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Revista Literaria y Crónica del Grupo Literario ¿al vacío...? de los Valles del Tuy
N ° 2 6 . A ñ o I X . M a r z o - a b r i l , 2 0 1 4
http://grupoliterarioalvacio.blogspot.com
¡ Ru mb o a l o s d i e z a ñ o s !
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án Márquez
La sombra de la ventana
edición especial dedicada a este importante narrador venezolano
ESTA REVISTA CIRCULA CON EL APOYO DEL SISTEMA NACIONAL DE IMPRENTAS,
SEDE MIRANDA Y EL GABINETE CULTURAL MIRANDA DEL MPPPC
http://imprentademiranda.blogspot.com
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ESTAMPAS SENCILLAS
Julián Márquez. Crónica de la alegría, por
Julio Valderrey
Pág. -19
Entrevista al escritor Julián Márquez a
propósito de su novela La rotación del
zodíaco, por corriente-alterna.net.
Pág. -17
POESÍA VENEZOLANA
Yuleima González - Julio Valderrey
Pág. -13
POESÍA MIRANDINA
Magdalena Goncalves - Sthéphany Sierra -
Alejandro Indriago - Yhonaís Lemus
Pág. -12
COMENTALIBROS
Circulando por los solares de la ficción
(extracto), por Gilberto Petit
Pág. -10
Simulacro de Helena: ventana a la muerte,
por Isaac Morales Fernández
Pág. -9
Reseña del libro Sinfonía de caracoles, por
Julio Valderrey
Pág. -7
La rotación del zodíaco, entre el misticismo
y la realidad por Richard Sabogal
Pág. -6
ENSAYOS LITERARIOS
Desconcierto y perplejidad en la obra de
Julián Márquez, por Marcelo Seguel Bon
Pág. -4
TUYEDADES
La poesía y su autoridad - ¡Me celebro y me
meo a mí mismo! - Escape de tercera por
Leonardo Delgado
Pág. -2
EPITAFIOS
Gabriel García Márquez - Juan Gelman -
Homenaje a Chávez a un año de su siembra
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Otra vez la artillería, el fusil airado como lo diría el chino Valera
Mora llenando de magia y hermosura a estos pueblos Tuyeros donde
estamos inmersos, sabiéndonos actantes de la evolución de la lite-
ratura. Unido a la vanguardia y al proceso transformador del arte
como herramienta de lucha y de paz, tratando de ocupar espacios
para garantizar la vida y el sueño.
Otra vez la poesía inventando algún ardid para tomar por asalto
las formas y modos de vida del Tuyero, dejando en evidencia que
no sólo de pan vive el hombre. Entonces celebramos cada día, cada
encuentro, cada palabra. En esta edición donde llevamos la bandera
de nuestro amigo Julián que nos dijo hace ya un tiempo atrás que el
que se asumiera poeta tenía una responsabilidad consigo mismo y la
poesía, de lo contrario jamás sería poeta.
Entonces decidimos encomendarnos a Apolo y Baco dejando
que nuestras manos lleven el canto a los que nos seguirán, a esa
juventud inquieta y débil a la vez para que sigan formando los colec-
tivos forjadores de conciencia y de paz. Históricamente hemos sido
libertadores y emancipadores, jamás hemos buscado destruir nada,
nos guía la construcción de ideas, proyectos, y sueños.
Son siete años del Sistema de imprentas regionales, sentados al-
rededor del fuego bautizando a la eternidad y dando vida a un pue-
blo que necesitaba de reivindicaciones culturales y que aún lucha
por obtener el verdadero espacio que se merece, he aquí entonces
esta cápsula aromatizada por los dioses donde se trasladan los signos
y las esencias de las aventuras y desmanes que se suscitan alrededor
de un movimiento literario. Tenemos la punta de lanza y la hoja para
contrarrestar cualquier improperio como lo hicieron nuestros pró-
ceres con sus dones visionarios donde plantearon que la artillería
del pensamiento era un arma fundamental para la liberación y el
conocimiento y a esto nos debemos, a buscar todos los días por
medio de la lectura, el debate y las ideas que nacen de las imprentas,
acto sublime y alentador que nos hace avanzar hacia nuestra inde-
pendencia.
L.D.
¿AL VACÍO...?
Julio Valderrey, Isaac Morales Fernández, Leonardo Delgado,
Danna Urdaneta, Marcelo Seguel Bon, Leonard Delgado,
Rosa Anyélica Guevara, Ana Karina Rondón, Magdalena
Goncalves, Michelle Antoine, Yhonais Lemus, Angélica
Aguilar, Hamlet Yaraima Marín, Leandro Blanco, Sthephany
Sierra.
COLABORAN EN ESTE NÚMERO: MARCELO SEGUEL BON, MAGDALENA
GONCALVES, YHONAÍS LEMUS, RICHARD SABOGAL, YULEIMA GONZÁLEZ,
ALEJANDRO INDRIAGO, STHÉPHANY SIERRA.
CORREO: grupoliterarioalvacio@gmail.com
PÁGINA: http://grupoliterarioalvacio.blogspot.com
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Julián Márquez. Crónica de la alegría
por Julio Valderrey
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ueron los años sesenta, finalizando los setenta y en-
trando en los ochenta cuando participé en los viejos
talleres del Centro de Estudios Latinoamericanos
Rómulo Gallegos, específicamente en los talleres de poesía
donde participó una generación brillante de poetas como
Josú Landa, Vasco, que era presidente de la federación de es-
tudiantes de la universidad de oriente y hoy profesor titular
de la Universidad Autónoma de México a donde fue a exten-
der su sueño, Salvador Tenreiro, compañero de estudios en la
universidad y de la poesía, quien regresó a su amada España.
El orfebre José Sellán de Huesca, hijo espiritual de Ludovico
Silva y gran amigo. Rodolfo Privitera poeta ítalo-argentino.
Mónica Traicy, quien volvió a su tierra natal también Argen-
tina luego de haber estado unos años en Venezuela, Armando
Rojas Guardia, Yolanda Pantin, el sordo Douglas Parra, en-
tre otros. Me tocó participar en este glorioso taller dirigido
por el poeta Eugenio Montejo. Un día después se realizaba
el taller de narrativa dirigido por Denzil Romero y recuer-
do también que había un escritor de Monagas llamado Julián
Márquez de quien me hice muy amigo debido a nuestro per-
tinaz encuentro en una tasca que quedaba detrás de la antigua
casa Rómulo Gallegos. Allí coincidíamos en largas conversa-
ciones sobre el sueño de escribir y la forma de tomar el poder
para transformar la sociedad, pues siempre fuimos militantes
y quizás lo seguimos siendo de esta hermosa utopía, y ya se
avizoraba que era tan buen escritor como buen amigo.
Con el correr del tiempo trabajamos juntos en proyectos
comunes dirigiendo talleres de creación literaria y siempre
ha habido un reencuentro en este pequeño universo de la li-
teratura y de la derrota del cuerpo cuando brindamos por las
damas que nos han amado y por las que hemos amado. Fueron
mis días fructíferos de vagancia, poesía y amores irracionales,
pues queríamos, y aún lo queremos, ser poetas expulsados de
algún reino, y delinquíamos con la palabra pues, con la poesía
comíamos, bebíamos y amábamos, pero quizás ya sea tarde
amigo Julián y debamos conformarnos con ser unos poetas
marxistas-anarquistas realengos y ebrios a la deriva del viento
y las tormentas de un mar cenagoso.
De allí nos trasladábamos a lugares aún más cenagosos e
imbricados donde corrían grandes versos, cuentos e historias.
Fue a comienzos de los ochenta cuando la gran bohemia de
Sabana Grande estaba ya en decadencia, pero aún concurría
por esos lares, por esas tascas, poetas, narradores, pintores,
actores y artistas de toda índole y donde nos nutríamos y des-
truíamos de conocimiento y de alcohol o continuábamos el
taller que habíamos comenzado en las irreverentes aulas de
la vieja casa del CELARG. Por esos reinos de la noche, en la
avenida Solano López estaba el viejo Triángulo de las Bermu-
das, donde estaba incluida la famosa “Bajada” y las tascas que
estaban a su alrededor. Por allí discurrían personajes como El
chino Víctor Valera Mora, José “Pepe” Barroeta, Luis Camilo
Guevara, Caupolicán Ovalles, integrantes de la famosa pandi-
lla Lautréamont, también encontrábamos a Orlando Araujo,
Adriano González León, Francisco Massiani, Ludovico Silva,
Renato Rodríguez, Carlos Noguera y Ramón Palomares de
quien se dice que empezó a escribir buena poesía luego de
haberse caído una noche ebrio y golpeado la cabeza varias
veces con las escaleras del desaparecido Chicken Bar de la
calle Lincoln, en el Gran Café. Salvador Garmendia, Darío
Lancini, el gran Pascual Navarro, quien hizo del Gran Café su
pequeño París por donde deambulaba diariamente en busca
de sus recuerdos. El gran Víctor Salazar, poeta y pintor quien
ya alcoholizado y recluido en el Clínico se escapaba de noche
a las tascas de Sabana Grande, al cual veíamos entrar ebrio y
salir cuerdo en la mañana, vía Clínico, a dormir la rasca. Al
poeta Ramón Querales, gran amigo, maestro y casi padre y
a la joven promesa William Osuna, hermano, quien pasada la
media noche y ya ebrio pulseaba sobre la mesa y se comuni-
caba con el gran Baica Dávalos en el idioma de Whitman. Y
Héctor Seijas cómplice de fechorías en la vagancia nocturna.
