de lingotes
de plata en el país, con marcas registradas en el mercado de Londres.
Era el principal proveedor en los mercados de baterías para autos y
material para soldaduras. La empresa también desarrolló la genética
para el cultivo del tártago en la Provincia de La Rioja y una planta
para la producción de aceite de ricino en la Provincia del Chaco.
2– Industrias Deriplom S.A.: Subsidiaria de National Lead Co.
203
3– Corinda S.A.: Subsidiaria de National Lead Co. Central de com-
putación de National Lead Co.
4– Bagley S.A. (compañía cotizada en la Bolsa de Buenos Aires): Ac-
cionista por el 34% del patrimonio (actualmente propiedad de DA-
NONE FRANCE).
6– Cereacol S.A.: Fabricación de silos para almacenamiento y acce-
sorios para el control del aireado, temperatura y secado bajo la licencia
de fabricantes de Iowa en los Estados Unidos. La empresa construyó
plantas de silos con capacidad para almacenar más de 2.000.000 de
toneladas.
7– Productos Solmar S.A. (sociedad cotizada en Bolsa de Bs. As.):
Fábrica de jabones con 40% del mercado argentino, 20% vendidos
bajo sus propias marcas y 20% produciendo para terceros (Palmolive,
Odol, etc.).
8– Roby S.A.: Fabricante de aerosol para el cabello, 64% del mercado
argentino, 30% del mercado de champús para el cabello y 10% del
mercado de desodorantes familiares habitacionales.
SERVICIOS Y PROYECTOS INMOBILARIOS
1– Fiandra Propiedades S.A. y Tiusdy S.A.: Construyeron edificios
ubicados en la costa atlántica: Pinamar y San Bernardo, Provincia de
Buenos Aires.
2– Fiandra Automotores S.A.: Importación y venta de automóviles
BMW.
3– Gran TV Color S.A.: Cadena de teatros de televisión a circuito ce-
rrado, transmitía eventos deportivos y culturales para televisores de
pantalla ancha en las principales ciudades de las provincias de Argentina
efectuando un aporte cultural regional de importancia social.
4– Establecimientos Agropecuarios La Elvira S.A.: Propietaria y
gerente de los campos y depósitos para cereales. Gerenciamiento para
terceros. El Grupo controlaba 250.000 toneladas de capacidad para el
almacenaje en silos, de los cuales 70.000 toneladas pertenecían a la
empresa.
204
5– Trading Americas S.A.: Empresa exportadora de granos. En 1979/
80, controlaba 10% del mercado argentino de granos. Exportaba maíz,
soja, sorgo, poroto colorado. Exportaba a mercados no tradicionales
para Argentina como Siria. También participó en los mercados de salva-
do y alfalfa (pellets). En algunos productos, era el segundo o tercer
exportador y lograba el octavo puesto entre exportadores argentinos.
Además, la empresa proveyó importantes cantidades de granos y ce-
reales a otras empresas de exportación tales como Nidera S.A., Cargill
S.A., Ferruzzi, Dreyfus, La Plata Cereal, etc. La empresa tenía un stock
permanente de compras de fletes marítimos de aproximadamente
400.000 toneladas y movimientos de 80.000 camiones para cereales
y ganado durante cada cosecha o terminado de producción.
6– Silos y Elevadores S.A.: Propietario de dos puertos para el embarque
de granos, uno en Villa Constitución, Provincia de Buenos Aires, y el
segundo en Ibicuy, Provincia de Entre Ríos. La inversión en el primer
puerto fue de aproximadamente US$ 9.000.000 en infraestructura.
La GEM Company deRotterdam, Holanda, estaba contratada para
el diseño de un silo de terminal de almacenaje de100.000 toneladas,
con una capacidad de carga hacia buque de 2.000 toneladas por hora.
Facturación de la empresa exportadora: US$ 500.000.000. Operaciones
con granos, sumando el mercado interno: 1.500.000 toneladas por
año.
7–
Empleados con dedicación plena: 5.500
Empleados dedicación parcial: 30.000
Facturación del Grupo sin el Banco: US$ 1.800.000,000.-
Patrimonio del Grupo con el Banco: US$ 500.000.000.-
Patrimonio neto del total: US$ 250.000.000.-
ACTIVIDADES CULTURALES
Periodística: fundador y editor de la revista mensual de temas eco-
nómicos Prensa Económica y su edición internacional The Economic
Press.
205
Vice Presidente de la Comisión Amigos del Museo Eduardo Sívori,
del Municipio de la Ciudad de Buenos Aires.
Coleccionista de cuadros argentinos. Colección de aproximadamente
750 piezas.
DONACIONES
Edificio de la Escuela de Agronomía de Leones, Provincia de Buenos
Aires.
Órgano de la Iglesia Stella Maris en la Ciudad de Buenos Aires.
Numerosas donaciones a instituciones de caridad e instituciones de-
portivas.
POSICIONES INSTITUCIONALES
Miembro del Consejo Directivo de la Bolsa de Comercio de la Ciudad
de Buenos Aires.
ADDENDUM
El Caso del BANCO ODDONE S.A. y del GRUPO DE
EMPRESAS ODDONE está considerado en Argentina como el lea-
ding case del Sistema Financiero Argentino, y las violaciones a las ga-
rantías jurídicas y al derecho de defensa en juicio efectuadas por el
B.C.R.A. son reseñados en las Facultades de Derecho y Ciencias So-
ciales y de Economía de la Universidad de Buenos Aires y en universi-
dades privadas. También los robos y malversaciones de fondos efec-
tuados por el Banco Central de la República Argentina sobre el patri-
monio del BANCO ODDONE S.A.
206