Toda una fauna de creadores místicos, anarquistas, ñángaras y
degenerados de la gran bohemia que envolvían las hermosas
noches del Gran Café y sus tascas.
Julián Márquez en Santa Teresa del Tuy, 2004. Fotografía de Isaac Morales F.
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Gente generosa, quizás poetas a la vieja usanza de los ro-
mánticos donde se mezclaba el amor, la conciencia histórica,
política, la bohemia y la poesía. Grandes creadores que hicie-
ron vida irreverente. Algunos pagaron caro la primera decep-
ción amorosa con la revolución, ya que habíamos bajado del
sueño de una guerra, casi desmoralizados por la entrega y
traición de los dirigentes principales y que hoy están al servi-
cio de quienes los humillaron y sometieron. Cuántas personas
valiosas perdidas, líderes estudiantiles que fueron eliminados,
desparecidos, quizás varias generaciones. No queda más que
luto, dolor y más fuerza para continuar el camino, pero tam-
bién cuántas cosas aprendidas en el ruido de las tabernas para
el oficio de escribir.
Se ironizaba con una llamada
República del Este, cuyo presidente
siempre era el más ebrio del grupo,
hasta que se infiltró la derecha po-
lítica y se perdió la gracia de esos
bacanales. Era una burla a la cari-
catura de república en la que vivía-
mos y era ese el contexto donde to-
dos estábamos involucrados en una
concepción política de transforma-
ción, claro, con las diferencias ne-
cesarias, pero coincidíamos en que
había que transformar la sociedad.
Pero a la gran mayoría de esos líde-
res se les olvidó que por culpa de
su mala dirigencia y egocentrismo
se perdieron tantos guerreros y se
les olvidó el contenido de los libros
que nos hizo irreverentes, justos,
conocedores de la realidad latinoa-
mericana y decididos a darle sen-
tido a la vida luchando por lo que
quizás a nosotros no nos hacía falta,
pero sí a la gran mayoría de los Ve-
nezolanos y por la cual aún estamos
trabajando.
Días de amor de locura y de fiesta. Sabana Grande era
una gran fiesta, como diría Hemingway, hasta que fue apa-
reciendo la delincuencia exacerbada por sus calles y nos
mudamos cuando desapareció el Triángulo de las Bermu-
das, para acelerar la decadencia, a la mal llamada “Calle la
Puñalada” y todos nos fuimos replegando. Algunos, quizás
los más importantes y ebrios, los que vivieron intensamente
fueron muriendo como Pepe, Caupolicán, el chino Valera
Mora, Orlando Araujo, Ludovico Silva, Adriano González
León, Víctor Salazar, casi todos muy jóvenes. En ese con-
texto estuvo inmerso mi aprendizaje literario, entre aulas,
tascas, amores frustrados y logrados. En eso andábamos,
amigo Julián, queriendo desordenar y ordenar el mundo a
través de la palabra pero el implacable dios Cronos, como
siempre, interrumpe las fiestas.
¿al vacío...? te recomienda visitar los siguientes enlaces en internet:
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Entrevista al escritor Julián Márquez sobre su novela
La rotación del zodíaco
Tomada de la página web www.corriente-alterna.net. Miércoles, 30 Marzo 2011
1)¿Cuánto tiempo te llevó escribir esta novela, cómo
fue su proceso creativo?
J.M.: El proceso de gestación de esta novela, La rotación
del Zodíaco, podría dividirse en dos etapas. Una que puede
definirse como de ilusión, situada a mediados de la década
del ochenta del siglo pasado. Es un periodo con la idea de
la novela titilando en la mente, en la búsqueda de su arqui-
tectura en el pensamiento, sin llegar todavía a adquirir un
corpus definitivo. Por entonces, casi de improviso, escribía
los primeros apuntes, mientras escudriñaba en diversos li-
bros de astrología. Por razones lógicas, no podía abordar una
novela de esta índole sin realizar una minuciosa investigación
astrológica. Luego vino un segundo período de precisión de
la escritura, hacia finales de los años noventa. En esa etapa en-
contré algunos escollos en la estructura a formar, que fueron
resueltos con algunas lecturas. Encontré la solución releyen-
do Rayuela de Julio Cortazar, Tres tristes tigres de Guillermo
Cabrera Infante y El palacio de las blanquísimas mofetas de
Reinaldo Arenas. En estas obras descubrí algunos elementos
análogos a los que me había propuesto desarrollar en la nove-
la. Se trataba en concreto de la inserción polifónica de varias
voces narrativas para establecer un contrapunto coral en el
desarrollo de la narración, como podrá constatar quien lea
el libro.
2)¿Percibo un elemento lúdico en ella.Asumes la lite-
ratura como un juego?
J.M. Toda escritura consiste en armar palabras, ya de por
sí eso encierra un elemento lúdico. Se juega con los fonemas
para transformarlos en morfemas, hasta llevarlos a alcanzar
el orden sintagmático de las oraciones correspondientes.
Este encadenamiento lingüístico conforma toda una estruc-
tura expresiva donde está presente de manera dialéctica una
forma específica del juego. El lenguaje escrito se manifies-
ta igual que un ensartamiento de cuentas, que a simple vis-
ta conforma una representación lúdica donde interviene la
mano necesaria para la escritura, como en el juego de mano,
juego de villano; pues con villanos también ha progresado la
escritura con sus juegos de palabras en ese nunca acabar de la
literaturidad. Cuando los escritores (no todos, por cierto) se
despojan del corselete y se suelten a escribir con la libertad
que exige la palabra, se practica la literatura como un juego
esplendoroso, con toda la responsabilidad que dicho juego
implica. La idea del arte como juego viene de lejos, fue toma-
do muy en serio por pensadores tan singulares como Platón
o Kant. Para Johan Huizinga, la literatura es en sí misma un
juego constante con la palabra.
3)Me consta que la novela ha recibido muy buenos co-
mentarios. ¿Cómo consigues mantener a raya a la vani-
dad?
J.M.: Con aguda lucidez Montaigne renegaba de la vani-
dad, ponderando la humildad. Por mi parte, parafraseando al
inmortal Jorge Luís Borges, expreso: que otros se vanaglo-
rien de su exhibida vanidad que yo haré alarde de mi hones-
ta humildad. Por lo menos me ha deparado algunos buenos
amigos. En el plano de la modestia me encuentro muy bien,
por ahí me muevo como pez en el agua. Nunca absorberé los
vapores delicuescentes de la vanidad. Esa actitud dista mu-
cho de mi temperamento natural, aunque algunos piensen lo
contrario.
4)¿Cuánto de autobiográfco hay en la novela?
J.M.: Por la reiteración de esta pregunta, sospecho que se
intenta descubrir aspectos secretos de mi vida. No niego que
hayan ciertos elementos autobiográficos en La rotación del
Zodíaco, pero la proporción es mínima. No es una materia
determinante en la novela. Lo mismo ha sucedido con algún
cuento mío, en que la referencia autobiográfica es apenas tan-
gencial. Por lo demás, no creo que exista un solo escritor en
cuya obra se omita cualquier referencia a lo suyo vivencial.
Una vida no se sucede por si sola, sin dejar huella en la es-
critura, algo de eso debe reflejarse en la obra que se escribe,
consciente o inconscientemente. Quienes me conocer saben
lo distanciado que estoy de cualquiera de los actantes de la
novela, incluyendo al Venerable Tolomeo, el personaje prin-
cipal.
5)Es evidente el uso que haces del las frases hechas
y los coloquialismos con una marcada intención. ¿No le
temes a los lugares comunes?
J.M.: Parte del lenguaje de esta novela entraña un sentido
paródico, con más sarcasmo debajo de la superficie del per-
Julián Márquez y Ángel Malavé, grandes amigos escritores, visitando al grupo ¿al vacío...?
en Santa Teresa del Tuy. 2008.
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cibido mediante una somera lectura. Por lo tanto no puede
prescindirse del uso de lo que solemos llamar “lugares comu-
nes” o “frases hechas”. Estas construcciones verbales están allí
con la intención deliberada de proyectar el habla de ciertos
grupos sociales con un peso específico en nuestra realidad
cotidiana, presentados en un modo caricaturesco, con el pro-
pósito de reflejar cómo somos a través de nuestras expresio-
nes coloquiales al uso. Muchas
grandes obras de la literatura
universal sobreviven gallarda-
mente a pesar de sus lugares
comunes, para muestra es su-
ficiente leer el imperecedero
Don Quijote de la Mancha de
Miguel de Cervantes. Asimis-
mo, Flaubert suministró con
maestría una porción de lu-
gares comunes a la vida de su
estupenda Madame Bovary.
Y más cercana en el tiempo,
aunque próximo a cumplir su
primer centenario, se encuen-
tra la afamada Ulises de James
Joyce. Los lugares comunes no
invalidan una obra literaria si
estos responden a las exigen-
cias del lenguaje de la obra.
6)¿Acaso, cómo El Vene-
rable (protagonista de la
novela) absorto en las vibra-
ciones sonoras de las esferas, buscas las señales del fn?
J.M.: En realidad, la astrología no me atrae como un cre-
yente apasionado de la influencia de los astros sobre la exis-
tencia humana. En todo caso, seduce mi imaginación por la
influencia generalizada que ejerce sobre un vasto aglutina-
miento de personas. En todos los continentes viven hombres
y mujeres de diversas condición social que religiosamente
consultan cartas astrales y leen los horóscopos de revistas y
periódicos donde estos son publicados. Es un fenómeno so-
cial curioso, con ciertas particularidades de carácter psicoló-
gico. Hasta quienes niegan la influencia de los astros, cuando
encuentran un horóscopo no dejan de leerlo para conocer
si están bien o mal aspectados por las emanaciones astroló-
gicas. Su existencia abarca largos milenios, desde la civiliza-
ción sumeria hasta estos días de la post-modernidad. Aunque
en el camino perdió su antiguo contenido científico, todavía
continúa teniendo vigencia, quizá como un rito de nuestros
recónditos sentimientos míticos.
7)¿En qué o en quién piensas cuando escribes.A quién
va dirigida tu literatura?
J.M.: La literatura ha consumido buena parte de mi vida,
de modo que cuando escribo
solo pienso en la literatura.
Claro que ésta no vive por si
sola, su existencia depende,
en cierto modo, del lector,
que no es un accidente en la
vida de un libro. Pero no es
necesario en el momento de
la escritura, su contacto con
el escritor se produce más
tarde, a través de un proce-
so que atañe a la aparición
pública del libro. Escrito-
res del talante de Stendhal,
Melville, Kafka y Joseph
Roth, por ejemplo, tuvieron
pocos lectores en su tiempo.
Es posible que mientras es-
cribían no pensaran en un
lector específico. Ahora sus
obras se venden en paralelo
con los autores del boom de
la literatura light, textos de
autoayuda y los libros de los
enfants terribles de McOn-
do y Nocilla, confundidos con los best seller de moda. Por lo
visto, la presencia del lector también puede ser una interven-
ción temporal. Lo importante no es a quien está dirigido un
libro, sino que el libro se escriba.
8)Norman Mailer quería escribir la gran novela es-
tadounidense. ¿Te has planteado tú hacer lo mismo en
Venezuela?
J.M.: Con el desapego a la vanidad me protejo de tama-
ño despropósito. En ningún momento he pensado escudarme
detrás de la palabra para conquistar heroísmos literarios. Con
poseer el lenguaje expresado en los libros que hasta ahora he
tenido en suerte publicar es suficiente. Las pretensiones del
escritor norteamericano que las asuman otros aquí en Vene-
zuela, yo me conformo con seguir construyendo modestas
historias narrativas, reñidas con los apuros por alcanzar el
panteón glorioso de la literatura nacional. Los aspirantes al
pedestal de las letras son cada vez más cuestionados, sin darle
importancia a la calidad de sus obras, sobre todo ahora cuan-
do los avatares políticos han ubicado a los escritores venezo-
lanos en bandos, al parecer, irreconciliables. Mientras tanto,
continuaré escribiendo al margen de esas rencillas.
9)Borges dice que la literatura es una forma de la fe-
licidad, por otra parte, muchos escritores se quejan del
sacrifco que deben hacer. En tu caso sufres o gozas la
escritura?
Considero la felicidad como algo abstracto, muy efímero,
una de las tantas convenciones inventadas por el hombre para
auto engañarse. Sin embargo, escribir un libro implica un pla-
cer ambiguo, pero placer al fin. Un poco en la línea Jorge
Luís Borges, prefiero referirme al gozo que se experimenta al
escribir algo que a uno lo satisfaga. En ese caso, quizá estallé
una fiesta del espíritu, pero como en ciertas fiestas es posi-
ble que surjan momentos de sufrimientos antes o después del
disfrute. Una obra publicada se sitúa en la balanza del rechazo
y la aceptación. La felicidad y el sufrimiento dependen del
lado en que se incline esa balanza. Muchos libros bien escri-
tos han ido a parar al fondo de helados ríos, marcados por la
decepción. La literatura encierra riesgos, con resultados no
siempre felices.
10)El maestro argentino afirmaba que la literatura no es
más que un sueño dirigido. ¿Estás de acuerdo con esta afir-
mación?
Los sueños están integrados indisolublemente a nuestra
realidad, es imposible concebir la vida sin ellos. Siguiendo a
Calderón de la Barca podemos sostener que la vida es sueño.
Estos están presente en innumerables textos de la literatura
fantástica y en muchas escenas de la realista también. Las pe-
sadillas son sueños terribles, producidos dentro de un mun-
do atroz que bien podríamos interpretar como un mal sueño
literario, acaso suministrado por el largo sueño de Brahma,
donde lo maravilloso sería despertar en el fondo de una bo-
tella de vino o de cocuy, el espacio ideal para el eterno sueño
de la muerte.
11)¿Qué diagnóstico a vuelo rasante harías de la novelísti-
ca venezolana actual?
Nadie bien informado acerca de nuestra narrativa actual
puede negar que en los últimos años la novelística venezolana
muestra síntomas de buena salud. Sin ambages, mi diagnós-
tico es positivo. En los anaqueles de las librerías capitalinas
y en las del interior del país, se encuentran varias novelas
nacionales que no desmeritan antes las importadas. No quie-
ro referirme en especial a ninguna de las novelas publicadas
recientemente por algunos de nuestros narradores, pero la
oferta del mercado librero local muestra los aciertos de un
grupo de meritorias novelas nacionales prestas a satisfacer la
curiosidad y la necesidad de lectura de cualquier lector exi-
gente, dentro y fuera de Venezuela.
12)Flaubert pensó que cada cosa sólo puede ser dicha de
un modo y que es obligación del escritor dar con ese modo.
Compartes esa preocupación?
No sólo Flaubert, ha expresado ese aserto, otros autores,
también de acreditada fama, han dicho lo mismo. Por lo gene-
ral, los temas literarios siempre son los mismos. El modo es
una variación de las circunstancias, que pueden ser mínimas,
trazadas por endebles fronteras existenciales. El modo hace
variable la cosa, le confiere una forma particular que, como
dice Roland Barthes, es la marca individual del autor sobre
su obra. En los talleres de creación literaria, especialmente
en los de narrativa, que imparto desde hace tiempo, siempre
le manifiesto a mis alumnos que los temas son universales,
en esencia repiten las mismas cosas, sólo las cambia el modo
de narrarlas, el trastrocamiento impuesto por la forma que
viene a ser, realmente, el sello intelectual de quien escribe.
13)Conrad afirmó: “Escribo, es cierto, pero es como su-
mar un crimen a otro crimen, cada línea es tan odiosa como
una mala acción. Soy como un hombre que ha perdido a sus
dioses”. ¿Has perdido tus dioses?
En cada libro que se escribe se produce, inevitablemente,
entre lo sublime y lo abominable, un despojamiento espec-
tral; en esa desarticulación fantasmática, el escritor queda en
la intemperie, se deshace de sus harapos más íntimos. Me-
diante ese desalojo, en su espíritu se manifiesta un vacío agó-
nico, una especie de náusea sartreana, algo viscoso que luego
vuelve a recobrarse con las pequeñas y las grandes miserias y
dichas que conforman la magra existencia del Hombre. Una
vez más el desamparo invade el cuerpo y la consciencia para
manifestarse nuevamente en la escritura. Es una especie de
noria trágica, una angustia de la finitud corriente del vivir,
animada por las vanidades y las desgracias con que Dios y los
dioses, vanas ilusiones, podrían expresar el sentido absurdo y
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Yuleima González
SITUACIONES SILENCIOSAS
las hostiles miradas
amenazan con fragmentar las imágenes
párpados cansados de llover
deserticos, invisibles, vacios
los recuerdos trasnochados como luna
las manos nostálgicas de piel
y la piel en los suburbios de la soledad
los deseos matizándose
con pausas sin color
tímidas sonrisas
inmersas en extensos sueños
y los sueños que se disipan
que se esparcen
con melodías de silencio
con recuerdos de olvido.
Julio Valderrey
A Julián Márquez
Fuimos extraños
a las voces de los sobrios.
Hundimos nuestras manos
en un tierra sin fondo
y construimos odres
con el barro que sobró
para llenar la vida.
Dimos fuerza a las aguas,
al viento para construir remolinos
al cerrar nuestras manos.
En la ciudad trepamos
sobre grandes peñascos
mirando al vacío
y arrasamos amando las noches
junto a copas de vino,
con los amigos que se tambaleaban
al marcharse.
Constancia dejamos en los caminos
trasegados por el humo.
(de Ruidos del iniciado, 2009)
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criminal de la vida, revelados en las narraciones más tenebro-
sas como sucede con el escabroso tema de el corazón de las
tinieblas del mismo Joseph Conrad.
14)Una sentencia de Eduardo Casanova condena la crítica
literaria en Venezuela, según sostiene, ésta “murió hace tiem-
po”, dice que “en 1930, ya estaba enterrada bajo una enorme
lápida de petróleo y concreto armado”. ¿Estás de acuerdo?
Me parece una opinión un poco exagerada. Según ese cri-
terio en Venezuela no ha existido más crítico que Jesús Sem-
prum. El hecho de que la crítica no valore la obra narrati-
va de un escritor cómo este considere que se lo merece, no
significa que aquí no se esté realizando una labor critica. El
escritor siempre necesita del crítico, es una relación nece-
saria, porque permite, en cierta forma, una reconstrucción
de la obra. Es cierto que hemos tenidos críticos despreciati-
vos con la literatura escrita entre nosotros, pero el panorama
tiende a cambiar. En este momento existe un conjunto de
ensayistas dedicados a estudiar la literatura venezolana con un
alto sentido analítico, con más entusiasmo que en el pasado.
No se trata ya de la simple reseña de periódico ni de revista,
se trata de un trabajo más enjundioso, más sistemático, que
contribuye a iluminar las sombras que todavía penden sobre
buena parte de nuestra literatura. Incluso, esa labor también
ha repercutido más allá de la geografía nacional, y esto ha sido
favorecido por algunos jóvenes que han salido al exterior a
realizar estudios de postgrado en literatura. Muchos de estos
estudiantes trabajan con literatura venezolana y han logrado
que estudiosos de fuera también se contagien y comiencen a
interesarse por la literatura que se escribe en nuestro país.
15) Sartre comparó a la crítica con una apuesta. Cuando
un libro aparece los críticos apuestan a que es bueno o a que
es malo o a que es regular. ¿Cuál es tu opinión?
En buena medida la suerte de un libro depende de que se
le tome en cuenta. Aunque parezca contradictorio, porque
siempre se aspira a lo favorable, no concierne bajo cuál crite-
rio y circunstancia se produzca el interés sobre él. Tomando
una frase prestada, puedo decir, no importa que se hable mal
de un libro, pero que se hable. En esa condición, al menos el
trabajo del escritor no pasará inadvertido.
16) Cuando Vargas Llosa compara el strip-tease con la novela,
dice que al contrario de sus encantos, el novelista lo que exhibe
son los demonios que lo atormentan y obsesionan, la parte más
fea de si mismo, sus culpas y rencores. ¿Es ese tu caso?
Como todo ser humano, el novelista está habitado por ob-
sesiones y pasiones: son los fantasmas y demonios, reales o
imaginarios, que se agitan dentro de su consciencia; y, por
supuesto, movido por su capacidad creativa, tiene toda la li-
bertad de transformar esos elementos en materia básica de
su narrativa. Sin embargo, esto no determina una premisa
general, absolutista, es algo más inherente a los autores de
novelas autobiográficas. En esta circunstancia debe primar la
sinceridad, opuesta a cualquier recurso efectista. El escritor,
en este proceso, tiene el compromiso de mostrarse despro-
visto de los velos de la falsa moralidad, con la honesta dis-
posición de desnudar sus intimidades a través del strip-tease
literario, como un ingrediente legitimo de su escritura. Así
consigue exorcizar sus demonios, sin la intervención de nin-
gún sacerdote manipulador. Ignoro si en Mario Vargas Llosa,
el strip-tease literario tenga el sello de la honestidad, pero,
sin duda, ese singular nudismo está presente en algunas de
sus primeras novelas. Esa obsesión traumática no parece estar
presente en La guerra del fin de mundo, una especie de re-
make de Os Sertoes, de Euclides da Cunha, donde creo haber
terminado mi interés por la narrativa del escritor peruano…
O español. Ahora, para ser franco, sin negar que en algunos
de mis textos haya inserciones autobiográficas, escollo difícil
de eludir cuando se escribe, todavía no me he sentido tentado
a exhibir mis íntimas fealdades de cuerpo, alma y espíritu, en
un strip-tease novelístico. Aún transito por los caminos de
una ficción, digamos, un tanto púdica en eso de auto desnu-
darse públicamente.
17) A propósito de Vargas Llosa, ¿qué opinión tienes acer-
ca de su Premio Nobel?
El mismo Vargas Llosa se ha ocupado de ensombrecer su
premio, cuando afirma que no sabe si se lo asignaron por sus
declaraciones políticas o por su obra literaria En otra ocasión
expresó que como escritor no es la misma persona que como
político. Al parecer, esa es su mayor dicotomía personal. Su
desdoblamiento articular y psíquico. Un fantasma enorme,
¿no? Sólo él podrá exorcizarlo, llegado el momento. No obs-
tante, me parece una manifestación de envidia y mezquindad,
decir, por antagonismos estéticos o ideológicos, que no se
merece el premio. Tampoco el Novel establece definitiva-
mente la grandiosidad literaria de todos los ganadores. Pocos
lectores recuerdan a Selma Lagerlof o a Alexandr Solzhenit-
sin, nada más para mencionar a dos olvidados de la víspera. La
obra de Vargas Llosa está allí, cada quien puede juzgarla según
su criterio, como crítico literario o como simple lector.

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Magdalena Goncalves
Quiero escapar del yo
y poder desenmarañar
los enredos
de nuestros deseos
nos excita esa contradicción
ideal de castidad
división del yo y del mí
Sthéphany Sierra
diseñando el barco en el insomnio para
contemplar de noche la roca donde estuvo
sentada.
ahora solo falta el mar, las olas que lancen
el barco hacia la pagina de su recuerdo.
como si hubiera sido inspirado en la ternu-
ra de sus ojos.
solo un barco de papel que en el interior
de una botella, el mar en la furia de su res-
piración demuestra que ella es solo un sue-
ño dormido que se va borrando.
Alejandro Indriago
LA BALA
La bala toca y trastoca
Las parte de tu cuerpo hasta romper el pecho
La bala toca, trastoca y revienta dentro de tu cuerpo
Hasta no sentir las extremidades y tu tronco
No sirve pa medio e mierda por estar podrió
La bala toca, trastoca, revienta y se pulveriza
Dentro de los riñones y pone el corazón oscuro
Y Tu piel palida
La bala toca, trastoca, revienta, pulveriza y rompe
Todos tus sueños, ideales y caminos que aun
Faltaban por recorrer
La bala toca, trastoca, revienta, pulveriza, rompe, y olvida
Tus recuerdos, palabras y acciones
La bala toca, trastoca, revienta, pulveriza, rompe y
sepulta
La vida de un hombre con o sin culpa
La bala toca, trastoca, revienta, pulveriza, rompe,
sepulta
Y en el exterior tan solo un cuerpo tirado en el suelo
con un balazo
En el pecho, sé que hay una bala para mí.
Yhonaís Lemus
A José Martí
Somos los del barro
y el maíz
savia tomada del suelo
para lamer las alturas
como palmas
pulmones
de lluvia
y sequía
(futuro ajeno
pasado como heridas
de muertos
que ya no duelen
de pisadas lentas
y bien marcadas)
el culto aligera el peso
velas encendidas
llanto
algo lacera:
(la marca invisible)
nacer en este espacio
estar amarrado a la muerte
envejecer con ella
y con el pueblo en los hombros
el cují, la fruta de pan
el ron y el tabaco
y este sudor a plato fuerte
del condimento
del guiso o el hervido
el canto del gallo
que surge desde la distancia
también quiebra
y las leyendas de los viejos
los refranes:
Si la vida te da limones…
Más sabe Diablo por viejo…
Del agua mansa líbrame Dios…
la percusión
la clave
algunos sonidos de viento
la danza
las fiestas patronales
y la sonrisa ingenua
la ignorancia
hospedaje
de carencias
pero lleno
en las entrañas
del latido de la tierra
fuerza que yergue
hasta los pies
porque morimos sin miedos
con la cara al sol.
“Fractalcurvas”, arte digital a partir de una ecuación, por Jeffrey Ventrella, 2012.
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Circulando por los solares de la fcción (extracto)
(*)
por Gilberto Petit
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ay experiencias cuya impronta, sin importar lo
soportable de su levedad, marcan con su permanen-
cia el sentir de quienes las viven. Dichas muescas
obedecen y se desprenden de situaciones nunca antes perci-
bidas o de la sorpresa y del sacudimiento: sometimiento del
ser a la reciedumbre de tales contingencias en el instante de
recubrirle con sus indelebles pátinas. Internarse en predios
de Los círculos solares (Editorial Poiesis, 1988), libro inaugural
de la cuentística del narrador venezolano Julián Márquez, en-
cierra una experiencia semejante, no ya de los límetes, mas sí
una plena de sorprendentes hallazgos al recrear nuestra lec-
tura (sometiéndose a ella) las incidencias plasmadas, merced
de una escritura decantada hasta las fronteras del exégesis del
lenguaje utilizado por este escritor en su accionar creativo.
Las “pequeñas” historias, circunstancias de los personajes
y protagonistas de estas narraciones, nuestra sesgada percep-
ción mediante, potencias experiencias a veces rayanas más
allá de los límetes de lo socialmente permitido. El desplie-
gue de su depurada manera (casi manía) de escribir, amén
de refulgir con brillantez propia, permite a este artista de la
palabra construir espacios y sutiles (a veces pesadas) atmós-
feras; con parecida sutileza en cualquier momento las tramas
nos despiertan la sensación de quedar en vilo, suspendidas o
distendiéndose en el ambiente recreado, al hundirse hacia un
túnel o embocadura intenporal: cada acción, devorada por
ese tiempo exterior, ajeno a otra intervención humana como
es el tiempo lineal, nos conducirá al otro
lado o a otro lado, lugar donde no sabe-
mos si existe (el tiempo) o qué otra cosa
existe, allí la historia pareciera detenerse:
Sólo ese tiempo sin fondo y aparentemente dis-
continuo para arrastrar las horas vacías donde
comenzaba a hundirse el día apenas meridiano.
En estas “ficciones”, junto con ese congela-
miento o intenporalidad -¿difuminación del
hecho histórico o vuelta al tiempo mítico?-
ocurre otro evento: la construcción de una
realidad distinta a la usual; al develarnos lo
onírico, lo sensorial, los estados de amne-
sia, ensoñación o duermevela, las ficciones,
la desandadura post mortem de los pasos, los
recuerdos y deseos mismos de los perso-
najes, (con)fundidos de manera definitiva con la (realidad)
acostumbrada, nos demuestran su existencia: unión de lo
imaginario puro con lo fáctico y contingente, no sólo patente
en Los círculos solares, también allí en esa conjunción estamos
inmersos, y a ella circunscritos. En esa, nuestra “realidad”,
aunque parezca ficción, pero real (necesario reiterarlo), po-
sible o sensible gracias a su reelaboración mediante la ima-
ginación a través de la palabra escrita, discurrirán los temas,
circunstancias y emociones de los protagonistas. La atmósfera
de los cuentos marquecianos, creada inclusive con la atmós-
fera misma como elemento o personaje, convertida en algo
vivo, conformará una suerte de hilozoísmo, ya incorporada
será un actante más en la trama: En la atmósfera no hay nin-
gún remordimiento mientras cubro ávido la inmóvil presencia de la
exmiss...Todo adentro huele a resequedad, una aspereza astringente
que toma el aire menos respirable y levanta de golpe una angustia
de última agonía en la piel, a pesar de que es allí donde el bochorno
del Sol es más benigno y acogedor. Envuelta en esta atmósfera,
la imbricación de lo “imaginario” o imaginado, sin mediación
alguna, con la physis y con lo verdaderamente (lamentable la
obligatoridad de acudir al tan corroído vocablo anterior) fic-
cional permitirá la mise en scene de un dimensión poco publi-
citada de la realidad: devela la presencia, no de un realismo
mágico donde los personajes se ven envueltos en situaciones
extraordinarias y fantásticas; en estos cuentos no ocurren si-
tuaciones semejantes, en ellos lo extraordinario es esa rea-
lidad (desde nuestra apreciación, construida
magistralmente) donde se desentraman las
anodinas y extraordinarias situaciones vividas
por los personajes (y por qué no también por
cada uno de nosotros, además de anodinos y
extraordinarios seres vacuos y fatuos). Esa
extraordinariedad, resultante de la confu-
sión de realidad e imaginación, imprime en
un instante su carácter mágico a lo real. Allí
reside el misterio y el encanto (si lo hay) de
esas historias y de la propia vida también: la
potencia de nuestro imaginario convierte en
cuestión de instantes lo soñado, ficcionado o
deseado en pura realidad viviente, al fusio-
narlo con lo “real físico”.
(...)
* Artículo publicado originalmente en la revista literaria Ateneo de Los Teques.Año 2006, pág.29.
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Simulacro de Helena: ventana a la muerte
por Isaac Morales Fernández
C
on tan sólo siete cuentos construye el narrador
Julián Márquez, en su libro Simulacro de Helena
(Editorial Ambrosía, 2000), una experiencia na-
rrativa polisémica como una ventana hacia la muerte, y estas
dos palabras, “muerte” y “ventana” no las escogemos al azar:
son, respectivamente, el tema principal y el leitmotiv o cuan-
do menos el elemento unificador de todos ellos (así como
de otros libros de Márquez como La rotación del zodíaco, en
donde un astrólogo anciano en su lecho de muerte
observa la ventana de su habitación y recuerda todo
su pasado, que es prácticamente toda la novela). Si
vemos entonces los relatos de Simulacro de He-
lena como unidad en un mismo libro, evaluare-
mos que sus personajes, todos ellos envueltos
en dramáticas y contradictorias sensaciones de
soledad, se mueven entre estos dos elemen-
tos clave.
En Tríptico fnal, la ventana es el nexo
a través del cual un fotógrafo captura (o
“dispara” en sentido ambiguo e intencio-
nal) a su objetivo, que no es otro que
una mujer a través de otra ventana en
el edificio vecino. En Intervalo ensom-
brecido, la escena misteriosa de la
casa abandonada del barrio, vista a
través de una ventana, es lo que
da pie a todo el relato de lo ates-
tiguado por el ebrio Arlt. En
Música de viento y Magnolias en
invierno, la ventana es la pantalla para la
lluvia, y su infinito lagrimeo sobre el cristal in-
fluye directamente en las emociones y pensamientos de sus
personajes. En Las voces de la noche, la música que se filtra
desde una ventana hace a su atormentada protagonista soñar
(o alucinar) con una libertad lasciva vedada para ella en su
condición de sometida. Y en Simulacro de Helena (cuento ho-
mónimo al libro), así como en Ecarté secreto, el elemento ven-
tana funciona como puerta hacia la muerte para unos perso-
najes que añoran perecer tras sus desequilibrios emocionales,
proporcionándoles una extraña forma de suicidio accidental
pero buscado casi desesperadamente, en donde sobresale la
atmósfera mucho más ficcionaria de Simulacro, diferente al
tono más dramático de Ecarté.
Se evidencia acá entrelíneas que la soledad es también un
tema importante en los siete relatos de este libro; una soledad
que llevará a sus personajes a situaciones sumamente confusas
y alucinadas (como en Tríptico, Intervalo, Las voces y Simulacro),
reforzadas por los ingeniosos y bien esculpidos giros discursi-
vos y alteraciones espacio-temporales de la narración; o seve-
ramente peripatéticas (Música, Ecarté y Magnolias), en los que
sus personajes comienzan solos y terminan aún más solos, en
condiciones superlativas de frustración.
Otro elemento peculiar en algunas de estas narra-
ciones es la aparición de lo carnavalesco o
halloweenesco, es decir, del dis-
fraz, pero envuelto en un
aura sombría. Así, en Las vo-
ces de la noche, la aparición de
un disfraz de diablo, o un ver-
dadero sátiro concupiscente, es
el elemento que se combina con
la música de la ventana ya men-
cionada, interrumpiéndola con sus
estridencias típicas, para crear una
atmósfera alucinada y enfermiza en
donde la protagonista del cuento vive
una fantasía erótica producto de su vida
de sometimiento ante su hermana Esther
(en silla de ruedas), con quien mantiene
una relación tensa entre lástima y odio, su-
misión piadosa y deseo de venganza:
“(…) al volver a abrir los ojos descubro delante
de mí la fgura de otro diablo cuya vistosa indumen-
taria, de un negro intenso y limpio, se confunde con
el oscuro tizne de la noche. Somos él y yo en la pla-
za. Este diablo me colma de un temor ambiguo (…) El agradable
perfume varonil y la simpatía que empieza pronto a emanar de su
cuerpo, me hacen perder el temor y pienso que esta es la oportu-
nidad que bien podría conducirme a la desforación anhelada. /
Una ola de calor me invade desde muy adentro y vuelvo a cerrar
los ojos, justo cuando siento que dos fuertes manos me despegan del
banco y una boca insaciable busca mi boca con deliciosa saña. Sin
inmutarme, deseosa, lo dejo hacer un rato (…) mientras sus manos
buscan mis piernas que ceden fácilmente. Pero de golpe percibo la
presencia de Esther, su voz resuena insultante en la plaza:‘apár-
tate de ella maldito lascivo, engendro del mal, perro asqueroso.
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Reseña del libro Sinfonía de Caracoles
(*)
por Julio Valderrey
E
l sello editorial Imaginaria publicó el libro de Ju-
lián Márquez, escritor representativo de la narrati-
va venezolana contemporánea, titulado Sinfonía de
caracoles. Son siete cuentos cabalísticos: Secreta presencia de las
sombras, Sinfonía de caracoles, Circularidad de los pasos, Espejismos
entre la lluvia, Concierto para Klaus, Prisión de nubarrones, Muñe-
cos de sonambularia. Cuentos que vienen a reafirmar sólido al
escritor en este áspero pero hermoso oficio de narrar.
Relatos independientes uno del otro pero hilados
por el sino de la tragedia. Perso-
najes que oscilan entre la realidad
y el sueño, el bien y el mal, lo
posible y lo imposible. Historias
entrelazadas, escritas desde la me-
moria, fusionadas en el recuerdo,
desde lo perdido, la lucha por la
vida o el placer como centro orbital
de la existencia, como el asalto a un
banco. Aparecen restos de “arcaicas
civilizaciones”, juegos de la memo-
ria, la paranoia de la modernidad, la
megalópolis, los habitantes y su es-
quizofrenia. La angustia por el paso
del tiempo atribula a los personajes de
estos relatos. La caída del ser y su ren-
dición. El transcurrir del tiempo siem-
bra la duda. El amor y el arte como
formas sublimes de asumir la vida. La
locura, la desidia y la muerte. Perso-
najes construidos desde lo trágico que
viven la ilusión de vivir. Violencia como
actante principal. Irreverencia y anarquía
en medio de unos espacios carcomidos
por el mito del dinero. El ser y su desamparo, abandonado a
su destino. Descripción de ciudades y conductas que parecen
una pesadilla. La muerte como algo que nos acecha a diario:
“oscuras premoniciones asaltaban su mente y, cuando pocas veces en-
contraba el sueño, siempre aparecía la voz de su madre, reclamando
su presencia en el lecho de muerte”. La vida como un desfiladero,
una sucesión de peligros y hechos irreconciliables y la muerte
que obnubila. El ser, su egoísmo, contradicción e insensibili-
dad. Historias de amor frustradas. El ser destruido, alienado,
víctima de su incapacidad para manejar asuntos del corazón.
La creación como locura: “la mujer estaba lejos de levantarse a
caminar dormida y entregarse inconscientemente a la elaboración de
las muñecas”.
En Concierto para Klaus, encontramos secuencias y estruc-
turas musicales en el ritmo de las acciones entre los actantes
principales y los secundarios. Allí el arte es un encuentro en-
tre lo terrenal y lo divino, el hombre y la
bestia. Extractos de la memoria. La presen-
cia en los límites, personajes trastocados y
desechos por su historia. Algunos cuentos
suceden en sitios lúgubres, oscuros como
la vida de sus personajes. Seres desviados
por la soledad y la inanición, narrados
desde el fin. Todo sucede en un instante.
El lenguaje contribuye a formar una
atmósfera de angustia con respecto a los
espacios y los personajes que por aquí
desfilan. Textos montados sobre una
trama perfectamente equilibrada. In-
corpora en su lenguaje las experien-
cias y el conocimiento adquirido por
el yo del autor a través de sus lectu-
ras y habilidades en el diario vivir.
Transposición de planos temporales
y la exploración de los resquicios de
la memoria. Trastocamiento del or-
den lineal. El tiempo va y viene. La
intercalación de espacios y planos
temporales se diluyen en una sola
historia y persona que se multiplica
en imágenes. Predominio del viaje psicológico por encima
del viaje físico. Eros y Tánatos como hilos que mueven las ac-
ciones. Un lenguaje preciso que va creando climas y situacio-
nes poéticas. Una prosa que se disuelve armoniosamente ante
nuestros ojos, transfigurándose en relatos que se van perdien-
do míticamente dentro de nosotros. Un libro que se toca en
su totalidad por la visión desesperanzada de los personajes
y por un lenguaje cada vez más exigente en su proposición
estética. ◼
* Artículo publicado originalmente en la Revista Nacional de Cultura,Año 2007.
Ella me pertenece, es mía’.Y no se calma hasta que el diablo huye
asustado por la perversidad del bicho inoportuno”.
Ya a estas alturas hacia el final del relato, el ambiente es
propicio para la muerte, pero aquí esta no se consuma de
manera tan expresa y expedita como sí sucede en el cuento
Simulacro de Helena, en donde el hombre atormentado por
un pasado no solucionado, sale ebrio de un bar cercano a Sa-
bana Grande directo a un auto misterioso, dentro del cual la
hermosa mujer con la que él ha estado hace unos minutos (o
tal vez no) lo espera disfrazada como una especie de Caronte
femenina, que lo invita a abordar, lo seduce y se lo lleva hacia
una de las escenas más misteriosas del libro:
“-Helena, ¿vamos a un baile de máscaras?
-No, niño.Vamos a quemarnos en nuestras hogueras. Esta es la
Noche de Halloween. ¿Qué te crees tú?”
Y luego:
“La muchacha ordena la partida y en seguida el chofer pone el
motor en marcha. El Packard avanza vertiginoso hacia un destino
que, seguramente, sólo la muchacha y el silencioso chofer conocen
con lujo de detalles en todas sus gradaciones, engranado en la se-
cuencia de un plan preconcebido por ellos. / El vehículo continúa
acelerando la marcha. Llega pronto al fondo de una avenida som-
nolienta, prácticamente solitaria, envuelta en un vapor frío que
parece fuir del suelo y los túmulos de basura. Allí, en un instante,
el hueco negro de la noche desintegra la máquina.”
La yuxtaposición abismal de realidades, en donde una su-
prime violenta y astutamente a la otra, que hacen del final de
Simulacro un absoluto cierre inesperado, tiene un mayor efec-
tismo en el final del cuento Tríptico fnal, en donde el fotógra-
fo, que ha decidido ir al encuentro, en su casa, de la lectora
que ha estado fotografiando descaradamente, se encuentra
con una escena imposible:
“Permaneció un rato detenido en el umbral de la puerta abierta
y después, aunque dentro reinaba una penum-
bra grave y densa, se resolvió a tantear por las
paredes hasta hallar el suiche de la luz. Una
claridad pródiga y exultante le reveló toda la
dimensión del lugar, junto con los objetos que
nadaban en el espacioso hall alfombrado. Ahora
el apartamento le resultaba menos familiar que
antes (…) Se detuvo delante del sillón y observó
perplejo la espesa capa de polvo que cubría el
tapizado del mueble de estilo renacentista. La
amalgama de polvo le hizo pensar que el mueble
no había sido utilizado en mucho tiempo, a pesar
de que momentos antes había fotografado allí
mismo a la lectora. En el espaldar de la mecedora descubrió un orif-
cio, aparentemente de bala; y cuando trató de acercar el dedo índice
a la perforación se quedó inmóvil, lleno de extrañeza.
-El asesino siempre regresa a la escena del crimen.
La voz que acababa de resonar a sus espaldas, con un acento
gravoso y socarrón, lo obligó a mirar hacia atrás y, sorprendido, se
encontró de golpe con tres desconocidos”.
Mucho más dramáticos son los finales de Música de viento,
Ecarté secreto y Magnolias en inverno. En el primero, un trom-
bón que es la única fuente de subsistencia del viejo Toscani-
ni y su niña, es estruendosamente aplastado en pleno centro
de Caracas por un auto a toda velocidad; en el segundo, la
relación de dos amantes del arte con una vida atolondrada
termina con el suicidio de Odette, que se lanza desde la ven-
tana de un edificio luego de increpar ferozmente a su amado.
Mientras tanto, en Magnolias, un hombre que ha aceptado la
relación de su “compañera” Agatha con un amante, tiene sen-
timientos encontrados al enterarse de que ellos han muerto
en un accidente de tránsito, tomando en cuenta que él estaba
dispuesto a matarlos. En estos relatos, la fuerza emocional
campea en la narración, una fuerza apoyada en conmovedoras
imágenes que trastocan la sensibilidad del lector: la extrema
pobreza de Toscanini conjugada con la alegría que él inspira a
su vecindad con su música; la muchedumbre que contempla
el cuerpo de Odette desfigurado en el suelo junto a una caja
de música que suena el Cascanueces; o el gato negro que here-
da el amante de su infiel compañera muerta, un gato por el
cual siente un fuerte antagonismo pero que decide conservar.
En este sentido, todos los personajes del libro Simulacro
de Helena de Julián Márquez son ambiguos, duales, guardan
fuertes contradicciones que los hacen recorrer los caminos
de la soledad (el epígrafe de Antonia Palacios en el libro es
muy ilustrativo al respecto: “…cada uno solitario sumergido en
su aura evanescente”), una soledad que es
casi un spleen contemporáneo, o más bien
una náusea existencialista, un absurdo que
se universaliza por encima de las constan-
tes referencias a lo venezolano presentes
en el libro. Sus personajes viven postrados
ante esa ventana que da hacia un infinito
lagrimear, hacia las sombras irreales, al
sino funesto, al misterio, a la muerte…
Todos esos personajes están, como escri-
be Márquez en su dedicatoria, aquietados
“en la urdimbre perpetua del enigma”. ◼
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La rotación del zodíaco: entre el misticismo y la realidad
por Richard Sabogal
J
ulián Márquez publica una de sus obras inéditas, La
rotación del zodiaco, una historia entretejida entre
el misticismo y la realidad, que tiene como base la
astrología, y como temática tres historias que giran sobre
un mismo eje narrativo: El venerable, un astrologo que está
en la búsqueda de lo absoluto; Salvatore e io, socios que
consiguen de nada más
y nada menos la nieta
del Venerable, el dinero
para rodar una película
sobre el aclamado astro-
logo; los testimonios de
personas que, atravesan-
do temporadas difíciles
en la vida y cuando esta-
ban por darse por venci-
das, se encontraron con
el talismán del Venerable,
un collar verde que cura
desde las hemorroides
hasta el cáncer, mejora si-
tuaciones económicas, res-
cata carreras profesionales
y salva matrimonios. A lo
largo del libro, en un jue-
go intermitente de historias
que el autor conjugó adrede,
nos va revelando el inmenso
poder del talismán. Encontra-
mos también, un juego narra-
tivo de pequeños guiones que
complementan la temática y es
el desarrollo de la película que
Salvatore e io preparan; y por
ultimo encontramos los testi-
monios de familiares cercanos al
venerable que, dando cada uno
su versión, van desenvolviendo
la vida de este, quien se nos muestra a lo largo del libro en
distintas épocas de su larga existencia.
La rotación del zodiaco explora el alma humana, desde
sus dos facetas: la crueldad y el don de dar sin recibir nada
a cambio, el vil ambicioso y el desapego absoluto. Vemos en
esta quimérica obra a un Venerable niño que consiguió, sin
buscarlo, la razón de su vida, viviendo entre la miseria y la lu-
cha porque la tormenta no arrancara su casa de lata del suelo,
subiendo al techo a observar las estrellas cada noche y a fami-
liarizarse con lo que luego le predeciría su futuro y el de mu-
chos. El niño que observamos en
la novela, viendo las estrellas, en
un principio azaroso e intuitivo,
buscando su razón de ser en el
oficio sistemático y en ocasiones
prostituido de la astrología, se
convierte en un acucioso astro-
logo depurado espiritualmente
que se enfrenta a una dura vida
a través del camino de la espi-
nada existencia, teniendo en
innumerables ocasiones en-
cuentro con las tentaciones y
los abismos, y con el encuen-
tro de envidiosos enemigos
que aportan sus energías para
estropearle el camino.
Dentro de la obra de Ju-
lián Márquez podemos leer
entre líneas, la burla iróni-
ca y decadente de un autor
por el jet-set de los ochen-
ta, por esta época nos con-
seguimos a un presidente
Carlos Andrés Pérez con
su humor andino, su par-
ticular forma de llamar
la atención y su variable
carácter correlacionán-
dose en sociedad y dán-
dose caprichos, incluso
lo vemos esnifando cocaína en el
Palacio de Miraflores y a un Venerable prediciendo los malos
tiempos que le vendrían a este políticamente. Es necesario
recalcar que en La rotación del zodiaco están potenciados los
elementos lúdicos, grotescos, psicológicos y hasta policiales
de toda la obra cuentística de Julián Márquez, por lo menos
la editada.
Por su parte Salvatore e io, los dos cineastas que preparan
la película del Venerable, a lo largo del libro se van viendo
amenazados por al parecer una organización que los obliga a
dejar de rodar la película, y son víctima de una serie de aten-
tados en donde pondrán sus vidas en riesgo. El motivo de dis-
paratado acto: ser amenazados por simplemente rodar una pe-
lícula, se develara finalizando el libro y mostrara a los autores
del crimen.
El Venerable, astrologo que Julián Márquez creó como
personaje principal, es alguien seguidor de Dios, y eso lo po-
demos confirmar cuando en uno de los testimonios que inter-
mitentemente aparecen en el libro,
encontramos a una frígida mujer
que dice haber recobrado su poten-
cia sexual con el talismán bendeci-
do por el Venerable y el papa, pero
así mismo en la obra nos encontra-
mos a una mujer que le dice al Ve-
nerable: “Dios existe porque existe
el hombre, y si el hombre desapa-
rece Dios también dejara de existir.
Ningún animal tiene conciencia de
Dios, incluso, la mente del hombre
tardó mucho tiempo en evolucionar
desde el politeísmo al monoteísmo.
Dios no es más que una concepción abstracta, surgida del
mundo de las ideas…” El autor conjugó las distintas postu-
ras religiosas, trasluciendo a una judía atea y a un astrologo
creyente de Dios, rompiendo el misticismo que dice que los
astrólogos son seguidores del diablo, creencia infundada por la
iglesia católica que sufre de corta memoria al no recordar que
algunos sus grandes figuras fueron aficionados a la astrología,
entre ellos está el pontífice Sixto VI y el papa Silvestre II.
Las astrología, cuenta la historia en La rotación del zodiaco
es muy antigua y fue muy respetada, sus inicios son de fecha
inexacta pero se tienen registros de unos 6000 AC por allá en
la vieja Mesopotamia, se han encontrado tablillas de 2300 AC
donde aparecen algunos presagios destinados a Sargón el vie-
jo, rey fundador del imperio de Acadia, Mesopotamia. Cuen-
ta la inclusión de los cuatro elementos: Tierra, Fuego, Agua y
Aire por los griegos, su declinación con la caída del Imperio
Romano, su resurgir y los ramajes que fue echando a través de
los siglos hasta convertirse en lo que es hoy en día. Esta parte
de la obra, demuestra un conocimiento extenso del tema, por
parte del autor, donde se relata con lujo de detalles toda la
historia de la astrología y sus principales precursores.
Julián confiesa que esta obra le tomo más de diez años de
labor, aunque el admite partir de una idea concreta al comen-
zar a escribir, va perfilando los personajes y los va amoldando
dentro de la historia “una vez que el texto está concluido –
dice Julián – lo paso por el crisol de la corrección” y vaya que
ese crisol tarda en estar en la temperatura correcta para fundir
la obra maestra. Porque el autor sufre de la “manía de revisión
constante” lo que ha causado que sus obras tarden tanto en
salir e incluso hayan pasado tal cual impías en tiempos inqui-
sitoriales, por la hoguera para jamás ver luz, tal como ocurrió
con La vida estéril y La soga al cuello.
Aunque en la contraportada del
libro La rotación del zodiaco dice
que esta es la primera novela de Ju-
lián Márquez, nada está más lejos
de la realidad. El autor tiene en su
haber Asilos de Dios, Intervalo en-
sombrecido y Extrañas conjeturas,
pero por distintas razones aun no
han visto la luz, seguramente por su
“manía de revisión constante”. Un
factor que caracteriza las obras de
Julián es su difícil acceso. Obras con
unas características tan particulares,
literatura de orgullo venezolano,
cuando llega a los anaqueles es rápidamente barrida y luego
difícil de hallar, así ocurrió con Los círculos solares (1988) un
libro que según confiesa Alejandro Sebastiani en un artículo
que realizó para el autor es “imposible de encontrar”, lamen-
tablemente estos grandes trabajos, tienen poco tiraje y luego
son olvidados, La rotación del zodiaco tiene el riesgo de tener
la misma suerte. Bien valdría la pena que se reeditara y fuera
masificada, porque este tipo de literatura que deja un gran
sabor una vez culminada su lectura, no debe pasar de forma
efímera sino mantenerse en el tiempo y ser citada como una
obra de culto.
Es sin duda La rotación del zodiaco una obra para leerse
de a poco, para degustar los personajes, conocer las historias,
reírse a ratos con ese humor bien trabajado y que caracteriza
al venezolano, entrar en el misticismo, saltar a la realidad sin
saberlo, y romper estereotipos inculcados desde pequeños,
mientras se transita en un mundo en el que día a día esta-
mos, viviendo con lo desconocido y luchando por conseguir
un lugar en el mundo. La rotación del zodiaco es una obra de
lectura obligada.
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Desconcierto y perplejidad en la obra de Julián Márquez
por Marcelo Seguel Bon
El cuento tradicional, esencialmente, oral en su origen y
más tarde, sus historias y mitos, recogidos en libros se dife-
rencia del cuento moderno porque se observa en los cuentos
anteriores al romanticismo, sobre todo antes de la obra de
Edgar Allan Poe en el siglo XIX, la intención de brindar una
enseñanza y una moraleja. Sin embargo, el punto es que esa
intención ha desaparecido por completo en el cuento a partir
de Hoffman y de Poe. De la misma forma, el cuento moderno
parte de situaciones habituales o, aparentemente, sin impor-
tancia que se convierten en relatos fantásticos y significativos
debido a la introducción de imperceptibles elementos irrea-
les. Esta forma de relato provoca en el lector una sensación
de ambigüedad e incertidumbre, pues no sabe con certeza si
está en la esfera de lo real o de lo onírico, de lo natural o de
lo sobrenatural. En el cuento clásico o tradicional predomi-
naba la tercera persona omnisciente, a veces la primera; en
el cuento moderno se presentan diversidades; cuentos que
son narrados al mismo tiempo por varias personas, cuentos
narrados en segunda persona, cuentos en tercera persona en
los que el narrador sabe menos con respecto a los hechos que
el lector.
Tradicionalmente el cuento comenzaba por el principio
y terminaba por el final (disculpen la aparente redundancia).
Ahora, en el cuento moderno se puede ir en cualquier di-
rección del tiempo (del final al inicio como hace Carpentier
en el “Viaje a la semilla”) o proceder de manera cíclica vol-
viendo al inicio. En relación con la condición de los persona-
jes; anteriormente, el héroe solía ser una persona dotada de
cualidades excepcionales que se enfrentaba a circunstancias
particulares; el héroe del relato actual es más bien un antihé-
roe que vive sumido en su pequeñez cotidiana y, por último,
en los relatos clásicos predominaba la anécdota antes que la
psicología de los personajes; actualmente, tiende a ser a la
inversa, aunque hay excepciones.
Esta breve introducción es fundamental para entender la
obra narrativa de Julián Márquez (Caripito, Estado Monagas,
1947) quien rompe con el racionalismo clásico practicando
una especie de “imaginación propia” de la vida cotidiana; des-
ordenando las leyes empíricas impuestas y creando un orde-
nado caos dentro de su fantasía creativa cuyo corpus tendrá
una correlación muy directa con su mirada del mundo y de
la sociedad moderna –Como no puedo ser cómplice de la
crueldad, tengo que denunciarla, mostrar a través de la litera-
tura, los más bajos instintos que habitan en el alma compleja
de los seres humanos-. Personajes que indagan e irrumpen en
el enigma permanente del “ser”; problema esencial que está
mayoritariamente presente en la obra de Márquez y que se
atreve a inventar nuevas formas de amar, de mostrar el absur-
do de la vida cotidiana, de la sensualidad, la locura e incluso,
la muerte.
La narrativa fantástica, sugestiva y entrañable, presente en
la obra de Julián Márquez, es la oposición a ese falso realismo
que percibimos con los sentidos y que hace que el mundo
que vemos se mantenga acartonado e inamovible; regulado
por unas leyes incompletas y apócrifas que “gatillan” la mente
del creador; esa idea conductora o germinal que termina em-
pujando al artista a escribir, interviniendo lo fantástico como
causa de apertura hacia las zonas más ocultas de nuestra con-
ciencia y que supera lo real inmediato con la irrupción de
fuerzas inquietantes; fisuras que permiten atisbar otras po-
sibilidades. La trama irrumpe en la realidad, la desintegra y
busca en los rincones olvidados de lo general y lo fantástico,
involucrando un armazón cuyos elementos aluden a una extra
realidad, extraordinaria y anormal para que a partir de ele-
mentos conocidos, estos se extrapolen, se contradigan y nos
aterren con su indecisión.
Márquez insiste que la existencia se mueve en planos bina-
rios; una dualidad o una especie de doble fondo que produce
el conflicto y que se resuelve en una estructuración textual
en dos planos; real y onírico, los cuales se encuentran en una
relación de dependencia narrativa; semántica y espacio-tiem-
po. Elementos que adquieren en el relato una importancia
axial porque nos habla de una inversión del orden; un orden
que ha sido trastrocado y que ha producido, por lo tanto, una
modificación del espacio y del tiempo habitual y que plantea
la dificultad de establecer ciertos límites: historia/literatura,
ficción/realidad y realidad/sueño. Siendo esta última dico-
tomía la que articula todo el texto y que plantea uno de los
dogmas del surrealismo; la existencia de una realidad dual
en la que no se puede separar tajantemente la vigilia del sue-
ño. La narrativa de Márquez hace énfasis en la descripción de
sensaciones, percepciones y el interés en penetrar mundos
interiores de la conciencia, así como su correlativa aspiración
a lo universal. Explora la vida en su aspecto semántico, tiende
un puente y lo habita desde el significante hasta el significado,
dándole capacidad a las palabras para que éstas valgan tanto o
más que lo puramente nombrado, para que transciendan su
definición puramente formal. La invocación a lo fantástico
siempre queda inscrita dentro de lo posible gracias a su labor
observadora, su capacidad para abstraer y atrapar la velocidad
de la realidad y devolvérnosla con un “vestido” desacostum-
brado y nuevo para producirnos el estupor de “la ajeneidad”,
aunque con su obra nos invite a no sorprendernos de nada y a
no escandalizarnos ante las transgresiones del orden.
La ambigüedad, la confusión y la incertidumbre parecie-
ran ser la condición natural del hombre contemporáneo, se-
gún Márquez. Por lo tanto, la estrategia en la mayoría de sus
textos narrativos está conformada por varios planos o capas
con los cuales los relatos adquieren diversidad de visiones
donde, paradójicamente, se adhieren imágenes plenas de un
laconismo expresivo y encantatorio. A través de todos estos
recursos se intenta proyectar la sensación de instantaneidad
y multiplicidad de lo narrado ajustado al sentido relativo
del tiempo como elemento secuencial de los acontecimien-
tos contenidos en la obra, de allí que el tratamiento de los
hechos oscile entre la subjetividad y la objetividad. Para el
creador –a partir de la escritura- el mundo se transforma en
metáfora; deviene en materia poética tomando un poco de las
imágenes de la vigilia y la de los sueños presentes en todos los
seres humanos constituyendo lo que Raúl Castagnino definió
como ontología literaria.
Y, finalmente, para el lector; de cada libro que se lee va
quedando un sedimento; se forma una materia colmada de
partículas semánticas y de imágenes. Cuando ese “magma”
aflora a la superficie arrastra componentes propios y ajenos y,
al momento de acometer un nuevo texto, estas imágenes se
revelan sutilmente.
LECTURA RECOMENDADA:
Dossier: Julián Márquez, en la Revista Literaria Ateneo de Los Te-
ques. Nº26, Año 2006. Con ensayos de Ennio Jiménez Emán,
Erik del Búfalo, Aarón Padilla, Roger Herrera y Gilberto Pe-
tit, así como una versión del inicio de La rotación del zodíaco.
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Tuyedades
por Leonardo Delgado
La poesía y su autoridad
El día del escritor, después de un recital de poe-
sía en Yare, decidimos tomarnos unas chelitas y comer
algo. Nos fuimos a un restaurante chino preferido de
nosotros, me acompañaban mi papá Valderrey y la ami-
ga Luz Fabiola. Orgulloso de nuestro día, leíamos poe-
sía beat en la mesa, como casi siempre lo hacemos con
otros libros. Atendidos por nuestra bella amiga Annie,
le mostrábamos libros del poeta Valderrey como cons-
tancia de que éramos escritores y que debíamos ser
atendidos especialmente. Ella dijo “¡yo quiero leer un
libro de Victor Hugo!”. “Cuando lo consiga, te lo rega-
lo”, le dije, “pero por lo pronto te voy a regalar un libro
de poesía”. Y ella respondió casi sin dejarme terminar
mis palabras “¡A mí no me gusta la policía!”
¡Me celebro y me meo a mí mismo!
En meses pasados bebíamos en el restaurant chino
preferido de siempre. Ya habíamos hablado bastante de
poesía y bebido en igual proporción, ya eran las pos-
trimerías de la noche y nuestros amigos se habían mar-
chado, sólo quedábamos Julio haciendo soliloquios,
figuras chinescas o dirigiendo la orquesta y yo pensan-
do en situaciones lascivas, pero mis reflexiones fueron
cortadas por el menequeteo de piernas del poeta como
con ganas de ir al baño, le dije con vehemencia: “¡poeta
vaya al baño, se va a mear ahí!”, y él me contestó con
la misma fuerza “¡uno tiene derecho de mear donde se
le dé la perra gana, y yo puedo mearme a mi mismo si
quiero como diría Walt Whitman!”
Escape de tercera
Estábamos en la imprenta realizando las labores
diarias de la misma, pegar, imprimir, compaginar, ha-
blar y nada. Entonces se asoman a la puerta los poetas
Rufo, Magdalena y más atrás los amigos del grupo Fi-
del y Carlos Muñoz toditos en fila y pasados de 60, y
a Isaac se le ocurrió preguntar: “¿qué pasó, acaso están
matando viejos allá afuera o de qué geriátrico se esca-
paron?”
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Fotografías inéditas del escritor Julián Márquez promocionando su propia bebida espirituosa “Don Julián”. En Santa Teresa
del Tuy, mal acompañado y mal aconsejado por el grupo literario ¿al vacío...?, en 2007. ¡Salud a quien salud merece!
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JUAN GELMAN (1930-2014). Poeta, periodis-
ta y traductor revolucionario argentino.
Autor, entre otros títulos, de: Violín y otras
cuestiones (1956), El juego en que andamos
(1959), Velorio del solo (1961), Cólera Buey
(1971), Hechos y relaciones (1980) y Hacia el
Sur (1982).
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ(1927-2014). Na-
rrador, periodista, novelista y cuentista
revolucionario colombiano. Autor, entre
otros títulos, de: La hojarasca (1955), El co-
ronel no tiene quien le escriba (1961), Cien
años de soledad (1967), Relato de un náu-
frago (1970), El otoño del patriarca (1975),
Crónica de una muerte anunciada (1981)., El
amor en los tiempos del cólera (1985) y Me-
moria de mis putas tristes (2004).
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Llamadme, solamente llamadme
cuando llegue el día de las canciones colectivas
solamente llamadme
cuando llegue el día que tremolen las
banderas rojas, las banderas negras
solamente llamadme el día
en que la risa y el pan sean
plan de gobierno
solamente llamadme
cuando Juan República
Popular sean nombre
y apellidos del pueblo
entonces, cuando
estemos en
lo justo
llamadme
solamente
llamadme
Víctor Valera Mora
Recitado (parafrasea-
do del poema El visi-
tante del mar) por el
Comandante Chávez
en el sepelio de Carlos
Escarrá, en la Asam-
blea Nacional. 26 de
enero de 2012
1954 - hasta la VICTORIA SIEMPRE
Comandante Eterno
Hugo chávez
A un año de
tu siembra
Imposible
Olvidarte
Viviremos
Y
Venceremos

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